Viernes, 24 Enero 2020 06:38

Israel y la represión en Chile

Israel y la represión en Chile

Para Sebastián Piñera los videos de la represión son “ fake news” y "montajes filmados en el extranjero". Una campaña de desinformación "originada en Rusia y otros países de la Europa oriental" (sic) para "crear sensación de desorden y crisis total" (bit.ly/2Ft9GhS). Igual que en Bolivia dónde protestas tras el golpe eran fruto de "una conspiración narco-venezolana" (reut.rs/2QFN2YC), también en Chile, según Piñera, "está la mano de Maduro" (bit.ly/37bmndq). No importa que los que trajeron "desorden" hayan sido las propias "fuerzas del orden": a tres meses del estallido en demanda de mejores bienes sociales ya hay tres mil heridos (bit.ly/2RgQSc9). No importa que lo que llevó a "una crisis total" han sido 30 años del modelo chileno neoliberal que creó un puñado de millonarios (¡Piñera!) y millones de pobres. Y sí hay un factor foráneo que resalta sobre todo a la luz de la desenfrenada violencia estatal –más allá de la fantasía del eje "eslavo-madurista"− es, como han subrayado varios observadores (bit.ly/2tYavg8), el apoyo táctico y material de Israel. En 2018 los dos países firmaron acuerdo de "cooperación militar en educación, entrenamiento y adoctrinamiento" y ya se ve que la táctica israelí de mutilación como método de "control público" –la Gran Marcha del Retorno en Gaza donde los francotiradores israelíes apuntan a las piernas viene en mente− fue llevada al otro nivel por el régimen de Piñera que rompió el récord mundial en heridas deliberadas en los ojos (bit.ly/2R3vNBM): ya hay 400 personas que han perdido un ojo o la vista.

El estado de emergencia, el ejército en las calles, allanamientos, detenciones ilegales, tortura y abuso sexual por parte de agentes del Estado no sólo evocaron los oscuros tiempos de Pinochet. Recordaron también que igual en aquel entonces el principal sostén de la dictadura ha sido Israel que entrenó a los agentes de la DINA que asesinaron y "desparecieron" a miles de opositores (bit.ly/2FTbQr2) y le vendió –a pesar de su histórica "huella alemana" ("prusianización") y su latente pro-nazismo− armas al ejército chileno (bit.ly/38dXGgt) y equipo para el control de masas: "guanacos", etcétera. (bit.ly/39CHFSI).

Si bien tras el 9/11 y el auge del "securocratismo" Israel se posicionó como el "experto en la lucha contra el terror" −y atractivo proveedor de tecnologías militares a gobiernos represivos ( bit.ly/2RJU53b ) que usan esta excusa para luchar con la disidencia como hoy los golpistas bolivianos ( bit.ly/2Ga5bcb )−, él mismo es el mejor ejemplo del "terrorismo de Estado" en acción –los territorios ocupados, Gaza, etcétera−, armó los escuadrones de la muerte en El Salvador y los contras en Nicaragua −tal cual organizaciones terroristas (bit.ly/369XIVg)−, e incluso orquestó sus propias campañas de terror (bit.ly/2Rc6NbS). Así la cooperación militar con Piñera que defiende el neoliberalismo pinochetista del mismo modo que fue instaurado –con terror y violencia− es un simple "intercambio de terrorismos del Estado". No extraña que Chile –con su propia Ley Antiterrorista heredada de la dictadura y usada sobre todo para criminalizar a su población indígena−, trata hoy a los manifestantes, igual que Israel a los palestinos que avientan piedras a las fuerzas de ocupación, como "peligrosos y violentos terroristas" y "enemigos internos" –una reactualización de la Doctrina de Seguridad Nacional− con quienes el Estado "está en guerra" (bit.ly/3azvbvx).

Incluso antes de la revuelta actual, el equipo israelí −"testeado" en contra de los palestinos− estaba siendo usado para reprimir a los mapuches y militarizar a su territorio (bit.ly/2ugocqH). Dada la "experiencia" de Israel en colonización, despojo y usurpación de tierras autóctonas, el gobierno chileno −que pretende suprimir la resistencia de los comuneros mapuches y su proceso de recuperación territorial "abriendo" la Araucanía a las forestales y otras trasnacionales−, no podía escoger mejor (bit.ly/2QJ3E1F).

Después de ayudarle a Pinochet, Israel apoyó también a la sangrienta junta militar en Argentina y su terrorismo del Estado que "desapareció" a unas 30 mil personas. Le vendió armas y tecnologías para espiar, reprimir y asesinar a sus "enemigos internos" (guerrilleros, activistas de izquierda, sindicalistas) sin que las simpatías fascistas, antisemitas y ataques a miembros de la comunidad judía por parte de los generales argentinos –junto con el hecho que el país era un histórico refugio de los criminales nazis− le causaran un problema (bit.ly/2QkTPYQ). La conflación de Israel con el régimen post-pinochetista de Piñera es sólo el siguiente capítulo de la histórica conflación del sionismo con las extremas derechas que hoy por su parte lo ven −entre otros− como modelo de dominación y control poblacional, sean manifestantes, indígenas, migrantes o refugiados (bit.ly/2Tyll7e). Si bien Chile −que tiene la mayor población palestina fuera del Medio Oriente− a diferencia de otros gobiernos derechistas de la región se abstiene a reconocer a Jerusalén (Al Quds) como la capital de Israel (bit.ly/30flvlj) –el precio que este últimamente cobra por sostener estos regímenes−, la cooperación militar entre los dos países avanza sin importar, nuevamente, por ejemplo que los Carabineros, la policía militarizada detrás de la brutal represión con una clara matriz israelí, fuesen en su tiempo, tal cual, el núcleo de simpatías a Hitler en Chile y formados con instructores y según las doctrinas nazis (bit.ly/2u2Whur).

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

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El plan para matar a Khashoggi se gestó en Ryad

El periodista fue dirigido a Turquía porque para los conspiradores hubiera sido demasiado arriesgado intentar matarlo en EE.UU.

 Funcionarios de Arabia Saudita le dijeron a Jamal Khashoggi que no podría obtener sus documentos de divorcio en los Estados Unidos para casarse y que debía ir a Turquía, como parte de una estratagema para ponerlo al alcance de un secuestro o eliminación. Según las fuentes diplomáticas y un amigo de Khashoggi, el periodista fue dirigido a las legaciones del Reino en Turquía porque aquellos que estaban conspirando en su contra creían que sería demasiado arriesgado intentar llevar a cabo un ataque en los Estados Unidos, con repercusiones potencialmente muy perjudiciales. Al enterarse inicialmente de que no podría recoger los documentos legales en la embajada de Arabia Saudita en Washington, se le informó a Khashoggi que tenía que obtenerlos en Turquía para su próxima boda con su novia Hatice Cengiz, ya que ella es ciudadana turca y la ceremonia tendría lugar en Turquía.

La inteligencia de los Estados Unidos, según denunciaron varias organizaciones noticiosas, había interceptado que los funcionarios saudíes habían planeado hacer regresar al periodista al Reino y luego arrestarlo. No está claro cuándo se recopiló la información de inteligencia, pero parece que no hubo movimientos para advertir a Khashoggi que estaba en peligro y que se le podría haber tendido una trampa. Se sabe que varios funcionarios cercanos al príncipe heredero Mohammed bin Salman, conocido como MBS, le pidieron repetidamente al periodista que regresara al Reino, con ofertas de trabajos lucrativos, que Khashoggi había rechazado. Sus visitas al consulado de Arabia Saudita en Estambul para obtener los documentos, según investigadores turcos, brindaron a los saudíes la oportunidad que buscaban de capturarlo y matarlo.


Un amigo de Khashoggi dijo: “Jamal había estado en la embajada en Washington DC varias veces y se habían ocupado de sus problemas consulares allí. Pensó que podía obtener los documentos que necesitaba de la gente de Washington demostrando que estaba divorciado, un requisito legal para volver a casarse. Creo que le dijeron que era un asunto simple. Pero luego dijeron que necesitaba ir a Turquía para conseguir los papeles.” “En ese momento parecía ser una cuestión de burocracia. Pero ahora, después de lo que sucedió, obviamente hay motivos para sospechar. Seamos realistas, no se hubieran atrevido a hacer en Estados Unidos lo que hicieron en Estambul”.


Uno de los que más insistió en tratar de persuadir al periodista para que regresara a Arabia Saudita fue Saud al-Qahtani, un cercano confidente del príncipe heredero, quien le hizo a Khashoggi una serie de ofertas lucrativas en un intento por devolverlo al Reino, incluyendo una posición de alto nivel del gobierno y un alto cargo en la administración pública. En repetidas ocasiones tranquilizó a Khashoggi, según múltiples fuentes, diciéndole que no tenía nada que temer al volver a casa. Posteriormente, se afirmó que al-Qahtani dirigió el secuestro, la tortura y el asesinato del periodista en el consulado saudí en Estambul a través de Skype, supuestamente diciéndole al equipo enviado que matara a Khashoggi y “me trajera la cabeza del perro”.


Al-Qahtani había lanzado ataques vitriólicos y sostenidos a través de las redes sociales contra los supuestos enemigos del Reino, y había declarado que “pagarían el precio” por la traición. El gobierno saudí afirmó que al-Qahtani fue despedido después del asesinato de Khashoggi, junto con otro alto funcionario. Otros 18 fueron arrestados. Se informó que al-Qahtani había dirigido el interrogatorio del primer ministro libanés, Saad Hariri, cuando fue detenido en Arabia Saudita el año pasado después de haber sido atraído al país para reunirse con el príncipe heredero. El interrogatorio, según se afirmó, fue acompañado de abuso verbal y físico. Hariri fue liberado y regresó a Beirut solo después de la intervención del presidente francés Emmanuel Macron. Al-Qahtani afirmó que tenía todo el apoyo de la familia real saudí. “¿Crees que tomo decisiones sin orientación? Soy un empleado y un fiel ejecutor de las órdenes de mi señor el rey y mi señor el príncipe heredero”, tuiteó el verano pasado.


Kim Sengupta: De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Domingo, 21 Octubre 2018 07:36

¿Derechos humanos, alguien?

¿Derechos humanos, alguien?

Es en extremo difícil hallar un país o alguna otra estructura política que no haya violado derechos humanos de algún modo.

Algunas veces, la violación implica asesinar a un disidente.

Algunas veces la acción es menos severa, sin embargo tiene un efecto muy negativo sobre la vida y las actividades de la víctima de la violación.

Con raras excepciones, la estructura política acusada de violar los derechos humanos niega haberlo hecho.

La evidencia dura de una violación es difícil de obtener y circular. La entidad acusada de violar derechos humanos tiende, en la mayoría de los casos, a ignorar protestas, y como tal mantiene intacta la supuesta violación.

Algunas instancias actuales sometidas a discusión pública son: Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, Perú, Nicaragua, Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Francia, Holanda, Suecia, Latvia, Polonia, Hungría, la República Checa, Turquía, Arabia Saudita, Israel, Palestina, Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Kenya, Sudáfrica, Yemen, Irak, Irán, Pakistán, India, Myanmar, Indonesia, Australia, China, Corea del Sur, Corea del Norte y Japón.

Cualquier país en esta lista tiene algunos defensores que se escandalizan por la acusación mientras otras personas lo ponen hasta arriba de su lista acusatoria.

Esta ya muy enorme lista no incluye a entidades dentro de los llamados Estados soberanos. Enlistarlas habría alargado la lista tremendamente.

¿Qué podemos concluir de esta totalmente poco clara discusión acerca de los derechos humanos? Concluyo que no podemos utilizar la categoría de derechos humanos en sí misma. Puede ser útil tal vez si la situamos en un contexto complejo de la situación en una entidad política dada, pero ciertamente no puede sostenerse en sí misma.

Mi segunda conclusión es que, hasta ahora, la categoría ha permitido lograr muy poco. A como la usa la mayoría de los activistas, se ha alejado del análisis del sistema capitalista y por tanto de la lucha central de nuestros tiempos.

Traducción: Ramón Vera-Herrer

 

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El director Emir Kusturica (izquierda) y el expresidente uruguayo José Mujica durante el rodaje de 'El Pepe, una vida suprema'

El expresidente de Uruguay protagoniza en el festival de Venecia un documental y una película sobre su larga estancia en la cárcel

Las ratas siempre llegaban a la misma hora, sobre la una de la madrugada. Visitaban la celda cada noche, con idéntica misión: cazar migas. Aunque al prisionero José Mujica le servía para sentirse menos solo. Y agarrarse al contacto con la realidad. “Ahí tenías una referencia. Otra era el cambio de guardia. Se va generando el oficio de ser preso”, recuerda Mujica (Montevideo, 1935), sentado en el elegante sofá de un hotel y un festival donde parece un intruso y sin embargo es protagonista.

Insiste en que no presenta“nada”, pero lo cierto es que dos películas de La Mostra hablan de él: La noche de 12 años, del uruguayo Álvaro Brechner –en la sección Horizontes, y con coproducción española–, recrea su odisea como preso político, detenido en 1972 por pertenecer a la guerrilla de los Tupamaros, y liberado solo en 1985. El Pepe, una vida suprema, de Emir Kusturica, es un documental sobre el expresidente de Uruguay y aquella manera de ser y pensar que ha conquistado a su país y al mundo entero. Venecia también le ha coronado como una de sus estrellas. Aunque él dice que más bien es “estrellado”.


El director serbio debe de conocer bien a su amigo. Así que le chantajeó: “Si no vienes a Venecia a una rueda de prensa, yo tampoco voy”. Mujica dice que para no ofenderlo, y como agradecimiento hacia ambas películas, asumió un largo viaje que cada vez le cuesta más y le gusta menos. En un encuentro con la prensa española, mira adelante y atrás, a la política y al cine, a Europa y América Latina. Con humor –“un arma defensiva brutal”–, citando a poetas y matizando siempre al final, como quitándose importancia. “Bueno, así lo veo yo”. A lo Mujica.


“Después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros”, defiende. Con ella se pasó desde los 37 años hasta los 50. Sufrió torturas, comió jabón, perdió los dientes, por las palizas, y a menudo la lucidez. A todo aquello, ahora lo llama “peripecia”. “Eso que nos pasó a nosotros es liviano. Hay muchísimos que quedan por el camino”, agrega. No tiene muy claro cómo sobrevivió, pero sí alguna hipótesis: “Cada uno se agarra a una canaleta. Cuando fui muy joven leí mucho. Y en esos años de soledad rumié. Repensar cosas y darle vueltas no es lo mismo que leer, es reconstruir. Creo que el hombre aprende mucho más de la adversidad, siempre que no lo destruya, que de la bonanza”.


Entre otras lecciones, Mujica sacó que la venganza de nada sirve: “No sé si perdono. Pero la naturaleza nos puso los ojos hacia adelante, y hay cuentas que nadie paga, ni se debe intentar cobrarlas”. Fiel a ello, solo vio La noche de 12 añosuna vez –no participó en el estreno en el festival, donde fue largamente aplaudida–. Mejor no “remover los sentires” que le evoca hacia su madre, los soldados, sus otros compañeros encarcelados y aquellos que ya no están.


Tanto aislamiento también forjó parte de quién es hoy. “Cuando tenía un colchón estaba contento. O una taza de agua. O si podía orinar. Descubrí que nos hacemos unos líos bárbaros por nada”, asevera. Y cita un estudio que sostiene que, a partir de ciertos niveles, las subidas del PIB ya no incrementan la felicidad: “Parecería que la sentimos cuando arreglamos cuestiones básicas; después, ni bola”.


El poder y el estilo


“Cuando era joven pensaba que la lucha era por el poder. Ahora veo que la historia de los luchadores sociales y políticos es un montón de cristales rotos, de los cuales van quedando pedacitos: las ochos horas, los derechos laborales, la jubilación… me siento hermano de todo eso”, explica Mujica. Durante su presidencia, entre otras cosas, legalizó el matrimonio homosexual y la marihuana, despenalizó el aborto, y declaró la guerra a la pobreza y la indigencia. Aunque la oposición le acusó en algunas ocasiones de vaciar sus palabras ecologistas o anticapitalistas con decisiones en el sentido contrario. De sus mandatos, él subraya “agujeros” y sueños no cumplidos. “Habría que nombrar al jefe de los bomberos. El presidente es un apagador de fuegos”, afirma.


También renunció a la mansión presidencial y al 90% de su sueldo. Y se quedó en su casa de toda la vida, con su mujer, la política y exguerrillera Lucía Topolansky, y su adorada perra Manuela. El reciente fallecimiento del animal le hizo reflexionar sobre la muerte. Y tal vez de ahí venga el adiós su escaño en el Senado: “A veces sentís que estás haciendo un papel que ya no te motiva. Estás estorbando, como un árbol viejo que no deja ver los que hay abajo”.


Si ha dejado atrás la política activa, hablar de ella aún enciende su pasión. Preguntado por las crisis en Venezuela y Nicaragua, responde: “En América pasan cosas que también ocurren en Europa. Pero aquí las disimulan bien. A la Wolkswagen le meten una multa de 7.000 millones de dólares y no hay nadie preso, siguen andando fenómeno. No me vengan con que América está llena de defectos y Europa es correctísima. No estoy defendiendo la deformación que tenemos, digo que está presente en el mundo que vivimos”. Y ante una pregunta sobre el auge del populismo, pone en duda la propia cuestión: “Esa palabra no la utilizo porque la usan para un barrido y un fregado. Son populistas en Nicaragua, y los que votan en Alemania por la derecha medio neonazis. Entonces, es cualquier cosa. Yo saco esta conclusión: todo lo que molesta, con lo que no se está de acuerdo, es populista”.


Partidario de la UE


Mujica sí apoya con convicción el proyecto de la Unión Europea, pese a sus “defectos”: “El ser humano es el único bicho que tropieza con las mismas piedras. Los últimos mil años Europa vivió en guerra y ahora parecen olvidarlo. Ya me gustaría tener algo así en América Latina”. Y de España sostiene que tiene “varios problemas con la memoria”, y que pervive su eterna contradicción entre el país de “charanga y pandereta” y el de “rabia e ira”. “La España feudal aún está muy fuerte”, remata. Y respecto a las turbulencias con Cataluña, asegura: “El nacionalismo de los chicos es algo bueno porque sirve para formar carácter e identidad. Pero cuando se exacerba se transforma en peligroso. Ahora bien: una cosa es el nacionalismo de un país chico y otra el de uno grande y de terror para los vecinos”.


La última pregunta indaga en la huella de Mujica, a sus 83 años. Él le resta importancia: “¿Qué es el legado de un tipo en el universo? Somos menos que un piojo. El legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores. Triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno se cae”. A escasos kilómetros, la alfombra roja de Venecia prepara otro desfile de estrellas. A saber cuántas están de acuerdo con el estrellado.

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Sábado, 17 Marzo 2018 06:41

Gina Haspel, “la sangrienta”

Gina Haspel, “la sangrienta”

El lunes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió al secretario de Estado, Rex Tillerson, vía Twitter. A pesar de las decenas de funcionarios del gobierno que han sido destituidos, forzados a renunciar o que simplemente se han ido, Trump aún se las ingenia para dejar una marca indeleble en el gobierno federal: ha designado decenas de jueces conservadores en cargos vitalicios, sigue desmantelando regulaciones logradas con mucho esfuerzo y recortando programas vitales de la seguridad social. En el mismo tuit en que destituyó a Tillerson, Trump anunció dos ascensos: el director de la CIA , Mike Pompeo, sería su nuevo secretario de Estado, y la subdirectora de la CIA , Gina Haspel, reemplazaría a Pompeo en la dirección de la agencia de espionaje. La trayectoria de Haspel en la CIA abarca más de tres décadas. Se desconocen varios aspectos de su trabajo, pero hay dos hechos confirmados: administró una cárcel clandestina de la CIA donde se cometieron torturas brutales y, más adelante, ayudó a encubrir las torturas mediante la destrucción de grabaciones de video, desacatando expresas directivas presidenciales.


Estos hechos deberían ser más que suficientes para desacreditar su nombramiento y para que el Senado niegue su confirmación en el cargo. En un acto de campaña en Ohio en noviembre de 2015, Trump alardeó: “¿Si yo aprobaría el ahogamiento simulado? Ya lo creo, en un abrir y cerrar de ojos”. Trump repitió esa frase durante toda su campaña, y ya como presidente siguió haciéndolo. También sugirió otras técnicas, como ejecutar a familiares de los sospechosos frente a ellos durante los interrogatorios como incentivo para que hablen. Si logra su cometido e instala a Gina Haspel como directora de la CIA , tendrá a su lado a alguien con experiencia directa en la tortura, una de las líderes del tristemente célebre programa de tortura del gobierno de George W. Bush.


En 2002, Gina Haspel dirigió un centro de tortura de la CIA en Tailandia, donde eran llevados prisioneros sospechosos de pertenecer a al-Qaida para ser interrogados. La víctima más conocida de ese sitio es Abu Zubaydah, quien fue sometido a una horrenda gama de técnicas de tortura, todas autorizadas técnicamente a través de una serie de memorandos legales escritos por abogados del gobierno de Bush y Cheney. Se utilizaron torturas tales como el ahogamiento simulado, el confinamiento en una caja del tamaño de un ataúd durante largos períodos, la humillación, la alimentación forzada a través del recto y varios otros procedimientos dolorosos. En 2005, cuando Haspel se desempeñaba como jefa de personal del Centro de Contraterrorismo de la CIA , en ese momento a cargo de José A. Rodriguez Jr., redactó un memorando que Rodríguez firmó, donde se ordenaba la eliminación de 92 grabaciones de video de esas mismas sesiones de tortura dirigidas por Haspel, a pesar de las instrucciones de la Casa Blanca de no destruirlas.


John Kiriakou, un analista de inteligencia que trabajó 14 años para la CIA , denunció el programa de tortura de la era Bush y, por hacerlo, fue encarcelado durante dos años. Hasta el momento, es el único funcionario estadounidense encarcelado en relación con el programa de tortura de Bush. Kiriakou relató en una entrevista para Democracy Now!: “La llamábamos ‘Gina, la sangrienta’. Gina siempre estaba rápidamente dispuesta a usar la fuerza. Había un grupo de oficiales en el Centro de Contraterrorismo de la CIA , cuando yo estaba prestando servicio allí, que… detesto hacer la acusación en voz alta, pero lo voy a decir: que disfrutaban del uso de la fuerza. Todo el mundo sabía que la tortura no funcionaba. Esa ni siquiera era la cuestión. Hay varias cosas que funcionan. ¿Era moral, ético y legal? Creo que la respuesta a esas preguntas es que claramente “no”. Pero Gina y la gente como Gina lo hicieron, creo, porque disfrutaban hacerlo. Torturaron por gusto, no para recopilar información”.


El programa de tortura fue desmantelado tras la elección del presidente Barack Obama. No obstante, quienes lo autorizaron, quienes lo supervisaron y los propios torturadores nunca fueron enjuiciados. Obama declaró al respecto en 2009: “Tenemos que mirar hacia adelante en lugar de mirar hacia atrás”.


“Aquí es donde entramos en escena los europeos”, me dijo el abogado especialista en derechos humanos Wolfgang Kaleck en una entrevista para Democracy Now!. Kaleck es uno de los fundadores del Centro Europeo por los Derechos Constitucionales y Humanos, que el año pasado solicitó a los fiscales alemanes que se emitiera una orden de arresto contra Haspel por su papel en el programa de tortura: “Los casos de tortura deben ser llevados a juicio en todo el mundo. Tenemos varias leyes en Europa, y usamos estas leyes en los últimos 15 años para presentar numerosas denuncias penales en varias jurisdicciones contra los torturadores de Estados Unidos. En algunos casos tuvimos más éxito que en otros. Pero lo interesante es que como resultado del trabajo legal de nuestra red los torturadores estadounidenses ya no son intocables. Deben tener cuidado de adónde viajan”.


Kaleck señaló sobre Haspel: “Decidimos dirigir nuestros esfuerzos particularmente contra ella el año pasado porque, como subdirectora de la CIA , viaja mucho por el mundo. Por lo tanto, creemos que es importante que las autoridades judiciales, en Alemania y otros países europeos, intenten investigar el papel de Haspel en Tailandia y en otros lugares, y que estén preparadas: si Gina Haspel viaja a nuestros países, deberían poder arrestarla. También tendríamos que comunicar que ahora, si es confirmada en el cargo de directora, nuestras oficinas de asuntos exteriores –no solo en Alemania, sino en otros países– deberían declararla persona no grata, para que no sea invitada a nuestros países debido a que es una conocida torturadora y a los torturadores no se les debería permitir viajar libremente por Europa”.


El senador republicano Rand Paul ya expresó que se iba a oponer a la confirmación de Haspel. El senador republicano John McCain, de Arizona, quien fue torturado como prisionero de guerra en Vietnam del Norte, calificó el programa de tortura de Bush como “uno de los capítulos más oscuros de la historia estadounidense”. Todo el senado debería votar contra la confirmación de Gina Haspel y cerrar definitivamente el capítulo de la tortura en nuestro país.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Feminicidio: el castigo a las insumisas

Reexaminar la crisis de las masculinidades patriarcales, en el contexto de una sociedad neoliberal, para entender cómo se pasó en seis décadas, de abusar, manosear y violar a las niñas y jóvenes en el ámbito privado a torturarlas y asesinarlas como una forma de escarmiento.

 

Cuando yo era todavía una niña, entre 1960 y 1970, se nos inculcaba el miedo a los hombres: se nos advertía que tuviéramos cuidado porque podían hacernos daño y que dependía de nosotras, por pequeñitas que estuviésemos, que no nos ocurriera nada malo: el peligro, por supuesto se relacionaba con el sexo y nuestra responsabilidad era ser virtuosas, recatadas, no vestirnos, ni hablar, ni actuar en una forma que desatara ese demonio irrefrenable que ellos tienen entre sus piernas.

 

Compartí, por aquel entonces, juegos con muchas niñas que no hicieron caso de esas advertencias, las más pobres de mi vecindario. Como consecuencia, ellas iniciaron una larga serie de gestaciones a partir de su primera menstruación: se marchitaron antes de haber florecido, ninguna terminó sus estudios primarios, ni el bachillerato y quedaron sometidas a un hombre que las golpeaba y las fue hundiendo en la miseria material y espiritual. Casi en todos los casos, sus hijas y aún sus nietas repitieron esa historia.

 

A pesar de todo, con algunas de ellas seguíamos jugando y correteando durante un buen tiempo de esa niñez trunca. Pero, como una pompa de jabón, su retorno a la irresponsable felicidad de la infancia se desvanecía a las 5 de la tarde cuando se acordaban de sus deberes y corrían a sus miserables viviendas a freír unos patacones, carne o huevo, cocinar de carrera un arroz, porque llegaba “él”, ese ser todopoderoso, dueño de sus corporalidades y sus vidas, a quien ni siquiera se atrevían a llamar por su nombre.

 

A estas chicas, cuando andaban en los retozos amorosos y se metían en los rastrojos con sus compañeros, se las trataba de vagamundas y putas. Pero tan pronto como el resultado de sus “vagamunderías” empezaba a abultar los casi infantiles vientres, en el barrio adquirían una nueva respetabilidad y consideración. Inclusive recolectábamos dinero para ayudarles con ropa y dotación para su hija o hijo por nacer. Estos extraños virajes del sentir colectivo me generaron siempre muchas dudas y cavilaciones.

 

Salí ilesa de esas primeras pruebas. En primer lugar lo atribuyo a mis lecturas: devoraba biografías de Madame Curie, de Juana de Arco y, debió tener mucho peso la más “perniciosa”: la vida de la famosa Catalina la Grande de Rusia con su séquito de amantes, un modelo de feminidad que, por lo prohibido, era sumamente sugestivo, hay que reconocerlo. Una segunda protección era por supuesto, el capital cultural y el apoyo familiar, gracias a los cuales me fui procurando un proyecto de vida en el cual nunca estuvo como prioridad llenarme de hijos e hijas y reproducir el ciclo de la miseria. Un tercer aspecto: gracias a mi mala costumbre de estar metida donde no debía –y recuerden que las niñas y niños pequeños no son tontas ni tontos–, me fui enterando de las muchas desgracias y abusos que padecían aún las señoras “buenas” decentes, trabajadoras, madres abnegadas, casadas por la Iglesia.

 

Y finalmente, la intensa participación comunitaria que empecé a desarrollar con la Junta de Acción Comunal, me introdujo en compromisos y tareas relacionadas con las injusticias sociales y el abandono de nuestra comunidad por parte del Estado. Destaco estos cuatro elementos, porque, quienes nos ocupamos de apoyar las ciudadanías de las niñas pertenecientes a comunidades con menos recursos, hemos concluido que aquellas que incursionan en el liderazgo y ejercicio ciudadano, acceden a un mínimo de capital cultural, tienen como heroínas a mujeres científicas, artistas, pensadoras, leen buena literatura y reconocen las historias de sus ancestras, están más protegidas frente al embarazo adolescente, al matrimonio o unión marital temprana, culminan con éxito sus proyectos educativos y tienen mayor posibilidad de elegir su proyecto de vida con más libertad.

 

Este recuento me permite identificar dos elementos que perviven en la actual cultura cotidiana y se relacionan con los asesinatos brutales de niñas y mujeres: el primero, es que la sociedad descarga sobre las niñas, desde la primera infancia, la responsabilidad de controlar la sexualidad masculina, convirtiéndolos a ellos, que están en las mismas edades (y aún si son mayores que ellas) en potenciales predadores y abusadores sexuales consentidos, tolerados y permitidos por su entorno familiar, el grupo de amistades, el ámbito educativo y el ámbito laboral: el más visible y reciente ejemplo de esta forma de educar a los varones, es el feminicida de Yuliana Samboni, el arquitecto Francisco Noguera Uribe, quien la violó, torturó y asesinó. Luego vendrían Sarita y una lista que por desgracia crece cada día y que incluye también a un varoncito de corta edad. Esas son las muertes visibles. Sin embargo, como denunciaba el periódico El Tiempo el 8 de marzo de 2017, para el año anterior, 6.265 niñas entre 10 y 14 años (el 41,53% de los casos de mujeres víctimas de violencia sexual) y 3.178 niñas entre 5 y 9 años (el 21,07% del total de mujeres víctimas de violencia sexual ) fueron sometidas a este flagelo en el año 2016.

 

El segundo elemento, es la hipervaloración de la maternidad y su imposición como un mecanismo de control y explotación de las mujeres. En la Colombia del siglo XX, como en la del siglo XXI a las niñas, desde su primera infancia, mediante juegos infantiles, se las confina a la función materna y doméstica. La ropa, las palabras, su entorno de crecimiento y desarrollo no las conducen al amor por el deporte, al arte, la política y la ciencia. Al fin de cuentas, para esta sociedad una mujer que no es madre, es una mujer incompleta. De tal manera que las van formando como personas sumisas, subordinadas, pacientes, abnegadas y, sobre todo, dispuestas a despertar el deseo sexual, Se las prepara para ser victimizables.

 

Así, que aunque parezca raro y no precisamente porque a las niñas y jóvenes les haya gustado, desde tiempos inmemoriales muchos tíos, primos, papás y aún hermanos y hermanastros y otros allegados, han manoseado y violado a las niñas y las jóvenes, al abrigo supuestamente protector de la familia patriarcal –enfrente de mamás distraídas o cómplices–. Este siempre fue un secreto entre mujeres, de eso no se hablaba, a algunas les decían que tuvieran paciencia y que no dañaran a su familia. Esta es una realidad. Las que se atrevían a romper el mandato del silencio, sufrían el grave castigo del repudio de sus familias.

 

A pesar de estos maltratos y abusos sexuales, a las niñas y las jóvenes no las asesinaban con la crueldad y sevicia, ni desde tan pequeñas, como ocurre en esta segunda década del siglo en curso.

 

Ante la crisis de las masculinidades patriarcales, se acude al feminicidio

 

Encontrar el factor desencadenante de esta violencia resulta de gran complejidad y de vital importancia. Rita Laura Segato, antropóloga argentina y estudiosa del tema, plantea que las violaciones y agresiones sexuales pretenden castigar a las mujeres por los avances que han conseguido ya que estos ponen en entredicho el control de los varones.

 

En efecto, desde los sesenta, el feminismo, en distintas vertientes y modalidades, ha realizado una lucha contrahegemónica frente a la imposición de una única manera de ser mujer. Las conquistas de los feminismos han obligado al Estado colombiano a comprometerse con la prevención, sanción y eliminación de las violencias contra las mujeres.

 

De tal forma, que en 1981, durante el gobierno de Turbay Ayala, se formuló Ley 051 de 1981, como la primera norma interna mediante la cual el país suscribió la “Convención para la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer” (Cedaw por sus siglas en inglés). En 1991, luego de una gran movilización de las organizaciones de mujeres y de los feminismos, se consiguió la inclusión de cuatro artículos en la nueva Constitución Política con base en los cuales se crearon las primeras políticas públicas nacionales e integrales a favor de las mujeres. En ese proceso, se han producido un conjunto de normativas e instituciones, algunas de ellas dedicadas específicamente a prevenir, sancionar y erradicar las violencias contra las mujeres, como la Ley 1257 de 2008 y más recientemente, una política específica para las mujeres víctimas de violencia sexual en el conflicto armado. Hay que advertir que la mayoría de estas normas han quedado convertidas en pura fantasía, como afirmó recientemente una abogada de la Secretaria Distrital de la Mujer: no se cumplen.

 

Además, a pesar del surgimiento de programas y entidades consagradas a promover los derechos de las niñas liderados por las organizaciones y plataformas de mujeres y por la ONU Mujer (el organismo de Naciones Unidas responsable del tema), y aunque se han conquistado derechos, se ha avanzado en el control de la fecundidad y en nuevas formas de ser mujer, el modelo sociosexual propio del patriarcalismo sigue controlando la sexualidad, la capacidad de sentir placer y de dar vida de las mujeres. Todavía sus ciudadanías están constreñidas por el poco control de su corporalidad como primer territorio de decisión, de disfrute y de libertad, y porque viven amenazadas tanto en la vida de familia y pareja, como en los barrios y veredas, en los campos y en las ciudades.

 

Los violadores, como muestran estudios, en ningún caso buscan obtener placer sexual: desean ejercer poder y someter a la víctima, demostrar que pueden hacer lo que quieran con otra persona –mujer casi siempre–, colocada en estado de indefensión. Esto queda muy claro en el caso de seis violadores que recientemente, en las fiestas de San Fermín en España, sometieron a toda clase de vejaciones sexuales a una joven viajera y luego mostraron la “prueba de su virilidad” a través de las redes sociales. Guarda también mucha similitud con los casos de víctimas de violaciones cometidas por grupos de varones que actúan como “manadas” en la India, en México o en Argentina, porque esta forma de violencia no se limita a las fronteras de un país ni de un continente, se ha convertido en una pandemia machista. En Colombia, sin llegar a la violación y al asesinato, estudiantes de la Universidad de los Andes sometieron a una profesora a matoneo por sus opiniones rebeldes y por ser feminista. Ahora, en algunos medios estudiantiles, como en la Universidad Nacional, se tilda de feminazi a las jóvenes o adultas que expresen opinión propia, o exigen ser respetadas.

 

¿Cómo colocarle un dique definitivo a esta realidad prolongada en el tiempo? ¿Cómo lograrlo si sabemos que el violador no es un enfermo mental, ni un desviado sexual y por lo tanto, elevar las penas no resuelve el problema? Para lograrlo, uno de los primeros retos es el de reconceptualizar la violación y el feminicidio, lograr que la sociedad y el Estado reconozcan que este tipo de comportamiento macho hace parte de los mecanismos de control y disciplinamiento de las mujeres que atenten o se salen de las imposiciones de la masculinidad patriarcal y de la heterosexualidad.

 

Este es un reto inmenso que se enfrenta a una carga cultural de siglos, sostenida y legitimada por un sistema social donde el hombre providente, jefe de hogar, quien tenía asegurado el derecho al mejor plato de comida y a su placer sexual, cuando quisiera, como quisiera y por donde quisiera, está en vía de extinción. Al mismo tiempo y como parte de ese modelo social, la crisis del orden sociosexual global, que es patriarcal, capitalista heterocentrado y racializado, solo reconoce como sujetos válidos a quienes tienen determinados niveles de consumo: usan zapatos de marcas costosas, perfumes y ropa cara, carros de alta gama, casas lujosas y por supuesto, tienen hermosas modelos como esposas o compañeras: es el modelo Trump. El patriarca moderno debe pertenecer o buscar parecerse a la etnia hegemónica, despreciar a la gente pobre, a los desplazados e inmigrantes y sobre todo, debe curar el dolor de identidad /subjetividad lastimada, hiriendo a las más vulnerables: las mujeres, las jóvenes y las niñas.

 

Si no lo logra lo llamarán “perdedor”, necesitado de confirmarse ante los otros patriarcas, no le anima el deseo sexual o la búsqueda de placer, sino la decisión de comprarse unos minutos, unas pocas horas de poder, agrediendo, amenazando, chantajeando, violando y matando a las mujeres. Como señala Segato, buscan castigar a las insumisas, a aquellas que se creen libres, para que todas recuerden que deben obedecer el mandato impuesto a las mujeres por el orden global y por cada varón que siente amenazada su masculinidad patriarcal.

 

* Investigadora, cofundadora de la Colectiva Feministas Emancipatorias.

Publicado enEdición Nº235
“EE.UU. tiene las manos húmedas de sangre”

El presunto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, el pakistaní Khalid Sheikh Mohammed, escribió hace dos años una carta al entonces presidente Barack Obama en la que acusa a Estados Unidos por los ataques terroristas.


En la carta publicada ayer por el diario Miami Herald, Mohammed afirma que los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono fueron una respuesta a la política exterior de Estados Unidos. “No fuimos nosotros quienes empezamos la guerra contra ustedes el 11 de septiembre. Fueron ustedes y los dictadores en su país”, escribió Mohammed, quien se encuentra detenido en la cárcel de Guantánamo, en Cuba. Los ataques fueron una “reacción natural” contra la “política destructiva” de Estados Unidos en Cercano Oriente, según analiza.


Según el diario, el presunto terrorista escribió la carta en enero del 2015, pero llegó a manos de Obama recién al final de su mandato presidencial. Mohammed fue el número tres de la red terrorista Al Qaeda y es considerado el ideólogo de los atentados del 2001. Él mismo admitió una participación. El proceso contra Mohammed está paralizado desde hace años y se encuentra en etapa preliminar.


En la carta, asegura que no tiene ningún problema de permanecer en prisión por el resto de su vida. “Y si su Tribunal me condena a muerte, voy a ser aún más feliz de encontrarme con Alá y los profetas y volver a ver al jeque Osama bin Laden y a mis mejores amigos que ustedes han matado injustamente en todo el mundo”, señala.


El ciudadano paquistaní nacido en Kuwait, de etnia baluch, enumera una larga lista de intervenciones en ultramar de Estados Unidos, desde Irak e Irán hasta Vietnam e Hiroshima, para justificar el ataque terrorista en suelo estadounidense. Pero se centra particularmente en la causa de los palestinos, destaca el sufrimiento de los civiles y acusa a Obama de estar en deuda con intereses, principalmente con Israel y “los judíos ocupantes”. Israel obtiene 39 menciones mientras Osama bin Laden recibe una docena, incluyendo una culpabilización a Obama por la misión que cazó y mató al fundador del movimiento al Qaida para los ataques del 11 de septiembre.


Mohammed ridiculiza a Obama y escribe: “Es un abogado inteligente, bien familiarizado con los derechos humanos, que puede matar a su enemigo sin juicio y lanzar su cadáver al mar en lugar de darlo a su familia o respetarlo lo suficiente como un ser humano para enterrarlo”. “El ex jefe de operaciones de Al Qaeda escribió la carta en el contexto de la violencia en Gaza y en los territorios ocupados”, dijo David Nevin, el abogado defensor en la causa de pena de muerte de Mohammed. Él lo llamó el motivo principal para la redacción de la carta y se negó a decir si el cliente o su personal legal lo escribió. Por su parte, el abogado militar de Mohammed, Derek Poteet aseguró: “Está molesto con la política exterior de Estados Unidos y claramente percibe que Estados Unidos ha firmado un cheque en blanco con Israel”, dijo Poteet. En el primer párrafo de la carta Mohammed le dice a Obama: “Sus manos todavía están húmedas con la sangre de nuestros hermanos y hermanas y niños que murieron en Gaza”.

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Lunes, 06 Febrero 2017 06:29

Los vuelos ilegales de la CIA

Los vuelos ilegales de la CIA

El martes 24 de enero por la mañana circuló entre los miembros del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos el borrador de un decreto presidencial que autorizaba la reapertura de las cárceles en el extranjero (desde la de Guantánamo hasta los “black sites” o centros clandestinos de detención) y los interrogatorios (desactivados en 2009 por ser considerados métodos de tortura).


El borrador se filtró a la prensa y fue publicado por The New York Times el día 25. Y aunque el mismo diario aclara que no se sabe si el presidente Donald Trump lo va a firmar, su solo borrador obliga a un análisis minucioso y a un llamado de alerta.


A partir del 2001, como parte de la “guerra contra el terror”, el presidente George W. Bush autorizó operaciones secretas que incluían el traslado de personas detenidas ilegalmente hacia cárceles clandestinas. Los traslados se hacían en aviones de la CIA con varias escalas en aeropuertos cuyo acceso EE.UU. tenía previamente garantizado.


Cuando los europeos se enteraron que entre 2001 y 2005 los aviones de la CIA habían hecho por lo menos 1.245 escalas en aeropuertos de Europa “llevando a bordo a sospechosos víctimas de ‘desapariciones forzadas’, conducidos ilegalmente hacia la cárcel de Guantánamo o hacia prisiones clandestinas de países cómplices (Egipto, Marruecos), en las que la tortura es una práctica habitual”, según explicita un informe del Parlamento Europeo con fecha del 14 de febrero de 2007, se armó el escándalo. Bush hijo tuvo que blanquear las operaciones como una “versión modificada del Programa rendición, detención e interrogatorios” y el ex premier británico, Tony Blair, tuvo que pedir disculpas ante el Parlamento por el tránsito de detenidos-desaparecidos en la isla.


Los vuelos de la CIA transportaron detenidos ilegales hacia Bucarest, Bakú, El Cairo, Dubai o Islamabad -pero también hacia destinos norteamericanos como Washington y europeos como Roma, Frankfurt, Glasgow o las islas Azores entre decenas de destinos-. El New York Times acompaña su nota del 25 de enero pasado con un mapa donde se señala algunos de esos “black sites” ubicados en Lituania, Polonia, Tailandia y Rumania.


Hay pruebas de que los aviones eran campos de concentración en movimiento donde se torturaba a los prisioneros durante el vuelo. En algunos casos, salvo los descensos para cargar combustibles y pertrechos, el avión estaba hasta tres días en el aire con lo cual técnicamente no existía un lugar geográfico en el que el detenido hubiera sufrido apremios ilegales.


En varias ocasiones el Departamento de Estado alquiló, para estas operaciones, aviones privados. El acuerdo lo realizaron a través de “empresas contratistas” como la muy conocida DynCorp, proveedora de insumos para la guerra que incluye los bien conocidos mercenarios del Plan Colombia o involucrada con la multimillonaria reconstrucción de Irak después de ser destruida por las bombas. Según el sitio The Intercept, el ex marine, general John Kelly, ex jefe del Comando Sur y hoy al frente del Departamento de Seguridad Interior estuvo muy vinculado a Dyncorp. Kelly como jefe del Comando Sur permitió la violación de los derechos humanos en Guantánamo y se opuso a los planes de Obama para cerrarla.


No hay dudas de que Trump es partidario de la mano dura militar. Que igual que Bush hijo tiene un gabinete formado por halcones belicistas. La diferencia con su antecesor republicano es que lejos de mantener estas operaciones en secreto, las exhibe como si por dejar de ser clandestinas dejaran de ser ilegales.


La pregunta es ¿por qué? El proyecto de liderazgo único en manos de EEUU quedó definitivamente sepultado. Agotada esa fase, el imperio apela a la carta militar como herramienta principal para enfrentar este nuevo ciclo de transformación del orden mundial que ya se sabe, es inevitable.

 

Por Telma Luzzani, autora de Territorios vigilados.

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Argentina condena a cadena perpetua a 28 represores de la dictadura

Es por los crímenes cometidos en La Perla, el mayor centro clandestino de detención del interior del país
Mar Centenera


La abuela de Plaza de Mayo Sonia Torres, de 86 años, escuchó hoy desde el juzgado la condena a cadena perpetua al exgeneral argentino Luciano Benjamín Menéndez. El Tribunal Oral Federal 1 de Córdoba arrancó por él el histórico fallo del megajuicio contra 43 acusados de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura en centros clandestinos de detención de Córdoba, entre ellos La Perla, el mayor del interior de Argentina. Entre muchos otros delitos, Menéndez fue hallado culpable por unanimidad de la apropiación del nieto de Torres, nacido en cautiverio el 14 de junio de 1976 y al que su abuela busca sin descanso desde hace 40 años. También fue condenado a cadena perpetua el jefe de torturadores de La Perla, Ernesto Nabo Barreiro, y otros 26 exaltos cargos militares por delitos perpetrados entre 1975 y 1978 contra 716 víctimas. Se trata del juicio más grande de la historia de Córdoba, que se ha prolongado durante 3 años y ocho meses.


Menéndez, de 89 años, es el represor más condenado desde que comenzaron los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura (1976-1983). El exjefe del Tercer Cuerpo del Ejército y responsable militar de la región de Córdoba -situada en el centro del país- acumula en total 14 fallos en contra, de los cuales 12 son a cadena perpetua. Seis imputados fueron absueltos, mientras que los restantes recibieron penas de entre 2 y 14 años de prisión.
Miles de personas se acercaron hasta las puertas del juzgado para ser testigos de este veredicto histórico, como mostraban numerosas imágenes y vídeos difundidos a través de las redes sociales. En días previos, la Universidad Nacional de Córdoba emitió seis vídeos con testimonios de familiares de víctimas en los que animaban a los alumnos a concurrir al tribunal. En su interior, decenas de familiares de víctimas y referentes de derechos humanos escucharon en silencio la lectura del veredicto, que se alargó durante más de una hora, mientras sostenían en las manos imágenes de los desaparecidos.


Una de las fotografías era la de Silvina Parodi, la hija de Torres, titular de Abuelas de Plaza de Mayo en Córdoba. Silvina estaba embarazada de seis meses y medio cuando la secuestraron junto a su pareja, Daniel Orozco, el 26 de marzo de 1976, solo dos días después del golpe de Estado. Los dos están desaparecidos. Menéndez fue hallado hoy culpable por primera vez del robo de bebés, un delito por el que fueron condenados previamente también los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, como máximos responsables de un plan sistemático. Las Abuelas de Plaza de Mayo estiman que unos 500 bebés fueron separados de sus padres al poco de nacer y entregados a familias cercanas al régimen militar bajo una falsa identidad. Fruto de una búsqueda muy activa, 120 han sido recuperados.


A lo largo de las 352 audiencias celebradas en estos años pasaron frente al tribunal casi 600 testigos, entre ellos varios supervivientes de La Perla. "Padecimos simulacros de fusilamiento, requisas con cuotas de vejación y manoseo, avasallamiento a nuestra intimidad, constantes golpizas y tormentos", relató en 2013 Liliana Deutsch a los jueces. Tenía 18 años cuando fue secuestrada y enviada a La Perla junto a sus padres y sus dos hermanas. Todo el grupo familiar sobrevivió al terror.


También logró salir con vida de La Perla Gustavo Contepomi, quien recordó durante siete horas los tormentos infligidos a él y a sus compañeros. "En 1976, en La Perla estábamos en peligro de muerte permanente. Padecíamos los gritos de los torturados y la presencia permanente del pozo... En la medida en que La Perla se llenaba, también se vaciaba. Nos pasó que de pronto algunos ya ni teníamos miedo al pozo sino a las nuevas posibles torturas, al dolor", dijo a los jueces Contepomi a través de una videoconferencia desde Barcelona, donde reside. Este superviviente recordó en 2013 cómo vio morir a varias personas, entre ellas "a una joven a la que llamaban Pampita" y con la que se ensañaron salvajemente: "no sólo la picanearon y la golpearon por todo el cuerpo sino que la ataron a un auto y la arrastraron por los caminos".
Identificación de restos óseos


De las 716 víctimas, 279 siguen desaparecidas y solo se han recuperado los restos de 71. Entre los identificados están cuatro estudiantes de Medicina y militantes de la Federación Universitaria Peronista que fueron secuestrados en un parque en 1975, antes de la dictadura. Se trata de Lila Rosa Gómez Granja, Ricardo Saibene, Alfredo Felipe Sinópoli Gritti y Luis Agustín Santillán Zevi. Sus restos fueron hallados en los Hornos de La Ochoa, la estancia donde Menéndez pasaba sus fines de semana, e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en 2014, en medio del juicio.


Los cuatro nombres formaban parte también de una lista con el nombre de 18 desaparecidos y el supuesto lugar donde podían ser encontrados que Barreiro entregó al tribunal en diciembre de 2014. El exmayor ha sido uno de los pocos que han roto el silencio mantenido por los principales altos cargos militares sobre el terrorismo de Estado. En sus últimas palabras, tanto Barreiro como Menéndez negaron las acusaciones y se mostraron provocadores. Al término de la sentencia, que fue difundida en streaming por el Centro de Información Judicial (CIJ), la calle explotó en aplausos y gritos de "asesinos" dirigidos contra los condenados.

 

Buenos Aires 25 AGO 2016 - 14:02 COT

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Lunes, 16 Noviembre 2015 06:32

"Debe haber rendición de cuentas"

"Debe haber rendición de cuentas"

Watt, abogado de la ACLU (organización pro libertades civiles), demandó a Mitchell y Jessen, quienes vendieron un programa de torturas a la agencia de inteligencia norteamericana. Se aplicó en cárceles de Irak y Afganistán entre 2002 y 2005.

 


Steven Watt, abogado de derechos humanos estadounidense, demandó hace pocos días en una Corte Federal de Washington a los dos psicólogos que manejaron el programa de torturas de la CIA. Los psicólogos se llaman James Mitchell y Bruce Jessen.
Se trata de una llamativa novedad, porque hasta ahora sólo un puñado de soldados y un contratista de la CIA han sido procesados por abusos cometidos en las cárceles de Irak y Afganistán. Cada vez que se intentó llevar a juicio a los verdaderos responsables del programa de torturas, los abogados del gobierno, tanto el de George W. Bush como el de Barack Obama, invocaron "secretos de Estado" para frenar los juicios.


"Esta vez es diferente" dice Watt, abogado de la ACLU (organización pro libertades civiles) al teléfono desde Nueva York el martes pasado. "Esta vez no pueden decir que lo que salga del juicio puede dañar el interés nacional porque la información ya no es secreta: tanto el programa de Mitchell y Jessen como las torturas que recibieron mis defendidos están detallados en un informe del Senado sobre tortura que se publicó en diciembre del año pasado. Ya le hemos escrito a la fiscal general Loretta Lynch para pedirle que se abstenga de intervenir."


Antes del 11-9, los psicólogos Mitchell y Jessen trabajaban para el Ejército estadounidense en programas de resistencia a los interrogatorios de fuerzas enemigas. Según el informe del Senado, Mitchell y Jessen convirtieron el programa de supervivencia en un programa de torturas y se lo vendieron llave en mano a la CIA. Pero, claro, entre lo que hicieron en el Ejército y lo que harían en la CIA había una enorme diferencia. En el programa de supervivencia los soldados sabían perfectamente cuánto iba a durar cada ejercicio y tenían "palabras seguras" que podían invocar cuando sentían que no podían resistirlo. En cambio los prisioneros de la CIA eran torturados sin parar durante días enteros.


Peor aún, Mitchell y Jessen inventaron una teoría pseudocientífica para justificar la tortura, basándose en los experimentos en perros que un psicólogo llamado Martin Seligman había conducido en los años 60 desde la Universidad de Pennsylvania.

Picaneando perros amarrados y registrando los resultados, Seligman había desarrollado el término de "desesperanza aprendida" (learned helplessness, en inglés). Esto es, en largas sesiones de picaneo en los tobillos del animal, cuando finalmente se resigna a que no va a poder zafar de sus amarras y por más que ladre y se queje no van a dejar de picanearlo, el perro deja de resistir los shocks eléctricos y se queda quieto y agachado, en completo estado de sumisión, por más que sigue padeciendo un dolor inaguantable.


Esto es "desesperanza aprendida" y es lo que, según numerosas evidencias, Mitchell y Jessen le vendieron a la CIA. Y al menos entre el 2002 y el 2005 la aplicaron en cárceles de Irak y Afganistán, junto a torturadores entrenados por ellos, registrando resultados y sacando conclusiones bajo el disfraz del guardapolvo blanco, en al menos 119 víctimas.


Desde el gobierno nadie opuso reparos. Al contrario. Sobre los escombros humeantes de las Torres Gemelas el entonces presidente estadounidense George W. Bush había prometido: "Vamos a quemar sus madrigueras, los vamos a hacerlos correr, y después los traeremos a enfrentar la Justicia" y al poco tiempo autorizaba y ponía en funcionamiento un programa de torturas, secuestros, traslados secretos a terceros países y detenciones prolongadas sin derecho a la defensa que se aplicó a ¿decenas?, ¿cientos?, de sospechosos de ser terroristas. Algunos de esos sospechosos serían eventualmente liberados tras demostrar que no tenían nada que ver, otros terminarían muertos en la sala de tormentos sin haber podido defenderse y todos, terroristas o no, sufrirían de por vida los efectos de pasarse semanas enteras atados, desnudos y muertos de frío, en celdas oscuras y vacías, sin poder dormir por la música a todo volumen, con golpizas y submarinos y manguerazos y asfixias con bolsas de plástico durante horas sin parar y humillaciones diarias con perros y excrementos y páginas del Corán. Todo bajo la atenta supervisión, a veces en persona, de los dos psicólogos, que por entonces se habían retirado del Ejército para abrir la consultora Mitchell, Jessen & Associates, una academia de tortura que lleva facturados al menos 8,1 millones de dólares del gobierno estadounidense.


Sin embargo, más allá del palabrerío pseudocientífico con el que Mitchell y Jessen llenaban su informes, el informe de Senado concluyó lo ya se sabía en cualquier ámbito científico y académico medianamente serio. Esto es, que la tortura no sirve para obtener información porque el torturado va a decir cualquier cosa con tal de que dejen de torturarlo. En el caso puntual de los los psicólogos Mitchell y Jessen, el informe afirma que no aportaron ninguna información valiosa.


Claro que Mitchell y Jessen no son los únicos responsables de haber degradado la condición humana y averiado la autoridad moral de Estados Unidos. Numerosos documentos muestran que la CIA quería torturar y por eso aceptó rápidamente la propuesta de los psicólogos. Y que el entonces presidente Bush autorizó el programa, que el vice Dick Cheney
y la asesora de Seguridad Nacional Condoleeza Rice, entre otros, alentaron y apoyaron la práctica. Albert Gonzalez, John Yoo y Jay Bybee, entre otros, defendieron la legalidad del programa desde el Departamento de Justicia, llegando a redefinir el concepto de "tortura", muy cerca de la idea de "daño permanente", de manera tal de que prácticamente haría falta mutilar o enloquecer a una persona para que se la considere torturada.


Sin embargo, aunque el actual presidente estadounidense Barack Obama ordenó el cese del programa de torturas ni bien asumió, en el 2008, y reconoció que "torturamos a algunas personas" cuando se conoció el informe del Senado, su gobierno ha protegido a los torturadores materiales e intelectuales, a tal punto que al conocerse el informe Obama acompañó su reconocimiento de la tortura con una peligrosa justificación: "Entiendo por qué sucedió. Es importante que miremos atrás y recordemos lo asustada que estaba la gente. No se sabía si más ataques eran inminentes. Y había una enorme presión sobre nuestras fuerzas de seguridad y sistema judicial para enfrentar la amenaza".


Watt, el abogado, y equipo, representan a tres víctimas: el keniata Suleimán Abdullah Salim, que hoy vive en Tanzania; el libio Mohamed Ahmed Ben Soud, que hoy vive en su país, y la familia del afgano Gul Rahman, muerto por hipotermia en una cárcel de su país mientras era torturado. Acusaron a los psiquiatras no sólo de torturas sino también de experimentación humana sin la autorización de las personas utilizadas en el experimento.


"Nunca le pidieron perdón. Nunca ofrecieron una reparación. A la familia de Rahman ni siquiera le dieron la confirmación oficial de su muerte. Hago esto porque llegué a conocerlos y hablé mucho con ellos y pude ver lo que sufrieron y cómo no pueden avanzar con sus vidas si no pueden darle un cierre a su terrible experiencia –dice Watt–. Pero también lo hago por nosotros, por nuestro país. Como sociedad no podemos avanzar si no asumimos la responsabilidad de nuestros actos."


Para Watt, la postura de Obama de reconocer los crímenes mientras protege a sus autores raya en la hipocresía. "Me parece absurdo lo que hace Obama. Con la transparencia no alcanza. Si hay reconocimiento debe haber rendición de cuentas."
¿Y cómo se puede saber si la CIA dejó de torturar, como le ordenó Obama, cuando todavía no reconoció que al menos lo venía haciendo hasta hace poco? se le pregunta. "Precisamente, no podemos estar seguros. De hecho la cárcel de Guantánamo sigue abierta y la encarcelación ilegal es una forma de tortura."


Watt dice que es importante la atención internacional al tema, sobre todo de países latinoamericanos que han sufrido el terrorismo de Estado. "Quisiera que aprendamos la lección de Chile y Argentina. Ningún país donde hubo secuestro, torturas y desapariciones forzadas puede avanzar sin no se hace una verdadera rendición de cuentas."


Reconoce que los psicólogos son peces relativamente pequeños en el estanque de los culpables de torturar, pero dice que hay otras acciones legales en marcha y que todo forma parte de una estrategia legal, y por qué no, mediática, para alcanzar una rendición de cuentas exhaustiva.


"Esta vez es diferente", se esperanza Watt, nuevamente, antes de colgar.


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