Jueves, 21 Mayo 2009 06:37

El fenómeno del demopublicanismo

Los marchatrases de Obama sorprenden a demócratas y a republicanos. El grupo progresista de los primeros no sabe a qué atenerse y los últimos lo aplauden. La política de Bush, que en su campaña electoral el nuevo mandatario se comprometió a cambiar, vive y colea todavía. Se dirá que es un hecho frecuente: los políticos prometen lo que no cumplirán cuando acceden al gobierno. Sólo que, en este caso, la elección de BO levantó oleajes de esperanza en EE.UU. y en el mundo entero, harto de guerra. El oleaje parece haberse acostado tranquilamente en alguna playa.

Obama prometió, insistente, retirar las tropas estadounidenses de Irak en 16 meses. Fue una promesa de humo: quedarán allí 50.000 efectivos de manera permanente (AP, 26-2-09). Su compromiso de gobernar con transparencia hoy es palabra desvanecida: anuló la decisión del Pentágono de dar a conocer 2006 fotografías que registran las torturas a que fueron sometidos los prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib (The New York Times, 24-4-09). Repitió la censura que el presidente republicano Nixon impuso en 1968 a las fotos de la matanza de 500 ancianos, mujeres y niños que las tropas norteamericanas llevaron a cabo en My Lai, Vietnam. Otra demostración de “transparencia”: los abogados del Departamento de Justicia invocaron el “secreto de Estado” para bloquear una demanda contra el espionaje ilegal de teléfonos y otros medios de comunicación impuesto por la Ley Patriótica de Bush. John McCain y otros líderes republicanos elogian estas decisiones y dicen que BO “ha madurado”, que “ahora sí” se ha convertido en un verdadero gobernante.

La decisión de cerrar Guantánamo conoce su agonía: Obama firmó en enero una orden ejecutiva que suspendió el funcionamiento de los tribunales militares en esa cárcel, teatro de torturas y detenciones ilegales. Hace días resolvió que los tribunales se mantengan, con algunos cambios cosméticos (AP, 15-5-09). El voto de la mayoría de sus conmilitones demócratas, sumado al de todos los republicanos menos uno, anuló en el Congreso una partida de 50 millones de dólares destinada a cubrir los gastos que cerrar Guantánamo demanda. No hay plata, no hay cierre.

Hay cuestiones que rara vez aparecen en los medios. Una es el accionar en Guantánamo de las Fuerzas de Reacción Inmediata (IRF, por sus siglas en inglés). La cadena NBC, amparándose en la ley de libertad de información, solicitó y obtuvo centenares de páginas de informes sobre la represión de las IRF. Cada uno de sus equipos está formado por cinco policías militares que, según una investigación abierta por el juez español Baltasar Garzón, golpean los testículos de los prisioneros, los detienen tres semanas en completa oscuridad sin comer ni dormir, les inyectan una enfermedad de la vesícula de los perros y, desde luego, los someten al submarino (www.drivingcalgary.com, 29-4-09). En Guantánamo nada ha cambiado y, al parecer, nada cambiará.

Otro hecho casi inadvertido es que Obama nombró al general Stanley McChrystal comandante en jefe de las tropas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán. Pese a su apellido, el general estuvo a cargo de las operaciones especiales conjuntas del Pentágono (JSO, por sus siglas en inglés), es decir, encubiertas, desde el 2003 al 2008. Sus equipos de tareas organizan escuadrones de la muerte que se dedican a asesinar a líderes locales en el extranjero, aterrorizar a movimientos sociales que molestan a los gobiernos de países clientes de EE.UU. y a torturar a presos políticos y sospechosos de subversión. La Casa Blanca arguye que el nombramiento de McChrystal era necesario por la “complejidad” de la situación afgana. Dicho de otra manera: los talibán están ganando terreno y la nueva estrategia del general consistirá en aplicar los métodos de las JSO (www.alternet.org, 18-5-09). El general fue un niño mimado de Rumsfeld y Cheney. Ahora lo están mimando de nuevo.

Los demócratas tienen una mayoría de 79 bancas en la Cámara de Representantes y 59 bancas de 100 en el Senado. El presidente Obama es demócrata. Aun así, no se cumple el deseo de muchos que lo votaron para terminar con el estado de guerra incesante que Washington practica. El veterano representante demócrata por Missouri, William Lacy Clay, declaró en una sesión de la Cámara que en miles de personas de su distrito, pertenecientes a diferentes sectores económicos y raciales, incluida la ciudad de Saint Louis y suburbios, “impera un extendido sentimiento contra la guerra” (www.mcclatchydc.com, 16-5-09). Difícil que se concrete.
 
Es verdad que Obama intentó convencer al premier israelí Benjamin Netanyahu que apoye el establecimiento del Estado palestino y que se abstenga de atacar a Irán por su cuenta. En vano. No es menos cierto que el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, señaló que EE.UU. aceptaría cualquier posición que Israel adopte. Hasta ahora, siempre ha sido así: el lobby norteamericano pro-israelí es muy poderoso.

Por Juan Gelman
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Jueves, 05 Marzo 2009 08:35

El Salvador, elecciones 2009

En muchos aspectos, El Salvador es un símbolo. Hay una broma que dice que como El Salvador fue enviado por Dios para juzgar al mundo, estamos todos en serios problemas; y es cierto. Sin embargo, a menos de dos semanas de un proceso electoral histórico, el 15 de marzo de 2009, El Salvador tiene la oportunidad de convertirse en un nuevo tipo de símbolo.

El Salvador es un ejemplo clásico de los resultados de la intervención sistemática de EE.UU. en el contexto de la "guerra de baja intensidad" de la Guerra Fría. EE.UU. apoyó en ese país a un aparato de escuadrones de la muerte (hoy convertido en el partido político gobernante, la Alianza Republicana Nacional - ARENA,) y a un Estado militarizado que, en conjunto, fueron responsables de 85% de las violaciones a los derechos humanos durante los 12 años de la Guerra Civil (1980 -1992) que dejó 79.000 muertos. Pero muchas veces hasta allí llega el análisis de la intervención de EE.UU. en El Salvador en la década de los '80. De hecho, una intervención estadounidense sistemática en el tejido socio-económico facilitó la cohesión de una "Nueva Derecha", liderada por el partido ARENA y el tanque de pensamiento FUSADES, que estableció la hegemonía del sector privado, e insertó a El Salvador en los circuitos mundiales del comercio y de las finanzas.

La intervención estadounidense prosiguió a través de los Acuerdos de Paz y hasta la actualidad, bajo el pretexto de "la promoción de la democracia", que se manifiesta en tres principios rectores: las políticas de ajuste estructural neoliberal (la privatización, la liberalización del comercio, la desregulación de las inversiones, los recortes del gasto social, etc.), la propaganda a favor del actual orden socioeconómico, y campañas de terror en contra de las alternativas que pudieran amenazar el orden existente. Luego de 20 años de gobiernos de ARENA, ningún país de América Latina (salvo Colombia) ha llegado a reflejar mejor estos principios.

Para los conservadores, El Salvador es visto como un ejemplo brillante de la paz, la democracia y el desarrollo; pero una "paz" combinada con los traumas de la guerra no resueltos que han devastado el tejido social salvadoreño. El gobierno afirma que la pobreza está en 38%, pero estimados realistas que tienen en cuenta las graves disparidades entre el costo de la vida (alrededor de $ 350 por mes para una familia urbana) y el salario mínimo (alrededor de $ 195 al mes) ubican la pobreza entre el 60 y el 70%. Este hecho es causa de un éxodo masivo de migrantes salvadoreños indocumentados a EE.UU. (500 a 700 personas salen a diario). Las remesas que envían a sus familias previenen el colapso de la economía salvadoreña (17% del PIB). Los conflictos económicos y la desintegración de la familia se juntan para hacer de El Salvador el segundo país más violento del mundo (sólo detrás de Irak), con 68 homicidios por cada 100.000 personas. Las autoridades públicas culpan de casi todos los actos de violencia a las pandillas, pero un gran número de homicidios es cometido por escuadrones de la muerte. Sin embargo (quizás convenientemente), el Fiscal General sólo pudo resolver el 4% de los homicidios cometidos en El Salvador en 2007. Basta añadir los $ 1,2 mil millones robados de las arcas públicas y otros 25 millones de dólares en evasión de impuestos en más de 20 años de gobiernos de ARENA, para evocar una imagen de "estado fallido".

A pesar de la brutal realidad de "la paz y la democracia" en El Salvador, ARENA vende una imagen diferente del país, tanto al pueblo salvadoreño, como al resto del mundo. El actual presidente Tony Saca ha calificado su administración como el "Gobierno con sentido humano", destacando su inversión social; sin embargo, entre septiembre de 2006 y febrero de 2008, 104.000 salvadoreños ingresaron en el rango de la pobreza. Como respaldo a sus declaraciones, Saca recibió el Freedom Award 2007 del International Republican Institute y el Camino a la Paz 2008 del "Observador Permanente de la Santa Sede" ante las Naciones Unidas. La presidencia de Saca, en primer lugar, se debe en gran parte a la intervención de EE.UU. en las elecciones presidenciales salvadoreñas de 2004. Saca devolvió el favor mediante el envío de tropas salvadoreñas a Irak. Mientras tanto, los medios de comunicación masivos satanizan el FMLN y los movimientos sociales independientes, mientras que ARENA utiliza la reciente Ley de Lucha contra el Terrorismo para reprimir a las fuerzas de la oposición y la protesta social.

Este modelo no había sido seriamente amenazado, hasta el actual ciclo electoral de 2009, en el que todos los puestos de elección popular están en juego. Mauricio Funes, el candidato presidencial del ejército guerrillero transformado en partido de oposición -el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)-, está adelante en las encuestas independientes. Funes, un ex periodista de gran popularidad, promete instituciones que funcionen, la reactivación del sector agrícola, el aumento del gasto social y una política exterior independiente; teniendo al frente al débil candidato presidencial de ARENA, Rodrigo Ávila, ex jefe de la Policía Nacional Civil, en cuyo mandato se registró un alarmante aumento de la violencia.

De hecho, los salvadoreños se encuentran ante una oportunidad singular para marcar un nuevo rumbo a su país y, esto, en un momento oportuno. El actual sistema mundial ha entrado en una crisis económica con una polarización social sin precedentes. Los pueblos de América Latina se han despertado ante esta calamidad y han elegido gobiernos alternativos, que están contrarrestando la hegemonía estructural promovida por el neoliberalismo estadounidense, con procesos autónomos de desarrollo, democratización e integración regional. Un triunfo de Funes podría desatar un proceso similar de base en El Salvador, en el que estas nuevas fuerzas regionales podrían proporcionar valiosos conocimientos, recursos y apoyo político a un gobierno del FMLN.

Sin embargo, ARENA en 15 años se ha ocupado de construir un sistema electoral muy politizado y estructuralmente sesgado, que podría asegurar su propia victoria, a pesar de la voluntad popular contraria. En primer lugar, no hay "votación barrial", ni hay votación en ausencia para los más de 2 millones de salvadoreños que viven en el exterior. En segundo lugar, el registro electoral se basa en el censo de 1992, y no en el censo de 2007. En tercer lugar, ARENA controla la emisión de los documentos nacionales de identidad (DUI). En conjunto, estos hechos dan a ARENA la posibilidad de reclutar a extranjeros para votar legalmente en las elecciones, como si se tratara de ciudadanos salvadoreños. Ello se constató en las elecciones municipales del 18 de enero de 2009, en el municipio de San Isidro, Cabañas, en la que tal cantidad de extranjeros (principalmente hondureños y nicaragüenses) se presentaron a votar, que los nativos de la zona cerraron el proceso de votación. Por último, no hay ninguna ley que exija que los partidos revelen la fuente de sus fondos de campaña, lo cual facilita campañas extremadamente sucias.

ARENA se ha centrado en dar dádivas en comunidades pobres estratégicas, con promesas utópicas que contradicen sus propias prioridades históricas, y que presentan al FMLN como un partido violento entregado al terrorismo y al comunismo. Funcionarios de ARENA han acusado falsamente al FMLN de tener vínculos con grupos armados ilegales en El Salvador, con las FARC, con Hugo Chávez, con pandillas nacionales salvadoreñas y han sentenciado que si El Salvador fuera gobernado por el FMLN, se restringiría la libertad y se destruirían las relaciones con EE.UU. La red de apoyo transnacional a ARENA, especialmente la ONG con sede en Venezuela Fuerza Solidaria, ha sido crucial para subrayar estas aseveraciones. El director venezolano de Fuerza Solidaria, Peña Esclusa, incluso ha dado charlas a los trabajadores de empresas que operan en El Salvador, advirtiendo que una victoria del FMLN pondría en peligro su empleo. Empleados públicos también han denunciado que se les está obligando a votar por ARENA.

En su campaña no oficial, activistas de ARENA han provocado enfrentamientos en la calle con activistas del FMLN, con el fin de justificar las acusaciones al FMLN de perpetrar violencia. También se han producido decenas de asesinatos por motivos políticos en los dos últimos años contra miembros de organizaciones de oposición, incluidos religiosos, activistas y funcionarios del FMLN. Recientemente, el 28 de enero, Edgar Tobar, un ex coronel del ejército, y miembro del movimiento los "Amigos de Mauricio" (Funes), fue asesinado durante la noche en su casa en Colón, La Libertad.

En suma, las elecciones de 2009 bien podrían dejar a El Salvador como un poderoso baluarte de la derecha, a pesar de las condiciones favorables a la izquierda. Sin embargo, seguramente, tarde o temprano (quizás la misma noche de las elecciones, por ejemplo, si los resultados oficiales no reflejen la voluntad popular), una continuación del gobierno de ARENA provocará una crisis aguda y orgánica de legitimidad, en la que los salvadoreños ya no aceptarán la pobreza y la violencia como su pan de cada día, y podrían tomar las calles.
En consecuencia, el PNUD, EE.UU. y FUSADES están exigiendo que ARENA mejore la atención a los problemas que actualmente ponen en peligro el clima de negocios y la estabilidad social. Bajo esta misma lógica, un gobierno del FMLN que haga mejoras nominales en la lucha contra la corrupción, la violencia y la pobreza, podría ser visto como más beneficioso que un gobierno de ARENA, para la estabilización del actual

Obviamente, Funes podría iniciar un proceso de radical cuestionamiento al orden social injusto. Pero un gobierno de Funes se enfrentaría a enormes obstáculos, como los medios masivos de difusión y el gobierno municipal de San Salvador, siendo las dos principales armas de ARENA para demonizar y desestabilizarlo. También hay incertidumbre acerca de quién realmente gobernaría en el caso de una Presidencia de Funes: ¿será él, o los numerosos miembros del liderazgo de la línea dura ortodoxa del FMLN, con los que Funes quedaría en deuda? Es más, ¿el FMLN realmente se pondrá al servicio de la mayoría marginada, fomentando el empoderamiento de los movimientos sociales autónomos, o buscará el poder y la riqueza, de una manera similar a ARENA, como algunos simpatizantes de base del FMLN temen?

Quien llegue al poder se enfrentará a los efectos de la crisis económica mundial. Desde ya, las remesas enviadas a El Salvador por familiares en EE.UU. están disminuyendo; el desempleo ha aumentado y el gobierno está casi en la quiebra.

Si las elecciones de 2009 en El Salvador son realmente libres, prácticamente serán como un referéndum sobre este sistema injusto; aunque hay demasiados indicios para considerar que no serán libres.
(Traducción ALAI).

Por, Danny Burridge, coordinador del Campo para el Movimiento Misionero Voluntario (VMM) y consultor para la Fundación SHARE
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Lunes, 16 Febrero 2009 06:20

Chávez ya tiene su camino allanado

El Sí ganó con el 54,3 por ciento contra el 45,6 de los sufragios. El mandatario festejó ante una multitud. “Fue una gran victoria de la revolución.” A partir de ahora no habrá límites para que un presidente se presente a elecciones.
 
El pueblo venezolano dijo Sí al proyecto de enmienda constitucional propuesto por su presidente, Hugo Chávez. Con un 94 por ciento de las mesas electorales escrutadas y una abstención que llegó al 32 por ciento, al cierre de esta edición Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), anunció que el SI se impuso con un 54,36 por ciento de los votos frente a un 45,63 de sufragios obtenidos por el NO. A partir de ahora ya no habrá límites para la cantidad de veces en que se puede elegir un cargo que sea consagrado mediante el voto popular. “Viva el pueblo venezolano. Viva la Constitución bolivariana. Ha sido una gran victoria de la revolución”, proclamó Chávez exultante, desde el balcón del Palacio de Miraflores, ante una marea roja de venezolanos después de cantar el himno nacional. “Febrero, siempre febrero. Febrero rebelde”, lanzó el líder sosteniendo una Constitución en la mano.
 
La apuesta fue fuerte, y el líder bolivariano así lo anunció apenas iniciada la jornada de ayer, cuando expresó que buena parte de su destino político se ponía en juego con la consulta popular. “Vengo con mis hijas y nietos, muy consciente ante el pueblo venezolano de que hoy –por ayer– en las mesas electorales se está decidiendo mi destino político. Para mí, como ser humano y soldado de esta lucha, es importante. Pido a Dios que el proceso termine bien y se imponga la voluntad del pueblo”, dijo el mandatario venezolano. Las urnas lo respaldaron.
 
Pero en realidad, según Chávez, la apuesta fue aún más grande. Lo que se decidió ayer fue, según él, no la posibilidad de su permanencia en el cargo, sino el carácter del futuro de Venezuela. De acuerdo con su metáfora dramática, el ser o el no ser. “Los bolivarianos, los patriotas, tenemos un proyecto que le está dando el ser a Venezuela. Nos estamos jugando el ser o no ser una nación libre, soberana y socialista, mediante la reafirmación de los principios de nuestra Revolución Bolivariana”, declaró el presidente en las primeras horas de la mañana.
 
Y esos principios, de acuerdo con los números, fueron reafirmados en una jornada que comenzó bien de madrugada y que se desarrolló en total normalidad. Con 140.000 efectivos militares custodiando los centros de votación, no hubo incidente alguno. Las 33.000 mesas electorales desplegadas a lo largo y ancho del país caribeño estuvieron abiertas desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, pero los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no pudieron esperar. Desde las cuatro de la mañana (6.30 de Argentina), recorrieron las calles de Caracas con fuegos artificiales y el sonido de una diana militar, sacando a más de uno de la cama, llamando a todo el mundo a votar. No era cuestión de llegar tarde.
 
En la calle y haciendo fila, muchos vecinos de la barriada popular de Catia, al oeste de Caracas, dejaron saber sus opiniones. “Hugo Chávez es el único, no hay otra alternativa”, afirmó Conchita Reques, una mujer de 68 años y entusiasta bolivariana. “Me quedé viuda, tenía que matarme a trabajar para sacar adelante a mis dos hijos. Llegó Chávez, mi pensión aumentó y mi vida cambió. Nadie antes se había ocupado de nosotros. Este pueblo recuperó su dignidad”, aseguró. Otros se sumaron. “Antes, este pueblo estaba a la deriva. Aquí entraba el dinero, pero no se veía ningún resultado y ahora sirve para ayudar a la agente. ¿En qué líder de la oposición se podría confiar como confiamos en Chávez?”, se preguntó Ana Llamuca, aguardando su turno para votar.
 
No obstante, otros se manifestaron en sentido contrario. “Tenemos que buscar una renovación. El gobierno hizo cosas buenas pero ¿qué me dicen de la inseguridad, de la corrupción?”, remarcó Javier Solórzano, vecino del mismo barrio.
 
En otros primó una clase de análisis intermedio. Jesús Madrid, economista de 52 años, consideró que nadie se queda en el poder si no hace las cosas bien. “Creo en este proceso revolucionario. Pero votar hoy por esta enmienda no significa que Chávez vaya a quedarse toda la vida. Dependerá de si lo hace bien o mal”, dijo el economista. Y agregó: “Si las elecciones se celebraran mañana, yo votaría por Chávez. Su balance de gobierno es muy bueno y además, la oposición no puede regresar al poder para cometer las mismas tonterías del pasado”.
 
Ya para el mediodía el 40 por ciento de los 17 millones de venezolanos convocados a votar habían cumplido con su deber cívico. Al salir del cuarto oscuro, Chávez aseguró que la propuesta de enmienda formaba parte de una nueva forma de gobernar. “Esto se encuadra dentro de una nueva doctrina constitucional que tiene como vanguardia a Venezuela y en la cual el pueblo es el que decide”, sentenció, mencionando a Ecuador y a Bolivia dentro de la misma senda.
 
Por su parte, los líderes de la oposición también aprovecharon el momento de sufragar para hacer declaraciones. “Hay que votar y hay que ganar. Esto va por los mejores caminos, vamos encaminados a lo que Venezuela sueña y lo que Venezuela quiere”, destacó un todavía optimista Manuel Rosales, alcalde opositor de Maracaibo, segunda ciudad de Venezuela.
 
La mayor parte de las mesas cerró a la hora señalada, puesto que pasadas tres horas del horario estipulado, todavía quedaban filas de votantes a la espera de tocar la pantalla electrónica. Aún sin números en mano, los oficialistas comenzaron a cantar victoria. “Podemos esperar los resultados con una sonrisa en la cara”, deslizó Jorge Rodríguez, jefe de campaña del SI. Grupos de estudiantes opositores se reunieron y llamaron a preservar cada voto, pidiéndoles a los ciudadanos a acercarse a las mesas a presenciar el recuento.
 
Los votos se cuidaron, las boletas se contaron, el pueblo votó y el SI ganó. “Uh, ah, Chávez no se va”, gritó la multitud.
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No es demasiado difícil. Después de su toma de posesión, Barack Obama declaró que la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo a su legítimo dueño debía sopesar, en primer término, si afectaba o no en lo más mínimo, la capacidad defensiva de Estados Unidos.

Añadía de inmediato, que respecto a la devolución a Cuba del territorio ocupado por la misma, debía considerar bajo qué concesiones la parte cubana accedería a esa solución, lo cual equivale a la exigencia de un cambio en su sistema político, un precio contra el cual Cuba ha luchado durante medio siglo.

Mantener una base militar en Cuba contra la voluntad de nuestro pueblo, viola los más elementales principios del derecho internacional. Es una facultad del Presidente de Estados Unidos acatar esa norma sin condición alguna. No respetarla constituye un acto de soberbia y un abuso de su inmenso poder contra un pequeño país.

Si se desea comprender mejor el carácter abusivo del poder del imperio debe tomarse en cuenta las declaraciones publicadas en el sitio oficial de Internet por el gobierno de Estados Unidos el 22 de enero de 2009, después del acceso al mando, de Barack Obama. Biden y Obama deciden apoyar resueltamente la relación entre Estados Unidos e Israel, y consideran que el incontrovertible compromiso en Oriente Medio debe ser la seguridad de Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la región.

Estados Unidos nunca se distanciará de Israel y su presidente y vicepresidente “creen resueltamente en el derecho de Israel de proteger sus ciudadanos”, asegura la declaración de principios, que retoma en esos puntos la política seguida por el gobierno del predecesor de Obama, George W. Bush.

Es el modo de compartir el genocidio contra los palestinos en que ha caído nuestro amigo Obama. Edulcorantes similares ofrece a Rusia, China, Europa, América Latina y el resto del mundo, después que Estados Unidos convirtió a Israel en una importante potencia nuclear que absorbe cada año una parte significativa de las exportaciones de la próspera industria militar del imperio, con lo cual amenaza, con una violencia extrema, a la población de todos los países de fe musulmana.

Ejemplos parecidos abundan, no hace falta ser adivino. Léase, para más ilustración, las declaraciones del nuevo Jefe del Pentágono, experto en asuntos bélicos.

Por, Fidel Castro Ruz

29 de enero de 2009
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Domingo, 25 Enero 2009 07:41

Obama, o al rengo se le ve cuando camina

Es peligroso confundir a Barack H. Obama, el personaje político del establishment estadunidense, con el movimiento social de protesta aún informe y desorganizado que se opuso a Bush e impuso al desconocido Obama, primero como candidato presidencial –venciendo a los elefantes blancos conocidos y conservadores del Partido Demócrata que apoyaban a Hillary Clinton bajo la dirección del marido de ésta–, y después como encargado de barrer al desprestigiado y odiado Bush.

El primero es un político segundón, sin experiencia ni mucha claridad (votó contra la guerra en Irak diciendo “no me opongo a la guerra, sino a guerras estúpidas”) y despierta si no las esperanzas, al menos las expectativas de los grandes capitalistas. Éstos, en efecto, desean que siga alimentando con fondos de los contribuyentes las arcas de los grandes bancos y de las grandes empresas que ellos mismos vaciaron por “codicia e irresponsabilidad”, como dijo Obama, pero sobre todo porque en eso consiste el capitalismo, que no es otra cosa que la búsqueda desesperada de la ganancia a cualquier precio, explotando, colonizando, matando, sin ética ni norma moral alguna. Hay que decir a este respecto que el gran capital no está muy contento con Obama a pesar de su evidente continuismo con las políticas esenciales de Bush y de su carácter conservador y, en el día de la asunción del mando y tras su discurso, votó a su manera haciendo caer todas las bolsas del mundo…

El segundo (el hombre que la ola de protesta llevó a la Casa Blanca esperando que haga un cambio, que dé trabajo digno y bien pagado, evite que le roben sus casas a la gente, les dé planes de asistencia médica, escuelas decentes, paz y libertades pisoteadas por Bush) siente en su nuca el aliento de millones de negros, latinoamericanos, asiáticos, discriminados (recordó, en efecto, que su padre “no hubiera podido entrar en un restorán” hace 40 años). Si 2 millones de personas, con varios grados bajo cero, sin centro ni organización colectiva, unidos por el mismo sentimiento, llenaron las calles de Washington para apoyar a Obama en su asunción del gobierno, es porque quieren empezar a tener poder y dejar de ser nadie, y para eso se agarran de Obama y le exigirán medidas sociales.

La degradación política y social en Estados Unidos es vieja, pero el Día sin inmigrantes (un paro nacional sui generis) dio conciencia a los trabajadores pobres y a los oprimidos de que podían contar, y la candidatura de Obama les dio posteriormente un centro político y una esperanza, deformados, pero de gran importancia. Porque no se puede separar el triunfo de los obreros que ocuparon e hicieron funcionar una fábrica de puertas y ventanas de ambos procesos: el de la acción en autogestión de los inmigrantes y el electoral, que dio el impulso inicial a una politización y organización de millones de estadunidenses trabajadores, con una plataforma de reformas democráticas y económicas que el capitalismo no puede conceder, particularmente en esta época de crisis. Aparece así, potencialmente, un proceso político de masas que va mucho más allá de Obama, su canal transitorio.

Si en los años 30 un proceso similar fue canalizado por los sindicatos y después absorbido por Franklin D. Roosevelt (al cual Obama no nombra, y no por casualidad), eso fue gracias a la preparación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué base hay hoy, en cambio, para un keynesianismo masivo y para la domesticación por el Estado de los trabajadores estadunidenses? ¿Dirige Obama un cambio?

A riesgo de desilusionar a muchos “progresistas”, gobernantes o no, Obama no ha hablado, entre sus prioridades, ni de planes masivos para dar trabajo ni de los emigrantes. Cuando mucho, tiene un plan que, si tiene éxito, podría crear en dos años 3 millones de empleos, o sea, apenas la cantidad que se perdieron en los últimos seis meses. Por otra parte, ni ha mencionado el genocidio en Gaza.

Además, si piensa reforzar las tropas en Afganistán, aunque reduzca gradualmente las que están en Irak, y si va a salvar a los bancos y las grandes empresas, ¿podrá dar seguro social a 70 por ciento de personas que no lo tienen?, ¿y podrá devolverles sus casas y el nivel de vida y los empleos que perderán en este año cuando sostiene que la crisis se debe sólo a algunos “irresponsables y codiciosos” y no a la estructura misma del sistema? ¿Cuál cambio prepara con respecto de la paz si tiene como jefe de gabinete al doble ciudadano estadunidense e israelí Rahm Emanuel Israel, que fue soldado en el ejército judío? ¿O cuando mantiene como ministro de Defensa a Robert Gates, elegido por Bush, y manda a Afganistán al general Petraeus, dictador en Irak, también del equipo de Bush? ¿El clan Bill e Hillary Clinton, que controla la política exterior, asegura acaso un cambio cuando la primera es ardientemente filoisraelí y el segundo pidió en el Senado medidas firmes de Obama contra “la amenaza” de Venezuela y Cuba? ¿El propio Obama no declara acaso que Hugo Chávez “exporta actividades terroristas y apoya a las FARC”, intoxicando a la opinión pública con mentiras insostenibles como hizo Bush respecto de Irak? ¿Qué puede esperar América Latina si uno de los principales asesores de Obama para la región es Greg Craig, abogado del ladrón y asesino Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente de Bolivia refugiado en Estados Unidos, que sigue negando su extradición? En lo económico, ¿qué cambio puede producir cuando el jefe de sus asesores es Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Clinton, responsable de la más amplia y masiva desregulación bancaria?

Es seguro que Obama no es igual a Bush. También que se verá obligado a hacer concesiones a quienes reclaman cambios urgentes y profundos. Pero éstas serán simbólicas, superficiales. Porque Obama, aunque mulato, es un hombre del sistema, educado en Harvard. Sin duda es histórico que en un país donde el Capitolio fue construido por esclavos y en el que en los años 60 un negro no podía entrar en un restorán ni utilizar el mismo baño que un blanco, un mulato sea presidente. Pero, como dicen los haitianos, “un mulato pobre es negro y un negro rico es mulato”. No estamos sólo ante un problema racial, sino ante la más profunda crisis del capitalismo y muy posiblemente el comienzo de un vasto conflicto entre las clases.

Por, Guillermo Almeyra

 

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Miércoles, 21 Enero 2009 08:18

Gatopardismo imperial

Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante “obamamanía” actual es un magnífico ejemplo de ello.

Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.

¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la “guerra contra el terrorismo” por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener “una agenda positiva” para la región para contrarrestar “el temor propagado por Chávez y Evo Morales”. Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?

¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (...) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC”? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena”. Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.

En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a “suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba”, pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando “La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla”. En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.

Por Atilio A. Boron
* Politólogo.
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Martes, 20 Enero 2009 09:10

Obama frente a los escombros

La entrada en funciones de Barack Obama confirmará una triple ruptura

1) En primer lugar, una ruptura política. Es la primera vez desde 1965 que un presidente demócrata aborda su mandato en un contexto de debilidad, incluso de derrota, de las fuerzas conservadoras. En 1977, James Carter los venció en primer lugar (justamente) gracias a su promesa de una renovación ética («Yo no os mentiré nunca») tras el escándalo del Watergate; su mandato estuvo marcado por una política monetarista y por las primeras grandes medidas de desregulación; En 1993, William Clinton se presentó como el hombre que «modernizaría» el partido demócrata asumiendo para sí numerosas ideas republicanas (la pena de muerte, el cuestionamiento de la ayuda social o la austeridad financiera)

2) Después, una ruptura económica. El neoliberalismo al estilo de Reagan no es defendible ni siquiera por sus partidarios. Durante su última conferencia de prensa como presidente, el lunes 12 de enero, George W. Bush ha «admitido voluntariamente»: «Yo dejé de lado algunos de mis principios liberales cuando mis asesores económicos me informaron de que la situación que estábamos viviendo podría llegar a ser peor que la Gran Depresión (la crisis de 1929)». «Peor», de todos modos, es un poco exagerado teniendo en cuenta que la crisis de 1929 hizo fermentar las «uvas de la ira» y la quiebra puso al país al borde del caos.

Sin embargo, 2008 se ha cerrado con una pérdida de 2.600.000 empleos en Estados Unidos, 1.900.000 de ellos sólo en los últimos cuatro meses del año. Es el peor resultado desde 1945, en otras palabras, una caída libre. Podría pasar si el país tuviera las cuentas equilibradas y una posibilidad ilimitada de relanzamiento por el endeudamiento. Pero eso está lejos… El déficit presupuestario va a llegar este año a 1,2 billones de dólares y el 8,3 del PIB. Una cifra impresionantemente mala que no sólo supera el peor resultado de la era Reagan (6% en 1993), sino que además marca que el déficit se ha multiplicado por tres de un año para otro.

3) Una ruptura diplomática. Nunca, sin duda, desde la Segunda Guerra Mundial, la imagen de Estados Unidos en el mundo había estado tan degradada. La mayoría de los países consideran que la superpotencia estadounidense desempaña un papel negativo en los asuntos del mundo, a menudo en una proporción abrumadora. Iraq, Oriente Próximo, Afganistán: El statu quo aparece insostenible, tan costoso y mortífero al mismo tiempo. Después de todo, fue invocando la necesidad de una retirada de Iraq como Obama comenzó su campaña en 2007 y ha sido gracias a su insistencia en este punto como venció a Hillary Clinton –su futura Secretaria de Estado…- en las primarias. Sin embargo, el calendario de dicha retirada parece que enfrenta al presidente electo (muy impaciente) con los militares (más «prudentes» (1)). Pero la impaciencia del primero no se explica en absoluto por una posición pacifista. La retirada, en primer lugar, conlleva la voluntad de Obama de reasignar en Afganistán una parte de las tropas retiradas de Iraq. Sin embargo no es cierto que las perspectivas de hundimiento sean menores en Kabul que en Bagdad.

Políticamente, el nuevo presidente tiene las manos libres. El paisaje de escombros que hereda va a obligar a una cierta contención a sus adversarios políticos. Su amplia victoria se ha beneficiado del impulso de las fuerzas vivas del país, especialmente los jóvenes. Y además están los sugerentes reportajes especiales, a menudo hagiográficos, que la prensa del mundo entero ha dedicado a Obama. La esperanza que suscita su entrada en la Casa Blanca es inmensa; y eso no se explica únicamente por el hecho de que el presidente de Estados Unidos sea negro. De un golpe, la «marca de América» se recuperó. Algunas decisiones de alto valor simbólico relativas al cierre de Guantánamo y la prohibición de la tortura han reforzado ese sentimiento de nueva era. «Debemos poner el mayor cuidado en reafirmar nuestros valores y en proteger nuestra seguridad», ha declarado el nuevo presidente.

Después vienen los problemas. No es suficiente irrigar la economía estadounidense de liquidez para que la máquina económica y el empleo recuperen el movimiento. La inquietud de la población en cuanto al futuro es tal, que lejos de dedicarse a consumir, ahorra más que nunca (2). La tasa de endeudamiento de las familias, que no había dejado de crecer desde 1952, ha conocido su primer retroceso en el tercer trimestre del año pasado. Así, algo que seguramente es deseable a medio y largo plazo, pone en peligro el relanzamiento rápido a través del consumo y la inversión que espera el nuevo equipo de la Casa blanca. «Si no hacemos nada, esta recesión podría durar años» ha advertido Obama, deseoso de que su programa de gastos suplementarios de 775.000 millones de dólares, compuesto de gasto público y rebajas de de los impuestos, sea adoptado rápidamente por el Congreso. ¿Será suficiente? Algunos economistas demócratas, como Paul Krugman, consideran que es insuficiente y está mal planeado (3).

La situación internacional tampoco parece prestarse a un resultado inmediato. Deliberadamente o no, los dirigentes israelíes han colocado a su gran aliado ante un hecho consumado –una guerra especialmente impopular en el mundo árabe- y obligan al nuevo presidente a hacerse cargo de un asunto minado que no constituía en absoluto su prioridad. La parcialidad en este asunto tiene el peligro de demostrar que Estados Unidos ya no podrá defender nunca una posición equilibrada en Oriente Próximo, y esto podría empañar muy deprisa su popularidad en el ámbito internacional.

Pero todo no se resume en un hombre, aunque sea nuevo. Sobre todo porque la novedad es mucho menos sorprendente cuando se examinan las actuaciones de Obama en cuanto a su gabinete. Por una ministra de Trabajo próxima los sindicatos, Hilda Solis, que promete una ruptura con las políticas anteriores, nombra a una ministra de Asuntos Exteriores, Hillary Clinton, cuyas orientaciones diplomáticas rompen menos con el pasado, y a un ministro de Defensa, Robert Gates, claramente heredado de la administración Bush. En cuanto a la diversidad del equipo, seguramente no es de naturaleza sociológica. Veintidós de los treinta y cinco primeros nombrados de Obama son diplomados de una universidad de élite estadounidense o de un encopetado colegio británico… Esto recuerda un poco la vuelta a la «competitividad» de los «best and brightets» (los mejores y más brillantes) de la administración Kennedy-Johnson. La prepotencia que caracteriza a este tipo de individuos a menudo los conduce a alardear de su poder y convertirse en fabricantes de catástrofes mundiales, como se observó durante la guerra de Vietnam. Pero Estados Unidos, en los tiempos que corren, está más bien en el abatimiento «centrista» que en la audacia del «Yes, we can», que constituiría la amenaza más temible.

(1) «Timetable for Iraq too slow for Obama» (Calendario de Iraq demasiado lento para Obama) International Herald Tribune, 15 de enero de 2009.

(2) «Hard-Hit Families Finally Saving Aggravating Nation’s Economic Woes» (Las familias más afectadas al final serán la solución de los crecientes problemas económicos de la nación) The Wall Street Journal, 6 de enero de 2009.

(3) Paul Krugman «The Obama Gap» The New York Times, 8 de enero de 2009.

Texto original en francés: http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2009-01-16-Obama-investiture

Serge Halimi es periodista de Le Monde diplomatique y autor del libro Les Nouveaux Chiens de Garde (Los nuevos perros guardianes), Raisons d’agir, 2ª edición, 2005.

Por, Serge Halimi, director Le Monde diplomatique Francia

Traducido para Rebelión por Caty R.

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Martes, 13 Enero 2009 07:26

Continuidades

Todo hace pensar que el 2008 no terminó el 31 de diciembre. El tiempo inerte del calendario deja paso al tiempo incierto de las transformaciones sociales. Mucho de lo que se desencadenó el año pasado va a proseguir, sin solución de continuidad, en 2009 y más allá. Analicemos algunas de las principales continuidades.

¿Crisis financiera o noche de gala de las finanzas? Los últimos cuatro meses revelaron claramente las dos partes en que el mundo está dividido: el mundo de los ricos y el de los pobres, separados pero unidos para que el mundo de los pobres continúe financiando al de los ricos. Dos ejemplos. Hoy se habla de crisis porque alcanzó al centro del sistema capitalista. Hace treinta años que los países del llamado Tercer Mundo atraviesan una crisis financiera y para resolverla solicitan, en vano, medidas muy similares a las que ahora generosamente son adoptadas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Por otro lado, los 700 mil millones de dólares del salvataje están siendo entregados a los bancos sin restricción alguna y no llegan a las familias que no pueden pagar la hipoteca o la tarjeta de crédito, que pierden el empleo y congestionan los bancos de alimentos.

En el país más rico del mundo, uno de los grandes bancos rescatados, el Goldman Sachs, declaró en su informe fiscal que el último año apenas pagó el uno por ciento de impuestos. Mientras tanto, fue apoyado con dinero de los ciudadanos que pagan entre un 30 y un 40 por ciento de impuestos. A la luz de esto, los ciudadanos de todo el mundo deben saber que la crisis financiera no está siendo resuelta en su beneficio y que eso será evidente en este 2009. En Europa, los jóvenes griegos fueron los primeros en darse cuenta y cabe esperar que no sean los únicos.

Zimbabwe: el fardo neocolonial. La crisis de Zimbabwe es la mejor prueba de que las cuentas coloniales todavía siguen impagas. Su importancia reside en que la cuestión subyacente –la cuestión de la tierra– podría estallar próximamente en otros países, en Africa del Sur, Namibia, Mozambique, Colombia, etc. Cuando Zimbabwe se independizó, en 1980, unos 6 mil agricultores blancos poseían 15,5 millones de hectáreas, en tanto 4,5 millones de agricultores negros apenas poseían 4,5 millones de hectáreas, casi todas de tierra árida. Los acuerdos de la independencia reconocieron esta injusticia y establecieron el compromiso de Inglaterra de financiar la redistribución de las tierras. Pero eso nunca sucedió. Robert Mugabe es un líder autoritario que suscita muy poca simpatía y cuyo poder puede estar llegando a su fin, pero hasta ahora su supervivencia se asienta en la idea de justicia anticolonial, con la que los zimbabuenses están de acuerdo, incluso quienes consideran incorrectos los métodos de Mugabe. Recientemente se habló de una posible intervención militar, una cuestión que divide a los africanos y en la que, una vez más, los Estados Unidos podrían meter la mano (con el recién creado Comando Africano). Sería un error fatal no dejar que siga su curso la diplomacia africana.

Sesenta años de derechos poco humanos. La celebración en 2008 del 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dejó un sabor amargo. Los avances tuvieron lugar más en los discursos que en las prácticas. La inmensa mayoría de la población mundial no es sujeto de derechos humanos, antes es objeto de derechos humanos, objeto de discursos por parte de los reales sujetos de derechos humanos, los gobiernos, las fundaciones, las ONG, las iglesias, etc. Será preciso un año mucho más largo que el 2008 para revertir esta situación.

Cuba: ¿el comienzo de la transición? Pese a que los cincuenta años de la Revolución Cubana se celebran este año, en 2008 se habló mucho de Cuba. La enfermedad de Fidel Castro planteó la cuestión de la transición. ¿Desde dónde y hacia dónde? Va a ser otro tema del largo 2008, más importante para el futuro del mundo de lo que puede imaginarse. Porque si es posible decir que Europa y Norteamérica serían lo que son aun cuando no hubiera sucedido la Revolución Cubana, no puede decirse lo mismo de América latina, de Africa y Asia, o sea, de las regiones del planeta donde vive cerca del 85 por ciento de la población mundial.

La dolorosa verdad es que Cuba se transformó en un problema difícil para la izquierda socialista mundial y, particularmente, para la de Latinoamérica. Decir que Cuba es un problema difícil para la izquierda implica aceptar tres ideas: que, en su estado actual, Cuba dejó de ser una opción de izquierda viable; que los problemas que enfrenta, sin ser insuperables, son de difícil solución; y que, si esos problemas fueran resueltos en los términos de un horizonte socialista, Cuba podría volver a ser un motor de renovación de la izquierda, pero sería entonces una Cuba diferente, que podría construir un socialismo diferente del que fracasó en el siglo XX y, de ese modo, contribuir a la urgente renovación de la izquierda mundial, una renovación sin la cual la izquierda no entrará en el siglo XXI.

¿Un réquiem por Israel? El aspecto más trágico del largo 2008 está ocurriendo en Palestina, con la más reciente y más brutal masacre del pueblo palestino cometida por las fuerzas de ocupación israelíes, que cuentan, más allá del poderío militar, con la complicidad criminal del mundo occidental. Esta complicidad está hecha de silencio, hipocresía y una grotesca manipulación de la información que transforma a los ocupantes en ocupados, a los agresores en víctimas, a la provocación ofensiva en legítima defensa. El Estado de Israel constituye el más reciente (nunca el último) acto colonial de Europa, tanto por las condiciones en que fue creado como luego apoyado por Occidente. Hace sesenta años, unos 750 mil palestinos fueron expulsados de sus tierras ancestrales y condenados a una ocupación sangrienta y racista para que Europa expiase el repugnante crimen del Holocausto contra el pueblo judío. Hoy es evidente que, para los sionistas de Israel, el verdadero objetivo, la solución final de la cuestión palestina es el exterminio del pueblo palestino, y es eso lo que está en curso. ¿Habrán olvidado que las “soluciones finales” terminan siempre con la eliminación de quienes intentan realizarlas? ¿No temen que muchos de los que defendieron la creación del Estado de Israel hoy se cuestionen si, en estas condiciones –y repito, en estas condiciones–, el Estado de Israel tiene derecho a existir?

Por, Boaventura de Sousa Santos *

* Doctor en Sociología del Derecho; profesor de la Universidad de Coimbra (Portugal) y de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).
Traducción: Javier Lorca.
 

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“Ustedes son testigos del parto de una nueva época”. Hugo Chávez se abrocha el cinturón de seguridad. El avión presidencial, equipado con una pequeña oficina, un cuarto y ceniceros dorados, sirve de escenario para la entrevista. “Vamos a hablar un poco, y después intentaremos descansar un rato”.

La conversación se remonta atrás en el tiempo. Hasta el piso de tierra, allá en Sabaneta, un pueblo humilde en el llano venezolano, donde Hugo Rafael Chávez Frías nació en 1954. Así que el descanso se quedará para más tarde. El vuelo sólo dura tres horas.

Mientras el avión despega, Chávez empieza aquel cuento largo que tantas veces ha contado: “Porque yo vengo de ahí. Yo vengo de las catacumbas de la pobreza. He vivido la pobreza. La he visto y la he sentido”. Sin embargo, sus dos padres trabajaban como maestros en una escuela. No es el peor destino para un niño en una zona donde la gran mayoría ni siquiera tenía oportunidad de terminar su educación básica.

“Yo fui un niño andante”, dice Chávez refiriéndose al tiempo que pasó vendiendo frutas y dulces caseros para ayudar a la apretada economía familiar. En escuelas, plazas, durante eventos deportivos y a bordo de todo tipo de medio de transporte. Incluso burros. De ese tiempo, durante las largas caminatas en ese campo pobre, proceden sus primeros pensamientos políticos.

“Fue una sensación de intranquilidad y malestar ante toda esta pobreza. Y yo creo que la política justamente se trata de esto. De dejarse mover por un impulso ético y espiritual que conecta la existencia de uno con la de los otros y el bienestar o malestar de la sociedad”. El presidente baja ligeramente la voz, echa una mirada hacia la ventana antes de concluir con un concepto más o menos prestado de Aristóteles: “Yo creo que nací un animal político”.

Chávez pudo haber nacido un “animal político”, pero como tantos otros niños venezolanos su gran sueño fue el de convertirse en pelotero y llegar hasta las Grandes Ligas, la división élite del béisbol norteamericano. En aquel entonces, como ahora, los equipos de béisbol norteamericanos buscaban jóvenes talentos venezolanos a precio de remate. La esperanza de Chávez fue llegar a ser descubierto por su equipo favorito, San Fransisco Giants.

La pasión por el béisbol le llevaría a una de las decisiones personales más importantes en su vida. Para un niño pobre del campo existía sólo un camino hacia el ambiente ‘beisbolista’ alrededor de Caracas y el centro del país: el Ejército. Según Chávez fue eso, y no una vocación militarista lo que lo hizo enrolarse en el Ejército a sus 16 años.

El soldado

La vida de soldado en Venezuela era dura, pero al mismo tiempo las Fuerzas Armadas eran un peldaño en la “escalera social”. A través del aparato educativo de las Fuerzas Armadas, hombres jóvenes de los sectores populares, que eran sistemáticamente excluidos de los estudios superiores universitarios, podían obtener posiciones altamente reconocidas de buen sueldo y beneficios para ellos y sus familias. “En ese tiempo nos mandaron a luchar contra la guerrilla. Pero esa guerra no me convenció”, sostiene Chávez.

El presidente venezolano cuenta que desde temprano “oyó sobre socialismo y revolución”, cuando como niño visitaba amigos cuyos padres pertenecían a la izquierda. “Yo recuerdo cuando mataron al Che Guevara clarito. Yo tenía, como el niño que era, la ilusión muy peliculista de que al Che no lo iban a matar. Porque salía por los periódicos y en la radio que estaba rodeado, que mataron a tantos camaradas. Y yo pensaba que Fidel Castro iba a mandar unos helicópteros a rescatarlo y llevarlo a Cuba”.

Quizás esa creencia de la infancia contribuyera a que el encuentro con la guerrilla venezolana y su fracaso en llevar a cabo una revolución a la cubana, despertara en Chávez más curiosidad que temor y rechazo. En 1977, diez años después de que muriera la ilusión de la inmortalidad del Che, el entonces joven oficial Hugo Chávez sopesaba su inclusión en la guerrilla a la que habían mandado eliminar.
“Hoy”, dice el presidente a través del ruido fuerte del motor del avión, “estoy feliz por no haberlo hecho”. Mientras los partidos tradicionales AD y COPEI institucionalizaban su monopolio de poder en un pacto de alternancia conocido como Punto Fijo, la izquierda fue excluida mediante asesinatos políticos, censura de prensa y la prohibición del Partido Comunista.

El comandante

El 5 de febrero de 1992 un desconocido coronel paracaidista aparecía en las pantallas de televisión en Venezuela. La rebelión armada contra el presidente Carlos Andrés Pérez, fruto de 15 años de conspiración dentro de las Fuerzas Armadas, tomó durante la noche el control de puntos estratégicos en las ciudades de Maracay, Valencia y Maracaibo. Según el entonces Ministerio de Defensa, 14 personas perdieron la vida durante los combates. La estabilidad democrática que reinaba en Venezuela desde 1958 se consideraba una luz en la oscuridad de un continente caracterizado por golpes y dictaduras. Entonces, ¿cómo puede el presidente, quien dice haber rescatado la democracia venezolana, justificar este intento de tumbar un Gobierno democráticamente electo? Resulta que para Chávez, el régimen vigente en Venezuela no era una democracia.

“Vivíamos bajo la dictadura de la oligarquía”, dice Chávez, para continuar hablando de corrupción, represión política y de un aparato estatal en plena descomposición. A pesar de los gigantescos ingresos del petróleo, la mayoría de la población vivía en la pobreza profunda. En los años ‘90 la desigualdad entre pobres y ricos sobrepasó la de Sudáfrica durante el régimen del Apartheid.

El Caracazo, una fuerte ola de protestas reprimidas con una auténtica masacre en febrero de 1989, marcó la época. El entonces presidente, Carlos Andrés Pérez, luego de haber sido elegido con un programa de gobierno radical que prometía detener las privatizaciones, aumentar los servicios públicos y una ruptura con el FMI, dio un giro de 180 grados y decidió implementar una versión turbo de los programas de ajuste estructural.

“Esa traición fue la prueba del fracaso de aquella democracia falsa. Ya la miseria y la pobreza se había extendido por Venezuela. Y, para colmo de males, Carlos Andrés Pérez asumió la política de shock del FMI. Mucha gente ya no sabía cómo sobrevivir”, asegura Chávez. Sin embargo, la parte más traumática fue la respuesta del Gobierno. Organizaciones de derechos humanos calculan que el número de víctimas mortales producidas por la represión del Ejército se sitúa cerca de 3.000 personas.

“Eso era la libertad de expresión en aquel entonces. Aunque yo no participé en la masacre, sentía algo de culpa y una enorme vergüenza porque las Fuerzas Armadas, de las que formaba parte, había asesinado inocentes, mujeres, niños y ancianos. La indignación que muchos sentíamos estimuló la planificación de la rebelión armada contra ese Gobierno asesino tres años más tarde”, explica el presidente venezolano.

Pero el golpe de Estado contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez fracasó. Chávez fue rodeado y se entregó, con la condición de poder dirigirse a sus compañeros de armas en los medios de comunicación. Le fueron concedidos 30 segundos. “Nuestros objetivos no fueron alcanzados por ahora”, dijo, y asumió la responsabilidad de lo que denominó el “movimiento bolivariano cívico y militar”.

Las pocas palabras que Chávez alcanzó a pronunciar antes de que se lo llevaran detenido se quedaron grabadas en la conciencia colectiva de los venezolanos. El “por ahora” se convirtió en un eslogan que resumía la esperanza de quienes deseaban la muerte del sistema bipartidista. El resto del camino hacia el poder es un cuento conocido, que Chávez cuenta entre bocados después de recibir una sólida ración de comida aérea.

“Luna de miel con la burguesía”

La campaña electoral de 1998 ya estaba en marcha cuando las élites económicas venezolanas decidieron abandonar sus operadores políticos tradicionales y apoyar a una ex miss universo y a un multimillonario carismático para detener al recién liberado teniente coronel que no paraba de subir en las encuestas. Pero no pudieron, y mientras los fuegos artificiales

y “las hordas”, como se denomina a los pobres entre los capitalinos pudientes, gritaban en coro en escenas eufóricas, el nerviosismo se extendía en otros grupos. El programa de reformas fue bautizado como “la revolución bolivariana”. Entre sus promesas principales figuraba la lucha contra la pobreza y la corrupción y una ruptura radical con las políticas neoliberales.

“Al principio, cuando formamos el Gobierno, era como una luna de miel con la burguesía y el imperialismo”, recuerda Chávez. “Las élites en Venezuela no podían ganarme en elecciones y optaron por amansar el bicho. A través de familiares y persones claves en posiciones gubernamentales importantes querían influir en mi dirección para proteger sus privilegios”, dice Chávez.

“Así que empecé a buscar la soledad, a aislarme para reflexionar. Me alejé de amigos, supuestos amigos. Porque me di cuenta de que por esa vía, por la vía de la ingenuidad donde me querían empujar, ahí terminaría como un traidor. Uno de los muchos que prometen cambio pero dejan que las cosas sigan como antes”.

El bicho despierta

En el transcurso de 1999 los venezolanos eligieron una Asamblea Constituyente, que redactó una nueva Constitución, aprobada por el 70% en un referéndum popular en diciembre de ese año. El poderoso presidente de la petrolera estatal PDVSA, Luis Giusti, arquitecto de la liberalización de la industria petrolera, fue despedido junto al resto de la cúpula de PDVSA. La fuga de capitales se aceleró, y bancos inversores, terratenientes y empresas petroleras extranjeras veían con terror el paquete de reformas de 49 leyes que implicaba una expansión fuerte del papel del Estado en la economía. “El poder se le subió a la cabeza. Quiere convertir a Venezuela en otra Cuba”, fue el juicio unísono de los medios y la oposición, que a partir de entonces sólo llamaban a Chávez “el teniente coronel”, “el dictador”, “el loco” o “el mono”. La palabra “presidente” desapareció hasta del vocabulario de los telediarios.

“Cuando se dieron cuenta de que el intento de amansar el bicho había fracasado, las élites decidieron acudir a la violencia. Fueron las leyes revolucionarias las que provocaron el golpe de Estado”, dice el presidente. Durante el golpe del 11 de abril de 2002, Hugo Chávez fue hecho prisionero durante casi 48 horas, mientras el entonces presidente de la patronal y recién nombrado dictador, Pedro Carmona, disolvía la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia, al tiempo que se concedía el derecho de nombrar y despedir alcaldes y gobernadores a su antojo.

Dos días después, corrientes leales de las Fuerzas Armadas y el apoyo popular se encargaron de que la dic- tadura de Carmona quedara como una de las más breves de la historia. En diciembre del mismo año, la cúpula y las capas medias de PDVSA pararon por completo la producción petrolera –y con ello casi la totalidad de la economía venezolana– demandando la dimisión de Chávez y el compromiso de que nunca se vuelva a presentar a las elecciones. Dos meses, varios llamados a otro golpe de Estado y 3.000 empresas quebradas más tarde, Hugo Chávez declaró que “ni siquiera el sabotaje petrolero puede parar la revolución bolivariana”, aunque se habían perdido al menos 14.000 millones de dólares.
El presidente Chávez salió fortalecido de los dos episodios, mientras la oposición perdió sus más importantes bastiones de poder dentro del aparato estatal, en donde empezaron a rodar las cabezas. El FMI y la Administración Bush, que dieron su apoyo incondicional a los golpistas, desde entonces se vieron obligados a dirigir su apoyo financiero a la oposición venezolana por vías más discretas.
“Como dijo Trotsky, toda revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. Yo creo que se trata de un proceso de maduración, una decantación, de quemar etapas. Yo ya había cruzado mi Rubicón”, dice Chávez.

Socialismo casero

Chávez no duda al afirmar que las medidas que hicieron subir a la superficie la profunda división latente en la sociedad venezolana valen la pena. “La nacionalización del petróleo, por ejemplo. Si no hubiéramos asumido el control de PDVSA y hubiéramos fiscalizado a las transnacionales, ¿cómo haríamos para satisfacer las necesidades del pueblo? Estaríamos secos ya”. Frente a las medidas sociales y las 21 ‘misiones’ (programas educativos, médicos, asistenciales, etc.), algunos le acusan de populismo y compra de votos. “Yo lo llamo socialismo. Socialismo del siglo XXI”, responde Hugo Chávez. Después de salir victorioso en 11 procesos electorales, y pese a recibir en diciembre de 2007 un golpe cuando su propuesta de reforma constitucional perdió por un pequeño margen, todavía goza del apoyo de más del 60% de la población.

Los críticos mantienen que Chávez ha concentrado un poder casi totalitario en sus manos, atacado la libertad de prensa y que amenaza las instituciones democráticas del país. Pero el presidente no acepta que su “socialismo casero” cierre canales de televisión o reduzca derechos democráticos.

“Todo lo contrario”, dice Chávez, “uno de los errores más importantes de los intentos de construir el socialismo durante el siglo XX fue limitar la democracia. Yo pienso que debe ser al revés. Aquí los medios tienen plena libertad de hacer guerra mediática con llamados a golpes militares y el asesinato del presidente. Pero nuestra visión socialista de la democracia va más allá de las elecciones y el derecho de expresarse. El pueblo tiene que tener una posibilidad real de gobernar. Erradicar el analfabetismo, dar a los excluidos acceso a la educación... ésos son pasos importantes hacia la democracia verdadera. Hugo Chávez se entusiasma al hablar sobre cómo los repetidos llamados de la Administración Bush a los gobiernos de Brasil y Argentina para que aíslen a Venezuela encuentran oídos sordos, y cómo cada vez más países se declaran abiertamente seguidores del socialismo y de la idea integradora bolivariana.
“El nuevo ambiente que reina en América Latina, en los gobiernos y los pueblos, que están decididos a crear una región fuerte e independiente, me da mucho optimismo”, concluye el presidente.

Eirik Vold / Caracas (Venezuela)
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Lunes, 10 Noviembre 2008 19:29

Obama, 13 claves de su victoria

El triunfo de Obama marca una incisión en la historia política estadounidense. Junto a los triunfos de Lula y de Evo, y ‑a pesar de las marcadas diferencias que existen entre sus trayectorias, sus propuestas y los actores que representan‑, habla a las claras de la fuerza convocante de la esperanza como motor movilizador de los pueblos en los tiempos actuales.

Lo sobresaliente de la victoria de Obama no radica en su color. El es un líder afrodescendiente y, en tanto tal, estimula a que se proyecten en él –a su medida‑ las miradas que evocan a Martin Luther King Jr, Malcom X, Ángela Davis y tantos otros miles de pares golpeados, vilipendiados o asesinados por el sistema. Pero su proyección como figura política no se centró en ello; estuvo marcada por las banderas que levantó, los postulados que invocó y las puertas (oportunidades) que prometió abrir.

No se presentó tampoco como alternativa al sistema; buscó su elección dentro del sistema [norte]americano, pensando y actuando como [norte]americano. Rescatar y resaltar el "espíritu [norte]americano", apelar a sus mejores acervos político-culturales, fue precisamente lo que rubricó la fuerza cultural de su mensaje y constituyó el eje vertebrador de su estrategia para la victoria. El derrotero de su brevísimo camino a la Casa Blanca lo anuncia al mundo como un hábil estratega político. De ahí que resulte interesante destacar un grupo de claves que lo condujeron al triunfo.

○Desde su surgimiento como líder político, Obama tuvo claro que para llegar a ser Presidente hay que sentirse Presidente y actuar como tal. Para él, la presidencia no se protagoniza el día después del triunfo electoral, sino al revés: con las elecciones se corona lo que ya se es. Su discurso del 2004 así lo evidencia claramente: habló para todos, invocó los valores, el ideario y los imaginarios del legendario y ahora vilipendiado "espíritu [norte]americano". Apoyándose en ello convocó a jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ricos y pobres, blancos y negros, demócratas y republicanos… y así lo reiteró en el discurso que pronunció luego de su triunfo. Esto lleva a otra clave:

○No sectorializó su participación ni su representación. No se asumió nunca como vocero o representante de los negros. No apeló a las armas de la justicia racial pretendiendo desde allí conquistar "el derecho" a la Presidencia. Haciéndose eco del fracaso de Jessie Jackson, por ejemplo, se presentó como [norte]americano, es decir, no como un negro, sino como un político con capacidad para representar a todos, como el Presidente ideal de los [norte]americanos. Para ello,

○No se auto-acorraló ni se dejó acorralar. Invocó valores omnipresentes, asentados (aunque relegados) en la idiosincracia [norte]americana: rescató al país de las oportunidades para todos, del reino de la libertad y de la democracia como vía. Y así lo mostró y demostró –entre otras cosas‑ disputando por su candidatura desde las primarias.

○Consciente de que la fuerza de la política radica en la sociedad, confió su candidatura a la ciudadanía y no a los acuerdos –aunque los hubo‑ con la cúpula demócrata. No fue designado ni nominado por un grupo, sino venciendo en la disputa democrática cuyos valores reivindica y encarna.

○No invocó cuestiones del pasado, no llamó a tomar revanchas, ni se refirió a los obstáculos. Mostró las posibilidades latentes presentes y futuras, y convocó a sus conciudadanos a hacerlas realidad.

○Levantó con fuerza la idea de oportunidad y de cambio, siendo esta última la palabra más reiterada de su campaña. Y no por casualidad, sino porque es la piedra angular de cualquier posibilidad de salida de la inocultable crisis profunda en la que se encuentra el país y más aún, el sistema capitalista que éste anima. Con ello,

○Supo identificar y llegar a los sectores sociales claves poseedores de la energía y fe necesarias para empujar el proceso en dirección al cambio y las oportunidades: los jóvenes y la clase media con ambiciones de movilidad social ascendente, muy golpeada por la crisis. Y no se equivocó: fueron la fuerza social central de la campaña y el voto Obama.

○No se comprometió radicalmente con nada: no definió el sentido ni los contenidos de los cambios y las oportunidades; permitió que cada uno depositara en sus palabras un contenido propio. Con lo cual,

○Estimuló la fantasía presente o dormida, y apeló a los sueños y la imaginación como vía para enfrentar el "realismo" aplastante y mediocre del mercado y el guerrerismo que invocaba Mac Cain, en su decadente convocatoria a profundizar el neoliberalismo.

○Frente a la chatura y mezquindad de "Joe el fontanero", su discurso sencillo (pero no simple) apeló a la solidaridad y a la paz, e invocó a lo mejor de los hombres y las mujeres, sabiéndolos deseosos de recuperar su orgullo y autoestima como país, tan vilipendiados por la administración Bush. Todo ello fue signando su arrollador carisma.

○No se presentó como "el cambio", sino como la oportunidad para hacerlo. Con lo cual convocó a millones a acompañarlo, para protagonizar entre todos la desafiante aventura de recrear América y el mundo.

○Esto significa o puede significar también, recrear las relaciones entre Norteamérica y Latinoamérica. Y con ello despertó esperanzas más allá de sus fronteras. Entreabre una delgada puerta hacia la posibilidad de poner fin al bloqueo a Cuba, hacia la posibilidad de cesar el injerencismo desestabilizador y golpista en los procesos de Bolivia, Venezuela y Ecuador (para solo mencionar algunos), y construir interrelaciones diferentes con el continente, basadas en principios de respeto a las integridades y designios nacionales en todo el planeta.

○No habló para Mac Cain ni para Hilary. No habló para un sector social en particular. No llamó a votar a favor de algunos (un sector), ni contra los otros (los republicanos), sino invocando el nosotros. Y con un lenguaje claro y directo se dirigió siempre a los millones de estadounidenses a quienes buscaba convocar.

La gigantesca victoria de Obama evidencia que los pueblos ‑en este caso el de EEUU‑, están por la vida, por la paz. Enseña que el pueblo [norte]americano, pese a su deambular "equivocado", tiene memoria de su valores y –crisis mediante‑, con Obama ha recuperado la esperanza y la fe en que es posible vivir de un modo diferente. Él supo despertar esos sentimientos, invocar los mejores valores de la idiosincrasia [norte]americana y constituirse en el ser humano que la personifica.

Por todo eso ganó

Esta situación permite también tomarle el pulso al universo: marca el fin del señorío absoluto del realismo cínico del neoliberalismo y del racionalismo chato que imperaron hasta ahora como horizonte máximo de lo único posible, y anuncia el retorno de la fe y la confianza en la posibilidad de construir y vivir en un mundo mejor. Con estas llaves Obama alimentó la esperanza y estimuló la movilización de miles de millones de hombres y mujeres en EEUU, con ecos en todo el plantea.

En cualquier caso, su triunfo no es casual. Es parte de las oportunidades abiertas por las luchas de los pueblos. Llega de la mano del empantanamiento bochornoso de la tropas estadounidenses en Irak, y al son de una de las más profundas crisis del sistema capitalista desde 1929. Esto muestra también que la incertidumbre se acepta como alternativa cuando –como escuché decir a un periodista‑ "se le ve la cara al abismo". Este abismo es la gran amenaza para Obama, pero a la vez su gran oportunidad y la de todos.

Indubitablemente, haber llegado a la cima del país más poderoso del mundo, hacerse cargo de una administración que es sostén del entrelazamiento de acero entre el poder financiero y el militarismo guerrerista/imperialista mundiales, no deja mucho margen  para pensar que Obama podrá "hacer lo que quiera", aunque todavía no ha expresado exactamente qué es lo que quiere. Habrá que ver qué define y  cómo se maneja, cómo hace para que los millones que lo votaron aprovechen las oportunidades que él abrió, o si ‑desdiciéndose‑ lo cocina todo tras las puertas de la Casa Blanca.

Algunos se apresuran a tomar distancia y a vaticinar que su gobierno será un desastre, que él es (o será) simplemente un instrumento del sistema. James Petras lo define como "el candidato de Wall Street" porque, para él, mientras "la esencia" del sistema no cambie, nada tiene importancia, y entonces –prácticamente‑ lo mismo le da Obama que Mac Cain. Chomsky supone que la ideología guarda una relación directa de correspondencia con la pertenencia etno/genética de cada ser humano, y por tanto define ideológicamente a Obama como "un blanco que tomó mucho sol". Otros se lamentan por la confusión que –aseguran‑ va a desatar, y otros alertan sobre su posible (y aparentemente inevitable) "traición". La pregunta en tal caso sería, ¿traición a quiénes? Porque Obama no se planteó terminar con el sistema, ni reclamó la Presidencia como acto de justicia racial. No se postuló –reitero‑ como el candidato negro de los estadounidenses, sino como el candidato de todos los estadounidenses, es decir, como el salvador de los estadounidenses y su sistema social, económico, político y cultural, y también de su liderazgo mundial, pero redefiniéndolo y reconstruyéndolo desde un lugar y con modos diferentes al hasta ahora ensayado por los republicanos. No cabría entonces considerar una "traición" que se reúna y pretenda gobernar junto con algunos de ellos. Habrá que ver en función de qué políticas, con quiénes y cómo.

Todavía no se estrenó en sus funciones, sin embargo, las dificultades, los obstáculos y las amenazas comienzan ya a disputarle el oxígeno que respira. Conociendo el historial del poder [norte]americano no resulta disparatado vislumbrar a Obama transitando por el corredor de la muerte. Pareciera recomendable entonces, no precipitarse a realizar juicios absolutos y, para saber qué atenerse, esperar.

Con Mac Cain todas las puertas estaban cerradas. La llegada de Obama a la Presidencia concita interés por las puertas que abre o las que puede –tal vez‑ llegar a abrir.

Para no cerrar el diapasón del análisis, concedamos que tal vez Obama no quiera hacer algo diferente a los republicanos. Pero aun si así fuera, si finalmente resultara igual que Bush, ello no borrará el hecho real y concreto de que el pueblo lo votó por lo que dijo y por lo que prometió, y las suyas no fueron palabras ni banderas de guerras ni odios, sino de paz, de vida, de esperanza y de cambio.

Obama es la muestra mundial de que lo aparentemente imposible puede ser realidad. Desafió la hegemonía ideológica y mediática del neoliberalismo y con su triunfo mostró que es posible cambiar, que a pesar de tantas derrotas y desaciertos hay cabida para los sueños. Y lo hizo con la fuerza de ser ‑desde las entrañas‑, la encarnación afirmativa de esa posibilidad.

¿Será realmente capaz de aprovecharla a favor de su pueblo y de los pueblos todos?

Ciertamente no sabemos lo que será su gestión de gobierno. Más aún si tenemos presente que en política no existen garantías, que no hay nada absolutamente inevitable y predeterminado.

Pero vale concluir subrayando que, cualquiera sean los rumbos que Obama tome a partir del 20 de enero, nada modificará el significado trascendente de su victoria, que ha activado la esperanza de todos los condenados de la tierra, que hoy tienen en él una muestra palpable de que es posible triunfar. Y no mañana, sino hoy, ahora.

Isabel Rauber[*]
Buenos Aires, 8 de noviembre de 2008
[*] Dra. En Filosofía. Directora del Programa de estudio de las realidades de los movimientos sociales, políticos y culturales de América latina, de la Universidad Nacional de Lanús.
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