El FMI advirtió que la recuperación económica mundial no está asegurada

El Fondo actualizó sus proyecciones de crecimiento mundial, espera una mejora del 6 % para 2021 aunque alertó que la recuperación no está asegurada incluso en aquellos países con niveles de infección muy bajos mientras el virus circule en otros países.

 

El FMI señaló que el acceso a las vacunas se convirtió en la principal brecha para la recuperación mundial que se puede dividir en dos bloques: la mayoría de los países centrales, que podrían esperar una mayor normalización de la actividad a fin de año y aquellos que todavía se enfrentan a un rebrote de contagios y una suba del número de víctimas de covid. El organismo advirtió que “la recuperación no está asegurada incluso en aquellos países con niveles de infección muy bajos mientras el virus circule en otros países”.

El Fondo actualizó sus proyecciones de crecimiento y estimó un crecimiento global del 6 %, sin cambios desde su última proyección en abril, y 4,9 % en 2022, según publicó en sus Perspectivas económicas este martes. Pero alertó que las perspectivas son inciertas por las nuevas variantes de coronavirus como la variante Delta.

En tanto, el FMI recortó 0,4 puntos porcentuales su pronóstico de crecimiento para las “economías emergentes” y “en desarrollo” este año, al 6,3 %. Las perspectivas de crecimiento para India se revisaron a la baja tras la segunda ola de Covid y la lenta recuperación.

Por su parte, el Fondo mejoró su proyección para las llamadas economías avanzadas este año en 0,5 puntos porcentuales hasta el 5,6 %, con mejoras para Estados Unidos, Reino Unido, Canadá e Italia. Francia y Alemania se mantuvieron sin cambios, mientras que las expectativas de crecimiento para España y Japón se rebajaron.

Para América Latina, el organismo proyectó un crecimiento este año de 5,8 %, una mejora de 1,2 puntos porcentuales con respecto a la estimación de abril. El alza de las previsiones para América Latina y el Caribe se debe principalmente a las mejoras esperadas en Brasil y México. La Cepal calcula una mejora similar aunque advierte sobre los problemas estructurales de desigualdad, pobreza y empleo en la región.

La economista en jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló al diario Financial Times que "todavía estamos en una situación en la que la pandemia está creando muchos estragos en todo el mundo".

Sobre la inflación, el Fondo prevé que regresará a los rangos que se registraban antes de la pandemia en la mayoría de los países en 2022, pero agregó “persiste una gran incertidumbre”. También advirtió que la inflación será elevada en algunas “economías emergentes” por el “alto nivel de los precios de los alimentos”.

Sobre el empleo, el FMI señaló que si bien el empleo dejó atrás los mínimos que tocó en el segundo y tercer trimestre de 2020, aún “en general se mantiene por debajo de las tasas previas a la pandemia”. Además, el informe agregó que “su recuperación es sumamente desigual, ya que los jóvenes y los trabajadores poco calificados de todas las economías y las mujeres de las economías de mercados emergentes y en desarrollo siguen constituyendo los segmentos más golpeados”.

“Nacionalismo de vacunas”

El Fondo detalló que “para fines de junio de 2021, se habían administrado aproximadamente 3.000 millones de dosis a nivel mundial, casi 75 % de ellas en economías avanzadas y en China. En los países de bajo ingreso, menos del 1 % de la población había recibido una dosis”. El documento reconoció que “la mayoría de los países de bajo ingreso depende primordialmente de los vehículos de adquisición colectiva de vacunas COVAX y el Fideicomiso Africano para la Adquisición de Vacunas (AVAT, por sus siglas en inglés), que habían entregado menos de 100 millones de dosis a unos 90 países para fines de junio de 2021”.

El informe del FMI sostuvo que “la acción multilateral es esencial para reducir las divergencias y fortalecer las perspectivas mundiales. La prioridad inmediata es distribuir las vacunas equitativamente en todo el mundo”. Según el organismo su propuesta costaría U$S 50.000 millones, “avalada conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, establece metas claras y medidas pragmáticas a un costo asequible para poner fin a la pandemia”.

En un reciente post del FMI firmado por su titular Kristalina Georgieva, Gita Gopinath y Ruchir Agarwal añaden a su propuesta los beneficios de lograr la distribución de vacunas de manera equitativa entre todos los países, y ,además, de “salvar vidas” dicen las autoras, “un final anticipado de la pandemia también podría inyectar el equivalente a U$S 9 billones en la economía mundial para 2025 gracias a la reanudación acelerada de la actividad económica”, es decir cómo hacer para mejorar la rentabilidad es lo que importa. "Salvar vidas" mucho no les importó, no hay que olvidarse de los recortes de los presupuestos de salud que hicieron varios países antes de la pandemia, herencia de décadas de neoliberalismo y privatizaciones, que terminó en el colapso del sistema de salud, o del ajuste que suele recomendar el organismo a los países que contrajeron deuda a pesar de la pandemia.

Desde que empezó la vacunación fueron las grandes potencias quienes acapararon la mayoría de las vacunas, a pesar de que muchos de los países con menos recursos son productores de las mismas, como ocurre en La India o en Argentina con la vacuna AstraZeneca. Apareció lo que se conoce como “nacionalismo de vacunas” de los países centrales, como Estados Unidos o Reino Unido en donde éstos pueden sobreabastecerse a partir de acuerdos con laboratorios privados, dejando al resto de los países, por lo general los atrasados y dependientes, sin vacunas. Mientras los laboratorios se apropian del conocimiento que en muchos casos fue financiado por los Estados. Por eso la importancia que liberen las patentes, y también se debería declarar de interés público los laboratorios para poder producir las vacunas.

Las advertencias del FMI dan cuenta que la recuperación económica mundial es desigual y frágil en el marco de una situación que acumula contradicciones desde la crisis del 2008, y seguirá atravesada por el desarrollo de la pandemia cuyas consecuencias recaen sobre la clase trabajadora. No es casual que el informe del Fondo advirtió también sobre el malestar social. La lucha de clases puede volver a irrumpir como ya ocurrió en varios países.

Redacción

Martes 27 de julio | 19:55

Publicado enEconomía
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente estadunidense, Joe Biden, hablan con reporteros el 15 de julio pasado en la Casa Blanca.Foto Afp

En su visita de despedida de la canciller Angela Merkel a Joe Biden, Alemania y EU reconocieron la esterilidad de las sanciones para detener el gasoducto Nord Stream 2 (NS2): construido en más de 98 por ciento y transportará el gas ruso desde su zona en el Ártico, pasando por el mar Báltico, hasta Alemania.

No hay modo de ocultar la derrota de la política antirrusa de la dupla Obama/Biden –en particular, de la pugnaz israelí-estadunidense Victoria Nuland que buscaba dañar las finanzas de Gazprom y quien despreciaba solemnemente a Europa cuando entonó su célebre invectiva de "¡Al carajo con Europa!", tras haber catalizado el cambio de régimen en Kiev– y de Trump que hizo del bloqueo del NS2 su leitmotiv.

¿Habrá sido consecuencia de la cumbre en Ginebra de Biden y Putin, que versó primordialmente sobre la "estabilidad estratégica"? ¿Se trata de un cebo para que Rusia comience a soltar su asociación estratégica con China? Era evidente que Alemania no iba a ceder, mucho menos cuando Biden busca restaurar la alianza perdida con la UE.

Más aún: el gasoducto es más importante para Alemania –que hubiera sido obligada a comprar el gas de EU mucho más caro, por su logística de transporte distante– que para Rusia, que con la mano en la cintura se lo puede vender a China: más ahora cuando Gazprom contempla otro gigantesco gasoducto: el Siberia 2 (https://bit.ly/3l4qnpI).

El NS2 –propiedad integral de Gazprom (con sede en San Petersburgo) y Rosneft–, más el NS1, tendrá una capacidad anual de 110 mil millones de metros cúbicos. Gerhard Schroeder, ex canciller alemán y ex líder del Partido Social Demócrata, es hoy el mandamás de Nord Stream AG, con sede en Suiza, a cargo del NS1: consorcio del que también forman parte, junto a Gazprom, empresas alemanas y la francesa GDF Suez.

Alemania –primera potencia geoeconómica de la UE– prometió buscar que no cese el tránsito del gas ruso a través de Ucrania, que vence en 2024, por lo que recibe regalías de unos 3 mil millones de dólares al año de Moscú. ¿Cuál fue entonces el sentido del NS1 y 2 de no haber sido por el chantaje de Ucrania (https://on.mktw.net/2UXlVyr) al transporte del gas ruso hacia Europa?

El portal Strategic Culture no se anda por las ramas y sentencia que el NS2 “no es una concesión estadunidense. Es la admisión de su derrota (https://bit.ly/371VMAS)”.

Las lamentaciones de realismo trágico no se hicieron esperar y el rusófobo obsesivo ex presidente de Georgia (sic) Mikhail Saa­kashvili –que llevó al desastre militar a Tiflis frente al gigante ruso y le hizo perder 20 por ciento de su territorio– espetó que “el hecho de que la importancia geopolítica (sic) de Ucrania disminuirá tras el arranque del NS2 no da lugar a ambigüedades (sic). Pero esto debe ser compensado por el que Ucrania debe desarrollar sus recursos (sic), incluyendo el hidrógeno verde (https://bit.ly/3y9UwaU)”.

¿Qué diantres maniobra Saa­kashvili en Ucrania a la que puede empinar a otro desastre?

El hoy ucraniano (sic) Saakashvili, marioneta de la OTAN, exhibe su novatez geopolítica y acusa a Rusia de desear "bloquear" a Ucrania en el mar Negro, pues en el sur se encuentran los principales depósitos de hidrógeno "verde".

Al unísono, el vicecanciller polaco, Pawel Jablonski, fustigó que el permiso al NS2 era una pésima decisión que dañaría la seguridad europea.

Un problema adicional para Ucrania, arrojada debajo del autobús de la geoestrategia del Olimpo de EU y Rusia, es que carece de dinero para reparar el viejo gasoducto ruso que pasa por su territorio.

Según Deutsche Welle, parte del acuerdo de “compromiso (https://bit.ly/3f352ZP)” de cuatro puntos contempla que Alemania y EU inviertan 50 millones de dólares en la infraestructura de tecnología "verde" de Ucrania (https://on.wsj.com/3f2JM6E). ¡50 millones de dólares son menos que migajas!

El NS2 arrancará máximo en septiembre y ya empezaron las negociaciones para un NS3 con el fin de bajar los estratosféricos precios del gas en Europa occidental.

Murió el viejo rey. ¡Viva el nuevo rey geoenergético ruso-alemán!

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Por una industria cultural contrahegemónica y transnacional

Reflexiones a tenor del documental cubano La dictadura del algoritmo

Los niños y adolescentes son muy inteligentes. Más de lo que parecen. No hacen lo que los adultos les dicen que hagan en tanto individuos particulares, sino que imitan lo que el conjunto social realmente hace. Es decir, ante discursos antagónicos prima el conjunto de la praxis social sobre los individuos. Si su profesor les dice que es bueno que lean, pero él no da ejemplo, desde luego no les animará a leer. Pero incluso si ese profesor en realidad lee y no hace sino más que proponerles lo que honestamente considera una de las mayores curas para el alma (la luz del conocimiento); si la mayoría de la sociedad no lee: la mayoría de niños tampoco leerán.

¿Y quién educa hoy a los menores? Por supuesto su familia, sus profesores y las organizaciones o asociaciones donde puedan desarrollarse. Claro que sí. Pero faltan otros importantes pedagogos, quizás los más importantes en los tiempos que corren: las pantallas. Efectivamente, en un país de capitalismo supuestamente desarrollado como en España, con un 60% de su sistema domiciliario de Internet de fibra y con una imparablemente creciente cobertura móvil en 5G,[1] un alumno de 14 años, consume, promedio, 9 horas de su día frente a la pantalla. 63 horas semanales. Solo contando el ocio, descontando las tareas que el profesor pueda mandar que requieran del ordenador. ¡9 horas de pantallas en su tiempo libre!, ¡más de lo que dedica al sueño![2]

Hace siglo y medio Marx escribió en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política(1859)que el desarrollo de las fuerzas productivas era el que condicionaba las relaciones económicas entre los sujetos,[3] es decir, el modo de producción, junto a la lucha de clases. Cuando las tecnologías paridas por el incremento de las fuerzas productivas llegaban a un cierto punto de desarrollo eran incompatibles con el modo de producción existente y por tanto era necesario cambiarlo. Y eso implicaba una revolución social.[4]Sin embargo, dentro de las fuerzas productivas Marx y Engels contaron la ciencia, es decir, la naturaleza humanizada objetivada dentro de nosotros. ¿De qué sirve tener mucha tecnología (naturaleza humanizada fuera de nosotros) si nuestra capacidad de controlarla es paupérrima? ¿De qué sirve tener el 60% de la población con una estupenda conexión a Internet si en su mayoría la emplean viendo contenidos de ínfima calidad creados a partir de los objetivos de obtener la máxima rentabilidad y controlar políticamente a la población trabajadora ignorando por completo los mejores valores que la humanidad ha forjado a lo largo de su evolución?

¿Qué valor tiene que casi todas las familias españolas (incluidas algunas que pasan hambre y tienen a sus hijos por debajo del nivel de pobreza) tengan un smartphone o una tablet si malgastan sus días enganchados a videojuegos violentos, escuchando McMúsica industrial que promueve valores como el sexismo, la agresividad, la violencia, el desprecio a la cultura, el culto a la riqueza o el individualismo más egoísta? ¿Para qué tanto Internet si cada vez más niños todavía siendo menores le quitan la tarjeta de crédito a sus padres para hacer apuestas deportivas online o consumir pornografía sin tener capacidad de asimilar lo que están viendo? ¿Para qué tanto control sobre la naturaleza externa si no somos capaces de controlar nuestra propia naturaleza interna, nuestro ser consciente?

Sumado a ello hemos de anotar que cuando uno mismo no ejerce control consciente sobre sí, está siendo controlado por otros factores. U otras personas. Porque al igual que cuando un sujeto que no es capaz de controlarse y come más de lo que su cuerpo necesita es esclavo de su gula (o ansiedad)generando con ello problemas de salud como sobrepeso, obesidad e incluso obesidad mórbida en el peor de los casos; del mismo modo puede ocurrir que aquel niño o adolescente que no pueden separarse de la pantalla de Facebook, Instagram o YouTube esté contribuyendo con su adicción a que otros forjen su cultura e ideología acorde a sus propios intereses. Primero, porque está permitiendo que otros recopilen sus datos más personales que dejan su huella en el ciberespacio para venderlos a terceras compañías; segundo, porque está exponiéndose a contenidos que otros (de muy distinta clase social)sufragan para que ellos los consuman y, tercero y último, porque está intercambiando su atención por los contenidos con los cuales las empresas transformarán su atención en mercancía que las empresas venderán a los anunciantes.

Comencé hablando de niños y adolescentes. Lo hice para enfatizar que son los más indefensos y que tenemos una responsabilidad con ellos, pero a partir de este párrafo del artículo incluyámonos todos. ¿O es que cada vez más los adultos no andamos pendientes de las pantallitas? ¡Si hasta mi abuela de 92 años anda medio enganchada al WhatsApp! El otro día me dijo que le gustaba más la foto que me había puesto de perfil, más que la otra quería decir, que no le gustaba nada (no me atreví a preguntarle el porqué).¡Y gracias a Dios que casi no me cambio la foto porque me lo dijo apenas a los 5 minutos de hacerlo! En ese momento comprendí que el mundo se enfrentaba a una disyuntiva civilizatoria. Si le pasaba eso a mi abuela, ¿qué no le pasará a los menores? ¿Qué les podemos pedir si nosotros no damos ejemplo?

La tecnología en abstracto puede ser neutral pero en concreto jamás lo es. Es buena o mala, punto. Cuando con el cuchillo cortamos el pan y nos hacemos un bocadillo bien sabroso es buena o cuando el cirujano con su bisturí nos salva la vida de una letal enfermedad. Pero es mala, peligrosa, en manos de un asesino, de un ladrón o de una persona que sufra una enfermedad mental que lo enajene de su personalidad real. Hoy tenemos que preguntarnos quién controla la tecnología que nos tiene pasando tanto tiempo de nuestras vidas frente a esas pantallas.

¿Quién están detrás de su fabricación, gestión, producción y difusión de contenidos? ¿Quién decide qué mensajes o contenidos prevalecen por encima del resto? ¿El Espíritu Santo del capitalismo? ¿La “mano invisible del mercado” que diría un Adam Smith deformado por los neoliberales actuales que se quedan con lo que les interesa y ocultan sus diversas críticas al capitalismo? ¿Quién es el dueño de la mano que mece la cuna de tantas horas de nuestros días? ¿Quién y dónde habita?

Por eso creo que el documental cubano La dictadura del algoritmo de Javier Gómez Sánchez es de obligada visión y difusión. En él diversos especialistas y artistas nos dejan reflexiones de calado y nos facilitan que esa maraña de datos tras la cual se ocultan los dueños de nuestros medios parezca un poco menos tupida. Es necesario que este documental llegue a los jóvenes, a las aulas, a docentes y discentes, que los conciencie y haga que las autoridades y el pueblo en permanente diálogo constructivo sepan a qué enemigo se enfrentan. Porque no está afuera, está muy dentro. Tan dentro de nuestras fronteras que ya ha invadido nuestras casas, sus hogares, con una sonrisa y se ha colado incluso en nuestras espacios más íntimos.

En un país como Cuba donde ya 4,2 millones de habitantes de una población de poco más de 11 millones tiene acceso a Internet,[5] cada vez más los problemas anteriormente apuntados requerirán una respuesta lo más inteligente y contundente posible para enfrentar sus efectos adversos (luego pasaremos a enumerar los positivos que todos conocemos pero rara vez verbalizamos). Estos efectos hostiles, si ya son negativos en los lugares donde son los capitalistas los que controlan el país de un modo directo a través de su economía (como por ejemplo en España donde solo el 13,51% de los trabajadores activos están contratados por el Estado)[6] o indirecto mediante sus representantes políticos pagados por grandes capitales que permiten y dan la luz verde a la aparición de sus rostros en los medios de comunicación de su propiedad y por tanto sustentan la partidocracia entre la población; estos mismos efectos negativos pueden ser desastrosos para un país donde la mayoría de su dirigencia política quiere caminar hacia la construcción del socialismo y la mayor parte de trabajadores labora para el Estado. Un país de 11 millones de habitantes que sufre un embargo de más de 60 años de parte de su desagradable vecino de 330 millones que de modo mafioso penaliza a cualquier país del mundo que quiera comerciar con Cuba, un enemigo que pese a su lento pero inexorable declive todavía es la mayor potencia militar del planeta y el segundo país con mayor producto interior bruto del mundo.[7]Nadie querría tener un vecino así.

Así pues, ¿qué efectos tendrá sobre la conciencia de millones la exposición continua a estas redes y sus algoritmos controlados por la clase dirigente estadounidense que está deseando que Cuba abandone la senda de la construcción socialista y se incorpore plenamente a la dictadura capitalista mundial? Dictadura de cuya lógica no se puede, evidentemente, desembarazar por completo por sí solo pues como sugirió con ironía Fidel: Cuba no vive en otro planeta.[8] Por eso mismo, a largo plazo, Cuba necesita la revolución socialista mundial en los países más adelantados en el desarrollo de las fuerzas productivas externas y los revolucionarios de los países capitalistas más desarrollados necesitamos que en Cuba siga existiendo un pueblo con un desarrollo cultural (fuerzas productivas internas al ser humano) tan fuerte como el cubano. Porque con todas sus limitaciones, nos sigue enseñando que otro mundo mucho más humano todavía es posible. ¿Qué ocurriría si como dijo Engels en 1847 en Principios del comunismo la revolución triunfara simultáneamente en los países más desarrollados? ¿Cómo viviríamos todos (incluidos los cubanos) si Estados Unidos, la Unión Europea, la India o Japón fuesen socialistas? No solo ganaríamos en bienestar económico, en desarrollo tecnológico y en intercambio cultural sino también en democracia. Los unos y los otros.

Confieso que tras casi un año del inicio de la pandemia mundial del Covid-19, mientras en mi país capitalista “desarrollado” las víctimas eran mucho mayores cada 100 000 habitantes que en Cuba con un porcentaje de 2 frente 137 muertos,[9] sentí una envidia buena, de compañeros, de cómo se gestionaba la crisis sanitaria en Cuba. Cómo pese a todas las carencias y los obstáculos se ponía el valor de cada una de las personas por encima del dinero mientras aquí en España con un “supuesto” gobierno “de izquierdas” (PSOE más Unidas Podemos) se intentaba hallar un imposible equilibrio entre economía y salud que siempre acababa desplazándose a la preminencia del poder del dinero, del capital, sobre la salud de la población. O lo que es lo mismo: libertad para los negocios, muerte para las personas. Y en esas seguimos.

Mientras Cuba tiene una industria farmacéutica pública desarrollada, mi país “desarrollado” esperaba a que otros les vendieran sus vacunas porque aquí la industria farmacéutica ni es pública ni especialmente desarrollada. De hecho, por la competencia de esas farmacéuticas privadas que nos iban a vender sus vacunas y su intención de pugnar por el mercado capitalista mundial ante una pandemia global (sufrimiento humano + capitalismo = pingües beneficios), a quien les escribe le pusieron la primera dosis de dos necesarias de una marca y tras una extraña campaña de desprestigio mediático de la misma en razón a unos efectos secundarios que sufrieron algunas personas; ahora mi gobierno, todavía no sabe si nos pondrá la segunda (prometida) vacuna de la misma empresa privada, de otra o nos dejará solo con la primera y por ende con un nivel de protección inferior frente al virus. Cosas de la anarquía del “libre” mercado y ese capitalismo tan generador de riquezas como destructor de las mismas.

¿Ese es el sistema al que quieren que Cuba se dirija? No quiero pensar cómo quedaría situada Cuba si en un futuro próximo abrazara ese capitalismo internacional si los habitantes de España con cuatro veces su población y 14veces su PIB vivimos como vivimos (1 de cada 3 niños pobres).[10] ¿Cuál sería el destino de la mayoría de los cubanos? Sin duda alguna, unos pocos bien situados, se harían más ricos (si entendemos tan pobremente la riqueza como para igualarla a la cantidad de dinero que posea cada sujeto, ya saben, aquella mercancía con la que todas las demás se compran y suele acabar colonizando la mente de su poseedor), pero (repito), ¿cuál sería del destino de la mayoría de los cubanos? ¿Y cuál el de la cultura que hoy se promueve desde las instancias públicas? Yo se lo adelanto: sería barrida. En España, uno de cada cinco niños de 9 a 12 años no sabe que la capital de su país se llama Madrid.[11]

Si Cuba no se defiende produciendo unos contenidos que pugnen contra la industria cultural capitalista que les acecha desde la intimidad de sus hogares, estará perdida. Absolutamente perdida. Y nosotros en nuestro mundo capitalista más desarrollado estaríamos más perdidos sin su ejemplo de lucha y resistencia humanista. Y para ello de nada sirve la censura, es imposible porque solo hace más apetecible el producto prohibido que será obtenido sin grandes problemas en el mercado negro o con los contactos con los familiares emigrados a Estados Unidos o a Europa. No se le pueden poner puertas al mar. Además de que quien les escribe, quitando casos extremos que ponen en peligro la integridad de las personas, está en contra de toda censura del florecimiento que supone la libertad individual para una sociedad que camina la senda del socialismo. La mejor sociedad la construyen en armonía la suma de sus mejores individualidades. Solo desde el convencimiento se conquistan las mentes y los corazones, no mediante imposiciones legales que, a veces, hipócritamente son infringidas por los mismos que las promulgan y permiten el florecimiento de mafias y mercados negros. ¿Alguien se acuerda de Al Capone y La Ley Seca o cómo el mercado negro y sus mercaderes acabaron tragándose a la URSS? ¿Acaso Cuba está inmunizada a que no le afecten ninguno de estos males que algunos revolucionarios valientemente han denunciado y acertadamente designado a sus autores como “pichones de oligarcas”?[12] Habrá que estar muy atento, porque los malos pájaros, si se les deja, crecerán deprisa y volarán muy alto.

La dictadura del algoritmo capitalista que rige las redes sociales y las industrias culturales donde cada vez más jóvenes cubanos se sociabilizan, no es solo peligrosa para ellos sino también para sus padres y los propios dirigentes. El Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado del Estado Mayor Pedro Baños, experto español de contrainteligencia en la reserva, comenta cómo una parte de los líderes soviéticos fueron seducidos por los cantos de sirena capitalistas mediante series norteamericanas tan nimias como Falcon Crest (1981/1990). El “efecto Falcon Crest” demuestra, según el Coronel Baños, “que nadie escapa al influjo de lo que ve en los medios de comunicación”.[13] Cuando uno está cansado de pisar la tierra que siempre ha pisado, del duro sabor a la realidad y desde el cielo le ofrecen un sabroso fruto que promete librarle de todos sus problemas bajo una atractiva forma es fácil tirar la toalla. Imagínese que en un combate de boxeo, el púgil duramente golpeado con dificultades de levantarse fuera tentado por una atractiva mujer que le dijera: no te levantes, deja que pase el tiempo que después yo te llevaré a casa, te cuidaré y te daré mimos. ¿Cuántos boxeadores no hubiesen colgado los guantes?

La solución no es taparnos los ojos y no ver las pantallas, porque esa tecnología también nos trae oportunidades maravillosas: la posibilidad de contactar y acercarnos a personas de diferentes países enriqueciendo nuestro conocimiento de este planeta que todos compartimos, la disponibilidad de leer una cantidad de libros que antes no estaban ni en la mayor biblioteca del mundo, de disfrutar música y arte, de compartirla, de aprender a tocar un instrumento o a manejar un programa de ordenador o incluso reparar el motor de un coche averiado. Por eso Marx afirmaba que la misión histórica del mercado capitalista era poner a todos los seres humanos del globo en mutua interdependencia.

 ¿Cuántas cosas no podemos aprender si nosotros controlamos a la máquina y no somos controlados por su algoritmo? Pero hay un problema: no podemos conformarnos con pedir a la mayoría de la población esa capacidad de autocontrol. No es cómodo tener que estar constantemente luchando contra el algoritmo y los productos, los sonidos o las imágenes con las que nos tienta. Sería una quimera. Esa guerra cultural, política, la perderíamos. Hemos de ir un paso más allá. Hemos de construir una industria cultural contrahegemónica, socialista, internacional que cree contenidos tanto o más atractivos que los que la industria cultural hegemónica del capital nos ofrece. Pero que lo haga promoviendo la cultura, el humanismo y la fraternidad entre los pueblos. Llevo más de 5 años pidiéndolo y el documental de Javier Gómez Sánchez me ha vuelto a recordar su imperiosa necesidad.[14]

Es la única posibilidad de que mañana el mundo sea socialista y no más bárbaro de lo que es hoy. Es la única posibilidad de que en Cuba el capital no vaya ganando espacio en la economía y en los sueños de sus habitantes. Y para construir esa industria cultural “del bien” necesitaremos muchos recursos, mucha unión y visión internacionalista. Cuba no puede enfrentarse a YouTube. Cuba perderá frente a YouTube. Es honesto reconocerlo. Perderá si no hacemos nada. Los algoritmos promoverán los contenidos contra el gobierno cubano, exagerará sus fallas y se inventará otras que jamás haya cometido. Lo bueno no aparecerá más que a los ya convencidos. Pero a convencidos y no convencidos le aparecerá todo lo malo (lo inventado, lo real y lo exagerado). Y eso día tras día hace mella. Desgasta, multiplica la duda, debilita, hace que colguemos los guantes.

Para construir esa Industria Cultural Contrahegemónica, Cuba necesita al mundo y el mundo a Cuba. Sincera y humildemente creo que el gobierno cubano debería contactar con todos los gobiernos del mundo que estén interesados en apoyar esta industria cultural como hizo con los medios con Telesur (pero aprendiendo de los errores). Debe crear esa industria con todos los gobiernos y las organizaciones internacionales que compartan un mínimo común múltiplo de humanismo, respeto a la vida, la fraternidad, la solidaridad y luche contra la otra industria del beneficio privado.  Pero para hacerlo tiene que proponerlo, realizando un esfuerzo económico proporcional según la riqueza de cada país y los miembros de las organizaciones socialistas y comunistas internacionales que la apoyen. Con los recursos intelectuales y materiales de Cuba, por muchos que sean los primeros en relación a sus habitantes, no bastará.

Eso sí, y esto es muy importante: esta industria contrahegemónica no puede transformarse en un instrumento de propaganda sin más. Si lo hace, fracasará.  No puede no dejar espacio para la autocrítica y la crítica de los pueblos a sus gobiernos, porque si ellos no fomentan la crítica el pueblo la buscará en los medios y la cultura del capital. Es clave retener esto. Los revolucionarios no pueden ocultar la verdad aunque duela porque la verdad siempre es revolucionaria. Y por eso esa industria cultural debe ser un lugar donde haya espacio para el debate y se pueda cuestionar lo que hace desde el presidente de la República al Papa o el presidente de un país amigo. Todo desde el respeto y la educación. Pero si no hay espacio para la crítica, las estructuras se esclerotizan y acaban estallando (Rumanía) o colapsando (la URSS). Y no basta con hacerla en los lugares adecuados, a veces es necesario hacerla públicamente y darle la voz a un pueblo del cual no nos podemos divorciar so pena de que tarde o temprano nos abandone.

Así que además de fomentar todo lo que intenta destruir la industria del capital y los algoritmos a su servicio, este nueva industria cultural transnacional que hemos de construir debe permitir e incluso fomentar la sana autocrítica. No para fomentar una lucha cainita sino para demostrar que somos capaces de construir juntos siendo críticos los unos con los otros y de este modo ir superando nuestros errores. Dicen que los buenos amigos se dicen la verdad. Lo fácil es ocultarla y evitar el conflicto. Mis mejores amigos siempre me han dicho cuándo ellos han considerado que he hecho algo mal y yo he sabido valorar su consejo, estuviera de acuerdo o no, como un ejemplo de amistad, de fidelidad, de amor. Nadie que no sea tu enemigo y te quiera, callará si ve que estás haciendo algo que considera erróneo, que te puede dañar. Nadie que te ame lo hará a no ser que sea un cobarde o un cínico.

El pueblo cubano y el resto del mundo socialista, comunista, tienen dos opciones: o que el algoritmo de YouTube y las otras redes del capital poco a poco o mucho a mucho los venza o hacer nuestro propio YouTube, nuestro propio Facebook y que su algoritmo les venza a los que ahora claman victoria. Que libremente los pueblos del mundo decidan si prefieren sus contenidos humanistas, socialistas, a los otros.

La decisión es sencilla, su aplicación requerirá de gran determinación, muchas conversaciones y muchos esfuerzos además de una gran celeridad. Cada día que pasa es un día perdido para la causa. Quien les escribe es profesor y youtuber marxista y lo sabe. Tengo un canal de YouTube desde el que intento difundir desde hace un año de un modo divertido, divulgativo, el pensamiento marxista. Pese a mis 39 años, la mayor parte de mi público tiene entre 25 y 34 años aunque hay un importante porcentaje de entre 15 y 24 años, lo que me hace muy feliz. Sin embargo, como no entro en el juego capitalista de YouTube de monetizar mis vídeos para transformar la atención de mis espectadores en mercancías que YouTube pueda vender a los anunciantes, YouTube promueve menos mis vídeos. Mientras tanto los youtubers de derecha se ven propulsados hasta alcanzar la vista de todos sus usuarios: tanto de izquierda como de derecha. Los míos no. El algoritmo de YouTube me ignora. ¿Por que le caigo mal? No, el algoritmo no tiene personalidad, simplemente al “pobre” lo han programado así.

Algún lector de buena voluntad podría decirme, Jon, no sea usted tan intransigente y monetice sus vídeos. Hágalo por la causa. Al fin y al cabo usted está haciendo un trabajo no remunerado del que YouTube se aprovecha para capturar público que ya recibirá publicidad en otros canales que sí se moneticen y el algoritmo los redirija tras acabar de ver unos de sus vídeos. Claro, además, según YouTube el algoritmo dirigirá a mis espectadores a un contenido similar que les pueda interesar. Por supuesto, esta es la teoría, muy bonita. ¿Sabe cuál es la realidad? La realidad es que en mi canal tengo un programa llamado “Tu YouTuber Marxista” que como podrá imaginar no se dedica a hablar de lo maravilloso que es el capitalismo y curiosamente ya son muchos los que me han dicho (y yo mismo lo he vivido) que al acabar de ver uno de mis vídeos, han reportado que el algoritmo “celestial” e “inmaculado” de YouTube les ha iniciado la reproducción de uno de los vídeos del periodista y escritor anticomunista español Federico Jiménez Losantos, conocido por escribir libros con nula rigurosidad histórica donde poco menos que compara a Marx y el resto de comunistas con sedientos asesinos en serie. Ya saben, “contenido similar”, según YouTube.

A ese mismo lector de buena voluntad, también le podría decir que si monetizara mis vídeos y pusiera la palabra “capitalismo” en uno de ellos, YouTube me pagaría menos porque los anunciantes (capitalistas) huyen de esos contenidos. Y YouTube, evidentemente, se lo pondría menos a su público porque ellos no recibirían el dinero de los anunciantes. ¿Y cómo voy a criticar al capitalismo sin nombrarlo? Y así con muchas palabras más. Por tanto, nadie puede ganar a YouTube desde YouTube, con sus reglas. Sería igual que si alguien quisiera hacer la revolución socialista jugando al Monopoly. No, no están diseñados para eso sino para lo contrario.[15] Por eso necesitamos nuestros propios medios y nuestra industria cultural.

¿Sabía que tras acabar la II Guerra Mundial la mayoría de los franceses pensaba que la clave de la victoria contra el III Reich de Hitler había sido de la URSS y que ahora en el siglo XXI piensan, tras cientos de películas hollywoodienses que sobrescriben la historia mundial en las mentes de generaciones y generaciones, que el papel clave fue el de Estados Unidos? De hecho, una parte importante de la gente joven, más allá de sus miserias (que sin duda las tuvo y no en grado menor) piensan que la URSS, los soviéticos y los nazis eran aliados y que incluso su ideología era muy parecida sino prácticamente calcada. Una alumna de preuniversitario (en España, bachillerato) me aseguró en una clase que los nazis eran de “izquierdas”. A esto hemos llegado. Y el camino hacia el infierno de la ignorancia supina es infinito.

Quizás dentro de unas décadas la mayoría de los cubaos piensen que Fidel, el Che y Raúl eran en realidad unos ambiciosos capitalistas que montaron una guerrilla para quedarse con todo el terreno cultivable de Cuba y venderle azúcar a los terratenientes colombianos a cambio de cocaína con la que evitaban que la población se rebelase. Sumado a ello en realidad la Invasión de Bahía Cochinos podría acabar siendo una iniciativa del bueno de Kenedy para restaurar la democracia de la que gozaban los cubanos con Batista y su propio asesinato en Dallas seguramente ordenado a algún francotirador “castrista” por Fidel. O quizás por Lenin, o Marx, ¿quién sabe? Puede que en la futura neohistoria, controladas por sus fuentes y sus algoritmos, en 1964 todavía siguieran vivos.

Todo es posible cuando la memoria se impone y la cultura se apaga, cuando las pantallas se encienden y los libros se cierran, cuando el algoritmo controla nuestras vidas y nuestra voluntad se entierra. De nosotros dependerá vencer al algoritmo del capital o hacernos sus súbditos. Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie. Palabra de profesor, palabra de youtuber, palabra de revolucionario.

 

Por Jon E. Illescas | 14/06/2021

 

Notas:

[1] CIA. The CIA World Factbook (2020). Estados Unidos (no se especifica la ciudad): Carlile Intelligence Library. Volumen III, p. 206.

[2] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019].

[3] Las relaciones de producción.

[4] Tras que Marx escribiera este prólogo vimos que las clases dominantes aprendieron la lección y aprendieron a hacer revoluciones desde arriba como la Meiji en Japón (iniciada en 1868) para evitar las revoluciones desde abajo, mucho más peligrosas para sus intereses.

[5] Datos del documental referido y del censo oficial del gobierno cubano.

[6]13,1 de la clase trabajadora activa, 11,35 de la clase trabajadora incluida la no activa que consta como que está buscando empleo activamente (hay otra parte de la clase trabajadora que no está registrada por ser paro estructural de larga duración o lumpen, datos cruzados de la presidencia del gobierno español y el INE (Instituto Nacional de Estadística, partiendo de la población activa y en paro en el primer trimestre de 2021 y el número de empleados públicos facilitado en nota de prensa oficial el 14 de febrero en la web de la presidencia del gobierno de España).

[7] Desde 2014 según el propio FMI.

[8] Declaraciones efectuadas en el documental Looking for Fidel que Fidel Castro grabó junto al cineasta estadounidense Oliver Stone, producido por la productora española Morena Films. Las palabras de Fidel fueron: “Estados Unidos nos bloquea, todos los socios de Estados Unidos. Entonces, yo le preguntaría a Estados Unidos, ¿con qué planeta y con qué país vamos a comerciar?” ante la pregunta de Stone de por qué comerciaban con países con gobiernos como el de Irán.

[9] Datos de la Universidad John Hopkins de Maryland, en febrero de 2021.

[10]Datos del Banco Mundial y el Eurostat (de la Unión Europea, respecto a la llamada tasa AROPE sobre riesgo de pobreza y exclusión social.

[11] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019], p.69.

[12] Sánchez, Iroel (2019), Cuba frente al buen vecino. Entre el contrato y la herejía. La Habana: Ediciones Abril, pp. 53-59.

[13]Baños, Pedro (2020), El domino mental. La geopolítica de la mente. Ariel: Barcelona, p.31.

[14] Illescas, Jon E. (2018, 3ª ed.), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo [2015].

[15] Por eso el profesor Bertell Ollman inventó en los setenta un juego de mesas que fue un éxito en Estados Unidos llamado “Lucha de clases”, la antítesis del “Monopoly”, pero desgraciadamente, ¿adivinen qué? Pese a vender mucho el mercado capitalista y sus empresarios desde sus diferentes resortes de poder acabaron quebrando la empresa del bueno del profesor Ollman y sus socios y comprando su juego que pronto dejó de comercializarse.

Jon E. Illescas es Doctor en Sociología, DEA en Comunicación Audiovisual y Licenciado en Bellas Artes, autor de tres libros, el 2º de ellos publicado en Cuba: Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes (El Viejo Topo, 2ª edición de 2020), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 3º edición en 2018 y publicado por la editorial cubana de Ciencias Sociales en 2019) y Nepal, la revolución desconocida. Crisis permanente en la tierra de Buda (La Caída, 2012). Artículo finalizado el 10 de mayo de 2021.

Publicado enCultura
«El planeta se nos va y es necesario frenar de inmediato la locomotora del crecimiento»

Entrevista al profesor y activista Carlos Taibo

 

El profesor y activista publica Decrecimiento, un libro en el que resume su «propuesta razonada» para sortear el colapso ecológico y revertir los estragos del capitalismo.

Siempre ha habido personas en la historia que han sido rechazadas, vilipendiadas e incluso ejecutadas por revelar la verdad. El asunto es tanto más desagradable cuando chocan religión y ciencia. Giordano Bruno, Miguel Servet o Galileo Galilei son ejemplos de sobra conocidos.

En Occidente, en el siglo XXI, hay una nueva religión que, sin hogueras, está tan poco dispuesta a que se cuestionen sus dogmas como las antiguas iglesias cristianas. Se trata de la religión impuesta por la economía capitalista y los mercados. Millones de vidas humanas son sacrificadas cada año en el altar de los mercados. El objetivo, siempre, es crecer. Y no crecer, o no crecer lo suficiente, provoca un reguero de víctimas en todas las especies del planeta. Antes de dejar de crecer, el capitalismo parece dispuesto a extinguir la vida en la Tierra. El dios que se esconde detrás de esta locura, tan sádico e implacable como el del Antiguo Testamento, tiene un nombre: Producto Interior Bruto (PIB).

Carlos Taibo (Madrid, 1956), conforme a lo descrito anteriormente, es un hereje. Como activista y como profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid ha denunciado los excesos del sistema señalando lo que debería ser obvio para cualquier economista: de donde no hay no se puede sacar. «Si vivimos en un planeta con recursos limitados no parece que tenga mucho sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente», afirma al inicio de su libro Decrecimiento (Alianza Editorial, 2021). Su «propuesta razonada» para hacer frente a la emergencia climática es un cambio radical de paradigma: hay que decrecer.

Para entender la perversión que se esconde tras este sistema económico es adecuado tener en cuenta que el PIB es «un índice que considera la contaminación como riqueza». Quemar combustibles fósiles incrementa el PIB. Talar un árbol incrementa el PIB. La obsolescencia programada que exige la explotación de más y más recursos naturales incrementa el PIB. Hay que parar esta rueda infernal y hay que hacerlo ya.

Para explicar esta premura, Taibo, que en libros y conferencias gusta de citar a sus maestros y colegas dentro del movimiento decrecentista (Serge Latouche, Nicholas Georgescu-Roegen, Ivan Illich, André Gorz…), suele recurrir a una enseñanza de Cornelius Castoriadis que podríamos llamar «la parábola del hijo enfermo». Dice así: «Si a un padre le comunican que es muy posible que su hijo tenga una gravísima enfermedad, la única reacción plausible del progenitor consistirá en colocar a su vástago en manos de los mejores médicos, para que determinen si el diagnóstico es certero o no. Lo que ese padre, o esa madre, en cambio, no podrá hacer será razonar diciendo: ‘Bien, si es posible que mi hijo tenga una gravísima enfermedad, también es posible que no la tenga, con lo cual parece justificado que me quede cruzado de brazos’. Ésta es, sin embargo, la actitud que la especie humana parece haber asumido en relación con la crisis ecológica».

¿No cree que el problema es precisamente ese, que no vemos el planeta como un hijo o alguien amado, como si estuviéramos por encima de él o fuera de él? Aun a riesgo de simplificar en exceso, ¿no es el «marco cultural» impuesto por el capitalismo el peor enemigo en esta crisis climática?

Así es. O, por decirlo de otra manera, el capitalismo ha conseguido colocar dentro de nuestra cabeza un puñado de ideas de las que es difícil, muy difícil, liberarse. Ideas que, claro, generan las conductas correspondientes en terrenos como los de la competitividad, la productividad, el consumo y el crecimiento económico. Los habitantes del Norte rico nos topamos con enormes problemas para salir de ese mundo. Las circunstancias son diferentes en muchas áreas de los países del Sur en las que perviven con fuerza culturas precapitalistas mucho más marcadas por la lógica del apoyo mutuo y mucho menos hechizadas por la identificación entre consumo y bienestar. Una identificación simplota donde las haya.

Nuestra relación con el planeta no se caracteriza precisamente por el amor y los cuidados. Lo demuestra la crisis climática y el agotamiento de las materias primas energéticas. Pero es que ese marco cultural nos dificulta también entender lo que significa la explotación cotidiana de miles de millones de seres humanos en un escenario lastrado por el trabajo asalariado, por la mercancía y, naturalmente, por la plusvalía.

¿Por qué el decrecimiento es la solución más lógica?

Prefiero acogerme a la idea de que el decrecimiento, que es una propuesta de alcance limitado, constituye un agregado, un complemento. Pero este complemento es imprescindible para cualquier proyecto serio de contestación del capitalismo en el siglo XXI. He dicho muchas veces que ese proyecto tiene que ser por definición decrecentista, autogestionario, antipatriarcal e internacionalista. Yo no soy un decrecentista libertario. Soy un libertario decrecentista: el meollo de mis percepciones lo proporciona la apuesta por la autogestión, por la democracia directa y por el apoyo mutuo. Ese es un buen modelo, sobre todo ahora. En un planeta que visiblemente se nos va, es necesario poner freno de inmediato a la locomotora del crecimiento.

¿Y cómo se decrece?

En el Norte opulento tenemos que reducir los niveles de producción y de consumo, pero tenemos que asumir otras muchas iniciativas: recuperar la vida social que hemos ido dilapidando, apostar por formas de ocio creativo, repartir el trabajo, reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras que empleamos, estimular la vida local frente a la lógica desbocada de la globalización. En definitiva, apostar por la sobriedad y la sencillez voluntarias.

En su libro pone usted mucho énfasis en ese aspecto: tomar el camino del decrecimiento debe ser una decisión «colectiva y voluntaria». Pero para eso necesitamos décadas, generaciones de pedagogía. ¿Tenemos tiempo para eso?

Tal y como están las cosas, entiendo que la pregunta es legítima. No hay más que echar una ojeada a los programas, productivistas y desarrollistas, de la abrumadora mayoría de los partidos. O a lo que defiende el grueso de los medios de comunicación. Pero creo que hay dos dimensiones que no deben escapársenos. La primera ya la he señalado: la posibilidad de que muchas de las respuestas que aquí, en el Norte rico, nos faltan lleguen de habitantes de países del Sur con poblaciones mucho menos corroídas por la lógica mercantil del capitalismo. La segunda sugiere que la conciencia de la proximidad de un colapso general podría provocar, también en el Norte, cambios importantes y rápidos en la conducta de grandes grupos de población. Y ya hemos visto señales de esto. Creo que esos grupos de apoyo mutuo que proliferaron al inicio de los confinamientos, hace un año, significan que una parte de la gente común empieza a hacerse las preguntas pertinentes. Y remarco lo de «gente común». No hablo de activistas hiperconscientes de movimientos sociales críticos.

Su discurso suele incomodar a la izquierda y a la derecha. Que incomode a la derecha es lógico, ¿pero cómo quiere convencer a la izquierda de que abandone sus viejos postulados? Usted critica a los nostálgicos de la vieja normalidad, los que añoran la socialdemocracia de posguerra, la industrialización, los sindicatos, el Estado del Bienestar… Muchos de esos derechos se han perdido. ¿No merece la pena luchar por recuperarlos?

Esa es una lucha muy respetable, claro que sí, pero en el mejor de los casos, es pan para hoy y hambre para mañana. Creo que la figura del Estado del bienestar debe vincularse, y estrechamente, con un momento histórico que ha quedado atrás: la llamada era del petróleo barato.

Hay que renunciar al pasado entonces.

Es que no creo en ningún proyecto que no acarree, con claridad, la voluntad de dejar atrás el universo del capitalismo. Y eso me obliga a ser profundamente escéptico. Y hay razones históricas para serlo. Eso que llamamos Estado del Bienestar obedece a unas fórmulas de organización económica y social propias y exclusivas del capitalismo, lo que dificulta hasta extremos inimaginables la práctica de la autogestión desde abajo. No cuestionan el orden de la propiedad imperante. Beben de una filosofía mortecina, la socialdemocracia, y de un burocratizado sindicalismo de pacto. Ya hemos visto cómo esta socialdemocracia y este sindicalismo no han venido a liberar, como anunciaban, a tantas mujeres que son hoy víctimas de una doble o de una triple explotación. Y, además, no responden a ningún proyecto de solidaridad con los habitantes de los países del Sur y no exhiben ninguna condición ecológica solvente.

Globalización disparatada

Cuando Taibo subtitula su libro con la frase «una propuesta razonada» no lo hace a la ligera. En Decrecimiento hay hasta 26 páginas de citas y bibliografía. El despliegue de ejemplos, datos y fuentes es abrumador. Citemos sólo algunos.

Los detractores del decrecimiento piensan que éste nos llevará de vuelta a la Prehistoria. Está calculado y, por supuesto, no es verdad. Para salvar el planeta debemos reducir nuestra huella ecológica y situarla en niveles no tan lejanos: «La década de 1980 no es la Edad de Piedra».

Hablemos de turismo: «El número de turistas que salen de su país pasó de 25 millones en 1950 a 1.500 millones en 2019, con efectos desoladores. (…) En Goa, en la India, un hotel de cinco estrellas consume el agua equivalente al abastecimiento de cinco pueblos, mientras la tubería que lo sirve cruza numerosas localidades que carecen de agua corriente».

¿Y qué decir de la industria de la alimentación? «La lechuga que procede del valle de Salinas, en California, se desplaza por carretera 5.000 kilómetros para llegar a Washington, con lo cual consume 36 veces más energía –en forma de petróleo– que lo que contiene en calorías. Cuando la lechuga llega, en fin, a Londres, ha consumido 127 veces más energía que la que corresponde a las calorías que incorpora». Y ya ni hablamos del uso de fertilizantes tóxicos que se usan en su producción. La apuesta por los productos locales y de proximidad, por tanto, no es una extravagancia hippie. Es una necesidad y tampoco es que suponga un sufrimiento insoportable.

Bueno, pensemos que hemos dejado atrás el capitalismo. ¿Qué ocurre con el ocio? Usando un viejo sintagma de las luchas obreras, necesitamos «el pan y las rosas». Usted señala que «el pan», gracias a formas de producción más enfocadas en la economía local y de cercanía, no es un problema. ¿Pero qué ocurre con «las rosas»?

La perspectiva del decrecimiento defiende lo que se suele llamar «ocio creativo». es decir, un ocio desmercantilizado que escapa a la creación artificial de necesidades. Y con esto se consigue otra cosa: evitar la uniformización, que es un proceso habitual en el mundo del ocio. Y más allá de él, también en el de la cultura.

Entonces, ¿en un futuro decrecentista no habría espacio para Netflix, para el fútbol, para los grandes conciertos?

Parece inevitable que pierdan peso, claro. La descentralización de los procesos de creación debe permitir que rebroten las culturas autóctonas y los medios de comunicación alternativos frente al poder ejercido por los conglomerados transnacionales. En ese contexto, pierden importancia las grandes plataformas mediáticas y esas parafernalias que están tan obscenamente vinculadas con los intereses de las élites dirigentes y que, a fin de cuentas, reproducen la miseria dominante.

Usted usa en diferentes pasajes de su libro un término acuñado recientemente: «convivencialidad». Creo que es un término que está empezando a ganar adeptos en Francia. ¿Es una maniobra léxica para dejar atrás el término «comunismo», o incluso «comunismo libertario» , que está maldito en nuestro marco cultural, que parece históricamente tóxico?

El término convivencialidad fue difundido, hace ya tiempo, por Ivan Illich. En mi percepción conviene oponerlo a la mercantilización que marca el grueso de las reglas que se nos imponen. Y conviene vincularlo también con la lógica del apoyo mutuo y con la defensa de los bienes relacionales frente a los bienes materiales. No tengo nada en contra del comunismo, a pesar de la enorme perversión que ha marcado su sistema de «capitalismo burocrático de Estado». Y tampoco tengo nada contra el concepto de comunismo libertario, o contra el anarcocomunismo. Me molestan, eso sí, y mucho, las gentes que en el mundo anarquista piensan que el comunismo es, por definición, un proyecto intrínsecamente perverso. En cualquier caso, creo que es más importante lo que colocamos por detrás de estos conceptos que su formulación verbal.

Hablemos de las mujeres y de su importancia en el decrecimiento. Se ha hablado del antropoceno. Luego, para acotar más el concepto, se ha hablado de capitaloceno. Y usted afina aún más y habla de androceno. ¿Por qué?

No lo hago sólo yo. Lo hace cada vez más gente. Parece evidente que muchas de las lógicas que vinculamos con los desastres producidos durante eso que se llama antropoceno o capitaloceno tienen una dimensión masculina y se vinculan estrechamente con la sociedad patriarcal y sus reglas. Estos conceptos, antropoceno y capitaloceno, arrastran cierta dimensión simplificadora, eso es obvio. Pero creo que, a la vez, subrayan de manera más fina en dónde tenemos que buscar responsabilidades. Salta a la vista que no todos los integrantes de la especie humana son responsables por igual del colapso que se avecina. La responsabilidad de hombres y mujeres no es la misma.

¿Usted cree, como Pablo Servigne, que el colapso es inevitable y que debemos centrarnos en cómo será la sociedad después de la catástrofe o cree que aún puede pararse el golpe?

Bueno, antes de responder a eso habría que preguntarse qué entendemos por colapso y qué diferencias tendrá geográficamente. Pero dejando estos matices al margen, creo que la postura de Servigne es defendible. Lo que suelo señalar es que, conforme a mi intuición, el colapso es inevitable. Así que lo único que podemos hacer al respecto es mitigar algunas de sus consecuencias más negativas y postergar un poco en el tiempo su manifestación. Y sí, creo que ahora una de las tareas más honrosas es anticipar los rasgos de la sociedad poscolapsista desde el horizonte del decrecimiento, la desurbanización, la destecnologización, la despatriarcalización, la descolonización y la descomplejización de nuestras mentes y de nuestras sociedades.

¿Cómo afronta usted las críticas de quienes intentan menospreciar su propuesta tachándola de primitivista, ludita y poco realista?

Prefiero que me atribuyan esos adjetivos antes que pasar por frívolo. La frivolidad es una condición que suele acompañar a esas críticas. Además, esas críticas, lo que hacen en el fondo es defender la miseria existente. En cualquier caso, habría que escarbar en el sentido preciso de esos adjetivos que usted invoca. Sospecho que me quedaría con muchos de los elementos de lo que se suele entender por primitivismo o por ludismo, que son, como poco, dos propuestas que merecen atención.

¿Y con lo de «poco realista»?

Eso también me lo quedo. Soy orgullosamente no realista en la medida en que hago mía la aserción de Bernanos: «El realismo es la buena conciencia de los hijos de puta». Éstos invocan la realidad como si viniese dada por la naturaleza y fuese, por tanto, inmodificable, cuando con toda evidencia esa realidad que invocan es el producto de la defensa obscena de los intereses más ruines y mezquinos.

Para terminar, denos alguna receta, alguna clave contra el ecofascismo. Díganos por qué es inmoral afrontar el reto climático como un problema demográfico.

Eso es fácil. Ya sabemos que el ecofascismo no es un proyecto negacionista ni del cambio climático ni del agotamiento de las materias primas energéticas. El ecofascismo parte de la certeza de que en el planeta sobra gente, de tal forma que, en la versión más suave, se trataría de marginar a quienes sobran. Y en la más dura postularía, literalmente, el exterminio. La música recuerda poderosamente a la que tocaron los jerarcas nazis. Otra cosa distinta es, claro, que, habida cuenta de los límites medioambientales y de recursos del planeta, asumamos un ejercicio voluntario de autocontención como el que postulan en el terreno demográfico la mayoría de las escuelas decrecentistas. Como antídotos contra el ecofascismo me remito a lo que ya dije antes: decrecimiento, desurbanización, despatriarcalización… Todo eso combinado con la defensa de sociedades asentadas en la autogestión, en la democracia directa y en el apoyo mutuo. Cien años después de la muerte de Kropotkin, la lectura de su libro me parece, por cierto, una recomendación muy sensata.

Por Manuel Ligero | 08/05/2021

Publicado enMedio Ambiente
Joe Biden quiere “ganar el siglo XXI” con la clase media estadounidense

Marcó una agenda ambiciosa basada en la creación de empleo y el apoyo a las familias en Estados Unidos

A cien días del inicio de su presidencia el presidente de EE.UU. presentó su agenda antineoliberal y prosindical con un discurso ante las dos cámaras del Congreso.

 

Desde Washington, DC. Pasaron sus primeros 100 días de gobierno y Joseph Biden ahora tiene por delante una agenda ambiciosa. Aspira a una ley que permita una inversión billonaria en infraestructura que permita crear empleos. Quiere otra que brinde apoyo del Estado a las familias. Todo pagado con aportes que vengan del 1 por ciento más rico del país. Su mensaje es claro: dice que esas son las iniciativas que le permitirán a Estados Unidos “ganar la competencia contra el resto del mundo por el siglo XXI”, en la que China aparece como el gran rival.

Biden delineó este plan el miércoles pasado, cuando habló, por primera vez desde su asunción, ante las dos cámaras del Congreso estadounidense. No fue un discurso presidencial normal. Por la pandemia, en el recinto de la Cámara de Representantes solo hubo 200 personas, un número que no incluye ni a la mitad de los legisladores.

La imagen igualmente fue histórica: detrás de Biden se ubicaron las dos presidentas de las cámaras, la vicepresidenta Kamala Harris por el Senado y Nancy Pelosi, tercera en la sucesión presidencial, por la Cámara de Representantes. Fue la primera vez que un mandatario estadounidense estuvo escoltado por dos mujeres en un discurso ante el Congreso. “Era hora”, dijo el demócrata en una de las primeras líneas de su discurso.

Desde el podio de la Cámara baja, Biden dio las definiciones de lo que será su gobierno. Su obsesión parece ser el empleo. Dijo esa palabra 46 veces en su discurso del miércoles, el tercer concepto que más repitió después de “Estados Unidos” y “estadounidenses”.

La piedra angular para generar puestos de trabajo será su Plan de Empleo Estadounidense, un paquete de dos billones de dólares que ya envió al Congreso. Con esto, busca modernizar autopistas, calles, sistemas de transporte e invertir en tecnología de la información, vivienda, construcción y la industria de vehículos eléctricos. Un “proyecto obrero para construir Estados Unidos”, lo caracterizó en el discurso.

No es una novedad en el discurso de Biden. El presidente pasó toda la campaña que lo llevó a la Casa Blanca refiriéndose a la clase media y a sus orígenes en Scranton, una ciudad del cinturón industrial del estado de Pensilvania. “Wall Street no construyó este país. La clase media construyó este país. Y los sindicatos construyeron la clase media”, enfatizó el miércoles.

La segunda iniciativa, que Biden recién anunció esta semana, está enfocada en las familias y en el cuidado de niños. La Casa Blanca la bautizó como el “Plan para las Familias Estadounidenses”, en línea con los nombres de los paquetes que ya presentó. Implica destinar más de dos billones de dólares a cuatro áreas: acceso a la educación, con ingreso a universidades comunitarias incluido; un sistema de cuidado para niños y niñas que sea accesible y de calidad; licencias por maternidad y paternidad, que en Estados Unidos no existen, y un recorte de impuestos para las familias. “La clase media y la gente trabajadora de este país ya están pagando suficientes impuestos”, dijo.

No es el caso de otros sectores del país. Para Biden, esos 4 billones van a gastarse sin incrementar ningún déficit. “Es tiempo de que el uno por ciento más rico de los estadounidenses y el Estados Unidos empresarial empiece a hacer su aporte”, enfatizó. También prometió que la IRS, la agencia fiscal de Estados Unidos, va a tomar “medidas enérgicas” contra “millonarios y billonarios que hagan trampa con los impuestos”. “La economía del derrame nunca ha funcionado. Es tiempo de hacer crecer la economía de abajo hacia arriba y desde el centro hacia afuera”, resaltó el mandatario.

Para el Partido Republicano, las palabras de Biden son motivo de horror y preocupación. “Aburrido, pero radical”, lo definió el senador por Texas, Ted Cruz, quien se quedó dormido en medio del discurso. Para él, el mandatario solamente se dedica a “mantener contentos a los izquierdistas radicales” . “El régimen socialista está aquí”, agregó.

También Mitt Romney, senador por Utah y una de las voces más moderadas del Partido Republicano, cuestionó las iniciativas del presidente. “Representan cuatro veces nuestro presupuesto federal”, se quejó. “No vas a unificar Estados Unidos si solo le hablás al ala progresista de tu propio partido”, añadió.

Sin embargo, aunque los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren elogiaron las menciones de Biden a los sindicatos y a los sistemas de cuidado en Estados Unidos, el ala más progresista del partido pide más. “Si decís que creés que la atención de la salud es un derecho y no un privilegio, entonces apoyá Medicare para todos”, se quejó en Twitter la congresista Ilhan Omar de Minnesota, en referencia a una iniciativa que el mandatario rechaza.

“No se le da suficiente crédito a los incontables activistas y organizadores cuyo trabajo incansable es la razón por la que apenas estamos escuchando algo esta noche sobre cuidado universal, supremacía blanca como terrorismo, trabajo y salarios dignos. No podemos parar hasta que se haga”, apuntó su colega Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York.

La agenda no tiene un camino fácil en el Congreso ante el que habló Biden. Tal como fueron presentados, los dos paquetes no alcanzarían nunca una votación. No tienen ningún tipo de apoyo del Partido Republicano, clave para evitar cualquier obstrucción en el Senado. El Partido Demócrata ahora tiene dos caminos: negociar con la oposición, que tiene sus propios planes en infraestructura y cuestiona el gasto que las dos iniciativas representan, o intentar aprobar lo que se pueda con votos propios.

Si hubo pasajes del discurso que parecían sacados de las promesas de campaña de candidatos progresistas como Sanders o Warren, también hubo propuestas que podrían haber estado en un tuit de Donald Trump. Aunque la mirada de Biden tenga escala mundial, no deja de tener el componente de “Estados Unidos primero” que tenía su antecesor. “No hay ninguna razón por la que las hélices de las turbinas eólicas no puedan construirse en Pittsburgh (Pensilvania) en lugar de en Pekín”, dijo Biden el miércoles pasado. “Todas las inversiones del Plan de Empleo Estadounidense se guiarán por un principio: Comprar productos estadounidenses”, agregó.

Para Latinoamérica, el hombre que solía hablar de una agenda de trabajo “desde Canadá hasta Argentina” hizo apenas una mención a Guatemala, Honduras y El Salvador en el tramo sobre inmigración. Habló de violencia, de corrupción, de pandillas, de inestabilidad política, de desastres naturales. “Tenemos que atender la raíz del problema por el que la gente huye hacia nuestra frontera sur”, se limitó a decir.

Por Aldana Vales

02 de mayo de 2021

Publicado enInternacional
Un hombre con mascarilla pasa junto a un vagabundo sentado en una acera en Manhattan, Nueva York (EE.UU.), el 5 de mayo de 2020.Mike Segar / Reuters

Se estima que las economías avanzadas se verán menos afectadas por el virus, mientras que los países de bajos ingresos y los mercados emergentes sufrirán más.

De igual forma que algunos pacientes que superan el covid-19 tienen síntomas de larga duración, la economía global seguirá notando efectos negativos "una vez que se desvanezca el rebote en forma de V de este año", pronostica un artículo de Bloomberg.

Según la publicación, si bien los estímulos por valor de 26 billones de dólares y la llegada de vacunas han impulsado "una recuperación más rápida" de lo que muchos anticipaban, "el legado de la educación atrofiada, la destrucción de puestos de trabajo, unos niveles de deuda propios de periodos de guerra y las desigualdades cada vez mayores entre razas, géneros, generaciones y geografías dejarán cicatrices duraderas, la mayoría de ellas en las naciones más pobres".

Los efectos que "duran décadas"

El profesor asistente Vellore Arthi, de la Universidad de California en Irvine, que ha examinado el impacto económico y de salud a largo plazo de crisis pasadas, explica que, aunque "es muy fácil después de un año agotador, o de más, sentirse realmente aliviado de que las cosas hayan vuelto a la normalidad", muchos de los efectos que vemos históricamente a menudo "duran décadas y no se abordan fácilmente".

En total, la caída del producto interno bruto el año pasado fue la mayor desde la Gran Depresión, lo que equivaldría a 255 millones de personas en trabajos a tiempo completo, según las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo. Entretanto, los investigadores del Pew Research Center calculan que la clase media mundial se contrajo por primera vez desde la década de 1990.

"Volver al estándar anterior al covid llevará tiempo", confirma Carmen Reinhart, economista jefe del Banco Mundial, al tiempo que recalca que las secuelas de coronavirus "no se revertirán" en muchos países.

De hecho, Bloomberg explica que no todas las naciones se verán afectadas por igual. Así, el Fondo Monetario Internacional considera que las economías avanzadas se verán menos afectadas por el virus este año y en el futuro, mientras que los países de bajos ingresos y los mercados emergentes sufrirán más.

¿"Una década de decepciones"?

El pasado mes de enero, el Banco Mundial advirtió en un informe que nos adentramos en "una década de decepciones en el crecimiento global" a menos que se tomen medidas correctivas. Los expertos consultados por la agencia matizan que no es necesario que se pierda una década si se toman las medidas políticas adecuadas, especialmente en las áreas de reconversión de las habilidades de los trabajadores y de apoyo a los más afectados por la crisis. 

Sin embargo, Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional, advierte de la existencia de "una incertidumbre genuina sobre cuánto cambia el comportamiento de la gente en términos de patrones de consumo como resultado de esta crisis". Si las personas vuelven a "comer en restaurantes, realizar viajes de placer, hacer ejercicio en gimnasios", muchas de las industrias afectadas revivirán, pero también es posible que "los gustos de la gente cambien de verdad", en cuyo caso habrá más desempleo, a lo que se une el hecho nada reconfortante de "no hay una buena solución del Gobierno para eso", recalca.

Por otro lado, como la crisis ha acelerado el uso de robots, tanto en la fabricación como en la industria de servicios, millones de puestos de trabajo se verán amenazados, con importantes interrogantes sobre si se crearán suficientes empleos nuevos en el proceso. De hecho, según McKinsey & Co, más de 100 millones de personas en ocho de las economías más grandes del mundo pueden necesitar cambiar de ocupación para 2030, viéndose más afectados los menos educados, las mujeres, las minorías étnicas y los jóvenes. 

Los efectos a más largo plazo también serán evidentes en el capital humano después de que la pandemia sacara de las aulas a niños y a los estudiantes universitarios durante un año en algunos países.

Finalmente, la forma de financiar una recuperación total será complicada por los 24 billones de dólares adicionales en préstamos que el mundo asumió en 2020, lo que eleva la deuda total a un nuevo récord de 281 billones, según el Instituto de Finanzas Internacionales.

Publicado: 19 abr 2021 02:19 GMT

Publicado enEconomía
"Ganar la competencia global con China": Biden propone un plan de infraestructura de 2 billones de dólares

La medida va a revertir la reforma fiscal de 2017 de Donald Trump, que redujo el impuesto de sociedades hasta el 21 %.

Joe Biden ha propuesto este miércoles un plan para destinar 2,25 billones de dólares a la renovación de la infraestructura de Estados Unidos, un paso que se da "una sola vez en una generación" y representa "la mayor inversión en los puestos de trabajo en EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial".

La suma necesaria para financiar el ambicioso plan se invertiría durante ocho años y procedería del aumento del impuesto de sociedades. El presidente estadounidense planea elevarlo hasta el 28 %, revirtiendo de esta manera la reforma fiscal de su antecesor Donald Trump, que redujo las tasas del impuesto de sociedades hasta el 21 % en 2017.

"Ahora mismo, una pareja de clase media —un bombero y una maestra con dos hijos— tiene un salario combinado de, digamos, 110.000 o 120.000 dólares al año, y paga 22 centavos por cada dólar adicional que gana en el impuesto federal sobre la renta. Pero una corporación multinacional que construye una planta en el extranjero —la trae a casa y luego la vende— no paga nada en absoluto", resumió Biden al explicar la situación actual en materia de impuestos.

"Vamos a subir el impuesto de sociedades. Fue del 35 %, demasiado alto. Hace cinco años todos acordamos que debería bajar al 28 %, pero lo redujeron al 21 %. Vamos a subirlo de nuevo al 28 %", señaló el presidente estadounidense, aseverando que "nadie debería quejarse sobre eso", ya que aun así "es más bajo que la tasa que había entre la Segunda Guerra Mundial y 2017". Además, la medida permitirá generar "un billón de dólares de ingresos adicionales en 15 años", agregó.

"¿Amazon pagando cero en impuestos federales?"

Biden señaló que "91 compañías de la lista Fortune 500 —las empresas más grandes del mundo, incluida Amazon— usaron varias lagunas jurídicas para no pagar ni un solo centavo de impuesto federal sobre la renta". "No las quiero castigar, pero está mal. Simplemente está mal. ¿Un bombero y una maestra pagando un 22 %? ¿Amazon y otras 90 corporaciones grandes pagando cero en impuestos federales?", preguntó.

Los fondos del plan de dos billones de dólares se destinarían para realizar mejoras en diversas áreas, desde la renovación de la infraestructura del transporte —incluyendo carreteras, puentes, redes de transporte público, vehículos eléctricos, puertos y aeropuertos— hasta la modernización de las escuelas, la red eléctrica, sistemas de aguas, desarrollo de la energía verde, acceso a banda ancha y atención a personas mayores y discapacitados.

Según Biden, el plan "creará millones de empleos, empleos bien remunerados" y "hará crecer la economía". "Nos hará más competitivos en el mundo, promoverá nuestros intereses de seguridad nacional y nos pondrá en posición de ganar la competencia global con China en los próximos años", afirmó el mandatario.

Publicado: 1 abr 2021 06:12 GMT

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125 residentes de Stockton reciben 500 dólares mensuales por dos años.

En qué gastan el dinero los ciudadanos que reciben un subsidio estatal

El experimento de la ciudad de Stockton prueba que utilizaron para pagar deudas, aplicar a trabajos y capacitarse para conseguir empleos de mayor calidad.

 

Un grupo de 125 residentes de Stockton, una ciudad de California, recibieron durante un año 500 dólares mensuales que podían gastar en lo que querían; y lo utilizaron para pagar deudas, aplicar a trabajos y capacitarse para conseguir empleos de mayor calidad. El experimento durará dos años y tiene como objetivo evaluar si el otorgamiento de una Renta Básica Universal disminuye el incentivo a buscar empleo. Para entenderlo en criollo, buscar saber si "todos los pobres son vagos y planeros". 

El experimento se denominó Demostración de Empoderamiento Económico de Stockton(SEED, según sus siglas en inglés) y fue promovida por el ex alcalde de la ciudad, aunque financiada por donantes filantrópicos de manera privada, incluida una organización sin fines de lucro dirigida por el cofundador de Facebook, Chris Hughes.

Consistió en seleccionar al azar a 125 residentes de la ciudad con un salario medio igual o menor a 46 mil dólares para transferirles 500 dólares mensuales sin condiciones: se les permitió gastarlo como les pareciera conveniente y no estaban sometidos a ningún test de drogas, entrevistas o requisitos laborales. También se seleccionó aleatoriamente un grupo de otras 200 personas demográficamente similares para comparar la evolución en los dos años que dura el experimento. 

Los resultados preliminares a un año de comenzado el ensayo juegan a favor de la Renta Básica Universal: al comienzo, 28 por ciento de los que recibían el pago tenían un empleo a tiempo completo. Doce meses después, la cifra ascendió al 40 por ciento. En el grupo de control, un 32 por ciento trabajaba a jornada completa al empezar el estudio, y un año después solamente había subido al 37 por ciento.

La categoría de gasto más grande cada mes fue comida, seguido de ventas / mercadería (que probablemente también fueron compras de alimentos al por mayor en hipermercados). Otras categorías principales cada mes fueron el pago de servicios públicos y cuidado del automóvil o transporte. Menos del 1 por ciento de las compras fueron para tabaco y alcohol.

Más allá del resultado en términos materiales, también resultó positivo para la salud mental. En el informe de resultados del estudio se incluyen algunas experiencias particulares.

"Me quedé en un matrimonio abusivo por mucho más tiempo del que debería haber estado, porque no tenía los fondos ni los medios para irme ", explica Chelsea y agrega que si algo como SEED hubiera aparecido antes en su vida, habría podido dejar esa relación varios años antes. Con los 500 dólares, decidió saldar y adelantar los pagos para asegurar la guardería de sus hijos. 

Uno de los participantes explicó cómo los pagos en efectivo le permitieron realizar una pasantía no remunerada que finalmente lo llevó a un trabajo remunerado. Otro explicó que el pago le permitió reducir sus horas de trabajo para capacitarse para ser martillero y conseguir un mejor empleo. 

Si bien se discute en términos teóricos hace años, el dilema de la Renta Básica Universal se instaló con fuerza en Estados Unidos después de que uno de los precandidatos demócratas, el empresario Andrew Yang, anunciara que financiaría un programa de este estilo como parte de su campaña: le entregaría mil dólares por mes a diez familias por el plazo de un año.

Con la crisis causada por la Covid-19, varios países comenzaron a poner en agenda la posibilidad de otorgar una Renta Básica Universal. Argentina no fue la excepción y, en diálogo con Página 12, el ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo dejó en clara su postura: "Estoy muy a favor de una renta básica universal acompañada de trabajo social garantizado y acceso a los servicios básicos". Y explicó que siempre la pensó no como una renta básica al “modelo europeo”, continente en que existe más que nada un problema de ingresos, sino agregándole la complejidad que la situación argentina demanda: tiene que estar asociada al trabajo. "A mí me parece que no se puede entender el problema social argentino sin vincular trabajo, ingresos y acceso a servicios. Escindir una de la otra es claramente un error", concluyó el ministro. 

La idea pura de una Renta Básica con las características de general, no condicionada y permanente no existe en ninguna parte del mundo. Las medidas más cercanas son en Alaska, Estados Unidos, que distribuye cada año a todos sus ciudadanos las ganancias por la actividad petrolera. También en Finlandia y en algunos casos a nivel local en California. Si bien podría funcionar en su manera pura para lugares poco poblados, el gasto que esto implica para sostenerlo a nivel país se hace inaplicable. Por eso aparecen variantes que se adaptan a la idiosincrasia y capacidad de cada país. 

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Una semana laboral de 4 días, la nueva apuesta de España

¿Fin de semana de tres días para siempre?

Varios comercios de España comenzaron a aplicar una semana laboral de 4 días, mientras todavía se debate si este año comenzará a regir esta medida a nivel nacional. En caso de implementarse el recorte de un día de trabajo, España se convertirá en el primer país europeo en tomar esta iniciativa.

Tras el rígido confinamiento aplicado el año pasado en España, los propietarios de una pequeña cadena de restaurantes en Madrid le ofrecieron recientemente a la moza Danae De Vries recortar un día a su semana laboral manteniendo el mismo sueldo.

“Es una maravilla, porque me da tiempo a trabajar, a ver familia, amigos, tener tiempo para estudiar”, señala De Vries, de 28 años, que estudia para ser instructora de teatro. “Es maravilloso tener tiempo, no ir con prisas, poder tener esa paz interior”, agrega.

Su jefa, María Álvarez, se vio obligada a realizar distintos cambios en sus dos restaurantes, lo que incluyó proponer una semana laboral rotatoria de cuatro días. Álvarez es madre de dos bebés y con su socio lucharon para mantener el negocio sin recibir ayuda alguna respecto del cuidado infantil.

“Se llegó a sentir que la sociedad había dado la espalda a las familias, que habíamos sido traicionados. Como dueños de un negocio, teníamos que hallar soluciones para nuestros negocios, nuestros empleados y también para nuestras vidas personales”, explica Álvarez.

La idea de llevar la semana laboral de cuatro días a nivel nacional todavía se está debatiendo en España. Uno de los proyectos pertenece al partido progresista Más País y consiste en un plan piloto de tres años que hará uso de 59 millones de dólares del fondo de recuperación de la Unión Europea por el coronavirus para compensar a cerca de 200 medianas empresas con el objetivo de que realicen ajustes en su fuerza laboral y reorganicen los procesos de trabajo a fin de adaptarse a una semana laboral de 32 horas.

Estos fondos serán destinados al subsidio de todos los costos extras de los empleadores durante el primer año de prueba y posteriormente reducirán la ayuda del gobierno a un 50% y 25% cada año consecutivo.

Héctor Tejero, legislador perteneciente a Más País en la asamblea regional de Madrid, precisa que la única condición es que el reajuste lleve a una reducción neta real de las horas de trabajo mientras se mantienen los salarios determinados en los contratos de tiempo completo.

“La idea no es que los fondos europeos paguen, que los españoles trabajen menos. La idea es que los fondos europeos sirvan para aprobar medidas que pueden aumentar la competitividad y la productividad de las empresas, que es lo que pretenden”, resaltó Tejero.

Los argumentos a favor de la medida plantean beneficios para la economía en general, ya que un fin de semana de tres días podría generar un mayor consumo, especialmente en entretenimiento y turismo, pilares de la economía española.

Según un estudio publicado este año por la revista Cambridge Journal of Economics, la reducción de las horas de trabajo de 40 a 35 por semana en 2017 habría tenido como resultado un crecimiento del PBI del 1,5% y 560.000 nuevos empleos. A su vez, los salarios también habrían aumentado a nivel nacional un 3,7%, lo que especialmente benefició a las mujeres, quienes más buscan trabajos de tiempo parcial.

Software Delsol, situada al sur de España, invirtió 400.000 euros el año pasado en la reducción de las horas de trabajo para sus 190 empleados y reportó que desde entonces tuvo una reducción de 28% en el absentismo, ya que la gente opta por ir al banco o a consultas médicas en sus días libres entre semana. Además, sus ventas aumentaron el año pasado un 20% y ninguno de sus empleados renunció desde que fue adoptado el nuevo plan laboral.

Sin embargo, los sectores críticos de la iniciativa manifiestan que una economía afectada por la pandemia no es el mejor escenario para este tipo de experimentos. Con una contracción de 10.8% en el PBI el año pasado, la peor desde la Guerra Civil de la década de 1930, España sufrió cierres intermitentes y la paralización casi total de viajes internacionales.

Algunos expertos plantean que la prioridad debería ser resolver el mercado laboral disfuncional del país, que arrastra una de las tasas de desempleo más altas de Europa y se vio afectado por empleos precarios y de salarios bajos.

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Entrega de efectivo a millones, en plan de rescate de EU

Las primeras iniciativas del gobierno de Joe Biden –el megarrescate económico, el apoyo explícito a derechos laborales y trabajadores migrantes, así como los nombramientos al gabinete económico– expresan un giro que podría marcar el fin de 40 años de la agenda neoliberal en Estados Unidos.

Hace justo 40 años Ronald Reagan estrenó la era neoliberal con el discurso inicial de su presidencia, en el cual incluyó su famosa frase: "El gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema". Entre las primeras acciones del ex actor, anunció una ofensiva contra el movimiento laboral, empezando con la destrucción del sindicato de controladores aéreos, y promovió una agenda de "austeridad" (con excepción del gasto militar) y reducción de impuestos y regulaciones para el gran empresariado.

Con esa agenda, en las pasadas cuatro décadas, gobiernos republicanos y democratas –el presidente demócrata Bill Clinton declararía en 1996 que "la era del gran gobierno se ha acabado"– han desmantelado y/o privatizado segmentos de los sectores públicos de salud, educación y hasta justicia criminal, reduciendo la red de bienestar social.

Los saldos incluyen un sindicalismo que ha llegado a su punto más débil en la historia moderna, el salario promedio real está al mismo nivel de hace 40 años y la desigualdad económica ha llegado a su punto más extremo desde poco antes de la Gran Depresión.

Durante cuatro décadas el eje de la política exterior de Estados Unidos fue promover "la democracia", definida como el libre mercado consolidado a través del libre comercio.

Apoyo a migrantes

Ahora en 2021, las primeras iniciativas anunciadas por Biden al llegar a la Casa Blanca fueron la de un magno paquete de apoyo y rescate económico enfocado en la clase media trabajadora, que incluye a los migrantes, así como la ampliación de servicios públicos (salud, educación, transporte, vivienda, asistencia social a familias y niños). Al mismo tiempo, ofreció la expresión más prolaboral y sindical de un presidente en décadas, al endosar un proyecto de ley para ampliar los derechos laborales y expresar apoyo a la campaña de sindicalización de casi 6 mil trabajadores de un almacén de Amazon en Alabama –cuyo dueño, Jeff Bezos, es el hombre más rico del planeta y uno de los 660 multimillonarios que han incrementado su fortuna durante la pandemia, en conjunto, en más de un billón de dólares.

El llamado Plan de Rescate de Estados Unidos de 1.9 billones de dólares (más del doble del promovido por Barack Obama en 2009) no sólo contiene medidas antipobreza, como los pagos directos de mil 400 dólares a los ciudadanos, sino también la ampliación de beneficios de desempleo y asistencia alimentaria y de renta para inquilinos, entre otras; incluye también acciones sin precedente, como el primer programa de ingreso familiar universal garantizado en la historia del país, con el cual se podría reducir a la mitad la pobreza infantil.

Estas medidas son temporales, durarán sólo hasta finales de año o menos. Pero el gobierno de Biden está preparando programas más ambiciosos, que buscan financiar proyectos de infraestructura, aplicar impuestos sobre los más ricos y la promoción de iniciativas económicas "verdes" para combatir el cambio climático, entre otras. Sus estrategas están apostando a que el enorme apoyo popular del que goza el Plan de Rescate se traducirá en suficiente apoyo para iniciativas adicionales que superen la resistencia política de buena parte de los republicanos y otros opositores.

Biden ha sorprendido a progresistas por su apoyo explícito al movimiento laboral, declarando en febrero que “los sindicatos elevan a los trabajadores… y especialmente a trabajadores afroestadunidenses y latinos”.

A principios de este mes el proyecto de ley Protegiendo el derecho a la organización (PRO Act), el cual propone revertir medidas antisindicales puestas en marcha a lo largo de las varias décadas, fue aprobado por la cámara baja con el endoso explícito del presidente y ahora goza de una amplia e inusual coalición de gremios y ambientalistas para su promoción en el Senado.

Proteger a los trabajadores, no sólo a las empresas

Mientras tanto, el consenso bipartidista sobre el libre comercio que ha imperado durante las últimas décadas también se está modificando y ya no es un objetivo casi sagrado. Katherine Tai, la recién ratificada Representante de Comercio de Estados Unidos, ha prometido –junto con otros altos funcionarios e incluso el secretario de Estado, Antony Blinken– enfocarse en cómo proteger los intereses de los trabajadores estadunidenses y el medio ambiente, y no sólo en promover más acuerdos para empresas.

Varios economistas y otros expertos están señalando que este giro podría estar marcando “el "fin de la era neoliberal", y que se está recuperando el viejo principio keynesiano sobre la necesidad de la intervención del gobierno en el "libre mercado" para defender los derechos sociales y los intereses básicos de las mayorías.

El propio Biden, en un discurso a la nación sobre el paquete de rescate, afirmó, como si fuera respuesta no solo a Reagan, sino a su colega demócrata Clinton, que "el gobierno no es alguna fuerza extranjera en una capital distante. No, somos nosotros, todos nosotros, el pueblo".

Para el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la propuesta de Biden es "transformadora" por su enfoque en "rescatar a gente de la pobreza". Comentó que con esto posiblemente se ha puesto fin a la economía trickle down promovida desde la época de Reagan y vigente hasta el gobierno de Trump. “Esto es lo opuesto a eso… es construir la economía desde el medio y desde abajo”, dijo en Democracy Now.

Otro Nobel de Economía, Paul Krugman, escribió en su columna en el New York Times, en referencia a la declaración de Clinton de 1996, que eso de “‘la era del gran gobierno se acabó’ [ahora] se acabó” y señaló que el plan de rescate económico de Biden representa "un giro contra la ideología que ha dominado la política de Estados Unidos por cuatro décadas".

Robert Reich, quien fue secretario del Trabajo con Clinton, festejó la aprobación del paquete de rescate, al cual describió como la "expansión más grande de asistencia gubernamental desde los años sesenta" y concluyó que “la lección económica es que el reaganomics ha muerto”.

Al descubierto, los saldos de la política económica

La resistencia progresista contra el neoliberalismo en Estados Unidos incorpora desde los grandes movimientos altermundistas, los cuales rechazaban lo que se llamaba el "Consenso de Washington" en los años 90, a movimientos contra la desigualdad económica y la concentración de riqueza, como Ocupa Wall Street, que surgieron en años recientes y que nutrieron después las sorprendentes campañas presidenciales, legislativas y locales de socialistas democráticos. Todo eso ha llevado a este giro en la política económica ante la crisis de salud y económica en Estados Unidos que dejó al descubierto los saldos reales del neoliberalismo.

En una reciente comparecencia ante el Comité del Presupuesto del Senado, presidido ahora por el ex candidato socialista democrático Bernie Sanders, Reich recordó la famosa frase del juez de la Suprema Corte, Louis Brandeis, "podemos tener democracia en este país o podemos tener gran riqueza concentrada en las manos de unos cuantos, pero no podemos tener ambas cosas".

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