El Salvador: debacle de la izquierda en un país marcado por la violencia

A falta del recuento definitivo, el derechista Arena es el triunfador indiscutible.

El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) sufrió una severa derrota en las elecciones celebradas el domingo en El Salvador. A falta del recuento definitivo, el derechista Arena es el triunfador indiscutible. La violencia y el descrédito del sistema político, que ha afectado especialmente a la izquierda, han marcado los comicios de uno de los países con mayor tasa de homicidios del mundo.


“Son todos unos sinvergüenzas. Voy a votar nulo porque dar el apoyo a alguien sería facilitar que el partido reciba unos dólares, ya que el sistema les premia si les votas. La situación está muy mal, es muy peligroso”. Jorge López, un hombre que pasa de los 50, expresaba su descontento el domingo en el colegio en el centro de votación de la residencial Las Margaritas II, en Soyapango, departamento de San Salvador. Hablaba entre dientes y advertía continuamente de que hay que andar con cuidado, que la zona no está para bromas por el control que ejercen las pandillas. En el caso de la colonia en la que él reside, la versión salvadoreña de la Mara Salvatrucha (MS-13). Esta y el Barrio 18, que se divide entre las facciones denominadas Sureños y Revolucionarios, son las dos grandes grupos que, con diferentes características y sin constituir una única estructura, se extienden también por Guatemala y Honduras, además de EEUU, donde está su origen.


Las elecciones municipales y parlamentarias del domingo castigaron al gobernante FMLN. Se queda sin la alcaldía de la capital, San Salvador, sin casi todas las capitales que tenía en su poder, y queda en una posición muy debilitada en el Congreso. Con el 80% de los votos escrutados, ya que el sistema de votación es de listas abiertas, lo que ralentiza el recuento, Arena se lleva entre 38 y 39 escaños de 84. La derecha no ha incrementado su número de apoyos en términos absolutos, así que los resultados deben interpretarse más como castigo al FMLN que como premio para Arena.


La izquierda, por su parte, se queda en 22 escaños, su peor resultado en lo que va de siglo y dejándose 300.000 votos por el camino, una cifra nada desdeñable en un país en el que votan algo más de dos millones de los cinco que están llamados a las urnas. El próximo año, cuando se celebren comicios presidenciales, se cumplirá una década con la izquierda en el poder, un hecho histórico desde los acuerdos de paz de 1992, que pusieron fin a 12 años de guerra civil y que transformaron al FMLN de fuerza guerrillera en partido.


Las elecciones llegaban en un contexto de incremento de la violencia (entre enero y febrero de 2018 el número de homicidios llegó hasta los 627, un 26% más que hace un año) y descrédito del sistema político, cuya expresión ha tenido un mayor impacto sobre el FMLN.


La posición de Jorge López era la elegida por aquellos que querían expresar su descontento de forma activa: depositar la papeleta pero con un mensaje de protesta. Un buen número de electores invalidaron su voto escribiendo en él insultos contra la clase política. Este movimiento de descontento, que de un modo indirecto ha sido alentado por figuras como Nayib Bukele, alcalde saliente de El Salvador, expulsado del FMLN y que se postulará a las presidenciales de 2019, ha tenido su impacto. Si se tratase de un partido, sería el cuarto, tras Arena, FMLN y Gana (escisión de los primeros), y por delante del PCN (partido identificado con sectores reaccionarios de los militares). En la capital, el voto protesta se ubica en tercer lugar. Esta fórmula, en la que también se incluyen las papeletas invalidadas por defectos de forma, ha pasado de 90.000 a cerca de 300.000, por lo que es evidente que muchos salvadoreños utilizaron su voto para quejarse del sistema, abriendo el camino para nuevas expresiones políticas.


La violencia y la percepción de corrupción, que lleva incluida el descrédito de la clase política, eran los principales asuntos de unas elecciones en las que se hablaba más sobre hasta dónde podía llegar la abstención. López, por ejemplo, trabaja en el ámbito de la seguridad, protegiendo camiones que trasladan mercadería. Los empleados de este sector, siempre armados, son parte del paisaje urbano. Casi un ejército paralelo. López se queja de que ha perdido la cuenta de las veces en las que le han asaltado y le han exigido que entregue su mercancía. “Mi vida no vale el producto que lleve”, afirma.


Los malos resultados dejan un panorama sombrío de cara al último año en el Gobierno del actual presidente, el exguerrillero Salvador Sánchez Cerén, del FMLN, que tendrá que enfrentarse a un legislativo abrumadoramente opositor. En realidad la mayoría no la ha tenido nunca, puesto que Arena estaba por encima en la cámara. Sin embargo, con estos números ni siquiera da para alianzas tácticas entre la izquierda y Gana, por lo que la institucionalidad queda en manos de los conservadores. Estamos, pues, ante un giro hacia la derecha. Todo ello, con un futuro complejo. A los problemas ya existentes en el país se le suma el anuncio del presidente de EEUU, Donald Trump, de poner fin al estatus de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés) que daba cobertura a 190.000 salvadoreños desde 2001. A partir de noviembre de 2019 tendrán que regresar o se convertirán en inmigrantes ilegales. Más presión para un país como El Salvador, de apenas 6 millones de habitantes y con otros 3 millones trabajando en el extranjero.


Donde la violencia es la gran preocupación


En Soyapango, el municipio en el que votaba Jorge López, la principal preocupación es la inseguridad. Da igual a quién pregunte uno. “La violencia”, “la delincuencia”, “las pandillas”, son las inevitables respuestas. Con cerca de 250.000 habitantes según el censo de 2007 (con toda la cautela que deben tomarse estas cifras), este es el segundo núcleo del área metropolitana de San Salvador. Se trata de un barrio popular, con casitas de un piso, ordenadas, levantadas dentro de una planificación.
No hay muchos recursos económicos pero no estamos ante la imagen de una favela o de un terreno invadido, como también existen en todo Centroamérica. Uno de sus distintivos es que aquí existen barreras invisibles que sus habitantes conocen muy bien, porque no pueden franquearlas, pero que no son perceptibles a simple vista. Son las que marcan las pandillas, que controlan el territorio palmo a palmo. Por ejemplo: si uno vive en la colonia Las Margaritas, controlada por la MS-13 no puede cruzar a La Campanera, en poder del Barrio 18 Sureño. Los vecinos de colonias en manos de pandillas rivales son vistos como enemigos, aunque no tengan ninguna vinculación con esta estructura criminal. Aunque ellos mismos hayan sido sus víctimas.


“La seguridad es el principal problema, esto lo compartimos todos y aquí sabemos quién manda”. Rosa Martínez, de 64 años, dice que por suerte ella no ha tenido que enterrar a ningún familiar, pero que reza cada vez que su nieto, de 19, sale por la puerta. Tiene familiares con los que solo se encuentra en el interior, porque residen en otra colonia, en manos del Barrio 18, y está vetado el paso en ambos sentidos. No quiere dar más detalles.


El fenómeno de las pandillas tiene su origen en EEUU. Tras la firma de los acuerdos de paz, miles de salvadoreños (también guatemaltecos y hondureños) fueron deportados desde el vecino del norte, importando un modelo de organización criminal que ha modificado por completo la estructura de la sociedad en Centroamérica. Sus principales representantes son dos: la MS-13 y el Barrio 18, roto entre Sureños y Revolucionarios.


Solo el año pasado, en El Salvador, fueron asesinadas 3.954 personas, lo que implica una tasa de 60 homicidios por cada 100.000 habitantes. Los homicidios pueden ser por disputas entre pandillas, por no pagar la extorsión o por ejecuciones extrajudiciales perpetradas por la Policía, entre otras razonas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que un índice de 10 por cada 100.000 es ya una epidemia de violencia. Por ponerlo en contexto: en España, en el mismo año, la tasa no llegó a un asesinato por cada 100.000 habitantes.


“La seguridad es lo más importante. No se trabaja la prevención y, si no se aborda este ámbito, es difícil ir a por la reinserción”, señala Noemí Mancilla, de 50 años, mientras enumera una larga lista de causas: “familias desestructuradas, falta de trabajo, falta de incentivos”. “La violencia está a flor de piel”, afirma.
El gobierno de Salvador Sánchez Cerén, del FMLN, ha apostado por la militarización para frenar a las pandillas. Esto, unido a que en una jornada electoral salen todavía más uniformados a las calles, ofrece una sensación de falsa seguridad. Sin embargo, un detalle. Entre el Centro Escolar Urbanización Las Margaritas y el centro de votación de Las Margaritas II hay una distancia de apenas cuatro cuadras. Cinco minutos caminando. A pesar de ello, un oficial de policía se ofrece a acompañar a los periodistas durante el trayecto. Realizar ese pequeño recorrido con escolta no sería una buena idea, teniendo en cuenta que siempre hay alguien que observa y caminar de la mano de la jura (que es como se conoce a los uniformados) no es buen cartel de presentación.


En esta colonia, definitivamente, la gran preocupación es la delincuencia. En lo que no se ponen de acuerdo los votantes es en la receta. Mientras que Juan Antonio Moliner cree que las políticas del FMLN “han incrementado la delincuencia”, María Rein González cree que el Gobierno no tiene responsabilidad, que ellos no pueden saber cuándo se va a producir un hecho delictivo. Ella forma parte del denominado “voto duro” de la izquierda, el que no se plantea cambiar de siglas. En un país con una historia bélica tan reciente, tanto el FMLN como Arena disponen de este caudal de apoyos. Quien decide los comicios es el descontento en las capas más amplias de la cebolla o la construcción de nuevas lealtades.


Tiempo habrá ahora de analizar hasta qué punto ha influido esta variable en el descenso del FMLN. En 2012, durante el gobierno de Mauricio Funes (2009-2014), la izquierda llegó a auspiciar una tregua entre pandillas que rebajó de modo sustancial el número de homicidios. Aquella iniciativa fracasó y, desde entonces, el discurso general no se mueve del “manodurismo”. La situación llega a niveles de complejidad extremos con informaciones como la publicada recientemente por El Faro, que señalaba que un testigo protegido vinculó a Neto Muyshondt, futuro alcalde de San Salvador por Arena, con la entrega de 6 millones de dólares a la MS-13 que esta habría utilizado para la compra de cocaína.


Investigaciones periodísticas han probado que tanto el FMLN como Arena han mantenido una retórica beligerante contra las pandillas pero, sin embargo, ambos han negociado en secreto con ellos para ganarse su apoyo.


Soyapango es reflejo del vuelco político del país. Anteriormente, la alcaldía estaba en manos del FMLN, pero después de las elecciones será gestionado por Arena.


Resignación como sentimiento transversal


Violencia al margen, un sentimiento transversal, que podía percibirse tanto en colonias populares como las de Soyapango como en colegios como el Complejo Educativo Viuda de Escalón, en la denominada Zona Rosada de San Salvador, donde votan clases más acomodadas, es la resignación. “Los partidos piensan en ellos mismos, no en los ciudadanos”, explicaba Salvador Telula, en el centro de votación de La Campanera, también en Soyapango, pero en este caso, territorio controlado por el Barrio 18 Sureños. Al contrario que en otros lugares, en esta colonia todavía son visibles los “placazos”, o murales de grandes dimensiones que delimitan el control por parte de una pandilla. En opinión de este transportista, la situación de El Salvador es “muy mala”, “no hay oportunidades de trabajo y la seguridad es nula”.
Lejos de allí, en otro contexto, votaban Fabricio Agudo y José Ramón Morales. “Votamos por el menos peor”, se resignaba el primero. “Solo esperamos que roben menos”, añadía el segundo. Agudo y Morales también están preocupados por la inseguridad. “Todos aquí hemos sido asaltados alguna vez”, dicen, casi a la vez. Sin embargo, existe una diferencia fundamental. Ellos perciben mayor protección si evitan “determinadas zonas”, en referencia a colonias populares. Decenas de miles de personas residen ahí y no tienen posibilidad de marcharse.


La situación económica permanece estancada y escasean las oportunidades. De hecho, una de las principales fuentes de ingresos son las remesas que llegan desde EEUU. En 2017, fueron más de 5.000 millones de dólares.


Desde las bases del FMLN se advertía que un retorno de la derecha iba a poner fin a programas sociales como los que entregan uniforme, dos pares de zapatos y un vaso de leche a todos los estudiantes de primaria.


“Debemos mantener lo que hemos logrado. Si no, volveremos a los 80, a los tiempos de la derecha, cuando una comía con pena en Navidad, pensando en si tendría para pagar la escuela de sus hijos”, dice María Rein González, que alerta de que un triunfo de Arena implicaría un auge en las políticas de privatización y extractivismo. El Salvador es uno de los pocos países que prohíbe la minería metálica. Proyectos de estas características generan fuertes conflictos sociales en las vecinas Honduras y Guatemala. En ocasiones, a la izquierda le cuesta explicar qué políticas públicas le diferencian de los conservadores. Rein González recita de memoria los avances.El mensaje, sin embargo, no ha calado entre los electores.


La derecha, por su parte, ha argumentado que los inversores veían con desconfianza los ejecutivos efemelenistas y la economía se estancaba. “Debemos implementar planes en seguridad, sanidad y educación”, dice, sin entrar en concreciones, Remo Matarrosa, representante de Arena en Las Margaritas II.


Desde hace meses se viene hablando de una crisis del modelo político en El Salvador. Sin embargo, esta se ha expresado más en el castigo al FMLN. Los izquierdistas comparecieron el lunes en una breve rueda de prensa que no aceptó preguntas de los periodistas y anunciaron entrar en un “período de reflexión”.


En este ámbito, el alcalde saliente de El Salvador, Nayib Bukele, es un factor que no se puede sacar de la ecuación de la crisis de la izquierda. Accedió a la alcaldía capitalina por el FMLN pero en 2017 fue expulsado de la formación por el Tribunal de Ética. Desde entonces, ha promovido su propio perfil hasta el punto de que cuando se hagan públicos los resultados definitivos, él tiene pensado presentar su propia formación de cara a las presidenciales de 2019.


La victoria de Arena es también un triunfo que debe apuntarse la derecha regional. Este 2018, dos de cada tres ciudadanos en América Latina tienen cita con las urnas en un contexto de ofensiva neoliberal tras la victoria de Mauricio Macri en Argentina, el golpe de Estado contra Dilma Rouseff en Brasil y el fraude electoral perpetrado por Juan Orlando Hernández en Honduras. Todo ello, con EEUU instaurado en una ofensiva antiinmigración que llega a utilizar la violencia pandillera, una de las razones para escapar, como argumento para cerrar (todavía más) la frontera.

 

Por Alberto Pradilla
06/03/2018 08:53 Actualizado: 06/03/2018 08:53

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Martes, 16 Enero 2018 06:08

Espionaje masivo, también con Trump

Trump está a favor de mantener la norma aprobada en 2008 por Bush hijo.

 

El Congreso de EE.UU. prolongará la ley de vigilancia FISA por otros seis años

Los detractores de la ley argumentan que permite recolectar información sin una orden judicial y que avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Se da por hecho que el Senado aprobará la extensión de su vigencia.

 

El Senado de Estados Unidos tratará hoy la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, conocida como FISA por sus siglas en inglés. Si aprueba la extensión de su vigencia –que ya obtuvo el voto favorable de la Cámara de Representantes la semana pasada– se prolongará el espionaje masivo por otros seis años, como se descuenta. La norma permite la recolección de información sobre extranjeros afuera de EEUU, por medio de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) o el FBI con el declamado propósito de combatir al terrorismo. Una de las críticas más fuertes que recibió es que también avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos norteamericanos. Sus correos electrónicos o mensajes en las redes sociales pueden ser interceptados en forma indiscriminada si están en comunicación con personas que viven en otros países.

El Senado está obligado a votar la ley antes del próximo viernes 19, porque ese día expira su validez. Ahí el Partido Republicano tiene una mayoría estrecha, al contrario de la Cámara Baja donde impuso su mayoría por 256 a 164 con el respaldo de medio centenar de demócratas. En rigor, lo que se tratará es el artículo 702 (o sección, como lo denominan en EEUU) de la FISA. Esta parte de la norma fue aprobada en 2008 durante el gobierno de George W. Bush.

La Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera tiene una historia curiosa. Fue una iniciativa del senador demócrata Ted Kennedy que la presentó el 18 de mayo de 1977 y quedó vigente durante la presidencia de James Carter en 1978. Desde hace cuarenta años ha sufrido varias modificaciones que transformaron su objetivo original.

Había surgido como una iniciativa del Senado contra el uso del espionaje interno durante la presidencia de Richard Nixon. El caso Watergate fue el más difundido, pero no el único que hubo contra opositores y activistas. Estados Unidos tiene una larga tradición de espiar a grupos y líderes de la sociedad civil en su propio territorio y también en el exterior. El Programa de Contrainteligencia Cointelpro (1956-1971) le permitió al FBI seguir los pasos de Martin Luther King –ayer fue feriado en EEUU porque se cumplió el 89º aniversario de su nacimiento– o el preso político más antiguo del país, Leonard Peltier, un referente de los pueblos originarios condenado en 1977 por dos crímenes que niega haber cometido hasta hoy.

La FISA se extenderá seis años más por lo que Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, definió como “poder enviar información a las autoridades para prevenir ataques terroristas”. El dirigente republicano la justificó por un caso que ubicó en marzo de 2016: “Nos dio la inteligencia que necesitábamos para perseguir y matar al ministro de finanzas del Estado Islámico (EI). Gracias a la información recabada bajo este programa, un terrorista extranjero en suelo extranjero, el número dos del EI, que estaba en línea para convertirse en el próximo líder...”.

Uno de los críticos de la ley, el senador republicano por Kentucky, Rand Paul, dijo que “ningún estadounidense debería perder su derecho a la privacidad”. Con palabras similares viene pidiendo cambios en la norma el ex precandidato a presidente demócrata y también senador, Bernie Sanders: “Está claro que debemos reformar significativamente la FISA para evitar el espionaje al por mayor en el pueblo estadounidense”. Para Paul “recolectamos una gran cantidad de información sobre extranjeros. Pero ellos hablan con los estadounidenses. Entonces, después de reunir millones y miles de millones de bits de información, resulta que hay muchos estadounidenses en la base de datos”.

Los detractores de la ley argumentan también que permite recolectar información sin una orden judicial. El sitio libertario It’s Going Down que tiene más de 32 mil seguidores en su cuenta de twitter, remarcó que la norma fue aprobada en la Cámara de Representantes con el voto de unos cincuenta demócratas: “Aunque la FISA está redactada para implicar a ciudadanos no estadounidenses, la NSA barre de forma rutinaria las comunicaciones de millones de estadounidenses y permite a los agentes del FBI buscar a través de sus datos”.

El sistema de búsqueda de información privada quedó expuesto en 2013 por una denuncia de Edward Snowden. Filtró a los medios de comunicación que una orden basada en la FISA requería a la compañía Verizon entregar datos telefónicos diariamente –incluyendo los domésticos– a la NSA. En el pasado, él había trabajado como contratista para esa agencia. Hoy se encuentra asilado en Rusia. Sus declaraciones dejaron a la intemperie cómo un programa secreto le permitió a aquel organismo de espionaje ingresar directamente a los servidores de Google, Facebook, Skype, Microsoft y Apple.

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42 periodistas asesinados en América Latina en 2017

 

En 2017 fueron asesinados 42 trabajadores de prensa en nueve países de América Latina, incluyendo la ejecución de un youtuber de 17 años y la desaparición forzada no aclarada número 27, ambos crímenes acontecidos en México, país que registró 26 asesinatos, el 62 % del total detectado por esta investigación.

 

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Por razones desconocidas esta cifra luctuosa de América Latina y el Caribe es “reducida” a más de la mitad por las ONG dedicadas al “negocio de la libertad de información”. De este modo, la monopólica caja de resonancia de los grandes medios del mundo entero da a conocer menos asesinatos de informadores de los realmente ocurridos en esta región donde no existe ninguna guerra. Para contrarrestar esta funesta desinformación al final se ofrece “La lista contra el olvido”, con los datos elementales, nombres completos, edades, lugares de trabajo, fecha del asesinato, circunstancias del crimen, etc., para mostrar que estas 42 víctimas fueron personas reales... que se desempeñaban como periodistas, fotógrafos, locutores, editores y oficios afines.

Según el orden alfabético de los nombres de los otros ocho países, un asesinato ocurrió en Chile (el primero en más de 30 años, aún sin aclarar), otros dos acontecieron en Colombia, uno en El Salvador, dos en Guatemala, cinco en Honduras, dos en Perú, dos en República Dominicana y uno en Venezuela, según el registro de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).

También hubo centenares de denuncias fundadas de intentos fallidos de asesinato, golpizas, espionaje telefónico del Gobierno de México a los periodistas, amenazas de muerte, además de muchos otros atentados similares en diferentes países de la región, en particular México y Honduras. La muerte a manos de sicarios pagados por la corrupción de la clase política y su principal financista de hoy, el narcotráfico (sin perjuicio de otros poderosos actores del gran delito) elimina sistémicamente a periodistas libres, críticos y éticos. Esta “limpieza permanente” se efectúa con total impunidad, en complicidad con sistemas políticos envilecidos por la corrupción generalizada. Todo esto ocurre en una región del mundo donde no existe ninguna guerra y, teóricamente, reinaría una paz social con crecimiento envidiable en presuntos “países democráticos” supuestamente “emergentes” encaminados al “desarrollo”.

Bajo el denominador común de la impunidad absoluta en países que en realidad padecen bastante anomia social, los periodistas viven estresados porque cualquiera puede ser la próxima víctima, pero el atentado definitivo contra un periodista decente no es la única agresión que constantemente sufren reporteros y reporteras de medios pequeños y medianos, y corresponsales de diarios nacionales, principalmente en las provincias y estados. Los periodistas de Ciudad de México, que no parecían tan afectados por los atentados, denunciaron espionaje telefónico y computacional masivo del Gobierno con tecnología israelí.

El gremio se siente impotente, pero marcha clamando justicia y protección de verdad en diferentes ciudades de México. Los periodistas no pueden formar bandas armadas para autodefenderse y preservar su derecho a la vida, asumiendo un rol que le corresponde a cualquier Estado que se precie de civilizado. En cambio trabajan con temor y luchan silenciosamente para que la autocensura no cale hondo ni los inhiba a cambio de sus propias vidas, ante la indiferencia de los poderes reales, formales y fácticos.

Incluso, algunos diarios se cierran para preservar la vida de su personal. Otros medios prefieren ignorar la noticia de los asesinatos o desconocer la condición de periodistas y trabajadores de la información de las víctimas, sobre todo cuando se trata de indígenas, reporteros no famosos o sencillos trabajadores no mediáticos del periodismo. Las leyes de protección son ineficaces, en particular la que está vigente en México.

 
Posición de periodistas mexicanos

 

Las organizaciones mexicanas del gremio denunciaron que "criminalizar a los periodistas victimados es la respuesta gubernamental ante la impunidad prevaleciente." Y añadieron: "No hay otro camino más que federalizar los delitos contras las libertades de prensa y expresión".

El 25 de octubre de 2016 la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX; Federación Latinoamericna de Periodistas, FELAP-MÉXICO; Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE; Club Primera Plana, y la Asociación Nacional de Locutores "condenaron y denunciaron en forma pública la perversa insistencia de autoridades de recurrir a la criminalización de los periodistas victimados ante su ineficacia o probable complicidad en resolver estos atentados que vulneran directamente a la sociedad puesto que tienen el propósito de socavar las libertades de prensa y expresión y por ende el derecho a la información.

"Tal oprobio ha vuelto a ocurrir con la posición del Gobierno estatal del estado de Veracruz, por cierto la entidad en donde se han cometido más asesinatos contra los comunicadores en los últimos años, con el asesinato del joven colega, Gumaro Pérez Aguilando, puesto que la Fiscalía General de Justicia, al margen de toda ética y en violación al sigilo que obliga la ley sobre todo en la etapa de investigación judicial, no filtró sino decretó que el reportero Gumaro, bien conocido, inclusive más allá de su zona de influencia, no era periodista y lo calificó de “narco”. Esta deplorable actitud del Ministerio Público veracruzano tiene dos aristas al igual de condenables: primero, pretender, en forma errónea cuidar la imagen del gobernador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares con violaciones al debido proceso; y segundo, la demostración plena de que mientras estos crímenes continúen en el ámbito del fuero común seguirán en la más vergonzosa impunidad como también los hemos venido denunciando desde que el fenómeno se ha vuelto exponencial.

"No existe otro camino para avanzar en la justicia pronta y expedita de los delitos contra las libertades de prensa y expresión, que la FEDERALIZACIÓN de los mismos; la iniciativa de ley existe, fue un trabajo de la Comisión Especial respectiva de la Cámara de Diputados y su Consejo externo de la sociedad civil en la que el gremio organizado participó y se comprometió con toda firmeza. Es de apreciarse que los medios de la llamada gran prensa e innumerables colegas se han unido a esta condena contra la frívola y grave posición de la Fiscalía veracruzana con su actitud de sentenciar “a bote pronto” al colega masacrado, Gumaro Pérez Aguilando, como no periodista y narco. Esta postura oficial lo ubica como otro crimen que yacerá como todos los demás en la inaceptable impunidad."

 

Lista contra el olvido

 

Esta es la nómina de los 42 periodistas asesinados en América Latina en 2017. A los datos personales se añadió información sobre su especialidad, lugar de trabajo y situación laboral:

 

Chile

Marco Álvarez Valenzuela, periodista de 59 años, fue asesinado al mediodía del 4 de diciembre en el balneario chileno de Cartagena, 111 km al oeste de la capital chilena. Dos desconocidos le propinaron seis puñaladas a metros de su trabajo, el Museo Vicente Huidobro.

 

Colombia

María Efigenia Vásquez Astudillo, de 37 años, periodista radiofónica indígena de la emisora Renacer Coconuco, fue asesinada a tiros el domingo 8 de octubre por efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), violento grupo de choque de la Policía que desalojó a un grupo indígena kokonkco que reclama tierras ancestrales en Coconuco, departamento del Cauca, suroeste de Colombia.

Elmer Agudelo Vidales, de 55 años, reportero gráfico y corresponsal en Palmira, Valle del Cauca, Colombia, por más de diez años de los diario El País y Q Hubo de Cali fue asesinado el domingo 27 de julio cuando se encontraba en la puerta de su casa en el barrio El Sembrador, informaron medios de prensa colombianos y europeos.

 

El Salvador

Samuel Jonathan Rivas, de 28 años, camarógrafo del Canal 21 Megavisión, fue asesinado a tiros en Ilopango, a 10 km de la capital San Salvador, el jueves 16 de noviembre.

 

Guatemala

Manuel Salvador Trujillo Villagrán, de 39 años, periodista vocero de la municipalidad de San Jorge, departamento oriental de Zacapa, y reportero de un noticiero local fue emboscado en su motocicleta y acribillado el jueves 19 de enero de 2017 en el kilómetro 149,5 de la carretera local.

Vilma Gabriela Barrios López, de 26 años, locutora de la emisora cristiana Génesis 99.5 FM, poetisa y estudiante universitaria, fue encontrada muerta el 5 de febrero en el río Samalá, departamento de Quetzaltenango, occidente del país, según reportó Cerigua en mayo.

 

Honduras

Carlos Oveniel Lara Domínguez, reconocido camarógrafo de televisión de Nueva Arcadia, La Entrada, departamento occidental de Copán (noreste de Honduras), fue asesinado por sicarios el 23 de octubre. Según el organismo estatal de derechos humanos en Honduras asesinaron a 73 periodista,desde 2003.

Osmin Antonio España Chávez, de 50 años, director de un programa de televisión del Canal 80 del departamento de Copán, occidente de Honduras, fue asesinado el miércoles 4 de octubre en la barriada Santa Rosa por cuatro sicarios.

Carlos William Flores, periodista del Canal local 22, fue asesinado por sicarios el 13 de septiembre en el departamento de Cortés, cerca de la frontera con Guatemala.

Víctor Fúnez, de 41 años, presentador del programa ‘Informe Nocturno’ del Canal 45, fue acribillado el 15 de junio en La Ceiba, al norte de Tegucigalpa.

Igor Abisaí Padilla Chávez, de 37 años, periodista de TV, fue asesinado a balazos el martes 17 de enero en San Pedro de Sula, norte de Honduras. La directora general de la UNESCO, Irina Bokova, denunció que "estos crímenes buscan desgarrar el tejido social".

 

México
 

Juan Jaimes Jaimes, periodista, locutor y docente y músico, desapareció por secuestro el 6 de junio de 2017. Llamado “Jonny Jaimes” era muy conocido por sus programas periodísticos y artísticos en "La Transmisora 92.9 FM" de Tlatlaya, Estado de México. Ésta es la desaparición forzada sin aclarar número 27 en México.

Luis Abraham González Contreras, fotógrafo de 31 años, desaparecido desde el 19 de diciembre fue hallado en un basurero de Chelem, Yucatán, informó Fapermex, la organización de los periodistas de México. "El cuerpo se encontró desmembrado en bolsas de plástico", explicó el dirigente Teodoro Rentería.

Gumaro Pérez Águilando, de 35 años, reportero, especialista en temas de seguridad, fue ejecutado el martes 19 de diciembre de 2017 en una escuela primaria de Acayucan, en el sur del estado Veracruz, donde asistía a un festival navideño en que participaba su hijo.

Juan Luis Lagunas Rosales, de 17 años, conocido youtuber de narco-temas del llamado Canal El Pirata de Culiacán, estado Sinaloa, fue asesinado al menos con 15 balazos la noche del 18 de diciembre en un bar de Tlaquepaque, Guadalajara, Jalisco. Medios atribuyen su asesinato a elementos del emergente cartel de Jalisco llamado New Generation, capitaneado por Nemesio Ocegera Cervantes, “El Mencho”, hoy uno de los principales narcotraficantes de México, considerado líder del cártel de Jalisco.

Cecilia Méndez, de 61 años, conductora de un programa de radio, fue asesinada el 16 de octubre en Guadalajara, estado de Jalisco, cuando un sicario le disparó a la cabeza mientras ella conducía su automóvil.

Ernesto Martínez Moreno, de 57 años, secretario general del Club de Periodistas de Acapulco, fue asesinado a balazos el 12 de octubre en Taxco, Guerrero, cuando se encontraba a las puertas de su casa en el centro de esa ciudad.

Edgar Daniel Esqueda Castro, de 23 años, fotoperiodista secuestrado por presuntos policía el 5 de octubre de 2017 en San Luis Potosí (400 km al norte de Ciudad de México), apareció asesinado la madrugada del 6 de octubre en la vía ferroviaria México-Laredo.

Javier Lucero, camarógrafo free-lance del desaparecido canal 10 de la Paz, Baja California, fue asesinado por sicarios el 30 de septiembre. Había recibido amenazas.

Juan Carlos Hernández Ríos, de 29 años, fotoperiodista del sitio de noticias La Bandera Noticias, fue asesinado la noche del martes 5 de septiembre por sicarios que lo aguardaban cuando llegó a su hogar en el municipio de Yuriria, estado de Guanajuato, según reportes de la prensa mexicana.

Cándido Ríos Vásquez murió acribillado el martes 22 de agosto en Covarrubias Hueyapan de Ocampo, en el sur de estado Veracruz, cerca de las viejas capitales petroleras de Coatzacoalcos y MinatRíos, según informa la prensa local e internacional, que lamentablemente omite la edad del trabajador de prensa asesinado.

Luciano Rivera Delgado fue asesinado de un disparo en la cabeza en la madrugada del lunes 31 de julio en la localidad Playas de Rosarito, en el norteño estado mexicano de Baja California, informó la Procuraduría General de Justicia (PGJBC) de ese estado. Rivera era conductor del noticiario CNR Noticias Canal 54 y dirigía la revista “Dictamen”, donde publicaba noticias sobre Rosarito y Tijuana.

Edwin Rivera Paz, de 28 años, hondureño refugiado en México, e4x director del programa periodístico “Los Verduleros”, que se transmite en San Pedro Sula, Honduras, fue acribillado el 9 de julio en el Barrio de San Diego de Acayucan, Veracruz, pese a estar protegido por Naciones Unidas, informaron las organizaciones del gremio periodístico de México, Fapermex y otras.

Pablo Martín Obregón, reportero, vocero del Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, dependiente de la Secretaría de Gobierno, y ex corresponsal de Televisa en Chilpancingo y Acapulco, estado Guerrero, apareció muerto el 27 de junio en casa de una hermana. Las causas no fueron informadas por su familia.

Alejandro Zepeda Ortiz, de 27 años, camarógrafo del noticiario Núcleo Televisivo, que se transmite en el canal TVN de Ocosingo, estado Chiapas, el 26 de junio fue encontrado colgando de una viga en los estudios donde se trasmite el programa de noticias.

Salvador Adame Pardo, de 45 años, desaparecido desde el 18 de mayo de 2017 en Nueva Italia, Tierra Caliente, Michoacán, fue identificado a partir de restos calcinados según información policíaca difundida el 26 de junio.

Marcela de Jesús Natalia de la Cruz, de 54 años, locutora indígena de la etnia muzga de la Costa Chica del estado Guerrero, fue acribillada el 3 de junio en la cabecera municipal de Ometepec, cuando salía de su turno de locución en la Radio y Televisión de Guerrero (RTG).

Erik Ernesto Bolio López, de 23 años, egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, operador productor del programa de radio por Internet “México Prioridad” y colaborador de la revista electrónica “Tierra Baldía”, fue acribillado el 29 de abril en un autobús de transporte urbano en la ciudad de Puebla.

Jonathan Rodríguez Córdova, de 26 años, reportero del semanario El Costeño de Autlán, fue abatido a balazos la tarde del lunes 15 de mayo en Autlán de Navarro, estado de Jalisco, al oeste del territorio de México, mientras se desplazaba en automóvil con su madre, Sonia Córdova Oceguera, subdirectora comercial de la revista donde laboraba el joven asesinado.

Javier Valdez Cárdenas, de 50 años, galardonado periodista y escritor, corresponsal del diario La Jornada y redactor del semanario estadal Ríodoce, fue asesinado por un pistolero al mediodía del lunes 15 de mayo en el centro de Culiacán, Sinaloa, a pocos metros de su trabajo, según reportan Felap-México, Fapermex y otras organizaciones del gremio periodístico.

Filiberto Álvarez Landeros, de 65 años, periodista y locutor de radio La Señal de Jojutla , fue asesinado por sicarios la noche de l 29 de abril en una calle de Tlaquiltenango, Morelos, tras terminar su programa Poemas y Cantares .

Juan José Roldán Ávila, de 36 años, comunicador y activista en favor de los derechos LGBTI, fue asesinado a golpes el 16 de abril en Calpulalpan, Tlaxcala, denunció la Unión de Periodistas de ese estado (UPET). El cadáver fue encontrado con signos de tortura en un predio agrícola.

Maximino Rodríguez Palacios, de 73 años, reportero de la sección policial del blog Colectivo Pericú de Baja California Sur, fue asesinado a balazos el 14 de abril (viernes santo) en La Paz, tras arribar a un centro comercial en compañía de su esposa minusválida Raquel Romo Medina, quien resultó ilesa.

Miroslava Breach Veducea, de 54 años, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, fue asesinada el jueves 23 de marzo cuando llevaba a su hijo a la escuela. Según los periodistas mexicanos (Felap-México, Fapermex y otras organizaciones), con este asesinado suman 264 los homicidios cometidos desde 1983 por los enemigos de las libertades de prensa y expresión y sus esbirros. Éste ha sido el único asesinado aclarado con la captura de autores materiales e intelectuales.

Ricardo Monlui Cabrera, de 57 años, director de El Político, columnista de los periódicos locales El Sol de Córdoba y el Diario de Xalapa, y presidente de la Asociación de Periodistas y Reporteros Gráficos de Córdoba, fue asesinado a balazos el 19 de marzo, en Yanga, Veracruz, en presencia de su familia.

Cecilio Pineda Birto, de 39 años, director del diario La Voz de la Tierra Caliente y colaborador del periódico El Universal, fue asesinado el 2 marzo, en Ciudad Altamirano, Tierra Caliente, estado Guerrero.

Carlos Alberto García Martínez, de 41 años, cronista deportivo, locutor y administrador de ventas de Radiorama Colima, fue asesinado el 20 de febrero en el municipio de Tecomán, Colima, junto a su amigo de 18 años Hernán García Carranza.

 

Perú

Julio César Moisés Mesco, de 27 años, periodista de Ica, practicante del área de prensa de la municipalidad local, desapareció el 11 de febrero. Sus restos fueron hallados el 25 de febrero en el distrito Ocucaje.

José Feliciano Yactayo Rodríguez, de 55 años, periodista de televisión, natural de Huara, visto por última vez en el distrito limeño de San Luis y denunciado como desaparecido el 25 de febrero, fue encontrado mutilado el 3 de marzo dentro de una maleta en Andahuasi, 139 kilómetros al norte de Lima.

 
República Dominicana

Luis Manuel Medina Pérez, locutor, de la emisora 103.5 FM de San Pedro de Macorís, en el este de República Dominicana, fue asesinado el 14 de febrero por sicarios que irrumpieron en la radio mientras transmitían el programa informativo Milenio Caliente.

Leónidas Antonio Evangelista Martínez, periodista y director de la emisora 103.5 FM de San Pedro de Macorís, de República Dominicana, fue asesinado junto con Medina Pérez.

 

Venezuela:

Arnaldo Enrique Albornoz Bracho, de 34 años, “rostro” de la farándula venezolana, fue asesinado a tiros en las afueras de su domicilio en Caracas la madrugada del 15 de enero.

 

Nota:

Ciap-Felap registra todos los atentados a trabajadores de prensa de los que tenga conocimiento, procurando datos completos sobre identidad, edad, lugar y circunstancias del asesin ato, pero no tiene capacidad para hacer un seguimiento judicial de los móviles específicos de cada caso, ni verificar las interpretaciones, explicaciones o pseudo “investigaciones policíacas científicas”, a modo de ejemplo bastante frecuentes en las fuentes oficiales mexicanas. (Ernesto Carmona, presidente de Ciap-Felap).

 

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Biocombustibles, riesgo para la seguridad alimentaria: FAO

Aunque la demanda de maíz amarillo importado crece cada año, ya que uno de sus principales usos es la fabricación de biocombustibles, organismos internacionales han advertido en distintos análisis, emitidos de 2010 a 2017, de los efectos de destinar la producción agrícola a combustibles en lugar de alimentos.

En el reporte El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estima que en 2050 la agricultura tendrá que producir casi 50 por ciento más de alimentos y biocombustible de los que producía en 2012 para cubrir la demanda mundial.

Aunque el aumento de terrenos de producción agrícola significa mayor cantidad de alimentos, también tiene efectos negativos. El documento recalca que a mayor producción alimentaria, también hay un impacto directo en el medio ambiente.

En los pasados 20 años la expansión agrícola se mantuvo en promedio en 4 mil 900 millones de hectáreas en el mundo, con una pérdida de cubierta forestal que se ha ralentizado entre 2010 y 2015.

Sin embargo, la FAO señala que hay diferencias regionales significativas, ya que mientras en las regiones tropicales y subtropicales se perdieron 7 millones de hectáreas anuales de bosque en 20 años, la superficie agraria aumentó a un ritmo de 6 millones de hectáreas anuales.

"Los países de bajos ingresos sufrieron la mayor pérdida neta anual de área de bosque, y también la mayor ganancia neta anual de superficie agrícola."

El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS) advirtió desde 2013 que la producción de biocombustibles representa riesgos en los aspectos económicos, sociales y ambientales, ya que crea competencia entre los cultivos para este fin y los alimentarios.

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:21

No van al médico por miedo a la deportación

Familia de origen guatemalteco deportada el día de Navidad, en el aeropuerto de Salt Lake City, en Utah. Las disposiciones desde que Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos han creado un clima de temor en la comunidad inmigrante que, entre otras afectaciones, inhibe a las personas de buscar ayuda médica

 

Inmigrantes, obligados a elegir entre tratamiento para salvar sus vidas o enfrentar a los agentes de la Patrulla Fronteriza

 

Nueva York.

A casi un año de iniciada la presidencia de Donald Trump, las nuevas disposiciones y políticas sobre inmigración están creando una atmósfera de temor en las comunidades de inmigrantes en todo Estados Unidos, la cual, según expertos y críticos, inhibe a las personas de buscar la ayuda y tratamiento médico que necesitan para salvar su vida.

Entre las comunidades de indocumentados en las poblaciones fronterizas más pobres, donde no siempre se dispone de tratamientos médicos avanzados, las familias se han visto forzadas a decidir entre el tratamiento de una enfermedad grave o el riesgo de pasar por puestos de revisión de la Patrulla Fronteriza, donde los agentes ejercen una discreción menos profesional, en el gobierno de Trump, en cuanto a quién detienen.

Y una secuela problemática es que los elementos federales siguen a las personas a los hospitales, los cuales tradicionalmente se han considerado lugares delicados que los agentes de la ley deben evitar si no hay circunstancias de peligro. Los arrestos están llevando a las personas a intentar no salir para nada a lugares públicos, declaró el representante Joaquín Castro, demócrata texano cuyo distrito se encuentra cerca de San Antonio.

La gente se esconde en los lugares más recónditos y evita ir a cualquier institución. Las víctimas de violencia doméstica rehúyen acudir a la policía o a los tribunales. Personas que tienen serios problemas de salud no van a hospitales o a consultas médicas. Esto tiene un efecto increíblemente dañino en las comunidades, agregó el legislador.

En meses pasados, este tema fue puesto de relieve cuando Rosa María Hernández, una niña de 10 años que tiene parálisis cerebral, fue seguida por la Patrulla Fronteriza desde un retén mientras se trasladaba en ambulancia desde Laredo, Texas, hasta Corpus Christi para una operación de emergencia en la vesícula, que los médicos de Laredo no tenían la capacidad de realizar.

Una vez en el hospital, los agentes insistieron en tener siempre a la vista a la niña, pues afirmaron que podría huir. Al final la pusieron en custodia federal en San Antonio, donde la confundida menor preguntaba una y otra vez por su madre, quien se había visto impedida de viajar con ella por temor a la deportación.

Los puestos de revisión tácticos interiores de la patrulla están ubicados de 40 a 55 kilómetros de la frontera, y son una barrera de defensa que según el Departamento de Seguridad Interior ayuda a combatir el terrorismo, el tráfico de drogas y la inmigración indocumentada. Si bien han sido criticados por violar la Cuarta Enmienda, que prohíbe las detenciones y revisiones sin orden judicial, la Suprema Corte sostuvo su constitucionalidad en la década de 1970, afirmando que no sería práctico que la Patrulla Fronteriza cumpliera su función si necesitara órdenes individuales para cada vehículo en un retén.

Durante el primer año del gobierno de Trump se ha observado un fuerte incremento (40 por ciento) en los arrestos de inmigrantes en el interior, en comparación con la administración de Obama, pese a que las deportaciones en general han disminuido un tanto (alrededor de 6 por ciento). Para alcanzar esas cifras, las autoridades se han enfocado en indocumentados sin antecedentes penales, grupo que con Obama se consideraba que no debería ser prioritario. En el primer año, el número de inmigrantes arrestados por infracciones civiles se ha elevado 30 por ciento, y el de inmigrantes sin antecedentes penales detenidos se ha más que duplicado, según un informe del Centro de Inmigración y Aduanas.

 

Cacería de individuos sin antecedentes penales

 

Esta cacería de individuos sin antecedentes penales obliga a las personas a evitar el uso de servicios públicos. Además, los relatos de personas que son apresadas cuando solicitan atención a problemas críticos de salud tampoco ayudan a la causa. El problema es precisamente cuando vemos que la Patrulla Fronteriza puede aplicar el criterio; podría hacerlo, pero no lo hace, comenta Astrid Domínguez, experto en estrategia política de la Unión de Libertades Civiles en Texas. La Patrulla Fronteriza necesita cambiar sus políticas con respecto a personas que cruzan los puestos de revisión en busca de atención médica.

Con ese relajamiento de prioridades y aparente falta de criterio, muchas familias e individuos (como ocurrió con Rosa María) tienen que tomar decisiones difíciles cuando se trata de buscar tratamiento. Esto es reforzado por entrevistas a inmigrantes indocumentados y a personas familiarizadas con sus casos, junto con situaciones de las que ya se ha informado.

Por ejemplo, Sergio Puente señala que él se enfrentó a este problema en marzo pasado, cuando en una visita al hospital local de Laredo con su madre se enteró de que ella padecía una forma avanzada de cáncer cerebral, la cual requería un tratamiento que sólo podía conseguirse en San Antonio. Esa tarde la Patrulla Fronteriza dejó pasar la ambulancia en la que se trasladaba, pero la siguió hasta su destino, y cuando la madre fue trasladada a una parte distinta del hospital los patrulleros se negaron a informarle sobre su condición, tras lo cual estuvo tres días sin saber si ella estaba viva.

Ahora, de nuevo a salvo en Laredo, Puente comenta que no puede llevarla a ver a los médicos en San Antonio por temor de que los agentes vuelvan a recogerla y a la larga deportarla a su tierra de origen en México, la cual es presa de la violencia.

Otra inmigrante indocumentada, Evelyn Garza, afirma que la Patrulla Fronteriza impide que ella y su hijo, quien sufre síndrome de rubéola, busquen en Houston tratamiento y un entrenamiento que le permitiría comunicarse con él y atenderlo. Afirma que ningún médico en su área tiene preparación especializada para tratar esa enfermedad, por la cual su hijo, de 23 años, ha quedado sordo y ciego.

La señora Garza señala que a causa de los retenes está varada en la población fronteriza donde vive, y no puede llevar a su hijo a una población más grande. En su ciudad no hay un médico que pueda prescribir los medicamentos que él necesita, los cuales son un factor primordial en su conducta y aprendizaje.

Esos casos, junto con muchos otros que han sido reportados a activistas, pintan un panorama de miedo incrementado e incertidumbre que ha empeorado en el año anterior. Rosa María fue después entregada en custodia a un familiar y aún espera que su caso proceda.

Sergio Puente comenta que están haciendo lo más que puede con lo que tienen a la mano en su población fronteriza porque arriesgarse a la deportación para buscar tratamientos que potencialmente salven la vida a su madre no justificaría que fuese deportada a México, donde su poblado nativo parece una zona de guerra. Y Evelyn Garza, quien desde 2013 mantiene a su hijo con sus propios recursos, luego de dejar una relación abusiva, comenta que le gustaría llevarlo a recibir un tratamiento que le permitiese conectar con él, pero vive con un temor constante. Tengo miedo. No quiero que me agarre la inmigración si lo llevo, porque si eso ocurre él se quedaría solo.

 

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 

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Jueves, 19 Octubre 2017 07:55

Una Francia más policíaca

Zoulikha Azin (iz.), madre del jihadista Mohamed Merah, en un tribunal de París.

 

En adelante, las administraciones cuentan con el poder de decidir arrestos domiciliarios o el cierre de lugares de culto sin una autorización judicial. Se vigilan las comunicaciones hertzianas y se usan los datos de pasajeros.

 

Desde París

El Senado francés dio el último paso para la aprobación de la ley antiterrorista que reemplaza las medidas adoptadas antes por el Ejecutivo del ex presidente François Hollande adoptadas luego de la ola de atentados que sacudieron a Francia entre enero de 2015 y finales de 2016. El texto, que ya ha había sido aprobado por la Asamblea Nacional, viene a completar el vacío que hubiese dejado el fin estado de urgencia adoptado tras los atentados de 2013 y que está en vigor hasta el primero de noviembre de 2017. Los sectores más críticos al proyecto de ley se sitúan entre los comunistas, los ecologistas y los socialistas. Estos grupos políticos impugnan la pronunciada tendencia de la ley a dejar las decisiones fundamentales en manos de policías o prefectos sin la presencia del poder judicial. En adelante, las administraciones cuentan con el poder de decidir arrestos domiciliarios o el cierre de lugares de culto sin que sea necesaria la autorización judicial. Esther Benbassa, representante del grupo comunista, comentó al vespertino Le Monde que “la sociedad que se nos está proponiendo es una sociedad de la sospecha permanente, puesta en manos de los poderes administrativos en donde los prefectos o el Ministro de Interior pueden reemplazar al juez”. Estas disposiciones no son sin embargo nuevas porque ya figuraban en el arsenal represivo que se aplicó luego de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.

Sus opositores fustigan sobre todo la inclusión de las medidas de excepción dentro del derecho común. Resulta obvio que, tal y como ocurrió luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cada vez que un Estado diseña un marco de protección y represión lo hace en contra de las libertades civiles. Gana la policía, los servicios secretos y pierde la sociedad cuando, a través de estas nuevas leyes, se va extendiendo la llamada “democradura”. El proyecto de ley pasó finalmente a través de las diversas oposiciones, la de la izquierda, que lo critica porque atenta contra las libertades civiles y los derechos humanos, la de la derecha, que lo rechaza porque significa el fin del estado de urgencia prolongado seis veces desde 2015, y la de la ultraderecha, opuesto a un texto que, según su líder, Marine Le Pen, no “ataca la ideología islamista”.

Por encima de sus antagonismos, el proyecto de ley marca el fin de un período traumático para Francia. Incluso si integra muchas de sus disposiciones, el nuevo esquema antiterrorista es una salida de situaciones excepcionales como el estado de urgencia que remiten a ese momento de muerte colectiva que fue la noche del 13 de noviembre de 2015 cuando un comando islamista de varios hombres a las ordenes del Estado Islámico atacó el Estadio de Francia, los bares de los distritos 10 y 11 de la capital francesa y el teatro Le Bataclan. Un total de 130 personas fueron ultimadas a sangre fría por los terroristas. El Estado dirigido hoy por Emmanuel Macron debía presentar un nuevo escudo. Los cierto es que sus ocho medidas principales son polémicas, desde la transferencia de las decisiones a la exclusividad de los representantes del Estado, pasando por el “Passenger Name record”, o sea, la transferencia de los datos de los pasajeros que viajan en avión a las autoridades judiciales, la vigiliancia de las comunicaciones hertzianas, la ampliación de los controles de identidad o las zonas de protección de los grandes acontecimientos. A propósito de esta última disposición, los juristas han manifestado su preocupación porque la ley puede dar lugar al abuso de este régimen contra militantes u opositores políticos.

 

 

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:45

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Para mi amigo Carlos

 

Cuando llegué a uno de los Centros Locales de Artes, ubicado al occidente de Bogotá, lo escuché cantar con su voz afectada por la gripa, y al fondo las voces de los niños en coro. Se trataba de un poema de José Goytisolo llamado El lobito bueno, que Paco Ibañez había musicalizado: «Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos./ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado./ Todas estas cosas había una vez./ Cuando yo soñaba/ un mundo al revés». Seguí el rastro de las voces hasta un salón donde lo vi de pie, rodeado por seis niños que lo acompañaban en la tonada. El día era claro y el sol entraba por la puerta del centro local de artes dibujando siluetas sobre los azulejos del pasillo. Él estaba sonriente, batiendo sus manos dirigiendo al pequeño coro, pero cuando me fijé en sus ojos, abultados ya, quizás atrapados tras una red de lóbregos recuerdos, observé aquella mirada que en una navidad de treinta y seis años atrás brillaba tras los barrotes y en medio de la oscuridad de una celda de la cárcel La Modelo.

 

Se hace llamar Carlos Mayo, pero bien podría llamarse Carlos Abril o Carlos Diciembre, tiene sesenta y ocho años y es escritor, aunque yo prefiero llamarlo poeta. Trabaja como artista formador de creación literaria para los niños de la ciudad. Tiene dos hijos, una madre a la que cuida de acuerdo al turno que le sea asignado, sus manos son grandes y fuertes, recorre la ciudad en una pequeña bicicleta niquelada que soporta el peso de su maleta que siempre va atiborrada de libros. Su ser es tranquilo y anda por el mundo diseminando sus sonrisas, su lucha incansable por la justicia y por supuesto, sus poemas.

 

Días atrás Carlos había empezado a relatarme su historia y aquella mañana, luego de su clase salimos hacia una panadería donde pedimos café y retomamos la conversación. Su historia o parte de la que me había contado caló tan hondo en mí que le pedí me refiriera los hechos ocurridos en aquel diciembre de 1981, cuando él tenía treinta y dos años y las fuerzas intactas para la lucha. El día era claro, las copas de los árboles brillaban y el viento pasaba liviano por nuestros rostros. Encendí un cigarrillo y Carlos luego de aprobar el sabor del café de una cabezada continuó.

 

Fue en los albores de la navidad del 81. Carlos se encontraba en su casa cuando una escuadra del ejército llegó hasta allí para apresarlo. Inicialmente se negó a ir con ellos, mientras su hijo de tan solo dos años se aferraba a su pantalón para que no se lo llevaran. Sin embargo, el capitán que dirigía a los militares extrajo una hoja donde había escritos alrededor de sesenta nombres de civiles, buscó el de Carlos, tapó los demás y se la enseñó. Se trataba de una orden de arresto firmada por el mismísimo presidente de la república Julio César Turbay Ayala, en la que se le acusaba de conspiración y se explicaba que era una detención preventiva para frenar el paro cívico que germinaba en algunos sectores, y para evitar los desmanes que pudieran ocurrir tras el supuesto paro.

 

Por aquellos días en todo el país no era extraño que se apresara a la gente de esta forma. El Estatuto de Seguridad Nacional, eufemismo utilizado para hablar del Estado de Sitio o en nuestro tiempo de la Seguridad Democrática, creado en 1978 por el general Camacho Leyva y Turbay Ayala le confirió poderes especiales a las fuerzas armadas para detener a cualquier civil sospechoso de ser enemigo de la patria, de desaparecer a personas pertenecientes a grupos armados ilegales o simplemente a opositores y críticos del gobierno, también impedía la reunión de más de dos personas, las manifestaciones y marchas, y hasta cubrirse el rostro era considerado un delito. Por tanto, cuando el gobierno supuso, según sus fuentes de información secretas, que se avecinaba un paro cívico, imaginó que sería igual o peor al ocurrido en 1977 y decidió evitarlo enviando a la cárcel a estudiantes, trabajadores, sindicalistas y reconocidos líderes sociales. Es la ley natural del más fuerte la que utilizaba el Estado, me dice Carlos, matando siempre al más impetuoso y bravo y dejando a los más débiles para manipularlos a su antojo.

 

Pero a Carlos no solo lo acusaban de algo que no había alcanzado a hacer, como era llevar a cabo el paro cívico y participar activamente en él, sino que se encontraba reseñado, o quizás podría decirse que se encontraba signado o marcado por el destino desde que era un niño y su padre le hablaba sobre la justicia, sobre la igualdad, sobre la corrupción, y cuando aprendió a leer y accedió a Marx y a Mao Tse Tung, y cuando a los ocho o nueve años, todos los sábados en la tarde caminaba hasta el bebedero de su barrio y se sentaba sobre los bultos de papa para escuchar las historias de los viejos que escanciaban botellas de cerveza y para escuchar a los tríos que llegaban a cantar sus canciones de amores fallidos y de guerras en los campos de su país. También estaba signado por el destino cuando en su juventud hizo parte de la Junta de acción comunal de su barrio y quiso hacer cosas diferentes a conseguirle votos a los congresistas, porque él sabía y sabe aún, que el verdadero cambio en el país, para que haya justicia y conciencia política, se da en los hábitos de las personas, y que son la cultura y el deporte los que pueden brindarle otras formas de ver el mundo a la sociedad.

 

Por supuesto, las viejas herencias de la politiquería colombiana, aferradas hasta los más bajos niveles del poder como las juntas de acción comunal, lo señalaron y lo expulsaron pues lo veían como enemigo de los principios de corrupción que nos han gobernado durante los pocos siglos en que nuestro país es un país. Carlos, que había estudiado odontología en la Universidad Nacional, siguió trabajando por la comunidad a cuenta propia y desvinculado de cualquier grupo, atendiendo de forma gratuita a las personas que no podían pagar las consultas y tratamientos, y de vez en cuando, viajando de forma clandestina hasta los confines del país, y en medio de las selvas, atender a los campesinos y guerrilleros que tampoco tenían acceso a un servicio de salud.

 

Fue así como años después la misma comunidad lo eligió presidente de la Junta de acción comunal de su barrio, ubicado en la localidad de Kenedy. Fue allí donde en la década de los sesentas él le propuso al hijo del presidente de la junta cambiarle el nombre al barrio para que pasara a llamarse Camilo Torres, en honor al prócer de la independencia. Allí su vida dio un giro vertiginoso y al voltear de los días que se abrían como calles inciertas, se encontró con la literatura al fundar junto con los vecinos más jóvenes el primer periódico comunal del sector. Aprendió el oficio de escribir, de contar sucesos, de lanzar injurias, de polemizar por medio de la palabra, además les dio un espacio en el mundo a esos jóvenes extraviados de su comunidad. Luego hizo parte del paro cívico nacional del 77 y continuó con su trabajo social sin detenerse a pensar en los beneficios que obtendría. Por todo lo anterior, estaba reseñado y por eso lo apresaron aquel diciembre del 81.

 

Por eso me encarcelaron de nuevo, me dice Carlos sonriendo con melancolía como quien recuerda hechos dolorosos que jamás volverán a ocurrir. Los militares lo llevaron a la cárcel La Modelo de Bogotá a la que él llama Casablanca con ironía y lo encerraron en la sección de Recepción. Lo que más me dolía en ese momento era tener que pasar la navidad sin mi hijo, sin mi esposa y sin mi comunidad, porque la navidad es para compartir en comunidad y lo que buscaba mi apresamiento y el de todos los presos políticos era individualizarnos, alejarnos de la sociedad para reducirnos hasta nuestra más mínima expresión, comenta con tranquilidad y con la mirada pegada a su segundo café que bebe a sorbos lentos.

 

Allí le atrapó la tristeza del 24 de diciembre. En aquella ocasión compartió su celda con siete hombres más, entre los que había sindicalistas, estudiantes, revolucionarios intelectuales, artistas, trabajadores del común y un profesor de literatura que se convirtió en su gran amigo y al que no ve desde esos días. Esa navidad fue terrible, refiere Carlos con la voz quebrada por la gripa y la evocación, cuando estaba llegando la medianoche los reclusos empezaron a golpear las puertas y las rejas de sus celdas, gritaban, lloraban, otros rezaban, entretanto la desesperación crecía desaforadamente. Carlos se puso de pie y se aferró con fuerza de los barrotes, intentó sacar la cabeza de la celda para mirar lo que ocurría pero la oscuridad todo lo devoraba, así que imaginó los rostros descompuestos de aquellos hombres que él no conocía y que se encontraban en Casablanca, rostros de ojos famélicos, desfigurados por la tristeza y muertos por la soledad. Volvió su mirada y vio las siluetas de sus compañeros de celda arrojados en aquel minúsculo espacio, fumando y otros acostados en posición fetal. Pasada la medianoche un silencio profundo, tenebroso y tajante se adueñó de Casablanca, estaba conmocionado, me dice Carlos a quien se le escapan dos lágrimas, seguía mirando hacia los pasillos y hacia el barrio que circundaba la cárcel por entre las rejas que dejaban entrever el techado laminado de la penitenciaría y donde vio las luces de los fuegos artificiales restallar en medio de la noche y de su pecho.

 

De repente sintió una mano que lo tomaba para abrazarlo y una voz que le cantó la misma canción que ahora escucho en esta mañana gris de junio, treinta y seis años después, y que me estremece, mientras imagino a Carlos joven, encarcelado y abatido. Era su amigo, el profesor de literatura, un hombre de treinta años de edad, moreno, alto, venido de la Costa Atlántica quien le entonó Memorias de una vieja canción que yo reproduzco a estas tempranas horas en la voz de Horacio Guarany, entretanto recuerdo a Carlos tomar su bicicleta luego de abrazarme, echar a andar por el mundo sorteando las bofetadas de la vida y tarareando la misma canción: «Este día sin sol es todo mío,/ golpea mis ventanas tanto frío./ Una vieja canción en mi guitarra,/ una vieja canción no tiene olvido./ Es la misma que un día nos uniera,/ en las playas lejanas de tu viejo país./ Y el otoño al ver caer sus hojas,/ viene hasta mí y me moja con su llovizna gris./ Por qué no olvido tu canción/ será porque tanto te amé,/ que aquí sentado en esta pieza/ sobre esa misma mesa/ anoche te lloré./ Por qué no olvido tu canción,/ si el río va y no vuelve más/ Reloj eterno de las horas y esta canción que llora/ sobre mi ventanal».

Publicado enEdición Nº239
A la izquierda John le Carré junto a Ben Macintyre durante su almuerzo en Bristol.

Los escritores analizan la nueva era del espionaje, y el papel de Trump y Putin

 

Su tema es el espionaje. Sus obsesiones son el secreto y la traición. Son ingleses, de un determinado origen, viejos amigos, que se admiran mutuamente. Uno escribe novelas; el otro, obras de no ficción. Al hablar, forman frases prácticamente perfectas.

Las conversaciones entre John le Carré y Ben Macintyre son inevitablemente cálidas, interesantes, ingeniosas, discursivas, cómplices y chismosas, aunque sus cotilleos suelen estar relacionados con el espionaje y son más selectos que los de cualquiera de nosotros. Quedaron hace poco, en un día cualquiera de la semana iluminado por ratos de sol, para almorzar en un reservado de un hotel boutique situado en Bristol. Le Carré, de 85 años, acudió desde su casa de Cornualles (tiene otra en Londres) en un coche conducido por el empleado que tiene su familia para ocuparse del jardín y otras tareas al aire libre; Macintyre, de 53, llegó en tren desde Winchester, donde había intervenido en un festival literario.

Como de costumbre, ambos estaban en pleno frenesí de proyectos, acabando unas cosas y empezando otras. Le Carré, que en sus 56 años de escritor, y casi por sí solo, ha hecho que las novelas de espías pasaran de ser meros libros de entretenimiento a ser auténticas obras de literatura, publica en septiembre en Reino Unido (en enero en España) una nueva novela, El legado de los espías (Planeta). Para entusiasmo de sus admiradores, es una especie de colofón a El espía que surgió del frío (1963), la tercera de sus dos docenas de novelas y la puerta por la que muchos lectores entran en su obra y se vuelven adictos a Le Carré.

Por su parte, Macintyre es desde hace años columnista en The Times de Londres y autor de 11 libros de no ficción, elegantes, acreditados y llenos de ironía; en los últimos años ha publicado varios sobre el espionaje británico en el siglo XX. Valora enormemente las cosas divertidas y absurdas. Su último libro es Los hombres del SAS, sobre los orígenes de las fuerzas especiales británicas, y ahora está trabajando en otro nuevo, sobre un caso de espionaje en la Guerra Fría.

En sus primeras obras, Le Carré presentó una hipótesis que fue toda una revolución: que los espías del Este y de Occidente eran dos caras de una misma moneda deslucida, igual de malos. Con la caída del Muro de Berlín, el autor perdió el andamiaje que sostenía su ficción. Sus libros posteriores son más airados, más polémicos, con una visión del mundo más oscura, en la que, a menudo, Estados Unidos es el villano.

El legado de los espías regresa al pasado desde la perspectiva del presente. Mayor y jubilado en Francia, el antiguo espía Peter Guillam, viejo conocido del atento lector de Le Carré, tiene que responder por unos pecados largo tiempo enterrados cuando los hijos adultos de las dos principales víctimas de El espía que surgió del frío, de pronto, presentan una demanda contra los servicios de seguridad. Guillam se ve obligado a revisitar los turbios preparativos y justificaciones de aquella operación. George Smiley también reaparece en la novela.

En Reino Unido el nuevo libro es todo un acontecimiento literario. El 7 de septiembre se celebrará en el Royal Festival Hall de Londres una lectura con sesión de preguntas y respuestas que será retransmitida en directo en cines europeos —en España, será en los cines Yelmo de Barcelona (Icaria) y Valencia (Mercado de Campanar)—.

El verdadero nombre de Le Carré es David Cornwell. Adoptó su seudónimo para poder conservar su trabajo oficial —como espía de su país, una tarea que llevó a cabo en los años cincuenta y primeros sesenta— y, al mismo tiempo, mantener separada su identidad de escritor.

 

Pregunta. Hacía mucho que no escribía sobre la Guerra Fría. ¿Por qué ha querido volver a ella ahora?

John le Carré. Porque me da la impresión de que, como dice Smiley al final del libro, resulta que lo que sucedió entonces no sirvió de nada. Los espías no ganaron la Guerra Fría. Al final, su labor no valió absolutamente para nada. Quería aplicar a los personajes la experiencia de mi propia vida y examinar qué fue de ellos desde un punto de vista humano, humanitario. Y después situar toda la historia en este vacío en el que vivimos ahora, que está ocupado por unas fuerzas verdaderamente amenazadoras. Lo que caracteriza el periodo de la Guerra Fría es que, por lo menos, teníamos una misión que nos definía. Ahora, nuestra misión es sobrevivir. El factor que une a Occidente es el miedo. Todo lo demás es discutible.

 

P. Ben, usted ha dicho que la obra de David influyó mucho en que empezara a interesarse por el mundo del espionaje. ¿Cuál fue la primera novela suya que leyó?

Ben Macintyre. Creo que fue El espía que surgió del frío. Me afectó profundamente. Siempre he pensado que los libros tenían que estar basados en unas experiencias reales. No es casual que varios de nuestros mejores escritores fueran además espías: Greene, Somerset Maugham, Ian Fleming, Priestley y tú, David. Son personajes que inventan un pasado, inventan un presente e intentan imaginar un futuro.

J. L. C. Y además hay que tener en cuenta todas las variaciones del carácter de una persona. ¿Puede ser así? ¿Puedo convertirle en esa otra persona? En realidad, todos esos detalles son los que de verdad preocupan a un novelista. Una de las cosas que me fascinan del mundo de los servicios de inteligencia es que es un auténtico reflejo de la sociedad para la que trabajan. Si quieres estudiar la psicología de una nación, examina el mundo de los servicios secretos.

Cuando eran jóvenes, tanto Le Carré como Macintyre fueron abordados por los servicios de inteligencia británicos, que quisieron reclutarlos. Sus experiencias fueron totalmente distintas. Le Carré, que venía de una infancia horrible, con un padre que era un famoso estafador, se apuntó. Macintyre, a quien se lo propuso un profesor durante su último curso en Cambridge y que acudió a una entrevista con alguien llamado Comandante Halliday, se resistió.

J. L. C. Ben procedía de una familia sólida, un buen ambiente, un padre interesante, todo eso [el padre de Macintyre era catedrático de historia en Oxford]. Yo, en cambio, tenía la curiosa sensación de que necesitaba una institución estable, incluso una especie de institución paternalista. Quiero decir que, aunque mi familia era de clase media, era un entorno de delincuencia. Y eso hizo que a los espías les interesara mucho reclutarme, porque llevaba el latrocinio incorporado de fábrica.

B. M. Lo mío fue el típico toquecito en el hombro. La verdad es que fue bastante divertido. Un profesor al que no conocía demasiado se me acercó corriendo y dijo: “¿Qué va a hacer usted después de la universidad?”. “No lo tengo claro”, respondí. Y dijo: “Bueno, el Foreign Office [Ministerio de Exteriores] tiene algunas áreas que son distintas de las demás. En cierto sentido, sin ser distintas del propio Foreign Office”. Siguió así unos cinco minutos. Por supuesto, yo sabía exactamente a qué se refería, pero nunca llegó a decirlo con todas las letras. De modo que fui a Carlton House Terrace [donde el MI6 tenía unas oficinas]. Está claro que había varios Comandantes Halliday porque conozco a otras personas que se entrevistaron con otros Halliday. El mío llevaba calcetines y sandalias, algo que me inquietó bastante. Me sentí halagado e interesado, y es probable que David tuviera la culpa de mi interés, con unos personajes tan tan fascinantes y corruptos. Me refiero a que hay en los servicios de inteligencia británicos un elemento sórdido, como a la deriva. No sé si hace que la gente pierda el rumbo o si hay que haber perdido ligeramente el rumbo para querer dedicarse a ello.


P. ¿Qué ocurrió entonces?

B. M. Fui a otra reunión.

J. L. C. ¿Y no te invitaron a comer?

B. M. No, no hubo comida. Me disponía a irme a Estados Unidos, y no me vi trabajando en ello. Pero me pareció fascinante, como escritor de no ficción. Escribir sobre este mundo te permite abordar las mismas cosas que suelen tratar los novelistas: lealtad, amor, traición, romance, aventura. Y como los espías se inventan su propio mundo y, con frecuencia, su pasado, su credibilidad como narradores es escasísima. Todo eso es un maravilloso telón de fondo de verdades y mentiras sobre el que trabajar.

Las novelas de David son tan extraordinarias porque están llenas de verdad emocional y psicológica, pero son novelas, desde luego. Y lo que yo intento hacer en mis libros es escribir algo que se lea con tanta fluidez como una novela, pero que se atenga por completo a lo que sucedió.

 

P. ¿Existe algo en la psique británica que convierte el espionaje, o al menos la duplicidad, en una perspectiva seductora?

B. M. Sí, los británicos somos especialmente susceptibles a la doble vida, ¿verdad? ¿Será porque somos una cultura teatral e infiel?

J. L. C. Yo creo que es porque la hipocresía es el deporte nacional. En nuestra clase social, en mi época, el colegio privado era un proceso deliberadamente brutal que te separaba de tus padres, y tus padres eran cómplices de ello. Te llenaban la cabeza de ambiciones imperiales y luego te soltaban en el mundo con un sentimiento totalmente elitista y un corazón de hielo.

B. M. No existe nadie más dotado para el engaño que un británico educado en un colegio privado. Es capaz de estar a tu lado en la cola del autobús y estar sufriendo un ataque de nervios gigantesco sin que tú te enteres de nada.

J. L. C. Cuando te has convertido en ese niño paralizado pero, por fuera, eres un tipo aparentemente normal e incluso encantador, existe dentro de ti un gran erial que está esperando a que alguien lo cultive.

 

P. David, usted ha hablado de su infancia, de su padre, que era un tremendo delincuente, de que le enviaron a un internado cuando tenía cinco años y de las mentiras que dominaban toda su vida. ¿Cómo influyó todo eso cuando el MI5 le reclutó?

J. L. C. En mi niñez, la verdad no existía. Todos participábamos en las mentiras. Para llevar la casa sin dinero era necesario mentir todo el tiempo: al dueño del taller, al carnicero, en todas las tiendas del barrio. Y luego estaba el elemento añadido de la clase social. Mis abuelos, mis tías y mis tíos eran de clase obrera: peones, albañiles, ese tipo de cosas. Uno de ellos instalaba postes de telégrafo. Crearse un personaje simpático, bien hablado y con grandes dotes sociales, como hizo mi padre, no era cosa fácil. Cuando yo estaba en el internado, tenía que mentir sobre la situación de mis padres.

B. M. ¿Lo que acabas de describir es el origen de tus novelas? ¿Tu capacidad de imaginarte como otra persona?

J. L. C. Sin ninguna duda. Quiero decir: la infancia, a mi edad, no es excusa de nada. Pero es cierto que mi infancia fue aberrante, peculiar, itinerante y completamente impredecible. Cuando estaba en el internado, no sabía dónde iba a pasar las vacaciones. Si mi padre decía que iba a venir a buscarme para pasar el día, había muchas probabilidades de que no lo hiciera. Así que yo les contaba a los demás chicos que me lo había pasado estupendamente con él cuando, en realidad, había estado sentado en un campo por ahí. La mezcla de soledad e incertidumbre fue muy fecunda. Y a eso hay que añadir el asombroso elenco de personajes deshonestos que pasaban por la vida de mi padre. Era inevitable que me encerrara en mí mismo y me inventara historias. Y no hay que desdeñar la herencia genética que recibí de él, de un hombre que, cuando la policía estaba buscándole, o se había declarado en bancarrota, o Dios sabe qué, y que había estado en la cárcel, se atrevió a presentarse como candidato al Parlamento. Tenía una inmensa capacidad de inventar. No tenía ninguna relación con la verdad. Hablaba conmigo por la mañana, y yo le llevaba la contraria, y por la noche me aseguraba: “Eso no es lo que te he dicho”.

 

P. ¿Ve paralelismos con la idea de verdad del presidente Trump?

J. L. C. Exacto. Trump es el modelo más reciente. Antes fue [el magnate británico de la prensa] Robert Maxwell. Los paralelismos son extraordinarios. Mi hermana también reconoce ese mismo síndrome. La falta absoluta de verdad.

 

P. ¿Creen que los rusos saben algo verdaderamente comprometedor para Trump?

B. M. Le puedo decir lo que piensan los veteranos del SIS [los servicios de inteligencia británicos, el MI6]: que sí, tienen kompromat [material comprometedor] que le implica. Por supuesto, tienen kompromat sobre todo el mundo. Se supone que acumulan esos documentos para empezar luego a publicarlos poco a poco. Utilizan a un antiguo miembro del MI6, Chris Steele, que es un chivo expiatorio, le cuentan varias cosas que son ciertas, otras que no lo son y otras de las que se puede probar que están equivocadas. De esa forma, Trump puede negarlo a pesar de saber que, en sus fundamentos, la historia es cierta. Y se queda ya incómodo para el resto de su mandato. Es importante recordar que Putin es un oficial entrenado en el KGB y que conserva su manera tradicional de pensar.

J. L. C. La mentalidad que impera hoy en Rusia, desde el punto de vista de Putin, es la misma que impulsó las conspiraciones más exóticas durante la Guerra Fría. Fue útil entonces y es útil ahora. En cuanto a Trump, sospecho que tienen lo que dicen, porque lo han negado. Si lo tienen y le han tendido una trampa a Trump, tienen que decir: “No, no tenemos nada”. Mientras que a Trump le dicen: “¿Has visto qué buenos somos contigo?”.

B. M. Y luego está esa maravillosa abogada rusa [Natalia Veselnitskaya, que asistió a la reunión con Donald Trump Jr. en la Trump Tower, antes de las elecciones] que parece sacada de uno de nuestros libros, un personaje que puede tener conexiones con el Estado ruso. ¿Quién sabe? Están en ese terreno neblinoso en el que se pueden negar las cosas. Es lo que se denomina una maskirovka —mascarada—, esa zona en la que creas tanta confusión e incertidumbre, tanto misterio, que nadie sabe cuál es la realidad.

J. L. C. Para Putin es una especie de música de fondo que le permite seguir haciendo cosas. Puede que la prueba definitiva sean los documentos que se intercambiaron sobre la Trump Tower de Moscú [que parece que Trump estaba pensando construir], o puede que no. Luego están todos los embrollos del Cáucaso, que son los verdaderamente siniestros. Hay pequeños escándalos que hacen pensar, al sumarlos, que Trump fue a Rusia a pedir dinero. Y eso encajaría con el dato de que no es ni la décima parte de lo rico que finge ser.

Durante la comida, Le Carré y Macintyre hablan de espías a los que conocieron personalmente o de los que han oído hablar: espías rusos, agentes del MI6, dobles agentes y viejos espías jubilados que tienen la costumbre de ir a ver a Le Carré cuando visitan Reino Unido. Macintyre menciona a Kim Philby, protagonista de su libro Un espía entre amigos, publicado en 2014, y miembro del famoso grupo de agentes dobles de los años cincuenta conocido como Los cinco de Cambridge. En el primer viaje que hizo Le Carré a Rusia, a finales de los ochenta, le dijeron que podía entrevistarse con Philby, que había desertado y vivía en Moscú (Philby murió en 1988).

J. L. C. Fue antes de la caída del muro, y nuestro embajador intercedió ante Raisa Gorbachov. Me presentaron a mucha gente como el acompañante ruso de Philby y otros espías. Entonces me ofrecieron la oportunidad de conocerle a él. Sentí un arrebato de odio. Pensé: “¿Quiere verme? Pues no le voy a dejar”. No me apeteció servirle de consuelo.

B. M. ¿Te arrepientes ahora, David? ¿Crees que deberías haber ido?

J. L. C. Por pura curiosidad humana. Pero ahora me da la sensación, como supongo que te la da a ti, de que tengo una imagen muy clara de él. Era mucho más inteligente y encantador de lo normal, y era perverso. Le encantaba lo que hacía. Con las traiciones, estaba en su elemento.

 

P. Y ahora, David, ¿ha dicho adiós a Smiley?

J. L. C. Smiley me ha dado estabilidad durante mi vida de escritor. Ha sido un ayudante bondadoso y un magnífico compañero de escritura. Creo que es el que tiene la clave para llegar a mí. Supongo que todos los que escribimos, ficción y no ficción, tenemos que identificarnos con nuestro personaje principal; en el caso de Smiley es más como un diálogo. Pero ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Además, tiene alrededor de 120 años.

B. M. Se ha ganado su jubilación.

 

P. Después del acto en el Royal Festival Hall concederá una entrevista a los medios de comunicación alemanes. ¿Qué hará después?

J. L. C. Creo sinceramente que será mi última intervención en público. Para entonces tendré 86 años, así que debo ser realista. Quizá me queden fuerzas para escribir una novela más. Y, si no es buena, tengo a todo un equipo de revisores implacables que me lo dirán. Siempre he pensado que Graham Greene, por ejemplo, siguió escribiendo demasiado tiempo.

 

P. Pero, para un escritor, es difícil no escribir, ¿no?

J. L. C. Es lo único que puedo hacer, en cierto modo. No soporto la inactividad. No soporto no escribir.


P. ¿Cree que ha completado un ciclo o una etapa de su vida?

J. L. C. Supongo que, para mí, esto es una especie de celebración. Siento que he adquirido por fin la madurez suficiente para afrontar la verdad a solas.

 

 

Publicado enCultura
Viernes, 23 Junio 2017 15:35

El ahogado

El ahogado

“¡Abro los ojos! Una noche más sin poder conciliar el sueño, inmóvil, intentando adormitar el dolor que corre por mi espalda, intenso, una presión como si dos manos gigantes me tomaran por pecho y espalda, como si fuera un dentífrico al que presionan de afuera hacia adentro para extraer la crema que guarda.

 

Me duele el cuerpo. Intento tomar aire, labor cada vez más ardua: inhalar se convierte en una constante pelea con mi tórax, que golpetea como si fuese un motor descompuesto. Me duele el cuerpo. Cada vez es más complicado para mis agotados pulmones realizar su función; inhalan y hacen ruidos cual sapos saltando en los charcos.

 

Miro mi cuerpo de abajo hacia arriba. Sigo quieto, tanto como lo estuve toda la noche. Escucho que mi esposa se levanta. Cierro los ojos, escucho sus movimientos en la habitación; ahora sale y un alboroto de ollas suena, aunque muy sigiloso; oigo que abre la regadera.

 

Sigo en mi lecho, inmóvil. Mi pecho continúa pegado a la espalda; cada vez me es más difícil mantener la lucha contra las contracciones. Toso de nuevo la misma tos de perro, pero esta vez la tos trae una bocanada de sangre con mucosa; empalidezco y siento como mis ojos se van cerrando, adormecidos como si el cansancio de todo este esfuerzo me estuviera venciendo; mis pulmones son como un horno, más y más de esa mezcla oscurece la almohada, intento gritar para avisar a mi esposa pero es en vano pues los pulmones no me responden. Me atraganto, intento ponerme de pie, el pantalón abandona la cintura y cae “en las dos últimas semana he bajado ocho kilos”, intento sujetarlo pero la mente se nubla, un mareo gana espacio dentro de mí y caigo al suelo; debo resistir, pienso, trato de sujetarme al borde la cama y siento como otra bocanada de sangre sale por mi boca y nariz, una masa de todo ello me va tapando la garganta, me angustio y ahora solo deseo que mi esposa salga pronto del baño; cierro los ojos, intento incorporarme pero no lo logro; escucho que abren la puerta del baño, lucho contra el peso que me oprime y que arrebata las fuerzas hasta quedar de cara al suelo, sin sentido. Soy un náufrago que espera a ser encontrado”.

 

Así es el día a día de Humberto, adulto que ya refleja en su rostro la marca que deja el paso de los años, que ya son 58; sus ojos, profundos, como una fosa en la cual van a parar las alegrías y tristezas de toda una vida. Este hombre, un obrero cargado de esfuerzos y vivencias, y ahora de dolores, que por su estado me lleva a que me pregunte si la justicia en nuestro país es realmente imparcial o solamente favorece a quien mejor la seduzca.

 

Su dolor lo siento tan cerca que parece arrebatarme la tranquilidad. Me pregunto, les pregunto: ¿Alguna vez se han interrogado qué sería de su vida si la capacidad de valerse por sí mismo disminuyera? ¿De qué viviría? ¿Cómo cubriría sus necesidades? ¿Qué haría si la empresa para la que trabajó durante buena parte de su vida, responsable de su estado de salud, es indiferente ante su angustia? ¿Si la institución a la cual le canceló durante años el seguro se niega a reconocerle un derecho fundamental, en este caso la pensión?

 

A Humberto lo asiste la razón, y como a otros muchos obreros el poder los desdeña y arrincona, una vez enfermos, como útiles viejos, negándoles también el derecho a vida digna. Su historia de dolores e incapacidades se remonta al veinte de mayo del 2004, cuando fue internado por primera vez en el hospital producto de una dificultad respiratoria que el diagnostico médico resumió como una silicosis pulmonar grave “la tisis del minero”, ordenando diez días en cuidados intensivos, trece meses de incapacidad y, como consecuencia de ello, el final de su vida laboral.

 

El médico se lo dijo con toda claridad: alejarse de cualquier partícula de sílice que le pudiera seguir afectando, es lo primero por hacer; no retomar su labor en Filpa, la fábrica de insumos para fundición, en donde trabajaba con asbesto, arena, fibra de vidrio y otros compuestos desde hacía 25 años.

 

Trabajo arduo, constante, con esmero, pero sin protección o seguridad industrial alguna, por lo cual adquiere la enfermedad diagnosticada. “Lo que allí nos daban era una simple máscara, sencilla, de esas de trapo”. Luego de evidenciada su lesión el dueño de Filpa empieza a dar la dotación adecuada a sus empleados, aunque el mal sobre su cuerpo ya estaba hecho. Unos ganan con la pérdida que afecta a otros, así acumulan su riqueza los patrones y así pierden los obreros. Pero ¿qué se puede esperar de alguien que despide a un trabajador estando en incapacidad médica?, sin cumplir ni con una indemnización, porque esto fue lo que sucedió.

 

Resistir, es lo que corresponde para defender un derecho ganado tras años de labor ininterrumpida. Humberto interpone una demanda legal, tras cuyo resultado desnuda una vez más lo inconsistente y arbitraria que es la justicia en Colombia. ¿Justicia, cuando quien tiene dinero hace con la ley lo que quiera?

 

La noticia de su enfermedad dejó a Humberto prácticamente en la calle, más cuando la seguridad social no apareció por parte alguna. En defensa de sus derechos demandó y ganó en primera instancia, pero luego de doce meses le dicen que se vencieron los términos de la demanda y que no le van a responder por nada más, convirtiéndose en otra víctima de la explotación laboral y de la justicia de bolsillo.

 

El brazo no se da a torcer. Humberto se encuentra luchando contra la Aseguradora de Riesgos Laborales para recibir la pensión a que tiene derecho, la misma que debió recibir desde el mismo momento en que le diagnosticaron la silicosis, enfermedad profesional y de tipo incapacitante.

 

Mientras la justicia toma su lugar, Humberto sobrelleva sus dolores con el apoyo incansable de su esposa. Ella lo llama a comer, como lo ha hecho durante todos estos años de enfermedad incapacitante. En realidad son dos que parecen uno. Esto lo sabe el otrora obrero, que aún a pesar de las dolencias que parecen partirlo, colabora en su hogar, donde en la parte trasera de su casa se esconde una huerta en la cual siembran algunas matas de maíz, alverja, plátano, naranjas, banano, guayaba, yuca, auyama, curuba y frijoles; también se las ingeniaron para construir un galpón en el que se mueven unas veinte gallinas de las cuales obtiene huevos, y al fondo un corral con una cabra de la que goza un poco de leche.

 

Donde hay decisión de lucha, hay posibilidad de vida, así lo sabe él: la enfermedad está ahí, no lo dejará, pero contra ella se bate. También la injusticia está ahí, allí y más allá, por toda Colombia, pero contra ella también la lucha impedirá que se posesiona como diosa.

Publicado enEdición Nº236
El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció ayer que Robert Mueller (en imagen de archivo) será el fiscal especial para la indagatoria sobre una posible colusión entre el equipo de campaña de Donald Trump y funcionarios del gobierno ruso durante el proceso electoral de 2016. Mueller fue director de la FBI de 2001 a 2013 y goza de amplia confianza entre demócratas y republicanos

 

Expertos en leyes consideran que en esta crisis política “ya estamos en territorio de impeachment”

 

Nueva York.

 

El comandante en jefe empezó a chillar: ningún político en la historia, y lo digo con gran seguridad, ha sido tratado peor o más injustamente, que él. Tal vez esto podrá ser confirmado por un nuevo fiscal especial nombrado este miércoles, que continuará la investigación encabezada por el director de la FBI hasta la semana pasada, antes de que lo despidiera el presidente, lo cual detonó una tormenta política que ha puesto en jaque a la Casa Blanca.

En medio de las múltiples controversias que ha detonado, el presidente Donald Trump insistió, en un discurso ante la Academia de la Guardacostas, en tono desafiante: no me eligieron para servir a los medios o los intereses especiales en Washington. Me eligieron para servir a los hombres y mujeres olvidados de nuestro país. Reiteró que seguirá luchando y resaltó sus grandes objetivos de reducir impuestos, la reforma al sistema de salud y la construcción del muro fronterizo. Culpó del maltrato, sobre todo, a los medios.

Pero con la revelación explosiva de que el presidente podría haber obstruido la justicia al solicitar en febrero al entonces director de la FBI James Comey frenar la investigación sobre su ex asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, y eso sólo un día después de que Washington fue sacudido por la noticia de que Trump había compartido información de inteligencia muy delicada con diplomáticos rusos en Washington, y todo esto sobre el insólito despido del director de la FBI la semana pasada, cada vez más políticos y expertos expresan que el ocupante de la Casa Blanca está al borde de llevar al país a una grave crisis política.

La tarde de este miércoles, el Departamento de Justicia anunció el nombramiento de Robert Mueller –director de la FBI entre 2001 a 2013, quien goza de amplia confianza bipartidista– como fiscal especial para encabezar la investigación sobre la posible colusión entre socios de Trump y funcionarios del gobierno ruso en el proceso electoral de 2016 y sus secuelas.

La decisión fue anunciada por el subprocurador general, Rod Rosenstein, en un comunicado ante un creciente coro bipartidista que exige una investigación independiente del asunto después de que el despido de Comey, el papel del propio Rosenstein en esa acción y el hecho de que el procurador general, Jeff Sessions, se viera obligado a recusarse de esta investigación por sus propios contactos con funcionarios rusos durante la elección (lo cual ocultó), puso en duda la credibilidad de cualquier indagatoria oficial.

Rosenstein enfatizó que esta decisión no implica que se haya determinado la comisión de delitos, sino que con base en las circunstancias actuales, únicas, el interés público requiere poner esta investigación bajo la autoridad de una persona que ejerza un grado de independencia en la cadena normal de mando. A la vez, indicó que Mueller está autorizado a fiscalizar delitos federales si son detectados en esta investigación.

Trump emitió una declaración en la cual afirma que la investigación confirmará que no hubo colusión entre su campaña y una entidad extranjera, y que espera que el asunto se resuelva lo antes posible. Aparentemente, la Casa Blanca no fue informada hasta poco antes del nombramiento del fiscal especial, reportó el sitio de noticias Politico.

Aunque el liderazgo republicano en el Congreso sigue expresando confianza en el presidente, entre sus filas cada vez hay más preocupación. El representante conservador Justin Amash fue el primer legislador federal republicano en declarar públicamente que si son ciertas las nuevas informaciones, el presidente podría ser sujeto al impeachment (juicio político), reportó The Hill.

Varios expertos en leyes ya están proponiendo el caso para un juicio político, y veteranos políticos, como David Gergen, quien fue asesor de varios presidentes de ambos partidos, comentó: “creo que estamos en territorio de impeachmnent”. Sin embargo, nadie cree que eso sea una posibilidad inminente, por ahora.

Varios senadores republicanos han expresado que las nuevas revelaciones son muy perturbadoras y anoche el influyente John McCain se atrevió a declarar que todas estas controversias en torno a Trump están alcanzado dimensiones “del tamaño y escala del Watergate”.

La noche del martes el presidente del Comité de Supervisión Gubernamental, el republicano Jason Chaffetz, solicitó a la FBI entregar toda documentación que Comey mantenía sobre sus reuniones con el presidente. Indicó que si la agencia no lo hacía voluntariamente, estaba dispuesto a emitir una orden legislativa para obligarlos.

Este miércoles, el Comité de Inteligencia del Senado se sumó a la solicitud de la FBI de compartir todo informe de Comey sobre sus reuniones con Trump. Más aún, invitó a Comey a presentarse ante el comité. Otros comités también están invitando al ex jefe de la agencia.

Comey apuntó los detalles, y hasta citas, de la reunión con Trump en febrero, donde el presidente le solicitó soltar a Flynn y dejar de investigarlo. El director de la FBI estaba en la Casa Blanca con el procurador general, Jeff Sessions, y el vicepresidente, Mike Pence, para una reunión con el presidente sobre medidas antiterroristas, y Trump pidió que se quedara un rato más después de que se fueron los demás. Espero que puedas soltar esto, dijo el presidente sobre la investigación de Flynn, según apuntes de Comey en un memorándum de dos cuartillas que escribió inmediatamente después de este encuentro, reveló el New York Times en su exclusiva.

De hecho, la conversación empezó con denuncias de Trump por las constantes filtraciones a los medios de información desde el gobierno, y comentó que Comey debería contemplar encarcelar a reporteros que publicaran información confidencial. Acto seguido, abordó el tema de Flynn, reportó el Times.

Comey interpretó esto como algo no sólo inapropiado, sino un intento para interferir en una investigación federal. Tan delicado era que no compartió los detalles con sus agentes a cargo de la indagatoria sobre los vínculos de la campaña de Trump con Rusia. Comey hacía un informe después de cada encuentro o conversación telefónica con Trump, reportó Politico citando a un amigo del ex director.

Por tanto, en los próximos días se espera no sólo que Comey se presente –tal vez la próxima semana– ante el Congreso para testificar por primera vez desde que fue despedido, sino que también se obtendrán los memorandos de sus conversaciones con Trump. Expertos en leyes señalan que ese tipo de apuntes de oficiales de la FBI son admisibles como pruebas en un proceso judicial.

La incertidumbre en la cúpula política empezó a afectar por primera vez a los mercados, con un desplome en las bolsas de valores.

 

 

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