Pompeo proclama como milagro de Dios la anexión del Golán por Netanyahu

En Estados Unidos (EU) están más concentrados en la ridiculización del Rusiagate con sus vencedores y perdedores, (https://bit.ly/2WhIl8u) que en el reconocimiento de Trump, junto al primer ministro israelí Netanyahu y a su yerno talmúdico Jared Kushner, a la anexión unilateral de las Alturas del Golán regaladas a Israel (https://bit.ly/2UekkBK).

Días antes de las elecciones en Israel, el regalo de Trump es un espaldarazo a la relección de su aliado atribulado, el primer Netanyahu (https://lemde.fr/2FuD5rl), que coloca a la esquizofrénica política exterior de EU en su máxima contradicción cuando sanciona simultáneamente a Rusia por su supuesta anexión de Crimea.

Trump se pasa regalando lo ajeno –antes Jerusalén, (https://bit.ly/2RdRAUY) hoy las Alturas del Golán, y mañana se espera sea Cisjordania– sin importarle el repudio casi universal desde China, pasando por Rusia, hasta la Unión Europea.

Ya destaqué el leitmotiv cleptomaniáco de la anexión del Golan por Israel (https://bit.ly/2CFnNiO).

En entrevista a Christian Broadcasting Network, Mike Pompeo, ex director de la CIA y hoy secretario de Estado, afirmó que Trump pudo haber sido enviado por Dios (¡mega-sic!) para salvar al pueblo judío y dijo estar "confiado de que el Señor opera aquí". ¿De qué clase será su "Dios" que opera siempre en favor de los mismos anexionistas?

El entrevistador Chris Mitchell hizo notar al fundamentalista cristiano Pompeo que Israel estaba celebrando el Purim cuando Esther hace dos mil 500 años salvó al pueblo judío de Haman, primer ministro del rey persa Achashveirosh (Ahasuerus), con la ayuda de Dios.

Mitchell equiparó a Haman de hace dos mil 500 años con el Irán de hoy, a lo que Mike Pompeo reviró que "como cristiano (sic) ciertamente creo es posible".

Habría que contrastar esta versión solipsista con la de los persas, quienes afirman haber "salvado tres veces a los judíos" (https://bit.ly/2UTvyZC).

Achashveirosh (Ahasuerus) es el rey persa Jerjes, presunto amante de Esther, quien salvó a los judíos e hizo primer ministro a Mordechai.

Ya en una ocasión Baby Bush, extraviado en sus célebres adicciones, aseveró haber dialogado con Dios –lo cual nadie pudo comprobar– que le sirvió de coartada divina para invadir Irak.

Mike Pompeo visitó en forma inédita el Muro Occidental de Jerusalén con el primer ministro Netanyahu y David Friedman, embajador israelí-estadunidense de Trump.

En enero reciente, el vicepresidente Mike Pence, que es más "evangelista sionista" que Trump y Pompeo juntos, visitó el Muro Occidental acompañado por empleados del Western Wall Heritage Foundation (https://bit.ly/2usLVRh).

Hoy Trump, Pence, Pompeo rinden más honores al Muro Occidental de Israel que al obelisco que honra a su primer presidente y al Lincoln Memorial de la capital.

Ahora los análisis tendrán que (con)centrarse en la geopolítica teológica como advertí en mi libro Trump y el supremacismo blanco: Palestinización de los mexicanos (https://bit.ly/2JFEXmC) y en mi artículo en Sputnik sobre el ascenso del "evangelismo sionista" (https://bit.ly/2COnHG5)” de la triple santa alianza de Trump/Netanyahu/Bolsonaro.

Un triunfador tras bambalinas es el talmúdico Jared Kushner, controvertido yerno de Trump, quien “leyó la Megillah (https://bit.ly/2UbyG6a) en la Casa Blanca durante la celebración del Purim” (https://bit.ly/2t5jE5x).

Según la ultraortodoxa Chabad Lubavitch, "El Megillah (Rollo,en Hebrero) es el recuento de eventos del Purim escrito por Esther y su primo Mordechai, líder de los zelotes" (https://bit.ly/2WhCnEC).

El presidente del Parlamento iraní Ali Larijani, cercano al Ayatola Jamenei, fustigó la violación del derecho internacional por Trump, mientras el presidente turco Recep Tayyip Erdogán llevará el caso ante la ONU que también rechaza la anexión (https://bit.ly/2us8IN0).

Trump exacerba las tensiones en el Medio Oriente y eviscera la poca congruencia que queda(ba) de la política exterior de EU que ha vulgarizado su iranofobia para complacer al supremacismo racista del Estado apartheid/paria de Israel.

Se recrudecen las nuevas guerras religiosas del "evangelismo sionista".

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Miércoles, 26 Septiembre 2018 07:42

Afianza EU rechazo a la globalidad

Afianza EU rechazo a la globalidad

Fue tal vez la respuesta más efectiva jamás hecha a Donald Trump por la comunidad internacional: la risa.

Al iniciar su discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Trump recurrió a su ya muy común autoelogio: "En menos de dos años mi gobierno ha logrado más que casi cualquier otro en la historia de nuestro país", declaró, ante lo cual se escuchó una cascada de risas en la gran sala. Trump, sorprendido, titubeó, insistió en que "es la verdad" y admitió que "no era la reacción que esperaba".

Lo demás fue un asalto contra lo que representa esta máxima institución multilateral mundial y la afirmación de que Estados Unidos rehusará ceder su "soberanía" ante el orden, leyes y agencias supranacionales, fue recibido en silencio por casi todos los 192 estados miembros de la ONU.

Trump destacó sus supuestos logros económicos, diplomáticos y de seguridad, indicando las negociaciones con Corea del Norte y la cooperación entre países del Golfo Pérsico, sobre todo Arabia Saudita, en la lucha "antiterrorista". En la casa mundial dedicada a la paz, el estadunidense celebró: "nuestra fuerza militar será más poderosa de lo que ha sido jamás".

Ignorando lo que minutos antes había exhortado desde ese mismo podio el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sobre la urgencia de fortalecer el multilateralismo para abordar los problemas más graves que enfrenta el mundo, Trump proclamó lo opuesto: "Rechazamos la ideología del globalismo y abrazamos la doctrina del patriotismo".

Indicó que ordenó el retiro de su país de varios acuerdos apoyados por la ONU, entre ellos el tratado nuclear con Irán, así como de algunas instancias, como el Consejo de Derechos Humanos y de la Corte Penal Internacional, al afirmar: "nunca rendiremos la soberanía de Estados Unidos a una burocracia global no electa y que no rinde cuentas".

Señaló que su gobierno está haciendo lo mismo en el ámbito económico y comercial, donde las reglas y acuerdos son empleados para tomar ventaja de Estados Unidos, sobre todo por China. Como ejemplo de sus logros en este rubro, mencionó que acababa de concluir un acuerdo comercial con México (no mencionó a Canadá).

Al mismo tiempo que invitó a los otros gobiernos a sumarse a su mantra de la defensa de la "soberanía", procedió a amenazar la de varios países.

Anunció nuevas sanciones contra los colaboradores más cercanos del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, donde Trump declaró: "estamos atestiguando una tragedia humana", porque "el socialismo ha llevado a la bancarrota al país rico en petróleo y llevado a su pueblo a la pobreza abyecta", con la ayuda de "sus patrocinadores cubanos". Convocó a los presentes a un esfuerzo para "restaurar" la democracia en ese país.

En un curioso retorno a la guerra fría, en este contexto comentó que "virtualmente todo lugar en que se ha intentado el socialismo o comunismo, se ha producido sufrimiento, corrupción y degradación", por lo que aconsejó que "todas las naciones del mundo deberían resistir al socialismo y la miseria que lleva a todos".

Poco después de su discurso, continuó con su ataque a Venezuela en comentarios a medios, señalando que el gobierno de Maduro "es un régimen que francamente podría ser derrocado muy rápidamente por los militares, si éstos deciden hacer eso".

Explícitamente, refrendó la Doctrina Monroe como política de su gobierno, al decir que en el hemisferio occidental "estamos comprometidos con mantener nuestra independencia de la intrusión de poderes extranjeros expansionistas".

En su discurso ante la Asamblea General, Trump también condenó al régimen de Irán, al cual acusó de ser una "dictadura corrupta" que "siembra caos, muerte y destrucción", y aseguró: "no podemos permitir que el principal patrocinador de terrorismo en el mundo posea las armas más peligrosas del planeta".

También advirtió que intervendrá en Siria si ese régimen emplea armas químicas.

Al ilustrar su defensa de la "soberanía", resaltó como ejemplo que ya está construyendo su muro fronterizo con México.

Notables por su ausencia en la ponencia de Trump: el cambio climático y Rusia.

En el transcurso del día, varios oradores rechazaron la visión de Trump y otros se defendieron de sus amenazas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, retomó el exhorto del secretario general ante la Asamblea General contra el aislacionismo y afirmó que el "nacionalismo siempre lleva a la derrota", y pidió a los estados miembros que "no acepten la erosión del multilateralismo", algo que recibió una ovación (Trump no se ganó ni una).

El presidente de Irán, Hassan Rouhani, señaló que el rechazo al multilateralismo es "un síntoma de la debilidad de intelecto; revela incapacidad para entender un mundo complejo e interconectado". Acusó a Trump y a sus aliados de querer derrocar a su gobierno y de violar el derecho internacional, así como sus obligaciones estatales por retirarse del acuerdo nuclear de 2015. Argumentó que "el entendimiento de relaciones internacionales por Estados Unidos es autoritario", y advirtió contra gobiernos que fomentan "nacionalismo extremista y racismo", lo cual comparó con el nazismo.

Mientras tanto, varios líderes sudamericanos –entre ellos los presidentes de Ecuador, Brasil y Argentina–, parecieron responder al llamado de Trump contra Venezuela. En sus discursos criticaron al gobierno de Maduro por violaciones de derechos humanos, y el argentino, Mauricio Macri, anunció que su país presentará ante la Corte Penal Internacional (a pesar de que Trump la declaró "ilegítima") "los crímenes de lesa humanidad de la dictadura venezolana".

El secretario general Guterres, quien declaró que el mundo padece "un desorden de déficit de confianza" ante una ola populista y la fragmentación social, alertó de dos problemas cada vez más urgentes que definirán el futuro inmediato del planeta. "El cambio climático procede más rápidamente que nosotros y si no cambiamos curso en los próximos dos años, arriesgamos un cambio climático desatado", declaró, y advirtió que nuevos avances en tecnología representan tanto oportunidades como riesgos cada vez más peligrosos, sobre todo si se emplean para fines bélicos. Ante estos desafíos, afirmó, la cooperación internacional es más necesaria y urgente que nunca y señaló que "el multilateralismo está bajo fuego justo cuando más lo necesitamos".

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Trump llega a la sede de la ONU a desmantelar el orden mundial

Nueva York. Donald Trump arribó a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para intensificar su batalla y continuar con su objetivo de desmantelar el orden mundial internacional de la posguerra y abandonar el "multilateralismo" de la política estadunidense con su lema: “America primero”.

La palabra que el régimen de Trump enfatizará aquí es "soberanía", algo que para observadores en otros países, sobre todo del mundo desarrollado, es un poco raro al ser aplicado a la última superpotencia mundial que históricamente ha amenazado y violado la soberanía de decenas de países. En este contexto, tiene que ver con repudiar la aplicación de normas, reglas y leyes de organizaciones y acuerdos internacionales a Estados Unidos; algo que fue afirmado por Trump en su primera intervención aquí hace un año, donde también dejó claro que su país tiene el derecho de intervenir donde decida que existe una amenaza. Desde el podio de la Asamblea General hace un año amenazó que podría ser necesario "destruir totalmente" a Corea del Norte si no abandonaba sus armas nucleares, tal como se lo exigía.

Funcionarios de su gobierno y expertos esperan que sus declaraciones serán dirigidas más a sus bases electorales enfatizando lo que llaman la "supremacía de la soberanía estadunidense". Esperan que anunciará una política más hostil contra China e Irán, y que insistirá en que Estados Unidos está dispuesto a apoyar –con acuerdos comerciales y asistencia exterior– sólo a aquellos países que, en palabras de su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, “comparten nuestros valores (…) a los que quieren trabajar con nosotros, y no aquellos que intentan frenar a Estados Unidos y dicen que odian a America…”

El debate anual de la Asamblea General inicia este martes con un desfile casi infinito de oradores, entre ellos mandatarios de 132 de los 193 países miembros, y cuyo tema en esta versión es "Hacer que la ONU sea relevante a todo pueblo; liderazgo global y responsabilidades compartidas por sociedades pacíficas, equitativas y sustentables".

Pero la ONU, como cúpula del orden multilateral de la posguerra, no sólo ha sido generalmente ignorada por el gobierno de Trump, sino que ha sido atacada y abandonada por este régimen. El magnate ha retirado a su país de la Unesco, del Consejo de Derechos Humanos y también suspendió fondos para la agencia que apoya a refugiados palestinos.

Varios líderes estadunidenses de la vieja arquitectura internacional lamentan que Trump esté abandonando el llamado consenso político, económico y militar internacional. Robert Kaplan, de la Brookings Institution, por ejemplo, afirmó en un artículo publicado en el New York Times que “igual que en los años 20, el aislacionismo se junta con el sentimiento antinmigrante y el proteccionismo como pilar del America primerismo”.

La lista de ejemplos se alarga: el régimen de Trump se retiró del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, del acuerdo multilateral con Irán, de la negociación de tratados comerciales, como el Transpacífico, ha generado disputas comerciales y diplomáticas con casi todos los aliados internacionales tradicionales, incluidos México, Canadá, Europa y Japón, ha criticado a la OTAN y ahora detona una guerra comercial con China.

La semana pasada, su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, famoso por su desdén hacia la ONU desde hace años, atacó la legitimidad de la Corte Penal Internacional que evaluaba posibles cargos de crímenes de guerra contra fuerzas estadunidenses y sus aliados en Afganistan, afirmando que ese tribunal "amenaza de manera inaceptable la soberanía estadunidense" y declaró que su gobierno usará "todos los medios necesarios" para proteger a estadunidenses y sus aliados –incluido Israel– de "la persecución injusta de esta corte ilegítima".

Pero nadie se atreve a pronosticar, ni su propio equipo, lo que puede pasar con Trump. El estadunidense tiene reuniones bilaterales programadas con varios de sus homólogos, como el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, con quien continuará la rara coreografía diplomática en relación con el país que Trump amenazó con destruir hace un año, y hoy comentó que esperaba anunciar "bastante pronto" una segunda cumbre con el norcoreano Kim Jong-un.

Desfile de oradores

Este martes, por tradición, Brasil será el primero en subir al podio al iniciar el debate ante la Asamblea General, seguido siempre del país sede, Estados Unidos. Los oradores continuarán hasta el primero de octubre y algunos también asistirán a los más de 300 foros y actos que abordarán toda una gama de temas: desde drogas y refugiados, hasta medio ambiente.

La asamblea es presidida por María Fernanda Espinosa, ex canciller de Ecuador, apenas la cuarta vez que una mujer es presidenta de esta entidad, y también es la primera latinoamericana.

El presidente Enrique Peña Nieto tiene programada su última intervención ante este foro hoy martes.

Debut de Díaz-Canel

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, debutó ante Naciones Unidas en su participación este lunes en la Cumbre de Paz Nelson Mandela, realizada en honor al centenario el nacimiento del líder sudafricano.

Ahí deploró el incremento del gasto militar mundial, subrayó que no puede haber paz y estabilidad sin desarrollo, y señaló que "los desplazados y los hambrientos huyen hacia los países que tienen abundancia gracias al saqueo a nuestros pueblos y son víctimas de una segregación silenciosa y silenciada".

En el contexto de la Cumbre Mandela, recordó que "Cuba se honra en recordar que compartió las luchas de Mandela en primera línea de combate, con los hermanos de Angola y Namibia", reportó Cubadebate.

El nuevo mandatario cubano se presentará el miércoles por primera vez en la Asamblea General, donde impulsará por 27 año consecutivo una resolución llamando a la anulación del bloqueo estadunidense, "el más largo en la historia de la humanidad".

Como lo hicieron sus antecesores, Díaz-Canel también tendrá actividades oficiales fuera de la ONU, entre ellas un acto con simpatizantes en la histórica Iglesia Riverside –sede de discursos de Fidel Castro y del reverendo Martin Luther King– y con el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, y con promotores de la normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos, reportó Reuters.

Aunque Trump dominará las noticias aquí, para muchos esto ya no se trata tanto de qué hará el estadunidense, sino cuál será la respuesta del resto del mundo.

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Cumbre del zar y el mandarín con juegos nucleares de guerra y críticas a Trump

Coincidencias fatídicas el 11/9de 2018: EU se sumerge en su implosivo caos (http://bit.ly/2NDGYjK), mientras arrancan los ejercicios militares Vostok 18 con simulación de armas tácticas nucleares de Rusia, acompañada por China y Mongolia (http://bit.ly/2MrBSTm).

También por primera vez y en la misma fecha sin crónica del 11/9 de 2018, China participa en el cuarto Foro Económico Oriental en la ciudad rusa de Vladivostok en el lejano oriente, no lejos de los ejercicios militares del Vostok 18 (http://bit.ly/2NzHa3H), que coincide también con los ejercicios militares Rapid Trident de la OTAN en Ucrania del 3 al 15 de septiembre (http://bit.ly/2Ny1mD8).


En la dinámica cronológica geoestratégica, 17 años después al 11/9de 2001, el acercamiento cada vez más profundo del zar Vlady Putin y del mandarín Xi Jinping –quienes en lo que va del año se han reunido en tres ocasiones, las dos veces anteriores en Pekín y Johannesburgo– puede tener un efecto más profundo y duradero en el lejano oriente entre Rusia y China, que el triple derrumbe en Nueva York –de dos torres gemelas por la mañana y otro tercer edificio por la tarde (http://bit.ly/2NAYAgc).


Sea cual fuere la autoría real del polémico 11/9 en Nueva York, la “guerra contra el terror yihadista” de Baby Bush/Obama y Hillary Clinton –después de sus cataclismos bélicos en Irak, Afganistán, Somalia, Libia y Siria –parece haber llegado a su límite de conveniencia geoestratégica cuando Trump, el Pentágono y el Departamento de Estado, en la fase del ex director de la CIA Mike Pompeo, han elevado el nivel de la confrontación con dos superpotencias de mayor nivel: Rusia y China (http://bit.ly/2NyxC90).


Con la coartada de la “guerra contra el terror” desde hace 17 años, EU no pudo socavar las entrañas islámicas de Rusia y China: asediadas en sus fronteras por el yihadismo teledirigido.


La interpretación del Financial Times (11/9/18) de la presencia del mandarín Xi en Vladivostok junto al zar Vlady Putin atestigua la voluntad de ambos mandatarios de combatir el proteccionismo de Trump, quien escala su guerra comercial contra China y asesta nuevas sanciones contra Rusia.


Más allá de la cooperación tecno-militar/aeroespacial, arranca su colaboración bilateral en comercio electrónico, telecomunicaciones e Internet, además de usar las divisas nacionales (el yuan y el vapuleado rublo) en sus pagos mutuos, que van de la mano con la Ruta de la Seda (http://bit.ly/2Nyury6) y la Unión Económica Euroasiática (UEE).


El zar ruso Vlady declaró en forma significativa que estaba alineado con el mandarín Xi sobre el contencioso de la península coreana.


Según el rotativo chino Global Times, “Washington es el que promovió (sic) los lazos de China y Rusia al asfixiar estratégicamente a los dos países”, que “adoptan una postura unificada en los temas globales” y cuya “cooperación estratégica integral” no solamente “es crucial para ambas potencias mayores, sino también para el equilibrio estratégico global” (http://bit.ly/2Ny2SVQ).


Los académicos chinos destacan la complementariedad comercial y económica de Pekín y Moscú: la demanda china del petróleo y gas ruso se ha incrementado, mientras “una mejor conectividad terrestre puede disminuir en forma significativa el costo del comercio y hacerlo más seguro”.


A mi juicio, su calidad de “seguro”es muy debatible, ya que esa es la labor del yihadismo: torpedear la Ruta de la Seda (http://bit.ly/2NDF2aY).


Según los mismos académicos chinos, “como líder en comercio electrónico, industria ligera (sic) y desarrollo de infraestructura, China tiene mucho que ofrecer a Rusia, mientras ésta puede ofrecer a China su experiencia válida en la industria pesada (sic) y en los ámbitos aeroespacial y militar”.


La cumbre de Vladivostok está acoplada al Vostok 18, a la Ruta de la Seda y a la UEE: bajo el paraguas del Grupo de Shanghái, cuya creación fue anunciada tres meses antes del 11/9 neoyorkino de 2001 (http://bit.ly/2NytJB0).


Se trata de una dinámica geoestratégica de casi una generación:con EU a la baja y Rusia/China al alza.


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Lunes, 23 Julio 2018 08:30

¿Conjura?

¿Conjura?

Con capacidad anticipatoria, John J. Mearsheimer publicó en la revista The Atlantic de agosto de 1990 un ensayo titulado: ¿Por qué pronto extrañaremos la guerra fría? Esta tesis se sustentaba en el carácter de la paz impuesta tras la Segunda Guerra Mundial, basada en la distribución bipolar del poder militar y las armas nucleares entre Estados Unidos y la Unión Soviética.


En la medida en que ese arreglo se fuera modificando con la expansión del poderío nuclear y la redefinición de los poderes político y económico entre la naciones, se pasaría, entonces, a un entorno más propicio para la anarquía desenfrenada.


Más allá del contenido del prematuro análisis de Mearsheimer, los casi 30 años transcurridos desde que se publicó han provocado una situación inestable.


El escenario que hoy se está configurando vuelve a tener como eje a las dos principales potencias en el mundo que concentran 90 por ciento del poderío nuclear.
Por un lado está la manera en que se desenvolvió la transición del colapso de la antigua URSS hasta llegar a lo que es actualmente la Rusia de Putin, ex oficial de inteligencia extranjera de la KGB por más de una década y media hasta 1991.


Por otro, la llegada a la presidencia de Donald Trump, el magnate de la construcción que ha desquiciado el ejercicio de la política en Estados Unidos, exhibiendo por igual la crisis de los partidos Republicano y Demócrata y provocando un verdadero choque en la institucionalidad de ese país.


Ambos hombres comparten una visión del poder personal aplicado tanto al comando del Estado como de los negocios. Trump ha mantenido abiertamente sus intereses económicos, en los que destaca la participación de los capitales rusos. Putin no esconde los suyos ni de sus asociados, apropiados a mansalva luego del colapso soviético.


Esta situación recuerda la advertencia que hiciera el historiador británico Arnold J. Toynbee sobre el peligro para una nación del gobierno ejercido por personas que anteponen sus intereses privados.
Lo que ocurre hoy prácticamente alrededor de todo el planeta expone también la advertencia del mismo Toynbee: Pienso que las civilizaciones nacen y crecen debido a las respuestas exitosas a sucesivos desafíos. Se quiebran y despedazan cuando fracasan a la hora de confrontar esos desafíos.


La historia del siglo XX se ciñe a esa visión. La del siglo XXI se aproxima otra vez a los límites de la convivencia decente, una expresión que parece cada vez más nebulosa en la sociedad.


Trump y Putin comparten aunque sea parcialmente una visión de lo que es mandar. El segundo, sin embargo, muestra que mantiene el pulso ante un Trump que se apoya en él y expone la fragilidad que puede ser el signo de su mandato. Hay un entramado de intereses del que vemos apenas una punta.


La reciente reunión que sostuvieron en Helsinki no ha hecho más que incrementar las sospechas de una relación muy comprometida, sobre todo para el presidente de Estados Unidos.


Trump ha abierto un conflicto con los tradicionales aliados europeos de su país desde el fin de la guerra en 1945; incidido en la siempre inestable condición del Medio Oriente; declarado la guerra comercial a China y cuestionado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Su intención es siempre la de atizar el conflicto dentro y fuera de su país. Pero nunca frente a Putin.


La literatura se adelanta a veces a los acontecimientos reales. Así lo hizo en otro contexto Philip Roth en su magnífica novela La conjura contra América. Conviene leerla.


El gobierno que está ya en formación en México tiene que fijar una postura ante Estados Unidos que, siendo política y diplomática, ha de ser pragmática pero insumisa. No es fácil de definir y sostener pero es mucho lo que está en juego.

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Miércoles, 11 Julio 2018 07:16

Guerra comercial y política industrial

Guerra comercial y política industrial

Estados Unidos ha lanzado el primer disparo de una guerra comercial que podría durar mucho tiempo. Donald Trump mantiene un discurso triunfalista que recuerda el de los generales de siempre, que al inicio de una aventura bélica han prometido que los soldados regresarán a sus hogares en unas cuantas semanas. La historia muestra cómo los horrores de la guerra los han desmentido cruelmente.

China ha anunciado su primera respuesta a la ofensiva, sin llevar la confrontación más allá de lo necesario, aunque Washington ha dado a conocer planes para proceder con más aranceles sobre otras importaciones chinas. Si la guerra comercial se detiene en estas primeras escaramuzas, los efectos sobre la economía mundial serán modestos y podrán ser absorbidos sin demasiado problema.
Pero hace una semana, Trump amenazó con imponer aranceles sobre importaciones chinas por un valor de 500 mil millones de dólares, cifra que es casi igual al total de las importaciones estadunidenses en 2017. Y para justificar su último desplante, Trump ha recurrido a una nueva estratagema. La narrativa ya no es sólo que China ha robado empleos, sino le ha quitado tecnología a Estados Unidos e invade sus patentes y secretos industriales. En este discurso mercantilista, los subsidios a las empresas chinas constituyen una fuente de competencia desleal que hay que contener.
En el fondo, lo que Trump y su asesor en comercio internacional Peter Navarro están atacando es la política industrial y tecnológica de China. Pero esa batalla ya la perdió Estados Unidos hace tiempo. Incluso antes de la contrarrevolución de Deng Xiaoping, China ya tenía una industria nuclear y militar bastante diversificada. Y cuando se impone el actual modelo de capitalismo comunista, China estaba preparada para recibir y absorber la tecnología que vendría asociada a las inversiones extranjeras. Hoy, lo que queda es preguntarse si los instrumentos usados por Pekín son compatibles con las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), organismo al que pertenece China desde 2001.
Para la administración Trump, el acceso de China a la OMC fue un error, porque le abrió espacios a su agresiva política de exportaciones sin que Pekín cumpliera con sus obligaciones en materia de reciprocidad. Pero cualquier proceso de solución de controversias en la OMC dictaminará que los instrumentos de la política industrial y tecnológica del gigante asiático son compatibles con las reglas del comercio internacional.
En la actualidad, China considera que su economía tiene ramas en las cuales existe una significativa dependencia tecnológica. Entre los ejemplos destacan aviones, semiconductores y equipo médico de alta tecnología. Y en esas ramas, el Estado chino está realizando inversiones masivas para reducir las importaciones y la dependencia tecnológica. Claro que para un economista neoliberal eso parece anatema, pero resulta que para la OMC todo eso es perfectamente válido.
Es cierto que China adquirió en el seno de la OMC la obligación de no exigir a las empresas que quieran invertir en ese país el que procedan a “transferir tecnología”. Pero China mantiene un amplio grado de discreción para definir en qué sectores se acepta la inversión extranjera directa (IED) y en cuáles está restringida o regulada. Y entre las ramas sujetas a regulación, China puede decidir que la IED sólo se acepta cuando hay empresas conjuntas en las cuales se aplican esquemas de transferencia y absorción de tecnología. Eso está permitido por la OMC.
El mejor ejemplo de la aplicación de esta política tecnológica e industrial es el ferrocarril de alta velocidad. Las empresas que buscaban obtener contratos para proveer rieles para altas velocidades en el mercado chino tuvieron que asociarse con las empresas estatales de ferrocarriles. Y en esos esquemas de empresas conjuntas se incluyeron contratos para trasladar la producción de partes claves hacia territorio chino.
Otro ejemplo es el de la industria automotriz. En esta rama, China ha podido crear una cadena de valor interna que compite ventajosamente con las existentes en cualquier otro país desarrollado. La razón es que las empresas automotrices extranjeras (como Ford, General Motors y Volvo) tuvieron que transferir capacidad tecnológica a China para poder entrar en ese espacio económico. Hoy se comienzan a ver autos importados en Estados Unidos con el sello Made in China. Las políticas que condujeron a esos resultados nunca fueron impugnadas en la OMC.
El contraste con México es notable. Aquí el reclamo de Trump no es por la presencia de una política industrial y tecnológica activa. Y es que detrás de la fachada de la industria maquiladora, los gobiernos neoliberales abandonaron los objetivos de desarrollo industrial a las fuerzas del mercado. Si la historia económica nos ha enseñado algo, es que ningún país desarrollado alcanzó objetivos de industrialización y adquisición de capacidades tecnológicas endógenas sin la intervención del Estado.
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Guerra comercial: no es el comercio, es la guerra

En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.

 

La lógica histórica indica que los países, sobre todo las grandes potencias económicas, no realizan cambios de políticas dramáticas al menos que exista una crisis en curso de la que se quiere salir desesperadamente o se haya realizado una previsión de un escenario indeseado a largo plazo.


Aunque en Estados Unidos deberíamos aprontarnos para una recesión en un par de años, no se puede decir que una recesión es una crisis. Por el contrario, tanto el presidente Trump como todos los economistas del gobierno y de los think tanks más reconocidos (expertos en equivocarse, pero esa es otra discusión), sólo insisten en augurar la continuidad del crecimiento económico, más o menos al ritmo que lo había hecho durante los años de Obama e, incluso, algo más. Es cierto que Estados Unidos tiene un notable déficit comercial con China, es cierto que podemos imaginar que Trump no es tan cínico y de verdad quiere beneficiar a esos granjeros, mineros y proletarios del Medio oeste, pero cualquiera puede entender que, en relaciones internacionales, no hay acción sin reacción, y que tanto la reacción arancelaria y comercial de Europa como la de China golpeará, precisamente, a ese grupo de votantes de Trump. Estados Unidos todavía es más fuerte que China, pero el presidente chino, Xi Jinping, por razones políticas y culturales, tiene mucho menos que temer de una crisis económica que cualquier presidente del mundo occidental.


No es la economía, al menos no a corto y mediano plazo, la razón que motiva estos cambios en política económica. Es algo que está más allá del horizonte. En geopolítica siempre (y, tal vez, únicamente) se debe leer entrelíneas cada declaración de intención.


En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.


Pero, en cualquier caso, los recursos, por astronómicos que sean, son siempre limitados. Es interesante que el presidente Trump haya propuesto la creación de una costosa División Espacial, para diferenciarla de la Fuerza Aérea, en el entendido de que las futuras guerras se liberarán en el espacio, y a los pocos días haya propuesto la fusión del Ministerio de Educación con el Ministerio de Trabajo. Más claro es imposible. Lo cual no quiere decir que estas sutiles revelaciones del proyecto principal sean las mejores respuestas a una evaluación de la realidad futura donde (probablemente estén pensando en el 2035) China se ha convertido en la primera potencia económica del mundo y, consecuentemente, caminará hacia convertirse en la primera potencia militar.


Sin embargo, la propuesta de una “guerra espacial” todavía es parte de la fantasía de la Guerra de las Galaxias. Por muchas décadas más, sino siglos, la clave del control mundial estará en los viejos mares, en esos territorios de nadie que conectan a la mayoría de los países del mundo. El Imperio japonés no fue derrotado en Hiroshima y Nagasaki (por entonces Japón ya estaba derrotado y negociando su rendición; las bombas atómicas sobre tantos inocentes fue un movimiento para evitar una invasión soviética a la isla). Japón fue derrotado en Pearl Harbor, cuatro años antes. Al menos allí comenzó su derrota como imperio.


En el océano Pacífico surgió la hegemonía militar estadounidense y en el mismo océano, o en alguno de sus mares, comenzará otra, un siglo después.


En pocas palabras, la repetida “guerra comercial” entre China y Estados Unidos no es comercial sino militar. En un momento de supuesta fortaleza económica en Estados Unidos, es un recurso geopolítico, no una necesidad del mercado. El objetivo es distraer recursos económicos de la potencia en ascenso y su presencia marítima. Es decir, retrasar el mayor tiempo posible una realidad que un grupo de analistas militares, en algún lugar luminoso pero discreto del mundo, asume como inevitable.


Sólo queda por esperar nuevos capítulos de la misma telenovela. Todo, o casi todo, depende de sus creativos escritores.

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Lunes, 09 Julio 2018 07:27

Proteccionismo

Proteccionismo

El presidente de EstadosUnidos, Donald Trump, dice que las guerras comerciales se ganan fácilmente. Para él se trata de reducir el gran déficit comercial que tiene su país respecto de China, y también en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Los flujos transfronterizos de mercancías son correlativos a las corrientes de inversión extranjera, sea ésta directa (en la producción) o financiera. El TLCAN, por ejemplo, es primordialmente un acuerdo para el flujo de inversiones de Estados Unidos a México y de ellas se desprende la corriente de mercancías que se exportan a aquel país.


El tratado acarreó inversiones de lugares como Europa y Japón para aprovechar las cláusulas previstas de exportación con menores aranceles. En el caso de China, el déficit comercial que incomoda a Trump se ha forjado largamente por las ventajas que representa para las empresas en materia de costos.


El déficit se compensa con las enormes corrientes de capital que se invierten en la deuda emitida por el gobierno estadunidense, financian la deuda pública y apoyan al valor de dólar. Este aspecto de las relaciones económicas internacionales no debe perderse de vista.


En términos contables las partidas cuadran entre la balanza comercial y la de capitales. Las cosas no son simples, por supuesto, pues las transacciones económicas entre las naciones involucran siempre muchos otros aspectos.
Abarcan el saqueo de minerales preciosos como ocurrió en las colonias americanas de Europa; la obstrucción de industrias nacionales para beneficiar a los productores de las metrópolis, como sucedió en la India, o bien, la implantación de mecanismos financieros que articulan los procesos de producción y distribución de la riqueza hasta alcanzar dimensiones globales.
Las guerras comerciales se describen usualmente como políticas para “empobrecer al vecino”, aumentado la demanda de la producción interna y reduciendo la dependencia de las importaciones.
Para eso se imponen tarifas (sobreprecios) o cuotas (límites cuantitativos). La protección se alcanza también manipulando el tipo de cambio, con devaluaciones competitivas para acrecentar el nivel de la actividad económica interna.
La protección que se impulsa hoy en Estados Unidos pretende recuperar los empleos que se han ido a otras partes, principalmente por ventajas salariales y también en materia de impuestos.
La situación actual es distinta a la promoción de la industria infante que utilizó Alemania en el siglo 19 para crear una industria propia y competitiva alcanzando los niveles requeridos de tamaño y economías de escala.
La defensa de los productores nacionales mediante la protección se aplicó también en América Latina con la sustitución de importaciones después de la Segunda Guerra Mundial. Luego, como se sabe, se pasó al extremo opuesto de la liberalización a ultranza.
En el capitalismo global las fronteras en materia económica se han ido borrando. De manera más general, la globalidad se ha establecido en los procesos de división del trabajo, salarios, abastecimiento, tecnología y cadenas de producción. La formación de los precios en muchas actividades económicas es de índole global.
Todo ello es consistente con las exigencias de la acumulación de los capitales. Los costos para las empresas estadunidenses se forman en ese terreno y de ello depende su competitividad, así como la pugna por la distribución del ingreso y la riqueza.
Con el nuevo proteccionismo, los consumidores de ese país tendrán que pagar precios más altos por los bienes importados y por los producidos internamente con insumos de fuera. No es claro cómo determinar las consecuencias últimas de la guerra abierta ya en materia de ciertos productos, o bien, a escala de un país determinado como China.
En México, el nuevo proteccionismo es un asunto político relevante. Para el nuevo gobierno es un elemento clave para definir la relación bilateral y, más crucial aún, es para plantear el programa económico interno.

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Trump apoya retorno de Rusia al G-8, mientras el zar Vlady y el mandarín Xi sellan su amistad

Con los fractales –zonas mínimas de orden dentro del caos generalizado– del incipiente nuevo orden mundial que parece tender a la tripolaridad de EU con Rusia y China.

Con todo y sus inconmensurables defectos locales/regionales/globales, a escala geoestratégica, Trump entiende la decadencia de EU –aunque alardea lo contrario– cuando no pierde de vista que las deletéreas guerras de Clinton, los Bush y Obama arruinaron a su país con el aterrador dispendio militar de 7 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón).

No se puede soslayar que el vacío global de EU está siendo ocupado en forma gradual por Rusia, a nivel militar, y por China, a nivel geoeconómico.

En forma paradójica, Europa –protegida por el paraguas nuclear de EU y la OTAN que encabeza– se volvió el competidor comercial, geopolítico y geofinanciero (euro vs dólar) de EU.

La mejor prueba es que Trump desprecia y sojuzga a Europa (incluyendo a Gran Bretaña) –no se diga, humilla a sus dos valetudinarios vecinos Canadá y México: otrora aliados en el caduco previo (des)orden mundial unipolar– mientras negocia con China en forma más equilibrada y equitativa su déficit comercial y coquetea con el retorno de Rusia al G-8.

Tales serían los tres fractales del caos global: EU/Rusia/China que configuran la nueva tripolaridad del siglo 21.

No faltan quienes agreguen a India –que desplazó a Japón con un PIB de casi el doble, medido por el Poder Adquisitivo (http://hyperurl.co/ga9dp8)– sin contar su arsenal nuclear de 130 ojivas (http://bit.ly/2Jseggu) del que carece el país nipón. India aún no exhibe su vocación geoestratégica que quizá procure más adelante.

Era previsible la fractura del G-7 hoy convertido en un G-6+1: El G-7 implosiona en Canadá, mientras el grupo de Shanghái asciende en China (http://bit.ly/2LCoQlO).

Antes de llegar con medio día de retardo a la disfuncional cumbre del G-7 en Malbaie (Quebec), Trump sacudió sus entrañas cuando formuló la imperativa presencia de Rusia para regresar al G-8: Rusia debería estar en esta reunión, ¿Por qué tenemos una reunión sin Rusia?. Trump agregó en forma desafiante e impertinente: Les guste o no, y puede ser políticamente incorrecto, pero tenemos un mundo que administrar (https://nyti.ms/2sKi5HD).

De facto, Trump sepulta la añeja unipolaridad, a la que se habían subido en forma confortable los restantes miembros del G-7, y adopta quizá la tripolaridad con Rusia y China, lo cual dejó estupefactos a sus aliados occidentales, con excepción del flamante primer ministro italiano Giuseppe Conte quien en un tuit avaló la sugerencia de Trump: Rusia debe regresar al G-8. Es en el interés de cada uno (https://reut.rs/2HAfVyO).

No se recupera de su estupor el rusófobo New York Times vinculado a los intereses de George Soros, del Partido Demócrata de los Clinton, Obama y el israelí-estadunidense Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado.

The Washington Post expone que con Trump, varios temen el fin del orden mundial (https://wapo.st/2sM4QWM). ¿Cuál orden?

Trump llegó medio día tarde a la cumbre, arribó retrasado 17 minutos al desayuno del día siguiente y se fue medio día antes de su conclusión cuando volvió a la carga con el reingreso de Rusia: el G-8 es un grupo más significativo que el G-7. Culpó a Obama de haber permitido la anexión de Crimea por Rusia y de haber encabezado luego las sanciones y la expulsión de Rusia del G-8 (https://nyti.ms/2sKjgGR).

Si ahora el G-7 se quedó en lo que el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, bautizó como el G-6+1, con el apoyo de Italia al reingreso de Rusia pues más bien se trataría de un G-5+2 (http://bit.ly/2LDAEUK), si es que no se sale también Japón que mantiene excelentes relaciones con Rusia, lo cual acabaría en un grotesco G-4+3.

Lo más divertido es que Rusia no desea regresar al G-8, según expresó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov (http://bit.ly/2MdTxPu).

El G-8 nunca existió: fue un engaño de Clinton que le propinó a Yeltsin que deglutió todos los cuentos texanos, ya que Rusia nunca fue admitida a sus reuniones financieras, por lo que en su momento la bauticé de G-7.5.

Se pulveriza el G-6+1, mientras su contrincante silencioso, pero efectivo, el Grupo de Shanghái –encabezado por China y Rusia con otros cuaro países centroasiáticos y la reciente incrustación de dos potencias nucleares India y Pakistán (con 140 ojivas nucleares) se consolida en Eurasia con su cumbre número 18 en Qingdao (China), donde el mandarín Xi y el zar Vlady Putin fortalecieron su asociación estratégica.

El mandarín otorgó al zar la primera Medalla de la Amistad de China (http://bit.ly/2sKTylD), lo que denota la relevancia de sus estratégicos lazos bilaterales.

Ya el año pasado, el zar había galardonado al mandarín con la máxima Orden de San Andrés. Hasta donde alcancé a consultar, no vi ninguna mención en la prensa occidental del galardón del mandarín al zar ni de la transcendental cumbre del Grupo de Shanghái en Qingdao. ¿Censura o envidia?

El portal Sputnik expone los puntos de vista de una pléyade de expertos de China y Rusia quienes comentan los acuerdos del mandarín y el zar desde el Ártico (¡súper-sic!) al espacio profundo (sic) frente a una compleja situación internacional (http://bit.ly/2JDGhVF) cuando Rusia y China se oponen al despliegue de armas en el espacio, lo cual fomenta EU y socava la estabilidad estratégica.

Se acabó el pensamiento lineal maniqueo y ahora impera la era de la hipercomplejidad no-lineal.

De hecho, el galardón del zar de parte del mandarín, al unísono de la consolidación de la relación bilateral, fue la nota relevante de la Cumbre de Shanghái.

La cumbre del Grupo de Shanghái fue como de costumbre escamoteada por Occidente.Pero en la mitad poblacional del planeta su celebración fue seguida con sumo interés.

La sede de la cumbre fue en la provincia de Shandong, lugar de nacimiento del confucianismo, e impulsó el espíritu de Shanghái de confianza mutua, beneficio mutuo, igualdad, consulta, respeto a la diversidad cultural (http://bit.ly/2sJSWgl).

Se trata de un neoconfucianismo geopolítico/geoeconómico: una cosmogonía más optimista frente a la decadencia de Occidente que exhibió sus fracturas y su egoísmo durante la disfuncional cumbre del agónico G-7 en Quebec, en contraste con la exitosa cumbre del Grupo de Shanghái donde el primer ministro indio, Narendra Modi, invitó al presidente vitalicio Xi a visitar India el año entrante (http://bit.ly/2sKiNob).

Llamó poderosamente la atención un articulo de Dmitry Shlapentokh, en el portal oficioso chino Global Times, en el que aduce en forma persuasiva que la cumbre Trump/Kim exhibe el desvanecimiento del poder de EU (http://bit.ly/2xUoW6s).

A mi juicio, es probable que la cumbre entre Trump y Kim Jong-un en Singapur no hubiera sido factible sin la facilitación tras bambalinas del mandarín Xi y del zar Vlady Putin, con la notable ausencia de Europa que se aferra nostálgicamente al caduco orden occidental y no asimila la nueva tripolaridad de EU/Rusia/China del siglo 21 que se ejerce en su detrimento.

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El Pentágono cerciora que el imperio estadunidense está colapsando

Un reciente estudio del Pentágono concluyó que el orden mundial apuntalado por EU y establecido después de la Segunda Guerra Mundial se está desgajando y se encuentra al borde del "colapso", lo cual le lleva a perder su "primacía" en los asuntos globales (https://goo.gl/w7rQco).

Para mantener su "acceso global a las materias primas", el Pentágono exhorta a que EU deba tener una expansión masiva de su complejo militar-industrial.

El estudio se basó en una investigación de un año en consulta con las principales agencias del Departamento de Defensa y el Ejército de EU. No son menores los participantes del estudio: Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de EU con evaluación de la política de planeación del Pentágono.

Pese a constituir un "gigante (sic) militar, político y económico" a escala global, EU "ya no goza más de una inexpugnable posición frente a los estados competidores".

El connotado académico e investigador británico Nafeez Ahmed, de Insurge Intelligence, escudriña en la "primera parte de una serie" el estrujante estudio (https://goo.gl/hwVCau).

Ahmed juzga que la “solución propuesta para proteger el poder de EU en este nuevo ambiente ‘postprimacía’ es más de lo mismo: más vigilancia ( surveillance), propaganda (‘manipulación estratégica de las percepciones’) y expansionismo militar” para manipular la opinión popular con el fin de asegurar el acceso a regiones estratégicas, mercados y recursos.

El mundo se encuentra en una nueva fase de transformación con el poder de EU en declive, el orden internacional hecho añicos y la "autoridad de los gobiernos desmoronándose por doquier".

Una de las características definitorias de la "postprimacía" es la "resistencia a la autoridad" con eventos del estilo de la "Primavera Árabe" que estallarán en todo el mundo y no sólo en Medio Oriente, lo cual "socavará potencialmente la confianza en los gobiernos en el poder en un futuro previsible". Ni EU se salvará en su interior de la inestabilidad civil "populista".

Resaltan el espionaje masivo y la guerra sicológica para combatir la "amenaza de la información" mediante los cuales EU supera a sus competidores con "el más extenso y sofisticado complejo de espionaje integrado del mundo" y que combinado con su "presencia militar de avanzada y su proyección de poder", coloca a EU en una "envidiable posición de fuerza" donde "su opinión pública y su percepción se convertirán cada vez más en campos de batalla".

El Pentágono considera el peligro de la superpotencias rivales como Rusia y China que se han convertido velozmente en "amenazas crecientes a los intereses de EU".

Ahmed arguye que el "estudio describe la naturaleza esencialmente imperial" del orden y dominio impuesto por EU 20 años después de la caída de la URSS, no se diga con las "reglas de su orden global" que "EU construyó y sostuvo durante siete décadas".

Pese a todo, el poder de EU se ha debilitado a grado tal que no puede siquiera "generar automáticamente una superioridad consistente y sostenida a nivel local".

También es cierto que “la fractura del sistema global de la posguerra fría –con estados bajo enorme presión endógena y exógena– está acompañada por el desgajamiento interno de la fábrica política, social, económica de prácticamente todos los estados”.

Depende de qué "estados" se trate y, sin desear hacer la apología de lo que la propaganda negra de "Occidente" cataloga como regímenes autoritarios, pues Rusia y China –sin contar la vibrante democracia de India– constituyen dos "fractales" en medio del desorden global que pudieran servir como "atractivos" con sus características singulares.

Para el Pentágono, Rusia y China son descritas como "fuertes revisionistas" que se benefician del orden internacional dominado por EU, pero que "se atreven a buscar una nueva distribución del poder y autoridad en proporción a su defensa, como rivales legítimos del dominio de EU".

Rusia y China, según el Pentágono, "están comprometidas en un programa deliberado para demostrar los límites de la autoridad, voluntad, alcance, influencia e impacto de EU".

Así que todo lo que no sea "favorable" a los intereses de EU y sus aliados (Nota: habría que definir quiénes son ahora sus "aliados") es desechable. Pero sucede que ni Rusia ni China están dispuestos a tolerar más el caduco orden unipolar y se han manifestado por un mundo multipolar de poderes policéntricos.

Ahora resulta que la búsqueda de los legítimos intereses nacionales de Rusia y China son percibidos por el Pentágono como saboteadores del "dominio de EU".

A juicio del Pentágono, "una perspectiva más maximalista (sic) contempla a Rusia y a China consiguiendo ventajas a expensas directas de EU y sus principales aliados occidentales y asiáticos".

Ahmed alega que "lo más conspicuo de todo es que existe poca sustanciación en el documento de cómo Rusia y China constituyen una amenaza significativa a la seguridad de EU".

En efecto, ni Rusia ni China asedian, rodean, ni provocan guerras geoeconómicas, geofinancieras ni imponen sanciones estrafalarias, ni poseen bases militares en la periferia de EU (https://goo.gl/98FkWY). ¡Todo lo contrario a lo que propala la sucia propaganda israelí-anglosajona!

Según el Pentágono, Rusia y China no agreden en forma directa a EU, sino que usan las técnicas "de zonas grises" con "medios y métodos que no llegan a una provocación y conflictos abiertos".

Una parte destacada del documento versa sobre cómo EU "está perdiendo la guerra de propaganda", ya que la "hiper-conectividad, militarización de la información, desinformación y descontento desembocan en una descontrolada difusión de la información" que obliga al Pentágono a confrontar la "inevitable (¡supersic!) eliminación del secreto y la seguridad operativa". ¡El "Síndrome Televisa" con espionaje del Mossad!

La revolución tecnológica de la información conlleva a la “desintegración generalizada de las estructuras tradicionales de autoridad, alimentada y/o acelerada por la hiperconectividad y la obvia desafección y el fracaso potencial del statu quo de la posguerra fría”, según el Pentágono.

Como si EU todavía jugara solo en el caduco orden unipolar, el Pentágono contempla su única opción: expandir la supremacía militar, por lo que deberá tener "acceso sin restricciones al aire, mar, espacio, ciberespacio y el espectro electromagnético", y "deberá retener la habilidad de acceso físico en cualquier región que desee y cuando quiera", según Ahmed.

EU anhela ser capaz de "moldear un favorable y remodelado orden internacional de la postprimacía", donde abunda su "narcisismo", a juicio de Ahmed.

Ahmed aduce que los crecientes riesgos al poder de EU no han venido de fuera, sino de la forma en que su poder ha operado, mediante sus vilipendiadas trasnacionales, han contribuido en el caos global.

A mi juicio, se trata más bien de un autismo geoestratégico que no toma en cuenta que hoy tiene que ajustarse y armonizarse en el nuevo orden tripolar con Rusia y China.

Quien sembró vientos durante 70 años, hoy cosecha sus tempestades.

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