Dilma Rousseff y Javier Moreno, durante la conversación. DANIEL MORDZINSKI EL PAÍS

La expresidenta de Brasil defiende los avances de los gobiernos progresistas y esquiva la crítica plena a la crisis venezolana

 

Dilma Rousseff está convencida de que la desigualdad es la gran cuestión de nuestros tiempos. La primera presidenta de Brasil elegida en las urnas y destituida por el Congreso de su país en 2016, asegura que la oleada de gobiernos conservadores en América Latina está recortando los derechos de las mujeres y las minorías. En ese contexto, sostiene, “el gran error para la izquierda y los progresistas es creer que hay un consenso neoliberal que se tiene que seguir”.

Combativa y apasionada, la sucesora de Lula da Silva, reelegida y cesada en un episodio con heridas que permanecen abiertas, se metió en el bolsillo al público del Hay Festival, que acabó tomándose selfies con la política brasileña tras una de las conversaciones más esperadas de la cita cultural que se celebra anualmente en Cartagena de Indias, la ciudad amurallada del caribe colombiano.

“Nunca el mundo ha tenido tanta riqueza acumulada y tanta pobreza acumulada”, le aseguraba Rousseff este viernes a Javier Moreno, director de EL PAÍS AMÉRICA, en el Centro de Convenciones sobre la Bahía de las Ánimas. “Vivimos tal vez la etapa más compleja, en que la economía asumió todos los valores y proyectos del neoliberalismo”, planteó al apuntar al “aumento brutal de las desigualdades”, incluso en los países desarrollados, como el mayor desafío de la izquierda. “Es la gran captura cognitiva de nuestra época”, enfatizó.

“A la izquierda le tienen que interesar los hechos que el neoliberalismo le impone a la sociedad”, apuntilló al fustigar el pretendido consenso en torno a una ideología que reduce el papel del Estado. Para superar la extrema pobreza se necesita educación de calidad, salud y servicios que están bajo ataque con los actuales gobiernos conservadores. “El neoliberalismo ha abierto camino para el populismo de derecha”, sentenció Rousseff, una figura reivindicada por La democracia en peligro, el aclamado documental de Netflix que narra su proceso de destitución.

Dilma, como todos llaman en Brasil a una mujer que en su juventud fue detenida y torturada por la dictadura, concedió que también hay populismo de izquierda, y que en otros tiempos América Latina ha tenido una derecha que no era fascista ni neofascista como, argumentó, es el caso del Gobierno de Jair Bolsonaro. Acusó a esa alianza que incluye sectores del mercado, al cuestionado ministro de Justicia Sergio Moro —que antes fue el juez que persiguió a Lula—, los militares o las grandes corporaciones mediáticas, de vender la soberanía del gigante latinoamericano y entregar el Amazonas a la exploración minera. Para esos sectores que creen en el “marxismo cultural”, el comunismo se inflitró en los movimientos feministas y las actividades culturales y políticas.

¿Puede la izquierda organizada en partidos recoger el creciente malestar en las calles lationamericanas? ¿tiene futuro una izquierda que no sea feminista, o no defienda el medioambiente? “La extrema derecha en Brasil está en otra etapa”, abundó Rousseff al argumentar que el Partido de los Trabajadores, al que pertenecen ella y Lula, ha sido un abanderado las luchas de las mujeres y las minorías, así como la defensa del Amazonas y la reducción de la deforestación. La expresidenta también sostuvo que la izquierda, además de los partidos políticos, agrupa a los movimientos sociales que hoy están bajo ataque. “Nunca la izquierda hizo política sin considerar la importancia de los que nada tienen”.

La encrucijada que agobia a la izquierda también aplica a la socialdemocracia como al centro latinoamericano, defendió al esquivar una autocrítica plena. Cuando Moreno apuntó que Venezuela se ha convertido en un arma para agitar los miedos, y parte de la izquierda latinoamericana no consigue distanciarse con claridad del régimen de Nicolás Maduro, Rousseff se resistió a atacar de lleno al chavismo. “Yo no apoyaría, denunciaría la intervención militar en Venezuela”, contestó en ese contrapunteo sobre un proceso que, considera, se gesta en polos de poder ajenos a la región. “Lo que está en cuestión en Venezuela es el petróleo venezolano”, indicó.

Otro ídolo del progresimo latinoamericano irrumpió durante el intercambio. Moreno invocó una frase de José Pepe Mújica: “Hay que aprender de los errores cometidos y volver a empezar”. Con una notable rapidez mental, Rousseff lo complementó al recordar que la frase del entrañable expresidente uruguayo continúa diciendo que "no hay derrotas definitivas ni victorias definitivas".

Por SANTIAGO TORRADO

Cartagena de Indias 31 ENE 2020 - 15:06 COT

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A la salida de su reunión en la Casa Blanca, Trump despide a Netanyahu en la puerta de la Casa Blanca.

 

Hasta ahora la posición del gobierno estadounidense había sido defender un futuro acuerdo de paz que garantice la convivencia del Estado israelí con un flamante Estado palestino. Trump se desligó de esa posición y dijo que no será mediador.

 

En un giro para la política tradicional de Estados Unidos hacia el conflicto israelí-palestino, el presidente Donald Trump aprovechó la visita a Washington del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, y se distanció de la solución de los dos Estados. Además, alentó a palestinos e israelíes a “hallar la paz por sí mismos”.

Hasta ahora la posición del gobierno estadounidense había sido defender un futuro acuerdo de paz que garantice la convivencia del Estado israelí con un flamante Estado palestino. En esta ocasión, Trump evitó tomar posición y simplemente afirmó que puede aceptar la que acepte “Bibi” (apodo del premier Netanyahu) y los líderes palestinos. Se alejó de la solución de los dos Estados, pero bajo la premisa de que aceptará lo que ambas partes acuerden. “Yo puedo vivir con uno o dos Estados”, aseguró y de esta manera deja al sector más débil, los palestinos, a merced de una negociación donde cada día los avances son más difíciles.

Trump, además, se desligó de cualquier futuro rol como mediador (como ejecutaron muchos de sus antecesores en la Casa Blanca) y pidió que ambas partes hagan concesiones. En particular, a Israel le pidió que se contenga un poquito (la expansión) de los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados. Durante las últimas semanas, Israel aprobó la ampliación de diferentes colonias en Cisjordania, a partir de la autorización para construir algo más de tres mil nuevas viviendas. A Palestina, en cambio, le reclamó que “abandone el odio que enseña contra Israel”, en una conferencia de prensa conjunta.

Por su parte, Netanyahu replicó que no considera que los asentamientos sean “el núcleo del conflicto” y señaló que conversará del tema con Trump para no seguir chocando. Curiosamente, la rueda de prensa entre Trump y Netayanhu se realizó al comienzo de la visita del primer ministro israelí, y no al final de las reuniones como es habitual.

Trump volvió a ratificar su promesa de mover la embajada estadounidense de Tel Aviv (donde se encuentran todas las sedes diplomáticas internacionales) a Jerusalén, una ciudad disputada con los palestinos. “Nos gustaría ver que eso suceda, estamos trabajando con mucho cuidado, veremos qué pasa”, respondió Trump sin entregar un compromiso concreto. Trump matizó, no obstante, que está examinando esta cuestión con gran cuidado y que verá qué es lo que ocurre. Estados Unidos tiene su embajada en Tel Aviv, como el resto de países, y su hipotética mudanza a Jerusalén es considerada una línea roja por los palestinos. El traslado de la legación diplomática estadounidense a Jerusalén supondría para ellos un reconocimiento de la soberanía israelí en toda la ciudad, incluida la parte oriental, territorio ocupado en el que los palestinos aspiran a tener la capital de su futuro Estado.

Al lado de Trump, Netanyahu evitó responder si dejó de apoyar la solución de dos Estados y se limitó a detallar lo que calificó como los “dos principales prerrequisitos para la paz”. “Primero, los palestinos deben aceptar el Estado de Israel. Segundo, en cualquier futuro acuerdo de paz, Israel debe mantener el control de seguridad de toda la área al oeste del río Jordan”, explicó, en referencia a todo el territorio de Cisjordania, hoy considerado por la ONU y la mayoría de los países del mundo (entre ellos Argentina) como una región palestina ocupada por Israel desde 1967. Cuando le volvieron a preguntar a Netanyahu, si ya no acepta la solución de dos Estados, el premier respondió: “Si quieren hablar de etiquetas, háganlo. Yo hablo de contenido”, sentenció.

Aunque el tema que dominó la mayor parte de la conferencia de prensa fue el conflicto israelí-palestino, tanto Trump como Netanyahu le dedicaron un tiempo a Irán, un país que los dos calificaron como una de las mayores amenazas internacionales actuales, y cuestionaron duramente el acuerdo nuclear multilateral que Teherán firmó en 2015 con las principales potencias mundiales, entre ellas Estados Unidos, durante el gobierno estadounidense de Barack Obama. “Mi gobierno trabajará para prevenir y asegurarse que Irán nunca, nunca, desarrolle un arma nuclear”, prometió Trump, quien sigue sin confirmar si modificará, anulará o mantendrá el acuerdo nuclear multilateral firmado por las principales potencias mundiales, entre ellos el entonces gobierno de Obama.

A su lado, Netanyahu le agradeció el apoyo a su par estadounidense y el compartir su visión sobre Irán, algo en lo que siempre chocó con el ex presidente Obama. “Bajo su liderazgo, creo que podemos hacer que retroceda la creciente oleada del Islam radical, y en esta gran tarea, como en muchas otras, Israel está de su lado y yo también”, aseguró el premier. Además, Netanyahu rechazó las críticas que vinculan al presidente estadounidense con sectores supremacistas blancos y antisemitas en Estados Unidos, y afirmó que “no hay mejor amigo del pueblo judío y del Estado judío que Donald Trump”.

Al mismo tiempo que Netanyahu llegaba a la Casa Blanca, medios israelíes, como el portal de noticias Ynet, informaban que el presidente palestino, Mahmud Abbas, se reunió el martes por la noche con el director de la CIA, Mike Pompeo, y que coincidieron en la necesidad de impulsar la cooperación en materia de seguridad. Según informó una fuente en condición de anonimato, los dos coincidieron en la necesidad de cooperar y trabajar juntos sobre la solución de dos Estados.

El primer encuentro oficial cara a cara de ayer entre los líderes de Estados Unidos e Israel fue la segunda charla que ambos líderes mantuvieron. La primera fue por teléfono y sucedió apenas unas horas después de que Trump asumiera la Presidencia el 20 de enero pasado. Después de cada una de estas dos conversaciones, los dos líderes dejaron en claro que se abre una nueva etapa, una más amigable, de mayor coincidencia política, entre los dos gobiernos aliados. Trump es el primer interlocutor republicano que Netanyahu, un ultranacionalista de derecha, ha tenido en la Casa Blanca desde que asumió como jefe de gobierno en 2009.

 

 

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