Jueves, 21 Febrero 2019 06:14

Cuatro manos contra el horror

Cuatro manos contra el horror

Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una notable tradición histórica. No es notable por sus protagonistas, sino por la posición que ocupamos y defendemos. No queremos que se siga dañando a la humanidad, y que el terror en el que fue sumergido medio oriente inunde las calles de Nuestra América.
Quienes hablamos y actuamos en contra de la guerra somos parte de una tradición que probablemente no sea experta en cosas pequeñas, pero sí en una gran cosa, en la defensa irrestricta de la humanidad.

2. Soy una mujer que escribe. Si Colombia no hubiese estado en guerra cuando los padres de mi padre eran jóvenes, quizá yo sería colombiana. Si hubiesen huido más hacia abajo, tal vez sería ecuatoriana, boliviana, chilena o argentina. Pero huyeron hacia la izquierda y nací en Venezuela, como mi padre, tías, hermanos y primos. Mi árbol genealógico no existe, lo achicharró la pobreza secular de mis abuelos y abuelas.

3. ¿De quién es el asunto cuando se trata de una posible guerra en Venezuela? ¿De los militares ansiosos por empuñar el fusil? ¿De los ciudadanos que naufragan entre los lamentos del conflicto, el sostenimiento de un Gobierno al que eligieron o el apresuramiento de una intervención extranjera? ¿O el asunto es de los juristas que navegan en leyes internacionales y se pierden en riñas televisivas? ¿Es de los políticos, de los apolíticos (como si existieran)? ¿De quién es?
Cuando se trata de guerra no hay expertos. Sí existen los expertos en pequeñas cosas, ¿pero los hay en cosas tan grandes como lo que hoy sucede en Venezuela?

4. Venezuela es un país con guacamayas y tepuyes, con la cabellera derramada en el mar Caribe. Gran parte de su gente es solidaria, como gran parte de la gente en todas partes de este mundo llagado. Aquí los más pobres y desposeídos dan cuerda a los relojes que mantienen activa la máquina de los días. Aquí los dueños del capital siguen enriqueciéndose mientras la pobrecía aumenta. Fíjese, no hay diferencia entre nosotros y el resto del continente. Pero mi suelo tiene petróleo para hacer girar otro planeta a toda mecha. ¿Qué imperio perdona eso? Estados Unidos no aguanta más. Su tufo ya está sobre nosotros.

5. Casi cinco mil kilómetros nos alejan de Caracas. Desde la pedagogía de la crueldad, conocemos con exactitud aquello que una palabra autorizada nos invita a creer: que allí hay una dictadura, que el dictador se apellida Maduro pero que antes había uno peor, Chávez, que los derechos elementales no se cumplen. La palabra que dice ser autorizada –de los grandes medios, de las embajadas norteamericanas y de miles de empresas que sueñan con extraer fortunas suntuosas en esas tierras– dialoga con el terror y la mercancía, no con quienes quieren paz.

6. Hace menos de un año hubo elecciones en mi país. Los partidos políticos de oposición más fuerte a Nicolás Maduro decidieron no participar, aunque el pueblo quería decidir. Entonces dos candidatos asumieron la vía política y se midieron contra el candidato chavista. Millones ejercimos nuestro derecho a elegir. Por más que los líderes radicales de oposición llamaron desde sus exilios a no votar, hubo elecciones y Maduro resultó electo. Hoy Estados Unidos reconoce como presidente de Venezuela a un hombre que se autoproclamó hace una semana desde una tarima.

7. De acuerdo al ente electoral venezolano y al reconocimiento de la oposición, Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos (67,8%). En segundo lugar figuró el candidato opositor Henri Falcón, con 1.917.036 votos (21%). El tercer candidato y pastor evangélico Javier Bertucci obtuvo 988.761 votos. A menos de un año de las elecciones celebradas, parte de la oposición y el Gobierno estadounidense, con sus aliados internacionales, prepara una intervención, que según los especialistas en política internacional podría desembocar en una guerra civil.

8. Soy venezolana, de eso tengo certeza, y escribo desde la capital de un país amenazado por Estados Unidos, todos lo saben. No sé qué haré si llega el momento de las bombas y las balas. En ese caso quiero que mi hermana huya con su hijo a otra tierra. Una manera de florecer es ramificar en dirección contraria a la sombra. Yo solamente quiero escribir porque escribir es otro modo de florecer.

9. Otra voz lícita es la de los migrantes, quienes forzados por la crisis económica y social buscan horizontes de mayor dignidad para sus familias.
La angustia del éxodo, la desazón por la pérdida de estabilidad en las tierras que dan origen, constituyen una prueba de solidaridad para todos los pueblos hermanos. En eso estamos, en la empatía del abrazo a todos los que quieran habitar y trabajar esta tierra. Aunque también despejamos la hipocresía. Sabemos que en Argentina los migrantes no son reconocidos de la misma manera y que operan prejuicios de todos los tamaños, debido a su origen y aspecto.
La palabra del migrante explica, en parte, algunos de los problemas, pero no su totalidad. La historia de extracción, intervencionismo, tortura, muerte y desamparo que cargan las grandes potencias sobre los pueblos soberanos explica la mayor parte de lo que hoy sucede en Venezuela.

10. ¿Cuántas veces hemos visto caer hermanos como piezas inánimes sin siquiera gritar? ¿Cuántos hermanos veremos caer? ¿Cuándo caerán los hermanos que faltan?

 

Publicado enInternacional
Lunes, 18 Febrero 2019 05:53

La segunda implosión de Centroamérica

La segunda implosión de Centroamérica

Décadas después de las guerras de revolución y contrainsurgencia en Centroamerica, la región otra vez está al borde de una implosión. El istmo ha estado sumido en una reanudación de las luchas de masas y la represión estatal, el desmoronamiento de los sistemas políticos, la corrupción, el narcotráfico y el despojo y migración forzada de millones de trabajadores. Detrás de esta segunda implosión –reflejo de la crisis galopante del capitalismo global– está el agotamiento del desarrollo capitalista tras las convulsiones de los años 80 al ritmo de la globalización.

Los movimientos revolucionarios de masas entre 1970 y 1980 lograron desalojar del poder a las dictaduras y abrir los sistemas políticos a la competencia electoral. Pero no alcanzaron la justicia social sustancial ni democratizar el orden socioeconómico. La globalización desplazó a millones, agravando pobreza, desigualdad y exclusión social, y dañó el ambiente, ocasionando una oleada de emigraciones y más movilizaciones de masas entre quienes se quedaron. Las raíces del conflicto regional han persistido: la concentración de la riqueza y del poder político en manos de élites al lado de la pauperización y la impotencia de una mayoría desposeída.


Con el golpe de Estado en Honduras (2009), la masacre de manifestantes en Nicaragua (2018) y el regreso de los escuadrones de la muerte en Guatemala la ilusión de paz y democracia, tan pregonada por la élite trasnacional, ha sido destrozada. Los regímenes centroamericanos ahora enfrentan crisis de legitimidad, estancamiento económico y colapso del tejido social.


El modelo de acumulación implementado hacia finales del siglo XX y en adelante abarcó la introducción de actividades que integraron la región a las cadenas trasnacionales de producción y servicios, parte de la globalización capitalista que ha involucrado una expansión de la minería, la agroindustria, el turismo, la extracción energética y los megaproyectos de infraestructura a lo largo de América Latina, alimentando una economía global voraz y desbordando las arcas de las trasnacionales.


La evolución de la economía política centroamericana refleja la de la economía global. La mundial pasó por un periodo de prosperidad entre los 50 y 60, seguido por crisis, el estancamiento y la transición en las décadas de 1970 y 1980, para luego pasar al auge de la globalización en los 1990 y principios del siglo XXI. El istmo experimentó una tasa de crecimiento anual promedio de 5.7 por ciento (1960-70), tasa que cayó a 3.9 entre 1970-80, y luego desplomó a apenas 0.8 en la década de 1980-1990. Pero luego, en sincronía con la economía global, el crecimiento se recuperó a un promedio anual de 4 porciento durante la globalización entre 1990-2008, según la Cepal. Tras la crisis de 2008, la tasa de crecimiento descendió a 3.7 en 2012, a 3.5 en 2017, y a un estimado 2.6 en 2018.


El orden social de la globalización sólo podía ser sostenido mientras expandía la economía y los despojados podían emigrar. La reanudación del crecimiento desde los 90 ha dependido de: fuerte incremento del flujo de la inversión corporativa trasnacional, aumento constante de la deuda externa y las remesas de los migrantes.


La inversión extranjera directa bajó a partir de 2016, mientras la deuda externa pasó de 33 mil millones de dólares en 2005 a 79 mil millones en 2018. Pero sobre todo los 20 mil millones que envían los migrantes se han convertido en un salvavidas para la economía regional, mientras la emigración contiene las explosiones políticas.


Las remesas aportan 18-19 por ciento del PIB en El Salvador y Honduras; es 10 por ciento para Guatemala y Nicaragua. Las remesas representaron la mitad del crecimiento del PIB en esos países en 2017. La economía regional colapsaría sin ese dinero.


La población centroamericana creció de 25 millones (1990) a 40 millones (2017), según la Cepal, pero el mercado laboral no absorbe a la mayoría de los entrantes, lo que explica el repunte de la emigración: casi se duplicó de 2000 a 2017: 4.3 millones.


El capitalismo global enfrenta una crisis estructural de la polarización social y la sobreacumulación. La continua expansión de la economía global en años recientes ha sido alimentada en el consumo basado en el endeudamiento, la especulación en el casino global que ha inflado una burbuja tras otra, y la militarización impulsada por los estados en tanto el mundo entra a una economía global de guerra. Hoy la economía global está al borde de otra recesión. El sistema enfrenta una crisis política de la hegemonía y una escalada de tensiones globales. Esta crisis subyace a la segunda implosión de Centroamérica.


Se desarrolla en el istmo otra ronda de protesta popular de masas; los regímenes locales pierden legitimidad, se vuelven más corruptos y amenazan la constitucionalidad, como ha sucedido en Honduras y Nicaragua y podría ocurrir en Guatemala.


Las comunidades más vulnerables han sido identificadas como chivos expiatorios para la crisis, sobre todo los refugiados y los migrantes. Esto ayuda a entender la respuesta hasta fascista de Trump hacia los refugiados centroamericanos.


El futuro de Centroamérica dependerá de la capacidad de las fuerzas populares en Centro y Norteamérica de movilizarse para preservar el estado de derecho e impulsar la agenda de la justicia social que pudiera paliar la crisis. De lo contrario, una recesión económica podría tumbar el castillo centroamericano de naipes.

Por William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California en Santa Bárbara

Publicado enInternacional
Viernes, 15 Febrero 2019 06:54

Lecciones no aprendidas

Lecciones no aprendidas

Tras solventar muchos impedimentos, los 11 miembros de una misión del Parlamento Europeo pudieron cumplir por fin su visita a Nicaragua propuesta desde noviembre del año pasado.

El presidente de la misión, el eurodiputado Ramón Jáuregui, presentó antes de partir unas conclusiones terminantes sobre la urgente necesidad del cese de la represión, la libertad de los presos políticos, la restitución de la libertad de información, y el restablecimiento de la democracia por medio de elecciones confiables.

Y en sus declaraciones Jáuregui dijo algo que parecería obvio pero en Nicaragua resulta esencial: "la democracia tiene una regla que es aceptar la posibilidad de la derrota".

Es lo que hizo el Frente Sandinista tras las elecciones de 1990, cuando los votantes decidieron confiar la presidencia a doña Violeta de Chamorro: aceptó la derrota, y eso le dio entonces el inmenso prestigio de haber entregado por los votos el poder ganado por las armas una década atrás.

Hasta entonces la filosofía dominante había sido la del poder popular confiado a la vanguardia por una especie de voluntad divina. Las revoluciones eran, además, invencibles. ¿Dónde se había visto que el pueblo mismo fuera a derrotar a una revolución popular forjada con sangre? Pero ocurrió.

En enero de 1988, Carlos Fuentes hizo una visita a Nicaragua. Lo acompañaba el periodista Stephen Talbot, que escribía un reportaje sobre el escritor mexicano para la revista Mother Jones.

En una de las conversaciones que sostuvo Fuentes con los dirigentes sandinistas se habló de las posibilidades que tenía la contra de ganar la guerra, recuerda Talbot, y el comandante Tomás Borge “dijo decididamente que algo así era imposible, porque los contras van a contrapelo de la historia”.

Fuentes interrumpió para preguntar: "¿Y cuál fue la experiencia de Guatemala en 1954 y de Chile en 1973? ¿No se demostró que la izquierda puede ser derrotada?”. "No", respondió Borge, cortante. "Ellos no armaron al pueblo, por eso perdieron".

Después se discutió sobre el tema de las elecciones y los partidos de oposición. “Borge dijo que su opinión personal era que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas. ‘Ahora no’, asintió Fuentes, ‘pero en el futuro, ¿por qué no?’ ‘Sólo si son antimperialistas y revolucionarios’, proclamó Borge, ‘si un partido reaccionario ganara, yo dejaría de creer en las leyes del desarrollo político’. ‘Yo no estaría tan seguro de esas leyes’, advirtió Fuentes”.

Tras aceptar la derrota de 1990, el Frente Sandinista perdió la oportunidad de recuperar los espacios electorales, luchando bajo las reglas democráticas para conquistar de nuevo la mayoría de los votantes. El criterio obsoleto de la vanguardia dueña de la verdad, que representa al pueblo aunque tenga en contra la mayoría, volvió a imponerse.

Y cuando Daniel Ortega, tras tres derrotas logró por fin ganar en 2006, no lo hizo porque tuviera de nuevo esa mayoría, sino porque selló un pacto con Arnoldo Alemán, entonces caudillo del Partido Liberal, por medio del cual se reformó la Constitución para que pudiera ganar en primera vuelta con 35 por ciento de los votos, la cifra máxima que el eterno e insustituible candidato había logrado sacar.

Por lo que ha sucedido a partir de entonces, estoy convencido de que Ortega se hizo la promesa de no volver a perder nunca, con lo que, a lo largo de estos años, en su esquema de preservación del poder a toda costa, ha estado ausente la voluntad de aceptar que la derrota es una regla esencial de la democracia.

Y hay otra cosa que en su comparecencia Jáuregui agregó a las reglas del juego democrático: el poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar un programa de gobierno. Asegurarse la permanencia en el poder a cualquier precio, sólo es capaz de acarrear crisis tan profundas como las que hoy vive Nicaragua.

El poder no puede ponerse en juego, la derrota no es una opción. Por eso es que los reclamos por un diálogo nacional no son escuchados; porque un diálogo lleva necesariamente a hablar de elecciones limpias, justas, con jueces imparciales y honestos, vigiladas internacionalmente. Ese es el atolladero del que hay que salir.

Hay que buscar cómo Ortega escuche a todos quienes le dicen, igual que el eurodiputado Jáuregui, que la democracia tiene una primera regla, que es aceptar la posibilidad de la derrota. Porque unas elecciones de una sola cara, con el mismo ganador, ya no son posibles en la nueva realidad que vive Nicaragua. Sólo harán más profundo el abismo.

La creencia de que el poder es un fin, y no un medio, es a estas alturas catastrófica. Y el reclamo para que el país empiece lo más pronto posible a vivir bajo un régimen de democracia abierta, de libre opinión, y elecciones transparentes, es lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos quiere.

No hay que desmayar en esa insistencia, porque el diálogo, y las elecciones justas, son la única salida posible.

 

sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Publicado enInternacional
Viernes, 15 Febrero 2019 06:43

Paralizaron Puerto Príncipe

Paralizaron Puerto Príncipe

La capital permanece con las escuelas y los bancos cerrados, así como los negocios y las estaciones de combustibles, que temen más saqueos como los que se han producido en las protestas, en las que al menos nueve personas han muerto.

 

Haití entró ayer en su octavo día consecutivo de paralización y protestas en reclamo de la renuncia del presidente del país, Jovenel Moise, situación que está provocando pérdidas millonarias en diferentes sectores.


La capital del empobrecido país, Puerto Príncipe, sigue paralizada, con las escuelas y los bancos cerrados, así como los negocios y las estaciones de combustibles, que temen más saqueos como los que se han producido en estos días de protestas, en las que al menos nueve personas han muerto en los violentos disturbios.


En la exclusiva zona de Petionville, al sureste de la capital, algunos negocios se animaron este jueves a abrir sus puertas, pero el transporte público, al igual que en el resto de la capital, es prácticamente nulo, mientras la situación sigue deteriorándose.


Los 78 detenidos de la prisión de la ciudad de Aquin, una pequeña ciudad costera del sur de Haití, escaparon este martes, confirmó el portavoz de la policía nacional. Una investigación se inició para determinar las circunstancias precisas de la fuga. Según testigos, una manifestación contra el presidente Jovenel Moise se estaba realizando frente a la comisaría vecina al penal de Aquin, una ciudad de unos 100.000 habitantes.

Los promotores de las protestas anunciaron más movilizaciones para ayer, al tiempo que volvieron a rechazar cualquier tipo de conversaciones con el presidente Moise, quien permanece en silencio desde el sábado cuando hizo un llamado al diálogo. Las protestas, convocadas por el Sector Democrático y Popular, integrado por líderes de partidos de oposición y por grupos populares, se iniciaron el 7 de febrero, coincidiendo con el segundo aniversario de la llegada a la Presidencia de Moise, un empresario del sector banano que llegó al poder sin experiencia en la política.


Las manifestaciones, que han aumentado la inseguridad en esta nación caribeña y provocado un clima de caos e incertidumbre, se producen en medio de una severa crisis económica, que se agravó este año por una fuerte depreciación del gourde, la moneda oficial, y por la crisis de electricidad derivada de la escasez de gasolina.


La economía de Haití, donde más de la mitad de los 10 millones de habitantes sobrevive con menos de 2 dólares diarios, creció apenas 1,4 por ciento en 2018, una de las más bajas de la región y muy por debajo del 2,2 por ciento que se pronosticó a principios del pasado año y que después fue reducido al 1,8 por ciento. Los manifestantes también exigen justicia en las supuestas irregularidades en el programa Petrocaribe, a través del cual Venezuela suministra petróleo a este país a precios blandos.


Una auditoría presentada la semana pasada por el Tribunal de Cuentas reveló irregularidades entre 2008 y 2016 en este programa y señaló a 15 exministros y actuales funcionarios que están involucrados en este caso, así como una empresa que dirigía Moise antes de llegar a la Presidencia.


Por su parte el gobierno canadiense decidió ayer cerrar temporalmente su embajada en Puerto Príncipe frente a las protestas antigubernamentales que están sacudiendo las principales ciudades de Haití, en momentos en que un centenar de turistas de Quebec no pueden salir del país caribeño.


“Debido a la incertidumbre actual, la Embajada de Puerto Príncipe está cerrada hoy. Continuaremos evaluando la situación en los próximos días para garantizar que nuestros diplomáticos y sus familias estén a salvo”, sostuvo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá en un comunicado. Los nuevos enfrentamientos entre la policía y manifestantes opositores dejaron al menos un muerto el miércoles en Puerto Príncipe. Al menos siete personas perdieron la vida desde que comenzaron las protestas hace una. En medio de las protestas se registraron situaciones de violencia con armas de fuego y el bloqueo de varias carreteras por parte de manifestantes que instalaron barricadas.

Publicado enInternacional
La violencia del totalitarismo en el psicoanálisis

La autora aborda el tema del totalitarismo desde tres dimensiones: la historia del psicoanálisis, cómo responden los analistas a la segregación y la violencia de la interpretación o de la intervención. El objeto a de Lacan, la relación de un sujeto con los significantes.

Vivimos un tiempo articularmente
curioso. Descubrimos con sorpresa
que el progreso ha concluido su
pacto con la barbarie.


Freud, Moisés y la religión
monoteista, 1938



Jacques-Marie Emile Lacan es un pensador de nuestro tiempo, tal como lo fue Freud, su importancia fue mucho mas allá de lo que puedan compartir ambos en el lugar de padres, de inventores del psicoanálisis, cada uno acorde con su época. En la Conferencia sobre la Etica dada por Lacan en Bruselas en 1960, afirma contundentemente que será mejor que renuncie (al psicoanálisis) quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. En breves palabras podemos decir que si a Freud le debemos el descubrimiento del inconsciente y un método para dar cuerpo a la práctica del psicoanálisis, entre muchas otras cosas, a Lacan, un Lacan siempre freudiano –él no reniega de Freud, retorna siempre aun cuando a lo largo de su enseñanza se fueran perfilando diferencias– le debemos algunos conceptos que orientaron, que abrieron, que dimensionaron en nuevas perspectivas nuestra práctica como psicoanalistas, en los impasses, en los obstáculos en los que Freud encontró un límite.


Jacques Lacan no se caracterizaba personalmente por ser modesto, tenía la prestancia y la arrogancia de un intelectual notable. Su discurso era oscuro y difícil de descifrar para el común del medio psicoanalítico, pero para muchos –y es así como sostuvo más de una veintena de seminarios a lo largo de su vida– era un iluminado por el uso de la palabra que producía efectos en quienes lo escuchaban de tal manera que se sentían fuertemente interpelados en su posición respecto de la clínica psicoanalítica. Para otros, atrapados en el psicoanálisis clásico y en las instituciones oficiales, era hermético, enciclopedista, dilettante, un loco.


Es sorprendente que él reconozca un único invento en su producción, que podríamos decir que epistemológicamente se trata de un concepto (no lo pensamos así porque inventó a nuestro enteder muchos conceptos y lógicas diferentes en la dirección de la cura), escrito con una letra, y que opera con una función en la cura, que él llamó objeto a. Afirma que es su único invento. No pensamos que sea así, pero ese objeto tiene un anclaje en el cuerpo teórico del psicoanálisis, porque él reconoce su origen en el llamado objeto transicional de Donald Winnicott (lo creó en 1951, antecede al primer seminario publicado de Jacques Lacan), que se plasma fenoménicamente en la sabanita, en el osito que simbolizan para Winnicott la ausencia materna. El niño que se vale del objeto transicional entra en la dimensión del mundo simbólico del lenguaje ya que este objeto representa la presencia de la ausencia materna, que permite –denotando un agujero, un “gap” (hueco, agujero vacío) al decir de Winnicott– que el niño establezca lazos con la realidad del mundo de los objetos.


Lacan se vale de un álgebra que intenta proveer al psicoanálisis de una formalización que tenga algún punto de contacto con las ciencias formales. Un álgebra que escriba las operaciones analíticas en la cura en el fragor de la transferencia entre analista y analizante. El objeto a no es un objeto de la realidad para Lacan, no tiene entidad objetal alguna, no es un concepto filosófico, no se materializa, no es especularizable, no es intercambiable, no es comunicable, no es común, no es repartible, no es socializable, es solo una letra, la letra a que designa la relación de un sujeto, el sujeto del inconsciente, efecto de la relación con la palabra, con los significantes, a la causa del deseo. Una causa que se produce en el arduo trabajo que implica el viaje de un análisis. Una causa que no es transferible, que es propia, que es singular, que no es común a otros semejantes, que no hace rebaño. Es desde allí donde partimos para pensar la relación entre el llamado objeto a y los totalitarismos, porque lo que caracteriza a los totalitarismos es hacer rebaño de los seres hablantes, con la particularidad de que cada uno mantenga su sumisión al líder y a la ideología imperante en forma individual, entregando de esta manera cuerpo y alma.


En la primera reunión del Seminario de la Lógica del Fantasma le preguntan a Lacan “¿Qué necesidad tiene Ud de inventar el objeto a?” El responde algo que sorprende: “Pienso que considerando las cosas fue un gran hecho, porque sin el objeto a, cuyas incidencias se han hecho sentir bastante, me parece que lo que se hace como análisis de la subjetividad de la historia contemporánea que hemos vivido, de este algo que hemos bautizado como totalitarismo, quien lo haya comprendido podrá ponerse a aplicar la función, la categoría de objeto”.
Este párrafo no hace a mi entender al psicoanálisis y la política, sino desde qué perspectiva de lo que se llama historia de la subjetividad, Lacan piensa el psicoanálisis. Sabemos de la diferencia entre subjetividad y sujeto. Subjetividad en lo referido al cuerpo que goza y es la subjetividad de una época, el lugar en esa época en donde el sujeto adviene allí.


¿Qué ocurre en el mundo en el año 1967 cuando Lacan nos enseña sobre la Lógica del Fantasma? Haremos una breve síntesis de esa época. La URSS está gobernada por los seguidores de Kruschev, el binomio Kosygyn y Brezhnev posibilita con una actitud más liberal una reforma económica que gesta la primavera de Praga. Es el dirigente soviético más liberal de su tiempo. Mao esta en el apogeo de su Revolución Cultural, Israel y la coalición árabe libran la Guerra de los Seis días, los israelíes ocupan Gaza y el Sinaí. En los EE.UU. hay intensas movilizaciones por la guerra de Vietnam (a la que Lacan se refiere en otras clases para poder pensar la lucha contra el capitalismo y el discurso capitalista). Ya se perfila su derrota, aun cuando el napalm se venía usando desde 1965. El Che Guevara es capturado en Bolivia el 11 de abril del 67. El 9 de octubre de 1967 se fecha la Proposición sobre el Psicoanalista de la Escuela de Jacques Lacan.


Es decir que el 16 de noviembre de 1967, fecha de esta clase, Lacan ya había trabajado, y no por fuera de todo esto, en el discurso de clausura de las Jornadas sobre Psicosis Infantil, la segregación, lo inanimado del niño como objeto, el objeto a como condensador de goce –no como causa– interrogándose fuertemente frente a la importancia del lazo social en los casos graves como advierte allí. El objeto a opera

como causa o como condensador de goce. El trabajo de un análisis trata de sustraer ese goce que es satisfaccion de la pulsión de muerte para que advenga como causa.
Fue crucial en esas jornadas la importancia del lazo entre analistas, se advierte en su dedicada interlocución con Winnicott más allá de la segregación que el mismo ha sufrido en el plano de la IPA. En el 64 hablaba de lo imposible en la comunicación entre analistas.


El deseo, tal como Freud lo concibió, es indestructible. Es instituido como tal en la cadena simbólica y el sujeto del inconsciente como efecto hace al deseo indestructible. Pero además esta letra que se escribe “a” da cuenta del agujero que sostiene la causa, escritura de esa pérdida inaugural que sostiene la cadena. ¿Qué cabría pensarse cuando prima el deseo de destruir? ¿Podríamos decir que este objeto a ya no tiene el estatuto lógico que Lacan le provee, o sea operar como causa o como condensador de goce? ¿Qué estatuto tendría entonces, si es que se lo pudiera definir, si opera en una posicion subjetiva que ejerce fehaciementemente el totalitarismo? O sea un individuto tomado totalmente por el máximo del destrudo, lo inexorable o literal de la pulsión de muerte.


Sabemos que el no deseo y el deseo de rechazo son formas del deseo, pero a lo que aludimos es a algo más: ¿bastaría decir cuando amenaza el totalitarismo que la causa esta reducida al deseo de destruir? Tal vez son cuestiones que exceden lo que desde el psicoanálisis puede decir.


Sin ubicar ese invento, el del objeto a como lugar de la causa en un sujeto pareciera que, por lo que dice Lacan, amenaza el totalitarismo. ¿O la causa puede estar reducida al deseo de destruir?


Siguiendo a Hannah Arendt en su trilogía Los orígenes del totalitarismo, que comienza con una frase de David Rousset (1912-1997), miembro de la resistencia francesa, sobreviviente del campo de concentración de Buchenwald, ha escrito sobre los campos: “los hombres normales no saben que todo es posible”, y Hannah Arendt agrega que en los movimientos totalitarios hay una celeridad con que sus dirigentes son olvidados, así como las consecuencias de sus actos. Rousset es el primero que introduce la palabra gulag en el francés.
Reveló a los franceses la existencia de los campos de concentración soviéticos. Por ello fue enjuiciado; no ovidemos que el mundo conoció la brutalidad de estos campos por Archipiélago Gulag, novela de Solzhenitsyn recién en 1973. En el totalitarismo prevalece la facilidad con que los dirigentes pueden ser reemplazados y la fascinación por los nuevos líderes. Arendt dijo también que “sin totalitarismo no hubiéramos conocido nunca la naturaleza radical del mal” (prólogo a la edición norteamericana, 1950).


Abordaremos el tema del totalitarismo desde tres dimensiones.


La primera compete a la historia del psicoanálisis y a la reunión de analistas, en términos de la Proposición, se refiere a una sociedad de psicoanálisis conducida por un ejecutivo de escala internacional.


Sabemos por lo trabajado por Freud en Psicología de las Masas de esa sustitución que opera en la identificación al líder, perdiendo sus seguidores, su relación a la causa propia y tornándose en meros objetos que sustituyen su causa propia por la causa del líder, lo que los conduce al mayor rebajamiento intelectual. Los individuos fanatizados no pueden ser abordados por ningún argumento exterior que no sea el esgrimido por el líder. Este tipo de identificación no es ajena al psicoanálisis, a su historia y a la historia de la conceptualización de la transferencia.


Hace muchos años, en la Escuela Freudiana de la Argentina, Gerard Pommier lo señaló precisando de qué se trataba en aquellos que postulaban que el ideal del yo desaparecía al final de la cura, en lugar de pensar que se establecía una distancia entre el ideal y el objeto. Se trataba, en los años 90, de las consecuencias de los que armaban asociaciones del todo mundial, una lógica del todo que destruye al psicoanálisis. En la lógica del todo del universal, lo posible y lo necesario son los modos que operan. Volveremos sobre ello.


Recordemos aquí también los motivos manifiestos por los cuales Lacan fue apartado de la IPA. ¿Su excomunión del 2 de agosto del 63 (Lacan deja de ser reconocido como didacta y a sus analizantes se los derivaba a otros didactas), fue una forma velada de totalitarismo por la relación singular a su causa en torno al discurso del psicoanálisis? Lacan no hacía masa con el emporio/imperio. Ya pensaba desde muy temprano una disyunción en la cura, en la transferencia entre saber y poder. La idea del corte de sesión era una manera de plantear esa disyunción, una de las maneras posibles.


¿Cómo respondemos los analistas a la segregación?


Esta segunda dimensión, que responde a esta pregunta, compete a la práctica misma y también lo centramos en las Jornadas sobre Psicosis infantil, allí menciona a Jean Oury, denunciando el avance de la ciencia, los imperialismos, la segregación de los pacientes graves, inspira a varios a pensar cómo un niño con patologías graves puede ser conducido por los padres a la devastación, lejos de legitimar toda referencia a la libertad, lejos de discutir como lo hemos hecho en este espacio la relación del deseo con el autismo.


Un padre insiste con que su vida esta arruinada por la presencia de un niño difícil de cinco años que lo perturba, lo peor de su fin de semana es verlo. “Quisiera matarlo”, se repite a lo largo de muchas entrevistas, la reiteración de los mismos enunciados abruma. Entonces le digo muy seriamente: “Tal vez Ud. tenga razón; entonces dígame cómo lo mataría?”, Me mira perplejo y yo insisto: “Dígame como pensó hacerlo”. A partir de allí las entrevistas continuaron el tema de la violencia de su padre, el abuelo del supuesto salvaje. Era una familia de origen húngaro, no lejana a las imágenes que pudimos apreciar en el excelente film 1945.


La violencia de la interpretación o de la intervención.


Comenzamos con esta pregunta: ¿Se puede acallar el decir de un sujeto en análisis? Pareciera que hubiera formas muy contundentes de degradar el acto analítico. El acto analítico aspira a producir un sujeto dividido en relación a la causa de su deseo.


Piera Aulagnier así tituló un libro. Es curioso, la violencia estaba ligada a la importancia del Otro en la constitución del sujeto. Creo que hacía buena yunta con su colega Laplanche cuando le otorga anterioridad al inconsciente como hervidero casi instintual una lava original en detrimento a la anterioridad del lenguaje (Coloquio de Bonneval). En la Lógica del Fantasma, Lacan afirma que el inconsciente es la política, es decir hace a la política del síntoma, “acotar el goce” en la cura, lugar común para ciertos grupos de analistas, hace a la política del psicoanálisis.


Pero hay otros, supuestamente inmersos en la enseñanza de Lacan, en la importancia del campo del Otro como constitutivo, así lo promulgan, pero que parecen solamente dedicados a lo que llaman “acotar el goce”. Me refiero específicamente a una analizante que escribe un libro titulado Un final feliz, Gabriela Liffschitz. Ella muere de cáncer de mama a los 41 años en el transcurso de ese análisis. Escribe sobre su análisis y destaca las charlas con otras analizantes en la sala de espera, donde en corrillo de mujeres discuten los secretos para poder analizarse con X. ¿Violencia en la obscenidad?


Dos ejemplos para terminar: de las sesiones ultracortas, las mujeres atendidas permanecen cinco minutos o menos, y salen llorando. Gabriela entra y dice “Ud. hace llorar a las mujeres”. El analista responde haciendo eco “...llorar a las mujeres”, y corta la sesión. Gabriela comenta que de grandes acontecimientos de su vida, el analista sólo supo generalidades, solo las grandes escenas. ¿Cómo se trabajo el objeto? ¿Qué lugar tuvo el objeto a? Otra sesión: “vengo con cuatro sueños impresionantes, no se cuál contarle primero”. El analista: “¿así que cuatro sueños?”. No había alcanzado a acostarse en el diván que ya la había despedido. ¿Puede haber análisis sin trabajo en sesión, puede haber análisis despreciando las formaciones del inconsciente, los sueños, los actos fallidos? ¿Puede haber análisis en sesiones sin sesión?


Si Lacan se permitió en el último tramo de su enseñanza trabajar con la sesion muy breve, aclaró que no lo imitaran, que no sean bufones de la singularidad de su práctica. Sin embargo tuvo gran cantidad de imitadores que lejos están de la genialidad de Lacan. Solo emulaban técnicas. El psicoanálisis es una práctica, no una técnica, donde se decide el camino a seguir en el caso por caso. No se aplica una técnica al conjunto de casos, no hay vademécum que nos indique la terpéutica a seguir. El saber “no sabido” por el analizante es un producto del discurso que se produce de sesión a sesión.


Las sesiones se alargaron notablemente y hasta transcurrieron los fines de semana cuando Gabriela tuvo cáncer de mama. ¿Hay alguna duda de que para algunos que creen en la buena usanza del capitalismo norteamericano, que en ese llamado psicoanálisis prima el time is money? No creo que Franklin, en las postrimerías del siglo XVIII, hubiera pensado en las consecuencias de este aforismo.


Anabel Salafia ha trabajado la importancia de la parrhesía en el discurso del ser hablante en relación con la filosofía, ese coraje del hablar franco, que es el tema que estudia Foucault de sus dos seminarios: La hermenéutica del sueto y El coraje de la verdad. Esa capacidad de proferir la verdad en el decir, que garantiza –así lo pensamos– el lazo entre los semejantes y que en mi opinión cabría vincularlo a la producción de un decir en la relación analista - analizante. La parrhesía se diferencia de la retórica, que es tener el poder, la habilidad de hablar para persuadir. Allí la cuestión del contenido y la verdad del discurso emitido no se plantean, es el efecto en el receptor lo que prima.


Si sólo tomáramos en lo antes expuesto, en la búsqueda por esa analizante que refiere la búsqueda de los secretos para analizarse con tal o con cual, es únicamente la retórica la que impera, sugestiva, sustentada en la seducción, no lejana al totalitarismo, ya que acallaría el decir, una forma que tomó la política de algunos que se dicen analistas para que alejen, rechacen, toda posibilidad de producir discurso analítico. Como ha trabajado Norberto Ferreyra en su libro recientemente publicado El decir y la voz, una forma de matar al sujeto del inconsciente es hacerlo callar, y también es una forma de matar violentamente, de exterminar al psicoanálisis. Y para terminar, entre totalitarismo y muerte del sujeto, no hay más que un paso.


Por Alicia Hartmann, psicoanalista. Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina.

 

Publicado enSociedad
Miércoles, 13 Febrero 2019 06:11

“Guerra civil soft” en EU

La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, en una reunión de la Comisión Federal de Seguridad Escolar.Foto Ap

Hace ya casi un año, Glenn Harlan Reynolds, de US Today, inquirió si EU se encamina a una guerra civil y contestó que las experiencias de Sarah Huckabee Sanders, jefa de Prensa de Trump, y Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional, “sugieren que una guerra civil soft ha empezado”.

Sarah Huckabee Sanders fue expulsada del restaurante Red Hen en Lexington (Virginia) debido a que el dueño y sus empleados desaprueban su política, mientras que Kirstjen Nielsen fue acosada en otro restaurante por una furiosa turba anti-Trump.
Otro grupo de dos docenas de contestatarios encabezados por CREDO Action se manifestó afuera del hogar de Kirstjen Nielsen en Virginia (https://fxn.ws/2TJBF2f).


Glenn Harlan Reynolds narra que el autor Tom Ricks preguntó también si “EU se dirigía a una guerra civil soft” (http://bit.ly/2TL0g6H), y cita al politólogo Thomas Schaller: ignoro si el país saldrá ileso.


Glenn Harlan Reynolds alega que el desprecio (sic) político es el problema de la fractura de la sociedad.


Tom Ricks aduce que todavía EU no se parece a Kansas de 1856, pero se dirige hacia allá, debido a la probabilidad de una segunda Guerra Civil en EU en los próximos 10 a 15 años (http://bit.ly/2TKxGlY), y define laxamente la Guerra Civil: una violencia política extensa con esfuerzos (sic) paralelos, aunque no necesariamente conectados, para rechazar la presente autoridad política en algunos ámbitos legales o espacios físicos. Así las cosas, EU estaría ya en una guerra civil que no se atreve a pronunciar su nombre.


El politólogo Thomas Schaller comentó a Francis Wilkinson, del portal Bloomberg (https://bloom.bg/2BwxeRj), cuyo dueño pertenece al Partido Demócrata, que Trump tiene un amplio y comprometido aparato de propaganda para ayudarle con una enorme influencia con los votantes conservadores, muchos de los cuales sienten ya que libran una guerra racial y religiosa con sus espaldas adosadas a un muro demográfico.


Francis Wilkinson fustiga que las pasadas presidencias de dos republicanos fueron producto del Colegio Electoral, un apéndice disfuncional de la política de EU que apabulla al voto popular, y exhorta a que los demócratas –que controlan Hollywood y Harvard– renuncien a Alabama y Mississippi, a Kansas y Nebraska.


Hoy, casi un año más tarde a las advertencias de “guerra civil soft”, la situación ha empeorado y con la mayoría en la Cámara de Representantes del Partido Demócrata y su notable número de mujeres –que se vistieron de blanco durante el discurso sobre el Estado de la Unión de Trump en el Congreso para recordar las demandas de las suffragettes en favor de la legalización del voto femenino hace un siglo–, ha fracturado aún más al país con una nueva dicotomía ideológica.


Trump exhibió sus dos ases para su etérea relección (http://bit.ly/2TJFBQx): su cruzada contra la inmigración y su diatriba contra el socialismo, que en EU solía ser un tabú, como sinónimo de comunismo, y que es inducido por el senador Bernie Sanders y la representante millennial Alexandria Ocasio-Cortez.


La millennial Alexandria Ocasio-Cortez (https://bit.ly/2BwIVHE) lanzó un programa del Nuevo Pacto Social Verde, con el fin de reducir las emisiones de gases invernadero y crear empleos, salpicado de trenes de alta velocidad y seguros médicos para todos.
Paul Krugman, Nobel de Economía, arguye que “algunos políticos progresistas de EU ahora se describen como socialistas, y un número significativo (sic) de votantes, incluyendo una mayoría (sic) de votantes menores de 30 años (nota: los millennials) dicen aprobar el socialismo (http://bit.ly/2TK7p7f)”.


Paul Krugman enfatiza que ni los políticos ni los votantes reclaman la captura de los medios de producción y que sólo buscan atemperar los excesos del mercado, lo cual es tildado de socialismo por la retórica conservadora, pero que el resto del mundo denomina socialdemocracia (https://nyti.ms/2TEWT17).


A mi juicio, más que la retórica incandescente e indecente contra la inmigración y el socialismo, el mayor riesgo que enfrentará Trump radicará en la recesión que se cierne para 2020 y que agudizaría las fuerzas centrífugas y, quizá irreconciliables, en EU.


AlfredoJalife.com
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife
Vk: id254048037

 

Publicado enInternacional
Lunes, 11 Febrero 2019 06:57

La frontera, una puerta que hoy no cede

La frontera, una puerta que hoy no cede

Al llegar a la frontera no se ve un territorio militarizado del lado venezolano ni una zona de acopio masivo de ayuda humanitaria del lado colombiano. Es un lugar de comercio binacional marcado por la relación bolívar-peso.

Desde Táchira. Las cámaras apuntan a la frontera entre Venezuela y Colombia. El set montado la presenta como una puerta que estaría por ceder. Todo parece listo, faltaría que llegue el día indicado que, a seguir declaraciones de presidentes, títulos de noticieros, estaría por ocurrir. La narrativa de la inminencia es central desde que Juan Guaidó se autoproclamó presidente: inminente caída de Nicolás Maduro, inminente gobierno de transición y resolución de todos los problemas de Venezuela. 

Las imágenes al llegar a la frontera son otras. En particular en el punto que se ha construido como zona crítica: los municipios Simón Bolívar y Ureña, en el estado Táchira, frente a la ciudad de Cúcuta, Colombia. Allí debería verse un territorio conmocionado, militarizado del lado venezolano y transformado en un acopio masivo de ayuda humanitaria del lado colombiano. La realidad es diferente, una superposición de normalidad de una de las fronteras más complejas del continente, y el clima de un escenario en construcción.


Comprender las dinámicas de frontera demanda cruzar algunas variables. En primer lugar, la conformación histórica de ese territorio como zona de comercio binacional, marcado en las direcciones de compra-venta según la relación entre el bolívar venezolano y el peso colombiano. En segundo lugar, la puesta en marcha desde el año 2013 –con señales anteriores– del contrabando de extracción como parte de un plan de desangre de la economía venezolana. En tercer lugar, la presencia de actores claves al mando de las operaciones del contrabando, como grupos paramilitares. En cuarto lugar, los tres puntos anteriores dentro del cuadro económico actual. Las variables se cruzan y retroalimentan.


Dentro de esa geografía las cámaras se enfocan sobre dos cruces, el puente Las Tienditas, y el puente Simón Bolívar. El primero fue tapa de periódicos por los conteiners puestos del lado venezolano, presentados como un cierre del paso. Ese puente nunca estuvo abierto. Su construcción fue por iniciativa venezolana, saboteado en su concreción por las políticas colombianas que apuestan a magnificar el contrabando ilegal de gasolina en vez de ordenar un sistema de precios acordados entre ambos países en las gasolineras fronterizas.


La cuestión de la gasolina es clave para comprender la frontera: un litro del lado colombiano cuesta cerca de 60 centavos de dólares, mientras que del lado venezolano el tanque completo no cuesta un dólar. Esa gasolina contrabandeada permite abastecer las zonas fronterizas colombianas empobrecidas, a la empresa colombiana Ecopetrol destinar el combustible a otros sitios, a los paramilitares amasar millones, y a quienes manejan el control de la cocaína –paramilitares y carteles– contar con gasolina económica para su procesamiento. El gobierno colombiano ha autorizado por ley el contrabando de gasolina.


El segundo puente enfocado es el Simón Bolívar. Abierto de 6 a 21 al paso de peatones, y de 21 a 12 al paso de gandolas (camiones). Por allí pasan cerca de 30 mil personas diarias, de las cuales cerca de 2 mil sellan pasaporte, es decir que las demás van y vienen en el mismo día. Tiene una ventaja cinematográfica: es angosto, por lo cual puede generarse una gran cola de gente con solo frenar el paso unos minutos. Es lo que hacen las autoridades colombianas cuando la campaña mediática requiere fotografías que muestren masividad. De lo contrario el tránsito de personas es grande y fluido.


El ida y venida es comercial y familiar. Del lado colombiano se consiguen determinados productos a precios más económicos que en Venezuela, por lo que mucha gente cruza a comprarlos, para consumo personal o para revenderlos más caro del lado venezolano. Otros productos, regulados o subsidiados, son más baratos del lado venezolano, por lo que la dirección es la opuesta. Se trata de una economía de miles de personas de la frontera, de otros estados del país –como gente venida de Barinas o Barquisimeto– ampliada por las dificultades económicas que se deben a la combinación del bloqueo financiero, el ataque sobre la moneda, la dificultad para detener la hiperinflación, entre otros puntos.


Sobre esa cotidianeidad está en construcción la narrativa humanitaria, la ayuda, la posible intervención. Han hecho de la frontera el set donde se encuentran las grandes agencias de comunicación, voceros de diferentes gobiernos, organizaciones internacionales. El objetivo es mostrarla como el punto crítico por donde cederá la puerta.


Todos saben, por ejemplo, que el puente Las Tienditas nunca estuvo abierto, aunque afirmen que el gobierno venezolano lo bloqueó ante esta situación. En el recorrido que brindó Freddy Bernal, nombrado protector del estado Táchira por Maduro –la gobernadora pertenece a Acción Democrática, de oposición– estuvieron presentes medios colombianos y agencias internacionales. No importa que sepan la verdad del puente, afirman lo contrario, la campaña en marcha para aislar a Venezuela requiere la construcción de una matriz, donde están articulada agencias, funcionarios de gobiernos, organismos, presidentes, ingenierías de redes sociales, entre otros.


En ese contexto la ayuda humanitaria se ha construido como el ariete para derribar la puerta. Con varias particularidades: en primer lugar, que lo que hasta ahora ha llegado es insignificante, dos gandolas, cuando se reparten 40 en una sola jornada de distribución de comida en Táchira a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción. En segundo lugar, que no importa el impacto real que podría tener, sino la construcción del escenario, que será el de mostrar de un lado la ayuda, del otro a población venezolana pidiéndola –para lo cual la derecha movilizará sus fuerzas– y en el medio el gobierno cerrando el paso. Esa es la imagen que, al parecer, buscarán construir.


Dentro de ese cuadro puede generarse hipótesis. Una de ellas es que ese sea el territorio donde la estrategia del asalto pueda construir el elemento detonante, la operación montada para justificar nuevos ataques de mayor potencia. Necesitan elevar el impacto en la opinión pública, conseguir acuerdo en el Senado norteamericano para dejar por escrito que la intervención militar puede ser contemplada, crear conmoción interna.


El escenario parece estar en una excesiva normalidad para los objetivos que se han propuesto alcanzar. Eso se debe a que algunas maniobras no les resultaron, como por ejemplo la detención de García Palomo, quien iba a encabezar una serie de acciones militares en Caracas. Esta semana podría ser la elegida para activar el escenario frontera, sería el punto donde se unirían el frente internacional con el nacional para buscar un quiebre. Por el momento la superficie continúa calma.

Publicado enInternacional
Lunes, 11 Febrero 2019 06:43

Distancia del poder

Distancia del poder

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, y Yanis Varoufakis, ex ministro de hacienda griego y forjador de la iniciativa política de izquierda DIEM25 (Democracy in Europe Movement 2025), sostuvieron un breve intercambio por medio digital.

El primero afirmó: “He estado preguntándome cómo será el lugar especial en el infierno para aquellos que promovieron el Brexit sin siquiera tener el bosquejo de un plan para conseguirlo de forma segura”. El segundo replicó: "Probablemente sea muy similar al lugar reservado para quienes diseñaron una unión monetaria sin una unión bancaria apropiada y, una vez que la crisis estalló, transfirieron cínicamente las gigantescas pérdidas de los bancos a los hombros de los más débiles que pagan impuestos".

Este intercambio es indicativo de las grandes tensiones que se han creando y profundizado en la Unión Europa y en el mecanismo monetario del euro como moneda común.

Es sólo uno de los diversos elementos de dichas tensiones que han cobrado un creciente impulso nacionalista, populista y xenófobo en los países de la región. La situación económica se ha sostenido sin superar la crisis financiera de 2008, con una fragilidad institucional y mayor desigualdad económica en muchas de esas naciones. El proyecto de una Europa integrada política y económicamente está en una de sus etapas más bajas.

El Brexit está en el centro del conflicto como expresión de las contradicciones existentes. Los políticos británicos han mostrado durante mucho tiempo su incapacidad para formular un proyecto nacional y se han empantanado en un plan que no cuaja.

Una de las preguntas que surgen al respecto tiene que ver con las fuertes discrepancias que hay entre la ciudadanía y los políticos; esto, en términos de las voluntades que se expresan cuando se vota y los mandatos que se reciben y cómo se ejecutan en el tiempo.

Vale la pena considerar si los políticos pro Brexit siguen representando la voluntad de los votantes en el referendo de 2016 una vez que se conocen más las consecuencias adversas del proceso. Habrá que discutir cómo se estipulan las responsabilidades de los legisladores y de los responsables del gobierno. Gran Bretaña tiene un sistema parlamentario, y es ahí donde se ha sostenido la primera ministra mediante una serie de componendas partidarias.

Un proceso similar en cuanto a la representatividad y capacidad de gobernar se aprecia ahora en España. Con una derecha relanzada, un secesionismo catalán duro y manifestaciones de rompimiento en materia presupuestal ponen al borde de la caída al gobierno en funciones.

En Venezuela, el conflicto político y social escala día tras día. Las estructuras legales son endebles y la injerencia externa se amplía incluso con la avenencia de la oposición al gobierno. El sistema está roto.

¿Y los ciudadanos qué quieren? ¿Cómo expresan sus deseos y sus exigencias disímiles? ¿Cómo responden los regímenes democráticos a estas contradicciones? ¿Cuáles son las formas del autoritarismo o de apertura que prevalecen? ¿Qué sabemos y cómo lo sabemos? Me refiero a la democracia tal como existe en el siglo XXI. En esta región, los casos de Venezuela, Brasil o México muestran algunos de los puntos divergentes.

Un recorrido por el territorio político en América Latina muestra claramente la diversidad que adoptan los conflictos. La distancia entre los gobiernos y los ciudadanos crece, los grandes consensos se debilitan, las referencias comunes en la sociedad se desdibujan o son de corta duración.

Ningún gobierno debería abrogarse la representación unívoca de la voluntad o incluso de las preferencias de los ciudadanos. El acto de votar es un momento político que, para convertirse en compromiso entre quien elige y quienes gobiernan y legislan, exige referencias comunes que son, me temo, las que se han ido perdiendo.

Las sociedades no son homogéneas y no puede forzarse esa cualidad desde el Estado o el gobierno. Son las instituciones sociales y políticas, con sus inescapables imperfecciones, las que pueden provocar algún sentimiento de compromiso, incluso de lealtad, algunas referencias compartidas que hagan posible la convivencia social en el ámbito definido.

Publicado enPolítica
Lunes, 11 Febrero 2019 06:30

¡Ahí vienen los socialistas!

La demócrata Alexandria Ocasio-Cortez forma parte del nuevo grupo de congresistas estadunidenses que se identifican como "socialistas democráticos".Foto Ap

Suenen las alarmas, ahí vienen los socialistas, declaró el jefe del régimen estadunidense en su informe presidencial. No se sabía que Estados Unidos estaba amenazado por el socialismo, supuestamente eso se había terminado con el desmantelamiento de un muro.

Fue el estreno de uno de los mensajes de la campaña de relección y acompañará a la otra amenaza representada por los inmigrantes "peligrosos". Seguramente se decidió con harta nostalgia recurrir de nuevo a la amenaza del "socialismo"; siempre ha funcionado antes.

Pero a diferencia de las últimas décadas, lo más curioso es que ahora tal vez tengan cierta razón.

En su informe a la nación esta semana, Trump, después de autoelogiar su deseo de cambiar el régimen de Venezuela, inmediatamente agregó que “estamos alarmados por nuevos llamados para adoptar el socialismo en nuestro país… Nacimos libres y permaneceremos libres. Esta noche renovamos nuestra determinación de que América nunca será un país socialista”.

No era accidental que Venezuela fuera parte del mensaje, ya que el mandatario y sus aliados han intentado atacar a algunos demócratas como promotores de un socialismo estilo venezolano.

A finales del año pasado, el Consejo de Asesores Económicos del la Casa Blanca emitió un informe sobre la amenaza, cuyo primer párrafo afirma que "Coincidiendo con el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, el socialismo está resurgiendo en el discurso político estadunidense", y señala que propuestas políticas de "autodeclarados socialistas están generando apoyo en el Congreso y entre gran parte del electorado".

Claro, es un término muy ambiguo, y aparentemente para algunos, están hablando de políticos como el senador Bernie Sanders y un grupo de nuevos diputados/as –entre las más conocidas Alexandria Ocasio-Cortez– que se identifican como "socialistas democráticos", quienes lejos de ser radicales –no proponen sustituir el sistema capitalista– serían considerados como "moderados" en tiempos de Franklin D. Roosevelt. Pero sus propuestas para promover y ampliar los programas de apoyo social, educación, salud y gravar más a los más ricos son calificadas por sus enemigos de "socialismo".

Es un término con raíces en movimientos masivos a lo largo de casi siglo y medio en este país, y fue empleado para reprimirlos en las campañas contra "los rojos", quienes frecuentemente eran inmigrantes. A la vez, vale recordar que el maestro político de Trump, el abogado Roy Cohn, fue el brazo derecho del senador Joe McCarthy en su campaña anticomunista de los años 50. Esa palabra, desde entonces, se convirtió en definición del "enemigo" a lo largo de la guerra fría.

Pero la nueva alarma sobre el socialismo promovida por Trump y sus aliados, no es necesariamente imaginada. Como hemos reportado repetidamente en La Jornada, al mismo tiempo que estaba surgiendo el fenómeno neofascista de Trump, también había otro fenómeno: una creciente percepción positiva del "socialismo". De hecho, Gallup reportó el año pasado que por primera vez las bases demócratas expresaban una percepción más positiva del socialismo (57 por ciento) que del capitalismo (47 por ciento). No sólo eso, sino que entre todos los jóvenes (18 a 29 años), la mayoría tienen una percepción positiva del socialismo.

Casi todos que expresan este apoyo están hablando de reformas y límites al capitalismo, no su sustitución; o sea, una visión socialdemócrata. El propio Sanders emplea como modelo para sus propuestas los países escandinavos.

Sin embargo, seguramente es alarmante que todas las encuestas recientes muestran que "el socialista" Sanders le ganaría a Trump en la elección presidencial de 2020 (y por más de 10 puntos). Mas aún, mayorías de estadunidenses apoyan las propuestas políticas presentadas por los "socialistas democráticos", en torno a seguros de salud, mayores impuestos sobre los ricos, más recursos para escuelas públicas y una economía más justa.

¿Y si de repente Estados Unidos es gobernado por un régimen socialista, habrá algún país o tal vez la OEA que envíe fondos a la "oposición" y amenace con intervenir para "rescatar" a este pueblo de su expresión democrática?

Publicado enInternacional
Jueves, 07 Febrero 2019 06:08

América Latina, más allá de Venezuela

América Latina, más allá de Venezuela

Todos los partidos y medios parecen muy preocupados por las libertades y los derechos de la población venezolana, sin embargo poco se dice de esa otra América Latina, que está sufriendo el avance de los Gobiernos autoritarios con discursos genocidas y de las multinacionales que violan los derechos humanos de poblaciones enteras.

 

“Es una vergüenza que la caballería brasileña no fuera tan eficaz como los estadounidenses, que exterminaron a sus indios”. Desde luego la sentencia rezuma por todas partes militarismo, racismo y xenofobia. Pues bien, no es autoría de algún anónimo, sino frase literal del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Y parece que este hombre está determinado a ser esa caballería que tanto admira, porque uno de sus primeros decretos, al asumir la presidencia el 1 de enero, amenaza directamente los territorios indígenas al poner estos bajo la dirección del Ministerio de Agricultura, dirigido ahora por la líder de los terratenientes brasileños. A lo que se debe añadir, va en el mismo lote, la amenaza bastante real de acabar con la Amazonia en beneficio de garimpeiros, madereros, ganaderos o petroleras varias.

En Colombia, solo en 2018, fueron asesinados 35 líderes indígenas en un proceso en el que la construcción casi imposible de la paz se salpica diariamente con nuevas muertes, llegando a superar ampliamente las dos centenas en ese mismo año y la decena ya en las primeras semanas que han transcurrido del 2019. Aquellos liderazgos sociales que defienden que esa paz, para ser verdadera, debe cargarse de justicia y dignidad para las grandes mayorías del país, hoy siguen regando con su sangre campos y cunetas.


En Guatemala y Honduras se criminaliza y asesina, por tratar de ejercer los derechos humanos frente a oligarquías y transnacionales, y ello de forma especial en los territorios mayas, xincas o lencas, tal y como le ocurrió a la dirigente Berta Cáceres y a tantas otras mujeres y hombres. Toda la estructura de estos Estados se ha puesto al servicio de unas pocas familias, élites corruptas que manejan la totalidad del poder político y, por supuesto, el económico. Oligarquías que entregan estos países a la explotación desenfrenada de sus recursos naturales (agronegocios, mineras, hidroeléctricas…), en detrimento de quienes por siglos ahí vivieron.


En este mismo año 2019, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha recomendado a Chile que cese en su discriminación a los indígenas. En especial, para el caso mapuche, discriminación siempre acompañada de represión y muertes de aquellos que reclaman el derecho a definir su presente y su futuro, así como a seguir defendiendo sus territorios. Estos espacios son, entre otros, continuamente invadidos por hidroeléctricas y forestales que los explotan y agotan en la búsqueda permanente del máximo de beneficio al menor costo posible despojando a este pueblo de sus derechos sobre los mismos.


Y así podríamos seguir alargando este listado de ataques e injusticias contra los pueblos indígenas en la mayoría de los países del continente. Mismo caso si hablamos del campesinado, de las mujeres, de los barrios pobres de las ciudades latinoamericanas. Es esta una constante hoy, cuando el neoliberalismo en sus versiones más duras vuelve, abiertamente aliado a posiciones de extrema derecha, para dominar en la mayoría de gobiernos de la región. Lo que supone que se reabren tierras y territorios a la explotación ciega de transnacionales madereras, mineras o hidroeléctricas, entre otras, o que se retorna a la privatización de servicios y sectores estratégicos y a la restricción de derechos.


Pero un repaso a los medios de comunicación en estas semanas nos llevará, si reparamos en ello, a constatar la invisibilidad de estas situaciones que, sin embargo, se repiten en una sucesión sin fin. No son Venezuela y los aparentes ideales de justicia, democracia y derechos humanos que tanto preocupan a algunos para este país, desaparecen en estos otros casos. Pueden olvidarse, no interesan.


En prácticamente la misma línea podemos recuperar una reciente declaración Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en la que llamaba al orden a cierta prensa por sus consideraciones y crónicas sobre la gran banca. Decía que “a los periodistas les gusta contar lo negativo”. Claro que esto se podría considerar simplemente la opinión de una persona, pero todo cambia cuando pensamos que esa persona es una de las más poderosas y ricas del Estado español y que su banco, entre otras cuestiones, posiblemente retiene gran parte de las deudas de la mayoría de los medios de comunicación, además del negocio que para éstos supone recibir (o no) la publicidad de un banco de estas características. Aviso a navegantes, que dice el refranero popular y toque de atención para que los medios sepan lo que interesa a las élites que se publique y lo que no es conveniente.


Podríamos entonces, más allá de hablar de las relaciones entre la banca y los medios de comunicación, buscar un sentido más profundo a la frase de Ana Botín y decir abiertamente que a las transnacionales no les gusta que se hable de lo negativo que hacen. Dominan y controlan medios y gobiernos para que todo sea el buen hacer de estas empresas en pro del desarrollo de los países, sin decir que, en realidad, hablan del desarrollo y crecimiento de sus negocios a costa de los países y pueblos.


Se entiende así que presidentes de gobierno, como por ejemplo Pedro Sánchez viaje a México y declare a su inmediata llegada que las empresas españolas “sólo crean prosperidad y empleo”. Mientras tanto oculta, por ejemplo, que en ese mismo país, principalmente en territorios indígenas del estado de Oaxaca, en el llamado Corredor Eólico del Istmo de Tehuantepec varias empresas españolas como Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Acciona y Renovalia, están generando desde hace años toda una serie de impactos socioecológicos y vulneración de derechos humanos, sistemáticamente denunciados por la población, que sigue sin ver llegar el desarrollo que constantemente se les promete.


Y en todo este contexto, se comprenden mejor exabruptos como uno de los últimos del Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno español, José Borrell, cuando dijo, en forma y fondo claramente racista y de desprecio absoluto hacia “el otro”, que los Estados Unidos tenían poca historia y que, básicamente, lo que habían hecho fue “matar a cuatro indios”.


Podemos dejarlo pasar, podemos entenderlo como el comentario insultante o un simple desliz de un señor. Pero así le quitaríamos importancia al hecho dramático que fue ese auténtico genocidio contra la población indígena de lo que hoy es el territorio estadounidense, y que ahora se califica como una cuestión menor por un ministro de Asuntos Exteriores. O, por el contrario, nos podemos preguntar si no es también una forma de justificar o minimizar tropelías, criminalizaciones y asesinatos que hoy, un siglo y medio después, se siguen cometiendo en ese mismo continente a fin de defender intereses económicos de oligarquías locales y transnacionales.


Recuperamos así la primera frase que abre este escrito del presidente brasileño, planteada en el mismo sentido de esta última, y podemos comprender entonces la comunión entre ambas de visiones, estereotipos y desprecio hacia los derechos humanos individuales y colectivos. Pronunciadas por aquellos que tienen, oficialmente, muy altas responsabilidades y que deberían tener como principal preocupación la mejora de las condiciones de vida de todas las personas y no solo de las minorías enriquecidas.


Cuesta así, cada día más, creer a estas élites políticas cuando nos hablan de la libertad, la democracia y los derechos humanos en determinados países mientras que, con sus relaciones estrechas con las élites económicas, siguen tejiendo y alimentando injusticias continuas contra países y pueblos enteros. Ocultan y se aprovechan ambas de esa otra América Latina sin atender a sus preocupaciones y dando a entender que ésta parte del continente no tiene derecho a la libertad, como si dicho derecho quedara reservado y cada día más restringido solo para aquellos y aquellas que están en la cúspide del sistema dominante.

Por JESÚS GONZÁLEZ PAZOS
MIEMBRO DE MUGARIK GABE

PUBLICADO
2019-02-06 13:19:00

Publicado enInternacional
Página 1 de 228