La oposición venezolana, muy fragmentada; más de 40 se consideran el "legítimo heredero" de Maduro, señala Pompeo

El secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, describió a la oposición venezolana como "altamente fragmentada", durante una reunión con líderes de la comunidad judía que se llevó a cabo a puerta cerrada hace unos días, informó el Washington Post.

Según el diario, Pompeo expuso: "nuestro dilema, que es mantener a la oposición venezolana unida, ha resultado ser endemoniadamente difícil".

Expresó su decepción por el fracaso de la intentona del 30 de abril contra el gobierno del presidente venezolano, y añadió: “en el momento en que Nicolás Maduro salga, todos alzarán la mano y gritarán: ‘elíjanme a mí, yo soy el próximo gobernante’. Serán cuarenta y tantos los que se sentirán el legítimo heredero ...”

Estas declaraciones difieren de la línea oficial de la administración de Donald Trump, según la cual hay una fuerte unidad dentro de la oposición venezolana en torno a su líder Juan Guaidó, quien se proclamó "presidente encargado" el pasado 23 de enero y es reconocido como tal por unos 50 países.

Pompeo admitió que Guaidó es, claramente, el opositor que más apoyo popular tiene, y aseguró que la salida de Maduro de la presidencia es "indispensable pero insuficiente" para el país.

Agregó: “la triste realidad es que demasiados dentro de la oposición están más interesados en mostrarse como el Nelson Mandela (de Venezuela), que en encontrar un camino pragmático hacia delante.

"Deben saber que Maduro está casi completamente rodeado de cubanos. No confía ni un poco en los venezolanos. Y no lo culpo. No debe hacerlo. Están conspirando contra él. Desgraciadamente, están conspirando en su propio beneficio".

Estas declaraciones, publicadas por el Post, provienen de la grabación de una plática que Pompeo sostuvo la semana pasada con líderes judíos con quienes habló del esperado plan de paz para Medio Oriente de Trump. “Quiero enfatizar que esta reunión es off the record”, aclaró el funcionario, quien provocó risas al añadir: "El presidente puede tuitear mientras estoy aquí".

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Domingo, 02 Junio 2019 06:15

Los obstáculos de Oslo

Los obstáculos de Oslo

Esta semana, las delegaciones del gobierno y la oposición viajaron a Noruega con la finalidad de buscar una solución pacífica para la compleja disputa que se ha agudizado desde enero. Después de cinco meses de lucha agónica y de un intento de golpe de Estado, ambas fuerzas lucen débiles. El gobierno, atrincherado y con poca capacidad de maniobra para gobernar el país, ha sufrido escisiones importantes en su seno, como la de Manuel Cristopher Figuera, el director de la policía política Sebin, quien fue una pieza clave en la tentativa de golpe del 30 de abril, y la sospechosa remoción de dos directores de las principales policías, la protagónica Fuerzas de Acciones Especiales y la Policía Nacional Bolivariana.

La oposición va prácticamente desnuda a Oslo. El factor de poder que sostiene al interinato de Juan Guaidó ‒es decir, el gobierno de Estados Unidos‒ no parece tan empecinado, como a principios de año, en lanzarse a una acción bélica. Después del intento de golpe del 30 de abril, del levantamiento militar del 23 de febrero, de las sanciones, el embargo petrolero, las provocaciones fronterizas y las decenas de marchas y movilizaciones, la carta que queda es una invasión militar facturada desde la potencia del norte. Esta opción, que parecía inminente en enero, ahora parece lejana, y otros países cobran protagonismo para afrontar el caso de Venezuela desde un enfoque de negociación, y no de fuerza. El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y el secretario general de la Oea, Luis Almagro, han aconsejado a Guaidó no sentarse a negociar otra cosa que no sea la rendición total de Nicolás Maduro. En tanto, la cita en Oslo, de tres días, ya terminó, y Maduro sigue en su despacho.


¿PUEDE TENER ÉXITO ESTE PROCESO DE NEGOCIACIÓN?


En intentos anteriores de dialogar, otros personajes han prestado su figura para servir de mediadores, pero ni el papa ha salido bien parado cuando ha intentado acercar a las partes. A finales de 2017 y comienzos de 2018, varias fuerzas internacionales intentaron crear procesos de intermediación, que fueron rechazados, según los organizadores, por la propia oposición. El papa advirtió en un video que la oposición estaba dividida, por lo que costaba llegar a acuerdos concretos para realizar las presidenciales, que terminaron haciéndose el 20 de mayo de 2018. La oposición protestó contra ese adelanto electoral (los comicios estaban programados, al principio, para diciembre), una jugada de Maduro que le salió bien para dividir a la oposición, pero no para gobernar de manera estable.


En tanto, Estados Unidos avanzó tremendamente en bloquear los ingresos del Estado venezolano, lo que profundiza la crisis económica ya existente. Dejó de comprar petróleo venezolano y presiona a bancos y gobiernos con los que Venezuela triangulaba para comprar productos básicos. Pero nada de esto, ni la escasez de gasolina, electricidad y agua, asegura la salida de Maduro. Hasta ahora, sólo lo viene

endureciendo en el terreno militar y político. La agresión de Estados Unidos, Colombia y Brasil incluso lo ha atornillado en su puesto. Es decir, el Maduro soñado por la oposición, que manda sus cuadros a Oslo para buscar una capitulación honrosa, por ahora no existe. Por lo tanto, los opositores enfrentan la negociación en un escenario que no está controlando y deben sincerarse sobre sus expectativas para poder seguir en la pelea política, una vez que han fracasado todos los intentos de sacar a Maduro por la fuerza y la participación militar de Estados Unidos ha quedado en pausa.


¿POR QUÉ UNA PARTE DE LA OPOSICIÓN ES TAN RENUENTE AL DIÁLOGO?


Para comprender la dificultad del diálogo en Venezuela, a pesar de que nunca ha habido un enfrentamiento armado de proporciones siquiera comparables con los de Centroamérica y Colombia, hay que comenzar entendiendo lo que supone para las elites empresariales y el uso que el chavismo les ha dado a las negociaciones: exasperar y dividir a los sectores políticos y económicos de la oposición, aprovechando una división de larga data, histórica, que da cuenta de la incapacidad de estos últimos para tomar las riendas del Estado. A diferencia de otros países de la región, aquí las oligarquías nunca han podido detentar el poder político y han necesitado siempre negociar con sectores políticos para usufructuar la renta, los viejos partidos con los que pactaba la gobernabilidad. Hoy en día, se sienten ultrajadas por el avance del chavismo y han diseñado un programa “mínimo”, que comprendería no sólo la salida de Maduro, sino también el exterminio de esa fuerza política. En cambio, el sector político de la oposición, acostumbrado al pragmatismo, conoce de cerca la realidad social y sabe que esto es imposible: para llegar al poder y mantenerlo, es menester negociar con el chavismo. Sin embargo, son los actores económicos los que tienen el financiamiento y los medios de comunicación para imponer sus criterios.


Las elites económicas y las clases medias que las siguen, muchas de ellas ubicadas en el exterior, no aceptan el diálogo. Entre otras cosas, porque han construido la figura del chavismo no como un adversario, sino como un enemigo; no como un sujeto colectivo con el que sostienen diferencias ideológicas, sino como un criminal al cual le dirigen epítetos que se agudizan a medida que va ocurriendo la refriega: “corruptos”, “comunistas”, “asesinos“, “narcotraficantes”, “genocidas”. Así que el antichavismo radical termina ubicándose fuera de la política y sin participar en las últimas elecciones presidenciales, regionales y locales, lo que ha sido, confesado por muchos sectores, un error garrafal, cuya superación costará bastante tiempo.


Se suponía que líderes como Leopoldo López, hijo de la alta burguesía, vendría a resolver ese problema, puesto que, por primera vez, las elites podrían tener acceso directo al poder político. Pero esta convocatoria al diálogo, impulsada desde el propio partido de López, es un balde de agua fría, no tanto para la oposición política, que la entiende como un camino lógico, como para la elite económica, que se niega a aceptarla.

 

¿POR QUÉ EL DIÁLOGO SIRVE A LOS INTERESES DEL GOBIERNO?


Desde que se filtró la información del diálogo en Noruega, pero especialmente desde que Guaidó reconoció públicamente su autoría, le ha llovido una andanada de críticas, insultos y desprecio comandada por opinadores, periodistas e influencers que hasta hace pocas semanas adulaban al autoproclamado presidente. No es algo nuevo. Incluso líderes, como Henrique Capriles y Ramos Allup, han sufrido los peores insultos de la oposición radical. Lo nuevo es que este intento de acercamiento está comandado por el partido que se consideraba más radical, que anteriormente ganó popularidad justamente por negarse a dialogar. Con este giro, los radicales quedan huérfanos.


Dado este panorama interno en la oposición, el diálogo siempre será una herramienta del gobierno para dividir, provocar y romper cualquier alineación antichavista. Además de una especie de capitulación de la salida rápida, de la invasión, es también un reconocimiento al gobierno de Maduro, una bombona de oxígeno para su administración hasta que se planteen como posibilidad real nuevas elecciones como salida a la crisis, algo que incluso ya divide al chavismo: buena parte de él y de la gente otrora cercana a Chávez las considera una salida plausible, aunque para Maduro difícilmente sea una opción, mucho menos después de salir airoso de las últimas contiendas. La gente que rodea al presidente, sobre todo su ala dura y militar, entiende que el descontrol del país puede ser gestionable.


Alejada la sombra de los portaaviones, Maduro nada tiene que ganar en un nuevo escenario electoral. Mientras tanto y desde la tranquilidad de Miami, la oposición radical no esconderá sus pretensiones de barrer al chavismo. Quienes viven en Venezuela esperan que el encuentro en Noruega sirva para atenuar el clima conflictivo y mejorar la calidad de vida. El único consenso es que Oslo aún está muy lejos.


Por Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela.
31 mayo, 2019 

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Chavismo y oposición exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega

Representantes de Maduro y Guaidó mantienen una serie de encuentros para tratar de lograr una salida a la crisis de Venezuela

 Venezuela es un torbellino donde los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso, casi todos atropellados. Después de la crisis abierta tras la ofensiva frustrada del 30 de abril, liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó y su jefe político, Leopoldo López, liberado de su arresto domiciliario y la posterior persecución del Gobierno de Maduro a diputados opositores, ambas partes exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega para lograr una salida a la crisis del país caribeño.

En los últimos días han acudido a Oslo representantes de Maduro, entre ellos el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez y el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, así como delegados de Guaidó, el exdiputado Gerardo Blyde y Fernando Martínez Mottola, exministro de Carlos Andrés Pérez, a los que se ha unido el diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González. Según al menos tres fuentes al tanto de las conversaciones, las reuniones han sido exploratorias, para avanzar en una agenda de temas y una metodología de trabajo. Las mismas fuentes aseguran que las conversaciones han sido por separado con representantes de la Cancillería noruega y niegan que se haya instaurado una mesa de diálogo.

La noticia de las conversaciones, que tienen el visto bueno de Leopoldo López, ha levantado suspicacias en parte de la oposición venezolana. Las reuniones sorprendieron a algunos dirigentes opositores, caso de Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional, exiliado en Bogotá, que aseguró a través de Twitter que tanto él como su partido, Primero Justicia, se habían enterado de la iniciativa cuando se hizo pública a través de varios medios venezolanos. Guaidó trató de minimizar, sin negarlos, los encuentros, con un tuit en el que deslizaba que no era la única iniciativa en marcha: “Grupo de Contacto, Canadá, Reino Unido, Noruega, Grupo de Lima, además de otras iniciativas, nos apoyan para lograr una solución a la crisis. Para los venezolanos la ruta es clara y la mantenemos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, escribió el dirigente de Voluntad Popular.


No es la única vía de diálogo que se ha explorado en las últimas semanas. Representantes de Maduro se han reunido después de la ofensiva del 30 de abril directamente con el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, y se espera que este jueves y viernes representantes de ambas parte reciban a los delegados del Grupo de Contacto de la Unión Europea para escuchar sus propuestas para lograr una salida a la crisis del país.


Tampoco es la primera vez que las partes recurren a un intento de negociación para tratar de solucionar la enorme brecha institucional en la que está sumida Venezuela. Sin embargo, los ensayos han acabado siempre en un recrudecimiento de la confrontación entre el chavismo y la oposición. La exploración previa a la convocatoria de elecciones presidenciales de 2018, celebrada en República Dominicana, supuso para los representantes de la Asamblea Nacional una ruptura aparentemente insanable con el Gobierno de Maduro debido a su voluntad de imponer las reglas del juego.


Por eso rechazaron concurrir a esos comicios, con la salvedad del exchavista Henri Falcón, y por eso la palabra diálogo se convirtió en un tabú en el entorno de Guaidó. Sin embargo, después de lo ocurrido el día 30 y la demostración de que el régimen aún mantiene el control de las Fuerzas Armadas, en algunos sectores de las filas opositoras empieza a calar la idea de que sin negociación de algún tipo sería imposible lograr una salida de Maduro. El propio jefe del poder legislativo reconoce que, si se iniciara un proceso de transición, se debería incorporar a parte del chavismo en la reconstrucción.


En este contexto, las reuniones bajo el paraguas de Noruega no han surgido repentinamente, sino que son fruto de encuentros que se vienen dando, por separado y desde hace meses, con representantes del país nórdico y que se han intensificado en las últimas semanas. Noruega cuenta con un amplio bagaje en la mediación y resolución de conflictos, caracterizado por el hermetismo. En los últimos años acogió algunas de las reuniones entre el Gobierno de España y la banda terrorista ETA, antes de su disolución y fue, junto a Cuba, país garante del proceso de paz de Colombia, que culminó con un acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC.


La madrugada del pasado 30 de abril López abandonó su arresto domiciliario en medio de un operativo liderado por Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países, y apoyado un grupo de uniformados entre los que se encontraban miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). El plan buscaba activar una rebelión contra Maduro y un quiebre en la cúpula militar, que fracasó al cabo de pocas horas, lo que obligó a López a buscar refugio en la Embajada de España en Caracas. El líder opositor no ha sido el único que ha tenido que resguardarse en una legación diplomática. En los últimos días, varios diputados han solicitado protección a distintos países –caso de Argentina, Italia o México-, lo que ha generado que la crisis de Venezuela afecte directamente a varios Gobiernos. Esta circunstancia puede ahora repercutir en su implicación en un intento de diálogo.

Por Javier Lafuente
México 16 MAY 2019 - 02:17 COT

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Cuba 2018-2019: Coyuntura y perspectiva

El tránsito entre 2018 y 2019 en Cuba tuvo dos peculiaridades. Por un lado, sirvió para rememorar el 60 Aniversario del inicio de un proceso que se propuso transformar el país en cuatro direcciones: independencia nacional, justicia social, buen gobierno y una economía próspera y sustentable. Ese proceso, que ha implicado 60 años de resistencias y sacrificios populares, tomó rápidamente el título que mantiene hasta hoy: la Revolución Cubana.

Si hubiera que hacer un balance sintético, se podría decir que en esos 60 años el país alcanzó por primera vez el ejercicio pleno de su soberanía y se transformó en un actor a nivel global por sus políticas anti-hegemónicas y de solidaridad internacional; avanzó sustancialmente en salud pública y educación, aunque quedaron lagunas en sectores como la vivienda y el transporte público; eliminó los grandes casos de corrupción y creó un sistema político nuevo, más ajustado a la voluntad popular, aunque mediado por la figura y genio de un líder como Fidel Castro, lo que unido al clima de plaza sitiada en el que tuvo que sobrevivir, condujo a un régimen democrático imperfecto con una institucionalidad vertical y autoritaria, en el cual la burocracia estatal y partidista adquirió una excesiva discrecionalidad; no pudo construir un modelo económico próspero y sustentable, independiente del sostén externo, mientras que las fuerzas productivas estuvieron restringidas por un sistema de administración altamente centralizado y poco creativo.


Al analizar las falencias de este proceso siempre habrá que recordar que el gobierno cubano estuvo y está bajo la constante presión de una política persistentemente hostil de un poderosísimo enemigo, otrora socio privilegiado: los Estados Unidos.


En segundo lugar y paradójicamente, 2018-2019 también marcó la primera gran transformación política postrevolucionaria: la transferencia de poder de la generación histórica que dirigió la Revolución a otra más joven compuesta por mujeres y hombres nacidos por lo general después de 1959.


Esa transferencia necesitó de una nueva constitución en la cual el sistema político cubano se reconoce por primera vez como un estado socialista de derecho, con todo lo que ello implica.


El proceso de redacción, discusión, aprobación y proclamación de esta nueva Magna Carta, que no estuvo exento de las tendencias verticalistas de la cultura política cubana, ocupó la atención primaria de la ciudadanía entre julio del 2018 y abril del 2019, incluyendo una consulta popular que fue un gran ejercicio de deliberación democrática.


La última fecha sirvió también para hacer un balance del primer año de gobierno del presidente electo en abril del 2018, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.


Ese balance, pues, desbordó los marcos del calendario formal. Díaz-Canel, ingeniero de formación, pero cuadro político con una amplia trayectoria partidista y gubernamental, recibió como herencia un proceso de reforma económica y política en marcha, diseñado en lo fundamental durante los 12 años de gobierno de su predecesor, el general Raúl Castro.
El objetivo central de esa estrategia es crear lo que la propaganda oficial ha designado como un “socialismo próspero y sustentable” a partir de una “actualización del modelo económico y social” cubano.


Ello no es una ruptura con los logros alcanzados bajo el liderazgo de Fidel Castro, más sin embargo, como afirmara el propio Raúl Castro el 27 de julio del 2007: “Para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.”


Durante su mandato el expresidente y actual primer secretario del Partido Comunista de Cuba insistió más de una vez que el principal enemigo que enfrentaba esta transición era “la vieja mentalidad”, con lo cual quedó evidente lo que muchos analistas, incluyendo el que suscribe, han señalado: bajo el signo de la unidad existe una aguda lucha entre dos tendencias, la que privilegia el cambio y la innovación y la que insiste en el continuismo y la inmovilidad.


Como lo han demostrado los 12 años precedentes, no puede haber continuidad sin transformación y sin adaptación a las cambiantes circunstancias domésticas y externas. Desde el poderoso centro ideológico del Partido se insiste en la consigna de “somos continuidad”, lo que puede socavar en la conciencia y las esperanzas ciudadanas sobre la necesidad del cambio.


En un sistema de partido único siempre hay el peligro de confundir realidad con propaganda; después de todo cualquier constructo ideológico-propagandístico no es más que una interpretación de la realidad y la realidad puede ser muy terca. No hay que olvidar un precepto fundamental del marxismo: la práctica es el criterio de la verdad.


Aunque tanto Raúl Castro como Díaz-Canel, han enfatizado que la batalla principal que enfrenta Cuba es la de la economía, el año que pasó será recordado, sobre todo, por los cambios políticos impulsados por las propias autoridades cubanas, entre los cuales se encuentra una importantísima ampliación del espacio público con el impulso oficial al uso de Internet, a la presencia de las autoridades en las redes sociales y al énfasis en el gobierno electrónico.


En este balance del 2018, sigue siendo deficitario el proceso de transformación económica. Tanto desde el gobierno como en los círculos académicos se reconoce que no se alcanzan las metas propuestas y que quedan muchas políticas aprobadas por implementar.


Hay dos elementos claros: toda la política del presidente Díaz-Canel tiene por objetivo actualizar el modelo socio económico con vistas a crear ese tan ansiado socialismo próspero y sustentable; y el presidente personalmente realiza un enorme esfuerzo de trabajo y comunicativo para lograrlo.


Pero el 2018 terminó en medio de graves escaseces.


Los desafíos que enfrenta el gobierno cubano en materia internacional son enormes debido a la creciente hostilidad de la administración de Donald Trump y los graves acontecimientos en Venezuela. También hay aspectos positivos en que sustentarse pero no siempre se aprovechan todas las reservas con la premura necesaria.


Sin embargo, no se debe olvidar, hoy más que nunca, que economía y política se encuentren indisolublemente imbricadas.


En el futuro no podrá hablarse de un balance político positivo de este período, no importa cuánto se logre en ese terreno, si el devenir económico del país no se encamina firme e irrevocablemente hacia las metas trazadas en los documentos principales conocidos abreviadamente como Lineamientos, Conceptualización y Visión 2030.


Y ahí es donde está el gran déficit de los últimos años, incluido el 2018, y el gran desafío del 2019 y los futuros. Se sabe y está definido lo que hay que hacer, pero no se acaba de lograr que el gobierno en su totalidad implemente con audacia y vigor lo acordado. Y el tiempo se nos está acabando.


Por Carlos Alzugaray

Diplomático, escritor y educador, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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Alternativas pospetroleras para Venezuela, necesarias, urgentes, posibles

A medida que proliferan las ideas sobre las posibles alternativas para salir de la crisis en Venezuela, llamativamente hay una persistencia. Una y otra vez se parte del petróleo, esto no está en discusión y desde allí es que divergen distintas opciones sobre cómo aprovecharlo. 

Por momentos parecería que es casi imposible imaginar una alternativa que no dependa de los hidrocarburos. En cambio pasan a ser posibles las distintas opciones sobre la propiedad de los hidrocarburos, los papeles del Estado o el mercado, los esquemas tributarios y así sucesivamente (1). No sólo eso y hay quienes redoblan la apuesta reclamando profundizar todavía más el extractivismo petrolero como medio para obtener rápidamente ingresos económicos.


Por ejemplo, la cámara empresarial petrolera ya tiene un plan para aumentar la extracción en un millón de barriles (2), los sindicatos concuerdan en fortalecer ese sector (3) y hay voces académicas en el mismo sentido. Esa profundización petrolera es reclamada en todo el arco político, desde los conservadores a los progresistas (4). Solo difieren en los modos de hacerlo.


Asumir que toda opción de cambio implica la petrolización tiene muchas limitaciones. Es anticuado, no resuelve viejos problemas del desarrollo ni las nuevas exigencias del cambio climático. De alguna manera se renuncia a promover alternativas reales a la esencia del desarrollo venezolano: ser proveedora de hidrocarburos a la globalización. Aún en el mejor caso, sería aliviar la crisis actual para sembrar una crisis futura.


Las voces de alarma sobre la adicción petrolera se han repetido en Venezuela por lo menos desde la década de 1960. Posiblemente la advertencia más popular sea “el petróleo es el excremento del diablo”, de Juan Pablo Pérez Alfonzo hacia 1976 (5). Pero no han sido atendidas. En paralelo, se han sumado muchos análisis sobre lo que ha sucedido en distintos países petroleros que muestran importantes desarreglos productivos, comerciales y financieros, descalabros políticos como sociales (como derivas autoritarias o la penetración de la corrupción) y muy serios impactos ambientales (6). La metáfora lanzada en 1936 por A. Uslar Pietri, “sembrar el petróleo”, por ahora no se cristalizó en América Latina.

Cuando el rentismo es insuficiente


Como la condición petrolera es indiscutible, los debates pasan a estar enfocados en los modos de mantener ese extractivismo. Se considera, por ejemplo, si se debe nacionalizar o privatizar el sector, cuáles serían los roles de las empresas petroleras, si éstas deben ser estatales, privadas o mixtas, el nivel de tributación, cómo manejar la inversión extranjera, y así sucesivamente.


Muchos alertan de que Venezuela tiene una estructura “rentista”, de donde el problema central sería esa dependencia de la renta petrolera pero no la centralidad de esa explotación. Se dice, por ejemplo, que en “el futuro Venezuela seguirá siendo un país petrolero, pero no podrá ser en ningún caso un país rentista” (7). Dicho de otro modo, habría alternativas posrrentistas pero no asoman en el horizonte opciones pospetroleras.


Los abordajes basados en la renta son herederos de posturas económicas del siglo XIX (sean las de David Ricardo como las de Karl Marx). En sus aplicaciones prácticas actuales, la renta corresponde a la diferencia entre el valor económico de un recurso natural según lo determinan los mercados globales y los costos totales de la extracción, que denominan “producción”. Ese es el tipo de cálculo que por ejemplo realiza el Banco Mundial. El éxito o fracaso económico de un país petróleo se mide usualmente con indicadores como este.
Sin embargo esas ideas de la renta están repletas de problemas. Comencemos por precisar que no existe una “producción” de hidrocarburos, sino que en realidad es una pérdida irreversible de patrimonio. El vocablo “producción” oculta que son recursos finitos y agotables, y su dinámica es muy distinta a lo que ocurre, pongamos por caso, en la agricultura, que tiene potenciales de renovabilidad (en lo que podrían ser rentas agrícolas se pueden calcular costos de reposición de la fertilidad del suelo, pero eso es imposible para los combustibles fósiles).


Paralelamente, en los cálculos convencionales de la renta los “costos” son siempre incompletos, ya que no incorporan lo que se gasta o pierde por impactos sociales y ambientales. Dicho de modo esquemático, el precio del crudo no incluye componentes como los costos económicos de la contaminación o del daño de la salud de las comunidades locales. Ese gasto sin embargo existe, y lo que sucede es que son transferidos a la sociedad. Esta es una de las razones por las cuales al Banco Mundial, muchas corporaciones y unos cuantos académicos, les encanta ese tipo de cálculo de la renta, ya que legitima u oculta las enormes cargas en dinero y patrimonio que los extractivismos transfieren a la sociedad y el Estado.
Estos y otros componentes muestran que la categoría de rentismo y la evaluación de la renta pueden ser útiles para problemas específicos que sin duda deben ser rectificados, pero no deberían impedir abordar la cuestión de fondo que radica en la dependencia petrolera y los efectos que desencadena. Hay otros abordajes, como los que se basan en reformular el concepto de “excedente”, que permiten incorporar dimensiones sociales y ambientales que vienen siendo rutinariamente excluidas, y que sirven para acceder a alternativas más profundas (9).


Contradicciones internas y externas


En efecto, no existe una petrolización no rentista que sea social y ambientalmente benévola. Bajo cualquier organización institucional o económica, los pozos de petróleo contaminan, su expansión afecta a pueblos indígenas, y cuando sus derivados son quemados, alimentan el cambio climático. La dependencia global es inevitable por el simple hecho de tener que exportar el crudo; esas exportaciones implican sumergirse en las reglas del comercio global y de los flujos de capital. Las empresas, sean estatales, mixtas o privadas, siempre buscarán aumentar sus ganancias, y por ello externalizan todos los costos sociales y ambientales que puedan. Las comunidades protestarán, y rápidamente serán acusadas de entorpecer el “desarrollo”, y allí donde insistan se apelará a la violencia, sea estatal o no, para asegurar esas explotaciones. Todo eso resulta en violaciones a los derechos humanos, tal como se observa en los países latinoamericanos petroleros. En los momentos de altos precios globales estos impactos se disimulan, pero no se anulan.


Pero es todavía más impactante que la insistencia en seguir siendo petroleros luce anticuada porestar desacoplada de los problemas del siglo XXI. Hoy sabemos que no es posible seguir extrayendo petróleo porque no puede ser quemado si realmente se desea evitar el cambio climático. Para impedir ese desplome ecológico planetario se identificó un límite a las emisiones conocido como “presupuesto de carbono”. Simplificando al máximo el asunto, la comunidad científica entiende que las emisiones netas de CO2 deben caer a cero en los próximos años, si es que realmente se quiere evitar cruzar el umbral de un desastre climático que pondría en riesgo a la vida humana.


Ante esto, profundizar la extracción de petróleo venezolano, bajo cualquier tipo de arreglo institucional o económico, resultaría en alimentar el recalentamiento global, violaría acuerdos internacionales en esa cuestión, y contribuiría a un problema ambiental que como es planetarioregresa para golpear a los propios venezolanos y su naturaleza.

Alternativas posextractivistas


Este tipo de argumentos muestra que la condición petrolera también se debe poner en cuestión. Las reales alternativas están en abandonar la dependencia petrolera. Ya se han intentado todo tipo de arreglos políticos y económicos sin éxito; ya no hay tiempo para ensayar otras opciones ilusionadas con un extractivismo “bueno” porque ni la ecología planetaria ni la local, lo resisten.


Es más, insistir en la petrolización es también riesgoso. En la actual oposición hay planteos de buscar recursos financieros del exterior, por ejemplo el FMI, para enfrentar la crisis, pero buena parte de ellos irían a recapitalizar el sector petrolero en lugar de asegurar beneficios concretos a la población. Otra vez se caería en que el Estado termina subsidiando las actividades petroleras. O bien, está el otro riesgo de usar la excusa de la crisis para una privatización generalizada, lo que cambiaría un extractivismo estatal por uno más subordinado al capitalismo global (10).


Bajo esas y otras condiciones han surgido las propuestas y debates sobre las llamadas transiciones posextractivistas. Existen antecedentes en varios países que muestran que es posible pensar más allá del petróleo, que eso cuenta con respaldo de importantes sectores ciudadanos, y que incluso se expresan en planes de acción concretos (como ocurrió con la moratoria petrolera en la Amazonia de Ecuador). En Venezuela ya hay algunas voces (11).


El posextractivismos se plantea como un conjunto de transiciones, ya que se admite que no pueden imponerse de un día a otro. Pero a diferencia de otras posiciones, esas transiciones se expresan en medidas que sean concretas, efectivas, replicables y entendibles por la opinión pública. Su meta es una erradicación real de la pobreza, asegurar la calidad de vida de las personas y conservar la naturaleza.Apuntando a ese objetivo ya existe un marco conceptual para transiciones pospetroleras para las regiones andino-amazónicas (12) que pueden servir como un insumo para los debates.

 


Si son esas u otras las opciones transicionales a considerar, eso es parte de la discusión que debe profundizarse. A pesar de que se intenta evitar ese debate, una real alternativa está en imaginar futuros inmediatos que no sigan dependiendo de la petrolización. Esa es la verdadera y necesaria discusión sobre las alternativas. No existe ninguna imposibilidad de hacerlo y las ataduras que lo impiden deben ser rotas.

Notas:


(1) Ver por ejemplo, Industria petrolera: un mapa de propuestas, ProDavinci, Caracas, 2 abril 2019, https://prodavinci.com/industria-petrolera-en-venezuela-un-mapa-de-propuestas/
(2) Cámara Petrolera de Venezuela presenta plan para elevar producción en 1 millón de barriles, A. Rojas Jiménez, Petroguia, 25 abril 2019, Caracas, http://www.petroguia.com/pet/noticias/petr%C3%B3leo-gas-natural-petroqu%C3%ADmica/c%C3%A1mara-petrolera-de-venezuela-presenta-plan-para-elevar
(3) Trabajadores petroleros de Venezuela rechazan sanciones de EE.UU., Telesur, Caracas, 31 enero 2019, https://www.telesurtv.net/news/trabajadores-petroleros-defensa-pdvsa-sanciones-eeuu-20190131-0024.html
(4) ¿Cómo recuperar el bienestar de los venezolanos?; por Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, 25 de septiembre, 2017, Prodavinci, Caracas, http://historico.prodavinci.com/2017/09/25/actualidad/como-recuperar-el-bienestar-de-los-venezolanos-por-ricardo-hausmann-y-miguel-angel-santos/
Ministerio de Petróleo articula planes con PDVSA para potenciar producción en la FPO, Ministerio P.P. Petróleo, Caracas, 2018, http://www.minpet.gob.ve/index.php/es-es/comunicaciones/noticias-comunicaciones/29-noticias-2018/339-ministerio-de-petroleo-articula-planes-con-pdvsa-para-potenciar-produccion-en-la-fpo
(5) Hundiéndonos en el excremento del diablo, J.P. Pérez Alfonzo, El Perro y la Rana, Caracas, 2009.
(6) Un resumen con muchos ejemplos latinoamericanos en La maldición de la abundancia, A. Acosta, AbyaYala, Quito, 2009.
(7) Entrevista a M. Gerig en Revista Florencia, 22 marzo 2019, https://revistaflorencia.com/malfred-gerig-futuro-economia-venezolana/
(8) Cálculos disponibles en la base de indicadores del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.TOTL.RT.ZS
(9) El manejo del concepto de excedente de ese modo se explica en Extractivismos. Un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, CEDIB y CLAES, La Paz, 2015.
(10) Por ejemplo, desde la política conservadora, el economista Ricardo Hausmann, que asesora a Juan Guaidó, concibe la salida de la crisis por medio de un préstamos masivo del FMI por unos US$ 60 mil millones, y que el sector energético requerirá enormes ayudas financieras. Ricardo Hausmann habla de su plan de recuperación para Venezuela, Gestión, Lima, 31 enero 2019, https://gestion.pe/mundo/ricardo-hausmann-habla-plan-recuperacion-venezuela-257347. En un razonamiento similar, Francisco Monaldo sostiene que para recuperar la extracción en 200 mil barriles/día por año, es necesaria una inyección de US$ 20 mil millones al año por una década, lo que sólo es posible con una reestructuración de las deudas del país, el apoyo del FMI y una reforma de todo el sector que permita atraer inversores. La implosión de la industria petrolera venezolana, F. Monaldo, Pro Davinci, Caracas, 15 agosto 2018, https://prodavinci.com/la-implosion-de-la-industria-petrolera-venezolana/
(11) Una biblioteca de recursos sobre transiciones posextractivistas en www.transiciones.org; debates para Venezuela en www.ecopoliticavenezuela.org
(12) Cambio climático y transiciones hacia el buen vivir en américa del sur, G. Honty y E. Gudynas, Passerelle, Paris, No 13, 2015, http://transiciones.org/transiciones-en-energia-y-cambio-climatico-en-los-andes-y-la-amazonia/
Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión de este artículo se publicó en ALAI (Quito). Contacto Twitter @EGudynas

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Sábado, 04 Mayo 2019 06:24

El Grupo ya no cree en el golpe,

El canciller peruano Néstor Popolizio (centro, izq.) y su vice presiden la reunión en Lima. Imagen: AFP

Por primera vez, el Grupo abre las puertas para su respaldo a una salida negociada en la que incluyen incluso a Cuba.

Bajo la sombra de Washington, el Grupo de Lima, reunido de emergencia en la capital peruana a pedido de Colombia, se volvió a pronunciar respaldando a la oposición venezolana y condenando duramente al gobierno de Nicolás Maduro luego de la fallida intentona golpista encabezada por Juan Guaidó. Pero en esta ocasión por primera vez el Grupo abre las puertas para su respaldo a una salida negociada, en la que llaman a incluir incluso a aliados de Maduro, como Cuba. Un cambio significativo en este grupo de países que hasta hoy exigían el fin del régimen chavista sin dar espacio a un acuerdo consensuado. Un cambio que llega después de que el levantamiento opositor no encontrara el apoyo militar que esperaba, ni una movilización ciudadana masiva a favor de su causa.


La declaración dada ayer por los cancilleres del Grupo de Lima confirma las bajas de los países que se han distanciado de este grupo que tiene como razón de ser buscar el fin del gobierno de Maduro. De los catorce países que lo integran, fueron once los que suscribieron el pronunciamiento: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú. No se han sumado a este pronunciamiento, que respalda el alzamiento de Guaidó, México, cuyo alejamiento del Grupo de Lima es evidente desde que asumió Manuel López Obrador. Tampoco Guyana y Santa Lucía.


Los cancilleres del Grupo de Lima tenían previsto comunicarse con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, a través de una video conferencia -¿tal vez para escuchar directivas finales sobre la línea a seguir?-, pero esa comunicación se frustró por “problemas técnicos”, según informó luego el canciller peruano, Néstor Popolizio. El ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, José Valencia, participó de la reunión como observador.


Aunque ya se habían pronunciado sobre el tema hace unos días, cuando estalló la asonada para derrocar a Maduro, los cancilleres de los países del Grupo de Lima se tomaron más tiempo del esperado en los debates previos a la emisión de este último pronunciamiento. Había cambiado el escenario. La reunión a puertas cerradas se prolongó por cinco horas. La apertura del Grupo de Lima a una salida dialogada y la inclusión en la declaración de puntos que buscan un acercamiento a otros países que proponen una negociación como opción a la crisis venezolana, habría sido el punto más conflictivo del debate y lo que prolongó varias horas más de lo esperado la discusión.


Al final, en medio de la sensación de decepción que se respiraba en el ambiente del salón de la Cancillería peruana donde se llevó a cabo la reunión, los países del Grupo de Lima anunciaron que se harán “gestiones para que Cuba participe en la solución de la crisis en Venezuela”. El llamado del Grupo también ha incluido al Grupo de Contacto, formado por países latinoamericanos (México, Uruguay, Bolivia y Costa Rica) y europeos (Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia y Unión Europea) que han buscado desde un inicio una salida dialogada. Ahora el Grupo de Lima convoca a una reunión “urgente” de los países de ambos grupos para “buscar la convergencia en el propósito común de lograr el retorno a la democracia en Venezuela”.


Según el analista internacional Ramiro Escobar de la Universidad Católica de Perú, el llamado del Grupo es un reconocimiento de que la opción de sacar a Maduro por la fuerza parece agotada. “El Grupo de Lima está tratando de fortalecer la opción de una negociación. El llamado con carácter de urgencia al Grupo de Contacto implica aprobar una negociación, a la que convocan a participar a Cuba, que es lo más importante de este pronunciamiento. Este llamado a un diálogo es una forma de reconocer que ya no funciona la opción de sacar a Maduro por la fuerza, que se ha llegado a una situación límite que puede llevar a más derramamiento de sangre y que hay que buscar una salida negociada. Este llamado a Cuba marca una distancia con Estados Unidos. Estimo que este punto debe ser el resultado de una negociación complicada al interior del grupo”, le señaló Escobar a PáginaI12.


En los otros puntos de la declaración, el Grupo de Lima reitera el respaldo al levantamiento de la oposición, el que se niegan a calificar como un intento golpista, y alientan a Guaidó y a la oposición a seguir adelante en sus acciones. Condenan la represión del gobierno chavista a las protestas, pero mantienen silencio frente a la violencia del lado opositor


“Los países del Grupo de Lima están presionados por Estados Unidos y es cierto que en esta ocasión no hay un rechazo explícito a una intervención militar en Venezuela, pero proponen dos columnas muy importantes para una negociación, que son los llamados al Grupo de Contacto y a Cuba, y que es algo contrario a una intervención militar”, dice el analista Escobar.

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Miércoles, 24 Abril 2019 06:25

Un comediante presidente: el Trump ucranio

Volodymyr Zelenskiy en su sede después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Kiev, Ucrania.Foto Ap

Debido a la putrefacta clase política en "Occidente", ahora hay que tomar en serio a sus cómicos, desde Italia –donde el payaso Beppe Grillo gestó al Movimiento 5 Estrellas que encabeza el gobierno– hasta Ucrania, donde el comediante Volodymyr Zelensky aplastó al saliente Petro Poroshenko con más de 73 por ciento de los sufragios.

La cacareada "democracia" teledirigida por los globalistas de Estados Unidos (EU) y la Unión Europea (UE) y su “revolución fake” en la Plaza Maidán (https://bit.ly/2ZrGksL), arruinaron a Ucrania, hoy el más paupérrimo del viejo continente, lo balcanizaron de facto (desde Crimea hasta el Donbass) y lo convirtieron en línea de confrontación entre "Occidente" y Moscú, con el fin de cercar a Rusia e interrumpir la conexión del gas ruso a Europa.

La gestión calamitosa del derrotado Petro Poroshenko, vulgar títere cleptócrata de "Occidente", desembocó en la decepción de la población que prefirió al cómico Volodymyr Zelensky de 41 años de edad.

Pese a la lacerante miseria –donde el salario promedio es de 320 doláres al mes– y a la endémica corrupción, Petro Poroshenko amasó una fortuna de 57 millones de dólares en sólo 12 meses (sic), cuyo 71 por ciento provino de sus dividendos de una subsidiaria en Zurich de Rothschild Bank AG (https://bit.ly/2W67FyR).

"Occidente" ocultó la "corrupta democracia" de Petro Poroshenko por su geopolítica anti-rusa.

The Globalist tilda al comediante de "Trump ucranio" (https://bit.ly/2UNXDWs), mientras Xinhua realiza un sobrio análisis geopolítico de la asunción de Volodymyr Zelensky y publica la opinión del primer ruso Dmitry Medvedev: "el resultado mostró una solicitud explícita a nuevos abordajes para resolver los problemas de Ucrania" –sobre Crimea y la región secesionista del Donbass.

Volodymyr Zelensky habla ruso y ucranio y no falta quienes lo coloquen como peón "serio" del malhechor oligarca Ihor Kolomoisky, que radica en Tel Aviv (https://bit.ly/2OYcGGO).

A juicio de Volodymyr Fesenko, director del Centro Penta para Estudios Políticos Aplicados de Ucrania,“en el mejor escenario, una "paz fría" nos espera”.

Andrei Zolotarev, analista del Centro Tercer Sector de Kiev, juzga que "el nuevo presidente de Ucrania no podrá cambiar el rumbo en forma drástica".
Alexander Gushchin, de la Universidad Estatal para Humanidades de Rusia juzgó que la mejoría en las relaciones de Moscú y Kiev dependen de los lazos de EU y Rusia. Llamó la atención que no haya citado a la UE.

Yevgeny Minchenko, director del Instituto Internacional de la Pericia Política de Rusia, comentó que “la Ucrania actual está diseñada como "anti-rusa", por lo que es casi imposible cambiar esto en el futuro cercano”.

Se ignora si en forma cómica o seria Volodymyr Zelensky haya prometido concluir el conflicto en la parte oriental de Ucrania (la secesionista Donbass) mediante una “poderosa info-guerra (https://bit.ly/2GAkZpJ)”, así como "actuar dentro del formato Normandía" –negociaciones de Francia/Alemania/Rusia/Ucrania sobre la guerra en Donbass– y continuar con el "proceso Minsk": acuerdo para cesar la guerra en el Donbass entre Ucrania, Rusia y las repúblicas secesionistas de Donetsk y Luhansk.

Suena hilarante pretender conciliar el "formato Normandía" con "el proceso Minsk" (https://bit.ly/2DqBra4).

Bryan MacDonald comenta que la "paradoja" de la seudo-revolución de la Plaza Maidán en 2014 –teledirigida por George Soros y la subsecretaria de Estado Vicky Nuland– es que, por sus "secuelas, representó más un reacomodo de las sillas de la cubierta del Titánic, que un verdadero cambio de poder" cuando sus "apoyadores de Occidente" colocaron "sus propios intereses geopolíticos sobre el deseo genuino de cambio de los ucranios" (https://bit.ly/2UyDw9I).

Tampoco hay que soslayar el poder del Parlamento que en seis meses tendrá elecciones y pondrá a prueba en forma seria al presidente comediante.

Su principal problema consistirá en mantener un equilibrio entre Occidente y la imperativa necesidad ontológica de armónicas relaciones con Rusia, cuya matriz histórica inició en Kiev.

El zar Vlady Putin no piensa aún felicitar al "Trump ucranio". Lo serio no empieza todavía.

AlfredoJalife.com

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Lunes, 15 Abril 2019 06:33

Fósiles

Fósiles

El uso de la energía es esencial en el proceso de desarrollo económico. Entraña transformaciones relevantes en la actividad productiva, el empleo, los ingresos y la asignación de los recursos disponibles.

Hoy, el uso de los combustibles fósiles, como petróleo, carbón y gas natural, está en cuestionamiento, en medio de las alternativas tecnológicas que están surgiendo. A esto se suma el efecto negativo sobre el clima y el calentamiento global del planeta, así como las reacciones sociales que provoca.


Una reseña publicada por el New York Review of Books (Bill McKibben, A future without fossil fuels?, abril 4, 2019) aborda este asunto a partir de una pregunta: ¿En qué momento una nueva tecnología provoca que una industria empiece a perder valor significativamente?


Uno de los documentos reseñados apunta a la posibilidad de que la industria de combustibles fósiles se debilite mucho antes de lo que se ha pensado. El asunto es de importancia en general y amerita una atención especial hoy en México.


Las transiciones tecnológicas asociadas con el uso de la energía pueden apreciarse entre muchos otros casos en el paso del caballo al automóvil, del trabajo manual a la máquina de vapor, de la telefonía por líneas terrestres a la celular.


Un aspecto central de estos procesos es la rapidez con que ocurren los cambios. Algunos estudios apuntan a que la velocidad tiende a incrementarse no sólo por sus condiciones intrínsecas, sino incluso en virtud de que los inversionistas advierten cuando una tecnología da cuenta de un mayor ritmo de crecimiento en un determinado sector productivo y lo hace más atractivo.


Un ejemplo de esto es la rápida caída del precio de la energía solar y eólica, así como de la baterías de iones de litio y la consiguiente expansión de su uso, aunque todavía muy por debajo de los combustibles fósiles.


En el caso del sol y el aire sólo producen alrededor de 6 por ciento de la oferta total de electricidad en el mundo, pero representan 45 por ciento del crecimiento de esa oferta y su costo sigue bajando. Según sugiere el texto reseñado, puede alcanzarse el punto más alto del uso de combustibles fósiles no por su agotamiento, sino porque los recursos renovables se abaratan y se hacen más eficientes para los usuarios y atractivos por su rentabilidad.


Una afirmación provocativa del estudio es que en los primeros años de la próxima década la demanda de combustibles fósiles podría dejar de crecer. Y ese es un punto de inflexión que en esa transición es asimilada por los mercados financieros, cuando el valor de las empresas (tomado como el precio de sus acciones) tiende a caer.


El petróleo podría tener una ventaja competitiva sobre el gas natural, por ejemplo, debido al uso de los automóviles y los aviones. En 2017 se estimaba que 3 millones de un total de 800 millones de vehículos eran eléctricos, pero significaron 22 por ciento del crecimiento de las ventas; y se prevé que puedan dar cuenta de todo el crecimiento hacia la mitad de la década de 2020. Esto se mira en la pérdida de valor de compañías como GM y Ford, o bien en la debacle de General Electric, verdadero coloso industrial y financiero productor dominante de turbinas para plantas que funcionan con carbón y gas, y que aunque produce turbinas de viento no tiene en ese caso el mismo poder de mercado.


Las transiciones tecnológicas están en el centro de lo que se conoce como el proceso de destrucción creativa, propuesto por Schumpeter como eje del desarrollo económico. Se destruyen formas de producir para crear otras que generan más valor. Un caso muy sonado es el de la industria de las comunicaciones en las pasadas dos décadas, en las que el Internet se consolidó. Eso ha ocurrido con la prensa escrita, la televisión y el cine; Newsweek se vendió por un dólar, pero otras surgieron y han llegado a un enorme valor de mercado.
En 2015 el gobernador del banco de Inglaterra advirtió acerca de las condiciones del sector de los combustibles fósiles y la exposición de los riesgos que tiene para los bancos. Tanto el factor tecnológico, el de los precios y las exigencias medioambientales, dijo, pueden hacer que las inversiones en pozos petroleros, oleoductos, minas de carbón y otros sectores se desvaloricen notablemente. Urgió a los bancos a prepararse para un mundo con menor uso de esos combustibles; hay evidencia de que las empresas financieras reacomodan sus portafolios para acoplarse al nuevo escenario de riesgos en el sector energético.


La transición tecnológica y, en particular, la estrategia energética son elementos cruciales para elevar el nivel de crecimiento de un país y crear las condiciones para el incremento de la productividad, la generación de riqueza y mayor bienestar colectivo. Ese es un elemento necesario para establecer las políticas de promoción e inversión públicas.

 

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Viernes, 08 Febrero 2019 05:58

Hoja de ruta para un proceso electoral

Hoja de ruta para un proceso electoral

Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro internacional sobre Venezuela al considerar que los puntos propuestos –elecciones y ayuda humanitaria– buscan inmiscuirse en los asuntos internos.

 

El Grupo Internacional de Contacto (GIC) sobre Venezuela concluyó ayer su primera reunión en Montevideo donde acordaron sus objetivos principales: establecer las garantías necesarias para un proceso electoral y permitir la entrega de asistencia humanitaria. Bolivia se excluyó de firmar la declaración de este primer encuentro al considerar que los puntos propuestos buscan inmiscuirse en los asuntos internos del país caribeño.


El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, tras la reunión, indicó que el GIC había conversado sobre cómo colaborar para una salida pacífica de la crisis en Venezuela y establecer las garantías necesarias para un proceso electoral. “El problema venezolano se puede arreglar en la medida en que se empiece a hablar de elecciones”, dijo Nin Novoa en conferencia de prensa. El canciller, sin embargo, contradijo la propuesta alcanzada anteayer con México y los países de la Comunidad del Caribe –denominada Mecanismo de Montevideo–, que no incluye un llamado a comicios en Venezuela. “Si pedimos elecciones en tal momento estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo. Son ellos (gobierno y oposición) los que deben acordar. Vamos al diálogo sin condiciones”, había explicado el miércoles el responsable de relaciones exteriores de Uruguay.


El presidente Tabaré Vazquez fue el promotor (junto con la Unión Europea) y anfitrión de la reunión a la que asistieron los cancilleres de México, Bolivia, Costa Rica y Ecuador, así como sus pares de España, Suecia, Italia y la Comunidad Europea. También participaron funcionarios de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Portugal. Por el contrario, ni representantes del gobierno venezolano ni de la oposición formaron parte del encuentro.


En dicha rueda de prensa, en la que Nin Novoa estaba acompañado por la encargada de relaciones exteriores de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, se aclaró que el GIC y el Mecanismo de Montevideo no son lo mismo, razón por la que México –que estaba presente en la reunión, pero no forma parte del GIC– no firmó el documento. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, afirmó que su país no forma parte del GIC porque no puede, por mandato constitucional, apoyar la injerencia externa en otros países. El mexicano sí aclaró, sin embargo, que aboga por la comunicación entre las partes y una salida pacífica y democrática del conflicto.


En este sentido también se pronunció Bolivia, quien en un comunicado emitido tras la reunión indicó que no suscribió a la declaración final debido a que no se sentía representada por la totalidad de su contenido, aunque afirmó que seguirá colaborando en todo aquello que pueda hacer a favor de la estabilidad de Venezuela. No obstante, sí indicó que se suma al Mecanismo de Montevideo. Además de llamar al diálogo entre las partes en conflicto, el gobierno boliviano rechazó cualquier amenaza de intervención militar en el país caribeño. “Finalmente, Bolivia insta a los países que han ofrecido ayuda humanitaria y al mismo tiempo han impuesto sanciones económico financieras a Venezuela, a levantarlas para contribuir a la provisión de alimentos y otros insumos necesarios para la población”, concluyó.


La declaración del GIC indicó, además, que en la reunión se reconoció la crisis humanitaria que, dijeron, se continúa profundizando día tras día. “El Grupo expresó su compromiso de desplegar más asistencia en áreas de seguridad y coordinar su entrega en conjunto con el Representante Especial de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Sr. Eduardo Stein”, se lee. La declaración del GIC indicó, además, que para llevar adelante sus objetivos enviará a Venezuela una misión técnica.


Mogherini, en la conferencia de prensa junto a Nin Novoa, dijo que la ayuda humanitaria a Venezuela debe ser canalizada de forma imparcial y que no debe ser politizada. “Hablamos de la necesidad de tener una ayuda canalizada de forma imparcial e independiente para que la ayuda nunca se vea politizada”, afirmó la diplomática. Por su parte, el canciller uruguayo sostuvo que la llegada de esa ayuda a Venezuela es imperiosa.


La ayuda humanitaria para Venezuela fue solicitada por el jefe del Parlamento, el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, pese a la negativa del Gobierno de Nicolás Maduro, que asegura que esto puede dar paso a una invasión extranjera. Aunque aún no está claro cómo va a ingresar este apoyo a Venezuela, el Parlamento opositor ya ha informado sobre centros de acopio en la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta.

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México va al Centro: América Latina a las Dictaduras

1. Entre neofascimo y dictadura

En un reciente artículo (ver Aristegui Noticias) definí el proyecto nacional de Andrés Manuel López Obrador como un proyecto de Centro con Compromiso para las Mayorías (CCM); no de "izquierda", tal como generalmente se usa el término, con ligereza, en América Latina. Pese a que un CCM no tiene nada de malo en la situación actual del hemisferio, caracterizada estratégicamente por el colapso de la socialdemocracia criolla (Lula, Kirchner, Correa, Murillo, Maduro), la amenaza a la democracia por el neofascismo monroeista del Norte e iniciales dictaduras militares por el Sur, el concepto causó la saña de dogmáticos e ilusos, por igual. Una saña suicida, que hace recordar la famosa frase del historiador argentino Jorge Abelardo Ramos: ¡Pobre de América Latina. Los pillos y los pendejos siempre juntos!


2. Centro y Ultras


No tiene nada de malo un programa de centro para México, ni para América Latina, por tres razones: 1. En la actualidad no existe ningún proyecto de izquierda serio en la Patria Grande, es decir, ningún proyecto de transformación sistémica. Y a nivel mundial solo se halla en status nascendi (forma incipiente) en China, en los designios de Xi Jinping; 2. Tampoco hay un sujeto social o político de importancia en el continente americano, que podría desarrollar o implementar un proyecto de este tipo. Por eso, exigir un gobierno de izquierda de "obreros y campesinos", es simplemente un meme anacrónico de la sociedad industrial; una utopía extemporánea, cuyo intento de implantación terminaría en la distopia. 3. El concepto "centro" es la base epistemológica de nuestro Ser: es el GPS que determina la praxis de sobrevivencia. Mal "calibrado", ese software y soft power (sistema operativo) lleva los actores a la destrucción ontológica (real). Pese a la importancia y utilidad práctica del concepto, su uso molesta a los populistas de la ultraizquierda y la ultraderecha. ¿Por qué?


3. El asalto de la Ultraderecha


La ira de la ultraderecha frente al triunfo del centro se deriva de su extremismo y dogmatismo ideológico que rechaza cualquier compromiso real sobre la conducción de la sociedad. Su visión del mundo es binaria y, al igual que los fundamentalistas religiosos, sufre de una psicosis colectiva, que le obliga a exorcizar toda verdad incompatible con sus delusiones. En la ecuación que determina su praxis extremista, el "centro" es una herejía intolerable del sendero del Santo Grial que tiene que ser extirpado.


4. El asalto de la Ultraizquierda


En la ultraizquierda, el ataque al Centro se deriva de una combinación de arrogancia intelectual y de auto-asumirse de manera desmesurada como el auténtico representante "del pueblo", de "los trabajadores", de "los pueblos indígenas", de "los campesinos", etcétera. Más poderoso aún que este mind set (pensamiento) narcisista son sus intereses utilitaristas, es decir: defender sus franquicias de poder, como columnas periodísticas, espacios televisivos, corporativismos sindicales, cofradías académicas oligopólicas, nomenclaturas partidistas y movimientos sociales bajo control de gurús y caciques. A este conglomerado variopinto se agrega todo un cohorte oportunista de poetas, filósofos y expertos al vapor, que demandan ser protagonistas de la transición.


5. El mantra vanguardista


El asalto oportunista al Transitor es peligroso, porque cuando es exitoso, la ultraizquierda, los señoritos académicos (ver Ecuador) y los tecnócratas llenan los cargos de conducción con arribistas, vividores y dogmáticos, que se constituyen en un nuevo sector de la clase política. Si el líder desaparece y las condiciones lo permiten, se transforman en usurpadores del poder. La camarilla socialdemócrata delincuencial de Maduro, que ha destruido a Venezuela, pero también los "contras" de Gorbachev son ejemplos de esta dinámica. El mantra de este cohorte de desviación, cuyo acceso a medios masivos de indoctrinación es inteligentemente facilitado y financiado por las fuerzas corporativas de la reacción, es el meme propagandístico, que ellos son la verdadera vanguardia nacional (avantgarde) y que el Centro es una posición inferior. Se trata de un raciocinio especioso y una metafísica narcisista tonta, dado que el centro de un proceso social, al igual que su vanguardia, son situacionales. Las dos posiciones sistémicas pueden, por lo tanto, convertirse dialécticamente en su contrario, dependiendo de las condiciones objetivas.


6. El Centro como Vanguardia


La realidad cósmica, incluyendo a la social, está constituida por una unión dinámica de opuestos. Debido al incesante movimiento de la materia –movimiento igual a cambio-- la correlación de fuerzas entre los opuestos sufre variaciones, lo que genera las transiciones sistémicas. Esto significa que las tres posiciones esenciales que caracterizan políticamente a toda comunidad e institución humana --vanguardia, centro y retaguardia-- son dinámicas y situacionales. A diferencia, por ejemplo, del status estático de las coordenadas geográficas de la cartografía. Un ejemplo bélico lo ilustra. En la guerra, la ofensiva es la "reina" de las operaciones. Sin embargo, cuando un contingente militar se queda encerrada en un "caldero", la medida adecuada de vanguardia es la retirada, para impedir su destrucción. Combinando este razonamiento dialéctico con el aforismo de Bismarck, de que la política es el arte de lo posible, y con el axioma de la ética, de que un proyecto social sólo es ético, cuando es viable (realista), entonces queda evidente, que en muchos contextos políticos latinoamericanos actuales una posición de centro es equivalente a una posición de vanguardia. La vanguardia es una función dependiente de las condiciones objetivas en que actúa el Transitor, no la presunción de élites y caciques dominantes o la reliquia de una narrativa.


7. Preservar el Centro


Cuando un proyecto nacional de centro logra convertirse en gobernanza, necesita cumplir con dos tareas primordiales: atender las necesidades de la gente lo mejor posible, dentro de las limitaciones que imponen las condiciones objetivas; asimismo, preparar la hegemonía y conservación del poder, más allá del primer mandato.


Repetir el ejercicio de gobierno exige satisfacer tres imperativos. 1. Tener un líder capaz de asumir la continuidad del proyecto. La catástrofe de los gobiernos socialdemócratas en Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, radica en gran medida en el nombramiento de políticos que no estaban a la altura de la tarea: Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Nicolás Maduro, Lenin Moreno y Rosario Murillo. 2. Mantener al Partido vivo como un vaso comunicante entre el pueblo y el gobierno-partido, en términos de flujo bidireccional de información, poder, participación, justicia y anticorrupción. El Partido Comunista de China bajo Xi Jinping es un modelo exitoso al respecto. 3. La formación de cuadros jóvenes en Escuelas de Formación en lo Político. Ningún partido político occidental, llámense Partido Socialista, Partido de los Trabajadores, Partido del Trabajo o Partido Comunista, tiene escuelas respectivas que merezcan el nombre. Donde existen, son aulas de indoctrinación del liberalismo burgués o cajas de resonancia de una ortodoxia dogmática fuera de tiempo. Y tampoco tienen idea de cómo formarlos, porque --a diferencia de Marx, Engels, Lenin y Mao-- están a años de luz de la ciencia de vanguardia, que inevitablemente tiene que ser el fundamento de la enseñanza en lo político y en la cultura.


8. La encrucijada latinoamericana


Colapsada la época de la socialdemocracia criolla, los pueblos de la Patria Grande se encuentran una vez más entre el neofascismo monroeista del Norte y las proliferantes dictaduras del Estado de Seguridad Nacional del Sur. Pueden "escoger" entre los ineptos delincuentes neoliberales como Macri, Temer, Moreno et al, y los ineptos delincuentes socialdemócratas como Maduro. Unos que otros han destruido las economías nacionales, la democracia formal burguesa y el contrato social de la nación. En consecuencia, la espiral hacia las dictaduras militares avanza. En el caso de la socialdemocracia, todo el desastre se ha desarrollado con la complicidad de los gobiernos "progresistas" que se han callado la boca ante los crímenes y mentiras de Maduro. Sustituyeron la solidaridad revolucionaria internacional por la cultura de la mafia y la omertá(ley del silencio). Incluso hoy, cuando Maduro pretende ejecutar su mayor crimen, tratando de provocar desesperadamente una guerra con el peón terrorista criollo de la OTAN, Colombia --usando el pueblo como carne de cañón-- o la intervención militar del Monroeismo, para salvar su pellejo, se callan esos gobiernos, líderes y partidos "antiinmperialistas", socialistas y comunistas de América Latina. ¿Como quieren así, que "la Izquierda" tenga algún papel progresista que jugar en la Patria Grande?


9. Son líderes


Se entienden como líderes. Y, sí lo son. Pero líderes de la retaguardia histórica. Sólo les importan las relaciones con los Estados. Los pueblos que sufren la represión y el hambre, no les interesan, ¡Una auténtica vergüenza histórica, esa "Izquierda" criolla!

 

Por: Heinz Dieterich | Lunes, 03/09/2018 01:32 PM |

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