La elección en EU, lucha de personajes, no de proyectos

Dos factores caracterizan la contienda a seis días de los comicios presidenciales: el republicano Donald Trump está cerrando la brecha y abriendo nuevas posibilidades de un posible triunfo por primera vez y, la demócrata Hillary Clinton, aunque cada día menos, sigue con amplia ventaja en el mapa electoral.

Pero la sombra de Trump sigue oscureciendo cada vez más el panorama, y el coro que pregunta cómo es posible que esté tan cerca de la Casa Blanca se escucha cada vez con más volumen, y esto incluye al actual ocupante.

En parte, la contienda ahora ya no es entre dos candidatos, sino en torno a Trump, entre los que están tan hartos del sistema político que están dispuestos a apostar por un demagogo derechista en gran medida para tumbar a las cúpulas políticas, y entre los que temen esa amenaza y que votarán contra él, a través de su boleta, por Clinton.

Esto se ha vuelto, como señala el Cook Political Report, una pugna entre personalidades y no de posiciones o propuestas políticas. Ambos candidatos, vale repetir, son los más reprobados por la opinión pública en la historia moderna del país, con mayorías que rechazan a los dos.

Ninguno es confiable

Hoy, en la competencia entre quién es más impopular, Trump ahora le gana a Clinton por primera vez entre quién es más honesto; sólo 38 por ciento piensa que ella lo es, contra 46 por ciento que dice eso del republicano, en el sondeo más reciente de ABC News/Washington Post (o sea, la mayoría cree que ambos no son confiables).

La "carrera de caballos", término común para caracterizar las contiendas presidenciales, por ahora muestra que la diferencia en apoyo entre ambos candidatos en los sondeos nacionales está llegando a un empate. Hoy, en el promedio calculado por RealClearPolitcs de encuestas nacionales, Clinton sólo goza de una ventaja de 1.7 por ciento. Más aún, su ventaja calculada en el colegio electoral –donde un candidato requiere de 270 votos para ganar la presidencia– se ha reducido a 226 para ella frente a 180 para Trump.

A lo largo de esta contienda, cuando la atención se enfoca en un candidato, pierde apoyo, y en esta recta final –con el anuncio sorpresivo de la FBI sobre nuevos correos electrónicos, el goteo de otros más filtrados por Wikileaks que revelan aspectos negativos y hasta mentiras dentro de su campaña– las luces están sobre Clinton.

A pesar de estas tendencias en la opinión pública en este hipódromo electoral, los modelos de pronóstico siguen mostrando que Clinton tiene más del doble la posibilidad de ganar que Trump. En el de FiveThrityEight, dirigido por Nate Silver, Clinton tiene 68 por ciento de probabilidad frente a 32 por ciento para Trump; y The Upshot del New York Times le otorga a Clinton una posibilidad de 87 por ciento contra 13 para Trump.

Pero Silver advierte que si se aprieta más la contienda, "la campaña de Clinton estaría en riesgo", y se complicaría lo que hace sólo una semana parecía un mapa electoral que aseguraba su triunfo. Por ahora, indicó, la multitud de nuevos sondeos aún no aclara si Trump sigue avanzando, si la contienda ya se estabilizó o si Clinton se está recuperando. O sea, cunde la incertidumbre.

Por lo tanto, la noticia de esta semana es que un triunfo de Trump ya no se puede descartar como se suponía hace un par de semanas.

Todo gira en torno a quién participará en las urnas y como es difícil generar el voto a favor de los dos candidatos tan reprobados y dañados, el enfoque de las campañas es en gran medida sobre la urgencia de votar en contra del otro, y cómo representan una amenaza incluso mortal para el país.

La campaña de Clinton difundió un nuevo espot en televisión esta semana usando a la mujer que en 1964 era una niña en el famosísimo comercial del candidato demócrata Lyndon Johnson contra el ultraconservador Barry Goldwater, donde aparece la imagen de una pequeña niña y una flor y acaba con una nube nuclear, con un narrador que cuestiona si el público podría confiar el botón nuclear a ese político. La nueva versión usa declaraciones de Trump sobre armas nucleares y la mujer recuerda que Trump representa el mismo tipo de peligro. (Lo que no se menciona es que en su primera actividad política cuando estaba en la preparatoria, Clinton era activista en la campaña de Goldwater, que hacían llamar Goldwater Girls).

A la vez, su campaña desplegó su arma más poderosa y el político más popular del país –el presidente Barack Obama– quien hizo campaña para ella en Carolina del Norte, donde exhortó a jóvenes universitarios y a afroestadunidenses –dos sectores claves para Clinton y que no están mostrando el mismo entusiasmo con que ayudaron a llevar a Obama a la Casa Blanca– a votar. Declaró que aunque él ya no estaba en la boleta, "la igualdad está en la boleta, la justicia está en la boleta, nuestra democracia está en la boleta ahora mismo, y Hillary Clinton les da la oportunidad de avanzar en esa democracia".

Criticó a Trump, sin mencionarlo por su nombre, cuestionando su comportamiento personal y recordando que el republicano aceptó el apoyo de integrantes del Ku Klux Klan, y lo calificó de alguien que no tiene las características como para ocupar la presidencia.

Obama también se sumó a la crítica del director de la FBI por anunciar el viernes, a finales de una elección, que estaba indagando correos electrónicos posiblemente relacionados con una investigación previa sobre el manejo de correos oficiales de Clinton. En una entrevista, en sus primeros comentarios sobre el asunto, afirmó que cuando hay una investigación “no operamos con base en la insinuación... no operamos con base en filtraciones. Operamos con base en decisiones concretas...”

Trump, quien goza las noticias positivas en las encuestas y el anuncio de la indagatoria de la FBI, advirtió que Clinton "probablemente estará bajo investigación por muchos años y probablemente concluirá en un juicio criminal", afirmó, y en otro momento dijo que si es electa “se creará... una crisis constitucional. ¿No estamos cansados de los Clinton?”

Subrayó su mensaje insurgente en actos en Florida este miércoles, donde afirmó: "ella es la candidata de ayer; nosotros somos el movimiento del futuro". Un nuevo espot nacional transmitido durante el partido final de la Serie Mundial afirma que Trump es "un líder que no es parte del sistema".

Mientras tanto, una mujer que está demandando a Trump por violarla cuando tenía 13 años y que había convocado a conferencia de prensa este miércoles para revelar su identidad por primera vez, canceló a última hora y su abogada señaló que su cliente había recibido múltiples amenazas, igual que otras mujeres que han acusado a Trump con anterioridad.

Entre desconfianza, ira, hartazgo, encubrimiento y engaños, es difícil pronosticar el futuro inmediato de este proceso que dice ser democrático.

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Diálogo amplio nacional para salvar el Acuerdo de Paz

El Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, Cajar, organización que ha dedicado su existencia a la defensa de derechos humanos y a la construcción de paz en Colombia, frente al resultado electoral del plebiscito por la paz, y las salidas que se han propuesto para avanzar en el cumplimiento del Acuerdo Final de La Habana, llama a todas las fuerzas concernidas a encontrar un compromiso urgente para salvar el proceso entre el gobierno y las Farc-EP. La altísima abstención de 22 millones de personas (62,5 % del censo electoral) tal como lo expresó la Misión de Observación Electoral, MOE, es de las más altas en los últimos 20 años, un dato realmente preocupante que no puede ser despreciado a la hora de evaluar el tipo de democracia que vivimos, así como la legitimidad de la jornada plebiscitaria.

De otro lado, los 6´431.376 votos que desaprobaron los acuerdos de La Habana corresponden a un 18,4 % del censo electoral, por lo que el reconocimiento a los resultados de la votación no puede obviar que estos corresponden a un porcentaje mínimo de la población, y que, frente al Sí, la diferencia fue de tan sólo 53.894 votos.


De los 32 departamentos del país, en 19 de ellos, más Bogotá y el exterior, la expresión mayoritaria fue por el Sí a lo pactado en La Habana, y de hecho en las zonas que más han sufrido los rigores del conflicto armado, la votación fue positiva. Paradójicamente, el No se impuso sobre el clamor, esperanzas y sueños de las propias víctimas de la guerrilla y del Estado.


La Corte Constitucional, en la decisión que dio vía libre al plebiscito, determinó con claridad que “el mecanismo escogido debe ser genuinamente democrático, lo que obliga a que esté precedido de instancias de suficiente deliberación, que además sean compatibles con la libertad del elector... es imprescindible que la decisión de los ciudadanos sea informada, de forma que conozcan adecuadamente el contenido de la decisión política”.


La campaña del No, en contravía de lo señalado por la Corte, acudió a propagandas engañosas, tergiversaciones sobre los contenidos del acuerdo,mentiras que generaron un clima de miedo con el claro propósito de viciar la voluntad de las y los sufragantes, como efectivamente ocurrió.


Se señaló por ejemplo que el Acuerdo Final era un riesgo a la propiedad privada, porque dispuso un fondo de tierras de 3 millones de hectáreas para el campesinado. Que la participación política para las Farc-EP era instaurar el ‘castrochavismo’ y entregar el país a la guerrilla, desconociendo la esencia del acuerdo que es lograr que las guerrillas cambien el uso de las armas por la lucha política en democracia. Que los pensionados verían reducidos sus montos de jubilación, que los guerrilleros recibirían $1.800.000 mensuales, que se impondría la ‘ideología de género’ porque se contemplaron medidas de reconocimiento de los derechos de las mujeres y la población LGBTI.


En fin, se acudió a una larga lista de tergiversaciones y falacias para infundir miedo y repudio al Acuerdo, que logró intimidar a sectores importantes del electorado para que se expresaran rechazándolo, lo que constituye un desconocimiento del fallo de la Corte Constitucional, que quiso asegurar la debida información y la protección de la libertad y el libre albedrio del elector.


La campaña en contra de los Acuerdos, no fue motivada por un interés nacional, sino con el afán de obstaculizar los avances democráticos y de derechos de las víctimas que se pretenden alcanzar, para favorecer su propia impunidad. Queda también en evidencia que su pretensión es impedir el acceso a la tierra de campesinos pobres y el retorno de la población desplazada a sus predios, así como evitar que se establezca la Comisión de la Verdad y el Tribunal de Justicia Especial para la Paz que podrían ocuparse de quienes han promovido el paramilitarismo y cometido graves violaciones de derechos humanos. Lo que realmente se propone el partido Centro Democrático, que abandera el No, es mantener la verdad sepultada, impedir reformas democráticas y asegurar sus propias impunidades.


Por ello llama la atención, que desde diferentes sectores se esté promoviendo que el Gobierno Nacional y un sólo partido político lleguen a un pacto, cuando este no representa a las mayorías del país. No puede quedar en cabeza de las élites la definición del futuro de la paz de Colombia.


Por tanto, proponemos que se conforme una Mesa Amplia de Diálogo Nacional que además de los sectores políticos, involucre a la representación de los territorios que respaldaron electoralmente los Acuerdos, a las comunidades étnicas, campesinas, a las víctimas, a las organizaciones sociales y de derechos humanos, para que en un plazo corto puedan consensuar propuestas que permitan, tomando en cuenta lo acordado, culminar de manera efectiva este proceso de paz.


Es de señalar que, tanto el gobierno como las Farc-EP, acordaron acoger el fallo de la Corte Constitucional sobre el plebiscito. En él se determinó que el Presidente es la única autoridad que queda vinculada con el resultado del mismo, no así las otras ramas del poder público. Toda vez que el No resultó mayoritario, el Presidente ha perdido su facultad de iniciativa legislativa, pero el Congreso conserva su plena facultad para adoptar los acuerdos firmados.


Es decir que el Congreso de la República podría fijar un plazo razonable para que el gobierno, las Farc-EP, el Centro Democrático y las otras fuerzas políticas y sociales convocadas a la Mesa Amplia de Diálogo Nacional alcancen acuerdos para discutir y aprobar por consenso propuestas que serían acogidas por el legislador. Si el consenso no se logra, el Congreso de la República debería dar trámite al Acuerdo de La Habana, mediante el “Procedimiento Legislativo Especial para la Paz”, (Acto Legislativo 01 del 7 de julio de 2016).


Reconocemos la invaluable solidaridad de la comunidad internacional en la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado en Colombia y llamamos a que el apoyo se mantenga en aras de respaldar un diálogo amplio y nacional para salvaguardar los acuerdos de paz logrados hasta ahora.
Llamamos a las organizaciones sociales, movimientos políticos, votantes del Sí, y otros sectores de la sociedad colombiana a que nos unamos en la movilización social, en reclamo de respeto de los acuerdos ya firmados. En consecuencia, respaldamos decididamente las acciones que ya se han convocado desde los jóvenes y otros sectores para salirle al paso a las fuerzas que, so pretexto de querer introducir cambios a los acuerdos, pretenden aniquilarlos y frustrar los anhelos de paz del pueblo colombiano.

Martes 4 de octubre de 2016,

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La Ley de Derecho al Voto y la nueva ola de leyes segregacionistas

La Ley de Derecho al Voto promulgada por el presidente Lyndon Johnson el 6 de agosto de 1965 contribuyó a que millones de afroestadounidenses puedan ejercer el derecho al voto. Ese día, en un discurso pronunciado durante una reunión con miembros del Congreso de los dos principales partidos, su Gabinete, referentes de la lucha por los derechos civiles y la prensa, Johnson expresó respecto a los afroestadounidenses: “Llegaron encadenados en la oscuridad. Y en el día de hoy hemos logrado romper el último de los grilletes de aquellas violentas y antiguas cadenas”.

 

La Ley de Derecho al Voto fue renovada y ampliada varias veces en el transcurso de los últimos 50 años. Pero finalmente, en junio de 2013, la Corte Suprema de Estados Unidos, en una votación dividida, redujo la ley a cenizas. Casi de inmediato, varios estados del sur del país comenzaron a aprobar restrictivas leyes electorales que provocaron la privación del derecho al voto de cientos de miles o tal vez millones de votantes. Sin embargo, tres años después, esta nueva generación de leyes segregacionistas, similares a las Leyes de Jim Crow que impusieron la segregación racial en las instalaciones públicas de Estados Unidos, enfrentan demandas judiciales a nivel federal y una a una van siendo dejadas sin efecto o debilitadas significativamente.

 

El más reciente de los fallos judiciales, y tal vez el de mayor alcance, fue el anunciado el pasado viernes en Carolina del Norte. En ese estado, una polémica ley, promulgada por el gobernador republicano Pat McCrory pocas semanas después de que la Corte Suprema hiciera trizas la Ley de Derecho al Voto, establecía la eliminación de muchas disposiciones de las leyes electorales de ese estado que habían extendido el derecho al voto a muchas personas, la mayoría de ellas afroestadounidenses. La ley promulgada por McCrory imponía un estricto requisito de identificación por fotografía a fin de votar. Eliminó además buena parte de las opciones de votación anticipada de ese estado, entre ellas, las votaciones dominicales, que resultan muy importantes para la comunidad afroestadounidense ya que las congregaciones de las iglesias acuden juntas a votar después de misa en lo que se denomina "almas a las urnas". El estado también eliminó la posibilidad de votar en cualquier centro de votación, lo que permitía que la gente votase fuera de sus distritos electorales específicos, y eliminó además la posibilidad de registrarse el mismo día de las elecciones, así como también el registro previo de los jóvenes de dieciséis y diecisiete años de edad. Todas estas disposiciones eran mejoras a las leyes de empadronamiento de votantes de Carolina del Norte que habían sido promulgadas cuando el gobierno estatal estaba bajo control demócrata.

 

En su fallo sobre la impugnación de la ley, el tribunal de apelaciones de Carolina del Norte redactó: “Las nuevas disposiciones afectan a los afroestadounidenses con una precisión casi quirúrgica". Los jueces concluyeron que el gobierno y el parlamento estatal de Carolina del Norte, ambos bajo control republicano desde principios de 2011, no presentaron pruebas fehacientes de fraude electoral, principal argumento de los republicanos para promulgar estas leyes electorales restrictivas. Como parte de la misma estrategia, el candidato a la presidencia por el Partido Republicano, Donald Trump, suele utilizar argumentos similares. “Puede haber gente que vota hasta diez veces”, ha afirmado Trump sin presentar evidencia alguna.

 

Esta embestida contra el derecho al voto se ha convertido en una de las principales estrategias electorales de los republicanos, especialmente desde que resultara electo el presidente Barack Obama en el año 2008. Ari Berman, redactor de The Nation y autor del libro de lectura obligada “Give Us the Ballot: The Modern Struggle for Voting Rights in America” (Dennos el voto: La lucha moderna por el derecho al voto en Estados Unidos, en español), resume en su obra más reciente los fallos judiciales que están dejando sin efecto estas restrictivas leyes electorales. Bajo el subtítulo "La guerra de los republicanos contra los derechos electorales está produciendo resultados contrarios a los que esperaban”, Berman escribe acerca de las victorias judiciales de aquellos que impugnaron esas leyes en Carolina del Norte, Wisconsin, Texas, Michigan, Ohio y Kansas.

 

En el programa de “Democracy Now!”, Berman dijo en relación a Elizabeth Gholar, una de las personas a quienes se negó el derecho a votar:

 

“Es una mujer mayor que nació en la Carolina del Norte de Jim Crow y que luego se mudó a Texas. Tiene una licencia de conducir de Louisiana que no fue aceptada como documento de identidad válido para votar en Texas. Y su certificado de nacimiento no fue aceptado como documento de identidad válido para obtener un documento de identidad emitido por el Gobierno de Texas. Dado que nació en su hogar en manos de una partera, básicamente tuvo que contratar a un abogado para poder obtener toda su documentación en Louisiana. Su historia es increíblemente emotiva. Al prestar testimonio ante un tribunal federal, dijo: ‘Nací en los tiempos de Jim Crow, antes de que los afroestadounidenses pudieran votar en Louisiana, y ahora vuelvo a no poder votar. Por primera vez en 60 años, no puedo votar en el estado de Texas y esto me rompe el corazón’”.

 

Para personas como Elizabeth Gholar, esta nueva ola de privación de derecho al voto podría estar revirtiéndose, pero queda por verse si eso sucederá a tiempo para las elecciones presidenciales de noviembre. Como resalta Berman: “Estamos a menos de 100 días de las elecciones y serán las primeras elecciones presidenciales de los últimos cincuenta años en que no estarán vigentes todos los amparos que dispone la Ley de Derecho al Voto. Por primera vez, en diecisiete estados han entrado en vigor nuevas restricciones. La situación es aún muy incierta”.

 

El fallo judicial de Carolina del Norte, como la aprobación misma de la Ley de Derecho al Voto, estuvo precedido de años de activismo y manifestaciones pacíficas. En 1965, las acciones se centraron en Selma, Alabama, donde manifestantes pacíficos que marchaban hacia la capital del estado fueron brutalmente agredidos por la policía estatal al cruzar el Puente Edmund Pettus, el cual lleva el nombre de un general de la Confederación y Gran Dragón del Ku Klux Klan. En Carolina del Norte, miles de personas se sumaron a la campaña “Moral Mondays” (Lunes Morales, en español) impulsada por la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color y participaron en acciones de desobediencia civil en el marco de esa campaña de protestas semanales. Más de medio siglo después de haberse promulgado la Ley de Derecho al Voto, la lucha continúa.

 

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Ganó la izquierda pero triunfó el gobierno
La iniciativa promovida por sectores ambientalistas, la izquierda y un sector disidente del oficialista Partido Democrático para frenar la extracción de petróleo en 42 plataformas marinas desperdigadas italianas no alcanzó el domingo pasado el apoyo del 50 por ciento de los electores.

 

Sin buscarlo, resultó un triunfo del primer ministro, Matteo Renzi, quien en diciembre había prorrogado las licencias a las multinacionales petroleras hasta extraer la última gota de oro negro de cada yacimiento.

 

El 85 por ciento de los ciudadanos que este domingo acudieron a las urnas decidieron que fuera suspendida la extracción de petróleo dentro de las 12 millas de la plataforma marítima continental por razones de seguridad ambiental. Pero como votó apenas el 32 por ciento del padrón, los votos no alcanzaron para suspender la actividad.

 

Según Greenpeace Italia, las 42 plataformas constituyen “una maquinaria antigua que no extrae petróleo de manera segura y eficaz y por lo tanto tampoco deja nada en las arcas estatales”. Opositora al extractivismo, Greenpeace contó con el acompañamiento político, a favor de suspender la extracción petrolera, de Sinistra Italiana y Sinistra Ecologia Libertà, un movimiento que agrupa a parlamentarios de la izquierda disidente del Partido Democrático y la bancada del Movimiento 5 Stelle, del actor Bepe Grillo. Sinistra Italiana cuenta con el asesoramiento económico del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, una bancada de ocho miembros en el Senado italiano y 32 diputados nacionales. El movimiento se constituyó en diciembre de 2015 como escisión del PD de Renzi y aspira a generar un reagrupamiento de la izquierda italiana.

 

El referéndum fue convocado por nueve consejeros regionales opositores a las políticas de Renzi, encabezados por el disidente Michelle Emiliano, presidente de la región de Puglia, quienes reclaman una política que respete el ambiente. De las nueve regiones convocantes sólo en Basilicata se alcanzó el 52 por ciento de los votos. Renzi se mostró eufórico. Estimó que “la demagogia no paga” y brindó “por los 11 mil obreros que mantendrán su trabajo desde este lunes”. Pero los opositores a Renzi apuntaban a los grandes negociados del gobierno con petroleras extranjeras, como el caso de la francesa Total, cuyo contrato fue amañado por la ministra de Desarrollo Económico, Federica Guidi, que debió renunciar el 31 de marzo pasado por tráfico de influencias a favor de una empresa asociada en la que participaba su novio.

 

Para Renzi el triunfo del domingo es apenas el primer paso de una serie de tres confrontaciones en las urnas. En junio se elegirán una docena de alcaldes en varios puntos del país y antes de noviembre deberá ser convocado otro referéndum para una nueva reforma constitucional. Renzi había aterrizado como líder desde la alcaldía de Florencia para birlarle la jefatura de gobierno a su compañero Enrico Letta, en febrero de 2014. Político brillante, con sus 41 años, Renzi deberá repetir ahora una hazaña similar a la de las parlamentarias de 2014, cuando alcanzó 11 millones de votos –el 40 por ciento del electorado– y frenó la arremetida de Beppe Grillo. Pero el domingo perdió 2 millones de esos votos.

 

 

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Lunes, 01 Febrero 2016 06:26

Al borde de una crisis nerviosa

Al borde de una crisis nerviosa

Al cubrir el proceso electoral estadunidense durante más de 20 años, hemos tenido que reportar sobre fraudes masivos, maniobras para suprimir el voto de ciertos sectores, el hecho de que aquí no todo voto es contado, la corrupción del proceso por miles de millones de dólares provenientes de lugares oscuros y el uso ultrasofisticado y siempre tramposo de la propaganda, entre otras cosas, pero a la vez también hemos contado sobre insurgencias electorales, movimientos espontáneos que asustaron a las cúpulas, momentos breves en los que irrumpió una expresión solidaria y noble, rompiendo el cinismo tan integral a este sistema que se proclama modelo para el mundo.


Noam Chomsky ha reiterado durante años que las elecciones son en gran medida una fiesta de relaciones públicas. Sólo abordan de manera marginal los temas; son más que nada un espectáculo. Señala que durante décadas la opinión mayoritaria del pueblo registrada en las encuestas es casi opuesta a las decisiones de sus supuestos representantes. Subraya que es casi imposible que gane algún candidato que realmente represente los intereses de los de abajo en nuestro sistema, el cual no es una democracia, sino una plutocracia.


Varios intelectuales destacados –desde los economistas premios Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman, al gran veterano del periodismo Bill Moyers, entre otros– han sonado esta misma alarma de que el país se está volviendo una plutocracia, en una oligarquía.


Gore Vidal no se cansaba de repetir que "Estados Unidos sólo tiene un partido –el de la propiedad, el de las grandes empresas, el del dinero, con dos alas derechas: una demócrata y la otra republicana".


Vidal, a finales de su vida, denunció el fin de la república, llamaba al país Estados Unidos de la Amnesia, donde su historia real quedó en el olvido, y acusó a los medios de colaborar: nuestros regentes no quieren que sepamos nada. Cuando uno tiene una prensa como la nuestra, uno ya no tiene una ciudadanía informada.


La cobertura mediática sigue como si nada de esto estuviera ocurriendo (ningún medio masivo tradicional cita o entrevista a Chomsky y, tal vez por esa enfermedad de amnesia, pocos recuerdan a Vidal). Los noticieros de 24 horas encabezados por CNN, Fox News y MSNBC, entre otros, las agencias de noticias, los principales rotativos cubren la elección como cualquier otra (con algunas excepciones notables), imponen una visión oficial que casi todos estamos obligados a seguir. Así, la mayoría reportaremos sobre cada paso de este concurso, esta carrera de caballos con apuestas multimillonarias, coordinada y manejada –como han señalado repetidamente Chomsky y otros– por la industria de relaciones públicas y publicidad, o sea, los mismos encargados de vender productos como automóviles o pasta de dientes.


Sin embargo, esta pugna electoral hasta ahora no ha seguido el guión impuesto por las cúpulas. La toma del Partido Republicano por una insurgencia radical de derecha, encabezada por Donald Trump y Ted Cruz, ha atraído la mayor atención alrededor del mundo.


Pero a la vez, la dinámica a principios de este proceso electoral no se ha definido sólo por la derecha, sino también por el surgimiento del proclamado socialista democrático Bernie Sanders (cuyas posiciones lo definirían como un socialdemócrata en cualquier otro país), quien goza de mayor apoyo popular que Trump entre el electorado, y quien también está provocando alarma –y hasta histeria– entre las cúpulas políticas y económicas del país.


Chomsky afirmó en una entrevista reciente que Sanders está haciendo cosas buenas y valientes, organizando a mucha gente, pero advirtió que sus perspectivas son casi nulas a largo plazo justo por los intereses que dominan este proceso político. Opinó que esa campaña debería ser dirigida hacia un movimiento popular que usaría la elección como un incentivo para después continuar, y eso no está ocurriendo. Cuando se acabe la elección, ese movimiento va a morir, y eso es un error serio. Lo único que llevará a un cambio significativo son movimientos populares continuos y dedicados que no presten atención al ciclo electoral.


Sin embargo, lo que queda claro por ahora es que hay un hartazgo con el statu quo, con más de lo mismo, algo que se expresa tanto por la derecha como por la izquierda. Trump es un fenómeno alarmante por razones obvias. Pero la expresión progresista desencadenada por Sanders es igualmente sorprendente para las cúpulas. No hay nada que asuste más a las cúpulas que la democracia real –la participación masiva, independiente y constante de sectores sociales conscientes–, y por ahora se portan a veces como si estuvieran al borde de una crisis nerviosa.


En un acto masivo de Sanders este fin de semana, justo antes del inicio del ciclo de elecciones primarias que arrancarán en Iowa este lunes, el acto culminó con el precandidato, un grupo musical y miles de sus seguidores cantando This land is your land, del legendario cantautor radical popular Woody Guthrie, que entre sus estrofas dice: al ir caminando/me topé con un anuncio ahí/de un lado decía propiedad privada/del otro lado no decía nada/ese lado está hecho para ti y para mí.
Que en medio de Iowa retumben los ecos de lo que es un himno al pueblo de este país compuesto por Guthrie, quien tenía escrito sobre su guitarra esta máquina mata fascistas, y que los jóvenes conozcan la letra para cantarla junto con el precandidato más viejo en esta contienda, pues tal vez...


Tal vez la amnesia se fracturó tantito, tal vez ese mar de personas, sobre todo jóvenes, recordó un eco de las luchas de sus antecesores por los derechos de todos los presentes, tal vez se dieron cuenta de que esto se trata de mucho más que sólo ir a depositar una boleta cada cuatro años, a petición de los dueños del sistema.


Tal vez desde atrás del espectáculo se asomará un poco de democracia en este ciclo electoral que arranca este lunes en el país más poderoso del planeta.

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Domingo, 31 Enero 2016 05:59

Cómo funcionan los caucus

Cómo funcionan los caucus

En los caucus republicanos el voto es secreto, pero en los caucus demócratas el voto es cantado y argumentado. Las elecciones de Iowa son las primeras del calendario de primarias y ejercen una influencia desmedida.

 

Cada cuatro años, Iowa acapara la atención mundial con sus caucus, un complejo sistema de votación que desde la década de 1970 sirve como primera prueba de fuego de los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos. Los votantes de Iowa se dan cita en gimnasios, escuelas, restaurantes e incluso domicilios particulares para su peculiar ejercicio de democracia, un proceso rudimentario que puede durar horas y que a menudo incluye apasionados alegatos a favor de uno u otro candidato.


Los caucus son asambleas populares que se organizan en trece estados y varios territorios de Estados Unidos y, aunque no hay consenso sobre el origen exacto de la palabra, muchos aseguran que proviene de la palabra "caucauasu", que en el dialecto de los nativos algonquinos de Virginia significaba "consejero, veterano o asesor".


Al contrario que en elecciones primarias como las que celebra New Hampshire la semana siguiente, los habitantes de Iowa que votan mañana solo pueden hacerlo a cierta hora de la tarde, y deben acudir para ello a una reunión donde se les exige registrarse como votantes del Partido Demócrata o republicano.


En el caso de los republicanos, las reglas son sencillas: acuden a un lugar de votación en uno de los 1681 precintos del Estado y emiten un voto secreto: escriben el nombre del aspirante que prefieren en un trozo de papel y lo meten en una caja. Los demócratas tienen un proceso más complejo, basado en la formación de "grupos de preferencia, en los que tienes que ponerte de pie y declarar tu apoyo a un candidato", resumió Goldford, un profesor de ciencias políticas de la Universidad de Drake en Des Moines Iowa.


Con los aspirantes seleccionados en cada precinto se calcula cuántos delegados tendría cada candidato en la convención estatal que se celebra en junio, y eso se toma como un "termómetro" que influye en las votaciones primarias en el resto del país.


Aun así, Iowa "no determina quién será el candidato" de cada partido ni mucho menos quién será el presidente, porque "desde 1972, solo ha habido tres ganadores de un caucus competitivo que hayan llegado a la presidencia": Jimmy Carter en 1972, George W. Bush en 2000 y Barack Obama en 2008, recordó el académico. Lo que sí hacen los caucus es separar el grano de la paja, determinar "quién no será el candidato" en la convención de ese año, y revelar "fortalezas y debilidades" de cada campaña, añadió.


Muchos estadounidenses consideran injusto que un estado como Iowa –con poco más de 3 millones de habitantes, una economía eminentemente agrícola y una demografía casi exenta de minorías– constituya el punto de partida de la carrera presidencial pese a ser tan poco representativo de la media nacional.


Iowa se convirtió en el primer Estado en votar "por un accidente histórico", después de que George McGovern, un demócrata que era popular en la zona, ganara la nominación por razones que no tuvieron "nada que ver" con ese territorio del Medio Oeste, según Goldford. Pero los asesores de Jimmy Carter tomaron nota, y el ex gobernador de Georgia, poco conocido a nivel nacional, se pasó "unos 14 meses" en Iowa desde 1975, hablando con gente en "cafeterías e iglesias". Su relativa victoria en los caucus de 1976 –hubo más votantes indecisos que simpatizantes de Carter– y su posterior conquista de la presidencia "hizo que la gente se fijara" en el Estado, cuya importancia se solidificó en los años 1980 y 1990.


Esa fama de trampolín para las campañas, sumada la decisión de los partidos de adelantar la fecha de los caucus y a la consiguiente atención mediática, convirtió a Iowa en lo que es hoy.


"Mientras los periodistas piensen que Iowa es importante, los candidatos lo harán, y mientras los candidatos piensen que Iowa es importante, los periodistas lo harán", concluyó Goldford.

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¿Existe una alternativa a la democracia representativa?

El periodista y politólogo Michael Neudecker ha tenido el acierto de recuperar en su blog los debates que sobre "la cuestión democrática", protagonizó el gran jurista marxista y socialista italiano, Norberto Bobbio.


Como bien nos recuerda Neudecker, "no nos representan" fue el grito más popular del movimiento 15-M, expresión de la crisis social e institucional que sufre el país.


La consideración de la actual crisis como una crisis de "régimen" sitúa el debate de la democracia como el debate central de los sectores que quieren y luchan por un cambio en España. Precisamente la "cuestión democrática" fue el eje central del debate que Bobbio sostuvo con los comunistas italianos en los momentos de definición del eurocomunismo, al preguntarse el autor italiano si existía una teoría marxista del estado que permitiese dotar de bases sólidas y creíbles a lo que Pietro Ingrao llamaría una "democracia de masas", superadora de la democracia representativa italiana del momento.


Debate que se reprodujo en 1984 cuando Bobbio publicó su conocida obra "El futuro de la democracia". Si el debate mantenido con el PCI iba dirigido a destacar que la equiparación de la democracia representativa con mera "democracia formal", no era acertado, en "El futuro de la democracia" el autor italiano situaba el debate entre democracia representativa y democracia directa, al entender que esta última, considerada en sí misma, "era una propuesta insensata".


Lejos de pretender una defensa de la democracia representativa desde una óptica conservadora, Bobbio pretendía mantener un debate desde el rigor, al preguntarse si de verdad es posible más democracia dentro de un sistema de economía de mercado. Pregunta, en mi opinión, clave.


La cuestión fundamental de la democracia para Bobbio no estaba, por tanto, solamente en quién toma las decisiones, sino sobre todo dónde se toman. Por lo tanto, según este autor, "si se puede hablar hoy de un proceso de democratización, éste consiste no tanto, como erróneamente se dice, en el paso de una democracia representativa a la democracia directa, como en el paso de la democracia política en sentido estricto a la democracia social".


Este objetivo de "extender la democracia" nos lleva a superar, obligatoriamente, el actual marco político y constitucional y hacer que la democracia "entre" o se extienda a las dos esferas centrales que en la sociedad actual "no funcionan con criterios democráticos". Me refiero al ámbito de la empresa privada y de la administración pública.


Metas que llevan a la necesaria construcción de una alternativa del Derecho, que para hablar claro, conduzcan a la socialización de la propiedad privada y la socialización del poder, donde el "trabajo" pase a ser rector de la vida económica del país, y no solo la propiedad; y transcender en el marco de la administración, la separación existente entre tareas de ejecución (propias de la mayoría de la sociedad) y tareas de elaboración (reservadas a una élite).


Elementos que fundamentan, en última instancia, la aparición de una conciencia política y jurídica constituyente, que tienda a ser una negación en sí misma de la conciencia política y jurídica precedente, es decir, capitalista.

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Rousseff ganó, pero irá a segunda vuelta con Neves

Terminado el conteo de los votos, Dilma Rousseff obtuvo –en números aproximados– 41,5 por ciento del electorado. Y la disputa por el segundo lugar en el ballottage se dio como era esperado: Aécio Neves, del neoliberal PSDB, derrotó a Marina Silva, del PSB.


Sin embargo, hubo sorpresas. Si los institutos de sondeo de opinión dieron en el blanco en lo relacionado a tendencia, se equivocaron, y mucho, con los resultados. Aécio Neves, en lugar de algo alrededor de los 24 o 25 por ciento previstos, logró hacerse con 33,6 por ciento de los votos. Y Marina Silva tuvo que contentarse con un escuálido 21 por ciento del electorado, una votación –alrededor de 21 millones electores– muy similar a la que obtuvo hace cuatro años, cuando disputó e igualmente quedó fuera de la segunda vuelta.


No se trata exactamente del mejor escenario para Dilma. Primero, porque su votación disminuyó sensiblemente comparada con la que obtuvo en la primera vuelta en 2010 (46,9 por ciento –una diferencia que se traduce en cuatro millones menos de votos–). Segundo, porque en tres de los cuatro mayores colegios electorales brasileños, ella no logró una ventaja realmente impactante: superó a Aécio por 700 mil votos en Río, 400 mil en el estado natal de ambos, Minas Gerais, y escasos 110 mil votos en Rio Grande do Sul. Ya en San Pablo, mayor colegio electoral –responde por 22 por ciento del total de votantes brasileños–, la ventaja obtenida por Neves supera los cuatro millones de votos. Y tercero, porque su adversario en ese tramo decisivo contará con el respaldo sustancial de los electores de Marina Silva, para no mencionar el respaldo firme de la totalidad de los medios de comunicación, donde se concentra la oposición más feroz y determinada al PT, en general, y a Rousseff, en particular.


Es verdad que Neves tuvo una doble –e importante– derrota en su provincia natal, Minas Gerais. No logró superar a Dilma (aunque por escasa diferencia) y vio cómo su candidato a la gobernación local fue aplastado por Fernando Pimentel, del PT, ex ministro y amigo personal de Dilma. En Río, tercer colegio electoral brasileño, su votación fue de poco impacto. Así, su sorprendente votación se debió principalmente a San Pablo, donde el actual gobernador, Geraldo Alckmin, de su mismo PSDB, logró una sonora victoria en la primera vuelta, superando hasta las más optimistas previsiones de sus propios correligionarios.

El tradicional adversario de Neves dentro del PSDB, José Serra, obtuvo una contundente ventaja sobre Eduardo Suplicy, derrotándolo en la carrera para el Senado y terminando con 32 años de legislatura del veterano militante del PT.
Así, en la segunda vuelta, cuya disputa empieza hoy mismo, Neves sale acelerado. Cuenta con el respaldo del electorado conservador y antipetista de San Pablo, donde contará con los esfuerzos de un gobernador reelegido de manera formidable. Y cuenta, además, con los problemas que el PT enfrenta en algunas provincias importantes, principalmente Rio Grande do Sul y Río de Janeiro.


La gran incógnita se refiere a la posición que será adoptada por Marina Silva, la gran derrotada en todo ese proceso. La tendencia natural de parte significativa de los votos dirigidos a Silva será que se desvíen a Neves. Los estrategas de Dilma creen que será necesario "recuperar" al menos 30 por ciento de los 21 millones de votos de Marina, lo que significaría unos 6 millones de electores que supuestamente abandonaron a la actual mandataria en medio del trayecto. No será, desde luego, una tarea fácil.


La duda que prevaleció en las horas siguientes al resultado de ayer es sobre cuál será la decisión personal de la candidata derrotada. Para los estrategas del PSDB, a empezar por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, es fundamental que Marina declare formal y oficialmente su respaldo a Neves. Y más: que su partido, el PSB, tradicional aliado del PT, se asuma ahora como parte de una nueva alianza, la que pretende conducir a Neves a la presidencia.
Ocurre que Marina, además de centralizadora y autoritaria, es imprevisible. Tanto puede salir hoy mismo en fervorosa defensa de quien la atacó duramente durante la primera etapa de la campaña como puede cerrarse en silencio por algunos días y luego declararse neutral.


En el PT, se da por seguro de que una parte mayoritaria del electorado de la evangélica ambientalista confirmará su antipetismo y acarreará sus votos para Neves. La cuestión es cómo recuperar la parte significativa que, desilusionada con el PT y Dilma, pasó a apoyar a Silva pero igualmente rechaza el neoliberalismo enfático del otro candidato.
En dos colegios electorales importantes, Minas Gerais y San Pablo, Dilma salió en la delantera en la primera vuelta, y ahora tratará de ampliar su ventaja. En Bahía, también muy importante, el candidato del PT, Rui Costa, en un vuelco espectacular logró derrotar al derechista Paulo Souto, aliado a Neves, y ganar la gobernación en la primera vuelta. Será un respaldo muy importante.

En otra provincia importante, Rio Grande do Sul, el cuadro es bastante más complicado. El actual gobernador, Tarso Genro, petista histórico, obtuvo un resultado inferior a lo esperado: 32,5 por ciento de los votos. Su adversario en la segunda vuelta es José Sartori, del PMDB, quien obtuvo sorprendentes 40,4 por ciento (hace tres semanas no pasaba de los 10 por ciento en los sondeos: ha sido otro vuelco espectacular en una jornada electoral plagada de sorpresas). Pese a que los dos partidos, PT y PMDB, son aliados en el plan nacional, desde luego en Rio Grande do Sul la situación permanece en suspenso. Hay varios sectores del PMDB, en todo el país, que se pasaron a Aécio. ¿Cómo será en Rio Grande do Sul?

Hay, finalmente, dos factores que tendrán que ser tenidos en cuenta. Primero: Lula da Silva estuvo un tanto al margen en esa primera etapa. Pese a estar presente en una gran cantidad de actos pro Dilma, la verdad es que su participación en el comando y en la estrategia de la campaña ha sido más bien discreta. ¿Cómo será ahora? Segundo: al contrario del PT, su rival PSDB carece de militancia de base, capaz de promocionar grandes movilizaciones populares. En esta primera etapa, esa militancia petista poco apareció. ¿Habrá condiciones de llenar calles de manifestaciones masivas en la segunda y definitiva vuelta?

Del lado del PSDB, el cuadro es considerado, por los estrategas de Neves, como muy positivo. Al fin y al cabo, el candidato que hace poco más de un mes parecía al borde de renunciar frente a la estampida de Marina Silva logró un arranque formidable, y llega a la segunda vuelta de la campaña en curva ascendente, mientras que Dilma quedó estacionada. La diferencia entre los dos, de ocho puntos, es considerada vulnerable por la campaña de Aécio. Y a la falta de militancia de base, capaz de movilizar gente, y también a la falta de capilaridad entre las camadas más populares, la campaña pretende responder con un programa electoral fuerte y propositivo en radio y televisión. Ahora, los dos disponen del mismo tiempo, diez minutos al mediodía y otros diez por la noche, además de un número igual de spots publicitarios a lo largo de todo el día.

El blanco preferencial del PSDB está en las clases medias urbanas, especialmente de las regiones más ricas del país, el sur y el sudeste, donde se concentra el mayor contingente de electores. Para eso, contará, además de sus propios recursos, con un apoyo esencial, el de los grandes grupos mediáticos. A Dilma y al PT les espera un largo y complicado camino, pero hoy por hoy, ella sigue ocupando el sitio de favorita.

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Procesos electorales la reducción de la democracia

El primer punto de referencia para acotar lo que puede ser un concepto coherente de democracia es distinguir claramente que el gobierno por el pueblo es algo muy diferente de los procesos electorales en los que se elige a unos cuantos individuos que hacen la Constitución y las leyes, las modifican cuando y como quieren, hacen lo que quieren en el gobierno, no tienen obligación de rendir cuentas de su actuación a los ciudadanos y éstos no tienen forma de participar ni en la aprobación de las reglas ni en las decisiones del gobierno. Se trata de los muchos sistemas políticos en que la participación de los hombres y las mujeres adultas en las cuestiones públicas se reduce al derecho de votar para elegir, entre los distintos grupos que manejan la política del país y de las regiones, a aquellos que van a someterlos y explotarlos, sin que la mayoría de los ciudadanos puedan exigirle nada ni puedan destituirlos. El hecho de que esas oligarquías hayan sido electas por los habitantes adultos de una comunidad, no hace de ellas gobiernos democráticos.


Reconociendo la enorme dificultad para que sean los ciudadanos los que, de manera directa, aprueben las reglas principales y las acciones de gobierno más importantes en una comunidad política numerosa, podemos decir, de una manera inicial, que si la democracia es la participación de la población en el gobierno, una comunidad tiene un gobierno en alguna medida democrático cuando en la aprobación de las leyes fundamentales y en las decisiones administrativas más importantes participan, de manera efectiva, en algún grado, la mayor parte de los adultos que viven en la comunidad.


NO BASTA CON SER VOTADO


Para empezar, es conveniente dejar claro que el gobierno de una comunidad por un individuo o por un pequeño grupo no es una forma de gobierno democrática, aunque esos individuos hayan sido escogidos por la mayoría de los habitantes que tienen la edad suficiente para atribuirles buen juicio. Sostener lo contrario y decir que eso es una democracia, es caer en el absurdo total en el cual un monarca absoluto electo es una democracia y una oligarquía electa sería una democracia.


El engaño con el que unos cuantos hombres y mujeres en los tiempos modernos se han adueñado del poder político en muchos países, reside en que han logrado hacerles creer a sus pueblos que la democracia son las votaciones para elegir a una persona o a un grupo de individuos para que éstos gobiernen y hagan lo que quieran.


A partir de ese engaño, los profesionales de la política, agrupados en partidos formados algunas veces por criminales, dedican todos sus esfuerzos y una gran parte del dinero público a hacerse propaganda para llegar a las elecciones y apropiarse del poder, diciendo que los procesos electorales son la democracia misma. Desgraciadamente, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo que escuchan desde la infancia que la democracia son simplemente las elecciones para que alguno de los grupos de la oligarquía los gobierne, como sucede en otros muchos campos, acaban por creer lo que les enseñan y se dedican a repetirlo.


En muchos países, las elecciones no tienen absolutamente nada que ver con la democracia, ya que no se refieren a ninguna participación directa de los ciudadanos en los gobiernos. Las elecciones, en esos lugares, son casi siempre simples confrontaciones entre las distintas facciones de la oligarquía, que buscan por todos los medios apoderarse de los puestos de gobierno y de los asientos de los falsos representantes para seguir dominando a la población. Para lograrlo, utilizan la propaganda constante, la compra de votos y aun el asesinato de los opositores o de los candidatos propios apoyados erróneamente de manera inicial por quienes controlan los partidos.


Una vez que la población de un país acepta que el gobierno de un autócrata electo o que una oligarquía electa es una democracia, cualquier gobierno basado en una elección popular, aunque sea el más perverso, el más despótico o el más corrupto, puede presentarse como un gobierno democrático.

La trampa es muy sencilla. La clave es simplemente un cambio en el significado de las palabras, a través del cual el gobierno de un dictador o de un presidente autócrata con poder total, siempre que sea aceptado por el pueblo, se presenta como un gobierno democrático, aunque sea el gobierno de un solo hombre. Así, el gobierno de Mussolini a partir de las elecciones de 1924 podría ser considerado, en esa concepción absurda, como un gobierno democrático, y también sería democrática la dictadura del general Pinochet en Chile, especialmente después del referéndum de 1980 en el que se aprobó la Constitución de 1981, en cuyas disposiciones transitorias la Junta de Gobierno militar asumió las funciones legislativas y constituyentes y el citado general se hizo cargo del gobierno y la administración del "Estado". Con esa concepción de la aprobación popular como característica de la democracia, el gobierno de Stalin en Rusia, sin duda uno de los autócratas más notables en la historia del siglo XX, debería considerarse como un gobierno democrático, y el de Muammar el Gadafi, el dictador despótico de crueldad legendaria que durante cuarenta y un años mantuvo en la tiranía a la mayoría de la población en Libia (aparentemente con su consentimiento), también habría sido un gobierno democrático.


REPRESENTAR A NADIE


Usando la misma distorsión de las palabras, los gobiernos formados por los pequeños grupos de individuos dedicados al negocio de la política, aliados a los grandes empresarios y a los líderes más corruptos de las asociaciones de obreros y campesinos que forman oligarquías de rufianes y que se dedican a robar a sus pueblos, al ser electos en votaciones populares se convierten en gobiernos democráticos.

Para que el fraude funcione, los hombres y las mujeres que se han adueñado y se han repartido los poderes de la población, establecen, como en cualquier otra oligarquía, varios "principios" para implantar lo que llaman la "representación política". Se trata de expresiones increíbles que muestran la facilidad con la que se puede engañar a los pueblos: la prohibición del mandato imperativo, que en palabras sencillas quiere decir que los llamados representantes no están obligados ni a expresar la voluntad de los votantes ni a actuar de acuerdo con los intereses de sus electores; la idea peregrina de que los representantes no representan a los electores sino a una nación indefinida, de la cual se desprende que ni los habitantes ni los ciudadanos pueden exigir aclaraciones a esos representantes, ni éstos tienen obligación alguna de rendir cuentas a sus electores, sino en todo caso a esa nación misteriosa cuyos representantes son ellos mismos. Finalmente, el "principio" según el cual no existe la revocación del mandato en materia política, lo que, en palabras comprensibles para la gente común quiere decir que una vez que los ciudadanos escogen a representantes y a gobernantes que no los representan a ellos sino a una "nación" o a un "Estado" indefinido, los escogidos: presidentes, gobernadores, senadores y diputados gozan, durante todo el tiempo que dure su mandato, del derecho de dominar y robar a los habitantes, sin que en ningún caso puedan ser destituidos por quienes los eligieron.


Es así como a través de una "representación política" puramente imaginaria, en la cual los representantes no representan los intereses de los hombres y mujeres que los eligen y éstos no tienen poder alguno sobre aquéllos, el sistema político se convierte en una oligarquía en la que el papel de los ciudadanos se reduce a escoger, a través de un proceso electoral, al pequeño grupo que va a gobernar a la población sin que esos ciudadanos tengan peso ni participación alguna en la aprobación de las leyes o en las decisiones principales del gobierno. Así sucede en el llamado Reino Unido, en donde los hombres que dirigen el gobierno y que controlan el Parlamento que se ostenta como el titular de la soberanía, han construido una "dictadura elegida" (an elective dictatorship), tal y como lo señalaba en su famosa conferencia de 1976 en la BBC Lord Hailsham, quien fue Lord Chancellor en dos ocasiones.


La aplicación de estas fullerías lleva a conclusiones absurdas. La democracia se reduce a un proceso electoral para escoger a los mejores individuos (aun cuando en la realidad muchas veces sean algunos de los peores), los cuales, a su vez, en muchos sistemas políticos, nombran a otros individuos a quienes se les llama los poderes para que ocupen los cargos principales en otros departamentos, y cada grupo se dedica a dominar y, con frecuencia, a robar a la población en sus respectivas áreas. Y lo más incoherente: una vez que los ciudadanos votan, pierden su poder político.

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Qué diferencia hay (o debería haber) entre políticas de izquierda y de derecha

Existe una percepción generalizada en los mayores medios de información y en la cultura general del país, de que la división de las sensibilidades políticas se basa en las políticas que proponen en relación al Estado y al sector público. Se asume que las izquierdas están a favor de la intervención del Estado y la expansión del sector público, y que las derechas están a favor del mercado y del sector privado. Es característico de las fuerzas conservadoras y neoliberales (lo que se llaman las derechas en España, incluyendo Catalunya) acusar a las izquierdas de "estatalismo" y de depender excesivamente del Estado y del gasto público. Parecería, a primera vista, que los datos facilitan esta percepción. Una de las características de las izquierdas ha sido su mayor sensibilidad social, traducida en su mayor apoyo, por ejemplo, al gasto público social.


Pero si uno mira con mayor detalle la relación del Estado con, por ejemplo, la economía, ve rápidamente que esta percepción no está justificada. Una de las mayores intervenciones del Estado, que hemos visto en estos últimos años, ha sido precisamente la masiva ayuda financiera del Estado a la banca, a las compañías de seguros y al sector inmobiliario, lo que en la cultura anglosajona se llama FIRE, incendio en inglés, y que resulta de poner juntas las primeras letras de Finance (Finanzas), Insurance (Compañías de seguros) y Real Estate (Inmobiliaria). Nunca se había visto en la historia reciente tanto apoyo (o, utilizando una terminología que utilizan las derechas, beneficencia) público a un grupo social como al capital financiero, que incluye en un lugar prominente a la banca.

 

Las derechas no son anti Estado

 

En realidad, en todas las sociedades capitalistas el Estado juega un papel fundamental dentro de cada sector de actividad económica. En EEUU, una de las administraciones estadounidenses que se consideran y autodefinieron como más liberales -la administración presidida por el señor Ronald Reagan- fue una de las más intervencionistas que haya habido en la historia de EEUU (desde después de la II Guerra Mundial). El gasto público durante su mandato aumentó como no había aumentado bajo ninguna otra administración, y el intervencionismo estatal se incrementó enormemente, reforzando todavía más el papel central que el Estado tiene en la economía estadounidense (el Presidente Reagan fue el que subió más el gasto militar después de la II Guerra Mundial).


Se desconoce en Europa que el Estado federal de EEUU es el Estado que tiene la política industrial más avanzada de todos los países de la OCDE. Y lo hace a través del gasto militar, que juega un papel clave en la economía de aquel país. Y a todos los niveles. Desde internet hasta el móvil (y muchos más equipamientos de tecnología electrónica y de comunicación), están todos ellos basados en el conocimiento, generado y financiado con fondos públicos, de carácter militar. Apple no existiría si no hubiera existido el Departamento de Defensa, que financió la investigación básica que Apple utilizó y comercializó más tarde. Y un tanto igual en una gran mayoría de los nuevos desarrollos electrónicos.
Parte de este incremento del gasto público militar se hizo también a costa de recortes de gasto público social. Los datos están ahí para todo el que quiera verlo. El tema clave pues, no es Estado sí o Estado no, o gasto público sí o no, sino a quién sirve este Estado. Hoy, la evidencia es abrumadora de que el Estado está profundamente influenciado por el capital financiero (banca, compañías de seguros, hedge funds y una larga lista de instrumentos e instituciones que manejan dinero), así como por los intereses de la minoría de la población que obtiene sus recursos de la propiedad del capital que genera rentas, incluyendo los propietarios y gestores del gran capital (sea este financiero, industrial, o de servicios).

 

¿Cuál debería ser la línea divisoria entre las izquierdas y las derechas?


Hacerse esta pregunta es preguntarse qué es lo que existe en el capitalismo que dificulta y/u obstaculiza el desarrollo humano. Y el punto clave no es tanto el tipo de propiedad (pública o privada), sino el objetivo de dicha propiedad, y la definición de esta propiedad y de su función y objetivo. Bajo el capitalismo existente, la propiedad tiene como objetivo principal proporcionar beneficios a su propietario, el cual tiene la potestad de definir dicho objetivo, objetivo que puede o no servir el bien común. Cuando los banqueros, en su intento de optimizar sus beneficios, desarrollaron prácticas especulativas que crearon la crisis financiera, dañando la vida y el bienestar de la población, estaban actuando según el principio capitalista de poner la acumulación de capital, a los propietarios de capital, como su objetivo principal, sin considerar los desbeneficios a la sociedad. Lo que ha ocurrido muestra claramente el error de anteponer el objetivo de acumulación de capital por encima del bien común. Este es uno de los mayores problemas existentes en el capitalismo.


Las distintas tradiciones socialistas (llámense socialistas, socialdemócratas, comunistas o anarcosindicalistas) se han caracterizado precisamente por identificarse con la lucha para conseguir el bienestar de la población y, muy en especial, de las clases populares, poniendo la propiedad al servicio del bien común. Este bien común exige poner el bienestar de la población como objetivo final, mediante la aportación necesaria según los medios y recursos de cada uno. El famoso dicho de que "de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad" es un principio que sintetiza muy bien la ética y cultura de izquierdas, y subraya que el objetivo de la economía, por ejemplo, no es la acumulación de capital sino el desarrollo del potencial de cada ser humano, respondiendo a sus necesidades.

 

La democracia como objetivo

 

Ahora bien, la otra diferencia es en la identificación de quién define estas necesidades. De nuevo, las derechas creen que estas necesidades las define el cliente a través del mercado. El mercado es el que configura el carácter y usos de la propiedad. Las izquierdas, históricamente, han considerado que debería ser la propia población, no individualmente a través del mercado, sino colectivamente a través de las instituciones democráticas, la que definiera esas necesidades. Consecuencia de ello es que, por lo general, las izquierdas, en los países democráticos, han sido más sensibles y exigentes en el desarrollo de las instituciones democráticas que las derechas. En España el ejemplo de ello es claro y la evidencia contundente. Y ello se debe a que el compromiso que tienen las derechas con el objetivo de la propiedad (aumentar la acumulación de capital) entra en conflicto con el principio democrático. El capitalismo dificulta, e incluso imposibilita, el desarrollo de la democracia, pues la concentración del capital determina la captura de las instituciones democráticas (y los medios de información y persuasión) por parte de este capital, tal como estamos viendo hoy claramente en España y en la Unión Europea. Mírese como se mira, la acumulación del capital hace imposible o limita la expresión democrática. EEUU, el país con mayor influencia del capital, y con mayores desigualdades, es de los países menos democráticos (algo más de la mitad de los congresistas son millonarios). Y por otra parte, los países escandinavos, con menores desigualdades, son los que tienen una mayor expresión democrática.


Y ello me lleva al último punto de la diferencia entre las izquierdas y las derechas: la definición del significado de democracia y su expresión política. Hoy, la inmensa mayoría de las izquierdas en los países de elevado nivel de desarrollo económico no basan su estrategia en la toma del Palacio de Invierno, año A, día D, hora H, por el partido revolucionario armado, pues aceptan la vía democrática. Ahora bien, hay muchas maneras de interpretar la democracia. La más generalizada ha sido la vía representativa, que se expresa a través de las instituciones representativas (los parlamentos, como máxima expresión), basándose en el principio de que cada ciudadano debe tener la misma capacidad decisoria en la gobernanza del país, expresada a través de procesos electorales. Un voto, igual de determinante, para cada ciudadano. El mayor problema con esa vía es que prácticamente en ningún sistema democrático dicho principio se aplica. Casi no existen sistemas parlamentarios auténticamente proporcionales. Y ello no es por casualidad. A mayor influencia del capital, menor es la proporcionalidad, pues el objetivo del capital es disminuir por todos los medios posibles ese principio democrático. EEUU y España, con su bipartidismo (que siempre favorece a las derechas), son claro ejemplos de ello.

 

Democracia no es solo votar cada cuatro años

 

Pero la otra limitación del sistema representativo es que, además de la carencia de diversidad mediática (limitada por la enorme influencia del capital), tiende a la profesionalización de la política y al establecimiento de una clase política que desarrolla intereses propios y reduce la política al "politiqueo entre las élites gobernantes de los partidos", limitando la participación ciudadana a votar cada cuatro años. La democracia representativa, incluso la proporcional, es insuficiente. Se requiere, además de democratizar la democracia representativa, la democracia directa, a través de la activa participación ciudadana, constante y directamente, no solo en la gobernanza del país, sino también en la gobernanza de los lugares de trabajo, de los barrios, de los lugares de ocio y dondequiera que existan actividades colectivas. Y ello no quiere decir (como maliciosamente dicen las derechas) estatalismo, sino participación ciudadana. Los referéndums (derecho a decidir), una de las formas de democracia directa más común, deben ser utilizados ampliamente en cualquier sistema democrático, en todos los niveles de gobierno. Democracia y bienestar y calidad de vida son, pues, las dos dimensiones claves que deberían definir a las izquierdas. Democracia como fin, y democracia como estrategia.


Indudablemente habrá una enorme resistencia por parte del Estado, enormemente influenciado por las fuerzas conservadoras, que utilizarán todo tipo de represión y violencia provocadora. Y es enormemente importante no responder a estas provocaciones con la fuerza física. La violencia es enormemente reaccionaria, pues distancia las izquierdas de la población (que siempre rechaza la violencia). Hoy, la gran mayoría de la población está de acuerdo con los principios clave que sostienen (o deberían sostener) a las izquierdas, es decir, está de acuerdo con la necesidad de redefinir la democracia, rechazando este Estado actual, heredero de una Transición inmodélica que dio lugar a un Estado escasamente democrático, corrupto, y coaptado por intereses financieros y económicos. Nada menos que cerca del 80% de la población española está de acuerdo con el dicho del reciente movimiento 15-M "no nos representan". Y de ahí la urgencia de mantener este apoyo popular, del cual las izquierdas derivan su poder. Y más de 86% de la población está también de acuerdo con el eslogan de que el estado no está sirviendo a la ciudadanía en sus necesidades cotidianas.


Y es ahí, precisamente, donde las izquierdas deberían centrar sus esfuerzos. Las izquierdas tendrían que centrarse en hacer propuestas reales y resolutivas para solucionar los problemas que angustian a las clases populares de este país, guiándose por los principios socialistas que he indicado anteriormente. Cuando se establece un servicio nacional de salud encaminado a responder a las necesidades de la población, definidas por ella misma, y financiado con fiscalidad progresiva, se está caminando hacia el socialismo, independientemente de cómo se llame. La gran mayoría de la población está de acuerdo en esta medida. Cuando se está destruyendo un servicio nacional de salud, sustituyéndolo por compañías de seguros o de gestión privadas que tienen como objetivo aumentar sus beneficios, se está destruyendo el socialismo, y construyendo el capitalismo.


No aconsejo por lo tanto, que se intenten patrimonializar estos cambios poniéndoles una etiqueta. Utilizar términos y narrativas genéricas como "anticapitalismo" o "socialismo" tienen poco sentido cuando nos distancian de la ciudadanía o cuando se los percibe como excluyentes. Hay que ser conscientes de que ninguna de las revoluciones socialistas en el siglo XX, desde la revolución bolchevique a la cubana o china, movilizaron a la población con la llamada al socialismo. Lo que movilizó a la población fueron propuestas reales, inmediatas, que conectaban con su vida diaria (el ansia por la paz, por la reforma agraria, por el fin de la dictadura). Fue la rigidez del sistema autoritario existente en estos países frente a esta petición de reformas la que creó su colapso. Las revoluciones no se hacen pidiendo la revolución, sino pidiendo programas reformistas que, de no poder realizarse, determinan movilizaciones populares que exigen el fin de regímenes autoritarios o escasamente democráticos. Y es aquí donde estamos.

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