Las fuerzas especiales de la policía de Bahréin han desalojado a los manifestantes que llevaban semanas acampados en la plaza de la Perla, en Manama. En los enfrentamientos ha muerto el manifestante antigubernamental Yafar Mohamed Abdali Salman, de Karana, según han confirmado fuentes médicas, que no han facilitado detalles sobre las causas de su muerte.

Otras fuentes hablan de siete fallecidos, aunque las cifras podrían cambiar. Fuentes médicas citadas por Reuters aseguran que ha muerto dos miembros de las fuerzas de seguridad y al menos cinco manifestantes, mientras France Presse, que ha hablado con el exdiputado de la oposición Khalil Marzouk, informa de que los fallecidos han sido dos manifestantes, entre los que ha habido también decenas de heridos, aún sin cuantificar. Marzouk ha denunciado que se ha utilizado munición real para reprimir y dispersar las protestas.

Los antidisturbios han desplegado unas doce tanquetas, varios coches de policía, camiones y unos cuatro o cinco helicópteros, y han utilizado gases lacrimógenos para su operación de dispersión, que ha comenzado aproximadamente a las siete de la mañana (cinco en la Península). Fuentes médicas del hospital de Salmaniyah, el principal hospital público de Bahréin, han informado de que la policía ha sellado todas las entradas y salidas del centro médico y buscan a posibles manifestantes heridos que hayan llegado de los disturbios.

Carga policial

La policía ha bloqueado todos los accesos a la plaza de la Perla para impedir que vuelvan a entrar los aproximadamente 200 manifestantes que habían echado. Están despejando, por el contrario, los obstáculos colocados por los manifestantes en las carreteras y la entrada al Financial Harbour, el distrito financiero de Manama, que habían bloqueado el domingo. Desde allí, han ido avanzando en una robusta columna utilizando gases lacrimógenos para abrirse camino hacia la plaza. Según Reuters, algunos manifestantes se han enfrentado a las fuerzas especiales con bombas incendiarias. La misma agencia asegura que algunos jóvenes han salido de la plaza en sus coches, a gran velocidad, y que han atropeyado a los dos policías que han fallecido.

Los manifestantes han tratado de huir también de los potentes gases lacrimógenos corriendo y escondiéndose entre las naves industriales del mercado central. Se ha producido al menos un incendio, al parecer fortuito, en alguna de las tiendas de campaña del campamento instalado en la plaza desde el 19 de febrero, y que ya ha sido controlado. Además de helicópteros de reconocimiento, hay alguno militar sobrevolando la plaza y algunas personas creen haber visto tanques del Ejército en el sur de la explanada.

La carga policial se ha efectuado desde el norte de la plaza hacia el sur -dirección en la que se encuentran la mayoría de las localidades chiíes del país-, lo cual ha permitido a los manifestantes dirigirse hacia sus pueblos.

Un fotógrafo ha sido detenido y la policía ha bloqueado el hotel donde se aloja la prensa, que ha quedado confinada. El dueño se plantea cerrar el establecimiento puesto que le han cortado la electricidad y no dejan acceder al personal que trabaja allí.

La acción de la policía se produce dos día después de que el rey Hamad proclamase el estado de emergencia en todo el país por un período de tres meses y pusiese la seguridad en manos del Ejército. Un día antes habían llegado al país tropas saudíes, en respuesta a la petición de ayuda de la familia real, que generaron de inmediato rechazo en la oposición. Desde sus filas se denuncia una campaña para imbuir de sectarismo un conflicto que, aseguran, es esencialmente político. Pocas horas después, las fuerzas de seguridad iniciaron una serie de operaciones en varias localidades chiíes que dejaron por lo menos tres muertos y dos centenares de heridos.

Por ÁNGELES ESPINOSA/AGENCIAS | Manama 16/03/2011
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Los manifestantes que exigen la caída del líder libio, Muammar al Gaddafi, tomaron el control de la ciudad oriental de Bengasi, según confirmó hoy lunes Mohamed Saber, de las Fuerzas Armadas del país.

"La ciudad está en calma después de que los manifestantes tomaran el control. Ahora tenemos comités populares para proteger la ciudad", dijo Saber.

"Junto con todos mis compañeros estoy con nuestro pueblo", señaló, llamando a la comunidad internacional a salvar al pueblo y suministrar ayuda médica a la ciudad.

Cientos de personas perdieron la vida en los enfrentamientos violentos en Bengasi durante las manifestaciones contra Gaddafi, que ha gobernado el país durante 41 años.

Los manifestantes se habían hecho este lunes con el control de varias ciudades libias, según reportes, tras seis días de una rebelión que ha dejado centenas de muertos en un país que, según el hijo de su máximo líder Muamar Kadhafi, se halla al borde de la guerra civil.

La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) indicó que Benghazi (la segunda ciudad libia) y Syrta, ambas en el este, "cayeron" en manos de los manifestantes y que "hay militares que se unieron al movimiento".

Testigos desmintieron; sin embargo, la caída de Syrta.

El propio hijo de Kadhafi, Saif al Islam, reconoció en un discurso este lunes de madrugada que en Benghazi "los tanques se desplazan conducidos por civiles" y que en Al Baida (este) "la gente tiene fusiles y numerosos depósitos de municiones fueron saqueados".

Por otro lado, los policías de Zauia (a 60 kilómetros al oeste de Trípoli) desertaron de sus funciones el domingo y la ciudad se hallaba sumida en el caos, informaron este lunes tunecinos que huyeron de Libia.

La FIDH, con sede en París, estimó entre 300 y 400 el número de muertos desde el inicio de la rebelión, con base en datos de organizaciones humanitarias libias.

Otra ONG, Human Right Watch (HRW, con sede en Nueva York) había evaluado previamente en 230 el número de muertos en seis días de levantamiento contra el régimen de Kadhafi.

Los enfrentamientos llegaron el domingo a la capital, donde la multitud saqueó por la noche las instalaciones de una televisión y una radio públicas.

"Un local que albergaba a la televisión Al Jamahiriya 2 y la radio Al Shababia fue saqueado", dijo un testigo.

La programación de esos medios se había visto interrumpida el domingo por la noche, pero se reanudó el lunes.

Otros testigos dieron parte del incendio de comisarías, de locales de comités revolucionarios (adeptos del poder) y de un local de reuniones oficiales en el centro de la ciudad, donde se oyeron intensos tiroteos.

"Libia está en una encrucijada", declaró Saif al Islam en su discurso televisado. El hijo de Kadhafi acusó a los medios extranjeros de exagerar el número de víctimas -que estimó en un total de 84- pero dijo que si los libios no alcanzaban un acuerdo habrá "miles (de muertos) y ríos de sangre en toda Libia".

"Me dirijo a vosotros por última vez antes de recurrir a las armas", agregó, antes de advertir que Libia no es "Túnez ni Egipto", en referencia a las revoluciones que en esos dos países provocaron este año la caída de otros longevos regímenes.

Según Saif al Islam, los enfrentamientos son provocados por elementos libios y extranjeros que tienen por objetivo destruir la unidad del país e instaurar una república islámica.

Kadhafi no ha realizado ninguna declaración pública desde el inicio de este movimiento, pero su hijo dijo que el jefe del régimen "dirige la batalla" desde Trípoli.

Al menos tres diplomáticos libios acreditados en el extranjero dimitieron para expresar su oposición a la represión: el embajador de Libia en India, Alí al Isawi; un diplomático acreditado en China, Husein Sadiq al Musrati, y el representante de Trípoli ante la Liga Árabe, Abdel Moneim al Honi.

La situación en Libia, un país petrolero, acrecentó los temores sobre el abastecimiento de energético, y el barril de crudo se negociaba este lunes a 105 dólares, un máximo desde septiembre de 2008.

Varios países occidentales se preparaban para evacuar a sus ciudadanos de Libia, al igual que empresas, como el gigante petrolero BP. El domingo, Turquía repatrió ya a más de 500 de sus ciudadanos, algunos de los cuales declararon que fueron víctimas de actos de violencia en Benghazi.

En tanto, el grupo petrolero italiano ENI, primer productor extranjero en Libia, anunció hoy en Milán (norte de Italia) que va evacuar personal "no esencial" de Libia junto con sus familiares, debido a las violentas manifestaciones registradas en los últimos días.

Protesta ministro libio contra represión y dimite


Mustafá Abdel Yalil anunció que presentó su renuncia por el excesivo uso de la fuerza contra manifestantes desarmados, según declaraciones a diario local.

El Cairo. El ministro libio de Justicia, Mustafá Abdel Yalil, dimitió ante las “protestas por el uso excesivo de la fuerza" contra los manifestantes en Libia, informó este lunes un diario libio en su edición Internet.

El "ministro Mustafá Abdel Yalil, en una llamada telefónica al diario Quryna, anunció que había presentado su renuncia para protestar contra la violencia y el excesivo uso de la fuerza por las fuerzas de seguridad contra manifestantes desarmados", indicó este periódico.
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Miércoles, 09 Febrero 2011 06:25

Sangre marrón

La sangre se pone marrón con el tiempo. Las revoluciones no. Trapos sucios cuelgan en una esquina de la plaza, las últimas prendas usadas por los mártires de Tahrir: un médico, un abogado, una joven mujer, sus fotos esparcidas sobre la multitud, la tela de las remeras y los pantalones manchados del color del barro. Pero ayer la gente honró a sus muertos de a decenas de miles en la mayor marcha de protesta jamás reunida contra la dictadura del presidente Hosni Mubarak, gente alegre, transpirando, empujando, gritando, llorando, impaciente, temerosa de que el mundo olvide su coraje y su sacrificio. Nos tomó tres horas abrirnos camino hacia la plaza, dos horas para hundirnos en un mar de cuerpos humanos para irnos. Por encima nuestro, un fantasmagórico fotomontaje se sacudía con el viento: la cabeza de Hosni Mubarak superpuesta sobre la terrible imagen de Saddam Hussein con una soga al cuello.

Los levantamientos no siguen un horario. Y Mubarak buscará una forma de venganza por la renovada explosión de furia y frustración de ayer en su gobierno de treinta años. Durante dos días, su nuevo gobierno de vuelta al trabajo había tratado de pintar a Egipto como una nación volviendo a su antiguo autocrático letargo. Las estaciones de servicio abiertas, una serie de embotellamientos, los bancos entregando dinero –aunque en sumas pequeñas–, los comercios trabajando, los ministros sentados firmes en la televisión estatal mientras el hombre que seguiría siendo rey por otros cinco meses les hablaba sobre la necesidad de volver del caos al orden, una única razón declarada para mantenerse a toda costa en el poder.

Pero Issam Etman le demostró que estaba equivocado. Empujado por los miles a su alrededor, llevaba a Hadiga, su hija de cinco años, sobre sus hombros. “Estoy aquí por mi hija”, gritó sobre la protesta. “Es por su libertad que quiero que Mubarak se vaya. No soy pobre. Dirijo una empresa de transportes y una estación de servicio. Todo está cerrado ahora y estoy sufriendo, pero no me importa. Le pago a mi personal de mi propio bolsillo. Esto es sobre la libertad. Cualquier cosa la vale.” Y todo el tiempo la pequeña sentada sobre los hombros de Etman mirando a la multitud épica con asombro; ninguna extravagancia estilo Harry Potter podría igualar esto.

Muchos de los manifestantes –tantos se reunían en la plaza ayer que el sitio de protesta se había desbordado a los puentes del río Nilo y a otras plazas del centro de El Cairo– venían por primera vez. Los soldados del Tercer Ejército de Egipto deben haber sido superados 40.000 a uno, estaban sentados en sus tanques y los carros blindados, sonriendo nerviosamente mientras los ancianos y los jóvenes y mujeres jóvenes estaban alrededor de sus tanques, durmiendo contra los blindados; una fuerza militar impotente por un ejército de disconformidad. Muchos decían que habían venido porque tenían miedo: porque temían que el mundo estuviera perdiendo interés en su lucha, porque Mubarak todavía no había abandonado su palacio, porque las multitudes eran más pequeñas en los últimos días, porque algunos de los equipos de camarógrafos habían partido hacia otras tragedias y otras dictaduras, porque el olor a traición estaba en el aire. Si la República de Tahrir se seca, entonces el despertar nacional se terminó. Pero ayer se confirmó que la revolución está viva.

Su error fue subestimar la habilidad del régimen para sobrevivir, para encender sus atormentadores, para apagar las cámaras y hostigar a la única voz de esa gente –los periodistas– y persuadir a aquellos viejos enemigos de revoluciones, los “moderados” a quienes ama Occidente, que envilecen su única exigencia. ¿Qué son cinco meses más si el viejo se va en septiembre? Hasta Amr Mou-ssa, el muy respetado favorito de los egipcios, resulta que quiere que el viejo siga hasta el final. Y en verdad, es la comprensión política de esta inocente pero a menudo no instruida masa.

Es fácil acusar a los cientos de miles de manifestantes pro democracia de ingenuidad, de simpleza mental, de confiar demasiado en Internet y Facebook. Hay una creciente evidencia de que la “realidad virtual” se convirtió en realidad para los jóvenes de Egipto, que habían comenzado a creer en la pantalla más que en la calle –y que cuando tomaron las calles, estaban profundamente shockeados por el estado de violencia y la fuerza física brutal del régimen continuaba–. Pero sin embargo, que la gente guste de esta nueva libertad es abrumador. ¿Cómo puede planear su revolución gente que ha vivido bajo la dictadura durante tanto tiempo? Nosotros en Occidente podemos olvidar esto. Estamos tan institucionalizados que todo en nuestro futuro está programado. Egipto es una tormenta de truenos sin dirección, una inundación de expresión popular que no se adapta prolijamente a nuestros libros de historia revolucionaria o nuestra meteorología política.

Tendremos que recordar que los dedos de hierro de este régimen hace tiempo que han crecido en la arena, más profundamente que las pirámides, más poderosos que una ideología. No hemos visto el fin de esta criatura. Ni su venganza.

Por Robert Fisk *
Desde El Cairo

* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.
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Domingo, 30 Enero 2011 07:34

Euforia, baño de sangre y caos

Los tanques egipcios, los manifestantes sentados sobre ellos, las banderas, las 40 mil personas que lloraban y alentaban a los soldados en la Plaza de la Libertad, mientras rezaban alrededor de ellos, los Hermanos Musulmanes sentados entre los pasajeros de los tanques. ¿Se debería comparar esto con la liberación de Bucarest? Sentado sobre uno de los tanques fabricados en Estados Unidos, sólo podía recordar esas maravillosas películas sobre la liberación de París. Un par de metros más allá, la policía de seguridad de Hosni Mubarak, con sus uniformes negros, todavía les disparaba a los manifestantes que estaban cerca del Ministerio del Interior. Era una celebración de una victoria salvaje e histórica: los mismos tanques de Mubarak estaban liberando la capital de su propia dictadura.

En la pantomima del mundo de Mubarak –y de Barack Obama y de Hillary Clinton en Washington–, el hombre que aún se autoproclama presidente de Egipto realizó la más absurda elección de un vicepresidente para calmar la furia de los manifestantes. El elegido fue Omar Suleiman, el jefe de los negociadores egipcios con Israel y un antiguo agente de Inteligencia, un hombre de 75 años y con varios años de visitas a Tel Aviv y a Jerusalén así como con varios infartos que los prueban. Cómo este funcionario va a ingeniárselas para hacer frente a la rabia y el deseo de liberación de 80 millones de egipcios queda librado a la imaginación. Cuando les conté, a quienes estaban alrededor de mí en el tanque, sobre la designación de Suleiman comenzaron a reírse.

Las tropas, en ropa de fajina, riéndose y hasta aplaudiendo, no hicieron ningún intento de borrar el graffiti que la multitud había pintado sobre los tanques. “Fuera, Mubarak” y “Tu régimen está acabado, Mubarak”, aparecía en cada una de las tanquetas que recorrían las calles de El Cairo. En uno de los tanques que daban vuelta alrededor de la Plaza de la Libertad estaba uno de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Beltagi. Más temprano, había pasado cerca de un convoy de vehículos blindados que estaban apostados cerca del suburbio de Garden City mientras la gente se abría paso entre las máquinas y les llevaban naranjas a los soldados, aplaudiéndolos como patriotas egipcios. Más allá de la alocada elección del vicepresidente de Mubarak y la designación de amigotes en un gobierno sin poder, las calles de El Cairo demostraron que los líderes de los Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) no entendieron nada. Se acabó.

Los débiles intentos de Mubarak al declarar que se debe terminar con la violencia, cuando su propia policía de seguridad fue responsable en los últimos cinco días de los actos más crueles, encendió más la furia de aquellos que pasaron 30 años bajo su sanguinaria dictadura. Prueba de ello son las sospechas de que muchos de los saqueos están siendo llevados a cabo por policías de civil, así como el asesinato de 11 hombres en un área rural hace 24 horas para destruir la integridad de los manifestantes que están tratando de sacar a Mubarak del poder. La destrucción de un importante número de centros de comunicaciones por parte de hombres con los rostros tapados, que deben haber sido coordinados de alguna forma, también levantó el alerta y surgió la idea de que los responsables serían los agentes de civil que habían golpeado a los manifestantes. Pero las quemas de comisarías en El Cairo, Alejandría y Suez así como en otras ciudades no fueron obra de los policías de civil. A última hora del viernes, multitudes de hombres jóvenes atizaron el fuego a lo largo de la autopista de Alejandría.

Infinitamente más terrible fue el vandalismo en el Museo Nacional de Egipto. Después de que la policía abandonara el lugar, los saqueadores traspasaron la puerta del edifico pintado de rojo y destruyeron estatuas faraónicas de cuatro mil años de antigüedad, momias egipcias e impresionantes botes de madera que fueron originariamente tallados para acompañar a los reyes en sus tumbas. De nuevo, debe decirse que circularon rumores de que la policía había causado estos actos vandálicos antes de haber abandonado el museo el viernes por la noche. Todo parece recordar lo del museo de Bagdad en 2003. El saqueo no fue tan grave como el de Irak pero el desastre arqueológico es peor.

Los manifestantes se reunieron anoche, en círculo, para rezar en la Plaza de la Libertad. Y también hubo promesas de venganza. Un equipo de la cadena televisiva Al Jazeera encontró un depósito de 23 cadáveres en Alejandría, aparentemente asesinados por la policía. Muchos tenían sus caras horrorosamente mutiladas. Otros once muertos fueron descubiertos en un depósito en El Cairo. Los familias, que se congregaron alrededor de sus restos ensangrentados, prometían represalias contra los policías.

El Cairo ahora cambia de la dicha a la más sombría cólera en cuestión de minutos. Ayer por la mañana, crucé el puente del río Nilo para ver las ruinas del cuartel del partido de Mubarak. Enfrente, seguía en pie un poster que promocionaba las bondades del oficialista Partido Nacional Demócrata (PND), las promesas que Mubarak no pudo cumplir en treinta años. “Todo lo que queremos es la salida de Mubarak, nuevas elecciones y nuestra libertad y honor”, me confió un psiquiatra de 30 años.

La denuncia de Mubarak de que estas manifestaciones eran parte de un “plan siniestro” está en el centro de su pedido de reconocimiento internacional. De hecho, la respuesta de Obama fue una copia exacta de todas las mentiras que Mubarak ha estado usando durante tres décadas para defender su régimen. El problema es el habitual: las líneas del poder y de la moralidad no llegan a unirse cuando los presidentes estadounidenses tienen que tratar con Medio Oriente. El liderazgo moral de los Estados Unidos desaparece cuando tienen que confrontarse los mundos árabe e israelí. Y el ejército egipcio es parte de esta ecuación. Recibe 1300 millones de dólares de ayuda estadounidense. El comandante de esa arma y un amigo personal de Mubarak, el general Mohamed Tantawi, estaba en Washington mientras la policía trataba de aplastar a los manifestantes. El final puede ser claro. La tragedia aún no terminó.

Por Robert Fisk *
Desde El Cairo

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
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La policía egipcia enfrentó rápida y brutalmente a los manifestantes que intentaban repetir las demostraciones del día anterior, en las que decenas de miles de personas salieron a las calles a pedir el fin del gobierno de 30 años del presidente Hosni Mubarak. Casi mil personas fueron detenidas en todo Egipto ayer cuando la policía montó una feroz represión usando gas lacrimógeno y bastonazos. El día anterior hasta 20.000 personas se reunieron en marchas a través del país que resultaron en choques violentos, dejando a un policía y tres manifestantes muertos.

Otro policía y un manifestante murieron ayer en los enfrentamientos de El Cairo, en el segundo día de unas protestas sin precedentes contra el régimen del presidente Mubarak, Con estos dos decesos asciende a seis el número de personas que murieron en las 48 horas de protestas. El martes, la policía disparó contra la multitud en Suez y mató a dos personas, mientras que en El Cairo un policía murió debido a las heridas que sufrió en las protestas. Además, otras 70 personas resultaron heridas (55 manifestantes y 15 policías) en los enfrentamientos en la ciudad de Suez, situada 100 kilómetros al este de El Cairo, El gobierno declaró el estado de sitio en Suez.

Las autoridades prohibieron las manifestaciones en un esfuerzo por controlar al enojado electorado, envalentonado por las revueltas en Túnez que hicieron caer a una dictadura. “Todo Egipto debe moverse al mismo tiempo”, decía ayer un grupo que organizaba las manifestaciones, llamando a los egipcios a salir a un segundo día nacional de protestas. Hacia la tarde, el acceso a Facebook junto con el de Twitter parecían estar bloqueados.

Las mayores manifestaciones que Egipto viera en más de tres décadas tuvieron lugar en todo el país el martes en respuesta a la corrupción, al gobierno de mano dura y a las deterioradas condiciones económicas. Inspirados en los hechos de Túnez que derrocó al presidente Zine El Abidine Ben Alí después de 23 años en el poder, miles desafiaron la ira de las autoridades y marcharon. Protestas similares, aunque en menor escala, han sacudido a líderes en el mundo árabe, donde gobernantes autoritarios han reinado con un puño de hierro durante décadas temidos por su, a menudo, cruel supresión de cualquier expresión política.

En la ciudad de Suez, donde murieron tres manifestantes el martes, cientos de opositores al gobierno se reunieron en la morgue exigiendo la entrega de uno de los cuerpos listos para una autopsia, entre reclamos de que había muerto por balas de fuego. “El gobierno mató a mi hijo”, gritaban los manifestantes de Suez. “Oh Habib, dile a tu jefe, sus manos están manchadas con nuestra sangre”, decía, refiriéndose al ministro del Interior Habib El Adli. Los manifestantes en El Cairo y en otras partes de-safiaron la prohibición del gobierno, con unas 3000 personas reuniéndose frente a una Corte, donde fueron dispersados por la policía usando camiones antimotines.

Afuera del sindicato de periodistas, la policía usó palos para pegarles a los manifestantes quienes trataban de romper sus cordones, mientras otros gritaban, “Mubarak se va, se va. Oh pueblo egipcio, sé valiente y únete”. Cada vez que las manifestaciones crecían en tamaño, eran atacados por la policía antimotín con cascos y escudos. Hacia la noche, los manifestantes estaban luchando nuevamente, tirando piedras y quemando gomas.

Las emotivas escenas callejeras surgen cuando Mubarak enfrenta una nueva elección presidencial este otoño, donde se espera que se presente para un sexto gobierno consecutivo. El año pasado hubo estallidos de ira aislados contra el régimen, dirigidos hacia la brutalidad de la policía, la pobreza y el aumento de precios y el desempleo, similares a los motivos que desataron los motines en Túnez. En noviembre, las elecciones parlamentarias fueron denunciadas como fraudulentas.

Muchos han dirigido su enojo hacia Mubarak, quien se ha mantenido en el poder en Egipto desde 1981. Se cree que está mal de salud y que ha preparado a su hijo, Gamal, para sucederlo, a pesar de los informes de que tal nombramiento sería mal visto por el establishment militar del país. Algunos informes sugieren que Gamal Mubarak huyó de Egipto junto con otras importantes figuras políticas.

Mientras, Estados Unidos y la Unión Europea le recordaron a Egipto, al comienzo de la protestas, que permitiera la libertad de expresión e instaron al gobierno a que escuche las necesidades del pueblo. El primer ministro Ahmed Nazif respondió que el gobierno respetaba la libertad de expresión a través de “medios legítimos”; añadiendo que la policía había actuado restringidamente en las protestas del martes.

Por Catrina Stewart 
De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.
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El "día de ira", como han llamado a la revuelta, ha dejado tres muertos: un policía y dos civiles

Miles de egipcios se manifestaron el martes contra el Gobierno en una demostración de fuerza poco habitual que los activistas en Internet han calificado de un "día de ira" contra el Gobierno, inspirándose en la revuelta en Túnez que este mes consiguió derrotar a su autoritario presidente.

Los ciberactivistas se han convertido en los detractores más enérgicos del presidente Hosni Mubarak, que lleva tres décadas en el poder, y convocaron esta protesta contra la pobreza y la represión en un día festivo nacional en homenaje a la policía.

La jornada de protestas ha dejado tres muertos (un policía y dos civiles). El policía resultó herido en la capital, pero murió cuando era atendido en un hospital, mientras que los dos civiles fallecieron en la localidad norteña de Suez, según las fuentes.
Varios miles

El interés radica en ver si los llamamientos en Internet por el cambio pueden animar a los ciudadanos de a pie. En un principio era difícil calcular la participación por lo fragmentado de las concentraciones, pero recuentos de testigos indicaban que podría tratarse de varios miles de personas.

"Abajo, abajo Hosni Mubarak", cantaron aquellos que se encontraban fuera de un recinto judicial antes de recorrer una calle hacia el centro de El Cairo.

Testigos dijeron que unas 1.000 personas se unieron a esa manifestación, y que cientos más se congregaron en otras zonas de la capital, unas cifras poco habituales en el país más poblado del mundo árabe, en el que las protestas son reprimidas rápidamente y apenas suelen reunir a algunos cientos de personas.

Tampoco fue habitual que la policía les permitiera desplazarse, aunque hubo algunos empujones y la policía utilizó un cañón de agua y gases lacrimógenos en al menos una plaza de la capital, donde viven 20 millones de habitantes.

Cientos de personas más se congregaron en ciudades al norte de El Cairo, como Ismailia, Suez y Alejandría, según testigos.

Unos 200 salieron a las calles de Mahala el Kubra, una localidad donde hubo unos disturbios en 2008 por la escasez del pan subsidiado y las subidas de precios.

"¿Dónde estás, libertad?" preguntaron los manifestantes en Ismailia. "Gamal, dile a tu padre que los egipcios te odian", gritaron en El Cairo, en referencia al hijo de Mubarak, del que muchos creen que está siendo preparado para suceder a su padre de 82 años. Ambos han negado que ese plan exista.

En el norte del Sinaí, testigos y una fuente de seguridad dijeron que decenas de manifestantes incendiaron neumáticos y bloquearon una carretera que lleva a Rafah, en la frontera con Gaza, pidiendo la puesta en libertad de los prisioneros. En el área se han producido tensiones entre los beduinos y la policía.
Advertencia

El ministro del Interior, Habib el Adli, advirtió previamente que ha emitido órdenes para "arrestar a cualquiera que exprese sus opiniones de manera ilegal", aunque saludó protestas estacionarias durante un tiempo limitado.
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La policía haitiana ha dispersado con gases lacrimógenos a varios cientos de manifestantes que exigían en Puerto Príncipe la salida de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), a la que algunos sectores culpan de la epidemia de cólera que sufre el país. La situación se volvió tensa cuando los agentes comenzaron a lanzar gases lacrimógenos a la altura de la avenida La Lue y a dispersar violentamente a los manifestantes, según ha denunciado el dirigente político Simeon Wisly, líder de uno de los movimientos de la plataforma Liberation.

La protesta, ha explicado a Efe, comenzó con normalidad frente al ministerio de Salud Pública y recorrió la plaza Champ de Mars, frente al semiderruido Palacio Nacional, donde se asientan varios campamentos de desplazados del terremoto de enero. Los manifestantes pretendían dirigirse a la sede de la Minustah cuando comenzó el lanzamiento de los gases, al que muchas personas respondieron arrojando piedras y botellas a la policía, incluso desde los campamentos, donde algunos ocupantes se unieron a los manifestantes.

El centro de la capital ha quedado en una situación de tensa calma, con bloques de hormigón colocados para interrumpir el tráfico, neumáticos y contenedores volcados y escaso tránsito de vehículos. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha pedido a la población que abandone la violencia y las protestas y que apoye a los trabajadores sanitarios y a las ONG's para que puedan seguir atendiendo a los pacientes y evitar más muertes a causa del cólera. De hecho, se ha tenido que aplazar la entrega de suministros a Puerto Príncipe ya que hay caminos bloqueados, según ha informado la representante de la OPS de dicha ciudad.

Tres muertos en la última semana

Al menos una persona ha muerto y otras cuatro han resultado heridas el pasado miércoles en nuevos enfrentamientos entre la población y los efectivos de la Minustah en la ciudad de Cabo Haitiano, en el centro del país, con lo que ascienden a tres las víctimas mortales por las revueltas, además de una veintena de heridos y decenas de detenidos. Un grupo de vecinos de la colonia de Ciudad Chauvel atacaron con piedras y botellas rotas un vehículo blindado de los cascos azules. Los efectivos de la ONU abrieron fuego para defenderse y acabaron con la vida de uno de los manifestantes y herido a otros cuatro, informa Radio Metropole.

Tras este incidente, la población inició una marcha que ha derivado en la toma de la sede de la Minustah en la ciudad, aunque finalmente las fuerzas locales lograron reprimir la protesta y devolver el control del edificio a los militares de Naciones Unidas. Esta muerte eleva a tres la cifra de fallecidos en el marco de las protestas, que comenzaron el lunes en Hinche y Cabo Haitiano contra los cascos azules. Los haitianos acusan a los miembros nepalíes de este cuerpo de introducir en el país el brote de cólera que ha provocado 1.110 muertes y 18.382 hospitalizados en un mes, según los últimos balances.

"Ningún Estado serio puede aceptar tal desorden"

Los disturbios están entorpeciendo las labores humanitarias para frenar la epidemia. Según el Gobierno, las barricadas levantadas por los manifestantes en Cabo Haitiano y en otros puntos del país donde el cólera está haciendo mella impiden el traslado de recursos sanitarios y humanos para atender a los afectados y continuar con las labores de prevención del contagio, informa Iban Campo desde Santo Domingo.

Representantes de la ONU y del Gobierno haitiano insisten en calificar las revueltas de políticas, organizadas y para nada espontáneas. En su opinión, están promovidas por quienes no quieren que las elecciones presidenciales y legislativas del 28 de noviembre transcurran con la mayor normalidad posible. En ese sentido, el presidente haitiano, René Préval, responsabilizó ayer de las protestas a personas que "arreglan sus propios asuntos mientras que quieren sembrar división entre las autoridades y la población y entre esta y la Minustah".
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Nueva York, 17 de octubre. La legalización de la mariguana es la mejor manera de regular su uso, ya que su prohibición la ha puesto en manos criminales como resultado de la guerra contra las drogas, que ha fracasado durante 40 años, afirma Ethan Nadelmann, director ejecutivo de la Alianza para Política sobre Drogas (DPA, por sus siglas en inglés).
 
Nadelmann es uno de los impulsores más destacados del movimiento en favor de la despenalización de las drogas ilícitas y de la legalización de la mariguana en Estados Unidos. Su organización, principal promotora de políticas alternativas a la guerra contra las drogas, considera que la actual estrategia causa mayor daño que beneficio.
 
La agrupación es apoyada por figuras tan diversas como el financiero George Soros; los artistas Sting y Harry Belafonte; Joycelyn Elders, quien ocupó el cargo de cirujana general de Estados Unidos; el ex secretario de Estado republicano George Shultz; el ex secretario de Defensa Frank Carlucci; el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker, y varios ex jefes de policía de diversas ciudades, así como jueces federales, el empresario hipopero Russell Simmons y el ex presidente checo Vaclav Havel, entre otros.
 
Durante los recientes años la DPA, entre otras, impulsó medidas para despenalizar las drogas y legalizar la mariguana. Hoy está ante lo que podría ser su mayor triunfo y provocar un drástico giro en el gran debate sobre la guerra antinarcóticos: legalizar la mariguana en el estado más grande del país, California.
 
El 2 de noviembre los californianos votarán la propuesta 19, la cual plantea regular la mariguana para usos recreativos, de la misma manera en que lo hace el mercado de bebidas alcohólicas (para ver el texto y los argumentos en favor, véase http://yeson19.com/).Varios políticos, entre ellos el presidente Felipe Calderón, se han expresado en contra de la medida, al advertir que sólo promoverá mayor consumo y problemas sociales en ambos lados de la frontera.
 
Nadelmann, en entrevista con La Jornada en sus oficinas en Nueva York, respondió a los argumentos de Calderón y otros opositores de este lado de la frontera. “Si uno lo piensa –afirma–, México es hoy como Chicago durante los días de la prohibición (del alcohol en los años veinte) y Al Capone, pero multiplicado por 50 o 100. La solución fue anular las leyes de la prohibición, lo cual dejó fuera a las organizaciones criminales en parte del negocio. La competencia, incluyendo el empleo de la violencia, simplemente ya no era relevante y hoy día no hay participación alguna del crimen organizado en el negocio del alcohol.
 
“Lo mismo ocurre en torno al comercio de la mariguana. La ‘propuesta 19’ no va a resolver los problemas del narco en México a corto plazo, pero sí representa un paso crítico para poner fin a la prohibición de la mariguana en ambos lados de la frontera. Ahí reside una parte significativa de la solución a los problemas de México relacionados con la prohibición de hoy”.
 
–¿Cómo explicar a mexicanos y latinoamericanos, quienes pagan con sangre el costo de una guerra contra la droga, que personas como usted promuevan la legalización? ¿Cómo entender ese argumento?
 
–El argumento para poner fin a la prohibición de las drogas no es en favor de ellas o su consumo –responde.
 
Muchos, si no es que la mayoría, de los promotores del fin de la guerra contra las drogas no están particularmente interesados en ellas, y muchos tienen una posición muy negativa con respecto a las drogas. Se busca aclarar que las políticas prohibicionistas son responsables de los fracasos que identificamos como graves problemas relacionados con las drogas. El debate en Estados Unidos gira en torno a la sensación de que la guerra contra las drogas provoca más daños que beneficios y que necesitamos buscar una nueva dirección. Es una convicción de que hay que dejar en paz a las personas que usan drogas sin dañar a otros. Es creer que la adicción debería ser tratada como un asunto de salud y no criminal. Es reconocer que cuando uno prohíbe un producto deseado, los principales beneficiarios son las organizaciones delincuenciales. Es entender que el factor número uno que genera la violencia y la corrupción en México es una política prohibicionista fracasada.
 
Y subrayó: la gente frecuentemente comete el error de pensar que prohibir representa la mayor forma de regulación, cuando en los hechos representa la abdicación de la regulación. Lo que uno fracasa en prohibir se multiplica exitosamente, y ahora se maneja esencialmente por criminales. La legalización no es un argumento en favor de nulo control, no es argumento en favor de la no regulación, sino sinónimo de ésta.
 
Nadelmann señaló que hoy en Estados Unidos hay muy poco apoyo en favor de legalizar otras drogas como la heroína o la cocaína, pero cada vez hay apoyo más amplio para legalizar el cannabis, de un 50 por ciento o más en varios estados del oeste. Existe un debate nacional serio, y ya no se trata de en favor o en contra de la mariguana, sino sobre cómo vivir mejor con la realidad de que la mariguana está aquí para quedarse.
 
Insiste en que el debate ha cambiado y en California, por ejemplo, donde un 50 por ciento favorece dar a la mariguana un trato más o menos igual que al alcohol, implica que la oposición ha perdido el argumento sobre si la mariguana debería ser regulada legalmente; más bien, el debate ahora es si se va a hacer, en qué forma, cuáles son las políticas óptimas, cuál es el mejor modelo.
 
Sostiene que si se aprueba la Proposición 19, el día de las elecciones catapultará a California, en algunos sentidos, delante de Holanda como la principal entidad política en el mundo que intenta implementar políticas de regulación para la mariguana en lugar de intentar aplicar las fracasadas estrategias prohibicionistas. Y aun si la Proposición 19 pierde, ya de por sí es un triunfo. Sólo por virtud de estar en la boleta electoral ya ha elevado e intensificado el debate de una forma que ninguno de nosotros había anticipado, dice; señala toda una gama de actores –desde legisladores, sindicatos, figuras destacadas de todo tipo– que se pronuncian en favor.
 
Dice que Calderón tiene razón en que la iniciativa no aborda en forma significativa los problemas de México relacionados con la prohibición, pero parece olvidarse que si gana la Proposición 19, los exportadores mexicanos de mariguana serán cada vez más desplazados por los productores en California, y la gran mayoría de éstos no serán cultivadores mexicanos en los bosques del estado que envíen sus ganancias a México, sino serán estadunidenses. Con todo, admite que el cambio hacia la legalización de la mariguana es lento, con poderosas fuerzas en oposición.
 
El principal promotor del modelo de la guerra contra las drogas ahora es el inmensamente poderoso complejo prisión-industrial, dice, e identifica a las fuerzas de seguridad pública a la cabeza de la oposición. No es por argumentos objetivos, sino tiene que ver con intereses muy propios, pues para ellos el tema tiene que ver con salarios, empleos, el negocio de suministrar equipo y otros recursos a ese complejo, el negocio de las prisiones privadas y contratos incluso con países como Colombia.
 
También, indica, es difícil para la gente imaginar el cambio, especialmente con la mariguana. A principios de los años 30, la mayoría de estadunidenses podía recordar cuando el alcohol era legal (antes de la prohibición). Casi ninguno hoy puede recordar cuando era legal la mariguana.
 
Pero dice que el cambio, a nivel nacional e internacional, se inicia con entidades locales. Cuando se revocó la prohibición del alcohol en 1933, con la 21 Enmienda (a la Constitución), fue después de la revocación de leyes de prohibición del alcohol por varios estados. Si el Congreso alguna vez legaliza la mariguana para uso médico a nivel federal, será porque California y más de una docena de estados han cambiado sus leyes; eso será el camino para legalizar la mariguana a nivel nacional e igual en el plano internacional. Los cambios sólo se darán después de que países individuales medidas acción a nivel nacional primero.

Por David Brooks
Corresponsa
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Los defensores de los derechos humanos en China han recibido un espaldarazo, soñado desde hace años. El Comité Noruego de los premios Nobel ha otorgado hoy el de la Paz al disidente chino encarcelado Liu Xiaobo, de 54 años, un incombustible luchador por la defensa de las libertades y la democracia, que fue condenado en diciembre del año pasado a 11 años de prisión por su activsimo. El comité ha dicho que el galardón le ha sido concedido "por su "por su larga y pacífica lucha por los derechos humanos fundamentales en China"". La elección de Liu supone un serio revés para el Gobierno de Pekín, especialmente cuando busca ocupar un mayor papel en la escena internacional, bajo los mantras de un ascenso pacífico y un mundo armonioso.

Liu Xiaobo, escritor y antiguo profesor universitario, pasó 20 meses en la cárcel por su papel en las protestas a favor de la democracia de la plaza Tiananmen, en 1989, en las que murieron cientos de personas, según algunas fuentes -miles, según otras-, tras la intervención del Ejército. Más tarde fue internado tres años en un campo de reeducación por el trabajo, y ha estado constantemente sometido a acoso y supervisión policial.

El 25 de diciembre del año pasado -en plena fiestas navideñas en Occidente- un tribunal de Pekín le sentenció a 11 años por "incitar a la subversión del poder del Estado". Los jueces le acusaron de haber publicado en Internet escritos críticos con el Partido Comunista Chino (PCCh) y haber liderado la redacción de la Carta 08, un manifiesto político que pide profundas reformas democráticas, hecho público en diciembre de 2008. Se trata de la pena más dura dictada por "incitar a la subversión del poder del Estado" desde que este crimen fue introducido en 1997. El cargo es utilizado habitualmente para silenciar a quienes se oponen al Gobierno de partido único del PCCh.

La concesión del galardón a uno de sus ciudadanos encarcelados por luchar en favor de la democracia coloca a las autoridades chinas en una situación extremadamente incómoda. De ahí que desde hace meses hayan intentado evitar su elección mediante presiones sobre el comité de los Nobel y advertencias de que dañará las relaciones con Noruega. "(Liu Xiaobo) fue condenado a cárcel por las autoridades judiciales chinas por violar la ley. Estos actos son totalmente contrarios a las aspiraciones del Premio Nobel de la Paz", declaró a finales del mes pasado la portavoz de Exteriores Jiang Yu.

El periódico oficial en inglés Global Times calificó la semana pasada a Liu de radical y separatista, término, éste último, utilizado habitualmente contra el Dalai Lama, cuya concesión del Nobel de la Paz en 1989 también provocó las iras y fue desautorizado por Pekín. El Gobierno chino hizo otro tanto con el Nobel de Literatura concedido en 2000 a Gao Xinjian, un disidente emigrado que vive en Francia.

La elección de Liu, que fue detenido en vísperas de la publicación de la Carta 08, focalizará la atención mundial sobre la situación de los derechos humanos en China, y el encarcelamiento de otros activistas, en un momento en el que muchos países -entre ellos, Estados Unidos- han suavizado sus presiones sobre Pekín en este campo, ante la pujaza de la economía china.

La Carta 08 pide, entre otros, una democracia legislativa, la separación de poderes, un sistema judicial independiente, y libertad de asociación, religión y prensa. "La democratización de China no puede ser aplazada más tiempo", señala el manifiesto. Inicialmente fue firmado por 300 intelectuales -entre ellos, académicos, abogados, periodistas y artistas-, pero posteriormente ha sido rubricado, a pesar de los riesgos, por varios miles de personas. Está inspirado en la Carta 77, redactada en la antigua Checoslovaquia, que conduciría años después, en 1989, a la Revolución de Terciopelo, que barrió el régimen comunista.

De ahí que el impacto de la Carta 08 entre la élite intelectual china causara gran inquietud a las autoridades, que quisieron lanzar un duro mensaje de advertencia a otros disidentes. Muchos de los signatarios del manifiesto han sido interrogados por la policía, y algunos han perdido sus trabajos en organismos públicos. El Nobel de la Paz fue ganado el año pasado por el presidente estadounidense, Barack Obama. El Dalai Lama y el también Nobel de la Paz y ex presidente checo, Vaclav Havel, que fue uno de los redactores de la Carta 77, se encuentran entre quienes habían pedido la concesión del galardón a Liu Xiaobo.

Una Carta con aires checoslovacos

La Carta 08, publicada coincidiendo con el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 2008, pide reformas políticas y propone una serie de medidas para mejorar las libertades en China, como democracia legislativa, un sistema judicial independiente, libertad de religión, asociación y prensa, y el fin del partido único. Inicialmente firmada por 300 personas -entre ellas, escritores, abogados, profesores y periodistas-, ha sido ya suscrita por más de 10.000, según China Human Rights Defenders, una red de activistas Localizados tanto dentro como fuera de China.

El documento se inspira en la Carta 77, impulsada en la antigua Checoslovaquia por los críticos con el entonces Gobierno comunista del país europeo, entre ellos Vaclav Havel, quien más tarde se convertiría en presidente de República Checa.

La trascendencia histórica de aquel documento europeo explica el nerviosismo que la Carta 08 ha despertado entre las autoridades chinas, obsesionadas por mantener el control político absoluto y lo que consideran la estabilidad del país para continuar el proceso de apertura y desarrollo económico, lanzado hace tres décadas.

El 8 de diciembre de 2008, un día antes de que fuera hecha pública la carta china, Liu Xiaobo fue detenido. Tras su desaparición, más de 150 escritores, académicos y otros intelectuales de todo el mundo, incluidos tres premios Nobel de Literatura (Seamus Heaney, Wole Soyinka y Nadine Gordimer) y los autores Salman Rushdie y Umberto Eco, dirigieron una carta al presidente chino, Hu Jintao, pidiendo su liberación.

JOSÉ REINOSO
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Viernes, 17 Septiembre 2010 06:38

Los mapuches dividen a la Concertación

La huelga de hambre que 34 comuneros mapuches presos llevan adelante desde hace 67 días, en reclamo principalmente de la aplicación de la Ley Antiterrorista, es una piedra en el zapato no sólo para el gobierno de Sebastián Piñera –que ve cómo la medida de presión empaña las celebraciones del Bicentenario–, sino también para la Concertación, que aún no logra definir una estrategia opositora clara y contundente, a pesar de haber perdido el poder hace ya más de 6 meses y, por consiguiente, no ha logrado defenderse de las críticas a su labor en el tema en cuestión.

La administración de Piñera comisionó a un alto delegado de la Iglesia para oficiar de mediador entre La Moneda y los comuneros. Además, envió dos proyectos de ley al Congreso para modificar la Ley Antiterrorista y la Justicia Militar, tratando de apaciguar los ánimos y de terminar con el ayuno.

Sin embargo, la noche del miércoles, la votación en el Congreso que terminó aprobando la ley para modificar la Ley Antiterrorista quebró a la Democracia Cristiana y levantó olas en la oposición, luego de que el senador DC por la VIII Región, Hosaín Sabag, rompiera el acuerdo de su bancada y votara igual que el oficialismo, en contra de la indicación presentada por la Concertación, que eliminaba el delito de incendio de la actual normativa.

La mencionada indicación establecía que “sólo constituirán delitos de terrorismo aquellos que afecten la vida, la integridad física, la libertad y la salud de las personas, y que tratándose de atentados contra la propiedad, tales como incendios y estragos, se juzgarán y sancionarán conforme a esta ley sólo cuando se tratare de lugares de uso público, redes de transporte o instalaciones de infraestructura”. De haberse aprobado dicho articulado, varios comuneros mapuches dejarían de ser acusados de terroristas, bajando las penas que en algunos casos superan los 50 años.

Con el polvo de esta nueva polémica aún en suspensión, Piñera dijo ayer que si bien se debe velar por la integridad de los mapuches en huelga de hambre, no hay que olvidar que “algunas de las víctimas han perdido la vida; atacaron a un fiscal del Poder Judicial con más de cien balazos; atacaron un bus que tenía más de 40 personas a bordo; atacaron a madres con sus hijos; han quemado y han producido mucho daño. Entonces, el gobierno tiene que escucharlos a todos”, declaró.

En este escenario, en la madrugada del jueves, un camión forestal fue incendiado en Carahue, una de las zonas en conflicto. Según el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, “Se está investigando y por eso hemos sido cautos. No hemos hecho un planteamiento crítico hasta tener toda la información, porque estamos viviendo minutos difíciles”, dijo ayer con la idea de que este hecho no trabe las conversaciones de la iglesia con los comuneros.

No obstante, el fiscal de Carahue, Claudio Jara, señaló que cerca del ataque se encontraron panfletos que supuestamente vinculan el incendio con la Coordinadora Arauco Malleco (CAM). Junto a ello, Hinzpeter agradeció el voto del senador DC. “Cuando uno, como gobierno, se enfrenta a una oposición que no tiene una claridad en cómo abordar un tema tan complejo, se enfrenta a dificultades y ayer (miércoles) tuvimos un gran triunfo afortunadamente con el voto del senador Sabag, que lo agradezco”, dijo, aumentando la molestia en la oposición.

Desde el bloque opositor, el senador del PS Camilo Escalona, señaló que no es momento para eventuales sanciones contra Sabag y se mostró a la espera de que la Concertación mantenga la mayoría en la Cámara alta. En tanto, el jefe de los senadores del PPD, Jaime Quintana, advirtió que no dialogarán mientras la DC no se pronuncie sobre la votación de Sabag. Quintana agregó que “Sabag ya estaba con tarjeta amarilla y ésta correspondería a una tarjeta roja. A Adolfo Zaldívar lo expulsaron del partido por menos que esto”.

La senadora del PS Isabel Allende también lamentó la votación y llamó al gobierno a constituir urgentemente una mesa de diálogo con los comuneros mapuches, pues “si hubiésemos tenido la mesa ni siquiera tendríamos que estar legislando hoy bajo presión”.

Desde la otra vereda, la UDI celebró que se mantuviera el “incendio” como delito terrorista, aun cuando la Concertación consiguió eliminar de la normativa vigente el de “amenaza terrorista”. Según Sergio Ojeda, el oficicialismo busca revertir la decisión de la Cámara alta en orden de mantener los ilícitos contra la propiedad privada dentro de la mencionada reglamentación.

En otra arista del tema, el ex ministro del Interior de Michelle Bachelet, Edmundo Pérez Yoma, tiró más nafta al fuego al declarar que “el gobierno de Michelle Bachelet decidió que el conflicto mapuche no debiera ser nunca tomado como un conflicto terrorista, sino como uno con los pueblos originarios. Distinto es que frente a actos específicos de terrorismo en los que calificaban los delitos, el gobierno podía invocar la Ley Antiterrorista”. En ese sentido, sostuvo que “por supuesto (que Michelle Bachelet) estuvo de acuerdo. Un ministro del Interior no puede hacer nada, y no dura 24 horas si hace algo que la Presidenta no esté de acuerdo”, aclaró.

Al ser consultado respecto de si ameritaba que se aplicara la Ley Antiterrorista, Pérez Yoma afirmó “aplicamos la ley antiterrorista cuando estimamos que los actos eran de tal magnitud, que no había otra posibilidad”.

Por Christian Palma
Desde Santiago
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