“Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia”

Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (II)

 

El profesor Francisco Erice es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

En los últimos años, ha centrado sus investigaciones en los problemas de la memoria colectiva, la historia del comunismo y la historiografía. Fruto de ello son libros como Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva (2009) y Militancia clandestina y represión. La dictadura franquista contra la subversión comunista, 1956-1963 (2017), así como numerosos artículos en revistas y capítulos en obras colectivas.

En Siglo XXI de España, Erice ha publicado E.P. Thompson. Marxismo e historia social (2016, junto a José Babiano y Julián Sanz, (eds.) y un capítulo en Historiografía, marxismo y compromiso político en España. Del franquismo a la actualidad (2018, José Gómez  Alén, ed.) y En defensa de la razón (2020). En este último libro centramos nuestra conversación.

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Estábamos en este punto. Hay una referencia y comentario en tu libro, sorprendente para mí, sobre El queso y los gusanos de Ginzburg. ¿Este ejemplo de “microhistoria”, deslumbrante en mi opinión, alimentó también las críticas posmodernas en contra de los “grandes relatos”, de la macrohistoria?

El queso y los gusanos, que a mí también me parece deslumbrante, y la microhistoria en general, no se presentan como manifestaciones del posmodernismo, sino como reflejo de un clima historiográfico general en el que entran en cuestión los paradigmas estructurales y excesivamente deterministas. Los referentes teóricos de esta corriente son diversos y eclécticos. Pero Ginzburg no es un posmoderno; baste ver las diferencias en cómo trata a su personaje (Menocchio), ensanchando los límites de lo individual pero sin negar las reglas sociales, frente a un Foucault que, al tratar del asesino Pierre Rivière, excluye cualquier interpretación para no forzarlo -dice- reduciéndolo a la razón ajena.

Ginzburg tiene claro -y así lo recalca- que de la propia época y clase “nadie se escapa” y que los individuos pueden optar entre diversas posibilidades latentes, pero dentro de una “jaula visible e invisible” que construyen la lengua y la cultura, ejerciendo dentro de ella una “libertad condicionada”. Las críticas más importantes que pueden hacerse a la microhistoria van por otras vías; por ejemplo, por las dificultades de reconstruir el sentido de las acciones individuales sin el conocimiento previo enmarcador de los contextos sociales y culturales en las que se producen.

Te has referido a Foucault en dos ocasiones pero tengo que preguntarte: ¿también Michel Foucault, desde tu punto de vista, es un pensador posmoderno?

Lo es sin duda alguna. No por casualidad se le considera (junto con Derrida, Barthes, Deleuze y algún otro) una de las figuras fundamentales de lo que en Estados Unidos se ha conocido como French Theory, del posestructuralismo, eje central del posmodernismo. Pero, además, Foucault refleja como pocos algunos de los rasgos cardinales del pensamiento posmoderno, entre otras cosas por su conexión directa con Nietzsche: la fragmentariedad y la discontinuidad (piénsese en su teoría de las “epistemes”, sus libros sobre la locura o la prisión, etc.), la ruptura con la idea de causalidad y el descriptivismo (su seguidor Paul Veyne, lo califica como el primero historiador “totalmente positivista”), la negación de la objetividad, etc.

Otra cosa es que Foucault sea, dentro de los posmodernos, el mas interesante, al menos para los historiadores, con algunas aportaciones -y sobre todo sugerencias- importantes.

¿Nos puedes citar alguna de sus aportaciones importantes?

En realidad, más que aportaciones sólidas, yo diría intuiciones o incluso ideas-fuerza que han estimulado investigaciones históricas o sociológicas relevantes, aunque representen también factores de debilidad conceptual o desviación de los enfoques con respecto a otras posibilidades fructíferas.  Pienso por ejemplo en su noción del “poder difuso”, la relación entre saberes y poder, su interés por los márgenes, el análisis de los “sistemas disciplinarios” o incluso -aunque a mí no me parecen especialmente interesantes- sus nociones de biopolítica, de gubernamentalidad o poder pastoral. Son ideas que han generado y generan debates. Aunque en una entrevista reciente convertían una frase incidental mía, donde afirmaba que probablemente Foucault estaba sobrevalorado, en titular llamativo, no pretendía con eso negar todo valor a su obra. Ni siquiera soy, en esto, la mitad de radical que Thompson, que decía que Foucault era “un charlatán”, o de Ginzburg, que lo reducía en gran medida a “una nota a pie de página de Nietzsche”; o incluso del gran marxista español, fallecido hace unos años, Juan Carlos Rodríguez, que relacionaba lo que denominaba “mito Foucault” con un cierto “antimarxismo sutil”.

Sobre estas cuestiones me remito al libro, donde se habla más extensamente de todo ello. 

Ciertamente, le dedicas un capítulo entero, el IV, “Miseria y grandeza del foucaultismo”, título que de nuevo recuerda a Brecht, el del “Terror y miseria del Tercer Reich”.

Hablabas antes de Nietzsche: ¿por qué, como afirmas, Nietzsche y Heidegger son dos predecesores reaccionarios del posmodernismo?

Al hablar de ambos pensadores como precursores del posmodernismo no descubro ningún secreto, porque son las dos grandes figuras influyentes, en mayor o menor medida, en los autores posmodernos. Es bien conocido, por ejemplo, el fuerte influjo heideggeriano en Derrida, o el quizás aún mayor nietzscheano en Foucault. Del carácter política y socialmente reaccionario de ambos filósofos alemanes creo que no caben demasiadas dudas, por más que se haya intentado interpretar a “Nietzsche contra Nietzsche” o “Heidegger contra Heidegger”.

El rechazo al racionalismo ilustrado, las idas de diferencia o discontinuidad, el papel central del lenguaje, el relativismo y tantos otros elementos del pensamiento posmoderno se inspiran en gran medida en ellos. Al presentarlos, en el libro, bajo el epígrafe de “Dos precursores reaccionarios”, se intenta resaltar el llamativo contraste entre pensadores posmodernos sedicentemente de izquierdas y la influencia determinante en ellos de pensadores tan ultraconservadores como los dos citados, o la de Carl Schmitt entre los politólogos posmodernos.

Es difícil pensar que puedan separarse tan radicalmente sus opiniones políticas del resto de sus ideas. Visto así, hablar de “nietzscheanos de izquierdas” o “heideggerianos de izquierdas” va más allá de un simple oxímoron o una “contradictio in terminis”.  

También incluyes a Laclau y Mouffe entre los pensadores posmodernos. Sin embargo, como sabes, no sé si con inconsistencias, algunas formaciones políticas de la llamada nueva izquierda reivindican su pensamiento, su concepción de la política y lo político. ¿Es posible entonces un posmodernismo político de izquierdas?

Laclau y Mouffe son claramente posmodernos; sus influencias declaradas y el desarrollo de sus esquemas de análisis son, en ese sentido, inequívocos. También lo son (aunque con más matices) Negri y Hardt en su teoría del Imperio. Y hay también un “posmodernismo desde el Sur” con muchas variantes (Boaventura de Sousa Santos, Dussel, Aníbal Quijano, etc.).

El posmodernismo ha influido mucho en los a veces llamados “nuevos movimientos sociales” y en los análisis histórico-sociales ligados a los mismos (Historia de género, Cultural Studies, Estudios poscoloniales, etc.). Eso significa que hay, evidentemente posmodernismo que se reivindica de la izquierda, y cuyos defensores son muchas veces firmes y consecuentes militantes de la izquierda. Por eso es importante el debate, la confrontación crítica con estas posiciones desde la izquierda de orientación marxista, para delimitar posiciones de manera clara, pero, por supuesto, entendiendo que estas diferencias no deben excluir las posibles y necesarias colaboraciones prácticas.

En el caso de Laclau y Mouffe, defensores de un “posmarxismo” teórico que se proyecta políticamente como “populismo de izquierdas”, creo que cabe reprocharles, desde posiciones marxistas, su remisión al campo lingüístico de las contradicciones sociales, la separación de lo social (que prácticamente se difumina) y lo político, la ambigüedad de sus posiciones sobre la transformación social o la concepción de la política como una movilización sobre la base de las emociones y los sentimientos, tremendamente peligrosa por su potencial irracionalismo, que condena objetivamente a los movilizados a una posición subalterna.        

¿Ha habido aportaciones importantes, destacables y reconocidas, del posmodernismo en el ámbito de la historia, o sus reflexiones se han centrado más bien en la metahistoria o en la filosofía en general? ¿Hay historia posmoderna interesante por decirlo de algún modo?

Suele decirse que hay mucha reflexión teórica posmoderna en el campo de la Historia (Hayden White es un claro ejemplo), pero pocos historiadores posmodernos, y creo que es cierto, aunque con algunos matices. La razón está en que llevar a la práctica postulados posmodernos extremos supone atentar contra la misma lógica del oficio de historiador; no es de extrañar que uno de los defensores de estas tesis, Jenkins, llegue a pronosticar el fin próximo de la Historia (de la Historia como disciplina) y hable de futuras sociedades que ya no necesiten a los historiadores. Por eso lo que sí hay es una amplia gama de influencias parciales o de posmodernismo light o moderado. Y, sobre todo, un clima propicio a la difusión de este tipo de planteamientos, siempre mezclado con otros o matizado. La Historia posmoderna más completa, lo que sus cultivadores llaman, por ejemplo, la Historia postsocial, es hoy bastante minoritaria. 

Pero esto que señalas del fin de la historia como disciplina científica o la consideración de que de hecho nunca lo fue, ¿no son también tesis o consideraciones próximas a Althusser o a sus discípulos o seguidores?

La proximidad de Althusser a algunos de estos autores es evidente (por ejemplo, su influencia en Laclau), aunque, en todo caso, Althusser tenía una concepción “cientifista” del marxismo y hablaba pomposamente de Marx como descubridor del “continente de la Historia”. A lo mejor parte del problema es qué entiende por ciencia o la contraposición ciencia-ideología.

Para los historiadores, creo que los dos principales problemas que plantea Althusser tienen que ver con el “anti-historicismo” y “anti-empirismo” por un lado, y el “antihumanismo” por otro. Thompson percibió bien -aunque no sé si lo formuló del todo correctamente- los efectos deletéreos para la Historia de un “anti-empirismo” que degenera en “teoricismo”, rompiendo el “diálogo” de la construcción teórica con el material empírico. El antihumanismo, además, degradando el papel de la acción humana, refleja el carácter “políticamente sombrío” del marxismo althusseriano, como decía Eagleton, reforzado por su noción de ideología, que subraya la opacidad necesaria de los procesos sociales incluso en el ámbito de una hipotética sociedad emancipada.    

¿Cuáles serían tus principales críticas a lo que llamas historia de género?

La llamada “Historia de género”, y no digamos ya la Historia de las mujeres, noción más amplia pero estrechamente relacionada con ella, han hecho aportaciones verdaderamente sustanciales a la renovación historiográfica de las ultimas décadas. Lo que el libro critica no es este campo historiográfico, ni la noción en sí de género, entendido como construcción cultural de los roles atribuidos a hombres y mujeres. Más bien se cuestiona una determinada manera de definir el género, vinculada precisamente a las teorías posmodernas, que entiende las diferencias como mera construcción lingüística y se desvincula del estudio de las relaciones materiales y sociales que afectan a las mujeres.

Es esta Historia reductivamente “culturalista”, tremendamente peligrosa además para la misma legitimación de los movimientos feministas, la que debe ser teóricamente combatida. Hay, por el contrario, intentos de imbricación de género y clase o de explicación histórica materialista de la historia de las mujeres, ligada a las condiciones materiales de su existencia, sin olvidar -claro está- los factores culturales, que constituyen una vía de desarrollo historiográfico verdaderamente prometedora para el futuro.     

La tercera parte de tu libro lleva por título “La historia marxista después de la tormenta. Propuesta para una reconstrucción”. Son muchas las sugerencias y tesis que en ella defiendes. Sobre algunas de ellas. ¿Qué fue Marx en tu opinión? ¿Un economista, un filósofo, un revolucionario, un historiador? ¿Todo en uno?

Humildemente, debo reconocer que esta tercera parte tiene quizás más sugerencias que tesis perfiladas. En todo caso, sin querer decir que en las dos anteriores se planteen los análisis de manera más sólida o afianzada, me pareció que era más oportuno subrayar, en esta parte final, el carácter abierto de los debates sobre cómo reconstruir un marxismo historiográfico que recoja lo mejor de la tradición materialista y a la vez no se repliegue sectariamente frente a las contribuciones del propio desarrollo de la Historia como disciplina.

Con respeto a la identificación “gremial” de la obra de Marx o en el encasillamiento de su figura, creo que posee todas esas dimensiones y alguna más. Pero todas ellas, lejos de superponerse, se integran en una visión unitaria, como Schumpeter supo ver bien a propósito de la Economía y la Historia. Creo que Marx absorbe y combina muchos ingredientes y perspectivas, pero nunca es “ecléctico”. Quizás la dimensión central más justificable de su obra sería la de filósofo, más que de científico. Y por supuesto, la de revolucionario, que asume la “crítica de las armas” como realización del “arma de la crítica”.

Desde luego, no es exactamente un historiador, pese a que Pierre Vilar le gustaba identificarlo como tal (las obras de Marx, si acaso, nos recuerdan a las actuales Sociología histórica o Historia del Presente), por su evidente y fundamental tendencia a “pensarlo todo históricamente”.    

¿La teoría marxista de la historia es una disciplina científica? Si lo fuera, ¿qué tipo de ciencia sería?

Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia. Pero sí creo que la concepción marxista, racionalista, materialista y crítica, nos ayuda a la construcción de la Historia como ciencia. El marxismo lo que nos ofrece o nos permite construir es una teoría de la sociedad que funcione como un “horizonte metodológico” o “ideal regulativo” (tomo las expresiones de Moradiellos) para el análisis de los materiales históricos. Pero no hay una “ciencia marxista”, como no la hay “proletaria” o “feminista”.

Las ciencias, sin que ello implique sacralizarlas, representan el horizonte máximo de racionalidad metódica y sistemática alcanzado por las sociedades humanas. Hablar de la Historia como ciencia se sitúa en las antípodas del posmodernismo, que la identifica en lo esencial con la Literatura o la ficción, o que niega principios esenciales como el de causalidad, determinación o continuidad. Obviamente, la Historia es una ciencia “humana”, en la que el sujeto operatorio (el historiador) es imposible de neutralizar del todo (como sucede en las ciencias físico-naturales) en el proceso de construcción del conocimiento. Pero existen mecanismos que permiten alcanzar grados de veracidad significativos (la crítica rigurosa de las fuentes, los principios deontológicos del trabajo del historiador, la socialización “gremial” o el contexto institucional de los conocimientos, etc.), que permiten a la Historia figurar decorosamente en el campo de las ciencias humanas o sociales que se ha ido institucionalizando a lo largo de los dos últimos siglos. Creo que la teoría de la ciencia de Gustavo Bueno plantea correctamente el asunto, sin renunciar al análisis sociológico de la misma, pero no incurriendo en el sociologismo o el relativismo.  

Tomemos un respiro. El último.

Como quieras.

Por Salvador López Arnal | 14/10/2020 

Fuente: El Viejo Topo, septiembre de 2020

Primera parte: Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (I), «Pensamientos y lenguaje no forman un mundo aparte, son ‘expresiones de la vida real’», https://rebelion.org/los-pensamientos-y-el-lenguaje-no-forman-un-mundo-aparte-sino-que-son-con-toda-su-complejidad-expresiones-de-la-vida-real/

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Jueves, 11 Junio 2020 06:06

Retrato de relatos

Retrato de relatos

El teléfono y el psicoanálisis

Esa tarde tenía que entrevistar a tres pacientes. El primero a las 16, el segundo a las 17 y el tercero a las 18.30. Los había llamado a cada uno y, finalmente, tenía frente a mí la imagen, en la pantalla del teléfono celular, del tercero de ellos.

El primero era un abogado que ocupaba el escritorio de una empresa de construcción. El segundo era un deportista que cumplía la función de director técnico de un equipo de fútbol. El tercero, un economista que controlaba los gastos de un ferrocarril. Estos gastos aparecían, en estos momentos, sin control --en palabras de mi paciente--. Si los gastos seguían mucho tiempo sin control --decía el paciente-- se corría el riesgo de destrucción de los vagones y de descarrilamientos.

La imagen de mi teléfono celular, si bien retrataba a mi paciente y me permitía observarlo, pese a no encontrarse personalmente frente a mí, no me permitía definir con claridad sus sentimientos.

La posibilidad de acceder a la imagen de mi paciente, que mi teléfono ofrecía, no era de una manera tal que salvara la distancia física. Por eso, la sesión que posibilitaba la utilización de la videocámara de mi teléfono, con respecto al “cara a cara” en el consultorio, parecía disminuida.

Cabía, entonces, preguntarse si eso que sucedía a través de la pantalla del celular sería psicoanálisis o no lo sería.

El psicoanálisis trabaja con el lenguaje y con los sentimientos. El lenguaje aporta frases, relatos, palabras; los sentimientos registran alegrías y dolores, recuerdos gratos e ingratos.

En alguna medida, el teléfono permitía percibir lenguaje y sentimientos de mis pacientes. Desde esta perspectiva, el teléfono permitiría retener los valores que el psicoanálisis aporta.

Pero, también dijimos, la percepción de sentimientos no tenía claridad en la imagen retratada en la pantalla. De este modo, la pregunta permanecía abierta para el debate: ¿el teléfono permitía retener los valores que el psicoanálisis aporta?

Juan Carlos Nocetti es psicoanalista.

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Netanyahu negó que sus advertencias sobre colapso en el sector salud busquen apanicar a la gente en Israel para retener su cartera de primer ministro.Foto Ap

En un abordaje multidimensional/plural/dialéctico, impactaron dos declaraciones incendiarias del primer ministro israelí Bibi Netanyahu –con cargos criminales a cuestas(https://bit.ly/34f9wpU)–, debido a sus estrechos lazos con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner, además de sorprendentes juegos de poder en Israel, que en su conjunto reflejan la dinámica de los "nuevos órdenes" locales/regionales/global.

Dejo para otra ocasión el artículo de Kissinger al WSJ –dislocado, a mi juicio– sobre el nuevo orden mundial post-Covid-19 (https://on.wsj.com/2wTuRZO).

Algo muy fuerte debió haber ocurrido tras bambalinas para que el general y ex jefe del Estado mayor, Benny Gantz (BG), seleccionado por el presidente Reuven Rivlin para formar el nuevo gabinete, haya preferido presidir el Congreso. Quienes conocemos el Medio-Oriente, a sus países y actores, entendemos que no es común que un general, de la talla de BG, haya sucumbido a muy fuertes presiones del eje Trump/Kissinger/Jared Kushner cuando Israel y su complejo militar industrial son tan dependientes de la ayuda de EU.

El mismo eje "nacionalista" Trump/Kissinger/Jared Kushner, en franca confrontación con los banqueros globalistas Rothschild y George Soros, fustigan a los respectivos “ Deep State” de EU e Israel.

El hijo de Trump ha comentado que “solamente un ‘loco (sic)’ niega al “ Deep State” (https://bit.ly/3aLjUb4)”.

Netanyahu –cuyo hijo expuso el control globalista de George Soros(https://bit.ly/39KdS9B)–, comentó a puerta cerrada que en Israel "no existe democracia" ya que está controlado por el “ DeepState”: un "gobierno de burócratas y juristas", según el rotativo opositor Haaretz, muy cercano a Soros, que se burla de sus “teorías conspirativas (https://bit.ly/39Cbemc)”.

Días antes de su espectacular arreglo con BG, Netanyahu lo instó a "salvar a Israel" conforme los "países se hunden como Titanics".

Esta declaración no es menor, debido a los lazos estrechos de Netanyahu con el eje Trump/Kissinger/Jared Kushner y, también, debido a la omnipresencia de sus servicios secretos en varias naciones de Latinoamérica y Europa, en estrecha alianza con su diáspora que lo mantiene muy bien informado.

Netanyahu advirtió que "los sistemas de salud de los países en el mundo (sic) enfrentan un inminente colapso (sic)" cuando planea la "mayor amenaza a la humanidad desde la Edad Media (sic)".

Su rival, líder de la oposición, BG del partido "Azul y Blanco" finalmente sí escuchó la imploración de Netanyahu para formar un "gobierno de unidad de emergencia".

En su entrevista al Canal 12, Netanyahu emitió "una serie de predicciones terribles sobre el posible (sic) impacto global del virus", cuya precisión no puede ser definitivamente determinada en esta fase, pero negó que estaba intentando apanicar al público israelí para retener su cartera de primer ministro, según The Times of Israel (https://bit.ly/34bcpYx).

A diferencia de los diletantes funcionarios de otros países que tardaron "en cerrar sus fronteras", Netanyahu considera que "Israel, que cerró sus fronteras, se encuentra en una mucho mejor situación".

Juzga que "nadie sabe" –y nadie es nadie– los alcances devastadores del virus y aceptó que "como van las cosas, estamos destruyendo la economía", por lo que su "objetivo es realizar el máximo número de pruebas, para establecer que las personas que desarrollen anticuerpos para resistir el virus sean liberadas del aislamiento".

Cuando fue cuestionado de exagerar el peligro para permanecer en el poder, Netanyahu adujo que estaba “navegando entre icebergs” y que “detrás de él, habían otros países hundiéndose como Titanics”. !Qué fuerte!

Llama profunda y perturbadoramente la atención que hable del hundimiento de muchos países como Titanics con sus alcances simbólicos y metafóricos, naciones indestructibles en el papel y que acabaron por desaparecer, lo cual converge con la afirmación del ideólogo ruso Alexander Dugin, muy cercano al zar Vlady Putin y a los militares, quien advirtió sobre la extinción de muchos países (https://bit.ly/39GcdSs). ¿Será?

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Domingo, 20 Octubre 2019 06:12

El analista de arriba y la calle

El analista de arriba y la calle

 Los pueblos y los sectores populares, las mujeres y los varones de abajo, están ganando las calles en todo el mundo. En Barcelona y en Hong Kong, en París y en Quito, y en un largo etcétera imposible de abarcar en pocas líneas. A mi modo de ver, este sólo hecho da para celebrar, para el regocijo de quienes deseamos el fin del capitalismo, porque éste no sucederá sin confrontación y lucha de calles, entre otras formas similares de pelea.

La poderosa reorganización de los aparatos represivos los ha hecho casi invulnerables a la protesta, de modo que desbordes como los que vimos en periodos anteriores (siempre recuerdo el mítico Cordobazo de 1969, cuando obreros y estudiantes derrotaron en la calle a la policía del régimen militar), son cada vez más infrecuentes. Por eso la lucha de calles, es tan importante, como escuela y como horizonte.

Es cierto, por otro lado, que con marchas y acciones directas no es posible trascender el sistema, que hacen falta por lo menos dos cuestiones centrales: una crisis sistémica profunda, como las que se registraron en Europa hacia el final de la guerra de 1914-1918, y una potente organización de los pueblos, no sólo para afrontar la crisis, sino de modo muy especial para construir los mundos otros llamados a expandirse mientras vamos deshidratando la hidra capitalista.

Los pueblos organizados y los militantes celebramos las pequeñas victorias, la multiplicación de caracoles en Chiapas o el frenazo al paquetazo del FMI en Ecuador. Nos conmovemos con esos miles que arañaron las piedras, literalmente hasta sangrarse, para erigir barricadas con adoquines y trozos de edificios en Quito. Nos indignamos con la represión que provocó una decena de muertos y mil 300 heridos.

Festejamos los avances. "En Loja y Azuay se crearon asambleas populares autónomas, espacios organizativos de abajo para construir poder popular, dar continuidad al proceso y articular planes y acciones", nos dice un militante contra la minería del sur. Valora, de forma muy especial, que los 12 días de lucha hayan sido la primera experiencia para toda una generación, porque no está pensando en tomar el palacio, sino en la continuidad de la pelea.

Otros compas estiman la trascendencia de que haya emergido una nueva generación de militantes y dirigentes indígenas y populares, así como la importancia del protagonismo masivo de las mujeres. En paralelo, se emocionan con los estudiantes que armaron centros de acopio, albergues y cocinas comunitarias, "integrando así una lucha campo-ciudad".

Son los temas estratégicos que deberían preocuparnos, porque de ellos depende el futuro, y no si la acción favorece a tal o cual potencia global, a tal o cual político que quiere llegar o volver al palacio.

Por eso nos indigna, por lo menos a quien esto escribe, cuando el analista de arriba se limita, desde su escritorio, a censurar a los dirigentes, sean de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), del pueblo mapuche o del EZLN, porque no hicieron lo que ellos consideran oportuno o necesario.

Los pueblos no son acarreados por los dirigentes, como suele creer el analista de arriba, porque no se molesta en preguntar y, sobre todo, en escuchar razones de la gente común. Si lo hiciera, descubriría una lógica propia, diferente por cierto a la del académico o del político profesional, porque responde a necesidades concretas que no pasan por la academia y la literatura especializada.

Sinceramente, me parece insignificante, por decirlo en tono amable, si la lucha nuestra beneficia a China, a Rusia o a Estados Unidos. Son tres potencias imperiales que están dispuestas a masacrar pueblos, para seguir acumulando poder y capital.

Me parece igualmente poco importante si una lucha de abajo, con toda su cuota de dolor y sangre, termina beneficiando a tal o cual candidato a la presidencia. No es ése el camino de los pueblos. Todo lo que fortalezca el protagonismo y la organización de los de abajo es muy positivo, más allá de consecuencias que nunca se pueden medir a priori.

Hubo un tiempo en que el analista de arriba era, sistemáticamente, parte del sistema. En las pasadas décadas, sobre todo a partir de la caída del socialismo real y de las derrotas de la revoluciones centroamericanas, han surgido multitud de analistas que se dicen de izquierda, pero no se manchan las manos, ni ponen el cuerpo en las barricadas, ni escuchan a los pueblos.

Se sienten portadores de la verdad, cuando deberían ser apenas trasmisores del pensamiento y la acción colectivas. No puede haber análisis valederos que subestimen a los pueblos. Siempre fue y será una actitud propia de la derecha, funcional al sistema.

No se vale que unos pongan los muertos y otros usen los cuerpos ultrajados como escaleras, materiales o símbolos. "No queremos ser escaleras de ustedes", dicen los aymaras a los políticos corruptos. Sólo sirven los análisis nacidos del compromiso, no con los de abajo, sino abajo y a la izquierda.

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El teléfono en Europa y la política del cambio que no es real

Es famosa la anécdota de que el superdiplomático estadunidense Henry Kissinger preguntó alguna vez, "¿a quién llamo cuando llamo a Europa?" La pregunta se cita en repetidas ocasiones como un modo inteligente de sugerir pesimismo acerca de Europa como realidad. La respuesta, por supuesto, depende de lo que quiera uno saber de Europa. Hay por lo menos una docena de instituciones europeas de variados tipos de membresías e intereses. Puede uno telefonear a cualquiera de ellas. Europa es tanto una realidad, que hay aun una institución europea instituida por quienes quieren abolir las instituciones europeas.

 

Haremos dos cosas en este comentario. Una es discutir la diferencia entre lo que llamo un cambio real y un cambio que no es real. Para ello, la discusión del teléfono de Europa es muy útil para dejarnos ver qué está ocurriendo.

 

La segunda cosa que intento hacer es discutir la epistemología del análisis y las formas en que hemos venido a hablar de algo que llamamos análisis espacio tiempo (AET).

 

Déjenme explicar lo que pienso ocurre cuando intento hacer un comentario. Comienzo por fecharlo y ponerle título. Luego comienzo a dictar lo que es necesario. Así que déjenme comenzar a dictar éste.

 

Desde octubre de 1998 he estado escribiendo comentarios que aparecen cada quincena del mes. No he faltado ninguno. Tienen un patrón estándar de lo que digo.

 

Por más de 500 años del moderno sistema-mundo los análisis tienen un vaivén de ida y vuelta entre situaciones donde el punto de vista conservador estaba en la cima y situaciones donde la visión no conservadora estaba arriba.

 

¿Qué ha ocurrido? Bueno, esto puede explicarse si volteamos a examinar la visión axiomática de que podemos predecir el resultado de algo que queremos saber si miramos cómo nos iba hace 25 años.

 

Hoy, el problema al que casi todo el mundo en todo el sistema-mundo está dedicado es a responder "si Donald Trump va a reelegirse en 2020", y el axioma nos dice que el modo de saberlo es mirar 25 años atrás a ver cómo estaba la gente en ese momento. Y que si estaba bien hace 25 años, será reelecto, y si a la gente no le iba bien entonces, no será reelecto.

 

¿Por qué debe ser esto así? Tiene que ver con cómo las ocurrencias sucesivas afectan las previas. Supongamos que tomamos el más reciente de estos virajes grandes, uno que comenzó más o menos cerca de 1945 y que sigue hasta ahora.

 

¿Qué es lo que ocurre? Se dice que cada vez que hago la pregunta, "¿qué es lo que ocurre?" uno afecta de un modo diminuto, pero verdaderamente, una mezcla de números que tiene 25 años. Veamos por qué.

 

Así, se supone que podemos intentar tomar el promedio de todas las veces previas en que la gente ha supuesto mantener algo de hace 25 años.

 

Descubrimos que el promedio sería un ejercicio matemático imposiblemente complejo, que nadie es capaz de hacer. Así, realmente no podemos saber cuál sería la lectura del promedio de lo que son esos 25 años atrás. Podemos adivinar, por supuesto, y podemos acercarnos, pero no hay modo en que sepamos con absoluta certeza lo que la gente sentía hace 25 años. Ergo, no somos capaces de predecir.

 

Tomemos tres problemas cuyo contenido le importa a la gente. Uno es la condición de las mujeres. Otro es el grado al cual las cuestiones internas las dirime la gente que está a cargo. Y otro es el grado al cual nuestro país y la gente en nuestro país son hegemónicos en los sistemas-mundos.

 

En 1945, el la visión del establishment era que las mujeres no tuvieran ningún derecho. Esta visión cambiará durante los próximos años a una donde las mujeres tienen muchos derechos.

 

Otro problema es el estado del poder de aquellos que están a cargo. El tercero es el grado al cual un país es hegemónico en el sistema-mundo.

 

En el lapso de 25 años, las tres cuestiones llegan a un punto de inflexión donde parecen haber cambiado por completo. Esto es una ilusión. De hecho lo único que ha cambiado son los nombres de la gente, o los de los grupos que son dominantes en el sistema. Sigue siendo éste un sistema que es bilateral y donde no puede ocurrir cambio alguno. Acerca de la gente a cargo del sistema, su poder era absoluto circa 1949. Y en términos de Estados Unidos y el poder hegemónico, era incuestionable circa 1945.

 

Cada uno de estos tres análisis se mueve a un punto presumiblemente cambiante donde todo ha quedado de cabeza tras 25 años. De hecho, el punto es que lo que ha cambiado es quién estaba en la cima y quién en la base. El sistema se mantiene igual. Es por eso que hablo de un "cambio que no es real".

 

A diferencia de virajes previos en la historia del moderno sistema-mundo, el viraje que comenzó a ocurrir circa 1945 fue mucho más raudo a resultas del cambio estructural del moderno sistema-mundo. Este cambio estructural significó que cuando arribamos al cambio virtual de 1968, más o menos, podíamos haber hecho un cambio real. De hecho, no lo hicimos. Hubo una reversión al viejo modo de calcular las cosas, pero con un lenguaje nuevo.

 

¿Cuál es la diferencia entre los cambios que se hicieron regularmente por más de 500 años y el último cambio que se hizo desde 1949? La diferencia tiene que ver con un número de categorías con las cuales etiquetamos nuestros cálculos. Si las etiquetas dicen que son cambios normales durante el periodo de 500 años, entonces todas estas etiquetas serán bilaterales. Los cambios que no son reales parecen ser cambio, pero de hecho no lo son. La única manera de tener un cambio que no parezca un cambio, sino que sea un cambio real, es apoderarse del momento de la crisis estructural del moderno sistema-mundo y, de hecho, en vez de hacer cálculos bilaterales, calcular totalmente de otro modo. Algo que yo le llamaría, "cambio cuadrilátero".

 

Hay otro cambio, en realidad de gran importancia. Es si debemos comenzar en forma normal con un análisis completamente autónomo para el tiempo histórico y el espacio global.

 

Utilizando el análisis de espacio tiempo, podemos encontrar entonces si ha ocurrido un cambio real o un cambio que no es real. Donde estamos ahora, podemos entrar en este debate con algo que podemos aprender del AET, algo que no podríamos haber aprendido si lidiáramos por separado con el tiempo histórico y el espacio global.

 

Hemos intentado explicar lo que es un cambio que no es real y hemos intentado explicar lo que significa un análisis de espacio tiempo. Si no lo logramos, es porque es difícil explicar esto.

 

Traducción: Ramón Vera-Herrera.

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Jueves, 05 Julio 2018 07:53

Un diálogo con Freud

Un diálogo con Freud

A través de una confrontación imaginaria que editó en forma de libro, el prestigioso psiquiatra y psicoanalista traza de manera original los fundamentos de la teoría freudiana. En una entrevista a PáginaI12, explica sus acuerdos y desacuerdos con aquellos postulados.

El prestigioso psiquiatra y psicoanalista Ricardo Avenburg ha logrado conversar con Sigmund Freud. No es que haya pasado el centenario de vida sino que, obviamente, lo hizo de manera imaginaria en Conversaciones con Freud (Ediciones Biebel), donde dialoga, relata y confronta su manera de entender el psicoanálisis con el creador de la teoría que revolucionó las formas tradicionales de la psicoterapia en plena era victoriana. En algunos casos hay acuerdo, en otros, diferencias, pero por sobre todo Avenburg establece un recorrido que le permite trazar los fundamentos de la teoría freudiana de una manera original, donde se notan las influencias que Melanie Klein tuvo en su estudio del psicoanálisis. Avenburg recopila en su libro un análisis de la muerte en el Yo y el Ello, comenta sobre el humor y cómo lo conceptualizó Freud, “dialoga” con Freud acerca del tema del progreso en la espiritualidad en “Moisés y el monoteísmo”, evalúa los textos “Dinámica de la transferencia” y “Un teoría sexual” cien años después, vuelve a dialogar con Freud tomando como eje “Más allá del principio del placer” y también conversa con el padre del psicoanálisis tomando como base “El problema económico del Masoquismo”.

Claro que ese no es el único libro sobre Freud que escribió Avenburg. En Conversando con los maestros y en Nuevos diálogos y reflexiones sobre psicoanálisis (ambos también de Ediciones Biebel) le dedica unos capítulos a Freud. En el primero de ellos, utiliza el mismo método de simulación de una conversación en torno a “Análisis terminable e interminable” y “El malestar en la cultura”. En Nuevos diálogos..., Avenburg pone el foco en en las definiciones del término “libido” en la obra de Freud, y recupera una ponencia en un congreso titulada “El legado de Freud a 150 años de su nacimiento”, además de explicar cómo entiende él mismo el tratamiento psicoanalítico. Avenburg es miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional, fue miembro fundador de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires y de la Sociedad Psicoanalítica del Sur. En el ámbito de la docencia ejerció como profesor titular interino de la cátedra Teoría Psicoanalítica: Freud, en la Facultad de Filosofía de la UBA y fue profesor de Psicoterapia del Instituto de Psicoterapia de Gotemburgo (Suecia). ¿Es difícil definir a Freud? “Yo creo que es difícil definir a todo ese tipo de creadores que no bajan línea sino que escriben mientras piensan. Eso pasa con Freud, Kant, Hegel, Aristóteles. Son creadores vivos”, reconoce Avenburg en la entrevista con PáginaI12. “Yo lo sigo leyendo. Lo leí primero en castellano, después vino la edición inglesa, después aprendí alemán y lo leí en ese idioma. O sea, lo leí muchas veces. Y me siguen sorprendiendo las cosas que dice. Un término alemán lo dice en varios sentidos. Entonces, hay que ver el sentido que uno va a tomar para entenderlo”, agrega el psiquiatra y psicoanalista.


–¿Escribir y dialogar con Freud de manera imaginaria es una forma de hacer autoanálisis?


–Yo hago autoanálisis. En general, los sueños hoy no se trabajan como los trabajaba Freud. Hoy se tiende a tomar el contenido manifiesto e interpretar directamente. Freud decía que eso no se hacía: hay que repartir parte por parte, deshacer el argumento, tomar cada detalle, pedir las sucesiones. Esto se podía hacer más cuando se trabajaba todos los días. Eran cinco o seis sesiones semanales. Igual, no se pierde mucho tampoco porque si el inconsciente surge lo va a hacer de ahí o de otro lado. Pero yo, en mi autoanálisis, todos los días pongo algún detalle: “Este me contestó tal cosa”, “¿Y este qué cara tenía?”, “¿Y esta cara qué me recuerda?”. Empieza así el autoanálisis.


–¿Mantener sus diferencias con los escritos de Freud le permitió, de algún modo, desacralizar su teoría para que no se convierta en un dogma?


–Cuando uno conoce a una persona nueva, le gusta y se enamora. Pero eso no es un dogma. Es amor. Pero el objeto de amor no tiene por qué ser sagrado. Sagrado es el Superyó. El objeto de amor es un objeto directo y se puede jugar con él. Cuando ya era un analista formado y había supervisado con todos los kleinianos, en un momento dado sentí que era un poco cerrado para mí. Sin embargo, traté de meterme a ver qué decía y se me abrió un mundo. Se me conectó con el mundo de la cultura musical y con toda mi historia adolescente y fue un gran descubrimiento.


–¿Cree que en los tiempos actuales se puede hablar de crisis del psicoanálisis o sigue teniendo el predominio por sobre otros métodos clínicos?


–Es muy difícil definir hoy al psicoanálisis. Si uno ve, por ejemplo, escritos actuales, palabras como “represión” y “censura” casi no existen. Y son palabras esenciales en Freud. ¿Es o no es psicoanálisis? No sé. Como me gusta Platón, soy partidario del diálogo y no de la guerra. Entonces, alguien me dice algo y lo discutimos. Platón decía que toda disputa es una guerra y que toda discusión es un intercambio de ideas. Entonces, prefiero la discusión y no la disputa.


–¿Cuál es el objetivo que usted se plantea en relación al analizando cuando termina una sesión?


–Básicamente, el objetivo es que el paciente no sufra, que se sienta mejor. Hay mucha gente que viene, sobre todo de mi edad (yo tengo 85 años), que no lo hace por un síntoma determinado sino para tener un lugar de interlocución. Podemos hablar, pero hay cosas que uno no puede hablar con otra gente, necesita tener un lugar donde poder hacerlo. Y creo que esa es la función.


–¿No hay un concepto absoluto para definir el fin de análisis?


–Para mí, no. Es el paciente el que lo decide, a menos que sea un paciente que esté por suicidarse, pero eso ya no sería fin de análisis y en ese caso hay que internarlo. Pero, en general, si un paciente está bien, lo hablamos. Si quiere terminar sin hablar también puede. Charlamos sobre por qué piensa así, qué le gustaría lograr en la vida sin análisis. Y sabe que tiene las puertas abiertas para cuando quiera volver.


–Esto usted lo dice en términos de logros porque también puede estar operando la reacción terapéutica negativa.


–Sí. En ese caso, puedo ejemplificar con el suicidio: muchos suicidios aparecen cuando el paciente está mejorando de la depresión.


–Usted menciona el suicidio y en un pasaje señala que aun el suicidio se acompaña o se realiza en función de una fantasía realizadora de deseos.


–Lo que más yo veo es intolerancia a la vida. Por lo tanto, el deseo sería la búsqueda de la muerte como una vida mejor.


–¿En ese caso el paciente sabe que se mata pero no sabe que se va a morir?


–Inconscientemente, sí.


–A veces, se tiende a pensar erróneamente que el analista sabe cosas del paciente que el propio paciente no sabe de sí mismo. ¿Esto se debe a una mala interpretación de lo que significa el inconsciente?


–Uno tiene hipótesis acerca del paciente. Lo contestaría con la filosofía de Sócrates: sólo sé que nada sé. Por lo tanto, tengo que averiguar. Tengo una hipótesis de que el paciente apunta para determinada cosa, pero tenemos que ir descubriéndolo juntos. Por ejemplo, tomo un caso extremo: un paciente grande que ya venía con su adicción a la cocaína desde hace cuarenta años. Uno tiene cierta idea de qué pudo haber pasado al principio, pero recién empiezo a hablar de la droga cuando el paciente lo trae como conflicto. El paciente venía a mi consultorio a tomar cocaína. Un problema. No le decía nada porque cuanto más uno habla, parece una acusación y peor es. Tuve varios pacientes adolescentes y esta persona grande. Y el tema es cuando entra en conflicto consigo mismo. Es ahí donde se empieza a trabajar. En la primera clasificación de la OMS se señaló: “Tenemos que poner un diagnóstico para que los psiquiatras nos entendamos de qué estamos hablando. Cada grupo puede tener su propio dialecto, pero tenemos que tener una idea más común, pero no confundamos los nombres que ponemos con los pacientes”. Y eso es lo que pasa muchas veces: “Este es un paciente de tal cosa”. En general, yo cuando empiezo no sé nada, no hago un diagnóstico, trato de ubicarme, cómo está funcionando el yo, si no está funcionando el yo, si tiene un delirio o si no lo tiene. Surge solo, espontáneamente.


–¿Cómo definiría desde el psicoanálisis la relación entre la angustia y la muerte que señala Freud?


–La muerte es un concepto abstracto de contenido negativo. Hay una doble negación: es abstracto (no es concreto), pero de contenido negativo. Por lo tanto, para cada uno la muerte tiene un contenido determinado: “Para mí, la muerte es ir al cielo”, “Para mí, la muerte es estar enterrado”. La angustia básicamente tiene distintos niveles: primero cuando el bebé nace tiene la tensión de necesidad y angustia hasta que se satisface. Está la angustia de nacimiento, después está la angustia de pérdida del objeto, cuando recién el chico empieza de diferencia yo de No yo. Se puede notar. Cuando hay un bebé de tres días, uno puede caminar. Si está durmiendo, está durmiendo. Si el bebé tiene un año, uno ya tiene que cuidarse porque el bebé lo va a escuchar (pérdida de objeto). Después, viene la angustia de castración que termina con la censura. Eso queda reprimido, el totemismo. Y después viene el miedo al Superyó. Y la muerte está metida ahí. Yo creo que es importante analizar cómo cada uno vive la muerte.


–¿Por qué considera que el Ideal del Yo “nos impone una deuda eterna”? ¿Y cómo se puede trabajar en análisis el hecho de no poder alcanzar el ideal?


–El Ideal del Yo es la expresión del Superyó. Son casi sinónimos. Superyó es lo que no se puede. Y el Ideal es que “tenés que llegar ahí”. El “tengo que” tengo que sacármelo de encima. Hoy no sé si existen pensadores como Freud, Kant, Marx, Hegel. Porque hoy todo hay que hacerlo más rápido. El tema de la velocidad y la tecnología está jugando y dominando mucho al mundo. Yo creo que la creatividad es atemporal. Uno tiene que empezar a ser como si fuera infinito y reencontrarse con su propia temporalidad, que es lo que tuvo Freud y esos pensadores. Y también Aristóteles.

–Usted disiente con Freud en la definición de “cultura”. Dice: “Si cultura es la modificación de la naturaleza necesaria para la supervivencia del individuo y de la especie, no hay ser vivo, ni siquiera vegetal que no construye su propia cultura”. ¿Cómo es eso?


–Cultura viene de cultivo. Entonces, ¿qué es lo que cultiva el hombre? Su cultura es lo que construye. Por supuesto que en el hombre la construcción es infinita. En ese sentido, la riqueza del ser humano es la complejidad del lenguaje. Ahora, yo creo que somos el animal más rico del mundo en un sentido y el más estúpido en otro. Somos las dos cosas. Sándor Ferenczi habla que al principio la vida surge en el agua, pero después hubo sequías y muchas especies murieron, pero otras se fueron acomodando y creando condiciones para poder seguir viviendo. Y esa es la cultura. Y son millones de años. Por lo tanto, no es cualquier cosa.

ROLAND DENIS

 

Roland Denis es un revolucionario crítico, pero no de la camada más reciente, sino de una que lleva años de disidencia, luego de haber sido viceministro de Planificación a principios del gobierno del comandante Hugo Chávez.

Licenciado en Filosofía, antiguo militante del movimiento Desobediencia de los años 80, este hombre que en su adolescencia dejó de usar el oligarca apellido Boulton, explicó en entrevista exclusiva para LaIguana.TV dónde se originan las desviaciones que, en su concepto, arrastra el proceso revolucionario venezolano.

A continuación, una versión del diálogo que Roland Denis (Caracas, 1958) sostuvo con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

-¿Qué se siente el haber desmentido el aserto marxista según el cual "el ser social determina la conciencia social"?

-¿Haberlo desmentido... cómo es eso?

 

-Sí, porque usted ha logrado tener una conciencia social distinta a su ser social.

-¡Ah, ahora entiendo la pregunta! Primero que nada, eso es un determinismo marxista, muy propio de Marx y de su época, del positivismo de su época y de todos los determinismos. Todo se ha dialectizado y se ha hecho mucho más complejo. El ser social determina la conciencia social, pero la conciencia social también puede determinar el devenir del ser social. En mi caso, simplemente me dio la gana de abrirme de mi clase social... o mejor dicho, no fue porque me dio la gana, sino porque me encontré en el camino ventanas de la vida que se abren, seres que uno se encuentra, escenarios, cruces de personajes que, obviamente, si no me hubiese topado con ellos, mi trayectoria hubiese sido otra. Aparecieron realidades, circunstancias que, poco a poco, me fueron enamorando de otra opción de vida. Eso es todo.

 

-Algunos analistas dicen que la Revolución entra en crisis a partir de la muerte del comandante Hugo Chávez, pero de usted puede decirse que es disidente desde mucho antes de ese hecho. ¿En qué momento sintió que el proyecto comenzó a desviarse?

-Hay que recordar que este proyecto comenzó a forjarse en los años 90, a través de una interacción que se fue generando entre un líder y el movimiento popular, entre un movimiento militar y los movimientos sociales que venían gestándose desde los años 80. Eso derivó en una síntesis feliz hasta el punto de que se logró la toma del poder. Pero la crisis ya estaba en su corazón porque en esa suma de movimientos había elementos muy contradictorios con el propósito revolucionario. La opción de Chávez de optar por la vía electoral tuvo mucho apoyo, pero también muchos cuestionamientos. Entre los grupos críticos estuvimos nosotros, por una razón obvia: la creación de una opción electoral amplia iba a traer como consecuencia la entrada dentro al proyecto de cambio revolucionario de una cantidad de sujetos que lo harían con un criterio netamente oportunista. Eso, frente a continuar en la opción insurreccional, provocaba un debate difícil. Finalmente gana la opción electoral y el movimiento popular se convierte en gobierno, pero lleno de una cantidad de cruces con las viejas castas políticas, con mafias sindicaleras, con una izquierda reformista, con una cuerda de batequebraos, como se dice, que solo andaban buscando cargos, procurando ser parte de lo que vino a continuación, que fue el gran saqueo de la renta. Esos sectores se pusieron a hablar el lenguaje de los movimientos sociales, que Chávez adoptó y del que se convirtió en un ícono, pero en realidad no compartían las ideas concretas. Se limitaron a imitar el lenguaje bolivariano, de género, soberanista, independentista, pero el conjunto de las fuerzas que aparentaban impulsar la Revolución estaba plagado de agentes oportunistas. También había un componente militar que sí, tenía una posición nacionalista, pero desde una posición ideológica francamente de derecha, que se fue develando con las posiciones que asumieron hombres como (Jesús) Urdaneta, (Luis Alfonso) Dávila, (Jesús Acosta) Chirinos, etcétera. Fue un movimiento muy heterogéneo y diverso, pero no en el buen sentido de la palabra, sino que esa heterogeneidad, esa diversidad, que en otras situaciones son características tan bonitas, en este caso jugó como un elemento terriblemente regresivo.

 

-¿La desviación comienza entonces desde muy temprano?

-Sí. Y se nota con los grandes fenómenos de corrupción, con el famoso Plan Bolívar 2000. Pero la crisis no es tanto la corrupción en sí misma, sino la impunidad que también comienza a manifestarse desde el principio. Y también comienza a expresarse la actitud de ciertos militares que se creen dueños de un poder que, en realidad, no era de ellos, sino de la sociedad y del movimiento popular. El hecho de que la crisis comience temprano no niega que haya habido, paralelamente, hechos muy hermosos, como el fenómeno constituyente, la dinámica de los movimientos populares, la defensa del país frente a la enorme conspiración oligárquica que vino desde afuera y desde adentro. Eso fue hermosísimo, reflejó cohesión, de multiplicación de organizaciones populares, pero eso que estaba pasando le dio mucho miedo, no solamente a los oligarcas y a la gente que pensó que le iban a quitar su carrito o que le iban a llevar a sus hijos a Cuba. También asustó a los oportunistas que se habían internado en el movimiento. Allí comienza esa gran diatriba que alcanza su máxima expresión en la presidencia de Nicolás Maduro.

 

La ruptura

 

Roland Denis atribuye al comandante Chávez la responsabilidad de no haber sabido manejar el poder que los movimientos populares le endosaron. "José Vicente Rangel, durante su etapa como vicepresidente, manejó internamente los hilos del poder, elevando personajes que no tenían ninguna base, quienes a su vez crearon sus propias tribus de poder".

 

-¿Por qué cree que no supo manejar el poder?

-Tuvo muy poca autoridad, en el fondo, a pesar de ser un personaje de apariencia muy caudillista y hasta autoritaria. O tuvo poca autoridad o lo fueron neutralizando. En eso no solo trabajaron los personajes internos, sino yo diría que hasta los propios cubanos. Eso permitió que entraran más y más personajes siniestros, que el Estado se hiciera más y más burocrático, que las redes de corrupción resultaran cada día más fortalecidas, y el proyecto como tal comenzó a cambiar su visión. Chávez, al final de su vida, trató de corregir las deformaciones, siendo muy autocrítico, pero ya era muy tarde, ya se estaba muriendo. Ese discurso del golpe de timón fue un último intento verborreico, pero ya no había tiempo.

 

-Cuando usted estuvo en el Ejecutivo, como parte del equipo de Felipe Pérez Martí, ¿qué vio allí adentro? ¿cómo fue esa experiencia de gobierno?

-Bueno, fue una experiencia de no-gobierno porque ocurrió en 2002-2003 y en esos momentos casi que nos quedamos sin gobierno, de hecho, tumbaron a Chávez. Cuando él regresó sí hubo una experiencia interesante porque comenzaron a tener un nivel decisivo de influencia los movimientos populares organizados, multiplicados, fortalecidos y hasta envalentonados en contra de esa reacción tan dura que había tenido la derecha. El equipo al que yo pertenecí estaba montado en la idea de reconstruir el gobierno y, a la vez, cambiar el Estado, mantener la economía y adelantar un plan transformador impulsado no por la renta estatal sino por las fuerzas revolucionarias. Fue un momento muy bonito. Por ejemplo, en pleno paro petrolero, fuimos capaces de coordinar los recursos populares para darle de comer a buena parte de Caracas, que ya se estaba quedando sin alimentos. Fue una experiencia de gobierno realmente revolucionaria.

 

-¿Y qué pasó entonces?

-Era obvio que había gente que ya estaba trabajando en la otra agenda. La presión adentro era tremenda. Había un componente personal muy determinante. Por ejemplo, un personaje increíblemente negativo de este proceso ha sido Jesse Chacón, no solo por el tema de la corrupción, sino porque empezaron a crear un espectro ideológico de un populismo barato, inmediatista, despilfarrador, sin estrategia alguna, donde lo único que vale es salvar el camino inmediato. Pero él es solo un ejemplo. Lo que quiero decir es que el mundo estaba incidiendo sobre nosotros para crear de nuevo todas las relaciones que la IV República ya había creado para garantizar el control de nuestras riquezas. Hay que entender cómo nos miran desde fuera. Nosotros, cuando hablamos de Europa, de Estados Unidos, de los grandes países del mundo, decimos que son imperialistas, pero también vemos lo que producen, el campo civilizatorio que generan. Pero, ¿cómo nos miran ellos a nosotros? Bueno, je, je, je, como un pedazo de tierra con un poco de negritos y de indiecitos fastidiosos encima, y piensan que deben quitarnos esa tierra porque aquí hay riquezas .

 

-¿Usted mantiene contacto con quien era el ministro de Planificación de aquella experiencia de gobierno suya, Felipe Pérez Martí?

-Felipe es muy amigo mío, pero él se pasó totalmente a la derecha. Incluso está en un movimiento que yo le he criticado muchísimo, a favor de una supuesta Constituyente originaria que yo no sé qué coño significa. Me imagino que una constituyente originaria será la que hicieron los primeros humanos, por allá en África o, en nuestro país, el Congreso de Angostura. En todo caso, detrás de ese planteamiento absurdo se esconde un movimiento dentro de la derecha para plantear la reforma de la Constitución de 1999, pues saben que contiene muchas trabas para la entrega final, que va más allá de los recursos petroleros, de la renta y del arco minero, que ya se hizo con el chavismo, que lo está haciendo Nicolás. Para la siguiente fase, necesitan cambiar la Constitución en el sentido reaccionario, conservador. Y Felipe, inocentemente, les está haciendo el juego, lo cual considero muy lamentable porque yo lo quiero mucho, para mí es una gran persona.

 

"Esto se acabó"

 

Integrante de un equipo denominado Otra Política /Frontal 27, Roland Denis tiene una visión bastante pesimista acerca de lo que está por ocurrir en Venezuela en los próximos tiempos. Él considera que el gobierno de Maduro ya es de derecha y que se está preparando el terreno para que las fuerzas propiamente neoliberales tomen el poder.

 

-¿Es inevitable que venga un gobierno encabezado por los líderes políticos de la derecha?

-Inevitable no hay nada. Se está preparando una transición que se ve clarita. Lo que pasa es que la derecha, que yo no sé dónde comienza y dónde acaba, pero digamos que la derecha más visible, es muy torpe. Entonces mantiene una actitud de que "yo te voy a sacar del poder y al día siguiente amaneces preso". Y frente a eso, la otra gente dice: "No, yo tengo aquí 17 años y tú no me vas a meter preso, a menos que me tumbes". En ese sentido tienen mucha razón Nicolás, Diosdado y todos ellos. Pero, por otro lado, se está preparando todo para la transición. Eso puede apreciarse, por ejemplo, en las políticas de Petróleos de Venezuela o en materias como el Arco Minero y en los planes gasíferos... Ya desfalcaron totalmente al país entre escuálidos y chavistas. Se han sacado esas cuentas, lo ha dicho hasta el FMI: desde los años 80 para acá se han recibido alrededor de 500 mil millones de dólares y eso está por encima de las reservas del país más rico de la OPEP, que es Arabia Saudita, y de muchos países sumados. Ahora, esa centrífuga de dinero no se detiene allí, sino que el mundo entero mira con gula toda la región petrolera de la Faja del Orinoco y la zona del Arco Minero. Esa gula está metida dentro del Estado, a través de políticos que han estado trabajando muy bien para alcanzar ese objetivo.

Para el entrevistado, se trata de una conspiración exitosa, que ya lleva muchos años en desarrollo, luego del fracaso del primer intento, que fue netamente oligárquico e imperialista. "Una parte de esa conspiración ha sido bloquear todos los planes de desarrollo que teníamos. Bloquearon los proyectos para las industrias agrícola, química, farmacéutica, básica, pesquera, la pequeña industria. Todos los elementos que estaban proyectados han fracasado. Lo único que se puede mostrar como un logro es eso que siempre han sabido hacer los italianos: poner un ladrillo sobre otro para construir un edificio, pero eso no es absolutamente nada si se le compara con el proyecto inicial que teníamos, y no nos ayuda mucho a dejar de ser un país rentista".

 

-¿Culpa de eso a los sucesores del equipo del que usted formó parte en el Ministerio de Planificación?

-Bueno, luego del bloqueo de todos esos proyectos, se puso allí un ministro para justificar ideológicamente una fuga gigantesca de capitales y preferir estratégicamente la importación frente a la producción nacional. Ese ministro fue (Jorge) Giordani, quien implantó un modelo nefasto que todavía está aplicándose hasta llevar al sistema cambiario al caos total. Ahora se ha entrado a otra etapa, que está muy bien representada por la política del Arco Minero. Yo defendí el Arco Minero en un primer momento porque era una propuesta de movimiento minero de la región, pero esto que se ha hecho es otra cosa: negociar con las grandes corporaciones, monstruos gigantes de la minería más devastadora del mundo, tipo Barrick y otras parecidas. Ahí está clarito: la conspiración ha tenido éxito porque ellos están negociando la riqueza minera más importante del mundo, mientras nosotros estamos ocupados aquí buscando dónde comprar una harina Pan o un pote de margarina. Hay que reconocerles ese éxito en neutralizar la conciencia y la rebeldía revolucionaria desde adentro, no por las redes escuálidas. Fue muy bien jugado.

 

-¿Cuáles son las posibilidades de recuperación del movimiento popular? ¿Hay que pensar en tocar fondo, pasar algunos años y procurar volver con un nuevo proyecto? ¿O estamos condenados a asumir la senda del neoliberalismo, por la que transita el mundo entero?

-El devenir humano es tan impredecible que yo no puedo dar ninguna respuesta certera al respecto. Lo que puedo decirte es que la recuperación de las fuerzas populares puede tardar mucho, pero también puede venir en dos semanas porque siguen latentes las semillas de un movimiento popular gigantesco, que además tiene más experiencia, que ya no es tan inocente como lo era hace veinte años y que podría despertar en cualquier momento. Ahora, yo soy pesimista. Creo que va a ser un proceso largo, de reconstrucción muy difícil porque hay una pérdida de confianza, una pérdida de acumulación de fuerzas, de aquel pueblo que acompañaba el proceso. Eso fue lo que lograron, desapegar totalmente la fuerza social del espíritu revolucionario. Recuperar ese puente es realmente jodido. Tal vez sí haya regiones donde eso sea posible, no tanto en Caracas, que es una ciudad absolutamente intervenida y corrompida por la burocracia. Yo creo en los movimientos rurales y semi-rurales que giran alrededor de ciudades importantes en el centro-occidente, Barinas, los Andes y algunos puntos de Oriente. Allí hay experiencias no solo de elementos revolucionarios, en el sentido tradicional del término, sino también de pequeños propietarios y nuevas iniciativas. Cuando uno ve ese tipo de expresiones se convence de que el pueblo no está muerto, que para matarnos totalmente van a tener que eliminarnos de verdad.

 

-¿Qué rol tiene gente como usted en ese trabajo de reconstrucción?

-Nos toca explicar, con capacidad autocrítica, qué fue lo que pasó claro y raspado, con la verdad en la mano. Eso puede ayudar a renovar un pensamiento, un espíritu, pero eso será tarea de nuevas generaciones, que están naciendo, que no vivieron las viejas épocas, algunos ni siquiera vivieron el 2002, sino que comenzaron a estar activos a partir del chavismo tardío. Esas generaciones están muy confundidas porque casi todos ellos quedaron moldeados con cuatro o cinco símbolos que ahora mucha gente odia. Por ejemplo, eso de "aquí nadie habla mal de Chávez" no era antes una orden dictada por un déspota en un programa de televisión, sino un lenguaje propio de la gente. Eso ya se perdió. Ya es muy tarde para la crítica, ya este gobierno está muerto, y tiene que renacer otra cosa. ¿Cómo va a renacer, cuáles van a ser sus tiempos y sus espacios? Nada de eso se sabe.

 

-Volvemos a la pregunta: ¿viene entonces un gobierno de derecha?

-Lo que se está negociando todos los días, de una manera franca, porque las mesas de diálogo son para eso, es una manera de traspasar el poder. El diálogo significa que el gobierno está dispuesto a dejar el poder en manos de la derecha goda, de la godarria, representada por los sifrinitos de Altamira y, específicamente, a un personaje al que le están construyendo una especie de épica personal, que es Leopoldo López, quien podría ser el llamado a ocupar el mando, luego de unos personajes de transición que podrían ser desde (Manuel) Rosales hasta (Henri) Falcón, qué sé yo cuál. En todo caso, eso se está negociando, igual que nuestro subsuelo, la entrega final de todas nuestras riquezas, luego de cuatro décadas de hablar de nacionalizaciones y de cuanta paja pueda haber. Eso es lo que se está moviendo y allí participan muchas conexiones: la de (Álvaro) Uribe, la de la ultraderecha mundial; la conexión republicana de Estados Unidos; y la del neoconservadurismo ruso, que viene internándose dentro del continente americano a través de pensadores, algunos muy interesantes, por cierto, y que tienen mucha influencia en la nueva derecha europea, que no es liberal y que empiezan a penetrar acá mismo, y eso se ve muy claro en discursos como el de Diosdado Cabello. Insisto en lo mismo: en todos estos movimientos se ve cómo al mundo entero le interesa Venezuela, pero no la Revolución Bolivariana, sino las riquezas y los negocios gigantescos que pueden hacer. Sobre todo esto estoy escribiendo algo que espero sea mi último aporte para entender lo ocurrido.

 

-¿Por qué el último?

-Porque ya he pasado demasiadas cosas. Mi rollo con Chávez comenzó en 2004, luego de unos artículos en Aporrea, de donde, por cierto, también salí. Yo nunca dejé de apoyar a Chávez, pero no me iba a calar que la relación con él fuera de dirigente a caudillo. Nosotros somos hijos de Chávez, pero Chávez también fue un hijo nuestro. Nosotros le enseñamos muchas cosas. Yo siempre busqué una relación mucho más horizontal con el mando, pero fue un fracaso completo. Luego aparecieron las trabas burocráticas y las mafias que me sacaron absolutamente de todo, incluso de los medios públicos. Ni Vanessa Davies, que es como una hermana, que combatimos juntos y a quien adoro, se atrevió a darme espacio cuando estaba en puestos de mando comunicacional.

 

-¿Los movimientos disidentes del chavismo tienen alguna posibilidad de asumir la conducción política de la Revolución?

-No, no creo, son movimientos muy pequeños, con poca fuerza. El grueso del movimiento chavista está del lado del PSUV. Esa fue la gran operación de captura del movimiento popular y fue concluida con éxito.

 

 

Publicado enPolítica
Martes, 14 Marzo 2017 08:18

Viejos conocidos

Viejos conocidos

 

La lectura del Interim Economic Outlook publicado por la OCDE a principios de marzo es un reencuentro con viejos conocidos. En un breve texto aparecen junto a cuestiones de actualidad, como las incertidumbres políticas y las relativas al futuro a corto plazo de las reglas comerciales mundiales, algunos viejos fantasmas que tal vez habíamos llegado a creer – se ve que ingenuamente – que se habían evaporado con la crisis, tras contribuir notablemente a causarla.

Por un lado, encontramos referencias a un “rápido crecimiento del crédito al sector privado” y un correlativo “nivel de endeudamiento relativamente alto según pautas históricas”, con especiales referencias al caso de China pero asimismo a otras economías emergentes y en desarrollo. Se mencionan explícitamente el aumento de préstamos con problemas de morosidad “particularmente en India y Rusia”. La OCDE presenta incluso un análisis acerca de si esas variables financieras superan el “umbral a partir del cual se incrementa el riesgo de recesión”, mostrando que ya es así en varios grupos de países. Y para los que crean que el grueso de fragilidades se habrían desplazado a economías diferentes a las occidentales, ese organismo internacional de acreditada ortodoxia hace referencia a un viejo conocido: unos “rápidos aumentos en los precios de la vivienda” en países como Canadá, Suecia, Australia y el Reino Unido. La OCDE explicita que “como la pasada experiencia ha mostrado, un rápido incremento en los precios de la vivienda puede ser un precursor de una inflexión a la baja de la economía”.

Habría bastado una inicial inflexión al alza de los tipos de interés en Estados Unidos – incluso sin producirse todavía en Europa – para que de repente reaparezca el listado de fragilidades que creíamos haber aprendido que nos condujeron a la crisis y que habíamos asumido el compromiso de supervisar que no volviesen a producirse... al menos en una generación. Tradicionalmente se decía que “volver a las andadas” tras una crisis severa requería que la generación que la había experimentado fuese relevada por otras que pudiesen invocar el habitual “esta vez es diferente” como coartada para repetir los errores. Parecería, leyendo el documento de la OCDE, que como una señal más de la aceleración de los tiempos, nuestra generación no quiere esperar tanto para volver a las andadas y casi podría parecer que aspira a un “2x1” en la misma generación.

Una posible explicación de tan lamentable fenómeno es que, desde muchos puntos de vista, la gestión de la salida de la crisis ha estado dirigida por las mismas fuerzas que contribuyeron a provocarla, anteponiendo sus intereses a los del conjunto, maquillando los problemas de fondo en vez de afrontar soluciones efectivas. Las referencias finales del documento de la OCDE acerca de la necesidad de conseguir un crecimiento “más fuerte y más inclusivo”, así como de mejorar la gestión de riesgos, son tan obvias en su necesidad como difíciles de hacerlas realidad.

 

*JUAN TUGORES QUES: CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA DE LA UB

 

 

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El psicoanálisis en la era de la hiperconectividad

Este sábado y domingo se llevará a cabo la XXV Jornada Anual de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), que este año lleva el título “Hiperconectados, los psicoanalistas frente a los lazos virtuales”. Aquí, el diálogo entre Fernando Peirone, investigador de la Unsam y estudioso del impacto de las TIC en la cultura actual, con Ricardo Seldes, presidente de la jornada, director de la EOL y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

 


–El avance de la llamada “Era de la información” está modificando muchas prácticas culturales que hasta hace poco parecían afianzadas. ¿Con el psicoanálisis pasa lo mismo? ¿Cuál es el impacto que la hiperconectividad tiene en la práctica psicoanalítica?


–El discurso analítico está enraizado en la hipermodernidad, y esto nos remite a la subjetividad de la época que, a partir de los avances de la ciencia y las técnicas que la soportan, inciden con sus innovaciones en los modos de gozar de los seres hablantes. En este sentido, trabajar sobre los hiperconectados nos lleva a interrogarnos una vez más sobre el quehacer del analista y su posición frente al inconsciente, a la interpretación, la transferencia y el acto. A elucidar las soluciones singulares que construyen los analizantes frente al aislamiento, la desconexión del mundo real, y los estragos subjetivos profundos que esto conlleva. Nos interesa debatir los modos en que el discurso analítico y la práctica analítica inciden en la relación del sujeto con la pulsión. Qué inventivas, qué descubrimientos, qué experiencias clínicas tenemos los analistas frente a lo real de los lazos virtuales.


–Hace un tiempo, el psicoanalista Ricardo Rodulfo decía que hoy los pacientes van proponiendo formatos de consulta que se apoyan en lo no presencial, pero que muchas veces son propuestas que tensionan con el “aquí y ahora” que constituía a la situación analítica ortodoxa. ¿Cómo se lleva el psicoanálisis lacaniano con esas innovaciones? ¿Hay un límite para las variaciones que demandan las nuevas prácticas culturales o son ellas las que terminan adecuando a la práctica psicoanalítica?


–El tema de las demandas me parece uno de los más sensibles de la práctica analítica. El primer Lacan ya decía “no responder a la demanda” y eso quería decir, entre otras cosas, hay que dejar hablar, hay que hacer hablar para poder llegar a lo que cada uno silencia. El psicoanálisis lacaniano es el que más ha innovado en los standards, sin embargo el avance de las tecnologías y las nuevas modalidades de goce nos exigen que demos una respuesta que, sin desconocer los recorridos, vaya más allá de la tradición. La hiperconectividad nos lleva a interrogarnos, por ejemplo, sobre los vínculos con el analista fuera de la sesión, Facebook, messenger, whatasapp. Sobre si es recomendable o no analizar por skype. Porque la intermediación de cualquiera de los gadgets dificulta el momento de pagar, cuando se deja oír un suspiro, un murmullo, un bostezo, cuando se hace preciso poner palabras en lugar de un silencio. Y en ese sentido, una cosa es reinventar el psicoanálisis para cada uno de los pacientes que nos consulta y otra es banalizar la práctica.


–¿Cuál es el enfoque del psicoanálisis ante la dependencia compulsiva que generan el celular y las aplicaciones con interacción online? ¿Cómo se desactiva esa compulsión en un mundo que pondera la hiperconexión?


–Por lo general, los primeros que sufren la dependencia compulsiva son los padres de los chicos que no se quieren levantar de “la compu” ni para ir al baño. Es evidente que la hiperconexión produce un tipo de satisfacción que anula cualquiera de las otras, como suele ocurrir con las adicciones. El dispositivo tiene la función de taponar algo, quizás la angustia, y cuando falta la angustia no se siente la necesidad de cambiar. Entonces su interrupción, porque por ejemplo se agotó la batería, produce aburrimiento, desgano. Falta el objeto en el bolsillo, como decía Lacan. Y no hay chance de desactivar esa compulsión, o cualquier otra, si el sujeto que es su propio clínico no la habita con sufrimiento sino con plena satisfacción.

–Hace poco, un colega que tiene una muy buena formación en ciencias sociales y que puede explicar con solvencia la vida moderna, me mandó por whatsapp un video de 10 segundos en el que se ve a dos niños sentados en el piso y jugando con la compu. En un audio posterior, me dijo: “Esos son mis hijos. Están jugando online con pibes que están en México, Estados Unidos y Sudáfrica. Cuando yo era chico, mi viejo tenía referencias que le permitían saber cómo era el mundo en el que vivía, también le permitían saber lo que estaba bien y lo que estaba mal, y dónde debía poner un límite. Pero yo frente a esto no sé lo que está bien ni lo que está mal; y tampoco sé dónde debo poner un límite, básicamente porque no puedo abarcar ni comprender el mundo con el que interactúan”. ¿Cuánto afecta al psicoanálisis un mundo que, por la transformación cultural en curso, presenta tantas dificultades para ser descifrado y administrado?


–En principio yo diría ¡cuánto afecta a las familias y en particular cuánto afecta a los padres; pero lo voy a decir en una forma menos equívoca: cuánto afecta al Padre. Porque hablamos de la declinación del padre, es decir de los ideales, de aquello que orientaba. Y en este punto hay que poner la mirada en la ciencia, porque la ciencia se ha inmiscuido en nuestras vidas. Digo esto porque una de las funciones que le era eminente al padre ha sido degradada por el discurso de la ciencia. Ese discurso, que nos ha llevado a la manipulación de la procreación, también hizo que muchos dispositivos tecnológicos escapen a la voz del padre. En este sentido es muy esclarecedor el planteo de Miller cuando se pregunta justamente por la relación de los niños y de los adolescentes con el saber. Antes, dice, el saber era depositado en los adultos y estaba mediado por esos seres hablantes que eran los educadores y los padres; pero en la actualidad está disponible a simple demanda de Google, Wikipedia o equivalentes, sin ninguna mediación. El saber era un objeto que había que ir a buscar al campo del Otro, había que extraerlo del Otro por vía de la seducción, de la obediencia o de la exigencia, lo que implicaba pasar por una estrategia con el deseo del Otro. Hoy el saber está en el bolsillo, no es más el objeto del Otro. Y su contrapartida es que los hombres ya no saben cómo ser padres, pasan de la completa permisividad a una rigidez inexorable. Es muy válido, entonces, preguntarse con Miller cuál es la incidencia del mundo virtual en esos saberes.


–¿El campo psi experimenta alguna dificultad interpretativa o de desacompasamiento frente a algunos procesos subjetivos actuales, como el que perciben –por caso– las ciencias sociales respecto de ciertas desclasificaciones culturales de la época actual? ¿Cómo aborda la EOL esta situación epocal: lo discute en el interior de la organización, intercambia impresiones con otras escuelas del mundo psi, participa de espacios interdisciplinarios?


–Si tomamos en cuenta la última enseñanza de Lacan y las innovaciones que posteriormente propuso Miller acerca de los Inclasificables en la clínica y las psicosis ordinarias, hemos avanzado. Esto nos permitió que una gran cantidad de pacientes que antes no eran tratables por el psicoanálisis tengan una chance, con suplencias efectivas, para su forclusión esencial. El tratamiento de las urgencias subjetivas y los nuevos síntomas que se presentan, impulsiones, neoconversiones no histéricas, son tratados por el psicoanálisis lacaniano en pie de igualdad.


–Según un estudio realizado por la Universidad de Oxford, la palabra que más se usó mundialmente en 2015, no fue una palabra, fue un emoticón (el de la risa). Este y otros indicios marcan una fuerte hegemonía de la comunicación visual en detrimento de la cultura escrita. Como si nos estuviéramos desplazando progresivamente del patrón lógico (logos) que caracterizó a occidente durante más de 2500 años, hacia un patrón icónico que trastroca las narrativas con que damos cuenta del mundo de la vida. ¿Cuál es la percepción que tiene el psicoanálisis de este proceso? ¿Percibe que esta prevalencia de la imagen tiene alguna influencia en la constitución de la subjetividad –por ejemplo– de los niños?


–Como dice Jorge Alemán, el psicoanálisis separa subjetividad de sujeto, en tanto el sujeto del inconsciente nunca es el resultado de una construcción histórica. Hecha esta aclaración, podemos preguntarnos: ¿De dónde obtienen poder las imágenes? Y la respuesta es: de las palabras. Todas la redes sociales, incluidas Instagram y Snapchat, están tramadas por los significantes, que son más puros porque en general prescinden del auxilio de la voz. Aun así es verdad que esas imágenes que pululan por doquier deben producir algún efecto en los niños. Si tomamos en cuenta a los llamados “nativos digitales”, podríamos tratar de captar que sucede con los adolescentes. Quizás la mayor incidencia del mundo virtual sea la fantasía de una especial extensión del universo de lo posible, de mundos posibles abiertos a todo tipo de imaginarios.


–La “extimidad” es un concepto de la tradición lacaniana que refiere aquello que siendo propio e íntimo del sujeto genera un cierto extrañamiento por la externalidad de su procedencia. Pero hace poco, en el libro La intimidad como espectáculo, Paula Sibilia efectúa una nueva acepción para referir la tendencia a exhibir la intimidad que se desarrolló con las redes sociales. ¿Es posible establecer alguna relación entre la exteriorización de la intimidad que plantea Sibilia y esa idea de que “lo íntimo está en el exterior, como un cuerpo extraño” que plantea Jacques-Alain Miller?


–Extimidad es una palabra inventada por Lacan y fue dicha en su seminario sobre la ética de 1958. La retoma Miller para hacer referencia al goce que al sujeto contemporáneo se le hace extraño. Lo más íntimo es lo más rechazado. Dicho esto, y si tenemos en cuenta que hay una erótica del espacio y una del tiempo, la del espacio perturba las relaciones de distancia, lo más próximo se vuelve distante y ese es el fundamento del Complejo de Edipo, ya que desde el punto de vista libidinal los objetos más próximos de la familia son los que se vuelven más inaccesibles. Lo mismo podría decirse del tiempo. Pero en la era digital la existencia con respecto al tiempo y al espacio cambia fundamentalmente. La evitación de los sujetos, encantados por las pantallas, respecto del encuentro de los cuerpos produce un mundo que podemos caracterizar como de “todos fóbicos”. Se quiere exhibir todo pero seguramente para esconder lo que menos se soporta ver. Se pretende decirlo todo porque, por estructura, no-todo puede decirse.


–Se podría decir que el sujeto lacaniano –permítame una lectura libre y simplificadora– es un impulso incompleto o inesencial que se construye a través de los significantes que lo nombran y aquellos con los que se identifica. Desde esta perspectiva, ¿qué lectura hace de los desdoblamientos de sí mismos que realizan (sobre todo) los jóvenes en las redes sociales, a través de innumerables usuarios que muchas veces sostienen personalidades diferentes? ¿Han observado algunas consecuencias patológicas propias de estos desdoblamientos? ¿Qué relación tiene con eso que algunos autores llaman “sujeto multitudinario?


–Efectivamente el sujeto se mueve siguiendo el desplazamiento del significante, y éste lo agita. Y esa multiplicidad de usuarios en una sola persona, si no se trata de un fenómeno psicótico, es un simulacro (palabra que tiene la misma raíz que semblante: similis). Todo lo que es discursivo no puede plantearse sino como de simulacro (o semblantes) y son éstos los que intentan tratar lo real en juego. El semblante hace creer que hay algo allí donde no hay, y bien sabemos que a través de los fantasmas los sujetos pueden estar en cualquier parte y de cualquier manera. La vida digital con los avatares permite ver en la pantalla algo que sólo los sueños deja traslucir, un goce imaginario fundamentalmente narcisista, que repite sin cesar la misma caricatura. En todo caso podemos decir que esa multiplicidad de “yo” de los multiusuarios suelen demostrar un problema en las identificaciones, algo de lo que el psicoanálisis puede ocuparse en forma adecuada. Quizás podría decirse que esos individuos gozan de la posición del “ni-ni”.


–¿Dónde queda el cuerpo en esta suerte de postergación o subordinación instrumental al que es sometido por la virtualización y las nuevas prácticas comunicacionales?


–El cuerpo tal como lo propone Lacan a partir del estadio del espejo, su dimensión esencialmente imaginaria, es la que aparecería en juego en todas las plataformas virtuales. El cuerpo está en la foto de perfil, las selfies, los videos. En fin, es lo imaginario del cuerpo lo que está en juego. Para la realidad virtual no se trataría de algo distinto. Es la imagen del cuerpo, el avatar, a partir de la cual se organiza asimismo la experiencia del mundo. Pero es también Hillary Clinton parada en una tarima y un grupo de seguidoras de espaldas a ella, retratándose con ella de fondo. Parecen más un grupo de fans de una popstar que cuadros políticos o de gente que asume la política como causa de lo social-común. ¿Sólo se trata de un hecho narcisista? ¿Cual es la verdad que hay detrás de las selfies? Mi hipótesis es que estamos ante el fenómeno de los sujetos desinhibidos o neo-desinhibidos, desbrujulados, que ante la falta de los ideales, de la caída del padre, suplen con una imagen compuesta su cercanía a quien mejor los representa.


–¿Cuál es el lugar del psicoanálisis, en un tiempo histórico que algunos autores llaman poshumanista?


–Si el poshumanismo quiere decir del reino de las máquinas, el psicoanálisis no es un humanismo, ni nunca lo fue. Sin embargo puedo intentar responder a la pregunta en forma indirecta, de través de Alan Turing, el que produjo la famosa máquina que descifró el código Enigma de los nazis y creó la primera computadora. Turing planteaba que la inteligencia artificial es eficaz si una máquina logra no solamente pensar sino también engañar, hacerse pasar por humano. Este principio es el que usa el “captcha” cuando entramos en una página web y la máquina hace preguntas para definir si el otro es humano o es otra máquina (para pasar la barrera alcanza con leer algunos números de una foto o letras sueltas).

Podemos seguir con la ciencia ficción desde Inteligencia artificial en un camino inverso hasta Neuromante de Gibson, el creador del cyberpunk, en donde las personas intentaban unir sus goces propios con los del otro con un gadget llamado simestim. El verdadero problema no radica ahí sino cuando los hombres empiezan a creerse que su cuerpo, especialmente su cerebro es una máquina, en especial una máquina de aprender. Es el problema que plantean las TCC (terapias cognitivas) cuando de esa manera desconocen in situ la dimensión del sujeto. Quizás podamos inventar un breve pero profundo slogan que dé cuenta de la diferencia que plantea el psicoanálisis para los seres hablantes: ¡Sujetos sí! ¡Máquinas jamás!

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Las claves del plebiscito y el nuevo ciclo político.

 

Algunos dan por ganado el Plebiscito por la paz. Desconocen olímpicamente el contexto social en que se desplegara la campaña por el SI, que es de crisis popular generalizada. El pueblo se muestra apatico y, por momentos, adverso a la refrendación del Acuerdo de paz. Casi 53 colombianos de cada 100 dice que rechazaran el Plebiscito.

 

El triunfalismo mostrado por la izquierda que anuncia 10 millones de votos por el SI es una ruta equivocada y delirante para convenncer a la ciudadanía sobre las bondades de la paz acordada en La Habana.

 

Hay que poner los pies sobre la tierra y entender que no será fácil ganar el plebiscito.

 

No hay que caer en el juego de la ultraderecha que sabe muy bien como hacer la maniobra de darnos por ganadores al iniciar la campaña para después empujar la caída en las encuestas. Sucedió con Clara López como candidata a la alcaldía de Bogotá, en meses recientes.

 

Con el pronunciamiento [1] de la Corte Constitucional sobre la Ley que convoca a un plebiscito extraordinario para legitimar y refrendar el Acuerdo final de paz se da apertura a una coyuntura política inédita en el campo político nacional, pues un evento de tal magnitud no se daba en la sociedad colombiana desde hace 58 años[2].

 

Colombia está inmersa hoy en un profundo proceso de transformaciones, que se inició con las negociaciones de paz entre el gobierno de Santos y las Farc, desde el año 2012 y que ha implicado un amplio cuestionamiento a los ejes centrales del ciclo estatal anterior de la Seguridad democrática y la guerra al terrorismo y la democracia representativa, así como a sus actores principales, los partidos políticos en el poder, dando lugar a un momento de amplia reconfiguración política.

 

Este proceso remueve estructuras estatales y proyecta reformas constitucionales de gran alcance y está ligado a la emergencia de nuevos sujetos en el campo político que irrumpen desde la sociedad civil, es decir, desde los márgenes de la política institucional, posicionando nuevas propuestas y universos simbólicos en el campo político, así como nuevas formas de articulación democrática ampliando sus límites y otorgándole un contenido distinto.

 

Estamos en un tramo de amplia agitación pública y de debates focalizados en los contenidos de los acuerdos consolidados en la Mesa de diálogos de La Habana para poner fin al conflicto social y armado referidos a los temas agrarios, de participación política, erradicación de cultivos de uso ilícito, derechos de las víctimas, justicia restaurativa, acuerdos especiales, cese bilateral y definitivo del fuego y hostilidades, dejación de las armas, amnistías, indultos y movilización política de la guerrilla.

 

Es probable que al finalizar el mes de septiembre se den las votaciones correspondientes por el SI o el NO, una vez se reúnan los requisitos pertinentes que tienen que ver con la aprobación de la ley que convoca el plebiscito, la reglamentación que expida el Consejos Nacional Electoral para las campañas respectivas y la implementación de las estrategias pedagógicas para que los ciudadanos se enteren de los detalles de lo convenido por el Estado con la guerrilla de las Farc.

 

Vendrán días de intensa batalla política e ideológica entre los partidarios y enemigos de los consensos de paz de La Habana.

 

Por lo pronto ya han ocurrido varios gestos y pronunciamientos sobre la materia. Fatal la incitación con el mensaje de las banderas negras uribistas [3]. Puro fascismo que recuerda las violentas camisas negras de Mussolini. El de Uribe es un caso psiquiátrico y reflejo de un desequilibrio generalizado con proyecciones bastante peligrosas para el contexto social y político del plebiscito, pues se trata de un sujeto con mucho peso específico que arrastrara amplios núcleos de la sociedad, especialmente en las periferias y las regiones, adversos a la pacificación. 53 de cada cien colombianos piensa que lo de Santos es un disparate y una aventura que nos empuja al caótico escenario de Venezuela, designado por ellos como el modelo comunista castrochavista. Un “significante vacío” que convoca con eficacia, para evitar las cuentas alegres de los izquierdistas. Un “significante vacío” que arrastra caudalosas masas en el Eje cafetero, en Medellín, en el eje Ibagué-Neiva, en los Llanos, en la Costa Caribe, en Cúcuta (con la avalancha de los venezolanos en los supermercados), en Bogotá y el Centro del país. Hay mucha gente asustada, mucha clase media en pánico que se opone, y hay mucho pueblo apático, azotado por la crisis económica, que está a punto de reventar con la carestía, el desempleo, el hambre y la pobreza. Que está indignado con la corruptela de los gamonales santistas, causantes del desastre de los niños de la Guajira, de la bancarrota de la salud y de la quiebra de la educación pública, carcomida por la mediocridad y la indolencia de las burocracias docentes.

 

Para empeorar, es nefasto el mensaje enviado a la opinión pública y al pueblo con la designación como jefe del plebiscito al artífice de la implantación del modelo neoliberal y del bombardeo a las Farc en la Uribe. Vendrá la cuenta de cobro.

 

Anunciar 10 millones de votos por el SI es delirante [4]. Son cuentas alegres de pésimos estrategas que piensan con el deseo y no miden el terreno movedizo en que se desplaza el proceso político del plebiscito. Cautela señores y señoras. Menos retórica y más prudencia. Decir que el plebiscito ya gano es parte de una estrategia internacional de expertos que saben cómo se comporta la curva de estas falsas expectativas. Brexit, Rajoy y Trump, son interesantes lecciones para no caer en la trampa ni en fantasías de vendedores de ilusiones.

 

La cosa esta cuesta arriba y, porque se quiera o no, el escenario del plebiscito ha sido capturado por las campañas presidenciales que lo contaminan y desvían hacia el terreno perverso de la politiquería de los caciques y caimanes del negocio electoral, con los daños inevitables en la legitimación de la paz.

 

El plebiscito no puede ser un simulacro democrático, un juego de la politiquería barata.

 

El tema del plebiscito y la refrendación de la paz, amerita una ruta analítica más profunda y coherente [5].

 

Debería ser la oportunidad para replantear el modelo de democracia imperfecta que prevalece acá, para superar las limitaciones de un modelo clientelista, corrupto y excluyente que se sostiene sobre la manipulación, la demagogia y el engaño a los ciudadanos.

 

 

Los retos analíticos del plebiscito.

 

En ese sentido son muchos los retos analíticos planteados por este dispositivo político.

 

Me refiero inicialmente a algunos temas de mayor calado como por ejemplo:

 

El mapeo y reconstrucción analítica más amplio sobre la diversidad de espacios, sujetos e instituciones políticas que existen en la actualidad en el país.

 

El reto es hacer un mapeo de espacios, fuerzas e instituciones pero no desde un ángulo meramente descriptivo, sino mediante una reconstrucción analítica que vaya revisando el tipo de discursos, de estrategias, es decir, de prácticas e ideas políticas que despliega cada uno de estos sujetos

 

Hay que estudiar no sólo la pluralidad de sujetos, prácticas, ideas e instituciones sino las dinámicas de interrelación, a través de la idea de campos de conflicto, que se plantea como una especie de método para estudiar la política en las peculiares condiciones del país, hoy.

 

Por un lado, hay que hacer una reconstrucción histórica analítica, por tanto, selectiva, del campo político en Colombia, en diferentes momentos de la historia reciente del país, para mostrar y explicar los cambios que se están produciendo con el proceso de paz.

 

En ese sentido, se trata de una reconstrucción de campos políticos con perspectiva histórica, que es la que permite explicar el cambio. Al reconstruir analíticamente el campo político en diferentes momentos en Colombia otro elemento importante tiene que ver con una ampliación del horizonte de análisis. Por un buen tiempo, la ciencia política se concentró en estudiar las instituciones políticas. Por mucho tiempo predominó un enfoque institucionalista que acompañó el tiempo de las reformas neoliberales, funcionando también en buena medida como legitimación de esos cambios.

 

Por eso el enfoque de un análisis del ciclo político en ciernes implica una ampliación del campo analítico, que corresponde de mejor manera a la diversidad de espacios, sujetos y prácticas políticas que se despliegan en el país.

 

Esta ampliación del horizonte o del campo de análisis, a través de esta noción de campo político que incluye mayor diversidad y pluralidad, implica el desplazamiento hacia una combinación de ciencia política y sociología política; ya que significa mirar hacia la diversidad social y el tipo de estructuras sociales y otros ámbitos de la vida social a partir de los cuales también se organiza la vida política y las prácticas políticas que tienen influencia importante en los ámbitos institucionales del Estado.

 

En esta reflexión que avanzamos a propósito del plebiscito nos formulamos varias cuestiones:

 

¿Cuáles son las características del nuevo campo político instalado en Colombia con el funcionamiento de la Mesa de conversaciones de La Habana? ¿Cuáles son las propuestas y orientaciones objetivadas por los actores en torno a la reconfiguración del sistema político? ¿Cómo se articulan los nuevos y viejos aspectos del sistema democrático en la propuesta de un nuevo modelo político de democracia ampliada? ¿Cuáles son las representaciones simbólicas en torno a la democracia y las (re)significaciones planteadas por los movimientos sociopolíticos emergentes? Desde la percepción de los propios actores ¿Cuáles son las características de los nuevos sujetos políticos–los movimientos sociales, populares y étnicos-, cuál es el derrotero de los partidos políticos y de la democracia? En definitiva ¿qué cambios están ocurriendo en el campo político colombiano con el proceso de paz?

 

Sirve recordar acá que durante las últimas décadas, las preocupaciones en torno a la democracia en Colombia, particularmente con la Constitución de 1991 y sus atropellados desarrollos, se han centrado fundamentalmente en la gestión pública e institucional de los gobiernos de turno y en la necesidad de mantener la estabilidad política; así como en el comportamiento de los partidos políticos como factores críticos de la gobernabilidad. A partir de ello, se produjeron intensos procesos de reforma institucional tendiente a mejorar la gestión pública y política del Estado.

 

En esa línea, en Colombia se inició un proceso de reformas institucionales con la Carta del 91 orientadas a fortalecer la gobernabilidad del Estado y mejorar la calidad del sistema democrático/liberal, que también incluyeron el reconocimiento formal a los movimientos sociales, indígenas y afros. Sin embargo, estas reformas resultaron ciertamente limitadas, en muchos casos, meramente enunciativas y formales, no se orientaron a resolver el problema central del sistema democrático nacional, que era su creciente desvinculación de las necesidades y expectativas de la sociedad.

 

De esta manera, se consolidó un sistema político elitista y excluyente funcional a los intereses de los grupos de poder ligados a los partidos predominantes, mientras la sociedad civil se debatía en un conjunto de necesidades irresueltas y demandas fragmentadas de carácter corporativo.

 

No obstante, de manera simultánea, se producía la emergencia de nuevos sujetos colectivos portadores de nuevos referentes discursivos e identitarios, como los movimientos de mujeres, los ambientalistas, los actores territoriales y fundamentalmente los pueblos indígenas y afrodescendientes y sindicatos agrarios, que fueron incursionando en el campo político electoral regional con renovadas formas de representación social y política.

 

 

Una nueva hegemonía política.

 

Con el proceso de paz en curso, ciertamente, en Colombia se ha iniciado el proceso de construcción de una nueva hegemonía, entendida como un “complejo entrecruzamiento de fuerzas políticas, sociales y culturales” (Grmasci), de ahí que la situación política se torne muy compleja e involucre no sólo aspectos coyunturales sino también estructurales.

 

Ante estas nuevas configuraciones políticas y sociológicas, resulta apremiante una lectura atenta de los rasgos y connotaciones que adquiere la democracia, la acción colectiva y las emisiones discursivas de los sujetos, en la medida en que es ahí, en el territorio de las prácticas, donde se gestan las “nuevas” significaciones de la política y sus nuevos derroteros.

 

 

Una relectura de la democracia.

 

Ahora bien, con el fin de abordar el alcance y orientación de los cambios suscitados en el campo político por el proceso de paz, pretendemos retomar algunas categorías conceptuales que trascienden una visión de la política y del poder limitadas a la práctica institucional, y proponemos una (re)lectura del concepto de democracia como elemento articulador del campo político actual.

 

A partir de ahí, focalizamos nuestra atención, a propósito del plebiscito, en cinco dimensiones de análisis que se encuentran interrelacionadas:

 

Un análisis de la dinámica política a partir de los campos de conflicto que han dado lugar a la emergencia de nuevos sujetos, discursos y representaciones simbólicas en la disputa por el poder.

 

Un estudio minucioso del proceso de objetivación de lo político plasmado en los textos de los acuerdos parciales de paz y en el nuevo marco normativo e institucional como la Ley del plebiscito y el Acuerdo Legislativo de paz, a partir de las iniciativas de los actores sociales y políticos que propiciaron dichos cambios.

 

Un seguimiento a las formas de organización y acción política: partidos, movimientos sociales y movimientos políticos, sus repertorios de movilización, y las características que adquieren en este proceso.

 

Una relectura de la democracia en el marco de su profundización y ampliación a otros formatos de ejercicio del poder y de la política, situados en las interfaces entre el Estado y la sociedad.

 

Consideramos que los cambios acontecidos y que vedran en el campo político no se restringen al ámbito político institucional ni a la sustitución de unos grupos de poder por otros, sino que abarcan el conjunto de dimensiones señaladas y sus interacciones.

 

Proponemos, con ocasión de la campaña y votaciones del plebiscito, realizar una lectura multidimensional de los aspectos más relevantes de la realidad sociopolítica que permiten un abordaje integral del proceso, recoger sucesos que se encontraban desconectados, así como demostrar la complejidad de las relaciones sociales y de los fenómenos emergentes; lo que supone abordar las luchas políticas, estrategias y procesos del campo político sin descuidar las transformaciones propiamente institucionales.

 

Priorizando el concepto de campo político y no así el de sistema, para ampliar la visión de lo político hacia la sociedad civil, hacia las formas de existencia de la política y el poder fuera de las fronteras institucionales, desde donde devienen maneras complementarias o alternativas de darse lo político como las asambleas, las cumbres, las mingas, los cabildos, los sindicatos, las comunidades indígenas, donde se generan y recrean prácticas y habitus políticos, que dan cuenta de la coexistencia de diversos modos de ejercicio democrático –de la demodiversidad–.

 

 

El campo de conflicto.

 

Por otro lado, identificamos la categoría de conflicto –campo de conflictividad– como central para la reconstrucción del proceso ya que permite no sólo la constitución y visibilización de los actores estratégicos, sus luchas y discursos, sino también las contradicciones y fracturas sociales, así como la dinámica de la democracia. Por los aspectos anotados, la categoría de conflicto nos aleja de una visión esencialista del sujeto y de la idea del postconflicto patrocinada desde las esferas oficiales.

 

Estos son los desafíos teóricos y prácticos que planeta el Plebiscito que camina.

 

[1] Ver sobre dicho pronunciamiento de la Corte Constitucional el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/29KtNG8
[2] Sobre el plebiscito de 1957 ver el siguiente reporte periodístico http://bit.ly/29Vr2F6
[3] Sobre la posición del ex presidente Uribe Vélez en el Plebiscito ver el siguiente artículo de su autoría http://bit.ly/29TT9ak
[4] Ver al respecto el siguiente reporte periodístico http://bit.ly/2ab4anw
[5] La ruta analítica planteada en este texto se apoya en las reflexiones de Luis Tapias, Raúl Prada y María T. Zegada a propósito de las transformaciones ocurridas en Bolivia en los años recientes. Ver http://bvsde.org.ni/clacso/publicaciones/democracia-margenes-bolivia.pdf

 

 

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