Noruega confirma que gobierno y oposición dialogarán esta semana en Barbados

El diálogo, auspiciado por Noruega, continuará en "una mesa que trabajará de manera continua y expedita"

 

 

El objetivo es salir de la profunda crisis de Venezuela. El instrumento que demandan millones de opositores al chavismo son unas elecciones presidenciales con garantías. El sector más radical del régimen se niega a que esa posibilidad sea siquiera objeto de debate. No obstante, esa es la principal disputa que enfrenta a los enviados de Nicolás Maduro y de Juan Guaidó. Los contactos se reanudaron esta semana en Barbados bajo el auspicio de Noruega y, según ese Gobierno, seguirán en “una mesa que trabajará de manera continua y expedita”.

Las conversaciones entre los representantes del Gobierno y de la Asamblea Nacional, reactivadas con discreción en la isla caribeña, suponen el enésimo intento de aproximación entre las partes después de varios desengaños. La novedad es que la parálisis política e institucional, la crisis económica y el deterioro democrático son cada día más insoportables. Esas premisas, junto con la creciente presión internacional en torno a Nicolás Maduro, han reabierto la puerta al diálogo.

Según Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países, solo representa un frente de lucha. La meta no se ha alejado, asegura, del mantra de la oposición. Esto es, cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres. Hasta ahora, el Ejecutivo solo se había avenido a la posibilidad de adelantar unos comicios legislativos, una oferta insuficiente. Por eso, las nuevas rondas de contactos buscan ir más allá, aún entre dificultades. El escenario de una renuncia de Maduro es más que improbable a corto plazo. Sin embargo, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, calificó el acercamiento de “exitoso intercambio”. El vicepresidente del Parlamento, Stalin González, miembro de la delegación opositora que viajó a Barbados, pidió avances para “poner fin al sufrimiento de los venezolanos”. “Necesitamos respuestas y resultados”, manifestó.

La Cancillería noruega emitió un comunicado que augura “una solución acordada y en el marco de las posibilidades que ofrece la Constitución” y recordó a las partes, que ahora consultarán internamente los próximos pasos, “la importancia de que tomen la máxima precaución en sus comentarios y declaraciones respecto al proceso”.

En los anteriores encuentros, celebrados en Oslo, participaron algunas de las figuras que mayor consenso generan en los dos bandos. Entre ellos, el gobernador del Estado de Miranda, Héctor Rodríguez, considerado uno de los dirigentes jóvenes con más proyección dentro del chavismo. O el exrector del Consejo Nacional Electoral Vicente Díaz y exministro del Gobierno de Carlos Andrés Pérez, Fernando Martínez Mottola, veteranos negociadores enviados por Guaidó.

Este ha evitado abundar en los pronunciamientos sobre el diálogo porque es consciente de los recelos que produce en los sectores más duros de la oposición. Pero pidió confianza a sus seguidores y les exhortó a apartar sus dudas, al menos por el momento. Por otro lado, en el aparato del régimen, fue Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y de facto número dos del chavismo, el encargado de lanzar mensajes internos al ala más radical, negando tajantemente que el Gobierno deba hacer concesiones. “Nosotros no tenemos nada que negociar con ellos. Muchos de ellos piensan que a los chavistas hay que desterrarlos y matarlos”, dijo en su programa de televisión. Y la noche del miércoles aludió abiertamente a la convocatoria de elecciones.

“Hay gente nuestra que cae en esos rumores de creer que nosotros estamos negociando unas elecciones presidenciales y que el candidato va a ser tal o cual; aquí no hay elecciones presidenciales, aquí el único presidente es Nicolás Maduro Moros, que apenas tiene seis meses en esta nueva fase de gobierno. Aquí hay compañeros que caen en el juego”, afirmó.

Cabello se limitó a especular de nuevo sobre unas legislativas, una hipótesis que de por sí muy probablemente haría saltar la mesa de diálogo. “En muy poco tiempo habrá elecciones”, dijo, dejando claro que la única instancia que puede adelantarlas es la Constituyente, en la práctica una extensión del Ejecutivo.

 

Por Francesco Manetto

Caracas 12 JUL 2019 - 02:15 COT

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Delcy Rodríguez conversa con Enrique Iglesias, enviado de la UE.  Imagen: EFE

Las conversaciones se realizan en Barbados

El opositor venezolano Juan Guaidó anunció el mismo día que retoma el diálogo con el gobierno de Maduro pero a la vez que buscará avanzar por la salida intervencionista al conflicto.

 

 El gobierno venezolano y la oposición regresaron al diálogo. El anuncio del reinicio de los acercamientos llegó una semana después de que el diputado Juan Guaidó anunciara que no reanudaría ningún diálogo. La noticia, en cambio, ratificó lo que el presidente Nicolás Maduro había sostenido al afirmar que los diálogos continuaban y que habría novedades que fueron finalmente confirmadas.

La delegación del gobierno llegó hoy por la mañana a Barbados, para “continuar con el diálogo de paz, auspiciado por el gobierno del Reino de Noruega e iniciado con la oposición venezolana el pasado 14 de mayo del presente año en curso”. La mesa de diálogo en Barbados es así la tercera instancia de acercamiento pública, dentro de un trabajo de varios meses de conversaciones que se mantuvo en privado, como lo afirmó Maduro al explicar la génesis de los primeros pasos en Oslo.

El comunicado del gobierno también condenó las declaraciones de Guaidó que “promueve la violencia, el insulto, la inconstitucionalidad y una retórica bipolar que no se corresponde con las pautas presentadas por los auspiciantes del diálogo y aceptadas por las partes el 25 de mayo de 2019”.

En efecto el día domingo Guaidó anunció que la Asamblea Nacional aprobará el pedido de ingreso al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar) y que luego deberán “construir el respaldo de los demás países de la región para este mecanismo cuya aprobación final pasará en la Organización de Estados Americanos (OEA)”. El Tiar, que es un pacto de defensa mutua interamericana suscrito en 1947, del cual se retiró Venezuela en el 2012 junto con Bolivia, Nicaragua y Ecuador, conlleva la posibilidad de solicitar la conformación de una coalición de fuerzas interamericanas para llevar adelante una intervención militar.

Guaidó anunció de esta manera en un mismo día que regresará al diálogo y que buscará avanzar por la salida intervencionista al conflicto. Detrás de esa aparente bipolaridad se encuentran las tensiones que existen dentro de una oposición heterogénea, en disputas internas, donde el sector de Guaidó necesita contener las diferentes posturas, tanto aquellas que acuerdan con un diálogo como con las que plantean que la única solución posible es la fuerza militar.

Además, el anuncio del pedido de reingreso al Tiar a la OEA forma parte de las cartas que la oposición busca poner sobre la mesa a la hora de un diálogo para sumar más capacidad a su correlación de fuerzas que no es mayor a la del primer acercamiento. Visto en término de negociación, los movimientos políticos realizados por ambos sectores desde el primer diálogo hasta la fecha han dado suma cero: se está en la misma asimetría de fuerzas a favor del gobierno en el plano nacional, con un empate a nivel internacional.

La cuestión Tiar tiene además varias aristas. Depende de la aprobación de la OEA que se ha visto sometida a fuertes tensiones -llegando al punto del retiro de la delegación de Uruguay en la 49 asamblea general realizada en Medellín a finales de junio- a partir del hecho de forzar el reconocimiento del enviado por Guaidó, mientras que el gobierno venezolano ya ha concretado su retiro del organismo.

Junto con eso aparece el segundo punto: ¿existe la posibilidad real de que se forme una coalición de fuerzas interamericanas para una salida militar? La respuesta, hasta el momento, a partir de un análisis de los principales países que deberían encabezar la acción, en particular Estados Unidos, Colombia y Brasil, indica que no. El anuncio del Tiar se parece más a un bluff para una negociación, es decir una amenaza sin respaldo real -como un truco de cartas- que a una posibilidad real de acción.

La agenda en Barbados no es pública. El comunicado oficial ha indicado que existe una “agenda de seis puntos aprobados desde marzo de este año”. El presidente Maduro ha anunciado por su parte, en varias oportunidades, que existe la posibilidad de que se den elecciones legislativas anticipadas, es decir este año en vez del 2020.

La oposición, por su parte, mantiene una unidad retórica con la fórmula: cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres. El primer paso, es decir la salida de Maduro, no parece por el momento estar sobre la mesa posible de negociaciones para los posibles pasos más cercanos. ¿La oposición podría llegar a un acuerdo que no implique la salida del presidente sin en ese acto fragmentarse aún más y perder su credibilidad ante su base social? Es una de las muchas preguntas que existen y explican la crisis siempre abierta del bloque opositor.

Las declaraciones por parte de los voceros norteamericanos han sido mientras tanto de reafirmación del apoyo a Guaidó, así como de mensajes de sus principales operadores, como el asesor de seguridad, John Bolton, con dirección a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), y en particular a su ministro de defensa, Vladimir Padrino López, quien ha sido reafirmado en su puesto por el presidente el pasado domingo. Los intentos de fracturar la Fanb son uno de los principales frentes de desgaste donde la estrategia golpista centra sus ataques.

Las diferentes variables ocurren en simultáneo. El gobierno, aliados y mediadores internacionales apuestan al diálogo, como lo muestra Barbados y la llegada a Caracas del representante especial de la Unión Europea para Venezuela, Enrique Iglesias. La oposición, dirigida desde diferentes factores norteamericanos, mantiene el intento de salida por la fuerza al tiempo que se ve en la necesidad de sentarse a dialogar en vista de la distancia entre sus planes y los resultados obtenidos desde enero hasta la fecha.

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Martes, 09 Julio 2019 06:10

China. Un país, dos sueños

China. Un país, dos sueños

Las protestas vividas recientemente en Hong Kong contra la propuesta de una ley de extradición que permitiría la entrega de fugitivos al gobierno central, evidencian un claro aumento de la fractura entre el nacionalismo Han, hoy sustentado en el programa del Partido Comunista para lograr la revitalización de la nación china, y las demandas democráticas que afloran en su periferia territorial. Igualmente, ponen de manifiesto el carácter estructural de una protesta que en tres episodios (2003, 2014 y 2019) plasman una severa advertencia a Beijing de los riesgos asociados a las políticas recentralizadoras en curso en los últimos años.

A estas alturas, lo de menos es ya que va pasar con la ley de extradición o el futuro de Carrie Lam, a quien le reclaman la dimisión. Ambos han sido finiquitados, aunque no pueda admitirse públicamente para no perder la cara. Aun así, el problema de fondo radica en la pérdida de confianza de buena parte de la población local no solo en la jefa de esta región administrativa o en su Consejo Legislativo sino, sobre todo, en la sabiduría y mano izquierda del poder central para lidiar con estas situaciones. Y en ello debieran meditar las autoridades de Beijing a la hora de reconducir su política de “frente unido”, la tercera arma mágica del Partido, según Mao.

En origen, la fórmula “un país, dos sistemas” fue otra genialidad de Deng Xiaoping; no una concesión graciosa sino un imperativo necesario para preservar la condición de Hong Kong como ventana abierta al mundo. Deng se comprometió a preservar su singularidad tras la retrocesión por cincuenta años. “Lo que decimos lo cumplimos”, apostilló. Ahora corre peligro. Incluso buena parte de la sociedad continental no entiende de qué se quejan los hongkoneses (como tampoco las nacionalidades minoritarias díscolas); a fin de cuentas, ellos gozan de “privilegios” que a la mayoría le son negados. Y por si fuera poco, protestan. Que en dicho contexto se alcen voces reclamando la implantación de un solo sistema (al igual que la eliminación de las autonomías de las nacionalidades minoritarias), no es de extrañar. ¿Renunciará China a su compromiso? En la situación actual, ni las condiciones ciertamente poco democráticas del colonialismo británico le pueden servir de ayuda ante una generación de jóvenes muy movilizados que no vivió esa época.

Pero la iniciativa para favorecer las extradiciones no es un hecho aislado. Otras propuestas abundan en la idea de atar en corto Hong Kong al continente. Ya hablemos del tren de alta velocidad inaugurado el año pasado y que conecta al ex enclave británico con 44 ciudades chinas o el nuevo puente sobre el delta del río de las Perlas que une Hong Kong a Macao y Zhuhai, un asombroso ejemplo de la ingeniería civil china, se enmarcan en el proyecto de la Gran Bahía de Zhuhai que Beijing ansía convertir en una gran área económica pero también más homologable en lo político. Estos proyectos anclarán definitivamente a Hong Kong en el continente hasta diluirlo. Las diferencias en términos de desarrollo económico que en su día pudieron servir de justificación para admitir un status especial pronto perderían su razón de ser.

Probablemente Beijing ha cometido un enorme error de cálculo al no calibrar la capacidad de indignación política de los hongkoneses. Pero también en el exterior se ha cometido otro error similar al considerar irremediable que el continente evolucionaría hacia la adopción de un modelo similar al vigente en Hong Kong. El gobierno central no cejará en su empeño para promover un amorfismo centrado en la mejora general de vida al margen de las peripecias políticas mientras avanza su mayor control de forma sostenida.

La percepción no ya de ausencia de progresos sino de una lenta erosión de ciertos derechos básicos afea a China en su propia casa primero e internacionalmente después, cundiendo la duda acerca de sus intenciones últimas a propósito del rechazo de las experiencias liberales, cualquiera que sea su signo o emplazamiento. Sobre Hong Kong ejerce una soberanía indiscutible pero no debiera pasar por alto que el eco de sus acciones y de su impaciencia trasciende su territorio inmediato. Y en un momento en que se le señala con el dedo por las más diversas razones, un torpe manejo de este asunto dando rienda suelta a las posiciones más hostiles, ignorando los anhelos expresados por miles de personas contra las derivas autocráticas, pudiera depararle mayores costos de los estimados. Y no solo en términos de imagen global.

Dos personas pueden dormir en la misma cama y no compartir el mismo sueño, dice un refrán chino. El arraigo de las convicciones democráticas en Hong Kong no debiera infravalorarse, so pena de agrandar el foso que separa a significados sectores sociales del resto del continente. Nadie puede discutir que Hong Kong sea parte de China pero a los hongkoneses les preocupa que el sueño chino suponga una merma en sus derechos fundamentales. No reniegan de su pertenencia a la etnia china pero políticamente se sienten diferentes y desmienten con su protesta la propagada máxima de que esos derechos que estimamos universales deben ser tamizados a la luz del relativismo cultural.

 

Por Xulio Ríos. Observatorio de la Política china

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 Carrie Lam, durante la conferencia de prensa. En vídeo, las declaraciones de Lam. T. SIU REUTERS

Los convocantes de las manifestaciones siguen considerando insuficientes las garantías de la ministra principal

 

 

Dos días después de una nueva manifestación masiva en Hong Kong, la jefa del gobierno autónomo, Carrie Lam, ha lanzado un nuevo gesto conciliador. El polémico proyecto de ley de extradición, origen de esta ola de protestas y que por primera vez hubiera permitido entregar sospechosos a China, “está muerto”, ha sostenido la ministra principal. Pero, de nuevo, ha evitado confirmar la retirada definitiva de la medida, ahora suspendida sine die, y los grupos convocantes de las marchas han dejado claro que la rama de olivo les sigue pareciendo insuficiente.

La ministra principal había anunciado la suspensión del proyecto de ley el 15 de junio, tres días después de que la Policía dispersara por la fuerza una concentración de decenas de miles de estudiantes que intentaba impedir la tramitación. Entonces, Lam aseguró que esa suspensión equivalía a “matar” el proyecto de ley, pues ya no habría tiempo material ni voluntad para retomarlo durante la actual legislatura, que expirará a mediados de 2020.

En una rueda de prensa antes de reunirse con sus asesores en la sede del Ejecutivo autónomo, Lam reconoció que el trabajo de su gobierno en el proyecto de ley ha sido un “completo fracaso”. “Sigue habiendo dudas sobre la sinceridad del gobierno o preocupaciones acerca de que el gobierno vaya a reiniciar el proceso (de tramitación) en el legislativo”, explicó. “Así que lo reitero: no existe tal plan, el proyecto de ley está muerto”.

Pero la ministra jefe no declaró explícitamente la retirada de la medida, como le exigen los manifestantes. Sin esa declaración, sostienen, el gobierno puede volver a ponerla sobre la mesa cuando quiera.

Desde el 9 de junio, los hongkoneses se han manifestado en cuatro grandes marchas, dos de ellas por encima del millón de participantes según sus organizadores, contra el proyecto de ley. Pero ante la resistencia de Lam a declarar retirada la medida, la protesta se ha ido ampliando y se ha convertido en la peor crisis que China ha afrontado en su territorio autónomo desde que el Reino Unido le traspasó la soberanía en 1997.

Ahora las exigencias incluyen también la apertura de una investigación independiente sobre abusos de la Policía en la disolución de las manifestaciones; garantías de que no se encarcelará a los detenidos en esas concentraciones y que no se etiqueten las protestas como “disturbios”, algo que puede acarrear hasta diez años de cárcel para sus protagonistas; dimisión de la propia Lam y reforma democrática del sistema de elección del jefe de gobierno. El 1 de julio, para exigir el cumplimiento de estas demandas, centenares de estudiantes tomaron durante tres horas la sede del legislativo hongkonés.

En su rueda de prensa este martes, Lam reiteró que se abrirá una investigación sobre el comportamiento policial; pero solo de nivel interno, no encabezada por un juez como reclaman los manifestantes. Pero sí "publicaré el resultado del informe, para que todos puedan saber qué ha ocurrido este último mes. Los que participaron, tanto manifestantes como policías, podrán presentar pruebas".

Lo que ocurra con las varias decenas de detenidos, sostuvo, dependerá de los tribunales. También precisó que no ha habido una declaración oficial de “disturbios”, una etiqueta que solo se ha aplicado al comportamiento de algunos.

Está dispuesta, según confirmó, a abrir un diálogo público con los jóvenes manifestantes. "Tenemos que escuchar a las generaciones más jóvenes y de diferentes sectores para saber qué es lo que piensan", admitió, al reconocer que los acontecimientos del último mes "reflejan que hay problemas más profundos" y hay que "trabajar para solucionarlos".

No hizo mención alguna a la posibilidad de dimitir o de cesar a alguno de sus ministros implicados en el embrollo. En cambio, pidió "una oportunidad, tiempo y espacio" para que Hong Kong regrese a la normalidad.

Las organizaciones que representan a los manifestantes han considerado las declaraciones de Lam muy insuficientes. En una rueda de prensa en el exterior de la sede del legislativo, el Frente de Derechos Civiles y Humanos de Hong Kong, que ha convocado tres de las cuatro grandes marchas, indicó que la ministra jefe se ha limitado a repetir la posición que mantiene desde el día 15, sin cambios significativos.

“No por repetir una cosa una y otra vez se convierte en algo mejor”, subrayó la portavoz del Frente Bonnie Leung. “Sigue rechazando retirar la ley. La palabra ‘muerta’ no tiene ningún significado legal”.

En un comunicado, el partido Demosisto, fundado por el antiguo líder estudiantil Joshua Wong, exigió que se declare retirado el proyecto de ley y “se prometa que el proceso de tramitación legislativa no se retomará en el futuro”.

También subraya que “el gobierno ha empujado a los representantes de los jóvenes a la oposición, eliminando sus derechos humanos básicos y sus libertades políticas metiéndoles en la cárcel y descalificándoles (como candidatos electorales). Si el gobierno desea reparar esta relación, el secretario de Justicia debe comprometerse a no presentar cargos contra los manifestantes jóvenes y no privar más a las jóvenes generaciones de sus candidatos y de su participación en el proceso electoral”.

Por, Macarena Vidal Liy

Pekín 9 JUL 2019 - 03:26 COT

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Aaron Bastani, el 'socialista millennial' que defiende un 'comunismo de lujo' gracias a la tecnología

El intelectual británico explica a eldiario.es las claves para entender su manifiesto sobre el "comunismo de lujo totalmente automatizado" que propone una sociedad utópica post-trabajo gracias a la tecnología

 

 

La Enciclopedia Británica reconoce hasta media docena de comunismos. Distingue, por ejemplo, entre el comunismo marxista y el comunismo posterior a Karl Marx -autor de El Capital y el Manifiesto Comunista además de gran inspirador de esta doctrina política y económica-. Por otro lado quedan, entre otros, el comunismo no marxista, con el que se identifica el anarco-comunismo.

Dentro de unos años tal vez figure entre las muchas versiones del comunismo que recoge la mítica enciclopedia británica uno nuevo, el de Aaron Bastani. Este intelectual de 35 años, conocido mayormente por su labor de comentarista en grandes periódicos como el británico The Guardian o el estadounidense The New York Times, ha acuñado una nueva variante.

'Comunismo de lujo' podría ser el nombre abreviado de la renovación defendida por Bastani. Sin embargo, este joven británico prefiere la expresión completa: "comunismo de lujo totalmente automatizado". De hecho, así se titula su libro, publicado hace unos días en el mercado anglosajón: Fully Automated Luxury Communism: a manifesto (Ed. Verso, 2019).

"Tiene tres partes y la última es la que realmente se identifica con lo que sería un manifiesto", explica Bastani a eldiario.es. "Trata sobre cómo podemos subordinar las tecnologías para resolver las crisis a las que nos enfrentamos, ir más allá y crear un mundo mejor que nunca", abunda. Esa es su respuesta cuando se le pregunta si su libro es una renovación de El manifiesto comunista que escribiera Marx junto a Friedrich Engels en 1848.

Han pasado 171 años desde que aquel escrito saliera a la luz con el título original Manifest der Kommunistichen Partei o Manifiesto del Partido Comunista. Para Bastani, todo ese tiempo parece haber terminado dándole la razón a Marx, no tanto al Karl Marx de El Capital sino al de Grundrisse der Kritik der Politische Ökonomie o Elementos fundamentales para la crítica económica política, escritos entre 1857 y 1858. Se considera que ese volumen sirve de "borrador" para El Capital.

En ese borrador, según Bastani, está en el origen de su "comunismo de lujo". "Los términos 'comunismo de lujo totalmente automatizado' surgieron en Alemania a principios de los años 2000 en círculos de activistas y artistas. En estos círculos se hablaba del Grundnissse, un volumen de Marx dedicado a la tecnología de su época. Para él, grosso modo, al capitalismo le era inherente una alternativa. Todo era cuestión de llegar a un contexto material concreto", expone Bastani. Esa alternativa es el comunismo.

Según Bastani, puede que ese "contexto material" esté a la vuelta de la esquina. Las nuevas tecnologías, de aquí a pocos años, podrían "hacer llegar el cambio definitivo de la clase obrera", según sus términos. Avances como la robotización, la revolución alimentaria que supone, por ejemplo, la carne fabricada en laboratorio, el mayor desarrollo de las energías limpias o la también imaginable minería espacial esconden buenas noticias para los trabajadores si se usan en su favor, según el autor.

Para Bastani, el desarrollo de las tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial, la robótica, las energías renovables y un futuro de la salud mejorada a través de avances en campos como la genética permiten pensar, no tan a largo plazo, en la obsolescencia del capitalismo. Esos avances bien pueden haber ocurrido en sociedades capitalistas. Sin embargo, implican, según Bastani, grandes desafíos para el propio capitalismo.

"En los próximos 20 ó 25 años, la llegada al mercado laboral de potentes inteligencias artificiales es algo que va a trastocar tanto el mercado de trabajo que hará que las políticas económicas clásicas no serán válidas para contrarrestar esos efectos", sostiene Bastani. "Esto no significa que todos estaremos desempleados, pero sí podría significar que el mercado de trabajo se reduzca masivamente y que haya una descomunal desigualdad entre la gente cuyo trabajo seguirá siendo útil, esa gente que disfrutará de grandes salarios, y la que no, con salarios en caída libre", abunda.

Estas desigualdades son, a su modo de ver, ejemplo de las "contradicciones internas irresolubles" que está creando el capitalismo. El "comunismo de lujo", sin embargo, sería el resultado de la resolución de esas contradicciones.

Hacia el "comunismo de lujo", en tres pasos

 

Esa resolución pasaría por la puesta en marcha de una serie de medidas que implicarían romper definitivamente con el capitalismo gracias a la tecnología que trabaja no con ánimo de lucro, sino para el beneficio de la gente.

A saber, primero, "necesitamos servicios básicos universales, educación, vivienda, salud pública, transporte e información", según Bastani.

Segundo, la implantación de un "socialismo municipalista", que implica, entre otras cosas, que "si las instituciones públicas necesitan contratar a empresas externas, lo hagan pero siendo esas empresas iniciativas locales", abunda el intelectual británico. Es decir, que si en una ciudad existe por ejemplo una red de coches autónomos, sin conductor, que estos sean municipales en lugar de pertenecer a una empresa privada con ánimo de lucro.

Y tercero, el abandono progresivo del uso de combustibles fósiles. Para las economías desarrolladas, Bastani plantea un calendario que tiene 2030 como fecha límite para ese abandono. A las economías no desarrolladas, Bastani les da hasta 2040. De esta forma, el problema de la escasez de recursos sería cosa del pasado.

"Hay que cambiar el sistema social para que las nuevas tecnologías generen abundancia. Pero esto no ocurrirá automáticamente”, justifica Bastani su hoja de ruta. Amenazan la "utopía realizable" que defiende el autor del manifiesto del "comunismo de lujo" la triple crisis a las que se enfrenta el planeta, una crisis que es a su vez climática, demográfica y económica.

"Alemania, por ejemplo, está sufriendo un fuerte envejecimiento. Y esto es una crisis de la reproducción social. Puede ser que en el futuro no haya suficiente gente joven para ocuparse de los mayores en 20 ó 30 años. Esa es una de las crisis. El futuro del capitalismo implica en este sentido el acabose para los sistemas sociales debido al envejecimiento de la población, y a esto hay que sumarle la automatización y demás", sostiene Bastani, aludiendo al país de la canciller Angela Merkel, para muchos una ejemplar de historia exitosa del capitalismo contemporáneo.

La amenaza de la extrema derecha y su proyecto reaccionario

Tanto o más grave es la crisis generada por el calentamiento global. Ésta también constituye una oportunidad para el "proyecto reaccionario" que representan las ultraderechas. Según alerta Bastani, "la crisis climática significa varios millones de refugiados climáticos y, ahora mismo, la ultraderecha nativista tiene una más eficaz caja de herramientas políticas para 'resolver' el problema que la izquierda", dice Bastani. "La extrema derecha dice: 'refugiados climáticos, ok, cerremos las fronteras, no viajemos, desglobalicemos la producción, vivamos solo para los blancos y pongamos las mujeres a resolver la crisis demográfica'", añade. "Se puede acabar muy rápido en un proyecto reaccionario", advierte Bastani.

Su proyecto, "el del comunismo de lujo", está haciéndose un hueco en el debate público anglosajón. "Necesitamos un comunismo de lujo" era el titular de una reciente columna de opinión que el The New York Times concedía a Bastani para explicar su particular renovación de El manifiesto comunista. "Hace diez años, este tipo de cuestiones eran cosas de la retaguardia en la izquierda, especialmente en el mundo anglosajón", concede Bastani. Ahora, sin embargo, él y otros etiquetados como "socialistas millennials" por la revista británica The Economist, se están ocupando de satisfacer una "curiosidad anglosajona nueva" por ideas izquierdistas.

Libros como el Manifiesto del comunismo de lujo son ahora material de inspiración para esa generación de políticos que son Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders o Jeremy Corbyn. Su desembarco en Europa parece ser solo cuestión de tiempo.

Por Aldo Mas

29/06/2019 - 21:55h

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La oposición venezolana, muy fragmentada; más de 40 se consideran el "legítimo heredero" de Maduro, señala Pompeo

El secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, describió a la oposición venezolana como "altamente fragmentada", durante una reunión con líderes de la comunidad judía que se llevó a cabo a puerta cerrada hace unos días, informó el Washington Post.

Según el diario, Pompeo expuso: "nuestro dilema, que es mantener a la oposición venezolana unida, ha resultado ser endemoniadamente difícil".

Expresó su decepción por el fracaso de la intentona del 30 de abril contra el gobierno del presidente venezolano, y añadió: “en el momento en que Nicolás Maduro salga, todos alzarán la mano y gritarán: ‘elíjanme a mí, yo soy el próximo gobernante’. Serán cuarenta y tantos los que se sentirán el legítimo heredero ...”

Estas declaraciones difieren de la línea oficial de la administración de Donald Trump, según la cual hay una fuerte unidad dentro de la oposición venezolana en torno a su líder Juan Guaidó, quien se proclamó "presidente encargado" el pasado 23 de enero y es reconocido como tal por unos 50 países.

Pompeo admitió que Guaidó es, claramente, el opositor que más apoyo popular tiene, y aseguró que la salida de Maduro de la presidencia es "indispensable pero insuficiente" para el país.

Agregó: “la triste realidad es que demasiados dentro de la oposición están más interesados en mostrarse como el Nelson Mandela (de Venezuela), que en encontrar un camino pragmático hacia delante.

"Deben saber que Maduro está casi completamente rodeado de cubanos. No confía ni un poco en los venezolanos. Y no lo culpo. No debe hacerlo. Están conspirando contra él. Desgraciadamente, están conspirando en su propio beneficio".

Estas declaraciones, publicadas por el Post, provienen de la grabación de una plática que Pompeo sostuvo la semana pasada con líderes judíos con quienes habló del esperado plan de paz para Medio Oriente de Trump. “Quiero enfatizar que esta reunión es off the record”, aclaró el funcionario, quien provocó risas al añadir: "El presidente puede tuitear mientras estoy aquí".

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Domingo, 02 Junio 2019 06:15

Los obstáculos de Oslo

Los obstáculos de Oslo

Esta semana, las delegaciones del gobierno y la oposición viajaron a Noruega con la finalidad de buscar una solución pacífica para la compleja disputa que se ha agudizado desde enero. Después de cinco meses de lucha agónica y de un intento de golpe de Estado, ambas fuerzas lucen débiles. El gobierno, atrincherado y con poca capacidad de maniobra para gobernar el país, ha sufrido escisiones importantes en su seno, como la de Manuel Cristopher Figuera, el director de la policía política Sebin, quien fue una pieza clave en la tentativa de golpe del 30 de abril, y la sospechosa remoción de dos directores de las principales policías, la protagónica Fuerzas de Acciones Especiales y la Policía Nacional Bolivariana.

La oposición va prácticamente desnuda a Oslo. El factor de poder que sostiene al interinato de Juan Guaidó ‒es decir, el gobierno de Estados Unidos‒ no parece tan empecinado, como a principios de año, en lanzarse a una acción bélica. Después del intento de golpe del 30 de abril, del levantamiento militar del 23 de febrero, de las sanciones, el embargo petrolero, las provocaciones fronterizas y las decenas de marchas y movilizaciones, la carta que queda es una invasión militar facturada desde la potencia del norte. Esta opción, que parecía inminente en enero, ahora parece lejana, y otros países cobran protagonismo para afrontar el caso de Venezuela desde un enfoque de negociación, y no de fuerza. El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y el secretario general de la Oea, Luis Almagro, han aconsejado a Guaidó no sentarse a negociar otra cosa que no sea la rendición total de Nicolás Maduro. En tanto, la cita en Oslo, de tres días, ya terminó, y Maduro sigue en su despacho.


¿PUEDE TENER ÉXITO ESTE PROCESO DE NEGOCIACIÓN?


En intentos anteriores de dialogar, otros personajes han prestado su figura para servir de mediadores, pero ni el papa ha salido bien parado cuando ha intentado acercar a las partes. A finales de 2017 y comienzos de 2018, varias fuerzas internacionales intentaron crear procesos de intermediación, que fueron rechazados, según los organizadores, por la propia oposición. El papa advirtió en un video que la oposición estaba dividida, por lo que costaba llegar a acuerdos concretos para realizar las presidenciales, que terminaron haciéndose el 20 de mayo de 2018. La oposición protestó contra ese adelanto electoral (los comicios estaban programados, al principio, para diciembre), una jugada de Maduro que le salió bien para dividir a la oposición, pero no para gobernar de manera estable.


En tanto, Estados Unidos avanzó tremendamente en bloquear los ingresos del Estado venezolano, lo que profundiza la crisis económica ya existente. Dejó de comprar petróleo venezolano y presiona a bancos y gobiernos con los que Venezuela triangulaba para comprar productos básicos. Pero nada de esto, ni la escasez de gasolina, electricidad y agua, asegura la salida de Maduro. Hasta ahora, sólo lo viene

endureciendo en el terreno militar y político. La agresión de Estados Unidos, Colombia y Brasil incluso lo ha atornillado en su puesto. Es decir, el Maduro soñado por la oposición, que manda sus cuadros a Oslo para buscar una capitulación honrosa, por ahora no existe. Por lo tanto, los opositores enfrentan la negociación en un escenario que no está controlando y deben sincerarse sobre sus expectativas para poder seguir en la pelea política, una vez que han fracasado todos los intentos de sacar a Maduro por la fuerza y la participación militar de Estados Unidos ha quedado en pausa.


¿POR QUÉ UNA PARTE DE LA OPOSICIÓN ES TAN RENUENTE AL DIÁLOGO?


Para comprender la dificultad del diálogo en Venezuela, a pesar de que nunca ha habido un enfrentamiento armado de proporciones siquiera comparables con los de Centroamérica y Colombia, hay que comenzar entendiendo lo que supone para las elites empresariales y el uso que el chavismo les ha dado a las negociaciones: exasperar y dividir a los sectores políticos y económicos de la oposición, aprovechando una división de larga data, histórica, que da cuenta de la incapacidad de estos últimos para tomar las riendas del Estado. A diferencia de otros países de la región, aquí las oligarquías nunca han podido detentar el poder político y han necesitado siempre negociar con sectores políticos para usufructuar la renta, los viejos partidos con los que pactaba la gobernabilidad. Hoy en día, se sienten ultrajadas por el avance del chavismo y han diseñado un programa “mínimo”, que comprendería no sólo la salida de Maduro, sino también el exterminio de esa fuerza política. En cambio, el sector político de la oposición, acostumbrado al pragmatismo, conoce de cerca la realidad social y sabe que esto es imposible: para llegar al poder y mantenerlo, es menester negociar con el chavismo. Sin embargo, son los actores económicos los que tienen el financiamiento y los medios de comunicación para imponer sus criterios.


Las elites económicas y las clases medias que las siguen, muchas de ellas ubicadas en el exterior, no aceptan el diálogo. Entre otras cosas, porque han construido la figura del chavismo no como un adversario, sino como un enemigo; no como un sujeto colectivo con el que sostienen diferencias ideológicas, sino como un criminal al cual le dirigen epítetos que se agudizan a medida que va ocurriendo la refriega: “corruptos”, “comunistas”, “asesinos“, “narcotraficantes”, “genocidas”. Así que el antichavismo radical termina ubicándose fuera de la política y sin participar en las últimas elecciones presidenciales, regionales y locales, lo que ha sido, confesado por muchos sectores, un error garrafal, cuya superación costará bastante tiempo.


Se suponía que líderes como Leopoldo López, hijo de la alta burguesía, vendría a resolver ese problema, puesto que, por primera vez, las elites podrían tener acceso directo al poder político. Pero esta convocatoria al diálogo, impulsada desde el propio partido de López, es un balde de agua fría, no tanto para la oposición política, que la entiende como un camino lógico, como para la elite económica, que se niega a aceptarla.

 

¿POR QUÉ EL DIÁLOGO SIRVE A LOS INTERESES DEL GOBIERNO?


Desde que se filtró la información del diálogo en Noruega, pero especialmente desde que Guaidó reconoció públicamente su autoría, le ha llovido una andanada de críticas, insultos y desprecio comandada por opinadores, periodistas e influencers que hasta hace pocas semanas adulaban al autoproclamado presidente. No es algo nuevo. Incluso líderes, como Henrique Capriles y Ramos Allup, han sufrido los peores insultos de la oposición radical. Lo nuevo es que este intento de acercamiento está comandado por el partido que se consideraba más radical, que anteriormente ganó popularidad justamente por negarse a dialogar. Con este giro, los radicales quedan huérfanos.


Dado este panorama interno en la oposición, el diálogo siempre será una herramienta del gobierno para dividir, provocar y romper cualquier alineación antichavista. Además de una especie de capitulación de la salida rápida, de la invasión, es también un reconocimiento al gobierno de Maduro, una bombona de oxígeno para su administración hasta que se planteen como posibilidad real nuevas elecciones como salida a la crisis, algo que incluso ya divide al chavismo: buena parte de él y de la gente otrora cercana a Chávez las considera una salida plausible, aunque para Maduro difícilmente sea una opción, mucho menos después de salir airoso de las últimas contiendas. La gente que rodea al presidente, sobre todo su ala dura y militar, entiende que el descontrol del país puede ser gestionable.


Alejada la sombra de los portaaviones, Maduro nada tiene que ganar en un nuevo escenario electoral. Mientras tanto y desde la tranquilidad de Miami, la oposición radical no esconderá sus pretensiones de barrer al chavismo. Quienes viven en Venezuela esperan que el encuentro en Noruega sirva para atenuar el clima conflictivo y mejorar la calidad de vida. El único consenso es que Oslo aún está muy lejos.


Por Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela.
31 mayo, 2019 

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Chavismo y oposición exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega

Representantes de Maduro y Guaidó mantienen una serie de encuentros para tratar de lograr una salida a la crisis de Venezuela

 Venezuela es un torbellino donde los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso, casi todos atropellados. Después de la crisis abierta tras la ofensiva frustrada del 30 de abril, liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó y su jefe político, Leopoldo López, liberado de su arresto domiciliario y la posterior persecución del Gobierno de Maduro a diputados opositores, ambas partes exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega para lograr una salida a la crisis del país caribeño.

En los últimos días han acudido a Oslo representantes de Maduro, entre ellos el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez y el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, así como delegados de Guaidó, el exdiputado Gerardo Blyde y Fernando Martínez Mottola, exministro de Carlos Andrés Pérez, a los que se ha unido el diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González. Según al menos tres fuentes al tanto de las conversaciones, las reuniones han sido exploratorias, para avanzar en una agenda de temas y una metodología de trabajo. Las mismas fuentes aseguran que las conversaciones han sido por separado con representantes de la Cancillería noruega y niegan que se haya instaurado una mesa de diálogo.

La noticia de las conversaciones, que tienen el visto bueno de Leopoldo López, ha levantado suspicacias en parte de la oposición venezolana. Las reuniones sorprendieron a algunos dirigentes opositores, caso de Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional, exiliado en Bogotá, que aseguró a través de Twitter que tanto él como su partido, Primero Justicia, se habían enterado de la iniciativa cuando se hizo pública a través de varios medios venezolanos. Guaidó trató de minimizar, sin negarlos, los encuentros, con un tuit en el que deslizaba que no era la única iniciativa en marcha: “Grupo de Contacto, Canadá, Reino Unido, Noruega, Grupo de Lima, además de otras iniciativas, nos apoyan para lograr una solución a la crisis. Para los venezolanos la ruta es clara y la mantenemos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, escribió el dirigente de Voluntad Popular.


No es la única vía de diálogo que se ha explorado en las últimas semanas. Representantes de Maduro se han reunido después de la ofensiva del 30 de abril directamente con el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, y se espera que este jueves y viernes representantes de ambas parte reciban a los delegados del Grupo de Contacto de la Unión Europea para escuchar sus propuestas para lograr una salida a la crisis del país.


Tampoco es la primera vez que las partes recurren a un intento de negociación para tratar de solucionar la enorme brecha institucional en la que está sumida Venezuela. Sin embargo, los ensayos han acabado siempre en un recrudecimiento de la confrontación entre el chavismo y la oposición. La exploración previa a la convocatoria de elecciones presidenciales de 2018, celebrada en República Dominicana, supuso para los representantes de la Asamblea Nacional una ruptura aparentemente insanable con el Gobierno de Maduro debido a su voluntad de imponer las reglas del juego.


Por eso rechazaron concurrir a esos comicios, con la salvedad del exchavista Henri Falcón, y por eso la palabra diálogo se convirtió en un tabú en el entorno de Guaidó. Sin embargo, después de lo ocurrido el día 30 y la demostración de que el régimen aún mantiene el control de las Fuerzas Armadas, en algunos sectores de las filas opositoras empieza a calar la idea de que sin negociación de algún tipo sería imposible lograr una salida de Maduro. El propio jefe del poder legislativo reconoce que, si se iniciara un proceso de transición, se debería incorporar a parte del chavismo en la reconstrucción.


En este contexto, las reuniones bajo el paraguas de Noruega no han surgido repentinamente, sino que son fruto de encuentros que se vienen dando, por separado y desde hace meses, con representantes del país nórdico y que se han intensificado en las últimas semanas. Noruega cuenta con un amplio bagaje en la mediación y resolución de conflictos, caracterizado por el hermetismo. En los últimos años acogió algunas de las reuniones entre el Gobierno de España y la banda terrorista ETA, antes de su disolución y fue, junto a Cuba, país garante del proceso de paz de Colombia, que culminó con un acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC.


La madrugada del pasado 30 de abril López abandonó su arresto domiciliario en medio de un operativo liderado por Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países, y apoyado un grupo de uniformados entre los que se encontraban miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). El plan buscaba activar una rebelión contra Maduro y un quiebre en la cúpula militar, que fracasó al cabo de pocas horas, lo que obligó a López a buscar refugio en la Embajada de España en Caracas. El líder opositor no ha sido el único que ha tenido que resguardarse en una legación diplomática. En los últimos días, varios diputados han solicitado protección a distintos países –caso de Argentina, Italia o México-, lo que ha generado que la crisis de Venezuela afecte directamente a varios Gobiernos. Esta circunstancia puede ahora repercutir en su implicación en un intento de diálogo.

Por Javier Lafuente
México 16 MAY 2019 - 02:17 COT

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Cuba 2018-2019: Coyuntura y perspectiva

El tránsito entre 2018 y 2019 en Cuba tuvo dos peculiaridades. Por un lado, sirvió para rememorar el 60 Aniversario del inicio de un proceso que se propuso transformar el país en cuatro direcciones: independencia nacional, justicia social, buen gobierno y una economía próspera y sustentable. Ese proceso, que ha implicado 60 años de resistencias y sacrificios populares, tomó rápidamente el título que mantiene hasta hoy: la Revolución Cubana.

Si hubiera que hacer un balance sintético, se podría decir que en esos 60 años el país alcanzó por primera vez el ejercicio pleno de su soberanía y se transformó en un actor a nivel global por sus políticas anti-hegemónicas y de solidaridad internacional; avanzó sustancialmente en salud pública y educación, aunque quedaron lagunas en sectores como la vivienda y el transporte público; eliminó los grandes casos de corrupción y creó un sistema político nuevo, más ajustado a la voluntad popular, aunque mediado por la figura y genio de un líder como Fidel Castro, lo que unido al clima de plaza sitiada en el que tuvo que sobrevivir, condujo a un régimen democrático imperfecto con una institucionalidad vertical y autoritaria, en el cual la burocracia estatal y partidista adquirió una excesiva discrecionalidad; no pudo construir un modelo económico próspero y sustentable, independiente del sostén externo, mientras que las fuerzas productivas estuvieron restringidas por un sistema de administración altamente centralizado y poco creativo.


Al analizar las falencias de este proceso siempre habrá que recordar que el gobierno cubano estuvo y está bajo la constante presión de una política persistentemente hostil de un poderosísimo enemigo, otrora socio privilegiado: los Estados Unidos.


En segundo lugar y paradójicamente, 2018-2019 también marcó la primera gran transformación política postrevolucionaria: la transferencia de poder de la generación histórica que dirigió la Revolución a otra más joven compuesta por mujeres y hombres nacidos por lo general después de 1959.


Esa transferencia necesitó de una nueva constitución en la cual el sistema político cubano se reconoce por primera vez como un estado socialista de derecho, con todo lo que ello implica.


El proceso de redacción, discusión, aprobación y proclamación de esta nueva Magna Carta, que no estuvo exento de las tendencias verticalistas de la cultura política cubana, ocupó la atención primaria de la ciudadanía entre julio del 2018 y abril del 2019, incluyendo una consulta popular que fue un gran ejercicio de deliberación democrática.


La última fecha sirvió también para hacer un balance del primer año de gobierno del presidente electo en abril del 2018, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.


Ese balance, pues, desbordó los marcos del calendario formal. Díaz-Canel, ingeniero de formación, pero cuadro político con una amplia trayectoria partidista y gubernamental, recibió como herencia un proceso de reforma económica y política en marcha, diseñado en lo fundamental durante los 12 años de gobierno de su predecesor, el general Raúl Castro.
El objetivo central de esa estrategia es crear lo que la propaganda oficial ha designado como un “socialismo próspero y sustentable” a partir de una “actualización del modelo económico y social” cubano.


Ello no es una ruptura con los logros alcanzados bajo el liderazgo de Fidel Castro, más sin embargo, como afirmara el propio Raúl Castro el 27 de julio del 2007: “Para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.”


Durante su mandato el expresidente y actual primer secretario del Partido Comunista de Cuba insistió más de una vez que el principal enemigo que enfrentaba esta transición era “la vieja mentalidad”, con lo cual quedó evidente lo que muchos analistas, incluyendo el que suscribe, han señalado: bajo el signo de la unidad existe una aguda lucha entre dos tendencias, la que privilegia el cambio y la innovación y la que insiste en el continuismo y la inmovilidad.


Como lo han demostrado los 12 años precedentes, no puede haber continuidad sin transformación y sin adaptación a las cambiantes circunstancias domésticas y externas. Desde el poderoso centro ideológico del Partido se insiste en la consigna de “somos continuidad”, lo que puede socavar en la conciencia y las esperanzas ciudadanas sobre la necesidad del cambio.


En un sistema de partido único siempre hay el peligro de confundir realidad con propaganda; después de todo cualquier constructo ideológico-propagandístico no es más que una interpretación de la realidad y la realidad puede ser muy terca. No hay que olvidar un precepto fundamental del marxismo: la práctica es el criterio de la verdad.


Aunque tanto Raúl Castro como Díaz-Canel, han enfatizado que la batalla principal que enfrenta Cuba es la de la economía, el año que pasó será recordado, sobre todo, por los cambios políticos impulsados por las propias autoridades cubanas, entre los cuales se encuentra una importantísima ampliación del espacio público con el impulso oficial al uso de Internet, a la presencia de las autoridades en las redes sociales y al énfasis en el gobierno electrónico.


En este balance del 2018, sigue siendo deficitario el proceso de transformación económica. Tanto desde el gobierno como en los círculos académicos se reconoce que no se alcanzan las metas propuestas y que quedan muchas políticas aprobadas por implementar.


Hay dos elementos claros: toda la política del presidente Díaz-Canel tiene por objetivo actualizar el modelo socio económico con vistas a crear ese tan ansiado socialismo próspero y sustentable; y el presidente personalmente realiza un enorme esfuerzo de trabajo y comunicativo para lograrlo.


Pero el 2018 terminó en medio de graves escaseces.


Los desafíos que enfrenta el gobierno cubano en materia internacional son enormes debido a la creciente hostilidad de la administración de Donald Trump y los graves acontecimientos en Venezuela. También hay aspectos positivos en que sustentarse pero no siempre se aprovechan todas las reservas con la premura necesaria.


Sin embargo, no se debe olvidar, hoy más que nunca, que economía y política se encuentren indisolublemente imbricadas.


En el futuro no podrá hablarse de un balance político positivo de este período, no importa cuánto se logre en ese terreno, si el devenir económico del país no se encamina firme e irrevocablemente hacia las metas trazadas en los documentos principales conocidos abreviadamente como Lineamientos, Conceptualización y Visión 2030.


Y ahí es donde está el gran déficit de los últimos años, incluido el 2018, y el gran desafío del 2019 y los futuros. Se sabe y está definido lo que hay que hacer, pero no se acaba de lograr que el gobierno en su totalidad implemente con audacia y vigor lo acordado. Y el tiempo se nos está acabando.


Por Carlos Alzugaray

Diplomático, escritor y educador, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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Alternativas pospetroleras para Venezuela, necesarias, urgentes, posibles

A medida que proliferan las ideas sobre las posibles alternativas para salir de la crisis en Venezuela, llamativamente hay una persistencia. Una y otra vez se parte del petróleo, esto no está en discusión y desde allí es que divergen distintas opciones sobre cómo aprovecharlo. 

Por momentos parecería que es casi imposible imaginar una alternativa que no dependa de los hidrocarburos. En cambio pasan a ser posibles las distintas opciones sobre la propiedad de los hidrocarburos, los papeles del Estado o el mercado, los esquemas tributarios y así sucesivamente (1). No sólo eso y hay quienes redoblan la apuesta reclamando profundizar todavía más el extractivismo petrolero como medio para obtener rápidamente ingresos económicos.


Por ejemplo, la cámara empresarial petrolera ya tiene un plan para aumentar la extracción en un millón de barriles (2), los sindicatos concuerdan en fortalecer ese sector (3) y hay voces académicas en el mismo sentido. Esa profundización petrolera es reclamada en todo el arco político, desde los conservadores a los progresistas (4). Solo difieren en los modos de hacerlo.


Asumir que toda opción de cambio implica la petrolización tiene muchas limitaciones. Es anticuado, no resuelve viejos problemas del desarrollo ni las nuevas exigencias del cambio climático. De alguna manera se renuncia a promover alternativas reales a la esencia del desarrollo venezolano: ser proveedora de hidrocarburos a la globalización. Aún en el mejor caso, sería aliviar la crisis actual para sembrar una crisis futura.


Las voces de alarma sobre la adicción petrolera se han repetido en Venezuela por lo menos desde la década de 1960. Posiblemente la advertencia más popular sea “el petróleo es el excremento del diablo”, de Juan Pablo Pérez Alfonzo hacia 1976 (5). Pero no han sido atendidas. En paralelo, se han sumado muchos análisis sobre lo que ha sucedido en distintos países petroleros que muestran importantes desarreglos productivos, comerciales y financieros, descalabros políticos como sociales (como derivas autoritarias o la penetración de la corrupción) y muy serios impactos ambientales (6). La metáfora lanzada en 1936 por A. Uslar Pietri, “sembrar el petróleo”, por ahora no se cristalizó en América Latina.

Cuando el rentismo es insuficiente


Como la condición petrolera es indiscutible, los debates pasan a estar enfocados en los modos de mantener ese extractivismo. Se considera, por ejemplo, si se debe nacionalizar o privatizar el sector, cuáles serían los roles de las empresas petroleras, si éstas deben ser estatales, privadas o mixtas, el nivel de tributación, cómo manejar la inversión extranjera, y así sucesivamente.


Muchos alertan de que Venezuela tiene una estructura “rentista”, de donde el problema central sería esa dependencia de la renta petrolera pero no la centralidad de esa explotación. Se dice, por ejemplo, que en “el futuro Venezuela seguirá siendo un país petrolero, pero no podrá ser en ningún caso un país rentista” (7). Dicho de otro modo, habría alternativas posrrentistas pero no asoman en el horizonte opciones pospetroleras.


Los abordajes basados en la renta son herederos de posturas económicas del siglo XIX (sean las de David Ricardo como las de Karl Marx). En sus aplicaciones prácticas actuales, la renta corresponde a la diferencia entre el valor económico de un recurso natural según lo determinan los mercados globales y los costos totales de la extracción, que denominan “producción”. Ese es el tipo de cálculo que por ejemplo realiza el Banco Mundial. El éxito o fracaso económico de un país petróleo se mide usualmente con indicadores como este.
Sin embargo esas ideas de la renta están repletas de problemas. Comencemos por precisar que no existe una “producción” de hidrocarburos, sino que en realidad es una pérdida irreversible de patrimonio. El vocablo “producción” oculta que son recursos finitos y agotables, y su dinámica es muy distinta a lo que ocurre, pongamos por caso, en la agricultura, que tiene potenciales de renovabilidad (en lo que podrían ser rentas agrícolas se pueden calcular costos de reposición de la fertilidad del suelo, pero eso es imposible para los combustibles fósiles).


Paralelamente, en los cálculos convencionales de la renta los “costos” son siempre incompletos, ya que no incorporan lo que se gasta o pierde por impactos sociales y ambientales. Dicho de modo esquemático, el precio del crudo no incluye componentes como los costos económicos de la contaminación o del daño de la salud de las comunidades locales. Ese gasto sin embargo existe, y lo que sucede es que son transferidos a la sociedad. Esta es una de las razones por las cuales al Banco Mundial, muchas corporaciones y unos cuantos académicos, les encanta ese tipo de cálculo de la renta, ya que legitima u oculta las enormes cargas en dinero y patrimonio que los extractivismos transfieren a la sociedad y el Estado.
Estos y otros componentes muestran que la categoría de rentismo y la evaluación de la renta pueden ser útiles para problemas específicos que sin duda deben ser rectificados, pero no deberían impedir abordar la cuestión de fondo que radica en la dependencia petrolera y los efectos que desencadena. Hay otros abordajes, como los que se basan en reformular el concepto de “excedente”, que permiten incorporar dimensiones sociales y ambientales que vienen siendo rutinariamente excluidas, y que sirven para acceder a alternativas más profundas (9).


Contradicciones internas y externas


En efecto, no existe una petrolización no rentista que sea social y ambientalmente benévola. Bajo cualquier organización institucional o económica, los pozos de petróleo contaminan, su expansión afecta a pueblos indígenas, y cuando sus derivados son quemados, alimentan el cambio climático. La dependencia global es inevitable por el simple hecho de tener que exportar el crudo; esas exportaciones implican sumergirse en las reglas del comercio global y de los flujos de capital. Las empresas, sean estatales, mixtas o privadas, siempre buscarán aumentar sus ganancias, y por ello externalizan todos los costos sociales y ambientales que puedan. Las comunidades protestarán, y rápidamente serán acusadas de entorpecer el “desarrollo”, y allí donde insistan se apelará a la violencia, sea estatal o no, para asegurar esas explotaciones. Todo eso resulta en violaciones a los derechos humanos, tal como se observa en los países latinoamericanos petroleros. En los momentos de altos precios globales estos impactos se disimulan, pero no se anulan.


Pero es todavía más impactante que la insistencia en seguir siendo petroleros luce anticuada porestar desacoplada de los problemas del siglo XXI. Hoy sabemos que no es posible seguir extrayendo petróleo porque no puede ser quemado si realmente se desea evitar el cambio climático. Para impedir ese desplome ecológico planetario se identificó un límite a las emisiones conocido como “presupuesto de carbono”. Simplificando al máximo el asunto, la comunidad científica entiende que las emisiones netas de CO2 deben caer a cero en los próximos años, si es que realmente se quiere evitar cruzar el umbral de un desastre climático que pondría en riesgo a la vida humana.


Ante esto, profundizar la extracción de petróleo venezolano, bajo cualquier tipo de arreglo institucional o económico, resultaría en alimentar el recalentamiento global, violaría acuerdos internacionales en esa cuestión, y contribuiría a un problema ambiental que como es planetarioregresa para golpear a los propios venezolanos y su naturaleza.

Alternativas posextractivistas


Este tipo de argumentos muestra que la condición petrolera también se debe poner en cuestión. Las reales alternativas están en abandonar la dependencia petrolera. Ya se han intentado todo tipo de arreglos políticos y económicos sin éxito; ya no hay tiempo para ensayar otras opciones ilusionadas con un extractivismo “bueno” porque ni la ecología planetaria ni la local, lo resisten.


Es más, insistir en la petrolización es también riesgoso. En la actual oposición hay planteos de buscar recursos financieros del exterior, por ejemplo el FMI, para enfrentar la crisis, pero buena parte de ellos irían a recapitalizar el sector petrolero en lugar de asegurar beneficios concretos a la población. Otra vez se caería en que el Estado termina subsidiando las actividades petroleras. O bien, está el otro riesgo de usar la excusa de la crisis para una privatización generalizada, lo que cambiaría un extractivismo estatal por uno más subordinado al capitalismo global (10).


Bajo esas y otras condiciones han surgido las propuestas y debates sobre las llamadas transiciones posextractivistas. Existen antecedentes en varios países que muestran que es posible pensar más allá del petróleo, que eso cuenta con respaldo de importantes sectores ciudadanos, y que incluso se expresan en planes de acción concretos (como ocurrió con la moratoria petrolera en la Amazonia de Ecuador). En Venezuela ya hay algunas voces (11).


El posextractivismos se plantea como un conjunto de transiciones, ya que se admite que no pueden imponerse de un día a otro. Pero a diferencia de otras posiciones, esas transiciones se expresan en medidas que sean concretas, efectivas, replicables y entendibles por la opinión pública. Su meta es una erradicación real de la pobreza, asegurar la calidad de vida de las personas y conservar la naturaleza.Apuntando a ese objetivo ya existe un marco conceptual para transiciones pospetroleras para las regiones andino-amazónicas (12) que pueden servir como un insumo para los debates.

 


Si son esas u otras las opciones transicionales a considerar, eso es parte de la discusión que debe profundizarse. A pesar de que se intenta evitar ese debate, una real alternativa está en imaginar futuros inmediatos que no sigan dependiendo de la petrolización. Esa es la verdadera y necesaria discusión sobre las alternativas. No existe ninguna imposibilidad de hacerlo y las ataduras que lo impiden deben ser rotas.

Notas:


(1) Ver por ejemplo, Industria petrolera: un mapa de propuestas, ProDavinci, Caracas, 2 abril 2019, https://prodavinci.com/industria-petrolera-en-venezuela-un-mapa-de-propuestas/
(2) Cámara Petrolera de Venezuela presenta plan para elevar producción en 1 millón de barriles, A. Rojas Jiménez, Petroguia, 25 abril 2019, Caracas, http://www.petroguia.com/pet/noticias/petr%C3%B3leo-gas-natural-petroqu%C3%ADmica/c%C3%A1mara-petrolera-de-venezuela-presenta-plan-para-elevar
(3) Trabajadores petroleros de Venezuela rechazan sanciones de EE.UU., Telesur, Caracas, 31 enero 2019, https://www.telesurtv.net/news/trabajadores-petroleros-defensa-pdvsa-sanciones-eeuu-20190131-0024.html
(4) ¿Cómo recuperar el bienestar de los venezolanos?; por Ricardo Hausmann y Miguel Ángel Santos, 25 de septiembre, 2017, Prodavinci, Caracas, http://historico.prodavinci.com/2017/09/25/actualidad/como-recuperar-el-bienestar-de-los-venezolanos-por-ricardo-hausmann-y-miguel-angel-santos/
Ministerio de Petróleo articula planes con PDVSA para potenciar producción en la FPO, Ministerio P.P. Petróleo, Caracas, 2018, http://www.minpet.gob.ve/index.php/es-es/comunicaciones/noticias-comunicaciones/29-noticias-2018/339-ministerio-de-petroleo-articula-planes-con-pdvsa-para-potenciar-produccion-en-la-fpo
(5) Hundiéndonos en el excremento del diablo, J.P. Pérez Alfonzo, El Perro y la Rana, Caracas, 2009.
(6) Un resumen con muchos ejemplos latinoamericanos en La maldición de la abundancia, A. Acosta, AbyaYala, Quito, 2009.
(7) Entrevista a M. Gerig en Revista Florencia, 22 marzo 2019, https://revistaflorencia.com/malfred-gerig-futuro-economia-venezolana/
(8) Cálculos disponibles en la base de indicadores del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.TOTL.RT.ZS
(9) El manejo del concepto de excedente de ese modo se explica en Extractivismos. Un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, CEDIB y CLAES, La Paz, 2015.
(10) Por ejemplo, desde la política conservadora, el economista Ricardo Hausmann, que asesora a Juan Guaidó, concibe la salida de la crisis por medio de un préstamos masivo del FMI por unos US$ 60 mil millones, y que el sector energético requerirá enormes ayudas financieras. Ricardo Hausmann habla de su plan de recuperación para Venezuela, Gestión, Lima, 31 enero 2019, https://gestion.pe/mundo/ricardo-hausmann-habla-plan-recuperacion-venezuela-257347. En un razonamiento similar, Francisco Monaldo sostiene que para recuperar la extracción en 200 mil barriles/día por año, es necesaria una inyección de US$ 20 mil millones al año por una década, lo que sólo es posible con una reestructuración de las deudas del país, el apoyo del FMI y una reforma de todo el sector que permita atraer inversores. La implosión de la industria petrolera venezolana, F. Monaldo, Pro Davinci, Caracas, 15 agosto 2018, https://prodavinci.com/la-implosion-de-la-industria-petrolera-venezolana/
(11) Una biblioteca de recursos sobre transiciones posextractivistas en www.transiciones.org; debates para Venezuela en www.ecopoliticavenezuela.org
(12) Cambio climático y transiciones hacia el buen vivir en américa del sur, G. Honty y E. Gudynas, Passerelle, Paris, No 13, 2015, http://transiciones.org/transiciones-en-energia-y-cambio-climatico-en-los-andes-y-la-amazonia/
Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión de este artículo se publicó en ALAI (Quito). Contacto Twitter @EGudynas

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