Martes, 09 Octubre 2018 09:01

El éxito de Bolsonaro da nueva fuerza al auge global de la extrema derecha

Escrito por Javier Lafuente
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El éxito de Bolsonaro da nueva fuerza al auge global de la extrema derecha

La victoria del ultra brasileño en primera vuelta refuerza las tesis y las prácticas autoritarias recientes de muchos líderes mundiales


El imparable avance del populismo de extrema derecha está a punto de sumar un nuevo socio en el poder. El claro triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, con un 46% de los votos frente al 29,2% de Fernando Haddad, obligará a un vuelco inesperado en las próximas tres semanas para evitar que el país más grande de América Latina, el quinto más poblado del mundo, esté gobernado por un político autoritario y retrógrado. Una espiral que parece no tener freno y con particularidades propias de cada país que guardan muchas semejanzas entre sí.


La historia de Bolsonaro es la historia de la victoria de Donald Trump; del Brexit; del rechazo al proceso de paz de Colombia; del triunfo en Italia del ultraderechista Matteo Salvini y del populista Movimiento 5 Estrellas; de la consolidación de Marine Le Pen en Francia. La historia de que las emociones, especialmente el miedo y el odio, mueven más que cualquier programa político. La del extendido hartazgo con las clases dirigentes, que en el caso de Europa son consideradas responsables de la crisis económica y el deterioro de la calidad de vida de amplios sectores de la sociedad; y en el caso de América Latina, acusadas de erosionar las instituciones aprovechándose de ellas para corromper. Hasta el punto de que la mera promesa de que se les va a combatir pesa más que quien lo vaya a hacer sea un partidario de la dictadura militar, machista, racista y homófobo.


Infalible de nuevo, la estrategia que ha seguido el ultra brasileño se asemeja mucho a la de los casos anteriores: un uso del lenguaje tosco a costo cero; continuas críticas a los medios tradicionales mientras construye los suyos y hace un uso inmejorable de las redes sociales para lograr sus fines. En todos los casos, prima un componente nacionalista fuerte y un culto a la personalidad que supera los de sus rivales. Como Trump en campaña, Bolsonaro también se ha valido de sus hijos para emplearlos de portavoces. Uno de ellos, al principio de la carrera presidencial, celebró un encuentro con Steve Bannon, el que fuera estratega de Trump. No hay evidencia de que haya un plan coordinado a nivel mundial, pero sí de que se retroalimentan unos a otros y se aprovechan de la oleada ultraconservadora.
El más que probable triunfo de Bolsonaro no solo tendrá repercusión en Brasil. Asoma a América Latina, donde el autoritarismo campa en Venezuela, Nicaragua y camina por Guatemala, por citar el ejemplo más reciente, a los días más inciertos de su historia reciente. Además, insufla una dosis de adrenalina al avance de la ultraderecha en todo el mundo, una victoria de las élites más conservadoras —los mercados brasileños han recibido con serpentinas los resultados del domingo— que optan por difuminar el peligro de personajes como Bolsonaro bajo el paraguas de que hay que tomárselo en serio, pero no tanto. Que, en definitiva, lo que dice son bravuconadas y que así no gobernará.


El país encara ahora tres semanas decisivas sumido en una polarización que obligará a los dos aspirantes a convencer a los electores de que opten por lo que han rechazado hasta ahora. En el caso de Bolsonaro, es la pregunta del millón: ¿cómo va a dirigirse al centro si ser un radical de extrema derecha le ha llevado hasta donde en teoría no debería haber llegado? ¿le compensa el esfuerzo cuando reniega de él el 44% del electorado? Mientras, Haddad previsiblemente le arrojará todo lo que tenga a mano, es decir, todas las armas de la vieja política, que tan bien maneja, o manejaba, el Partido de los Trabajadores. La formación tradicional de la izquierda brasileña ahondará en los ataques contra el exmilitar, a quien acusa de no respetar los derechos humanos y de querer hacer retroceder 40 años al país.
Pero Bolsonaro tiene a su favor que nada de esto es nuevo, ni le ha frenado hasta ahora. Es más, el desinterés brasileño por la democracia, un sentimiento que se creía inexistente hasta que llegó a él, parece protegerle de cualquier ataque. Y a la vez, el antipetismo (contrarios al PT), un sentimiento que se sabía grande pero no hasta qué punto, le hace de combustible inextinguible. Si hace diez días, más del 59% de los votantes del militar era antipetista declarado, ahora le queda seducir al desencantado centro, que acaba de quedarse huérfano: él quizá no es el candidato perfecto, pero para ese sector, al menos no es el PT.


Considerablemente mayor es el desafío al que se enfrenta Haddad. Ahora más que nunca, debe ganarse los votos reservados para Lula da Silva a la vez que debe librarse de la alargada sombra de su mentor para ganarse al menos parte del electorado antipetista. Su única esperanza de derrotar a Bolsonaro es unificar esos dos bandos, enfrentados desde hace años, y erigirse en candidato del centro, precisamente donde reina el antipetismo y donde mayor es la tentación de pasarse al bando de Bolsonaro. Para ello tiene la baza de presentarse en esta segunda vuelta como un demócrata mayor que su rival. Y que la gente, esta vez sí, confíe en ello.

 


 

La nueva composición del Congreso de Brasil tras la elección del domingo

 

Los hijos de Bolsonaro tienen banca

 

Javier Lafuente

 

El partido del candidato ultraderechista pasó de tener un escaño en 2014 en Diputados a 52 representantes. En esa Cámara el PT es mayoría, aunque redujo el número de diputados. El PSDB y el MDB perdieron mucho espacio.

 

Las elecciones generales en Brasil cambiaron la composición del Congreso, donde las caras nuevas serán las protagonistas. Fueron elegidos el domingo los 513 diputados que componen la Cámara de Diputados y 54 senadores de todos los estados, para renovar dos tercios de la Cámara alta.


En el Senado la renovación fue abrumadora. De los 54 escaños puestos en juego, 46 serán ocupados por novatos (el 85 por ciento), lo que representa el mayor recambio del Senado en la historia de Brasil desde la vuelta a la democracia, en 1985. 


En la Cámara baja, el Partido de los Trabajadores (PT) –tradicionalmente fuerte en el Legislativo– logró un porcentaje considerable de las preferencias y consiguió quedarse con 56 escaños. Si bien el número lo coloca como la principal fuerza en diputados, lo cierto es que el PT redujo su representación, ya que hasta ahora contaba con 68 integrantes en el recinto.


El Partido Social Liberal (PSL), una agrupación históricamente menor que sirvió como plataforma electoral del ultraderechista Jair Bolsonaro, logró elegir a 52 diputados. Se trata de un crecimiento nunca visto en Brasil si se tiene en cuenta que tras los comicios de 2014 sólo tenía un miembro en la Cámara baja. El éxito de los hijos de Bolsonaro ratificó el ascenso del candidato que ganó el domingo la primera ronda de las elecciones presidenciales, con el 46 por ciento de los votos (con victorias contundentes en el noroeste, centro, sur y sudeste). 
Eduardo Bolsonaro, de 34 años, fue reelegido diputado por San Pablo, el estado más poblado del país, y se convirtió en el legislador más votado de la historia brasileña con más de 1,8 millones de votos. Su hermano Flavio Bolsonaro, de 37 años y hasta ahora diputado regional en Río de Janeiro, fue elegido el domingo por su parte como senador por ese estado por el PSL.


Los tradicionales Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y Movimiento Democrático Brasileño (MDB), de la centroderecha, perdieron muchísimo espacio y se presume que pasarán de controlar buena parte del devenir del recinto a ser simplemente actores secundarios en busca de alianzas y coaliciones. La bancada centroderechista del MDB, el partido del actual presidente, Michel Temer, perdió casi la mitad de los escaños que tenía (64), pero sigue siendo numerosa con 34 escaños. También el histórico centroderechista PSDB perdió 20 diputados y tendrá sólo 29 en la próxima Cámara.


En total, nueve partidos lograron formar bancadas de entre 25 y 40 integrantes, por lo que se espera que, como históricamente ocurrió en la política brasileña, las negociaciones entre agrupaciones serán importantísimas en el funcionamiento legislativo a partir de 2019. Según analistas, la correlación de fuerzas en el nuevo Congreso podría inclinarse a favor de Bolsonaro debido al poderoso elemento conservador entre los partidos que lo conformará: pequeños partidos cercanos al sector agrícola o a las iglesias evangélicas.


Una de las sorpresas en la nueva composición legislativa fue la elección de Joenia Wapichana como diputada nacional, la primera mujer indígena que ocupará una banca en la Cámara baja. La abogada fue electa con un 3,17 por ciento de los votos en el amazónico estado de Roraima. Wapichana, nacida Joenia Batista de Carvalho pero que adoptó como apellido el nombre de su etnia indígena, fue también la primera mujer aborigen graduada en una facultad de Derecho en Brasil y también estudió en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos. La diputada electa por el partido Rede Sustentabilidade, de Marina Silva, es la segunda indígena que llega a la Cámara Baja brasileña, detrás de Mario Juruna.

 


 

Información adicional

  • Autor:Javier Lafuente
  • País:Brasil
  • Región:Suramérica
  • Fuente:El País
Visto 117 vecesModificado por última vez en Martes, 09 Octubre 2018 09:10

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