"La tecnología no puede entenderse aislada de la política"

Carlos Eduardo Parra Falcón es Jefe de Operaciones del Proyecto Canaima en el Centro Nacional de Tecnologías de Información, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología e Innovación en la República Bolivariana de Venezuela.

 

Pero, por encima de este cargo coyuntural en la administración pública, Carlos Parra es activista de la Comunidad de Software Libre. Para Carlos, en cualquier actividad profesional, hay una orientación política que le da sentido a todo lo que hace. Es de los que piensa que la tecnología tiene una poderosa carga política que muchos se empeñan en "neutralizar".

 

Actualmente, tiene la responsabilidad de liderar el Proyecto Canaima, el sistema operativo GNU/Linux del Estado venezolano, y trata de aportar su orientación política en este proyecto técnico. Es consciente que a muchos políticos les cuesta ver la importancia del Software Libre, en una sociedad donde cada vez más todos los procesos son controlados por software. Pero, al menos en su ámbito de acción, trata que su modelo de gestión logre crear conciencia en los técnicos sobre las implicaciones políticas de la tecnología en la llamada Sociedad del Conocimiento.

 

No es nada fácil romper con el control de los monopolios tecnológicos pero el contexto revolucionario que vive Venezuela, una comunidad de Software Libre muy activa y crítica y unos dirigentes que escuchan a estas comunidades, permite haber alcanzado logros como el mismo Proyecto Canaima o un alto porcentaje de penetración del Software Libre en toda la administración pública venezolana.

 

A Carlos, con su mirada Caribe, alma rebelde y pensamiento comunista, le encanta cantar Oh Bella Chao, hablar de tecnología y, sobretodo, de política. En esta entrevista nos explica cómo el Proyecto Canaima va mucho más allá que un proyecto tecnológico. Reflexiona sobre el Conocimiento Libre, Software Libre y Socialismo y cómo se relaciona la creación de software con la propiedad de los medios de producción.

 

Para situarnos, ¿qué es Canaima y cuál es su objetivo?

 

Canaima nació como un producto tecnológico, una distribución Software Libre desarrollada en estándares abiertos, en cumplimiento con el Decreto Presidencial N° 3.390 firmado por el Presidente Hugo Chávez el 23 de diciembre de 2004 y su objetivo inicial era facilitar la migración a Software Libre en las estaciones de trabajo de las instituciones, órganos y entes de la Administración Pública (AP) venezolana.

 

El tiempo y su dinámica han convertido a Canaima en mucho más que un producto tecnológico, actualmente lo concebimos como un Proyecto Socio-Tecnológico que pretende generar instrumentos, mecanismos, herramientas, procesos, tanto tecnológicos como sociales y políticos que logren colocar a la tecnología al servicio de la sociedad; de ahí su definición socio-tecnológica. Esta concepción ha dado nacimiento a proyectos tan importantes como Canaima Educativo, desarrollado también desde el Gobierno Bolivariano, y otros no menos importantes como Canaima Comunal, Canaima Universitario, Canaima Colibrí y Canaima Forense, desarrollados éstos por comunidades organizadas.

 

Uno de los conceptos más difundidos del Proyecto Canaima esboza entre sus objetivos la generación de capacidades nacionales, desarrollo endógeno, apropiación y promoción del libre conocimiento, para la construcción de una nación venezolana tecnológicamente preparada.

 

El Proyecto Canaima es actualmente, de hecho, una política pública del Gobierno Bolivariano.

 

Actualmente, existen infinidad de distribuciones de sistemas operativos en Software Libre, ¿por qué desarrollar y mantener Canaima? ¿por qué no usar distribuciones libres de las que ya existen?

 

¿Por qué Canaima? Por muchas razones, una de ellas: por la oportunidad que representa para nuestros talentos nacionales apoderarse de un proyecto nacional y darle un sentido social y político adaptado a nuestras realidades; porque adaptar un Software Libre pasa necesariamente por investigar, estudiar, adquirir conocimiento, multiplicarlo, socializarlo, y ese proceso deja en el camino mucho más que un sistema de operación libre, deja muchos proyectos, deja muchas ideas, deja mucha curiosidad por saciar, deja mucho emprendimiento propio que surge casi automáticamente cuando varias personas se unen para completar un objetivo y esa unión es solidaria, se basa en compartir y complementar, en apoyar y ayudar.

 

Hay muchos proyectos que pueden considerarse de máxima prioridad para una sociedad con grandes desigualdades, ¿consideras que un sistema operativo libre es un proyecto de relevancia para el Estado?

 

Sin duda es relevante, por todo lo que hemos conversado aquí y mucho más; eso no quiere decir que sea lo único relevante para el Estado. Hay necesidades sensibles de la población que son más concretas, palpables y que la gente está más sensibilizada hacia ellas porque dejan huella todos los días al salir de casa. Por ejemplo, un vecino que sale de su casa y nota que el camión del aseo tiene tres días que no pasa a recoger los desperdicios, tiene una necesidad muy sensible y un sistema operativo libre no le va a resolver eso el cuarto día para que el sistema de saneamiento urbano recoja los desperdicios en su barrio; hay problemas cotidianos, pero muchos de los problemas cotidianos no son problemas coyunturales, sino estructurales, sistémicos, y los problemas estructurales no se resuelven con medidas coyunturales, las medidas coyunturales pueden paliar la situación, pueden servir para aminorar los efectos del problema, pero la solución real pasa por buscar las causas al problema y solucionarlas desde el punto en que nacen.

 

Ahí es donde se ve el carácter relevante que tiene un sistema operativo libre, un proyecto del Estado que impulse el uso y apropiación de la tecnología para ponerla al servicio de la sociedad conlleva, tal vez no en un corto plazo, pero sí en un mediano plazo, a una nación con un nivel de desarrollo científico-técnico autosustentable capaz de dar soluciones mediadas por la tecnología a los problemas cotidianos de la gente.

 

En Venezuela hay mucha actividad y participación política de las Comunidades de Software Libre, ¿por qué consideran que tiene tanta importancia el Software Libre en la sociedad actual?

 

El Software Libre le abre las puertas al desarrollo, a la sociedad, a los pueblos, a las naciones y esto lo hace gracias a que respeta el principio de la libertad del conocimiento. Una sociedad sin conocimiento es una sociedad a oscuras, un pueblo sin futuro, una nación dependiente sin capacidad para caminar con sus propios pasos y trazarse su propio destino. Socializar el conocimiento se traduce en regar muchas semillas plantadas a lo largo y ancho del territorio nacional, esas semillas que son hombres y mujeres, estudiantes, niñas y niños, el futuro de la sociedad.

 

Una sociedad que pretenda desarrollarse de manera autónoma, sostenible y sustentable debe generar sus propias herramientas tecnológicas y apropiarse de ellas, al contrario, una sociedad que viva de importar tecnología para ser usada por sus ciudadanos será simplemente consumidora de productos tecnológicos, objetos del mercado global de la tecnología.

 

Dices que que el Proyecto Canaima es un proyecto Socio-Tecnológico, ¿consideras entonces que la tecnología tiene un carácter político?

 

Desde un sentido amplio, todo lo que hacemos en sociedad tiene un carácter político, la tecnología tiene un carácter político, sin duda. Mirando más a lo concreto, en el día a día de la nación venezolana que está empeñada en ser libre, independiente, soberana y socialista, la tecnología no puede entenderse aislada de la política, más allá del quehacer en sociedad, el accionar de la política va de la mano con el accionar de la tecnología y la forma como nos apropiemos de ella, o la forma como la usemos.

 

La tecnología nace para cumplir un objetivo, desde que se piensa en hacerla hasta que se materializa, por lo tanto, la tecnología que usamos está fabricada para un fin y nosotros se lo damos al usarla. Pero más allá, cuando tenemos el poder de hacer nosotros mismos la tecnología podemos hacerla para cumplir los objetivos que nos tracemos, objetivos sociales, políticos, humanistas, por ejemplo, hacer tecnologías libres cumple un fin, primario o subyacente, que es liberar conocimiento, socializarlo, colocarlo en manos de todas y todos. Eso es un fin humanista, social, político, filosófico.

 

Fíjate qué tan ligada es la tecnología a la política que, por ejemplo, cuando usas software privativo estás cumpliendo, sin quererlo o no, con el objetivo de generar acumulación de capital en unos pocos, eso responde a una concepción política de la vida en sociedad y, cuando usas Software Libre, estás, queriéndolo o no, difundiendo conocimiento, socializando la tecnología, estás practicando el socialismo.

 

Entrando en conceptos como soberanía e independencia tecnológica, ¿puede un país obtener desarrollo científico-técnico usando tecnologías importadas?

 

Depende, si la importación de esa tecnología viene acompañada de transferencia tecnológica pues claro que puede, porque gracias a esa transferencia logrará desarrollo endógeno, apropiación de la tecnología y de los procesos que intervienen en su producción. La clave para lograr desarrollo científico-técnico propio y sostenible con tecnologías importadas es que no generen dependencia. Hay que tener mucha precaución con eso, yo puedo importar tecnología con un convenio de transferencia tecnológica, pero si esa transferencia es para dar soporte únicamente, seguiré atado porque la tecnología se volverá obsoleta y la transferencia no me habrá incluido la actualización o generación de nuevas tecnologías. Otro error puede ser que, aunque haya transferencia completa, el país no se dedique a desarrollar talentos y masificar los procesos de producción y socialización, que no haga re-transferencia, que no forme o capacite, ahí se perderá el esfuerzo y la inversión.

 

Finalmente, el desarrollo científico-técnico nacional sostenible puede iniciarse con importación de tecnologías, pero pasa necesariamente por procesos de transferencia tecnológica, de formación aguas abajo, de investigación y prospectiva, de articulación, de inversión en infraestructura, de inclusión de las instituciones de educación pública en el proceso y otro tanto más que seguramente se me escapa en este momento.

 

¿Y el Software Libre basta para lograr la independencia tecnológica?

 

No basta, es sumamente importante pero no basta. El software libre que produzcamos tenemos que instalarlo en equipos y si esos equipos son cerrados, no son libres ni documentados tendremos la otra mitad del camino empedrado. Necesitamos mayores esfuerzos para estimular la producción e investigación en torno al hardware libre, debemos documentar el hardware que produzcamos nacionalmente. Si estamos sólo ensamblando, pues es necesario documentar el ensamblaje de los equipos para ir apropiándonos de esos procesos; cuando fabriquemos tarjetas, circuitos integrados, chips, memorias, discos ... entonces documentaremos todo, el conocimiento es libre.

 

Para entender Venezuela, siempre es bueno recordar que es codiciada por tener la mayor reserva petrolera del mundo. Como consecuencia de los sabotajes tecnológicos a la industria petrolera, por parte de la derecha nacional e internacional, los políticos venezolanos saben de la importancia de la soberanía tecnológica, ¿y los desarrolladores?

 

Los conceptos de soberanía e independencia tecnológica son conceptos políticos, por eso los políticos lo captan más fácilmente. En líneas generales un desarrollador conoce muy bien las ventajas técnicas de los lenguajes de programación libres, de los entornos de desarrollo, de la estabilidad, de las librerías y hasta del modelo de producción colectivo del Software Libre, donde todos los desarrolladores se unen en determinados escenarios para ayudarse.

 

No todo desarrollador o desarrolladora de SL tiene claros los conceptos de independencia y soberanía, pero todo político debería tenerlo claro. Es ideal que los desarrolladores también tengan esa claridad; un cercano ejemplo es la Oficina de Operaciones del Proyecto Canaima en el CNTI, que cuenta con un equipo de desarrolladores y desarrolladoras y los temas políticos están presentes en casi todas nuestras discusiones, porque el Proyecto Canaima es un proyecto político, nacido en revolución, bajo la pluma y el ideario del Presidente Hugo Chávez, con una clara concepción socialista; no entendernos así en nuestra esencia sería perdernos, nuestros objetivos no son tecnológicos, son políticos, nuestro accionar está enmarcado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, mejor conocido como Plan de la Patria o II Plan Socialista de la Nación. El Proyecto Canaima es una de las tantas siembras que hizo el Comandante Hugo Chávez en esta Patria de Bolívar; esa semilla ha crecido, ha generado millones de frutos y actualmente sigue madurando.

 

En su modelo de gestión trata de incorporar la política aunque se trate de un proyecto tecnológico, ¿cómo se trabaja con desarrolladores internamente un proyecto tecnológico con visión política?

 

Los desarrolladores no somos autómatas, somos entes sociales, somos entes políticos como todos, nos montamos en un transporte público o en nuestro carro en las mañanas y en el camino vemos las desigualdades sociales, vemos a algunos en su Audi, vemos a otros en la ventana de un edificio de la Gran Misión Vivienda Venezuela, vemos las inequidades y vemos los cambios políticos que se dan actualmente en nuestro País.

 

El Proyecto Canaima es más que un proyecto tecnológico, la tecnología es una herramienta, no es el fin, el fin es la soberanía nacional, la libertad, la independencia, el fin más preciado, como lo indica el primer gran objetivo histórico del Plan de la Patria. Esa es la visión y estamos conscientes de ella, así que más allá de nuestro rol en el proyecto, todos y todas entendemos nuestro papel para lograr fines políticos y día a día asumimos eso en nuestras actividades y nuestras discusiones en el permanente proceso de revisión, rectificación y reimpulso del proyecto.

 

Se habla de la neutralidad tecnológica, ¿Lo comparte?

 

Primero quiero aclarar que lo que algunos especialistas denominan neutralidad tecnológica refiriéndose a la garantía de acceso e intercambio de datos entre sistemas y ciudadanos, no es a lo que yo me refiero cuando utilizo ese término. En ese sentido prefiero usar el término "interoperable" en lugar de "neutro".

 

No creo que la tecnología sea neutra, la tecnología siempre responde a los intereses de quien la hace, la tecnología no nace de la nada, la hacemos hombres y mujeres, que vivimos en sociedad y que tenemos intereses colectivos o individuales, pero intereses al fin.

 

Si la tecnología no es neutra políticamente, ¿puede hablarse entonces de una tecnología capitalista y una tecnología socialista?

 

Como comentaba anteriormente, la tecnología siempre responderá a intereses, los intereses de quien la hace, de quien la construye, fabrica o desarrolla; ahora bien, cuando los intereses colectivos prevalecen sobre los intereses individuales entonces estamos en presencia de fines que propician el bien colectivo, políticamente hablando dejamos el individualismo para abrazar la solidaridad, dejamos la acumulación para hablar de socialización. Hay ahí al menos dos modelos políticos claramente identificables; lo tomo de la formulación de tu pregunta, hablamos de capitalismo y hablamos de socialismo.

 

Pero, ¿estos dos modelos políticos de la tecnología son desde el punto de vista de los usuarios o en el fin para la cual la usan?

 

Ni en los usuarios ni en el fin para el cual la usan, más bien en el fin para el cual se hace. Esto lo podemos ver más claramente si nos vamos a la esencia del modelo, me refiero al modelo productivo, el modelo que se usa para hacer Software Libre no es el mismo modelo que se usa para hacer software privativo.

 

Analiza lo siguiente, si haces un sistema administrativo de forma cerrada, bajo el modelo privativo y haces un sistema administrativo en Software Libre, una visión superficial puede afirmar que los dos sistemas aunque hechos con modelos de producción distintos están hechos para el mismo fin: automatizar la administración de una organización; pues no, quien ha hecho el sistema administrativo privativo lo ha hecho para acumular capital, no para administrar bienes y recursos de una organización, ¿lo ves? Y en el modelo de construcción que se utilizó para el sistema privativo se contrató trabajadores y trabajadoras, a quienes se les pagó un sueldo, a quienes se les impidió apropiarse del sistema administrativo en ninguna de sus partes, con los cuales se generó plusvalía de la cual se apropió el dueño de una empresa y el producto que se generó no es más que una mercancía objeto del trabajo de una clase que no es dueña del medio de producción, ni ha incidido directamente en la determinación del modo de producción.

 

El sistema administrativo hecho en Software Libre utilizó otro modelo, uno en el cual la construcción es colectiva, la plusvalía, al menos en la fase de producción, es conocimiento y ese conocimiento es socializado, es decir, nadie se apropia la plusvalía, ésta es socializada y beneficia al colectivo, quien a su vez la retorna al producto y los multiplica bajo el mismo modelo de producción ¿ves la diferencia?

 

Finalmente, ambos sistemas, el libre y el privativo, pueden usarse como sistemas administrativos en una organización, pero el modelo de producción usado en cada uno es completamente distinto y genera efectos distintos en la sociedad y en los seres humanos que intervienen.

 

Entonces, lo que determina lo socialista o capitalista de una tecnología es su modelo de producción y éste es reconocible enseguida, es único.

 

Según esto, ¿podríamos afirmar que el Software Libre es socialista?

 

Sin duda, el Software Libre es socialista, ¿por qué? Pues por su modelo de producción, principalmente; es probable que otras variables incidan pero diferenciarlo por el modelo de producción es inequívoco.

 

El modelo de producción en el socialismo se caracteriza entre otros por:

 

– el medio de producción es propiedad social

– la planificación y organización son colectivas

 

Quienes hacemos Software Libre para un Estado o no, para un Gobierno o no, lo hacemos así, el medio de producción es de todos los que intervienen en la producción y tanto la planificación como la organización y toma de decisiones son colectivas.

 

Pero puede haber explotación en una empresa desarrollando Software Libre.

 

Puede haberla, depende del modelo de producción que adopte la empresa. El modelo de producción determinará si la empresa explota o no.

 

El tema, insisto, radica en el modelo, si una empresa se dedica a hacer Software Libre socializando los medios de producción, generando propiedad colectiva, redistribuyendo la plusvalía, la explotación capitalista no existirá.

 

Pero una empresa puede hacer software contratando o subcontratando trabajadores, pagándoles un sueldo, apropiándose de la plusvalía y luego liberando el producto final, un software licenciado libre. Es un modelo capitalista de producción de software libre, pero el producto es liberado luego y el modelo de producción que se usó inicialmente no es un modelo socialista.

 

La licencia CopyFarLeft obliga a que el software, además de que cumpla las 4 libertades del Software Libre, se desarrolle en organizaciones con medios de producción colectivos. Han aparecido iniciativas interesantes como el Manifiesto TeleComunista que reflexiona sobre la propiedad de los medios de producción en el desarrollo del software, ¿qué opinas de estas propuestas?

 

Esas propuestas vienen a llenar los vacíos que existen en cuanto al modelo de producción utilizado para crear software libre. Me parecen propuestas muy revolucionarias.

 

Crear una licencia que garantice que los trabajadores (desarrolladores y desarrolladoras) sean dueños de los medios de producción mediante los cuales producen las obras (sistemas, en este caso) es un blindaje contra la explotación. Gracias a estas propuestas será posible que los trabajadores compartan libremente conservando el valor del producto de su trabajo (la plusvalía). Creo que hacia allá debe apuntar el futuro.

 

@rafaelricorios

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Publicado enInternacional
Jueves, 09 Febrero 2012 18:37

Un grito de alerta

K-ja
El conocimiento
es un bien de la humanidad.
Todos los seres humanos
deben acceder al saber.
Cultivarla es responsabilidad de todos.

Ediciones Desde Abajo

La respuesta fue genérica y cubrió todos los continentes. El 18 de enero, como un solo cuerpo y por primera vez en su corta existencia pública, internet fue sacudida por el rechazo a un intento de Estados Unidos por controlar y censurar el libre acceso a la red, así como el libre intercambio de información. Cuando los impulsores de SOPA (1) y de PIPA (2) actúan para controlar y dominar, otro sector de la humanidad lo hace en vía contraria: para garantizar la libertad y el acceso al saber de la mayoría de los hombres y las mujeres que habitan el planeta.

Con el pretexto de confrontar la denominada ‘piratería’ de material con copyright en internet y de proteger la propiedad intelectual, las multinacionales del entretenimiento gringo lograron que su insaciable deseo de monopolizar más la información y el conocimiento –traduciéndolo en derecho privado y dinero– avanzara en el legislativo de aquel país hasta casi hacerse norma. Sólo la alarma despertada por doquier, traducida en no menos de 60 mil webs que se sumaron a la protesta, entre ellas algunas como Wikipedia, construidas con el aporte voluntario y desinteresado de miles de personas, lograron hacer desistir –por el momento– a los legisladores norteamericanos ahora enfrascados en año electoral.

La pretensión multinacional, presentada al público como un asunto de derechos y propiedad en internet, en verdad esconde la ansiedad por no dejar salir de las arcas de los grandes conglomerados los miles de millones de dólares que produce cada año la industria del entretenimiento, del sotfware y de la biotecnología, traducidos desde hace años en sectores de punta de la primera economía del mundo, y, por su conducto, en mecanismos de control y dominio del conjunto de la humanidad, bien a través de la cultura y la ideología, bien por la ciencia o el dominio de la agricultura y la alimentación (3). Es un afán de negocios aún más imperioso, toda vez que estos sectores de la economía son de los pocos que muestran tendencias constantes de crecimiento, a más de que, por primera vez en la historia de la humanidad, los bienes de más impacto, su coste de adquisición, reproducción, transmisión y modificación, tienden a cero (4).

Para ver más allá. Las llamadas tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) se han constituido en la esperanza del capital, pese a que ya fueron víctimas de la orgía especulativa que dio lugar a la burbuja de las “punto com” entre 2000 y 2001. Esa crisis dejó en pie a las compañías que hoy se han constituido en hegemónicas, en disputa de diferentes intereses. Las compañías más antiguas, como Microsoft y Apple, atadas aún a viejas formas de concebir la empresa y la lógica capitalistas, disputan con aquellas más recientes y cuyo insumo más importante es la circulación de la información (tal el caso de Google y Megaupload, recientemente intervenida). Porque la apropiación de la información, en sentido estricto, tiene la particularidad de no ser excluyente para su disfrute. Es decir, que, a diferencia de los bienes tangibles, el consumo de información por alguien no excluye, por principio, a otros del disfrute de esa misma información.

Controlar lo difícilmente controlable es una tarea inmediata del capital en la que una primera dificultad reside en conciliar intereses entre gigantes como Google y Microsoft, que hasta el momento tienen posiciones antagónicas en cuanto a los grados de libertad de la circulación de la información en la red. De otro lado, quizá nunca los sectores sociales de base contaron con una capacidad de resistencia inicial tan grande como la que han mostrado los grupos defensores de la libre circulación en la red para evitar la negación de sus derechos (ver Anonymous…, pág. 12).

No es extraño que necesiten encajonarlos. Ya el bloqueo de internet fue una pretensión de George W. Bush con la llamada kill switch. El mandatario quería recibir atribuciones para poder declarar la llamada situación de emergencia cibernética, y así obstruir las conexiones con el mundo exterior. Como otra manifestación de dominio, en 1998, a través del Digital Millenium Copyright Act, en aquel país se estableció la base legal para restringir la lectura y el préstamo de libros informatizados –así como de otra clase de datos (5). Quienes compran las llamadas tabletas” saben de qué se trata, toda vez que no pueden compartir los libros que leen en sus pantallas ni hacer llegar de manera directa a otros los comentarios y desarrollos que hacen a los mismos. Con igual espirítu fue recubierta la aprobación de una normatividad en Europa en 2001. Se trata de una pretensión de monopolización que no cesa.

En 2003, una amplia inconformidad social que tomó forma en el país del norte impidió que fuera realidad la iniciativa en pro de la concentración de la propiedad de los medios, que lideró el entonces presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Michael Powell. Sin embargo, no desisten. En octubre pasado, Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Marruecos, Nueva Zelanda, Singapur y Corea del Sur firmaron el Acuerdo Comercial Antifalsificación (ACTA). Paso a paso, son decisiones que se hacen norma para el resto de países del mundo (6) a través de los llamados tratados de libre comercio. Es ésta una normativa con vulneración de libertades y que implica, para hacerse realidad, un control efectivo de los servidores, espiando y censurando su servicio.

Afán de dominio


Medio milenio atrás, con la invención de la imprenta, se expidieron las primeras normas para regular la reproducción impresa y controlar a la opinión pública. Entonces la Iglesia, portadora de la ‘verdad’ y protectora de reyes y príncipes, cuidaba que la mayoría no accediera a los libros. El veneno impregnado en los libros resguardados en los monasterios era un obsequio para quienes pretendían leerlos a hurtadillas, como en El nombre de la rosa lo recuerda Umberto Eco.
Varios siglos después, en pleno auge de la revolución industrial, concluyó la primera convención internacional de copyright: el Convenio de Berna, con los imperios como promotores, y su espíritu colonialista en el cuidado y una ejecución celosa. No en vano ha pasado el tiempo. Al día de hoy existe todo un complejo industrial y cultural expresado en variedad de acuerdos y convenios, amparados en una legislación supranacional que rompe la soberanía jurídica de las naciones y toma la forma de un régimen de propiedad intelectual (7). Estos acuerdos y su legislación tienen aplicación para los más débiles, pues quienes no lo son se niegan a reconocerlos. Así sucedió con los Estados Unidos, que en medio de un proceso ascendente desde su condición de colonia inglesa a potencia guardó la negativa por más de un siglo a reconocer el copyright de propiedad extranjera. El ascenso de China recorre un camino similar.

Un proceso que se perfecciona. En un principio fue el control sobre la lectura de los libros, pero luego, a través del copyright se extendió la vigilancia a la propiedad intelectual, así como a las máquinas y similares. En el siglo XX cubrió a todo tipo de productos, objetos, ideas, hasta expropiar saberes y conocimientos colectivos acumulados por la humanidad en miles de años. En cuanto a uno de éstos –el software–, de reciente logro por la comunidad científica mundial, que desde su primer momento impulsó el código libre para que cualquiera pudiera apropiárselo, utilizarlo y complementarlo, ahora la minoría del uno por ciento pretende expropiárselo al 99 por ciento. Y se esfuerza por lograrlo.

Como se sabe, el avance de la informática surgió bajo los afanes de la Guerra Fría, en la cual los centros de investigación de comunicaciones de las potencias crecieron financiados con dineros públicos. Una vez que llegó a su fin la bipolaridad, viene el empuje de grandes conglomerados como Microsoft, que concentran para unos pocos el desarrollo, fruto del esfuerzo de miles y del patrocinio con los recursos provenientes del trabajo de millones de personas, por intermedio de una perfeccionada legislación de copyrigth y su enunciado para impedir el libre acceso al conocimiento de inmensos conglomerados sociales.

Por fortuna para la humanidad, mientras esto sucedía, un buen número de científicos, convencidos del valor público del conocimiento, siguió entregándole su trabajo a la humanidad, e impulsó la necesidad de contar con software de código abierto e implementar el modelo del copyleft –que impide el control y el dominio; además, que expropien a la humanidad de su saber (8). Pero también, en alimento del ideal de que todos los recursos indispensables para la reproducción humana en libertad y para una vida en dignidad, como el agua, el aire, la tierra, deben conservar su carácter irrenunciable de propiedad de todos. Este propósito no es nuevo. Durante siglos, diversos grupos humanos luchan por el acceso al saber, un ideal que ahora toma dimensiones mundiales.

Los escépticos quizás argumenten que la lucha librada es por la libertad de circulación de información poco significativa, y que los juegos en línea, el contenido pornográfico o la música light son seguramente una de las partes más importantes de la disputa. En ello puede haber algo o mucho de razón, pero paradójicamente el asunto está conduciendo a que grandes conglomerados sociales en todo el mundo coincidan en la defensa de unos derechos que afectan a todos. Pero lo que está en juego es la relación inclusión-exclusión y la legitimidad de su mediación a traves de derechos pecuniarios.

No debemos olvidar tampoco que la mayoría de las redes resistentes está conformada por grupos de jóvenes a los que se les ‘vendió’ la idea de que la capacitación era la puerta de la inclusión a un mundo de disfrutes cuyo acceso permanece cerrado. Y que es esa “clase media”, capacitada pero excluida, el grupo humano que más entiende el sentido del despojo que se pretende. Son esos grupos de personas (los nuevos excluidos) los primeros en darse cuenta de que la propiedad capitalista ha entrado en choque con las nuevas condiciones materiales y que no hay opción diferente de un cambio radical en las normas de la distribución y el consumo, es decir, del acceso y el disfrute de la riqueza social.

Sobre la mesa mundial hay, pues, una confrontación latente, desde el momento mismo de aprobación del sistema internacional de copyrigth: la de aquellos que procuran, y con poder, adueñarse de los bienes más preciados por la humanidad, bienes que son producto de la labor generosa de incontables generaciones, y quienes buscan su preservación como bienes de todas y todos, de libre acceso, goce y multiplicación.

En los años por venir, esta inmensa batalla tendrá consecutivos combates, estimulada en los tiempos modernos tanto por las rentas y la posibilidad de control que en las nuevas tecnologías encuentran los defensores de lo privado a ultranza, como por la veloz apropiación que de la propia tecnología, sus redes y usos, han hecho y hacen millones de usuarios de internet, sobre todo las nuevas generaciones que encontraron esta vía como el medio expedito para gozar de manera libre de bienes comunes como la música, las artes, la comunicación, avances de la ciencia, la literatura, el cine, y para contrarrestar los acomodos oficiales en información.

La puerta abierta para la sociedad mundo en formación es potente e indispensable: no permitir la desposesión que pretenden las multinacionales del entretenimiento y de la informática del conocimiento, avanzando hacia una “democracia cognitiva” (9). En palabras de Edgar Morin, “pese a los riesgos inherentes al ejercicio de la libertad, hay que salvaguardar la libertad de comunicación de internet. Internet ha creado unos bienes cognitivos comunes y ha abierto la posibilidad de gozar gratuitamente, es decir, democráticamente, de bienes culturales hasta ahora de pago, reservados a una élite, que ahora se han vuelto accesibles a todos, […]. Como contrapartida, es preciso, sin duda, encontrar el medio de retribuir a los creadores privados con los derechos de autor sobre las ventas (con un fondo común que remunere según el número de teledescargas)” (10). Esta es una opción.

Considerar a las multinacionales como bienes de la humanidad, y por tanto darles tal carácter y administración, es propuesta por otros (11). En todo caso, aquella idea de control y dominio de unos pocos sobre muchos está cuestionada y se debe impedir. Como lo está, igualmente, el copyrigth, modelo de protección de la propiedad intelectual que beneficia a una minoría de países y creadores, y empuja y ahonda la brecha entre los países del centro y los de la periferia, con preservación de la desigualdad y la injusticia en el mundo.

1 SOPA, Cese a la piratería en internet, tramitado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, permite sin orden judicial filtrar el DNS (servidores de nombre de dominio) a cualquier web de todo el mundo con sólo recibir una queja del propietario de los derechos de autor.
2 PIPA, Ley de protección de la propiedad intelectual, tramitada en el Senado de Estados Unidos. En todo caso, en un mundo con revoluciones recientes impulsadas desde internet parece que los políticos estadounidenses están comprendiendo el mensaje.
3 “Está entre los intereses económicos y políticos de Estados Unidos asegurar que, si el mundo se está moviendo hacia una lengua común, ésta sea el inglés; que si el mundo se está moviendo hacia unas telecomunicaciones, seguridad y estándares comunes de calidad, estos sean [norte]americanos; que si el mundo se enlaza por medio de la televisión, la radio y la música, la programación sea [norte]americana; y que si unos valores comunes están siendo desarrollados, éstos sean valores con los cuales los [norte]americanos estén cómodos” (David Rothkopf, 1997, funcionario del gobierno Clinton, al explicar los objetivos de su país), tomado de: “Diez tesis sobre el sistema internacional de copyright y el Sur”, Alan Story, 8 de julio de 2007, www.rebelión.org, consulltada 20 de enero de 2012.
4 Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 162.
5 Stallman Richar, Software libre para una sociedad libre, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2004, p. 104.
6 “Diez tesis…”, op. cit.
7 Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 165.
8 Los logros de este modelo productivo y distributivo son inmensos para 2006: “Más de un millón de entradas de conocimiento libre en la enciclopedia más grande del mundo (wikipedia), más de diez mil programas de software libre empaquetados y listos para su uso en cualquier plataforma informática (el sistema operativo GNU/Linux, con más del 70 por ciento del mercado de servidores de internet funcionando bajo este sistema), más de 18 millones de páginas web con licencias Creative Commons (que permiten a la usuaria al menos el permiso de copiar y reproducir la obra libremente sin ánimo de lucro), un archivo con más de 10 millones de fotografías libres, un número creciente de revistas e iniciativas viables para un conocimiento libre y miles de canciones copyleft (por mencionar sólo alguno de los ejemplos más sobresalientes del modelo productivo copyleft”. Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 163.
9 Morin, Édgar, La vía para el futuro de la humanidad, Paidós, España, 2011, p. 158.
10 ibid, p. 159.
11 Amin, Samir, Audacia, más audacia, www.desdeabajo.info, miércoles 14 de diciembre de 2011, consultada enero 22 de 2012.
Richard Stallman predicó en calcetines. Al terminar, subastó uno de sus libros entre los oyentes. En Madrid, de la mano de la Free Knowledge Foundation, cientos de fieles querían escuchar la palabra de San Ignucio, con ‘u’, el santo virtual y alter ego de este ateo practicante. Después de explicar qué es el software libre, Stallman habló con DIAGONAL. Ya se había calzado.

Su libro se vendió por 85 euros. San Ignucio no se había aparecido porque Stallman olvidó su aureola dios sabe dónde.

DIAGONAL: Sueles hablar de una guerra entre el movimiento del software libre y las compañías de software privativo.
RICHARD STALLMAN: A veces uso esta analogía. Me refiero a la guerra librada contra el hecho de compartir, no es sólo una cuestión de software libre contra privativo, aunque usan algunos programas privativos como armas en esa guerra.

D.: ¿En qué momento de esa guerra nos encontramos? ¿Quién va ganando?
R.S.: Es difícil de saber. Muchos siguen compartiendo, así que los enemigos de compartir no han ganado, pero siempre proponen imponer más restricciones para apoyar su guerra. Inventan nuevas armas, como por ejemplo en Francia: van a desconectar a gente de internet por ser acusados de haber compartido, sin intentar demostrar la acusación. Están dispuestos a eliminar los principios básicos de la justicia para ganar su guerra. Es un Estado comprado por las grandes empresas, en este caso, las empresas mediáticas, y hace la voluntad de estas empresas.

D.: Insistes mucho en la cuestión ética, no solo práctica, de la libertad y no sólo en el software.
R.S.: No he inventado estas causas, pero las apoyo. La libertad de expresión, la libertad de no ser castigado sin un proceso justo, como se hizo en Guantánamo (y sigue haciéndose en Guantánamo, a pesar de la declaración del presidente Obama... ¡Del dicho al hecho hay un trecho!.

D.: Eres bastante crítico con los últimos años de la Administración en Estados Unidos.
R.S.: ¡Lo llamo el ‘régimen de Bush’!

D: Hay sospechas sobre las máquinas de voto electrónico en EE UU y su software...
R.S.: Comparto esas sospechas. La votación debe hacerse en papel. No se debe confiar en las computadoras para votar, porque es muy fácil cambiar el programa... Estudiar el programa cuanto quieras antes de la elección no asegura que ése sea el mismo programa que está funcionando durante la elección. Si la máquina usa software libre, significa que el desarrollador y el fabricante no tienen un control superior al de la autoridad electoral, pero tampoco podemos fiarnos completamente de la autoridad electoral. Debemos rechazar el uso de computadoras en la votación, hay que votar en papel. Quizás algún día será diferente. Harán falta décadas de experiencia. En las elecciones debemos movernos lentamente y con mucha precaución.

D.: ¿Qué países están avanzando más en la implantación del software libre?
R.S.: España tiene ejemplos. Por ejemplo, Extremadura y Andalucía. En América hay dos países que tienen políticas explícitas para migrar las administraciones públicas al software libre: Venezuela y Ecuador. Hace unos meses visité Paraguay y vi mucho entusiasmo. El ministro de Educación me dijo: “No hace falta convencerme, sólo quiero consejos prácticos sobre cómo migrar las escuelas públicas al software libre”.

D.: Una crítica habitual es que el software libre no es viable económicamente.
R.S.: Me parece un detalle sin importancia. Eso es sólo una parte del argumento. La segunda parte de su argumento es “y por lo tanto no podrá existir”... ¡Y sí existe! ¿Qué quieren decir? ¿Que es imposible desarrollar el software libre? ¿Que si no es rentable no podremos desarrollarlo? ¡Ya hemos desarrollado mucho!

D.: Te defines como “ateo practicante”.
R.S.: Cuando digo ‘practicante’, es una broma, pero soy ateo. Ser ateo no conlleva ningún deber especial, pero todos tenemos responsabilidades.

D.: ¿Ni siquiera crees que el mundo haya sido creado por un espagueti volador’?
R.S.: No, no creo en el monstruo de espagueti.

D.: Mucha gente, al referirse al software libre, utiliza, casi como un insulto, la palabra ‘utopía’...
R.S.: No tiene mucha fuerza como argumento. Cualquiera que pretende cambiar el mundo puede ser atacado como utopista... O eres utopista o eres autopista... ¿Te gusta mi broma? [Risas].

D.: ¿Estás siguiendo el caso del juicio a The Pirate Bay? ¿Qué opinas del intercambio de archivos?
R.S.: Estoy a favor de compartir. Cada uno debe tener la libertad de compartir, no comercialmente, copias exactas de cualquier obra publicada. Prohibir esto es atacar a la sociedad, por lo tanto, estoy completamente a favor de The Pirate Bay. Excepto por una cosa: critico su nombre porque compartir no es ser pirata. No estoy en contra de aplicar el derecho de autor a la distribución comercial de obras de arte. Vender copias es una cosa y compartir copias es otra. No pienso que todas las obras de arte y de opinión deban ser libres. No veo por qué el arte debe ser libre, pero sí debe ser compartible. Las razones por las que el software debe ser libre se aplican también a otros tipos de obras de uso práctico en la vida, para hacer tareas... Pero el arte no tiene una finalidad práctica, contribuye a la sociedad de otra manera.

D.: En esta ocasión no hemos podido ver a San Ignucio. ¿Quién es este santo?
R.S.: San Ignucio es mi manera de burlarme de mí y de la religión al mismo tiempo. Algunos que no quieren reconocer la importancia de la ética, la atacan llamándola religión... Y un día decidí presentarme como un santo de la Iglesia de Emacs [Emacs es un programa editor de textos hecmo por Stallman]. Me parecía muy apropiado presentarme como san Ignucio, con ‘u’... ¡Bendigo tu computadora, hijo mío! Para hacerte miembro de la Iglesia de Emacs tienes que promulgar la profesión de la fe: “No hay más sistema que GNU y Linux es uno de sus núcleos”. También tenemos el culto de la virgen de Emacs: la virgen de Emacs es cualquier mujer que no haya aprendido a usar Emacs y nuestro deber es quitarles su ‘virginidad’ de Emacs.

D.: El usuario doméstico, ¿qué opciones tiene para usar software libre sin ser un experto?
R.S.: No es difícil. No es más difícil que Windows. Solo puedo recomendar las distribuciones totalmente libres porque las otras no son éticas. Gnusense es bastante fácil de usar.

Y esto del software libre, ¿Qué es?

La Fundación para el Software Libre lo tiene claro y Richard Stallman lo recuerda siempre. Para que un programa sea considerado libre, el usuario debe disfrutar de cuatro principios irrenunciables, las famosas cuatro libertades del software libre: La ‘Libertad 0’ exige que el usuario pueda ejecutar el programa para cualquier propósito. Es decir, que la persona o entidad que va a usar el programa debe poder hacerlo “en cualquier sistema de computación, para cualquier tipo de trabajo y propósito, sin estar obligado a comunicarlo a su programador, o alguna otra entidad específica”. El usuario también debe disfrutar la libertad de estudiar cómo trabaja el programa, y adaptarlo a sus necesidades: ‘Libertad 1’. En este caso es imprescindible que el usuario tenga acceso al código fuente en su totalidad. La ‘Libertad 2’ reconoce el derecho del usuario a redistribuir copias del programa. Este principio recuerda el compromiso social de esta forma de entender la informática: el objetivo ético es ayudar a la comunidad. Además, el usuario debe tener la libertad de mejorar el programa y publicar sus mejoras, y versiones modificadas (‘Libertad 3’). Para ejercer este derecho, una vez más, es necesario el acceso al código fuente. Un programa es libre si cumple todas estas normas. Stallman y, en general, la comunidad de defensores del software libre no se cansan de encarar una repetitiva serie de críticas o malentendidos. Hay quien confunde software libre con software gratuito: Stallman no se opone a que un programador cobre por su trabajo si el resultado satisface las cuatro ‘leyes’. Todo esto tampoco es lo mismo que el código abierto (open source), que no incide en las libertades del usuario. La piratería también es otra cosa: Stallman recuerda que los piratas son gente que aborda embarcaciones; el intercambio libre de archivos no tiene nada que ver, hay ciertos tipos de licencias ‘respetables’ (copyleft) y los autores de obras artísticas, por ejemplo, tienen, cómo no, derechos de autor (que no es lo mismo que ‘propiedad intelectual’).


Richard Satllman, Hacker y ‘Santo’

Richard Matthew Stallman nació en Nueva York en 1953. Cuando estudiaba en Harvard, se convirtió en hacker en el laboratorio de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Massachussets, aunque no debe entenderse el termino hacker como sinónimo de delincuente informático, sino, más bien, como apasionado del conocimiento. Su vida universitaria cambió con la irrupción de la industria del software privativo. Allí comenzó la rebelión de Stallman. En 1983 anuncia su proyecto para crear un sistema operativo completamente libre (GNU), que finalmente, con la apostilla del ‘kernel’ Linux, se convirtió en el popular GNU/Linux. Stallman también es considerado el ideólogo del copyleft. En 1999 promovió la creación de una enciclopedia libre, la GNUPedia, antecesora de la Wikipedia. Su férrea defensa de la libertad, su aspecto, con melena y barba desaliñada, además de su discurso irreductible, aderezado con mucho humor y juegos de palabras, en inglés y castellano (idioma que domina), le han reportado un halo de ‘gurú’, del que suele burlarse en una autoparodia en la que se caracteriza como ‘San Ignucio’.

Raúl Fernández, Madrid
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Una comunidad incipiente El festival estuvo anunciado, en su acto central, con la presencia de Stallman, pero también con el acompañamiento de Gustavo Petro y Hernando Gómez, quienes al final no fueron invitados. De esta manera, el acto trascurrió con la exposición de la historia y situación actual de las comunidades Linux en Colombia. Al final, de esta parte del evento, quedamos poco optimistas pues la insipiencia de esta comunidad es inmensa. Apenas llegamos a su primer nivel, el técnico. Estamos lejos de participar efectivamente en los niveles filosóficos y de construcción de comunidad, niveles ya evidentes en otros países. El evento continuo, paradójicamente, con la intervención de los representantes de las multinacionales: IBM. HP y Novel y dos representantes de empresas nacionales. De los primeros, hay que precisr, que aparecieron los lobos disfrazados de monjitas de la caridad. Según ellos se han vuelto impulsores del proyecto GNU-Linux cuando lo cierto (y válido especialmente para Microsoft) es que ante pisadas de animal tan grande, o se actualizan y reenfocan su “visión” o sucumben. Es esto tan cierto, que Stallman comenzó su exposición diciendo “le agradezco mucho a Microsoft permitirme esta oportunidad y el lugar privilegiado que ocupo ante el mundo”, lo cual lógicamente hizo “cagar” de la risa al auditorio principal de la Universidad Nacional, León de Greiff, que valga decir, estaba casi lleno. También hicieron parte del evento dos desubicados, uno de una ONG que le metió terror a los muchachos diciéndoles que había estado en la India, con auditorios de 5000 donde todos eran nivel de expertice 5 cuando aquí, que haya uno ya es mucho. El otro, representante del gobierno, precisó respecto a la legislación vigente, que unos días amanecía pensando que la misma estaba bien estructurada pero que otros no y que “se siente un poco culpable por eso…”, ese era el nivel de seriedad del expositor y del mismo asunto. Dijo, de igual manera, que el Gobierno sí ofrecía facilidades para la industria del software pero no para empresas pequeñas ya que el diligenciamiento de los requisitos exigidos, sólo están al alcance de las empresas que tuvieran departamentos jurídico, de comercio exterior, de mercadeo, etc. Es decir, en la práctica, nada de ilusiones, todo para los grandes grupos, cuando la aceptación y el impulso del software libre debería ser una de las prioridades del Plan de Desarrollo Nacional, blindándose –asi sea un poco- contra las multinacionales, y garantizando algunos signos de soberanía en este tema de ciencia y tecnología. De alguna manera, seguir el ejemplo de paises cono Brasil y Canadá. Cuatro niveles de libertad Al final, con la llegada de Stallman se justificó el evento. Con buen humor, salpicando con anécdotas, definió lo que es software libre mediante la introducción de 4 niveles de libertad en cuanto a la utilización del software por parte del usuario (desde poder ejecutar libremente los programas, hasta poderlos modificar, introduciéndoles mejoras, y su publicación oficial para ser utilizados ampliamente por terceros, con o sin fines comerciales pero dejando el código abierto). Niveles de los cuales Linux cumple con todos mientras que los productos propietarios puede que no cumplan ninguno. Aclaró sin embargo que hablar de libertad en Estados Unidos es difícil por cuanto aunque la palabra existe, en la práctica, el control total sobre los ciudadanos no la permite. Dijo que no es libertad poder escoger entre los varios productos que ofrece un monopolio y refirió cómo se utiliza el terror como estrategia del establecimiento para evitar la piratería. En el campo técnico hizo la aclaración de la diferencia entre GNU y Linux, definiendo al GNU como el Sistema Operativo y al Linux como su Kernel o núcleo y que prefería siempre hablar del agregado GNU-Linux. Nos contó como en los comienzos de su trabajo, por allá en 1984, de construir un sistema operativo de código abierto, -“no caja negra como es el software propietario”-, la actividad estaba bien vista y no se percibían enemigos a la vista. En cambio, ahora, las amenazas están por todas partes empezando por el señor Bush a quien calificó como el peor enemigo del pueblo norteamericano. Advirtió sobre el peligro inminente que implica la utilización de software como Windows XP, habiéndose detectado en él, lo que describió como puerta trasera, que es por donde el programa se comunica con Microsoft, de manera secreta para el usuario, para enviar información encriptada sobre las actividades e información manejadas por el usuario. Manifestó su No rotundo al TLC especialmente para países como Colombia. Por último, se disfrazó de jerarca eclesiástico, con todo y aureola, para pregonar una religión según la cual el pecado es usar software propietario y santifica la utilización del software libre. La lección para todo el auditorio no pudo ser mejor y más estimulante. El reto está abierto y todos podemos decidir en algún nivel.

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