Martes, 17 Marzo 2009 06:24

Fidel y el veredicto de la historia

Fidel está canalizando todas sus energías hacia la estratégica “batalla de ideas”, condición necesaria para la construcción de una alternativa poscapitalista y no sólo posneoliberal, como ansían algunos antiguos izquierdistas desilusionados. En la medida en que subsista el capitalismo como modo de producción, su naturaleza explotativa, opresiva y predatoria se manifestará en todas sus expresiones históricas, desde el laissez faire de comienzos del siglo XX hasta el neoliberalismo de finales del mismo siglo, pasando por el keynesianismo y el desarrollismo. La preocupación del Comandante por releer a Gramsci y los clásicos de la teoría marxista se acompaña por un renovado interés en la obra de Darwin y el estudio del impacto de la nanotecnología sobre los procesos productivos y, por lo tanto, sobre los bienes y servicios a los que podría acceder la población. Fidel sabe que las nuevas tecnologías de comunicación e información son un poderoso instrumento de dominación ideológica pero, dialécticamente, también pueden ser un arma formidable para concientizar a la población y facilitar la diseminación del pensamiento crítico, como se hace desde los diversos cursos que ofrecemos en el PLED. Pero su inquietud no se queda allí: lee también sobre el cambio climático, la crisis económica, los procesos políticos y los temas candentes de la realidad internacional. La lista sería interminable.
 
Si bien su recuperación física y el moderado aumento de peso han desdibujado en algo su figura quijotesca del pasado, su intelecto y su corazón siguen siendo fieles a la noble tradición del Quijote y su pasión por enderezar entuertos es tan intensa como antes. Es ese espíritu el que lo llevó a tomar por asalto el Moncada y tiempo después, con Raúl y el Che, a iniciar la epopeya de Sierra Maestra. Tal como lo había pronosticado en su célebre alegato ante los jueces del Moncada, la historia lo absolvió, ¡y cómo! También le otorgó la razón cuando en 1985 demostró matemáticamente la imposibilidad de pagar la deuda externa, contrariando las opiniones de sedicentes “expertos” que elaboraban ingeniosos artificios para demostrar lo contrario. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y se vino abajo el (falso) socialismo de Europa Oriental fueron muchos los que le aconsejaron que reconciliara a Cuba con las nuevas realidades de la globalización, arriando las supuestamente raídas banderas del socialismo. El guerrero se negó y contrariando la opinión y los pronósticos de propios y ajenos aguantó el temporal y proclamó a los cuatro vientos que, aunque la Unión Soviética se hundiera, el frágil navío de la Cuba revolucionaria resistiría la tormenta y llegaría a buen puerto. Una vez más, la historia le concedió la razón.
 
También le había sonreído en 1992, en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, cuando denunció en los siete minutos exactos que cada participante tenía asignado la catástrofe ambiental y climática que se avecinaba. Su intervención fue fulminada como apocalíptica y meramente ideológica por muchos de los que el pensamiento convencional identificaba como “realistas” y “expertos.” ¿Quién se acuerda ahora de aquellos enanos? ¿Y qué decir de los gobernantes allí presentes –Menem, Fujimori y otros de su misma ralea– que hicieron oídos sordos ante el discurso de Fidel y que con su criminal indiferencia agravaron el problema? La historia volvió a fallar a su favor cuando, en 1998, convocó a los economistas a discutir la crisis en gestación, en momentos en que el saber oficial aseguraba que no había –y que no habría– crisis sino, a lo sumo, una transitoria desaceleración del crecimiento económico. Una década más tarde los porfiados hechos demostraban una vez más que la razón estaba con Fidel.
 
Este fue el hombre que me honró con su invitación a discutir algunos aspectos de mi ponencia. Le interesó sobre todo el concepto de “burguesía imperial”, concebido para caracterizar el entrelazamiento producido entre las clases dominantes de las principales metrópolis capitalistas y la forma en que unificaron su estrategia de dominación global. Sus integrantes se dan cita anualmente en Davos para coordinar su estrategia a escala mundial, pasar revista a sus efectivos, armonizar sus discursos y políticas y potenciar su influencia política e ideológica a nivel internacional, para lo cual invitan a gobernantes, “expertos” y comunicadores sociales para transmitir la buena nueva. Me pidió detalles, ejemplos, razones por las cuales utilizo ese concepto. Se quejó de su falta de tiempo: no pudo recibir a varios presidentes, y a los que atendió no pudo dedicarles el tiempo que hubiera deseado.
 
Hablamos un poco sobre la Argentina y me dijo que le había sorprendido gratamente la fortaleza y la convicción que demostró la presidenta Cristina Fernández y sus ganas de luchar, pero estaba preocupado por las secuelas del conflicto que el año pasado enfrentó al Gobierno con los sectores del campo. Al examinar el panorama sociopolítico latinoamericano expresó su preocupación porque el péndulo ideológico, que en la última década se había movido hacia la izquierda –si bien con diferente amplitud según los países– pudiera detener su marcha o, peor, iniciar una reversión amenazando la estabilidad o la continuidad de los gobiernos progresistas de la región. Sabe que el imperialismo está al acecho para “corregir el rumbo” de su patio trasero. Lo conoce al detalle y puede decir, como Martí, que “le conozco las entrañas y mi honda es la de David”. Con esa honda tuvo a raya al Goliat americano durante 50 años y terminó por aislarlo: en octubre del 2008 de los 192 países miembros de las Naciones Unidas 185 votaron a favor de una resolución que exigía poner fin al bloqueo contra Cuba. Sólo dos acompañaron al imperio: Israel, la megabase militar estadounidense en Medio Oriente, y Palau, una islita perdida en el Pacífico poblada por 21.000 personas y utilizada como campo de pruebas de la cohetería de la armada norteamericana. Otros dos, las islas Marshall (63.000 habitantes) y Micronesia (107.000) consideraron demasiado tamaña ignominia y se abstuvieron. Pero este mensaje de la comunidad universal es desoído por la Casa Blanca y sus mandantes: el complejo militar-industrial. Estos quieren aprovechar la crisis para volver a “disciplinar” a la región y acabar con la primavera izquierdista. La sucesión del gobierno de la Concertación en Chile parece inexorablemente destinada a reinstalar a un personaje de la derecha en la Moneda, bien sea el oficialista Eduardo Frei o el opositor Sebastián Piñera. Y las previsiones no son mucho más alentadoras para Argentina, Brasil y Uruguay. La crisis económica podría ser el disparador de esa recomposición derechista y esa amenaza no puede ser tomada a la ligera. Si esto se produjera, el aislamiento de Venezuela, Bolivia y Ecuador podría agravarse, poniendo en riesgo la viabilidad política y económica de los proyectos transformadores actualmente en curso con negativas consecuencias para Cuba. También me hizo saber de su inquietud por el acoso a que está siendo sometido el gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, y la necesidad de que Argentina y Brasil adopten una postura solidaria y generosa en relación con las dos grandes represas de Yacyretá e Itaipú, cuya propiedad comparten con el Paraguay.
 
Había transcurrido una hora y cuarenta minutos de conversación y era preciso poner fin a este diálogo. Le pregunté si no sería posible que alguien nos sacara una foto porque de lo contrario no serían pocos los que me considerarían un impostor. Fidel accedió de buen grado a mi pedido quejándose burlonamente de que todos le dicen lo mismo y lo obligan a retratarse. Entonces se volvió hacia uno de sus colaboradores y dijo: “A ver. Traigan un espejo”. Se lo traen, se mira y dice: “Humm, ¡se ve bien!”, y es cierto. Estimulado por su buen humor aprovecho para felicitarlo por su recuperación y decirle que lo veo muy bien, con un aspecto tan bueno como el que lucía Ingrid Betancourt cuando se produjo su misteriosa liberación por el ejército colombiano. Una estruendosa carcajada selló la humorada. Nos preparamos para la foto y allí, transportado por el clima relajado, me atreví a decirle que con el logo de Adidas del uniforme de los atletas cubanos sus detractores ahora lo criticarían por hacerle publicidad a una transnacional. Nueva carcajada y, rápido como un rayo, y con su dedo índice repetidamente hundiéndose en mi pecho me dijo, masticando cada sílaba, “es-que-yo-soy-una-víctima-de-tu-burguesía-imperial”. Nuevas risotadas, foto, y un fuerte abrazo de despedida que permite comprobar el buen tono muscular de su físico y, con alivio, que tenemos Comandante para rato.

  Por Atilio A. Boron
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Fidel no descansa. Sigue firme en la brecha. No abandonó ni abandonará la lucha. Guerrero de tantos combates, continúa acosando sin cesar al imperialismo. Su voluntad es indomable y como ocurre con los buenos aceros, el paso de los años, lejos de mellarla, la ha templado aún más. Sabe que para construir un mundo mejor hay que triunfar en la batalla decisiva: la batalla de ideas. Como fiel heredero del pensamiento de Martí, de quien no por casualidad dijera que fue el autor intelectual del asalto al Moncada, sabe también que es preciso ser cultos para ser libres. Pero esa cultura para la libertad debe nutrirse de la mejor tradición del pensamiento crítico y emancipatorio, del cual el socialismo es un componente indispensable e irreemplazable.
 
Su prolongada convalecencia, que le ha permitido recuperar su salud de forma notable, y su alejamiento de las funciones de gobierno le hacen posible cultivar su insaciable curiosidad intelectual. Pero no es una actitud solipsista, pues está siempre guiada por la necesidad de transformar al mundo y no sólo de contemplarlo. Pocos como él son tan conscientes del desenlace catastrófico al que nos empuja el capitalismo, que convierte al género humano y a la naturaleza en simples mercancías que se transan en el mercado con el excluyente propósito de obtener un beneficio. Una curiosidad intelectual, decíamos, en donde su sólida formación intelectual se ha visto enriquecida por una excepcional experiencia política, que se vuelca en los periódicos artículos en los que analiza los principales aspectos de la escena contemporánea.
 
Como antes, Fidel vive rodeado de libros y papeles. Recopilaciones diarias de la prensa de los más diversos países lo mantienen informado al detalle de lo que ocurre en todo el mundo, y en sus infaltables libretas va anotando las ideas, comentarios o interrogantes que luego alimentan sus “Reflexiones”. Como en el pasado, su avidez de conocimientos es inagotable, al igual que su pasión por la información exacta y precisa. Soldado de la batalla de ideas, se requiere una pasta especial –poco usual entre los políticos– para luego de regir los destinos de su patria por tanto tiempo renunciar a sus cargos y enfrascarse de cuerpo y alma en su actual misión. “En este momento la responsabilidad de gobernar es de mi hermano, no mía.” No pasó inadvertida a su atenta mirada una cierta incredulidad reflejada en mi rostro, motivada quizá por su durísima declaración pública a propósito de la reorganización ministerial. “Si opiné sobre el recambio de gabinete –dijo– fue por la necesidad de cortar de raíz las habladurías sobre un conflicto entre los hombres de Fidel y los de Raúl. No podía con mi silencio avalar esa bobería.” Y repitió: “Quien gobierna es Raúl. En Cuba mucha gente pagó con su vida el triunfo y la consolidación de la Revolución”. Y, prosigue, “no sólo en la Sierra Maestra y en la lucha contra Batista. También después nos mataron alfabetizadores en Cuba, y todavía lo hacen afuera de Cuba. Lo mismo ocurre con nuestros médicos, que arriesgan sus vidas para hacer realidad el internacionalismo socialista”. Intuyo que esta reflexión estuvo destinada a contextualizar el recambio ministerial de días pasados y a descartar la nada inocente acusación de que en Cuba sólo hay una generación, la de Sierra Maestra, que se jugó la vida y que, por lo tanto, sería la única con derecho a gobernar. Hay varias generaciones que tienen ese derecho y, agrega Fidel, “uno de los grandes éxitos de la Revolución es la enorme cantidad de gente joven, preparada y educada, con que contamos”.
 
Pero el viejo guerrero está librando otras batallas, lejos del día a día de la gestión gubernamental. Siguió muy de cerca, por la televisión cubana, las discusiones habidas en el XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Desarrollo, organizado por la ANEC, un evento único en el mundo donde debaten, sin restricción alguna, economistas neoliberales, keynesianos, poskeynesianos y marxistas. Hubo en esa reunión tres premios Nobel de Economía y una plétora de economistas vinculados con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el BID, diversos ministerios de economía. Fidel recibió las ponencias que allí se presentaron y haciendo un paréntesis en su plan de trabajo leyó varias de ellas con su proverbial meticulosidad. Fue él quien, con esa visión de águila que Lenin tanto admirara en Rosa Luxemburgo, auspició la realización de estos encuentros a mediados de 1998, porque se veía venir el agotamiento y crisis del modelo neoliberal. Entonces le encomendó al presidente de la ANEC (Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba) y uno de sus más estrechos colaboradores, Roberto Verrier, la misión de convocar con la mayor amplitud posible un encuentro de especialistas para discutir la crisis que ya se estaba gestando. El primero tuvo lugar en enero de 1999 y allí estuvo Fidel, sentado en la primera fila y tomando nota de cuanto se decía, interviniendo ocasionalmente, sea con inteligentes comentarios o con filosas preguntas. Estas reuniones se repitieron año a año, pero sus problemas de salud nos privaron de su presencia en los últimos encuentros. No obstante, siempre se las ingenió para estar al tanto de lo que se discutía y leer las ponencias. Pude ver la mía: renglones enteros subrayados, palabras o frases encerradas en un círculo, comentarios al margen, o arriba o abajo. En suma, la obra de un lector metódico y diligente, que sabe de lo que se habla y que está muy al tanto de los temas que le interesan. El nivel de información que maneja es hoy tan impresionante como era ayer, cuando se desempeñaba como jefe de Estado.
 
Es debido a esto que vio venir la crisis antes que nadie, y ahora se anticipó a los demás al advertir sobre las formas bárbaras que puede asumir la “resolución” capitalista de la crisis. Le pareció convincente el argumento que elaboré en mi ponencia en el sentido de que ésta es más grave que las dos grandes que la precedieron: la “Larga Depresión” de 1873-1896 y la “Gran Depresión” que estallara en 1929. La actual es una explosiva combinación de crisis económica, ecológica, energética, alimentaria, que se despliega teniendo como contexto las ominosas consecuencias del cambio climático. “La gente no se da cuenta de lo que está pasando –musita mientras levanta sus pobladas cejas–, y los medios no informan lo que tienen que informar.” Una crisis que actualiza el viejo dilema que en una época tenebrosa de la historia popularizara Rosa Luxemburgo, “socialismo o barbarie”, y nada más cercano a ésta que la catástrofe ecológica y climática que hoy pone en cuestión la sobrevivencia misma de la vida en el planeta. Pero no hay solución capitalista a esta crisis. Ya en su intervención en el Primer Encuentro de la ANEC Fidel había demostrado, con la rigurosidad de un teorema matemático, que la crisis capitalista en gestación no tendría solución dentro del capitalismo y que, por lo tanto, había que pensar en otra cosa. El socialismo es en la actualidad más necesario que nunca.
 
“¿Crees tú acaso que el G-20 podrá aportar una solución a la crisis?”, pregunta dando por descontada mi respuesta negativa. “¿Y por qué te parece que invitan a la Argentina, Brasil y México?” Respondo: es una táctica que busca alejarlos de Chávez, asignándoles un protagonismo escénico y retórico pero no real y cuyo mensaje latente es “olvídense del ALBA, ustedes son países grandes y deben jugar con nosotros, no contra nosotros”. Hicieron lo mismo con la crisis de la deuda, en 1982, cuando desalentaron activamente la creación de un “club de deudores” para oponerse al poderoso “club de acreedores” –auspiciado y respaldado por los gobiernos del G-7– prometiendo a cambio un “tratamiento preferencial” para su deuda, promesa que finalmente no se cumplió sumiendo a todos por igual en la crisis. La misma táctica se pone en marcha ahora, con los mismos previsibles resultados.
 
Está en todos los detalles, y nada del mundo le es ajeno. “Dios –me dijo hace ya unos años– está en los detalles.” Sigue fiel a ese axioma y sigue examinando los datos de la realidad con compulsivo empecinamiento. “Obama es un buen hombre –dice–, pero la presidencia es una cosa y el imperio es otra. Tiene sus leyes, sus intereses, sus relaciones de fuerza.” El hombre al que diez presidentes de la mayor potencia económica y militar de la historia trataron de derribar y, en algunos casos, asesinar, no revela el menor atisbo de resentimiento o de odio. Siente una cierta simpatía por Obama, un joven afronorteamericano cuya sola presencia irrita hasta lo indecible a los muchos racistas y a la derecha radical de Estados Unidos. Pero, conocedor como pocos del imperio, sabe que las resistencias a cualquier iniciativa de cambio serán formidables y que los intereses dominantes no se van a arredrar por las intenciones reformistas de un ocasional ocupante de la Casa Blanca.
 
Mientras tanto, sigue leyendo y estudiando, como antes o, mejor, más que antes. Comenta que al acervo de conocimiento científico se duplica cada 14 años, y que la tendencia es hacerlo en un plazo cada vez menor. Me sorprende preguntándome “¿Qué buen estudio conoces sobre el pensamiento de Gramsci?”. Mientras proceso mentalmente la lista de los “gramsciólogos” no puedo dejar de pensar al mismo tiempo en cuántos jefes de Estado, o ex presidentes o jefes de Estado, podrían haberme hecho una pregunta similar, referida a Gramsci en el caso de los que se referencian en la izquierda, o a un autor como Hayek para los que se identifican con la derecha. ¿Quiénes? Muy pocos. Probablemente Hugo Chávez. Conclusión: Fidel pertenece a otra galaxia.

 Por Atilio A. Boron
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Martes, 10 Marzo 2009 05:47

Una reunión que valió la pena

Finalizado el evento sobre Globalización y Desarrollo con la presencia de más de 1500 economistas, destacadas personalidades científicas y representantes de organismos internacionales reunidos en La Habana, recibí una carta y un documento de Atilio Boron, Doctor en Ciencias Políticas, Profesor Titular de Teoría Política y Social, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, PLED, aparte de otras importantes responsabilidades científicas y políticas.
 
Atilio, firme y leal amigo, había participado el jueves 6 en el programa de la Mesa Redonda de la Televisión Cubana, junto a otras eminencias internacionales que asistieron a la Conferencia sobre Globalización y Desarrollo.
 
Supe que se marcharía el domingo y decidí invitarlo a un encuentro a las 5 de la tarde del día anterior, sábado 7 de marzo.
 
Había decidido escribir una reflexión sobre las ideas contenidas en su documento. Utilizaré en la síntesis sus propias palabras:
 
"...Nos hallamos ante una crisis general capitalista, la primera de unamagnitud comparable a la que estallara en1929 y a la llamada 'Larga Depresión' de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos seguramente habrán de ser de mayor envergadura que las que le precedieron.
 
"Se trata de una crisis que trasciende con creces lo financiero o bancario y afecta a la economía real en todos sus departamentos.  Afecta a la economía global y que va mucho más allá de las fronteras estadounidenses.
 
"Sus causas estructurales: es una crisis de superproducción y a la vez de subconsumo. No por casualidad estalló en EEUU, porque este país hace más de treinta años que vive artificialmente del ahorro externo, del crédito externo, y estas dos cosas no son infinitas: las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades; el Estado se endeudó también por encima de sus posibilidades para hacer frente no a una sino a dos guerras no sólo sin aumentar los impuestos sino que reduciéndolos, los ciudadanos son sistemáticamente impulsados, por vía de la publicidad comercial, a endeudarse para sostener un consumismo desorbitado, irracional y despilfarrador.
 
"Pero a estas causas estructurales hay que agregar otras:  la acelerada financiarización de la economía, la irresistible tendencia hacia la
incursión en operaciones especulativas cada vez más arriesgadas. Descubierta la 'fuente de juvencia' del capital gracias a la cual el dinero genera más dinero prescindiendo de la valorización que le aporta la explotación de la
fuerza de trabajo y, teniendo en cuenta que enormes masas de capital ficticio se pueden lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, la adicción del capital lo lleva a dejar de lado cualquier cálculo o  cualquier escrúpulo.
 
"Otras circunstancias favorecieron el estallido de la crisis. Las políticas neoliberales de desregulación y liberalización hicieron posible que los actores más poderosos que pululan en los mercados impusieran la ley de la selva.
 
"Una enorme destrucción de capitales a escala mundial, caracterizándolo como una 'destrucción creadora'. En Wall Street esta 'destrucción creadora' hizo que la desvalorización de las empresas que cotizan en esa bolsa llega casi
al 50 %; una empresa que antes cotizaba en bolsa un capital de 100 millones, ¡ahora tiene 50millones! Caída de la producción, de los precios, de los salarios, del poder de compra. 'El sistema financiero en su totalidad está a
punto de estallar. Ya tenemos más de $ 500.000 millones en pérdidas bancarias, hay un billón más que está por llegar. Más de una docena de bancos están en bancarrota, y hay cientos más esperando correr la misma suerte. A estas alturas más de un billón de dólares han sido transferidos desde la FED al cartel bancario, pero un billón y medio más será necesario para mantener la liquidez de los bancos en los próximos años'.  Lo que estamos viviendo es la fase inicial de una larga depresión, y la palabra recesión, tan utilizada recientemente, no captura en todo su dramatismo lo que el futuro depara para el capitalismo.
 
"La acción ordinaria de Citicorp perdió el 90 % de su valor en 2008. ¡La última semana de febrero cotizaba en Wall Street a $ 1.95 por acción!
 
"Este proceso no es neutro pues favorecerá a los mayores y mejor organizados oligopolios, que desplazarán a sus rivales de los mercados. La 'selección darwiniana de los más aptos' despejará el camino para nuevas fusiones y alianzas empresariales, enviando a los más débiles a la quiebra.
 
"Acelerado aumento del desempleo. El número de desempleados en el mundo (unos 190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios)
serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población económicamente activa del planeta. En Estados Unidos la recesión ya destruyó 3,6 millones de puestos de trabajo. La mitad durante los últimos tres meses. En la UE, el número de desempleados es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Para 2009, se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. Varios Estados centroamericanos así como México y Perú, por sus estrechos lazos con la
economía estadounidense, serán fuertemente golpeados por la crisis.
 
"Una crisis que afecta a todos los sectores de la economía: la banca, la industria, los seguros, la construcción, etcétera y se disemina por todo el conjunto del sistema capitalista internacional.
 
"Decisiones que se toman en los centros mundiales y que afectan a las subsidiarias de la periferia generando despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de insumos, etcétera. EEUU ha
decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el protectionismo podía ser 'un mal necesario en tiempos de crisis'. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a 'consumir productos españoles.' Barack Obama, agregamos nosotros, promueve el 'buy American!'.
 
"Otras fuentes de propagación de la crisis en la periferia son la caída en los precios de las commodities que exportan los países latinoamericanos y caribeños, con sus secuelas recesivas y el aumento de la desocupación.
 
"Drástica disminución de las remesas de los emigrantes latinoamericanos y caribeños a los países desarrollados. (En algunos casos las remesas son el más importante ítem en el ingreso internacional de divisas, por encima de
las exportaciones).
 
"Retorno de los emigrantes, deprimiendo aún más el mercado de trabajo.
 
"Se conjuga con una profunda crisis energética que exige reemplazar al actual, basado en el uso irracional y predatorio del combustible fósil.
 
"Esta crisis coincide con la creciente toma de conciencia de los catastróficos alcances del  cambio climático.
 
"Agréguese la crisis alimentaria, agudizada por la pretensión del capitalismo de mantener un irracional patrón de consumo que ha llevado a reconvertir tierras aptas para la producción de alimentos para ser destinadas a la elaboración de agrocombustibles.
 
"Obama reconoció que no hemos tocado fondo todavía, y Michael Klare, escribió en días pasados que 'si el actual desastre económico se convierte en lo que el presidente Obama ha denominado década perdida, el resultado
podría consistir en un paisaje global lleno de convulsiones motivadas por la economía.'
 
"En 1929 la desocupación en EEUU llegó al 25%, al paso que caían los precios agrícolas y de las materias primas.  Diez años después, y pese a las radicales políticas puestas en marcha por Franklin D. Roosevelt (el New Deal), la desocupación seguía siendo muy elevada  (17 %) y la economía no lograba salir de la depresión. Sólo la Segunda Guerra Mundial puso fin a esa etapa. ¿Y ahora, por qué habría de ser más breve? Si la depresión de 1873-1896, como expliqué, duró ¡23 años!
 
"Dados estos antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos de la actual crisis en cuestión de meses, como vaticinan algunos publicistas y 'gurúes' de Wall Street.
 
"No se saldrá de esta crisis con un par de reuniones del G-20, o del G-7. Si una prueba hay de su radical incapacidad para resolver la crisis es la respuesta de las principales bolsas de valores del mundo luego de cada anuncio o cada sanción de una ley aprobatoria de un nuevo rescate: invariablemente la respuesta de 'los mercados' es negativa.
 
"Según atestigua George Soros  'la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas.
 
"Se abre un largo período de tironeos y negociaciones para definir de qué forma se saldrá de la crisis, quiénes serán los beneficiados y quiénes deberán pagar sus costos.
 
"Los acuerdos de Bretton Woods, concebidos en el marco de la fase keynesiana del capitalismo, coincidieron con la estabilización de un nuevo modelo de hegemonía burguesa que, producto de las consecuencias de la guerra y la
lucha anti-fascista tenía como nuevo e inesperado telón de fondo el fortalecimiento de la gravitación de los sindicatos obreros, los partidos de izquierda y las capacidades reguladoras e interventoras de los estados. 
 
"Ya no está la URSS, cuya sola presencia y la amenaza de la extensión hacia Occidente de su ejemplo inclinaba la balanza de la negociación a favor de la izquierda, sectores populares, sindicatos, etc.
 
"En la actualidad China ocupa un papel incomparablemente más importante en la economía mundial, pero sin alcanzar una importancia paralela en la política mundial. La URSS, en cambio, pese a su debilidad económica era una formidable potencia militar y política. China es una potencia económica, pero con escasa presencia militar y política en los asuntos mundiales, si bien está comenzando un muy cauteloso y paulatino proceso de reafirmación en
la política mundial.
 
"China puede llegar a jugar un papel positivo para la estrategia de  recomposición de los países de la periferia. Beijing está gradualmente reorientando sus enormes energías nacionales hacia el mercado interno. Por
múltiples razones que serían imposibles discutir aquí es un país que necesita que su economía crezca al 8 % anual, sea como respuesta a los estímulos de los mercados mundiales o a los que se originen en su inmenso -sólo parcialmente explotado-  mercado interno. De confirmarse ese viraje es posible predecir que China seguirá necesitando muchos productos originarios de los países del Tercer Mundo, como petróleo, níquel, cobre, aluminio, acero, soja y otras materias primas y alimentos.
 
"En la Gran Depresión de los años 30, en cambio, la URSS tenía una muy débil inserción en los mercados mundiales. China es distinto: podrá seguir jugando un papel muy importante y, al igual que Rusia e India  (aunque éstas en menor medida) comprar en el exterior las materias primas y alimentos que necesite, a diferencia de lo que ocurría con la URSS en los tiempos de la Gran Depresión.
 
"En los 30s la 'solución' de la  crisis se encontró en el proteccionismo y la guerra mundial. Hoy, el proteccionismo encontrará muchos obstáculos debido a la interpenetración de los grandes oligopolios nacionales en los distintos espacios del capitalismo mundial. La conformación de una burguesía mundial, arraigada en gigantescas empresas que, pese a su base nacional, operan en un sinnúmero de países, hace que la opción proteccionista en el
mundo desarrollado sea de escasa efectividad en el comercio Norte/Norte y las políticas tenderán -al menos por ahora y no sin tensiones- a respetar los parámetros establecidos por la OMC. La carta proteccionista aparece como
mucho más probable cuando se la aplique, como seguramente se hará, en contra del Sur global. Una guerra mundial motorizada por 'burguesías nacionales' del mundo desarrollado dispuestas a luchar entre sí por la supremacía en los
mercados  es prácticamente imposible porque tales 'burguesías' han sido desplazadas por el ascenso y consolidación de una burguesía imperial que periódicamente se reúne en Davos y para la cual la opción de un enfrentamiento militar constituye un fenomenal despropósito. No quiere decir que esa burguesía mundial no apoye, como lo ha hecho hasta ahora con las aventuras militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán, la realización de numerosas operaciones militares en la periferia del sistema, necesarias para preservación de la rentabilidad del complejo militar-industrial norteamericano e, indirectamente, para los grandes oligopolios de los demás países.
 
"La situación actual no es igual a la de los años treintas. Lenin 'el capitalismo no se cae si no hay una fuerza social que lo haga caer'. Esa fuerza social hoy no está presente en las sociedades del capitalismo metropolitano, incluido Estados Unidos.
 
"USA, UK, Alemania, Francia y Japón dirimían en el terreno militar su pugna por la hegemonía imperial.
 
"Hoy, la hegemonía y la dominación están claramente en manos de USA. Es el único garante del sistema capitalista a escala mundial. Si USA cayera se produciría un efecto dominó que provocaría el derrumbe de casi todos los capitalismos metropolitanos, sin mencionar las consecuencias en la periferia del sistema. En caso de que Washington se vea amenazado por una insurgencia popular todos acudirán a socorrerlo, porque es el sostén último del sistema y el único que, en caso de necesidad, puede socorrer a los demás.
 
"EEUU es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones y bases militares en unos 120 países que constituyen la reserva final del sistema. Si las demás opciones fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Sólo EEUU puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington, 'el sheriff solitario'.
 
"Este 'apuntalamiento' del centro imperialista cuenta con la invalorable colaboración de los demás socios imperiales, o con sus competidores en el área económica e inclusive con la mayoría de los países del Tercer Mundo,
que acumulan sus reservas en dólares estadounidenses. Ni China, Japón, Corea o Rusia, para hablar de los mayores tenedores de dólares del planeta, pueden liquidar su stock en esa moneda porque sería una movida suicida. Claro está, que esta también es una consideración que debe ser tomada con mucha cautela.
 
"La conducta de los mercados y de los ahorristas de todo el mundo fortalece la posición norteamericana: la crisis se profundiza, los rescates demuestran ser insuficientes, el Dow Jones de Wall Street cae por debajo de la barrera psicológica de los 7.000 puntos  -¡descendiendo por debajo de la marca obtenida en 1997!- y pese a ello la gente busca refugio en el dólar, ¡cayéndose las cotizaciones del euro y el oro!
 
"Zbigniev Brzezinski ha declarado: 'estoy preocupado porque vamos a tener millones y millones de desocupados, mucha gente pasándola realmente muy mal. Y esa situación estará presente por un tiempo antes de que las cosas
eventualmente mejoren'.
 
"Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis económica, o financiera.
 
"Se trata de una crisis integral de un modelo civilizatorio que es insostenible económicamente; políticamente, sin apelar cada vez más a la violencia en contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible socialmente, porque degrada la condición humana hasta límitesinimaginables y destruye la trama misma de la vida social.
 
"La respuesta a esta crisis, por lo tanto, no puede ser sólo económica o financiera. Las clases dominantes harán exactamente eso: utilizar un vasto arsenal de recursos públicos para socializar las pérdidas y reflotar a los grandes oligopolios. Encerrados en la defensa de sus intereses más inmediatos carecen siquiera de la visión para concebir una estrategia más integral.
 
"La crisis no ha tocado fondo", dice. "Nos hallamos ante una crisis general capitalista. Nunca alguna otra fue mayor. La que tuvo lugar entre 1873 y 1896, duró 23 años, se llamó Larga Depresión. La otra muy grave fue la de1929. Duró igualmente no menos de 20 años. La actual crisis es integral, civilizacional, multidimensional."
 
De inmediato añade: "Es una crisis que trasciende con creces lo financiero, lo bancario y afecta la economía real en todos sus departamentos".
 
Si alguien toma esta síntesis y la lleva en el bolsillo, la lee de vez en cuando o se la aprende de memoria como una pequeña Biblia, estará mejor informado de lo que ocurre en el mundo que el 99% de la población, donde el ciudadano vive asediado por cientos de anuncios publicitarios y saturado con miles de horas de noticias, novelas y películas de ficción reales o falsas.
 
 
Fidel Castro 
Marzo 8 de 2009
11 y 16 a.m.
 
Publicado enInternacional
Viernes, 13 Febrero 2009 09:17

Mirar más allá de coyunturas

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la profunda crisis económica mundial, junto al declive estadunidense, y la existencia de ocho gobiernos progresistas y de izquierda en Sudamérica, son hechos tan importantes que han generado la confianza, entre amplios sectores, en la posibilidad de encontrar nuevos rumbos para nuestras sociedades golpeadas por dos décadas de neoliberalismo. Se trata de una coyuntura especial e inédita, llamada a convertirse en un parteaguas a escala planetaria.

En múltiples ocasiones se ha mencionado que la decadencia de Estados Unidos como única superpotencia, está permitiendo el nacimiento de una nueva relación de fuerzas en la región sudamericana, en la que se dibuja con nítido perfil la fuerza decisiva de Brasil, así como la posibilidad de construir una integración regional que no sólo marque distancias con el imperio, sino también con el libre comercio.


Por definición, una coyuntura suele resolverse en un lapso relativamente breve. En este caso puede pensarse, a lo sumo, en una década, que es el tiempo con que cuentan las fuerzas del cambio para imponer por lo menos una parte de sus objetivos antes que otras fuerzas con intereses diferentes se encuentren en condiciones de imponer los suyos.

La idea de que “éste es el momento” se ha instalado, con entera justicia, en los discursos de buena parte de las dirigencias políticas y sociales, como quedó reflejado en pronunciamientos y documentos del reciente Foro Social Mundial, celebrado en Belem. Pero también está presente la convicción de que si no se encuentran salidas al modelo actual de acumulación, o sea, al capitalismo, la crisis puede resolverse a través del diseño de un mundo peor aún que el actual. Gaza, Irak, Haití, Colombia son apenas muestras de lo que puede venir.

Buena parte de los objetivos destacados en la Carta de los movimientos sociales y en la Declaración de la asamblea de los movimientos muestran con claridad cuál puede ser el rumbo de los cambios. Denuncian la ideología del “desarrollo” y el “progreso”, así como al imperialismo y al capitalismo en su guerra de conquista por apropiarse de los bienes comunes de la humanidad. Pero no escatiman las críticas a las nuevas formas que adquiere el modelo neoliberal, en particular a “los grandes grupos económicos locales –expresados en las denominadas multilatinas–, asociadas a una parte considerable de los gobiernos de la región”. En consecuencia, denuncian el megaproeycto IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana), encabezado por la burguesía brasileña, que tras el desarrollo de interconexiones en infraestructura esconde “la apropiación trasnacional de los bienes de la naturaleza”.

En los hechos, los movimientos sudamericanos pasaron factura a “sus” gobiernos al colocar en la mira los principales proyectos económicos, aquellos destinados a promover el “desarrollo” de la región como la minería a cielo abierto, el agronegocio y los agrocombustibles, entre otros. Y pusieron el dedo donde duele al criticar, junto al Plan Colombia y la presencia de bases militares extranjeras, “la ocupación de Haití por tropas de países latinoamericanos”. No fue sólo un ejercicio de autonomía política, sino un marcar las urgencias del momento, la idea de que es necesario “avanzar ahora” y no delegar en los gobiernos, sino crear las condiciones “para ir gestando una nueva ofensiva de los pueblos” que modifique radicalmente la relación de fuerzas en la región.

Una década de gobiernos de nuevo cuño está empezando a mostrar alcances y límites de los cambios promovidos desde arriba y enseñando quiénes son los que están verdaderamente interesados en cambiar el mundo. Una parte sustancial de los gobiernos está más empeñada en consolidarse que en implementar nuevos rumbos. El único país capaz de empujar a toda la región, Brasil, está más empeñado en erigirse en potencia global que en abandonar el modelo. Lula parece más ocupado en catapultar a su probable sucesora, la ministra Dilma Rousseff, que en combatir el tremendo poder del capital financiero en su país. No es suficiente con promover un mundo y una región multilaterales, si a la vez no se erosiona el neoliberalismo.

Por otro lado, salir del modelo es más complejo de lo que pueda suponerse. Tras 10 años de Hugo Chávez en el gobierno, Venezuela sigue siendo un país con enormes dificultades para salir de la dependencia petrolera. Se trata de procesos muy lentos, para los que se requiere crear condiciones no sólo políticas, sino también sociales y culturales. A Cuba le demandó casi medio siglo dejar de ser un país monoproductor de caña de azúcar. A esas dificultades deben sumarse opciones que refuerzan el modelo, como la apuesta de Rafael Correa por la minería trasnacional, que no puede sino agudizar la dependencia de Ecuador, como ya sucedió en el último medio siglo con el petróleo. No es ése el camino para construir el “socialismo del siglo XXI”, pero menos aún puede tomarse ese rumbo en contra de los principales movimientos sociales. El enfrentamiento en curso entre el gobierno de Correa y el movimiento indígena, que se saldó con decenas de heridos y detenidos en la huelga del 20 de enero contra la ley minera, impone mirar más allá de la coyuntura actual.

Los gobiernos progresistas de la región pueden ser aliados de los cambios, pero los hacedores del mundo nuevo son los pueblos organizados en movimientos. El caso de Bolivia, donde el gobierno de Evo se muestra en sintonía con los movimientos, es por ahora la única excepción. Aunque algunos analistas y políticos defienden la centralidad de los gobiernos frente a un supuesto repliegue de los movimientos, no está de más recordar que la actual coyuntura fue creada por la resistencia desde abajo, que deslegitimó el modelo. Si estos gobiernos no toman un rumbo claro, en el futuro serán blanco de la inevitable ofensiva de los movimientos.

Por, Raúl Zibechi
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Con una creciente ola de despidos en las empresas más importantes del planeta como telón de fondo, los integrantes del G-20 elaboraron un plan de acción para superar la debacle global. Aunque criticada por empeñarse en evitar decisiones concretas, la declaración emitida la semana pasada apunta a limitar los efectos de la recesión de las economías centrales y emergentes mediante una reforma del sistema financiero mundial –en términos de regulación y transparencia–, un fuerte estímulo de las economías nacionales con políticas fiscales y monetarias, y una mayor participación de los países emergentes en la toma de decisiones políticas. En este contexto, Cash dialogó con el economista marxista Gérard Dumenil durante su visita a Buenos Aires, donde participó del IV Coloquio del Sepla. El investigador del Centre National de la Recherche Scientifique, que viene advirtiendo desde hace años sobre la “inminencia” de la actual crisis, opinó que sus causas centrales son los desequilibrios de la trayectoria económica de Estados Unidos, la aceleración de mecanismos financieros basados en un endeudamiento “insostenible” y el “financiamiento de los desequilibrios de la primera potencia por parte del resto del mundo”.

Desde hace años, usted viene planteando la posibilidad de una gran crisis financiera. ¿Analiza diferencias entre lo que pensaba que sucedería y la forma en que finalmente se desencadenó?
–En la crisis actual hay dos aspectos. El primero es la situación económica de Estados Unidos. Este aspecto lo preveía desde hace unos años. El crecimiento de ese país se caracteriza por un déficit creciente del comercio exterior: compra más en el mundo de lo que vende al resto del mundo. Como consecuencia, el mundo financia cada año más la economía estadounidense.

¿Cómo lo financia?
–Con inversiones financieras. Compra bonos del Tesoro y acciones. Ya en 2006 veíamos que esa trayectoria era insostenible, pero ahora es mucho más. Al desequilibrio exterior se agregan los desequilibrios internos, en particular, el crecimiento de la deuda de los hogares.

¿Cuál es el segundo de los dos aspectos de la actual crisis?
–La innovación financiera. Es el más evidente. Entre 2001 y 2006 se aceleraron nuevos mecanismos financieros, en particular los créditos subprime –que significó prestar dinero a hogares que no pueden pagar–, con mecanismos de titularización. Detrás de los subprime hay seguros. Si el tomador del crédito no paga, otra empresa pagará en su lugar. Es un sistema. Pero hay otros mecanismos complejos: lo que hacen los mercados.

¿A qué se refiere con “lo que hacen los mercados”?
–El hecho de comprar acciones a un cierto plazo o vender protección. Por ejemplo, una empresa va a usar cobre en una nueva fábrica. Hacen la inversión. Saben que en los diez próximos años van a necesitar y el precio del cobre es muy importante para ellos. Van a hablar con un fondo de cobertura cuyo trabajo es vender cobre a un cierto precio en uno, dos, diez años. Esta contratación significa protección, ya que esta empresa tendrá el cobre a ese precio cuando tal vez en el mercado sea más alto o más bajo. Es un mecanismo especulativo donde se trabaja con una incertidumbre enorme. Pero los mercados representan un montón de otros mecanismos.

¿Por ejemplo?
–Hay tasas de interés a corto y a largo plazo, pero los niveles son diferentes. Por ejemplo, en Brasil la tasa de interés es muy elevada. Los bancos piden prestado en un país con tasa de interés baja y prestan en uno con tasa de interés elevada. El riesgo es cambiario, porque la tasa de cambio del real puede bajar y tener pérdidas de un 30 por ciento del valor de la inversión. Es muy difícil controlar estos mecanismos financieros y saber exactamente lo que sucede. No hay sistema de control, ni seguimiento estadístico que pueda informar lo que pasará. Pero ésta es la base del sistema financiero actual.

Entre estos mecanismos, ¿qué rol jugó la “innovación financiera” en esta crisis?
–El carácter insostenible de la trayectoria de la economía de Estados Unidos tenía que aparecer de cierta manera y lo hizo a través de una crisis financiera, porque utilizaron el boom inmobiliario para prolongar el crecimiento económico durante 4 o 5 años. La recesión de 2001 fue el ensayo general de la actual. Fue muy difícil para los norteamericanos salir de esa situación, que significó contracción de la actividad y crisis bursátil.

¿Y cómo consiguieron salir?
–A través de una baja enorme de la tasa de interés de la Reserva Federal (FED) y de la nueva ola de inversiones de los hogares en viviendas a través de la titularización. Pero esa manera de prolongar su trayectoria positiva de la economía también se hizo insostenible porque es imposible basar el crecimiento de un país sobre el endeudamiento de hogares que no pueden pagar. Con una particularidad: en 2006, más de la mitad de los créditos “malos” se vendieron en el resto del mundo. Alan Greenspan, cuando era presidente de la FED, decía: “La titularización está muy bien porque diluye el riesgo. Los bancos no conservan los créditos malos, los venden. En particular exportan el riesgo en Japón, en Europa”. Así exportaron su crisis.

El consumo de los hogares es una parte significativa de los ingresos de Estados Unidos. ¿Cree que se podrían haber ensayado políticas que apuntaran a este sector para salir de esta crisis?
–El problema no es de falta de demanda. Entre 2001 y 2007, el problema fue de exceso de demanda. En conjunto, los hogares de ese país gastan en forma desenfrenada, aunque es un esquema heterogéneo, ya que el poder de compra del 95 por ciento de la población está estancado desde los años ’70. Pero considerando el conjunto de los hogares, consumen más de lo que ganan. Así, su tasa de ahorro es negativa.

Se calcula que el costo de la crisis hasta octubre ha sido de aproximadamente 4,5 billones de dólares, contando Estados Unidos, Europa, Japón y Canadá. ¿Es posible estimar cuál será el monto de esta crisis?
–Es difícil de calcular. Cuando hablamos del “costo”, hablamos de factores heterogéneos: prestar dinero no es lo mismo que comprar una empresa que se nacionaliza o comprar una deuda mala. Nacionalizar significa que el Tesoro puede comprar las acciones de un banco a un valor muy bajo. Es difícil saber cuánto costará solventar el sistema porque con los créditos se puede tratar de comprar, pero también la modalidad del Plan Paulson (secretario del Tesoro) era comprar a los bancos los “créditos malos”.

Aproximadamente 10 millones de familias perderán su vivienda. ¿Qué sucedería si se tomaran medidas de ayuda a esas personas en lugar de salvar a los bancos?
–Esa decisión tendrían que haberla tomado más temprano. Ahora estamos en una situación de extrema urgencia. Evitar una crisis como la del subprime era muy simple. Se necesitaba una decisión de la Casa Blanca, pero no lo hicieron. En Francia, el subprime no puede existir. Una persona no puede pedir un crédito por el que tenga que pagar más de un 30 por ciento de su ingreso mensual. En Estados Unidos, una familia paga hasta un 80 por ciento de su ingreso para reembolsar y pagar los intereses.

¿Por qué cree no se tomó esa decisión?
–Porque así ganaron un dinero increíble entre 2001 y 2006. La tasa de ganancia de los bancos en ese período se disparó completamente. La otra razón es que necesitaban esa suba de los créditos de los hogares para salir de la crisis de 2001. Greenspan se preocupó mucho al ver cómo aumentaba el monto de los créditos. Cuando la economía salió de la recesión, se aumentó la tasa de interés de la FED, pero las tasas de los créditos hipotecarios no subieron. Era la primera vez que esto ocurría. La explicación de Greenspan fue: “Yo aumento el costo del crédito a los bancos y éstos no aumentan”. Porque pueden pedir dinero prestado al resto del mundo y el resto del mundo está disponible a prestar con una tasa de interés menos elevada. Y Greenspan descubrió que no podía controlar la tasa de interés de los créditos hipotecarios.

Hay cierta preocupación por la posibilidad de que esta crisis derive en proteccionismo comercial. ¿Cree que algunos países recurrirán a políticas de este tipo?
–Después de esta crisis, Estados Unidos necesita corregir su trayectoria económica. Eso significa salir de muchos aspectos del neoliberalismo. El proteccionismo es una cuestión, pero el problema es que el poder económico norteamericano se basa en sus empresas transnacionales, que necesitan el libre comercio, la libre movilidad del capital, mientras que la trayectoria de la economía es incompatible con la libre movilidad del capital.

¿Y cómo resuelven esa incompatibilidad?
–Haciendo trampas. Por ejemplo, el ejército norteamericano decide comprar aviones europeos, el gobierno dice que no. O si antes de la crisis China quería comprar una empresa de petróleo, el gobierno decía: “No. Seguridad nacional”. Todo esto antes de la crisis. Ahora es diferente porque están en una situación terrible y son más flexibles.


“El resto del mundo financia a EE.UU.”


Se habla de la importante deuda externa de Estados Unidos. Sin embargo, usted ha dicho que no se trata exactamente de una deuda. ¿Por qué?
–No es una deuda. La expresión correcta es que el resto del mundo financia la economía norteamericana. Financiar significa tener acciones, bonos del Tesoro. Esos títulos son una deuda. Pero una acción no es una deuda. Aunque esto no cambia el hecho de que el resto del mundo tiene un comportamiento más o menos rentista.

¿En qué sentido?
–Por ejemplo, una banca central como la de China compraba bonos del Tesoro a una tasa de interés del 5 por ciento anual. Pero cuando Estados Unidos hace inversiones directas en otros países logran tasas de rendimiento del 15 o 20 por ciento. El resto del mundo financiaba la economía norteamericana de forma bastante barata en términos comparativos. Pero ahora estamos entrando en una nueva fase porque el resto del mundo quiere entrar en el corazón del animal y beneficiarse también de rendimientos elevados. China, por ejemplo, va a usar sus dólares para hacer inversiones activas, no rentistas, entrando en las grandes entidades estadounidenses y con el mismo tipo de rendimiento en el mundo. Eso es una situación nueva.

Se dice que China financiará la crisis de Wall Street por la cantidad de bonos del Tesoro que posee. ¿Cree que China puede desplazar a Estados Unidos de su rol de primera potencia mundial?
–No estamos en esa situación, de ninguna forma. China desempeña un papel muy importante ahora porque tiene enormes reservas de divisas (dólares y euros) por su superávit comercial, que no es otra cosa que el déficit comercial norteamericano.

El problema es que muchos países emergentes tienen problemas de divisas. ¿Quién los podrá ayudar?
–El Fondo Monetario, pero sus recursos son muy limitados. Se dice que China debe prestar dinero al Fondo. China responde: “De acuerdo, pero necesitamos un nuevo sistema financiero internacional”, en el cual otras monedas, no sólo el dólar, jueguen un papel importante.


“América latina es una región de resistencia”


 
Antes de esta crisis, usted afirmó que América latina era la oportunidad para el cambio. ¿Lo sigue pensando?
–Sí, porque probablemente después de la crisis tengamos un proceso de diferenciación a escala mundial. El mundo no es uniforme. Estados Unidos se va a arreglar de alguna manera, Europa tal vez de otra y China de una completamente diferente. América latina fue históricamente una región de resistencia y eligió gobiernos de izquierda. El problema es lo que ocurre con gobiernos de izquierda. Por ejemplo, el caso de Brasil.

¿Por qué alude al caso de Brasil?
–Porque la política de Brasil es ciento por ciento neoliberal. El caso de la Argentina es particular porque, después de una década de locura neoliberal, tuvo esta crisis terrible de 2001 y salió de forma bastante hábil. En Francia, una persona de izquierda bastante radical considera que los tres países andinos –Venezuela, Ecuador y Bolivia– representan una esperanza, porque eligieron gobiernos de izquierda que piensan en la conformación de un bloque. Probablemente el caso más simple es el de Ecuador, porque es un gobierno muy serio con una voluntad nacional de recuperación de los recursos del país, de alcanzar un cambio social. Y tienen, en cierta manera, un grado de armonía social.

¿Y el caso de Bolivia?
–Es muy difícil. Mucha gente en Francia piensa que Bolivia está construyendo el socialismo. Hay un gobierno comprometido con un cambio social, con recuperar sus recursos, desarrollar el país, aunque con una alta tensión social. Y en Venezuela, el pueblo básicamente apoya a Chávez, pero también hay una burguesía con una relación muy difícil con el gobierno.

¿Eso dificulta el cambio?
–Es un país con una burocracia muy grande. El mismo Chávez tiene muchas dificultades para controlar esa burocracia.

¿La situación en la región es hoy más compleja que hace dos años?
–Exactamente. Y la Argentina estaba en situación de salir de la crisis y lo hizo de forma formidable. No salir del neoliberalismo, pero acabar realmente con esta variedad loca del neoliberalismo. Para mí, América latina sigue representando una esperanza. Es un continente de tradición de lucha.

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