Naomi Klein: “La gente habla sobre cuándo se volverá a la normalidad, pero la normalidad era la crisis”

En un encuentro virtual desde su casa, la periodista y autora de La doctrina del shock habla sobre cómo las elites están utilizando la crisis del coronavirus como excusa para avanzar en su excluyente hoja de ruta.

En situaciones de crisis como desastres o pandemias, la ciudadanía puede perder mucho: las élites aprovechan esos momentos para aprobar reformas impopulares que agravan las divisiones económicas y sociales. Pero también suponen una oportunidad de cambio. Es lo que la periodista Naomi Klein denomina la “doctrina del shock” o “capitalismo de la catástrofe”. La canadiense ofreció un encuentro virtual el pasado 26 de marzo desde su casa en New Jersey, en el que compartió su visión de la crisis del coronavirus y la situación de aislamiento que vive gran parte del planeta: “Esta es una crisis global que no respeta fronteras. Por desgracia, los líderes en todo el mundo están buscando la forma de explotarla. Así que nosotros también debemos intercambiar estrategias”, señaló. 

“Creo en el distanciamiento social, necesitamos quedarnos en casa. Y una de las razones es que nuestros líderes no prestaron atención a las señales de advertencia e impusieron una brutal austeridad económica en el sistema público de salud, dejándolo en los huesos y sin la capacidad de lidiar con este tipo de situación que estaban viendo”, opina Klein. Recuerda que el sur de Europa fue la “zona cero de las políticas de austeridad más sádicas” después de la crisis financiera de 2008. “¿Sorprende que sus hospitales, a pesar de tener atención médica pública, se encuentren tan mal equipados para enfrentar esta crisis?”, se pregunta.  

Para recordar en qué malas manos está la gestión de esta crisis sociosanitaria, Klein pone el ejemplo estadounidense: el vicepresidente Mike Pence, al que Klein considera artífice del saqueo de Nueva Orleans tras el Huracán Katrina, es ahora la persona designada por Trump para dar respuesta a la crisis del coronavirus. Y el banquero y actual secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, encargado del plan de rescate para hacer frente a la pandemia, estuvo entre quienes más se enriquecieron durante la crisis de 2008. “Hay una tendencia a poner el foco solo en Donald Trump, pero es importante comprender que está rodeado de este gabinete de ex directores ejecutivos y políticos con un largo historial de servicio a los intereses de las corporaciones”, señala Klein. 

Un modelo económico sangriento

El sistema capitalista “siempre ha estado dispuesto a sacrificar la vida a gran escala en aras de la ganancia”, señala. Le dan la razón algunos millonarios estadounidenses que recientemente han pedido que los trabajadores vuelvan a los puestos de trabajo para salvar la economía aunque la pandemia se cobre vidas. “Esa es la historia del colonialismo, de la trata transatlántica de esclavos, de las intervenciones estadounidenses por el mundo... Es un modelo económico empapado en sangre”, denuncia la autora. Y ahora la gente empieza a darse cuenta: “Las personas que antes no lo veían están encendiendo la televisión y viendo a los comentaristas y políticos de Fox News decir que tal vez deberían sacrificar a sus abuelos para que podamos subir los precios de las acciones. Y se pregunta, ¿qué tipo de sistema es este?”. 

No es algo nuevo, señala Klein, pero lo más radical es la escala del sacrificio: “Ahora, debido a nuestra profunda crisis ecológica, debido al cambio climático, es la habitabilidad del planeta lo que se está sacrificando. Es por eso que debemos pensar qué tipo de respuesta vamos a exigir, y esta tiene que estar basada en los principios de una economía verdaderamente regenerativa, basada en el cuidado y la reparación”, subraya. 

La ‘distopía de Silicon Valley’

La periodista asegura que hay momentos en que cree vivir lo que llama la distopía de Silicon Valley. “El hecho de que estemos distanciados significa que ahora muchos de nosotros estamos pasando nuestras vidas pegados a las pantallas. Nuestras relaciones sociales están mediadas por plataformas corporativas como YouTube [plataforma a través de la que ofreció el encuentro online], Twitter, Facebook, etc.  Nuestra ingesta calórica diaria nos la entrega Amazon Prime. Y las personas que están haciendo ese trabajo son increíblemente vulnerables”. Klein supone que para aquellos que más se benefician con esto, como Jeff Bezos, la única debilidad de este sistema es que sean los humanos los que tienen que entregarnos la comida y los paquetes: “Preferirían que fueran drones o robots que no pudieran enfermar”. 

Así que estamos viendo el mundo que querría Silicon Valley, señala Klein. Y es una visión muy sombría: “Esta no es la forma en que queremos vivir. Deberíamos ver una oportunidad en el rechazo a ese futuro, en la forma en que salimos de esta crisis”. 

No es algo nuevo, señala Klein, pero lo más radical es la escala del sacrificio: “Ahora, debido a nuestra profunda crisis ecológica, debido al cambio climático, es la habitabilidad del planeta lo que se está sacrificando. Es por eso que debemos pensar qué tipo de respuesta vamos a exigir, y esta tiene que estar basada en los principios de una economía verdaderamente regenerativa, basada en el cuidado y la reparación”, subraya. 

La ‘distopía de Silicon Valley’

La periodista asegura que hay momentos en que cree vivir lo que llama la distopía de Silicon Valley. “El hecho de que estemos distanciados significa que ahora muchos de nosotros estamos pasando nuestras vidas pegados a las pantallas. Nuestras relaciones sociales están mediadas por plataformas corporativas como YouTube [plataforma a través de la que ofreció el encuentro online], Twitter, Facebook, etc.  Nuestra ingesta calórica diaria nos la entrega Amazon Prime. Y las personas que están haciendo ese trabajo son increíblemente vulnerables”. Klein supone que para aquellos que más se benefician con esto, como Jeff Bezos, la única debilidad de este sistema es que sean los humanos los que tienen que entregarnos la comida y los paquetes: “Preferirían que fueran drones o robots que no pudieran enfermar”. 

Así que estamos viendo el mundo que querría Silicon Valley, señala Klein. Y es una visión muy sombría: “Esta no es la forma en que queremos vivir. Deberíamos ver una oportunidad en el rechazo a ese futuro, en la forma en que salimos de esta crisis”. 

“Cuando la gente habla sobre cuándo las cosas volverán a la normalidad, debemos recordar que la normalidad era la crisis”, advierte. “¿Es normal que Australia ardiera hace un par de meses? ¿Es normal que el Amazonas ardiera un par de meses antes? ¿Es normal que a millones de personas en California se les haya cortado la electricidad repentinamente porque su proveedor privado cree que esa sería una buena manera de prevenir otro incendio forestal? Lo normal es mortal. La ‘normalidad’ es una inmensa crisis. Necesitamos catalizar una transformación masiva hacia una economía basada en la protección de la vida”.

La necesidad de estar indignados

Para Klein, por lo tanto, se cumple el dicho de que los momentos de crisis lo son también de oportunidad para avanzar hacia la sociedad que queremos, hacia esa transformación. “La buena noticia es que estamos en una mejor posición que en 2008 y 2009. Hemos trabajado mucho en los movimientos sociales durante estos años para crear plataformas de personas”, señala. 

“Ha habido estrategias asombrosas que las personas han ideado para usar la tecnología para ayuda mutua”, dice. Alaba las protestas de enfermeras que se han dado desde que comenzó la crisis sociosanitaria, las reivindicaciones de trabajadores por sus derechos, las huelgas de alquiler o las caceroladas en Brasil contra Bolsonaro.

“Necesitamos desarrollar nuevas herramientas de desobediencia civil que nos permitan actuar a distancia”, dice. “Estoy muy esperanzada por las formas que tienen las personas para colaborar en estos momentos, y eso conlleva una ironía, porque es cierto que nunca hemos estado tan distanciados físicamente, pero tal vez es debido a la distancia física que estamos tan decididos a llegar uno hacia el otro”. 

Klein opina que los gobiernos deberían caer por lo que está pasando. “Necesitamos estar indignados, muy indignados. Necesitamos inspirarnos por el tipo de movimientos de masas que han derrocado a los gobiernos en momentos de crisis anteriores”, sugiere, y se muestra convencida de que no vamos a alcanzar la seguridad a menos que peleemos por ello. “No es un lugar al que podamos volver: es un lugar que tenemos que construir juntos y un lugar por el que tenemos que luchar”, concluye. 

1 abr 2020 06:00

Publicado enSociedad
Abdulla y Ghani asumieron como presidentes de Afganistán en el mismo día y en el mismo lugar.  ________________________________________ Imagen: AFP

Mientras las ceremonias de investidura tenían lugar, se produjeron dos explosiones en Kabul

Esta crisis gubernamental viene gestándose desde septiembre, cuando la celebración de los comicios estuvo marcada por una baja participación debido a las amenazas de los talibanes y las posteriores denuncias de fraude masivo por parte de los rivales de Ghani.

El presidente afgano Ashraf Ghani asumió este lunes un segundo mandato presidencial en un contexto de crisis institucional, ya que el exprimer ministro Abdulá Abdulá, que también reivindica la victoria en las elecciones de septiembre de 2019, se declaró presidente inmediatamente después.

"Juro en nombre de Dios obedecer y proteger la santa religión del islam, de respetar y supervisar la aplicación de la Constitución", dijo Ghani en una ceremonia que contó con una importante asistencia de diplomáticos. Al mismo tiempo, en otro lugar, en una ceremonia transmitida por la televisión, Abdulá Abdulá se declaraba presidente de Afganistán.

Abdulá Abdulá juró "proteger la independencia, la soberanía nacional, la integridad territorial y los intereses del pueblo afgano", minutos después de que Ghani jurara el cargo de presidente. Y mientras ambas ceremonias de investidura tenían lugar, se produjeron dos explosiones en Kabul.

"No tengo chaleco antibalas, solo mi camisa. Seguiré en el cargo aunque me tenga que sacrificar", disparó Ghani, sin abandonar el estrado en el que estaba pronunciando su discurso, pese a que se activaron las alarmas en el palacio presidencial.

"Pido a mis rivales electorales que se unan a mí para servir a este sagrado país", agregó Ghani durante su discurso, que contó con la presencia de una amplia representación diplomática, en la que destacaba el representante especial de Estados Unidos para la paz en Afganistán, Zalmay Khalilzad.

La jura de Abdullah, que en numerosas ocasiones fue retransmitida en directo junto a la de Ghani por las televisiones locales con la pantalla partida en dos, contó sin embargo con una representación de perfil más bajo, con simpatizantes políticos nacionales.

Crisis política 

Esta crisis gubernamental viene gestándose desde septiembre, cuando la celebración de los comicios estuvo marcada por una baja participación debido a las amenazas de los talibanes y las posteriores denuncias de fraude masivo por parte de los rivales de Ghani.

Los resultados finales, que se retrasaron hasta febrero, confirmaron la victoria de Ghani con un 50,64 por ciento de los votos, frente al 39,52 por ciento de Abdullah, que al tiempo que rechazaba el escrutinio se autoproclamaba vencedor de los comicios. Sin embargo, Ghani insistió hoy durante su discurso que no cierra la puerta a sus rivales, en clara referencia a Abdullah, al remarcar que necesita un "gobierno fuerte" ante el momento histórico que le ha tocado vivir a Afganistán.

Abdullah, en su discurso, también se mostró "listo para las negociaciones" y para trabajar en aras de la "unidad de Afganistán", aunque eso no evitó que se proclamara "presidente" ante los asistentes.

Ese momento histórico no es otro que la negociación con los talibanes, un proceso de paz que llega tras la firma de un acuerdo el pasado 29 de febrero entre los insurgentes y Estados Unidos en Doha, en el que se pactó la retirada en 14 meses de las tropas extranjeras.

Conversaciones con los talibanes

Para el inicio de las conversaciones afganas, que estaban previstas en un principio para el 10 de marzo, los talibanes y Estados Unidos habían pactado la liberación de 5 mil insurgentes, algo a lo que Ghani se había opuesto hasta hoy, cuando pareció sin embargo dispuesto a ceder a cambio de una reducción de la violencia.

"La liberación de los prisioneros talibanes está vinculada a la paz y la seguridad de las personas, en este sentido emitiré un decreto mañana, que incluirá más detalles sobre este proceso. Afortunadamente, llegamos a un marco en el que, a cambio de la liberación de prisioneros, se producirá una reducción significativa de la violencia", sentenció Ghani en un anuncio inesperado.

Esa violencia, sin embargo, está aún muy presente, mostrándose también este lunes durante la ceremonia de Ghani, cuando se escucharon hasta seis explosiones mientras pronunciaba su discurso, lo que desató el pánico entre los asistentes.

El ministerio de Interior detalló en un breve comunicado que las explosiones se debieron a por lo menos cuatro proyectiles de mortero que cayeron en varias zonas de la ciudad, todas en las proximidades de la sede presidencial.

"Las fuerzas de seguridad y la policía continúan sus esfuerzos por detener a quienes están involucrados en este ataque", dijo el portavoz de Interior, Nasrat Rahimi, sin aportar más detalles.

El ataque se convirtió en una de las imágenes de la jornada, cuando Ghani en un gesto simbólico pidió a todos calma, asegurando que unas explosiones no debían amedrentarles, al tiempo que se desabrochaba su chaleco para mostrar que no contaba con protección especial.

"No estoy usando chaleco antibalas, estoy usando ropa común y corriente. Mi pecho está listo para ser sacrificado por Afganistán y mi pueblo", sentenció el presidente afgano, entre gritos y aplausos de los asistentes.

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Medellín, https://www.grupoipsi.org/

“Hay días en la vida de una nación que condensan décadas, en los que se expresan con nitidez su carácter, sus virtudes y defectos, sus limitaciones y posibilidades. Pero si los hay que son síntesis de lo pasado, hay otros que son igualmente germen del futuro, cuando con fatal fecundidad se inauguran periodos tormentosos y atormentados o con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.
Camilo Castellanos, historiador, 1950-2019.

Nunca en el país tanta gente se había mantenido en actitud de protesta y de propuesta durante tanto tiempo como el 21N (2019), días y semanas siguientes. Incluso el 21E (2020), cumplido el forzoso receso de fin de año, se retomó la iniciativa de movilización.

Un gran debate está abierto a raíz de estos acontecimientos. ¿En qué sentido ellos son síntesis de lo pasado? ¿En qué sentido germen de futuro? Por supuesto, desentrañar el sentido y la potencialidad de lo que está ocurriendo demanda reflexión y deliberación.

Se intenta aquí una lectura del proceso tomando como guía la observación del historiador Camilo Castellanos con que se abre el texto la cual invita a develar con las luces de muchos y muchas el sentido del tiempo político que estamos viviendo.

 

La emergencia de un nuevo sentido común

 

En un contexto de retroceso general, determinado por las derechas en el poder y en el gobierno, atadas a poderes retardatarios globales, tres hechos-proceso de notorio relieve son indicativos hoy en Colombia de una potencialidad de cambio democrático:

1. La movilización ciudadana, social y popular, sostenida, con flujos y reflujos, durante más de una década, incluidas las extraordinarias marchas de los últimos meses (2008-2019).
2. El paso de la lucha armada a la lucha política civil por parte de las Farc, en virtud de los diálogos realizados durante el gobierno Santos que concluyeron en el acuerdo firmado el 24 de noviembre de 2016.
3. El sorprendente crecimiento electoral de las opciones alternativas, como se aprecia en la segunda vuelta presidencial en junio 2018 (más de 8 millones de votos, el presidente fue elegido con 10 millones), en la consulta anticorrupción, agosto (más de 11 millones de votos), y en las elecciones territoriales de octubre de 2019. En esta ocasión, fuerzas no tradicionales ganaron alcaldías tan importantes como las de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Cúcuta, Bucaramanga, Villavicencio, Florencia, Popayán1…
A tales hechos-proceso se agrega una especialísima circunstancia: el extraordinario auge literario y artístico que experimenta el país, en gran parte crítico con el statu quo, orientado al rescate de la memoria del conflicto para la reconciliación y a proyectar una utopía de vida, de relaciones sociales y de tratamiento ético-estético de lo público, lo que se ha dado en llamar artivismo, por afortunada combinación de las palabras arte y activismo.

Todo ello configura la incipiente aparición de un nuevo sentido común –otra manera de ver, sentir y hacer– en clases subalternas, medias y populares, hombres y mujeres demócratas, al tiempo que muestra el avance en la construcción de una identidad social y política alternativa.

En general, la percepción de que otro país es posible, mediante la vivencia de una democracia cualitativamente distinta, comienza a abrirse camino.

 

Lo que está pasando: colapsa la república elitista

 

Un profundo malestar se advierte en relación con el deprimente ejercicio de la política, queda al desnudo la incapacidad de la democracia partidaria representativa para dar cabal respuesta a los problemas y aspiraciones de la gente del común, se hace patente la insolvencia casi total de los sucesivos gobiernos para ejercer sus funciones con respeto y complacencia de la ciudadanía. Los grafitis en los muros de las ciudades y en las piedras de los caminos, las leyendas en las pancartas de las marchas y en las camisetas de los marchantes, mayoritariamente jóvenes, los clips y memes que en abundancia circulan por las redes, son elocuente expresión del malestar2.

Está cuestionado el origen del poder, su ejercicio y su reproducción. El gobierno de Iván Duque, expresión de un regresivo entendimiento político de fuerzas de derecha y extrema derecha (Arcadia regresiva)3 torpemente se niega a aceptar el hecho histórico de un alzamiento político armado, simula la paz, simula el respeto a la protesta social, simula las garantías a los líderes sociales4. El despertar ciudadano deja en claro para todos que ya no es tiempo de odios y armas sino de concordia y democracia. La guerra está fuera de juego5.

A 200 años de la Independencia literalmente el país nacional no aguanta más la forma excluyente, mafiosa y demofóbica (antipatía hacia al pueblo) de gobernar, se agota sin remedio la república elitista acorralada por la consistente movilización social, la fuerza transformadora de la paz, el creciente éxito electoral de las fuerzas alternativas y el auge cultural que marca cambios significativos en el sentido común.

 

Violencia ayer, violencia hoy, violencia siempre…



Lo que más impacta es que la historia de hoy ha sido la historia de siempre durante toda la vida independiente: una combinación de “orden y violencia”, donde la violencia ha sido un recurso permanente empleado por las elites para contener y desarticular la fuerza ascendente de los de abajo. “En Colombia, desde la independencia, la relación histórica del Estado y los grupos y clases hegemónicas con la violencia ha sido ambivalente. Junto a un discurso sobre la violencia legítima, estructurado alrededor del Estado, se ha utilizado sistemáticamente la violencia extrema o violencia pura contra la oposición política y los movimientos y las organizaciones sociales populares”6.

Algunas de las guerras civiles en el siglo XIX, las varias violencias del siglo XX, los magnicidios de líderes opositores, el exterminio de conglomerados enteros: integrantes del gaitanismo, militantes y elegidos de UP, sindicalistas, campesinos, estudiantes, líderes sociales, reincorporados de las guerrillas, significan miles y miles de hombres y mujeres que han sido víctimas, en diferentes momentos, del uso de la violencia como reaseguro de la exclusión social y del oligopolio político. Hoy ocurre exactamente lo mismo, inclusive abultando las dimensiones de la tragedia.

Esa realidad oprobiosa es la que le permite a Castellanos, en aguda mirada de conjunto, establecer: “En general, entre las élites y el pueblo ha existido un foso insondable creado por la pretendida superioridad de las élites o el miedo que no les permite un sueño tranquilo. Un miedo que no logran disimular con el paternalismo episódico y que se revela implacable en el uso recurrente de la violencia. Pánico al que el pueblo responde en ocasiones con terror que pretende ser justiciero, como el Nueve de Abril. El fruto del pánico y el terror es un régimen fundado en la violencia y el fraude, que no son otros los resultados de una democracia sin pueblo. Mejor, una democracia que acepta un pueblo si y solo si se muestra dócil y adocenado”7.

 

Lo que puede pasar: el advenimiento de la república democrática

 

Los hechos-proceso señalados en la primera página de este escrito indican con bastante evidencia que el país efectivamente está ante un nuevo comienzo. Un movimiento socio-histórico está en desarrollo: ese movimiento puede entenderse como el tránsito de la república elitista manejada por el círculo exclusivo de unas pocas familias a la república democrática gobernada por un conjunto cohesionado de fuerzas sociales y políticas decididas a convertir en realidad los cambios largamente aplazados o amagados. ¡Es posible¡

Pero no es la colombiana una transición tranquila, no se realiza a partir de un programa de cambios institucionales pactados (por unanimidad o por amplia mayoría) y bien acotados en su contenido, actores, tiempo y vías de realización. La transición colombiana se está efectuando en medio de gran turbulencia originada en una tenaz oposición de la derecha política refractaria a los cambios, en la pervivencia de grupos armados de carácter político, paramilitar y delincuencial (narcotráfico), en medio de una enorme tragedia humanitaria materializada en el exterminio de líderes sociales y de reincorporados de las Farc que firmó la paz.

La búsqueda de un presente y un futuro mejor parte de asumir que, en la última década, incluidos los afortunados acontecimientos de noviembre-diciembre 2019, se percibe claramente la configuración de una agenda democrática de sociedad y de país (el pliego del paro forma parte de ella). Contar con una agenda de país es una ganancia estratégica invaluable. La agenda de país es una matriz de entendimientos básicos que se nutre de las agendas territoriales y sectoriales. La agenda no es estática, existe in fieri porque su función es alimentar un proceso incesante de acción, cambio y transformación8.

Lo que se pone al orden del día, al momento del bicentenario de vida independiente, es la vía de renovación o transformación política para la construcción de una nación y un estado en la modalidad de república democrática. Para eso es la paz, para eso son las marchas, para eso se ganan elecciones: para construir un país decente, democrático y justo. La Constitución del 91 en su parte dogmática contempla esa perspectiva con claridad meridiana (primeros 112 artículos). Lo cual se refuerza con la inclusión del Acuerdo de paz entre los artículos transitorios de la Carta.

 

Resignificar el concepto y recrear la praxis de la democracia

 

Avanzar en ese sentido requiere desatar un movimiento cultural que resignifique el concepto y recree la praxis de la democracia. Se requiere, en expresión consagrada, la “reforma intelectual y moral”9. Sobre este trascendental asunto aquí solo puedo consignar unas pocas palabras para incentivar el debate y la innovación: preciso es repolitizar la política, afianzar su carácter de bien público común, ciudadanizarla; imprescindible democratizar la democracia, esto es, sacarla del marasmo, el desgaste, la superficialidad y la manipulación en que la ha colocado el capitalismo (neoliberal) bajo la enseña a ultranza del mercado.

Democratizar la democracia es transitar hacia una democracia de alta intensidad que visualiza la construcción de un estado-república con el protagonismo de la ciudadanía consciente, organizada y movilizada y la inclusión plena de mujeres, jóvenes, diversidades sexuales, etnias y culturas. La forma republicana de Estado puede ser la que mejor articule libertad e igualdad, la que mejor procure el ejercicio de virtudes cívicas y la que mejor sirva a la justicia social con libertad, a la vigencia integral de los derechos humanos, derechos de los pueblos y derechos de la naturaleza.

“La gran tradición histórica de la libertad republicana… se dividía entre el republicanismo democrático y el oligárquico o antidemocrático… La tradición republicana asocia la libertad a la independencia material, y esta característica es común tanto a la variante democrática como a la oligárquica… Así que la concepción de la libertad es la misma en las dos grandes variantes lo que las diferencia (y no es poca cosa) es la población a la que se debe llegar: a los ricos que tienen la existencia material garantizada, para los oligárquicos; a toda la población a la que debe garantizarse esta existencia material, para los democráticos”10.

Colombia no puede seguir en el esquema de una república elitista, oligárquica o señorial. Hoy existe en el país la posibilidad de una democracia más directa, democracia de verdad participativa (asociativa, deliberativa, informatizada), en suma, se hace posible tener por fin una república realmente democrática. El Punto 2 de La Habana contiene la mayor parte de los cambios normativos e institucionales que requiere hoy la democracia colombiana. La reforma política en él contemplada no se ha realizado. Es urgente realizarla.

 

El sujeto plural y el accionar político transformador

 

Cierto es que la paz total y definitiva11, la democracia de alta intensidad, la agenda de sociedad que surge de la movilización y de los acuerdos de paz, suscritos y por suscribir, la demanda de cambio que se va interiorizando y expandiendo prefiguran al presente un proyecto de país al cual lógicamente tiene que corresponder la construcción de un amplio sujeto plural, bloque histórico, convergencia, unión, confluencia de los inconformes y alternativos (coalescencia más que yuxtaposición) para enrumbarse, con clarividencia y decisión, hacia el ejercicio de hegemonía como direccionalidad incluyente de la nación entera y, por ende, sujeto determinado a ser poder y ser gobierno.

Los jóvenes reclaman condiciones favorables para superar la incertidumbre y hacer realidad sus proyectos de vida. La transformación democrática vendrá de la mano de la juventud inconforme que no se resigna a vivir en un país de privilegios para unos pocos y de estrechez para las mayorías, entre ellas los inmensos conjuntos en la informalidad y el precariado.

A pesar de la ofensiva criminal contra los líderes y lideresas sociales, que destruye de manera irreparable el tejido social, un movimiento constituido por variadas formas organizativas de base se gesta en los territorios. La organización para la marcha, el cacerolazo y el paro surgida con ocasión de la ola de movilización iniciada el 21N debe adquirir permanencia y sostenibilidad, sin perder flexibilidad, como embrión de poder ciudadano, social y popular en el espacio rural, en territorios étnicos y en el espacio urbano de pequeñas y grandes ciudades12.

El amplio e imaginativo despertar ciudadano que se advierte al presente no puede quedarse en un estadio prepolítico y corporativo sino que, convertido en un accionar político transformador –mediante el debate, la iniciativa cultural y la articulación en pluralidad– tiene que tender a hacer realidad la república democrática para materializar el vivir, buen vivir y convivir que sintetiza la utopía real en esta tercera década del nuevo siglo (Arcadia progresista).

El pueblo colombiano avanza hacia una democracia de alta intensidad, las élites tradicionales se agotan, se aproxima la república democrática, los jóvenes están en el centro de la escena. Un nosotros transformador se afianza frente a un ellos conservadurista.

Estamos ante acontecimientos que constituyen síntesis de un pasado de lucha al tiempo que son germen de un futuro de victoria. El cambio es posible, se precisa volverlo ineludible. ¿Qué harán las fuerzas sociales, políticas y culturales alternativas frente a los retos que se avecinan?

Camilo Castellanos, hay que reconocerlo, tiene razón cuando señala: “Hay días en la vida de una nación que… con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.


1 Grafitis en sitios céntricos de Bogotá: “La prosperidad de una nación es la REVOLUCION”, “Si no eres parte de la solución, sigues siendo parte del PROBLEMA”, “Mientras no nos dejen soñar, no los dejaremos dormir”, “Creemos en la utopía porque la realidad nos parece imposible”, “Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen!”, “Cuando tú pierdas el miedo, ellos pierden el poder”, “Quieren enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”, “Sin líderes sociales no hay democracia”, “Desmonte del Esmad ¡ya!”, “Soy artista, no terrorista”, “Allanar y censurar provoca paro nacional”, “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.
2 “Arcadia regresiva”, “Arcadia progresiva” son expresiones del analista uruguayo Gerardo Caetano para identificar respectivamente los proyectos de retroceso y de avance democrático (2019).
3 Ver El Aprendiz del Embrujo, finge la paz, reinventa la guerra y privatiza lo público, balance del primer año de Iván Duque, Plataforma Democracia y Desarrollo, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, La Alianza, Bogotá, septiembre de 2019.
4 En febrero de 2019 se constituyó el movimiento Defendamos la Paz –DLP–, con inmensa amplitud y pluralidad, por iniciativa de las bancadas parlamentarias que hicieron con éxito la defensa de la JEP ante las objeciones del Gobierno a la Ley estatutaria de la misma. DLP desarrolla actividades permanentes en el campo de la opinión, la movilización y la diplomacia por la paz.
5 Múnera Ruiz, Leopoldo, La ambivalencia de la violencia y las encrucijadas de la paz (guía de exposición), Bogotá, julio de 2019 (pro manuscrito).
6 Castellanos, Camilo, Los pueblos del nueve de abril, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2016, pág. 122.
7 García Villegas, Editor, ¿Cómo Mejorar a Colombia? IEPRI UNal-Ariel, Bogotá, 2018. Ver las siete propuestas básicas en la introducción.
8 La expresión “reforma intelectual y moral” es de Antonio Gramsci (Quaderni 4,7, 10, 11, 13, 14, 16, 19, 21, 26, 27); uno de los lemas más característicos de Jorge Eliécer Gaitán y de su movimiento fue precisamente este: “Por la restauración moral y democrática de la república: ¡A la carga!” (de memoria).
9 Domenech, Antoni, El Eclipse de la fraternidad, una revisión republicana de la tradición socialista, akal, 2ª Edición, Barcelona, 2019, pág. 557.
10 Para este concepto ver la columna del Senador Iván Cepeda Castro La paz total y definitiva, El Espectador, 18.07.19.
11 Otras alcaldías se ganaron en poblaciones intermedias como la de Turbaco, cerca a Cartagena de Indias, donde el triunfador fue Gustavo Torres (Julián Conrado) del nuevo partido de la rosa (Farc) en coalición con Colombia Humana.
12 Una presentación comprensiva de enfoques y prácticas innovadores puede verse en el texto de Isabel Rauber: Los movimientos sociales en tiempos de contrarrevolución preventiva global, noviembre de 2017.

* Investigador social, columnista, Presidente de la Asociación de estudios y acción política Democracia Hoy DEMHOY. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enEdición Nº265
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“Hay días en la vida de una nación que condensan décadas, en los que se expresan con nitidez su carácter, sus virtudes y defectos, sus limitaciones y posibilidades. Pero si los hay que son síntesis de lo pasado, hay otros que son igualmente germen del futuro, cuando con fatal fecundidad se inauguran periodos tormentosos y atormentados o con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.
Camilo Castellanos, historiador, 1950-2019.

Nunca en el país tanta gente se había mantenido en actitud de protesta y de propuesta durante tanto tiempo como el 21N (2019), días y semanas siguientes. Incluso el 21E (2020), cumplido el forzoso receso de fin de año, se retomó la iniciativa de movilización.

Un gran debate está abierto a raíz de estos acontecimientos. ¿En qué sentido ellos son síntesis de lo pasado? ¿En qué sentido germen de futuro? Por supuesto, desentrañar el sentido y la potencialidad de lo que está ocurriendo demanda reflexión y deliberación.

Se intenta aquí una lectura del proceso tomando como guía la observación del historiador Camilo Castellanos con que se abre el texto la cual invita a develar con las luces de muchos y muchas el sentido del tiempo político que estamos viviendo.

 

La emergencia de un nuevo sentido común

 

En un contexto de retroceso general, determinado por las derechas en el poder y en el gobierno, atadas a poderes retardatarios globales, tres hechos-proceso de notorio relieve son indicativos hoy en Colombia de una potencialidad de cambio democrático:

1. La movilización ciudadana, social y popular, sostenida, con flujos y reflujos, durante más de una década, incluidas las extraordinarias marchas de los últimos meses (2008-2019).
2. El paso de la lucha armada a la lucha política civil por parte de las Farc, en virtud de los diálogos realizados durante el gobierno Santos que concluyeron en el acuerdo firmado el 24 de noviembre de 2016.
3. El sorprendente crecimiento electoral de las opciones alternativas, como se aprecia en la segunda vuelta presidencial en junio 2018 (más de 8 millones de votos, el presidente fue elegido con 10 millones), en la consulta anticorrupción, agosto (más de 11 millones de votos), y en las elecciones territoriales de octubre de 2019. En esta ocasión, fuerzas no tradicionales ganaron alcaldías tan importantes como las de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Cúcuta, Bucaramanga, Villavicencio, Florencia, Popayán1…
A tales hechos-proceso se agrega una especialísima circunstancia: el extraordinario auge literario y artístico que experimenta el país, en gran parte crítico con el statu quo, orientado al rescate de la memoria del conflicto para la reconciliación y a proyectar una utopía de vida, de relaciones sociales y de tratamiento ético-estético de lo público, lo que se ha dado en llamar artivismo, por afortunada combinación de las palabras arte y activismo.

Todo ello configura la incipiente aparición de un nuevo sentido común –otra manera de ver, sentir y hacer– en clases subalternas, medias y populares, hombres y mujeres demócratas, al tiempo que muestra el avance en la construcción de una identidad social y política alternativa.

En general, la percepción de que otro país es posible, mediante la vivencia de una democracia cualitativamente distinta, comienza a abrirse camino.

 

Lo que está pasando: colapsa la república elitista

 

Un profundo malestar se advierte en relación con el deprimente ejercicio de la política, queda al desnudo la incapacidad de la democracia partidaria representativa para dar cabal respuesta a los problemas y aspiraciones de la gente del común, se hace patente la insolvencia casi total de los sucesivos gobiernos para ejercer sus funciones con respeto y complacencia de la ciudadanía. Los grafitis en los muros de las ciudades y en las piedras de los caminos, las leyendas en las pancartas de las marchas y en las camisetas de los marchantes, mayoritariamente jóvenes, los clips y memes que en abundancia circulan por las redes, son elocuente expresión del malestar2.

Está cuestionado el origen del poder, su ejercicio y su reproducción. El gobierno de Iván Duque, expresión de un regresivo entendimiento político de fuerzas de derecha y extrema derecha (Arcadia regresiva)3 torpemente se niega a aceptar el hecho histórico de un alzamiento político armado, simula la paz, simula el respeto a la protesta social, simula las garantías a los líderes sociales4. El despertar ciudadano deja en claro para todos que ya no es tiempo de odios y armas sino de concordia y democracia. La guerra está fuera de juego5.

A 200 años de la Independencia literalmente el país nacional no aguanta más la forma excluyente, mafiosa y demofóbica (antipatía hacia al pueblo) de gobernar, se agota sin remedio la república elitista acorralada por la consistente movilización social, la fuerza transformadora de la paz, el creciente éxito electoral de las fuerzas alternativas y el auge cultural que marca cambios significativos en el sentido común.

 

Violencia ayer, violencia hoy, violencia siempre…



Lo que más impacta es que la historia de hoy ha sido la historia de siempre durante toda la vida independiente: una combinación de “orden y violencia”, donde la violencia ha sido un recurso permanente empleado por las elites para contener y desarticular la fuerza ascendente de los de abajo. “En Colombia, desde la independencia, la relación histórica del Estado y los grupos y clases hegemónicas con la violencia ha sido ambivalente. Junto a un discurso sobre la violencia legítima, estructurado alrededor del Estado, se ha utilizado sistemáticamente la violencia extrema o violencia pura contra la oposición política y los movimientos y las organizaciones sociales populares”6.

Algunas de las guerras civiles en el siglo XIX, las varias violencias del siglo XX, los magnicidios de líderes opositores, el exterminio de conglomerados enteros: integrantes del gaitanismo, militantes y elegidos de UP, sindicalistas, campesinos, estudiantes, líderes sociales, reincorporados de las guerrillas, significan miles y miles de hombres y mujeres que han sido víctimas, en diferentes momentos, del uso de la violencia como reaseguro de la exclusión social y del oligopolio político. Hoy ocurre exactamente lo mismo, inclusive abultando las dimensiones de la tragedia.

Esa realidad oprobiosa es la que le permite a Castellanos, en aguda mirada de conjunto, establecer: “En general, entre las élites y el pueblo ha existido un foso insondable creado por la pretendida superioridad de las élites o el miedo que no les permite un sueño tranquilo. Un miedo que no logran disimular con el paternalismo episódico y que se revela implacable en el uso recurrente de la violencia. Pánico al que el pueblo responde en ocasiones con terror que pretende ser justiciero, como el Nueve de Abril. El fruto del pánico y el terror es un régimen fundado en la violencia y el fraude, que no son otros los resultados de una democracia sin pueblo. Mejor, una democracia que acepta un pueblo si y solo si se muestra dócil y adocenado”7.

 

Lo que puede pasar: el advenimiento de la república democrática

 

Los hechos-proceso señalados en la primera página de este escrito indican con bastante evidencia que el país efectivamente está ante un nuevo comienzo. Un movimiento socio-histórico está en desarrollo: ese movimiento puede entenderse como el tránsito de la república elitista manejada por el círculo exclusivo de unas pocas familias a la república democrática gobernada por un conjunto cohesionado de fuerzas sociales y políticas decididas a convertir en realidad los cambios largamente aplazados o amagados. ¡Es posible¡

Pero no es la colombiana una transición tranquila, no se realiza a partir de un programa de cambios institucionales pactados (por unanimidad o por amplia mayoría) y bien acotados en su contenido, actores, tiempo y vías de realización. La transición colombiana se está efectuando en medio de gran turbulencia originada en una tenaz oposición de la derecha política refractaria a los cambios, en la pervivencia de grupos armados de carácter político, paramilitar y delincuencial (narcotráfico), en medio de una enorme tragedia humanitaria materializada en el exterminio de líderes sociales y de reincorporados de las Farc que firmó la paz.

La búsqueda de un presente y un futuro mejor parte de asumir que, en la última década, incluidos los afortunados acontecimientos de noviembre-diciembre 2019, se percibe claramente la configuración de una agenda democrática de sociedad y de país (el pliego del paro forma parte de ella). Contar con una agenda de país es una ganancia estratégica invaluable. La agenda de país es una matriz de entendimientos básicos que se nutre de las agendas territoriales y sectoriales. La agenda no es estática, existe in fieri porque su función es alimentar un proceso incesante de acción, cambio y transformación8.

Lo que se pone al orden del día, al momento del bicentenario de vida independiente, es la vía de renovación o transformación política para la construcción de una nación y un estado en la modalidad de república democrática. Para eso es la paz, para eso son las marchas, para eso se ganan elecciones: para construir un país decente, democrático y justo. La Constitución del 91 en su parte dogmática contempla esa perspectiva con claridad meridiana (primeros 112 artículos). Lo cual se refuerza con la inclusión del Acuerdo de paz entre los artículos transitorios de la Carta.

 

Resignificar el concepto y recrear la praxis de la democracia

 

Avanzar en ese sentido requiere desatar un movimiento cultural que resignifique el concepto y recree la praxis de la democracia. Se requiere, en expresión consagrada, la “reforma intelectual y moral”9. Sobre este trascendental asunto aquí solo puedo consignar unas pocas palabras para incentivar el debate y la innovación: preciso es repolitizar la política, afianzar su carácter de bien público común, ciudadanizarla; imprescindible democratizar la democracia, esto es, sacarla del marasmo, el desgaste, la superficialidad y la manipulación en que la ha colocado el capitalismo (neoliberal) bajo la enseña a ultranza del mercado.

Democratizar la democracia es transitar hacia una democracia de alta intensidad que visualiza la construcción de un estado-república con el protagonismo de la ciudadanía consciente, organizada y movilizada y la inclusión plena de mujeres, jóvenes, diversidades sexuales, etnias y culturas. La forma republicana de Estado puede ser la que mejor articule libertad e igualdad, la que mejor procure el ejercicio de virtudes cívicas y la que mejor sirva a la justicia social con libertad, a la vigencia integral de los derechos humanos, derechos de los pueblos y derechos de la naturaleza.

“La gran tradición histórica de la libertad republicana… se dividía entre el republicanismo democrático y el oligárquico o antidemocrático… La tradición republicana asocia la libertad a la independencia material, y esta característica es común tanto a la variante democrática como a la oligárquica… Así que la concepción de la libertad es la misma en las dos grandes variantes lo que las diferencia (y no es poca cosa) es la población a la que se debe llegar: a los ricos que tienen la existencia material garantizada, para los oligárquicos; a toda la población a la que debe garantizarse esta existencia material, para los democráticos”10.

Colombia no puede seguir en el esquema de una república elitista, oligárquica o señorial. Hoy existe en el país la posibilidad de una democracia más directa, democracia de verdad participativa (asociativa, deliberativa, informatizada), en suma, se hace posible tener por fin una república realmente democrática. El Punto 2 de La Habana contiene la mayor parte de los cambios normativos e institucionales que requiere hoy la democracia colombiana. La reforma política en él contemplada no se ha realizado. Es urgente realizarla.

 

El sujeto plural y el accionar político transformador

 

Cierto es que la paz total y definitiva11, la democracia de alta intensidad, la agenda de sociedad que surge de la movilización y de los acuerdos de paz, suscritos y por suscribir, la demanda de cambio que se va interiorizando y expandiendo prefiguran al presente un proyecto de país al cual lógicamente tiene que corresponder la construcción de un amplio sujeto plural, bloque histórico, convergencia, unión, confluencia de los inconformes y alternativos (coalescencia más que yuxtaposición) para enrumbarse, con clarividencia y decisión, hacia el ejercicio de hegemonía como direccionalidad incluyente de la nación entera y, por ende, sujeto determinado a ser poder y ser gobierno.

Los jóvenes reclaman condiciones favorables para superar la incertidumbre y hacer realidad sus proyectos de vida. La transformación democrática vendrá de la mano de la juventud inconforme que no se resigna a vivir en un país de privilegios para unos pocos y de estrechez para las mayorías, entre ellas los inmensos conjuntos en la informalidad y el precariado.

A pesar de la ofensiva criminal contra los líderes y lideresas sociales, que destruye de manera irreparable el tejido social, un movimiento constituido por variadas formas organizativas de base se gesta en los territorios. La organización para la marcha, el cacerolazo y el paro surgida con ocasión de la ola de movilización iniciada el 21N debe adquirir permanencia y sostenibilidad, sin perder flexibilidad, como embrión de poder ciudadano, social y popular en el espacio rural, en territorios étnicos y en el espacio urbano de pequeñas y grandes ciudades12.

El amplio e imaginativo despertar ciudadano que se advierte al presente no puede quedarse en un estadio prepolítico y corporativo sino que, convertido en un accionar político transformador –mediante el debate, la iniciativa cultural y la articulación en pluralidad– tiene que tender a hacer realidad la república democrática para materializar el vivir, buen vivir y convivir que sintetiza la utopía real en esta tercera década del nuevo siglo (Arcadia progresista).

El pueblo colombiano avanza hacia una democracia de alta intensidad, las élites tradicionales se agotan, se aproxima la república democrática, los jóvenes están en el centro de la escena. Un nosotros transformador se afianza frente a un ellos conservadurista.

Estamos ante acontecimientos que constituyen síntesis de un pasado de lucha al tiempo que son germen de un futuro de victoria. El cambio es posible, se precisa volverlo ineludible. ¿Qué harán las fuerzas sociales, políticas y culturales alternativas frente a los retos que se avecinan?

Camilo Castellanos, hay que reconocerlo, tiene razón cuando señala: “Hay días en la vida de una nación que… con feliz feracidad dan paso a procesos transformadores”.


1 Grafitis en sitios céntricos de Bogotá: “La prosperidad de una nación es la REVOLUCION”, “Si no eres parte de la solución, sigues siendo parte del PROBLEMA”, “Mientras no nos dejen soñar, no los dejaremos dormir”, “Creemos en la utopía porque la realidad nos parece imposible”, “Si los de abajo se mueven, los de arriba se caen!”, “Cuando tú pierdas el miedo, ellos pierden el poder”, “Quieren enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”, “Sin líderes sociales no hay democracia”, “Desmonte del Esmad ¡ya!”, “Soy artista, no terrorista”, “Allanar y censurar provoca paro nacional”, “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.
2 “Arcadia regresiva”, “Arcadia progresiva” son expresiones del analista uruguayo Gerardo Caetano para identificar respectivamente los proyectos de retroceso y de avance democrático (2019).
3 Ver El Aprendiz del Embrujo, finge la paz, reinventa la guerra y privatiza lo público, balance del primer año de Iván Duque, Plataforma Democracia y Desarrollo, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos, La Alianza, Bogotá, septiembre de 2019.
4 En febrero de 2019 se constituyó el movimiento Defendamos la Paz –DLP–, con inmensa amplitud y pluralidad, por iniciativa de las bancadas parlamentarias que hicieron con éxito la defensa de la JEP ante las objeciones del Gobierno a la Ley estatutaria de la misma. DLP desarrolla actividades permanentes en el campo de la opinión, la movilización y la diplomacia por la paz.
5 Múnera Ruiz, Leopoldo, La ambivalencia de la violencia y las encrucijadas de la paz (guía de exposición), Bogotá, julio de 2019 (pro manuscrito).
6 Castellanos, Camilo, Los pueblos del nueve de abril, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 2016, pág. 122.
7 García Villegas, Editor, ¿Cómo Mejorar a Colombia? IEPRI UNal-Ariel, Bogotá, 2018. Ver las siete propuestas básicas en la introducción.
8 La expresión “reforma intelectual y moral” es de Antonio Gramsci (Quaderni 4,7, 10, 11, 13, 14, 16, 19, 21, 26, 27); uno de los lemas más característicos de Jorge Eliécer Gaitán y de su movimiento fue precisamente este: “Por la restauración moral y democrática de la república: ¡A la carga!” (de memoria).
9 Domenech, Antoni, El Eclipse de la fraternidad, una revisión republicana de la tradición socialista, akal, 2ª Edición, Barcelona, 2019, pág. 557.
10 Para este concepto ver la columna del Senador Iván Cepeda Castro La paz total y definitiva, El Espectador, 18.07.19.
11 Otras alcaldías se ganaron en poblaciones intermedias como la de Turbaco, cerca a Cartagena de Indias, donde el triunfador fue Gustavo Torres (Julián Conrado) del nuevo partido de la rosa (Farc) en coalición con Colombia Humana.
12 Una presentación comprensiva de enfoques y prácticas innovadores puede verse en el texto de Isabel Rauber: Los movimientos sociales en tiempos de contrarrevolución preventiva global, noviembre de 2017.

* Investigador social, columnista, Presidente de la Asociación de estudios y acción política Democracia Hoy DEMHOY. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enColombia
Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Publicado enColombia
Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Miércoles, 05 Febrero 2020 06:42

Coordenadas en la sucesión del papa Francisco

Coordenadas en la sucesión del papa Francisco

Francisco tiene 83 años y en marzo cumple siete de pontífice. Recibió en el cónclave que lo entronizó, el mandato de realizar importantes reformas en la Iglesia que no ha podido, o no lo han dejado, realizar. El año 2020 será clave en la vida de la Iglesia, pues se vislumbran reformas graduales de una Iglesia católica que se resiste a los cambios. A fines del año pasado Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, escribió un alarmante artículo en el importante periódico italiano La Repubblica, llamando a defender al Papa contra los abiertos ataques de grupos conservadores y reaccionarios apoyados por poderosos grupos de comunicación a escala internacional. En medio de un caos simulado, Francisco es el objetivo de severas agresiones de conservadores en Europa que buscan minar su autoridad y reblandecer sus reformas. El antagonismo no sólo es intraeclesiástico. Las posturas ecologistas, pacifistas y pro migrantes han desatado la furia de grandes corporaciones y gobiernos, como el de Donald Trump, que perciben el antineoliberalismo del Papa como una voluminosa amenaza.

La condición física y de salud del Papa nunca ha sido sólida y no ha bajado el intenso ritmo de trabajo, viajes, protocolos y formulación de orientaciones. A veces se le percibe cansado y hasta irritable. Él mismo sentenció que su pontificado sería corto. Mario Bergoglio, como buen jesuita, sabe manejar el poder y administrar la presión. Podría estar pensando en formas que aseguren que sus políticas sobrevivan más allá su muerte o su renuncia, lo que aseguraría cambios y mudanzas acariciadas desde el Concilio Vaticano II formuladas en los años 60 del siglo pasado.

Hay algunos signos que me gustaría poner a su consideración: 1) el Colegio Cardenalicio es bergogliano. Más de la mitad de los actuales cardenales han sido nombrados por Francisco. Ha creado 88 cardenales procedentes de 56 naciones diferentes. Sin embargo, no todos son del ala progresista; los cardenales electores deben tener menos de 80 años y deberán ser no más de 120. Este 2020 se prevén dimisiones y probablemente un nuevo consistorio para crear cardenales que inclinen la balanza; 2) la renovación del cargo de decano. Vacante desde la renuncia del cardenal Angelo Sodano. En virtud del reciente motu proprio firmado por el papa Francisco, el sucesor de Sodano, deberá ser elegido por los propios cardenales con un plazo de cinco años. Junto con el camarlengo, el decano tiene un rol primordial en el cónclave; 3) promulgación de documentos pontificales de reforma. Se prevé la publicación de la exhortación sobre el sínodo para la Amazonia que supuestamente aterrizaría la encíclica Laudato sí y propondría fin gradual al celibato sacerdotal. De la misma manera se espera la promulgación de una nueva Constitución apostólica sobre la reforma de la curia, que debería haberse hecho pública a fines de 2019. Ha trascendido que la Secretaría de Estado tendrá mayor relevancia y menos peso la Congregación para la Doctrina de la Fe. Francisco se opone al clericalismo. Cuando se llegó a comprender por qué la Iglesia católica fue golpeada por el colapso moral de la pederastia, Jorge Mario Bergoglio identificó precisamente el clericalismo como un causante de la crisis. La simplificación de la curia puede combinarse con mayor transparencia y colegialidad en la toma de decisiones; 4) Francisco incorpora al cardenal Luis Antonio Tagle a la curia. El 8 de diciembre de 2019, el Papa nombró al cardenal Tagle arzobispo emérito de Manila, actual prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Es interpretada como una señal para una futura sucesión, ya que Tagle es el cardenal asiático más cercano al Papa en términos pastorales, teológicos y de gestos. El cardenal filipino es introducido al engranaje curial con poder como una señal que lo prepare para el eventual juego del cónclave, y 5) candidatos a la sucesión según vaticanistas. Hemos consultado a los vaticanistas Sandro Magister, John Allen y Edward Pentin, quienes arrojan nombres de candidatos para la sucesión pontifical. El mencionado cardenal Tagle, el bergogliano asiático, puede tener en contra su edad, 62 años, y ser el candidato evidente del actual Papa. Destaca el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, quien también tendría los inconvenientes de una estrecha vinculación con el papa Francisco. Pero Parolín ha guardado bajo perfil, es italiano y es condescendiente con la beligerante ala conservadora. Tiene 65 años y gozaría de un consenso o pacto entre los bandos encontrados. Hombre de aparato, diplomático que nunca ha sido obispo diocesano. Figuran los cardenales Christoph Schönborn, de Viena, y Marc Ouellet, de Canadá, prefecto de la Congregación para los Obispos; fueron considerados en la parte superior de la lista de papables antes del último cónclave de 2013. Los dos están jubilados. Ouellet y Schönborn tienen 75. Ambos cardenales son ex alumnos del papa Benedicto XVI. No puede faltar el polémico cardenal Robert Sarah, candidato conservador. Involucrado en el escándalo del libro contra Francisco y el matrimonio de los sacerdotes. Originario de Guinea, de 64 años, tiene mucha experiencia en la curia y podría convertirse en el primer pontífice africano en siglos. Finalmente, el cardenal Matteo Zuppi, de Bolonia, de la Comunidad de Sant’Egidio, italiano que ha ganado fama por su incidencia internacional en favor de la paz.

Lo que está en juego es la continuidad o la deconstrucción de un pontificado en permanente conflicto de cambios propuestos y expectativas frustradas. En la sucesión de Francisco se juega el devenir católico.

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El poder mundial le teme a la nueva era geopolítica: el desacoplamiento de las potencias

El Foro de Davos es uno de los mecanismos clave para 'aceitar las tuercas' de la maquinaria capitalista, donde se coordinan, se discuten y se hacen públicas las tareas del año para hacer que el sistema siga funcionando. El enfrentamiento entre potencias les hace temer una atomización del mundo.

La turbulencia geopolítica relacionada con las tensiones comerciales y las rivalidades tecnológicas está creando un gran riesgo para la comunidad global: el peligro de dislocación y desacoplamiento de EEUU y China de las actuales reglas de juego globales. Así caracteriza el riesgo actual para el sistema dominante el Foro económico mundial 2020.

Quien haya creído que Davos le daría respuestas sobre las preocupaciones de miles de millones sobre cómo superar la pobreza, el cambio climático y el desarrollo sostenible peca de candidez.

A los líderes empresariales y políticos les preocupa que se estén fortaleciendo polos donde hay mayor confrontación, pierden clientes e incrementan los costos. Esta atomización emergente, advierten, induce a los países a optar por uno u otro polo, lo cual pone en peligro el actual modelo económico dominante desde la caída del muro de Berlín.

El Foro de Davos busca sumar las voces de sus aliados en el mundo, tanto gobiernos como empresas transnacionales y líderes de opinión, para encarrilar a los divergentes y volverlos a montar en la ya obsoleta maquinaria creada en Breton Woods en 1944, que dio como resultado la creación de la ONU, la OMC, el FMI y el Banco Mundial.

Davos señala que el peso de China y Estados Unidos es inmenso pues representan más del 40% del PIB mundial, son los principales innovadores del mundo y, además, los dos principales emisores de gases de efecto invernadero.

Les preocupa que el resultado de la formación de compartimentos o atomización a la que llevan las potencias conciba un panorama geopolítico inestable. Bajo el lema Para un mundo cohesionado y sostenible, los dueños del Foro de Davos buscan casi desesperadamente formas de coordinar y sostener las riendas del poder mundial.

El presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, fundador, impulsor y catalizador del foro, hizo hincapié en la necesidad de buscar un capitalismo sostenible, mientras que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advierte de la existencia de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Posiblemente los temores de la atomización de los sistemas en un mundo digitalizado sean genuinos, pero queda claro que lo que buscan es estandarizar el mundo bajo las reglas de una sola visión, un solo liderazgo, un mundo unipolar, un solo gobierno mundial.

Los líderes de Davos temen el regreso de la Guerra Fría en el ambiente económico que cambiaría fundamentalmente la forma en que los negocios y la seguridad global han funcionado en las últimas décadas ya que los países tendrían que decidir a cuál sistema económico formar parte, y las empresas tendrían que desarrollar protocolos separados.

Próxima era geopolítica: la fragmentación

China y EEUU están compitiendo en dominios comunes y cada uno busca diseñar sus propios sistemas: sus propios estándares, sus propias cadenas de suministro, advierten en Davos. Esos contornos de la nueva era geopolítica ya están presentes en nuestra vida diaria, con nuevos estándares económicos, tecnológicos, ambientales.

El FMI señaló que los volúmenes comerciales se han reducido en gran medida como resultado de lo que la OMC ha llamado "niveles históricamente altos de restricciones comerciales". Eso conllevará a la desaceleración del crecimiento global en 0,8% en 2020.

Tanto el FMI como la OMC no reconocen abiertamente su arcaico diseño ni sus incapacidades, pues por ejemplo llama "restricciones comerciales" a los castigos comerciales o sanciones a las que somete EEUU de manera unilateral a muchos países cuando no les gusta su política.

Las potencias, las grandes compañías y los líderes empresariales hicieron saber en Davos que les preocupa que la deuda pública de las economías del G20 alcance el 90% del PIB en 2019, el nivel más alto registrado, y que se prevé que llegue al 95% en 2024, según datos del FMI.

¿Y qué hay de los pobres? Queda claro que este no es su foro. Pues al ser el último escalón de la sociedad, deberán someterse a las reglas que acuerden los de arriba, en tanto sigan creyendo que algún día les llegará la prosperidad por goteo.

Consecuencias de la parcelación digital

Los organizadores del Foro nos recordaron que más del 50% de la población mundial está ahora interconectada y que aproximadamente un millón de personas se conectan en línea por primera vez cada día y dos tercios de la población mundial poseen un dispositivo móvil.

A Davos y a su añorado mundo unipolar les preocupa la ausencia de una gobernanza tecnológica global. Los empresarios han advertido que "un ciberespacio fragmentado y estándares tecnológicos diferentes podrían obstaculizar el crecimiento económico, exacerbar las rivalidades geopolíticas y dividir aún más a las sociedades".

Ya vivimos una época de dominio tecnológico que está reformando a diario nuestras vidas, las economías y las sociedades. La inteligencia artificial, IA, ha sido denominada como "la invención más impactante", pero también como la "mayor amenaza" y la proliferación de estándares dificulta que los países y las empresas confluyan en un solo sistema.

Peor aún vivimos una dominación en manos de compañías tecnológicas globales que están desafiando y asumiendo competencias centrales que solo les debieran competir a los gobiernos.

Está claro que la ausencia de un marco global de gobernanza tecnológica aumenta la injerencia foránea empresarial en los Estados, asumiendo funciones que no le corresponden y consiguiendo poseer y dominar infraestructura crítica para la seguridad de los países.

Como Yuval Noah Harari advirtió el peligro del robo de datos de los seres humanos, los conocimientos biológicos y el control de la tecnología están llegando al punto en el que ya no se necesitarán soldados para dominar algún territorio, pues se podría hacer mediante el control de datos.

El medio ambiente reducido a plantaciones

El Foro Económico fue muy magro en resultados ambientales. Su mayor logro fue el lanzamiento de la iniciativa Un billón de árboles, a sembrar para 2030, como si las plantaciones pudieran devolver la biodiversidad perdida y a ser degradada. Queda claro que no podemos pedirle peras al olmo.

Para la élite dominante mundial el crecimiento es clave, eso implica un mayor consumismo que va en dirección opuesta a la conservación y preservación de los ecosistemas. El FMI responde a esas necesidades al exigir un mayor crecimiento y advertir sobre el bajo aumento de la economía mundial, que prevé que sea del 3,3% en 2020 y del 3,4% en 2021.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, dedicó la mayor parte de su intervención a abogarpor las soluciones tecnológicas al cambio climático. Queda claro que no debemos esperar solidaridad de quienes solo velan por sus intereses.

Europa pretende liderar el tema climático con el presidente francés Macron a la cabeza, pero no pueden convencer ni a ellos mismos. Solo buscan soluciones mercantilistas como la compraventa de bonos verdes y no promueven cambios de hábitos consumistas. Mientras tanto, EEUU patea el tablero, sigue negándolo, y China mira para otro lado.

Premio Nobel de Economía desaprueba la economía de Trump

Previo a su viaje a Davos, el premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz, dijo que el presidente Donald Trump se merece un "desaprobado" en economía, además de fallar en asignaturas esenciales como defender la democracia y proteger el planeta.

"Tal vez Trump sea un buen presidente para el 1% más rico (y sobre todo, para el 0,1% más rico), pero no lo ha sido para más nadie" dijo Stiglitz. Denunció que millones se han quedado sin cobertura en salud y que en solo dos años la proporción de estadounidenses sin seguro médico creció del 10,9% al 13,7%.

Las pérdidas relacionadas con el cambio climático en Estados Unidos aumentaron drásticamente, llegando en 2017 hasta un 1,5% del PIB en daños materiales, superando a cualquier otro país en este aspecto, dijo el experto.

¿Cuál fue el relato que trató de implantar Trump en Davos? Hizo un recuento de los logros de su gestión en beneficio de su país, mostrando que su liderazgo ha mejorado a EEUU. Se jactó también de que son los mayores productores de gas y petróleo y de que lograron la independencia energética.

Como gran dádiva al mundo, Trump anunció que su país se unió al proyecto de sembrar dos billones de árboles. Rechazó el pesimismo y a los apocalípticos, pues su país está resurgiendo, dijo. Informó que se crearon siete millones de nuevos puestos de trabajos, tres veces más de lo proyectado. Todo esto con el afán de refutar lo dicho por Stiglitz.

El multilateralismo vetusto y la multipolaridad en riesgo

La competencia sin precedentes que se ha desatado entre potencias económicas, financieras, demográficas y tecnológicas está perfilando un nuevo orden (desorden) mundial y aún no sabemos a dónde nos conducirá.

No se escuchó en Davos la palabra multipolaridad, y dudo que les simpatice a los asistentes y promotores; a toda vista la consideran una mala palabra.

La certeza que deja Davos 2020 es que las actuales guerras cibernéticas, las guerras comerciales y el cambio climático nos pasarán factura a los miles de millones sin voz ni parte en ese foro.  

Publicado enInternacional
Martes, 28 Enero 2020 06:36

Cambiar el sistema, sí, pero ¿cómo?

Cambiar el sistema, sí, pero ¿cómo?

Los gritos se están haciendo cada vez más fuertes y provienen de una inusual combinación de gente no particularmente dada a jugar el papel de Casandra1. Doctores, máximos representantes de la ONU, colegiales y 11.258 científicos de 153 países están coreando lo que todos deberíamos saber: a pesar de cuarenta años de cumbres mundiales del clima, las cosas siguen como siempre. Puntos de inflexión irreversibles, efectos cascada, deshielo, crecientes niveles de CO2, CH4 y N2O, acidificación de los océanos, aumento de temperaturas, incendios, extinción masiva de especies y mucho más, han llevado a enfatizar que la catástrofe no solo refiere al derretimiento de glaciares y temperaturas mortales, sino que se trata de un problema político y social. Piden un “cambio transformador, con justicia social y económica para todos”.

En junio, Philip Alston, relator especial de la ONU en pobreza extrema y derechos humanos, avisó que los impactos del calentamiento global amenazaban derechos como la vida, el agua, la comida y la vivienda para cientos de millones de personas, así como la democracia y el estado de derecho. El jefe de redacción de The Lancet, por su parte, apoyando a Extinction Rebellion, urgió a los profesionales sanitarios a participar en la protesta social no violenta, pues “la medicina trata de la protección y fortalecimiento de las especies humanas”. Alumnos de escuela, avanzando donde los adultos han fallado, entienden muy bien que la crisis no va solo de salvar osos polares. Ellos también están llamando a un cambio social.

La crisis climática ha mostrado que el capitalismo es incompatible con la salud del planeta y que es esencial apartarse del crecimiento del PIB. No obstante, en lugar de atender a las alarmas, los gobiernos están volviendo a la violencia contra las manifestaciones y, como el Príncipe de Salina en El Gatopardo, están optando por el gatopardismo («las cosas deberán cambiar si queremos que nada cambie»), prefiriendo proteger el statu quo antes que cambiar un sistema que destruye el planeta. Esta situación es un terreno fértil para grupos de extrema derecha que, explotando los miedos de la gente, están regresando a gobiernos de estilo fascista en los cuales los derechos humanos son cada vez más amenazados.

En una reciente entrevista, Srećko Horvat, del Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25), exhorta a la “cooperación internacional, pues aquellos contra los que luchamos trabajan transnacionalmente”. En su Green Strategy, Marc Brodine escribe: “Se necesita un movimiento masivo, de alcance mundial, para emprender batallas defensivas contra la degradación medioambiental y el desarrollo explotador”. Alexia Ocasio-Cortez y Bernie Sanders reconocen la necesidad de reformas revolucionarias. Pero un hecho esencial es que casi no existen en su discurso. La crisis climática es una crisis de derechos humanos y los más afectados son los ciudadanos de los países más pobres del mundo, quienes han hecho menos en contribuir a este desastre.

¿Dónde están los mecanismos para llevar a cabo esas reformas? Sí, necesitamos cooperación transnacional, pero la mitad de las personas del mundo no pueden participar porque se encuentran luchando literalmente por sobrevivir. ¿Cómo se puede abrir esta cooperación a todos? Los “derechos humanos” son una narrativa política universal, pero, en ausencia de derechos básicos, la gente no puede operar políticamente ya que no existe socialmente. Y la Declaración Universal de Derechos Humanos ha estado muerta desde el primer día, en especial porque no vino con mecanismos para realizar esos derechos proclamados, ni siquiera los más básicos de ellos, los de la existencia material. El único instrumento que conocemos que podría garantizar de manera viable este derecho a escala global es una renta básica incondicional universal por encima del umbral de la pobreza (de cualquier lugar en que se introduzca). Y se trata de algo más que un instrumento. En sí mismo, es un derecho que puede ser rastreado hasta los principios de los bienes comunes. Si queremos un cambio en el sistema y sociedades más fuertes y sanas para combatir la crisis del cambio climático, entonces garantizar este derecho básico universal será seguramente un primer paso decente y radical.

Sin un foco en los pobres, los desposeídos de aquellos recursos naturales que han sido apresados por el norte global al que le importa un carajo el desenfreno destructivo de su “progreso”, no puede haber un cambio real del sistema. Los pobres en los países en desarrollo están pagando el precio de un 75-80% de los costes de la catástrofe climática. Tienden a vivir en áreas expuestas a desastres, en casas menos resistentes y suelen perder todo lo que poseen; tienen menos recursos para mitigar esos efectos; reciben menos apoyo de los sistemas sociales para recuperarse del impacto; tienen medios de vida precarios; y se encuentran vulnerables frente a la enfermedad, malas cosechas, aumento de precios de alimentos, muerte y discapacidad. Las respuestas a la catástrofe ligada al clima tienen a menudo la forma de intervención humanitaria cínica ex post. Por ejemplo, tras el ciclón Idai, el FMI acordó un préstamo de emergencia sin intereses de 118,2 millones de dólares para Mozambique –el sexto país más pobre del mundo, donde el habitante medio es responsable de 55 veces menos emisiones de carbono que el ciudadano medio estadounidense– pero descartó el alivio del pago de los préstamos preexistentes. Adivina quién se beneficia. El cambio sistémico requiere medidas ex ante y una renta básica sería esencial entre ellas, en cuanto distribución de recursos para potenciar cambios de la población en orden de aplicar el conocimiento local apropiado para combatir el cambio climático antes de los desastres. Esto permitiría, por ejemplo, a las mujeres agricultoras en países pobres tener mejores herramientas. Los científicos calculan que entonces podrían cultivar un 20-30% más de comida en la misma tierra y así evitar dos mil millones de toneladas de emisiones para 2050. Solo esto parecería ser un buen argumento para la renta básica.

Ahora bien, la renta básica significa bastante para no pocas personas. Un ingrediente interesante dentro de (pero en los márgenes de) la presente coyuntura de llamamientos al cambio de sistema es la candidatura de Andrew Yang para la presidencia de EE. UU., prometiendo una renta básica de 1.000$/mes para todo estadounidense mayor de dieciocho años. Sin embargo, su inversión para hacer frente al cambio climático es solo un cuarto de la que Bernie Sanders propone. El enfoque de Yang es más tecnocrático que preocupado por la pobreza. Favorece la energía nuclear y dudosas soluciones geo-ingenieriles como espejos espaciales, dispersión estratosférica de dióxido sulfúrico y plantar plancton en el océano. Yang es un claro ejemplo de las divisiones en el debate de la renta básica, donde algunos entusiastas son realmente de derechas. La renta básica a la que nos referimos nosotros es solo una medida en el dominio de la política económica. Para ser efectivo se necesita de fuertes políticas públicas en salud, vivienda, educación, transporte, etc. ¿Por qué diablos no incluye Bernie la renta básica en su campaña?

El cambio de sistema precisa de pensamiento sistémico, especialmente sobre decrecimiento, que no es ajeno a la redistribución. La renta básica representa obviamente una forma de redistribución, y en términos de Gini también, ya que puede financiarse con impuestos progresivos fácilmente. El pensamiento sistémico exige tomar en cuenta la salud de todo el sistema, tal y como ciertas culturas indígenas han sabido hacer desde hace mucho tiempo. La concienciación desde este punto de vista no solo fomentaría la reducción del consumo, sino que también incorporaría un elemento de respeto a los pueblos indígenas del mundo pendiente, quienes han sido vistos, desde la época del imperialismo, como un obstáculo a ser desplazado del camino de la explotación de los recursos.

Así que, ¿cómo podría una renta básica favorecer un cambio sistémico? Ya que los pobres deben ser el foco, daremos unos cuantos ejemplos de un detallado estudio nuestro de 2010 sobre los efectos hipotéticos de una renta básica en Timor Oriental. Encontramos que un ingreso básico parcialmente financiado por ingresos del petróleo y gas permitiría la distribución inmediata de una micro-renta (en oposición a micro-crédito), recibida cada mes sin interferencias externas. Una renta básica sobre la línea de la pobreza (allá entonces de 20$/mes por persona), para toda la población, significaría que una familia con seis personas a su cargo recibiría un ingreso mensual garantizado de 160$/mes. En una aldea de veinte familias similares la cantidad sería de 3.200$/mes o 38.400$/año.

Lo que esto podría representar en términos de soberanía alimentaria está ilustrado por un proyecto de cultivo de arroz con búfalos en el área devastada de Uatulari, con una población de unas 20.000 personas. Trabajando con una ONG timorense, el gobierno catalán financió el proyecto por valor de unos 142.680$ en los años 2000-2003 (47.560$ por año), o aproximadamente 2,38$/año por persona. La zona logró la autosuficiencia en cultivo de arroz antes de que el periodo acabara, y fue capaz de suministrar semillas para las zonas cercanas. Los búfalos fueron la “maquinaria” para preparar los campos de arroz abandonados (pisando el suelo para compactarlo antes de plantar las semillas) y también produjeron estiércol, leche, carne y pieles, al tiempo que reforzaban las relaciones sociales, ya que estos animales son tradicionalmente propiedad común. Sin embargo, con el cambio de gobierno en Cataluña, la financiación cesó y el proyecto nunca fue más allá de una exitosa fase piloto del proyecto. Una renta básica de 20$/mes por persona aportaría 4,8 millones de dólares garantizados a Uatulari cada año, unas cien veces lo que el gobierno catalán concedió. El impacto de una fuente estable de ingresos sería notable en términos de desarrollo local.

En términos de derechos humanos, una estrategia de desarrollo agrícola que consolide la producción local con el desarrollo generalizado de las redes comerciales resulta mucho más beneficiosa que una política de monocultivo orientada a las exportaciones, concentración de latifundios y desigualdad sistémica, por no mencionar los efectos medioambientales negativos. Los pequeños cultivos no solo contribuyen al mercado local, sino que también fortalecen la seguridad social y alimentaria y ofrecen una mayor difusión de los medios productivos, además de ser mejor para la gestión medioambiental. Asimismo, la migración masiva a la capital timorense, Dili, ha creado un problema permanente de desequilibrio demográfico, con grandes cifras de desempleo y descontento juvenil, con grandes capacidades destructivas. Evidentemente, no pueden ser reintegrados en comunidades rurales que no existen por la carencia de una base productiva. El incluirlos en un esquema de renta básica sería un gran avance en su reintegración como ciudadanos y en el establecimiento de una coexistencia pacífica.

De nuevo, las familias más pobres tienden a tener un mayor número de hijos. La tasa de fertilidad de 2019 fue de 5,5 nacimientos por mujer, una de las más altas del mundo. Independientemente de la ausencia de servicios de planificación familiar y educación sanitaria básica, el tener más hijos suele ser visto como una forma de reemplazar a los hermanos que mueren en la infancia, y como una especie de plan de seguro social para los padres. Que la salud de la madre se vea gravemente perjudicada por tantos embarazos es una consideración menor en circunstancias desesperadas. Una forma garantizada de cobertura social como la renta básica disminuiría la tasa de nacimientos a largo plazo, corregiría el sesgo contra los jóvenes, miembros dependientes de la sociedad, mejoraría la salud de las madres y los niños y llevaría más niños a las escuelas.

Una renta universal no solucionaría todos los problemas de Timor Oriental, pero supondría muchas más oportunidades en el terreno productivo, cohesión e inclusión social en comunidades locales reforzadas, mayor participación política y una gran reducción de la pobreza y de los problemas relacionados con ella. Las buenas noticias son que nuestro modelo de renta básica es exportable y con algunos ajustes puede ser aplicado en cualquier lugar del mundo. Y debería ser aplicado si realmente nos preocupan los derechos humanos y queremos un cambio sistémico, especialmente cuando se trata de combatir la crisis climática y sus efectos sobre los habitantes más pobres del planeta.

Nota:

1 En la mitología griega, Casandra fue una mujer a la que Apolo otorgó el poder de adivinar el futuro a cambio de sexo. Al no cumplir ésta el pacto, Apolo la condenó con la incredulidad de los mortales. [N. del T.]

Por Julie Wark / Daniel Raventós

26/01/2020

Julie Wark

es autora del “Manifiesto de derechos humanos” (Barataria, 2011) y miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. En enero de 2018 se publicó su último libro, “Against Charity” (Counterpunch, 2018), en colaboración con Daniel Raventós, recientemente editado en castellano (Icaria) y catalán (Arcadia).

Daniel Raventós

es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018) recientemente editado en castellano (Icaria) y catalán (Arcadia).

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