Infamia, ¿Hasta dónde llega la degradación humana?

No hay ninguna duda de que el ser humano es el único animal capaz de matar por diversión, por mandato, por “justicia”, por mil excusas que no respaldan tal acto.

 

Que en pleno siglo XXI, en Colombia, el país con la democracia más antigua de América Latina, se siga matando gente sin motivos, porque nunca hay suficiente motivo para el asesinato, y sin remordimientos es más que una infamia, es una locura sin sentido. Que, además, a las personas que investigan, denuncian o, simplemente, informan sobre esos crímenes les persigan, amenacen e incluso maten es, si cabe, todavía más grave.

 

En Me hablarás del fuego. Los hornos de la infamia se concentra todo lo dicho. Se narran y documentan las desapariciones de más de quinientas personas que fueron incineradas en hornos crematorios. Sí, al más puro estilo nazi, aunque alguno de sus protagonistas declare, como si eso redujera el delito, que los quemaban cuando ya estaban muertos.

 

Un documento inhumano que narra las atrocidades cometidas por unos supuestos seres humanos que habitan una presunta democracia. Y da igual el color del uniforme que les vista, la forma de las armas que porten, el símbolo colgado al cuello que veneren o las siglas ideológicas que les identifiquen. Sea cual sea su posible justificación, la historia de violencia de sus vidas o lo que hubieran sufrido en carne propia o en la de sus familias, son una panda de asesinos descerebrados.

 

Porque nada, nada, nada justifica esas acciones contra congéneres, contra otras personas que son además compatriotas e, incluso, conocidos, amigos o familiares. Eso sí, luego se unen por los colores de una bandera que no envuelve nada. Si acaso el vacío de un pasado bañado en sangre, de un presente conflictivo y de un futuro riesgoso e incierto.

 

Y todavía hay quién quiere arrogarse el patrioterismo de defender la nación, la seguridad y el orden. Reclaman el valor de la resistencia civil frente a unas negociaciones que no traerán la paz, pero que pretenden, al menos, ir quitando actores armados del escenario social y político.

 

Lo que hace falta es eso, sí. Resistencia civil. Pero contra la ignominia, contra la barbarie, contra todos los crímenes y contra los salva patrias que solamente piensan en la suya, la que hay en sus retorcidos cerebros que no dejan lugar para los otros (as). Esas gentes, con conocimiento de causa o sin saberlo, son las que dificultan una convivencia pacífica tan añorada como lejana. Son quienes fomentan los odios porque están tan cargados de ellos, y tienen miras tan estrechas, que solamente piensan en muertes y en venganzas. Promueven el resentimiento entre hermanos como si eso fuera la solución. No defienden la libertad ni la justicia social. Respaldan sus propios intereses y quieren convencer a los demás de que son los de la mayoría.

 

En ese texto nos encontramos también, por las consecuencias que ha tenido, con la falta de libertad de expresión, la persecución a los medios y sus profesionales, los ataques a quienes defienden la memoria y quieren luchar contra el olvido para reclamar justicia, para firmar un acuerdo de convivencia y que se pueda decir “aquí paz y después gloria”.

 

Porque en las páginas de ese escrito de investigación periodística están las historias, los gritos y los silencios, las ausencias y las presencias de todas las personas que han padecido esta incruenta e inclasificable guerra fratricida. Es decir, por activa o por pasiva, toda la población colombiana, viva o muerta, de los últimos doscientos años.

 

Amenazan y violentan a quienes trabajan por reconocer su propia historia. No permiten esas narraciones, no quieren que se sepan. El autor de ese libro está protegido por la Unidad Nacional de Protección, pero sigue amenazado y perseguido. Su vida, como la de muchas y muchos colombianos, estén o no en mitad del conflicto, tomen o no parte o partido por algún bando, se encuentra en peligro.

 

Pero él seguirá trabajando, haciendo lo que sabe hacer y narrando lo que vea, estudie o investigue. Porque, como señalan Bonilla y Tamayo, “el reto de la cobertura informativa consiste en hacer visibles las voces y los rostros de las mayorías nacionales que día a día se esfuerzan por superar, de manera pacífica y creativa, los conflictos sin acudir a la violencia (...)”.

 

Trabajando con los medios y sus profesionales para “ensayar otros criterios informativos en los que la paz —la cultura de la paz— adquiera visibilidad como un asunto de interés público. ¿Cómo? Imprimiendo densidad a la deliberación política, fortaleciendo el uso público de la razón y reconstruyendo narrativas que activen la memoria y la reconciliación.”[1]

 

Las demás personas también tenemos que seguir trabajando, haciendo lo que sabemos hacer y no matándonos, no arriesgando la vida por un juego de tronos que no es real. Sigamos dialogando y denunciando si hay que denunciar. Si tenemos que tomar partido, que sea por la conversación pausada, por la paz poética y por la vida. Ya nos moriremos sin necesidad de matarnos cuando nos llegue la hora.

 

Ahí está la paradoja, parece como si estuviéramos obligados a tomar partido. O eres de los blancos o eres de los negros, o con la guerrilla o contra ella, o con el ejército o contra él, o con los paramilitares o contra ellos, o con las bandas criminales o contra ellas. ¿Y si no queremos estar en ninguno de esos bandos?, ¿y si no queremos tomar partido?, ¿y si no nos gustan ni los unos ni los otros?

 

La mayoría de la gente del común que vivimos en este país, sí la mayoría aunque las encuestas no lo crean, somos grises, de muchos tonos de gris. Somos la Colombia diversa, la de todas y todos, la del verde de todos los colores y los múltiples sabores; somos de los que creemos que podemos ser la Colombia más educada, sin mercantilizar la educación; somos de los que defendemos que este lugar agraciado por la naturaleza puede ser en verdad un paraíso, pero sin serpientes y sin venderlo al capital transnacional; somos de los que le apostamos a una Colombia Humana, somos, en definitiva, los que nos queremos quedar y que nos dejen estar en paz sin que ésta se encuentre inexorablemente en la tumba.

 

[1] Bonilla, J. I. y Tamayo, C. A. (2007). Las violencias en los medios, los medios en las violencias. Bogotá, CINEP.

 

 

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“La revolución tecnocientífica crea el tecnocapitalismo, diferente al capitalismo industrial”

Los señores del aire, los dueños de la informática, son los nuevos señores feudales en una época tecnocientífica. De las diez mayores empresas del mundo, siete están relacionadas con tecnologías de la información y la comunicación.

 


Javier Echeverría se considera a sí mismo un pionero en el estudio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Su libro Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, publicado en 1999, era una suerte de apuesta para el nuevo siglo que comenzaba. Su precisión lo convirtió rápidamente en una obra de lectura obligatoria para los académicos españoles y latinoamericanos. Invitado por la Universidad de Lanús y por el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el filósofo, matemático, ensayista y profesor del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dialogó con Página/12 sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad.

 

Su obra tiene un fuerte impacto en el mundo académico de nuestra región.

 


–¿Usted nació en México?

 

–Mi padre emigró a México a los 19 años huyendo de la guerra de Marruecos. Cuando mi padre se fue a México quedó como desertor hasta que en 1936 la República le amnistió. Volvió a España, se casó con una mujer del pueblo y se la llevó a México. Hoy parece algo asombroso, pero en esos tiempos eran historias muy típicas las de los indianos, que eran aquellos que hacían las Indias por estrictas cuestiones económicas. Mis hermanos nacieron en México, pero mi madre decidió que yo naciera en España porque había perdido dos niños por falta de atención médica.

 

–Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno fue publicado en los umbrales del siglo XXI. ¿Cómo evalúa los cambios producidos por las nuevas tecnologías de la información a casi dos décadas de ese trabajo?

 

– En aquellos momentos los señores del aire eran Microsoft, Nokia y Ericsson. Nokia y Ericsson han desaparecido. Todas las grandes compañías del hardware, el software, las telefonías móviles, los videojuegos y las tarjetas de crédito irían creciendo, y ese sistema de las nuevas tecnologías de la información se extendería por todos los países, como ha sucedido. Quienes controlaran esas tecnologías tendrían un poder creciente. Los señores del aire era una metáfora de los señores de la tierra en el medioevo. Los que tenían el control de la tierra tenía el poder. En el siglo XXI, los que controlaran el aire, internet y las redes telemáticas son los que tendrían el poder. Basta mirar las diez empresas con mayor capitalización en bolsa para saber que siete son del sector de tecnologías de la información y la comunicación. Hace 16 años eran las empresas petroleras, industriales, de automóviles. Amazon, Google, Facebook y Twitter no existían. Los señores del aire han tenido sus batallas, sus conflictos y evoluciones, pero lo fundamental era lo que yo proponía, la metáfora feudal, y lo sigo afirmando radicalmente. Internet o el tercer entorno está en una etapa neofeudal. Hay una especie de dependencia o servidumbre. Cualquier usuario de un software o una red social llega a un momento clave que es el del “acepto”. Uno acepta o no. Si no lo haces no accedes a las redes sociales, y quedas excluido de ese ámbito social, ámbito ciudadano, te quedas sin nada. Y si aceptas, has firmado un contrato donde aceptas todas las condiciones que te impone el señor del aire y que nadie lee. Eso es lo típico de un poder feudal. El origen de sometimiento en la relación es total. Uno pertenece entonces al señor feudal, depende de él, se tiene que atener a sus normas, tiene que actualizar continuamente sus productos. Somos súbditos de estas grandes empresas.

 

–En su momento, usted usó la expresión “neofeudalismo cibernético”. ¿Estamos más cerca de ser una “democracia electrónica” ahora?

 

–Esa era la idea de Telépolis, hacer una ciudad democrática en este mundo digital. En 1994, cuando lo publico, esto era utópico, porque estas tecnologías estaban surgiendo. El tercer entorno no es sólo internet. Aparte están las redes digitales, telemáticas, militares y financieras, presentes desde los años 80. Las redes financieras son las que generaron la crisis del 2009. Ahora mismo los Panamá papers es un ejemplo clarísimo de por dónde circulan los grandes dineros. Circulan por redes financieras, que son telemáticas. De la misma forma se mueven las guerras. Antes de organizar una guerra, los países tecnológicamente desarrollados montan la red telemática correspondiente. En la guerra de Irak esto fue clarísimo. Estados Unidos tardó un mes en llegar hasta Saddam Hussein, porque estaba montando toda la red para saber dónde bombardear. El tercer entorno es una estructura diferente de la tierra y de las ciudades, porque no es territorial. Quien domine las redes, sean militares, financieras, científicas, mantenidas por las comunidades científicas y las grandes industrias, o civiles, como internet, tiene el poder. Esto configura un nuevo espacio, el tercer entorno o mundo digital. Ha habido grandes novedades, como Facebook y las redes sociales, y Apple ha superado a Microsoft. En cualquier caso, no ha habido más que cambios en las relaciones de poder entre los señores del aire. Ahora los llamo los señores de las nubes. La metáfora es casi la misma. Puede haber nubes huracanadas, de cenizas, nucleares. Las nubes pueden generar nubarrones y puede ocurrir un huracán, verdaderamente devastador, como le ha sucedido a las redes militares y financieras. Si en algún momento Google quebrara, porque otro señor del aire le bombardeara, cuando comiencen las tecnoguerras, muchas redes caerían.

 

–¿La masificación creciente en el acceso a internet puede desembocar en una mayor democratización?

 

–Para nada. En el 99 decía taxativamente que ese espacio no era democrático, y ahora lo es menos que antes. Que haya mucha gente en un sitio no significa que sea una democracia. Una condición sine qua non requiere, en el sentido griego de democracia, que haya un espacio público, el ágora, de acceso universal y libre a todos los ciudadanos. Esto no sucede, pues para acceder a internet tengo que usar un navegador, un portal, una conexión wi-fi. Si internet fuera el ágora, habría un montón de filtros, de señores que me cobran o me controlan por acceder. No hay acceso libre en absoluto. El segundo argumento, más convincente todavía, es que no hay democracia sin división de poderes. Si hay sólo un poder ejecutivo, esto es tiranía. ¿Hay un Parlamento en Facebook, en Twitter? Lo que hay es un consejo de administración cuyos miembros ignoramos todos y que no se elige democráticamente. Si se quiere democratizar, ya no el tercer entorno pero uno de los dominios feudales, pido que elijamos al presidente de Google los usuarios. Mark Zuckerberg, que es tan democrático y anarco, que se someta a la elección de sus usuarios. El concepto de democracia se ha devaluado, se lo confunde con mucha gente. Lo que sí sucede, sobre todo en las ciudades, es que la masificación produce un incremento de valor. Cuando hay un trending topic o un bloguero con mucha audiencia, entonces la publicidad le llega, aumenta el valor de su dominio, el valor bursátil de la red correspondiente y el poder económico.

 

–¿Qué piensa de las llamadas “revoluciones 2.0”, este matrimonio entre redes sociales y las calles, como lo sucedido en Egipto, Brasil y España?

 

–En los países árabes todo ha acabado como el rosario de la aurora. Incluso Túnez, que es la única democracia que ha sobrevivido, está completamente controlado y limitado.

 

–Durante las revueltas del 2011 en Londres, David Cameron apuntó a Twitter.

 

–Si lo pide Cameron, Twitter negocia. Lo que no se sabe es qué pudo haber obtenido Twitter de Cameron. En esta misma fase, se produjo la revuelta de Wall Street. De eso ha quedado Trump.

 

–También Bernie Sanders.

 

–Bueno, pero personajes como Trump son típicos del tercer entorno, de esta nueva modalidad de lucha por el poder, donde triunfa la demagogia y la política del espectáculo. Incluso Putin, que va de serio y riguroso. O del dictador de Corea del norte, que organiza espectáculos, hace ensayos nucleares, tira misiles, sólo para tener publicidad en la prensa. Hitler fue un gran líder de masas. El equivalente al ciudadano clásico es el usuario de las nuevas tecnologías. Democratizar una red es dar el voto libre y secreto a los usuarios. Puede ser democracia directa o parlamentaria, que el Parlamento dicte unas leyes, que el presidente del consejo de administración se atenga a las reglas que han impuesto otros y que gestione la red sin poner las normas él o sus hombres de confianza. A mí me resulta alarmante que se piense que porque hay mucha gente en una red social es democracia.

 

–Quizás el problema es que se analiza un escenario relativamente nuevo con viejas categorías, como si se tratara del tema de los medios de comunicación tradicionales.

 

–La tesis de Castells es que los políticos están controlados por los medios de comunicación y éstos están dominados directamente por el sistema financiero. Esa es la estructura del mundo en la actualidad. Pensar hoy en día que los gobernantes mandan es tiempo pasado. Precisamente por eso hay una crisis profunda de las democracias. Estas elecciones entre Hillary Clinton y Trump son un ejemplo de cuánto se ha deteriorado la democracia en un país donde ha habido presidentes como Jefferson o Lincoln. La política se ha convertido en tecnopolítica. Los partidos políticos se han convertido en empresas que compiten en un mercado de los votantes y que capitaliza en las urnas. Un movimiento social importante como el 15M ha acabado en un partido político normal y corriente como cualquier otro que manifiesta su fuerza capitalizando votos. Dudo que eso aumente la calidad de la democracia. Si ha cambiado el concepto de democracia, entonces que se explicite. Si no hacen falta constituciones ni repúblicas, y hay redes privadas como Facebook, que se diga. Google no es una institución pública. Es propiedad privada de unos señores que son muy liberales, tolerantes y sofisticados. No estoy criticando a las personas, sino a la estructura, que es muy alarmante.

 

–La expansión de internet se asocia con globalización. ¿Cómo impactan estas nuevas tecnologías en las identidades?

 

–Surgen nuevas formas de identidad. El sujeto pasa a tener una identidad plural. Frente a la noción clásica de sujeto político, por ejemplo, uno puede tener una nacionalidad o a lo sumo dos. En el segundo entorno uno tiene una patria y punto. En el tercer entorno, en cambio, uno puede tener múltiples identidades, porque se es súbdito de varios señores del aire. El ser súbdito de Facebook no me impide serlo de Google. Al revés. Como esas son tecnoidentidades, o identidades tecnológicas, tengo que adquirir competencias y mi mente tiene que estar troquelada para manejar esas tecnologías. Estoy hablando de identidades mentales. El tercer entorno es básicamente una identidad mental y se puede venir abajo en cualquier momento. Y cuando uno se queda sin conexión insulta y pierde los nervios. Un padre quiere que un señor del aire controle las fotos que su hijo sube a Flickr o Instagram o las locuras que hace en las redes sociales. Es decir, está controlado por una empresa. El anonimato es perfectamente posible desde un punto de vista tecnológico, pero esto no les interesa a los señores del aire. Les interesa conocer al detalle los gustos e intereses de sus usuarios, porque al saber sus usos están haciendo un estudio de mercado gratis, del actual y del futuro, en el caso de los jóvenes. Han descubierto la fórmula de la coca cola. Hacer un estudio de mercado es muy costoso e impreciso, bien lo saben los expertos en econometría. Los jóvenes lo ven desde otra perspectiva. Ya veremos quién tiene la razón.

 

–¿Qué cambios produce este nuevo paradigma en la educación y en el trabajo, dos pilares de los Estados modernos?

 

–En los 90 yo hablaba elogiosamente del teletrabajo, lo consideraba una gran oportunidad para muchos oficios, para gente con mucha movilidad. Ahora el empleo, el trabajo asalariado está menguando en todo el mundo. El valor económico lo generan los propios usuarios en la medida que sean millones de usuarios o telespectadores los que contemplan un partido de fútbol o un atentado como el del 11 de septiembre. Eso genera un valor incalculable, y lo previeron los terroristas, que sabían que dos aviones impactando en las torres impactarían a su vez en las mentes. Yo no olvidaré esas imágenes. Ese es el poder de los señores del aire. El señor feudal antes te marcaba con un hierro caliente. Es mucho más grave que te marquen la mente. El consumo de la información y el uso de las tecnologías son algo productivo si es masivo, si produce riqueza y genera valor económico. Por lo tanto, la producción de riqueza en la economía del conocimiento y de la información está evolucionando de manera distinta a lo que era la generación de valor en las economías industriales, donde lo trabajadores eran los que generaban valor. Ahora lo hacen los usuarios, los consumidores. La consecuencia es que uno se tiene que buscar la vida en la red como sea, de autónomo y de modo precario. Los empleos asalariados en la red son los diseñadores de software, los que controlan la seguridad en las redes, los administradores, pero la gente de base tendrá un dinerito puntual por haber hecho tal trabajo, como creativo o modificando una fotografía. Esto me preocupa mucho porque vamos a sociedades sin empleos. Yendo a la educación, quienes marcaban las mentes en el medioevo europeo eran los sacerdotes, la familia y los vecinos, hasta que la revolución francesa, tremenda, con miles de muertos, instituyó la escolarización obligatoria y un Estado laico. Eliminó el poder religioso del ámbito educativo, arrancó a los hijos de las familias y los vecinos determinadas horas del día y los llevó a la educación pública. Hoy en día los procesos de aprendizaje se hacen a través de la red, la televisión y los videojuegos. Los padres y los maestros ni se enteran. En lo que a los niños les interesa de verdad, saben bastante más ellos que los profesores. Por eso no los respetan. La inversión del conocimiento en el ámbito educativo tiene consecuencias tremendas. En la escuela se mantiene una educación que a los chicos y a las chicas les interesa muy poquito. Encima en España se les prohíben los móviles en las aulas. Es como prohibir el fútbol o el hablar. Instituir la prohibición de cosas que los chicos y las chicas quieren hacer en el tercer entorno no es la vía. Se aprende más en el tercer entorno que en el primero o en el segundo. La inmensa mayoría de los niños empieza a saber lo que son los animales y las plantas a través de la televisión o de internet. Son nativos digitales, su mundo es ese.

 

–¿Cree que la tecnociencia puede superar su funcionalismo al sistema capitalista?

 

–La tecnociencia es una revolución. Pero las revoluciones pueden ir hacia la izquierda o hacia la derecha. La revolución tecnocientífica crea una nueva modalidad de capitalismo, el tecnocapitalismo, muy diferente al capitalismo industrial. Las crisis del capitalismo actual son grandes crisis tecnológicas, casi apocalípticas. Como lo que ocurrió en Japón con la central nuclear de Fukushima y el tsunami. La crisis del corralito fue estrictamente de fuga de capitales por las redes telemáticas. Una tecnosociedad es aquella en donde las personas, para relacionarse, deben hacerlo mediante algún sistema tecnológico. Hay personas que son más tecnopersonas que otras. La revolución tecnocientífica comenzó en física, en matemáticas, en biología con el ADN y la secuenciación del genoma, y ha llegado a las ciencias sociales, a las personas y ha transformado al capitalismo. Las nanotecnologías son decisivas, más que las tecnologías de la información. Con los nanoscopios, los científicos han podido ver la materia orgánica e inorgánica a escala diez elevado a la menos nueve. Este estrato de la naturaleza nunca se había visto. Estamos acostumbrados a ver el medio ambiente con nuestra percepción que es de diez elevado a la menos tres milímetros. A una micra no llegamos. A la escala diez elevado a la menos nueve pasan cosas importantísimas, como la interrelación entre las neuronas o el origen de los virus, que se descubrieron a partir del año 2000. Es la tecnonaturaleza. Todos los países están volcados a las nanotecnologías. A uno lo ametrallarán con nanopartículas y ni se enterará.

 

–Todo esto ligado al imperativo de la innovación.

 

–En su origen, la ciencia estaba para comprender y explicar el mundo. El mayor ejemplo es Galileo. Comprobamos que la tierra no se mueve y todos lo tenemos clarísimo. Cuando llega la tecnociencia, importan más la transformación y la innovación que la cuestión de la explicación. Hoy vale más el conocimiento científico que genera tecnologías, y si produce innovación uno pasa a tener la financiación. La tecnociencia genera innovación, como el grafeno o Twitter. Steve Jobs es el innovador por antonomasia. Todos los señores del aire son grandes innovadores. Cuando se está hablando de innovación no se está hablando de algo bueno. Schumpeter fue el primer gran teórico de la innovación, y dijo que la innovación es destrucción creativa. Si innovas, destruyes. En el siglo XIX la innovación era rechazada totalmente. Ser innovador social era ser un revolucionario. Proudhon, Owen y Marx eran innovadores sociales. Esto ha cambiado completamente en los años 80 cuando surge la tecnociencia en Estados Unidos, en Silicon Valley, con la innovación como el objetivo principal. Si eres innovador, pasas a ser más competitivo como empresa y a obtener mayores beneficios. Schumpeter lo dijo: la innovación es la esencia del capitalismo.

 

–¿Qué políticas se deberían seguir para democratizar la producción científica, para mejorar los vínculos con los ciudadanos?

 

–Un país es tecnocientífico cuando más del 50 por ciento de la inversión en investigación viene del sector privado. Por lo tanto el pensar que son los Estados los líderes en la tecnociencia, ni hablar. La tecnociencia la promueven básicamente Monsanto, por ejemplo. Cualquier gran empresa farmacológica es tecnocientífica y altamente innovadora. Los Estados son sus clientes. Cuando viene el zika se forran de dinero. Todos estarán investigando salvajemente para ver quién consigue la vacuna. Independientemente de eso, es cierto que el sector público todavía produce conocimiento y algunas innovaciones, aunque pocas. La idea clave es que los científicos, los investigadores en concreto, nos hemos convertido en trabajadores del conocimiento. En la economía del conocimiento habrá empresarios y trabajadores. Un investigador es un trabajador del conocimiento. El científico no se ha convertido en una mercancía pero su paper o artículo académico sí. En mi gremio los papers no se leen, sino que se miran el índice de impacto y el número de citas que has tenido. Nadie lee filosofía. Uno se puede pasar dos o tres años leyendo a Hegel. En una sociedad de consumo rápido y fácil, de titulares, pildoritas y tags, uno no se va a poner a leer a Kant. La filosofía mengua entonces su relevancia, justamente porque no se ha hecho tecnofilosofía. En cambio, a los tecnocientíficos les va maravillosamente bien. Lo que valen son las mediciones y las encuestas.

 

–¿Cuál es la relación entre ciencia y política, o ciencia e ideología?

 

–Sectores amplísimos de la sociedad miran con desconfianza, y hasta con rechazo, a múltiples líneas de investigación y a múltiples innovaciones. Los que hacen política científica intentan promover vías de comunicación entre la ciencia y la sociedad, con las revistas de divulgación científica para elevar el nivel de conocimiento científico en la sociedad, intentando además que los ciudadanos participen en la toma de decisiones en la actividad científica. Ojalá sucediera en el campo de la tecnociencia, y los ciudadanos participaran en el diseño de Google. Pero no sucede. Google se diseña en los laboratorios de una empresa privada y ahí no hay quien entre. Es confidencial. Apoyo la decisión de la Unión Europea de dar acceso abierto a todo el conocimiento científico que se genere allí. No es cierto que sea todo el conocimiento pero es un avance muy importante. Si uno tiene una financiación de la Comisión Europea, está obligado a hacer público su conocimiento. Hay muchos investigadores a los que mucho no les gusta esto, porque piensan que todo el mundo les va a copiar. El conocimiento de financiamiento privado es inaccesible por completo. Ahí está el cogollo de la cuestión. Las políticas públicas deberían regular el proceso de producción de conocimiento en las propias empresas privadas, sean de software, farmacológicas o telemáticas.

 

–¿Hacia dónde avanza el tercer entorno?

 

–La utopía de Telépolis la concebía simplemente como un ayuntamiento de redes, no como un Estado. Hace 20 años ya había muchas redes, con su propia administración, su propia autonomía. Son tecnologías que generan poder. Y donde hay poder hay conflicto. El poder tecnocientífico es una nueva modalidad de poder, y no podemos pensar en arcadias ideales. Pero sí podemos palear los conflictos. Sobre todo, evitar que haya súbditos y un sistema de dominación de unos sobre otros. Es una lucha contra la esclavitud. Por eso citaba a Jefferson y a Lincoln. Con que no seamos esclavos de los señores del aire me daría por contento.

 

 

Jueves, 05 Mayo 2016 06:49

"Oriente Medio se está despedazando"

El periodista británico y experto en Oriente Medio David Gardner en La Casa Encendida
El experto y periodista británico David Gardner analiza la situación en la región, marcada por la guerra en Siria, así como las posibles soluciones a los conflictos basado en una "recomposición federal o confederal" que deje atrás el modelo de Estado autoritario.

 


MADRID.- La guerra en Siria, el conflicto palestino-israelí, la situación en Líbano, la aparición y expansión de Daesh (el autoproclamado Estado islámico)... Sin duda Oriente Medio es una de las regiones más inestables del planeta. David Gardner va más allá y no duda en afirmar que "Oriente Medio se está despedazando". El periodista británico, experto en temas sobre la región, imparte este miércoles una conferencia en La Casa Encendida de Madrid, coordinada por Le monde diplomatique en español y la Fundación Mondiploen la que tratará los desafíos de esta parte del mundo tan volátil y sus posibles soluciones.

 

Gardner atiende a Público un par de horas antes de su cita en el centro cultural y social. En el breve encuentro con este diario, el periodista, editor asociado y encargado de los asuntos internacionales del diario Financial Times, desgrana parte de lo que podría una solución para la inestabilidad de Oriente Medio.

 

El experto, con casi 40 años de experiencia profesional a sus espaldas, propone una "recomposición de la región mediante algún tipo de modelo federal o confederal". De esa forma, opina, aunque sean "palabras muy tóxicas en el contexto árabe", se podrá acabar con las matanzas diarias y se podrán crear nuevas reglas de convivencia.

 

Gardner concede que es una tarea "sumamente difícil", pero recuerda que ya existen "poderes locales" dentro de, por ejemplo, Irak y Siria. No se trata necesariamente, enfatiza, de redibujar las fronteras, sino de "reemplazar la tribu" donde cada distinto clan se ha refugiado dentro de los actuales Estados "por unas instituciones y un poder local real que se encargue de representar y defender su identidad".

 

Podría ser el caso de los kurdos, el mayor pueblo sin Estado del mundo, que ahora se encuentran ante la oportunidad histórica de poder conseguir una autonomía dentro de los cuatro países en los que están divididos, Turquía, Irán, Irak y Siria. Su lucha y sus victorias contra Daesh han abierto los ojos de la comunidad internacional, que ahora ve de otra manera las reivindicaciones de los kurdos. Las organizaciones kurdas más importantes tampoco pretenden redibujar las fronteras de la región. Su objetivo es conseguir una autonomía dentro de los Estados en los que viven, crear un modelo político de carácter federal que respete la diversidad política, social y, sobre todo, cultural y religiosa.

 

Conseguir implantar un proyecto de este tipo implica, explica Gardner, romper con los corsés que han acompañado a Oriente Medio y con el modelo surgido tras la I Guerra Mundial bajo el imperialismo francés y británico: "Estados de seguridad basados en el Ejército y los servicios de seguridad que en los casos de Irak y Siria han sido dictaduras construidas alrededor de minorías y que representaban, más o menos, una versión árabe del fascismo".

 

Para Gardner, estos "Estados autoritarios" son "la maquinaria perfecta para fabricar islamistas y yihadistas". Como explicaba en su libro Last Chance: The Middle East in the Balance “a menos que los países árabes y todo Oriente Medio encuentren un camino para salir de esta trampa de autocracia, su gente será condenada a vivir desprotegida, humillada y en conflicto durante generaciones, echando leña a este fuego furioso en la que es ya la región más inflamable del mundo". Por culpa de estos regímenes, defiende el experto, no existe otro lugar en el mundo que haya fracasado en su camino hacia la democratización. Es lo que Gardner llama "la excepción árabe".

 


El futuro de Siria y de Al Asad

 

La conversación gira en este punto hacia Siria, un país destruido por cinco años de violencia y donde, a pesar de las treguas, la población civil sigue muriendo. Una guerra que ha provocado millones de desplazados y uno de los mayores dramas humanitarios de la historia. En medio de ese polvorín la familia Al Asad se mantiene en el poder. ¿Cómo? Muy simple. Por el apoyo que recibe desde el exterior.

 

No se trata de sólo de un simple apoyo. El régimen sirio tiene una "dependencia casi total" de, sobre todo, iraníes y rusos, destaca Gardner. Dentro del país, el Gobierno de Bashar al Asad "tiene un problema de números, les falta gente". Siria es un país donde aproximadamente el 70% es suní. Los alauíes, rama del islam chií a la que pertenece la familia Al Asad, son claramente una minoría, pero a la que se le dio el control de las fuerzas de seguridad y del Ejército.

 

Por ello es tan importante la ayuda de Irán, Rusia, de Hezbolá, de las milicias chiíes de Irak... "Al Asad no tiene ningún problema en mantener la lucha hasta que caiga el último ruso, iraní, libanés, iraquí o afgano que combate en su bando", apunta Gardner, que, por otro lado, advierte de que ese apoyo "no será infinito". Ya no es sólo el coste financiero, ya de por sí elevado, de ese apoyo, es también el coste que Rusia e Irán están sufriendo por posicionarse como enemigos de todo el mundo árabe suní y que, como señala el periodista británico, "puede tener secuelas durante décadas".

 

Gardner resalta que la "estabilidad" de la que goza hasta ahora Al Asad "no es real a largo plazo". El experto da por hecho que algún momento el apoyo que están dando tantos rusos como iraníes terminará desapareciendo. ¿Cuándo? Difícil de saber. Aquí entran multitud de especulaciones sobre la conveniencia de apartar a la familia Al Asad o no ante el riesgo de convertir a Siria, si no lo es ya, en un Estado fallido, como Libia. Mientras, la violencia no cesa y el número de refugiados y muertos seguirá aumentado. La solución es realmente compleja, lamenta Gardner, pero será imposible mientras la artillería y los bombardeos se impongan a la necesidad de alcanzar un pacto tanto interno como externo, con EEUU, Rusia y Europa a la cabeza.

 

 

@sergioleonta

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“Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo"

“Estamos atravesando un cambio de época mucho más profundo del que insinuaron los gobiernos progresistas que, en el fondo, apenas intentaron conducir la notable energía popular hacia las aguas estancas de la representación, o sea, de la política estatal. Los momentos candentes de las luchas sociales (parlamentos indígenas-populares de 2000 en Ecuador, cuarteles aymaras en el altiplano boliviano en 2000-2001, asambleas populares en Argentina en 2001-2002) fueron momentos antiestatales pero también antipartidos, dos modos organizativos que responden a la misma lógica. Respecto a esos momentos, la recomposición estatista-progresista fue un paso atrás, un retroceso. Para quienes apostamos a la emancipación colectiva, el punto de referencia debe ser siempre el grado más alto alcanzado por la lucha social y nunca aquello que es posible conseguir. Lo posible es siempre el Estado, el partido, las instituciones existentes. Pero la emancipación no se puede detener allí”. (Decio Machado - Raúl Zibechi. 2016. “Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo". Ediciones desde abajo. Bogotá, Colombia).


La cita fue con Raúl Zibechi y Decio Machado, autores del libro “Cambiar el mundo desde arriba. Los límetes del progresismo”. La invitación era para realizar un taller, un diálogo-debate alrededor de un conjunto de experiencias de gobierno que se dicen “revolucionarios” pero que mucho más allá de los deseos o de la propaganda han terminado por conducir las dinámicas fuerzas sociales que heredaron hacia la atomización, la cooptación, la división, la confusión, sin marcar por lugar alguno las señas de lo que implicaría un cambio digno de llamarse revolucionario. El taller sesionó durante los días 11-12 de abril, en el auditorio de la Cooperativa Codema.

 

 


Día primero


Las personas concurrentes fueron llegando poco a poco, tal vez con temor de lo que iban a escuchar, o tal vez escépticas por lo ya leído en las páginas del libro que algunos de los inscritos ya habían reclamado o recibido. Una vez quedaron pocas sillas por usar, se dio inicio al evento. Antes de entrar en materia, se habló un poco de los ponentes a modo de una corta presentación. Raúl Zibechi es un escritor y pensador-activista uruguayo, dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina; Decio Machado es un consultor internacional en Políticas públicas, análisis estratégico y comunicación. Miembro del equipo fundador del periódico Diagonal y de la revista “El Hurón”, así como colaborador habitual en diversos medios de comunicación en América Latina y Europa. Investigador asociado en Sistemas Integrados de Análisis Socioeconómico, director de la Fundación Alternativas Latinoamericanas de Desarrollo Humano y Estudios Antropológicos (Aldhea) y colaborador de Editorial Crítica & Alternativas y Ediciones Desde Abajo.


“Es deber de la izquierda hacer un análisis auto crítico, porque si en algo hemos pecado la izquierda es en, precisamente, no hacerlo, por el contrario hemos tratado de ocultar algunos procesos oscuros que no nos enorgullecen. Por lo mismo es preciso hacer algunas aclaraciones sobre ciertos conceptos que el progresismo ha usado para referirse a su gestión” (Machado)[...] “En Suramérica no ha habido revoluciones –se ha hablado de de la revolución bolivariana en Venezuela, de la revolución ciudadana en Ecuador, en Bolivia la revolución del buen vivir- y eso por una razón elemental: una revolución no puede dejar intacto el aparato estatal (fuerzas armadas, burocracias, instituciones civiles, etcétera), una revolución destituye esos aparatos. Vale la pena aclarar que la revolución no es el paradigma para llevar a cabo una transformación social, puesto que llevamos poco más de dos siglos de revoluciones que han sido poco transformadoras”, dice Zibechi.

 

 


Ciclo progresista


El taller empieza con una revisión histórica de los alzamientos populares en América Latina a cargo de Raúl Zibechi.
“El ciclo progresista arranca a comienzos de los 90, años en los que se produjeron levantamientos sociales no organizados como El Caracazo en Venezuela o el Cacerolazo en Argentina que no contaban con el auspicio de centrales sindicales ni de partidos políticos, fueron insurrecciones espontáneas realizadas por el pueblo. Dos décadas antes ya se habían formado movimientos como la Conaie en Ecuador a principios de los 80, como el Ezln protagonista del alzamiento del 94, como las organizaciones campesinas paraguayas del MCP de los años 80, las Madres de la Plaza de Mayo en plena dictadura del 76. Durante este tiempo cayeron más de 10 presidentes: 3 en Ecuador, 2 en Argentina, 2 en Bolivia, 1 en Brasil y situaciones similares en otros lugares [...].


También cabe aclarar el concepto de movimiento, hay que someterlo a crítica y a problematización. ¿Qué es un movimiento? Somos herederos de una ciencia social eurocéntrica que ha estudiado y analizado este concepto al punto de definir características que lo describen. En el periodo de los 90 y principios de los 2000, la intensidad de la acción social del movimiento popular (indígena, campesino, urbano y de periferias urbanas) modifica la relación de fuerzas en el continente, particularmente en Sudamérica y aunque no se lo propusieron –algunos más, otros menos– consiguieron, primero, deslegitimar el modelo neoliberal; segundo, al abrir grietas en la capacidad de gobernar de los neoliberales, crearon condiciones para que emergieran nuevas fuerzas políticas. Y si uno mirara país por país vería que en muchos de ellos los partidos políticos que desempeñaron un papel importante hasta los años 90, o desaparecieron o pasaron a un lugar muy marginal. Este es el primer panorama de cambio en la región, luego en 2005, cuando empiezan los primeros gobiernos progresistas, cambia el clima político en el continente. El activismo popular continúa con los gobiernos progresistas, lo único que cambian son los propósitos”.


Desarrollo progresista (extractivismo), asistencialismo y movimientos populares


Aquí Zibechi establece una relación entre el desarrollismo progresista, las políticas sociales de asistencialismo y los alzamientos civiles. “Durante estos gobiernos se impulsó el extractivismo en todas sus expresiones (mega-obras de infraestructura, monocultivos, ganadería extensiva y minería; en general cualquier forma de explotación del suelo), causando grandes impactos ambientales y de ordenamiento territorial que derivaron en problemáticas sociales y que desencadenaron la movilización de los grupos sociales directamente afectados y la posterior adhesión de los movimientos simpatizantes. Es el caso del Perú, de Bolivia, de Brasil, Argentina y Venezuela, en donde se estimuló la producción minera y agrícola de forma exhaustiva a tal punto de despojar, desplazar, contaminar y hasta asesinar a las personas que habitaron las tierras en donde se desarrollaron mega-proyectos industriales. Estas movilizaciones muestran las grietas de una de las caras del modelo progresista que son las políticas sociales, pues estas ya no son suficientes y por eso la gente empuja, a lo que los gobiernos responden ampliando las políticas públicas”.


Y continúa: “El extractivismo también tiene un componente urbano, pero que al estar tan normalizada la especulación inmobiliaria, cuesta considerarla parte del modelo extractivo. Esta exagerada especulación con el suelo y la vivienda es también parte del modelo extractivo, porque los tres tienen detrás al capital financiero. Es un modelo especulativo, no productivo; especula con la propiedad sobre la tierra y los usos del suelo. Llevamos entre 15 y 20 años de gobiernos progresistas, un periodo suficiente para evaluar qué se ha hecho y qué no y cuáles han sido las opciones políticas que han tomado cada uno de los gobiernos. Ha habido condiciones para profundizar en sus políticas y llevar a cabo los cambios sociales necesarios de haberlo querido”.


Por su parte Machado amplía la temática. “A pesar de su intento de apuesta revolucionaria, el progresismo sigue sujeto a la economía global, a los precios internacionales del petróleo, y a la oferta y demanda de mercancías (commodities) en el mundo. Aunque se plantean el fin del capitalismo, los gobiernos progresistas aprueban el crecimiento desmesurado que tiene la empresa privada durante sus administraciones, excusándose en que, de acuerdo a las ganancias del capital privado, los impuestos a la renta para el Estado serán mayores, y el dinero destinado para la asistencia social también. Por otro lado, las lógicas dependentistas que en la teoría se buscan extinguir, en la práctica tienden a aumentar, así queda reflejado en los precios de las exportaciones de materias primas que imponen las potencias y la vinculación de los países sudamericanos con países europeos mediante tratados de libre comercio, que poco o nada favorece a la empresa nacional latinoamericana. De esta manera, siendo el extractivismo la principal fuente económica en los países progresistas, los conflictos ambientales han sido cada vez más notorios, a pesar de que los programas de gobierno se pensaron en un marco ecologista y como defensores de los derechos ambientales”.


Terminada esta primera temática, se dio paso a las intervenciones del público asistente, quienes plantearon interrogantes respecto a la pertinencia del progresismo, a las élites que intervienen en la conformación de este modelo, y a la crisis de la izquierda reflejado en el fracaso de los gobiernos progresistas del siglo XXI.

 


La crisis del socialismo. Fracaso del progresismo.


Zibechi fue el primero en tomar la palabra para responder. “El pensamiento crítico frente a los procesos revolucionarios del socialismo y su lucha contra el capitalismo atraviesa una gran crisis. Décadas anteriores al surgimiento del progresismo, la construcción continua del socialismo y del pensamiento emancipatorio era constante; había una crítica que visibilizaba las carencias y las expectativas de los gobiernos que aplicaron el modelo socialista. Sin embargo esta crítica se fue desvaneciendo y con la caída del Muro de Berlín, la derrota del socialismo, representado en la Unión Soviética, se convirtió en un tema censurado. Entonces las falencias de la izquierda como propuesta política no fueron analizadas y, por ende, nunca fueron corregidas. Asimismo la izquierda omitió una pregunta fundamental, ¿es posible el socialismo desde el Estado? Al no hacernos esta pregunta nos encontramos ahora, con el progresismo, con que los errores de hace 30 años los estamos repitiendo al pretender que la revolución se realice bajo el modelo de Estado que ha permitido que el neoliberalismo alcance el poder que tiene hoy en día.


El proceso bolivariano en Venezuela define el socialismo como “modo de relaciones de producción centrado en la convivencia solidaria y la satisfacción de las necesidades materiales e intangibles de toda la sociedad, que tiene como base fundamental la recuperación del valor del trabajo como productor bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas y lograr la suprema felicidad social y el desarrollo integral. Para ello es necesario el desarrollo de la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos que permita que todas las familias de venezolanos y venezolanas posean, usen y disfruten de su patrimonio”. Esto es una anti definición de lo que es el socialismo en Marx; el socialismo es el poder de los trabajadores, la elevación de la clase obrera como la clase dominante, eliminando el poder de la burguesía, gradualmente se le irá arrancando el capital. No es posible entender el cambio en América Latina sin comprender el cambio de potencia hegemónica.


Pobreza y desigualdad. ¿Economía progresista?


Desde las perspectivas manejadas en el libro, Zibechi expone las falencias económicas de los gobiernos progresistas. “La economía en los gobiernos progresistas presentó un aumento considerable, por lo menos en sus primeras etapas, gracias al extractivismo y las exportaciones que este generaba. Esto permitió al Estado contar con más recursos y en consecuencia que las políticas sociales contaran con grandes cantidades de dinero y la asistencia social se llevara a cabo de forma masiva. Pero esto no representó un cambio radical en la división de las clases sociales, se redujo la pobreza apenas un poco mientras tanto la desigualdad social seguía siendo abismal y así se mantiene”.


Y agrega: “La aparente disminución de la desigualdad está dada por la disminución de la diferencia entre los ingresos de los trabajadores porque se colocaron impuestos a los salarios más altos, impuestos que fueron distribuidos entre la población más pobre. Este dinero distribuido no representa un gasto superior al 1 por ciento del PIB de estos países, por lo mismo no es una cantidad considerable como para que una familia beneficiaria salga de la condición de pobreza ni mejore efectivamente su calidad de vida. Para disminuir la desigualdad son necesarias reformas estructurales en la distribución de la tierra en áreas rurales y urbanas, no en los impuestos, porque el capitalismo está diseñado para evadirlos. El progresismo no pudo realizar un cambio estructural en el modelo económico y político existente, no tocó la base hegemónica de la banca, el capital financiero y el extractivismo. ¿Qué paradigma de revolución se debe seguir para un verdadero cambio social? ¿Se podrá vencer a la burguesía? Sabemos que no es la lucha armada, tampoco la vía electoral, ¿cuál es?”. Con estos interrogantes finalizó la primera sesión.


Día 2


La segunda parte del taller empezó con una serie de preguntas por parte de los asistentes, interrogantes relacionados con los temas trabajados en el libro, y algunos que no se tocaron pero que también resultaron pertinentes en este debate. Se formularon preguntas que tienen que ver con las tendencias progresistas, las formas de organización y algunos movimientos representativos del socialismo. Sin embargo, Zibechi propuso concluir el tema de la bancarización que quedó pendiente en la sesión del día anterior.


El sector bancario, el más beneficiado


“¿Cómo influyeron los gobiernos progresistas en la profundización de la bancarización? La pista nos la da este dato. Bajo los 8 años, los dos gobiernos de Fernando Enrique Cardozo la banca tuvo una ganancia del 10 por ciento y bajo los 8 años de Lula la ganancia de la banca fue mayor, ¿cómo se explica esto?, ¿a qué se debe? Una de las razones es que ese cartoncito de bolsa familia, o sea, esos 150 mil pesos colombianos que le ingresa a 50 millones de personas o 12 millones de familias, les obliga a conseguir una tarjeta débito –porque ya de entrada tienen que tener una cuenta de ahorros–, entonces ya hay una vinculación a través de una cuenta bancaria. Por otro lado, las ventas de autos durante el gobierno del PT crecieron a un promedio del 9 por ciento anual, es decir, durante el gobierno de Lula creció más del 70 por ciento. Eso se debe a que el Gobierno facilitó los pagos en muchas cuotas de los vehículos. El crédito a las familias era el 22 por ciento del PIB, hace un par de años era del 58 por cieneto; este endeudamiento es con la banca, lo que provocó que las familias se hicieran más dependientes del sistema bancario”.


Además, añade: “Este proceso de financiarización rompe con la barrera de la heterogeneidad estructural que había sido un freno al crecimiento del capitalismo. Sobre esto dice Aníbal Quijano: “Mientras que en el mundo desarrollado hay una forma de ingreso del grueso de la población trabajadora que es el salario, en América Latina tenemos 5 formas de trabajo: la esclavitud, la servidumbre, la reciprocidad (sobre todo en las áreas rurales y en las periferias urbanas), la pequeña iniciativa mercantil familiar y el salario. Después de un siglo de gobierno progresista se produce lo contrario”. Entonces, diría que a esto habría que agregarle otro elemento: hay mayor vulnerabilidad de las familias y mayor vulnerabilidad de los sectores populares por debilidad, debilitamiento y complexión de los movimientos sociales [...]. Esta situación ha generado un malestar muy grande en los sectores populares. En consecuencia, el progresismo ha implicado una fuerte profundización del capitalismo, contrario a lo que dijera Marx –aunque después él mismo se corrigiera– el socialismo no es la fase final del capitalismo; mentira”.

 


Represión en el progresismo


Otro de los mitos que estuvo presente en el progresismo es que la represión bajó considerablemente. Los datos que ofrecen Machado y Zibechi indican que la represión aumentó. En el caso de Brasil, los datos oficiales del Gobierno muestran que desde el 2002 y hasta el 2015, la muerte de ciudadanos blancos cayó 24 por ciento, mientras que la muerte de ciudadanos negros subió un 38 por ciento. Esto quiere decir que hay una violencia focalizada hacia ciertos sectores de la sociedad. En Argentina, el colectivo Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) viene recolectando desde el año 83 los datos de las muertes violentas a manos de la policía, la mayoría con armas de fuego, otros a golpes, otros en circunstancias sin esclarecer; la inmensa mayoría jóvenes de 15 a 30 años de los sectores populares. Bajo el gobierno de Alfonsín (5 a 6 años) registraron 21 casos de muertes violentas por la policía al año (teniendo en cuenta que la Correpi aún no contaba con las herramientas ni el manejo de registros necesarios). Después vienen los 10 años del más salvaje neoliberalismo, el de Menem, en el que hubo un promedio de 68 muertos por años por la policía. Después viene un lapso de dos años que fue cuando el movimiento popular creció exponencialmente y la violencia represiva también, en esos años hubo un promedio de 241 muertos cada año. Luego vienen los 10 años de los Kirchner en los que se registran 246 por año, aún cuando habían implementado políticas para disminuir la violencia represiva por parte de la policía. ¿Por qué en estos gobiernos progresistas hay 3, casi 4 veces más muertes que en el gobierno del más crudo neoliberalismo? ¿Qué está pasando? En Argentina no hay extrema derecha, ni ninguna organización ha denunciado infiltración de la extrema derecha, sin embargo hay una organización jerárquica de la policía que está por encima de cualquier gobierno.


Decio Machado toma la palabra para exponer la manera en que en Ecuador se emplea la represión. “El mejor mecanismo de control social en los países con gobiernos progresistas en el continente lo tiene Ecuador, desde el punto de vista político. Hay un desarrollo de una violencia institucional que va desde lo dialéctico hasta lógicas de control social que son mucho más sofisticados que en la época del neoliberalismo. En el caso de Ecuador no hay un indicador de muertes como el que se está reflejando aquí; es un criterio selectivo de represión o de control social que tiene bastante de subliminal, que se ven reflejados en lógicas como pérdidas de empleo, incapacidad para conseguir nuevos empleos, escarnio público (el Presidente se encarga de sacar la foto en las sabatinas –que es una especie de rendición de cuentas–, de los periodistas opositores que dijeron algo que no le gustó, existe una violencia institucional generalizada desde el propio poder que enmarca lógicas de señalamiento y de censura aplicado por los demás funcionarios del gobierno”.


Además, Machado afirma que la represión se usa para esconder las falencias de los gobiernos. “Hay un discurso generalizado de los gobiernos latinoamericanos carente de análisis crítico desde la institucionalidad progresista, carece de autoreflexión crítica. También está el discurso de “conmigo o contra mí”: cualquier disidencia es contemplada como una traición; y esta cuestión es común en todos los gobiernos que se dicen progresistas. Esto va de la mano con el recelo que se tiene por los movimientos sociales y Ongs que defienden sectores de la sociedad, señalando cada movilización como estrategias de la derecha para ejecutar maniobras en aras de un golpe de Estado, apoyada por Estados Unidos. Estas son las dinámicas que emplean las administraciones progresistas para ocultar sus falencias”.


Crisis de la izquierda en América Latina


¿Cuál es el impacto para la izquierda el momento de crisis que viven los gobiernos latinoamericanos, la decadencia de la institucionalidad política progresista en América latina? ¿Qué va a pasar en América latina? ¿Qué va a pasar con las izquierdas institucionales, con las alternativas ancestrales (Cauca, Chiapas)? Fueron algunas de las preguntas realizadas por quienes asistieron al taller.


Machado empieza su intervención con una pregunta que cuestiona la intención revolucionaria del progresismo: “¿Por qué no se han hecho debates sobre la propiedad si estamos en un proceso de transformación social? No quiere decir que se tenga que desconocer el derecho a la propiedad privada, sino que la pregunta va orientada a cuáles son los límites de acumulación de la propiedad privada, cómo se debe distribuir la propiedad, si debe haber propiedad colectiva en los territorios. Siguen ganando dinero los mismos que ganaban antes, ahora mucho más, sigue creciendo la brecha de desigualdad, la banca gana más dinero que nunca. Hace tres años en Venezuela la banca privada registró récords en ganancias; esto quiere decir que el modelo de acumulación no ha cambiado en nada”.


Y prosigue: “Lograr que la gente participe en la toma de decisiones es un acto revolucionario y más si está acompañado de la construcción de valores. Hoy por hoy no hay una alternativa al progresismo, no la habrá en un futuro cercano, hay que construirla de manera colectiva. El progresismo que se concibió en Latinoamérica a principios de siglo hoy se cae a pedazos, ha alcanzado su máxima expresión y demuestra que no ha sido la contra-respuesta al modelo financiero global acumulativo. Hoy se debe reconstruir eso, seguramente desde la participación de los pueblos. También hay que entender que resulta bastante difícil para la izquierda el estrés de tener que soportar dos crisis como estas (la crisis del progresismo y la caída del muro de Berlín) en menos de tres décadas que no tienen antecedentes históricos, y eso tiene un precio.


Zibechi, por su parte, dice: “Creo que el único movimiento que ha sacado conclusiones de la crisis del socialismo y de la reforma del socialismo es el zapatismo. Y creo que la derrota del socialismo real con una modalidad en el campo soviético y con otra modalidad pero no menos grave que es la China, que no cayó formalmente pero se hizo ultra capitalista, es la derrota del imaginario de la cultura política de dos siglos, formada desde la revolución francesa, pasando por las revoluciones de 1848, la revolución rusa, la guerra civil y la revolución española, la revolución china, la cubana, la sandinista y otras [...]. ¿De dónde podemos aprender? En el último período hemos aprendido de las comunidades eclesiales de base, aprendimos de la educación popular, del guevarismo; de la ética guerrillera, y hemos aprendido del movimiento indígena que surgió en el 70. Y sin embargo ellos han sido reformateados por esta cultura política que no va más. ¿De dónde sacar la fuerza inspiradora para reconstruir el pensamiento y la práctica emancipatoria? Creo que sólo hay dos movimientos que nos iluminan: uno es el movimiento de mujeres; el otro es el movimiento indígena”.


Y termina diciendo: “El zapatismo plantea cambiar el mundo creando una nueva cultura política, lo demás se irá dando. Necesitamos construir relaciones sociales de nuevo tipo, ¿Qué cambios vamos a lograr si no podemos superar la contradicción entre las jerarquías de trabajo manual e intelectual? No se trata de gobernar a otros, eso es administrar lo que ya hay, lo que necesitamos es crear cosas nuevas, experiencias nuevas, relaciones sociales nuevas. Los obstáculos son las organizaciones y sus dirigentes. La democracia contemporánea implica la relación de hegemonías, obliga a la minoría a hacer lo que la mayoría disponga, y eso crea fracturas en la sociedad. Siempre habrá disidentes, personas en desacuerdo que no pueden ser excluidas, al contrario, es deber de cada uno aportar porque, en últimas, existe un bien común de fondo.


Una vez Zibechi termina su intervención, hacen una pausa para ceder la palabra a sus interlocutores. Hubo una notable antipatía con algunas de las posturas expuestas en el libro. ¿Qué fracasó en el socialismo, que se refleja ahora en el progresismo? ¿El progresismo desde quiénes y para quiénes? ¿Cómo hablar de revolución dentro de la hegemonía capitalista?


El deber de la izquierda


En esta oportunidad quien empieza la intervención por parte de los talleristas invitados es Machado, quien antes hace una reflexión acerca del poder y el propósito del progresismo.


Tenemos que replantearnos esta lógica del poder, ¿Existe un poder bueno? ¿Quien ha asumido el poder traicionó los ideales con los que llegó al poder, o es que todos estos gobiernos progresistas –durante estos episodios históricos que hemos tenido a lo largo de los siglos XIX, XX y ahora XXI–, han sido consecuencias de que el poder fue tomado por personas equivocadas o que se corrompieron? ¿Cuáles con las lógicas en las que la izquierda ha asumido la toma del poder (la toma del Estado)? En la lógica de la globalización actual considerar que la toma del Estado es la toma del poder es una lógica de abstersión, porque el poder se ramifica en las lógicas económicas, de tecnologías. Y nos referimos a los clásicos porque no hay intelectuales contemporáneos que se refieran a estos temas actuales, como lo hicieron ellos en su momento, entonces sirven de referencia.


Asociar el poder con el control del Estado, de la economía y/o de las tecnologías o entender que el poder significa el dominio de la institucionalidad de cualquier forma, es un error. El poder está dado por la aceptación del pueblo que participa en las dinámicas de gobierno, que interactúa en la construcción de lazos de identidad de la sociedad. El ejercicio del poder, contemplado desde la institución, siempre estará permeado por mecanismos de represión, siempre hará uso de la cultura del miedo para su ejercicio de dominación, y el progresismo no ha sido la excepción. El progresismo mantiene las mismas lógicas, o recurre a los mismos mecanismos de violencia, de represión, a la misma cultura del miedo, porque no logra modificar la cultura política de ordenamiento social, mucho menos transforma las dinámicas de producción y consumo que por años ha implantado la derecha neoliberal, por el contrario mantiene el contexto económico que le permite al capitalismo crecer cada día más.


Finalmente, Zibechi termina la sesión y da por finalizado el taller con estas palabras a modo de conclusión: “No se puede cambiar este mundo si no hay un colapso, en períodos de estabilidad no se puede cambiar nada. Las revoluciones fueron hijas de grandes colapsos. ¿Para qué nos preparamos: para asumir un cargo o para enfrentar ese colapso? ¿Cómo se cambia el mundo? Nietzsche tiene una famosa parábola sobre el hombre camello, el hombre león y el hombre niño; el camello es el que carga el peso de la explotación, del dolor, el león es el que se rebela contra eso, pero el león y el camello palpitan en la misma longitud de onda. El león reacciona a la opresión pero no va más allá, no modifica su realidad; es el niño el que crea, el que está en otra dimensión, tiene la imaginación y la inventiva para cambiar su realidad. Nosotros podemos cambiar al mundo si hay un colapso y si somos capaces de crear algo nuevo, no administrando lo que hay; tal vez, solo de esta manera muchos otros sigan el ejemplo. Los cambios serán realizados por pequeños grupos e irán creciendo conforme se vean los beneficios, pero hay que partir con la conciencia de que lo que hay ya no es suficiente, ya no sirve”.

Publicado enColombia
Lunes, 28 Marzo 2016 07:49

El hermano Obama

Fidel Castro. Foto: Roberto Chile

Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.

 

El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no son dignas de atención alguna.

 

Ya que me vi obligado a mencionar el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido, pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños más elevados.

 

Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar.

 

Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas. “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.

 

Mirándolo desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria, declaró: “Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria...”, para añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: “Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día... ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!...”. Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche, cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.

 

Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:

 

“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”.

 

De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros: “Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos”. Prosiguió el Presidente norteamericano. “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas”.

 

Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.

 

En 1961, apenas un año y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.

 

Es de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

 

No intentaré tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana. Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama. Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como aquel.

 

Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10 o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero Gleijeses, quien había redactado el texto de “Misiones en conflicto: La Habana, Washington y África 1959-1976”; un trabajo excelente. Yo sabía que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo. Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas, pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel.

 

No sé que tendrá que decir ahora Obama sobre esta historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.

 

Hay una cuestión importante: Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.

 

Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?

 

Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.

 

Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.

 

Fidel Castro Ruz
Marzo 27 de
10 y 25 p.m.

 

 

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La ciencia, un asunto de comunicación social

Según la Real Academia Española, la ciencia remite al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sin embargo, presentada de ese modo –así, sin demasiado brillo, esquemática y fría–, esta definición oculta una multiplicidad de sentidos susceptibles de ser atribuidos. En principio, más vale arrancar por lo básico: la ciencia es una parte esencial de la cultura, en efecto, engloba un conjunto de prácticas que no existen sin seres humanos que las realicen.


Desde este punto de vista, tres asuntos florecen en el barro analítico y asoman por su importancia. Primero, un requisito: la ciencia requiere ser estudiada en contexto; luego, una propuesta metodológica: la ciencia puede ser abordada desde una perspectiva comunicacional, y, por último, una necesidad: tras considerar los puntos anteriores, será esencial la generación de condiciones de acceso que garanticen la participación de toda la sociedad en el proceso productivo y reproductivo de los saberes científicos.


- Los científicos hacen historia (pero) desde la historia. Es imposible comprender las ideas de algún filósofo o científico –que para el caso, son lo mismo– si no se accede al idioma de época; a respirar sus aires y a pasear por sus caminos. No se trata de ponerse en lugar de nadie, ello es imposible; aunque sí de comprender por qué sus pensamientos se impusieron en ese instante y no en otros, y por qué se desarrollaron en determinadas latitudes cuando las coordenadas podrían haber sido bien diferentes. En última instancia, intentar responder a una pregunta tan simple como: ¿por qué las cosas suceden cuando suceden y en el sitio en que suceden?


Proceso: una palabra que resuena con fuerza y que a menudo se vacía de significado, como usualmente ocurre con toda categoría analítica utilizada hasta el cansancio. Cada acontecimiento forma parte de una sucesión de momentos que se acomodan en una línea cronológica imaginaria que avanza a paso firme y jamás se detiene. Cada genio de época leyó libros que escribieron sus antecesores y se alimentó de las ideas que allí pululaban. Personas como Copérnico, Galileo y Kant, sin dudas, estuvieron interpeladas por sus entornos, pues, trabajaron con herramientas sociales y produjeron ideas maravillosas que hicieron historia pero desde la historia.


- La ciencia y la comunicación: una relación que pide matrimonio. La comunicación puede ser definida como un enfoque que permite desentrañar falsas concepciones, percepciones, valoraciones y modos de significación. Una perspectiva novedosa que –con un objetivo similar al de otras ciencias sociales como la antropología– busca penetrar el denso entramado que presentan los escenarios cotidianos, esos que los seres humanos organizados en grupos acostumbran a llamar "realidad". De aquí que observar a la ciencia con los ojos de la comunicación permite una lectura alternativa que desmitifica la supuesta blancura de un campo que está atravesado por tensiones, luchas de dominación y de poder.


Para ser más explícito, cada vez que una comunidad científica festeja un acontecimiento, ensancha las espaldas de un intelectual y dirige políticas de investigación en direcciones puntuales, lo que está haciendo no es más que velar otros acontecimientos, quebrar otras espaldas y anular otras posibles trayectorias. En definitiva, amordaza otras bocas para callar otras voces que disputan otros sentidos.


Sin embargo, las relaciones entre ciencia y comunicación no descansan en ese escalón. Todavía hay más: la ciencia posee un lenguaje que tiene su gramática, su ortografía y su sintaxis; un lenguaje que es necesario aprender y que sólo los escritores de elite de- sarrollan a medida que peinan sus canas y cuando sus pieles se convierten en pellejos. El gran maestro Leonardo Moledo, a menudo señalaba: "La ciencia es un cuento que la humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje".


- Para el pueblo lo que es del pueblo. El núcleo duro de la ciencia está compuesto por leyes generales, es decir, por enunciados científicos. Desde un enfoque semiótico, las teorías de la enunciación contemporáneas plantean una cuestión central: mientras los enunciados remiten al acto individual de apropiación de una lengua, el proceso de enunciación se caracteriza por la instalación de un "otro" que interpreta –o decodifica, así lo diría el jamaiquino Stuart Hall– el mensaje. Dicho de otro modo, la comunicación es dialógica y el diálogo supone un contexto en el que la práctica comunicativa se desenvuelve. Por tanto, no tiene sentido el hermetismo científico, pues, en definitiva el objetivo de toda investigación debe ser la divulgación; democratizar el acceso y ensanchar el espectro del público alcanzado. La ciencia no es patrimonio de quien "descubre" sino que pertenece a todos aquellos que demuestran curiosidad por aprender sobre un nuevo modo de pensar la vida. En síntesis, el acto hermenéutico de interpretación implica un proceso de resignificación y construcción del que nadie está exento.
- Ideas finales para construir nuevos principios. Resulta imposible, entonces, circunscribir el término –únicamente– al reducido marco de especialistas, uniformados con guardapolvos blancos y rodeados de tubos de ensayo y compuestos químicos multicolores y humeantes. En efecto, la realización de un ejercicio de desmitificación conceptual podría servir para allanar el camino hacia una aplicación más cotidiana y justa del término.


No todo el mundo cree en la existencia de una ciencia unificada que teje relaciones entre disciplinas como pueden ser la Historia, las Matemáticas y la Filosofía –porque para ser más exactos, no todo el mundo posee las necesidades materiales tan satisfechas como para sentarse a reflexionar, con un café en mano, sobre ello–. Y cuanto más se avanza en el tiempo, si es que el tiempo nos permite avanzar y si es que finalmente existe el tiempo (cuestión que habría que consultar tras leer los pensamientos de cráneos talentosos como Norbert Elias o Edward Thompson) la parcialización de los saberes en campos cada vez más y más pequeños es notoria y palpable.


En la actualidad, con mayor recurrencia, los investigadores y los científicos son empujados a realizar análisis acotadísimos y a recortar sus objetos de estudio hasta hacerlos desvanecer por asfixia. Las disciplinas están más disciplinadas que nunca y, en algunos casos, de tanta rigidez terminan por perder el horizonte y el propósito medular, en efecto, que la sociedad alcance un mejor funcionamiento –es decir que logre mayor equidad y autonomía– a partir de la producción de nuevos conocimientos.
En la posmodernidad, se promueven abordajes segmentados pero "profundos" a diferencia de los megaproyectos que los escritores clásicos realizaban en siglos precedentes. Ya no se cree demasiado en las "historias universales" y el polvo mágico de los atlas ha quedado en el camino. Aquellos libros regordetes que parecían encerrar en un puñado de páginas todos los secretos del mundo ya no generan el consenso de antaño. No. Hoy, las narrativas opcionales, los otros relatos, las otras perspectivas y las otras cosmovisiones (que son legítimas pero no están legitimizadas) están en la superficie y conforman la difusa sustancia que definen al viejo nuevo problema del sentido común.


En el siglo XXI, ninguna persona podrá decir que en esta parte del globo no se hace ciencia, luego de conocer, por caso, los impresionantes avances chilenos en materia astronómica, los progresos cubanos en salud pública e inmunología y los progresos costarricenses en producción de energías renovables. En esa línea es que Argentina proyecta el futuro, convencida de tener herramientas suficientes para escribir la historia con un lápiz propio. Sólo será cuestión de sacarle punta y afilar un poco el trazo.


En este marco, la propuesta será pensar en el concepto de ciencia desde un enfoque más flexible: evitar la falsa dicotomía entre las "duras" y las "blandas", otorgarles a las sociales y a las humanidades un estatus tan digno como merecido y promover desde los medios masivos de comunicación una perspectiva que defina a la ciencia más allá de sus etiquetas. No alcanza con desarrollar satélites y tirarlos al espacio, no basta con aprender a resolver ecuaciones de segundo o tercer grado, así como tampoco es suficiente conocer cuáles son los males que causan pesticidas como el glifosato para el reino animal, vegetal y humano. No, pues, la ciencia no es un elemento aislable ni específico ni nada de eso; la ciencia es una práctica cultural y, como tal, tiene sentido siempre y cuando se involucren las personas.


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Domingo, 21 Junio 2015 09:06

Orejeando crisis y colapsos

Orejeando crisis y colapsos


Un buen puñado de intelectuales y activistas respondieron a la convocatoria del zapatismo, que organizó un "semillero de ideas" durante una semana en dos espacios de Chiapas. Allí se escucharon análisis que abordaron desde la crisis ambiental y el feminismo hasta las crisis económicas y la violencia que sufre la sociedad mexicana.


Apenas saliendo del aeropuerto de Tuxla Gutiérrez, al ingresar en la autopista que conduce a San Cristóbal, las casetas de peaje muestran la nueva realidad mexicana posterior a la masacre de Ayotzinapa. Decenas de estudiantes de las escuelas normales (de formación de maestros rurales) del estado de Chiapas, algunos con los rostros cubiertos con pañuelos, tienen tomado el peaje y cobran la tarifa. Reparten volantes y explican brevemente las razones de su actitud; entre otras: que sus escuelas no reciben ningún apoyo del gobierno y que son ellos y sus familias los encargados de sostener una institución nacida con la revolución mexicana que el actual gobierno quiere desmontar. Lo mismo sucede en otros estados sureños, y en particular en la autopista Acapulco-México DF.

 

En las afueras de San Cristóbal, al pie de una de las colinas que la circundan, se yergue el Centro Integral de Capacitación Indígena (Cideci), una universidad muy especial, donde los estudiantes viven, trabajan la tierra para su alimentación, limpian, cocinan y estudian. Según Gustavo Esteva, alumno de Iván Illich, quien impulsa la Unitierra en Oaxaca, que comparte el mismo espíritu, son "universidades sin locales, sin currículos y sin docentes". El Cideci albergó el seminario zapatista "El pensamiento crítico ante la hidra capitalista", con la misma naturalidad que cobijó otras iniciativas del movimiento indígena.

 

Es poco común la confluencia de una variedad de pensadores como Immanuel Wallerstein, Silvia Federici, Pablo González Casanova, Adolfo Gilly, Michael Lowy y John Holloway, entre los más conocidos. Si a ello se suma la participación de 1.500 personas de varios continentes, el resultado fue un evento que pocos movimientos en el mundo pueden convocar. Quizá con el declive de los foros sociales, que hace años no se hacen en América Latina, las convocatorias zapatistas sean ahora las que obtienen mayor resonancia.

 

¿HACIA UN COLAPSO? "Los zapatistas no guardamos un pensamiento sólo si coincide o no con el nuestro, sino si nos hace pensar o no, si nos provoca o no, pero sobre todo si da cuenta cabal de la realidad", dijo el subcomandante Galeano (ex Marcos) en los primeros días del seminario.

 

Y agregó algo que nunca había dicho: "Nuestra admiración al pensamiento anarquista. Es claro que no somos anarquistas, pero sus planteamientos son de los que provocan y alientan, los que hacen pensar. Y créeme que el pensamiento ortodoxo, por llamarlo de alguna forma, tiene mucho que aprender en ese aspecto, pero no sólo en eso. Por ponerte un ejemplo, la crítica al Estado como tal es algo que en el pensamiento anarquista lleva mucho camino andado".

 

Sin embargo, en su última alocución Galeano defendió el marxismo o, por lo menos, los principales escritos de Karl Marx. Citó extensamente pasajes de El capital, en particular la sección donde analiza la acumulación originaria del capital, en la que el filósofo alemán destaca que el capitalismo llegó al mundo "chorreando sangre y lodo por todos los poros". Es posible que sea una inflexión en la trayectoria zapatista que hasta ahora no había mostrado ese perfil.

 

En los análisis macro predominó la visión de Wallerstein de los "sistemas-mundo", que con su "telescopio", dijo Galeano, es capaz de crear un relato de conjunto sobre la situación actual del capitalismo y prever, incluso a largo plazo, los derroteros de los conflictos sociales. Otros destacados intelectuales, en particular el mexicano González Casanova, se insertan en la misma tradición analítica vinculada tanto a Marx como al historiador francés Fernand Braudel que, sin embargo, suele ser cuestionada porque tiende a creer que el capitalismo caerá por sus propias contradicciones internas.

 

Los discípulos de Illich y los indigenistas, así como una vasta gama de artistas presentes en el evento, fueron de algún modo el contrapunto de los teóricos seducidos por Marx. Ambas corrientes comparten la importancia de lo subjetivo, ya se trate de las cosmovisiones indias o de la crítica a la ciencia, la escuela y la medicina occidental. Ambas pueden confluir en cierta inspiración libertaria, quizá romántica, que genera tensiones y desencuentros con el modo marxista de pensar y actuar.

 

Pero unos y otros coinciden en que la humanidad atraviesa momentos de gran incertidumbre, que pueden conducir a una suerte de colapso civilizatorio. En este punto, es posible que Marx, Illich y los indigenistas se den la mano, aunque desde genealogías diferentes. El fin del mundo o Pachatkutik, es figura omnipresente en las culturas indias. La crisis y el derrumbe del sistema es un punto clave en el pensamiento de Marx. Es fácil entender los puentes entre estas ideas y el antindustrialismo de Illich, por lo menos como tensiones éticas que, en momentos de descomposición como los que atraviesa la sociedad mexicana, pueden traducirse en acciones comunes.

 

TROTAR EN VEZ DE CAMINAR

 

Entre los movimientos antisistémicos coexisten dos miradas no necesariamente contrapuestas pero bien diferentes: quienes sostienen que estamos ante una crisis, mayor aun que las crisis cíclicas de la economía capitalista, y los que consideran que la humanidad está siendo llevada a una situación de colapso por el sistema. El zapatismo escogió la segunda, pero es también algo relativamente nuevo, probablemente influido por los hechos de Ayotzinapa y la reacción del Estado mexicano.

 

La idea de crisis está asociada a períodos de cambios, desorden, inestabilidades y turbulencias que interrumpen el desarrollo normal de las cosas, para luego de cierto tiempo volver a una nueva normalidad pero modificada. En las crisis pueden emerger factores de orden que le darán a lo nuevo una fisonomía diferente. Desde el punto de vista de los movimientos sociales, es importante destacar dos cosas: que el concepto de crisis está demasiado asociado a la economía y que aparece ligado a transformación y cambios.

 

El colapso es una catástrofe a gran escala que implica el quiebre de instituciones, en forma de ruptura o de declinación definitiva. En la historia hubo muchas crisis pero pocas catástrofes/colapsos. Como ejemplo está lo sucedido con el Tawantinsuyu, el imperio incaico, a raíz de la llegada de los conquistadores. Algo similar puede haberle sucedido al imperio romano. La peste negra entre 1347 y 1352 mató entre un tercio y la mitad de la población europea, marcando el comienzo de una nueva cultura que desembocó en el capitalismo, según los más recientes análisis de especialistas. En todo caso, el colapso es el fin de algo, pero no el fin de la vida, porque como sucedió con los pueblos indios, luego de la catástrofe se reconstruyeron, pero como sujetos diferentes.

 

En esa dirección fueron las palabras del subcomandante insurgente Moisés, quien dijo en el cierre del seminario: "no sabemos si nos va a dar tiempo de multiplicar esto". Para los zapatistas, lo que se avizora no es una crisis sino algo más serio. Insistió: "el tiempo nos está ganando", y dijo que ya no alcanza con caminar sino que es hora de trotar, de ir más de prisa. La noche anterior el subcomandante insurgente Galeano dijo que hasta un 40 por ciento de la humanidad será migrante y que habrá despoblamiento y destrucción de zonas para ser reestructuradas y reconstruidas por el capital. Al parecer no pensaba en una crisis sino en algo que podríamos llamar "colapso", aunque no usó el término.


Sea como fuere, el encuentro fue un verdadero semillero de ideas, de análisis que van más allá de la coyuntura, que buscan comprender las tendencias de fondo que vive y sufre la humanidad. Una mirada necesaria para izquierdas demasiado enfrascadas en sus fugaces tiempos electorales. A propósito, el zapatismo les hizo un guiño a las corrientes electoralistas al afirmar que, más allá de que se vote o no, lo importante es organizarse para enfrentar un futuro caótico.

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Jueves, 23 Abril 2015 14:41

El poder sigue naciendo del fusil

El poder sigue naciendo del fusil

En los momentos difíciles, durante los grandes traumas sociales, cuando la confusión y la opacidad se vuelven norma, acudir a los clásicos puede ayudar a despejar el panorama. Como sabemos, vivimos un periodo especialmente complejo, oscuros nubarrones asoman en el horizonte. A modo de ejemplo: no son pocos los analistas que consideran que una guerra nuclear es una de las posibilidades para resolver las múltiples crisis en curso (ver Pepe Escobar).

 

Una conocida carta de Marx a Engels (del 25 de septiembre de 1857) revela la importancia que el primero concedía al papel del ejército en la historia. Recordaba que el primer sistema de salarios nació en los ejércitos antiguos, así como la primera forma legal del derecho a la propiedad, el primer uso de la maquinaria en gran escala y hasta la primera forma de división del trabajo dentro de una rama productiva. Su conclusión, a la luz de lo que nos está sucediendo, parece tanto premonitoria como agobiante: Toda la historia de las formas de la sociedad burguesa se resume notablemente en la militar (Correspondencia Marx-Engels, Ediciones de Cultura Popular, México, 1972, tomo I, p. 135).


En la actualidad los debates y análisis sobre la relación entre las fuerzas armadas estatales y las luchas anticapitalistas son poco frecuentes. Tanto como la comprensión del papel de la violencia de arriba en la remodelación del mundo. Probablemente la centralidad que han adquirido las democracias electorales en las sociedades occidentales y la difusión de una cultura consumista (ambos fenómenos estrechamente ligados) parecen haber evaporado la hipótesis de Marx sobre el paralelismo entre la economía y la guerra.


Para el siglo XX, William McNeill establece la relación entre el crecimiento demográfico y las dos guerras mundiales, como causa del conflicto y como forma de mitigar la superpoblación europea; pero también nos recuerda que el control biopolítico de las poblaciones arranca con la movilización en masa para hacer la guerra y, finalmente, destaca que la industrialización y el nacimiento del estado de bienestar estuvieron estrechamente ligados al estallido del conflicto armado, en particular en la Segunda Guerra Mundial (La búsqueda del poder, Siglo XXI, México, 1988, capítulo 9).


Se trata de pistas generales, de indicaciones que nos fuerzan a colocar la cuestión militar en un lugar destacado de nuestros análisis. Un esfuerzo, por cierto, en el que las personas y los movimientos anticapitalistas estamos muy retrasados. Una de las limitaciones es que conocemos sólo parcialmente los planes y objetivos de los poderosos. Otra consiste en focalizar la cuestión militar en el armamento, en particular en el desarrollo tecnológico de nuevas y sofisticadas armas. Por eso es bueno recordar que no son las armas las que ganan las guerras.


En 1946, tres años antes de tomar el poder, Mao Tse Tung concedió una entrevista a la periodista Anne Louise Strong. Ésta le preguntó qué sucedería si Estados Unidos usara la bomba atómica contra la Unión Soviética o contra China, países que aún no poseían el arma nuclear. La bomba atómica es un tigre de papel que los reaccionarios norteamericanos utilizan para asustar a la gente. Parece terrible, pero de hecho no lo es. Por supuesto, la bomba atómica es un arma de matanza en vasta escala, pero el resultado de una guerra lo decide el pueblo y no uno o dos tipos nuevos de armas, dijo Mao (Obras Escogidas de Mao Tse-tung, Fundamentos, Madrid, 1974, tomo 4, pp. 98-99).


Mao sostenía que China podía derrotar a los ejércitos reaccionarios sólo con mijo y fusiles, algo que poco después confirmaron los campesinos vietnamitas. Estamos ante principios éticos y políticos básicos, sin los cuales no vale la pena siquiera pensar en combatir, porque colocar la tecnología militar en el centro es tanto como rendirse a la lógica del enemigo. Las guerras populares siempre se ganaron con pueblos decididos, no con armas.


Sin embargo, lo anterior no resuelve el problema de cómo enfrentar a enemigos que están dispuestos a exterminar a los sectores populares del mundo para salir del atolladero en que se encuentran. Sobre todo, no sirve para tomar decisiones ante lo que se adivina como un largo periodo de acoso (campañas de cerco y aniquilamiento, las definían los comunistas chinos).


Sin la intención de agotar un debate que apenas comenzamos, puedo observar cuatro necesidades de los movimientos para enfrentar esta nueva etapa.


La primera, comprender la lógica de los de arriba. Lo que supone estudiar, analizar y deducir qué planes tienen contra nosotros, qué objetivos se trazan. No en general, sino en cada región, en cada país y en cada área. Sabemos, por ejemplo, que vivimos en un periodo de acumulación por desposesión, pero eso se manifiesta de modos muy distintos en el norte y en el sur del planeta, allí donde hay minerales bajo tierra o donde predominan los monocultivos transgénicos. Así como el papel que jugarán los estados en cada situación.
Dos, conseguir autonomía integral, no depender de ellos. Lo que supone conseguir incluso la autonomía alimentaria, quizá no total al principio, pero trazarla como objetivo. El agua, la tierra, la comida, son vitales. Para eso es necesario reducir hasta eliminar la dependencia de las políticas sociales.


Tres, no hacerse ilusiones con las promesas, los buenos modos y hasta las invitaciones que nos hacen los de arriba. El momento más delicado para Cuba viene ahora que obtuvo el reconocimiento del imperio. Los de arriba nunca dieron nada gratis.


Cuatro, la fundamental: estar dispuestos a combatir y a afrontar todas las dificultades necesarias, los largos padecimientos antes de derrotar a los enemigos, como dijo Mao en la citada entrevista. Esto es lo decisivo: el estado de ánimo, la preparación espiritual para no desfallecer ante los inevitables reveses y sufrimientos. Es la ética del compromiso. No nos queda otro camino que cincelar la voluntad.

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Encuestas apuntan a una votación cerrada en Venezuela
Los estudios de opinión en Venezuela parecen apuntar a un escenario reñido de votación en las elecciones presidenciales del próximo domingo 7 de octubre en el país.

En medio de una guerra de encuestas con amplias diferencias en sus resultados, 18,9 millones de venezolanos elegirán el domingo entre la continuidad del presidente, Hugo Chávez, y la aspiración del candidato unitario opositor, Henrique Capriles.

Por disposición del Consejo Nacional Electoral (CNE) las firmas consultoras de opinión debieron presentar sus últimos estudios la semana pasada, con el 29 de septiembre como fecha tope.

Más de 15 encuestadoras divulgaron en esos últimos días sus resultados, que variaban desde abultadas ventajas de hasta 20 puntos para el presidente Chávez, hasta un 7,1 por ciento de liderazgo a favor del opositor Capriles.

Muchos de estos estudios son ampliamente criticados como "encuestas de maletín", trabajos de dudosa calidad, patrocinados por uno y otro sector político como una estrategia más de campaña.

Principales resultados


Por diversos criterios, entre los cuales se incluye su amplia trayectoria y aproximación a los resultados en elecciones anteriores, las encuestas que cuentan con mayor credibilidad son las realizadas por Datanálisis, Consultores 21, Varianzas e Hinterlaces.

En su estudio presentado el 25 de septiembre, Datanálisis ubicó la intención de voto en 49,4 por ciento para Chávez y 39 por ciento para Capriles, con un 11,6 por ciento de consultados que aún se hallaban indecisos.

En un escenario distinto, donde sólo se hallaron 5,4 por ciento de indecisos, Consultores 21 pronosticó una ligera ventaja del candidato opositor, con 46,5 por ciento frente al 45,7 de preferencias acumulado por el presidente venezolano.

Varianzas redujo aún más el grupo de indecisos hasta sólo 2,6 por ciento y esta vez ubicó al presidente Chávez levemente por arriba de Capriles, con 49,7 por ciento a favor del actual gobernante y 47,7 por ciento para el abanderado opositor.

Finalmente, Hinterlaces presentó un panorama mucho más polarizado, con una marcada ventaja para Chávez, con 50 por ciento de la intención de votos sobre apenas 34 por ciento para Capriles, pero con una amplia franja de 16 por ciento de votantes que no tienen clara aún su decisión.

La primera conclusión de estos estudios apunta a un mayor apoyo electoral de Chávez, quien podría contar con una ventaja de entre dos y 10 puntos porcentuales durante la elección. Sin embargo, existen varios puntos a tener en cuenta para hacerse un panorama más claro de lo que sucederá el próximo domingo en Venezuela.

Otras variables


El primer criterio es la tendencia de las preferencias de voto durante los últimos meses.

De acuerdo con las encuestas analizadas, la intención de voto por Chávez ha caído desde casi 60 puntos en abril a cerca de 50 puntos en septiembre, o en otros casos ha registrado leves variaciones dentro de la franja entre 40 y 50 por ciento.

Por su parte, el candidato Capriles ha mostrado un rápido crecimiento en las preferencias de los electores, pasando de unos 25 puntos porcentuales en abril a los 40 o 45 puntos que acumula en septiembre.

Un hecho que llama la atención es que Chávez, a diferencia de elecciones pasadas, no supera en ninguno de los estudios analizados la barrera del 50 por ciento, lo cual sugiere que a pesar de la ventaja, su victoria no está del todo clara.

En 2006, en cambio, cuando fue reelecto por primera vez, el gobernante venezolano arrojaba en las encuestas niveles alrededor del 60 por ciento y terminó por imponerse con 63 por ciento de los votos frente al 37 por ciento conseguido por el candidato opositor de entonces, Manuel Rosales.

En este panorama, juegan crucial importancia los indecisos, un grupo altamente apetecido por los bloques oficial y de oposición, ya que su participación en las elecciones ha definido distintos procesos comiciales en años pasados.

Dado que este grupo se considera tradicionalmente no identificado con ninguna de las dos principales tendencias políticas de Venezuela, en esta campaña tanto Chávez como Capriles han intentado ganar su simpatía a través de sus propuestas de gobierno.

De acuerdo con Datanálisis, quizás la encuestadora más reconocida del país, durante la carrera presidencial los indecisos se han decantado en mayor proporción por el abanderado opositor, a razón de 7 por cada 10 electores que tomaron su decisión en los últimos meses.

De esta manera, aunque el presidente Chávez conserva gran fortaleza electoral, parece improbable que consiga su meta de obtener 10 millones de votos el 7 de octubre.

El padrón electoral venezolano alcanza hoy 18,9 millones de inscritos y una proyección de participación del 75 por ciento, basada en los niveles de abstención históricos, arrojaría una votación cercana a 14,2 millones el próximo domingo.


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La crisis financiera originada en Estados Unidos se ha transformado en una crisis económica global que tiende a profundizarse y exacerbarse. Las lecturas predominantes en América latina en torno de dicha crisis colocan el acento en los factores financieros, subrayan las dificultades comerciales, ponderan las consecuencias materiales y reflejan una preferencia por alternativas nacionales. Como en tantas otras ocasiones históricas, los gobiernos del área se dirigen, inadvertida y torpemente, hacia un gigantesco dilema de prisionero: cada uno piensa que se salva solo y que coqueteando a uno de los jugadores más poderosos le quita eventuales ventajas a un competidor próximo en la región. De ese modo, se opta por estrategias conservadoras que únicamente conducirán a mayores costos individuales y colectivos. El espejismo momentáneo de ganancias propias (y pérdidas para los otros) obnubila una mirada más estratégica. Apenas se está atravesando una fase de la crisis global y habrá que ver cómo deviene, en momentos sucesivos, esta situación problemática. El atajo unilateral puede ser funcional en el muy corto plazo, pero es errado y hasta peligroso en una perspectiva de mayor aliento.
 
En ese contexto, y desde un enfoque político, se hace necesario repensar la inserción mundial de los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) dejando de lado la idea de relanzar artificialmente el Mercosur como una vía alternativa para hacer frente a la actual coyuntura. El argumento principal es que, con avances y avatares, el Cono Sur constituye una incipiente comunidad política. Retomado la definición de Karl Deutsch, esta porción de Sudamérica “es un conjunto de actores cuya interdependencia es suficiente para marcar una diferencia sustancial en el resultado de sus decisiones importantes”. En ese sentido, la mayor encrucijada del Cono Sur en esta hora será su interés, disponibilidad y compromiso para promover y construir un espacio de cooperación. Siguiendo el Diccionario de la Real Academia Española, se concibe el espacio como el “ámbito territorial que necesitan las colectividades y los pueblos para desarrollarse” y se considera la cooperación como la acción y el efecto de “obrar juntamente con otros para un mismo fin”.
 
Es importante subrayar que la cooperación no se interpreta como un acto sino como un proceso con un horizonte más amplio que se puede reforzar mediante logros y gratificaciones compartidas o que puede desalentarse a través de prácticas de free riding o mediante la explotación de ventajas individuales. Además, se asume que en las actuales condiciones internacionales posiblemente la cooperación resulta esencial para garantizar la soberanía. Asimismo, se parte del hecho de concebir como ámbito cooperativo tanto a lo económico como a lo político. Esto es, los estados tienen intereses que se derivan de sus objetivos económicos (poder material, recursos estratégicos, bienestar, mercados, etc.) y de sus metas políticas (orden, seguridad, principios, prestigio, etc.): en consecuencia, la cooperación involucra distintos tipos de intereses de significación equivalente. A su vez, se entiende que la cooperación es el resultado de un acto de escogencia –se prefiere cooperar o no hacerlo– y se produce cuando un conjunto de circunstancias –oportunidad, voluntad, medios y valores– la allanan.
 
Ahora bien, la condición de posibilidad de un espacio de cooperación en el Cono Sur surge de la existencia de un sustrato (político, económico, militar y social) histórico reciente que ha cimentado muchos valores comunes, varios intereses mutuos y ciertos objetivos compartidos. El Cono Sur vive un momento de transición: en gran medida, se ha superado la tradicional cultura de la rivalidad, pero aún no se ha consolidado una fecunda cultura de la amistad. Cabe destacar que la construcción de ese espacio implica una distribución de responsabilidades y una movilización de recursos acorde a la envergadura de los actores involucrados. Por último, la vigencia y continuidad de un espacio de cooperación supone no sólo que los participantes sean amigos sino también que tengan el anhelo y la capacidad de transformarse, en algún momento, en aliados.
 
El ideal de un espacio de cooperación se inscribe en lo que la literatura especializada llama una estrategia de buffering. Dicha estrategia la llevan a cabo estados/regiones moderadamente poderosas, se facilita por la existencia de una comunidad política y de seguridad suficientemente estables, aspira a reducir el impacto y el control de una gran potencia en un ámbito geográfico determinado, intenta crear una esfera regional más autónoma, se apoya en redes e instituciones del área y puede incrementar el poder individual y colectivo de los participantes. En esencia, alcanzar un pleno espacio de cooperación permitiría limitar la esfera de influencia de una superpotencia, preservar la estabilidad en una región e incrementar el bienestar de sus miembros.
 
Por último, dos presupuestos políticos subyacen al argumento aquí presentado. Por un lado, ante el dilema profundización-ampliación un espacio de cooperación procura primero profundizar para después ampliar: el Cono Sur necesita ahondar y dinamizar subregionalmente sus lazos de convergencia y acción antes que pretender niveles regionales de gran unidad. Esto último puede ser un ideal inspirador y constituir un punto final de llegada, pero no debiera convertirse en un nuevo modelo a priori para una integración elusiva. La moderación, el esfuerzo y la constancia son claves para alcanzar y consolidar un espacio de cooperación: sólo así se podría expandir su cobertura geográfica y su repertorio temático. Por otro lado, se asume que la gran estrategia de Estados Unidos no variará significativamente con la elección de Barack Obama; a lo sumo se producirá un matiz en la búsqueda de la primacía –se pasará de una primacía agresiva a una calibrada–. A ello se agrega el hecho de que la resolución de la crisis económica global demanda importantes grados de colaboración y coordinación no sólo en el plano mundial, sino también en el plano regional. Estos dos fenómenos implican un desafío y un incentivo para alcanzar un espacio de cooperación. La usualmente criticada desatención de Washington hacia la región bien podría recrear la oportunidad y potenciar la necesidad de que desde el área misma surjan mecanismos y proyectos subregionales de aglutinación práctica y resolución autónoma de los múltiples problemas que atraviesa América del Sur, en general. La dimensión de la crisis global exige volver a pensar el modelo de desarrollo de las sociedades; en particular, la periferia tiene la oportunidad –como la tuvo en otras circunstancias históricas– de aportar a una revisión de la ortodoxia económica aún vigente.
 
En este contexto, un espacio de cooperación es consistente con la situación observable en la región y el mundo. La mezcla de fragmentación regional, proyección militar de Estados Unidos en el área y la envergadura de la crisis global no es promisoria. Las asignaturas pendientes en la política interna de los países del Cono Sur, la doble naturaleza doméstica e internacional de muchos de los problemas regionales y el tamaño de los riesgos en materia de seguridad y bienestar no pueden responderse con pasividad o postergación. En una fase inicial un espacio de cooperación tendrá, quizá, menos componentes de altruismo o empatía: el peligro o el horror pueden convocar más que la armonía o la solidaridad. Sin embargo, cooperar defensivamente no es suficiente: un espacio de cooperación sólo puede crecer y afianzarse si se lo define positivamente y si se lo ejerce ofensivamente.
 
También es crucial decir que cooperar no es sencillo ni se produce automáticamente. El tipo y carácter de los intereses en juego, el horizonte de largo plazo y el número de actores involucrados son dimensiones fundamentales al momento de ponderar las probabilidades de éxito o fracaso de una iniciativa cooperativa. El hecho de que un espacio de cooperación en el Cono Sur abarque a pocos participantes es un elemento favorable; la convergencia de intereses comunes y la proyección de futuro son los desafíos mayores.
 
Sin embargo, hay obstáculos para concretar ese espacio de cooperación y que no se pueden soslayar. Entre otros, por ejemplo, la mayor o menor fortaleza de un gobierno incide en las posibilidades de cooperación: gobiernos débiles –atravesados por crisis de envergadura, con ejecutivos limitados, con escaso consenso en materia internacional y ausencia de estrategias de largo plazo consistentes– tienden a cooperar menos o a incumplir compromisos de cooperación. A su vez, la “rutinización” de una suerte de diplomacia de la escaramuza –esto es, la reiterada aparición de “malentendidos”, “incidentes” y “discordias” entre los países del Cono Sur– que parecen intrascendentes, pero que no lo son, tienden a afectar el logro de acuerdos sustantivos entre las partes, debilitar la expectativa de cumplimiento de lo acordado y dificultar la colaboración. Por otro lado, el primado exclusivo de la política interna sobre la política internacional debilita la cooperación. Cuanto más inciden las razones de la política doméstica, la lógica electoral de una coyuntura, las urgencias de un determinado régimen, las motivaciones partidistas y la satisfacción de intereses creados de grupos muy reducidos es probable que cooperar resulte más difícil. En forma concomitante, si bien la diplomacia presidencial puede ser efectiva para alcanzar compromisos y destrabar situaciones complejas, la personalización excesiva en los asuntos internacionales no facilita una cooperación efectiva. A mayor individualización en materia externa, menor institucionalidad en política exterior. Con más individualización, es más factible la sobreactuación y, con ella, la tergiversación. Paralelamente, el recurso al “unilateralismo periférico” –esto es, la actuación inconsulta con el propósito de satisfacer, de modo preferente, los propios intereses nacionales y, en algunos casos, en desmedro de los pares– genera desconfianza y entorpece la colaboración. No hay que olvidar que cooperar es un proceso de largo aliento que requiere de sucesivas muestras de contacto, cometido y concreción. Si los países del Cono Sur tienen el interés, la disponibilidad y el compromiso para evitar o superar esos escollos entonces el espacio de cooperación podría avanzar.
 

Ahora bien, una estrategia que incorpore la idea de un espacio de cooperación exige esclarecer varios aspectos claves. Entre ellos, cabe subrayar:

 
- El tema del liderazgo: individual o compuesto. En condiciones en las que la hegemonía no es posible ni es deseable, la opción a favor de un esquema combinado de liderazgo merece explorarse. Por un lado, está el tipo de liderazgo múltiple; esto es, una forma de liderazgo sobre temas en la que distintos actores con intereses comunes acuerdan en torno de un asunto y se logra, a través de negociaciones, que nadie maximice los beneficios simbólicos y materiales del tratamiento de una cuestión. También está el liderazgo concertado que apunta a precisar, anticipadamente o ante un evento particular, los modos de articulación de posiciones convergentes. Asimismo, está el liderazgo conjunto que consta de una distribución de tareas entre las partes de acuerdo a las prioridades y los intereses en juego. Además, está el liderazgo colaborador que se basa en compartir recursos y bajar costos en relación con un tema/problema específico. Adicionalmente, está el liderazgo compartido que se centra en el proceso necesario para generar una comunidad de pares con un destino común. Por último, está el liderazgo distributivo que se orienta a “empoderar” a otros actores, tanto por razones prácticas como de empatía.
 
- El tema de las instituciones: superfluas o fuertes. En condiciones de gran asimetría internacional y crisis global la falta de institucionalidad o la institucionalidad débil en el plano regional sólo contribuye a reproducir –en ese nivel– grados de disparidad y formas de arbitrariedad. Una institucionalidad fuerte –y esto es lo que los poderes ascendentes argumentan en el campo mundial– contribuye a gestar un orden más legítimo, estable y predecible. Una institucionalidad fuerte es una garantía de cambio gradual, de más transparencia y de mayor eficiencia. Una institucionalidad fuerte permite dirimir de modo más pacífico las naturales divergencias en términos de intereses.
 
- El tema de la diplomacia: circunstancial o sustantiva. En condiciones mundiales de alta incertidumbre, volatilidad y pugnacidad resulta clave determinar los alcances del esfuerzo diplomático en el terreno regional. Una modalidad es incidir mediante la obstaculización del accionar del más poderoso y para ello recurrir a tácticas defensivas y reactivas, críticas procedimentales y pronunciamientos retóricos. Otra modalidad consiste en combinar intereses y principios y asumir un papel ofensivo orientado no sólo a frenar la ambición o la eventual agresión del más fuerte, sino a prevenir situaciones críticas y actuar en consecuencia. Esto último demanda, entre otras, unas cancillerías activas, dotadas y sofisticadas.
 
- El tema de la agenda: limitada o amplia. En condiciones de ajustes políticos en lo internacional y profundización de las dificultades económicas, el temario de mayor atención regional puede seguir dos direcciones. Por un lado, puede centrarse en unos pocos asuntos muy caros a los intereses concretos y directos de los países del área. Por el otro, puede cubrir los tópicos propios y aquellos que están más en boga globalmente. En cualquiera de los dos casos, la evaluación de la relación medios/objetivos y del balance costos/beneficios es importante.
 
Idealmente, el espacio de cooperación aquí sugerido se piensa a partir de un liderazgo compuesto, sustentado en instituciones fuertes, orientado por una diplomacia sustantiva y centrada en una agenda limitada. En síntesis, es viable concebir un espacio de cooperación en el Cono Sur. En este comienzo de siglo y ante una crisis económica de grandes proporciones y efectos imprevistos nuestra encrucijada no puede ser: dominados o desordenados. El Cono Sur puede sortear mejor la actual situación crítica si elude participar o propiciar un juego de suma cero entre sus participantes y si comienza a cooperar con realismo y creatividad.
 
Por Juan Gabriel Tokatlian *
* Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés y Miembro del Club Político Argentino.
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