Putin: discriminación, el veto a atletas impedidos de ir a Río

El presidente ruso Vladimir Putin se quejó ayer de "discriminación" contra los atletas de pista y campo del país que fueron vetados para competir en Río, durante una ceremonia en el palacio del Kremlin para despedir a su mermada delegación olímpica.

 

Esgrimistas y triatletas, al igual que los equipos de de volibol, volibol de playa y gimnasia, fueron los más recientes deportistas rusos que recibieron el visto bueno de sus respectivas federaciones para competir en los Juegos Olímpicos, pero la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) rechazó un último intento de la mayoría de los atletas de pista y campo para ser readmitidos.

 

Más de 100 de los 387 integrantes originales del equipo ruso fueron vetados de la justa brasileña.

 

"No podemos aceptar la descalificación indiscriminada de nuestros atletas con una historia totalmente limpia en dopaje. No toleraremos algo que es pura discriminación. Es una puñalada al deporte mundial en su conjunto", expresó Putin.

 

Agregó que los atletas excluidos de la justa son víctimas de una campaña para desprestigiar al deporte de Rusia.

 

El mandatario habló al lado de la bicampeona olímpica de salto con pértiga, Yelena Isinbayeva, la más famosa de los 67 atletas proscritos de los juegos.

 

Entre lágrimas, la atleta aseguró haber sido eliminada "groseramente" del certamen y pidió a sus compatriotas "hacer estremecer al planeta" con sus actuaciones: "Muestren lo que pueden hacer, por ustedes y por nosotros".

 

Algunos atletas posaron para selfies con Vitaly Mutko, cuyo Ministerio de Deportes fue acusado por la Agencia Mundial Antidopaje de dirigir un masivo programa para ocultar casos de consumo de sustancias prohibidas.

 

El Comité Olímpico Internacional (COI) prohibió al funcionario acudir a Río, aunque él permanece en el gabinete de Rusia.

 

La IAAF sólo otorgó una dispensa a Darya Klishina para competir en salto largo.

 

Mutko escribió a la IAAF el pasado lunes para que se revirtiera la sanción a los demás atletas. Sin embargo, "no hay motivos para más revisiones", dijo ayer el organismo.

 

“Las solicitudes de 68 deportistas para ser elegibles de competir en la justa brasileña fueron analizadas a nivel individual por la junta de revisión de dopaje de la IAAF, pero sólo Klishina cumplía los requisitos para competir.

 

"El TAS consideró las apelaciones de los (otros) 67 atletas y las rechazó", indicó la IAAF en un comunicado.

 

"La situación sobrepasó el marco legal y también el sentido común", dijo Putin a la audiencia, en la que estaban muchos de los atletas sancionados.

 

“Es una campaña bien planificada contra nuestros deportistas, que incluye normas diferentes y el concepto de castigo colectivo que no tiene nada que ver con la justicia, o siquiera las normas legales básicas.

 

"No sólo han sido afectados nuestros atletas que jamás han enfrentado acusaciones específicas, sino que este es un golpe al deporte mundial y a los Juegos Olímpicos. Sin duda, la ausencia de atletas rusos, líderes en algunos deportes, afectará a la competencia", señaló el mandatario.

 

Consideró que la falta de ellos hará "la competición menos espectacular" y dará a las victorias de sus rivales "un sabor totalmente diferente".

 

Mientras tanto, los 16 tiradores del equipo de esgrima, entre ellos los espadachines campeones del mundo, irán a Río, anunció la Federación Internacional de Esgrima, presidida por Alicher Ousmanov

Publicado enInternacional
Domingo, 24 Julio 2016 06:35

La doble moral del COI ante el doping

La doble moral del COI ante el doping
No podrán competir en Río de Janeiro 68 deportistas. La sanción podría extenderse a toda la delegación. Putin ve detrás del hecho la mano de Estados Unidos. No existen antecedentes semejantes en la historia del movimiento olímpico.

 


Un fantasma recorre el mundo y ya no se trata del comunismo. Es el del dopaje ruso, azuzado como bandera por unos cuantos organismos de doble moral. 68 atletas de esa nacionalidad no podrán competir en los Juegos Olímpicos. Sancionados por la Federación Internacional de su disciplina, la IAAF, perdieron una apelación ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) creado por el COI, lo que podría derivar en algo mucho peor: la exclusión de todos los representantes de una potencia mundial como Rusia. El escándalo tiene todos los ingredientes. Un Comité Olímpico que muestra su hipocresía.

 

Arrepentidos que ratifican sus denuncias desde Estados Unidos. El presidente Vladimir Putin que se queja de la injerencia yanqui. El rol activo del FBI para embarrar la cancha. El de los servicios de inteligencia rusos para adulterar muestras de orina según un informe de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Imputaciones contra Moscú por hacer del doping una política de Estado. En definitiva, mucha mugre debajo de la alfombra del gran movimiento olímpico. Podría argumentarse –si se parafraseara a Von Clausewitz– que el deporte es la continuación de la guerra por otros medios.

 

La historia de este conflicto con final abierto no empezó con el fallo del TAS. Las sospechas sobre cómo Rusia prepara a sus atletas vienen de mucho antes. Pero tuvieron un mojón en los Juegos de Invierno de 2014, en Sochi: el principal centro veraniego a orillas del Mar Negro. El ex director del laboratorio ruso, Grigory Rodchenkov, admitió su participación en la adulteración o destrucción de muestras en una entrevista que le concedió al New York Times. El mismo medio que publicó la primicia sobre los sobornos en la FIFA. Esos millones de dólares que no alcanzaron para incriminar a Moscú en el pago de coimas para organizar el Mundial 2018, pero instalaron la sospecha con creces. En ese escándalo uno de los primeros que cayó fue Chuck Blazer, el dirigente regordete nacido en Nueva York que integraba el comité ejecutivo presidido por Joseph Blatter. Recibía coimas para otorgar derechos de TV en todo el continente americano. Lo pescó el FBI y se transformó en su informante.

 

La AMA le cayó encima a Rodchenkov. Encargó una investigación al especialista en arbitrajes, el abogado canadiense Richard McLaren, que fue lapidaria. Concluyó que estaban involucrados varios organismos del gobierno ruso, pero sin tomar testimonio a la parte acusada.

 

Además del arrepentido hubo otro personaje clave. El senegalés Lamine Diack, ex presidente de la IAAF, declaró ante la justicia francesa que lo investigaba. Acusado por recibir dinero de Rusia para ocultar casos de doping, él negó los cargos cuando lo detuvieron en noviembre. Pero Le Monde reprodujo su declaración en una nota publicada el 18 de diciembre bajo el título de “Las increíbles confesiones de Lamine Diack, el ex presidente de la IAAF”. Ahí dice lo contrario.

 

Como fuere, el COI y la IAAF ya conocían las sospechas que había sobre los atletas rusos pero las intentaron disimular. El primero se apoyó en un informe de la AMA sobre los Juegos de Sochi donde según la agencia “todo se había desarrollado con normalidad”. La federación de atletismo desplazó a Diack después de casi once años en la presidencia y haberle concedido la Orden al Mérito. También fue condecorado por el gobierno francés cuya Justicia ahora lo tiene sometido a proceso.

 

Su sucesor en el cargo, el británico y ex atleta Sebastián Coe, compartió con el senegalés muchos años en la conducción de la IAAF. Nunca declaró nada hasta ahora sobre los casos de doping. Ex embajador de Nike, también está bajo sospecha en Francia porque la ciudad de Eugene, la sede de la multinacional de EEUU, consiguió que la designen para organizar el Mundial de Atletismo de 2021. Unos correos que intercambió con ejecutivos de la multinacional llamaron la atención de los investigadores. Nike invertirá 13,5 millones de dólares para mejorar las instalaciones del torneo que se disputará en cinco años.

 

La empresa acompañó a Carl Lewis en los Juegos de Los Angeles 1984, cuando igualó el récord de Jesse Owens y ganó cuatro medallas doradas. En los años siguientes, previos a la cita olímpica de Seúl 88, Estados Unidos pasó por una situación semejante a la que hoy atraviesa Rusia. Más de cien atletas fueron encubiertos por el Comité Olímpico de EE.UU. (USOC) cuando se dopaban, según el médico Wade Exum, quien había dirigido la oficina antidoping de aquella organización entre 1991 y 2000. Lo acusaron de vengarse cuando fue desplazado del cargo porque los controles pasaron a una Agencia Antidopaje independiente del USOC. Pero presentó 10 mil documentos como pruebas de lo que decía.

 

Lewis y la tenista Mary Joe Fernández, ganadores del oro en Seúl, estaban en su nómina. El velocista, apodado el hijo del viento, había dado tres veces positivo en controles previos a los Juegos de Seúl. El Comité estadounidense primero lo suspendió y después dio como válido su descargo de que había consumido estimulantes por descuido. La revista Sport Illustrated y el diario The Orange County, como el Times ahora con Rodchenkov, tuvieron la primicia de Exum. Pero a diferencia de los atletas rusos suspendidos para ir a los Juegos de Río, Lewis compitió en 1988. Ganó el oro en salto en largo y también en los 100 metros cuando descalificaron al canadiense Ben Johnson. Otros 19 estadounidenses obtuvieron medallas entre aquel año y el 2000 pese a que también habían dado positivo en distintos controles.

 

La lista podría seguir con el ciclista Lance Armstrong, la atleta Marion Jones o el velocista Tyson Gay, todos ganadores de medallas olímpicas cuyos análisis dieron positivo. En ningún caso, la memoria selectiva del COI o la IAAF derivó en la conclusión de que el doping se trataba de una política de Estado.

 

Tampoco cuando analizó la realidad de otros países como España, Ucrania, Kenia, Marruecos o Turquía, que se destacan en diferentes especialidades del atletismo.

 

En abril pasado se difundió un informe de la AMA que ubicó a Rusia como el país con más casos de doping en 2014, entre 1.639 muestras que dieron resultado positivo. Sumó 148 seguido de Italia con 123, India 96, más Francia y Bélgica con 91. Aunque el relevamiento arrojó resultados muy altos en esos países a lo largo de un año, solo a Rusia se le atribuye la intromisión de su gobierno para sistematizar la trampa en el deporte. En particular al atletismo, la disciplina olímpica donde el dopaje es más alto, sobre el ciclismo y la halterofilia.

 

Un total de 109 atletas de 83 países violaron las normas antidoping según este estudio colectivo que es el más reciente. En escala decreciente, también aparecen entre los diez primeros del ranking de dopaje Turquía con 73 casos, Australia y China 49, Brasil 46 y Corea del Sur 43.

 

Desde Rusia se alzan voces indignadas por la suspensión a sus 68 atletas –solo un par podrían competir fuera de esa nómina– y la posibilidad de que toda la delegación sea sancionada. La garrochista Yelena Isinbayeva, bicampeona olímpica en Atenas 2004 y Pekín 2008, dijo: “Gracias a todos por haber enterrado al atletismo. Esto es puramente político”. Putin habló de que se busca convertir al deporte en “un instrumento de presión geopolítica para formar una imagen negativa de países y pueblos”. También criticó la injerencia de la Agencia Antidopaje de EEUU que pidió la exclusión de su país de los Juegos de Río antes de conocerse la sanción. Y anteayer ordenó crear “una comisión independiente en la que pueden entrar expertos rusos y extranjeros en los ámbitos de la medicina, jurisprudencia y conocidas figuras del deporte y de la vida pública”.

 

Quizás ya sea demasiado tarde para evitar una sanción más dura del COI. Si eso pasara, no tendría antecedente. El Comité emitió un comunicado donde dice que estudia la opción de “una sanción colectiva mediante la prohibición a todos los rusos...” En la historia de los Juegos Olímpicos nunca se suspendió a un país entero bajo la acusación de que el doping está planificado por el Estado. A no ser que los motivos fueran otros, como denunciaron Isinbayeva y Putin. Hubo sí varias sanciones por razones políticas: las sufrieron Sudáfrica durante el régimen del Apartheid entre los Juegos de 1964 y 1992 y Alemania y Japón no fueron invitados a los de 1948 en Londres, tras la Segunda Guerra Mundial. Tampoco la Unión Soviética a los de Amberes en 1920. El fantasma del comunismo ya recorría Europa siete décadas antes. Lo escribieron Marx y Engels en su célebre manifiesto de 1848.


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