Marco Enríquez-Ominami: “Las AFP son el cimiento de la rabia chilena”

El líder del Partido Progresista de Chile apunta contra los fondos privados de pensiones, herencia del pinochetismo

El excandidato presidencial no sólo retorna a la política, sino que está dispuesto a colaborar en una oposición tras las megalecciones de este fin de semana, donde se elegirán alcaldes, concejales, gobernadores y constituyentes.

 

“¿Y vas a ser candidato a presidente?”. Marco Enríquez-Ominami dice que se lo preguntan “todos los días y a toda hora”. Pero dice, con cautela que por ahora su tarea política es “la unidad”. Aunque por eso mismo, si después de las elecciones constituyentes de este fin de semana (donde también se elegirán alcaldes, concejales y gobernadores) se dan las condiciones, “estoy dispuesto a ponerme el overol y ser comandante de la unidad. O lo que haga falta”.

Luego de tres años retirado del debate político y público ha decidido volver, amparado por el Partido Progresista de Chile (PRO) y a nivel latinoamericano por el Grupo de Puebla, reconociendo sus heridas de guerra. “Fui el candidato de ruptura mas votado en la historia de Chile y eso me ha dejado enseñanzas que pretendo usar para no repetir la división de antes. La clave hoy es promover la máxima unidad para una fuerza tranquila de cambio”. En su primera aventura presidencial en 2009 obtuvo un notable 20% (sólo superado por el expresidente Eduardo Frei y Piñera, quien resultó electo). Luego, con casi un 11% y 5,7% su proyecto ha intentado establecerse en medio de una izquierda fragmentada y con movimientos de base universitaria como el Frente Amplio que no pueden llegar a acuerdos comunes.

Su lectura del momento político chileno es que la sociedad se cansó de la alternancia entre la derecha e izquierda que los tenían endeudados debido a una economía que supo crecer vía privatizaciones, desindustrialización y un modelo exportador agresivo. “Todo eso cumplió su ciclo. Y desde el 18 de octubre de 2019 con la revuelta y aún en medio de la pandemia, el pueblo chileno no solo ha decidido ponerse de pie, sino participar del debate económico activamente”, dice.

Actualmente se encuentra inhabilitado de votar por el Servel (Servicio Electoral Chileno) a la espera de un juicio oral en su contra acusado por fraude de subvenciones durante su campaña de 2014. La fecha curiosamente aún no está fijada, al mismo tiempo que el propio Consejo de Defensa del Estado señala su “irreprochable conducta anterior” como atenuante. Incluso el expresidente de Brasil, Lula da Silva, en una carta abierta dada a conocer a fines de abril señaló que ambos han sido “víctimas de la utilización de la justicia como arma de guerra política”.

Pero él está tranquilo. Aunque acusa manos negras proveniente de la clase gobernante (y fiscales y medios de comunicación), dice que esa misma elite política está arrinconada. “Ya no controla el debate como antes. El gobierno está desprestigiado: no logra ser ni árbitro ni protagonista, permanentemente arrastrado por fuertes mayorías sociales que imponen imponen finalmente mayorías legislativas. La oposición está dividida, incapaz de ofrecer una fuerza tranquila de cambio como alternativa”.

Proceso constituyente imperfecto, pero necesario

—¿Cómo ha afectado a tu proyecto político toda esta situación?

—Nosotros somos una fuerza de altibajos. Hemos sido tercera fuerte y primera fuerza. Y hemos sido de las más populares y más impopulares. En medio de esto hemos sido consistentes en defender desde siempre la asamblea constituyente. Por lo tanto, hoy somos parte lo que una mayoría de los chilenos que apoyan el retiro de las AFP (Administradoras de fondos de pensiones) como solución insuficiente, pero incluso mejor que la mezquindad de este gobierno con sus subsidios diminutos e hiperfocalizado. Pero también somos mayoría porque la mayor parte de Chile se ha sumado a una nueva constitución.

—Algunos sostienen que el acuerdo de noviembre de 2019 que nos lleva a la constituyente fue una salida apurada a una crisis de gobernabilidad.

—Nosotros no suscribimos ese acuerdo de paz porque nos pareció equivocado el origen que se impuso: de distritos, no de listas regionales. Y también la regla de los dos tercios, que le devuelve a la derecha oligárquica el poder de veto sobre las grandes transformaciones que se piden en Chile. Además, esta mal hecho el cronograma: vamos a elegir una constituyente y en medio de ella un nuevo poder legislativo y ejecutivo. Y vamos a tener que esperar un año más para que se confirme la Constitución vía plebiscito.

—Al final la Nueva Constitución se desarrollará entre medio de otras elecciones.

—Aun así, consistente con lo optimista de todo progresista estamos apoyando este recorrido imperfecto para que salga lo mejor posible. La clase política sigue creyendo que puede controlar el sentido común desde La Moneda o el Congreso, pero en Chile se acabó la confianza, se volvió un bien escaso, ya sea con la iglesia, policía, militares, congreso, partidos, gobiernos. Nunca había sido tan grave una crisis institucional. En la oposición estamos en deuda y tendremos que corregirlo. Creemos que este proceso constituyente es imperfecto, pero necesario

“Que el presidente se dedique a las vacunas”

—La covid-19 fue una especie de extraña pausa a la inestabilidad social que dejó al descubierto lo que estaba tras el enojo: la imposibilidad estructural del estado (y de los privados) de responder a crisis inesperadas.

—Creo que las AFP son el cimiento de la rabia chilena. Y la pandemia junto a este estado de catástrofe que conocemos hace más de un año, el más largo de la historia, ha permitido al gobierno de Piñera resistir. Un gobierno que estuvo a punto de caer. Nuestra propuesta como Progresistas es que el presidente de Chile se dedique a vacunar, que es lo único que sabe hacer más o menos bien. Porque no ha sabido proteger a su pueblo ni garantizar un mínimo estado de derecho. ¡Que se dedique a las vacunas y al día siguiente de la elección constituyente empieza un gobierno de transición democrática.

—Me llama la atención también cierta explicación de los medios e intelectuales que insisten en esa idea de los 90: que el país llegó al desarrollo gracias al consumo y que las mismas personas que hacen cola para comprar ropa en H&M después andan protestando. ¿Qué piensas de esto?

—Ese milagro chileno, autoproclamado como jaguar, animal que salta y está en extinción, iluminó a América Latina, convirtiéndonos en el mejor alumno del barrio y el peor compañero en materia económica, que arrancó a Asia para reducir la pobreza y que, efectivamente produjo altas tasas de crecimiento en los 90, sostenidas durante tres décadas por la vía de dos secretos: deuda privada y retail. Es impresionante que la deuda de los hogares es cerca del 75% según el Banco Central y la del Estado de un 40%. Es decir, hay un estado rico y un pueblo pobre. Ese es el límite que se busca poner: el absurdo de tener las finanzas de un Estado macroeconómicamente impecable y un pueblo sobreendeudado con ingresos bajos y un modelo de exportador basado en pocos productos, poca competencia y poco valor agregado que se resume en cobre, salmón, madera, vino tinto y turismo. 

Por Juan Carlos Ramírez Figueroa

14 de mayo de 2021

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Colonial Pipeline: el ciberataque que puso en riesgo el abastecimiento de combustible en EE. UU.

Biden acusó a hackers rusos, pero no apuntó al gobierno de Putin 

La empresa debió pagar cinco millones de dólares para poder normalizar el servicio, que de a poco empieza a normalizarse. 

 

El operador del oleducto víctima de un ciberataque el fin de semana pasado en Estados Unidos retomó este jueves la entrega de combustible en la mayoría de sus terminales. Se trata de la empresa Colonial Pipeline. La situación en las estaciones de servicio mejora de manera lenta.

"Colonial Pipeline hizo progresos sustanciales en la vuelta a operaciones de la red de oleoductos y podemos decir que la entrega de productos comenzó en la mayoría de los mercados que atendemos", indicó la compañía en un comunicado, después del incidente del pasado fin de semana, que dejó a la red sin abastecer a las estaciones de servicio.

La red de oleoductos de Colonial Pipeline es la más grande de Estados Unidos, con 8800 kilómetros. Sirve a toda la costa este estadounidense a partir de refinerías instaladas en el Golfo de México y por tanto transporta el 45 por ciento del combustible que se consume en el este de Estados Unidos. El hackeo dificultó la provisión de combustible en las estaciones de servicio. La situación derivó en conductores que hicieron largas filas para cargar combustible y hubo casos de desabastecimiento. 

Colonial Pipeline debió pagar cinco millones de dólares para poder normalizar el servicio. Al parecer, el rescate se pagó en criptomonedas para evitar que se pueda seguir la ruta del dinero. El pago se hizo de inmediato, reveló la agencia Bloomberg, dada la presión de la compañía para evitar el colapso en la provisión de combustible.

De acuerdo a Patrick De Hann, analista del sitio GasBuddy, la provisión podría normalizarse recién dentro de "varias semanas". Mientras, el precio subió por encima de los 3 dólares por galón (3,8 litros", en su primer repunte desde 2014. 

Por su parte, el presidente Joe Biden apuntó a Rusia por el ciberataque, si bien desligó al gobierno de Vladimir Putin. El mandatario dijo que hay "fuertes razones" para pensar en Rusia como país donde se originó el hackeo, y que han habido "comunicaciones directas" con Moscú para que tome cartas en el asunto. 

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Paro nacional 12 de mayo. Fútbol sin paz

Como si en Colombia no estuviese pasando absolutamente nada, como sino estuviese en curso una inmensa protesta social, el día 12 de mayo se jugaron dos partidos de la Copa Libertadores, uno en Barranquilla y otro en la ciudad de Pereira, donde Atlético Nacional hizo las veces de local. En pleno día de paro nacional, prolongación de las jornadas de protesta concitadas desde el 28A y que han dejado una estela de muerte y dolor.


A pesar de esa realidad, a pesar del duelo que cubre a decenas de familias, a pesar de la manipulación gubernamental, a pesar de los reclamos de la comunidad internacional, la Conmebol y las autoridades del fútbol colombiano no tuvieron ni el más mínimo pudor y pusieron a rodar el balón.


Pero no pensaban como ellos sectores del activismo social que, atentos a semejante desvergüenza hicieron sentar su protesta tanto en los alrededores de los hoteles donde se alojaron los equipos de fútbol como en las cercanías de los escenarios deportivos, bien en Pereira como en Barranquilla.


Pero allí también se hizo presente el Esmad, represión en mano, disparando su guerra química sin recato, con lo cual, los gases obligaron a detener por momentos la pelota: los trabajadores de la número 5 se ahogaban, incluso Marcelo Gallardo, director técnico del River Plate que enfrentaba al Junior.


Atlético Nacional, que no pudo hacer de local en su ciudad por las cifras de la pandemia, pero sí en Pereira, enfrentó al histórico Club Nacional de Uruguay, equipo que se negó a jugar a toda costa hasta que la Conmebol intervino para obligarlos a cumplir con el compromiso, no obstante, el partido se retrasó y el pitazo que largaba la pelota solo sonó a las 9:00 de la noche.


Aún queda algo de dignidad entre los deportistas. De mala gana el capitán de la escuadra charrúa Gonzalo Bergessio increpó al árbitro central del juego a la hora de realizarse el sorteo de cancha y saque, el cual pretendía que estos ignorarán lo que estaba pasando en las calles y tratarán de llevar a cabo un buen partido. ¿Es posible jugar a la pelota e ignorar lo que sucede en la calle, parecía ser la preocupación de Bergessio, capitán de la escuadra visitante.


Una realidad de la cual se puede sustraer que el árbitro, con mensaje expreso que le llega desde arriba, trata de calmar los ánimos antes de iniciar el juego pues era público que los jugadores orientales no estaban dispuestos a salir a la cancha, pero el poder de la multinacional del fútbol sudamericano, como en este caso lo es la Conmebol, pueden más, desconociendo la voluntad de los propios actores materiales del deporte como lo son los futbolistas, quienes no solo son intérpretes de ideas tácticas, sino seres humanos y trabajadores deportivos de alto rendimiento.


“No podemos abstraernos de la realidad”, fue la sentencia del laureado entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo quien se refirió en rueda de prensa a que más allá del resultado futbolístico, el partido se llevó a cabo en condiciones totalmente anormales, sugiriendo así que no debió realizarse.


Por su parte Diego Latorre, comentarista argentino para ESPN y exfutbolista, comentó: “Es irrespetuoso hablar de fútbol cuando pasan cosas graves, cosas que importan de verdad”.


Declaraciones que no pasaron desapercibidas pues las palabras del periodista deportivo fueron tendencia en twitter para dejar aún más en evidencia a la división mayor del fútbol profesional colombiano y a la Conmebol, unidas para asegurar sus negocios. Unidad que aún está pendiente entre los trabajadores del fútbol, para de esa manera hacer sentir sus opiniones e intereses, pues permitir este tipo de hechos tan solo opaca al deporte y genera una falsa sensación de que las cosas operan con normalidad.


Un bochorno internacional del cual el periodismo deportivo colombiano fue cómplice, pues mientras la prensa argentina condenaba estos hechos y hacía referencia a la situación de alzamiento social en Colombia, los programas de fútbol locales continuaron como si nada estuviera sucediendo, como si todo fuera normalidad; con pequeñas salvedades pues algunos programas dedicaron el arranque de sus emisiones para aludir a la coyuntura social, pero no más, algo superficial y a la ligera, una actuación marcada por conveniencia o por censura, pero que a fin de cuentas los hace cómplices de algo que hoy puede catalogarse como vergüenza internacional, pero que perfectamente pudo ser un desastre pues cosas peores pudieron haber ocurrido, tanto a las delegaciones locales como internacionales.


Tenemos como suma una demostración más de que en Colombia el valor de la vida es relativo, pues los intereses económicos de empresarios privados pueden más que la compleja situación que vive el país.

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Jueves, 13 Mayo 2021 05:38

Freud en el mes de su nacimiento

Freud en el mes de su nacimiento

La intacta potencia revulsiva del pensamiento freudiano

La impiadosa visión negativa y el encarnizamiento pasional testimonian que sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya.

 

En 1916 Freud ubicó al psicoanálisis dentro de los tres grandes descubrimientos que hirieron el amor propio de la humanidad. Copérnico mostró que la Tierra no es el centro del universo, conmoviendo la pretensión del hombre de sentirse dueño de este mundo. Darwin puso fin a la arrogancia humana de crear un abismo entre su especie y la del animal. Pero ni la afrenta cosmológica ni la afrenta biológica han sido tan sentidas por el narcisismo como la afrenta psicológica. Porque el psicoanálisis enseña que el yo, no sólo no es amo del mundo ni de la especie, sino que no es amo en su propia casa.

Ubiquemos los comienzos del psicoanálisis, ya que en ellos está en germen su particularidad. Freud tiene una formación racionalista, su espíritu es kantiano, es decir que él es un racionalista crítico. Tiene la vocación iluminista de querer salir de la minoría de edad sin otra tutela --como dice Kant-- que no sea la de la razón. Su descubrimiento le mostrará el límite de la razón: la sexualidad. De este modo, el psicoanálisis se presenta como la Filosofía de las luces, interpelada, asediada, alterada por el "factum" freudiano de la pulsión. El psicoanálisis no es oscurantista, por eso Lacan nos dice que Freud prosigue el debate de las luces. Pero también indica el punto en el que estas se apagan, y esto conduce a su ética: las luces deben se moderadas.

La vida pulsional de la sexualidad no puede domesticarse plenamente, lo que no se integra se reprime, nuestra morada está habitada por aspectos que no queremos reconocer, ya que no entran en armonía con nuestros ideales. Pero el empeño por rechazar fracasa y lo más extraño de nosotros emerge desfigurado a través de los síntomas. No cabe asombrarse, afirma Freud, que el yo no le otorgue su favor al psicoanálisis y se obstine en rehusar su crédito. Diremos que tanto ayer como hoy.

Las terapias no analíticas son aceptadas pues se empeñan por erigir al yo como soberano, le enseñan cómo liberarse mejor de lo que irrumpe, elevan su apetito de control, lo invitan a no acercarse nunca al suelo molesto de su hábitat. Pero ello, no lo dudamos, conducirá siempre a lo peor, no sólo porque se habrá limitado el campo del conocimiento, sino por el destino infernal que sufrirá lo que se intenta elidir.

Freud invita a la aventura humana que es la cura psicoanalítica, aventura de ese explorador que, recorriendo los caminos más alejados de sus creencias vuelve con recursos de los que no disponía. Y esas energías gastadas antaño en preservar sus dominios, estarán libres para fines acordes al deseo que siempre excede los límites del yo.

En los últimos tiempos, el pensamiento de Sigmund Freud es objeto de crecientes críticas. Podría decirse, es cierto, que las impugnaciones al psicoanálisis lo acompañan desde sus propios orígenes. Pero al período de las resistencias iniciales le sucedió otro de amplia difusión y aceptación general logradas muchas veces, también hay que decirlo, a expensas del rigor. La impiadosa visión negativa, el encarnizamiento pasional, testimonian que la potencia revulsiva del pensamiento de Freud permanece intacta y sus ideas siguen siendo indigestas para una sociedad no menos hipócrita que la suya. Más sutilmente hipócrita, eso sí. Si es cosa de suprimir síntomas molestos, poner lo más rápidamente posible a un sujeto en condiciones de retomar el automatismo ciego de la vida actual, reintegrarlo al mercado como productor exitoso y --sobre todo-- consumidor voraz e insaciable, reactivando sus apetencias, es plausible que el tratamiento psicoanalítico no sea el camino más indicado. Mejor Prozak o la reeducación cognitivista.

La práctica analítica es altamente efectiva si se trata de emprender una de las pocas aventuras aún accesibles al hombre de nuestro tiempo, en un mundo ya totalmente explorado y donde incluso los viajes han sido expropiados por la industria del turismo. El psicoanálisis no es solo una cura, que nunca fue el interés prioritario de Freud, él como explorador de la vida anímica, quiso construir un sujeto a la altura de la época, un sujeto que al ampliar y redefinir el campo de la subjetividad, sea apto para desenvolverse digna y humanamente en los tiempos de la muerte de Dios. Es decir, en el trance de la devaluación de los valores más altos que identificaron a Occidente, del derrumbamiento del orden tradicional, de la pérdida de toda referencia y, por ende, de la errancia planetaria

Freud no quería ser médico, le interesaba la ciencia, la biología, la investigación. Deudor de distintos descubrimientos y de una Viena liberal luego de la destrucción del imperio austro-húngaro, el psicoanálisis tiene una especificidad propia. El anhelo freudiano por descifrar los enigmas del mundo fue superior al de curar. Creía en la ciencia y en su juventud, el laboratorio de Brucke le permitió afincarse en la fisiología histológica. Y fue éste --su maestro admirado-- quien le advirtió que, en vista de sus reducidas posibilidades materiales, no le sería posible una dedicación a una carrera puramente teórica por la cual sentía devoción. Es así que pasa de la histología del sistema nervioso a la neuropatología, y más tarde, será un enigma --el de la neurosis-- quien dará lugar a su creación: el psicoanálisis. Este encuentro hará que Freud tome un interés creciente en la clínica, pie fundamental para una teoría que jamás se separó de ella. Siempre recordó una frase de Charcot que éste emitió sin darle importancia y la evocó a lo largo de su vida cuando conmovía al mundo con lo que le revelaba: “La teoría es buena pero no impide que los hechos existan”. Creyente de la ciencia, gustaba definirse como explorador: “No soy en absoluto un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Por temperamento no soy más que un conquistador, un aventurero, si quieres traducir esta palabra, con toda la curiosidad, la osadía y la tenacidad de ese tipo de hombre”.

Freud nació en un siglo fuertemente marcado por la impronta biológica, por el positivismo y es desde esta base que descubre el síntoma histérico como no respondiendo a esta lógica. Nada más alejado del psicologismo que pretende vincular todo lo que sucede en el cuerpo con un correlato psíquico, haciendo de tales campos un todo indivisible. Lacan dice que no hubiese sido posible el paso freudiano sin el cartesiano. Aclaremos: Freud no quería ser médico ya que le interesaba fundamentalmente la investigación aunque, de todos modos, su saber como médico concordaba con el de su época. Lejos de la medicina hipocrática, la medicina de su tiempo --como también la de hoy-- considera que el hombre tiene un cuerpo, lo que no era algo obvio, antes del paso cartesiano. En efecto, Descartes introduce un corte, a partir del cual quedan atrás la unidad del ser humano, el alma como forma del cuerpo. La división está hecha. Dice Lacan que, de aquí en más el médico encarará al cuerpo con la actitud de un señor que desmonta una máquina. Y que es desde esta posición de la que Freud partió, siguiendo lo que era su ideal: la anatomía patológica, el sistema nervioso. Si el síntoma histérico habla de un cuerpo que no es el biológico, fue sin embargo necesaria la fundación de la biología para ubicarlo en otro paradero.

A fines de 1800 el conocimiento médico era el hegemónico: el saber lo tenía el médico y el paciente escuchaba obedeciendo. Pero ya en los primeros casos freudianos se halla un cambio fundamental, su modo de trabajar parte de suponer saber en sus pacientes, invirtiendo así la posición del saber. En pocas palabras: hay un cambio en la idea de razón a partir de Freud cuyas incidencias en el campo del conocimiento son sin precedentes.

Por Silvia Ons

13 de mayo de 2021

Silvia Ons es psicoanalista.

Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856.

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Venezuela: estrategias para sobrevivir en el límite

Con salarios que a menudo están por debajo de los mínimos de supervivencia, la población venezolana depende en gran medida de los bonos, las bolsas de alimentos y otros programas sociales, además de diversas estrategias que transitan entre la legalidad y la ilegalidad. Pero, de la mano de la inmigración masiva, hoy una gran diferencia pasa por tener o no familiares en el exterior que envíen remesas.

 

Decir que en Venezuela existe una profunda crisis política, económica y social no constituye sorpresa alguna ni tiene un especial atractivo académico o político. La crisis lleva años abatiéndose sobre la población venezolana y salpicando hacia el resto del continente, y en general hacia muchos países del mundo, por la vía de las historias que llevan consigo quienes han decidido literalmente huir del país y refugiarse en otras latitudes, con la esperanza de encontrar afuera lo que sienten que les es negado en Venezuela. 

A pesar de ello, sigue siendo una asignatura pendiente para las ciencias sociales una explicación plausible acerca de cómo, en apenas 20 o 30 años, una nación que fue capaz de protagonizar una de las revueltas más duras contra el neoliberalismo, en los sucesos conocidos como el «Caracazo», asume hoy su condición de ruindad y una suerte que cualquiera podría considerar inmerecida, a medio camino entre el desespero y la resignación. Al menos en apariencia.

La principal dificultad que existe en Venezuela para analizar lo que acontece en cualquier ámbito de la vida pública es la extrema opacidad con que las entidades oficiales manejan la información. Ello incluye toda la esfera económica y, por supuesto, también la esfera social. Por ello, las posibilidades de construir una imagen lo más cercana posible a esa realidad tan cruda como la que se vive supone la necesidad de echar mano de una multiplicidad de fuentes, muy variadas, que incluyen la escasa información oficial que circula -mediante lecturas intersticiales, paralelas o superpuestas que puedan resultar indicativas de la situación-, y que deben ser complementadas con los cálculos y proyecciones que formulan investigadores o agencias especializadas y hasta referencias testimoniales de quienes viven y padecen la realidad cotidiana venezolana. Solo entonces podríamos tener una aproximación bastante razonable a lo que realmente ocurre. 

Como ya es costumbre en Venezuela, el pasado 1° de Mayo el gobierno de Nicolás Maduro anunció al país un incremento del salario mínimo mensual, que quedó fijado en siete millones de bolívares, así como un incremento del llamado bono de alimentación o «cestaticket», el cual fue fijado en tres millones de bolívares. Ese día el Banco Central de Venezuela fijaba el precio del dólar en 2.746.151,81 bolívares. Es decir, el anuncio gubernamental indicaba que el ingreso mínimo integral se ubica oficialmente en 3,64 dólares al mes (0,12 dólares diarios). Semejante nivel salarial mantiene a Venezuela como uno de los países con el salario mínimo más bajo del mundo. Como era de esperarse, el anuncio solo produjo decepción, frustración y una lluvia de críticas que expresaban el malestar existente en la sociedad venezolana respecto de la marcha de la economía y, particularmente, de los ingresos de los trabajadores. 

Como es sabido, el Banco Mundial considera pobre a toda persona cuyos ingresos estén por debajo de 1,90 dólares al día, o aproximadamente 57 dólares al mes. En ausencia de estadísticas oficiales que indiquen el valor de la canasta mínima alimentaria, solo nos queda utilizar los datos proporcionados por la única entidad que en Venezuela ofrece algún indicio creíble en esta materia. De acuerdo con un reporte del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA), para el mes de marzo de 2021, la canasta mínima alimentaria tenía un costo aproximado de 230 dólares. Entidades privadas independientes han establecido en 55 dólares el ingreso promedio en Venezuela. 

Por supuesto, el gobierno es plenamente consciente de lo insuficiente que resulta el salario fijado, el cual puede alcanzar como mucho para adquirir un kilo de queso o un empaque de huevos. Por eso, implementó un conjunto de beneficios sociales y monetarios suministrados a la población de menores recursos como subsidio directo (en la forma de bonos), mediante una plataforma digital denominada Patria, que consiste en asignaciones monetarias que pueden alcanzar hasta unos 15 dólares mensuales en el mejor de los casos, además de una bolsa de alimentos suministrada a través de un programa social basado en los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP)

Estos programas son, sin duda, importantes, pero al no existir registro público verificable, no es posible saber cuántas personas están siendo realmente beneficiadas por ellos ni cuál es el impacto que tienen en la sociedad venezolana. Pero a juzgar por la situación social, es claro que distan mucho de constituir una verdadera solución al drama que vive el país. Ello sin mencionar que esos programas han sido denunciados como mecanismos de control social y manipulación político-electoral por quienes se oponen al régimen actual, y también se escuchan comentarios en este sentido en las redes sociales, las colas o las calles.

Un par de hechos recientes dejan ver con relativa rapidez y facilidad la magnitud y gravedad de la situación que se vive en Venezuela. Hace algunas semanas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgó su último Informe sobre perspectivas de la economía mundial, en el que Venezuela aparece como el país más pobre del continente, al menos en lo que respecta al producto per cápita. Más allá de la mencionada dificultad para acceder a datos, ya a mediados del año pasado, la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2020, elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), sostenía que la pobreza en Venezuela afectaba al menos a 94% de la población, y la pobreza extrema, a 67%. Estos datos contrastan radicalmente con una información suministrada por el presidente Maduro en enero de este año con motivo de la presentación de su Memoria y Cuenta 2020 ante la Asamblea Nacional. En su exposición, señaló que la pobreza general alcanzaba a 17% de la población, mientras que la extrema apenas a 4%.

Hace solo algunos días, se materializó un acuerdo entre el gobierno venezolano y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA-ONU) mediante el cual este último abastecerá de alimentos a 185.000 niños en edad escolar durante el presente año, cifra que deberá crecer hasta 1.500.000 en 2023. Respecto de este acuerdo, Maduro afirmó que venía siendo objeto de negociaciones desde hace varios años. Es de suponer que el soporte de información que hizo posible justificar el acuerdo con el PMA-ONU se basó en datos proporcionados por el propio gobierno.

Atrás quedó el tiempo en que Venezuela exhibía cifras de una economía relativamente próspera con un extraordinario impacto en cuanto a índices de desarrollo social o de desempeño de la economía. Hoy, en un país atravesado por la peor crisis de su historia republicana, que exhibe de manera persistente una hiperinflación de la cual no logra salir, azotado por una contracción económica igualmente persistente, y como el resto del mundo golpeado por la pandemia, los venezolanos literalmente sobreviven ensayando un sinfín de estrategias. 

No es el objeto de este artículo detallar ni analizar las causas de semejante catástrofe económica, social y humanitaria, en la que se mezclan una voraz corrupción estatal, un pésimo manejo por parte de las autoridades de la economía y en general, del Estado, y las consecuencias de un conjunto de sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, la Unión Europea y otro conjunto de países sobre la economía y algunos de los líderes gubernamentales. Nos proponemos radiografiar a vuelo rasante al menos una pequeña parte de la realidad de quienes sobreviven en el piso más bajo de la estructura socioeconómica del país.

Dicho esto, la pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿exactamente cómo es que logran vivir, o mejor dicho sobrevivir, en Venezuela aquellos cuyos ingresos no logran siquiera acercarse al precio de la cesta básica?

Remesas

Uno de los síntomas más emblemáticos de la crisis venezolana es el éxodo migratorio. Una significativa proporción de los venezolanos y venezolanas, acorralados por la crisis y frente a un futuro que luce sombrío e incierto, simplemente ha buscado otros horizontes, protagonizando uno de los flujos migratorios más intensos y significativos de los últimos años desde un país que no se encuentra en guerra, al menos no en una declarada. Esta migración, para 2020, alcanzaba aproximadamente unos 5,4 millones de personas, según ha registrado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), una cifra altamente significativa para un país cuya población es de unos 30 millones de personas. Conscientes de la situación en la que quedan sus familiares, una buena cantidad de quienes partieron envía remesas. La diferencia entre una familia que literalmente pasa hambre y otra que no lo hace puede estar asociada a tener o no un familiar en el exterior que le envíe algún tipo de ayuda. No se cuenta con cifras oficiales sobre el monto global de divisas que ingresan en Venezuela por concepto de remesas, pero algunas estimaciones ubicaban esa cifra para 2019 en unos 3.500 millones de dólares y para 2020, en 1.600 millones, debido a una fuerte contracción a causa de la pandemia.

Carmen tiene 62 años. Vive sola. Su esposo murió hace años, arrollado por un vehículo cuando se dirigía a su trabajo como albañil. Como pudo, se las arregló para criar dos hijos que para entonces tenían 12 y 10 años. El mayor murió asesinado por delincuentes hace tres años. El menor, que ahora tiene 20 años, se fue a Trinidad en 2019. Carmen recibe una pensión de 1.800.000 bolívares y, dependiendo de su suerte, algunos bonos que le asigna el gobierno a través de la plataforma Patria. Una vez al mes, recibe su bolsa del CLAP, «cada vez con menos productos», según dice. Vive en una casa que ocupaba como cuidadora y que luego fue abandonada por sus dueños, quienes se marcharon del país intempestivamente. Sus ingresos, aun siendo una mujer sola, le resultan insuficientes. Sus tres hernias discales y otros «achaques de vieja» le impiden trabajar como solía hacerlo, pero se las arregla para elaborar algunos dulces y venderlos los fines de semana. Su hijo le envía unos 50 dólares por mes. Dice que con lo que reúne entre pensión, bonos y remesas, le resulta suficiente para vivir, aunque comparte una porción de lo que reúne con su propia madre, que vive en otra ciudad con una hermana. No obstante, reconoce que siempre está en el límite. No se permite lujo alguno, sus gastos se limitan a comprar comida y unas pocas medicinas. No paga servicios públicos aunque su casa posee servicio eléctrico y agua mediante conexiones ilegales. Hace mucho que no compra vestido o calzado. Su indumentaria lo confirma. La vivienda empieza a necesitar al menos pequeñas inversiones en mantenimiento, pero dice que no lo hará. «Mijo, si lo que me llega apenas me alcanza pa' medio vivir y darle a mi mamá», justifica.

Como Carmen, decenas de miles de personas y de familias venezolanas sobreviven gracias a los recursos que les envían familiares residenciados en el exterior. Algunos un poco más afortunados pueden llegar a recibir remesas significativamente mayores que ella. Fuera de toda duda, y al margen de la ausencia de cifras oficiales, puede decirse que la catástrofe humanitaria venezolana sería ostensiblemente peor de no ser por esta fuente de ingresos.

Bonos y bolsas CLAP

Como parte de una política asistencial, el gobierno de Maduro, mediante la mencionada plataforma Patria, hace entregas periódicas de recursos monetarios directamente a un número indeterminado de personas en el país. Los montos que se entregan mediante depósitos a cuentas bancarias de los beneficiarios son siempre un misterio, pues se desconocen los criterios que determinan las asignaciones (que varían de uno a otro beneficiario). A modo de conjetura y sobre la base de la opinión recogida entre distintas personas que son beneficiarias de este tipo de políticas, podríamos suponer que por la vía de los bonos, una persona podría estar percibiendo entre cinco y 15 dólares mensuales, pero sin la regularidad de un ingreso fijo. Los montos, además, pueden variar drásticamente de un mes al otro sin explicación alguna. También se sabe de personas que, aun estando registradas en la plataforma, jamás han recibido ingresos pese a estar en situaciones muy precarias.

La familia de Laura se compone de cuatro personas. Ella, de 44 años, está desempleada; su esposo, de 50 años, no tiene trabajo estable y sus dos hijas menores, de 11 y 8 años, estudian en una escuela pública. Viven en las afueras de Higuerote, un pueblo costero de vocación turística en el estado Miranda. Laura se define como opositora al gobierno, mientras que su esposo, aunque con muchas críticas y casi expresando cierta vergüenza, dice ser chavista. Tenían un pequeño restaurante junto con la madre de Laura en su mismo pueblo. El negocio se vino a pique cuando en 2017 la crisis económica, y sobre todo el desabastecimiento, liquidó prácticamente toda actividad económica sin margen para resistir. Desde entonces, Laura solo logra trabajar eventualmente en trabajos de limpieza en las villas vacacionales ubicadas en su zona de residencia, pertenecientes a cierto sector pudiente, casi todo residenciado en Caracas y compuesto hoy en día casi totalmente por personas vinculadas directa o indirectamente con el gobierno. Su esposo, a partir de la quiebra del restaurante, trabajó como empleado en un yate que pertenece a «un chivo del PSUV [Partido Socialista Unido de Venezuela]», pero renunció hace algunos meses acusando un trato continuamente degradante y paga baja (100 dólares mensuales). Hoy en día «se rebusca» algún ingreso con la venta de guacucos, una pequeña almeja que extrae manualmente luego de una muy exigente faena a las orillas de la playa, y por lo cual puede llegar a percibir unos 25 dólares semanales; también ofrece sus servicios haciendo «lo que sea» en las urbanizaciones vacacionales de la zona. Con un gran dejo de amargura, Laura dice que soportan demasiadas limitaciones y penurias, pero no se atreve a marcharse del país, asustada por lo poco agraciada que ha resultado esa experiencia para algunas personas que conoce. El miedo a pasarla afuera peor de lo que la pasa en su país los inhibe de intentar esa alternativa, aunque no la descartan. A Laura casi siempre le llegan los bonos. A su esposo, nunca. Reciben la bolsa del CLAP, pero «prácticamente solo trae carbohidratos y en muy poca cantidad».

Oscar tiene 72 años. Vive solo, aspecto de su vida del cual no habla. Tiene una hija de 23 años, casada y con un hijo que vive en el mismo pueblo. Ella es bombera. Prácticamente no tienen comunicación. Oscar sufre de un cáncer de próstata de lento desarrollo y de una hernia inguinal que le impide moverse con cierta soltura. Toda su vida fue taxista, pero entre su situación de salud y el encarecimiento de los repuestos automotores, debió abandonar su oficio y vendió su vehículo al no poder repararlo y cambiarle los cauchos. Hoy en día vive casi exclusivamente de la pensión y los bonos que le entrega el gobierno a través de la plataforma Patria, de la bolsa del CLAP y de la ayuda que algunos vecinos le prestan regalándole algo de comer con cierta regularidad. Aunque su situación es objetivamente de penuria, no habla mal del gobierno. Con claros signos externos de desnutrición, de alguna manera está convencido de que su única posibilidad de supervivencia, o de ralentizar su final, está asociado a las ayudas que le da el gobierno, aun cuando ello no le alcanza para sus medicinas, y el sistema de salud público que debe atenderlo simplemente no lo hace por carecer de insumos. 

Sonia es una joven maestra de escuela que vive en Caracas. A pesar de provenir de una familia de muy modestos recursos, en la década de 1990 logró estudiar en la universidad y posteriormente realizar estudios de maestría. En su momento, consiguió adquirir un apartamento en una zona popular de Caracas y ayudar a su madre a adquirir el suyo. Hoy en día, soltera, con una hija de 12 años, entre salario y bonificaciones dice no llegar a redondear ni siquiera 20 dólares al mes. Su rostro no solo refleja una gran tristeza, sino sobre todo depresión. Aprovechando la cuarentena y que no tienen que asistir presencialmente a dar clases, desde hace un año deambula por las calles de Caracas con algunos termos de café ofreciéndolos como parte de su estrategia de supervivencia. Esta actividad le permite un ingreso extra de no menos del doble de lo que percibe por su trabajo. Decidió no cancelar servicios públicos, más por imposibilitada que como acto de rebeldía, pero dice que hasta su último día luchará contra la «dictadura de hambre» que es el gobierno de Maduro. 

Derrota en proceso

Ejemplos como los anteriores abundan en Venezuela. Prácticamente cada venezolano es no solo testigo sino protagonista de las más impensables estrategias de subsistencia ensayadas en el marco de esta terrible experiencia. Es la creatividad la que impulsa a un ser humano a no rendirse y a inventarse cada día nuevas formas de supervivencia. 

No siempre legales, no siempre bien vistas, no siempre suficientes ni siempre efectivas. Pero se trata de la lucha por ganar la carrera contra el hambre. Desde hurgar entre la basura de restaurantes y mercados y recuperar de allí lo que aún pueda ser comestible, hasta vender objetos de toda índole, incluidos los propios electrodomésticos del hogar. Desde rastrear en  el principal río de la ciudad capital, el Guaire, en busca de objetos que puedan ser vendidos, hasta habitar sobre losas en cementerios. Desde incorporarse a tareas totalmente ajenas a aquellos oficios o profesiones en las que fueron formados, hasta participar de actividades ilegales de diversa índole: tráfico de drogas, prostitución, contrabando, etc. Ensayando múltiples modalidades de trueque, reduciendo de tres a dos o a una comida al día; reduciendo a la vez la calidad, variedad y cantidad de alimentos que se consumen; eliminando drásticamente el disfrute de actividades recreativas y culturales; limitando la movilidad al mínimo necesario; limitando o eliminando los gastos en materia de calzado y vestido, e incluso medicina; optando por alternativas naturales de curación cuando las enfermedades atacan. Para quienes trabajan, la realidad es muy difícil; para quienes carecen de empleo, es simplemente dramática: según el Fondo Monetario Internacional, el desempleo en Venezuela se sitúa en 2020 en 58,3%, y sería el más alto del mundo. De nuevo, carecemos de cifras oficiales sobre este indicador. Incluso las diferencias podrían elevarse hasta quienes prestan servicios para el Estado y quienes lo hacen para el sector privado. Analistas económicos e investigadores dan cuenta de una notable diferencia en el salario que se paga en el sector privado respecto del que paga el sector público.

No es difícil advertir que esta lucha por la supervivencia no todos la ganan, y que aún dando batalla, muchos exhiben en su humanidad la prueba fehaciente de una derrota en proceso.

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Imagen: EFE

La situación de hambre empeoró con la pandemia en 55 países del mundo 

En América Central después de Haití padecen falta de alimentos y malnutrición poblaciones de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Por Elena Llorente

Al menos 155 millones de personas en 55 países del mundo sufrieron inseguridad alimentaria (falta de alimentos y malnutrición) aguda en 2020. La situación, que ya era grave por los conflictos, los problemas económicos y las condiciones meteorológicas extremas, se agravó con la llegada de la covid y sus consecuencias económicas, y puede empeorar todavía más durante 2021, según el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias elaborado por la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias en la que colaboran, entre otras, la Unión Europea, la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y el PMA (Programa Mundial de Alimentos), estas dos últimas con sede en Roma.

La inseguridad alimentaria aguda, considerada la fase 3 de los niveles de seguridad alimentaria mencionados en el Informe Mundial (la 4 es situación de emergencia y la 5 de catástrofe), alcanzó en 2020 el nivel más alto de los últimos cinco años, aumentando 20 millones más que el año anterior. Y en esta grave situación están implicados numerosos países de África y Asia pero también de Centroamérica y el Caribe, estando Haití entre los primeros 10 países del mundo con el más alto nivel de la propia población en crisis alimentaria. Los primeros cuatro países de esta lista elaborada en 2020 son la República Democrática del Congo, donde el 33% de la población (21,8millones de personas) está en crisis alimentaria, Yemen con el 45% de la población (13,5 millones) en esa situación, Afganistán con el 42% (13,2 millones) y Siria con el 60% de la población (12,4 millones) en similares condiciones. Haití ocupa el lugar número 10 de esta lista, con el 40% de la población en serias dificultades (4,1 millones de personas).

Además, en los 55 países con crisis alimentarias - entre los que están incluidos además de Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua-, más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Pese a que las organizaciones internacionales se habían propuesto reducir la hambruna en el mundo a bajos niveles en 2030, la situación ha empeorado. Entre los motivos que han ayudado a difundir el hambre en las naciones del África Subsahariana están los conflictos -que persisten en numerosos países como Sudán, República Democrática del Congo, Somalia, República Centroafricana, Burkina Faso, Mozambique, Etiopía, entre otros -. La gente trata de escapar y emigra, dentro del propio país o a países limítrofes, en condiciones desesperantes. Y esto no sólo ha llevado a una escasez en general de alimentos para esas familias sino también a la no asistencia médica que hubiera requerido el tratamiento del coronavirus. En 2020, unos 100 millones de personas padecieron inseguridad alimentaria por los conflictos, contra los 77 millones de 2019.

La segunda razón, explicó el Informe Mundial, fueron las conmociones económicas, muchas de ellas atribuidas a la covid-19 19 pero no sólo, y que significaron que en 2020 más de 40 millones de personas sufrieran inseguridad alimentaria en 17 países, contra los 24 millones en ocho países de 2019.

Por último han influido en muchos de estos países las condiciones meteorológicas extremas, como sequías que obstaculizaron la agricultura y plagas de insectos que se difundieron, y los huracanes. En este último caso, América Central, por ejemplo, fue afectada por dos huracanes, Eta y Iota, en 2020 lo que intensificó la difícil situación alimentaria de la población que ya era vulnerable a causa de la pandemia.

En América Central y el Caribe aumentó considerablemente la inseguridad alimentaria en 2020, con 11,8 millones de personas en crisis (8,1 millones más que en 2019). En 2021 una agudización de la crisis alimentaria se espera en Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y posiblemente también en Nicaragua, precisó el Informe que no se ocupó de los otros países de Centroamérica (Belice, Costa Rica y Panamá), como tampoco de las naciones de América del Sur ni de México, probablemente por considerarlas en mejores condiciones en general.

En Haití, alrededor de un millón de personas estaban en serias dificultades alimentarias en 2020, lo que además no era sólo un problema de las zonas rurales sino también de las zonas metropolitanas, es decir, en torno a las ciudades, precisó el informe. Y para 2021 se calcula que la situación empeorará. Se estima que 4,4 millones de habitantes sufrirán crisis alimentaria.

En Guatemala, entre noviembre 2020 y marzo 2021, más de 3,7 millones de personas padecían crisis alimentaria, mientras unas 500.000 estaban aún en peores condiciones, es decir en emergencia. En Honduras, 2,9 millones estaban en crisis y más de 600.000 en emergencia entre diciembre 2020 y marzo 2021. En El Salvador, unas 684.000 personas estaban en crisis alimentarias y 95.000 en emergencia entre noviembre 2020 y febrero 2021. En Nicaragua, cerca de 400.000 personas estaban en crisis o peor en setiembre 2020.

Guatemala además es un caso particular porque por su territorio circulan normalmente miles de migrantes cuyo objetivo es llegar principalmente a Estados Unidos. Cuando se cerraron las fronteras a causa de la covid, muchos migrantes debieron quedarse en Guatemala y se vieron forzados a buscar trabajo cuando había un alto nivel de desempleo. Según IOM (Organización Internacional de las Migraciones) los migrantes que se quedaron en Guatemala perdieron sus empleos o vieron reducidas notablemente sus horas de trabajo. Hay una notable preocupación además respecto a la difusión de la covid porque en las áreas afectadas por los huracanes, mucha gente se tuvo que desplazar y fue a vivir a refugios donde la higiene es escasa y faltan el agua y los medios para prevenir el contagio. La pandemia y la especulación, por otra parte, como ha sucedido en otros países, produjeron un considerable aumento de precios de los alimentos. Por ejemplo en julio de 2020 el precio de los porotos negros, un alimento muy consumido en toda América Central, era un 45% más alto que en 2019, indicó el Informe.

"El carácter prolongado de la mayoría de las crisis alimentarias indica que las tendencias medioambientales, sociales y económicas a largo plazo agravadas por los crecientes conflictos y la inseguridad están menoscabando la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. Si las tendencias actuales no se revierten, la frecuencia y la gravedad de las crisis alimentarias se incrementarán”, dijo en un comunicado de la Red Mundial contra las crisis alimentarias. La Red mundial hizo hincapié además en la necesidad de actuar urgentemente y con decisión y pidió a la comunidad internacional que se movilice contra el hambre.

En este sentido, también el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el prólogo del informe, destacó que "los conflictos y el hambre se refuerzan mutuamente” y que “hemos de combatir el hambre y los conflictos juntos para resolver cada uno de estos problemas...Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para terminar con este círculo vicioso. La lucha contra el hambre es uno de los fundamentos de la estabilidad y la paz", indicó. En marzo de 2021, Guterres constituyó un Equipo de Tareas de alto nivel para la prevención de la hambruna cuyo objetivo es llamar la atención a alto nivel y de forma coordinada sobre la prevención de las hambrunas y movilizar apoyo para los países más afectados. 

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Jueves, 06 Mayo 2021 06:26

EU: ¿guerra o emergencia climática?

EU: ¿guerra o emergencia climática?

Al parecer la intensa emergencia climática no impacta a Biden ocupado en bombardear y operar en "estado de excepción". En camino a una delicada negociación planetaria, Estado Unidos prosigue con el manejo colonial-imperial. El bombardeo a Siria se operó en un contexto de ilegal unilateralismo rusofóbico y chinofóbico generando tensión e incertidumbre en un planeta en que persiste un torrente de gases de efecto invernadero (GEI) que retiene energía solar a un ritmo diario estimado por James Hansen en el equivalente a la explosión de 400 mil bombas atómicas tipoHiroshima.

Sus devastadores impactos por los torrentes e inundaciones del deshielo de glaciares del Himalaya ya causaron 12 mil muertes ( The Guardian 2/4/21). Por la ausencia de freno a los GEI, los científicos de EU y el mundo advierten riesgos de "cambio climático abrupto e irreversible" despuntando con enormes incendios forestales en California y, desde los años 90, en la acelerada aridificación del suroeste de América del Norte.

En medio del deterioro bioecológio, Leonado Boff advirtió que en la base de "la generalizada violencia contra opositores al régimen ultraderechista que azota Brasil" está, el proyecto de recolonizar América Latina y obligarla a ser solamente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerales)… en esa estrategia perversa, Brasil es central por su enorme "reserva de bienes naturales que faltan en el mundo."

Es una profunda crisis existencial y de civilización. Ante el deterioro de EU en lo productivo, comercial y tecnológico, incluyendo la máquina herramienta (en costo, calidad de desempeño) se hace sentir el pesado fardo del complejo bélico-industrial acostumbrado a los sobrecostos e inadmisibles subsidios, retrocediendo ante productos de mejor precio, diseño y calidad chinos, rusos, alemanes, japoneses etcétera, parte de una diversificada competencia civil y militar.

El hegemón opta por el puño militar y una ilegal unilateralidad de atroces sanciones contra Venezuela en tiempos de epidemia, todo un crimen de lesa humanidad por el petróleo y los minerales, saqueando, además, los bienes y depósitos bancarios del gobierno venezolano, entregando miles de millones a un "autodeclarado presidente". Eso es despojo vil.

EU actúa en la unilateralidad desde el inicio del siglo XXI. Su retiro del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM), junto a ventas armamentistas al por mayor del tipo antibalístico en países a las orillas de las fronteras de Rusia, acentúa el riesgo de guerra entre potencias centrales de grave implicación para la estabilidad estratégica.

Urge una cumbre entre Putin y Biden cuyos países manejan 92 por ciento del arsenal nuclear del mundo que incluya la aprobación de la iniciativa demócrata liderada por Elizabeth Warren y John Adams para prohibir la estrategia nuclear de primer ataque por el alto riesgo terminal que conlleva .

Dicha estrategia fue revelada en 2017 por Daniel Ellsberg ex diseñador de escenarios de guerra nuclear durante el gobierno de Kennedy, ( The Doomsday Machine, Bloomsbury, 2017) En medio de este muy riesgoso desbarajuste estratégico y de estado de excepción desde 2003, EU se declara en esa condición bajo cubierta de los ataques del 11/S. Sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, Bush Jr atacó a Irak en marzo 2003. Fue una ruptura del contrato social internacional derivado de la Segunda Guerra Mundial que conllevó el ataque y ocupación de Afganistán e Irak prácticamente hasta estos días.

Téngase presente que para Jean Jacques Rousseau "el derecho de una guerra de conquista no tiene otra fundamentación que el derecho del más fuerte" planteado desde mediados del siglo XVIII al reflexionar sobre el tema en El contrato social, aseveración que calza al milímetro con la guerra y ocupación de corte mercantil e imperialista, de abierto saqueo de recursos minerales y combustibles fósiles de alto valor.

Hasta hace poco tiempo, Donald Trump planteó mantener las tropas de ocupación en Afganistán. En Democracy Now se develó la razón: la existencia de un remanente mineral estimado en una cifra cercana al billón ( trillion) de dólares. El tipo de ofensiva desplegada por Bush configuró crímenes de guerra. Nadie olvide que Bush amenazó con bombardear a la Corte Penal Internacional si se le sometía a juicio.

Hoy más que nunca es obligado recordar que durante los juicios de Nuremberg, y en la normatividad derivada de ellos, se considera de manera explícita que la "guerra de autodefensa preventiva" –"doctrina" tras la cual la Casa Blanca escuda su unilateralismo agresivo– es un crimen de guerra. No existe justificación para estas guerras que sin evidencia ni autorización del Consejo de Seguridad de la ONU persisten. Nadie olvide que el presidente Biden, recién llegado a la Oficina Oval, ordenó un bombardeo contra una indefensa población al margen de toda normatividad internacional.

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Jueves, 06 Mayo 2021 05:29

La pandemia y la angustia social

La pandemia y la angustia social

El valor traumático de la crisis sanitaria

Esta pandemia abarcativa a nivel planetario y omnipresente me lleva a evocar lo que Freud llama “angustia social”[1]. No es casual que se haya referido a ella luego de la primera guerra mundial, guerra que no vio de lejos, ya que ella atravesó su vida: sus tres hijos participaron en las acciones bélicas, durante años su práctica como analista se vio condenada a la ruina y Sophie, la hija favorita murió a causa de su vulnerabilidad a la infección provocada por los desastres. En ninguna otra contienda en el mundo hubo una matanza semejante a la de Verdún entre los años 14-18. Su valor traumático se recorta aún más si se piensa en su acontecer luego de lo que se llamó el siglo de las delicias y también “du grandennui”, del gran aburrimiento, del gran tedio y de la gran prosperidad de la clase media.

Hoy podemos decir que el valor traumático de esta pandemia que nos toca vivir es la de emerger en la era del cálculo, de la planificación, de la creencia en la ciencia y en los ideales del mundo globalizado. Pero así como para Freud la guerra lo llevó a la teorización de la pulsión de muerte, el real que nos acecha en nuestros días demuestra la fragilidad del neoliberalismo, la inconsistencia de los líderes mundiales y lo ilusorio de un progreso ascendente. Para determinada clase social, todo parecía posible, viajar, radicarse en mejores lugares, consumir, inventarse cada día, confiar en la ciencia como nuevo dios. La pandemia hace vacilar todos los discursos: de pronto algo que se afirma se relativiza al día siguiente, un dato parece darse por seguro y luego se desmiente, las informaciones son a veces contradictorias. Como ejemplo: inicialmente se decía que no había peligro para los jóvenes y luego fue relativizado, que para los ancianos el virus era letal pero después, con gran sorpresa, longevos de más de 90 se salvaron y ello dio lugar a diversas teorías: que habían contraído el virus en su juventud y por ello tenían inmunidad o que, al contrario, por su sistema inmune bajo no había resistencia inflamatoria y ello era mejor, que el virus da inmunidad o que puede reaparecer... Estas ideas fueron dadas por científicos, ni que hablar por las emitidas por legos o por presidentes o ministros de grandes potencias. Hoy son las vacunas, aun sin total seguridad, las que proporcionan alivio y llegar a ellas es vivido como un suspiro del que sí valen fotos. No solo no es localizable el virus, sino la verdad certera sobre el mismo y sobre tal imprecisión giran ideas diversas. Ante tal situación comparecen los extremismos: hay gente que no sale nunca de su casa, o hay quienes niegan el asunto minimizando al covid, y toman las medidas del gobierno acerca del cuidado como coercitivas respecto a la “libertad. Si el covid ha profundizado la grieta es también porque los sujetos se adhieren a posiciones extremas ante el vacío, ignorando incluso a veces, su sentido político. Así, la angustia frente a la incertidumbre conduce a algunos a aferrarse a posiciones inconmovibles.

El trauma siempre perfora los semblantes, hiere nuestras creencias, aguijonea nuestras defensas, pero también... enseña. Las atrocidades de la primera guerra mundial marcaron no solo la vida de Freud sino a su propia teoría. Ella --dijo-- había degenerado en un conflicto más sangriento que cualquiera de los anteriores y había producido un “fenómeno prácticamente inconcebible”, ese estallido de odio y desprecio al otro. Hoy no estamos lejos de estas apreciaciones, piénsese la manera paranoica en la que se tomaron los dichos de nuestro presidente acerca del relajamiento del sistema médico durante el “veranito”. Una comunicadora llegó a afirmar que con esto se estaba escupiendo al personal de salud, tomando así una palabra como plena de sentido en lugar de un entender lo serio del mensaje y su significación portadora que era la de aumentar los cuidados. La declinación de los discursos va de la mano con que la palabra tome el sentido de una injuria y de un agravio. Más allá de la clara intención política opositora al gobierno, se trata de pensar en el ocaso de los discursos, cuando la palabra es aprisionada en su instantaneidad, fuera de la modalidad en la que es proferida. Y, más allá de ese ámbito educativo: ¿No notamos acaso de qué forma ella se sobreentiende inmediatamente al ser confinada al grupo partidario de donde supuestamente proviene, a los intereses que la gobiernan, a los propósitos implícitos que la empujan? Resuena aquí la célebre observación de Heidegger[2] acerca del parpadeo nietzscheano como manifestación del “último hombre”. Es esa percepción que comprende demasiado pronto, es la mirada que solo capta la superficie de las cosas y que en el instante inmoviliza el sentido. Es el eterno presente como congelación del devenir. Y negación de la hondura que ese devenir atesora.

Sin embargo, a Freud los horrores de la contienda le aportaron también saber para la vida, fue justamente en uno de sus trabajos sobre la guerra que, siguiendo el adagio latino dijo: “Si vis vital para mortem” (“Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”)[3], anunciando así que tal preparación es requisito y no obstáculo, de vivificación. Quedará por ver que nos enseña esta pandemia, podemos recordar a Kierkegaard,[4] quien se refirió a un aprendizaje por la angustia.

Por Silvia Ons, psicoanalista.

 

Notas:

[1] Freud, S.,(1976) “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, trad. José Etcheverry, T. XVIII, Bs. As., Amorrortu editores

[2] En ¿Qué significa pensar? Heidegger se refiere a la parte 5 del Prólogo de Nietzsche de Así hablabaZaratrustra,Bs. As., Alianza, 2009:

‘Qué es el amor? ¿Qué es la creación? ¿Qué es el anhelo? ¿Qué es la estrella?-Así pregunta el último hombre, y parpadea.

La tierra se ha vuelto pequeña entonces y sobre ella da saltos el último hombre,que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más vive.

Nosotros hemos inventado la felicidad-dicen los últimos hombres y parpadean”

[3]Freud, S.,(1976) “De guerra y de muerte”, en Obras completas, t. XIV, Buenos Aires, Amorrortu, 1976,p. 301

[4]Kierkegaard,S., (1984) El concepto de la angustia ,Orbis, Madrid, p.191 

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“En todo el barrio están dando bala”

“[…] íbamos marchando por la Avenida de Los Cerros, cuando empezaron a dispararnos bala, gases … desde un helicóptero también caían gases y todos comenzamos a correr hacia el barrio…”. Así narra un joven del popular Siloé de Cali la situación vivida en la noche del 3 de mayo, cuando se sumaron al alzamiento juvenil que conmociona a Colombia.

Según narra, en procura de proteger la vida se resguardan en sus viviendas o en cualquiera donde encontraban una puerta abierta; Kevin Agudelo, de escasos 19 años de edad, estudiante del Sena y quien hacía parte de la protesta, quien estaba acompañado de su novia, se resguarda en una panadería del barrio donde fue alcanzado por las balas disparadas por sus perseguidores, perdiendo de inmediato la vida.

Las voces de denuncia de los habitantes de este popular barrio caleño indican que otros dos jóvenes también fueron asesinados, pero no tienen sus nombres y la denuncia queda en manos de los organismos de derechos humanos para que la verifiquen, denuncia que indica que los heridos suman más de una decena.

La acción represiva de la policía, acompañada de unidades del ejército, sobre el grupo de jóvenes, permite visualizar que la potencia de fuego era enorme y la decisión tomada de acallar la protesta a como de lugar es evidente, disparando a diestra y siniestra, “en todo el barrio están dando bala”, como si fuera una zona de guerra, comenta uno de sus jóvenes pobladores.

En esta misma ciudad, queda registrada otra evidencia más que relevante sobre la mentalidad militarista que domina a los cuerpos armados del Estado, sin miramiento alguno con los derechos humanos (palabra que les debe sonar extraña), en la manera como “atendieron” una comisión verificadora de la situación que viven algunos de los jóvenes presos y que fueron recluidos en la estación de Fray Damián (ubicada en el centro de la ciudad). Al llegar la misma a este lugar es recibida inicialmente por un policía y luego por otros varios de sus compañeros que  con insultos, amenazas, disparos e incluso una bomba aturdidora lanzada por el Esmad, les obligan a retirarse del lugar. Según los atacados lograron salir ilesos por la protección que les prestaron varios “habitantes de calle”. La comisión estaba integrada por delegados de la Defensoría del Pueblo, Procuraduría, Alta Comisionada de Naciones Unidas, organizaciones de derechos humanos de la sociedad civil (como la alianza “Defender la libertad Asunto de todas), la Cut, la Arquidiócesis de Cali, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, es atendida inicialmente

Por todo el país

Mientras la población de Siloé vivía la situación referida, en otros muchos lugares del país grupos de jóvenes alzaban su voz para reclamar un gobierno diferente, con una realidad social y económica que permita dejar a un lado las penurias, y acceder a derechos tales como educación universitaria o superior, vivienda, salud, transporte, y otros muchos más que por ahora solo figuran en el papel o accede a los mismos quien tiene con que comprarlos.

Así ocurrió en Floriblanca, ciudad conurbana con Bucaramanga, donde la protesta juvenil, luego de ser reprimida por la mal llamada “fuerza pública” dejó como salto 15 heridos, 4 de ellos graves, entre estos uno con la mandíbula destruida, además de 57 detenidos. Por redes sociales los manifestantes circularon un video donde Cristian Barrios, joven estudiante, cae al suelo luego de ser atacado, seguramente por una descarga de pistola taser. Los lo lesionan son 4 policías que circulan en moto y que así evidencian el tipo de formación que reciben, su disposición para desatar violencia y para llegar, incluso, al máximo grado de la misma.

Más al sur del país, en Popayán, una marcha que recorría el centro de la ciudad sufre la ofensiva policial de la cual queda un saldo de 53 heridos.

En otras ciudades como Armenia, Tunja, Pasto, Bogotá, también se registran protestas, aunque no en todas la acción represiva toma forma-

Cierres de vías

Mientras los jóvenes reclaman en la calle derechos inexistentes, e incluso otro gobierno, en varias autopistas del país los camioneros interponen sus vehículos e impiden el paso normal de automotores. Demandan reivindicaciones propias, aunque ahora las suman a la dinámica que caldea al país.

Es una situación reinante en Cundinamarca en municipios como Facatativá, Gachancipá, Nemocon, Cajicá, Fusagasugá, Choachí, Ubaté, Sibaté, Caqueza-, En Antioquia, a la altura del municipio de Santuario. En Boyacá en las vías que llevan hacia Santander.

En el municipio de Zulia, cercano a Cúcuta, con cierres en las vías que llevan hacia Ocaña y Tibú, pero en este caso por acción liderada por campesinos campesinos que rechazan las fumigaciones con glifosato y exigen la implementación del Acuerdo de Paz. Una acción que también lleva a cabo en Nariño indígenas yasingas y pastos.

Otras regiones del país también tienen sus vías cerradas y las quejas del empresariado, en procura de solución, se escucharon sin cesar: en Pasto, dicen, se agota la gasolina; las granjas avícolas alertan que millones de pollos morirán por falta de alimento; los lecheros avisan que están perdiendo el producto de su trabajo pues no pueden llevarlo a las plantas procesadoras. En las ciudades los comerciantes se lamentan por las pérdidas que dejan las protestas y diversos almacenas de cadena informan del límite a que van llegando sus existencias.  Como si fuera poco, ante la renuncia del Ministro de Hacienda el dólar se dispara y con él la deuda pública, y las agencias calificadoras de riesgos avisan de la decaída en la confianza que tenían en el país. Es decir, la economía al piso.

Una realidad, la económica, que atrae con energía de imán, a las diversas expresiones del establecimiento que llaman a un pronto acuerdo de la crisis.

Sin pisarse los cayos

El alzamiento juvenil y social se va ampliando como mancha de aceite, y en la medida que esto sucede, como evidencia de su debilidad y desespero que lo descuaderna, el gobierno militariza más y más. Su actuar desbocado puede terminar en cualquier desfiladero: una mayor masacre, un autogolpe, o cosa similar. Una recurso al cual no renunciará, aunque por lo pronto y como quedó evidente a lo largo del día 4 de mayo, acudió al llamado a un Acuerdo Nacional al cual respondieron de manera favorable, y en primera instancia, los partidos tradicionales en sus distintas vertientes. Personajes como Juan Manuel Santos, quien ha liderado una acción subrepticia para descuadernarlo y por su conducto acorralar al innombrable, tampoco se negó. El tamaño de la crisis es tal, así como la necesidad a que se enfrenta el establecimiento para resolverlo en el menor tiempo posible, que hasta tres de las universidades privadas del país de mayor reconocimiento le dieron el miércoles 5 de mayo libre a sus estudiantes y los invitaron a sumarse a la protesta contra el mal gobierno. Una medida que responde, es claro, a las fuerzas subterráneas que actúan, desde el propio establecimiento, contra el gobierno Duque.

Queda por conocerse la manera como procederán las fuerzas llamadas alternativas y los diversos movimientos sociales, entre ellos indígenas y sindicalistas, y unos actores claves de la coyuntura: los jóvenes, aunque con una dificultad mayor: ¿quién los representa, quién o quiénes pueden asumir una vocería legitima como totalidad?

Un escenario realmente complicado para las fuerzas alternativas, que desde hace dos años han tratado de llevar al gobierno a una negociación abierta de un inmenso pliego de reivindicaciones el cual ahora sí podría ser negociado. El dilema es claro: Si se participa de la negociación se le brinda a Duque el aire necesario para dilatar la crisis, pero si no se participa será testigos mudos de la negociación que haga el establecimiento con el establecimiento o los mismos con las mismas.

La dificultad para resolver el dilema está en la postura expresada por algunas de estas fuerzas que demandan como precondición para un posible diálogo: la desmilitarización del país, el cese de la violencia represiva, renuncia de la cúpula policiva-militar, entre algunas de sus exigencias.

Mientras así cierra el día siete del alzamiento juvenil/popular, y termina el 4 de mayo, la luz se dirige al siguiente día donde el país está llamado a una inmensa manifestación de repudió en contra del régimen y del gobierno. Una jornada donde el movimiento indígena incorpora sus fuerzas y ampliará los bloqueos de autopistas.El desenlace de la jornada podría dar pistas sobre lo que está por venir.

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La sociedad anestesiada por la fobia al dolor

El sociólogo Miguel Ángel Forte analiza La sociedad paliativa, nuevo libro de Byung-Chul Han

Un reciente ensayo del filósofo surcoreano mete el bisturí en el concepto de dolor, un sentimiento que se pretende eliminar en una sociedad entregada a los paliativos optimistas y la dictadura del like.

En su libro La sociedad paliativa (Herder) el filósofoByung-Chul Han parte de la idea del dolor para atravesar los conceptos de toda su obra. Su tesis es que en la sociedad impera una fobia al dolor, el cual se trata de eliminar a toda costa, incluso allí donde es constituyente de la existencia humana como en el amor, la política, el arte y la psicología. Miguel Ángel Forte es profesor titular plenario de Sociología General (UBA) y director de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso, donde dicta el seminario Byung-Chul Han y Carlos Marx: las cadenas radicales del panóptico digital.

--Según Han, en la actual sociedad del rendimiento el dolor es considerado síntoma de debilidad. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y pule, hasta eliminarle su aspereza y resultar agradable. “El like es el signo y el analgésico del presente”. Y desde Facebook pasaría a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

--Facebook con sus selfies y likes da una solo apariencia de las cosas: tengo 5000 amigos ¿pero qué puede salir de ahí más allá de algunos encuentros concretos? Casi todo queda allí. El covid fue el virus justo para esta época que se nutre de vínculos digitales. El tuiteo era la forma de hacer política de Trump. Pues el secreto del poder contemporáneo es no generar ningún tipo de vínculo interpersonal. Una de las cosas que puso de relieve la pandemia es el individualismo radical de cierta gente, capaz de desafiar a la propia biología: no se cuidan ni a sí mismos.

--En su reivindicación de la negatividad del sufrimiento, Han dice que olvidamos que el dolor purifica y opera como catarsis: “el exceso de positividad aplasta y asfixia”. Y terminaríamos aplanados por la cultura de la complacencia sumidos en el infierno de lo igual, esa zona paliativa de bienestar. Plantea que “el dolor ha dejado de ser un cauce navegable que lleva al hombre al mar: es un callejón sin salida”. Lo trágico sería necesario para afirmar la vida, a pesar del dolor.

--En tanto el dolor es paradigma de la negatividad, el sujeto de rendimiento contemporáneo pretende eliminarlo. Ignora que el padecimientote lleva a una dimensión metafísica que permite dar sentido y ubicar tu posición en el cosmos y la sociedad. Para Han, no hay felicidad sin dolor, ya que esta aparece fragmentada: el dolor se sostiene en la felicidad, que es también algo doliente: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Lo necesitamos para una felicidad profunda. La vida es un juego de opuestos: sos feliz de alguna manera, porque una vez no lo fuiste. Sin conocer el sufrimiento no podés conocer a su Otro, que es la felicidad. Ciertas psicologías positivas --u optimistas-- trabajan sobre la negación del sufrimiento. En cambio, el psicoanálisis necesita que el paciente reconozca su padecer para comenzar el tratamiento. El otro camino para alcanzar la tranquilidad en la sociedad paliativa son los psicofármacos: el sujeto no quiere sufrir y en lugar de enfrentarse al sufrimiento, lo obtura con medicación.

--Freud descubrió la necesidad de abrir la herida.

--Si no tenés capacidad de enfrentar ese sufrimiento profundo, solo están a tu alcance las psicologías rápidas que buscan reemplazar pensamientos negativos por “positivos”. Pero apenas desplazan el problema, vuelve. Son técnicas funcionales al neoliberalismo: buscan la eficacia del sujeto que debe volver a la producción. Para eso inflacionan el narcisismo en lugar de escarbar y replantearse: te ponen en mejores condiciones para rendir sacándote del apuro, apelando al “vos podés” escribiendo metas cada mañana en el espejo del baño. El gran descubrimiento de Han es que el capitalismo entendió que es mucho más productivo el individuo autoexplotado, que el explotado clásico en la fábrica de la sociedad disciplinaria. Se pasa de la coacción del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

--Toda coincidencia con la política argentina es mera casualidad.

--Je je... Si hay alguien que entendió bien esto, fue Durán Barba. Dice Han que hoy predomina una política paliativa: comprar y votar se parecen cada vez más. En las democracias paliativas --al menos en el primer mundo que parece analizar él-- no se enfrentan posturas políticas ni grandes disputas de sentido. Tenderíamos a elegir entre tecnócratas parecidos que solo gestionan: no hay polis, en el sentido griego. La política busca satisfacer el deseo del votante: no hay verdaderos opuestos y el infierno de lo igual ingresa en la política, que pretende evitar el conflicto que produce dolor. El Big Brother con su cámara de tortura muta en Big Data amable que bucea en los deseos del votante inmerso en su smartphone como confesionario móvil, quien se expone a la vigilancia: en este nuevo panóptico se siente libre y quiere que lo vean. La minería de datos permite conformar un producto político que se le ofrece al votante-cliente. La pugna central consiste en ganar el centro político limado de asperezas para conformar las necesidades del “comprador”.

--Las derechas entienden bien esto: en lugar de hacer eje en cuidar la salud, se ofrecen como guardianes de su libertad.

--Es una degradación de la política a ver quién me deja ir a la cervecería o a correr. La búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Dice Han que no hay más revolución: hay depresión y antidepersivos. Todo lo que te sucede no sería un problema social sino personal, un tema psíquico que tenés que resolver sólo. La política paliativa implica “no puedo solucionarte nada de fondo pero intento darte tranquilidad”.

--El concepto “infierno de lo igual” sugiere que vamos perdiendo el espacio para la exploración fenomenológica --el darle sentido a las cosas-- y el lugar para una dialéctica, entendida como juego de opuestos que en el enfrentamiento genera una síntesis superadora. Iríamos hacia una homogeneización que expulsa lo distinto en rechazo a su negatividad. También el arte sería aplastado por lo paliativo.

--La lisura de la positividad se traslada al arte y lo termina anestesiando, al someterlo a la presión del consumo: busca ser siempre agradable, lindero con lo decorativo. Es un arte indoloro, sin conflicto ni ruptura estética. Y el diseño de los productos pasa a ser más importante que su valor de uso: los bienes de consumo se presentan como obra de arte. El filósofo subraya que los artistas se ven obligados a registrarse como marca. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y la complacencia conduce siempre a lo mismo. Han rescata la definición de Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte tiene que poder doler. La negatividad de lo distinto entra por el espacio que abre el dolor.

--En su genealogía del dolor, Hanremite a Foucault. En tiempos monárquicos existía un teatro de la crueldad que torturaba y exponía ejecuciones: el dolor era un medio de poder. Pero la sociedad disciplinaria industrial cambió su relación con el dolor: lo aplicó de manera discreta y limitada a las prisiones, más acorde a la necesidad productiva. Había que sujetar al trabajador a la máquina mediante la obediencia, sin cadenas. Pero en la sociedad de rendimiento, uno termina siendo su propio panóptico y se infringe dolor. La violencia no ha desaparecido: es neuronal y se interioriza e invisibiliza, desde que se la hace coincidir con la idea de libertad y autosuperación, motivando la productividad a través del consumo. Pasamos de una biopolíticadel cuerpo a una psicopolíticade la mente basada en el autocontrol.

--En la era posindustrial hay un cuerpo hedonista que se gusta y rechaza el dolor: no le ve utilidad. El sujeto de rendimiento carece de obligaciones y prohibiciones: tiene motivaciones. Los espacios disciplinarios como la escuela, el manicomio o la fábrica son sustituidos por formas y rincones de bienestar. Y desde la pandemia, la oficina tiende a ser reemplazada por la casa. El dolor es despolitizado y queda reducido a asunto médico. El poder se vuelve elegante, desvinculado del dolor. No se impone: es permisivo y seductor.

--Pero el dolor está siempre. Dice Han que las enfermedades paradigmáticas del siglo XXI --antes de la pandemia-- eran la depresión, el síndrome de burnout, el déficit de atención. El dolor brota de adentro. Lo que duele es el persistente sinsentido de la vida; si el dolor es reprimido, se acumula pero no desaparece.

--El dolor es autoproducido por la violencia de la positividad. No solo viene de los otros sino del superrendimiento y la hipercomunicacion: “son dolores de sobrecarga”. El sujeto autoexplotado no se detiene hasta derrumbarse de cansancio, como un siervo que arrebata el látigo al amo para flagelarse. Esto explicaría la costumbre global de autolesionarse para subir el video a Internet. Son personas que se generan cortes profundos o se someten a retos suicidas. Estas serían las nuevas imágenes del dolor, intentos vanos de librarse de la carga de un ego hipernarcisista, el reverso sangriento de las selfies; intentos desesperados de un Yo depresivo embotado en el infierno de lo igual, que necesita sentir su cuerpo. Sin dolor se aliviana la sensación de existir. Esas personas buscan algo intenso que los reviva. Por eso el auge de deportes extremos: la sociedad paliativa genera extremistas. Es una sociedad anestesiada que necesita estimulantes cada vez más enérgicos para despertar la experiencia del yo.

--¿Hay un dispositivo de felicidad inherente al neoliberalismo?

--Hay un imperativo de ser feliz. Esa positividad de la felicidad debe suplantar a la negatividad del dolor. La felicidad “es un capital emocional que aumenta el rendimiento”, muy eficaz en términos productivos: genera una presión más devastadora que la antigua obediencia. Pero ese sujeto queda corriendo en una rueda de hámster. El sometido no es consiente del sometimiento y se explota voluntariamente: cree que se está realizando. La felicidad estaría en la absolutización del trabajo, o sea,de la vita activa en desmedro de la contemplativa. Es vivir para trabajar: la jornada se extiende sin límite por el carácter coactivo de las tecnologías que convierten a todo momento y lugar, en un tiempo y ámbito de trabajo. Esto se potenció con la pandemia. La psicopolítica neoliberal convierte al trabajo en una fiesta y ese discurso neocorporativo se traslada a la política.

--Dice Han que el dispositivo neoliberal de felicidad invisibiliza el dominio, llevándonos a la introspección anímica como reacción ante el dolor por exceso de explotación. No hay que mejorar las relaciones laborales sino el estado anímico.

--Cuando el sujeto de rendimiento se deprime al fracasar --y no ve un posible cambio en el afuera--, implota en lugar de rebelarse. Se responsabiliza a sí mismo. Los nuevos líderes no son revolucionarios, sino entrenadores motivacionales que atajan el descontento con técnicas de autoayuda que intentan convertirlo en oportunidad. También los calmantes proscritos masivamente taponan situaciones sociales causantes de dolor. Las redes sociales y los videogames adictivos operan como paliativos que aíslan. El dispositivo de felicidad aísla y despolitiza, atenuando la solidaridad. Cada quien se preocupa de su felicidad como un asunto privado: “el fermento de la revolución es el dolor sentido en común”. En la sociedad del cansancio, ese agotamiento es apolítico, es un cansancio del Yo emprendedor. Este es el auge de la idea “todos somos empresarios”, cuando somos meros monotributistas de un Estado.

--Para Han, el sujeto de rendimiento narcisista abocado al éxito --expuesto al panóptico digital para aumentar su valor-- solo puede amarse a sí mismo y sufre el dolor de la agonía de su Eros. En tiempos de Tinder, así como el trabajo es positivado para quitarle su rasgo de explotación, lo mismo sucede en el amor: se elimina el riesgo de la herida.

--El dolor brota cuando un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor. No existe posibilidad de una relación profunda, si se rechaza de plano la posibilidad de sufrir. Por eso se busca llevar al Eros a una zona paliativa y controlada. El Otro es cosificado como objeto, al que solo se lo puede consumir. El Eros es el anhelo de lo distinto. La pretensión de un mundo sin dolor y anestesiado conduce al infierno de lo igual. El dolor es necesario para percibir la realidad, es esa resistencia que duele, sin la cual no sentiríamos nada. El mundo desmaterializado en la digitalidad reduce esa resistencia eliminando la fricción, llevándonos a una era posfáctica y apática: “El orden digital es anestésico y provoca el olvido del ser”.

--Lo único que nos puede sacar de allí es un gran shock, como en la película Melancolía de Lars von Trier: una joven sufre el dolor de no poder amar y sale de su depresión al enterarse que un meteorito está por destruir la tierra.

--O un shock como el virus actual que nos regresó de lleno a una realidad antes muy paliativa --que ocultaba la muerte--, la cual ahora se nos apareció de lleno con millones de muertos. Dice Han que hoy la realidad se nos hizo notar en la forma de una fricción viral. Y toma la historia de Simbad, el marino que cree estar en una isla, pero pisa el dorso de un gran pez. Esta sería la metáfora de la ignorancia humana. Nos creemos a salvo, pero de golpe somos arrastrados al abismo. La pandemia subrayó esto: la violencia que ejercemos contra la naturaleza contraataca con una fuerza mayor. El virus conmociona al capitalismo pero no lo elimina. La globalización había levantado todas las barreras para acelerar el flujo del capital. El shock pandémico paralizó las economías y los gobiernos en pánico cerraron las fronteras. Su efecto fue como el del terrorismo. El peligro sería que, a la larga, se instaure a nivel global un régimen policial biopolítico de control a la manera china: este sería el fin del liberalismo, que habrá sido un mero episodio histórico: “la psicolítica digital hace fracasar la idea liberal de libertad”.

--Han reivindica la vida contemplativa, el amor profundo y el Eros por sobre el porno, los rituales ante la instrumentalidad, el contacto físico y la política como espacio de conflicto. No es ningún posmoderno sino un romántico, un hombre de la modernidad algo fuera de época que no usa celular ni tiene redes sociales. Y un hipercrítico del neoliberalismo con su coacción digital. Hasta parece un continuador de la escuela crítica de Frankfurt. Y es un poco absolutista en sus afirmaciones.

--Sí. Su postura pasa por la ruptura de la homogeneización del mundo y la búsqueda de superar el narcicismo para encontrarse con los otros, de manera colectiva en el ritual. Reivindica la política y lo comunitario como polarización de opuestos. En Europa los partidos dejaron de ser clubes de amigos cuando ingresaron al parlamento los socialistas y trajeron la diferencia. Hasta entonces, habían sido todos aristócratas que vivían de otra cosa. El político profesional surgió con los parlamentarios de clase obrera diciendo algo distinto que incomodaba al status quo: introdujeron la negatividad opuesta. Creo que Han es un romántico, un romántico algo pesimista y apocalíptico, que dice cosas interesantísimas. 

Por Julián Varsavsky

03 de mayo de 2021

Publicado enCultura