Xi Jinping, en la ceremonia de inauguración del foro. FRED DUFOUR AFP

Pekín reúne a 37 jefes de Estado en la segunda cumbre de su iniciativa de bandera, cuya expansión ha topado con reveses económicos y políticos

La diplomacia china despliega toda su artillería a partir de este viernes con la celebración del segundo foro sobre la Ruta de la Seda, proyecto clave del presidente Xi Jinping basado en la creación de una enorme red de infraestructuras por todo el mundo. Su concepción en 2013 llamó la atención de todas las capitales del planeta tanto por su ambición como por las incógnitas que rodeaban al plan. Hoy su expansión es innegable, pero muchas preguntas persisten dentro y fuera del país sobre sus fines políticos o viabilidad económica, mientras crecen los recelos tanto en la UE como en Estados Unidos. Pekín es consciente de ello y promete ciertos ajustes en un proyecto que ha llegado para quedarse.


En la ceremonia de apertura de la cumbre este viernes, el presidente chino, Xi Jinping, trató de despejar las dudas sobre el programa. “Tenemos un fuerte compromiso con la transparencia y la gobernanza limpia en esta cooperación. Adoptaremos reglas y estándares ampliamente aceptados y alentaremos a las empresas participantes a seguirlos en el desarrollo, operación, adquisición y licitación de los proyectos (...) Las leyes de los países participantes deben ser respetadas y tenemos la necesidad de asegurar la sostenibilidad comercial y fiscal de todos los proyectos”, aseguró. En esta línea, se prevé que la declaración final del encuentro incorpore un lenguaje que aborde algunas de las preocupaciones de sus socios, con referencias más claras en asuntos como la transparencia, los estándares internacionales de inversión o la financiación sostenible y la deuda.


No se trata de un cambio radical en comparación con el enfoque inicial, pero muestra la voluntad de Pekín de reducir la velocidad y ajustar el plan por su bien a largo plazo. Dentro de China se oyen voces sobre el riesgo de estas inversiones o los posibles incumplimientos de los préstamos. Las autoridades están esbozando una serie de reglas para acotar qué proyectos pueden formar parte de esta iniciativa con el fin de evitar la idea extendida de que la nueva Ruta de la Seda es un cajón de sastre en el que todo cabe. También se ha mostrado cierta flexibilidad al renegociar algunos de los proyectos que estaban en peligro: en Malasia, por ejemplo, la construcción de una línea ferroviaria en su costa oriental sigue adelante después de que China recortara su coste en casi un tercio del valor inicial.


37 jefes de Estado y más de 5.000 participantes de 150 países se reúnen viernes y sábado en la capital china, cifras que superan con creces las delegaciones que asistieron a la primera cumbre celebrada en 2015. Para Pekín es el evento diplomático del año y ha puesto todo su empeño en convencer tanto a sus propios ciudadanos como a la comunidad internacional de que el proyecto está siendo un éxito y que no hay nada que temer.
Ciertamente, China ha logrado en estos últimos años que 125 países respalden abiertamente su plan, entre ellos Italia. Pekín ha desembolsado más de 70.000 millones de dólares en financiar proyectos como carreteras, puertos, líneas ferroviarias, puentes, oleoductos, centrales eléctricas o infraestructuras de telecomunicaciones en Asia, Europa, África e incluso Latinoamérica, región que queda muy lejos de la antigua Ruta de la Seda.


Pero el ambiente en el que se celebra este foro es muy distinto a las grandes expectativas formadas en el encuentro organizado hace dos años. Pekín se ha encontrado con dificultades considerables, desde acusaciones de que el programa es una mera herramienta para expandir la influencia china fuera de sus fronteras a los problemas derivados en aquellos países que solicitan préstamos para megaproyectos (que en ocasiones resultan comercialmente inviables o poco transparentes) y acaban atrapados en una espiral de deuda. Ha habido reveses, por ejemplo, en Malasia, Sri Lanka, Pakistán, Nepal, Maldivas, Myanmar o Etiopía.


“Con estos acuerdos, Pekín quiere mostrar su capacidad de adaptación para asegurarse que la Ruta de la Seda sigue adelante y que estos incidentes son, en realidad, baches en el camino y no barricadas”, afirma Thomas Eder, investigador del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS). “Pero incluso aunque se hable mucho de transparencia en esta cumbre y sobre cómo lograr que otros países pueden beneficiarse más de estos proyectos, la dificultad recae en su enfoque básico, diseñado para que ayude a la economía china a crecer. Si China financia gran parte estos proyectos, nunca habrá licitaciones públicas y abiertas para los contratos principales, con lo cual las empresas extranjeras nunca se beneficiarán de ellos”, añade el experto. Hasta el momento, la participación de empresas de terceros países en estos proyectos ha sido muy limitada y los contratos han sido monopolizados por empresas chinas.


Pese a las críticas, China no tiene previsto dar marcha atrás en un proyecto clave para la “nueva era” de Xi Jinping, basada en una política exterior más asertiva con una clara intención de ocupar un papel de protagonista en el escenario global. El alcance y duración del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda no se contará por años, sino seguramente por décadas, al estar incluido desde 2017 en la Constitución del Partido Comunista. Apenas seis meses después, el ideólogo de la iniciativa, el presidente Xi, obtuvo el visto bueno de la formación para permanecer en el cargo por el resto de su vida si así lo desea.

Por Xavier Fontdeglòria
Pekín 26 ABR 2019 - 04:43 COT

Publicado enInternacional
Sábado, 13 Abril 2019 06:32

Good Bye Lenín

Good Bye Lenín

Se va y él lo sabe. Ni siquiera ha llegado a los dos años y su imagen positiva sigue en caída libre. Según las dos últimas encuestas realizadas por Celag, Lenín Moreno pasó de tener un saldo neto positivo de 2,8 puntos en noviembre de 2018 a uno negativo de 19 en marzo de este año. A estas alturas, pocos creen que sea él quién esté gobernando. Con datos de la misma encuesta, la mayoría de los ecuatorianos piensa que son los grupos económicos, el Gobierno de Estados Unidos y Jaime Nebot los que realmente dirigen al país, muy por delante de la rectoría del propio presidente. 

Se mire por donde se mire, Lenín tiene los días contados y él es consciente de ello. No tiene apoyo popular, como bien se demostró en los resultados de las recientes elecciones seccionales; tampoco tiene estructura partidaria propia; y ni siquiera tiene gabinete propio porque la mayoría de los ministros son representantes de intereses corporativos. Por su parte, los aliados políticos han iniciado un proceso de alejamiento sin retorno, porque ya no le necesitan para lo que fue la transición soñada que debía poner freno a Rafael Correa.


El sector empresarial también ha marcado distancia con el presidente; lo ven muy débil, saben que se aproxima su final, y es mejor no quedar pegado a él. A partir de ahora, la presión subirá. Los dueños de los dólares dejarán de liquidar exportaciones y acelerarán el proceso de llevarse el dinero al exterior gracias, precisamente, a la decisión de Lenín de eliminar el impuesto de salida de divisas. Así generarán la tormenta perfecta en base a una sensación de caos e incertidumbre, terreno en el que se mueven como pez en el agua, autoerigiéndose como imprescindibles. De esta forma, a Lenín se le va esfumando de su lado toda la batería de “amigos”, salvo los medios de comunicación, que por ahora no han virado de línea editorial, aunque les queda poco. Ya conocemos bien a estas grandes empresas: son de fácil conversión y siempre les gusta jugar con viento a favor. Seguramente ya han apostado por el nuevo caballo ganador. O sea, según ellos, Nebot.


Lenín hizo todo lo que estaba en el papel. Cumplió su tarea. Y entonces le llega su turno. Fue de usar y tirar, de la misma manera que ha sucedido con tantos otros presidentes latinoamericanos (véase el caso de Michel Temer en Brasil). Hizo lo debido en todos los frentes: a) persiguió judicialmente a Correa y a muchos otros políticos de la revolución ciudadana hasta el punto de meter preso a su propio vicepresidente; b) a marcha forzada, desmanteló todo lo que pudo del Estado para debilitarlo como mandan los cánones neoliberales; c) reformó a su antojo toda la megaestructura judicial cambiando a fiscales, jueces y miembros del Tribunal Constitucional así como al Órgano Electoral; d) en lo económico ha dado sus primeros pasos (especialmente en lo tributario) y dejado todo listo para que el FMI entre con todo, incluida la reforma laboral; y e) en lo internacional se fue rápidamente a servir a los Estados Unidos en todos los frentes: abriendo oficinas de Estados Unidos en el país para que puedan actuar como en la época de las bases militares; se lanzó contra Venezuela incluso reconociendo y recibiendo a Juan Guaidó como presidente interino; en la OEA se sumó a votar siempre según indicara el país hegemón; pidió a gritos ser miembro de la Alianza del Pacífico, y se sumó a Prosur al mismo tiempo que quiso enterrar a Unasur. Su última decisión desesperada, como manotazo de ahogado, ha sido retirar el asilo a Julian Assange, violando toda la normativa del derecho internacional, y ponérselo en bandeja a Estados Unidos para su extradición. Con ello mató dos pájaros de un tiro: por un lado, haciendo uso y abuso del Estado, se vengó de quien descubrió una trama de corrupción muy importante en la que el protagonista era él mismo, el mismísimo presidente; y, por otro lado, seguramente hizo su último gesto a favor de los Estados Unidos para que le garantizaran una salida digna y confortable al acabar su periplo presidencial.


Lenín es una magnífica demostración de que no hay que fiarse de aquél que sonríe demasiado en medio de la escena política. Quien fuera el máximo representante de la Misión Ternura acabó entregando a Assange, dando un paso definitivo para que se incrementen las probabilidades de que lo condenen a la pena de muerte. Otra paradoja más en la vida política de este personaje que se presentó en su momento como “centrista fanático”, a traer paz en tiempos de confrontación, y ciertamente sí, era verdad que no venía para confrontar, al menos no en el sentido de defender la soberanía del país, permitiendo que Estados Unidos haga de Ecuador lo mismo que hace en su vecina Colombia.


El final ya está escrito. No sabemos exactamente cuándo, pero seguramente será más pronto que tarde. Ya lo ha dicho hasta el mismo Nebot: no se puede esperar más, el 2021 es demasiado tarde. Y, por su parte, Correa sigue más vivo que nunca, lo que es inversamente proporcional al tiempo de vida política de Lenín. Las vías para salir son múltiples: muerte cruzada, revocatorio o simple renuncia y anticipo electoral. Sea como fuere el canal institucional, la política ya ha fijado la fecha de caducidad.


¡Good bye Lenin!


Alfredo Serrano Mancilla: Director, Celag.

Publicado enPolítica
EU, a días de tener al presidente más impopular en al menos cuatro décadas

El presidente electo Donald Trump arremetió contra gobiernos aliados, ofendió a la inteligencia (en todos los sentidos) de su país, mientras más políticos y estrellas anuncian que no se presentarán a su fiesta oficial, a tres días de que tome posesión como el mandatario más impopular en décadas.

En estos últimos días antes de su coronación, Trump ha criticado, cuestionado y hasta ofendido a la OTAN ("es obsoleta"), a la Unión Europea (la acusó de ser más que nada un "vehículo" para Alemania), a China (sigue jugando con poner fin a la política de no reconocer a Taiwán), a Francia y Alemania (cuya política de refugiados es "absolutamente catastrófica"), a la CIA y otras agencias de inteligencia, a la Organización de Naciones Unidas y a John Lewis, ícono del movimiento de derechos civiles que marchó con el reverendo Martin Luther King Jr.

Si algo se repite una y otra vez entre observadores, políticos y círculos diplomáticos en la capital y aquí a los alrededores de la Torre Trump es: nadie sabe qué expresará o hará en el próximo momento. La incertidumbre es lo que cunde en esta coyuntura de transición política, con todos en espera del próximo tuit.

Mientras tanto, el show continúa (aunque no como quisiera el festejado).

A pesar de un intenso esfuerzo por atraer estrellas a los actos públicos de la toma de posesión, casi todos han rechazado la invitación (Elton John, Celine Dion y Kiss, entre ellos). Peor aún, después de anunciar el pasado viernes que por fin lograron contratar la presencia de la reconocida cantante de Broadway Jennifer Holliday, el día siguiente ella anunció que se retiraba de ese compromiso y se disculpó, sobre todo ante la comunidad gay, por no haber estado más enterada de lo que eso significaba.

Poco después, una banda de tributo a Bruce Springsteen (o sea, que se dedica a interpretar covers de su banda, la B-Street Band, también anunció que se retiraba del concierto en honor a Trump. Ahora, entre las estrellas, sólo queda el músico de country Toby Keith.

A la vez, sobre todo después del ataque de Trump, vía Twitter, contra el representante demócrata afroestadunidense e ícono del movimiento de derechos civiles John Lewis, quien cuestionó la "legitimidad" de la elección de Trump, casi 60 legisladores ya han anunciado un boicot a la ceremonia de investidura el viernes.

Según nuevas encuestas, Trump es el presidente electo más impopular en por lo menos cuatro décadas. Según un sondeo de ABC News/Washington Post, sólo 40 por ciento tiene una impresión favorable, por 54 por ciento desfavorable (Obama, en su primer periodo, ingresó con 79 por ciento de aprobación, Bush con 62 por ciento). Por supuesto que Trump descartó los sondeos en un tuit: "Los mismos que realizaron las encuestas electorales fabricadas, y estaban tan equivocados, ahora están haciendo las encuestas de aprobación. Están amañadas justo como las anteriores".

Mientras tanto, los integrantes de su nuevo gobierno continuaron presentándose ante audiencias de ratificación en el Senado. Hoy le tocó a la multimillonaria Betsy DeVos, nominada para secretaria de Educación y reconocida por su nula experiencia en educación o en cualquier otra parte del sector público, pero ferviente promotora de esfuerzos por privatizar las escuelas públicas.

A la vez, la disputa sobre los "conflictos de intereses" que tendrá Trump al asumir la presidencia –ya que nunca en la historia ha llegado a la Casa Blanca alguien con un imperio de negocios y relaciones financieras de estas dimensiones– se alimenta cada día y podría detonar una serie de pugnas legales al arrancar el nuevo gobierno.

Y, para variar, una mujer que acusó a Trump de agresión sexual cuando participó en su reality show El Aprendiz ha presentado una demanda legal por difamación contra el presidente electo por los tuits y discursos públicos en los que ha afirmando que ella miente.

Publicado enInternacional
Trump sucumbe ante Goldman Sachs, Hollywood y los financieros de Netanyahu

Ben McLannahan (BM) del Financial Times (FT) comenta que Trump opera un acrobático giro en U y se arroja a los brazos del banco vilipendiado Goldman Sachs (https://goo.gl/b0iIBB) al entregar el manejo de las finanzas a varios operadores del banco de inversiones neoyorquino, cuyo mandamás es el israelí-estadunidense Lloyd Blankfein, quien se había volcado a apoyar a Hillary (https://goo.gl/1YcrDG).

BM comenta que "Goldman Sachs no es sólo el trampolín para posiciones de poder e influencia", como ha sido el caso de Robert Rubin y Hank Paulson con Bill Clinton y Baby Bush, ya que “Citigroup (https://goo.gl/ZAVgAA) también ha sido fuente de nombramientos desde Jack Lew, presente secretario del Tesoro, hasta Stanley Fischer, vicedirector de la Reserva Federal”. Curiosamente los tres aludidos –Lew, Fischer y Rubin– son israelí-estadunidenses.

Las redes trasnacionales de Goldman Sachs alcanzan a Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, a Mario Draghi, director del Banco Central Europeo hasta, en el "México neoliberal itamita", al argentino-israelí Martín Werner Wainfeld, socio de la polémica Banca Mifel (https://goo.gl/AZjKUs) y operador, con su controvertido hermano Alejandro (hoy en el FMI), de la debacle financiera del Fobaproa/IPAB de la que nunca se repuso México.

Quedan atrás las retóricas invectivas de Trump contra Goldman Sachs.

The Times of Israel señala que Steve Mnuchin (SM), flamante secretario del Tesoro, “colectó 100 millones de dólares para Trump, y trabajó para los banqueros judíos (sic) que el presidente electo dijo representan “intereses especiales globales (https://goo.gl/zCd7gH)”.

SM, quien también es "judío (sic)", dejó Goldman Sachs en 2002 para ir a trabajar con el megaespeculador George Soros –supuestamente enemigo mortal de Trump–, quien lo ayudó a montar Duke Capital Management.

Pesó mucho en el nombramiento de SM la cercanía con el yerno de Trump, Jared Kushner, quien fraguó con Videgaray la polémica visita a México.

De entrada, SM, como el mismo Trump, fustigó la “estricta regulación financiera de la Enmienda Dodd-Frank, que impide los "préstamos bancarios".

El rotativo israelí Haaretz desmonta la "conexión de Hollywood" de SM con el multimillonario australiano James Packer (JP) “cuyos regalos (sic) a la familia Netanyahu están siendo investigados por la policía de Israel (https://goo.gl/kZ7vH0)” ¡Uf!

SM, "primer miembro judío del gabinete del presidente electo, es también socio de un íntimo y confidente del primer ministro Benjamín Netanyahu, el multimillonario australiano JP".

Se asienta más la Santa Alianza entre Trump y Netanyahu, en paralelo a la convergencia supremacista racista de los WASP y el sionismo (https://goo.gl/97zQ4p).

La sociedad de SM con JP se gestó hace 3 años con la fusión de Dune Entertainment y RatPac Entertainment, la cual ha producido más de 20 películas que incluyen éxitos como Gravity (¡súper sic!), Mad Max y Batman vs Superman. SM financió películas de 20th Century Fox entre 2005 y 2012, que incluyeron Avatar.

Según The Hollywood Reporter, citado por Haaretz, el megaproductor de cine israelí-estadunidense Arnon Milchan (otro íntimo de Netanyahu), fue quien conectó a a JP con SM, de 53 años, quien “perteneció a la sociedad secreta Huesos y Calaveras” de Yale ¡súper uf!

Resulta y resalta que Hollywood sea uno de los mayores centros sionistas del planeta.

SM, que FT cataloga como "un banquero con talento para la reinvención", tuvo "vínculos de negocios contra las víctimas de la crisis hipotecaria", cuando “hizo su fortuna al comprar IndyMac, una de las principales causales de la crisis hipotecaria, y luego la vendió al doble 5 años más tarde (https://goo.gl/SSZy3v)”.

El banco con sede en Pasadena, que jefaturó SM, rebautizado como OneWest, "remató 36,000 (sic) casas en California entre 2009 y 2014" con dedicatoria racista en las vecindades de los no blancos, mientras el banquero ostentaba una mansión de 26 millones de dólares.

El historial personal y financiero del banquero cineasta SM no es nada edificante y dejo en el tintero sus múltiples quiebras y escándalos.

Según FT, los "mercados" han reaccionado en forma entusiasta a los presagios de "recargar el crecimiento económico entre un 3 y 4 por ciento". Los problemas son a largo plazo con un superdólar que obstaculice las exportaciones y sustente el pantagruélico incremento de los empréstitos bancarios, y la disminución de impuestos con gastos colosales en infraestructura e impulso a la manufactura. El objetivo de SM será “restablecer a la Secretaría del Tesoro como guía crucial de la economía (https://goo.gl/S7EdTH)”.

Trump también considera al presidente de Goldman Sachs, al israelí-estadunidense Gary Cohn –del partido Demócrata (sic) e íntimo de Jared Kushner, el "poder tras el trono"–, para la Oficina de Manejo del Presupuesto (OMB, por sus siglas en inglés; (https://goo.gl/Z3adio).

Los favores se pagan y los "analistas" de Goldman Sachs vaticinan ya un alza de 9 por ciento en las acciones en los primeros meses de 2017, en especial, para las empresas que cotizan en S&P 500 (https://goo.gl/J7D38g).

Las críticas del Partido Demócrata no se han hecho esperar y Robert Reich, del ala izquierda y anterior secretario del Trabajo con Clinton, fulminó que “Trump compitió como populista, pero gobernará como oligarca (https://goo.gl/0dHJif)”. Mas bien, como plutócrata neoyorquino y de los casinos.

NYT arremete que el “gabinete económico de Trump señala la adopción de la élite de Wall Street (https://goo.gl/wnqbL5)” y pone en la picota la "colección de conflictos de interés" de su “imperio comercial global (https://goo.gl/hrjIJU)”, además de haber "juntado" a la administración más rica en la historia moderna de Estados Unidos con una fortuna de casi 35 mil millones de dólares (https://goo.gl/fqZMzi).

Sus nombramientos "torbellino" sirven para todos los gustos cuando Trump mantiene acrobáticamente un pie financierista en el viejo sistema –quizá para evitar un magnicidio como exigen los propagandistas de George Soros, no se diga para diluir la fronda del Colegio Electoral cuando los recuentos se han esfumado en forma extraña de los titulares–, mientras avanza con su otro voluminoso pie en su política de guerra comercial, su postura contra la reforma de salud de Obama, la ley antimigratoria, la fortaleza ultraconservadora del Poder Judicial y la fortificación militar, mientras coquetea con el zar Vlady Putin.

La columna vertebral del Poder Judicial (con Jeff Sessions), la Suprema Corte (con su inminente nombramiento ultraconservador), y el binomio Defensa/Seguridad Nacional es consistentemente sólido.

El nombramiento del general retirado de los marines, James Mattis, rompe con una tradición de 65 años que un militar no debe dirigir el Pentágono (https://goo.gl/5HZ7DU).

La Seguridad Nacional está a cargo del teniente general retirado y ex director de la DIA, Michael Flynn, y el graduado en la Academia Militar de West Point, Mike Pompeo, es el nuevo director de la CIA.

No existen contradicciones ni esquizofrenia: Estados Unidos se reorganiza en las finanzas/comercio y se remilitariza con Trump, ungido por el Deep State ("Estado Profundo").

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Trump analiza para Defensa al general retirado James Mattis

Mientras jugaba al golf, el presidente electo de Estados Unidos daba pistas sobre los otros posibles nombres de su gabinete. Elogió a Mattis como “verdadero general de generales”. Y se reunió con el ex candidato Romney, quien suena para la Secretaría de Estado.


Después de una serie de designaciones que despertó repudio y preocupación de la oposición y grupos de derechos civiles, Donald Trump anunció ayer que está analizando al general retirado James Mattis como posible secretario de Defensa, un hombre que encabezó las invasiones a Irak y Afganistán, y un enemigo acérrimo de Irán.


Al mismo tiempo, el vicepresidente electo, Mike Pence, confirmó que el ex gobernador de Massachusetts y ex rival electoral de Barack Obama, Mitt Romney, está “siendo considerado” para liderar la Secretaría de Estado, según la entrevista que ofreció a la cadena de noticias Fox News.


El sábado Romney visitó a Trump en el Club de Golf Nacional Trump, en Nueva Jersey, un lujoso predio, en el que el mandatario electo y su vicepresidente pasaron todo el fin de semana, reuniéndose con dirigentes y potenciales miembros de su gobierno, que asumirá el poder el próximo 20 de enero. Según explicó ayer Pence, la reunión con Romney fue “cálida y sustantiva”, pese a los dardos que se cruzaron Trump y el ex gobernador de Massachusetts durante la campaña presidencial.


La agenda del presidente y vice electos continuó con un juego de golf a media mañana, seguido por una misa en una iglesia protestante presbiteriana cercana. Antes de entrar a la ceremonia dominical, Trump informó a través de su cuenta de Twitter que continuarán las reuniones políticas. “Muchos patriotas vendrán a Bedminster hoy (por ayer) mientras sigo llenando los casilleros necesarios para hacer grande de nuevo a Estados Unidos”.


Acto seguido, informó que está considerando al general retirado James Mattis para encabezar la cartera de Defensa. “¡Un verdadero general de generales!”, escribió el magnate y contó que el sábado se reunió con él en su club de golf.


Mattis es un general retirado de Infantería de Marina y dirigió entre 2010 y 2013 el Mando Central (Centcom) de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, es decir, controló los dos escenarios más conflictivos del mundo: Medio Oriente y Asia Central. Además comandó las primeras fuerzas de la Infantería de Marina que invadieron Afganistán en 2001 e hizo lo mismo en Irak dos años después.


Pese a ser un comandante militar reivindicado por el gobierno republicano de George W. Bush y por el del demócrata Barack Obama, Mattis finalmente fue removido cuando confrontó en público al actual presidente por su política de negociación nuclear con Irán, un país al que el posible funcionario de Trump calificó como la mayor amenaza de la región para Estados Unidos.


Tanto durante la campaña como después de haber ganado, Trump prometió suspender el acuerdo nuclear que Estados Unidos y el resto de las principales potencias del mundo firmaron con Teherán para congelar su producción nuclear a cambio de levantar las principales sanciones financieras y económicas que existían contra la República Islámica.


Mientras Trump dice estar concentrado en formar a su futuro gobierno, el diario The New York Times denunció ayer que la semana pasada el presidente electo se reunió en la Trump Tower con tres empresarios indios, que están construyendo un complejo de departamentos de la cadena Trump en su país. La noticia reanudó el debate sobre el conflicto de intereses que existe entre el rol de Trump como presidente electo y su aún activo papel como empresario. La vocera de la Organización Trump, Breanna Butler, no negó la información, sino que aclaró que “no fueron encuentros formales”.


Las designaciones recientes del mandatario electo para cubrir algunos puestos claves (fiscal general, asesor de Seguridad Nacional y principal estratega y asesor de la Casa Blanca) despertaron críticas del Partido Demócrata y organizaciones defensoras de los derechos civiles.


Simultáneamente, Trump inició un ciclo de reuniones con republicanos moderados o ex rivales, como Mitt Romney, o el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie, implicado en un escándalo.


Romney está en carrera por el puesto de secretario de Estado, pese a haber denostado a Trump durante la campaña, describiéndolo como un “fraude” y reprochándole algunas propuestas como la de prohibir el ingreso en el país de musulmanes extranjeros.


Si fuera elegido, Romney traería una mirada republicana más ortodoxa a la política exterior, aunque después de la conversación se abstuvo de decir si le habían o no ofrecido el puesto que le interesaba.


Otros políticos se acercaron ayer hasta el lujoso club de golf de Trump, como el también candidato a secretario de Estado y ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani; el defensor de la “autodeportación” de indocumentados Kris Kobach, y los inversores millonarios Wilbur Ross (considerado para secretario de Comercio), David McCormick y Jonathan Gray.

Publicado enInternacional
Lunes, 01 Agosto 2016 07:47

Lágrimas de esperanza

Lágrimas de esperanza

Cuando no es el enemigo el que atenta contra un milagro colectivo, sino los que dicen que son aliados, que usan las mismas palabras no para crear o defender algo en común, sino para sus propios intereses, dispuestos a maniobrar e incluso traicionar a quienes son sus compañeros de camino para alcanzar sus ambiciones personales, siempre con la justificación de que lo hacen por el bien de todos, esos son los que cometen uno de los delitos más graves posibles: anular esa solidaridad esencial que intenta alcanzar algo noble, justo e inocente.

 

El enemigo no engaña, todos saben que está dedicado a derrotar lo que se le opone. Un aliado tiene que engañar para derrotar o atacar a otro aliado. Este es el veneno de proyectos y esfuerzos colectivos y siempre se disfraza de lo opuesto.

 

Los políticos están acostumbrados a esto, por eso su profundo cinismo (con excepciones); aceptan que así es este juego, hay que ser pragmáticos, y por lo tanto a veces es necesario sacrificar la verdad. Hay columnistas y periodistas que obran igual que los políticos, o que son sus compinches, y tienen el mismo talento para el uso engañoso de la grandilocuencia –usan palabras muy bonitas para cosas muy feas–, gozan plenamente de ser invitados a la mesa grande del debate oficial y conocen los trucos del poder, los cuales usan, si es necesario, contra sus aliados. Claro, todo en nombre de las mejores intenciones. Cuando se les cuestionan los motivos, responden: déjense de las ilusiones, así es este juego, no sean inocentes.

 

Las ilusiones y la inocencia en la defensa de los principios son justo lo que más se necesita para los milagros. Todo lo demás es sospechoso.

 

La pugna dentro del Partido Demócrata entre el establishment representado perfectamente por los Clinton y la insurgencia inspirada por Bernie Sanders es en gran parte una lucha entre los que hablan de las causas comunes de las mayorías, pero en los hechos obran para los intereses del poder, y los que buscan rescatar la lucha por esas causas comunes, a pesar del poder. La "revolución política" de Bernie Sanders fue apoyada de manera abrumadora por los menores de 45 años –los jóvenes–, el futuro por definición.

 

El fenómeno fue primero descartado por la cúpula (y los medios), pero llegó a tal nivel que tuvieron que recurrir a complots, fraudes, burlas y actos de intimidación para frenarlo, algo que se constató en la convención en Filadelfia la semana pasada.

 

Un par de jóvenes salieron de la Convención Nacional Demócrata justo antes de que culminara con el discurso de Hillary Clinton al aceptar la corona de su partido como candidata presidencial. "No aguantamos quedarnos para eso", afirman. Platican un poco de sus emociones, de sus meses de participación en la causa convocada por Sanders para crear un país más justo e igualitario para todos, de recuperar una democracia que había sido secuestrada por los más ricos, para sentirse parte y no espectadores de una historia que se atrevía a soñar con algo más noble, y la solidaridad que brota de compartir ese sueño con millones. Saben que con su inocencia amenazaron a una de las instituciones más poderosas y ricas del mundo; saben que a pesar de maniobras para frenarlos –incluido el fraude– seguían ganando. Pero después sus proclamados aliados, del mismo partido, y a pesar de que la nueva candidata había pronunciado que compartía muchas de sus posiciones y en la convención declaró: “los he oído... Su causa es nuestra causa”, los operadores del partido, con gran parte de los medios, empezaron a solicitarles que abandonaran su inocencia, que se dieran por vencidos, que así es esto, que dejen de chillar, que se subordinen a la reina del pragmatismo. Es una invitación al desencanto.

 

La joven dijo que no pensaba obedecer a estos "aliados", que insistiría en que todo esto sirvió de algo, que no sabía cómo, pero seguiría luchando por lo que creía. Cuando se le comentó que habían hecho algo sin precedente al llevar esta insurgencia a este punto, de repente corrieron lágrimas de ira, de tristeza, sólo porque sus aliados –no algún enemigo– habían intentado anular su inocencia de creer en algo noble. ¿Cuantas veces ha sucedido este crimen aquí y en todo el mundo?

 

Lo que surgió como un milagro, como algo inesperado y prometedor para el futuro del partido, se percibió por la cúpula (y sus aliados en los medios) como algo primero irritante y finalmente como una amenaza. Una y otra vez pidieron que Sanders y su movimiento se rindieran, una y otra vez indicaron que no tenía posibilidades, que estaban jodiendo, que era un idealismo tonto y que no tenían propuestas realistas.

 

El argumento de Clinton y sus seguidores a los partidarios de Sanders durante meses fue que, si verdaderamente deseaban promover cambios y no sólo sueños, no había nadie más experimentada y talentosa que la candidata para lograr "cambios reales" dentro del sistema. La respuesta de un coro de mujeres jóvenes fue: "no queremos cambios dentro del sistema, queremos cambiar el sistema".

 

Clinton no convence a los sanderistas por la misma razón que más de dos tercios de la opinión pública: no confían en ella.

 

En su discurso triunfal ante la convención, declaró que el "gran dinero" tiene que salir del sistema político. Al siguiente día, el Wall Street Journal reveló que la campaña de Clinton ha recibido 48.5 millones de dólares del sector de los hedge funds (mientras Trump sólo ha recaudado 19 mil dólares de ese mismo sector). Desde las suites de lujo en la arena Wells Fargo (el nombre de uno de los grandes bancos nacionales), los representantes que lucran justo con lo opuesto de lo que Clinton prometía en su discurso progresista la escuchaban y sonrían mientras bebían vino.

 

Los de Sanders los observaban desde abajo, y todo quedaba claro.

 

Algunos aliados se dedican a destruir milagros cuando éstos estorban sus intereses y su contagio por la enfermedad del poder. Los cínicos no lloran. Por eso, las lágrimas de una joven siguen dando esperanza aquí y en todo el mundo.

Publicado enInternacional
Daniel Ortega asesta otro golpe al Parlamento y se hace con todo el poder en Nicaragua
El Tribunal Electoral, controlado por el presidente, despoja a la oposición de sus escaños parlamentarios. Ortega impone en Nicaragua un régimen de partido único

 

El Tribunal Electoral de Nicaragua entregó este viernes al presidente Daniel Ortega el control total del Parlamento, al despojar a los diputados de la oposición de sus escaños. El mandatario nicaragüense consolida así todo el poder en su figura, con tintes cada vez más autoritarios, e impone un régimen de partido hegemónico en el país centroamericano.

 

El fallo del tribunal ordena a la directiva de la Asamblea Nacional el despojo de los escaños a los diputados que fueron electos en 2011 por el PLI, que comandaba el líder opositor Eduardo Montealegre.

 

El 8 de junio, la Corte Suprema ya había despojado a Montealegre de la representación legal del partido. Con aquella decisión, la justicia nicaragüense dejaba a la oposición sin una casilla electoral para participar en las presidenciales de noviembre, en las que Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), será el único candidato importante en liza.

 

La Corte entregó la representación del Partido Liberal Independiente (PLI) a un político de poca monta que hasta entonces era desconocido en Nicaragua, Pedro Reyes, quien exigió obediencia a los 20 diputados elegidos en 2011 por el PLI y su aliado, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

 

Estos representantes opositores —que desde su elección han denunciado desde el Parlamento las arbitrariedades de Ortega, convirtiéndose en una voz incómoda para el presidente— se negaron a obedecer a Reyes, al que consideran un “aliado silencioso” de Ortega, y éste pidió al Tribunal Electoral que los despojase de sus escaños, decisión que ha tomado este jueves.

 

De esta manera, Reyes pasa a las páginas de la historia de Nicaragua como el político que entregó todo el poder a Ortega, considerado por la oposición como un mandatario autoritario que quiere imponer una nueva dinastía familiar en el país, que no logra sacudirse un pasado de opresión, dictaduras y guerras.

 

Varios dirigentes del MRS, fundado en 1994 por el exvicepresidente y escritor Sergio Ramírez y conformado por disidentes del Frente Sandinista, denunciaron en un comunicado publicado en redes sociales que el presidente “ha liquidado la Asamblea Nacional sacando a diputados opositores”. Por su parte, el movimiento Ciudadanos por la Libertad —que aglutina a los simpatizantes de Montealegre y a los diputados opositores despojados de sus escaños— también emitió una nota crítica con la decisión judicial. “Podrán destituir a todos y quitarnos un partido, pero la dignidad y principios nunca”, remarcaba.

Publicado enInternacional
Wikileaks sigue haciendo correr tinta, mucha de la mala, poca de la buena. La mayoría de los analistas internacionales reconocen el valor histórico que tienen los documentos de Wikileaks pero observan también su escaso valor estratégico: gran parte de las informaciones eran conocidas. No obstante, políticos y analistas se asombraron con la virulenta reacción de Washington. Lo que estaba en juego de pronto no merecía tantas amenazas ni consideraciones graves, al estilo de las declaraciones de Hillary Clinton cuando dijo que las filtraciones ponían “en peligro” la seguridad de Estados Unidos y la de los aliados. Con todo, la gravedad se impone, por muchos motivos.
 
Barthélémy Courmont piensa que el caso Wikileaks marca el fin de una época. Courmont es uno de los analistas internacionales más brillantes de Francia. Investigador asociado en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, IRIS, especialista inimitable de la política exterior de Estados Unidos y de los temas de seguridad ligados a Asia del Norte y del Este, analista sólido de las cuestiones nucleares y de las nuevas amenazas, Barthélémy Courmont es también autor de unos veinte libros de geopolítica. Su libro editado en español por Alianza, La guerra, una introducción (2010), constituye uno de los análisis más pertinentes sobre los resortes de los conflictos armados.
 
En esta entrevista con Página/12, Courmont analiza el impacto, la validez, el contenido y las implicaciones del cablegate en el conjunto de las relaciones internacionales.
 
–Usted señala que los documentos secretos difundidos en los últimos días no son sino un collage de chusmeríos. La mayoría de las cosas eran conocidas. Sin embargo, usted piensa que asistimos al fin de una época. ¿Por qué?
 
–Esa es la gran paradoja de este asunto: están por un lado las revelaciones, que no nos revelan nada extraordinario, y por el otro los cambios profundos que su difusión acarreará. En adelante será difícil para los diplomáticos de las grandes potencias comunicar entre ellos sin temor a que los hackers los estén espiando, con el riesgo de que sus observaciones sean expuestas al gran público. Toda la diplomacia puede verse trastornada para siempre. De la misma forma, las relaciones de confianza serán más difíciles de pactar y, en lo que atañe a este punto, es la credibilidad de Estados Unidos la que se vio fuertemente afectada.
 
–Estos documentos nos muestran cómo los diplomáticos norteamericanos ven las cosas pero muy poco sobre el fondo del asunto, o sea, sobre lo que la primera potencia mundial hace realmente.
 
–Absolutamente, eso ya es suficiente, en especial cuando vemos la condescendencia que manifiestan los diplomáticos norteamericanos frente a algunos países. En un sentido, lo que se ha revelado es la forma en que las grandes potencias practican la diplomacia y, en este caso concreto, cómo la prActica Estados Unidos.
 
–¿No le ha llamado la atención la ausencia de información sobre el conflicto israelí-palestino y acerca de los verdaderos temas de nuestra época?
 
–Realmente no. Los dossiers más sensibles no van y vienen como chismes. En los documentos de Wikileaks sólo se ven las opiniones sobre esos dossiers. Vemos a los diplomáticos hacer juicios sobre Irán o el papel de China en Corea del Norte, pero no vemos cuáles son las orientaciones estratégicas de los Estados Unidos sobre esos dossiers. Ello se explica porque los documentos que se pusieron en línea no están protegidos por el sello “secreto de defensa”. Por consiguiente, su confidencialidad no es tan fuerte como la de los documentos que revelan asuntos sensibles. Por otra parte, las informaciones que están ahora en línea son sólo documentos de diplomáticos. El Departamento de Defensa no está concernido, lo mismo que las agencias de seguridad como la CIA o el FBI.
 
–Usted se ha asombrado mucho con el hiato que hay entre el contenido de los documentos y la amplitud que adquirió el caso.
 
–La reacción norteamericana fue de una violencia pocas veces vista y contrasta con el contenido de los documentos, que no trastornan el tablero internacional. Al hablar de acto criminal que ponía en peligro a los Estados Unidos, la administración Obama va muy lejos porque esas acusaciones llevan a comparar a Wikileaks con un grupo terrorista o un Estado mal intencionado. Uno se pregunta en qué la seguridad de los Estados Unidos está amenazada por la divulgación de estos documentos. Las cosas serían distintas si se hubiese tratado de la localización de bases estratégicas, de planes de guerra y cosas de ese tipo. Pero no es el caso. Por otra parte, cuando Hillary Clinton se desplazó a Kazajstán, allí declaró que las fugas de Wikileaks no perjudicaban la política extranjera de los Estados Unidos. Esto indica hasta qué punto las primeras reacciones de Washington fueron excesivas, y ni hablar del gobierno italiano, que mencionó un “11 de septiembre de la diplomacia” arriesgándose a naufragar en el ridículo.
 
–Para usted, el interés del escándalo Wikileaks reside en la interpretación de los documentos. ¿Cuál es la buena interpretación estratégica, y cuál la mala interpretación?
 
–Eso es lo que se están planteando las autoridades norteamericanas, pero aún no fueron capaces de dar una respuesta válida. Tal vez sea ésa la razón por la cual Assange no ha sido aún arrestado y también la razón por la cual Hillary Clinton alterna sus reacciones. Si Washington elige arrestar a Julian Assange, criminalizar las actividades de Wikileaks y reforzar la seguridad de los documentos más o menos secretos, las fugas de este tipo ya no serán posibles. Pero en ese caso podremos interrogarnos sobre esos métodos, que serían indignos de una democracia que se presenta como un modelo y que, a menudo, exhibe la transparencia como argumento para democratizar los regímenes autoritarios. Esa respuesta equivaldría a aplicar los mismos métodos que China, país que recientemente detuvo a varias centenas de hackers quienes, en realidad, no eran más que internautas que buscaban comunicar verdaderas informaciones en línea. Si siguen este ejemplo, Estados Unidos se verá señalado y burlado. Los comentarios burlones de Vladimir Putin son un adelanto de todo esto. Pero, por otro lado, si Washington decide no actuar con el pretexto de que esas informaciones no son de alta confidencialidad y no plantean ningún verdadero peligro, se corre el riesgo de que este tipo de prácticas se repitan al infinito. Se puede llegar al punto de que ya nada será secreto en las prácticas políticas de las potencias democráticas. Eso es lo que desea Assange, quien asocia la falta de transparencia a la conspiración y a los regímenes autoritarios. Para él, la transparencia debe ser total, y si no hay transparencia eso significa que hay cosas que esconder. Sería difícil para los Estados Unidos optar por esa vía pues comporta riesgos reales, que no conciernen a los documentos divulgados por Wikileaks sino a planes de defensa, estrategias nucleares o documentos de los servicios secretos. Los dirigentes norteamericanos entendieron que un caso como el de Wikileaks no puede tratarse como una amenaza emanando de una potencia enemiga o de un grupo terrorista, y que de las respuestas que se den dependerá en gran parte la imagen de los Estados Unidos.
 
–Según usted, ¿estas fugas empañarán la confianza de los aliados en los Estados Unidos?
 
–Sí, y por dos razones distintas. La primera porque, en adelante, los aliados de Washington no sólo van a dudar comunicar a los diplomáticos norteamericanos temas sensibles o contar los juicios de otros diplomáticos, sino que también se van a mostrar escépticos frente a la actitud de sus interlocutores norteamericanos. Los aliados se van a interrogar también sobre lo que esos diplomáticos dirán a sus espaldas. La segunda razón radica en que los aliados de Estados Unidos van a dudar sobre la capacidad de Washington de proteger las informaciones. El hecho de que un joven soldado de 23 años haya llegado a transmitir semejante volumen de información a Wikileaks es una cachetada para Estados Unidos, tanto más cuanto que Washington fue incapaz de impedirlo pese a que Wikileaks existe desde 2006. Frente a riesgos asimétricos de este tipo, Washington muestra puntos débiles, y ello le causa un inmenso daño en la confianza que los aliados pueden manifestar.
 
–¿No le llamó la atención la preocupación del Departamento de Estado por la salud mental de la presidenta argentina?
 
–Sí, porque esas consideraciones parecen excesivas, o al menos desplazadas. ¿Acaso los ministros de Relaciones Exteriores de las grandes potencias se preocuparon por la salud mental de George Bush? Parece poco serio a primera vista. La cuestión es muy molesta para Hillary Clinton cuando se sabe cuáles eran (y tal vez lo sean aún) sus ambiciones políticas. Visto el recorrido de los esposos Kirchner, de pronto no es tan extraño. Todo el mundo sabe que la secretaria de Estado norteamericana se interesa de cerca en la presidenta argentina, pero uno puede asombrarse de que la salud mental de la Presidenta le haya preocupado tanto.
 
–Estos documentos nos muestran a un país obsesionado por su poder y por los medios de mantenerlo.
 
–No es una sorpresa, y tampoco es criticable. Es normal que la primera potencia busque conservar lo adquirido y que eso se vuelva una obsesión. Creo que es una de las características de las grandes potencias. Estados Unidos no son una excepción.
 
–Los directores de esos cinco diarios que divulgaron la información aseguran que las revelaciones tornan más transparente la democracia. ¿Está usted de acuerdo con esa idea?
 
–Estoy de acuerdo con esa idea, que también va en el sentido de lo que piensa Julian Assange. El es partidario de una transparencia total, y los cinco diarios lo siguieron en esa vía. Visiblemente, los dirigentes norteamericanos no piensan de la misma manera.
 
–¿No cree usted que este asunto ha hecho pasar las relaciones internacionales a la altura de revista de conventillo, de chismes de farándula?
 
–Sí, hay algo de eso en las “revelaciones” de Wikileaks. Los chismes del mundo diplomático no son apasionantes y los rumores de corredor no nos informan verdaderamente sobre las estrategias de las grandes potencias y la gestión de los dossiers. Saber lo que los dirigentes franceses o norteamericanos de segundo rango piensan sobre el régimen iraní tiene poco valor, al margen de comprender cómo una adición de pequeñas discusiones, de comentarios vivos y observaciones más o menos adecuadas tienen efecto sobre la política exterior de las naciones. Es una de las lecciones que hay que retener de todo esto.

Por Eduardo Febbro
Desde París
Publicado enInternacional
Decenas de personas murieron hoy durante los enfrentamientos entre la policía y manifestantes opositores que reclamaban la renuncia del presidente Kurmanbek Bakiyev, quien ya habría abandonado el país. "Hemos acordado que el Gobierno renunciará", declaró Galina Skripkina, miembro del Parlamento y figura del opositor partido Socialdemócrata. Por su parte, Rosa Otunbáyeva, ex ministra de Exteriores y jefa del Gobierno de unidad popular formado por la oposición, aseguró que "el poder de la república lo controla la oposición. Nadie sabe dónde se encuentra el presidente".

Kirguistán, un país montañoso ubicado en el centro de Asia que limita con la República Popular China, Kazajistán, Uzbekistán y Tayikistán, es clave en la guerra en Afganistán que lidera Estados Unidos. El mes pasado, en esta ex república soviética se cumplieron cinco años de la revuelta que llevó al poder al mandatario ahora prófugo.

En los últimos meses, organizaciones de derechos humanos internacionales acusaron a autoridades de tomar duras medidas contra las voces disidentes. Kirguistán fue el blanco de incursiones a través de la frontera de parte de guerrillas islámicas en 1999 y el 2000. El país apoyó la campaña de Washington contra los los talibanes de Afganistán e invitó a las fuerzas de Estados Unidos a lanzar operaciones desde su territorio.

Actualmente tiene en su territorio dos bases aéreas, una rusa y otra estadounidense. Fuerzas de Estados Unidos fijaron su base en Kirguistán cuando derrocó al Gobierno talibán en Afganistán a fines del 2001 y empleó la base de Manas para apoyar las operaciones en territorio afgano.

El parlamento de Kirguistán aprobó en febrero del 2009 el cierre de la base estadounidense, luego de asegurar compromisos de asistencia por 2000 millones de dólares de parte de Rusia. Washington luego acordó pagar 180 millones de dólares a la ex república soviética para mantener la base abierta.

La mayoría de los 5,3 millones habitantes de Kirguistán son musulmanes que hablan kirguiz y ruso, los dos idiomas oficiales. Kirguistán vive en situación de pobreza tras el colapso de su economía, en la década de los noventa.
Publicado enInternacional