Miércoles, 05 Septiembre 2018 07:04

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Cruzan para dejar atrás la tierra de Bolívar

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos, la mitad que en Colombia. Ambos países junto a Ecuador decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos exigiendo pasaporte.

“Con mi esposa y mis tres hijos hemos hecho un viaje muy duro de varios días. Hemos venido casi sin nada. Esperamos poder seguir viaje y llegar a Lima, ese es nuestro objetivo. La situación en Venezuela está muy difícil, por eso salimos. Pudimos pasar la frontera poco antes que exijan el pasaporte, un documento que no tenemos y que ahora es muy difícil conseguir en Venezuela”, dice a las cámaras de televisión uno de los miles de migrantes venezolanos que cada día cruzan por tierra hacia Perú desde la frontera con Ecuador. 

Según las cifras oficiales, a Perú han ingresado unos 420 mil venezolanos. El país que ha captado la mayor parte de esta migración es Colombia, donde las autoridades dicen hay 820 mil venezolanos registrados. En Ecuador hay poco más de 200 mil. Estos son los países que han recibido la mayor cantidad de venezolanos. La mayor parte de este flujo migratorio se ha dado en el último año, en medio de la crisis que afecta Venezuela.


Funcionarios de Perú, Colombia y Ecuador se reunieron de emergencia la semana pasada en Lima para acordar medidas conjuntas para enfrentar la migración venezolana. Tomaron acuerdos para unificar políticas migratorias e intercambiar información. Decidieron no cerrar sus fronteras, pero sí endurecer los controles fronterizos, exigiendo a estos migrantes documentos de identidad como el pasaporte. Justificaron esta decisión en “la necesidad de tener una migración regulada, ordenada y segura”. Se acordó exigir pasaporte a pesar de que estos tres países indican en un comunicado que los ciudadanos venezolanos tienen dificultades para conseguirlo. Para superar este problema, señalaron haber acordado pedirle al gobierno de Nicolás Maduro que facilite la entrega de este documento.


Un argumento para pedir pasaporte es evitar el ingreso de personas con antecedentes penales. “Es necesario tener un mejor control, pero no hay ninguna intención de cerrar las fronteras, eso lo aseguramos”, declaró el diplomático peruano Enrique Bustamante. Diversos expertos coinciden en señalar que exigir pasaporte tiene una relativa eficacia en el tema de seguridad y lo que hace es empujar a quienes no tienen ese documento a ingresar clandestinamente, lo que los pone en una situación de mayor vulnerabilidad.


Perú ya venía exigiendo pasaporte a los venezolanos que llegan a su frontera desde el 25 de agosto, antes de este acuerdo conjunto. En Ecuador un tribunal ha suspendido una decisión del gobierno en ese sentido. Hasta el 25 de agosto, cada día cruzaban la frontera peruana cerca de cuatro mil venezolanos. Desde esa fecha, el flujo migratorio ha bajado a poco más de mil al día. Pero esa cifra no toma en cuenta a los que han comenzado a cruzar ilegalmente por rutas alternas por no tener pasaporte para pasar los controles fronterizos.


Los funcionarios de estos tres países andinos señalan que su capacidad de atención ha sido desbordada por la migración venezolana. Frente a esta situación, han solicitado la ayuda de organismos como la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para la Migración, así como de los países desarrollados. El gobierno peruano ha declarado en emergencia sanitaria la zona fronteriza en el norte del país, donde se concentran más de 40 mil venezolanos, albergados en precarias condiciones. La Dirección Regional de Salud de Tumbes, zona fronteriza con Ecuador usada como paso por estos migrantes, ha alertado de la presencia de enfermedades como malaria, dengue e influenza.


Los funcionarios de estos tres países señalan que la ayuda internacional no debe limitarse a la atención de emergencia a estos migrantes, sino que también debe darse para respaldar programas para su inserción laboral. La mayor parte de venezolanos que han ingresado a Perú han llegado a Lima, donde en su mayoría trabajan en el comercio ambulatorio, y en menor proporción en restaurantes y otras actividades de servicios.


Luego de la reunión de emergencia en Lima, Ecuador convocó para el lunes y ayer a un encuentro en Quito con una docena de países de la región, entre ellos Argentina, para seguir abordando el problema de la migración venezolana y cómo enfrentarla (ver aparte). La OEA también llamó para hoy a una reunión para analizar este tema.


El drama de los migrantes venezolanos, que abandonan su país fundamentalmente por razones económicas, es explotado diariamente por sectores políticos y medios periodísticos para reforzar sus ataques contra el gobierno de Venezuela y promover acciones contra el régimen de Maduro. Ciento veinte mil migrantes venezolanos llegados a Perú han solicitado ser considerados como refugiados, lo que les daría los derechos de un residente y la protección del Estado peruano. Pero solamente una minoría, algo más de 400, ha conseguido el estatus legal de refugiados, para lo que deben demostrar que son perseguidos o su vida corre peligro en su país, lo que no ocurre con la gran mayoría de ellos.


Hace unos días, un avión fletado por el régimen venezolano llevó de vuelta a su país a un centenar de estos migrantes, que decidieron regresar por no haber encontrado la prometida mejora de su situación.


 La declaración de Quito

Esfuerzos conjuntos

 

El encuentro regional en Ecuador para afrontar la emigración venezolana concluyó ayer con la aprobación de la Declaración de Quito. El documento incluyó 18 puntos que se dirigen a sensibilizar a gobiernos y organismos internacionales sobre la necesidad de llevar adelante acciones para atender a los migrantes venezolanos.


“La Declaración de Quito contiene la voluntad de todos los Estados participantes en seguir acogiendo con los brazos abiertos a todos los que vienen enfrentando una difícil situación en su país de origen”, anunció al concluir la reunión el representante peruano, César Bustamante.


Los países firmantes “hacen un llamado a la apertura de un mecanismo de asistencia humanitaria que permita descomprimir la crítica situación, brindando atención inmediata en origen a los ciudadanos afectados”, reza el texto.


Uno de los puntos más importantes de la Declaración establece que, aunque depende del marco jurídico de cada país, se permita acoger los documentos de viaje vencidos de los ciudadanos venezolanos para fines migratorios, informó el diario ecuatoriano El Comercio. Además, se buscarán fuentes de financiamiento para respaldar a los países que más flujo migratorio reciben, entre ellos Colombia, Perú y Ecuador.


La Declaración fue firmada por los delegados de Argentina, Brasil, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Chile, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Bolivia se abstuvo, siguiendo lineamientos de la presidencia, y el representante de República Dominicana se ausentó por un problema de salud.


Durante la segunda semana de noviembre se llevará a cabo, también en Ecuador, una reunión táctica para tratar la aplicación de la Declaración.

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 29 Agosto 2018 07:16

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Reunión de vecinos por el éxodo venezolano

Ciudadanos venezolanos cargando bultos y valijas recorren la autopista a Bucaramanga desde Cúcuta, en Colombia (foto). El flujo de venezolanos que llega a la ciudad fronteriza de Cúcuta empezó a disminuir esta semana después de que Perú y Ecuador anunciaran el endurecimiento de las medidas migratorias, incluyendo el requerimiento de pasaportes para ingresar a esos países, medida que fue criticada por Naciones Unidas (ONU) y la organización mundial de migración (OIM).

Las autoridades migratorias de Colombia y Perú acordaron ayer crear una base de datos conjunta de los ciudadanos venezolanos que están llegando a ambos países para atender “este fenómeno de la mejor manera”.


“En la medida en que tengamos identificada a la población, en esta misma medida podemos implementar mecanismos de incorporación regionales”, afirmó el director de Migración Colombia, Cristian Krüger Sarmiento, al término de una reunión en Bogotá con autoridades de Perú y Brasil para exponer la forma en la que enfrentan la llegada masiva de venezolanos que huyen de la crisis en su país.


En la reunión, en la que también iban a participar autoridades ecuatorianas, pero que no pudieron asistir por problemas logísticos, Krüger coincidió con el superintendente nacional de migraciones de Perú, Eduardo Sevilla, en que “la idea es invitar también a los demás países” que reciben venezolanos para que se unan a la iniciativa.


“Queremos generar unos principios básicos, unas ideas básicas para poder atender este fenómeno migratorio de manera regional (...) y uno de los aspectos fundamentales es que las autoridades cuenten con la información de todas estas personas para poder organizar este fenómeno migratorio que cada día está creciendo”, añadió.


Según los funcionarios, en Colombia ya se han radicado cerca de un millón de venezolanos, mientras que en Perú ya son más de 400.000.

 

Publicado enInternacional
“El fenómeno de la esclavitud moderna está documentadísimo”

De “estados capturados” por las presiones del capital corporativo internacional, del “asalto a las democracias” perpetrado por las empresas trasnacionales que subvierten el orden a través de los tratados de inversión o comercio, asegurándose más poder que los propios gobiernos y generando una verdadera “arquitectura de la impunidad” para maximizar ganancias y eludir sus responsabilidades cuando violan los derechos humanos, habla esta jurista española1 que participó el martes de la conferencia “El camino hacia un tratado vinculante para proteger los derechos humanos”. Lo que sigue es un resumen de la charla que tuvo Brecha con esta experta que vive entre Europa y Ecuador, y aún cree que “hay que volver a inventar el qué queremos”

—Es fundamental que el derecho internacional vaya evolucionando para dar respuesta a las violaciones de los derechos humanos cometidas por las empresas trasnacionales con total impunidad. Los estados están en una encrucijada: actuar frente a esto o mantener y seguir construyendo la estructura de impunidad que implican los tratados de libre comercio o inversión. Durante muchos años el derecho internacional se ocupó de los estados que cometen crímenes contra los derechos humanos. Pero las empresas trasnacionales, que, conforme han ido creciendo, aumentaron su poder económico y político mediante la captura corporativa, han tenido una mayor posibilidad de violar los derechos humanos y lo que es peor, van consiguiendo que esas violaciones sean impunes. Esto ha sido denunciado por el activismo, por los sindicatos, por la izquierda en todo el mundo y por los organismos internacionales como Naciones Unidas, que cada año presentan informes de cómo se producen estas violaciones. El fenómeno de la esclavitud moderna está documentadísimo en las cadenas de suministro, en las maquilas, en la industria textil. Está claro que hay una estrategia empresarial basada en la reducción de costes mediante el dumping social. Esto implica que las empresas se puedan mover por todo el mundo buscando el costo más bajo y eso va provocando en los países del sur una carrera a la baja para atraer la inversión extranjera. Entonces, si no paramos e intentamos establecer marcos jurídicos para impedir que las empresas sigan compitiendo entre ellas para ver cuál viola más los derechos humanos, estaremos en una caída sin frenos hacia una realidad en la que las empresas aumentan sus ganancias a costa de la vida de mucha gente.


—Los estados saben que cuando firman estos tratados de inversión renuncian a una parte de su soberanía o por lo menos a la legitimidad que tienen de regular en el orden interno para allanarle el camino a las empresas. ¿Por qué se siguen firmando si la mayoría de las veces ni siquiera detrás de los tratados obtienen la anunciada inversión?


—Esa es la otra cara de la moneda. Nosotros enfocamos esta lucha en un sentido propositivo. Queremos construir un marco normativo protector de los derechos humanos. Desde la academia crítica, los sindicatos y las Ong denunciamos y criticamos los tratados bilaterales de inversión, que también son normas internacionales. Curiosamente estas normas tienen mayor eficacia y se aplican de una manera mucho más clara y con sanciones más rigurosas que las que defienden los derechos humanos. Los estados saben que esto ocurre, que el compromiso por estos derechos es menos vinculante que los tratados de libre comercio o inversión. Lo que dice la ortodoxia económica es que los tratados producen riqueza. Pero sabemos que eso ha sido muy criticado. La inversión extranjera puede producir riqueza sí, pero para unos pocos, porque sobre todo produce acumulación y concentración. Jamás redistribución, crecimiento o desarrollo humano. Además la inversión no llega sólo por los tratados. Trae más inversión una buena red de carreteras o una tecnología determinada que un tratado de inversión (Tdi). Lo que sí sucede es que algunas personas se enriquecen por haber firmado un Tdi o por ser amigas de quien lo ha firmado. Y ahí vemos el fenómeno de la captura corporativa o la capacidad que tienen las empresas de conseguir que los estados hagan lo que ellas necesitan que se haga, construyendo una arquitectura jurídica de la impunidad. Hemos llegado a un punto en el que las normas constitucionales protectoras o guardianas de la ciudadanía están siendo desbordadas por este tipo de tratados que sortean los diques constitucionales a favor de las empresas. El poder económico es tan potente que el poder político se pliega o se repliega.


—¿A eso se refiere cuando dice que “hay un lobby geopolítico sin precedentes” que le resta peso a los parlamentos y aleja el poder de la ciudadanía?


—Esto no es sólo una cuestión económica, es un tema de democracia contra los mercados. Hay una red dispuesta por los tratados bilaterales de inversión o de libre comercio que permite que las empresas mejoren sus ganancias y su capacidad de defenderse o sortear las herramientas de control de los estados. Estamos asistiendo a una expansión similar a lo que se dio en el Consenso de Washington, pero más global. El capital financiero trasnacionalizado tiene el poder de capturar a los gobiernos. Para asegurar esta captura y que no haya vuelta atrás, los tratados son una herramienta jurídica perfecta. Los nuevos tratados, los que ha firmado la Unión Europea con Canadá, los que está negociando con el Mercosur, incluyen una materia que se llama “cooperación reguladora”. Se establece una suerte de comité para determinar las líneas de una legislación adecuada para el comercio. Aceptar esa “cooperación” de por sí implica una subversión a la democracia. Los gobiernos fueron elegidos por la ciudadanía de acuerdo a un programa, y no deberían renunciar a sus potestades ni compartirlas con las empresas. Pero lamentablemente el objetivo es que la seguridad del inversor pase por delante de cualquier objetivo de bienestar y desarrollo de las ciudadanías.

Estas reglas implican un candado jurídico que está por encima del orden local. Los estados elevan competencias que ya no podrán volver a tener, se eliminan ámbitos de decisión y la marcha atrás será muy complicada. El asalto a las instituciones democráticas es tal que –mediante una serie de normas cuyo contenido desconocemos cuando se aprueban, porque todos estos procesos son parcial o totalmente secretos– están eliminando nuestra capacidad como ciudadanos de decidir nuestro futuro.


—Teniendo en cuenta esto que dice, ¿qué tan intocables son las empresas trasnacionales?


—Se creen intocables, pero no lo son. Hay que seguir la ruta del dinero y ver quién recibe las ganancias. ¿Quién se beneficia de la venta de pantalones fabricados casi sin luz durante 18 horas al día de trabajo de 500 mujeres? ¿Es una empresa de Alemania, de España? Hay casos de empresas que están siendo juzgadas en distintas partes del mundo y existe algún resquicio de temor a perder la impunidad. Esto está provocando que nuestra lucha por un tratado vinculante para que estas empresas no sean impunes sea atacada cada vez con más dureza. Nunca pensamos que iba a ser un camino fácil, pero las empresas se están poniendo muy a la defensiva. Es que estamos aprendiendo a utilizar el derecho como arma contrahegemónica. Tenemos que encontrar las formas para vincular, por ejemplo, un incendio que sucede en una fábrica en Pakistán donde mueren 250 mujeres que estaban cosiendo ropa para una empresa alemana con la responsabilidad de esa empresa. Hoy todavía es difícil rastrear esa responsabilidad. Creo que la única manera de revertir esa impunidad es consiguiendo que las empresas tengan miedo de ser sancionadas y se cuiden. Que tengan que controlar todo su proceso de producción, que hasta la última mujer que teje o cose tenga derecho a la jornada laboral de ocho horas, y si no es así, que la empresa como figura jurídica y sus directivos puedan ser procesados. Que se le puedan aplicar sancionas jurídicas, administrativas, penales y civiles.


Hoy las empresas dicen que el compromiso con los derechos humanos es de los estados, que no les corresponde a ellos garantizarlos. Nosotros preguntamos en las reu-niones de trabajo ¿si las empresas tienen derechos otorgados por los distintos tratados comerciales, por qué no quieren tener responsabilidades? Ellos responden: “No es lo mismo, nosotros invertimos para que haya riqueza en el mundo”.


—¿Cree que hay chances a nivel mundial para avanzar en esta materia?


—En 2014 se aprobó una resolución en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a propuesta de Ecuador y de Sudáfrica, que decidió el establecimiento de un grupo intergubernamental de composición abierta con el mandato de elaborar un instrumento jurídicamente vinculante para regular, en el derecho internacional de los derechos humanos, las actividades de las empresas trasnacionales. La coyuntura geopolítica de 2014 no era mala. Teníamos dos estados liderando esta voluntad y teníamos una serie de aliados (el G-77 estaba a favor, Argentina y Brasil se abstuvieron, pero no se opusieron, India y Rusia votaron a favor). Todos los países de la UE, así como Japón y Estados Unidos, votaron en contra. La sociedad civil, los sindicatos, el parlamento europeo, distintas redes de parlamentarios y la doctrina académica nos hemos enfocado en hacer cosas como esto que hicimos el martes aquí, de presentar el proyecto a los legisladores y decirles que Uruguay puede tener un papel importantísimo como defensor de los derechos humanos (véase recuadro). Ahora tenemos un proyecto, un borrador cero, y podemos decir a los países que se lancen a discutir esto junto con la sociedad civil y la academia y los sindicatos. Por ahí podemos hablar de la tensión positiva. La tensión negativa es la evidente. Nadie pensó que los empresarios se iban a quedar tranquilitos y no iban a reaccionar.


—Y el poder que tienen no es frágil…


—Claro, y han capturado actores importantísimos. La UE ha participado en todas la reuniones y ha sido el principal opositor a este proceso. Estados Unidos sólo participó una vez para decir que el proceso no iba a continuar, pero ha mandado a estados fáciles de convencer a boicotearlo. El tema es que la coyuntura política ha cambiado para peor. Los cambios en el gobierno de Ecuador y sus giros de timón en la política internacional también implican un retroceso. Yo prefiero un proceso peleado hasta el final y no aprobado que la aprobación de una norma que supone un retroceso de lo que ya hay, que son normas no vinculantes.

—¿Cómo sería en la práctica el control a las empresas, cómo se fiscalizaría?


—Es uno de los puntos rojos del tratado que fue eliminado en la última versión de Ecuador. Lo que se proponía hace dos años era un ámbito de control supranacional que tenía dos propuestas: una de máxima, que era una corte internacional penal sobre empresas y derechos humanos, y la otra, más tradicional, que era un comité donde estuvieran representadas las víctimas y la sociedad civil. La propuesta de máxima es difícil que salga. De todas formas, tenemos que pensar y luchar por un camino alternativo que implique un cambio de paradigma. Y en ese sentido, independientemente de lo que le pase al proceso con las amenazas y los obstáculos que se le ponen, ya llevamos ganancia, porque hemos puesto en el centro de la discusión a nivel mundial la necesidad de actuar para un efectivo respeto a los derechos humanos. Aunque hoy la coyuntura no dé, este proceso será imparable.


—Ha manifestado que en el tema de los tratados, las empresas trasnacionales y las democracias está presente la lucha de clases. ¿Podría explicar cuál es la relación?


—Estamos hablando de un capital trasnacional que acumula y se enriquece, y de unas mayorías subalternas que estamos forzadas a vender nuestro tiempo de trabajo para sobrevivir. El único enfoque que nos es útil para seguir acumulando poder de resistencia es uno transversal que nos integre a todos bajo la misma lucha, la de los gitanos, la de los obreros, la de las empleadas domésticas en España o los niños mineros en Colombia. Hay que buscar los enlaces sin perder de vista la diversidad. Pero la diversidad como un valor per se muchas veces lo que ha hecho es dividir luchas. Las personas que estamos siendo desposeídas por el fenómeno del capital global tenemos más cosas en común que las que nos diferencian. Y creo que otra cosa a favor es que el enemigo común de todos está más que claro. El otro día me preguntaron en una entrevista qué proponía yo para volver al Estado de bienestar. Y respondí que no quería volver a un estado de cosas que tiene lateralidades negativas a montones. Por ese Estado de bienestar mira cómo está el sur, y cómo están las mujeres, y cómo está el ambiente, y lo bien que les iba a las trasnacionales. Hay que volver a inventar el “qué queremos”.

1. Profesora titular de derecho de la Universidad de Valencia, España. Entre otras obras ha publicado, en solitario o en coautoría: La libertad de información de los trabajadores, Derecho del trabajo y defensa de la competencia, ¿Qué hacemos con la Universidad?, Educación pública, de [email protected] y para [email protected]: las claves de la marea verde, Lecciones sobre Estado social y derechos sociales, El huracán neoliberal. Una reforma laboral contra el trabajo, Derechos sociales, integración económica y medidas de austeridad: la UE contra el constitucionalismo social, Ttip. El asalto de las multinacionales a la democracia, El trabajo garantizado. Una propuesta necesaria frente al desempleo y la precarización, Los acuerdos comerciales como estrategia de dominación del capital. Las amenazas del Ceta y del Ttip, El Ceta al descubierto: las consecuencias del tratado entre la UE y Canadá sobre los derechos sociales, El fin de la impunidad. La lucha por un instrumento vinculante sobre empresas trasnacionales y derechos humanos.

 

Publicado enInternacional
Adry del Rocío

Cada año, el primer sábado de julio, la comunidad internacional celebra el Día Internacional de las Cooperativas. El tema de este año ha sido “Consumo y producción sostenibles de bienes y servicios” que coincide además con la acción de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a favor de un mundo basado en modelos de producción y empleo sostenibles.

Recientemente la Jefa de la Unidad de Cooperativas de la OIT, Simel Esim, señaló “el impacto positivo del compromiso de las cooperativas a favor de una producción y consumo sostenibles”. Y agregó que, por ejemplo, “en el norte de Sri Lanka, después de años de guerra civil, vi cómo las cooperativas contribuían a reforzar la resiliencia de las comunidades locales”.

Una evaluación rápida realizada al inicio del proyecto de la OIT Empoderamiento local a través del desarrollo económico (Leed en inglés) por otra parte, indicó que las cooperativas eran las únicas estructuras “estables” presentes en el norte de Sri Lanka antes, durante y después del conflicto. Desde 2010, el proyecto apoya a las cooperativas agrícolas y de la pesca al garantizar certificaciones de comercio justo para sus productos y ayudarlas a establecer vínculos comerciales. 

Simel también señala que “he escuchado historias inspiradoras de otras regiones del mundo sobre la manera en que las cooperativas han unido fuerzas para contribuir con el consumo y la producción sostenibles y el trabajo decente, con frecuencia gracias al intercambio comercial entre cooperativas”.

Cooperativas y comercio justo

Algunas de estas historias fueron compartidas en una reciente reunión del movimiento cooperativo y del comercio justo en Ginebra. Ahí se constató, cómo el café de las cooperativas de productores de Kenia ha llegado a los anaqueles de COOPen Dinamarca y las piñas biológicas de una joven cooperativa de Togo se venden en las cooperativas de venta al detalle en toda Italia .
También escuchamos de qué manera las cooperativas de consumidores en Asia Oriental han desarrollado productos con la etiqueta biológica y, a la vez, educan a sus miembros sobre las condiciones de trabajo de los productores y de los trabajadores, así como a reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de materiales plásticos.

El consenso al cual llegó la reunión fue que el intercambio comercial entre cooperativas puede ayudar a disminuir los costos del comercio, garantizar precios más justos y mejores ingresos para los miembros de las cooperativas y sus comunidades. Existen oportunidades no sólo en la cadena de suministro de la agricultura, también en la confección y en otros sectores. Las cooperativas de ambos lados de la cadena de suministros se unen para acortar las cadenas de valor, mejorar la trazabilidad de los productos y adoptar prácticas respetuosas del medio ambiente.

En la OIT, dice Simel Esim “colaboramos con nuestros mandantes a fin de mejorar la huella medioambiental y social de las cooperativas en todo el mundo”, destacando que “cuando la OIT sigue promoviendo un futuro de trabajo basado en modelos de producción y empleo sostenibles, una de nuestras prioridades en los próximos años será facilitar el desarrollo de vínculos entre los mandantes de la OIT y las cooperativas”.

El objetivo es el de estimular una acción común a favor de prácticas de producción y de consumo responsables, el desarrollo de las economías verdes y circulares y la promoción del trabajo decente en las cadenas de suministro. La OIT considera que las cooperativas no sólo son importantes como medio para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de mujeres y hombres en todo el mundo, sino que también ponen a disposición de los usuarios infraestructura y servicios esenciales, incluso en áreas olvidadas por el Estado y las empresas inversoras.

Las cooperativas tienen una probada trayectoria en materia de creación y mantenimiento del empleo, ya que actualmente brindan más de 100 millones de puestos de trabajo. Asimismo, contribuyen al avance del Programa Global de Empleo de la OIT y a la promoción del trabajo decente.

Reverso y anverso del informe: el día de la falsa prosperidad

Hace mucho tiempo que insistimos sobre la otra lectura, o la pequeña letra de los contratos, ya que el ser humano hace todo por algo o para algo. Por diversos motivos y en vista de ciertos proyectos, programas o pretensiones. Pero cuando preguntamos para qué, lo que está en cuestión es precisamente el proyecto. Ahora bajo las nuevas consignas de un futuro del trabajo “verde” basado en la producción y el empleo sostenibles.

No obstante, hablamos del movimiento cooperativo. Hablamos del valor de estas grandes experiencias sociales que no puede ser subestimado, o banalizados por hechos que suelen ser solo una cortina de humo para ocultar los prejuicios de los que los utilizan. Su rica historia nos enseña que el cooperativismo nació en el mismo medio social, y en la misma época, de la miseria proletaria y producto de la misma opresión.

Pero lo que distingue el cooperativismo de las demás formas de producción es su medio de acción, que se basa en la creación de empresas para sustituir la figura del empresario, y así escapar a la explotación de las empresas privadas con las que tenían relación como trabajadores, clientes o proveedores. Entonces podríamos considerar o pretender, que el modelo económico de las cooperativas es una alternativa real a la empresa privada del sistema capitalista.

Diremos, por lo tanto, que el cooperativismo tiene el objetivo económico de la cooperación solidaria entre un grupo de socios de una empresa a través de la distribución equitativa de las utilidades o el reparto de los beneficios.
Por consiguiente, está vinculado a la economía social o solidaria como una concepción más amplia que incluye a otras formas asociativas o mancomunadas fundadas en el trabajo solidario y de cooperación para satisfacer sus necesidades de existencia y que buscan un beneficio colectivo común. Podemos concluir, que la característica central del cooperativismo en el marco de la economía solidaria es la primacía del ser humano y de su función social sobre el capital.

Sin embargo, en el actual marco de la globalización, nos cuesta trabajo imaginar la evolución de estos proyectos, ya que abundan los ejemplos donde el cooperativismo adopta el camino inverso, el camino funcional al modelo económico capitalista al maximizar la ganancia solo para un pequeño grupo especulativo y burocrático.

Una cooperativa capitalista termina siendo igual, un patrón, unos asalariados, y luego la plusvalía, la ganancia y toda la producción se convierte en mercancía.

Claro se nos dirá que en política o economía está reflejado el famoso pragmatismo de Harold Wilson “si funciona debe ser correcto” en ese constante llamamiento a los hechos, pero siempre aislados. Como si los hechos se seleccionan así mismo. Seguimos rutinas insólitas donde hay un día para todo, la nostalgia, la mujer, el amigo, el sida, el clima, el trabajo, las cooperativas etcétera.

Tantos días de informes obstinados desde el monolítico edificio gris de la OIT, de la ciudad de Ginebra con el fin de construir la imagen de una sociedad desaparecida basada en el trabajo y no en su ausencia. Reflexionemos a los informes, verifiquemos, nunca está de más poner en duda incluso la existencia de los problemas, ni poner en tela de juicio sus términos.

Sobre todo, cuando estos temas implican los conceptos de trabajo, desempleo y cooperación. Somos conscientes que obstinarse en plantear un problema entre aquellos que buscan soluciones, constituye una blasfemia, una herejía inmoral, y absurda. De ahí la abundancia de soluciones falsas, de problemas disimulados, negados, de preguntas censuradas.

El día de la falsa prosperidad se repite en cada informe, la verdadera urgencia invita a investigar, la percepción de un presente siempre escamoteado, por eso esa contra cara de los informes al intentar echar luz sobre aquello que puede manipularse, la duda nos acompaña a la vez que nos motiva. l

La ONU pidió apoyo para refugiados venezolanos

Dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requisitos en materia de pasaportes y control de fronteras de Ecuador y Perú, así como a las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú.

 

La ONU exhortó ayer a los países latinoamericanos a seguir acogiendo a los refugiados venezolanos, a la vez que denunció las nuevas exigencias de pasaporte en las fronteras implementadas por Ecuador y Perú. Además informó que hoy creará un mecanismo para coordinar una respuesta al éxodo de los venezolanos. 

En un comunicado conjunto, el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, y el director general de la Organización para las Migraciones (OIM), William Lacy Swing, pidieron a la comunidad internacional que aumente sus apoyos en respuesta a la creciente migración. Asimismo ambos organismos expresaron su preocupación ante los acontencimientos recientes que afectan a los refugiados y migrantes venezolanos. Las dos agencias de la ONU se refirieron en particular a los nuevos requerimientos en materia de pasaportes y de entrada en las fronteras de Ecuador y Perú, así como las modificaciones introducidas a los permisos temporales de residencia de los venezolanos en Perú. La medida anti migratoria comenzó a regir, en el gobierno de Lenin Moreno, el pasado sábado. Sin embargo inmediatamente la Defensoría del Pueblo de Ecuador denunció el accionar del gobierno y logró conseguir que los niños y adolescentes que llegasen a Ecuador con sus padres, no estén obligados a presentar documentos en caso que sus progenitores porten los propios. En Perú la medida se pondrá en marcha mañana.


En los últimos dos años ingresaron, a territorio peruano, más de 400.000 venezolanos en el marco de la política de puertas abiertas que inicialmente ofrecieron las autoridades ante la crisis social y económica que vive Venezuela. Sin embargo, luego de detectar ingresos con cédulas falsas, Perú decidió tomar las mencionadas medidas. Las tensiones migratorias se incrementan también en otros países de América Latina, como en Brasil, donde se han producido violentos disturbios entre migrantes y población local. La frontera colombiana, que recibió a más de un millón de venezolanos en los últimos 16 meses, también está en el centro de la disputa. Ayer denunció la medida tomada por sus vecinos alegando que ello favorece las migraciones clandestinas. Según OIM y la ACNUR, de los 2,3 millones de venezolanos que viven en el extranjero, más de 1,6 millones han huido desde 2015, cuando el país se sumió en una grave crisis económica y política, y el 90 por ciento de ellos se refugiaron en países de la región. Para la ONU los más vulnerados, que a su consideración son los adolescentes, las mujeres y los niños no acompañados, no tienen capacidad para satisfacer las exigencias en materia de documentación, y por tanto están expuestos a un riesgo mayor de explotación, de trata y de violencia. “Reconocemos los crecientes desafíos ante la llegada a gran escala de venezolanos”, admitió Grandi quien también subrayó que es esencial que cualquier nueva medida que se tome, siga permitiendo a quienes necesitan una protección internacional, tengan acceso seguro y puedan efectuar su demanda de asilo.


En un intento de ponerle fin al conflicto, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, se reunirá hoy con la ACNUR y con la OIM para desarrollar un mecanismo coordinado que atienda a las demandas migratorias. El portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, explicó que el objetivo es garantizar que la ONU gestione este asunto adecuadamente. “La creación de este tipo de grupos de coordinación es un procedimiento interno habitual ante crisis como la que se está dando con los refugiados y emigrantes venezolanos”, afirmaron fuentes de la organización. El canciller colombiano, Carlos Trujillo, se reunió ayer con Guterres y le trasladó su preocupación frente a la crisis regional que genera el flujo migratorio venezolano. “Encontramos una gran receptividad de parte del secretario general” explicó Trujillo y agregó que con esta medida se dará un paso adelante para responder a una crisis que, insistió, debe recibir un tratamiento multilateral. En este sentido Trujillo designó a un enviado especial para que conforme la coordinación de esta respuesta regional.


“Para Colombia la situación plantea un asunto humanitario, de seguridad nacional y afecta a múltiples sectores como los de la salud y la educación”, afirmó el canciller quien aseguró que el gobierno está decidido a movilizar a la comunidad internacional. En ese sentido, explicó que las autoridades migratorias del país están en contacto permanente con las de otros estados afectados como Ecuador, Perú o Brasil y se mostró a favor de convocar una sesión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para tratar “exclusivamente la crisis migratoria venezolana”. El próximo evento territorial conforme a la búsqueda de una salida a la crisis, será el 17 y 18 de septiembre según notificó Ecuador, país liderará un encuentro donde estarán los ministros de Exteriores de 13 estados de la región.

 

Publicado enInternacional
Lunes, 13 Agosto 2018 08:00

Frente a Goliat III

Frente a Goliat III

Las exportaciones más exitosas de México a Estados Unidos durante los 25 años del TLCAN son, junto con autopartes y petróleo, los seres humanos y las drogas.

Migración y narcotráfico son los temas más conflictivos en la relación con el Goliat al lado. Ambos son empleados para efectos de política doméstica en Estados Unidos. Con Trump esto ha llegado a su extremo en tiempos recientes.


Para Trump, México y los mexicanos son parte de su juego político doméstico, tiene poco que ver con alguna estrategia de relaciones internacionales. Ese juego queda al descubierto al chocar con la realidad: no existe una “invasión” de “extranjeros ilegales”, el número total de indocumentados se ha mantenido sin cambio en unos 11 millones en los últimos años y en el caso de los mexicanos se ha reducido en más de un millón. O sea, hay más mexicanos saliendo que ingresando a este país.


La llamada “guerra contra las drogas” fue impulsada por el presidente Richard Nixon en 1971, y según revelaciones recientes de uno de sus asesores más cercanos, tenía un objetivo político: criminalizar a los opositores a la guerra de Vietnam y a las afroestadunidenses (y según Nixon, para atacar a los judíos también). Esta “guerra” –con un costo anual de más de 50 mil millones de dólares– ha sido empleada para justificar la intervención policiaca y militar estadunidense en varios países, incluido Mexico. Dentro de Estados Unidos, esta guerra nutre la violencia y la represión en las comunidades más pobres, y ha ayudado en convertir a este país en el más encarcelado del mundo (57 por ciento de los prisioneros por delitos de drogas en prisiones estatales son afroestadunidenses y latinos). Trump sigue usando esta guerra con fines racistas, para justificar la violencia oficial y para promover su muro fronterizo (no sólo para frenar a migrantes, sino a narcotraficantes, lo cual es más o menos lo mismo según el mandatario).


Trump tiene razón: los mexicanos, junto con otras comunidades inmigrantes, sí son “peligrosos” (para él y los que representa): están transformando su país en otro, contribuyendo no sólo al cambio demográfico histórico, sino también a las luchas para hacerlo más digno y justo. En unos 25 años, la raza de Trump dejará de ser mayoría para volverse en otra minoría más. Parte de la histeria antimigrante, más allá de su uso político coyuntural, es en parte el último grito de los que desean frenar el futuro y retornar para “hacer América grande otra vez”; o sea, la América donde ellos imperan. Too late.


Las respuestas progresistas tanto a las políticas antimigrantes como a la represión y el costo social de la guerra contra las drogas son libradas en todas las esquinas de este país, y algunas ha tenido grandes logros en tiempos recientes; desde medidas y declaraciones de santuario y protección de inmigrantes y amplio rechazo a políticas xenofóbicas por un lado, hasta repudio y reformas, sobre todo a nivel estatal, que están anulando partes de la guerra contra las drogas. Los movimientos en contra de la violencia oficial que implican estas políticas han generado nuevas alianzas. Los jóvenes del nuevo movimiento March for our Lives, que nacieron de episodios de violencia oficialmente sancionada (el llamado derecho individual a las armas) se han encontrado con activistas que denuncian la violencia oficial policiaca como Black Lives Matter y los que luchan contra la violencia vinculada a la explotación y abuso de jornaleros en los campos agrarios (la Coalición de Trabajadores de Immokalee, entre otros) así como los dreamers.


Son los que luchan contra la violencia oficial y las consecuencias violentas de estas políticas aquí, igual que sus contrapartes en México.


Por eso, cualquier propuesta para un cambio de política bilateral impulsada a nombre de los David en México debe reconocer –como hemos argumentado en estas últimas columnas– que tienen tocayos como éstos dentro del Goliat del norte.

 

Artículos relacionados

 

Goliat I

30 julio de 2018

Goliat II

6 de agosto de 2018

Publicado enInternacional
Miércoles, 08 Agosto 2018 07:53

Migraciones: una revolución mundial en marcha

Migraciones: una revolución mundial en marcha

En períodos de turbulencia global, las migraciones se convierten en "armas de guerra". Quien controle los flujos migratorios tendrá ventajas sobre sus rivales geopolíticos. Mientras, otros pueden sufrir crisis internas como consecuencia de migraciones masivas fuera de control.

Hubo un largo período en el cual los flujos migratorios eran más o menos estables y previsibles. Durante la fase final del colonialismo se registraron migraciones importantes desde Europa hacia Norteamérica y América Latina, por ejemplo. Más tarde, fueron los latinoamericanos los que tendieron a emigrar hacia EEUU y Europa, pero también hacia Australia.


Sin embargo, en las últimas décadas los flujos migratorios están mutando de forma drástica. Las causas se multiplican. Al tradicional atractivo de los países más prósperos respecto a las poblaciones del mundo pobre, se suma ahora un elemento que décadas atrás no tenía el menor peso: el cambio climático. Las Naciones Unidas prevé que para 2050 habrá 200 millones de "desplazados climáticos", siendo mujeres alrededor del 80%.

Los cambios demográficos indican los lugares de partida de los migrantes. Mientras que la población del planeta llegará a 9.700 millones en 2050, la de los dos países más poblados tiende a estancarse: India con 1.500 millones pasará a China que se quedará en 1.200, pese a haber puesto fin a la política de un solo hijo.
Lo más notable es el cambio demográfico de África. De los 1.200 millones de africanos en la actualidad, se pasará a 4.000 millones en 2100. El resultado, como nos recuerda el analista Sami Nair, es que el 40% de la población del planeta será negra. El crecimiento del África subsahariana está siendo fenomenal, lo que anuncia que la presión sobre las fronteras europeas será imparable, ya que al hambre se suma la presión de la desertización por el cambio climático.

En América Latina las cosas también están cambiando. Durante el siglo XX, las migraciones fueron mayoritariamente hacia Europa y EEUU, pero también hubo fuertes migraciones desde Perú, Bolivia y Paraguay hacia Argentina, cuya industria siempre estuvo escasa de mano de obra. Otras corrientes se fueron consolidando con el tiempo: de México y Centroamérica hacia EEUU y desde Uruguay hacia Argentina, por poner apenas dos ejemplos.

En estos años, las tendencias se entrecruzan y multiplican, caminando hacia una suerte de caos migratorio. Alrededor de 300 mil peruanos se instalaron en Chile en los últimos años, mientras dominicanos y cubanos llegan masivamente al río de la Plata. Un reciente informe de la Organización Internacional de las Migraciones sobre Venezuela, destaca que de los casi dos millones de migrantes, más de la mitad se dirigió a países sudamericanos, siendo esta tendencia una verdadera novedad, tanto por su magnitud como por los destinos.

De los 900.000 venezolanos que migraron hacia Sudamérica, más del 60% está en Colombia, seguido por Chile, Argentina y Ecuador. Para algunos países pequeños como Uruguay, el impacto de las 3.000 residencias legales otorgadas cada año se deja sentir, modificando una tendencia histórica que colocaba a los argentinos en el primer lugar.

Los cambios en los flujos migratorios permiten sacar algunas conclusiones que habrán de impactar en el futuro inmediato en toda la región latinoamericana.

El primero es que estamos apenas en la primera fase de una previsible explosión de migraciones múltiples. En la actualidad hay apenas unos 250 millones de migrantes, cifra que crece de forma vertiginosa. Se calcula que en 2065 el 40% de la población de Italia será migrante, frente al 8% actual, lo que puede dar una idea de los cambios en curso. El mismo informe de la ONU destaca que de 1950 a 2100, el peso mundial de la población europea bajará del 22% al 7%, mientras el de la africana crecerá del 9% al 40%.

La segunda es de carácter cualitativo. Desde que sabemos que la caída del imperio romano se produjo por las llamadas 'invasiones bárbaras' —migraciones masivas desde el siglo III al VII de nuestra era que provocaron el colapso de aquella civilización—, las grandes potencias toman medidas para controlar los flujos migratorios.

En este punto hay políticas contradictorias. Por un lado, las economías desarrolladas necesitan migrantes para revitalizar su economía y contrarrestar el rápido envejecimiento de la población. La Unión Europea estima que la llegada de inmigrantes a España impulsó en 3,2% el crecimiento anual del PIB per cápita durante la década 1995-2005. Casi todos los países europeos registraron tendencias similares.

Por lo tanto, más allá de las excentricidades de Donald Trump, el debate no es inmigrantes sí o no, sino cuántos, desde qué países y con qué características. EEUU mantiene una política migratoria selectiva, ya que los necesita para trabajar sobre todo en las áreas rurales, pero tampoco quiere abrir el grifo de forma indiscriminada. Esa regulación le permite presentar uno de los mejores perfiles demográficos de los países desarrollados, suavizando el envejecimiento de su población.

La tercera cuestión consiste en el grave problema de aquellos países que no puedan dotarse de una sólida política migratoria. Este es el caso de América Latina, que ha dejado librado casi al azar los flujos migratorios. A comienzos del siglo XX, cuando existían proyectos nacionales de larga duración, se fomentó la inmigración de colonos europeos que garantizaran la producción de alimentos y se les dieron facilidades incluyendo tierras fiscales.

Por otro lado, la existencia de territorios con muy escasa población es una seria desventaja, sobre todo si esos espacios albergan riquezas naturales. Un buen ejemplo es la Patagonia argentina, codiciada por países y grandes empresas del Norte. La crisis de 2001 fue la última oportunidad en la que se habló de una 'secesión' del sur argentino, con una notable cobertura de portada de The New York Times.

Lo cierto es que la ausencia de políticas migratorias planificadas a largo plazo, agudiza las debilidades de los países más frágiles, en particular durante períodos de hondas turbulencias. En el sentido inverso, hay países latinoamericanos que se están quedando sin profesionales, lo que representa un pesado lastre para su desarrollo y para su cohesión social y cultural.


Por Raúl Zibechi

00:35 08.08.2018

Publicado enSociedad
“EE.UU. no tiene un movimiento obrero, algo sin precedentes en la historia del capitalismo”

"El imperio estadounidense tiene que ver ante todo con el consenso del capitalismo global... Ese ha sido el papel que viene jugando EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que los dos partidos, nuestras clases dominantes, están completamente imbricadas en ello. Trump fue de hecho el único que parecía como mínimo poner en duda ese consenso, diciendo que quería desmantelar la OTAN, la arquitectura del libre comercio…"

 

"Apuntar alto. Trascender la crítica para proponer en positivo. No caer en atajos. Conseguir victorias. Ensanchar las bases. Apuntar más alto." Es la receta de Bhaskar Sunkara, el joven editor de la revista Jacobin y miembro del floreciente partido Democratic Socialist of America. Sunkara apuesta por el socialismo democrático, que busca construir sobre las bases de la socialdemocracia, a la vez que trascenderla, por motivos prácticos y éticos: aquel sistema era frágil, por somerterse a los dictados del capital; pero era también injusto, por no eliminar la explotación del motor económico de la sociedad. El editor concluye que “la política de izquierdas es, en su esencia, muy sencilla. Y es tan sencilla ahora que está Trump como antes de Trump, y lo seguirá siendo después de Trump. Se basa en unir a toda esa gente, en unir a los muchos contra los pocos. La diferencia entre nosotros y nuestro tipo de política y la política de derechas es que nuestros ‘muchos’ son en realidad una amplia mayoría trabajadora del mundo, y nuestros ‘pocos’ son solo un pequeño grupo de gente que se beneficia de su explotación”.

 

Reflexionando sobre cómo llegamos hasta aquí, ¿de dónde diría que surgió Trump?

Trump es en gran medida el resultado de un golpe de suerte. Si repitiésemos las elecciones cien veces, noventa y seis, noventa y siete de esas cien veces las hubiera ganado Hillary Clinton. Se ha abierto un espacio, no solo en los EEUU, sino por todo el mundo capitalista avanzado, para la derecha populista, que responde a una crisis real del centro neoliberal. Así que había una marejada minoritaria para Trump, pero se le abrió la puerta por las peculiaridades de nuestras leyes electorales, y por la manera inepta que tuvo Hillary Clinton de llevar su campaña. Creo que Trump fue, al menos en parte, un desafortunado accidente.

 

Ha sido muy crítico con la reacción de la izquierda liberal a la elección de Trump, y las líneas maestras de la llamada ‘resistance’. ¿Cuáles son esas líneas maestras y en qué fallan, o se quedan cortas?

La gente de la resistencia liberal a Trump dice: “Esto no es normal, es algo muy inusual”. Su énfasis en la legalidad y en tratar de derrocarlo mediante un juicio político en el Congreso, o en los tribunales de justicia, y todo el énfasis que ponen en Rusia y el papel que pudiera haber tenido en las elecciones han despolitizado por completo el movimiento contra Trump. Se trataba de algo muy sencillo: Trump está causando daño, Trump tiene una agenda que genera gran rechazo, pretende ser el gran defensor de la gente pero sus políticas en realidad sirven a los intereses de un pequeño segmento de la población. Estas son las cosas con las que podríamos fustigarle.

En sanidad, por ejemplo. En un tiempo en el que más estadounidenses que nunca, más de un 60%, quiere un sistema sanitario verdaderamente universal, Trump quiere recortar el exiguo papel que tiene el Estado en la sanidad en este país. Hay un sinfín de contextos en los que se ve que los que nos oponemos al presidente tenemos una clara ventaja política, pero esa ventaja se despilfarra. En lugar de eso, hablamos sobre Rusia y todas esas otras cosas.

 

Hay también una crítica que pasa por la condescendencia de una élite liberal que proyecta en la población su pretendida superioridad moral.

Lo viejo muere, pero lo nuevo no nacerá de los discursos de los Globos de Oro. Con eso quiero decir que este tipo de resistencia liderada por los famosos, en vez de decir: “Estos son tus intereses, esta es tu pelea, participa y lidérala”, ha sido, en el mejor de los casos, una especie de caridad desde arriba. Y en el peor de los casos, la peor condescendencia para con la gente corriente.

 

Y, sin embargo, hay algo en lo que parece reinar un implacable consenso en la política estadounidense, entre liberales y conservadores: la necesidad de preservar el Imperio, y fortificar la presencia de tropas estadounidenses en el exterior.

El Imperio estadounidense tiene que ver ante todo con el consenso del capitalismo global. Se empeña en mantener la estabilidad del capitalismo global, incluso cuando eso no vaya en los intereses inmediatos a corto plazo de la sección concreta del capital global en Estados Unidos. Ese ha sido el papel que viene jugando EEUU desde la Segunda Guerra Mundial, de modo que los dos partidos, nuestras clases dominantes, están completamente imbricadas en ello. Trump fue de hecho el único que parecía como mínimo poner en duda ese consenso, diciendo que quería desmantelar la OTAN, la arquitectura del libre comercio… Pero, en la práctica, no ha hecho nada de eso. La clase trabajadora estadounidense ha estado sorprendentemente en contra, de una manera sostenida, de las guerras recientes de las últimas décadas, empezando por Vietnam. No creo que el Imperio estadounidense sea un obstáculo dentro de los EEUU para que surjan movimientos de clase obrera. Sí creo que es un obstáculo para el desarrollo de movimientos de izquierda y progresistas en otras partes del mundo.

 

Hay un discurso, bastante implantado, que achaca el ascenso político de Trump a una reacción de la “clase trabajadora blanca”, que se sentía olvidada por las élites políticas.

Debemos formar organizaciones políticas de mayorías amplias. Y eso pasa por tejer una envoltura que recoja todas estas luchas basadas en la identidad, que es una identidad común de gente trabajadora en EEUU, que lo pasa mal para salir adelante, y que tiene un interés común en trabajar conjuntamente para lograr ciertas demandas sociales universales. Me niego a creer que la llamada ‘clase trabajadora blanca’ o los trabajadores blancos sean tan privilegiados que no se beneficiarían de todas estas reformas. Sean los que sean, sus privilegios son relativos en comparación con los beneficios que tendrían si compartieran un Estados Unidos siquiera socialdemócrata y pudieran tener acceso a cuestiones como la sanidad básica, la nutrición, y demás. En un momento en que la izquierda está obsesionada en poner unas formas de explotación por delante de otras, creo firmemente que tenemos que desarrollar un proyecto universal de base amplia.

 

¿En qué medida proporciona la socialdemocracia las herramientas adecuadas para encarar las grandes crisis de nuestra época, desde el cambio climático a la desigualdad?

Lo mejor que hemos logrado realmente como sociedad fue algo parecido a la socialdemocracia escandinava. Fueron sociedades ampliamente igualitarias, justas, que al menos proporcionaron lo básico a sus ciudadanos sin asfixiar a la sociedad civil y demás. Estas mejoras, estas reformas, eran muy frágiles, porque seguían produciéndose en el contexto de una sociedad que dependía del control privado de la inversión y requería condiciones de explotación capitalista para florecer. Todo lo que esto significa es que las empresas tenían que prosperar para que los trabajadores recibieran una porción de su éxito. Y entonces, claro está, llegó la crisis de la tasa de beneficio. ¿Y qué iba a hacer el capital? Había dos opciones: o se apretaba el acelerador y se avanzaba hacia algo más radical, o había que volver marcha atrás y hacer una reestructuración. El neoliberalismo no es solo una cuestión ideológica, sino que tenía su raíz en algo real. Esa es una de las razones principales por las que debemos avanzar más allá de la socialdemocracia, hacia el socialismo democrático. La socialdemocracia no fue suficiente para alcanzar el objetivo de una sociedad democrática. El capitalismo se basa en obligar a las personas en virtud de su pobreza, en virtud de la falta de recursos propios para vivir como productores libres, a tener que ser explotados y dominados para poder sobrevivir. Esa es la esencia del capitalismo. No pasa por la compra y la venta de cosas, porque los mercados existieron antes del capitalismo. Tenemos que pensar más seriamente en una sociedad en la que los trabajadores puedan controlar y coordinar la producción, a un nivel más profundo del que lo hicieron en las sociedades socialdemócratas.

 

En los últimos años han surgido en Europa y EEUU una serie de movimientos progresistas que han logrado importantes avances en lo electoral, tanto a nivel municipal como nacional, con figuras como Jeremy Corbyn o Bernie Sanders. ¿Qué futuro augura a dichos movimientos?

Digamos que, en lo que respecta a la nueva oleada de municipalismo, estos son lugares que pueden ser oportunidades políticas. Pero, ¿qué hacemos con esas oportunidades? ¿Nos dedicamos solo a gobernar a nivel local? En un tiempo en el que la izquierda no tiene base social, debemos trabajar con eso, pero el objetivo final debe ser formar sindicatos y partidos que pelen a nivel estatal. El Estado-Nación sigue siendo el único lugar en el que podemos ejercer la soberanía democrática. Creo que la clave de esta nueva oleada de líderes populistas como Jeremy Corbin, como Bernie Sanders, es el hecho de que son capaces de articular de manera sencilla esperanzas y sueños a la gente, y no solo pesadillas defensivas. Es un mensaje muy sencillo: “Trabajas duro, haces todo lo que tienes que hacer, intentas abrirte camino, y sigues quedándote atrás. No es culpa tuya”. El capitalismo sigue siendo un sistema que crea una gran clase trabajadora que tiene intereses abstractos diferenciados. El objetivo de los partidos políticos de izquierda es agregar esos intereses en algún tipo de programa para el cambio real. La izquierda socialista de EEUU debe relacionarse con movimientos como Black Lives Matter, con movimientos que tienen que ver con la justicia climática, etcétera. No tiene alternativa. Los movimientos contra el racismo podrían, por ejemplo, oscilar en una dirección que sea puramente simbólica, que no se combine con algo que amenace al capital, o se pueden polarizar de manera que resulten muy amenazadores para las estructuras de poder existentes si se enfrentan de manera real a cuestiones de redistribución, de clase y otras cuestiones más amplias.

 

Ha escrito bastante sobre la importancia para un movimiento incipiente de lograr victorias y elegir batallas que pueda ganar. ¿Dónde sitúa esas importantes pugnas estratégicas en el EEUU de 2018?

Teniendo en cuenta que somos la economía más potente del mundo, con la clase capitalista más poderosa, y que también tenemos cientos de millones de trabajadores en este país, no tenemos un movimiento obrero. En la historia del capitalismo, es algo sin precedentes. Se empieza a ver el surgimiento de la izquierda. No será posible que sigamos construyendo una oposición sin lograr victorias reales. Y en las condiciones actuales del capitalismo, la clase dominante no está demasiado dispuesta a hacer concesiones. Así que creo que la expansión de la sanidad universal es un posible baluarte. Estamos hablando de una sexta parte de la economía. Si pudiéramos desmercantilizar un sexto de la economía y sentar un precedente para la participación amplia del Estado en la sanidad, y de la sanidad como derecho social, creo que estaríamos en una gran disposición para ejecutar demandas más profundas. Nuestro problema con el liberalismo no son los valores liberales, ni que genere sociedades débiles, ni decadentes, ni ninguna de las otras críticas que le hace la derecha al liberalismo. Nuestra objeción con el liberalismo es que no cumple las promesas de igualdad, de tolerancia...

 

Hay quienes ven artefactos ideológicos como el ‘sueño americano’ o la fijación con el concepto de libertad barreras para el crecimiento de la izquierda. Usted, en cambio, hace la lectura opuesta…

La clase obrera estadounidense ha sido derrotada de manera histórica en la batalla política y la económica. No es que esté desorientada, es que ha sido derrotada, y en el contexto de la derrota se buscan otras vías para salir adelante. A la gente se le ha enseñado a esperar ciertas cosas de la vida, del progreso, de la movilidad social. Ahora que esas expectativas entran en conflicto con la realidad, empiezan a abrirse ciertas oportunidades políticas. En ese caso, el sueño americano puede ser una bendición para nosotros, por sus promesas rotas. La pregunta es: ¿Qué significa la libertad en este contexto? Creo que es una espada de doble filo en lo relativo a la libertad en el contexto estadounidense. Por un lado, es la libertad de estar libre de explotación y poder labrarse su propio camino, alcanzar su potencial. Todo eso es muy positivo. Y luego está la libertad de explotar a otra gente y de ganar a expensa de los demás. Creo que debemos encontrar la manera de articular una forma de aspiración, una forma de esperanza, a la hora de generar acceso a servicios para que la gente pueda alcanzar su verdadero potencial y hacer lo que quiera, siendo libre del trabajo, de la burocracia y de todas las cosas de las que tiene motivo de ser escéptica.

 

¿Qué tipo de discurso y política será necesario articular para derrotar, no ya a Trump, sino al ‘trumpismo’?

La estabilidad es la regla en el capitalismo; no la excepción. Creo que los marxistas han pasado demasiado tiempo centrándose e insistiendo demasiado en las contradicciones del capitalismo y no han querido ver un sistema que en realidad ha sido capaz de amortiguar todos los desafíos que se le planteaban. Tenemos que avanzar cuanto antes, de lo contrario no seremos nosotros sino la extrema derecha la que aprovechará este período de inestabilidad. La mayoría de la gente mira a su alrededor y, aunque se encuentre en una situación difícil, sabe que este no es el peor de los mundos posibles. Vivimos en un Estado semi-autoritario, pero también en una democracia capitalista, con un alto grado de riqueza y prosperidad. Nuestro objetivo debe ser decir que lo que tenemos no es suficiente, que es producto de un proceso social de creación de riqueza y que todo el mundo debe recoger sus beneficios. Tiene que estar basado en un mensaje positivo, no el habitual de la izquierda, excesivamente negativo y centrando en las pesadillas de las que quiere proteger a la gente.

 

Fuente: http://ctxt.es/es/20180801/Politica/20327/Bhashkar-Sunkara-Jacobin-entrevista-EEUU-Que-hacer-Trump.htm 

 

Publicado enInternacional
Sábado, 04 Agosto 2018 07:01

El dolor es político

El dolor es político

“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines. La convocatoria era sencilla, contundente, más abierta imposible. ¿Quién que sufre no quiere parar de sufrir? Y allí iban, para entrar en el trance de la adoración al pastor los que en ese mismo movimiento de encomendarse a las leyes intrincadas de eso llamado destino, abandonaban en simultáneo la perspectiva política del sufrimiento.


Claro que podemos hablar de angustia existencial, de neurosis, de miedo a la libertad, de fobia a la equidad, de la contingencia de la existencia humana, que es la única especie que tiene conciencia de su propia finitud. Pero quiero especificar a qué tipo de sufrimiento me refiero, porque el capitalismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por privatizar también el sufrimiento que provocan sus políticas.


Vivió en mi casa, cuando mi hija era chica y yo volvía muy tarde del diario, una chica boliviana que era pastora evangelista. Su iglesia no era electrónica ni estaba instalada en un ex cine, pero presencié en poco tiempo cómo la lógica de su vida entró de lleno en la lectura religiosa de cada cosa que le pasaba. Jesús no se le había revelado en un momento cualquiera, sino cuando estaba por quitarse la vida en las vías del tren. Fue un impulso de supervivencia. No quiero interpretar algo tan personal. Lo cierto es que siguió viviendo y consagrada a la lectura de la Biblia en cada momento libre.


Pero esto había empezado antes, cuando ella perdió las ganas de vivir. Hacía tres años que había venido de Bolivia porque era la Bolivia de antes de Evo, y necesitaba mandar dinero para una operación que tenía que hacerse su padre. Dejó allá a un novio al que amaba mucho. Cuando la conocí me dijo que estaba de novia, me habló de él, de sus sueños, de sus proyectos, aunque hacía tres años que no se veían, porque él nunca juntaba la plata para venir a verla, y porque ella cambiaba a dólares casi todo su sueldo y lo mandaba a la casa de sus padres.


Alguna vez me pregunté con escepticismo qué pasaría con ese amor expuesto a tanta distancia. Y poco después ella se enteró que él se había casado con otra mujer. Por eso aquella noche estaba caminando por las vías. Porque se le habían roto todos esos sueños y proyectos, y el motor del esfuerzo de trabajar y vivir tan pobremente para poder pagarle esa operación cardíaca al padre, se cayó. Pero cuando estaba a punto de tirarse, me contó que vio a Jesús. No tengo por qué dudar de eso. La salvó esa visión, aunque a partir de entonces fue una especie de fanática obsesiva que hizo la convivencia muy difícil. Todo era leído en clave divina. Que es lo que hacen superlativamente las nuevas iglesias neopentecostales, entre otras, que ya manejan buena parte de la educación pública en Perú, Colombia, Guatemala y otros países de la región.


El nuevo sujeto, la nueva criatura humana que buscan generar destruyendo la educación pública tiene, desde la base inicial hasta los niveles universitarios más altos, esa impronta. A través de ese tipo de religión o del conocimiento como marketing, buscan parir culturalmente a personas que busquen la explicación de su sufrimiento en motivos totalmente separados de la política.


Cada vez que recuerdo la historia de esa chica boliviana con la que conviví varios años, me pregunto cómo era posible que no pasara por su mente que esa separación fue por razones políticas. Fue por pobreza. Fue por falta de salud pública. Fue por vivir en la periferia del mundo. Fue porque sólo separándose ella podía hacerse cargo de la difícil situación familiar. Y sin embargo, cuando se lo insinuaba, eso no podía ser comprendido. Era Dios el que los había puesto a prueba, y él no la había amado tanto como para esperarla.


El discurso del amor romántico empapelaba la faz de la vida íntima, la más profunda y personal, con misterios insondables, con designios y maldiciones, con embrujos, y la volvía reactiva a advertir que su pobreza era una manera de estar, y no una manera de ser. Y que su angustia tan intensa, finalmente, era el resultado de haber nacido en un país que todavía era colonia, y donde alguien como ella, como casi todxs sus compatriotas, debía emigrar a atender niños extranjeros cuyas madres eran jefas de hogar para pagar, a miles de kilómetros de su hogar, la operación de corazón que necesitaba su padre.


“Pare de sufrir”. Una frase sintética y tan voluminosa en el interior de millones de personas vulnerables, un imperativo en momentos como éste que vivimos ahora. Porque el sufrimiento se ha multiplicado, se ha hecho intenso, insoportable. La actriz Mónica Cabrera subió esta semana a su muro una foto suya encapuchada adentro de su casa. Se muere de frío y no puede pagar el gas. Escribió un texto en un tono diferente al de los videos que sube regularmente. Después de contar su situación, terminaba: “Me están arruinando el último tramo de mi vida”.


El sufrimiento argentino no es resultado de ningún designio, ninguna tormenta, ningún defecto de ningún sufriente. Es un sufrimiento de origen político que nadie le puede pedir a un pueblo que lo acepte como su destino. No es el destino. Es Macri.

Publicado enSociedad
Lunes, 30 Julio 2018 07:33

Jóvenes desiguales

Jóvenes desiguales

Enfrentar las condiciones del cambio demográfico exige considerar la dinámica del envejecimiento junto con las modalidades específicas de la desigualdad.


En el primer caso el asunto va mucho allá de las estadísticas que plasman de manera gráfica las pirámides de la distribución por rango de edades. Muestran claramente el achatamiento de las edades más bajas y el progresivo crecimiento de las más altas.


Esas cifras están cargadas de complejos significados que derivan de las condiciones sociales de los distintos grupos de la población. Esto requiere de un acercamiento en términos de intersección.


Además de la dimensión por generaciones, por ejemplo, la de los jóvenes, hay que tratar explícitamente otras como el género o la clase. Es obvio que no todos los adolescentes son iguales en cuanto a su vulnerabilidad y se han de diferenciar las medidas aplicables de política pública.


Pablo Simón (Universidad Carlos III) atiende el riesgo de pobreza desagregado por estrato, y no en términos seculares, sino cíclicos. Otro indicador es el de devaluación salarial, o sea, ingreso y poder de compra y el patrón de recuperación. Esto incide sobre el horizonte de las expectativas y en todos los casos afecta no sólo a los individuos, sino al conjunto familiar.


El mercado de trabajo es crucial en la dinámica social por rangos de edad: cantidad de trabajo y condiciones del empleo. En general se advierte una mayor precariedad de los empleos (entrada al primer trabajo, remuneraciones, calificación, plazo de contrataciones, informalidad, acceso a servicios públicos, etcétera) que también se diferencia en el interior del estrato de los jóvenes.


Se habla de una nueva normalidad del mercado laboral, que se adapta a las condiciones de gestión de las políticas monetaria y fiscal de los gobiernos.


Las condiciones laborales tienen una relación estrecha con el sistema educativo. Una percepción generalizada es que los jóvenes están menos preparados que antes. Según los especialistas, esto no es correcto.
Los estudiosos se enfocan en criterios como el porcentaje de titulados, tasas de deserción escolar, falta de titulación y el acoplamiento entre las calificaciones adquiridas y las demandas del sector productivo.


Dos asuntos sobresalen en este terreno. Los jóvenes que hacen funciones por debajo de su nivel de formación y lo que Simón califica de verdadero drama social que son todos los adolescentes expulsados del sistema educativo. La ausencia de estudios básicos, resalta, acrecienta enormemente la vulnerabilidad.


El sistema político y económico en México adolece de una efectiva capacidad distributiva en general y en especial en el caso de la población de jóvenes. El sistema de cotizaciones a la seguridad social debe reforzarse con otro tipo de transferencias y aminorar las cargas impuestas por el mercado de trabajo, que se suman a las condiciones de carencia familiares.


Crear nuevas oportunidades de educación superior, según propone el gobierno recién electo, es una medida que se incrusta en las consideraciones que aquí se hacen. Las medidas en este campo no pueden aislarse del contexto general y particular en el que se desenvuelve la existencia de los jóvenes.


La forma en que se reconfigure los niveles de media superior y superior debe estar muy bien articulada con los contenidos del sistema educativo. Cantidad y calidad requieren de un balance para llegar a un objetivo posible y sensible en materia propiamente educativa, social, productiva y, también, presupuestal.


Añado que la educación en una sociedad como la nuestra demanda un balance entre las profesiones científicas, técnicas y las humanidades. Esta no es una posición romántica ni antigua, y debe debatirse en el país de forma explícita.


Por otra parte, está la desvalorización social de las ocupaciones técnicas y artesanales que requieren de una especialización y la capacitación para el trabajo. Hay casos en que a esas labores debe dárseles y otros devolverles tal valor económico y social.

 

Publicado enSociedad