Inician Caminata del Migrante rumbo a EU dos mil hondureños

San Pedro Sula. Más de 2 mil hondureños iniciaron ayer la Caminata del Migrante con la intención de llegar a Estados Unidos para huir de la pobreza y violencia que azotan su país.

"Vamos con la fe en Dios buscando algo bueno. Aquí no hay ninguna esperanza", dijo Sergio Cáceres, un integrante del grupo, de 40 años, quien se moviliza en silla de ruedas por un accidente sufrido a los 19 mientras espera que alguien le dé aventón a la orilla de la carretera.

Miles pasaron la noche del viernes recostados en pedazos de cartón en aceras y áreas verdes aledañas a la estación de camiones de la terminal de San Pedro Sula, la segunda ciudad del país ubicada a 180 kilómetros de la capital, para salir de madrugada.

Hacia las 5 horas, tiempo local, partieron por la carretera hacia la frontera de Honduras con Guatemala en un intento de recorrer los 2 mil kilómetros de una ruta peligrosa por la operación de bandas delictivas, cruces de ríos y desiertos con serpientes.

Lorgia Gracibel Miralda, de 28 años, se marcha en busca de su hermano, Axel Ariel, de 19, detenido en Estados Unidos, a donde huyó luego de que en su país pandilleros mataran a sus otros dos hermanos.

El ex diputado Bartolo Fuentes, quien acompañaba a los migrantes, aseguró a medios locales que una "gran necesidad los obliga" a salir del país en busca de mejo-res oportunidades.

La caravana pasará por México hasta cruzar la frontera a Estados Unidos, donde residen más de un millón de hondureños, la mayoría indocumentados.El año pasado, los migrantes en ese país inyectaron 4 mil millones de dólares en remesas a la economía de sus lugares de origen, equivalentes a 20 por ciento del producto interno bruto.

Estados Unidos ha llamado la atención a los gobiernos de los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) por desatender las necesidades de empleo y seguridad de la población, con los que alientan la migra-ción hacia el norte.

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Por fin un sindicato gana una huelga ante la justicia: Tribunal Superior de Buga dice que fue legal la de SNTT en Buenaventura

Varios e importantes fueron los triunfos que SNTT, Sindicato Nacional de Trabajadores de Rama, Servicios de la Industria del Transporte y Logística de Colombia se anotó en torno a la huelga que entre el 5 y el 20 de septiembre pasado adelantaron los trabajadores del puerto TCBUEN de Buenaventura.


Su primer triunfo consistió en que, siendo sindicato minoritario, logró que por votación de todos los trabajadores de TCBUEN el 82% aprobara la huelga. El segundo fue el triunfo de la huelga misma, al lograr  que la empresa cediera en los puntos que se negaba a negociar. Su tercer triunfo fue lograr que los trabajadores de los demás puertos del país prepararan y estuvieran dispuestos a declarar una huelga de solidaridad con sus compañeros de Buenaventura, que si no la hicieron fue porque no necesitaron hacerla.


Y su cuarto triunfo tuvo lugar  esta semana, y fue el fallo del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga, que dictaminó que la huelga fue legal, en respuesta a la demanda que TCBUEN –siguiendo los pasos de Avianca y con sus mismos argumentos– interpuso para lograr que fuera declarada ilegal.


La huelga fue votada el 27 de agosto después de agotadas todas las instancias de ley, y luego de que los directivos de TCBUEN se negaran a negociar puntos sustanciales del pliego que le presentó el Sindicato.


“La empresa nos  menospreció.. En vez de negociar nuestro pliego fortaleció el plan de beneficios que tiene montado para debilitar al sindicato. Creyó que por éste ser minoritario no sería capaz de sacar adelante la huelga”, dijo Esteban Barboza, presidente Nacional de SNTT.


Esa condición de sindicato  minoritario (de los 380 trabajadores de la empresa solo 87 estaban afiliados) lo obligó a convocar a la totalidad de los trabajadores a votar la huelga, o en su defecto por Tribunal de Arbitramento. La votación se realizó el 27 de agosto y 228 votaron a favor de la huelga, 46 por Tribunal y 3 votos nulos.


El fallo del Tribunal


En su demanda TCBUEN alegó, como primer argumento, que el servicio que presta es de carácter público esencial, por tanto una huelga allí es improcedente. Y el segundo argumento fue que la votación estuvo viciada de nulidad.


Pero en su fallo el Tribunal Superior de Buga determinó que todo el proceso de la votación de la huelga se ajustó a los requerimientos del artículo 450 del Código Sustantivo del Trabajo sobre declaratoria de huelga, y concluyó que la votación se realizó en la debida forma.


Y en cuanto al argumento de que TCBUEN es una empresa que presta un servicio público esencial, el Tribunal también lo desestimó. Subrayó que, tras hacer un estudio de la normatividad, la jurisprudencia y la doctrina internacional, constató que el servicio que presta: el de cargue y descargue de barcos portacontenedores, no es de carácter público esencial y por tanto la huelga es procedente.


Esteban Barboza destacó el hecho de que el Tribunal Superior de Buga haya resuelto el caso en tan poco tiempo, menos de 15 días, pues la demanda la entabló TCBUEN el 28 de septiembre.


También calificó como “hipócrita” la actitud  de los directivos de TCBUEN, quienes, una vez se levantó la huelga, gracias en buena parte a la mediación del Ministerio de Trabajo, expresaron satisfacción por el arreglo y su disposición para mejorar el clima laboral y las condiciones de los trabajadores. “Pero a los ocho días le clavan la demanda al sindicato por la supuesta ilegalidad de la huelga. Eso no lo entendemos”, anotó Barboza.


TCBUEN apeló el fallo adverso del Tribunal Superior de Buga, entonces por competencia el conflicto tendrá que ser finalmente dirimido en la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia.

La huelga por solidaridad

“Hay sentencias de la Corte Constitucional que autorizan la huelga por solidaridad en Colombia. Lo que pasa es que ésta no está reglamentada, pero eso no quiere decir que legalmente no se pueda hacer, y más en el caso de un sindicato como el nuestro, que es de industria”, explicó el presidente de SNTT.

Y, en efecto, el sindicato tanteó la posibilidad de hacerla en el caso de que la huelga de los trabajadores de TCBUEN en Buenaventura se hubiera prolongado y agudizado. De hecho estuvieron a punto de someterla a votación, con lo cual el conflicto laboral se hubiera extendido a los demás puertos del país.

La sola posibilidad de la realización de la huelga por solidaridad fue, si se quiere, el hecho más relevante de la huelga de los trabajadores de TCBUEN, ya que hubiese marcado un precedente importante para el conjunto de la lucha sindical en Colombia.

“La huelga por solidaridad  no fue un cañazo. Comenzamos a orientarla desde antes de que terminara la etapa de prórroga en la negociación, en vista de que TCBUEN seguía cerrada en bloquear unos puntos importantes del pliego que le presentamos”, señaló Esteban Barboza.

Recordó que el día 13 de septiembre SNTT le envió una carta a la Sociedad Portuaria de Buenaventura para informarle sobre la realización de la huelga por solidaridad,  la cual se iría a someter a votación de los todos los trabajadores sindicalizados en los puertos. Esa carta provocó que la Sociedad Portuaria convocara al sindicato para tratar el tema, y también alertó a las sociedades portuarias de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta.

De haberse realizado, la huelga de solidaridad hubiera paralizado el comercio internacional del país, sostiene Barboza, no solo porque SNTT cuenta en estos puertos con un buen número de afiliados: 392 en la Sociedad Portuaria de Buenaventura, 142 en la de Barranquilla y 92 en la de Santa Marta, sino porque esos afiliados son los más calificados de la cadena portuaria, los que manejan las grúas y la gran maquinaria.

“Por eso cundió la preocupación entre los empresarios portuarios, y fue la principal razón para que la huelga en TCBUEN terminara en buenos términos para los trabajadores”, agregó el presidente nacional de SNTT.

Finalmente resaltó, como efecto del éxito de la huelga, el aumento de la membresía del sindicato en TCBUEN, donde antes tenía 87 afiliados y hoy ya tiene 107. “Es porque los trabajadores se han dado cuenta de que estamos haciendo bien el trabajo, que somos una organización seria y de lucha, no un sindicato amarillo, de esos que hay muchos en Buenaventura”, anotó.

Otro hecho que destacó fue la composición de la comisión que por el sindicato negoció la convención colectiva con los directivos de TCBUEN. De los 6 negociadores, 4 fueron jóvenes menores de 30 años, gente nueva, todos formados en negociación colectiva en la Escuela Nacional Sindical.

“Lo cual manda un mensaje al sindicalismo. Tiene que apostarle al relevo generacional. Esos sindicatos con dirigentes atornillados por años no ayudan a que el sindicalismo se oxigene”, puntualizó Esteban Barboza.

 

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La tasa de paro en Estados Unidos cae al nivel más bajo desde 1969

Wall Street aguanta la respiración. La economía de Estados Unidos sigue dando muestras de que avanza con solidez. En septiembre se crearon 134.000 empleos, pese al efecto del huracán Florence, y la tasa de paro cayó al 3,7%, el nivel más bajo desde diciembre de 1969. Esta evolución del mercado laboral, sin embargo, da argumentos para que la Reserva Federal siga retirando los estímulos monetarios al crecimiento, lo que provocó que el tipo de interés en los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años superara el 3,2% y se colocara a su nivel más alto en siete años.

EE UU lleva ocho años creando empleo de una manera continuada. Es cierto que la primera lectura del indicador de septiembee está por debajo de lo que anticipaba el consenso de mercado, pero el dato se ve distorsionado por el efecto del huracán que azotó el mes pasado la costa de las Carolinas. Fue, en todo caso, un ritmo suficiente para llevar la tasa de desempleo a un nivel que no se veía desde la Guerra de Vietnam. Se revisó al alza agosto y julio.


La economía está que arde, como dicen los analistas a prácticamente un mes de las legislativas en EE UU. Hasta el presidente de la Fed, Jerome Powell, dice que las cosas no pueden ir mejor y por eso argumenta que la política “acomodaticia” ya no se justifica. Ese término voló del comunicado final que publicó el banco central tras su última reunión. Lo citaba para indicar que pese a la subida de tipos, la estrategia monetaria seguiría estimulando la economía.


Eso se acabó. En sus palabras, los tipos “están aún lejos” de lograr una posición neutral. Eso implica, según los agentes del mercado, que tiene margen y puede ir más alto del 3%. Ahora están en el 2% y 2,25%. Esta reflexión lleva toda la semana reverberando por el mercado de bonos y castigando las divisas de los mercados emergentes, que pierden valor mientras el optimismo fortalece el dólar.


El bono a 10 años es un indicador clave para los inversores globales. La combinación con la apreciación del billete verde eleva el coste de la deuda en dólares. El efecto se replica en otros países avanzados, así como en los emergentes. A final de marzo ya se vivió una situación de tensión por el mismo motivo, cuando se acercó al 3%. Entonces, como ahora, Wall Street estaba en máximos históricos.


La última vez que el tipo del bono a 10 años estaba a este nivel, la economía de EE UU crecía un tímido 1%. Ahora lo hace por encima del 3% y la tasa de paro es la más baja en casi cinco décadas. El mercado laboral está en una situación de pleno empleo, lo que obliga a su vez a las empresas a elevar los salarios para retener a sus empleados. Lo hicieron tres décimas en septiembre, aunque la anual se moderó ligeramente al 2,8%.
Recalentamiento


La escalada de la deuda pública y corporativa es un claro factor de vulnerabilidad cuando los tipos de interés suben. Es un asunto recurrente este año, junto a la tensión por la batalla comercial y el encarecimiento del petróleo. Jerome Powell asegura que el incremento de tipos en EE UU será “gradual”, pero insiste en que debe seguir el curso al alza para evitar que la economía se recaliente. El reto en este momento es que no pasarse al pisar freno a los estímulos.


La solidez de la economía estadounidense contrasta con la europea, a la que le cuesta remontar, y eso provoca que la brecha con el tipo de bono alemán sea la mayor desde la caída del Muro de Berlín, hace tres décadas. Es más, los analistas no descartan que la diferencia pueda ampliarse porque los fundamentales de los dos polos económicos son divergentes. También pesa la incertidumbre política.


Esta situación está obligando a los bancos centrales de Argentina y Turquía a subir los tipos como reacción para defender sus respectivas monedas. El Fondo Monetario Internacional tiene previsto publicar sus previsiones económicas el próximo martes. La expansión global continúa, como indicó Christine Lagarde esta semana. Pero la directora gerente advierte de que el tiempo empieza a cambiar.


Cita entre los factores de riesgo que comienza a materializarse la presión de un dólar fuerte y de las restricciones en las condiciones financieras en los países emergentes. Esta situación explica la sensibilidad que muestra el mercado desde hace seis meses hacia los tipos, por el potencial que puede tener el valor de los activos. De momento, domina más la cautela que la preocupación.

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"La robotización creará millones de empleos que hoy no somos capaces ni de imaginar"

El sector industrial se ha automatizado casi por completo. Los 3.500 ingenieros, diseñadores, investigadores y desarrolladores de software que han visitado esta semana Madrid prestaban poca atención a los robots destinados a fábricas donde apenas quedan unos pocos seres humanos que las controlan. Esa es una etapa superada para los asistentes al International Conference on Intelligent Robots and Systems (IROS), cuya edición de 2018 se ha centrado en los "robots colaborativos": las máquinas que en el futuro próximo van a compartir el espacio vital de los seres humanos, no solo como herramientas de trabajo pesado.

Esta inmersión de la máquina en nuestra vida diaria también implicará la automatización de tareas, pero esta vez en el sector servicios. La robótica mira a los coches autónomos como su gran meta y algunos de los investigadores más expertos lo señalan como un punto de inflexión. En cuanto los coches se conduzcan solos la desaparición de trabajos como el de cajero de supermercado, recepcionista o reponedor será cuestión de tiempo. Así lo piensa Carlos Balaguer, catedrático de robótica de la Universidad Carlos III y presidente y organizador de IROS, que defiende en entrevista con eldiario.es que, pese a todo, esta tecnología traerá más alegrías que desventuras.


Todo el mundo en IROS2018 habla de los "robots colaborativos". ¿En qué consistirá este nuevo avance?


El concepto 'robot colaborativo' es muy amplio, es más una etiqueta comercial. Consiste en señalar que antes los robots estaban como en una jaula, aislados, y nadie podía estar cerca de ellos por seguridad, porque podían herirte. Ahora se pretende que sea al revés: los robots están en el campo de acción de las personas, que pueden cogerlos, moverlos, manipularlos y ellos te obedecen.


¿Los robots saldrán de las fábricas y llegarán a las casas?


Una de las ideas en las que se está trabajando es en el robot que sirva en el "Me he olvidado las gafas, ¿dónde están? Espere que se las traigo". Aquí no hay una colaboración física, el robot no se toca con la persona; pero también es un tipo de colaboración, a un nivel más inteligente. El robot sabe dónde están las gafas y que son las tuyas, no las de tu mujer. ¿Cómo se va a desarrollar? ¿Cuándo va a estar listo? Es una incógnita, es complicado.


¿Qué falta para llegar a ese tipo de robots?


Nuevas empresas que hoy en día no existen: las empresas tradicionales no van a hacer esto. Tendrá que crearse una Nokia, como la que creó los teléfonos móviles. Nadie la conocía y de repente, ¡pum!. Esa Nokia robótica a día de hoy no existe. ¿Por qué? Porque la crisis ha afectado a la inversión. La gente no invierte en cosas excesivamente novedosas, y en segundo lugar, porque todavía hay algunas tecnologías que no están maduras, en el sentido de que sean más seguras, que funcionen 24/7... Esto yo creo que vendrá muy pronto, no sé si en 10, 15 o 20 años.


¿Esa Nokia robótica podría ser española?


La crisis que hemos tenido en España, brutal con las universidades, ha llevado a que nosotros, siendo un grupo muy grande y muy activo, hayamos leído muchísimas tesis. Por lo menos cuatro o cinco al año. Pero a esa gente no la podíamos colocar. Nadie nos daba plazas ni dinero. Esta gente joven, con mucho conocimiento y sin trabajo, ¿qué ha hecho? Colaborar con sus universidades. Les hemos ayudado, casi sin quererlo, a crear más de 10 spin off. A unas les va mejor, a otras les va peor. Esta tecnología, estas empresas, este mercado, saldrá de algún lugar como IROS. Eso sí: falta un "creemos en usted, vamos a poner 10 millones de euros". Si pones 5.000 euros, pues no.


¿Qué ocurre con la financiación pública a este tipo de proyectos?


Crear una spin off tecnológica en España son 3.000 euros y mes y medio de papeleo. Esto es inaceptable. ¿Qué hacen mis chicos? Por 50 libras se registran en Reino Unido y en tres días tienen una licencia de empresa. Además, si demuestran que ganan equis al año les hacen deducciones. En España, en estos temas, da igual un partido que otro. Todos dicen: 'ay que interesante, no lo sabíamos, tomo nota...'. La implicación del sector publico es fundamental. No solo en el dinero, sino para dar facilidades. Aquí, por desgracia, ni lo público ni lo privado funcionan bien. La situación del investigador es muy complicada.


¿Qué diría a la gente que teme la robotización por la pérdida de empleos?


Está claro que la robótica está muy unida al empleo. Pero en general es la digitalización la que está unida al empleo. Que van a desaparecer empleos con esta robótica mucho más avanzada es cierto. Habrá empleos de muy baja cualificación, muy repetitivos, como el de cajero de un supermercado, que lo harán robots. Este tipo de trabajos van a crear paro.
De lo que nadie habla es de que la robotización creará millones de empleos que hoy no somos capaces ni de imaginar. Quiero decir, ¿hace 10 años alguien se imaginaba que habría tanta empresa de apps? Si nadie sabía qué era eso. Ahora hay miles de empresas, miles de empleos. Y no todos son ingenieros.


Con la robótica va a pasar lo mismo. ¿Se creará paro en algunos sectores? Sí. ¿Hay que vigilar a los más vulnerables? Sí. Pero va a dar unas oportunidades tremendas de empleo, de negocio, que ni nos imaginamos. Por ejemplo en empresas que desarrollen programas de robot de ocio, eso a lo mejor es un boom y empiezan a aparecer empleos, millones. Yo sería muy cuidadoso afirmando eso de que "vamos a eliminar empleos, esto será fatal". Siempre, durante la historia de la humanidad, la tecnología nos ha traído riqueza.


¿Estamos lejos de los robots que se programen a sí mismos?


Muy lejos. Los avances ahora mismo son muy, muy grandes, pero estamos muy lejos de los robots con inteligencias asimilables a la humana. El robot ahora mismo puede hacer todo para lo que se le programe con un gran nivel de detalle. Puede entrar en esta habitación y mapearla en tres segundos. Pero luego no sabe que esa mesa es una mesa, y sus características como mesa.


Para eso hay que enseñar, pero el proceso de enseñar no es fácil. Surgen muchos problemas que nosotros pensamos que son fáciles y realmente no lo son. Cuando nos referimos a robots inteligentes, nos referimos a capaces de tomar una serie de decisiones por ellos mismos. No a una inteligencia dinámica, capaces de autoprogramarse.

El filósofo francés Éric Sadin alerta de que la inteligencia artificial amenaza la civilización

Para el filósofo francés Éric Sadin (1972), una de las mentes más influyentes y críticas frente a la era la digitalización y los datos, no estamos hablando lo suficiente de las consecuencias para el ser humano de la colonización del modelo de Silicon Valley: una suerte de liberalismo digital camuflado, que nadie se cuestiona e incluso es impulsado por los propios gobiernos. Vivimos rodeados de objetos conectados y sensores que recogen y convierten en datos hasta el detalle más íntimo. Y con esos datos, unas pocas compañías gigantestas alimentan una inteligencia artificial cada vez más potente, capaz de interpretar, sugerir e incluso tomar decisiones. Nos fiamos ciegamente de las máquinas, pero ni siquiera sabemos cómo funcionan. ¿Queremos realmente que las máquinas tomen decisiones?


Sadin vino a presentar la traducción de su penúltimo libro, La silicolonización del mundo (2016; Caja Negra, 2018), y se centró sobre todo en los temas que aborda en lo último de su prolífica obra, La inteligencia artificial o el reto del siglo. Anatomía del antihumanismo radical (2018).


El filósofo desgranó durante casi dos horas, durante un coloquio con la periodista especializada en tecnología Marta Peirano en el Institut Français de Madrid (en el marco del III Foro de la Cultura de Burgos), su visión crítica y sin concesiones sobre las consecuencias de una tecnologización de la sociedad. "Hemos pasado de la edad del acceso, en la que nuestra relación era a través de las pantallas, a la edad de la cuantificación en apenas 20 años", comentó. Y describe esta situación, en la que los sistemas nos hablan para decirnos "la verdad", como "agobiante".


Criticó con dureza el apoyo social e institucional a la la economía de los datos y platafomas, "que suponen una inteligibilidad de nuestros comportamientos cada vez más extendida" y cuya finalidad es "interpretar nuestros comportamientos, para notificaros y sugerimos de forma aparentemente adecuada a cada persona". "Hablamos de una mercantilización general de la vida, de la conquista de los comportamiento: hay una batalla para controlar nuestras cabezas", expuso.


El pensador confesó que ha llegado a la conclusión de que los desarrollos tecnológicos se determinan exclusivamente el punto de vista económico, ya no existe como campo autónomo: "El mundo de la ciencia, de la técnica, ha desaparecido por completo, sólo existe un mundo tecnoeconómico en el que los investigadores sólo responden a una lógica económica". Y en este contexto, absolutamente utilitarista, “la tecnología nos habla para decirnos la verdad”, afirmó con ironía.


"Habla para orientar nuestros gestos, para orientar nuestra vida, nuestros comportamientos, hasta tal punto que puede afectar a nuestra autonomía de juicio", comentó. E insistió en que esos sistemas —que son opacos, no sabemos nada de ellos pero tienen la capacidad de decidir— "imponen una verdad que tiene consecuencias jurídicas y políticas".
Inteligencia artificial, sensores, robotización humana


Durante su larga intervención, Sadin alertó de la invasión de los sensores tanto en la vida privada ("hasta los biberones tienen sensores", exclamó) como en los espacios profesionales. "La arquitectura inducida por la invasión masiva de sensores implica un trazabilidad de la vida, y esta realidad captada y reducida a datos, alimenta la inteligencia artificial".


Y, para él, la inteligencia artificial es motivo serio de preocupación. "Por primera vez en la historia, los sistemas pueden entender situaciones, tienen capacidad de retroacción y, lo que es muy inquietante y perturbador, puede tomar decisiones por sí mismos, como el trading de alta velocidad con proyección anticipativa".


"Las personas son cuantificadas, hay una visibilidad en tiempo real de la producción de bienes y servicios, y eso significa una enunciación de órdenes" por parte de sistemas capaces de interpretar esa abundancia de datos. "Los empleados se transforman en robots de carne y hueso, existe una negación de la subjetividad, de la improvisación o del ingenio", denunció. Y alertó de que esta realidad se está extendiendo a otros muchos ámbitos, como las decisiones médicas.


Según él, la idea que plantea este liberalismo digital, esta tecnoeconomía, es ir reemplazando a las personas y cuando no se pueda, 'robotizar' al ser humano. "Esto es lo que me interesa porque no se ve", aseguró, y añadió: "Se habla de la complementariedad entre humanos y sistemas, pero eso no es más que un tecnodiscurso: son los humanos los que se tienen que adaptar a esos sistemas y eso es cada vez más imposible".


"Los regímenes liberales apoyan jurídicamente estos desarrollos para impulsar la tecnología de los datos y de las plataformas, hay una sumisión", denunció. "No parece existir un debate sobre la desaparición de la autonomía del juicio humano en favor de la velocidad de la tecnología".


Mientras, en la otra punta de Madrid, se celebra esta semana la South Summit, en donde emprendedores y políticos alaban las virtudes de la economía de los datos; España cuenta incluso con una Secretaría de Estado dedicada al tema. Y en Ifema tiene lugar IROS 2028, el congreso mundial de robótica inaugurado por Felipe IV.
"Desconfío de los políticos y legisladores que apoyan este entorno: hay que animar el contraexamen porque hay demasiados 'expertos'; hay que escuchar a quienes sufren esos sistemas", propuso. "Oigamos la realidad sobre el terreno y no tanto el dogma de la transformación digital".


Hacia un "anti humanismo radical"


Sadin apuntó a que el aparentemente imparable desarrollo de la inteligencia artificial nos está conduciendo a un "anti humanismo radical" basado en un utilitarismo extremo, guiados por la lógica de las máquinas, que no humana. "Estos sistemas que nos indican la verdad borran características intrínsecas del ser humano: crítica, juicio, etc., todo en una sola generación y sin evaluación de los impactos en la civilización, sin crítica". "Estamos en una ceguera general", lamentó.


Más allá de las preocupaciones que invaden el debate público —los fallos en redes sociales, los escándalos de Facebook, la vigilancia del 'gran hermano digital', la protección de los datos personales...— , Sadin mostró su preocupación por el hecho de que nadie habla de las implicaciones éticas que están por encima de todo ello.


"Lamento que en nuestra época, lo único que nos preocupa es la libertad individual, pero la libertad común, la simetría de poderes, la libertad de juicio, son cuestiones colectivas que a nadie parece preocupar; hay una reducción sistemática al individuo", afirmó, y añadió: "Me molesta tanto individualismo, parece que sólo nos importa nuestra pequeña parcela de libertad; la protección de datos me parece una obsesión que tiene que ver con la libertad individual, mezquina, egoísta, y cuanto más defendamos esa libertad, mejor le irá a la tecnoeconomía".


Eso sí, no negó que los avances tecnológicos tienen su cara positiva. Pero zanjó, con cierta sorna, que "ya hay mucha gente que defiende las ventajas, tantas que saturan el debate público". "No me necesitan para eso", concluyó.

Madrid
05/10/2018 07:54 Actualizado: 05/10/2018 07:54
Pablo Romero
@pabloromero

Publicado enCultura
Jueves, 27 Septiembre 2018 05:57

El control del gran hijo

El control del gran hijo

Tres noticias seguidas una de otra y un hallazgo. La primera me la dio mi hermano Reynaldo. Su libro Inteligencia artificial total ya salió y está disponible en Amazon, la opulenta firma comercial por Internet. La segunda noticia fue el video de una tienda automatizada en Dubai, cortesía de una prima. Y la tercera me la envió un amigo: se trata de una tienda "inteligente", precisamente de Amazon, donde el público entra, escoge los artículos que requiere, los pone en una bolsa y sale sin tener que hacer filas ni tener que pagarle a ningún cajero. El importe de la compra, uno puede suponer, se lo pasarán a una cuenta domiciliada en algún banco. Las tres noticias las recibí, claro, en mi celular. El hallazgo fue un aparato para masaje corporal con fines terapéuticos que me permite prescindir del masajista.

De acuerdo con los autores que cita mi hermano, para el año 2039 –en 20 años– la sociedad, en todas sus relaciones y procesos, y los individuos, de la cuna a la tumba, quedarán sujetos, dentro de una inconmensurable red, al fenómeno transversal de la inteligencia artificial total. Estamos en los prolegómenos de ese cambio radical.

Ya está probado que una inteligencia artificial puede derrotar a los campeones de ajedrez y hasta del juego denominado Go. En el encuentro de una inteligencia artificial con el campeón indiscutible de Go, la máquina lo derrotó en tres ocasiones consecutivas.

La inteligencia artificial, sin ser total, está presente, de manera sigilosa, en todos los aspectos básicos de nuestra vida. La máquina capta, identifica, aprende, calcula y decide. Ahora sólo sobre ciertos movimientos e información específicos. En el futuro será sobre los comportamientos de individuos, organizaciones sociales, estados y países en todas sus dimensiones. Acaso por total (y quizá totalitaria), una vez adquirida la información necesaria y disponibles las llamadas aplicaciones requeridas podrá imponerse ineluctablemente a la voluntad y las acciones humanas. Según el astrofísico británico Sthephen Hawking, citado por el autor, el desarrollo de la inteligencia artificial total significará el fin de la raza humana.

Al mercado detrás de la inteligencia artificial sólo le importa ganar con este instrumento, aunque Bill Gates, previendo el futuro del desempleo, ha adelantado la propuesta de cobrar un impuesto a los robots. Hasta ahora, a los gobiernos les importa desarrollarlo. Como a ciertas empresas, su objetivo es ampliar su capacidad de competencia y poder.

Así lo ha hecho el gobierno chino de Xi Jinping, mediante su 13º Plan Quinquenal, que prevé invertir fuertes sumas en investigaciones y en apoyo a grandes empresas (Alibaba, Tencent, Baidu) para elevar el nivel de uso y posibilidades de la inteligencia artificial. Lo mismo hace Francia en el gobierno de Emmanuel Macron: tiene planeado invertir mil 500 millones de euros hasta 2022 en apoyos a investigación y proyectos, así como 10 mil millones de euros del Fondo para la Innovación y la Industria. En Estados Unidos, Barak Obama declaró, al fin de su mandato, que su sucesor "gobernará un país que estará siendo transformado por la inteligencia artificial". Sin embargo, el gobierno de Trump ha preferido inhibirse. Con los gigantes informáticos (Google, Apple, Microsoft, Facebook, IBM, Amazon) que han crecido en su territorio y bajo sus normas, deja que las empresas privadas sean quienes se ocupen fundamentalmente del tema. Pero hay que decir que el empleo político de la inteligencia artificial (supuestos datos confidenciales de los usuarios de Facebook) ya fue probado en apoyo a la candidatura de Trump.

Los beneficios que ha conseguido la cibernética aplicada en campos básicos de la vida económica y social, le han conferido la legitimidad suficiente para continuar ampliando su avance incontenible.

El autor señala esos beneficios, incluidos los de la salvación de numerosas vidas humanas, y las etapas en que, una vez alcanzado el rango total, la inteligencia artificial irá dejando sentir sus efectos: primero ofrecerá satisfacciones y comodidades, luego un riesgo creciente, y al final un peligro difícil de eludir. Jim Yong Kim, entonces presidente del Banco Mundial ha adelantado un dato pavoroso: la inteligencia artificial total dejará sin empleo a 50 y hasta 65 por ciento de la población económicamente activa en los países donde menos se ha desarrollado, vale decir, los de África y América Latina. Más profundo será el dominio de potencias y empresas trasnacionales sobre todos los ámbitos de sus sociedades.

En el libro hay una serie de puntos que pueden favorecer el desarrollo de la inteligencia artificial, principal motor en nuestros días del desarrollo económico, político y social. Bien harían los gobiernos de los países que sufrirán su previsible evolución invirtiendo, paralelamente, en un plan social de contrainteligencia artificial total.

Con la máquina, criatura humana, ocurre lo que una abuela me decía:

Ay, señor, nosotros somos la última generación que obedecimos a nuestros padres y la primera en obedecer a nuestros hijos.

Esperando al robot: cómo las máquinas cambiarán la economía en los próximos cuatro años

El Foro Económico Mundial ha presentado un informe sobre el impacto a corto plazo de la economía de la “cuarta revolución industrial”. Pese a que aseguran que no se perderán empleos, este foro insinúa que será necesaria una reconversión profunda de la actividad humana.

No es solo un lema; la cuarta revolución industrial es una realidad que se proyecta sobre el futuro inmediato de la humanidad y la economía mundial. El Foro Económico Mundial (WEF) ha presentado esta semana su informe sobre el futuro de los trabajos en el periodo 2018-2022. No hay ciencia ficción, solo una proyección sobre el impacto de la tecnología ya existente y de la que se desarrollará en los próximos cuatro años. El diagnóstico va por barrios: para el World Economic Forum, las posibilidades de esta evolución de las tecnologías supondrán un aumento de puestos de trabajo para los humanos. Una mirada crítica encontrará motivos para la preocupación.


Este foro, basado en Ginebra (Suiza), tiene entre sus objetivos la cooperación entre multinacionales y sector privado con los Gobiernos. De este modo, su prospección de las consecuencias económicas de la cuarta revolución industrial establece una condición de partida, que es la reforma de los sistemas de educación y formación, de los mercados laborales y de los “contratos sociales existentes”, entre otras intervenciones. De este modo, siempre según en WEF, en los próximos cuatro años se crearán 133 millones de nuevos “roles” en el mercado laboral “más adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos”. A cambio de estos 133 millones de nuevos roles, la organización calcula que se perderán 75 millones de trabajos, estos sí, casi exclusivamente humanos.


La encuesta realizada para el informe —sobre una base de empresas que suponen 15 millones de empleos— establece una pérdida de empleos de 0,98 puestos de trabajo y un aumento de la oferta que superaría los 1,7 millones de puestos. No obstante, pese a esta visión próspera, la mitad de las multinacionales encuestadas responde que la economía de los próximos cuatro años supondrá la reducción de empleos a tiempo completo en su fuerza de trabajo. Sólo un 38% cree que estos cambios repercutirán en más contrataciones.


El desplazamiento no es solo de máquinas o algoritmos por humanos, sino que la evolución tecnológica también tendrá efecto en el desplazamiento espacial de las industrias y los servicios a emplazamientos geográficos por distintos motivos —aunque los costes laborales siguen siendo los preeminentes—. Un 48% de las compañías encuestadas consideran que la cuarta revolución industrial acarreará una modificación de los emplazamientos de su actividad.


En 2018, explica el estudio, la presencia de máquinas y algoritmos aumentará en los 12 sectores que analiza el estudio. A día de hoy, en estos sectores el total de tareas, medidas en horas, realizadas por homo sapiens supone un 71% del total. Un 29% de esas tareas son realizadas por máquinas no humanas. Para 2022, la balanza estará mucho más equilibrada: un 58% de las tareas las seguirán haciendo personas, un 42% serán hechas por máquinas y algoritmos.


Las tendencias inherentes a este cambio tecnológico ya se han hecho notar en el cuatrienio anterior. Empleos como los de periodista, dispensadores de alimentos y bebidas, auxiliares administrativos, diseñadores gráficos, fotógrafos y arquitectos han perdido pie en las necesidades de contratación. En cambio, diseñadores de software y profesiones asociadas a recursos humanos y márketing salen ganando en la demanda de contratación, y se espera que sigan siendo sectores de alta demanda.


Reciclaje de humanos


El WEF dedica especial atención al "imperativo de recapacitación" de algunas profesiones y, en el análisis geográfico, de algunos países —aunque España no aparece más que en el epígrafe Europa Occidental, Francia es el Estado que requiere de mayor adaptación a la nueva economía, según el Foro Económico Mundial—. Más del 54% de las personas asalariadas a día de hoy necesitarán una reeducación en las nuevas características de la economía digital; el 35% de ese porcentaje necesitará adecuarse durante más de seis meses a ese contexto.


Esta organización insiste en que las habilidades “más humanas” son las mejor situadas para el cambio tecnológico. Harán falta dosis industriales de creatividad, asertividad, iniciativa, persuasión y negociación para paliar la inferioridad del homo sapiens a la hora de introducir datos, ensamblar piezas, llamar a la puerta con un catálogo de ventas, etcétera. Son algunos de los puestos de trabajo que el WEF ha señalado como “redundantes”. Curiosamente, a los empleos en peligro señalados habitualmente —repartidores, teleoperadores, reparadores de aparatos electrónicos— se unen en este informe los empleos de abogados y abogadas.


Las máquinas adquirirán, en los próximos cuatro años, cada vez más competencias en procesamiento de datos —actualmente se las utiliza para el 47% de las horas dedicadas a esta tarea, en 2022 será el 62%— o documentación relacionada con el trabajo —sus competencias subirán hasta el 55% desde el actual 36%—. Su entrada será menor en competencias como la toma de decisiones y razonamientos, pese a que su presencia aumentará desde el actual 19% de las horas hasta el 28%. Otro aumento importante se producirá en auditoría, coordinación y gestión de grupos: dentro de cuatro años, el 29% de estas actividades las harán máquinas.


Un cambio de paradigma


El Foro Económico Mundial señala tres actores a la hora de abordar estos cambios, industria, gobiernos y trabajadores. Los Gobiernos, indican, deben adaptar la educación a este salto. Sus recomendaciones son un reforzamiento del llamado conocimiento STEM (por las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y de las habilidades “no cognitivas” asociadas al liderazgo o la persuasión. Pese a que el WEF omite una recomendación clara, el informe insinúa que el cambio de modelo, puede llevar aparejado necesariamente, la implementación de una renta básica de nuevo tipo.


Respecto a los trabajadores, en su encuesta, el WEF reseña que los sindicatos son el último actor que las empresas señalan como factor clave para la transición a la economía del big data. El Foro señala como una responsabilidad individual de las personas asalariadas desarrollar sus carreras en el nuevo contexto. En todo caso, concluyen, “aunque la idea de una renta básica puede seguir siendo políticamente y económicamente inviable en el periodo 2018-2022, algunas variantes o aspectos de la idea, como proporcionar una ‘fondo de aprendizaje universal’ para que las personas recurran a él cuando sea necesario, podría recibir una atención creciente en los próximos años”.

No hay justicia para los presidiarios que salvan vidas apagando incendios

SAN FRANCISCO — Las pruebas de la virulencia del cambio climático mundial cubren la Tierra, azotando a las comunidades con todo el arsenal de la furia de la naturaleza: huracanes, tornados, tormentas implacables, inundaciones sin precedentes, sequías históricas y abrasadoras olas de calor. En California, los incendios forestales han aumentado drásticamente en cantidad e intensidad, lo que ha llevado al límite de sus capacidades a los escuadrones de bomberos del estado y ha superado el presupuesto estatal de lucha contra incendios. Mientras se registran nuevos incendios forestales a lo largo del estado, miles de personas se han congregado en San Francisco esta semana para participar de la Cumbre Global de Acción Climática convocada por el gobernador Jerry Brown y otras personas profundamente preocupadas por la crisis del cambio climático y la obstinada negación del fenómeno por parte del presidente Donald Trump. Junto a las brigadas de bomberos profesionales, en la primera línea de estos enormes incendios, se encuentran miles de prisioneros de California, trasladados desde sus cárceles para unirse a este peligroso trabajo, todo por un dólar la hora o aún menos.


Democracy Now! viajó al Delta Conservation Camp, una hora al norte de San Francisco, para conocer a los prisioneros que luchan contra estos devastadores incendios forestales. El nombre no denota que es un campamento de reclusos. Existen 44 de estos centros de detención, entre los que se incluyen tres para mujeres y uno para menores, que luchan contra los incendios forestales que azotan California con cada vez mayor frecuencia y ferocidad.


Cerca del 25% de los bomberos que combaten incendios forestales en California son reclusos.


El sargento Steven Reeder, uno de los oficiales correccionales en Delta, declaró en una entrevista para Democracy Now: “Los reclusos bombero son la columna vertebral del Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California. Se les dan las tareas más difíciles en las peores condiciones, 40 grados bajo el sol, con dos capas de ropa, cargando 20 kilos de equipos. Y tienen que cargar toda su comida y agua para una jornada de 24 horas, y luego manejar una herramienta todo el tiempo”.


El gobernador Brown también ha elogiado a los presos que trabajan como bomberos por sus heroicos esfuerzos en la lucha contra el fuego: “Quiero agradecerles personalmente a todos los bomberos que están en la primera línea, a los integrantes del Departamento de Protección contra Incendios de California, así como a la Guardia Nacional y a los miles de presos que también están en la primera línea luchando para proteger vidas y ayudando a que estos incendios culminen rápido”.


Los prisioneros que combaten incendios, con su lamentable salario de un dólar la hora, le hacen ahorrar al estado de California unos 100 millones de dólares al año según las estimaciones oficiales. Sid Turner, comandante de Delta Camp, declaró para Democracy Now: “Creo que deberían ganar más de un dólar la hora. Reciben ese mismo salario desde hace décadas”. Turner admitió que, si se redujera la población carcelaria, el sistema de bomberos se vería en problemas: “California necesita cuadrillas. Si no tuviéramos reclusos para cumplir ese papel, tendríamos que conseguir esa fuerza de trabajo en otra parte”. Y Cal Fire, la agencia de bomberos estatal, se está quedando sin fondos a pasos agigantados.


Marty Vinson, un preso afroestadounidense de 25 años de edad que estuvo en el campamento Delta durante dos meses, habló con Democracy Now! Cuando le preguntamos sobre cuánto ganaba, respondió: “Cuando estás combatiendo un incendio, un dólar la hora. Cuando estás en un día de trabajo normal, un dólar con 45 centavos por día”. Cuando le preguntamos si, como muchos otros, consideraba esas condiciones como trabajo esclavo, se rió nerviosamente, mientras el guardia nos miraba atento, y expresó: “Realmente no quiero llamarlo ‘trabajo esclavo’, pero de alguna manera lo siento así. Tiene que ver con la mentalidad, en qué pensamos al final del día. Sin importar si estamos encarcelados o libres, nos pagan un dólar la hora”.


Prisioneros y exprisioneros han declarado a Democracy Now! que un incentivo fundamental para participar de este peligroso trabajo es obtener una reducción del tiempo de sus condenas. Pueden obtener una reducción de dos días de la pena penitenciaria por cada día en un campamento de bomberos. Cabe destacar que, después de combatir incendios forestales durante años, estos prisioneros no pueden trabajar como bomberos cuando son liberados porque el departamento no admite exdelincuentes en sus filas.


El fin de semana pasado, decenas de miles de personas marcharon en San Francisco como parte de un día mundial de protesta para exigir medidas contra el cambio climático. Un elemento central de este movimiento contemporáneo es el concepto de justicia ambiental, que aborda el impacto diferencial del cambio climático sobre las distintas comunidades en función de la etnia, el estatus económico y el género. Tal vez el ejemplo más claro de eso sean las cuadrillas de bomberos en California, donde miles de prisioneros, en su mayoría personas pobres de color, reciben salarios de esclavo por arriesgar sus vidas combatiendo los voraces incendios, que el cambio climático ha hecho más frecuentes y más intensos.

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Los presos de EEUU ponen fin a la huelga y presionan por su derecho al voto

 

• theguardian

Tras 19 días de protesta en las prisiones de todo el país, los organizadores de la protesta confían en el restablecimiento del voto para exconvictos como una forma de impulsar la reforma penitenciaria
La protesta comenzó el 21 de agosto y no se han conocido muchos detalles, pero desde Florida y Carolina del Sur hasta el Estado de Washington hay informes de huelgas de hambre

Ed Pilkington
10/09/2018 - 20:51h

Este domingo, coincidiendo con el aniversario del levantamiento de 1971 en la cárcel de Attica (norte del Estado de Nueva York), los reclusos de las superpobladas cárceles estadounidenses pusieron fin a una huelga nacional que tenía, entre otros objetivos, la recuperación del voto para seis millones de estadounidenses despojados de sus derechos democráticos.
La protesta comenzó el 21 de agosto y no se han conocido muchos detalles, pero desde Florida y Carolina del Sur hasta el Estado de Washington hay informes de huelgas de hambre, boicots a las instalaciones y presos que se negaban a trabajar.
Ahora que la huelga terminó, los organizadores esperan poder mantener el empuje y satisfacer sus demandas, la restauración del voto entre ellas. Estados Unidos es el país con más presos del mundo ( 2,3 millones de personas entre rejas) y las leyes de sus estados están entre las más severas por la privación del voto a la que someten a los exconvictos.
Según los datos del Brennan Center for Justice, en 34 estados se prohíbe votar a los expresidiarios en función de las condenas que hayan cumplido. Los Estados de Kentucky, Florida y Iowa expulsan para siempre del proceso democrático a cualquiera que haya cometido un delito grave.
Los reclusos han empezado a unirse en la campaña por el voto como una forma de avanzar en la reforma penitenciaria. Jailhouse Lawyers Speak, la red informal de mujeres y hombres encarcelados que se puso al frente de la huelga de prisiones, está liderando esa campaña.
Cuando comenzaron la protesta, los organizadores de la huelga presentaron 10 demandas. La décima decía así: "Los derechos de voto de todos los ciudadanos encarcelados... deben contar. Exigimos tener representación. Todas las voces son importantes".
Ciudadanos de segunda
Eddie, un preso que lleva cumplidos 13 de los 18 años a los que lo condenaron por robo a mano armada en Carolina del Sur, dice que cuando le den la libertad, en 2023, será condenado al ostracismo: "Pagaré impuestos pero no podré votar". Hablando con un teléfono clandestino desde su celda, Eddie dice que la privación del derecho al voto convierte a los prisioneros en ciudadanos de segunda clase. "Es una forma de decirme que no soy un ciudadano de verdad", dice. "No tendré ni voz ni voto en el proceso político, ni en los destinos de la nación".
Eddie, que ha pedido ocultar su nombre verdadero para evitar represalias de las autoridades, forma parte del equipo de Jailhouse Lawyers Speak que coordinó la huelga. Dice que en su cárcel la mayor parte de la protesta se centró en boicotear las instalaciones que generaban ingresos para el servicio penitenciario, como los economatos y las máquinas expendedoras de la sala de visitas. En su prisión también hubo una negativa generalizada a trabajar, como en otros penales de Carolina del Sur. Para los reclusos en huelga, la obligación de trabajar en la cárcel a cambio de un salario minúsculo, o de nada, es una forma de esclavitud del siglo XXI.
La reacción de las autoridades, dice Eddie, fue mantener en sus celdas a los reclusos de las prisiones de máxima seguridad de Carolina del Sur. "Suspendieron todos los entretenimientos para que estuviéramos en nuestras celdas literalmente los 7 días de la semana y las 24 horas del día", dice. "Devolvían nuestras cartas, amenazaban con aislamiento solitario a cualquier preso que fuera vinculado con la huelga, y pintaron de negro las ventanas de nuestras celdas para que no tuviéramos ni idea de si era de día o de noche".
Dice que la intimidación no logró desanimarles ni disuadirles de planificar acciones futuras. Entre ellas, dice, una de las principales se centrará en recuperar el derecho al voto.
Los prisioneros más activistas y los que organizaban la huelga han denunciado más medidas de represalia. Kevin Rashid Johnson, autor de un artículo de opinión que el periódico The Guardian publicó al inicio de la huelga de cárceles, fue citado para comparecer el 10 de septiembre ante las autoridades de la prisión estatal de Sussex en Waverly (Virginia), donde lo encerraron en régimen de aislamiento.
Las injusticias del sistema
A Johnson le dijeron que a lo mejor lo trasladaban a otro penal, repitiendo el patrón de traslados por todo el país que vienen siguiendo con él, de prisión en prisión: de Virginia a Orégano, a Texas, a Florida y, de regreso, a Virginia. "Es una forma de represalia", dice su abogado, Dustin McDaniel. "Las autoridades se resisten a su forma de exponer las injusticias del sistema y a que haga trabajo de educación política con el resto de prisioneros, lo trasladan para tratar de neutralizarlo".
Los líderes de la huelga están dispuestos a sufrir más represalias pero también están trabajando en la campaña para restaurar el derecho al voto. Janos Marton, de la American Civil Liberties Union Campaign for Smart Justice (una organización que aspira a reducir a la mitad el número de presos de Estados Unidos), dice que uno de los principales logros de los 19 días de protestas fue poner en el candelero la privación del derecho al voto que sufren las personas que han cometido delitos graves.
"La organización de la huelga en todos los estados ha unido en una voz a los presos, movilizándoles hasta un nivel que no habíamos visto antes", dice. "Tras el fin de la huelga, el impacto más tangible de esa voz amplificada es el impulso específico sobre [la recuperación de] el derecho al voto".
Es probable que la privación del voto para millones de prisioneros sea uno de los temas candentes en las elecciones legislativas de noviembre. Los votantes de Florida tendrán que contestar si quieren o no introducir una enmienda a la Constitución del Estado para devolver el derecho al voto a las personas con condenas por delitos graves siempre y cuando hayan cumplido sus sentencias y completado los períodos de libertad condicional.
Florida es tradicionalmente uno de los estados grandes donde el voto no está definido, lo que lo convierte en clave para decidir elecciones presidenciales. En 2016, Donald Trump ganó en Florida con una mayoría de solo 113.000 votos sobre Hillary Clinton. Si devolvieran los derechos de voto a los exconvictos, unos 1,5 millones de ciudadanos del Estado volverían a figurar en el censo electoral.
En otros estados, hay funcionarios del partido republicano aplicando con tanto celo las leyes de privación del voto que incluso algunos exreclusos han vuelto a la cárcel simplemente por tratar de votar. Crystal Mason vuelve a la prisión federal de Texas el 13 de septiembre para pasar allí 10 meses de encierro porque emitió un voto provisional (en Estados Unidos, si un ciudadano asegura que tiene derecho a votar, la mesa electoral recibe la papeleta de forma provisional para incluirla en el recuento una vez verificada la afirmación del votante) en las elecciones presidenciales de 2016. No sabía que, como exdelincuente, le habían prohibido votar.

 

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Lunes, 10 Septiembre 2018 08:04

La física del capitalismo

La física del capitalismo

La gente tiende a pensar en el capitalismo en términos económicos. Karl Marx discutió que el capitalismo es un sistema político y económico que transforma la productividad del trabajo humano en grandes beneficios y rendimientos para aquellos quienes poseen los medios de producción [1].

Sus partidarios sostienen que el capitalismo es un sistema económico que promueve mercados libres y la libertad individual[2]. Y tanto detractores como defensores casi siempre miden el impacto del capitalismo en términos de riqueza, renta, salarios y precios, y oferta y demanda. Sin embargo, las economías humanas son complejos sistemas biofísicos que interactúan con un mundo natural más amplio, y ninguna puede ser completamente examinada sin tener en cuenta sus condiciones materiales subyacentes. Mediante la exploración de algunos de los conceptos fundamentales de la física, podemos desarrollar una mejor comprensión de cómo funcionan todos los sistemas económicos, incluyendo las formas en las que actividades capitalistas de alto consumo energético están cambiando la humanidad y el planeta.
Este artículo explicará cómo las características fundamentales de nuestra existencia natural y económica dependen de los principios de la termodinámica, la cual estudia las relaciones entre magnitudes como energía, trabajo y calor[3]. Una firme aprehensión de cómo funciona el capitalismo a nivel físico nos puede ayudar a entender por qué nuestro próximo sistema económico debería ser más ecológico, priorizando la estabilidad a largo plazo y la compatibilidad con la ecosfera global que sostiene a la humanidad.


Tal comprensión requiere un vistazo a algunas nociones centrales de la física. Estas incluyen: energía, entropía, disipación y las diversas leyes de la naturaleza que las unen. Los rasgos centrales de nuestra existencia natural, como organismos vivos y seres humanos, emergen de las interacciones colectivas descritas por estas realidades físicas esenciales. Aunque estos conceptos pueden ser difíciles de definir sin referencia a modelos y teorías específicos, sus atributos generales pueden ser esbozados y analizados para mostrar la poderosa interacción entre la física y la economía.


El intercambio de energía entre diferentes sistemas tiene una influencia decisiva en el orden, la fase y la estabilidad de la materia física. La energía puede ser definida como cualquier propiedad física conservada que pueda producir movimiento, como trabajo o calor, al ser intercambiada entre diferentes sistemas[4]. La energía cinética y la energía potencial son las dos formas más importantes de almacenamiento de energía. La suma de estas dos magnitudes se conoce como energía mecánica[5]. Un camión acelerando cuesta abajo en una autovía acumula una buena cantidad de energía cinética –esto es, energía asociada con el movimiento–. Un pedrusco tambaleándose al borde de un risco tiene mucha energía potencial, o energía asociada con la posición. Si se le da un leve empujón, su energía potencial se transformará en energía cinética por influencia de la gravedad y caerá. Cuando los sistemas físicos interactúan, la energía es transformada en muchas formas diferentes, pero su cantidad total siempre permanece constante. La conservación de la energía implica que el resultado total de todos los flujos energéticos y transformaciones debe ser equivalente a la cantidad de entrada.


Los flujos de energía entre diversos sistemas representan el motor del cosmos, y aparecen en todos los lugares, tan a menudo que difícilmente los detectamos. El calor fluye naturalmente de las regiones más cálidas a las más frías, de ahí que nuestro café se nos quede frío por la mañana. Las partículas se mueven de zonas de altas presiones a zonas de bajas presiones, y así es como el viento empieza a aullar. El agua viaja de regiones de alta energía potencial a regiones de baja energía potencial, haciendo que los ríos fluyan. Las cargas eléctricas viajan desde regiones de alto voltaje a regiones de escaso voltaje, y es así que las corrientes son desatadas a través de los conductores. El flujo de energía que atraviesa los sistemas físicos es uno de los rasgos más comunes de la naturaleza y, como estos ejemplos enseñan, los flujos de energía requieren de gradientes –diferencias de temperatura, presión, densidad u otros factores–. Sin estos gradientes, la naturaleza nunca daría flujos netos, todos los sistemas físicos permanecerían en equilibrio y el mundo sería inerte –y muy aburrido–. Los flujos de energía también son importantes en tanto que generan trabajo mecánico, que es cualquier desplazamiento macroscópico en respuesta a una fuerza[6]. Levantar una pesa y chutar un balón son sendos ejemplos de llevar a cabo trabajo mecánico en otro sistema. Un resultado importante de la física clásica iguala la cantidad de trabajo con la variación en la energía mecánica de un sistema físico, revelando una útil relación entre estas dos variables[7].


Aunque los flujos de energía puedan producir trabajo, raramente lo hacen de manera eficiente. Sistemas macroscópicos grandes, como camiones o planetas, pierden o ganan energía mecánica habitualmente mediante sus interacciones con el mundo exterior. El protagonista en este gran drama es la disipación, definida como cualquier proceso que reduzca parcialmente o elimine completamente la energía mecánica disponible de un sistema físico, convirtiéndola en calor u otros productos[8]. Al interactuar con el ambiente exterior, los sistemas físicos suelen perder energía mecánica con el paso del tiempo, por fricción, difusión, turbulencia, vibraciones, colisiones y otros efectos disipativos, impidiendo cada uno de ellos que cualquier fuente de energía se convierta completamente en trabajo mecánico. Un ejemplo sencillo de disipación es el calor producido cuando nos frotamos las manos rápidamente. En el mundo natural, los flujos de energía macroscópicos están acompañados frecuentemente por pérdidas disipativas de un tipo u otro. Los sistemas físicos capaces de disipar energía son proclives a ricas y complejas interacciones, haciendo de la disipación una característica central del orden natural. Es difícil de imaginar un mundo sin disipación y sin las interacciones que la hacen posible. Si la fricción desapareciera repentinamente del mundo, la gente se resbalaría y se deslizaría por todos lados. Nuestros coches serían inútiles, como la idea misma de transportarse, porque las ruedas y otros aparatos mecánicos no tendrían ninguna adherencia al suelo u a otras superficies. Nunca seríamos capaces de darnos la mano o mecer a nuestros bebes. Nuestros cuerpos se deteriorarían rápidamente y perderían su estructura interna. El mundo sería extraño e irreconocible.


La disipación está estrechamente relacionada con la entropía, uno de los conceptos más importantes en termodinámica. Mientras que la energía mide el movimiento producido por sistemas físicos, la entropía rastrea el modo en que la energía es distribuida por el mundo natural. La entropía tiene varias definiciones estándar en física, todas ellas básicamente equivalentes. Una definición popular en termodinámica clásica afirma que la entropía es la cantidad de energía térmica por unidad de temperatura que se vuelve no disponible para trabajo mecánico durante un proceso termodinámico[9]. Otra notable definición proviene de la física estadística, que observa cómo las partes microscópicas de la naturaleza se pueden unir para producir resultados grandes, macroscópicos. En esta versión estadística, la entropía es una medida de las diversas formas en que los estados microscópicos dentro de un sistema más grande pueden ser reorganizados sin cambiar ese sistema[10]. Para un ejemplo concreto, piensa en un gas típico y un sólido típico en equilibrio. La energía se distribuye de manera muy distinta en estas dos fases de la materia. El gas tiene mayor entropía que el sólido porque las partículas del primero tienen bastantes más configuraciones de energía posibles que los lugares atómicos fijos en sólidos y cristales, los cuales tienen solo un pequeño rango de configuraciones de energía que preserven su orden fundamental[11]. Debemos enfatizar que el concepto de entropía no se aplica a ninguna configuración específica de materia macroscópica, sino que se aplica como limitación al número posible de configuraciones que un sistema macroscópico puede tener en equilibrio.


La entropía tiene una profunda conexión con la disipación a través de una de las leyes más importantes de la termodinámica, la cual reza que los flujos térmicos nunca pueden ser completamente convertidos en trabajo[12]. Las interacciones disipativas aseguran que los sistemas físicos siempre pierdan algo de energía en forma de calor en cualquier proceso termodinámico natural en el que la fricción y otros efectos similares estén presentes. Ejemplos reales de estas pérdidas termodinámicas incluyen las emisiones de los motores de coche, corrientes eléctricas que se encuentran con resistencia y capas de fluidos que interactúan experimentando viscosidad. En termodinámica, estos fenómenos son frecuentemente considerados como irreversibles. La continua producción de energía térmica por fenómenos irreversibles merma gradualmente las existencias de energía mecánica que los sistemas físicos pueden explotar. De acuerdo a la definición de entropía, el agotamiento de energía mecánica útil implica generalmente que la entropía aumente. Dicho formalmente, la consecuencia más importante de cualquier proceso irreversible es el aumento de la entropía combinada de un sistema físico y sus alrededores. En un sistema aislado, la entropía continúa creciendo hasta que alcanza algún valor máximo, momento en el que el sistema se queda en equilibrio. Para aclarar este último concepto, imagina un gas rojo y un gas azul separados por una pared en un contenedor sellado. Retirar la pared permite que los dos gases se mezclen. El resultado sería un gas de color morado y esa configuración equilibrada representaría el estado máximo de entropía. También podemos relacionar la disipación con la noción de entropía en física estadística. La proliferación de energía térmica a través de sistemas físicos cambia el movimiento de sus moléculas en algo más aleatorio y disperso, incrementando el número de microestados que pueden representar las propiedades macroscópicas del sistema. En sentido amplio, la entropía puede ser vista como la tendencia de la naturaleza a reconfigurar estados de energía en distribuciones que disipan energía mecánica.


La descripción tradicional de entropía que se ha dado más arriba se aplica en el marco de la termodinámica del equilibrio. Pero en el mundo real, los sistemas físicos raramente existen a temperaturas fijas, en perfectos estados de equilibrio o en aislamiento total del resto del universo. El campo de la termodinámica del no equilibrio examina las propiedades de sistemas termodinámicos que operan lo suficientemente alejados del equilibrio, como organismos vivos o bombas explosivas. Los sistemas no equilibrados son la savia del universo; hacen al mundo dinámico e impredecible. La termodinámica moderna sigue siendo una obra inconclusa, pero ha sido usada para estudiar con éxito un amplio espectro de fenómenos, incluyendo flujos térmicos, la interacción entre gases cuánticos, estructuras disipativas e incluso el clima global[13]. No hay definición universalmente aceptada de entropía en condiciones de desequilibrio, aunque los físicos han ofrecido varias propuestas[14]. Todos ellos incluyen el tiempo al analizar interacciones termodinámicas, permitiéndonos determinar, no solo si la entropía aumenta o disminuye, sino también cuán rápido o lento cambian los sistemas físicos en su camino hacia el equilibrio. Los principios de la termodinámica moderna son, por tanto, esenciales para ayudarnos a entender el comportamiento de los sistemas del mundo real, la vida misma incluída.


El objetivo físico central de toda forma de vida es evitar el equilibrio termodinámico con el resto de su entorno mediante la disipación continua de energía, como sugirió el físico Erwin Schrödinger en la década de los 40, cuando usó la termodinámica del no equilibrio para estudiar los rasgos clave de la biología[15]. Podemos denominar a este objetivo vital como el imperativo entrópico. Todos los organismos vivos consumen energía de un ambiente externo, la usan para avivar procesos e interacciones bioquímicos vitales y entonces disipar la mayor parte de la energía consumida de nuevo al ambiente. La disipación de energía a un ambiente externo permite a los organismos conservar el orden y la estabilidad de sus propios sistemas bioquímicos. Las funciones esenciales de la vida dependen de esta estabilidad entrópica de manera crítica, incluyendo funciones como la digestión, la respiración, la división celular y la síntesis de proteínas. Lo que hace única a la vida en tanto que sistema físico es la auténtica variedad de métodos de disipación que ha desarrollado, como la producción de calor, la emisión de gases y la expulsión de residuos. Esta capacidad generalizada para disipar energía es lo que ayuda a la vida a sostener el imperativo entrópico. De hecho, el físico Jeremy England ha discutido que los sistemas físicos en baño caliente inundado con grandes cantidades de energía pueden tender a disipar más energía[16]. Esta “adaptación motivada por la disipación” [dissipation-driven adaptation] puede llevar al surgimiento espontáneo de orden, reproducción y autoensamblaje entre unidades microscópicas de materia, aportando una pista potencial hacia la dinámica misma del origen de la vida. Los organismos también usan la energía que consumen para llevar a cabo trabajo mecánico como, por ejemplo, caminar, correr, escalar o escribir en un teclado. Aquellos organismos con acceso a muchas fuentes de energía pueden realizar más trabajo y disipar más energía, satisfaciendo las condiciones centrales de la vida.


Del mismo modo, las relaciones termodinámicas entre energía, entropía y disipación imponen poderosas constricciones en el comportamiento y la evolución de los sistemas económicos[17]. Las economías son sistemas dinámicos y emergentes forzados a funcionar de ciertas maneras debido a las condiciones sociales y ecológicas que les subyacen. En este contexto, las economías son sistemas de no equilibrio, capaces de disipar rápidamente energía a algún ambiente externo. Todos los sistemas dinámicos ganan fuerza de alguna reserva energética, alcanzan picos de intensidad mediante la absorción de un suministro regular de energía, y entonces se deshacen de los cambios internos y externos que o bien perturban flujos vitales de energía o bien hacen imposible continuar disipando más energía. Pueden incluso llegar a experimentar ondulaciones a largo plazo, creciendo por un tiempo y luego encogiéndose, volviendo entonces a crecer de nuevo antes de colapsar finalmente. Las interacciones entre sistemas dinámicos pueden producir resultados altamente caóticos, pero las expansiones y contracciones de energía son los rasgos esenciales de todos los sistemas dinámicos. La energía consumida por todos los sistemas económicos o es convertida en trabajo mecánico y los productos físicos de ese trabajo, o es simplemente desaprovechada y disipada al medio ambiente. Podemos definir la eficiencia colectiva de un sistema económico como la fracción de toda la energía consumida dirigida a crear trabajo mecánico y energía eléctrica. Las economías que incrementan la cantidad de trabajo mecánico que generan son capaces de producir más bienes y servicios. Pero por muy importante que pueda ser, el trabajo mecánico representa una fracción relativamente pequeña del uso total de energía en cualquier economía; la gran mayoría de energía consumida por todas las economías es despilfarrada rutinariamente en el medio ambiente a través de residuos, disipación y otros tipos de pérdida energética.


Históricamente, el crecimiento económico ha estado en gran medida supeditado a que la gente consumiera más energía de sus entornos naturales[18]. Cuando los humanos eran cazadores y recolectores, el principal recurso que realizaba trabajo mecánico era el músculo humano[19]. Nuestro estilo de vida nómada se mantuvo durante unos 200.000 años, aunque padeció significativas interrupciones tras la Edad de Hielo. A lo largo de milenios, las condiciones ecológicas cambiantes por todo el mundo forzaron a numerosos grupos a adoptar estrategias agrícolas y pastoriles. Las economías agrarias dependían considerablemente de plantas cultivadas y animales domesticados para facilitar la generación de excedentes de alimentos y de otros bienes y recursos. Estos modos de consumo y producción agrarios dominaron en las sociedades humanas durante casi diez mil años, pero con el tiempo fueron reemplazados por un nuevo sistema económico. El capitalismo surgió y se extendió gracias a la expansión colonial, las olas industrializadoras, la proliferación de enfermedades epidémicas, las campañas genocidas contra poblaciones indígenas y el descubrimiento de nuevas fuentes de energía.


La economía global se ha vuelto desde entonces un sistema interconectado de finanzas, ordenadores, fábricas, vehículos, máquinas y mucho más. Crear y mantener este sistema requirió de una gran transición que aumentó la tasa de producción energética a partir de nuestros entornos naturales. En nuestros días nómadas, el índice diario de consumo energético per cápita rondaba las 5.000 kilocalorías[20]. En 1850, el consumo per cápita había aumentado hasta prácticamente 80.000 kilocalorías cada día y desde entonces se ha hinchado hasta alcanzar, hoy, alrededor de unas 250.000 kilocalorías[21]. Desde la perspectiva de la física, el rasgo fundamental de todas las economías capitalistas es una tasa excesiva de consumo de energía centrada en estimular el crecimiento económico y los excedentes materiales. El despliegue colectivo de bienes capitales puede generar niveles increíbles de trabajo mecánico, permitiendo a la gente producir más, viajar grandes distancias y levantar objetos pesados, entre otras actividades. El capitalismo es de lejos más intensivo en energía que cualquier otro sistema económico previo, y ha provocado consecuencias ecológicas sin precedentes que pueden amenazar su misma existencia. Todavía queda sin saber durante cuánto tiempo puede la humanidad sostener las actividades del capitalismo intensivas en energía, pero no hay duda de que la fantasía del crecimiento ilimitado y beneficios fáciles no puede continuar. Todos los sistemas dinámicos deben llegar a un final en algún momento.


Durante los últimos dos siglos, ineficientes economías capitalistas han descargado grandes cantidades de pérdidas energéticas a sus entornos naturales en forma de residuos, químicos, sustancias contaminantes y gases de efecto invernadero. El efecto agregado de todos estos residuos y disipación ha sido, fundamentalmente, alterar flujos de energía críticos por toda la ecosfera, desencadenando una gran crisis social y ecológica en el mundo natural. Esta crisis socioecológica está aún en sus primeras fases, pero ya ha engendrado desastres como la deforestación, el calentamiento global, la acidificación de los océanos y sustanciales pérdidas de biodiversidad[22].


Salvo que haya cambios revolucionarios en nuestro sistema económico, esta crisis solo continuará y se intensificará. Mientras esto ocurre, la acumulación de problemas en el mundo natural amenaza la viabilidad a largo plazo de la civilización global. Los productos que disipamos al medio ambiente pueden ser inútiles para nosotros, pero frecuentemente sirven como reservas de energía para otros sistemas dinámicos. Las pérdidas de energía suelen tener un efecto amplificado sobre la civilización humana, es decir, que sus verdaderos costes son mucho mayores de lo que se puede ver o entender superficialmente. Considérense las condiciones insalubres en ciudades a lo largo de la historia. Las ciudades de las economías premodernas eran típicamente sucias, con basura y deshechos llenando muchos espacios públicos. Esas pérdidas energéticas, empero, fueron una fuente crítica de alimento y nutrientes para una gran variedad de otros organismos vivientes, especialmente insectos y demás animales pequeños que podían sobrevivir en medio de la civilización humana. Cuando estas criaturas se convirtieron en huéspedes de enfermedades letales, la basura humana ayudó a concentrar sus números precisamente en los peores lugares: zonas de alta densidad como las ciudades. En consecuencia, las epidemias normalmente generaron muchas más muertes de las que habrían provocado de otro modo, con la carnicería inconcebible de la peste negra como ejemplo primordial[23]. Hoy día nos enfrentamos a nuestras propias versiones de este antiguo problema, pero a una escala mucho mayor. Hay varios tipos de gases en la atmósfera, conocidos como gases de efecto invernadero, capaces de absorber la radiación calórica que se dirige hacia afuera[24]. Cuando estos gases en la atmósfera atrapan y emiten la radiación de vuelta a la superficie del planeta, grandes cantidades de fotones excitan a los electrones, átomos y moléculas en la superficie hacia mayores niveles energéticos en un proceso llamado efecto invernadero. Estas excitaciones y fluctuaciones adicionales a nivel microscópico representan colectivamente el calor que experimentamos a nivel macroscópico. El efecto invernadero es crítico en el sentido de que hace a la tierra lo suficientemente cálida como para ser habitable[25]. Durante las dos últimas centurias, sin embargo, los países ricos e industrializados han reforzado este proceso natural mediante la inyección en la atmósfera de grandes cantidades de nuevos gases de efecto invernadero, causando, en consecuencia, mayor calentamiento global. Este reforzamiento artificial del efecto invernadero suele actuar como una poderosa reserva energética para otros sistemas dinámicos y fenómenos naturales, incluyendo tormentas, inundaciones, sequías, ciclones, incendios, insectos, virus, bacterias y proliferación de algas[26].


Un planeta en calentamiento también podría reforzar mecanismos positivos de retroalimentación en el clima, capaces de inducir incluso más calentamiento, más allá del que es ya causado por nuestras emisiones de efecto invernadero. Estos mecanismos, como el derretimiento de hielo marino y la descongelación del permafrost, permitirían al planeta absorber mucha más energía solar mientras naturalmente emite vastas cantidades de gases de efecto invernadero[27]. El caos resultante haría que cualquier intento humano por mitigar el calentamiento global fuera en vano. Justo esto es lo que debería preocuparnos: el caos que estamos desatando en el planeta mediante el sistema capitalista encontrará un manera de producir un nuevo orden, uno que amenace a la civilización misma. Mientras el capitalismo se extienda, la crisis ecológica se agravará. Los cada vez más intensos sistemas dinámicos de la naturaleza interactuarán más con nuestras civilizaciones y podrían interrumpir severamente los flujos de energía vitales que sostienen la reproducción social y las actividades económicas. Las regiones con alta densidad poblacional que están a merced de desastres naturales recurrentes son especialmente vulnerables. El ciclón Bhola mató alrededor de 500.000 personas cuando golpeó Pakistán del Este en 1970, provocando una serie de protestas y disturbios masivos que culminaron en una guerra civil y contribuyeron a la creación de un nuevo país, Bangladesh[28]. Numerosos estudios han concluido que la peor sequía que Siria ha sufrido en casi mil años ha sido parcialmente culpable de las tensiones políticas y sociales que culminaron en la actual guerra civil[29]. El clima es un sistema dinámico resiliente, capaz de asimilar muchos cambios físicos distintos, pero esta resiliencia tiene sus límites, y la humanidad se encontrará en graves problemas si sigue intentando transgredirlos.


Estos argumentos destacan una de las grandes fallas de la teoría económica moderna: carece de fundamento científico. Las filosofías económicas ortodoxas, desde el monetarismo hasta la síntesis neoclásica, se centran en describir los efímeros rasgos financieros del capitalismo, confundiéndolos por leyes de la naturaleza inmutables y universales. La teoría económica capitalista ha sido en su mayor parte transformada en una filosofía metafísica cuyo objetivo no es proveer de fundamentos científicos a la economía, sino producir propaganda sofisticada, diseñada para proteger la riqueza y el poder de una élite global. Cualquier explicación científica de la economía debe comenzar por darse cuenta de que los flujos energéticos y las condiciones ecológicas ––no la “mano invisible” del mercado–– dictan los parámetros macroscópicos a largo plazo de todas las economías. Importantes contribuciones en esta línea han venido del campo de la economía ecológica, especialmente de los trabajos seminales de los economistas Nicholas Georgescu-Roegen y Herman Daly, aunque también del ecologista de sistemas Howard Odum[30]. El propio Marx incorporó preocupaciones ecológicas en su pensamiento político y económico[31]. Las aportaciones de estos y otros pensadores revelaron que los rasgos económicos del mundo son propiedades emergentes moldeadas por realidades físicas y condiciones ecológicas subyacentes; entenderlas resulta crítico para cualquier comprensión de la economía.


El pensamiento ecológico difiere de las escuelas ortodoxas de economía de varias maneras fundamentales. La más importante es que la teoría ecológica sostiene que no podemos concebir los residuos y las pérdidas disipativas como “externalidades” y “el coste de hacer negocios” dado cuán importantes estas pérdidas energéticas pueden ser a la hora de moldear la evolución de los sistemas económicos. Lo que los economistas mainstream denominan “externalidades” incluye los productos físicos que tiramos al medio ambiente –cualquier cosa desde contaminantes y basura de plástico hasta químicos tóxicos y gases de efecto invernadero–. Las consecuencias de pérdidas extremas de energía pueden tener un efecto profundo en la futura evolución de los sistemas dinámicos. Como continuamente señalan los científicos, las pérdidas de energía de nuestras economías modernas son tan grandes e intensas que están empezando a alterar de manera fundamental los flujos energéticos de toda la ecosfera, desde el robustecimiento del efecto invernadero hasta el cambio de la química de los océanos. Algunas de estas nuevas concentraciones de energía actúan entonces como reservas que impulsan la formación y funcionamiento de otros sistemas dinámicos, los cuales a menudo perturban las actividades normales de la civilización. He ahí la razón fundamental de que nuestras acciones económicas no puedan ser escindidas del mundo natural: si los efectos asociados con nuestras pérdidas energéticas se tornan lo suficientemente poderosos como para destruir las funciones normales de nuestras civilizaciones, entonces ninguna clase de políticas económicas ingeniosas nos salvará de la ira de la naturaleza.


La mayoría de gente hoy en el poder cree que puede administrar cuidadosamente el capitalismo y prevenir los peores efectos de la crisis ecológica. Una corriente popular de optimismo tecnológico sostiene que la innovación puede resolver los problemas ecológicos fundamentales que enfrenta la humanidad. Han sido propuestas diversas soluciones para arreglar nuestras calamidades ecológicas, desde la adopción de fuentes de energía renovables hasta programas más estrafalarios, como la captura y almacenamiento de carbono. Todas estas ideas comparten la presunción de que el capitalismo por sí mismo no tiene que cambiar, porque las soluciones tecnológicas estarán siempre disponibles para cumplir con más crecimiento económico y un medio ambiente más sano. Desde Beijing a Silicon Valley, los tecnocapitalistas disfrutan discutiendo que el capitalismo puede seguir marchando mediante ganancias en eficiencia energética[32]. La última razón por la que esta estrategia fallará en el largo plazo es que la naturaleza impone límites físicos absolutos a la eficiencia que ningún grado de progreso tecnológico puede superar. El colapso reciente de la Ley de Moore debido a efectos cuánticos es un ejemplo destacado[33]. Otro es la barrera en la eficiencia que el ciclo de Carnot supone para todos los motores de calor prácticos[34].


Pero nuestras preocupaciones más acuciantes tienen que ver con las relaciones subyacentes entre innovación tecnológica y crecimiento económico. La fe en las soluciones tecnológicas nos ayuda a alcanzar mayor innovación tecnológica y crecimiento económico, aumentando las demandas totales sobre el mundo biofísico y la disipación asociada con el sistema capitalista. Podemos examinar estas relaciones mirando, en primer lugar, cómo la gente y los sistemas económicos responden a aumentos de eficiencia. Para tener una idea de si el capitalismo puede aportar grandes mejoras en eficiencia tenemos que desarrollar una teoría general que explique cómo la eficiencia colectiva de nuestros sistemas económicos cambia a lo largo del tiempo.


Cuando mejora la eficiencia del combustible, a menudo conducimos mayores distancias. Cuando la electricidad se vuelve más barata, encendemos más electrodomésticos. Incluso aquellos que, orgullosos, ahorran energía en casa a través del reciclaje, del compostaje y otras actividades, están más que felices de subirse a un avión y volar por medio mundo en sus vacaciones. La gente suele ahorrar en un área y lo intercambia por gastos en otra. Lo que acabamos haciendo con las ganancias en eficiencia puede ser a veces igual de importante que las ganancias mismas. En estudios ecológicos, este fenómeno es generalmente conocido como la paradoja de Jevons, la cual revela que los pretendidos efectos de las mejoras en eficiencia no siempre se materializan[35]. Formulada por primera vez a mediados del siglo XIX por el economista británico William Stanley Jevons, la paradoja afirma que los aumentos en eficiencia energética son generalmente usados para la acumulación y la producción, llevando a un consumo mayor de los mismos recursos que las mejoras en eficiencia pretendían conservar. Promover la eficiencia lleva a bienes y servicios más baratos, lo cual estimula aún más la demanda y el gasto, implicando el consumo de más energía[36]. Jevons describió por primera vez este efecto en el contexto del carbón y la máquina de vapor. Observó que los avances en eficiencia de las máquinas de vapor habían incentivado más el consumo de carbón en Inglaterra, implicándose de ello que, en realidad, un aumento de eficiencia energética no producía ahorros de energía.


Variantes de esta paradoja son conocidas en economía como el efecto rebote. La mayoría de economistas aceptan que algunas versiones del efecto son reales, pero no están de acuerdo sobre el tamaño y alcance del problema. Algunos creen que los efectos rebote son irrelevantes, arguyendo que las mejoras en eficiencia estimulan menores niveles de consumo energético en el largo plazo[37]. En una exhaustiva revisión de la literatura en la materia, el UK Energy Research Center determinó que las versiones más extremas del efecto rebote probablemente no se apliquen a las economías desarrolladas. Sin embargo, también discutieron que aún podían ocurrir grandes efectos rebote que atravesaran nuestras economías. Llegaron a la siguiente conclusión: “sería un error asumir que (...) los efectos rebote son tan pequeños que pueden ser ignorados. Bajo ciertas circunstancias (por ejemplo, tecnologías energéticamente eficientes que mejoren significativamente la productividad de industrias intensivas en energía), los efectos rebote que alcancen toda la economía pueden exceder el 50%, y podrían incrementar potencialmente el consumo de energía a largo plazo”[38]. El hecho de que efectos rebote significativos que alcancen toda la economía sean posibles nos debería hacer reflexionar sobre la utilidad de estrategias alrededor de la eficiencia en el combate contra la crisis ecológica y el cambio climático. De hecho, todo este argumento oscurece una incertidumbre más importante: el problema de si las mejoras en eficiencia puede llegar lo suficientemente rápido como para aliviar las peores consecuencias de la crisis ecológica, las cuales todavía van por delante de nosotros. Dadas las mecánicas e incentivos del capitalismo, deberíamos tener cuidado con el actual encaprichamiento respecto al optimismo de la eficiencia.


Es común que los sistemas económicos usen nuevas fuentes de energía para expandir la producción, el consumo y la acumulación, no para mejorar fundamentalmente la eficiencia. Desde el cultivo de plantas y la domesticación de animales a la quema de combustibles fósiles y la invención de la electricidad, el manejo y descubrimiento de nuevas fuentes de energía ha producido generalmente más sociedades intensivas en energía. Aunque cualquier sistema económico puede ganar en eficiencia, esto es incidental y secundario respecto al objetivo más amplio de la acumulación. La eficiencia total de un sistema económico es altamente inercial, cambiando con gran lentitud. Vemos este exacto proceso desarrollándose ahora con las emisiones de gases de efecto invernadero, a pesar de que la crisis ecológica se extiende bastante más allá de esta problemática. Líderes políticos y empresariales han esperado durante años que el progreso tecnológico nos entregue, de algún modo, mayores índices de crecimiento económico y una acentuada reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Las cosas no han ido según el plan. El año 2017 vio un aumento global sustancial de emisiones dañinas, desafiando incluso la más modesta de las metas del Acuerdo de París[39]. Incluso antes de esto, Naciones Unidas había advertido de una brecha “inaceptable” entre las promesas gubernamentales y la reducción de emisiones necesarias para prevenir algunas de las peores consecuencias del cambio climático[40]. Los retos por estimular la eficiencia son más aparentes cuando vemos el capitalismo a escala global: aunque muchos países desarrollados hayan tomado medidas modestas pero mensurables en su eficiencia colectiva, esas ganancias han sido socavadas por las economías en desarrollo aún en el proceso de industrialización[41]. Evidentemente, los cambios sustanciales en la eficiencia colectiva de cualquier sistema económico raramente se materializan en periodos cortos de tiempo. El crecimiento tecnológico bajo el régimen capitalista entregará algún progreso adicional en eficiencia, pero ciertamente no suficiente para prevenir las peores consecuencias de la crisis ecológica.


Una de las mejores formas de comprender la inercia de la eficiencia colectiva es comparar la eficiencia energética bajo el capitalismo con aquella durante los días nómadas de la humanidad, hace más de diez mil años. Recuérdese que los músculos humanos realizaban la mayoría del trabajo en las sociedades nómadas, y la eficiencia de los músculos es de alrededor del 20 por ciento, puede que mucho más, bajo circunstancias especiales[42]. En comparación, la mayoría de los motores de combustión a gasolina tienen una eficiencia de aproximadamente el 15 por ciento, las centrales eléctricas basadas en la quema de carbón tienen una media global en torno al 30 por ciento, y la gran mayoría de células fotovoltaicas comerciales rondan entre el 15 y el 20 por ciento[43]. Todas estas cifras varían dependiendo de una amplia variedad de condiciones físicas, pero cuando se trata de eficiencia, podemos concluir sin problemas que los activos dominantes del capitalismo difícilmente lo hacen mejor que los músculos humanos, incluso después de tres siglos de rápido progreso tecnológico. Coste y conveniencia son las razones principales de por qué la innovación tecnológica funciona de este modo, enfatizando el resultado mecánico y la escala de la producción a expensas de la eficiencia. Grandes mejoras en eficiencia son extremadamente difíciles de conseguir en ambos sentidos, físico y económico. De vez en cuando, aparece un James Watt o un Elon Musk con un increíble invento, pero tales productos no representan la economía por entero. La máquina de vapor de Watt fue una gran mejora respecto a modelos anteriores, pero su eficiencia térmica fue, como mucho, del 5 por ciento[44]. Y aunque los motores Tesla de Musk tienen una eficiencia operativa fenomenal, la electricidad que se necesita para hacerlos funcionar proviene de fuentes mucho más ineficientes, como las centrales térmicas a carbón. Si conduces un Tesla por Ohio o Virginia Occidental, las fuentes sucias de energía que lo hacen funcionar implican que tu asombroso producto tecnológico produce prácticamente las mismas emisiones de carbono que un Honda Accord[45]. La eficiencia colectiva de las economías capitalistas permanece relativamente baja porque estas economías están interesadas en hacer crecer sus niveles de producción y beneficios, no en hacer las gigantescas inversiones necesarias para mejoras significativas en eficiencia.


En noviembre de 2017, un grupo de 15.000 científicos de más de 180 países firmaron una carta haciendo sonar las alarmas sobre la crisis ecológica y lo que nos espera en el futuro[46]. Su pronóstico fue desalentador y sus propuestas –intencionalmente o no– equivalían a un rechazo indiscriminado del capitalismo moderno. Entre sus muchas recomendaciones útiles se encontraba una llamada a “revisar nuestra economía para reducir la desigualdad de riqueza y asegurar que los precios, la fiscalidad y los sistemas de incentivos tienen en cuenta los costes reales que los patrones de consumo imponen sobre nuestro medio ambiente”. Nuestro problema fundamental es fácil de formular: la civilización moderna usa demasiada energía. Y la solución a este problema es igualmente fácil de formular, pero muy difícil de implementar: la humanidad debe reducir el ritmo de consumo energético que ha prevalecido en el mundo moderno. El mejor modo de aminorar ese ritmo no es por medio de alucinaciones mesiánicas de progreso tecnológico, sino mediante la ruptura de las estructuras e incentivos del capitalismo, con sus impulsos por el beneficio y la producción, y estableciendo un nuevo sistema económico que priorice un futuro compatible con nuestro mundo natural.


Los gobiernos y los movimientos populares alrededor del planeta deberían desarrollar e implementar medidas radicales que nos ayudaran a mover a la humanidad desde el capitalismo hacia el ecologismo. Estas medidas habrían de incluir impuestos punitivos y límites a la riqueza extrema, la nacionalización parcial de las industrias intensivas en energía, la vasta redistribución de bienes económicos y recursos a las gentes pobres y oprimidas, restricciones periódicas en el uso de activos capitales y sistemas tecnológicos, grandes inversiones públicas en tecnologías de energías renovables más eficientes, bruscas reducciones de la jornada laboral, y puede que incluso la adopción de veganismo masivo en los países industrializados para que dejen de depender de los animales en la producción de comida. Las prioridades económicas del proyecto ecológico deben concentrarse en mejorar nuestra actual calidad de vida, no en tratar de generar niveles altos de crecimiento económico para estimular beneficios capitalistas. Si la civilización humana ha de sobrevivir por miles de años y no solo durante un par de siglos más, entonces debemos contraer drásticamente nuestras ambiciones económicas y, en su lugar, centrarnos en la mejora de calidad de vida en nuestras comunidades, incluyendo nuestra comunidad con la naturaleza. Antes que intentar dominar el mundo natural, debemos cambiar de rumbo y coexistir con él.

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[1] Karl Marx, Capital, vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 929–30.
[2] Edward W. Younkins, Capitalism and Commerce (Nueva York: Lexington, 2002), 57.
[3] Peter Atkins, Four Laws That Drive the Universe (Oxford: Oxford University Press, 2007), prefacio.
[4] Robert L. Lehrman, “Energy Is Not the Ability to Do Work”, Physics Teacher, 11, no. 1 (1973): 15–18.
[5] Larry Kirkpatrick y Gregory E. Francis, Physics: A Conceptual Worldview(Boston: Cengage, 2009), 124.
[6] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 23.
[7] Debora M. Katz, Physics for Scientists and Engineers, vol. 1 (Boston: Cengage, 2016), 264.
[8] William Thomson, “On a Universal Tendency in Nature to the Dissipation of Mechanical Energy,” en Proceedings of the Royal Society of Edinburgh, 3 (Edimburgo: Neill and Company, 1857), 139–42.
[9] Douglas C. Giancoli, Physics for Scientists and Engineers (Londres: Pearson, 2008), 545.
[10] John M. Seddon y Julian D. Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics(Londres: Royal Society of Chemistry, 2001), 60–65.
[11] Seddon y Gale, Thermodynamics and Statistical Mechanics, 65.
[12] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 53.
[13] Para las famosas relaciones recíprocas que describen flujos térmicos, véase Lars Onsager, “Reciprocal Relations in Irreversible Processes I”, Physical Review Journals, 37 (1931): 405–26. Fue principalmente por este trabajo por el que Onsager ganó el Nobel de Química en 1968. Para un estudio de gases cuánticos de Bose en una trampa unidimensional, véase Miguel Ángel García-March et al, “Non-Equilibrium Thermodynamics of Harmonically Trapped Bosons”, New Journal of Physics, 18 (2016): 1030–35. Para una revisión exhaustiva de la termodinámica moderna y una explicación de las estructuras disipativas, la cual le dió a Ilya Prigogine su Premio Nobel, véase Dilip Kondepudi y Ilya Prigogine, Modern Thermodynamics (Hoboken: Wiley, 2014), 421–41. En 2009, Alex Kleidon escribió un relevante estudio teórico y revisión del sistema climático usando termodinámica del no equilibrio. Véase Alex Kleidon, “Nonequilibrium Thermodynamics and Maximum Entropy Production in the Earth System”, Science of Nature, 96 (2009): 1–25.
[14] Según una señera idea del físico Phil Attard, la entropía es vista como el número de configuraciones de partículas asociadas con una transición física en un periodo determinado. Véase Phil Attard, “The Second Entropy: A General Theory for Non-Equilibrium Thermodynamics and Statistical Mechanics”, Physical Chemistry, 105 (2009): 63–173. El que posiblemente sea el más riguroso modelo de entropía a nivel técnico, la imagina como un conjunto de dos funciones que describen los cambios que ocurren entre una clase restringida de sistemas de no equilibrio. Véase Elliott H. Lieb and Jakob Yngvason, “The Entropy Concept for Non-Equilibrium States”, Proceedings of the Royal Society, A, 469 (2013): 1–15. El físico Karo Michaelian ha dado una intuitiva definición de entropía, entendiéndola como el ritmo al cual los sistemas físicos exploran los microestados de energía disponibles (“Thermodynamic Dissipation theory for the origin of life”, Earth System Dynamics (2011): 37–51).
[15] Erwin Schrödinger, What Is Life? The Physical Aspect of the Living Cell (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1945), 35–65.
[16] Natalie Wolchover, “A New Physics Theory of Life”, Quanta Magazine, January 22, 2014.
[17] Carsten Hermann-Pillath, “Energy, Growth, and Evolution: Towards a Naturalistic Ontology of Economics”, Ecological Economics, 119 (2015): 432–42.
[18] Numerosos estudios alrededor del mundo han mostrado una poderosa relación entre uso de energía y crecimiento económico. Para un análisis de la relación estadística entre uso de energía y crecimiento del PIB mundial, véase Rögnvaldur Hannesson, “Energy and GDP growth”, International Journal of Energy Management, 3 (2009): 157–70. Para un importante estudio sobre la vinculación entre energía y renta en ciertos países asiáticos, John Asafu-Adjaye, “The Relationship Between Energy Consumption, Energy Prices, and Economic Growth: Time Series Evidence from Asian Developing Countries”, Energy Economics, 22 (2000): 615–25. Para una revisión general de las maneras en que el uso de energía ha determinado la historia humana, véase Vaclav Smil, Energy and Civilization (Cambridge: MIT Press, 2017).
[19] Vaclav Smil, Energy in Nature and Society (Cambridge: MIT Press, 2008), 147-49.
[20] Jerry H. Bentley, “Environmental Crises in World History”, Procedia – Social and Behavioral Sciences, 77 (2013): 108–15.
[21] Bentley, 113.
[22] Robert Falkner, “Climate Change, International Political Economy and Global Energy Policy”, en Andreas Goldthau, Michael F. Keating, and Caroline Kuzemko (eds.), Handbook of the International Political Economy of Energy and Natural Resources (Cheltenham: Elgar, 2018), 77-78.
[23] Edward Humes, Garbology: Our Dirty Love Affair with Trash (London: Penguin, 2013), 30.
[24] W. J. Maunder, Dictionary of Global Climate Change, (New York: Springer, 2012), 120.
[25] Maunder, Dictionary of Global Climate Change, 120.
[26] Uno de los grandes artículos relacionando cambio climático e incendios forestales en Estados Unidos salió en 2016; véase John T. Abatzoglou y A. Park Williams, “Impact of Anthropogenic Climate Change on Wildfire across Western US Forests”, PNAS, 113 (2016): 11770–75. Para una guía comprensiva de algunas investigaciones recientes sobre huracanes y cambio climático, véase Jennifer M. Collins y Kevin Walsh, eds., Hurricanes and Climate Change, vol. 3 (New York: Springer, 2017). Para una revisión del rol que el cambio climático juega en la difusión de enfermedades infecciosas, véase Xiaoxu Wu et al., “Impact of Climate Change on Human Infectious Diseases: Empirical Evidence and Human Adaption”, Environment International, 86 (2016): 14–23. Para la relación entre cambio climático y proliferación de algas, Daniel Cressey, “Climate Change Is Making Algal Blooms Worse”, Nature, 25 de abril, 2017.
[27] Jonathan A. Newman et al., Climate Change Biology (Oxfordshire: CABI, 2011), 220–21.
[28] Alan H. Lockwood, Heat Advisory: Protecting Health on a Warming Planet(Cambridge: MIT Press, 2016), 103.
[29] Bruce E. Johansen, Climate Change: An Encyclopedia of Science, Society, and Solutions (Santa Barbara: ABC–CLIO, 2017), 19–20.
[30] Uno de los mayores trabajos tratando de fundamentar la economía en la física es el de Nicholas Georgescu-Roegen, The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1971). Los argumentos iniciales de Georgescu-Roegen han sido refinados y desarrollados por subsiguientes generaciones de pensadores que reconocen que la actividad económica está constreñida por leyes físicas. Entre ellos estuvo Herman Daly, uno de los grandes exponentes de la idea de que el crecimiento económico no durará para siempre, cuyo trabajo ha tenido una profunda influencia en el movimiento ecologista. Para un sucinto repaso de su pensamiento, véase Herman E. Daly, Beyond Growth (Boston: Beacon, 1997). Puede que el más grande ecologista de sistemas fuera Howard Odum, quien llevó a cabo un trabajo magistral explicando los mecanismos que enlazan las sociedades humanas con sus entornos naturales. Para una explicación de sus teorías, véase Howard Odum, Environment, Power, and Society for the Twenty-First Century (New York: Columbia University Press, 2007).
[31] John Bellamy Foster, Marx’s Ecology (New York: Monthly Review Press, 2000), 9–10.
[32] Para una explicación académica formal de esta perspectiva, véase Lea Nicita, “Shifting the Boundary: The Role of Innovation”, in Valentina Bosetti et al., eds., Climate Change Mitigation, Technological Innovation, and Adaptation(Cheltenham: Elgar, 2014), 32–39.
[33] Tom Simonite, “Moore’s Law Is Dead. Now What?” MIT Technology Review,13 de mayo, 2016.
[34] Atkins, Four Laws That Drive the Universe, 51-52.
[35] John Bellamy Foster, Ecology Against Capitalism (New York: Monthly Review Press, 2002), 94.
[36] Foster, Ecology Against Capitalism, 94.
[37] Evan Mills, “Efficiency Lives—The Rebound Effect, Not So Much,” ThinkProgress, 13 de septiembre, 2010, http://thinkprogress.org/.
[38] Steven Sorrell, The Rebound Effect (London: UK Energy Research Centre, 2007), 92.
[39] Jeff Tollefson, “World’s Carbon Emissions Set to Spike by 2% in 2017,”Nature, 13 de noviembre, 2017.
[40] Fiona Harvey, “UN Warns of “Unacceptable” Greenhouse Gas Emissions Gap,” Guardian, 31 de octubre, 2017.
[41] Nijavalli H. Ravindranath and Jayant A. Sathaye, Climate Change and Developing Countries (New York: Springer, 2006), 35.
[42] Zhen-He He et al, “ATP Consumption and Efficiency of Human Single Muscle Fibers with Different Myosin Isoform Composition,” Biophysical Journal79 (2000): 945–61.
[43] Sobre la eficiencia de motores combustión interna, véase Efstathios E. Stathis Michaelides, Alternative Energy Sources, (New York: Springer, 2012), 411. Para las centrales basadas en la quema de carbón, véase R. Sandström, “Creep Strength of Austenitic Stainless Steels for Boiler Applications,” en A. Shibli, ed., Coal Power Plant Materials and Life Assessment (Amsterdam: Elsevier, 2014), 128. Sobre la eficiencia de células fotovoltaicas, Friedrich Sick y Thomas Erge, Photovoltaics in Buildings (London: Earthscan, 1996), 14.
[44] Robert T. Balmer, Modern Engineering Thermodynamics (Cambridge: Academic Press, 2011), 454.
[45] Will Oremus, “How Green Is a Tesla, Really?” Slate, 9 de septiembre, 2013, http://slate.com.
[46] William J. Ripple et al., “World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice,” BioScience 20, no. 10 (2017): 1–3.

Erald Kolasi
Es investigador asociado en el Income and Benefits Policy Center en el Urban Institute (www.urban.org). Se dedica a desarrollar modelos y simulaciones por ordenador dedicados a ingresos, riqueza y jubilaciones. También ha creado modelos actuariales para calcular beneficios por empleado y analizar los rasgos cambiantes de los planes de pensión públicos. Está graduado en Física e Historia en la Universidad de Virginia, es doctor en Física por la Universidad George Mason.

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