Socialdemocracia: internacionalismo y redistribución nacional

Soñar con un mundo restaurado suele ser bastante común. Pero hay que aprender a distinguir entre sueños y realidad. Para tener éxito en este tiempo, la izquierda necesita ofrecer un programa que combine su internacionalismo y su cosmopolitismo de antaño con una fuerte redistribución nacional.

 

Atrapada entre el implacable proteccionismo y la xenofobia trumpistas, por un lado, y la coalición neoliberal de liberadores sexuales y oscuros recaudadores, por el otro, la izquierda de los países ricos parece carecer de nuevas ideas. Y peor que carecer de nuevas ideas es intentar restaurar un mundo que ya no existe, que va contra la corriente de la vida y la economía modernas.

Sin embargo, este es un ejercicio en el que participan algunos sectores de la izquierda. Tengo en mente varios ensayos de El gran retroceso, un libro que reseñé aquí, un artículo reciente de Chantal Mouffe y, quizás más manifiestamente, El futuro del capitalismo, de Paul Collier (reseñado aquí y aquí). Dani Rodrik proporcionó munición ideológica temprana para este punto de vista con su célebre «trilema». Es también el contexto en el que mi Capitalismo, nada más fue recientemente reseñado por Robert Kuttner en The New York Review of Books.

Este proyecto apunta a recrear las condiciones existentes aproximadamente entre 1950 y 1980, que fue, de hecho, el periodo en que floreció la socialdemocracia. Si bien muchos tienden a presentar esta época en tonos excesivamente brillantes, sin duda fue, en muchos aspectos, extraordinariamente exitosa para Occidente: el crecimiento económico era elevado, los ingresos de las naciones occidentales convergían, la desigualdad era relativamente baja, la movilidad social era mayor que hoy, las costumbres sociales se volvían más relajadas e igualitarias y la clase trabajadora occidental era más rica que las tres cuartas partes de la humanidad (y podía sentirse, como escribe Collier, orgullosa y superior al resto del mundo). Hay mucho por lo que sentir nostalgia.

Condiciones especiales

Pero ese éxito se dio en condiciones muy especiales e imposibles de recrear. ¿Cuáles eran?

Primero, no existía una competencia entre gran parte de la mano de obra global y los trabajadores y trabajadoras del Primer Mundo. Las economías socialistas, China y la India seguían políticas autárquicas, por diseño o por accidente histórico. En segundo lugar, el capital no se movía demasiado. No solo existían restricciones al capital, sino que las inversiones extranjeras eran a menudo objeto de nacionalización, y tampoco existían los medios tecnológicos para trasladar fácilmente grandes cantidades de dinero.

En tercer lugar, la migración era limitada y, cuando sucedía, se daba entre pueblos culturalmente similares (como la migración del sur de Europa a Alemania) y gracias a la creciente demanda de mano de obra impulsada por las economías nacionales en crecimiento. En cuarto lugar, la fuerza de los partidos socialistas y comunistas nacionales, combinada con los sindicatos y la amenaza soviética (especialmente en Europa), hizo que los capitalistas se manejaran con precaución: por instinto de supervivencia, tuvieron cuidado de no presionar demasiado a trabajadores y sindicatos.

En quinto lugar, el espíritu socialdemócrata de igualdad estaba en sintonía con las costumbres predominantes en aquella época, reflejadas en la liberación sexual, la igualdad de género y la reducción de la discriminación. En un contexto interno tan benigno, y sin enfrentarse a ninguna presión por parte de trabajadores extranjeros mal remunerados, los socialdemócratas podían seguir siendo internacionalistas, como fue el caso de notabilísimas figuras como Olof Palme en Suecia y Willy Brandt en la República Federal de Alemania.

Cambios drásticos

En las condiciones sociales y económicas totalmente diferentes que presenta la actualidad, cualquier intento de recrear un contexto interno tan benigno implicaría cambios drásticos y, de hecho, reaccionarios. Sin decirlo abiertamente, sus partidarios piden socialdemocracia en un solo país o, más exactamente, en un rincón (rico) del mundo.

Collier aboga por amurallar el mundo rico para detener la migración, que considera culturalmente disruptiva y que socava injustamente el trabajo nacional. Collier justifica estas políticas, aplicadas sobre todo por los socialdemócratas en Dinamarca, diciendo que su preocupación son los países menos desarrollados: no vaya a ser que el éxodo de sus trabajadores más calificados y ambiciosos empuje aún más a estos países hacia la pobreza. Sin embargo, está claro que no son esos los verdaderos motivos de tales políticas.

Otros protegerían a Occidente de la competencia de China, argumentando, otra vez de manera falsa, que los trabajadores occidentales no pueden competir con trabajadores de menores salarios, sometidos a una dura disciplina productiva y sin sindicatos independientes. Como ocurre con las políticas que detendrían la migración, la justificación del proteccionismo se camufla con el lenguaje de la preocupación por los demás.

Dentro de esta perspectiva, debería lograrse que el capital nacional permaneciera principalmente en casa, promoviendo una globalización mucho más «superficial» de la que existe hoy. Las empresas occidentales que actúen con ética no deberían contratar a personas en (digamos) Myanmar que no gocen de derechos laborales elementales.

Las masas populares

En todos los casos, estas políticas apuntan a interrumpir el libre flujo de comercio, personas y capital y a aislar al mundo rico de las masas populares. No tienen casi ninguna posibilidad de éxito, simplemente porque los avances tecnológicos de la globalización no se pueden deshacer: China y la India no pueden volver al aislamiento económico y las personas de todo el mundo, dondequiera que estén, desean mejorar su situación económica emigrando a países más ricos.

Además, estas políticas representarían una ruptura estructural con el internacionalismo que siempre fue uno de los logros más importantes de la izquierda (si bien suele más bien brillar por su ausencia). Reducirían el crecimiento en los países pobres y la convergencia mundial, frenarían la reducción de la desigualdad y la pobreza mundiales y, a fin de cuentas, resultarían contraproducentes para los propios países ricos.

Soñar con un mundo restaurado suele ser bastante común, y a menudo (especialmente a una edad avanzada) nos acostumbramos a entregarnos a esas ensoñaciones. Pero hay que aprender a distinguir entre sueños y realidad. Para tener éxito en tiempo real, en las condiciones actuales, la izquierda necesita ofrecer un programa que combine su internacionalismo y su cosmopolitismo de antaño con una fuerte redistribución nacional. Tiene que apoyar la globalización, tratar de limitar sus efectos nefastos y aprovechar su indudable potencial para igualar, con el tiempo, los ingresos en todo el mundo.

Como escribió Adam Smith hace más de dos siglos, la igualación de las condiciones económicas y el poder militar en todo el mundo es también una precondición para que prevalezca la paz universal.

Por Branko Milanović

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: Social Europe

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Francisco cree que la fraternidad puede cambiar el mundo

La tercera encíclica del Papa aborda problemas globales acuciantes, agravados por el coronavirus

Con el dinero que se usa hoy para comprar armas para las guerras, el pontífice propuso crear un Fondo Mundial para acabar con el hambre y ayudar a los países más pobres. Inmigración, deuda externa, individualismo, racismo, entre los temas claves. 

 

Con una gran visión sociológica, filosófica y económica además de religiosa, el papa Francisco en su tercera encíclica publicada el domingo, “Fratelli tutti” (Hermanos todos, sobre la fraternidad y la amistad social), analizó los problemas esenciales que afligen a la humanidad, hoy agravados por la pandemia. En el texto hace un llamamiento a las personas pero también a los gobiernos, a los grupos económicos y a las organizaciones internacionales, para que colaboren en desarrollar una nueva sociedad basada en la fraternidad y donde los seres humanos -todos sin distinción- puedan ser el centro.

Desde las primeras páginas de las 84 que tiene la encíclica, el lector se va enfrentando poco a poco con los males que la humanidad y su propia sociedad han ido cultivando en los últimos decenios, en particular desde la llamada “globalización” comenzada en torno al 1980-90 y a la que muchos consideraban sólo positiva. Pero es la relación entre los cambios económicos, sus consecuencias sociales y la transformación que todo esto ha producido en los valores de cada sociedad, una de las mayores preocupaciones de Francisco.

La encíclica fue presentada el domingo en rueda de prensa por el secretario de estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, quien destacó que el documento “no se limita a considerar la fraternidad como un instrumento o un auspicio, sino que delinea una cultura de la fraternidad para ser aplicada incluso en las relaciones internacionales”.

“Fratelli Tutti”, inspirada en San Francisco, según contó el Papa, fue firmada el sábado por Francisco sobre la tumba del “Poverello” (pobrecito) de Asís, uno de los santos preferidos del papa argentino y de quien tomó el nombre cuando fue elegido jefe de la Iglesia en 2013.

En sus ocho capítulos la encíclica trata todos los temas de actualidad, desde la tendencia a “nacionalismos cerrados” y la necesidad de abrirse al mundo, hasta los males de la sociedad globalizada que acerca a la gente pero no la hace más hermana, al crecimiento de los “individualismos” y de las “nuevas formas de colonización cultural”, entre otras cosas.

“Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad”, escribió Francisco en la introducción.

Pandemia y después

El Papa dedicó varias líneas de su encíclica a la pandemia y sus consecuencias. “Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la conciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos”, escribió. Y agregó “El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia”. “Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos”, continuó el Papa, advirtiendo que si después de la pandemia se aplicara el “sálvese quien pueda”, ese hecho se traduciría rápidamente en el “todos contra todos”, y eso sería “peor que una pandemia”.

Francisco no esquivó las críticas cuando se refirió a los temas candentes hoy, apuntando su dedo acusador contra los “mundos cerrados” que construyen muros y desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal, y a los que adhieren, incluso, ciertos sectores católicos. Pero también criticó a las guerras a las que llamó “un fracaso de la política y de la humanidad”, al globalismo” que favorece la identidad de los más fuertes y licua las identidades de las regiones más débiles”, a la política que aplica “divide y reinarás”, al individualismo, al desprecio de la historia que hacen algunos, a las nuevas formas de “colonización cultural” por la que los pueblos más débiles pierden su identidad, al “descarte” mundial de alimentos y personas, al racismo, a la discriminación de la mujer, a los derechos humanos no del todo universales pese a las declaraciones de hace 72 años por los miembros de Naciones Unidas, a la explotación y a la esclavitud a la que se somete a niños, hombres y mujeres en varios países del mundo, al avance de las mafias porque las personas se sienten abandonadas y los mafiosos aparecen como “protectores”, a las plataformas de Internet que favorecen la difusión de informaciones falsas, al terrorismo que difunde el pánico, pero no a causa de su religión sino de las interpretaciones equivocadas de los textos religiosos. Con el dinero que se usa hoy para comprar armas y otros medios militares para las guerras, Francisco propuso crear un Fondo Mundial para acabar con el hambre y ayudar a los países más pobres.

Integración para los migrantes

“En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas”, dijo, enfatizando sin embargo que es absurdo creer que “podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca”.

Sobre los migrantes -tema que vuelve a tratar periódicamente en sus mensajes y siempre a favor de ellos – advirtió que a veces “suscitan alarma y miedo porque el hecho es usado con fines políticos”. Sin embargo «las migraciones constituirán un elemento determinante del futuro del mundo», subrayó, añadiendo cuatro palabras fundamentales para el proceso de recepción de los inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar. “En la Argentina, la fuerte inmigración italiana ha marcado la cultura de la sociedad, y en el estilo cultural de Buenos Aires se nota mucho la presencia de alrededor de 200.000 judíos. Los inmigrantes, si se los ayuda a integrarse, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer “, contó. Claro, a este fenómeno de la llegada de inmigrantes se le ha agregado en Europa el resurgimiento del racismo al que el papa Francisco calificó como “un virus que cambia fácilmente y en lugar de desaparecer, se disimula. Pero está siempre al acecho”.

En cuanto a la globalización, que ha producido infinidad de cambios en la sociedad mundial, muchos la consideran un gran progreso cuando en realidad ha hecho aumentar bárbaramente la brecha entre ricos y pobres, como demostró un estudio de la organización no gubernamental Oxfam International. Según esa investigación, poco más de 2.100 personas son las más ricas del mundo y poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir el 60% de la población mundial.

Ciertos países “exitosos desde el punto de vista económico, son presentados como modelos culturales a los países poco desarrollados” porque “destrozar la autoestima de un pueblo es una manera fácil para dominarlo”, advirtió el Papa. Pero “si una globalización pretende igualar a todos, como si fuera una esfera, esa globalización destruye la riqueza y la particularidad de cada persona y de cada pueblo», añadió, llamando a todos los habitantes del mundo a practicar la fraternidad, la solidaridad, la igualdad para conseguir una libertad verdadera.

Deuda externa 

 “Solidaridad es una palabra que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero”, subrayó el pontífice. “El mundo existe para todos- continuó refiriéndose a los derechos de todos los seres humanos -, porque todos los seres humanos nacemos en esta tierra con la misma dignidad. Las diferencias de color, religión, capacidades, lugar de nacimiento, lugar de residencia y tantas otras cosas, no pueden anteponerse o utilizarse para justificar los privilegios de unos sobre los derechos de todos”, dijo. Y añadió: “El principio del uso común de los bienes creados para todos” es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social”. Por eso “El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad”, señaló Francisco.

Y también tuvo algunas palabras dirigidas al mundo financiero y empresarial al que, por una parte pidió una mayor consideración para los países que tienen una deuda externa”, como sería el caso de Argentina aunque el Papa no la nombró. “El pago de la deuda en muchas ocasiones no sólo no favorece el desarrollo, sino que lo limita y lo condiciona fuertemente. Si bien se mantiene el principio de que toda deuda legítimamente adquirida debe ser saldada, el modo de cumplir este deber que muchos países pobres tienen con los países ricos no debe llegar a comprometer su subsistencia y su crecimiento”, subrayó el pontífice. Y sobre los empresarios agregó que “la actividad de los empresarios es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos. Pero en todo caso estas capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo”.

Los pobres, que el Papa llama a veces los “últimos”, también fueron motivo de preocupación en la encíclica. “El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”, escribió Francisco. Y más adelante aclaró que "ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo". Porque "no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”, enfatizó.

Una cultura del encuentro 

Para reconstruir la sociedad y diseñar un “camino del reencuentro”, según Francisco, es necesario comenzar desde la verdad, la verdad histórica. “Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. (...) Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace mucho tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No,por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”, subrayó el Papa.

Francisco terminó su encíclica haciendo un llamado al mundo político y empresarial de cada nación, porque “es imperiosa una política económica activa orientada a promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial para que sea posible acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos. La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos”. “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro”, escribió. Francisco pidió además estimular el diálogo a todos los niveles, incluso con las organizaciones populares, para crear una “cultura del encuentro” y pidió una reforma que fortalezca las Naciones Unidas a fin de poder construir un mundo mejor y un camino de paz en todo el mundo. Y sobre este último punto también habló de colaboración con otras religiones a través del diálogo.

Por Elena Llorente

Desde Roma

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El Ingreso Mínimo Vital y la renta básica: nada que ver

Es bueno saber con precisión de qué estamos tratando aunque solamente sea para entendernos mejor. Y con el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y la renta básica (RB), una asignación monetaria pública incondicional y universal, ha habido tanta confusión que algunos medios han llegado a decir que son iguales. Ni mucho menos. El IMV es un subsidio muy focalizado dirigido a los muy pobres, a una fracción en realidad de los muy pobres; la RB a toda la ciudadanía. El IMV es un subsidio con muchas condiciones, la RB es incondicional. La RB la reciben todas la población, pero no todos ganan. Con una financiación mediante reforma fiscal, el 20% más rico de la población la recibe, pero pierde. El otro 80% gana.

Mas la diferencia fundamental entre la concepción de la RB y la del IMV se expresa en términos de libertad. La lógica del IMV no es otra que la ayuda ex-post a quienes han fracasado, a quienes han caído, a quienes son extremadamente pobres y además cumplen muchos requisitos. Se trata de ayudar a los que han fracasado. En claro contraste, la incondicionalidad de la RB es el lenguaje de los derechos humanos y de ciudadanía.

Una vida libre no debe ser suplicada. Quien suplica pide algo con docilidad. La súplica, pues, supone sumisión. Es inmensa la presencia de ingentes legiones de personas que suplican: que suplican un empleo; que suplican que el empleo obtenido, si es que se obtiene, vaya acompañado de unas condiciones mínimamente dignas; que suplican que, en caso de que se interrumpa la relación laboral, las instituciones públicas tengan a bien designarlas como destinatarias de las políticas diseñadas para asistir a quienes cayeron en el abismo de la pobreza y de la exclusión; y, finalmente, que suplican que estas prestaciones condicionadas lleguen sin demasiados rigores y mecanismos coercitivos. El IMV es para suplicantes.

El IMV también tiene problemas de diseño, por supuesto. Los diseñadores del IMV han intentando ahorrar el máximo del coste y decidieron definir “pobre” en función del (escaso) dinero que querían gastarse en los pobres (los pobres no merecen la urgencia de la banca) y diseñaron un sistema rebuscado de solicitudes que, combinado con la escasez de medios, es hasta ahora un absoluto fracaso. Todo lo que se les ocurre ante ello es pedir tiempo. Y asegurar que se cobrará retroactivamente. Alguien ha dicho de forma cruda que el hambre no es retroactivo.

Además de tener todos los defectos de los subsidios condicionados, el IMV está diseñado más pensando en penalizar a los “aprovechados” (aquí el éxito seguro será del 100%) que de llegar a toda la población pobre.

¿El IMV es un primer paso hacia la RB? Por lo que he hablado, escuchado y leído de miembros del gobierno y asesores ellos mismos dan la respuesta: no, para nada. Y en este punto, expreso mi acuerdo con su conclusión. El IMV va por un lado, la RB por otro. Como un monárquico y un republicano.

Por Daniel Raventós 

Es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, editor de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018), traducido al catalán por Arcàdia y al castellano por Icaria.

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Economía feminista: viva, abierta y subversiva

El fundamento de esta teoría afirma que economía sí es más que mercados, que el género sí importa y que el conocimiento sí es político.

En los últimos años, escuchamos cada vez más hablar de economía feminista y otros conceptos relacionados: cuidados, sostenibilidad de la vida, impactos de género de la crisis… Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de economía feminista? La economía feminista (en adelante, EF) es una teoría económica y es también acción. 

No podemos pensar teoría y acción por separado: la teoría económica feminista observa un sistema económico que se construye sobre la desigualdad de género y la alimenta. Frente a ello, lanza propuestas para avanzar hacia una economía distinta, donde haya una manera de producir, intercambiar, consumir y cuidar que desafíe las relaciones de dominación y ponga la vida en el centro. En este artículo nos centramos en la propuesta teórica de la EF. Os invitamos a acompañarnos en ese recorrido teniendo siempre en mente que, tras las palabras, hay prácticas, y viceversa.

1- Una forma distinta de mirar la economía

La EF no es un cuerpo único de ideas sino una diversidad de planteamientos que van más allá de hablar de la situación específica de las mujeres y/o de su diferente posición respecto a los hombres en la economía, o de proponer políticas que moderen los impactos de género negativos del funcionamiento del sistema económico. Suponen un cuestionamiento fundamental de la disciplina. Ello se propone desde un cruce heterogéneo entre diversas escuelas económicas heterodoxas (marxismo, post/keynesianismo, institucionalismo…) y diversas corrientes feministas (liberal, radical, marxista, ecofeminista, descolonial…). Existe una pluralidad de aproximaciones que conviven y se retroalimentan, otorgando una gran riqueza y versatilidad a los debates. Esta capacidad de diálogo ha permitido históricamente a los feminismos en general, y a la EF en particular, problematizar y deconstruir miradas para poder reconfigurarlas desde pensamientos complejos e inclusivos.

La EF tiene al menos tres objetivos principales. Primero, busca identificar los sesgos androcéntricos de las teorías económicas, que impiden tener una comprensión integral de la economía y de los procesos de inclusión/exclusión que en ella se producen, especialmente de los marcados por el género. A partir de ahí, pretende obtener herramientas conceptuales y metodológicas para revertir dichos sesgos y aplicar una perspectiva feminista a la comprensión de fenómenos económicos, desplazando el eje analítico de los mercados a los procesos que sostienen la vida. Con todo ello, se propone reflexionar sobre los procesos y políticas económicas actuales recuperando las esferas invisibilizadas de la economía y preguntándose cómo interactúan con la desigualdad entre mujeres y hombres.

La EF rompe con la economía convencional en múltiples aspectos. A nivel epistemológico, cuestiona las gafas androcéntricas con que la economía neoclásica observa todo, y su estructura de pensamiento dicotómica y androcéntrica, que excluye sistemáticamente lo feminizado. También denuncia que el objeto de estudio de la economía queda reducido a los aspectos mercantiles, relegando a la invisibilidad la naturaleza, las necesidades del cuerpo y las relaciones humanas, incluyendo la reproducción del poder (en base a la clase, el género, la raza, etc.). A nivel metodológico, critica la primacía de las matemáticas y la lógica hipotético-deductiva. El empeño en construir modelos matemáticos para explicar procesos sociales no sólo deja fuera infinidad de elementos fundamentales, sino que permite ocultar el papel que juegan los juicios de valor del contexto social y de la propia ideología del sujeto. La pedagogía ortodoxa, con su enseñanza de la economía unidireccional y en singular, también es criticada. Y, por último, hay un cuestionamiento político,desentrañando las implicaciones de la estrategia capitalista que sustenta esta corriente de pensamiento. La economía ortodoxa no es inocente, sino útil para el mantenimiento del statu quo y la desigualdad de género.

2- Aportes conceptuales y metodológicos

La EF se define por asumir un compromiso expreso con la comprensión y superación de las desigualdades de género en el ámbito económico, partiendo de una idea clave: no podemos entender (ni eliminar) estas desigualdades si no incorporamos los trabajos no remunerados. Se diferencia de la economía del género, que es una subcorriente ortodoxa caracterizada por intentar erradicar los sesgos androcéntricos sin cambiar el discurso neoclásico; y por intentar acabar con la desigualdad sin cuestionar el capitalismo. Este enfoque, que definimos como añada mujeres y revuelva, se distingue de la EF en tres cosas: sigue restringiendo el análisis a las dimensiones monetizadas de la economía; le preocupa el género, pero lo considera una construcción ideológica, que impacta en la economía, pero no es parte en sí de la economía; y aspira a realizar buena ciencia, no manchada por la política. Por contra, la EF afirma que economía sí es más que mercados, que el género sí importa y que el conocimiento sí es político. Estas tres afirmaciones son sus tres elementos definitorios, que unen a la pluralidad de miradas.

2.1- Economía es más que mercados

La EF entiende que economía son todos los procesos de generación y distribución de recursos que permiten satisfacer las necesidades de las personas y generar bienestar, pasen o no por los mercados. Trabajo son todas las actividades humanas que sostienen la vida, no sólo aquellas que se realizan a cambio de unos ingresos. En este punto, la EF se diferencia de numerosas corrientes heterodoxas que, al igual que la economía ortodoxa, usan la frontera mercantil para definir lo económico y reducen la noción de trabajo a trabajo asalariado.

La EF apuesta por desplazar el eje analítico y político en torno al cual construimos la economía: de los mercados a la sostenibilidad de la vida. A la hora de analizar el sistema económico, para la EF los agentes a tener en cuenta son los mercados, el estado, los hogares y las redes sociales y comunitarias. Necesitamos entender su interacción para comprender todos los procesos mediante los cuales generamos y distribuimos los recursos necesarios para la vida, comprendiendo cómo las relaciones de poder se van reconstruyendo en esos procesos. A nivel político, apuesta por mejorar el funcionamiento de la economía para que todas las personas tengamos acceso a una vida digna de ser vivida.

En el desplazamiento del eje analítico desde los procesos de valorización de capital hacia los de sostenibilidad de la vida, adquiere creciente relevancia la noción de (trabajo de) cuidados. Al poner los cuidados en el centro, se saca a la luz que la vida es vulnerable (si no se cuida, no hay vida) e interdependiente (la única forma de cuidarnos es junto al resto). La economía no se ve como el sumatorio de acciones individuales de sujetos autosuficientes, sino como una red de interdependencia. La labor de la teoría económica es entender cómo funciona esa red y qué conflictos la atraviesan.

2.2- El género sí importa, y mucho

La EF introduce las relaciones de género como un elemento constitutivo del sistema socioeconómico. Se pone cuerpo a la teoría, reconociendo que los agentes económicos no son homos economicus abstractos, sino sujetos marcados por el género, la raza/etnia, la clase social, la condición migratoria, la orientación sexual, la identidad de género, etc. La EF desvela que el Robinson Crusoe que la economía neoclásica utiliza en sus modelos matemáticos, asegurando que es una metáfora universal del ser humano, realmente es el símbolo del sujeto privilegiado en el sistema económico dominante: el BBVAh (blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual) sin diversidad funcional, urbano, occidental. Esta figura convierte a todo el resto de personas en el otro.

La EF también se diferencia de las corrientes heterodoxas que consideran que la economía es solo escenario de un enfrentamiento de clases y dedican una atención nula o secundaria a las desigualdades de género. Para la EF las relaciones de género sí son económicamente relevantes. Para entenderlas, desagregar datos por sexo es fundamental, pero no suficiente. El género no es solo una variable, sino una categoría de análisis, una lente para observar las dimensiones heteropatriarcales del sistema económico y de la teoría económica.

2.3- El conocimiento es siempre social y político

La EF afirma que la producción de conocimiento, en tanto que proceso social, está afectada por los conflictos sociales y responde a un fin político. Una tarea importante para la EF es redefinir los criterios que validan el conocimiento, dado que no se cree en la objetividad como neutralidad valorativa. Apuesta por lo que denomina la objetividad reforzada, que se consigue al reconocer la posición desde la que se habla, responsabilizarse de ella e identificar el objetivo político que se persigue. La EF, al reconocerse feminista, no introduce valores donde no los había, sino que los explicita, y, en ese sentido, es más objetiva que aquellas teorías que pretenden ser neutrales. 

3- El funcionamiento del capitalismo heteropatriarcal

La EF entiende la socioeconomía como un circuito integrado producción-reproducción. Mercados y estado conforman la esfera monetizada, donde se dan el trabajo remunerado, flujos monetarios (créditos, remesas, etc.) e intercambios mercantiles. Hogares y redes conforman la esfera no monetizada, a la que podemos llamar espacio de sostenibilidad de la vida. Ahí hay multitud de formas de trabajo no remunerado que sacan a la luz trabajos invisibilizados, históricamente asignados a las mujeres, realizados de manera gratuita o mal pagada, que son imprescindibles para el funcionamiento de la economía y la generación de bienestar.

Al poner en el centro los procesos de sostenibilidad de la vida, la EF identifica la tensión fundamental del capitalismo: la contradicción entre el proceso de acumulación de capital y los procesos de reproducción de la vida. Para la producción, las condiciones de vida son una variable de ajuste y la reproducción de la mano de obra es un coste; para la reproducción el objetivo son las condiciones de vida y la producción de mercancías es un medio. Hay una tensión estructural e irresoluble entre el capital y la vida. La acumulación de capital es el proceso priorizado por definición en el capitalismo. El conjunto social está puesto al servicio de los mercados, con lo que no hay una responsabilidad colectiva en generar condiciones de vida dignas y la vida del conjunto social y del planeta está siempre amenazada, al estar puesta al servicio del poder corporativo: del BBVAh que domina el proceso de acumulación.

En este sentido, la EF confluye con el marxismo, que denuncia el conflicto entre el capital y el trabajo asalariado, asegurando que el beneficio se hace explotando la mano de obra. El feminismo añade que el conflicto es más de fondo, con la vida humana misma (lo que se mercantiliza es la vida y lo que se invisibiliza son los cuidados que la sostienen). Y aquí se suma a la economía ecológica, que argumenta que el capitalismo explota y agota los ecosistemas, poniendo en riesgo todo lo vivo.  

La siguiente pregunta es cómo logran salir adelante, mal que bien, los procesos vitales que están amenazados por los mercados capitalistas. Y aquí la EF insiste que es en los hogares y las redes de afinidad donde se asume esta responsabilidad. Los cuidados son aquellos trabajos que reparan el daño hecho por los mercados y hacen todo lo demás necesario para que la vida salga adelante. El heteropatriarcado feminiza estos trabajos (se los impone a las mujeres) y los invisibiliza: la única forma de vivir en un sistema económico donde la vida está amenazada y que el conflicto no estalle es no viendo el problema. El heteropatriarcado garantiza la existencia de esferas y sujetos subyugados que resuelven silenciosamente la vida que el capitalismo ataca.

4- Una economía feminista imperfecta, viva y práctica

A partir de esta lectura de la realidad económica, la EF considera que no es posible lograr la igualdad sin poner patas arriba el sistema económico. Las propuestas y prácticas concretas que surgen desde aquí son diversas y con distintos niveles de ruptura con las instituciones vigentes. Pero, en general, todas ellas combinan la apuesta por construir otra economía que haga las paces con el planeta; que ponga las condiciones para una vida que merezca ser vivida en el centro, entendiendo que esta es una responsabilidad compartida que ha de salir de las manos de (ciertas) mujeres; y erosionando las relaciones heteropatriarcales que mantienen el sistema. 

La EF no es una mirada única. Se construye globalmente como teoría y como acción en multitud de espacios diversos: desde las instituciones legitimadas como las creadoras de saber y de política y también (o, quizá, sobre todo) desde fuera de esas instituciones. Debemos hacer un llamado urgente a seguir entendiendo la EF como un proceso vivo de creación colectiva, en el que poner tanto a dialogar nuestras discrepancias, como a trabajar nuestras alianzas, en la búsqueda de otras economías posibles, nombradas con otras palabras posibles.

Fuente: https://ctxt.es/es/20180502/Politica/19356/eonomia-fiminista-heteropatriarcado-genero-cuidados-ecologia-capitalismo-amaia-perez-orozco.htm

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Por Amaia Pérez Orozco y Astrid Agenjo Calderón | 17/09/2020

Sobre las autoras : Economistas sin Fronteras – Amaia Pérez Orozco y Astrid Agenjo Calderón (colaboración externa)

Amaia Pérez Orozco es una de las integrantes del Eje de precariedad y economía feminista y Astrid Agenjo Calderón es miembra del Observatorio GEP&DO y de la Universidad Pablo de Olavide.

Astrid Agenjo Calderón es profesora en el Departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide. 

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A 40 años del atentado que terminó con Somoza

El ataque realizado por una célula del ERP acabó con la vida del dictador nicaragüense

El 17 de septiembre de 1980 Anastasio Somoza Debayle encontró la muerte en el Paraguay de Alfredo Stroessner sobre la avenida Generalísimo Franco. Los tres dictadores quedaron unidos en el tiempo. 

 

El 17 de septiembre de 1980 el nicaragüense Anastasio Somoza Debayle encontró la muerte en el Paraguay de Alfredo Stroessner sobre la avenida Generalísimo Franco. Los tres dictadores quedaron unidos en tiempo y espacio por un atentado cometido hace 40 años que sacudió al mundo. La operación Reptil acabó con la vida del último tirano de una dinastía que había comenzado en 1937 su padre, Anastasio Somoza García, en la tierra de los poetas Rubén Darío y Ernesto Cardenal. La autopsia determinó que tenía 25 orificios de bala en el cuerpo, un cuerpo calcinado por un lanzacohetes RPG-2 que falló al primer tiro pero no al segundo arrojado sobre el Mercedes Benz blanco donde viajaba. Dos argentinos protagonizaron la acción: Enrique Gorriarán Merlo vació el cargador de su fusil de asalto M-19 sobre el parabrisas y su compañero del ERP, Hugo Irurzun, el capitán Santiago, completó la faena con el disparo que hizo explotar el auto. El primero consiguió escapar y contó años después que el asesinato de Tachito – apodo por el cual se conocía al menor de los Somoza – se había empezado a planificar en el restorán Los Gauchos de Managua, que todavía existe. La historia dice que cuando unos periodistas le preguntaron al comandante sandinista Tomás Borge si sabía quiénes habían sido los autores del ataque respondió: “Fuenteovejuna”.

Ese miércoles 17 a las 9.55 de la mañana, el grupo comando de siete guerrilleros – cuatro hombres y tres mujeres - fue por su objetivo. El plan para matar a Somoza había llevado casi un año de preparación. La primera célula ingresó a Paraguay desde Brasil. Las armas se cruzaron en una embarcación desde la Argentina. Ya en Asunción, se estudió cómo hacer la operación que cerca estuvo de levantarse porque le perdieron el rastro al blanco. El huésped de Stroessner había dejado por un tiempo de hacer su trayecto habitual. No aparecía en el radar de sus ejecutores.

Los integrantes del ERP liderados por Gorriarán pudieron seguir con precisión los movimientos del dictador cuando uno de ellos, camuflado como canillita, alquiló una parada de diarios en la esquina de las avenidas Generalísimo Franco y Santísimo Sacramento. Muy cerca de la vivienda desde la que Somoza, su chofer nicaragüense César Gallardo y su asesor financiero, el italo-estadounidense Joseph Jou Baittiner, salieron aquel día a bordo del Mercedes Benz custodiados por un auto de la policía. Ninguno de los tres sobreviviría al ataque sincronizado.

En la logística del operativo también resultó clave otra situación. Los guerrilleros alquilaron una vivienda vecina a la de Tachito bajo un ardid de comedia. Le explicaron al dueño de la propiedad –un ingeniero llamado Luis Alberto Montero – que eran representantes del cantante Julio Iglesias y que el verdadero locador era él. Adujeron que el español planeaba filmar una película en Paraguay y hacer una serie de recitales y con esa zanahoria pidieron anonimato absoluto para su representado. Una ficción que les dio resultado pero que mandó al propietario a la cárcel por un tiempo. La historia fue investigada por la periodista nicaragüense Mónica Zub Centeno para su libro Somoza en Paraguay. Vida y muerte de un dictador, publicado en 2016.

Cuando el Mercedes Benz patente 177561 iba por la avenida Generalísimo Franco – hoy España – un Jeep Cherokee que conducía Roberto Sánchez, uno de los guerrilleros, se le cruzó de golpe a una combi que antecedía al auto donde iba Somoza. Armando, tal su nombre de guerra, moriría en el ataque al cuartel de La Tablada en febrero de 1989. Su maniobra fue suficiente para que el objetivo frenara y quedara en la línea de fuego del lanzacohetes de Irurzun. El primer disparo no salió. Pero sí todos los tiros con los que Gorriarán ejecutó a Somoza y su reducida comitiva antes de que reaccionara la custodia que venía detrás. El segundo proyectil del RPG-2 que portaba el capitán Santiago sobre uno de sus hombros completó la tarea. El chofer voló fuera del vehículo y cayó a varios metros sobre el asfalto según las crónicas periodísticas.

Angel Bogado, reportero gráfico del desaparecido diario paraguayo Hoy, fue uno de los primeros en llegar al lugar. En aquel momento contó: “Recuerdo que todavía salía humo del cuerpo de Somoza, tipo vapor, por el tema de las balas que recibió. Él y su acompañante estaban como agachados, como metiendo la cabeza entre las piernas”. Años más tarde, Gorriarán comentó el episodio en un programa de TV: “La explosión fue impresionante. Pudimos ver el auto totalmente destrozado y la custodia escondida detrás de un murito de la casa de al lado. Ya no tiraban más”.

El único guerrillero que no pudo escapar al operativo cerrojo montado minutos después para dar con el comando fue el santiagueño Irurzun. Flaco, muy alto – medía más de 1,90- no pasaba inadvertido. Había combatido en el monte tucumano durante el Operativo Independencia y en Nicaragua con los sandinistas. Después del ataque regresó a un departamento en el popular barrio San Vicente. La versión oficial sobre su destino fue que murió enfrentándose a la policía. Con los años se comprobó que había sido torturado y su cuerpo desaparecido. En 2007 se realizó una exhumación de restos en el cementerio de Asunción que no arrojó resultados positivos. En su ciudad natal de La Banda, en Santiago del Estero, se lo recuerda desde 2015 con un pequeño monumento en una plaza.

El cuerpo irreconocible de Somoza no fue fácil de identificar. Su amante nicaraguense, Dinorah Sampson Moganam, lo había acompañado hasta Paraguay y no podía creer lo que veía. Esta mujer de 73 años que llevó una vida fastuosa durante su relación con el dictador se instaló en Miami en 1981. Lo había conocido en un velorio en 1962 y desde entonces nunca volvió a separarse de él hasta su muerte.

La herencia que dejó el último de los Somoza en Nicaragua fue demoledora: unos 50 mil muertos, la mayoría entre la población civil, casi el doble de heridos, unos 40 mil huérfanos y alrededor de 150 mil desplazados hacia los países vecinos de Honduras y Costa Rica. Stroessner le concedió el status de residente temporal cuando huyó. Los dos tiranos coincidieron apenas casi un año en Asunción y se vieron muy poco. Tachito alcanzó a invertir una parte de su fortuna – estimada en 6 mil millones de dólares -en el Chaco paraguayo a donde llegó el 19 de agosto de 1979. Un mes antes se había producido la entrada triunfante en Managua de los revolucionarios sandinistas. El dictador buscó refugio en varios países hasta que lo encontró en Asunción. Diez años después de la huída de Somoza de su país, del que se escapó llevándose hasta sus loros, al dictador que lo recibió le llegaría su propio final. Stroessner fue derrocado por uno de sus generales, su consuegro Andrés Rodríguez. A diferencia del  nicaragüense llegó a la vejez, se mudó a Brasil y murió a los 93 años en 2006 sin que nadie lo molestara.

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El Muro de las Madres de Portland se levanta contra las tropas de Trump

El inédito modelo de protesta ya se está expandiendo a otras ciudades como Chicago

"Federales manténganse alejados... Las madres han llegado", es el grito de guerra con el que las mujeres de Portland recorren las calles a pesar de la represión de las fuerzas federales. 

 

Sin más armadura que unos cascos de bicicleta y algún que otro paraguas, llevando en la mano girasoles y vistiendo remeras amarillas, miles de madres le están poniendo el cuerpo a los palos, las balas y los gases de los agentes federales desplegados en Portland , Estados Unidos. La sucesión de imágenes de oficiales camuflados reprimiendo y llevándose detenidos a manifestantes en autos sin chapa de identificación fue lo que movilizó a las mujeres de la ciudad más grande del estado de Oregon a formar de manera autogestiva y espontánea el Wall of Moms (Muro de las Madres). "Federales manténganse alejados... Las madres han llegado", es el grito de guerra con el que las mujeres recorren las calles de Portland. Este modelo horizontal de protesta ya se está expandiendo a otras ciudades del país como Chicago y las madres, a pesar de los palos, no están dispuestas a retroceder.

Las masivas manifestaciones contra el racismo se iniciaron tras el asesinato de George Floyd y cumplen ya dos meses en Portland. Se vieron potenciadas cuando el presidente Donald Trump prometió enviar tropas a distintas ciudades del país para reestablecer "la ley y el orden" en el país y vencer a "la izquierda radical y el anarquismo". Una peligrosa jugada con la que el mandatario pretende sacar rédito de cara a las presidenciales de noviembre. Aunque por el momento y a juzgar por las calles y las encuestas nacionales , la estrategia no le estaría funcionando.

La fuerza de la maternidad

Agentes federales dispuestos como soldados de un ejército de ocupación golpeando a sus hijos o a jóvenes que tranquilamente podrían serlo. La escena fue suficiente para despertar la conciencia de las madres, y en especial la de Bev Barnum. "Fue un llamado a la acción. Fui honesta y dije que no sabía cómo protestar, pero sabía que había que hacer algo", explicó Barnum, de 35 años y madre de dos hijos.

"A menudo, las madres son subestimadas. Pero somos más fuertes de lo que creen. ¿Qué dicen? ¿Están conmigo? ¿Me ayudarían a crear un muro de madres?", se preguntó en sus redes sociales. La respuesta fue inmediata. El grupo de Facebook ya reúne a más de 18 mil usuarios y tienen un sitio web desde el que coordinan sus acciones diarias. Suelen avanzar hasta la Corte Federal, donde las espera un gigantesco dispositivo de seguridad. 

"Queríamos lucir como si estuviéramos yendo al supermercado, como gente normal, con la esperanza de que esto sirviera como protección contra los agentes federales. No funcionó", le reveló Barnum al sitio Buzzfeed News . Los oficiales las reprimieron y llevaron detenidas al igual que a sus hijos e hijas. Las máscaras de gas se tornaron esenciales y se agotaron rápidamente en Portland. Así nació la autogestión con la producción de máscaras caseras construidas con bidones de plástico cortados. Otras madres copian las tácticas de los manifestantes de Hong Kong usando paraguas como escudos. Pero tampoco es suficiente para repeler las balas de goma.

Desiree LaBella es una de las caras más visibles de las movilizaciones contra la violencia policial. Su hijo de 26 años, Donovan LaBella, resultó gravemente herido por balas de goma a principios de julio y debió ser hospitalizado por fracturas en el cráneo y en la cara. Desgraciadamente no es el único caso. Faith Lightsy fue gaseada por fuerzas de seguridad días atrás. También atacaron a su hija embarazada con gas pimienta, y su sobrino fue rozado por una bala de goma.

"Dimos un par de pasos y tuvimos problemas... Dimos un par de pasos más y fuimos rescatados por alguien que literalmente apareció de la nada. Tenía toallitas, agua, leche, y tan rápido como nuestros ojos estaban ardiendo y luchábamos por respirar, nos estábamos recuperando", explica Lightsy, quien reivindica la organización y el espíritu solidario que moldea al Muro de las Madres.

Lightsy subió a sus redes sociales una imagen junto a sus dos hijas y su nieta en una de las primeras manifestaciones en Portland. "Por favor ayuden a que nuestras voces sean escuchadas y nuestras caras sean vistas. Tres generaciones de mujeres negras en la lucha. Una imagen poderosa teniendo en cuenta el entorno en el que crecí", es parte del texto con que esta madre acompañaba la publicación. "La razón por la que me uní al movimiento es porque yo también soy madre. Más específicamente, soy una madre negra y fui la única persona negra por el lado de la familia de mi madre hasta que tuve a mis hijos. Me uní al grupo porque creo que no hay fuerza en la tierra más poderosa que la maternidad", asegura Lightsy en diálogo con PáginaI12.

Tuvo que ocurrir el brutal asesinato de George Floyd para que Jane Ullman prestara atención a los excesos de la policía en territorio estadounidense. Esta directora financiera de la sede en Portland del Silicon Valley Bank se unió a tantas otras madres que cada noche construyen una verdadera barricada humana entre manifestantes y agentes federales. "Como una mujer blanca de clase media alta en la ciudad más blanca del país, no podía aguantar más", manifiesta. 

"Ver a los federales reprimiendo me empujó a salir. Yo quería tomar medidas, actuar contra esa violencia estatal. Fue el Muro de las Madres lo que me permitió salir a la luz", agrega Ullman a la edición estadounidense de The Guardian . Es que la convocatoria también llevó a cuestionar los privilegios de los blancos, en una ciudad en la que, según el último censo nacional de 2019, los blancos representan al 77 por ciento de la población, y los negros apenas al 5,8. Sin embargo, el Black Lives Matter se hace sentir como en pocas ciudades del país. Y las mujeres motorizan ese proceso.

Buscando una salida

De la represión de las tropas de seguridad no se salvó ni siquiera el alcalde de Portland, Ted Wheeler. El político demócrata quiso darse un baño de realidad al participar de las movilizaciones del miércoles pasado. Tuvo que irse escoltado bajo una nube de gases lacrimógenos y enfrentando a los manifestantes que lo acusaban, en el mejor de los casos, de ser un hipócrita. Teressa Raiford, afroamericana y fundadora de la organización Don’t Shoot Portland, acusó al alcalde de utilizar la presencia de los agentes federales para encubrir su propio fracaso a la hora de abordar una necesaria reforma policial en la ciudad. "Nuestros líderes ahora dicen: 'Donald Trump te está atacando y nos preocupamos por ti'. Pero quienes estamos hace tiempo en la línea de combate nos damos cuenta de que estábamos siendo atacados por ellos antes de que Trump comenzara a atacarnos", dijo Raiford a The Guardian

Frente a un escenario complejo donde las demandas se renuevan constantemente, es difícil pensar en una solución a corto plazo. "No creo que el final llegue pronto. Creo que la comunidad BIPOC (abreviatura usada para nombrar a la comunidad que agrupa a negros, indígenas y personas de color) en Portland necesita ver a nuestros líderes actuando, no sólo diciendo que van a actuar. Reforma policial, fin de la inmunidad calificada, invitarnos a las juntas y a las mesas de conferencias. Los políticos primero deberán comportarse como personas y luego usar su plataforma de poder para promover la igualdad y resolver los problemas que enfrenta la comunidad negra", asegura Lightsy, y deja en claro que las madres de Portland exigen mucho más que un simple cambio de retórica.

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¿Donaciones o lavado de imagen? Columna censurada 
El pasado martes 21 de julio nos enteramos que esta columna que sería difundida en el espacio de opinión del portal informativo Pulzo.com no fue publicada y se nos informó que nuestras columnas entrarían en un periodo de p  rueba por abordar "temas políticos" y no de derechos humanos. A continuación la damos a conocer, y en breve ampliaremos los detalles de este preocupante hecho de censura.
 

Las afectaciones a los derechos humanos en tiempos de pandemia han sido poco discutidas, a pesar de su importancia. La privatización de la salud pública y la desatención de la población por parte de gobiernos negacionistas, han afectado el derecho a la salud de millones de personas. Al manejo de la pandemia efectuado por los gobiernos de Brasil y Estados Unidos solo le cabe un adjetivo: catastrófico. A lo anterior, se suman las consecuencias de las medidas que procuran contener el virus. Las medidas de cuarentena, aunadas a la incertidumbre en la economía mundial, generan un riesgo de grave retroceso en los derechos sociales. Hoy millares de personas sufren inseguridad para garantizar alimentación, trabajo y vivienda.

En ese contexto, las donaciones se convierten en un elemento de solidaridad social para la crisis y la incertidumbre. Frente a Estados desmantelados por las reformas neoliberales y ante la negativa de implementar una renta básica, o un ingreso mínimo de emergencia para la población, la solidaridad ciudadana activa nuevas redes de afecto y cuidado compartido. En estos tiempos de pandemia, las donaciones han sido una práctica que ha aliviado necesidades y tejido apoyo mutuo.

Sin embargo, hoy tenemos buenas razones para mirar ciertas donaciones con sospecha. A nuestro juicio, algunos donativos no cumplen con el objetivo de ayudar, incluso pueden agravar los problemas que ya estamos viviendo o pueden ser resultado de una agenda que no es precisamente humanitaria.

El pasado 2 de julio la empresa transnacional Nestlé hizo entrega de desayunos en Bogotá y Medellín, que incluían comestibles ultraprocesados. Dicha donación tuvo un amplio despliegue publicitario en las redes de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Algo similar ocurrió a finales de abril, con la entrega de 11 mil bebidas azucaradas y 16 mil comestibles de paquete por Pepsi Co; entrega que fue inicialmente publicitada en las redes sociales de la Secretaría de Desarrollo Económico, pero posteriormente tales publicaciones fueron borradas.

En una carta enviada a la alcaldía de Bogotá por el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, expresamos que “organismos como UNICEF hoy recomiendan no aceptar donaciones de productos con altos contenidos de grasas saturadas, azúcar o sal por considerarlos ‘comestibles no saludables’. Las donaciones en especie de las empresas de bebidas y alimentos son aceptables cuando contienen únicamente alimentos saludables, preferiblemente producidos por productores locales. Productos como dulces, papas de paquete, embutidos, ‘comida chatarra”, o bebidas azucaradas como las gaseosas, no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud –OMS- sobre dietas saludables, por lo que entre otras medidas se ha buscado que dichos productos contengan sellos frontales de advertencia, y su promoción puede afectar el consumo de alimentos locales”.

Tales recomendaciones tienen mayor relevancia en este momento, pues la evidencia científica señala que el consumo excesivo de comida chatarra genera enfermedades no transmisibles, como la diabetes o la hipertensión, y que las personas que padecen tales enfermedades hoy son más propensas a enfermar de gravedad en caso de verse infectadas por el Covid 19. Por tales razones, en países como Uruguay el Ministerio de Desarrollo Social estableció un Protocolo para la evaluación de donaciones de alimentos que busca evitar, precisamente, las donaciones de comida chatarra e incentivar las donaciones de alimentos reales, nutritivos, producidos por campesinos locales.

La carta también señala una preocupación por la publicidad realizada con recursos públicos de estas donaciones: “A nuestro juicio, las instituciones públicas deben abstenerse de participar en ejercicios de ‘marketing asociado a causas’, en programas de donación impulsados por compañías que produzcan comestibles no saludables, y deben evitar a toda costa convertir las donaciones en oportunidades para que las marcas que donan hagan publicidad, o para que desarrollen estrategias de lavado de imagen”.

Vale la pena recordar que una empresa como Nestlé, una de las compañías transnacionales más grandes del mundo, ha sido acusada de vulnerar derechos humanos en varias ocasiones. En 1977 fue duramente cuestionada por impulsar una agresiva campaña publicitaria para vender sustitutos de leche materna en regiones del sur global que no contaban con agua potable; a la postre, la irrupción de estos productos generó un desestimulo a la lactancia materna, así como el desmejoramiento de la nutrición de los niños y niñas, e incluso un aumento de los fallecimientos infantiles. Esta compañía también es una de las mayores distribuidoras de agua embotellada del mundo, mientras varios de sus ejecutivos han afirmado que el agua no es un derecho humano. No es una casualidad que se opongan al derecho al agua, pues la compañía ha sido acusada en varias ocasiones de acaparamiento de ese bien común, así como de fomentar la violencia antisindical en Colombia. Sobre el asesinato de Luciano Romero, trabajador de esa compañía y dirigente sindical, aún hay mucho por aclarar.

Insistamos en que “recurrir a personal del Distrito, usar las redes sociales de sus entidades o emplear los canales públicos de prensa para favorecer campañas de lavado de imagen de empresas privadas genera un claro conflicto de interés que los servidores públicos deben evitar, en cualquier caso, en aras de garantizar transparencia y defensa de lo público”.

Finalmente, recordamos las palabras del periodista español Antonio Maestre, quien expreso que “una donación si se hace pública ya no es donación, solo marketing”. En algunos casos tales donaciones ya no son marketing, sino una clara campaña de lavado de imagen. Campañas que, por cierto, pueden ser muy funcionales a la hora de bloquear políticas de salud pública que buscan prevenir enfermedades, salvar vidas y proteger derechos.

 

Por Soraya Gutiérrez Argüello, Vicepresidenta Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”

 

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Imagen: AFP

Hemos derrotado el modelo del héroe del cine hollywoodiense cuyos súper poderes, su valentía y su habilidad salvaban a una humanidad cobarde y asustada, acechada por el fin del mundo e incapaz de actuar colectivamente para rescatarse a si misma o al planeta.No hubo héroe solitario, ni un grupito de poderosos títeres que vencieron al invasor, a la enfermedad, al monstruo o a la pandemia. Al virus covid-19 lo enfrentamos juntos, a solas, encerrados, privados de casi todo lazo social y familiar y de las interacciones enriquecedoras con el flujo indomable de la realidad.

Super Man, el hombre araña, Hulk, Iron Man o los vengadores son una triste representación de la vanidad de un imperio industrial, militar, financiero y cultural que proyecta su coraje y su superioridad imaginaria en los ojos de una humanidad amordazada por el miedo, enfrentada por intereses mezquinos, y la salva del desastre. La ciencia ficción hollywoodiense nos ha ofrecido siempre la versión de una elite heroica y no la de una comunidad humana responsable, digna, fuerte y combativa. La potencia colectica con la que se enfrentó la pandemia es el desmentido más elocuente de esa narrativa envejecida y barata al mismo tiempo que la restauración de un mito sano y redentor: el de los grandes relatos fundadores, el de la saga homérica de Ulises. "El mundo nace. Homero canta. Es el pájaro de esta aurora", escribe Victor Hugo. Nuestra Ítaca, la isla a la que regresa Ulises en el relato homérico, fue nuestro hogar, fueron nuestros espacios estrechos y poblados con el infinito de la intimidad. No apareció ningún puñado de héroes en estos tiempos de tragedia, sino millones; una suerte de héroe y heroína plural y planetaria. Fue el aluvión humano retenido en sus casas contra una casta de presumidos súper humanos. El imperio ha vendido siempre esa noción primaria: sin él no hay paz, ni estabilidad, ni equilibrio, ni justicia, ni ley, ni razón, ni progreso, ni redención. Incluso en las películas donde solo queda un grupito modesto de supervivientes existiendo como ratas escondidas aparece el iluminado libertador que lo entrega todo de si mismo para liberar a los cautivos. Esas mega producciones expresan exactamente lo que no existe en la sociedad que los produce: la solidaridad, el sacrificio por el otro, la igualdad entre razas y orígenes, la bondad a costa de la propia vida, la generosidad espontánea, el altruismo, la paz. 

Donald Trump reescribió el guion de la ficción: incompetencia, egoísmo, vanidad, indolencia, ignorancia, cobardía del supuesto héroe, arrogancia, producción de muerte en vez de vida. El trumpismo no fue el garante de la paz y la salud mundial sino el sepulturero de su propia sociedad. Llevó su país a la tumba y no a la liberación. Hay un montón de negacionistas de su estirpe desparramados por el mundo: los caceroleros argentinos, mezcla de una biblia rota con un calefón oxidado: quienes firmaron esa carta deshonesta sobre “La democracia está en peligro”. Esa secta de ideología momificada inventó “la infectadura” como si poner la autoridad de un Estado al servicio de la vida fuese un golpe de Estado. Seguro que esos grupos sueñan con que se descuelgue del cielo una pantomima de héroe yanqui que los salve de la inocultable realidad y del peronismo que los está amparando a todos. O tal vez añoren a un general siglo XXI, con un montón de medallas en la solapa, una picana eléctrica en una mano y en la otra un manual anti “infectadura” escrito en Washington. Como al trumpismo, no les entra en el corazón la noción de lo mutuo y apuestan a cualquier precio por lo contrario, es decir, lo mío y lo privado que sustenta la esquizofrenia liberal. La destrucción del bien común y la privatización del mundo.

 Los héroes de pantalla, los caciques de la tribu troglodita ya no tienen nada que decirnos. Sus palabras son muerte, pobreza, violencia y dependencia. Esa derecha ya no está en el mundo, apenas lo contempla asomada a un balcón y, desde allí, sólo puede, cacerolear o tirar basura.

Ha muerto el héroe gringo de pantalla y ha renacido el individuo responsable, un hogareño forzado, nacional y al mismo tiempo globalizado. Furioso, solo, enfermo, pobre, sin trabajo, sin ver a sus hijos, a su familia o a su amor, en duelo por las pérdidas cercanas, malhumorado por el encierro, pero responsable. Ha desaparecido el presidente héroe porque ningún dirigente es heroico por si solo sin que la sociedad que lo escucha no sea también una heroica unidad de lucha, resistencia y renuncia. La pedagogía metódica del presidente Alberto Fernández contrasta con la cultura política confrontacional de la Argentina. La paciencia y la palabra acaban al final por desbancar la intimidación y la egolatría. Así ocurrió en Francia con la ecología. Esos “chicos inmaduros” se pasaron años andando en bicicleta, sembrando su mensaje, soportando las burlas, las cornetas socarronas de sus adversarios o el pito catalán en la televisión. Ahí están hoy al frente de un patrimonio aristocrático liberal como Burdeos, al timón de una ciudad industrial como Lyon. Un relato distinto trepa por la caprichosa verborragia del Rey Pinocho de gringonada. 

Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, Vargas Llosa y el ejército de teleignorantes son Pinochos desnudados por la avalancha de la realidad. Viven como esos héroes de Hollywood en Pinocholandia, no en los territorios humanos. Robocop no vendrá a salvar a nadie, Terminator y la Mujer Maravilla terminarán casándose en su mundo solitario. The Avengers no están aquí para enfrentar la gran amenaza para la seguridad mundial. Sus hazañas hipnotizadoras producidas con cientos de millones de dólares eran el maquillaje perfecto de la cultura que los engendró y votó al Rey Pinocho. 

La pandemia nos dejó ante nuestro espejo más lúcido: no dependemos de ningún imperio colonial, de ningún hombre de acero sino del acero y la ternura de la condición humana. ¿ Cuánto tiempo de vida política le quedará al pinochismo trumpista y cuánto de existencia simbólica al héroe inflado de pixeles ?. Depende de nuestras acciones. Estamos en la línea exacta en que podemos convertirnos en disidentes del sueño vicioso en que nos metieron antes de la pandemia. En un imperdible ensayo publicado en 2014 por el filósofo argentino Ricardo Forster, "La Muerte del Héroe", Forster señalaba cómo el héroe había " quedado del otro lado de la historia »para convertirse en « mera representación espectacular". El filósofo escribe luego : "Cuando algunas décadas atrás se iniciaba la ofensiva contra los grandes relatos y se decretaba, a poco de recorrer el camino de las nuevas concepciones, su adiós definitivo, lo que en realidad se estaba desmoronando a un ritmo que no imaginábamos tan veloz, era la propia trama de la historia, la posibilidad misma de seguir identificando nuestras vidas como deudoras de una temporalidad trascendente, como integradas a un escenario atravesado por la lógica del sentido". Tal vez, ese héroe arrasado por relatos configurados para vender Pop-con, posters y figuritas de plástico esté palpitando ya en el centro de nuestras vidas. 

La pandemia dejó en ridículo al relato hollywoodense y nos devolvió, además de « las venerables escrituras », la certeza heroica de cada existencia humana, la curiosidad, el coraje, las memorias, el sentido de lo que es una casa. Los héroes tienen la misión de ser como una correa de transmisión de valores. Los de Hollywood han perdido toda pertinencia. No nos conciernen más. El héroe es la figura política del relato y esa figuración hollywoodense se ha quedado sin su propio mito. El estremecedor “no puedo respirar” de George Floyd ahogó también toda posibilidad de una nueva reproducción del mito. Los viajes son una de las grandes alegorías de la vida. Aquí no viajamos, pero el encierro, la inmovilidad, nos invitaron sin embargo a otro viaje, a otra forma de resistencia, a la reelaboración de nuestro propio heroísmo íntimo. En cada hogar hemos sido dueños y protagonistas del relato heroico. La respuesta a la necesidad de una renovación de lo ético y lo político no tendrá ni al imperio ni al pixel de pantalla como figuras sino a la convergencia fundamental que se plasmó durante el confinamiento. La suma de esos millones de héroes será la figura de la batalla fundacional que se inicia ahora.

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La lucha por la comida en tiempos de pandemia

Si se pudiera cuantificar la cantidad de alimentos producidos, donados e intercambiados vía trueque por los movimientos campesinos, indígenas y populares en América Latina, nos llevaríamos una grata sorpresa. Aunque sólo conocemos datos parciales, podemos asegurar que los pueblos organizados están caminando hacia nuevos niveles de autonomía, incluso alimentaria.

Hasta comienzos de julio, campesinos del Movimiento Sin Tierra, junto a pequeños agricultores, habían donado 2.3 mil toneladas de alimentos desde el comienzo de la pandemia, incluyendo lácteos, arroz, verduras y frutas (https://bit.ly/3gWw8R1). De ello se beneficiaron pobladores de las periferias urbanas, indígenas y quilombolas (espacios del pueblo negro).

En el sur de Colombia, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) ha realizado Mingas de la Comida llevando alimentos de clima frío, templado y cálido a las ciudades, promoviendo ferias de trueque entre comunidades y migrantes urbanos, que les dan a cambio productos sanitarios y de limpieza en reciprocidad (https://bit.ly/2WAkV0X). Prácticas que forman parte de la Minga Hacia Adentro decidida por el CRIC para afrontar la pandemia.

Por su parte, el Proceso de Liberación de la Madre Tierra, en la misma región, además de continuar liberando fincas para la vida, ha realizado varias marchas de la comida en apoyo a comunidades rurales y barrios urbanos (https://bit.ly/2DyJSmv). La Guardia Indígena se encarga de los cuidados comunitarios, ejemplo que vienen siguiendo otros pueblos con la creación de Guardias Cimarronas y Guardias Campesinas (https://bit.ly/2OmpRlt).

En las ciudades, se multiplican los espacios de cultivo de alimentos y plantas medicinales. En Popayán, Cauca, vecinos de las periferias abrieron huertas para abastecer las ollas comunes y en barrios de Córdoba, Argentina, las familias organizadas comenzaron a cultivar huertas en sus casas y compartir los alimentos.

La agricultura urbana y periurbana se instaló hace décadas, pero durante la pandemia conoció una notable expansión. El movimiento más potente en este sentido es la Unión de Trabajadores de la Tierra en Argentina, hijo "cimarrón" del movimiento piquetero y del campesino, que ahora reúne 10 mil familias que producen alimentos venden en almacenes propios, ferias informales y redes de comercialización alternativa.

Crearon, además, una innovadora forma de protesta con los "verdurazos" para visibilizar las demandas del sector campesino (https://bit.ly/2ZqJa3f).

En tanto, debe destacarse el papel de las Redes de Abastecimiento de las asambleas territoriales de Santiago y Valparaíso, en Chile. Las redes compran directamente a los productores y campesinos, eludiendo intermediarios con el fin no sólo de asegurar la alimentación, sino de "fortalecer la capacidad organizativa en el propio territorio" (https://bit.ly/2CF5soT).

En Uruguay miles de personas compramos en el Mercado Popular de Subsistencia, una red de más de50 nodos territoriales urbanos que adquiere sus productos a fábricas recuperadas, cooperativas y agricultores familiares (https://bit.ly/3h2opkk). Las familias elijen sus alimentos de una canasta de más de 300 productos, que recogen, transportan y fraccionan en forma de ayuda mutua.

Así como los pueblos no esperan que los gobiernos decreten la reforma agraria, recuperan tierras, resisten y producen en ellas, tampoco esperaron que los gobiernos se hicieran cargo de la alimentación, ante la incapacidad de éstos para responder a la emergencia.

La Vía Campesina, en 1996, acuñó la propuesta de "soberanía alimentaria", para enfrentar la "seguridad alimentaria" de los organismos internacionales, que apuestan al mercado, las multinacionales y las tecnologías para alimentar a los pueblos. En un principio, la definió como "el derecho de cada nación" para producir alimentos, "respetando la diversidad productiva y cultural".

Eran años de ascenso de las luchas por la tierra, con epicentro en Brasil y en los pueblos originarios. Con el tiempo, Vía Campesina fue"profundizando" el concepto de so-beranía alimentaria al calor de nuevas luchas, enfatizando en las "nuevas relaciones sociales", en la gestión de los productores y movimientos para "conservar la autonomía y recuperar nuestro poder", como señala la Declaración de Nyéléni de 2007 (https://bit.ly/30heCA8).

En 2018, la Coordinación Europea de Vía Campesina fue más allá, definiendo la soberanía alimentaria como un "proceso de construcción de movimientos sociales", con base en la solidaridad que se construye "de abajo hacia arriba" (https://bit.ly/3h10SQN).

Si es cierto que la pandemia desnuda la nueva realidad neoliberal, el crecimiento de nuevas derechas y el secuestro de democracias por el capital financiero, también enseña avances notables de los pueblos en movimiento, capaces de construir su autonomía resistiendo y creando nuevas formas de producir, distribuir y consumir alimentos

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https://www.criptonoticias.com/aplicaciones/dao-intentara-nuevo-plataforma-caridad/

En tiempos donde el discurso oficial es mantener el distanciamiento social, y su llamado es a la caridad disfrazada de solidaridad, el genuino ejercicio solidario permite explorar otras formas de relacionarnos y encontrarnos. No solo en la carencia sino, y sobre todo, en las posibilidades.

¿Solidaridad o caridad? El interrogante tiene toda vigencia y viene al caso a propósito de la intensa campaña de ayudas con mercados y otros aportes que desde diversas instancias de la institucionalidad fueron emprendiendo para afrontar las consecuencias del confinamiento que como método encontraron los gobiernos municipales, así como el nacional, para afrontar el avance de la pandemia desprendida por el covid-19.

Como en otras ocasiones, estas campañas contaron con todo el concurso de los medios de comunicación oficiales, y lo recaudado no fue menor. Los millones y otros aportes recogidos, hablan de empresas del sector privado que aprovechan la ocasión para difundir su marca tras la supuesta benevolencia que anima a su ser social, pero también de miles de personas que están siempre dispuestas a contribuir con unos pesos para que los pobres no sufran tanto.

Es sorprendente, ni unos –las empresas– ni otros –las personas– se disponen a pagar impuestos en proporción real a la riqueza que han acumulado, simplemente, unos y otros, alardean que son muy caritativos, así en la vida cotidiana no le paguen a sus trabajadores lo que en realidad les corresponde, como tampoco están dispuestos a renunciar a sus privilegios para avanzar tras una sociedad en justicia.

El momento

Apenas declarada la crisis sanitaria e iniciado el confinamiento, salieron a relucir aquellas verdades que todos conocemos, pero pocos enuncian: Colombia es un país que se sostiene en gran medida por el trabajo informal de millones de personas, quienes viven al día y por tanto, si no les permiten rebuscarse el pan diario lo que deben afrontar es hambre, la cual deja de ser retórica vacía para transformarse en banderas rojas, desnudando la desigualdad reinante en nuestro país. Banderas que denuncian que el progreso es una vana ilusión para la mayoría de personas, que la realidad es otra muy distinta al cuento de hadas que venden en televisión, puesto que efectivamente la desigualdad es tangible, así no se evidencie en las estadisticas, que las periferias se encuentran habitadas por quienes padecen la negación de sus derechos fundamentales, entre ellos a trabajo, vida digna, alimento, salud.

Pero no solo a ellos los afecta tal realidad, sucede igual con la llamada clase media, que en Colombia debiera llamarse la “clase cuarto” pues según el Dane lo que la diferencia de las mayorías de más abajo son unos pocos pesos de más, clase también arrastrada al pozo del hambre por la crisis en curso. Por vergüenza no sacan banderas rojas, pero la necesidad los tienta; mientras lo piensan, miran las tarjetas de crédito y optan por seguirse endeudando. Arrastrados a la pobreza, igual que los vecinos del barrio de periferia, pasada esta coyuntura sufrirán el cobro afanado de los bancos, y no pocos padecerán el desalojo de sus apartamentos.

Precisamente, la visibilización de los invisibles generó cargo de conciencia en las personas “de bien” o, simplemente despertó la vocación altruista y cristiana de ayudar al prójimo que se encuentra en desgracia. Las banderas de la ayuda, de la caridad cristiana, ganó espacio en todas las esferas sociales, incluso se aludió a la solidaridad, es el caso del gobierno que la asumió como imperativo para salir de la crisis; la elite económica también apeló a dicha palabra para promocionar sus donaciones y las gentes “de bien”, que no podían ser ajenas, empezaron a hablar de solidaridad.

Lo que creen que es pero no es

La “solidaridad” empezó a brotar en el desierto y con cierto asombro asistímos a la emergencia de un oasis, en el cual se anunciaba la salvación del pueblo, pero resultó ser otro de los tantos espejismos de estas tierras, que ocultaba las tradicionales formas corruptas y clientelares de resolver los problemas de este país, no siendo extraño que parte de los auxilios entregados desde el gobierno central y los municipales fueran a dar a personas ficticias o muertas, las mismas que mantienen con vigor el sistema electoral1. El discurso de la solidaridad le sirvió al gobierno, como bandera por agitar mientras beneficiaba a sus amigos con esos dineros destinados para las ayudas2.

Ante esa ineficacia del gobierno por atender las necesidades de millones de personas, surgieron múltiples respuestas, una de ellas fue la del sector privado sacando a relucir su filantropía con cuantiosas donaciones para los más necesitados. Su sensibilidad social ante el hambre captó toda la atención de las cámaras, con venias hacia quienes hicieron su riqueza a costa de esos empobrecidos que dicen ayudar, donaciones realizadas con la convicción de que en poco tiempo se traducirán en auxilios por parte del gobierno para rescatar sus empresas, o en el preámbulo de una campaña presidencial, como sucede con los Char3 quienes ya andan preparando su candidato.

Por otro lado se encuentran las personas “de bien”, aquellas que siguen el mandato de amor por el prójimo dictaminado por Dios, para quienes la caridad es un imperativo bajo el cual se edifica su fe y por medio de la cual pueden tener un vínculo con aquella deidad que veneran, al igual que ir abonando para la compra del terreno en el cielo donde, al morir, podrán pasar la eternidad. El problema de estos actos de caridad cristiana, al igual que los actos de los ricos filántropos con sensibilidad social, es que apelan al discurso de la solidaridad para encubrir las relaciones de dominación que ejercen sobre el otro.

Para ese otro que es empobrecido, desahuciado o, citando la “sabiduría” de Marta Lucía Ramírez, un mantenido, esa “ayuda” lo convierte en un sujeto pasivo que solo espera que estas almas caritativas y filántropas acudan en su ayuda a socorrerlo. Ese acto de “solidaridad” desde arriba le niega cualquier capacidad de acción e incluso su misma humanidad, y convierte al empobrecido en el problema, más no a la pobreza; es una “ayuda”, una acción puntual o pasajera que busca reconocimiento público, para después poder dormir en su hogar con la satisfacción del buen ciudadano.

¿Acaso la solidaridad es lo mismo que la caridad y la filantropía? ¿A eso quedó reducido uno de los principios transversales de los movimientos sociales y populares? Los conceptos también son escenarios de disputa. Algunos buscan vaciar de contenido la solidaridad para quitarle cualquier potencial subversivo, pero aún quedan propuestas organizativas que siguen apostando por una solidaridad que se la juegue por el vínculo entre el individuo y el colectivo, que permita la asociación para que de manera común se logre satisfacer las necesidades de todo orden de manera conjunta.

Esa acción en colectivo no busca negar la individualidad o poner en un plano pasivo a las personas, sino que la acción solidaria implica el reconocimiento del otro como par, así los contextos y vivencias sean distintas, dado que aquello que cobra relevancia es la capacidad de actuar y transformar la cotidianidad tanto individual como colectiva.

Es en este marco que se enrutan las campañas de solidaridad iniciadas por algunos procesos sociales en el Valle de Aburrá, como las emprendidas por Ciudad en Movimiento en las ciudades donde ha logrado cimentar su propuesta, las experiencias sociales que llevan a cabo acción comunitaria en El Faro –comuna 8 de Medellín–, destacándose la acción realizada por Elemento Ilegal, colectivo artístico que propende por la resignificación y resistencia de quienes habitan ese territorio, al igual que la campaña “Unidos somos más”, realizada por la Casa Cultural Botones y organizaciones cristianas para ayudar a familias en el barrio Altos de Niquia –Bello–, en la cual no solo realizaron colecta de mercados sino que también efecturon diversas acciones en pro de fortalecer el tejido social en el sector.

Este tipo de acciinbes marcan una diferencia con las ayudas distribuidas por el gobierno o el sector privado, en la medida que no se agotan allí, sino que son realizadas por personas que adelantan una acción social en el territorio, conocen las necesidades de quienes lo habitan o se dieron a la tarea de conocerlas en este periodo de crisis para que su acción fuera más contundente, al igual que se emprendieron otras diversas acciones para fortalecer el tejido social. En tiempos donde el discurso oficial es mantener el distanciamiento social, el ejercicio solidario permitió explorar otras formas de relacionamientos y de encuentros. no solo en la carencia sino, y no en rango menor, en las posibilidades.

Para que tal accionar se prolongue en el tiempo, es necesario que quienes tienen otras apuestas de sociedad doten de contenido y sentido aquello que hacen, para que la acción de la entrega del mercado no se agote allí, para que permita generar vínculos más estrechos con todas aquellas personas con las cuales cotidianamente no solemos tener contacto.

 

1 “DNP responde a supuesta irregularidad con Ingreso Solidario” https://www.eltiempo.com/economia/finanzas-personales/que-esta-pasando-con-pagina-del-ingreso-solidario-director-del-dnp-responde-482726; “Denuncian irregularidades en contratos de Alcaldía de Medellín en cuarentena” https://www.bluradio.com/nacion/denuncian-irregularidades-en-contratos-de-alcaldia-de-medellin-en-cuarentena-antq-247591-ie4370686/
2 Los contratos emprendidos en plena contingencia permitió beneficiar aquellos que ayudaron a los alcaldes a comprar su cargo, siendo los funcionarios públicos de derecha, en especial aquellos que pertenecen al Centro Democrático. quiénes más irregularidades han presentado en las contrataciones que llevan a cabo. “10 alcaldes a responder penalmente por irregularidades en contratos”
https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/coronavirus-balance-de-la-contraloria-con-sobrecostos-en-contratos-por-pandemia-498060
3 Las ayudas aportadas por Alejandro Char permiten ir posicionando su imagen en la costa caribe, para afianzar la base electoral de la familia Char de cara las elecciones presidenciales del 2022. “Char repartirá 56 mil mercados a familias pobres de Barranquilla” https://www.eltiempo.com/colombia/barranquilla/alejandro-char-entregara-56-mil-mercados-a-familias-pobres-de-barranquilla-475178

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
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