"Es la primera vez en la historia de la técnica que existen sistemas con el poder de mandar."

El filósofo francés critica a las nuevas tecnologías y a quiénes las endiosan

Desliza su denuncia en el momento más excesivo de la fascinación humana por las inteligencia artificial, desnudando la endeblez del transhumanismo futurista.

 

Desde París. Desafiar la modernidad es un gesto reservado a muy pocos. Algunos lo hacen desde la nostalgia del pasado porque son como viudos de un tiempo ido, otros, en cambio, deslindan los engaños, desarman las narrativas y los espejismos con los cuales los sistemas someten al presente del mundo. Eric Sadin pertenece a la segunda dinastía. Este filósofo francés forma parte del muy estrecho grupo de pensadores que sustentan una reflexión crítica sobre las nuevas tecnologías. Sadin tiene un pensamiento propio, una reflexión auténtica sobre lo que está realmente en juego dentro de la tecno ideología. Sus libros son una fuente imperdible de denuncia y reflexión y no uno de esos tediosos inventarios sobre tecnología que se limitan a enumerar sin entender el fenómeno. La elegancia de Eric Sadin está, entre muchos atributos, en que sus ensayos son en tiempo real y no un posteriori critico, un diagnóstico post morten. Sadin desliza su reflexión en el momento más excesivo de la fascinación humana por las nuevas tecnologías. Lo hizo en 2011 con el libro "La société de l'anticipation : Le Web Précognitif ou la rupture anthropologique"(La sociedad de anticipación: investigación sobre las nuevas formas de control). El libro se publicó en francés dos años antes de que se conociera el espionaje mundial orquestado por los servicios secretos norteamericanos y revelado por el ex agente de la CIA y de la NSA Edward Snowden. En 2013 publicó "La Humanidad aumentada" (Editorial Caja Negra), donde exponía cómo las capacidades cognitivas de los sistemas digitales estaban gobernando los seres y las cosas. En 2015, apareció "La Vida Algorítmica, Crítica de la razón digital", un ensayo donde Sadin abordaba el proceso de captación y explotación de los datos digitales con el único fin de identificar correlaciones y comportamientos. En 2016, Caja Negra tradujo otro de sus libros más contundentes, La siliconización del mundo. El libro era una suerte de alegato desconstructivo de uno de los mitos más mastodónticos de la modernidad: la Silicon Valley. Allí se forjó el modelo técnico-económico dominante aceptado con una mansedumbre global espeluznante. Era, en ese momento, un contrataque feroz contra un modelo que se presentaba a si mismo como un buen operador del progreso de la condición humana, pero que, al final, como con el conjunto de las tecnologías de la información, sólo maniobraba en beneficio de intereses privados. En 2020 Caja Negra publica en las próximas semanas otro ensayo de Sadin donde el pensador francés desmonta otra gran mentira del siglo XXI: la Inteligencia Artificial. El título del ensayo declara sin rodeos sus intenciones: "La Inteligencia Artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical" (traducción de Margarita Martínez).

Allí donde los medios baten la crema de un nuevo ser humano reparado de todas sus imperfecciones, Sadin le sigue la pista pasando del otro lado del espejo. Encuentra una impostura monumental cuyos contenidos desgrana en esta entrevista realizada en París. Se ha deslizado una tragedia global muy enriquecedora que da la razón a los análisis de Eric Sadin. La pandemia del coronavirus desarmó todas las retóricas sobre la utilidad humana de las nuevas tecnologías. No sirvieron ni para identificar el virus, ni para los pasos posteriores de la infección.

--La Inteligencia Artificial es, en los medios, poco menos que el nuevo El Dorado del horizonte humano. Sin embargo, usted ve en ella un proceso de deshumanización al mismo tiempo que un engreído discurso salvador y un trastorno mayor de los comportamientos humanos.

--Desde hace algunos años se expandió la idea de que la nueva lucha económica mundial se concentraba en la Inteligencia Artificial. Había dos ideas implícitas. La primera es que la Inteligencia Artificial era el horizonte económico ineluctable. La otra, que la IA ofrecería un montón de soluciones a muchísimos problemas individuales y colectivos. Esta idea se convirtió, entre 2015 y 2020, en la nueva doxa mundial que era preciso respaldar de forma masiva. Se produjo, en suma, una suerte de excitación colectiva a partir de la cual se estableció como una suerte de verdad probada, como un horizonte obligado. Nada puede ser menos verosímil. Son discursos entusiastas y luminosos muy alejados de la realidad. Se trata de una impostura. Desde el año 2010 estamos viviendo un cambio de estatuto. Las tecnologías digitales dejaron de ser un útil destinado a conservar, indexar o manipular la información para tener otra misión: se encargan de hacer un peritaje de lo real. Es decir que tienen por vocación revelarnos, a menudo en tiempo real, dimensiones que dependían de nuestra conciencia. Podemos recurrir al ejemplo de la aplicación Waze que se encarga de señalar el mejor recorrido para desplazarse de un lado a otro. Esa capacidad de hacer peritajes a velocidades infinitamente superiores a nuestras capacidades humanas caracteriza la Inteligencia Artificial. El sentido escondido de esto está en que la IA es como una instancia que nos dice la verdad. Y la verdad siempre reviste una función performática. Por ejemplo, la verdad religiosa enuncia dogmas e interpela a obedecerlos. La Inteligencia Artificial enuncia verdades con tal fuerza de peritaje que nos interpela a obedecerlas. Estamos entonces viviendo un momento donde las técnicas se dotan de un poder de mando. El problema radica en que nos plegamos al peritaje, nos conformamos con eso y ejecutamos las acciones correspondientes. Es la primera vez en la historia de la técnica que existen sistemas con el poder de mandar. Lo que ocurre de gravísimo es que esto tiene como objetivos responder a intereses privados u organizar a la sociedad de forma más optimizada.

--Este poder es, no obstante, apenas una etapa de ese proceso que funciona como una cadena de mando.

--Sí, el primero es el que acabo de describir: la técnica que da ordenes. Existe también el estado incitativo, que es como un primer nivel blando, digamos. Ese estado incitativo empezó a desarrollarse con la aparición de los Smartphones y las aplicaciones que nos aconsejaban sobre cosas cada vez más amplias de la realidad. Haga esto y no lo otro, vaya a este lugar que es mejor que el otro. Esto empezó con el IPhone y estaba ligado a la geolocalización. Su misión consistía en incitar a la gente a consumir. Es lícito reconocer que toda la esfera tecno industrial dio muestras de una genialidad sin igual. Inventaron constantemente nuevas cosas, forjaron discursos, supieron difundirlos y fueron y son una instancia de seducción desproporcionada. Algunos años después aparecieron los asistentes digitales virtuales, es el caso de Siri por ejemplo. Luego irrumpieron los altoparlantes conectados cuya particularidad es la de mantener una relación casi natural, intima, corpórea, con los usuarios gracias al conocimiento evolutivo de nuestros actos. Es turbador. La base de estos sistemas es el mismo: conducirnos a decidir esto o lo otro en función de la verdad enunciada. Encima, desde no hace mucho, esos sistemas hablan. La potencia de influencia de estos dispositivos es impresionante. Hablan, hacen peritajes, formulan, sugieren y dan órdenes. El grupo L’Oreal produce espejos conectados que, según el análisis de un rostro en el espejo, aconseja ponerse este producto, consumir este otro o ir a descansar a la montaña. La primera consecuencia de estas tecnologías es la mercantilización general de la vida. Esto le permite al liberalismo económico no verse confrontado por ninguna barrera y poder mercantilizar sin trabas el conocimiento de nuestros comportamientos. Casi a cada segundo y a escala planetaria, el liberalismo nos sugiere la mejor acción posible, es decir, la operación mercantil más pertinente. Vemos muy bien que el milagro de la Inteligencia Artificial no es para nosotros sino para la industria.

--Es, en suma, un gran mercado regulado por la tecnología y la información que estos dispositivos nos roban.

--Todos estos aparatos incitativos están destinados a que el liberalismo se desarrolle sin trabas. En la misma lógica, del estado incitativo pasamos al estado imperativo. En campos como el de los recursos humanos ya existen robots que dialogan con los candidatos a un puesto y que luego deciden entre cuatro o cinco quiénes son los mejores en función de criterios de optimización: obedientes, creativos, trabajadores, etc, etc, etc. Otro problema radica en que estos sistemas no son estáticos, aprenden y se desarrollan y, por consiguiente, tendrán más poder. Ese estado imperativo lo encontramos igualmente en los bancos o los seguros. Nadie cree hoy que son los seres humanos quienes deciden sobre las tarifas o el otorgamiento de un crédito. Después hay otro estado que debería ser objeto de muchos más estudios y movilizaciones: se trata del estado coercitivo. Este estado se despliega sobre todo en el mundo del trabajo mediante el desarrollo de sensores que supervisan y evalúan a la persona constantemente y, en tiempo real, miden las situaciones y aconsejan sobre los gestos que deben hacerse. En Amazon, por ejemplo, el personal no recibe órdenes de un jefe sino señales provenientes de estos sistemas que no sólo reducen la subjetividad humana, sino que, encima, reducen a los trabajadores a la categoría de robots de carne y sangre. Esta Inteligencia Artificial no sólo posee capacidades de análisis sino también de retroacción, es decir, indicar, sugerir, ordenar, prescribir.

--Gracias al canto de las sirenas de ciertos medios –el caso de El País en España es vergonzoso—estas dimensiones perversas son invisibles. La gente sigue creyendo que la Inteligencia Artificial es un útil de progreso humano cuando, en lo esencial, es un instrumento de explotación al servicio de las empresas.

--Efectivamente, todo esto no no ve…no se ve la extensión de la Inteligencia Artificial en nuestras sociedades. Desde 2010 se habla mucho acerca de cuántos empleos o profesiones se destruirán con la Inteligencia Artificial, pero se habla muy poco de las nuevas modalidades de gestión que la IA ha introducido en las prácticas de hoy en el seno de las empresas. La velocidad exponencial en la que todo esto se desarrolla no sólo quiere decir que se va cada vez más rápido, sino, ante todo, que se nos niega el derecho de determinarnos libremente en la pluralidad de la contradicción. Estamos inmersos en un movimiento exponencial de todas las cosas. En los años 70, la automatización de las fábricas se desarrolló en los puestos de trabajo muy expuestos o nocivos. Se podía decir que, al menos, era por una buena causa: la salud, la preservación de los operadores del peligro y la protección de la psicología de las personas. En cambio, la sustitución que se expande actualmente concierne a oficios o profesiones donde se requieren muchas competencias. La gente tuvo que estudiar durante años y años, con pasión. Hoy las reemplazan por sistemas de Inteligencia Artificial.

--Hay entonces una dimensión mítica que resulta de una hábil construcción del liberalismo y no de una necesidad o de un progreso humano.

---Sí. La Inteligencia Artificial vehicula la promesa de estar llamada a substituir nuestras inteligencias naturales. No, es un abuso de lenguaje. Lo que se busca aquí es poner los asuntos humanos bajo el doble imperativo de la mercantilización integral de la vida y de una optimización continúa de nuestras vidas colectivas. Eso es lo que se está implementando. Yo convoco a que se hagan valer otros modos de racionalidad frente a este modelo. Con el modelo de racionalidad de la Inteligencia Artificial se promueve un anti humanismo radical con el cual se quiere instalar una suerte de utilitarismo generalizado y de higienismo social. La Inteligencia Artificial nos deshumaniza porque limita nuestra capacidad a juzgar y elegir libremente, traba la libre expresión y la autonomía humana en beneficio de sistemas que propagan su propia luz, muy distinta a la idea de soberanía y autonomía del individuo que surgió durante el Siglo de las Luces. Ese es el corazón del anti humanismo reinante.

--Sin embargo, un cataclismo ha ocurrido, y ahora bien real: la expansión de la pandemia de coronavirus vino a decapitar todas las mitologías de la Inteligencia Artificial y las tecnologías de la información. No sirvieron para nada, en ninguna de las fases de la crisis sanitaria mundial.

--¡ Absolutamente ! Justo cuando hay organismos de seguridad que lo vigilan todo por todas partes, cuando estamos supuestamente al corriente de todo de forma inmediata, hemos asistido a la vulnerabilidad de la información. Lo sabíamos todo al instante gracias a un sistema de vigilancia y de alarma planetario pero el virus sorprendió a todas las potencias. Se produjo un colapso del mito. La voluntad de controlar la información sobre todas las cosas fracasó. La pandemia fue como una burla a la vez absurda y trágica a nuestra voluntad de controlarlo todo que impera desde finales de la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo de las tecnologías digitales apuntaba a amplificar nuestro control, pero el coronavirus demostró su estado de invalidez, demostró que las soluciones no se originan en el control absoluto de las cosas sino en la atención a las fallas, con una sensibilidad en la relación con las cosas. Otro de los mitos que se quiebran es el de ese delirio que circula desde hace unos cuantos años sobre el transhumanismo. El sentimiento de híper potencia que ha caracterizado a las industrias digitales en los últimos 10 años quedó reducido a la nada. La tecnología no puede reparar todos los defectos humanos. Se creó el mito en torno a los empresarios ligados a las nuevas tecnologías como si fueran capaces, por si solos, de modificar el curso de la vida terrestre. Eso es lo que hemos visto. El transhumanismo promovido por Silicon Valley debía crear un súper hombre a partir de tecnologías milagrosas. Esos discursos delirantes no merecían que se les diera tanta importancia.

--El transhumanismo y los evangelios tecnológicos fueron fagocitados por el estado más elemental de la condición humana: la enfermedad.

--La velocidad con la cual se irradiaron las tecno ideologías nos prohibió prácticamente formular una critica, como si fuera un destino ineluctable de la condición humana. El transhumanismo postula la idea de que Dios no terminó la creación, que el mundo está lleno de defectos y que el primer vector de esos defectos somos nosotros, usted, yo, los seres humanos, que no serían más que desechos, que estarían constituidos por una falibilidad fundamental. Las tecnologías exponenciales tienen entonces esa misión: reparar los defectos. Ese es el sueño del hombre perfecto. Pero nuestra misión no es ésa sino, más bien, no negar lo real y tratar de elaborar una armonía justa. El coronavirus nos enseña que ha llegado la hora de dejar de estar buscando someter la realidad. Debemos partir de la existencia y no querer controlarla todo el tiempo, debemos apreciarla en función de nuestros principios, es decir, la dignidad, la solidaridad. Las proyecciones futurológicas no tienen cabida. Hay que terminar de una buena vez por todas con esa insoportable ideología del futuro que ocupó todos los espacios. Hay que terminar con el discurso de las promesas y ocuparse más de una política del presente, una política de lo real, de lo que se constata. A partir de estas condiciones y de nuestros principios decidimos cómo construir mejor y con incertidumbres nuestro porvenir común. No es lo mismo un porvenir común que un futuro de fantasías que no hace más que responder a intereses tan estrechos como privados.

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Sábado, 23 Mayo 2020 06:41

La amenaza tecnototalitaria

La amenaza tecnototalitaria

La conectividad digital no es algo nuevo, pero, desde el inicio de la pandemia del Covid-19, se ha instalado en la cotidianidad de nuestras vidas físicamente distanciadas y de nuestros trabajos en la Red. Cada vez estamos más interconectados al tiempo que más aislados socialmente.

El tecnototalitarismo, entendido como el control total de las vidas privadas por la tecnología, tampoco es nuevo. Desde la Segunda Guerra Mundial se han ido perfeccionando técnicas de interceptación de informaciones y de control de las comunicaciones electrónicas en aras de la Seguridad Nacional. Más recientemente, los análisis de los Big Data han acaparado la atención y la denuncia sobre la invasión de los poderes políticos y del mercado en nuestra privacidad. Se ha abierto un debate sobre la legitimidad de la utilización de nuestros datos en las estrategias futuras de control social para la configuración de los vínculos sociales. De igual manera, las denominadas fake news no son solo un producto de las redes sociales, porque siempre hubo mentiras y bulos en la época de la prensa en papel, pero ahora se han intensificado. La crisis pandémica ha acelerado también algo que ya estaba ahí, es decir, la digitalización e incluso la robotización de muchos puestos de trabajo, con cambios profundos en la estructuración social.

Pero lo novedoso en este momento está en la ontologización que se está haciendo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, en su consideración como un nuevo actor político y social con capacidad para incidir en la realidad. Se abre, a su vez, un debate acerca de las acciones que pueden ser justificadas como necesarias y las injustificables por violar derechos y libertades. Asistimos a un renovado debate en torno a las utopías o las distopias digitales, centrado en si el trabajo en red (especialmente, en el ámbito sanitario, educativo, …) y la utilización de las tecnologías avanzadas de vigilancia son o no los únicos que pueden salvar nuestras vidas en posibles pandemias futuras.

El error, a mi juicio, está en considerar las tecnologías como un sujeto en sí mismo, bueno o malo, amigo (tecnofilia) o enemigo (tecnofobia), olvidando que en realidad son un instrumento o un medio de comunicación y de interconexión. Es cierto que nos observan, pero también observamos. También es cierto que las grandes empresas tecnológicas no han sabido o no han podido predecir la actual pandemia y sus consecuencias sanitarias y económicas.

Una cosa es constatar los cambios tecnológicos acaecidos en las últimas décadas, que han conducido a una compresión del tiempo y el espacio como nunca antes se dio, y otra muy distinta es asumir determinadas prescripciones ideológicas (por ejemplo, la desregulación financiera o la laboral, la vigilancia de alta tecnología…) como si fueran una consecuencia ineludible de un determinismo tecnológico o mecanicista. Precisamente son esas prescripciones ideológicas las que nos abocan a un totalitarismo, pero no simplemente tecnológico, sino también financiero, capitalista o del mercado.

En realidad, el denominado tecnototalitarismo responde a la construcción ideológica y al proyecto financiero, empresarial y comercialmente diseñado por las grandes corporaciones tecnológicas globales, que ha permitido, por ejemplo, la racionalización a escala global de las crecientes desigualdades socioeconómicas, de etnia o de género como hechos inevitables.

Estamos ante una nueva ficción universal y universalizable, que intenta imponer una ideología pantecnológica impulsada por las grandes empresas tecnológicas, al servicio de intereses privados sin límites ni controles, y que sitúa a las sociedades del siglo XXI en un déficit democrático difícil de superar.  Este triunfo de la razón tecnológica implica una inversión ideológica que nos lleva a creer que vivimos en un tecnototalitarismo, contra cuya fuerza compulsiva no podemos hacer nada, aunque se vean afectados nuestros derechos fundamentales, libertades públicas y privacidad individual, y aunque pongamos en riesgo las estructuras democráticas liberales de las sociedades del siglo XXI.

Por María José Fariñas Dulce

Profesora de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III de Madrid

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China actualiza el “arte de la guerra” (híbrida)

¿Puede EEUU declarar la guerra a China si su industria está prácticamente en el suelo?

 

En 1999, Qiao Liang, entonces coronel de alto rango de la fuerza aérea del Ejército Popular de Liberación –y Wang Xiangsui, otro coronel de alto rango– causaron un tremendo alboroto con la publicación de «Unrestricted Warfare: El Plan Maestro de China para destruir a Estados Unidos». En realidad el libro «Guerra Sin Restricciones» era esencialmente un manual del Ejército de Liberación Popular para la guerra asimétrica: una actualización del Arte de la Guerra de Sun Tzu.

En el momento de la publicación original – con China todavía muy lejos de su actual influencia geopolítica y geoeconómica- el texto solo sostenía un esquema defensivo en materia militar, muy lejos del sensacionalista «destruir Estados Unidos» añadido al título por los editores norteamericanos en 2004.

Ahora Qiao Liang es director del Consejo de Investigación sobre Seguridad Nacional, y ha dado una reveladora entrevista a la revista Zijing (Bauhinia) con sede en Hong Kong.

El General Qiao no es un miembro del Politburó y sus opiniones no representa la política oficial, pero todos los analistas con los que hablé están de acuerdo en que los puntos más importantes de su entrevista constituyen el pensamiento de muchos dirigentes del Partido Comunista de China.

Revisemos algunas de la opiniones del General Qiao

 

Bailando con los lobos

 

El grueso de su análisis se concentra en las deficiencias de la industria estadounidense: «¿Cómo puede EE.UU pretender hacer una guerra contra la mayor potencia manufacturera del mundo cuando su propia industria está prácticamente en el suelo?»

Refiriéndose al Covid-19 y a los ventiladores mecánicos da un ejemplo: «De las más de 1.400 piezas necesarias para un ventilador, más de 1.100 deben ser producidas en China, incluyendo el montaje final. Ese es el problema de los EEUU. hoy en día. Tiene tecnología de punta, pero no tiene los métodos ni capacidad de producción. Así que tienen que confiar en la producción china».

El General Qiao descarta la posibilidad que Vietnam, Filipinas, Bangladesh, India y otras naciones asiáticas puedan reemplazar la mano de obra China: “¿Cuál de estos países tiene más trabajadores cualificados que China? ¿Qué país ha invertido tanto en recursos humanos como China en los últimos 30 años? ¿Qué país está educando a más de 100 millones de estudiantes de nivel universitario? La capacidad de toda esta gente altamente preparada está todavía lejos de ser utilizada para nuestro desarrollo económico».

“Es cierto, dice, que incluso en tiempos de epidemia y dificultades económicas el poder militar de los EEUU, es capaz de interferir directa o indirectamente en la cuestión del estrecho de Taiwán y bloquear o sancionar a China impidiendo su comercio con Occidente». En consecuencia, argumenta, es «bueno» que China se comprometa con la causa de la reunificación, «pero es malo si se hace en el momento equivocado. Sólo debemos actuar en el momento adecuado. No podemos permitir que nuestra generación cometa el pecado de interrumpir el proceso de renacimiento de nuestra nación”.

El General Qiao aconseja: «Aunque la soberanía territorial está ligada a los intereses fundamentales de una nación. Hay otros tipos de soberanía: la soberanía económica, financiera, alimentaria, de defensa, de recursos, biológica y cultural …y todas están vinculadas a la supervivencia de las naciones y son componentes de la soberanía nacional».

En el caso de la reunificación con Taiwán opina: «más allá de la guerra, hay que tener en cuenta otras opciones. Hay medios para actuar en la inmensa zona gris que hay entre la guerra y la paz. Incluso hay operaciones militares que no llevan a la guerra, pero que puedan implicar un uso moderado de la fuerza».

El General Qiao da un ejemplo gráfico, «si tenemos que bailar con lobos, no debemos bailar al ritmo de los EE.UU». Debemos tener nuestro propio ritmo, e intentar romper su ritmo, minimizar su influencia. Si el poder norteamericano está blandiendo el garrote, es porque ha caído en una trampa.»

En resumen, para el General Qiao, «China debe mostrar primero su determinación para resolver la cuestión de Taiwán, y luego aplicar la paciencia estratégica oriental, aunque: “partimos de la premisa es que debemos desarrollar nuestra capacidad estratégica para resolver la cuestión de Taiwán, incluso usando la fuerza en cualquier momento.»

 

China se saca los guantes

 

Considerando el análisis del General Qiao es casi indiscutible que Beijing responderá ojo por ojo a la guerra híbrida desarrollada por el gobierno de los Estados Unidos. Al parecer China se saca los guantes definitivamente.

Así que a efectos prácticos como respuesta a la ofensiva de Trump contra Huawei, el gobierno Chino apuntará a Apple, Qualcomm, Cisco y Boeing, incluyendo “la suspensión de hacer negocios en China». Beijing está dispuesto a responder firmeza las amenazas de Donald Trump.

Una matriz de racismo tóxico y de inveterado anticomunismo es responsable del sentimiento anti chino predominante en los Estados Unidos (que abarca al menos el 66% de toda la población) Aconsejado por Steve Bannon, el presidente Trump se apropio de este sentimiento para utilizarlo como el tema central de su campaña para la reelección.

El objetivo estratégico es ir tras China en todos los campos. El objetivo táctico es forjar un frente anti-China con todo Occidente: un antiguo cerco –pero al estilo de la moderna guerra híbrido– centrado en la guerra económica.

Esto implica una ofensiva concertada, para tratar de bloquear los mercados regionales a las empresas chinas, incluyendo los embargos. Ahora la congelación de los activos chinos en los EE.UU ya no es una propuesta descabellada.

Estados Unidos está dispuesto a atacar sistemáticamente cada posible ramificación de las Nuevas Rutas de la Seda –puertos, energía, interconexión digital, ruta de la seda de la salud-. Por tanto, aquellos que soñaban que el Covid-19 podría ser el pretexto ideal para una nueva Yalta –uniendo a Trump, Xi y Putin– pueden hacer descansar en paz sus ilusiones.

La «contención» se pondrá en marcha sin más. Un ejemplo claro son las declaraciones del Almirante Philip Davidson –jefe del Comando Indo-Pacífico- que acaba de exigir 20 mil millones de dólares para construir un «robusto cordón militar» desde California hasta Japón con «redes de ataque de precisión de alta supervivencia» y «fuerzas conjuntas rotatorias para contrarrestar la renovada amenaza que enfrentamos a lo largo y ancho de la cuenca del Pacífico”. El Almirante Davidson asevera que «si Estados Unidos no cuenta con una disuasión convencional válida y convincente, China y Rusia se pueden envalentonarse y afectar nuestros intereses en la región.».

 

Que pasará en el Congreso del Pueblo Chino

 

Desde el punto de vista de los analistas del Sur Global, la actual y peligrosa Nueva Guerra Fría, es básicamente una manifestación del progresivo fin de la hegemonía de occidente sobre el planeta.

Aún así, el hegemón norteamericano exige a decenas de naciones que se posesionen a su favor con el clásico «quien NO está con nosotros o está CONTRA nosotros».

En la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo, que comienza este viernes, veremos cómo China se ocupará de su máxima prioridad: la reorganización interna después de la pandemia.

Por primera vez en 35 años, Beijing se verá obligada a renunciar a parte de sus objetivos de crecimiento económico. Esto significa que el objetivo de duplicar la renta per cápita para 2020 -en comparación con 2010- se tendrá que aplazar.

Lo que debemos esperar es que se apruebe el énfasis en el gasto interno y en la estabilidad social – por encima de la lucha por convertirse en un líder mundial… aunque esto no implique pasar por alto este objetivo.

Después de todo, el Presidente Xi Jinping dejó claro que “China no practicará la lógica de las Grandes Farmacéuticas en el desarrollo y despliegue de la vacuna contra el Covid-19, cuando esté fármaco disponible». Al contrario “China convertirá la vacuna en un bien público mundial asegurando su acceso a los países en desarrollo”.

Internamente, Beijing impulsará las empresas estatales que son fuertes en la innovación y asunción de riesgos. Esto es muy importante porque China siempre ha desmentido las predicciones de los «expertos» occidentales. Por ejemplo, en Abril las exportaciones aumentaron un 3,5 % cuando los expertos preveían una disminución del 15,7 %. El superávit comercial fue de 45.300 millones de dólares, cuando los expertos pronosticaban sólo 6.300 millones.

Pekín parece identificar claramente que Occidente, especialmente los EEUU, se está sumergiendo en el territorio de una nueva Gran Depresión mientras la República Popular China está a punto de reavivar su crecimiento económico. El centro de gravedad del poder económico sigue moviéndose, inexorablemente, hacia Asia.

¿Guerra híbrida? Adelante.

Por Pepe Escobar | 22/05/2020

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/05/20/china-actualiza-el-arte-de-la-guerra-hibrida/

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Una grúa espacial recupera un satélite a 36.000 kilómetros de altura

El primer servicio en órbita que reduce la basura espacial culmina con éxito tras el acoplamiento con una nave sin apenas combustible.

 

Un gran satélite de comunicaciones, de la empresa Intelsat, estaba quedándose sin el combustible imprescindible para seguir funcionando en la órbita geoestacionaria de la Tierra, a casi 36.000 kilómetros de altura. Hacia allí se dirigió en octubre pasado un satélite grúa, el primero de la historia, con la misión de prolongar su vida.

En febrero, consiguió acoplarse con el Intelsat-901, en lo que fue la primera operación de este tipo en la historia espacial comercial. Lo impulsó con sus propulsores hasta una nueva posición sobre el Atlántico, corrigió la leve inclinación de su órbita y, a primeros de abril, el Intelsat-901 volvió a funcionar como repetidor de banda ancha para los clientes de la empresa, que lo ha confirmado ahora.

Por delante le quedan cinco años más de vida, gracias al combustible y las actividades de control de su "salvador" robótico, al que permanecerá acoplado durante ese tiempo.

Con esta primera operación de rescate de un satélite comercial se inicia una nueva era en la que, además de proporcionar combustible, las grúas espaciales robóticas podrán también arreglar averías y montar extensiones en las naves en órbita, además de reposicionarlas, entre otras posibilidades. Es algo que no se pudo hacer con el telescopio espacial Hubble, que acaba de cumplir 30 años en órbita y que tuvo que ser reparado y actualizado en cinco misiones tripuladas que supusieron verdaderas hazañas.

La pionera ahora es la empresa Northrop Grumann, conocida contratista militar de Estados Unidos, con su MEV-1 (Vehículo de Extensión de la Misión, según sus siglas en inglés), de su filial SpaceLogistics. "Este acontecimiento histórico, subrayado por el primer acoplamiento de dos satélites comerciales en órbita y el posterior reposicionamiento del conjunto, demuestra el valor de negocio que MEV ofrece a sus clientes", ha dicho Tom Wilson, vicepresidente de la división espacial de la empresa.

"Ahora que MEV-1 ha cumplido con éxito la misión de recuperar el satélite Intelsat-901, continuaremos liderando el futuro del servicio en órbita mediante nuestra hoja de ruta tecnológica plurianual para ampliarlo a labores de inspección, montaje y reparación", ha dicho.

Existen otros proyectos parecidos pero todavía no se han plasmado, mientras las empresas espaciales meditan sobre la viabilidad de negocio real de estas actividades, a pesar de que también contribuyen a no aumentar la basura espacial que suponen los satélites grandes, varias decenas de los cuales dejan de funcionar todos los años.

La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA), tiene un programa en esta área y acaba de escoger a Northrop Grumann como socio comercial para aumentar la capacidad de estos vehículos en los próximos años tanto para clientes comerciales como para los Gobiernos.

Intelsat, que es el mayor operador de satélites del mundo, va a pagar unos 13 millones de dólares al año por la labor del satélite auxiliar, pero desarrollarlo y concretarlo ha sido, sin duda, mucho más caro y solo ahora se puede empezar a recuperar lo invertido.

El Intelsat-901 fue lanzado en 2001 con una masa de 4,7 toneladas y una vida útil de 13 años, largamente superada. Como sus compañeros de serie, es muy grande y muy caro y su recuperación merece la pena a la empresa. Por eso Intelsat ya ha encargado un segundo MEV para otro de sus satélites, lanzado en 2004, que saldrá hacia la órbita este año a bordo de un cohete europeo Ariane V desde la Guyana Francesa.

Por ser la primera vez que se hacía, la operación de recuperación del Intelsat- 901 se planeó con mucha prudencia. El vehículo recién lanzado a bordo de un cohete ruso Protón utilizó su propulsión eléctrica para trasladarse lentamente a la órbita cementerio de los satélites geoestacionarios, situada unos centenares de kilómetros por encima de la normal.

Allí se dirigió también el Intelsat al que le quedaba poco combustible. De esta forma, si se producía algún roce o choque durante la aproximación y el acoplamiento de ambos, a una velocidad de 11.000 kilómetros por hora, el resto de los ingenios operativos en órbita geoestacionaria no sufrirían las consecuencias de la basura espacial consiguiente.

El acoplamiento fue puramente mecánico, como un enchufe, en la tobera del motor principal del Intelsat, motor que solo había utilizado para llegar a su órbita. A partir de ahora las citas serán directamente en la órbita normal geoestacionaria.

Los MEV llevan combustible para operar durante unos 15 años. Cuando la grúa espacial termine su misión actual, elevará el satélite viejo a la órbita cementerio, lo dejará allí y se dirigirá a recoger a un nuevo cliente a casi 36.000 kilómetros de altura.

28/04/2020 07:20

Cómo funciona la aplicación del Gobierno colombiano que será obligatoria para salir a la calle

Por medio de CoronApp el Gobierno planea diseñar su estrategia de “aislamiento inteligente” para cuando termine la cuarentena. Esta ampliación funcionará como un “pasaporte de movilidad” para los ciudadanos

El Gobierno colombiano lanzó una aplicación para centralizar y monitorear toda la información referente al desarrollo del coronavirus en el país y que será obligatoria para la movilidad de las personas en la calle una vez termine el periodo de cuarentena decretada hasta el 27 de abril.

La aplicación se llama CoronApp Colombia y con ella se busca facilitar los protocolos de protección y mitigación del virus en el país. De acuerdo con la ministra de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicaciones), Sylvia Constaín, la aplicación ya cuenta con un millón de descargas en todo el país, pero se está promoviendo una campaña llamada “Por tu vida, por mi vida”, para instar a todos los colombianos a descargarla en su celular.

CoronApp Colombia es totalmente gratis y no consume datos, es decir, es zero rating, y entre sus diferentes aplicaciones sirve para que las personas puedan reportar en tiempo real la aparición de síntomas, identificar si hay motivos de alerta, u obtener información sobre los centros de atención más cercanos.

De acuerdo con la ministra Constaín en un futuro cercano esta aplicación funcionará como “un pasaporte de movilidad, en momentos en los que se busque reactivar la economía”.

En concreto, mediante CoronApp los ciudadanos podrán soportar los permisos para transitar por las calles en los casos de excepción que definió el decreto de cuarentena nacional. La aplicación permitirá escoger entre una de las 35 excepciones que a la fecha se tienen para transitar por las calles y con ella se entregarán los detalles e información que validan esas reglas.

La aplicación entregará al usuario información sobre cuidados en casa, consejos de salud mental y podrá mantenerlo actualizado sobre los nuevos casos, recuperados y demás estadísticas del coronavirus en el país. Pero, sobre todo, le servirá al Gobierno para recopilar datos y diseñar la estrategia de “aislamiento inteligente” que ya ha sido mencionada varias veces por el presidente Iván Duque en sus alocuciones sobre los siguientes pasos a tomar en el plan de mitigación de la emergencia sanitaria.

Duque ha dicho que después de la cuarentena muchas medidas de aislamiento social van a mantenerse, pero otras se van a flexibilizar, permitiendo que ciertos sectores de la economía empiecen a reactivarse y gradualmente retomen a sus actividades regulares.

“Es muy importante, que todos los colombianos, sin excepción, descarguemos CoronApp porque es parte de la estrategia de prevención”, expresó el Consejero Económico de transformación digital Víctor Muñoz.

Él explicó que gracias a los datos recopilados por CoronApp se van a poder tener reportes diarios y en tiempo real de los colombianos que estén presentando síntomas, permitiendo hacer trazabilidad en mapas de calor que identifiquen las zonas de mayor riesgo. Esto le ayudará a las autoridades a priorizar en la recolección de muestras, también a endurecer controles de ser necesario.

Además, los usuarios podrán recibir alertas y notificaciones si han pasado más de 15 minutos cerca a una persona diagnosticada positivo por coronavirus durante los últimos 7 o 15 días.

Todo lo anterior será la piedra angular de la estrategia de “aislamiento inteligente”, por lo que el Ministerio de las TICS reitera la importancia de que todos los colombianos descarguen la aplicación y de que sean honestos y transparentes con su uso.

Aplicaciones similares se están usando en países como Estados Unidos, España, Corea del Sur y Singapur, y el Gobierno colombiano está alianza con ellos para la coordinación de las estrategias derivadas de su uso. Incluso ha conversado con Apple y Google para que CoroApp sea respaldado por sus plataformas.

Aunque innovadora, los anuncios alrededor de la aplicación no han estado exentos de polémica, pues surgen grandes interrogantes sobre el manejo que se hará de los datos recolectados. No se ha especificado, por ejemplo, cuanto tiempo quedará almacenada la información entregada por los ciudadanos ni qué se hará con ella una vez pase el perÍodo de la emergencia.

Al respecto de esto el consejero Muñoz dijo que el manejo de los datos se hará cumpliendo con “todos los protocolos de ciberseguridad y habeas data" y que toda la información recolectada será encriptada. Dijo también que para los “mapas de calor” y demás estrategias de monitoreo estadístico los datos serán anonimizados.

Por Jorge Cantillo

15 de abril de 2020

desde Bogotá, Colombia

Publicado enColombia
Jueves, 26 Marzo 2020 06:37

Los hacendados de la pandemia

Los hacendados de la pandemia

La declaración de pandemia por el Covid-19 ha puesto todo de cabeza. Pero no tanto como para que los gobiernos cuestionen las causas reales por las que surgió este virus y el hecho de que mientras supuestamente se trabaja para contenerlo, otros virus y pandemias se siguen formando.

Hay tres causas concomitantes y complementarias que han producido todos los virus infecciosos que se han extendido globalmente en las últimas décadas, como la gripe aviar, la gripe porcina, las cepas infecciosas de coronavirus y otras. La principal es la cría industrial y masiva de animales, especialmente pollos, pavos, cerdos y vacas. A ésta se le suma el contexto general de la agricultura industrial y química, en la que 75 por ciento de la tierra agrícola de todo el planeta se usa para la cría masiva de animales, principalmente para sembrar forrajes con ese destino. La tercera es el crecimiento descontrolado de la mancha urbana y las industrias que la alimentan y por ella subsisten.

Las tres juntas son causa de la deforestación y destrucción de hábitats naturales en todo el planeta, que también implica desplazar comunidades indígenas y campesinas en esas áreas. Según la FAO, a nivel mundial, la expansión de la frontera agropecuaria es responsable de 70 por ciento de la deforestación, pero en países como Brasil, la expansión de la frontera agropecuaria es culpable de 80 por ciento de la deforestación.

En México vimos como se originó la gripe porcina en 2009, a la cual le pusieron el aséptico nombre de Gripe A H1N1, para desvincularla de su puerco origen. Originó en la fábrica de cerdos llamada Granjas Carroll, en Veracruz, entonces co-propiedad de Smithfield, la mayor productora de carne a nivel global. Smithfield fue comprada en 2013 por una subsidiaria de la mega empresa china WH Group, actualmente la mayor productora de carne porcina del mundo, ocupando el primer lugar en ese rubro en China, Estados Unidos y varios países europeos.

Aunque el virus de la gripe porcina no es un coronavirus, la mecánica de cómo llega a convertirse en epidemia/pandemia es similar a las otras enfermedades zoonóticas (es decir que tienen origen animal). Enormes cantidades de animales de cría confinados, hacinados e inmunodeprimidos, alientan que el virus mute rápidamente. A esos animales se les da continuamente antibióticos y antivirales, además de estar expuestos en ambiente y alimentación a diversos pesticidas desde que nacen hasta el matadero. Tanto para que engorden más rápido como para tratar de que no se enfermen, en condiciones absolutamente insalubres para cualquier ser vivo.

Tal como explica Rob Wallace, biólogo evolutivo y filogeógrafo, del Instituto de Estudios Globales de la Universidad de Minnesota, que ha estudiado por más de 25 años el tema de las epidemias del último siglo, los centros de cría animal son el lugar perfecto para la mutación y reproducción de los virus. Los virus pueden saltar entre especies, y si bien pueden originar en especies silvestres de aves, murciélagos y otras, es la destrucción de los hábitats naturales lo que los empuja fuera de sus áreas, donde las cepas infecciosas estaban controladas dentro de su propia población. De allí, pasan a las áreas rurales y luego a las ciudades. Pero es en los inmensos centros de cría animal donde hay mayores chances de que se produzca la mutación que luego afectará a los seres humanos, por la continua interacción entre miles o millones de animales, muchas diferentes cepas de virus y el contacto con humanos que entran y salen de las instalaciones. El aumento de la interconexión de los transportes globales, tanto de personas como de mercancías -incluyendo animales- hace que los virus mutantes se desplacen rápidamente a muchos puntos del planeta.

Un aspecto complementario: como mostró Grain, el sistema alimentario agroindustrial es responsable de cerca de la mitad de los gases de efecto invernadero que producen el cambio climático, cambio que también hace que migren las especies, incluso mosquitos que también pueden trasmitir algunos virus. Especialmente la cría intensiva de animales es responsable de la mayor parte de esas emisiones. (Grain, 2017)

Claro que aunque conozcamos lo que lo produjo, no cambia que este virus existe y tiene consecuencias ahora, y es importante cuidarnos y sobre todo a los más vulnerables por diversos factores. Aún así, no está de más recordarnos que según informa la Organización Mundial de la Salud, el 72 por ciento de las muertes en el mundo son por enfermedades no trasmisibles, varias de las cuales están ligadas directamente al sistema alimentario agroindustrial, como enfermedades cardíacas, hipertensión, diabetes, obesidad, cánceres digestivos, malnutrición.

Pero el enfoque de acción en emergencia y la búsqueda de supuestas vacunas implicando que la pandemia se podría controlar por medios técnicos, oculta las causas y promueve la perpetuidad del problema, porque vendrán otras epidemias o pandemias mientras las causas sigan sin tocarse. En algunos países, las industrias agroalimentarias, principales productoras de los virus, se ven incluso beneficiadas por las epidemias, al ser consideradas por los gobiernos como “industrias básicas” para la sobrevivencia. Lo cual es una falaz mentira, ya que es la producción campesina, indígena y de pequeña escala, incluso urbana, la que alimenta a 70 por ciento de la humanidad. Son los agronegocios los que nos dan comida basura y llena de agrotóxicos, que nos enferman y debilitan ante las pandemias, al tiempo que siguen acaparando tierras campesinas y áreas naturales. (ETC, 2017)

En la emergencia, surgen otros jugosos negocios para algunos, tanto empresas como bancos. Algunas, como las farmacéuticas, las productoras de insumos para la protección sanitaria, las empresas de ventas en línea y de producción de entretenimiento, se enriquecen ridículamente con la declaración de pandemia. Otras empresas tienen pérdidas – que trasladan a las y los trabajadores y a la sociedad de muchas maneras, incluso en aumento de precios– pero serán las primeras en beneficiarse de subsidios gubernamentales, que bajo el discurso de que hay que rescatar “la economía”, la mayoría de los gobiernos no duda en favorecerlas antes que a los sistemas de salud pública devastados por neoliberalismo o a los millones de personas que sufren la pandemia no sólo por el virus, sino porque no tienen casa, o agua, o alimentos, o perdieron su empleo, o trabajan a destajo y sin ninguna seguridad social, no tienen acceso a diagnósticos, ni médicos, o están en caravanas de migrantes, o refugiados en algún campamento, hacinados en albergues o en la calle.

En este contexto, también surgen formas de solidaridad desde abajo. Junto a ellas es necesario enraízar un cuestionamiento profundo a todo el sistema alimentario agro-industrial, y una valoración profunda y solidaria de todas y todos los que desde sus milpas, huertas y comunidades nos alimentan y previenen las epidemias.

25 marzo 2020

Publicado enMedio Ambiente
"No necesitamos una tercera revolución en los métodos de hacer una guerra." Imagen: EFE

Entrevista a la Premio Nobel de la Paz en 1997 por su lucha contra las minas antipersonales

A horas de su llegada a Buenos Aires para participar de la "Campaña para Detener a los Robots Asesinos", Williams repudia al presidente Donald Trump y remarca la importancia del movimiento feminista en el mundo.

 

Su libro autobiográfico, "My name is Jody Williams", fue traducido al español con el particular título de "La hippie que llegó a ser Nobel de la Paz". A la ganadora del prestigioso premio en 1997 por su militancia contra el uso de minas antipersonales no le molesta esa definición. Al contrario, la reivindica: "Si ser hippie quiere decir ser una activista informal e incapaz de decir palabras bonitas solamente para caerle bien a otros, entonces sí, soy una hippie".

Jody Williams nació el 9 de octubre de 1959 en Brattleboro, pequeño pueblo del estado de Vermont, Estados Unidos. Se formó en Relaciones Internacionales, pero las mejores experiencias las vivió en su recorrida como voluntaria por países de América Central. A horas de llegar al país para participar de la "Campaña para Detener a los Robots Asesinos", Williams dialogó con Página/12. A lo largo de la entrevista, revela la importancia de la guerra de Vietnam en la elección de su vida militante, manifiesta su rechazo hacia el presidente Donald Trump y remarca la importancia de que el movimiento feminista siga creciendo a nivel mundial.

-En su autobiografía de 2013, usted dice que la religión ocupó un lugar importante en su vida.

- Mi abuela maternal nació en Italia y crecí en una casa católica y sí, eso fue una parte importante de mi infancia y de mi juventud. Pero la iglesia no podía o no quería contestar preguntas difíciles y siempre decía que teníamos que aceptar cosas inexplicables por fe. Yo no creo en esa idea de fe. No acepté no tener respuestas a mis preguntas. Soy espiritual, pero no creo en el Dios de la iglesia.

- ¿La guerra de Vietnam significó un quiebre a la hora de elegir su vocación?

- Mi experiencia con Vietnam fue algo que me abrió los ojos en cuanto a la historia de los Estados Unidos. Aprendí que el país no es un país pacífico, sino uno de lo más intervencionistas en la historia. Vietnam me dio ganas de intentar buscar un camino para influir en la política externa del país.

- Usted trabajó en distintos países de Centroamérica como voluntaria. ¿Cómo recuerda esa experiencia? 

- Allí aprendí lo que es ser activista. Entendí que el trabajo avanza por nosotros, no por mí. O sea, una persona solita no cambia el mundo para beneficio de todos. Para lograr eso, es necesario trabajar con otros con la misma visión y determinación de hacer de la visión una realidad. Después de mi labor humanitaria en la región, empecé a trabajar en la campaña antiminas.

- La llevo al momento en que usted recibió el Nobel en 1997 por su lucha contra las minas antipersonales y las bombas de racimo. ¿Cómo se enteró que había ganado?

- Estaba con mi novio (ahora esposo) Steve Goose y mi familia en Vermont. Steve y yo nos conocimos en la campaña antiminas. El nueve de octubre es mi cumpleaños y habíamos ido a Vermont para festejarlo. El diez de octubre hacen el anuncio del Nobel de la Paz. ¡Fue un regalo inesperado! Y me costó procesarlo, porque sigo siendo introvertida por naturaleza.

- Ha sido muy crítica del Premio Nobel de la Paz otorgado a Barack Obama en 2009. ¿Cómo se explica que haya recibido ese premio?

- Obama mismo sabía y sabe que no merecía ese premio. No hizo más que sentarse a esperar un mundo sin armas nucleares, pero luego procedió a modernizarlas. Una total hipocresía. Creo que el Comité del Nobel estaba tan feliz de ver algo diferente de George W. Bush en el poder, que se dejó llevar. Pero no se dieron cuenta de que iban en la dirección equivocada.

- Usted se unió a otras mujeres ganadoras del Premio Nobel, entre ellas la guatemalteca Rigoberta Menchú, para trabajar por la paz. ¿Cómo surgió la idea?

- En 2005, nos dimos cuenta de que eramos varias mujeres que habíamos conquistado el Nobel de la Paz. Entonces decidimos juntarnos y usar la influencia y poder del Nobel para apoyar a organizaciones de mujeres en zonas de conflicto. Trabajamos para hacer un mundo con paz sostenible, y ya llevamos casi quince años de trabajo exitoso.

- El feminismo como movimiento no para de crecer en el mundo. ¿Cuáles son los principales desafíos que observa en la actualidad?

- Lamentablemente, los desafíos siguen siendo esencialmente los mismos en todo el mundo. Los hombres controlan la mayor parte del poder, y parecen creer que el poder es de alguna manera finito. Y si las mujeres tienen algún poder, eso significará que los hombres tendrán menos poder. Es un razonamiento absurdo.

- En Argentina existe una fuerte campaña para que el Congreso apruebe el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. ¿Está a favor del derecho a abortar?

- Absolutamente. Las mujeres debemos tener control sobre las decisiones que nos afectan. Eso quiere decir control sobre nuestros cuerpos, nuestro dinero, nuestras vidas. Yo no voy a obligar a otra mujer a tener un aborto. Pero al mismo tiempo, no quiero que otra gente me diga que no puedo tomar esa decisión. Me indigna que los hombres crean que tienen ese derecho.

- El año electoral arrancó con fuerza en Estados Unidos. Usted nació en Vermont, estado por el cual Bernie Sanders es senador. ¿Le genera alguna esperanza su precandidatura demócrata?

- En este momento es el líder del espacio demócrata. Sinceramente, mi esperanza más grande es vivir la derrota de Trump en las elecciones de noviembre.

- ¿Pero cree que Trump puede ser vencido en las presidenciales del próximo tres de noviembre?

- Siempre ha tenido presunciones de ser un rey. Con los resultados del impeachment en el Senado parece que de veras cree que es el rey. Creo que puede ser vencido, pero también creo que puede ganar y si es horrible hoy, no puedo imaginarlo si ganara en noviembre.

- Sus críticas hacia el presidente parecen ir en línea con lo que llama "excepcionalismo estadounidense".

- Todo el mundo ya sabe que los gringos se creen los dueños del mundo y eso proviene de la creencia de que el país y su gente, los blancos obviamente, son excepcionales en el mundo. Por eso, todo lo que hace Estados Unidos contribuye al bienestar de todo el mundo, incluso cuando el mundo no se da cuenta de eso...

Este miércoles 26 de febrero a partir de las 10:30 horas, en el Auditorio del Centro Cultural de la Ciencia, Williams brindará una conferencia en Buenos Aires como parte de la Campaña para Detener a los Robots Asesinos junto a la directora de la división Armas de Human Rights Watch, Mary Wareham, la ingeniera de software, Laura Nolan, la investigadora del CONICET, Vanina Martínez, y la Coordinadora de la Red de Seguridad Humana en Latinoamérica y el Caribe, María Pía Devoto.

- ¿Cómo podría explicarle a los habitantes de la región, no habituados a ese tipo de discusiones, cuál es la importancia de frenar la actividad de estos robots asesinos?

- Desde la Campaña nos preocupa pensar que las armas autónomas decidirían quién vive y quién muere, sin intervención humana, algo que cruza los límites morales. El mundo ya es lo suficientemente peligroso. No necesitamos una tercera revolución en los métodos de hacer una guerra. Y menos cuando serían guerras impredecibles, ya que los seres humanos quedarían fuera de decidir quién vive y quién muere. Sería un desarrollo completamente asqueroso.

Publicado enInternacional
Del robot insecto a la medusa cíborg: animales al servicio del espionaje y la investigación

En los años 70, la CIA intentó desarrollar una libélula robótica para programas de espionaje; ahora ponemos sensores y activadores en saltamontes y medusas de carne y hueso para trabajos de investigación

Un insecto clandestino. Así describió la CIA el proyecto que emprendió en abril de 1974 para crear un dron al más puro estilo de esos que hoy aún nos parecen tan avanzados y futuristas. En algunos sentidos, el insectocóptero, iba incluso más allá. El objetivo fundamental de aquella aeronave no tripulada tan adelantada a su tiempo no era repartir paquetes, ni grabar tomas aéreas, ni siquiera aspiraba a ir por ahí cerrando aeropuertos. El plan era crear una libélula capaz de hacer vuelos de al menos 100 metros e instalar sistemas de vigilancia por audio. El proyecto quedó finalmente abandonado, pues el sistema de navegación disponible en la época, guiado por láser, era apto para vuelos en línea recta y encontraba demasiados problemas en las imprevisibles condiciones del mundo real.

La simbiosis entre el reino animal y el de la tecnología no es extraña en el mundillo del espionaje. Palomas con cámaras, delfines entrenados para instalar explosivos y peces robóticos figuran en el historial de gadgets que la Agencia Central de Inteligencia ha empleado durante el último medio siglo. También probaron a implantar un micrófono en un gato, pero -20 millones de dólares más tarde- el animal se distrajo y fue atropellado por un taxi. 

Toda esta fauna de agentes secretos se ha hecho pública en un conjunto de informes desclasificados que recoge The Black Vault, un proyecto que recopila documentos de este tipo. "Desde un punto de vista técnico, hay una alta probabilidad de que los animales sean capaces de ejecutar muchas tareas útiles, si no únicas, que serán de interés para el Departamento de Defensa y la CIA. Esperamos que estas investigaciones de sistemas animales se lleven a fases más avanzadas de desarrollo", aseguraba Carl E. Duckett, el que fuera fundador y director de la división Ciencia y Tecnología de la CIA, en una carta fechada en diciembre de 1967. 

Viaje al presente

Pero la voluntad de combinar animales y nuevas tecnologías no es exclusiva del siglo pasado ni de los programas de espionaje. Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington acaba de publicar un estudio sobre la viabilidad de emplear "biorrobots basados en insectos" en tareas de detección de explosivos. "Proponemos una solución híbrida bioelectrónica que aprovecha directamente el rico repertorio de sensores olfativos y el sofisticado marco neurológico y computacional del sistema olfativo de los insectos", explican. 

En este caso, los socios animales son saltamontes. Después de comprobar cómo la exposición a químicos explosivos activaba ciertas neuronas en estos insectos, los investigadores diseñaron un sistema para, a través de una cirugía mínimamente invasiva, poder medir sus respuestas electrofisiológicas y crear un sistema de detección. "En resumen, nuestro estudio es la primera prueba de cómo los sistemas olfativos biológicos pueden 'secuestrarse' para desarrollar una aproximación cíborg para la detección de químicos". Otro insecto que aparentemente también es apto para esta tarea es, de acuerdo con los investigadores, la cucaracha roja.

En el mar también se puede

A finales de enero, la revista Science Advances publicó un ejemplo más de esta tendencia, con las medusas como animal protagonista. El estudio, obra de dos investigadores de la Universidad de Stanford, presenta a estos animales como "uno de los vehículos subacuáticos más energéticamente eficientes" y una "potencial fuente de ventajas" para abordar los grandes retos de la robótica.

"Presentamos un robot biohíbrido que usa microelectrónica integrada para inducir el nado en medusas vivas. Las medidas demuestran que la propulsión puede ampliarse sustancialmente al controlar las contracciones del cuerpo a un rango de frecuencias óptimo más rápido que el comportamiento natural", señalan. Las medusas cíborg que resultan de este experimento nadan tres veces más rápido, mientras que el gasto metabólico del animal solo se duplica.  "Este robot usa entre diez y mil veces menos energía externa por masa que cualquier otro robot acuático reportado en la literatura", prometen.

El sistema diseñado por los investigadores aplica corrientes eléctricas periódicas para incitar contracciones musculares en las medusas. El biorrobot resultante, concluyen los investigadores, tiene el potencial para expandir las técnicas de exploración de los océanos y abre la puerta a futuras mejoras en el control de las medusas biohíbridas, así como a la incorporación de microsensores que permitan recoger información del entorno.

Las manos visibles del capitalismo echan un pulso por el control del 5G

El fracaso de la estrategia punitiva de Trump con China podría llevar a Estados Unidos a buscar alianzas puntuales entre sus empresas y otros gigantes europeos.

 

Como sabemos por la publicidad de operadores móviles y grandes superficies, el 5G ya está aquí. ¿Pero en qué consiste esta tecnología? A nivel técnico, el término 5G hace referencia a la quinta generación de redes sin cable que, supuestamente, tendrá 100 veces mayor velocidad que las actuales redes 4G. Su despliegue total requerirá nuevas torres de emisión y baterías para los dispositivos móviles.

No hay muchas empresas en el mundo que puedan comprometerse a construir las infraestructuras necesarias. De este pequeño número, la líder en la mayoría de países es la china Huawei. Esto es porque su tecnología está ya presente en redes de generaciones anteriores. Así, Huawei es el contratista más fiable para implementar el 5G a ojos de muchos gobiernos.

En Washington no lo ven tan claro. Las primarias demócratas se están caracterizando por los esfuerzos de los candidatos para distanciarse de Trump. Pero, en el asunto 5G, todos respaldan al presidente. Tanto la portavoz demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, como la administración Trump, coinciden en la peligrosa “sinificación” de la tecnología 5G y de futuros sistemas en la nube. El establishment norteamericano considera que construir sistemas informáticos clave sobre infraestructura china, ya sea para agencias públicas o empresas privadas, puede ser un riesgo para la seguridad nacional de los países de la OTAN

Así, los estadounidenses han tomado medidas sin precedentes contra Huawei, arrestando a su director financiero, acusándolos de robo de propiedad intelectual y en general difundiendo noticias sobre sus supuestas relaciones con Corea del Norte y otros regímenes autoritarios

Todo ello, a pesar del impacto de las sanciones sobre empresas autóctonas, como Apple. De hecho, dentro de la administración Trump, comercio (que promueve mayores sanciones) y defensa (dependiente de la tecnología china) pugnan por llegar a un acuerdo en el grado asumible de sanciones que se pueden imponer a China.

En el exterior, la ofensiva Trump se ha caracterizado desde el inicio por su campaña para reordenar las cadenas de valor global. Todas estas negociaciones comerciales se han producido de manera progresiva y relativamente informal; el reverso de la preferencia de Obama por grandes cumbres multilaterales y tratados como el TTIP. Al principio de su mandato, algunas voces en Wall Street y el mundo empresarial mostraron preocupación cuando el presidente Trump comenzó por centrar su atención en la Unión Europea. Los países exportadores del norte del continente dependen del mercado estadounidense, particularmente en el sector del automóvil.

Sin embargo, el foco estadounidense se redirige ahora a las incursiones de Huawei en el Viejo Continente. Paradójicamente, el primer golpe ha venido del “amigo especial” de Donald Trump, Boris Johnson.

A finales de enero de 2020, el Consejo de Seguridad de Reino Unido (presidido por Johnson y otros altos funcionarios) decidió aceptar a Huawei como suministrador de redes 5G en Gran Bretaña. Al mismo tiempo, se le aplicaron condiciones especiales de seguridad. Entre otras, se le prohibió superar el 35% de cuota de mercado, u operar en infraestructuras vitales como instalaciones nucleares. Esto se considera suficiente para prevenir posibles injerencias chinas. La decisión británica fue seguida por la de la Unión Europea, que ha permitido a sus miembros decidir unilateralmente su futura relación con Huawei.

Inmediatamente, la administración Trump reaccionó con furia, amenazando con medidas punitivas contra aquellos que permitan la entrada del gigante chino. Estados Unidos también ha sugerido excluir de inteligencia vital al gobierno de coalición español si no prioriza los servicios de las europeas Ericsson o Nokia; o de la surcoreana Samsung. Sin embargo, ninguna de las tres alternativas tiene presencia suficiente en redes 3G y 4G españolas, italianas, francesas o británicas como para generar confianza a los gobiernos y operadoras de telecomunicaciones del continente.

Solo Australia y Japón, actores importantes en la contención de China en el Pacífico, han sucumbido a la presión y roto sus relaciones con la empresa china.

Para las autoridades en Bruselas, es irónico que el Presidente Trump busque la aquiescencia europea en el asunto Huawei mientras que sigue presionando por lo que considera normas europeas “injustas” en sectores como la agricultura o el automóvil

El fracaso de la estrategia punitiva podría llevar a los estadounidenses a buscar alianzas puntuales entre sus empresas y otros gigantes europeos, priorizando la zanahoria en lugar del palo.

Trump, como individuo, tiene una concepción de la política basada en su experiencia como heredero y magnate de los negocios. Su gestión del conflicto comercial con China se ha caracterizado por el énfasis en conseguir “el mejor trato posible”, como si se tratase de un intercambio inmobiliario. Incluso antes de la crisis del coronavirus, el presidente y su entorno concebían la relativa desaceleración industrial china como un síntoma de debilidad. Efectivamente, parecía el momento perfecto para lanzar un ataque agresivo.

Pero el poco entusiasmo que su visión genera en sus supuestos aliados constata la pérdida de hegemonía de los EE UU.

LA FALSA GUERRA COMERCIAL Y EL VERDADERO PROBLEMA DEL CAPITALISMO DIGITAL

La nueva directora del FMI, Kristalina Georgieva, lamentaba a principios de este año esta “guerra comercial” y sus efectos sobre la estabilidad de la economía mundial. Bajo los principios del Consenso de Washington, desarrollados durante los años 80 y 90, los aranceles o las sanciones de cualquier tipo son siempre negativas para el desarrollo económico.

Desde lo que llamaríamos “liberalismo vulgar”, además, sería hipócrita restringir a Huawei cuando técnicamente es un competidor más en un mercado global. Atendiendo a la reacción del establishment estadounidense, da la impresión que lo más flagrante es que una empresa de un país nominalmente comunista haya logrado competir y ganar a las empresas de los países capitalistas. Sería una suerte de “momento Sputnik” 2.0, cuando el liderazgo estadounidense de la postguerra se puso en jaque tras el lanzamiento del primer satélite artificial por parte de los soviéticos.

La lucha por el 5G, sin embargo, es mucho más que un momento Sputnik o una simple guerra comercial. Es obvio que, en paralelo al conflicto Huawei, existen una multitud de frentes en otros ámbitos. Tensiones marítimas en el Pacífico, restricciones a estudiantes chinos en Estados Unidos, capital chino adquiriendo infraestructuras en Europa… Hasta el testigo menos versado en política internacional puede advertir rápidamente que este asunto no es meramente un asunto de negocios.

De hecho, algunos economistas discrepan del apelativo “guerra comercial” para describir esta intensificada discusión sobre aranceles, subsidios y barreras. Desde un punto de vista pragmático, todos los países del mundo de facto intervienen de una manera u otra en el comercio global de siglo mercancías. Prueba de ello es que el mecanismo de resolución de disputas de la Organización Mundial del Comercio es una de las entidades internacionales con mayor actividad.

En efecto, la acusación de que Huawei ha alcanzado su liderazgo por el apoyo estatal chino es simplemente la constatación de una obviedad. Desde el cambio de, la estrategia industrial de inversión público-privada china se ha esforzado por penetrar en las cadenas de valor de hardware y software; mientras que Occidente ha preferido centrarse en el mayor valor añadido del software (con la notable excepción de Apple). Sin embargo, las agencias estatales de los EEUU tampoco se han atado las manos en el asunto de las 5G. Como criticaba el campeón del libre comercio The Economist, Trump por ejemplo bloqueó la adquisición de Qualcomm (fabricante de chips 5G) por una empresa de Singapur. Paradójicamente, la misma Qualcomm ha sido acusada en varias ocasiones de prácticas monopolistas en el mercado estadounidense. 

En cualquier caso, está ampliamente documentado por economistas como Mariana Mazzucato o Robyn Klingler-Vidra que la revolución digital ha sido el resultado de décadas de inversiones estatales e intervencionismo público.

El siglo XX, el siglo del auge estadounidense, habría sido imposible sin una multitud de avances desde la cadena de montaje hasta los contenedores de transporte. Por el camino, sin embargo, los Estados occidentales han olvidado su rol de “emprendedor”. Líderes como Reagan, Thatcher, y sus sucesores han preferido ceder más espacio a las finanzas. Los fondos de inversión deciden dónde conviene dirigir el capital que producimos colectivamente con nuestro trabajo, o que los grandes rentistas extraen a través de alquileres o intereses. El Estado Chino y el Partido Comunista que lo dirige han preferido ignorar estas doctrinas neoliberales. Han emulado a los estados desarrollistas del occidente previo al desmantelamiento del consenso keynesiano, y participado selectivamente en la globalización. Hoy, aun con las enormes desigualdades y crisis puntuales como la del coronavirus, han demostrado el potencial de la política industrial a un Norte Global que todavía cree que la solución a todo es “más mercado”.

Al mismo tiempo, nadie debería ver espejismos progresistas en la gran estrategia china. A finales del siglo pasado, los pensadores del llamado “sistema-mundo”, como Wallerstein y Arrighi, supieron combinar la mirada doble al régimen económico y al geopolítico. Como Adam Smith, Polanyi y, por supuesto, Marx, entendieron la relación pendular del desarrollo tecnológico, la desigualdad entre naciones y los grandes conflictos.

El antiguo imperio está recuperando su viejo lugar en el mundo y ya no recurre al lenguaje maoísta de solidaridad entre países oprimidos. Más bien al contrario, empresas como Baidu o Alibaba emulan a Google, Facebook y Amazon en sus intentos por penetrar mercados Norte y Sur y sustituir a los Estados Unidos en sus esferas de debilidad. Los sistemas de penalización social digital y otras medidas de vigilancia auguran el surgimiento de nuevos Estados-plataforma, en que las tecnológicas aumenten sus usuarios y tasas de beneficio siempre y cuando colaboren con las autoridades para modelar la conducta de los ciudadanos. De nuevo, el teorema liberal de la competición como solución a la cartelización tecnológica es una proposición peligrosa. La competición, lejos de evitar la colonización de la vida, intensificará los intentos de las empresas como Huawei por ocupar los cuellos de botella que más datos gestionen, y por tanto más información factible de ser comercializada y aplicada ofrezca. La solución solo puede ser la democratización y colectivización de estos sistemas, como ya se hiciera con los grandes monopolios como el ferrocarril o el petróleo a comienzos del siglo pasado.

En cualquier caso, es patente que el capitalismo no ha logrado salir de su “estancamiento secular” desde la última gran crisis. Globalmente, reinan los bajos retornos de inversión y una contracción de los sectores productivos de la economía. En este contexto, albergar las empresas líder en la cadena de valor tecnológico como Huawei es un gran incentivo para gobiernos y sus apoyos en la gran empresa, por su alta tasa de retorno de capital.

Pero la carrera por asegurar el máximo número de usuarios posible esconde la privatización encubierta de la vida y los recursos comunes del modelo Silicon Valley. Desde un punto de vista sistémico, quizá no son los países los que están en “guerra comercial”; sino una nueva alianza entre el capital, las tecnológicas y los estados los que están en guerra contra la mayoría del planeta.

PUBLICADO

2020-02-23 06:00

Publicado enEconomía
La demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, como si fuera una vulgar trumpiana fustigó que la red 5G de Huawei permitiría a China espiar las comunicaciones de los aliados de Estados Unidos.Foto Ap

Lo peor que pueden hacer los cándidos mandatarios del mundo es tomar partido por demócratas y/o republicanos, que son las dos caras de la misma moneda cuando se trata de la "seguridad nacional" de Estados Unidos y sus intereses, como fue notorio en la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM) en su versión 56, donde demócratas, encabezados por Nancy Pelosi (NP) y Adam Schiff –fallidos defenestradores de Donald Trump–, se fusionaron con sus supuestos "enemigos" de la dupla "evangelista sionista" Pence-Pompeo y el secretario del Pentágono Mark Esper (ME), representantes del trumpismo, para arremeter conjuntamente contra China y la 5G de Huawei (https://bit.ly/2T5fJzw).

La amazona católica NP, desde la inmoralidad del sistema bélico de Estados Unidos, moralizó el pleito con la 5G de Huawei, que redujo a un dilema entre la "autocracia" china y la "democracia" (sic) de la "autopista de la información" (https://bit.ly/2TaC4eQ).

NP no conoce el sistema que dirige en Estados Unidos, que no es una "democracia", sino una "plutocracia prototeocrática", tanto en la fase del ayer demócrata y hoy republicano Trump como de la candidatura híbrida del ayer republicano y hoy demócrata Mike Bloomberg, con una fortuna que ya alcanzó 65 mil millones de dólares (https://bit.ly/2HOJmzP) y quien, al unísono de George Soros, lubricó la candidatura de NP.

Ni Alemania ni Francia ni Gran Bretaña –cuyo primer ministro conservador, Boris Johnson, es el gran aliado de Trump– se han doblegado a las amenazas de Estados Unidos para abandonar la 5G de Huawei.

NP, como si fuera una vulgar trumpiana, fustigó que la red 5G de Huawei permitiría a China espiar las comunicaciones de los aliados de Estados Unidos, a lo que China replicó que este último persiste en monopolizar (¿"democracia"?) el control cibernético global para perpetrar su espionaje. NP amenazó que “quienes opten por Huawei tendrán que pagar un alto precio (¿"democracia"?). Cuando le preguntaron a NP si estaba de acuerdo "con la política china del presidente Trump", respondió sin sonrojarse que "estamos de acuerdo en este punto". Y en otros más que oculta…

El diplomático chino Fu Ying preguntó a NP cuál era su explicación para que las trasnacionales de Estados Unidos que han operado en China durante décadas no hayan podido cambiar el sistema político chino y que ahora resulte que Huawei sola amenace la "democracia" de Occidente (https://bit.ly/2vRVQ6Z). ¡Touché!

Justamente, días antes, The Washing-ton Post –portavoz del establishment y propiedad de Jeff Bezos, mandamás de Amazon–reportó que la CIA espía las comunicaciones encriptadas de los gobiernos de todo (sic) el mundo desde hace cinco décadas (sic), gracias a la instalación secreta de la empresa de "seguridad" CryptoAG, en Suiza (https://wapo.st/2Pw9aVN).

Si Europa rechazara la 5G de Huawei, se quedaría secuestrada eternamente a Estados Unidos y muy rezagada frente a China.

El Secretario de Defensa ME advirtió que el mundo se encuentra ahora en la "era de competencia de las grandes potencias", por lo que “debemos pasar de los conflictos de baja (sic) intensidad y prepararnos de una vez por todas para una guerra de alta (sic) intensidad”, que es la misma perorata del reporte del Pentágono de 2018 (https://bit.ly/39TpKXd).

En forma espectacular participaron también en la CSM Mark Zuckerberg, de Facebook, y el canciller iraní, Javad Zarif, lo que puso nerviosos a tirios y troyanos.

Las diatribas de republicanos y demócratas por igual contra la 5G de Huawei va mucho más allá de una prosaica guerra "comercial" y de la defensa hilarante de "valores democráticos" inexistentes en Estados Unidos. Más bien refleja el acelerado declive de Occidente, en particular, de Estados Unidos, su otrora superpotencia tecnológica que ha sido ya rebasada en varios rubros por la panoplia hipersónica militar de Rusia y por las hazañas científicas de China, hoy puesta doblemente en cuarentena por el extraño coronavirus y por el cerco de Estados Unidos, que empezó con la contención de Barack Obama y prosigue en forma desesperada con Trump, mientras Rusia y China han codificado una "asociación estratégica", cuya envergadura secreta se ignora y ha dejado atrasado a Estados Unidos.

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