La guerra de Libia en la geopolítica actual

La historiadora Claudia Gazzini alerta sobre el riesgo de una crisis humanitaria y el aumento de la migración hacia Italia.

Más de 140 muertos (al menos 35 niños entre ellos) y de 600 heridos además de unas 18.000 personas desplazadas, según la OMS (Organizacion Mundial de Salud), es el resultado de 14 días de batalla entre los dos gobiernos existentes en Libia, el de Trípoli reconocido por la ONU y dirigido por Fayez Al Sarraj, y el de Tobruk (este del país) dirigido por el general Khalifa Haftar. Si no se llega a un acuerdo, la situación promete ser mucho más grave en poco tiempo. La agencia ONU para los Refugiados (Acnurr) pidió ayer que se libere urgentemente a los 1500 refugiados y migrantes encerrados en campos de detención. Pero el ministro del Interior italiano, el derechista Matteo Salvini insiste en que los puertos italianos estarán cerrados para todos ellos.


¿Por qué se ha llegado a este punto en Libia? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de este conflicto?¿Qué sucederá con los miles de migrantes encerrados en cárceles de Libia? A éstas y otras preguntas respondió la experta en el país nordafricano, la italiana Claudia Gazzini, hablando con periodistas extranjeros en Roma y luego en una entrevista con PáginaI12. Gazzini es historiadora y trabaja desde 2012 para el International Crisis Group, una organización independiente que investiga y aconseja a los países sobre cómo evitar las guerras. En 2017-2018 fue consejera de Ghassan Salamé, el representante de la ONU en Libia.


–¿Por qué se ha llegado a este punto en Libia?


–Las razones que explican esta crisis son fundamentalmente tres. La primera es que el cuadro geopolítico ha cambiado en los últimos meses. Aparte de los aliados tradicionales de Haftar (Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto) se ha visto en los últimos meses también un cierto apoyo de algunas naciones europeas. Francia, por ejemplo, en el último año se ha acercado a Haftar y de alguna manera también Italia, que ha tratado de establecer una relación con ambas partes a partir de la conferencia que se hizo con el primer ministro italiano Giuseppe Conte y los dos líderes libios en Sicilia hace unos meses. Los tradicionales opositores de Haftar (Turquía, Argelia, Katar), por su parte, se hacen notar menos ahora.


–¿Las otras razones?


–La segunda razón es el fracaso de las negociaciones de la ONU entre los dos gobiernos para intentar llegar a un acuerdo. En Abu Dhabi –capital de los Emiratos Árabes Unidos– Haftar y Serraj se encontraron el 27 de febrero durante tres horas. Pero no se llegó a nada y por eso el 4 de abril Haftar comenzó a avanzar con sus fuerzas hacia Trípoli. La tercera y última razón se refiere a la situación económica del gobierno de Haftar que en los últimos 4 años ha logrado financiarse sin petróleo (industria fundamental de Libia). Para poder sobrevivir emitió una moneda digital, es decir, una suerte de bonos del tesoro, pero ahora tiene problemas financieros.


–Algunos piensan que Haftar podría ser una suerte de nuevo Khadafi, ¿cuál es su relación con las tribus que son numerosas en Libia y con las cuales Khadafi tenía buena relación?


–Haftar cree que antes de hacer elecciones hay que crear estabilidad en el país y para eso es necesario reforzar las fuerzas militares y poner al frente un fuerte jefe militar como él. No hay dudas de que su proyecto prevé un régimen autoritario, tal vez más autoritario que el de Khadafi. A diferencia de Khadafi, que tenía ideas progresistas o socialistas, Haftar es un capitalista, un liberal. Pero ambos cultivaron sus relaciones con las tribus, un factor importante en Libia para una cierta estabilidad ya que son numerosas sobre todo en el sur del país y al este, pero no en los centros urbanos como Trípoli o Misratah. No creo que la relación con las tribus pueda cambiar la guerra, para la cual lo más importante es el escenario geopolítico, la relación con otros países.


–Si la guerra sigue ¿qué se puede esperar para los migrantes africanos que están en los campos de detención –de concentración como los llaman algunos– donde son esclavizados por los traficantes de seres humanos en espera de poder llegar a Europa?


–En el caso de una guerra, se corre el riego de una crisis humanitaria, porque escasearán los alimentos, no se podrán distribuir, los precios aumentarán. Y esto se aplica a libios y a inmigrantes. En momentos de guerra, además, aumenta la economía de guerra y parte de esta economía de guerra es comerciar con la vida de los seres humanos. En mi opinión toda esta situación aumentará los embarques de migrantes hacia Italia y si la guerra sigue, no serán sólo migrantes sino también libios.


–Países como Estados Unidos, Rusia, Francia, ¿de qué lado están?


–Washington ha intentado detener la avanzada de Haftar. Pero no ha quedado claro qué habrían hecho si Haftar continuaba. Ellos condenan la ofensiva pero no han implementado ninguna política de oposición a Haftar. En cuanto a Francia se dice que hay consejeros militares franceses con Haftar. También rusos. Pero eso no significa una intervención directa francesa en la guerra. Francia es muy ambigua y trata de mantener la propia ambigüedad. En cuanto a Rusia, mantiene buenas relaciones con los dos gobiernos. Desde el punto de vista militar, se dice que hay un flujo de material militar de Rusia y de estados limítrofes a Tobruk, basados en contratos establecidos en época de Khadafi y nunca antes respetados. Se habla también de importantes futuros acuerdos petrolíferos entre Rusia y Libia si la situación se soluciona. Rusia ha tenido además un rol a nivel financiero porque reconoció a la banca central de Tobruk, no reconocida internacionalmente, lo que permitió a ésta emitir dinero y financiar a Haftar.


–¿Cual es la política italiana hacia Libia?


–No se puede hablar de una verdadera política italiana hacia Libia en este momento. Italia no tenía una propuesta suya cuando se hizo la reunión en Sicilia y debió pedir asesoramiento a la ONU. Cuando estaba Khadafi y Silvio Berlusconi estaba en el poder en Italia, los intereses italianos estaban más tutelados que ahora. Pero también los intereses de otros países. En Libia –que fue una colonia italiana entre 1911 y 1947– Italia tiene además intereses económicos a través del ENI (Ente Nacional de Hisdrocarburos) que controla la explotación de varios pozos petrolíferos y de gas. Y los pozos petroleros pueden ser bombardeados en caso de guerra.


–¿Según usted qué se debería hacer para resolver la crisis?


– La cuestión prioritaria es detener los enfrentamientos y pedir al Consejo de Seguridad de la ONU que tome una posición más firme y reinicie las negociaciones entre las dos partes. Las potencias regionales no deberían intervenir. Si se llega a obtener el cese del fuego, la ONU debería iniciar las negociaciones políticas con un cuadro de actores más grande que antes para llegar a un acuerdo, así como el diálogo con los jefes militares de las dos partes y el diálogo económico con las instituciones financieras de los dos sectores.


–Un conflicto como éste en Libia ¿no facilitaría el avance de los terroristas islámicos?


–Ciertamente una guerra en Libia da la posibilidad a grupos islámicos de sumarse a esa guerra. Ellos ven como principal enemigo a Haftar que es el que más los ha combatido. Estos grupos se podrían aliar con Trípoli y así hacer avanzar su ideología. Además, en momentos de guerra quedan espacios vacíos porque los ejércitos no pueden cubrir todo, y estos podrían ser ocupados por los terroristas.

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El factor Venezuela en el enfrentamiento Estados Unidos-Rusia

Aparte de las múltiples hipótesis que se han analizado para evaluar el alcance del conflicto venezolano, valdría la pena considerar también el posible impacto estratégico-militar de esa situación, que sorprendentemente se puede enmarcar en el enfrentamiento político y militar entre Estados Unidos y Rusia, que se ha agudizado después de la reciente denuncia de ambos al Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) firmado en 1987.

Al respecto, podemos comentar que Washington ha intensificado su presencia militar en nuestro continente, con la finalidad de evitar, entre otros objetivos, que países latinoamericanos o caribeños que le sean hostiles y hayan desarrollado alianzas con Rusia o China, pudieran llegar a convertirse en plataformas para un eventual ataque directo contra territorio estadunidense, es decir, la repetición de una situación como la crisis de los proyectiles emplazados en Cuba que en ese caso frenaron una invasión estadunidense a la isla.


Recordemos sobre el particular, que el vínculo militar entre Venezuela y Rusia se inició en 2005 bajo la presidencia de Hugo Chávez, que fue el año en que Estados Unidos comenzó a bloquear, cuando empezaron las discrepancias políticas entre ambos, la provisión de repuestos y refacciones para la flota de aviones caza bombarderos F-16 que la fuerza aérea venezolana había adquirido en 1983.


Asimismo, Venezuela, que veía clara la amenaza de una invasión, empezó a adquirir armamento de última generación de Rusia iniciando con 24 aviones caza rusos de última generación Sukoi 30-MK2 e importantes partidas de rifles de asalto AK 103 para remplazar los antiguos fusiles belgas FNFAL que usaba su ejército.


Ya en el poder el presidente Maduro, sucesor de Chávez, negoció con Rusia la compra de helicópteros de combate MI-17V5 y consolidó su defensa con un sistema antiaéreo móvil ruso S300VM, capaz de interceptar toda clase de objetivos, entre ellos misiles subsónicos, drones o aeronaves en un rango de 200 kilómetros.


Por su parte, la presencia militar estadunidense en América Latina se ha incrementado dramáticamente, ya que de las 177 bases militares que la potencia continental tiene en el mundo, 76 están en América Latina y entre las más conocidas resaltan 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, nueve en Colombia, ocho en Perú y otro significativo número en Centroamérica y el Caribe, además de importantes acuerdos de cooperación militar con Argentina, Brasil, Perú y Ecuador, entre otros.


Sin excluir el uso de la fuerza armada, en forma muy abierta, Estados Unidos ha señalado que sus fuerzas de tarea conjunta para América Latina tienen como objetivos la defensa del Canal de Panamá y el área del Canal de Panamá (lo cual, por cierto, no está previsto en el Acuerdo con Torrijos para devolver el canal a sus dueños); operaciones de control de migración (sin que aclaren a qué se refieren en ese delicadísimo tema aún sin resolver); asistencia humanitaria y respuesta ante desastres naturales. Además de operaciones militares unilaterales, bilaterales o multilaterales, con lo que nuevamente surge el fantasma de la creación de una Fuerza Interamericana de Paz que México ha rechazado una y otra vez, por su preocupación de que se convierta en una fuerza intervencionista sin base legal clara, sin que afortunadamente en ningún momento hablen de protección a los derechos humanos que ahora alegan para intervenir en Venezuela, quizá porque prácticamente Washington no ha ratificado ningún acuerdo regional sobre esa importante materia.


La situación descrita, es decir, la combinación de factores militares en el desarrollo de la región, aconsejaría, sin duda, que México, con su tradición en la lucha contra el armamentismo, tanto nuclear como convencional, reiniciara los esfuerzos que llevó a cabo con cierto éxito en 1977 para lograr un convenio regional que identificamos en la negociación como (Tlatelolco II) que prohibiera la presencia de tropas extranjeras en nuestros territorios y limitara la posesión de armas convencionales ofensivas –las nucleares ya están prohibidas mediante el Tratado de Tlatelolco– cuidando siempre el equilibrio estratégico-militar que requieren los países de la región, con la finalidad de lograr que América Latina y el Caribe llegue a ser en breve una zona de paz bajo claros parámetros de vigencia.

Sergio González Gálvez. Embajador emérito de México, escribe a título personal

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¿Son comunistas los militares del ejército estadounidense?

En la barra, una joven con acento mexicano se quejó de un nuevo recorte a la educación pública, propuesta por el presidente Donald Trump. Seguir sacándole dinero a los servicios sociales para dárselos al ejército, dijo, se parecía mucho a los recortes de impuestos que beneficiaban a los super ricos y dejaban limosnas a los trabajadores, aparte de una deuda impagable. 

A su lado, con gorra de béisbol, un joven delgado con acento caribeño le preguntó, como si viese al mismo diablo: “¿Eres comunista?” Esa debió ser la única palabra que entendió un señor, tipo Homero Simpson pero con pelos y bigotes, que reflexionaba sobre un enorme vaso de cerveza, porque se giró para mirar a los jóvenes que, a partir de ahí, comenzaron una acalorada discusión.


“Te están lavando la cabeza”, confirmó el muchacho, “es por eso que nuestro presidente les va a recortar fondos”.


Cuando pasaron al tema Venezuela, como si se tratase de un algoritmo inevitable, me di cuenta de que aquella incipiente amistad no iba a cicatrizar fácilmente. Las sofisticaciones argumentales de la Guerra fría dejaron una marca indeleble en muchos patriotas, sobre todo en América Latina.
La mañana siguiente, mientras esperaba que se disipara un atasco en la autopista debido a un conductor apurado que le arrancó el farol trasero a otro, escuché en la radio pública una entrevista al almirante retirado James Stavridis sobre el mismo presupuesto que la joven mexicana había comentado la noche anterior.


El presupuesto que el presidente Donald Trump envió al Congreso para el 2019/2020 incluyó recortes multi millonarios para todo tipo de servicios sociales, desde la salud hasta el cuidado de preescolares (diversos estudios cuantitativos ya han probado que los millonarios no sienten lo mismo que el resto cuando ven a un ser humano caminando por la calle).


Los recortes han sido masivos, con una sola excepción: el nuevo presupuesto incluye un notable aumento en el gasto militar de treinta mil millones de dólares, el cual irá a aumentar un déficit récord alimentado por los recortes de impuestos del año pasado, como forma tradicional de burlarse de las promesas electorales que llevaron al presidente de turno al poder. Who cares, right? 

Según el almirante retirado James Stavridis y otros catorce comandantes de operaciones alrededor del mundo, el nuevo presupuesto de Trump no tiene sentido, y lo han puesto claro en una reciente carta abierta y en entrevistas: no necesitamos todo ese dinero. “Sabemos que nadie puede mantener la seguridad de un país sólo con la fuerza militar”. Pero el presidente Trump ha recortado fondos para el desarrollo y los ha transferido al ejército.


En la entrevista a la radio pública, NPR, Stavridis insistió que en lugar de seguir inyectando millones de dólares en las fuerzas armadas se debería invertir más en el cuerpo diplomático. Invertir en fuerza militar, dijo, es como realizar una cirugía: es doloroso y altamente riesgoso. Siempre es mejor llevar las cosas por el camino diplomático y, mejor aún, invertir en cooperación y desarrollo como forma de prevenir problemas mayores. Como ejemplo concreto, mencionó el hecho que todos saben: Estados Unidos tiene más gente en uno solo de los 12 portaviones que navegan por el mundo que en todo su cuerpo diplomático. Hasta el ministro de Defensa, Robert Gates, lo ha reconocido. Incluso el anterior ministro, Jim Mattis, reconoció lo obvio: “Podemos gastar fortunas en operaciones militares, pero si no invertimos en desarrollo y diplomacia vamos a tener que comprar cada vez más municiones”. Hasta los halcones tienen un momento de racionalidad o de simples lapsus.


Más allá de las naturales suspicacias basadas en hechos históricos sobre la labor de los diplomáticos de las grandes potencias, no deja de ser un progreso que los mismos altos militares de la superpotencia se atrevan a reconocer los trágicos errores de las decisiones políticas en el abuso de la fuerza bruta.


Stavridis concluyó: “Sin duda alguna, los navíos más importantes que dirigí fueron aquellos que llevaron ayuda hospitalaria al Caribe y a otras partes de América Latina. Estos barcos participaron en miles de tratamientos y puedo decirle que el impacto sobre la seguridad de Estados Unidos, a largo plazo, ha sido muy superior al resto de operaciones militares. […] Apostando a la fuerza, lo único que logras es perjudicarte a ti mismo”, reconoció.


Desde hace décadas, diversos ex agentes de la CIA, como el marine y paramilitar John Stockwell, luego de una experiencia de treinta años en América Central, África y Asia, reconoció que la arrogancia de querer imponer “nuestros intereses” en otros pueblos no produjo ningún progreso sino que les llevó muerte y miseria y “no nos creó ningún amigo, se los puedo asegurar”. Más o menos el mismo caso de otros marines, ex agentes de la CIA que participaron en engañar al pueblo centroamericano con historia fabricadas sobre el comunismo para mantener la antigua presencia económica y militar estadounidense, como Philip Roettinger, quien terminó retirándose en México para dedicarse a su familia y a la pintura.


No por casualidad, diversos generales latinoamericanos planearon asesinatos al estilo Orlando Letelier en Estados Unidos cuando la administración Carter comenzó a recortar la tradicional “ayuda militar” a las dictaduras amigas del sur. No solo el gigantesco, peligroso y criminal lobby de la industria armamentística mundial (en el cual las empresas estadounidenses han sido accionistas mayores) tenía intereses en “la seguridad” de esos países sino también sus servidores, que nunca lo reconocieron y, de hecho, hasta hoy se golpean el pecho llenos de orgullo por sus crímenes, sus excusas infantiles y un honor que no vale el cobre de las medallas que se cuelgan ellos mismos.


Después de diversos conflictos nacionales, Costa Rica abolió su ejército en 1948. Desde entonces nunca tuvo una dictadura militar como sus vecinos. Tal vez por eso las grandes potencias mundiales no aterrizaron en ese pequeño país como lo hicieron en casi todos los otros países de la región donde contaban con un aparato represivo local. Tal vez por eso hoy no existe una crisis de migrantes costarricenses a Estados Unidos, como es el caso de los demás países de la región que sufrieron continuas intervenciones militares y “dictaduras amigas”.


Tal vez por eso ni los militares estadounidenses se creen el discurso que en el pasado exportaron sus políticos y estrategas. Tal vez por eso ni ellos mismos confían en la fuerza bruta de sus propios super ejércitos como forma de asegurar la paz en su propio país.

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Jueves, 06 Diciembre 2018 06:02

Qué es Freud

Qué es Freud

Freud es un pensador a contramano, un pensador contra-moderno. Se trata nada más y nada menos que de aquel pensamiento que le dio a la Modernidad la posibilidad de pensarse a sí misma.

 ¿Cómo decir en dos palabras, o en diez, quince minutos y de una manera simple, qué es Freud? Nótese que dije qué es Freud, y no quién es Freud. Si estamos hoy acá es para festejar su pensamiento, no para homenajear a su persona. Si se trata de festejar, es porque hay algo vivo. Se trata nada más y nada menos que de aquel pensamiento que le ha dado a la Modernidad, nuestra época, la posibilidad de pensarse a sí misma. Nótese que de esta manera no hay modo de pensar la subjetividad sin la época, y no hay modo de entender la época, el mundo, sin dar con las ruinas y vestigios, con la historia -trágica- moderna, que determina este presente. Allí está, como materia pre-formada todo aquello que hace parte del descubrimiento de Freud: el inconsciente. La Modernidad es esa época, la nuestra, que empuja contra si misma: progreso y destrucción van juntos. La Modernidad, que no deja de hablar del hombre y sus derechos universales al mismo tiempo que lo asesina en nombre de alguna particularidad. Que cada quien sea particular puede tornarse muy inquietante; y la vida marchitarse bajo algún rasgo. Lo evidente no es obvio. El fondo de violencia que no cesa, que es permanente y continuo, sobre el que cada quien tiene que hacer soportar su existencia, será absolutamente interrogado por Freud. Si Freud primero se pregunta, y después escribe, ¿Por qué la Guerra? es porque la existencia se da siempre sobre ese fondo. La vida transcurre entre la que pasó y la próxima. La crisis (y aquí bien lo sabemos) no es una excepción, es la regla (del sistema). Aunque no sea ni tan obvio ni tan evidente. Ahora estamos, por ejemplo, en el tiempo de las guerras comerciales globales, cuando no estamos dentro de alguna guerra comercial familiar. Digamos al pasar, así lo entiendo, que no hay análisis que no haya modificado la relación de cada quien con el dinero y su amplio circuito; y que un análisis podría producir que algo (no alguien) pierda valor.

¿Por qué la inseguridad y el terror son globales desde que existe Occidente? Porque hay Occidente –un mundo global– desde que hay Conquista: de unas lenguas sobre otras, de ciertas categorías mentales, un sistema, sobre otras formas de vida. Hay acumulación posible de riqueza para algunos sólo porque hay una permanente producción extensiva de pobreza. También porque a la época le es intrínseca, lo que Freud llama la pulsión de muerte: ¿quién no ha vivido el miedo como un lugar de refugio? ¿Quién no le ha tenido miedo al miedo? ¿El que imparte terror está él mismo aterrorizado? El miedo es moneda corriente y la amenaza algo constante; y cada quien tiene su manera singular de hacerlo pasar por su cuerpo. El pánico es moneda corriente, aunque no siempre fue así. Donde no estaba, la globalización-la civilización, lo ha llevado. No hay ciudad occidental sin pánico: es allí donde vivimos, con el pánico y el terror naturalizados. Y será justamente allí que el psicoanálisis, y su invento, se interponen, toda vez que se pregunta, en su práctica, y de manera singular cada vez, cuáles son las condiciones de vaciamiento para un cuerpo colonizado por el miedo, el terror, la inseguridad, la amenaza, la vergüenza y el desamparo.


Pero sigamos con lo vivo de aquel pensamiento. Para que un pensamiento esté vivo, muerto el pensador-el autor, tiene, ese pensamiento, que necesariamente haber abierto un campo de interrogación que no se detiene. Y a esto se le ha dado el nombre de discurso. En este sentido el psicoanálisis lo es, tanto como el capitalismo. Sólo que no son el mismo. Y qué es un discurso sino una cierta relación social a la palabra. Una de las diferencias que podemos trazar entre uno y otro, es que abren, uno y otro, hacia formas de relación con la palabra que no son la misma. No alcanza para definir qué es el psicoanálisis con afirmar que se trata de una práctica de la palabra. No es lo mismo una relación crítica a la palabra, que una de obediencia, por ejemplo. No es la misma aquella que sostiene un pacto con la verdad, una voluntad de saber, que aquella con la que se comercia, incluso en el amor. No es lo mismo la circulación de la palabra cuando se está dispuesto a perder, que cuando sólo se trata de ganar. Y convengamos que si alguien quiere analizarse es porque querría, justamente, poder perder algo, aunque más no sea un poco de miedo. El pensamiento vivo de Freud está medido por el alcance crítico de las preguntas que se formula.


Dicho esto, sigamos yendo hacia lo que es el descubrimiento freudiano, y hacia su invento, el consultorio, su práctica. Digamos que, como todo descubrimiento, el de América por ejemplo, se trata de algo que estaba ya ahí. Sólo que cubierto en la oscuridad, censurado y reprimido, negado y rechazado: el inconsciente son las formas paradojales de retorno al desnudo de la historia en el presente, y el análisis, su invento, el lugar donde será puesto en descubierto. Si Freud pudo construir un saber acerca del sufrimiento, del pathos, fue por haber sabido interrogarse acerca de lo que estaba allí haciéndolo posible. ¿Y cuál fue su mérito? El de hacerse las preguntas que no estaban. Nada muy distinto de lo que pasa en un análisis. Esas preguntas van guiando una lectura. Convengamos que si se trató de un gran escritor, tal cosa no existe sin que haya un gran lector. Su obra es un tejido heterogéneo y conflictivo que corre en diagonal atravesando la lengua, la historia de las religiones, de la filosofía, de la literatura, de la ciencia. Freud se mueve como un arqueólogo en un campo que es el de la historia, de la economía, de la política, un campo pulsional.


Abrir los textos, la obra de Freud, es encontrarse con un texto maravilloso. Tiene de maravilloso que está lleno de preguntas exquisitas. Una al azar: se pregunta por los sueños en los que el soñante aparece desnudo, inquieto por su desnudez, lleno de pudor y vergüenza. Sueños que provocan confusión, malestar y desazón. Sueños que atañen particularmente a hombres, hombres que exhiben la carencia de un atributo (fálico), expuestos entonces a un desfallecimiento posible. Se trata de la verdad desnuda, hasta de la verdad como desnudez. Se trata de la insoportable vergüenza del durmiente y la aparente indiferencia de su entorno. El durmiente es el único que se ve desnudo; y al verse desnudo está solo. Digamos que no hay análisis que no haya implicado para cada quien darle algunas vueltas a la palabra solo, tanto como a aquel atributo de poder. Digamos también que Freud dejó abierta la pregunta acerca de cómo se las arregla el hombre, con qué tipo de sustituto, ante su desfallecimiento posible. Así es la época: nos deja en la intemperie. Así es el mundo dominado por el hombre: un mundo desfalleciente, lleno de carencias y de sustitutos. La interpelación que el feminismo lleva adelante hoy, digamos que tiene como antecedente necesario la pregunta que Freud se hizo y las incompletas interpretaciones que formuló. Las mujeres, no todas, han decidido no dejarse tomar como ese sustituto, incluso a ellas mismas. La libido en Freud es siempre masculina porque en la modernidad, el campo del placer, está movido siempre por una carencia. Y hay un correlato que vive en cada cuerpo entre esa carencia y la modernidad, o sea el capitalismo, un sistema, globalizado: se llama síntoma. Todo análisis se ocupa del o la soñante, o sea de la manera singular en la que cada quien se las arregla con su carencia, con su desnudez y su deseo. De las maneras siempre singulares en las que cada quien se toma como mercancía, como moneda de cambio, en el placer y en el amor. ¿Por qué lo más propio, lo que más nos identifica, permanece desconocido?


Freud es un pensador a contramano, un pensador contra-moderno. Allí donde se quiere hacer creer que cada quien es una unidad, Freud interpreta. Estamos divididos, por ejemplo, entre el placer o el amor que esperamos, el que damos y el que obtenemos.


Si las preguntas que Freud se hace son exquisitas, sus textos están hechos para ser masticados, suave y lentamente. Hay tanto un saber de la verdad, como un sabor verdadero. No alcanza con saber si no hay sabor; y no hay sabor sin una cierta relación con la verdad. Así es la vida. Y para darle sabor Freud produjo su invento, una práctica. El invento es en apariencia sencillo, solo se trata de hablar y de escuchar, solo que ni una cosa ni la otra son sencillas. Hablar para que lo reprimido, lo censurado, aquello que ensombrece una vida retorne, y se haga entonces descifrable. Hablar para que pueda surgir una pregunta hasta entonces inexistente, una pregunta que disloca todo lo conocido, que es agitadora y rebelde. El invento tiene como efecto que una vida, salida de las sombras en las que la época nos fija, pueda dirigirse hacia lo inesperado, la sorpresa. Una vida analizada, como efecto de aquel invento, es una vida que se habrá llevado hacia lugares antes impensados. El destino no es más que el lugar en la que la época fija a cada uno y a cada cuerpo. Que alguien pueda asociar libremente –nótese el uso de la palabra libertad– para ser escuchado atentamente (de manera flotante, no fija), aunque es simple, produce efectos inesperados. Dado que el pensamiento es obediente y dependiente, la asociación libre termina por deconstruir los cimientos de ese mismo pensamiento. El invento de Freud, un análisis, abre a la posibilidad de pensar de otra manera, abre la posibilidad de preguntarse, dado que no es obvio, qué es pensar


Antes de finalizar quiero leerles una cita de Freud. Entiendo, espero, que por lo dicho hasta aquí, se la podrá seguir en su agudeza y en su complejidad. Está sacada de un escrito cuyo título no es ingenuo, como no es ingenuo que haya decidido leerla hoy y en este particular contexto en el que estamos viviendo, un título que es casi una denuncia (tanto como un manifiesto): “Las resistencias al psicoanálisis”:


“Pero en suma, el hombre se ve obligado a exceder psicológicamente sus medios de vida, mientras que por otro lado sus exigencias pulsionales insatisfechas le hacen sentir las imposiciones culturales como una constante opresión. Con esto la sociedad sostiene un estado de hipocresía cultural (preguntémonos: ¿todo Estado es hipócrita?) que necesariamente será acompañado por un sentimiento de inseguridad y por la imprescindible precaución de prohibir toda crítica y discusión al respecto (...) debido a esta crítica, el psicoanálisis fue tachado de enemigo de la cultura, condenándoselo como peligro social. Semejante resistencia no puede gozar de vida eterna, ninguna institución humana podrá escapar a la influencia de una crítica justificada, pero hasta ahora la actitud del hombre sigue siendo dominada por este miedo que desencadena las pasiones y menoscaba la pretensión de argumentar lógicamente.”


Ahora sí, y para finalizar, una cita de Lacan que explica por qué, para preguntarse qué es Freud, debíamos pasar por la modernidad, por la época en la que nos toca vivir: “No reconocer la filiación o la paternidad cultural que hay entre Freud y cierto vuelco del pensamiento, manifiesto en ese punto de fractura, de división, que se sitúa hacia el final del siglo XVII, equivale a desconocer totalmente a qué tipo de problemas se dirige la interrogación freudiana” (13-1-60).
* Psicoanalista. Miembro del Colectivo Zona de Frontera.


Presentación para la mesa “Freud y la verdad”, compartida con Cynthia Szewach y Carlos Gutiérrez (coordinada por Adriana Abeles), dentro de la semana “Freud por ...venir”, organizada por la Municipalidad de San Isidro y Fundación Campos del Psicoanálisis.

​Nace en Colombia la Unión Nacional de Integración Rural–Unir

Los problemas de la ruralidad y los conflictos agrarios han sido una constante histórica que han llevado a que las comunidades que habitamos el campo nos hayamos visto desplazadas, marginadas y empobrecidas. Ante esta situación, nosotros, los campesinos y campesinas nos hemos dedicado a sembrar vida cuidando la tierra y cosechando los alimentos para darlos a nuestras familias y a las familias de esta diversa Colombia.

 

A partir del paro agrario de 2013 las comunidades rurales recuperamos la fuerza de la dignidad y salimos a las calles y a las carreteras a manifestarnos para exigir reformas y cambios en las políticas públicas en materia de acceso y redistribución de tierras; vías de transporte; insumos y asistencia técnica; protección de las semillas criollas; garantías en salud y educación; protección al medio ambiente; entre otros muchos asuntos.

 

Estas manifestaciones y protestas permitieron realzar –de manera renovada– la cuestión agraria en la agenda pública nacional. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de miles de habitantes del campo, las protestas y paros de las comunidades, junto con las negociaciones y acuerdos suscritos con el Gobierno, no han sido suficientes para lograr un nuevo rumbo para el campo.

 

Por estas razones, los días 7 y 8 de septiembre de 2018 nos dimos cita en el municipio de Fusagasugá, Cundinamarca, para llevar adelante el Primer Encuentro Nacional Agrario de la Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia –Comosoc*–, como resultado de lo cual nace la Asociación de segundo nivel que hemos denominado Unión Nacional de Integración Rural-Unir.

 

A este primer Encuentro Nacional asistieron delegaciones de 42 asociaciones campesinas provenientes de Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Nariño, Valle del Cauca, Putumayo, Risaralda, Santander, Norte de Santander y Sucre. De igual forma tuvimos algunos invitados especiales que nutrieron la discusión en el espacio y que se llevan el compromiso de apoyar y fortalecer no solo esta experiencia sino otras que están en gestación en el ámbito rural.

 

Como objetivo principal de este evento, se estableció la consolidación de una organización nacional agraria de segundo nivel que nos permita articular los diferentes procesos organizativos rurales vinculados o con cercanías prácticas a la Comosoc.

 

Cada una de nuestras organizaciones analizó los retos atestiguados desde nuestros territorios, tanto en el seno de cada una de ellas como en los contextos regionales donde desarrollamos nuestras dinámicas económicas, sociales y políticas. Con el fruto de estos análisis tallamos los siguientes ejes transversales: Participación política, economía propia, acceso y uso del territorio, megaproyectos, Derechos Humanos y conflicto armado, finalmente, el panorama internacional. Estos ejes nos permitieron reflexionar y toparnos con el trabajo en grupos, sacándole el jugo a nuestras diversidades regionales.

 

Todo este esfuerzo nos permitió completar los insumos suficientes para diseñar los elementos que nos llevarán a poder levantar y construir los planes de trabajo desde nuestras organizaciones y territorios para el fortalecimiento de la Unir. Este diseño se compone de tres dimensiones: una hacia el interior de las organizaciones, la otra hacia el exterior y una sectorial.

 

En la primera dimensión se establecieron líneas de construcción de asambleas regionales y fortalecimiento de los procesos que tienen las asociaciones que están en Unir, estos elementos giran alrededor de:

 

- Identidad y cultura campesina
- Formación política y legal
- Protección del medio ambiente
- Economía propia

 

Para las líneas de trabajo externas se definieron:

 

- La defensa del territorio, donde se trabajará la autonomía y defensa de recursos naturales renovables y no renovables.
- La economía propia, donde se trabajará la producción con conocimiento propio y construcción de redes de comercio entre las organizaciones.
- El eje de comunicaciones, que además de una herramienta es una apuesta política que nos permite mantener una interacción entre las organizaciones que conforman la Asociación, permitiéndonos al mismo tiempo compartir nuestras experiencias, apuestas y formas de construir llevando nuestra agenda a la opinión pública nacional.

 

La tercera dimensión la compone el sector Afro de la Comosoc, quienes definieron hacer parte de Unir al mismo tiempo que darle cuerpo a una organización nacional afro con fecha y lugar para su conformación.

 

Finalmente, fue elegida una junta provisional de delegados nacionales, 5 mujeres y 5 hombres, de distintas regiones, quienes tendrán las tareas de elegir la junta directiva, revisar la redacción final de los estatutos y la más importante, hacer el llamado a la realización de las asambleas regionales.

 

Fue así cómo logramos Unir en una asociación de segundo nivel las asociaciones cercanas o parte de la Comosoc y salir con el reto de fortalecerla desde las regiones a través de lo que hemos querido recoger desde el principio: las experiencias organizativas, intereses y problemáticas de cada uno de los miembros que la integran a través de las organizaciones asociadas.

* Comosoc es un proceso de articulación de organizaciones y movimientos sociales, de carácter nacional, regional y local. www.comosoc.org

Publicado enEdición Nº250
Jueves, 23 Agosto 2018 15:05

Sobre la guerra y el nacionalismo

Sobre la guerra y el nacionalismo

En medio de la disolución de la antigua Yugoslavia en la década de 1990, la península balcánica europea asistió al auge más tremendo del nacionalismo jamás visto después de la Segunda Guerra Mundial.

 

El horror que el mundo vio en el periodo de expansión de la ideología Nazi y que generó millones de muertes atroces, fue recordado en Sarajevo, capital de Bosnia, cuando las fuerzas militares y paramilitares serbias atacaron durante algunos años territorio bosnio escudándose en la defensa de sus valores nacionales y de su pueblo. El 28 de junio de 1914, la misma ciudad de Sarajevo había sido testiga del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, quien horas después de un atentado con un artefacto explosivo a su paso por una de las calles de la ciudad, del cual resultó ileso, fue abaleado en otra de las calles del mismo lugar, muriendo instantáneamente, al igual que su esposa quien también recibió impactos de bala. Este hecho fue la excusa para desatar uno de los primeros conflictos bélicos del siglo XX, con amplia resonancia e impacto sobre buena parte del mundo durante casi todo el siglo XX.

 

Nuestra intención aquí no es relatar paso a paso los hechos acaecidos durante la Primera Guerra Mundial que en noviembre próximo cumple 100 años desde su finalización. Más bien, aprovechamos este suceso para cuestionar el fenómeno de la guerra y la noción de nacionalismo.

 

La guerra siempre ha sido un fenómeno hostil. Hasta ahora, entre los seres humanos, ha sido fácil traducir el conflicto, que les es inherente a través de la diferencia, en términos de confrontación bélica. La historia de la humanidad ofrece muchos registros de esta actitud y despliegue ofensivo contra el otro de diversas formas: religiosamente, políticamente, racialmente, etcétera. No es gratuito que la preocupación por la guerra haya sido frecuente entre las mentes más brillantes de cada época.

 

Las respuestas ante este fenómeno han estado siempre sobre la mesa, desde los griegos y hasta nuestros días, el fenómeno de la guerra ha tenido un espacio en medio de las discusiones conceptuales más agudas, de los dramas políticos más tensos y hasta en medio de tiempos de relativa tranquilidad, pues a la paz la han definido casi siempre como aquel estado donde ocurre la ausencia de guerra. Como vemos, esta última ha sido uno de los eventos estructurales que ha acompañado el desarrollo de la historia de Occidente. Desde Aristóteles y su preocupación por la Constitución de los atenienses, pasando por Maquiavelo y su idea de la regulación del conflicto a través de instituciones como el Tribuno del pueblo para regular el conflicto entre gobernantes y gobernados, hasta nuestros días y los esfuerzos democráticos por evitar la confrontación armada, paradójicamente, en medio de ella.
Colombia y su contexto de violencia –situación especialmente importante para nosotros– ha tenido tiempos de guerra donde las cifras siempre asustan, más allá de que muchas veces se conviertan, para la mayoría, en un asunto de producción natural de la muerte.

 

Los excesos que acompañan a la guerra se han vuelto tan familiares en nuestro contexto que ya no sorprenden los relatos de las víctimas por más desgarradores que sean, tampoco el testimonio físico de las heridas que deja a su paso toda confrontación con las armas.

 

Además de este proceso de naturalización del horror, la guerra también puede ser invisible, o por lo menos, escudarse en medio de la ausencia formal de ella, pues luego de la finalización oficial del conflicto armado colombiano entre el Gobierno Nacional y las Farc, según el relato gubernamental los sistemáticos asesinatos de líderes sociales no tienen nada que ver con el conflicto estructural de un país que se ha desarrollado históricamente en medio de la injusticia, la desigualdad, la falta de oportunidades y la estigmatización y eliminación de toda forma diferente de emprender, asumir y construir la vida individual y colectivamente. Esta diferencia alimenta el conflicto que parece no puede resolverse sin los disparos y muertes de miles de seres humanos.

 

Pese a esta dinámica histórica, la enseñanza y el reto es que la diferencia debe ser asumida en términos estructurales entre los seres humanos, adjunta a la identidad y el principio de individuación propio de todo ser que se asume como único, no como justificación del rechazo y eliminación de todo aquello que no es igual a una posición hegemónica de ver la vida y entender las relaciones sociales. Entender que la diferencia es algo que puede ser resuelto de manera definitiva nos empuja a una salida que implica el rechazo del otro, y la instauración de modelos únicos y necesarios donde se pretende que quepamos todos bajo una única forma de pensar y actuar. No asumir la diferencia como una forma esencial de los seres humanos es negar a la humanidad misma, es creer que pueden canalizarse todas las pulsiones de hombres y mujeres en función de una identidad absoluta pretendiendo, ingenuamente, solucionar la conflictividad inherente a estos. Esta vía de solución del problema como nos dice Estanislao Zuleta “es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo, con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero este es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, pues es el que genera la felicidad de la guerra”**, y esto no hace más que alimentar y fomentar una consciencia de identidad única, forma esta sobre la cual se han desplegado los nacionalismos más virulentos y dañinos de la historia de la humanidad. La felicidad de la guerra, expresión con la que juega Zuleta, nos pone de cara al horror que supone el placer que puede llegar a surgir de aquello que nos daña y nos limita en diversas formas. La identidad con este tipo de actitudes es propia de la consolidación del nacionalismo.

 

El nacionalismo puede definirse como un fenómeno que encuentra su fundamento en un conjunto de creencias y prácticas justificadas, las más de las veces, en mitos como la patria, la tierra, la religión, la raza o la sangre, y que además deben prevalecer sobre cualquier otra noción de conjunto social o comunidad política que no encuentre lugar en este conjunto.

 

El cierre político del siglo XX en Europa, como ya hemos visto, también tuvo lugar en territorio balcánico. Las guerras de secesión yugoslavas son la última manifestación de los excesos del nacionalismo en ese siglo. La feroz confrontación entre las diferentes repúblicas unidas bajo la bandera yugoslava después del fin de la Segunda Guerra Mundial generó una crisis que volvió a poner en tela de juicio el concepto de nacionalismo. Las armas como principal vía de solución de conflictos étnicos y políticos en aquel territorio aún remueven los cimientos de las diversas naciones que tienen su lugar en los Balcanes. Para no alejarnos de nuestro objetivo principal volvemos a nuestro contexto para cerrar esta reflexión.

 

Si bien en Colombia no emerge una idea clara de nación por parte de grupos identificados con ideas acabadas y unilaterales respecto de una única forma de vida y una única forma de relacionamiento con los demás, fenómenos como el paramilitarismo y el auge de formas religiosas tradicionales que buscan por todos los medios imponer una sola idea de cómo construir la vida, nos alertan sobre la posibilidad de un nacionalismo velado al interior del país, pues nociones como la defensa de la patria y de una única forma de familia, propiedad y administración política, dejan especular sobre el peligro de enfrascarnos aún más en el conflicto al cual hoy, históricamente, tememos la posibilidad de responder por vías diferentes a la de la confrontación armada que ha costado tanta sangre y dolor a un pueblo tan vilipendiado como el nuestro.

 

Lo que nos deja entonces la experiencia histórica de la guerra y el nacionalismo es la pregunta sobre la forma cómo debe construirse la vida en medio de las diferencias que nos constituyen. Ya tenemos algunas sugerencias de cómo se construye el infierno sobre la Tierra, no debe insistirse en ello, tampoco aspirar a la construcción de ningún paraíso, pero con toda certeza sabemos que otras formas de asumir nuestra humanidad y la dificultad que va de suyo son posibles.

 

* Centro de Estudios Estanislao Zuleta.
** Zuleta, Estanislao, Colombia: violencia, democracia y Derechos Humanos, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2008, p. 29.

Publicado enEdición Nº249
Marta Lucía Ramírez, nueva vicepresidenta de Colombia: "Juan Manuel Santos resucitó a las FARC"

Es mujer de carácter y criterio, ha sido ministra de Defensa, de Comercio Exterior, senadora, dos veces candidata a la Presidencia logrando una alta votación y dirige su firma de asesoría que ahora deja para ocupar la vicepresidencia de Colombia. La conservadora Marta Lucía Ramírez, abogada de 61 años, será a partir de este martes "la segunda de abordo" de Iván Duque, dice en entrevista con EL MUNDO en su oficina de Bogotá. En su abultado portafolio de tareas que le asignó el nuevo jefe de Estado figura coordinar el área económica, combatir la corrupción, que hizo metástasis en los dos gobiernos Santos, y ayudar a que la población femenina supere la desigualdad y acceda a una mayor porción de la tarta empresarial.

 

P. ¿Decían que jugaría un papel en los programas derivados del acuerdo de paz con las FARC?
R. Sí, debo ordenar todo y concentrarlo en la Presidencia para garantizar que haya los recursos pero también la eficiencia en el gasto, porque en nombre de la paz se ha gastado mucha plata de manera ineficiente y poco transparente.


P. ¿Cómo combatir la corrupción si ustedes no tienen mayoría en las Cámaras legislativas y el Gobierno anterior acostumbró a comprar voluntades?
R. La primera prueba de fuego de Duque ha sido nombrar un gabinete donde ningún ministro representa una camarilla política. Dicho eso, sabemos que hacer política significa ir de la mano con el Congreso, no podemos trabajar en guerra porque nos paraliza el Gobierno. Pero hay que cambiar las reglas de funcionamiento. Los congresistas que quieran hacer política y recuperar credibilidad y apoyo de la ciudadanía, van a entender que lo mejor que pueden hacer es trabajar con nosotros. Si empiezan con el forcejeo bajo la mesa a cambio de puestos y contratos, no vacilaremos en hacerlo público. Y hay que subir los estándares éticos de la sociedad.


P. Los críticos insisten en que ustedes serán marionetas de Uribe.
R. La gente que me conoce sabe que no soy marioneta de nadie, Iván Duque, tampoco. Somos estadistas. Y la relación con Uribe seguirá siendo respetuosa, es un líder muy importante en el Congreso.


P. Tendrán que lidiar con la dura oposición de Gustavo Petro. Ya convocó a sus fieles a manifestarse el día de la posesión.

R. Creo que el país lo va a ir conociendo cada vez más por esas actitudes radicales, poco patrióticas. Debería estar más agradecido con un pueblo que le dio una votación enorme a pesar de sus grandes deficiencias en la capacidad de administración que quedaron comprobadas en Bogotá. Llamar en este momento a una resistencia contra un Gobierno que todavía no ha empezado lo único que nuestra es mezquindad política.


P. ¿Qué legado económico reciben de la era Santos?
R. Una situación fiscal muy difícil. Han comprometido recursos enormes, vigencias futuras. La responsabilidad es poner la economía a crecer.


P. Y cuatro veces más cultivos de hoja de coca, con un récord de 200.000 hectáreas.
R. Por el aumento de esa producción Colombia vive nuevos ciclos de violencia. Qué más da si los asesinos se llaman FARC, ELN, cártel de Clan del Golfo o Rastrojos, no importa el rótulo, lo cierto es que son muchas muertes relacionadas con la subida del narcotráfico. No vamos a ahorrar ningún esfuerzo para hacer una guerra sin cuartel al narcotráfico pero también atacaremos con programas sociales.


P. ¿Pondrán un freno al proceso de paz con el ELN como prometieron en campaña?
R. Siempre hemos dado el mismo mensaje: cualquier negociación tiene que estar condicionada a que se fije un sitio de concentración de la guerrilla. Ningún tipo de acción terrorista, reclutamiento de niños o secuestro es admisible durante los diálogos. Bajo esas condiciones estamos dispuestos a conversar. De lo contrario, no.


P. El ELN no aceptará.
R. El ELN tiene que ser consciente del enorme rechazo de la sociedad colombiana hacia ellos y que las Fuerzas Militares van a retomar su papel de garantizar la defensa y la seguridad nacional y van a actuar con más contundencia que lo que hicieron en estos años. Por otro lado, deben saber que su santuario en Venezuela está llamado a desaparecer. O se acomodan a hacer una negociación en Colombia o su futuro no es viable.


P. Si se sientan a negociar, ¿lo harán de tú a tú como hasta ahora?
R. Para nada. Nosotros no creemos que se pueda igualar el Estado colombiano con un grupo terrorista, criminal, que ha estado metido en el narcotráfico. Volver ahora al argumento ideológico y político no tiene posibilidad. Es uno de los errores grandes que se cometió con las FARC. Santos resucitó un grupo que estaba derrotado y lo puso de igual a igual con el Estado.


P. Hablan de revertir el acuerdo con las FARC pero no parece viable.
R. Y no tendría lógica. Hay que dejar a los que se desmovilizaron mientras sigan así. Lo que es necesario son ajustes como el despropósito de ver unos [ex comandantes] sentados en el Congreso que cuando pasen por la Jurisdicción Especial para la Paz tendrán que contar que cometieron crímenes atroces.


P. Hay voces que piden una intervención extranjera en Venezuela.
R. Yo pienso que sí, pero creo que tiene que haber algo más drástico en materia económica porque con el Gobierno de Maduro se ha tenido una tolerancia inexplicable, empezando por Estados Unidos y la Unión Europea y hay que cerrarle la llave. También, que América Latina, Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU inicien un diálogo sincero con China y Rusia porque Venezuela se ha vuelto una ficha de ajedrez en el tablero geopolítico y a nadie le importa la tragedia humanitaria, cómo se ha destruido un país. Lo que mantiene vivo ese régimen son las relaciones con esas dos potencias.


P. Será la primera vez que una presidenta del Congreso de España asista a la toma de posesión del presidente de Colombia. ¿Qué lectura puede hacer?
R. Lógicamente, me sorprende. Para nosotros la relación con España ha sido siempre muy importante, hemos tenido una relación privilegiada. Es lamentable que no venga el rey ni el presidente. No sé si los nuevos vientos que soplan en la política española sean el augurio de algo diferente a lo que ha sido hasta ahora.


P. El viernes anunciaron que Pedro Sánchez viajará a Bogotá a finales de agosto
R. No sé si habrá hablado informalmente con el canciller, pero no hay una invitación oficial porque el Gobierno no ha tomado posesión.

 


 

Iván Duque comienza su mandato en Colombia


Asume el delfín de Uribe

 

Página12

 

El viento corre en contra del político de derecha: desde la investigación penal que cayó sobre su mentor, pasando por la paz que aún no se concreta, hasta las tensiones con Venezuela.

Iván Duque, el derechista y delfín político del ex mandatario Alvaro Uribe, asumirá hoy la presidencia de Colombia. Pero desde la investigación penal que cayó sobre su mentor, pasando por la oposición en las calles y una paz que todavía no se concreta, hasta las tensiones con Venezuela, el ex senador de 42 años comenzará su mandato con el viento en contra. La ceremonia de asunción se llevará a cabo en Bogotá y contará con la presencia de 10 jefes de estado y de delegaciones procedentes de 17 países.

A pesar de que cuenta con una breve carrera política, Duque fue el elegido de Uribe. Por ello, durante la campaña, la oposición apuntó incisivamente a la influencia que el ex mandatario tendría en el nuevo gobierno, llegando incluso a llamar a Duque títere de Uribe. Prueba de esto es que quienes estarán al frente de las carteras de Defensa, Interior, Hacienda y Cancillería, serán personas cercanas al ex presidente, quien, a su vez, liderará la bancada oficialista en el Congreso.

Sin embargo, los expertos coinciden en subrayar que esta cercanía podría manchar al nuevo gobierno, a raíz de una indagación penal por fraude procesal y soborno, delitos por los que acusan al ex presidente. Actualmente, la Corte Suprema de Justicia se encuentra investigando si Uribe manipuló testigos contra un senador opositor, en un caso que se remonta a 2012 y que le podría significar hasta ocho años de prisión.

Otro de los conflictos es el acuerdo de paz –aún en negociación en Cuba– con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla reconocida oficialmente en Colombia. El presidente electo ya había adelantado en campaña su rechazo al pacto alcanzado con las FARC y anticipado nuevas y duras condiciones de diálogo para el ELN: suspensión de lo que llaman todas las actividades criminales y la concentración de las tropas rebeldes bajo verificación internacional. “Es bastante difícil que el ELN se acoja a esos planteamientos”, aseguró el académico e investigador del conflicto Camilo Echandía.

Colombia está profundamente dividida entre detractores y simpatizantes del pacto que ha evitado 3000 muertes al año y desarmó a 7000 combatientes.

Uno de los más férreos defensores del acuerdo es el senador y rival de Duque en las últimas elecciones, Gustavo Petro, quien prometió protestas públicas en rechazo al nuevo gobierno y en apoyo al acuerdo con las FARC. La primera está convocada en paralelo a la toma de posesión del mandatario, en reclamo a las cientos de muertes de activistas y defensores de derechos humanos.

Otro de los conflictos que le deja Juan Manuel Santos al flamante presidente viene desde fuera de las fronteras: una tensa relación con su vecino, el mandatario venezolano Nicolás Maduro. Este último involucró directamente al presidente saliente en el atentado que sufrió el pasado sábado, una acusación que Bogotá negó enfáticamente. Todo indica que la relación entre ambos mandatarios no va a mejorar bajo el mandato de Duque, quien en lo único en lo que coincide con Santos es en el rechazo al gobierno de Caracas.

Entre los jefes de Estado que asistirán al acto que se celebrará en la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, a partir de las tres de la tarde (hora local, cinco de la tarde en Argentina) figuran los de México, Enrique Peña Nieto; Chile, Sebastián Piñera; Ecuador, Lenín Moreno, y Panamá, Juan Carlos Varela. También acudirán los de Argentina, Mauricio Macri; Bolivia, Evo Morales; República Dominicana, Danilo Medina; Costa Rica, Carlos Alvarado; Guatemala, Jimmy Morales, y Honduras, Juan Orlando Hernández. Además, habrá representación de 17 países. Entre los invitados especiales asistirán la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley; el alcalde de Miami, Francis Suárez, y el presidente del Partido Popular de España, Pablo Casado.

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Confirmaron el asesinato de los tres periodistas

La muerte del cronista Javier Ortega, del fotógrafo Paúl Rivas y del chofer Efraín Segarra, del diario ecuatoriano El Comercio, fue ratificada ayer por el presidente de ese país, Lenín Moreno, en un mensaje televisado.

 

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno confirmó ayer el asesinato del cronista Javier Ortega, del fotógrafo Paúl Rivas y del chofer Efraín Segarra, del equipo periodístico del diario local El Comercio, después de 19 días de incertidumbre. Los periodistas habían sido secuestrados el 26 de marzo por disidentes de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la zona de Mataje, provincia de Esmeraldas, en Ecuador.


“El mensaje es a todas las ecuatorianas y ecuatorianos y es así: Con profundo pesar, lamento informar que se han cumplido las 12 horas de plazo establecido, no hemos recibido pruebas de vida y lamentablemente tenemos información que confirma el asesinato de nuestros compatriotas”, reveló el mandatario. Los familiares de los asesinados rompieron en llanto al escuchar el mensaje, y gritaron en medio del abrazo de los presentes.


“Queridos ecuatorianos, ¡basta ya! Indignación, repugnancia, dolor e ira acompañan al corazón de todos los ecuatorianos. Hemos sido siempre un país de paz, de tolerancia, respeto. No podemos permitir que se juegue con ese bien que ha sido nuestro bien más preciado”, dijo el presidente Moreno en la conferencia de prensa en Quito, en la que no permitió preguntas.


El mandatario hizo el anuncio luego de una reunión del Consejo de Seguridad Pública de Ecuador (Cosepe), conformado por las principales autoridades civiles y militares del país. Asimismo, informó que se ha coordinado con actores de paz como el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Iglesia Católica para el rescate de los cadáveres en la zona fronteriza.


En la tarde de ayer el canal RCN de Colombia entregó fotografías que mostraban tres cuerpos fallecidos, pero hasta la noche las autoridades de Ecuador no pudieron confirmar su veracidad.


Moreno dijo, citado por el diario local El Comercio, que se han retomado las operaciones de seguridad en la zona del secuestro, suspendidas previamente cuando se buscaba la liberación de los periodistas, y dispuso siete medidas más, entre ellas que se levante la reserva sobre la información del manejo del secuestro.


También afirmó que incluyeron a Walger Patricio Arizala Vernaza, alias Guacho –y al que calificó de narcoterrorista–, en la lista de los más buscados de Ecuador y ofreció una recompensa de 100.000 dólares por información que conduzca a su captura en Ecuador o en Colombia. Guacho, que comanda la columna Oliver Sinisterra de las ex FARC, había dicho en un primer comunicado sobre el secuestro de los periodistas que el gobierno ecuatoriano rechazaba que fuesen liberados a cambio de hacer lo propio con tres miembros de su grupo. Por ello, lanzó una operación militar ofensiva que, sostuvo, terminó con la muerte de los hombres de prensa.
“Nunca (los secuestradores) tuvieron la voluntad de entregarlos sanos y salvos”, señaló por su parte el presidente ante más de un centenar de medios de comunicación nacionales e internacionales.


Moreno canceló su visita a Perú y su participación en la Cumbre de las Américas y retornó a Quito, junto con familiares de los trabajadores de prensa fueron secuestrados el 26 de marzo 2018 en Mataje, Esmeraldas, cuando efectuaban un trabajo periodístico en la frontera con Colombia sobre la inseguridad en esa región. Los tres profesionales estaban llevando la investigación desde enero pasado.


Asimismo, el mandatario anunció una serie de medidas de seguridad, entre ellas la de declarar el área fronteriza con Colombia zona de seguridad, e incrementar los controles militares y policiales a fin de realizar, según dijo, acciones coordinadas en esa área. La coordinación de acciones en la zona fronteriza se realiza de manera conjunta con el alto mando militar y policial de Colombia, cuyos integrantes se encuentran en Quito.


“Estamos de luto, pero no vamos a dejarnos amedrentar, hoy más que nunca pido al país la unidad por la paz”, sentenció el mandatario y aclaró: “Esto último bajo ninguna circunstancia significa que se quiera limitar la libertad de expresión”.


En ese sentido, Moreno pidió a los medios de comunicación que no dejasen de criticar: “Sabemos reconocer nuestros errores y todo esto nos permitirá reconocer si los ha habido”, dijo. “El pueblo perdona errores pero no que se le mienta; no vamos a mentir al pueblo ecuatoriano”, finalizó.


Por su parte, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, condenó el asesinato de los periodistas y ofreció toda la colaboración de su país para capturar a los responsables. Tras participar en una conferencia en la VIII Cumbre de las Américas, que se celebra en Lima, el mandatario aseguró: “Colaboraremos con Ecuador en todo lo que estime necesario para perseguir y capturar a los responsables”. En este sentido, el gobernante colombiano remarcó que ya comenzaron las operaciones en ambos lados de la frontera entre Ecuador y Colombia para hallar a los autores del crimen y descartó que los asesinos sean de las FARC porque afirmó que éstas dejaron de existir hace mucho tiempo.

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La decisión de Trump de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén causó la ira de los palestinos.

 

Tras su reunión con Netanyahu, Trump volvió a la carga con los palestinos

El mandatario norteamericano reprochó a los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina el “desaire” a su vice, Pence. Dijo que retirará su ayuda si no se sientan a negociar la paz. Erekat, de la OLP, habló de chantaje y presiones.

 

Las declaraciones del presidente de EE.UU., Donald Trump, luego de su reunión privada por fuera del Foro Económico Mundial en Davos con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, avivaron ayer aún más el fuego en torno al conflicto palestino-israelí. El magnate republicano amenazó con retirar más ayuda a los palestinos si no se sientan a negociar la paz. Además, advirtió a Israel de que el reconocimiento de Jerusalén como capital tendrá un costo.

Trump reprochó a los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina haber “faltado el respeto” al “gran vicepresidente estadounidense”, Mike Pence, al negarse a recibirlo en su reciente viaje a la región. El presidente palestino, Mahmud Abbas, no se reunió con Pence en protesta por la decisión estadounidense de reconocer Jerusalén como capital de Israel el pasado 6 de diciembre, momento desde el que considera que EE.UU. se ha “descalificado” como mediador para la paz. Esta razón, considerada un desaire, le dio pie al mandatario estadounidense para recordar que su gobierno decidió congelar la ayuda de 65 millones de dólares que aporta al presupuesto regular de la agencia de la ONU para Refugiados Palestinos y suspender 45 millones en ayuda alimentaria. “Ese dinero está en la mesa, y el dinero no va a ir a ellos (los palestinos) a menos que se sienten y negocien la paz”, aseveró.

Más aún, Trump defiende su controvertida decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel y asegura fue un intento de impulsar el proceso de paz entre palestinos e israelíes. “El tema más difícil sobre el que tenían que hablar era Jerusalén. Quitamos Jerusalén de la mesa (de negociaciones). Ya no hay necesidad de hablar más sobre ello”, dijo.

La respuesta palestina no tardó en llegar. “El mensaje de hoy es claro: Trump está chantajeando y presionando al pueblo palestino por luchar y creer en su libertad y derechos humanos por la ley internacional y las resoluciones de la ONU”,dijo el secretario general de la Organización para la Liberación Palestina (OLP), Saeb Erekat, en un comunicado, y agregó: “Quien diga que Jerusalén está fuera de la mesa de negociaciones dice que la paz está fuera de la mesa”. También, acusó a EE.UU. de estar “fuera del consenso internacional”. Y no se equivoca. La posición de Washington rompió con décadas de consenso internacional según el cual el estatus de la ciudad debería definirse como parte de un acuerdo entre israelíes y palestinos que vislumbre dos Estados. La disputa por la ciudad proviene desde 1967 cuando el ejército israelí ocupó la Ciudad Vieja de Jerusalén y se dio la reunificación, bajo control israelí, de la cuidad que había quedado dividida por la “línea verde” establecida en 1949. “No es un juego para los palestinos. Se trata de nuestra existencia, que sigue siendo negada por Israel con todo el apoyo de EE.UU.”, concluyó Erekat.

Por su parte, Netanyahu aplaudió de nuevo la decisión de Trump de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén (que se llevará a cabo a fines de 2019) como “una decisión histórica” y subrayó que supone “un avance para la paz porque reconoce la historia, y la realidad presente, y la paz solo puede ser construida sobre la verdad”. Sin embargo, Trump dijo que el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel tendrá un costo para el Primer Ministro israelí: “Ganas en un aspecto y tendrás que ceder en algunos más adelante en la negociación” si ésta se reanuda alguna vez, señaló.

 

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Un palestino empuja un motocarro cargado con sacos de harina de la Unrwa, el miércoles en Ciudad de Gaza (Mohammed Abed / AFP)

 

El golpe de Donald Trump va directo a la línea de flotación de los palestinos. Si EE.UU. suele aportar unos 300 millones de dólares anuales, en dos partidas, a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, Unrwa (que representan el 30% de sus recursos), el presidente ha retirado 65 millones de la primera partida. Y el resto ya veremos...

La decisión parece seguir un dictado israelí. El pasado junio, el primer ministro Beniamin Netanyahu acusaba a la ONU de “obsesión antiisraelí” y decía: “Es hora de que la ONU reexamine a fondo la existencia de la Unrwa”, la cual “perpetúa el problema de los refugiados en lugar de resolverlo. Es hora de que la Unrwa sea desmantelada y se integre en el Alto Comisionado para los Refugiados”, el Acnur. Desde luego, no depende de la ONU (cuyas resoluciones Israel suele incumplir), sino de un acuerdo bilateral de paz resolver la cuestión de los refugiados. Pero por primera vez un primer ministro hablaba públicamente contra la Unrwa.

 

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Un barrendero a las puertas de una oficina de la Unrwa en el campo de refugiados de Dheishe, cerca de Belén, en Cisjordania (Musa Al Shaer / AFP)

 

La Agencia de las Naciones Unidas para la Asistencia y Trabajos de los Refugiados Palestinos (Unrwa) se creó en 1949 y reconoce como refugiados a los descendientes de aquellos de la guerra de 1948 con la que se creó el Estado de Israel. Esta consideración afecta al llamado derecho de retorno, que ha sido piedra angular palestina en las siempre frustradas conversaciones de paz.

La Administración Trump ha calcado los términos de Netanyahu. Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, dijo: “Estamos echando un vistazo a la organización (...) y nos gustaría ver que se hacen algunas reformas”. ¿Cuáles? No lo dijo. Aparentemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, James Mattis, y el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, se impusieron a los criterios de la voz de Trump ante la ONU, la embajadora Nikki Haley, y de su yerno, Jared Kushner, supuesto coordinador de un inexistente proceso de paz, quienes pretendían cortar los fondos del todo. Así se entiende que la portavoz Nauert dijera que “es hora de que algunos países que nos han criticado, algunos muy ricos, den un paso adelante”. Fue una alusión a las monarquías del Golfo y, según diplomáticos europeos citados por France Presse, sería una opción porque la UE quizás no esté para más.

La posición del Departamento de Estado y del Pentágono, favorable a mantener cierta financiación, hay que entenderla en términos de seguridad en la región. La voladura de la Unrwa llevaría a los palestinos al límite. Y, al mismo tiempo, pondría la pelota en el tejado de Israel, ya que como Estado es responsable de la población ocupada, algo en lo que no parece pensar Netanyahu.

Cuando se habla de la Unrwa como garante de estabilidad –a lo que ha aludido la veterana dirigente de la OLP Hanan Ashrawi– hay que pensar no sólo en Cisjordania y Jerusalén Este sino sobre todo en Gaza, donde la dependencia de la Unrwa es mayúscula.

Hace una semana, el diario israelí Haaretz revelaba que oficiales del ejército, funcionarios y servicios secretos coinciden en que la economía de Gaza está al borde del colapso, “de cero a bajo cero”. El desempleo roza el 50%, y por el paso de mercancías de Kerem Shalom sólo cruza un tercio de los camiones que solían hacerlo; nadie tiene dinero para comprar nada. La Unrwa suministra alimentos a un millón de personas mensualmente, da educación a 245.000 niños y provee 10.000 empleos, “lo que significa diez mil familias”, señala Martí.

El bloqueo israelí impuesto a la franja en el 2007 –y del que Mahmud Abas ha sido cómplice–, más las dos ofensivas a finales de aquel mismo año y en el 2014 (en las que La Vanguardia fue testigo de ataques a instalaciones de la Unrwa, escuelas en particular, que suelen acoger a la población durante los bombardeos), han destrozado a dos millones de gazatíes: ocho de cada diez viven bajo el umbral de pobreza, la crisis sanitaria, de energía y de acceso al agua potable es absoluta y el índice de suicidios se ha disparado, unos 80 al mes en el 2016 por estas mismas fechas.

“Antes del 2014 no se hablaba de suicidios –explica Raquel Martí–. Ahora la cuestión del suicidio forma parte del currículo de Unrwa. Al principio se suicidaban adultos, pero ahora la mayoría son niños. Es la única manera de escapar”.

 

La aportación española

 

España ocupa el puesto 23 en la lista de países, agencias humanitarias y oenegés que financian o apoyan a la Unrwa, con una aportación de 2.476.824 dólares, según la última lista publicada, a 31 de diciembre del 2016. El pasado diciembre, la Agencia Española de Cooperación Internacional aprobó otros dos millones de euros. Pero además, existe un Comité Nacional Unrwa España que figura en el puesto 32 de la citada lista, con 459.046 dólares. Es un caso casi único, ya que sólo existen agencias similares en Estados Unidos e Italia. “El comité español se financia gracias a donantes de los gobiernos regionales y gracias a la colaboración de los ciudadanos y fundaciones, pero si lo comparo con agencias como Unicef o Acnur es poco”, explica Raquel Martí.

 

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Un niño ante un brasero en el campo de refugiados de Al Shati, junto a Ciudad de Gaza (Mohammed Saber / EFE)

 

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