MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Lunes, 26 Febrero 2018 06:46

¿Nunca más?

¿Nunca más?

“Sabía que nunca podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró Martin Luther King Jr en su famoso discurso contra la guerra de Vietnam en 1967, donde vinculó la injusticia y opresión dentro de este país a sus políticas bélicas e imperiales a nivel mundial.

Estados Unidos es un país extraordinariamente violento, el más violento de todo el primer mundo dentro de sus fronteras y, tal vez, si se cuentan las víctimas de su violencia afuera, el más violento del planeta. La violencia es parte integral de su historia, empezando con la campaña genocida contra los primeros habitantes de este país, la esclavitud y las guerras de todo tamaño (algunas con millones de muertos) contra decenas de naciones hasta la fecha. Este país es el único que ha empleado un arma de destrucción masiva. Más aún, su economía ha dependido en gran parte de la producción de armas, de guerras, de control civil; es el mayor subsidio público al sector privado.

Y la violencia institucional y oficial siempre ha sido bipartidista y justificada en nombre de la paz y para defender al país y a veces hasta para salvar al mundo. La violencia oficial dentro y fuera del país no es la excepción, es la regla.

La matanza en la preparatoria pública Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, el pasado Día de San Valentín ocurrió en un país inundado por más de 300 millones de armas de fuego que, cada año, cobran más de 32 mil vidas (y decenas de miles de heridos) y que desde 1968 a la fecha han matado a más estadunidenses que los que perecieron en todas sus guerras desde la fundación de este país. Pero esa violencia interna no se puede separar de la externa, de las guerras e intervenciones casi incesantes de este país a lo largo de su historia. El mensaje oficial es que la violencia es una respuesta legítima, justificable y necesaria. Y las armas, pues, sagradas.

Lo que más desea Trump hoy día es un desfile militar con muchos aviones sobrevolando y presidido por él, un comandante en jefe que evadió –como tantos hijos de ricos– el servicio militar durante la guerra en Vietnam. Y su solución para resolver la violencia de las armas de fuego es: más armas de fuego, inlcuida la de armar a los maestros.

Nunca Más es el nombre del nuevo movimiento lanzado por esos estudiantes de Florida que sobrevivieron la más reciente matanza, una respuesta feroz contra los políticos y la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) que son cómplices de la cultura violenta oficial de este país. Por ahora, estudiantes de prepa los están haciendo temblar como nunca.

Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente, cuyo discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, hoy día tiene más seguidores de su cuenta de Twitter, @emma4change, que la @NRA, una de las organizaciones más poderosas de este país. Ella, junto con sus compañeros como Alfonso Calderon, Cameron Kasky, Jaclyn Corin y David Hogg, entre otros, lanzaron Nunca Más y en las primeras horas después de la tragedia convocaron a una marcha nacional para el 24 de marzo declarando que esta será la ultima masacre en una escuela. De repente encabezan lo que podría ser, si se logra sostener, un movimiento de una nueva generación que, en esencia, rehusa ser cómplice de la violencia. (http://videos.jornada.com.mx/video/ 35705386/nunca-mas-video-realizado-por-carlos-sobreviviente/ ).

El movimiento, cuyos objetivos son muy concretos –prohibir la venta de armas de guerra, verificar la salud mental de quien compre armas– está cuestionando con ello la esencia política de esta democracia. Queda claro, señalan, cuando en las encuestas más recientes, la gran mayoría del país favorece controles sobre la venta y uso de armas de fuego (en las dos más recientes: CNN: 70 por ciento en favor; USA Today, 63 por ciento), pero los políticos siguen frenando mayores controles al servir a la NRA.

Empresas nacionales, entendiendo el poder potencial de este movimiento, están huyendo de su relación con la NRA; la lista crece cada día: Delta, United, Hertz, Avis, Enterprise, Symantec, Chubb y First National Bank.

La NRA acusa a estas empresas de cobardía, y una de sus voceras nacionales se atrevió a declarar que los medios son culpables de manipular todo esto, ya que les encantan las matanzas porque elevan los ratings. David Simon, creador de The Wire y Treme, entre otras de las mejores series de televisión, y quien fue periodista del Baltimore Sun, le respondió: “como reportero cubrí más de mil muertes por armas de mano y me pasé un año completo siguiendo a detectives de homicidios de escenario en escenario. Cubrí un tiroteo masivo. ¿Me encantó? Fuck you, vocera estúpida, sin sentido, sociópata… para este infierno estadunidense”.

Michael Moore, cuyo documental Bowling for Columbine investigó el tema de la violencia armada en Estados Unidos a partir de otra matanza en una preparatoria, envió un tuit: La NRA es una organización terrorista, recordando: hemos tenido 1.2 millones de muertes de estadunidenses por armas desde que John Lennon fue baleado en Nueva York.

Pero lo que asusta más a las cúpulas es que estos jóvenes logren crear alianzas con otros movimientos, algo que ya está empezando a suceder. Camila Duarte, estudiante de preparatoria y líder de United We Dream (la mayor organización nacional de jóvenes inmigrantes) en Florida, declaró: como jóvenes de color e inmigrantes, hemos pasado por tanto odio, abuso emocional y violencia en el último año, desde la prohibición musulmana hasta el fin del DACA, pasando por recortes al presupuesto escolar, y anunció que los jóvenes inmigrantes de United We Dream “seguiremos el liderazgo de los estudiantes valientes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas (…) en la Marcha por Nuestras Vidas. Tomaremos las calles juntos porque creemos en un futuro en el cual todos puedan sentirse seguros en sus escuelas y en sus casas”. Se espera que otros jóvenes, de otros movimientos, también se sumarán.

Tal vez los estudiantes podrán enseñar a todos aquí cómo decir nunca más a los maestros de la violencia.

 

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Frank Ackerman y la economía para el peor escenario

La teoría económica neoclásica asume que los agentes económicos son racionales y están bien informados. Además, supone que en nuestro mundo los llamados eventos extremos casi no ocurren y, por tanto, pueden ser ignorados. Este supuesto es uno de los pecados originales de la teoría económica neoclásica, y va de la mano con la creencia de que la incertidumbre no existe.

Por eso decía John Maynard Keynes que los economistas se han asignado una tarea inútil que consiste en afirmar, en medio de una tormenta, que cuando concluya la tempestad el mar estará nuevamente en calma.

El economista Frank Ackerman acaba de publicar un importante libro cuyo título puede traducirse como Economía para el peor escenario (Londres: Anthem Press). El subtítulo de ese texto informa sobre su alcance: Eventos extremos en el clima y las finanzas. Y es que el punto de partida de Ackerman es el hecho de que los eventos extremos en los mercados financieros se han hecho cada vez más frecuentes, y en eso se parecen a los trastornos climáticos que hoy se repiten con mayor asiduidad e intensidad.

Para empezar, Ackerman nos recuerda que la teoría económica neoclásica está obsesionada por lo que acontece en el equilibrio o en su vecindad. Y en ese contexto uno de sus supuestos más importantes es que los eventos discretos que rodean el punto de equilibrio tienen una distribución normal (en forma de campana). Esencialmente, eso quiere decir que podemos ignorar la presencia de eventos extremos, que aquí definimos de manera poco rigurosa como aquellos acontecimientos que se encuentran lejos del promedio. En términos un poco más técnicos, se puede decir que los eventos que están a más de cuatro desviaciones estándar del promedio pueden ser ignorados tranquilamente.

Una de las virtudes de la exposición de Ackerman es que, mediante ejemplos sencillos, permite aclarar conceptos que son a la vez complejos y relevantes. Y los ejemplos le sobran para demostrar que esos eventos extremos son mucho más frecuentes de lo que la teoría tradicional nos quiere hacer creer. En efecto, las crisis financieras, los huracanes cada vez más poderosos y las ondas de calor más intensas tienen la peculiaridad de presentar su fea cara de manera recurrente, a diferencia de lo que el dogma de la distribución normal implica. Y para profundizar en el análisis, Ackerman propone un enfoque alternativo basado en la llamada ley potencial, según la cual la probabilidad de que ocurra cierto evento es inversamente proporcional a algún exponente o potencia de la magnitud del evento. Más allá de los detalles técnicos, la conclusión es que los eventos peligrosos son más frecuentes de lo que se piensa.

¿Por qué son más frecuentes los eventos extremos? Ackerman ofrece varias explicaciones. En materia de eventos climáticos, la respuesta está asociada al hecho de que la inestabilidad aumenta al acercarnos a ciertos umbrales críticos. Por ejemplo, la mayoría de los científicos considera que el umbral de un incremento de 1.5 grados centígrados en la temperatura global promedio ya fue rebasado y que a partir de ese punto los eventos extremos, como huracanes fuerza cinco en la escala Saffir-Simpson, serán cada vez más frecuentes.

En el ámbito de los mercados financieros, la inestabilidad se incrementa porque muchos títulos y activos (de papel) que son intercambiados carecen de un referente claro en la economía real. Su precio depende cada vez más de las expectativas de los agentes y es más vulnerable frente a eventos como el comportamiento de rebaño y las corridas irracionales. Además, Ackerman nos recuerda que la desregulación que se introdujo en los recientes decenios es una fuente adicional de inestabilidad y volatilidad. La crisis de 2008 es, desde luego, un ejemplo sobresaliente de la dificultad que experimenta la teoría convencional para dar cuenta de la presencia de eventos extremos. Y hoy los episodios de colapsos relámpago (flash crash) propiciados por las transacciones de alta velocidad y el empleo de algoritmos para (supuestamente) reducir riesgos están agravando la volatilidad. El resultado es que los eventos extremos se están haciendo cada vez más frecuentes.

¿Qué hacer frente a este escenario? Frank Ackerman aconseja abandonar el uso de herramientas tradicionales como el análisis costo-beneficio, que supone asignar un precio a todo lo que tiene valor, además de asumir que podemos lidiar con la incertidumbre suponiendo simplemente que el futuro será como el pasado. Al final del día, lo que se necesita es asumir una postura más cercana (aunque no idéntica) al principio de precaución. En realidad no existen los datos rigurosos para medir la probabilidad de que surja un evento extremo. Pero como sus efectos son tan devastadores, nadie debe ignorarlos. La conclusión es que estos eventos y sus consecuencias están regidos por mecanismos que no tienen nada que ver con una supuesta eficiencia de los mercados y su mítica capacidad de ajuste automático. Para reflexionar sobre todo esto, la lectura del libro de Ackerman es indispensable.

Twitter: @anadaloficial

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Viernes, 19 Enero 2018 06:26

Ejércitos fantasma

CC0 / Pixabay

 

Se está librando una guerra invisible, pero real, a lo largo del continente africano. Involucra a Estados Unidos, a una Rusia con nuevo ímpetu y a una China en ascenso. Y es probable que su desenlace defina el futuro del continente y sus perspectivas globales.

Es fácil echarle la culpa al presidente estadounidense, Donald Trump, a su errática agenda política y sus impulsivas declaraciones. Pero lo cierto es que la actual expansión militar estadounidense en África es tan sólo otro paso más en el sentido equivocado, y parte de una estrategia que fue implementada hace una década, durante el gobierno del ex presidente George W Bush, y activamente continuada por Barack Obama.

En 2007, con el pretexto de la “guerra contra el terror”, Estados Unidos consolidó sus diversas operaciones militares en África para establecer el Comando Estadounidense de África (Africom). Con un presupuesto inicial de 500 millones de dólares, el Africom fue lanzado supuestamente para intervenir en países africanos a través de la diplomacia y la ayuda económica. Pero en los últimos diez años se transformó en un comando central para incursiones y acciones militares.

Durante el primer año de presidencia de Trump ese cometido violento se agravó. De hecho, en África se desarrolla una guerra estadounidense oculta que es librada en nombre del “antiterrorismo”.

Según una investigación especial de Vice News, tropas estadounidenses ejecutan 3.500 operaciones militares por año en toda África, un promedio de diez por día. Los medios hegemónicos en Estados Unidos rara vez mencionan esta guerra, dejándoles así un amplio margen a las fuerzas armadas para desestabilizar a su gusto cualquiera de los 54 países del continente.

“El actual número de 3.500 (operaciones) representa un impresionante aumento de 1.900 por ciento desde que fue activado el comando, hace menos de una década, e indica que ha habido una gran expansión de las actividades militares de Estados Unidos en el continente africano”, reportó Vice.

Tras la muerte de cuatro soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Níger, el 4 de octubre, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, hizo una declaración a una comisión del Senado que no auguraba nada bueno: Estados Unidos está multiplicando sus actividades militares en África.

Mattis –al igual que otros funcionarios del Departamento de Defensa de los anteriores dos gobiernos– justifica las transgresiones militares estadounidenses como parte de esfuerzos “antiterroristas”. Pero esta alusión críptica ya le ha servido de pretexto a Estados Unidos para intervenir y explotar esta enorme región con gran potencial económico.

El viejo y colonial “reparto de África” está siendo reinventado por potencias globales que aprecian cabalmente las dimensiones de la tremenda riqueza sin explotar que hay en el continente. Mientras que China, India y Rusia desarrollan cada una su propia manera de cortejar a África, Estados Unidos ha optado principalmente por la opción militar, que necesariamente causará un daño incalculable y desestabilizará a varias naciones.

El golpe en Mali, en 2012, llevado a cabo por el capitán del ejército Amadou Haya Sanogo, entrenado por Estados Unidos, es tan sólo un ejemplo de ello.

En un discurso en 2013, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, advirtió contra un “nuevo colonialismo en África (a través del cual es) fácil llegar, extraer recursos naturales, coimear a los líderes y marcharse”. Aunque desde luego Clinton tiene razón, su comentario poco honesto lo hizo en referencia a China, no a su propio país.

La creciente influencia de China en África es obvia, y sus prácticas pueden ser injustas. No obstante, la política china desplegada en ese continente es mucho más cortés y está basada en el comercio, mientras que la estadounidense se apoya en lo militar.

El comercio sino-africano está creciendo a un “ritmo impresionante”, según reportó la Onu en 2013: aumentó de alrededor de 10.500 millones de dólares por año en 2000 a 166.000 millones en 2011. Y desde entonces ha seguido incrementándose sin pausa.

Pero ese crecimiento ha estado acompañado de muchas iniciativas que resultaron en muchos miles de millones de dólares de créditos chinos a países africanos para proyectos de desarrollo de infraestructura elementales. Más dinero aun fue destinado a financiar el Programa de Talentos Africanos, mediante el cual 30 mil profesionales africanos son formados en varios sectores.

No debería sorprender a nadie, entonces, que China haya remplazado en 2009 a Estados Unidos como el principal socio comercial de África.

Sin embargo, el verdadero colonialismo –ese al que se refería Clinton en su discurso– se manifiesta en las acciones y en la percepción que tiene Estados Unidos respecto del continente africano.

Esta afirmación no es una hipérbole, simplemente refleja las palabras de Trump. Durante un almuerzo con nueve líderes africanos, en setiembre pasado, en la Onu, el presidente mostró el tipo de mentalidad que durante siglos inspiró la mirada sobre África de los líderes coloniales occidentales. Después de inventar el inexistente país de “Nabia”, se jactó de sus “tantos amigos (que) van a sus países (africanos) para intentar enriquecerse”. “Los felicito –añadió–, ellos están gastando mucho dinero.”

Al mes siguiente Trump agregó a Chad, su leal socio en la lucha “antiterrorista”, a su lista de países [N de E: de mayoría musulmana] cuyos ciudadanos tienen prohibido ingresar a Estados Unidos.

Dado que África cuenta con 22 países de mayoría musulmana, Estados Unidos está renunciando a cualquier perspectiva diplomática de largo plazo en ese continente, para enfrascarse en cambio cada vez más en la vía militar.

Este avance militar estadounidense ni siquiera parece ser parte de una política integral. Es tan alarmante como errático, y refleja el hecho de que Estados Unidos constantemente y de manera excesiva opta por soluciones militares para todo tipo de problemas, incluyendo las rivalidades comerciales y políticas.

Vale la pena comparar este encare de África con el ruso. Tras reencender su vieja amistad con el continente, Rusia ha seguido la estrategia china de relacionamiento (en este caso se trata de una reanudación), mediante iniciativas para el desarrollo y condiciones comerciales favorables. Pero, a diferencia de China, Rusia tiene una agenda muy amplia que incluye la exportación de armas, que están remplazando el armamento estadounidense en diversas partes del continente. Para Moscú, África también es un socio político con un tremendo potencial desaprovechado que puede darle más peso en la Onu.

Conscientes de esta evidente competencia global, algunos líderes africanos están trabajando para encontrar nuevos aliados fuera de las estructuras occidentales tradicionales, que han dominado gran parte de África desde el fin del colonialismo tradicional, hace décadas.

Un ejemplo destacable de ello fue la visita a Rusia del presidente de Sudán, Omar al Bashir, a fines de noviembre pasado, y su reunión con el presidente Vladimir Putin. “Hemos soñado con esta visita durante mucho tiempo”, le dijo Al Bashir a Putin: “precisamos protección contra las acciones agresivas de Estados Unidos”, agregó. Parte de esa codiciada “protección” es la promesa rusa de contribuir a modernizar el ejército sudanés.

Preocupado por el alcance ruso en África, Estados Unidos responde militarmente y con poca diplomacia. La miniguerra que Estados Unidos está librando allí hundirá aun más al continente africano en un abismo de violencia y corrupción, que tal vez le sirva a Washington, pero que sumirá a millones de personas en una incalculable miseria.

Sin duda, África ya no es un “terreno” que Occidente pueda explotar a su gusto de manera exclusiva. Pero pasarán muchos años antes de que el continente y sus 54 naciones sean verdaderamente libres de la mentalidad neocolonial obstinada que se basa en el racismo, la explotación económica y las intervenciones militares.

 

(El título original de esta columna traducida del inglés es “Shadow Armies: The Unseen, But Real US War in Africa”)

 

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MK Ultra: la manipulación psicológica de la CIA

 

La temporada de series en Netflix ha traído algunas sorpresas, una de ellas es Manhunt: Unabomber (2017), donde se retrata la frenética búsqueda durante 17 años de Theodore Kaczynski, un genio precoz de las matemáticas que estudió en Harvard, quien envió 16 cartas bomba a universidades, líneas aéreas, científicos y empresas, con un resultado de tres víctimas fatales, heridos y daños materiales.

Unabomber se convirtió en uno de los terroristas más buscados en los Estados Unidos y este es el punto central de la serie: la búsqueda y caza por los equipos especiales del FBI. Unabomber solicitó que se publicara su manifiesto, “La sociedad industrial y su futuro” (1995), en los diarios New York Times y el Whashigton Post, con la promesa de no realizar más atentados. La edición del escrito tuvo una consecuencia: permitió que su propio hermano lo denunciara a las autoridades al encontrar expresiones y giros lingüísticos tan singulares que lo delataron, al menos dentro de su círculo íntimo. La historia ha tenido ribetes tan dramáticos como fascinantes, y tanto Paul Auster (Leviatán) como Ricardo Piglia (El camino de Ida) han escrito novelas con puntos de partida en esta historia. Piglia fue un poco más allá y descubrió que el Unabomber leyó a Conrad, particularmente el texto, El agente secreto (1907), donde un atentado con una bomba es planificado para dañar al “fetiche sacrosanto” que representa la ciencia. Un objetivo externo de las frecuentes pasiones humanas, un escenario perfecto para lograr ser escuchado. Esta fue la línea que siguió el Unabomber por más de 15 años, atentar contra lo que él denominaba el mal mayor: la tecnología y sus representantes. Un buen ejemplo de cómo la literatura no solo retrata la realidad, sino que puede crearla y con consecuencias imprevisibles.

Más allá del caso policial y la cinematográfica persecución, un detalle de la biografía de Kaczynski no debe ser pasado por alto. Siendo alumno precoz de Harvard, a los 16 años participó en una experiencia de manipulación psicológica conocida como MK Ultra. Éste era un programa secreto e ilegal de la CIA que se creó en el año 1953, su primer director fue Sidney Gottlieb y consistía en una serie de maniobras farmacológicas, físicas y psicológicas para producir control mental, quebrar la personalidad y poner a prueba la resistencia psicológica frente a tormentos. Básicamente, como señala Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock (2007), el programa se propuso diseñar un sistema con base científica para la extracción de información de “fuentes resistentes”.

Decenas de miles de civiles fueron sujetos de experimentación en universidades, hospitales y cárceles. Kaczynski participó en estos experimentos en Harvard, que fueron supervisados por equipos de psicólogos y psiquiatras. Uno de los psiquiatras responsables del programa, Donald Cameron, a través de sus experimentos brindó las bases para la confección del manual de tortura psicológica de la CIA. No era un científico loco precisamente, de hecho en el período 1952-53 se convirtió en el primer presidente de la Asociación de Psiquiatría Americana. En el programa MK Ultra se utilizaron drogas como el LSD, PCP y técnicas de dominio psicológico como la privación sensorial, aislamiento e hipnosis.

El programa MK Ultra nos lleva a la segunda producción de Netflix, llamada Wormwood, una sorprendente miniserie documental de Errol Morris (ver artículo en PáginaI12 de Horacio Bernades). La serie, de un gran valor visual, histórico y narrativo, es una mezcla de escenas dramatizadas y entrevistas reales al hijo de un científico estadounidense llamado Frank Olson, que murió el 28 de noviembre de 1953, poco tiempo después de haber sido drogado sin su consentimiento con LSD, en uno de los ya citados experimentos de la CIA. Atravesó la ventana de la habitación 1018 en el piso 13 del Hotel Statler, en Nueva York. Por más de dos décadas, la familia tuvo una versión oficial de suicidio, pero luego de años de protestas y denuncias a la prensa y en sedes judiciales, un informe de la comisión Rockefeller en 1975 en el Senado reveló que el suicidio podría haber sido provocado por una respuesta inesperada a las drogas que recibió en el experimento, y fue denominado “suicidio experimental”. Esta versión tampoco conformó al hijo de Olson, Eric, quien halló documentos que evidenciaban que su padre, que trabajaba en Fort Detrick (un laboratorio destinado a la guerra biológica), no estaba conforme con el trabajo que allí se hacía: no aprobaba las pruebas que se estaban haciendo con armas biológicas en la guerra de Corea. Frank Olson empezó a ser un estorbo a sus superiores, en épocas de macartismo, con poco lugar para conciencias dubitativas. Tal circunstancia empeoró cuando lo obligaron a participar, sin saberlo, de un experimento con drogas psicoactivas, que se conoció como la sesión del lago Deep Creek. En 1994, la familia logró exhumar el cuerpo de Olson y la figura del suicidio quedó aún más lejos como posibilidad y cobró finalmente fuerza la idea del asesinato. La ejecución de una persona con demasiada información es la hipótesis que sostiene la familia y que es avalada por distintas investigaciones periodísticas como la del premio Pulitzer Seymour Hersh. Incluso el hijo de Olson encontró un manual de la CIA para asesinatos, en donde sugiere que la forma más eficaz y fácil de disimular un asesinato es arrojar a la persona por la ventana (a una altura superior de 25 metros) y simular un suicidio. Para la Justicia norteamericana, si bien hay consenso que no se trató de un accidente o suicidio, no se encontró suficiente evidencia para acusar a nadie. Los experimentos de la CIA en la población civil de su país cobraron conocimiento público con la desclasificación de archivos en 1977 y más recientemente en 2001. El extraordinario documental Wormwood deja en claro que aún quedan por resolver muchos aspectos que el poder ha sabido callar y ocultar.

Las técnicas de manipulación psicológica no se detuvieron en las prácticas setentistas de la CIA, se han perfeccionado a niveles más sutiles, están vigentes en nuestras vidas, en la forma en la que consumimos, nos informamos, deseamos, y hasta votamos. Para estar atentos.

 

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Totalitarismo en internet carece de futuro

 

El 10 de junio de 1963, John F. Kennedy pronunció uno de los discursos más famosos de la historia contemporánea. En dicha intervención, Kennedy enfatizó que la convivencia pacífica entre las personas no puede basarse en el uso de la fuerza, sino en la consideración de intereses comunes y en la prevalencia de la diversidad. Hoy estas ideas cobran especial significado al considerarse la situación por la que atraviesa el internet.

La Red surge en un ámbito científico a partir de la necesidad de compartir datos e intercambiar ideas de manera libre. Con el tiempo, este recurso se convirtió en un enorme facilitador de actividades, que van desde la realización de una transferencia bancaria, hasta la convivencia en tiempo real con familiares que pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Internet es una fuente invaluable de información para miles de millones de personas en el planeta, y ha hecho obsoletos a modelos tradicionales de comunicación y publicidad basados en la televisión tradicional.

La primavera árabe sorprendió a gobiernos totalitarios que terminaron derrumbándose como resultado de un internet libre, que en momentos decisivos permitió la organización de movimientos sociales eficientes y bien informados. Asimismo, los hábitos de consumo de las poblaciones han cambiado gracias a la Red, provocándose una revolución comercial que ha puesto en jaque a mercados que hace algunos años parecían intocables. No es de extrañar que numerosos poderes fácticos estén intentando controlar el internet haciendo uso de la fuerza económica.

Las disposiciones de numerosos gobiernos para controlar a la Red equivalen al cobro de un derecho de piso y a la generación de cuotas extras impuestas por proveedores para tener acceso rápido a servicios básicos. Más aún, nuestros datos personales son subastados al mejor postor para que éste pueda adquirir ventajas competitivas en un mercado turbulento anticipándose a su competencia, de manera desleal, con base en información privilegiada.1

Algoritmos de inteligencia artificial mal encaminados, sumados a las regulaciones legales, amenazan a la integridad de la Red, intentando convertirla en un ente predecible al servicio de las grandes fuerzas políticas y económicas.2 Afortunadamente, es extremadamente improbable que estas iniciativas puedan prosperar.

Es evidente que las disposiciones legales que intentan limitar acceso a recursos de la Red por medio de cobros artificiales están condenadas al fracaso. Este hecho ha sido comprendido por gigantes informáticos tales como Amazon, Google y Facebook, que recientemente han anunciado que se sumarán a los movimientos que se oponen a la eliminación de la neutralidad de la Red.3

Más allá de una postura mediática, el anuncio corresponde a una comprensión de la esencia de internet, cuya dinámica obedece certezas matemáticas derivadas de la teoría de información. La complejidad derivada del proceso de toma de decisiones de los miles de millones de usuarios de internet hará imposible hacer de la Red un universo orwelliano.

En el clímax de su discurso de 1963, Kennedy mencionó que todos los seres humanos habitamos el mismo planeta, todos respiramos el mismo aire, todos valoramos el futuro de nuestros hijos y todos somos mortales. La realización de objetivos por parte de los seres humanos requiere equidad, de información legítima y de libertad en la toma de decisiones. La batalla por la neutralidad de internet se ha convertido en un parteaguas de carácter histórico cuyo desenlace es plenamente previsible.


Referencias


1 “Qué es la neutralidad de internet y por qué importa que Estados Unidos haya acabado con ella”, Redacción BBC Mundo, 14 de diciembre de 2017 http://www.bbc.com/mundo/noticias-42347631

2 A. Sandoval Villalbazo, “Bots contribuyen a manipular a la opinión pública”, Prensa Ibero, 4 de octubre de 2016 http://noticias.ibero.mx/prensa/detalle_comunicado.php?id_noticia=3270&f...

Este artículo está reproducido en las direcciones electrónicas: http://www.consumotic.mx/notas/bots-amenazan-integridad-de-redes-sociales/ y en https://www.la-prensa.com.mx/ciencia-y-tecnologia/95285-bots-manipulan-a...

3 El comunicado de la Asociación de Internet que agrupa a los gigantes informáticos se encuentra en la dirección electrónica: https://internetassociation.org/statement-restoring-internet-freedom-order/

*Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Investigador Nacional Nivel II (SNI).

 

 

Desde el antiguo Egipto, ninguna otra cultura había dado tanta importancia a los gatos como la digital. Los vídeos e imágenes de gatos domésticos son los contenidos más vistos y generan millones de memes, por lo que han sido adoptados como uno de los símbolos por la lucha por las libertades de Internet.

Todas las libertades que dieron forma a la red abierta y democrática inicial han sido atacadas. EEUU ha tocado de muerte su neutralidad al permitir que las operadoras prioricen los datos del mejor postor (o de quien más les interese políticamente). Sin ella, Internet puede quedarse en un gran y autoritario centro comercial virtual.

Durante los primeros años de este siglo Yochai Benkler intentaba no caer en el optimismo descontrolado que invadía a algunos de sus colegas. Internet era lo más en las universidades. Estaba de moda vaticinar qué pasaría con ese mundo virtual que se desarrollaba vertiginosamente surfeando una ola de democracia radical: miles de usuarios conectados a una misma red, sin filtros, sin poderes políticos o económicos diciendo qué o quién era bueno o malo.


En ella estaban ocurriendo cosas extrañas. Esos usuarios eran anónimos o adoptaban identidades inventadas, algo que tenía el efecto secundario de dificultar las discriminaciones y blindar la libertad de expresión. Además, se habían cargado la necesidad de un árbitro (el Estado) adoptando lógicas colaborativas para desarrollar las incipientes herramientas digitales. Apenas había intercambios monetarios y parecía que no eran demasiado necesarios: su principal recurso económico, la información, se consideraba un bien común y de libre acceso. Una cosa de locos.


Internet tenía el potencial para cambiarlo todo. ¿Cómo lo haría? Los investigadores dejaron volar su imaginación. Trasladar cada vez más aspectos de la sociedad a un terreno con ese tipo de lógicas parecía prometedor, daba pie a la utopía. Muchos análisis se perdieron en el océano de posibilidades abierto por esa red de redes.


Benkler en cambio, puede que como un ejercicio para evitar que ese optimismo cegara su investigación, trató la cuestión desde una perspectiva liberal. En 2006 publicó La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad (Icaria), que rápidamente se convirtió en la biblia de Internet, un manual que explicaba todo lo que allí estaba pasando. Benkler logró la cátedra de Derecho Empresarial de Harvard un año después.


Su análisis alcanzó tal relevancia que en 2013 fue citado por un tribunal militar de EEUU para uno de sus juicios del siglo. Los abogados de la defensa lo consideraban su testigo estrella. Su cliente podía ser condenado a muerte o cadena perpetua si el académico no conseguía convencer a la juez castrense con su tesis: Internet había crecido hasta hacer florecer una esfera pública propia, que se desarrolló creyéndose libre e independiente, al calor de esa democracia radical.


Benkler tenía que salvar a la persona que creyó que la información sobre los crímenes de guerra de EEUU en Irak y Afganistán era un bien común. Que se la suministró la organización que sabía que la convertiría en dominio público. Iba a ser testigo de la defensa del filtrador de Wikileaks Bradley Manning.


El catedrático de Harvard explicó en el juicio que el proceder del soldado no era diferente al de cualquier filtrador de la prensa convencional: Wikileaks "cumplía en el periodismo en Internet el papel específico de proporcionar una solución en red para el periodismo de investigación basado en filtraciones, que en el pasado solo realizaban organizaciones relativamente grandes y unificadas". Que los de Julian Assange consideraran la información como un bien común y permitieran la descarga en masa de todos los documentos en su poder (también por los enemigos de EEUU) no cambiaba nada. Funcionaba como cuarto poder en red, pero había mejorado la experiencia del usuario.


Manning no se libró de una condena ejemplarizante de 35 años, la mayor impuesta nunca en EEUU a un filtrador. Pero sí del cargo de "colaborar con el enemigo" que le habría costado la muerte o la cadena perpetua. Solo los sectores más reaccionarios consideraron justa su pena, razón por la que Chelsea Manning no la cumplió. Aunque esa es otra historia.


¿Quién teme al lobo feroz?


La condena de Manning fue la prueba definitiva de cómo los poderes tradicionales iban a actuar contra Internet y sus principios originales. No les gustaba nada ese potencial de influir en la agenda política. Menos que los usuarios aspiraran a ser un cuarto poder al que no se podía poner cara, al que no se podía presionar ni sentar en un consejo de administración. Todo ese discurso propio, tan crítico con la manera en la que se había gobernado el mundo hasta entonces, que ganaba adeptos a toda velocidad, que espoleaba protestas prodemocracia como el 15-M o Occupy Wall Street. Tenía muy mala pinta. Había que pararlo.


Desde entonces se han atacado todos y cada uno de los valores que dieron forma a la esfera pública original de la red. El anonimato, intrínseco en derechos como el sufragio universal, se asoció con los peores delitos imaginables, como la pederastia y el terrorismo. Se ha recortado la libertad de expresión en Internet hasta el punto de que la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información ha calificado el 2017 como el año de los delitos de opinión. Se ha permitido al capitalismo reproducirse por la red pervirtiendo sus lógicas colaborativas hasta convertirlas en meras estrategias de marketing.


Quedaba una. Quizá la libertad más fundamental, la más radical, la más propia de Internet. Se denomina neutralidad de la red y, aunque Internet no es neutral y nunca lo ha sido, es el principio que hacía que la red trate todos datos por igual: los de tu blog, las fotos de tus gatos y la Wikipedia corren tan rápido por los cables de fibra óptica como cualquier otro, y daba igual lo que opinaran las empresas propietarias de esos cables. ¿Una explicación rápida de lo que ha pasado? Que Donald Trump ha puesto a un exejecutivo de una esas compañías (Verizon) al mando del organismo que protegía la neutralidad de la red en EEUU y se la ha cargado a la primera oportunidad.


Lo que queda por delante se entiende mejor con un ejemplo: ese vídeo de Youtube que va a trompicones a pesar de que el anuncio previo se ve perfectamente. Youtube prioriza el anuncio respecto al youtuber cualquiera que tú querías ver. A partir de ahora, EEUU permitirá a las compañías que ofrecen conexión a Internet hacer lo mismo, pero en toda la red. La empresa que pague irá rápido y todos aquellos que no, no. Pero el dinero no será el único motivo para priorizar unos datos sobre otros, también se hará por motivos políticos.


Lo sabemos porque hay políticos sentados en los consejos de administración de estas empresas y sus exejecutivos están en el Gobierno. Pero sobre todo, lo sabemos porque ya ha pasado: lo de Wikileaks.


Resistencia


El diccionario de Oxford ha seleccionado la expresión fake news (noticias falsas) como la palabra del año 2017. La Fundeu la tiene entre sus tres nominadas. ¿Por qué un fenómeno que ha existido siempre está tan de moda? Las noticias falsas se han convertido en una de las mayores preocupaciones de un sector de la prensa, precisamente de aquella a la que se ha pillado transmitiendo bulos bastante gordos. El motivo es simple. Se trata de un ataque más a Internet, esta vez en forma de enmienda a la totalidad: el mensaje que queda es que la esfera pública digital está llena de mentiras, que su discurso propio está contaminado.


La única prueba que han podido ofrecer las grandes cabeceras que han informado sobre el asunto es la propia pérdida repercusión de sus cabeceras entre los usuarios. Aseguran que no es que la esfera pública digital les haya dado la espalda, sino que Rusia ha desatado una campaña de desinformación que confunde a los ciudadanos. Sí, es lo que parece: están intentado llevar a Internet el contexto de la Guerra Fría de conmigo o contra mí.


Diversas organizaciones, entre ellas este medio, han señalado que la voluntad de crear comités para censurar noticias falsas resulta mucho más peligrosa que las propias noticias falsas. "Tomar medidas para que los malos no puedan generar problemas a la gente normal" ningunea la capacidad crítica del ciudadano y aspira a recortar sus derechos en pos de mantenerlo a salvo. Se parece mucho a lo que hacen sistemas autoritarios como Rusia, China o Turquía al prohibir el acceso a algunas redes sociales por la amenaza de discursos que no son capaces de confrontar. El antónimo de desinformación es información, no censura.


Internet es ahora un lugar hostil para todo aquel que pretenda conservar libertades como el anonimato, pero hay herramientas para hacerlo. La teoría es relativamente sencilla, pero no la práctica. Todas las facilidades de uso, accesos directos y dinamismo entre plataformas desaparecerán, puesto que están diseñadas precisamente para que el usuario acepte intercambiar sus datos por comodidad. Básicamente hay que navegar como una guerrilla, teniendo preparados caminos independientes que permitan evitar las autopistas de información oficiales si están son cortadas y sobre todo, no permitir que el ejercicio de derechos fundamentales quede supeditado a las decisiones de plataformas que están más cerca del poder que del ciudadano.

 

@CdelCastilloM

 

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De internet abierto a una vuelta a la edad oscura

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Publicado enSociedad
De un internet abierto a una vuelta a la edad oscura

¿Alguien puede dudar de que el acceso a un internet relativamente libre y abierto está llegando rápidamente a su fin en Occidente? En China y otros regímenes autocráticos los líderes simplemente manipularon internet a su voluntad, censurando el contenido que amenaza sus gobiernos. Pero en el "democrático" Occidente se está haciendo de manera diferente. El Estado no tiene que interferir directamente, subcontrata su trabajo sucio a las corporaciones.


Tan pronto como el próximo mes la red podría convertirse en el juguete exclusivo de las mayores corporaciones de ese tipo, decididas a obtener la mayor ganancia posible fuera del ancho de banda. Mientras tanto, las herramientas que nos permiten involucrarnos en el pensamiento crítico, la disidencia y la movilización social se eliminarán a medida que la "neutralidad de la red" se convierta en una nota histórica, una fase inicial, la del "crecimiento" de internet.


En diciembre la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) planea revocar regulaciones ya comprometidas puestas para mantener una apariencia de “neutralidad de la red”. Su presidente, Ajit Pai, y las corporaciones que son proveedoras de servicios de internet quieren eliminar estas reglas, al igual que el sector bancario se deshizo de las regulaciones financieras para poder inflar nuestras economías en esquemas ponzi gigantes.


Eso podría servir como el golpe final a la izquierda y su capacidad para hacer que su voz se escuche en el ámbito público.


Fueron los líderes políticos, ayudados por los medios corporativos, quienes allanaron el camino para este paso con su fomento de un pánico moral egoísta sobre las "noticias falsas". Argumentaron que las noticias falsas aparecieron solo en internet, no en las páginas de los medios corporativos, los mismos medios que nos vendieron el mito de las armas de destrucción masiva en Irak y han preservado de manera tan efectiva un sistema de partido único con dos caras. Al parecer el público necesita estar protegido solo de los blogueros y los sitios web.


Rápidamente respondieron los gigantes de las redes sociales. Cada vez está más claro que Facebook está interfiriendo como una plataforma para la difusión de información para activistas progresistas. Ya está cerrando cuentas y limitando su alcance. Estas tendencias solo se acelerarán.


Google ha cambiado sus algoritmos de forma que ha garantizado que los rankings de los motores de búsqueda de los sitios prominentes de la izquierda caigan por el piso. Cada vez es más difícil encontrar fuentes alternativas de noticias porque se ocultan activamente a la vista.


Google intensificó ese proceso esta semana "desclasificando" RT y Sputnik, dos sitios rusos de noticias que proporcionan un contrapeso importante -aun cuando haya sesgo pro-Rusia en su agenda- a la propaganda antirrusa lanzada por los medios corporativos occidentales. Los dos sitios serán censurados en internet para la gran mayoría de los usuarios.


RT está lejos de ser una fuente perfecta de noticias -ningún medio estatal o corporativo lo es- pero es una voz vital para tener en línea. Se ha convertido en un santuario para muchos que buscan críticas alternativas y a menudo mucho más honestas, tanto de la política interna de Occidente como de la intervención occidental en tierras lejanas. Tiene su propia agenda política, por supuesto, pero a pesar de la suposición de muchos liberales occidentales proporciona una imagen mucho más precisa del mundo que los medios corporativos occidentales sobre una amplia gama de cuestiones.


Eso es por una buena razón. Los medios corporativos occidentales están ahí para apuntalar prejuicios que han sido inculcados en las audiencias occidentales a lo largo de toda su vida, el principal es que los estados occidentales actúan legítimamente como policías bienintencionados, aunque de vez en cuando torpes, tratando de mantener el orden, entre otras situaciones, en estados malvados o indisciplinados en todo el mundo.


Los medios y la clase política pueden aprovechar fácilmente estos prejuicios para persuadirnos de todo tipo de mentiras que fomentan los intereses occidentales. Para tomar solo un ejemplo, Irak. Nos dijeron que Saddam Hussein tenía vínculos con al-Qaeda (no los tenía y no pudo haberlos tenido), que Irak poseía con armas de destrucción en masa (no las tenía tal como los inspectores de armas de la ONU intentaron decirnos) y que los Estados Unidos y el Reino Unido querían promover la democracia en Irak (pero no antes de que hubieran robado su petróleo). Puede haber habido oposición en Occidente a la invasión de Irak, pero estaba mínimamente impulsada por una apreciación de que estos elementos de la narrativa oficial eran fácilmente verificados como mentiras.


RT y otras fuentes de noticias en inglés no occidentales proporcionan una lente diferente a través de la cual podemos ver eventos muy importantes con perspectivas que no se ven opacadas por una agenda occidental patricia.


Las fuentes y los sitios progresistas están siendo gradualmente silenciados y puestos en la lista negra, llevándonos nuevamente a los brazos de los propagandistas corporativos. Pocos liberales están dispuestos a alzar la voz en nombre de RT, olvidando las advertencias de la historia, como el poema antinazi de Martin Niemoller "Primero vinieron a por los socialistas".


Las reglas existentes progresistas y disidentes de "neutralidad de la red" ya están fallando, como dejan claro los desarrollos que he señalado antes. Porque sin ellas las cosas empeorarán. Si los cambios se aprueban el próximo mes los proveedores de servicios de internet (ISP), las empresas que nos conectan a internet, también podrán decidir qué debemos ver y qué queda fuera de nuestro alcance.


Gran parte del debate se ha centrado en el impacto de poner fin a las reglas de las empresas comerciales en línea. Es por eso que Amazon y sitios pornográficos como Pornhub han liderado la oposición. Eso está eclipsando la amenaza más significativa para los sitios progresistas y los principios de la libertad de expresión que ya están en conflicto.


Al In-System Programming (ISP) se le dará una mano mucho más libre para determinar el contenido que podemos recibir en línea. Podrán ralentizar las velocidades de acceso de los sitios que no son rentables, lo cual es cierto para los sitios de activistas, por definición. Pero también pueden estar facultados para imponer la censura al estilo chino, ya sea por iniciativa propia o bajo presión política. El hecho de que esto pueda justificarse por motivos comerciales, no políticos, será de poca ayuda.
Las personas comprometidas con encontrar noticias reales pueden encontrar soluciones. Pero esto es un pequeño consuelo. La gran mayoría de las personas utilizará los servicios que les brindan y no se darán cuenta de lo que ya no está disponible.


Si se necesita cierta edad para acceder a un sitio web, simplemente harán clic en cualquier otro lugar. Si una búsqueda en Google muestra solo los resultados corporativamente aprobados, leerán lo que se ofrece. Si su servidor de Facebook se niega a proporcionar contenido "no rentable" o "falso", no se enterarán. Pero todos los que nos preocupamos por el futuro seremos los más empobrecidos.

Jonathan Cook*
Counter Punch

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


*Jonathan Cook ganó el Premio Especial Martha Gellhorn de Periodismo. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su web es www.jkcook.net .
Fuente: https://www.counterpunch.org/2017/11/24/from-an-open-internet-back-to-the-dark-ages-2/

Martes, 07 Noviembre 2017 08:11

Capitalismo vs. Privacidad

Capitalismo vs. Privacidad

 

El capitalismo informacional ha convertido Internet en un medio de control social

 

En el discurso popular, el autoritarismo suele ser considerado la dramática antítesis del capitalismo liberal, y las pretendidas diferencias entre ambos no están en ningún lugar más marcadas que en sus actitudes con respecto a la privacidad. Mientras en el mundo liberal capitalista se considera que la casa de cada persona es su castillo, en los regímenes autoritarios no es más que otra jaula monitorizada por el Estado.

Hoy en día, sin embargo, la privacidad está desapareciendo entre los muros de las democracias capitalistas avanzadas y las corporaciones multinacionales, alzando la bandera de la transparencia total, son las que lideran el ataque.

En 1999, Scott McNealy, entonces director ejecutivo de Sun Microsystems, afirmó en unas conocidas declaraciones: “De todos modos, ahora usted tiene cero privacidad. Asúmalo.” El director ejecutivo de Google Enric Schmidt advertía: “si tienes algo que no quieres que nadie conozca, quizás en primer lugar no deberías estar haciéndolo.” Mark Zuckerberg, el sexto hombre más rico del mundo, decidió que la privacidad ya no era una norma social, “así que solo fuimos a por ella”, mientras que Alexander Nix, de la empresa de datos Cambridge Analytica -conocida por haber sido contratada para las campañas del Brexit y de Trump- presume de que su compañía “retrató la personalidad de todos y cada uno de los adultos en los Estados Unidos de América.”

En nuestros días, la retórica de los capitalistas privados resulta indistinguible de la retórica de los tiranos de Estado. Sus guiones son cada vez más similares. Sus diferencias se han exagerado siempre, si no imaginado, pero una vez pudimos confiar en que al menos se expresasen de formas diferentes. ¿Qué ha cambiado?

 

La ruptura del vínculo

 

En tanto que sistema económico fundado en la idea de una esfera privada -compuesta por individuos privados que poseen propiedad privada y generan beneficio privado en mercados privados- se supone que el capitalismo protege la privacidad individual. La santidad del reino de lo privado presuntamente asegura la máxima libertad para el individuo, ya que productores y consumidores se encuentran allí libres de interferencias indeseadas del Estado y de vecinos entrometidos.

Los detractores del capitalismo han condenado siempre su tendencia a vaciar lo común y aislar a cada persona en su burbuja privada, pero sus simpatizantes celebran esta atomización. “La civilización,” escribió Any Rand en 1943, “es el progreso hacia una sociedad de la privacidad. Toda la existencia del salvaje es pública, gobernada por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso de liberar al hombre de los hombres.” Desde esta perspectiva, el énfasis del capitalismo en la protección de la esfera privada y de la resultante privacidad lo convirtió en el gran civilizador del mundo.

Ya en los años setenta, sin embargo, el vínculo entre el capitalismo y la privacidad individual comenzaba a romperse. En 1977, el jurista de derechas Richard Posner postulaba su “teoría económica de la privacidad,” publicándola finalmente como artículo en 1984. En ella, argumentaba que la privacidad individual es un estorbo para el capitalismo, al interrumpir el libre flujo de información que los mercados necesitan para ser eficientes. La conclusión de Posner fue que “las personas no deberían y mucho menos por motivos económicos- tener un derecho a ocultar hechos materiales sobre sí mismas.”

Posner estaba escribiendo para el Chicago Unbound, la revista jurídica de la Universidad de Chicago, el epicentro de la tormenta neoliberal que se estaba extendiendo alrededor del mundo. Milton Friedman fue uno de los colegas más cercanos a Posner y a menudo se incluye al mismo Posner en el paraguas de la Escuela de Chicago. Las raíces capitalistas de Posner -con su infinita exaltación del individuo privado- hizo todavía más sorprendentes sus argumentos contra la privacidad individual. El romance entre privacidad y capitalismo, dado por sentado durante mucho tiempo por liberales de pocas miras, se reveló como la más frívola de las relaciones: un matrimonio de conveniencia que ya no era conveniente.

En la era digital, esta relación se ha vuelto aún más problemática. En Internet ha emergido una nueva forma de capitalismo, que ha dado en llamarse capitalismo informacional, capitalismo digital, o capitalismo de la vigilancia. La información personal es la savia de la nueva economía: las compañías acumulan los datos de sus usuarios para vendérselos a los publicistas y generar ingresos. Cuanto más saben las compañías de los individuos, mejor pueden adecuar sus anuncios, aumentar sus “tasas de conversión” y acumular beneficios.

Hay, sin lugar a dudas, mucho dinero en juego. En el tercer trimestre de 2016, se invirtió un total de 17.600 millones de dólares en publicidad digital, un 20 por ciento más que el año anterior.

Facebook y Google se han convertido en un duopolio en este nuevo contexto, reportando alrededor de la mitad del total; de los 2.900 millones de crecimiento del último año, la pareja fue responsable de un notable 99 por ciento. En el proceso, han llegado a ser las dos empresas de más rápido crecimiento de la historia del capitalismo, con una habilidad para recoger, monitorizar y vender datos de los usuarios de formas que las demás compañías solo pueden imaginar. Su patrimonio colectivo neto es de 800 billones de dólares, más que el PIB total de los Países Bajos.

Ambos modelos de negocio muestran que, en el capitalismo informacional, la privacidad ya no pone obstáculos a la obtención de beneficios: la privacidad impide los beneficios. La creencia de que se debe permitir a los individuos controlar su información personal ahora contradice al mismo proceso capitalista de generación de beneficios. Lejos de proteger a los individuos privados de la interferencia externa, como imaginó Ayn Rand, las empresas ahora quieren conocer a los individuos tan bien como se conocen ellos mismos. Las empresas se esmeran en alcanzar la transparencia perfecta, de modo que, en palabras del economista jefe de Google, Hal Varian, el motor de búsqueda “sabrá lo que quieres y te lo dirá antes de que plantees la pregunta”.

Podríamos encontrar consuelo en el hecho de que el poder de estas compañías es distinto a la fuerza del Estado -pensar que, si su intención es orientar sus anuncios de forma más eficaz y vender los datos de manera más rentable, esto también podría redundar en beneficio del usuario.

Mucha gente disfruta utilizando un servicio que le conoce bien y reconoce sus hábitos personales, sus preferencias e intereses. La calidad de su experiencia aumenta con la cantidad de información personal que entregan -¿y quién no quiere servicios mejores?

Pero los peligros existen. Pese a que muchos de los datos que recogen las empresas tecnológicas son frívolos, debemos ser precavidos con el efecto de la agregación: tomada individualmente, cada pieza parece inocua; tomada en conjunto, revela una imagen íntima de nosotros.

Sin embargo, esto todavía no llega al corazón del problema. La mayor amenaza no está tanto en qué saben las empresas, sino en cómo utilizan dicho conocimiento. Los servicios que ofrecen son sugestivos, repletos de comodidades y nuevas posibilidades, adaptados a todas nuestras necesidades. Pero cuando cedemos mucha información personal a las empresas, les otorgamos increíbles poderes y responsabilidades. El conocimiento puede significar poder, pero la información a menudo significa dominación.

Y desde los primeros esfuerzos por recopilar datos a gran escala en el siglo XIX, las empresas han estado utilizando la tecnología para ejercer un control social masivo.

 
La máquina tabuladora de Hollerith

 

En 1880, con una población en aumento, un territorio en expansión y un deseo cada vez más profundo de estadísticas -unido a una completa falta de estrategia tecnológica- los datos recopilados por el Censo de los Estados Unidos tardaron casi una década en ser procesados. Para cuando se presentó el siguiente censo, en 1890, el tiempo de procesamiento se había reducido a tres meses.

Un joven ingeniero estadounidense, Herman Hollerith, inventó el sistema que permitió esta increíble aceleración. Inspirado por los revisores de tren, usó tarjetas perforadas para tabular automáticamente información sobre el conjunto de la población, en base a un conjunto de características estandarizadas, desde la raza y el género hasta niveles de alfabetización y religión. La máquina tabuladora de Hollerith, como se la conoció, es ahora reconocida como el primer sistema de información que reemplazó con éxito a la pluma y el papel. Países de todo el mundo lo utilizaron para recopilar datos sobre sus ciudadanos.

En 1911, Hollerith vendió su empresa y los derechos de su máquina en una fusión empresarial, formando la que ahora se conoce como la International Business Machines Corporation (IBM). Bajo el liderazgo de Thomas J. Watson, un hombre admirado como el “mejor vendedor del mundo”, IBM llegaría a ser propietaria del 90 por ciento de todas las máquinas de tabulación en los Estados Unidos. Las enviaron allí donde llamara el dinero.

Durante la década de 1930, llamó desde el Tercer Reich de Adolf Hitler. Bajo la dirección de la filial alemana de IBM, la máquina de Hollerith localizó a los judíos y facilitó su “procesamiento”. Los infames números tatuados en los brazos de los prisioneros eran números de identificación de IBM, coincidentes con su lugar individual en el sistema de tarjetas perforadas de la compañía. Los nazis recompensaron a Watson por sus servicios en 1937 con la prestigiosa Orden del Águila Alemana. Aunque devolvió el premio en 1940, su compañía continuó ayudando a Alemania durante la guerra.

No es que IBM apoyara explícitamente a los nazis; simplemente se despreocupó de los fines a los que pudiera servir su tecnología. En el mismo período, completó un proyecto similar para los Estados Unidos: enviar a los estadounidenses de origen japonés -más de cien mil de ellos- a los campos de internamiento de la costa este.

Las perversas colaboraciones de IBM durante la Segunda Guerra Mundial pueden representar un caso extremo, pero sería ingenuo dejar de tenerlas en cuenta por ello. De hecho, las acciones de la compañía encarnan una verdad muy manida: las empresas y los Estados han compartido regularmente intereses y han trabajado juntos para obtener ganancias mutuas.

Esto sucede al margen de principios morales. Después de todo, el capitalismo coexiste tan felizmente con dictaduras (Chile bajo Pinochet o la China de hoy) como lo hace con las democracias. El capitalista, guiado por su gran espíritu emprendedor, ve cada nuevo escenario como un nuevo conjunto de oportunidades. La única pregunta que queda es quién está listo para explotarlas.

 
El traje nuevo del Gran Hermano

 

La filtración masiva de documentos de la NSA en 2013 por parte de Edward Snowden reveló el rol activo que juegan las empresas en la vigilancia de Estado. Hizo patente la completa “difuminación de los límites públicos y privados en las actividades de vigilancia" con “colaboraciones e interdependencias constructivas entre las autoridades de seguridad del Estado y las empresas de alta tecnología”.

Facebook, Google y otros sitios web se habían convertido en las nuevas cámaras de videovigilancia del gobierno, pero con una gran diferencia: no solo habíamos normalizado estas nuevas tecnologías de vigilancia, sino que disfrutábamos activamente de su compañía.

Tras una fachada de lealtad al usuario, las compañías de tecnología ganan miles de millones prometiendo al público una cosa y al gobierno la contraria. Como reveló Snowden, Microsoft proclama que “es importante que tengas control sobre quién puede y no puede acceder a tus datos personales en la nube”, mientras trabaja con el gobierno americano para proporcionar un acceso más fácil a esos mismos datos.

Esta nueva encarnación de la vigilancia combina la distopía de Orwell con Un mundo feliz de Aldous Huxley. En la creación de Orwell, un Estado autoritario de la vigilancia mantiene el orden; en la de Huxley, la automedicación de soma, una droga antidepresiva que mantiene a todos sonrientes, hace el mismo trabajo. Hoy, la vigilancia se lleva a cabo menos por un Gran Hermano que por un conjunto de Mejores Amigos: estos servicios recuerdan nuestros cumpleaños, responden a nuestras preguntas sin emitir juicios y sugieren películas y libros que nos pueden gustar. Lejos de basarse en el miedo, el nuevo sistema de vigilancia es divertido, atento y útil. Cuando Facebook quebró en algunas ciudades de EEUU durante el verano de 2014, muchos estadounidenses llamaron al 911.

Las empresas tecnológicas nos aseguran que sus productos se centran en nosotros, los clientes. Pero esto no solo oculta sus propios propósitos de obtener ganancias sino también su perfecta armonía de intereses con el Estado. Los gobiernos permiten a las empresas recopilar sistemáticamente información individual -sin importar los riesgos o consecuencias que esto pueda presentar para los consumidores- porque los gobiernos reciben acceso a esos datos a cambio. Las empresas, por su parte, entregan los datos a los gobiernos porque reciben a cambio una legislación favorable.

Esta armonía se vuelve aún más evidente cuando uno examina las puertas giratorias entre el Estado y las compañías tecnológicas. El Center for Responsive Politics descubrió recientemente que las cinco mayores firmas tecnológicas -Apple, Amazon, Google, Facebook y Microsoft- gastaron 49 millones de dólares en lobbying solo en 2015, más del doble de los 20 millones que gastaron los cinco bancos más grandes y aproximadamente 3 millones más que las cinco compañías petroleras más grandes.

Durante los mandatos Obama, la industria tecnológica se afincó en Washington. Casi doscientas personas que trabajaban para la administración de Barack Obama en 2015 estaban trabajando para Google a finales de 2016, mientras que cincuenta y ocho se movieron en la dirección opuesta. Con Obama, los ejecutivos de Google se reunían en la Casa Blanca más de una vez a la semana de promedio.

A pesar de que Silicon Valley se inclina por los demócratas, también ha encontrado una situación favorable en la Casa Blanca de Trump. El multimillonario de Silicon Valley Peter Thiel es ahora uno de los principales asesores de Trump, y una de las primeras medidas del presidente después de las elecciones fue celebrar una cumbre tecnológica en la Trump Tower, invitando a diversos líderes a una recepción que ninguna otra industria recibió. “Estoy aquí para ayudarles, amigos”, prometió.

 
Una herramienta de control

 

En 1990, Internet parecía prometer una era de nueva libertad y de mayor conectividad global. Cuando el profesor de derecho de Harvard Lawrence Lessig expresó su inquietud en 2000, no fue escuchado. “Fuera de nuestro control”, advirtió, “el ciberespacio se convertirá en una herramienta de control perfecta”. Pocos estuvieron de acuerdo: “Lessig no ofrece muchas pruebas de que una pérdida de privacidad y libertad al estilo soviético esté en camino”, se burló un revisor escéptico.

Han pasado diecisiete años y ahora tenemos un aparato de vigilancia que excede al de cualquier Estado autoritario del pasado.

Pero no debemos reducir los riesgos del capitalismo informacional a la vigilancia gubernamental. La filosofía subyacente de estas compañías tecnológicas representa una amenaza a la libertad en sí misma. La ideología de Silicon Valley ha saturado el ciberespacio y está reconstruyendo el mundo a su imagen, probablemente superando todo lo que Lessig anticipó.

Los directores ejecutivos de las empresas tecnológicas celebran el presente como “la era más mensurable de la historia”, equiparando la recopilación de información con el ideal ilustrado de descubrimiento de conocimiento. Las corporaciones nos prometen que, siempre que tengan acceso a la información de todos, pueden corregir todos los errores de la sociedad. Esta idea sintetiza la mentalidad Big Data: resolver los problemas humanos requiere únicamente recopilar la información suficiente. Con plena fe en esta ideología, la mayoría de los capitalistas de la información están de acuerdo con Varian, el economista jefe de Google: cualquier resistencia a la pérdida de privacidad se disipará porque “las ventajas en términos de conveniencia, seguridad y servicios serán enormes”.

Pero esta comprensión del progreso basado en los datos constriñe al individuo. La privacidad debe ser un espacio de experimentación creativa, un lugar en el que el individuo puede tomar distancia de los juicios y controles externos. Un mundo sin privacidad, por el contrario, corre el riesgo de la uniformización y el conformismo. Al menos idealmente, las experimentaciones privadas de los individuos desafían las normas e ideologías dominantes; esta fricción, continúa el argumento, empuja a la sociedad hacia adelante. Sin embargo, bajo el capitalismo informacional, el progreso, que una vez exigió respeto por la privacidad, ahora exige su rechazo.

Bajo el capitalismo del Big Data, la privacidad del individuo queda subsumida en una ideología de progreso vinculada a la obtención de beneficios. Si el liberalismo sostenía que restringir la libertad de expresión es particularmente malo, pues “supone un robo a la especie humana”, el capitalismo informativo defiende que la negativa a compartir información personal es el verdadero robo a la especie humana. Mantener algunos aspectos de uno mismo en privado ahora se interpone en el camino del progreso.

Es sorprendente como el concepto de progreso de Silicon Valley se alinea tan perfectamente con sus propios intereses económicos. Esta ideología no solo promueve la tecnología como la solución a todos los problemas -¿y quién será el encargado de suministrar la tecnología?-, sino que además hace depender tanto los beneficios como el progreso de la existencia de un mismo recurso: cada vez más información personal. Sin embargo, la armonía entre el progreso y el beneficio no es perfecta y esta contradicción es lo que mejor revela el rostro autoritario del Silicon Valley.

Mientras que en términos de “progreso” estas compañías tecnológicas se presentan a sí mismas como pioneras radicales -se mueven rápido y cambian las cosas, como dice el mantra-, cuando se trata de obtener ganancias esta “radicalidad” enmascara un deseo de perfecto conformismo. Como señala la especialista en privacidad Julie Cohen, el capitalismo informacional desea en última instancia “producir ciudadanos consumidores manejables y predecibles, cuyos modos preferidos de autodeterminación se desarrollen a lo largo de trayectorias predecibles y generadoras de beneficios”.

Para hacerlo, estas firmas tecnológicas establecen una densa red de opciones -como en las sofisticadas recomendaciones de Spotify y Netflix- adaptadas a una versión particular de la identidad de un individuo, “diseñadas para promover opciones consumistas y generadoras de beneficios que sistemáticamente desfavorecerán las innovaciones diseñadas para promover otros valores”. Como expone el ex especialista en ética de diseño de Google, Tristan Harris, “si controlas el menú, controlas las elecciones” -y si controlas las elecciones, estás controlando las acciones-.

El capitalismo siempre ha tratado de alinear las ambiciones de la sociedad con las suyas propias. Con Internet, este objetivo está más cerca de cumplirse. Existen pocas fuerzas opositoras, si aún las hay. De los quince sitios web más visitados del mundo, solo uno, Wikipedia, no opera bajo la lógica de Silicon Valley. Teniendo en cuenta la creciente importancia de Internet como un espacio para el desarrollo humano, la penetrante influencia de esta ideología no puede ser saludable para una sociedad diversa y democrática. Esta dinámica no hace más que intensificarse cuando dos compañías, Google y Facebook, prácticamente controlan el mercado.

Como lugar de auto-creación, discusión pública y organización social, Internet influye en la forma de estructurar nuestro pensamiento, nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. Hoy, es un espacio construido casi exclusivamente con el objetivo de maximizar los beneficios.

En una burla de su promesa utópica inicial, Internet se ha convertido no solo en una herramienta de vigilancia masiva, sino también en una tecnología de publicidad avanzada y un medio de control social.

Si queremos desafiar este estado de las cosas, debemos comenzar por tener conversaciones más significativas sobre la Internet que queremos. Es algo demasiado importante como para que siga siendo un dominio exclusivo de las empresas.

Los datos, si se deben recopilar, deben democratizarse, no filtrarse a través de algoritmos secretos para obtener beneficios privados. Hasta que se rompa el control tiránico de Internet, en el capitalismo informacional los peligros solo se profundizarán. Como con todas las tiranías, las vidas de los ciudadanos serán cada vez más transparentes, mientras que las actividades de los poderosos serán cada vez más opacas.

 

Samuel Earle: Periodista independiente que escribe en distintos medios.


Fuente: https://www.jacobinmag.com/2017/04/google-facebook-informational-capitalism


Traducción: Sara Suárez Gonzalo

 

Publicado enSociedad
Guerras eternas: EU, con presencia militar en 172 países

 

Algo chistoso sucedió en medio de otra controversia más provocada por el comportamiento del presidente esta semana: se descubrió otro frente más de la aparente infinita “guerra contra el terrorismo” de Estados Unidos.

Pocos dentro y fuera del gobierno sabían que casi mil militares estadunidenses operan en Níger hasta que cuatro de ellos murieron en un enfrentamiento, uno de los cuales detonó otra controversia ya que el comandante en jefe Donald Trump no se acordó de su nombre cuando llamó a su viuda para consolarla la semana pasada.

Al inicio, toda la atención giró sobre el asombroso intercambio entre Trump y la familia de uno de los soldados caídos en una emboscada en el país africano, algo que ha continuado hasta ahora. Trump de nuevo insistió el miércoles en que todos menos él están mintiendo, incluyendo la viuda del soldado, quien sostiene que Trump no recordó el nombre de su marido cuando la llamó para consolarla, afirmando que tenía “una de las mejores memorias de todos los tiempos”, y se ufanó de haberse cominicado con todas las familias, más que sus antecesores, entre otras cosas que después han sido disputadas.

Trump enfatizó que fue sumamente cordial y “muy cortés” con la viuda del sargento La David Johnson. Preguntado sobre las críticas de senadores de su propio partido por, entre otras cosas, su capacidad como comandante en jefe, y sus respuestas descalificándolos, se quejó de que “la prensa me hace parecer más incivilizado de lo que soy. Fui a una universidad del Ivy League, fui un estudiante agradable, y me fue muy bien. Soy una persona muy inteligente”.

Mientras el comandante en jefe presumía de qué tan bueno e inteligente es, otros empezaron a preguntar qué fue lo que sucedió en Níger el 4 de octubre y la naturaleza de la misión militar estadunidense ahí y en esa región en general.

Los legisladores encargados de supervisar al Pentágono no estaban enterados de la operación ni de las dimensiones de la presencia estadunidense. El influyente senador republicano y “halcón” pro militar Lindsey Graham del Comité de Fuerzas Armadas dijo que “yo no sabía que había mil tropas [estadunidenses] en Níger”. El líder de la minoría demócrata de la cámara alta Chuck Schumer también afirmó que no sabía de la presencia de tantas tropas de su país ahí. El presidente del Comité de Fuerzas Armadas y veterano de guerra John McCain insistió en que el Pentágono - que después informó que tiene 800 efectivos en Níger- debe proporcionar más información sobre sus operaciones en África.

Ante ello, ahora se abrió un debate sobre la autorización del comandante en jefe de enviar tropas para operaciones bélicas sin autorización expresa del Congreso. Hasta ahora, bajo Trump como sus antecesores, estas operaciones son consideradas autorizadas por la orden aprobada en 2001 por el gobierno estadunidense para el uso de fuerza militar inmediatamente después de los atentados del 11-S, pero algunos dicen que es hora de que el Congreso limite o por lo menos autorice ese despliegue de fuerza internacional.

Todo esto es parte de las guerras más largas de la historia del este país que se lanzaron a partir y con la justificación del 11-S de 2001. Según datos oficiales, Estados Unidos hoy día tiene más de 240 mil tropas desplegadas en por lo menos 172 países -o sea, casi todo país en el planeta- más otros 40 mil que aparentemente están en misiones secretas ya que el Pentágono no revela dónde están ubicados más que en lugares desconocidos.

La lista de países donde hay militares estadunidenses incluye lugares menos conocidos como Níger, hasta ahora, junto con Jordania, Tailandia y Somalia además de los frentes más conocidos como Afganistán, Irak, Siria y Yemen. El Pentágono informó -después de lo ocurrido en Níger- que tiene aproximadamente 6 mil efectivos en 53 países en África.

Más allá de decenas de miles de tropas que han permanecido durante décadas en Europa o Japón y Corea del Sur desde que Estados Unidos se convirtió en el superpoder militar desde la era de la Segunda Guerra Mundial, a partir de 2001, las invasiones de países (Irak, Afganistán) más la ampliación de la llamada “guerra contra el terror”, ahora la misión militar en diversas regiones gira en torno al “contra-terrorismo”, con un nuevo perfil para las fuerzas especiales y nuevas tecnologías como los drones. Estas no se llaman intervenciones militares ni guerras, sino cosas como “operaciones de contingencia”. Aunque el nivel total de tropas estadunidenses desplegadas en el exterior se ha reducido durante las últimas décadas, su alcance es tal vez más amplio.

Vale señalar que esto no es promovido solo por Trump, el Congreso ya aprobó unos 700 mil millones para el presupuesto militar del próximo año –más de los que había solicitado el comandante en jefe.

El nuevo comandante en jefe carece de credibilidad y genera preocupación no solo por su carácter ya tan comentado, ni por sus afirmaciones insultantes durante su campaña de que él era más inteligente que los generales, sino también porque evadió el servicio militar. Cuando el servicio era obligatoria durante la guerra de Vietnam, Trump, como muchos hijos de ricos, obtuvo aplazamientos médicos de su servicio en cinco ocasiones, con el diagnóstico de esporas de hueso en el pie. El senador McCain, quien es veterano condecorado de guerra de Vietnam y prisionero de guerra, hizo alusión a eso hace unos días, cuando comentaba sobre esa guerra y cómo el reclutamiento obligatorio se aplicó a “los de ingresos más bajos... mientas que el nivel de ingreso más alto encontraba un doctor que diría que tienen una espora de hueso. Eso está mal“.

Mientras tanto, ante las tensiones con Corea del Norte que en un momento llevaron al comandante en jefe a declarar que se tenía que contemplar “destruir totalmente” ese país -no dijo su aparato militar, ni su complejo nuclear, sino todo el país lo cual tendría que incluir sus 25 millones de habitantes- ha regresado al centro de atención ya que Trump, calificado como mentalmente inestable por expertos -tiene su dedo sobre el botón del arsenal nuclear más grande del mundo, con unas 4 mil ojivas.

Trump no solo ha amenazado con el uso de las armas nucleares sino que aparentemente sugirió, en una reunión en julio, que ese arsenal actual debería de multiplicarse por 10. Fue ese comentario por el que supuestamente su secretario de Estado Rex Tillerson habría dicho que su jefe era “un ímbecil”.

Por hora, bajo la Ley de Energía Atómica de 1946, el presidente tiene el control exclusivo para lanzar bombas nucleares. “Podría desatar la fuerza apocalíptica del arsenal nuclear solo por su palabra, y en minutos”, recuerda el New York Times en un editorial reciente.

No por nada el Congreso está considerando promover una ley prohibiendo al presidente lanzar un ataque nuclear sin una declaración de guerra por el poder legislativo.

El experto militar y ex coronel Andrew Bacevich, escribiendo en TomDispatch.com, afirma que hoy día dos hechos son indisputables: Estados Unidos está permanentemente involucrado en operaciones de conflicto en por lo menos siete países, y el segundo es que a la gran mayoría de los estadunidenses no les importa. “En el Estados Unidos del siglo 21, la guerra ya no es gran tema... los estadunidenses podrían no darle la bienvenida [a la guerra] pero han aprendido a vivir con ella”.

 

 

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Domingo, 01 Octubre 2017 09:28

El retrato de una realidad permanente

Vigilancia policial y militar en la Rocinha esta semana.

 

Tras la invasión narco a la favela Rocinha, llegaron los militares en Brasil

Durante toda la semana de ocupación, y pese a los tiroteos, un único ramo de comercio no fue interrumpido: la venta de drogas, que no cesó. Cuando la tensión produce tiroteos, vienen las fuerzas armadas, se quedan un ratito y se van.

 

En la madrugada del domingo 17 de septiembre, un grupo de entre 60 y 90 hombres invadió la Rocinha, la más poblada y famosa favela de Río de Janeiro. Era un intento de retomar el control del muy lucrativo tráfico de drogas de la comunidad implantada en plena zona sur de la ciudad, donde viven los ricos más ricos. Lo que pasó a continuación fue algo muy semejante a una guerra civil en miniatura. Durante seis días con sus seis noches, frente a fuerzas de seguridad absolutamente inertes – hay escenas de grupos armados de fusiles y ametralladoras poderosas desfilando delante de policiales mal armados, mal preparados, mal pagados y frecuentemente corruptos – la Rocinha vivió momentos de horror.

Al mediar la tarde del viernes día 22 las fuerzas militares empezaron a ocupar la favela. Llegaron los blindados, los vehículos cargados de casi mil soldados subieron por las calles hasta donde ellas llegan. Lo que viene después es una intrincada red de callejones que se van estrechando hasta transformarse en pasillos. Todo un espectáculo, por cierto. Mientras duró la guerra entre los dos bandos de traficantes todo –todo– cerró en la favela habitada por al menos 80 mil personas: escuelas, comercio, puestos de salud, todo.

Algunos de los barrios más nobles de Río de Janeiro – San Conrado, Gávea, Jardin Botánico y Leblon, el metro cuadrado más caro de América Latina – vivieron en alarma permanente, con pavor de que sus calles fuesen escenario de tiroteos. Es que los traficantes son conocedores absolutos de la región de cerros cubiertos por la Floresta da Tijuca, una de las mayores matas urbanas del mundo. Saben cómo usar y cómo ocultarse en todas las trillas ocultas por árboles inmensos que unen la Rocinha al resto de la ciudad, especialmente los barrios limítrofes.

Los hombres del Ejército y la Marina se quedaron en la favela hasta el viernes 29. En esa semana hubo tiroteos intensos, algunos con más de media hora de duración. Resultado final del operativo: fueron aprehendidos 25 fusiles, 14 granadas, siete bombas caseras. Cuatro traficantes fueron muertos, otros 26 detenidos, de los cuales dos menores.

¿Qué cambió? Bueno, durante los días en que las tropas ocuparon la Rocinha se supo que “Rodrigo 157”, el narco que traicionó a su jefe – quien, por cierto, está en un presidio de seguridad máxima a miles de kilómetros de distancia pero aun así ordenó a sus aliados que habían sido expulsados de la región que la ocupasen para recuperar el negocio – y luego resistió a la invasión, había buscado abrigo en otra favela en otro extremo de la ciudad. Salen los del Ejército y la Marina, vuelve la tropa de elite de la Policía Militar. Si Rodrigo vuelve, las fuerzas armadas volverán, dijo el ministro de Defensa Raúl Jungmann. Pero, ¿dónde está Rodrigo? Nadie sabe. Lo más probable es que ya esté de regreso a su feudo.

Durante toda la semana de ocupación, y pese a los tiroteos, un único ramo de comercio no fue interrumpido: la venta de drogas no cesó. En volumen considerablemente menor, por cierto. Pero siguió. Los habitantes de la Rocinha vuelven, pues, al cotidiano: dominados por un traficante autoritario y violento, que además de extorsionarlos a cada tanto implanta el toque de queda en vastas áreas de la favela y que, cuando contrariado, no duda en ordenar puniciones que van de la amputación al estupro, llegando a sesiones de tortura o directamente al asesinato.

Un cotidiano, a propósito, que se repite –a veces de manera más perversa– en casi todas las favela’s de la región metropolitana de Río. La Rocinha, sin embargo, es diferente: está implantada en una región de espeluznante belleza natural. Y si otros barrios de clase media conviven con comunidades pobres con presencia de traficantes, la Rocinha colinda con zonas especialmente nobles de la ciudad. Un estudio conjunto de los servicios de inteligencia de las policías de Río, tanto la civil como la militar, y de las Fuerzas Armadas indica que existen en la región metropolitana 1.025 favela’s, y que el narcotráfico está instalado en 850 de ellas.

Además de los narcos, también están los ‘milicianos’, brigadas formadas por policías de ambas agrupaciones y hasta por bomberos. Los ‘milicianos’ rivalizan con los narcos en los abusos y excesos. Algunas favela’s son aisladas de otras, como la Rocinha, o agrupadas en comunidades, que son doce. Y nueve de ellas – las más pobladas– están directamente bajo control de los narcos (principalmente las que escurren de los cerros) o de los ‘milicianos’ (las horizontales, o sea, instaladas en terreno plano, como la Ciudad de Dios). Las más miserables están en la zona oeste o norte de la ciudad. Son también las más violentas.

Hace algunos años, el entonces gobernador de Río, Sergio Cabral, actualmente residiendo en un presidio y condenado (por ahora) a más de 40 años de cárcel por haber comandado un esquema de corrupción que se extendió por toda la administración y se hizo con al menos 200 millones de dólares, implantó las UPP’s (Unidad de Policía Pacificadora). El proyecto era ambicioso: además de ‘pacificar’, o sea, expulsar a los narcos, habría toda una amplia oferta de servicios como escuelas, cuadras deportivas, centros culturales, puestos de salud, escuelas. Lo que efectivamente hubo fue la ocupación de las favela’s por policiales militares. Todo lo demás quedó en promesa. Con el tiempo, los mismos policías pasaron a ser atraídos por los narcos, a base de soborno o amenaza.

Con la virtual quiebra de Río, todo se vino abajo. La violencia urbana de multiplicó por toda la ciudad, y en las favela’s el cuadro es de desesperanza. Líderes comunitarios repiten, en unísono, especialmente en las favela’s más pobres, que la tendencia es empeorar. Los más destacados estudiosos del cuadro coinciden en el desánimo. Para el sociólogo Ignacio Cano, coordinador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la universidad provincial de Río, a corto plazo todo lo que se puede esperar son intentos puntuales para parar los tiroteos. La socióloga Julita Lemgruber camina por la misma senda. Ella critica la opción de tratar la venta de drogas por la vía de la violencia, sin ninguna otra preocupación por cambiar la realidad de las comunidades.

Cuando la tensión produce tiroteos vienen las Fuerzas Armadas, se quedan un ratito y se van. Y la gente de las favela’s vuelve a su cotidiano de opresión y miedo. Si es así, ¿por qué tanto barullo por lo ocurrido en la Rocinha? La conclusión es una y una sola: porque está enclavada entre los ricos más ricos. Los que les tienen pavor a los pobres más pobres.

 

 

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