Jueves, 02 Abril 2015 07:09

Túnez, la agonía del Foro Social Mundial

Escrito por Santiago Alba Rico
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Túnez, la agonía del Foro Social Mundial

El sábado pasado se cerró el Foro Social Mundial, celebrado por segundo año consecutivo en Túnez, con una manifestación pro-palestina mucho menos numerosa que la de 2013 y en un ambiente mucho más mortecino. Todas las fuentes coinciden en que ha sido el Foro más complicado, el menos concurrido y quizás el más inútil, y ello por razones que tienen que ver con las propias dinámicas políticas globales y con la situación interna de Túnez. Poco antes del encuentro, el conocido profesor brasileño Emir Sader criticaba el control del FSM por parte de las ONGs, modelo "reduccionista y superado" en un momento en el que son "los gobiernos progresistas latinoamericanos" -según su opinión- el referente de los "indignados, los ocupas, Syriza y Podemos". Por su parte, el también brasileiro Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del Foro, señaló más bien los problemas organizativos como causa del creciente desinterés de esta iniciativa que cumple ya quince años de vida: "el Consejo Internacional está totalmente perdido en cuanto a propuestas"; y añade "ya hace algún tiempo propusimos la eutanasia de este elefante blanco y buscar una nueva fórmula" a fin de "recuperar la visibilidad perdida y volver a existir internacionalmente".


El Foro de Túnez ha sido, en efecto, de baja intensidad: el que menos delegaciones europeas y latinoamericanas ha recibido,el que ha contado con menos financiación y el que menos atención mediática ha despertado. Es verdad que el FSM nació en el interior de la ola progresista que transformó la orografía política de América Latina y que llevó al gobierno a partidos políticos que, aupados en los movimientos sociales, hoy los contemplan con desconfianza, cuando no como fuerzas de oposición. Y no es menos cierto que los movimientos en España y en Grecia están ahora absorbidos -o al menos ocupados- en procesos de cambio que hace dos años no existían. Ahora bien, creo que, en este caso, las limitaciones del Foro -que son también estructurales- tienen más que ver con la situación concreta del país anfitrión y, más allá, de la región árabe en general. Podríamos mencionar las numerosas anulaciones de viajes y talleres tras el atentado yihadista del 18 de marzo, pero esa misma circunstancia habría podido provocar un desafiante impulso solidario si Túnez siguiese siendo el principio, y no el final, de una gran esperanza regional e internacional.


La implacable lluvia que durante cuatro días ha subrayado la arquitectura carcelaria del campus universitario del Manar, en la capital de Túnez, ha expuesto el alma de un país política y socialmente deprimido en una región que vuelve aparatosamente al peor de los pasados imaginables. Frente a la reunión de la Liga Arabe -celebrada en Egipto al mismo tiempo que se cerraba el Foro- en la que nuevos y viejos dictadores apoyaban los bombardeos sobre Yemen, como si jamás hubiera habido "primavera árabe", la fiesta de los movimientos sociales tenía algo clandestino y marginal y hasta elegíaco: los jóvenes tunecinos acudieron en menor número que en 2013, "entre la decepción y la depresión" -según las palabras del artista y escenógrafo Khaled Ferjani- , y ante la indiferencia de los propios medios locales, completamente absorbidos por las consecuencias del atentado del Bardo y "la marcha anti-terrorista" internacional encabezada por François Hollande. Nawaat, el conocido medio alternativo tunecino, hace dos años resumió el Foro en un titular: "Entusiasmo a pesar de la falta de organización". Hace dos días, el único artículo aparecido en sus páginas sobre el encuentro se preguntaba "qué ha sido de la lucha anticapitalista", pero hablaba sobre todo de "visible decepción de los participantes". Estas críticas son elocuentes en la medida en que describen no tanto la atmósfera del campus -con sus talleres más o menos interesantes y sus más o menos rutinarios "vendedores de causas perdidas"- como el abatimiento de los militantes locales, cuyas demandas se han visto marginadas por el juego "democrático" y silenciadas por la "alarma terrorista".


Si se tiene en cuenta que, en todo caso, Túnez es el único país de la región donde podía celebrarse un encuentro como éste, puede imaginarse el tono de las otras delegaciones y organizaciones árabes. Incluso los acostumbrados enfrentamientos entre saharauis y marroquíes o entre partidarios y opositores de Bachar Al-Assad han sido marginales y casi protocolarios. Las fuerzas zombis que se apoderan de nuevo de la región -regímenes dictatoriales, intervenciones multinacionales y violencia yihadista- han secado por el momento las esperanzas de cambio que la sacudieron de arriba abajo en 2011.


¿Ha sido un fracaso el Foro tunecino? Más allá del fugaz estímulo al sector turístico, en ruinas tras el atentado, y de las píldoras de conocimiento ingeridas en los talleres, el Foro ha servido, como todos, para catalizar contactos, festivos y políticos, en los pasillos, para prolongar redes más o menos duraderas y para amortiguar la soledad de unos cuantos centenares de tunecinos que, en cualquier caso, no representan sino a una minoría de la población, los menos castigados por el paro y la crisis económica. Es poco. Es algo. Aunque ahora, más solos que hace una semana, fuera ya de todos los focos, esos mismos jóvenes queden más expuestos que nunca frente a un gobierno y una policía que -advierte ya Human Rights Watch- aprovechará el atentado del Bardo y la alerta securitaria para recortar derechos civiles y amordazar sus voces.


¿Es el fin del Foro Social Mundial? Probablemente no, pero es verdad que debería replantearse sus formatos y sus sedes a la medida de los cambios político-geográficos insinuados en los últimos años. Al contrario de lo que dice Emir Sader, la ola latinoamericana, en marea baja, no puede ser ya el referente del Foro, que nació para vender causas perdidas, no ganadoras (por muy importante que sea ganarlas), y que debe conservar y robustecer su vida paralela -mientras defender causas perdidas siga sirviendo para que los perdedores de siempre no pierdan las ganas de luchar.


 

Túnez, entre el Foro Social Mundial y la lucha por la paz

 

Por, Emir Sader

Público


Dos marchas cerraron una semana tensa en Túnez. Una de ellas puso punto final al Foro Social Mundial. La otra, por su parte, tuvo como protagonista la lucha por la paz y congregó a cientos de invitados extranjeros.


Todo esto sucedía en las calles sin la presencia de ningún turista extranjero. A pesar de la solidaridad internacional, la reacción inmediata al atentado del 18 de marzo ha tenido un efecto arrasador sobre la economía del país. El turismo —la actividad que genera más empleo en el mundo y que alimenta gran parte de la economía de la región— prácticamente abandonó Túnez. Solo se veía por las calles a aquellos que asistieron al Foro Social Mundial, y que, aunque hicieron gala de su solidaridad, una vez finalizado el evento no dudaron en abandonar el país.


Lo que más preocupa es la cantidad de jóvenes que habrían ido a luchar a Siria e Iraq en las filas de grupos yihadistas, y que estarían de vuelta para actuar en Túnez, a los que habría que sumar aquellos que se han entrenado en Libia. Mientras que el desempleo sigue aumentando, alcanzando las 650 mil personas, de entre las cuales 245 mil cuentan con títulos universitarios, lo que significa una tasa del 23,7% de desempleados, porcentaje que en el caso de los jóvenes es mucho más alto.


El atentado al museo del Bardo tiene como principal característica el haberse producido en el centro de la ciudad y utilizar a los turistas extranjeros como objetivos de sus ataques. Cuando, por lo general, las acciones se han limitado hasta la fecha a zonas rurales cercanas a las fronteras. Ahora, en cambio pretenden causar daños económicos reales, ahuyentando a los turistas.


Las reacciones en la opinión pública no son unánimes. El ejecutivo propone el endurecimiento de las leyes de seguridad, pero sectores de la oposición —que se han manifestado este domingo— creen que el propio gobierno tiene cierta responsabilidad en los actos terroristas, ya que de él participa el partido islámico, acusado en el pasado de ser muy laxo con movimientos islamistas radicales.


Por otra parte, hay constancia de que el aumento de la represión hacia algunos sectores de la juventud criminalizados por tener vínculos con el terrorismo, solo aumenta la solidaridad hacia dichas acciones. Así como el hecho de que la crisis económica y social —que solo tiende a aumentar con la bajada del turismo— es el escenario favorable para la propagación del reclutamiento de jóvenes por grupos terroristas.


Si hace dos años, en el Foro Social Mundial se vivía todavía un clima de optimismo propiciado por la primavera árabe, esta vez dicho clima ha cambiado, debido como es lógico al atentado terrorista y al temor de que se multipliquen, así como por la crisis social, que tampoco parece que vaya a amainar.


En el décimo Foro Social Mundial hubo una amplia participación de los jóvenes de los países del mundo árabe, sin embargo, no contó con jóvenes de muchos países del África sub-sahariana, probablemente por las dificultades a la hora de obtener recursos para el desplazamiento.


Durante los días en los que tuvo lugar la celebración del Foro, la ciudad universitaria de Túnez reunió a docenas de miles de jóvenes, en torno a cientos de actividades simultáneas en las que predominaron los temas clásicos de los FSM: ecología, género, agricultura, lucha contra todo tipo de discriminación, y esta vez con el añadido especial de asuntos relacionados con la violencia, así como las interrelaciones entre política y religión.


Una vez más se ha vuelto a abrir el debate sobre la necesidad de que los Foros se realicen cada año debido a la rapidez con la que trascurren los acontecimientos en el mundo actual, pero también por el hecho de que los FSM han perdido el pulso a los nuevos movimientos que luchan por crear otro mundo posible —ya sea en América Latina, o en la propia Europa—. En el caso de que se concrete esta decisión, la perspectiva más probable es que la conmemoración de los 15 años trascurridos desde el primer FSM se realice en su sede original —Porto Alegre— en enero de 2016.

Información adicional

  • Autor:Santiago Alba Rico
  • País:Túnez
  • Fuente:Rebelión
Visto 1328 vecesModificado por última vez en Jueves, 02 Abril 2015 07:19

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