Abel Valenzuela frente al monumento improvisado a las víctimas en El Paso.Foto Afp

El joven supremacista blanco de 21 años, Patrick Crucius, recorrió mil kilómetros desde Dallas para perpetrar su planeada carnicería en El Paso, que cumplió lo poco que se ha publicitado de su "manifiesto" contra los "invasores hispanos": "La Verdad Incómoda", donde anhelaba asesinar al mayor número de mexicanos.

El mexicanocida Patrick Crucius se inspiró del libro El Gran Reemplazo del escritor galo Renaud Camus quien arguye que las élites en Europa intentan "remplazar" a los europeos blancos con migrantes del Medio Oriente y Noráfrica (https://amzn.to/2ZG7Lin).

Crucius lamenta que "la enorme población hispana en Texas" lo convertirá en "un bastión demócrata (sic)" y expone su angustia demográfica ante el ascenso galopante de los mexicanos en Texas, a punto de ser re-mexicanizada oficialmente cuando se publique el próximo censo en tres años (https://bit.ly/2yXFYy0).

Los "latinos" son 19 por ciento de la población de EU, cuyo 80 por ciento son mexicanos, de mayoría católicos guadalupanos (https://pewrsr.ch/2OTkjSw).

El perfil demográfico de Texas en 2014 (con un extraño atraso de cinco años) arroja 10.4 millones de "latinos": 39 por ciento de la población total de casi 29 millones.

En mi libro Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos (https://bit.ly/2JFEXmC), abordé el dramático declive de la población WASP (White AngloSaxon Protestant) de 60.4 por ciento, cuyos jóvenes desempleados no se casan y son presa de las drogas (fentanilo).

Síntesis texana: mexicanos guadalupanos al alza; WASP a la baja.

Mi tesis es que Trump adoptó la misma política de su gran aliado supremacista, el primer israelí Netanyahu, en seguridad/construcción de muros/despoblación árabe, etcétera.

¿Viene la programada desmexicanización de Texas? La selección de El Paso, ubicación del importante fuerte militar Bliss, fue bien planeada y/o teledirigida: casi 700 mil habitantes; 81.4 por ciento de "latinos".

Quizá el próximo aviso supremacista sea en San Antonio (Texas): 1.5 millones de habitantes; 64 por ciento "latinos" (https://bit.ly/2KFXaxw).

El alma blanca WASP juega su destino en Texas, segundo estado más importante de EU en superficie (casi 700 mil kilómetros cuadrados) y una población cerca a 29 millones (https://bit.ly/1gh8k4f) que tiene fronteras con cuatro estados mexicanos que deben estar muy pendientes: Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

El Rust Belt (cinturón industrial) y el Bible Belt (cinturón bíblico), donde Texas es uno de sus principales bastiones, dieron el triunfo en el Colegio Electoral a Trump, quien empieza a repetir la misma panacea demográfica para su relección.

California, principal economía de EU –que si fuera país sería elquinto en el ranking global– ya se mexicanizó y es bastión del Partido Demócrata.

Hoy Texas, segunda mayor economía de EU –que si fuera país, sería el décimo en el ranking global–, se puede re-mexicanizar, como California, en forma oficial en los próximos tres años, lo cual obligaría a su redistritación electoral.

Travesuras de la vida: 173 años después (guerra de Texas contra México) se puede re-mexicanizar por la vía biológica el omnipotente "Estado de una Estrella" y segundo estado con el mayor número de empresas (97) en el ranking de Fortune 500 (https://bit.ly/2MeN9KZ), con gran avance agrícola/aeroespacial/biomédico/computacional/electrónico/petroquímico y principal fuente petrolera con el polémico fracking del gas esquisto en su Cuenca Pérmica.

David Schultz evoca "La Nueva Política del Partido Republicano Evangélico (sic) Supremacista Blanco" y aduce en forma persuasiva la "fusión y consolidación del supremacismo blanco, el evangelismo (sic) blanco y el republicanismo en un solo partido" que se basa en la "identidad racial. Este es el nuevo Partido Republicano" (https://bit.ly/2ZFBNCQ).

David Schultz cita una reciente encuesta donde la mayor aprobación de Trump, con 73 por ciento, proviene de los "evangelistas blancos": los WASP.

No quiero sonar fatalista, pero si de algo sirve la lección a posteriori del "factor Netanyahu", en México debemos prepararnos para escenarios acordes a la nueva realidad supremacista WASP de EU: "la palestinización de los mexicanos".

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Venezolanos, las nuevas víctimas de la guerra en Colombia

 Human Rights Watch denuncia que son reclutados como raspachines de coca en la región fronteriza del Catatumbo

 “Estamos aquí porque en Venezuela hay mucha escasez de comida. Yo tengo 14 años y raspo coca. Hay niños de ocho años que también raspan coca”. El testimonio de un adolescente venezolano es parte de la cruda realidad que revela el informe La guerra en el Catatumbo, de Human Rights Watch (HRW), que documenta violaciones de derechos humanos en esa región fronteriza y revela cómo los migrantes venezolanos son carne de cañón de los grupos armados ilegales que los reclutan como ‘raspachines’, como se conoce a los recolectores de hoja de coca en Colombia.

“Muchos venezolanos desesperados, y a menudo indocumentados, que cruzan la frontera a Colombia en busca de alimentos, medicinas y trabajo están expuestos a los abusos que ocurren en el contexto del conflicto armado que persiste en Colombia”, indica el documento, que recogió información en abril de 2019 con cerca de 80 fuentes en Cúcuta, la principal ciudad sobre la línea limítrofe, y otros municipios del Catatumbo.

Como refleja una de las entrevistas que acompaña el informe, los migrantes se someten a labores con cultivos ilegales a cambio de alimentarse. “Vienen a buscar trabajos acá aunque sea por la comida. Estos grupos al margen de la ley los están reclutando con mentiras. Les dicen que les van a dar comida y sueldo”, cuenta una mujer en video. Pero no solo son utilizados en cultivos de coca. “También son víctimas de desplazamiento forzado, homicidio y reclutamiento infantil cometidos por grupos armados. Algunos venezolanos han desaparecido y algunas mujeres y niñas han sido víctimas de violencia sexual”, agrega el documento de HRW. La situación, sin embargo, puede ser aún peor porque los venezolanos evitan denunciar ante las autoridades colombianas por temor a ser deportados. De acuerdo con cifras de la Fiscalía de Colombia, citadas por HRW, se investigan 47 homicidios de ciudadanos venezolanos cometidos en el Catatumbo desde 2017.

No es claro cuántos venezolanos habitan en El Catatumbo, una subregión del departamento de Norte de Santander, en el nororiente de Colombia. Pero según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha), pueden ser al menos 25.000. La ONG le recomienda al gobierno de Iván Duque que evalúe de forma “exhaustiva” la cantidad de venezolanos en esa zona y “asegurar que tengan estatus legal” para que puedan trabajar legalmente y no teman denunciar abusos. Con 1,4 millones de venezolanos en su territorio, Colombia es por mucho el principal destino del éxodo que huye de la crisis política, social y económica del país vecino.

En el Catatumbo convergen todos los problemas del conflicto colombiano: aumento de cultivos ilícitos, presencia de grupos armados e inestabilidad en la frontera, adobado con una pobreza histórica. El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (Simci) señala que Norte de Santander es, con 33.598 hectáreas que representan el 20 % del total nacional, el segundo departamento con mayor extensión de narcocultivos –después de Nariño– y ha sufrido un incremento sostenido en los últimos años. Solo en 2018 la extensión de los cultivos creció un 19% en Norte de Santander. Allí hacen presencia grupos armados que se disputan el territorio como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), así como disidencias de las extintas FARC, hoy desarmadas y convertidas en partido político en virtud del acuerdo de paz que sellaron con el Gobierno a finales de 2016.

La situación de violencia es crítica para colombianos y venezolanos. Desde 2017 se han desplazado más 40.000 personas, la mayoría durante el 2018, la mayoría por los enfrentamientos entre el ELN y el EPL. Sin embargo, afirma Human Rights Watch, este año la razón del éxodo son los combates que libran estos grupos y la fuerza pública colombiana. Y algunas familias huyen también debido al temor del reclutamiento infantil. “Los miembros de los grupos armados les ofrecen a los niños y niñas, incluso de apenas 12 años, que se unan a sus filas. Con frecuencia, les ofrecen un pago. A veces, amenazan con matarlos a ellos o a sus familias si se niegan, según familiares de las víctimas, la Defensoría del Pueblo y funcionarios de organizaciones humanitarias que trabajaban en la zona”, asegura el documento.

Por otro lado, los homicidios se duplicaron desde 2015, pasando de 112 en ese año a 231 en 2018, una tasa anual de casi 79 cada 100.000 habitantes, tres veces la tasa nacional. Lo más grave es que la situación afectó particularmente a civiles. Human Rights Watch identificó que en varios casos fueron asesinados tras “acusarlos de cooperar con grupos armados contrarios o con el Ejército, o porque se negaron a cooperar con el grupo o a sumarse a sus filas”, y que esta región ha sido centro de asesinatos a líderes comunitarios. Como si el panorama no fuera de por sí crítico para la población civil, las minas antipersonales, que se pensaban erradicadas en el país, han cobrado vidas. “Cuatro personas murieron y 65 resultaron heridas por minas antipersonales en el Catatumbo desde 2017, aunque no se sabe con certeza cuántos de estos incidentes fueron causados por minas plantadas recientemente o por otras que quedaron de períodos anteriores del conflicto”, denuncia la organización de derechos humanos.

El informe La guerra en el Catatumbo también abordó la violencia sexual, que afectó a 41 personas desde 2017. Y aunque estos hechos se encuentran más relacionados a violencia intrafamiliar, varias voces que consulta HRW afirman que existen casos relacionados con los grupos armados que actúan en la zona y que estos también amenazan a trabajadoras sexuales, “que en al menos tres municipios del Catatumbo son, en su mayoría, venezolanas”.

El documento será entregado este jueves al presidente Iván Duque por parte del director de Human Rights Watch para las Américas, José Miguel Vivanco, y contiene una serie de recomendaciones para atender la crítica situación de derechos humanos que vive esta región.

Por Catalina Oquendo

Bogotá 8 AGO 2019 - 01:00 COT

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La justicia argentina falla contra Glovo y otras dos plataformas de reparto

Una sentencia exige que las compañías consideren como parte de su plantilla a cientos de empleados que hoy son solo “colaboradores”

 

Un juez argentino ha ordenado al gobierno de la ciudad de Buenos Aires que prohíba las plataformas digitales que ofrecen mensajería y reparto de comida a domicilio. El fallo, de primera instancia pero avalado por uno anterior de un tribunal superior, afecta a la española Glovo, la colombiana Rappi y la uruguaya PedidosYa, tres empresas que desde su llegada a Argentina, a principios del año pasado, han acaparado el servicio de delivery en la capital y otras ciudades del interior. La decisión del juez Roberto Gallardo exige a las compañías que consideren como parte de su plantilla a cientos de empleados que hoy son solo “colaboradores” y las obliga a proveerles materiales de trabajo, cobertura sanitaria y seguro contra accidentes. Las tarjetas de crédito, además, no podrán aceptar los pedidos de pago que reciban desde esas aplicaciones.

Una llegada difícil

Igual que ha sucedido en España, el desembarco de empresas de reparto como Glovo ha sido traumático en Argentina. Desde un principio, los sindicatos de repartidores, muy numerosos en Buenos Aires, las denunciaron por competencia desleal. A mediados del año pasado, los trabajadores de Glovo, Rappi y PedidosYa formaron su propio gremio y lograron, al menos, que las compañías no les cobrasen por los elementos de trabajo, como las cajas térmicas de reparto. Un año después, su situación laboral sigue siendo muy precaria, mientras el servicio suma denuncias ante el Ministerio de Trabajo por incumplimiento de las normativas argentinas. El fallo del juez Gallardo sólo alcanza a Buenos Aires, pero puede sentar precedentes para otras localidades.

Rappi fue la primera en reaccionar con un comunicado en el que rechaza la decisión del magistrado y menciona que su aplicación funciona normalmente. “La decisión perjudica tanto a repartidores como comercios y consumidores”, advirtió.

El derrotero judicial de las plataformas de reparto en Argentina ha sido similar al de Uber. La empresa de servicios de transporte opera sin autorización del Gobierno de Buenos Aires y no puede cobrar con tarjetas de crédito por decisión de un juez. Los chóferes se enfrentan, además, a la ira de los taxistas, agrupados en un sindicato reconocido por su poder. Pese a todo, los chóferes de Uber proliferan por toda la ciudad.

 

Por Federico Rivas Molina

Buenos Aires 3 AGO 2019 - 18:42 COT

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 El boxeador argentino Hugo Santillán, fallecido la semana pasada. World Boxing Council

La muerte del boxeador Hugo Santillán desnuda la desprotección económica y laboral a la que los están expuestos los púgiles argentinos

 

 

"Papi, estoy mareado", le dijo el boxeador argentino Hugo Alfredo Santillán a su padre y entrenador, también Hugo Alfredo Santillán, mientras el anunciador leía las tarjetas de los jurados que daban como empate a una pelea televisada para todo el país desde San Nicolás, a 240 kilómetros de Buenos Aires, el sábado 20 de julio. Entonces, Santillán hijo se desplomó. Y aunque alcanzó a responderle al médico cómo se llamaba, en la ambulancia camino al hospital entró en coma y ya no recobró más la conciencia. Con el cerebro hinchado, insuficiencia renal sucesiva y dos paros cardíacos, murió cuatro días después, víctima de una pelea con la que habría cobrado 55.000 pesos argentinos (1.100 euros, 1.240 dólares), poco más de los 45.000 pesos que costó su sepelio.

La muerte de Dinamita Santillán, ex campeón sudamericano de 23 años y padre de tres hijos, es uno de esos casos en los que una avalancha de fatalidades se alinean para converger en la gran tragedia final. Pero es, también, la muestra de la indefensión que sufre la enorme mayoría de boxeadores en Argentina, que ni siquiera cuentan con un sindicato que se preocupe por agruparlos y generarles mínimas condiciones económicas y laborales.

Santillán, según coinciden varios especialistas, no debió haber peleado la noche de su combate mortal contra el uruguayo Eduardo Abreu por uno de esos títulos que el boxeo moderno encuentra debajo de las piedras: el latino plata ligero de una de las cuatro organizaciones principales. Poco más de un mes antes, el 15 de junio, el argentino había sufrido una golpiza en Hamburgo (Alemania), en un combate que perdió contra el armenio Artem Harutyunyan y por el que ingresó 4.000 euros. Era una fortuna para el mercado local, aproximadamente lo que podría haber ganado en dos años de boxeo en Argentina. "Voy a dejar mi vida. Peleo por mis hijos así que voy a matar o a que me maten", había escrito Santillán en sus redes sociales el 10 de junio, antes de subirse al avión.

Pero el costo de su experiencia europea fue infinitamente superior: Santillán debió combatir tres categorías por encima de su peso habitual. Si en Argentina peleaba en pluma o superpluma, categorías que oscilan entre 57 y 59 kilos, en Alemania enfrentó a un rival superligero, que pesó 63,50 el día previo a la velada pero que después contó con 24 horas para rehidratarse y alimentarse: en ese lapso, los boxeadores que necesitan bajar de peso para no sobrepasar el límite suelen recuperar hasta seis kilos. Sumados a los dos de diferencia que arrastraba desde el pesaje, el argentino subió al cuadrilátero con una desventaja abismal. O criminal.

Santillán soportó los 10 rounds, pero las tarjetas favorables al armenio en todos ellos demostraron la inequidad entre los rivales. Por esa acumulación de golpes, la Federación Alemana suspendió a Santillán para pelear en Europa durante 45 días, hasta el 30 de julio. La sanción se desperdigó entre diversos organismos e incluso les llegó a los editores argentinos de BoxRec, la web más consultada por el ambiente, con una excepción: no ingresó oficialmente en la Federación Argentina de Box (FAB). Por un lado no dejaba de ser un formalismo porque, según contaron editores de BoxRec, admistrativos de la FAB los consultaron sobre la sanción de la Federación Alemana y desde la web les confirmaron el descanso obligatorio. Pero desde la legalidad, y aunque algunos de sus empleados sabían extraoficialmente de la suspensión en Europa, a la FAB siguió sin llegar la penalidad oficial y Santillán nunca estuvo inhabilitado en Argentina.

En ese limbo de incomunicaciones, distracciones y zonas grises, una de las empresas de promotores boxísticos más importantes de Argentina, OR Promotions, debió tapar con urgencia una pelea que se le cayó a último momento de la cartelera prevista para San Nicolás el 20 de julio —un púgil avisó que no llegaba a la preparación—. Santillán ocupó uno de esos lugares a falta de una semana. Sin irregularidades desde la letra chica, la FAB no se opuso a la nueva presentación de Dinamita porque quien acepta o declina una pelea no es la federación sino el entrenador del boxeador pero, además, porque no suele rechazar a su proveedor directo de armados de festivales. El caso es todavía más dramático porque el entrenador de Santillán era su padre, un ex boxeador. Luego de la golpiza en Alemania, su hijo no se realizó los estudios médicos que no le correspondían por reglamento, ya que sólo quienes pierden por nocaut deben presentar un electroencefalograma ante la FAB, sino por sentido común: en su derrota por puntos ante el armenio había caído dos veces a la lona.

Sin descanso ni preparación física ideal, Dinamita aguantó de pie las dos peleas pero la acumulación fatal de golpes con 35 días de intervalo desnudó la desprotección de los boxeadores debajo del ring, también de los supuestos profesionales como Santillán: salvo un par de excepciones, en Argentina no hay púgiles que vivan de su actividad. En algunas peleas televisadas cobran 50.000 pesos, 1.000 euros (la cifra sube si está un juego un título más importante), y a lo sumo pueden aspirar a tres o cuatro por año. Dinamita también fue rehén de un sistema en el que los boxeadores son mano de obra barata fácilmente reemplazable: era un muchacho que todavía debía luchar para llegar a la élite y no elegía cuándo peleaba ni contra quién. Rechazar la oferta de un promotor implica el riesgo de volver a ser convocado quien sabe cuando. Debajo hay 15.000 aficionados que esperan su oportunidad.

Muchas peleas se manejan en la informalidad económica, con retribuciones sin facturas. Campeones argentinos con 15 años de experiencia aseguran que tampoco tienen el respaldo de un gremio del que saben su existencia —se llama Boxeadores Argentinos Agremiados— pero al que califican como un sindicato fantasma e inaccesible. Gente del ambiente asegura que no conocen a ningún boxeador afiliado. Otros agregan que fueron a inscribirse y no los dejaron. Héctor Velasco, ex campeón del mundo en 2003, reunió a otros diez exmonarcas y presentó en 2009 ante el Congreso un proyecto de ley que proteja al boxeador, regule su actividad y garantice obra social. Nunca le respondieron.

Tres días después de la muerte de su hijo, en su primera entrevista, Santillán padre le agradeció a los promotores de la pelea por haber pagado los 45.000 pesos del sepelio.

Por Andrés Burgo

Buenos Aires 1 AGO 2019 - 18:24 COT

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Miércoles, 31 Julio 2019 11:02

En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

“El mundo moderno y su perfección,
perfecta máquina de destrucción, cañones que apuntan a todo lugar, siempre hay una bomba a punto de explotar”.
Canción “Perfección” de Los SuZioX

 

Todas las tardes, don Miguel ponía un puesto de comida en la entrada de su casa. Era como un rito: hacia las 3 pm sacaba una parrilla y allí prendía la brasa con carbones y alimentaba el fuego con el viento de un ventilador. Las arepas con mantequilla, queso o con chorizo que vendía don Miguel tenían un sabor especial, ese que ya poco se encuentra en la ciudad: traían un sabor a vecindad, pues a su negocio llegaban, noche tras noche, muchas personas del barrio Villa Javier, que se sentaban al frente de su casa para espantar el hambre degustando las deliciosas arepas.

El trabajo de don Miguel también reflejaba una realidad de millones en el país: el rebusque cotidiano para sobrevivir. Después de dos años de su rito diario, un día don Miguel no volvió a abrir su negocio y el barrio se quedó sin arepas. ¿La razón? La aplicación de Rappi se convirtió en el nuevo trabajo del vecino que decidió cerrar su negocio para irse a aventurar trabajando como “rappitendero”, y así vivir en carne propia la realidad de las precarias oportunidades laborales del siglo XXI (Ver recuadro 1).

Precarización laboral
Es innegable que el mundo en el que vivimos vive una revolución en todo sentido. Con el desarrollo de nuevas tecnologías y la internet, surgen algoritmos, aplicaciones y plataformas que van transformando la vida de los seres humanos. El imperio de Silicon Velley, ubicado al norte de California (Estados Unidos), donde se alojan las grandes corporaciones tecnológicas (Google, Facebook, Apple, Intel, Hewlett-Packard, Netflix, entre otros), trata de penetrar hasta el más mínimo rincón de la vida mediante la digitalización de todo, acumulando así el nuevo oro de las corporaciones: los datos, que día a día son suministrados gratuitamente por los usuarios que mediante “likes” abren las posibilidades para que las empresas creen nuevas experiencias y modelos de consumo, cada día más personalizados e individuales.

Estos emporios tecnológicos lo están transformando todo, llegando al punto de crear nuevas formas de empresas y trabajos, que, para una sociedad y sistema económico en crisis, surgen como salvación al permitir su reconversión. Es así como se da el crecimiento y auge de las aplicaciones de servicios, las cuales se puede decir implican una nueva ola de pérdida de derechos y desregulaciones laborales.

Lemas como “conviértete en tu propio jefe”, o discursos de ser “emprendedores” y “microempresarios”, profundizan una lógica en la que todas las personas compiten entre sí, esforzándose de esta manera por su bienestar individual.
Aplicaciones como Uber, Glovo, Deliveroo, Pedidos Ya, Rappi, etcétera, generan unas condiciones de control y explotación laboral de siglos pasados, por no decir que peores, pues ahora los trabajadores totalmente controlados y sometidos –mediante satélites– reciben órdenes de servicio, que de no cumplir les aplican el bloqueo de la aplicación, algo así como ser despedidos pero sin carta alguna que así lo indique, o sin invitación a la oficina del jefe inmediato para recibir la decisión de la empresa, y mucho menos liquidación alguna.

Es una relación de nuevo tipo, totalmente desregularizada, en la cual la propietaria de la aplicación asigna los pedidos, tarifas, cobro de “salarios” –en realidad comisiones por entrega efectivas–. Estamos ante un modelo en el que no se firman contratos, no se aplica una jornada laboral específica, no se generan prestaciones ni seguridad social, no se genera un salario fijo, no se puede realizar acciones legales, y son muy pocos los casos de sindicalización para exigir derechos.

Rappi, el unicornio
colombiano

Esta empresa de domicilios y comercio electrónico fue creada en agosto de 2015 y hoy en día se convirtió en uno de los emporios económicos, pues en tan solo cuatro años se propagó por las calles de siete países de la región (Colombia, Argentina, Uruguay, Perú, Chile, Brasil y México), convirtiéndose así en el primer “unicornio colombiano”, es decir la primera empresa digital en edad temprana que logró llegar a un valor de un millón de dólares. Adicionalmente es la primera empresa en Latinoamérica de este tipo en recibir “una inversión de hasta US$1.000 millones (aproximadamente $3,2 billones), por parte del poderoso grupo japonés SoftBank Group y SoftBank Vision Fund”1.
El crecimiento de la empresa se logra a costa de la esclavitud de miles de personas conectadas a la aplicación y dispuestas a partir rumbo a la compra y entrega indicada, a la hora que sea y en el territorio asignado.

Para evadir implicaciones legales de cualquier tipo, el discurso oficial de la empresa es que las personas que trabajan como “rappitenderos” no viven de este trabajo, pues en realidad son “microempresarios” que disponen de su propio tiempo libre para ganarse unos pesos de más. Discurso falso, pues como todo el mundo lo sabe –sobre todo quienes están ligados a este rebusque– los miles que trabajan con la maleta naranja, en su mayoría dependen económicamente de los domicilios que logren entregar en el día a día. Según Simón Borrero CEO (Chief Executive Officer u Oficial Ejecutivo en Jefe) y fundador de la empresa, Rappi cuenta con 3.000 empleados fijos y alrededor de 50.000 “rappitenderos” en toda la región. En sus proyecciones está multiplicarlos por 10 en un año, es decir, sumar 500.000.

Las condiciones laborales de este “unicornio colombiano” son como de un cuento de fantasía, pues en la realidad no existen. Ningún “rappitendero” cuenta con garantías laborales y la mayoría dedica todo el día a esta actividad, como lo menciona don Miguel en la entrevista. Es claro que quienes ven una oportunidad laboral en esta aplicación son los desempleados, así como los migrantes venezolanos que se encuentran por toda la región (Ver recuadro 2).

Nuevo modelo de bancarización. Pero no solo controlan el tiempo de miles de personas, a quienes tienen a su disposición sin ninguna contraprestación legal, sino que además, con el crecimiento de la empresa se concretan los lineamientos del capital internacional financiero, que desde hace algunos años tiene la pretensión de bancarizar la sociedad –dejar de utilizar efectivo y comenzar a utilizar tarjetas débito o crédito–. Actualmente Rappi y el banco Davivienda formalizaron una alianza mediante la cual se podrán realizar transferencias bancarias, giros, pagos de impuestos y facturas, compras y otro tipo de movimientos económicos sin necesidad de tener tarjetas, lo que formaliza una nueva forma de la economía de plataformas, que avanza a pasos agigantados, como puede deducirse de la decisión de Facebook de crear una moneda propia.

Huelgas, paros y acciones legales contra plataformas

Solidaridad entre los “naranjas”. En los primeros días del mes de julio los “rappitenderos” realizaron nuevas jornadas de protesta2 contra la empresa, aglutinándose en las oficinas de la calle 93 con 19 y quemando algunos maletines mientras exigían mejores condiciones laborales. La acción de protesta se produjo debido a los cambios de tarifas que se empezaron a generar por la entrega de domicilios, llegando a casos de pagar menos de 2.000 mil pesos por entrega, así mismo se exteriorizaba la inconformidad por los bloqueos que reciben los trabajadores por no aceptar pedidos, lo que generó la inconformidad de los “naranjas”.

Estas acciones no se presentan únicamente en nuestro país. En diferentes lugares del mundo crecen las inconformidades contra estas plataformas, que en su mayoría pasan por encima de los derechos de los trabajadores. Un ejemplo organizativo de este tipo es el caso argentino, en donde los trabajadores de plataformas crearon la Asociación de Personal de Plataformas (APP)3, sindicato mediante el cual luchan por los derechos laborales de todas aquellas personas que viven de trabajar con las aplicaciones.

De igual manera en España en el año 2017, un juez falló en contra de la empresa Deliveroo –aplicación que funciona similar a Rappi–, al considerar que un repartidor había sido despedido de manera injusta, comprobando que las condiciones de trabajo del domiciliario eran las de un empleado vinculado a la compañía, pues dependía completamente de ella y seguía todas las reglas fijadas por la empresa, lo que evidenciaba que no era un trabajador independiente.

Muchas de las exigencias laborales a nivel mundial son las mismas, entre ellas resaltan: salario básico, garantía de prestaciones y seguridad social. Lo que implica algún tipo de formalidad laboral con las plataformas.
En Colombia es poco el nivel organizativo logrado entre de los trabajadores de plataforma, sin embargo, ya se han presentado algunas propuestas de sindicalización que toman como referente el caso argentino. Así mismo, Rappi recibió una sanción de la Superintendencia de Industria y Comercio en la que multan a la empresa con $298 millones de pesos al incumplir la ley de protección de datos, sanción que está en veremos, pues la empresa apeló la decisión. De la misma manera, desde el Ministerio del Trabajo se piensa promover una ley para regular las aplicaciones en Colombia, exigiendo la garantía de pensión y salud para los trabajadores. Todo un contrasentido, teniendo en cuenta que el gobierno actual promueve este tipo de empresas con su denominada “economía naranja”.

¿Alternativas?

Es evidente, nos encontramos ante un retroceso en los derechos alcanzados por la humanidad a través de las luchas sociales de siglos pasados. Derechos como el de la sindicalización o el de los tres ochos –ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso– parecen cuestiones que la memoria ya no retiene.

Es así como la norma común hoy es el trabajo de la eterna esclavitud, no solo en Colombia sino en muchos otros países. Para el caso nacional, con estas nuevas tecnología, que deberían servir para potenciar la vida en común y no para individualizar, regresamos a condiciones similares a las ya padecidas por los trabajadores de las bananeras (años 20 del siglo XX), en donde les pagaba con bonos que solo podían redimir en los comisariatos de la United Fruit Company, o al de las caucherías en la amazonia (inicios del siglo XX) en donde los trabajadores, en efecto, eran esclavos de la Casa Arana, y cargaban consigo una deuda eterna, trasferible a sus descendientes.

Para evitar nuevas opresiones, agilizadas por novísimas tecnologías, el reto es potenciar lo colectivo y el rescate de lo común. El tejido de solidaridades y la constitución de otras formas de economía y de socialización de lo producido entre quienes estén ligados a las mismas, se colocan a la orden del día. Otra economía, que debe marchar a la par de otras formas de ser gobierno, para darle paso a otras formas del poder, que en este siglo debe desconcentrarse para ya no ser máquina de opresión.

1 Ver: https://www.dinero.com/emprendimiento/articulo/rappi-recibe-inversion-de-1000-millones-de-dolares/270362
2 En octubre de 2018 los “rappitenderos” realizaron manifestaciones frente a las oficinas de la empresa por los cambios realizados por la plataforma que afectaban sus bolsillos.
3 Para conocer la experiencia organizativa argentina contra la empresa de plataforma se recomienda ver: https://www.youtube.com/watch?v=EmB5_6ien0w

 


Recuadro 1

 

La vida como “Rappitendero”

 

Don Miguel Cárdenas es una persona como millones en nuestro país: padre de 3 hijas y próximamente tendrá un nuevo hijo, estudió bachillerato y a lo largo de su vida se ha dedicado a trabajar en oficios varios.

desdeabajo (da). ¿Cómo era un día en su trabajo vendiendo arepas y chorizos?
Miguel Cárdenas (MC). Mi rutina era, entre las 9 y 10 de la mañana tenía que ir a surtir, porque había muchas cosas que no me las llevaban hasta la casa, sino que me tocaba ir a comprar, por ejemplo, los chorizos, la mantequilla, las salsas; las arepas y las gaseosas si me las traían a la casa. Luego, cuando llegaba de compras me ponía a hacer aseo, porque como trabajaba con el carbón entonces quedaba bien sucio. Como me quedaba tiempo libre pues a veces le colaboraba a uno que otro vecino a hacer algunas vueltas –como mensajero–, así me ganaba unos pesos adicionales.

Cuando ya eran las 3 y media de la tarde ponía el puesto en la entrada de la casa y me ponía a prender el carbón. Generalmente los clientes empezaban a llegar a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Siempre tenía abierto hasta las 9:30 o 10:00.

Con el negocio duré dos años y medio, y hubo una época que empecé a trabajar en una panadería y ahí la rutina era diferente porque entraba a trabajar a las 5 de la mañana y salía a las 2 de la tarde y de ahí ir a surtir y salir corriendo para abrir el negocio.

da. ¿Por qué decidió montar ese negocio en su casa?
MC. La verdad es que pasé muchas hojas de vida, pero por la edad que tengo (42 años) ya no me recibían en ninguna empresa, entonces decidí montar el negocio.

da. ¿Cuánto se ganaba mensualmente con tal labor?
MC. Al comienzo era bueno, siempre llegaba casi a 900 mil o un millón libres, pero a raíz de la noticia del señor de la empanada que le sacaron un parte se bajaron mucho las ventas y empecé a hacerme apenas ochocientos mil pesos o un poco menos.

da. ¿Por qué decidió empezar a trabajar con las aplicaciones?
MC. Inicialmente comencé con Rappi. Todo fue por una idea de un conocido de mi mamá que me dijo que él compraba la moto y yo se la trabajaba dándole una cuota diaria como si fuera tipo taxi –20 mil diarios–. Yo estuve indagando y tomé la decisión de arriesgarme para irme a trabajar con la aplicación esperando que este trabajo sí me ayudara a cubrir todos mis gastos.
da. ¿Tuvo que firmar algo para entrar a trabajar?
MC. En Rappi solamente lo conocen el día que usted va y se activa. Lo único que tuve que hacer fue un curso de unas horas donde me explicaron el manejo de la aplicación, después compré el bolso de 85.000 mil pesos y comencé a trabajar.

da. ¿Cuánto le pagaban por domicilio?
MC. Algunos domicilios eran de 2.700 pesos, pero después de las 7 de la noche por algunos pagaban hasta 10.000 mil pesos.

da. ¿Cómo es un día normal trabajando con la aplicación?
MC. Cuando comencé con Rappi, de lunes a jueves salía a las 9 de la mañana y regresaba a las 7 de la noche. Lo que eran viernes, sábados y domingos salía a la misma hora y trabajaba hasta las 10 u 11 de la noche, porque en esos días salía más trabajo.

da. ¿Por qué dejó de trabajar en Rappi?
MC. Un domingo a las 8 de la mañana salí y tomé un servicio, lo entregué y a los diez minutos la aplicación me bloqueo porque supuestamente fui grosero con dos proveedores donde recogí los domicilios hacía unos días. Fui a una de las oficinas centrales, envié cartas con la firma de uno de los proveedores, con los que supuestamente había sido grosero, donde se aclaraban las cosas, pero no me solucionaron nada y quedé sin poder trabajar.

da. ¿Conoce otro tipo de sanciones en Rappi?
MC. Después de lo que me pasó, he hablado con muchos trabajadores y me cuentan que hay casos en los que pagan menos de lo que le tienen que pagar, por ejemplo, a usted ellos le consignan cada 8 días en Daviplata y a mucha gente le pasa que trabajó toda la semana y estaba esperando 500 mil pesos y le consignan apenas 150 mil y cuando se pregunta por el resto sacan pretextos de deudas inexistentes.
Otro caso de sanción es que a usted le miden la velocidad a través del GPS, y si usted trabaja en bicicleta y ven que se está moviendo con más velocidad dicen que en realidad usted está es en moto y le está mintiendo a la empresa, entonces lo bloquean.

da. ¿Cuáles son las diferencias más notables entre su actual trabajo y el anterior?
MC. Siéndole sincero, con Rappi se veía una diferencia porque había más trabajo. De estarme ganando 900 mil con el negocio de las arepas, en Rappi alcancé a llegar al millón doscientos y si no me hubieran bloqueado creo que estaría ganando un poco más, pero la verdad Rappi sí me afectó mucho dejándome sin trabajo.

 


Recuadro 2

 

El interior de Rappi

 

Santiago Vargas trabajó en Rappi por medio de una empresa intermediaria que lo contrató como agilizador de “rappitenderos” y usuarios. Estudió cine en la Universidad Central.

desdeabajo (da). ¿Qué es Rappi?
Santiago Vargas (SV). Es una empresa de domicilios que tiene varios servicios más allá del domicilio básico, ya que también puede prestar otro tipo de servicios, como adelantos en plata, así como suplir otro tipo de necesidades más personalizadas, todo ello a través de una aplicación de teléfono.

da. ¿Cómo son las condiciones de trabajo para quienes están en las calles?
SV. Hay una cosa con esa empresa y es que todo es muy cambiante. Yo estuve un año y en ese tiempo a los “rappitenderos” les cambiaron las condiciones de trabajo por lo menos unas 10 veces. Digamos, muchas veces los bloqueaban por algunas horas –al no aceptar pedidos– y les restringían las opciones para aceptar los domicilios; cuando eran bloqueados muchas veces los restringían por días, y a veces ya no podían volver a trabajar. De las cosas que más cambiaban eran las tarifas, pues, en realidad ese tema nunca ha sido estable y varía mucho en el día a día, depende de la hora, de la zona y así: a veces les pagan desde 2 mil pesos, pero otras veces podían verse algunos de hasta 20 mil pesos.
da. ¿Cuántos domicilios puede hacer un “rappitendero” por día y cuáles son las condiciones de trabajo?
SV. Eso depende mucho de las horas que trabajen, y quienes trabajan hasta 15 horas día pues les iba bien. También hay qué tener en cuenta que existen horarios en los que es mejor que en otros, como hay zonas en las que salen más pedidos que en otras. Como le digo, todo en esa empresa es cambiante. Nosotros ni siquiera teníamos claro la cantidad de gente que entraba y salía. Había gente de todas las edades, generalmente más hombres.

Todo el tiempo desactivan y activan nuevas personas y ninguna tiene un contrato. No todos los “rappitenderos” son lo mismo, hay algunas categorías entre ellos, y algunos, por el tiempo que llevan, tienen mejores condiciones laborales.

da. ¿Cómo era su contratación con la empresa?
SV. A mí me contrató una empresa temporal, que es una de esas firmas que abren y cierran en cualquier momento y lo vinculan a uno tercerizado a otras empresas, ellos me respondían por mi dinero, pero yo tenía que ir a trabajar en las oficinas de Rappi. Tenía un contrato por prestación de servicios, que le llaman hora labor, y mi función era coordinar los pedidos y las entregas. Mensualmente tenía una base de 800 mil pesos, pero cuando trabajaba en las noches y festivos recibía una comisión y así podía alcanzar el millón de pesos.

Publicado enColombia
Miércoles, 31 Julio 2019 09:04

En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

“El mundo moderno y su perfección,
perfecta máquina de destrucción, cañones que apuntan a todo lugar, siempre hay una bomba a punto de explotar”.
Canción “Perfección” de Los SuZioX

 

Todas las tardes, don Miguel ponía un puesto de comida en la entrada de su casa. Era como un rito: hacia las 3 pm sacaba una parrilla y allí prendía la brasa con carbones y alimentaba el fuego con el viento de un ventilador. Las arepas con mantequilla, queso o con chorizo que vendía don Miguel tenían un sabor especial, ese que ya poco se encuentra en la ciudad: traían un sabor a vecindad, pues a su negocio llegaban, noche tras noche, muchas personas del barrio Villa Javier, que se sentaban al frente de su casa para espantar el hambre degustando las deliciosas arepas.

El trabajo de don Miguel también reflejaba una realidad de millones en el país: el rebusque cotidiano para sobrevivir. Después de dos años de su rito diario, un día don Miguel no volvió a abrir su negocio y el barrio se quedó sin arepas. ¿La razón? La aplicación de Rappi se convirtió en el nuevo trabajo del vecino que decidió cerrar su negocio para irse a aventurar trabajando como “rappitendero”, y así vivir en carne propia la realidad de las precarias oportunidades laborales del siglo XXI (Ver recuadro 1).

 

Precarización laboral


Es innegable que el mundo en el que vivimos vive una revolución en todo sentido. Con el desarrollo de nuevas tecnologías y la internet, surgen algoritmos, aplicaciones y plataformas que van transformando la vida de los seres humanos. El imperio de Silicon Velley, ubicado al norte de California (Estados Unidos), donde se alojan las grandes corporaciones tecnológicas (Google, Facebook, Apple, Intel, Hewlett-Packard, Netflix, entre otros), trata de penetrar hasta el más mínimo rincón de la vida mediante la digitalización de todo, acumulando así el nuevo oro de las corporaciones: los datos, que día a día son suministrados gratuitamente por los usuarios que mediante “likes” abren las posibilidades para que las empresas creen nuevas experiencias y modelos de consumo, cada día más personalizados e individuales.

Estos emporios tecnológicos lo están transformando todo, llegando al punto de crear nuevas formas de empresas y trabajos, que, para una sociedad y sistema económico en crisis, surgen como salvación al permitir su reconversión. Es así como se da el crecimiento y auge de las aplicaciones de servicios, las cuales se puede decir implican una nueva ola de pérdida de derechos y desregulaciones laborales.

Lemas como “conviértete en tu propio jefe”, o discursos de ser “emprendedores” y “microempresarios”, profundizan una lógica en la que todas las personas compiten entre sí, esforzándose de esta manera por su bienestar individual.
Aplicaciones como Uber, Glovo, Deliveroo, Pedidos Ya, Rappi, etcétera, generan unas condiciones de control y explotación laboral de siglos pasados, por no decir que peores, pues ahora los trabajadores totalmente controlados y sometidos –mediante satélites– reciben órdenes de servicio, que de no cumplir les aplican el bloqueo de la aplicación, algo así como ser despedidos pero sin carta alguna que así lo indique, o sin invitación a la oficina del jefe inmediato para recibir la decisión de la empresa, y mucho menos liquidación alguna.

Es una relación de nuevo tipo, totalmente desregularizada, en la cual la propietaria de la aplicación asigna los pedidos, tarifas, cobro de “salarios” –en realidad comisiones por entrega efectivas–. Estamos ante un modelo en el que no se firman contratos, no se aplica una jornada laboral específica, no se generan prestaciones ni seguridad social, no se genera un salario fijo, no se puede realizar acciones legales, y son muy pocos los casos de sindicalización para exigir derechos.

 

Rappi, el unicornio colombiano

 

Esta empresa de domicilios y comercio electrónico fue creada en agosto de 2015 y hoy en día se convirtió en uno de los emporios económicos, pues en tan solo cuatro años se propagó por las calles de siete países de la región (Colombia, Argentina, Uruguay, Perú, Chile, Brasil y México), convirtiéndose así en el primer “unicornio colombiano”, es decir la primera empresa digital en edad temprana que logró llegar a un valor de un millón de dólares. Adicionalmente es la primera empresa en Latinoamérica de este tipo en recibir “una inversión de hasta US$1.000 millones (aproximadamente $3,2 billones), por parte del poderoso grupo japonés SoftBank Group y SoftBank Vision Fund”1.
El crecimiento de la empresa se logra a costa de la esclavitud de miles de personas conectadas a la aplicación y dispuestas a partir rumbo a la compra y entrega indicada, a la hora que sea y en el territorio asignado.

Para evadir implicaciones legales de cualquier tipo, el discurso oficial de la empresa es que las personas que trabajan como “rappitenderos” no viven de este trabajo, pues en realidad son “microempresarios” que disponen de su propio tiempo libre para ganarse unos pesos de más. Discurso falso, pues como todo el mundo lo sabe –sobre todo quienes están ligados a este rebusque– los miles que trabajan con la maleta naranja, en su mayoría dependen económicamente de los domicilios que logren entregar en el día a día. Según Simón Borrero CEO (Chief Executive Officer u Oficial Ejecutivo en Jefe) y fundador de la empresa, Rappi cuenta con 3.000 empleados fijos y alrededor de 50.000 “rappitenderos” en toda la región. En sus proyecciones está multiplicarlos por 10 en un año, es decir, sumar 500.000.

Las condiciones laborales de este “unicornio colombiano” son como de un cuento de fantasía, pues en la realidad no existen. Ningún “rappitendero” cuenta con garantías laborales y la mayoría dedica todo el día a esta actividad, como lo menciona don Miguel en la entrevista. Es claro que quienes ven una oportunidad laboral en esta aplicación son los desempleados, así como los migrantes venezolanos que se encuentran por toda la región (Ver recuadro 2).

Nuevo modelo de bancarización. Pero no solo controlan el tiempo de miles de personas, a quienes tienen a su disposición sin ninguna contraprestación legal, sino que además, con el crecimiento de la empresa se concretan los lineamientos del capital internacional financiero, que desde hace algunos años tiene la pretensión de bancarizar la sociedad –dejar de utilizar efectivo y comenzar a utilizar tarjetas débito o crédito–. Actualmente Rappi y el banco Davivienda formalizaron una alianza mediante la cual se podrán realizar transferencias bancarias, giros, pagos de impuestos y facturas, compras y otro tipo de movimientos económicos sin necesidad de tener tarjetas, lo que formaliza una nueva forma de la economía de plataformas, que avanza a pasos agigantados, como puede deducirse de la decisión de Facebook de crear una moneda propia.

 

Huelgas, paros y acciones legales contra plataformas

 

Solidaridad entre los “naranjas”. En los primeros días del mes de julio los “rappitenderos” realizaron nuevas jornadas de protesta2 contra la empresa, aglutinándose en las oficinas de la calle 93 con 19 y quemando algunos maletines mientras exigían mejores condiciones laborales. La acción de protesta se produjo debido a los cambios de tarifas que se empezaron a generar por la entrega de domicilios, llegando a casos de pagar menos de 2.000 mil pesos por entrega, así mismo se exteriorizaba la inconformidad por los bloqueos que reciben los trabajadores por no aceptar pedidos, lo que generó la inconformidad de los “naranjas”.

Estas acciones no se presentan únicamente en nuestro país. En diferentes lugares del mundo crecen las inconformidades contra estas plataformas, que en su mayoría pasan por encima de los derechos de los trabajadores. Un ejemplo organizativo de este tipo es el caso argentino, en donde los trabajadores de plataformas crearon la Asociación de Personal de Plataformas (APP)3, sindicato mediante el cual luchan por los derechos laborales de todas aquellas personas que viven de trabajar con las aplicaciones.

De igual manera en España en el año 2017, un juez falló en contra de la empresa Deliveroo –aplicación que funciona similar a Rappi–, al considerar que un repartidor había sido despedido de manera injusta, comprobando que las condiciones de trabajo del domiciliario eran las de un empleado vinculado a la compañía, pues dependía completamente de ella y seguía todas las reglas fijadas por la empresa, lo que evidenciaba que no era un trabajador independiente.

Muchas de las exigencias laborales a nivel mundial son las mismas, entre ellas resaltan: salario básico, garantía de prestaciones y seguridad social. Lo que implica algún tipo de formalidad laboral con las plataformas.


En Colombia es poco el nivel organizativo logrado entre de los trabajadores de plataforma, sin embargo, ya se han presentado algunas propuestas de sindicalización que toman como referente el caso argentino. Así mismo, Rappi recibió una sanción de la Superintendencia de Industria y Comercio en la que multan a la empresa con $298 millones de pesos al incumplir la ley de protección de datos, sanción que está en veremos, pues la empresa apeló la decisión. De la misma manera, desde el Ministerio del Trabajo se piensa promover una ley para regular las aplicaciones en Colombia, exigiendo la garantía de pensión y salud para los trabajadores. Todo un contrasentido, teniendo en cuenta que el gobierno actual promueve este tipo de empresas con su denominada “economía naranja”.

 

¿Alternativas?

 

Es evidente, nos encontramos ante un retroceso en los derechos alcanzados por la humanidad a través de las luchas sociales de siglos pasados. Derechos como el de la sindicalización o el de los tres ochos –ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso– parecen cuestiones que la memoria ya no retiene.

Es así como la norma común hoy es el trabajo de la eterna esclavitud, no solo en Colombia sino en muchos otros países. Para el caso nacional, con estas nuevas tecnología, que deberían servir para potenciar la vida en común y no para individualizar, regresamos a condiciones similares a las ya padecidas por los trabajadores de las bananeras (años 20 del siglo XX), en donde les pagaba con bonos que solo podían redimir en los comisariatos de la United Fruit Company, o al de las caucherías en la amazonia (inicios del siglo XX) en donde los trabajadores, en efecto, eran esclavos de la Casa Arana, y cargaban consigo una deuda eterna, trasferible a sus descendientes.

Para evitar nuevas opresiones, agilizadas por novísimas tecnologías, el reto es potenciar lo colectivo y el rescate de lo común. El tejido de solidaridades y la constitución de otras formas de economía y de socialización de lo producido entre quienes estén ligados a las mismas, se colocan a la orden del día. Otra economía, que debe marchar a la par de otras formas de ser gobierno, para darle paso a otras formas del poder, que en este siglo debe desconcentrarse para ya no ser máquina de opresión.

 

1 Ver: https://www.dinero.com/emprendimiento/articulo/rappi-recibe-inversion-de-1000-millones-de-dolares/270362
2 En octubre de 2018 los “rappitenderos” realizaron manifestaciones frente a las oficinas de la empresa por los cambios realizados por la plataforma que afectaban sus bolsillos.
3 Para conocer la experiencia organizativa argentina contra la empresa de plataforma se recomienda ver: https://www.youtube.com/watch?v=EmB5_6ien0w

 


Recuadro 1

 

La vida como “Rappitendero”

 

Don Miguel Cárdenas es una persona como millones en nuestro país: padre de 3 hijas y próximamente tendrá un nuevo hijo, estudió bachillerato y a lo largo de su vida se ha dedicado a trabajar en oficios varios.

desdeabajo (da). ¿Cómo era un día en su trabajo vendiendo arepas y chorizos?
Miguel Cárdenas (MC). Mi rutina era, entre las 9 y 10 de la mañana tenía que ir a surtir, porque había muchas cosas que no me las llevaban hasta la casa, sino que me tocaba ir a comprar, por ejemplo, los chorizos, la mantequilla, las salsas; las arepas y las gaseosas si me las traían a la casa. Luego, cuando llegaba de compras me ponía a hacer aseo, porque como trabajaba con el carbón entonces quedaba bien sucio. Como me quedaba tiempo libre pues a veces le colaboraba a uno que otro vecino a hacer algunas vueltas –como mensajero–, así me ganaba unos pesos adicionales.

Cuando ya eran las 3 y media de la tarde ponía el puesto en la entrada de la casa y me ponía a prender el carbón. Generalmente los clientes empezaban a llegar a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Siempre tenía abierto hasta las 9:30 o 10:00.

Con el negocio duré dos años y medio, y hubo una época que empecé a trabajar en una panadería y ahí la rutina era diferente porque entraba a trabajar a las 5 de la mañana y salía a las 2 de la tarde y de ahí ir a surtir y salir corriendo para abrir el negocio.

da. ¿Por qué decidió montar ese negocio en su casa?
MC. La verdad es que pasé muchas hojas de vida, pero por la edad que tengo (42 años) ya no me recibían en ninguna empresa, entonces decidí montar el negocio.

da. ¿Cuánto se ganaba mensualmente con tal labor?
MC. Al comienzo era bueno, siempre llegaba casi a 900 mil o un millón libres, pero a raíz de la noticia del señor de la empanada que le sacaron un parte se bajaron mucho las ventas y empecé a hacerme apenas ochocientos mil pesos o un poco menos.

da. ¿Por qué decidió empezar a trabajar con las aplicaciones?
MC. Inicialmente comencé con Rappi. Todo fue por una idea de un conocido de mi mamá que me dijo que él compraba la moto y yo se la trabajaba dándole una cuota diaria como si fuera tipo taxi –20 mil diarios–. Yo estuve indagando y tomé la decisión de arriesgarme para irme a trabajar con la aplicación esperando que este trabajo sí me ayudara a cubrir todos mis gastos.
da. ¿Tuvo que firmar algo para entrar a trabajar?
MC. En Rappi solamente lo conocen el día que usted va y se activa. Lo único que tuve que hacer fue un curso de unas horas donde me explicaron el manejo de la aplicación, después compré el bolso de 85.000 mil pesos y comencé a trabajar.

da. ¿Cuánto le pagaban por domicilio?
MC. Algunos domicilios eran de 2.700 pesos, pero después de las 7 de la noche por algunos pagaban hasta 10.000 mil pesos.

da. ¿Cómo es un día normal trabajando con la aplicación?
MC. Cuando comencé con Rappi, de lunes a jueves salía a las 9 de la mañana y regresaba a las 7 de la noche. Lo que eran viernes, sábados y domingos salía a la misma hora y trabajaba hasta las 10 u 11 de la noche, porque en esos días salía más trabajo.

da. ¿Por qué dejó de trabajar en Rappi?
MC. Un domingo a las 8 de la mañana salí y tomé un servicio, lo entregué y a los diez minutos la aplicación me bloqueo porque supuestamente fui grosero con dos proveedores donde recogí los domicilios hacía unos días. Fui a una de las oficinas centrales, envié cartas con la firma de uno de los proveedores, con los que supuestamente había sido grosero, donde se aclaraban las cosas, pero no me solucionaron nada y quedé sin poder trabajar.

da. ¿Conoce otro tipo de sanciones en Rappi?
MC. Después de lo que me pasó, he hablado con muchos trabajadores y me cuentan que hay casos en los que pagan menos de lo que le tienen que pagar, por ejemplo, a usted ellos le consignan cada 8 días en Daviplata y a mucha gente le pasa que trabajó toda la semana y estaba esperando 500 mil pesos y le consignan apenas 150 mil y cuando se pregunta por el resto sacan pretextos de deudas inexistentes.
Otro caso de sanción es que a usted le miden la velocidad a través del GPS, y si usted trabaja en bicicleta y ven que se está moviendo con más velocidad dicen que en realidad usted está es en moto y le está mintiendo a la empresa, entonces lo bloquean.

da. ¿Cuáles son las diferencias más notables entre su actual trabajo y el anterior?
MC. Siéndole sincero, con Rappi se veía una diferencia porque había más trabajo. De estarme ganando 900 mil con el negocio de las arepas, en Rappi alcancé a llegar al millón doscientos y si no me hubieran bloqueado creo que estaría ganando un poco más, pero la verdad Rappi sí me afectó mucho dejándome sin trabajo.

 


Recuadro 2

 

El interior de Rappi

 

Santiago Vargas trabajó en Rappi por medio de una empresa intermediaria que lo contrató como agilizador de “rappitenderos” y usuarios. Estudió cine en la Universidad Central.

desdeabajo (da). ¿Qué es Rappi?
Santiago Vargas (SV). Es una empresa de domicilios que tiene varios servicios más allá del domicilio básico, ya que también puede prestar otro tipo de servicios, como adelantos en plata, así como suplir otro tipo de necesidades más personalizadas, todo ello a través de una aplicación de teléfono.

da. ¿Cómo son las condiciones de trabajo para quienes están en las calles?
SV. Hay una cosa con esa empresa y es que todo es muy cambiante. Yo estuve un año y en ese tiempo a los “rappitenderos” les cambiaron las condiciones de trabajo por lo menos unas 10 veces. Digamos, muchas veces los bloqueaban por algunas horas –al no aceptar pedidos– y les restringían las opciones para aceptar los domicilios; cuando eran bloqueados muchas veces los restringían por días, y a veces ya no podían volver a trabajar. De las cosas que más cambiaban eran las tarifas, pues, en realidad ese tema nunca ha sido estable y varía mucho en el día a día, depende de la hora, de la zona y así: a veces les pagan desde 2 mil pesos, pero otras veces podían verse algunos de hasta 20 mil pesos.
da. ¿Cuántos domicilios puede hacer un “rappitendero” por día y cuáles son las condiciones de trabajo?
SV. Eso depende mucho de las horas que trabajen, y quienes trabajan hasta 15 horas día pues les iba bien. También hay qué tener en cuenta que existen horarios en los que es mejor que en otros, como hay zonas en las que salen más pedidos que en otras. Como le digo, todo en esa empresa es cambiante. Nosotros ni siquiera teníamos claro la cantidad de gente que entraba y salía. Había gente de todas las edades, generalmente más hombres.

Todo el tiempo desactivan y activan nuevas personas y ninguna tiene un contrato. No todos los “rappitenderos” son lo mismo, hay algunas categorías entre ellos, y algunos, por el tiempo que llevan, tienen mejores condiciones laborales.

da. ¿Cómo era su contratación con la empresa?
SV. A mí me contrató una empresa temporal, que es una de esas firmas que abren y cierran en cualquier momento y lo vinculan a uno tercerizado a otras empresas, ellos me respondían por mi dinero, pero yo tenía que ir a trabajar en las oficinas de Rappi. Tenía un contrato por prestación de servicios, que le llaman hora labor, y mi función era coordinar los pedidos y las entregas. Mensualmente tenía una base de 800 mil pesos, pero cuando trabajaba en las noches y festivos recibía una comisión y así podía alcanzar el millón de pesos.

Publicado enEdición Nº259
América Latina y el Caribe alcanzarán niveles máximos de población hacia mediados de siglo

El crecimiento cada vez menor de la población debido principalmente a la caída de la fecundidad y los saldos migratorios negativos, llevará a América Latina y el Caribe a alcanzar su población máxima hacia el año 2058, con 767 millones de personas, indica un análisis de las tendencias poblacionales en la región realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

A partir de 2059 se proyecta una disminución de la población regional, hecho que contrasta con el panorama a nivel mundial donde, si bien la población disminuye, no se vislumbra un crecimiento negativo en los próximos 80 años.

El análisis fue difundido esta semana, a propósito del Día Mundial de la Población, y contiene estimaciones y proyecciones de las tendencias recientes de América Latina y el Caribe para el período 2015-2020 y fueron elaboradas por el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) – División de Población de la CEPAL.

El estudio, cuyas cifras fueron recientemente publicadas por la ONU, indica que la región de América Latina y el Caribe pasó de un crecimiento medio anual de 4.8 millones de personas en el quinquenio 1950-1955 a un máximo de casi 8.2 millones en 1985-1990. A partir de 1990, el crecimiento poblacional de la región comenzó a disminuir y hoy la población crece a un ritmo de 6 millones de personas al año.

En el proceso de transición demográfica de la región sobresale la acelerada caída de la fecundidad, que fue precedida por la reducción sostenida de la mortalidad desde finales de la primera mitad del siglo XX, lo que hoy se refleja en una esperanza de vida al nacer de 75.2 años y una tasa global de fecundidad de dos hijos por mujer.

La transición demográfica ha sido acelerada, aunque con rasgos de heterogeneidad entre países y también entre regiones de los países. A nivel regional, ha implicado dos grandes cambios: la disminución de la dependencia demográfica y el envejecimiento poblacional, que, apunta el estudio, plantea desafíos a las sociedades.

Para el período 2020-2025 se proyecta que la población dependiente (menores de 15 años y de 65 años y más) crecerá más que la población en edad de trabajar (de 15 a 64 años), “lo que indica el fin del bono demográfico regional, aunque con diferencias entre países”.

Ese proceso transcurre acompañado de un acelerado proceso de envejecimiento de la población, con un aumento de la proporción y el número absoluto de personas de 65 años y más. Esta población se incrementará sostenidamente en los próximos decenios y se espera que en 2047 supere a la población de menores de 15 años. En la región, se proyecta que 1 de cada 5 habitantes será una persona mayor de 65 años en 2050.

La tasa global de fecundidad (TGF) de América Latina y el Caribe es estimada en 2.04 nacidos vivos por mujer, lo que ubica a la región por primera vez por debajo del nivel de reemplazo de 2.1 nacidos vivos por mujer. Se proyecta que ese parámetro seguirá bajando hasta 1.72 en el periodo 2070-2075, refiere el estudio, que también destaca el aumento de la migración intrarregional en los últimos años.

13 julio 2019

(Con información de la CEPAL)

Publicado enInternacional
La OCDE urge a impulsar la participación laboral de la mujer en América Latina

El organismo que reúne a las economías más industrializadas hace un nuevo llamamiento a reducir la informalidad en los mercados de trabajo de la región y advierte de sus efectos negativos

 

 

La informalidad y la baja participación de la mujer en los mercados de trabajo son dos losas para los principales países latinoamericanos. La primera se traduce en la ausencia total de coberturas para el trabajador y en una menor recaudación para el sostenimiento de los servicios públicos; la segunda, en un rasgo de desigualdad que lastra un crecimiento de por sí más bajo que en otros países emergentes. En este caldo de cultivo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha urgido este viernes a los Gobiernos de la región a poner en marcha medidas que cierren la brecha de género y a atajar de una vez por todas los elevados ratios de trabajo informal, una disfunción común —con distintos grados— de Tijuana a Ushuaia.

Las cifras hablan por sí solas. La tasa de participación laboral de la mujer en América Latina es en promedio 20 puntos porcentuales inferior a la de sus pares hombres, según los últimos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): solo una de cada dos mujeres participan en los mercados de trabajo regionales, frente a una ratio de tres de cada cuatro en el caso de los hombres. Las cifras mejoran, como reconocía la propia OIT en su último informe anual, pero aún queda un largo trecho por recorrer hasta que se nivele la participación de ambos sexos. Y esa menor participación se traduce, a su vez, en menor ocupación femenina: del 45% frente al 69% de los hombres.

La informalidad es igualmente preocupante: más de la mitad de los trabajadores latinoamericanos acude cada día a su puesto sin ningún tipo de cobertura ni garantías, de las que sí gozan los trabajadores registrados, como el acceso a la sanidad o la cotización para una futura pensión de retiro. Y ejerce de freno sobre la productividad en una región que no está ni mucho menos para tirar cohetes.

De ahí el interés de la OCDE en su última edición del informe anual Going for Growth, un libreto de recomendaciones a todos los países miembros de la organización —que reúne en su seno a las economías más industrializadas del mundo, entre ellas México, Colombia y Chile— y a un ramillete de naciones que, pese a no formar parte, son analizadas —con Brasil, Argentina y Costa Rica como grandes exponentes latinoamericanos—. Los consejos de política pública son individuales y distan mucho entre unos y otros, pero la preocupación por la equidad del mercado laboral regional y la informalidad son una constante.

México, la segunda economía de la región y la cuarta más grande del continente americano —a pesar de que las condiciones de su mercado laboral (formalidad, salarios y derechos laborales, como vacaciones), distan mucho de lo que cabría esperar para su nivel de renta— centra buena parte de la zozobra regional. Tanto en lo tocante a la incorporación femenina al trabajo —"la media de horas trabajadas está entre las más altas de la OCDE, pero la baja participación de la mujer reducen la contribución del empleo sobre el crecimiento"— como en lo referente a la informalidad —"que persiste y arrastra consigo a la productividad y el crecimiento económico, y constituye una fuente de desigualdades en el ingreso y en el acceso a los servicios públicos"—.

Para poner coto a la galopante tasa de empleo informal en México (que roza el 60%, según los últimos datos disponibles), los técnicos de la organización llaman al Gobierno a reducir las contribuciones a la seguridad social de los trabajadores de menor cualificación, y a mejorar los servicios públicos de cuidado de los más pequeños. También a la simplificación de las regulaciones fiscales y regulatorias, y a aumentar el número de inspectores que velan por su cumplimiento.

Una conclusión similar se desprende del análisis de Costa Rica, donde la informalidad sigue siendo "elevada" para los estándares de la OCDE y donde —aunque sus autoridades acaban de tomar cartas en el asunto— a diferencia de otros países de la región, no ha disminuido. En el caso del país centroamericano, la receta pasa, según el organismo dirigido por el mexicano Ángel Gurría, por "fortalecer la aplicación de las regulaciones laborales" y, sobre todo, por "garantizar a los inspectores la facultad de imponer sanciones".

Para Colombia el mensaje es claro: debe reducir las barreras a la formalidad. Y subraya que "no se ha tomado ninguna acción" en ese sentido. "Los altos costes no laborales, en combinación con complejos y costosos sistemas para declarar trabajadores formales promueven la informalidad, contribuyendo a altos niveles de desigualdad y baja productividad". Un duro aviso que debería encender las alarmas en Bogotá.

Una llamada a la igualdad en el cono sur

En el caso de Argentina, donde la tasa de participación laboral de la mujer es de solo el 51%, 27 puntos menos que la masculina, el think tank de los países ricos llama a "facilitarla", lo que tendría un "impacto significativo sobre el crecimiento y reduciría la desigualdad". Entre las recomendaciones sugeridas por sus especialistas al Gobierno de Mauricio Macri —que en octubre se enfrentará a las urnas en unas elecciones en las que esta cuestión sigue fuera de la agenda— destaca la promoción de un esquema que luche contra las diferencias salariales por sexos, la mejora en el acceso a las guarderías para niños menores de tres años, la reducción de los "desincentivos fiscales" que frenan la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la inversión en políticas activas de empleo especialmente dirigidas al colectivo femenino y la igualación de los permisos de paternidad y maternidad —hoy, de solo dos días para el padre y de tres meses para la madre—. Buenos Aires, subraya la OCDE, también debe "promover la diversidad de género en las posiciones de liderazgo, tanto en el sector público como en las empresas, mediante la promoción de la transparencia y el establecimiento de objetivos [cuotas]".

La participación laboral de las mujeres chilenas es aún más baja que en Argentina, con el 48,5%, y la OCDE pide a Chile que incentive su inserción en el mercado como una forma de reducir el desempleo, informa Federico Rivas. El informe destaca que hasta 2017 el Gobierno había sumado 38.000 niños de hasta cinco años al sistema educativo como una forma de reducir la carga horaria de las madres que deseen trabajar. Pero pide también que promueva una educación de calidad y que las instituciones extiendan su horario de apertura en los barrios más pobres y en las poblaciones rurales. El ente con sede en París alerta, asimismo, sobre la necesidad de eliminar los problemas que encuentran las mujeres para ingresar a un mundo universitario dominado por hombres, base de un “estereotipo de género” que pone en duda sus capacidades académicas. En cualquier caso, tanto para Argentina como para Chile, el desafío es igualar las posibilidades de inserción de las mujeres al mercado de trabajo, hoy lastradas por miradas relacionadas con el cuidado del hogar y problemas para acceder a una formación de calidad, sobre todo en los segmentos más vulnerables. Una tarea que, de no acelerar pronto, tardará aún varios años en ser completada.

Por Ignacio Fariza

México 12 JUL 2019 - 17:55 COT

 

Publicado enEconomía
Sábado, 13 Julio 2019 05:54

La quimera de la igualdad en el fútbol

La quimera de la igualdad en el fútbol

Llenar los estadios y tener el mayor índice de audiencia posible. Estos eran, en palabras del director del Comité de Organización de la FIFA Erwan Le Prévost, los principales objetivos para el Mundial de Francia 2019. A falta de dos días para que finalizara el campeonato, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino aseguró en una rueda de prensa que esta había sido “la mejor Copa del Mundo de la historia” y que habría “un antes y un después” de este evento para el fútbol femenino. 

En términos de audiencia, sin duda, ha sido así. En el Reino Unido, los cuatro últimos partidos disputados por la selección inglesa batieron cuatro récords consecutivos; el último de ellos, la semifinal en la que Estados Unidos eliminó a Inglaterra, no solo fue el más visto de la historia del fútbol femenino, sino también el programa de mayor audiencia de la televisión británica en lo que llevamos de 2019, con el 50,8% de la cuota de pantalla. Cerca de 59 millones de espectadores en todo el mundo asistieron a la eliminación de Brasil por parte de Francia en octavos de final y, en términos globales, más de mil millones de personas han seguido este campeonato en todo el mundo.

Si hablamos de entradas, sin embargo, el éxito no ha sido tan rotundo. A pesar de que, según Infantino, la asistencia media del torneo rondó el 75%, las fases eliminatorias apenas superaron los 18.000 aficionados. Por ejemplo, al Inglaterra-Escocia, que en el Reino Unido fue seguido por más de seis millones de telespectadores, apenas acudieron 13.000 personas de las 35.000 de capacidad que tenía el estadio. Los medios de comunicación no tardaron en señalar a la FIFA como culpable de esta baja afluencia. ¿Los motivos? Comenzaron a promocionar el Mundial de Francia una vez finalizado el de Rusia y apenas unos días antes de empezar el evento, los carteles publicitarios del aeropuerto y las calles de París anunciaban la Serie Mundial de Rugby 7 y Roland Garros, pero no había rastro de la Copa del Mundo. Además, quienes compraron sus entradas online con varios meses de antelación descubrieron que, aunque las habían adquirido a la vez, les habían asignado asientos separados; finalmente, tras miles de quejas y las denuncias de los medios, la FIFA reconoció su error y se comprometió a enmendarlo. 

What the fuck?

A pesar de ello, Gianni Infantino se mostró más que satisfecho por los resultados económicos cosechados gracias al Mundial y anunció varias medidas para seguir fomentando el crecimiento del fútbol femenino; entre ellas, la creación de un mundial de clubes y una liga mundial, elevar a 32 el número de participantes para la próxima Copa del Mundo y duplicar la inversión en este deporte durante los próximos cuatro años hasta alcanzar los mil millones de dólares. Otra cifra que dijo querer duplicar es la del premio en metálico para el Mundial de 2023, que pasará de 30 a 60 millones de dólares. También aprovechó para anunciar que incrementará el premio para el Mundial masculino de Catar; en lugar de los 400 millones que repartieron en 2018, los futbolistas recibirán 440. O lo que es lo mismo, la brecha entre hombres y mujeres se incrementará en 10 millones de dólares. 

Esta obviedad no se le escapó a una de las estrellas de la selección estadounidense, Megan Rapinoe: “A eso me refiero cuando hablo de que no nos sentimos respetadas. Alguien dijo que a la FIFA no le importa el fútbol femenino. Si realmente te preocupas igual por el fútbol masculino y el femenino, ¿vas a dejar que la brecha crezca?”. Además lamentó que, el mismo día que se iba a celebrar la final del Mundial, estuvieran programadas otras dos finales: la de la Copa América y la de la Copa de Oro (que Estados Unidos terminó perdiendo contra México). “Esta final se estableció con mucha antelación, es realmente increíble. Entonces, no, en general, no creo que estemos recibiendo el mismo respeto que la FIFA muestra a los hombres”, afirmó. 

Megan Rapinoe ya tiene experiencia en denunciar injusticias. Durante el Mundial, sus declaraciones sobre que no tenía intención alguna de “ir a la puta Casa Blanca” (“I´m not going to the fucking White House!”) si ganaban el torneo dieron la vuelta al mundo. Después las matizó o, mejor dicho, pidió disculpas por el exabrupto para que su madre no se disgustara, pero se mantuvo en la idea: “Me niego a respetar a un hombre que no merece respeto ”, dijo sobre Trump, a quien varias veces había cuestionado su forma de tratar a “los ciudadanos LGBTQ+, los inmigrantes y a los más vulnerables”. También es una de las 28 jugadoras que ha demandado a la federación estadounidense de fútbol por discriminación. A grandes rasgos, denuncian que, aunque ellas ganen más títulos (cuatro Mundiales contando con este último de Francia y cuatro Juegos Olímpicos) generen más beneficios y los índices de audiencia de sus partidos sean muy superiores a los masculinos, se les exige jugar y ganar más encuentros para, finalmente, cobrar un 60% menos que ellos. Rapinoe no solo terminó ganando el Mundial, la Bota de Oro (máxima goleadora) y el Balón de Oro (mejor jugadora del torneo), sino que coronó su participación en el torneo respaldando las protestas de los aficionados estadounidenses. Al presentar por megafonía al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y a Gianni Infantino el público comenzó a abuchear a este último y a corear: “Equal payEqual pay!”. Cuando le preguntaron al respecto, Rapinoe respondió: “A nadie le hace daño un poco de escarnio público. Respaldo lo que han hecho”.

La punta del iceberg

Todas estas trabas con las que se están topando las participantes de los Mundiales y que sufre la mejor selección de fútbol femenino del mundo no son más que pequeñas muestras de lo que ocurre en todo el mundo. Por ejemplo, la FIFPro (el sindicato mundial de los jugadores) elaboró dos estudios para analizar las condiciones laborales de los futbolistas profesionales, hombres y mujeres. Los datos revelan que el 74% de los hombres cobra menos de 4.000 euros mensuales y el 45%, menos de 1.000, mientras que la mitad de las futbolistas no cobra nada y dos tercios de las que sí lo hacen ganan menos de 600 dólares al mes. 

Respecto a la relación con los clubes, el porcentaje de hombres que juega para un club sin tener contrato es del 8%, cifra que se eleva al 47% en el caso femenino. Además, casi todas las futbolistas son conscientes de que tendrán que terminar su carrera deportiva antes de tiempo, ya sea por querer tener hijos, por falta de oportunidades o por cuestiones económicas. Por este motivo, tres de cada diez compaginan el fútbol con otro trabajo, casi la mitad estudian una carrera universitaria y alrededor del 30% ya la ha terminado (una cifra muy alta si tenemos en cuenta que el 70% de las profesionales en activo tiene entre 18 y 23 años); este porcentaje desciende hasta el 12% en el caso de los hombres, que sí tienen la esperanza de poder vivir del fútbol.

Esto a nivel global. En Europa, según los datos de la UEFA de 2018, los mejores países para las futbolistas son Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda, Noruega y Suecia. Sin embargo, a excepción de Alemania y Suecia, ninguno de ellos cuenta con una mujer que las represente en el Comité Ejecutivo de la FIFA. El presupuesto que el total de las asociaciones europeas destinó al fútbol femenino (infraestructuras, logística, instalaciones y sueldos) en 2017 fue de 111,7 millones de euros; solamente en salarios, el conjunto de los equipos de LaLiga gastó algo más de 900 millones durante la temporada 2017/2018. Además, el informe de Sporting Intelligence, Global Sports Salaries survey 2017, reveló que, juntas, las siete mejores ligas femeninas de primera división (Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Australia y México) pagaron a sus jugadoras 35,6 millones de euros en 2017. El sueldo anual de Neymar en el PSG es de 36,8 millones. 

Las reivindicaciones exigiendo igualdad en los últimos tres años no han dejado de sucederse. En 2016, las futbolistas nigerianas protagonizaron una protesta tras ganar la Copa de África, su noveno título africano, porque les debían los subsidios y premios acordados; por clasificarse para dicho torneo les dieron 50 dólares. A cada jugador del equipo masculino se le paga 4.000 dólares por empatar y 5.000 por ganar un partido en esta misma competición. En abril de 2017 las jugadoras de la selección irlandesa denunciaron que estaban siendo tratadas “como ciudadanas de quinta categoría”. Cansadas de concentrarse con la selección sin recibir ninguna compensación económica aun teniendo que abandonar sus puestos de trabajo para hacerlo, cambiarse en baños públicos antes de los partidos o compartir la equipación con los juveniles masculinos, amenazaron con ir a una huelga que obligó a la Asociación de Fútbol de Irlanda a acordar mejoras significativas en sus condiciones de trabajo. A finales de ese mismo año, la selección danesa se negó a jugar un partido clasificatorio para el Mundial de Francia en protesta por el trato el discriminatorio que recibían por parte de su federación. A consecuencia de ello, lograron llegar a un acuerdo que incluye mejoras en las instalaciones, un salario de 700.000 dólares anuales y un seguro de salud. Y también que la UEFA impusiera a la federación una multa de 20.000 euros y castigara al equipo femenino sin participar en competiciones europeas durante cuatro años.

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En el mundo, mil 300 millones de personas enfrentan pobreza multidimensional: PNUD

Mil 300 millones de personas en todo el mundo son "multidimensionalmente pobres", señaló el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su Índice de pobreza multidimensional global 2019.

 

El PNUD estudió a 101 países, 31 de bajos ingresos, 68 de ingresos medios y dos de altos ingresos, para establecer su índice de pobreza multidimensional, lo que significa que la pobreza está definida no sólo por el ingreso, sino por varios indicadores, incluyendo mala salud, mala calidad laboral y la amenaza de la violencia. Existen enormes desigualdades entre países y entre los segmentos más pobres de las sociedades, indicó el PNUD.

 

"La acción contra la pobreza es necesaria en todas las regiones en desarrollo", añadió, y destacó que África subsahariana y el sur de Asia son las zonas con la mayor proporción de pobres, con cerca de 84.5 por ciento. En estas regiones, el nivel de desigualdad es descrito como "inmenso". En África subsahariana va de 6.3 por ciento en Sudáfrica hasta 91.9 por ciento en Sudán del Sur. La disparidad en el sur de Asia va de 0.8 por ciento en las Maldivas hasta 55.9 por ciento en Afganistán.

 

Muchos de los países estudiados en el informe muestran "amplios" niveles internos de desigualdad. En Uganda, por ejemplo, la incidencia de la pobreza multidimensional en las diferentes provincias va de 6 por ciento en Kampala a 96.3 por ciento en Karamoja.

 

Más de la mitad de los mil 300 millones de personas identificadas como pobres, o cerca de 663 millones, son menores de 18 años y alrededor de un tercio, o 428 millones, tienen menos de 10 años de edad.

 

La enorme mayoría de estos niños, cerca de 85 por ciento, viven en el sur de Asia y en África subsahariana, divididos casi en partes iguales entre las dos regiones.

 

Una sección del informe evalúa el avance logrado en cuanto al Objetivo Uno de la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible: poner fin a la pobreza "en todas sus formas y en todas partes".

 

El informe identificó 10 países, con una población combinada de cerca de 2 mil millones de personas, para ilustrar el nivel de reducción de la pobreza, y todos mostraron un avance significativo en términos estadísticos en cuanto al avance hacia el Objetivo Uno. Las reducciones más aceleradas se vieron en India, Camboya y Bangladesh.

 

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