BLOQUEO CONTRA EL PUEBLO. La policía boliviana bloqueó ayer la carretera Sacaba-Cochabamba para evitar que los partidarios del presidente en el exilio Evo Morales lleguen a la sede del gobierno. Las autoridades reconocieron que han muerto ocho civiles en las manifestaciones.Foto Ap

Mas allá del abordaje sociologista ultra-reduccionista sobre el golpe de Estado policiaco/militar/mediático en Bolivia, con bendición de Estados Unidos y la OEA–con sede en Washington y cuyo 60 por ciento de su presupuesto es financiado por Washington–, surgen sus profundas razones en el análisis geopolítico multidimensional que trasluce un litio-golpe (https://bit.ly/2NQomfI).

Desde el 8 de octubre, Behind Back Doors explayó los preparativos del golpe de Estado, con coartada de fraude electoral (https://bit.ly/35iR27h), para derrocar al gobierno anti-neoliberal de Evo Morales con la ayuda de los evangelistas (20 por ciento de la población).

Dejo de lado la mórbida personalidad del líder cívico de Santa Cruz, el gasero-financiero Luis Fernando Camacho, miembro de la logia Los caballeros del Oriente y exhibido como narco-lavador en los Panama Papers, junto al fascista peruano Mario Vargas Llosa (https://bit.ly/2qlJOAf). También soslayo la todavía más vulgar personalidad de la proclamada presidenta Jeanine Áñez, elegida por ocho diputados sin quorum: entronizada por el ejército y con una Biblia evangelista en la mano, cuyo sobrino Áñez Dorado libra una condena por narcotráfico en Brasil (https://bit.ly/357y7vW).

Dos meses antes del golpe, Ivanka, asesora e hija de Donald Trump, visitó Jujuy (Argentina), frontera con Bolivia, y pletórica en litio, donde prometió 400 millones de dólares para las rutas del litio (https://bit.ly/33TsTDZ). El 75 por ciento de las reservas globales de litio se encuentran en el triángulo Bolivia/Chile/Argentina que son motivo de la codicia geoestratégica de las superpotencias debido a su uso para las baterías de los carros eléctricos y los teléfonos inteligentes.

La firma del gobierno de Evo Morales con China de un contrato por mil millones de dólares para explotar el litio indispuso a Estados Unidos, con quien la nación asiática libra una guerra comercial (https://bit.ly/33UkH6l).

A las trasnacionales mineras anglosajonas de Estados Unidos y Canadá, que controlan a la OEA, les indispuso todavía más el lanzamiento del carro eléctrico Quantum de fabricación totalmente boliviana: una asociación de la estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) con Quantum Motors, de Cochabamba (https://bit.ly/2KqNury).

El golpe de estado abre de par en par a las mineras anglosajonas el Salar de Uyuni en Bolivia, la primera reserva global de litio (https://bit.ly/2KtSMCn). Según Common Dreams, el golpe viene menos de una semana después de que Evo Morales frenó (sic) el acuerdo para la extracción de litio con la firma alemana Acisa debido a semanas de protestas en la región de Potosí –cuya población exigía menos desventajas– que contiene “entre 50 y 70 por ciento de las reservas mundiales de litio en el Salar de Uyuni (https://bit.ly/2OklGpD)”.

El gobierno antineoliberal de Evo Morales había ya molestado a las trasnacionales gaseras/petroleras/acuíferas, debido a su exitosa nacionalización del gas/agua/electricidad/mineras/ telecomunicaciones, lo cual le procuró el segundo mayor crecimiento económico de todo el continente americano frente al artificial primer lugar de Panamá, especializado en el blanqueo financiero.

Hace dos años Stratfor publicó, la CIA en las sombras de las trasnacionales, y advertía el “empoderamiento de la revolución global del litio (https://bit.ly/32U3B72)” cuando la demanda de baterías de litio-iónico continuará a crecer, mientras Bolivia podría perder (sic) su oportunidad la próxima década para llenar las brechas del abastecimiento global del litio.

¿El pesimismo de Stratfor, en referencia a Bolivia hace dos años, se debía al gobierno nacionalista y anti-neoliberal de Evo Morales? En 20 años la producción de litio se ha triplicado y se espera que se duplique su demanda en 2025. Una cosa es tener las mayores reservas del mundo, el caso de Bolivia, y otra cosa es exhibir su producción, donde vienen a la cabeza Australia, Chile, Argentina y China. También hace un año, Laura Millán Lombrana de Bloomberg, aseveraba el casi imposible (sic) sueño del litio de Bolivia (https://bloom.bg/2QrsjJu). Ahora sus golpistas neoliberales pueden cumplir el sueño posible de las trasnacionales mineras anglosajonas.

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Israel mata a al menos 24 palestinos en su última ofensiva contra la Franja de Gaza

Los mayores enfrentamientos registrados en los últimos meses comenzaron este martes. Entre la cifra de muertos se encuentran tres niños y hay 70 heridos. 

Israel mata a al menos 24 palestinos, entre los que se encuentran tres niños, en la última ofensiva contra la Franja de Gaza. Hay cerca de 70 heridos, según han confirmado las autoridades palestinas.

Varios médicos y testigos de los hechos han asegurado en declaraciones a la agencia de noticias Reuters que entre los fallecidos hay civiles que residían en barrios densamente poblados, incluidos un padre y su hijo. "Ellos comenzaron esto. Nosotros no queríamos guerra", ha dicho un familiar de una de las víctimas palestinas.

Los mayores enfrentamientos registrados en los últimos meses comenzaron el martes después de que las Fuerzas de Defensa israelíes mataran en un ataque selectivo a Abú al Atta, un alto comandante Yihad Islámica al que las autoridades israelíes acusan de impulsar y planificar ataques contra objetivos israelíes.

En respuesta a la operación que mató a Al Atta y a su mujer, Yihad Islámica lanzó el martes cerca de 200 cohetes contra territorio israelí y este miércoles ha reanudado los ataques.

"Los intentos por recuperar la paz no han prosperado. Yihad Islámica considera que es el momento de responder a la política de asesinatos que ha sido reactivada por enemigo sionista", ha dicho el responsable del grupo terrorista. "El enemigo pagará el precio por su estupidez y estamos decididos a responder a esta agresión con todo nuestro poder", ha señalado.

Palestina pide una "intervención inmediata"

Por su parte, el portavoz de la Presidencia palestina, Nabil Abú Rudeina, ha subrayado la importancia de una "intervención inmediata" para detener los bombardeos contra en enclave palestino, según ha informado la agencia palestina de noticias WAFA.

Así, ha destacado que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, está llevando a cabo "esfuerzos intensivos" para "detener la espantosa escalada israelí y evitar cualquier repercusión".

Abú Rudeina ha reclamado a la comunidad internacional, y particularmente a Naciones Unidas, que "intervenga inmediatamente para presionar a Israel para que ponga fin a la actual agresión contra el pueblo palestino y respetar la legalidad y el Derecho Internacional".

Por último, ha advertido de las consecuencias de este recrudecimiento del conflicto y ha recalcado que "la región está atravesando un estado de tensión e inestabilidad" y que "la agresión israelí busca dañar los intereses del pueblo palestino".

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha asegurado que Israel, tras haber matado al dirigente de Yihad Islámica, no está interesado en desatar una escalada de violencia. "No queremos una escalada de violencia pero estamos respondiendo a cada ataque contra nosotros con un ataque muy intenso en respuesta. Es mejor que Yihad Islámica entienda ahora en lugar de cuando sea demasiado tarde", ha dicho el primer ministro israelí, en el inicio de una reunión gubernamental.

Israel se hizo con la Franja de Gaza en la guerra de 1967 y en 2005 retiró las tropas y los asentamientos. Desde 2007, el territorio ha estado controlado por el grupo islamista Hamás y ha estado sometido a un bloqueo impuesto por las autoridades de Israel y secundado por Egipto.

madrid

13/11/2019 21:31 Actualizado: 13/11/2019 21:40

público / agencias 

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 El secretario general de la OEA Luis Almagro. En vídeo, sus declaraciones. Foto: AFP | Vídeo: EFE

 En una sesión urgente en la OEA, México, Uruguay y Nicaragua han denunciado un "grave quebrantamiento del orden constitucional" en el país andino

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha celebrado este martes con contundencia la renuncia de Evo Morales y el papel de las Fuerzas Armadas en la salida del líder boliviano. “En Bolivia hubo un golpe de Estado el 20 de octubre cuando Evo Morales cometió fraude electoral”, sostuvo Almagro en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente del Organización de Estados Americanos que tuvo lugar este martes en Washington. “El Ejército debe actuar conforme a su mandato. Nadie ha excedido el poder hasta ahora”, agregó el diplomático uruguayo. En la sala no estuvo presente el embajador boliviano ante el organismo multilateral, José Alberto Gonzales, quien según AFP, presentó horas antes su “renuncia irrevocable” sin especificar las razones.

Las diferentes percepciones sobre lo ocurrido el pasado domingo en Bolivia resultaron palpables desde el primer momento en la sesión. El embajador de Estados Unidos, Carlos Trujillo, fue uno de los primeros en tomar la palabra para calificar de “ridícula” la idea de que Morales fue víctima de un golpe de Estado, a lo que la delegación de México, el país que le ha dado asilo político al líder sudamericano, respondió de inmediato sosteniendo que la presión de las Fuerzas Armadas sí configuró un grave quebrantamiento al orden constitucional.

En la polarizada sesión, un bloque de 15 países firmaron una carta en la que evitaron calificar como golpe de Estado lo sucedido e hicieron un llamamiento para que se forme urgentemente “la presidencia provisional” conforme a la Constitución boliviana y se convoquen una nuevas elecciones. En el texto, firmado por EE UU, Argentina, Perú, la Venezuela de Juan Guaidó, Ecuador, Colombia, Honduras, Panamá, Paraguay, Chile, Canadá, Brasil y Guatemala, se rechazan los actos de violencia que atenten contra la estabilidad y la democracia. Trujillo sostuvo que “si hubo amenaza a la democracia en Bolivia, era la del Gobierno” de Morales.

El excanciller boliviano Diego Pary, quien presentó su renuncia este domingo, envió una carta al organismo multilateral en la que alertaba del riesgo a la integridad personal al que se enfrenta la cúpula de Morales. Además, solicitó a la OEA que actúe inmediatamente para contribuir a recuperar la paz social. "Invitamos a la comisión interamericana de los derechos humanos a Bolivia para que pueda verificar las graves violaciones a los derechos humanos", apuntó en el escrito leído por una portavoz de la delegación boliviana.

Almagro fue duramente criticado por México este lunes por su silencio frente a lo ocurrido el pasado domingo  en Bolivia. El organismo emitió horas después de la salida de Morales un breve comunicado en el que rechazaba “cualquier salida inconstitucional" a la crisis y hacía un llamamiento “a la pacificación y al respeto al Estado de Derecho". “Frente a sucesos de esta magnitud, los pronunciamientos de esta organización deberían ser más oportunos y contundentes”, postuló la embajadora mexicana, Luz Elena Bañados Rivas.

Nicaragua apoyó a México en su postura crítica con el papel de la OEA. “Denunciamos al mundo las prácticas interventoras imperiales que han prevalecido y prevalecen en EE UU y sus organizaciones satélites”, añadió la delegación nicaragüense. El embajador de Uruguay, Hugo Cayrús, también condenó, en otro tono, lo ocurrido con Morales. “Que no queden dudas: esto fue, a todas luces, un golpe de Estado cívico, político y militar”.

La sesión urgente solicitada por Brasil con el apoyo de varios países arrancó con los detalles del informe preliminar de la OEA, en el que se detectaron “graves irregularidades” en las elecciones del 20 de octubre que dieron por ganador a Morales. La falsificación de firmas, actas irregulares o un sistema de transmisión de votos viciado fueron algunos de los hallazgos de la auditoría electoral. Recomendaron repetir las elecciones con un nuevo tribunal electoral y bajo la observación de organismos internacionales. Evo Morales, cuando aún ocupaba el cargo de presidente, aceptó celebrar nuevos comicios, pero horas más tarde las Fuerzas Armadas le "sugirieron" que dimitiera y, asegurando ser víctima de un golpe de Estado, Morales renunció.

Por Antonia Laborde

Washington 13 NOV 2019 - 03:13 COT

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 Un helicóptero artillado esperaba ayer el despegue en una base militar estadunidense, en una ubicación no revelada en el este de Siria. Foto Ap

Beirut.

El que las guerras terminen de manera muy distinta a nuestras expectativas –o a nuestros planes– quedó establecido desde hace mucho. Que "ganáramos" la Segunda Guerra Mundial no redundó en que los estadunidenses vencieran en Vietnam, ni que los franceses eliminaran a sus enemigos en Argelia. Sin embargo, desde que decidimos quiénes son los buenos y quiénes los monstruos malvados a los que debemos destruir, recaemos en nuestros viejos errores.

Sólo porque odiamos, despreciamos y satanizamos a Saddam, Kadafi o Assad, estamos seguros –absolutamente convencidos– de que serán destronados, para que después los azules cielos de la libertad se alcen sobre sus destrozados países. Esto es pueril, inmaduro, infantil; pero si tomamos en cuenta la basura que estamos dispuestos a tragarnos sobre el Brexit, nada de esto me sorprende.

Bueno, la caída de Saddam trajo a Irak el más inimaginable sufrimiento. Lo mismo pasó tras el asesinato de Kadafi, ocurrido junto al más famoso sistema de drenaje de Libia. En cuanto a Bashar al Assad, lejos de ser derrocado, ha emergido como el gran triunfador de la guerra en Siria. Aun así insistimos en que debe irse. Aun así pretendemos que sean juzgados –con justa razón– los criminales de guerra sirios, pero Damasco ha salido a flote de la oleada sangrienta de la guerra intacto, vivo y teniendo como aliada a la más confiable superpotencia que cualquier país de Medio Oriente pueda tener: el Kremlin.

Desprecio la palabra "curar". Todo mundo parece ser curador de posibilidades, de conversaciones políticas o de planes de negocios e inversión. Parecemos adictos a estas horribles palabras de ocasión. Pero por una vez la voy a usar en su sentido real: aquellos que han curado la historia –la narrativa– de la guerra en Siria estuvieron equivocados desde el principio.

Bashar se iría. El Ejercito Libre Sirio (ELS), supuestamente integrado por decenas de miles de desertores del ejército sirio y de manifestantes desarmados provenientes de Darayya, Damasco y Homs, obligaría a la familia de Assad a dejar el poder. Por supuesto, una democracia estilo occidental surgiría junto con el laicismo –mismo que supuestamente era la base fundacional del partido Baaz– y sería el cimiento de un nuevo Estado árabe liberal.

Por el momento debemos dejar de lado una de las verdaderas razones del apoyo occidental a la rebelión: destruir al único aliado árabe de Irán.

No vaticinamos la llegada de Al Qaeda, hoy purificada con el nuevo nombre de Nusrah. No imaginamos que la pesadilla del Isis saldría como un genio de la lámpara de los desiertos orientales. Tampoco entendimos –y nadie nos dijo– cómo estos cultos islamitas consumirían la revolución popular en la que creímos.

Hoy apenas empiezo a aprender cómo la "moderada" rebelión siria se convirtió en una máquina apocalíptica del Estado Islámico. Muchos grupos islamitas (no todos, de ninguna manera, y esto no fue una transición simple) estuvieron ahí desde el principio. Estaban en Homs desde al menos 2012.

Esto no significa que los rebeldes sirios no fueran valientes y de mentalidad democrática, pero su figura se exageró demasiado en Occidente.

Mientras David Cameron fantaseaba con 70 mil elementos (moderados) del ELS que combatían al régimen de Assad, en realidad no había más de 7 mil hombres, cuando mucho. El ejército sirio hablaba con ellos, muchas veces, en directo vía teléfono móvil, para convencerlos de volver a sus unidades gubernamentales originales, o bien, que abandonaran la ciudad sin combatir, o incluso les ofrecía un intercambio de alimentos por los cadáveres de los soldados del gobierno.

Los mandos militares del ejército gubernamental sirio decían que era preferible combatir al ESL, porque sus hombres siempre salían huyendo, a diferencia de los del Nusrah y el Isis.

Sin embargo hoy, mientras reportamos los resultados de la invasión turca al norte de Siria, llamamos a los aliados árabes de las milicias turcas con un nombre muy raro. Su nombre es Ejército Nacional Sirio, en vez del nombre original que les dio el gobierno de Assad que era Ejército Sirio Árabe; y que aún se emplea con mucha frecuencia.

Vincent Durac, profesor de política de Medio Oriente en Dublín, escribió la semana pasada que los aliados árabes de esa milicia fueron "una creación de Turquía".

Esto es un absurdo. La verdad es que son los despojos del original, y aún totalmente desacreditado Ejército Libre Sirio, las míticas legiones de David Cameron cuya misteriosa composición, según recuerdo, alguna vez fue explicada a los diputados británicos por un general con el glorioso apellido de Messenger (Gordon era su nombre de pila. N. de la T.).

Muy pocos reporteros (con la honrosa excepción de los que trabajaban para Channel 4 News) han explicado ese muy importante hecho de la guerra, a pesar de que hay imágenes que mostraron claramente a milicianos pagados por Turquía ondeando la vieja bandera verde, blanca y negra del viejo ESL.

Eran los mismos agitadores, ex miembros del ESL, quienes entraron al enclave kurdo de Afrin el año pasado y ayudaron a sus colegas del Nusrah a robar hogares y negocios kurdos. Los turcos le llaman a este violento acto de ocupación la Operación Rama de Olivo. Lo que es todavía más absurdo: llamaron Operación Primavera de Paz a su más reciente invasión.

Hubo un tiempo en que esto se consideraría una despreciable obscenidad, pero ya no es el caso. Actualmente, los medios han tratado esta ridícula nomenclatura con algo muy cercano al respeto. Hemos jugado con los mismos trucos con las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), supuestamente "respaldadas por Estados Unidos". Cierto, no había nada de democrático en dicha milicia y su "fuerza" existe sólo mientras las respalde el poderío aéreo estadunidense. Con todo, las FDS mantienen inmaculado su nombre y los medios no las cuestionan.

Pero cuando los turcos invadieron Siria para alejarlas de la frontera con Turquía, repentinamente las trasformamos en "fuerzas kurdas" –y lo eran en gran medida– pero fueron finalmente traicionadas por los estadunidenses.

Una ironía que se olvida, o simplemente se desconoce, es que cuando los combates comenzaron en Aleppo en 2012 los kurdos ayudaron al ELS a tomar el control de varias zonas de la ciudad. Ambos cuerpos se combatirían mutuamente siete años más tarde cuando los turcos invadieron la zona fronteriza kurda "libre" de Rojava. Aún menos atención recibió el hecho de que el avance de las fuerzas turcas y el ELS hacia el interior de Siria permitió a miles de campesinos árabes sirios volver a sus hogares que fueron tomados por los kurdos cuando éstos intentaron conformar su estadito sin posibilidades al comienzo de la guerra.

Pero la narrativa de esta guerra es aún más torcida pues está silenciada cualquier crítica que ayude a entender el nuevo papel de Arabia Saudita en la debacle siria.

Negar, negar y negar es la política saudita cuando se le pregunta si dio asistencia a los rebeldes islamitas anti Assad en Siria. Incluso cuando yo hallé documentos en una base del Nusrah en Aleppo que acreditaban la adquisición de armas de un fabricante Bosnio ubicado cerca de Sarajevo, llamado Ifet Krnjic. Yo mismo busqué a Krnjic, quien me explicó cómo las armas fueron enviadas a Arabia Saudita. El hombre me describió a los funcionarios sauditas con quienes habló en su fábrica. Los sauditas aún niegan estos hechos.

De manera casi increíble, los sauditas ahora buscan un enfoque totalmente nuevo para Siria. Ya sus aliados en la guerra con Yemen (otra catástrofe saudita) han reabierto su embajada en Damasco; decisión muy significativa para un Estado del Golfo, aunque esto sea mayormente ignorado por Occidente. Ahora parece que los sauditas piensan reforzar su cooperación con Rusia mediante el financiamiento de la reconstrucción de Siria, proyecto en el que también participarán los Emiratos y probablemente Kuwait. Así, los sauditas se volverán más importantes para el gobierno sirio que Irán, que está roto debido a las sanciones en su contra. Riad probablemente quiere también obstruir las cada vez más cálidas, aunque discretas, relaciones entre Qatar y Assad. Los qataríes, pese a tener el imperio internacional de Al Jazeera, quieren extender su poder sobre territorios reales, físicos, y Siria es un objetivo obvio para su generosidad y su riqueza.

Pero si los sauditas deciden reclamar para sí mismos este papel oneroso, el reino podría, al mismo tiempo, hacer a un lado por la fuerza a Irán y a Qatar. Al menos eso creen ellos. Los sirios, cuya principal política muchas veces es esperar, esperar y esperar, desde luego decidirán cómo jugar con las ambiciones de sus vecinos.

El interés saudita en Siria no es una mera conjetura. El príncipe heredero Mohammed bin Salmán declaró a la revista Time en agosto del año pasado: "Bashar quedará en el poder, pero creo que el interés de Bashar no es dejar que los iraníes hagan lo que quieran".

Los sirios y los bahraníes hablan con regularidad sobre la posguerra en Levante. Los Emiratos podrían incluso negociar entre los sauditas y los sirios. Los estados del Golfo dicen ahora que fue un error suspender la membresía de Siria en la Liga Árabe.

En otras palabras, Siria –alentada por Rusia– está regresando con paso firme al papel que tenía antes de la revuelta de 2011. Esto no es lo que imaginamos en Occidente, cuando nuestros embajadores en Damasco arengaban a los manifestantes para que salieron a las calles sirias a continuar la lucha contra el régimen y exigían a los inconformes, de manera muy específica, que no hablaran ni negociaran con el gobierno de Assad.

Pero esos eran otros tiempos… antes de que dos enloquecidos elementos surgieran para destruir todas nuestras suposiciones, y sembraran temor y desconfianza por todo Medio Oriente: Donald Trump y el Isis.

Traducción: Gabriela Fonseca

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Lunes, 11 Noviembre 2019 06:29

Berlín 1989-2019

Berlín 1989-2019

La caída del muro de Berlín fue un momento emblemático del profundo cambio en la estructura del poder a escala mundial. Treinta años después, las repercusiones son todavía notorias.

Entre agosto de 1961 y noviembre de 1989, el muro representó la pugna entre dos sistemas opuestos de organización social emanados de periodos revolucionarios y dos guerras mundiales. El muro expresó, de modo literalmente concreto, el significado histórico de lo que se llamó la guerra fría.

El muro cruzaba primero Berlín y fue extendiéndose hasta conformar un sistema de fortificaciones que, a lo largo de 45 kilómetros, separó las dos partes de la ciudad y más tarde rodeó la parte occidental, por 120 kilómetros, convirtiéndola en un enclave en el territorio de Alemania oriental.

Antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Churchill pronunció un famoso discurso, el 5 de marzo de 1946, en Fulton, Misuri, adonde asistió con el presidente Truman.

El discurso se titulaba "Los tendones de la paz", y ahí reconocía la primacía que había adquirido Estados Unidos.

Churchill describió así la nueva configuración de Europa: "De Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido a lo largo del continente".

Con esto se considera que empezaba la guerra fría entre los dos grandes bloques políticos. Así se entendió, en buena medida, tanto política como popularmente, la historia de las siguientes cuatro décadas. Era un mundo bipolar.

Una de las imágenes literarias perdurables de ese periodo la proporcionó la notable novela de John le Carré: El espía que salió del frío, publicada en 1963, en la cual el agente británico Alec Leamas es enviado a Berlín oriental para averiguar acerca del poderoso sistema de seguridad del Estado.

La fuerte pugna entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ordenaba las coordenadas de lo que sucedía en gran parte del mundo. En la región que habitamos hubo sucesos muy relevantes. Uno de ellos, muy tempranamente, fue el derrocamiento del gobierno de Arbenz en Guatemala. Otro fue la crisis cubana de los misiles, en 1962, que exhibió la abierta confrontación entre las dos potencias y fue uno de los episodios más relevantes de la guerra fría.

En 1990, John J. Mearsheimer publicó un artículo titulado “Por qué pronto extrañaremos la guerra fría”, en el cual apuntaba a la configuración de un mundo unipolar surgido de la debacle de la URSS.

En todo caso, el escenario se armaba para el diseño e implementación de la fase actual del proceso de globalización económica y financiera. Una de las expresiones más influyentes de este modelo de acumulación, que se imponía con gran decisión, fue la elaboración del Consenso de Washington, presentado por John Williamson en 1990 y alentado sin cortapisas por los organismos financieros internacionales. Todo corría muy de prisa.

Para ubicar los principios de dicho armazón de políticas públicas, aplicado de modo generalizado en las llamadas economías en desarrollo, conviene recordar el decálogo que lo constituía: reducir la deuda del gobierno; eliminar los subsidios públicos; aplicar reformas tributarias; determinar tasas de interés mediante mecanismos del mercado; fijar tipos de cambio flexibles; adoptar políticas de libre comercio; relajar las reglas de la inversión extranjera directa; privatizar empresas públicas; erradicar las regulaciones que limitan la competencia, y ampliar los derechos de propiedad.

Ese esquema es el que tres décadas después está sumido en una profunda crisis económica, expuesta principalmente por la financiera de 2008 y sus secuelas. Además, generadora de una honda crisis social, de la que hoy no faltan ejemplos en América Latina. Uno de los casos más manidos de este modelo y expuesto como éxito de las políticas neoliberales es el chileno, que tiene desde hace semanas a la gente en la calle protestando sus onerosas consecuencias sociales.

Los acontecimientos históricos de mayor relevancia, como la caída del muro de Berlín, provocan una serie de interrelaciones complejas y distinto calado. El impacto de ese hecho ha sido realmente global.

Alexander Herzen escribió en su texto Desde la otra orilla acerca de la viuda preñada, con lo que aludía a la situación en la que el viejo orden ha sucumbido, pero aún no ha nacido uno nuevo. En 1989, el nuevo orden sucedió al viejo orden de manera casi súbita y global. En tres décadas de predominio se ha desgastado.

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Domingo, 10 Noviembre 2019 05:54

Migraciones globales

Migraciones globales

A pesar de las distancias y los diferentes contextos, los procesos migratorios muestran regularidades sorprendentes. Los de carácter explosivo suelen ser detonados en situaciones de guerra o crisis política, como sería el caso de Siria en Medio Oriente y Venezuela en Sudamérica. Millones de personas huyen en periodos muy cortos de tiempo; escapan de una crisis y suelen generar otra en la nación de destino.

En Alemania, por ejemplo, los migrantes sirios y de otros países superaron el millón de personas y pusieron en problemas al gobierno de Angela Merkel. En nuestra región el éxodo hondureño desbarató los controles migratorios de Estados Unidos y puso en peligro la relección de Donald Trump y de rebote en jaque al gobierno de México, que ingenuamente había abierto sus puertas a los migrantes centroamericanos. El año pasado transitaron por el país cerca de un millón de migrantes y 800 mil fueron capturados por la migra. Y lo peor de todo es que los están regresando a México y no a sus naciones de origen, por un mal acuerdo llamado de "protección" a migrantes por supuestas razones humanitarias.

En Colombia también se abrieron las puertas a los venezolanos que huían del caos generado por Maduro. La derecha colombiana, creía que esa medida ayudaría a derrocarlo, pero ha resultado lo contrario, tuvieron que acoger a un millón y medio de migrantes y dar paso a otros 2 millones que se desperdigaron por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Para Maduro cada emigrante es un opositor que se va y una boca menos que alimentar. Son varios millones menos de perniles que tendrá que entregar para que su pueblo festeje la Navidad.

Hace cinco años, Colombia tenía 140 mil extranjeros y de ese año para acá la población foránea se ha multiplicado por 10 y no hay visos de que se arregle el asunto en Venezuela y menos aún de que los migrantes quieran regresar.

En Perú, el defenestrado presidente Pedro Pablo Kuczynski convocó a los gobiernos opositores de Maduro y lideró al Grupo de Lima, consecuentemente abrió las puertas a los venezolanos, ofreció refugio y llegaron 800 mil en menos de tres años.

Pobreza, conflictos, violencia, dictadores y gobiernos fracasados hay en todos los rincones del planeta y a estos factores se les ha llamado de expulsión. Pero también hay otros de atracción, ya lo decía Ravensteim en 1889 en su ensayo sobre Leyes de las migraciones, al referirse a las "luces de la ciudad" que atraen a los migrantes. Todos tienen derecho a buscar la luz y salir de la oscuridad, pero no todos pueden acceder a ella.

En Cuba, la mayoría quisiera vivir en la Habana, allí están los dólares de los turistas, pero no todos tienen derecho a residir en la capital del país, porque las viviendas que controla el Estado no alcanzan para todos, y prácticamente no hay mercado inmobiliario.

En China, los campesinos tampoco pueden ir a vivir a las ciudades, la escasez de vivienda y otros controles limitan el acceso. Son casos excepcionales, pero reales; hay derecho de tránsito, pero no de acceso a la vivienda.

Al derecho de tránsito, consagrado por la mayoría de constituciones nacionales, no le corresponde un derecho paralelo de ingreso a otro país. Ese derecho lo otorga la nación de destino a los que cumplen ciertos requisitos. Y las excepciones corresponden al derecho de asilo, por persecución política o refugio porque la preservación de la vida en el país de origen está amenazada o por tener una condición de apátrida. En términos generales, estás convenciones forman parte de un acuerdo social compartido por muchos países.

Al mismo tiempo, el sistema de Estado-nación, en el que estamos inmersos y del cual no podemos escapar, u obviar, limita a los ciudadanos buscar oportunidades o mejores condiciones en otras naciones. Limitaciones que son menores para los ciudadanos de países centrales y son muy grandes en los de la periferia. En otras palabras, las disparidades entre naciones ricas o pobres, países del norte o del sur.

Donde no hay acuerdos formales entre naciones es sobre la migración en tránsito. Por lo general los países dejan pasar a los migrantes y se hacen de la vista gorda porque su ingreso fue irregular. El problema radica en la "última" nación de tránsito, como sería el caso de México, donde la presión se concentra en la frontera norte y en la relación con Estados Unidos que viene a ser el país de destino al que todos quieren llegar. Por eso Washington presiona para que México acepte la condición de tercer país seguro.

En el siglo XXI se puede caracterizar por la presión migratoria contenida a escala global por los controles y limitaciones que imponen los estados-nación. Los migrantes, por su parte, no sólo exigen sus derechos, sino que tienen un potencial disruptivo que pone en cuestión al Estado-nación al que quieren llegar.

Es el caso de los cientos de migrantes africanos y extracontinentales confinados en Tapachula, Chiapas, o los miles que esperan en Pas de Calais, en Francia y otros campamentos. Unos quieren llegar a Estados Unidos y otros al Reino Unido. Pero permanecen en un limbo legal. No quieren quedarse ni en México, ni en Francia, pero no pueden entrar a Estados Unidos o a Inglaterra.

Un problema que no tiene fácil solución.

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A treinta años de la caída del Muro de Berlín. ¿Qué nos dejó el evento?

En Berlín, faltaban pocos minutos para las siete de la tarde cuando Günter Schabowski, funcionario del Partido Comunista de la República Democrática de Alemania (RDA), terminó de leer un comunicado significativo, pero al no ser de aplicación inmediata, carecía de espectacularidad.

Hacía meses que los países del bloque comunista en Europa Oriental venían tomando medidas de distensión y en ese marco Schabowski anunció un cambio: los alemanes de la RDA podrían viajar a la Alemania capitalista “sin trámite previo”. De repente un periodista preguntó “¿A partir de cuándo?”. El funcionario que no había leído previamente el texto completo del decreto titubeó. Primero buscó atolondradamente los datos y, como no los encontró, respondió: “Enseguida”.

Aún sin celulares ni conectividad global, la noticia atravesó el mundo como un rayo: “¡Cayó el Muro de Berlín!”. Uno de los lugares más peligrosos del planeta; la frontera donde capitalismo y comunismo habían confrontado durante décadas por la hegemonía mundial y, por eso mismo, estaba siempre al borde del estallido nuclear, había dejado de existir.

Esa noche, cientos de alemanes de uno y otro lado escalaron ese muro que durante 28 años había separado Berlín oriental y occidental, ese símbolo de la Guerra Fría largamente citado en las novelas de espionaje de John Le Carré o Ian Fleming y que aparecía en películas memorables como Octopussy (1983), con Roger Moore interpretando a James Bond, el personaje de Fleming o El espía que vino del frío (1965), basada en una novela de Le Carré) y actuada por Richard Burton.

A partir de la noticia, familias enteras pasaron de uno al otro lado de la Puerta de Brandenburgo. Algunos rompían pedazos de hormigón y se los llevaban de recuerdo. Los ossies (como se denominaba despectivamente a los berlineses orientales) que llegaban a la RFA recibía 100 marcos de regalo (50 dólares de la época) pero pronto descubrieron que Berlín Occidental estaba bien aprovisionado, pero era carísimo y con ese dinero no se podía adquirir casi nada. En cambio, los occidentales que también cruzaron el muro para curiosear Berlín Oriental compraban libros, discos y muchas otras cosas, a menos de la tercera parte de lo que pagaban en el sector capitalista.

Aquel 9 de noviembre de 1989 se cerró un ciclo abierto en 1945, cuando la Alemania nazi, derrotada, fue dividida y ocupada por los vencedores. El sector oriental estaba controlado por la Unión Soviética y el occidental por Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Berlín tenía una situación particular ya que estaba situada dentro de la zona de ocupación soviética, pero internamente reproducía el mismo esquema Este /Oeste. En agosto de 1961 el gobierno de la RDA erigió una pared entre ambos, con el argumento de que, desde Berlín occidental, se incitaba a sus ciudadanos a la fuga. El muro se extendió unos 120 kilómetros y tenía 3,60 metros de altura, una nimiedad si se piensa en el que levantó Estados Unidos contra México de 3.180 kilómetros y una altura que va de 5,5 a 9,1 metros. En cuanto al muro entre Israel y territorios palestinos, mide unos 800 kilómetros con un promedio de 7 metros de altura y características altamente inexpugnables. 

También las cifras de muertos por estos “muros de la vergüenza” estremecen. En plena Guerra Fría, muchos alemanes orientales intentaron llegar al oeste de formas muy osadas: hubo quienes cruzaron a nado por los ríos que bordeaban la pared; otros intentaron burlar la prohibición viajando en globos aerostáticos o dentro del baúl camuflado de un auto. En 28 años, 41.000 personas lograron llegar a Berlín Occidental y 136 perdieron la vida en el intento. En cambio, en la frontera méxico-norteamericana en un solo año (2017) murieron tres veces más: 412 personas según la Organización Internacional de Migraciones. Y el número va en aumento, sin contar con el sufrimiento de hijos pequeños separados de sus padres y otras violaciones a los derechos humanos.

El cambio en el orden mundial que significó la caída del muro todavía hoy sigue impactando. Paulatinamente medio siglo de Estado de Bienestar entró en su ocaso. Desde los ámbitos académicos y mediático se instaló la idea de que el Estado era un obstáculo y la iniciativa privada una panacea. Creció el poder de las multinacionales y la injerencia de lo económico/financiero por sobre lo político y lo productivo.

Dos años después, con el colapso de la URSS, un acervo importante de teorías, valores e ideas defendido durante décadas por una parte importante de la sociedad del siglo XX quedó, como mínimo descalificado. Las utopías de transformar colectivamente la realidad para alcanzar un mundo igualitario, sin hambre ni explotación, más justo y pacífico fue reemplazado por un discurso de individualismo impiadoso, por la teoría del crecimiento indefinido y por la compulsión al consumo.

Hoy, 30 años después, vemos la cara descarnada de aquellas esperanzas. Hay muchas preguntas, pero basta una: aquel “mundo libre” que se prometía ¿era éste donde 26 millonarios tienen la misma riqueza que 3.800 millones de personas?

* Autora de “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría” Editorial Paidós.

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Colombia, Cauca. Se atiza el fuego de guerra contra los pueblos indígenas

Un desangre sin límite a la vista y con propósitos claramente establecidos. En la tarde del pasado martes 29 de octubre, cinco indígenas nasa fueron acribillados mientras realizaban actividades de control territorial en el resguardo de Tacueyó. Un día antes, en otra región del norte del Cauca (Corinto), en circunstancias que aún no están del todo claras, fue asesinado Flower Jair Trompeta, defensor de derechos humanos e integrante de la Asociación de Trabajadores Pro-Constitución Zonas de Reserva Campesina de Caloto; de acuerdo a la denuncia de la comunidad, fue interceptado por integrantes del Ejército y horas después su cadáver apareció en la vereda La laguna. Ese mismo 28 de octubre, en el municipio de Curillo (departamento de Caquetá), otro excombatiente de las Farc, Wilson Parra Lozada, el objeto de la acción de sicarios.

El país está de luto permanente por el asesinato de los líderes y lideresas sociales. Octubre cierra como un nuevo mes de sangre pues, como espejo de los meses pasados, fueron varias las vidas de liderazgos sociales que apagaron de manera violenta las fuerzas del poder, a saber: el líder y dirigente indígena del pueblo Embera del departamento de Quindío, Constantino Ramírez Bedoya, a quien le arrebataron la vida la noche del 17 de octubre cuando se dirigía por la vía que conecta a Calarcá con el Resguardo Indígena Dachi Agore; de la misma manera el excombatiente fariano Alexander Parra, ultimado el pasado 24 de octubre al interior del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (Etcr) de Mesetas, en el departamento del Meta.

Son asesinatos que evidencian la grave situación de derechos humanos que padece el país. Atentados violentos contra objetivos claramente establecidos producto de lo cual, y si se toma para ello el momento de la firma el Acuerdo de Paz entre las Farc y el gobierno de Santos, ya suman 169 los excombatientes que han sido objeto de la acción homicida que procura romper en su totalidad el Acuerdo en cuestión. Violencia y atentados también enfocados en la humanidad de los indígenas, los que de acuerdo al consejero mayor de la Onic, Luis Fernando Arias, registran 125 integrantes de sus pueblos asesinados desde que Iván Duque asumió la presidencia.

La guerra contra los indígenas del norte del Cauca

No es nuevo, la guerra en el Cauca continua en creciente. Son múltiples las amenazas recibidas por las autoridades indígenas en los últimos meses, donde ponen precio a las cabezas de líderes, consejeros y Guardias del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric). Amenazas que con el paso del tiempo se van concretando, pues vale recordar que el primer día del mes de agosto fue asesinado en el resguardo de Huellas-Caloto el coordinador de la Guardia Indígena Gersain Yatacue; y de la misma manera caían el 10 de agosto los guardias del resguardo de San Francisco, Kevin Ademir Mestizo Coicue y Ogenio Tenorio*.

Según las organizaciones indígenas, los hechos ocurridos el 29 de octubre se presentaron mientras las autoridades se encontraban realizando labores de control territorial en el sector de la Luz, jurisdicción del resguardo de Tacueyó, por donde miembros de la columna Dagoberto Ramos de la disidencia de las Farc se movilizaban en dos camionetas. Según el testimonio indígena, cuando quienes ocupaban tales automotores fueron detenidos y oponiéndose a tal procedimiento, abrieron fuego, acabando con la vida de los guardias indígenas: Asdruval Cayapu, Eliodoro Finscue, José Gerardo Soto, James Wilfredo Soto, así como de la autoridad tradicional o “Ne’h Wesx” Cristina Taquinas Bautista del resguardo de Tacueyó. En el ataque también resultaron heridos de gravedad la autoridad Crescencio Peteche y los guardias José Norman Montano, Matías Montano, Dora Rut Mesa y Rogelio Taquinas.

Durante este episodio, una ambulancia de la Misión Médica que trasladaba a los heridos, también fue blanco de los disparos.

Como presión, dentro de esta disputa por el control territorial, momentos después de la masacre que enluta al pueblo nasa, otro grupo de gente armada se desplazó desde el sector conocido como el Boquerón de manera amenazante, hostigando a las personas que se encontraban en el lugar de los hechos auxiliando a los heridos; ante tales sucesos la organización sostuvo: “repudiamos el actuar cobarde de este grupo de las disidencias de las Farc, camufladas como paramilitares o como Cartel de Sinaloa al servicio del narcotráfico”**.

Afianzando el control territorial

Ante el ataque armado, las comunidades se declararon en estado de emergencia y convocaron para el día 30 de octubre una asamblea extraordinaria de carácter permanente en el polideportivo del Resguardo indígena de Tacueyó, donde participaron comunidades y autoridades de Tacueyó, Toribio, San Francisco, y Jambaló, entre otras zonas.

La asamblea sesionó en comisiones bajo la pregunta: ¿qué hacer frente a los hechos ocurridos como comunidad? A partir de ello la comunidad reflexionó sobre las estrategias y el tratamiento desplegado en este tipo de casos, destacando que detener a quienes desarmonizan el territorio, quitarles las armas y realizar la justicia propia, no está cumpliendo con sus propósitos. ¿Qué hacer, por tanto? La reflexión los llevó a las causas estructurales del problema, hasta identificar un punto nodal del mismo: los cultivos de coca y marihuana para uso comercial, así como la presencia de personas ajenas a la comunidad que llegan a arrendar y a utilizar el territorio para las economías ilícitas. Para remediar esta situación empiezan a proyectar acciones.

De la misma manera se ratificó el mandato de la organización y comunidades con respecto a no aceptar actores armados legales o ilegales dentro de los territorios, dejando clara la posición contra el gobierno de Duque y su propuesta de militarización de las zonas con el envío de 2.500 militares a la región que trabajen en conjunto con la Guardia Indígena, pues vale la pena recordar que el ejercicio de control territorial de estas guardias es autónomo y no cuenta con el apoyo ni coordinación con Fiscalía, Policía o Ejército.

Por el contrario, las propuestas de las comunidades van más allá de la militarización y tocan temas puntuales y de fondo como planes de sustitución y financiación de proyectos productivos, al mismo tiempo que ven con urgencia el tema del fortalecimiento organizativo y de acompañamiento de las comunidades al ejercicio de control territorial que llevan adelante la Guardia Indígena y las Autoridades de los resguardos.

Aunque en los próximos días se seguirá en asamblea permanente, y se tiene proyectado realizar una gran minga de control territorial, lo primero por acometer pasa por el acompañamiento a las familias de las víctimas y la siembra de los Guardias y la Gobernadora que recién había sido nombrada en su cargo el 21 de junio del presente año.

Una situación que refleja la crisis del país

La situación del norte del Cauca es crítica. El 31 de octubre se supo de una nueva masacre en zona rural del municipio de Corinto, en donde encontraron a cuatro personas asesinadas con impacto de bala; de acuerdo con versiones de la comunidad, los cuerpos tenían signos de tortura y degollamiento. Al mismo tiempo, en Caloto fue encontrado otra persona asesinada. Las víctimas aún no han sido identificadas. 

Esta realidad que padece esta región, como muchas otras del país, tiene que ver, entre otros, con el megaproyecto del narcotráfico, el mismo que genera disputas por el control de tierras, rutas y plantaciones, lo que se traduce en la consolidación de poderes que manejan economías en miles de millones y se mueven sin ningún problema bajo las narices del Estado colombiano, pues no se puede negar que la presencia militar en el sur del país es alta y sin embargo no son obstáculo para que los actores de este poder cumplan con sus cometidos.  Como es evidente, el narcotráfico es útil para la atomización social, para la ruptura de tejidos sociales, para el control violento de territorios, para limitar la acción social alternativa. El narcotráfico es un claro enemigo de otro modelo de sociedad, uno distinto al imperante.

Una guerra de exterminio contra los pueblos indígenas. Es evidente que lo que hay detrás de estos asesinatos y ataques contra los pueblos indígenas, responde a un plan de despojo de tierras para los negocios económicos de toda índole, pues no se puede negar que de lograr el desplazamiento de comunidades enteras a ciudades o pueblos intermedios eso ayudaría a la entrada y consolidación de la industria del narcotráfico, así como de otras multinacionales, unas y otras con los ojos puestos en estas tierras donde podrán explotar diferentes recursos naturales y ejercer un control territorial que les permita satisfacer sus propósitos.  Política de exterminio que es de carácter global, pues si miramos otras geografías encontraremos el mismo fenómeno de asesinato permanente y selectivo contra pueblos que habitan en la ruralidad.

Colombia es un país envuelto en un luto permanente, luto que se impondrá y seguirá ampliándose si no encontramos espacios de articulación real entre organizaciones sociales y habitantes del país nacional, espacios que evidentemente deben trazar caminos propios, de mediano y largo plazo, a través de los cuales logren configurar otros referentes de vida y otras formas para administrarlas, todo lo cual no es posible realizar si el centro y referencia es el poder gubernamental imperante desde dos siglos atrás. Un reto mayúsculo que demanda imaginación, instalación de espacios para el diálogo común, la puesta en marcha de experiencias concertadas para otra economía posible y con ello, para otra democracia necesaria y factible. Hay que romper el luto, dando espacio a la vida, y ésta depende de la calidad de nuestros sueños y de nuestra audacia para hacerla realidad.

*Ver artículos:

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Independencia de Cataluña. No hay solución

Vamos hacia una nueva fase del conflicto; será mucho más dolorosa. Decenas de presos políticos, recorte de libertades en toda España, frustración y miedo serán la tónica cotidiana, con momentos puntuales de seminsurrección.

Seis de diciembre de 2018. Décimo aniversario del asesinato de Alexis Grigoropoulos a manos de un policía. Como cada año, miles de jóvenes se manifiestan y protagonizan durísimos disturbios contra la policía en Exarjia, el barrio ateniense donde mataron a Alexis. Cuando la marcha entra en el barrio prenden las barricadas. Las han erigido varias horas antes de que empiece la manifestación. Todos los accesos a Exarjia están bloqueados menos uno, para que la manifestación pueda entrar. Se bloquea después. En la calle Andrea Metaxa hay un coche volcado ardiendo; estaba abandonado y lo habían aparcado allí días antes. En Trikoupi han montado un andamio de dos pisos que tiene sacos de cemento en la base. En Ikonomou hay decenas de neumáticos atravesados por dos cables de acero fijados a los edificios. Parece que cada calle compite por la mejor decoración, como en Fiesta Mayor. No son barricadas hechas con lo primero que encuentran a mano.

Aunque desde fuera los encapuchados parecen una masa, la multitud está formada por grupos de diez o quince personas. Cada grupo tiene un nombre en clave, lo gritan continuamente cada vez que se mueven para no perderse. Aunque la mayoría van de negro de los pies a la cabeza, muchos grupos llevan distintivos en el brazo para identificarse entre sí. Pasamontañas, cascos y máscaras antigás. Cada grupo tiene varias cajas con decenas de molotovs cerca de su barricada. Dos chavales con barras de acero custodian cada punto de abastecimiento. Los encapuchados cogen un molotov en cada mano, se acercan a la barricada, los lanzan por turnos y el grupo entero retrocede unos metros. Siempre hay dos o tres vigilando los laterales. Tiran piedras o botellas de plástico rellenas de gasolina y pequeños Campingaz a los que han fijado petardos con cinta americana.

El follón dura horas, pero todo el mundo sabe que, tarde o temprano, la policía logrará entrar al barrio. Lo hace a base de lacrimógenos, granadas flash, cañones de agua. Cuando consiguen romper las barricadas, entran en tromba por todas las calles a la vez. Da miedo. Aunque parezca increíble, cuando la policía accede al centro del barrio, miles de encapuchados se han esfumado. Los policías miran con desconfianza hacia los portales. Saben que están allí, pero ¿dónde? Desde algunas azoteas caen los últimos molotov, la policía realiza un par de detenciones a chavales despistados que no han sabido dónde meterse.

Lo que acabo de describir es un disturbio organizado. Lo de Catalunya estos días es un estallido de rabia. Muy duro, como se vio en Urquinaona el viernes 18 de octubre, pero completamente diferente a una estrategia decidida y planificada por colectivos bien organizados. Llevo una semana preguntándome si los periodistas y los policías que aseguran circunspectos que en Catalunya nos hallamos ante “el estallido de violencia más grave protagonizado por profesionales de la violencia” se lo creen. Me pregunto si lo dicen porque nunca han visto ni han investigado lo que pasa en otros lugares o si quieren engañar para justificar la brutalidad policial.

La diferencia entre lo que ves en la calle y lo que dicen por la tele es uno de los factores que ha azuzado el fuego esta semana. Miles de personas han grabado con el móvil lo que les pasaba a sus amigas; no tenían nada que ver con lo que luego les contaban los medios.

PARADOJAS IRRESOLUBLES

Esa distancia con el relato mediático ahonda la brecha. Una brecha que ya no se puede coser. Catalunya y España se han separado. Son países diferentes. Da igual si te sientes español, catalán, catalán y español o mediopensionista: las realidades políticas de ambos territorios son completamente diferentes y negarlo no sirve de nada. Yo no soy independentista, nunca lo he sido. Pero eso no me impide ver la realidad. España y Catalunya piensan diferente respecto a la autodeterminación, la sentencia del Procés, las medidas políticas necesarias, las soluciones posibles, la represión y la representación política. Son escenarios construidos por oposición que no dialogan entre sí porque son incompatibles. La mitad de Catalunya no es independentista, me dirán. Pero incluso esa mitad contempla como posibles propuestas que en España son marginales. Catalunya y España no se han separado porque en Catalunya todo el mundo sea ‘indepe’ y en España todos sean fachas, sino porque lo que en Catalunya podría ser un consenso de mínimos —referéndum de autodeterminación, proceso constituyente, federalismo— en España no es ni planteable.

Constatar esto no implica vislumbrar una solución. Es más, probablemente ha llegado el momento de reconocer que no hay solución. En Catalunya hay un amplio consenso a favor del derecho a decidir, pero eso da igual: el Estado no lo va a permitir. Punto. No es porque lo diga la ley, eso es completamente secundario. Es porque la correlación de fuerzas es claramente favorable al Estado, que puede permitirse manifestaciones gigantescas, huelgas generales, disturbios y tsunamis sin que ello suponga la quiebra del contrato social fuera de Catalunya. Es más, cuanto más dura sea la represión contra el independentismo, mayor cohesión política suscitará el gobierno de turno.

Aquí radica la paradoja irresoluble: la única forma de ejercer la autodeterminación sería cambiando España. Y esto nos plantea a su vez otras dos paradojas irresolubles. Una: si Podemos, IU y Más País ponen ahí el acento, si de verdad prometen lo que querrían prometer, nunca ganarán las elecciones. Sería un gesto inútil. Dos: pedir a los independentistas que se centren en cambiar España antes de cambiar Catalunya es pedirles que dejen de ser independentistas. No va a pasar.

Vamos hacia una nueva fase del conflicto; será mucho más dolorosa. Decenas de presos políticos, recorte de libertades en toda España, frustración y miedo serán la tónica cotidiana, con momentos puntuales de seminsurrección. Influjo, reflujo y pocos cambios reales. Me gustaría ser más optimista, pero el mundo es una mierda. España y Catalunya también.

Por Hibai Arbide Aza

2019-10-29 10:02

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Lunes, 28 Octubre 2019 08:45

Cali y la ciudad invisible

Cali y la ciudad invisible

La lucha por el derecho a la ciudad aún prosigue en Colombia, país que en pocos años ha visto como el 80 por ciento de su población pasó a concentrarse en los centros urbanos. La guerra y la pobreza continúan expulsando a los pobladores del campo. Una realidad que parece no tener límite inmediato y que en el caso de Cali reúne realidades impactantes.

 

“Cali tiene dos sectores que han crecido al 500 por ciento durante los últimos diez años: la Comuna 1, construida sobre la Cordillera Occidental, con barrios como El Ceibo, Patio Bonito, Palermo, Las Palmas, Montañuelas, y otros más; y la Comuna 15 en el Oriente de la ciudad, con barrios como Haití, El Valladito, Brisas del Caracol. Entre unos y otros congregan alrededor de 150.000 personas. Es así como tenemos ante nuestros ojos, aunque gran parte de quienes viven acá no se percaten de ello, una ciudad invisible, cuya foto cambia cada día”.

 

Con esa seguridad nos detalla Jeffersson Martínez, asesor del Alcalde para Protección de ecosistemas y asentamientos irregulares, la situación de la capital del Valle. Es una realidad compleja, dura para quienes la padecen, y grave para el futuro de la ciudad, pues no hay datos precisos o exactos sobre la gente que se asienta en estos barrios, de dónde proceden y de las condiciones en que salen de sus terruños, y por lo tanto las políticas públicas orientadas para facilitar sus vidas no son integrales ni dan cuenta de la totalidad de sus necesidades, son, más bien, como palos de ciego, en este caso soportadas por la buena voluntad o por el deseo de hacer un buen gobierno por parte del funcionario de turno.

Así es en el mejor de los casos. “Sabemos que quienes se asientan en la parte alta –Comuna 1– provienen de zonas montañeras de los departamentos del Cauca, Nariño y Caldas, y de manera preponderante son gente con raíz campesina e indígena, y quienes privilegian la zona oriental vienen de distintos municipios del Pacífico, bien Tumaco, Buenaventura y municipios del Pacífico nariñense, gente que busca partes bajas, humedales, calor, ríos, pues es gente anfibia. De lo que sí estamos seguros es que la situación es muy grave, que la mayoría son víctimas del conflicto e incluso victimarios, población desplazada o gente que sencillamente viene a invertir en Cali, porque les interesa más invertir acá que en sus terruños”.

“Toda esa gente –amplía Jeffersson– son desplazados por la violencia, amenazados, gente que prefiere vivir y no arriesgar la vida y la de su familia, a pesar de que dejan atrás todo o gran parte de lo que tenían; pero también son desplazados de la pobreza: gente que no tiene trabajo, que sus ingresos son mínimos, que padece hambre, y que valora que en esta ciudad puede mejorar su vida y la de los suyos”.


Esta es la situación particular de Cali, pero realidades similares –en cuanto a recepción de desplazados– también la viven desde años atrás ciudades como Bogotá, Medellín, Pereira, Bucaramanga, Cúcuta, Cartagena, Barranquilla, cada una recibiendo miles de familias procedentes de regiones rurales cercanas a estos centros urbanos. En todas ellas no dejan de aparecer cada cierto tiempo nuevos barrios, donde la pobreza se divisa desde lejos, barrios con una conflictividad por resolver, donde los indicadores de consumo de psicoactivos es alta, la violencia del poder armado de bandas no deja de aparecer cada día, pero también la ausencia total o parcial de servicios públicos. Barrios donde la vida se aruña cada día con la fuerza del tesón, y donde la esperanza de mejor vida no abandona el inconsciente individual y colectivo.

Este crecimiento acelerado de las ciudades colombianas sucede en unos casos desde hace algunos años, y por lo menos desde hace dos décadas o más en otras, y ocurre ahora como también fue visible en los años 60-80 del siglo XX, otra época donde miles de miles salieron del campo, en este caso no solo por la violencia sino por las políticas gubernamentales sugeridas por asesores de la banca multilateral como Lauchlin Currie, que recomendaron vaciar el campo para obtener mano de obra para impulsar la productividad nacional.

En Cali, nos recuerda nuestro entrevistado, “La ciudad fue muy atractiva también en los años 80 del siglo XX, cuando los hermanos Rodríguez lideraban en el país uno de los carteles de la droga, y entonces acá llegaban cientos buscando trabajo en sus bandas, seguros de pelechar en pocos años como ‘gatilleros’ u oficios similares y así resolver de una vez y por todas la falta de techo, buscaban y en algunos casos encontraban ‘trabajo’ e ingresos seguros. Así como el cartel sirvió de imán, así mismo la ciudad, por su cercanía con zonas de siembra de coca y marihuana, también mantiene su atractivo: la gente siembra en el Cauca, en el Pacífico o en Nariño y construye sus viviendas acá, al tiempo que le aseguran estudio a sus hijos”.

 

El negocio

 

Cuando se detallan los mapas de Cali, comparando los de hace pocos años con los de hoy, se comprueba que el goteo humano es permanente (Ver mapas), y que el borde de la ciudad, el institucional, está totalmente superado, desbordado es la palabra exacta, muestra palpable de que las políticas urbanas al frente de nuestras urbes no dan cuenta de la real reconfiguración poblacional que vive el país. Hoy tenemos ese crecimiento, incluso al 500 por ciento. Otra época donde la ciudad creció de manera notoria fue con motivo de los Juegos Panamericanos –años 70– cuando lo hizo al 8 por ciento, “compare y no hay parangón”, enfatiza Jeffersson con clara emotividad en su rostro.

Son miles que buscan un terreno para construir su casa, y encuentran en la ciudad una mafia de usurpadores del suelo público, pues Cali tiene la particularidad de ser la capital ejidal de Latinoamérica (Ver recuadro ¿Qué son los ejidos?). “Nuestra ciudad, nos indica Jefferson, se extiende a lo largo de 56.000 hectáreas, de las cuales el 70 por ciento es zona rural, y son precisamente tales terrenos –toda la montaña que está al occidente y toda su zona rural– los que particulares, integrados como mafias, se fueron robando desde la segunda mitad del siglo XX, pero de una manera más sistemática desde hace algunas décadas” (Ver recuadro “38 años en defensa…”).

En el robo de estos ejidos han participado desde familias de apellidos encumbrados hasta sectores populares, “los primeros se hacen a decenas de miles de metros cuadrados, en ocasiones de manera legal, y los segundos a cientos”, reconoce con ironía nuestro entrevistado.

 

 

 

En particular, en los últimos años este robo está a la orden de mafias de la tierra conocidas como “tierreros”, que en no pocas ocasiones funcionan apoyados por funcionarios públicos, políticos, contratistas, es decir, están aliados a una parainstitución, con bufetes de abogados que les facilitan la defensa de sus acciones y la misma legalización de lo usurpado.

Es un negocio que engorda el bolsillo de unos cuantos, y lo engorda bajo coartadas múltiples, así como bajo la misma amenaza. Y así sucede, nos cuenta quien está como asesor al lado del Alcalde en estos temas, porque “Quienes controlan los territorios donde van ganando espacio a los humedales y lagunas, desecándolos con escombros, cobran por dejar entrar tales escombros, y luego de secado el terreno venden el metro cuadrado a razón de 500 mil y hasta 2 millones de pesos. El negocio es tal que al día pueden recibir hasta 5 millones solo por el tema de escombros. Así sucede en barrios como el conocido como Haití, controlado por una banda del mismo nombre”.

Hay que resaltar que ese predio es del municipio y está alquilado a Incauca para la siembra de caña, pero allí, de manera sorprendente, la gente avanza en una invasión y construye en materiales fuertes, resistentes, lo que indica que llegan para quedarse. No construyen en bareque ni material endeble, lo hacen en ladrillo, barrilla, cemento, y así existen más de 1.000 unidades de vivienda. Mientras así avanzan, queman y hurtan la caña que siembra el ingenio, el cual reporta pérdidas al municipio, al cual también pone a perder.

En medio de esta disputa, algunas de las familias que compran allí un pedazo de tierra y construyen sobre la misma, comienzan a padecer el cobro semanal de vacunas, amenazas, y padecen un nuevo desplazamiento –un doble desplazamiento, incluso se denuncia casos de familias desplazadas hasta en cinco ocasiones–. La gente se endeuda para pagar los lotes, y así lo va haciendo a intereses que no son cómodos, por lo cual termina cancelando mucho más de lo que aparenta o del cobro que le ejecuta el tierrero.

Lo que tenemos por tanto en Cali, como en otras muchas urbes colombianas, es una ciudad del conflicto, receptora de éxodos, donde miles de familias buscan tranquilidad y un mejor futuro, es un anhelo justo de la gente, de los de abajo, que son los que han construido nuestras ciudades, así parezca que las mismas son fruto de la planeación ordenada del territorio, lo cual no es la imagen real de lo sufrido y conocido por la mayoría de quienes las habitan.

Tenemos, por tanto, un reto para los gobiernos que tomarán las riendas de nuestras urbes en enero del año 2020, pero también para el conjunto de quienes las habitan: construir ciudades donde la justicia y la vida digna no sea un sueño sino una realidad. Reto inmenso pero que es hora de proyectarlo a partir de construir planes de ordenamiento territorial populares, que sí recojan la foto real de lo que es hoy el 80 por ciento de Colombia.

 


 

¿Qué son los ejidos?

 

Es tierra, de propiedad común o colectiva. Antes de ser conocidos como tal, eran los baldios de la nación. La ley 32 de 1929 prohibe expresamente la ocupación de los ejidos por la clase pudiente, pues debe destinarse a los pobres.

A su vez, la ley 41 de 1948 los declara como bienes de uso público por lo cual son imprescriptibles, inenajenables e innembargables (Art. 53 de la C.N.), ley que para el caso que nos ocupa ha sido totalmente burlada.

De igual manera, para el caso de Cali, en 1938 estas tierras fueron declaradas como reserva forestal protectora. En parte de su extensión se encuentran las hoyas hidrográficas del río Cali, Aguacatal, Meléndez, Pance, Cañaveralejo, Lilí. Así mismo los farallones de Cali, riqueza ecológica con bosques, fuentes hidrícas de donde se surte la ciudad del vital líquido y bosques de niebla. Podra entenderse, por este solo hecho, la importancia de las mismas, y el reto fundamental de que se mantengan como bien público.

Tierra, el origen y base del conflicto que sobrelleva Colombia desde tiempo préterito, la que ha sido amasada por miles de hectáreas por pocas familias en nuestro país, cumple su regla también en Cali, donde las familias que ostentan los apellidos de alcurnia se apoderaron de gran parte de los ejidos.

Entre estas familias figuran las de apellido Escarpeta (Óscar), quien amasa 72 millones 800 mil m2; Lloreda, con 43 millones de m2; Borrero; Guerrero Velasco.

Para sorpresa de propios y extraños, el Club Campestre (donde los ricos se reúnen a conspirar y hacer negocios, al tiempo que juegan golf y gozar de otras delicias para el cuerpo y la mente), la Hacienda Meñéndez (donde los ricos se casan), son terrenos ejidales. De igual manera lo son fincas de recreo de las cuales gozan estas y otras familias en sitios como El Saladito, Las Nieves, Altos de los Farallones de Cali, Los Andes, La Buitrera, Villa Carmelo.

Producto del proceder ilegal de unos y otros, así como de negociantes “menores” de la tierra urbana y rural de Cali, la ciudad ha perdido un total 232 millones de m2.

En este proceso de disputa por la tierra, en unos casos para especular con ella y gozar de sus delicias, a la vez que acumular poder, y en otros en el afán por tener un techo donde guarecerse, 186 barrios de Cali, donde habitan no menos de 40 mil familias, están construidos sobre tierras ejidales; barrios en donde viven miles de familias que no ostentan título de propiedad y la cual, haciendo honor al sentido último de los ejidos –que sean destinadas para usufructo de los sectores desposeídos, para el común de gentes, en este caso para construir vivienda, la alcaldía debería proceder a entregar tales títulos sin costo alguno y así legalizar una realidad de hecho con la cual se hace justicia.

Precisamente, con fallos favorables de los jueces, por acciones populares interpuestas por Claudio Borrero, fueron restituidos a favor de la ciudad, todos los terrenos donde están localizadas las Comunas 18 y 19, que suman 4 millones sesenta mil 82 m2, las mismas que tienen un valor comercial superior al medio billón de pesos.

Asimismo, el Consejo de Estado falló de manera favorable por el reintegro para la ciudad de todo el territorio de montaña que integra los Farallones de Cali (150 millones de m2 más 200 metros), y también la reserva ambiental protectora (88 millones 800 mil m2).

Conociendo toda esta lucha, que le ha significado 4 décadas de indeclinable labor, no es extraño que quien asumió este reto como proyecto de vida algunos le digan; “apóstol de los ejidos”, y otros aludan a él como: “defensor del patrimonio público”.

Claudio Borrero, consciente de la labor en que está empeñado, insiste, sin alardes de protagonismo, que para que la misma tenga éxito le corresponde a la ciudadanía como un todo luchar y reclamar lo que les pertenece. Sin ese factor, el irrespeto de las decisiones de los jueces será la norma.

 


 

Ingeniero Claudio Borrero Quijano:
38 años en defensa de los “Bienes de uso público ejidales del municipio”

 

Ser consecuente con sus principios de vida y dentro de ellos luchar sin descanso por lo que es de todos, le ha valido tres atentados contra su vida, dos a bala y uno a cuchillo impregnado de cianuro, este último un intento por degollarlo llevado a cabo el 24 de febrero de 2010 mientras rezaba al interior de la Catedral de Cali, atentado del cual salió vivo al ser trasladado de manera oportuna al hospital San Juan de Dios por dos policías, donde los galenos hicieron lo que correspondía.

Es Claudio Borrero Quijano, quien en noviembre 1 de 1978, como presidente del Concejo de Cali, a nombre del Partido Liberal del cual era parte en ese entonces, se comprometió con realizar Control Fiscal de los “Bienes de Uso Público Ejidales del Municipio”, usurpados por raigambres encopetadas de tradición caleñísima.

Hoy, avanzando el 2019, casi cuatro décadas de lucha irrenunciable por lo que es del conjunto caleño, denunciando no solamente a los traficantes de tierra con raíz popular, integrados en mafias que no dudan del uso de la fuerza para hacerse “con lo suyo”, sino también a “pulcros” de cuna de oro –que no pierden oportunidad para hacerse con parte de los ejidos– (ver “¿Qué son los ejidos?”). Una lucha desigual pues, en tanto existen múltiples intereses entrecruzados todos prefieren que el silencio predomine y que el denunciante pase por “loco”.

Treinta y ocho años de acción consecuente e ininterrumpida en los cuales ha logrado fallos favorables del Consejo de Estado, como el emitido por unanimidad el 26 de junio de 2015, reconociendo la usurpación de 23.800 hectáreas de terrenos municipales, ocupados ilícitamente por 30.794 particulares en las montañas del área rural (13 corregimientos). Fallo sin eco en la alcaldía municipal que no ha hecho nada al respecto. (presunto prevaricato).

El 20 de abril de 2015, de igual manera, con Sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo del Valle, la ciudad fue beneficiada con una decisión sobre dos ejidos urbanos que suman 4.060.082 m2. De parte de la administración municipal: silencio y manos amarradas. Presunto Desacato de la Actual Administración Municipal de Cali.

Desde febrero de 2005 con denuncia penal, puso en conocimiento de los jueces una compra de “cosa propia”, en este caso unos ejidos localizados en el Parque Nacional de los Farallones de Cali (finca El Rubí, con extensión de 310 ha.). En este caso operó el tapen-tapen, tan típico en nuestro país, con un Concejo municipal en componendas de servidores públicos que apadrinaban a los funcionarios responsables del desfalco al erario. Un tapen-tapen que también sirve para ocultar la mediocridad de unos gobierno municipales –y nacionales– que no han tenido la imaginación ni la voluntad para diseñar y poner en marcha verdaderos planes urbanísticos en los cuales la vivienda esté integrada como un derecho fundamental de las gentes, viviendas construidas y administradas desde entes públicos, regulando de manera clara y perentoria el negocio que desde siempre se ha hecho con la misma, convertida en moneda para la especulación y el enriquecimiento de propietarios individuales pero, en lo fundamental, de entidades bancarias y similares.

En este particular, luego de años de litigio, y cuando el caso estaba en Casación en la Corte Suprema de Justicia –año 2014– desapareció el expediente entre el piso 8 y el 1, durante traslado al Juzgado Primero de Ejecución de Penas.

Así mismo, y pese a silencios y desacatos, fue denunciante del negociado del Dagma del 27 de diciembre de 2004, Casación inadmitida por la Corte Suprema el 4 de abril de 2014.

Así como estos, ha estado al frente de 19 denuncias adicionales, algunas falladas de manera favorable, pero como en los ya comentados, sin acatamiento por las administraciones que han estado al frente de la ciudad a lo largo de estos años.

Como parte de estos otros 19 casos, resalta la denuncia en contra del municipio de Cali por compra de cinco fincas a particulares que suman un área de 10.800.000 m2, negociado que representó erogación de $7.824 millones de pesos desde el año 2000, a la fecha los valores indexados con intereses representan una lesión económica enorme superior a los $20.000.000.000 (veinte mil millones de pesos).

También hace parte del esfuerzo por proteger los bienes de la ciudad, la denuncia de los negociados del Dagma durante las alcaldías de Ricardo Cobo Lloreda (cuatro fincas) y Apolinar Salcedo (una finca). El Tribunal Contencioso del Valle del Cauca se pronunció en su momento (2006) en contra y hasta la fecha todo sigue como si no hubiera fallo judicial.

Otros tres procesos ejidales por negociaciones ilícitas de la Secretaria de Vivienda, Radicado 0916 Fiscalía 67, Radicado 812769 Fiscalía 98, Acción Popular 2009-0248 de agosto 31 de 2009 - Ejidos de Meléndez Sur (Navarro) - Área 10.551.000 m2 -Vocación 150.000 VIS –prioritarias para estratos 1, 2 y 3. –Proceso Penal 01476 Fiscal 48 Seccional Cali (Ever Marino López Guerrero) –Juez Primero Penal del Circuito de Conocimiento Flover Ortiz Monguí –Radicado 76001600000020120047600.

En los Indivisos Ejidales de “San Joaquín” y “La Buitrera”, le propuso al actual alcalde de Cali formalizar los procesos judiciales.

Son, sin duda, cientos de miles de hectáreas, los que la ciudad ha perdido, por falta de una política activa en varios frentes, entre ellos: delimitación de áreas para conservación forestal y ambiental, pero también como espacios para recreación pasiva o activa; proyección de planes de vivienda, de los ahora llamados como de “interés social” como parte de un proyecto de construcción de ciudad claramente delimitada, equilibrada, integradora, participativa, donde los “especuladores de la tierra” no encontraran espacio. Y así podrían ser otros los usos y destinos de los ejidos, reserva fundamental para un equilibro y sostenimiento ambiental de la ciudad.

Tras estas décadas de lucha, queda por preguntar, ante el desacato de lo fallado por los jueces, y la ausencia de un proyecto de ciudad de largo plazo: ¿existe o no real interés por construir una ciudad para todos y todas?

 


 

Invasiones a granel

 

En la actualidad, y de acuerdo a datos oficiales, Cali cuenta con 221 invasiones o “Asentamientos humanos precarios”, construidos a lo largo de 2.000 hectáreas, y en los cuales habita un total de 500 mil personas. Es decir, la cuarta parte de la población vive en condiciones precarias, sin techo digno, en su mayoría concentrada en el rebusque diario. Precariedad de miles de personas sin tomar en cuenta otras realidades, como ingresos, acceso real o no a derechos fundamentales, etcétera. En el Valle del Cauca habitan 3 millones 789.874 personas, y cerca del cincuenta por ciento de la misma (1,9 millones) está concentrada en la capital del departamento.

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