Elecciones en Estados Unidos: qué es y cómo funciona el Colegio Electoral

Los que realmente eligen al presidente

 

Cuando el electorado estadounidense emite su voto, no elige un presidente o un vicepresidente. Vota, en realidad, por miembros del colegio electoral. Estos serán los que finalmente elijan quién se queda con la Casa Blanca. Desde sus inicios, Estados Unidos tiene un sistema indirecto de votación. Uno que genera consecuencias en la forma de hacer campaña y, sobre todo, diferencias entre el resultado de las elecciones y la voluntad de la mayoría.

La composición del colegio electoral

El colegio electoral en Estados Unidos siempre está compuesto por 538 miembros. Este número es el mismo de la suma de los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, los 100 del Senado y 3 más para el Distrito de Columbia, que no tiene representación con voto en el Congreso, pero sí vota en las elecciones.

La forma en la que esos 538 electores se distribuyen entre los distintos estados depende de la cantidad de personas que vivan en cada uno. Los estados con mayor población tienen una mayor proporción de miembros del colegio electoral que aquellos con menor población. Esto es porque el número que se le asigna a cada estado está relacionado con la cantidad de integrantes que tiene su delegación al Congreso y esta depende, a su vez, de los resultados del censo.

Hay un mínimo de tres electores para cada estado, por los dos miembros del Senado que le corresponde a cada uno y la cantidad base de representantes. Estados como Alaska o Montana, que solo envían dos senadores y un representante al Congreso, tienen solo tres electores en el colegio electoral. Distinto es el caso de estados como California y Nueva York, que aportan 55 y 29 electores respectivamente, porque al tener una mayor población, tienen también mayor representación en la Cámara de Representantes.

En Estados Unidos no es presidente la persona que saque la mayor cantidad de votos, sino la que logra mayoría en el colegio electoral. Es decir, el candidato que gane los estados suficientes como para que sus miembros del colegio electoral sumen por lo menos 270. Por eso, en 2016, Donald Trump asumió la Presidencia, a pesar de que había perdido el voto popular contra Hillary Clinton. En la última elección presidencial, el candidato republicano sumó 304 electores, mientras que Clinton cosechó 227.

En 48 estados y en el Distrito de Columbia, el partido que saca mayor cantidad de votos a nivel estatal se lleva todos los electores disponibles. Por ejemplo, si el Partido Demócrata es el más votado en Oregon, los siete electores de este estado serán solamente para este partido. Hay dos excepciones, Maine y Nebraska. Estos estados no se rigen por el sistema “el ganador se lleva todo”, sino que asigna sus electores según sus distritos internos.

Si este martes, el Partido Demócrata gana en Nueva York y en el Distrito de Columbia no habrá ninguna sorpresa. Son lugares en los que ha ganado históricamente. Por el contrario, hay bastiones republicanos tradicionales como Oklahoma o Wyoming. Se descarta, por ejemplo, que ahí va a ganar Trump. En los estados seguros como Hawaii para los demócratas o Idaho para los republicanos, no hay apariciones de las principales figuras de la campaña.

Los "swing states", claves para definir la elección

En el medio quedan los estados que en cualquier elección pueden ir para un lado o para el otro. Se los conoce en inglés como “swing states” y por ahí pasa verdaderamente la campaña. Son votos que no están garantizados para ningún partido y entonces, cada cuatro años, allí van los candidatos a tratar de persuadir a los votantes. Ahí se llevan a cabo los actos y las principales actividades de recaudación de fondos.

Florida y Ohio son los swing states por excelencia. El primero da la codiciada suma de 29 miembros para el colegio electoral. El segundo está asociado también con la capacidad de predecir el resultado de las elecciones. Un triunfo ahí solía significar un triunfo en el colegio electoral, pero este año quedó relegado en los análisis y en las campañas. Trump tuvo un solo acto allí en las últimas semanas y el equipo de Joseph Biden prefirió dirigir sus gastos en publicidad hacia otros estados más acordes a su estrategia.

También están dentro de esta categoría Pensilvania, Wisconsin, Michigan, Arizona y Nevada. Este año, estados que siempre fueron seguros para los republicanos como Georgia y Carolina del Norte ahora aparecen como terrenos de batalla para las campañas. El caso más destacado es Texas. Un triunfo en el gigante sureño no estaba dentro de los cálculos del Partido Demócrata, pero ahora está en juego y nadie se aventura a predecir un resultado.

La selección de los delegados del colegio electoral

La selección de la delegación del colegio electoral depende de cada estado, como muchos aspectos en las elecciones de Estados Unidos. A veces, los partidos hacen convenciones estatales. En otros casos, los senadores y los representantes que pertenecen a cada estado nominan a los electores. También está la opción del voto popular para elegirlos. No hay un método unificado.

Tradicionalmente, los encargados de declarar al ganador de las elecciones son los medios de comunicación. Las cadenas de televisión o la Associated Press tienen equipos de analistas que pueden identificar las tendencias a medida que se cuentan los votos la noche de la elección. Cuando estas son irreversibles, anuncian qué partido gana cada estado. Una vez que pueden sumar 270 electores para un partido, declaran un vencedor.

Este año, con las demoras que se anticipan debido a la gran cantidad de votos por correo, hay chances de que no se conozca una tendencia. Hay estados que procesan las boletas a medida que van llegando. Hay otros, como Wisconsin y Pensilvania, claves para el resultado en 2020, en los que solo empezarán a contar las boletas a partir del martes.

El resultado final del colegio electoral, que es en definitiva el que elige al presidente, llega generalmente un mes después de las elecciones. En ese momento, los electores van al Congreso de Estados Unidos y anuncian a qué candidato le adjudican sus votos. No siempre siguen lo que les dictó el voto en sus estados. En 2016, hubo “electores infieles” que votaron en el Congreso por el senador Bernie Sanders, el ex secretario de Estado Colin Powell, el ex gobernador de Ohio John Kasich y el ex congresista Ron Paul. La activista sioux Faith Spotted Eagle también recibió un voto en el colegio electoral y se convirtió en la primera persona de un pueblo nativo en hacerlo.

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El golpe que Trump puede dar para seguir en el poder aunque pierda

Una estrategia cívica, llena de abogados

 

Por primera vez en dos siglos y algo más de vida independiente y 230 de elecciones, los norteamericanos andan discutiendo con alguna seriedad si Donald Trump puede dar un golpe militar. Como se pasó cuatro años maltratando a generales prestigiosos y diciendo cosas como que servir y morir en una guerra es cosa de perdedores, se asume que no va a seguir en el poder sentado en las bayonetas: los de uniforme no le deben su lealtad. Con lo que sí se está discutiendo y con mucha seriedad es que Trump pierda este martes y se niegue a aceptarlo, que efectivamente dé un golpe pero cívico, ambiguo, más en la tradición norteamericana. Sería uno lleno de abogados, de golpes mediáticos, de movilizaciones digitales y de milicias en la calle atacando a quien proteste, cosa de crear "anarquía" y justificar una represión dura. 

Si esto parece exagerado, hay que recordar que Trump es impulsivo y es de hacer lo que se le pase por la cabeza. Un día se le ocurrió ordenar que los marines fusilaran a quien cruzara el Río Grande, otro día que invadieran Venezuela. Como todavía tenía en el gabinete alguna gente con límites, le explicaron que lo uno era ilegal -y que las tropas proablemente no obedecerían esa orden- y que lo otro sería peor que Irak. Trump aprendió la lección y depuró su gobierno, con lo que ahora está rodeado de perfectos leales, de creyentes o de chupamedias, en todo caso de gente que no le va a decir que no.

Este martes es el día oficial de votación, como manda la constitución, pero no va a ser el día en que se sepa quién es presidente. En general, en este super-martes se sabe la tendencia del voto, que en general termina siendo el resultado final. Pero como bien sabe Al Gore, todo se puede demorar y terminar amañado por los abogados. Este martes, un escenario más que posible es que la primera tendencia le dé ventaja a Trump, porque muchos republicanos van a ir a votar ese mismo día y esos votos se cuentan rápido. Una gran cantidad de demócratas parecen haber votado por correo o por adelantado, opciones legales en el extraño sistema electoral norteamericano que se cuentan bastante más despacio.

Trump viene preparando el tema hace rato, diciendo que le van a hacer fraude por correo. Como el conteo se va a demorar varios días tiene tiempo de instalar que él ganó y le están haciendo trampa. Ahí se le abren dos opciones sabrosas. Una es declarar que las elecciones son inválidas y seguir en el poder para llamar a otras a futuro. Otra es cuestionar con demandas legales todas y cada una de las elecciones en los estados donde empate o ande cerca, que son varios. 

Para esto tiene cuatro herramientas fundamentales. Una es el departamento de Justicia, a manos de su muy leal y bastante amoral William Barr, que también lleva un buen rato hablando de fraude. Otra es la inteligencia interna, a cargo del también leal John Rattcliffe. La tercera es la flamante Corte Suprema con mayoría conservadora de seis a tres. Con menos margen, George Bush el joven le birló la presidencia al demócrata Gore.

La cuarta herramienta es la más rica y poderosa, y puede usarse en tres estados clave: Pensilvania, Michigan y Wisconsin. Como se sabe, los votantes no eligen presidente sino electores, que se reúnen en un Colegio y votan al presidente, teóricamente según el  mandato recibido de sus votantes. Pero en esos tres estados las encuestas dan cerca, con lo que puede ocurrir que las legislaturas, todas en manos de los republicanos, validen un grupo de electores que le parezca a ellas y lo mande a Washington, mientras que los gobernadores, todos demócratas, validen a otro grupo para votar en la capital. Cada bando tendrá razones abogadiles suficientes y puede armar un espectacular enredo judicial que patee todo al futuro.

Mientras todo esto ocurre, la cadena Fox, los interminables medios digitales de derecha y los grupos como Qanon van a gritar que hubo fraude, que se robaron urnas, que no dejaron votar a los fieles. También se van a movilizar los demócratas y los progresistas, y van a abundar las protestas públicas. Milicias y grupos armados como los Boogaloo, los Proud Boys, los Patriot Prayer, los Three Percenters, los Oath Keepers y la Light Foot Militia, para nombrar algunos, ya están movilizando abiertamente para "defender el voto". 

Semejante caos da para todo, hasta para anular el acto electoral -lo que nunca ocurrió- y buscar una salida con un barniz de legalidad. Una, ya se dijo, es que la Corte Suprema decida. Otra es que voten los diputados, que en un caso así, contemplado en la constitución para casos de empate, votan por estado y no por bloque, con lo que los porotos le dan fácil a Trump

El calendario de eventos augura un fin de año  movido: este martes se vota, el 14 de diciembre se reúne el colegio electoral, el 3 de enero asume el nuevo Congreso, el 6 se reúnen ejecutivo y legislativo para certificar la votación del colegio electoral y el 20 asume el nuevo presidente. Entre una fecha y la otra, Estados Unidos puede tener claridad o mostrar abiertamente que a la derecha no le importa nada que no sea seguir en el poder.

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Lunes, 19 Octubre 2020 06:14

El MAS y un triunfo arrollador

El MAS y un triunfo arrollador

Victoria en las elecciones

 

A pesar de la intervención desvergonzada de la OEA, del Departamento de estado norteamericano, de una ultraderecha sometida a las órdenes de fuerzas externas. A pesar de ello el MAS y su binomio conformado por Luis Arce Cataroa como presidente y David Choquehuanca a la vicepresidencia, lograron una victoria furibunda e indiscutible en las elecciones a la que fueron convocados 7.3 millones de bolivianos.

Un 53% y una diferencia de 20 puntos sobre Carlos Mesa Gisbert (31,2%) y cuarenta puntos sobre Luis Fernando Camacho (14,1%), son cifras extraordinarias, que representan aire fresco para la lucha de los pueblos. Con esto se confirma, tal como se sostuvo, que hubo una operación destinada a impedir el triunfo del MAS, por parte de la derecha en las elecciones del año 2019. Avalado esto por los gobiernos derechistas latinoamericanos, el silencio cómplice de organismos internacionales. Hubo un golpe de estado orquestado por Washington y sus aliados incondicionales y que con el triunfo de este 18 de octubre permite al pueblo boliviano volver a Palacio Quemado y además controlando las dos cámaras del parlamento. Una victoria que traerá consigo un tremendo impacto regional e internacional, que da nuevos aires al progresismo en América Latina y que recupera la democracia para Bolivia y su pueblo, que sabiamente vuelve a confiar en aquellos que lo dignificaron, que le dice no al racismo, al robo, al sometimiento a Washington y le dice no a la corrupción.

Mientras más postergaba la derecha golpista el convocar a elecciones, con una estrategia política errada del gobierno de facto presidiso por Jeanine Añez, más debilitaban sus opciones. Esto, pues ante la política supremacista, racista, de corte fascista, de insulto al pueblo indígena a sus símbolos y cultura. En ese contexto, más y más la sociedad boliviana, los más humildes, tenían más tiempo de comparar lo que había sido un proceso revolucionario, que durante 14 años le cambio la cara y el organismo entero a esta Bolivia. Una revolución que nacionalizó los recursos naturales, que llevó a los indígenas a ocupar Palacio Quemado y decirle al mundo que Bolivia existía, que tenía una dignidad que necesitaba aflorar tras cientos de años de sometimiento y abusos. Cada día que pasaba el pueblo más ponía en la balanza a los golpistas con el MAS

El ministro de gobierno de la dictadura, el empresario Arturo Murillo estuvo en la noche del día 18, largas horas presionando a los medios de comunicación, al Tribunal Supremo Electoral y a las encuestadoras para que no dieran a conocer lo que ya se sabía a las 20:00 horas y que demoró cuatro horas en visibilizar: el triunfo del MAS era inobjetable triunfando por una mayoría abrumadora. Una maniobra que comenzó a cocinarse en la vista que hizo Murillo a la sede de la OEA a fines de septiembre y al Departamento de Estado dirigido por Mike Pompeo, que dieron las órdenes y los apoyos necesarios para impedir que el MAS volviera a presidir el gobierno. Un plan que mostró su fracaso absoluto, una derrota del imperio y de los gobiernos derechistas latinoamericanos coordinados por Almagro.

El resultado del recuento fue claro y planeadamente postergado. El propio ex presidente Evo Morales, en conferencia de prensa dada en Argentina sostuvo “Las empresas encuestadoras se niegan a publicar el resultado en boca de urna. Se sospecha que algo están ocultando”. Por su parte, Sebastián Michel, vocero del MAS señaló que existía una estrategia del gobierno de facto para lograr que no se entregara información y así generar un clima de violencia con el objetivo final de anular las elecciones. La enorme amplitud de cifras entre Arce y Mesa ha hecho imposible llevar a cabo lo que el departamento de estado norteamericano, junto a la OEA habían planeado junto al ultraderechista Ministro de Gobierno Arturo Murillo.

La parte más difícil viene ahora para recuperar una vida trastornada por una dictadura que ha violado los derechos humanos en todos los ámbitos en que pueden ser violados; sanitarios, integridad física, en el acceso al trabajo, a la educación, en derechos cívicos y políticos. Ahora viene justicia por los muertos, por los humillados sanar las heridas propiciadas por un gobierno de facto que cometió atropello a los derechos de millones de bolivianos y bolivianas.

En un interesante análisis de Mario Rodríguez, periodista y educador popular boliviano con especialidad en interculturalidad, los resultados de estas elecciones el 18 de octubre “han sido una victoria en el territorio del enemigo, en un campo conservador donde se aglutinó lo más fascista que puede tener la política. Articulado en los sectores más retrógrados que puede tener un país. Un triunfo sobre el dinero, el poder mediático, los poderes hegemónicos. Dicho marco permite evidenciar que En primer lugar es evidente que se trata de una victoria del pueblo boliviano, que supera la conformación partidaria y sumerge a la sociedad en la búsqueda de su futuro.

En segundo lugar, para el análisis interno de lo que ha sido una fortaleza en el masismo, se conformó el sujeto de lo plurinacional, con un abanico amplio de posibilidades, que hay que fortalecer. Un triunfo que se da contra viento y marea, que permite pensar en transformaciones profundas. Un tercer elemento es que se necesita una profunda reflexión y una crítica respecto a lo que fueron los gobiernos del MAS para recomponer elementos que fueron erosionados y que necesitan ser reconstituidos en la capacidad de participación popular. Y en cuarto lugar este triunfo es un tremendo impulso para las luchas populares en Latinoamérica, de la patria grande.

Claramente este es un laurel obtenido por el MAS, una conquista enorme, que representa la justeza de tres lustros de gobierno transformador en Bolivia, que caló hondo, que a la hora de la comparación le ganó por cientos de miles de votos a esa derecha recalcitrante. Una derrota del fascismo que le va a doler a la derecha, al grupo de Lima, al converso Luis Almagro que deberá responder de esta derrota ante sus amos estadounidenses, que gastó cientos de millones de dólares, para tratar de consolidar un gobierno de facto y darle posibilidades a la derecha boliviana, para tratar de volver a ejercer sus gobiernos nefastos, fracasando estrepitosamente en esta misión que los visibiliza como lo que son: oportunistas, racistas, soberbios y escasos de visión, para calar en plenitud el pensamiento y los anhelos de un pueblo que aprendió a defender su dignidad.

Para el triunfador de estas elecciones del 18 de octubre Luis Arce Catacora, el desafío es claro “Hemos recuperado la democracia y la esperanza, como también estamos recuperando la certidumbre para beneficiar a la pequeña, mediana, gran empresa, al sector público y a las familias bolivianas. Gobernaré para todos los bolivianos y trabajaré para reencaminar, sobre todo, la estabilidad económica del país” Luis Arce agradeció la confianza del pueblo boliviano, de los militantes del MAS, de la comunidad internacional y a los observadores que llegaron para supervigilar las elecciones.

El MAS logró una victoria inapelable, a pesar del Covid 19, las amenazas del gobierno y los intentos de impedir que se votara. El MAS arrasó en las grandes ciudades y en el mundo rural. No hubo lugar en Bolivia, donde el mundo masista no haya logrado hacer morder el polvo de la derrota a Carlos Mesa, Luis Fernando Camacho y los suyos. El MAS triunfó a pesar de la labor de desestabilización de la OEA y el títere Luis Almagro secretario general de esta organización, definida como el Ministerio de colonias de Estados Unidos. El MAS triunfó a pesar de fuerzas poderosas en su contra, porque la marcha justa no tiene freno posible.

El MAS triunfó porque el pueblo sabio de Bolivia entendió, que a pesar de todas las críticas que a su movimiento se le podían hacer, hizo un trabajo que tenía como centro a los más postergados de Bolivia, por la defensa de sus derechos y la construcción de aquellos negados, a los que por cientos de años fueron humillados, denigrados y que con el MAS comenzaron a andar con su marcha de gigantes. No hay freno posible cuando un pueblo defiende lo suyo

Por Pablo Jofré Leal | 19/10/2020 

Cedido por www.segundopaso.es

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Sábado, 27 Junio 2020 06:23

Resultado más que obvio

Resultado más que obvio

La reforma constitucional –diseñada por y para el presidente Vladimir Putin– se aprobó en tiempo récord por todas las instancias que forman parte de la élite gobernante, pero para entrar en vigor requiere de la legitimidad de las urnas.

Para ello los operadores políticos del Kremlin se sacaron de la manga una votación popular que no contempla la propia Constitución, que no es vinculante, que no exige la mitad más uno del padrón para ser válida, que no admite observadores, que permite votar en el transcurso de una semana, que no evita que una misma persona ejerza su derecho al sufragio varias veces, que lleva las urnas a las casas de los jubilados y un largo etcétera de excepciones y facilidades que restan toda seriedad a una votación legitimadora que nada tiene en común con un referendo, el cual no se puede convocar para modificar la Carta Magna.

La votación concluirá el 1 de julio siguiente con un resultado más que obvio: la reforma será aprobada y entrará en vigor. Lo único que –en estos tiempos de coronavirus con muchos descontentos por la pérdida de empleo, desplome de su nivel de vida y el manejo de la emergencia sanitaria desde el Kremlin– podría empañar el triunfo anunciado, y la posibilidad que pretende Putin de perpetuarse en el poder, es una participación escasa.

Ello no va a suceder: la cifra de asistencia será la que decidió ya la Oficina de la Presidencia –se comenta, no menos de 55 por ciento de participación, con entre 60 y 65 por ciento de votos en favor– para satisfacer el anhelo de legitimidad del titular del Krem-lin. Dispone de recursos para inducir, si no el sentido del voto, sí la participación de los millones de personas cuyos ingresos dependen del presupuesto (pensionistas, empleados públicos, trabajadores de los grandes consorcios del Estado, maestros, médicos), aparte de quienes acudan con la idea de sacarse, como en Moscú, un vale de descuento (hay 2 millones) para tiendas, restaurantes y bares que se rifarán entre quienes vayan a votar, igual que otros premios.

Hace 12 años Putin pensaba muy diferente: “Desde el primer día en el cargo de presidente de la Federación Rusa decidí que no voy a violar la Constitución vigente (…) Creer que el sillón de jefe máximo es tuyo para siempre, hasta la muerte, lo considero absolutamente inadmisible”.

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Un estudio del MIT no encuentra evidencia estadística de fraude en las elecciones de Bolivia

 

 La conclusión del documento contradice el informe de la OEA sobre el resultado de votos en los comicios de octubre que daban por ganador a Evo Morales

 Un estudio realizado por los especialistas en integridad electoral Jack Williams y John Curiel del MIT Election Data and Science Lab ha concluido que “no hay ninguna evidencia estadística de fraude” en las elecciones presidenciales del pasado octubre en Bolivia, que daban por ganador al expresidente Evo Morales. Por presiones militares el líder boliviano abandonó el cargo. Los académicos califican las conclusiones del informe publicado por la Organización de Estados Americanos (OEA) el pasado noviembre como “profundamente defectuosas”, según han escrito en un artículo publicado este jueves en The Washington Post y recuerdan que el país latinoamericano se prepara para unas nuevas elecciones el 3 de mayo “luego del golpe de Estado respaldado por el Ejército” el 10 de noviembre.

El documento del organismo regional, que daba cuenta de actas quemadas, redirección de votos a servidores ocultos y nombres duplicados, acusaba que cuando se retomó el conteo tras una suspensión del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP), los mostraban una tendencia "altamente improbable" a favor del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS). Sin embargo, la investigación de los especialistas del MIT ha revelado que no parece haber una diferencia “estadísticamente significativa” en el margen entre los resultados de antes y de después del alto en la transmisión.

“En cambio, es muy probable que Morales haya superado el margen de 10 puntos porcentuales en la primera vuelta”, afirman en el Post. Según la Constitución boliviana, un candidato gana las presidenciales cuando obtiene una mayoría absoluta o el 40% de los votos, con al menos una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el segundo candidato. Si no es el caso, se realiza una segunda vuelta.

El conteo preliminar de los votos se detuvo con cerca del 84% de los votos contados, cuando Morales tenía una ventaja de 7,87 puntos porcentuales, según detalla el estudio. Cuando se reanudó el conteo, el margen de Morales superaba por más de 10 puntos al segundo candidato más votado, el expresidente Carlos Mesa. El informe de la auditoría encargado por la OEA -con el consentimiento de Bolivia- determinó que "una irregularidad en esa escala es un factor determinante en el resultado" a favor de Morales. Además, que las “manipulaciones” e “irregularidades” impedían conocer con certeza el margen entre Morales y Mesa. “Lo que sí es posible afirmar es que ha habido una serie de operaciones dolosas encaminadas a alterar la voluntad expresada en las urnas”, concluyó.

“¿Hubo una discontinuidad entre los votos contados antes y después del recuento no oficial? Por supuesto, las discontinuidades pueden ser evidencia de manipulación”, afirman Williams y Curiel, pero con base solo en la “evidencia de las estadísticas” no han encontrado las “anomalías” que acusa la OEA en la tendencia de los votantes. En el estudio encargado por el Centro de Investigación Económica y Política (CEPR) encontraron una correlación de 0.946 entre el margen de Morales entre los resultados de antes y después de la suspensión del conteo de votos. Esta correlación desacredita el informe del organismo regional, que databa que el último 5% de los votos presentó una tendencia distinta del anterior 95%. “El análisis estadístico realizado revela que la victoria en primera vuelta de Evo Morales fue estadísticamente improbable”.

Cuando se reveló el resultado con el 95% de las actas escrutadas, la OEA hizo una declaración donde revelaba su preocupación por “el cambio de tendencia”. Una vez contados todos los votos, el resultado le otorgó una ventaja a Morales del 10,6% por sobre Mesa. Las protestas en la calle, la sombra de las irregularidades y las presiones de las Fuerzas Armadas, obligaron al presidente boliviano a abandonar el cargo. El líder boliviano ha publicado este jueves el artículo del Post afirmando que la OEA, su presidente Luis Almagro y la comisión encargada de la auditoría de los resultados de las elecciones “le deben muchas explicaciones al pueblo boliviano y al mundo entero”. Almagro ha dicho que “el único golpe de Estado en Bolivia” sucedió cuando Morales “cometió fraude electoral”.

Washington 27 FEB 2020 - 22:09 COT

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La candidata a la alcaldía de Bogotá por Alianza Verde, Claudia López (c), celebra su triunfo en las elecciones regionales junto a los senadores colombianos Jorge Enrique Robledo (i) y Antanas Mockus (d) este domingo, en Bogotá (Colombia). EFE

BOGOTÁ (Sputnik) — Bogotá y las principales ciudades de Colombia eligieron alcaldes alejados del oficialismo nacional y se inclinaron por candidatos de centroizquierda, según los resultados escrutados por la Registraduría Nacional.

En Bogotá, con 100% de las mesas escrutadas, la candidata por el partido Alianza Verde (centroizquierda) Claudia López, se hizo con 1.108.541 votos (35,21%) frente al candidato independiente Carlos Fernando Galán, que sumó 1.022.362 (34,28%).

Mientras, en Medellín (noroeste), un bastión tradicional de Uribe, el candidato independiente Daniel Quintero Calle fue elegido alcalde para el periodo 2020-2023, con 303.278 votos (38,56%), según el escrutinio del 99,95% de votos.

En Cali (suroeste), el centroizquierdista Jorge Iván Ospina Gómez, también del partido Alianza Verde, se hizo con la alcaldía con 295.884 sufragios (37,98%), de acuerdo al escrutinio del 99,21% de las mesas.

En Barranquilla (norte), Jaime Pumarejo Heins es el alcalde electo al obtener 308.612 sufragios (62,44%), según datos de 99,71% de las mesas.

Pumarejo Heins fue ministro de Vivienda y pertenece al partido de centro-derecha Cambio Radical, aunque contó con el respaldo de una coalición de varios partidos compuesta por el CD de Uribe, el Partido Liberal, Partido de la Unidad Nacional y el Conservador, lo que lo llevó a superar al izquierdista Antonio Eduardo Bohorquez (partido Polo Democrático), que sumó 66.169 votos (13,38%).

En Bucaramanga (nordeste), el empresario Juan Carlos Cárdenas, sin ninguna experiencia previa en política pero que se ha desempeñado en el sector privado como ingeniero civil de la Universidad Industrial de Santander alcanzó 141.768 sufragios (48,36%) este domingo.

Durante la jornada, un total de 36,6 millones de personas estaban habilitadas para votar y elegir, a nivel departamental, gobernadores y diputados y, en los municipios, a alcaldes, concejales y ediles.

Según la Registraduría, para este domingo se imprimieron 156.222.420 tarjetas electorales, mediante los cuales se eligieron 1.101 alcaldes, 32 gobernadores, 1.101 concejos municipales, 32 asambleas departamentales y 1.040 juntas administradoras locales.

De acuerdo con la Consejería Nacional para la Reincorporación (CNR), 308 candidatos del partido de izquierda FARC (surgido tras la desmovilización de la guerrilla) participaron en los comicios en 23 departamentos y 85 municipios.

"Son 101 excombatientes y 207 no excombatientes. Hay 18 candidatos a asambleas, 15 a alcaldías, 249 a concejos y 25 a juntas administradoras locales (ediles)", precisó el organismo, que destacó que el departamento de Antioquia contó con el mayor número de aspirantes de la antigua guerrilla a cargos de elección popular, con un total de 42.

La Fiscalía General de Colombia, que dispuso de 8.894 funcionarios, entre fiscales, asistentes e investigadores, para las elecciones locales de este domingo, reportó que a lo largo de la jornada se registraron 36 detenciones por delitos electorales en diferentes regiones del país, mientras que 146 más fueron detenidas por orden judicial por hechos no relacionados con los comicios.

Por último destacó que en desarrollo de los operativos de control se incautaron más de 450 millones de pesos (unos 132.350 dólares) que serían usados para la compra de votos.

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Puño en alto, Martínez festeja su triunfo este domingo, a la espera del ballotagge. foto2: Simpatizantes de Lacalle Pou celebran la elección de su candidato.   ________________________________________ Imagen: AFP

 El socialista obtenía un 39,9 por ciento de los votos, frente a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, que obtenía 29. Ernesto Talvi (12,5) y Guido Manini Ríos (10,7) apoyarán a Lacalle en la segunda vuelta. 

 

Eran las 20.30 de la noche cuando los uruguayos ya tenían una certeza: que el candidato Daniel Martínez, del Frente Amplio, era el ganador, pero que no le alcanzaba para imponerse en primera vuelta. Con los datos de las proyecciones del escrutinio anunciados por las consultoras Factum y Equipos Consultores, el socialista obtenía un 39,9 por ciento de los votos, frente a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional (Blanco), que obtenía 29 por ciento. En tercer lugar, se ubicaban el colorado Ernesto Talvi (12,5 por ciento) y el ultraderechista Guido Manini Ríos (10,7 por ciento). Tanto el economista neoliberal Talvi como el excomandante en jefe del Ejército anunciaron su apoyo a Lacalle Pou para el ballottage, que se realizará el 24 de noviembre.

Pasadas las 21 horas, Martínez se dirigió a sus a seguidores desde su comando de campaña en el centro montevideano. “Se siente se siente, Martínez presidente”, cantaba la militancia. El exintendente de la capital, de 62 años, llevaba una bandera de Uruguay en su hombro izquierdo, secundado por su compañera de fórmula Graciela Villar. “La fuerza más importante del Uruguay se llama Frente Amplio. Es la apuesta a las certezas, a la estabilidad, y no la apuesta al ajuste con un destino incierto. En esta nueva etapa que se abre los ciudadanos van a elegir a personas concretas. Acá están Graciela y Daniel, vamos que podemos”, sostuvo. 

El Frente Amplio pierde la mayoría parlamentaria con la que gobernó durante tres períodos consecutivos a partir de 2005, y deberá pugnar en solitario por la Presidencia.

Eran las 22. 30 cuando habló Lacalle Pou ante sus simpatizantes, acompañado por su compañera de fórmula Beatriz Argimón. El ex diputado y senador de 46 años, que se candidatea por segunda vez a las presidenciales, insistió con su idea de campaña: “queremos cambiar el país….Se va a instalar el Uruguay de la tolerancia”. Quiero pertenecer a un gobierno que no les diga a los uruguayos que no les van a subir los impuestos y las tarifas y después les mienta". El abogado, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle --recordado por sus políticas neoliberales-- dijo que agradecía el apoyo de los otros partidos para formar una coalición variopinta. 

Consultado por Página12, el historiador Gerardo Caetano señaló los desafíos para la coalición de centro-izquierda oficialista. “El Frente Amplio se confirma como la primera fuerza política. De cara al ballottage, la situación de ventaja es para Lacalle Pou. El hecho novedoso es el partido ultraderechista de Manini Ríos: el voto de Cabildo Abierto será clave para la segunda vuelta. Ese partido tiene la llave de las mayorías legislativas” afirmó el politólogo.

De su lado, Adolfo Garcé, profesor del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de La República dio su opinión sobre esta elección. “El Frente Amplio lleva 15 años gobernando. Siempre surge un poco de descontento, de promesas incumplidas. Por ejemplo, la desocupación es baja (8 por ciento), pero se fueron perdiendo puestos de trabajo en los últimos años. El déficit fiscal viene en aumento desde hace tres años. El gobierno tuvo que subir impuestos en 2016 y eso generó malhumor”.

El economista Alberto Couriel, quien fue 25 años senador del FA, señaló a este diario que mientras la coalición oficialista siempre se preocupa por el gasto social, el empleo y la salud, la derecha siempre está preocupada por el déficit fiscal. “La derecha ve al déficit fiscal como si fuera todos los males del mundo. Ya vemos las experiencias de Macri, Bolsonaro y Piñera. La derecha va a implementar un ajuste clásico: recortar el gasto, lo que conlleva a una menor demanda interna y la caída del salario real.

En su programa de gobierno Lacalle Pou plantea reducir el gasto del Estado para superar el déficit fiscal de 4,9 por ciento del PIB que arrastra el país. Entre otras medidas criticadas por el oficialismo, propone reducir la reposición de vacantes en el sector público para bajar erogaciones.

Si bien la inversión en educación es de un 4,2 por ciento del PBI, Garcé alertó sobre un aspecto a resolver, parte de los reclamos de la ciudadanía. “Hay deserción de estudiantes de secundario de los barrios más pobres. Cuatro de cada diez estudiantes termina el liceo, y son los que viven en barrios acomodados. Entonces es un problema de desigualdad”.

Los uruguayos decidieron este domingo sobre una reforma constitucional que promovía la creación de una guardia nacional que pondría a 2.000 militares en las calles en tareas de seguridad. El impulsor del plebiscito, el senador blanco Jorge Larrañaga, dio una palabras tras conocer el resultado desfavorable: un 46 por ciento de los votos --necesitaba superar el 50 por ciento--. “No contábamos con ningún candidato a la presidencia apoyándonos. El millón y pico marca que estamos felices y contentos porque hemos jugado un papel importantísimo para el resultado que tiene hoy el Partido Nacional”.

La Teja y Pocitos

La Teja, a pocos kilómetros del centro, tiene un habitante ilustre: Tabaré Vázquez. El presidente uruguayo vivió toda su vida en este barrio de clase media baja y de obreros. En el Club Progreso Tabaré votó por la mañana ante la mirada atenta de simpatizantes del Frente Amplio.

Se veían banderas rojo, azul y blanco en cada cuadra. En autos, sobre los hombros de “chiquilines”, en pintadas en los postes de luz. Un pasacalle anunciaba: “Los uruguayos votamos a conciencia y con memoria”.

 “El Frente me ayudó y me dio libertad” dijo la trans que es enfermera y que está haciendo los papeles para cambiarse el nombre; en su documento figura como Luis Alberto García. “Mujica nos dio la cédula y la Mides (una política social)”, aseguró con orgullo. Durante este período de gobierno se aprobó la Ley integral para personas trans.

Daniel Martínez votó antes del mediodía en el barrio Pocitos, una zona que contrasta con la Teja. Allí se ven más banderas blanca y celeste (del Partido Nacional) en las ventanas de edificios y casas de uruguayos con alto poder adquisitivo. El ex presidente de la petrolera Ancap, de padres blancos que siempre le criticaron sus ideas de izquierda, fue al Colegio Marista Champagnat.

Mate en mano, Martínez dijo que la jornada era “una fiesta en la calle" y que había hablado por teléfono con el candidato argentino Alberto Fernández en momentos en que también se votaba en la otra orilla.

 De Pocitos es oriundo Lacalle Pou. Fue al colegio secundario en la British School, en Carrasco. En este barrio de clase media acomodada el jubilado Juan Illa sostuvo con convicción: “Soy blanco de toda la vida. Quiero un cambio. Este gobierno hizo cosas buenas, pero hay que mejorar la seguridad”.

El tema seguridad era una obsesión para los vecinos electores de este barrio.

Un cantante de tango amateur de nombre Mauricio Petri, señaló su balcón del semipiso, frente a la escuela Brasil. Dueño de un local de ropa, improvisó ante esta cronista el tango “Uno” y después -dijo--le voy a cantar “Volver”. Este señor votó por el Partido Colorado por tradición familiar. “El Frente Amplio estuvo 15 años, hay crisis. Nadie compra nada hasta después de las elecciones”, dijo.

En menos de un mes, los uruguayos definirán si se mantienen en el camino de los últimos 15 años o si optarán por un giro a la derecha.

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El debate electoral en Uruguay

Derechos civiles bajo amenaza

Aborto legal, matrimonio igualitario, regulación del cannabis y leyes en favor de peones rurales, empleadas domésticas y personas trans.

Por Mercedes López San Miguel

Desde Montevideo

En 15 años de gobiernos del Frente Amplio, Uruguay avanzó con una agenda de derechos: aborto legal, matrimonio igualitario, regulación del cannabis, ley de jornada laboral del peón rural, ley para empleadas domésticas, ley integral para personas trans.

Luis Lacalle Pou, diputado por el Partido Nacional desde el año 2000 –entonces tenía 26 años—y que en 2015 se instaló en el Senado, no votó ninguna de las mencionadas leyes. Hijo de una familia patricia, Lacalle Pou se define “muy creyente” y contrario al aborto. “Voté en contra todas las veces y creo que hay que trabajar para que no se produzcan más abortos” dijo a la agencia EFE.

El abogado recibido en la Universidad Católica sostiene que si pudiera volver el tiempo atrás, daría su apoyo al matrimonio igualitario. En una entrevista televisiva, Lacalle Pou se mostró a la defensiva diciendo que estuvo a favor de “14 de los 24 artículos de la Ley para personas trans”, pero, al mismo tiempo no podía justificar por qué no votó el artículo sobre la operación de cambio de sexo.

Desde el FA temen que los blancos, de llegar al poder, deroguen las leyes de derechos. Daniel Martínez les preguntó a los simpatizantes: “¿qué garantías tenemos que no habrá retrocesos?”.

El estudiante de Diseño gráfico, Santiago Ripa, con cigarro de marihuana en mano, explica a esta cronista por qué votó al socialista Martínez. “Mis padres fueron de izquierda durante la dictadura. En 15 años de gobierno se ha logrado equidad, mejorar la salud y la educación. Claro que falta mucho por hacer, ta”. Ripa, de 26 años, votó por segunda vez y en ambos casos por el FA. “Lacalle Pou quiere bajar cupos en educación. Representa a los de arriba”.

Como este joven estudiante, desde 2014 se registraron 48.296 personas en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis. Según las cifras oficiales, son 37.890 adherentes en farmacia, 7513 por cultivo doméstico y 3896 miembros de clubes.

La Ley de regulación de producción, venta y consumo de marihuana se sancionó en diciembre de 2013 sólo con los votos del bloque frenteamplista. El senador blanco Jorge Larrañaga sostuvo entonces: “Uruguay se va a convertir en territorio liberado”.

El exintendente de Montevideo, Mariano Arana, brindó en diálogo con Página/12 otros ejemplos de la nutrida agenda social. “No fueron sensibles los que dijeron que tradicionalmente apoyaban el trabajo del campo. ¿Cuándo se acordaron de los peones rurales? Si no hubiera sido por el Frente Amplio nadie se acordaba de ellos”. El referente frenteamplista se refería a la Ley 18.441 del año 2008 que limitó la jornada laboral de los peones rurales a máximo 8 horas diaria y estableció el pago de horas extras. Arana sostuvo también: “Mi madre trabajó en el servicio doméstico, sometida a múltiples arbitrariedades y barbaries. Por primera vez las empleadas domésticas tienen una ley que las proteja“, dijo en alusión a la norma sancionada en 2006.

Sin embargo, persiste una deuda con los derechos humanos. El Frente no logró derogar la Ley de Caducidad y se mantiene intacto el pacto de silencio en las altas jerarquías militares. El excomandante del Ejército, Guido Manini Ríos ocultó a la justicia penal la confesión del represor José Nino Gavazzo sobre la desaparición de Roberto Gomensoro en 1973. Gavazzo había sido exculpado en la causa por falta de pruebas. Por eso, Tabaré Vázquez destituyó a Manini Ríos en marzo de este año. “En Uruguay solamente un pequeño grupo de criminales estatales ha sido juzgado y condenado”, señaló Crysol, Asociación de ex presos y presas políticas.

Macarena Gelman, nieta del poeta argentino e hija restituida de María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, desaparecidos por el Plan Cóndor, advirtió en una entrevista radial: “las políticas de los gobiernos que no fueron del Frente Amplio han sido bloqueadoras en cuanto a las búsquedas de desaparecidos. Volverían dificultades que hoy estamos sorteando”. En marzo de 2012, durante el gobierno de José Mujica, el Estado uruguayo pidió perdón a las víctimas de la dictadura tras el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso Gelman.

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Conteo oficial da triunfo a Evo Morales y evita segunda vuelta

La Paz. Al finalizar el conteo oficial tras las elecciones presidenciales del domingo, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) confirmó ayer los 10 puntos de ventaja que el presidente Evo Morales obtuvo sobre su rival, el ex mandatario Carlos Mesa, lo que le permitiría evitar una segunda vuelta.

La presidenta del TSE, María Eugenia Choque, validó en conferencia de prensa que Morales obtuvo 47.08 por ciento de los votos, mientras Mesa logró 36.51 por ciento. El cómputo ya había sido publicado en el sitio del tribunal y daba cuenta de una diferencia de 10.57 por ciento entre ambos candidatos.

La ley indica que para ganar en primera vuelta un candidato debe obtener 50 por ciento más uno de los votos o lograr 40 por ciento y tener una diferencia de al menos 10 puntos porcentuales sobre el segundo postulante más votado.

Choque no anunció un ganador oficial ni aceptó preguntas; sólo explicó que el "conteo final fue absolutamente transparente. Que vengan el que quiera hacer auditoría, no tenemos nada que esconder", ante las críticas de un posible fraude.

Un giro en la proyección del voto entre el domingo y el lunes tras un corte por 24 horas en la transmisión de los conteos alimentó las sospechas.

El conteo se atrasó porque en la región de Beni se anularon cuatro casillas. Sin embargo, tras una resolución del tribunal regional se revocó la decisión y fueron validadas. El presidente de tribunal local, Rodolfo Coímbra, explicó que se determinó que la anulación no era válida, porque se pudieron corroborar firmas que faltaban.

Morales dijo estar dispuesto a ir a una segunda vuelta para ganar un cuarto mandato, si una auditoría demuestra que su victoria en las elecciones fue producto de un fraude.

“Convocamos a organismos, partidos opositores: vayan municipio por municipio, voto por voto, a hacer esa auditoría, ese reconteo para saber. Y si estaba equivocado, si demuestran, si hemos perdido en la primera vuelta, nosotros podemos dar una yapita (añadido), una paliza en la segunda vuelta con seguridad”, desafió el gobernante.

Seis ciudades vivieron ayer una nueva jornada de protestas callejeras contra el mandatario. La Paz quedó paralizada por un bloqueo y un paro que realizaron vecinos en diferentes puntos de la ciudad. Los manifestantes se pusieron la bandera boliviana en la espalda y gritaron: "¡Mi voto se respeta!"

También hubo protestas en las ciudades de Cochabamba, Sucre, Chuquisaca, Tarija y Potosí.

La Defensoría del Pueblo informó que se registran 27 personas heridas y 57 detenidos.

Al aumentar la presión desde el exterior, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, declaró que el organismo apoyaba que la Organización de los Estados Americanos audite los resultados, como lo solicitó el mismo gobierno boliviano.

La Unión Europea, Estados Unidos, Argentina y Colombia pidieron por separado una segunda vuelta para restituir la "credibilidad en el proceso electoral".

Venezuela, Cuba y México a su vez felicitaron a Morales por la victoria.

La Red en Defensa de la Humanidad celebró el triunfo del Movimiento al Socialismo y lamentó que "esta indiscutible victoria" no sea reconocida por la oposición boliviana. https://bit.ly/365x159

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El Frente Amplio busca evitar un ballotage con la derecha

El río, que los uruguayos llaman mar, fluye tranquilo y constante en este viernes de sol. Una tranquilidad que parece de otro mundo si se la compara con las crisis económicas de Argentina y Brasil, y más aún con la revuelta popular que se vive en Chile.


Cuando este domingo 27 de octubre los uruguayos vayan a las urnas tendrán la opción de votar por la continuidad del proyecto del centro-izquierdista Frente Amplio (FA), tras 15 años de gobierno. Un proyecto que mejoró, con algunas limitaciones, indicadores económicos y cambió la matriz energética. Y en el que por primera vez hay renovación, dado que no se postulan los políticos históricos José “Pepe” Mujica y Tabaré Vázquez, que termina en marzo su segundo mandato.

El candidato del FA es el exintendente de Montevideo, el socialista Daniel Martínez, quien lidera los sondeos (le otorgan entre 40 y 43 por ciento), pero no le alcanzaría para ganar en primera vuelta. Martínez se enfrenta a una oposición de derecha fragmentada: en segundo lugar en intención de votos se ubica el senador Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional o Blanco (entre 24 y 29 por ciento), con su promesa de shock y reducción de un déficil fiscal que hoy es de 4,9 por ciento, similar al de Argentina.

En el tercer lugar aparece el candidato del Partido Colorado, Ernesto Talvi (entre 11 y 13 por ciento) seguido muy de cerca por el ultraderechista Guido Manini Ríos, excomandante en jefe del Ejército que lidera Cabildo Abierto (entre 9 y 12 por ciento). Un Bolsonaro a la uruguaya.

Por la peatonal Pérez Castellano en la Ciudad Vieja una pintada enuncia: “Tus sueños al Frente”, en apoyo al partido de los colores rojo, azul y blanco. Un vendedor de un local de artesanías, Juan De Carli, afirma que siempre votó al Frente Amplio. “Es la opción del cambio. El acceso al estudio, a la medicina gratis gracias al Fonasa (Fondo Nacional de Salud). Se pasó de 380 mil afiliados a mutuales a 2 millones y medio de afiliados al sistema integral”. En el puesto de enfrente, buscando unos discos de vinilo, Mario Pérez, dueño de una pequeña empresa se sincera: “Quiero que se vayan. No soy de izquierda. Los uruguayos estamos mal. Tenemos mucho asistencialismo a los pobres. Yo tengo que laburar, bo”. Se le pregunta a quién va a votar, duda y responde: “no votaría a nadie”.

El enojo de este señor de 57 años contrasta con la explicación de Daniel Olesker, ex ministro de Salud y Desarrollo Social durante el gobierno de Mujica (2009 a 2014). “En estos 15 años hubo un aumento del 60 por ciento del salario; se crearon 300 mil puestos de trabajo, más los 300 mil empleos informales que se blanquearon. Hubo un cambio tributario: se bajó el IVA y se eliminó el impuesto a los sueldos. Esto contribuyó a que creciera el mercado y también el turismo interno”. El economista sintetiza: aumento salarial, más empleo y reducción de la carga tributaria de los trabajadores. Y da un ejemplo. “una pareja de una docente y un cajero hoy tienen en términos de poder de compra el doble de lo que era en 2004”.

Olesker destaca que en estos gobiernos del FA Uruguay fue saliéndose de la dependencia con Argentina y Brasil que tenía en los años noventa. “Se dio una modalidad de crecimiento económico más diversificado, con fuentes de energía renovables”. Tras la última crisis energética, Uruguay cambió su matriz productiva: hoy la electricidad es 97 por ciento de energías eólicas y solares. Asimismo, crece la expectativa por la inversión de una nueva papelera UPM, que miran de reojo los ambientalistas. Se va a instalar en el centro del país, entre Paso de los Toros y Durazno.

De su lado, el candidato Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, presenta un plan de gobierno haciendo énfasis en “Austeridad, Competitividad, Seguridad Social, Conocimiento y Cultura”. El senador afirma que bajará el gasto sin aumentar impuestos ni tarifas públicas. “Se puede ahorrar en torno a 900 millones de dólares por año” afirma el candidato de la derecha, prometiendo “eficiencia” en la asignación de recursos en las empresas públicas sin restar fondos a educación, salud o vivienda. Este conjunto de expresiones de buena voluntad de parte del aspirante neoliberal, exhibe un aroma familiar para quien vivió la experiencia de la debacle de Macri. Los críticos de Lacalle Pou sostienen que un eventual gobierno de la derecha reducirá el gasto social. Y recuerdan que “Cuquito”, como llaman al hijo de “Cuqui” Lacalle, no ahorró elogios a Macri ni a Piñera.

Más complicado estuvo por estas horas el candidato Ernesto Talvi, quien tuvo que aclarar que “jamás” aseguró que Chile fuera un país modelo. El economista liberal asegura que durante la campaña dijo “hasta el cansancio” que tomaba a Chile “como ejemplo en dos aspectos, en el manejo del dinero de los contribuyentes y del Estado y en la política que los ayudó a salir a la conquista de los mercados del mundo”.

“La región se incendia y mira con admiración a Uruguay”, titula el diario local La República. Hay mucho por rescatar de un modelo que navega por aguas tranquilas.

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Domingo, 09 Junio 2019 05:46

Momento decisivo. ¿Momento decisivo?

Momento decisivo. ¿Momento decisivo?

Todos queremos saber lo que el futuro presagia para nosotros acerca de cualquier cosa que sea importante.

Todos tendemos a creer que el futuro será lo que es el presente es. Si las encuestas muestran que vamos a tomar cierta decisión sobre algo que luce bien ahora, seguirá viéndose bien a medida que el futuro avance. Al mismo tiempo, es un fenómeno bien probado que no podemos recordar las decisiones de hace más de seis meses. ¿Cuál es el resultado de combinar estos dos hechos aparentes? Déjenme intentar explicar cómo funciona una combinación.

Un ejemplo sería la decisión con que la mayoría de la gente se preocupa –la elección presidencial de 2020 en Estados Unidos. Aunque pensemos que el presente ofrece un panorama favorable para Donald Trump, me parece que es más complicado.

Todos los días y cada mañana nuevos elementos entran en el cuadro y por un escaso margen la predicción actual es menos válida. Esto continúa a lo largo del tiempo. Pensemos en ello como un tren que lentamente se aleja de la exactitud de nuestra predicción. Para el momento en que hayan pasado seis meses, la exactitud se redujo a casi cero.

Así, sería de lo más sensato comenzar donde estábamos hace seis meses y enfatizar nuevas cosas. Y digamos que esto predice lo que va a ocurrir. Por tanto, estamos urgidos de entender lo que ocurría hace seis meses. ¿Cómo podemos hacerlo?

Primero está nuestro recuerdo de ello, y en segundo lugar la evidencia pública extraída hace seis meses. Si las cosas le favorecían a Trump hace seis meses, se relegirá. Si las cosas eran menos buenas hace seis meses, no se -relegirá.

¿Qué tan buena es nuestra evaluación de lo que sentíamos hace seis meses? ¿Seis meses para quién? Votar en el estado de Oregon ya se cumplió y no hay nada que ocurra que pueda afectar esos votos.

Hay otros estados con diferentes reglas dependiendo de si el voto se toma en el estado o a escala local. Así que para saber lo que la gente sentía hace seis meses debemos combinar un estimado de hace seis meses para diferentes grupos de gente. Eso es, por supuesto, un muy complicado ejercicio matemático y no es muy probable que la gente lo ejecute bien.

Además, en Estados Unidos el voto se gestiona en un organismo llamado Colegio Electoral. Este Colegio Electoral no es una computadora, sino algo que se reúne. Para cuando se reúne, casi todos los electores han hecho promesas de cómo van a votar. No son requeridos legalmente a mantener sus promesas. Algunos han violado estas reglas en el pasado y otros lo harán en el futuro. Entonces nos percatamos de que es difícil predecir hoy el voto en el Colegio Electoral de mañana. Entonces algunos dirán que todo el asunto es algo que no vale la pena intentar para saber qué va a ocurrir.

¿Cómo predicen entonces? Algunos lo hacen por adivinación. Otros se rinden ¬totalmente.

¿Cómo podemos saber qué ocurrirá? ¿Hay alguna manera? Parece dudoso.

Podemos entonces entrar a un mundo totalmente cínico donde cada quién hace lo que siente que hay que hacer.

¡Así que es un momento decisivo! ¿Pero también un momento decisivo? Puede no ser un momento decisivo.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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