Ray Dalio: “Hay que rediseñar el capitalismo para que funcione para todos”

El fundador del fondo de alta rentabilidad Bridgewater, con activos equivalentes al 11% del PIB español, dice que la próxima crisis será peor y pide que limemos nuestras diferencias políticas para salvar la democracia

 

Este hombre ha ganado —y ha hecho ganar— dinero a espuertas. Creó en los años setenta el fondo de alta rentabilidad Bridgewater, que en 2016 manejaba 135.000 millones de euros, el equivalente al 11,6% del PIB español. Igual que ganó dinero, en sus comienzos también lo perdió. Se arruinó, pero resurgió de sus cenizas, así que conoce de primera mano los vaivenes de los mercados y también de las malas decisiones. Hijo único de una pareja de italoamericanos, nació en Queens (EE UU) en 1949. Su padre era músico de jazz y para su desesperación a su vástago nunca le interesó buscar seguridad laboral. Le iba demasiado la marcha. Con lo que ganó siendo cadi en un campo de golf más 4.000 dólares que la prestaron sus padres, empezó la aventura de las finanzas.


Ahora, 40 años más tarde, acaba abandonar la primera línea de su empresa. Ha publicado Principios (editorial Deusto), en el que detalla con exhaustividad los suyos. Lo primero que se exige a sí mismo y a todos sus empleados es sinceridad radical, lo que da una idea del estilo Dalio. Atiende en la sede de la Fundación Rafael del Pino. Habla despacio, con la determinación y la paciencia de quien quiere pasar su mensaje. Conoce España. Lleva 40 años casado con una mallorquina, con la que tiene cuatro hijos. Reparten su tiempo entre Connecticut, Nueva York y Andratx, en la isla de donde es su mujer.


PREGUNTA. Usted habla en su libro sobre la lucha entre los dos yos que todos tenemos dentro, el que busca el bien universal y el egoísta. ¿De qué forma determina eso el mundo?


RESPUESTA. Muchísimo. Estamos en una batalla constante. Todos sufriremos si gana el yo egoísta porque haremos cosas ilógicas y dañinas los unos a los otros.


P. Predijo hace tiempo que aumentarían los extremismos. ¿Cómo rebajamos el miedo de quienes temen que los inmigrantes les quiten el trabajo?


R. La única forma de lograrlo es con un líder que reconozca que solo hay un camino: el compromiso y la unidad, no la fragmentación. Si yo me presentara como presidente, crearía un Gabinete con todas las sensibilidades políticas, intentaría aunar las facciones razonables de ambos lados para trabajar los problemas. El extremismo te mata. Recordad vuestra Guerra Civil.


P. La mayoría la tiene en mente.


R. Ambas partes tienen que esforzarse por entender a su opositor. Por otro lado, la desigualdad de oportunidades está en marcha a causa de los cambios tecnológicos, que empeorarán la desigualdad, y ambas partes tienen que tratar el tema como una emergencia nacional. Si tuviéramos un buen líder, se daría cuenta. Creo que el capitalismo está en riesgo, así como la democracia. Está en riesgo porque no está funcionando para un porcentaje significativo de la población.


P. ¿Y cómo lo solucionamos?


R. Creo que habría que rediseñar el capitalismo para que funcione para todos. A través de microfinanzas… Se pueden hacer muchas cosas o nos cargaremos el capitalismo. Y que la democracia funcione con ambas partes trabajando y haciendo concesiones constantes.


P. ¿Por qué tiene interés en propagar sus principios?


R. No busco que los adopte nadie, pero sí me gustaría que la gente los considerara y que desarrollara unos propios. Tener unos principios claros en los que creo me ha ayudado.


P. Muchos tienen principios, pero no tan detallados.


R. Hay que ir al detalle. En el pasado había unas normas comunes, la mayoría religiosas… Hoy estamos demasiado ocupados pensando en cómo ser funcionales. No puedes quedarte en “seré una buena persona”. Es demasiado vago. Debes detallarlos y cumplirlos. ¿Cuáles son los principios que unen a los españoles? Nadie lo sabe. ¿Queremos estar unidos o lo contrario? ¿Queremos tener suficientes principios que nos unan?


P. En 2007 avisó a la Casa Blanca de que se avecinaba una crisis financiera. ¿Siente ahora en la nuca los ojos de la gente esperando su próximo aviso?


R. Así es. Y creo que tendremos problemas de nuevo. Será diferente a 2008. Más gradual y más severo. Veo deuda externa, el peso de las pensiones y de la sanidad… Los bancos centrales ya no tienen apenas munición para estimular la economía. Con los tipos de interés casi a cero es difícil promover el crédito, la locomotora de la economía. Además, ahora tenemos una desigualdad enorme. Va a ser mucho más difícil salir de la próxima crisis con la gente dividida y luchando entre sí.


P. El hecho de ser hijo de un músico de jazz, ¿de qué manera cree que le ha influido?


R. La idea de la improvisación típica del jazz afectó a mi manera de pensar. Sí veo su influencia en mi determinación y mi acercamiento a la vida. Se necesita flexibilidad y creatividad para hacer lo que hago, tienes que pasártelo bien. Es una aventura muy divertida.


P. ¿No le paraliza la idea de arruinarse de nuevo?


R. Si eliminas los riesgos, no experimentas. El riesgo está más en tu mirada. Tu acercamiento al dinero se parece mucho a tu acercamiento a la vida. Mi visión era esta: ¿tiene mi familia una cama en la que dormir? ¿Tengo suficiente para la educación de mis hijos? ¿Puedo pagar el seguro de salud? Si la respuesta es sí, ya no hay riesgo ninguno. A partir de ahí, puedo arriesgar y arriesgar bien.


P. ¿Cómo aconseja a los inversores particulares que sorteen los momentos de turbulencia?


R. Tienen dos opciones: pueden intentar surfear el mercado, anticipando los movimientos mejor que los profesionales, no lo recomiendo, o buscar un equilibrio en sus inversiones. El que te vaya bien o mal depende del ciclo económico, y lograr ese equilibrio es más complicado de lo que parece. Aconsejo tener activos que funcionen en todas las circunstancias: si la economía crece o cae, si aumenta o baja la inflación… Conocer la relación entre esos activos es el secreto de un buen inversor. Y no se fijen en el pasado, y menos aún en el reciente. El mayor fallo es pensar que lo que ha funcionado volverá a hacerlo.

Por CARMEN PÉREZ-LANZAC
14 ENE 2019 - 18:00 COT

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Bolsonaro y López Obrador, dos estilos para gobernar las grandes potencias de América Latina

Con pocas semanas de diferencia Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador asumieron la presidencia de sus países, Brasil y México, las dos mayores economías latinoamericanas. Sus primeros pasos anticipan, en ambos casos, las principales contradicciones que enfrentarán en los próximos años.

 

Bolsonaro es el monumento a la improvisación: en los diez primeros días de su gobierno —asumió el 1 de enero—, debió retractarse de forma casi permanente. Sus dos principales tropezones fueron anunciar una base militar de los Estados Unidos en Brasil, inmediatamente rechazada por los militares, y críticas a la compra de Embraer —la principal empresa del país y tercera aeronáutica comercial de mundo— por la Boeing, que provocó hondo malestar en los mercados.

Por el contrario, el presidente mexicano está cumpliendo sus anuncios de forma bastante puntual. Decidió un importante aumento del salario mínimo y comenzó su combate al robo de gasolina, o huachicoleo, movilizando al Ejército y la marina par controlar los ductos, lo que provocó desabastecimiento en las ciudades. La medida más polémica es la construcción del Tren Maya, una obra que mereció una contundente oposición del zapatismo así como de pueblos originarios y un sector de la opinión pública.


FUNDAMENTALISMO DE DERECHA


Boslonaro es producto de la tremenda descomposición del sistema político brasileño, que desde 2013 no fue capaz de responder a las demandas de una sociedad cansada de corrupción y desigualdad. En su gobierno confluyen tres fuerzas, según quedó en evidencia en los primeros días de enero: los militares que ocupan siete de los 22 ministerios y los neoliberales alineados detrás de Paulo Guedes, ministro de Hacienda formado en la Universidad de Chicago.


Entre ambas, gana terreno una tercera corriente que ejerce una fuerte influencia ideológica: los discípulos de Olavo de Carvalho, un filósofo anticomunista, astrólogo y activo youtuber que se convirtió en referencia de la familia Bolsonaro. A sus 71 años vive en Virginia, Estados Unidos, ha publicado 19 libros, defiende tesis conspirativas y delirantes como que la tierra no gira alrededor del sol. Pese a ello, tuvo el poder como para indicar dos ministros: el canciller, Ernesto Araújo, y el ministro de Educación, Ricardo Vélez.


El canciller es un poema. La poderosa burocracia de Itamaraty lo rechaza, como sucedió el 2 de enero cuando asumió el cargo y cosechó raleados aplausos. En su discurso Araújo criticó la globalización y mostró un claro alineamiento con EE UU, Israel, Italia, Hungría y Polonia. “Brasil no puede entrar de cabeza en la guerra comercial de EE UU contra China, que se convirtió en nuestro mayor socio comercial, sin ganar nada a cambio”, editorializó el influyente Correio Braziliense (3 de enero de 2019).


El expresidente Fernando Henrique Cardoso aprovechó para lanzar su primer aguijón contra el nuevo Gobierno, advirtiendo que no sería oportuno tomar partido por Washington en la guerra comercial con China. “Es por lo menos anacrónico pensar que la competencia por el poder y la influencia en el sistema internacional se dará entre gladiadores comunistas y capitalistas, cruzados de la fe cristiana contra cosmopolitas sin fe ni patria” (El País Brasil, 6 de enero de 2019).


El ministro de Educación, a su vez, pretende erradicar la influencia de Paulo Freire, al que tacha de marxista, en el sistema educativo. De Carvalho y sus seguidores cuestionan la necesidad de que exista un ministerio de Educación y apoyan la propuesta del presidente de ampliar las escuelas militares que “tienen mejor calidad de enseñanza que las escuelas tradicionales” (El País Brasil, 12 de enero de 2019).


CONFRONTAR CON LOS MOVIMIENTOS

El Tren Maya es una obra faraónica que ningún presidente anterior pudo poner en marcha, en vista de la resistencia de los pueblos originarios. López Obrador es desarrollista y mantiene una férrea alianza con los grandes grupos empresariales que están detrás de esta iniciativa.


El Tren Maya está proyectado para 1.500 kilómetros y 12 estaciones, y según un reciente artículo del antropólogo Claudio Lomnitz en La Jornada, atraerá cuatro millones de turistas extranjeros, una cifra apenas inferior a los que recibe Cancún cada año. Para atender a esos visitantes habrá que destrozar entornos maravillosos como los de Palenque, pero el tren lubricará la explotación de los bienes comunes, como uranio e hicrocarburos,


El gobierno mexicano no consulta a los pueblos afectados, como es su obligación según tratados internacionales, pero ensayó un falso ritual con algunos representantes de esos pueblos y un referendo popular no vinculante, al que acudieron menos de un millón de votantes, de los 60 millones habilitados.


El gobierno de López Obrador, que asumió el 1 de diciembre, tiende a recorrer caminos muy parecidos al de Luiz Inacio Lula da Silva. En primer lugar, se rodeó de grandes empresarios, a quienes está entregando obras que, si se concretan, van a cambiarle la cara al país, en particular el Tren Maya y el Corredor Transístmico que unirá el Pacífico con el Caribe.

En segundo lugar, la realización de grandes obras de infraestructura profundiza el modelo neoliberal de acumulación por desposesión, facilita la corrupción por involucrar actores empresariales y mandos estatales acostumbrados a esas prácticas y, quizá lo más grave, fractura los vínculos con los sectores más activos de la sociedad, como los pueblos originarios. El Tren Maya y la represa de Belo Monte en la Amazonia tienen mucho en común.


No deberíamos olvidar que la debacle del Partido de los Trabajadores en Brasil comenzó con las manifestaciones de junio de 2013, que llevaron a 20 millones de jóvenes a las calles, convocados inicialmente por un pequeño y nuevo movimiento, el MPL (Movimento Passe Livre), que demandaba por el alto precio del transporte y la desigualdad.


En México son los zapatistas y el Congreso Nacional Indígena los que han dicho “no” a los proyectos desarrollistas sin su consentimiento. Sería muy penoso que luego del fin del ciclo progresista en Sudamérica, el gobierno mexicano transitara el mismo camino. La región parece encajonada entre la ultraderecha y el empeño en repetir recetas fracasadas.

Por RAÚL ZIBECHI

PUBLICADO
2019-01-15 06:00:00

 

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 Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestación en Berlín contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968. Rogge/ ullstein bild Getty Images

Antimilitarista, defensora de la democracia en el seno de la revolución, está considerada como la dirigente marxista más importante de la historia. Se cumple un siglo de su asesinato, pero su vasta producción teórica sigue viva

En el hotel Eden de Berlín, el soldado Runge le destroza el cráneo y la cara a culatazos; otro militar, también al servicio del capitán Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cadáver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del río Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecerá hasta dos semanas después. El Gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert acababa así con la vida de Rosa Luxemburgo (RL), la más importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la líder más significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.


Unos minutos antes, los mismos personajes habían asesinado al principal compañero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el único parlamentario que en primera instancia (año 1914) votó en el Reichstag (Parlamento) en contra de los créditos de guerra para financiar la presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado a la cárcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local donde había sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y se desmaya; arrastrado hasta un automóvil, es trasladado al Tiergarten, el gran parque berlinés, donde es rematado a sangre fría con disparos de pistola y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. “Intento de fuga”, dirá la nota oficial; la de Luxemburgo rezará: “Linchada por las masas”.


Era la noche del 15 de enero de 1919. Este martes se cumplirá el centenario de la detención y asesinato de los principales líderes de la Liga Espartaquista e iconos históricos de la revolución alemana de 1918-1919, que estalla inmediatamente después de que el Ejército germano fuese derrotado y humillado en la Gran Guerra. RL había pasado los cuatro años largos de la guerra en prisión, después de que en un mitin, en Fráncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria, que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los trabajadores de su país, que iniciasen una huelga general que se debía contagiar a los trabajadores de los otros países en el bando contrario, para que todos confluyesen bajo la misma bandera más allá de las patrias. Sale de la cárcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades y, sobre todo, de Berlín. Dos años antes, en otro mitin, el 1 de mayo de 1916, en medio de la conflagración, Liebknecht finaliza su arenga al grito de “¡Abajo la guerra, abajo el Gobierno!”. También es detenido y pasa en prisión dos años y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.


A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un periódico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus antiguos compañeros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revolución alemana de 1918-1919; Historia Iné¬dita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se planeó, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecutó de forma sistemática. Aparecieron carteles en los postes de las calles que decían: “¡Obreros, ciudadanos! ¡A la patria se le acerca el final! ¡Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el interior, por la Liga Espartaquista. ¡Matad a sus líderes! ¡Matad a Liebknecht! ¡Entonces tendréis paz, trabajo y pan!”. Firmado: “Los soldados del frente”. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de los dos abandonó Berlín ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban de domicilio.


¿Quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato? El protagonista material fue el capitán Pabst (quien décadas más tarde, en 1962, protegido por la prescripción del delito, habló abiertamente de lo sucedido) y su escuadrón de la muerte, pero —según el historiador Haffner— no actuaron como simples ejecutores que obedecían con indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de lo que hacían. La prensa burguesa y socialdemócrata difundió sin pudor sucesivas incitaciones al asesinato, mientras que los responsables socialdemócratas —Ebert, Noske, Scheidemann…— miraban hacia otro lado y permanecían callados.


Cuando RL y ¬Liebknecht salen de la cárcel, los frentes alemanes de la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralización en las trincheras. El káiser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo día en que RL es liberada, el socialdemócrata Scheidemann proclama la república alemana desde un balcón del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un Consejo de Ministros socialdemócratas moderados y pide al pueblo que abandone las calles y vuelva a la normalidad. El ala mayoritaria del SPD quería la república y las libertades, mientras que los espartaquistas pretendían la revolución proletaria, como indican las proclamas: “Ha pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones platónicas y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la acción”. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, lucharán encarnizadamente en las calles de Berlín, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert confía la represión de los insurrectos al socialdemócrata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la que permite la integración de los oficiales del antiguo Ejército monárquico. El 13 de enero había sido sofocada la insurrección espartaquista. Dos días después, acaban violentamente con la vida de sus principales líderes.


RL no llegó a cumplir los 50 años. Nacida en la Polonia rusa en el año 1871 en el seno de una familia judía, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista sería muy reducida si se quedaba en su país y que para tener influencia debía traspasar la frontera de Alemania, donde existía el Partido Socialdemócrata (SPD) más fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firmó un matrimonio de conveniencia con un socialista alemán, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese país. A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acción. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aunó teoría (multitud de artículos y libros muy importantes) y praxis (intervención en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo —su amigo Franz Mehring la definió como “la mejor cabeza después de Marx”—, clases en la escuela de formación del partido…). En cambio, no tenía dotes organizativas. Su presencia física era una mezcla de fuerza y de ternura, de decisión y de prudencia, dicen sus biógrafos. Un dirigente judío la describe del siguiente modo: “Rosa era pequeña, con una cabeza grande y rasgos típicamente judíos, con una gran nariz, un andar difícil, a veces irregular debido a una ligera cojera. La primera impresión era poco favorable, pero bastaba pasar un momento con ella para comprobar qué vida y qué energía había en esa mujer, qué gran inteligencia poseía, cuál era su nivel intelectual”.


De su vasta producción teórica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denominó “luxemburguismo”, una escuela marxista de características propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revolución. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras más relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky…


Reivindicándose del mejor marxismo (aunque también polemizó con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulación de capital), argumentó en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la célebre fórmula de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y RL y Liebknecht la hicieron suya relacionándola con la Gran Guerra. Los partidos socialdemócratas habían defendido tradicionalmente que en caso de conflicto bélico entre potencias capitalistas, los trabajadores se negarían a combatir y llamarían a la huelga general (la “huelga de masas” en la terminología luxemburguista). Pero en el momento decisivo, el SPD, el partido más grande y más influyente de la Segunda Internacional (más de un millón de afiliados), votó a favor de los empréstitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas siguió sus pasos. Cada uno de ellos se puso detrás de sus Gobiernos. Prevaleció la patria sobre la clase social.


Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en París, RL presentó una ponencia de convicciones profundamente antimilitaristas, las que mantendría hasta el final de sus días. En ella se defendía que los ataques armados entre potencias imperialistas devendrían en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete años después, la revolución bolchevique fue un testimonio irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una crítica abierta al imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible intensificar la acción de todos los partidos socialistas contra el militarismo.


Siete años después, en otro congreso de la Internacional, RL presenta una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y Mártov (que luego sería el líder menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la guerra estalle, es obligación de la clase trabajadora y de los representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se multiplicase el conflicto armado, era su obligación intervenir a fin de ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para agitar los estratos más profundos del pueblo para “precipitar la caída de la dominación capitalista”. Estas palabras suponían una llamada a la insurrección, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la participación de RL.


Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, más que posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos compañeros socialdemócratas, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: “En Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasión dominante y poderosa del corazón y del cerebro; una pasión verdaderamente creativa que ardía incesantemente. (…) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revolución”.



LENIN, STALIN Y LOS MARXISMOS

J. E.


El núcleo de aliados políticos de Rosa Luxemburgo fue siempre muy pequeño. Todo lo contrario que el de sus adversarios, entre los que se encontraron muchos de los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia y los sindicalistas burocratizados, a los que atacó sin piedad. Pero ambos núcleos fueron blancos móviles: dependían de los momentos y de los temas. Lenin, Trotski, Kautsky, Jaurès, etcétera, fueron algunos de los marxistas legendarios que compartieron y disintieron del ideario y la práctica política de la alemana. Un ejemplo de ello fue la relación con Lenin, el líder soviético; ambos se admiraron y pactaron, pero también se criticaron.


En 1918, apenas unos meses después del triunfo de la revolución bolchevique, RL publica un folleto titulado La revolución rusa que reivindica los acontecimientos de Leningrado y Moscú, pero que critica algunos aspectos que pueden torcer su futuro, sobre todo los relacionados con el terror revolucionario (que protagonizaría en buena parte un amigo polaco de RL, que dirigiría la Cheka y la sede de la Lubianka, el sangriento Félix Dzerzhinski) y la supresión de la democracia.


En el folleto citado, RL escribe que sólo la libertad de los que apoyan al Gobierno, sólo la libertad para los miembros de un partido, “no es libertad en absoluto. La libertad es siempre libertad para el que piensa de manera diferente”. Creía que el socialismo sólo puede ser resultado del desarrollo de la sociedad que lo construye, y para ello se requiere la más amplia libertad entre el pueblo (lo que no quiere decir que no sea necesario el control político). Si se sofoca la vida política, la parálisis acabará afectando a la vida de los sóviets; sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reunión, sin la libre confrontación de las opiniones, la vida de cualquier institución política perecerá, se convertirá en una vida aparente en la que la burocracia será el único elemento vivo.


En su libro sobre la revolución rusa, la revolucionaria RL acierta premonitoriamente con lo que iba a suceder en la Unión Soviética, sobre todo a partir del momento en que se inicia el futuro estalinista. Algunas decenas de dirigentes del Partido, animados por una energía inagotable y por un idealismo sin límites, dirigirán y gobernarán; el poder real se encontrará en manos de unos pocos de ellos, dotados de una inteligencia singular. La aristocracia obrera será invitada de cuando en cuando a asistir a las reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y votar por unanimidad las resoluciones propuestas; en el fondo será un gobierno de camarillas, una dictadura en verdad, pero no la dictadura del proletariado, sino una dictadura de un puñado de políticos. En muchos casos la realidad superó a los pronósticos luxemburguistas.


A pesar de este severo cuestionamiento, reivindica el papel histórico del partido de Lenin, siempre en contraposición con sus camaradas alemanes: “Por eso los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de la que carecía la socialdemocracia occidental. Su insurrección de octubre no sólo salvó la revolución rusa; también salvó el honor del socialismo internacional”.


Con esta idea de la democracia se explica que Stalin no subiese nunca a Rosa Luxemburgo al altar de la iconografía máxima del socialismo. Fue una heterodoxa hasta el final de su vida.

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Alexandria Ocasio-Cortez y la política del baile

Se cuenta que Emma Goldman, gran pensadora anarquista, escritora y activista por la justicia social de principios del siglo XX, manifestó alguna vez: “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”. Si bien es posible que no haya pronunciado exactamente estas mismas palabras, el sentido de la frase tuvo su actualización en el Congreso de Estados Unidos la semana pasada cuando empezó a circular en las redes sociales un video de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez bailando con amigos cuando era estudiante de la Universidad de Boston, hace 10 años. El video salió a la luz en un intento fallido de desacreditar a la nueva integrante del Congreso mientras asumía como la mujer más joven electa para integrar la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos.

La respuesta de Ocasio-Cortez a las críticas en internet fue concisa y brillante: un tuit con un video de ella bailando mientras se dirigía a su nueva oficina del Congreso. El video captó una atención tremenda. Lo que se pasó por alto fue el son al que bailaba: el clásico himno contra la guerra de 1970, “War”, cantado por Edwin Starr. Este tema se convirtió rápidamente en el número uno en el verano de 1970 y ha sido un importante himno contra la guerra desde entonces. “Guerra / Para qué sirve / Para absolutamente nada”, dice el estribillo. Ocasio-Cortez va pronunciando las palabras mientras baila hacia la puerta de su oficina en el Congreso.

El sitio web de la campaña de Ocasio-Cortez detalla una serie de políticas progresistas, entre las que se incluye la propuesta de una “economía de paz”. “Desde 2018 participamos en acciones militares en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Pakistán y Somalia. Cientos de miles de civiles en estos países han muerto como daño colateral de los ataques estadounidenses o por la inestabilidad causada por las intervenciones de Estados Unidos. Millones más han huido de sus fracturados países, lo que contribuye a la crisis mundial de refugiados (…) Debemos poner fin a la “guerra eterna” implementando la retirada de nuestras tropas y poniendo fin a los ataques aéreos que perpetúan el ciclo del terrorismo en todo el mundo”.

Ocasio-Cortez corrigió recientemente a Sean Hannity, presentador de Fox News y asesor no oficial del presidente Donald Trump, quien la acusó de la herejía de exigir el “fin de los ataques aéreos militares”. La representante respondió con un tuit en el que afirma estar a favor de “acabar con las guerras injustas” por completo.

Desde su victoria en las elecciones primarias demócratas para representar al 14° Distrito de Nueva York, en las que derrotó al poderoso demócrata Joe Crowley, en aquel momento congresista en funciones, Ocasio-Cortez ha sido atacada regularmente por la derecha. En julio del año pasado declaró en una entrevista para Democracy Now!: “Los temas en los que basé mi campaña eran muy claros y creo que fueron una parte importante de nuestra victoria: mejorar Medicare y ampliarlo a toda la población, educación superior pública gratuita, un New Deal ecológico, justicia para Puerto Rico, una plataforma sin concesiones en torno a la reforma de la justicia penal y el fin de la guerra contra las drogas, y también afrontar al poder con la verdad y hablar sobre el dinero en la política”.

El New Deal ecológico —en referencia a las políticas implementadas en Estados Unidos por el presidente Franklin D. Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión de 1929— exige una descarbonización rápida y radical de toda la economía, con una transición de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovable, con la esperanza de evitar los peores efectos del cambio climático mientras aún quede tiempo. El New Deal ecológico también exige una “transición justa”, que asegure que los trabajadores desplazados de las industrias a cerrar, como la minería del carbón, obtengan el apoyo que necesitan para pasar a otro trabajo productivo.

Ocasio-Cortez se unió a una protesta del movimiento Sunrise, liderado por jóvenes, que tuvo lugar en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Ocasio-Cortez estaba reclamando que la nueva mayoría demócrata de esta cámara promoviera un “Comité Selecto para un New Deal ecológico”, que tendría amplia autoridad, incluido un poder de citación, para impulsar el proyecto. Claramente, la campaña de presión tuvo efecto, pero no alcanzó las demandas de los activistas. Pelosi reactivó el Comité Selecto de la Cámara de Representantes para la Crisis Climática pero con carácter exclusivamente asesor. La nueva presidenta de ese comité será la demócrata Kathy Castor, de Florida, quien, según críticos, ha recibido decenas de miles de dólares de intereses de los combustibles fósiles (aunque un portavoz de la congresista manifestó que iba a renunciar a tales contribuciones en el futuro). Ocasio-Cortez tuiteó en respuesta: “No tenemos tiempo para quedarnos de brazos cruzados mientras nuestro planeta arde. Para las personas jóvenes, el cambio climático es más importante que la elección o la reelección. Es un asunto de vida o muerte”.

En la ceremonia de jura en el Congreso el 3 de enero, la representante Alexandria Ocasio-Cortez vistió de blanco, según indicó, “para homenajear a las mujeres que pavimentaron el camino antes que yo, y para todas las mujeres que están por venir. Desde las sufragistas hasta Shirley Chisholm, no estaría aquí si no fuera por las madres del movimiento”.

Alexandria Ocasio-Cortez respeta a sus mayores. La vieja guardia del Congreso, tanto republicana como demócrata, no debería temer que esta mujer, la más joven en ser electa para el Congreso, se ponga a bailar en círculos a su alrededor. En su lugar, deberían imitar sus pasos.

Columna 11 de enero 2019

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta

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“La gente común no pelea por un gobierno, sino por seguir siendo”

Con Marco Teruggi, sociólogo y cronista en Venezuela.

Acaba de publicar un libro en el que cuenta el día a día en el interior profundo venezolano, recorriendo pequeños pueblos fronterizos, hablando y conviviendo con campesinos y habitantes urbanos alejados de los grandes titulares de los diarios. Por allí pasa la figura del comunero, ese ideal planteado por Hugo Chávez como primer factor de poder en la Venezuela bolivariana. Dialogó con Brecha a su paso por Buenos Aires.


Teruggi retoma una tradición inaugurada por John Reed en su libro Diez días que conmovieron al mundo, y recuerda al mejor Eduardo Galeano, el de China 1964, cuando se largó a recorrer los caminos de ese enorme país y prefería hablar con los campesinos al costado de la ruta, antes que con los funcionarios. Aquí Teruggi aborda las contradicciones de la Venezuela revolucionaria acosada por la derecha oligárquica y los corruptos del aparato estatal que minan el proceso chavista y popular con la lentitud segura de los pequeños actos cotidianos. Pero el foco de Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela (Sudestada, Buenos Aires, setiembre de 2018) está puesto en el papel de los comuneros enfrentados a la derecha y también a la lentitud e incomprensión del gobierno de Nicolás Maduro.


—¿Cuál fue la idea de este libro?


—El punto de partida fue mostrar al chavismo desde un punto de vista que no se suele presentar. Es un gran sujeto histórico que va mucho más allá del gobierno, del partido e incluso más allá de los movimientos, y tiene una gran centralidad en la barriada popular, en los campesinos, la juventud y las mujeres. Ese para mí es el chavismo invisible y protagonista, y ahí empieza el debate sobre sus laberintos. Creo que Chávez lo dejó claro. Después, la revolución, como todo espacio heterogéneo, es un ámbito de disputa. Si no se disputa no hay cambio.


—Contá cómo se da el ingreso de los internacionalistas en el proceso revolucionario venezolano. ¿Son revolucionarios o aventureros?


—Dividiría el proceso revolucionario en tres momentos. La génesis, de 1989 a 1998; del Caracazo a la victoria electoral de Chávez, que es la etapa de instalación y gran confrontación con el golpe de Estado, la estabilización de la revolución hasta 2012 con la nueva victoria de Chávez, y su muerte en 2013; y desde entonces a la fecha. El gran espacio de concentración del internacionalismo es entre 2006 y 2013, en el momento de estabilización de la revolución, cuando hay puertas abiertas para muchísima gente, para hacer comunicación, formación, para ocupar los espacios necesarios en el proceso revolucionario. Vino gente de América Latina, de movimientos sociales, gente suelta, periodistas, militantes de Europa, de Alemania, del País Vasco, y Venezuela se transformó en un lugar de encuentro de militantes que después se convirtieron, en sus países, en referentes de movimientos sociales a partir de lo aprendido en Venezuela. A partir de 2013, cuando empiezan las dificultades y llegamos a una situación muy compleja, ese núcleo internacionalista se va deshaciendo, por ciclos políticos, ciclos personales, por dificultades ante la nueva situación o porque Venezuela ya dejó de ser un espacio atractivo. También es cierto que hay cierto comercio internacional de los procesos políticos más codiciados, cerca de los cuales estar o no estar. Y actualmente Venezuela es uno de esos procesos ubicados en una zona de silencio.


—¿Venezuela hoy no cotiza en el ideario progresista?


—No cotiza. Hay una incomprensión, muchas veces producto de una inmensa campaña aplanadora de los medios de comunicación y de una enorme dificultad de parte del chavismo para comunicar lo que está pasando y contar una narrativa creíble y sólida hacia afuera.


—¿Eso viene de parte del chavismo social o de los burócratas?


—Yo me haría cargo del todo. No le llamaría burócrata sino chavismo oficial. Todo el mundo tiene que disputar esa narrativa, esa construcción del chavismo hacia afuera. Claro que con diferentes posibilidades. Los que manejan la cancillería, de una forma, y los que manejan un movimiento social, de otra. Pero entre esa mezcla de la aplanadora de los medios y las dificultades del chavismo para tener un relato creíble hacia afuera, mucha gente ha decidido alejarse o apoya pero se queda sin argumentos, y en general Venezuela se ha convertido en un país del que muchos internacionalistas se han ido. En un libro tengo una frase sencillita que dice que Venezuela no es para principiantes ni para puristas. Si es tu primera experiencia política va a ser difícil procesarla y entrarle. Y si vas con una mirada purista del proceso, rápidamente vas a desistir. Hoy Venezuela es un país del cual se va gente. Incluso hay una sensación de despedida permanente.


—¿Los venezolanos de a pie perciben esa sensación que se trasmite en los grandes medios sobre una Venezuela que en cualquier momento se cae?


—Sí. En el chavismo como sujeto organizado en los diferentes niveles hay una claridad sobre el asedio internacional. De las matrices: que es una dictadura, un Estado fallido que patrocina el terrorismo, la guerrilla, el narcotráfico, que hay una crisis humanitaria. Esas ideas que circulan están muy aceitadas en el chavismo.


—De hecho, la Onu hizo un llamado para trabajar sobre la crisis humanitaria venezolana, hace ya unos meses. ¿Existe esa situación o las Naciones Unidas se comieron el pescado podrido de los grandes medios?


—El tema de la crisis humanitaria es interesante, porque el primero que lo mencionó fue Kurt Tidd, el ex jefe del Comando Sur estadounidense, quien planteó en 2016 que Estados Unidos no iba a intervenir en Venezuela a menos que hubiera una crisis humanitaria. A partir de esta idea-fuerza el concepto de crisis humanitaria se empezó a trabajar y a lanzar como gran idea para contar lo que pasa en Venezuela. No sé cuáles son los parámetros para medir una crisis humanitaria, pero sé que hay una idea muy clara de por qué construir esa idea. Se dice que hay “refugiados” en lugar de “migrantes económicos”. ¿Por qué plantear que es el éxodo más grande de América Latina cuando sólo en Venezuela hay 6 millones de colombianos? Son ideas que no tienen sustento pero que construyen una narrativa que llama a la intervención humanitaria internacional.


Lo que quiero es hablar de la revolución que se está dando y no de lo que las derechas y Estados Unidos quieren que hablemos. Yo quiero mostrar de la revolución lo que considero más interesante, la idea de una democracia participativa protagónica, el autogobierno, las milicias, la transferencia de poder, las tensiones que se producen, la construcción del sujeto histórico, por qué la gente aguanta, cómo hace su vida en el día a día.


Suelo distinguir en Venezuela entre opositores y “escuálidos”. Los opositores serían la gente común y corriente que no cree en Chávez o en Maduro, pero no hay enfrentamiento ni violencia. El escuálido es la base social más clara de la derecha clasista y tiene una voluntad de venganza y rencor. Ese sector está convencido de que en Venezuela hay una dictadura y que es necesaria una intervención internacional.


Es un país que está muy partido. Antes de las elecciones presidenciales hablaba con una productora de televisión y me decía que después de las elecciones se iba del país porque sabía que iba a ganar Maduro y por ende habría más ataques económicos y ella no iba a poder aguantar. Incluso en el hecho migratorio, si hablás con un venezolano en el exterior vas a ver que hay un nivel de politización alto. Con paradojas, porque mucha gente que se fue pudo estudiar en el país pero en este momento no puede dar respuesta a sus necesidades materiales. El proceso amplió por millones los cupos universitarios, la cantidad de universidades, pero con un salario fijo la gente no puede llegar a fin de mes. Esas son las contradicciones. Preguntales a los venezolanos que andan por Buenos Aires de dónde vienen, qué hacían allá, y si es gente humilde no te va a contar el cuento de la persecución de la dictadura. Hay un sentido común de la gente que vive en Venezuela, que sabe que hay una situación económica muy complicada en el país, pero que no hay dictadura ni régimen ni nada que se le parezca.


—¿Cuál es el alcance de la corrupción? ¿Es algo residual o afecta hasta el punto de trancar el proceso revolucionario?


—Creo que afecta varias cosas a la vez. Es grande la corrupción, es heredada y no se la combatió como se debió. Es una cuestión pública pero también privada. El problema es que se la centró en las prácticas públicas, estatales, pero quienes más utilizan la corrupción para aceitar sus negocios y conocen mejor su lógica son los grandes empresarios. Una parte del chavismo reconoce la necesidad de dar esa pelea, y es un tema que afecta a las áreas neurálgicas de la economía. Creo que es parte de los factores que dificultan muchísimo la estabilidad, porque incluso medidas muy buenas pueden ser atacadas por dentro.


—¿Cómo sería eso? Dame un ejemplo concreto.


—Vos planteás una política de importaciones o una política de asignación de dinero para producción, o una política de control en la producción de petróleo, pero tenés sectores internos que la sabotean. Y te plantean un problema grande, muy concreto en lo económico. Aquello que el boliviano Álvaro García Linera llama la fuerza moral: ¿qué tenemos nosotros para pelear? Una gran convicción. Con estas prácticas corruptas esa convicción se agrieta. Generalmente la corrupción más dañina es la que no se ve. El gran robo es el invisible. El tipo que se queda con 20.000 millones de dólares no lo es, porque forma parte del sector intermedio y alto, y está expuesto.


—Mencionás en tu libro la irritación de la gente común cuando ve que pequeños funcionarios retienen partidas estatales de alimentos para revenderlos y aumentar el precio en el mercado negro.


—Es la microcorrupción que se ha democratizado, como dice García Linera. Y se ha extendido de forma horizontal como una forma de enfrentar la situación económica, de trampear en beneficio personal en medio de una crisis económica para la que el Estado no tiene respuesta.


Un ejemplo muy concreto: a un conductor de autobús le dan un chip para cargar gasolina semanalmente; el tipo llena el tanque, no pone en marcha el autobús durante esa semana, y revende la gasolina en el mercado negro, logrando una ganancia mayor que si manejara el autobús. Ese tipo de corrupción te daña el transporte, la racionalización del combustible, aumenta el contrabando. Y lo que se extendió en todo el país es una falta de autoridad. La gente pide autoridad, orden y mano dura de parte del gobierno. Que vayan presos los corruptos, dice.


—¿A qué atribuís la falta de autoridad y falta de respuesta a ese pedido popular?


—Creo que hay una lógica muy complicada. Algunos la llaman “compadrismo”, y consiste en que cuando hay algunos amigos en puestos de gobierno que cometen delitos de este tipo, en lugar de castigarlos se los mueve de puesto cuando son descubiertos. Y eso se hace con la excusa de que es un compadre, un amigo del proceso revolucionario, y no se lo castiga. Esa impunidad genera más impunidad. Venezuela no es una sociedad que condene la corrupción. Hay sociedades que son más disimuladas. La de Venezuela no, y esa es una situación de cultura política bien complicada. Chávez la combatía, tenía muchos discursos en ese sentido y ponía como ejemplo que cuando a él lo habían mandado en misión a la frontera se había ido con un auto pequeño como patrimonio y cuando regresó lo hizo con el mismo auto. Sus compañeros lo criticaron por eso, y él reivindicaba no haber aprovechado la situación para corromperse. La corrupción es una vieja práctica política que se mantiene en la práctica política actual.


—¿Cómo tomó el comunero del interior esas primeras medidas de Hugo Chávez que apuntaban a empoderarlo?


—El actual comunero viene pasando por un proceso de organización iniciado en 1999. Siempre hubo de parte de Chávez un pedido a la gente de organizarse, hacerse del poder y ejercerlo desde el gobierno local y comunal. Hay millones de personas que llevan casi veinte años organizándose y formándose de diferentes formas sobre su propio territorio, tanto en el campo como en la ciudad. Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción han sido una medida de masas que se lanzó sobre el ejercicio organizativo de la gente, con miles y miles de locales para frenar el desabastecimiento, y eso permitió contenerlo. Ese comunero tiene total conciencia de que el chavismo es su espacio, su identidad, su única posibilidad en este mundo. Antes no había nada, y de la derecha no espera nada. Es muy importante ver que la gente no pelea por un gobierno sino por sí misma, por su propia posibilidad de seguir siendo. Nunca hubo nada que se le pareciera, que hubiera un gobierno que planteara que el centro de la política, de la salud, de la educación, de la economía es la gente. Van a ser los excluidos de toda la vida. Y no es que se lo están regalando, sino que lo construyeron ellos, lo viven y lo pelean. Esa identidad es la que explica que el venezolano de a pie comunero siga peleando. Y si eso no se toma en cuenta no se entiende todo el proceso. La derecha no lo entendió, una parte de la izquierda tampoco, incluso ha subestimado el proceso. Y esa identidad es la que permite entender que cada vez que parece que todo está perdido el chavismo sale, vota y gana.


—¿Por qué creés que la izquierda no entendió ese proceso comunero en la base?


—Hubo un cierto desencuentro con Chávez. Hay una izquierda que quiere que la revolución se parezca a lo que quiere que sea una revolución, y todo lo que no encaja en eso no sirve porque hay una mirada clasista férrea. Y Chávez no encajaba en eso porque es una ruptura. Esa izquierda tiene una retórica a favor del pueblo, le gusta esa palabra, pero después no le gusta cómo el pueblo es, no acepta sus errores, no acepta que el pueblo no se parezca al sujeto revolucionario con el que sueña, no entiende el complejo proceso de las comunas. El pueblo no escucha a Silvio Rodríguez sino a Maluma, y baila rap, y después va a una milicia bolivariana. Siempre vi que la izquierda puso el foco en las decisiones de la estructura más alta del gobierno, la política exterior, pero nunca en eso que Chávez abonó con tanto énfasis, que fue el poder ejercido por las comunas. Pero Chávez se murió en medio del proceso.
—¿Entonces en América Latina seguimos dependiendo del líder y cuando se nos va sonamos?


—Es una buena pregunta. Me parece que el caso venezolano tiene la particularidad de que antes de Chávez no había nada. Lo pondría en relación con la experiencia boliviana, en la que Evo Morales es producto de una acumulación de los movimientos sociales que crean el instrumento político, crean al candidato, dan la pelea y la ganan. En Venezuela hay un estallido en 1989, la gente hace volar el orden excluyente y sale a las calles con un nivel de organización bajísimo pero con mucha movilización y radicalidad, y Chávez asume sin grandes movimientos. Entonces tiene que ponerse todo al hombro y con una fuerza de tracción gigantesca y de generación de organización. Siempre hubo necesidad de Chávez, porque la gente aprendió a hacer política con la expectativa del apoyo estatal, y pese a la lentitud burocrática siempre hubo respuestas. Cuando eso se traba surge la pregunta: ¿qué hacemos si el Estado no nos da apoyo? Hay todo un reaprendizaje en medio de un asedio internacional. Y ese 30 por ciento de la población que es chavista se afirma y sale a dar pelea unida, pero en un escenario de crisis económica.


—¿Cuál es el final de este cuento?


—Veo dos opciones principales. Una, que esto se prolongue indefinidamente hasta lograr una cierta estabilidad económica, con todo lo bueno que eso va a permitir. Hay que tener en cuenta que Maduro gobernará hasta 2025. Otra es una acción de fuerza mucho más elevada que en 2017, que plantee otra vez sacar al chavismo a los golpes. Hay un sector de la derecha apurado por acelerar la cosa y derrocar al gobierno.


—¿Qué apoyo tendría esta última opción?


—Sectores del gobierno estadounidense, el gobierno de Colombia y la gran mayoría de la derecha venezolana. Pasa que todo esto hay que inscribirlo en un marco mundial mayor de alianzas, en el que Venezuela tiene de su lado a Rusia, China, Bielorrusia, Irán e India. Hay serios problemas petroleros en el país que una alianza con China podría resolver, lo cual hace que el enfrentamiento sea entre bloques en el nuevo reordenamiento mundial de una confrontación que supera la situación interna venezolana. Eso ya es cuestión de geopolítica internacional.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:57

La inauguración del pasado

La inauguración del pasado

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.


El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos.

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al "populismo" de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.


El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Celebrando el 25 aniversario del alzamiento zapatista

La insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas ‘desde abajo y a la izquierda’, que construyen autoorganización desde el ‘mandar obedeciendo’.

  

 “Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevará hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

El 1 de enero se cumplieron 25 años del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del inicio de la “guerra contra el olvido” y es tiempo de cierre y comienzo de ciclos. Se ha recorrido una especie de espiral que partió de la demanda de la identidad y los derechos de la poblacón indigena, “la lucha por la tierra y la libertad”, y que en la actualidad continúa y amplía su recorrido. En este cierre y comienzo de un nuevo ciclo nos preguntamos “¿cuál ha sido la trayectoria, ‘el caracol’, del EZLN durante los 25 años de lucha? ¿Qué intuimos del nuevo ciclo, la ‘nueva estación’, que comienza?

Como en anteriores ocasiones, en cierres y comienzos de ciclos, el EZLN ha realizado una invitación abierta para celebrar el aniversario del alzamiento zapatista. Esta vez se ha celebrado en La Realidad Zapatista, sede del caracol “Madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

La particularidad del evento de este año es que ha ido precedido del Encuentro Internacional de las Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Un encuentro donde el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocaron a las redes para exponer los resultados de su consulta interna del pasado agosto y que principalmente proponía la creación de un nuevo sujeto político que aúne a todas las redes, y que les permita pasar de “la solidaridad a la resistencia”. Casualidad o no, el nuevo encuentro de redes de apoyo al CIG ha servido para hacer una escucha y reflexión colectiva sobre la trayectoria de los 25 años del EZLN desde los de ‘afuera’, y que se ha complementado con los varios comunicados históricos que ha ido compartiendo el EZLN.

 

https://youtu.be/_rSEyOUZhvE


LA TRAYECTORIA DE LA “GUERRA CONTRA EL OLVIDO”


“Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiendo en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México a 17 de noviembre de 2018

La gran espiral trazada por el EZLN se inicia con su organización político-militar en los años 70 inspirados por la por la Revolución Cubana, pero que pretendía dar continuidad a la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata y la lucha por la “tierra y la libertad”. Sin embargo, no será hasta la fundación del EZLN en 1983 y su posterior alzamiento el 1 de enero en 1994 que comenzarán a ser visibles sus luchas.

El EZLN se conforma en su inicio por la convergencia de población mestiza y población indígena. Población indígena chiapaneca, pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya que históricamente habían sufrido el despojo no solo de sus territorios, de la fuerza vital de sus cuerpos, sino también de sus conocimientos. Como el Señor Jose comparte: “Éramos discriminados y expulsados de nuestras comunidades. Mis hijos no pudieron ni cursar la primaria. Era un gran sufrimiento”. La población mestiza, según Janeth, estaba compuesta en parte por los “estudiantes represaliados durante las revueltas estudiantiles del 68 y que posteriormente decidieron asentarse en el Sureste Mexicano y luchar por los derechos y reconocimiento de la identidad de la población indígena”.

Jóvenes que anteriormente formaron parte de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). Estas guerrillas aniquiladas prácticamente por el Gobierno federal a principios de los años 70 se reorganizan apoyadas con una base social, la población indígena, fundando finalmente el EZLN en 1983.


Su alzamiento inesperado por el estado mexicano no sería hasta diez años después, en la madrugada del 1 de enero de 1994. “En nuestro corazón había tanto dolor, tanta era nuestra muerte y pena, que no cabía ya, hermanos, en este mundo que nuestros abuelos nos dieron para seguir viviendo y luchando. Tan grande era el dolor y la pena que no cabía ya en el corazón de unos cuantos, y se fue desbordando, y se fueron llenando otros corazones de dolor y de pena, y se llenaron los corazones de los más viejos y sabios de nuestros pueblos, y se llenaron los corazones de hombres y mujeres jóvenes, valientes todos ellos, y se llenaron los corazones de los niños, hasta de los más pequeños.(....) Por eso nosotros dijimos que “¡Ya Basta!”, o sea que ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales”.

Los insurgentes del EZLN tomaron cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal, en el sureste Mexicano. Con el alzamiento, y como recuerda Martha, con el pronunciamiento de “queremos trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”, abren un proceso de recuperación de tierras de finqueros y de las formas del hacer indígenas en cuanto al cuidado de la tierra y de la vida.

Tras un periodo de lucha abierta con el Estado mexicano y las fuerzas paramilitares se abre un periodo de alto el fuego a petición de “hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se soluciona el problema sin matazón”. Pero la guerra continuó, siguieron sufriendo ataques del Estado mexicano y de los paramilitares, “varias veces nos atacaron, pero no nos vencieron porque nos resistimos bien y mucha gente en todo el mundo se movilizó”.

Los zapatistas. Stop.
No se rinden. Stop.
Resisten! Stop y fin.
Desde las Montañas del Sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
10 junio de 1994.

Posteriormente, en 1996 durante los Diálogos de la Catedral aceptan el diálogo con el Gobierno de Carlos Salinas y se suscriben Los Acuerdos de San Andrés. Unos acuerdos con los que el movimiento zapatista proponía el reconocimiento por el Estado mexicano de los derechos de las comunidades indígenas: “terminar con la relación de subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los pueblos indios”.

El posterior incumplimiento de los acuerdos por el Estado mexicano marcaría de manera determinante la espiral trazada por el neo-zapatismo hasta la actualidad. Esto es, la reivindicación de su autonomía, su rechazo a cualquier tipo de Estado (local, regional, nacional o transnacional), la continuidad de la lucha armada, la creación de su propio gobierno, el buen gobierno. Un movimiento que como indica Katia “para mí siempre fue un movimiento pacifista”. Que como ellos mismos dijeron en un principio “se vio obligado a tomar las armas por la supervivencia”.

La creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 sería una de las consecuencias también del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. El EZLN buscaba desplegar y ejecutar los principios del acuerdo al margen de su reconocimiento o no del Estado: la confluencia y resistencia conjunta de todos los pueblos indígenas que como las comunidades zapatistas eran objeto de un histórico despojo y desplazamiento a nivel nacional, en México.

Posteriores acontecimientos también determinantes en la espiral han sido los continuos desplazamientos forzados y masacres. Masacres como las de Acteal en 1997 en la Selva Lacandona: “El 22 de diciembre de 1997, fecha en la que el Zedillo mandó matar a 45 hombres, mujeres, ancianos y niños en el poblado de Chiapas que se llama Acteal (...) Este gran crimen no se olvida tan fácil y es una muestra de cómo los malos gobiernos no se tientan el corazón para atacar y asesinar a los que se rebelan contra las injusticias”. Otras masacres más recientes como la de Acteón en 2005 al norte del Estado de México, la continua encarcelación de participantes del movimiento o asesinatos como la del maestro Galeano en 2014 en el Caracol de la Realidad.

Las propuestas y conformación de otras formas de vida surgen desde el inicio creando comunidades autónomas, los Aguascalientes. Pero es tras la consulta nacional de 1999 y la Marcha por la Dignidad Indígena en 2001 durante el periodo preelectoral, cuando proponen “el buen gobierno”.


El rechazo del diálogo del Gobierno, de suscribir los Acuerdos de San Andrés y los éxitos de la consulta y la marcha llevarían a partir de 2003 a la transformación de lo que anteriormente eran los Aguacalientes en los Caracoles, y en la creación de formas de gobierno comunitarias y autogestionadas: las Juntas de Buen Gobierno. En definitiva, otras formas de organización política que buscaban modificar las relaciones históricas de poder del estado hacia ellos, raciales, coloniales, que les sometían al ‘obedecimiento’. Pero que también buscaban transformar las relaciones internas del movimiento: “Arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”. Lo que ellos denominarían el “mandar obedeciendo” y que se concretaban, como el Señor José comenta, con ‘nadie arriba y nadie abajo’.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona, según el compañero Diego, de la Ciudad de México, han sido “las principales herramientas que han ido dando el carácter particular al movimiento”’, son los documentos desde donde el EZLN y el movimiento zapatista se comunica y narran la historia del movimiento, “desde la Primera, que fue la declaración de guerra, a la Sexta, en 2005, que llamaba a la construcción de otras formas políticas más allá de los partidos y organizaciones de vida intervenidas y gestionadas por los estados”.

Para Diego, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona es uno de principales documentos del movimiento. Aparte de lo que señala el compañero Diego, desde 2005, el EZLN invita a crear las Redes de Adherentes a la Sexta y refrenda su “vía de lucha política de carácter pacifista” y su “compromiso de defender, apoyar y obedecer a las comunidades zapatistas que lo forman y son su mando supremo, y sin interferir en sus procesos democráticos internos y en la medida de lo posible contribuir al fortalecimiento de su autonomía, buen gobierno y mejora de sus condiciones de vida”.

Otros elementos que han determinado el carácter particular del movimiento a lo largo de los 25 años han sido las redes de apoyo creadas a nivel nacional e internacional tanto por medio de las redes sociales como a través de la convocatoria de múltiples encuentros, los encuentros intergalácticos.

Como el compañero Kevin señala, “los semilleros o los encuentros se conforman como espacios de discusión y aprendizaje, de formación política y finalmente esenciales para el desdoblamiento transnacional del movimiento”. Entre otros, encuentros en torno al arte (CompArte), la ciencia (ConCiencia), el feminismo (Encuentro Internacional de Mujeres), o el último Encuentro internacional de las Redes de Rebeldía y Resistencia.

Como ocurrió en la consulta de 1999, en el año 2016 —también en un contexto pre-electoral—, a propuesta del CNI se crea el Concejo Indígena de Gobierno. En esta ocasión se propone abrir una candidatura de “[email protected] [email protected]” que diera visibilidad a la dificultades y necesidades de la población indígena en el parlamento mexicano. Una consulta que finalmente el EZLN apoya cuando es nombrada como vocera Marichuy. Durante el proceso de consulta, se suma un amplio sector de la población que hasta ese momento eran simpatizante, pero no se habían aproximado y/o organizado en torno al movimiento zapatista. De este proceso surgen también, aparte del CIG, las Redes de Resistencia y Rebeldía como nuevos sujetos de apoyo al movimiento.

Este último ciclo de la espiral ha sido complicado de comprender por los que ya acompañaban al movimiento debido a su aparente proximidad a las políticas representativas. Algo que el EZLN negó rotundamente desde su inicio. Y que finalmente, y con eventos como el encuentro internacional de redes, nos hace preguntarnos si no sería una estrategia para incluir a otros sectores de la población dentro de las luchas y formas de vida más allá del estado y responder a la pregunta, ¿estamos solos?


Caminar preguntándonos


Finalmente, en esta espiral de 25 años de luchas, el EZLN junto con el trabajo conjunto con sus bases de apoyo han trazado las lógicas de su hacer hasta la actualidad. En concreto sus siete principios zapatistas de mandar obedeciendo: proponer, no imponer; representar, no suplantar; bajar, no subir; convencer, no vencer; obedecer, no mandar; servir, no servirse; construir, no destruir’ (J., 2018) y discursos “anticapitalistas, antipatriarcales, antifascistas, antiestatales y altermundistas”. Un movimiento que ha ido conformando su carácter por la represión continua sufrida por los Estados y las fuerzas paramilitares, y por tanto por el despliegue de repertorios como la autodefensa, la acción directa y la reconstrucción de vidas autónomas basadas en el saber indígena y “que no buscan tomar el poder”. Políticas que ellos han denominado de luchas por la vida y que han ido incluyendo prácticas para el cuidado del territorio, propuestas de otras economías, un sistema de justicia, educación y salud propios, todas ellas al margen de las políticas públicas y asistencialistas del estado.

La persistencia de su ‘radicalidad’ en la actualidad, el no haber colaborado con los Estados: “Pues ¿cómo no? El estado mexicano, es más, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), incumplió ya en 2001 cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal los Acuerdos de San Andrés”, comenta la compañera Martha. Según los análisis resultantes del encuentro de Redes, “la violencia a la que están expuestas las poblaciones indígenas es mayor que hace 25 años y se ha ampliado a otros sectores de población”. Si en 1994 el EZLN se alzó contra el despojo, la represión y el hambre históricas y que preveían agravarse con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, en la actualidad la historia del despojo, los desplazamientos y el hambre continúan “a pesar del cambio de politicas y politicos”, comenta la compañera Ana.
Si en 1994 bajo el Gobierno conservador de Carlos Salinas se aprobó el TLC, en 2018 y con la llegada al Gobierno progresista de AMLO, “el nuevo finquero”, se prevé dar continuidad a políticas extractivistas y austeritarias que han promovido anteriores gobiernos, neoliberales o progresistas en América Latina y a nivel global.

En este caso se concretan con militarización del cotidiano, zonas económicas especiales, promoción de políticas asistencialistas y aumento de inversión en proyectos extractivistas que favorecen la inversión de capital, ya sin nacionalidades concretas, capital nacional o extranjero: la construcción del Tren Maya del Tren Transístmico, megaproyectos como la plantación de monocultivos de árboles frutales, proyectos hidroeléctricos o mineros. Los llamados ‘Proyectos de Muerte’ que principalmente han sido planificados en aquellos territorios donde está asentada históricamente población indígena.

Una de las propuestas que ha creado también gran controversia dentro de las comunidades indígenas ha sido la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Un instituto que buscaría ser la “voz de los pueblos indígenas” y, cómo interpreta el EZLN, desarticular al CNI y el CIG.


“Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia”.

Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 14 de octubre de 2018. Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos Nunca Más Un México Sin Nosotros, Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno, Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Así, la política del no al Estado se traza desde 1996, tras el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, hasta la actualidad, con los nuevos gobiernos progresistas anteriormente aliados de los pueblos indígenas. Desde entonces, desde 1996, como Coral afirma, “el EZLN nunca hizo ningún acuerdo con el Estado. No como el resto de nosotros que siempre hemos coqueteado con el Estado. Por eso crearon su propio gobierno las Juntas del Buen Gobierno”.

El EZLN en su origen reclamaba al Estado mexicano el reconocimiento de la cosmovisión y formas de vida de la población indígena. ¿Y que se encontró? Como las compañeras comparten “no sólo con el rechazo del Estado, racista, xenófobo, colonial, el no reconocimiento de la identidad y derechos indígenas, sino con una represión que se ha ido incrementando hacia otros sectores de la población y cualquier forma de insurgencia”. La masacre de Acteal en 1997, la impunidad de la violencia de los paramilitares, el terror que, como describe Martha sintió un año después de visitar la localidad en 1998. “Fue un genocidio”, comenta Janeth.

Con la elección de AMLO y su discurso neoliberal, la política representativa sigue sin tener menor impacto en el proyecto transformador del EZLN (y los pueblos indígenas). En la actualidad, según Diego puntualiza, “la violencia de la tormenta, el incremento de los despojos, desalojo de tierras ocupadas, desplazamientos, detenciones, desapariciones y asesinatos prevén continuar”. Otros sectores de la población, no únicamente los históricos desposeídos, se ven afectados. Se ha ampliado la crisis de reproducción social hasta los que recientemente eran beneficiarios de los “privilegios del estado: sanidad, educación, transportes públicos’ con la consecuente destrucción ‘de los cuerpos, a nivel físico y emocional”, comentan Juan y Penélope.


Ante la situación actual de los mundos, ¿que sigue?


Sigue 1. La continuidad de la construcción de las autonomías y nuevos sujetos políticos.


Para el compañero Juan, perteneciente a otras comunidades indígenas del norte del país, el encuentro de redes le recuerda al encuentro que dio lugar a la Sexta Declaración en el Caracol de la Garrucha en 2005. Según Peter, ahora desde el EZLN nos proponen “reconstruir nuevas formas de organización, un nuevo movimiento aliado de confianza del EZLN, del CNI, del CIG, pero que no les suplante”. Interpreta que el “Concejo deje de ser indígena y nacional y que incluya otras identidades y nacionalidades, lo que queda de los países, más allá de las fronteras, a nivel local, regional, nacional e internacional (...) En el que cada sector se organice de manera autónoma que cree sus propios autogobiernos (...) sin quedarse en reformismos, en el maiceo, que ya lo hace AMLO. Pero que supondrá la construcción en otros tiempos”, los tiempos del cotidiano. En un proceso, Laura agrega, debe tener en cuenta “la salud, la purificación mental, física y espiritual”. Crear espacios del cuidado que acompañen a la lucha, “para población indígena, población originaria, la comunidad LGTB, la clase trabajadora, estudiantes, aquellos con diversidad sexual y de género o con discapacidades”.


En la actualidad, para las compañeras Janeth, Martha y Katia, las luchas zapatistas continúan representando imaginarios de vidas que desbordan el presente. Y si la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata entre 1911-1920 y el Movimiento estudiantil del 68 continúan recreando el imaginario de rebeldía en México, la Insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años, complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas “desde abajo y a la izquierda, construyendo autoorganización desde el mandar obedeciendo”. Así, y como enuncia el EZLN en la invitación a la celebración del 25 Aniversario de su Alzamiento, nos queda: “Ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodo para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos”.

Sigue 2. La palabra rendirse no existe en lengua verdadera. ¿Nos quedaremos solos?


“Y usted se pregunta: ¿qué es lo que mantiene viva a esta gente si ha tenido, y tiene, todo en contra?, ¿no son acaso los eternos perdedores, los que yacen mientras otros levantan sus gobiernos, sus museos, sus estatuas, sus ‘triunfos históricos’?, ¿no son los damnificados de las catástrofes, la carne de cañón de todas la revoluciones que se hacen para salvarlos de sí mismos?, ¿los extranjeros en la tierra que les vio nacer?, ¿el objeto de burlas, desprecios, limosnas, caridades, programas de gobierno, proyectos ‘sustentables’, directrices, proclamas y programas revolucionarios?, ¿no son los analfabetos irremediables a los que hay que educar, dirigir, ordenar, mandar, doblegar, dominar, c-i-v-i-l-i-z-a-r? ”

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

Si como narran el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano en su invitación al 25 Aniversario, que a pesar de continuar luchando son los “perdedores”, ¿es entonces motivo de celebración el aniversario del alzamiento zapatista? Hablando en los días previos a la celebración en la ciudad de Puebla con uno de los estudiosos y compañeros del movimiento, John Holloway: “Sí, la fiesta debe continuar”.

Durante la celebración del 25 aniversario en la noche del 31 de diciembre, en el Caracol de La Realidad, el Subcomandante Insurgente Moisés dirigiéndose a los pueblos zapatistas y en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) pronuncia: “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible (...) el pueblo aquí es el que manda, tiene su propia política, tiene su propia ideología, tiene su propia cultura, va creando, va mejorando, va corrigiendo, va imaginando y se va a ir practicando”.


En el comunicado del CCRI, se hace principalmente referencia a las políticas propuestas por el nuevo gobierno de AMLO. Antiguo simpatizante de los pueblos originarios, que en la actualidad con su programa de gobierno propone dar continuidad a las políticas neoliberales y represivas de los pueblos indígenas, sin comprometerse, como anteriores gobiernos, a implementar los históricos Acuerdos de San Andrés. Refiriéndose a AMLO indican: “Ese que está en el poder lo va a destruir al pueblo de México, pero principalmente a los pueblos originarios, viene por nosotros, y especialmente a nosotros al Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Identifican que proyectos como la construcción del Tren Maya o la plantación de monocultivos de árboles frutales son proyectos que tienen como objetivo desmantelar las formas de vida y formas organizativas de los pueblos originarios, y en especial las formas organizativas del EZLN. Además en su discurso acusan a AMLO de “agarrar nuestros modos y nuestras costumbres”, las de los pueblos originarios. Ellos, “los senadores, los diputados (...) no saben hacer ley para el pueblo de los pueblos originarios, nosotros sí, porque sabemos cómo es el sufrimiento y sabemos cómo queremos la ley que queremos, no a ellos y a ellas”.

Refiriéndose a las redes de apoyo, a los de “afuera” dicen que en su mayoría son turistas de la pobreza: “La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo”.

Algo que lamentablemente se evidenció durante el encuentro de redes. Las dificultades para complementar y comprometerse con las luchas autónomas del EZLN, las “luchas por la vida, por las condiciones de existir, materiales, espirituales”. Sobre otros asistentes, sin embargo el EZLN sí reconoce que se han organizado: “Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso”.
Ante la situación que describen y analizan, el EZLN vuelve a preguntarse cómo en 1994: ¿Nos quedaremos solos? Ante lo que responden: “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy 25 años después vemos que estamos solos (...). Lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”. Ante esta situación de “soledad en la guerra contra el olvido” y a pesar de encontrarse el EZLN y las comunidades zapatistas en uno de los centros de la tormenta capitalista, proclaman: “No tenemos miedo (...) Vamos a defender lo que hemos construido (...) no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí? Y añaden: ‘Por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar, vamos a defendernos’”.

Palabras que expresan un enojo con los “desertores”, los intentos de cooptación de sus bases y de sus propuestas, así como con aquella parte de la izquierda que apostó por el nuevo Gobierno de AMLO. En su conjunto finalmente nos hacen intuir que el EZLN apuesta por retomar la lucha político-militar, su despliegue para la defensa de sus comunidades y sus territorios, y un repliegue del movimiento hacia sus bases, sin buscar tanto la creación de luchas conjuntas con el CNI, CIG o las redes de apoyo, y continuar, como en su inicio, solos. Será así, ¿se quedarán solos? Días después del aniversario, el CNI y el CIG declaran que no, no estarán solos. Estarán junto al EZLN en la lucha contra los megaproyectos de la muerte que propone el gobierno federal de AMLO.


“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

 

Por Inés Morales Bernardos

2019-01-09 00:00:00

 

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Martes, 08 Enero 2019 07:00

Un Deng Xiaoping, urgente

Un Deng Xiaoping, urgente

Desde el triunfo de la revolución, en 1959, Fidel Castro contó con argumentos incuestionables en favor del socialismo. Por un lado, las actuaciones estadounidenses contrarias a los revolucionarios de Sierra Maestra: en cuanto se aprobó la ley de reforma agraria que permitió la nacionalización de grandes latifundios, entre ellos los de propiedad estadounidense, a Estados Unidos le faltó tiempo para suprimir la cuota de azúcar cubana, embargar la venta de petróleo estadounidense a la isla y cometer una serie de actos de sabotaje e intentos de asesinar al propio Fidel Castro; una animadversión que culminó con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Mientras, la Urss se ofreció a comprar el azúcar cubano a mejores precios y a suplir el petróleo que la isla requiriese. No había otra opción, y el 16 de abril de 1961, después del bombardeo estadounidense a varios aeropuertos, se proclamó el carácter socialista de la revolución. Una revolución que se caracterizaría por un líder indiscutible, Fidel Castro, y por una economía centralizada, con la propiedad de todos los medios de producción en manos del Estado, a excepción de algunas propiedades agrícolas que permanecieron en poder del campesinado –si bien con la obligación de vender toda su producción al Estado.

La hostilidad estadounidense fue, paradójicamente, una de las claves para que Fidel Castro permaneciese tanto tiempo en el poder. El embargo sirvió para justificar el fracaso de la revolución en el terreno económico. El empeño de Castro en manejar como una finca particular algo tan complejo como la economía de un país le llevó en 1968 a nacionalizar todas las empresas, incluidas las pequeñas y medianas: unas 58 mil. En el contexto de la Guerra Fría, la justificación de centralizar toda la economía fue defendida por Fidel con toda fiereza. Su tradicional obstinación, que le permitió a la isla no doblegarse ante el imperialismo durante 60 años, resultó también demoledora para el desempeño económico.
Cuando colapsó la Urss, la economía cubana, fuertemente dependiente de aquel país, sufrió un brutal descalabro. El Pbi cayó más de un 35 por ciento y Cuba entró en lo que se denominó “Período especial”. La situación para la población fue angustiosa. Recuérdese el episodio de la “neuropatía óptica”, una epidemia de ceguera causada por la falta de vitaminas. Fue la época de los “balseros”, que ponían en riesgo su vida para cruzar el estrecho de Florida, una emigración que unida a la de los primeros tiempos de la revolución y al éxodo del Mariel de 1980, llevó a más de un millón de cubanos a Estados Unidos.


Durante el “Período especial” Fidel Castro, por primera vez, se vio obligado a aceptar algunas medidas liberalizadoras, permitiendo los mercados libres campesinos y el ejercicio de determinadas actividades por cuenta propia, lo que supuso un cierto desahogo y una mejora de la dieta alimentaria. También, a comienzos de los noventa, se impulsó la inversión extranjera en los sectores turístico y minero, se promovió el turismo y se permitió la recepción de remesas en dólares. Pero siempre a regañadientes. Varios altos cargos que defendieron la apertura más de la cuenta –Aldana, Lage, Robaina, Pérez Roque– terminaron defenestrados.


La victoria de Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela en 1999 supuso un duro golpe para el proceso reformista cubano. El petróleo generosamente despachado por Venezuela a precios subvencionados y los créditos otorgados por ese país a cambio del envío de médicos, supusieron un respiro para el régimen, permitiendo a Castro congelar las reformas. Cuba no destacaría por sus tasas de crecimiento pero, sumando el apoyo venezolano, los ingresos por turismo, las remesas, la inversión extranjera y las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y tabaco, tampoco se iría a pique. Entonces, ¿para qué copiar, adaptándolas, las reformas chinas, que permitieron a ese país multiplicar por 40 su Pbi, alcanzar una renta per cápita superior a los 8 mil dólares y sacar a centenares de millones de chinos de la pobreza, si ello suponía ceder parte del control de la economía? No, la apertura económica no era del agrado de Fidel.


El momento dulce llegó con el acceso de Raúl a los máximos cargos y con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos. La apertura de embajadas fue el hecho simbólico, pero hubo mucho más: por el lado estadounidense, el turismo se multiplicó por cinco y se eliminaron las restricciones al envío de remesas; por el lado cubano, se abrieron nuevos hospedajes privados y más “paladares” (restaurantes privados), se permitió un incipiente mercado inmobiliario, se aprobaron nuevos trabajos por cuenta propia y se autorizó a los cubanos a viajar libremente fuera del país. Parecen cambios menores, pero en Cuba no lo eran; aunque, sí, resultaban insuficientes. Aliviaban, pero todavía no permitían un vigoroso crecimiento. Aun así, el futuro se anunciaba prometedor, una impresión a la que contribuían las reformas liberalizadoras previstas en los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso del Pcc en 2011, ya con Raúl Castro como secretario general. Todavía podía conjurarse la imposibilidad de llegar a fin de mes a todo cubano que no recibiese remesas, trabajase por cuenta propia o en el sector turístico, o “distrajese” algún bien estatal para su venta. Además, con el crecimiento esperado también podría resolverse la unificación de las dos monedas –el Cup y el Cuc–, que tantas distorsiones provocan.


Pero, como si una fatalidad operara siempre en contra del proceso reformista, tres golpes lo amenazaron nuevamente: la paralización por el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del proceso de apertura hacia la isla; la situación caótica de Venezuela, que compromete seriamente el suministro energético; y, por si fuera poco, el triunfo de Jair Bolsonaro, quien dio el carpetazo al apoyo del personal médico cubano desplazado a Brasil a cambio de varios cientos de millones de dólares anuales. El resultado ha sido una nueva paralización del proceso de reformas. El papel de los “conservadores” de la revolución en este nuevo cierre de filas es claro. En 2016 se estimó que sólo se había implementado el 21 por ciento de los “Lineamientos” aprobados en el VI Congreso, lo que habla del poder que todavía detenta el sector inmovilista.


El tiempo se agota para llevar a cabo los cambios que Cuba necesita, como el cultivo de las tierras estatales ociosas, sin poner tantas condiciones para su entrega; potenciar la inversión extranjera, cuyas cifras, en términos relativos, son las menores de América Latina; otorgar mayor autonomía a las empresas estatales; y permitir a los propios cubanos invertir en su país, expandiendo el trabajo por cuenta propia y reconociendo a las pequeñas y medianas empresas privadas. Sería esencial que la nueva Constitución, cuyo texto se discute en estos meses en Cuba, recogiera estas formas de propiedad con todas sus consecuencias, incluyendo la posibilidad de acceder a créditos o contratar a empleados directamente. Al liberalizar la economía se enriquecerán algunos cubanos y aumentarán las desigualdades, pero el Estado tiene en sus manos palancas suficientes para redistribuir la riqueza que se genere, comenzando por una política fiscal progresiva y una política presupuestaria de calidad.


¿Qué escenarios quedan si no se toman con rapidez las medidas liberalizadoras? Con el escaso crecimiento del Pbi de los últimos años y el estimado para el futuro (apenas el 1 por ciento anual), el gobierno encabezado por el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, cuando fallezca Raúl no contará con la legitimidad que, por el contrario, le proporcionaría el progreso económico. Y no es descabellado aventurar entonces que Cuba podría terminar como Nicaragua; una chispa que se enciende y un estallido social de protestas que le sigue. En el caso de optar por la represión, el régimen cubano tendría sus días contados. Cuba no es China y su gobierno no sobreviviría a una versión habanera de las masacres de la plaza de Tiananmén. Y entonces sí, los sacrificios de 60 años para construir una sociedad más justa, más igualitaria, una sociedad que devolvió la dignidad al pueblo cubano rescatando la soberanía de la isla de la prepotencia estadounidense, habrán sido en vano.

Manuel Caruncho. Cubano. Escritor y doctor en ciencias económicas por la Universidad Complutense de Madrid.

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Priscila Ludosky, una microempresaria, se convirtió en una de las referentes del movimiento.

El gobierno francés cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Sin embargo, la sociedad exige en las calles que restaure el impuesto a las grandes fortunas.

 El año 2019 comienza como terminó el 2018: los chalecos amarillos siguen en pie de guerra contra la política del presidente Emmanuel Macron. Quienes apostaron por el agotamiento del movimiento se equivocaron de calendario. Aunque las movilizaciones revisten menos intensidad que las de finales del año pasado, los chalecos persisten en su demanda de que el pueblo tome las riendas de su destino. El octavo acto de la movilización amarilla repitió el perfil de las anteriores: poca gente pero mucha violencia contra los signos notorios de la riqueza. Unas 50 mil personas (fuentes oficiales) salieron durante el fin de semana. La cifra es menor a las 280 mil que se movilizaron el pasado 17 de noviembre en contra del aumento del precio del gasoil decidido por el Ejecutivo dentro del programa “transición ecológica”. Desde esa fecha hasta ahora, las reivindicaciones se fueron multiplicando, cambiaron de tono y de ángulo: hoy, los chalecos amarillos plantean una lista de 42 reivindicaciones o “directivas del pueblo” cuya filosofía es una trasformación completa del sistema democrático: este programa abarca desde el poder adquisitivo, los impuestos, la inmigración o la reforma de las instituciones. Su filosofía consiste en una verdadera refundación del mecanismo de poderes. La llave de ese cambio sería, para ellos, la inclusión en la Constitución del llamado RIC, Referéndum de Iniciativa ciudadana. Este instrumento apunta a desplazar hacia el pueblo las decisiones que lo conciernen. El RIC, por ejemplo, podría utilizarse “para suprimir una ley injusta” o “revocar el mandato de un representante”. 

La secuencia política inédita que vio surgir al movimiento de los chalecos amarillos sin que nadie intuyera la revuelta que se había gestado en el corazón del pueblo se repite ahora. Los chalecos pesan cada vez más en la confrontación social. Dos de sus tres líderes, Eric Drouet y Priscila Ludosky, se han convertido en auténticas banderas. Ambos dan muestras de una capacidad insospechada de organización, con una retórica convincente y muy estructurada. Son ellos quienes, sobre todo a través de las redes sociales, le han dado a los chalecos amarillos una fisionomía de la que carecían debido a que no estaban respaldados por partidos o sindicatos. El gobierno tiene ahora enfrente a un conductor de camiones, Drouet, y a una micro empresaria, Ludosky, con una fuerza de desafío monumental. Los chalecos rompieron el esquema tradicional y nadie, ni los medios detestados por el movimiento, ni los responsables políticos desbordados, parecen saber muy bien cómo desactivar una protesta que no huye de la violencia. Las escenas de los enfrentamientos entre los chalecos y las fuerzas del orden parecen secuencias extraídas de una película. Hay una imagen sorprendente captada el sábado a lo largo de la pasarela Léopold-Sedar-Senghor, en Paris. La policía intentó desalojar a un grupo de chalecos amarillos que bloqueaba el puente cuando un hombre, un boxeador profesional, campeón de Francia de peso pesado, surgió de pronto. El boxeador se lanzó en un combate cuerpo a cuerpo con los policías. Los hizo retroceder a puñetazos y terminó pateando a un gendarme que se había caído al suelo. El video fue visto por tres millones de personas y el boxeador celebrado como un héroe en las redes sociales. Los chalecos amarillos demuestran a menudo un encono profundo contra los símbolos de la República. El sábado 5 de enero se apoderaron de un tractor y fueron a romper las puertas del Ministerio de las Relaciones con el Parlamento. Tampoco dudaron en avanzar hacia el Palacio presidencial con la intención de ocuparlo. “Esto no ha terminado, aún tenemos muchas cosas que decir. Vamos a seguir hasta que Macron proponga lago más constructivo”, dijo Priscilla Ludosky. El sábado, en las calles de París, los chalecos repetían la misma convicción: “Este es un gobierno sordo y ciego que, a fuerza de taparse los ojos y los oídos, va a convertir una revuelta justa en una revolución necesaria”, decía a PáginaI12 una mujer chaleco amarillo en los alrededores de la Municipalidad de la capital francesa.


Emmanuel Macron no da por ahora con la escapatoria, tanto más cuanto que ni él ni su mayoría parlamentaria piensan modificar el rumbo adoptado desde 2017. “Emmanuel Macron debe encontrar una salida política para seguir reformando”, dijo hace poco François Patriat, presidente del grupo La República en Marcha (el partido de Macron) en el Senado. Pero esa salida no asoma. El poder da la impresión de no entender a quienes tiene enfrente. Reconfortado por las victorias sucesivas obtenidas contra los movimientos sociales durante la aprobación de reformas socialmente costosas como la de los ferrocarriles o la ley laboral, el macronismo persiste en su línea. El odio está ahí, latiendo a cada instante, alimentado por el rechazo frontal a una estructura construida por Macron a partir de la desigualdad. “El presidente sanciona y persigue a los desempleados, sacrifica a los jubilados, ahoga a los trabajadores con impuestos y, al mismo tiempo, le firma cheques en blanco a los ricos y los grupos empresariales”, decía a este diario Fly Rider, otra de las grandes figuras visibles de los chalecos amarillos. La cesura entre el pueblo y el poder es drástica y aumenta la sensación de que el macronismo es sólo un club de ricos que gira en una orbita exótica y distante de las preocupaciones del pueblo. El gobierno cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Emmanuel Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Este debate se inicia durante la primera quincena de enero hasta el 31 de marzo y se propone como una metodología para reconquistar a la opinión pública. La consulta estará organizada por los municipios y se articula en torno a cinco temas: pacto ecológico, servicios públicos, fiscalidad, instituciones e inmigración. Cederle la palabra al pueblo y no cambiar nada es la solución temporal del macronismo. Sin embargo, más que la palabra la sociedad exige que el presidente le devuelva lo que le sacó. 75% de los franceses reclaman que Emmanuel Macron restaure el impuesto a las grandes fortunas que modificó en beneficio de los ricos.


El diario Le Monde trazó una línea para saber a qué corriente política se acercaban las reivindicaciones de los chalecos amarillos. Según el vespertino francés, dos terceras partes son “compatibles” con el programa de la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y del candidato socialista a la presidencia, Benoît Hamon. La mitad de las iniciativas amarillas son compartidas por la extrema derecha de Marine Le Pen. Globalmente, la plataforma de 42 propuestas adelantadas por los chalecos amarillos está totalmente apartada de los programas liberales de Emmanuel Macron.


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Domingo, 06 Enero 2019 05:09

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Conforme las elecciones estadunidenses de 2020 comienzan a ser una preocupación en la primera plana de los medios, existe una creciente especulación acerca de qué forma asumirá. ¿Puede realmente Trump ser llevado a juicio? ¿Se moverán los demócratas más a la izquierda o más bien se regresarán al centro? ¿Qué tan fuerte es la base de Trump, qué tan leal?

Siendo alguien que he argumentado por largo tiempo que Estados Unidos ha estado en una decadencia constante e irreversible, me preguntan constantemente: “Bueno, entonces, ¿por qué Trump no se está estrellando?” Y si lo está, ¿por qué el choque no es más visible? Si va a chocar, ¿será un aplastamiento repentino, o simplemente un deslizamiento constante en caída?


El asunto de la visibilidad es visto de modo diferente desde el interior de Estados Unidos que en el resto del mundo. Abordemos ambos casos por turnos. En sus tuits Trump da una respuesta ambigua. Por un lado, el llamado a volver a hacer “América” grande implica que ha habido alguna decadencia, aunque ésta sea reparable. La reparación que Trump argumenta que está haciendo.


Por otro lado, las encuestas y los innumerables análisis de la situación apuntan a una menor confianza estadunidense en el futuro que antes, aun en el núcleo de simpatizantes de Trump. El hecho de que Trump invierta tanto tiempo atacando las “noticias falsas” muestra que está preocupado por el menor nivel de confianza estadunidense. Parece gastar mucha energía buscando persuadir a todo mundo que un nivel menor de confianza es resultado de una lectura equivocada de los datos.


Hasta ahora, dentro de Estados Unidos, la decadencia de Trump es materia de debate público entre todas las tendencias políticas y al interior de ellas. La mayoría de la gente sigue viendo lo que prefiere ver.
El panorama es bastante diferente fuera de Estados Unidos. Por una razón: la gente tiene que lidiar con decadencias de un tipo o de otro en sus propios países –en Inglaterra debido al Brexit, en Francia por el regreso de la larga tradición de levantamientos, en Rusia e India debido a las apreturas económicas, en China por la incrementada resistencia hacia sus empujes hacia fuera. De hecho, es difícil hallar un país que no esté luchando contra su propia decadencia. Por tanto no están impresionados con el argumento de que en Estados Unidos es diferente.

 


Están impresionados con la realidad de la decadencia estadunidense, y sienten que algo tienen que ver con ella. Están temerosos de un repentino colapso dramático de la divisa estadunidense. Piensan que esto podría conducir a decidir alguna guerra precipitada. Y también se preocupan de que un colapso en las divisas pudiera lastimarlos tanto como podría lastimar a Estados Unidos.


Todo esto apunta a un esfuerzo combinado por asegurarse que el choque estadunidense asuma la forma de un deslizamiento constante más que una explosión. Pero deslizamiento constante habrá.


Traducción: RamónVera-Herrera

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