Un trabajador en la línea de producción de móviles de la fábrica de Huawei en Dongguan, el pasado mes de marzo. WANG ZHAO AFP

Empleados de empresas tecnológicas protestan contra jornadas de nueve a nueve, seis días a la semana, que apoyan empresas como Alibaba22


 Mi novia me lo advirtió: me estaba cambiando el carácter. Ya no me reía con los amigos. Estaba de peor humor, y siempre cansado”. Lenny Zhang, de 24 años y especialista en medios digitales, recuerda con horror su trabajo en una startup de realidad virtual en Pekín. “Al principio no estaba mal porque aún no había mucho que hacer. Pero cuando empezamos a tener clientes, eso cambió. Había que estar siempre en la oficina trabajando hasta tarde, y por supuesto sin más paga. Los fines de semana el jefe podía llamarte, si se daba alguna urgencia, y tú tenías que ir. Si te marchabas pronto, aunque no tuvieras nada que hacer, estaba mal visto: no estabas trabajando lo suficientemente duro”, relata.


Lo que Lenny Zhang (nombre supuesto) describe es lo que en China se conoce como la cultura del “9-9-6”. Trabajar todos los días de nueve a nueve, seis días por semana. Algo que en otros países puede sonar familiar; las críticas a las duras condiciones laborales han llegado incluso a Silicon Valley. Pero en la segunda potencia mundial, la insólita protesta de los trabajadores en empresas tecnológicas surgida en las últimas semanas tiene, como casi todo en este país, especiales “características chinas”.


Es insólita tanto por haber encontrado una vía para expresarse públicamente —la plataforma para desarrolladores de código GitHub— en un país donde impera la censura, como por el debate nacional que ha generado. Un debate que se ha puesto al rojo vivo después de que magnates como Jack Ma, el fundador del gigante del comercio electrónico Alibaba, hayan salido a defender ese régimen laboral.

El descontento empezó a palparse, según cuentan empleados del sector, el año pasado. No es que hasta entonces las largas jornadas laborales fueran algo raro. Pero a partir de entonces, a la intensísima competitividad de las empresas tecnológicas chinas empezó a sumársele la desaceleración generalizada de la economía. Las compañías empezaban a contratar menos. En enero, la oferta de trabajo en el sector había caído un 15% con respecto a 12 meses antes, según la página de anuncios de empleo Zhaopin. Había que producir más con menos y por el mismo sueldo, y cada uno debía arrimar —aún más— el hombro. O correría el riesgo de quedarse en la calle, por despido o por quiebra de la empresa.
Claro que nunca dicho explícitamente, o en público. La ley china prevé horarios de trabajo de 40 horas semanales. Si se sobrepasan, el empleado debe recibir una compensación, y en todo caso el número de horas extras no debe superar las 36 por mes.


Un proyecto viral


En marzo un grupo de desarrolladores anónimos creó en GitHub, una plataforma para compartir códigos de programación, una página irónica, 996.ICU. El nombre hacía referencia a un dicho entre los trabajadores del sector en China: “si trabajas 9-9-6, acabarás en la unidad de cuidados intensivos (ICU, en sus siglas inglesas)”.


La página incluye recomendaciones —“márchate a casa sin complejos a las seis”— y un listado de más de 150 empresas que aplican ese régimen de trabajo, incluidos gigantes tecnológicos como Alibaba, Huawei, o ByteDance, la empresa madre de la aplicación de vídeos cortos TikTok. La “licencia anti996”, que ya han adoptado más de 90 proyectos en GitHub, obliga a las firmas que quieran usar el software de esos proyectos a respetar las leyes laborales. El golpe de genio de la iniciativa es que la censura, por mucho que lo desee, no puede bloquear GitHub: las tecnológicas chinas necesitan esta plataforma para compartir código.


996.ICU inmediatamente se hizo viral, el proyecto más compartido de toda la plataforma. Claramente, mucha gente se sentía identificada. Pero quizá todo hubiera quedado en una anécdota puntual.


Hasta que la semana pasada hablaron Jack Ma y Richard Liu, el presidente del otro gigante logístico, JD.com. Y levantaron ampollas. En un comentario en redes sociales, Ma, uno de los hombres más ricos de China, opinaba que los trabajadores deben ver como una bendición poder trabajar 9-9-6. Sin ese régimen —que hizo posible que su empresa despegara—, la economía del país “muy probablemente perdería ímpetu y vitalidad”. “Si entras en Alibaba, tienes que estar dispuesto a trabajar 12 horas al día. Si no, ¿para qué vienes? No necesitamos a los que trabajan ocho horas cómodamente”.


Liu, por su parte, consideraba que su empresa se ha llenado de “vagos” por los que no puede sentir ninguna simpatía. Sus opiniones son tanto más hirientes por cuanto la compañía —en situación delicada y que según el digital especializado The Information se plantea despedir a 12.000 personas, el 8% de la plantilla— advertía en un correo interno filtrado que se deshará de los que no “luchen duramente”, con independencia de sus circunstancias personales.


Comentarios como estos han disparado aún más la indignación. “En las compañías de software de Shanghái estos días no se habla de otra cosa”, apunta un analista de datos. En opinión de varios empleados de compañías tecnológicas, si el debate ha calado tan hondo es porque, por primera vez, las empresas han defendido en público y a las claras unas prácticas que “hasta ahora nadie decía directamente que había que cumplir. La presión estaba ahí, pero funcionaba por insinuaciones, por sobreentendidos”.


Los medios de comunicación oficiales, que reflejan la opinión del Gobierno chino, han participado también en el debate, ahora centrado en lo adecuado —o no— del equilibrio entre trabajo y vida personal que ofrecen las empresas chinas. El Diario del Pueblo, el periódico del Partido Comunista, aseguraba conciliador en un editorial el domingo pasado que “los trabajadores que critican el 9-9-6 no pueden ser acusados de vagos o pusilánimes. Hay que tener en cuenta sus verdaderas necesidades”.


“El problema es que el mercado chino es realmente intenso y competitivo”, opina Lenny. “A la mayor parte de la gente no se le pasa por la cabeza que no hace falta estar tantas horas. Nos han inculcado que para tener éxito y para ganar dinero hay que trabajar muy, muy duro”.


Al joven desarrollador le parece una buena noticia la movilización, aunque se declara escéptico sobre sus posibilidades de éxito. “Esto había que haberlo hecho hace 10, 20 años, cuando el sector tecnológico empezaba. Ahora es demasiado tarde, ya está todo demasiado consolidado”. Él piensa votar con los pies y marcharse a Europa a ampliar estudios en dos o tres meses. "Si puedo, me quedaré allí. No quiero volver al 9-9-6".


No todos están en contra

M.V.L.


Aunque las críticas han tenido un amplio eco, no todos los trabajadores del sector, ni mucho menos, se consideran explotados o están en contra de echar todas las horas posibles, día tras día. Amber Qi, de “veintipocos años” y empleada en una empresa de robótica en Cantón, es una de ellos. Trabaja cada día de diez a diez, seis días a la semana. A veces, siete. Pero no considera que sea algo exagerado: “Hay casos peores”, asegura.


En el suyo, “no me importa trabajar tantas horas —dice—. Me gusta el equipo que formamos en la empresa. Es útil trabajar todo este tiempo: si estamos cansados, podemos irnos a casa a descansar un rato, no somos de los que estamos en la oficina perdiendo el tiempo sin ser productivos”.


La joven resta importancia a las declaraciones de Ma: “hay que ponerlas en el contexto del típico jefe chino, que pretende adoctrinar a sus empleados. Eso puede funcionar para la gente de 30, 40 años. Pero a los más jóvenes no nos hace falta que nos lo diga el jefe. Si nos motiva el proyecto, le echaremos las horas que haga falta. Si no, nos iremos”. ¿Se ve pudiendo mantener este ritmo siempre? Cuando sea mayor —asegura—, “cambiaré de trabajo, a uno donde se hagan menos horas”.

 

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 20 ABR 2019 - 10:56 COT

 

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El empresario modelo de Macri quiere una jornada laboral de 12 horas

El empresario modelo del presidente Mauricio Macri, el fundador de Alibaba Jack Ma, es también el impulsor de un esquema de trabajo que obliga a sus empleados a trabajar a destajo desde las 9 de la mañana a las 9 de la noche durante seis días a la semana. El llamado “sistema 996” fue calificado por el empresario como una “bendición”. Pero Ma, el emprendedor con el que Macri compartió más de una vez risas en Olivos y celebró pactos económicos, fue por más: destacó que en su compañía de tecnología “cualquiera debería estar preparado para trabajar 12 horas al día si quiere tener éxito”, en contra de todos los derechos laborales reconocidos por la Organización Internacional del Trabajo.


Para sostener su postura, Ma afirmó que el crecimiento económico de China provocó un incremento de "vagos" en el país. En esa línea, intentó instalar su defensa a la extensión de la jornada laboral como si fuera una gran oportunidad para los jóvenes. “Personalmente, creo que ser capaz de trabajar 996 es un gran golpe”, señaló en comentarios publicados en la cuenta de la compañía en WeChat. “Muchas empresas y muchas personas no tienen la oportunidad de trabajar 996. Si no trabajas 996 cuando eres joven, ¿cuándo puedes trabajar 996?”, indicó.


Para Ma es “inhumano” obligar a los empleados a trabajar horas agotadoras, aunque indicó que hay otros que quieren hacerlo y resaltó que esos trabajadores son los que él más valora. "Los que pueden seguir un horario 996 son aquellos que han encontrado en la industria tecnológica su pasión más allá de las ganancias monetarias", escribió Ma.


Jack Ma, de 54 años, es una de las figuras más reconocidas del espectro empresarial chino, con una fortuna superior a los 35.000 millones de dólares. El empresario es un asiduo visitante de la Quinta de Olivos. Las redes sociales oficiales de Macri retrataron cada uno de sus encuentros. En el primero de ellos, en 2017, Ma suscribió un Memorando de Entendimiento con la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional para que los productos argentinos se comercialicen en Alibaba. Luego, en 2018, acordó con la multinacional que Argentina tenga un espacio especial dentro de la oferta de viajes de la plataforma.


Las polémicas declaraciones de Ma llegaron en medio de duras críticas hacia la cultura laboral de los gigantes tecnológicos en el gigante asiático, que se habían desatado luego de que el empresario dijera no tener en cuenta para sus puestos a las personas que esperan un estilo de vida de oficina "típico de ocho horas". Los trabajadores protestaron en las redes con el Hashtag #996.ICU, en referencia a la “Unidad de Cuidados Intensivos” en las que terminan los que trabajan a este ritmo.

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La explotación y las enfermedades contribuyen a la muerte de casi 2,8 millones de trabajadores cada año

Manal Azzi, responsable de la OIT, ha advertido de que en muchos de los casos se trata de causas "prevenibles", por lo instan a promover la prevención para salvar vidas.

 

El estrés, las jornadas de trabajo excesivas y las enfermedades derivadas del ámbito laboral contribuyen a que haya cada año 2,8 millones de fallecidos y 374 millones de heridos, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ha alertado del especial riesgo que corren las mujeres.


Una responsable de la OIT, Manal Azzi, ha destacado que "el mundo del trabajo ha cambiado", lo que implica no solo trabajar de forma "diferente", por ejemplo con más tecnología, sino en muchos casos más horas. Un informe publicado este jueves concluye que el 36% de la población dedica a su puesto de trabajo más de 48 horas semanales.

A las plantillas, según Azzi, "se les pide producir cada vez más, sin tiempo para descansar". Esta situación se ceba especialmente con las mujeres, que terminan "trabajando también en casa", sin tiempo para hacer ejercicio, como principales responsables del hogar y cuidadoras de hijos y personas mayores, informa el centro de noticias de la ONU.

La OIT ha destacado que cada día un millar de personas pierden la vida por accidentes laborales, una cifra considerablemente inferior a las 6.500 que fallecen por enfermedades derivadas del ejercicio de su trabajo. Los problemas circulatorios figuran como principal causa de mortalidad (31%), seguidos de los casos de cáncer (26%) y de las enfermedades respiratorias (17%).

Azzi ha advertido de que en muchos de los casos se trata de causas "prevenibles", por lo que desde la OIT se insta a promover la prevención para salvar vidas. La organización ha recordado que el 28 de abril se celebrará el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo.

18/04/2019 17:12 Actualizado: 18/04/2019 17:12
EUROPA PRESS

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Nancy Fraser: las mutaciones neoliberales

I. “Si miras todo su ‘cuerpo de obra’ –remarcaba una comentarista– puedes notar la expansión de la cuestión feminista en conexión con el capitalismo hacia todas otras esferas” (bit.ly/2UgT6L7). Nancy Fraser, una destacada filosofa y teórica estadunidense, es una de las principales impulsoras del feminismo anticapitalista. Trabajando desde la ‘teoría crítica’ frankfurtiana y el pos-estructuralismo, es mejor conocida por sus críticas de las políticas identitarias (dada su "complicidad" en el reavivamiento del fundamentalismo librecambista) y sus re-conceptualizaciones de la justicia ("post-Westfaliana y democrática"). En libros como Justice interruptus (1997) o Scales of justice (2009) trata de "salvarla" de diferentes reduccionismos y "ajustarla" a los tiempos pos-socialistas de la primacía del "reconocimiento" hegeliano –por sexo, género o raza (bit.ly/2Ul4pBL)–, censurando a la vez el mainstream feminista por abrazar "lo cultural" y desertar de la economía política y debates sobre redistribución (Redistribution or recognition, 2003).

II. Si bien –a ojos de Fraser– la segunda ola del feminismo (con su "politización de lo personal" y crítica estructural del androcentrismo capitalista) nació y creció junto con otros movimientos emancipatorios de la pos-guerra, pronto perdió su filo crítico (Fortunes of feminism. From state-managed capitalism to neoliberal crisis, 2013, p. 14-15). Al abrazar el identitarismo –y al pasar "de redistribución al reconocimiento"– abandonó la economía, para –solamente– transformar la cultura. Este "giro" que coincidió con el ocaso del viejo capitalismo estatal y el auge de su nueva –"desorganizada"/flexible/transnacional– modalidad, hizo que sus legítimas críticas al estatismo y paternalismo (salario familiar, estado-niñera, economicismo) en vez de rehacer al estado de bienestar, sirvieran para desmontarlo y devinieran pilares ideológicos del nuevo orden (p. 218-221).

III. Así en su famosa aseveración: “el feminismo se volvió ‘la sirvienta del capitalismo’” acabó fortaleciendo el individualismo consumista, su crítica del sexismo legitimó nuevas formas de desigualdad y explotación (bit.ly/2m23X77). Sin desearlo acabó nutriendo "el nuevo espíritu del capitalismo" (Boltanski/Chiapello) de la mutación neoliberal. La lucha por la igualdad en su seno fue sustituida por la "meritocracia" que apuntaba sólo a que las mujeres avanzaran en las jerarquías (corporaciones/gobiernos/ejércitos), mientras –para Fraser– "el feminismo siempre trataba de romperlas". Empoderamiento –en práctica– pasó a significar ganar el derecho a explotar a otras mujeres (trabajadoras domésticas-migrantes) para ir escalando. Subrayando que este dominante tipo del feminismo –liberal, corporativo, "de Davos" (Lagarde/Sandberg/Clinton), "colaboracionista del sistema opresor"– ha fallado a la mayoría (bit.ly/2usW6W4) Fraser llama a un "feminismo para el 99%" –“¡no queremos romper los ‘techos de cristal’ sólo para que las otras limpien los vidrios!”– libre de sus nexos con el neoliberalismo ( Feminism for the 99%: a manifesto, 2019).

IV. “Desde hace tiempo escribo acerca de [aquel] ‘desvío neoliberal’ de movimientos sociales [pero no alcanzaba a bautizar bien este proceso] –decía– y las pasadas elecciones en EU me ayudaron a verlo: ¡H. Clinton era su perfecta encarnación!” (bit.ly/2rgMuyA). ¿Su nombre? El "neoliberalismo progresista", un bloque dominante desde los noventa, coalición de sectores de negocios y algunos movimientos –“una impía alianza de emancipación y financiarización: ‘LGBTQ & Goldman-Sachs’”– armado por demócratas que combinaron su economía de derecha con políticas de reconocimiento (pero sólo a cambio del desmantelamiento de protección social y redes de redistribución). Su choque con el populismo reaccionario de Trump, elección entre multiculturalismo y etnonacionalismo, significaba sólo más de lo mismo: neoliberalismo y desindustrialización (bit.ly/2V4Rzoo). Así el auge del populismo, tanto de derecha como de izquierda –que Fraser ve como una "política de transición" y favorablemente a la Laclau (bit.ly/2uIGjCz)– fue "una revuelta de los atropellados por el neoliberalismo progresista" y "síntoma de la crisis de la forma específica del capitalismo de hoy" (bit.ly/2Q5Sd6K).

V. Dicha crisis –"cuya cara es Trump" (bit.ly/2FDzJm2)– es para ella la de lahegemonía. El neoliberalismo progresista que una vez creó un amplio consenso gramsciano y bloque hegemónico llega a su fin (bit.ly/2ive0Tj). No obstante, el trumpismo –frágil y caótico– no constituye un nuevo bloque. Vivimos en ruinas de lo viejo, en –otra vez Gramsci– un interregnum, dice Fraser (The old is dying and the new cannot be born, 2019), marcado a su vez por otra crisis, la de la reproducción social. "El capitalismo financiarizado sistemáticamente consume nuestras capacidades de sostener los lazos sociales comiéndose su propia cola" (bit.ly/2dog8sQ). Con austeridad y recortes externaliza los costos –también– en cuerpos de las mujeres "dependiendo del trabajo doméstico no remunerado más que cualquier otra forma del capitalismo" [!] (bit.ly/2QHVd9C): "pasamos por una nueva mutación de la sociedad capitalista que no obstante ofrece oportunidad de reinventar el modelo de familia y la división producción-reproducción" (bit.ly/2K20nuk).

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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Miércoles, 13 Marzo 2019 06:27

Buscan reponerse del apagón

Buscan reponerse del apagón

El país no ha volado por los aires. Podría haberlo hecho si se toma en cuenta la profundidad del impacto generado por el apagón nacional que comenzó el jueves a las 17 horas y aún no ha terminado de restablecerse el suministro por completo. Las noticias de este martes son que en algunos puntos recién volvió la luz, como en la ciudad de Maracaibo, o en la Comuna El Maizal, en el estado Lara. 

Las consecuencias del apagón fueron múltiples, las formas de enfrentarlas también. Tanto por parte del gobierno como de iniciativas espontáneas. Las políticas, por ejemplo, fueron de abastecer con camiones cisternas los principales puntos, como cerros y hospitales, y garantizar distribución de alimentos a través de diferentes mecanismos. Se trata de normalizar un país que ya estaba en un cuadro de dificultades prolongado, luego de un golpe de una magnitud aún difícil de calcular.


La respuesta no logró dar abasto ante la magnitud de la demanda, por ejemplo, de agua, ya que el sistema de bombeo se vio afectado por el apagón, lo que se tradujo en iniciativas colectivas, como abrir un caño en El Valle o San Agustín, zonas populares de Caracas, para llenar botellas y botellones. Son muchas las imágenes de personas haciendo colas para abastecerse de agua en todo sitio donde se pueda conseguir, comercios, llenaderos, cisternas, manantiales.


Ante una situación de esas características se podría haber esperado una multiplicación masiva de focos de protesta espontáneos, violencia, movilizaciones, por fuera de lo que la oposición intente convocar. Se dieron hechos como saqueos, por ejemplo, en el centro comercial Sambil, en Maracaibo, donde según informó el gerente general, se trató de un grupo de trescientas personas que lograron derribar portón, fachada y puerta hasta ingresar al interior. Fueron varios casos, aunque no se puede hablar de un cuadro que desbordó y masificó en un escenario inestable, peligroso, por los hechos en sí y los llamados de la oposición. El Fiscal General informó que se iniciará una investigación contra Guaidó por su presunta participación en el sabotaje al sistema eléctrico nacional.


El clima en las calles caraqueñas durante el día ha sido de preocupación, resolución, cotidianeidad, restablecimiento de comercios, sistemas electrónicos de pagos, de transporte, aunque el sistema de metro aún no esté activo. Quien llegue a la ciudad no se encuentra con un cuadro de devastación sino con un escenario de dificultades acumuladas y nuevas, una idiosincrasia venezolana que permite enfrentar adversidades de manera sorprendente para una mirada ajena, un chavismo activado en su dimensión de gobierno y organización popular, una tranquilidad en regreso marcada por la conciencia de que nada ha terminado, sino que se está en el centro de un conflicto nacional e internacional.


Esta última dimensión ha estado sobre la mesa de manera central en la mañana de ayer con la decisión del gobierno de Venezuela, anunciada por el canciller Jorge Arreaza, de dar por terminadas las conversaciones con Estados Unidos para el establecimiento de oficinas de interés, y la orden al personal diplomático norteamericano de abandonar Venezuela en las próximas 72 horas.


Por otro lado, la administración de Donald Trump incluyó en el pedido de presupuesto para el año 2020, la suma de 500 millones de dólares para “la transición en Venezuela”, ratificando la política y la probable prolongación del conflicto.


A su vez desde anteayer se encuentra la misión técnica de trabajo de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), quien fue recibida el lunes por el canciller y ayer mantuvo una reunión en la Asamblea Nacional. En los próximos días, según indicó el canciller, la misión de la ONU se reunirá con instituciones del gobierno bolivariano y los poderes públicos.


En ese contexto elaborarán un informe de la situación dentro de un contexto muy complejo, donde existen datos antagónicos, muchas veces sin confirmación. El caso más claro es el de los muertos que habría provocado el apagón: según voceros de la oposición primero fueron 17, luego un periodista afirmó que fueron 296, entre los cuales 80 neonatos, cifra que luego fue desmentida por la presidenta del Colegio de Médicos del estado Zulia y no fue retomada. El ministro de Salud, por su parte, afirmó que no ha habido muertos en hospitales públicos debido al apagón.


Ayer se dieron protestas convocadas por la oposición, aunque solo reunieron unos pocos cientos de manifestantes. Pero los acontecimientos se mueven con mucha velocidad, se superponen los días con las noches, y la confirmación de los hechos requiere siempre la verificación por diferentes fuentes. La verdad, se sabe, es una de las principales víctimas en estos contextos.

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“El liderazgo es una suerte de trampa para las mujeres”

“Si una mujer muestra atributos considerados femeninos, se la ve como una líder débil. Pero si presenta atributos ‘a lo Angela Merkel’, que son vistos como masculinos, se la tilda de desagradable o poco femenina”, define esta especialista en opinión pública, que repasa los obstáculos estructurales que las mujeres afrontan en la vida política.


El #8M vuelve a visibilizar la desigualdad de género, en particular, los techos de cristal que afrontan las mujeres en la vida cotidiana como en el ámbito político. Evidencia, sobre todo, la necesidad imperiosa de promover una agenda de género con un enfoque de derechos que no solo atienda de manera urgente la afectación que supone forzar a una niña violada a continuar con un embarazo en contra de su voluntad, sino además las desigualdades estructurales que arrastran las sociedades producto de una cultura patriarcal tan arraigada como imperceptible e invisibilizada. Después de años de asesorar a políticas mujeres en países de América Latina y de Europa, la consultora e investigadora del Conicet, Virginia García Beaudoux, pintó ante PáginaI12 la situación de las políticas mujeres en la región: los techos que impiden su desarrollo en términos de liderazgo, la falta de una paridad sustantiva en materia de participación política y la obligación social de procurar una igualdad real como principio constitucional.

–¿Cuáles son los obstáculos estructurales que las mujeres afrontan en la vida cotidiana y en la vida política?

–No había tomado conciencia de la magnitud que tiene la desigualdad de género hasta que empecé a trabajar con mujeres en la política, en consultoría con PNUD en Honduras, en El Salvador, en Guatemala. En mi recorrido por América Latina, entendí que la dimensión de la desigualdad es enorme y que, sin importar el país, todas las mujeres me hablaban de los mismos obstáculos dentro de los partidos y, sobre todo, en lo que hace a la confianza y el financiamiento de sus campañas electorales. Encontré un denominador común que iba más allá de la política. Me encontré con un estereotipo muy marcado: la creencia extendida, construida culturalmente, de que el liderazgo es masculino. Si preguntamos a una persona tres características de lo que consideramos masculino, dirá “fortaleza, asertividad, capacidad para tomar decisiones”. Entre esas respuestas, encontraremos una superposición casi perfecta entre la descripción de lo masculino y la de liderazgo. En cambio, casi nunca coincide lo que hemos establecido que es lo femenino y el liderazgo. Esto ha sido un gran obstáculo para las mujeres en todos los ámbitos de desarrollo. En la universidad de Oxford tomó 800 años nombrar a una rectora mujer. La Universidad de Buenos Aires no ha tenido una rectora mujer en toda su existencia, cuando la mayoría de las profesoras universitarias son mujeres...

–Pero no lo son la mayoría de los titulares de cátedras universitarias.

–Exactamente. Estos techos supuestamente invisibles –los llamamos techos de cristal– son tremendamente resistentes, por eso es muy difícil romperlos y atravesarlos. Solo el 5 por ciento de Premios Nobel se otorgó a mujeres. El Foro Económico de Davos de 2018 fue considerado un éxito rotundo porque el 21 por ciento de los asistentes fueron mujeres. Entonces, la idea de que los buenos líderes son hombres continúa siendo uno de los estereotipos que más complica el desarrollo de las mujeres.

–¿Cómo se traducen estos estereotipos en el plano cotidiano?

–Los estereotipos no solo describen, también prescriben. Si un estereotipo describe que las mujeres somos más sensibles que los hombres, la prescripción es que, frente a la enfermedad de un niño o un adulto mayor, es la mujer la que debe hacerse cargo porque es la sensible y la empática. Esas tareas de cuidado asignadas como naturales a las mujeres terminan dificultando su inserción en la cadena productiva en igualdad de condiciones. Entre las personas sin instrucción formal, al no poder tercerizarlas tareas de cuidado, deben aceptar trabajos de tiempo parcial con remuneraciones mucho más bajas, al punto de que la brecha salarial de género en ese sector llega al 35 por ciento.

–Es decir que las consecuencias del estereotipo de género no son homogéneas sino que afectan más a los sectores más pobres.

–Sí, claro. Pero al mismo tiempo nos afecta a todas y a todos. Me tocó entrevistar a un hombre en Holanda, donde el 70 por ciento de las mujeres trabajan tiempo parcial, trabajan cuatro días a la semana y uno de esos días lo dedican a sus hijos o a lo que ellas quieran. Los hombres pueden hacer lo mismo pero casi ningún hombre opta por trabajar tiempo parcial. Cuando este señor dijo en su lugar de trabajo que quería empezar a trabajar part time, la primera pregunta que le hicieron fue: “¿tu esposa está bien?” Y la segunda: “¿por qué querés trabajar part time, si no te divorciaste ni tu esposa tiene un problema de salud? Como este señor quería ser papá más allá de los fines de semana, interpretaron que no le gustaba tanto su profesión. Es decir que este estereotipo también perjudica a los hombres. Lo que ocurre es que estas consecuencias son mucho más marcadas entre las mujeres, en términos de desigualdad política y económica.

–¿Qué elementos de esta desigualdad de género observa en su trabajo con mujeres políticas en América latina?

–Cuanto más tradicionalista es un país, más difícil resulta atravesar los estereotipos. Y los países donde la religión tiene mucho peso, esto se vuelve más complicado. Está claro que tenemos diferencias sexuales, las mujeres podemos gestar y los hombres suelen tener más fuerza física. Pero una cosa es el sexo y otra cosa es el género como construcción cultural. En algunos países, donde las construcciones de género son mucho más binarias y donde hay una valoración de esa diferencia, vale más ser hombre que ser mujer. Pero también en países considerados paraísos de la igualdad, como Suecia o como Holanda, encontramos estas características estereotípicas en la distribución de roles. Hay algunas cuestiones interesantes para señalar en este sentido. En América Latina, el 52 por ciento de la militancia de los partidos políticos son mujeres, en cambio menos del 15 por ciento de los secretarios generales y los presidentes de los partidos políticos son mujeres. Ese es un claro techo de cristal en la política; no es natural que frente a un 52 por ciento de mujeres militantes las cúpulas no reflejen esas proporciones. En Guatemala pregunté: “¿cuántos partidos políticos tienen?” La respuesta fue: “35”. “¿Y cuántos liderados por mujeres?”, agregué. “Cuatro”, respondieron. Lo mismo en Suecia. “¿Cuántos partidos políticos liderados por mujeres hay?” “Ninguno”, dijeron. Y se corrigieron: “Sí, hay uno: el Partido Feminista”.

–¿Cuáles son los otros aspectos que mencionó como interesantes para analizar estas diferencias?

–La primera cuestión es tener cuidado en asimilar la igualdad numérica con la igualdad sustantiva. Hemos avanzado en lo relativo a la igualdad numérica, porque las leyes de paridad garantizan que las listas estén conformadas un 50 por ciento por hombres y un 50 por ciento por mujeres. Pero además de esta igualdad numérica, que es importante, se trata de construir posiciones de poder y de influencia política. La conformación de las comisiones parlamentarias es un espacio donde se reproducen estos estereotipos. Las mujeres están al frente de la comisión de Salud, la de Educación, la de Niñez, la de Mujer o Discapacidad, mientras que los hombres están en Presupuesto, Obra Pública, Trabajo. Entonces, hay que trabajar sobre las dimensiones del liderazgo para tender a una paridad sustantiva.

–¿Qué características encuentra entre las mandatarias mujeres? ¿Qué las distingue?

–Hay mucha diversidad en los estilos de liderazgo, el liderazgo es una suerte de trampa para las mujeres.

–¿En qué sentido?

–Si una mujer muestra atributos considerados femeninos, se la ve como una líder débil. Pero si presenta atributos “a lo Ángela Merkel”, que son vistos como masculinos, se la tilda de desagradable o poco femenina. Como el liderazgo está pensado desde categorías definidas como masculinas, es difícil para una mujer no ser criticada por su estilo de liderazgo. El año pasado había solamente 15 Jefas de Estado en el mundo, hay muy pocas mujeres al frente de los Ejecutivos.

–Siguiendo con este razonamiento, ¿cómo suelen ser representadas las mujeres en la política, en general, yen los medios, en particular?

–Hay un doble estándar. Todo el tiempo vemos que las mujeres aparecen en su calidad de madres. Los medios suelen hacer hincapié en el vínculo que tienen con sus hijos o el tiempo que les ocupa la maternidad. Cuando Hillary Clinton fue abuela, diversos medios de comunicación en Estados Unidos preguntaron si, por haberse convertido en abuela, estaría en condiciones de ser presidenta. La revista Times publicó un artículo sobre los pros y los contras de una abuela presidenta. Entonces se me ocurrió mirar qué se había escrito de los hombres que eran abuelos y se habían presentado a la Presidencia de Estados Unidos. No se escribió una sola línea. Mitt Romney presentó 18 nietos en campaña, se sacó fotos con 18 nietos y nadie preguntó: “¿puede un abuelo ser presidente de los Estados Unidos?” Sabemos que es normal que tanto hombres como mujeres lleguen apadrinados a la política. Sin embargo, en el caso de las mujeres, el cuestionamiento mediático es mayor: “es la ahijada política de”, “es la esposa de o es la hija de”... Cuando una mujer asume una presidencia o una gobernación es más frecuente que se pregunte si estará realmente preparada para ese desafío. No ocurre lo mismo con un hombre. A eso se suman comentarios acerca de su vestuario, apariencia física, peinado, maquillaje. Como consecuencia, los votantes, en sus evaluaciones, empiezan a verlas como menos creíbles, menos confiables, menos fuertes, y disminuye la intención de voto hacia las mujeres. Este tipo de coberturas mediáticas las empujan más hacia lo doméstico que hacia lo político.

–En su experiencia con mujeres políticas en países de América Latina, ¿nota diferencias entre los países en el estilo patriarcal de hacer política? ¿Qué factores inciden en esas diferencias, si las hay?

–En los países con una población aborigen significativa o donde las mujeres viven una situación económica de mayor vulnerabilidad –lo que técnicamente llamamos “la doble minoría”–, por supuesto que el desafío es todavía mucho más grande que si se trata de una mujer blanca de clase medida. Efectivamente, las condiciones de etnia y la situación socioeconómica dentro del entramado social influyen en el grado de dificultad, de visibilidad y de consideración que le tienen a una mujer dentro de un partido político a la hora de sumarla a una lista electoral.

–En esos lugares con una doble minoría, ¿observa logros a partir del trabajo que se está llevando a cabo?

–En todos los países se ven muchos cambios y muy favorables, por todo el trabajo que se está haciendo. Aunque son más lentos de lo que desearíamos, porque tomará tiempo hacerlo. Claramente las mujeres están teniendo más voz, más acceso, están tomando conciencia de su rol y del espacio que tienen que reclamar por principio constitucional, pero acá hay espacios que habrá que pelear y la pelea no será fácil. En Honduras, una señora me contaba que cuando faltaban medicamentos en el dispensario era ella quien los conseguía, que cuando había problemas con el agua potable era ella quien lograba que llegara el camión cisterna, que cuando había que trasladar a alguien era ella quien sabía dónde buscar la ambulancia, pero que cada cuatro años venía un político varón y le pedía que le consiguiera votos de esa gente a la que ella asistía. Hasta que un día se preguntó por qué no podía ser ella la persona votada por esa población. Todos estos cambios van generando una mayor conciencia del valor político que esas mujeres tienen para sus comunidades.

–¿Esa conciencia es suficiente?

–No. Tampoco evita que luego de tomar conciencia te enfrentes a una sociedad que es patriarcal y a un sistema político machista.

–¿Cómo experimentan las mujeres políticas el financiamiento de sus campañas? ¿También en ese aspecto sus derechos se ven vulnerados?

–Normalmente las mujeres políticas llevan las de perder en materia de financiamiento: son enviadas a los distritos donde tienen más probabilidades de perder y, por ende, cuentan con menos financiamiento para sus campañas electorales. El dinero con el que se cuenta define una posición de poder, de allí que el reparto de los recursos simbólicos y económicos tenga un impacto significativo.


–¿Qué pasos concretos se están llevando a cabo?


–Por empezar se está trabajando mucho en el nivel de formación y de entrenamiento de habilidades para las mujeres del mundo público. Las mujeres venimos con demora en cuanto a la cantidad de redes que hemos construido en la política. A mí no me gusta hablar de “capacitaciones” porque creo que las mujeres estamos tremendamente capacitadas, lo que hacemos en realidad es entrenar habilidades que ya tenemos y que nunca hemos entrenado por no haber tenido la oportunidad de usarlas en la política. Habilidades de liderazgo, de negociación, de comunicación, de organización de una campaña electoral, de organización de un equipo de voluntarios para una campaña, de uso de las redes sociales. Distintos organismos, como Naciones Unidas o la OEA, están invirtiendo esfuerzos en toda América Latina para que las mujeres puedan poner a punto estas habilidades para las campañas electorales. Otra línea apunta a plantear que los partidos financien actividades para las mujeres y que ellas participen en el armado de las listas electorales, entrenar también a sus cuadros masculinos en temas de género porque si no las únicas que avanzan en temas de salud sexual y reproductiva, de cuidados o lo que fuere, son las mujeres.

–¿Y en relación con los estereotipos mediático?


–Se está trabajando con los medios de comunicación para que dejen de ser un obstáculo. Se realizan talleres con periodistas, editores y responsables de medios, donde se trabaja sobre los rasgos de la cobertura y, dentro de esta, los sesgos hacia las mujeres políticas. Y donde se piensa qué se puede hacer para mejorar esos tratamientos mediáticos. Ellos mismos comenzaron a generar ciertas pautas: no tomarle a una mujer una foto que no le tomarían a un hombre, no ponerle un micrófono cuando está a la salida de la escuela de sus hijos, establecer límites para que no existan diferencias entre unos y otras.


–¿A qué llaman transversalizar el enfoque de género?


–Apunta a cambiar el enfoque en materia de políticas públicas. Por ejemplo, en lo relativo a las licencias por maternidad se trata de pensar también un cambio en las licencias por paternidad para que las mujeres no sean las únicas que se hagan cargo de sus hijos. En el campo económico, requiere buscar la forma de que las mujeres se vean más favorecidas. Transversalizar el enfoque de género exige pensar que el escenario actual no es igual para hombres y mujeres y debemos pensar en cómo nivelarlo. Los sistemas de mentoreo son muy buenos. Se trata de que las mujeres que ya tienen experiencia en la política puedan orientar y ayudar a las que tienen menos experiencia.

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Historia de las mujeres en 3.650 millones de olas

La historia del feminismo se ha contado en tres olas, pero esas olas se quedan cortas al intentar abarcar la diversidad de los movimientos de las mujeres en todo el mundo. La humanidad está llena de ejemplos de sororidad.

 

Al menos 50.000 mujeres fueron asesinadas en 2017 por sus parejas, exparejas o familiares, en su mayoría hombres, por el hecho de ser mujeres, según datos de Naciones Unidas. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se practican 25 millones de abortos inseguros. 200 millones de niñas y mujeres son víctimas de la mutilación genital femenina, según UNICEF. Las ganancias ilegales de la trata de personas alcanzaron los 150.000 millones de dólares, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2014, de los cuales 90.000 millones corresponderían a la trata con fines de explotación sexual.


Es tan solo una pequeña muestra de algunos de los datos que recoge el Atlas de las mujeres en el mundo, las luchas históricas y los desafíos actuales del feminismo (Clave Intelectual, 2018), y que planea de Argentina al Kurdistán, y de las beguinas del siglo XII a las mujeres iraníes en 2018. Según Lourdes Lucía y Ana Useros, directora y coordinadora de este compendio que sigue el espíritu de los atlas de Le Monde Diplomatique, “en todos los campos y ámbitos de la vida, las normas que rigen cualquier sociedad han establecido un yugo patriarcal que somete, discrimina, ofende y humilla a esa otra mitad de la población”.


Los datos que más duelen son los referidos a las violencias contra las mujeres, pero hay muchos más. El 74,7% de los presidentes y miembros de consejos de las principales compañías que cotizan en las bolsas europeas son hombres. En 2018, las mujeres fueron solo el 21% del total de personas participantes en el Foro Económico Mundial de Davos, la cifra más alta en sus 48 años de existencia. Las mujeres cobran un 24% menos que los hombres según ONU Mujeres y son mayoría en sectores con ingresos más bajos.


“La intención del atlas era contar lo más objetivamente posible cómo está la situación de las mujeres en el mundo, pero la cosa está de tal manera que no se puede contar esa historia sin incluir las resistencias que genera; el feminismo en este atlas es una consecuencia”, dice Useros.


Ambas reconocen que contar la situación de 3.650 millones de personas, el número de mujeres de una población mundial de más de 7.000 millones, era difícil y que, mientras el libro pasaba por sus fases finales antes de llegar a las librerías, surgirían nuevos movimientos. Un ejemplo de lo que no está: en enero de este año, millones de mujeres formaron un muro humano de 620 kilómetros en India, después de que dos mujeres desafiaran la prohibición centenaria de entrar en un templo en el Estado de Kerala. Lo que sí está: la movilización por el derecho al aborto en Argentina, la organización de las mujeres en el Kurdistán o la huelga feminista de 2018 en España, además de muchos datos e hitos que dibujan un mapa de sororidad global.


Soro... ¿QUÉ? Un concepto no tan nuevo

Tres mujeres se quitan el velo y cantan una canción en el metro de Teherán. Un día antes, una mujer había sido sentenciada a dos años de prisión por quitarse el velo en público. Decenas de feministas reparten silbatos en las principales ciudades de Marruecos en una contra el acoso callejero. Miles de mujeres denuncian la justicia patriarcal que ve “jolgorio” en una violación en España. Aunque el término entró en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en diciembre de 2018, los ejemplos de pactos entre mujeres basados en la “sororidad” son muchos a lo largo de la historia. “La sororidad no tiene nada que ver con el ordenamiento jurídico, ni con instituciones ni con estructuras, sino con un cierto sentimiento que se produce espontáneamente en los sitios más extraños, desde las comunidades de monjas a la cola de la pescadería”, explica Useros.


Useros señala, aludiendo al capítulo “Sororidad, un pacto entre mujeres” que firma la filósofa argentina María Luisa Femenías, que el concepto de fraternidad, que se populariza como “hermano pequeño” de la tríada “libertad, igualdad, fraternidad” de la Revolución francesa, tiene la particularidad de que no se puede articular políticamente —como sí sucede con los otros— y se convierte en un término revolucionario y “poco articulable en términos legales” que, sin embargo, no encontraba su equivalente entre las mujeres. No solo eso, sino que “mientras que la amistad entre mujeres se presenta como natural, la relación entre mujeres habitualmente se muestra como un vínculo plagado de conflictos”, sostiene Femenías.


Para Femenías, aunque los términos fraternidad y sororidad son lógica y lingüísticamente equivalentes, no lo son en su uso político, público, social y jerárquico. La sororidad se refiere así a pactos no necesariamente explícitos, basados en la confianza recíproca, respeto mutuo y la valoración positiva de la otra mujer, rechazando la dependencia emocional, económica, de clase o identitaria de una figura masculina de la que obtener reconocimiento. “La sororidad habilita una sociedad desjerarquizada que, al mismo tiempo, posibilita un cambio fundamental en el modo de entablar las relaciones de género, tendente a la transformación social”, concluye Femenías, que advierte de que “las relaciones humanas son culturales”, por lo que las relaciones que se conforman dependen de las circunstancias sociohistóricas.


Como ejemplo de esa relación, la historia ha dejado a las beguinas, en el siglo XII, una asociación de mujeres cristianas que dedicaban su vida a la ayuda a pobres y enfermos, trabajando para poder mantenerse, mucho antes de que la teoría feminista empezara a poner fechas y nombres a la historia de la organización de las mujeres como movimiento social y político.


¿Cuarta ola? O un feminismo para el 99%

“Puede llamarse cuarta ola o puede llamarse feminismo para el 99%, como lo caracterizan las académicas estadounidenses”, mantienen María Florencia Alcaraz y Agustina Paz Frontera en el capítulo “La generación ni una menos”. Las argentinas lo tienen claro: se ha dado un paso más en la historia del feminismo en el que las mujeres han reforzado su protagonismo y han podido instalar en la agenda política nuevas demandas. Esto que algunas entienden como “cuarta ola” tiene como herramienta fundamental internet y como rasgo característico la masificación del movimiento feminista.


Pero ¿surfeamos ya en la cuarta ola? “Las olas son constructos teóricos y artificiales, que pueden ser saludables para intentar entender, pero que, como todo constructo teórico, está sujeto a limitaciones”, explica Lourdes Lucía. “Una teoría se construye para facilitar la comprensión de un asunto, pero es algo limitado y cambiable”, mantiene.


El feminismo, entendido como una corriente de acción política que surge cuando las mujeres toman conciencia de la desigualdad, se explica en tres olas. La primera ola identifica esa desigualdad y encamina sus acciones a conseguir la igualdad jurídica y el derecho al voto, que se convirtió en una lucha central a finales del siglo XIX. En la segunda ola se añade que “lo personal es político” y se describe el sistema patriarcal, además de como opresor, como terriblemente violento con las mujeres. La tercera ola, a partir de los años 80 del siglo XX, amplía el sujeto del feminismo y surgen nuevas miradas y preguntas.


“Yo pensaba que seguía tranquilamente haciendo surf en la primera ola”, dice Ana Useros, que considera “prematuro” hablar de una cuarta ola. Desde la tercera, o la cuarta ola, o desde una ola propia, o desde ninguna, millones de mujeres han demostrado en todo el mundo su capacidad de organizarse ante un mismo sistema que encuentra formas propias de adaptarse y tratar de mantener a las mujeres en un segundo plano en todo el mundo. Y han sido las mujeres las que han señalado la misoginia de Jair Bolsonaro en Brasil o la de Donald Trump en Estados Unidos, como han sido también ellas quienes han denunciado el peligro que las extremas derechas representan para los derechos de la mujeres en Polonia o Andalucía.


Por eso, este año la huelga feminista se enfrenta al reto de ser global y de desbordar un día, el emblemático 8 de marzo, para luego seguir. “Iré, iremos a la huelga el 8 de marzo, pero también hay que seguir luchando todos los días del año”, explica Lourdes Lucía.

2019-03-04 06:00:00

Por Patricia Reguero
@Des_bordes

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Las 10 tecnologías más vanguardistas de 2019, según Bill Gates

Desde vacunas personalizadas contra el cáncer hasta inodoros sin canalización, estos son los avances científicos que marcarán el futuro próximo, de acuerdo con una de las personas más ricas del mundo.



La revista MIT Technology Review ha publicado su lista anual con las diez tecnologías más avanzadas que influirán en el desarrollo de la humanidad en el futuro. Este año, por primera vez desde 2002, en la compilación de la lista participó un editor invitado: el cofundador de Microsoft y una de las personas más ricas del mundo, Bill Gates.


El empresario estadounidense dividió todos los avances tecnológicos en tres categorías: cambio climático, salud pública e inteligencia artificial. Algunos ya han llegado al mercado, mientras que otros aún se encuentran en la fase de desarrollo.


Destreza de robots


Los robots industriales aún son bastante torpes e inflexibles. Un robot puede recoger repetidamente un componente en una línea de ensamblaje con una precisión asombrosa y nunca se aburren. Pero si el objeto es colocado de una manera diferente o es reemplazado por otro, la máquina no podrá adaptarse y seguir haciendo el trabajo normal.


Pero mientras un robot aún no puede programarse para descubrir cómo agarrar algo con solo mirarlo, como hacen los humanos, ahora puede aprender a manipular el objeto por sí mismo a través del método de prueba y error virtual. Uno de estos robots es Dactyl de OpenAI. Los ingenieros lo equiparon con cámaras, sensores y lámparas. Ahora enseñan al dispositivo a interactuar con partes de diferentes formas y tamaños.


Energía nuclear de vanguardia


Los reactores nucleares de cuarta generación, de los que los físicos han estado hablando durante mucho tiempo, serán más ecológicos y más baratos. Los expertos no solo quieren reducir el tamaño de los reactores, sino también crear nuevos tipos, como reactores de fusión termonucleares. Está previsto que entren en uso en 2030.
Sondas intestinales en una pastilla


Las sondas intestinales del tamaño de una pastilla permitirán tomar rápidamente una imagen del intestino sin anestesia. Dicho dispositivo ya ha sido desarrollado por el médico e ingeniero del Hospital Clínico de Massachusetts Guillermo Tirni, y se probará en 2019. Ese dispositivo en cápsula puede cambiar el enfoque del diagnóstico de enfermedades gastrointestinales en los países del tercer mundo, donde faltan los equipos médicos necesarios.


La lucha contra el parto prematuro


Un simple análisis de sangre puede mostrar como de alto es el riesgo de parto prematuro para una mujer embarazada. Inventada por Stephen Quake, un bio-ingeniero de la Universidad de Stanford, esta prueba costará solo 10 dólares y salvará la vida a muchos bebés. Los médicos podrán controlar a las futuras madres que están en riesgo y luchar contra el parto prematuro.


Vacunas personalizadas contra el cáncer


La primera vacuna personalizada contra el cáncer del mundo está siendo creada por BioNTech, una empresa que comenzó a realizar pruebas en 2017 en colaboración con Genentech. El procedimiento utiliza el sistema inmunológico para identificar un tumor por su mutación única. Con su ayuda, será posible bloquear la mayoría de los tipos de cáncer. Los científicos ya han demostrado que una vacuna que contiene copias de mutaciones, inherentes a una célula cancerosa particular, puede hacer que el sistema inmunológico produzca linfocitos T citotóxicos que pueden detectar células cancerosas con ciertas mutaciones y combatirlas.


Carne artificial


Según la ONU, para 2050 la población mundial alcanzará 9.800 millones de personas. Para esa fecha, según las predicciones, los humanos consumirán un 70 % más de carne que en 2005, lo que será gravemente perjudicial para el medio ambiente. Los científicos proponen cultivar carne artificial en probetas utilizando materias primas vegetales. Gates ya ha invertido en dos empresas que operan en este mercado: Beyond Meat e Impossible Foods, que crean 'carne' a partir de guisantes, soja, trigo, papas y aceites vegetales. Imitan el sabor, olor y textura de la carne animal.


Captadores de CO2


El catastrófico cambio climático ha empujado a los científicos a crear tecnologías que puedan capturar el dióxido de carbono del aire y usarlo como combustible. Hasta ahora, esta tecnología era considerada demasiado cara, pero el climatólogo David Keith, de la Universidad de Harvard, afirma que los captadores podrán 'quitar' el CO2 del aire a 100 toneladas por tonelada. En 2009, Keith fundó la empresa Carbon Engineering. Gates, quien invirtió en esa compañía, confía en que la iniciativa del científico puede cambiar el enfoque de la protección del medioambiente y detener el cambio climático.


Inodoros sin canalización


En su carta abierta anual, Gates indicó que hoy en día más de 2.300 millones de personas no tienen acceso a baños limpios. Esto conduce a la propagación de enfermedades fatales, incluyendo el cólera. En 2011, Gates sugirió que los científicos e inventores crearan inodoros innovadores y económicos que resovieran este problema. Las empresas NEWgenerator y Biomass Controls ya han presentado sus proyectos. Hasta ahora, ninguna compañía ha logrado encontrar una solución: sus inodoros son demasiado caros o no son adecuados para las aldeas.


ECG en tu muñeca


Un electrocardiograma (ECG) a menudo ayuda no solo a controlar la salud, sino también a prevenir derrames cerebrales e infartos. Sin embargo, para esto, los pacientes deben visitar las clínicas, y un retraso puede costarles la vida. Los dispositivos inteligentes portátiles pueden ayudar a que el procedimiento se realice de la manera más sencilla posible. La tecnología es desarrollada por la empresa de Silicon Valley AliveCore, que en 2017 lanzó un brazalete compatible con Apple Watch que puede monitorear la función cardíaca y corregir las desviaciones.


Asistentes de voz


Los asistentes de voz se han convertido en una parte integral de la vida de muchas personas, pero tienen un serio inconveniente: a diferencia de las personas, no pueden reconocer el habla natural. Los nuevos asistentes de voz ya no sonarán como robots, podrán aprender mucho más rápido y ser mucho más 'humanos'. Estas mejoras nos permitirán pasar de dar órdenes simples a los asistentes de voz a tener conversaciones con ellos. Podrán lidiar con las tareas diarias, como tomar apuntes de reuniones, encontrar información o comprar en línea.


Publicado: 5 mar 2019 09:53 GMT | Última actualización: 5 mar 2019 09:58 GMT

Finlandia acaba con el sueño del dinero gratis

El experimento de una renta básica de 560 euros mensuales para 2.000 parados concluye sin mejorar la situación laboral de los beneficiarios, pero sí su salud y bienestar

En diciembre de 2016, Tuomas Mujara sintió que le había tocado la lotería. Este periodista freelance y escritor de 45 años resultó uno de los 2.000 afortunados que estaban a punto de enrolarse en un proyecto que, a primera vista, parecía un sueño: recibir dinero a cambio de nada

La Seguridad Social finlandesa quería comprobar si inyectando 560 euros al mes sin ningún tipo de condición a un grupo de desempleados a lo largo de 2017 y 2018 obtendría pistas sobre cómo debían ser las ayudas sociales en la era de la digitalización, cómo incentivar la búsqueda de empleo entre los beneficiarios de subsidios y cómo reducir la burocracia. Terminado el proyecto, las conclusiones son ambiguas.


Los resultados preliminares muestran que el dinero caído del cielo no tuvo ningún efecto en la empleabilidad de los participantes. Trabajaron prácticamente las mismas horas y ganaron lo mismo —exceptuando los ingresos de la renta básica— que otro colectivo de características similares. En cambio, la renta básica sí sirvió para impulsar la salud, la autoestima y el optimismo hacia el futuro de sus beneficiarios.


Ya antes de que el pasado viernes se presentaran las conclusiones de un experimento inédito en Europa, Mujara se mostraba seguro de cuáles iban a ser. Y su respuesta se parecía bastante a la que más tarde darían los responsables del estudio. “Por supuesto que los participantes hemos seguido buscando empleo. Primero, porque con 560 euros no puedes vivir en Finlandia. Y segundo, porque tener la seguridad de un ingreso mínimo no te hace más vago”, aseguraba el jueves a este periódico. Al preguntarle por lo mejor de su experiencia, Mujara no dudó un instante: “la libertad”. Libertad de no tener que rellenar largos formularios para solicitar ayudas, libertad de saber que, pase lo que pase, a final de mes iba a tener un cheque, aunque fuera por una cantidad pequeña.


Los defensores del proyecto insistían en que una renta básica sin condiciones de ningún tipo evitaría que los receptores de ayudas rechazaran empleos por temor a superar el nivel de ingresos mínimos para recibir subsidios. Y que al no tener que ocuparse de la burocracia con los servicios sociales podrían dedicar ese tiempo a buscar empleo de forma más eficaz. Algunos participantes en el programa —elegidos por sorteo entre 175.000 personas que en 2016 percibieron algún tipo de subsidio por desempleo— cobraban una cantidad muy parecida a la que recibían antes, pero el nivel de estrés por la preocupación de renovar la solicitud descendió considerablemente. “La libertad te hace más creativo. Y ser más creativo te hace más productivo”, resume Mujara.


La renta básica es una idea ya antigua. Y, frente a la imagen muy extendida de que se trata de una iniciativa izquierdista, en ocasiones ha sido defendida por ideólogos liberal-conservadores que la presentaban como la excusa perfecta para eliminar las otras ayudas sociales. El experimento finlandés nació, como admiten sus impulsores, con dos limitaciones: estar dirigida a un grupo concreto, el de los desempleados, y una duración predeterminada de dos años.


Olli Kangas, profesor de la Universidad de Turku que ha liderado la investigación, se muestra satisfecho con los resultados, pese a insistir en que son aún provisionales. El próximo año se conocerán las conclusiones finales. Pero por ahora destaca la importancia de que los participantes en el piloto se hayan sentido más seguros, al mando de sus vidas y con mejor salud mental y física. “Soy consciente de que los detractores de la renta básica no prestarán atención a estas mejoras, y se centrarán en que el proyecto no tuvo efectos en su situación laboral”, continúa Kangas.


Lo cierto es que la posibilidad de que Finlandia introduzca algún tipo de renta básica con carácter generalizado parece alejarse más y más. El proyecto nació con la idea de ser prorrogado y ampliado a otros grupos más allá de los desempleados, pero el Gobierno de centroderecha anunció en abril de 2018 que se quedaría en solo dos años. El ministro de Finanzas, Petteri Orpo, ha dejado claro su desdén por el programa. Y ninguno de los grandes partidos que aspiran a obtener una mayoría en las elecciones parlamentarias del próximo abril muestran muchas simpatías por ampliar el proyecto. “Ni los socialdemócratas ni los conservadores ni los sindicatos defienden la renta básica”, admite el investigador Kangas.

En el mundo académico, las posturas están muy enfrentadas. Miguel Ángel García, investigador de Fedea, no esconde su escepticismo ante una renta básica cuya puesta en práctica no solo sería “cara sino complicadísima”. “No creo que la sociedad fuera a recibir bien una renta generalizada para todos. Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida cobrara lo mismo que alguien que se ha esforzado menos. Creo que es prioritario buscar soluciones para colectivos como los trabajadores pobres y los que no acceden al mercado laboral, más que impulsar medidas tan dudosas como la renta básica”, añade.


Enfrente se topa con activistas como Guy Standing, investigador en la Universidad de Londres y autor de La renta básica, Un derecho para todos y para siempre, que cree necesario replantear todo nuestro concepto de trabajo y de tiempo, y buscar recursos donde sea para garantizar unas condiciones de vida dignas a todos los ciudadanos. “La experiencia de Finlandia no es un buen ejemplo, porque los participantes fueron elegidos al azar en todo el país. Y no en una pequeña comunidad, donde los beneficios son más evidentes”, explica por teléfono.


Kangas, el responsable del estudio finlandés, admite algunas deficiencias en su experimento y que quizás la perspectiva de una renta básica en su país es hoy aún menos realista que ayer. Pero, se pregunta, ¿quién sabe qué ocurrirá a medio plazo? “¿Acaso un estadounidense de hace 200 años podría imaginarse que la esclavitud iba a ser abolida?”, lanza al aire.


DISTINTAS PRUEBAS CON DISTINTOS MODELOS


Existen casi tantas rentas básicas como defensores tiene estas. En su forma más pura, se trata de un pago estatal de carácter universal (para todos los miembros de una comunidad), incondicional (al margen de ingresos y riqueza) e ilimitado en el tiempo.


Lo que puede parecer una iniciativa utópica cuenta con un congreso anual donde se presentan estudios científicos. Y países tan dispares como Canadá, India, Kenia, EE UU, Holanda, Alemania o España han llevado a cabo o planean experimentos con distintos tipos de rentas básicas. La muy comentada renta ciudadana del M5S italiano ha quedado finalmente reducida a una forma de completar el subsidio por desempleo hasta un máximo de 780 euros.


Guy Standing, uno de los mayores conocedores —y defensores— de la renta básica, destaca la experiencia de Kenia, donde 21.000 adultos recibirán una renta hasta 12 años, por su larga duración e impacto en una comunidad, en lugar de un colectivo disperso, como en Finlandia.

Por LUIS DONCEL
Madrid 10 FEB 2019 - 15:47 COT

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Domingo, 10 Febrero 2019 06:05

¿Por qué Honduras?

¿Por qué Honduras?

La migración hondureña se hace nuevamente presente con el formato de caravana, tres meses después de la de octubre de 2018 que llamó la atención por su masividad, beligerancia, impacto mediático y solidaridad desplegada.

La de 2019 sigue siendo muy numerosa: 11 mil 366 personas registradas el 27 de enero, y es preponderantemente hondureña (73 por ciento), en menor medida salvadoreña (13 por ciento), guatemalteca (11 por ciento) y de algunos otros países (3 por ciento).

No obstante, ya no se presenta de manera beligerante, en buena parte porque hay una nueva política migratoria de acogida al migrante y de ingreso ordenado y legal. Ya no hubo un asalto a la entrada como la escena del puente en octubre, debido a la política anterior de contención. Tampoco hay banderas hondureñas e himnos nacionales. A su vez, la caravana ha recibido menos impacto mediático que la anterior y también menos solidaridad de la población.

En otros artículos sobre el tema, había mencionado que el saldo de la caravana de octubre pasado no era favorable. Si bien no hay estadísticas precisas, sólo un grupo minoritario logró pasar la frontera, otro grupo espera en Tijuana, uno más regresó a su lugar de origen y otro recibieron condición de refugiados o visas humanitarias en México.

Pero al parecer este balance no ha impactado en la población hondureña que persiste en su afán de llegar a Estados Unidos. Tampoco han impactado las amenazas y exabruptos del inquilino de la Casa Blanca. Y las condiciones en Honduras siguen igual que antes, al presidente en turno tampoco le afectan las denuncias de sus connacionales, ni siquiera que su hermano, apresado en Miami, sea líder de un cártel hondureño. Juan Orlando Hernández cuenta con el apoyo de Estados Unidos, del Congreso y de las fuerzas armadas.

En otros casos, como en México y Colombia, la violencia sistémica suele generar desplazamientos interno más que emigración internacional. Pero en el caso de Honduras, dado el tamaño del país y de la población (nueve millones), no hay dónde ir, por eso se plantea la alternativa internacional. Es también el caso de El Salvador y Guatemala.

Las alternativas de cambio y desarrollo se han cerrado para estos países centroamericanos. La revolución armada fue un baño de sangre, del que escapó Honduras, pero lo vivió de cerca. La democracia, de derecha o de izquierda, no ha podido detener la sangría que huye de la pobreza, la violencia y las carencias institucionales. Los gobiernos corruptos se encadenan y justifican en elecciones democráticas.

La migración hondureña tiene un fuerte componente político, como en el caso de Venezuela. Este se hizo presente a lo largo de todo el trayecto de la caravana de octubre, con las banderas en alto y comunicados a la prensa. El éxodo fue acompañado por líderes políticos y de opinión como el ex diputado Bartolo Fuentes, quien asiste a reuniones de muy alto nivel en México y el comunicador Milton Benítez quien fue el interlocutor designado ante la representación de la ONU, en México, cuando se exigían camiones para el transporte de la caravana. Hay una organización y dirigencia política detrás las caravanas, por más que se afirme que se trata de un éxodo "sin Moisés". Y también hay organizaciones detrás, que "acompañan y asesoran" a los migrantes.

Los últimos datos del Pew Hipanic, para 2015 informan que el contingente de hondureños en Estados Unidos, era de tan sólo 630 mil, mientras que los guatemaltecos sumaban 980 mil y los salvadoreños un millón 420 mil. Los números responden a procesos históricos y de maduración diferente, la migración salvadoreña repunta en 1980, la guatemalteca en 1990 y la hondureña en 1998 con el huracán Mitch. Los hondureños llegaron al final de todos y tienen prisa, por probar las bondades y mezquindades del sueño americano.

Quedan pendientes muchas preguntas. Los tiempos de las caravanas no han podido ser peor escogidos. En las tres ocasiones: abril, octubre y enero le dieron en la yema del gusto a Trump. También han puesto a prueba al gobierno mexicano, el de Peña Nieto libró como pudo y el actual, con un nuevo "paradigma" de visas humanitarias, ha resuelto momentáneamente el tránsito, pero el tiempo dirá si no ha provocado un efecto llamada. A las caravanas siempre se han sumado migrantes de otras nacionalidades: cubanos, haitianos, ecuatorianos, brasileños africanos y rusos.

Por lo pronto la política de contención se da ahora en Estados Unidos, con el muro, pero también con el acuerdo aceptado por México de que EU puede devolver a solicitantes de refugio para que esperen por su proceso legal. El hondureño Carlos Gómez Perdomo de 55 años es el primero de una larga lista que ha sido retornado a México. Esta noticia tampoco parece afectar a la caravana, pero en la práctica es una medida adicional de contención para los migrantes centroamericanos y un problema adicional para México.

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