El Congreso de Perú garantiza que Alberto Fujimori no vaya a la cárcel

El autócrata, que vio anulado su indulto hace una semana, se ve beneficiado por una norma aprobada por los suyos en tiempo récord y que también podría favorecer a Vladimiro Montesinos



 

La mayoría fujimorista de Fuerza Popular en el Congreso peruano, de oposición al Gobierno de Martín Vizcarra, ha aprobado este jueves una ley de "ejecución humanitaria de la pena" para que los presos mayores de 78 años que hayan cumplido un tercio de su condena puedan continuarla "a través de vigilancia electrónica" desde su domicilio. La norma ha sido preparada explícitamente para favorecer al autócrata Alberto Fujimori, que vio anulado su indulto la semana pasada. Y podría favorecer también a Vladimiro Montesinos, ex asesor de Fujimori de 73 años y jefe de facto de las fuerzas armadas en el régimen, que en un lustro podría beneficiarse de esa misma libertad vigilada.


Fujimori, presidente de Perú entre 1990 y 2000, fue sentenciado hace nueve años a un cuarto de siglo de prisión como autor mediato de varios delitos de homicidio, lesiones graves y secuestro agravado -considerados crímenes de lesa humanidad- cometidos principios de la década de los noventa. Los hechos fueron perpetrados por el Grupo Colina, un destacamento del Ejército creado durante su régimen y al que el propio Fujimori felicitó y amnistió.


En la nochebuena del año pasado, el entonces jefe de Estado y de Gobierno peruano, Pedro Pablo Kuczynski, le concedió un indulto humanitario que evitaba su reingreso en prisión para cumplir la parte restante de la condena a cambio de un último y desesperado balón de oxígeno político. Pero la semana pasada, el caso volvió a dar un giro de 180 grados con la anulación judicial de la medida de gracia atendiendo a una petición de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.


Desde entonces, los suyos han tratado de buscar el ángulo legal para evitar el cumplimiento de la orden del magistrado supremo Hugo Núñez Sulca. El martes, la congresista fujimorista Yeni Vilcatoma -expulsada de Fuerza Popular en 2016, pero que vota en el mismo sentido que el resto de la bancada opositora-, presentó un proyecto de ley de "ejecución humanitaria de la pena" para presos de la tercera edad. Y este jueves la junta de portavoces decidió someter el proyecto de ley a la votación del pleno, exonerándolo de la discusión en las comisiones parlamentarias.


Al inicio del debate parlamentario de la ley, el diputado de Acción Popular Yohny Lescano (centroderecha) advirtió de que, de aprobarse, el texto llevaría al Estado peruano a incumplir sus obligaciones internacionales y pidió que la iniciativa legislativa fuera remitida a la comisión correspondiente para su debate preliminar. Pero el fujimorismo, arrasando como suele hacer con su holgada mayoría, rechazó la moción y aprobó en menos de media hora la norma con 55 votos a favor, 30 en contra y dos abstenciones.


La norma indica que el ámbito en que el condenado puede desplazarse queda circunscrito “a la provincia donde se encuentra el domicilio del penado”. Si quisiera salir de ella, deberá comunicarlo 48 horas antes al Instituto Nacional Penitenciario y acreditar a una persona que garantice su retorno, asumiendo responsabilidad penal en caso de no cumplir este precepto.
Horas después de que el juez Núñez Sulca ordenase el regreso de Fujimori a la cárcel, el autócrata fue ingresado en una clínica de la comunidad peruano-japonesa en la que permanece desde entonces. Con esta maniobra política, la enésima del fujimorismo, evitará -al menos de momento, siempre al albur de cualquier cambio futuro en la composición del Legislativo- regresar a prisión.

Lima 12 OCT 2018 - 00:10 COT

 

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Miércoles, 10 Octubre 2018 05:55

Doce años prendidos a la vida

Doce años prendidos a la vida

Prohibida la boca, hablaban por los dedos. Hablaban el lenguaje verdadero, que es el que nace de la necesidad de decir.

Eduardo Galeano

 

La historia que cuenta La noche de doce años es la historia de lo absoluto de la potencia humana: la capacidad sin límite del hombre para hacer daño, pero sobre todo, para sobrevivir y alzarse sobre ese daño. Es lo que pasó con Pepe Mujica, Mauricio Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro y otros seis líderes tupamaros, entre 1973 y 1985. Doce años —se dice tan fácil— en los que fueron tomados como rehenes por la dictadura uruguaya, y así sometidos a condiciones aún más extremas que el resto de los presos políticos. Pasaron años enteros sin ver el sol, sin pronunciar palabra y casi sin escucharla, ya que los soldados que estaban a cargo de su “cuidado” tenían prohibido hablarles. Encapuchados y esposados en prisiones de dimensiones mínimas, húmedas tumbas en las que faltaba el aire al punto de afectar la irrigación sanguínea. Sin comida y sin agua. Visitados por ratas a las que decidían no comer porque prevalecía la necesidad de algún contacto con lo vivo. Constantemente castigados física y psicológicamente, trasladados para que perdiesen la noción de tiempo y espacio. Como no habían podido matarlos, buscaban volverlos locos, y así se los dijeron. Y para eso los fueron despojando de toda dignidad: cagar y mear tranquilos, por ejemplo. “Nos hicieron cagar once años esposados y encapuchados”, cae en la cuenta Rosencof en Memorias del calabozo.


Que es el libro en el que se basa la brillante, conmovedora, reveladora película de Alvaro Brechner. Un texto que puede recibir los mismos adjetivos, y que lleva más de treinta años desde su primera edición. El libro fue escrito por Rosencof y Fernández Huidobro como un largo diálogo que puede leerse con tonada uruguaya, un relato en primera persona del horror no exento de luminosos momentos de humor y de celebración. Capaz de transmitir el grado de complicidad, conocimiento e intimidad al que llegaron estos tres rehenes, sin poder dirigirse la palabra entre sí durante años. Comunicándose a través de los muros a golpes de nudillos, con un código que inventaron y perfeccionaron. Imponiéndose una meta y una batalla cotidiana: Resistir. Sobrevivir.


El libro fue pensado explícitamente con el fin de dejar testimonio de ese horror, y de ese sobrevivir. Es la historia de ellos tres y no de los otros seis —con los que se reencontrarán en el penal al final de la peregrinación, y que también lograrán sobrevivir, a excepción de Nepo, Adolfo Wasem, que muere ya en ese último año de presidio, después de haber pasado por lo peor— porque, como dicen los autores, es única e intransferible: cada quien vivió su propia historia, física y mental. Mujica no forma parte de la larga charla de Memorias del calabozo, pero leyó las pruebas e hizo comentarios, explican sus compañeros en el libro, “porque está muy ocupado con su tarea política”. Vaya. Después de vivir todo esto, estos tres hombres hicieron el Frente Amplio. Uno llegó a ser presidente de su país, el otro fue senador y ministro de Defensa, el tercero director de Cultura de la ciudad capital. Eso sí que es una película.


Pero no es allí donde se enfoca La noche de doce años. El film se mete –y mete al espectador–en ese viaje que está al borde de la condición humana, pero que es al mismo tiempo lo más intrínseco y profundo de ella. Pone en acto esa potencia absoluta y creadora que Cornelius Castoriadis postula como “imaginación radical”: el ser humano puede todo lo que quiere. Y lo quiere todo. Estos hombres quisieron lo imposible. Quisieron vivir. Para poder hacerlo, necesitaron inventarse la certeza, la firme convicción, de que tal utopía era posible. Y hurgar en la asombrosa materia de la que finalmente estamos hechos, como lo descubren algunos que viven situaciones límite como estos tupamaros, como revela la película y también el libro.


“Estábamos prendidos a la vida como la hiedra al muro. Prendidos de tal manera que disfrutábamos los menores indicios de una naturaleza que nos estaba vedada. El pelechaje de una arañita, la impresión fugaz de una abeja en el calabozo, el voceo lejano de un niño, eran grandes acontecimientos del día, que disfrutábamos con intensidad”, analiza Rosencof mientras charla con su amigo. Y así prendidos a la vida, los rehenes libran sus batallas: La obsesión por orinar y defecar “con autonomía táctica” los lleva a pelear a brazo partido por hacerse de “la lata”. O por defender ingeniosamente la pelela de plástico rosa que le trajo su madre en una visita, en el caso de Mujica. “Nos sacaban una vez por día al excusado. A veces, ninguna. Pero hay que reconocer que hubo días en que nos sacaron dos veces”, observa sin perder el humor Fernández Huidobro. “Era un acontecimiento. El día que nos sacaban de mañana y después de noche, uno volvía con la sensación de que había cambiado la situación política”, completa Rosencof.


Seguir este diálogo después de ver la película –todavía inmersa allí, en esa claustrofobia, ese naufragio mental sin embargo lúcido que traspasa la pantalla– ofrece una doble revelación. No se preocupe el lector, no voy a espoilear, solo cuento que hay momentos muy graciosos en la película, sobre todo los dedicados a mostrar cuán brutos eran los milicos (uruguayos). Una piensa que se trata de licencias humorístico poéticas, porque no, no puede haber pasado eso de ese modo. Pero sí. En el libro está contado tal cual, también con mucho humor (y tonada uruguaya). “Para los que vengan, lavemos los platos”, canta increíblemente Celia Pérez Cruz, en una de las escenas finales. Después de todo lo vivido, les avisan que los van a soltar cuando Fernández Huidobro está lavando los platos, ya en la “tranquilidad” del presidio. Pero él sigue fregando con esmero. ¿Y para qué los lava?, le pregunta el guardia. “Para los que vengan”, contesta él. “Yo saldría rajando”, corona el carcelero. Así pasó. Y está la pelela rosa (“la escupidera”, dicen ellos) en la que el Pepe logra sembrar y hacer florecer caléndulas, y con la que sale abrazado, por toda pertenencia en el mundo, el día final de su liberación. Y así pasó. Porque el ser humano puede todo lo que quiere. Y lo quiere todo.

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Se cayó el indulto otorgado al dictador Fujimori

Un juzgado anuló el indulto señalando que este perdón violaba las normas internacionales por tratarse de un condenado por crímenes de lesa humanidad. Tras conocer la noticia, Fujimori fue trasladado a una clínica.

El ex dictador Alberto Fujimori tendrá que volver a prisión, para cumplir su condena a 25 años, dictada en 2009 por cargos de secuestro y asesinato, y por varios casos de corrupción. Esto luego que se cayó el indulto que en diciembre pasado le diera el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski. Un juzgado lo anuló señalando que no se cumplieron los requisitos para un indulto humanitario por razones médicas como el que se otorgó, y que este perdón violaba las normas internacionales por tratarse de un condenado por crímenes de lesa humanidad. Esta medida se tomó luego que en junio la Corte Interamericana de Derechos Humanos determinó que este indulto sea revisado por las autoridades judiciales peruanas. Conocida la noticia de la anulación del indulto, hasta la mansión de Fujimori, en uno de los barrios más exclusivos de la capital peruana, llegaron sus hijos y su abogado. También algunas decenas de sus seguidores. Luego de varias horas, el autócrata que gobernó entre 1990 y 2000 abandonó su residencia. Pero no fue a prisión, sino a una clínica. 

Fujimori, de 80 años, fue sacado de su casa en una ambulancia. En el trayecto a la clínica lo acompañó su hijo menor Kenji, quien había negociado con Kuczynski el indulto hoy anulado. Sus allegados señalaron que el ex dictador había quedado muy afectado al enterarse que deberá volver a prisión. Fujimori deberá ser internado en el cuartel policial de las afueras de Lima donde cumplía su sentencia, en una prisión VIP en la que era el único detenido, hasta que fue indultado en diciembre, para completar lo que le resta de su condena, de la que ha cumplido poco más de diez años.


Keiko, la hija del ex dictador que ahora encabeza el partido fujimorista, lloró ante cámaras al momento de ingresar a la casa de su padre poco después de conocida la noticia de la anulación del indulto, dijo que era el día más triste de su vida y habló de “odio y venganza” por la anulación del indulto. “Basta ya de persecución”, señaló, sollozando, repitiendo el conocido discurso que trata de desacreditar las demandas de justicia por las violaciones a los derechos humanos quejándose de una supuesta persecución. Los principales dirigentes del fujimorismo repitieron lo de “odio y venganza” y hablaron de “abuso judicial”. “Victimas hay muchas”, dijo la congresista fujimorista Luz Salgado, minimizando los crímenes del gobierno del cual ella formó parte. “No nos vamos a quedar tranquilos”, amenazó Salgado.


Desde otros sectores políticos y desde el lado de los familiares de las víctimas del régimen fujimorista elogiaron la anulación del indulto, recordaron los sustentados cuestionamientos a su carácter humanitario y las evidencias de su motivación política. Le respondieron al fujimorismo diciendo que la anulación del indulto no tenía nada que ver con la venganza o el odio, sino con la justicia y los derechos de las víctimas. En el Congreso legisladores fujimoristas mostraron carteles en los que se leía “No más odio” y mensajes similares, y las otras bancadas levantaron inscripciones como “No más impunidad”.


“Esta decisión de la Justicia de anular el indulto nos devuelve la tranquilidad y nos hace sentir respetados. Se necesita garantizar el derecho a la justicia de las víctimas y que se cumpla la condena de unos de los principales culpables de violaciones a los derechos humanos. El indulto humanitario no fue tal sino un negociado. Con esa decisión hemos recuperado la justicia que nos fue arrebatada con el indulto”, señaló Gisela Ortiz, hermana de una de las víctimas del fujimorismo.


Fujimori fue indultado en la noche de Navidad del año pasado por el entonces presidente Kuczynski, quien argumentó un supuesto mal estado de salud del ex mandatario para darle un perdón humanitario. Pero desde un comienzo quedó claro que lo de humanitario era una farsa para encubrir una negociación política entre Kuczynski y Kenji para canjear el indulto por una decena de votos de la bancada fujimorista controlados por el hijo del patriarca del clan Fujimori para salvar al entonces presidente de un pedido de destitución por corrupción por sus vínculos con la cuestionada constructora brasileña Odebrecht. Los votos de Kenji salvaron a Kuczynski. Tres días después llegó el indulto, que se dio en tiempo récord festinando trámites y con muchas irregularidades. Era el pago de Kuczynski por esos votos que evitaron su caída. Quedaba claro el pacto de impunidad para cambiar votos por el indulto. Pero el indulto ahondó la crisis del gobierno y tres meses después Kuczynski debió renunciar.


Ahora Keiko llora en público la anulación del indulto a su padre, pero cuando éste se dio se distanció de una medida que en ese momento no parecía querer, preocupada por su propio futuro política y el riesgo de que su hermano se fortalezca con la liberación del padre, que lo apoyaba abiertamente, y la desplace del liderazgo del fujimorismo. En ese momento, Keiko criticó duramente a Kenji por haber negociado con Kuczynski y poco después lo expulsó del partido fujimorista.


“El indulto fue perjudicial para el fujimorismo porque lo llevó a la división entre Keiko, que veía el indulto como un obstáculo para sus aspiraciones políticas, y Kenji, que quería el indulto como una prioridad. Ahora la anulación del indulto va a ahondar la división y desarticulación del fujimorismo. Esto va a perjudicar a Keiko, que ya está en una muy mala situación, con un rechazo que pasa el 80 por ciento”, le señaló a PáginaI12 el historiador y analista político Nelson Manrique.


Alberto Fujimori fue condenado por el asesinato de 15 personas, entre ellas un niño, durante una fiesta para recaudar fondos en una humilde vivienda de Barrios Altos en el centro de Lima en noviembre de 1991, y por el secuestro y ejecución de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta, ubicada en las afueras de la capital peruana, en julio de 1992. Ambos crímenes fueron cometidos por el llamado Grupo Colina, un destacamento del ejército que actuaba como un escuadrón de la muerte bajo las órdenes y protección del gobierno de Fujimori, quien fue condenado como autor mediato de estos crímenes. También fue sentenciado por varios cargos de corrupción.


Algunas decenas de personas fueron a la casa de Fujimori y a la clínica a darle su respaldo, mientras familiares de las víctimas del fujimorismo hicieron un plantón frente al Palacio de Justicia para respaldar la anulación del indulto.

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"El socialismo no puede estar peleado con la libertad"

El expresidente de Uruguay ha sido protagonista de la Mostra de Venecia por partida doble: es el centro del documental El Pepe, una vida suprema, de Emir Kusturica, y se ha llevado a la ficción su cautiverio en La noche de 12 años

 

Sin dejar de llenar de agua su mate, o mejor, sin dejar de pedir que uno de los asistentes de su delegación lo hiciera, el veterano político Pepe Mujica recorrió el domingo muchas de las salas nobles del mítico Palazzo del Casinò, la vetusta sede de la Mostra de Venecia. Él mismo lo reconocía al inicio de su entrevista con eldiario.es. En un festival de cine se sentía "como perro en cancha de bochas", y si seguimos el consejo que nos daba -buscar el significado de la expresión rioplantense- sabremos que para él hablar con expertos en cine no era precisamente cómodo. "He venido por la amistad que me une con Kusturica. Me dijo que si yo no venía, él tampoco. Y como se ha dedicado media vida al cine, me parecía injusto. Pero me voy esta misma tarde, voy a huir", decía con media sonrisa.


El cineasta bosnio, artífice de Gato negro, gato blanco, ha retratado la vida diaria y el pensamiento político de Mujica en El Pepe, una vida suprema, un documental que se ha proyectado en la Mostra. Además, el director uruguayo Álvaro Brechner ha presentado también en el festival La noche de 12 años, un retrato de su cautiverio, mucho antes de llegar a ser presidente de su país. En este caso se trata de una ficción, y quien le da vida es el actor español Antonio de la Torre. En definitiva Mujica, de 83, que fue de los Tupamaros a la cárcel y de ahí a la presidencia, ha sido la estrella del fin de semana en Venecia, y a su alrededor se han arremolinado los medios de comunicación más importantes del mundo. Para hablar de socialismo, de la situación de América Latina y, por supuesto, de sus películas.


¿Quiso que el documental fuera un escaparate de sus ideas políticas?
No, no tiene nada que ver. En el período en que se hizo yo era presidente, en un país en el que no hay reelección. Ya tengo 83 años, no soy un pibe. Mi porvenir hay que contarlo cortito. Y soy muy consciente de eso. No, no. Hace muchos años me habían hecho una película, la primera vez que salí como legislador la pasaron en el Festival de Berlín. No tiene nada que ver con la comunicación política. Creo que el cine es un arte, pero hay cosas bastante profundas que yo no las transmitiría jamás con imágenes. Soy antiguo. En principio era el verbo, y creo en la magia alada de las palabras.


En estos días México se encuentra en plena transición política. ¿Qué consejo le daría a López Obrador?
México lindo y querido. Es el país de América Latina que ha dado más asilo. En 1940 recibió un millón de españoles, y a nadie se le ocurrió hacer manifestaciones. Tuve muchos compatriotas que en los años de dictadura vivieron en México. Como dijo Porfirio, “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Tiene una frontera maldita por la que pasa de todo, menos la esperanza. Y ahora toca la coyuntura de un presidente raro del otro lado. Pero creo que hay que respaldar a ese Gobierno, que intenta resolver el problema del narcotráfico. México pone los muertos y la lana va por otro lado. Vaya papel. Yo pediría que tengan paciencia y que acompañen al Gobierno. El Gobierno no puede hacer magia, pero creo que México ha tenido una reacción, está buscando la salida. Ojalá que no pierdan la oportunidad.


Y más al sur, Brasil. ¿Qué opinión tiene de Lula?
Lula es un personaje. De vez en cuando surgen tipos muy del pueblerío. Hizo una carrera sindical y la gente lo quiere. Mucha gente. Sobre todo sectores humildes de población. La gente... yo no tengo duda de que tiene necesidad de creer. En Brasil mucha gente lo apoya, cada vez más, por las cosas que está implementando el Gobierno actual. Como una reacción. Por ejemplo por su tentativa de ir a un derecho laboral que es anterior a 1930. Entonces creo que las medidas que está tomando el Gobierno hacen que la gente esté a favor de Lula.

 

¿Le ha decepcionado el socialismo en ciertos países? ¿En Venezuela? ¿Los países soviéticos?
Eso nunca fue socialista, eso fue estatismo. Que no es lo mismo. El hombre tiene siglos de vivir en comunidad. La revolución neolítica tiene apenas 10.000 años y la revolución capitalista tiene 300 años. Antropológicamente somos gregarios, no podemos vivir sin sociedad. Lo que pasa es que se ha confundido socialismo con estatismo, y con imposición. Están más cerca algunos indígenas del socialismo que lo que pasó en la Alemania oriental. Tengo una concepción autogestionaria, no estatista. El socialismo no puede estar peleado con la libertad.


¿Por qué cree que se ha convertido en un símbolo?

No soy yo, es la necesidad de la gente, que no tiene símbolos, no tiene cosa en qué creer. No tengo la culpa. Me agarran a mí como chivo expiatorio, porque los seres humanos somos utópicos. Necesitamos creer en algo. Y el tiempo moderno no nos deja creer en nada. Entonces aparece un símbolo y la gente... Yo no soy otra cosa que un viejo sencillo y sobrio, y planteo la sobriedad en la vida como bandera para concebir la libertad. Si tengo mucho compromiso económico tengo que vivir trabajando por la exigencia económica y no me queda tiempo para vivir. Si soy sobrio, vivo con lo justo y me queda tiempo para hacer las cosas que a mí me gustan. Que no son negocios. Hay que tener tiempo para los afectos, para las relaciones personales. La vida se nos va. No tiene sentido gastar la vida pagando cuentas, llenándose de cosas. No puedo arreglar el mundo, pero le puedo decir a los jóvenes que tienen la libertad en la cabeza, que no se dejen arrastrar. ¿Por qué? Porque viví muchos años preso, y el día que me ponían un colchón estaba contento. Y llegué a la conclusión de que las cosas fundamentales son muy pocas.


Vídeo El Pepe, una vida suprema en Venecia 75 - LOFT CINEMA

 

Por David Martos
El diario

@david_martos

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El director Emir Kusturica (izquierda) y el expresidente uruguayo José Mujica durante el rodaje de 'El Pepe, una vida suprema'

El expresidente de Uruguay protagoniza en el festival de Venecia un documental y una película sobre su larga estancia en la cárcel

Las ratas siempre llegaban a la misma hora, sobre la una de la madrugada. Visitaban la celda cada noche, con idéntica misión: cazar migas. Aunque al prisionero José Mujica le servía para sentirse menos solo. Y agarrarse al contacto con la realidad. “Ahí tenías una referencia. Otra era el cambio de guardia. Se va generando el oficio de ser preso”, recuerda Mujica (Montevideo, 1935), sentado en el elegante sofá de un hotel y un festival donde parece un intruso y sin embargo es protagonista.

Insiste en que no presenta“nada”, pero lo cierto es que dos películas de La Mostra hablan de él: La noche de 12 años, del uruguayo Álvaro Brechner –en la sección Horizontes, y con coproducción española–, recrea su odisea como preso político, detenido en 1972 por pertenecer a la guerrilla de los Tupamaros, y liberado solo en 1985. El Pepe, una vida suprema, de Emir Kusturica, es un documental sobre el expresidente de Uruguay y aquella manera de ser y pensar que ha conquistado a su país y al mundo entero. Venecia también le ha coronado como una de sus estrellas. Aunque él dice que más bien es “estrellado”.


El director serbio debe de conocer bien a su amigo. Así que le chantajeó: “Si no vienes a Venecia a una rueda de prensa, yo tampoco voy”. Mujica dice que para no ofenderlo, y como agradecimiento hacia ambas películas, asumió un largo viaje que cada vez le cuesta más y le gusta menos. En un encuentro con la prensa española, mira adelante y atrás, a la política y al cine, a Europa y América Latina. Con humor –“un arma defensiva brutal”–, citando a poetas y matizando siempre al final, como quitándose importancia. “Bueno, así lo veo yo”. A lo Mujica.


“Después de la pena de muerte, la soledad es uno de los castigos más duros”, defiende. Con ella se pasó desde los 37 años hasta los 50. Sufrió torturas, comió jabón, perdió los dientes, por las palizas, y a menudo la lucidez. A todo aquello, ahora lo llama “peripecia”. “Eso que nos pasó a nosotros es liviano. Hay muchísimos que quedan por el camino”, agrega. No tiene muy claro cómo sobrevivió, pero sí alguna hipótesis: “Cada uno se agarra a una canaleta. Cuando fui muy joven leí mucho. Y en esos años de soledad rumié. Repensar cosas y darle vueltas no es lo mismo que leer, es reconstruir. Creo que el hombre aprende mucho más de la adversidad, siempre que no lo destruya, que de la bonanza”.


Entre otras lecciones, Mujica sacó que la venganza de nada sirve: “No sé si perdono. Pero la naturaleza nos puso los ojos hacia adelante, y hay cuentas que nadie paga, ni se debe intentar cobrarlas”. Fiel a ello, solo vio La noche de 12 añosuna vez –no participó en el estreno en el festival, donde fue largamente aplaudida–. Mejor no “remover los sentires” que le evoca hacia su madre, los soldados, sus otros compañeros encarcelados y aquellos que ya no están.


Tanto aislamiento también forjó parte de quién es hoy. “Cuando tenía un colchón estaba contento. O una taza de agua. O si podía orinar. Descubrí que nos hacemos unos líos bárbaros por nada”, asevera. Y cita un estudio que sostiene que, a partir de ciertos niveles, las subidas del PIB ya no incrementan la felicidad: “Parecería que la sentimos cuando arreglamos cuestiones básicas; después, ni bola”.


El poder y el estilo


“Cuando era joven pensaba que la lucha era por el poder. Ahora veo que la historia de los luchadores sociales y políticos es un montón de cristales rotos, de los cuales van quedando pedacitos: las ochos horas, los derechos laborales, la jubilación… me siento hermano de todo eso”, explica Mujica. Durante su presidencia, entre otras cosas, legalizó el matrimonio homosexual y la marihuana, despenalizó el aborto, y declaró la guerra a la pobreza y la indigencia. Aunque la oposición le acusó en algunas ocasiones de vaciar sus palabras ecologistas o anticapitalistas con decisiones en el sentido contrario. De sus mandatos, él subraya “agujeros” y sueños no cumplidos. “Habría que nombrar al jefe de los bomberos. El presidente es un apagador de fuegos”, afirma.


También renunció a la mansión presidencial y al 90% de su sueldo. Y se quedó en su casa de toda la vida, con su mujer, la política y exguerrillera Lucía Topolansky, y su adorada perra Manuela. El reciente fallecimiento del animal le hizo reflexionar sobre la muerte. Y tal vez de ahí venga el adiós su escaño en el Senado: “A veces sentís que estás haciendo un papel que ya no te motiva. Estás estorbando, como un árbol viejo que no deja ver los que hay abajo”.


Si ha dejado atrás la política activa, hablar de ella aún enciende su pasión. Preguntado por las crisis en Venezuela y Nicaragua, responde: “En América pasan cosas que también ocurren en Europa. Pero aquí las disimulan bien. A la Wolkswagen le meten una multa de 7.000 millones de dólares y no hay nadie preso, siguen andando fenómeno. No me vengan con que América está llena de defectos y Europa es correctísima. No estoy defendiendo la deformación que tenemos, digo que está presente en el mundo que vivimos”. Y ante una pregunta sobre el auge del populismo, pone en duda la propia cuestión: “Esa palabra no la utilizo porque la usan para un barrido y un fregado. Son populistas en Nicaragua, y los que votan en Alemania por la derecha medio neonazis. Entonces, es cualquier cosa. Yo saco esta conclusión: todo lo que molesta, con lo que no se está de acuerdo, es populista”.


Partidario de la UE


Mujica sí apoya con convicción el proyecto de la Unión Europea, pese a sus “defectos”: “El ser humano es el único bicho que tropieza con las mismas piedras. Los últimos mil años Europa vivió en guerra y ahora parecen olvidarlo. Ya me gustaría tener algo así en América Latina”. Y de España sostiene que tiene “varios problemas con la memoria”, y que pervive su eterna contradicción entre el país de “charanga y pandereta” y el de “rabia e ira”. “La España feudal aún está muy fuerte”, remata. Y respecto a las turbulencias con Cataluña, asegura: “El nacionalismo de los chicos es algo bueno porque sirve para formar carácter e identidad. Pero cuando se exacerba se transforma en peligroso. Ahora bien: una cosa es el nacionalismo de un país chico y otra el de uno grande y de terror para los vecinos”.


La última pregunta indaga en la huella de Mujica, a sus 83 años. Él le resta importancia: “¿Qué es el legado de un tipo en el universo? Somos menos que un piojo. El legado es haber vivido al mango, con aciertos y con errores. Triunfar no es tener plata, es levantarse cada vez que uno se cae”. A escasos kilómetros, la alfombra roja de Venecia prepara otro desfile de estrellas. A saber cuántas están de acuerdo con el estrellado.

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Carta a mi hermano, prisionero y perseguido político por el Estado colombiano, tras su recaptura irregular

Este 26 de agosto leí una frase que me alegró el corazón: “hace mucho no sabía lo que se sentía ser tan feliz”. Eso me escribió nuestra hermana tras saber que una juez había ordenado dejarte libre, a ti, al ser más extraordinario que la vida me regaló para crecer y aprender juntos. Y era verdad, hace tanto no podíamos decir que fuéramos realmente felices desde que la injusticia y la arbitrariedad se cernió sobre nuestras vidas desde hace ya más de un año. Ese viernes, a todos nos llegó un soplo inesperado de vida cuando sentimos que por fin una juez de la República, una funcionaria del Estado, actuaba en derecho y respetando el debido proceso, respetando tus derechos y los de todos ustedes. Su decisión, muy al contrario de lo que hemos vivido con otros jueces de garantías y de segunda instancia, no estuvo guiada por lecturas amañadas de la ley, por una interpretación sui géneris de la Constitución para permitir que los derechos fundamentales queden suspendidos para ustedes al antojo de una Fiscalía y una policía que quieren mostrarse como las más eficientes y transparentes del mundo, para tapar con mentiras y presiones la corrupción y los carteles que las atraviesan y que ya han llevado a varios de sus funcionarios, que de manzanas podridas no tienen ni el corazón, a la cárcel y hasta la extradición (solicitada por las mismas personas investigadas para que no las asesinen). Y ahora, hoy que debía ser un día maravilloso, lleno de reencuentros, de abrazos en la inmensidad de la libertad, nos encontramos sumidas en la tristeza y en la ira que desata la injusticia y el odio incomprensible. Hoy no pudiste tomarte un buen tinto que te estaba esperando, cargado de amor, en tu casa. Hoy no pudiste ir a reencontrarte con quienes te amamos. Hoy, después de que te dejaran libre, al mismo tiempo, sin que hubieras podido caminar sin tener a un policía al lado custodiándote, te capturaron de nuevo. Y otra vez comienzan las mentiras descaradas y los abusos. Y otra vez estamos unidas, todas sus familias, buscando las fuerzas entre todos. Porque cuando una empieza a desfallecer, a sentir ganas de llorar para nunca más parar, ahí está esa madre, esa hermana, ese padre o ese hermano de uno de tus amigos o de tus amigas para decirnos que entre todos podemos crear la fuerza cuando se nos está agotando. 

Tienes que saber que afuera nos mantenemos en pie por el amor que les tenemos, porque la certeza de que no vamos a permitir que las mentiras del Estado y su poder represor nos aplasten, nos mantiene en pie. Nos lo hemos dicho, abrazándonos bien fuerte, que no dejaremos de luchar con dignidad hasta que sean libres y su inocencia quede más que demostrada. Y así vamos, luchando contra esta realidad injusta que hace que la tristeza que nos carcome se tenga que enfrentar a la alegría y la fuerza que no desfallecen, que no se apagan y que, al contrario, se van haciendo más fuertes ante cada monstruosidad y atropello que cometen contra ustedes. Además, como dice la canción, “bestia triste es bestia mansa”. Así que, para nuestra fortuna, la tristeza no se ha apoderado de nosotras ni de ustedes.


Yo hoy maldigo, maldigo a quienes les están haciendo esto, a quienes para mostrar resultados se llevan por delante a personas inocentes, maldigo a quienes con tal de mantener sus puestos y su prestigio, los condenan al encierro, inventan mentiras y las presentan como pruebas que anuncian con bombos y platillos para luego nunca más hablar de ellas porque no las tienen y no las pueden mostrar. Pero qué más da. Ellos, con su odio infinito y teniendo por única preocupación el mantenimiento de su poder nauseabundo (e incluso de las migajas de ese poder que es lo que muchos de ellos tienen), no saben que no pueden dejarlos vacíos y vacías como quieren. Nadie les puede arrebatar el amor porque ahora lo sabemos como quizás nunca antes: nos sabemos vivas porque tenemos la certeza del amor.


Para quienes sin saber ni qué están diciendo afirman que su libertad sería una aberración de la justicia les decimos: aberrante es que haya un Estado que condena a sus ciudadanos inocentes al encierro, a una batalla constante para no desparecer en vida, que tiene como modus operandi privilegiado para desquitarse de quienes dicen no estar de acuerdo con su gobierno para unos pocos (poquísimos) el mandarlos a la cárcel y acusarlos con mentiras, que al saber que pueden ser libres porque es su derecho crean otro montaje y salen corriendo para que un juez les vuelva a dictar orden de captura. ¿Cómo se puede llamar al hecho de que el viernes les digan que son libres y que después de dejarlos en libertad los capturen en la puerta de la cárcel por un proceso que apareció mágicamente un día después de la decisión de la juez? ¿Que los estén procesando ahora por hechos -de los que nunca nos habían dicho nada- que supuestamente pasaron en febrero de este año en Medellín, cuando ustedes ya estaban en la cárcel en Bogotá? Montaje y crueldad. Ya no es solo que se inventen procesos y pruebas, sino que no están dispuestos a permitirnos sentir, ni un día, la tranquilidad de saber que no estamos luchando por demostrar su inocencia frente a un monstruo al que le importa un bledo la ley, aunque la usa todo el tiempo a su acomodo. Eso demuestra la bajeza y la suciedad con la que actúa el Estado y la miserableza que impulsa a algunos de sus funcionarios que no están dispuestos a permitir que nadie cuestione el orden que quieren imponer cueste lo que les cueste. ¿Por qué lo hacen? Algún día lo sabremos. ¿A quién encubren? Algún día lo sabremos. No vamos a desfallecer en esta búsqueda y en esta batalla. Pero no, que lo tengan claro, justicia no es encerrar a alguien para pasarlo por la picota pública (y por la Picota, que ya fue tu caso) por algo que no han hecho. Eso se llama, muy al contrario, maldad, infamia. Y la justicia, en cambio, pasará en este caso por que algún día todas y todos ustedes recobren la libertad, el Estado deje de pisotear sus derechos y haga lo que en realidad tiene que hacer que es buscar y encontrar a los verdaderos responsables de los hechos por los que las y los acusan, y no por montar procesos y pruebas para dar la sensación de que en el país todo anda muy bien. Hoy lo escuchaba de tu voz y no puede ser más cierto: nadie en este mundo más que nosotras quiere que la verdad de este caso salga a la luz porque ese día ustedes dejarán de ser tratados y tratadas como culpables por algo que no hicieron y se sabrá quiénes fueron los verdaderos responsables.


Palomita verte quiero… Y sé que nos veremos libres, volveremos a ser libres y en ese momento sí que volveremos a ser felices, enteramente felices. Por lo pronto, nos resguardamos en la alegría que nos produce el sabernos juntos, fortalecidos, unidos, dignos y, sobre todo, amados. No duden ni un instante del amor que les rodea porque es ese amor el que nos mueve a no callar, a correr, a gritar que inocentes son y libres les necesitamos.

 

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LA ONU ratificó el derecho de Lula a ser candidato del PT

Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo una victoria de proporciones en Naciones Unidas (ONU) donde fue defendido su derecho a ser candidato a la Presidencia en las elecciones del 7 de octubre. El Comité de Derechos Humanos del organismo multilateral demandó que el Estado brasileño deje sin efecto las resoluciones que impiden al detenido dar entrevistas, grabar spots de campaña y participar en debates televisivos con los otros postulantes. “Esta medida cautelar de la ONU llegó en un momento muy oportuno, fue una medida muy positiva”, declaró a PaginaI12 la abogada Valeska Teixeira Zanin Martins, defensora de Lula. 

La noticia generada en la sede de la ONU en Ginebra llegó a media mañana a Brasilia. A primeras horas de la tarde ganó contornos de un conflicto diplomático porque el gobierno la definió como una “una intromisión” carente de “relevancia jurídica”. Teixeira Zanin Martins desmintió la tesis oficial, al sostener que “el Estado tiene que acatar esta medida cautelar porque es signatario desde 1992 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos de la ONU”, reforzado en 2009 a través de un Decreto Legislativo 311 en el que se comprometió a acatar sus determinaciones.


Lula está arrestado desde el 7 de abril en la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba por determinación del juez Sergio Moro, responsable de Lava Jato.


“El presidente Lula ha sido víctima de todo tipo de atropellos, de vicios groseros por parte de un juez que se condujo con falta de imparcialidad y motivaciones políticas”, planteó la abogada que ubicó esta resolución de la ONU en el contexto de la “perplejidad” que hay en la comunidad internacional frente a la situación a la que “ha sido sometido el presidente (Lula), un hombre inocente contra quien no hay ninguna prueba”.


A pesar de su aislamiento , por estar encerrado en una celda en solitario, el político ha recogido muestras de respaldo internacional, que van desde el papa Francisco al expresidente francés Francois Hollande, incluyendo al premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, que lo visitó el jueves, el intelectual estadounidense Noam Chomsky y la ex presidenta Michelle Bachelet. Precisamente la socialista Bachelet acaba de ser elegida como alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, novedad que puede fortalecer la posición del detenido.


El miércoles pasado el Partido de los Trabajadores presentó ante el Tribunal Superior Electoral la candidatura de Lula a la presidencia y Fernando Haddad a la vice. El mismo miércoles, con una premura evidente, la procuradora general de la República solicitó la impugnación alegando que el candidato violó la Ley de la Ficha Limpia.


Hasta ayer ya hubo siete pedidos de impugnación. Uno de ellos lo firmó el candidato y capitán retirado del Ejército Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL) y otro el actor porno, también retirado de esa profesión, Alexandre Frota. Bolsonaro se fotografió ayer entre policías con los dedos en forma de pistola, repitiendo su estilo de candidato mano dura y aprovechó el evento para tildar a Lula de delincuente.


Paralelamente, esta semana los fiscales de la causa Lava Jato exigieron que el detenido no reciba visitas de dirigentes políticos y que se refuercen las medidas de enclaustramiento. El planteo de los fiscales desconoce que Lula, como todo ciudadano privado de su libertad, mantiene sus derechos políticos. Como el de disputar la Presidencia.


¿En términos prácticos qué implica esta medida del Comité de la ONU?, le preguntó este diario a Teixeira Zanin Martins. “Significa que el Estado brasileño tiene que garantizarle a Lula que puede competir en las elecciones en un pie de igualdad con sus adversario. Por ejemplo, que esta noche (del viernes) pueda participar a través de videoconferencia o de teléfono en el debate que realiza la Rede TV, y que no se lo excluya como sucedió la semana pasada en el debate de Bandeirantes”, explicó la abogada. Ella integra el equipo encabezado por el australiano Geoffrey Robertson, quien ya fue defensor de Julian Assange y participó en un proceso contra el dictador Augusto Pinochet. Ese equipo de letrados presentó en julio 2016 una denuncia ante el Comité de la ONU.


Los portales de noticias de los medios grandes se habían desentendido del tema hasta que el Ministerio de Relaciones Exteriores divulgó un comunicado de tono enérgico, según los cánones diplomáticos. “Brasil es un fiel cumplidor del Pacto de los Derechos Civiles y Políticos”, dice la nota oficial en la que se aseguró el respeto a la “amplia defensa” de que gozan todos los ciudadanos. En el comunicado se relativiza el efecto jurídico del pronunciamiento de la ONU. Un punto de vista con el que discrepó la vicepresidenta del Comité de Derechos Humanos, Sarah Cleveland, para quien el gobierno de Brasil “está obligado a acatar” la decisión. El caso es que la campaña ganó un relieve internacional inconveniente para el gobierno. Del que posiblemente habrá más repercusiones en los próximos días cuando se podrían sumar nuevas objeciones al cautiverio del candidato que, pese a su encierro, sigue ubicado en primer lugar de todos los sondeos.

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Lula desafía a los jueces y se inscribe candidato a la presidencia de Brasil

El Partido de los Trabajadores desoye las leyes que prohíben la candidatura de alguien condenado en la segunda instancia

El Partido de los Trabajadores ha registrado al expresidente brasileño Lula da Silva, preso por corrupción desde abril, como candidato a las elecciones presidenciales de este octubre. Es un claro desafío a los jueces que le pusieron entre rejas y a los deberán vetar la candidatura de quien aún es el político más popular de Brasil, pues la ley impide que alguien condenado por la segunda instancia sea candidato

“Lula candidato”, el sintagma más discutido en la política brasileña en los últimos meses, ya es una realidad, al menos por ahora. El Partido de los Trabajadores(PT) ha inscrito oficialmente a Lula como como su candidato a las elecciones generales del próximo octubre, desoyendo las advertencias de los jueces, que recuerdan que la condena en la segunda instancia que pesa sobre el expresidente -y que debería tenerle entre rejas los próximos 12 años- le inhabilite para ello. Este es el último gran órdago de quien todavía es el candidato favorito con diferencia en las encuestas (y que necesita del aforamiento que viene con el cargo de presidente de la república para librarse de los muchos juicios por corrupción que tiene por delante). Un órdago que deja a sus enconados rivales del poder judicial una única maniobra posible: vetar la candidatura y provocar la ira de los millones de seguidores del expresidente.

Aún desde la cárcel, Lula ha convertido el trámite de su inscripción en un despliegue de popularidad: la "Marcha Nacional Lula Libre". Decenas de miles de sus muchos seguidores se han desplazado hasta Brasilia y han desfilado durante seis kilómetros hasta la misma puerta del Tribunal Electoral, donde se realizó la inscripción, previo discurso de la presidenta del PT, Gleisi Hoffman y la expresidenta Dilma Rouseff. Un recuerdo de que, en el antipático panorama político de Brasil, Lula todavía mueve masas.


Pero lo cierto es que también las necesita. Más que una carrera hacia las urnas, la suya es una carrera contra el tiempo: cuanta más campaña electoral sea capaz de hacer el PT usando su poderoso nombre, más tenso será el inevitable día que el Tribunal Electoral vete su candidatura. En teoría ese día no debe retrasarse más del 17 de septiembre, fecha límite prevista para revisar las inscripciones. Pero tanto la presidenta del Tribunal Electoral, Rosa Weber, como la fiscal general de la república, Raquel Dodge, han dado entender en los últimos días que tienen formas de acelerar la sentencia de la candidatura del PT y las usarán.


A la agrupación, malherida desde que perdió el poder en el juicio político a Rousseff en 2016, se le viene encima una batalla en el terreno donde hasta la fecha peor se ha manejado: el judicial. Y más que desfiles, lo que necesitan son argumentos jurídicos a su favor. Por ahora, los que defienden los abogados se pueden resumir en tres: que el caso de Lula aún no ha llegado al Tribunal Supremo y que por tanto existe la posibilidad de que la condena sea cancelada (si bien muchos juristas la encuentran irrisoria). Que el mero hecho de estar inscrito como candidato debería garantizar la posibilidad de hacer una campaña y poner su nombre en las papeletas. Y, finalmente, que en caso de que el Tribunal Electoral decida vetarle, Lula debería poder presentar recursos contra esa decisión y mientras tanto seguir haciendo campaña.


Muchos en Brasilia dan por hecho que, en caso de que finalmente no pueda seguir haciendo campaña, Lula ceda su puesto a quien hoy es el número dos en la candidatura, Fernando Haddad. El exalcalde de São Paulo es, para ellos, el único nombre lo suficientemente fuerte como para salir airoso del aparentemente inevitable escenario de unas elecciones sin Lula.

São Paulo / Brasilia 15 AGO 2018 - 15:29 COT

 

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Lunes, 09 Julio 2018 07:35

Un día de tensión absoluta

Un día de tensión absoluta

Ha sido un domingo de sorpresas y tensión permanente, y que terminó a eso de las ocho de la noche con una clara demostración de que cualquier jugada jurídica será adoptada para evitar que Lula da Silva salga de la cárcel. 

La sorpresa surgió a media mañana, cuando el juez Rogerio Favreto (foto), que estaba de guardia en el tribunal regional federal de Porto Alegre, de segunda instancia, acató un pedido de hábeas corpus impetrado por los defensores de Lula da Silva. La decisión final le tocó al juez Carlos Eduardo Thompson Flores, presidente del tribunal, que dejó sin efecto la decisión del colega. La tensión se extendió por unas diez horas, mientras se aguardaba la libertad de Lula.


Vale recordar que Thompson Flores ha sido el magistrado que, hace algunos meses, sin haber siquiera leído la condena del juez de primera instancia Sergio Moro a Lula da Silva, opinó que se trataba de “una pieza irreprochable”. Semejante parcialidad se transformó en el tono común de cualquier movimiento de cualquier tribunal cuando se trata de mantener preso a Lula da Silva.


El día de ayer estuvo marcado por una increíble serie de maniobras jurídicas y de la Policía Federal contra el expresidente, sentenciado en un juicio plagado de arbitrariedades e irregularidades que culminó con una condena sin que surgiese una única y miserable prueba de que haya cometido los delitos que le imputaron.


Una vez más, quedó claro de toda claridad que impera en Brasil una politización extrema de la justicia, y que la decisión de impedir que Lula se presente a las elecciones presidenciales de octubre –en los sondeos, a propósito, él aparece con más del doble de intención de votos que su más cercano adversario– es irreversible.


Más de un centenar de abogados y juristas se manifestaron a lo largo de ayer señalando una a una las irregularidades y aberraciones registradas a lo largo de la jornada. En vano: al final, ninguna sorpresa: Lula siguió encarcelado y aislado.


Por la mañana el juez Rogerio Favreto, quien estaba de guardia desde las siete de la noche del viernes hasta las once de la mañana de hoy, acató el pedido de hábeas corpus de tres diputados del PT de Lula (uno de ellos, Wadih Damous, integra el cuerpo de abogados que defienden al ex presidente). El magistrado ordenó a la Policía Federal que procediese a la inmediata liberación de Lula. Empezaron entonces las maniobras absurdas.


Determinan las reglas de todos los tribunales brasileños que el magistrado que se encuentre de guardia tiene autoridad para adoptar la decisión que sea. Eventualmente, tal decisión podrá ser revisada y revertida por el pleno, pero no puede bajo ninguna circunstancia dejar de ser acatada.


Pues el primero en desacatarla ha sido el juez de primera instancia Sergio Moro, que cometió, con un solo gesto, dos gravísimas irregularidades. La primera: no le toca a un juez de primera instancia manifestarse sobre una decisión de la instancia superior. La segunda: Moro está en Portugal, y los jueces están rigurosamente prohibidos de emitir determinaciones mientras disfrutan de sus vacaciones. Renovando sus intermitentes demostraciones de prepotencia, el juez travestido de justiciero atropelló las reglas con la seguridad de quien está por encima del bien, del mal y de las leyes más elementales.


Casi enseguida otro magistrado de segunda instancia, João Pedro Gebran Neto, anuló la decisión de su colega. Para empezar, no era Gebran Neto quien ejercía la guardia del tribunal regional de Porto Alegre. Y, en segundo lugar, los dos tienen rigurosamente la misma jerarquía.


En caso de que fuese cumplida la decisión de Favreto, le quedaría a Gebran llevar el tema al pleno, pidiendo el retorno de Lula da Silva a la cárcel.


Entonces entra en el escenario el presidente del tribunal, Thompson Flores, para aclarar de una vez por todas que Lula debe seguir preso.


Fue como si reiterase que precisamente para tenerlo detenido se llevó a cabo el golpe de Estado de abril de 2016. Para impedirlo de disputar y ganar las elecciones y revertir el derrumbe del Estado llevado a cabo por Michel Temer y su pandilla, con el respaldo riguroso de los medios de comunicación, del mercado financiero, de las multinacionales y, claro, de los tribunales.


Ha sido un domingo tenso, largo, asustador. Un día que dejó en evidencia el tipo de estado en que vivimos. Y que puso en relieve que la prepotencia y la indisciplina violadora de principios básicos de jerarquía de un juez de provincias cuentan con la impunidad de las instancias superiores.


Ninguna sorpresa: al fin y al cabo, ese mismo juez Moro, que desfila su vanidad por las pasarelas del mundo, grabó y divulgó, en marzo de 2016, una llamada telefónica entre la entonces presidenta Dilma Rousseff y el ex presidente Lula da Silva.


En cualquier país civilizado sería castigado de manera ejemplar. No pasó nada: recibió una diplomática reprimenda de un juez de la Corte Suprema, y listo. Es que ya estaba diseñado el país que vendría a seguir. Ese, de ahora.


¿Hasta cuándo? Por lo que se vio ayer, la temporada de aberraciones será larga.

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Un muro bajo el agua para cercar a los palestinos

Israel inició la construcción de un muro bajo el mar para encerrar todavía más a la Franja de Gaza, en una nueva medida represiva contra el pueblo palestino.
“Esta acción frustrará los objetivos de Hamas, que perderá otra capacidad estratégica y enormes cantidades de dinero”, anunció sin ruborizarse el ministro de Asuntos Militares israelí, Avigdor Lieberman. De esta manera, el funcionario, representante de la ultraderecha judía, daba inicio a la construcción de un muro subacuático en el mar Mediterráneo que permitirá encerrar todavía más a la Franja de Gaza, el enclave costero palestino de 360 kilómetros cuadros en el que sobreviven dos millones de personas.


El domingo 27 de mayo, maquinarias pesadas comenzaron los movimientos de tierras para separar la playa de Zikim, en los territorios ocupados palestinos de la franja. En un comunicado, la cartera que comanda Lieberman explicó que unidades de ingeniería y construcción proceden a la instalación de una barrera marítima con el objetivo de “prevenir infiltraciones” de palestinos y palestinas a través del mar.


Según el gobierno de Tel Aviv, el denominado “muelle impermeable” consiste en tres capas, incluyendo una por debajo del nivel del mar. Se calcula que la obra finalizará en un año. Desde el Ejecutivo israelí agregaron, haciendo uso de una retórica pérfida, que el proyecto es “único en el mundo”.


En el comunicado del ministerio de Asuntos Militares explicaron que la “nueva respuesta a la amenaza a la seguridad fue diseñada para resistir las condiciones del mar y servir al establecimiento de defensa durante años”. Como siempre, desde Israel se apeló a la “seguridad”, la gran excusa esgrimida durante décadas para arrasar las tierras palestinas y expulsar a las personas que viven en ella. Lieberman, que en mayo pasado declaró que los soldados israelíes se “merecen una medalla” por matar a los palestinos y las palestinas que encabezan las protestas de la Gran Marcha del Retorno, justificó que el muro subacuático permitirá defender “los ciudadanos israelíes con fortaleza y sofisticación”.


El muro en la playa de Zikim se suma a la cacería que periódicamente desata la Armada israelí contra los pescadores gazatíes. El 25 de mayo se conoció que las fuerzas navales hebreas arrestaron a cinco pescadores que navegaban frente a la costa del norte de Gaza. Durante el ataque, el barco de los hermanos Rasem y Mohamed Zayed fue blanco de los disparos israelíes.


Los pescadores palestinos tienen permitido navegar dentro de las seis millas náuticas desde la costa, aunque esa disposición, de por sí coercitiva, poco le importa a Israel. El Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR) denunció en varias oportunidades que los ataques contra pescadores se realizan a una distancia de seis millas náuticas, lo que “demuestra que las políticas de las fuerzas israelíes apuntan a restringir las restricciones a los pescadores de la Franja de Gaza y sus medios de vida”. Según los Acuerdos de Oslo firmados en 1993, los más de tres mil pescadores que trabajan en Gaza tienen acceso al 85% de las áreas marítimas de la zona. Esto, por supuesto, nunca fue respetado por Israel.


Naciones Unidas alertó que para el 2020 Gaza será inhabitable si no se toman medidas para frenar el bloqueo israelí y desarrollar un plan de mejoras a sus infraestructuras. La Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA) también advirtió que la agricultura es uno de los sectores que se verán seriamente afectados, entre ellos por la falta de acceso al agua. Según la agencia de Naciones Unidas, el 80% de las familias en la franja reciben algún tipo de ayuda humanitaria, mientras que el 39% vive por debajo del umbral de la pobreza.


La Franja de Gaza, zona bombardeada con regularidad por la aviación israelí, atraviesa una catástrofe humanitaria pocas veces vista en la historia moderna.


El muro subterráneo


En mayo de 2017, el gobierno de Benjamín Netanyahu anunció la construcción de una barrera subterránea en la frontera con Gaza, en el marco del proyecto “Obstáculo”. Otra vez la “seguridad” apareció como un argumento que calza a la perfección entre los ministros israelíes. El muro tiene una extensión de 65 kilómetros y está dotado de sensores electrónicos para detectar cualquier intento de perforación.


En agosto del año pasado, el diario El País informó que en la construcción del muro participan “ingenieros y técnicos españoles subcontratados por compañías locales” junto a “ingenieros italianos y obreros israelíes y moldavos, hasta sumar un millar de empleados”. Protegidos por soldados israelíes, los encargados de la obra cuentan con “maquinaria de perforación traída desde Alemania y arcillas especiales de bentonita importadas de Hungría para sellar una barrera subterránea de cemento”, indicó el diario israelí Haaretz. “Todos los contratados han sido investigados previamente por el Shin Bet, el servicio secreto de seguridad interior”, agregó El País.


El nuevo muro de exclusión de palestinos y palestinas fue bendecido por un presupuesto gubernamental de 750 millones de euros y adjudicado a las compañías israelíes Danya Cebus, Solel Boneh, Olitzky y Gabbay.


El Movimiento de Resistencia Islámica Hamas, que gobierna en la Franja de Gaza desde 2007, calificó el proyecto israelí como una “declaración de guerra”. El portavoz de la organización, Hazem Qasem, afirmó que la construcción del muro forma parte de la “intensificación del asedio” a Gaza.


El muro en Cisjordania


Desde hace 13 años, Israel mantiene la construcción de un muro de más de ocho metros de altura y que ya lleva 300 kilómetros de extensión sobre territorios palestinos. La obra, denunciada a nivel internacional y que tiene la condena de Naciones Unidas y de la Corte Internacional de La Haya, redobla la política expansionista israelí y genera la separación no sólo territorial sino humana del pueblo palestinos. Como lo define el periodista Pedro Brieger en su libro El conflicto palestino-israelí. 100 preguntas y respuestas, el muro convirtió “a varias ciudades palestinas en verdaderos guetos”.


La orden para la construcción del muro que penetra a Cisjordania fue dada por el entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon, el 16 de junio de 2002. Por esos días, el pueblo palestino encabezaba la Segunda Intifada contra la ocupación israelí. Las críticas a esta medida se deben a que la construcción iba a respetar la Línea Verde, como se conoce la frontera establecida luego de la Guerra de los Seis Días en 1967, pero en la actualidad el 80% del muro avanza sobre territorio cisjordano, adentrándose en algunos lugares hasta 22 kilómetros, con el fin de poblar las zonas con asentamientos judíos ilegales. Se calcula que al menos quinientos mil palestinos y palestinas son afectados por la construcción del muro.


Durante décadas, el mundo criticaba con dureza el Muro de Berlín, que se extendía un poco más de tres metros y medio sobre el suelo y tenía una extensión de 155 kilómetros. Los muros de Israel, por lo visto, no conmueven demasiado a quienes se horrorizaban por las separaciones impuestas en un pasado que se repite.

 

Fuente: La tinta

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