Jueves, 02 Abril 2020 06:51

Qué mundo queremos

Qué mundo queremos

Antes de la llegada del inesperado virus, filósofos y sociólogos nos avisaban de que nos encontrábamos ante los estertores de la segunda modernidad. De repente lo normal se ha vuelto extraño, nos empezamos a plantear qué es lo verdaderamente útil, funcional, importante.

En los últimos meses venía siguiendo con curiosidad artículos que hablaban de algunos movimientos dentro del propio sistema capitalista que ponían en cuestión desde dentro, al menos tímidamente, el paradigma teórico neoliberal hegemónico en las tres últimas décadas.

Este paradigma, recordemos, considera que la lógica del mercado debe regular todos los aspectos de la vida y que la intervención estatal ─con el objetivo de ajustar la oferta y la demanda o corregir las graves desigualdades sociales derivadas de la lógica del beneficio privado─ es nociva para el correcto funcionamiento del mismo y es, en último término, la causa de los problemas. El Estado debe únicamente garantizar el marco legal y de seguridad ─o represión─ que permita el libre funcionamiento de las reglas del mercado capitalista.

En las facultades de economía se enseñan preceptos propios de la economía clásica liberal como si se tratase de la única “ciencia económica” posible, después de haberse abandonado el modelo Keynesiano y proclamarse el “fin de la historia”, por parte de autores como Fukuyama y señalarse la imposibilidad del socialismo como haría Hayek, tras la caída del bloque soviético.

Recordemos también que el modelo keynesiano fue aquel que tras el crack del 29 y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial consiguió generar un período de prosperidad social a través de la intervención de los estados del bienestar en el mercado, prestando servicios y generando demanda, contribuyendo al surgimiento de una gran clase media sobre la base de una economía del consumo de masas. En la década de los setenta ─con las políticas económicas avaladas por Friedman y lideradas por Reagan y Thatcher─ y de manera más acuciante en los noventa comenzó una nueva era de capitalismo neoliberal en la que se vació al Estado de su papel regulador, destruyendo y mercantilizando además los pocos sectores que se mantenían fuera de las lógicas del beneficio, como los servicios sanitarios o de salud, el sector energético o las telecomunicaciones. 

Las tremendas desigualdades sociales provocadas en esta última oleada de capitalismo neoliberal han generado más bien una numerosa legión de precarios sin identidad colectiva que no son capaces de reconocerse los unos en los otros. Pero la frustración y el descontento social generalizado y las cada vez más visibles e incontenibles consecuencias del deterioro ecológico y climático han permitido el levantamiento de algunas voces críticas dentro del propio sistema que, para salvarlo, hablan de la necesidad de “reiniciar” y de “reinventar” el capitalismo. 

Aparecía un artículo en esta línea en septiembre de 2019 nada menos que en el Financial Times, titulado “Capitalism. Time for reset”, donde se expresaba que era la hora de que las empresas se movieran por algo más que por la lógica del simple beneficio para sus accionistas, preocupándose por los trabajadores, el medioambiente, los clientes y la comunidad en general. Se manifestó en la misma línea la plataforma de empresas Bussiness Roundtable, poco antes.

Recientemente se hacían declaraciones similares desde el Foro de Davos de 2020. Por otra parte, cada vez son más los teóricos y las propuestas que hablan de la necesidad de un Green New Deal, donde pueden enmarcarse desde el más descarado marketing de lavado verde hasta otros intentos más bienintencionados por generar una suerte de Keynesianismo verde reformista. Tímidos pero, al fin y al cabo, movimientos dentro del propio capitalismo, que insinúan que los que quieren seguir manteniendo el barco a flote se plantean la necesidad de modificar ciertos mecanismos y que, por tanto, dan cuenta de que la máquina no marcha bien.

Me parece interesante recordar que el capitalismo no es ni la más antigua ni la más duradera forma de organizar la economía y la sociedad desde que existe la especie humana, que es posible que sume ya unos 200.000 años, 10.000 desde el surgimiento de las civilizaciones más antiguas. Al contrario, aunque sienta sus bases en el período colonialista de los siglos anteriores, quizá no lleguemos a contarle ni 300 años. Entre los logros del capitalismo y la industrialización se encuentran haber conseguido alterar la temperatura del planeta en sólo un siglo y medio. En los últimos 40 ha sido capaz de llenar el mar de plástico, generando una capacidad de destrucción sin precedentes.

Tomando como referencia el análisis de Polanyi, si bien el sistema capitalista se va fraguando durante dos siglos, es a finales del siglo XVIII cuando se produce la “gran transformación” que supone la reducción de la condición humana a la de un individuo egoísta, la definición del bien común como algo que solo puede resultar de la suma de egoísmos particulares, la ascensión del mercado libre como la forma dominante de organización social y la conversión o consideración como pura mercancía de la tierra (naturaleza), el trabajo (las personas) y el dinero.

Tanto Polanyi o Marx, como Federici nos advierten de que este proceso histórico fue de todo menos amable o libre de oposiciones y contramovimientos. Muy lejos de esto, “el capitalismo viene al mundo chorreando sangre” que diría el propio Marx. Por su parte Silvia Federici nos recuerda que por el camino fue también necesario “domesticar” a las mujeres, para que engendraran y proveyeran de los cuidados necesarios a la mano de obra, sana, limpia y alimentada requerida por los centros de producción capitalista.

Marx analizó magistralmente algunos de los principales problemas del capitalismo en plena consolidación del mismo. Si bien su diagnóstico prospectivo sobre el futuro cambio revolucionario y la llegada de un ulterior sistema comunista sin clases no parece haberse cumplido tal como él lo promovió e imaginó, Marx realizó una radiografía minuciosa de las lógicas del funcionamiento del sistema así como de sus fallos.

Por una parte, Marx pone de manifiesto que el capitalismo subvierte la lógica precedente “mercancía-dinero-mercancía”, donde el dinero es un medio para intercambiar cosas, por la de “dinero-mercancía-dinero”, donde la mercancía es un medio para conseguir más dinero, que a su vez permite conseguir más medios y mercancías que pueden ser vendidas para seguir ganando más dinero. Se impone así la lógica de la acumulación, del crecimiento por el crecimiento, frente a la verdadera satisfacción de necesidades.

Otra de las deformaciones del capitalismo que Marx destapó fue el “fetichismo de la mercancía”, proceso por el cual las cosas se convierten en un fetiche; se esconde el proceso de explotación laboral que hay detrás de la fabricación de las mercancías a las que rendimos culto y olvidamos que es el trabajo el que otorga el valor a las cosas producidas. El objeto se separa de aquel que lo fabrica, como si cobrara vida por sí mismo. Pero además, una de las distorsiones más importantes señaladas por Marx que el capitalismo provoca en la naturaleza humana es el de la “alienación”, consecuencia de la separación de los trabajadores de los medios de producción. Los trabajadores en el capitalismo están alienados del proceso de trabajo (no trabajan para sí mismos, para sus propias necesidades), del producto final (que no les pertenece), de sus compañeros de trabajo (con los que no cooperan) y de sí mismos (de su propio potencial humano).

Asimismo Marx identificó algunos de sus problemas intrínsecos fundamentales, sus propios cánceres. Los economistas clásicos, en su compilación de las bondades de “la mano invisible del mercado” olvidaron señalar la tendencia a la acumulación de poder propia del mismo, la tremenda desigualdad en la distribución de la riqueza que producía “el más justo de los sistemas”, su propensión cíclica a las crisis y su tendencia al monopolio y la concentración, todos estos mecanismos que vemos repetirse una y otra vez en los nichos de mercado que surgen de la falsa economía colaborativa.

Antes de la llegada del inesperado virus, filósofos y sociólogos nos avisaban de que nos encontrábamos ante los estertores de la segunda modernidad. Vividas ya la modernidad líquida y la sociedad postindustrial nos situamos en la última fase del capitalismo, el capitalismo del desastre, ese que se lucra sacando tajada de “resolver” las catástrofes y calamidades asociadas al cambio climático que él mismo provoca. Capitalismo y barbarie, que diría Rosa Luxemburgo, pero sin parar de generar beneficios para unos pocos hasta el último día de la apocalipsis final.

Existen, por supuesto, otras corrientes teóricas y económicas ─la economía ecológica, la economía del bien común, economía feminista, decrecimiento… ─ con una presencia irrisoria en las facultades de Economía y ADE, que plantean críticas más completas a la vez que alternativas constructivas a semejante panorama, desde una óptica más transformadora. Desde la economía ecológica autores como Naredo ponen sobre la mesa todas aquellas cuestiones que las empresas no contabilizan en su balance de costes y beneficios, sino que se consideran “externalidades”.

Son así consideradas la contaminación, la gestión de residuos, la huella de carbono, el deterioro de los ecosistemas marinos y terrestres, entre otros. Mientras se privatizan las ganancias, lo público y la sociedad en general ha de padecer y hacerse cargo de estas supuestas externalidades que no asumen como coste ni responsabilidad propia las empresas que las generan.

Desde la economía feminista Amaia Pérez Orozco nos recuerda además que existen muchos otros servicios y costes sociales que, sin remuneración alguna, caen sobre las espaldas de las mujeres, indispensables para sostener a la mal llamada esfera productiva. Estos “servicios” son básicamente todos aquellos trabajos verdaderamente imprescindibles para el sostenimiento de vida, los que tienen que ver con el cuidado de la misma, de la infancia o las personas mayores, sanas, enfermas, dependientes…. Desde la Economía del Bien Común se recalca la necesidad de poner un límite razonable a la diferencia de ingresos y de patrimonio de todos los miembros de la sociedad, reflexión absolutamente necesaria en este capitalismo donde el 1% de la población acapara el 82% de la riqueza.

Se nos recuerda también que mientras que en el resto de esferas de la vida (familia, amigos, vecindario…) los valores que sirven y guían nuestro comportamiento son pro─sociales (cooperación, empatía, altruismo, generosidad, solidaridad, amor…), consideramos normal que la economía y las empresas puedan comportarse, por el contrario, como perfectos psicópatas (practicando el egoísmo, el lucro individual, la insensibilidad, la competencia, la avaricia). Se nos ha hecho creer, en definitiva, que es a través de los “contravalores” que puede conseguirse la prosperidad de todas y todos. Lo contraintuitivo se convierte así en la lógica dominante. Desde la corriente del Decrecimiento se nos enseñan vías para la desaceleración paulatina y controlada de la producción económica, se nos muestran caminos para abandonar el dogma religioso del crecimiento como un fin en sí mismo, relocalizando, desindustrializando, autoproduciendo.

Pero de repente, el más simple y menos sofisticado de los organismos, un virus, destruye la normalidad, poniendo en evidencia la fragilidad del castillo de naipes de un capitalismo financiero fuertemente basado en las expectativas psicológicas de los accionistas. De repente lo normal se ha vuelto extraño, nos empezamos a plantear qué es lo verdaderamente útil, funcional, importante.

Una periodista y antropóloga llamada Gillian Tett escribió con gran acierto que “para entender cómo funciona una comunidad no hay que fijarse solamente en las zonas que podríamos llamar de ruido social, sobre las cuales todo el mundo desea hablar […], hay que fijarse también en los silencios sociales”. Y son esos silencios sociales los que ahora recuperan su sonido. De repente cae la luz sobre las zonas de sombra, como sobre esas externalidades que veíamos que no contabilizan las empresas o sobre todos esos servicios públicos que han sido desinflados y mercantilizados por el camino y que ahora nos resultan indispensables.

De repente se cae el velo y se vuelve lógico lo formulado por algunos pensadores anarquistas que nos hacían reflexionar sobre si todas las profesiones, labores y ocupaciones tienen un sentido real. ¿Necesitamos a un accionista o a un corredor de bolsa para vivir? ¿A un publicista, a un gerente, a un vendedor de seguros? ¿Es quizá la agricultora, el reponedor, el enfermero, la barrendera, la limpiadora, la maestra, el bombero, la repartidora, el cuidador, el músico, el cuentacuentos, la poeta, la profesora de baile, los que realizan las cosas realmente necesarias? ¿Tiene sentido que sean entonces los más precarios de la sociedad?

Se destapan mecanismos ocultos y nos hacemos preguntas: ¿de dónde vienen los alimentos que consumimos? ¿Es normal desplazarnos miles de kilómetros para descansar, como pretende la industria turística? ¿Si alteramos o deterioramos los ecosistemas, puede tener consecuencias sobre nuestras vidas? ¿Son inmutables las medidas de austeridad o son el dinero y los incentivos económicos, al fin y al cabo, decisiones creadas y tomadas por humanos? Mi vida cotidiana ¿tenía sentido? Nuestro modo de vivir y nuestras viviendas ¿valen la pena? ¿Vale la pena lo que somos y a lo que nos dedicamos? ¿Valen la pena el empleo y los cuidados, tal como están planteados?

Como nos ejemplifica China, el capitalismo no es necesariamente un sistema que va de la mano de la democracia, ni mucho menos son sinónimos o hermanas siamesas. De hecho como venimos comprobando, se lleva igual de bien o mejor con los regímenes de corte autoritario. ¿Será la crisis del coronavirus un golpe de muerte al capitalismo como augura Zizek o una nueva era donde China, inicialmente la nación más afectada por el virus, imponga su preeminencia económica y política, apoyada principalmente en el control tecnológico de la población, como vaticina Byung-hul Han? 

Mi naturaleza pesimista me lleva a inclinarme hacia un escenario donde, dadas las diferencias de medios y recursos, la ultraderecha buscará la manera en que terminemos concluyendo que necesitamos más mano dura, más control, más grandes empresarios superhéroes y también más mercado. Sacrificar la propia vida para que no pare la economía y nunca poner la economía al servicio de la vida. Pero la historia de la humanidad es el pulso constante entre movimientos que se confrontan y la cuestión es qué vamos a hacer nosotras y nosotros, desde los movimientos sociales transformadores.

La cuestión es si vamos a ser capaces de utilizar la luz que pasa por la grieta para romper el cuadro y el marco y pintar uno nuevo. Lo que toca plantearnos ahora es qué marcos de interpretación de la situación ponemos a disposición de la opinión pública, qué sentido le damos a esta nueva realidad y qué utopía hacia la que caminar vamos a dibujar y a poner sobre la mesa, desde la izquierda antiautoritaria, en este contexto de ruptura con la normalidad anterior.

Nos toca rescatar del sentido común de la gente aquellos elementos que les indican que es necesario procurarnos una organización social que nos proteja y dé cobijo a todas y todos como seres eco e inter-dependientes y como cuerpos vulnerables, que apunta el ecofeminismo. Pero nos toca hacerlo con altura de miras, con utopías de referencia que sirvan para todas las personas: urbanas, rurales, mujeres, hombres, niñas, adultas, ancianas… Nos toca demostrar que el capitalismo no es el único ni el mejor de los sistemas posibles pero, sobre todo, que tiene alternativa como forma de organización económica y social.

Considero que una de las primeras lógicas erradas que hay que destapar es la del beneficio y la acumulación como la motivación elemental a la hora de satisfacer las necesidades sociales. Porque, como diría César Rendueles, el capitalismo y el libre mercado son una rareza antropológica. Muchas personas empiezan a plantearse que quizá no es normal que la solución a la creciente necesidad y demanda de “geles alcohólicos” en un momento de crisis humanitaria sea subirles el importe, que resulta un poco extraño que tenga que ser el propio gobierno el que controle precios, porque lo que no se sostiene es que alguien intente lucrarse todavía más en una situación como esta. ¿Quizá no deberían simplemente valer lo que costó producirlos? Resulta algo kafkiano incluso que a alguien se le haya ocurrido, en un momento así, cambiar el color, el estampado y el diseño de las mascarillas y así venderlas más caras, para que no muera nunca el estilo y se pueda seguir yendo a la moda.

Pero además tenemos que inventar soluciones, y soluciones a gran escala y para eso será necesario hacernos muchas preguntas, algunas casi ontológicas. ¿Cómo creamos un sistema donde podamos asegurar que se cubren las necesidades básicas de toda la gente sin comprometer al planeta y por ende a nuestra propia especie? ¿Cuáles son esas necesidades? ¿Cómo creamos un modelo de sociedad que garantice la salud y proteja a las personas sin conculcar sus libertades? Y sobre todo, ¿cómo transitar a ese nuevo sistema sin generar sufrimiento humano?

¿Cómo cambiar las cosas siendo conscientes de que vivimos en un mundo donde el desarrollo tecnológico permite formas de control social que no tienen precedentes? ¿Cómo contrarrestamos la penetración de los fake news de la derecha, que nos está ganando la batalla cultural? ¿Cómo conseguir que no nos tome la delantera una solución neofascista? ¿Son las únicas opciones posibles el capitalismo democrático o el autoritario? ¿Qué hacer, aprendiendo las lecciones de los errores y terrores de la economía planificada? ¿Es viable una suerte de Green New Deal o el sistema está ya tocado de muerte? ¿Queremos mantenerlo vivo de forma artificial, darle la estocada final o ir sedándolo y procurarle una suerte de eutanasia? ¿Qué papel ha de jugar el Estado como entidad que permita garantizar el procomún y asegurar la redistribución? ¿Cómo garantizamos la democracia y qué democracia? ¿Cómo han de tomarse las decisiones para que no se produzcan derivas oligárquicas, de concentración y abuso de poder?

¿Cómo construimos ese nuevo mundo sin dejar atrás las luchas de los distintos movimientos sociales, recordando que todas las opresiones están entrelazadas, como plantea el enfoque de la interseccionalidad? Pero a la vez, ¿cómo lo hacemos para reconocernos todas y todos en un mínimo múltiplo común que nos sirva de pegamento? ¿Cuáles son aquellos logros de la modernidad de los que queremos seguir disfrutando (la posibilidad del espíritu crítico, la libertad, igualdad y fraternidad, el derecho a la duda y a la disensión, el desarrollo científico, los adelantos médicos, la esperanza de vida…)?

El enemigo es muy poderoso. Aquellos que, pese a estar también amenazados, quieren seguir enriqueciéndose, van a intentar volver a seducirnos con nuevas máquinas de persuasión y luego, si es necesario, con mecanismos propios del Estado del terror. Esta crisis puede conllevar el empobrecimiento masivo de una parte importante de la población, ¿pero la única manera de arreglar esto es alimentar una máquina que nos acaba destruyendo a nosotros mismos? ¿Sólo podemos salvarnos cavando nuestra propia tumba? ¿Tendremos que elegir entre la salud (ya sea por un virus o por restricciones debido a la contaminación o los desastres naturales) y la libertad? Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de libertad y de justicia?

Quizá la única respuesta esperanzadora a todos los problemas que estén por venir ─ya vengan de la mano de una emergencia climática, un virus, un terremoto o un colapso financiero─ sea siempre la misma. Quizá no tenemos todavía la receta exacta, pero sí muchos de los ingredientes. El amor como pegamento común, la solidaridad, la justicia social. El pacifismo y el antiautoritarismo. Poner en el centro el buen vivir, la práctica de una vida que merezca ser vivida y que no sea un privilegio de unas contra otras sino una posibilidad para todos y todas a la vez.

Una de las posibles claves que me veo tentada a señalar es al virus como metáfora. Quizá sea lo pequeño y no las grandes estructuras lo que más capacidad tiene de adaptarse y mutar, de reinventarse, lo más duradero en el tiempo, lo que se adapta mejor a un planeta que ya no puede sostener que se le extraiga ni exprima más desde la lógica de la conquista, dominación y la explotación. El dilema es cómo articulamos lo pequeño, evitando que algún nodo crezca y se convierta en colonizador y cancerígeno.

Es hora de que nos pongamos a trabajar, juntos e intensamente, en construir ese mundo que queremos, un modelo que permita descolonizar el imaginario capitalista que estructura nuestras mentes aprovechando la situación de ruptura. Es tiempo de generar políticas y medidas prácticas que ofrecer ante esta grieta que se abre. La grieta puede ser aprovechada para dar paso a la distopía del héroe individual a la que tanto nos tienen acostumbradas las series de las diversas plataformas, pero son también las crisis y rupturas abruptas las que hacen caer los órdenes antiguos. Aquí solo trazo algunas preguntas, que permitan ir esbozando respuestas, desde las ganas de entendimiento y la generosidad.

La buena noticia es que sólo es necesaria la acción decidida y firme de una parte suficiente─ que no toda─ de la población, dispuesta a comportarse de manera colectiva, para conseguir los cambios, como ya demostraron las que lucharon por los derechos laborales, civiles, de género, muchas veces desde la desobediencia civil y pacífica. La historia de los movimientos sociales está llena de ejemplos de avances y resistencias que son los que han contribuido a consolidar los progresos que merece la pena mantener, ejemplos que el poder se encarga de minimizar y silenciar.

Quizá el mundo que queremos se parezca un poco a este, más sosegado, con tiempo para contemplar, conversar, escribir, reflexionar, con aire limpio con que llenar nuestros pulmones… Parecido a este pero sin miedo, sin diferencias sociales derivadas de la familia que te haya tocado, de las condiciones del hogar que tienes la suerte o la desgracia de habitar, sin la soledad impuesta para las personas que no tienen familia o red. Por supuesto sin represión, sin caza de brujas, sin invención de chivos expiatorios entre los más débiles, tomando de nuevo las calles para la gente.

Por Noelia Sánchez Suárez

2 abr 2020 06:40

Publicado enSociedad
Familiares cargan un féretro en Guayaquil, donde las funerarias dejaron de trabajar por miedo a l Covid-19.

Colapsó el sistema de salud y hay toque de queda en todo el país

En Guayaquil, la ciudad más afectada por el Covid-19, las personas empezaron a dejar en las calles a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud.

Imágenes dantescas empiezan a verse en Ecuador por el avance del coronavirus. En Guayaquil, la ciudad más afectada por el Covid-19, las personas empezaron a dejar en las calles a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud. En Guayas, provincia a la que pertenece esta ciudad, hay 1937 infectados, es decir el 70 por ciento del total nacional que llegó a 2748. Los muertos en el país son 93. El gobierno de Lenín Moreno decretó hace tres semanas el Estado de excepción. Días después ordenó el toque de queda en todo el país que rige entre las 2 de la tarde y las 5 de la mañana. A su vez, organismos de Derechos Humanos denuncian golpizas y tratos vejatorios por parte de las fuerzas de seguridad en las barrios populares.

Guayaquil: tierra de nadie

Los videos de los cadáveres abandonados en las calles de Guayaquil son la expresión más clara de un sistema de salud desbordado en la región de Guayas. Allí buena parte de las funerarias dejaron de trabajar por miedo a contraer el Covid-19, según informó el sitio ecuatoriano Portal V. Se estima que muchas de esas muertes no corresponden a casos de coronavirus, pero no hay certezas ya que los médicos no llegan hasta los cadáveres. Como las funerarias no pasan a retirar los cuerpos y el sistema de público no da respuesta, algunos difuntos llegaron a estar más de tres días en sus casas. “Si bien la falta de recursos en los barrios populares lleva a que los velorios se hagan en las casas, nunca antes ocurrió algo como esto”, dijo en diálogo con Página/12 Billy Navarrete, Secretario Ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil. Las personas no pueden llevar los cuerpos a los cementerios ya que tampoco acceden a los certificados de defunción. “Además, hasta hoy el gobierno obligaba a hacer sólo cremaciones. Sin embargo en la ciudad sólo existen tres crematorios, todos privados, que cobran sumas imposibles para las clases populares. Es increíble pero en esta situación encontraron lugar para el lucro”, denunció el defensor de ddhh. Para sumar más caos a la situación, el vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, dijo el viernes pasado que los muertos por coronavirus serían enterrados en fosas comunes. Tras una ola de críticas el presidente dio marcha atrás y dijo que habrían “entierros dignos”. 

El estado de Excepción decretado por Moreno volvió a poner a los militares en las calles, como durante las jornadas de protestas de noviembre pasado. Guayaquil además fue declarada Zona de Seguridad Especial. Esa denominación le permite a las Fuerzas Armadas asumir el control del espacio público, entre otras atribuciones. Navarrete informó que recibieron denuncias por el accionar violento de los militares. “Durante los patrullajes en los barrios más pobres apalearon a los jóvenes y hubo cortes de cabello forzados. Se volvió a repetir el relato que estigmatiza a la gente de los barrios populares. Quieren hacerlos ver como los que perjudican la salud del resto, cuando son los que peor la están pasando”, afirmó el defensor público. Guayaquil es una ciudad donde las desigualdades sociales saltan a la vista. Los barrios lujosos tienen como telón de fondo enorme barriadas populares. “En las zonas pudientes la gente sigue haciendo reuniones sociales, se junta a hacer deportes, la vida sigue como si nada”, denunció Navarrete.

El costo de abandonar la salud

La expansión de Covid-19 en la provincia de Guaya y especialmente en Guayaquil se originó ante la llegada masiva de ecuatorianos residentes en España. La comunidad ecuatoriana en ese país es muy numerosa. El gobierno hizo una pobre vigilancia epidemiológica en el país desde que se detectó el primer caso de covid-19, sostuvo Esteban Ortíz, médico salubrista de la Universidad de las Américas de Quito. “Entre los que llegaron de España estuvo la primera gran propagadora de la enfermedad. Ella contagió contagió a 17 familiares, de las cuales dos murieron. En ese momento no hubo una buena política de prevención hacia la personas que llegaban al país”, sostuvo Ortiz. Para el médico otro elemento que permite entender la gravedad de la situación, es la desinversión en salud de los últimos gobiernos, pero especialmente durante la administración de Moreno. “El gobierno disminuyó el gasto público en salud. Se tildó de burócratas a todos los trabajadores públicos, incluidos los de la salud, y echaron a muchos de ellos. Con los cual acotaron el margen de respuesta ante una crisis de este tipo”, denunció Ortiz. Además informó que los hospitales públicos no se fueron equipados para la pandemia. “Al primer caso sospechoso de coronavirus, que fue un paciente chino, no se le pudieron hacer los análisis pertinentes por que no funcionaba el tomógrafo del hospital público Emilio Espejo, el más grande de Quito. En los últimos tres años el sistema hospitalario fue muy debilitado”, sostuvo Ortiz.

Ecuador es el cuarto país en toda América más afectado por coronavirus, con el agravante de que su población -de casi 17 millones- es muy inferior a la de Estados Unidos, Canadá y Brasil, que lo superan en la fatídica lista. Chile, por ejemplo, tiene más contagios pero muchos menos fallecidos. Al día de hoy Guayaquil es la ciudad con la mayor tasa de mortalidad cada cien mil habitantes en todo el continente sudamericano. Sin embargo, Ortiz remarcó que esos números serían mucho peores si se hubiera abordado la pandemia como en Brasil. Y resalta como algo positivo que el gobierno haya ordenado en forma temprana el confinamiento de toda la población.

Ecuador lleva 18 días de parálisis total. El sector informal y los desempleados, que sumados componen el 60 por ciento de la población económicamente activa, son los más golpeados por esta situación. A esto se suma la profunda crisis económica que se venía arrastrando. El gobierno no tomó medidas ni siquiera para defender a los trabajadores formales, informó Pablo Iturralde, economista del Centro de Derechos Económicos y Sociales. “Al contrario, se le permitió al empleador que descuente los días de vacaciones de la actual cuarentena. Y como segunda medida, les permitió suspender los pagos de salarios por tiempo indeterminado. El gobierno está viabilizando que la cuarentena la paguen los trabajadores”, sostuvo Iturralde. Además resaltó que el colapso del sistema de salud se explica en que el gobierno decidió priorizar el pago de la deuda externa. “Las reformas de austeridad recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos llevaron a esta situación. Se adoptan esos programas pensando en resultados financieros, pero no en las consecuencias para la población. Y eso es lo que hoy estamos viendo”, enfatizó Iturralde.

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Transferencia y poder, la cara social de la angustia

De qué se trata la crisis de la subjetividad en la pandemia

 

Freud llama angustia pánica al sentimiento de muerte de un sujeto cuando siente que su universo de símbolos se desmorona. Acontece, mayormente, durante las guerras y catástrofes. La sensación de muerte pánica puede confluir con la muerte real, pero no es la misma; la muerte real y, aun, la angustia, pueden acontecer sin pánico.

Los símbolos, las lógicas de la conciencia son el universo del sujeto, que le da un sentido en el mundo; es un saber que garantiza su vida, aun así, el sujeto no requiere, para su existir, un conocimiento de esta sujeción sino que es algo más próximo a un saber que lo antecede, lo contiene y lo sostiene, para poder existir.

La dimensión psíquica, en la cual el sujeto vive esta sujeción, es la creencia. La relación del sujeto a la realidad es por convencimiento en lo que creen. No hay una relación directa del sujeto a ninguna evidencia real. El sujeto fundamentalmente “cree” en los símbolos que están promovidos por los discursos que representanal orden simbólico.

Los primeros seres sociales personificaban su universo a través de la creencia en los saberes agrupados en los mitos y en las religiones. Las preguntas y las adversidades; lo desconocido se descifraba desde ellos e imponían, según la necesidad, algún rito, enseñando y organizando a la sociedad.

Las religiones han ido cediendo su lugar a otro saber, disciplinado bajo un orden diferente, llamado “las ciencias”. Si bien se podría decir que es más verdadero lo que dice la ciencia sobre los fenómenos, que el conocimiento que aportaban los mitos sobre las causas, la relación que mantiene el sujeto con la ciencia es la misma que tenía con los mitos y las religiones. El sujeto solo accede al conocimiento científico vía la creencia. Desplazamiento y sustitución que no es sin un cambio de paradigmas en la valorización de las lógicas que constituyen las certezas.

Este movimiento articulado a la dimensión de la creencia fueron parte fundantes de la civilización y es lo que permite sostener el dominio de los discursos institucionalizados. La civilización le demanda a la ciencia que resuelva todas las incógnitas, que ocupe el lugar de ser un saber sobre la garantía de la existencia humana, sean estos procesos físicos, biológicos o sociales. Participe el sujeto o no, sea consciente o no de ello.

El discurso de la ciencia alcanza su dominio en la civilización, incorporando dentro de sus saberes el discurso del sistema capitalista en tanto es la organización social de generación de riqueza, que se pretende científica. Por ello, las crisis económicas del sistema también son generadoras de angustia pánica, hayan padecido o no, cada uno, algún perjuicio directo.

Interpretamos la angustia pandémica como la ausencia, en la ciencia, de una respuesta a una pregunta que tampoco creó. El poder que la civilización le adjudica a la ciencia es tan elevado como el ruido que hace su caída. Cuando la ciencia pierde su lugar de ser la garantía de existencia, puede desarrollarse, en un sujeto, la angustia pánica conceptualizada por Freud.

La sensación de muerte pánica alude al descontrol de la muerte en sí, al desamparo primordial ante ella. No se refiere a la cantidad de muertos reales, sino a una muerte que contagia de muerte. Hay otras muertes, acotadas, contenidas por un saber; hay otras muertes, de cantidades horrorosas, comandadas por determinantes ideológicas e ignoradas por los productores de la ignorancia y por los sujetos que no advierten su propio horizonte ideológico.

Mientras la ciencia descifra cómo mantener la garantía, ordenó combatir al covid-19 poniendo en cuarentena a la civilizacion: paralizar la circulación y descarga social de los goces propios. El efecto que tiene esta indicación, la limpieza de la naturaleza y la saturación personal, impulsa los interrogantes sobre el principal goce, que nos ofrece el capitalismo, para nuestras descargas: “la acumulación”, razón de ser del sistema, pero que está en oposición directa a lo natural. ¿Será solo un tropezón o una caída de los parámetros que garantizan el goce de la existencia? o ¿la civilización reforzara los diques que protejan el goce del sistema?

Por ahora, lo más importante es respetar las medidas preventivas, que los gobiernos, junto a nuestros chamanes, los científicos, imponen, como rito necesario, para combatir el virus y así lograr restituir la armonía y la disputa social, es decir, nuestras creencias. Como decía Freud, la vida no vale mucho, pero es lo único que tenemos.

Herrnán C. Guggiari es psicoanalista.

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Personal de la Cruz Roja de Indonesia con trajes protectores rocía desinfectante en una carretera de Yakarta, el 28 de marzo de 2020.Ajeng Dinar Ulfiana / Reuters

Ante la propagación del covid-19, necesitamos decidir si promulgamos la lógica "más brutal de la supervivencia del más apto" o algún tipo de "comunismo reinventado", sostiene el filósofo esloveno.

A medida que el pánico por el coronavirus se extiende por el mundo, tenemos que decidir si promulgamos la "ley de la jungla" —la lógica "más brutal de la supervivencia del más apto"— o algún tipo de "comunismo reinventado" que incluya coordinación y colaboración global para afrontar la pandemia, sostiene el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un reciente artículo de opinión para RT. 

Para definir el comunismo que tiene en mente, el filósofo recuerda las declaraciones del director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien indicó la semana pasada que "esta epidemia se puede retrasar, pero solo con un enfoque colectivo, coordinado e integral que involucre a toda la maquinaria del Gobierno". Zizek enfatiza que este enfoque integral "debería ir mucho más allá de la maquinaria de los gobiernos individuales", abarcando "la movilización local de personas fuera del control estatal, así como una coordinación y colaboración internacional fuerte y eficiente".

Si miles de personas son hospitalizadas, se necesitará "un número enormemente mayor de máquinas respiratorias", y para obtenerlas, el estado debe "intervenir directamente" de la misma manera que lo haría en condiciones de guerra "cuando se necesitan miles de armas", así como "confiar en la cooperación de otros estados", explica el autor del artículo. "Al igual que en una campaña militar, la información debe compartirse y los planes deben coordinarse por completo", detalla el filósofo.

"Se acabó lo de 'EE.UU. (o quien sea) primero'"

La pandemia de coronavirus no solo pone de manifiesto el límite de la globalización del mercado, sino también el límite "aún más fatal del populismo nacionalista que insiste en la soberanía estatal plena", asegura Zizek, agregando que "se acabó lo de 'EE.UU. (o quien sea) primero', ya que EE.UU. solo puede salvarse a través de coordinación y colaboración global".

Lejos de apelar "a una solidaridad idealizada entre las personas", el analista argumenta que la crisis actual "demuestra claramente que la solidaridad y la cooperación global están en el interés de la supervivencia de todos y cada uno de nosotros, que es la única cosa egoísta racional que se puede hacer".

Dejar atrás el punto de vista "cínico vitalista"

Desde un punto de vista "cínico vitalista", uno "estaría tentado a ver el coronavirus como una infección beneficiosa" que permite a la humanidad "deshacerse de los viejos, débiles y enfermos, como sacando la hierba medio podrida, y así contribuir a la salud global", apunta el filósofo, para destacar que el enfoque comunista amplio que está defendiendo "es la única manera" de "dejar atrás un punto de vista vitalista tan primitivo".

Entretanto -alerta- los signos de reducción de la solidaridad incondicional "ya son perceptibles en los debates en curso". En este sentido, recuerda las recientes informaciones sobre el llamado protocolo de los 'tres sabios' en el Reino Unido, según el cual, tres consultores de alto nivel en cada hospital "se verían obligados a tomar decisiones sobre el racionamiento de la atención, como ventiladores y camas, en caso de que los hospitales estuvieran abrumados con pacientes", negando la atención vital a una parte de enfermos.

¿En qué criterios se basarán? ¿Sacrificar a los más débiles y mayores? ¿No abrirá esta situación espacio para una "inmensa corrupción"? ¿No indican tales procedimientos que nos estamos preparando "para promulgar la lógica más brutal de la supervivencia del más apto"? Estas son las cuestiones que se hace el filósofo, antes de reiterar que "la elección final es: esto o algún tipo de comunismo reinventado".

Publicado: 31 mar 2020 17:14 GMT

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El secretario general de la ONU afirmó que el coronavirus es la crisis global “más difícil” desde la Segunda Guerra Mundial

Para António Guterres la respuesta a la crisis generada por la pandemia "demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables” .

 

El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó este martes que el coronavirus es la crisis “más difícil” a la que se enfrenta el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que lanzó un plan para contrarrestar los impactos socieconómicos de la pandemia.

“Por un lado, es una enfermedad que representa una amenaza para todos en el mundo y, por otro, tiene un impacto económico que traerá una recesión sin paralelos probablemente en el pasado reciente”, señaló Guterres durante una rueda de prensa virtual de Naciones Unidas.

Así, “la combinación de los dos hechos y el riesgo de que contribuya a una mayor inestabilidad, a un mayor descontento y a un mayor conflicto son cosas que nos hacen creer que esta es, en efecto, la crisis más difícil a la que nos hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial”, remarcó.

Guterres que, a su juicio, la crisis del Covid-19 “necesita una respuesta más fuerte y eficaz que sólo es posible en la solidaridad, si todos se unen y nos olvidamos de los juegos políticos y comprendemos que es la humanidad la que está en juego”.

Asimismo, el secretario general de la ONU, insistió en que la respuesta al coronavirus ha de ser “decisiva, innovadora y conjunta”, además de “a gran escala, coordinada e integral”. Y dijo que es necesario mostrar “solidaridad” con las comunidades y los países “más vulnerables” ante el avance del Covid-19.

“Esta crisis humana demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables”, señaló.

En cuanto al documento lanzado por Naciones Unidas, describe la velocidad y la escalada de la propagación del coronavirus, la severidad de los casos y la interrupción económica y social que la pandemia trae aparejada.

En este contexto, Guterres se refirió a la respuesta sanitaria al Covid-19 y pidió una respuesta “coordinada” para suprimir la transmisión y poner fin a la pandemia.

La respuesta tiene que “aumentar la capacidad sanitaria para realizar pruebas, vigilancia, cuarentena y tratamiento, a la vez que mantiene a los trabajadores seguros, combinado con medidas para restringir el movimiento y el contacto”.

Guterres recordó que la enfermedad “se propaga como un incendio forestal en el sur con millones de muertes”, al tiempo que se refirió a la posibilidad de que “la enfermedad reaparezca donde se suprimió anteriormente”. “Recordemos que sólo somos tan fuertes como el sistema de salud más débil en nuestro mundo interconectado”, destacó.

En cuanto a las personas más vulnerables ante el avance del Covid-19, Guterres instó a centrarse en ellos mediante el diseño de políticas que, entre otros asuntos, apoyen la provisión de seguros de salud y desempleo, además de las protecciones sociales, al tiempo que se fortalece a las empresas para evitar quiebras y pérdidas de empleo.

Según el secretario general de la ONU, el alivio de la deuda también deber ser una “prioridad”, remarcando que el organismo ha establecido un nuevo Fondo Fiduciario de socios múltiples para la Respuesta y Recuperación del Covid-19 con el objetivo de responder a la emergencia y recuperarse del choque económico.

“Cuando superemos esta crisis, lo cual haremos, enfrentaremos otra opción”, ha indicado Guterres. “Podemos volver al mundo como era antes o enfrentar de manera decisiva aquellos problemas que nos hacen innecesariamente vulnerables a las crisis”, dijo

1 de abril de 2020

Con información de Europa Press

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Colombia, Bogotá. Otra cuarentena es posible

“Y tendremos que hacer lo que toque –LO QUE TOQUE– para no llegar a tener 10.000 muertos como en España”, afirmó con su agrio estilo y sin reparar en las particularidades que así lo han hecho posible Claudia López, alcaldesa de Bogota, en entrevista con Yamid Amat la noche del 30 de marzo, entrevista en la cual anunció, adelantándose y condicionando al gobierno nacional, que lo más probable es que la cuarentena se prolongue por 3 meses más, es decir hasta finales de junio, ampliación del encierro que debe hacerse, según dijo, porque no existe vacuna para enfrentar el virus. Faltó al periodista preguntar, en tres meses tampoco habrá vacuna, por tanto, ¿por qué no prolongar el confinamiento hasta el momento que los laboratorios logren producir una?

Una proyección de confinamiento con consecuencias nefastas para los excluidos de la ciudad, que en realidad son quienes más salen afectados de no poder rebuscarse. La clase media, con contratos fijos, y los ricos, favorecidos del trabajo de miles, no tienen porque preocuparse.

Un escenario prolongado de cuarentena que no repara en otras posibilidades que realmente existen para enfrentar el Covid-19, y que sin embargo –de manera sorprendente, ¿o incomprensible?– no consideran quienes están al frente del gobierno, en este caso Distrital, pero también los departamentales, municipales y el gobierno central. Sin miramiento alguno, unos y otros, todas y todos sin excepción, optan por lo que es conocido como “políticamente correcto”, es decir, no arriesgar, hacer aquello con lo que uno siempre gana, bien sea cara bien sea sello. Y en este caso, con lo que salvan responsabilidades.

El mandato de la OMS

La decisión del confinamiento aceptado por diversidad de gobiernos a nivel mundial es la consecuencia de un modelo aplicado por la OMS, para quien labora el profesor Neil Ferguson de la Imperial College de Londres, quien proyectó el modelo de las curvas que la OMS tomó como referencia para calcular el crecimiento exponencial del Cov-19, modelo no cuestionado e impuso a nivel mundial.

Pero el modelo puede estar errado, como lo afirma el virólogo Pablo  Goldschmidt en entrevista con el portal Infobae:Yo desde el principio empecé a analizar esto (el modelo de curvas de Ferguson) y vi que había algo raro. A mí eso no me cerraba. Anteanoche, este señor Ferguson dijo que la proyección que hicieron debía ser masivamente disminuida –tal la palabra que usó en inglés– con respecto a las cifras de muertes”.

-¿Qué significa eso? Le preguntó el periodista Hugo Martin a Pablo Goldschmidt

“Que, por ejemplo, para los Estados Unidos él proyectó con su modelo –que todo el mundo está utilizando en este momento sin siquiera cuestionarlo–, 2.200.000 fallecimientos; y 500 mil en el Reino Unido si no se tomaban las medidas de achatar la curva y todo lo que significaba eso. Ahora dice que no, que las predicciones no parecen ser exactas. Lo mismo que sucedió con el H1N1. Predijeron muchísimas menos muertes ahora, siempre que se mantengan las medidas de cierre como las que tomaron los gobiernos. Las estimaciones son mucho más bajas, respondió el virólogo que tiene el libro “La gente y los microbios”, donde explica la psicosis que generaron la gripe H1N1 y el SARS”.

En ese sentido, si la curva de pronóstico y el modelo dominante de la curva que impuso la OMS, y que todos los gobiernos copiaron sin cuestionar, está mal diseñada, eso puede ofrecer otros escenarios que no pasen por una cuarentena obligatoria para cientos de millones en todo el mundo, para 50 millones en Colombia y para casi 8 millones de habitantes en Bogotá. Pero ningún político correrá el riesgo –pondrá su cabeza– de probar si la OMS está equivocada, como ya anotamos, ellos/ellas siempre actúan según lo políticamente correcto.

Un escenario, otro, que para el caso de Bogotá no es riesgoso correr, toda vez que, como lo confirmó la alcaldesa en la entrevista aludida, en Bogotá los casos positivos de Covid 19, ascienden a 350, los hospitalizados 37, y en Unidad de Cuidado Intensivo (UCI) 17. Para agregar, además, que el Distrito tendrá a su disposición 250.000 pruebas para coronavirus. Es decir, es posible extender un buen paquete de pruebas para identificar y aislar posibles afectados –activos o pasivos– y así controlar el contagio masivo.

Otro escenario posible

Pero además de esta opción, o complementándola si así se quiere, existe otro escenario por desplegar. Como es conocido el Distrito realiza informes diarios desde el Puesto de Mando Unificado (PMU) y del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) sobre las cifras del Covid-19 en Bogotá. De los 350 casos positivos confirmados por la alcaldesa, digamos que cada una de esas personas tuvo contacto con otras 50; bien, si multiplicamos tales cantidades tenemos 17.500 personas sospechosas de infección. Como está dicho, existen pruebas suficientes para verificar si es así. Pero incluso sin pruebas también puede procederse, veamos: Un censo bajo las bases de datos que manejen el PMU y el COE podrían encontrar esas personas y realizarles un aislamiento con todas las seguridades sanitarias y protocolos que conlleven.

Como cualquiera puede concluir, es más sencillo confinar, en condiciones dignas, un aproximado de 17.500 personas que a 8 millones. El método también podría ampliarse a nivel nacional –por departamento y municipio–, porque hasta el 31 de marzo la cifra de contagiados ronda los 906, que multiplicados por 50 daría 45.300 personas, mucho más sencillo de controlar y proteger, con un peso mucho menor en lo social y económico, que lo desprendido de confinar a los cerca de 50 millones que somos.

Las 250.000 pruebas de coronavirus que tendrá el Distrito de Bogotá alcanzan, en estas condiciones, para aplicarlas a la población infectada o sospechosa de estarlo a nivel nacional, y sobrarían pruebas. Se actuaría así aplicando el celebrado método coreano.

Algo plausible y que reconfirma el temor que ronda en la alcaldía de Bogotá, es que para el próximo domingo estarán dispuestas en Corferías 1.200 camas, y con una capacidad de instalación de 5.000 camas. Además ya hay hoteles, como el Radisson, que ofreció sus instalaciones para contener la pandemia. También, agregó Claudia López, en 3 meses Bogotá pasará de 1.000 a 4.000 UCI.

No valerse del miedo para enfrentar la crisis

Otros escenarios frente a las medidas de la pandemia son posibles, y el Gobierno tiene los medios para hacerlos realidad, pero en tanto sigan empeñados en seguir el libreto internacional y de la OMS no se logrará nada.

Apegados a ese libreto ahora por los barrios de Bogotá rondan carros del ejército perifoneando llamados a la disciplina y al temor, así como realzando a las Fuerzas Armadas. Como en otros países, un problema de salud, que se soluciona con medidas sociales y económicas, manejado como un asunto militar. ¿Qué pretenden? ¿Hacia dónde enrumban nuestras sociedades? ¿Qué permitirá el silencio social potenciado por el miedo, el dolor y el temor a la muerte?

En el episodio 6 de su serie “Demonios” que transmite desdeabajo cada día a partir de las 6 pm Raúl Zibechi atinó a decir: “mientras el capitalismo encuentre la manera de seguir funcionando con las personas aisladas, es un negocio redondo”.

Y es a lo que apunta el gobierno nacional, seguir ahondando en el control social excusándose en la propagación masiva del virus. La alcaldesa lo vaticinó, 3 meses más de cuarentena. ¿Qué va a pasar con las miles de microempresas que no hacen parte de las excepciones y no podrán pagar arriendos y los sueldos de sus empleados durante esos meses? ¿Es posible que una familia de estrato 0-1-2 goce de vida digna con una ayuda económica entre 160.000 a 422.000 pesos, como lo anunció la alcaldesa y que implementarán a través del programa “Bogotá Solidaridad en Casa”?

Todo parece indicar que tanto la alcaldesa como el gobierno nacional asumen el tema de los derechos humanos, que está detrás de esta crisis, y la garantía de vida digna de millones de personas, como si se tratará de caridad, ese concepto de sumisión y sometimiento que tanto daño ha producido entre millones en todo el mundo.

Olvidan las cabezas de lo nacional y de municipios y el mismo Distrito, que estamos ante un derecho fundamental de los millones que somos en Colombia: aquí no están ayudando, ni entregando unas migajas para que la gente sobreviva, no, cada uno de quienes están en el gobierno tienen bajo su responsabilidad lo que es de todas y de todos, y simplememente lo administran y garantizan que llegue a los millones que somos. Una renta mínima temporal, como la proponen los economistas Luis Jorge Garay y Jorge Enrique Espitia en el programa de televisión “Demonios” No. 9, proyectado por desdeabajo el pasado 28 de marzo, es totalmente viable.

Hay que tomar en cuenta que, según estos economistas, a pesar de todas las bases de datos con que cuenta el gobierno nacional, de aplicarse una política de subsidios reducida a las mismas, un mínimo de  1,5 millones de connacionales quedarían sin recibir los dineros que dice el gobierno entregará.

En igual sentido desdeabajo propone medidas por tomar, como:

-Desplegar una línea de crédito con un año de gracia, y para el segundo con un 0,5 de interés mensual, para apalancar a pequeños empresarios y comerciantes.

-Un plan urgente de entrega mensual, de un salario mínimo por familia, y mínimo por 6 meses, para garantizar su manutención, es indispensable. Estos recursos se pueden conseguir en acción conjunta del gobierno central con los presupuestos municipales y distritales. Una emisión extraordinaria por parte del Banco de la República, en caso de ser indispensable, puede ser la solución para el permanente lamento del gobierno nacional.

Otro escenario a la pandemia es posible.

 

Ver artículo entrevista al virólogo Pablo Goldschmidt:

https://www.desdeabajo.info/mundo/item/39248-para-un-prestigioso-cientifico-argentino-el-coronavirus-no-merece-que-el-planeta-este-en-un-estado-de-parate-total.html

Ver artículo Covid 19, oportunidad popular, sin dilaciones, un país para todos y todas:
https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39150-covid-19-oportunidad-popular-sin-dilaciones-un-pais-para-todos-y-todas.html

 

Ver artículo Liderazgo social alternativo para enfrentar al pandemia, y más allá de ella

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39199-liderazgo-social-alternativo-para-enfrentar-la-pandemia-y-mas-alla-de-ella.html

Ver artículo Covid 19, oportunidad popular. Construyamos un país para los 50 millones que somos:

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39098-covid-19-oportunidad-popular-construyamos-un-pais-para-los-50-millones-que-somos.html

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Miércoles, 01 Abril 2020 06:44

Lecciones de una pandemia

Lecciones de una pandemia

El ser humano ingresa en el mundo material y externo al nacer, proceso que es individual para cada persona; es decir llega solo como un humano, quien para crecer, desarrollarse y adaptarse al nuevo ambiente necesita de acompañantes, empezando por sus padres, hermanos, familia y luego, con el tiempo, de la comunidad a la que pertenece. Es decir, difícilmente permanece solo o aislado después de su nacimiento.

Este proceso forma y transforma a las personas, que forjan su existencia dentro de algún grupo de semejantes, que influyen en su manera de ser y hacer. Se crea así la interdependencia y la vida social que es la esencia del existir humano, desde los ancestros que se forjó con agrupaciones por necesidad, colaboración, afinidad y/o afectos.

El sentido comunitario se incrementó y las organizaciones sociales adquirieron carácter humanizado, sentimental y emotivo entre ellas. Se conocían entre todos y valoraban los sentimientos, alegrías, desengaños, tristezas y sufrimientos. Había comunicación, respeto, comprensión, solidaridad y sobretodo relaciones interpersonales. Definitiva mente no se estaba SOLO.

Llegó la era digital con la pesada sombra de la individualidad, autoformación personal con interrelaciones virtuales, cero presencia real de la persona. A pesar de las múltiples conexiones y facilidades de relación; la esencia de la persona en colectivos se desvaneció completamente. Estamos actualmente muy acompañados, pero AISLADOS.

El planeta Tierra, nuestro GRAN HOGAR, está totalmente poblado de gente que no se conoce ni a sí misma, ni a los demás y, por tanto, no hay amistad auténtica, hermandad, solidaridad, respeto, menos afecto; es más, por intereses particulares se atenta contra la tierra, contaminándole, destruyendo, e irrespetando su generosa acogida.

Se ha ofendido a nuestro planeta y al ser humano por mucho tiempo; es hora de rendir cuentas. Una PANDEMIA nos ha convocado a reflexionar individualmente en las acciones tanto para ella, como para nuestros semejantes, que por su presencia se han visto obligados a convivir en soledad con la familia (célula fundamental de la sociedad) y también en comunidad. Comprender que si hay unidad entre personas es posible enfrentar las pruebas que se presentan sorpresivamente.

Claro que la pandemia es una exigente lección, porque al quedar dentro de un espacio limitado entre desconocidos familiares, se requirió esfuerzo, sacrificio, diálogo. Redescubriendo con el pasar de los días, a los tiempos, el valor de la FAMILA.

Sin embargo, esta soledad permitió un auto análisis personal, sintiendo el espacio silencioso de cada yo, con pensamientos de aburrimiento, incertidumbre y fragilidad. Fue necesario redescubrirse entre hermanos, padres, abuelos… tratar de buscar temas y afinidades comunes. Fue un espacio triste y oscuro a pesar de ser tiempo soleado, pero penetró en cada interior como una enseñanza por aprender, para toda la humanidad.

El coronavirus presentó la oportunidad de reflexionar y despertar como seres humanos terrenales; al atacar sin distinción a la raza humana, con la fortaleza de virus microscópicos, agresivos y veloces, doblegando el orgullo humano.

Los virus producen enfermedades, son considerados sin vida, porque no se reproducen como cualquier célula, sino que se duplican cuando se hospedan en ella, invadiéndole su interior a velocidades y cantidades increíbles, acabando así con la vida.

Una persona debe cuidar y preservar su vida de la mejor manera, valorando: su alimentación sana y saludable, el ejercicio físico dosificado a cada realidad, con formación corporal, intelectual y emocional correctas, solo así está dotando a su organismo de defensas internas naturales ante cualquier infección.

Esto genera un sistema inmunitario unipersonal, con un conjunto de elementos y procesos biológicos internos que permiten mantener el equilibrio entre agresiones externas: biológicas, patógenas, físico químicas, radiación, contaminación y/o agresiones internas en el cuerpo humano de virus, bacterias, tumoraciones, células cancerosas…

El sistema inmunológico bien cuidado; identifica la agresión y los agentes patógenos, para reaccionar ante ellos en defensa de la vida, formando moléculas solubles en la sangre, linfa y otros, también en diferentes tejidos y órganos; en la médula ósea se forman células con función inmunitaria (neutrófilos, eosinófilos, monocitos, dendritas y macrófagos…) que se movilizan por la sangre y el sistema linfático a los órganos afectados, para defenderlos.

Hay respuesta inmunitaria natural en el organismo por sí mismo y hay respuesta inmunitaria adquirida a través de la vacunación, para esta última hay que esperar que se creen o que exista. Se depende de lo externo.

En la inmunidad natural no, porque somos dueños de la ella cada uno, si hemos cuidado: mente y cuerpo consciente y consistentemente, en cada etapa de nuestra existencia.

Una célula infectada por un virus secretará interferones, activando de diferentes maneras las defensas antivirus en células cercanas a la infectada. En el ser humano se han identificado interferones de más de 20 genes y proteínas. Las proteínas identificadoras del germen patógeno son proporcionadas por las células, reconociendo la presencia de diferentes factores (virus, bacterias, parásitos, células tumorales).

Un interferón está formado por proteínas conocidas como citocinas que se comunican entre células, para desencadenar las defensas protectoras del sistema inmune, para la erradicación de patógenos. Deben su nombre por interferir la replicación viral. También activan las células asesinas naturales y los macrófagos, regulando la presencia de antígenos.

Síntomas como fiebre, dolor muscular generan la producción del interferón, muy valioso para combatir infecciones virales: activan células inmunes (macrófagos), identifican células cancerígenas, incrementan la capacidad de las células sanas para resistir las nuevas infecciones. En definitiva, es un agente proteico especial defensor de la salud humana.

El cuerpo humano ese gran laboratorio

No se valora la capacidad del laboratorio interior que tenemos las personas, que nos responsabiliza en su cuidado y respeto. Un constituyente básico es la alimentación cotidiana de todos, que por su importancia para la salud debe contar siempre entre los variados nutrientes, con una ración apropiada de proteinas, protagonistas interiores valiosas de salud y enfermedades humanas.

Hay proteinas animales y vegetales, que participan en el crecimiento, reparación y mantenimiento de músculos, órganos y tejidos. Actúan en la producción de hormonas y son parte de los neurotransmisores (transmiten impulsos nerviosos y del cerebro), son fuente de energía con el 10 al 15 por ciento de las calorías diarias. Son un componente vital del ser humano.

Las proteínas animales como la carne, pescado, huevos, leche, queso, tienen la totalidad de aminoácidos esenciales necesarios para el ser humano, se incorporan fácilmente al cuerpo y toman su tiempo en el proceso digestivo, su adquisición tiene valor económico.

Proteínas vegetales como los garbanzos, arveja, soja, pistachos, quinua y amaranto, tienen también los aminoácidos esenciales necesarios. Hay aminoácidos en otros granos como la lenteja, el maíz, frijol, frutos secos: nuez, almendras, semillas de girasol y zambo. Cereales como la avena, el trigo, pero no cubren todos los aminoácidos esenciales, pero siempre es posible completarlos al combinar entre ellos para que se complementen y cumplan con su papel en el organismo humano.

Tienen además fibra insoluble, tanto en cáscaras como en tallos. Esto favorece el tránsito intestinal y evacuación. Indudablemente, puede tomar más tiempo el proceso digestivo, pero son asimilables y sobretodo más económicos; al alcance de la mayoría. Se sugiere, sin necesidad de que sea en la misma comida, combinarles durante el día consumiendo legumbres con cereales, legumbres con frutos secos, cereales con frutos secos. Aportan además micronutrientes como calcio, magnesio, omega 3 y 6, complejo B, excepto B12.

Es decir, la naturaleza que estamos agrediendo tiene entre sus verdes sembríos todo lo que requiere el ser humano para vivir sano y por largo tiempo.

También hay las vitaminas que el cuerpo humano no puede sintetizar excepto la vitamina D y pero no puede funcionar correctamente sin ellas, deben ser suministradas en la alimentación personal, su carencia produce deficiencias y enfermedades. Son de dos clases: vitaminas solubles en agua son eliminadas por orina, sudor y solubles en grasas pueden incorporarse a grasas del cuerpo porque no se eliminan, debe respetarse la dosis establecida.

Entre las vitaminas hidrosolubles está la vitamina C conocida como preventiva de resfríos, cicatrización, radicales libres, se encuentra en frutas especialmente cítricas y vegetales (repollo, tomates, papas, lechuga). El complejo B tiene variedades (B1, B6, B12….) se encuentra en cereales integrales, leche, verduras, carne, maní, participa en el metabolismo de energía, es respaldo del sistema nervioso, ayuda en la visión normal, salud de la piel. B6 participa en la producción de glóbulos rojos. Cabe anotar que debe ingerirse de acuerdo a indicación médica, el exceso especialmente de B6 es dañino..

Las vitaminas liposolubles (solubles en grasas) como la vitamina A, útil para una buena visión, cuidado de piel y cabello, se obtiene en vegetales verdes, zanahorias, aceite de hígado de pescado, frutas.

La vitamina D (calciferol) presente en aceite de hígado de pescado y en la yema del huevo, puede formarse en la superficie de la piel, por acción de los rayos solares. Participa en la fijación del calcio, en la formación de la estructura ósea, la falta de esta vitamina produce raquitismo. Vitamina E es antioxidante, protege la pared celular hay en la soja, maíz, germen de trigo, huevos, hígado, nueces y semillas. Vitamina K apoya la coagulación sanguínea, se encuentra en hojas verdes, coles, espinacas, brócoli, espárragos, se produce en el intestino por bacterias presentes.

Pensando en una vida saludable, y en la no-saludable, resaltar la existencia de alimentos que aportan sustancias que ayudan al bienestar y buena salud, otros a menguar los efectos de las infecciones, de ahí que cuando nos alimentemos debemos considerar nuestra salud, en las defensas que ayudan a crear los alimentos cuando hay enfermedades, eso sí concienciando sólo si nos alimentamos bien, considerando los beneficios de los nutrientes, vitaminas y agua.

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Martes, 31 Marzo 2020 16:34

“Un vuelo de rescate”.

“Un vuelo de rescate”.

Acerca del cierre de fronteras para los colombianos. 

Sometidos al destierro por la negativa del gobierno de Iván Duque de permitir el ingreso de vuelos internacionales, miles de colombianos demandan que pese a las circunstancias en que está sumido el mundo, el Estado colombiano facilite los medios para regresar al país. La polémica está abierta: ¿dónde quedan los derechos humanos en estas circunstancias?

La declaración de confinamiento y cierre de fronteras decretada por diversidad de países los sorprendió allende de su tierra de origen. Son 4.500 colombianos que ahora pasan sus días angustiados, al filo del agotamiento de los recursos que logran apretar día tras días, viviendo al límite en piezas de hoteles o similares.

En su afán por evidenciar las circunstancias que viven y presionar para que el gobierno nacional concrete vuelos de emergencia, se han contactado entre ellos; es así como saben que en Australia suman 200, en la India 70, en Perú 200. En particular el grupo residente en Australia lidera una campaña para lograr su propósito, donde especifican: “[…] somos un grupo de aproximadamente 200 colombianos que nos encontramos "varados" en varias ciudades de Australia debido a la situación mundial que se presenta actualmente” (1). El Gobierno ha dispuesto una página (Migración Colombia) para que todas las personas interesadas en el retorno inmediato se registren y es así como tiene conocimiento detallado del lugar donde pernota cada uno.  

Una exigencia que enfrenta y se golpea contra el decreto 439 de 2020, ratificado por la Cancillería que en comunicado del jueves 27 de marzo expresó: “[…] todos los vuelos de llegada al país están prohibidos”. (2)

Una decisión amparada, según tal instancia gubernamental, “[…] en la Constitución (que) les permite restringir la circulación o ingreso al territorio para ‘garantizar el interés público’”. (3).

Una resolución forzada, y para muchos no solo polémica sino contraria a los derechos humanos, además de inconstitucional.

Derecho pisoteado

Prohibir el ingreso de nacionales al territorio nacional, una medida bárbara. Un destierro. ¿Qué debe primar, el derecho (límite) o la política (necesidad)? ¿Los colombianos tenemos patria? 

El Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (Pidcp) (1966), aprobado en Colombia mediante la ley 74 de 1968, por la cual se aprueban los “Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de Derechos Civiles y Políticos, así como el Protocolo Facultativo de este último, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en votación Unánime, en Nueva York, el 16 de diciembre de 1966”; destaca, como prohibición a los países, en su artículo 12 numeral 4) Nadie podrá se arbitrariamente privado del derecho de entrar en su propio país. 

La misma norma, consagra: 1) Toda persona que se halle legalmente en el territorio de un Estado tendrá derecho a circular libremente por él y a escoger libremente en él su residencia; y 2) Toda persona tendrá derecho a salir libremente de cualquier país, incluso del propio. 

Estos derechos tienen una excepción, la cual se encuentra en el numeral 3, que informa: Los derechos antes mencionados no podrán ser objeto de restricciones salvo cuando éstas se hallen previstas en la Ley, sean necesarias para proteger la seguridad nacional, el orden público, la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de terceros, y sean compatibles con los demás derechos reconocidos en el presente Pacto. Luego, la disposición del numeral 4, no tiene excepción alguna, de suyo, un nacional tiene derecho a ingresar a su país sin restricción ni excepción alguna; cosa diferente respecto de extranjeros. 

Lo anterior no sólo hace parte del Bloque de constitucionalidad, sino que fue, bajo la misma idea, ratificado por Colombia a través de la Ley 16 de 1972, "por medio de la cual se aprueba la Convención Americana sobre Derechos Humanos "Pacto de San José de Costa Rica", firmado en San José, Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969, en donde dispuso en su artículo 22 numeral 5 que: 5. Nadie puede ser expulsado del territorio del Estado del cual es nacional, ni ser privado del derecho a ingresar en el mismo.

De igual manera y según lo enseña la Corte Interamericana de derechos humanos,  la libertad de circulación: “Es una condición indispensable para el libre desarrollo de la persona y consiste, inter alia en el derecho de quienes se encuentren legalmente dentro de un Estado a circular libremente en ese Estado y escoger su lugar de residencia” y se manifiesta en tres dimensiones: 1. Derechos a salir de cualquier país. 2. Derecho a salir del propio país. 3. Derecho a regresar al país de origen*.

Si se considera que es posible excepcionar tal derecho, debe tenerse en cuenta que la restricción aparte de estar contemplada en la ley, debe ser clara y no genere ambigüedades, dudas que permitan interpretaciones para actuar con arbitrariedad; es decir, que satisfaga los principios de legalidad y necesidad, los que a todas luces se violan con la decisión tomada en el decreto 439/20, y las declaraciones posteriores del gobierno nacional, en tanto atentan contra los derechos humanos, de suyo, fundamentales en nuestro bloque de constitucionalidad.  

De acuerdo con estos antecedentes legales, no puede pretender el estado colombiano que sus ciudadanos no puedan regresar al país, independientemente de la razón que se alegue, pues incluso, se vería afectado no sólo su derecho a la circulación y de ingreso a su propio país, sino que con ello se desconoce el vínculo jurídico político que los une, de suyo, la nacionalidad y la ciudadanía.** 

Lo anterior se agrava cuando se ve en el contexto de derechos fundamentales que se pueden violar con tal determinación, pues no sólo se trata de derechos como los mencionados -libre circulación, ingreso al país de donde se es nacional o la ciudadanía– también se ven amenazados los de la vida y la salud, pues un connacional en el exterior no puede acceder al sistema de seguridad social en salud, aunado a las premuras que supone la demanda de una pandemia como la que actualmente se vive. Es decir, un ciudadano colombiano en el exterior no cuenta con las garantías y prerrogativas del sistema de seguridad social en salud, viéndose afectado en su derecho a la vida por tal razón. 

Es preciso recordar que el Estado colombiano tiene, además, la obligación respecto de sus ciudadano de asistirlos, brindar acompañamiento y repatriarlos de ser necesario al territorio colombiano cuando las condiciones así lo ameriten, luego, el decreto  439 de 2020, que cierra fronteras a los nacionales es, sin duda, contradictorio de tal obligación constitucional. 

EL Estado colombiano, para proteger el interés general y la salud de los connacionales, no puede sacrificar, negando los derechos antes mencionados, en cambio, debe proporcionar no sólo la asistencia, sino abrir las fronteras para permitir el ingreso de sus ciudadanos al país, por supuesto, siguiendo las medidas sanitarias que sean necesarias para satisfacer no sólo el derecho humano de las personas de regresar a su país, sino, el de los demás conciudadanos de mantener niveles básicos de salubridad. 

Además, no debemos olvidar que en lo  relativo a la prohibición de destierro, nuestro país ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos el cual dispone, en el artículo 12, que "nadie podrá ser arbitrariamente privado del derecho a entrar en su propio país" y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que consagra en el artículo 5º que "nadie puede ser expulsado del territorio del Estado del cual es nacional, ni ser privado del derecho a ingresar en el mismo". Por tanto, es claro que el concepto de destierro está delimitado a la expulsión o prohibición de entrada al territorio nacional.

El trompo en la uña

En este punto del debate, la resolución del pulso entre el gobierno nacional y estos miles de connacionales, ahora depende: 1. De la (in)voluntad política en el seno del Gobierno, 2. De la interpretación de las normas –en lo cual todo puede ser posible de acuerdo a los intereses en juego–, 3. De la presión que ejerzan familiares y amistades de quienes ahora están confinados o dejados a su suerte en otros países, 4. De la sociedad en su conjunto, que debe levantar la exigencia de retorno de todos aquellos que están por fuera –cualquiera sea la circunstancia que los llevó a quedar atrapados en otras tierras–, guardando, claro está, las normas de salubridad requeridas y sometidos a cuarentena una vez ingresados al país.

“¡Queremos regresar!”, claman los colombianos en Australia, y como este grupo de connacionales seguramente así lo imploran los otros más de 4 mil paisanos que sufren en la lejanía los efectos del Covid-19. Qué la sociedad haga sentir su voz y peso, para que el gobierno cumpla con una de sus funciones constitucionales.

No podemos cerrar las puertas del territorio. Es hora de la solidaridad.

Notas

  1. “Presidencia de la República de Colombia: COLOMBIANOS VARADOS EN AUSTRAILIA !QUEREMOS REGRESAR¡”, http://chng.it/wRWcDp4k7D
  2. Oquendo, Catalina, “El drama de los 4.500 colombianos varados en el mundo”, https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39247-el-drama-de-los-4-500-colombianos-varados-en-el-mundo.html
  3. Id

Referencias

*David Guerra Restrepo. Los requisitos de entrada, permanencia y salida del territorio nacional, aplicables a los inmigrantes y emigrantes en Colombia y su marco normativo.

**Sentencia T-421-17: En Colombia, la nacionalidad se constituye como derecho fundamental reconocido en el artículo 96 de la Constitución Política, precitado. Sobre este asunto, la Corte Constitucional se ha pronunciado en diferentes ocasiones. En las sentencias C-893 de 2009, C-622 de 2013 y C-451 de 2015, se recordó que la nacionalidad es el vínculo legal, o político-jurídico, que une al Estado con un individuo y se erige como un verdadero derecho fundamental, en tres dimensiones: i) el derecho a adquirir una nacionalidad; ii) el derecho a no ser privado de ella; y iii) el derecho a cambiarla. En tal sentido la SU-696 de 2015, concluyó que “el hecho de ser reconocido como nacional permite, además, que el individuo adquiera y ejerza los derechos y responsabilidades inherentes a la pertenencia a una comunidad política”.

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39247-el-drama-de-los-4-500-colombianos-varados-en-el-mundo.html

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Qué medidas han venido aplicando frente a la crisis del coronavirus

¿Cómo responden los países al colapso económico?

El parate económico derivado de las restricciones sanitarias representan un gran desafío para los gobiernos, que lanzaron masivamente planes estímulo.

 

Los países industrializados, con Europa y Estados Unidos a la cabeza, anunciaron en las últimas semanas enormes paquetes de estímulo para evitar el colapso de sus economías. Según un proyecto de la OCDE que actualiza en tiempo real las medidas sanitarias y económicas, los 46 países más importantes en términos de riqueza (que forman parte de la OCDE y/o del G-20) adoptaron medidas de “distanciamiento social” y todos ellos comenzaron a implementar fuertes medidas económicas paliativas.

Una de las particularidades de la crisis económica que se está desatando a partir de la pandemia del coronavirus es que se trata de una situación autoinflingida, ya que es resultado de las medidas de restricción sanitaria adoptadas por los propios gobiernos. Es decir, no se trata de un shock exógeno, como puede ser un terremoto, ni del estallido de los desequilibrios internos del sistema, al estilo crisis de las hipotecas subprime, sino que es el producto de la decisión soberana de los países, de proteger antes que nada la vida de su población y evitar el colapso de los sistemas de salud.

El gobierno argentino anunció el aumento de la asignación universal por hijo y jubilaciones, transferencias directas a monotributistas, congelamiento de cuotas, alquileres y precios, reducción de cargas patronales en sectores especialmente afectados, créditos para recomponer capital de trabajo y Repro para que el Estado afronte el pago de salarios en empresas en crisis, entre otras medidas. Las políticas adoptadas por otros países tienen varios puntos en común: apoyo monetario directo a no asalariados, diferimiento en el pago de impuestos, apoyo crediticio a pymes y en el pago de sueldos para las empresas más afectadas. A continuación, algunos ejemplos:

España

El gobierno español anunció un paquete económico de 200 mil millones de euros, el mayor en la historia democrática del país, equivalente a un 20 por ciento del PIB. “El Estado va a asumir el choque económico”, dijo el presidente, Pedro Sánchez. La mayor parte de ese dinero estará disponible para que las empresas no se queden sin liquidez y puedan continuar pagando los sueldos. Se suspende por seis meses el pago de impuestos para las pymes y para empleados autónomos así como la devolución de los créditos otorgados por el gobierno. También hay prórroga automática de los seguros de desempleo y se prohibieron los despidos.

Italia

Enfrenta la situación sanitaria más dramática. Redujo en 100 euros impuestos para trabajadores que reorganizaran su actividad desde el hogar y para aquellos que no pueden trabajar, el Estado se hace cargo del salario. Se aplicó una suma de 600 euros para la mayoría de los empleados autónomos, artistas y 100 euros para trabajadores asalariados de bajos ingresos. Se suspendieron las condicionalidades para acceder a un ingreso básico estatal y se aplicaron 700 millones de euros para apoyar a las aerolíneas y flexibilidad en el cobro de impuestos para las pymes. Los despidos se suspendieron por dos meses, así como también el pago de hipotecas.

Alemania

El gobierno de la mayor economía europea aprobó un paquete de 122 mil millones de euros. El ministro de Economía alemán, Olaf Scholz, describió el plan como una “gran bazooka” para evitar el colapso de la economía. Los trabajadores autónomos y las pymes de hasta 10 empleados tendrán a disposición un fondo de 50 mil millones de euros para solventar la actividad. La ayuda será de 9 mil a 15 mil euros por tres meses. También hay flexibilización en el pago de impuestos y alquileres. Pero complementariamente hay un fondo de 600 mil millones de euros para asegurar que las grandes empresas exportadoras alemanas no debiliten su posición patrimonial. Alemania está enfrentada con España e Italia porque no quiere que el Banco Central Europeo emita “eurobonos” de salvataje para las economías de región.

Estados Unidos

Republicanos y demócratas acordaron lanzar un paquete económico de 2 billones de dólares, “el más grande en la historia de los Estados Unidos”, según el New York Times. 367 mil millones de dólares se destinarán a que las pymes puedan seguir pagando salarios, mientras que 500 mil millones de dólares serán préstamos garantizados y subvencionados para fondear a empresas grandes. Además, hay fuertes transferencias directas de dinero a los hogares. Las personas recibirán 1200 dólares junto a otros 500 dólares por hijo o hija. El beneficio opera para salarios anuales que están por debajo de los 75 mil dólares. Aumenta el seguro de desempleo en 600 dólares por semana por hasta cuatro meses. Las aerolíneas van a recibir 25 mil millones de dólares en garantías y los hospitales, 117 mil millones, entre otras medidas.

Brasil

A pesar del juego mediático del presidente, Jair Bolsonaro, para encender la chispa de su electorado, al minimizar la magnitud de la pandemia, el gobierno de Brasil anunció medidas para reducir la crisis económica. Se definió la entrega de un bono por el equivalente a 120 dólares a los trabajadores informales y desempleados que no reciban recursos de otros programas. Las empresas pueden pagar la mitad de los sueldos, aunque sin compensación para los trabajadores formales afectados. Flexibilización en el pago de impuestos para las pymes. Se abrió también una línea de crédito de emergencia de unos 8 mil millones de dólares para que las pequeñas y medianas empresas puedan pagar sueldos durante los próximos dos meses.

Colombia

Se estableció el pago de un beneficio extra para los programas sociales existentes Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor, la entrega de una canasta de comida para los hogares más vulnerables y libre acceso al servicio de agua a pesar de deudas impagas. Se refinancian deudas e hipotecas y se pospone el pago del IVA y otros impuestos para el sector turístico y aviación.

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Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América  Tomo III

¿Es la Internet la gran dominación o la gran liberación? ¿Es la nueva utopía digital o el nuevo holocausto tecnológico? Y en esta dualidad, ¿qué papel juega la inteligencia artificial? Precisamente este es el asunto central de este nuevo libro, continuidad de las reflexiones retomadas o propuestas en los dos tomos que le anteceden: Educación(es) y globalización(es), entre el pensamiento único y la nueva crítica (I) y La(s) escuela(s) de las globalización(es), entre el uso técnico instrumental y las educomunicaciones (II).

En este nuevo viaje, el autor busca comprender desde su perspectiva las grandes transformaciones civilizatorias en marcha, las mismas que han reorganizado las estructuras de la sociedad y, desde luego, del proyecto de poder, obligado a reestructurarse toda vez que la ciencia está convertida en fuerza productiva y la tecnología, su medio de producción, generando unas nuevas lógicas de acumulación (la tecnología en los centros, y por desposesión en las periferias), diferentes a las dominantes durante las tres revoluciones industriales anteriores. Con la cuarta el capitalismo se torna cognitivo, convirtiendo la experiencia de vida de la gente con las máquinas en una nueva materia prima a partir de los datos que entregamos en su uso cotidiano, apropiado posteriormente en forma privada a partir de los algoritmos, incidiendo sobre el control del comportamiento, las emociones y muchos más aspectos de la vida.

En este contexto la educación, convertida por algunos sectores de la sociedad en una industria del conocimiento soportada en la titulometría y la bibliometría, adquiere un valor fundamental para el capital, como mecanismo de control organizado desde políticas multilaterales. Una educación dirigida por banqueros.

Es en este escenario global de cuarta revolución industrial que surge en Nuestra América una tensión por desarrollar una educación que no solo forme ciudadanías del mundo sino también hijos e hijas de la aldea, lo que demanda recoger los desarrollos históricos de las rebeldías críticas potenciadas en estas tierras (como el Buen Vivir, el Pensamiento Sur, y otras múltiples áreas del saber), a la par de valorar en su justo nivel las disciplinas clásicas occidentales y su mismo peso en el pensamiento ancestral, manifestado en campos diversos, como la Etnobotánica y la Teología de la Liberación.

Todo ese debate ha tocado la educación en curso en estos territorios, con infinidad de experiencias prácticas que muestran caminos propios de transformación de las educaciones, las escuelas y las pedagogías, las mismas que fundamentan y se presentan en este libro en un esfuerzo por construir otras educaciones, otras escuelas, otras pedagogías, en el camino por seguir labrando la transformación social que requieren y sueñan quienes desde siempre han sido negados.

 

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