Sábado, 06 Julio 2019 06:47

La guerra eterna es un buen negocio

La guerra eterna es un buen negocio

El mejor negocio que hicieron las fuerzas armadas de Estados Unidos en su vida fue la guerra contra el terror. Los extremistas que destruyeron las torres gemelas y Osama bin Laden le solucionaron a los militares un problema que parecía imposible, cómo hacer que los presupuestos de defensa aumentaran eternamente sin importar si había guerra o paz, si se combatía una amenaza existencial o una insurgencia. Desde 2001, Washington se considera en guerra y los demócratas decidieron ser tan “patriotas” como la derecha. El gasto militar norteamericano se fue totalmente de madre y nadie tiene la menor idea de cómo frenar un proceso ruinoso.

Las cifras involucradas en este proceso son espectaculares. El presupuesto de defensa votado en 2018 tocó la barrera simbólica de los 700.000.000.000 de dólares. En este 2019, propios y ajenos le levantaron la mano obedientes a Donald Trump y votaron 716.000 millones. Y para el año que viene ya se discute darle a los de uniforme 750.000. Esto es mucho, mucho más de lo que gastan en armarse las ocho siguientes naciones más gastadoras: China, Arabia Saudita, Rusia, Francia, India, Gran Bretaña, Alemania y Japón. Y eso que Rusia es el único país capaz de materialmente exterminar a los Estados Unidos con su arsenal nuclear.

Quienes defienden esta madre de todas las batallas presupuestarias señalan que el Tío Sam es tan rico que puede darse estos lujos y muchos más. Técnicamente, es cierto, porque el gasto en defensa apenas llega al cuatro por ciento del PBI nacional y en términos históricos es bajo. Hacia el final de la segunda guerra mundial, Estados Unidos gastaba el cuarenta por ciento del PBI en derrotar al Eje. En la guerra de Corea se gastaba nada menos que el quince por ciento, y al comienzo de la de Vietnam se ponía con el diez por ciento, una baja que mostraba cuánto había crecido la economía.

Pero esto, cierto como es, es también un truco contable. Para comenzar, hay que tener en cuenta que si un país tiene una buena década y crece, digamos, el treinta por ciento, no tiene por qué subir su gasto militar treinta puntos. Si no hay amenazas claras, puede seguir gastando la misma cifra fija y bajar el porcentaje del PBI que se le va en esas cosas. Es lo que explica la diferencia entre Corea y Vietnam: una década de gran crecimiento para los americanos. Y es lo que explica que al terminar Corea el ejército se achicó y el presupuesto bajó un veinte por ciento en dinero constante, como lo hizo un treinta después de Vietnam y 26 puntos al terminar la guerra fría en 1990. Esa reducción, junto a la eliminación de 600.000 tropas para ahorrar, fue llevada a cabo por halcones como George Bush padre, Dick Cheney y Colin Powell, nada menos.

Lo que sabían estos duros conservadores es que no importa realmente cuánto se gasta del PBI sino cuánto se gasta del presupuesto nacional. Y aquí viene el milagro: el gobierno de los Estados Unidos gasta ahora casi exactamente el 60 por ciento de su presupuesto de libre disponibilidad en los militares. Esto quiere decir que fuera de lo que está obligado a hacer por ley –pagar los sueldos, atender la deuda nacional, pagar las jubilaciones oficiales- sesenta centavos de cada dólar se van a los uniformes.

Hay que imaginar la situación: todo lo demás que hace un gobierno se lleva el vuelto. La Nasa, el FBI, la CIA, los parques nacionales, el servicio diplomático, la guardia costera, la guardia de fronteras, los entes de seguridad de alimentos, de telecomunicaciones y de medicamentos, los entes que supervisan aerolíneas, bancos y bolsas, toda la infraestructura nacional, la justicia federal, la ayuda humanitaria, migraciones y el largo etcétera de tareas de un gobierno nacional, viven de lo que les dejan los militares. A dólares valor constante, ajustados por inflación y corrigiendo el valor adquisitivo desde 1945, es de lejos el mayor presupuesto militar desde la rendición de Hirohito.

Y aquí hay que anotar que este presupuesto no incluye la vasta red de servicios médicos a los ex combatientes, que tiene su propia Secretaría y fondos, ni las importantes sumas que reciben universidades y otras instituciones públicas y privadas para investigar y desarrollar tecnologías de uso militar o mixto. Esto también se paga, y bien, por cuerda separada.

¿Cómo puede ser que se gaste tanto? Una razón es que Estados Unidos descubrió que defenderse, aunque sea de fantasmas, es un espectacular negocio para gente bien conectada. Así, un portaaviones nuclear llegó a costar trece mil millones de dólares, un trece seguido de nueve ceros. Un avión de combate F35, sale por apenas noventa millones, con lo que se compran como si fueran caramelos. Nadie tiene ya la menor idea de cuánto deberían valer estos sistemas de armamentos y cualquier comparación con armas similares rusas o chinas es descartado con un “los nuestros son mejores”. Es cierto, pero ¿tanto mejores?

El Estado no sólo es socio de la industria de armas como comprador y como inversor en el desarrollo técnico de estas armas, sino que vive presionando a propios y ajenos para que las compren. Eso explica que los sauditas, tan quemados últimamente, sean bien recibidos en la Casa Blanca, donde llegan portando enormes cheques para comprar armas que ellos tampoco necesitan.

La falta de límites a este desmadre económico es ya un sistema bien armado, en el que el Congreso sólo piensa en quedar bien con sus votantes locales. Es lo que explica que no se pueda cerrar una base en territorio soberano, aunque no sirva para nada, porque cada base provee empleo directo o indirecto a los vecinos. Y es lo que explica que los militares ya no sepan cómo pedirle al Congreso que deje de obligarlos a comprar tanques: ya tienen más de seis mil, muchos más de los que van a necesitar jamás, más de los que tenía Hitler para invadir la Unión Soviética. Cada tanque es caro de comprar, de mantener y hasta de usar.

Los militares, por su parte, se acostumbraron a este desmadre y ni se molesta en rendir cuenta. Ya en 1990, el primer presidente Bush firmó una ley que ordenaba a cada ministerio presentar una contabilidad exacta de sus gastos a partir de 1992. Los militares lo lograron recién el año pasado, después de hacerle un contrato a una firma civil de 450 millones de dólares. El informe muestra un panorama caótico, un Pentágono básicamente incapaz de saber cuánto gasta y en qué, con una burocracia monstruosa. Los norteamericanos tienen uno de los ejércitos menos eficientes del mundo y son casi campeones en eso de tener el mayor número de no combatientes respecto a las tropas de combate.

De alguna manera, no asombra que en los 18 años de guerra en Afganistán e Irak, Estados Unidos haya gastado más que en derrotar a los alemanes y los japoneses, incluyendo el desarrollo de la bomba atómica, nuevamente en dólares ajustados. Y tampoco asombra que después de tanto gasto, haya tan poco que mostrar como resultado.

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Domingo, 30 Junio 2019 06:32

La nueva carrera armamentística

La nueva carrera armamentística

Sin que se hable demasiado del asunto, hay en marcha una nueva carrera armamentística que puede cambiar por completo el equilibrio militar del mundo. Se trata de armas relativamente simples, imposibles de detectar o de interceptar, que pueden dejar en la obsolecencia más completa a objetos como los portaaviones y los buques de guerra. La nueva vedette de las industrias bélicas son las armas hipersónicas, micromisiles tan veloces que ningún sistema de defensa actual alcanza a reaccionar. Son tan poderosos, que ni siquiera necesitan llevar explosivos para ser letales.

La barrera del sonido se alcanza cuando un avión, un misil o un cohete llegan a los 1235 kilómetros por hora, o 342 metros por segundo. Como el sonido viaja distinto de acuerdo a la altura y la temperatura del aire, la medida que se usa como standard –a nivel del mar y a 20 grados de calor- puede variar, aunque en un porcentaje pequeño. Ya hay varias armas supersónicas, incluyendo aviones de combate y una amplia familia de cohetes y misiles que viajan a más de 1235 kilómetros por hora, o Mach Uno. Pero hipersónico implica velocidades de tres, cuatro o más Mach, lo que crea fenómenos físicos particulares.

Por ejemplo, un misil hipersónico que viaje Mach 5, algo más de seis mil kilómetros por hora, tendría una tal energía kinética que sólo con estrellarse contra algo causaría una explosión equivalente a entre 300 y 400 toneladas de dinamita. No hace falta tener una gran imaginación para entender lo que le haría esto a un portaaviones o a un tanque: hundirle de inmediato o prácticamente vaporizarlo, respectivamente. Para lograr este resultado, basta que el misil sea una pieza de modestos tres metros de largo y un peso de 300 kilos.

En esta carrera de alta velocidad, Rusia y sus socios tecnológicos están muy adelantados. En marzo, los rusos probaron una nueva familia de misiles hipersónicos, los Kinzhai, Dagas, que son los primeros en operar desde un avión. Los test probaron el arma desde un Mig 31 con buenos resultados. Moscú anunció que el modelo naval de los Kinzhai, los Zircón, empezaría a instalarse en buques de guerra el año que viene. Ambas series tienen un alcance de 800 kilómetros.

Estos son los desarrollos tácticos, de armas lo suficientemente pequeñas como para llevarse en aviones de caza o buques de mediano porte. Rusia ya tiene en operaciones un sistema, el Avangard, que se lanza desde un misil. Esta máquina se transformó en el paradigma de la nueva tecnología: el misil, convencional, se eleva y acelera antes de soltar el Avangard; éste sólo tiene un motor de maniobra y gana más velocidad planeando hacia el blanco desde una altura que supera el alcance de los sistemas actuales de intercepción, como el Aegis. El alcance de este tipo de misil hipersónico depende de la capacidad de carga del cohete-madre, con lo que teóricamente hasta puede ser intercontinental.

Rusia tiene un socio en el desarrollo de esta tecnología, la India. La marina india ya está equipando sus naves con el Brah-Mos, coproducción con el Kremlin que tiene su feo nombre por los ríos Brahmaputra y Moscú. El Brah-Mos viaja a 4800 kilómetros por hora y antes de fin de año se anuncia la versión aérea, con un rendimiento similar. India anunció para 2020 la producción del modelo II, que puede llegar a la alucinante velocidad de 10.000 kilómetros por hora, con un alcance de 600 kilómetros.

Rusia también está desarrollando variantes de estos misiles con socios franceses, mientras que los japoneses y australianos preparan juntos sus modelos, y la Unión Europea investiga aplicaciones civiles, por ejemplo para llevar pasajeros, cumpliendo el sueño del presidente Carlos Menem de llegar a Japón en dos horas. China, con gran discreción, desarrolló misiles aéreos y de base terrestre con lo que definieron como “un éxito importante”. Para superar ciertos problemas tecnológicos, los chinos se concentraron en desarrollar sistemas de corto alcance, más sencillos.

Es que el problema de construir estas armas es justamente la velocidad, que no perdona la menor imperfección en las carcasas. El margen de tolerancia del carenado aumenta en proporción inversa a la velocidad, lo que explica que sea tan sencillo en una moto y mucho más exigente en un avión a chorro con velocidad crucero de mil kilómetros por hora. Cuando se quiere construir un objeto que no se desintegre al viajar a 12.000 kilómetros por hora, se está cambiando de paradigma.

Por eso es que el centro del desarrollo tecnológico de las armas hipersónicas pase por materiales como cerámicos, fibras de carbono y super-aleaciones de níquel y cromo. Con estos nuevos materiales se puede aspirar a un altísimo grado de perfección en las superficies, lo que evite vibraciones que destruyan al misil. También está el problema de la enorme fricción generada por el aire a tales velocidades, que pueden quemar casi todo material convencional.

Al superar estos problemas se logra un arma notable. Un objeto que cae a tamaña velocidad es difícil de detectar con las tecnologías disponibles y si se lo detecta es muy difícil saber exactamente cuál es su objetivo. Una hipersónica lanzada desde un misil puede estar acelerando desde los ochenta mil metros de altura, con lo que una mínima corrección de rumbo puede significar que impacte en una ciudad o en otra. Ni hablar si el objetivo es un ejército o una flota.

Como se dijo, a estas velocidades la simple masa del misil lo hace capaz de desintegrar un tanque y destrozar un portaaviones. Es fácil imaginar la capacidad destructiva de agregar una mínima carga explosiva. Y una hipersónica puede acabar además con el actual equilibrio del terror atómico, portando una bomba nuclear que sólo puede ser detectada prácticamente cuando está llegando y que es imposible de interceptar.

Estados Unidos y Rusia tienen cada uno 6500 cabezas nucleares montadas en todo tipo de transportes, una baja histórica desde las 31000 que llegaron a tener en el pico de la guerra fría. Con cien alcanza para crear una masacre épica que nos deje al borde de la extinción por el hambre y el invierno nuclear que nos exponga a los rayos ultravioletas. Las lanzaderas hipersónicas pueden tener a cierta gente.

Con lo que extraña que Estados Unidos venga tan de atrás, con el anuncio de que esta semana probaron el modelo AGM-183A que podría producirse a partir de 2022 y entraría en servicio desde una base terrestre recién en 2023. Por supuesto, este prototipo ya costó varios miles de millones de dólares…

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Marcelo Ebrard, ministro de Relaciones Exteriores de México, durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional en la Ciudad de México, junto a Andrés Manuel López Obrador / Foto: AFP, Alfredo Estrella

 

México desplegó esta semana unos 15 mil miembros de la Guardia Nacional en su frontera norte, que se suman a los cerca de 6 mil ya apostados en el sur. El objetivo: contentar a Donald Trump y su electorado antinmigrante. Al ritmo de las amenazas y las extorsiones de Washington, la legalidad humanista cede terreno a la noción de seguridad nacional. Nuevo estilo de negociación para la vieja empresa de control colonial.

 

El pasado 30 de mayo, cuando el presidente Donald Trump amenazó en un tuit a México con imponerles aranceles punitivos a todas sus exportaciones en un plazo de 11 días si no frenaba el éxodo de refugiados hacia Estados Unidos, las relaciones bilaterales entraron en la más grave crisis político‑diplomática desde los años ochenta.

En la coyuntura, el autócrata de la Casa Blanca necesitaba otra guerra. Inmerso en un conflicto global de tarifas y financiero con China, amenazó a India, a Turquía y a las 28 naciones de la Unión Europea; fintó con Corea del Norte, después con una invasión y un golpe de Estado en Venezuela, y luego el objetivo fue y sigue siendo Irán, al que amenazó con la aniquilación total. Como encontró resistencias, adelantó su campaña por la reelección y, abusando de la asimetría de poder, eligió a México como blanco de una guerrita económica espléndida a golpes de tuits, dislates verbales y amenazas mediáticas. Fabricó una crisis y obligó a su contraparte a sentarse a la mesa con una pistola en la cabeza. Es decir, utilizó una lógica de “negociación” mediante chantaje. Una guerra sin misiles, con aranceles punitivos virtuales, que, de concretarse, podrían destruir industrias y 900 mil puestos de trabajo del lado mexicano.

En rigor, la guerra de migrantes por aranceles fue política: el mitómano de la oficina oval necesitaba consolidar su imagen de supremacista blanco y xenófobo para exacerbar las actitudes chovinistas de su base electoral. Como en su campaña de 2015‑2016, México y los centroamericanos que huyen del horror y quieren ingresar a Estados Unidos vuelven a ser parte de la estrategia de la presidencia imperial y la extrema derecha en el poder; son consustanciales a la narrativa nativista fundacional de campaña del populista Trump, de cara a los comicios del 3 de noviembre de 2020.

MÉXICO, UN EXTRAÑO ENEMIGO.

Las razones esgrimidas para lanzar esa ofensiva coercitiva no fueron comerciales. Trump insistió en que el éxodo méxico‑centroamericano  a Estados Unidos constituye un problema de seguridad nacional. Justificó su guerra de aranceles contra México con base en la ley de poderes económicos de emergencia internacional (Ieepa, por sus siglas en inglés), que desde 1977 permite a los inquilinos de la Casa Blanca intervenir de manera extraordinaria en asuntos económicos en caso de una “amenaza internacional inusual y extraordinaria”. Es una ley que se aplica contra países considerados “enemigos”. Jimmy Carter la utilizó contra Irán cuando la crisis de los rehenes de la embajada de Estados Unidos en Teherán, en 1979. Se ha empleado contra Corea del Norte, Siria y Sudán, y varias órdenes ejecutivas de Trump para sancionar y desestabilizar a Venezuela han sido justificadas con base en la Ieepa.

Así, México pasó de aliado y socio comercial subordinado de Estados Unidos a país enemigo, que pone en riesgo la seguridad nacional de la superpotencia. Un exabrupto. Además, para imponer su agenda a los enviados del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington, Trump usó trampas de crupier de casino, donde la casa siempre gana. Lo que fue combinado con una estrategia de máxima presión: el viernes 7 de junio, durante una reunión de 12 horas en el tercer día consecutivo de “negociaciones”, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, y su comitiva fueron despojados de laptops, celulares y otros aparatos electrónicos, para evitar grabaciones secretas (que, por lógica, sí hicieron funcionarios del Departamento de Estado).

¿Resultado? México aceptó enviar 6 mil efectivos de la Guardia Nacional (en formación) a ejercer funciones de vigilancia, control y verificación migratoria en la frontera de 240 quilómetros con Guatemala; criminalizar y perseguir a quienes huyen del terror y buscan asilo o refugio, y acelerar la instrumentación del programa Remain in Mexico (Quedate en México) para combatir los flujos migratorios (lo que viola la ley de asilo estadounidense y el principio de la no devolución), con la condición de que si en 45 días estos no decrecen de manera significativa, el “tercer país seguro” regresa a la mesa junto con la imposición de aranceles punitivos.

En el corto plazo, Trump –a la cabeza de un Estado canalla (rogue state), que no se considera obligado a actuar de acuerdo con las normas internacionales– coaccionó a México para que hiciera el trabajo sucio al interior de sus fronteras. Y ahora, el eslabón más débil de la relación tiene una presión migratoria en forma de pinza: en la frontera norte con Estados Unidos, por la devolución de unos 60 mil centroamericanos, que deberán esperar en México mientras se tramita su asilo en tribunales estadounidenses, y, en la frontera sur, por el ingreso de unos 100 mil refugiados guatemaltecos.

Trump pretende un Acuerdo de Tercer País Seguro (Atps) con México, para que resuelva su ineficiente y lento sistema de asilo –que, como ha sido documentado, incluye virtuales campos de concentración para niños, niñas y mujeres–, ante la falta de republicanos y demócratas para reformarlo. Se estima que 80 por ciento de los casos de asilo son negados después de un año o más de espera. Estados Unidos está negociando un Atps con Guatemala, para crear de jure un cerco jurídico internacional que lo aísle del éxodo de refugiados centroamericanos. México es la otra pieza clave.

Pero no deja de ser contradictorio que Estados Unidos nombre a México como tercer “país seguro” (véase Brecha, 14‑VI‑19), cuando el propio Trump considera la frontera sur del imperio como una de las más peligrosas del mundo. Al respecto, cabe consignar que la migración no es la única carta que tiene Trump. En abril pasado difundió una serie de tuits en los que decía que estaba buscando una sanción económica para “los 500.000 millones de dólares en drogas ilegales que son enviadas y contrabandeadas a través de México” por la frontera sur de Estados Unidos. Dio un año para revertir esa situación. A mediados de junio volvió a insistir en que 90 por ciento de la droga que ingresa a Estados Unidos lo hace desde México y que en 2018 hubo 60 mil muertos por sobredosis de opiáceos, de los cuales 15 mil fallecieron por sobredosis de heroína o sus derivados ingresados desde México.

 No queda duda de que la política de estilo macartista de Trump pegó en la línea de flotación del discurso humanista de Andrés Manuel López Obrador. Y aunque, como reveló The New York Times, el acuerdo migratorio del 7 de junio contiene acciones que México ya había aceptado previamente, resulta evidente que el gobierno mexicano expandió y aceleró su ejecución con un despliegue de personal y equipo sin precedentes en la zona sur del país, en particular en la porosa, desordenada y violenta frontera con Guatemala, donde para los lugareños, a ambos lados de una línea divisoria surcada de aldeas, ejidos y caseríos, el Estado es un concepto difuso.

MIGRACIÓN, REFUGIO, DERECHOS HUMANOS Y TERRITORIOS.

La migración es un derecho humano reconocido en el derecho internacional. A su vez, el derecho internacional de refugiados se rige por la Convención de 1953 de la Organización de las Naciones Unidas, que aplica dicho estatus a toda persona que tenga “un temor fundado por su vida”, debido, principalmente, a la persecución de orden político, étnico, racial o religioso. Otras motivaciones para tipificar la condición de refugiado, recogidas en la Declaración de Cartagena de 1984, son la violencia generalizada, la hambruna, el cambio climático y la violencia intrafamiliar, preceptos que fueron incorporados por México en la nueva ley de refugiados de 2011. A su vez, según el artículo 2 de la ley de migración mexicana, “en ningún caso una situación migratoria irregular preconfigurará por sí misma la comisión de un delito”.

No obstante, las acciones ordenadas por López Obrador indican una visión de migración basada en una noción de seguridad nacional. Es decir, una política migratoria de corte militar, punitiva y violatoria de derechos humanos. Según Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Cámara de Diputados y correligionario de Amlo, con su “nativismo histérico” Trump logró “desplazar el muro de la frontera norte (de México) hasta Chiapas y utilizar a la Guardia Nacional como border patrol. Y agregó: (Trump) quisiera exhibir a nuestro país como una jaula frente al electorado estadounidense”.

En ese contexto, López Obrador considera que el fenómeno migratorio responde a carencias materiales y a la inseguridad en regiones marginadas de México y Centroamérica. Cierto. Pero nunca dice que la pobreza, la marginación y la violencia extrema –delincuencial y estatal– son generadas por el sistema capitalista, clasista y expoliador. Un capitalismo criminal y militarizado, que en el marco de políticas de “libre comercio” (¡vaya eufemismo de ocasión!) convirtió a México, Guatemala, El Salvador y Honduras en países extractivistas y maquiladores, que de manera masiva expulsan seres humanos de sus territorios.

Los territorios son el centro estratégico de la competencia mundial (doctrina Monroe 2.0) y las relaciones de poder. La historia de la colonización es a la vez la del reparto de territorios. No obstante, el colonialismo actual ocurre también mediante un adoctrinamiento integral neosocialdarwinista y el sometimiento violento de quienes oponen resistencia; abarca tanto los territorios como los sentidos o las percepciones y las construcciones semióticas y culturales. México y Centroamérica son parte de los territorios de las guerras interimperialistas, de las guerras por territorios, bienes naturales, mercados y mano de obra barata. Y para la guerra se necesita soldados, marinos y guardias nacionales militarizadas, y, más importante aun, ganar “las mentes y los corazones” mediante la guerra psicológica.

ÉMULO DE AL CAPONE EN LA CASA BLANCA.

Según el Financial Times, críticos estadounidenses de Donald Trump lo comparan a menudo con un gángster. El propio ex jefe del Fbi James Comey, despedido por Trump, dijo que su trato con él le recordó su empleo anterior “como fiscal antimafia”. Y en verdad los gestos y el estilo gansteril de Trump recuerdan a los personajes de El padrino y Los Soprano. En particular, su tendencia a tratar las alianzas como una forma de estafa de protección: pagás o dejo de proteger el vecindario. Pero también su forma de conducir la política exterior, con énfasis en las relaciones personales y una disposición a cambiar de manera repentina de las palabras cálidas a las amenazas, y viceversa.

¿Un ejemplo? Ante las amenazas del don de la Casa Blanca, el 17 de junio México ya había sellado su frontera con Guatemala con la Guardia Nacional. Tres días después, durante una entrevista con Telemundo, Trump dijo que López Obrador “le gusta” y quisiera reunirse con él. Interrogado sobre si consideraba a México un país aliado o enemigo, riéndose, respondió: “Esta semana lo considero amigo”. Negó que México haga el “trabajo sucio” y añadió que “han estado haciendo un trabajo excelente”. “Firmamos un acuerdo hace una semana y media, colocaron 6 mil efectivos en la frontera sur… Hasta ahora están haciendo un buen trabajo. Si no hubiera sido así, hubiéramos impuesto sanciones.”

Dicho eso, y apenas a dos semanas de haber alcanzado un acuerdo migratorio preliminar con México, filtraciones anónimas del Departamento de Seguridad Nacional reproducidas en medios estadounidenses dieron cuenta de la próxima puesta en marcha de un operativo (“megarredadas” lo llamaron) para deportar a familias completas de migrantes que residen en las principales ciudades del país. Para complacer a sus bases retrógradas, Trump amenazó con una nueva cacería antinmigrante. Mientras tanto, a López Obrador le está corriendo su tiempo de gracia. Y si algo exhibe la coyuntura, son los nexos del padrino Donald Trump con los magnates (robber barons), los banqueros de Wall Street y el Estado profundo, dominado por los servicios de inteligencia y el Pentágono. Por lo que, por donde se las mire, en el largo camino hacia las elecciones de noviembre de 2020 en Estados Unidos, las relaciones entre Trump y López Obrador estarán llenas de sobresaltos y no terminarán bien.

Por Carlos Fazio

27 junio, 2019

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Integrantes de la coalición Answer se manifiestan frente a la Casa Blanca en rechazo a una guerra contra Irán y que no se interfiera en Venezuela.Foto Ap

Mike Pompeo anuncia que viajará a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos para crear una coalición global contra la república islámica

 

Jerusalén. El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, advirtió ayer a Irán que no confunda la prudencia de su país con debilidad, en momentos en que el secretario de Estado, Mike Pompeo anunció que viajará a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos a fin de construir una coalición global ante Irán.

 

“Ni Irán ni ningún otro actor hostil deben confundir la prudencia y la discreción de Estados Unidos con debilidad (…) Nadie les ha dado (a los iraníes) licencia de caza en Oriente Próximo”, declaró Bolton antes de reunirse en Jerusalén con el primer ministro israelí, el ultraderechista Benjamin Netanyahu.

 

Como dijo el presidente (Donald) Trump, nuestro ejército está reconstruido, nuevo y listo para partir, añadió Bolton al aludir que declaraciones del mandatario cuando explicó el viernes pasado que dio la orden de atacar a la república islámica en represalia por el derribo de un dron el jueves pasado, y canceló a última hora cuando le dijeron que morirían 150 iraníes.

 

Sin embargo, Bolton, un antiguo promotor de políticas más enérgicas contra Irán, enfatizó que Estados Unidos se reservó el derecho de atacar en un momento posterior. También dijo que se espera que hoy se anuncie una nueva serie de sanciones contra Irán.

 

Antes de viajar a Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos para organizar una coalición global ante Irán, Pompeo acusó a Teherán de sembrar desinformación pura y evidente sobre el derribo de un dron de vigilancia estadunidense RQ-4A Global Hawk, el jueves pasado.

 

Pompeo añadió que el mapa tuiteado ayer por el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, que pretendía mostrar la trayectoria del dron estadunidense dentro del espacio de Irán es infantil y que los servicios de inteligencia estadunidenses “no deben dejar lugar a ninguna duda sobre la localización real del vehículo.

 

Requerimos que cada servicio de noticias y quienes estén observando esto, distingan qué es verdadero y qué es lo que el régimen iraní desea hacernos creer, indicó Pompeo.

 

El funcionario estadunidense recordó que habrá nuevas sanciones contra Irán a partir de hoy, reconoció que 80 por ciento de la economía de Teherán ya fue sancionada, y reiteró que Estados Unidos desea negociar con la república islámica sin precondiciones.

 

Les negaremos los recursos que necesitan para construir un arma nuclear “de este modo mantendremos seguros los intereses americanos y a los estadunidense alrededor del mundo”, añadió Pompeo.

 

El emisario estadunidense para Irán, Brian Hook, exhortó desde Kuwait a todos los países a convencer a Irán de desactivar la tensión en el Golfo. En conferencia de prensa, el diplomático aseguró que Estados Unidos no tiene ningún interés en una confrontación militar con Irán. Reforzamos nuestro dispositivo en la región por razones sólo defensivas.

 

En tanto, funcionarios estadunidenses revelaron que las fuerzas militares cibernéticas de Estados Unidos lanzaron un ataque contra los sistemas informáticos militares iraníes, en respuesta al derribo del dron de vigilancia estadunidense por parte de Teherán.

 

Al citar a fuentes cercanas al asunto, The Washington Post reportó que los ataques cibernéticos que fueron aprobados por Trump, paralizaron los sistemas de computadores iraníes usados para controlar lanzamientos de cohetes y misiles.

 

Dos funcionarios bajo anonimato dijeron a la agencia Associates Press que el ataque, dirigido específicamente contra el sistema informático del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, fue adoptado como opción después de que fuerzas iraníes detonaran artefactos explosivos en dos barcos petroleros a principios de mes. Por otra parte, Yahoo! News, aseguró que uno de los ataques apuntó a una red de inteligencia iraní encargada de vigilar el paso de barcos en el estrecho de Ormuz.

 

El Pentágono rehusó realizar cualquier comentario al respecto.

 

En Irán, la agencia de prensa Fars indicó que Teherán no había reaccionado a estas informaciones de prensa estadunidenses.

 

No está claro si los ataques han sido o no realizados, agregó Fars, dando a entender que estas informaciones desde Estados Unidos podrían ser un farol destinado a la opinión pública para mejorar la imagen de la Casa Blanca tras la destrucción del dron estadunidense por parte de Teherán.

 

Irán informó ayer de la intrusión de un avión espía sin tripulación en su espacio aéreo en mayo.

 

En un nuevo tuit, el canciller Zarif escribió que el primer incidente de intrusión fue protagonizado por un aparato MQ9 (código del dron de vigilancia y ataque estadunidense Predator B), el 26 de mayo y publicó un mapa del itinerario del dron espía MQ9 en esa fecha.

 

“Más pruebas –incluyendo la incursión de un dron espía MQ9 el 26 de mayo, la compra de lanchas rápidas y las llamadas telefónicas que buscan atribuir los ataques contra buques a Irán– muestran que el ‘equipo B’ sólo estaba a unos instantes de conducir a Donald Trump a una guerra”, añadió Zarif, quien constató que la prudencia lo evitó y advirtió que el terrorismo económico causa tensión.

 

Zarif incluye en el llamado ‘equipo B’ a Bolton; Netanyahu; el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, y el príncipe heredero de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed al Nahyan.

 

En ese contexto, la vicepresidenta iraní para Asuntos Legales, Laya Yoneidi, informó que su país emprenderá acciones legales contra Estados Unidos por violar su espacio aéreo el pasado jueves cuando derribó un dron estadunidense en el estratégico estrecho de Ormuz.

 

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, instó a evitar cualquier escalada de tensión en el golfo Pérsico.

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Irán dice que cayó una red de espías de la CIA

Horas después de anunciarse el desmantelamiento de la red, el presidente de Irán, Hasan Rohani, mandó un mensaje contra su par estadounidense Donald Trump.

 

Irán anunció que desmanteló ayer una “nueva red” de espionaje vinculada a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, en plena tensión bilateral. La crisis entre el país islámico y Washington se acentuó el lunes cuando el Pentágono informó que enviaría mil soldados más a Medio Oriente. 

“Siguiendo pistas propias e indicios de los servicios de inteligencia estadounidenses, recientemente dimos con los nuevos reclutas contratados por los estadounidenses. Así fue como desmantelamos esa nueva red”, anunció Irna, la agencia oficial iraní. Algunos espías de la red que según Irna fue instalada por la CIA, ya fueron detenidos y entregados a la justicia. La agencia, sin embargo, no ofreció datos respecto a la cantidad de detenidos ni precisó la nacionalidad de los sospechosos. Horas después de anunciarse el desmantelamiento de la red, el presidente de Irán, Hasan Rohani, mandó un mensaje contra Donald Trump: “Los enemigos nunca ganarán esta guerra contra la nación iraní”, apuntó un día después del envío de tropas. “Esta guerra terminará con la victoria de la nación iraní porque no estamos en guerra con una nación, la otra parte no es una nación sino un grupo de políticos sin experiencia”, subrayó en un discurso durante la inauguración de una terminal en el aeropuerto internacional de Teherán.  La relación entre Irán y Estados Unidos se tensó luego de que la potencia del norte se retirara unilateralmente en 2018 del acuerdo nuclear y restableciera las sanciones económicas contra Teherán. Y en los últimos días la crisis se incrementó aún más con los ataques contra buques petroleros ocurridos en mayo y junio en la región del Golfo, y en los que ambos países se acusan mutuamente. 

El acuerdo nuclear firmado en 2015 en Viena fue fruto de los esfuerzos diplomáticos entre Irán, Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Su objetivo es limitar la capacidad atómica de Teherán a cambio de un levantamiento de las sanciones económicas internacionales contra la República Islámica. Irán, por su parte, presiona desde hace meses a sus otros socios para que lo ayuden a mitigar los efectos de las medidas impuestas por Estados Unidos. 

Para el presidente del país islámico, una forma de vencer la campaña de sanciones de EE.UU. contra su país es continuar con el desarrollo de los distintos sectores económicos y la apertura de grandes proyectos de infraestructuras. “Las sanciones de Washington van dirigidas contra todos y cada uno de los individuos, y no contra el gobierno”, apuntó Rohani. “Además Irán ha sido leal a sus compromisos y acuerdos internacionales. Fue Estados Unidos el que violó todos los acuerdos”, lanzó.

Si bien Irán sigue suscripto al acuerdo nuclear, el mes pasado anunció que iba a reducir algunos de sus compromisos debido a las sanciones de Washington y al fracaso del resto de firmantes en contrarrestarlas. Hasta el momento el Organismo Internacional de Energía Atómica certificó que Irán se ajustaba a los compromisos adquiridos en Viena, sin embargo esta semana la Agencia de Energía Atómica de Irán anunció que a finales de junio las reservas en uranio que tiene el país islámico superarían el límite de 300 kilogramos estipulado en el acuerdo. De ser así, Irán violaría por primera vez una de sus obligaciones.

Ante la escalada de tensiones el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, aseguró que Trump no quiere una guerra con Irán, aunque advirtió que están listos si Teherán toma una mala decisión. “Estamos allí para disuadir la agresión. El presidente Trump no quiere la guerra”, dijo Pompeo a la prensa en Tampa, Florida, a la salida de una reunión en el Comando Central de Estados Unidos. “Esto no son solo dos años y medio. Son 40 años de actividad iraní que han llevado a este punto”, dijo Pompeo. 

El secretario de Estado agregó que uno de los propósitos de su reunión de ayer en el Comando Central era asegurar que haya una “profunda coordinación” con el Departamento de Estado. “Pues es importante estar seguros de que pueden responder si Irán toma una mala decisión”, explicó. En la misma línea, Pompeo indicó que Estados Unidos está listo ante “cualquier amenaza” de Teherán y que su intención es trabajar para convencer al país islámico de evitar posibles agresiones en la región. 

Pero frente a la escalada no sólo Estados Unidos e Irán cruzaron palabras. Rusia, aliado de Teherán, también lanzó su mensaje y llamó a la prudencia. “Preferiríamos que no se apliquen medidas que puedan provocar un incremento de las tensiones en esta región de por sí tan inestable”, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El portavoz afirmó además que confían en lo que hace tres días hablaron Rohaní y el presidente ruso respecto del cumplimiento del pacto. “Seguimos partiendo de que Irán continuará fiel a sus obliaciones”, dijo Peskov. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, pidió a Irán que tome “decisiones prudentes” y advirtió a la vez contra la apertura de una “caja de Pandora” en Oriente Medio. En tanto el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, llamó a la comunidad internacional a imponer inmediatamente sanciones contra Teherán, tan pronto como sus reservas de uranio superen el límite. 

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Varias imágenes de un cuerpo humano completo obtenidas por el nuevo escáner Explorer./UCDAVIS/UNITED IMAGING

Una máquina permite obtener imágenes en 3D de una vez y en segundos y un láser detecta y destruye las células cancerosas errantes.

 

 

Imágenes de todo el cuerpo humano de una vez y en pocos segundos, con una dosis mínima de radiación, es lo que consigue un nuevo escáner médico cuyo uso se acaba de aprobar en Estados Unidos. Es el primer aparato que puede formar una imagen en tres dimensiones de un cuerpo humano de una vez.

La nueva máquina, denominada Explorer, se ha librado, por ahora al menos, de la guerra comercial de Estados Unidos con China, ya que es el fruto de la colaboración de un equipo científico de la Universidad de California en Davis y la empresa china United Imaging, con base en Shanghai, que acaba de presentarse en el mercado estadounidense.

Combina dos técnicas, la tomografía por emisión de positrones (PET) y la tomografía por rayos X y sus creadores creen que abre todo un abanico de nuevas aplicaciones en medicina. Las impresionantes imágenes que consigue se pueden utilizar, esperan, para medir flujos de sangre o el metabolismo de la glucosa, la acumulación de placas en las arterias o la concentración de bacterias en caso de infección, además de comprobar cómo funcionan los nuevos medicamentos o terapias.

Este avance tecnológico, como otros en técnicas de diagnóstico por imagen, no se añadirá automáticamente a la cartera de servicios sanitarios, debido a su previsible muy elevado precio, al menos al principio, pero eso no impedirá que tenga un mercado en los países más ricos, en parte para cuestiones de investigación. En aplicaciones clínicas será especialmente útil para imágenes de niños, que no se están quietos durante los 20 minutos que tardan los actuales PET, y en investigación para ver cómo se disemina una sustancia por el cuerpo o detectar las células cancerosas que se extienden a partir del tumor original.

Simon Cherry y Ramsey Badawi, investigadores de la Universidad de California, llevaban 13 años desarrollando la idea de un escáner de cuerpo completo que obtuviera imágenes en una fracción de tiempo del que tardan los actuales.

Obtuvieron financiación de 15,5 millones de dólares de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) para conseguirlo, uniendo ocho escáneres PET convencionales (que tienen forma de anillo) en un tubo de dos metros de longitud. El aparato obtiene la imagen de todo el cuerpo en 40 veces menos tiempo que los originales y con 40 veces menos dosis de radiación inyectada al paciente.

La ciencia que hay detrás de un PET es un modelo estupendo de cómo se aplica la investigación básica, en este caso a través de marcadores radiactivos inyectados en la persona. “Es un bello ejemplo de la famosa ecuación de Einstein”, recuerda Cherry.

Perseguir por todo el cuerpo el virus del sida (para saber dónde se oculta cuando no da síntomas por la terapia antirretroviral) o las células que causan metástasis en los cánceres es uno de los campos de aplicación de la nueva máquina. Para esto último se acaba de presentar otra técnica, basada en el láser, que se ha probado en pacientes de melanoma, un cáncer muy agresivo. En este caso es una técnica no invasiva, porque el láser analiza desde fuera el flujo sanguíneo, detecta las células cancerosas circulantes y las destruye, según explican los investigadores de la Universidad de Arkansas, liderados por Vladimir Zharov, en la revista Science Translational Medicine.

Es la primera vez que se demuestra esta posible terapia, que denominan biopsia líquida in vivo, en humanos, aseguran estos científicos. La plataforma láser Cytophone, explican, es una técnica fotoacústica rápida y muy sensible que detectó las muy escasas células cancerosas presentes en las venas de los brazos en 27 de los 28 pacientes con melanoma estudiados, sin generar falsos positivos en otros 19 sujetos de control. La técnica da sus primeros pasos pero promete, señalan los expertos.

madrid

18/06/2019 07:36 Actualizado: 18/06/2019 07:36

Ingenio y tecnología: las tácticas de los jóvenes en las protestas de Hong Kong

Los manifestantes se inspiran en el Movimiento de los Paraguas de 2014, pero son más conscientes de los riesgos que hoy implica una movilización a cara descubierta

 

 

“Dame tu teléfono. ¿Tienes Telegram? Cambia esto en los ajustes de privacidad. Elimina las conversaciones. Quita estos símbolos”, recomienda Rick, uno de los miles de jóvenes que el miércoles pasado rodeó el Parlamento de Hong Kong para protestar contra el proyecto de ley de extradición. Hace cinco años, los estudiantes hongkoneses que rodearon la sede de su parlamento autónomo durante tres meses en el llamado Movimiento de los Paraguas, no tenían ningún problema en divulgar su cara y sus datos personales. Hoy, ellos y sus hermanos menores, protagonistas del nuevo movimiento de protesta contra la creciente influencia de China en el territorio autónomo, son mucho más cautos. Son mucho más conscientes de los beneficios, pero también los riesgos, del uso de la tecnología. Pero tan ingeniosos como entonces, o más, a la hora de movilizarse.

“No nos ha quedado otro remedio”, explica “Yip”, un veterano del Movimiento de los Paraguas que hoy es profesor auxiliar en una de las mejores universidades de Hong Kong, y que el miércoles estuvo entre las primeras líneas de manifestantes. “No podemos votar. El gobierno no nos escucha, aunque salgamos a la calle un millón de personas como el domingo pasado, porque está más pendiente de lo que digan en Pekín. Solo nos queda organizar protestas, y en esto nos hemos convertido en expertos. Los jóvenes de Hong Kong, quizá, no saben mucho de cosas como Historia y Literatura, porque nuestro sistema educativo no lo considera importante. Pero pregunta a cualquier chico de 18, 20, 25 años: todos tienen nociones de guerrilla urbana”.

La experiencia acumulada en los casi tres meses en que el Movimiento de los Paraguas ocupó las calles del centro de Hong Kong les sirvió para aprender de logística: en las concentraciones del miércoles era notable la coordinación entre líneas, la rapidez con la que se establecieron puestos de avituallamiento y la eficacia en el abastecimiento. Simplemente moviendo los brazos, los chicos de delante podían hacer saber a la retaguardia si necesitaban comida, agua o material de protección. Un sistema de relevos encadenados se lo proporcionaba en cuestión de segundos. Los desechos volvían de la misma manera a la base para ir a la basura, o al reciclaje.

A diferencia de la de 2014, esta movilización carecía de líderes. Simplemente, los participantes se fueron poniendo de acuerdo a través de la aplicación de mensajería encriptada Telegram, que permite crear canales y grupos que fueron coordinando y comunicando información en tiempo récord. “Todo se organizó en unas pocas horas”, recuerda “Yip”. “No había unos líderes que se tuvieran que poner de acuerdo entre ellos sobre lo que queríamos. Eso estaba claro: la retirada del proyecto de ley de extradición. Además, las redes de mensajería nos permitieron compartir información y consejos de manera mucho más eficaz que hace cinco años”.

“Lo llamamos la estrategia de las arañas, tendiendo redes en Internet para envolver al tigre”, en este caso el gobierno autónomo de Hong Kong o incluso la propia China, apunta este manifestante. Como muchos de ellos, no quiere facilitar más que un apodo y se niega a difundir su imagen, para evitar represalias.

En cuestión de apenas unas horas, desde la medianoche a primeras horas de la mañana del miércoles, decenas de miles de jóvenes -muchos muy jóvenes, aún en edad escolar- habían rodeado el Parlamento, pertrechados con cascos contra las porras, plásticos contra la humedad, y gafas de buceo contra los gases lacrimógenos.

Pero, además, esta vez, la gran mayoría llevaba mascarillas y evitaba dar su nombre, para evitar ser reconocidos. Para llegar y marcharse de la zona de las manifestaciones, en lugar de la tarjeta de metro -la omnipresente Octopus, con la que se puede pagar en muchos otros comercios, pero que revela en qué estación se utilizó-, compraban billetes individuales. Después de la disolución por la fuerza por parte de la Policía, comenzaba un apagón digital: unos a otros se recomendaban cómo eliminar cualquier rastro en el teléfono o en internet, qué decir para justificar visitas a Urgencias, o cómo obtener asesoría legal en caso de ser detenidos.

Es algo, alegan “Yip” y otros varios manifestantes, que aprendieron del Movimiento de los Paraguas. Entonces, aunque los juicios no llegaron hasta años después, los líderes de aquella protesta quedaron todos fichados y muchos cumplen hoy penas de cárcel. Un destino que no quieren imitar. Especialmente, puntualizan, si se acaba aprobando la ley de extradición contra la que protestan. En ese caso, China podrá pedir la entrega de cualquier crítico, con la excusa de una acusación cualquiera. Y si Hong Kong la concede -afirman-, quién sabe qué pasaría del otro lado de la frontera, bajo un sistema legal supeditado al poder del Partido Comunista.

Entre sus motivos para la sospecha, alegan, el hecho de que la propia aplicación de mensajería encriptada Telegram, la preferida en estas protestas, denunciara que el miércoles sufrió un “potente ataque” desde ordenadores en China para interrumpir su servicio. Dos de los 81 heridos en las cargas policiales del miércoles fueron detenidos en el hospital.

Para este domingo está convocada una nueva gran manifestación de protesta para exigir la retirada del proyecto de ley de extradición, que por primera vez permitirá entregar sospechosos a China. Pese a las negativas del gobierno local, muchos hongkoneses temen que se emplee por motivos políticos y que acabe diluyendo la libertad de asociación o de expresión que representan una de las marcas de identidad de Hong Kong frente al resto de la China continental. Los participantes en la movilización del miércoles aseguran que asistirán.

Por Macarena Vidal Liy

Hong Kong 14 JUN 2019 - 14:51 COT

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Viernes, 14 Junio 2019 06:17

Assange periodista

Assange periodista

El gobierno británico acaba de dar curso al pedido de extradición de Julian Assange para enfrentar cargos de espionaje en Estados Unidos y una posible sentencia de hasta 170 años de cárcel. Se trata de una medida de rutina al cumplirse dos meses desde el pedido inicial, el plazo legal para que Estados Unidos termine de presentar su caso, según el tratado de extradición entre ambos países. La justicia británica no está atada a la decisión de su gobierno pero es muy probable que termine por ordenar el traslado del fundador de WikiLeaks al país requiriente, más allá de la férrea defensa que interpondrá el equipo de abogados de Assange encabezado por Baltazar Garzón. Así parecen indicarlo la estrechísima e histórica alianza de seguridad entre los dos países, la coincidencia de gobiernos conservadores a ambos lados del Atlántico y sobre todo un tratado de extradición tan favorable a Estados Unidos que el año pasado el gobierno británico creó una comisión bicameral en el Parlamento para estudiar formas de reformarlo, cuestión que no terminó ocurriendo.

La firma del pedido de extradición, entonces, era esperable y de rutina, y no debería afectar el juicio en curso, que indefectiblemente tardará al menos varios meses, incluyendo una audiencia programada para mañana. Pero las declaraciones de hoy del ministro de Interior británico, Sajid Javid, anunciando la firma y agregando que está “muy satisfecho” con la detención de Assange, no dejan de ser llamativas al menos por dos razones. Por un lado, envía un mensaje (o una presión) al juez del caso, remarcándole los intereses geopolíticos en juego y el deseo (o compromiso) ya indisimulable del gobierno británico. Por otro lado, las palabras de Javid demostrarían que Assange tenía razón al sospechar que Gran Bretaña lo entregaría a Estados Unidos apenas pudiera, razón por la cual se asiló durante siete años en la embajada ecuatoriana en Londres. Recordemos que el 11 de abril el editor de megafiltraciones fue enviado a una prisión de máxima seguridad por un crimen menor, violar su libertad condicional, mientras la cancillería británica anunciaba que él estaba detenido también a pedido de Washington por un delito informático también menor. Al mes siguiente el gobierno de Trump amplió su acusación a espionaje, publicación de documentos secretos y poner en riesgo a colaboradores encubiertos. A su vez WikiLeaks denunció al gobierno de Theresa May de colaborar abiertamente con la investigación del FBI estadounidense que derivó en la acusación, al punto de entregarle las pertenencias y archivos de Assange, incluyendo su defensa legal, después de que autoridades ecuatorianas permitieran el allanamiento de su sede diplomática y la detención del ciberactivista, que en sus últimas semanas en la embajada lucía un collar de pent drives precisamente por esa razón.

Más allá del carácter rutinario, casi burocrático, de la medida anunciada ayer por el gobierno británico, es casi imposible sobreestimar la importancia de este caso para el futuro del periodismo a nivel global. Ya se han pronunciado al respecto diversos organismos de la ONU y las principales ONG que defienden la libertad de expresión y los derechos humanos. Incluso los grandes medios que en su momento contribuyeron a la demonización de Assange, por celos, competencia, o diferencias de estilos y relaciones, como el New York Times, The Guardian o El País, han cambiado de postura tras la violenta e irregular detención de Assange, y ahora publican todo tipo de editoriales y comentarios en favor de su colega y en contra del proceso al que está sometido.

El problema se hace evidente al leer el pedido de extradición. Assange está siendo acusado de hacer lo que hacen todos los periodistas de investigación: buscar, curar y publicar información secreta. No sólo eso: lo acusan de hacerlo con los mismos documentos que fueron publicados por los grandes medios del mundo. De ahí a enjuiciar a cualquier periodista que quiera publicar un documento secreto de Estados Unidos hay solo un pasito. Y de ahí a enjuiciar a cualquier medio que publique información sensible para el gobierno de turno, llámese Panamá Papers o Moroleaks, también. El gobierno de Trump eligió anunciar la acusación de espionaje en contra de Assange el mes pasado a través del jefe de seguridad nacional del Departamento de Justicia, John Demers, en una conferencia de prensa en la que no aceptó preguntas. Allí argumentó: “El Departamento toma en serio el papel de los periodistas en nuestra democracia, pero Julian Assange no es un periodista”. O sea, el problema no es qué hizo, sino quién lo hizo. Pero si aceptamos esta insólita, llamémosla “doctrina Demers”, entonces será el gobierno el que decida quién es periodista y quién no. Y no hace falta ser un genio para intuir que el gobierno elegirá a damas y caballeros de su círculo social, comunicadores corporativos que lo último que buscan es revelar secretos que pongan nerviosas a sus fuentes.

La democracia, decía mi padre, Guillermo O´Donnell, puede morir de a poco. No hace falta un golpe. Las libertades y los derechos se pueden ir perdiendo de a poco. En este caso, el caso Assange, urge decir que no es la primera vez que los derechos a la información y a la libre expresión entran en conflicto con otros, como el derecho a la privacidad, a la propiedad o a la seguridad nacional. No será la primera vez pero podría ser la última, si perdemos la posibilidad de decirnos y enterarnos lo que está pasando en los centros de poder donde se toman las grandes decisiones.

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Un nuevo informe expone la enorme contribución del Pentágono a la crisis climática posterior al 11 de septiembre

Al no frenar el uso de combustibles fósiles de los militares estadounidenses, el codirector del proyecto Costs of War advierte que Estados Unidos “ayudará a garantizar los escenarios de pesadilla” que pronostican los científicos.

Desde el lanzamiento en 2001 de la llamada Guerra contra el Terror hasta 2017, el Pentágono generó al menos 1.200 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero, con tasas anuales que superan las emisiones de calentamiento global de países industrializados como Portugal o Suecia, según una nueva investigación.

La profesora de la Universidad de Boston Neta C. Crawford detalla las contribuciones masivas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos a la emergencia climática global en un documento publicado el pasado miércoles por el proyecto Costs of War (costes de la guerra), del Instituto Watson para Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown.

“El consumo de energía de los militares estadounidenses impulsa el consumo total de energía del Gobierno de los Estados Unidos”, se lee en el documento. “El DOD [Departamento de Defensa] es el mayor consumidor de energía en los EE. UU. Y, de hecho, el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo”.

“A falta de un cambio en la política de uso de combustible de los militares de EE UU, el consumo de combustible de sus militares necesariamente continuará generando altos niveles de gases de efecto invernadero”, advierte el informe. “Estos gases de efecto invernadero, combinados con otras emisiones de EE UU, ayudarán a garantizar los escenarios de pesadilla que el ejército predice y que muchos científicos del clima dicen que son posibles”.

Crawford, codirector del proyecto Costs of War, señala que las emisiones militares de los EE UU, que provienen en gran parte de las armas y equipos, y de uso de más de 560.000 edificios en todo el mundo, se basaron en datos del Departamento de Energía porque el Pentágono no informa de sus cifras de consumo de combustible al Congreso.

El documento también examina los patrones de uso de combustible militar desde 2001 en relación con las emisiones y las opiniones del Pentágono sobre “el cambio climático como una amenaza para las instalaciones y operaciones militares, así como para la seguridad nacional, cuando y si el cambio climático genera una migración masiva, conflicto y guerra”.

Al escribir sobre su investigación para The Conversation Wednesday, Crawford apuntó que las emisiones anuales del Departamento de Defensa han disminuido desde que alcanzó su punto máximo en 2004, ya que el Pentágono ha reducido su consumo de combustibles fósiles a través de acciones que incluyen el uso de energía renovable y la climatización de edificios durante la última década, y reduciendo el tiempo de inactividad de las aeronaves en las pistas”.

El resumen del documento describe cuatro beneficios principales de una mayor disminución del uso de combustibles fósiles por parte del Departamento de Defensa.

Primero, los EE UU reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto mitigaría el cambio climático y sus amenazas asociadas a la seguridad nacional.

En segundo lugar, reducir el consumo de combustibles fósiles tendría importantes beneficios políticos y de seguridad, incluida la reducción de la dependencia de las tropas en el campo del petróleo, que el ejército reconoce que las hace vulnerables a los ataques enemigos. Si los militares de Estados Unidos disminuyeran significativamente su dependencia del petróleo, Estados Unidos podría reducir los recursos políticos y de combustible que utiliza para defender el acceso al petróleo, en particular en el Golfo Pérsico, donde concentra estos esfuerzos.

Tercero, al disminuir la dependencia de Estados Unidos respecto a Estados ricos en petróleo, Estados Unidos podría revaluar el tamaño de su presencia militar en el Golfo Pérsico y revaluar su relación con Arabia Saudita y otros aliados en la región.

Finalmente, al gastar menos dinero en combustible y operaciones para proporcionar acceso seguro al petróleo, EE UU podría disminuir sus gastos militares y reorientar recursos hacia actividades económicamente más productivas.

Crawford, en su artículo para The Conversation, concluyó que “el cambio climático debería estar en el centro de los debates de seguridad nacional de los Estados Unidos. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero del Pentágono ayudará a salvar vidas en Estados Unidos y podría disminuir el riesgo de conflicto climático”.

Está lejos de ser la primera institución en destacar cómo el Pentágono está alimentando la crisis climática mundial y pedir reformas urgentes. El mes pasado, la senadora Elizabeth Warren lanzó un plan de “resistencia y preparación” climáticos para los militares de Estados Unidos como parte de su campaña de 2020 para la Presidencia. Sin embargo, como Common Dreams informó en ese momento, los críticos antibélicos del plan de Warren acusaron de que “tratar de ‘ecologizar’ al Pentágono sin abordar los efectos destructivos de su presupuesto inflado y el imperialismo estadounidense es una forma equivocada de combatir la emergencia del calentamiento global”. 

La autora y abogada Stacy Bannerman, en un artículo de opinión para Common Dreams el año pasado advirtió que “si no nos tomamos en serio la posibilidad de detener la Máquina de Guerra de Estados Unidos, podríamos perder la batalla más grande de nuestras vidas”.

“Para lograr las masivas transformaciones sistémicas y culturales necesarias para mitigar el cambio climático y promover la justicia climática —escribió Bannerman— vamos a tener que lidiar con la violencia institucionalizada y socialmente sancionada perpetrada por la política exterior de EE UU sobre el fuego del calentamiento global”.

Por Jessica Corbett

Common Dreams


publicado

2019-06-14 05:52:00

Publicado enMedio Ambiente
Concentración industrial y poder de mercado

Hasta la década de los años 1970 los estudios sobre organización industrial cubrían temas como la concentración y el poder de mercado, los canales de competencia, escalas de producción, integración vertical y horizontal, las empresas multiproducto y sus economías de alcance. Quizás faltaba en el paisaje el vínculo con el sistema financiero, pero por lo menos el poder que viene asociado a la concentración industrial era una parte clave de la preocupación de los economistas. Pero en los años de 1970 ese tipo de estudios se fue eclipsando y en la investigación sólo quedó espacio para los estudios que glorificaban las virtudes del libre mercado. La nomenclatura misma de "organización industrial" se fue utilizando cada vez más para referirse a un campo de estudios que mostraban que los principales postulados de la teoría neoclásica seguían siendo válidos.

Hoy, las cosas están cambiando. Muchos economistas se han dado cuenta de que no pueden tapar el sol de la evidencia con el frágil dedo de la teoría neoclásica. Los estudios sobre estructuras y dinámicas industriales toman nuevos bríos y muestran, sin lugar a dudas, que ha incrementado la concentración industrial y que el poder de mercado de las empresas dominantes también ha crecido. Las fuerzas que explican este aumento de la concentración industrial son variadas y muchas tienen que ver con fenómenos bien conocidos en la historia del capitalismo industrial. (Por cierto, la concentración industrial es un fenómeno que se presenta también, y con gran intensidad, en los servicios: la terminología de ‘concentración industrial’ no es la mejor).

Pero muchos organismos vinculados con el mundo de la política económica se resisten a encarar la realidad. El informe sobre la economía mundial de este año del Fondo Monetario Internacional dedica un capítulo al tema de la concentración y el aumento del poder de mercado de las grandes corporaciones. Desgraciadamente, el FMI encuentra que el incremento de la concentración es moderado, lo que no concuerda con la mayoría de las investigaciones en el mundo académico. Además, para el FMI las fuerzas que explican la concentración industrial tienen más que ver con el buen desempeño de algunas corporaciones y menos con fenómenos perversos como la construcción de barreras a la entrada o con el mundo de las prácticas desleales en el comercio. Para el FMI la introducción de tecnologías de la información ha sido un fuerte estímulo para el aumento de la concentración industrial. Según el organismo, ese resultado se encuentra respaldado por un interesante estudio de Mordecai Kurz, de la Universidad de Stanford. Sin embargo, esa investigación presenta un cuadro más alarmante de lo que quiere reconocer la lectura del FMI. Finalmente, a pesar de dedicarle un capítulo en su informe sobre la economía del planeta, el FMI encuentra que el aumento de la concentración industrial ha tenido un efecto "modesto" a escala macroeconómica.

La realidad contrasta con el informe del FMI. La vinculación malsana con fuentes de crédito, así como la fusión y la adquisición de empresas para incrementar sus economías de escala y de las llamadas economías de alcance, son dos procesos típicos que promueven la concentración y no son precisamente buenos para la salud macroeconómica. Ambos están relacionados con el poderío del sector financiero y contribuyen a cambiar el modus operandi de las grandes corporaciones que terminan por privilegiar las ganancias de muy corto plazo, abandonar los proyectos de largo aliento y, por supuesto, sacrificando el medio ambiente. Las oleadas de fusiones y adquisiciones de los años anteriores a la crisis de 2008 son claro testimonio de esto.

Lo más importante en este tema es que la concentración industrial está íntimamente vinculada con la creciente desigualdad y con el desempeño de la economía mundial. La evidencia de numerosos estudios revela que las grandes corporaciones utilizan su poder de mercado para manipular precios, incrementar sus márgenes de ganancias sobre los costos y para imponer menores salarios y prestaciones en mercados laborales cada vez más fragmentados. El golpe a las clases trabajadoras es una exacción doble que pasa por los precios y los salarios.

Otros instrumentos que han contribuido a incrementar la concentración industrial incluyen la larga duración de las patentes y los contratos de licencias que involucran todo tipo de restricciones para los licenciatarios. El cambio en la legislación que permitió ampliar la duración de las patentes refleja el poder que han tenido las grandes corporaciones para moldear la agenda del Poder Legislativo.

La interpretación de las leyes antimonopolio se ha ido debilitando desde hace mucho. Algunos casos connotados, en los que se involucran unas pocas corporaciones gigantes, no deben engañar: las leyes antimonopolio son, en la actualidad, una caricatura de lo que fueron hace cuatro décadas. Todo esto sirve para recordar que, en su evolución, el capitalismo va modificando la estructura del Estado.

Twitter: @anadaloficial

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