Sábado, 12 Junio 2021 06:42

Israel y Palestina: el laberinto

Israel y Palestina: el laberinto

Fnalmente, Bibi (Benjamin Netanyahu) será depuesto. El próximo domingo el Knéset (el parlamento) votará su sustitución por Naftali Bennett, representante de una amplia –y hasta bizarra– coalición de partidos políticos de izquierda, centro y derecha, que incluye a las formaciones árabes. El resultado de las elecciones de marzo fue inobjetable al respecto: la mayoría de la población israelí quiere verlo fuera del gobierno y del poder. La celebración popular de su derrota alcanzó el paroxismo de un carnaval, pero Netanyahu es hábil hasta lo obsceno. Acusado de corrupción, tráfico de influencias, coerción a la prensa (y uno espera que pronto por crímenes de guerra) aún guarda sus últimos cartuchos para boicotear el mandato de las urnas. Hay algo que el político-policía no soporta: la lejanía del poder. El único error que cometió Fouché en su vida fue no saber cuándo retirarse. El mismo que acabó con Fernando Gutiérrez Barrios en México.

El dilema reside en la composición del Knéset, donde la aritmética de la votación no correspondió a la distribución de los curules. El bloque de derecha y ultraderecha que gobernó a Israel en el último cuarto de siglo quedó tan sólo a dos asientos de la mayoría. Una invitación a Bibi para maniobrar hasta el último momento. Habrá que aguardar hasta el domingo.

Algunos observadores sostienen que el último y artero ataque militar contra la población de Gaza perseguía el propósito de mantenerlo en el poder. No es improbable. En el gobierno, el primer ministro tiene poderes plenipotenciarios sobre el aparato tecnológicomilitar. Netanyahu es capaz de eso y mucho más.

El último intento serio de la política israelí por encontrar una solución pacífica al conflicto con los palestinos fue sepultado en 1995 con el asesinato de Isaac Rabin. Para percibir la dimensión del efecto de este magnicidio, piénsese tan sólo en que las estadísticas de homicidios en Israel son una de las más bajas en el mundo. Hay años que no suman más de 150 casos. Matar entre israelíes continúa siendo un acto en extremo sacrílego.

Ninguno de los gobiernos de Likud que siguió a los acuerdos de Camp David, no sólo no buscó una solución pacífica, sino que, más grave aún, nunca aceptó la opción de dos Estados. Antes lo ocultaban, hoy lo dicen abiertamente. ¿Cuál ha sido entonces el propósito de esta política extrema? Basta con examinar las estrategias que rigen a los ataques militares a Gaza para darse una idea. Están siempre dirigidos contra escuelas, hospitales, caminos, ductos, silos de armas (por supuesto) y nuevas construcciones oficiales. El objetivo es sofocar las posibilidades de la vida en Gaza, crear las obscenas condiciones que obliguen a sus habitantes a la diáspora. En resumen, una política de expulsión de la población. La sorpresa ha sido que los palestinos resisten (y resisten) frente a todas las inclemencias de este asedio.

Desde la percepción oficial israelí, la situación palestina se reduce, en esencia, a lo siguiente: una nación sin Estado. Fue Hanna Arendt la que llamó la atención por primera vez a la condición de los sin Estado como una de las claves para descifrar las transformaciones de la hegemonía y la dominación en la segunda mitad del siglo XX. Lo hizo de manera breve en un par de ensayos. La historiadora y socióloga Wendy García expandió recientemente, en su tesis de doctorado ( La nación y lo vivo), la comprensión de este concepto para descifrar los vericuetos del laberinto en el que hoy habitan, entre muchas otras, las vastas poblaciones de migrantes a los países industriales, el drama del Tibet, la dilemática situación de Cataluña, Escocia y Quebec y, por supuesto, la condición de los palestinos.

Por su parte, la representación política de quien hoy rige en Gaza no es precisamente un dechado de virtudes. Después de haber ganado las elecciones a Fatah –la antigua organización civil que inició la resistencia desde la década de los 60–, y perseguir y expulsar a todos sus miembros de Gaza, Hamás nunca ha convocado a elecciones. No existe la libertad de expresión y los partidos políticos no están permitidos. El poder se encuentra en manos exclusivas de esta organización religiosa cuya misión, según sus propios documentos, reside en la conformación de un Estado panislámico en Palestina. En otras palabras, una teocracia hecha a la medida de hoy. Por supuesto, no reconoce la existencia del Estado de Israel. La paradoja es que el gobierno israelí fue el que más apoyó su desarrollo, en parte, para debilitar la influencia de la Organización para la Liberación de Palestina, de Yasser Arafat. En política nunca se sabe dónde comienza el amigo y dónde el enemigo.

Se trata de un conflicto entre dos fuerzas que parecen darse la mano en aquello que precisamente las confronta. Una mano del todo asimétrica: de un lado, una de las maquinarias teconológico-militares más mortíferas y precisas; del otro, morteros manuales y recursos de combate precarios. La política israelí parece haber olvidado del todo que incluso la guerra tiene un método de la dignidad. El saldo de todo esto: el sufrimiento interminable de la población palestina en Gaza. Para doblegar a la derecha que gobierna en el Knéset, el movimiento palestino requeriría de un Gandhi o un Nelson Mandela, y no de un grupo de jeques e imanes que prometen salvación a cambio del martirio de una población entera.

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Fuentes: Counterpunch [Foto: Nathaniel St. Clair]

Ha llegado el momento de Palestina

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

El “levantamiento palestino de 2021” pasará a la historia como uno de los acontecimientos más influyentes de los que han configurado irreversiblemente el pensamiento colectivo en Palestina y fuera de ella. Solo otros dos sucesos pueden compararse con el que acaba de ocurrir en Palestina: el levantamiento de 1936 y la Primera Intifada de 1987.

La huelga general y la rebelión de 1936-1939 fueron cruciales porque representaron la primera expresión inconfundible de los objetivos políticos palestinos. A pesar de su aislamiento y de los humildes instrumentos de la resistencia, el pueblo palestino se alzó por todo el territorio para enfrentarse al colonialismo británico y al sionista.

La Intifada de 1987 también tuvo carácter histórico. Fue una acción colectiva sostenible sin precedente que unificó Cisjordania y Gaza tras la ocupación israelí de lo que quedaba de la Palestina histórica en 1967. A pesar de su alto precio en sangre y sacrificios, esa legendaria sublevación popular permitió a los palestinos recuperar la iniciativa política y, una vez más, manifestarse como un solo pueblo.

Dicha intifada quedó finalmente frustrada tras la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993. Para Israel, Oslo fue un regalo de la dirección palestina que le permitió acabar con la intifada y utilizar a la recién inventada Autoridad Palestina como un amortiguador entre el ejército israelí y los ocupados y oprimidos palestinos.

Desde esos días la historia de Palestina ha seguido una trayectoria deplorable de desunión, faccionalismo, rivalidad política y, para unos pocos privilegiados, enorme riqueza. Se han desperdiciado casi cuatro decenios en un discurso político derrotista centrado en las prioridades estadounidenses-israelíes, en su mayor parte interesadas en la “seguridad israelí” y el “terrorismo palestino”.

Se han reemplazado algunos términos anticuados pero de plena validez como “liberación”, “resistencia” y “lucha popular”, por un lenguaje más “pragmático” que alude al “proceso de paz”, la “mesa de negociaciones” y la “diplomacia itinerante”. La ocupación israelí de Palestina, según este discurso engañoso, ha sido descrita como un “conflicto” y una “disputa”, como si los derechos humanos básicos pudieran ser objeto de interpretación política.

Como era de esperar, el ya poderoso Israel se envalentonó mucho más, triplicando sus colonias ilegales y el número de colonos en Cisjordania. Palestina fue fraccionada en diminutos y aislados “bantustanes”, como los existentes en la Sudáfrica del apartheid, cada uno de ellos en función de un código (Áreas A, B y C) y la movilidad de los palestinos en su propio país quedó condicionada a la obtención de permisos de diversos colores concedidos por el ejército israelí. Las mujeres que dan a luz en los puestos de control de Cisjordania, los pacientes de cáncer que mueren en Gaza a la espera de un permiso para poder llegar al hospital y muchos más casos parecidos se han convertido en la realidad cotidiana de los palestinos.

Con el tiempo, la ocupación israelí de Palestina se convirtió en un asunto marginal dentro de la agenda de la diplomacia internacional. Mientras tanto, Israel consolidaba sus relaciones con numerosos países de todo el mundo, incluyendo algunos del hemisferio sur que históricamente se habían mantenido del lado palestino.

Incluso el movimiento internacional de solidaridad por los derechos de los palestinos parecía confundido y fragmentado, como expresión directa de la propia confusión y fragmentación palestina. En ausencia de una voz unificada capaz de superar la prolongada enemistad política de los palestinos, muchos se tomaron la libertad de darles lecciones sobre cómo resistir, cuáles eran las “soluciones” por la que deberían luchar y cómo comportarse políticamente.

Daba la impresión de que Israel había conseguido finalmente ventaja, esta vez, definitivamente.

Desesperados por ver alzarse de nuevo a los palestinos, muchas personas proponían una tercera intifada. En realidad, a lo largo de muchos años, intelectuales y líderes políticos la defendieron, como si el curso de la historia, en Palestina o en otros lugares, se ajustara a nociones académicas fijas o pudiera forzarse solo porque así los exijan algunos individuos u organizaciones.

La respuesta racional era, y lo sigue siendo, que solo el pueblo palestino determinará la naturaleza, alcance y dirección de su acción colectiva. Las revueltas populares no son el resultado del deseo sino de las circunstancias, y el punto de inflexión de las mismas solo puede decidirlo el propio pueblo.

Puede que ese punto de inflexión haya sido mayo de 2021. Los palestinos se han levantado al unísono desde Jerusalén hasta Gaza y todos los rincones de la Palestina ocupada, incluyendo las comunidades de refugiados palestinos esparcidas por todo Oriente Próximo y, con ello, han resuelto asimismo una ecuación política imposible. El “problema” palestino ya no era solo el de la ocupación israelí de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, sino también el del racismo y el apartheid que afecta a las comunidades palestinas del interior de Israel. Además, era también una crisis de liderazgo y motivada por el arraigado faccionalismo y la corrupción política.

Cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu decidió el 8 de mayo lanzar a las hordas de policía y extremistas judíos contra los fieles palestinos en la mezquita Al-Aqsa, que protestaban por la limpieza étnica que estaba teniendo lugar en el barrio de Sheikh Jarrah en Jerusalén Este, su única intención era ganar puntos entre los votantes derechistas israelíes más chovinistas. Pretendía además mantenerse en el poder o, al menos, evitar la prisión como resultado del juicio al que está siendo sometido por corrupción.

Pero no anticipaba que iba a desencadenar uno de los acontecimientos de mayor relevancia histórica en Palestina, que en último término resolvería el aparentemente imposible dilema palestino. Es cierto que la guerra de Netanyahu contra Gaza ha matado a cientos y herido a miles y que la violencia desarrollada en Cisjordania y en los barrios árabes de Israel ha matado a decenas más. Pero el 20 de mayo fueron los palestinos quienes clamaron victoria, cuando cientos de miles se echaron a las calles para expresar su triunfo como una nación unificada y orgullosa.

La victoria o la derrota en las guerras de liberación nacional no puede medirse en función del número de muertos o del grado de destrucción causado por cada bando. Si así fuera, ninguna nación colonizada habría logrado su libertad.

Los palestinos han ganado porque, una vez más, han surgido de los escombros producidos por los bombardeos israelíes como un todo, como una nación resuelta a conseguir su libertad a cualquier precio. Este logro quedó simbolizado en las multitudes palestinas que celebraron el fin de esta guerra agitando los estandartes de todas las facciones políticas, sin prejuicios y sin excepción.

Por último, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que la resistencia palestina se ha apuntado una importante victoria, tal vez sin precedentes en su orgullosa historia. Es la primera vez que Israel se ha visto obligado a aceptar que las reglas del juego han cambiado, posiblemente para siempre. Ya no es la única parte que determina los resultados políticos en la Palestina ocupada, porque el pueblo palestino es por fin una fuerza a la que hay que tener en cuenta.

 

Por Ramzy Baroud | 01/06/2021

Ramzy Baroud es periodista y editor de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros, el último de los cuales lleva el título de These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons (Clarity Press, Atlanta). El Dr. Baroud es un destacado investigador no-residente del Center for Islam and Global Affairs (CIGA) y del Afro-Middle East Center (AMEC). Su página web es: www.ramzybaroud.net

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Tregua en Medio Oriente: Alto al fuego entre Israel y Hamas

Rige desde esta noche después de once días de enfrentamientos

El primer ministro Benjamin Netanyahu había resistido hasta último momento la creciente presión internacional, que incluyó el pedido de una "desescalada significativa" por parte del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

 

El gobierno israelí y el movimiento palestino Hamas acordaron un alto al fuego después de 11 días de intensos bombardeos y ataques que dejan un saldo de al menos 244 muertos. "El gabinete aceptó por unanimidad la recomendación de los funcionarios de seguridad de aceptar la iniciativa egipcia de cese del fuego bilateral sin condiciones", informó la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Poco después, tanto Hamas como la Yihad Islámica, otro partido con brazo armado en el territorio palestino, confirmaron la tregua que empezó a regir a las dos de la madrugada de este viernes. Netanyahu había resistido hasta último momento la creciente presión internacional, que incluyó el pedido de una "desescalada significativa" por parte del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Biden prometió este jueves seguir con su "diplomacia silenciosa pero sin tregua" con Israel y Palestina y rogó que "la situación se mantenga tranquila".

"El gabinete aceptó por unanimidad la recomendación de los funcionarios de seguridad de aceptar la iniciativa egipcia de cese del fuego bilateral sin condiciones", indicaron a través un comunicado las autoridades israelíes. Por su parte Osama Hamdan, un alto funcionario de Hamas en el Líbano, confirmó a la cadena de televisión Al Mayadeen que el cese de las hostilidades en la Franja de Gaza comenzaría a las dos de este viernes 21 de mayo.

"La resistencia ha forjado una nueva ecuación y una nueva victoria", dijo Hamdan, quien aseguró que los mediadores le han garantizado que no solo "la agresión en Gaza se detendrá", sino que también se "levantará la mano de la ocupación de Sheik Jarrah y la mezquita de Al Aqsa". Este punto es relevante para los palestinos ya que fue en esos dos sitios de Jerusalén donde empezó la escalada a principio de mes. 

Los rumores sobre una posible tregua habían cobrado fuerza en las últimas horas, especialmente después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, convocara en la tarde del jueves a su Gabinete de Seguridad, a pesar de mostrarse partidario de continuar con la ofensiva hasta último momento. Desde hace días los mediadores internacionales, especialmente Egipto y la ONU, venían intensificando sus esfuerzos para reestablecer la calma tras 11 días de violencia.

Todavía no se conocen en detalle los términos del cese de las hostilidades, pero medios israelíes aseguran que no incluirían referencias a las tensiones por el desalojo de familias palestinas en Jerusalén Este ocupado o las incursiones en la Explanada de las Mezquitas, que exigía Hamas y que el pasado diez de mayo desencadenaron esta escalada bélica sin precedentes en los últimos años.

Hasta ahora Israel había rechazado un alto el fuego en la región y Netanyahu reiteró el miércoles su intención de continuar con la operación hasta alcanzar su objetivo de desarticular la estructura militar de Hamas, a pesar de que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, exigiera "una inmediata desescalada significativa".

En un mensaje televisado, Biden dijo este jueves que habló con Netanyahu seis veces durante los últimos días de conflicto. "Estados Unidos apoya plenamente el derecho de Israel a defenderse de los ataques indiscriminados con cohetes de Hamas y otros grupos terroristas con base en Gaza que se han cobrado la vida de civiles inocentes en Israel", aseguró el mandatario demócrata.

También enfatizó que Estados Unidos "seguirá comprometido en trabajar con las Naciones Unidas y otras partes interesadas para reactivar la asistencia humanitaria rápida, y organizará el apoyo internacional para el pueblo de Gaza y sus esfuerzos de reconstrucción". Según informes diplomáticos, el gobierno estadounidense habría bloqueado tres veces las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONUque condenaban las acciones militares israelíes pidiendo un alto en la región. En ese sentido, Biden aseguró que su país seguirá aplicando una "diplomacia silenciosa".

Pese a la fuerte presión internacional, el Ejército israelí volvió a bombardear este jueves múltiples objetivos de Hamas en la Franja de Gaza, desde donde continuó el disparo de cohetes hacia las comunidades israelíes contiguas. El ataque incluyó un misil antitanque contra un colectivo, lo que elevó a 4.340 los lanzamientos desde el inicio de la escalada.

Desde bien temprano a la mañana, residentes revisaban los escombros de al menos cinco casas de familia destruidas en Khan Younis, informó la agencia de noticias palestina Ma'an. Uno de esos ataques destruyó una casa de dos pisos, y las esquirlas golpearon otra vivienda provocando la muerte de una mujer. El Ejército israelí también alegó atacar las casas de tres comandantes de Hamas, y haber lanzado bombardeos en la ciudad de Rafah contra "infraestructura militar" y una casa de Ciudad de Gaza donde había un arsenal. Al menos otras diez personas resultaron heridas en la localidad en ataques aéreos nocturnos. Horas más tarde, al menos tres palestinos murieron en un ataque aéreo israelí contra dos autos en un ruta del norte de Gaza.

La ONU denunció que más de 90 mil personas se quedaron sin casa por los bombardeos y se refugiaron en escuelas. Desde otro territorio palestino ocupado, Cisjordania, donde el gobierno internacionalmente reconocido de Mahmud Abbas tiene su sede, celebraron el anuncio de la tregua aunque pidieron "no olvidar a Jerusalén". Poco después del mediodía del jueves, milicianos palestinos lanzaron una nueva andanada de cohetes hacia el sur de Israel luego de una pausa de ocho horas, aunque no se reportaron víctimas.

El anuncio de tregua ocurre tras varios días de sangrientos enfrentamientos entre Israel y Hamas, que había iniciado las hostilidades el diez de mayo lanzando cohetes hacia Israel en solidaridad con centenares de palestinos heridos en enfrentamientos con la policía israelí en la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, el tercer lugar santo del islam. Luego de estos primeros disparos de cohetes, Israel lanzó una operación militar para "reducir" las capacidades militares de Hamas con bombardeos aéreos contra el territorio de dos millones de habitantes bajo bloqueo israelí. Incluso unos 90 minutos antes de la entrada en vigor de la tregua, los habitantes de la Franja de Gaza aseguraron que seguía habiendo bombardeos.

Por su parte, tanto Hamas como la Yihad Islámica lanzaron más de cuatro mil cohetes hacia Israel, que en su mayoría fueron anulados por la Cúpula de Hierro, el dispositivo antiaéreo con el que cuenta el gobierno israelíLa escalada bélica provocó 232 muertos del lado palestino, entre los que se cuentan unos 60 menores, y 12 muertos en Israel, entre ellos un niño de seis años, una adolescente de 16 años y un soldado.

Las hostilidades entre el Ejército israelí y las milicias palestinas en Gaza han sido las más graves desde la guerra de 2014 y encendieron la creciente tensión entre palestinos e israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania ocupados y ciudades mixtas de Israel. Durante este periodo también se extendieron la violencia y los enfrentamientos civiles entre palestinos e israelíes que, más allá de la escalada bélica que terminaría este viernes, parecen haber abierto una crisis más profunda en la región.

21 de mayo de 2021

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Lluvia de bombas en Gaza y de cohetes en Israel

El Consejo de Seguridad de la ONU se reune para tratar de frenar el conflicto.

En la conmemoración de Al Nakba, que recuerda la expulsión de árabes de sus territorios con la creación de Israel en 1948.

El sexto día de tensiones entre el gobierno israelí y Hamas llegó a un punto álgido con el derrumbe de la torre Al Jara donde funcionaban las oficinas de la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) y de la televisión qatarí Al Jazeera. También sobrevolaron aviones de combate israelíes que en uno de los ataques mataron a 10 integrantes de una familia. Según el Ministerio de Salud de Gaza ya son 145 los muertos ymás de 1100 en la Franja de Gaza. Israel a su vez informó10 muertes por cohetes incluyendo un niño y decenas de heridos.

"Estamos conmocionados y horrorizados por el hecho de que el ejército israelí apunte y destruya el edificio que alberga la oficina de AP y otros medios de comunicación en Gaza", dijo el jefe de la agencia, Gary Pruitt, en un comunicado. Por su parte, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, afirmó que el mandatario estadounidense, Joe Biden, pidió que se garantice la seguridad de los medios extranjeros.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu se refirió al derrumbre de la torre de medios a través de un comunicado de su oficina. "Israel está haciendo todo lo posible para evitar cualquier daño a los que no están involucrados. La prueba es que los edificios que tienen locales de terroristas son evacuados de gente no involucrada antes de ser atacados", afirmó

El matutino israelí Haaretz informó que las fuerzas israelíes bombardearon la casa de un jefe de Hamas, Yahwa Sinwar, en Gaza durante la madrugada del domingo. Mientras que tres palestinos murieron en un ataque aéreo de las fuerzas israelíes, según informaron las autoridades sanitarias.

En la frontera, tanques israelíes dispararon decenas de proyectiles de artillería contra casas y propiedades palestinas al sur y al norte de la Franja de Gaza. En el caso de la familia de diez integrantes que fue abatida este sábado en el campo de refugiados Al Shati, ocho de los fallecidos eran niños y el único sobreviviente es un bebé rescatado entre los escombros del edificio que fue derribado por un proyectil.

 Netanyahu habló en una conferencia de prensa el sábado por la noche y afirmó que la operación actual continuará durante el tiempo que sea necesario. “Cualquiera que actúe como un terrorista será tratado como tal", sostuvo. El primer ministro también agradeció el apoyo inquebrantable del presidente estadounidense, Joe Biden.

Hamas

Desde el ala militar de Hamas, reivindicaron este sábado el lanzamiento de múltiples cohetes contra Tel Aviv y contra varias zonas céntricas en Israel como respuesta por la muerte de la familia palestina. La ofensiva de Hamas dejó al menos un israelí fallecido, un hombre de 58 años en un ciudad cerca de Tel Aviv, según informó el vocero de la Cancillería israelí, Lior Haiat, en conferencia internacional. El vocero del ejército israelí Jonathan Conricus explicó que se trata de un hombre que estaba dentro de su casa en la zona de Ramat Gan y que falleció en el acto. Además estos ataques también alcanzaron la zona metropolitana en Tel Aviv, incluyendo las inmediaciones del aeropuerto internacional de Ben Gurion.

Historia en las protestas

Cisjordania continua como escenario de protestas. Este sábado vivió una nueva jornada de manifestaciones que dejó dos muertos y cerca de 80 personas heridas, todas palestinas. Durante el día las autoridades israelíes estuvieron alerta a las manifestaciones de Al Nakba, ya que cada 15 mayo los palestinos conmemoran la catástrofe que llevó a la expulsión de árabes de sus territorios en 1948 con la creación de Israel. El ministro israelí de Defensa, Benny Gantz, amenazó con anular las medidas de ayuda económica a la sociedad palestina si continuan los disturbios en Cisjordania.

Preocupación en la ONU

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo estar consternado por las muertes de civiles en Gaza y profundamente afectado por el ataque israelí contra un edificio que albergaba oficinas de medios de comunicación internacionales. El secretario general le recordó a las partes que cualquier ataque indiscriminado contra estructuras civiles y de medios de comunicación viola el derecho internacional y debe evitarse a toda costa.

Por la noche otro edificio de 12 pisos, la torre Al Andalus, resultó dañado en nuevo bombardeo, según consignaron periodistas de la agencia AFP. Cerca de la medianoche, Hamas volvió a lanzar misiles contra ciudades israelíes, entre ellas Tel Aviv.

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El ejército israelí vuela túneles en Gaza y mata a 11 jóvenes en Cisjordania

A lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada hubo ayer verdaderas batallas campales, en las que se registraron más heridos y casi tantos muertos como en la zona de guerra que es Gaza

 

Una ola de violencia sin freno lleva días desatada en docenas de pueblos y ciudades de Israel y Palestina. Una metástasis de agravios y de odio que corre en paralelo a la guerra abierta en Gaza entre el brazo armado de Hamas y las fuerzas armadas israelíes.

Mientras todos los ojos seguían ayer puestos en los cascotes de la Franja y en las atemorizadas ciudades mixtas de Israel, el epicentro de los disturbios se desplazaba una vez más.

A lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada hubo ayer verdaderas batallas campales, en las que se registraron más heridos y casi tantos muertos como en la zona de guerra que es Gaza.

Nada menos que once hombres murieron ayer por las balas del ejército israelí, en ciudades como Nablús, Salfit, Ramala, Hebrón o Yenín, aunque hubo enfrentamientos en muchas más ciudades, incluidas Belén y Nazaret.

Uno de ellos había intentado apuñalar a un soldado, mientras que el resto se habría enfrentado con piedra y cócteles molotov a las fuerzas de ocupación, en algaradas que empiezan a traer aires de intifada.

El día antes, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, había exhortado a las fuerzas de seguridad a devolver “la ley y el orden” a cualquier precio. “Os aseguró que no habrá ninguna comisión de investigación”.

En otra señal de que la contestación se extiende por cauces inéditos, cientos de manifestantes se agolparon al otro lado de la frontera, en Jordania, Líbano y Egipto, en solidaridad con los palestinos.

En el caso de Líbano, dos manifestantes que estaban incendiando matojos en la frontera fueron heridos por balas del ejército israelí y uno de ellos, de 21 años y miembro de Hizbulah, murió posteriormente.

Los militares israelíes alegan que intentaron cruzar y desoyeron las advertencias, pero la misión de interposición de la ONU ha prometido una investigación.

Asimismo, la policía jordana tuvo que reprimir con gases lacrimógenos a una multitud que quería cruzar a Cisjordania, tras superar la primera valla de separación. Tanto en Jordania como en Líbano viven muchos descendientes de refugiados palestinos.

Según algunos observadores, también en la frontera de Rafah, en Gaza, se apiñaron egipcios para mostrar su apoyo al sufrimiento de la población civil palestina. En el mismo lugar, las autoridades egipcias han prometido abrir la frontera para atender a heridos de guerra en tres hospitales de campaña.

La espiral de violencia giró ayer más deprisa, en el aniversario de la independencia de Israel. Justo después de medianoche, Tel Aviv redobló con tanques y artillería sus ataques aéreos contra objetivos en Gaza, aumentando hasta 123 el número de muertos y a 900 el de heridos.

Las andanadas de cohetes sobre Ascalón, Sederot, Beersheba, Dimona, Tel Aviv y otras ciudades israelíes habrían matado ya a ocho ciudadanos israelíes y a una empleada india, además de herir a ciento cincuenta más y forzar a millones de personas a vivir pendientes de las sirenas y del refugio más cercano. Muchos ciudadanos están temerosos y aún desconcertados por que las revueltas desencadenadas por las cargas policiales en la explanada de las Mezquitas –aunque con raíces más profundas– han estallado por igual entre los palestinos de Jerusalén, los de la Cisjordania ocupada, los de la Gaza sitiada y, de modo más alarmante, en ciudades mixtas dentro de las fronteras reconocidas de Israel.

Organizaciones palestinas acusan ya a los agentes de connivencia con las pandillas violentas formadas en su mayoría por colonos, procedentes de asentamientos ilegales en Cisjordania. Enfrente, a veces, la pequeña delincuencia de localidades segregadas y conflictivas como Lod.

Mientras, las protestas en la mezquita de Al Aqsa han sido secuestradas por el brazo armado de Hamas. Este, que ya ha lanzado indiscriminadamente cerca de dos mil proyectiles en nombre de la causa palestina, le está echando un pulso a Israel en el que los grandes perdedores son, una vez más, los civiles palestinos.

Se están quedando sin agua potable, el suministro de electricidad es aún peor que de costumbre y el combustible podría terminarse en cuestión de días, según fuentes israelíes.

Cabe decir que, poco después de la pasada medianoche, el Tsahal simuló el principio de la invasión –confundiendo deliberadamente a medios de comunicación– a fin de atraer a los túneles a los milicianos palestinos. Solo para bombardearlos inmediatamente después desde el aire con la máxima violencia.

No hay datos sobre los milicianos muertos, pero el ejército israelí, que ha informado de la operación, calcula que pueden ser “docenas”. En todo caso, los bombardeos también han segado la vida de al menos trece civiles, entre ellos una familia al completo, con tres hijos menores de siete años y la madre embarazada.

El metro de Gaza , los túneles cavados por milicianos para desplazarse sin ser objetivo de drones, son ahora un objetivo primordial para Israel.

Según testigos, esos han sido los cuarenta minutos más terroríficos para los dos millones de habitantes del enclave, mientras hacían la digestión de la más dramática de las cenas de Fin del Ramadán.

Como consecuencia de ello, cientos de familias gazatíes han abandonado sus viviendas en la periferia del enclave, en muchos casos buscando un techo en las escuelas de la misión de las Naciones Unidas para los Refugiados. Dos veces refugiados.

En total, son ya unas diez mil personas las que se han visto desplazadas en Gaza desde el inicio de las hostilidades, incluidos los vecinos de algunos de los bloques de apartamentos más altos y de mayor calidad del enclave, pulverizados por la aviación israelí.

Los milicianos de las brigadas Al Qasam –terroristas para la Unión Europea– temen el ojo que todo lo ve de Israel. Mientras que Israel –que ha cerrado Gaza a los periodistas extranjeros– recela del millón de teléfonos móviles susceptibles de convertirse en ojo del mundo, en una invasión que, en un territorio tan hacinado, solo podría volver a ser sangrienta.

En cambio, lo que podría hacer inevitable una intervención terrestre es el ensayo de bloqueo aéreo de Israel, a cuenta de los cohetes de la bloqueada Gaza. Anteayer volvió a ser objetivo el aeropuerto Ben Gurion, cuyos vuelos de llegada fueron desviados al nuevo aeropuerto de Eilat, 350 kilómetros al sur. Lufthansa se ha sumado a las muchas compañías que han suspendido sus vuelos a Israel.

Finalmente, si el jueves fueron tres cohetes lanzados desde Líbano –no eran de Hamas, eran inofensivos– los que dieron un susto, ayer fueron otros tantos, procedentes de Siria, que tampoco causaron daños, pero que recuerdan el potencial de la región para que las cosas se compliquen.

Netanyahu no es el único capaz de hacer política en estas circunstancias. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan ha puesto la maquinaria del Estado al servicio de la causa palestina en todos los foros. El jefe político de Hamas, Ismail Haniyeh, ha sido recibido en varias ocasiones de forma oficial por Erdogan, la última vez, el año pasado.

 “Israel”, dice Erdogan, “es un Estado terrorista que solo quiere apropiarse de Jerusalén”. Pero su éxito entre la audiencia árabe es ­limitado, puesto que Turquía es sucesora del antiguo ocupante otomano –durante cuatrocientos años– y, finalmente, un país no árabe.

Por otro lado, el subsecretario adjunto para Asuntos Palestinos e Israelíes del Departamento de Estado de Estados Unidos, Hady Amr, llegó ayer a Tel Aviv para intentar mediar.

Para colmo, hoy es el día de la Nakba, de la Catástrofe, con el que los palestinos recuerdan el principio de sus males, al día siguiente de la independencia de Israel.

Por Jordi Joan Baños

Estambul. Corresponsal

15/05/2021 06:00Actualizado a 15/05/2021 11:06

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Jueves, 13 Mayo 2021 06:02

No es un conflicto, es colonialismo

No es un conflicto, es colonialismo

Mientras asistimos a una nueva escalada de violencia en Medio Oriente, es imposible no tener en mente que el próximo sábado se cumplen 73 años de la creación del Estado de Israel y de la Nakba o “catástrofe” palestina. Este acontecimiento, celebrado por algunos y lamentado por otros hasta hoy, es el germen del estado de cosas en la región y por ello el necesario punto de partida para comprender la situación actual.

Ya unos años antes de ese 15 de mayo de 1948, se promovió la inmigración a Palestina con la intención de constituir allí un Estado con mayoría judía. En busca de legitimar tal proyecto colonial, desde un primer momento se procuró “indigenizar” a los primeros inmigrantes, marginando a la población nativa histórica. Utilizando la geografía para reforzar el etno-nacionalismo, a las nuevas generaciones se les enseñó a verse como los dueños legítimos de la tierra, sus recursos y pobladores, así como a aumentar la dominación judía y su expansión.

Para concretar este plan, desde el comienzo la expulsión de la población originaria fue central y años antes de que se desatara la primera guerra entre árabes y judíos, 300.000 nativos fueron desterrados con la complicidad del entonces poder colonial británico. Luego de la guerra, 450.000 más fueron expulsados a los países vecinos donde aún viven como refugiados, otros fueron desplazados internos y unos pocos lograron quedarse en el ahora Estado de Israel, convirtiéndose en una minoría de la que siempre se desconfía y a la que se margina. Conocidos como los palestinos del 48, son el 20 por ciento de la población israelí y viven en ciudades “mixtas” como Haifa, Nazaret o Yafa. El resto de la población palestina quedó del otro lado de la denominada línea verde, bajo administración de Jordania y Egipto que gobernaron Cisjordania-Jerusalén Oriental y Gaza respectivamente. En junio de 1967, tras el triunfo israelí en la Guerra de los Seis Días, este Estado ocupó militarmente los tres territorios mencionados, extendiendo su proyecto colonial a base de expulsiones, detenciones arbitrarias, matanzas e instalación de colonias ilegales: la colonización nunca se detuvo.

Israel buscó no sólo sostener su supremacía militar en la región sino también, como todo proyecto colonial, presentarse como una población superior y más civilizada. La identificación de los palestinos como una plebe primitiva y violenta contrapuesta a la sofisticada, culta y europea sociedad israelí abona este sentimiento de superioridad, a la vez que refuerza el lazo inequívoco con su origen europeo y el aval estadounidense. A fin de cuentas, son estos Estados los que financian la política militar israelí. De ahí la inmanencia del discurso de seguridad, que habilita a su vez las prácticas de opresión, discriminación y asesinato transformándolas en prácticas de defensa y venganza.

En diciembre de 1987 los ojos del mundo se posaron por primera vez en la realidad palestina y la desigual correlación de fuerzas. Ante la simpatía internacional que despertaban los niños que tiraban piedras a los tanques, la sustitución del movimiento social de base por una dirigencia servil fue un paso necesario para la despolitización de la población palestina y la continuidad de la ocupación. Así, la Intifada, un levantamiento popular y transversal contra la ocupación, luego de unos años decantó en los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina y el Estado de Israel. La flamante Autoridad Palestina se ocupó desde entonces de administrar la ocupación israelí del otro lado de la “línea verde” asfixiando a las nuevas generaciones y manteniendo el statu quo.

En este contexto, la expulsión de los habitantes de Sheij Jarrah es tan sólo un microcosmos de un estado de cosas instalado hace poco más de 70 años, de la Nakba continua que aún busca fragmentar, dispersar y oprimir a la población palestina para borrar todo rastro de su identidad a través de expulsiones, desplazamientos forzados, matanzas y la imposición de un sistema de apartheid. Todos estos esfuerzos han tenido un costo muy alto para colonizadores y colonizados y no hicieron más que reforzar la desigualdad intrínseca que divide a opresores de oprimidos.

Al tiempo que escribo estas líneas los enfrentamientos y ataques en todo el territorio de la Palestina histórica se intensifican (foto, Ciudad de Gaza) y seguramente en los próximos días la violencia continuará escalando, pero no habrá guerra. Para que haya guerra se necesitan dos partes iguales; para que haya paz, también. 

Por Carolina Bracco

13 de mayo de 2021

Politóloga y Doctora en Culturas Árabe y Hebrea. Profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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El gesto de palestinos enmascarados cuando la Cúpula de la Roca se ve en el fondo luego de los enfrentamientos con la policía israelí en el complejo que alberga la Mezquita de al-Aqsa, conocida por los musulmanes como el Noble Santuario y por los judíos como el Monte del Templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. — Ammar Awad / Reuters

En la última guerra entre Israel y Hamás se está jugando el futuro de una Jerusalén que sufre un persistente proceso de judaización. La connivencia de las potencias occidentales con la ocupación israelí aviva el fuego periódicamente y nada indica que Washington, París y Berlín tengan interés en llevar la justicia a la región.

 

El futuro de Jerusalén está detrás de la guerra que estalló el lunes entre Israel, Hamás y las demás facciones palestinas de la Franja de Gaza, un conflicto que se ha extendido al interior del estado hebreo, en algunas de cuyas localidades árabes el martes se produjeron graves incidentes que han sacudido falsos pilares del estado judío. 

Los antecedentes directos del sarpullido hay que buscarlos en la imposición de la brutal ocupación sobre la anexionada parte de la ciudad santa, algo que suscitó protestas espontáneas de jóvenes palestinos de Jerusalén que en seguida se vieron apoyados por cientos de árabes de la Galilea que acudieron a defender la mezquita Al Aqsa y el barrio de Sheij Yarrah. 

Hamás ha capitalizado unas protestas que vuelven a poner a Jerusalén en el punto de mira, dejando una vez más en evidencia al gobierno títere de Ramala. Cuando el martes por la noche el líder de Hamás Ismail Hanniya emitió un comunicado, Jerusalén ocupó el centro de sus palabras en todo momento. 

Con multitud de cohetes, la organización islamista que gobierna Gaza desde 2007 ha recordado a los israelíes, y a una comunidad internacional colaboradora, que los palestinos sufren una ocupación que permanentemente pisotea sus derechos más básicos y que sistemáticamente los desposee de sus tierras, en especial de Jerusalén. 

Se mire como se mire es obvio que Israel no quiere la paz. Todas sus acciones muestran la necesidad que tiene de avivar conflicto a cualquier precio mientras consolida sus planes, ante la pasividad de mandatarios como Emmanuel Macron, Angela Merkel o Joe Biden, a quienes la justicia, incluso en sus parámetros más mínimos, no les importa nada. 

En este contexto, lo que Hamás e Israel se juegan es su capacidad de disuasión. Los manifestantes de Jerusalén, impulsados por Hamás, han logrado aplazar la expulsión de decenas de familias de Sheij Yarrah y han conseguido reabrir las gradas de la puerta de Damasco cerradas autoritariamente por la policía israelí durante las noches de ramadán. 

La disuasión que busca Hamás es detener el proceso de judaización de los territorios ocupados, algo que debería incumbir a Occidente pero no le incumbe, mientras que Israel trata de dar una lección a Hamás para que los islamistas no interfieran en ese proceso de judaización

En términos locales, se trata de una capacidad de disuasión que unos y otros necesitan para tranquilizar a su población. Suele suceder, sin embargo, que cuando ocurre algo de esta naturaleza Israel no deja pasar mucho tiempo sin adoptar medidas punitivas que incrementan la opresión de los palestinos. La cuestión es saber si esta vez pasará lo mismo. 

Hamás se ha propuesto impedirlo, pero es sabido que la fuerza militar de Israel es muy superior a la de las milicias palestinas. El pulso que se mantiene desde el lunes es justamente una contienda con la que cada una de ellas está midiendo su fuerza con la otra. 

Israel es un país que se consolidó hace ya muchos años, pero sigue rechazando la paz. Su objetivo estratégico contempla la anexión de los territorios palestinos, incluida Jerusalén y el resto de Cisjordania. Con ese fin sigue ampliando a diario la ocupación y enviando a los territorios palestinos a miles de colonos que en su mayor parte son extremistas nacionalistas y religiosos. 

La administración de Washington ha dicho que Israel tiene derecho a defenderse pero ha añadido que los palestinos tienen derecho a vivir en seguridad. Esto último ha molestado a los israelíes, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, se pregunta hasta qué punto su país ha perdido con el cambio de administración en Estados Unidos, algo que solo sabremos más adelante. 

Aunque lo que ocurre estos días recuerda que la evacuación israelí de los territorios ocupados, el 22 por ciento de la Palestina histórica, es más urgente que nunca, en Israel nadie habla de la ocupación, la causa de casi todos los problemas de la región. Además, los israelíes han forzado a Occidente a olvidarse de la ocupación. Ellos mismos la han olvidado, como lo demuestra que ningún medio hebreo, ni por supuesto ningún político, la mencionen estos días.

No es una sorpresa que la derecha nacionalista y religionista se sienta reivindicada, aunque no debe olvidarse que han sido esas políticas las que han conducido a esta situación. Si EEUU y Europa no intervienen con energía para resolver la crisis, y el conflicto vuelve a cerrarse en falso, el problema resurgirá aunque durante algún tiempo parezca que no existe.

Desde el martes por la noche los canales israelíes no paran de transmitir los incidentes que tienen lugar en numerosas poblaciones árabes y mixtas del interior de Israel, donde un número significativo de palestinos lanzan piedras contra los coches, incendian vehículos en los barrios judíos e incluso han atacado varias sinagogas. 

"Es una situación sin precedentes; es la guerra civil, ha dicho el alcalde de la ciudad mixta de Lod, Yair Revivo, al Canal 12, antes de pedir la intervención del ejército. "La policía sola no puede contener a los manifestantes". Jóvenes judíos también salieron a la calle a arrojar piedras contra los vehículos árabes e incendiaron el cementerio musulmán de Lod, al lado del aeropuerto de Tel Aviv. 

El origen de todos estos incidentes hay que buscarlo en el destino de Jerusalén, cuyo proceso de judaización continúa imparable sin que nadie le ponga coto. Y puede decirse que esta movilización violenta sin precedentes de una parte de los jóvenes árabes, una minoría, hay que atribuirla a Hamás, como muestran las frecuentes consignas a favor de los islamistas. 

Otra cuestión es la incidencia que los hechos puedan tener en la política interna israelí. Algunos opositores señalan a Benjamín Netanyahu y no cabe duda de que esta situación tiene un gran potencial para desbaratar los intentos de la oposición de establecer una coalición. Cuanto más dure el caos, más posibilidades tendrá Netanyahu de diezmar a la oposición y más posibilidades habrá de que pronto se celebren las quintas elecciones consecutivas.


Aumentan a 67 los palestinos muertos, entre ellos 17 niños, por los bombardeos de Israel contra Gaza

Hay 388 palestinos heridos, entre ellos 115 menores. Desde este lunes, los grupos islamistas Hamás y Yihad Islámica lanzaron en torno a 1.600 cohetes hacia Israel.

 

13/05/2021 08:44 Actualizado: 13/05/2021 09:22

Agencias

Los palestinos muertos en Gaza en la actual escalada de violencia con Israel ascendieron hoy a 67, entre ellos 17 niños y seis mujeres, según ha informado el Ministerio de Sanidad del enclave.

Además, 388 civiles palestinos resultaron también heridos, entre ellos 115 menores, concretó la misma fuente. Desde este lunes, los grupos islamistas Hamás y Yihad Islámica lanzaron en torno a 1.600 cohetes hacia Israel -400 de ellos fallidos que cayeron en la misma franja-.

Por otro lado, un niño ha muerto y al menos 30 personas han resultado heridas este miércoles en el sur de Israel, por un lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza.

Hamás ha anunciado el lanzamiento de otros 130 cohetes sobre Israel, que ha provocado que suenen de nuevo las sirenas de advertencia en Tel Aviv y las zonas cercanas a la Franja de Gaza , información confirmada por el Ejército en su perfil de Twitter, en el que ha indicado que los "israelíes están corriendo a refugios antibombas" en el sur, centro y norte del país. Entre los lugares donde se escuchan las alertas también está el aeropuerto Ben Gurión, Modiin o otras zonas más al norte como Nazaret.

Este lanzamiento de cohetes se ha producido después de que el Ejército de Israel bombardease la torre Al Shourouk, en el oeste de la ciudad de Gaza, que alberga las sedes de medios de comunicación, tiendas y residencias, según recoge WAFA. Se trata del tercer edificio bombardeado por Israel.

Desde este lunes, se han lanzado unos 1.600 cohetes desde la Franja de Gaza y el Ejército de Israel ha interceptado entre el 85 y el 90% de estos, según recoge la televisión israelí Channel 12.

Por su parte, el gabinete de seguridad de Israel ha previsto intensificar sus operaciones militares contra la Franja de Gaza y el ejército apunta a los símbolos de Hamás en el territorio.

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Los ataques aéreos del Ejército de Israel contra la Franja de Gaza. | Fuente: AFP

Alrededor de 130 cohetes han sido disparados este martes contra el área metropolitana de Tel Aviv desde Gaza tras el bombardeo de la aviación israelí en represalia por el lanzamiento de cohetes con dirección a Jerusalén este lunes.

 

Las autoridades de la Franja de Gaza, controlada por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), han elevado este martes a 26 los palestinos muertos en los bombardeos ejecutados por Israel desde la tarde del lunes contra el enclave palestino, en el marco de un nuevo recrudecimiento de la violencia en la zona.

El Ministerio de Sanidad gazací ha indicado que entre las víctimas mortales hay al menos una decena de niños, al tiempo que ha cifrado en 122 el total de heridos. Asimismo, el Ministerio de Educación gazací ha pedido a la comunidad internacional que "condenen, denuncien y detengan los crímenes de la ocupación", según ha informado la agencia palestina de noticias Maan.

El movimiento islamista Hamás disparó este martes 130 cohetes contra el área de Tel Aviv, uno de las principales núcleos urbanos de Israel, y el centro del país, que hicieron sonar las sirenas antiaéreas.

Hamás había amenazado previamente con disparar a esta zona de Israel si atacaba el conocido edificio Hanide de 14 plantas, en la Ciudad de Gaza, que esta tarde fue bombardeado por aviones de combate en un fuerte ataque.

El propio brazo militar de la formación palestina indicó que tres de sus miembros habrían muerto a causa de los bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza, si bien otros ocho habrían resultado heridos.

Hamás, por su parte, ha advertido de que los ataques continuarán hasta que Israel "cambie su política" y ha confirmado que varios miembros de las Brigadas de Ezeldín al Qassam, su brazo armado, también habrían fallecido en los ataques israelíes contra un túnel.

El ataque contra el área de Tel Aviv –a 60 kilómetros de Gaza– se produce después de que Hamás ya lanzara el día anterior siete cohetes contra Jerusalén, a raíz de las protestas y disturbios entre palestinos y fuerzas israelíes que fueron el detonante de esta escalada, la más agresiva de los últimos años. Hasta ahora se ha saldado con la muerte de 28 palestinos del enclave y dos mujeres en Israel.

Israel autoriza el despliegue de 5.000 reservistas

Por su parte, el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, ha autorizado el despliegue de 5.000 reservistas en el marco de los bombardeos. Si bien estos no serán llamados de forma inmediata, las autoridades han solicitado que estén atentos para ser movilizados cuando sea necesario.

Tal y como ha explicado la oficina de Gantz, con esta medida se pretende continuar con las misiones que se enmarcan en la operación Guardián de los Muros para "defender el fuerte principal". Pocas horas antes, el propio ministro dio luz verde a las FDI para seguir adelante con las operaciones contra "objetivos terroristas".

Desde este lunes, las alarmas no han dejado de sonar en las comunidades israelíes colindantes con la franja, en máxima alerta. A su vez, el primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu, advirtió de que el Ejército aumentará "la intensidad y cantidad" de bombardeos de represalia contra Gaza.

Guterres pide un cese inmediato de la escalada de violencia

El secretario general de la ONU, António Guterres, exigió este martes un "cese inmediato" de la escalada violenta entre israelíes y palestinos, que ya ha dejado víctimas mortales en ambos bandos.

Según su portavoz, Guterres está "profundamente triste por conocer el creciente número de víctimas, incluidos niños, por los ataques aéreos israelíes en Gaza y las muertes israelíes por cohetes" lanzados desde la franja.

"Las fuerzas de seguridad israelíes tienen que ejercer máxima contención y calibrar su uso de la fuerza", señaló el portavoz, Stéphane Dujarric, quien añadió que el "lanzamiento indiscriminado de cohetes y morteros hacia centros de población israelíes es inaceptable", en referencia a los ataques llevados a cabo desde Gaza

11/05/2021 21:25 Actualizado: 11/05/2021 21:32

Agencias

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¿Una nueva intifada? Israel y los palestinos están al borde de una 'guerra sagrada'

Por Denis Lukyanov

 

Las últimas semanas han estado marcadas por una escalada de la violencia entre Israel y los manifestantes palestinos. Bombardeos, víctimas civiles y enfrentamientos sangrientos en las calles han capturado la atención de la comunidad internacional. Hay quienes temen que esta escalada desencadene una nueva intifada contra el Estado judío.

Las relaciones entre los israelíes y los palestinos siguen siendo muy tensas. Recientemente Tel Aviv echó más leña al fuego cuando un tribunal israelí ordenó el desalojo de 28 familias palestinas de Sheij Jarrah, un pequeño distrito de Jerusalén Este. Estas familias han vivido en esa localidad desde hace décadas.

Las familias palestinas recibieron alojamiento en este distrito en 1956, tras huir de Jerusalén Oeste. Jordania, que en aquel entonces ejercía el control sobre Cisjordania, alojó a los refugiados palestinos en la zona, pero no les dio documentos que confirmaran su derecho a las viviendas. Como consecuencia, décadas después Israel, que ahora controla grandes territorios de Cisjordania, usa este pretexto para expulsar a los palestinos de sus casas.

El 9 de mayo, Jordania entregó a Israel una nota de protesta por el "desalojo forzado" de los palestinos en Jerusalén. La ONU, por su parte, llamó a Israel a detener esta acción y cumplir con el derecho internacional humanitario. Sin embargo, Israel no detiene sus planes, mientras que el fallo del tribunal israelí sigue vigente.

La Corte Suprema de Israel tenía previsto realizar el 10 de mayo una audiencia sobre el caso de las viviendas palestinas, pero esta fue suspendida a causa del brote de violencia entre las fuerzas de seguridad israelíes y los palestinos.

En los enfrentamientos en Jerusalén Este los judíos usaron cañones de agua, granadas paralizantes y otras medidas especiales. Los violentos choques hicieron que la mezquita de Al Aqsa, que se encuentra en la Explanada de las Mezquitas, un lugar considerado sagrado tanto por los judíos como por musulmanes, prohibiera la entrada de los hebreos.

El 11 de mayo los medios locales informaron que más de 600 palestinos resultaron heridos tras los choques. Mientras tanto, el movimiento islamista Hamás, que ejerce el control sobre la Franja de Gaza, lanzó misiles contra el territorio israelí. Israel, a su vez, bombardeó la franja y mató a al menos 20 personas.

¿Viene una nueva guerra sin cuartel?

Israel no descarta realizar una operación terrestre en Gaza para tratar de detener el lanzamiento de misiles contra su territorio por parte de Hamás. Tel Aviv ya llamó a la comunidad internacional a condenar las acciones de la organización islamista. La escalada de tensiones entre los dos bandos podría tener consecuencias muy amargas para ambos.

Estas son las lecciones de la historia que los palestinos e Israel deberían haber aprendido, pero en realidad cometen los mismos errores una y otra vez. Algunas de las anteriores escaladas en las últimas décadas resultaron en operaciones militares contra los palestinos. En particular, se trata de las incursiones del Ejército israelí en la Franja de Gaza.

Los palestinos, por su parte, proclamaron su primera intifada contra Israel en 1987. Esta duró hasta 1993. A esta le siguió una época de relativa paz entre ambas partes que duró hasta el año 2000 cuando los palestinos lanzaron la segunda intifada que concluyó en 2005. Desde hace años los palestinos tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania hablan de la tercera intifada, pero todavía no ha habido un catalizador para una nueva rebelión.

Israel todavía no ha pasado un punto de no retorno en su nuevo conflicto con los palestinos. No obstante, si osa lanzar una ofensiva militar contra la Franja de Gaza, apenas se podrá evitar una guerra a gran escala. Esta, sin duda, provocaría numerosas víctimas en ambos bandos. No solo militares, sino también civiles.

La pregunta aquí es si los israelíes y los palestinos están dispuestos a pagar este precio por una posibilidad fantasmagórica de triunfar en un conflicto armado sin cuartel.

Para Israel la cuestión territorial siempre ha sido una de las piedras angulares de su existencia como Estado. Precisamente por eso persigue una política de expansión agresiva. El reciente caso de las familias palestinas en Jerusalén Este agrava una situación que ya era demasiado tensa.

Los palestinos no quieren ceder ni un ápice más de tierra, mientras que Israel no tiene previsto detenerse y busca nuevos asentamientos para sus colonos.

El estado actual de las cosas se ve agravado también por el hecho de que los enfrentamientos tienen lugar durante el Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes. Los israelíes cometieron dos errores muy graves en su relación con los palestinos.

En particular, con la llegada del Ramadán la Policía israelí prohibió a los palestinos congregarse cerca de la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Este sitio ha sido uno de los principales lugares de congregación de los palestinos durante el mes sagrado.

El 10 de mayo las fuerzas de seguridad del Estado judío se introdujeron en la mezquita Al Aqsa y empezaron a dispersar a los creyentes. Estos hechos enfurecieron a los árabes y resultaron en enfrentamientos muy duros.

Por ahora no queda claro si habrá una tercera intifada, pero la situación actual es muy poco prometedora. La guerra puede estallar en cualquier momento.

Fuente: Sputnik

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Palestinos en un hospital del norte de Gaza tras el bombardeo de Israel. — Mohammed Abed / AFP

Tras las protestas de las últimas semanas contra la brutal ocupación militar israelí, el Ejército confirmó bombardeos de represalia en la Franja y varios ataques selectivos contra milicianos y objetivos del movimiento islamista Hamás. 

Al menos veinte palestinos, entre ellos nueve niños, murieron este lunes en la Franja de Gaza en plena escalada de violencia con Israel, en un bombardeo de la aviación israelí en represalia por el lanzamiento de cohetes con dirección a Jerusalén. Los bombardeos israelíes continuaron durante la madrugada de este martes.

El Ejército israelí ha confirmado los bombardeos a modo de respuesta en la Franja y varios ataques selectivos contra milicianos y objetivos de Hamás, aunque no pudo asegurar que todos los fallecidos fueran por estos ataques. 

Las protestas palestinas en Jerusalén han ido creciendo en las últimas semanas hasta alcanzar este lunes su máximo punto de ebullición. El epicentro es la Explanada de las Mezquitas, en la ciudad vieja ocupada por Israel en la guerra de 1967, y que dejaron este lunes por la mañana 300 palestinos lesionados y heridos en Jerusalén.

Es difícil establecer un origen específico a las últimas revueltas puesto que hay varios vectores que confluyen, como la desposesión de sus casas de decenas de refugiados palestinos en el barrio de Sheij Yarrah, en el sector ocupado, o la prohibición de socializar en las gradas de la puerta de Damasco en las noches de ramadán, también en el sector ocupado.

A todo esto se añade la proverbial pasividad del presidente palestino Mahmud Abás, quien se limita a obedecer las instrucciones que recibe de Israel y permite, con tímidas y esporádicas protestas, que la fisonomía de los territorios ocupados vaya cambiando día a día y hora a hora a favor de los colonos judíos, que han creado una situación prácticamente irreversible.

La guinda del pastel hay que buscarla en Occidente, en Estados Unidos y Europa, que llevan décadas colaborando estrechamente con Israel de manera directa e indirecta. Los mandatarios europeos, con Emmanuel Macron y Angela Merkel a a la cabeza, permiten sistemáticamente todos los excesos que cometen el ejército y los colonos judíos siguiendo instrucciones de su gobierno.

Causa estupor que ahora Washington y Bruselas pidan "contención" y sentido común cuando son quienes tienen más responsabilidad en lo que está ocurriendo en Jerusalén, precisamente por no aplicar sentido común. Su inacción permanente permite que se deteriore el conflicto mientras ellos no mueven un dedo para terminar con la brutal ocupación y la desposesión de millones de personas.

Decenas de miles de palestinos han participado en las protestas de las últimas semanas, no solo en Jerusalén, Cisjordania y Gaza, sino también del interior de Israel. Aunque la policía israelí ha bloqueado en las autopistas la circulación de autobuses cargados de palestinos procedentes de la Galilea, cientos de ellos han conseguido eludir los controles y llegar a Jerusalén.

En las protestas se han escuchado consignas a favor de Hamás, la organización islamista que gobierna la Franja de Gaza desde 2007, y que ocasionalmente lanza cohetes contra Israel. Los manifestantes piden a Hamás que bombardee Tel Aviv y denuncian la quietud del presidente Abás, "que solo se preocupa de su dinero", según decía uno de ellos.

Los mismos mandatarios occidentales que sin ningún remordimiento califican a Hamás de "organización terrorista" por combatir la brutal ocupación, no quieren hacer nada ante el confinamiento de los palestinos a reductos cada vez más pequeños mientras en torno a sus ciudades y pueblos crecen los asentamientos de judíos de un radicalismo extremo.

Para complicar las cosas, los judíos celebran este lunes el Día de Jerusalén con marchas vibrantes que recorren la ciudad para confluir en el recinto amurallado y en el Muro de las Lamentaciones, junto a la Explanada de las Mezquitas, donde en la antigüedad estuvo el Templo judío, un espectáculo de enorme agresividad que pone la piel de gallina a cualquier observador, y mucho más a los palestinos, algo que a Macron o Merkel les trae sin cuidado.

La mayor parte de los judíos que inundan Jerusalén en esta jornada son jóvenes o niños cuidadosamente enardecidos por las autoridades desde la más tierna infancia con una educación nacionalista y religionista, que ignoran los principios morales básicos y los derechos más elementales de los demás y que tienen a todos los palestinos por enemigos y terroristas.

En la mañana del lunes Israel canceló estas marchas lo que los manifestantes palestinos interpretaron como un triunfo propio, pero a primera la tarde las autoridades, a la vista del peligro que correrían los jóvenes pasando por la puerta de Damasco y el barrio musulmán, decidieron cambiar el itinerario sin renunciar a la concentración final en el Muro de las Lamentaciones.

Los palestinos también consideraron un triunfo que el Tribunal Supremo de Israel haya aplazado durante un mes una vista sobre las viviendas palestinas de Sheij Yarrah que se tienen que desalojar para que se establezcan en ellas colonos judíos.

Al cinismo de los mandatarios occidentales, algunos de los cuales incluso han osado pedir a Israel moderación en los pasos que está dando, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha respondido afirmando por todo lo alto que su intención es seguir construyendo para los colonos en el sector ocupado de Jerusalén.
Varios diputados de Sionismo Religioso, un partido racista aliado de Netanyahu, celebraron un encuentro en el barrio de Sheij Yarrah, excitando más los ánimos. Hamás y las demás facciones de Gaza, por su parte, lanzaron un ultimátum exigiendo a Netanyahu que evacúe a las fuerzas israelíes de la Explanada de las Mezquitas y de Sheij Yarrah.

El ultimátum expiró a las 6 de la tarde. Un minuto después, una hora menos en Madrid, la radio hebrea anunció que las milicias de Gaza estaban disparando cohetes contra Jerusalén y otras localidades.

Así están las cosas a día de hoy y lo que queda por ver es si estas protestas continúan después del fin de ramadán y la fiesta de Aid al Fitr que se celebra esta semana. Son protestas espontáneas, que no han sido organizadas por nadie, ni mucho menos por el presidente Abás, quien se cuidaría mucho de molestar a Israel en lo más mínimo.

La naturaleza de las protestas ha sorprendido a todos. En primer lugar a los propios palestinos, puesto que hacía años que no ocurría algo similar. También a los israelíes, que llevan décadas expandiendo su presencia en los territorios ocupados sin ninguna oposición desde la segunda intifada que se inició en septiembre de 2000. Y por su puesto a los occidentales, que solo buscan calma y no quieren oír hablar de justicia.

Por Eugenio García Gascón

10/05/2021 17:38 Actualizado: 11/05/2021 08:43

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Sahara Occidental: derecho a la independencia

En su agónico final como presidente, Trump decidió "reconocer" la "soberanía" de Marruecos sobre "todo" el Sahara Occidental, actualmente dividido en una zona ocupada por Marruecos, otra controlada por la República Saharaui (20 por ciento del total) y otra pequeña, pero estratégica, controlada por Mauritania. Esta decisión contraria al derecho internacional daña la paz en el norte de África. Para enjuiciarla evitando presentaciones manipuladas procede recordar la historia y el derecho internacional aplicable de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

España firmó en 1884 un acuerdo de "protectorado" con las tribus independientes del Sahara Occidental, casi 30 años antes de que, junto con Francia, en 1912 sometieran a protectorado a Marruecos. Al independizarse este último, en 1956, su política exterior agresiva para construir el "Gran Marruecos" buscó anexionarse el Sahara Occidental, Mauritania, el noroeste de Mali, el oeste de Argelia y los territorios españoles del norte de África.

Marruecos protestó cuando, en 1960, Mauritania ingresó a la ONU, aduciendo que este país era parte de su "integridad territorial" (S/4568). Fracasado este intento, encaminó su expansionismo contra Argelia, intentando arrebatarle sus territorios occidentales en 1963 (Guerra de las Arenas). Tras fracasar, concentró todas sus energías en apoderarse del Sahara Occidental alegando, también, que era parte de su "integridad territorial" y que la descolonización del territorio entonces administrado por España no debía hacerse mediante un referéndum de autodeterminación, sino "devolviéndolo" a Marruecos para que lo "recuperara".

Para disipar dudas, la ONU solicitó a la Corte Internacional de Justicia una opinión consultiva, que fue emitida el 16 de octubre de 1975 y en la que se afirmó que Marruecos nunca tuvo soberanía sobre el Sahara Occidental, y que a lo sumo el sultán marroquí sólo tuvo vínculos personales con ciertas tribus minoritarias del norte del territorio (los tekna), mientras las tribus saharauis mayoritarias (como erguibat) siempre fueron independientes y no tuvieron ni siquiera vínculos personales con el sultán. La Corte concluyó que la descolonización del Sahara Occidental debía hacerse "mediante la aplicación del principio de autodeterminación gracias a la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio" (párrafos 102 y 162).

Para llevar a cabo el referéndum, España elaboró en 1974 un censo de la población originaria. Pero la enfermedad terminal del general Franco (entonces en el poder), justo después del pronunciamiento de la Corte, fue aprovechada por el rey marroquí y sus aliados internacionales (Kissinger, fundamentalmente) que organizaron una invasión del Sahara Occidental mediante la llamada "marcha verde" (deplorada por el Consejo de Seguridad de la ONU en su Resolución S/RES/380 del 6 de noviembre de 1975). Luego se presionó a España y a Mauritania para firmar el llamado Acuerdo Tripartito de Madrid del 14 de noviembre de 1975, a fin de, supuestamente, "descolonizar" el territorio sin un referéndum de autodeterminación.

La Asamblea General no reconoció la validez del acuerdo y exigió el referéndum de autodeterminación (resolución A/RES/3458, del 10 de diciembre de 1975). Invocando el ilegal Acuerdo de Madrid, Marruecos y Mauritania invadieron el Sahara Occidental, a los que se opuso el Frente Polisario. Tras el abandono de España el 26 de febrero de 1976, esta organización proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, reconocida por un gran número de estados.

Mauritania renunció a anexionarse territorio, pero no Marruecos, que continuó hasta 1991 la guerra contra el Frente Polisario (representante del pueblo saharaui, según la resolución de la Asamblea General A/RES/34/37, de 1979). Las dos partes del conflicto, Marruecos y el Frente Polisario, firmaron en 1988 unas Propuestas de arreglo que, complementadas con el Plan de Aplicación del secretario general de la ONU conforman el Plan de Arreglo (S/21360), aprobado por el Consejo de Seguridad en 1990 (S/RES/658). Acordaron celebrar un referéndum de autodeterminación dirigido por la ONU, con la cooperación de la Organización para la Unidad Africana, en el que votarían los incluidos en el censo español de 1974 (párrafos 23 y 24 del Plan de Arreglo) para que los saharauis eligieran entre la integración a Marruecos o la independencia (párrafo 31 del Plan de Arreglo). Posteriormente, el secretario general decidió que deberían añadirse al censo quienes se acreditaran como saharauis mediante una serie de criterios (documento de la ONU S/23299, de 1991). Tras múltiples obstáculos, la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (Minurso), concluyó en diciembre de 1999 la confección del censo (S/2000/131).

El padrón estaba hecho. ¿Por qué no se ha celebrado el referéndum? Porque en 2004 Marruecos (anexo del documento de la ONU S/2004/325) deshonró su compromiso contenido en el Plan de Arreglo. El 13 de noviembre de 2020, también incumplió sus compromisos relativos al cese el fuego, provocando el retorno a la guerra tras casi 30 años de tensión.

El "reconocimiento" de una "soberanía" que la Corte Internacional de Justicia declaró que nunca existió sólo significa apoyar una política expansionista y de violación del derecho internacional y del derecho de autodeterminación reconocido al Sahara Occidental por el Tribunal Internacional de Justicia, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sólo el respeto al derecho ajeno traerá la paz al territorio saharahui.

Por Carlos Ruiz Miguel*

* Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela, España

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