Dos adolescentes han muerto y quince personas más han resultado heridas esta madrugada en el centro de El Cairo después de que las fuerzas de seguridad entrasen anoche en la plaza de la Liberación para dispersar violentamente a los casi 2.000 manifestantes que permanecían concentrados en la plaza de la Liberación en una de las mayores protestas que se han producido en El Cairo desde la caída de Hosni Mubarak. El Gobierno sólo confirma uno de los fallecidos y eleva a 71 el número de heridos.
 
Los médicos que atendieron a los fallecidos han confirmado que su muerte se produjo a causa de las heridas de bala que presentaban cuando fueron ingresados de urgencia en el hospital. Varios testigos afirman que hubo disparos en el aire que se escucharon en toda la zona que rodea a la plaza de la Liberación y que los soldados se enfrentaron a los manifestantes con tásers (porras eléctricas). "Vi como un oficial golpeaba a una mujer. Se movían entre nosotros de forma agresiva, había gente corriendo en todas direcciones", dijo uno de los participantes, que incluso ha asegurado que había charcos de sangre en el suelo. Sin embargo, el Ejército ha negado utilizaran munición real en la protesta, solo reconoce haber empleado gases lacrimógenos.
 
Las fuerzas del orden público habían declarado anteriormente el toque de queda, debido a los disturbios que llevan produciéndose cada viernes en las concentraciones para pedir que el expresidente sea procesado judicialmente. Ayer la manifestación, que llegó a reunir a 100.000 personas en la plaza de la Liberación, se volvió especialmente violenta y 300 soldados cargaron contra los 2.000 civiles que quedaban en la zona cuando se cumplió el toque de queda, entre las 2.00 y las 5.00 (1.00 y 5.00, en España). Los manifestantes aseguran que los soldados ya habían tenido alguna tentativa de ataque antes, cuando varios oficiales de las fuerzas armadas se sumaron a la protesta en contra de sus superiores y los civiles formaron un cordón humano para protegerlos. A las 3.00, se produjo finalmente la carga y los participantes corrieron a refugiarse en una mezquita cercana.
 
El Ejército ya dispersó violentamente a los manifestantes del centro principal de las protestas contra Muabarak, hace unas semanas, tras lo que el presidente interino, Mohamed Husein Tantawi, pidió disculpas a la población egipcia y se justificó diciendo que no hubo ninguna orden para atacar a los congregados. Los participantes en la protesta acusan al Ejército de ser demasiado lento a la hora de acabar con la corrupción del Gobierno anterior y su indignación los llevó anoche a quemar tres vehículos militares detransportes de tropas.
 
Hoy, cientos de egipcios continúan en la céntrica plaza que ha sido epicentro de la revolución en un claro desafío a las fuerzas armadas. "Nos quedaremos aquí hasta que las demandas de la revolución sean cumplidas y Mubarak sea juzgado. No queremos que vuelva a pasar lo de anoche", ha declarado Husam Abdelatif, uno de los jóvenes que estuvo ayer en los enfrentamientos. Todos los accesos a la zona están cerrados al tráfico con alambradas y vallas, el pavimento está salpicado de decenas de adoquines rotos, piedras y casquillos de bala que evidencian los choques ocurridos allí horas antes.

AGENCIAS - El Cairo - 09/04/2011 
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Cancún, Q. Roo. El beneficio para los cárteles aumentó por el alza de 68% del precio minorista de la cocaína en Estados Unidos desde 2007, resultado paradójico de la mayor represión al tráfico, según un documento que responsables antidroga de 120 países analizarán en Cancún, México.

Ese documento será analizado por ministros, jefes policiales y otros altos funcionarios que participarán en la 28 Conferencia Internacional para el Control de Drogas, que se celebrara entre el martes y el jueves en un hotel de este balneario sobre el Caribe, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad.

El documento cita una cifra de la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, según la cual el valor del gramo de cocaína de mayor pureza pasó de 97.7 dólares en enero de 2007 a 164.9 dólares en el último trimestre de 2010.

Este aumento en el precio de la droga al consumidor final es considerado en Estados Unidos como un indicador de buenos resultados en la lucha contra el narcotráfico.

Al mismo tiempo el consumo estadounidense de drogas se muestra estable o con una reducción ligera, mientras aumenta en Europa y en mercados emergentes como Argentina o Brasil, señala otro documento citando las conclusiones de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes y que también será analizado en Cancún.

Según Mónica Serrano, experta sobre la relación entre narcotráfico y conflicto de El Colegio de México, el incremento del precio refleja como a mayor represión, aumenta la rentabilidad de los carteles.

“Una fuente del lucro global de las drogas se encuentra en la política usada para combatirlas”, señala Serrano, quien añade que de esa manera los mecanismos de represión se convierten en “un dispositivo que enciende la rentabilidad”.

Uno de los propósitos establecidos en la agenda de la reunión de Cancún será “la integración de un frente común” que permita realizar “operaciones multinacionales contra objetivos específicos, con base en el intercambio de inteligencia y la coordinación de esfuerzos”, señalan en un comunicado los organizadores.

Pero el diseño de estas operaciones debe dirigirse de tal manera que se golpeen las finanzas y la capacidad operativa de los narcotraficantes.

Las organizaciones delictivas parecen robustecer con cada golpe y “paradojicamente los ingresos de los carteles pueden estar más fuertes y extendidos que nunca”, estima Edmundo Hernández, investigador del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

El aumento en los precios compensa las pérdidas que puedan sufrir por intercepciones y los altos costos de la batalla violenta que sostienen con el estado, agrega este experto de la UNAM.

La reunión de Cancún, cuyas sesiones serán en su mayoría a puerta cerrada, será encabezada por el secretario de Seguridad Pública de México, Genaro García Luna, y la jefa de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA), Michele Leonhart.

Entre los ministros que han anticipado su participación se encuentran el de Defensa de Colombia, Rodrigo Rivera y el ministro del interior de Bulgaria, Tsvetan Tsvetanov

Afp 
Publicado: 04/04/2011 17:59
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La suerte de la Costa de Marfil y la batalla de Abiyán se acelera. Por una parte, los fieles del presidente electo, Alassane Ouattara, aseguran haber desencadenado ya la ofensiva final que les llevará hasta los últimos reductos donde se hacen fuertes los seguidores de Lauren Gbagbo: el palacio presidencial y la residencia del expresidente de Costa de Marfil, aferrado al poder a pesar de haber perdido las elecciones. Según un portavoz de Ouattara, esta madrugada sus tropas han logrado tomar el control de la casa privada de Ggagbo, de quien se desconoce su paradero.

Por otra, Francia, antigua metrópoli, con 12.000 ciudadanos franceses actualmente en Abiyán, ha decidido actuar. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha autorizado a las fuerzas francesas desplazadas en Abiyán bajo la bandera de la ONU a que disparen contra las armas pesadas de los seguidores de Gbagbo. Sarkozy ha precisado que dio la orden de intervenir después de recibir la petición del Secretario general de la ONU, Ban Ki-moon que, a su vez, se apoya en la resolución 1975 de la ONU, votada el 30 de marzo, que autoriza el empleo de la fuerza para proteger a los civiles.

Al caer la noche, helicópteros franceses dispararon varios misiles en bases militares de los soldados de Gbagbo. Posteriormente, los helicópteros atacaron el palacio presidencial y la residencia de Gbagbo, que parece tener ya las horas contadas y que se oculta en alguno de estos dos lugares.

La decisión de Sarkozy coincide con el secuestro de varios extranjeros por parte de las fuerzas de Gbagbo que se encontraban en el hotel Novotel de Abiyán. Al menos, dos son franceses, según ha confirmado el ministerio de Asuntos Exteriores francés. "Los blindados de la ONU estaban allí y lo vieron todo, pero no podían intervenir", ha explicado un periodista de la cadena de televisión LCI.

Las tropas aliadas al presidente electo Ouattara habían entrado pocas horas antes en Abiyán fuertemente armados. Para llevar a cabo la que consideran su ofensiva final cuentan con entre 4.000 y 5.000 soldados y decenas de carros de combate de las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCI) y de los antiguos rebeldes de las Fuerzas Nuevas. "Sabemos cuando se inicia, pero podría tomarnos 48 horas para limpiar adecuadamente la ciudad", ha declarado el comandante oficial Issiaka Wattao Ouattara.

Ouattara investigará la matanza de civiles

En otro frente, Ouattara debe responder ante la ONU por la matanza a matanza de civiles perpetrada por sus tropas en el oeste del país. "La posición del Gobierno es clara y limpia: no habrá impunidad. Vamos a realizar una investigación y los responsables serán castigados. Queremos un Estado de derecho", declaró Guillaume Soro, primer ministro de Ouatarra, a la cadena francófona TV5.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, exigió el domingo a Ouattara que investigue la masacre en Duékué cuando sus hombres tomaron la ciudad, situada al oeste del país. Ban Ki-moon se declaró "alarmado" por los informes recibidos de los equipos de la ONU sobre el terreno, que encontraron al menos 330 cadáveres de civiles asesinados, en su mayoría, por las fuerzas de Ouattara. Varias organizaciones internacionales creen que la cifra de muertos es mucho más alta.

Francia, preocupada por sus nacionales

Ante la escalada de violencia en el país, el Ejército francés se desplegó el domingo en el aeropuerto internacional de Abiyán, en una operación coordinada por la misión de la ONU en Costa de Marfil, a fin de tener todo listo por si fuera necesario repatriar a los extranjeros, en su mayoría franceses.

Además, el presidente Nicolas Sarkozy ordenó también el agrupamiento urgente de la colonia francesa (unas 12.000 personas) en la capital y, según el portavoz de las tropas francesas, cerca de 1.900 extranjeros se han refugiado ya en la base militar francesa de Port-Bouët, dejando atrás sus casas y negocios, temiendo ser víctimas de las bandas de saqueadores que deambulan por los barrios ricos de Abiyán. Además, otros 500 extranjeros han abandonado ya el país.
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Al menos 12 personas han muerto y centenares han resultado heridas esta mañana por la policía de Yemen que ha disparado, por segundo día consecutivo, contra los manifestantes que trataban de irrumpir en el principal edificio gubernamental de la ciudad de Taiz, según informa Reuters. France Presse eleva la cifra de muertos a quince, que se suman a las dos personas que fallecieron ayer en esta ciudad, considerada la capital cultural de Yemen y situada 250 kilómetros al sur de Saná.

Testigos citados por Reuters cuentan que los disparos continúan. France Presse dice además que soldados disidentes están interponiéndose entre la policía y los manifestantes. Según fuentes hospitalarias, la mayoría de las personas han resultado heridas por inhalación de gas, mientras que 30 han sido heridas por balas, de las que 16 se encuentran en estado crítico.

Esta madrugada, en la ciudad de Al Hudaida, oeste de Yemen, al menos 409 manifestantes han resultado heridos durante un enfrentamiento con la policía mientras intentaban llegar al palacio presidencial, según han informado fuentes médicas.

Algunos testigos han afirmado que las fuerzas de seguridad han usado munición real y gases lacrimógenos para dispersar la marcha, convocada para protestar por la represión de las manifestaciones de ayer contra el presidente yemení, Ali Abdalá Saleh, que dejó dos nuevos muertos y decenas de heridos en Taiz. Ni ese incidente ni la desobediencia civil que desde el sábado tiene paralizada la ciudad portuaria de Adén hicieron mella en Saleh. El presidente pidió a la oposición que cese sus protestas para negociar "un traspaso pacífico del poder".

"Pedimos a la coalición opositora que ponga fin a la crisis terminando con las sentadas, el bloqueo de carreteras y los asesinatos, además del estado de rebelión en algunas unidades militares", declaró Saleh a un grupo de simpatizantes de Taiz.

Mientras estos le jaleaban al grito de "No más concesiones a partir de hoy", centenares de mujeres tomaban la calle principal de Taiz para pedirle que se vaya. La intervención policial -disparos al aire incluidos- atrajo a numerosos hombres a la manifestación. Los dos muertos estaban entre los diez heridos de bala.

"Nos han rodeado con vehículos acorazados y tanquetas. Durante tres horas han disparado y lanzado gases lacrimógenos para disolver la protesta", relató la activista Bushra al Maqtari a Reuters.

La población de Taiz, considerada la capital cultural de Yemen, fue de las primeras en movilizarse contra el régimen de Saleh siguiendo el ejemplo de Túnez y Egipto. Desde mediados de febrero, un grupo de jóvenes organizó una acampada en la plaza de la Libertad, antes incluso de que la protesta de Saná alcanzara una masa crítica.

Desobediencia civil

A la vista de que las manifestaciones no logran el efecto deseado, los grupos de oposición en Adén han lanzado una campaña de desobediencia civil. Por segundo día consecutivo, la capital del sur del país permaneció casi desierta y con la mayoría de los comercios cerrados. Muchos sureños se quejan de que su región ha quedado marginada desde la unificación del país en 1990 y algunos no esconden sus simpatías con el movimiento separatista que quiere recuperar la independencia para la antigua República Democrática de Yemen.

Hace dos semanas, tras la matanza de 52 personas en Saná, pareció que Saleh estaba dispuesto a irse e incluso se empezó a negociar las condiciones. Sin embargo, desde entonces, el presidente se ha dedicado a movilizar a sus simpatizantes, dejando claro que no tiene previsto dimitir.

Por Á. ESPINOSA/AGENCIAS | Dubái/Saná 04/04/2011

Negociaciones con EE UU

Estados Unidos habría iniciado hace una semana un negociación con las autoridades yemeníes para propiciar la dimisión del presidente, Alí Abdulá Salé, en lo que supondría un cambio radical de la postura de Washington respecto a las revueltas populares en el país árabe, según informan funcionarios estadounidenses y yemeníes a The New York Times.

Ambas partes estarían de acuerdo en que lo más adecuado es que el mandatario, que lleva 32 años gobernando, ceda el poder a un gobierno provisional encabezado por el vicepresidente, Abd al Rab Mansur al Hadi, que se encargaría de convocar elecciones. Según ha indicado un funcionario yemení, este extremo "no está en discusión", solo el mecanismo y los plazos con los que se llevaría a cabo.

En el caso de que Salé aceptara, no está claro si Estados Unidos le garantizaría una estancia segura en un país del entorno junto a su familia, aunque esta es una de las soluciones que apuntan desde la capital yemení, Saná.

Al parecer las conversaciones comenzaron hace una semana, después de que el pasado 18 de marzo hombres armados vinculados al Gobierno mataran a más de 50 personas en una manifestación pacífica, episodio que provocó una oleada de deserciones entre las filas oficialistas. De confirmarse, estos contactos evidenciarían un giro radical de la postura de la Casa Blanca ante las revueltas en Yemen, ya que hasta ahora se ha limitado a condenar la violencia, sin sugerir en ningún momento la necesidad de un cambio de régimen, algo que, por otra parte, ha suscitado el enfado de la población, que esperaba un respaldo similar al otorgado a tunecinos, egipcios y libios.

EUROPA PRESS
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La crisis siria sigue inflamándose. El Gobierno del presidente Bachar el Asad liberó ayer a 260 presos islamistas, pero el gesto no aplacó la revuelta. Al contrario, esta se extendió a la zona costera del país.

Deraa, la ciudad sureña donde nació la protesta, vivió una nueva jornada de manifestaciones y la sede del partido Baaz y una comisaría de policía fueron incendiadas. En la cercana Tafas, una multitud acudió al entierro de tres de los muertos el viernes por disparos policiales y después quemó también la sede del Baaz. En Latakia, capital de la provincia natal de los Asad y con una fuerte presencia alauí, se formó una marcha contra el régimen durante la cual, según testimonios citados por France Presse, las fuerzas de seguridad podrían haber matado a otras dos o tres personas.

Siria no vivía una semana tan sangrienta desde 1982, cuando una rebelión islamista causó decenas de muertos y la posterior represión gubernamental dejó entre 10.000 y 20.000 cadáveres en la ciudad de Hama. Hasta el momento, ni los disparos de las fuerzas de seguridad ni las promesas de acabar con la corrupción y aliviar la opresión política han servido para que Bachar el Asad recuperara el control de la situación.

Ayer el régimen intentó hacer otro gesto conciliador y liberó a 260 presos islamistas, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, con sede en Londres. Los presos liberados ya habían cumplido su condena, según varios abogados sirios, y permanecían en la cárcel por orden de las autoridades.

El Gobierno de El Asad insistió en afirmar que los muertos registrados durante la semana (más de 100 según diversas fuentes hospitalarias sirias, al menos 55 según Amnistía Internacional) no habían sufrido disparos de la policía, sino de misteriosas "bandas armadas extranjeras" disfrazadas con uniformes de las fuerzas de seguridad. En declaraciones a la BBC, Buthayna Chaabane, asesora política de El Asad, dijo que "una conspiración extranjera" intentaba desestabilizar Siria, que varios forasteros habían sido detenidos y que Damasco respetaba el derecho de sus ciudadanos a manifestarse pacíficamente.

Los miles de sirios que continuaron con la protesta no se mostraron convencidos ante esas explicaciones. En Deraa, la estatua de Hafez el Asad (padre del actual presidente) derribada el viernes se convirtió en el nuevo símbolo de la revuelta. Decenas de personas se encaramaron al pedestal cubierto de cascotes y colgaron carteles con la frase "el pueblo exige la caída del régimen", el grito emblemático de la revolución egipcia. Los funerales por las víctimas más recientes, cuyos nombres fueron cantados desde los minaretes, se transformaron en actos de desafío al Gobierno.

Lo mismo sucedió en Tafas, unos kilómetros al norte de Deraa. El funeral por tres víctimas desembocó en el asalto a la sede local del Baaz, el partido hegemónico de El Asad, y su posterior incendio.

El hecho de que la protesta alcanzara Latakia, una provincia costera de la zona occidental del país con numerosos establecimientos turísticos y conocida, sobre todo, porque en ella nació Hafez el Asad, fundador de la dinastía gobernante, debió agravar la inquietud en Damasco. La diversidad geográfica y social de las revueltas, en las que participaban numerosos suníes partidarios de un régimen islámico pero también jóvenes que reclamaban democracia, demostraba que la voluntad de cambio estaba muy extendida.

En medios políticos y periodísticos de Damasco se aseguraba que el presidente Bachar el Asad se preparaba para efectuar un discurso televisado (tras permanecer invisible durante toda la semana) en el que concretaría las promesas de reformas efectuadas el jueves por su asesora Chaabane y anunciaría una remodelación del Gobierno.

Lo que parece claro es que en Siria no se dan las condiciones para una revolución relativamente poco cruenta, como en Túnez y Egipto. El Ejército está directamente controlado por la familia El Asad. Si las protestas culminaran en una rebelión el escenario más probable sería el de una nueva Libia. Eso podría disuadir a la gran mayoría de la población urbana a unirse a la protesta: están hartos del régimen pero poco interesados en una guerra interna o en la subida al poder de los islamistas.

Por ENRIC GONZÁLEZ | Jerusalén 27/03/2011
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Las protestas contra el régimen de Bachar el Asad no cesan en Siria, pese a la violenta represión que ayer dejó más de 20 muertos. Hoy, cientos de personas han quemado la sede local del gobernante partido gobernante Baaz y una comisaría de policía en la localidad de Tafas, a unos 18 kilómetros de Deraa, donde ayer se produjeron violentos enfrentamientos. Los disturbios se han producido durante el funeral de Kamal Baradan, uno de los manifestantes muertos ayer. Según la Oficina del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU, la cifra de muertos desde que comenzaron las manifestaciones asciende a 37, una cantidad inferior a la obtenida por Amnistía Internacional, que ya el viernes denunció 55 víctimas mortales durante la última semana.

Deraa ha vuelto a ser foco hoy de las protestas de ciudadanos sirios en contra del régimen. Las fuerzas de seguridad han lanzado gases lacrimógenos contra cientos de manifestantes que estaban realizando una sentada en el centro de esta ciudad, según informa Reuters. También hoy, en la ciudad portaria de Latakia y según un testigo citado por Al Yazira, al menos tres personas han muerto al disparar desconocidos y fuerzas policiales contra una manifestación.

Pistoleros en los tejados de Latakia

La consejera política de El Asad, Buthayna Chaabane, ha reconocido ante la prensa que un grupo de individuos armados ha tomado los tejados de algunos edificios de Latakia y están realizando "disparos indiscriminados contra los ciudadanos". La agencia estatal SANA ha informado de que este grupo no solo está atacando a los peatones sino también a las fuerzas de seguridad. Por otra parte,el activista pro derechos humanos Ammar Qarabi ha denunciado la muerte de dos manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad cuando intentaban prender fuegoa la sede del Baaz en Latakia.

Mientras, decenas de presos políticos han sido puestos en libertad en las últimas horas, según han informado activistas de derechos humanos. Los liberados son 260, en su mayoría islamistas, que estaban recluidos en la prisión de Saydnaya, en las proximidades de la capital, Damasco. "Son presos que han cumplido tres cuartas pares de la condena y por tanto ya pueden ser liberados, pero las autoridades rara vez conceden ese derecho de gracia", ha asegurado a la agencia a un abogado que quiere guardar el anonimato.

Presos políticos, a la calle

En declaraciones recogidas por EFE, el activista y ex preso político Akram al Buni ha informado de que esta mañana fueron liberados cerca de 70 presos, la mayoría de ellos kurdosencarcelados en el mismo penal. También ha señalado que las autoridades de Damasco están analizando la posibilidad de poner en libertad a otro grupo de presos "muy pronto". Al Buni no ha facilitado la identidad de los activistas políticos excarcelados.

La medida se añade a otras adoptadas por el régimen para frenar la ola de protestas que está reprimiendo en las calles con extrema dureza. El pasado jueves, Chaabane, cara amable del régimen, apareció en televisión para prometer reformas, medidas contra la corrupción, aumento de sueldo a los funcionarios y la posible derogación de la ley de emergencia.

Las promesas, no obstante, no han aplacado las manifestaciones ni la violenta represión de las fuerzas de seguridad sirias, especialmente en dos ciudades del sur del país, la citada Deraa y Sanamein.

Lo que parece claro es que en Siria no se dan las condiciones para una revolución relativamente poco cruenta, como en Túnez y Egipto. El Ejército está directamente controlado por la familia El Asad. Si las protestas culminaran en una rebelión el escenario más probable sería el de una nueva Libia. Eso podría disuadir a la gran mayoría de la población urbana a unirse a la protesta: están hartos del régimen pero poco interesados en una guerra interna o en la subida al poder de los islamistas.

AGENCIAS - Damasco / Ammán / Beirut - 26/03/2011

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Defensores de derechos humanos y testigos citados por agencias de prensa responsabilizaron hoy a las fuerzas de seguridad de Siria de matar a más de un centenar de manifestantes el miércoles en la ciudad de Deraa, mientras el gobierno del presidente Bashar Assad liberó a todos los detenidos durante los nueve días de protestas en el país, después del anuncio de una serie de concesiones para responder a la revuelta.

El gobierno prometió poner fin al estado de emergencia, vigente desde 1963, establecer nuevos mecanismos anticorrupción, un alza salarial de 30 por ciento para los empleados públicos, nuevas leyes que permitan más libertad de prensa y la creación de otros movimientos políticos, además del partido Baaz, que gobierna Siria desde hace 50 años.

La consejera del presidente Assad, Busaina Shaaban, declaró que las demandas de la población son "legítimas", aunque también aseguró que en las manifestaciones hay "infiltrados" y dijo que se investiga quién está detrás de estas manifestaciones y su posible "financiamiento extranjero".

Shaaban habló de diez muertos desde que comenzaron las manifestaciones, el 15 de marzo, pero activistas de derechos humanos aseguraron que sólo ayer fueron abatidas unas cien personas en Deraa, y otras 50 han muerto en localidades aledañas. Este día, más de 20 mil personas participaron en los funerales de las víctimas en Deraa.

En Yemen, guardias presidenciales leales a Alí Abdulá Saleh se enfrentaron con unidades del ejército que apoyan a la oposición en la ciudad de Mukala, con saldo de tres heridos, mientras que en Taiz fuerzas oficiales mataron a dos personas al disparar contra 200 manifestantes que protestaban por un corte de energía eléctrica. En Adén el estallido de una bomba al paso de una patrulla dejó un policía muerto y siete lesionados.

En Jordania, partidarios del gobierno atacaron a cientos de jóvenes congregados en la plaza Gamal Abdel Naser, de Ammán, que demandaban reformas políticas. Más tarde, la policía intentó dispersar a los manifestantes y cortó el suministro eléctrico en la zona.

De visita en El Cairo, el ministro de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, prometió a Egipto que seguirá recibiendo ayuda de Washington.
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Viernes, 25 Marzo 2011 06:35

Un inmenso barril de pólvora

En su libro La gran guerra por la civilización, el veterano corresponsal Robert Fisk definió el régimen sirio con solo cuatro palabras: "Ordenado, mesurado, implacablemente inflexible". Siria es el país árabe con menos espacios de libertad, quizá en competencia con Arabia Saudí, y, pese a un sistema político laico, el de mayores tensiones religiosas.

El profesor Itamar Rabinovich, catedrático de Historia Contemporánea de Oriente Próximo, exembajador en Washington y exdirector de la delegación israelí en diversas negociaciones públicas o secretas con el Gobierno de Damasco, considera que Siria es en estos momentos "un gigantesco barril de pólvora".

El país acumula problemas de todo tipo, especialmente económicos y demográficos (el petróleo se acaba, más del 40% de la población tiene menos de 15 años y pocas perspectivas de empleo), pero el más grave y antiguo se encuentra en la fractura religiosa. Tras la I Guerra Mundial, cuando desapareció el Imperio Otomano y el territorio sirio de la época (que incluía Líbano) quedó bajo control francés, la Administración colonial se apoyó en la minoría alauí, una secta chií que constituía apenas el 10% de la población y que no se mostraba tan reacia a la ocupación extranjera como la amplia mayoría suní (casi el 80%). La transformación de los alauíes en élite administrativa marcó el futuro de Siria.

La independencia, a partir de 1944, abrió camino a una sucesión de golpes de Estado. En 1963 el partido nacionalista árabe Baaz se convirtió en la principal fuerza política, y en 1970, tras el golpe de Estado del entonces ministro de Defensa, Hafez el Asad, en partido único. Asad hizo del Baaz, como Sadam Husein con el Baaz iraquí, el eje de un Estado totalitario. Con una característica especial: en todos los resortes del poder se situaba un alauí, como el propio Hafez el Asad.

Aunque en teoría el gran enemigo del régimen sirio fue siempre Israel, en la práctica la lucha más feroz (Siria, consciente de su debilidad militar, ha evitado desde 1973 enfrentarse directamente a los israelíes) fue interna, contra los Hermanos Musulmanes. Esa lucha tuvo su momento más cruento en 1982, con una sublevación islamista en la ciudad de Hama que fue aplastada por tropas dirigidas por el hermano del presidente, Rifaat el Asad (posteriormente exiliado en España por intentar derrocar a Hafez), con un balance estimado de entre 10.000 y 20.000 muertos. "La matanza de Hama quebró el espinazo de los Hermanos Musulmanes, pero radicalizó a amplias capas de la población suní y agudizó su odio hacia la élite alauí", explica el profesor Rabinovich.

La muerte de Hafez el Asad en 2000 y el acceso a la presidencia de su segundo hijo, el oftalmólogo Bachar el Asad (el primogénito y sucesor designado, Basil, había muerto en 1994 en un accidente de tráfico), suscitó la aparición de un movimiento reformista y esencialmente laico que se conoció como Primavera de Damasco. El joven presidente, sin embargo, prefirió no correr riesgos con reformismos que pudieran poner el régimen en peligro, por lo que en apenas seis meses la primavera fue extinguida.

Esa represión, que se unía a la practicada sistemáticamente contra los islamistas, redujo aún más la élite dirigente. El Asad convirtió el poder en un asunto familiar: la Guardia Republicana, el cuerpo militar más poderoso, quedó en manos de su hermano menor, Mahir; los dos principales servicios de espionaje interno, la Seguridad General y la Seguridad Militar, fueron asignados a su cuñado, Asef Shawkat.

El fin de la primavera y la evidencia de que la corrupción era consustancial al régimen, con Hafez o con su hijo, provocaron el divorcio entre el régimen y los pequeños empresarios urbanos que lo apoyaban. El joven presidente, un hombre al que se define como educado y amable y a la vez despiadado, no tuvo más remedio que aliarse con unos pocos grandes empresarios, convertidos en multimillonarios gracias a la tímida política de liberalización y privatizaciones. El símbolo de esa casta de magnates es Rami Makhlouf, primo de Bachar el Asad. Makhlouf, por encima del propio presidente, representa lo que más odian los manifestantes de Deraa.

Es imposible predecir qué ocurriría en Oriente Próximo si cayera el régimen sirio, algo por ahora improbable. Pero el vuelco sería, sin ninguna duda, el más importante desde la revolución islámica en Irán.

Por ENRIC GONZÁLEZ - Jerusalén - 25/03/2011
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Tras una jornada marcada por las protestas contra el régimen sirio, al menos seis personas han muerto poco después de medianoche en Deraa (al sur del país) como consecuencia de los disparos realizados por las fuerzas de seguridad en los alrededores de la mezquita de Omari, según han informado fuentes del bando de los rebeldes a Reuters. Uno de los fallecidos por los disparos es un médico, procedente de una conocida e influyente familia de la ciudad, que se habia desplazado a la zona para atender a las víctimas. Los disturbios se han concentrado en la zona en la que cientos de manifestantes se congregan desde hace días para exigir al régimen sirio una apertura democrática y el fin de la corrupción. Gritos de "Dios es el mejor" empezaron a escucharse al iniciarse los tiroteos. Todavía se desconoce si los manifestantes, en contra del régimen del partido Baaz, portaban armas en el momento en que las fuerzas de seguridad abrieron fuego.

"Parece que las fuerzas de seguridad están tratando de tomar el complejo. No está claro porque la electricidad ha sido cortada. También están usando gases lacrimógenos", ha dicho uno de los vecinos de la zona, que ha querido preservar su anonimato, en declaraciones recogidas por Reuters. El imán de la mezquita, Ahmad Siasneh, contó horas antes a la cadena Arabiya que las fuerzas sirias estaban cerca del edificio, alrededor del cual los manifestantes, que aseguran que no se piensan mover hasta que sean atendidas sus demandas, han levantado tiendas. El ataque se produce un día después de que la oficina de los Derechos Humanos de Naciones Unidas pidiera a las autoridades del país la necesidad "de un alto inmediato del excesivo uso de la violencia contra los manifestantes pacíficos" e hizo hincapié en la utilización de fuego real.

Deraa, escenario de las protestas por quinto día consecutivo, parece "un cuartel militar" según la descripción que hizo un activista proderechos humanos. Cientos de personas volvieron a marchar durante el día en claro desafío al régimen de Bachar el Asad al grito de "libertad, libertad, pacíficos, pacíficos" tanto en Deraa y como en la vecina Nawa, ambas cerca de la frontera con Jordania.

"Hay más de un millar de manifestantes cerca de la mezquita de Al Omari [epicentro de la protesta] que corean consignas contra el régimen. Están rodeados por un gran número de fuerzas de seguridad y agentes armados", aseguró otra activista. Las nuevas víctimas, se suman a al menos otros seis manifestantes que murieron en las jornadas previas, un niño intoxicado por gases lacrimógenos y el resto, a tiros. Las marchas de los últimos días son inéditas en Siria, el país árabe donde la represión es más férrea.

Pan y libertad

"Queremos pan, pero también libertad", declaró un vecino en Deraa, donde la producción de trigo ha caído por la sequía que ha afectado al país. Los manifestantes reclaman el fin de la corrupción y de la represión por parte de la policía secreta.

Una jornada en la que el expreso político Loay Hussein, que había expresado su apoyo a las protestas, fue arrestado por las fuerzas de seguridad en su casa, cercana de Damasco, según informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

El régimen se refirió por primera vez a las marchas que empezaron el viernes al calor de las revueltas en la región. El Asad "continuará por el sendero de la reforma y la modernización de Siria", declaró el vicepresidente Faruk al Shara a la cadena Al Manar. Añadió que el presidente Asad "no puede estar en contra de ningún ciudadano sirio".

"Tienen la revolución en la puerta de casa y el régimen está todavía coqueteando con las reformas", declaró Haitham al Maleh, exjuez y abogado octogenario que lleva toda una vida de oposición pacífica contra el régimen del partido único Baaz.

La Unión Europea calificó de inaceptables la represión violenta de los manifestantes pacíficos que reclaman un cambio de régimen en Siria, y las detenciones arbitrarias. La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, aseguró que está preocupada y que los Veintisiete estarán "vigilantes".

AGENCIAS - Deraa - 23/03/2011
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Jueves, 17 Marzo 2011 06:30

Bahrein reprimió a los manifestantes

Miles de soldados y policías, apoyados por tanques y helicópteros, avanzaron ayer detrás de nubes de gas lacrimógeno para aplastar a los manifestantes pro democracia en Bahrein. El ataque, que sucedió inmediatamente después de la llegada de las mil tropas sauditas a Bahrein, rápidamente sacó a los manifestantes de su campo en la Plaza de la Perla, el corazón simbólico de la protesta. Se reportó que tres manifestantes y tres policías habían muerto.

Nubes de humo oscuro surgían sobre el centro de la capital, Manama, mientras la monarquía sunnita Al Jalifa hacía un intento riesgoso para continuar su reinado de 200 años sobre la mayoría de la población chiíta. Se incendiaron las carpas blancas de los manifestantes y hubo un sonido de lo que parecieron ser disparos, así como balas de goma y granadas de gas lacrimógeno. Se informó que dos policías habían muerto por la gente que huía de la plaza en sus automóviles.

“El ejército tomó el poder y está disparando desde helicópteros a la gente en la Plaza de la Perla”, dijo Ali Salman, el presidente de Al Wefaq, el mayor partido de la oposición en Bahrein, en una entrevista telefónica. “El ejército ha capturado todas las rutas y está deteniendo a la gente que va al hospital Salmaniya o a los médicos que se van de ahí. Tienen que ir a un hospital más pequeño que no está tan bien equipado.”

Salman dijo que las tropas sauditas no tomaban parte de la acción del gobierno contra los manifestantes pero mientras los sauditas “están en Bahrein es una luz verde para que nuestro ejército mate gente. Los sauditas no quieren que más países del GCC (Consejo de Cooperación del Golfo) sean democráticos. De los 560.000 ciudadanos bahreiníes, 370.000, unos dos tercios, son chiítas. Todo el ejército y casi toda la policía son sunnitas. La población de la isla es de unos 1,2 millón, de los cuales la mitad son trabajadores extranjeros.

La policía antimotín y los soldados comenzaron su ataque a las 7 AM, pero encontraron sólo una resistencia limitada en la Plaza de la Perla que terminó después de dos horas. En el centro de salud de Budaya, un testigo que había ido a dar sangre, le dijo a una agencia de noticias que había visto decenas de muertos pero que las instalaciones eran demasiado pequeñas aún para que los heridos encontraran un lugar para sentarse.

“He visto unas heridas horribles, montones de personas heridas por disparos”, dijo. “Uno tenía la mitad de su cabeza lastimada. A otro le faltaba la mano por algún tipo de bala. Estaba usando su otra mano para hacer la señal de la victoria.” La versión de los hechos del gobierno bahreiní en la Plaza de la Perla es que sus fuerzas fueron atacadas por 250 “saboteadores” que tiraron bombas de nafta y que se vieron obligados a responder.

En las áreas chiítas, en el campo, la gente iba a las mezquitas a orar como señal de protesta cuando comenzó el ataque del ejército. Se informó que los soldados estaban entrando en los pueblos chiítas, afuera de Manama, donde fueron recibidos con piedras y bombas de petróleo en algunos lugares. Un toque de queda de 4 AM a 4PM fue impuesto en la mayoría del país y las fuerzas de seguridad han limitado el movimiento de los periodistas. Los celulares aparentemente colapsaron mientras las fuerzas del gobierno atacaban y los servicios de Internet estaban muy lentos.

Salman dijo que su partido no estaba llamando a protestas inmediatas y le dijo a los manifestantes que no confrontaran con el ejército, pero “después de dos o tres días la gente encontrará una manera de expresar sus sentimientos”. No creía que hubiera una posibilidad de diálogo entre los reformistas y el gobierno “mientras continúen las muertes”.

El ataque total del régimen sunnita por querer imponer su sectarismo sobre sus propias poblaciones mayormente chiítas, con el apoyo de Arabia Saudita y otras monarquías sunnitas, probablemente provoque una larga crisis en el Golfo y profundice las divisiones entre ambas comunidades.

Por Patrick Cockburn, de The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère. 
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