Sintonía política

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, ha dicho que su gobierno no logró “sintonizar con la sociedad”. Con este eufemismo se habrá referido a la acepción de sintonía de: “Coincidir en pensamiento o sentimientos con otra persona”. Su afirmación es incuestionable, según se desprende de las condiciones económicas y sociales en las que está el país y que se siguieron agravando durante su gobierno, hasta la contundente derrota política en las recientes elecciones presidenciales.

Según las cifras oficiales, la proporción de los argentinos que viven en la pobreza supera 40 por ciento, mientras que la inflación rebasó desde octubre el nivel de 142 por ciento anual y se prevé que podría llegar a 200 por ciento.

La depreciación de la moneda en el mercado oficial en los últimos cinco años ha sido constante, de un valor de 38 pesos en diciembre de 2018 hasta 373 a fines de la semana pasada. La oferta se limita a 200 dólares al mes.

La gente que puede busca dólares, que en el mercado negro costaban 995 pesos. El peso tiene un valor prácticamente nulo, así que se atesora en dólares. Este es un proceso altamente corrosivo en términos sociales y tiende a provocar cambios políticos de relevancia. La distorsión cambiaria se aprecia en el mercado negro, donde se opera lo que se llama el dólar blue, pero en el oficial existen el “dólar turista” para quienes viajan al exterior o el “dólar soya” para los exportadores de ese producto; en ambos se carga además un impuesto. A esto hay que añadir que la tasa de interés está en 133 por ciento, lo que en lugar se contener los precios puede atizar aún más la crisis, pues la gente no tiene confianza en la moneda ni en los bancos, tampoco en los políticos.

Una cuestión central es el déficit fiscal y su impacto en la política monetaria. La gran mayoría de los subsidios se destinan a abaratar el precio de los servicios públicos; el empleo en el sector público da cuenta de una tercera parte del mercado de trabajo formal; las pensiones provocan una creciente presión en los recursos públicos. El país ha tenido déficit fiscal durante 13 años seguidos, una expresión clara de la situación llevada al límite. El déficit es financiado por el banco central con la emisión de moneda, en un proceso que genera muy alta inflación, como ocurre hoy. Argentina es el principal deudor del FMI y concentra casi la tercera parte del total de sus préstamos.

El peronismo ha gobernado el país durante los pasados 20 años, a excepción de los cuatro años de Macri. Se ha debatido y especulado con el sentido político de la elección de Milei; el caso es que arrasó, atrayendo a sectores muy diversos de la población y por razones muy distintas, lo que indica el profundo desgaste político que se ha generado. Que el ministro encargado de una economía colapsada fuera el candidato oficial sólo muestra la falta de sintonía aludida por el presidente Fernández y daba a Milei espacio para su radical campaña.

La disfuncionalidad de la economía, que hoy ha llegado a un punto extremo, se ha atribuido a un largo periodo de mala gestión. Este mismo diagnóstico requiere de una explicación. En ella ha de destacarse el carácter eminentemente social de la crisis, el significado del desplome de su moneda y no sólo como un asunto financiero, el sentido de la disfuncionalidad de la economía con todos los recovecos que se crean y el desgaste del armazón existente que ha provocado el vuelco político.

Así se podría enmarcar tal afirmación acerca de la mala gestión de la economía como la cara de la actual crisis. Que hay una mala gestión es evidente. La cuestión es por qué no existen mecanismos de corrección, sino al contrario, funcionan aquellos que tienden a extender la crisis, y eso sólo tiene una explicación sociológica y política. No es un asunto técnico y eso debe quedar claro. La estructura de las cargas, los beneficios y los privilegios en esa sociedad, que se ha formado desde la década de 1940, es ya insostenible, en especial para quienes la han promovido hasta la ruptura actual. La superación va más allá de las políticas económicas.

Ahora, desde el bando ganador en las elecciones, se habla de purificar el poder, acabar con los privilegios, la corrupción y la ilegalidad. La escritora Pola Oloixarac ha sugerido: “En un país donde el dinero vale menos cada segundo que pasa, el presente físico, el ser y estar aquí y ahora, cobra una fuerza alucinatoria, donde la libertad es una forma tangible de esperanza”; eso habría llevado a Milei a volverse real. Otra posibilidad, de plano, es que se habrá optado directamente por un mal menor, lo que es tal vez más realista. Eso sucede para uno y otro lado del espectro político; había ocurrido ya en su momento con Cristina Kirchner.

¿Podrá Milei sostener la sintonía electoral de la que se ha beneficiado y convertirla en una sintonía política? Eso se sabrá relativamente pronto y también el costo que acarreará su elección. La sintonía política se tiene que construir, contar con una estructura y con recursos suficientes y que se renueven. En la medida en que los arreglos institucionales son más fuertes, tal sintonía puede legitimarse socialmente.

Información adicional

Autor/a: León Bendesky
País: Argentina
Región: Suramérica
Fuente: La Jornada

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