Sábado, 19 Diciembre 2009 13:57

Elogio del aburrimiento

El capitalismo prohíbe básicamente dos cosas. Una es el regalo. La otra el aburrimiento.

Cuenta Sor Juana Inés de la Cruz, la gran poetisa, monja y feminista mexicana del siglo XVII, que en una ocasión la abadesa del convento de los Jerónimos, a cuya regla estaba sometida, le prohibió leer y escribir y la mandó castigada a la cocina. Allí entre los fogones Juana Inés estudiaba y escribía con la mente; es decir, pensaba. Del huevo y de la manteca, del membrillo y del azúcar, mientras cortaba y amasaba y freía, sacaba una consideración, una reflexión, un hilo interminable de conjeturas, y esto hasta el punto de llegar a afirmar con desafiante ironía en su conocida carta a sor Filotea: “Si Aristóteles hubiera cocinado, habría pensado más y mejor”.

Si a Juana Inés, en lugar de a la cocina, la hubiesen mandado a Disneylandia, donde se hubiese aburrido menos, quizás habría dejado de leer, estudiar y pensar sin ninguna prohibición.

Contaba Rosa Chacel, una de las más grandes novelistas españolas del siglo XX, que en los años cincuenta, mientras redactaba su novela La Sinrazón, tenía la costumbre de pasar horas recostada en un sofá de su salón. La mujer de la limpieza, con la escoba en la mano, le dirigía siempre miradas entre compasivas y reprobatorias: “Si hiciera usted algo, no se aburriría tanto”. Pero es que Rosa Chacel hacía algo: estaba pensando; y hasta cambiar de postura podía distraerla de su introspección o devolverla dolorosamente a la superficie.

Si Rosa Chacel hubiese pasado horas y horas delante de la televisión, y no dentro de sí misma, jamás habría escrito ninguna de sus novelas.

Hay dos formas de impedir pensar a un ser humano: una obligarle a trabajar sin descanso; la otra, obligarle a divertirse sin interrupción. Hace falta estar muy aburrido, es verdad, para ponerse a leer; hace falta estar aburridísimo para ponerse a pensar. ¿Será bueno? ¿Será malo? El aburrimiento es la experiencia del tiempo desnudo, de la duración pastosa en la que se nos enredan las patas, del líquido viscoso en el que flotan los árboles, las casas, la mesa, nuestra silla, nuestra taza de leche. Todos los padres conocemos la angustia de un niño aburrido; todos los que fuimos niños -antes, al menos, de los videojuegos y la televisión- sabemos de la angustia de un niño aburrido pataleando en el ámbar espeso de una tarde que no acaba de morir. No hay nada más trágico que este descubrimiento del tiempo puro, pero quizás tampoco nada más formativo. Decía el poeta Leopardi que “el tedio es la quintaesencia de la sabiduría” y el antropólogo Levi-Strauss, recientemente fallecido, aseguraba haber escrito todos sus libros “contra el tedio mortal”. Uno no olvida jamás los lugares donde se ha aburrido, impresos en la memoria -con grietas y matices- como en el diario de campo de un naturalista. Uno no olvida jamás el ritmo de las cosas, la finitud de los cuerpos, la consistencia real de los cristales, si alguna vez se ha aburrido. “Amo de mi ser las horas oscuras”, decía Rainer María Rilke, porque las oscuras son no sólo la medida de las claras sino la pauta narrativa de unas y de otras. El aburrimiento, sí, es el espinazo de los cuentos, el aura de los descubrimientos, el gancho de toda atención, hacia fuera y hacia dentro.

El capitalismo prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? El mercado; es decir, esa franja mesopotámica abierta entre la mente y las cosas, ancha y ajena, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. ¿Cuál era el peor defecto de la URRS, lo que los europeos nunca pudimos perdonarle, lo que nos convenció realmente de su fracaso? Que era un país muy aburrido.

Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El sector de los video-juegos, por ejemplo, mueve 1.400 millones de euros en España y 47.000 millones de dólares en todo el mundo; el llamado “ocio digital” más de 177.000 millones de euros; la “industria del entretenimiento” en general -televisión, cine, música, revistas, parques temáticos, internet, etc- suma ya 2 billones de dólares anuales. “Divertir” quiere decir: separar, arrastrar lejos, llevar en otra dirección. Nos divierten. “Distraer” quiere decir: dirigir hacia otra parte, desviar, hacer caer en otro lugar. Nos distraen. “Entretener” quiere decir: mantener ocupado a alguien en un hueco donde no hay nada para que nunca llegue a su destino. Nos entretienen. ¿Qué nos roban? El tiempo mismo, que es lo que da valor a todos los productos, mentales o materiales.

El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. El proceso es más bien el inverso, pues la escuela misma -la cocina del pensamiento, el fogón del tiempo, donde Juana Inés y Rosa Chacel horneaban sus obras- ha claudicado a la lógica del entretenimiento. Ahora no se trata de comprender o de conocer sino de conseguir que, en cualquier caso, la escuela y la universidad no sean menos divertidas que la televisión, los vídeo-juegos y Disneylandia. ¿Los alumnos estarán más atentos si los maestros utilizan pizarras electrónicas? ¿Aprenderán mejor inglés en internet con Marina Orlova, la escultural filóloga rusa en minifalda? ¿Sabrán más matemáticas o latín si acuden a la universidad de Bolonia atraídos no por sus programas y profesores sino por las cuatro modelos de cuerpos zigzagueantes contratadas para los carteles publicitarios? Lo que es seguro es que, con esta lógica, que es la del mercado, los profesores llevan todas las de perder: Aristóteles y la física cuántica nunca podrán rivalizar con Shakira y la última play-station.

Según una reciente encuesta, uno de cada veinte niños británicos están convencidos de que Hitler fue un entrenador de fútbol y uno de cada cinco creen que Auschwitz es un Parque Temático. Para muchos de ellos el Holocausto es el nombre de una fiesta.

Quizás deberíamos aburrirnos un poco más.

Por Santiago Alba Rico




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Tal vez sea necesario rescribir el viejo adagio "el que se enoja pierde". Se ha descubierto que enojarse con el jefe puede ser bueno para el corazón.

Personas que sufren en silencio tras haber recibido un trato injusto en el trabajo tienen dos veces más riesgo de morir de una enfermedad del corazón que quienes ventilan su molestia, según investigadores.

El hallazgo respalda otras investigaciones según las cuales quienes sufren en silencio tienen peor estado de salud que quienes encaran a quien los ha maltratado. Los primeros muestran signos de hipertensión y problemas cardiacos y tienen más probabilidades de ausentarse por enfermedades.

No se conocen los mecanismos subyacentes que afectan la salud, pero los médicos creen que la ira, si no se resuelve, resulta corrosiva.

La forma en que cada persona enfrenta las situaciones difíciles depende en gran medida de la personalidad, pero también es influida por las circunstancias. El sufrimiento silencioso es adoptado a menudo por quienes están en la parte baja de la jerarquía y tienen menos control en el empleo.

Investigadores suecos de la Universidad de Estocolmo dieron seguimiento a 2 mil 755 empleados varones desde la década de 1990 hasta 2003. Tomaron diversas mediciones, entre ellas presión arterial, índice de masa corporal y niveles de colesterol, y preguntaban a los empleados cómo enfrentaban el trato injusto o el conflicto en el lugar de trabajo.

Registraban si los empleados usaban tácticas de elusión, como alejarse de la situación, y si padecían de dolores de cabeza u otros síntomas físicos.

En el curso de 10 años ocurrieron 47 fallecimientos por infarto o enfermedad cardiaca en el grupo. Luego de hacer ajustes según el grado de fatiga al que los hombres estaban sometidos, así como factores biológicos, los investigadores descubrieron que quienes persistentemente se tragaban el coraje tenían dos veces más probabilidad de sufrir infartos o enfermedades del corazón. Los resultados se publican en la revista internacional Journal of Epidemiology and Community Health, órgano de la Sociedad de Medicina Social.

Se incluyeron mujeres en el estudio y los resultados mostraron que para ellas era igualmente dañino guardarse el malestar. Sin embargo, como el número de decesos por ataques al corazón fue inferior entre ellas, no fue posible obtener conclusiones.

"Se deben realizar investigaciones más profundas para examinar si intervenciones diseñadas para reducir el sufrimiento solitario podrían alterar el riesgo de infarto al miocardio y muerte", indicaron los científicos.

Constanze Leineweber, del Instituto de Investigación del Estrés de la Universidad de Estocolmo, quien encabezó el estudio, comentó: “Yo no recomendaría gritarle al jefe. No es la mejor solución. Pero siempre es mejor decir que uno siente haber recibido un trato injusto y encontrar soluciones constructivas. Descubrimos un aumento del riesgo entre quienes no hablaban con el jefe. Debe haber formas de reducir el riesgo.

“Desde luego –añadió la investigadora–, siempre será mejor tener un ambiente de trabajo libre de conflictos, pero no en todos los casos es posible.”

Jeremy Laurence
The Independent


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Sábado, 07 Noviembre 2009 09:36

La crisis mundial ahora es del empleo

Por primera vez en veintiséis años, la tasa de desempleo en Estados Unidos alcanzó un valor de dos dígitos. La destrucción de puestos de trabajo en ese país como derivación de la crisis financiera golpeó a unos 7,5 millones de personas, totalizando unos 15,7 millones de desocupados, el 10,2 por ciento de su población económicamente activa. El presidente Barack Obama calificó de “aleccionadora” la cifra y anunció otra extensión del subsidio por desempleo. Con esta nueva ampliación, el subsidio suma 99 semanas de aplicación, el máximo período ininterrumpido en la historia. El mandatario norteamericano reconoció que la recuperación del mercado laboral siempre es más “lenta” que la reactivación de la economía. Analistas consultados por este diario coinciden con ese diagnóstico y pronostican que la generación genuina de empleo comenzará recién el año próximo. De todos modos, prevén también que la calidad de esos puestos será inferior a la que existía antes de la crisis. En la Argentina, la recuperación podría llegar antes, gracias a que pudo contenerse la destrucción de puestos y la reactivación económica empezará más temprano y será más fuerte.

La crisis muestra ahora su peor cara. El sector financiero empieza a dar cuenta de los primeros signos de recuperación, al igual que algunas industrias puntuales. Sin embargo, la creación de empleos no logra compensar la reducción en las nóminas de otros sectores. En octubre, la economía estadounidense destruyó 190 mil puestos de trabajo, mientras que la tasa de desempleo se incrementó en cuatro décimas por encima del mes anterior y llegó a su nivel más alto desde abril de 1983, a 10,2 por ciento. Así lo informó ayer el Departamento de Trabajo.

El organismo puntualizó que el mayor incremento de desocupación se registra entre los sectores de la construcción, manufacturas y comercio minorista. De este modo, registró un aumento de 8,2 millones de desempleados desde que la recesión comenzó, en diciembre de 2007, mientras que la tasa aumentó en 5,3 puntos. La cartera laboral confirmó que el mes pasado 5,6 millones de personas evidenciaban situación de desempleo de larga duración (por más de seis meses).

“A pesar de que perdimos menos empleos que el mes pasado, nuestra tasa de desempleo superó el 10 por ciento, una cifra aleccionadora que muestra los desafíos económicos que tenemos por delante”, dijo Obama en un discurso pronunciado en la Casa Blanca. Defendió los estímulos que implementó para evitar que la actividad entre “en caída libre”. “Les prometo que no cejaré hasta que los estadounidenses que quieren trabajar encuentren un trabajo que les permita alimentar a sus familias”, añadió Obama. Luego, dispuso una nueva extensión, de 14 semanas, del subsidio por de-sempleo. La ayuda ronda los 300 dólares semanales. “Si no se extendiera el subsidio por desempleo, podríamos tener hacia fin de año otro 1,2 millón de personas sin ese beneficio”, previó la secretaria de Trabajo, Hilda Solís.

“Es una cifra muy alta y en principio pareciera que nada impedirá que siga subiendo”, manifestó a Página/12 el economista José Siaba Serrate. El especialista en finanzas internacionales aseguró que a principios de año se especulaba con que la tendencia podría frenarse, pero el retraso del ajuste de esta variable muestra la “profundidad de la crisis”. De todos modos, señaló que no debe confundirse este mal dato con una vuelta a la crisis mundial. “Estamos en un momento de transición, con muchas variables que mejoran y otras tantas que no. No se puede tomar el empleo como indicativa de que la situación general empeoró, ya que el daño en esta área se mantiene”, indicó. La recuperación completa –de acuerdo con su criterio– podría llegar durante la mitad del año próximo.

No obstante, la cantidad de puestos de trabajo que se generen no irá de la mano de su calidad. “Habrá un cambio en los sectores que crearán empleo, ya sea la industria automotriz, el sector financiero y la construcción”, señaló el economista. Se espera que estos sectores se mantengan con una estructura de negocios menor.

En cuanto a su correlato en la Argentina, se estima que la calidad de los puestos en el país no se verá tan afectada como en otras partes del mundo. Los consultados tampoco esperan una pérdida de poder adquisitivo, ya que en los estudios privados estiman que la negociación de salarios del año próximo podría ubicarse en torno del 15 por ciento.
Por Cristian Carrillo
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El miércoles pasado, en Troyes, en medio de una reunión, un operario de 49 años de France Télécom, tras enterarse de que, fulminantemente, iba a cambiar de puesto de trabajo, sacó un cuchillo y se rajó el vientre al grito de "¡Ya estoy harto de gilipolleces!". No murió. El viernes, en París, tras escuchar que, de buenas a primeras, iba a cambiar de jefe de equipo y de cometido, una empleada de la misma empresa se lanzó desde un cuarto piso y se estampó contra la acera. Sus compañeros contemplaron estupefactos durante varios minutos, mientras llegaba la ambulancia, la agonía de su colega en la calle, que murió horas después en el hospital. Ayer, otra empleada del departamento de atención al cliente, y que se enteró de que iba a ser trasladada, se intentó suicidar a base de barbitúricos.

 

Las condiciones de trabajo son estresantes, según los sindicatos

 

En el último año y medio, 23 trabajadores de France Télécom se han suicidado. La media supera cinco veces la tasa de suicidios de la población, según cálculos de Libération. En ese número no se cuentan las intentonas fracasadas. Los sindicatos denuncian desde hace meses los estresantes métodos de trabajo y de organización, los constantes cambios de ubicación, de tarea y de residencia de los trabajadores y la presión directa (a base de constantes correos electrónicos) para estimular la prejubilación.
 
La alarma social se ha disparado. Psicoanalistas especializados en enfermedades laborales predicen nuevos suicidios. El Gobierno de Nicolas Sarkozy ha tomado cartas en el asunto. La ministra de Economía, Christine Lagarde, ha forzado a la empresa, privatizada en 1997 pero que mantiene un 26% de capital público, a que celebre un Consejo de Administración dedicado al asunto. El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, se reunirá hoy con el presidente de la compañía, Didier Lombard, para arbitrar medidas encaminadas a rebajar la marea de suicidios.
 
Pero los trabajadores no se fían: "A nosotros nos afectan más las reuniones con los jefes de personal que las que pueda tener el ministro", explicaba ayer en la televisión un operario que lleva más de 26 años en la empresa, compañero de la que saltó desde el cuarto piso el viernes. "Jamás he visto mi puesto de trabajo tan degradado", añadió.
 
Las razones del estrés son evidentes, a juzgar por los sindicatos: "De un día al otro, se les anuncia a los trabajadores que deben mudarse a un puesto que está a 50 o 100 kilómetros del anterior", explicaba ayer en Libération Pierre Morville, delegado sindical de CGC-Unsa.
 
Otro programa interno de la empresa citado por este periódico -denominado, en inglés, Time to move (tiempo de moverse)- obliga a determinados cargos medios a cambiar de puesto cada tres años. "Está inspirado en el ejército, para evitar que los jefes se encariñen con sus empleados y se opongan a las reducciones de personal o a los cambios de ubicación".
 
El director de recursos humanos de la empresa, Olivier Barberot, aseguró hace unos días que, con todo, el número de suicidios no se ha incrementado este año con respecto a los anteriores. Pero matizó: "De cualquier manera, estas cifras muestran una indiscutible ansiedad".
 
La semana pasada, los trabajadores se manifestaron en varias ciudades francesas para protestar por los métodos de la empresa, que cuenta con 100.000 empleados en Francia, de los cuales 65.000 son funcionarios. France Télécom, que ganó el año pasado 4.000 millones de euros, se encuentra desde hace años en una reestructuración permanente (desde 1996 cuenta con 70.000 trabajadores menos).
 
La empresa apela también a las historias personales, a los antecedentes psíquicos y a los dramas íntimos de cada trabajador suicidado. Pero, desde el jueves pasado suprimió, de forma temporal, los traslados fulminantes. También ha contratado a 100 directores de recursos humanos y varios médicos con la misión de vigilar a los empleados más frágiles.
 
Los sindicatos replican que las historias personales no sirven para explicar la ola de suicidios y recuerdan que de los 23 casos contabilizados, nueve están estrechamente relacionados con el trabajo. "Esta es una empresa que sólo piensa en ganar dinero. Los empleados estaban acostumbrados a trabajar de otra manera", explicaba François Chéreque, del sindicato CFDT. Hay casos claros: en agosto, un trabajador se mató dejando una carta: "Me suicido por mi trabajo: ésa es la única razón".

A. JIMÉNEZ BARCA - París - 15/09/2009
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Miércoles, 05 Agosto 2009 06:21

Comunicación que no comunica


El 14 de julio de 2009 es una fecha histórica para Francia. Es el día del suicidio número 18 en 18 meses entre los empleados de Telecom. En una carta a su familia que ha sido publicada por diarios de diferente signo político, como Le Monde, France Soir y Libération, un hombre de 51 años de Marsella dice más que explícitamente: “Yo me suicido a causa de mi trabajo en Telecom”. Menciona como factores “la urgencia permanente” y “la sobrecarga de trabajo”.

 

En “C’est dans l’air” (Está en el aire), uno de los programas televisivos de debate de más audiencia de la TV5, la preocupación por el malestar de Sarkozy dejó espacio a este malestar, quizá no tan taquillero a nivel mundial pero mucho más significativo.

Y no es para menos. Sólo en Telecom Francia, empresa de la cual el Estado es el accionista mayoritario y que emplea a más de cien mil personas, desde el inicio de la crisis económica se han producido 18 suicidios y 10 tentativas. En Renault ha habido tres suicidios y otros tantos en pequeñas empresas del interior, como el caso del delegado obrero de una fábrica de cerámica que no pudo evitar que sus compañeros terminaran en la calle.

El Ministerio de Trabajo, según anunció su titular, Xavier Bertrand, está llevando una investigación nacional sobre el estrés laboral para identificar los sectores más expuestos. Esta decisión se tomó a partir de un informe sobre los riesgos psicosociales en el trabajo, elaborado por un equipo coordinado por el magistrado Philippe Nasse y el médico psiquiatra Patrick Légeron. Este último hizo notar que la fragilidad es mayor entre los trabajadores del área de servicios y en especial en el sector comercial de las telecomunicaciones, sujetas a lo que el suicida marsellés llamó en su nota póstuma: “administración por medio del terror”. Se trata de una forma de gestión que se basa en la competencia permanente entre los funcionarios y que estimula el aislamiento frente a la computadora, a la vez que usa la humillación y la desvalorización como formas de castigo pasivo hacia quienes no producen de acuerdo con los objetivos de ventas exigidos, especialmente en un momento en que la recesión hace que estos objetivos resulten irreales e inaccesibles.

Los expertos del gobierno proponen lanzar una campaña de información para los directores de las empresas y los trabajadores sobre sus derechos en cuanto a condiciones de trabajo, lo cual resulta casi banal en medio de lo devastador de la situación. El médico y psiquiatra Légeron precisó en el programa televisivo que la crisis empezó siendo financiera, se hizo económica y terminará siendo sanitaria. Y es algo para tener en cuenta, si consideramos que desde el inicio de la crisis en Francia el suicidio por estrés laboral ha producido más víctimas que la gripe A (el 30 de julio se produjo la primera víctima, una niña de 14 años que padecía de una enfermedad grave).

Pero, por otra parte, es para valorar que en una sociedad individualista y frustrada por la crisis aparezcan nuevos valores y recursos en el campo de las luchas sociales. A partir de esa muerte del 14 de julio, sindicatos, comisiones obreras y de empleados de servicios y de telecomunicaciones han lanzado una revolucionaria reivindicación: considerar el suicidio como accidente de trabajo y hacer responsables a las empresas cuando esté claramente identificada la causa. Es revolucionario porque implica dar un nuevo enfoque a la seguridad en el trabajo, considerando dentro de los riesgos y la violencia en el ambiente laboral también los aspectos psicológicos, morales y de dignidad humana que involucran los despidos masivos, el aislamiento frente a la computadora y la competitividad despiadada entre compañeros. Un indispensable paso en el triste camino a recorrer para mitigar la impotencia y el dolor a las familias de las víctimas de las políticas liberales, que intentan cubrir su fracaso e ineficacia echando a sus trabajadores o exigiendo metas imposibles.
 

Por Mela Bosch *
Desde Milán

* Consultora lingüística. Docente on line de la Cátedra Tecnologías en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo de la UNLP.
 

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Jueves, 16 Julio 2009 06:17

Al diablo la clase obrera

Los de mi generación, que encararon el Sesenta y Ocho entre los treinta y cinco y los cuarenta años, demasiado mayores ya para ser estudiantes en revuelta y demasiado jóvenes para ser venerables ancianos que rehuían el enfrentamiento, se han visto durante largo tiempo chantajeados por la clase obrera. Mejor dicho, no por la propia clase, los pobres, con todos los problemas que tenían, sino por sus adoradores burgueses de izquierdas que, apelando al nacimiento de una ciencia proletaria, te preguntaban qué sentido tenía seguir ocupándose de Dante, de Kant o de Joyce. Y como, de una u otra forma, lo que se quería era seguir hablando de ello incluso en una facultad ocupada (bastaba con quererlo y era perfectamente posible) nos esforzábamos por demostrar cómo, a la larga, conocer a Dante o a Joyce también podía contribuir a la redención de la clase obrera.

Ni que decir tiene el alivio que muchos de nosotros sentimos al descubrir que había acabado el tiempo en que los obreros no tenían nada que perder, excepto sus cadenas, porque, pudiendo perder el televisor, la nevera, la pequeña cilindrada y el poder ver a muchas velinas todas las noches, ya votaban a Berlusconi y a Bossi -desviando su propia indignación de los capitalistas a los extracomunitarios. El comportamiento de los proletarios de antaño se había convertido en el típico del subproletariado. ¡Por fin –se exclamó-, ya no tenemos que hacernos cargo de la clase obrera! ¿Que son más pobres ahora que hace algunos años? Ellos son los que han preferido las rondas a los sindicatos. Libres del chantaje de la clase obrera, ahora escribiremos no sólo sobre Dante, sino inclusive sobre Burchiello y, como el protagonista de 'A rebours', pondremos sobre nuestra alfombra persa una tortuga con el caparazón incrustado de rubíes, turquesas, aguamarinas y crisoberilos verde espárrago.

Malhumores aparte, la clase obrera se ha vuelto invisible: los obreros, como ha dicho Ilvo Diamanti, ya no constituyen una masa crítica y sólo nos damos cuenta de que existen cuando mueren en algún accidente laboral. Encuentro esta cita casi al principio de un panfleto, muy irritado y muy amargo, de Furio Colombo, 'La paga' (Saggiatore, 14). Por el título y por una imagen más bien estajanovista que hay en la cubierta podría pensarse en un discurso distinto sobre la clase obrera, pero en este libelo no se nombra a la clase obrera, como si ya, con la descalificación de los sindicatos, el fin de las ideologías, el nacimiento de nuevos partidos que han absorbido desde la derecha los descontentos que en tiempos se ubicaban a la izquierda, esas denominaciones hubiesen perdido todo su interés. En ese libro no se habla de la desaparición de la clase de los trabajadores, sino de la desaparición del trabajo.

La idea puede parecer rara, pero, pensándolo bien, entre la desregulación, el hundimiento de los imperios financieros, la caída de las Bolsas, gerentes que dejan su despacho con una caja de cartón debajo del brazo y un bonus estratosférico en la cartera, el desprecio del trabajo se difunde por doquier, en las declaraciones oficiales y en la política de tres al cuarto. A la Confindustria [la Confederación de los Empresarios] le sigue pareciendo siempre excesivo el coste del trabajo, las empresas hacen todo lo posible por disolver los grandes centros de producción entre una pluralidad de personas que no se conocen entre sí, se sientan ante un ordenador lejos de la capital y trabajan proyectos sin ninguna garantía de continuidad; la transformación de las grandes compañías de lugares en los que se producía (y por lo tanto se necesitaba mano de obra especializada) en paquetes que se venden y revenden y que, por consiguiente, resultan más atractivos en el mercado financiero cuanto más se hayan aligerado de los costes laborales, ha llevado a aceptar sin indignación ni estupor las campañas contra los sindicatos (que ya se consideran sanguijuelas parasitarias) e incluso contra los propios trabajadores. Y he aquí, puede que hasta demasiado fiel al programa de un libelo, la descripción de un ministro [de Administración Pública, Brunetta], cuyo verdadero objetivo "no es llevar justicia y meritocracia a la administración pública " sino "denigrar el trabajo, humillarlo, ridiculizarlo y desmentirlo, mostrar el flanco poco fiable y un poco innoble de los funcionarios".

Pero, aparte las intenciones de Brunetta, se perfila otro fenómeno: si antes el problema era proporcionarle suficiente tiempo libre a quien trabaja, hoy se nos regala a todos un 'tiempo vacío', el de la espera de un primer trabajo, entre un despido y la firma de un nuevo contrato eventual, entre el principio y el final de una cassa integrazione  [similar al ERE]. En fin, ¿cómo se le puede pedir que se reconozca como clase, con problemas comunes, a quien, si es que aún trabaja, lo hace cada vez menos junto con otros, durante periodos cada vez más cortos y ve el trabajo no ya como algo que se respeta sino que se soporta, come un accidente cuya vida es cada vez más breve, si una milagrosa automatización que ni siquiera requiere operadores en la consola resolverá los problemas económicos y todos gozaremos de una libre e infinita circulación de 'subprimes'?

Umberto Eco
LEspresso

Traducido para Rebelión por Liliana Piastra

http://espresso.repubblica.it/dettaglio/al-diavolo-la-classe-operaia/2104138/18
 

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Martes, 14 Julio 2009 06:23

Migrantes, non gratos

En los años de auge, los inmigrantes recolectaban naranjas en California, trabajaban en obras en construcción de España e Irlanda, diseñaban software en Silicon Valley y laboraban en las fábricas del mundo rico. Muchos, pese a la crisis, continuarán haciéndolo. Pero conforme crece el desempleo en la mayoría de los países ricos, la actitud hacia los inmigrantes se endurece.

Los ataques contra rumanos en Irlanda del Norte y contra estudiantes indios en Australia son las manifestaciones más visibles y alarmantes de una creciente xenofobia. En respuesta, muchos gobiernos endurecen sus políticas de migración, de acuerdo con un informe reciente de la OCDE. Los gobiernos reducen las cuotas de trabajadores extranjeros e imponen requisitos de entrada más rigurosos. Algunos incluso pagan a los inmigrantes para que regresen a casa.

Varios países han reducido el número de personas que pueden entrar mediante programas oficiales. En 2008, España permitió la entrada a 15 mil 731 empleados extranjeros dentro de un programa “contingente”, pero este año redujo en forma radical su cuota, a apenas 901 personas. El gobierno italiano ha anunciado que no admitirá trabajadores no estacionales en 2009, aunque en 2008 admitió de manera oficial a 70 mil. El año pasado Corea del Sur acogió a 72 mil migrantes, según su esquema de permiso del empleo, pero este año el límite se fijó en 17 mil. Y Australia, que había dicho que este año podrían entrar 133 mil 500 inmigrantes calificados, redujo el límite a 108 mil 100.

Muchos países ricos mantienen listas de empleos para los cuales hay escasez de trabajadores nacionales, y otorgan trato preferente a los extranjeros calificados. Varios países han contraído de manera drástica el ámbito de las listas. En España, por ejemplo, la lista publicada en octubre de 2008 redujo en una tercera parte las profesiones enumeradas en la versión anterior.

Algunos países han dificultado que los patrones contraten extranjeros, poniéndoles más obstáculos que antes. En Gran Bretaña, por ejemplo, quienes desean emplear cierta clase de extranjeros calificados enfrentan reglas más rígidas sobre dónde colocar los avisos de trabajo. En EU, la Ley de Empleo para Trabajadores Estadunidenses, vinculada a un estímulo fiscal, impone condiciones más estrictas que antes para cualquier compañía beneficiada por el rescate urgente del gobierno y que quiera contratar extranjeros calificados dentro del programa de visa H-1B. En consecuencia, algunos bancos estadunidenses y otras firmas de servicios financieros han retirado ofertas de trabajo a graduados de origen extranjero de universidades de EU y de programas de posgrado. Quienes tienen documentos para trabajar encuentran cada vez más difícil renovar sus permisos.

Algunos países realizan creativos intentos para reducir no sólo los nuevos flujos migratorios, sino también el número actual de inmigrantes, alentando a las personas a regresar a casa. En noviembre del año pasado, algunos de quienes llegaron a España desde países fuera de la UE, por ejemplo, fueron seleccionados para obtener un porcentaje de sus prestaciones españolas si volvían a casa y prometían no regresar en tres años. El gobierno checo ofrece boletos de avión y 500 euros (704 dólares) a trabajadores despedidos. A finales de marzo habían aceptado cerca de mil 100, en especial trabajadores por obra determinada provenientes de Mongolia.

Ya que es durante las crisis cuando más trabajadores locales se quedan sin empleo, restringir la inmigración podría parecer sensato. No es de sorprender que España, donde el desempleo es de 18%, esté buscando la forma de reducir los flujos migratorios. Pero el análisis de la OCDE señala otros problemas. Las lecciones de los años 70, cuando la recesión que siguió a la crisis de precios de petróleo provocó que Alemania, Francia, y Bélgica tomaran drásticas medidas contra la inmigración, sugieren que las reglas antimigratorias podrían persistir incluso cuando ya no son necesarias.

En general, es mucho más fácil estrechar los controles que aflojarlos cuando la economía comienza a crecer de nuevo. Hay también una verdadera escasez de trabajadores en algunas profesiones, como medicina e ingeniería, para los cuales los trabajadores locales no pueden volver a capacitarse fácil y rápidamente. Tomar medidas drásticas contra los flujos de inmigrantes podría empeorar esa escasez.

Además, ciertas medidas para restringir la inmigración oficial, como dificultar que quienes posean permisos para trabajar de manera temporal los renueven para quedarse, podrían impulsar que las personas permanezcan de manera ilegal. Pagarle a alguien para que regrese a casa por tres años, por ejemplo, podría ser contraproducente si la economía se recupera antes de finales de 2010 y crece de nuevo la demanda de ese tipo de trabajadores. Cuando la economía mundial salga de la crisis, algunos países que aprobaron legislaciones que restringen la capacidad de las compañías locales para contratar trabajadores extranjeros podrían carecer de la flexibilidad que caracteriza a los inmigrantes.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

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Miércoles, 24 Junio 2009 11:01

Demasiado viejos a los 35 años

La discriminación por orientación sexual, género, color o discapacidad cuenta con un alto grado de concienciación social. Los expertos alertan, sin embargo, de la existencia de otro tipo de discriminación igualmente execrable, pero más invisible que los anteriores: la que atañe a la edad. En este campo, dicen, todavía no hay suficiente sensibilización. Una generación de trabajadores en sus 30 y 40 años llegó más bien tarde al mercado laboral, pero hoy se encuentran un techo temprano. Representan las contradicciones de un país con alta esperanza de vida, más necesidad de fuerza laboral que financie las pensiones del futuro y una escasa perspectiva laboral, apuntalada formalmente por convocatorias que les excluyen.

La discriminación por edad es un concepto que sociólogos y juristas empiezan a manejar con soltura. Ha penetrado incluso en la agenda política: el Ministerio de Igualdad prepara una ley sobre igualdad de trato que incluirá ese capítulo. Las asociaciones de ámbito estatal y europeo que luchan para combatirla dicen que el principal foco de conflicto es la existencia de límites de edad -explícitos o no- en el acceso al mercado de trabajo.

En las ofertas de empleo resulta cada vez más difícil leer mensajes del tipo "absténganse los mayores de 40 años". La ofensa es demasiado evidente. En la práctica, sin embargo, la edad se sigue teniendo muy en cuenta a la hora de decidir la contratación de un empleado. Eso ha ocurrido, ocurre y probablemente ocurrirá en el sector privado. Para las asociaciones, lo realmente grave es que esos topes de edad se exijan (y se expliciten) en el acceso a la Administración pública. Sobre todo si se tiene en cuenta que ésta, en principio, debe ser garante de la igualdad.

"Hay una gran cantidad de puestos de trabajo en la función pública que están afectados por los límites de edad", subraya el abogado Javier García Espinar, de la Fundación Acción Pro Derechos Humanos. El caso más claro es el de los cuerpos de policía y bomberos. Para acceder al Cuerpo Nacional de Policía no se pueden superar los 30 años. Es sólo un ejemplo: en España, todos los cuerpos (también locales y autonómicos) fijan límites más o menos altos.

"La Administración es el principal empleador de España. Por tanto, y seguramente lo hace sin querer, se ha convertido en el principal agente de discriminación", concluye el letrado.

Josep Piñol, casado y con dos hijas, trabaja como bombero voluntario, pero quiere ser profesional. Hay un pequeño problema: la edad. A sus 36 años, ya no puede volver a presentarse a las oposiciones. Una ley del Gobierno catalán fija en menos de 35 años la edad para acceder al cuerpo.

Pero Piñol se siente capacitado de sobra para ser bombero. No sólo porque está en un estado de forma espléndido, sino porque acumula una larga experiencia en campañas forestales desde hace siete años. "En 2007 se aprobaron 100 plazas. Yo entonces tenía 34 años, así que podía entrar. Pero, por cuestiones burocráticas, las plazas no se sacaron hasta abril del año siguiente. Yo había cumplido los 35 unos días antes. Y me quedé fuera", reflexiona.

El hombre no se quedó de brazos cruzados. Impugnó las oposiciones por la vía judicial. De forma paralela, contactó con un chico que estaba en su misma situación, Daniel Casas, y juntos iniciaron una batalla política que ha dado sus frutos: la Generalitat se ha comprometido a eliminar, en la futura ley de bomberos, el límite de edad (que los Bomberos de Madrid, por ejemplo, no exigen). El Gobierno catalán hará lo propio con los Mossos d'Esquadra.

Mientras la sensibilidad por la edad se extiende entre las administraciones, la vía para intentar que las cosas cambien es la judicial. En eso insiste García Espinar, que ha impugnado 15 procesos selectivos destinados a cubrir, en su conjunto, unas 30.000 plazas de la función pública. En caso de que los jueces den la razón a los demandantes "podría crearse un problema gordo a las personas que ganaron la plaza y a la Administración". Al menos, en los casos en que la sentencia "declare que el requisito de la edad era nulo y que, por tanto, conviene suspender el proceso selectivo".

El catedrático de Derecho Administrativo Rafael Entrena coincide en las dificultades que plantearía la anulación de procesos selectivos. Y considera que, más que hablar de discriminación por edad, las condiciones fijadas por la Administración suponen "una limitación de acceso al derecho al trabajo".

El informe más completo sobre la materia es La discriminación por razón de edad en el acceso al empleo público en España. Se trata de un documento interesado -sus autores son contrarios a la imposición de límites de edad-, pero ofrece gran cantidad de argumentos. Según el texto, los límites de edad excluyen a personas "de gran valía profesional". La razón es que una persona necesita tiempo para formarse, y cuando se incorpora al mercado de trabajo encuentra cerradas algunas puertas.

Según el estudio, la función del policía y del bombero es "cada vez más tecnológica y requiere menos fuerza física" y, además, es falso que el máximo rendimiento se alcance antes de los 30. Y cita casos de deportistas que, superada esa barrera, alcanzaron altas cotas. La tenista Martina Navratilova, por ejemplo, ganó el US Open en 2006 a falta de un mes para cumplir los 50.

Hay, sin embargo, un argumento que los expertos consideran definitivo: los límites de edad son "innecesarios", porque las propias pruebas físicas ya se encargan de eliminar a los menos aptos. Es decir, se trata de aplicar la selección natural y no normas que consideran "injustas".

Hasta hace poco, la existencia de límites de edad no se había puesto en duda en España. Esta medida se ha impuesto "por inercia histórica" y por "prejuicios no justificados", según el estudio. "Los límites estaban asociados a variables biológicas que hoy no sirven. Lo razonable sería aumentar las edades y valorar otros criterios. En todo caso, debe haber una revisión", opina el psicólogo y experto en movimientos sociales Jaume Funes.

En países como el Reino Unido, Israel, Nueva Zelanda y los países nórdicos estos debates ya han tenido lugar. Y, en general, la solución ha sido eliminar los topes de edad para acceder a los cuerpos de policía.

La percepción de los ciudadanos contribuye a perpetuar esa manera de funcionar. Hace dos años, la Unión Europea publicó un Eurobarómetro especial sobre discriminación. Había preguntas específicas sobre la edad. Los resultados son reveladores: el 57% de la población europea considera que los mayores de 50 años no son capaces de trabajar de forma eficiente. La cifra se eleva hasta el 64% en el caso de los entrevistados españoles. Por el contrario, el 49% de los europeos (45% de españoles) cree extendida la discriminación por edad. Y señala que es uno de los factores de discriminación que más afecta en la contratación de una persona.

La Comisión de las Comunidades Europeas también se ha pronunciado. Razona que la discriminación por edad supone "un enorme despilfarro de potencial humano" y juzga que "no se debe tener la imagen de que los trabajadores de más edad sólo son otro grupo vulnerable que requiere especial atención".

La edad no sólo es un problema para los que tienen treinta y tantos y quieren llevar uniforme o manguera. Desde la última reforma laboral, el Gobierno da bonificaciones para contratar a jóvenes, mujeres y mayores de 45 años, entre otros grupos sociales. Pero, una vez más, la franja que queda en tierra de nadie -la que va de los 30 a los 45 años- queda sin ventaja alguna con el entendido de que debe apañarse por su cuenta.

"Resulta que la gente que está en la franja de los 30 a los 45 es la que tiene que soportar más cargas. Existe un déficit entre lo mucho que aportan y lo poco que reciben, porque quedan fuera de toda bonificación", argumenta Marc Carrera, director de la oficina barcelonesa de Sagardoy Abogados. "El problema", prosigue, "es que esa franja se ha estrechado cada vez más, con lo que la carga es aún mayor. El recorrido laboral es corto. A los jóvenes se les exige una amplia formación y no acaban de posicionarse hasta pasados los 30. Y pocos años después empieza a considerarse que ya no son tan útiles", reflexiona.

Una vez superada la frontera de los 45, precisamente, el trabajador puede encontrar varios escenarios: o ya no se le considera tan válido como antes, o sucumbe ante el empuje de los más jóvenes, o resulta más caro de mantener y, por tanto, la empresa tiende a deshacerse de él. "En lugar de capitalizar el valor humano que tienen, las empresas se mueven en términos economicistas", expone el sociólogo Funes.

La Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma) trabaja para erradicar esa otra clase de discriminación por edad. "Legalmente, no existe. Pero la discriminación se da también con los trabajadores de más edad", dice Alberto Fernández, director del proyecto El trabajo más allá de los 50. Los 50 años es el estándar internacional para estudiar esta clase de fenómenos. Fernández dice que expulsar del mercado laboral a las personas que están "en plenitud de facultades" es "un despilfarro de recursos y, en muchos casos, un drama humano".

A juicio de Fernández, lo que se esconde detrás de la discriminación por edad son, de nuevo, los prejuicios. "Se ha creado un estereotipo de la persona mayor: que es más costosa, que le cuesta más adaptarse a un mundo cambiante... Y esa idea se ha extendido sin que nadie la haya puesto en duda". La situación en el ámbito público, opina Fernández, es algo mejor que en el privado. "En la empresa, la edad de jubilación está en los 65 años. Sin embargo, en profesiones como la de profesor o juez se puede prolongar hasta los 70".

La tendencia en los países de la UE es precisamente ésa: alargar la vida laboral, opina el letrado Carrera. Se trata de una "necesidad" que a menudo choca con las "urgencias del momento". De modo que se origina una contradicción difícil de arreglar. "Por un lado, es necesario alargar la vida laboral. Por el otro, la crisis económica obliga a prejubilar a mucha gente porque es una medida que puede venderse bien socialmente", insiste Carrera.

Para la Ceoma, lo ideal sería apostar por la "solidaridad intergeneracional". Es decir, que las empresas aúnen en sus plantillas el empuje de los trabajadores jóvenes y la experiencia acumulada por los mayores. El sociólogo Funes no lo ve tan claro. "A menudo se dan dos reacciones contrapuestas. La gente joven piensa que los mayores ya no sirven para nada. Y los mayores se sienten poco aprovechados y creen que los jóvenes no saben casi nada. Es una lucha de generaciones por el poder".
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Cuando se trabaja en casos extremos, la subjetividad del psicoanalista es fuertemente conmovida en función de sus propias historias. En este caso, se trata de una jovencita de una de las villas grandes del conurbano. Allí la conocí y trabajé con ella. Tenía 18 años, parecía mayor, ya era una belleza, una de esas chicas que no se puede dejar de mirar cuando pasan. Cuando la presenté, en un relato de la práctica en Psyche Anudamientos, la llamé Fermina, debido a una historia de mi propia familia. Mi padre tenía una prima, Fermina, que era corista del Maipo y prostituta de alto nivel. Me acuerdo de las visitas a la casa de ella, era un departamento bien puesto en el centro. Vivía con Marcial, que era un señor imponente. Era el amante de turno. Me llamaba la atención, yo tenía 5 o 6 años, que en mi casa, donde todos eran gente muy moral, fueran a la casa de ella a reuniones que eran muy cordiales; había una amistad. A veces ella venía a visitarnos en la pensión donde vivíamos. Para mí no existía el oficio más antiguo, yo no tenía idea, para mí era una bailarina del Maipo que yo nunca había visto bailar y que vivía con ese señor que nadie decía que fuera el esposo. Era todo un enigma para mí. Por esa prima de mi padre le puse “Fermina” a esta chica.

Y me sucedió que, cuando quise escribir sobre la chica que llamé Fermina, no podía acordarme del nombre verdadero. Y eso que estuve en relación con ella un año entero, el año pasado. Además, no era una muchacha que pasara desapercibida ante mis ojos. Entonces, ¿por qué no me puedo acordar?, me pregunté. Sólo pude recordar su nombre cuando me acordé de que es el de otra familiar mía, jovencita también, de 16 años, muy querida. Eso me llevó a pensar en otro caso con el que trabajé en la villa, un muchacho con el que yo me había encariñado mucho, que está tomado por el paco, de vez en cuando roba, pero es un buen pibe. Y con él también me pasó lo mismo, no podía acordarme de su nombre. Me acordé: se llama Mariano; mi hija se llama Mariana. Me di cuenta de cuánto me cuesta soportar que chicos muy próximos a mí tengan los mismos nombres que estos chicos con destinos tan tristes. Bueno, me parece importante tener presente cómo nos conmueven estos casos, para discernir en qué se nos facilita o se nos dificulta trabajar.

Mi encuentro con Fermina ocurrió la primera vez que fui a la villa, a una reunión con su familia en la que supuestamente ella hubiera estado: estuvo de un modo muy particular; nos pasamos toda la reunión bajo un griterío infernal desde la calle. Los hermanos, cuñados y la madre salían a cada rato a separar gente que se estaba peleando. Yo, que era novato, no tenía idea de lo que estaba pasando. Le pregunté a mi compañero, el pastor: a él le habían dicho que Fermina, la hermana menor, se estaba peleando.

Fermina no entró a la casa y la única explicación que dieron fue que era “muy peleadora”; que habían pasado unas chicas por la vereda de enfrente y le habían gritado algo que nadie sabía, muy probablemente “puta”. En encuentros posteriores ella no se incorporaba al grupo pero entraba y salía de la casa una y otra vez; era su forma de hacerse ver. Era soberbiamente altiva y despreciativa, desde su reciente belleza adolescente.

En esa casa, la mayor parte de las aberturas no tenían marco, ni qué decir puertas: algunas tenían cortina, otras ni eso. La única puerta era la del baño y la de calle; el resto, agujeros. Paredes descascaradas. Pegadas en las paredes, láminas de River, algún santo, algunas vírgenes. Y, también, una sola foto: la de ella. Una bella foto, aunque desteñida. En una de las reuniones, la madre, quejándose amargamente, dijo, sin que esto sorprendiera a sus otros hijos, que Fermina había sido la única de los cuatro que ella había querido tener. También decía que a los seis años, o sea, un año antes de empezar a cartonear, como Fermina le reclamaba que quería conocer al padre, ella le había dicho quién era.

El padre vivía a una cuadra de la casa. Fermina se había presentado ante él para buscar, sin apelar a legalidades, que la reconociera como hija. El le había contestado que no tenía interés en ser padre de ella y que, además, tampoco estaba seguro de si lo era o no. La madre tenía registrado que el rechazo del padre le había producido a la piba una herida terrible. Y que desde entonces se había hecho tan cocorita y peleadora. En las reuniones de familia, mucho giraba alrededor de acusarla. Lo hacían todos, la madre, los hermanos, las hermanas, los cuñados: que no era colaboradora, que no cocinaba nunca, que no lavaba, que era egoísta, que les robaba algún peso para tarjetas de celular, que se había ido de la primaria sin terminarla.

Los hermanos decían que era la protegida de la madre. La madre decía que el problema era que la chica andaba en malas compañías. Otra acusación era que se quedaba a dormir en la casa del novio: no era una crítica moral, sino que les molestaba que se quedara ahí para eludir las tareas de la casa. Los códigos de la villa no son los mismos que los de otros sectores sociales. El novio de Fermina era estudiante en la Universidad Tecnológica Nacional; venía de una familia de clase media baja, marginal a la villa.

Un día me pidió venir al confesionario. El “confesionario” era el auto del pastor, donde yo los atendía de a uno. Vino después de un día que la habían “gastado mucho”, según ella, y tanto el pastor como yo intervinimos para parar la cuestión. Fermina participó de esa reunión que era muy grande, ya que estaba muy acongojada porque el novio la había dejado, ergo, había llegado la hora de la venganza para los hermanos y hermanas que ahora podían burlarse y hostigarla. La categoría de “malos y buenos” no sirve en el intento de entender qué sucede en las villas. Tampoco la de lo justo y lo injusto. Era evidente que en la familia todos la envidiaban porque se mantenía rebelde, linda, y tenía un montón de muchachos cortejándola. Incluso era evidente –a ojos de quien supiera leer en esas aguas– que el hermano mayor, el preferido de la madre, arrastraba deseos eróticos por la adolescente.

Esa familia está fundada en una historia de incesto. La madre no tiene claro si la hija mayor fue fruto de incesto con el padre o con el hermano: en el campo, donde vivía, tanto el padre como el hermano abusaban sexualmente de ella. Para hablar de esa hija, dice “me la traje de...” y nombra la provincia de donde vino. Nunca nombra al progenitor.

Y aquel hermano mayor le mete los cuernos a Bruma, su compañera embarazada; sigue en esa pareja por el hijo que viene y no porque esté enamorado. Fermina lo sabe. El también fue algunas veces al confesionario, donde, para explicar por qué no abortar, decía: “Porque soy el padre y me voy a hacer cargo de mi hijo”. El padre de él y de otro hermano nunca se había hecho cargo de ellos.

Blasón de putear

Fermina, en su entrevista en el confesionario, en medio de llantos, me cuenta que la vuelven loca los hermanos, con sus acusaciones y burlas. Casi no toca el tema del novio. Cuando lo hace, dice que ella le buscaba pelea todo el tiempo a él, tal como hace con los hermanos y con el resto de la gente del barrio. Cuando habla de la ruptura con el novio, se reconoce peleadora; después, siempre se reafirma inocente. Se hace evidente, y se lo digo, que, tras la parada de que castiga, busca permanentemente hacerse castigar. Le recuerdo las quejas de la familia sobre su falta de solidaridad y me dice que no es cierto, que ella trabaja de niñera por 150 pesos por mes por cuidar, nueve horas diarias, a los hijos de una vecina que sale a trabajar de mucama.

En ese punto, la sorpresa: me dice que está cansada, que la familia la acusa de que sale a putear –o sea, a trabajar de prostituta–. Defendiéndose, me dice: “¡Prefiero putear que ir a limpiar los baños de las señoras!”.

Entonces recordé que su hermano mayor, en una discusión del grupo, cuando el pastor les había dicho que ellos trabajaban mientras los otros salían a robar, replicó: “Sí, ¿sabés cómo nos dicen en la villa a nosotros? Que somos los giles que laburan”. Se advierte la relación entre las que van a limpiar baños y los giles que laburan, por un lado, y por otro los delincuentes y las prostitutas. Ahí caí en la cuenta de que ella, de “putear”, hacía un blasón.

Para ella, “putear” no es un oficio. Tampoco es básicamente una cuestión de dinero. Le gusta el dinero, pero se trata de otra cosa. Se trata de que prefiere ser puta que ir a lavar los baños de las señoras. Para ella, otras serían giles pero ella no, ya que se animaba a ser puta en vez de limpiar baños.

Le señalé que entre mucama y puta había otras alternativas: mesera, empleada en una tienda, en un supermercado. Me contestó que no la tomaban para esos trabajos, lo cual era cierto. Ahí terminó la única sesión personal; nos separamos muy amistosamente. Siguió manteniendo conmigo un vínculo amable. Pasaba a mi lado y no me miraba con desprecio, me saludaba amable y respetuosamente. Pero no volvió nunca al confesionario, a pesar de algunas sugerencias mías y de la madre para que lo hiciera. Después pidió entrevista con una colega que actualmente me reemplaza en la villa (yo continúo en funciones de supervisión).

Intentemos una lectura conceptual de lo que se manifestó. Ese dicho y hecho, ser puta, le daba valor fálico, a diferencia de las otras, que quedaban en el lugar de restos, desechos, en el lugar de la mierda de los baños que limpiaban. Para ella, es un signo de distinción que le digan “sos una puta”. Lo descifrado en términos de que ella no quiere ser un resto, como las demás. Por eso pelean. En la villa, un rasgo fálico y de virilidad muy evidente es ser capaz, como ellos dicen, de bancársela. Si les quieren pegar, hay que defenderse; si no, en la villa se deja de existir, se pasa a ser el maricón del lugar. Dicho de otra manera, donde los bienes materiales escasean para atribuirse valores fálicos, éstos provienen de cómo se ponga en funciones y en riesgo el cuerpo propio. Las zapatillas, las gorras de marca son blasones secundarios cuando se contraponen a otros valores fálicos: por ejemplo, “si tenés o no huevos”. Y, en esta piba, si se anima a “putear” o no.

Cuando ella “putea”, su cuerpo no es un simple resto: es algo que los hombres desean y pagan. Completamente distinto al de las otras, que lo ponen para limpiar la mierda de las señoras y cobrar unos “pesitos”. En consecuencia, no es loco sino tributario de la razón fálica.

Claro, no es que esto sea así en todas las prostitutas. Estos pibes contaban de una, adicta al paco, que había parido una criatura y andaba por las casillas ofreciendo en venta al bebé por cinco pesos, para comprarse paco. Para esa chica la prostitución no tiene el mismo valor que para Fermina: ella es un desecho y el bebé es otro; nada tiene valor. Otro caso sufría, no por su profesión sino porque le iba mal con la familia. Se había enamorado perdidamente de ella, decía, una persona de mucha plata. Este hombre se quería casar con ella a toda costa, ella no. Quería seguir trabajando con él, pero no casarse. Su papá se enojaba porque no se casaba con ese hombre, ya que lo consideraba la oportunidad de su vida (la de él). Ella me dijo: “¿Se da cuenta? a mi padre lo único que le interesa es la plata”. Le dije, demasiado prematuramente: “¿A vos te interesa alguna otra cosa?”. Creo que eso la ofendió muchísimo. Mi error fue creerme que ella trabajaba sólo por dinero: ella también se restituía fálicamente haciéndose pagar para gozar con ella, por cadenas de hombres que la deseaban.

Por Sergio Rodríguez, fundador de la revista Psyché.
 

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Martes, 28 Abril 2009 06:39

Bolonia fracasa en Europa

Nota introductoria del traductor:

Por su interés para situar en su debido contexto europeo el debate sobre los actuales procesos de reforma universitaria, vinculados directa o indirectamente al denominado Plan Bolonia, y las peticiones de moratoria que se elevan por doquier, hemos traducido este artículo publicado recientemente en Die Zeit. Expone un panorama de los efectos del “proceso Bolonia” en la universidad alemana. La implantación generalizada del Grado está mucho más adelantada en Alemania que en otros países europeos, como España, aunque no es aún completa, y, según nos cuentan las autoridades académicas y ministeriales, se estaría produciendo sin problemas y hasta constituiría uno de los modelos hacia los que hemos de mirar en nuestra búsqueda de convergencia con Europa. Recomendamos encarecidamente la lectura de este balance alemán publicado en este prestigioso medio, diez años después de la famosa Declaración inaugural del susodicho “proceso”.

El proceso de Bolonia

Los estudiantes en la fiebre de los créditos

Justus Bender

Die Zeit , 15-04-2009 Nr. 3 15 de abril 2009

http://www.diezeit.de/campus/2009/03/bachelor

En las Universidades hay muchas quejas por las nuevas carreras. Mientras tanto, incluso los políticos de educación opinan que hay que mejorarlas.

Escuela de monitos. Ésta es una expresión que a Alexandra Ivanova (20 años) le gusta emplear cuando habla de sus estudios de Bachelor [Grado]. Así los llama cuando, junto a 50 compañeros, se sienta delante de los ordenadores a hacer exámenes y teclea palabras aprendidas de memoria. O cuando se sienta, como si la hubieran atado, en el seminario de Japonología (Estudios japoneses) y tiene que escuchar diariamente ponencias balbuceantes de los compañeros, porque en los estudios de Grado [Bachelor] predomina la asistencia obligatoria. O cuando un docente suspende una presentación en grupo preparado durante mucho tiempo y ninguno de sus compañeros –«los monitos que asienten»- reclama. Alexandra Ivanova está furiosa. Con los estudios alemanes de Bachelor. Con los políticos, que no quieren oír las críticas. Y con los compañeros, que no protestan contra la situación.

Cuando se le pregunta a Ivanova qué va mal en sus estudios de Grado [Bachelorstudium], abre su mano izquierda y enumera los problemas con los dedos. El índice: estos son los los créditos que los estudiantes acumulan como los clientes de supermercado sus cupones de oferta. Si Ivanova quiere sumar créditos mediante un seminario determinado, primero tiene que mirar en el plan de estudios si puede hacerlo, ya que no le está permitido decidirlo a ella misma. Su dedo corazón: la presión de las notas – cada nota cuenta para la nota final, quien se quede descolgado en el primer semestre, seis meses más tarde ya no tendrá plaza para cursar los estudios de Master. Su dedo anular: la superficialidad del módulo, que causa una anorexia intelectual – “Aprendizaje-Bulimia” lo llama Ivanova, cuando ha memorizado cientos de hojas de apuntes para los exámenes y tan solo una semana más tarde los ha vuelto a olvidar. De este modo sigue hablando, dedo a dedo, a lo largo de una hora entera.

Conversaciones como ésta con Alexandra Ivanova se pueden mantener en toda Alemania. En todas las grandes universidades, los representantes de estudiantes critican la reforma; para junio están proyectadas manifestaciones en toda Alemania. En Gotinga un grupo de estudiantes airados interrumpen regularmente las lecciones con pancartas y altavoces. En los kioscos se encuentran periódicos con titulares como “El bluff del Grado” (TAZ), “El embalaje engañoso” (Süddeutsche Zeitung ), “Primero tragar, luego pensar” (FAZ) . En marzo, la ministra de educación Anette Schavan tuvo ya que encajar en el Bundestag preguntas incómodas de la oposición. Y en studivz.net , el grupo «Yo soy estudiante de Grado y me gusta hacer 37 exámenes en cinco días» cuenta ya con 8000 miembros.

Rabia y decepción. Tales sentimientos no son los que debería haber en los estudios de Bachelor, sino al contrario. Cuando los ministros de educación de Europa acordaron en 1999 la reforma, tenían las mejores intenciones: acabar con el caos de los estudios del pasado – con sus calificaciones a menudo arbitrarias, con las carreras absurdas y los estudiantes desorientados. En lugar de esto, todo iba a ir mejor. Los estudiantes serían más cosmopolitas – un semestre en el extranjero sería lo normal en todo currículum. Se pretendía proporcionar más prácticas a los estudiantes, para que los titulados se convirtiesen en jóvenes empleados cualificados en lugar de en becarios en prácticas de larga duración. Estaba planeada mejor atención al alumno. Mayor posibilidad de comparación. Más eficiencia. Menos abandono de los estudios. Era un gran sueño político, lleno de audaz esperanza. El plan del decenio para un mundo universitario mejor. Hoy, en el décimo año del bachelorismo realmente existente, ninguna de las promesas de 1999 ha sido cumplida.

1. Pasar un semestre en el extranjero debía ser más sencillo por medio de un sistema de créditos reconocido en toda Europa. En la realidad, muchas universidades no reconocen los créditos de otras, bajo el argumento de que las exigencias de rendimiento son demasiado diferentes. Además, muchas universidades han planificado sus planes de estudio de Grado [ Bachelor ] de manera tan rígida que no son posibles las estancias en el extranjero. Debido a ello, los estudiantes de Grado [ Bachelor ] van mucho menos al extranjero que otros: según el Sistema de Información de las Universidades ( HIS ) sólo un 15 por ciento de los mismos pasan un semestre en el extranjero. En los estudios de Licenciatura todavía vigentes, en la denominada Diplom [la Licenciatura de 4 años orientada a la formación de profesores de Enseñanza Media] son el 24 por ciento y en los de Magister [Licenciatura de 5 años, orientada a los estudios de Doctorado] incluso el 34.

2. La atención al alumno debía mejorar. En realidad, según el Observatorio de la calidad de los estudios de 2008 del HIS , los estudiantes de Grado [ Bachelor ]   no se sienten mejor atendidos que los estudiantes de las antiguas carreras. Que los profesores estén disponibles de manera muy satisfactoria o satisfactoria, lo afirman sólo en torno al 58 por ciento de los estudiantes, con independencia de si son estudiantes de Bachelor o no.

3. Los estudios debían ser más exigentes. Se hicieron más exigentes sí, pero tanto que estudiantes como Clemens Lockner (21 años) ya en el primer semestre se plantearon abandonar sus estudios. « Seis exámenes en una semana, horarios semanales abarrotados, seminarios intensivos los sábados, todo esto es demasiado » , dice el estudiante de Empresariales de la Universidad de Lüneburg. En lugar de depurar los planes de estudio de asignaturas obsoletas, muchas universidades comprimieron el Diplom [Licenciatura de 4 años] de ocho semestres en seis y a lo que resultó lo llamaron Grado [ Bachelor ] . A los estudiantes les faltan hoy pequeños espacios libres para organizarse su propio curriculum ; tiempo para orientarse en la universidad y pedir ayuda cuando los conocimientos adquiridos en secundaria no alcanza para ello.

4. Debía haber menos estudiantes que abandonan sus estudios. Con la introducción del Grado [ Bachelor ] también ha aumentado el porcentaje de abandono en torno a un cuatro por ciento -como se dice en el actual informe de educación del gobierno-, debido a que los planes de estudios han llegado a estar muy embutidos. Ciertamente los expertos dudan del valor informativo de estos datos, porque especialidades con baja cuota de abandono (Derecho, Medicina) aún no han sido reformadas y desfiguran el promedio. Y en algunas Humanidades incluso han disminuido las cuotas de abandono. No obstante, en el ámbito de las especialidades técnicas, la situación ha empeorado claramente. « En ingeniería industrial y en electrotecnia en la Fachhochschule ,   el número de abandonos ha aumentado claramente, incluso por encima del 30 por ciento » , dice el experto del HIC Ulrich Heublein; « la causa de ello es inequívocamente la introducción del Grado [ Bachelor ] » .

5. Se prometieron mejores posibilidades laborales a los estudiantes de Grado [ Bachelor ], gracias a una mayor orientación práctica y a unos estudios más rápidos . De hecho, muchos titulados tienen ventajas: quien antes estaba obligado a un largo estudio de Licenciatura ( Diplom o Magister) , puede hoy, tras seis semestres, ingresar ya en el mercado de trabajo. Sin embargo, sólo un título de Máster tiene ahora el mismo valor que los títulos de Licenciatura [ Diplom o Magíster ] de antes. En una encuesta de la Universidad de Friburgo, de los 627 encuestados sólo la mitad dijeron que los titulados de Bachelor tenían las mismas posibilidades que los universitarios anteriores. Si todos los titulados después de su estudio de Grado [ Bachelor ] tuviesen la posibilidad de conseguir una plaza en el Máster, esto no sería un problema; sin embargo no la tienen. Las Universidades sólo admiten normalmente en los estudios de Máster a un tercio de los titulados de Grado [ Bachelor ] . Ahorran dinero mediante unos estudios más reducidos, pero muchos estudiantes encuentran injusta dicha restricción.

Quien contemple tales hechos tiene que considerar el Bachelor como un experimento fracasado en la historia de la universidad alemana. Hay también no obstante una perspectiva más positiva de las cosas. Los defensores de la reforma responden a cada uno de los cinco puntos críticos con un “de acuerdo” y un “sin embargo”.

De acuerdo, dicen, que muchos estudios de Bachelor no son apropiados para ir un semestre al extranjero. Sin embargo los estudiantes podrían ir al extranjero tras acabar los estudios. De acuerdo en que la atención al alumno no se ha mejorado, sin embargo tampoco ha empeorado. De acuerdo en que los titulados de Grado [Bachelor] tienen peores posibilidades laborales que los titulados de Licenciatura [Diplom], sin embargo la Licenciatura [el Diplom] se corresponde en rigor con el Máster, no con el Grado [Bachelor]. De acuerdo en que las cifras de abandonos han aumentado en las especialidades técnicas, sin embargo en las ciencias sociales han descendido. De acuerdo en que hay puntos problemáticos, sin embargo se arreglan con el tiempo; ninguna reforma es perfecta. «Esto tiene que equilibrarse», dice por ejemplo Andreas Pinkwart, y se ríe amistosamente. Así defienden los defensores del Grado/Bachelor su reforma. Y desde su punto de vista, sus argumentos son ciertos. Sin embargo, no desde la perspectiva de los estudiantes.

Es cierto, los estudiantes pueden ir al extranjero después del Grado/Bachelor, pero entonces no reciben un Crédito oficial para la financiación de los estudios (Bafög) en el extranjero, ni una beca Erasmus, y como no son estudiantes tienen problemas burocráticos en las universidades extranjeras. Seguro que la atención no ha empeorado, pero la promesa era de mejorarla. Naturalmente los titulados de Máster tienen a partir de ahora las mismas posibilidades laborales que los diplomados, pero no todos los estudiantes son admitidos en los estudios de Máster. Es cierto que las cuotas de abandonos han disminuido en muchas especialidades, pero esto no palia un aumento en otras. Puede ser que los problemas se resuelvan con el tiempo, pero quien estudia hoy no se beneficia de las soluciones que se darán tras la finalización de sus estudios. Necesita una solución en este semestre. «El perjuicio es para los estudiantes. No les quiero decir dentro de cinco años: vosotros habéis estudiado en una fase de la reforma completamente desafortunada y desgraciadamente estáis ahora menos cualificados», dice Bernhard Kempen, presidente de la Asociación de Universidades Alemanas (DHV), en cierta medida el sindicato de los profesores.

Cuando se trata del Grado/Bachelor a menudo se discute sobre fríos números y estadísticas, gráficos de colores deslumbrantes y porciones de tarta de papel XXX. En total hay 60.000 estudiantes de Grado/Bachelor, que se habrían ido al extranjero si hubiesen estudiado Licenciatura [Diplom o Magíster]. ¿Pero qué significa esto? Los problemas sólo se hacen comprensibles a través del caso individual, por ejemplo el caso de Ölçüm.

Gülseren Ölçüm, 24, es una estudiante de Estudios orientales de la FU de Berlín, que quería estudiar dos semestres en Londres. Normalmente esto no sería gran cosa, pero en el caso de Ölçum sí porque ella es estudiante de Grado/Bachelor, y ahí comienzan los problemas. ¿Un semestre en el extranjero? Algo así no está previsto en sus estudios de Estudios orientales, el riguroso plan de estudios no permite ausencias largas. Quien se ausenta un semestre, tiene que esperar después otro semestre hasta que el módulo que ha perdido esté de nuevo en el plan de estudios – como si se quisiera penalizar a los estudiantes de Filología oriental por su interés en países lejanos. Para Ölçum esto significaba: pasar el quinto semestre en Londres, no hacer nada en el sexto y recuperar sus módulos en el séptimo. «Puro despilfarro de tiempo», dice ella. Pero obstinadamente, hace su maleta y vuela hacia Londres. Nada mas llegar, comienza a defenderse. Los e-mails van y vienen, entre Ölçüm en Londres y la Universidad de Berlín, la oficina de erasmus, la Asociación General de Estudiantes y su profesor. Al final, sin embargo, a Ölçüm sólo le han reconocido dos cursos de cuatro en Londres, lo que son 30 créditos perdidos, 900 horas, que Ölçüm también podría haber pasado en Hyde Park en lugar de en la mesa de trabajo y en el aula. «¡No hay reglas claras en absoluto para el reconcomiendo de créditos extranjeros! Me siento como un conejillo de indias de esta reforma». Problemas iniciales, se podría pensar; la promoción de Ölçüm es tan sólo la segunda promoción de Grado/Bachelor; los inflexibles planes de estudio son también un problema en otras partes. «La introducción de módulos ha llevado generalmente a que los planes de estudio son mas densos. Debido a ello, para muchos ya no existe la posibilidad de ir al extranjero», dice Erich Thies, Secretario General de la Conferencia de Ministros de Educación (KMK), cuyos Ministros de ciencia son los responsables de la implantación de los estudios de Bachelor.

La culpa es de quien quiere ir al extranjero en medio de los estudios, dice Jörg Dräger, gerente del “Think-Tank” Centro para el desarrollo de las universidades (CHE- Centrum für Hochschulentwicklung): «El semestre en el extranjero no corresponde a los estudios de Bachelor sino al tiempo después». Para estudiantes como Ölçüm, sin embargo, esta no es una opción; ella depende del Crédito oficial para la financiación de los estudios en el extranjero y de las becas Erasmus. «Sin esto no podría permitirme un año en el extranjero».

Peor que Ölçüm se encuentran todos aquellos que han abandonado completamente sus estudios a causa de los problemas del Bachelor. Clemens Lockner, primer semestre en Empresariales en la Universidad Luneburgo, piensa ya a veces en ello. Su problema son los densos planes de estudios, no le dan respiro. No puede pensar, ni relajarse, incluso tuvo que dejar su trabajo en una tienda de ropa. Ahora vive del subsidio familiar por hijos. Cuando se le pregunta a Lockner por contratiempos, se le ocurren muchos ejemplos. El examen de estadística que ha suspendido. El trabajo de fin de Grado que no fue aprobado por la profesora. La exposición que el profesor no encontró aceptable. La historia de Lockner es la de alguien que no está seguro si vale como universitario Nadie puede decir si en su caso los estudios de Grado/Bachelor son el culpable, porque ya no existen los antiguos estudios y Lockner sólo ha podido cursar estos. Pero cuando se le pregunta que piensa, responde lo siguiente: «No me veo superado por las materias sino por la falta de tiempo. Me falta tranquilidad para profundizar en un tema». Quiere encontrar su propio ritmo de aprendizaje e intentarlo el próximo semestre en otra universidad. Si esto no resulta, quiere abandonar definitivamente.

Las experiencias de Clemens Lockner han sido confirmadas por expertos en educación. «Debido a planes de estudio demasiado densos pueden aumentar los porcentajes de abandono, especialmente en las especialidades técnicas», dice la presidenta de la Conferencia de Rectores de las Universidades, Margret Wintermantel. Los representantes de estudiantes encuentran palabras más claras: «Los planes de estudio sobrecargados tienen que ser reducidos sin demora a una medida socialmente aceptable y en la que puedan ser estudiados», dice Sarina Schäfer, miembro de la dirección de la Organización Central de los Representantes de estudiantes. También Jörg Dräger insiste en «limpiar el currículum de asignaturas obsoletas».

No sólo son los estudiantes quienes critican los estudios de Bachelor, incluso los antiguos defensores de la reforma reconocen hoy errores: «Hay déficit en la aplicación de la reforma, tenemos que seguir desarrollándola» dice Jörg Dräger, quien defiende normalmente los estudios de Grado/Bachelor frente a todos los ataques. «En Alemania la reforma no ha superado con éxito su primera fase», admite incluso Terence Mitchell, promotor de Bolonia por encargo de la Comisión de la UE, que publicitó durante años por toda Europa esta reforma de la universidad. «Los objetivos de la reforma eran deseables, pero la puesta en práctica tiene que ser mejorada», confirma también Margret Wintermantel. Y Bernhard Kempen, presidente de DHV, dice simplemente: «Tal y como ha sido llevada a la práctica en Alemania, la reforma ha fracasado. Punto»

Todo esto suena realmente a consenso. Como si estuvieran todos de acuerdo en que los estudios de Grado/Bachelor tienen que ser mejorados. En que los objetivos de la reforma eran buenos pero hasta ahora no han sido alcanzados. Y en que la tan elogiada reforma de la universidad está ahora ella misma necesitada de reformas, antes ya del final del primer decenio. Pero cuando se les pregunta a los expertos en educación quién debe remediar las miserias, se abre una gran brecha: los políticos de educación a un lado y las universidades al otro. Las universidades dicen que los políticos tienen la culpa de que las normas para organizar las carreras sean demasiado estrictas, de que haya demasiado poco dinero, de que el Grado /Bachelor] sea un 15 por ciento más caro que la Licenciatura [tanto Magister o como Diplom]. Los políticos dicen que las universidades tienen la culpa por haberse comportado de un modo demasiado pasivo de cara a la solución de los problemas que se han presentado. Unos a otros se pasan el muerto, también en el campus: «Los estudiantes culpan de los problemas a los docentes; los docentes a su vez culpan a los estudiantes por no haber protestado lo suficiente», dice Alexandra Ivanova. Si se pregunta: ¿Quién ha roto realmente las promesas del Grado [Bachelor]? ¿Quién no se fía de que Ivanova sepa aprovechar su libertad? ¿Quién hace que Lockner se vea superado con seis exámenes por semana? ¿Quién convalida sólo dos de los cursos que Ölçüm ha realizado en Londres? En el caso de Ivanova fue la Universidad de Frankfurt, que ha concebido sus estudios como si fuese un colegio. En el caso de Lockner fue la Universidad de Leuphana, cuyos planes de estudio son demasiado densos. Y en el caso de Ölçüm fueron los profesores, que no convalidaron los créditos extranjeros.
 

Por, Justus Bender
Die Zeit
Traducido para Rebelión por Daniel Romero

http://www.diezeit.de/campus/2009/03/bachelor

 


 

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