No hay justicia para los presidiarios que salvan vidas apagando incendios

SAN FRANCISCO — Las pruebas de la virulencia del cambio climático mundial cubren la Tierra, azotando a las comunidades con todo el arsenal de la furia de la naturaleza: huracanes, tornados, tormentas implacables, inundaciones sin precedentes, sequías históricas y abrasadoras olas de calor. En California, los incendios forestales han aumentado drásticamente en cantidad e intensidad, lo que ha llevado al límite de sus capacidades a los escuadrones de bomberos del estado y ha superado el presupuesto estatal de lucha contra incendios. Mientras se registran nuevos incendios forestales a lo largo del estado, miles de personas se han congregado en San Francisco esta semana para participar de la Cumbre Global de Acción Climática convocada por el gobernador Jerry Brown y otras personas profundamente preocupadas por la crisis del cambio climático y la obstinada negación del fenómeno por parte del presidente Donald Trump. Junto a las brigadas de bomberos profesionales, en la primera línea de estos enormes incendios, se encuentran miles de prisioneros de California, trasladados desde sus cárceles para unirse a este peligroso trabajo, todo por un dólar la hora o aún menos.


Democracy Now! viajó al Delta Conservation Camp, una hora al norte de San Francisco, para conocer a los prisioneros que luchan contra estos devastadores incendios forestales. El nombre no denota que es un campamento de reclusos. Existen 44 de estos centros de detención, entre los que se incluyen tres para mujeres y uno para menores, que luchan contra los incendios forestales que azotan California con cada vez mayor frecuencia y ferocidad.


Cerca del 25% de los bomberos que combaten incendios forestales en California son reclusos.


El sargento Steven Reeder, uno de los oficiales correccionales en Delta, declaró en una entrevista para Democracy Now: “Los reclusos bombero son la columna vertebral del Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California. Se les dan las tareas más difíciles en las peores condiciones, 40 grados bajo el sol, con dos capas de ropa, cargando 20 kilos de equipos. Y tienen que cargar toda su comida y agua para una jornada de 24 horas, y luego manejar una herramienta todo el tiempo”.


El gobernador Brown también ha elogiado a los presos que trabajan como bomberos por sus heroicos esfuerzos en la lucha contra el fuego: “Quiero agradecerles personalmente a todos los bomberos que están en la primera línea, a los integrantes del Departamento de Protección contra Incendios de California, así como a la Guardia Nacional y a los miles de presos que también están en la primera línea luchando para proteger vidas y ayudando a que estos incendios culminen rápido”.


Los prisioneros que combaten incendios, con su lamentable salario de un dólar la hora, le hacen ahorrar al estado de California unos 100 millones de dólares al año según las estimaciones oficiales. Sid Turner, comandante de Delta Camp, declaró para Democracy Now: “Creo que deberían ganar más de un dólar la hora. Reciben ese mismo salario desde hace décadas”. Turner admitió que, si se redujera la población carcelaria, el sistema de bomberos se vería en problemas: “California necesita cuadrillas. Si no tuviéramos reclusos para cumplir ese papel, tendríamos que conseguir esa fuerza de trabajo en otra parte”. Y Cal Fire, la agencia de bomberos estatal, se está quedando sin fondos a pasos agigantados.


Marty Vinson, un preso afroestadounidense de 25 años de edad que estuvo en el campamento Delta durante dos meses, habló con Democracy Now! Cuando le preguntamos sobre cuánto ganaba, respondió: “Cuando estás combatiendo un incendio, un dólar la hora. Cuando estás en un día de trabajo normal, un dólar con 45 centavos por día”. Cuando le preguntamos si, como muchos otros, consideraba esas condiciones como trabajo esclavo, se rió nerviosamente, mientras el guardia nos miraba atento, y expresó: “Realmente no quiero llamarlo ‘trabajo esclavo’, pero de alguna manera lo siento así. Tiene que ver con la mentalidad, en qué pensamos al final del día. Sin importar si estamos encarcelados o libres, nos pagan un dólar la hora”.


Prisioneros y exprisioneros han declarado a Democracy Now! que un incentivo fundamental para participar de este peligroso trabajo es obtener una reducción del tiempo de sus condenas. Pueden obtener una reducción de dos días de la pena penitenciaria por cada día en un campamento de bomberos. Cabe destacar que, después de combatir incendios forestales durante años, estos prisioneros no pueden trabajar como bomberos cuando son liberados porque el departamento no admite exdelincuentes en sus filas.


El fin de semana pasado, decenas de miles de personas marcharon en San Francisco como parte de un día mundial de protesta para exigir medidas contra el cambio climático. Un elemento central de este movimiento contemporáneo es el concepto de justicia ambiental, que aborda el impacto diferencial del cambio climático sobre las distintas comunidades en función de la etnia, el estatus económico y el género. Tal vez el ejemplo más claro de eso sean las cuadrillas de bomberos en California, donde miles de prisioneros, en su mayoría personas pobres de color, reciben salarios de esclavo por arriesgar sus vidas combatiendo los voraces incendios, que el cambio climático ha hecho más frecuentes y más intensos.

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Los presos de EEUU ponen fin a la huelga y presionan por su derecho al voto

 

• theguardian

Tras 19 días de protesta en las prisiones de todo el país, los organizadores de la protesta confían en el restablecimiento del voto para exconvictos como una forma de impulsar la reforma penitenciaria
La protesta comenzó el 21 de agosto y no se han conocido muchos detalles, pero desde Florida y Carolina del Sur hasta el Estado de Washington hay informes de huelgas de hambre

Ed Pilkington
10/09/2018 - 20:51h

Este domingo, coincidiendo con el aniversario del levantamiento de 1971 en la cárcel de Attica (norte del Estado de Nueva York), los reclusos de las superpobladas cárceles estadounidenses pusieron fin a una huelga nacional que tenía, entre otros objetivos, la recuperación del voto para seis millones de estadounidenses despojados de sus derechos democráticos.
La protesta comenzó el 21 de agosto y no se han conocido muchos detalles, pero desde Florida y Carolina del Sur hasta el Estado de Washington hay informes de huelgas de hambre, boicots a las instalaciones y presos que se negaban a trabajar.
Ahora que la huelga terminó, los organizadores esperan poder mantener el empuje y satisfacer sus demandas, la restauración del voto entre ellas. Estados Unidos es el país con más presos del mundo ( 2,3 millones de personas entre rejas) y las leyes de sus estados están entre las más severas por la privación del voto a la que someten a los exconvictos.
Según los datos del Brennan Center for Justice, en 34 estados se prohíbe votar a los expresidiarios en función de las condenas que hayan cumplido. Los Estados de Kentucky, Florida y Iowa expulsan para siempre del proceso democrático a cualquiera que haya cometido un delito grave.
Los reclusos han empezado a unirse en la campaña por el voto como una forma de avanzar en la reforma penitenciaria. Jailhouse Lawyers Speak, la red informal de mujeres y hombres encarcelados que se puso al frente de la huelga de prisiones, está liderando esa campaña.
Cuando comenzaron la protesta, los organizadores de la huelga presentaron 10 demandas. La décima decía así: "Los derechos de voto de todos los ciudadanos encarcelados... deben contar. Exigimos tener representación. Todas las voces son importantes".
Ciudadanos de segunda
Eddie, un preso que lleva cumplidos 13 de los 18 años a los que lo condenaron por robo a mano armada en Carolina del Sur, dice que cuando le den la libertad, en 2023, será condenado al ostracismo: "Pagaré impuestos pero no podré votar". Hablando con un teléfono clandestino desde su celda, Eddie dice que la privación del derecho al voto convierte a los prisioneros en ciudadanos de segunda clase. "Es una forma de decirme que no soy un ciudadano de verdad", dice. "No tendré ni voz ni voto en el proceso político, ni en los destinos de la nación".
Eddie, que ha pedido ocultar su nombre verdadero para evitar represalias de las autoridades, forma parte del equipo de Jailhouse Lawyers Speak que coordinó la huelga. Dice que en su cárcel la mayor parte de la protesta se centró en boicotear las instalaciones que generaban ingresos para el servicio penitenciario, como los economatos y las máquinas expendedoras de la sala de visitas. En su prisión también hubo una negativa generalizada a trabajar, como en otros penales de Carolina del Sur. Para los reclusos en huelga, la obligación de trabajar en la cárcel a cambio de un salario minúsculo, o de nada, es una forma de esclavitud del siglo XXI.
La reacción de las autoridades, dice Eddie, fue mantener en sus celdas a los reclusos de las prisiones de máxima seguridad de Carolina del Sur. "Suspendieron todos los entretenimientos para que estuviéramos en nuestras celdas literalmente los 7 días de la semana y las 24 horas del día", dice. "Devolvían nuestras cartas, amenazaban con aislamiento solitario a cualquier preso que fuera vinculado con la huelga, y pintaron de negro las ventanas de nuestras celdas para que no tuviéramos ni idea de si era de día o de noche".
Dice que la intimidación no logró desanimarles ni disuadirles de planificar acciones futuras. Entre ellas, dice, una de las principales se centrará en recuperar el derecho al voto.
Los prisioneros más activistas y los que organizaban la huelga han denunciado más medidas de represalia. Kevin Rashid Johnson, autor de un artículo de opinión que el periódico The Guardian publicó al inicio de la huelga de cárceles, fue citado para comparecer el 10 de septiembre ante las autoridades de la prisión estatal de Sussex en Waverly (Virginia), donde lo encerraron en régimen de aislamiento.
Las injusticias del sistema
A Johnson le dijeron que a lo mejor lo trasladaban a otro penal, repitiendo el patrón de traslados por todo el país que vienen siguiendo con él, de prisión en prisión: de Virginia a Orégano, a Texas, a Florida y, de regreso, a Virginia. "Es una forma de represalia", dice su abogado, Dustin McDaniel. "Las autoridades se resisten a su forma de exponer las injusticias del sistema y a que haga trabajo de educación política con el resto de prisioneros, lo trasladan para tratar de neutralizarlo".
Los líderes de la huelga están dispuestos a sufrir más represalias pero también están trabajando en la campaña para restaurar el derecho al voto. Janos Marton, de la American Civil Liberties Union Campaign for Smart Justice (una organización que aspira a reducir a la mitad el número de presos de Estados Unidos), dice que uno de los principales logros de los 19 días de protestas fue poner en el candelero la privación del derecho al voto que sufren las personas que han cometido delitos graves.
"La organización de la huelga en todos los estados ha unido en una voz a los presos, movilizándoles hasta un nivel que no habíamos visto antes", dice. "Tras el fin de la huelga, el impacto más tangible de esa voz amplificada es el impulso específico sobre [la recuperación de] el derecho al voto".
Es probable que la privación del voto para millones de prisioneros sea uno de los temas candentes en las elecciones legislativas de noviembre. Los votantes de Florida tendrán que contestar si quieren o no introducir una enmienda a la Constitución del Estado para devolver el derecho al voto a las personas con condenas por delitos graves siempre y cuando hayan cumplido sus sentencias y completado los períodos de libertad condicional.
Florida es tradicionalmente uno de los estados grandes donde el voto no está definido, lo que lo convierte en clave para decidir elecciones presidenciales. En 2016, Donald Trump ganó en Florida con una mayoría de solo 113.000 votos sobre Hillary Clinton. Si devolvieran los derechos de voto a los exconvictos, unos 1,5 millones de ciudadanos del Estado volverían a figurar en el censo electoral.
En otros estados, hay funcionarios del partido republicano aplicando con tanto celo las leyes de privación del voto que incluso algunos exreclusos han vuelto a la cárcel simplemente por tratar de votar. Crystal Mason vuelve a la prisión federal de Texas el 13 de septiembre para pasar allí 10 meses de encierro porque emitió un voto provisional (en Estados Unidos, si un ciudadano asegura que tiene derecho a votar, la mesa electoral recibe la papeleta de forma provisional para incluirla en el recuento una vez verificada la afirmación del votante) en las elecciones presidenciales de 2016. No sabía que, como exdelincuente, le habían prohibido votar.

 

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Lunes, 10 Septiembre 2018 08:04

La física del capitalismo

La física del capitalismo

La gente tiende a pensar en el capitalismo en términos económicos. Karl Marx discutió que el capitalismo es un sistema político y económico que transforma la productividad del trabajo humano en grandes beneficios y rendimientos para aquellos quienes poseen los medios de producción [1].

Sus partidarios sostienen que el capitalismo es un sistema económico que promueve mercados libres y la libertad individual[2]. Y tanto detractores como defensores casi siempre miden el impacto del capitalismo en términos de riqueza, renta, salarios y precios, y oferta y demanda. Sin embargo, las economías humanas son complejos sistemas biofísicos que interactúan con un mundo natural más amplio, y ninguna puede ser completamente examinada sin tener en cuenta sus condiciones materiales subyacentes. Mediante la exploración de algunos de los conceptos fundamentales de la física, podemos desarrollar una mejor comprensión de cómo funcionan todos los sistemas económicos, incluyendo las formas en las que actividades capitalistas de alto consumo energético están cambiando la humanidad y el planeta.
Este artículo explicará cómo las características fundamentales de nuestra existencia natural y económica dependen de los principios de la termodinámica, la cual estudia las relaciones entre magnitudes como energía, trabajo y calor[3]. Una firme aprehensión de cómo funciona el capitalismo a nivel físico nos puede ayudar a entender por qué nuestro próximo sistema económico debería ser más ecológico, priorizando la estabilidad a largo plazo y la compatibilidad con la ecosfera global que sostiene a la humanidad.


Tal comprensión requiere un vistazo a algunas nociones centrales de la física. Estas incluyen: energía, entropía, disipación y las diversas leyes de la naturaleza que las unen. Los rasgos centrales de nuestra existencia natural, como organismos vivos y seres humanos, emergen de las interacciones colectivas descritas por estas realidades físicas esenciales. Aunque estos conceptos pueden ser difíciles de definir sin referencia a modelos y teorías específicos, sus atributos generales pueden ser esbozados y analizados para mostrar la poderosa interacción entre la física y la economía.


El intercambio de energía entre diferentes sistemas tiene una influencia decisiva en el orden, la fase y la estabilidad de la materia física. La energía puede ser definida como cualquier propiedad física conservada que pueda producir movimiento, como trabajo o calor, al ser intercambiada entre diferentes sistemas[4]. La energía cinética y la energía potencial son las dos formas más importantes de almacenamiento de energía. La suma de estas dos magnitudes se conoce como energía mecánica[5]. Un camión acelerando cuesta abajo en una autovía acumula una buena cantidad de energía cinética –esto es, energía asociada con el movimiento–. Un pedrusco tambaleándose al borde de un risco tiene mucha energía potencial, o energía asociada con la posición. Si se le da un leve empujón, su energía potencial se transformará en energía cinética por influencia de la gravedad y caerá. Cuando los sistemas físicos interactúan, la energía es transformada en muchas formas diferentes, pero su cantidad total siempre permanece constante. La conservación de la energía implica que el resultado total de todos los flujos energéticos y transformaciones debe ser equivalente a la cantidad de entrada.


Los flujos de energía entre diversos sistemas representan el motor del cosmos, y aparecen en todos los lugares, tan a menudo que difícilmente los detectamos. El calor fluye naturalmente de las regiones más cálidas a las más frías, de ahí que nuestro café se nos quede frío por la mañana. Las partículas se mueven de zonas de altas presiones a zonas de bajas presiones, y así es como el viento empieza a aullar. El agua viaja de regiones de alta energía potencial a regiones de baja energía potencial, haciendo que los ríos fluyan. Las cargas eléctricas viajan desde regiones de alto voltaje a regiones de escaso voltaje, y es así que las corrientes son desatadas a través de los conductores. El flujo de energía que atraviesa los sistemas físicos es uno de los rasgos más comunes de la naturaleza y, como estos ejemplos enseñan, los flujos de energía requieren de gradientes –diferencias de temperatura, presión, densidad u otros factores–. Sin estos gradientes, la naturaleza nunca daría flujos netos, todos los sistemas físicos permanecerían en equilibrio y el mundo sería inerte –y muy aburrido–. Los flujos de energía también son importantes en tanto que generan trabajo mecánico, que es cualquier desplazamiento macroscópico en respuesta a una fuerza[6]. Levantar una pesa y chutar un balón son sendos ejemplos de llevar a cabo trabajo mecánico en otro sistema. Un resultado importante de la física clásica iguala la cantidad de trabajo con la variación en la energía mecánica de un sistema físico, revelando una útil relación entre estas dos variables[7].


Aunque los flujos de energía puedan producir trabajo, raramente lo hacen de manera eficiente. Sistemas macroscópicos grandes, como camiones o planetas, pierden o ganan energía mecánica habitualmente mediante sus interacciones con el mundo exterior. El protagonista en este gran drama es la disipación, definida como cualquier proceso que reduzca parcialmente o elimine completamente la energía mecánica disponible de un sistema físico, convirtiéndola en calor u otros productos[8]. Al interactuar con el ambiente exterior, los sistemas físicos suelen perder energía mecánica con el paso del tiempo, por fricción, difusión, turbulencia, vibraciones, colisiones y otros efectos disipativos, impidiendo cada uno de ellos que cualquier fuente de energía se convierta completamente en trabajo mecánico. Un ejemplo sencillo de disipación es el calor producido cuando nos frotamos las manos rápidamente. En el mundo natural, los flujos de energía macroscópicos están acompañados frecuentemente por pérdidas disipativas de un tipo u otro. Los sistemas físicos capaces de disipar energía son proclives a ricas y complejas interacciones, haciendo de la disipación una característica central del orden natural. Es difícil de imaginar un mundo sin disipación y sin las interacciones que la hacen posible. Si la fricción desapareciera repentinamente del mundo, la gente se resbalaría y se deslizaría por todos lados. Nuestros coches serían inútiles, como la idea misma de transportarse, porque las ruedas y otros aparatos mecánicos no tendrían ninguna adherencia al suelo u a otras superficies. Nunca seríamos capaces de darnos la mano o mecer a nuestros bebes. Nuestros cuerpos se deteriorarían rápidamente y perderían su estructura interna. El mundo sería extraño e irreconocible.


La disipación está estrechamente relacionada con la entropía, uno de los conceptos más importantes en termodinámica. Mientras que la energía mide el movimiento producido por sistemas físicos, la entropía rastrea el modo en que la energía es distribuida por el mundo natural. La entropía tiene varias definiciones estándar en física, todas ellas básicamente equivalentes. Una definición popular en termodinámica clásica afirma que la entropía es la cantidad de energía térmica por unidad de temperatura que se vuelve no disponible para trabajo mecánico durante un proceso termodinámico[9]. Otra notable definición proviene de la física estadística, que observa cómo las partes microscópicas de la naturaleza se pueden unir para producir resultados grandes, macroscópicos. En esta versión estadística, la entropía es una medida de las diversas formas en que los estados microscópicos dentro de un sistema más grande pueden ser reorganizados sin cambiar ese sistema[10]. Para un ejemplo concreto, piensa en un gas típico y un sólido típico en equilibrio. La energía se distribuye de manera muy distinta en estas dos fases de la materia. El gas tiene mayor entropía que el sólido porque las partículas del primero tienen bastantes más configuraciones de energía posibles que los lugares atómicos fijos en sólidos y cristales, los cuales tienen solo un pequeño rango de configuraciones de energía que preserven su orden fundamental[11]. Debemos enfatizar que el concepto de entropía no se aplica a ninguna configuración específica de materia macroscópica, sino que se aplica como limitación al número posible de configuraciones que un sistema macroscópico puede tener en equilibrio.


La entropía tiene una profunda conexión con la disipación a través de una de las leyes más importantes de la termodinámica, la cual reza que los flujos térmicos nunca pueden ser completamente convertidos en trabajo[12]. Las interacciones disipativas aseguran que los sistemas físicos siempre pierdan algo de energía en forma de calor en cualquier proceso termodinámico natural en el que la fricción y otros efectos similares estén presentes. Ejemplos reales de estas pérdidas termodinámicas incluyen las emisiones de los motores de coche, corrientes eléctricas que se encuentran con resistencia y capas de fluidos que interactúan experimentando viscosidad. En termodinámica, estos fenómenos son frecuentemente considerados como irreversibles. La continua producción de energía térmica por fenómenos irreversibles merma gradualmente las existencias de energía mecánica que los sistemas físicos pueden explotar. De acuerdo a la definición de entropía, el agotamiento de energía mecánica útil implica generalmente que la entropía aumente. Dicho formalmente, la consecuencia más importante de cualquier proceso irreversible es el aumento de la entropía combinada de un sistema físico y sus alrededores. En un sistema aislado, la entropía continúa creciendo hasta que alcanza algún valor máximo, momento en el que el sistema se queda en equilibrio. Para aclarar este último concepto, imagina un gas rojo y un gas azul separados por una pared en un contenedor sellado. Retirar la pared permite que los dos gases se mezclen. El resultado sería un gas de color morado y esa configuración equilibrada representaría el estado máximo de entropía. También podemos relacionar la disipación con la noción de entropía en física estadística. La proliferación de energía térmica a través de sistemas físicos cambia el movimiento de sus moléculas en algo más aleatorio y disperso, incrementando el número de microestados que pueden representar las propiedades macroscópicas del sistema. En sentido amplio, la entropía puede ser vista como la tendencia de la naturaleza a reconfigurar estados de energía en distribuciones que disipan energía mecánica.


La descripción tradicional de entropía que se ha dado más arriba se aplica en el marco de la termodinámica del equilibrio. Pero en el mundo real, los sistemas físicos raramente existen a temperaturas fijas, en perfectos estados de equilibrio o en aislamiento total del resto del universo. El campo de la termodinámica del no equilibrio examina las propiedades de sistemas termodinámicos que operan lo suficientemente alejados del equilibrio, como organismos vivos o bombas explosivas. Los sistemas no equilibrados son la savia del universo; hacen al mundo dinámico e impredecible. La termodinámica moderna sigue siendo una obra inconclusa, pero ha sido usada para estudiar con éxito un amplio espectro de fenómenos, incluyendo flujos térmicos, la interacción entre gases cuánticos, estructuras disipativas e incluso el clima global[13]. No hay definición universalmente aceptada de entropía en condiciones de desequilibrio, aunque los físicos han ofrecido varias propuestas[14]. Todos ellos incluyen el tiempo al analizar interacciones termodinámicas, permitiéndonos determinar, no solo si la entropía aumenta o disminuye, sino también cuán rápido o lento cambian los sistemas físicos en su camino hacia el equilibrio. Los principios de la termodinámica moderna son, por tanto, esenciales para ayudarnos a entender el comportamiento de los sistemas del mundo real, la vida misma incluída.


El objetivo físico central de toda forma de vida es evitar el equilibrio termodinámico con el resto de su entorno mediante la disipación continua de energía, como sugirió el físico Erwin Schrödinger en la década de los 40, cuando usó la termodinámica del no equilibrio para estudiar los rasgos clave de la biología[15]. Podemos denominar a este objetivo vital como el imperativo entrópico. Todos los organismos vivos consumen energía de un ambiente externo, la usan para avivar procesos e interacciones bioquímicos vitales y entonces disipar la mayor parte de la energía consumida de nuevo al ambiente. La disipación de energía a un ambiente externo permite a los organismos conservar el orden y la estabilidad de sus propios sistemas bioquímicos. Las funciones esenciales de la vida dependen de esta estabilidad entrópica de manera crítica, incluyendo funciones como la digestión, la respiración, la división celular y la síntesis de proteínas. Lo que hace única a la vida en tanto que sistema físico es la auténtica variedad de métodos de disipación que ha desarrollado, como la producción de calor, la emisión de gases y la expulsión de residuos. Esta capacidad generalizada para disipar energía es lo que ayuda a la vida a sostener el imperativo entrópico. De hecho, el físico Jeremy England ha discutido que los sistemas físicos en baño caliente inundado con grandes cantidades de energía pueden tender a disipar más energía[16]. Esta “adaptación motivada por la disipación” [dissipation-driven adaptation] puede llevar al surgimiento espontáneo de orden, reproducción y autoensamblaje entre unidades microscópicas de materia, aportando una pista potencial hacia la dinámica misma del origen de la vida. Los organismos también usan la energía que consumen para llevar a cabo trabajo mecánico como, por ejemplo, caminar, correr, escalar o escribir en un teclado. Aquellos organismos con acceso a muchas fuentes de energía pueden realizar más trabajo y disipar más energía, satisfaciendo las condiciones centrales de la vida.


Del mismo modo, las relaciones termodinámicas entre energía, entropía y disipación imponen poderosas constricciones en el comportamiento y la evolución de los sistemas económicos[17]. Las economías son sistemas dinámicos y emergentes forzados a funcionar de ciertas maneras debido a las condiciones sociales y ecológicas que les subyacen. En este contexto, las economías son sistemas de no equilibrio, capaces de disipar rápidamente energía a algún ambiente externo. Todos los sistemas dinámicos ganan fuerza de alguna reserva energética, alcanzan picos de intensidad mediante la absorción de un suministro regular de energía, y entonces se deshacen de los cambios internos y externos que o bien perturban flujos vitales de energía o bien hacen imposible continuar disipando más energía. Pueden incluso llegar a experimentar ondulaciones a largo plazo, creciendo por un tiempo y luego encogiéndose, volviendo entonces a crecer de nuevo antes de colapsar finalmente. Las interacciones entre sistemas dinámicos pueden producir resultados altamente caóticos, pero las expansiones y contracciones de energía son los rasgos esenciales de todos los sistemas dinámicos. La energía consumida por todos los sistemas económicos o es convertida en trabajo mecánico y los productos físicos de ese trabajo, o es simplemente desaprovechada y disipada al medio ambiente. Podemos definir la eficiencia colectiva de un sistema económico como la fracción de toda la energía consumida dirigida a crear trabajo mecánico y energía eléctrica. Las economías que incrementan la cantidad de trabajo mecánico que generan son capaces de producir más bienes y servicios. Pero por muy importante que pueda ser, el trabajo mecánico representa una fracción relativamente pequeña del uso total de energía en cualquier economía; la gran mayoría de energía consumida por todas las economías es despilfarrada rutinariamente en el medio ambiente a través de residuos, disipación y otros tipos de pérdida energética.


Históricamente, el crecimiento económico ha estado en gran medida supeditado a que la gente consumiera más energía de sus entornos naturales[18]. Cuando los humanos eran cazadores y recolectores, el principal recurso que realizaba trabajo mecánico era el músculo humano[19]. Nuestro estilo de vida nómada se mantuvo durante unos 200.000 años, aunque padeció significativas interrupciones tras la Edad de Hielo. A lo largo de milenios, las condiciones ecológicas cambiantes por todo el mundo forzaron a numerosos grupos a adoptar estrategias agrícolas y pastoriles. Las economías agrarias dependían considerablemente de plantas cultivadas y animales domesticados para facilitar la generación de excedentes de alimentos y de otros bienes y recursos. Estos modos de consumo y producción agrarios dominaron en las sociedades humanas durante casi diez mil años, pero con el tiempo fueron reemplazados por un nuevo sistema económico. El capitalismo surgió y se extendió gracias a la expansión colonial, las olas industrializadoras, la proliferación de enfermedades epidémicas, las campañas genocidas contra poblaciones indígenas y el descubrimiento de nuevas fuentes de energía.


La economía global se ha vuelto desde entonces un sistema interconectado de finanzas, ordenadores, fábricas, vehículos, máquinas y mucho más. Crear y mantener este sistema requirió de una gran transición que aumentó la tasa de producción energética a partir de nuestros entornos naturales. En nuestros días nómadas, el índice diario de consumo energético per cápita rondaba las 5.000 kilocalorías[20]. En 1850, el consumo per cápita había aumentado hasta prácticamente 80.000 kilocalorías cada día y desde entonces se ha hinchado hasta alcanzar, hoy, alrededor de unas 250.000 kilocalorías[21]. Desde la perspectiva de la física, el rasgo fundamental de todas las economías capitalistas es una tasa excesiva de consumo de energía centrada en estimular el crecimiento económico y los excedentes materiales. El despliegue colectivo de bienes capitales puede generar niveles increíbles de trabajo mecánico, permitiendo a la gente producir más, viajar grandes distancias y levantar objetos pesados, entre otras actividades. El capitalismo es de lejos más intensivo en energía que cualquier otro sistema económico previo, y ha provocado consecuencias ecológicas sin precedentes que pueden amenazar su misma existencia. Todavía queda sin saber durante cuánto tiempo puede la humanidad sostener las actividades del capitalismo intensivas en energía, pero no hay duda de que la fantasía del crecimiento ilimitado y beneficios fáciles no puede continuar. Todos los sistemas dinámicos deben llegar a un final en algún momento.


Durante los últimos dos siglos, ineficientes economías capitalistas han descargado grandes cantidades de pérdidas energéticas a sus entornos naturales en forma de residuos, químicos, sustancias contaminantes y gases de efecto invernadero. El efecto agregado de todos estos residuos y disipación ha sido, fundamentalmente, alterar flujos de energía críticos por toda la ecosfera, desencadenando una gran crisis social y ecológica en el mundo natural. Esta crisis socioecológica está aún en sus primeras fases, pero ya ha engendrado desastres como la deforestación, el calentamiento global, la acidificación de los océanos y sustanciales pérdidas de biodiversidad[22].


Salvo que haya cambios revolucionarios en nuestro sistema económico, esta crisis solo continuará y se intensificará. Mientras esto ocurre, la acumulación de problemas en el mundo natural amenaza la viabilidad a largo plazo de la civilización global. Los productos que disipamos al medio ambiente pueden ser inútiles para nosotros, pero frecuentemente sirven como reservas de energía para otros sistemas dinámicos. Las pérdidas de energía suelen tener un efecto amplificado sobre la civilización humana, es decir, que sus verdaderos costes son mucho mayores de lo que se puede ver o entender superficialmente. Considérense las condiciones insalubres en ciudades a lo largo de la historia. Las ciudades de las economías premodernas eran típicamente sucias, con basura y deshechos llenando muchos espacios públicos. Esas pérdidas energéticas, empero, fueron una fuente crítica de alimento y nutrientes para una gran variedad de otros organismos vivientes, especialmente insectos y demás animales pequeños que podían sobrevivir en medio de la civilización humana. Cuando estas criaturas se convirtieron en huéspedes de enfermedades letales, la basura humana ayudó a concentrar sus números precisamente en los peores lugares: zonas de alta densidad como las ciudades. En consecuencia, las epidemias normalmente generaron muchas más muertes de las que habrían provocado de otro modo, con la carnicería inconcebible de la peste negra como ejemplo primordial[23]. Hoy día nos enfrentamos a nuestras propias versiones de este antiguo problema, pero a una escala mucho mayor. Hay varios tipos de gases en la atmósfera, conocidos como gases de efecto invernadero, capaces de absorber la radiación calórica que se dirige hacia afuera[24]. Cuando estos gases en la atmósfera atrapan y emiten la radiación de vuelta a la superficie del planeta, grandes cantidades de fotones excitan a los electrones, átomos y moléculas en la superficie hacia mayores niveles energéticos en un proceso llamado efecto invernadero. Estas excitaciones y fluctuaciones adicionales a nivel microscópico representan colectivamente el calor que experimentamos a nivel macroscópico. El efecto invernadero es crítico en el sentido de que hace a la tierra lo suficientemente cálida como para ser habitable[25]. Durante las dos últimas centurias, sin embargo, los países ricos e industrializados han reforzado este proceso natural mediante la inyección en la atmósfera de grandes cantidades de nuevos gases de efecto invernadero, causando, en consecuencia, mayor calentamiento global. Este reforzamiento artificial del efecto invernadero suele actuar como una poderosa reserva energética para otros sistemas dinámicos y fenómenos naturales, incluyendo tormentas, inundaciones, sequías, ciclones, incendios, insectos, virus, bacterias y proliferación de algas[26].


Un planeta en calentamiento también podría reforzar mecanismos positivos de retroalimentación en el clima, capaces de inducir incluso más calentamiento, más allá del que es ya causado por nuestras emisiones de efecto invernadero. Estos mecanismos, como el derretimiento de hielo marino y la descongelación del permafrost, permitirían al planeta absorber mucha más energía solar mientras naturalmente emite vastas cantidades de gases de efecto invernadero[27]. El caos resultante haría que cualquier intento humano por mitigar el calentamiento global fuera en vano. Justo esto es lo que debería preocuparnos: el caos que estamos desatando en el planeta mediante el sistema capitalista encontrará un manera de producir un nuevo orden, uno que amenace a la civilización misma. Mientras el capitalismo se extienda, la crisis ecológica se agravará. Los cada vez más intensos sistemas dinámicos de la naturaleza interactuarán más con nuestras civilizaciones y podrían interrumpir severamente los flujos de energía vitales que sostienen la reproducción social y las actividades económicas. Las regiones con alta densidad poblacional que están a merced de desastres naturales recurrentes son especialmente vulnerables. El ciclón Bhola mató alrededor de 500.000 personas cuando golpeó Pakistán del Este en 1970, provocando una serie de protestas y disturbios masivos que culminaron en una guerra civil y contribuyeron a la creación de un nuevo país, Bangladesh[28]. Numerosos estudios han concluido que la peor sequía que Siria ha sufrido en casi mil años ha sido parcialmente culpable de las tensiones políticas y sociales que culminaron en la actual guerra civil[29]. El clima es un sistema dinámico resiliente, capaz de asimilar muchos cambios físicos distintos, pero esta resiliencia tiene sus límites, y la humanidad se encontrará en graves problemas si sigue intentando transgredirlos.


Estos argumentos destacan una de las grandes fallas de la teoría económica moderna: carece de fundamento científico. Las filosofías económicas ortodoxas, desde el monetarismo hasta la síntesis neoclásica, se centran en describir los efímeros rasgos financieros del capitalismo, confundiéndolos por leyes de la naturaleza inmutables y universales. La teoría económica capitalista ha sido en su mayor parte transformada en una filosofía metafísica cuyo objetivo no es proveer de fundamentos científicos a la economía, sino producir propaganda sofisticada, diseñada para proteger la riqueza y el poder de una élite global. Cualquier explicación científica de la economía debe comenzar por darse cuenta de que los flujos energéticos y las condiciones ecológicas ––no la “mano invisible” del mercado–– dictan los parámetros macroscópicos a largo plazo de todas las economías. Importantes contribuciones en esta línea han venido del campo de la economía ecológica, especialmente de los trabajos seminales de los economistas Nicholas Georgescu-Roegen y Herman Daly, aunque también del ecologista de sistemas Howard Odum[30]. El propio Marx incorporó preocupaciones ecológicas en su pensamiento político y económico[31]. Las aportaciones de estos y otros pensadores revelaron que los rasgos económicos del mundo son propiedades emergentes moldeadas por realidades físicas y condiciones ecológicas subyacentes; entenderlas resulta crítico para cualquier comprensión de la economía.


El pensamiento ecológico difiere de las escuelas ortodoxas de economía de varias maneras fundamentales. La más importante es que la teoría ecológica sostiene que no podemos concebir los residuos y las pérdidas disipativas como “externalidades” y “el coste de hacer negocios” dado cuán importantes estas pérdidas energéticas pueden ser a la hora de moldear la evolución de los sistemas económicos. Lo que los economistas mainstream denominan “externalidades” incluye los productos físicos que tiramos al medio ambiente –cualquier cosa desde contaminantes y basura de plástico hasta químicos tóxicos y gases de efecto invernadero–. Las consecuencias de pérdidas extremas de energía pueden tener un efecto profundo en la futura evolución de los sistemas dinámicos. Como continuamente señalan los científicos, las pérdidas de energía de nuestras economías modernas son tan grandes e intensas que están empezando a alterar de manera fundamental los flujos energéticos de toda la ecosfera, desde el robustecimiento del efecto invernadero hasta el cambio de la química de los océanos. Algunas de estas nuevas concentraciones de energía actúan entonces como reservas que impulsan la formación y funcionamiento de otros sistemas dinámicos, los cuales a menudo perturban las actividades normales de la civilización. He ahí la razón fundamental de que nuestras acciones económicas no puedan ser escindidas del mundo natural: si los efectos asociados con nuestras pérdidas energéticas se tornan lo suficientemente poderosos como para destruir las funciones normales de nuestras civilizaciones, entonces ninguna clase de políticas económicas ingeniosas nos salvará de la ira de la naturaleza.


La mayoría de gente hoy en el poder cree que puede administrar cuidadosamente el capitalismo y prevenir los peores efectos de la crisis ecológica. Una corriente popular de optimismo tecnológico sostiene que la innovación puede resolver los problemas ecológicos fundamentales que enfrenta la humanidad. Han sido propuestas diversas soluciones para arreglar nuestras calamidades ecológicas, desde la adopción de fuentes de energía renovables hasta programas más estrafalarios, como la captura y almacenamiento de carbono. Todas estas ideas comparten la presunción de que el capitalismo por sí mismo no tiene que cambiar, porque las soluciones tecnológicas estarán siempre disponibles para cumplir con más crecimiento económico y un medio ambiente más sano. Desde Beijing a Silicon Valley, los tecnocapitalistas disfrutan discutiendo que el capitalismo puede seguir marchando mediante ganancias en eficiencia energética[32]. La última razón por la que esta estrategia fallará en el largo plazo es que la naturaleza impone límites físicos absolutos a la eficiencia que ningún grado de progreso tecnológico puede superar. El colapso reciente de la Ley de Moore debido a efectos cuánticos es un ejemplo destacado[33]. Otro es la barrera en la eficiencia que el ciclo de Carnot supone para todos los motores de calor prácticos[34].


Pero nuestras preocupaciones más acuciantes tienen que ver con las relaciones subyacentes entre innovación tecnológica y crecimiento económico. La fe en las soluciones tecnológicas nos ayuda a alcanzar mayor innovación tecnológica y crecimiento económico, aumentando las demandas totales sobre el mundo biofísico y la disipación asociada con el sistema capitalista. Podemos examinar estas relaciones mirando, en primer lugar, cómo la gente y los sistemas económicos responden a aumentos de eficiencia. Para tener una idea de si el capitalismo puede aportar grandes mejoras en eficiencia tenemos que desarrollar una teoría general que explique cómo la eficiencia colectiva de nuestros sistemas económicos cambia a lo largo del tiempo.


Cuando mejora la eficiencia del combustible, a menudo conducimos mayores distancias. Cuando la electricidad se vuelve más barata, encendemos más electrodomésticos. Incluso aquellos que, orgullosos, ahorran energía en casa a través del reciclaje, del compostaje y otras actividades, están más que felices de subirse a un avión y volar por medio mundo en sus vacaciones. La gente suele ahorrar en un área y lo intercambia por gastos en otra. Lo que acabamos haciendo con las ganancias en eficiencia puede ser a veces igual de importante que las ganancias mismas. En estudios ecológicos, este fenómeno es generalmente conocido como la paradoja de Jevons, la cual revela que los pretendidos efectos de las mejoras en eficiencia no siempre se materializan[35]. Formulada por primera vez a mediados del siglo XIX por el economista británico William Stanley Jevons, la paradoja afirma que los aumentos en eficiencia energética son generalmente usados para la acumulación y la producción, llevando a un consumo mayor de los mismos recursos que las mejoras en eficiencia pretendían conservar. Promover la eficiencia lleva a bienes y servicios más baratos, lo cual estimula aún más la demanda y el gasto, implicando el consumo de más energía[36]. Jevons describió por primera vez este efecto en el contexto del carbón y la máquina de vapor. Observó que los avances en eficiencia de las máquinas de vapor habían incentivado más el consumo de carbón en Inglaterra, implicándose de ello que, en realidad, un aumento de eficiencia energética no producía ahorros de energía.


Variantes de esta paradoja son conocidas en economía como el efecto rebote. La mayoría de economistas aceptan que algunas versiones del efecto son reales, pero no están de acuerdo sobre el tamaño y alcance del problema. Algunos creen que los efectos rebote son irrelevantes, arguyendo que las mejoras en eficiencia estimulan menores niveles de consumo energético en el largo plazo[37]. En una exhaustiva revisión de la literatura en la materia, el UK Energy Research Center determinó que las versiones más extremas del efecto rebote probablemente no se apliquen a las economías desarrolladas. Sin embargo, también discutieron que aún podían ocurrir grandes efectos rebote que atravesaran nuestras economías. Llegaron a la siguiente conclusión: “sería un error asumir que (...) los efectos rebote son tan pequeños que pueden ser ignorados. Bajo ciertas circunstancias (por ejemplo, tecnologías energéticamente eficientes que mejoren significativamente la productividad de industrias intensivas en energía), los efectos rebote que alcancen toda la economía pueden exceder el 50%, y podrían incrementar potencialmente el consumo de energía a largo plazo”[38]. El hecho de que efectos rebote significativos que alcancen toda la economía sean posibles nos debería hacer reflexionar sobre la utilidad de estrategias alrededor de la eficiencia en el combate contra la crisis ecológica y el cambio climático. De hecho, todo este argumento oscurece una incertidumbre más importante: el problema de si las mejoras en eficiencia puede llegar lo suficientemente rápido como para aliviar las peores consecuencias de la crisis ecológica, las cuales todavía van por delante de nosotros. Dadas las mecánicas e incentivos del capitalismo, deberíamos tener cuidado con el actual encaprichamiento respecto al optimismo de la eficiencia.


Es común que los sistemas económicos usen nuevas fuentes de energía para expandir la producción, el consumo y la acumulación, no para mejorar fundamentalmente la eficiencia. Desde el cultivo de plantas y la domesticación de animales a la quema de combustibles fósiles y la invención de la electricidad, el manejo y descubrimiento de nuevas fuentes de energía ha producido generalmente más sociedades intensivas en energía. Aunque cualquier sistema económico puede ganar en eficiencia, esto es incidental y secundario respecto al objetivo más amplio de la acumulación. La eficiencia total de un sistema económico es altamente inercial, cambiando con gran lentitud. Vemos este exacto proceso desarrollándose ahora con las emisiones de gases de efecto invernadero, a pesar de que la crisis ecológica se extiende bastante más allá de esta problemática. Líderes políticos y empresariales han esperado durante años que el progreso tecnológico nos entregue, de algún modo, mayores índices de crecimiento económico y una acentuada reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Las cosas no han ido según el plan. El año 2017 vio un aumento global sustancial de emisiones dañinas, desafiando incluso la más modesta de las metas del Acuerdo de París[39]. Incluso antes de esto, Naciones Unidas había advertido de una brecha “inaceptable” entre las promesas gubernamentales y la reducción de emisiones necesarias para prevenir algunas de las peores consecuencias del cambio climático[40]. Los retos por estimular la eficiencia son más aparentes cuando vemos el capitalismo a escala global: aunque muchos países desarrollados hayan tomado medidas modestas pero mensurables en su eficiencia colectiva, esas ganancias han sido socavadas por las economías en desarrollo aún en el proceso de industrialización[41]. Evidentemente, los cambios sustanciales en la eficiencia colectiva de cualquier sistema económico raramente se materializan en periodos cortos de tiempo. El crecimiento tecnológico bajo el régimen capitalista entregará algún progreso adicional en eficiencia, pero ciertamente no suficiente para prevenir las peores consecuencias de la crisis ecológica.


Una de las mejores formas de comprender la inercia de la eficiencia colectiva es comparar la eficiencia energética bajo el capitalismo con aquella durante los días nómadas de la humanidad, hace más de diez mil años. Recuérdese que los músculos humanos realizaban la mayoría del trabajo en las sociedades nómadas, y la eficiencia de los músculos es de alrededor del 20 por ciento, puede que mucho más, bajo circunstancias especiales[42]. En comparación, la mayoría de los motores de combustión a gasolina tienen una eficiencia de aproximadamente el 15 por ciento, las centrales eléctricas basadas en la quema de carbón tienen una media global en torno al 30 por ciento, y la gran mayoría de células fotovoltaicas comerciales rondan entre el 15 y el 20 por ciento[43]. Todas estas cifras varían dependiendo de una amplia variedad de condiciones físicas, pero cuando se trata de eficiencia, podemos concluir sin problemas que los activos dominantes del capitalismo difícilmente lo hacen mejor que los músculos humanos, incluso después de tres siglos de rápido progreso tecnológico. Coste y conveniencia son las razones principales de por qué la innovación tecnológica funciona de este modo, enfatizando el resultado mecánico y la escala de la producción a expensas de la eficiencia. Grandes mejoras en eficiencia son extremadamente difíciles de conseguir en ambos sentidos, físico y económico. De vez en cuando, aparece un James Watt o un Elon Musk con un increíble invento, pero tales productos no representan la economía por entero. La máquina de vapor de Watt fue una gran mejora respecto a modelos anteriores, pero su eficiencia térmica fue, como mucho, del 5 por ciento[44]. Y aunque los motores Tesla de Musk tienen una eficiencia operativa fenomenal, la electricidad que se necesita para hacerlos funcionar proviene de fuentes mucho más ineficientes, como las centrales térmicas a carbón. Si conduces un Tesla por Ohio o Virginia Occidental, las fuentes sucias de energía que lo hacen funcionar implican que tu asombroso producto tecnológico produce prácticamente las mismas emisiones de carbono que un Honda Accord[45]. La eficiencia colectiva de las economías capitalistas permanece relativamente baja porque estas economías están interesadas en hacer crecer sus niveles de producción y beneficios, no en hacer las gigantescas inversiones necesarias para mejoras significativas en eficiencia.


En noviembre de 2017, un grupo de 15.000 científicos de más de 180 países firmaron una carta haciendo sonar las alarmas sobre la crisis ecológica y lo que nos espera en el futuro[46]. Su pronóstico fue desalentador y sus propuestas –intencionalmente o no– equivalían a un rechazo indiscriminado del capitalismo moderno. Entre sus muchas recomendaciones útiles se encontraba una llamada a “revisar nuestra economía para reducir la desigualdad de riqueza y asegurar que los precios, la fiscalidad y los sistemas de incentivos tienen en cuenta los costes reales que los patrones de consumo imponen sobre nuestro medio ambiente”. Nuestro problema fundamental es fácil de formular: la civilización moderna usa demasiada energía. Y la solución a este problema es igualmente fácil de formular, pero muy difícil de implementar: la humanidad debe reducir el ritmo de consumo energético que ha prevalecido en el mundo moderno. El mejor modo de aminorar ese ritmo no es por medio de alucinaciones mesiánicas de progreso tecnológico, sino mediante la ruptura de las estructuras e incentivos del capitalismo, con sus impulsos por el beneficio y la producción, y estableciendo un nuevo sistema económico que priorice un futuro compatible con nuestro mundo natural.


Los gobiernos y los movimientos populares alrededor del planeta deberían desarrollar e implementar medidas radicales que nos ayudaran a mover a la humanidad desde el capitalismo hacia el ecologismo. Estas medidas habrían de incluir impuestos punitivos y límites a la riqueza extrema, la nacionalización parcial de las industrias intensivas en energía, la vasta redistribución de bienes económicos y recursos a las gentes pobres y oprimidas, restricciones periódicas en el uso de activos capitales y sistemas tecnológicos, grandes inversiones públicas en tecnologías de energías renovables más eficientes, bruscas reducciones de la jornada laboral, y puede que incluso la adopción de veganismo masivo en los países industrializados para que dejen de depender de los animales en la producción de comida. Las prioridades económicas del proyecto ecológico deben concentrarse en mejorar nuestra actual calidad de vida, no en tratar de generar niveles altos de crecimiento económico para estimular beneficios capitalistas. Si la civilización humana ha de sobrevivir por miles de años y no solo durante un par de siglos más, entonces debemos contraer drásticamente nuestras ambiciones económicas y, en su lugar, centrarnos en la mejora de calidad de vida en nuestras comunidades, incluyendo nuestra comunidad con la naturaleza. Antes que intentar dominar el mundo natural, debemos cambiar de rumbo y coexistir con él.

________________________________________
[1] Karl Marx, Capital, vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 929–30.
[2] Edward W. Younkins, Capitalism and Commerce (Nueva York: Lexington, 2002), 57.
[3] Peter Atkins, Four Laws That Drive the Universe (Oxford: Oxford University Press, 2007), prefacio.
[4] Robert L. Lehrman, “Energy Is Not the Ability to Do Work”, Physics Teacher, 11, no. 1 (1973): 15–18.
[5] Larry Kirkpatrick y Gregory E. Francis, Physics: A Conceptual Worldview(Boston: Cengage, 2009), 124.
[6] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 23.
[7] Debora M. Katz, Physics for Scientists and Engineers, vol. 1 (Boston: Cengage, 2016), 264.
[8] William Thomson, “On a Universal Tendency in Nature to the Dissipation of Mechanical Energy,” en Proceedings of the Royal Society of Edinburgh, 3 (Edimburgo: Neill and Company, 1857), 139–42.
[9] Douglas C. Giancoli, Physics for Scientists and Engineers (Londres: Pearson, 2008), 545.
[10] John M. Seddon y Julian D. Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics(Londres: Royal Society of Chemistry, 2001), 60–65.
[11] Seddon y Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics, 65.
[12] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 53.
[13] Para las famosas relaciones recíprocas que describen flujos térmicos, véase Lars Onsager, “Reciprocal Relations in Irreversible Processes I”, Physical Review Journals, 37 (1931): 405–26. Fue principalmente por este trabajo por el que Onsager ganó el Nobel de Química en 1968. Para un estudio de gases cuánticos de Bose en una trampa unidimensional, véase Miguel Ángel García-March et al, “Non-Equilibrium Thermodynamics of Harmonically Trapped Bosons”, New Journal of Physics, 18 (2016): 1030–35. Para una revisión exhaustiva de la termodinámica moderna y una explicación de las estructuras disipativas, la cual le dió a Ilya Prigogine su Premio Nobel, véase Dilip Kondepudi y Ilya Prigogine, Modern Thermodynamics (Hoboken: Wiley, 2014), 421–41. En 2009, Alex Kleidon escribió un relevante estudio teórico y revisión del sistema climático usando termodinámica del no equilibrio. Véase Alex Kleidon, “Nonequilibrium Thermodynamics and Maximum Entropy Production in the Earth System”, Science of Nature, 96 (2009): 1–25.
[14] Según una señera idea del físico Phil Attard, la entropía es vista como el número de configuraciones de partículas asociadas con una transición física en un periodo determinado. Véase Phil Attard, “The Second Entropy: A General Theory for Non-Equilibrium Thermodynamics and Statistical Mechanics”, Physical Chemistry, 105 (2009): 63–173. El que posiblemente sea el más riguroso modelo de entropía a nivel técnico, la imagina como un conjunto de dos funciones que describen los cambios que ocurren entre una clase restringida de sistemas de no equilibrio. Véase Elliott H. Lieb and Jakob Yngvason, “The Entropy Concept for Non-Equilibrium States”, Proceedings of the Royal Society, A, 469 (2013): 1–15. El físico Karo Michaelian ha dado una intuitiva definición de entropía, entendiéndola como el ritmo al cual los sistemas físicos exploran los microestados de energía disponibles (“Thermodynamic Dissipation theory for the origin of life”, Earth System Dynamics (2011): 37–51).
[15] Erwin Schrödinger, What Is Life? The Physical Aspect of the Living Cell (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1945), 35–65.
[16] Natalie Wolchover, “A New Physics Theory of Life”, Quanta Magazine, January 22, 2014.
[17] Carsten Hermann-Pillath, “Energy, Growth, and Evolution: Towards a Naturalistic Ontology of Economics”, Ecological Economics, 119 (2015): 432–42.
[18] Numerosos estudios alrededor del mundo han mostrado una poderosa relación entre uso de energía y crecimiento económico. Para un análisis de la relación estadística entre uso de energía y crecimiento del PIB mundial, véase Rögnvaldur Hannesson, “Energy and GDP growth”, International Journal of Energy Management, 3 (2009): 157–70. Para un importante estudio sobre la vinculación entre energía y renta en ciertos países asiáticos, John Asafu-Adjaye, “The Relationship Between Energy Consumption, Energy Prices, and Economic Growth: Time Series Evidence from Asian Developing Countries”, Energy Economics, 22 (2000): 615–25. Para una revisión general de las maneras en que el uso de energía ha determinado la historia humana, véase Vaclav Smil, Energy and Civilization (Cambridge: MIT Press, 2017).
[19] Vaclav Smil, Energy in Nature and Society (Cambridge: MIT Press, 2008), 147-49.
[20] Jerry H. Bentley, “Environmental Crises in World History”, Procedia – Social and Behavioral Sciences, 77 (2013): 108–15.
[21] Bentley, 113.
[22] Robert Falkner, “Climate Change, International Political Economy and Global Energy Policy”, en Andreas Goldthau, Michael F. Keating, and Caroline Kuzemko (eds.), Handbook of the International Political Economy of Energy and Natural Resources (Cheltenham: Elgar, 2018), 77-78.
[23] Edward Humes, Garbology: Our Dirty Love Affair with Trash (London: Penguin, 2013), 30.
[24] W. J. Maunder, Dictionary of Global Climate Change, (New York: Springer, 2012), 120.
[25] Maunder, Dictionary of Global Climate Change, 120.
[26] Uno de los grandes artículos relacionando cambio climático e incendios forestales en Estados Unidos salió en 2016; véase John T. Abatzoglou y A. Park Williams, “Impact of Anthropogenic Climate Change on Wildfire across Western US Forests”, PNAS, 113 (2016): 11770–75. Para una guía comprensiva de algunas investigaciones recientes sobre huracanes y cambio climático, véase Jennifer M. Collins y Kevin Walsh, eds., Hurricanes and Climate Change, vol. 3 (New York: Springer, 2017). Para una revisión del rol que el cambio climático juega en la difusión de enfermedades infecciosas, véase Xiaoxu Wu et al., “Impact of Climate Change on Human Infectious Diseases: Empirical Evidence and Human Adaption”, Environment International, 86 (2016): 14–23. Para la relación entre cambio climático y proliferación de algas, Daniel Cressey, “Climate Change Is Making Algal Blooms Worse”, Nature, 25 de abril, 2017.
[27] Jonathan A. Newman et al., Climate Change Biology (Oxfordshire: CABI, 2011), 220–21.
[28] Alan H. Lockwood, Heat Advisory: Protecting Health on a Warming Planet(Cambridge: MIT Press, 2016), 103.
[29] Bruce E. Johansen, Climate Change: An Encyclopedia of Science, Society, and Solutions (Santa Barbara: ABC–CLIO, 2017), 19–20.
[30] Uno de los mayores trabajos tratando de fundamentar la economía en la física es el de Nicholas Georgescu-Roegen, The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1971). Los argumentos iniciales de Georgescu-Roegen han sido refinados y desarrollados por subsiguientes generaciones de pensadores que reconocen que la actividad económica está constreñida por leyes físicas. Entre ellos estuvo Herman Daly, uno de los grandes exponentes de la idea de que el crecimiento económico no durará para siempre, cuyo trabajo ha tenido una profunda influencia en el movimiento ecologista. Para un sucinto repaso de su pensamiento, véase Herman E. Daly, Beyond Growth (Boston: Beacon, 1997). Puede que el más grande ecologista de sistemas fuera Howard Odum, quien llevó a cabo un trabajo magistral explicando los mecanismos que enlazan las sociedades humanas con sus entornos naturales. Para una explicación de sus teorías, véase Howard Odum, Environment, Power, and Society for the Twenty-First Century (New York: Columbia University Press, 2007).
[31] John Bellamy Foster, Marx’s Ecology (New York: Monthly Review Press, 2000), 9–10.
[32] Para una explicación académica formal de esta perspectiva, véase Lea Nicita, “Shifting the Boundary: The Role of Innovation”, in Valentina Bosetti et al., eds., Climate Change Mitigation, Technological Innovation, and Adaptation(Cheltenham: Elgar, 2014), 32–39.
[33] Tom Simonite, “Moore’s Law Is Dead. Now What?” MIT Technology Review,13 de mayo, 2016.
[34] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 51-52.
[35] John Bellamy Foster, Ecology Against Capitalism (New York: Monthly Review Press, 2002), 94.
[36] Foster, Ecology Against Capitalism, 94.
[37] Evan Mills, “Efficiency Lives—The Rebound Effect, Not So Much,” ThinkProgress, 13 de septiembre, 2010, http://thinkprogress.org/.
[38] Steven Sorrell, The Rebound Effect (London: UK Energy Research Centre, 2007), 92.
[39] Jeff Tollefson, “World’s Carbon Emissions Set to Spike by 2% in 2017,”Nature, 13 de noviembre, 2017.
[40] Fiona Harvey, “UN Warns of “Unacceptable” Greenhouse Gas Emissions Gap,” Guardian, 31 de octubre, 2017.
[41] Nijavalli H. Ravindranath and Jayant A. Sathaye, Climate Change and Developing Countries (New York: Springer, 2006), 35.
[42] Zhen-He He et al, “ATP Consumption and Efficiency of Human Single Muscle Fibers with Different Myosin Isoform Composition,” Biophysical Journal79 (2000): 945–61.
[43] Sobre la eficiencia de motores combustión interna, véase Efstathios E. Stathis Michaelides, Alternative Energy Sources, (New York: Springer, 2012), 411. Para las centrales basadas en la quema de carbón, véase R. Sandström, “Creep Strength of Austenitic Stainless Steels for Boiler Applications,” en A. Shibli, ed., Coal Power Plant Materials and Life Assessment (Amsterdam: Elsevier, 2014), 128. Sobre la eficiencia de células fotovoltaicas, Friedrich Sick y Thomas Erge, Photovoltaics in Buildings (London: Earthscan, 1996), 14.
[44] Robert T. Balmer, Modern Engineering Thermodynamics (Cambridge: Academic Press, 2011), 454.
[45] Will Oremus, “How Green Is a Tesla, Really?” Slate, 9 de septiembre, 2013, http://slate.com.
[46] William J. Ripple et al., “World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice,” BioScience 20, no. 10 (2017): 1–3.

Erald Kolasi
Es investigador asociado en el Income and Benefits Policy Center en el Urban Institute (www.urban.org). Se dedica a desarrollar modelos y simulaciones por ordenador dedicados a ingresos, riqueza y jubilaciones. También ha creado modelos actuariales para calcular beneficios por empleado y analizar los rasgos cambiantes de los planes de pensión públicos. Está graduado en Física e Historia en la Universidad de Virginia, es doctor en Física por la Universidad George Mason.

Publicado enSociedad
Miércoles, 05 Septiembre 2018 07:04

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos, la mitad que en Colombia. Ambos países junto a Ecuador decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos exigiendo pasaporte.

“Con mi esposa y mis tres hijos hemos hecho un viaje muy duro de varios días. Hemos venido casi sin nada. Esperamos poder seguir viaje y llegar a Lima, ese es nuestro objetivo. La situación en Venezuela está muy difícil, por eso salimos. Pudimos pasar la frontera poco antes que exijan el pasaporte, un documento que no tenemos y que ahora es muy difícil conseguir en Venezuela”, dice a las cámaras de televisión uno de los miles de migrantes venezolanos que cada día cruzan por tierra hacia Perú desde la frontera con Ecuador. 

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos. El país que ha captado la mayor parte de esta migración es Colombia, donde las autoridades dicen hay 820 mil venezolanos registrados. En Ecuador hay poco más de 200 mil. Estos son los países que han recibido la mayor cantidad de venezolanos. La mayor parte de este flujo migratorio se ha dado en el último año, en medio de la crisis que afecta Venezuela.


Funcionarios de Perú, Colombia y Ecuador se reunieron de emergencia la semana pasada en Lima para acordar medidas conjuntas para enfrentar la migración venezolana. Tomaron acuerdos para unificar políticas migratorias e intercambiar información. Decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos, exigiendo a estos migrantes documentos de identidad como el pasaporte. Justificaron esta decisión en “la necesidad de tener una migración regulada, ordenada y segura”. Se acordó exigir pasaporte a pesar de que estos tres países indican en un comunicado que los ciudadanos venezolanos tienen dificultades para conseguirlo. Para superar este problema, señalaron haber acordado pedirle al gobierno de Nicolás Maduro que facilite la entrega de este documento.


Un argumento para pedir pasaporte es evitar el ingreso de personas con antecedentes penales. “Es necesario tener un mejor control, pero no hay ninguna intención de cerrar las fronteras, eso lo aseguramos”, declaró el diplomático peruano Enrique Bustamante. Diversos expertos coinciden en señalar que exigir pasaporte tiene una relativa eficacia en el tema de seguridad y lo que hace es empujar a quienes no tienen ese documento a ingresar clandestinamente, lo que los pone en una situación de mayor vulnerabilidad.


Perú ya venía exigiendo pasaporte a los venezolanos que llegan a su frontera desde el 25 de agosto, antes de este acuerdo conjunto. En Ecuador un tribunal ha suspendido una decisión del gobierno en ese sentido. Hasta el 25 de agosto, cada día cruzaban la frontera peruana cerca de cuatro mil venezolanos. Desde esa fecha, el flujo migratorio ha bajado a poco más de mil al día. Pero esa cifra no toma en cuenta a los que han comenzado a cruzar ilegalmente por rutas alternas por no tener pasaporte para pasar los controles fronterizos.


Los funcionarios de estos tres países andinos señalan que su capacidad de atención ha sido desbordada por la migración venezolana. Frente a esta situación, han solicitado la ayuda de organismos como la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para la Migración, así como de los países desarrollados. El gobierno peruano ha declarado en emergencia sanitaria la zona fronteriza en el norte del país, donde se concentran más de 40 mil venezolanos, albergados en precarias condiciones. La Dirección Regional de Salud de Tumbes, zona fronteriza con Ecuador usada como paso por estos migrantes, ha alertado de la presencia de enfermedades como malaria, dengue e influenza.


Los funcionarios de estos tres países señalan que la ayuda internacional no debe limitarse a la atención de emergencia a estos migrantes, sino que también debe darse para respaldar programas para su inserción laboral. La mayor parte de venezolanos que han ingresado a Perú han llegado a Lima, donde en su mayoría trabajan en el comercio ambulatorio, y en menor proporción en restaurantes y otras actividades de servicios.


Luego de la reunión de emergencia en Lima, Ecuador convocó para el lunes y ayer a un encuentro en Quito con una docena de países de la región, entre ellos Argentina, para seguir abordando el problema de la migración venezolana y cómo enfrentarla (ver aparte). La OEA también llamó para hoy a una reunión para analizar este tema.


El drama de los migrantes venezolanos, que abandonan su país fundamentalmente por razones económicas, es explotado diariamente por sectores políticos y medios periodísticos para reforzar sus ataques contra el gobierno de Venezuela y promover acciones contra el régimen de Maduro. Ciento veinte mil migrantes venezolanos llegados a Perú han solicitado ser considerados como refugiados, lo que les daría los derechos de un residente y la protección del Estado peruano. Pero solamente una minoría, algo más de 400, ha conseguido el estatus legal de refugiados, para lo que deben demostrar que son perseguidos o su vida corre peligro en su país, lo que no ocurre con la gran mayoría de ellos.


Hace unos días, un avión fletado por el régimen venezolano llevó de vuelta a su país a un centenar de estos migrantes, que decidieron regresar por no haber encontrado la prometida mejora de su situación.


 La declaración de Quito

Esfuerzos conjuntos

 

El encuentro regional en Ecuador para afrontar la emigración venezolana concluyó ayer con la aprobación de la Declaración de Quito. El documento incluyó 18 puntos que se dirigen a sensibilizar a gobiernos y organismos internacionales sobre la necesidad de llevar adelante acciones para atender a los migrantes venezolanos.


“La Declaración de Quito contiene la voluntad de todos los Estados participantes en seguir acogiendo con los brazos abiertos a todos los que vienen enfrentando una difícil situación en su país de origen”, anunció al concluir la reunión el representante peruano, César Bustamante.


Los países firmantes “hacen un llamado a la apertura de un mecanismo de asistencia humanitaria que permita descomprimir la crítica situación, brindando atención inmediata en origen a los ciudadanos afectados”, reza el texto.


Uno de los puntos más importantes de la Declaración establece que, aunque depende del marco jurídico de cada país, se permita acoger los documentos de viaje vencidos de los ciudadanos venezolanos para fines migratorios, informó el diario ecuatoriano El Comercio. Además, se buscarán fuentes de financiamiento para respaldar a los países que más flujo migratorio reciben, entre ellos Colombia, Perú y Ecuador.


La Declaración fue firmada por los delegados de Argentina, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Bolivia se abstuvo, siguiendo lineamientos de la presidencia, y el representante de República Dominicana se ausentó por un problema de salud.


Durante la segunda semana de noviembre se llevará a cabo, también en Ecuador, una reunión táctica para tratar la aplicación de la Declaración.

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 29 Agosto 2018 07:16

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Ciudadanos venezolanos cargando bultos y valijas recorren la autopista a Bucaramanga desde Cúcuta, en Colombia (foto). El flujo de venezolanos que llega a la ciudad fronteriza de Cúcuta empezó a disminuir esta semana después de que Perú y Ecuador anunciaran el endurecimiento de las medidas migratorias, incluyendo el requerimiento de pasaportes para ingresar a esos países, medida que fue criticada por Naciones Unidas (ONU) y la organización mundial de migración (OIM).

Las autoridades migratorias de Colombia y Perú acordaron ayer crear una base de datos conjunta de los ciudadanos venezolanos que están llegando a ambos países para atender “este fenómeno de la mejor manera”.


“En la medida en que tengamos identificada a la población, en esta misma medida podemos implementar mecanismos de incorporación regionales”, afirmó el director de Migración Colombia, Cristian Krüger Sarmiento, al término de una reunión en Bogotá con autoridades de Perú y Brasil para exponer la forma en la que enfrentan la llegada masiva de venezolanos que huyen de la crisis en su país.


En la reunión, en la que también iban a participar autoridades ecuatorianas, pero que no pudieron asistir por problemas logísticos, Krüger coincidió con el superintendente nacional de migraciones de Perú, Eduardo Sevilla, en que “la idea es invitar también a los demás países” que reciben venezolanos para que se unan a la iniciativa.


“Queremos generar unos principios básicos, unas ideas básicas para poder atender este fenómeno migratorio de manera regional (...) y uno de los aspectos fundamentales es que las autoridades cuenten con la información de todas estas personas para poder organizar este fenómeno migratorio que cada día está creciendo”, añadió.


Según los funcionarios, en Colombia ya se han radicado cerca de un millón de venezolanos, mientras que en Perú ya son más de 400.000.

 

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“El fenómeno de la esclavitud moderna está documentadísimo”

De “estados capturados” por las presiones del capital corporativo internacional, del “asalto a las democracias” perpetrado por las empresas trasnacionales que subvierten el orden a través de los tratados de inversión o comercio, asegurándose más poder que los propios gobiernos y generando una verdadera “arquitectura de la impunidad” para maximizar ganancias y eludir sus responsabilidades cuando violan los derechos humanos, habla esta jurista española1 que participó el martes de la conferencia “El camino hacia un tratado vinculante para proteger los derechos humanos”. Lo que sigue es un resumen de la charla que tuvo Brecha con esta experta que vive entre Europa y Ecuador, y aún cree que “hay que volver a inventar el qué queremos”

—Es fundamental que el derecho internacional vaya evolucionando para dar respuesta a las violaciones de los derechos humanos cometidas por las empresas trasnacionales con total impunidad. Los estados están en una encrucijada: actuar frente a esto o mantener y seguir construyendo la estructura de impunidad que implican los tratados de libre comercio o inversión. Durante muchos años el derecho internacional se ocupó de los estados que cometen crímenes contra los derechos humanos. Pero las empresas trasnacionales, que, conforme han ido creciendo, aumentaron su poder económico y político mediante la captura corporativa, han tenido una mayor posibilidad de violar los derechos humanos y lo que es peor, van consiguiendo que esas violaciones sean impunes. Esto ha sido denunciado por el activismo, por los sindicatos, por la izquierda en todo el mundo y por los organismos internacionales como Naciones Unidas, que cada año presentan informes de cómo se producen estas violaciones. El fenómeno de la esclavitud moderna está documentadísimo en las cadenas de suministro, en las maquilas, en la industria textil. Está claro que hay una estrategia empresarial basada en la reducción de costes mediante el dumping social. Esto implica que las empresas se puedan mover por todo el mundo buscando el costo más bajo y eso va provocando en los países del sur una carrera a la baja para atraer la inversión extranjera. Entonces, si no paramos e intentamos establecer marcos jurídicos para impedir que las empresas sigan compitiendo entre ellas para ver cuál viola más los derechos humanos, estaremos en una caída sin frenos hacia una realidad en la que las empresas aumentan sus ganancias a costa de la vida de mucha gente.


—Los estados saben que cuando firman estos tratados de inversión renuncian a una parte de su soberanía o por lo menos a la legitimidad que tienen de regular en el orden interno para allanarle el camino a las empresas. ¿Por qué se siguen firmando si la mayoría de las veces ni siquiera detrás de los tratados obtienen la anunciada inversión?


—Esa es la otra cara de la moneda. Nosotros enfocamos esta lucha en un sentido propositivo. Queremos construir un marco normativo protector de los derechos humanos. Desde la academia crítica, los sindicatos y las Ong denunciamos y criticamos los tratados bilaterales de inversión, que también son normas internacionales. Curiosamente estas normas tienen mayor eficacia y se aplican de una manera mucho más clara y con sanciones más rigurosas que las que defienden los derechos humanos. Los estados saben que esto ocurre, que el compromiso por estos derechos es menos vinculante que los tratados de libre comercio o inversión. Lo que dice la ortodoxia económica es que los tratados producen riqueza. Pero sabemos que eso ha sido muy criticado. La inversión extranjera puede producir riqueza sí, pero para unos pocos, porque sobre todo produce acumulación y concentración. Jamás redistribución, crecimiento o desarrollo humano. Además la inversión no llega sólo por los tratados. Trae más inversión una buena red de carreteras o una tecnología determinada que un tratado de inversión (Tdi). Lo que sí sucede es que algunas personas se enriquecen por haber firmado un Tdi o por ser amigas de quien lo ha firmado. Y ahí vemos el fenómeno de la captura corporativa o la capacidad que tienen las empresas de conseguir que los estados hagan lo que ellas necesitan que se haga, construyendo una arquitectura jurídica de la impunidad. Hemos llegado a un punto en el que las normas constitucionales protectoras o guardianas de la ciudadanía están siendo desbordadas por este tipo de tratados que sortean los diques constitucionales a favor de las empresas. El poder económico es tan potente que el poder político se pliega o se repliega.


—¿A eso se refiere cuando dice que “hay un lobby geopolítico sin precedentes” que le resta peso a los parlamentos y aleja el poder de la ciudadanía?


—Esto no es sólo una cuestión económica, es un tema de democracia contra los mercados. Hay una red dispuesta por los tratados bilaterales de inversión o de libre comercio que permite que las empresas mejoren sus ganancias y su capacidad de defenderse o sortear las herramientas de control de los estados. Estamos asistiendo a una expansión similar a lo que se dio en el Consenso de Washington, pero más global. El capital financiero trasnacionalizado tiene el poder de capturar a los gobiernos. Para asegurar esta captura y que no haya vuelta atrás, los tratados son una herramienta jurídica perfecta. Los nuevos tratados, los que ha firmado la Unión Europea con Canadá, los que está negociando con el Mercosur, incluyen una materia que se llama “cooperación reguladora”. Se establece una suerte de comité para determinar las líneas de una legislación adecuada para el comercio. Aceptar esa “cooperación” de por sí implica una subversión a la democracia. Los gobiernos fueron elegidos por la ciudadanía de acuerdo a un programa, y no deberían renunciar a sus potestades ni compartirlas con las empresas. Pero lamentablemente el objetivo es que la seguridad del inversor pase por delante de cualquier objetivo de bienestar y desarrollo de las ciudadanías.

Estas reglas implican un candado jurídico que está por encima del orden local. Los estados elevan competencias que ya no podrán volver a tener, se eliminan ámbitos de decisión y la marcha atrás será muy complicada. El asalto a las instituciones democráticas es tal que –mediante una serie de normas cuyo contenido desconocemos cuando se aprueban, porque todos estos procesos son parcial o totalmente secretos– están eliminando nuestra capacidad como ciudadanos de decidir nuestro futuro.


—Teniendo en cuenta esto que dice, ¿qué tan intocables son las empresas trasnacionales?


—Se creen intocables, pero no lo son. Hay que seguir la ruta del dinero y ver quién recibe las ganancias. ¿Quién se beneficia de la venta de pantalones fabricados casi sin luz durante 18 horas al día de trabajo de 500 mujeres? ¿Es una empresa de Alemania, de España? Hay casos de empresas que están siendo juzgadas en distintas partes del mundo y existe algún resquicio de temor a perder la impunidad. Esto está provocando que nuestra lucha por un tratado vinculante para que estas empresas no sean impunes sea atacada cada vez con más dureza. Nunca pensamos que iba a ser un camino fácil, pero las empresas se están poniendo muy a la defensiva. Es que estamos aprendiendo a utilizar el derecho como arma contrahegemónica. Tenemos que encontrar las formas para vincular, por ejemplo, un incendio que sucede en una fábrica en Pakistán donde mueren 250 mujeres que estaban cosiendo ropa para una empresa alemana con la responsabilidad de esa empresa. Hoy todavía es difícil rastrear esa responsabilidad. Creo que la única manera de revertir esa impunidad es consiguiendo que las empresas tengan miedo de ser sancionadas y se cuiden. Que tengan que controlar todo su proceso de producción, que hasta la última mujer que teje o cose tenga derecho a la jornada laboral de ocho horas, y si no es así, que la empresa como figura jurídica y sus directivos puedan ser procesados. Que se le puedan aplicar sancionas jurídicas, administrativas, penales y civiles.


Hoy las empresas dicen que el compromiso con los derechos humanos es de los estados, que no les corresponde a ellos garantizarlos. Nosotros preguntamos en las reu-niones de trabajo ¿si las empresas tienen derechos otorgados por los distintos tratados comerciales, por qué no quieren tener responsabilidades? Ellos responden: “No es lo mismo, nosotros invertimos para que haya riqueza en el mundo”.


—¿Cree que hay chances a nivel mundial para avanzar en esta materia?


—En 2014 se aprobó una resolución en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a propuesta de Ecuador y de Sudáfrica, que decidió el establecimiento de un grupo intergubernamental de composición abierta con el mandato de elaborar un instrumento jurídicamente vinculante para regular, en el derecho internacional de los derechos humanos, las actividades de las empresas trasnacionales. La coyuntura geopolítica de 2014 no era mala. Teníamos dos estados liderando esta voluntad y teníamos una serie de aliados (el G-77 estaba a favor, Argentina y Brasil se abstuvieron, pero no se opusieron, India y Rusia votaron a favor). Todos los países de la UE, así como Japón y Estados Unidos, votaron en contra. La sociedad civil, los sindicatos, el parlamento europeo, distintas redes de parlamentarios y la doctrina académica nos hemos enfocado en hacer cosas como esto que hicimos el martes aquí, de presentar el proyecto a los legisladores y decirles que Uruguay puede tener un papel importantísimo como defensor de los derechos humanos (véase recuadro). Ahora tenemos un proyecto, un borrador cero, y podemos decir a los países que se lancen a discutir esto junto con la sociedad civil y la academia y los sindicatos. Por ahí podemos hablar de la tensión positiva. La tensión negativa es la evidente. Nadie pensó que los empresarios se iban a quedar tranquilitos y no iban a reaccionar.


—Y el poder que tienen no es frágil…


—Claro, y han capturado actores importantísimos. La UE ha participado en todas la reuniones y ha sido el principal opositor a este proceso. Estados Unidos sólo participó una vez para decir que el proceso no iba a continuar, pero ha mandado a estados fáciles de convencer a boicotearlo. El tema es que la coyuntura política ha cambiado para peor. Los cambios en el gobierno de Ecuador y sus giros de timón en la política internacional también implican un retroceso. Yo prefiero un proceso peleado hasta el final y no aprobado que la aprobación de una norma que supone un retroceso de lo que ya hay, que son normas no vinculantes.

—¿Cómo sería en la práctica el control a las empresas, cómo se fiscalizaría?


—Es uno de los puntos rojos del tratado que fue eliminado en la última versión de Ecuador. Lo que se proponía hace dos años era un ámbito de control supranacional que tenía dos propuestas: una de máxima, que era una corte internacional penal sobre empresas y derechos humanos, y la otra, más tradicional, que era un comité donde estuvieran representadas las víctimas y la sociedad civil. La propuesta de máxima es difícil que salga. De todas formas, tenemos que pensar y luchar por un camino alternativo que implique un cambio de paradigma. Y en ese sentido, independientemente de lo que le pase al proceso con las amenazas y los obstáculos que se le ponen, ya llevamos ganancia, porque hemos puesto en el centro de la discusión a nivel mundial la necesidad de actuar para un efectivo respeto a los derechos humanos. Aunque hoy la coyuntura no dé, este proceso será imparable.


—Ha manifestado que en el tema de los tratados, las empresas trasnacionales y las democracias está presente la lucha de clases. ¿Podría explicar cuál es la relación?


—Estamos hablando de un capital trasnacional que acumula y se enriquece, y de unas mayorías subalternas que estamos forzadas a vender nuestro tiempo de trabajo para sobrevivir. El único enfoque que nos es útil para seguir acumulando poder de resistencia es uno transversal que nos integre a todos bajo la misma lucha, la de los gitanos, la de los obreros, la de las empleadas domésticas en España o los niños mineros en Colombia. Hay que buscar los enlaces sin perder de vista la diversidad. Pero la diversidad como un valor per se muchas veces lo que ha hecho es dividir luchas. Las personas que estamos siendo desposeídas por el fenómeno del capital global tenemos más cosas en común que las que nos diferencian. Y creo que otra cosa a favor es que el enemigo común de todos está más que claro. El otro día me preguntaron en una entrevista qué proponía yo para volver al Estado de bienestar. Y respondí que no quería volver a un estado de cosas que tiene lateralidades negativas a montones. Por ese Estado de bienestar mira cómo está el sur, y cómo están las mujeres, y cómo está el ambiente, y lo bien que les iba a las trasnacionales. Hay que volver a inventar el “qué queremos”.

1. Profesora titular de derecho de la Universidad de Valencia, España. Entre otras obras ha publicado, en solitario o en coautoría: La libertad de información de los trabajadores, Derecho del trabajo y defensa de la competencia, ¿Qué hacemos con la Universidad?, Educación pública, de [email protected] y para [email protected]: las claves de la marea verde, Lecciones sobre Estado social y derechos sociales, El huracán neoliberal. Una reforma laboral contra el trabajo, Derechos sociales, integración económica y medidas de austeridad: la UE contra el constitucionalismo social, Ttip. El asalto de las multinacionales a la democracia, El trabajo garantizado. Una propuesta necesaria frente al desempleo y la precarización, Los acuerdos comerciales como estrategia de dominación del capital. Las amenazas del Ceta y del Ttip, El Ceta al descubierto: las consecuencias del tratado entre la UE y Canadá sobre los derechos sociales, El fin de la impunidad. La lucha por un instrumento vinculante sobre empresas trasnacionales y derechos humanos.

 

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Adry del Rocío

Cada año, el primer sábado de julio, la comunidad internacional celebra el Día Internacional de las Cooperativas. El tema de este año ha sido “Consumo y producción sostenibles de bienes y servicios” que coincide además con la acción de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a favor de un mundo basado en modelos de producción y empleo sostenibles.

Recientemente la Jefa de la Unidad de Cooperativas de la OIT, Simel Esim, señaló “el impacto positivo del compromiso de las cooperativas a favor de una producción y consumo sostenibles”. Y agregó que, por ejemplo, “en el norte de Sri Lanka, después de años de guerra civil, vi cómo las cooperativas contribuían a reforzar la resiliencia de las comunidades locales”.

Una evaluación rápida realizada al inicio del proyecto de la OIT Empoderamiento local a través del desarrollo económico (Leed en inglés) por otra parte, indicó que las cooperativas eran las únicas estructuras “estables” presentes en el norte de Sri Lanka antes, durante y después del conflicto. Desde 2010, el proyecto apoya a las cooperativas agrícolas y de la pesca al garantizar certificaciones de comercio justo para sus productos y ayudarlas a establecer vínculos comerciales. 

Simel también señala que “he escuchado historias inspiradoras de otras regiones del mundo sobre la manera en que las cooperativas han unido fuerzas para contribuir con el consumo y la producción sostenibles y el trabajo decente, con frecuencia gracias al intercambio comercial entre cooperativas”.

Cooperativas y comercio justo

Algunas de estas historias fueron compartidas en una reciente reunión del movimiento cooperativo y del comercio justo en Ginebra. Ahí se constató, cómo el café de las cooperativas de productores de Kenia ha llegado a los anaqueles de COOPen Dinamarca y las piñas biológicas de una joven cooperativa de Togo se venden en las cooperativas de venta al detalle en toda Italia .
También escuchamos de qué manera las cooperativas de consumidores en Asia Oriental han desarrollado productos con la etiqueta biológica y, a la vez, educan a sus miembros sobre las condiciones de trabajo de los productores y de los trabajadores, así como a reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de materiales plásticos.

El consenso al cual llegó la reunión fue que el intercambio comercial entre cooperativas puede ayudar a disminuir los costos del comercio, garantizar precios más justos y mejores ingresos para los miembros de las cooperativas y sus comunidades. Existen oportunidades no sólo en la cadena de suministro de la agricultura, también en la confección y en otros sectores. Las cooperativas de ambos lados de la cadena de suministros se unen para acortar las cadenas de valor, mejorar la trazabilidad de los productos y adoptar prácticas respetuosas del medio ambiente.

En la OIT, dice Simel Esim “colaboramos con nuestros mandantes a fin de mejorar la huella medioambiental y social de las cooperativas en todo el mundo”, destacando que “cuando la OIT sigue promoviendo un futuro de trabajo basado en modelos de producción y empleo sostenibles, una de nuestras prioridades en los próximos años será facilitar el desarrollo de vínculos entre los mandantes de la OIT y las cooperativas”.

El objetivo es el de estimular una acción común a favor de prácticas de producción y de consumo responsables, el desarrollo de las economías verdes y circulares y la promoción del trabajo decente en las cadenas de suministro. La OIT considera que las cooperativas no sólo son importantes como medio para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de mujeres y hombres en todo el mundo, sino que también ponen a disposición de los usuarios infraestructura y servicios esenciales, incluso en áreas olvidadas por el Estado y las empresas inversoras.

Las cooperativas tienen una probada trayectoria en materia de creación y mantenimiento del empleo, ya que actualmente brindan más de 100 millones de puestos de trabajo. Asimismo, contribuyen al avance del Programa Global de Empleo de la OIT y a la promoción del trabajo decente.

Reverso y anverso del informe: el día de la falsa prosperidad

Hace mucho tiempo que insistimos sobre la otra lectura, o la pequeña letra de los contratos, ya que el ser humano hace todo por algo o para algo. Por diversos motivos y en vista de ciertos proyectos, programas o pretensiones. Pero cuando preguntamos para qué, lo que está en cuestión es precisamente el proyecto. Ahora bajo las nuevas consignas de un futuro del trabajo “verde” basado en la producción y el empleo sostenibles.

No obstante, hablamos del movimiento cooperativo. Hablamos del valor de estas grandes experiencias sociales que no puede ser subestimado, o banalizados por hechos que suelen ser solo una cortina de humo para ocultar los prejuicios de los que los utilizan. Su rica historia nos enseña que el cooperativismo nació en el mismo medio social, y en la misma época, de la miseria proletaria y producto de la misma opresión.

Pero lo que distingue el cooperativismo de las demás formas de producción es su medio de acción, que se basa en la creación de empresas para sustituir la figura del empresario, y así escapar a la explotación de las empresas privadas con las que tenían relación como trabajadores, clientes o proveedores. Entonces podríamos considerar o pretender, que el modelo económico de las cooperativas es una alternativa real a la empresa privada del sistema capitalista.

Diremos, por lo tanto, que el cooperativismo tiene el objetivo económico de la cooperación solidaria entre un grupo de socios de una empresa a través de la distribución equitativa de las utilidades o el reparto de los beneficios.
Por consiguiente, está vinculado a la economía social o solidaria como una concepción más amplia que incluye a otras formas asociativas o mancomunadas fundadas en el trabajo solidario y de cooperación para satisfacer sus necesidades de existencia y que buscan un beneficio colectivo común. Podemos concluir, que la característica central del cooperativismo en el marco de la economía solidaria es la primacía del ser humano y de su función social sobre el capital.

Sin embargo, en el actual marco de la globalización, nos cuesta trabajo imaginar la evolución de estos proyectos, ya que abundan los ejemplos donde el cooperativismo adopta el camino inverso, el camino funcional al modelo económico capitalista al maximizar la ganancia solo para un pequeño grupo especulativo y burocrático.

Una cooperativa capitalista termina siendo igual, un patrón, unos asalariados, y luego la plusvalía, la ganancia y toda la producción se convierte en mercancía.

Claro se nos dirá que en política o economía está reflejado el famoso pragmatismo de Harold Wilson “si funciona debe ser correcto” en ese constante llamamiento a los hechos, pero siempre aislados. Como si los hechos se seleccionan así mismo. Seguimos rutinas insólitas donde hay un día para todo, la nostalgia, la mujer, el amigo, el sida, el clima, el trabajo, las cooperativas etcétera.

Tantos días de informes obstinados desde el monolítico edificio gris de la OIT, de la ciudad de Ginebra con el fin de construir la imagen de una sociedad desaparecida basada en el trabajo y no en su ausencia. Reflexionemos a los informes, verifiquemos, nunca está de más poner en duda incluso la existencia de los problemas, ni poner en tela de juicio sus términos.

Sobre todo, cuando estos temas implican los conceptos de trabajo, desempleo y cooperación. Somos conscientes que obstinarse en plantear un problema entre aquellos que buscan soluciones, constituye una blasfemia, una herejía inmoral, y absurda. De ahí la abundancia de soluciones falsas, de problemas disimulados, negados, de preguntas censuradas.

El día de la falsa prosperidad se repite en cada informe, la verdadera urgencia invita a investigar, la percepción de un presente siempre escamoteado, por eso esa contra cara de los informes al intentar echar luz sobre aquello que puede manipularse, la duda nos acompaña a la vez que nos motiva. l

La ONU pidió apoyo para refugiados venezolanos

Dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requisitos en materia de pasaportes y control de fronteras de Ecuador y Perú, así como a las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú.

 

La ONU exhortó ayer a los países latinoamericanos a seguir acogiendo a los refugiados venezolanos, a la vez que denunció las nuevas exigencias de pasaporte en las fronteras implementadas por Ecuador y Perú. Además informó que hoy creará un mecanismo para coordinar una respuesta al éxodo de los venezolanos. 

En un comunicado conjunto, el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, y el director general de la Organización para las Migraciones (OIM), William Lacy Swing, pidieron a la comunidad internacional que aumente sus apoyos en respuesta a la creciente migración. Asimismo ambos organismos expresaron su preocupación ante los acontencimientos recientes que afectan a los refugiados y migrantes venezolanos. Las dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requerimientos en materia de pasaportes y de entrada en las fronteras de Ecuador y Perú, así como las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú. La medida anti migratoria comenzó a regir, en el gobierno de Lenin Moreno, el pasado sábado. Sin embargo inmediatamente la Defensoría del Pueblo de Ecuador denunció el accionar del gobierno y logró conseguir que los niños y adolescentes que llegasen a Ecuador con sus padres, no estén obligados a presentar documentos en caso que sus progenitores porten los propios. En Perú la medida se pondrá en marcha mañana.


En los últimos dos años ingresaron, a territorio peruano, más de 400.000 venezolanos en el marco de la política de puertas abiertas que inicialmente ofrecieron las autoridades ante la crisis social y económica que vive Venezuela. Sin embargo, luego de detectar ingresos con cédulas falsas, Perú decidió tomar las mencionadas medidas. Las tensiones migratorias se incrementan también en otros países de América Latina, como en Brasil, donde se han producido violentos disturbios entre migrantes y población local. La frontera colombiana, que recibió a más de un millón de venezolanos en los últimos 16 meses, también está en el centro de la disputa. Ayer denunció la medida tomada por sus vecinos alegando que ello favorece las migraciones clandestinas. Según OIM y la ACNUR, de los 2,3 millones de venezolanos que viven en el extranjero, más de 1,6 millones han huido desde 2015, cuando el país se sumió en una grave crisis económica y política, y el 90 por ciento de ellos se refugiaron en países de la región. Para la ONU los más vulnerados, que a su consideración son los adolescentes, las mujeres y los niños no acompañados, no tienen capacidad para satisfacer las exigencias en materia de documentación, y por tanto están expuestos a un riesgo mayor de explotación, de trata y de violencia. “Reconocemos los crecientes desafíos ante la llegada a gran escala de venezolanos”, admitió Grandi quien también subrayó que es esencial que cualquier nueva medida que se tome, siga permitiendo a quienes necesitan una protección internacional, tengan acceso seguro y puedan efectuar su demanda de asilo.


En un intento de ponerle fin al conflicto, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se reunirá hoy con la ACNUR y con la OIM para desarrollar un mecanismo coordinado que atienda a las demandas migratorias. El portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, explicó que el objetivo es garantizar que la ONU gestione este asunto adecuadamente. “La creación de este tipo de grupos de coordinación es un procedimiento interno habitual ante crisis como la que se está dando con los refugiados y emigrantes venezolanos”, afirmaron fuentes de la organización. El canciller colombiano, Carlos Trujillo, se reunió ayer con Guterres y le trasladó su preocupación frente a la crisis regional que genera el flujo migratorio venezolano. “Encontramos una gran receptividad de parte del secretario general” explicó Trujillo y agregó que con esta medida se dará un paso adelante para responder a una crisis que, insistió, debe recibir un tratamiento multilateral. En este sentido Trujillo designó a un enviado especial para que conforme la coordinación de esta respuesta regional.


“Para Colombia la situación plantea un asunto humanitario, de seguridad nacional y afecta a múltiples sectores como los de la salud y la educación”, afirmó el canciller quien aseguró que el gobierno está decidido a movilizar a la comunidad internacional. En ese sentido, explicó que las autoridades migratorias del país están en contacto permanente con las de otros estados afectados como Ecuador, Perú o Brasil y se mostró a favor de convocar una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para tratar “exclusivamente la crisis migratoria venezolana”. El próximo evento territorial conforme a la búsqueda de una salida a la crisis, será el 17 y 18 de septiembre según notificó Ecuador, país liderará un encuentro donde estarán los ministros de Exteriores de 13 estados de la región.

 

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Lunes, 13 Agosto 2018 08:00

Frente a Goliat III

Frente a Goliat III

Las exportaciones más exitosas de México a Estados Unidos durante los 25 años del TLCAN son, junto con autopartes y petróleo, los seres humanos y las drogas.

Migración y narcotráfico son los temas más conflictivos en la relación con el Goliat al lado. Ambos son empleados para efectos de política doméstica en Estados Unidos. Con Trump esto ha llegado a su extremo en tiempos recientes.


Para Trump, México y los mexicanos son parte de su juego político doméstico, tiene poco que ver con alguna estrategia de relaciones internacionales. Ese juego queda al descubierto al chocar con la realidad: no existe una “invasión” de “extranjeros ilegales”, el número total de indocumentados se ha mantenido sin cambio en unos 11 millones en los últimos años y en el caso de los mexicanos se ha reducido en más de un millón. O sea, hay más mexicanos saliendo que ingresando a este país.


La llamada “guerra contra las drogas” fue impulsada por el presidente Richard Nixon en 1971, y según revelaciones recientes de uno de sus asesores más cercanos, tenía un objetivo político: criminalizar a los opositores a la guerra de Vietnam y a las afroestadunidenses (y según Nixon, para atacar a los judíos también). Esta “guerra” –con un costo anual de más de 50 mil millones de dólares– ha sido empleada para justificar la intervención policiaca y militar estadunidense en varios países, incluido Mexico. Dentro de Estados Unidos, esta guerra nutre la violencia y la represión en las comunidades más pobres, y ha ayudado en convertir a este país en el más encarcelado del mundo (57 por ciento de los prisioneros por delitos de drogas en prisiones estatales son afroestadunidenses y latinos). Trump sigue usando esta guerra con fines racistas, para justificar la violencia oficial y para promover su muro fronterizo (no sólo para frenar a migrantes, sino a narcotraficantes, lo cual es más o menos lo mismo según el mandatario).


Trump tiene razón: los mexicanos, junto con otras comunidades inmigrantes, sí son “peligrosos” (para él y los que representa): están transformando su país en otro, contribuyendo no sólo al cambio demográfico histórico, sino también a las luchas para hacerlo más digno y justo. En unos 25 años, la raza de Trump dejará de ser mayoría para volverse en otra minoría más. Parte de la histeria antimigrante, más allá de su uso político coyuntural, es en parte el último grito de los que desean frenar el futuro y retornar para “hacer América grande otra vez”; o sea, la América donde ellos imperan. Too late.


Las respuestas progresistas tanto a las políticas antimigrantes como a la represión y el costo social de la guerra contra las drogas son libradas en todas las esquinas de este país, y algunas ha tenido grandes logros en tiempos recientes; desde medidas y declaraciones de santuario y protección de inmigrantes y amplio rechazo a políticas xenofóbicas por un lado, hasta repudio y reformas, sobre todo a nivel estatal, que están anulando partes de la guerra contra las drogas. Los movimientos en contra de la violencia oficial que implican estas políticas han generado nuevas alianzas. Los jóvenes del nuevo movimiento March for our Lives, que nacieron de episodios de violencia oficialmente sancionada (el llamado derecho individual a las armas) se han encontrado con activistas que denuncian la violencia oficial policiaca como Black Lives Matter y los que luchan contra la violencia vinculada a la explotación y abuso de jornaleros en los campos agrarios (la Coalición de Trabajadores de Immokalee, entre otros) así como los dreamers.


Son los que luchan contra la violencia oficial y las consecuencias violentas de estas políticas aquí, igual que sus contrapartes en México.


Por eso, cualquier propuesta para un cambio de política bilateral impulsada a nombre de los David en México debe reconocer –como hemos argumentado en estas últimas columnas– que tienen tocayos como éstos dentro del Goliat del norte.

 

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Miércoles, 08 Agosto 2018 07:53

Migraciones: una revolución mundial en marcha

Migraciones: una revolución mundial en marcha

En períodos de turbulencia global, las migraciones se convierten en "armas de guerra". Quien controle los flujos migratorios tendrá ventajas sobre sus rivales geopolíticos. Mientras, otros pueden sufrir crisis internas como consecuencia de migraciones masivas fuera de control.

Hubo un largo período en el cual los flujos migratorios eran más o menos estables y previsibles. Durante la fase final del colonialismo se registraron migraciones importantes desde Europa hacia Norteamérica y América Latina, por ejemplo. Más tarde, fueron los latinoamericanos los que tendieron a emigrar hacia EEUU y Europa, pero también hacia Australia.


Sin embargo, en las últimas décadas los flujos migratorios están mutando de forma drástica. Las causas se multiplican. Al tradicional atractivo de los países más prósperos respecto a las poblaciones del mundo pobre, se suma ahora un elemento que décadas atrás no tenía el menor peso: el cambio climático. Las Naciones Unidas prevé que para 2050 habrá 200 millones de "desplazados climáticos", siendo mujeres alrededor del 80%.

Los cambios demográficos indican los lugares de partida de los migrantes. Mientras que la población del planeta llegará a 9.700 millones en 2050, la de los dos países más poblados tiende a estancarse: India con 1.500 millones pasará a China que se quedará en 1.200, pese a haber puesto fin a la política de un solo hijo.
Lo más notable es el cambio demográfico de África. De los 1.200 millones de africanos en la actualidad, se pasará a 4.000 millones en 2100. El resultado, como nos recuerda el analista Sami Nair, es que el 40% de la población del planeta será negra. El crecimiento del África subsahariana está siendo fenomenal, lo que anuncia que la presión sobre las fronteras europeas será imparable, ya que al hambre se suma la presión de la desertización por el cambio climático.

En América Latina las cosas también están cambiando. Durante el siglo XX, las migraciones fueron mayoritariamente hacia Europa y EEUU, pero también hubo fuertes migraciones desde Perú, Bolivia y Paraguay hacia Argentina, cuya industria siempre estuvo escasa de mano de obra. Otras corrientes se fueron consolidando con el tiempo: de México y Centroamérica hacia EEUU y desde Uruguay hacia Argentina, por poner apenas dos ejemplos.

En estos años, las tendencias se entrecruzan y multiplican, caminando hacia una suerte de caos migratorio. Alrededor de 300 mil peruanos se instalaron en Chile en los últimos años, mientras dominicanos y cubanos llegan masivamente al río de la Plata. Un reciente informe de la Organización Internacional de las Migraciones sobre Venezuela, destaca que de los casi dos millones de migrantes, más de la mitad se dirigió a países sudamericanos, siendo esta tendencia una verdadera novedad, tanto por su magnitud como por los destinos.

De los 900.000 venezolanos que migraron hacia Sudamérica, más del 60% está en Colombia, seguido por Chile, Argentina y Ecuador. Para algunos países pequeños como Uruguay, el impacto de las 3.000 residencias legales otorgadas cada año se deja sentir, modificando una tendencia histórica que colocaba a los argentinos en el primer lugar.

Los cambios en los flujos migratorios permiten sacar algunas conclusiones que habrán de impactar en el futuro inmediato en toda la región latinoamericana.

El primero es que estamos apenas en la primera fase de una previsible explosión de migraciones múltiples. En la actualidad hay apenas unos 250 millones de migrantes, cifra que crece de forma vertiginosa. Se calcula que en 2065 el 40% de la población de Italia será migrante, frente al 8% actual, lo que puede dar una idea de los cambios en curso. El mismo informe de la ONU destaca que de 1950 a 2100, el peso mundial de la población europea bajará del 22% al 7%, mientras el de la africana crecerá del 9% al 40%.

La segunda es de carácter cualitativo. Desde que sabemos que la caída del imperio romano se produjo por las llamadas 'invasiones bárbaras' —migraciones masivas desde el siglo III al VII de nuestra era que provocaron el colapso de aquella civilización—, las grandes potencias toman medidas para controlar los flujos migratorios.

En este punto hay políticas contradictorias. Por un lado, las economías desarrolladas necesitan migrantes para revitalizar su economía y contrarrestar el rápido envejecimiento de la población. La Unión Europea estima que la llegada de inmigrantes a España impulsó en 3,2% el crecimiento anual del PIB per cápita durante la década 1995-2005. Casi todos los países europeos registraron tendencias similares.

Por lo tanto, más allá de las excentricidades de Donald Trump, el debate no es inmigrantes sí o no, sino cuántos, desde qué países y con qué características. EEUU mantiene una política migratoria selectiva, ya que los necesita para trabajar sobre todo en las áreas rurales, pero tampoco quiere abrir el grifo de forma indiscriminada. Esa regulación le permite presentar uno de los mejores perfiles demográficos de los países desarrollados, suavizando el envejecimiento de su población.

La tercera cuestión consiste en el grave problema de aquellos países que no puedan dotarse de una sólida política migratoria. Este es el caso de América Latina, que ha dejado librado casi al azar los flujos migratorios. A comienzos del siglo XX, cuando existían proyectos nacionales de larga duración, se fomentó la inmigración de colonos europeos que garantizaran la producción de alimentos y se les dieron facilidades incluyendo tierras fiscales.

Por otro lado, la existencia de territorios con muy escasa población es una seria desventaja, sobre todo si esos espacios albergan riquezas naturales. Un buen ejemplo es la Patagonia argentina, codiciada por países y grandes empresas del Norte. La crisis de 2001 fue la última oportunidad en la que se habló de una 'secesión' del sur argentino, con una notable cobertura de portada de The New York Times.

Lo cierto es que la ausencia de políticas migratorias planificadas a largo plazo, agudiza las debilidades de los países más frágiles, en particular durante períodos de hondas turbulencias. En el sentido inverso, hay países latinoamericanos que se están quedando sin profesionales, lo que representa un pesado lastre para su desarrollo y para su cohesión social y cultural.


Por Raúl Zibechi

00:35 08.08.2018

Publicado enSociedad