Sorpresivo empate técnico por la presidencia argentina

Sorpresivamente el candidato del oficialista Frente para la Victoria (FpV), Daniel Scioli, llevaba la madrugada de este lunes mínima ventaja, con 36.33 por ciento de los votos, sobre el abanderado de la fómula derechista Cambiemos, Mauricio Macri, con 34.80 por ciento, en la elección presidencial celebrada este domingo en Argentina, con el escrutinio de 92.30 por ciento de los sufragios, lo que abrió la puerta a una histórica segunda vuelta a realizarse el 22 de noviembre.


En tercer lugar, se encontraba el peronista disidente Sergio Massa, de Unidos para una Nueva Alternativa (UNA), quien lograba 21.27 por ciento, al cierre de esta edición.


Todas las encuestas a boca de urna anticiparon el triunfo del FvP, por lo que sorprendieron los resultados preliminares cuando, al filo de la medianoche y con 67 por ciento de votos escrutados, las cifras favorecían a Macri con 36.24 por ciento contra 34.70 puntos de Scioli, aunque a medida que avanzaba el escrutinio y se integraban más resultados de provincia la brecha se fue cerrando y Scioli lograba una ventaja muy ligera.


En la sede de Cambiemos comenzaron desde temprano los festejos mientras, a raíz de los pronósticos de diferentes encuestadoras, continuaba la certeza del triunfo oficialista y la duda era si habría o no segunda vuelta.


Otra sorpresa fue el triunfo de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, donde la candidata María Eugenia Vidal se imponía sobre Aníbal Fernández, del oficialista FvP, por 39.12 por ciento contra 34.54.


Vale pensar en un escenario de segunda vuelta con el rearme de las alianzas y hacia dónde van a ir los votos de los peronistas que sufragaron por Massa o en algunas provincias por alianzas opositoras.


En estas elecciones acudió a las urnas 80.86 por ciento del padrón de 32 millones 37 mil 323 ciudadanos.


La jornada arrojó otras sorpresas, como en la provincia de Córdoba, donde el gobernador José Manuel de la Sota, quien triunfó recientemente, se unió a Sergio Massa y esperaban ganar en esa provincia. Datos extraoficiales indicaban que la alianza de Macri con la Unión Cívica Radical y otros partidos habría ganado en ese lugar, lo que sería una de las razones para la buena elección que está logrando Macri, el dirigente derechista de Propuesta Republicana (PRO).


Los representantes de todos los partidos y alianzas que participaron en estos comicios se comprometieron con la Cámara Nacional Electoral a respetar los tiempos antes de hacer anuncios, pero no lo hizo Cambiemos, que instaló antes de cualquier resultado oficial la idea de la segunda vuelta.


La posibilidad de una segunda ronda electoral cobró fuerza con un discurso de Scioli ante sus seguidores y previo a la divulgación de resultados. El candidato oficialista se dirigió a los indecisos y reafirmó sus propuestas al señalar que los argentinos no quieren volver al ajuste, la devaluación y el endeudamiento.


Más tarde, y también antes de que se conocieran las primeras cifras oficiales, Macri dijo que los resultados cambian la política del país, y alabó las banderas del peronismo, el socialismo y la izquierda, en un sorprendente discurso.


El FvP enfrentará su mayor desafío después de 12 años de gobierno y en un contexto en el que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se retira con más de 50 por ciento de aprobación. Estas elecciones se realizaron en el contexto de una de las campañas más sucias en la historia argentina, con injerencia externa –como la pública permanencia de una fuerza de tarea de los fondos buitres de Paul Singer repartiendo grandes sumas de dinero a la oposición política y sus poderosos medios de comunicación–, como denunció en su momento Fernández de Kirchner.


Pero también como informaron los escasos medios locales que no responden al poder mediático hegemónico, una red de organizaciones no gubernamentales que trabaja para fundaciones de Estados Unidos, o la constante actividad de algunos representantes republicanos contra el gobierno argentino, han operado en los últimos años para debilitar al Ejecutivo.
La situación hace crecer la incertidumbre política porque el sistema de segunda vuelta, consagrado en la carta magna de 1994, nunca se utilizó en los hechos; debió haberse aplicado en 2003, pero entonces Carlos Menem retiró su postulación y asumió Néstor Kirchner, recuerda el diario Ámbito Financiero.


Aún falta determinar el resultado en la elección de legisladores para ver cómo queda conformado el nuevo Congreso, ya que se eligieron también 24 senadores y 130 diputados nacionales.


Falta definir las gubernaturas en las provincias de Santa Cruz, Chubut, La Pampa, San Luis, San Juan, Entre Ríos, Catamarca y Jujuy. Hubo grandes festejos, curiosamente en todas las sedes de los contendientes, especialmente de Cambiemos, pero también en UNA. En el lugar donde se encontraba el FvP, también con festejos, los primeros resultados cayeron como balde de agua fría.


Los análisis más generales coinciden en que la muerte de Néstor Kirchner (2010) y la imposibilidad de una segunda relección de su esposa y sucesora obligaron a tratar de asegurar el proyecto nacional-popular no sólo sin un Kirchner al frente, sino sin que lo encabece alguien del núcleo duro kirchnerista.


Este es el escenario menos esperado que se hubiera podido imaginar.


Argentina no es sino una metáfora del reflujo del cambio de época en nuestra América. Metáfora que nos remite a una discusión amplia que debemos dar en las izquierdas sobre la cuestión de los liderazgos; la importancia de la vía electoral pero también la del trabajo territorial y la formación política; la necesidad de reactualizar el proyecto para seducir a las clases medias y la juventud sin perder la esencia original ni el núcleo duro que ha llevado adelante cada proceso; la unidad en la diversidad pues ningún país va a poder profundizar las conquistas logradas frente a una nueva derecha recargada y golpes blandos que no apuntan a un solo proceso sino a todos los del campo de la izquierda, sean estos revolucionarios o reformistas, señala un análisis de Katu Arkonada en la Agencia Latinoamericana de Información.

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Lunes, 19 Octubre 2015 17:58

El "gran salto" de Clara

El "gran salto" de Clara

La poderosa oligarquía bogotana conformada alrededor de los negociosinmobiliarios facilitados por el primer Plan de Ordenamiento Territorial del alcalde Enrique Peñalosa en el 2001, al igual que las mafias de la contratación en la administración distrital, se trazaron hace algunos meses

el objetivo de sepultar a Clara López como candidata de una gran coalición de izquierda y progresista al primer cargo de la capital de la nación.

No han ahorrado artimaña, ni procedimiento torticero para socavar el prestigio social, el reconocimiento político y la prestancia intelectual de ella.

La etapa preliminar consistió en la más sucia campaña de difamación y señalamientos cargados de mentiras y afirmaciones absurdas para afectar su honra y su buen desempeño como alta funcionaria del Estado y el gobierno de la Capital.

Se pasaron por encima, no les importó, que bajo su gestión como alcaldesa encargada de la ciudad, sus habitantes le reconocieran un alto nivel de aceptación y confianza merced a las excelentes labores como gestora de los asuntos públicos de una urbe con más de 9 millones de habitantes, afectada por escándalos de corrupción en la construcción de una de las rutas de Transmilenio, en el que se encontraron involucrados prominentes figuras del establecimiento colombiano.

Para no ir muy lejos, la reciente captura por corrupción del gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, y la muy segura privación de la libertad de su esposa, Zoraida Cruz, permanente Secretaria de Enrique Peñalosa, es una evidencia palpable del alto grado de involucramiento de reconocidos nombres de la dirigencia política en los desfalcos y atracos protagonizados por los integrantes del Clan Nule, traídos a Bogota por intermediarios cercanos a los partidos políticos mayoritarios como la U, el Centro Democrático, el Conservador, el liberal y Cambio Radical. Muchos de cuyos concejales purgan largas penas en centros penitenciarios.

El caballito de batalla de la propaganda negra ha sido su articulación al gobierno de Moreno Rojas, en el que brillo por su rectitud y seriedad. A ella se le exige con sevicia funciones de fiscalización que los verdaderos encargados de tal menester no realizaron, incluyendo los poderosos medios de comunicación, que hoy se rasgan las vestiduras, después de haber mantenido un silencio cómplice con las irregularidades detectadas, como resultado de las abundantes prebendas y prestaciones de que disfrutaban en el gobierno y presupuesto distrital.

Igual sucedió con otros altos funcionarios de la época, que encargados de administrar la hacienda pública y autorizar los desembolsos, jamás emitieron las alarmas que les correspondía y hoy falsamente quieren lavarse las manos, como Ortega, el ex secretario de Hacienda del momento.

Ya en plena campaña el recurso ha sido la más descarada manipulación de las encuestas. Conocidas consultaras de opinión, ligadas a obscuros intereses corporativos y transnacionales, saltándose las normas y regulaciones electorales, han desplegado una brutal y ventajista campaña
para afectar el prestigio de Clara López, mediante encuestas amañadas que han tenido como fin manipular el "voto útil" para inflar el candidato de las simpatías de la gran oligarquía, el señor Enrique Peñalosa, asociado
con diversas irregularidades en la ciudad cuando fue su Alcalde, como las detectadas en la línea de Transmilenio por la Avenida Caracas y la Autopista Norte, en las que se realizó un fraude con costos cercanos al billón de pesos; igualmente las relacionadas con la instalación de los bolardos, y los procesos de privatización neoliberal de las más importantes empresas públicas para favorecer el enriquecimiento de conocidas roscas del contratismo.

Conociendo el ascendiente de Clara entre amplios sectores de la sociedad bogotana, dichos estudios y encuestas han pretendido descalificar y minimizar, con argucias de diverso orden, el amplio peso de su liderazgo, construido con tesón y transparencia. Es que nada de lo que acompaña a la candidata ha sido fruto de los favoritismos conocidos y de las prácticas del clientelismo predominante en las relaciones políticas y partidistas.

Todo indica que el artífice de esta descomunal campaña contra Clara López es el mismísimo Vicepresidente de la Republica, Germán Vargas Lleras, socio de Peñalosa, quien dispone de los más abundantes recursos presupuestales para apalancar sus pretensiones políticas.

Pero fallaron en sus planes. La campaña de Clara, que reúne a todos los sectores democráticos y de la izquierda progresista, ganó espacio y audiencia como resultado de sus propuestas en favor de los sectores más afectados por la crisis, la pobreza y la exclusión.

Clara lanzó un compromiso con las conquistas sociales alcanzadas en los años recientes por los gobiernos progresistas.

Sus iniciativas más audaces plantean la organización de un sistema universitario nocturno gratuito utilizando la infraestructura de los megacolegios para establecer una facultad de ciencias de la salud y una amplia red de ingenierías y profesiones avanzadas, acordes con la revolución científica y tecnológica de nuestros días.

Proponen la generación inmediata de 380 mil empleos para los jóvenes bogotanos.

Incluyen el buen vivir, los derechos plenos de la mujer, una ciudad de oportunidades, un desarrollo consistente de la industria y la garantía de los derechos políticos democráticos.

Lo más importante. Clara como abanderada de la paz con justicia social ha planteado convertir a Bogotá en la capital de la convivencia y la reconciliación, para hacer realidad los acuerdos avanzados en la Mesa de conversaciones de La Habana.

Todo lo anterior, junto a un formidable trabajo de organización y movilización electoral en los meses recientes, ha derivado en un alto y creciente reconocimiento popular y ciudadano de su liderazgo.

Pese a las zancadillas y trampas, hoy Clara ha dado un "gran salto", convirtiéndose en la más segura alternativa para conducir los asuntos de Bogotá en el periodo 2016-2019, como la primera mujer alcaldesa de la capital de los colombianos.

Es el avance que se consolidara en las elecciones del próximo 25 de octubre.

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Miércoles, 09 Septiembre 2015 05:09

De progresistas, reaccionarios, utopías y cambios

De progresistas, reaccionarios, utopías y cambios

Una jovencita manifestó su confusión con algo que apunté en mi último ar¬tículo: la derecha es como la izquierda: una, múltiple e intercambiable.


Tiene razón. La primera parte de la frase suena a cinismo derechista, o desencanto izquierdista. En cambio, la segunda ("una, múltiple...") fue disparada por hechos emblemáticos, como la desastrada historia de la Concertación, en Chile, y partidos políticos como el PSOE o Podemos, en España.


Las palabras... ¡ay! ¿Cuántos politólogos se han explayado sobre el significado de los vocablos izquierda y derecha? Veamos la dificultad para asimilarlos.


Primero: derechas que se niegan a ser tratadas como tales, y hasta se dicen de izquierda moderna.


Segundo: izquierdas ancladas en el clasismo del siglo XIX europeo, por no hablar de su insólita capacidad para fragmentarse, al tiempo de advertir que sólo con unidad se podrán concretar las utopías anheladas.


Un debate poco fructífero. En parte, porque algunas izquierdas carecen de lo que a las derechas sobra: voluntad de poder. Y luego, porque otras izquierdas creen que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder.


Moción de orden. Si ambos vocablos se prestan a confusión... ¿por qué no revalorar términos como progresista y reaccionario? ¿No se trata de avanzar? Después de todo, un progresista difícilmente devendrá en reaccionario, mientras que un reaccionario siempre será...


Veamos al papa Francisco, a quien, sin ser de izquierda, nadie calificaría de reaccionario o derechista.


Con algunas derechas se puede debatir con seriedad: son progresistas. Con otras, jamás: son reaccionarias. Pero algo similar acontece con las izquierdas radicales o antiprogresistas.


¿Qué ofusca más a las izquierdas? ¿Gobiernos progresistas que las despojan de su discurso, o gobiernos reaccionarios que, a más de negárselo, las exterminan?


Cuando a finales del decenio de 1960 aparecieron gobiernos progresistas encabezados por militares, izquierdas y derechas les sacaron la lengua. ¿Y el caso de Hugo Chávez? Felizmente, Fidel las llamó a sosiego y ya no guardan dudas de que el líder bolivariano fue un gran revolucionario.


Es claro que el subcomandante Marcos no se dejó engañar. Primer guerrillero de la historia que usó Internet, Marcos dijo hace unos años que Chávez y Cristina eran fenómenos mediáticos. Y Evo, un indígena de arriba. Y López Obrador, lo mismo que Salinas de Gortari.


Como fuere, sería injusto (o sea, reaccionario), restar méritos al movimiento políticamente antipolítico, que a finales del siglo pasado pegó un disparo certero en el cénit de la noche neoliberal.


No obstante, si todos los gobernantes de arriba fueran lo mismo, Lula, Cristina, Correa, Mujica, Dilma, Evo, serían como Menem o Fujimori. O asesinos seriales como Álvaro Uribe Vélez, y el recientemente destituido Otto Pérez Molina. Algunos dirán: ¡no es el caso de México! ¿De veras?


En México –país desangrado, violado, hambreado, despojado, explotado, alienado por Te-levisa, vigilado y monitoreado por el Pentágono–, Morena cosechó cerca de 16 millones de votos en 2012, situándose a sólo 3 millones del partido ganador. O sea que, subrayado, en condiciones de adversidad límite, las fuerzas progresistas de México pasaron a ocupar el segundo lugar en el continente, después de Brasil.


En los comicios presidenciales recientes, los partidos progresistas de América Latina consiguieron poco más de 100 millones de votos. En algunos países, más de 40 y 50 por ciento de los sufragios. Por consiguiente, hay que estar cu-cú para decir que el progresismo es una nueva forma de dominación.


Las izquierdas y derechas utópicas suelen ignorar males concretos para soñar con bienes abstractos. Por esto, un filósofo de barrio dijo que las utopías deben corregirse y actualizarse día tras día en cada esquina, conjurando rencores como el que María del Carmen Chichina Ferreyra guardó toda su vida.


Chichina (82 años) fue el gran amor de un joven rebelde al que ella siempre decía: Sos un utópico. Nunca vas a cambiar. Y él respondía: Sos vos la utópica. Nunca vas a cambiar.


En agosto pasado, en las elecciones primarias de Argentina, Chichina votó en favor de la coalición de partidos conservadores Cambiemos. El Che tenía razón. Ella nunca iba a cambiar.

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Sábado, 11 Julio 2015 05:35

El deterioro de Rafael Correa

El deterioro de Rafael Correa

Si hubo un punto preciso de inflexión en la tendencia mayoritaria de apoyo popular al gobierno de Rafael Correa, es probable que haya ocurrido a inicios de 2015. Ese fue el momento en el que la economía ecuatoriana pasó a evidenciar los impactos derivados de la caída de los commodities y el fin de la "década dorada" latinoamericana.

 

El correísmo no es más que la expresión política de la profunda transformación emprendida por el capitalismo ecuatoriano en los momentos posteriores a la crisis financiera que vivió el país en 1999. Es decir, cuando un sector del capital nacional, transversalizado por los capitales regionales, pasa a entender mejor sus posibilidades de negocios propiciando un mayor nivel de consumo interno mediante la incorporación de sectores populares al mercado. Todo ello en el marco de una importante disputa de poder con las viejas oligarquías que dominaban las exportaciones agrícolas, el viejo modelo de agronegocio no tecnificado.


Superar la inestabilidad política que ha caracterizado el reciente pasado ecuatoriano significó repartir más en momentos de bonanza económica, buscando garantizar las condiciones de acumulación a largo plazo de los sectores del capital emergente. Al fin y al cabo, el fenómeno correísta no deja de ser algo parecido a lo que significó el keynesianismo respecto del fordismo durante gran parte del siglo pasado en Estados Unidos y Europa.


Sin embargo, los ciclos políticos vienen determinados por los ciclos económicos, y esta realidad determina el fin de un consenso político, social y económico implementado con el triunfo del Movimiento Alianza Pais (Patria Altiva y Soberana) en las elecciones de 2006, e institucionalizado en la Constitución de 2008.


El reflujo económico que vive Ecuador viene a desnudar un modelo de desarrollo que, al igual que otros tantos aplicados en la región, muestra presto sus límites una vez acabado el período de bonanza. En estas condiciones, no tardará mucho el momento en que el oficialismo, bajo sus propias lógicas internas, busque con análisis simplistas a los responsables de su deterioro. En el fondo da igual, dado que en la práctica la transformación que vive el Estado durante la era correísta no es más que el fruto de las necesidades del nuevo mercado ecuatoriano.


Es un hecho que a pesar del proceso de tardo-modernización capitalista impulsado desde la planificación estatal se ha reprimarizado la economía nacional, lo que agudizó la dependencia respecto del mercado internacional de crudo. Las exportaciones de bienes procesados no petroleros, que en 2006 significaban para Ecuador un 4,9 por ciento del Pbi nacional, en 2014 descendieron al 3,9, lo cual evidencia lo banal del discurso gubernamental con respecto al cambio de matriz productiva y la transformación del régimen de acumulación económica heredado de la época neoliberal.


Gran parte de los logros económicos y sociales se han sostenido gracias a los elevados ingresos derivados de la exportación petrolera durante estos últimos ocho años (57.000 millones de dólares, descontados los costos de los combustibles importados), motivo por el cual pasan ahora a estar en riesgo. Sin dejar de reconocer que durante este gobierno la pobreza, medida por el ingreso (2,63 dólares diarios, usando la línea de pobreza nacional), disminuyó del 37,6 en 2006 al 22,5 por ciento en 2014, ya comienzan a aparecer los primeros datos económicos que reflejan el fin de ciclo. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, la pobreza nacional habría aumentado entre junio de 2013 y junio de 2014 en casi un punto porcentual, y estamos a la espera de ver datos peores en el presente año; el empleo precario subió entre marzo del pasado año y el de éste en más de un punto y medio, y la evolución positiva del coeficiente de Gini (indicador de desigualdad), de lo cual se ha vanagloriado el régimen durante estos años, está estancada desde 2013.


SIN PLATA NO HAY PASIÓN

 

Si bien el régimen ha disfrutado de altas tasas de popularidad hasta hace relativamente poco tiempo, el deterioro económico conlleva a su vez el deterioro de la hegemonía ética y cultural, es decir, del consenso formado a partir de la Constitución de 2008. Desde el año pasado se está incrementando aceleradamente la percepción de corrupción generalizada en el país y la presidencia ha perdido credibilidad, mientras se pone cada vez más de manifiesto un descontento generalizado respecto de la situación de la economía nacional y su influencia negativa en la capacidad adquisitiva de la población.


El discurso oficialista, basado en una estrategia que tiene mucho que ver con aquello que Orwell definiese como un sistema casi perfecto de "doble pensamiento", y enfocado al descrédito de todo cuestionamiento crítico y al control sobre las definiciones de la realidad, pasó, en una coyuntura de incremento cada vez mayor de la conflictividad social, a redefinir términos e invertir valores. Lo que en el pasado fue heroísmo revolucionario ahora es terrorismo; la movilización social se transformó en sedición; y la disidencia política, en anarquismo y traición. Sin embargo, la realidad es –según demuestran las encuestas– que no sólo son las elites burguesas las que manifiestan su disconformidad, sino también gran parte del 43 por ciento de población vulnerable (con ingresos entre cuatro y diez dólares diarios, según la Cepal).


El correísmo pasó de ser una alternativa a la vieja y deslegitimada partidocracia a convertirse en el paradigma de la modernizada partidocracia del siglo XXI. Para los jóvenes ecuatorianos, según indican diversos estudios demoscópicos, todo el espectro político nacional son "astillas del mismo palo".


OPOSICIONES

 

No fue la intención de construir un "capitalismo moderno" –según la terminología implementada por el propio mandatario en estos últimos días– lo que motivó las resistencias al neoliberalismo en los momentos anteriores a su llegada al poder. Es más, el propio presidente ha definido en innumerables ocasiones al "ecologismo y el izquierdismo infantil" como los principales enemigos de lo que se ha dado en llamar la "revolución ciudadana". Sin embargo, ha sido la incapacidad de esa misma izquierda a la hora de generar diagnósticos reales de lo que ha venido sucediendo durante los últimos años lo que ha permitido el auspicio e inicial consolidación del fenómeno correísta.
Las movilizaciones populares que han venido siendo encabezadas hasta hace muy poco por los sindicatos independientes y la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), desde la llegada del reflujo económico están pasando a ser hegemonizadas por la derecha, que comienza a reposicionarse en el tablero político. La izquierda política y social aún no manifiesta condiciones para generar alternativas al modelo implementado por el neopopulismo correísta. Su discurso crítico se limitó a marcar las contradicciones existentes entre el discurso y la praxis oficialista: revolución, socialismo, poder popular o gobierno de los trabajadores versus aumento de los beneficios empresariales, incremento de los grupos nacionales de capital con la incorporación del capital emergente, agudización de la explotación laboral, control y criminalización de la protesta social. Los sectores políticos más progresistas ni siquiera cuentan hoy con organizaciones políticas capaces de disputar en términos hegemónicos el liderazgo poscorreísta.


Sin embargo, en una coyuntura enmarcada por la quiebra del concepto gramsciano de hegemonía ideológica y dominio social correísta, son los sectores conservadores los que mejor han entendido que la política electoral consiste en agudizar las contradicciones del oponente. Para ello han aprovechado el descontento ante las nuevas medidas implementadas desde el gobierno, que buscan el refinanciamiento del Estado, pasando a protagonizar la resistencia ante dos de las propuestas más redistributivas que el régimen ha planteado en los últimos años: el incremento de impuestos a la plusvalía de los bienes inmuebles y a las herencias.


Si bien el inicio del declive oficialista puede datarse en las elecciones seccionales de febrero del pasado año, cuando perdió un tercio de su electorado, su colofón ha tenido lugar frente a las movilizaciones de junio –se habla de medio millón de personas movilizadas en todo el país–, lo cual culminó con la retirada por parte del gobierno de sus propuestas de reforma fiscal.


En la práctica, el oficialismo puso en evidencia que, más allá de su permanente conflicto con las organizaciones populares, sus debilidades se perciben más claramente cuando los sectores conservadores se movilizan. La visita del papa Francisco, esta semana, que pretendía ser utilizada como un acto de respaldo a Rafael Correa ante un supuesto y estratégicamente inventado golpe de Estado, terminó teniendo un efecto negativo para la imagen presidencial. Los principales medios de comunicación internacionales se encargaron de posicionar mediáticamente, y con especial ahínco, las rechiflas recibidas por el mandatario mientras acompañaba al líder religioso.


Está por verse el desenlace de esta trama: el liderazgo en filas conservadoras está en disputa, y las condiciones en que llegarán a los comicios presidenciales y legislativos de 2017 dependerán de sus capacidades de entendimiento interno; queda también por ver cuál será la evolución del mercado global del crudo, así como la capacidad interna del correísmo para superar sus lógicas cartesianas del "conmigo o contra mí".

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Viernes, 10 Julio 2015 06:59

"El neodesarrollismo se agotó"

"El neodesarrollismo se agotó"

Brasil de Fato – ¿Cómo estás viendo el escenario político brasilero?


João Pedro Stedile – Brasil está pasando por un periodo histórico muy difícil y complejo. Lo que hemos discutido en las plenarias de los movimientos populares es que estamos pasando por tres graves crisis. Una es la crisis económica, con la economía paralizada, falta de crecimiento de la industria, señales de desempleo y caída en los ingresos de la clase trabajadora.


Otra es la crisis social, cuyos problemas, sobretodo en las grandes ciudades, como falta de vivienda, de transporte público, aumento de la violencia contra la juventud en las periferias y de millones de jóvenes que no están consiguiendo entrar en la universidad apenas aumentan. Los 8 millones de jóvenes que se inscribieron en el ENEM (examen nacional de enseñanza media, requisito obligatorio para entrar en las universidades públicas brasileras), por ejemplo, disputaron 1,6 millones de lugares. Y los que no entran, para dónde van?


La última es la grave crisis política e institucional, en que la población no reconoce la legitimidad y liderazgo en los políticos electos. Eso se debe al sistema electoral, que permite que las empresas financien sus candidatos. Para tener una idea, apenas las diez mayores empresas eligieron 70% del parlamento. O sea, la democracia representativa fue secuestrada por el capital, y eso generó una hipocresía de los electos y una distorción política insuperable. Eso se refleja en las pautas que el parlamento adopta y en las ideas que ellos defienden, que no tiene nada que ver con los electores. Por ejemplo: en la sociedad brasilera tenemos 51% de mujeres. Se presentó un proyecto para garantizar 30% de representación femenina, pero ellos bloquearon. Y, con eso, vamos a mantener apenas el actual 9%!


¿Cómo evalúa las propuestas que predominan en el debate público para superar este escenario?


Las clases dominantes, aquellas que poseen el poder económico en nuestra sociedad, son bastante inteligentes. No es en vano que gobiernan hace 500 años. Percibieron la gravedad de la crisis, y por eso abandonaron el pacto de alianzas de clase con los trabajadores, representado por la elección de Lula y Dilma, que resultó en el programa neodesarrollista.


El neodesarrollismo, como programa de gobierno, se agotó. Los sectores de la burguesía que hacían parte y se beneficiaban de ese programa salieron de escena, y apuestan ahora a otro programa. El programa de este sector para salir de la crisis es básicamente la defensa de Estado mínimo, utilizando máscaras como la disminución de ministerios, menos intervención del Estado en la economía, retiro de derechos laborales – con el objetivo de que el costo de la mano de obra disminuya y se retomen las altas tasas de ganancia, pudiendo competir mejor en el mercado mundial con la competencia. El tercer elemento es la realineación de la economía y de la política externa con Estados Unidos. Por eso critican las políticas de los Brics, de Unasur, de Mercosur y defienden abiertamente el regreso del Alca.


Ese es el programa de la clase dominante para salir de la crisis. No es otra cosa que la vuelta al neoliberalismo. Y para alcanzar estos objetivos accionan sus operadores políticos en los espacios que detentan hegemonía completa, como es el caso del Congreso Nacional, del Poder Judicial y de los medios de comunicación burgueses. Estos tres poderes están actuando permanentemente y de forma articulada entre si para que este programa sea implementado. Y el partido ideológico que está articulando esa unidad entre los tres espacios es la Red Globo.


El gobierno ha tomado diversas iniciativas de política económica, medidas provisorias y ajuste fiscal. ¿Cómo los movimientos están viendo estas iniciativas?


Para nosotros, el gobierno de Dilma no entendió la naturaleza de la crisis instalada, ni lo que está aconteciendo en la sociedad brasilera. Tampoco la disputa ideológica que se dio en el segundo turno de las elecciones, una tremenda lucha de clases.
El gobierno erró al montar un ministerio muy dependiente de partidos conservadores, que inclusive votan contra el gobierno en el parlamento. Llega a ser ezquizofrénica. Tal vez sea el peor ministerio desde la nueva república, y está resumiendo la crisis a un problema de déficit en el presupuesto. Sin embargo, el déficit en el presupuesto es apenas consecuencia de la crisis, y no adelanta tomar medidas paliativas. Tal como explicó el profesor Belluzzo, "el motor de la economía pifeó, y el gobierno está preocupado con la chapa y pintura". Por increíble que parezca, todas las medidas paliativas y las iniciativas que el gobierno tomó no sólo no resuelven la crisis citada, como tienden a agravarlas, porque quedan en la apariencia de los problemas y no van a las causas. Peor, muchas de las medidas, en especial las de economía, van en la dirección del programa de la burguesía, o sea, retiran derechos de los trabajadores. Aumentar la tasa de interés es todo que el sector hegemónico de los capitalistas quieren: ganar dinero con rentismo y con especulación. Si el gobierno no muda de rumbo, no muda su política económica y no toma iniciativas que coloquen el debate en la sociedad, de la necesidad de una reforma política profunda, continuará cayendo en la impopularidad y en la incapacidad de salir de la crisis.


En esa coyuntura compleja, ¿hay posibilidades de golpe?


Las clases dominantes, los capitalistas, los empresarios y la derecha, como campo ideológico, son muy diversos en una sociedad tan compleja como la nuestra. Por más que la Globo se esfuerce para darles unidad, no consiguen tener consenso en la forma de ver los problemas y en las propuestas para la salida de la crisis.


Es cierto que hay sectores más radicales de la derecha que quieren golpe, impeachment, hasta por el parlamento. Pero creo que una confusión institucional no interesa a los sectores empresariales. Lo que ellos quieren es que el gobierno asuma el programa de ellos. Solo eso. Por otro lado, los mismos motivos para tener proceso de impeachment para Dilma podrían ser aplicados a los gobernadores Geraldo Alckmin (PSDB), Beto Richa (PSBD), etc, lo cual generaría una confusión generalizada.
Infelizmente creo que el gobierno cayó en esa trampa. Y mismo asumiendo el programa de la clase dominante, las tres crisis no se resuelven. Por eso estamos en un periodo de confusiones que no se resolverá a corto plazo.


¿Y cuál es la propuesta de los movimientos populares frente a esta situación?


Por parte de los movimientos populares la situación también es compleja. Los movimientos y las fuerzas populares, que encuadran todas las formas organizativas, como partidos, sindicatos, movimientos sociales, pastorales, etc, no han tenido la capacidad de organizar una plataforma común, un programa único de salida de la crisis.


Tenemos ideas generales, en teoría, como, por ejemplo, el entendimiento de que apenas saliremos de la crisis económica si el gobierno abandona el superávit primario y, en lugar de pagar 280 mil millones de reales en intereses por año, invirtiera esos recursos públicos en la industria para generar empleos, en obras públicas de transporte, vivienda o educación.


Ya en la crisis política, solo iremos a superarla si tenemos una reforma política profunda. Son ideas
generales, en torno de reformas estructurales necesarias. Sin embargo, es necesario construir un programa que unifique todos los sectores sociales y de unidad a las acciones de movilización de masas.


Por ahora, apenas los sectores organizados de la clase trabajadora se están movilizando. El pueblo en general está quieto, mirando por televisión de forma asustada las noticias de la crisis y de la falta de alternativas.


De un lado, el pueblo ve todos los días a la burguesía tomando iniciativas contra el, y un gobierno inerte e incapaz. Y de nuestra parte, no conseguimos llegar hasta esa masa con nuestras propuestas, inclusive porque los medios de comunicación están controlados por la burguesía.


¿Cómo estás viendo el proceso de la operación "Lava-Jato" y las denuncias de corrupción que envuelven a las empresas y a Petrobras?


Hay muchos aspectos que envuelven este tema. Claro que existen personas y empresarios que se apropian personalmente de estos recursos e inclusive los envían para el exterior, y por lo tanto son corruptos.


Pero la corrupción en la sociedad brasilera es mucho más amplia. Está presente en la gestión de recursos públicos, que envuelven políticos de todos los partidos y otros sectores sociales.


Cuando un profesor de la USP con dedicación exclusiva abre un escritorio de consultoría, o tiene un segundo empleo, el también está siendo corrupto. Pero todo eso lo resolveremos con procesos de participación popular en la gestión de los recursos públicos y métodos permanentes de fiscalización por parte de la sociedad.


Pero el caso más patético del "Lava-Jato" es que culpan a este o aquel. El problema de fondo es el método de las elecciones. Mientras haya financiamiento de las empresas en las campañas electorales habrá "Lava-Jato".


La solución real no es apenas querer arrestar fulan o mengano, es cambiar el sistema. Precisamos de una reforma política profunda. El Congreso ya dio varias pruebas, inclusive en las últimas semanas, que no quiere mudar nada. La única salida sería convocar una asamblea constituyente exclusiva, que haga la reforma del sistema político brasilero. Claro que la realización de un plebiscito popular, que legalice la convocatoria de la asamblea, solamente llegará si las masas salen a las calles a luchar por la asamblea constituyente. O sea, va a depender de una nueva correlación de fuerzas. Pero esa es la única salida política para combatir la corrupción.


También es importante resaltar que todas las entidades de abogados y jueces han denunciado los abusos de poder del Juez Sérgio Moro, extrapolando sus funciones y utilizando, junto a los medios de comunicación, la fuga de informaciones, de denuncias premiadas y prisiones con claro sesgo partidario.


No se ve la misma divulgación, empeño y ninguna prisión en casos semejantes de corrupción de los trenes de San Pablo, por ejemplo, o en el caso del conocido "mensalão mineiro", o mismo de las estafas practicadas por el gobierno de Aécio/Anastasia en las empresas estatales de Furnas y Cemig, en Minas Gerais.


El juez Moro se prestó a alimentar un odio de la clase media contra los petistas, como si todos estuvieran envueltos con corrupción, todos fuesen culpables, cuando el verdadero culpable es el sistema electoral, que ellos no quieren mudar.
¿Y cómo evalúas el proyecto del senador Serra (PSDB), que retira a Petrobras del pré-sal?


El proyecto de Serra, en debate en el Senado, es la prueba más cabal de como los parlamentares de la derecha aplican el programa de la burguesía en el Congreso Nacional para salir de la crisis.


El proyecto retira de Petrobras la prioridad de explorar el pré-sal. Es todo lo que las empresas transncionales precisan, ya que no será más necesario gastar con investigación, dado que se sabe dónde está el petróleo. No hay ningún riesgo, basta ir y buscarlo.


En un país continental como el nuestro, el Estado brasilero no tiene ninguna condición de fiscalizar lo que las empresas harían en alta mar, ni para dónde y cuánto petróleo llevarían.


Si Petrobras está atravesando dificultades financieras y no puede operar todos los pozos, es preferible que vaya más suave con la explotación de reservas, garantizando que todo el pueblo brasilero tenga el control sobre ellas.


Y claro, es preciso que los trabajadores de Petrobras tengan mayor participación en la gestión de la empresa, sino acontece lo mismo que con el mineral de hierro, cuando Fernando Henrique Cardoso privatizó la Vale do Rio Doce y entregó gratuitamente a los capitalistas estadounidenses.


Hoy, se exportan miles de millones de toneladas de hierro por año, y el pueblo brasilero no tienen ningún beneficio con esa riqueza natural, aunque según la constitución debería ser utilizada en beneficio del bienestar de toda la población.


Espero que el Senado tenga juicio y rechazar ese proyecto, o mismo que la presidenta lo vete después, y que los petroleros se mantengan movilizados y en lucha por la defensa de Petrobras.


¿Cuáles son las iniciativas que los movimientos populares están tomando para posicionarse en esa coyuntura?


Estamos haciendo todos los esfuerzos para construir plenarias unitarias entre todos los frentes de masa, principalmente en los estados, y estimular a los sectores organizados que luchen. En algunos estados esa unidad es más visible, como pasó con la lucha de los profesores en Paraná y Minas Gerais.


A nivel nacional, las centrales sindicales, en especial la CUT (Central Única de Trabajadores), ha hecho el esfuerzo de coordinar las iniciativas de movilización de la clase trabajadora en defensa de sus derechos. Y existe una disposición, caso avance el proyecto de tercerización, de realizar una huelga general en todos los sectores de la economía, para boicotear esa medida que hace parte del proyecto de la burguesía.


Creo que ya hay una unidad bastante grande y disposición de lucha en defensa de los derechos de los trabajadores, pero todavía no avanzamos para construir un programa alternativo para la clase.


Ustedes también están proponiendo un frente político, que está siendo llamado de Grupo Brasil. El tema de los frentes amplios o frente de izquierda ha aparecido. ¿Cómo el MST está viendo estas propuestas?


Estamos viendo la necesidad de construir dos espacios complementarios de frentes, de unidad. Un frente de lucha de masas, que la CUT y los movimientos populares están halando.


Sin embargo, eso no es suficiente. Es necesario otro frente político, que consiga aglutinar los movimientos populares, partidos, entidades, pastorales e intelectuales para debatir un proyecto para Brasil. O sea, un frente que no es ni partidaria, ni electoral. Es un frente político para pensar el futuro y tener un proyecto alternativo al de la burguesía.


Claro que en la construcción de ese frente existen diferentes opiniones e iniciativas. Es probable que tengamos hasta varios frentes políticos. Tal vez no sea posible tener unidad en ese campo, ya que las ideologías, intereses de partidos y vanidades personales a veces se sobreponen a la necesidad de la unidad. Y hace parte de la lucha de clases esa diversidad.


Como MST, estamos apostando en un frente político, popular y nacional que aglutine todas las fuerzas que votaron en Dilma en el segundo turno. Esa es una referencia ideológica. Probablemente sectores más a la derecha o más a la izquierda no quieran participar. No porque no querramos, sino porque tienen un proyecto diferente.


Hay una propuesta de realizar, en setiembre o en torno a la semana de la patria, una grande plenaria nacional en Minas Gerais, que reúna representantes, militantes de todas las fuerzas populares (partidos, sindicatos, movimientos populares, pastorales e intelectuales) para debatir un programa popular para enfrentar a la derecha y a la crisis.


Y en la Reforma Agraria, ¿cuál es el análisis que el movimiento está haciendo de las medidas del gobierno Dilma?


La Reforma Agraria también está paralizada, como parte de esta crisis, de falta de un proyecto de país. Felizmente hubo cambios en el Ministerio de Desarrollo Agrario y en el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), y tenemos compañeros serios y comprometidos con la Reforma Agraria, lo cual nos ayuda mucho a resolver problemas pendientes, el pasivo de estos últimos diez años.


Tenemos 120 mil familias acampadas que el gobierno precisa asentar. Tenemos un déficit de más de 100 mil casas en los asentamientos, falta de asistencia técnica, y los proyectos de agroindustria están parados. Si el señor Levy (Ministro de Economía) no molesta, creo que esos problemas emergenciales serán resueltos por el nuevo equipo.


Sin embargo, lo que está colocado es la necesidad de un nuevo proyecto de Reforma Agraria, en aquello que llamamos de Reforma Agraria Popular, que se basa en los nuevos paradigmas que van más allá de la necesaria democratización de la propiedad de la tierra.


También precisamos organizar una producción que priorice el cultivo de alimentos saludables a toda la población. La matríz tecnológica debe volcarse para la agroecología, instalar agroindustrias y cooperativas en todos los asentamientos como forma de aumentar el empleo y los ingresos de los asentados.


Precisamos democratizar la educación y ampliar el acceso a la escuela en todos los niveles. Y para que ese nuevo proyecto de Reforma Agraria se realice, dependerá del programa y de la movilización de toda la clase trabajadora. El MST y los sin tierra solos no consiguen avanzar más.


De ahí nuestro esfuerzo de envolvernos con otras articulaciones políticas y populares, ya que el avance de la Reforma Agraria Popular depende de los cambios generales, de las reformas estructurales de la sociedad brasilera.


Usted está yendo para el encuentro de los movimientos populares de América Latina con el Papa Francisco, en Bolivia. ¿Cómo será ese nuevo encuentro?


Desde la elección del Papa Francisco, por iniciativa de el, hemos construido canales y puentes de interlocución. Hicimos seminarios en el Vaticano para debatir temas de la desigualdad. Elaboramos un documento sobre el peligro de los transgénicos y agrotóxicos.


Quedamos bastante contentos con la nueva encíclica del Papa, sobre ecología, en la cual incorpora varios debates que han acontecido en los movimientos campesinos y entre los científicos comprometidos con la verdad. En octubre de 2014 realizamos el encuentro en el Vaticano entre el Papa y 180 líderes populares del mundo entero.


Ahora estamos dando secuencia a ese diálogo, y vamos a reunir 1500 líderes de toda América Latina para debatir con el, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.


Aquí de Brasil estamos yendo con 250 delegados. Nuestra delegación está dividida siempre entre los tres sectores de los movimientos populares: tierra (campesinos), techo (lucha por la vivienda) y trabajo (sectores sindicales y populares que se organizan entorno al trabajo).


Tengo certeza que el encuentro será muy provechoso, y pretendemos sacar una carta común de compromiso entre los movimientos populares y el Papa Francisco, como representante máximo de la comunidad de los millares de católicos de todo el mundo.


Las posiciones del Papa en los diferentes temas en que ya se ha posicionado ha sido una grata sorpresa para todos, no solo para los movimientos populares, sino para la sociedad en general. En Roma defendió tres tesis fundamentales, como un programa mínimo para salvar la humanidad: "Ningún campesino más sin tierra. Ninguna familia sin una casa digna, y ningún trabajador sin trabajo y sin derechos". Creo que ahora vamos a avanzar hacia nuevos temas.


Traducción1 de la entrevista realizada a João Pedro Stédile, líder del MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), por Brasil de Fato.


Link entrevista: http://www.brasildefato.com.br/node/32389


1 Traducción del portugués de Angela Garofali Patrón, Economista.

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Lunes, 06 Octubre 2014 06:13

Elecciones 2014, ¿Post indianismo?

Elecciones 2014, ¿Post indianismo?

El próximo 12 de octubre casi seis millones de bolivianos, contabilizados en el padrón biométrico en Bolivia y en el exterior, irán a las urnas para elegir presidente, vicepresidente y un nuevo Parlamento. El estado de ánimo de la oposición es resultado de una serie de encuestas que dan al binomio Evo Morales-Álvaro García Linera una ventaja virtualmente irremontable: 54% contra 14% de Samuel Doria Medina según el último sondeo difundido por El Deber de Santa Cruz de la Sierra. De allí que el analista Roger Cortez haya dicho en un debate televisivo que habría que considerar a estas elecciones como unos comicios parlamentarios: con la elección presidencial "resuelta", lo que verdaderamente está en juego es si el oficialismo obtendrá o no los dos tercios del Congreso –mayoría con la que cuenta en la actualidad–, que es hacia donde se enfoca la campaña del MAS.


Adicionalmente hay otra meta en juego: ganar el hasta ahora díscolo departamento de Santa Cruz, que hasta 2009 encabezó la oposición más combativa contra el gobierno de Evo Morales. Hoy ese objetivo parece posible y representaría un vuelco en la geopolítica interna del país. Para lograrlo, el MAS viene estructurando varias alianzas, incluso con remanentes de viejos partidos tradicionales, y con el alcalde "populista" de Santa Cruz, el polémico Percy Fernández, que colocó a tres candidatos de su riñón en las listas masistas. Con el masivo cierre de la campaña nacional a los pies del Cristo Redentor de Santa Cruz, el oficialismo busca plantar bandera en el mítico territorio en el que en 2008 decenas de miles de cruceños se movilizaron por la autonomía y contra el gobierno central. Como explica el jefe de campaña del MAS cruceño, Saúl Ávalos en un artículo del periodista Pablo Ortiz, se trata de una ocupación territorial: el MAS comenzó ganando en las periferias de migrantes de Santa Cruz de la Sierra –como el emblemático barrio Plan 3000– y ahora busca conquistar el centro mismo de esta urbe (El Deber, 30/09)*.


Con todo, esta "conquista" deberá ser ratificada en las urnas; no es tarea fácil pero por primera vez las encuestas dan ganador a Evo en esta zona agroindustrial de Bolivia. Para acercarse a esa "marea azul", los colores del MAS, el presidente boliviano prometió una gran cantidad de obras, desde represas hasta ferrocarriles, e incluyendo la ampliación de la frontera agropecuaria. La ecuación es clara: para derrotar a la elite política cruceña, el MAS debió pactar con parte del empresariado y aceptar su "modelo de acumulación". Para el candidato a primer senador del Partido Demócrata Cristiano, Pablo Banegas, es lógico que el MAS elija El Cristo: los que hacían los cabildos autonomistas – "banqueros, empresarios, agropecuarios, transportistas y canales de televisión"– ahora están con el oficialismo. Las palabras del candidato derechista que apoya la candidatura del ex presidente Jorge "Tuto" Quiroga, en el citado artículo de El Deber, no dejan de trasmitir decepción y cierto resentimiento. "Antes no querían que Evo pisara Santa Cruz, ahora los empresarios pujan por sentarse lo más cerca posible del presidente cuando hay algún encuentro", resume un empresario el vuelco de situación. Nadie quiere perderse el boom económico que vive el país y la región.

El contexto político boliviano se ha venido transformando. Si en 2005 la acusación de la derecha contra Morales era que transformaría a Bolivia en una nueva Cuba (o en el mejor de los casos una nueva Venezuela), hoy el analista opositor Iván Arias puede acusar al MAS de propagar una suerte de pragmatismo infinito, de ser un "Godzilla político que no mide principios ni medios para lograr su fin" (Página 7, 29/9/2014).


Pero el escenario no sólo cambió en relación a Santa Cruz. Evo Morales leyó el mensaje del censo de población de 2012. Ese censo evidenció una aparente paradoja, potencialmente explosiva a nivel simbólico-político: si en 2001 el 62% de los bolivianos se autoidentificaron con algún pueblo indígena, bajo el nuevo Estado plurinacional sólo lo hizo el 41%.
Hay muchas causas que pueden haber incidido en los resultados, entre ellas un cambio en la pregunta que reemplazó "indígena originario" por "indígena originario campesino", tal como está en la nueva Constitución, precisamente cuando Bolivia ya es un país mayoritariamente urbano. No menos importante es que en 2001 la identidad indígena era cuestionadora del orden de cosas y hoy es oficial, sin que la Bolivia urbana-mestiza se sienta a gusto con esa "indianidad de Estado".


Finalmente, en Bolivia, la mayoría es "un poco" indígena y "un poco" mestiza, por lo que los desplazamientos en la geometría variable de la identidad no resultan muy infrecuentes. Más aún en las poblaciones quechuas, las mayoritarias. Estas carecen – como señalan Pablo Quisbert y Vincent Nicolas en su reciente libro Pachakuti: el retorno de la nación (2014)– de símbolos y héroes etno-nacionales como sí tienen los aymaras con Tupac Katari o la bandera multicolor denominada wiphala. Lo quechua es más bien una lengua que une a diversas "naciones" locales.


Evo se declaró sorprendido con los resultados censales pero dijo que es un tema secundario y señaló que, de todos modos, como en los dados, "lo que se ve se anota". El vicepresidente Álvaro García Linera escribió luego un texto sobre "Nación y mestizaje" para defender la plurinacionalidad. Pero Evo, que sabe "anotar" en el cacho, un juego popular en Bolivia, también sabe cómo hacer ajustes en sus campañas con olfato de experimentado sindicalista.


No parece casual que la campaña electoral que lo proyectará a un tercer mandato para el periodo 2015-2019 –nunca antes un presidente boliviano estuvo tanto tiempo en el sillón– haya abandonado algunos tópicos de la etapa heroica y se asiente en la defensa de la estabilidad y el desarrollo económico y, más aún, en un gran salto tecnológico. El último spot del MAS resume, con estética informática, los planes de crear la Ciudadela del Conocimiento en Cochabamba, a la cual, como Rafael Correa con Yachay en Ecuador, se la compara con el Silicon Valley estadounidense (ttps://www.youtube.com/watch?v=NNPHapdPJAM).

A ello se suma la promesa de becas para estudiantes en universidades como Harvard, Stanford o Tokio, y el plan para construir hospitales de alta tecnología en un país donde la salud es una asignatura pendiente. El teleférico de transporte entre La Paz y El Alto es una de las últimas obras estrella del gobierno junto al satélite Túpac Katari. "Un pueblo milenario con tecnología de avanzada es invencible", dice el spot, y no es difícil ver las simpatías que los grandes saltos de países como Corea del Sur cosechan en esta nación andina, donde, además sus cantantes de k-pop son cada vez más populares.

Más allá de la discusión puntual sobre cada uno de estos proyectos, lo cierto es que Bolivia vive una nueva etapa. La potencialidad del "gobierno indígena" –como renovador de los valores tradicionales– parece haber dado todo de sí y hoy Evo Morales ha captado que las reivindicaciones de las nuevas generaciones tienen menos que ver con demandas de tipo étnico-cultural. En parte porque se ha avanzado en una mayor igualdad, y en parte porque Bolivia no escapa a la globalización de los consumos, los imaginarios y las aspiraciones.

Quisbert y Nicolas observan que el Túpac Katari concebido por el conocido pintor Gastón Ugalde poco antes de la llegada de Evo al poder y reproducida por el nuevo Estado, ya no es el Katari mártir descuartizado, sino un "Katari palaciego", con aires presidenciales.


En ese sentido, el nacionalismo indígena –término que usamos para definir los horizontes del "evismo" en 2006 con Hervé Do Alto– es sede de una paradoja: posiblemente el Estado plurinacional sea el más nacionalista de la historia. Pero más que una traición a una revolución indianista ideal, estamos frente a profundos cambios societales que están redibujando a Bolivia. Sin que sepamos aún cual será el bosquejo final. Quizás sea un retrato post indianista, que capte los pliegues de las nuevas identidades emergentes.

*Finalmente, la alcaldía no autorizó ningún acto partidario en el centro de Santa Cruz de la Sierra.

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Domingo, 07 Septiembre 2014 05:41

Vientos de cambio

Vientos de cambio

Hace seis meses, difícilmente se podía pensar que la presidenta de Brasil tuviera riesgo de perder la elección. Lo mismo el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez, que parecía continuar sin dificultades el promocionado Gobierno de Mujica. Si añadimos que en Argentina la elección es una incógnita, aunque con aparente mayoría opositora, nos encontramos con que el viento vira en el sur de América.


No cabe darle a este aire renovado un sesgo ideológico. En Chile el cambio ya ocurrió y pasó de centro derecha a centro izquierda. En los otros, los signos no son tan claros. En Argentina se vive el ocaso de la hegemonía kirchnerista, pero bien puede seguir gobernando el incombustible peronismo, extraño camaleón que cambia de piel y sobrevive a huracanes y guerras civiles. En Brasil, no hay opción hacia la derecha, sino más bien hacia un centro muy moderado o la izquierda, mientras que en Uruguay los partidos tradicionales, con matices, reflejan las variantes del liberalismo, desde corrientes conservadoras a la inglesa a socialdemócratas prudentes.


¿Qué está pasando, entonces, cuando el crecimiento económico, desde hace una década, ha sido formidable y se registra una cierta baja de la pobreza?


Es verdad que las economías se han expandido al impulso de una bonanza exportadora producida por los altos precios de commodities, minerales o agrícolas, resultantes de la fuerte demanda asiática. No por ello la ciudadanía agradece. Primero, porque tiene claro que las mieles vinieron de afuera, y segundo, porque ya el panorama no es tan rosado: la dinámica expansiva ha detenido su velocidad y, si bien no se vislumbra una crisis, los tiempos serán más de rigor que de distribución.


La respuesta esta vez parece surgir de la política misma.

En Argentina, el kirchnerismo se ha agotado por su arbitrariedad, su voluntarismo y sus fantásticos escándalos administrativos. No se resiste más la retórica grandilocuente de la señora presidenta, envuelta siempre en banderas nacionalistas, en pugna con los enemigos exteriores que se conjuran para dañar a Argentina... Es cierto que un tercio del país está siempre pronto para recibir ese mensaje, como pasa ahora con una estrategia de choque en la deuda externa, que lleva la economía al default pero ubica al Gobierno en una lucha heroica contra los malqueridos especuladores internacionales. El resto de la opinión, sin embargo, advierte que se han malbaratado los beneficios de los grandes precios de exportación, desfondando las finanzas públicas sin mejorar la infraestructura, la educación y el acceso a la energía (pese a sus enormes recursos naturales).


En Brasil, la muerte de Eduardo Campos, candidato socialista que venía tercero en las encuestas, ha producido una ola emocional con fuerza de tsunami. La segunda de su fórmula, la ecologista Marina Silva, sustituye al fallecido y de un día para otro lleva su aprobación del 8%-10% al 20%-22%. Con esto se asegura que habrá segunda vuelta y que hay posibilidades para la oposición. ¿Por qué este cambio? Ante todo porque Marina Silva es conocida y se le reconoce honradez en lo personal tanto como en su defensa del ambiente. Frente a un PT desgastado por los escándalos, es un aire fresco. Naturalmente, Lula mantiene su popularidad y ha entrado ya en el escenario, pero todo es posible por estos días. Y falta bien poco.


En Uruguay, Vázquez lideraba cómodamente las encuestas hace seis meses, pero bastó que se iniciara la campaña para que todo comenzara a cambiar. Apareció un reclamo de juventud. En el propio Frente Amplio, hoy en el Gobierno, en la elección interna salió triunfante el joven Raúl Sendic, hijo del fundador del movimiento tupamaro, predominando sobre la senadora Topolanski, esposa de Mujica y ganando así la candidatura a la vicepresidencia. En el Partido Nacional, inesperadamente se produjo una contundente victoria de Luis Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, quien con una campaña juvenil y positiva configuró rápidamente una oleada de moda. En el Partido Colorado ya se había producido ese cambio hacia la nueva generación con Pedro Bordaberry, quien pese a cargar con la pesada mochila de ser hijo de quien ejerció la dictadura, es reconocido como un candidato solvente. Hoy la opinión ha cambiado y los desgastes del Gobierno comienzan en la imagen de un candidato sin brío frente a los más jóvenes.


La variable política, entonces, luce dominante. Hay un fuerte rechazo a los episodios de corrupción administrativa, fatiga de viejas retóricas de una izquierda reiterativa y una voluntad de cambio asociada también a un viraje de los vientos del mundo. Se empieza a advertir, además, en los tres países en campaña electoral, que la bonanza de esta década no ha servido para mejorar la educación y modernizar la economía, apenas para mejorar salarios que dieron alivio momentáneo pero que hoy ya no se ven suficientes.

Una vez más queda claro que en este mundo de redes sociales y comunicación en tiempo real los cambios pueden irrumpir tan inesperadamente como las tormentas de verano.


Por Julio María Sanguinetti es abogado y periodista y fue presidente de Uruguay (1985-1990 y 1994-2000).

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Miércoles, 20 Enero 2010 07:57

La gran depresión chilena

No, no va por el comportamiento de la economía chilena. Cierto es que el Producto Interior Bruto de Chile cayó un 1,9% en 2009 y que si la tasa oficial de paro se situó en el 10%, la real incluyendo contratos y desocupación en el sector agrícola rondaría el 15%. No es, por supuesto, la crisis de 1982, cuando la economía se despeñó un 8%, y es más que probable que Chile vuelva a crecer, precio internacional del cobre mediante, por encima del 4% en 2010. Es la gran depresión de las chilenas y chilenos provocada por la Concertación de socialistas y democristianos, en estado de descomposición y división, lo que ha determinado el resultado de las elecciones presidenciales del pasado domingo 17 de enero.

La derrota de la Concertación comenzó a gestarse el 7 de abril de 2009. Ese día Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que ya había sido presidente durante seis años, ganó las elecciones primarias y entró en liza para enfrentar al candidato de la derecha coaligada, el empresario Sebastián Piñera. No se trata de un vuelco electoral hacia la derecha. Si algo ha quedado en claro es que la Concertación con la candidatura de Frei era un tren hacia su estación término. Una vez más, las elecciones, sobre todo, se pierden.

Pero, más allá del desencanto, la idea de la depresión no es baladí. Un 20% de la población chilena sufre de depresión, lo que llevó a la Sanidad pública a incluir su tratamiento y se ha convertido en la enfermedad más frecuente de las más de 50 que cubre el sistema. Los más afectados son jóvenes, mujeres y personas mayores. Durante estos largos años de la Concertación tanto los jóvenes como la tercera edad han resultado afectados por una política económica y social continuadora, con matices, de la época de la dictadura pinochetista.

Los jóvenes, por los contratos temporales mal pagados. Los mayores, porque en particular durante los últimos dos años las pensiones bajo régimen de administración privada sufrieron pérdidas cuantiosas. Si se examinan las cifras de empadronamiento previo, sistema vigente en Chile, se advierte que sólo se registró para votar un 19% de los jóvenes hasta 34 años. Sobre 12 millones de personas con capacidad para votar, lo hizo algo más de la mitad. El padrón no se ha movido en 20 años.
Lenguaje socialdemócrata

Ha habido cierta sorpresa por el hecho de que la elevada popularidad con la que se retira la presidenta Michelle Bachelet no ha sido capitalizada por Frei. Pero la verdad es que el gran respaldo a Bachelet ha sido reciente. Y ha estado asociado a su gestión de la crisis: la concesión de pensiones modestas para pobres y mujeres. Frei, a pesar de su lenguaje socialdemócrata de último minuto, era conocido por sus privatizaciones.

Piñera, el Berlusconi a escala chilena, es un financiero que consiguió prosperar en los negocios durante la época de Pinochet, cuando hizo fortuna. Su gran promesa electoral, la creación de un millón de empleos, supondría desocupación cero en Chile. Y, si se revisan los resultados, el candidato de la derecha ha obtenido una gran diferencia de votos precisamente en aquellas regiones con mayor desocupación.

Por ERNESTO EKAIZER -
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Jueves, 24 Diciembre 2009 09:00

Chile. Votar hasta que duela

“Los ricos están más ricos que nunca, así que no sé cuánto más se van a enriquecer con Piñera”.
(Escritora Isabel Allende, 17 de diciembre 2009).

En ningún otro momento del último medio siglo la derecha estuvo tan cerca -como ahora- de apoderarse del gobierno mediante el voto ciudadano. Las elecciones del 13 de diciembre dieron al empresario Sebastián Piñera una ventaja de 14 puntos sobre el senador y ex presidente Eduardo Frei: 44,05% contra 29,60%. Sin embargo, a medida que se acerca la segunda vuelta del 17 de enero, el panorama comienza a cambiar. 
Bajo la superficie triunfalista de las encuestas y de los medios de comunicación, asoman de nuevo -en ayuda de la Concertación- las maltratadas reservas de voluntad democrática para enfrentar al poder oligárquico. Se trata de la última línea de defensa de una coalición de gobierno extenuada por sus inconsecuencias, sus querellas internas y la corrupción de muchos de sus funcionarios y representantes. 
Sin embargo, a falta de una alternativa popular y democrática, transformadora de la sociedad, que aún no logra emerger, la Concertación de Partidos por la Democracia representa el “mal menor” capaz de contener la voracidad de una oligarquía arrogante e inescrupulosa. Don Dinero pretende administrar el poder total en Chile, enmascarando su dictadura con el voto obtenido a través de la manipulación de las conciencias, tal como soñó el pinochetismo con su Constitución de 1980, todavía vigente.
Un poco de historia

La tentación del gran empresariado por administrar la suma del poder político, social y económico tiene ya su historia, en el Chile moderno. El primer intento -casi exitoso- lo hizo en 1938 el millonario especulador de la Bolsa y ex ministro de Hacienda, Gustavo Ross Santa María. Pero fue derrotado en forma estrecha por el abogado y profesor radical Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Popular (radicales, socialistas y comunistas) que alcanzó el 50,26% contra 49,33% de Ross.
En 1952, otro empresario -fundador de una de las principales fortunas del país-, Arturo Matte Larraín, trató también de imponer su riqueza para ser elegido presidente de la República. No tuvo éxito, pero consiguió 27,81% de los votos. Fue derrotado en forma contundente por un ex dictador (1927-31), el general (r) Carlos Ibáñez del Campo (46,8%), que también superó al radical Pedro Enrique Alfonso (19,95%) y al socialista Salvador Allende Gossens (5,44%), que hacía su primer intento de llegar a La Moneda. 
En 1958, un empresario -con más pergaminos que Piñera- ganó la Presidencia de la República. Jorge Alessandri Rodríguez, presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC) y de la poderosa Confederación de la Producción y el Comercio, independiente afín al Partido Liberal, hijo del ex presidente Arturo Alessandri Palma (1920-25 y 1932-38), obtuvo 31,2% de los votos. Superó en forma estrecha al socialista Salvador Allende (28,91%), al democratacristiano Eduardo Frei Montalva (20,75%), al radical Luis Bossay Leiva (15,43%) y al diputado independiente Antonio Zamorano Herrera, ex cura de Catapilco (3,36%). En el Congreso Pleno el Partido Radical -el partido de la Masonería- votó por Alessandri, dándole la espalda al hermano Salvador Allende, ex ministro de Aguirre Cerda. 
 
El gobierno de los gerentes

La receta de Jorge Alessandri fue trasladar al gobierno los métodos de administración de la empresa privada para “gerenciar” la crisis que vivía el país. Por eso su administración fue conocida como el “gobierno de los gerentes”. Desde luego, la gran empresa -nacional y extranjera- fue beneficiada con las medidas de ese gobierno. 
Aunque representante de la oligarquía, Alessandri practicaba una forma de vida sobria y mesurada, bien distinta de la ostentosa conducta del actual candidato de la oligarquía.  Alessandri vivía en un departamento de la calle Phillips, frente a la Plaza de Armas, y caminaba diariamente hasta La Moneda. Los fines de semana los pasaba en una parcela cerca de Santiago a la que viajaba en su automóvil particular. Aún no llegaba al país el huracán financiero del neoliberalismo que más tarde traería la dictadura militar-empresarial, agudizando la desigualdad y provocando la transnacionalización de la economía.
En el período post dictadura, otro empresario, Francisco Javier Errázuriz, intentaría comprar el sillón de O’Higgins. En 1989 obtuvo poco más de un millón de votos (15,43%), pero fue superado por el heredero de la dictadura, el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi (29,40%), y por el democratacristiano Patricio Aylwin Azócar (55,17%), cuya presidencia inició la ronda de gobiernos de la Concertación que se prolonga hasta hoy.
 
La Concertación en cifras

El sucesor de Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, no tuvo problemas. Fue elegido en 1993 con mayoría absoluta: 57,98% (4 millones 40 mil 497 votos). Pero de nuevo un empresario y candidato de la UDI trató de ganar la Presidencia: Arturo Alessandri Besa (24,41%), sobrino de Jorge Alessandri, ex cónsul de la dictadura en Singapur. Entretanto, José Piñera Echenique, hermano de Sebastián, ex ministro de la dictadura, alcanzó el 6,18%. Este Piñera fue el creador de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que entregaron al capital privado nacional y extranjero los fondos previsionales de los trabajadores chilenos. Parte considerable de esos recursos, unos 50 mil millones de dólares, los han invertido las AFP en el exterior, sobre todo en Estados Unidos. Además, como ministro de Minería, José Piñera promovió la Ley Minera que abrió las puertas a una inversión extranjera que casi no tributa en el país. Solamente en el año 2006 las compañías extranjeras del cobre ganaron 20 mil millones de dólares. Esas utilidades son colosales si se considera que superan las inversiones brutas en la minería de Chile en los 30 años anteriores. El caso más escandaloso son las ganancias de la minera La Escondida, una empresa australiana. Finalmente, como ministro del Trabajo de la dictadura, José Piñera fue autor del Plan Laboral, un conjunto de normas que hicieron polvo los derechos y conquistas de los trabajadores chilenos, desarticulando la organización sindical.
Pero la situación de la Concertación se hizo difícil a partir de Frei. Su sucesor, Ricardo Lagos Escobar, ex radical, militante part time del Partido por la Democracia (PPD) y del Partido Socialista, no alcanzó la mayoría absoluta en 1999. Llegó sólo al 47,96% (3.383.339 votos). Pisándole los talones estuvo el candidato de la UDI, Joaquín Lavín (47,51% y 3.352.199 votos). La candidata comunista Gladys Marín logró 3,19% y el humanista Tomás Hirsch 0,51%. Aunque la dirección del PC llamó a anular o votar en blanco en la primera experiencia de balotaje, gran parte de su votación apoyó a Lagos, que ganó por nariz (51,31%) a Lavín (48,69%).
Las dificultades concertacionistas se repitieron el 2005, enfrentando a una derecha dividida. La socialista Michelle Bachelet obtuvo 45,96% contra 25,41% de Sebastián Piñera (Renovación Nacional) y 23,23% de Joaquín Lavín (Unión Demócrata Independiente, UDI). La suma de los candidato de la derecha superaba a Bachelet (48,64% contra 45.96%). Pero esta vez el Partido Comunista, que había apoyado al humanista Tomás Hirsch (5,40%), llamó a votar por Bachelet. El PC le presentó algunas “condiciones”, entre ellas la reforma de la Constitución y el cambio del sistema binominal, temas de la legislación laboral y de protección del medioambiente, aceptadas de inmediato por la candidata y su comando. De esa forma -aunque Hirsch llamó a votar nulo- Michelle Bachelet pudo derrotar a Piñera por 53,50% contra 46,50%.
Así llegamos a la sombría situación que hoy encara la Concertación. Sin dudas el peor resultado de uno de sus candidatos presidenciales es el 29,60% que el 13 de diciembre obtuvo Eduardo Frei. Deberá definir en segunda vuelta con un Piñera que se presenta con el 44,05%. Sin embargo, surgen dudas si ese porcentaje es el máximo que puede alcanzar el candidato de la derecha, o si tiene posibilidades de crecer succionando la votación de Enríquez-Ominami, de la cual nunca estuvo muy distante. 
Los propios analistas de la derecha, luego de la euforia inicial, han advertido que la fortaleza de Piñera puede ser una ilusión óptica. En efecto, su 44,05% es inferior al porcentaje alcanzado por la derecha en 1989, 1999 y 2005. Asimismo, parte considerable de la votación de Marco Enríquez-Ominami (20,13%), proviene de la Concertación y de sectores de Izquierda que votarían por Frei ante el peligro de una victoria de la derecha. El desplazamiento de votos hacia el candidato de la Concertación ya comenzó con el Juntos Podemos (Partido Comunista, Izquierda Cristiana y Socialistas Allendistas) que el 20 de diciembre oficializó su apoyo a Frei. El candidato presidencial del JP, el socialista Jorge Arrate, aumentó en 60 mil los votos del sector y obtuvo 6,21% (430.824 votos) que reforzarán a Frei. 
 
La erosión ideológica de Chile

No obstante, se mantiene en pie la amenaza de que la derecha gane el 17 de enero. No sólo por la contundencia de su propaganda que incluye los medios de comunicación más influyentes del país. Ellos se encargan de mantener viva la imagen de triunfo irreversible de Piñera.  Asimismo, es un hecho que hay una percepción de agotamiento de la Concertación y un deseo de cambio que no se expresa con coherencia programática. Por ahora se orienta a reclamar “caras nuevas”, una demanda poco consistente que ningún sector político atiende hasta hoy. Sin embargo, Piñera y la derecha “enchulada” la han capitalizado y reclaman por el “cambio”, sobre todo después del eclipse de Enríquez-Ominami. 
En rigor, una eventual victoria de Piñera sería producto de un largo proceso de erosión ideológica y política, que ha preparado el terreno -después de la terrible experiencia de la dictadura- para que el país asimile un gobierno de derecha. La responsabilidad de ese proceso, destinado a borrar la voluntad democrática del pueblo, se debe al efecto en la conciencia y la cultura chilena de la economía de mercado que implantó la dictadura y que ha perfeccionado la Concertación. Esta suicida política económica y cultural, ha destrozado los cimientos humanistas y solidarios de partidos como el Socialista y el Demócrata Cristiano.  A eso hay que añadir la acción desplegada por la propia derecha, orientada a hacer creer que ya no existen ideologías ni tendencias políticas y que hay un solo sistema económico, social y cultural posible: el sistema capitalista. 
Esa línea estratégica de la propaganda de la derecha, cultivada por sus medios de comunicación, por sus centros de investigación y universidades, fue asimilada por la Concertación, que la hizo suya. Lo mismo sucedió con el movimiento “díscolo” de Enríquez.Ominami que creyó en el espejismo de un pacto social que superaría las contradicciones de clase y las diferencias ideológicas, dormidas pero más profundas que nunca. Lo de Enríquez-Ominami fue un pastiche en que ricos y pobres, explotadores y explotados, conservadores, liberales y socialistas, cohabitaban en un mismo proyecto. 
A la Izquierda también cabe responsabilidad en la indigencia ideológica, política y cultural a que nos arrastraron la dictadura, la Concertación y la derecha. No sólo se ha prolongado (y agravado) el mosaico que fragmenta a las fuerzas populares. Sus sectores más sólidos no han sido capaces siquiera de dedicar esfuerzos serios a la formación política y a la propaganda anticapitalista, prioritarias en este período.
Un tufillo fascistoide brota así de la operación política y mercantil que ha tratado de lavar el cerebro de los chilenos. Su instrumento principal es la UDI, cuyos 40 diputados la convierten en el principal partido de Chile. Su bancada parlamentaria refleja un audaz trabajo desplegado en la base social por la extrema derecha, heredera sin remilgos de la dictadura militar. Ejemplo de aquello es que Piñera recibió el 42,31% de los votos en las diez ciudades con mayor desempleo del país y el 51,02% en las diez comunas con mayor tasa de pobreza, entre ellas las comunas mapuches. (Estudio estadístico de El Mercurio, 15 de diciembre).
Es cierto que en el plano de la economía, salvo terminar de privatizar lo que han dejado la dictadura y la Concertación, un gobierno de Piñera no se diferenciaría mucho de uno de Frei. Pero habría cambios regresivos en otros ámbitos. Por ejemplo, en derechos humanos. Dictaría una amnistía para militares ya condenados o se interrumpirían los procesos de otros criminales y torturadores. En el ámbito sindical se impondrían la flexibilización laboral y otras medidas para debilitar el movimiento de los trabajadores. La represión a la lucha social sería aún más dura. Detrás de una pretendida defensa de la “seguridad ciudadana”, se levantaría un Estado policial. 
Piñera se declara admirador del gobierno de Colombia y de sus métodos. Visitó Colombia en julio de 2008 y recorrió ese país en el avión presidencial, acompañando a Alvaro Uribe y al entonces ministro de Defensa, José Manuel Santos, hoy candidato presidencial. En octubre pasado, Santos envió a Chile a tres miembros de su comando, Juan Carlos Echeverry, Tomás González y Santiago Rojas, para estudiar la campaña y el estilo de Piñera. “Los problemas en Chile y Colombia no son tan distintos. A ambos países les preocupa la seguridad ciudadana y el gasto social en salud y educación”, declaró uno de los asesores de Santos. 
El gobierno de Uribe ha generado el más delicado problema que hoy enfrenta América Latina al firmar con EE.UU. un convenio que resigna la soberanía colombiana para permitir la instalación de siete bases militares norteamericanas. Si Piñera es elegido presidente, alineará a Chile junto a Colombia y otros países de la región que han arriado la bandera de la dignidad latinoamericana. Peligrosa tendencia que viene tomando fuerza a partir del golpe de Estado en Honduras, y que busca configurar un bloque contra Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, los países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (Alba).
La peligrosa situación interna y regional que se crearía si la derecha gana las elecciones en Chile, legitima la necesidad de cerrar el paso a esta maniobra de la oligarquía. La realidad indica que no hay otro camino que votar por Frei… Y ponerse a trabajar en una alternativa de Izquierda que permita librarse del cepo del “mal menor”.
 
Por MANUEL CABIESES DONOSO
(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 701, 24 de diciembre, 2009)
Publicado enInternacional
Domingo, 04 Octubre 2009 08:10

La crisis tiene dos caras

Les sonríe a los poderosos, castiga a los infelices y la teoría de los círculos financieros es hija de una concepción darwinista selectiva: los estadounidenses que se arriesgaron a comprar casa con ventajosas hipotecas se merecen lo que les pasa. Así lo registra críticamente Nomi Prins, autora de It takes a pillage (John Willy & Sons, 2009) y ex directora ejecutiva de Goldman Sachs. El hecho es que a mayo de 2009, los bancos prestamistas habían pedido la ejecución de la hipoteca de más de cinco millones de propiedades. Perspectiva: sus habitantes, a la calle.

El gobierno Obama destinó miles de millones de dólares para apoyar a las entidades bancarias y a varias grandes empresas a fin de resolver la crisis financiera. A regañadientes, la Reserva Federal y el Tesoro desembolsaron 13 billones para “corregir la situación inmobiliaria”. Prins señala que ese dinero habría podido costear las hipotecas de todo el país –su total ascendía a 11,9 billones de dólares a fines de diciembre de 2008– “y aún quedaba un billón para comprarle una vivienda a cada estadounidense que no pudiera hacerlo”. Pero ocurre otra cosa: el número de procesos de ejecución de las hipotecas impagas llegó a más de 300.000 en cada mes del período marzo/agosto del presente año (www.bloom berg.com, 10-9-09.) Hay más.

La Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo norteamericano estimó que la cantidad de desocupados y empleados part-time ascendía a casi 25 millones en agosto de 2009, un 17 por ciento de la fuerza de trabajo (www.bls.gov, 4-9-09). Ese mes se elevó el desempleo en las industrias que más personal ocupan y es interesante ver cómo se distribuye: hombres adultos, 10,1 por ciento; blancos, 8,9 por ciento; negros, 15,l; mujeres adultas, 7,6; jóvenes, 25,5; hispanos, 13; asiáticos, 7,5 por ciento. Los negros, los hispanos y los jóvenes son los más castigados. Las personas que no pueden pagar ni un centavo de sus deudas serán 900.000 sólo en este año (prescriptions.blogs.nytimes.com, 7-9-09). Claro que no todos la pasan mal.

Los ejecutivos financieros rescatados por Obama siguen recibiendo los sueldos y las bonificaciones que solían recibir y no pocos consorcios gigantes aumentaron sus ganancias en el año declarado de la crisis. Véase el caso de la petrolera Chevron, que opera en 120 países. Sus actividades: explorar yacimientos de petróleo y gas natural, explotarlos, refinar la materia prima, invertir en empresas mineras, químicas y eléctricas. Sus beneficios en el 2008 alcanzaron 23.900 millones de dólares, la cifra más elevada de su historia, superior en un 28 por ciento a la del año anterior. David J. O’Reilly, presidente y director ejecutivo de Chevron Corporation, percibió 50 millones de dólares en el 2008 y es apenas el número 15 de los mejor pagados en EE.UU. (www.chevron.com) . Qué ganarán los otros 14.

¿Para quién gobierna Obama? Semanas antes de la reunión del G-20 declaró en una entrevista que Gandhi era su héroe (www.expressindia.com, 11-7-09). Difícil. Es imposible pensar que el líder indio aprobara la inversión de 700.000 millones de dólares en las guerras de Irak y Afganistán en el año fiscal 2009/10, monto que no incluye los gastos de seguridad interior y de los servicios de inteligencia (www.nytimes.com, 6-10-08). El envío previsto de más efectivos estadounidenses a Afganistán engordará esa suma, que decuplica con creces los presupuestos militares de Rusia y China.

El mandatario estadounidense declaró en vísperas de la reunión del G-20 que nunca apreció mucho las manifestaciones de protesta (www.post-gazette.com, 20-9-09) y que lo importante es atender los problemas “concretos, locales, inmediatos, esos que tienen un impacto en la vida de la gente”. ¿Estaba desalentando las manifestaciones contra la reunión que tuvo lugar en Pittsburgh? Pareciera. En todo caso, las que se produjeron fueron reprimidas con balas de goma, gases y un artefacto que ensordece y dispersa a las multitudes (www.inthesetimes.com, 26-9-09). Los manifestantes reclamaban la solución de problemas populares, una acción decidida contra el calentamiento global y el punto final a las guerras de Irak y Afganistán. Sigue en pie esa fatigada máxima: “Lo que es bueno para Wall Street es bueno para EE.UU.”.

Las posiciones que está adoptando Obama lo alejan cada vez más de Franklin Delano Roosevelt, figura con la que se lo compara con frecuencia. Durante su campaña electoral B.O. reiteró una anécdota atribuida a F.D.R., que respondió a las demandas de un líder sindical diciéndole que tenía razón y que emplearía todo su poder para corregir lo que estaba mal, pero agregó: “Sólo pido una cosa. Salgan a la calle y oblíguenme a hacerlo” (www.seatllepi.com, 21-1-09). Era claro que Obama pedía lo mismo, sólo que ahora reprime a quienes le tomaron la palabra.

Por Juan Gelman
 

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