Miércoles, 28 Julio 2021 10:49

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es el salón comunal Almirante Padilla ubicado en el barrio de nombre homónimo: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Aquí Doña Marcela, la presidenta de la Junta de Acción Comunal, tiene mudas de ropa a disposición de los muchachos a los que las tanquetas les dieron un desagradable y helado “chapuzón”. Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Si antes creía tener mi criterio claro, atento y consciente de cara a este cruel conflicto entre hijos de una misma nación, hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

Publicado enFotorreportajes
Miércoles, 28 Julio 2021 08:43

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es un salón comunal de la zona: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha- que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi, brigadista de Redpas, recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

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Entre saboteos y festejos asoman los fines a los cuales se sirve

El desangre de nuestra región por el poder de las armas no tiene límites, pues cada día que sigue transcurriendo es una gota de tormento para la vida campesina. Ya se le prohíbe al campesino sembrar en su propio lote de tierra. El Estado de ninguna manera ha buscado cómo proteger la vida digna del campesinado en nuestra región y en el resto del país, pues los paramilitares y otras numerosas estructuras armadas que se alimentan del reciclaje de la guerra que paradójicamente ha sucedido a los “acuerdos de paz”, controlan el país a su antojo y el que más sufre las consecuencias al fin y al cabo es el campesino, que las tiene que enfrentar en el día a día, en las diversas regiones del país.

¿Hasta cuándo se va permitir que se destruya la moral del campesino? Se nota que los grupos armados buscan cómo desesperar a la población civil para que abandone sus tierras, con el fin de que las empresas multinacionales mineras hagan de las suyas con los recursos naturales, destruyendo la vida en los territorios.

Este cáncer paramilitar destructor que el gobierno no quiere erradicar de esta y otras regiones porque lo necesita para controlar lo que no pueden hacer a plena luz las fuerzas militares, está acabando con los sueños de los niños y niñas que reclutan a diario. El campesino se ve cada vez más asfixiado en su propia parcela, pero eso es algo que no le ha importado al gobierno.

Las veredas de San José son corredores paramilitares y de fuerza pública. No se percibe el más mínimo enfrentamiento entre ambas fuerzas, pero la “malicia indígena” de nuestro campesinado ha detectado claramente las supuestamente disimuladas estrategias de coordinación y unidad de acción entre ambas.  Cuando estaban las FARC, por el contrario, la hostilidad era feroz, pero al accionar sus armas los militares, las dirigían predominantemente contra la población civil, bajo la consigna de los “falsos positivos”, para no arriesgar la integridad militar en combates reales. En el conflictivo panorama actual, el paramilitarismo cuenta con toda la aquiescencia estatal y mediática, como fuerza eje de control territorial, ya se sabe al servicio de quiénes.

Los hechos de los cuales dejamos constancia son los siguientes:

  • El domingo 04 de julio de 2021, tuvimos conocimiento de que los paramilitares están comprando casas o terrenos en las veredas de San José para construir allí viviendas para los “PUNTOS” (o informantes) que tiene esta estructura en cada vereda para el control de la población civil en la zona.
  • Ese mismo domingo 04 de julio de 2021, en horas del día nuestra Comunidad fue informada de que los paramilitares estarían prohibiendo a pobladores de las veredas Arenas Altas y Arenas Bajas sembrar cacao en sus propias fincas.
  • El martes 06 de julio de 2021, en horas del día fueron vistos varios paramilitares armados cuando cruzaban por una de nuestras propiedades privadas en la vereda La Resbalosa, de San José.
  • El miércoles 07 de julio de 2021, paramilitares que controlan la zona de Mulatos Medio, de San José de Apartadó, estuvieron preguntando con mucha insistencia por miembros de nuestra Comunidad de Paz, con intención de espiarlos, sobre todo cuando trabajan comunitariamente, y penetrar en los terrenos de nuestra “Aldea de Paz Luis Eduardo Guerra”.
  • El jueves 08 de julio de 2021, nuestra Comunidad de Paz conmemoró los 21 años de la masacre del 8 de julio de 2000, perpetrada en el caserío de La Unión por paramilitares en conjunto con militares de la Brigada XVII, mientras un helicóptero del ejército sobrevolaba el poblado y supervisaba la barbarie. Integrantes de nuestra Comunidad llegaron muy temprano al lugar de la masacre para realizar el acto de memoria y organizar el espacio de memoria que nuestra Comunidad ha construido en el mismo sitio en que nuestros compañeros fueron masacrados. Estando allí, pudimos comprobar una vez más la alta presencia de paramilitares que hoy día ha invadido el caserío de La Unión y su intenso consumo de licor. Hicieron todo lo posible por impedir nuestro acto de memoria poniendo en el más alto volumen los equipos de sonido de las cantinas donde se encontraban tomando licor y colocando allí canciones alusivas al paramilitarismo. Nunca nos habíamos imaginado que ese caserío, hace años santuario de la resistencia y la defensa de la dignidad, llegara a esos niveles de degradación humana. De todas formas, en medio de ese vulgar e inmundo saboteo, rendimos los honores merecidos a quienes entregaron su vida con gran valentía y dignidad en defensa de nuestro proyecto de paz y de justicia.
  • El miércoles 14 de julio de 2021, en horas del día, llegaron informaciones a nuestra Comunidad de Paz, según las cuales, en la vereda La Unión, Arenas, Las Nieves, El porvenir, entre otras estaría patrullando un grupo de paramilitares, portando a la vista armas largas, al parecer preparando el ambiente para celebrar a su manera la “fiesta del campesino”, preparada por la Brigada XVII en coordinación con el funcionario de FEDECACAO y agente de la Alcaldía de Apartadó,  César Jaramillo, y la Junta de Acción Comunal, fiesta programada para los días 17 y 18 de julio. Desde hace un tiempo se viene haciendo propaganda entre los paramilitares para participar en esa fiesta, a la cual se está invitando al campesinado de las veredas y en la cual se anuncia la presencia de reconocidos cantantes nacionales. Lo grave es que se invite a concentrarse en un lugar tan marcado por la presencia paramilitar sin que al parecer las instituciones del Estado muestren la más mínima preocupación y sin importar las constancias de hechos tan graves que nuestra Comunidad ha hecho públicas, incluso suministrando los nombres o los alias de los líderes paramilitares que han protagonizado los escándalos. Es preocupante la connivencia de la Brigada XVII, al parecer la principal anfitriona del festejo, con la representación de FEDECACAO, la Alcaldía de Apartadó y varias Juntas Comunales sin importar la alta presencia de los paramilitares que ya se muestran a plena luz, incluso exhibiendo sus armas largas, en el profanado caserío y sus alrededores.

Por más difícil que se presente la situación en nuestro territorio, nuestra Comunidad no dejará de suplicarle al país y al mundo por nuestras vidas y las de los demás pobladores que a diario tienen que soportar la opresión de un Estado-Paramilitar en la zona y en el resto del país. Somos fuertes porque hemos sabido construir comunidad; porque nuestra resistencia es única e inquebrantable; por eso hoy de nuevo agradecemos todos los esfuerzos de personas, organizaciones, comunidades, ayuntamientos, cantones,  entre otras colectividades, que desde muchos lugares del país y del mundo, a pesar del aislamiento soportado a causa del Covid-19, nos brindan esa fuerza moral que en todo momento nos anima a seguir adelante, en la exigencia del derecho a la tierra y a la vida, en un país donde reinan la muerte y la impunidad. A todos ellos nuestra profunda gratitud.

sáb, 17 jul a las 14:35

                        

                                                          Julio 17 de 2021

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Tim Berners-Lee en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) en Meyrin (Suiza). CERN-Pool

Sir Tim Berners-Lee vuelve a dar otra lección al mundo. Si en abril de 1993 liberó el código fuente de la World Wide Web para su uso libre, paso decisivo en la revolución mundial que trajo internet, ahora se sube a la moda de la tokenización al vender una copia original de ese importante trabajo por 4,6 millones de euros. No sólo donará el dinero sino que, además, con este gesto muestra un camino de viabilidad económica para el código abierto sin traicionar su naturaleza.

 

El creador del código de la World Wide Web, Tim Berners-Lee, ha subastado una copia firmada de su creación más célebre en forma de token no fungible (NTF, por sus siglas en inglés) en Sotherby’s, y se ha comprometido a donar la cantidad recaudada, 5.434.500 dólares —unos de 4,6 millones de euros. Más allá de su generosidad, este gesto ayuda a contextualizar la fiebre por estos bienes digitales, cuya venta no implica cerrar el acceso de todos a su obra. En este caso, el comprador paga por una copia original autenticada, pero el código sigue siendo abierto, libre e infinitamente clonable. Es como adquirir un manuscrito original de un autor clásico: el contenido seguirá siendo de dominio público.

¿Suena absurdo comprar algo que se puede ver pero no tocar? Puede ser. ¿Es una manera brillante de monetizar algo libre y abierto sin violar sus principios? También. Esta operación de Berners-Lee ha dado lugar a una interesante reflexión de la periodista Kate Knibbs en la revista estadounidense Wired: el significado de este gesto para la historia de la Web ante el "impacto transformador" de los NFT.

El floreciente mercado de los NTF lleva un tiempo dando jugosos titulares. Desde la venta del primer tuit de la historia firmado por uno de sus fundadores, Jack Dorsey (2,4 millones de euros), hasta un archivo de audio de pedos de casi una hora de duración por unos 80 euros.

Fue también noticia la venta de una columna del diario The New York Times (toda una 'metanoticia') con la que su autor, Kevin Roose, ganó (y donó) más de 500.000 euros, y artistas como el granadino Javier Arrés venden copias únicas firmadas y autenticadas (tokens) con importantes beneficios económicos.

Incluso el NFT del meme de Nyan Cat, ese clásico de Internet y creado por Chris Torres, fue vendido este año por casi 500.000 euros. Disfrútelo gratis aquí abajo.

No obstante, comprender el funcionamiento de la tecnología en la que se basan (las cadenas de bloques o blockchain) no resulta todavía fácil ni intuitivo para el común de los mortales.

Cadenas de bloques

La técnica de cadenas de bloques involucra a miles de ordenadores que, de forma distribuida y descentralizada, ordena la información de tal forma que cualquier irrupción en esa cadena puede ser detectada inmediatamente por cada miembro de la red. Dada la enorme cantidad de cálculos que requiere crackearla, las cadenas de bloques se alzan como uno de los métodos más seguros de demostrar la propiedad de un valor (o token) y su autenticidad. Aunque también arrastra la mala fama de demandar un alto consumo energético.

Básicamente, esos los NFT tienen una naturaleza similar a la de las criptomonedas como Bitcoin o Ethereum: son intangibles que representan un valor y su autenticación está garantizada mediante una técnica de cifrado compleja. Pero, a diferencia de las criptomonedas, no hay dos NFTs iguales (cada uno es único) y no se pueden dividir (cada uno es un valor o token).

El mencionado artículo de Wired reflexiona sobre una realidad: la tokenización de la obra de Berners-Lee no crea una barrera para el código, sino que el valor surge de la autenticidad de una copia concreta, como las primeras ediciones de obras literarias o los manuscritos raros cuyo precio expresa el deseo de los coleccionistas (o inversores) de poseer la obra original.

En un completo artículo en el sitio de tecnología Xataka, el periodista especializado Javier Pastor enumera las características especiales que tienen los NTF, y que permiten comprender hasta cierto punto el acomodo que ha encontrado precisamente en el mercado del coleccionismo y del arte: son únicos, indivisibles, no interoperables, indestructibles (salvo catástrofe planetaria), no replicables, verificables (a través de la cadena de bloques se puede trazar desde el nacimiento de la obra por su autor hasta sus sucesivas compraventas) y, además, son prueba de propiedad absoluta.

Para el abogado especializado en internet Carlos Sánchez-Almeida, que además fue miembro de Fronteras Electrónicas (grupo pionero en la defensa del ciberespacio en España en los años 90) y autor de República Internet, reconoce que, para él, el verdadero original sería el papel donde diseñó Berners-Lee la World Wide Web.

"Un token no es más que una cadena de código", recuerda, aunque aventura: "A lo mejor los artistas digitales, al crear directamente sobre programas, nos hacen dar el salto definitivo de manera que, en un futuro, la versión impresa de una obra de arte colgada en un museo valga menos que la obra tokenizada, la original".

"La quintaesencia de la cultura libre"

En el caso de Tim Berners-Lee, la subasta del código que él mismo creó —mejor dicho, de una copia tokenizada del mismo— puede suponer una manera de preservar y sellar la autoría de los archivos digitales para las generaciones futuras, de forma que la propiedad de un bien único no excluya su disfrute por parte de toda la humanidad.

Esta venta viene pues cargada de un enorme simbolismo, dado que fue el propio Berners-Lee quien convenció al CERN para ofrecer el código fuente de la World Wide Web, ideado en 1989, a todo el mundo sin ninguna limitación. Y ahora ha anunciado que donará lo obtenido, una acción "totalmente alineada con los principios de la web", aseguró a The Guardian.

Almeida afirma que la donación del dinero obtenido representa "la quintaesencia de la cultura libre, es decir, está generando dinero para la comunidad", y añade: "Desde un punto de vista de solidaridad social, es como para darle un Nobel".

En cualquier caso, el abogado especializado recuerda que cualquier tecnología tiene interés en la medida en la que pueda generar riqueza. "Creo que lo interesante es pensar cómo aquello que ya está tokenizado pueda convertirse en un objeto tangible, incluso en comida donde no la hay, quizá mediante una impresora 3D", comenta, y añade: "Como dijo Arthur C. Clarke, cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, y precisamente por eso nos cuesta mucho reflexionar sobre ella; dentro de unos años veremos qué

Madrid

01/07/2021 21:50

Romero@pabloromero

Abrazar la diferencia, objetivo principal de la caravana zapatista en Europa

Ciudad de México | Desinformémonos. A cinco días de que el Escuadrón 421 desembarcó en Puerto Vigo, Galicia, las, los y loas zapatistas explicaron que la misión principal de su Travesía por la Vida es abrazar la diversidad de quienes luchan por la vida, ya que “toda propuesta de hegemonía y homogeneidad no sólo es imposible, es, sobre todo, criminal”.

En un comunicado, el Subcomandante Galeano del Ejército Zapatista por la Liberación Nacional (EZLN) señaló que el viaje transatlántico tiene por objetivo “confrontar los análisis y conclusiones con lo otro que lucha y piensa críticamente, agradecer a lo otro su existencia, agradecer las enseñanzas que su rebeldía y su resistencia han regalado, abrazar lo otro y decirle al oído que no está sola, soloa, solo.”

“En todas esas grandes ofertas de solución en el supermercado mortal del sistema, muchas veces no se dice que se tratan de la imposición brutal de una hegemonía, y un decreto de persecución y muerte a lo que no es homogéneo al ganador”, se enfatizó en el texto. Por ello, la misión del viaje en el que la caravana zapatista visitará colectivos en más de 30 países europeos es “el intercambio de historias, conocimientos, sentimientos, valoraciones, retos, fracasos y éxitos”.

El Subcomandante aclaró que la búsqueda principal de la Travesía es buscar complicidades “que luchan por la vida”, ya que “el asunto no es conquistar ese mundo y disfrutar de lo placeres de quien vence; es más complicado y requiere un esfuerzo mundial: hay que hacerlo de nuevo.”

“Cada quien, según su calendario, su geografía, su modo, habrá de construir su camino.  Y sólo será diferente y mejor que lo que hemos padecido antes, y lo que padecemos actualmente, si reconoce lo otro y lo respeta, si renuncia a imponer su pensamiento sobre lo diferente, y si al fin se da cuenta de que muchos son los mundos y que su riqueza nace y brilla en su diferencia”, concluyó el texto titulado La Travesía por la Vida: ¿a qué vamos?

A continuación el comunicado completo:

La Travesía por la Vida: ¿A QUÉ VAMOS?

Junio del 2021.

  Una aclaración: Muchas veces, cuando nosotros usamos el “los zapatistas” no nos estamos refiriendo a los varones, sino a los pueblos zapatistas.  Y cuando nosotras usamos “las zapatistas”, no describimos a las mujeres, sino a las comunidades zapatistas.  Así que encontrará usted ese “salto” de género en nuestra palabra.  Cuando nos referimos al género, siempre agregamos “otroa” para señalar la existencia y lucha de quienes no son ni hombres ni mujeres (y que nuestra ignorancia en el tema nos impide detallar –pero ya aprenderemos a nombrar todas las diferencias-).

-*-

  Ahora bien, lo primero que tiene usted qué saber o entender es que los zapatistas, cuando vamos a hacer algo, nos preparamos primero para lo peor.  Se parte de un final de fracaso, y, en sentido inverso, nos preparamos para enfrentarlo o, en el mejor de los casos, evitarlo.

  Por ejemplo, imaginamos que nos atacan, las masacres de rigor, el genocidio vestido de civilización moderna, el exterminio total.  Y nos preparamos para esas posibilidades.  Bueno, para el Primero de Enero de 1994, no imaginamos la derrota, la asumimos como una certeza.

  En fin, que tal vez eso le ayude a usted a entender el por qué de nuestro pasmo inicial, nuestros titubeos y una improvisación desconcertante cuando, después de mucho tiempo, trabajo y preparación para la ruina, nos encontramos con que… vivimos.

  A partir de ese escepticismo es que se desarrollan nuestras iniciativas.  Algunas pequeñas, otras más grandes, delirantes todas, nuestras convocatorias siempre van dirigidas a “lo otro”, lo que está más allá de nuestro horizonte cotidiano, pero que reconocemos como algo que es necesario en la lucha por la vida, es decir, en la lucha por la humanidad.

  En esta iniciativa o apuesta o delirio o sinrazón, por ejemplo, en su versión marítima nos preparamos para que el Kraken, una tormenta o una ballena blanca extraviada hicieran naufragar la embarcación, por eso fabricamos cayucos -y viajaron con el Escuadrón 421 en La Montaña hasta llegar a Vigo, Galicia, Estado Español, Europa-.

  También nos preparamos para no ser bienvenidos, por eso buscamos antes el consenso para la invasión, es decir, la visita… Bueno, de eso de ser “bienvenidos” no estamos muy seguros todavía.  Para más de uno, una, unoa, nuestra presencia es perturbadora, por decir lo menos, cuando no francamente irruptora.  Y lo entendemos, puede ser que a alguien, después de un año o más de estar en confinamiento, le resulte al menos inoportuno que un grupo de indígenas de raíz maya, tan poca cosa como productores y consumidores de mercancías (electorales y no), pretenda platicar en persona.  ¡En persona! (¿recuerda usted que antes eso era parte de su cotidianeidad?).  Y, además, que tenga como misión principal el escucharle a usted, llenarlo de preguntas, compartir pesadillas y, claro, sueños.

  Nos preparamos para que los malos gobiernos, de uno y otro lado, nos impidan u obstaculicen la salida y la llegada, por eso algú[email protected] zapatistas ya estábamos en Europa… Ups, no debí escribir eso, bórrenlo.  Ya sabemos que el gobierno mexicano no pondrá obstáculos.  Falta ver qué dicen y hacen los demás gobiernos europeos –porque Portugal y el Estado Español no se opusieron-.

  Nos preparamos para que fracase la misión, es decir, que se convierta en un evento mediático y, por lo mismo, fugaz e intrascendente.  Por eso primordialmente aceptamos las invitaciones de quienes quieren escuchar y hablar, o sea platicar.  Porque nuestro objetivo principal no son los actos masivos –aunque no los excluimos-, sino el intercambio de historias, conocimientos, sentimientos, valoraciones, retos, fracasos y éxitos.

  Nos prepararemos para que falle el avión, por eso fabricamos paracaídas con bordados de muchos colores para que, en lugar de un “Día D” en Normandía (oh, oh, ¿quiere decir eso que el desembarco aéreo sería en Francia?… ¿eh?… ¡¿en París?!), sea un “Día Z” para la Europa de abajo, y parecerá entonces que del cielo, llueven flores como si Ixchel, diosa madre, diosa arcoíris, nos acompañara y, de su mano y con su vuelo, abrir un segundo frente para la invasión.  Y más seguro porque ahora, gracias a la Galicia de abajo, el escuadrón 421 ha logrado afianzar una cabeza de playa en las tierras de Breogán.

  En suma, siempre nos preparamos para fracasar… y para morir.  Por eso la vida, para el zapatismo, es una sorpresa que hay que celebrar todos los días, a todas horas.  Y qué más que mejor si es con bailes, música, artes.


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  Durante todos estos años hemos aprendido muchas cosas.  Acaso la más importante es darnos cuenta de lo pequeños que somos.  Y no me refiero a estatura y peso, sino al tamaño de nuestro empeño.  Los contactos con personas, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones de diferentes partes del planeta, nos han mostrado un mundo diverso, múltiple y complejo.  Con esto se ha reforzado nuestra convicción de que toda propuesta de hegemonía y homogeneidad no sólo es imposible, es, sobre todo, criminal.

  Porque los intentos -no pocas veces ocultos detrás de nacionalismos de cartón piedra en los escaparates del mall de la política electoral-, de imposición de modos y miradas, son criminales porque pretenden el exterminio de diferencias de todo tipo.

  Lo otro es el enemigo: la diferencia de género, racial, de identidad sexual o asexual, de lengua, de color de piel, de cultura, de credo o descredo, de concepción del mundo, de físico, de estereotipo de belleza, de historia.  Contando con todos los mundos que en el mundo son, prácticamente hay tantos enemigos, actuales o potenciales, como seres humanos.

  Y podríamos decir que casi cualquier afirmación de identidad es una declaración de guerra para lo diferente.  He dicho “casi”, y a ese “casi” nos aferramos como zapatistas que somos.

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  Según nuestros modos, nuestros calendarios y en nuestra geografía, hemos llegado a la conclusión de que siempre es posible que la pesadilla empeore.  La pandemia del llamado “Coronavirus” no es el apocalipsis.  Es sólo su preludio.  Si los medios de comunicación y las redes sociales nos querían tranquilizar, antes, “informando” sobre la extinción de un glaciar, de un terremoto, de un tsunami, de una guerra en una parte lejana del planeta, del asesinato de otro indígena por paramilitares, de una nueva agresión a Palestina o al pueblo mapuche, de la brutalidad gubernamental en Colombia y Nicaragua, de imágenes de campos de migrantes que son de otro lugar, otro continente, otro mundo, y así nos convencen de que eso “pasa en otro lado”; en tan sólo unas semanas, la pandemia demostró que el mundo puede ser apenas una pequeña parroquia egoísta, necia y vulnerable.  Los distintos gobiernos nacionales son las pandillas que pretenden controlar, con violencia “legal”, una calle o un barrio, pero el “capo” que controla todo es el capital.

  En fin, que se vienen cosas peores.  Pero eso usted ya lo sabía, ¿no?  Y si no, pues ya va siendo hora de que se entere.  Porque, además de tratar de convencerle de que las penas y las desgracias siempre serán ajenas (hasta que dejan de serlo y se sientan con usted a la mesa, le perturban el sueño y le dejan sin lágrimas), le dicen que la mejor forma de enfrentar esas amenazas es individualmente.

  Que el mal se evita alejándose de él, construyendo su mundo estanco, y haciéndolo cada vez más estrecho hasta que sólo cabe el “yo, mi, me, conmigo”.  Y para eso, pues le ofrecen “enemigos” a modo, siempre con un flanco débil y al que es posible derrotar adquiriendo, oiga usted, este artículo que, mire qué casualidad, por esta única ocasión, tenemos en oferta y podrá usted adquirirlo y recibirlo en la puerta de su bunker en cuestión de horas, días… o semanas, porque la máquina ha descubierto, oh sorpresa, que la paga depende también de la circulación de las mercancías, y que, si ese proceso se detiene o aletarga, la bestia sufre… así que también es negocio su distribución y reparto.

  Pero, como zapatistas que somos, hemos estudiado y analizado.  Y queremos confrontar las conclusiones a las que hemos llegado, con científicos, artistas, filósofos y analistas críticos de todo el mundo.

  Pero no sólo, también y especialmente con quienes, en la cotidianidad de sus luchas, han padecido y advertido las desgracias por venir.  Porque, en lo que a lo social se refiere, tenemos en alta estima el análisis y la valoración de quien se juega el pellejo en el combate contra la máquina, y somos escépticos de la de quien, desde la óptica externa, opina, valora, aconseja, juzga y condena o absuelve.

  Pero, ojo, consideramos que esa mirada crítica “outsider” es necesaria y vital, porque permite ver cosas que no se miran en el fragor de la lucha y, atención, aporta conocimientos sobre la genealogía de la bestia, sus transformaciones y su funcionamiento.

  En fin, que queremos hablar y, sobre todo, escuchar a quien se ponga a modo.  Y no nos importa su color, tamaño, raza, sexo, religión, militancia política o traspié ideológico, si es que coincide en el retrato hablado de la máquina asesina.

  Porque si, cuando hablamos del criminal, alguien lo identifica con el destino fatídico, la mala suerte, “el orden natural de las cosas”, el enfado divino, la desidia o el desenfado, pues ahí no tenemos ningún interés en escuchar ni en hablar.  Para conocer esas explicaciones basta con ver telenovelas y acudir a las redes sociales en busca de confirmación.

  Es decir, creemos haber establecido quién es el criminal, su modus operandi y el crimen en sí.  Estas 3 características se sintetizan en un sistema, es decir, en una forma de relacionarse con la humanidad y con la naturaleza: el capitalismo.

  Sabemos que es un crimen en curso y que su consecución será desastrosa para el mundo entero.  Pero no es ésa la conclusión que nos interesa corroborar, no.

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  Porque resulta que, también estudiando y analizando, hemos descubierto algo que puede ser o no importante.  Depende.

  Dando por sentado que este planeta será aniquilado, al menos como hasta ahora lo percibimos, hemos estado investigando sobre las posibles opciones.

  Es decir, el barco se hunde y allá arriba dicen que no pasa nada, que es pasajero.  Sí, como cuando el buque-tanque Prestige naufragó frente a costas europeas (2002) – Galicia fue testigo y víctima primera-, y las autoridades empresariales y gubernamentales decían que apenas unos chorritos de combustible se habían derramado.  El desastre no lo pagaron ni el Mandón, ni sus capataces y mayorales.  Lo pagaron, y lo siguen pagando, los poblados que viven de la pesca en esas costas.  Ellos y sus descendientes.

  Y por “Barco” nos referimos al planeta homogeneizado y hegemonizado por un sistema: el capitalismo.  Claro, podrán decir que “ése no es nuestro barco”, pero el hundimiento en curso no es sólo de un sistema, sino del mundo entero, completo, total, hasta el rincón más apartado y aislado, y no sólo el de sus centros de Poder.

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  Entendemos que alguien piense, y actúe en consecuencia, que es posible todavía remendar, parchar, pintar un poco aquí y allá, remozar la embarcación.  Mantenerla a flote como sea, incluso vendiendo la fantasía de que son posibles megaproyectos que no sólo no aniquilen poblados enteros, también que no afecten a la naturaleza.

  Que existan personas que piensen que basta con estar muy decididos y echarle ganas al maquillaje (al menos hasta que pasen los procesos electorales).  Y que crean que la mejor respuesta a los reclamos de “Nunca mais” -que se repiten en todos los rincones del planeta-, sean promesas y dinero, programas políticos y dinero, buenas intenciones y dinero, banderas y dinero, fanatismos y dinero.  Que sean fieles creyentes de que los problemas del mundo se reducen a la falta de dinero.

  Y el dinero necesita carreteras, grandes proyectos civilizatorios, hoteles, centros comerciales, fábricas, bancos, mano de obra, consumidores,… policías y ejércitos.

  Las así llamadas “comunidades rurales” son clasificadas como “carentes de desarrollo” o “atrasadas” porque la circulación de dinero, es decir de mercancías, es inexistente o muy reducida.  No importa que, por ejemplo, su tasa de feminicidios y de violencia de género sea menor comparada con la de las urbes.  Los logros gubernamentales se miden por la cantidad de zonas destruidas y repobladas por productores y consumidores de mercancías, gracias a la reconstrucción de ese territorio.  Donde antes había una milpa, un manantial, un bosque, ahora hay hoteles, centros comerciales, fábricas, termoeléctricas,… violencia de género, persecución de la diferencia, narcotráfico, infanticidios, tráfico de personas, explotación, racismo, discriminación.  En suma: c-i-v-i-l-i-z-a-c-i-ó-n.

  Su idea es que la población campesina se convierta en empleada de esa “urbanización”.  Seguirán viviendo, trabajando y consumiendo en su localidad, pero el dueño de todo su entorno es un conglomerado industrial-comercial-financiero-militar cuya sede está en el ciberespacio y para quien ese territorio conquistado es sólo un punto en el mapa, un porcentaje de ganancias, una mercancía.  Y el resultado real será que la población originaria tendrá que migrar, porque el capital llegará con sus propios empleados “calificados”.  A la población originaria le tocará regar jardines y limpiar estacionamientos, locales y albercas donde antes había campos de cultivo, bosques, costas, lagunas, ríos y manantiales.

  Lo que se oculta es que, detrás de las expansiones (“guerras de conquista”) de los Estados -sean internas (“incorporando a más población a la modernidad”), o sean externas con distintas coartadas (como la del gobierno de Israel en su guerra contra Palestina)-, hay una lógica común: la conquista de un territorio por la mercancía, es decir por el dinero, es decir por el capital.

  Pero entendemos que esa gente, para poder llegar a ser el cajero que administre los pagos y cobros que le dan vida a la máquina, forme partidos políticos electorales, frentes -amplios o estrechos- para disputar el acceso al gobierno, alianzas y rupturas “estratégicas”, y todos los matices en los que se empeñan esfuerzos y vidas que, detrás de pequeños éxitos, esconden grandes fracasos.  Una pequeña ley por ahí, una interlocución oficial aquí, una nota periodística allá, un tuit más acá, un like acullá, y sin embargo, por poner un ejemplo de un crimen mundial en curso, los feminicidios van en aumento.  En el entretanto sube la izquierda y baja, sube la derecha y baja, sube el centro y baja.  Como cantaba la inolvidable malagueña Marisol, “la vida es una tómbola”: todos (arriba) ganan, todas (abajo) pierden.

  Pero la “civilización” es sólo una coartada endeble para una destrucción brutal.  El veneno sigue brotando (ya no del Prestige –o no sólo de ese navío-), y el sistema entero parece estar dispuesto a intoxicar hasta el último rincón del planeta, porque son más rentables la destrucción y la muerte que detener la máquina.

  Estamos seguros que usted podrá agregar más y más ejemplos.  Botones de muestra de una pesadilla irracional y, sin embargo, actuante.

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  Entonces, desde hace varias décadas nos hemos concentrado en buscar alternativas.  La construcción de balsas, cayucos, lanchas, y aún de embarcaciones más grandes  (la 6ta como improbable arca), tienen un horizonte bien definido.  En algún lugar habrá que desembarcar.

  Leímos y leemos.  Estudiamos y lo seguimos haciendo.  Analizamos antes y ahora.  Abrimos el corazón y la mirada, no a ideologías actuales o pasadas de moda, sino a las ciencias, a las artes y a nuestras historias como pueblos originarios.  Y con esos conocimientos y herramientas, nos hemos encontrado con que hay, en este sistema solar, un planeta que podría ser habitable: el tercero del sistema solar y que, hasta ahora, aparece en los libros escolares y científicos con el nombre de “La Tierra”.  Para más referencia, está entre Venus y Marte.  Es decir, según ciertas culturas, está entre el amor y la guerra.

  El problema es que ese planeta es ya un montón de escombros, pesadillas reales, y horrores tangibles.  Es poco lo que queda en pie.  Incluso la tramoya que oculta la catástrofe se agrieta.  Entonces, pues, ¿cómo les diré?, el asunto no es conquistar ese mundo y disfrutar de lo placeres de quien vence.  Es más complicado y requiere, ése sí, un esfuerzo mundial: hay que hacerlo de nuevo.

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  Ahora bien, según las grandes producciones fílmicas de Hollywood, la salida frente a la catástrofe mundial (siempre algo externo –alienígenas, meteoros, pandemias inexplicables, zombis parecidos a candidatos a algún puesto público-), es producto de una unión de todos los gobiernos del mundo (encabezados por los gringos)… o, peor, del gobierno estadunidense sintetizado en un individuo, o individua (porque la máquina ya aprendió que la farsa debe ser incluyente), que puede tener las características raciales y de género políticamente correctas, pero lleva en su pecho la marca de la Hidra.

  Pero, lejos de esas ficciones, la realidad nos muestra que todo es negocio: el sistema produce la destrucción y te vende los boletos para que huyas de ella… al espacio.  Y de seguro, en las oficinas de las grandes corporaciones, hay brillantes proyectos de colonización interestelar…  con la propiedad privada de los medios de producción incluida.  Es decir, el sistema se traslada, íntegro, a otro planeta.  El “all included” se refiere a quienes trabajan, a quienes viven sobre de quienes trabajan y a su relación de explotación.

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  Pero a veces no sólo miran al espacio.  El capitalismo “verde” pugna por zonas “protegidas” en el planeta.  Burbujas ecológicas donde pueda resguardarse la bestia mientras el planeta se cura de los mordiscos (lo cual tomaría apenas unos cuantos millones de años).

  Cuando la máquina habla de “un nuevo mundo” o “de humanizar el planeta”, está pensando en territorios a conquistar, despoblar y destruir, para luego repoblar y reconstruir con la misma lógica que ahora tiene al mundo entero frente al abismo, siempre dispuesto a dar el paso adelante que el progreso demanda.

  Usted podrá pensar que no es posible que alguien sea tan imbécil como para destruir la casa donde vive.  “La rana no bebe toda el agua del charco que habita”, dicen que dice un proverbio del pueblo originario Sioux.  Pero si usted pretende aplicar una lógica racional al funcionamiento de la máquina, no entenderá (bueno, tampoco la máquina).  De nada sirven valoraciones morales y éticas.  La lógica de la bestia es la ganancia.  Claro, ahora usted podrá preguntarse cómo es posible que una máquina irracional, inmoral y estúpida rija los destinos de todo un planeta.  Ah, (suspiro), eso está en su genealogía, en su esencia misma.

  Pero, dejando de lado el imposible ejercicio de dotar de racionalidad a lo irracional, llegará usted a la conclusión de que es preciso destruir ese engendro que no, no es diabólico.  Desgraciadamente es humano.

  Y, claro, usted estudia, lee, confronta, analiza, y descubre que hay grandes propuestas para salir adelante.  Desde las que proponen afeites y maquillajes, hasta las que recomiendan clases de moral y lógica para la bestia, pasando por nuevos o viejos sistemas.

  Sí, le entendemos, la vida es una mierda y siempre es posible refugiarse en ese cinismo tan sobrevalorado en las redes sociales.  El finado SupMarcos decía: “lo malo no es que la vida sea una mierda, sino que te obligan a comerla y todavía esperan que lo agradezcas”.

  Pero supongamos que no, que usted sabe que, en efecto, la vida apesta, pero su reacción no es la de replegarse en sí mismo (o en su “mundo”, eso depende del número de sus “seguidores” en las redes sociales habidas y por haber).  Y entonces usted decide abrazar, con fe, esperanza y caridad, alguna de las opciones que se le presentan.  Y elige la mejor, la más grande, la de más éxito, la más famosa, la que va ganando… o la que le queda cerca.

  Grandes proyectos de nuevos y viejos sistemas políticos.  Retrasos imposibles del reloj de la historia.  Nacionalismos patrioteros.  Futuros compartidos a fuerza de que tal opción tome el Poder y se mantenga en él hasta que todo se solucione.  ¿Su grifo gotea?, vote por tal.  ¿Mucho ruido en el vecindario?, vote por cual.  ¿Subió el costo de transporte, alimentos, medicinas, energía, escuelas, ropa, diversión, cultura?, ¿Le teme a la migración?, ¿Le incomodan las personas de piel oscura, las creencias distintas, las lenguas incomprensibles, las diferentes estaturas y complexiones?, vote por…

  Incluso los hay quienes no difieren del objetivo, sino del método.  Y luego repiten arriba lo que criticaron abajo.  Con malabares asquerosos y argumentando estrategias geopolíticas, se apoya a quien se reitera en el crimen y la estupidez.  Se demanda que los pueblos aguanten opresiones en beneficio de la “correlación de fuerzas internacional y el ascenso de la izquierda en la zona”.  Pero Nicaragua no es Ortega-Murillo y no tardará la bestia en entenderlo.

  En todas esas grandes ofertas de solución en el supermercado mortal del sistema, muchas veces no se dice que se tratan de la imposición brutal de una hegemonía, y un decreto de persecución y muerte a lo que no es homogéneo al ganador.

  Los gobiernos gobiernan para sus seguidores, nunca para quienes no lo son.  Las estrellas de las redes sociales alimentan a sus huestes, aún a costa de sacrificar la inteligencia y la vergüenza.  Y la “corrección política” traga sapos, que habrán luego de devorar a quien aconseja resignación “para no beneficiar al enemigo principal”.

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  ¿Es el zapatismo una gran respuesta, una más, a los problemas del mundo?

  No.  El zapatismo es un montón de preguntas.  Y la más pequeña puede ser la más inquietante: ¿Y tú qué?

  Frente a la catástrofe capitalista, ¿el zapatismo propone un viejo-nuevo sistema social idílico, y con él repetir las imposiciones de hegemonías y homogeneidades ahora “buenas”?

  No.  Nuestro pensamiento es pequeño como nosotros: son los esfuerzos de cada quien, en su geografía, según su calendario y modo, que permitirán, tal vez, liquidar al criminal, y, simultáneamente, rehacer todo.  Y todo es todo.

  Cada quien, según su calendario, su geografía, su modo, habrá de construir su camino.  Y, al igual que nosotros, los pueblos zapatistas, irá tropezando y levantándose, y lo que construya tendrá el nombre que le dé la gana tener.  Y sólo será diferente y mejor que lo que hemos padecido antes, y lo que padecemos actualmente, si reconoce lo otro y lo respeta, si renuncia a imponer su pensamiento sobre lo diferente, y si al fin se da cuenta de que muchos son los mundos y que su riqueza nace y brilla en su diferencia.

  ¿Es posible?  No lo sabemos.  Pero sí sabemos que, para averiguarlo, hay que luchar por la Vida.

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  Entonces, ¿a qué vamos en esta Travesía por la Vida si no aspiramos a dictar caminos, rutas, destinos?  ¿A qué, si no buscamos adherentes, votos, likes?  ¿A qué, si no vamos a juzgar y a condenar o absolver?  ¿A qué, si no llamamos al fanatismo por un nuevo-viejo credo? ¿A qué, si no buscamos pasar a la Historia y ocupar un nicho en el panteón enmohecido del espectro político?

  Bueno, para serles sinceros como zapatistas que somos: no sólo vamos confrontar nuestros análisis y conclusiones con lo otro que lucha y piensa críticamente.

  Vamos a agradecer a lo otro su existencia.  A agradecer las enseñanzas que su rebeldía y su resistencia nos han regalado.  A entregar la flor prometida.  A abrazar lo otro y decirle al oído que no está sola, soloa, solo.  A susurrarle que valen la pena la resistencia, la lucha, el dolor por quienes ya no están, la rabia de que esté impune el criminal, el sueño de un mundo no perfecto, pero sí mejor: un mundo sin miedo.

  Y también, y sobre todo, vamos a buscar complicidades… por la vida.

SupGaleano.
Junio del 2021, Planeta Tierra.

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Una mujer afro-colombiana de 23 años en la primera línea. Antonio Cascio

Las mujeres y los pueblos indígenas son dos de los protagonistas de un levantamiento que ha sacudido la sociedad colombiana.

 

“Muchas mujeres están luchando, no solo por sus derechos, sino por los derechos de todos”, asegura Yomali Torres, activista afrocolombiana y una de las tantas que se han unido al paro nacional para demandar el fin del sistema neoliberal y patriarcal. 

Las mujeres colombianas han ejercido un papel protagonista en el actual ciclo de protestas, por una parte como organizadoras y por otra como víctimas. Actores nacionales e internacionales se han pronunciado en contra de los múltiples casos de violencia y abuso sexual reportados en todo el país. Estos hechos, sin embargo, no son exclusivos de la crisis que se vive actualmente. Tanto la policía, como las fuerzas armadas y los grupos ilegales han usado por décadas los cuerpos de las mujeres como armas de guerra. 

El paro nacional, que cumplió un mes el pasado 28 de mayo, se inició como rechazo a un plan de reforma tributaria propuesta por el Gobierno. Dicha reforma afectaría desproporcionadamente a las clases medias y bajas, en medio de la crisis económica generada por la pandemia. 

A causa de la fuerte presión de los manifestantes, el presidente Iván Duque pidió al Congreso retirar la propuesta. No obstante, el descontento social de los colombianos va mucho más allá de esta singular reforma. Prueba fehaciente de esto son las continuas, incansables y escaladas manifestaciones que se siguen desarrollando en todo el país. 

A finales de 2019, Colombia presenció varias protestas multitudinarias donde participaron diversos sectores de la sociedad. Entre los principales puntos de inconformidad se encontraban las políticas económicas, sociales y del medio ambiente, la mala implantación de los acuerdos del tratado de paz, y el alto índice de líderes sociales asesinados. De acuerdo con el reporte de la Unidad de Investigación y Acusación, 904 líderes han sido asesinados entre diciembre de 2016 y abril de 2021. 

Violencia de género: un tema que nunca acaba

Históricamente, las mujeres han sido las más afectadas por el conflicto armado y las desigualdades sociales. La violencia y los abusos sexuales son utilizados para tomar control sobre los territorios y los recursos naturales de las comunidades. En el 2005, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó un documento donde indicaba que el 52% de las mujeres desplazadas reportaban haber sufrido algún tipo de abuso físico y el 36% habían sido obligadas a tener relaciones sexuales con desconocidos. 

Actualmente y bajo un contexto de múltiples transgresiones de los derechos humanos —incluyendo ejecuciones extrajudiciales, personas desaparecidas, casos de tortura, detenciones arbitrarias y uso de armas de fuego—, la violencia de género sigue siendo desplegada en contra de la población. Según la Defensoría del Pueblo, se han reportado 106 casos de violencia de género, de los cuales 23 corresponden a actos de violencia sexual. 

Con consignas como “la revolución será feminista o no será”, “no parimos hijxs para la guerra”, y “aguante por ellas, por temor a ser violadas”, manifestantes han rechazado la violencia en contra de la mujer y las desigualdades de género. 

Uno de los casos que ha ocasionado mayor indignación, es el de Alison Meléndez, una joven de 17 años de Popayán que se suicidó después de ser arrestada por la policía. Antes de quitarse la vida escribió una declaración donde acusaba a cuatro miembros del escuadrón antidisturbios (ESMAD) de abuso sexual. La víctima publicó en sus redes sociales que la policía solo la dejó en libertad al darse cuenta de que era la hija de un agente de policía. 

Grupos feministas y sus demandas 

Las mujeres de todo el país han tomado las calles demandando igualdad en aspectos como la educación, el acceso a la salud y las condiciones laborales. Su presencia ha sido significativa en grupos de defensores de derechos humanos, participantes de la primera línea y como organizadoras dentro de las comunidades. Aunque la instigación ha sido visible en todos los frentes, el caso de los defensores de los derechos humanos —en su mayoría mujeres— sale a relucir. 

“Nosotros hemos recibido amenazas de muerte de parte del ESMAD. Nos dijeron que no nos querían vivos”, asegura Isabella Galvis, del colectivo de derechos humanos Waman Iware. “En el momento nosotros no tenemos garantías. Ellos están usando armas de fuego durante las protestas y esto es ilegal bajo la ley colombiana”, asegura. 

Organizaciones feministas, por su parte, han coordinado varias concentraciones en apoyo al paro y en rechazo a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres. El 10 de mayo, una coalición de 173 grupos feministas presentaron una lista de propuestas, donde se incluía una negociación inclusiva donde participaran todos los grupos que han tomado parte en el paro nacional, la desmilitarización inmediata de las ciudades y los territorios y una renta básica universal priorizando a las mujeres afectadas por la pandemia. 

Vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia y las desiguales

Los grupos afrocolombianos e indígenas han sido afectados —directa o indirectamente— por el racismo durante las actuales protestas. Cali, donde se ha reportado el índice más alto de represión y muertos, es la ciudad con la mayor concentración de comunidades afrocolombianas, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas

Las desigualdades existentes en Cali se verían incrementadas con la ejecución de la reforma tributaría, de salud, pensión y laboral, afectando fuertemente a las comunidades afro e indígenas, y a las mujeres pertenecientes a esos grupos en particular. 

“Estamos aquí conmemorando el día de la afrocolombianidad. Queremos luchar por nuestros derechos y por un mejor futuro”, explica María Niza Obregón, afrocolombiana de 17 años que tomó parte en las manifestaciones. “Se trata de vivir, no de sobrevivir”, resume. 

La reforma de la salud —que fue archivada después de 20 días de protestas— es un claro ejemplo de cómo estos proyectos iban a aumentar las desigualdades existentes. Las regiones con mayor concentración de comunidades negras e indígenas tienen a su vez los sistemas de salud más deficientes del país, según la organización Así Vamos en Salud

Yomali Torres, de 26 años, participa en la organización por la paz y los derechos de los afrocolombianos Cococauca. Denuncia la falta de hospitales y especialistas en el territorio de la costa pacífica del Cauca, donde ella habita: “Aquí, si alguien tiene un dolor en el pecho, tiene que ser transferido a Cali o a Popayán. Si nosotros no nos morimos es gracias a la medicina ancestral”. 

Torres condena las violaciones a los derechos de las mujeres y de la población colombiana. “De una forma u otra, nosotros estamos tomando provecho del paro para demandar justicia para todas las mujeres que han sido violadas, golpeadas y desaparecidas”, dice. 

De acuerdo con las Naciones Unidas, las mujeres indígenas y afrodescendientes han sido afectadas desproporcionadamente por la violencia derivada del conflicto. “De 3.445 casos de homicidios de personas indígenas y afrocolombianas, el 65,5% eran mujeres”, según cifras publicadas por la organización. 

Como símbolo de indignación, el 7 de mayo la comunidad de Guapi, ubicada en la Costa Pacífica del Cauca, organizó un evento llamado “La última noche”. Con expresiones culturales y tradicionales, la comunidad conmemoró a aquellos que perdieron la vida luchando por los derechos de los afrocolombianos y del resto de la población. El evento estuvo acompañado por representaciones de tumbas y alabaos —cantos ancestrales para los muertos—. 

Del mismo modo, las comunidades indígenas han ejercido una presencia significativa en el paro nacional. El 5 de mayo, más de 1.500 miembros de la minga indígena se movilizaron hacia Cali en una caravana humanitaria. Durante su estadía distribuyeron alimentos a personas de bajos recursos y realizaron actividades de acompañamiento durante las manifestaciones. 

La minga, sin embargo, tuvo que retirarse antes de lo previsto al ser atacados con armas de fuego por individuos vestidos de civil. Las “familias ricas de Cali en unión con la policía (…) dispararon de manera indiscriminada” contra miembros de la guardia indígena, denunció Feliciano Valencia, senador y líder indígena. Actualmente, las comunidades permanecen en paro desde sus territorios y un grupo de ellos se encuentra apoyando los procesos en Bogotá. 

El fin del estallido social no parece estar cerca, a pesar del desabastecimiento en algunas partes del país. “Nosotros no vamos a dar nuestro brazo a torcer por los bloqueos”, asegura Torres, de Cococauca. “Históricamente hemos aguantado hambre por más de 200 años. Para nosotros, esto no es un obstáculo”. 

Por Antonio Cascio / Natalia Torres Garzón

3 jun 2021 06:00

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Policía Militar o Guardia Indígena: dos modos opuestos de seguridad

 En medio del impresionante levantamiento juvenil y popular en Colombia, cuando la represión arreciaba con toda su carga de letalidad y de terror por parte del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (ESMAD) y de grupos paramilitares, los estudiantes y otros sectores movilizados decidieron llamar en su auxilio a la Guardia Indígena.

Nadie llama desconocidos cuando la situación se torna dramática. De hecho, la Guardia Indígena es muy conocida en Cali, ya que en cada movilización de los pueblos originarios cientos de guardias la acompañan asegurando la paz y el orden.

Se calcula que unos tres mil comuneros organizados del Norte del Cauca, a unos cien kilómetros de Cali, llegaron hasta la ciudad en sus chivas (transporte público abierto). En los momentos más críticos, cuando civiles armados de barrios ricos salieron a disparar contra los manifestantes, apoyados por la policía, la Guardia no perdió los nervios, se movilizó y consiguió detener por lo menos a uno de los agresores.

Es evidente que esto no se consigue sin organización, experiencia, decisión y fortaleza espiritual. Cuando los manifestantes fueron atacados a balazos en el barrio La Luna de Cali, llamaron a la Guardia que los correteó hasta sus casas, constatando que se trataba de una urbanización privada. El coordinador de la Guardia dijo a los vecinos que creía necesario que "constituyan guardias comunitarias", pacificas y no armadas, para su defensa .

 La Guardia Indígena de los pueblos originarios del Cauca, sur de Colombia, es una de las más importantes creaciones de cualquier movimiento social de América Latina. Comenzó alrededor del 2000, cuando los resguardos indígenas del Cauca (territorios reconocidos legalmente) eran escenario de una guerra que los nasa, misak, totoroes, coconucos y otros pueblos de la región, rechazaban de forma tajante.

Según el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) la guardia la integran "los niños, niñas, mujeres, hombres, autoridades espirituales y culturales que están en constante contacto con la defensa de la cultura, la vida, el territorio y la autonomía".

La Guardia Indígena se convirtió en imprescindible para la sobrevivencia de los pueblos, ya que el Estado colombiano no sólo no protege a la población de las áreas rurales, sino que los cuerpos armados suelen colaborar con los paramilitares y narcotraficantes cuando atacan poblaciones campesinas para despojarles la tierra.

En 2010, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) aseguró que casi siete millones de hectáreas habían sido robadas a los campesinos, afrodescendientes y pueblos indígenas por "despojo y abandono forzado de tierras", como consecuencia de la violencia organizada.

El bastón de mando es el signo distintivo de la Guardia, que simboliza el mandato de las comunidades y el ejercicio del derecho propio, además de la pañoleta verde y roja. El bastón tallado en madera de chonta está adornado con cintas de cuatro colores: verde es la naturaleza, rojo por la sangre de los antepasados, azul por el agua y negro por la tierra.

Estos días cientos de Guardias Indígenas han llegado hasta Cali porque, como dicen los pueblos del Cauca, "somos diferentes, pero no indiferentes". La Guardia fue a Cali no sólo a manifestarse sino a apoyar a los barrios más golpeados por la represión en el marco del paro nacional, a pedido de varios estudiantes y vecinos movilizados.

"Muchos creen que si nos matan o nos disparan nos van a doblegar o nos harán retroceder. Es lo contrario, nos llenamos de coraje y eso nos da fuerza", dijo Harold Secué, consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), entrevistado por Pacifista.

Cuando comenzó la pandemia, el CRIC decidió una Minga hacia Adentro, invirtiendo las tradicionales mingas que han sido movilizaciones para visibilizar una situación determinada, para "caminar la palabra", como indica la tradición del movimiento. Una minga hacia adentro coloca en primer plano la medicina tradicional, la diversificación de cultivos y la armonización de las personas en el territorio.

La Guardia Indígena efectúa el control territorial, cerrando el paso a las personas y vehículos no autorizados por los cabildos (autoridad territorial indígena). El CRIC movilizó siete mil Guardias para controlar 70 puntos de ingreso y salida de sus territorios. Aún así, los armados siguieron asesinando comuneros, que nunca responden con violencia sino con la presencia masiva y organizada.

La experiencia y el reconocimiento de la Guardia Indígena motivó que otros sectores se organizaran. Ya existen las Guardias Cimarronas de los pueblos negros y las Guardias Campesinas, pero lo más novedoso es que durante estos días de paro nacional los jóvenes urbanos comienzan a reflexionar sobre la necesidad de organizarse como Guardias en las ciudades y en los barrios.

Los pueblos originarios están marcando un rumbo: recuperar tierras que han sido expropiadas por grandes multinacionales para sembrar caña de azúcar como sucede en el Valle del Cauca. En la región del Norte del Cauca, han liberado miles de hectáreas de un latifundio que sobre explota la tierra y a los cortadores de caña y sus familias, siempre acompañados por la Guardia Indígena.

Es probable que con el paso del tiempo, esta impresionante movilización popular en Colombia sea recordada por la solidaridad que ha despertado entre los afectados por una oligarquía que lleva más de un siglo destruyendo Colombia: desde la masacre de las bananeras a principios del siglo XX hasta la guerra civil conocida como La Violencia, luego del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

En esa memoria larga, el papel jugado por la Guardia Indígena será recordado como uno de los hechos más notables, cuando miles de personas salieron en defensa de otras personas, que ni siquiera conocían, que tienen otras culturas y otros colores de piel, mostrando que todavía es posible un mundo más humano cincelado por la solidaridad.

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Socialdemocracia: internacionalismo y redistribución nacional

Soñar con un mundo restaurado suele ser bastante común. Pero hay que aprender a distinguir entre sueños y realidad. Para tener éxito en este tiempo, la izquierda necesita ofrecer un programa que combine su internacionalismo y su cosmopolitismo de antaño con una fuerte redistribución nacional.

 

Atrapada entre el implacable proteccionismo y la xenofobia trumpistas, por un lado, y la coalición neoliberal de liberadores sexuales y oscuros recaudadores, por el otro, la izquierda de los países ricos parece carecer de nuevas ideas. Y peor que carecer de nuevas ideas es intentar restaurar un mundo que ya no existe, que va contra la corriente de la vida y la economía modernas.

Sin embargo, este es un ejercicio en el que participan algunos sectores de la izquierda. Tengo en mente varios ensayos de El gran retroceso, un libro que reseñé aquí, un artículo reciente de Chantal Mouffe y, quizás más manifiestamente, El futuro del capitalismo, de Paul Collier (reseñado aquí y aquí). Dani Rodrik proporcionó munición ideológica temprana para este punto de vista con su célebre «trilema». Es también el contexto en el que mi Capitalismo, nada más fue recientemente reseñado por Robert Kuttner en The New York Review of Books.

Este proyecto apunta a recrear las condiciones existentes aproximadamente entre 1950 y 1980, que fue, de hecho, el periodo en que floreció la socialdemocracia. Si bien muchos tienden a presentar esta época en tonos excesivamente brillantes, sin duda fue, en muchos aspectos, extraordinariamente exitosa para Occidente: el crecimiento económico era elevado, los ingresos de las naciones occidentales convergían, la desigualdad era relativamente baja, la movilidad social era mayor que hoy, las costumbres sociales se volvían más relajadas e igualitarias y la clase trabajadora occidental era más rica que las tres cuartas partes de la humanidad (y podía sentirse, como escribe Collier, orgullosa y superior al resto del mundo). Hay mucho por lo que sentir nostalgia.

Condiciones especiales

Pero ese éxito se dio en condiciones muy especiales e imposibles de recrear. ¿Cuáles eran?

Primero, no existía una competencia entre gran parte de la mano de obra global y los trabajadores y trabajadoras del Primer Mundo. Las economías socialistas, China y la India seguían políticas autárquicas, por diseño o por accidente histórico. En segundo lugar, el capital no se movía demasiado. No solo existían restricciones al capital, sino que las inversiones extranjeras eran a menudo objeto de nacionalización, y tampoco existían los medios tecnológicos para trasladar fácilmente grandes cantidades de dinero.

En tercer lugar, la migración era limitada y, cuando sucedía, se daba entre pueblos culturalmente similares (como la migración del sur de Europa a Alemania) y gracias a la creciente demanda de mano de obra impulsada por las economías nacionales en crecimiento. En cuarto lugar, la fuerza de los partidos socialistas y comunistas nacionales, combinada con los sindicatos y la amenaza soviética (especialmente en Europa), hizo que los capitalistas se manejaran con precaución: por instinto de supervivencia, tuvieron cuidado de no presionar demasiado a trabajadores y sindicatos.

En quinto lugar, el espíritu socialdemócrata de igualdad estaba en sintonía con las costumbres predominantes en aquella época, reflejadas en la liberación sexual, la igualdad de género y la reducción de la discriminación. En un contexto interno tan benigno, y sin enfrentarse a ninguna presión por parte de trabajadores extranjeros mal remunerados, los socialdemócratas podían seguir siendo internacionalistas, como fue el caso de notabilísimas figuras como Olof Palme en Suecia y Willy Brandt en la República Federal de Alemania.

Cambios drásticos

En las condiciones sociales y económicas totalmente diferentes que presenta la actualidad, cualquier intento de recrear un contexto interno tan benigno implicaría cambios drásticos y, de hecho, reaccionarios. Sin decirlo abiertamente, sus partidarios piden socialdemocracia en un solo país o, más exactamente, en un rincón (rico) del mundo.

Collier aboga por amurallar el mundo rico para detener la migración, que considera culturalmente disruptiva y que socava injustamente el trabajo nacional. Collier justifica estas políticas, aplicadas sobre todo por los socialdemócratas en Dinamarca, diciendo que su preocupación son los países menos desarrollados: no vaya a ser que el éxodo de sus trabajadores más calificados y ambiciosos empuje aún más a estos países hacia la pobreza. Sin embargo, está claro que no son esos los verdaderos motivos de tales políticas.

Otros protegerían a Occidente de la competencia de China, argumentando, otra vez de manera falsa, que los trabajadores occidentales no pueden competir con trabajadores de menores salarios, sometidos a una dura disciplina productiva y sin sindicatos independientes. Como ocurre con las políticas que detendrían la migración, la justificación del proteccionismo se camufla con el lenguaje de la preocupación por los demás.

Dentro de esta perspectiva, debería lograrse que el capital nacional permaneciera principalmente en casa, promoviendo una globalización mucho más «superficial» de la que existe hoy. Las empresas occidentales que actúen con ética no deberían contratar a personas en (digamos) Myanmar que no gocen de derechos laborales elementales.

Las masas populares

En todos los casos, estas políticas apuntan a interrumpir el libre flujo de comercio, personas y capital y a aislar al mundo rico de las masas populares. No tienen casi ninguna posibilidad de éxito, simplemente porque los avances tecnológicos de la globalización no se pueden deshacer: China y la India no pueden volver al aislamiento económico y las personas de todo el mundo, dondequiera que estén, desean mejorar su situación económica emigrando a países más ricos.

Además, estas políticas representarían una ruptura estructural con el internacionalismo que siempre fue uno de los logros más importantes de la izquierda (si bien suele más bien brillar por su ausencia). Reducirían el crecimiento en los países pobres y la convergencia mundial, frenarían la reducción de la desigualdad y la pobreza mundiales y, a fin de cuentas, resultarían contraproducentes para los propios países ricos.

Soñar con un mundo restaurado suele ser bastante común, y a menudo (especialmente a una edad avanzada) nos acostumbramos a entregarnos a esas ensoñaciones. Pero hay que aprender a distinguir entre sueños y realidad. Para tener éxito en tiempo real, en las condiciones actuales, la izquierda necesita ofrecer un programa que combine su internacionalismo y su cosmopolitismo de antaño con una fuerte redistribución nacional. Tiene que apoyar la globalización, tratar de limitar sus efectos nefastos y aprovechar su indudable potencial para igualar, con el tiempo, los ingresos en todo el mundo.

Como escribió Adam Smith hace más de dos siglos, la igualación de las condiciones económicas y el poder militar en todo el mundo es también una precondición para que prevalezca la paz universal.

Por Branko Milanović

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: Social Europe

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Francisco cree que la fraternidad puede cambiar el mundo

La tercera encíclica del Papa aborda problemas globales acuciantes, agravados por el coronavirus

Con el dinero que se usa hoy para comprar armas para las guerras, el pontífice propuso crear un Fondo Mundial para acabar con el hambre y ayudar a los países más pobres. Inmigración, deuda externa, individualismo, racismo, entre los temas claves. 

 

Con una gran visión sociológica, filosófica y económica además de religiosa, el papa Francisco en su tercera encíclica publicada el domingo, “Fratelli tutti” (Hermanos todos, sobre la fraternidad y la amistad social), analizó los problemas esenciales que afligen a la humanidad, hoy agravados por la pandemia. En el texto hace un llamamiento a las personas pero también a los gobiernos, a los grupos económicos y a las organizaciones internacionales, para que colaboren en desarrollar una nueva sociedad basada en la fraternidad y donde los seres humanos -todos sin distinción- puedan ser el centro.

Desde las primeras páginas de las 84 que tiene la encíclica, el lector se va enfrentando poco a poco con los males que la humanidad y su propia sociedad han ido cultivando en los últimos decenios, en particular desde la llamada “globalización” comenzada en torno al 1980-90 y a la que muchos consideraban sólo positiva. Pero es la relación entre los cambios económicos, sus consecuencias sociales y la transformación que todo esto ha producido en los valores de cada sociedad, una de las mayores preocupaciones de Francisco.

La encíclica fue presentada el domingo en rueda de prensa por el secretario de estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, quien destacó que el documento “no se limita a considerar la fraternidad como un instrumento o un auspicio, sino que delinea una cultura de la fraternidad para ser aplicada incluso en las relaciones internacionales”.

“Fratelli Tutti”, inspirada en San Francisco, según contó el Papa, fue firmada el sábado por Francisco sobre la tumba del “Poverello” (pobrecito) de Asís, uno de los santos preferidos del papa argentino y de quien tomó el nombre cuando fue elegido jefe de la Iglesia en 2013.

En sus ocho capítulos la encíclica trata todos los temas de actualidad, desde la tendencia a “nacionalismos cerrados” y la necesidad de abrirse al mundo, hasta los males de la sociedad globalizada que acerca a la gente pero no la hace más hermana, al crecimiento de los “individualismos” y de las “nuevas formas de colonización cultural”, entre otras cosas.

“Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad”, escribió Francisco en la introducción.

Pandemia y después

El Papa dedicó varias líneas de su encíclica a la pandemia y sus consecuencias. “Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la conciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos”, escribió. Y agregó “El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia”. “Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos”, continuó el Papa, advirtiendo que si después de la pandemia se aplicara el “sálvese quien pueda”, ese hecho se traduciría rápidamente en el “todos contra todos”, y eso sería “peor que una pandemia”.

Francisco no esquivó las críticas cuando se refirió a los temas candentes hoy, apuntando su dedo acusador contra los “mundos cerrados” que construyen muros y desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal, y a los que adhieren, incluso, ciertos sectores católicos. Pero también criticó a las guerras a las que llamó “un fracaso de la política y de la humanidad”, al globalismo” que favorece la identidad de los más fuertes y licua las identidades de las regiones más débiles”, a la política que aplica “divide y reinarás”, al individualismo, al desprecio de la historia que hacen algunos, a las nuevas formas de “colonización cultural” por la que los pueblos más débiles pierden su identidad, al “descarte” mundial de alimentos y personas, al racismo, a la discriminación de la mujer, a los derechos humanos no del todo universales pese a las declaraciones de hace 72 años por los miembros de Naciones Unidas, a la explotación y a la esclavitud a la que se somete a niños, hombres y mujeres en varios países del mundo, al avance de las mafias porque las personas se sienten abandonadas y los mafiosos aparecen como “protectores”, a las plataformas de Internet que favorecen la difusión de informaciones falsas, al terrorismo que difunde el pánico, pero no a causa de su religión sino de las interpretaciones equivocadas de los textos religiosos. Con el dinero que se usa hoy para comprar armas y otros medios militares para las guerras, Francisco propuso crear un Fondo Mundial para acabar con el hambre y ayudar a los países más pobres.

Integración para los migrantes

“En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas”, dijo, enfatizando sin embargo que es absurdo creer que “podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca”.

Sobre los migrantes -tema que vuelve a tratar periódicamente en sus mensajes y siempre a favor de ellos – advirtió que a veces “suscitan alarma y miedo porque el hecho es usado con fines políticos”. Sin embargo «las migraciones constituirán un elemento determinante del futuro del mundo», subrayó, añadiendo cuatro palabras fundamentales para el proceso de recepción de los inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar. “En la Argentina, la fuerte inmigración italiana ha marcado la cultura de la sociedad, y en el estilo cultural de Buenos Aires se nota mucho la presencia de alrededor de 200.000 judíos. Los inmigrantes, si se los ayuda a integrarse, son una bendición, una riqueza y un nuevo don que invita a una sociedad a crecer “, contó. Claro, a este fenómeno de la llegada de inmigrantes se le ha agregado en Europa el resurgimiento del racismo al que el papa Francisco calificó como “un virus que cambia fácilmente y en lugar de desaparecer, se disimula. Pero está siempre al acecho”.

En cuanto a la globalización, que ha producido infinidad de cambios en la sociedad mundial, muchos la consideran un gran progreso cuando en realidad ha hecho aumentar bárbaramente la brecha entre ricos y pobres, como demostró un estudio de la organización no gubernamental Oxfam International. Según esa investigación, poco más de 2.100 personas son las más ricas del mundo y poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir el 60% de la población mundial.

Ciertos países “exitosos desde el punto de vista económico, son presentados como modelos culturales a los países poco desarrollados” porque “destrozar la autoestima de un pueblo es una manera fácil para dominarlo”, advirtió el Papa. Pero “si una globalización pretende igualar a todos, como si fuera una esfera, esa globalización destruye la riqueza y la particularidad de cada persona y de cada pueblo», añadió, llamando a todos los habitantes del mundo a practicar la fraternidad, la solidaridad, la igualdad para conseguir una libertad verdadera.

Deuda externa 

 “Solidaridad es una palabra que expresa mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero”, subrayó el pontífice. “El mundo existe para todos- continuó refiriéndose a los derechos de todos los seres humanos -, porque todos los seres humanos nacemos en esta tierra con la misma dignidad. Las diferencias de color, religión, capacidades, lugar de nacimiento, lugar de residencia y tantas otras cosas, no pueden anteponerse o utilizarse para justificar los privilegios de unos sobre los derechos de todos”, dijo. Y añadió: “El principio del uso común de los bienes creados para todos” es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social”. Por eso “El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad”, señaló Francisco.

Y también tuvo algunas palabras dirigidas al mundo financiero y empresarial al que, por una parte pidió una mayor consideración para los países que tienen una deuda externa”, como sería el caso de Argentina aunque el Papa no la nombró. “El pago de la deuda en muchas ocasiones no sólo no favorece el desarrollo, sino que lo limita y lo condiciona fuertemente. Si bien se mantiene el principio de que toda deuda legítimamente adquirida debe ser saldada, el modo de cumplir este deber que muchos países pobres tienen con los países ricos no debe llegar a comprometer su subsistencia y su crecimiento”, subrayó el pontífice. Y sobre los empresarios agregó que “la actividad de los empresarios es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos. Pero en todo caso estas capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo”.

Los pobres, que el Papa llama a veces los “últimos”, también fueron motivo de preocupación en la encíclica. “El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”, escribió Francisco. Y más adelante aclaró que "ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo". Porque "no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”, enfatizó.

Una cultura del encuentro 

Para reconstruir la sociedad y diseñar un “camino del reencuentro”, según Francisco, es necesario comenzar desde la verdad, la verdad histórica. “Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. (...) Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace mucho tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No,por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”, subrayó el Papa.

Francisco terminó su encíclica haciendo un llamado al mundo político y empresarial de cada nación, porque “es imperiosa una política económica activa orientada a promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial para que sea posible acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos. La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos”. “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro”, escribió. Francisco pidió además estimular el diálogo a todos los niveles, incluso con las organizaciones populares, para crear una “cultura del encuentro” y pidió una reforma que fortalezca las Naciones Unidas a fin de poder construir un mundo mejor y un camino de paz en todo el mundo. Y sobre este último punto también habló de colaboración con otras religiones a través del diálogo.

Por Elena Llorente

Desde Roma

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El Ingreso Mínimo Vital y la renta básica: nada que ver

Es bueno saber con precisión de qué estamos tratando aunque solamente sea para entendernos mejor. Y con el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y la renta básica (RB), una asignación monetaria pública incondicional y universal, ha habido tanta confusión que algunos medios han llegado a decir que son iguales. Ni mucho menos. El IMV es un subsidio muy focalizado dirigido a los muy pobres, a una fracción en realidad de los muy pobres; la RB a toda la ciudadanía. El IMV es un subsidio con muchas condiciones, la RB es incondicional. La RB la reciben todas la población, pero no todos ganan. Con una financiación mediante reforma fiscal, el 20% más rico de la población la recibe, pero pierde. El otro 80% gana.

Mas la diferencia fundamental entre la concepción de la RB y la del IMV se expresa en términos de libertad. La lógica del IMV no es otra que la ayuda ex-post a quienes han fracasado, a quienes han caído, a quienes son extremadamente pobres y además cumplen muchos requisitos. Se trata de ayudar a los que han fracasado. En claro contraste, la incondicionalidad de la RB es el lenguaje de los derechos humanos y de ciudadanía.

Una vida libre no debe ser suplicada. Quien suplica pide algo con docilidad. La súplica, pues, supone sumisión. Es inmensa la presencia de ingentes legiones de personas que suplican: que suplican un empleo; que suplican que el empleo obtenido, si es que se obtiene, vaya acompañado de unas condiciones mínimamente dignas; que suplican que, en caso de que se interrumpa la relación laboral, las instituciones públicas tengan a bien designarlas como destinatarias de las políticas diseñadas para asistir a quienes cayeron en el abismo de la pobreza y de la exclusión; y, finalmente, que suplican que estas prestaciones condicionadas lleguen sin demasiados rigores y mecanismos coercitivos. El IMV es para suplicantes.

El IMV también tiene problemas de diseño, por supuesto. Los diseñadores del IMV han intentando ahorrar el máximo del coste y decidieron definir “pobre” en función del (escaso) dinero que querían gastarse en los pobres (los pobres no merecen la urgencia de la banca) y diseñaron un sistema rebuscado de solicitudes que, combinado con la escasez de medios, es hasta ahora un absoluto fracaso. Todo lo que se les ocurre ante ello es pedir tiempo. Y asegurar que se cobrará retroactivamente. Alguien ha dicho de forma cruda que el hambre no es retroactivo.

Además de tener todos los defectos de los subsidios condicionados, el IMV está diseñado más pensando en penalizar a los “aprovechados” (aquí el éxito seguro será del 100%) que de llegar a toda la población pobre.

¿El IMV es un primer paso hacia la RB? Por lo que he hablado, escuchado y leído de miembros del gobierno y asesores ellos mismos dan la respuesta: no, para nada. Y en este punto, expreso mi acuerdo con su conclusión. El IMV va por un lado, la RB por otro. Como un monárquico y un republicano.

Por Daniel Raventós 

Es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, editor de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018), traducido al catalán por Arcàdia y al castellano por Icaria.

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