El diputado y exmilitar Jair Bolsonaro dedicó su voto a favor de la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff, al "coronel Ustra", uno de los más destacados torturadores durante la dictadura militar de Brasil (1964-1985), que había torturado también a Dilma.


Bolsonaro es uno de los políticos más populares de Brasil. Tiene el 20% de las intenciones de voto para las elecciones de 2018, detrás sólo de Lula, pero delante de los demás candidatos de todos los colores. No sólo defiende la dictadura militar, sino que considera la tortura como una práctica legítima, defiende la pena de muerte y rechaza las cuotas para afrobrasileños en las universidades, ataca a los homosexuales y es contrario al matrimonio igualitario.


Es diputado desde 1991 y en 2014 fue reelecto como el más votado de Río de Janeiro con casi medio millón de votos. Como militar participó en un grupo de artillería de campaña y, como paracaidista, defiende desde entonces aumentos de salarios para los militares y sostiene que la crisis brasileña sólo puede resolverse con mano dura.
Se presenta como el candidato 'antiestablishment', que recoge tanto los votos de quienes rechazan a la izquierda como los que desconfían de la derecha. No realiza alianzas con los políticos 'tradicionales', pero se presenta por el Partido Ecológico Nacional (una de las siglas más recientes del escenario electoral), luego de haber integrado seis formaciones políticas.


En su blog de campaña defiende un mayor rigor disciplinario en las escuelas, la reducción de la edad penal, el armamento de los ciudadanos para proteger sus propiedades, mayor seguridad jurídica a la actuación policial y los valores cristianos.


La pregunta es por qué un político de extrema derecha que defiende posiciones a contracorriente del sentido común y de la historia política reciente de Brasil tiene tamaña popularidad, al punto que sobrepasa a Lula en Rio Grande do Sul, uno de los estados más politizados del país y el primero en haber sido gobernado por el Partido de los Trabajadores.


Encuentro cinco razones de peso para explicar el crecimiento de Bolsonaro, aunque estimo que difícilmente consiga la Presidencia, ya que en una segunda vuelta es muy probable que más de la mitad de los votantes le de la espalda.


La primera es la herencia de la dictadura militar. En Brasil no existió una ruptura con el régimen como la hubo en Chile, Argentina y Uruguay con los 'Nunca Más', que mostraron ante la opinión pública las infamias cometidas por las Fuerzas Armadas contra la población. Precisamente el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra fue el primer militar en haber sido condenado como torturador recién en 2008.


Para muchos brasileños la dictadura militar fue un periodo de auge de la economía y de importantes obras públicas, de modo que la imagen de esos regímenes no está asociada a la violación de los derechos humanos como en los demás países de la región.


La segunda cuestión es la herencia colonial y la presencia de un racismo asfixiante. Brasil fue uno de los últimos países en abolir la esclavitud, recién en 1885, pero la cultura esclavista perdura hasta el día en hoy, en particular entre los terratenientes que tienen guardias armadas para la defensa de sus propiedades. Aún existe trabajo forzado en las plantaciones de café y, "entre 1996 y 2014, unos 48.700 esclavos han sido liberados".


Más de la mitad de los brasileños se definen como afrodescendientes, pero una parte considerable (alrededor del 25%) vive en favelas y el resto es pobre, accediendo sólo a trabajos precarios y mal pagados. En la cultura de las clases medias, la mujer negra está destinada a ser empleada doméstica y al varón se lo suele considerar como delincuente.


Por eso el rechazo de Bolsonaro al ingreso de negros a las universidades recibe tanto apoyo. El sector blanco y de clases medias de la población siente profundo rechazo a la presencia de negros ligares tanto en los centros universitarios como en las salas de espera de los aeropuertos, ya que el ascenso económico que experimentaron bajo los Gobiernos del PT les permitió acceder al consumo.


La tercera razón se relaciona con la crisis del sistema político. Los dos últimos Gobiernos, el de Rousseff y el actual de Michel Temer, alcanzaron una aprobación muy baja, menor al 10% del electorado. De alguna manera se trata de un profundo rechazo a los políticos que fue aprovechado primero por la derecha para destituir a Rousseff y ahora por la extrema derecha.


El no haber realizado una reforma política de fondo (el Parlamento tiene casi 30 partidos) que incluya la financiación estatal de las campañas, es uno de los mayores problemas del sistema político. La dependencia de los partidos de las donaciones de empresas privadas y estatales está en la base de la corrupción que investiga la operación Lava Jato.
La cuarta razón que explica la derechización del electorado es la crisis económica. Durante tres años consecutivos, la economía de Brasil retrocede, configurando la mayor crisis en la historia del país. Luego de una década en la que el país fue la cuarta economía del mundo (cayó hasta el 10º puesto), el Gobierno de Temer está dispuesto a privatizar buena parte de las empresas estatales para resolver el mayor déficit fiscal en su historia.


Esto se traduce en desempleo y endeudamiento de las familias, que ya no pueden pagar sus cuentas. Hay claros síntomas de exasperación, en particular entre las clases medias urbanas que estaban acostumbradas a estándares de consumo que mejoraban de año en año.


Por último, el fracaso de la izquierda es utilizado como elemento de legitimación por la candidatura de Bolsonaro. El principal pecado de los Gobiernos encabezados por Lula y Dilma es la corrupción. Para muchos analistas y para buena parte de sus votantes, un Gobierno de izquierda podía cometer errores, pero nunca pensaron que llegarían a ver a sus dirigentes históricos entre rejas por haber robado o tolerado la corrupción.


Aunque es muy difícil que Bolsonaro se haga con la Presidencia, las ideas de extrema derecha han conseguido instalarse en Brasil y es muy difícil que retrocedan si no se transforman las realidades estructurales que están en la base del racismo, la militarización y la violencia en la vida cotidiana.

 

18:59 08.09.2017(actualizada a las 19:01 08.09.2017) URL corto

Publicado en Internacional

‘Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo’ es el nuevo libro escrito por Decio Machado (Brasil-Ecuador) y Raúl Zibechi (Uruguay), una lectura necesaria para pensar el campo popular de la región, en tiempos donde el minuto a minuto electoral parece licuar las perspectivas críticas. De paso por Córdoba, invitado por el Colectivo de Investigación ‘El llano en llamas’, Zibechi repasó algunas observaciones del libro y otros análisis de coyuntura.


“Con el progresismo hubo más capitalismo”, plantea el colaborador de La Jornada, Brecha y La Vaca, entre otros medios del continente, y uno de los autores-activistas referente de las luchas de los movimientos antisistémicos. La frase no es mera provocación, tiene un sentido profundo en torno a la construcción de historias de vida en grandes masas de la población, con hondo alcance en el tipo de valores colectivos e individuales que este sistema configura y que pareció sorprender a más de uno a partir de los resultados de las elecciones de 2015.


El libro, editado por Autonomía-Pié de los hechos, “es un intento de hacer balance del periodo progresista y por otro lado desarmar algunas ideas falsas”. “Sostengo que en Cuba hubo una revolución, no sé si en Bolivia o en Venezuela hubo revolución ¿Pudo haber revolución que no haya tocado uno de elementos centrales del aparato estatal como las Fuerzas Armadas? Ahí comparamos los debates y procesos que hubo en Cuba con los que hubo en Bolivia y Venezuela. Queda para mí claro que no hubo proceso revolucionario”, señala el autor.


A eso agrega otro ítem, “el famoso tema de la desigualdad”. “En el periodo progresista disminuyó la pobreza, pero también disminuyó con los gobiernos conservadores. Pero no disminuyó la desigualdad, porque el extractivismo es una máquina de generar desigualdad. Entonces el trabajo busca poner en diálogo esos temas y mostrar que el progresismo tuvo cosas interesantes, como el empoderamiento de sectores populares, que es un efecto indirecto, pero que no todo lo que dice el progresismo de sí mismo es como lo dice”. Y además, resalta los “efectos negativos, como el consumismo o la dependencia de las políticas sociales del capital financiero, algo demostrado”. “Con un dinero del Estado por política social tengo una tarjeta con la que puedo comprar una moto o un plasma, eso es una expansión y profundización del capitalismo”.


El trabajo repasa, por ejemplo, el crecimiento del endeudamiento de los sectores populares en Brasil al tiempo que los bancos hicieron jugosos negocios durante el lulismo, como nunca antes. El trabajo se orienta a debatir dentro del propio campo popular y de las izquierdas acerca de los horizontes emancipatorios lejos de miradas posibilistas.
Frente a las urgencias que marcan los voceros del sistema de partidos, reacomodando nombres propios frente a cada elección, Zibechi deja un mensaje acerca de los caminos de emancipación colectiva que, entiende, serán duraderos si surgen de abajo, sin tener base en la tutela del Estado ni política social alguna, por más progresista que sea, en contextos donde “el modelo extractivo deja afuera a la mitad de la población”. “Debemos insistir, promover y fortalecer las alianzas urbano-rurales, la recuperación de tierras, la soberanía alimentaria como camino hacia la autonomía”.


Apuntes del libro


Entre las líneas de trabajo, el texto intenta pasar a discutir a partir de las diversas experiencias revolucionarias del siglo XX, y qué tipo de subjetividad han promovido las izquierdas en el poder. Con una marcada crítica a la visión teleológica del marxismo ortodoxo que confió ciegamente en la apropiación de los medios de producción controlados por Estados centralizados, sin cuestionar el productivismo irracional ni la persistencia de la monetización de la vida, el trabajo va pasando por textos surgidos al calor de la truncada sovietización rusa, los ricos debates de la revolución cultural china y las reflexiones sobre los objetivos que debiera tener la economía en la incipiente Cuba revolucionaria de la década del sesenta. Cuestiones como el trabajo voluntario, la relación campo-ciudad y la organización horizontal de la producción van siendo revisadas con profundas críticas y valiosos rescates en torno a textos de Lenín, Mao y Guevara, entre otros.


El libro recuerda las revueltas frente al neoliberalismo que atravesaron el continente en la larga década del noventa, para luego centrarse en analizar los progresismos, y compararlos en perspectiva histórica y coyuntural. Observar que bajo los gobierno del PT la parte más rica de Brasil concentra más recursos que durante el neolierbalismo, que la Colombia derechista redujo más la pobreza que la Revolución Ciudadana de Ecuador en el mismo período o el sensible aumento de las muertes a manos de la policía en Argentina durante el kirchnerismo comparado con la década anterior son datos que se van entremezclando con análisis de fondo acerca de los ‘límites del progresismo’.


El eje central del trabajo pasa por revindicar el conflicto social nacido desde abajo como motor de las grandes transformaciones estructurales de la sociedad en contraposición a las democracias electoralistas, que si bien han reducido la pobreza no han sacudido las estructuras profundas de la desigualdad en el continente: basta ver la situación de vivienda, salud pública y educación en las diversas geografías. Asimismo no han alterado las fuerzas de seguridad ni los mecanismos de participación y financiamiento de la política, aspectos clave en la construcción de otros horizontes emancipatorios.


Sin dejar de reconocer logros de estos gobiernos, el libro apunta a mantener vivo el sentido crítico en el campo de los ‘abajos’ o de los ‘movimientos antisistémicos’ contra cierta intelectualidad que “olvida los protagonistas populares que hicieron posible el ciclo progresista y sólo atienden al papel de los dirigentes que, en sintonía con toda tradición del pensamiento crítico, debemos considerar que juegan un papel secundario” (162). En América Latina, plantean los autores, la contra-hegemonía “significa poner en cuestión los componentes sustantivos de la modernidad: el predominio de la razón científica, el pensamiento ilustrado, el concepto de desarrollo y acumulación, así como nuestra relación de control y dominio de la naturaleza” (100).


Punteo de la coyuntura


Consultado sobre el actual escenario en la región, específicamente sobre Colombia y Venezuela, Zibechi reflexiona: “En algunas zonas campesinas, las FARC era un principio de orden y freno al narco aliado a los paramilitares. Esta transición fortalece el campo paramilitar. Veremos qué sucede. Pero la guerra contra los de abajo sigue, en forma de goteo, porque no cesa la muerte de dirigentes populares”. Mientras que en Venezuela observa “una puja muy fuerte de poder, donde el madurismo mantiene un apoyo electoral importante, pero también lo tiene la oposición”. “Es una sociedad partida al medio, y eso hace que sea cuestión de tiempo que estalle en un conflicto”. Zibechi expresa su rotundo rechazo y llama a “impedir la injerencia de Estados Unidos y las empresas extranjeras” y aclara que “eso no implica apoyo al madurismo, que entiendo está derivando en un creciente militarismo, donde el núcleo del poder está en las Fuerzas Armadas, lo cual significa un problema”.


En torno a este escenario, dice: “sin dejar de poner la mirada en la realidad local y el análisis de clase, hace falta prestar mucha más atención en el crecimiento exponencial de las tensiones internacionales. Hace diez años no me hubiese imaginado la situación actual de Siria ¿hoy es tan loco pensar esa situación en Venezuela donde Estados Unidos, Rusia y China tienen intereses? El escenario se está moviendo muy rápido, y nuestra capacidad de comprensión de la realidad internacional no se está moviendo tan rápido. Hago un llamado a pensar geopolíticamente desde los movimientos”.

 

Leonardo Rossi
La Tinta

Publicado en Sociedad

El gurú de Macri se ve vencendor, pero advierte: "El peronismo es una religión, no se puede acabar en un día”

 

Jaime Durán Barba, el gurú ecuatoriano de Mauricio Macri, su principal asesor estratégico y de comunicación, es a sus casi 70 años uno de los personajes más criticados por el poder argentino. Le acusan de pensar solo en la imagen y olvidarse de la política real. Pero esas críticas se apaciguan cuando Macri obtiene buenos resultados electorales, como pasó hace dos semanas. Ahora todos se rinden a las técnicas modernas de Durán Barba, concentradas en redes sociales, mensajes sencillos, poco discurso y mucho análisis de encuestas. Acaba de publicar un libro -La política en el siglo XXI, arte, mito o ciencia (Debate)- en el que explica con detalle ese método exitoso. Rápidamente se ha colocado entre los más vendidos en Argentina.


Pregunta. Usted dijo que fue un milagro que Macri ganara en 2015. ¿Se consolida el milagro?


Respuesta. Desde 2006 nunca perdimos una elección, y van nueve. Hay una metodología que nos hace eficientes en las elecciones. Porque es un trabajo científico, que se basa en no tener prejuicios. Nosotros por ejemplo analizamos todo lo que pasaba a nivel de manzana en el conurbano, dónde hay cloacas y no, luz o no, quien manda a sus hijos a la escuela y quien no.


P. Pero justo en el conurbano es donde peor les va, ahí gana Cristina Kirchner.


R. Ahí hay mucha pobreza. Son barrios formados cuando ya había un esquema populista. Siempre hubo este aparato de los llamados punteros, que otorgan pequeños beneficios pero mantienen la pobreza.


P. Cristina Kirchner usó sus mismas armas esta vez, mucho márketing político. Y ganó en Buenos Aires. ¿Les descolocó?


R. Nos copiaron. Todo lo que hizo Cristina está en el capítulo quinto de mi libro. Yo esperaba otra campaña, sin duda. La copia fue buena. Pero hizo un cambio tan radical, que no era creíble. Si yo saco a [María Eugenia] Vidal [la gobernadora de Buenos Aires, macrista] llena de joyas y dando alaridos, la gente va a decir “¿qué le pasa? ¿se volvió loca?”. Cristina hizo un cambio tan radical que la gente dijo “¿qué le pasó?”


P. Pero le fue bien a Kirchner, ganó con todo en contra.


R. No creo que se pueda decir que le fue bien porque empató con Esteban Bullrich [exministro de Educación]. Ahora es una líder barrial, ni siquiera provincial, casi cantonal [se ríe]. Para alguien que fue dos veces presidente empatar frente a un joven exministro de Mauricio no es un gran triunfo. Jugó un candidato totalmente bisoño con una de las políticas más importantes que ha tenido este país en décadas. Cristina es inteligente, valiosa, conoce lo que hace, tiene una experiencia política enorme. Ella no hizo su carrera por ser esposa de Néstor [Kirchner]..


P. ¿Perder contra ella no es una derrota?


R. Ganamos 101 municipios de Buenos Aires, ellos 16. Si perdemos la provincia de Buenos Aires no es una novedad, ha pasado durante 80 años. Lo grave para ellos es que perdieron San Luis, Córdoba o Santa Cruz, su provincia. Aguantaron en feudos que tienen controlados casi militarmente. Ella tiene un techo muy fuerte.


P. Muchos daban a Kirchner por acabada hace un año. ¿Usted no?


R. Nunca la di por muerta, yo siempre dije que podía ganar en Buenos Aires. El peronismo es una especie de religión política, no se puede acabar con ellos de un día para otro. El PRO hace tres años solo existía en la ciudad de Buenos Aires. Lo más importante de las últimas elecciones es que surgió un tercer partido nacional en Argentina. Más allá de si Cristina gana o pierde por cuatro votos. Dejó de ser una dirigente nacional.


P. ¿Cuál es el secreto de sus campañas?


R. Se trata de no hacer campaña como antes, con mítines, parafernalia. Nosotros estudiamos mucha psicología, como son los seres humanos. Desde la aparición de la televisión empieza a crujir la idea de los líderes estatua. Nosotros hacemos campaña sin mentir, sin actores. Va Macri a una casa y si lo reciben bien sale y si lo reciben mal obviamente no lo sacamos al aire pero no hay teatro. Nuestros políticos están en la calle, van a la compra. Porque lo más peligroso para un político es perder el sentido de la realidad, la egolatría. Se creen tan sobrehumanos que terminan siendo una tontera. Hay que ser normales, no tener sirenas, escoltas. Eso ayuda al equilibrio psicológico. En el grupo de Macri trabajamos mucho eso para evitar el síndrome de Hubris (el de los que creen que lo saben todo). Ya no hay estatuas ni dioses, solo seres humanos. Solo un ignorante puede pensar que lo sabe todo. Y Macri no lo es.


P. ¿La crisis económica puede acabar con Macri?


R. Hay mucha gente que lo está pasando mal. Claro que es un problema. Pero lo que sustenta el macrismo es la esperanza. La gente en las encuestas dice que está mal pero cree que va a estar mejor. Veamos el francés Macron, el único parecido a Macri en el mundo. Se ha hundido su popularidad en tres meses. Macri es el presidente mejor valorado del continente. Que Macri, después de tomar medidas de ajustes que fueron inevitables, y cuando todavía no se ven los resultados, gane las elecciones intermedias, es un poco absurdo. Es una victoria espectacular.


P. ¿Sigue pensando que la ideología no importa?


R. Cada semana tenemos personas del partido timbrando las casas. La gente nunca nos habla de nada de lo que le interesa al círculo rojo [así llama al mundo de la política y la prensa]. Jamás dicen vos sos de izquierda o de derecha. A nadie le importa un carajo eso. Estadísticamente en Argentina hay un 7% de izquierda y un 5% de derecha. Al resto no le interesa. Y la prensa no para de decir que Macri se va a la derecha o al centro. ¿Quién lee hoy a Perón, a Yrigoyen? Nadie. La ideología lleva a hacer locuras. En España, por ejemplo, Podemos es un movimiento muy interesante, pero cuando apoyan a la dictadura militar venezolana se hunden, y lo hacen por ideología, porque dicen que son antiimperialistas.


P. ¿Argentina se ha convertido en un laboratorio de márketing político, una guerra en internet entre consultores? Esta campaña parecía una batalla entre usted y el español Antoni Gutierrez-Rubí, que asesoraba a Cristina.


R. Los consultores son necesarios. Pero creo que lo de Cristina fue un error. Su gente está acostumbrada a seguir al líder, ahora ella viene diciendo que es una más y muchos dicen ¿qué le pasa? Ahora pesa mucho más lo que la gente dice en Facebook que lo que dice el propio candidato. El vídeo de Vidal y Brancatelli [un choque de la gobernadora con un periodista kirchnerista] lo vieron tres millones de personas. Eso mueve mucho más que el editorial del periódico Perfil en el que yo escribo, por ejemplo. Mi columna me cuesta mucho trabajo, pero me leen unas 10.000 personas. Yo no influyo nada, ese vídeo de Vidal sí.


P. Pero ese enfrentamiento estaba preparado por usted, ¿no?


R. Eso es otra cosa. Yo soy un técnico que sabe hacer campañas electorales, que es creativo, y ahí sí logro influir. Venimos trabajando desde 2004, en México, cuando nos dimos cuenta que la internet era una revolución total para la política. Estamos mirando todos los días para no quedarnos atrás. Cristina también se mueve bien en internet, es evidente que ha leído obras actuales. Los políticos que no han leídos cosas de esta época post internet no entienden nada. Ha colapsado el sistema político. Mira México, Brasil, Chile. En Perú casi todos los expresidentes están en la cárcel.


P. ¿Por qué aguanta Macri?


R. Porque entiende el nuevo tiempo, evita la pedantería. Si Macron tuviera tres personas del equipo de Macri aguantaría mejor. Muchos no entienden este nuevo mundo en el que los jóvenes se sienten totalmente libres. Es horizontal, hay que analizarlo de otra manera. En Argentina llegó un cambio que vino para quedarse. Este era el peor momento para Macri, porque tomó medidas difíciles y aún no se ven los resultados. Y lo ha superado.


P. ¿La gran ventaja de Macri es la división de la oposición?


R. Es evidente que no cuajaron las alternativas a Cristina como [Sergio] Massa. Es una ventaja. Lo que pasó con los Kirchner fue demasiado escandaloso, hay mucha gente que quedó fastidiada.


P. ¿Y el mayor riesgo para Macri cuál es?


R. Que tengamos un fracaso económico serio. ¿Puede pasar? Y sí, si este loco de EEUU le bombardea al loco de Corea, todo puede pasar. Pero no creo. El cambio en Argentina no es fácil, es un país muy corporativista, con mentalidad muy de mediados del siglo XX. Pero hay procesos políticos. Más de la mitad de los argentinos han asumido que este país no da más con este modelo y hay que cambiarlo. Ganar estas elecciones ha sido un triunfo espectacular. Y el 22 de octubre [las elecciones definitivas para renovar buena parte del Congreso] vamos a ganar porque hay una ola.


P. Cristina entonces no podrá volver al poder en 2019?


R. Pensar que porque Cristina Fernández pueda ganar en Buenos Aires puede volver a la presidencia es pensar que unos barrios son toda Argentina. No es así. Es puro mito todo. En todos los países hay gente que gana en una provincia o una ciudad y no puede hacer nada a nivel nacional. Nada es imposible en política pero es muy poco probable que vuelva.

 

Buenos Aires 23 AGO 2017 - 15:50 COT

Publicado en Política
Lunes, 14 Agosto 2017 06:59

Argentina. La noche negra y la esperanza

El triunfalismo periodístico oficialista no condice con el resultado de las PASO. Los tipos festejaron anoche a lo tilingo, una vez más, pero sin ver que el país real, el pueblo argentino, no los aprueba ni ahí. Al cierre de esta nota el promedio de votos que obtuvieron en todo el país rondaba el 35%. Una de cada tres voluntades, lo que es lógico en una sociedad clasemediera y urbana. Y lo que no está nada mal, porque como ya hemos dicho, su gran mérito es que por primera vez en la historia de este país han conseguido unificar a toda la derecha. Ése es el cambio verdadero, que es significativo y nos señala desde ahora mismo la gran tarea del campo nacional y popular. Como en 1946 y en 1952, como en 1973 y en 2011.

Esta, me parece, es la lectura que está faltando. Dos de cada tres compatriotas les dijimos que no y los puteamos de diversas formas, pero los tipos ahí están y van a seguir estando por un rato más. Aunque en octubre, cuando los porotos realmente cuenten, les ganemos como es posible que suceda.

Lo cierto es que hay una paradoja que parece esquizofrenia nacional. Porque el resultado que celebró el gobierno, y que lamenta el panperonismo, para nada se condice con el clima real que se vive en el país real. Un clima de tristeza y desaliento, de miedo y hambre, de resentimiento y furia contenida porque se trata de un pueblo manso al que desde hace un año y medio le vienen tocando el culo mientras cantan que sí se puede bajo globos amarillos.

Una cosa es más cierta que el color verde del césped sintético: este país está siendo arrasado y la mayoría de la población está en la ruina; vive cada vez más miserablemente y el atropello gubernamental es un hecho, y no sólo porque con la desdicha de Santiago Maldonado empezaron las desapariciones como en la dictadura, igual que con la prisión de Milagro Sala y la Corte Suprema reformada por decreto se inició hace un año y medio el desastre institucional.

La sorpresa de anoche habrá sido grande para muchos, mas no para los que esperábamos resultados como los que con fanfarria y fanfarronería anunciaron los medios oficialistas, que son casi todos, con pocas y honrosas excepciones.

Estas PASO fueron lo que son: una interna que sólo decide un orden de candidaturas. La elección verdadera será en octubre, cuando seguramente, como viene la mano, el fraude va a ser más escandaloso aún.

Y es que la empresa española Indra, a cargo del escrutinio, fue contratada a través del Correo Argentino y sacando la licitación de la órbita de la Dirección Nacional Electoral. Mediante una licitación hiperdenunciada como hecha a medida, solamente Indra podía cumplir. Quizás como pago de favores, el Correo incorporó poco antes del comicio como director de Asuntos Públicos al ex director electoral del kirchnerismo,el Sr. Alejandro Tullio, hoy macrista y, se dice en algunos mentideros, estrecho amigo de amigos del presidente.

Indra se dice en la web que embolsaría unos 25 millones de dólares por el servicio. Y aunque pueden ser exageraciones, lo que se sabe es que está o estuvo involucrada en un escándalo de corrupción en España que le costó el puesto a la intendenta madrileña Esperanza Aguirre, y ahora parece que también está bajo investigación en Brasil.

Pero lo más interesante es lo que publican varios medios digitales argentinos que cualquiera puede consultar: el director general de Indra, el Sr. Ricardo Viaggio, es un empleado histórico de Socma, el emblemático holding del Grupo Macri, con el que infinidad de medios aseguran que ha seguido en vinculación desde mediados de los años 90, cuando los Macri hacían negocios fabulosos con Menem.

A la vista de esto, es imposible no ironizar con una constatación: qué raro que se equivocaron todos los encuestadores del país. Todos. Cosa ‘e Mandinga.

Pero que se naturaliza porque la Argentina está degradada como nunca antes en democracia. Sin Corte Suprema, sin Justicia confiable, sin un sindicalismo creíble, con la transparencia en coma, frivolizada la vida política mediante pasquines televisivos como Intratables o los circenses espectáculos de TN, y con un peronismo atomizado y desencantado por obra y gracia de casi todas sus dirigencias, o la gran mayoría, sólo faltaba este mazazo.

Porque es increíble, absolutamente no creíble, que en un país hecho bolsa estos tipos, serviles chirolitas de la embajada, y estafadores y mentirosos como sus patrones mediáticos, van a ser la nueva mayoría de la democracia.

Así que ahora, apechugar, argentinos y argentinas. Estábamos mal y ahora quizás peor, porque perdimos no sólo una primaria sino el rumbo. Con las mayorías populares dispersas, y dirigentes oportunistas a carradas, no podía ser otro el resultado.

Pero digamos también que no por eso estamos perdidos. A muchos nos queda conciencia patriótica y, si la vida alcanza, incluso hay muchos veteranos con tela para prestar servicio.

El cuento de la legalidad para invalidar reclamos populares es eso: un cuento necio por donde se lo mire. Porque la legalidad, siempre, es menos que la legitimidad. Lo supieron Belgrano y Moreno y otros patriotas el 25 de Mayo de 1810 cuando iniciaron la rebelión contra la metrópoli, que era todopoderosa y también tenía a la cabeza aquí a un troglodita impresentable. Así los Estados Unidos le quebraron la mano a las leyes británicas. Y así también doblegamos la legalidad videla-masserista aunque el costo fue altísimo. Porque no tenían legitimidad. Y es que las leyes –y la Constitución es la primera ley– se cambian cuando las empuja la sociedad, la ciudadanía, el Pueblo. Que es el único que puede romper las artimañas y candados que las constituciones tienen. Ésa es lo que plantea desde siempre El Manifiesto Argentino. Trabajar por una nueva Constitución Nacional de fuerte esencia participativa, nacional y popular.

 

 

Publicado en Política
Domingo, 13 Agosto 2017 09:21

Argentina. Elecciones en tiempos agitados

Los días previos a la elección fueron una escena que convendría no olvidar nunca. Alguien tendría que hacer un análisis crítico de cómo se fue generando un clima colectivo de tensión, miedo, furia y asombro que no es habitual. No es la primera vez que votamos en un clima enrarecido. Pero la relación entre la gravitación institucional de esta elección y la atmósfera que se respira es muy llamativa: parece que cierto sector del establishment no cree que lo que se está resolviendo en estas horas es una nueva distribución de bancas parlamentarias. Así se ha descargado una insólita y desmesurada artillería mediática en un territorio social ya muy atravesado por dolores, tensiones y conflictos. Hemos tenido desde guerrillas patagónicas bruscamente decididas a la lucha final por emanciparse de la Argentina, hasta una avalancha especulativa sobre el dólar que según los especialistas es obviamente atribuible a una candidatura a senadora y al “peligro” de que tenga un buen resultado electoral. En el medio, operaciones comunicativas a tiempo completo concentradas en el acoso judicial a un ex ministro y alguno de sus familiares y un despliegue de impúdica intensidad de candidatos oficialistas en la grilla comunicativa de los monopolios del ramo. Todo esto impacta de por sí. Pero además en estos mismos días el país vive la desaparición de una persona, después de que muchas otras personas lo vieran detenido en una camioneta de la Gendarmería. Santiago Maldonado es el nombre de un episodio muy duro para la conciencia colectiva del país. Son muchas las cuestiones que deben ser rápidamente esclarecidas si es que se quiere demostrar compromiso con la convivencia pacífica entre los argentinos. Son muchas y conciernen directa o indirectamente al gobierno nacional. La naturalización de una situación como ésta sería suicida para la democracia.

 

El inusual barullo político, social y comunicativo de estos días está indicando que están encendidas algunas luces amarillas en ciertas zonas poderosas de nuestra sociedad. Que le asignan a esta elección una importancia política central. El estado de alerta va mucho más allá de la suerte de uno u otro partido. Incluso la suerte electoral de este gobierno no es la preocupación central. De lo que se trata es del registro del estado de ánimo popular que ese resultado pueda exponer y de los efectos futuros que pudiera causar en ese estado de ánimo. El camino recorrido desde la última elección hasta aquí no parece ser muy significativo dentro del conjunto de la reestructuración histórica del país en lo económico, en lo cultural y en lo político que un sector muy definido y muy conocido de nuestra sociedad sostiene y difunde intensamente en sus medios. El programa político de este sector es tan antiguo y conocido que no vale la pena extenderse mucho al respecto; se lo podría resumir como el proyecto de suprimir la diferencia argentina. La diferencia argentina consiste en los recursos históricamente acumulados por las clases populares argentinas, en sus herramientas orgánicas y en sus capacidades morales para activarse en la defensa de sus conquistas. En esa diferencia consiste el problema para imponer el programa. El salario es un costo más y hay que bajarlo para que el país gane competitividad. Hay que terminar con las mafias jurídicas. Con las mafias sindicales. Hay que despejar la calle de activistas peligrosos. Disminuir los prejuicios garantistas, pero no contra los grandes delincuentes económicos sino contra los morochos que son apresados por portación de cara. Basta de universidades en barriadas populares. Del nacionalismo científico-técnico que nos hace sospechables para los poderosos del mundo. Basta de controles financieros por parte del Estado (aunque de esto ya no queda casi nada) y de reglamentaciones corporativas que ahogan la libertad de mercado. Basta de industrialismo patriotero que nos aísla. La lista podría seguir un rato largo. Pero en todos los casos se trata de un programa largamente añorado por las clases dominantes. Que rigió, incluso, gran parte de nuestra vida democrática desde 1983. Pero que no alcanzó a estabilizarse, a convertirse en consenso político plenamente dominante. Es un programa cuya vigencia nos lleva mucho más atrás de 1983 y que fue el consenso oligárquico previo al primer peronismo, el proyecto que volvió a ponerse en marcha después de 1955, fue implementado a sangre y fuego en los años de la dictadura, tuvo una etapa muy favorable en los años noventa y sufrió el histórico descalabro de 2001. El resultado de la elección de 2015 fue la señal de largada de un operativo político dirigido a cambiar de manera veloz, profunda y duradera la matriz político-cultural del país. Tendrán el apoyo de este arco de poder aquellos que logren mejores aptitudes para llevar a buen término este proyecto.

 

Todo el mundo sabe que después de la elección de octubre empieza una etapa cualitativamente superior de la puesta en marcha de este rumbo. Hoy se admiten la lentitud y la condescendencia en su impulso porque lo prioritario es la creación de buenas condiciones político-electorales. Pero después habrá que ser implacables porque es la única forma de ganar la confianza política de los “mercados”. Se acumuló mucha plata en la cúspide social durante estos meses pero el problema sigue siendo la consistencia política, la durabilidad de esta nueva situación. Y la consistencia política no es solamente electoral. Más aún, los resultados electorales de una elección intermedia tienen su principal importancia no tanto en el Congreso sino en la calle, en los barrios, en las fábricas y oficinas. Las elecciones son como asambleas populares después de las cuales unas acciones quedan más validadas que otras. Pueden quedar validadas la aceptación y el consenso o la protesta y el rechazo. Claro que esto no sale limpiamente del recuento de los votos sino que es una intuición colectiva de cómo quedaron las cosas después de ese recuento. Esa intuición colectiva será bombardeada por todo tipo de operaciones mediáticas. Pero el voto popular suele tener una consistencia muy difícil de horadar con la posverdad.

 

Así es que, por ejemplo, la movilización sindical de protesta prevista para el 22 de agosto no será inmune a la influencia del voto popular. Una u otra intuición colectiva será decisiva para la existencia o no de un plan de lucha coordinado y escalonado contra la política económica y social. La situación sindical, la de las barriadas populares, las clases medias urbanas, los sectores profesionales, universitarios y científico-técnicos tenderán a colocarse en tal o cual actitud individual y colectiva según el resultado. Después de la elección, cualquiera sean sus resultados habrá un país que atraviesa una situación muy tensa y compleja. Condicionado además por un mundo que ha dejado hace rato de parecerse al mito neoliberal de la paz de la globalización y en el que reina una profunda crisis, una agudización de la injusticia, el descarte sistemático de la gran mayoría de los seres humanos y una creciente tendencia guerrerista imperial. El resultado será un mensaje sobre cómo debe moverse el país en ese marco.

 

Desde mañana se librará, en consecuencia, una batalla de interpretaciones. Es previsible que el establishment mediático fuerce una lectura “nacional” de los datos, en los que la dispersión de las fuerzas de oposición mejore la imagen electoral del gobierno. Sin embargo, si ha quedado algo claro en los días de la campaña, si algo ha sido unánime, para bien o para mal pero para todos, es la centralidad excluyente de la elección de la provincia de Buenos Aires. Centralidad que está en el porcentaje del padrón que el distrito representa y en la potencia económica, social y cultural de la provincia. Pero también en el contenido simbólico del que son portadoras las principales candidaturas. Por eso será muy difícil -si es que eso resultara necesario- que la matriz interpretativa impuesta por las cadenas mediáticas pueda desdibujar la importancia de ese resultado. Sería muy interesante que mañana todos –particularmente quienes tienen responsabilidad de gobierno– entiendan que la voluntad popular debe ser interpretada, aún en su complejidad y en sus contradicciones, como una poderosa fuerza a respetar y ponderar hacia el futuro y no como una señal a favor o en contra en una guerra contra un enemigo mortal.

 

Por último, la votación será también un mensaje hacia fuera de nuestras fronteras. Los acontecimientos políticos argentinos son importantes también como parte de una pulseada muy fuerte y muy evidente, que tiene en el centro un gran dilema: si la región va en la dirección de la plena restauración neoliberal en una fase particularmente intensa y violenta o se sostiene el proceso abierto a comienzos de este siglo, en la dirección de una integración entre naciones libres y soberanas que se orientan hacia sociedades más justas e igualitarias. Cada vez aparece más necesario que las fuerzas nacionales y populares de la región alcancen niveles de coordinación muy superiores a los actuales. El extraordinario paralelo entre las situaciones de Brasil y Argentina, sumado a la articulación de las derechas de ambos países en el bloque golpista contra el actual gobierno venezolano muestra el alto grado de vinculación que tiene el futuro político sudamericano. El resultado de hoy también debería ser evaluado en ese contexto.

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Lunes, 07 Agosto 2017 08:14

Nada simple


El detective romano Francesco Ingravallo sabe que en la investigación de un crimen no hay una relación unívoca entre causa y efecto. En cambio, sigue la concepción de su creador Carlo Emilio Gadda, que lo pone a trabajar en el caso de El zafarrancho aquel de la Vía Marulana.

Para Gadda-Ingravallo, el mundo aparece como un "sistema de sistemas". Dicho de otra manera: que cada elemento de un sistema contiene otro sistema y cada uno de ellos, a su vez esta ligado a una genealogía de sistemas.

Esto parece, es cierto, demasiado complicado. Pero esta noción difiere de aquella que denota a la complejidad. En palabras de Edgar Morin, se trata de superar la ambición del pensamiento simple para interpretar e incluso controlar lo real y, en cambio, ejercitarse en pensamiento que sea capaz de dialogar, o como él sugiere, negociar con lo real.

En el ámbito científico se ha desarrollado el campo denominado Complejidad. Un bosque tropical es un ejemplo usual de un sistema complejo y tiene que ver con aspectos de la teoría de la evolución.

En esta concepción hay una característica clave que tiene que ver con la emergencia, o sea, el hecho de que el todo es más que la suma de las partes.

La economía con las redes intricadas de mercados y múltiples tipos de transacciones y agentes es un caso paradigmático de un sistema complejo o, dicho a la manera de Gadda, de una genealogía de sistemas.

En el campo de la economía la concepción del mercado se desarrolló agregando elementos individuales, por ejemplo, el consumidor y sus preferencias para definir la demanda de un determinado producto, el que fuera, o hasta de la economía en su conjunto. Del otro lado se agregan las empresas representativas que en el marco de una "competencia" perfecta generan la oferta de los distintos productos.

Entre ambas se define el precio de equilibrio que se restituye ante cualquier cambio de las condiciones iniciales. El asunto se plantea de modo simple. Combinando ambas condiciones se define el precio de equilibrio y las premisas del sistema garantiza que esa condición siempre se consiga.

Una de las consecuencias, decisiva por cierto, de ese pensamiento mecánico es que, aun a su pesar, ocurren las crisis, se genera desempleo, hay episodios de inflación y devaluación, la riqueza y el ingreso se concentran y la información se controla. Todo esto solía pensarse como una cuestión de imperfecciones del sistema simple planteado en los manuales con los que se enseña a los economistas.

Pero las imperfecciones no son tales. Esos fenómenos son parte de la complejidad del sistema y puede aplicarse a una economía de mercado "libre" y, también, a una de tipo planificado.

George Soros, el muy exitoso especulador financiero, expuso su método en un libro titulado con una clara intención, La alquimia financiera. Ahí define el concepto de la reflexividad como las situaciones que enfrentan a participantes pensantes entre los que se genera una interacción de sus pensamientos o decisiones y la situación en la que participan. Por un lado pretenden comprender la realidad y, por la otra, conseguir el resultado deseado. Ambas funciones operan de direcciones opuestas, interfieren una con la otra y provocan que lo que se suponía como dado se vuelva contingente.

Es pues un acto de simpleza concebir que el hecho de que el índice de la bolsa de valores de Nueva York supere por vez primera los 22 mil puntos signifique que necesariamente se abre el camino a una recuperación notable de la actividad productiva y que, además, sea sostenible.

También es un acto de simpleza decir que ese alto nivel de precios de las acciones y la creación de más empleos se deba a las acciones del gobierno de Donald Trump. En el primer semestre de su presidencia no ha habido ninguna acción concreta que apunte a la recuperación. Lo que hay es una expectativa de que eso ocurra y de ahí surge la reflexividad. Hoy por hoy, la economía muestra una tendencia que se inició en el gobierno de Barack Obama y que sigue su curso.

Lo que sorprende es que los expertos en cuestiones políticas afirmen que en estos pocos meses Trump haya podido cambiar esa tendencia. Esa es una simpleza. En cuanto a los operadores de la bolsa, están haciendo su trabajo: especular tomando posiciones en aquellas empresas que se espera puedan beneficiarse más de una reforma fiscal que aún no ocurre, o de cambios regulatorios que aún no se definen.

Podría darse el caso de que algunos especuladores operen en corto, es decir, especulando con el hecho de que más adelante los precios de las acciones caigan. Eso ocurrió de forma grotesca con el llamado big short que definió buena parte de la crisis de 2008.

Simple es, asimismo, pensar que las recientes revisiones al alza del producto esperado para este año en México representen cambios estructurales suficientes en el funcionamiento de la economía. En ese terreno, hoy las tasas de interés son más altas, la inflación es mayor, los salarios siguen siendo muy bajos y la concentración del ingreso prosigue.

Además, ya estamos de plano en la temporada electoral y la experiencia es que ocurren en este proceso fuertes distorsiones que corresponden al ciclo político de la economía. En éste, la polarización da las campañas, las pugnas entre los grupos de interés, facciones y partidos no son ajenas a las decisiones que ocurren en un sistema complejo y con el efecto clave de la emergencia: la suma de las partes es menos que el resultado, cualquiera que este sea.

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Domingo, 06 Agosto 2017 06:08

La constituyente en sus perspectivas

72 horas de las elecciones de la asamblea nacional constituyente, Venezuela está en una tensa calma. No puede decirse que la vida ha vuelto a su normalidad, pero contrasta con los más de cien días de protestas que la precedieron, incluyendo el de los comicios, que ha sido el más sangriento de todos, con 16 muertos.

 

Como las cosas cambian de hora en hora, es imposible saber si este panorama cambiará para cuando estas líneas lleguen a sus lectores, más allá de que hay motivos para suponerlo. Aunque la oposición parece abrumada por los hechos y uno de sus principales partidos ha manifestado su voluntad de ir a los comicios regionales de diciembre, viendo las cosas en una perspectiva más amplia, es difícil pensar que esta calma no es la del ojo de un huracán.

 

Veamos: está por reunirse una asamblea nacional constituyente que no ha sido reconocida por Estados Unidos, la Unión Europea, Colombia, Reino Unido, Panamá, Brasil, Argentina, Paraguay, México, Costa Rica, Chile y Suiza; hay un presidente considerado dictador por Estados Unidos y sometido a sanciones que pueden tener un importante impacto en la economía; pende la amenaza de otras medidas, que en el caso más extremo incluirían a la industria petrolera; la oposición que es mayoritaria no ha podido romper el bloque de poder, al menos no lo suficiente como para obligar a una transición, cosa que puede favorecer el surgimiento de otros liderazgos; hay un chavismo disidente que puede crecer, sobre todo ahora que sectores que participaron en la constituyente se han unido a las denuncias de fraude; las protestas sociales que han ocurrido de forma autónoma a los partidos de oposición no tienen motivos para detenerse; y una economía en bancarrota, que de aplicarse más sanciones se pondría peor. Pocas sumas podrían ser más inflamables que la del descontento social, más la crisis de legitimidad, más la condena internacional. La suma de todos estos factores es potencialmente explosiva. Detengámonos en tres que pueden resultar clave.

 

LA PROTESTA SOCIAL

 

Primero, hay que entender que el gran telón de fondo de todos estos acontecimientos es una crisis económica y social muy profunda. Estructuralmente, ya suma unas tres décadas, pero en lo coyuntural se ha agudizado por la combinación de la caída de los precios del petróleo y los resultados desastrosos del Primer Plan Socialista de la Nación, aplicado a partir de 2007. Esto impulsó una conflictividad social ascendente que poco a poco se fue politizando y radicalizando. La gente que protestaba reclamando que el gobierno le resolviera problemas puntuales comenzó a protestar contra el gobierno, a hacerlo de forma cada vez más violenta y a ver en la oposición una alternativa. Si algo caracterizó los cien días de movilizaciones que hemos vivido desde marzo fue que sectores populares y usualmente chavistas se unieron de diversas formas, aunque muchas veces con una agenda propia y hasta distinta a la de la dirigencia opositora. Han sido objeto de una represión particularmente severa, pero eso no ha logrado acallarlos y no hay ningún pronóstico en la economía que puede hacer pensar que sus grandes problemas se resolverán en lo inmediato. Venezuela tiene la inflación más alta del mundo, un desabastecimiento del 80 al 90 por ciento en muchos rubros, especialmente la medicina; vive una dolarización de facto en los precios del mercado negro y un hambre creciente: si en 2015 era un escándalo que un tercio de los venezolanos comiera sólo dos veces al día, hoy es común ver ejércitos de personas escarbando en la basura por las calles.

 

No es de extrañar, entonces, que la oposición haya arrasado en las elecciones legislativas de 2015. Con la Asamblea Nacional en sus manos, emprendió el camino para convocar, de acuerdo a la Constitución, un referéndum para revocar el mandato de Maduro. La propuesta tuvo rápidamente un 70 por ciento de respaldo, según los sondeos. La respuesta del gobierno fue anular en la práctica a la Asamblea con constantes sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, que sistemáticamente alegaba la inconstitucionalidad de todo cuanto hacía. Después, cuando la oposición logró sortear todos los obstáculos para obtener las firmas necesarias para solicitar el referéndum revocatorio, otras sentencias, esta vez de tribunales de provincia, suspendieron el proceso. La indignación produjo una ola de protestas que, sin embargo, fueron detenidas para darle opción a un diálogo mediado por el Vaticano que no logró ningún resultado. Entre tanto, el Consejo Nacional Electoral (Cne) postergaba infinitamente la convocatoria a las elecciones regionales y municipales.

 

PÉRDIDA DE LA LEGITIMIDAD

 

En marzo de este año otra sentencia del Tribunal Supremo disolvía en la práctica la Asamblea Nacional, asumiendo las funciones legislativas. El escándalo que produjo internacionalmente, así como la denuncia de inconstitucionalidad por parte de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, hasta entonces una de las grandes adalides judiciales del chavismo, hicieron que Maduro reculara, pero también prendieron la chispa de un ciclo de protestas inédito hasta ahora en la historia venezolana. Marchas multitudinarias convocadas por la oposición, disturbios de todo tipo, que a veces incluyeron quema de casas del Partido Socialista Unido de Venezuela y entidades gubernamentales, y derribo de estatuas de Chávez; saqueos y decenas de muertos, llevaron a que Maduro optara por la solución de convocar una asamblea constituyente. No obstante, fue convocada sin atenerse a lo estipulado por la ley y sin respetar los principios de individualidad y universalidad del voto: cada circunscripción eligió un representante, sin distingo de la población; como a eso se le unió otra elección “sectorial”, había electores que podían votar dos o tres veces, por su circunscripción y por sus “sectores”. Era evidente que quería evitarse que los municipios más poblados, generalmente opositores, se impusieran.
Naturalmente esto sólo elevó la conflictividad. Detener la constituyente se convirtió en la gran bandera. Según los sondeos, sólo había una intención de voto del 13 por ciento, mientras el rechazo ascendía al 70 por ciento. El 16 de julio la oposición logró el prodigio de que siete millones y medio de personas salieran a la calle para firmar contra la propuesta. Después convocó a dos paros exitosos, al tiempo que la comunidad internacional pedía su suspensión y que in extremis se intentó retomar el diálogo. Pero Maduro siguió adelante. Se hicieron los comicios en medio de un día sangriento de protestas y del llamado a la abstención por parte de la oposición. Esa noche se anunció que 8 millones de personas habían ido a votar, es decir, no sólo más de las que habían firmado el 16 de julio... sino tantas como las que votaron por Chávez en la elección en la que recibió más respaldo. Es una cifra que pocos creen. Las mejores estimaciones calculaban unos cinco millones (y otras tan sólo dos millones y medio). Smartmatic, la empresa encargada de las máquinas de votación, declaró tres días después que efectivamente hubo manipulación.

 

CONDENA INTERNACIONAL

 

La sospecha del fraude terminó de decidir a muchos países a desconocer los resultados. El impacto de esto dependerá del tipo de sanciones que se establezca, cosa en la que Estados Unidos jugará un papel clave. Inicialmente, se les han aplicado a algunos altos funcionarios del régimen y a Maduro. Como van de congelar sus bienes en Estados Unidos a prohibir hacer negocios con ellos, parece que la idea es cercarlos internacionalmente. Es probable, por ejemplo, que la declaración de Smartmatic tenga que ver con eso. Pero también pueden aplicarse medidas a la industria petrolera, aunque ello acarrea el riesgo de hacer aun más penosa la vida de los venezolanos y, sobre todo, de que suba el precio del combustible en Estados Unidos.

 

En cualquier caso, Donald Trump tiene un buen margen de acción. Una decisión de Chávez que tuvo justo el efecto contrario al esperado lo ayudó a esto. Como Venezuela cada vez le vendía menos petróleo a Estados Unidos para diversificar su mercado, actualmente a Trump le resultaría más fácil sustituir los 700 mil barriles que recibe de Venezuela por lo que puedan venderle otros proveedores. Por el contrario, Venezuela necesita cada vez más de Estados Unidos, porque los otros mercados son países que pagan a crédito, o con servicios y especies (Petrocaribe), o China, que ya pagó por adelantado en un fondo en el que no queda dinero, por lo que el petróleo que se le envía está hipotecado. El flujo de caja, entonces, lo produce el odiado imperio del Norte. Además, no es fácil colocar esos 700 mil barriles de crudo pesado en otros mercados, por lo menos no a buenos precios. Queriendo ser más independientes de Estados Unidos nos hicimos más dependientes que nunca.

 

Este es el contexto venezolano a 72 horas de la constituyente. Como se ve, comienza una travesía que se vislumbra larga y, lamentablemente, llena de turbulencias.

 

*Historiador venezolano, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas.

Publicado en Política
Sábado, 05 Agosto 2017 08:05

La asamblea constituyente madurista

El fallecimiento de Chávez en el año 2013 y el colapso de los precios del petróleo que ocurrió poco después significaron el derrumbe de dos pilares fundamentales del proceso bolivariano, y es a partir de entonces que éste entra en una profunda crisis. La crisis estructural del agotamiento del patrón petrolero rentista que venía dándose desde comienzos de la década del 80, y que parecía haberse superado en la primera década de este siglo, reaparece con renovado vigor.

 

Maduro, careciendo de la capacidad de liderazgo de Chávez, gana las elecciones presidenciales del año 2013 con una diferencia de menos de 2 por ciento de los votos. En 2015 la oposición gana por muy amplia mayoría las elecciones parlamentarias, obteniendo dos terceras partes de los escaños, mayoría calificada con la cual podía nombrar a los integrantes del Tribunal Supremo de Justicia (Tsj) y del Consejo Nacional Electoral (Cne). El gobierno de Maduro rápidamente reconoce que ha perdido la mayoría del apoyo popular e igualmente que no puede preservarse en el poder si se somete a los límites que le impone la Constitución.


Comienzan así a tomarse una serie de decisiones que en forma consistente van apartando al gobierno de la Constitución bolivariana: se cancela el referéndum revocatorio que había sido celebrado como una de las conquistas más importantes de la democracia participativa; se posponen las elecciones de gobernadores que obligatoriamente tenían que realizarse en diciembre de 2016; se nombra en forma inconstitucional a los integrantes del Tsj y el Cne, y finalmente, desconociendo por primera vez los resultados de una elección popular, a través del Tsj el gobierno declara que la Asamblea Nacional (el parlamento) está en desacato y reparte sus atribuciones constitucionales entre el Ejecutivo y el propio Tsj. Desde febrero del año 2016 el presidente Maduro ha venido gobernando con base en poderes autoatribuidos de estado de emergencia, sin contar para ello con el aval constitucionalmente requerido de la Asamblea Nacional y por un período muy superior al máximo permitido por la Constitución.


En estas condiciones se produce de abril a julio una fuerte ofensiva contra el gobierno por parte de la oposición. Ésta combina la realización de masivas movilizaciones pacíficas en las principales ciudades del país, actividades violentas, destrucción de instalaciones públicas de educación, salud y transporte, e incluso actos terroristas y la operación de grupos paramilitares que cuentan con apoyo externo. El gobierno responde con una indiscriminada represión complementada a su vez por colectivos civiles armados que atacan violentamente a las movilizaciones opositoras. El resultado es una escalada de violencia que ha producido más de 120 muertos, centenares de heridos y detenidos, muchos de ellos pasados directamente a tribunales militares.


Es éste el contexto en el cual el presidente Maduro anuncia el 1 de mayo la convocatoria a una asamblea nacional constituyente (Anc). Una Anc se asocia a un acto democrático, al inicio de un proceso participativo en el cual los más amplios y diversos sectores de la sociedad podrán deliberar, negociar y acordar criterios y normas básicas sobre las formas de avanzar en la dirección del modelo de sociedad al cual se aspira. Este fue, efectivamente, el caso de la constituyente convocada mediante un referéndum nacional en los primeros meses del gobierno de Chávez, en el año 1999. Esta rica experiencia nada tiene en común con la convocatoria hecha por el presidente Maduro.


Si bien la Constitución no es totalmente explícita al respecto, sí establece una diferencia clara entre “tomar la iniciativa” de la convocatoria (que lo puede hacer el presidente), y “convocar”, que es una atribución exclusiva del pueblo soberano (artículo 347). Esto implica que se debería haber realizado un referéndum consultivo sobre si se convocaba o no, tal como ocurrió en el año 1999. Obviamente esto no se hizo porque el gobierno no contaba con el apoyo electoral requerido para ganar esa consulta. Igualmente problemático fue el diseño de las bases comiciales, absolutamente arbitrario y no democrático que buscaba convertir a la actual minoría de apoyo al gobierno en mayoría aplastante en la Anc.


Se alteraron las formas en se habían realizado las elecciones anteriores, se creó un doble régimen de representación: territorial y sectorial. En el régimen territorial se le dio una extraordinaria sobrerrepresentación a los municipios rurales, menos poblados, sobre los municipios urbanos que concentran mayor población y donde es mayor el rechazo al gobierno. Se violó en forma expresa e intencional el principio constitucional de la representación proporcional.
Fue igualmente problemático el diseño de la participación sectorial. En las bases comiciales se definió que se elegirían constituyentes sectoriales en representación de cada uno de siete sectores de la población. Se dejó fuera del derecho al voto sectorial aproximadamente a cinco millones de ciudadanos, creándose una diferencia entre ciudadanos de primera con derecho a votar dos veces, y unos ciudadanos de segunda que sólo tenían derecho a un voto.


De acuerdo a la Constitución, el voto no es obligatorio. Sin embargo portavoces del gobierno, comenzando por el presidente, amenazaron con las graves consecuencias que tendría para los ciudadanos su no participación. Se utilizaron las listas de los empleados públicos y trabajadores de las empresas del Estado y de los beneficiarios de los programas sociales para advertirles que perderían sus empleos y beneficios si no votaban. Una vez pasadas las elecciones se multiplican las denuncias de la aplicación efectiva de estas sanciones.


Para estas elecciones el Cne desmontó los principales mecanismos de control que habían convertido al sistema electoral venezolano en un modelo de transparencia y confiabilidad. No se llevaron a cabo varias de las auditorías exigidas por las normas electorales. No se utilizó tinta indeleble destinada a garantizar que cada votante sólo pudiese votar una vez. Se eliminó de hecho el papel de los cuadernos electorales. Estos cuadernos eran auditados con la participación de representantes de los diferentes grupos políticos para confirmar su exactitud. Cuando el Cne decidió, a última hora, que los votantes podían hacerlo en cualquier centro electoral de su municipio, y luego incluso fuera de su municipio, desapareció este vital instrumento de control y transparencia del proceso electoral.


Como consecuencia de la forma inconstitucional en que se convocó a la Anc y los plazos perentorios establecidos para el registro de los y las candidatas, sólo participaron como candidatos, votantes y testigos los partidarios del gobierno. Esto convirtió a las elecciones del 30 de julio prácticamente en unas elecciones internas delPsuv sin testigos externos.


Se les prohibió a los medios de comunicación la cobertura del proceso electoral al impedir a los periodistas acercarse a menos de 500 metros de los centros de votación. Esto convirtió a estas elecciones en un proceso que lo es todo menos público.


El presidente de Smartmatic, empresa que suministró la base tecnológica de todos los procesos electorales totalmente automatizados realizados desde el año 2004, declaró que no podía garantizar la veracidad de los resultados presentados por el Cne porque éstos habían sido manipulados y se había inflado en por lo menos un millón el número total de votantes.


No existe razón alguna para tener confianza en los resultados anunciados por el Cne. Éste anunció la participación de 8.089.320 votantes, cifra, por decir lo menos, altamente sospechosa. No tiene relación alguna con lo que indicaban, sin excepción, todos los principales estudios de opinión que se habían realizado en el país antes de las elecciones, que proyectaban niveles de participación muy inferiores, ni con los exit polls.


Estos resultados han producido un severo malestar entre sectores de base del chavismo y algunos de sus aliados en el Polo Patriótico. Ha quedado claro que las postulaciones fueron diseñadas de tal manera de asegurar que el nuevo poder constituyente fuese una fiel expresión del poder constituido, garantizando la elección de todos los altos dirigentes del Psuv y de todos los ministros y gobernadores que renunciaron a sus cargos para postularse a estas elecciones.


Los severos problemas que hoy enfrenta el país no son de orden jurídico-normativo. No es mediante modificaciones constitucionales que se va a resolver la severa crisis humanitaria en los ámbitos de la alimentación y la salud, la profunda recesión y deterioro del aparato productivo o la existencia de una deuda externa que no hay como pagar. Menos aun puede esperarse que una constituyente que, en el mejor de los casos, no contó con el respaldo de 58,47 por ciento del padrón electoral, pueda servir como instrumento de diálogo y de paz.


Se ha producido en estas elecciones un desmantelamiento del régimen electoral que con tanto esfuerzo se había logrado montar desde el año 2004. En un país tan polarizado, con tanta violencia, este desmantelamiento no es poca cosa. Nos deja sin un pilar fundamental de las posibilidades de la convivencia democrática. Ya no contamos con un árbitro confiable. Ya no se trata de si se realizarán o no elecciones, igualmente hay que interrogarse sobre el para qué de procesos electorales si el supuesto árbitro neutral, pública y notoriamente, ha dejado de serlo. ¿Qué ocurrirá en el país si esto conduce al cierre total de toda opción electoral? ¿Significará que se instalará la violencia, el terrorismo paramilitar y la represión estatal como la forma de procesar nuestras inevitables diferencias?


A partir de hoy, viernes 4, cuando al parecer se instale la nueva asamblea constituyente, el país entra en un período de mayor incertidumbre. Los portavoces del gobierno han anunciado que se trata de una asamblea plenipotenciaria y supraconstitucional que podrá, por ejemplo, intervenir directamente a la Fiscalía General de la República y remplazar el parlamento nacional actual, cuya vigencia está prevista hasta enero del año 2021. Independientemente de si en el futuro se consulta o no a la población sobre la nueva Constitución que elabore este cuerpo, a partir de este momento el gobierno pasa a desconocer, por la vía de los hechos, la Constitución del año 1999.

* Sociólogo venezolano, integra la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución en Venezuela, y fue uno de los principales organizadores del Foro Social Mundial de 2006 en Caracas.

Publicado en Internacional
Sábado, 05 Agosto 2017 07:38

Digo tan sólo lo que he visto

Como León Felipe, puedo decir “Yo no sé muchas cosas, es verdad” respecto de la realidad política, social y económica de Venezuela, me limito, como testigo –acompañante internacional1 de la elección de la Asamblea Constituyente–, a decir “tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos”.

 


En efecto, lo que hemos presenciado con otros 43 acompañantes internacionales y con cinco miembros del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela) es que lo ocurrido durante las elecciones en Venezuela es diametralmente opuesto a lo que sostiene la mayor parte de los medios de comunicación nacionales e internacionales y diversos gobiernos de derecha y extrema derecha encabezados por Estados Unidos, tales como Argentina, Brasil, Colombia, España y México.

Puedo decir muchas cosas que viví personalmente: la orden del gobierno de Estados Unidos a los diplomáticos para que sacaran a sus familias de Venezuela y a sus connacionales para que hicieran acopio de alimentos; las suspensiones de vuelos de Avianca e Iberia a Venezuela y la tensión y preocupación que estas medidas produjeron en la población. Los llamados de la oposición a impedir el acto electoral por todos los medios; los atentados contra puestos de votación destruyendo el material electoral; los atentados a guardias nacionales con lanzacohetes caseros que hirieron gravemente a quienes trataban de garantizar el libre derecho al voto; los bloqueos de calles para impedir el acceso a circuitos electorales que se encontraban en la zona este de Caracas; el cierre de edificios con cadenas y candados desde afuera para que la gente no pudiera salir a votar.

Como contrapartida, para evitar que el sabotaje electoral tuviera éxito, había guardias policiales y militares en un radio de 500 metros alrededor de los circuitos; se habilitó un gigantesco estadio deportivo, el Poliedro, para que pudieran votar los ciudadanos que viven en las zonas donde no se pudieron instalar las mesas electorales; se habilitó el voto en cualquier circuito dentro de cada uno de los departamentos para facilitar la participación y evitar riesgosos traslados.

Participamos en múltiples actividades en las que se informó sobre los mecanismos de funcionamiento del proceso electoral, en particular el sistema informático; acompañamos el traslado del material electoral y la preparación de las mesas; entrevistamos a múltiples candidatos, observando una competencia real entre diversas posiciones dentro del Psuv y de los partidos del Polo Patriótico respecto de los cambios que deberán incluirse en la Constitución.

El día previo a la elección la situación era muy preocupante porque se produjeron múltiples acciones de sabotaje para destruir los circuitos electorales e impedir el acto eleccionario. La amenaza de acciones violentas de mayor envergadura era un riesgo real.

El día de la elección estuvimos en la instalación de algunas mesas; recorrimos durante el día un número importante de circuitos donde se votaba con absoluto orden y tranquilidad. Hablamos con mucha gente y la preocupación principal era lograr la paz.

Esta visión puede ser cuestionada porque una sola persona puede abarcar sólo un espacio muy pequeño de un universo muy amplio –más de 14 mil mesas y 19 millones de habilitados para votar– y, además, porque su visión puede ser poco objetiva, tanto por posible parcialidad respecto de las posiciones que se contraponen, como por el desconocimiento de las características de la sociedad y el marco institucional que la regula.

Para tratar de dar al lector una visión un poco más amplia, se presentan los documentos emitidos por los acompañantes internacionales2 y la misión de acompañamiento del Ceela.3 Cabe aclarar que la categoría de “observador electoral” –el que valida o invalida en forma vinculante el resultado de la elección– no existe en Venezuela porque no está prevista en su Constitución, la cual atribuye la decisión final sobre el proceso comicial al Consejo Nacional Electoral. Lo mismo sucede en Uruguay.

Dice la misión de acompañamiento del Ceela

El Ceela está integrado por expertos que fueron presidentes y magistrados de organismos electorales de América Latina, los cuales no pueden ser tildados de parciales. En la misión se destacan los siguientes expertos: Nicanor Moscoso Pezo (de Ecuador, director de la misión); doctora Silvia Cartagena (El Salvador); Guillermo Francisco Reyes González (Colombia); doctor Gastón Soto (Perú); doctor Augusto Aguilar (Honduras).

De las conclusiones de su exhaustivo informe extractamos algunos puntos.

“La convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente del 30 de julio estuvo apegada al ordenamiento constitucional (...) el Consejo Nacional Electoral procedió a realizar la organización y planificación de la elección de los constituyentes, en cumplimiento de su función constitucional y legal; el proceso electoral (...) cumplió con los estándares internacionales y la legislación nacional, y se llevó a cabo en forma satisfactoria.”

“El proceso de elección de constituyentes se realizó de manera exitosa en cuanto a los niveles de participación y al civismo durante la jornada electoral, y (...) la voluntad de los ciudadanos, libremente expresada en las urnas, se ha respetado”; se “ha consolidado y reafirmado el fortalecimiento de la institucionalidad electoral como sustento del sistema democrático (...). El derecho al voto libre y secreto estuvo debidamente garantizado” y “funcionó adecuadamente el mecanismo de auditoría al escrutinio”.

Y los párrafos más contundentes: “Desde el punto de vista técnico-electoral (...) manifestamos que creemos total y absolutamente en la veracidad de los resultados de la votación para integrar la Asamblea Nacional Constituyente, dadas todas las garantías ofrecidas a lo largo del proceso, especialmente a las auditorías previas a la jornada electoral, además de la confiabilidad y seguridad que ofrecen tanto la máquina electoral como el dispositivo de autenticación integral-capta huellas”.

“La verificación de los componentes automatizados que dan soporte a las diferentes funciones del proceso electoral permitió tener la certeza de que el sistema electoral venezolano, en especial el sistema automatizado de votación, es confiable, transparente y seguro, y garantiza la inviolabilidad e invulnerabilidad del sufragio.”

Decimos los acompañantes internacionales

En este punto nos limitaremos a presentar algunos párrafos del documento de los acompañantes internacionales que complementan lo planteado en el informe de la misión del Ceela.

“Esta elección está totalmente fundamentada en el ordenamiento jurídico venezolano, en reafirmación del principio universal del ejercicio de la soberanía de los pueblos y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.”

“El pueblo venezolano se pronunció por la paz, a pesar de las amenazas y acciones intervencionistas del gobierno de Estados Unidos de América y sus aliados.”

“Hemos tenido conocimiento de que sectores antidemocráticos desataron, previamente a la elección para la Asamblea Nacional Constituyente, acciones violentas y terroristas. Igualmente, durante el proceso electoral del día 30 de julio de 2017, también recurrieron a esas deplorables acciones, aunque en reducidos espacios del país, con el propósito de intimidar y aterrorizar a la población intentando sabotear el proceso electoral. Acciones que son, a todas luces, condenables.”

“Es condenable la gigantesca y distorsionante campaña mediática internacional desatada en contra de la democracia venezolana, que busca crear las condiciones para activar mecanismos de intervención foránea, incluyendo la opción militar.”

“Llamamos a los pueblos y gobiernos del mundo a respetar los resultados de esta elección de la Asamblea Nacional Constituyente como manifestación de la autodeterminación del pueblo venezolano.”

DECIMOS TODOS

La Asamblea Nacional Constituyente debe convertirse en el escenario para el diálogo y la concertación de todas las fuerzas políticas y sociales para encontrar la solución a los problemas que afectan a la República Bolivariana de Venezuela, sobre la base de un diálogo inclusivo que definitivamente marque el rumbo de ese país hacia el bienestar colectivo, en un ambiente de paz, y en pleno ejercicio del derecho a la autodeterminación de los pueblos.

* Vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico (Sepla) y miembro de la Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (Rediu).

1. Invitado por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela como acompañante en las elecciones de 2012 y en las actuales por ser directivo de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico (Sepla).

2. https://redhsite.wordpress.com/2017/08/01/declaracion-de-las-y-los-acompanantes-internacionales-de-la-eleccion-a-la-asamblea-nacional-constituyente-de-la-republica-bolivariana-de-venezuela/

3. https://redhsite.wordpress.com/2017/08/01/mision-de-acompanamiento-electoral-en-la-republica-bolivariana-de-venezuela/

Publicado en Internacional
Domingo, 30 Julio 2017 06:33

Constituyente para recuperar oxígeno

El gobierno de Venezuela confía en un sólido nivel de participación en las elecciones de hoy para la Asamblea Nacional Constituyente, de las que no participará la oposición. El respeto de la ONU y la amenaza de Washington.

 

El gobierno de Nicolás Maduro encara las elecciones de hoy para una Asamblea Nacional Constituyente con dos objetivos inmediatos: lograr la concurrencia más alta posible y evitar cualquier escaramuza con la oposición.
La meta doble de Maduro se debe a que los opositores ya anunciaron que ni siquiera participarán de los comicios. La apuesta de los dirigentes Leopoldo López, Henrique Capriles y Julio Borges, nucleados en la MUD, la Mesa de Unidad Democrática, es que la ANC termine formándose con la menor legitimidad de origen posible.
Aunque el chavismo no estableció oficialmente su cifra deseada de asistencia, este diario pudo saber que el gobierno se sentirá más cómodo si la concurrencia a las urnas supera el 30 por ciento.
La oposición se plantó ante este escenario mediante la realización, el 16 de julio último, de un referéndum no formalizado. Según los opositores, participaron más de siete millones de venezolanos. Según el chavismo la cifra sería tramposa porque se habría obtenido con la suma de quienes contestaron las tres preguntas de la consulta. La oposición habría tomado la votación como las cifra de quienes acceden a una página web cuando no hay discriminación entre el total de consultas y las consultas hechas por un usuario con identidad única. Si las cosas efectivamente sucedieron como sostiene el gobierno, habría que dividir la cifra por tres para llegar a la cantidad de votantes y no quedarse con la cantidad de votos. Entonces el desafío de hoy consistiría en superar los dos millones y medio de votantes. Una cifra menor no significaría el fin del gobierno pero lo dejaría en una mayor situación de debilidad. Según el Consejo Nacional Electoral están en condiciones de votar casi 20 millones de personas. Exactamente 19.477.387.
Voto mixto
Las elecciones para la ANC, la iniciativa más audaz de Maduro para ganar oxígeno y huir hacia adelante en medio de la crisis económica, la escasez, los 100 muertos en las calles durante este año y el plan de la MUD de barrer al gobierno, tienen una característica distinta de otras votaciones, dada por quiénes y cómo votan.
Los venezolanos elegirán hoy a 500 asambleístas. De ellos, 364 serán candidatos presentados desde sectores. Entre otros el productivo, el empresarial, el campesino, el laboral y el educativo. Los otros 173 serán representantes territoriales al estilo inglés, sobre la base de circunscripciones uninominales. El ciudadano puede votar un candidato sectorial y uno territorial.
Maduro afirmó en la convocatoria que el gobierno se propone tres objetivos.
El primero, “lograr la paz y la justicia, transformando el Estado y cambiando todo lo que haya que cambiar”.
El segundo, “establecer la seguridad jurídica y social para el pueblo”.
El tercero, “perfeccionar y ampliar la Constitución pionera de 1999”.
El artículo 347 de la Constitución vigente establece que “el pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario”. Y agrega: “En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”.
La oposición objeta que esa transformación del Estado pueda introducir cambios, por ejemplo, en el Poder Judicial o en la Procuración. El Gobierno replica que mientras el pueblo vote no se estaría vulnerando el artículo 347.
Para los opositores, el fantasma es que el chavismo gobernante pueda terminar disolviendo la actual Asamblea Nacional. Con mayoría opositora, la AN llegó a desafiar a la Presidencia conformándose a sí misma como otro Poder Ejecutivo. Llegó al punto de nombrar una Corte Suprema paralela y proyecta designar un gobierno completo para buscar luego el reconocimiento internacional. Maduro contestó arrestando a varios de los jueces designados.
Según dijo el jurista Hermann Escarrá en diálogo con TeleSUR, la ANC busca “adicionar los programas sociales, las conquistas sociales y reorganizar el Estado”. Afirmó que no disolverá los poderes existentes sino que coexistirá con ellos. Una alusión, tal vez, a una futura competencia entre la ANC y la Asamblea Nacional. Dijo Escarrá que “lo que está planteado es un diálogo superior en medio del gravísimo conflicto y de la violencia en la que comienza a desenvolverse la situación en Venezuela”.
La pulseada por la legitimidad de origen no es solo doméstica. También es externa. Un sector fuera de Venezuela considera que la convocatoria misma a la ANC supone la ruptura de cualquier negociación y debería implicar mayores sanciones. Lo integran, entre otros, nada menos que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro.
Otro sector, en cambio, acepta el derecho de Maduro a llamar a las elecciones de hoy.
Apoyos
El documento más valorado por el gobierno salió de la Organización de las Naciones Unidas. El viernes 28 de julio la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos llamó a “garantizar la paz durante las elecciones pactadas para el domingo con el objetivo de elegir a la Asamblea Nacional Constituyente”. A través de su portavoz Liz Throssell, la Oficina que encabeza desde 2014 el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein pidió manejar las eventuales protestas opositoras “en sintonía con los estándares internacionales en materia de derechos humanos” y solicitó a la oposición “manifestarse sin violencia”. Cero cuestionamiento a la ANC como mecanismo constituyente.
Uno de los negociadores que ayudó al diálogo interno durante 2016, el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, reveló en un comunicado su opinión de “Venezuela vivirá horas trascendentales”. Dijo que “deberán transcurrir en paz”, sin conflictos internos. “El derecho a abstenerse, el rechazo a una consulta electoral, son tan incuestionables como el derecho a votar, pero el ejercicio de un derecho solo es legítimo cuando es pacífico”, escribió Zapatero en obvia referencia a la oposición. Después de pedir “esfuerzos decididos de negociación”, Zapatero opinó que “el primer responsable es el gobierno, y a él apelo para que la facilite con nuevos gestos, aunque sin la voluntad y la determinación de la oposición nada será posible”. Aunque es un clásico socialista europeo, Zapatero no hizo objeción alguna al régimen de votación que se aplicará hacia la Constituyente. Se diferenció así de su antecesor Felipe González, quien comparó la representación sectorial con el modelo franquista.
Pese a que no parece dispuesto a elevar el perfil en Sudamérica, el gobierno ruso de Vladimir Putin mantiene lazos cordiales con el de Maduro. Horas antes de las elecciones para la ANC el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso emitió un comunicado en el que recuerda que “Rusia siempre abogó por la resolución de la crisis venezolana a través de medios políticos, en el marco de la ley y sin intervención externa”. Sobre los comicios el texto dice: “Esperamos que las elecciones se celebren sin provocaciones y de acuerdo con la ley venezolana, así como que sirvan para la estabilización de la situación política interna del país”.
En cuanto a China, el perfil político no es activo pero el económico está vigente. No solo no anunció sanciones sino lo contrario. Firmó con Venezuela convenios por 580 millones de dólares para el desarrollo minero en níquel y carbón.
“La primera tarea de la ANC debe ser liberarnos de la dependencia petrolera y consolidar a ampliación de nuevas fuentes de riqueza internacional”, dijo Maduro en la última reunión del Consejo Nacional de Economía creado en enero de este año. “Si la tarea de la constituyente de 1999 era detener la desnacionalización y recuperar la soberanía sobre el uso de los recursos naturales, hoy tenemos la tarea de conquistar la soberanía agroalimentaria y la tarea de conquistar y construir la soberanía de divisas”, dijo.
Ataques
Venezuela corre contrarreloj en una competición donde los ojos se posan también sobre qué ocurre en los Estados Unidos, principal destino de sus exportaciones petroleras. Trump decidió medidas de castigo personal contra 13 funcionarios del gobierno venezolano y la administración estadounidense ya dejó establecida su amenaza de no comprar más petróleo venezolano. Entretanto dos empresas de refinación, Valero Energy y Marathon Petroleum, ya hicieron saber que tienen el plan de trabajar con un petróleo cada vez más liviano. De ese modo dejarán de necesitar el crudo pesado que importan de Venezuela y otros miembros de la OPEP, la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
El canciller venezolano Samuel Moncada, que reemplazó a Delcy Rodríguez, ahora candidata constituyente, denunció a la MUD por su apuesta a las sanciones económicas y la restricción en la compra norteamericana de petróleo.
Moncada también difundió un documento del Aspen Security Forum del 20 de julio en el que participó Mike Pompeo, director de la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. “Tenemos mucha esperanza de que pueda haber una transición en Venezuela y la CIA está haciendo todo lo posible por entender lo que pasa y comunicárselo a nuestro Departamento de Estado”, dijo Pompeo ante una pregunta de Vanessa Neumann, de la consultora Asymetrica, formulada luego de considerar que Maduro podría terminar encabezando un régimen parecido al cubano o ser derrotado. “Hablé con los mexicanos y los colombianos en Ciudad de México y en Bogotá”, dijo Pompeo sin ofrecer más precisiones.
En una Sudamérica hostil a partir de la posición de los dos países mayores, Brasil y la Argentina, Venezuela viene de esquivar una suspensión efectiva del Mercosur, un bloque donde ya está suspendida de manera temporaria. El viernes 21 de julio el presidente Mauricio Macri y el canciller Jorge Faurie no consiguieron la expulsión virtual de Venezuela por la negativa de Bolivia a firmar un documento final de condena y la insistencia exitosa de Uruguay de no incluir esa condena en el texto que emitieron los países fundadores (la Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) con el agregado de Chile, México y Colombia.
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Publicado en Internacional
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