Sin Permiso  Previsiones económicas para 2018: la tendencia y los ciclos

 

¿Qué ocurrirá en la economía mundial en 2018? La economía capitalista global sube y baja en ciclos, es decir, las caídas de la producción, la inversión y el empleo tienen lugar cada 8-10 años. En mi opinión, estos ciclos están fundamentalmente impulsados por los cambios en la tasa de ganancia del capital acumulado invertido en las principales economías capitalistas avanzadas. El ciclo de la rentabilidad es más largo que los 8-10 años del 'ciclo económico'. Una onda ascendente de rentabilidad puede durar unos 16-18 años y es seguida por una onda descendente de una duración similar. Al menos este es el caso de la economía capitalista de Estados Unidos; la duración del ciclo de rentabilidad varía de un país a otro.

Junto a este ciclo de rentabilidad, hay un ciclo más corto de aproximadamente 4-6 años llamado ciclo Kitchin. Y también parece haber un ciclo más largo (comúnmente llamado el ciclo Kondratiev) basado en impulsos de innovación y los precios mundiales de las materias primas. Este ciclo puede ser tan largo como 54-72 años. El ciclo económico se ve afectado por la tendencia del ciclo de rentabilidad, y el ciclo Kitchin y ciclo Kondratiev y por factores nacionales específicos.

Los motores detrás de estos diferentes ciclos están explicados en mi libro, La Larga Depresión. En él defiendo que cuando las ondas descendentes de todos estos ciclos coinciden, el capitalismo mundial experimenta una profunda depresión de difícil salida. En una depresión así, puede requerir varias crisis e incluso guerras para acabar con ella. Ha habido tres depresiones de este tipo desde que el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante a nivel mundial (1873-1897; 1929-1946; 2008 y la actual). El suelo de la depresión actual debería alcanzarse alrededor de 2018. Ese debe ser el momento de una nueva crisis, necesaria para recuperar la rentabilidad a nivel mundial. Ese ha sido mi pronóstico o predicción etc desde hace algún tiempo. Anwar Shaikh en su libro Capitalismo, mantiene una opinión similar.

Hace un año, en mis previsiones para 2017, escribía que “2017 no va a generar un crecimiento más rápido, contrariamente a las expectativas de los optimistas. De hecho, en la segunda mitad del próximo año, probablemente podamos esperar una fuerte desaceleración en las principales economías ... lejos de un nuevo boom capitalista, el riesgo de una nueva recesión se incrementará en 2017”.

Pues bien, a medida que ha terminado 2017 y hemos comenzado 2018, la predicción sobre el crecimiento global resultó ser errónea. El crecimiento global del PIB real aumentó en 2017 - de hecho, por primera vez desde el final de la gran recesión en 2009, prácticamente todas las grandes economías aumentaron su PIB real. El FMI en su último panorama económico lo expresó así: “ 2017 está terminando al alza, con un PIB que continua creciendo en gran parte del mundo en la mayor fase ascendente del ciclo desde el inicio de la década”.

 

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Los economistas de la OCDE también consideran que “la economía mundial está creciendo a su ritmo más rápido desde 2010, con una recuperación cada vez más sincronizada entre los distintos países. Esta esperada recuperación del crecimiento global, con el apoyo de las políticas de estímulo, va acompañada de un aumento sólido del empleo, una moderada recuperación de la inversión y un relanzamiento del crecimiento del comercio”.

Más allá de la recuperación (todavía modesta) del crecimiento global, la inversión y el empleo en las principales economías en 2017, los mercados de activos financieros han tenido un gran año.

 

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El FMI una vez más: “el aumento del valor de las acciones ha continuado su ascenso y está cerca de máximos históricos, ya que los bancos centrales han mantenido una política monetaria acomodaticia en medio de una inflación débil. Esto es parte de una tendencia más amplia de los mercados financieros globales, en los que las bajas tasas de interés, las mejores perspectivas económicas, y un mayor apetito por el riesgo ha incrementado los precios de los activos y suprimido la volatilidad”.

Así que todo parece que va sobre ruedas para la economía mundial en 2018, contradiciendo mi pronóstico de una crisis.

Pero a veces ocurre que cuando todo se ve de color de rosa, una nube tormentosa puede aparecer muy rápido en el horizonte- como en 2007. En primer lugar, vale la pena recordar que, si bien el crecimiento económico mundial se está acelerando un poco, la OCDE reconoce que “el crecimiento per capita va a caer por debajo de las cifras anteriores a la crisis en la mayoría de las economías de la OCDE y no OCDE”. Así que la economía mundial todavía no está fuera de la Larga Depresión que comenzó en 2009.

De hecho, como los economistas de la OCDE explican: “Mientras que la mejora a corto plazo cíclica es bienvenida, sigue siendo modesta en comparación con los estándares de las recuperaciones anteriores. Por otra parte, las perspectivas de continuar el crecimiento global en su pico hasta el 2019 y asegurar las bases para una mayor producción potencial y un crecimiento más resistentes e inclusivo todavía no parecen estar presentes. Los efectos persistentes de un crecimiento débil prolongado después de la crisis financiera aún están presentes en la evolución de la inversión, el comercio, la productividad y los salarios. Se prevén algunas mejoras en 2018 y 2019, y que las empresas realicen inversiones nuevas para mejorar su capital social, pero no será suficiente para compensar totalmente las deficiencias del pasado, y por lo tanto las ganancias de productividad seguirán siendo limitadas”.

Los economistas del FMI hacen hincapié en lo mismo. La última proyección del FMI del crecimiento de la economía mundial es un crecimiento del PIB mundial del 3,7% en el período 2017-18, una aceleración de 0,4 puntos porcentuales desde un anémico 3,3% de los últimos dos años. Pero esto sigue siendo inferior a la tendencia post-1965 de crecimiento del 3,8% y los mejores datos esperados en 2017-2018 siguen a una recuperación excepcionalmente débil de las secuelas de la Gran Recesión.

La OCDE también piensa que gran parte de la reciente recuperación es ficticia, que se centra en activos financieros e inmobiliarios. “Los riesgos financieros también están aumentando en las economías avanzadas, con el largo periodo de bajas tasas de interés para fomentar una mayor asunción de riesgos y nuevos aumentos de la valoración de los activos, incluso en los mercados de vivienda. Las inversiones productivas que generen los recursos para pagar las obligaciones financieras asociadas (así como cumplir otros compromisos con los ciudadanos) parecen insuficientes”. De hecho, en promedio, la inversión en 2018-19 se situará en torno a un 15% por debajo del nivel requerido para asegurar aumentos del stock de capital productivo neto al mismo ritmo medio anual que en 1990-2007.

La OCDE concluye que, si bien el crecimiento económico global será más rápido en el próximo año, esta será su tasa máxima de crecimiento. Después de eso, el crecimiento económico mundial se debilitará y permanecerá muy por debajo de la media anterior a la Gran Recesión. Esto se debe a que el crecimiento global de la productividad (producción por persona empleada) sigue siendo bajo y el crecimiento del empleo está llegando a su pico.

El ex economista jefe de Morgan Stanley, el banco de inversión estadounidense, Stephen Roach, sigue siendo escéptico de que el entorno de bajo crecimiento desde el final de la Gran Recesión haya terminado y que la economía capitalista navegue ahora a favor del viento. El crecimiento que las principales economías han experimentado se ha basado en tasas de interés muy bajas para los préstamos y un aumento de la deuda en los sectores empresarial y familiar. “Las economías reales se han apoyado artificialmente en estos precios de los activos distorsionados, y la normalización de esta situación congelada sólo prolongará esta dependencia. Sin embargo, cuando los balances de los bancos centrales, finalmente, comienzan a contraerse, las economías que dependen de activos una vez más estarán en peligro. Y los riesgos tienden a ser mucho más graves hoy que hace una década, debido no sólo a la proyección de unos balances inflados de los bancos centrales, sino también a la sobrevaloración de los activos”.

Los mercados de valores están enormemente 'sobrevalorados', al menos de acuerdo a la tendencia histórica. La relación precio-ganancias cíclicamente ajustada (CAPE) de 31.3 es actualmente alrededor de un 15% más alto de lo que era a mediados de 2007, antes de estallar la crisis de las subprime. De hecho, el índice CAPE solo ha sido más alto que en la actualidad dos veces en sus 135 años de historia - en 1929 y en 2000. “No son precedentes reconfortantes” (Roach). Una forma de medir el precio de los activos financieros en comparación con los activos reales es la capitalización del mercado de valores en comparación con el PIB (en los EEUU). Sólo ha sido más alto justo antes del estallido de las dot.com en el 2000.

 

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Y no necesito decirles a mis lectores que “la” recuperación económica del capitalismo mundial desde 2009 no ha sido “suficientemente” compartida. Ha habido una gran cantidad de datos que demuestran que la mayor parte del incremento de los ingresos y la riqueza ha ido al 1% de los mayores titulares de ingresos y riqueza, mientras que los salarios reales de los trabajadores en la gran mayoría de las economías capitalistas avanzadas se han estancado o incluso ha disminuido.

 

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La razón principal de este aumento de la desigualdad ha sido que el 1% posee casi todos los activos financieros (acciones, bonos y bienes) y los precios de estos activos se han disparado. Las grandes empresas, sobre todo en los EEUU, han utilizado el aumento de sus beneficios sobre todo para recomprar sus propias acciones (aumentando su precio) o para pagar mayores dividendos a los accionistas. Y estos forman parte del 1% más rico en su mayoría.

Las empresas del índice S & P 500 compraron 3.5 billones de dólares de sus propias acciones entre 2010 y 2016, casi un 50% más que en la anterior expansión.

 

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Hay dos cosas que abren un signo de interrogación sobre la posibilidad de un crecimiento más rápido para la mayoría de las economías capitalistas en 2018 y aumentan la probabilidad de lo contrario. La primera es la rentabilidad y las ganancias - para mí, los indicadores clave de la 'salud' de la economía capitalista, ya que se basan en la inversión y la producción para beneficios no necesidades.

En este contexto, vamos a empezar con la economía de Estados Unidos, que sigue siendo la economía capitalista más grande tanto en valor total, como en inversión y flujos financieros - y sigue siendo, por tanto, el talismán para la economía mundial. Como mostré en 2017, la rentabilidad global del capital en Estados Unidos cayó en 2016, dos años sucesivos desde el fin de la Gran Recesión en 2014. De hecho, la rentabilidad está aún por debajo de sus picos anteriores a la crisis (en función de cómo se mida) de 1997 y 2006.

 

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Hasta donde yo puedo decir, en el año 2017, la rentabilidad se estabilizó en el mejor de los casos- y todavía está muy por debajo de 2.014.

 

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El total o la suma de las ganancias en el sector empresarial de Estados Unidos (lo que no es la rentabilidad, que se mide como la relación entre las ganancias con el stock de capital invertido) se ha recuperado de las profundidades de la Gran Recesión en 2009. Pero el total de las ganancia ha vuelto a caer bruscamente en 2015 (junto con la rentabilidad, como hemos visto más arriba). Esta caída se detuvo a mediados de 2016. La caída parecía coincidir con el colapso de los precios del petróleo y de las ganancias de las empresas de energía, en particular. Sin embargo, el precio del petróleo se estabilizó a mediados de 2016 y lo hicieron las ganancias (aunque la rentabilidad siguió cayendo). Las ganancias aumentaron de nuevo en 2017, pero, después de restar las ganancias ficticias, principalmente del sector financiero, el total de las ganancias está aún muy por debajo del pico de fines del 2014 (línea roja del siguiente cuadro).

 

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Como he mostrado en otros lugares cuando las ganancias caen de nuevo, también lo hará la inversión en el plazo de un año más o menos. Sobre la base de los datos de los EEUU, la rentabilidad en 2017 fue plana y solo hubo una pequeña recuperación en las ganancias. Esto sugiere que, en el mejor de los casos, la inversión en capacidad productiva crecerá muy poco en 2018, especialmente dado que gran parte de estas ganancias van a parar a activos improductivos, inmobiliarios y financieros.

¿Qué pasa en el resto del mundo? Es evidente que las economías capitalistas europeas (con la excepción de la Gran Bretaña post-Brexit) se han recuperado en 2017. El crecimiento real del PIB se ha recuperado, encabezadas por Alemania y el norte de Europa, aunque todavía se encuentra por debajo de la tasa de crecimiento de los EEUU. Japón también ha registrado una recuperación modesta.

Cuando nos fijamos en la rentabilidad, sin embargo, en el núcleo de Europa aumentó sólo ligeramente y cayó en Japón en 2015 y 2016, al igual que en los EEUU. De hecho, sólo Japón tiene una tasa de ganancia más elevada en comparación con 2006.

 

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Cuando nos fijamos en la masa de ganancias de las empresas globales (usando mi propia medición), se ha producido una recuperación modesta en 2017 después de la caída en 2015-6. Pero hay que recordar que mis datos incluyen a China, donde las ganancias de las empresas estatales aumentaron dramáticamente en 2016-7.

 

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A fin de cuentas, si las ganancias y la rentabilidad son buenos indicadores de lo que está por venir en 2018, sugieren en el mejor dude los casos lo mismo que en 2017 - pero probablemente sin provocar una caída de la inversión.

El otro signo de interrogación que se cierne sobre el optimismo abrumador de que 2018 va a ser un gran año para el capitalismo global es la deuda. Como muchas agencias han señalado y he recogido en mis artículos a lo largo de 2017, la deuda global, en particular del sector privado (empresas y familias), ha seguido aumentando hasta nuevos picos.

 

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El FMI comenta: “la carga del servicio de la deuda del sector privado ha aumentado en varias economías importantes en la medida que también ha aumentado el apalancamiento, a pesar de la disminución de los costes del endeudamiento. La presión del servicio de la deuda podría aumentar más si el apalancamiento sigue creciendo y podría conducir a un mayor riesgo crediticio en el sistema financiero”.

Entre las economías del G-20, la deuda total del sector no financiero (endeudamiento de los gobiernos, empresas no financieras y los hogares de los bancos y los mercados de bonos) ha aumentado a más de 135 billones de dólares, o alrededor del 235% del PIB agregado. En las economías avanzadas del G-20, la relación deuda-PIB ha crecido constantemente durante los últimos diez años y ahora asciende a más del 260% del PIB.

 

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El FMI resume el riesgo. “Una continua acumulación de cargas de la deuda y una sobrevaloración de los activos podría tener repercusiones económicas globales. ... una revaloración de los riesgos podría conducir a un aumento de los diferenciales de crédito y una caída de los precios del mercado de capitales y de vivienda, descarrilando la recuperación económica y socavando la estabilidad financiera”.

Los economistas del FMI no creen que haya riesgo de un nuevo estallido de la deuda hasta 2020. Puede que tengan razón. Pero la política de bajas tasas de interés y de enormes inyecciones de crédito por parte de los principales bancos centrales ya ha terminado. La Reserva Federal de Estados Unidos ha comenzado a elevar su tasa de interés política y ha dejado de comprar bonos. El Banco Central Europeo pondrá fin a sus compras este año que viene; el Banco de Inglaterra ya las ha cortado. Sólo el Banco de Japón planea más compras de bonos hasta 2018. El coste de los préstamos se va a incrementar, mientras que la disponibilidad de crédito disminuirá. Si la rentabilidad sigue cayendo en 2018, provocará el colapso de la inversión, no su expansión. Esto afectaría a todo el sector empresarial de las llamadas economías emergentes.

 

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Incluso si las principales economías capitalistas evitan una crisis en 2018, nada cambiará mucho. El crecimiento económico en las principales economías sigue siendo bajo en comparación con antes de la Gran Recesión, incluso si sigue la recuperación en 2018. Y la perspectiva a medio plazo es pobre. El crecimiento de la productividad (producción por persona que trabaja) es muy baja en todas partes e imposibilitará el crecimiento del empleo. Por lo que la tasa de crecimiento potencial a largo plazo de las principales economías se desacelerará desde los picos alcanzados en 2018. Después de un crecimiento muy bajo en 2016 de sólo el 1,4%, el FMI prevé un crecimiento del G7 en 2018 del 1,9% - un aumento moderado, pero real. Sin embargo, se prevé que posteriormente el crecimiento del G7 caiga hasta el 1,6% en 2019 y un pobre 1,5% en 2020-2022.

 

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Así, el repunte en 2017-2018 parece cíclico y no se consolidará en un nuevo 'boom' largo sostenible. Porque, sin que haya una crisis que devalué el capital (productivo y ficticio) y recupere así la rentabilidad, la inversión y el crecimiento de la productividad seguirán atrapados por la depresión. El crecimiento global de las economías del G-7 desde la Gran Recesión ha sido más lento que durante la Gran Depresión de la década de 1930. De hecho, en base a las proyecciones del FMI, para el año 2022, es decir 15 años después de 2007, el crecimiento total del PIB en las economías del G7 sólo será del 20% comparado con el 62% en los 15 años después de 1929. Y eso sin contar con una crisis económica importante en los próximos cinco años.

 

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Sin embargo, a pesar de la poca rentabilidad y la alta deuda, la modesta recuperación de los beneficios en 2017 sugiere que las principales economías capitalistas evitarán una nueva crisis de la producción y la inversión en 2018, contradiciendo mis predicciones.

Cuando se demuestra que se está equivocado (aunque sólo sea en la cronología), es necesario dar marcha atrás y reconsiderar los argumentos y pruebas y revisarlos si es necesario. Ahora bien, no creo que tenga que revisar mis fundamentos, que se apoyan en las leyes de la rentabilidad de Marx como causa subyacente de las crisis. Las ganancias en las principales economías han aumentado en los últimos dos años y por lo tanto la inversión ha mejorado en consecuencia (según la ley de Marx). Sólo cuando empieza a caer la rentabilidad de forma consistente y arrastra a los beneficios con ella, la inversión también caerá. Hasta que eso ocurra, el impacto en el sector capitalista de los crecientes costes del servicio de unos niveles de deuda muy altos puede ser gestionado, por la mayoría.

Lo que parece haber sucedido es que ha habido una recuperación cíclica a corto plazo desde mediados de 2016, después de una recesión casi global, desde finales de 2014 hasta mediados de 2016. Si el punto más bajo de este ciclo Kitchin fue a mediados de 2016, el pico debe alcanzarse en 2018, con un giro descendente de nuevo posteriormente. Veremos lo que pasa.

 

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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.


Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2017/12/29/forecast-for-2018-the-trend-and-the-cycles/


Traducción: G. Buster

 

Publicado enEconomía
Jueves, 26 Octubre 2017 06:34

Eric Hobsbawn y América Latina

Eric Hobsbawn y América Latina

Poco antes de morir, en 2012, ya con 95 años, Eric Hobsbawn manifestó la voluntad de publicar un volumen con sus artículos y ensayos sobre América Latina. No tuvo tiempo de hacerlo, pero el historiador británico Lesley Bethell recogió la tarea y organizó un volumen, al que dio el título de Viva la Revolución, publicado el año pasado en Londres.

En su autobiografía Tiempos interesantes, publicada en 2002, Hobsbawn afirmó que la única región fuera de Europa que él consideraba que había conocido bien y donde se sentía plenamente en casa, era América Latina.

Sin embargo, en sus obras clásicas, la presencia de América Latina es marginal. En Era de las revoluciones hay sólo referencias de paso a nuestro continente. En Era del capital hay solamente media docena de páginas sobre América Latina, en el capítulo titulado Perdedores. En Era de los imperios hay pocas referencias y cuatro páginas dedicadas a la Revolución Mexicana. En Era de los extremos, América Latina pasa a ocupar lugar de destaque en el surgimento del Tercer Mundo, con referencias a varios acontecimientos históricos de importancia, de la Revolución Mexicana al Chile de Allende.

Este libro empieza con sus primeras impresiones sobre el continente, que significativamente son de su primer viaje a Cuba, en octubre de 1960, que se abre con la afirmación: "Salvo si hay una intervencion armada de Estados Unidos, Cuba será muy en breve el primer país socialista del hemisferio occidental".

Hobsbawn volverá varias veces a Cuba, que será una referencia permanente para el continente. Pero él será un crítico sistemático de la vida cubana, expresada en los movimentos guerrilleros.

Su interés sobre América Latina se volverá más sobre sus movimientos campesinos, por ello concentra sus viajes y sus análisis sobre Colombia –que le fue presentada por el gran intelectual colombiano Orlando Fals Borda– y Perú. La temática de bandidismo social lo lleva a volcarse incluso sobre Sendero Luminoso. Hobsbawn analizó muchísimo más los movimientos campesinos que los movimentos de los trabajadores urbanos latinoamericanos.

De todas maneras Hobsbawn no se considerabaun historiador latino-americano. De hecho, él nunca logró liberarse de la impronta europea, que fuertemente marca su obra, para comprender las particularidades latinoamericanas. Sobre las relaciones sociales en el campo, tiene siempre como referencia el feudalismo, no incorporando el amplio debate de 1960, protagonizado, antes de todo, por Rodolfo Stavenhagen y posteriormente incorporado por gran parte del pensamiento social del continente.

Al igual que Hobsbawn siempre mantuvo sobre el nacionalismo la marca del fenómeno en Europa, refiriéndose a Perón y a Vargas, así como a otros líderes "populistas" del continente como fascistas. Su libro sobre los nacionalismos no incorpora las particularidades del fenómeno, con el tono antimperialista que asume en nuestro continente. Los rasgos antineoliberales del nacionalismo latinoamericano aparecen para él siempre análogos al facismo y al nazismo.

Sin embargo, América Latina fue para Hobsbawn un gran laboratorio de experiencias políticas. "Así como para el biólogo Darwin, para mi, como historiador, la revelación de América Latina no fue regional, pero si general. Era un laboratorio de cambios, en su mayor parte distinta de lo que se podría esperar, un continente hecho para minar las verdades convencionales. Era una región donde la evolución histórica ocurría a lavelocidad de un tren expreso y que podía ser realmente observada durante la mitad de la vida de una única persona".

Cuando hace un balance, en su último texto general sobre el continente, escrito en 2002, 40 años después de su primera visita, Hobsbawn constata que "la revolución esperada" no había ocorrido. Pero él ya convivió con los nuevos gobiernos progresistas, manifestó simpatías por Hugo Chavez, pero hacia Lula y el PT es que él mantenía sus más grandes simpatías. ("Llevo su distintivo en mi llavero para recordar simpatías antiguas y contemporáneas y recuerdos de mis momentos con el PT y con Lula."

En su conjunto, el libro de más de 500 páginas, desde sus primeras impresiones, pasando análisis de las estructuras agrarias y del movimiento campesino, así como de los intentos revolucionarios, –México, Cuba, Chile–, hasta sus reflexiones finales, es un gran mosaico de interpretaciones del más grande historiador del siglo XX, sobre un continente en constante ebullición, de revoluciones y contrarrevoluciones.

Publicado enSociedad
Martes, 10 Octubre 2017 07:32

Nobel a la teoría de moda

Richard Thaler estudió los rasgos que influyen en las decisiones económicas.

 

Richard Thaler, que estudia la economía del comportamiento, obtuvo el galardón

El investigador estadounidense se alzó con el premio en el área de Economía por sus trabajos sobre conductas irracionales de las personas. Vincula la psicología con la economía. Participó en la película La gran apuesta con Brad Pitt.

 

El Banco de Suecia anunció ayer el premio Nobel de Economía y el galardón fue para el profesor de la Universidad de Chicago, Richard Thaler. El norteamericano de 72 años es uno de los impulsores de la economía del comportamiento, la cual apunta a modelar las decisiones no racionales de los individuos. Se trata de una teoría interdisciplinaria en la que interviene la psicología y busca comprender las decisiones económicas en las que no se elige una situación óptima para el bienestar. Esta rama de la economía recibió fuertes críticas cuando se lanzó a finales de los ‘80 pero en los últimos diez años se convirtió en moda y forma parte de los manuales del establishment académico.

“Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia y la falta de autocontrol”, indicó el Banco de Suecia para argumentar la entrega del premio en memoria de Alfred Nobel. Uno de los aportes del economista fue en el campo de las finanzas. Thaler investigó comportamientos no racionales y la sobrerreacción de los inversores a la nueva información disponible. El economista participó en la película La Gran Apuesta, uno de los últimos grandes éxitos de Hollywood en la que actuó Brad Pitt. Como presidente de la Academia Americana de Economía, Thaler explicó en esa película cómo fue posible el aumento de los derivados financieros que terminaron en el estallido de los créditos hipotecarios.

Las diferencias entre lo que el individuo planea y lo que efectivamente hace es otro de los elementos estudiados en la teoría del comportamiento. Thaler plantea que muchas veces las tentaciones de corto plazo y la falta de autocontrol terminan afectando el bienestar de largo plazo. Algunos ejemplos podrían ser el cigarrillo, comida chatarra o la falta de constancia en el ahorro para la jubilación. El economista afirmó en su estudio que el sector público debe jugar un rol de estímulo para orientar a los individuos a qué se inclinen por la dirección de las decisiones correctas, aunque siempre en un contexto en que se mantiene la “libertad de las decisiones individuales”. Las recomendaciones de Thaler no pasaron desapercibidas en Estados Unidos e Inglaterra y en ambos países se utilizaron sus ideas para reformular programas públicos vinculados con el ahorro para la pensión, la donación de órganos y las políticas de medioambiente, entre otras. En una nota de El País de España, que analiza casos prácticos de la teoría del comportamiento, se menciona que el Reino Unido subió la recaudación de impuestos sólo con recordarles a los contribuyentes que sus vecinos ya habían pagado.

En las entrevistas posteriores a la entrega del Nobel, una de las preguntas fue cómo iba a gastar el millón de dólares que recibió de premio. El economista bromeó e indicó que lo hará “de la forma más irracional que pueda”. Entre las publicaciones más conocidas de Thaler se destaca “Un empujón: el impulso que necesitas para mejorar las decisiones sobre salud, dinero y felicidad”. Se trata de un libro de 2008 que alcanzó rango de best seller mundial y que escribió junto a la profesora Cass Sustein. Un último elemento para mencionar respecto de la elección del premio Nobel en 2017 es que siguió reforzándose el sesgo académico: se eligió nuevamente a un investigador de Estados Unidos que realizó aportes a la teoría dominante. Desde finales de la década del ‘90, tres de cada cuatro galardonados fueron norteamericanos. El año pasado los ganadores del Nobel fueron los economistas Oliver Hart y Bengt Holmstrom, por sus trabajos sobre la teoría de los contratos, que ayudó a rediseñar las primas de los seguros. La primera vez que se entregó este premió en el área de economía fue en 1969.

 

 

Jueves, 14 Septiembre 2017 06:51

‘El Capital’ habla del capitalismo de hoy

‘El Capital’ habla del capitalismo de hoy

 

 

En los primeros días de septiembre de 1867, hace ahora 150 años, se publicó el primer volumen de El Capital, la que es para muchos la obra cumbre de Karl Marx (1818-1883). Fue en una modesta tirada de mil ejemplares, pero a pesar de ello contribuyó decisivamente a transformar la forma en la que personas de todo el mundo veían nuestras sociedades.

La idea original de Marx consistía en escribir un conjunto de seis libros, dedicados cada uno de ellos a los siguientes temas: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado, el Estado, el comercio exterior y el mercado mundial. Sin embargo, la pobreza y las enfermedades (su vida estuvo marcada por los exilios políticos y las carencias materiales y de salud) le retrasaron de tal modo que acabó optando por un proyecto editorial de tres volúmenes. Aun así, sólo publicó en vida el primero. Los volúmenes segundo y tercero, ambos inacabados, fueron editados y publicados por su amigo y camarada Friedrich Engels (1820-1895) a partir de los manuscritos que Marx había estado escribiendo durante los años previos a su muerte.

El Capital es una obra densa y difícil. Leerla y entenderla requiere la dedicación de una ingente cantidad de horas de estudio. Y aunque corre el rumor de que todo comunista dice haberla leído y entendido, es improbable que sea cierto. A su naturaleza de material incompleto hemos de añadir el estilo del autor, que en algunos pasajes es ciertamente oscuro. De hecho, es habitual que los lectores inadvertidos se encuentren decepcionados tras consultar las primeras páginas. En ellas encontramos un alto nivel de abstracción teórica que dificulta mucho la lectura. Por decirlo de una forma breve, El Capital no es el típico libro que se puede leer mientras se va en el autobús. No es el Manifiesto Comunista. En efecto, el Manifiesto, escrito con Engels en 1848, había sido un material propagandístico elaborado para animar a los trabajadores en el contexto de las revoluciones europeas que estaban teniendo lugar entonces. Por el contrario, El Capital obedece a objetivos mucho más complejos y ambiciosos. Se aspira, nada más y nada menos, que a la comprensión exacta del funcionamiento del sistema económico capitalista. Y ello, a juicio de Marx, requería una exposición mucho más justificada y rigurosa. Una exposición que se parecía mucho más a los trabajos de los primeros economistas clásicos, como Adam Smith y David Ricardo, que a los textos publicados hasta entonces por los representantes del socialismo utópico, como Robert Owen o Saint-Simon. Para Marx, El Capital era un misil contra la burguesía precisamente por su capacidad para desvelar y desnudar las formas por las que una parte de la población explotaba a la otra parte.

Se observará entonces que existía, y aún existe, una aparente contradicción. El Capital, como arma, parece de difícil acceso para los trabajadores, quienes por lo general, y por diversas razones, están menos preparados para abordar un libro de esta naturaleza. Precisamente por eso, han sido muchos los autores que han intentado resumir El Capital e incluso codificar esta obra en forma de catecismos. Así lo hizo Karl Kautsky, el primero en sintetizar en un buen libro las ideas principales de El Capital. O, por ser más precisos, lo que él consideraba que eran las principales ideas del libro de Marx.

La interpretación kautskiana se convirtió en hegemónica durante el período de vigencia de la II Internacional (1889-1914), considerándose desde entonces, no en vano, como la visión ortodoxa del marxismo. Pero el trabajo de Kautsky no consistió sólo en resumir El Capital sino que trató de sintetizar toda la obra marxista disponible hasta entonces, convertida así en doctrina. De este modo, el producto vivo e inspirador del largo trabajo de Marx fue enclaustrado bajo la fórmula cerrada de una doctrina al servicio de los principales partidos socialdemócratas de la época –como después ocurriría lo mismo con la III Internacional (1919-1943) y la Unión Soviética-. Esta interpretación ortodoxa, si bien se inspiraba en algunas de las lecturas de Marx, convirtió en mera caricatura la riqueza del trabajo original marxista. De hecho, Marx nunca habló de materialismo histórico y tampoco de materialismo dialéctico, sino que éstas fueron construcciones posteriores, hechas por Engels y otros autores, que trataron de ofrecer a la clase trabajadora un producto más compacto y accesible del trabajo de Marx.

Sin embargo, reducir la obra de Marx, entre ellas El Capital, a un producto cerrado implica ahogar gran parte de su capacidad para la investigación. La obra de Marx, como la de cualquier otro autor, está llena de elementos no del todo coherentes entre sí y que dependen, en gran medida, del contexto histórico en el que se escriben. En un ámbito bien distinto, como es el de la física, estas cuestiones también pasan. Aunque se califican de otra forma. El propio Einstein presentó su teoría de la relatividad especial en 1905, mientras que su teoría de la relatividad general tuvo que esperar a 1915, exactamente diez años después. En el período que media entre la primera y la segunda, Einstein publicó diferentes textos que pretendían resolver los problemas que enfrentaban sus planteamientos, aunque sin éxito. Nadie pretendería hoy, por ejemplo, recuperar y reivindicar aquellos intentos fallidos de Einstein. Eso es así porque en la física, a diferencia de lo que ocurre en las ciencias sociales, es posible llegar a consensos amplios sobre los resultados de una investigación. En el caso de las ciencias sociales eso es imposible; ello no quiere decir que toda opinión valga lo mismo, sino que los criterios de rigor para consignar que una explicación es cierta son distintos, más cuestionables, más abiertos. En realidad, toda la obra de Marx es un proyecto en construcción para dotar de una explicación a fenómenos sociales, cuya naturaleza es por defecto incierta, impredecible y en muchos casos incuantificable. Y el hecho de que sea un proceso en construcción, junto con la naturaleza específica de la ciencia social, hace fallido cualquier intento de crear una doctrina y, mucho menos, de elevarla al rango de ciencia.

Es verdad, por ejemplo, que en algún momento Marx sí creyó haber descubierto las leyes de la historia. En el Discurso ante la tumba de Marx, el propio Engels explicó que «de la misma forma que Darwin ha descubierto las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx ha descubierto las leyes del desarrollo de la historia humana»[1]. Y en una carta a Ferdinand Lasalle (1825-1864), el propio Marx le explicó que «la obra de Darwin es de una gran importancia y sirve a mi propósito en cuanto que proporciona una base para la lucha histórica de clases en las ciencias naturales»[2]. La influencia de los descubrimientos de Darwin, unida a la teoría de la historia heredada de Hegel, proporcionaron a Marx un esquema histórico sobre el que, en teoría, toda sociedad debería desplegarse en el tiempo. En breve, al feudalismo le seguiría el capitalismo, y a éste el socialismo. Sin embargo, el último Marx, el de la década de 1870, se había estado reuniendo con amigos y revolucionarios rusos que contribuyeron a modificar su visión sobre la situación de Rusia, en particular, y la de los países atrasados, en general. Hasta el punto de que en una carta de 1877 escribió que «sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica»[3]. Como se puede comprobar, casi una enmienda a la totalidad a su antigua concepción de la historia o, cuando menos, a la versión vulgar que Engels había sistematizado como materialismo histórico.

De ahí que, cuando la revolución rusa de 1917 tuvo lugar en un país severamente atrasado y prácticamente feudal, Antonio Gramsci (1891-1937) dijera que se trataba de una «revolución contra El Capital» y que «El Capital de Marx era, en Rusia, el libro de los burgueses más que el de los proletarios»[4] porque instaba a crear una burguesía e iniciar una era capitalista y no a que el proletariado tomara el poder en esas condiciones. Gramsci afirmó en aquel artículo que con la revolución «los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado»[5]. En realidad, lo que se ponía de manifiesto es que la interpretación ortodoxa del marxismo, y mucho más la interpretación del mismo que lo consideraba como ciencia pura, fallaba al enfrentarse con las cambiantes e impredecibles formas de la realidad. De ahí que no podamos considerar al marxismo más que como una, la más fértil, tradición política y de investigación.

Otro elemento ciertamente crítico, y que conforma una laguna en la obra de El Capital, es el de la clase social. Como he tratado de demostrar en un libro de próxima publicación, Por qué soy comunista (Península, 2017), la lectura que hacemos sobre la clase social y el Estado condiciona absolutamente la práctica política de los partidos socialistas. Sin embargo, Marx no llegó a escribir nada compacto sobre ninguno de esos conceptos. Y, en el caso de clase, esta es una ausencia crucial porque conforma la espina dorsal de su pensamiento político. Es más, a cualquier seguidor de la obra de Marx le sorprenderá que su táctica política fuera tan diversa en el tiempo. Por qué, por ejemplo, él y Engels consideraban necesario mantener la autonomía de los partidos socialdemócratas frente a los partidos liberales en Europa y, en cambio, ambos sugerían a esos mismos partidos socialdemócratas en Inglaterra o Estados Unidos que se incorporaran en el seno de los partidos liberales. Algo similar a la polémica de Lenin en 1905, cuando se opuso a la decisión del partido socialdemócrata ruso de no incorporarse al Soviet de San Petersburgo por ser considerado un espacio espontáneo y desideologizado. Tanto Marx y Engels, primero, como Lenin, después, no eran unos fetichistas de las organizaciones políticas sino que su práctica política dependía de cómo entendían la construcción y evolución de las clases sociales en contextos históricos. Por eso se ha dicho que lo importante es la clase social y no el partido. Y aun así, Marx nunca elaboró una explicación detallada del concepto de clase.

En el análisis del capitalismo que hace Marx en El Capital o en el Manifiesto Comunista, él detecta la existencia de dos clases fundamentales que le permiten explicar el desarrollo de la propia historia: los capitalistas y los trabajadores. Desde este punto de vista, el capitalismo genera una estructura de huecos en las relaciones de clase que luego son ocupados por personas reales. Es como si primero existiera la estructura, creada por el sistema económico, y luego las personas reales que «hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado»[6]. Estamos ante un esquema de clases típicamente polarizado donde sólo parecen existir capitalistas y trabajadores. Así, en este enfoque la clase es una realidad objetiva que varía según el desarrollo de las fuerzas productivas.

Sin embargo, en otros escritos Marx analiza la realidad social de una manera mucho más compleja, atendiendo a las particularidades de cada contexto. En este caso los escritos son de carácter más político y coyuntural, y en ellos Marx ya no trata con sólo dos clases sino que llega a diagnosticar clases, fracciones, facciones y una red mucho más compleja de grupos sociales. Un ejemplo paradigmático es el 18 Brumario, en el que Marx analiza el golpe de Estado dado por Luis Bonaparte (1808-1873) en 1851. Esta segunda opción está conectada con la visión de Lenin y, especialmente, de Edward Thompson, según la cual las clases sociales son también construcciones sociales que dependen de las prácticas políticas y no sólo huecos en las relaciones de producción.

Sea como sea, estas dos diferentes formas de analizar la clase social carecen de algún tipo de vínculo en la teoría de Marx. Es más, hay abundante material para creer que Marx «pensaba que la tendencia histórica del capitalismo apuntaba hacia una creciente polarización en lo concreto»[7], es decir, que la dinámica capitalista apuntaría a la destrucción de todas las clases sociales que no fueran la de los capitalistas y los trabajadores. En su visión, la complejidad de la vida real se estaba simplificando por el propio desarrollo del capitalismo puesto que éste creaba cada vez más proletarios y al mismo tiempo reducía el número de capitalistas –aunque los restantes vieran su poder incrementado. Esta idea, recogida después por Kautsky, se tuvo que enfrentar a las transformaciones del capitalismo a finales del siglo XIX y a la aparición de las llamadas clases medias. Este debate, como hemos insistido en otros lugares, es crucial para entender los fenómenos sociales y el desarrollo de la política hoy en día.

Por otra parte, Marx no supo o no pudo, también por diversas razones, incorporar cuestiones ecologistas y feministas en sus escritos. Marx fue un hombre de su época, y aunque hay autores como Elmar Altvater o Bellamy Foster que reivindican su temprana inclinación ecologista, no podemos dejar de advertir que tanto Marx como Engels asumieron no sólo las tesis más productivistas de la Economía Política y sus categorías sino también los prejuicios –en este caso bastante más Marx que Engels- propios de vivir en un sistema patriarcal. Para la actualización de los parámetros ecologistas y feministas desde una perspectiva marxista es necesario dejarse acompañar por autores más modernos que, aun inspirándose en Marx, despliegan su trabajo de un modo diferente.

En suma, leer a Marx es una fuente de inspiración que nos brinda la oportunidad de dar con las preguntas y respuestas adecuadas. Y 150 años después de la publicación de El Capital, a mi juicio conviene leer y estudiar con mucha atención la obra marxista. Así, además, corregiremos una deriva que ha afectado mucho a la calidad, y también utilidad, de los análisis marxistas. Me refiero, especialmente, a la tendencia a ignorar las cuestiones materiales y económicas en los análisis políticos.

Para entender esto debemos recordar que los fundadores del llamado socialismo científico y los llamados clásicos, entre los que se encuentran Marx, Engels, Lenin, Luxemburg, Kautsky, etc. pusieron su atención fundamental en cuestiones de Economía Política y de lo que se llamaría base económica. Pero a partir de los años veinte el marxismo occidental adquiere otro tono y asume otras preocupaciones. Como dice el historiador Perry Anderson (1938-), «el marxismo occidental en su conjunto, cuando fue más allá de cuestiones de método para considerar problemas de sustancia, se concentró casi totalmente en el estudio de las superestructuras»[8], especialmente las cuestiones culturales. Dicho de otra forma, el análisis cultural suplantó a la Economía Política. Pero, además, el tono fue cambiando desde un optimismo antropológico, basado en gran medida en la asunción de que la concepción de la historia era correcta, hasta convertirse en un pesimismo antropológico más que notable. Esto fue coincidente, además, con tres hechos adicionales. Por un lado, el desplazamiento del estudio y análisis marxista desde el continente europeo hacia el mundo anglosajón. Por otro lado, con el cambio de perfil de los intelectuales marxistas, que hasta los años veinte habían sido tanto dirigentes políticos como estudiosos del marxismo y a partir de entonces se produciría una profunda desconexión entre el movimiento obrero organizado y los intelectuales. Y, finalmente, el desarrollo de un Estado del Bienestar que, a partir de un compromiso entre capital y trabajo, parecía cuestionar la necesidad del socialismo para gran parte de la clase trabajadora[9].

Esto condujo a una paradoja. El geógrafo marxista David Harvey cuenta, por ejemplo, que durante los años de posguerra y especialmente tras la caída del muro de Berlín, pocos querían estudiar un libro como El Capital. La razón estaba en que «el hecho real era que El Capital no tenía demasiada aplicación directa a la vida diaria» porque «describía el capitalismo en su versión cruda, inalterada y bárbara típica del siglo XIX»[10]. Esta situación, sin embargo, ha cambiado en la actualidad. El marxismo ha vuelto a estar de moda. Pero aún más, la razón es que hoy El Capital parece hablarnos no del capitalismo del siglo XIX sino del actual. Las reestructuraciones empresariales, que implican despidos de miles de trabajadores, la crisis económica y sus efectos macroeconómicos, los comportamientos del capital financiero y de los diferentes tipos de capital... es como si estuviéramos volviendo poco a poco al siglo XIX. O puede ser, más probablemente, que El Capital tenga la capacidad de explicar el funcionamiento de un sistema que ha cambiado poco y cuyos principales fundamentos se mantienen invariables, con lo que su lectura y estudio, como todo el marxismo que de ahí se deriva, pueden sernos de extraordinaria utilidad para comprender el mundo que vivimos. Y para transformarlo.

El marxismo no es, por lo tanto, la llave que abre todas las puertas. El marxismo es, más bien, una herramienta para el análisis social y también para la práctica política. Y al mismo tiempo también es una concepción del mundo, inspirada por esa tradición política y de investigación, que nos anima a mirar determinadas trazas de la totalidad social. Como dice Manuel Sacristán (1925-1985), la concepción marxista de mundo «supone la concepción de lo filosófico no como un sistema superior a la ciencia, sino como un nivel del pensamiento científico: el de la inspiración del propio investigar y de la reflexión sobre su marcha y resultados»[11]. En efecto, lo que hace que un investigador de orientación marxista se centre en cuestiones como las clases y la desigualdad y no en otros campos posibles, es la creencia de que haciéndolo así se encontrarán más y mejores respuestas. En consecuencia, el marxismo tiene que ir cambiando en la medida que vamos incrementando nuestro conocimiento sobre el mundo que nos rodea y en la medida que va cambiando la sociedad a la que pertenecemos.

 

NOTAS


[1] Engels, F. (1883): “Discurso ante la tumba de Marx”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/83-tumba.htm
[2] Citado en Arnal, S. (2009): “Darwin, Marx y las dedicatorias de El Capital”, disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95700
[3] Marx, K. (1877): “Carta al director de Otieschéstvennie Zapiski”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m1877.htm
[4] Gramsci, A. (1917): “La Revolución contra El Capital”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm
[5] Gramsci, A. (1917): “La Revolución contra El Capital”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/gramsci/nov1917.htm
[6] Marx, K. (1851): El 18 Brumario de Luis Bonaparte, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
[7] Olin Wright, E. (2015): Clases. Siglo XXI, Madrid
[8] Anderson, P. (2012): Consideraciones sobre el marxismo occidental. Siglo XXI, Madrid.
[9] Anderson, P. (2012): Consideraciones sobre el marxismo occidental. Siglo XXI, Madrid.
[10] Harvey, D. (2015): Espacios de esperanza. Akal, Madrid.
[11] Sacristán, M. (1964): “Sobre el anti-dürhing”

 

 

 

 

 

Publicado enEconomía
Martes, 04 Julio 2017 06:36

El medio es el mensaje

El medio es el mensaje

Lo que acontece en el plano de los medios de comunicación masivos ocurre análogamente en el plano de la ciencia y la filosofía. El medio termina siendo más determinante que lo pensado o dicho.



Marshall McLuhan (1911–1980) es un autor desconocido para la mayoría, excepto para los estudiosos de la teoría de la comunicación y un par de intelectuales y académicos adicionales.


Padre del concepto de la “aldea global”, el vórtice de todo su pensamiento es justamente ese: la idea de que, hoy por hoy (lo dice en 1967), lo importante ya no es el mensaje por sí mismo, sino el canal a través del cual se difunde el mensaje. La credibilidad, la atención y el impacto de una noticia o un texto cualquiera se mide no tanto por lo dicho, cuanto que por el medio a través del cual se difunde. Eso: el medio es el mensaje.


Esto vale desde el mundo de las noticias (CNN en Estados Unidos o Globo en Brasil, El Universal en México, El Mercurio en Chile y así sucesivamente) hasta el mundo de la academia y la ciencia. Más vale decir algo en un medio prestigioso, popular y de alto impacto que en uno secundario, marginal y alternativo, por ejemplo.


Es lo que a su manera Thomas Kuhn designa justamente como la ciencia normal. La ciencia normal —que lo que hace es normalizar a los seres humanos— se caracteriza porque tiene sus propios canales de expresión y difusión, hasta el punto de que lo que el Gran Medio dice que es, eso es la Realidad. O la Verdad.


Así, al decir de McLuhan en otro de sus trabajos, los medios constituyen la extensión misma de los seres humanos (Understanding Media: The extensions of Man, de 1964). En general, la obra de McLuhan bien merece una segunda mirada. Pero no es ese nuestro interés principal aquí.


Lo cierto es que, mucho antes de la era de las “posverdades”, los “hechos alternativos” y las guerras de quinta generación (igual a las guerras en curso alrededor del mundo: Venezuela, Irán, Yemen, etc.), McLuhan anticipa con lucidez y clarividencia el núcleo del mundo que se proyecta hasta nuestro días: algo merece mejor credibilidad en función del canal o el medio que publica lo que se dice y se quiere decir. Vivimos la era que el autor canadiense designa como “del cliché al arquetipo” (1970).


Los académicos son los primeros prisioneros de este proceso de normalización de la inteligencia. Para los gestores del conocimiento (knowledge management) lo importante es que los académicos publiquen en medios de “alto impacto” y no lo que los académicos mismo dicen, piensan o publican. Como si “verdad” prefiriera un canal de expresión mejor que otro.


Contra esta política generalizada y condicionada por la cienciometría, existe un movimiento creciente entre investigadores, científicos y pensadores que sostiene exactamente lo contrario. Lo importante no es el medio de la publicación, sino lo publicado mismo.


Esto le abre las puertas de par en par a la vitalidad del conocimiento antes que a su anquilosamiento y formalización. Juan es interesante por lo que dice e incluso por la forma cómo lo dice, no por el medio o el canal que emplea para decirlo. Radicalizando su idea originaria, McLuhan lo sostiene: el medio es el masaje (1967), un estudio concienzudo acerca de la importancia de los efectos. Y tratándose de efectos, lo normal es el medio, no el contenido mismo.


De manera significativa, cabe recordar que la inmensa mayoría de artículos científicos (papers) que han implicado inflexiones importantes en la historia de la ciencia nunca se publicaron en revistas 1A. Por el contrario, en revista, dicho hoy, tipo B o C. Un dato importante de historia de la ciencia con claras consecuencias de tipo, al mismo tiempo sociológico y político.


Lo que se encuentra en entredicho es toda la historia de la cultura en sentido amplio y, con ella, todo el capitalismo académico y el capitalismo intelectual. Paradójicamente, a raíz de un pensador —M. McLuhan— que no fue precisamente un liberal y mucho menos un izquierdista en cualquier acepción de la vida. Todo lo contrario.


¡Vale recordar que las más importantes casas de revistas científicas y académicas son empresas privadas que ganan ingentes sumas con esas revistas! Elsevier, Science Direct, Hindawi. Medios que termina siendo el mensaje mismo. Como se observa, hay un problema serio.


Los gestores del conocimiento nunca han sido científicos o académicos, por definición. Justamente por eso hacen gestión. Ministros, rectores, decanos, por ejemplo. Que son quienes promueven altamente la idea de publicar en medios de “alto impacto”. Como si, para decirlo en términos de Perú o de Colombia, El Comercio o El Tiempo no estuvieran interesados, no construyeran noticias y no sirvieran a intereses claramente preestablecidos, por ejemplo.


Sistémicamente cabe decir que lo que acontece en el plano de los medios de comunicación masivos ocurre análogamente en el plano de la ciencia y la filosofía. El medio termina siendo más determinante que lo pensado o dicho. Sin olvidar que en las guerras de quinta generación, la guerra psicológica y la guerra informacional constituyen ejes centrales además de la guerra económica, la política y la propiamente militar.


De aquí la importancia: (a) en un plano, de los medios de comunicación alternativos, y (b) en otro plano, de revistas y medios no convencionales para la publicación de reportes, informes, discusiones y artículos; pongamos por caso.


Para una sana inteligencia, lo que dice Pedro es bastante más significativo que el canal que elige Pedro, siempre que Pedro diga cosas inteligentes y críticas, novedosas y sensibles. ¿El medio es el mensaje? Sí, para todos aquellos que son normales. Sin olvidar la obra cumbre de ese filósofo argentino, José Ingenieros: El hombre mediocre. Pero para ello necesitamos de otro espacio más amplio.

 

¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla?

 

 

Jokin Azpiazu,sociólogo y activista social, analiza las contradicciones del popular discurso de las nuevas masculinidades: el excesivo protagonismo, la escasa vinculación a las teorías feministas, el heterocentrismo, el binarismo, o las resistencias a renunciar a los privilegios

 

Durante los últimos años, el estudio de la masculinidad (o las masculinidades) ha recibido gran atención tanto en el ámbito de la investigación como en otros ámbitos sociales, como por ejemplo el de los medios de comunicación. Al amparo de los estudios de género, en varias universidades se están realizando estudios sobre masculinidad, y las líneas de investigación sobre el tema se están fortaleciendo y afianzando. Al mismo tiempo se están impulsando diferentes iniciativas en el terreno de los movimientos sociales así como en el de la intervención institucional, siendo probablemente las más conocidas los denominados “grupos de hombres”.

La idea que subyace en la atención que la masculinidad está recibiendo en el terreno académico es la siguiente: el género es una construcción social (tal y como la teoría feminista ha argumentado ampliamente) que también nos afecta a los hombres. Por lo tanto, poner el “ser hombre” a debate e iniciar una tarea de deconstrucción es posible. Así, los estudios sobre la masculinidad nos animan a ampliar la mirada sobre el género, a mirar a los hombres. Esto tiene sus efectos positivos, ya que los hombres no nos situaríamos ya en la base de “lo universal” sino en el terreno de las normas de género y su contingencia histórica y social. Sin embargo, de este planteamiento pueden emerger un gran número de dudas y contradicciones. El movimiento feminista ha conseguido en las últimas décadas redireccionar la mirada (científica, medíatica, social) hacia las mujeres.

Este fenómeno se da además en un mar de contradicciones y contra-efectos al que los feminismos han tenido que responder a través de la crítica, la implementación y, al fin y al cabo, la transformación de esa misma “mirada”. Las ciencias sociales han observado a menudo a las mujeres como meros objetos sin capacidad de agencia y sin voz, y debido a ello ha sido necesario reivindicar que no sólo se trata de “mirar a” sino de “cómo” mirar. De cualquier forma, lo que ahora nos atañe es que en los últimos años esa mirada se dirige hacia los hombres. A menudo, sin embargo, no se pone suficiente énfasis en explicar que todo el periodo histórico anterior (y el actual en gran medida) se caracteriza precisamente por la negación de la existencia social de las mujeres. Es decir, que la mirada -social, académica, mediática- siempre ha estado dirigida a los hombres.

En el terreno social y asociativo, los “grupos de hombres” son probablemente las iniciativas más conocidas, pero no las únicas. Se han realizado en los últimos años varias acciones más que nos han tenido a los hombres como protagonistas. Muchas de ellas se han desarrollado en torno a la violencia machista: cadenas humanas, manifiestos, campañana publicitarias y foto-denuncias... Los hombres hemos anunciado en público nuestra intención de incidir en la lucha contra el sexismo y el machismo, y a menudo hemos recibido por ello abundante atención mediática, más que los grupos de mujeres que se dedican a lo mismo.

El punto de partida de estas iniciativas es la necesidad de que los hombres nos impliquemos contra el sexismo, lo que se ha enunciado de maneras bien diversas: se ha dicho que nuestra implicación es indispensable, que es nuestra obligación, que supone una ventaja para nosotros también, que sin nosotros el cambio es imposible...

Cada forma de plantear el asunto implica matices bien diferentes. En cualquier caso, estaríamos hablando del uso y ocupación del espacio público (las calles, los medios, los discursos) y en ese terreno se ha visualizado de manera bastante clara que una palabra de hombre vale más que el enunciado completo de las mujeres, aunque ambas hablen de sexismo. Durante los años 2011 y 2012, realicé una pequeña investigación respecto a estas cuestiones en el marco del máster de ‘Estudios feministas y de género’ de la Universidad del País Vasco. Mi objetivo era señalar algunas cuestiones que pueden resultar problemáticas sobre el trabajo con “masculinidades” tanto desde el punto de vista académico como movimentista. Traté de señalar algunos de los anclajes en los que se está amarrando la construcción discursiva en torno a las masculinidades hoy en día. En el terreno académico hubo especialmente dos cuestiones que llamaron mi atención. Por un lado me parece que a la hora de investigar sobre masculinidad hay una tendencia bastante general a centrarse en la identidad, en detrimento de los puntos de vista que priorizan el enfoque sobre el poder o la hegemonía.

Se estudia mucho qué siginifica ser hombre para el propio hombre, y no tanto cómo incide en las relaciones entre personas que hemos sido asignadas en diferentes sexos. Por otro lado, tengo la impresión de que los estudios sobre esta cuestión se están conviritiendo cada vez más en auto-referenciales. Los estudios sobre masculinidades parten de presupuestos teóricos construidos en los propios estudios sobre masculinidades, y cada vez se nutren menos de reflexiones feministas. Esto tiene consecuencias de impacto tanto en el enfoque (o mirada) que se utiliza para abordar el tema, así como en el contexto del que se parte. Por ejemplo, una cuestión difícil y problemática en la teoría y práctica feminista de las últimas décadas ha sido la del sujeto, la pregunta clave que intensos debates tratan de contestar: ¿quién es hoy en día el sujeto político del feminismo, ahora que precisamente las diferentes expresiones feministas han cuestionado la categoría mujer como única, partiendo de las diferentes experiencias y posiciones de las mujeres en lo social?

El intento de articular la capacidad política y subjetiva de las mujeres en esta red o maraña de diferencias es una cuestión de vital importancia, y por lo tanto, muy complicada. Sin embargo, las implicaciones que la participación de los hombres en “el feminismo” podrían suponer no son un tema de debate principal en las teorías sobre masculinidad. Esto determina la dirección en la cual se desarrollan los debates, dejando de lado temas que para los feminismos son de crucial importancia. Saltando al terreno de los movimientos sociales me dediqué al estudio de algunos escritos y documentos publicados (en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca) por grupos de hombres e iniciativas institucionales en torno a la masculinidad.

En ese trabajo, incompleto aún, pude empezar a dibujar algunas claves que en mi opinión merece la pena poner sobre la mesa: Para empezar, hablamos de masculinidad y aún nos referimos a un modelo muy concreto. Al mismo tiempo que se reivindica que existen diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica el ejercicio de la misma con sujetos concretos: personas que han sido identificadas como hombres al nacer, heterosexuales, en la mayoría de los casos involucrados en relaciones de pareja. El resto, quienes hemos tenido algún problema que otro para encajar en el carril de la masculinidad “hegemónica” (hombres trans, homosexuales, afeminados...) quedamos fuera de esa categoría.

Esto supone un doble riesgo: por un lado decir que no somos hombres (por mí bien, ojalá) pero por otro, pensar que por ser masculinidades “marginales” no ostentamos actitudes hegemónicas y poder. En este sentido, la mayoría de propuestas vienen a cuestionar y modificar las relaciones que se dan entre hombres y mujeres, sobre todo en el terreno familiar y doméstico, dejando de lado (o prestando mucha menos atención) a otros espacios, sujetos y situaciones. Reivindicamos que los hombres nos tenemos que poner el delantal, pero no tenemos demasiadas propuestas para cómo (por ejemplo) rechazar los privilegios que ser hombres nos aporta en el mercado laboral.

En cambio, nos resulta más fácil denunciar las cargas y “daños colaterales” que el patriarcado nos ha impuesto. Señalamos los espacios que nos han sido negados por ser hombres y subrayamos la necesidad de conquistarlos, pero tenemos más dificultades para enfatizar el otro lado de la moneda, los espacios que el patriarcado nos ha dado, aquellos que tenemos que des-conquistar. No señalamos, además, que esta moneda no es casi nunca simétrica, que estos privilegios nos vienen muy bien para movernos en el mundo actual. En este sentido, me parece muy importante identificar las motivaciones que nos llevan a implicarnos en las luchas por la igualdad.

Estamos dispuestos a asumir algunos de los trabajos que históricamente han realizado las mujeres (los trabajos de cuidado son paradigmáticos en este caso). Decimos que el cuidado de nuestras criaturas (de aquellos que las tengan, claro) es fundamental, y más aún, señalamos las ventajas que esto nos traerá. Sin embargo, mencionar a las personas enfermas, o con autonomía reducida por cualquier motivo, nos cuesta bastante más.

Decimos que con la igualdad ganaremos tod*s, pero si lo que el patriarcado supone es precisamente una red de poder de distribución desigual, no guste o no, alguien tendrá que perder con la igualdad. Y así deberá ser, si algunos sujetos se empoderan, otros tendremos que des-empoderarnos (si es que existe el concepto). Deberíamos dejar claro que esto no será una ventaja, no será bueno para todos, no será un regalo del cielo. Pero eso no quita que haya que hacerlo. Asimismo, identifiqué en al análisis de algunos textos ciertos discursos de presunción de inocencia; la necesidad de reivindicar, ante un supuesto exceso de radicalidad de los feminismos, que todos los hombres no somos iguales.

Es evidente que todos los hombres no somos iguales ni ejercemos de la misma manera la masculinidad, pero sería interesante estudiar por qué nos sentimos culpables o atacados y por qué nos enfadan según que críticas o discursos. De alguna manera, se intuye la búsqueda de una nueva identidad personal y grupal, la de los hombres “alternativos”. Unido a todo esto, el concepto “nuevas masculinidades” emerge con fuerza en los últimos años, en algunos casos con vocación descriptiva (en el terreno académico) y en otras como propuesta de modelo a construir (en los movimientos sociales).

En ambos casos me parece necesario y pertinente problematizar el concepto. En el primero de los casos, me parece excesivo afirmar la existencia de “nuevas masculinidades” de manera acrítica. Claro que la masculinidad está cambiando, pero ¿cuándo no? Y, ¿en qué sentido y en que contexto está cambiando? ¿No será la masculinidad de cierta clase social en cierto contexto la que está cambiando o al menos la que hace visible su cambio? ¿Son todos los cambios en la masculinidad “positivos” y “voluntarios”? Estos cambios y novedades que nos son visibles en lo identitario, ¿en qué medida y cómo afectan a las relaciones entre hombres y mujeres en el terreno material (reparto de recursos y poderes de todo tipo)?

Diría que es posible trazar formas distintas en las que hombres y mujeres han vivido la masculinidad a lo largo de la historia, pero sólo en este momento preciso hablamos de “nuevas masculinidades”, precisamente cuando es el grupo “hegemónico” el que está dando pasos hacia la transformación consciente del modelo masculino (transformación, que dicho sea de paso, valoro positivamente). No quisiera por tanto cuestionar la capacidad para vivir la masculinidad de formas distintas señalada en el término “nuevas masculinidades”. Es su inflación discursiva lo que me preocupa.

En el terreno social, reivindicar la búsqueda de “nuevas masculinidades” (que, a menudo, como he expuesto anteriormente, se limita de antemano a ciertos sujetos) puede tener además de su lado positivo un lado problemático. En las dos últimas décadas las teorías feministas han cuestionado el carácter binario del sexo. A pesar de las diferentes opiniones en el seno de los movimentos, diría que los debates han sido ricos y productivos. Sin embargo, nosotros todavía ni nos hemos planteado en la mayoría de los casos qué hacer con la masculinidad: ¿reformarla? ¿transformarla? ¿abolirla?

Parece que sentimos más apego del que pensábamos hacia la masculinidad, seguramente porque de manera consciente e inconsciente sabemos que los privilegios que nos aporta no están nada mal. Pero aún cuando hacemos un intento de cuestionar los privilegios no somos capaces de retratar nuestras vidas y utopías más allá de la masculinidad (sea “nueva” o no). Sin obviar que la deconstrucción de la feminidad y la masculinidad conlleva consecuencias diferentes a muchos niveles, deberíamos intentar atender al debate sobre si queremos ser otros hombres, hombres distintos o simplemente menos hombres.

 

Fuente:http://www.pikaramagazine.com/2013/03/%C2%BFque-hacemos-con-la-masculinidad-reformarla-transformarla-o-abolirla/

 

 

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Una teoría de la gravedad que cuestiona a Einstein pasa su primera prueba experimental

El holandés Erik Verlinde acaba de provocar un pequeño terremoto al decir que la materia oscura no existe y cuestionar a Einstein y su teoría de la relatividad. La propuesta de este físico teórico de la Universidad de Ámsterdam ha despertado las suspicacias entre algunos de sus colegas, mientras otros reconocen que su idea es interesante.


La inmensa mayoría de expertos piensa que las leyes formuladas por Isaac Newton hace más de tres siglos y la relatividad aportan la mejor explicación del universo, y la inmensa mayoría de observaciones y experimentos hasta la fecha, incluidas las ondas gravitacionales descubiertas este mismo año, les da la razón. Sin embargo estas teorías no sirven en el mundo de lo muy pequeño, donde las interacciones entre las partículas elementales están gobernadas por la teoría cuántica de campos, incompatible con la relatividad. También en el universo a grandes escalas, en galaxias, grupos de galaxias y los cúmulos con decenas o cientos de galaxias, la gravedad es mucho más fuerte de la que ejerce la materia visible. Para que las ecuaciones de Einstein funcionen en estos entornos es necesario añadir el empuje gravitatorio de la invisible materia oscura y la fuerza de la energía oscura, que acelera la expansión del universo. Juntos, estos dos ingredientes desconocidos suponen el 95% del universo.


La propuesta de Verlinde afirma que la fuerza de la gravedad entre dos objetos muy distantes decae menos de lo que predijeron Newton y Einstein. De esta forma, solo el empuje de la materia visible y la interacción con la energía oscura bastan para explicar el comportamiento de las galaxias.


Un equipo de astrónomos de Holanda, Alemania, Reino Unido y Australia ha puesto a prueba esta teoría en observaciones de más de 33.000 galaxias. Sus conclusiones son que tanto la teoría de Verlinde como la de Einstein sirven para explicar la curvatura de la luz por la gravedad. Pero las ecuaciones de Verlinde, resaltan los autores, explican esa distorsión sin necesidad de materia oscura.


“El resultado de esta primera prueba parece definitivamente interesante”, ha dicho Margot Brower, astrónoma del Observatorio de Leiden y coautora del estudio, publicado online en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. “Ahora la pregunta es si esta nueva teoría sigue adelante y si se puede probar” a mayor escala.


Árboles en medio del mar


Como teórico de cuerdas,el trabajo del holandés intenta conjugar la naturaleza cuántica de la realidad con los conceptos de espacio y tiempo de Einstein, usando una sola teoría, un logro que sería más importante que la relatividad. “Lo que propone Verlinde es que la energía oscura revela que hay un entrelazamiento cuántico de larga distancia cuyo efecto sería modificar las ecuaciones de la gravitación clásicas a grandes distancias”, explica José Luis Barbón, investigador del Instituto de Física Teórica, en Madrid. “Los físicos vemos la gravitación desde Einstein como una deformación del espacio-tiempo, pero aquí la idea es que la elasticidad intrínseca del espacio es diferente de la habitual cuando te vas a distancias muy grandes, debido a ese entrelazamiento de larga distancia”, añade.


El argentino Juan Maldacena, uno de los físicos teóricos en cuyas ideas se ha inspirado Verlinde, destruye a su colega con una analogía. “Los astrofísicos son como un navegante [...] que va en el medio del océano” y de repente se encuentran ramas de árboles, señala. “La teoría de la materia oscura es análoga a concluir que debe haber una isla cerca, mientras que la teoría de Verlinde es análoga a decir: ‘Oh, hay algas con forma de ramas de árboles que crecen en el mar" . “Creo que es tan probable que su teoría sea cierta como que haya árboles que crecen en el medio del mar”, remacha este físico teórico del Instituto de Estudio Avanzado de Princeton, EE UU.


Mordehai Milgrom, del Instituto Weizmann, en Israel, dice que el trabajo es “muy bienvenido”, porque ayuda a atraer a científicos de disciplinas como la teoría de cuerdas al desarrollo de alternativas a la relatividad. Pero considera que la idea de Verlinde es aún “muy preliminar” y “está muy lejos de haber resuelto el problema de la materia oscura con una teoría fundamental elegante”. Milgrom desarrolló en los 80 la dinámica newtoniana modificada (MOND, en sus siglas en inglés), que también niega que exista la materia oscura. En su opinión, la teoría de Verlinde es una derivada parcial de su propio trabajo, al que además el físico holandés no habría reconocido como debe.


Todas estas teorías alternativas “naufragan bastante” cuando intentan describir el universo a escalas mayores, como los cúmulos de galaxias, así como la estructura detallada de la radiación de fondo radiación de fondo de microondas tras el Big Bang, advierte Barbón. “Las ideas de Verlinde son interesantes, pero muy vagas”, explica. “Es enteramente posible que sean totalmente erróneas, aunque también es posible que encierren algo de verdad, en este momento son demasiado nebulosas como para emitir un veredicto”, señala.


Verlinde no ha respondido a las preguntas de Materia. En un video facilitado por la Universidad de Ámsterdam, dice que la manera de falsar su propuesta es “descubrir una partícula que describa” el comportamiento de la gravedad “en galaxias y grupos de galaxias”, algo que, por ahora, nadie ha logrado.

Lunes, 14 Noviembre 2016 06:46

El Foro Social Mundial sigue importando

El Foro Social Mundial sigue importando

El Foro Social Mundial (FSM) se ha reunido regularmente desde su primer encuentro en Porto Alegre, en 2001. Y del mismo modo regular ha habido analistas que han anunciado su abandono como expresión relevante de la Izquierda Global. Y no obstante, de algún modo, continúa importando en la lucha en pos de una justicia global.

La reunión más reciente ocurrió en Montreal, Quebec, entre el 9 y el 14 de agosto de 2016. Esta reunión fue en muchos modos diferente de las reuniones previas. Fue la primera que se celebró en el Norte Global. La decisión de hacerla ahí fue un intento deliberado por demostrar la globalidad del FSM.


Esta decisión tuvo un precio. El gobierno canadiense le negó la visa a un número significativo de posibles participantes que provenían del Sur Global. El costo de viajar y hospedarse fue relativamente alto para los asistentes. El resultado fue una reunión con un número reducido de participantes, y en la que había un sesgo mayor que en las anteriores hacia participantes del Norte Global. Esto no fue sorpresa para los organizadores. La convicción era que el precio bien valía el lado positivo de la decisión.


De algunas maneras, la reunión fue como todas las reuniones previas del FSM. Por un lado, había un inmenso rango de asuntos a discutir. Y los participantes tendieron a participar en aquellos paneles temáticos que fueron de mayor interés para ellos. El resultado fue una red de ghettostemáticos, y un monto insuficiente de trans-comunicación entre el rango de las diferentes luchas políticas en el mundo.


Por otra parte, hubo un debate importante en torno a la validez del modo “horizontal” en que fue organizado el FSM. Sus críticos arguyen que como resultado el FSM no era (o ya no es) relevante para la luchas políticas reales que ocurren por todas partes. Este debate se ha mantenido repetidamente, pero esta vez quizá fue más intenso, y aun con enojo. No obstante, su esencia se mantuvo.


El nuevo argumento importante entre quienes no se sintieron bien con el modo “horizontalista” de organización fue que no deberíamos fijarnos en quienes fueron al FSM sino a los que ya no pudieron asistir porque lo llegaron a ver como una costosa pérdida de tiempo, pues ya no avanzaba la lucha política real.


La contra-argumentación es que el FSM ha mostrado ser un concepto poderoso. Existe ahora una creciente e incontable cantidad de foros sociales regionales, nacionales y locales. Hay incontables foros temáticos en todos los niveles geográficos. Estos foros, como el FSM global, se están auto-organizando. El FSM ha probado ser un concepto de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Y ésta sigue siendo su fuerza esencial.


Por supuesto ninguno de nosotros tiene datos cuantitativos que respalden nuestras aseveraciones, de un modo o de otro. Es la batalla entre una serie de juicios intuitivos genuinamente subjetivos contra de otra serie. Si se ha vuelto más intenso, es en gran medida debido a que la lucha política global que pareció relativamente favorable a la Izquierda Global hace 10 años ahora parece haberse revertido. El pesimismo resultante dentro del movimiento de justicia global ha conducido a un debate interno más áspero en el FSM. No se trata de que el FSM haya ocasionado mayores dificultades mundiales para la Izquierda Global. Más bien, es esta reversión lo que conduce a un mayor debate en el FSM.


Mi única sensación es que debemos prestar atención a la lucha global, y al papel que el FSM puede jugar en ésta. Si ya no fuéramos a celebrar más reuniones del FSM, esto podría liberar algún dinero, energía y tiempo para otras actividades. Pero estas “otras actividades” podrían no ocurrir nunca, conforme el pesimismo conduce a una retirada del activismo. Las reuniones del FSM, no importa qué tan imperfectas, son actos, tanto de renovación como de optimismo. Los líderes de las dos organizaciones importantes de las luchas tunecinas (El Foro Tunecino de Derechos Económicos y Sociales (FTDES) y el UGTT (el sindicato obrero general tunecino) han escrito un texto muy crítico analizando lo que falló en la reunión de Montreal. Sin embargo, terminan su texto diciendo que, pese a estas fallas, la reunión fue un éxito porque preservó le sillon de l'espoir(“El surco de la esperanza”). Un aspecto muy positivo de la reunión de Montreal fue que las sesiones dedicadas al futuro del FSM recibieron mucha asistencia. Los debates fueron fieros, pero esto mostró que los asistentes querían debatir. Buscaban modos de fortalecer sus luchas. Pensaban que hallar cómo organizar el FSM era parte de la respuesta.


El secreto del FSM desde el principio ha sido que buscó ser ampliamente incluyente de todas las tendencias dentro de la Izquierda Global. Buscó ser consciente de los fracasos históricos de esa Izquierda Global durante los dos siglos anteriores. Ha sido un plus, no algo de disminución, en la lucha mundial por transformar el sistema-mundo y reemplazarlo por uno relativamente democrático y relativamente igualitario. No perdamos tiempo arrojándonos piedras los unos a los otros. Continuemos conversando y aprendiendo entre nosotros.


Traducción:Ramón Vera Herrera

Publicado enInternacional

 

 

 
 

Edición: 2007. Formato: 24 x 17 cm. 207 páginas

P.V.P: $ 33.000 USD: $11 ISBN: 978-958-8093-79-6

 

 

 

Reseña:

 

William I. Robinson es un analista crítico de la globalización capitalista como sistema de poder. En el presente libro, que ediciones desde abajo pone por primera vez a disposición del lector hispanohablante, el autor presenta una teoría comprensiva sobre el capitalismo de hoy, muy accesible y basada en la idea de que estamos viviendo una fase histórica de transición hacia un sistema de capitalismo global.

¿Por qué la importancia de establecer una teoría comprensiva de la globalización capitalista? ¿cual es esa teoría? ¿cuales las nuevas relaciones de dependencia que el capitalismo global a generado en el mundo? ¿cuales las contradicciones que hacen inestable el actual curso de la globalización? ¿cuales las posibilidades alternativas para la sociedad global? Estas preguntas , entre otras, se responden en el libro dentro del marco del trabajo macroestructural histórico que ayuda a comprender los procesos de cambio social, conflictos y opciones de resistencia en el siglo XXI.

 

William I. Robinson

 

Porfesor de Sociología, estudios globales y estudios latinoaméricanos de la Universidad de California, en Santa Bárbara. Su principal campo de investigación es la macrosociología , y la sociología comparativa, globalización y sociología política.

Autor del galardonado trabajo "Promoción de la poliarquia, globalización, intervención de Estados Unidos y hegemonia; ha escrito numerosos libros y artículos sobre globalización, asuntos internacionales y teoría social. 

 

 

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“La ciencia es una manera de entender el mundo que está constantemente en cambio”

CARLO ROVELLI, EL CIENTIFICO QUE BUSCA SABER QUE PASO ANTES DEL BIG BANG.

 

Es italiano, físico y un exquisito divulgador de la ciencia. Aunque sus objetos de estudio –la Teoría de la Gravedad Cuántica de Bucles, por ejemplo– luzcan incomprensibles para el gran público, él se las ingenia para volverlas llanas y entendibles. En los 70 formó parte de los movimientos estudiantiles y las radios libres. Aquí, un repaso de aquellas experiencias, su visión de la ciencia y la búsqueda de desafiar el statu quo.

El físico italiano Carlo Rovelli es reconocido mundialmente por sus aportes al desarrollo de algo extrañísimo para el gran público: la Teoría de la Gravedad Cuántica de Bucles, en la que se combinan las teorías aparentemente incompatibles de la mecánica cuántica y la relatividad general. Es decir, está en temas clave para el desarrollo científico y tecnológico actual. Y además es un excelente divulgador. Prueba de ello es el libro Siete breve lecciones de física (Anagrama), que acaba de editarse en la Argentina, en el que repasa de manera amigable y con una escritura muy cuidada la teoría de la relatividad general, la mecánica cuántica, la arquitectura del cosmos, las partículas elementales, la gravedad cuántica de bucles y los agujeros negros, entre otros tópicos abstrusos para la mayoría de los mortales.


Actualmente Rovelli es profesor en el Centro de Física Teórica de la Universidad del Mediterráneo AixMarsella II (Francia) y en los Departamentos de Física y de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos). Recientemente estuvo en Buenos Aires invitado por la Universidad Nacional de San Martín, que lo distinguió con el título Doctor Honoris Causa.
En esta entrevista, el físico italiano repasa varios de sus temas de interés y también rememora los años setenta, cuando participó en movimientos estudiantiles de protesta en Italia, fundó una radio libre y también escribió un libro sobre los sucesos de aquellas jornadas acaloradas en las que muchos jóvenes quisieron cambiar el mundo, para convertirlo en un lugar más amable.


–En el ámbito científico se dice que los físicos, especialmente si son teóricos, están justo debajo de Dios. ¿Qué le parece esta idea, realmente se ubican en un lugar tan distinguido?


–(Se ríe) Bueno, creo que los físicos piensan eso, pero las otras personas no están muy contentas con esa idea. Aunque cada ciencia es autónoma, hay relaciones entre las diferentes ciencias: la física, la biología, la química, la ciencia atmosférica o la ciencia de los materiales. Pero la verdad es que la física está como en la base de todas ellas, es más general que todas las demás y ocupa un lugar especial en nuestro entendimiento del universo. No por esto podemos prescindir de las demás, pero la física está en la base del entendimiento del resto. En este sentido la física es especial, sólo en este sentido, nada más.


–En su libro usted se refiere a la teoría de la relatividad general de Einstein como una joya comparable a obras maestras como La Odisea de Homero o El Rey Lear de Shakespeare. ¿Por qué considera que una teoría científica puede generar una experiencia estética similar a una obra de arte?

 

–Porque así sucede para muchas personas. A muchas personas comprender la relatividad general les causa una gran emoción, es un hecho. Y es así porque creo que el arte cambia nuestra visión del mundo, nos da una nueva perspectiva, nos abre a una nueva forma de pensar. Y lo mismo sucede con la ciencia, nos da una nueva perspectiva, amplía nuestra visión, nos ofrece nuevas herramientas para entender el mundo. Entonces, si bien utilizan diferentes formas, finalmente son similares, porque nos enseñan cómo pensar sobre el mundo.


–¿Le parece que la complejidad de una obra literaria como La Odisea es comparable a la complejidad de una teoría como la de la relatividad general?


–Sí, absolutamente. Ambas se componen de partes simples, la relatividad general puede ser escrita en unas pocas páginas de ecuaciones, y La Odisea es sólo un libro, con personajes. Pero lo que está adentro, lo que se puede hacer con eso es mucho, se puede trabajar y describir el mundo, describir muchos aspectos del universo, y dentro de La Odisea hay un mundo, hay historias, altos ideales, acciones, una manera de explorar la humanidad. Entonces, en los dos casos es como una puerta, una pequeña puerta que permite descubrir el universo.


–¿Por qué es tan importante para usted que una teoría sea elegante y hermosa?


–No lo sé, pero el mundo no tiene la obligación de lucir elegante y hermoso para nosotros. El mundo es lo que es. Sin embargo, en la historia hemos encontrado una y otra vez que el mundo alrededor nuestro puede ser descripto en términos simples. Y por lo tanto, cuando encontramos teorías que no son hermosas y simples, podríamos pensar que no estamos tomando el mejor camino. Entonces, la belleza puede ser una sugerencia de que estamos en el camino correcto. En el pasado las teorías hermosas la mayoría de las veces demostraron ser las más correctas.


–La mayoría del público lego ha escuchado en algún momento algo sobre el Big Bang, pero muy pocos tienen alguna noción sobre el Big Bounce (El gran rebote), una hipótesis que usted suscribe. ¿Nos podría explicar algo sobre este fenómeno que le habría dado origen a nuestro universo?


–Es una hipótesis. Sabemos que el universo fue pequeño, y lo que encontramos cuando el universo está extremadamente comprimido es que la teoría cuántica genera una fuerza de repulsión, con el resultado de que el Big Bang (la gran explosión) podría haber sido en realidad un Big Bounce (un gran rebote): nuestro universo podría haber nacido de un universo anterior que estaba contrayéndose bajo su propio peso hasta apretarse en un espacio pequeñísimo, para luego “rebotar” y empezar a expandirse de nuevo, convirtiéndose en el universo en expansión que hoy observamos a nuestro alrededor. Actualmente estamos escribiendo ecuaciones sobre este fenómeno para tratar de ver qué sucedió antes de lo que conocemos como Big Bang.


–Usted es uno de los fundadores de la Teoría de Gravedad Cuántica de Bucles. ¿Podría explicar algo de esta teoría y por qué está opuesta a la Teoría de Supercuerdas?


–Realmente no se ubica en el lugar opuesto a las Supercuerdas, pero estas teorías discuten diferentes problemas. La Teoría de Supercuerdas es un intento por escribir una Teoría del Todo (que conecta todos los fenómenos físicos conocidos), una simple ecuación que capture todos los aspectos del universo. La gravedad cuántica estudia un problema diferente, que tiene que ver con hacer funcionar juntas las teorías de la relatividad general y la mecánica cuántica, y eso significa entender la estructura del espacio, cómo es el espacio. La gravedad cuántica tiene que ver con limpiar algo que está opacando nuestra compresión del universo. Y la teoría de cuerdas está tratando de hacer mucho más, encontrar una simple Teoría del Todo. Probablemente sean alternativas, una o la otra. Aunque no estamos seguros, también podría ser que fueran compatibles, o tal vez que las dos sean incorrectas, no lo sabemos todavía. Creo que lo bueno de la ciencia es que este tipo de discusiones generalmente convergen después de un tiempo.

Por eso es bueno que las personas puedan explorar diferentes direcciones, debatir. En el pasado los grandes temas en debate siempre convergieron. Entonces, sólo tendremos que esperar y ver quién está en lo correcto.


–Entre un público más o menos formado existe la idea de que la ciencia es un conocimiento parcial, un relato como otros, que incluso podría ser equiparado con el discurso religioso. ¿De qué manera evalúa el hecho de ubicar a la ciencia en ese lugar en el que parece no haber diferencia entre esos dos tipos de discursos?


–Me parece peligroso, porque diferentes ideas sobre el mundo no son igualmente buenas para noso- tros. Si estoy buscando algo que quiero encontrar y usted me dice que está a la derecha y otra persona me dice que está a la izquierda, ¿qué es lo correcto y qué lo incorrecto? Y decir “todo eso no importa, todas las opiniones son lo mismo, tenemos que respetar todas las opiniones”, creo que es tonto, que los seres humanos necesitamos elegir porque algunas descripciones son las mejores. La ciencia es una manera de entender el mundo que está constantemente en cambio, sobre las bases de lo que hemos aprendido intenta ofrecernos la mejor descripción del mundo que tenemos hoy. Mediante las discusiones y debates podemos obtener alguna síntesis acerca de qué es lo correcto y qué lo erróneo. Creo que es incorrecto pensar que todas las opiniones son igualmente válidas, porque no todas las ideas son correctas, no todos los juicios morales son iguales, no todas las ideas sobre la realidad son igualmente buenas, algunas son mejores y otras peores. Entonces, la ciencia es un esfuerzo para elegir entre diferentes opiniones, las que son mejores. Y las personas que no ven esto no entienden lo que es la ciencia.


–En su libro hace referencia a siete hitos fundamentales de la física del siglo XX. En su recorrido histórico destaca el trabajo de varios científicos: Albert Einstein, Max Planck, Niels Bohr y Werner Heinsenberg, entre otros. ¿No hay mujeres científicas que hayan contribuido en esta historia?


–Sí, hay algunas mujeres. Marie Curie, sólo por mencionar una. En otro libro (Realty is not what it looks like) voy más en detalle sobre (la astrónoma) Henrietta Leavitt, que ha impulsado nuestra comprensión del universo. Y hay un montón más de mujeres. Pero es un hecho que la ciencia hasta ahora ha sido hecha más por hombres que por mujeres, porque la realidad es que las mujeres han podido ingresar a la universidad recientemente. Por eso había extremadamente pocas mujeres con educación superior hasta hace muy poco. Pero esos valores están cayendo, creo que las cosas están cambiando. Por eso creo que cada vez más habrá contribuciones de las mujeres, incluso en los niveles más altos.


–En los años setenta usted participó en movimientos políticos estudiantiles de las universidades italianas y estuvo involucrado en dos radios libres emblemáticas como Alice y Anguana. ¿Me puede contar qué recuerda de esa experiencia?


–Bueno, estaba en mis veinte, entonces era maravilloso, porque cuando uno tiene veinte años todo es maravilloso (se ríe). Radio Alice fue muy conocida en la historia de Italia. Me uní a ellos cuando me mudé a Bolonia, porque estaba viviendo en el mismo departamento de quienes la habían creado. Pero la otra radio, Anguana, en Verona, la creamos con otros amigos utilizando la experiencia que traía de Bolonia. Voy a decir algo medio obvio, pero en aquel tiempo el clima cultural era muy diferente que el de hoy. Había un idealismo fuerte, muchos jóvenes pensaban que era posible cambiar el mundo, trabajar para eso, para hacer un mundo mejor, más justo. Una gran parte de la gente joven estaba fuertemente involucrada en tratar de contribuir para esto. Y yo era sólo parte de ese tiempo, y fue maravilloso. Creo que la vida es mejor cuando se tienen fuertes ideales en los que creer y se trabaja por ello. Nuestra figura mítica en aquel momento era el Che. Había una gran variedad de diferentes maneras de vivir, desde la gente que estaba más fuertemente involucrada en política, gente que trataba de encontrar nuevas formas de vivir su vida cotidiana, organizando sus familias y sus trabajos de formas diferentes. No- sotros sentíamos, como otra gente joven en el planeta, que el mundo estaba cambiando y que nosotros haríamos el cambio. Queríamos un mundo sin fronteras en el que estuviéramos todos hermanados. Pero lo que realmente sucedió es que el cambio fue muy pequeño y el mundo fue en una dirección muy diferente de lo que muchos de los jóvenes de aquel tiempo hubiéramos querido, el mundo ha tomado una dirección de mayores inequidades económicas, con más guerras, violencia y más conservador.


–En relación con estas actividades políticas, usted fue procesado por crímenes de opinión cuando se publicó, a fines de la década del setenta, el libro Fatti Nostri (Nuestros actos), del cual es coautor, junto a Enrico Palandri, Maurizio Torrealta y Claudio Piersanti. ¿Cómo fue la experiencia de escribir ese libro en el que narran el asesinato de un joven en una revuelta estudiantil?


–Escribimos ese libro con mis amigos sobre una rebelión estudiantil en Bolonia. La universidad estaba ocupada por un gran movimiento estudiantil. Fue un período difícil en Italia, estaba el riesgo de que la derecha fascista dirigiera la política italiana. El gobierno quería cambiar algunas regulaciones en Italia para restringir el acceso a la universidad. Los estudiantes protestaron, ocuparon las universidades por un tiempo, hubo enfrentamientos con la policía y los policías asesinaron a un estudiante (Francesco Lorusso) durante una manifestación. Y el libro es una simple descripción sobre lo que sucedió, con muchas fotografías, y también con las transcripciones de las transmisiones de la radio (Alice), que fue cerrada por la policía. Entonces publicamos las últimas emisiones de la radio. Y el libro también intentaba dar una descripción de quiénes eran los estudiantes, qué querían, sus maneras de vivir, intentábamos dar una visión desde adentro, no una visión objetiva. El título del libro es Fatti Nostri, que quiere decir nuestros hechos, nuestras cosas, lo que nosotros somos. Estuvimos procesados por una larga lista de crímenes de opinión, por las cosas que habíamos escrito. Así que tuve miedo, me escapé y me escondí por un tiempo corto. Luego, cuando el caso fue a juicio, los jueces simplemente lo desecharon, y nada malo nos sucedió. No fui a la cárcel por escribirlo, pero sí por otra causa, cuando me negué a realizar el servicio militar que era obligatorio, pero fue en otro momento. Fatti Nostri fue un libro que se vendió muchísimo.

Obviamente que nunca vi un centavo por ese libro, porque el dinero era para cuestiones políticas.


–Entonces Siete breves lecciones de física no es su primer éxito editorial.


–(Se ríe) No, es el segundo, pero es una historia completamente diferente. Aunque, de todas formas creo que hay algo en común entre los dos libros, que es la rebelión. Me gustan las personas que desafían el statu quo y se animan al cambio. Me gusta la ciencia cuando hace eso.