Martes, 12 Noviembre 2019 06:29

La revolución de Silvia Federici

La revolución de Silvia Federici

Sobre los planteamientos de la feminista anticapitalista Silvia Federici

En estos años convulsionados de los feminismos en América Latina, las palabras de Silvia Federici resuenan en talleres y asambleas. Se han hilado con murales y cantos creados en calles desbordadas: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar” se teje con su investigación sobre la caza de brujas. “No es amor, es trabajo no pago” es una de las consignas en los paros internacionales del 8 de marzo.

La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común, (1) publicado este año en Montevideo, reúne una serie de artículos que Federici escribió en la primera década del siglo XXI. Si su libro Calibán y la bruja nos permite una mirada larga sobre las luchas de las mujeres en la “transición” del feudalismo al capitalismo, ubicando la caza de brujas de los siglos XVI y XVII como suceso fundante y política de guerra contra ellas y las comunidades, esta compilación propone una lectura feminista sobre los problemas y los desafíos actuales para pensar la transformación desde la reproducción social.  

Feminista comunera  

En un artículo sobre la obra de Federici, Raquel Gutiérrez (2) la define como feminista comunera, poniendo de relieve una forma particular de entender las prácticas feministas. Federici comprende el feminismo como la lucha contra la opresión y la explotación desde la reproducción de la vida y los esfuerzos por “producir lo común”, concepto que refiere a las relaciones de cooperación que colocan la vida en el centro y no están plenamente subordinadas a las lógicas dominantes. 

Su pensamiento desordena las formas canónicas de comprender la transformación social, da pistas para recrear nuestros puntos de partida y nuestros anhelos. No se trata de una perspectiva abstracta, deslocalizada y descarnada que se desentiende de los procesos de lucha concretos; por el contrario, piensa desde las luchas.  

Sus indagaciones sobre el trabajo doméstico –históricamente invisibilizado y considerado no trabajo– habilitaron una comprensión más amplia sobre la noción misma de trabajo y los rasgos de la división sexual del trabajo. Asimismo, permitieron comprender que el mundo reproductivo es clave en el sostenimiento de la esfera productiva, ya que allí se (re)produce la fuerza de trabajo. 

Por lo tanto, Federici plantea que “el reconocimiento del trabajo doméstico ha posibilitado la comprensión de que el capitalismo se sustenta en la producción de un tipo determinado de trabajadores –y, en consecuencia, de un determinado modelo de familia, sexualidad y procreación–, lo que ha conducido a redefinir la esfera privada como una esfera de relaciones de producción y como terreno para las luchas anticapitalistas”. 

La reproducción social, tema central de La revolución feminista inacabada, refiere a “los múltiples espacios donde se producen y reproducen los alimentos, donde se cuida, se capta y se usa el agua, donde se genera y gestiona la vida cotidiana, se crían las nuevas generaciones y se dota de sentido a la existencia”.  

El debate sobre el trabajo reproductivo y su invisibilización es una de las críticas feministas centrales al pensamiento de Marx. Esta crítica es retomada en el libro. A partir del mundo reproductivo, la autora hace una lectura de la crisis actual de la reproducción social en la economía global y los desafíos que se abren para la lucha feminista en este escenario. Se plantea, entonces, un importante desplazamiento desde la producción de bienes y mercancías hasta la reproducción de la vida como centro, revolucionando así el modo de entender la transformación. 

No obstante, este desplazamiento no se desentiende de las viejas preguntas acerca de qué cambios sociales precisamos: las reordena a partir de otro punto de partida, en el que la pregunta fundamental es cómo nos reapropiamos y recreamos las condiciones para la reproducción de la vida. Esto conlleva un segundo desplazamiento, que es desbordar el binomio Estado ‑ mercado para visibilizar otro terreno: las relaciones sociales de cooperación o prácticas de producción de común. 

Federici insiste en que no hay común sin comunidad y recuerda que nadie está dispuesto a luchar sin una comunidad que le dé sustento. En su pensamiento lo común no se reduce a los bienes comunes, sino que se piensa como relaciones sociales de cooperación que se heredan o recrean, y nos permiten sostener la vida y desplegar luchas: “Lo que necesitamos es un resurgimiento y un nuevo impulso de las luchas colectivas sobre la reproducción, reclamar el control sobre las condiciones materiales de nuestra reproducción y crear nuevas formas de cooperación que escapen a la lógica del capital y del mercado. Esto no es una utopía, sino que se trata de un proceso ya en marcha en muchas partes del planeta y con posibilidades de expandirse”.  

Una revolución inacabada  

El libro se interesa también por las formas de resistencia de las mujeres y por cómo las luchas feministas hacen frente al despojo producido por la globalización. Federici recuerda que las mujeres protagonizan la resistencia ante el ataque sistemático a las condiciones materiales de la reproducción social. Por eso la globalización es, en esencia, una guerra contra ellas. 

La autora invita a hacer una lectura política de este proceso, como respuesta al ciclo de luchas que en los sesenta y los setenta cuestionó tanto la división internacional como la división sexual del trabajo, lo que causó una crisis histórica para la ganancia del capital y dio lugar a una revolución social y cultural. Las mujeres protagonizaron ese tiempo de revueltas, por lo que “no es accidental que todos los programas relacionados con la globalización hayan hecho de las mujeres su blanco principal”. 

El ajuste estructural ha destruido la subsistencia de las mujeres, que han sido desplazadas de la agricultura, el empleo público, los servicios sociales, al tiempo que han sido empujadas a trabajos esclavizantes y han pagado con su salud la mínima autonomía que logran conseguir al acceder a un salario. De este modo, los planes de ajuste recaen sobre las mismas mujeres que luego las políticas de las agencias internacionales y estatales pretenden salvar, colocándolas previamente en el lugar de víctimas, lo que posibilita la posterior cooptación política a través de programas en clave capitalista.  

A partir de este diagnóstico, Federici hace una lectura crítica de las expresiones del feminismo liberal que optan por la estrategia de la participación política y la incursión en las instituciones. Sostiene que la globalización es especialmente catastrófica para las mujeres, no porque sea dirigida por agencias con predominio masculino, sino por sus propios objetivos. 

Advierte que los intentos de mejorar la condición de las mujeres incorporando en los organismos una “perspectiva de género” tienen además un “efecto mistificador, al permitir a estas agencias cooptar las luchas que realizan las mujeres contra la agenda neoliberal”. Por lo tanto, es necesario luchar contra la globalización capitalista y las agencias y los organismos internacionales que la impulsan. 

Federici no se opone a exigir políticas de resarcimiento en lo inmediato, pero afirma que en el largo plazo las feministas tenemos que reconocer que no podemos esperar ninguna mejora sustantiva de nuestras condiciones de vida proveniente del capitalismo. Recuerda que “si la destrucción de nuestros medios de subsistencia es indispensable para la sobrevivencia de relaciones capitalistas, este debe ser nuestro terreno de lucha”, y agrega que “la liberación de las mujeres requiere de condiciones materiales específicas, empezando con el control sobre los medios básicos de producción y subsistencia”.  

En el libro se abordan desafíos y problemas políticos que dialogan e iluminan nuestras prácticas de hoy. Pensar lo común como alternativa al binomio Estado ‑ mercado abre un horizonte de deseo nuevo, distinto para nuestras luchas. Nos invita a disponer de nuestra energía no sólo en la demanda, sino en la construcción aquí y ahora de esos otros mundos con los que soñamos. Ubicar la reproducción de la vida en el centro nos permite ver que nuestra capacidad de crear y cuidar es lo que sostiene el mundo, y si podemos sostenerlo, podemos transformarlo.

 

Notas

(1) Silvia Federici (2019). La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común. Montevideo: Minervas Ediciones

(2) Mexicana. Matemática, filósofa y socióloga. Fue parte del levantamiento popular ‑ comunitario conocido como “guerra del agua”, que aconteció en Cochabamba en 2000. 

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Domingo, 10 Noviembre 2019 05:54

Migraciones globales

Migraciones globales

A pesar de las distancias y los diferentes contextos, los procesos migratorios muestran regularidades sorprendentes. Los de carácter explosivo suelen ser detonados en situaciones de guerra o crisis política, como sería el caso de Siria en Medio Oriente y Venezuela en Sudamérica. Millones de personas huyen en periodos muy cortos de tiempo; escapan de una crisis y suelen generar otra en la nación de destino.

En Alemania, por ejemplo, los migrantes sirios y de otros países superaron el millón de personas y pusieron en problemas al gobierno de Angela Merkel. En nuestra región el éxodo hondureño desbarató los controles migratorios de Estados Unidos y puso en peligro la relección de Donald Trump y de rebote en jaque al gobierno de México, que ingenuamente había abierto sus puertas a los migrantes centroamericanos. El año pasado transitaron por el país cerca de un millón de migrantes y 800 mil fueron capturados por la migra. Y lo peor de todo es que los están regresando a México y no a sus naciones de origen, por un mal acuerdo llamado de "protección" a migrantes por supuestas razones humanitarias.

En Colombia también se abrieron las puertas a los venezolanos que huían del caos generado por Maduro. La derecha colombiana, creía que esa medida ayudaría a derrocarlo, pero ha resultado lo contrario, tuvieron que acoger a un millón y medio de migrantes y dar paso a otros 2 millones que se desperdigaron por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Para Maduro cada emigrante es un opositor que se va y una boca menos que alimentar. Son varios millones menos de perniles que tendrá que entregar para que su pueblo festeje la Navidad.

Hace cinco años, Colombia tenía 140 mil extranjeros y de ese año para acá la población foránea se ha multiplicado por 10 y no hay visos de que se arregle el asunto en Venezuela y menos aún de que los migrantes quieran regresar.

En Perú, el defenestrado presidente Pedro Pablo Kuczynski convocó a los gobiernos opositores de Maduro y lideró al Grupo de Lima, consecuentemente abrió las puertas a los venezolanos, ofreció refugio y llegaron 800 mil en menos de tres años.

Pobreza, conflictos, violencia, dictadores y gobiernos fracasados hay en todos los rincones del planeta y a estos factores se les ha llamado de expulsión. Pero también hay otros de atracción, ya lo decía Ravensteim en 1889 en su ensayo sobre Leyes de las migraciones, al referirse a las "luces de la ciudad" que atraen a los migrantes. Todos tienen derecho a buscar la luz y salir de la oscuridad, pero no todos pueden acceder a ella.

En Cuba, la mayoría quisiera vivir en la Habana, allí están los dólares de los turistas, pero no todos tienen derecho a residir en la capital del país, porque las viviendas que controla el Estado no alcanzan para todos, y prácticamente no hay mercado inmobiliario.

En China, los campesinos tampoco pueden ir a vivir a las ciudades, la escasez de vivienda y otros controles limitan el acceso. Son casos excepcionales, pero reales; hay derecho de tránsito, pero no de acceso a la vivienda.

Al derecho de tránsito, consagrado por la mayoría de constituciones nacionales, no le corresponde un derecho paralelo de ingreso a otro país. Ese derecho lo otorga la nación de destino a los que cumplen ciertos requisitos. Y las excepciones corresponden al derecho de asilo, por persecución política o refugio porque la preservación de la vida en el país de origen está amenazada o por tener una condición de apátrida. En términos generales, estás convenciones forman parte de un acuerdo social compartido por muchos países.

Al mismo tiempo, el sistema de Estado-nación, en el que estamos inmersos y del cual no podemos escapar, u obviar, limita a los ciudadanos buscar oportunidades o mejores condiciones en otras naciones. Limitaciones que son menores para los ciudadanos de países centrales y son muy grandes en los de la periferia. En otras palabras, las disparidades entre naciones ricas o pobres, países del norte o del sur.

Donde no hay acuerdos formales entre naciones es sobre la migración en tránsito. Por lo general los países dejan pasar a los migrantes y se hacen de la vista gorda porque su ingreso fue irregular. El problema radica en la "última" nación de tránsito, como sería el caso de México, donde la presión se concentra en la frontera norte y en la relación con Estados Unidos que viene a ser el país de destino al que todos quieren llegar. Por eso Washington presiona para que México acepte la condición de tercer país seguro.

En el siglo XXI se puede caracterizar por la presión migratoria contenida a escala global por los controles y limitaciones que imponen los estados-nación. Los migrantes, por su parte, no sólo exigen sus derechos, sino que tienen un potencial disruptivo que pone en cuestión al Estado-nación al que quieren llegar.

Es el caso de los cientos de migrantes africanos y extracontinentales confinados en Tapachula, Chiapas, o los miles que esperan en Pas de Calais, en Francia y otros campamentos. Unos quieren llegar a Estados Unidos y otros al Reino Unido. Pero permanecen en un limbo legal. No quieren quedarse ni en México, ni en Francia, pero no pueden entrar a Estados Unidos o a Inglaterra.

Un problema que no tiene fácil solución.

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Aprueban en Brasil reforma jubilatoria que quería Bolsonaro

Brasilia. La reforma de las jubilaciones en Brasil, la primera de las medidas prometidas por el presidente Jair Bolsonaro a los mercados para sanear la economía, fue aprobada de manera definitiva este martes por el Congreso tras el voto mayoritario en el Senado.

Los senadores discutieron por la noche las últimas enmiendas, tras las cuales la nueva norma estará pronta para su promulgación por el parlamento.

La reforma fue aprobada por 60 votos a favor y 19 en contra en la cámara alta. Para ser validada, se requería el apoyo de 49 de los 81 senadores (tres quintos de los escaños) por tratarse de una reforma constitucional.

La propuesta, aprobada previamente con masivo apoyo en la Cámara de Diputados, prevé un ahorro de unos 800 mil millones de reales (200 mil millones de dólares) en 10 años, para ayudar a sanear las cuentas de una economía letárgica.

La cifra es inferior a los 1.2 billones de reales propuestos inicialmente por el ministro de Economía, Paulo Guedes, debido a recortes realizados en la primera votación de los diputados.

"El Parlamento brasileño muestra hoy madurez política (...). Muestra el compromiso del Congreso Nacional con la agenda del país", dijo el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, antes de proclamar el resultado.

El avance de la reforma alentó a la Bolsa de Sao Paulo. El índice Ibovespa marcó este martes un segundo récord consecutivo, cerrando a 107.381 puntos (+1,28%), impulsada, entre otros factores, por la expectativa en torno a la aprobación considerada inminente.

La reforma de jubilaciones era la principal promesa económica del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, electo en octubre de 2018 con el beneplácito del mercado.

La aprobación se dio pese a las fuertes tensiones de los últimos días entre Bolsonaro y los miembros de su propio partido.

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El gobierno tiene en agenda otras reformas, como las del sistema tributario, para tratar de alentar a una economía que sufrió dos años de recesión y ya casi tres de endeble crecimiento.

Edad mínima

El texto establece una edad mínima de retiro de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres en Brasil, uno de los pocos países que no exigía una edad mínima para jubilarse.

Para los trabajadores rurales, los profesores y algunas categorías de policías, la edad mínima fluctúa entre los 55 y 60 años.

El tiempo mínimo de contribución para recibir una pensión parcial será de 15 y 20 años para trabajadores privados, y de 25 años para los funcionarios públicos, tanto hombres como mujeres. Para recibir el beneficio completo, los hombres deberán trabajar 40 años y las mujeres 35.

Los defensores de la reforma insisten en que el sistema actual es una bomba de tiempo debido a la evolución demográfica del país. En 2018, un 9.2 por ciento de los 208.5 millones de brasileños tenía más de 65 años. En 2060, serán 25.5 por ciento.

Pero sus críticos resaltan que elevar el número de años de contribuciones privará de pensiones completas a millones de personas, en un país donde un cuarto de los trabajadores del sector privado son informales y millones de otros pertenecen al sector de emprendedores que prolifera con la tercerización de los empleos.

Esta reforma de las jubilaciones "aumentará la contribución de los trabajadores y disminuirá, en consecuencia, su renta a largo plazo", afirmó el economista independiente Felipe Queiroz.

Afp | martes, 22 oct 2019 18:58 

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Lunes, 14 Octubre 2019 06:44

Pan, ira y rosas

 Trabajadores de General Motors, que están a punto de cumplir un mes en huelga, se manifestaron ayer cerca de la planta de Flint, Michigan.Foto Afp

Unos 50 mil trabajadores de General Motors (GM) están por cumplir un mes en huelga, la acción laboral del sector privado más grande de la última década (que afecta, por las cadenas de producción integradas, a miles de trabajadores más en México y Canadá) en una disputa que es, en esencia, una confrontación con la ofensiva neoliberal de las ultimas tres décadas que ha creado la mayor concentración de riqueza en casi un siglo y ha atacado a los derechos laborales y sociales de los estadunidenses.

Esta huelga es clave para el futuro del movimiento laboral en este país, y no sólo el sindical, sino en todas sus expresiones organizadas. Es una huelga, afirma un dirigente, para "alzarnos por esos derechos fundamentales de la gente de la clase trabajadora en este país".

Pero no es la primera en tiempos recientes, sino que se nutre de una ola de acciones laborales llevadas a cabo por maestros, trabajadores de hoteles y supermercados, del sector salud, transporte, comunicaciones y más. De hecho, más trabajadores –aproximadamente 485 mil 200, según cifras oficiales– participaron en huelgas y otras acciones que suspendieron jornadas laborales a lo largo de 2018, la cifra más alta desde 1986.

Algunos señalan que la vanguardia de esta ola de rebeliones laborales fue el magisterio, empezando con la gran huelga de maestros de Chicago en 2012 que triunfó al proyectarse como parte de un movimiento social más amplio que sólo el sindical contra las medidas de austeridad neoliberales.

El tsunami de huelgas por cientos de miles de maestros en siete estados durante 2018 sacudió las cúpulas estatales y federales triunfando en varias de sus demandas, incluida la principal: revertir las políticas de austeridad y privatización de las escuelas públicas. Este año, junto con GM, maestros realizaron huelgas en Los Ángeles y Denver, y está por estallar otra huelga masiva en el sector salud.

La resurrección de la acción colectiva laboral reciente fue nutrida por una serie de movimientos sociales –incluyendo Ocupa Wall Street y el Movement for Black Lives– que ofrecieron ejemplos del uso de nuevas herramientas de comunicación y organización, pero también se rescató la memoria histórica de que la acción sindical es parte, y depende, de la organización comunitaria y social.

Pero un canal que alentó este renovado movimiento laboral y su interacción con otros fue la campaña presidencial del socialista democrático Bernie Sanders, en 2016, y de nuevo ahora, en el que diversos organizadores –sobre todo los jóvenes– se encontraron, se capacitaron entre sí y promovieron nuevas alianzas. Sanders estuvo en Detroit hace un par de semanas, donde su sumó a los piquetes frente a una planta de GM en el que no sólo se expresó la solidaridad, sino vinculó esta huelga con la lucha por la justicia social en general.

Jane McAlevey, organizadora sindical, historiadora y estratega, señala que "la gente trabajadora está encabronada" ante las injusticias y los efectos de las políticas neoliberales y que la ola de huelgas tiene que ver con el efecto contagioso de los triunfos logrados, sobre todo al recuperar lo que llama el arma histórica más poderosa de los trabajadores que se había dejado de usar: la huelga.

Al mismo tiempo, trabajadores en los sectores de punta como los de Google, Uber y otros de la "alta tecnología" están elaborando estrategias para organizar su sector, basadas en un modelo de hace más de un siglo impulsado por el gran movimiento anarcosindical del Industrial Workers or the World (IWW) con lo que se llamaba "sindicalismo solidario", encabezado por trabajadores, y no administradores sindicales. Por otro lado, se están explorando alianzas entre el movimiento laboral y el ambiental en torno al tema del cambio climático y, como ha sido a lo largo de la historia de los trabajadores en Estados Unidos, los inmigrantes son la vanguardia en varios sectores.

Tal vez todo esto es un renacimiento de la lucha antigua por la dignidad colectiva ante el robo del futuro por unos cuantos, y un nuevo coro exigiendo, una vez más, no sólo el pan que todos merecen, sino rosas también.

https://www.youtube.com/ watch?v=LWkVcaAGCi0

https://open.spotify.com/track/ 1zBpuHWodpDufPON9nnxLY?si= mWZvTc2TRNSaa3OLHcM8LA

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Los manifestantes se concentran en una carretera de Bagdad para protestar contra la corrupción del Gobierno iraquí. (REUTERS/Alaa al-Marjani)

El martes se iniciaron protestas masivas y violentas en distintas ciudades de Irak contra la corrupción y el desempleo reinantes en el país. Los manifestantes son jóvenes en su mayoría, muchos menores de 20 años, que están condenados a una existencia pobre y gris. Los jóvenes, frustrados, solamente han conocido guerra y sanciones y aspiran vivir una vida mejor, algo que no parece que vaya a ser posible a corto y medio plazo.

 

Las calles de un gran número de ciudades iraquíes han visto esta semana protestas masivas y violentas principalmente de jóvenes, muchos de ellos menores de 20 años, en la incidencia más grave que tiene lugar en el país desde que se acabó con la insurrección del Estado Islámico en 2017. El número de muertos desde el martes se cuenta por decenas y el de heridos por centenas.
Las causas de este levantamiento espontáneo son variadas e incluyen desde la exigencia de que mejoren los servicios públicos de electricidad y agua al malestar creciente de los desempleados que no ven que ningún futuro, jóvenes que no han conocido más que el caos reinante en Irak desde que Estados Unidos invadió el país en 2003 y que en algunos casos dicen que echan de menos a Saddam Hussein y exigen la “caída del régimen”.

Como los jóvenes de todo el mundo, los iraquíes exigen soluciones rápidas para unos problemas estructurales, incluido el de la corrupción masiva, que son endémicos y no pueden resolverse de la noche a la mañana. El primer ministro chií Adel Abdul Mahdi, en el poder desde el año pasado, les ha advertido a través de un mensaje televisado que no existen “soluciones mágicas”. Es evidente que esos problemas continuarán indefinidamente con independencia de lo que suceda con las protestas.

Para disolver las protestas, la policía ha usado agua a presión, gases lacrimógenos, balas de goma y hasta fuego real, lo que explica el elevado número de bajas. Algunos manifestantes también han usado fuego real contra las fuerzas de seguridad. Además, el gobierno ha provocado un bloqueo casi total de las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, a través de las cuales los jóvenes se coordinan y donde cuelgan imágenes y mensajes que incitan a la población a participar en los caóticos disturbios. En algunos lugares como Bagdad se ha decretado el toque de queda.

La máxima autoridad religiosa chií, el gran ayatolá Ali Sistani, ha instado a las fuerzas de seguridad y a los manifestantes a que no usen la violencia, y ha criticado a los políticos por no haber sido capaces de emprender una lucha eficaz contra la corrupción que invade a casi todas las esferas del gobierno y de las administraciones periféricas. Sistani ha exigido al ejecutivo que adopte medidas de choque contra la corrupción “antes de que sea demasiado tarde”.

 “Los diputados son quienes tienen más responsabilidad en lo que está ocurriendo”, dijo Sistani en un sermón leído el viernes por uno de sus asistentes en una mezquita de Karbala. “El gobierno debe hacer lo posible para mejorar los servicios públicos, encontrar trabajo para los desempleados, acabar con el clientelismo, lidiar con la corrupción y enviar a prisión a los que estén implicados", añadió el gran ayatolá.

Algunos han querido ver en las protestas una variante de las primaveras árabes de 2011 que llega con retraso. Y en parte esta explicación tiene algo de acertado, especialmente en lo tocante a la corrupción y a la ausencia de expectativas, pero los iraquíes acuden regularmente a las urnas para elegir democráticamente a sus representantes. El país está sumido en un caos más grave que el de algunos otros países árabes donde se iniciaron las revueltas de 2011.

La situación de la "democracia" iraquí también puede interpretarse como la quiebra de unas instituciones que pretenden imitar las instituciones liberales occidentales cuando en Irak, como en otros países árabes, no se dan las circunstancias mínimas para que esas instituciones funcionen de una manera eficiente siguiendo el modelo occidental.

María Hurtado, portavoz de la Oficina de Derechos de la ONU, exigió al gobierno y a los manifestantes que se expresen libremente en el marco de protestas pacíficas. "Estamos preocupados por las informaciones en el sentido de que las fuerzas de seguridad han usado munición real y balas de caucho en algunas zonas, y también han disparado gases lacrimógenos directamente contra los manifestantes", dijo Hurtado.

Según la portavoz, las armas de fuego no deberían usarse nunca, "excepto como último recurso de protección ante una amenaza inminente de muerte o de lesiones graves". "Todos los incidentes en los que las acciones de las fuerzas de seguridad han implicado muertes o heridos deberían investigarse rápida, transparente e independientemente".

Un tema relacionado con la corrupción que figura entre los motivos de las protestas es la reciente destitución del general chií Abdulwahab al Saadi, responsable de la unidad antiterrorista, un personaje muy popular en todo Irak, y no solo entre los chiíes, puesto que muchos lo ven como alguien no sectario y que no se ha manchado con la corrupción generalizada.

Las primeras protestas contra la destitución de al Saadi ocurrieron en Mosul, una localidad de mayoría suní. Los suníes aprecian al general porque consideran que fue una figura clave en el aplastamiento del Estado Islámico concluido en 2017. En Mosul también hay un notable resentimiento contra el gobierno de Bagdad porque prácticamente no se ha hecho nada para reconstruir la ciudad devastada por la guerra.

Irak tiene una población de 40 millones de habitantes. Tras décadas de guerras y sanciones ha echado a perder sus infraestructuras, muchas ciudades están arruinadas y las oportunidades de empleo son completamente insuficientes si se las compara con el crecimiento de la población. La producción de petróleo ha aumentado pero no basta para hacer frente a las necesidades del país.

JERUSALÉN

07/10/2019 07:32 Actualizado: 07/10/2019 07:32

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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El paro en EE UU baja al mínimo en 50 años pese a moderarse el empleo

El mercado laboral estadounidense registró en septiembre 136.000 nuevos ocupados, ritmo suficiente para aliviar el temor de la recesión

 

La creación de empleo en Estados Unidos se moderó en septiembre, a un ritmo de 136.000 ocupados. Era lo esperado aunque lo hace a un ritmo más pronunciado que el consenso de mercado. El dato certifica, en todo caso que la economía crece lo suficiente para evitar la recesión. La sorpresa llegó del lado del lado de paro, que bajó dos décimas para colocarse en el 3,5%, la tasa más baja desde diciembre de 1969.

Wall Street anticipaba 145.000 nuevos ocupados en septiembre. El indicador está sujeto a dos revisiones. La lectura de agosto se revisó al alza, a 168.000 ocupados. La de julio queda en 166.000 empleos, también ligeramente más alto. Los salarios, entre tanto, se estancaron y el incremento anual se queda en el 2,9%, frente al 3,4% que se vio hace unos meses, lo que en principio dar margen a la Reserva Federal por el lado de la inflación.

El indicador de empleo, por tanto, es mixto. El presidente Donald Trump se concentró en el detalle que más le interesa políticamente en este momento y lo utilizó para cargar contra los demócratas. “La tasa de desempleo, al 3,5%, cae al nivel más bajo en 50 años”, señala en un mensaje en las redes sociales, para después exclamar con ironía “Guau América, destituyamos a vuestro presidente (incluso si no hizo nada malo)”.

Los demócratas en la Cámara de Representante iniciaron la semana pasada una investigación por una llamada realizada por Trump al presidente de Ucrania, pidiéndole que investigara por corrupción a la familia del exvicepresidente Joe Biden y potencial adversario en las elecciones de 2020. El republicano critica en paralelo a la Fed y presiona a su presidente, Jerome Powell, para que rebaje más los tipos de interés hasta llevarlos a cerco.

La próxima reunión de la Reserva Federal está prevista para final de octubre. La expectativa es que el banco central estadounidense deje los tipos de interés intactos, tras haber realizado dos rebajas consecutivas. El precio del dinero en EE UU se mueve ahora en una banda entre el 1,75% y el 2%. El dato de empleo, sin embargo, se publica al final de una semana especialmente turbulenta en Wall Street.

Contracción en la manufactura

El indicador de actividad en el sector manufacturero volvió a contraerse en septiembre hasta el nivel más bajo en una década como reflejo de la guerra arancelaria, lo que podría ser un argumento a favor de los miembros de la Fed favorables a seguir adelante con los recortes. El del sector servicio también se moderó, pero sigue mostrando que la economía se expande gracias al impulso del consumo.

La lectura general del dato de empleo, en cualquier caso, está en una zona que alivia los temores de una recesión. El tipo del bono a 10 años subió y mueve en el 1,5%, una décima por encima al de las letras a dos años. La baja tasa de paro también es una señal optimista para el consumidor y los 157.000 ocupados de media en los tres últimos meses es suficiente para absorber a que buscan empleo de manera activa.

La moderación en la creación de empleo observada este año se atribuye en parte a la incertidumbre creada por la moderación económica global y la guerra arancelaria de EE UU con China. Pero también se explica por las dificultades que tras 11 años de expansión tienen las empresas para cubrir los puestos vacantes, porque no dan con el empleo cualificado que necesitan.

Jerome Powell repitió este viernes en un evento público que la economía está en el "lugar adecuado", aunque habla al mismo tiempo de "retos a largo plazo". El trabajo de la Fed, insiste, es sostener el crecimiento todo lo posible. La baja inflación le da margen para ser cauta aunque le resta margen para rebajar más los tipos de interés.

La mayoría de los miembros de la Fed ven posible un tercer recorte este año en el proceso de recalibrado de la estrategia monetaria. El dato de empleo no cambia muchos las cosas en ese sentido, pero la tasa de paro del 3,5% complica, sin embargo, que pueda realizarse este mes. El otro argumento que se utiliza a favor de la rebaja es la fortaleza del dólar, otro de los argumentos preferidos de ataque de Trump a Powell.

Por SANDRO POZZI

Nueva York 4 OCT 2019 - 09:44 COT

Publicado enEconomía
Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

En Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género

Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial

 

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo mainstream? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

Por Mónica Zas Marcos 

03/10/2019 - 21:38h

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Nuevo paquete económico en Ecuador: eliminación de subsidios y reforma laboral

El Gobierno ecuatoriano eliminará el subsidio a los combustibles, reducirá el impuesto de salida de divisas para materias primas, suspenderá los aranceles para maquinaria y llevará adelante reformas laborales como una manera de incentivar la economía, anunció el presidente Lenín Moreno.

El mandatario dijo que sus reformas incluyen la suspensión del subsidio de 1.300 millones de dólares a los precios del diésel y la gasolina, eliminar o reducir los aranceles para maquinaria, equipos y materia prima tanto agrícola como industrial, quitar los gravámenes a las importaciones de tecnología así como el anticipo del impuesto a la renta; además se mantendrá en 12% el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Las medidas buscan darle "una gran mano a nuestros productores, para que sean más competitivos, para que puedan exportar más", dijo Moreno, que agregó que también bajará a la mitad el impuesto de salida de divisas para materias primas, insumos y bienes de capital, así como para los automóviles de menos de 32.000 dólares.

Agregó que "le vamos a pedir que hagan un esfuerzo adicional a los que más tienen" anunciando que las empresas que perciban ingresos de más de 10 millones de dólares al año pagarán por 3 años una contribución especial; esos fondos se destinarán a la seguridad, la educación y la salud.

El Gobierno también impulsará reformas laborales que facilitarán contrataciones y el trabajo a distancia, entre otros, pero los empleadores aumentarán su aporte en un 2% mensual para las jubilaciones, explicó el presidente.

En cuanto al empleo público, Moreno dijo que los contratos ocasionales serán renovados pero con un 20% menos de remuneración, que los trabajadores aportarán mensualmente un día de su salario y se les recortarán las vacaciones a 15 días por año, desde los 30 que tenían hasta el momento.

Ecuador enfrenta problemas fiscales y de endeudamiento externo, por lo que ha buscado la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI) firmando un préstamo por 4.200 millones de dólares este año, que incluye reformas y ajustes de gasto.

Este acuerdo es parte de un esfuerzo más amplio, que incluye un apoyo financiero de más de 6.000 millones de dólares en los próximos tres años de parte de un conjunto de organismos financieros internacionales, entre los que se destacan el Banco de Desarrollo de América Latina, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

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Con 23 por ciento, los venezolanos se convierten en la primera comunidad inmigrante en Chile EFE

Carlos llevaba seis meses viviendo en Ecuador cuando decidió migrar definitivamente a Chile. El país trasandino, del que había escuchado buenas posibilidades laborales y donde reside su cuñada, fue su opción para establecerse definitivamente con su familia y dejar atrás los riesgos y dificultades que le tocó enfrentar en su país, Venezuela.

El joven treintañero, que accedió a dar su testimonio protegiendo su identidad real, salió de Quito y cruzó todo Perú hasta llegar a Tacna, una ciudad ubicada en el sur del país, a unos 50 kilómetros de la frontera chilena de Chacalluta. Lo que nunca imaginó Carlos, que viajaba con toda la documentación requerida al día, era que una vez en el confín, él y su familia quedarían retenidos allá durante varios días, a merced de los guardias custodios de la zona limítrofe.

"Nuestra intención era entrar como turistas y cambiar [la categoría migratoria] una vez en Chile, pero cuando solicitamos la visa de Turismo en la frontera nos la denegaron por falta de plata [dinero]", explica. Le pidieron que demostrara que disponía de 1.800 dólares para permanecer en Chile los 90 días que ese permiso autoriza.

"Ningún venezolano que sale del país tiene esta cantidad de dinero", afirma. Los miles de venezolanos que han llegado al país cordillerano en el último tiempo no lo han hecho cargados de ahorros. Al menos, no la mayoría. Pero Carlos y los suyos se toparon con las primeras señales del Gobierno de Sebastián Piñera para endurecer las condiciones de entrada a Chile de las personas procedentes de Venezuela.

Amontonados en la frontera

El 22 de junio, casi de forma inesperada, entró en vigor un decreto que obliga a todo ciudadano del país caribeño que desee ingresar a Chile a contar con un visado consular de Turismo estampado en un pasaporte que se debe tramitar en los consulados chilenos del exterior. El nuevo requisito abrió un melón de dificultades para los migrantes que habían iniciado su viaje meses atrás y que llegaban a la frontera de Chacalluta preparados para responder a otro tipo de burocracia.

La mayoría de los venezolanos portaban solamente su documento de identidad –un pasaporte les cuesta unos 280 dólares y no está al alcance de todos–, y muchos tampoco disponían de ahorros para vivir durante varios meses ni de un billete de salida del país, condiciones que algunos funcionarios exigían para cumplir con la solicitud.

Desechada esta primera opción, existe la posibilidad de recurrir a la Visa de Responsabilidad Democrática, un documento que creó por decreto el presidente Piñera apenas asumió su cargo en 2018 en un gesto de impugnación al Gobierno de Nicolás Maduro. El mismo día en que comenzó a exigir este visado, el mandatario chileno apuntó en una entrevista con ABC que en Venezuela "hay una crisis humanitaria, literalmente muchas personas se están muriendo de hambre por falta de alimentos o por falta de medicamentos".

El permiso facilita la entrada de los venezolanos que huyen de la situación política y social de su país con los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano chileno. El trámite, sin embargo, requiere no haber pasado más de tres meses en otro país y la presentación del certificado de antecedentes penales, que muchos de los venezolanos no llevaban consigo porque su plan inicial no pasaba por esa opción. 

Además de las nuevas exigencias de Chile, Perú también impuso días antes nuevos requisitos para la entrada de los venezolanos. Por eso, muchos que no los cumplían decidieron seguir su camino hasta Chile, sin imaginar los impedimentos que encontrarían también allí. "Quienes llegaban a Chacalluta no podían entrar y tampoco podían regresar a Perú porque el gobierno peruano había colocado una nueva visa. Eso provocó un aglutinamiento de centenares de personas en la frontera", explica Luis Zurita, dirigente de la Asociación de Venezolanos en Chile.

"Había mucha gente durmiendo en el suelo, mis hijos también tuvieron que hacerlo; la comida se nos acabó y los niños tenían mucho frío porque venían de un lugar muy caluroso y no estábamos bien preparados todavía con la ropa de abrigo", recuerda Carlos, que finalmente cruzó la frontera el 16 de julio porque un funcionario "bueno" le dejó pasar.

"Imponer estas visas aumenta la vulnerabilidad"

Según cifras entregadas por el Departamento de Extranjería y Migración, el ingreso de ciudadanos venezolanos a Chile se redujo en un 80% entre mayo y agosto, pasando de 39.000 a casi 9.000 personas. "La caída fue brutal, y por primera vez en muchos años el saldo de turistas venezolanos es negativo", declaró el director del Departamento de Extranjería y Migración, Álvaro Bellolio, al dar a conocer los datos. "Los flujos migratorios demuestran exactamente el objetivo que buscaba el Gobierno: que los ciudadanos venezolanos que quieran venir al país, sinceren sus razones y vengan ya con visa, facilitando justamente su inclusión en el país y que no entren como turistas con dificultades para obtener su información", añadió.

La situación en Chacalluta empezó a reconducirse en agosto cuando el Ejecutivo entregó salvoconductos para los venezolanos con familiares residentes en Chile y para "casos excepcionales y de especial complejidad", y limitó la entrega de visados exclusivamente al consulado de Lima. "Estuvimos en Tacna y pasamos por la frontera de Chacalluta hace dos semanas, donde ahora no hay un atochamiento [atasco] distinto de lo normal", confirma Juan Pablo Ramaciotti, director de Incidencia del Servicio Jesuita Migrante, una de las organizaciones más reconocidas en Chile por su trabajo con extranjeros.

Sin embargo, desde que se impusieron los nuevos requerimientos, varias voces han alertado sobre un eventual aumento de los ingresos por pasos no habilitados y de las redes de tráfico de personas. Según el Ministerio del Interior, en los 10 primeros días que empezó a regir el nuevo permiso, 110 personas fueron detenidas por este motivo.

"La imposición de estas visas consulares aumenta la vulnerabilidad de estas personas, sobre todo cuando necesitan migrar porque están escapando de conflictos políticos o militares o porque no tienen cómo sobrevivir en sus países", afirma Ramaciotti.

"Ordenar la casa"

El Gobierno de Sebastián Piñera se ha caracterizado por promover políticas migratorias a base de mano dura. Popularizó la expresión "ordenar la casa" para referirse a una serie de normativas y decretos que impulsó para frenar la llegada de extranjeros. Primero lo hizo con los haitianos, cuyo crecimiento en el país fue exponencial en la última década, pero que se redujo drásticamente con las nuevas obligaciones que el presidente les impuso desde 2018. Ahora les tocó a los venezolanos, después de que sus flujos de entrada se multiplicaran gracias a una serie de medidas que el mismo mandatario se encargó de implementar.

"Hace falta una solución conjunta de los distintos gobiernos de la región para hacerse cargo de la crisis humanitaria que genera la migración masiva de personas venezolanas", afirma Juan Pablo Ramaciotti. El experto apunta que Brasil y Argentina han recibido una entrada menor que Colombia, Ecuador, Perú y Chile; y que los tres últimos han levantado nuevas exigencias para facilitar la entrada de venezolanos a sus respectivos países.

"Tienen que tomar decisiones conjuntas sobre cómo distribuir ciertas cuotas proporcionales de acuerdo a nivel de población, características económicas, etc.", añade. Según él, al igual que lo que ocurre en Europa con los refugiados, "mientras no se resuelva la situación interna en Venezuela, la solución es que los países se pongan de acuerdo porque las personas no van a dejar de migrar".

27/09/2019 - 21:32h

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Miércoles, 18 Septiembre 2019 06:41

El Gulag americano

El Gulag americano

Alexander Solzhenitsyn escribió Archipiélago Gulag entre 1958 y 1970. Es una investigación literaria basada en la experiencia del escritor sobre los campos para trabajos forzados en la ex Unión Soviética. El Gulag era el acrónimo de la dirección central de administración de los campos que operó entre 1930 y 1960. El término se popularizó al publicarse el libro de Solzhenitsyn en 1973: el escritor comparó el sistema de campos con un archipiélago desparramado por todo el territorio de la ex Unión Soviética en el que cada campo era una isla de infamia y represión política.

Hace varios años el archipiélago Gulag llegó al continente americano. Más precisamente, llegó a Estados Unidos, que de todos los países del mundo es el que más reos tiene en su sistema carcelario. La población china es de mil 400 millones de personas, pero en su sistema penitenciario tiene aproximadamente 1.6 millones de personas. En cambio, Estados Unidos, con una población de 320 millones tiene en sus cárceles federales, estatales y locales más de 2.2 millones de personas. El archipiélago del Gulag original tenía en 1953 (año en que murió Stalin) 2.3 millones de presos.

Estados Unidos cuenta con cerca de 5 por ciento de la población mundial, pero es responsable de 25 por ciento de la población mundial encarcelada. Y es que el sistema carcelario en Estados Unidos tomó un giro extraordinario desde la década de los años 1970, cuando la población en prisión comenzó a crecer a un ritmo alarmante.

Pero el Gulag estadunidense tiene su propia sello, el de los negocios. Con esos números tan impresionantes de gente tras las rejas, no sorprende que el capitalismo haya visto buenas oportunidades de rentabilidad. Por eso la privatización de cárceles en Estados Unidos (que ya tenía una larga tradición) tomó gran impulso en los años 1990. Hoy cerca de 19 por ciento de los reos en ese país se ubica en prisiones administradas por una empresa privada comercial.

Las cárceles privadas son un gran negocio. A las empresas privadas administradoras de prisiones el gobierno federal otorga un subsidio de 23 mil dólares anuales por reo (el salario mínimo es de 15 mil dólares anuales). Y si las celdas están vacías, el gobierno otorga el mismo subsidio. Las tres principales empresas en el negocio de la administración de cárceles son CoreCivic, Geo Group y MTC y sus ganancias han crecido exponencialmente en los años recientes. Por ejemplo, la primera de estas dos empresas vio aumentar sus ingresos de 280 millones a más de mil 700 millones de dólares entre 2000 y 2017 (un aumento de más de 500 por ciento). La industria de las cárceles privadas percibe un ingreso estimado de 5 mil millones de dólares anuales. No sorprende entonces que esas empresas reciban generosos créditos de Wells Fargo, Bank of America, JP Morgan y US Bancorp.

Estas empresas invierten mucho dinero en cabildear en el Congreso estadunidense para que esta política de privatización no sólo no se termine, sino que siga creciendo. Aunque aquí los datos son más difíciles de obtener, una organización en Estados Unidos encontró que entre 1999-2010 CoreCivic destinó 1.4 millones de dólares para cabildeos a nivel federal. Claro que a estas empresas lo que realmente conviene es que la población encarcelada siga aumentando. Y para eso se necesitan leyes más severas, con condenas más largas para todo tipo de delitos y con esquemas de libertad bajo palabra más difíciles de alcanzar. Más reos y condenas más largas, es la receta para mayores ganancias de estas empresas privadas. Y para reducir costos en esta nueva aventura del capitalismo, lo importante es una mezcla de mala alimentación y pésimos servicios de salud. Todo condimentado con abusos de todo tipo y violencia generalizada.

La población carcelaria dice mucho sobre la sociedad estadunidense. Un ciudadano afroamericano tiene seis veces más probabilidades de ir a la cárcel que sus congéneres blancos. El racismo del sistema carcelario es un reflejo de lo que sucede en el país que tanto alaba la libertad.

En 2014 varios informes sobre los alarmantes índices de violencia en las cárceles privadas condujeron a llamados para reformar y eliminar esta privatización del sistema carcelario. Se aprobaron algunas reformas con Obama pero estos cambios sólo afectaron las prisiones federales. Y con la victoria electoral de Trump se revirtió esta incipiente tendencia y hasta se produjo un fuerte incremento en el valor de las acciones de Geo Group y CoreCivic.

En el verano de 2018 los reos en Estados Unidos lanzaron un movimiento de protesta a escala nacional. Huelgas de hambre y actos de desobediencia que fueron duramente reprimidos pudieron por fin romper el cerco de incomunicación. Hoy el debate electoral ha comenzado a centrarse sobre el tema de la reforma penal y carcelaria en Estados Unidos. Habrá que ver si esta nueva edición del archipiélago del Gulag puede desaparecer. Quizás sólo en el país del capitalismo más avanzado podía surgir tan perversa confusión entre represión penal y negocios privados.

Twitter: @anadaloficial

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