Desarrollan en el MIT modelo para evitar el “escape” de virus que mutan con rapidez

Desarrollan prototipo computacional para elaborar antídotos efectivos contra VIH, gripe y coronavirus

 

Una razón por la que es tan difícil producir vacunas eficaces contra algunos virus, como la gripe y el VIH, es que mutan muy rápidamente, lo que les permite evadir los anticuerpos generados por una vacuna en particular mediante un proceso conocido como “escape viral”. Los investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) idearon una forma de modelar computacionalmente ese proceso basándose en prototipos desarrollados para analizar el lenguaje.

El modelo puede identificar qué secciones de las proteínas de la superficie viral tienen más probabilidades de mutar de manera que permitan el escape viral y cuáles tienen menos posibilidades de mutar, lo que las convierte en buenos objetivos para nuevas vacunas, según una investigación publicada en la revista Science.

“El escape viral de la proteína de superficie de la influenza y la de la envoltura del VIH son ambos muy responsables de que no tengamos una vacuna universal contra la gripe ni una para el VIH, los cuales causan cientos de miles de muertes al año”, explica Bonnie Berger, profesora de matemáticas de Simons y directora del grupo de computación y biología en el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT.

En el estudio, Berger y sus colegas identificaron posibles objetivos para las vacunas contra la gripe, el VIH y el SARS-CoV-2. Desde que el artículo fue aceptado para su publicación, los investigadores también han aplicado su modelo a las nuevas variantes de SARS-CoV-2 surgidas recientemente en el Reino Unido y Sudáfrica. Ese análisis, que aún no ha sido revisado por pares, señaló las secuencias genéticas virales que deberían estudiarse más a fondo por su potencial para escapar de las vacunas existentes, dicen los expertos.

Berger y Bryan Bryson, profesor asistente de ingeniería biológica en el MIT y miembro del Instituto Ragon de MGH, MIT y Harvard, así como Brian Hie, estudiante graduado del MIT, son los autores principales del artículo.

Los diferentes virus adquieren mutaciones genéticas a diferentes velocidades, y el VIH y la influenza mutan más rápido. Para que estas mutaciones promuevan el escape viral, deben ayudar al virus a cambiar la forma de las proteínas de su superficie para que los anticuerpos ya no puedan unirse a ellas. Sin embargo, la proteína no puede cambiar de manera que la haga no funcional.

“Si un virus quiere escapar del sistema inmunológico humano no quiere mutar para morir o no puede replicarse”, explica Hie. “Quiere preservar el estado físico, pero se disfraza lo suficiente como para que el sistema inmunológico humano no lo detecte”.

Para modelar este proceso, los investigadores analizaron patrones encontrados en secuencias genéticas con un modelo del procesamiento del lenguaje natural, lo que les permite predecir nuevas secuencias con nuevas funciones, pero que siguen las reglas biológicas de la estructura de las proteínas.

Ventaja significativa

 Una ventaja significativa de este tipo de modelado es que sólo requiere información de secuencia, que es mucho más fácil de obtener que las estructuras de proteínas. El modelo se puede entrenar con una cantidad relativamente pequeña de información; en este estudio, los investigadores utilizaron 60 mil secuencias de VIH, 45 mil de gripe y 4 mil.

Los expertos ahora trabajan en su modelo a fin de identificar posibles objetivos para las vacunas contra el cáncer, que estimulan el propio sistema inmunológico del cuerpo para destruir tumores. Dicen que también podría usarse para diseñar medicamentos de moléculas pequeñas que podrían ser menos propensos a provocar resistencia para enfermedades como la tuberculosis.

“Hay tantas oportunidades, y lo hermoso es que todo lo que necesitamos son datos de secuencia, que son fáciles de producir”, resalta Bryson.

Crisis ecológica, pandemias y tratados de comercio e inversión

A estas alturas de siglo, no hay duda alguna de que afrontamos una crisis ecológica sin precedentes. Otra cosa es que se quiera reconocer a pesar de las múltiples evidencias existentes, bien estudiadas por el mundo científico y suficientemente documentadas y difundidas por organismos internacionales de los que forman parte la mayor parte de los países del planeta. Algo realmente contradictorio cuando desde Naciones Unidas alertan del momento crucial en el que vivimos en los campos del clima, de la biodiversidad o de la extensión de las pandemias y los países responden con medidas tibias o insuficientes cuando no mirando para otro lado directamente cuando al frente de ellos se encuentran los negacionistas.

Es incontestable la grave crisis biológica en la que estamos inmersos con una extinción masiva de especies como no deja de recordarnos la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de forma recurrente:  un millón       de especies de  animales y plantas, de los 8 existentes, están en peligro de extinción, entre las que cabe referirse a que más del 40% de las especies de anfibios, casi el 33% de los corales y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados.

En este mismo sentido, el último informe de WWF de 2020 (Índice Planeta Vivo-IPV) constata una disminución media del 68% de las poblaciones estudiadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016, lo que supone un aumento del 8% con respecto al estudio anterior de 2018.

Por su parte el Convenio para la Diversidad Biológica (CDB) viene indicando reiteradamente que los tiempos se agotan y que el bajo cumplimiento (en algunos países nulo) de las Metas de Aichi nos conducirá a una senda sin retorno a menos que se modifiquen radicalmente las políticas económicas basadas en la explotación sin límites de la biosfera y en la continuación del uso de combustibles fósiles que agravan el cambio climático, dos de las causas principales de pérdida de biodiversidad, juntamente con la destrucción de hábitats de las especies, la contaminación ambiental y la introducción de especies exóticas invasoras.

Tanto el informe IPBES como el IPV y el CBD señalan como responsable de este desastre ambiental a las actividades humanas sin control en un contexto global de explotación insostenible de los recursos naturales.

En relación con el calentamiento global, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) también viene avisando desde su informe de 2018 (sobre los impactos del calentamiento global de 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales) de las serias consecuencias para las personas y sus medios de subsistencia que supondrá no alcanzar los objetivos de aumento de 1,5ºC del Acuerdo de París. Si en aquel informe se insistía en la necesidad de implementar las medidas para reducir drásticamente las emisiones de CO2 derivadas de la quema de combustibles fósiles, el informe de agosto de 2019 (Informe especial sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres) habla ya de que esto no basta y que hay que trabajar en todos los sectores, como la producción de alimentos y la gestión de los suelos. En el de septiembre de ese mismo año (Informe especial sobre el océano y la criosfera) el IPCC nos advierte del peligro de un océano hoy más caliente, más ácido y menos productivo por sus inquietantes derivaciones en cuanto a recursos pesqueros y cambios en las dinámicas climáticas regionales y locales.

En relación con las pandemias, más allá de enfrentar una de sus manifestaciones actuales, la Covid19, es necesario señalar que, si bien no son algo nuevo como podemos verificar mediante un rápido repaso histórico, su incidencia se ha triplicado en los últimos 50 años, habiéndose producido al menos 10 de distinta envergadura, entre ellas algunas conocidas como el ébola, el SARS, la gripe aviar, el VIH o el MERS. Todas estas pandemias son de origen zoonótico, saltando de alguna especie hospedante al ser humano.  Los principales reservorios de patógenos susceptibles de convertirse en pandemias se encuentran en mamíferos y algunas aves, además de en el ganado, como cerdos, camellos y aves de corral. La pregunta es por qué ahora hay más incidencia que hace medio siglo y encontramos la respuesta en la propia especie humana que coloniza cada vez más territorio, desplazando especies o eliminándolas directamente, destruyendo hábitats y modificando sustancialmente la dinámica ecológica de los ecosistemas. El equilibrio en los ecosistemas regula la presencia de bacterias y virus que, en si mismos, no son responsables de las pandemias ya que estos organismos forman parte del entramado de la vida.

El informe "Prevenir la próxima pandemia: Zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión" del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que "Es muy probable que los 7 siguientes factores de intervención humana estén fomentando la aparición de zoonosis: el incremento de la demanda de proteínas animales; la intensificación insostenible de la agricultura; el aumento del uso y la explotación de las especies silvestres; la utilización insostenible de los recursos naturales, acelerada por la urbanización, el cambio del uso del suelo y la industria extractiva; el aumento de los desplazamientos y el transporte; alteraciones en el suministro de alimentos, y el cambio climático".

El IPBES, que organizó en otoño un taller sobre sobre la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento del riesgo de pandemias, ve también que las actividades humanas son las que generan ese riesgo debido al impacto exponencial que está causando en el medioambiente el cambio climático y a la pérdida de biodiversidad.

Con esta información puede deducirse sin lugar a duda que tres grandes problemas que asolan a la humanidad tienen su origen en la propia humanidad. El declive de la biodiversidad, los efectos del cambio climático y los riesgos pandémicos no son fruto de ningún castigo divino como durante siglos se creía ante cualquier eventualidad que modificara lo que se consideraba la normalidad cotidiana. Afortunadamente, hoy día los avances científicos nos colocan ante el espejo de nuestra realidad para que, entendiendo lo que sucede, seamos dueños de nuestros destinos, pero incomprensiblemente no queremos mirar la imagen reflejada y seguimos actuando como si nada pasara. No hay mejor ejemplo que la reciente y presente pandemia del coronavirus, que debería haber abierto profundos debates sobre el momento complejo en el que vivimos, el modelo socioeconómico dominante o la crisis sanitaria y ambiental que puede convertirse en sistémica. Hacerse preguntas y cuestionar el sistema en el que vivimos parece un principio para buscar nuevas fórmulas que nos saquen del atolladero ambiental en el que vivimos. Como nos recuerda Delia Grace, del Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), "se están tratando los síntomas de esta enfermedad, pero no sus causas".

Pero ¿por qué, si están evaluadas las causas y las conocemos, por tanto, no aplicamos medidas -o solo las aplicamos parcialmente- que haga menos inquietante el futuro sombrío, ambiental y socialmente, que, según todos los indicios, se avecina? Tanto el CBD en su Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, como el Acuerdo de París, nacido de la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) de 2015, han establecido medidas en teoría consensuadas en sus respectivos encuentros sobre biodiversidad y clima. Pero el grado de ambición de los países firmantes no parece suficiente para arrostrar un problema que los científicos ven cada vez con mayor preocupación.

Así, el PNUMA, en un informe de finales de 2019, advertía de que solo reduciendo las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, el mundo alcanzaría el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París. Por su parte la Organización Meteorológica Mundial alertaba de que vamos hacia un calentamiento de 3 a 5 grados Celsius para fines de este siglo en lugar de 1,5 a 2 contemplados en el Acuerdo. Es vergonzoso que los países más ricos, los del G20, que representan en su conjunto el 78% de las emisiones globales, no hacen un esfuerzo colectivo en su reducción ya que solo cinco de ellos -entre ellos la UE- se han comprometido con un objetivo a largo plazo de cero emisiones.

En el quinto informe de la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica (GBO5), el CBD señala que no se han logrado plenamente ninguna de las 20 Metas de Aichi, que eran las medidas previstas para el periodo 2011-2020. Aunque se han cumplido parcialmente algunos de estos objetivos, el resultado final de la década no permite grandes alegrías, porque su incumplimiento no solo afecta a la pérdida de biodiversidad silvestre sino también a campos tan esenciales para el bienestar de la población mundial como la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición o el suministro de agua limpia, todos ellos contemplados asimismo en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

En esto momentos, una vez pasada esta última década, que se inició con una crisis económica y terminó con otra sanitaria, la comunidad científica internacional es escéptica con los parcos resultados conseguidos hasta ahora en materia de clima y biodiversidad, valorando que los compromisos de los países hasta ahora son insuficientes para frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un contexto de crisis sanitaria global, de consecuencias duras y aún no bien evaluadas, resulta decepcionante que en vez de abordar las causas de lo que se sucede y proponer alternativas que tengan en cuenta las distintas variables que intervienen en la ecuación de la vida, se propongan las mismas medidas para seguir adelante, sustentadas únicamente en un crecimiento económico que se ha convertido en una huida hacia adelante, sin garantías de salidas solidarias para las personas y de preservación mínima de las condiciones ambientales que las permitan.

En vez de esto y como ejemplo de estas medidas obsoletas, siempre pensadas además para favorecer únicamente a los grandes conglomerados empresariales y los fondos de inversión globales, se siguen aprobando tratados de comercio e inversión que inciden en los tres aspectos tratados en este artículo. Como muestra podemos citar el tratado UE-Mercosur, que ha tenido presencia mediática indirecta por los pavorosos incendios de la Amazonía en 2019, presentado como un acuerdo que favorecerá el intercambio comercial entre ambas regiones y posibilitará la mejora de sus economías y de su empleo. Pero las consecuencias de tal acuerdo serían en realidad tan inaceptables como desastrosas en los campos citados. La deforestación de los bosques ecuatoriales y tropicales, esenciales para la estabilización del clima, para aumentar la superficie para pastos para el ganado y para monocultivos de soja y maíz transgénicos para piensos, así como de caña de azúcar, también transgénica en algunos casos, para la producción de etanol, provocará degradación y contaminación del suelo y pérdida de biodiversidad acelerada y aumento de gases de efecto invernadero. El transporte de mercancías a uno y otro lado del Atlántico aumentará la emisión de CO2 en forma exponencial. Se seguirá usurpando los derechos territoriales y ambientales de las poblaciones indígenas. La seguridad alimentaria se verá afectada por la presencia tanto en productos ganaderos como agrícolas latinoamericanos de sustancias químicas prohibidas en la Unión Europea, dejando de lado uno de los principales principios europeos, el de precaución. Se verán mermados los derechos de los trabajadores y sus empleos en los países del Mercosur por la presión de los mercados solo preocupados por bajar los costes de producción. Los pequeños productores agrícolas y ganaderos de ambos lados del Atlántico verán reducidos sus márgenes de beneficio al no poder competir en igualdad de condiciones con la agroindustria, que es la principal receptora de las inversiones de estos acuerdos comerciales. Hay que señalar finalmente que este acuerdo no incluye entre sus "elementos esenciales", cuya violación supondría la suspensión del tratado entre ambas partes, ninguna cláusula ambiental, por lo que cada país puede intervenir en esta materia a su antojo. En suma, este tratado sitúa a Mercosur como proveedor de materias primas y productos agropecuarios mientras que la UE exporta bienes industriales y tecnológicos, singularmente coches, atacando el tejido industrial americano y el sector primario europeo del pequeño campesinado, comunidades rurales y comercio de proximidad asociado.

Hemos de tener en cuenta además que el sistema alimentario industrial contribuye poderosamente al agravamiento de la crisis climática, en el que el acuerdo UE-Mercosur no es un caso aislado. También están en marcha, entre otros, el de la UE con México con problemas similares y los futuros con Australia y Nueva Zelanda. En el horizonte el recién anunciado acuerdo entre China y la UE, aún por concretar, pero que se muestra como un éxito para los inversores. Esta afirmación, que es toda una declaración de principios, deja claro cuáles son los objetivos de este tratado, garantizar las mejores condiciones para estos grupos financieros globales sin importar las consecuencias ambientales y sociales que puedan generar sus actuaciones.

Como indicaba recientemente la campaña francesa contra los TCI, es "urgente salir de la lógica de este tipo de acuerdos, que apunta a producir siempre más, siempre más rápido, más barato y en cualquier lugar, con menos trabajo y menos limitaciones ambientales y que hace del dumping social, fiscal y ecológico una regla de oro, de la que solo las multinacionales obtienen beneficios".

Y, llegados a este punto, plantear alternativas. Alternativas que pasan por incluir la sílaba RE delante de unos cuantos sustantivos del que se han apropiado los causantes de este desastre ecológico. Es necesario recapacitar, es decir, volver, siguiendo a la RAE, a considerar con detenimiento algo. Volver a considerar si el modelo socioeconómico en el que se estructura hoy día la vida la garantiza. Es necesario revisar los fundamentos de un sistema basado en el despilfarro, en la negación ecológica y en la consideración del ser humano como una mercancía. Es fundamental reordenar nuestras prioridades, poniendo en primer lugar las personas y su bienestar por una parte y por otra el sistema ecológico en el que nos insertamos, sin el cual no es posible lograr lo anterior. Por ello, ante una globalización suicida, hemos de cambiar el esquema mental impuesto y resulta indispensable cambiar, reformular nuestras perspectivas personales y colectivas. Es necesario emprender una relocalización ecológica y solidaria, apoyándose en una firme solidaridad internacional que apoye los desarrollos de los sistemas alimentarios e industriales sostenibles de los países del sur global. No se trata de renunciar a los intercambios comerciales entre distintas regiones, se trata de establecer nuevos mecanismos económicos, sociales y ambientales basados en las necesidades de la población y en el equilibrio ecosistémico. No se trata de repatriar sin más las empresas nacionales, se trata de producir cerca, en condiciones sociales y ambientales óptimas, que satisfaga las necesidades sociales no superfluas, renunciando al consumo desaforado sin sentido. Ello supondría una reindustralización y rediversificación económica de muchas regiones hoy día abandonadas a su suerte, con un descenso notable de las emisiones globales debido a la reducción del transporte marítimo y aéreo, dos de los principales contaminantes. También llevaría a una reinterpretación de los modelos productivos en los que intervendrían todas las variables existentes en los procesos de uso y/o transformación de los recursos naturales entre los cuales se contarían la preservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Se trataría también de reutilizar y recuperar objetos varios en desuso o retornar envases y contenedores en vez de quemarlos o verterlos en la tierra o el mar, reduciendo sustancialmente los residuos y la contaminación que suponen. Asimismo, iríamos a una revalorización de los sistemas alimentarios locales controlados por las comunidades rurales, a través del control de los recursos, de los circuitos cortos de comercialización y de la extensión de los mercados locales.

Ahora que estamos aún inmersos en una pandemia que se va a llevar por delante a cientos de miles de vidas humanas, puede que millones, una pandemia que sabemos que tiene mucho que ver con la crisis ecológica propiciada por el ser humana, es el momento de replantear o resetear el sistema, un sistema capitalista de producción y consumo insostenible y así, de esta forma, reafirmar nuestra convicción de que otro mundo es posible y nuestra apuesta por la vida.

Por Pablo Jiménez

18 enero, 2021

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Lo que dejó el 2020 en América latina: entre la distopía y la esperanza

Es casi una obviedad que cualquier mirada analítica que intente descifrar el 2020 estará marcada por lo que la pandemia nos hizo y por lo que hicimos con la pandemia. Esta renovación del ciclo que impone el calendario gregoriano quedó subsumida en el inédito ciclo en desarrollo que atraviesa la humanidad. Así y todo, la época del año tira para parar la pelota y esbozar balances que vayan más allá de la vorágine informativa o los efímeros posteos. Imaginando un sobrevuelo por el continente, va un repaso -arbitrario y acotado- sobre lo que dejó el año para Latinoamérica y cómo se perfila el 2021.

El punto neurálgico, el tópico excluyente a destacar, es el devastador impacto socioeconómico de la covid-19. En un reciente informe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró que "si se comparan diferentes indicadores sanitarios, económicos, sociales y de desigualdad, América Latina es la región más golpeada del mundo emergente". Las frías estadísticas reportan que hasta ahora más de 490 mil personas fallecieron por coronavirus –la región con más muertes per cápita y casi un tercio de las registradas en el mundo- y más de 15 millones se contagiaron. Gran parte de los países ya atraviesan la segunda ola y retomaron las restricciones, mientras va arrancando el tan ansiado proceso de vacunación.

La Cepal indica que Latinoamérica cerró el año con una caída del 7,7%, lo que configura la peor crisis en los últimos 120 años, y que la pobreza alcanzó al 37,3% de la población (231 millones de personas), unos 45 millones más que en 2019. Además, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se destruyeron en el año más de 34 millones de empleos en la región, lo que generó un récord de desocupación del 11.4%. El desempleo afectó más a las mujeres, principales sostenes de las tareas de cuidado: el descenso de la participación femenina en el mercado laboral fue de -10,4% frente al -7,4% de los varones.

Las respuestas estatales fueron dispares y hubo escasas acciones coordinadas. Si bien algunos gobiernos reaccionaron mejor ante la emergencia sanitaria, en general las medidas de asistencia para mitigar el descalabro económico resultaron insuficientes. Fueron contadas las iniciativas que tocaron el bolsillo de las élites (como el impuesto a la riqueza por única vez en Argentina o permanente en Bolivia) y brillaron por su ausencia políticas estructurales que apunten a revertir la concentración de la riqueza.

La pandemia funcionó como una gran lupa que desnudó las pésimas condiciones de vida de las grandes mayorías: si América Latina ya era la región más desigual del mundo, las cicatrices que va dejando no hicieron más que profundizar esa desigualdad. Seguramente transitemos un 2021 de fuerte conflictividad social.

Reimpulso desde abajo

Pero no todo el panorama es desolador: en los últimos meses aparecieron algunos síntomas de esperanza. El hecho político del año fue la recuperación de la democracia en Bolivia y el arrasador triunfo del MAS. Con el 55% de los votos y por más de 26 puntos, Luis Arce llegó a la presidencia para dejar atrás al fatídico gobierno de facto de Jeanine Áñez.

La secuencia se coronó el 9 de noviembre con el épico retorno de Evo Morales, su recorrida por el país y el acto con un millón de personas en el aeropuerto de Chimoré, de donde había partido al exilio justo un año antes tras el golpe de Estado.

Un par de semanas antes, el pueblo chileno protagonizaba otra jornada histórica. Con un aluvión de votos superior al 78%, se aprobó el plebiscito para elaborar una nueva Constitución que reemplace a la de 1980 y desmonte los amarres de la dictadura pinochetista.

Fue la primera gran conquista de las multitudes que irrumpieron en las calles en octubre de 2019 y marcó un hito en esta época transicional signada por la idea fuerza del “Chile despertó”, por la rabia acumulada que detonó el estallido social y que ahora tiene el desafío de plasmarse en el proceso constituyente que, como dato saliente, tendrá paridad de género.

También en Perú se vivieron hechos disruptivos. El 9 de noviembre el Congreso destituyó al presidente Martín Vizcarra en una maniobra muy floja de papeles y desató una nueva crisis que consolidó el descrédito hacia la clase política. Lo novedoso fue la enorme movilización popular, protagonizada principalmente por jóvenes, en un país caracterizado por la apatía. La rebelión logró la rápida renuncia de su sucesor, el empresario ganadero Manuel Merino, y dio lugar a la designación del moderado Francisco Sagasti para gobernar la transición hacia las presidenciales de abril.

Las secuelas del golpe parlamentario debilitaron al régimen moldeado por la Constitución de Fujimori de 1993 y ampliaron las chances para que el descontento pueda ser capitalizado por alguna fuerza progresista, como la que lidera Verónika Mendoza, y que, como en Chile, se masifique el reclamo de una nueva Constitución.

La era pandémica también abrió nuevos desafíos para el creciente y potente movimiento feminista latinoamericano, que debió reinventarse para visibilizar el incremento de la violencia de género aún en contexto de cuarentena. El año cierra con la votación del aborto legal en el Senado argentino que, de aprobarse, será un espaldarazo para toda la región.

Odisea 2021

Los próximos meses estarán marcados por los vaivenes de la pandemia y el proceso de vacunación. A la par, se viene una serie de elecciones que pueden torcer la correlación de fuerzas actual. El calendario arranca en febrero en Ecuador, donde el candidato del correísmo Andrés Arauz tiene buenas chances de ganar, y seguirá en Perú (abril) y Chile (noviembre). Asoma un 2021 con buenas expectativas de que continúe el reflujo de la hegemonía neoliberal y se consolide el reimpulso de un bloque progresista que reconstruya la integración latinoamericana.

 Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

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Deforestación para plantaciones de palma /Rainforest

La "explotación insostenible" de recursos que lleva a la alteración del clima y las extinciones masivas son el origen del surgimiento de nuevas enfermedades planetarias, concluye el análisis encargado por el Panel Intergubernamental de Biodiversidad de Naciones Unidas

 

“No hay un gran misterio: las pandemias están completamente provocadas por las actividades humanas”. Y esas actividades son las mismas que causan la crisis climática y la extinción masiva de especies: la “explotación insostenible” del planeta, según ha revelado este jueves un análisis del Panel Intergubernamental de la ONU sobre biodiversidad, el IPBES.

Entre las agresiones que conlleva esa explotación ambiental, el IPBES señala el cambio en el uso de los suelos, la expansión de la agricultura intensiva o el comercio con vida salvaje. Pero ¿por qué “el crecimiento exponencial del consumo y el comercio” ha llevado a la aparición de enfermedades infecciosas? “Porque interrumpe las interacciones naturales entre la vida salvaje y los microbios, incrementa el contacto entre esos animales silvestres, el ganado, los humanos y los patógenos lo que ha llevado a casi todas las pandemias”, responde el informe.

De hecho, los investigadores recuerdan que el 70% de estas nuevas enfermedades, y prácticamente el 100% de las que se han expandido planetariamente (desde la gripe al Sida y la COVID-19), son causadas por virus cuyo origen está en los animales y han saltado a los humanos por el contacto entre la vida salvaje, el ganado y las personas.

Al mismo tiempo, todas esas actividades que ha permitido la irrupción de patógenos son responsables además de, al menos, el 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global, según el Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCCC). Para completar el panorama, también han conllevado que hasta un millón de especies estén al borde de la extinción. Una tasa que supera varias veces la media de los últimos 10 millones de años, como alertó el mismo IPBES en mayo del año pasado.

"Reevaluar la relación entre humanos y naturaleza"

Que la destrucción de ecosistemas propicia que los virus de los animales alcancen a los humanos y, en última instancia, se conviertan en pandemias mundiales es un hecho conocido. Lo que pone de manifiesto esta revisión es que la evidencia surgida del conocimiento científico conmina a “reevaluar la relación entre los humanos y la naturaleza y reducir los cambios medioambientales globales causados por un consumo insostenible que llevan al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la emergencia pandémica”, concluyen los expertos.

“Las mismas actividades humanas que provocan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también son responsables del riesgo de pandemias”, remacha el zoólogo y ecólogo de enfermedades, Peter Daszak, director del grupo de expertos. “Los impactos en el medio ambiente son el camino a las pandemias”.

Porque el cálculo es que hasta 1,7 millones de virus permanecen contenidos en la fauna salvaje. Entre 500.000 y 800.000 tienen potencial para infectar a humanos, recuerdan los científicos. Están, especialmente, en mamíferos como murciélagos, primates o roedores, pero también aves y animales domésticos.

Clima, biodiversidad y patologías se intercontectan

La destrucción de hábitats y el cambio en el uso de los suelos, como la transformación de bosques tropicales en plantaciones de monocultivo como la palma o la soja, interconecta los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la irrupción de nuevas enfermedades.

El ciclo que pormenorizan los expertos del IPBES incluye la deforestación y ocupación de ecosistemas para abrir campos de cultivo y ganaderos -uno de los grandes emisores de gases de efecto invernadero-, pero también para desarrollos urbanísticos. Este proceso expulsa o extingue multitud de especies silvestres y abren hueco para el asentamiento de humanos y sus animales: “La senda para las pandemias”, lo llama este grupo de expertos.

Además, el cambio climático está favoreciendo el traslado de patógenos porque crea condiciones ambientales favorables para que vectores como, por ejemplo, los mosquitos invasores medren y sirvan para contagiar patologías como el dengue, la malaria o la fiebre del Nilo occidental. En España, el mosquito tigre, transmisor de graves enfermedades como el dengue ha doblado su presencia en cinco años. Y no se queda ahí la sinergia climática-pandémica. El cambio del clima está provocando movimientos masivos de personas. La transformación de ecosistemas ha liberado patógenos hasta ahora contenidos. Las especies animales que mejor se adaptan a nuevos entornos degradados y dominados por la acción humana pueden albergar nuevos virus.

Prevenir las causas: 100 veces más barato

El análisis insiste en que, hasta ahora, se han gestionado las pandemias de manera más reactiva o paliativa que preventiva: confinamientos, tratamientos médicos e incluso un gran esfuerzo humano y económico para hallar vacunas. Sin embargo, este estudio subraya que atacar las enfermedades en su origen, eliminar las condiciones que permiten su aparición sería una fórmula más efectiva y barata. “Todavía confiamos en los intentos para controlar las enfermedades después de que hayan aparecido, pero podemos escapar de la era de las pandemias con mucho más esfuerzo enfocado en la prevención”, asegura Daszak.

El riesgo de pandemias puede reducirse significativamente si disminuyen estas actividades, explica el informe. Entre las líneas de actuación, los expertos piden “promover un consumo responsable para que se reduzca el consumo insostenible de recursos en zonas calientes donde aparecen las nuevas enfermedades. También la reducción en el consumo excesivo de carne y productos ganaderos” que están al final de una reacción en cadena que se inicia al destruir ecosistemas para dar cabida a la producción intensiva.

Aunque el informe apunta a la necesidad de unos cambios que califica como “sísmicos”, también indica que el coste para prevenir la aparición de pandemias como la COVID-19 será “cien veces menos que el que provoca la misma pandemia pro lo que existen incentivos económicos muy fuertes para acometer estos cambios”. 

Por Raúl Rejón

29 de octubre de 2020 15:00h

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Coronavirus: la esperanza de Bill Gates por el tratamiento usado en Trump

El empresario habló sobre la vacuna y el regreso a “una vida más o menos normal”

 

El fundador de Microsoft destacó que "la baja en la tasa de mortalidad podría ser muy alta" con el uso de un “cóctel de anticuerpos” como el que se habría aplicado al presidente estadounidense. Respecto a la vacuna, remarcó la importancia de concientizar a la gente para que acceda a aplicársela.

Bill Gates se mostró optimista frente al desarrollo de vacunas y tratamientos efectivos contra el coronavirus, que permitirían el regreso a “una vida más o menos normal” para el año que viene, aunque advirtió que va a ser necesaria una campaña de salud para promover que la mayor cantidad de gente acceda a vacunarse. También remarcó la importancia que pueden tener los medicamentos con anticuerpos, usados recientemente en el presidente Donald Trump. 

Durante una cumbre de CEOs organizada por el periódico The Wall Street Journal, Gates vaticinó que una vacuna efectiva contra el coronavirus permitiría un regreso a la normalidad para finales del año que viene en países desarrollados, mientras que la eliminación del virus demoraría entre dos y tres años.

En el caso de los países en desarrollo, señaló el filántropo estadounidense, la llegada de la vacuna y de medicinas efectivas contra el Sars-CoV-2 se demoraría un poco más, aunque su fundación -The Bill and Melinda Gates Foundation- y otras están trabajando para cerrar esa brecha.

La esperanza en el "cóctel de anticuerpos"

El filántropo también opinó sobre los medicamentos con anticuerpos con los que se trató a pacientes con covid-19, como habría sucedido con el presidente Donald Trump. “La baja en la tasa de mortalidad podría ser muy alta y (esos medicamentos) estarán disponibles en grandes cantidades para fin de año, al menos en los países ricos”, sostuvo.

Los informes sobre la salud de Trump han sido muy contradictorios, incluso por parte de su propio equipo médico. Sin embargo, según la revista Science, el mandatario recibió un “cóctel de anticuerpos” que actúan directamente sobre la proteína spike del coronavirus. Este medicamento se inyecta por vía intravenosa y ha sido efectivo en pacientes con sintomatología leve.

Este tratamiento aún se encuentra en etapa experimental. El laboratorio que produce este “cóctel de anticuerpos” es Regeneron Pharmaceuticals y la semana pasada “presentó datos preliminares de estudios clínicos aún en proceso que indican que los pacientes (...) moderaron la enfermedad”.

El riesgo del rechazo a vacunarse

Algunos expertos en salud pública de Estados Unidos se mostraron preocupados por la desinformación y por el apuro de algunos gobiernos a aprobar vacunas contra la covid-19 antes de que se finalicen las etapas del testeo porque, argumentaron, esto haría que las personas no quieran vacunarse. Si sólo un pequeño porcentaje de la población es inoculada, agregaron los expertos, no se lograrán frenar los casos.

Según Gates, los políticos y empresarios estadounidenses deben hablar públicamente con sus votantes y empleados para explicar la importancia y la seguridad de las vacunas para contrarrestar la desinformación que circula al respecto.

“El CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) que normalmente habla sobre estas cosas aún no ha tenido tanta visibilidad -dijo Gates y remarcó la importancia de que la información sobre la seguridad y efectividad de las vacunas sea clara-. Creo que muchas personas estarían interesadas y así se crearía una confianza para que cada vez se vacunen más y más personas mejorando los resultados”.

El fundador de Microsoft lamentó que la desinformación se replica de manera cada vez más fácil en las redes sociales y que todavía no ve que este problema tenga una solución. “Esa cosa se esparce mucho más rápido que la verdad”, afirmó. Gates opinó que es necesario ponerle un freno a la desinformación, preservando la libertad de expresión y sin que las empresas tecnológicas “sean los árbitros”.

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Un estudio señala a las granjas industriales como el mayor riesgo de futuras pandemias

El sistema agroalimentario mundial y la cría intensiva de animales son los principales impulsores de las enfermedades que saltan a los seres humanos. Estos patógenos ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos. Las pandemias del futuro serán más peligrosas y frecuentes, según un estudio de la ONG ProVeg Internacional.

 

La crisis del coronavirus lo ha puesto delante de los ojos del mundo. Y nuevos informes lo confirman. Uno de los mayores riesgos para la salud humana viene de las enfermedades zoonóticas, es decir, enfermedades como el covid-19, que se transmiten de animales no humanos a personas. 

Este tipo de enfermedades ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos, según el estudio Pandemias y Alimentación, realizado por la ONG ProVeg Internacional y respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Unos brotes que serán cada vez “más peligrosos y más frecuentes”, adelanta el estudio.

Las principales causas de esta emergencia sanitaria hay que buscarlas en el sistema alimentario mundial, en las dietas basadas en animales y en la cría intensiva e industrial de animales. Esta última es de hecho, según ProVeg Internacional, la actividad humana que “más riesgo tiene de generar pandemias como la actual”. 

La tormenta perfecta se consigue, detalla esta organización, con el encuentro de tres factores que se refuerzan mutuamente. El primero es la destrucción de los hábitats naturales. El segundo, la utilización de animales salvajes como alimento. Y el tercero, recurrir a los animales de granja como alimento en la agricultura animal intensiva. 

Según el estudio presentado, el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son de naturaleza zoonótica. Patologías como el covid-19, el SARS, MERS, ébola, rabia y ciertas formas de gripe, todas ellas de origen animal, son responsables de 2.5000 millones de casos de enfermedades en el mundo y 2,7 millones de muertes cada año.

Lejos del tópico, no siempre los orígenes de los brotes son animales raros en mercados asiáticos o africanos, los patógenos también pueden saltar a los animales de granja antes de transmitirse a los humanos, como fue el caso de los recientes casos de gripe aviar y porcina.

Muchos otros virus que representan un peligro para la salud humana, detallan en el informe, también tienen su origen en la industria ganadera intensiva. La difteria, el sarampión, las paperas, el rotavirus, la viruela, la gripe A tienen su origen en animales domesticados. “Acumular grandes cantidades de individuos genéticamente similares en entornos insanos de alta densidad, que inducen a una salud pobre y a altos niveles de estrés, aumenta seriamente las posibilidades de que se produzcan transferencias patogénicas entre animales salvajes y animales de granja y, en última instancia, seres humanos”, denuncian.

Otro de los graves problemas sanitarios que las diversas agencias internacionales y científicas llevan años alertando es el aumento de las infecciones resistentes a los antibióticos en los seres humanos, una tendencia asociada, según el informe, a las prácticas de las granjas industriales, que “requieren del uso excesivo de antibióticos”.

Según los datos recogidos hasta la publicación del informe, la letalidad del covid-19 es 47 veces más letal que la gripe estacional. Y otras enfermedades zoonóticas resultan mucho más letales que el covid-19. En el caso de la gripe aviar H5N1, la tasa de letalidad alcanza el 60%.

“No solo los brotes futuros pueden ser más peligrosos, los expertos y expertas coinciden en que también serán más frecuentes. Las causas de este alarmante pronóstico son de origen humano y están todas vinculadas con el sistema alimentario mundial”, explican desde ProVeg Internacional.

“Nos encontramos ante una situación muy vulnerable ante futuras pandemias, con consecuencias posiblemente peores que las de la actual pandemia del coronavirus”, dice Cristina Rodrigo, directora de ProVeg España. “Lo que comemos y cómo lo producimos es uno de los factores clave que está alimentando este riesgo. Tenemos una necesidad urgente y vital de transformar nuestro sistema alimentario a uno más basado en plantas, más sostenible y resiliente”, concluye. 

Por Redacción El Salto

24 sep 2020 11:10

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Un paseo por París con los libertarios anticuarentena

Es un grupo hostil a los políticos e insensible a las cifras de muertos por el virus

Para los antibarbijo los gobernantes ”prefieren sacarnos la libertad y a cambio perder dinero", sostienen sentados en la terraza de un café, frente a comercios vacíos a raíz de la pandemia. 

 

Aquel día Florian gritó como nunca. En la Place de la Nation, con megáfono en mano, vociferó hasta extenuarse: “la máscara es la puerta de entrada a la dictadura mundial”. Ese 29 de agosto de 2020 no había más de 300 personas a su alrededor, todos contra el uso obligado de los barbijos embriagados en el grito “Liberté, Liberté”. La policía puso 126 multas por no llevar la máscara puesta, pero los rivales del tapabocas sentían que ya eran millones. La crisis del coronavirus movilizó a una amplia zona de la sociedad tradicionalmente hostil a las élites, poco creyente en las instituciones del Estado, recelosa ante los partidos políticos, hipnotizada por las redes sociales, sensible a las teorías complotistas y con una inclinación muy marcada a las actitudes libertarias. 

Antibarbijos por excelencia

Casi todos se encontraron dentro del militante sector que refuta la pertinencia de la cuarentena, la eficacia de las máscaras y, globalmente, todas las medidas sanitarias adoptadas desde mediados de marzo. Son los anti máscaras por excelencia. Aunque hubo algunas agresiones, no queman barbijos ni agreden cobardemente a periodistas sin defensa como en la Argentina, ni se proponen tomar el edificio del Reichstag como ocurrió en Alemania.

 Odian a los periodistas y participan, en cambio, en el impetuoso debate sobre el dispositivo sanitario a través, sobre todo, de las trincheras de las redes sociales y de los medios que los invitan. Hay figuras públicas muy conocidas, así como varios líderes del movimiento de los chalecos amarillos que hizo tambalear al país en 2018 y 2019. A ellos se le suman otras personalidades que surgieron en los últimos meses. Gérard y Nicole Delépine son hoy dos emblemas de la militancia contra el tapabocas. Nicole es una oncóloga pediatra y Gérard un cirujano ortopédico, ambos jubilados y ya mega famosos. Al igual que todos aquellos que denuncian la “dictadura sanitaria”, sus argumentos caben en cinco principios: el confinamiento no ha servido para nada, los tapabocas son inútiles, la cloroquina es el único tratamiento eficaz contra la covid-19, no habrá segunda ola porque la epidemia ya pasó, la pandemia es una excusa para modificar el mundo, amordazar a los individuos e instaurar una nueva tiranía global.

La realidad de las cifras, la experimentación de tratamientos fallidos (Didier Raoult), los estudios comparativos, el cruce de datos y el incremento constante de la contaminación contradicen severamente sus argumentos. Sin embargo, nada los inmuta. Con tanta fortaleza como ternura, Nicole Delépine exhibe un montón de hojas con curvas comparativas y datos mientras dice a PáginaI12: “hemos atravesado una inmensa manipulación. El virus es un peligro mítico y las máscaras un bozal para que nos callemos la boca”. Julien y Martine son mucho más jóvenes (30 años), pero no menos persuadidos de que toda esta situación no es más que un “proyecto del Estado para someternos”. Julien es ingeniero en mecánica avanzada y Martine, su compañera, traductora del alemán al francés.

Figuras públicas militantes 

Jean-Marie Bigard es uno de los cómicos más famosos de Francia. En su página de Facebook (un millón y medio de seguidores) explicó que la máscara resultaba tanto más incongruente cuanto que si el olor de una ventosidad pasaba a través de un jean, ”entonces el virus podía atravesar el tapabocas”. Maxime Nicolle, uno de los líderes de los chalecos amarillos, expuso los mismos argumentos en la televisión y en un video subido a Twitter, pero con el humo de un cigarrillo como ejemplo: fumó y mostró que, si el humo pasa por la tela, eso prueba que “el virus también traspasa la máscara”. 

https://twitter.com/jeromegodefroy/status/1290606141173567488

En contra de lo que se podría pensar, este club está compuesto por sectores sociales de niveles elevados. La fundación Jean-Jaurés publicó el 7 de setiembre un estudio sobre los antimáscaras y sus características sociodemográficas. ”63% son mujeres con un alto nivel educativo. Los ejecutivos y profesiones intelectuales superiores representan 36% de los opositores cuando solo constituyen el 18% en el conjunto de la población francesa. Al contrario, los obreros y los empleados representan 23% de los anti máscaras, o sea, la mitad de su peso real en la población francesa”. En Francia, 64% de la sociedad respalda el uso de los tapabocas, incluso en los lugares públicos abiertos.

PáginaI12 le propuso a Martine y Julien un paseo en inmersión por lo real. La cita se fijó en la esquina del Boulevard Saint Germain y Saint Michel con la idea de caminar por Saint Germain hasta la Rue des Saints-Pères. Esos casi dos kilómetros recorren una de las zonas más turísticas de París, las boutiques de lujo y cafés célebres como Le Deux Magots, Le Flore et Le Bonaparte. Los turistas deambulan como mariposas perdidas. Esta vez no hay nadie. Los comercios están vacíos y solo se salvan los cafés con amplias terrazas. Entramos a un par de boutiques para averiguar precios y entablar la conversación y conocer las consecuencias de la pandemia. Las respuestas fueron similares: entre 60% y 70% menos de ventas, personal cesado y amenaza de cierre. Nos sentamos en la terraza de la brasserie Le Rouquet y enseguida surgió la pregunta: “¿ ustedes creen realmente que el liberalismo está dispuesto a paralizar su sistema, perder dinero, cortar los intercambios y el consumo ?”. Para ellos, no caben dudas: ”prefieren sacarnos la libertad y a cambio perder dinero. Mientras tanto, con el pánico artificial que generan se preparan con leyes y trampas para intervenir las sociedades. Nos quieren convertir en corderos”, dice Martine. Al grupo se suma Florian, el joven de 32 años que participó en la manifestación contra las máscaras. Dice más o menos lo mismo: ”la pandemia ha terminado (7.000 contagios en un día), pero siguen y siguen dando cuerda en los medios serviles y mentirosos”. La doctora Delépine completa esa idea y asegura: ”las máscaras carecen hoy de todo sentido. Sólo sirven para expandir el miedo, paralizar la población y bloquear la reflexión. La máscara se ha convertido en un símbolo de la tiranía del poder y de la sumisión de los individuos”.

La encuesta de la Fundación Jean-Jaurés sitúa a los antimáscaras en todo el abanico político con una mayoría de 46% hacia la derecha y 36% hacia la izquierda. Varios rasgos mayoritarios identifican a los antimáscaras: rechazo a las instituciones o falta de confianza en ellas (apenas 6% cree en la institución presidencial), incluidos los hospitales, no se reconocen en la oposición izquierda-derecha (61%), sólo 14% cree en la prensa escrita, 2% en la televisión pero son 60% en tener confianza en los medios en línea y 51 en las redes sociales (78 % se informa por medio de internet contra 28% para el conjunto de la población del país). Su adhesión a las tesis complotistas es otro rasgo. 90% de los encuestados afirman que el Ministerio de Salud es un cómplice de la industria farmacéutica para ocultar la realidad sobre la nocividad del virus. Como lo resume el informe, los antitapabocas están impregnados en la idea de que las máscaras “están destinadas a testear a la población y serían el anunciador de la instauración de un nuevo orden mundial sin ninguna libertad para los ciudadanos”. 

Los antimáscaras se alimentan en el seno de la llamada “burbuja cognitiva”, es decir, las redes sociales donde no circula ninguna opinión divergente y donde todo debate contradictorio está excluido. A los poderes públicos les preocupa lo que vendrá después: el 94% confirma que no aceptará que lo vacunen contra la covid-19 cuando se descubra la vacuna. Los ortodoxos de la libertad son insensibles a cualquier argumento científico, a los testimonios de médicos y enfermeros, al escalofriante tendal de muertos que ha dejado la pandemia y al hecho de que ellos mismos, escuderos del libre arbitrio y la soberanía, son objeto de una manipulación tan grosera como interesada por parte trolls, diseñadores de fake y científicos cuya credibilidad hace rato que es una broma siniestra.

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Miércoles, 09 Septiembre 2020 05:44

Proclama China que venció a la pandemia

Asistentes a un acto de homenaje al personal sanitario chino entran al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 8 de septiembre de 2020. Foto Ap

Pekín. Difícil pero histórica. Así calificó el martes el presidente chino, Xi Jinping, la victoria de su país frente a la pandemia del coronavirus, que brotó en su territorio en diciembre antes de propagarse por el mundo, donde las muertes, el miedo, las cuarentenas y los rebrotes siguen marcando las vidas de millones de personas.

Europa registra importantes y preocupantes nuevos focos de la enfermedad y el número de contagios aumenta significativamente en Francia, Reino Unido y España, donde ya se superó el medio millón de contagios registrados y se contabilizan entre siete mil y ocho mil nuevas infecciones diarias.

En total, la epidemia ha matado a 893 mil personas desde finales de diciembre e infectado a más de 27 millones, según el recuento de AFP realizado este martes a partir de fuentes oficiales.

Mientras tanto en China, kilómetro cero del Covid-19, Xi aseguró que se superó "una prueba histórica y extremadamente difícil", en una grandiosa ceremonia celebrada en Pekín en homenaje al personal sanitario.

Oficialmente, China solo registró cuatro mil 634 muertos por Covid-19 desde que brotó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (centro del país).

"Hemos librado una gran batalla contra la epidemia que resultó ser abrumadora para todos (...) Ahora estamos a la vanguardia mundial en términos de recuperación económica y de lucha contra el Covid-19", dijo el mandatario.

Sin embargo, China está en el punto de mira de Estados Unidos, que acusa al país de haber ocultado la gravedad del nuevo coronavirus.

La pandemia y la campaña 

 Justamente en Estados Unidos, país con mayor número de contagios y fallecidos por coronavirus (6.3 millones de infecciones y casi 190 mil muertos) la pandemia se infiltró inevitablemente en la campaña para las presidenciales de noviembre.

El lunes, el presidente Donald Trump llamó "estúpido" a su rival demócrata, Joe Biden, y lo acusó de tener una "retórica antivacunas".

El mandatario incluso especuló con la posibilidad de tener una vacuna antes de las elecciones, algo que los expertos consideran muy improbable.

Y mientras diversos laboratorios siguen buscando una vacuna, los expertos se felicitan por el afortunado uso de algunos medicamentos para paliar los efectos del coronavirus.

Oxigenoterapia, corticoides o anticoagulantes han demostrado su eficacia, conforme los médicos iban conociendo más el virus y sus consecuencias.

Por ejemplo, y según una serie de trabajos publicados en la revista médica estadounidense Jama, los corticoides permiten reducir en un 21 por ciento la mortalidad al cabo de 28 días entre los pacientes aquejados severamente de Covid-19, al combatir la inflamación.

Europa sufre 

En Europa, donde la pandemia mató ha matado a más de 218 mil personas y contagió a más de 4.2 millones, el número de nuevos casos aumenta.

En España, país de 47.3 millones de habitantes, la proporción de casos respecto a la población duplica la de países vecinos como Francia o Italia, según cálculos de la AFP. La región más afectada sigue siendo la de Madrid, con 16 mil 501 casos detectados en los últimos siete días.

Pero pese a estas cifras, la mortalidad es muy inferior a la del momento crítico de la pandemia en España, en marzo y abril.

En Francia, donde se contabilizaron más de cuatro mil nuevos contagios en las últimas 24 horas, se contempla recortar de dos semanas a una el aislamiento domiciliario de las personas con Covid-19.

América Latina y el Caribe sigue siendo la región más castigada del mundo con más de 298 mil fallecidos y 7.8 millones de contagios.

En Brasil, donde se registraron más de 126 mil muertes por coronavirus y más de 4.1 millones de contagios, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva acusó al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro de haber convertido la pandemia en un "arma de destrucción en masa" y aseguró que "habría sido posible evitar tantas muertes".

Afp | martes, 08 sep 2020 07:46

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Martes, 08 Septiembre 2020 05:39

Homo Desescalado

Homo Desescalado

La segunda oleada de covid 19 en España

 

UNO Desde un punto de vista técnico/físico, caer es una de las tantas formas posibles de bajar. Seguramente, no la más agradable y sí la más dolorosa. En esto piensa Rodríguez ahora que comienza la desescalada/desescaída del verano. Y viene pensándolo desde que trascendió que el Comité Científico de Expertos para asesorarse en las medidas óptimas para la desescalada del encierro por fases/zonas era poco menos que una acatarrada fantasía febril (aunque muy útil para justificar sin derecho a réplica las decisiones complicadas y --en más de una ocasión-- contradictorias a cargo de una especie de Majestic 12 en el que los mismos investigadores eran los ovnis que nadie vio pero por los que todos juraban).

¿Cuál era el plan? Más simplón que simple: felicitar por buen comportamiento/confinamiento entre marzo y junio; alentar desde Moncloa a "salir a disfrutar y a recuperar la economía"; que cada autonomía alcanzara la "nueva normalidad" a su manera y por las suyas; y que en julio-agosto-septiembre la pandemia se tomase un respiro para que, cuando asfixiase de nuevo en octubre, la culpa fuese de otoño ruso-napoleónico y mejor ni pensar en el invierno. Pero no. Se quedó. Como Messi quien, teoriza Rodríguez, jugará en el Barça su mejor año o se lesionará/contagiará por doce meses. Y así España --reino de la rectificación a posteriori y no de la planificación a priori-- como país más apestado de Europa. Territorio donde, con ejercicio de negadora auto-hipnosis, ya se rindieron homenajes (como si el virus se hubiese rendido, como si no siguiesen sumando y restando) a quienes cayeron y luchan. De ahí, de eso, la relativización de la segunda oleada como "cuestión semántica" (rebautizada como "segunda curva"); los rebrotes de un brote que nunca se fue; y el vértigo de cifras inexactas mientras se mareaba más el pavo real que la perdiz plebeya con la salida del casanovesco Don Juan (Carlos I) entendida como Comisión: Posible dejándolo aferrado a una de esas salientes, que tanto le gustan a Tom Cruise, acaso con la promesa de volver a buscarlo si el clima mejora.

Ahora Rodríguez --como millones de españoles-- desescala a solas y por las suyas y reprimiendo tentación de cortar soga de la que cuelga o de usarla para colgarse de otro modo.

DOS Y Rodríguez evoca con nostalgia aquello de la cuesta de septiembre y las dificultades para pagar las facturas de las vacaciones y recargar el tanque y arrancar los motores del curso. Ahora todo eso ha cambiado y la cuesta se ha convertido en abismo. Lo alguna vez titánico ahora es Titanic. Ahora sí, de verdad, en serio: lo ya no tan nuevo ni normal asumido como, apenas, lo que hay y lo que queda. No el resto de la vida pero sí los restos de la vida.

Ya se supo que el calor no mataba al portado sino --como todos los veranos-- a los portadores. Ya está claro que no vinieron los turistas a este debilitado país cuyo fuerte era el "sector servicios" y donde todos se besan y se abrazan demasiado. Ya volvió de vacaciones Pedro Sánchez (Rodríguez está seguro de que su gurú comunicacional lo entrenó en ese paso-pasarela elástico como de quien entra en discoteca febril y sabatina). Ya compareció largamente para decir --¿se lo dice al Covid-19?-- que "no vamos a permitir que otra vez tome el control de nuestras vidas". Y reclamar, ante empresarios top, "unidad democrática" bajo el lema de "España Puede" (¿puede qué? ¿puede caer al vacío más vacío?) perdiendo de vista que una de las claves de la democracia es la existencia de una oposición firme y justa y equilibrada. Lástima que al otro lado del precipicio sólo resuenen renovados aullidos del PP y de sus sherpas de Vox para ver si provocan avalancha. Y Ciudadanos enganche piolet al centro a la derecha como coalición alternativa. Y chille el cada vez más perseguido y persecutorio y arrinconado No Podemos. Y pataleen pataletas independentistas y Diada más tóxica que nunca. Y las ayudas europeas que --recién luego de ajustar/conciliar demorados Presupuestos Generales del Estado tan difíciles de sacar/empujar como roca de Sísifo-- se repartirán más a la velocidad de la sombra que de la luz. Y el arnés ya no aguanta y la mochila está cada vez más pesada. "Salimos más fuertes" fue el irreal slogan gubernamental con el que --con vértigo por saltar desde trampolines con vistosos clavados-- se dio la bienvenida al verano más frígido que se recuerde. "Entramos más débiles" es el slogan de la realidad de los gobernados --descubriendo recién en el aire que la piscina donde clavarse está vacía-- que ya se anticipa el otoño más glacial e inolvidable.

TRES Y adiós a las oscuras golondrinas y otro buitre canta ahora y Rodríguez espera que no sea un réquiem. Allí van enmascarillados chicos y chicas: de regreso con mínimas medidas de seguridad a colegios abiertos que acaso durarán así menos que un recreo. Muchos de ellos --juntándose no para rendir botellones pero sí para tomar apuntes-- reprobados a lo largo del verano. Culpables del aumento de infectados por práctica desenfrenada del mayúsculo Ocio Nocturno (que a Rodríguez le suena a vampírico villano de la DC/Marvel Comics) y de no preocuparse por la salud de padres y abuelos: héroes de la Transición, forjadores de la España Moderna, y tan serviciales para la serie Cuéntame a la que, cualquier día de estos, llegará el coronavirus y se aprovechará para sacarse de encima a medio reparto para repartir entre menos; siempre y cuando Hacienda no pida certificado de buena salud fiscal y detecte algún ilegal descuéntame.

¿Qué pide Rodríguez para este otoño? Poco y nada. Intentar volver a los viejos tiempos en los que las noticias eran algo más que hipótesis, rumores, conspiranoias, estudios y repeticiones en loop de "especialistas". Rodríguez jura que ya no hace falta que le instruyan en cómo lavarse manos o ponerse/sacarse mascarilla o mantener distancia de seguridad. Pero sí --habiendo teléfonos y televisores inteligentes-- que le expliquen cómo es que aún no existe una epidemia astuta que se ocupe nada más de los que no se cuidan ni cuidan.

De nuevo: no es mucho desear y es poco pedir. Su ambición es poca y su humildad es inmensa. Rodríguez ni siquiera le exige a la tan tonta como atontadora Tenet de Christopher Nolan --en la que se puede desescalar hacia arriba-- que sea algo mínimamente comprensible. La única tensión que le produjo fue la de arriesgarse al regreso al cine así como una inmensa gratitud hacia --vuelve pronto-- el igual de espectacular pero tanto más claro James Bond.

Rodríguez sólo pide poder seguir siguiendo, con la consciencia tranquila y la cabeza en alto. Y no mirar demasiado hacia ese abajo con crisis económica y política y social y sanitaria: All Together Now! y Carry That Weight (y sí, quienes vendieron más discos en lo que va del 2020 son/fueron/serán The Beatles y, ah, hubo que postergar el relanzamiento de Let It Be). Ese abajo que, de pronto, puede estar arriba. Más arriba aún. Subiendo mientras se va desescalando: forma más graciosa de decir cayendo, cayendo en desgracia, mientras se tararea no lo de déjalo ser sino lo de dejar de ser

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 La ciudad de Urumqi, en Xinjiang, tuvo más de 531 casos a mediados de agosto. EFE/EPA/ROMAN PILIPEY

 

Los residentes de la ciudad de Urumchi, en la región Sinkiang (China) denuncian que las autoridades les están obligando a tomar medicinas tradicionales chinas y que los están esposando a edificios en los que deben quedarse internados durante semanas, según han publicado en algunas redes sociales.

La capital de esta región semiautónoma, conocida por sus draconianas medidas de seguridad, lleva más de un mes en un confinamiento versión "estado de guerra" tras los nuevos casos surgidos en julio, cuando en otras partes de China los brotes ya habían sido contenidos en su mayor parte.

Desde el viernes, internautas de Sinkiang han llenado las redes sociales de quejas contra la extrema dureza de las medidas y contra las prolongadas cuarentenas en casa o en lugares habilitados para ello, incluso cuando los casos ya han disminuido. La ciudad tuvo más de 531 casos a mediados de agosto, pero lleva ocho días seguidos sin informes de contagios.

Una de las quejas de los internautas es que los encadenaron a edificios cuando intentaron salir de sus casas. Uno de ellos dijo que los mantuvieron durante dos meses en un centro de cuarentena y que les hicieron tomar Lianhua Qingwen, la medicina a base de hierbas que China impulsa como tratamiento para la COVID-19. Una persona con familiares en Urumchi cuenta al periódico The Guardian que a sus parientes les habían dado la medicina todos los días, pero que no les habían obligado a tomarla.

Vídeos publicados en Internet muestran lo que parecen ser residentes gritando desde las ventanas de sus apartamentos en protesta por el encierro. Las filmaciones no han podido ser verificadas pero un complejo residencial publicó en Internet una advertencia: todo el que haya participado en el "estruendo" del 23 de agosto cometió un "acto ilegal".

"Los residentes deben reforzar su sentido social de responsabilidad para evitar ser utilizados por malintencionados, contribuyendo a llevar a la opinión pública por el camino equivocado", decía el aviso. En otras advertencias se comunica a los residentes que todo podía verse afectado, desde su calificación crediticia social hasta la admisión de sus hijos en el colegio.

Las autoridades de Sinkiang, una región en el foco por los arrestos y mecanismos de vigilancia masiva contra minorías musulmanas como los uigures, están acostumbradas a controlar la información. Los internautas también subieron a la red imágenes de otros comunicados de sus complejos residenciales, como unos en los que les exigían borrar o dejar de utilizar sus cuentas de Weibo debido a la "divulgación de información incorrecta". Los hashtags relacionados con Sinkiang y con Urumchi parecieron estar bloqueados el pasado fin de semana y hay internautas diciendo que les ordenaron publicar mensajes positivos sobre la reacción de Urumchi a la COVID-19.

Pese a todo, se han seguido subiendo imágenes y mensajes a Douban, otro foro de Internet, así como a Twitter. Un usuario de Weibo escribió el siguiente hilo en la red social (luego fue eliminado): "Cuando las cosas llegan a cierto punto, ya no se puede callar la voz de la gente. Si la bloquean en un lugar, se mudará a otro. Si la bloquean ahí, se mudará de nuevo y se encontrarán nuevas formas. No se puede borrar la memoria colectiva".

El lunes, los medios de comunicación estatales chinos intentaron dar una imagen más positiva, con informes de algunos complejos residenciales de Urumchi permitiendo a la gente salir de casa para "actividades al aire libre". Aparentemente, las autoridades locales de la ciudad han publicado sus números de teléfono para "escuchar las preocupaciones de los residentes y ayudarles a resolver sus problemas".

Según el periódico estatal Global Times, en Urumchi se adoptaron medidas más extremas que en ciudades como Beijing o Shanghai debido a las "normas culturales en Sinkiang, donde a la gente le gusta reunirse y disfrutar de salir al aire libre".

Zhang Yuexin, del grupo de control de la epidemia en Sinkiang, ha declarado al Global Times que la enfermedad tiene un comportamiento diferente al de "los contagios concentrados por zonas de Pekín, donde se adoptaron medidas antiepidémicas acotadas confinando a las comunidades afectadas y permitiendo una vida normal para la mayoría de los residentes". "Las mismas medidas no pueden encajar en Sinkiang", ha añadido.

Por Lily Kuo

25 de agosto de 2020 22:32h

Traducido por Francisco de Zárate

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