Elecciones en Bolivia: la derecha se une para intentar frenar al MAS 

Preocupados por la preeminencia del Movimiento al Socialismo (MAS) en todas las encuestas serias, la derecha boliviana se prepara a unir fuerzas contra el partido de Evo Morales. Así, la presidenta de facto de Bolivia Jeanine Áñez está intentando conformar un frente unido con Carlos Mesa para las elecciones presidenciales del 6 de septiembre. El ministro de Gobierno Arturo Murillo precisó que Áñez le hará “muy buenas propuestas” al actual candidato de Comunidad Ciudadana (CC). Por su parte, el expresidente Evo Morales recalcó que se trata de un frente conformado por la vieja derecha boliviana. “Se juntan en conveniencia para reeditar la megacoalición del neoliberalismo”, sostuvo el líder del MAS.

Coalición "antipopulista"

Los partidos de derecha ya habían coincidido en su apoyo al golpe de Estado apañado por la OEA en noviembre pasado, cuando Morales superó ajustadamente la diferencia de 10 puntos necesaria para ganar en primera vuelta. Luego volvieron a dividirse de cara a las próximas elecciones, cada uno con la aspiración de colocar al nuevo presidente. Pero ahora las encuentras indican que Luis Arce, el candidato del MAS y exministro de economía de Morales, les saca una amplia ventaja a Mesa y Áñez. De esa manera corre riesgo el objetivo central del golpe: que las fuerzas populares queden definitivamente fuera de cualquier instancia de poder. Así fue como, con el poco disimulado empuje de la embajada de Estados Unidos, empezaron los contactos entre las diferentes fuerzas de la derecha para llegar a candidaturas unificadas. El objetivo es lograrlo de cara a la primera vuelta.

Fue el ministro de Gobierno Arturo Murillo el encargado de hacer pública la posibilidad de un acercamiento entre Áñez y Mesa, según informó el diario El Deber. “Yo creo que no es difícil. Habrá sorpresas en los próximos días... veremos cuál es la apertura del señor Mesa", indicó Murillo. Al ser consultado sobre la posibilidad de conformar una alianza que presente candidato único, señaló que habrá grandes sorpresas en los próximos días. “Nuestra presidenta realizará muy buenas propuestas”, sostuvo el funcionario. Murillo advirtió que esta vez no solo está en juego quién será presidente y quién no, sino los próximos 30 años de democracia. "Eso deben saberlo todos los candidatos que dicen ser de la línea democrática", insistió el ministro. Mesa es el principal oponente de la presidenta interina dentro las fuerzas "antipopulistas". El candidato de CC había quedado segundo en las elecciones de octubre pasado, en las que la dupla Morales-García Linera le sacó más de diez puntos de ventaja en la segunda vuelta.

Quemen el archivo

Desde que la pandemia se instaló en Bolivia, Mesa se había convertido en uno de los principales críticos a las medidas tomadas por el gobierno de facto. Por su parte Añez había manifestado presiones del líder de CC al momento de promulgar la ley con la que convocó a elecciones. “La Asamblea Legislativa, controlada por el MAS, ha aprobado la ley para elecciones el 6 de septiembre. He recibido presiones del MAS, de Carlos Mesa y otros políticos para ir a elecciones”, había denunciado en un tweet la presidenta interina. Estos hechos hacían pensar a la mayoría de los analistas políticos que sería muy difícil conformar un frente común. Sin embargo Murillo adelantó que la presidenta está trabajando en ese sentido. "Áñez está dando todo por su país, por la patria y por la democracia, y lo seguirá haciendo. Por eso vendrán las sorpresas”, enfatizó el funcionario.

Consultado sobre una posible alianza, el jefe de campaña de CC Ricardo Paz no quiso adelantar nada. "Es muy difícil hablar en base a suposiciones", indicó Paz. El portavoz sostuvo que el tiempo para acuerdos preelectorales ya había pasado. Sin embargo ratificó que Mesa está abierto para conversar con todas las fuerzas democráticas y construir espacios de confluencia. Antes de la crisis desatada por la pandemia, en febrero de este año, la CNN le había preguntó Mesa si para evitar el retorno de Morales consideraría ir con Áñez en una sola fórmula. “Siempre hay una posibilidad, negarlo sería cerrar las puertas al desafío que debemos enfrentar. El MAS tiene una opción de voto muy importante y uno no puede descuidarla”, había señalado el expresidente boliviano en aquél entonces.

En paralelo, Morales criticó a los miembros de la posible coalición y señaló el recorrido de los dos candidatos. “Se viene la alianza entre quien, antes que enfrentar a las transnacionales pedía limosnas, y quien, en medio de la pandemia y antes de salvar vidas hace negociados hasta con los respiradores”, escribió el expresidente en Twitter. Además señaló la mano de Estados Unidos detrás de ambos candidatos. “Cumpliendo las instrucciones del gobierno de Trump, Mesa y Áñez acordaron un pacto para ir 'Juntos' en las elecciones del 6 de septiembre en Bolivia con asesores que apoyaron la campaña de Sánchez de Lozada. ¡El pueblo digno y soberano será primero!”, enfatizó el líder cocalero.

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Vladimir Putin votando este miércoles en el referéndum constitucional. Presidencia de Rusia.

El referéndum constitucional que permite a Putin mantenerse en la presidencia hasta 2036 ha sido aprobado con una amplia mayoría

 

Rusia ha aprobado en referéndum una reforma constitucional que, además de permitir a Putin presentarse a dos elecciones más –legalmente podría mantenerse en el poder hasta 2036–, blinda constitucionalmente su proyecto de convertir Rusia en un país mucho más conservador. Entre sus más de 200 enmiendas está la inclusión de Dios en la Carta Magna, una visión tradicional y excluyente de la familia, el fortalecimiento del ruso como lengua del "pueblo fundador" y la prohibición de cuestionar la versión oficial de la historia. Según los resultados preliminares, la reforma ha recibido el apoyo de más del 70% de los votantes.

Uno de los cambios más discutidos es el que limita la extensión del cargo a dos mandatos de seis años. Sin embargo, hace borrón y cuenta nueva, por lo que no cierra el camino al actual presidente, que en las próximas elecciones de 2024 cumple dos mandatos consecutivos. Putin lleva en lo más alto del poder político desde el año 2000.

"Es evidente que Putin se está abriendo camino hacia una presidencia vitalicia. Eso no quiere decir que vaya a ocurrir, pero está abriendo el camino", sostiene Mila Milosevich, analista del Real Instituto Elcano para Rusia y Eurasia. "Tenemos que tener en cuenta que desde el año 2000 ya ha hecho dos manipulaciones para mantenerse en el poder. Primero se cambió el papel con el entonces primer ministro, Dmitri Medvédev, y después, en 2012, cambió el mandato de cuatro a seis años", añade.

"Estas reformas constitucionales empezaron como una forma de cambiar el balance de poder en Rusia. No porque Putin quisiera apuntalar un sistema democrático, sino porque quería producir más opciones para darse a sí mismo y a su régimen más margen de maniobra", opina Sam Greene, director del Instituto Rusia en el King's College de Londres. "Finalmente calcularon que los riesgos de ese tipo de diversificación eran demasiado altos y acabaron en una mayor concentración de poder en manos del presidente", añade.

Conservadurismo y nacionalismo

Otra de las enmiendas más criticadas es el veto constitucional al matrimonio homosexual. "Mientras yo sea presidente, no habrá progenitor uno y progenitor dos, habrá mamá y papá", afirmó el presidente en febrero. Milosevich recuerda que el tema LGTBI ha sido uno de los temas principales en la campaña del presidente y que su posición cuenta con gran apoyo entre la población rusa.

También hay varias reformas en materia cultural y de memoria histórica que van en la dirección del conservadurismo y nacionalismo promovido por el presidente. A partir de ahora, la Constitución incluirá un artículo en defensa de la "verdad histórica" sobre su papel en la Segunda Guerra Mundial. "El menoscabo de la gesta del pueblo durante la defensa de la patria es inadmisible", sostiene la enmienda. Putin ha lanzado una campaña internacional para reivindicar el papel de Rusia como el gran liberador de la guerra. Por otro lado, se describe el ruso como la lengua del "pueblo fundador del Estado", lo que deja a un segundo nivel a las minorías étnicas.

El paquete de reformas incluye del mismo modo el concepto de Dios en la Carta Magna. "Si en el himno se puede decir 'patria querida y protegida por Dios', ¿por qué no se puede decir en la Constitución?", se preguntaba el patriarca Cirilo I de Moscú, cabeza de la Iglesia Ortodoxa rusa y promotor de esta enmienda. Además, la Constitución rusa se establece a sí misma por encima del derecho internacional.

"Poner a Dios en la Constitución es una imitación a EEUU. Putin escribió una carta a Obama y al pueblo estadounidense en 2013 diciendo que es peligroso el excepcionalismo de Washington. En ese sentido, este cambio es como una respuesta: ustedes no son excepcionales y Dios no solo está con vosotros", afirma Milosevich. "Es extremadamente peligroso animar a la gente a verse a sí misma como excepcional", argumentaba Putin en la carta publicada en The New York Times.

La experta cree que el del derecho internacional es otro asunto inspirado en EEUU. "Es clarísimamente una imitación de EEUU y símbolo de gran potencia: no me puede juzgar nadie, excepto yo mismo. Esa actitud es arrogante", indica Milosevich.

"Desde la llegada de Putin, su proyecto ha sido conservador, nacionalista y con tintes de un patriotismo basado en la Segunda Guerra Mundial. Lo que está haciendo con esta reforma es blindar ese proyecto por ley, pero el país no se va a volver más conservador de lo que lo es hasta ahora", sostiene. "En este sentido, creen que Europa va por el camino equivocado de decadencia y perversión y en cambio Rusia tiene la verdadera fe y la verdadera cultura. En Rusia existe esta tradición cultural muy arraigada en el siglo XIX", añade.

"El referéndum constitucional muestra el auge del papel del nacionalismo y la instrumentalización de la religión en Rusia", sostiene Kerim Has, doctor en Ciencia Política y analista de Rusia. "La inclusión de visiones patrióticas para los niños en la educación, la ilegalización de los matrimonios homosexuales, el concepto de Dios, entre otros, demuestran el creciente tono nacionalista del régimen político en Rusia. Es muy probable que en este nuevo periodo, el Kremlin use la Iglesia Ortodoxa rusa como una herramienta política", añade.

Putin, un presidente popular

Milosevich recuerda que Putin sigue manteniendo unos elevados niveles de popularidad para los estándares europeos. "Su popularidad no baja del 56%, durante la votación en Crimea superó el 80% y el año pasado bajó al 59-60%, según estudios independientes. Además, la oposición en Rusia no está organizada y Putin es un líder indiscutible. Se puede criticar, pero tiene el control de la política rusa", comenta.

Greene cree que "los rusos han votado por la Constitución porque se les ha animado a hacerlo y porque para la mayoría una alternativa a Putin no traerá una mejor gobernanza y mayores niveles de vida". "En el futuro más probable, Rusia seguirá prácticamente como está actualmente: estancado, dividido y sin un claro camino para superar sus problemas", añade.

Por Javier Biosca Azcoiti

01/07/2020 - 21:11h

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Sábado, 27 Junio 2020 06:23

Resultado más que obvio

Resultado más que obvio

La reforma constitucional –diseñada por y para el presidente Vladimir Putin– se aprobó en tiempo récord por todas las instancias que forman parte de la élite gobernante, pero para entrar en vigor requiere de la legitimidad de las urnas.

Para ello los operadores políticos del Kremlin se sacaron de la manga una votación popular que no contempla la propia Constitución, que no es vinculante, que no exige la mitad más uno del padrón para ser válida, que no admite observadores, que permite votar en el transcurso de una semana, que no evita que una misma persona ejerza su derecho al sufragio varias veces, que lleva las urnas a las casas de los jubilados y un largo etcétera de excepciones y facilidades que restan toda seriedad a una votación legitimadora que nada tiene en común con un referendo, el cual no se puede convocar para modificar la Carta Magna.

La votación concluirá el 1 de julio siguiente con un resultado más que obvio: la reforma será aprobada y entrará en vigor. Lo único que –en estos tiempos de coronavirus con muchos descontentos por la pérdida de empleo, desplome de su nivel de vida y el manejo de la emergencia sanitaria desde el Kremlin– podría empañar el triunfo anunciado, y la posibilidad que pretende Putin de perpetuarse en el poder, es una participación escasa.

Ello no va a suceder: la cifra de asistencia será la que decidió ya la Oficina de la Presidencia –se comenta, no menos de 55 por ciento de participación, con entre 60 y 65 por ciento de votos en favor– para satisfacer el anhelo de legitimidad del titular del Krem-lin. Dispone de recursos para inducir, si no el sentido del voto, sí la participación de los millones de personas cuyos ingresos dependen del presupuesto (pensionistas, empleados públicos, trabajadores de los grandes consorcios del Estado, maestros, médicos), aparte de quienes acudan con la idea de sacarse, como en Moscú, un vale de descuento (hay 2 millones) para tiendas, restaurantes y bares que se rifarán entre quienes vayan a votar, igual que otros premios.

Hace 12 años Putin pensaba muy diferente: “Desde el primer día en el cargo de presidente de la Federación Rusa decidí que no voy a violar la Constitución vigente (…) Creer que el sillón de jefe máximo es tuyo para siempre, hasta la muerte, lo considero absolutamente inadmisible”.

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Imagen de archivo del ex asesor de seguridad nacional John Bolton, cuyo libro The Room Where it Happened estará a la venta desde mañana.Foto Ap

Nueva York., John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, sigue furioso porque fracasaron sus objetivos de resucitar la Doctrina Monroe, derrocar al gobierno de Venezuela y dañar a Cuba, y culpa de ello a su ex jefe Donald Trump en su libro que está por salir a la venta el martes, del cual La Jornada obtuvo una copia adelantada.

El “régimen ilegítimo de Venezuela… ofreció una oportunidad al gobierno de Trump. Pero requería una determinación persistente de nuestra parte, y presión consistente, total e implacable. Fracasamos en cumplir con esa norma. El presidente vaciló y tambaleó, exacerbando desacuerdos internos del gobierno… y repetidamente impidió nuestros esfuerzos para llevar a cabo una política”, escribe Bolton en un capítulo titulado "Venezuela libre", el único dedicado a un país latinoamericano en el libro, The Room Where it Happened.

El libro, cuya publicación Trump fracasó en frenar, trata de los 17 meses de Bolton en la Casa Blanca (hasta septiembre de 2019) y califica a su ex jefe de "errático y desinformado" al revelar la política exterior de este gobierno. Algunos de las novedades del libro ya se habían filtrado recientemente [https://www.jornada.com.mx/2020/06/ 18/mundo/023n1mun], pero el volumen ofrece más detalles sobre el manejo de la política exterior hacia América Latina.

Venezuela era pieza clave en el objetivo de resucitar la Doctrina Monroe y Bolton calificaba al régimen de Maduro como "una amenaza por su vínculo con Cuba y las aperturas que ofreció a Rusia, China e Irán". Explica, con nostalgia, que "America se había opuesto a amenazas externas en el hemisferio occidental desde la Doctrina Monroe, y era hora de resucitarla después de los esfuerzos de Obama-Kerry para enterrarla".

Bolton cuenta cómo poco después del atentado con drones contra Maduro, Trump le dijo: "hazlo", en referencia a derrocar al mandatario venezolano, y que se quejó: "Es la quinta vez que lo pido". El mandatario estadunidense insistió en que deseaba "opciones militares" para Venezuela y que ese país "en verdad es parte de Estados Unidos". Bolton señala que él y otros explicaron por qué la opción militar no era la mejor y que "podríamos lograr el mismo objetivo trabajando con los opositores de Maduro". Poco después, en noviembre de 2018, Bolton bautiza a Venezuela, Cuba y Nicaragua como “la troika de la tiranía” y anuncia nuevas sanciones contra los tres países.

El libro relata que Trump ordenó que el petróleo de Venezuela tenía que estar bajo control estadunidense y, mientras el presidente insistía sobre opciones militares, de repente planteaba reunirse con Maduro para resolver "todos los problemas", a lo cual se oponían Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo. Por cierto, en una entrevista con Axios publicada este domingo, Trump de nuevo dice que tal vez contemplaría una reunión con Maduro e indicó que ha perdido confianza en Juan Guaidó.

Cuando Guaidó se declaró presidente interino, Bolton pensó: "Esta es la revolución", e impulsó la declaración de apoyo de su gobierno.

El asesor de Seguridad Nacional cuenta cómo la delegación de legisladores de Florida, sobre todo los cubanoestadunidenses, fueron claves en convencer a Trump sobre apoyar a Guaidó, pero el mandatario exigió: "Quiero que él [Guaidó] diga que será extremadamente leal a Estados Unidos y a nadie más".

Bolton y sus aliados apostaban todo por la oposición venezolana encabezada por Guaidó y planeaban una sublevación militar para lograr su objetivo. Señala que fue un error sacar al personal estadunidense de la embajada en Caracas, ya que "la ausencia de asesores estadunidenses" en el terreno cambió el resultado de los intentos para derrocar al régimen.

Cuba, un superpoder

En el libro Cuba es caracterizada como un superpoder y le atribuye haber mantenido intacto el régimen venezolano y elogia el logro de revertir la política de apertura de Barack Obama y la aplicación de todas las medidas de la Ley Helms-Burton, como "un embargo pleno y completo" sobre la isla.

Revela que Trump solicitó opciones de uso de fuerza, incluyendo la interdicción, para interrumpir los cargamentos de petróleo entre Venezuela y Cuba.

El libro condena la apertura aplicada por Obama, la cual permitió que Cuba no fuera percibido como "adversario", y critica que durante ese tiempo "la creciente influencia rusa, china, iraní y cubana en el hemisferio no fue prioridad". Cuenta de los esfuerzos para "apretar" a La Habana, incluyendo la decisión de revertir una licencia que permitía a las Grandes Ligas "traficar con jugadores cubanos" y acusa a los dueños de los equipos de estar "durmiendo con el enemigo".

Bolton describe varias ocasiones en que los legisladores y organizaciones anticastristas de Florida, sobre todo los de Miami, lo ayudaron a fijar la política hacia Cuba y Venezuela. Se vanagloria de cómo el senador Marco Rubio lo presentó ante cientos de cubanoestadunidenses y venezolanoestadunidenses en Miami diciendo que su nombramiento "es un mal día para Maduro y Cuba, y un gran día para la causa de la libertad".

El autor señala que trabajó mucho tiempo sobre estos temas, y el público lo sabía. Bolton no oculta el narcisismo en su libro y destaca los elogios que recibe de fuerzas conservadoras, sobre todo en Miami, por ejemplo, en su presentación ante la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, y se enorgullece cuando sus enemigos lo mencionan. "Cuba ahora también me ataca por mi nombre; entonces, estoy de buen humor", cuenta.

México es frontera

Sobre México hay sólo unas cuantas referencias en el libro –no hay mención del presidente López Obrador– y casi todo gira en torno a la obsesión de su jefe con la migración y el muro fronterizo. Bolton cuenta de las explosivas disputas internas del gabinete sobre cómo cumplir con la orden de Trump de "frenar las caravanas".

Trump insiste en declarar que la frontera con México está "cerrada", y se irrita cuando se le explican las complicaciones; en una reunión gritó: “Díganles que el país está cerrado… es como una sala de cine cuando está llena”, además de recordar a sus ministros y asesores: los ciudadanos “me eligieron por este tema…”

En un polémico episodio, el entonces jefe de gabinete John Kelly estaba en la Oficina Oval con Trump cuando llegó un mensaje de que el yerno del presidente, Jared Kushner, deseaba reportar al mandatario su conversación con el canciller mexicano Luis Videgaray. Kelly, irritado, preguntó por qué Kushner estaba hablando con los mexicanos, y Trump respondió: "porque se lo pedí. ¿De qué otra manera vamos a frenar las caravanas?", y agregó: "Ninguno de ustedes, genios, ha logrado frenar las caravanas".

Kelly, como otros han hecho, contempló renunciar por este tipo de intercambio con el jefe, comentando a Bolton: "He comandado hombres en combate y nunca he tenido que aguantar mierda como ésta".

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Lunes, 22 Junio 2020 05:33

Trump, en la cuerda floja

Trump, en la cuerda floja

Luego de superar con éxito el juicio político ( impeachment) que intentaron realizarle los legisladores demócratas, el presidente estadunidense, Donald Trump, parecía encaminarse a una relección inevitable, sin más obstáculos que un candidato opositor tan gris e insustancial como ex vicepresidente Joe Biden.

Sin embargo, los acontecimientos de los tres meses recientes han colocado al magnate neoyorquino en una súbita posición de debilidad, que tuvo su más reciente expresión en el desastre político ocurrido en Tulsa, Oklahoma, donde el republicano realizó un mitin de campaña en un auditorio con capacidad para 19 mil personas al que sólo asistieron poco más de 6 mil, pese a que el propio Trump había alardeado que había recibido un millón de solicitudes para ingresar al acto.

Se afirma que el mandatario fue víctima del troleo de jóvenes que reservaron lugares en masa por medio de la red social TikTok con la consigna de no asistir a fin de dejar semivacío el local, una versión que los estrategas republicanos desmienten de manera enfática.

Lo cierto es que, haya sido por una jugarreta de adolescentes o por falta de capacidad de convocatoria, la campaña de Trump hacia la relección arranca en una situación de acentuada vulnerabilidad. Otro factor de debilidad del presidente es la divulgación de algunos pasajes de las memorias de John Bolton –un prominente halcón de la ultraderecha estadunidense y ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca– en el que se describe a Trump como corrupto, incompetente, errático y en extremo inescrupuloso.

Para empeorar las cosas, el magnate ordenó al Departamento de Justicia que impulsara la censura del libro, petición que fue rechazada por el Poder Judicial.

Pero los hechos que más han erosionado la posición del mandatario republicano son, sin duda, sus propias acciones, tanto su desastrosa actuación como jefe de Estado para enfrentar la pandemia de Covid-19 como sus impresentables reacciones frente a las protestas en contra del racismo que detonaron a raíz del asesinato, el pasado 25 de mayo, del ciudadano afroestadunidense George Floyd a manos de varios policías de Minneapolis, Minnesota, y se expandieron por más de un centenar de ciudades de Estados Unidos.

Lejos de manifestar su solidaridad con la población negra del país, oprimida y discriminada desde siempre, y de adoptar decisiones sustantivas para combatir el racismo que predomina en las instituciones y en buena parte de la sociedad de Estados Unidos, Trump se atrincheró en la descalificación de las protestas y buscó reprimirlas incluso con las fuerzas armadas, a lo que el propio secretario de Defensa se opuso de manera contundente.

Por lo que hace a la pandemia, ha resultado indignante y estremecedor observar a un mandatario en permanente conflicto con sus asesores médicos, empecinado en recomendar fármacos que las propias instancias de salud del país vecino consideran peligrosos e inadecuados, e insensible ante las decenas de miles de muertes ocasionadas por el nuevo coronavirus y ante el sufrimiento de millones de personas que han quedado en el desamparo económico total a raíz de la epidemia.

En forma previsible, conforme se aproxima la culminación del proceso electoral de este año, la peligrosidad de Trump –su sobrina Mary Trump lo describe como "el hombre más peligroso del mundo" en un libro de próxima aparición– tenderá a aumentar, habida cuenta de su afición a las huídas hacia adelante y a la creación de tensiones al límite como recursos distractores de su catastrófica gestión presidencial. Es de prever, por ello, que el mundo se encamina a vivir meses difíciles y riesgosos.

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Poder dual, golpismo y comicios en Bolivia

El boliviano René Zavaleta, primer director de Flacso México entre 1976 y 1984, teorizó conceptos muy importantes en sociología, como el de sociedad abigarrada, un Estado aparente donde se superponen diferentes capas sociales, pueblos y comunidades culturales. Una formación social donde coexisten la dominación colonial y capitalista, y formas de resistencia anteriores a los mismos. Los términos de sociedad abigarrada fueron muy útiles para entender la Bolivia plurinacional destruida por el neoliberalismo, pero para entender lo que está pasando hoy en el país andino-amazónico, nos sirve mucho más otro de los grandes conceptos acuñados por René Zavaleta, el de poder dual.

El concepto de poder dual retomaba a Lenin y la revolución rusa de 1917: “El doble poder –según Lenin– se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía (...) el otro es un gobierno suplementario y paralelo, de ‘control’, encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados”.

Es decir, poder dual alude a un gobierno que tiene la legalidad, pero convive con otro gobierno legítimo conformado por el pueblo organizado.

Esto es lo que coexiste hoy en Bolivia, un gobierno golpista que había llegado con el único objetivo declarado de convocar a elecciones, y un pueblo que se va organizando para resistir y que, además, tiene de su lado a una Asamblea Legis-lativa Plurinacional, donde el Movimiento al Socialismo de Evo Morales tiene la mayoría suficiente para aprobar leyes.

Ese poder dual cristaliza hoy en la convocatoria de unas elecciones previstas para el 3 de mayo, pero que fueron pospuestas por la pandemia global. La Asamblea aprobó la Ley 1297 de Postergación de las Elecciones Generales, y marcó el 2 de agosto como límite para la celebración de nuevos comicios. Pero esta ley fue recurrida por el gobierno golpista de Áñez ante el Tribunal Constitucional, institución que tras un acuerdo apoyado por Naciones Unidas y la Unión Europea, entre el MAS y la mayoría de partidos de oposición presentó la propuesta del 6 de septiembre como nueva fecha electoral.

Pero en una nueva vuelta de tuerca al poder dual que se vive en Bolivia, Jeani-ne Áñez, quien además es candidata presidencial, mandó una carta a la presidenta del Senado, Eva Copa (MAS), pidiéndole un informe técnico y científico que validara la fecha de las elecciones, torpeza política porque si Áñez no promulga la Ley 691 en 10 días, el Senado tiene la facultad de hacerlo.

Es claro que existe una voluntad en retrasar todo lo que se pueda la convocatoria de elecciones, pues están perdiendo aceleradamente apoyos entre la opinión pública debido a los numerosos escándalos de corrupción en los que han incurrido autoridades en el medio año que lleva instalado el gobierno golpista.

En febrero destituyeron al gerente de la principal empresa de telecomunicaciones del país, Entel, nacionalizada durante el gobierno de Evo Morales, y en estos días el presidente de YPFB, la empresa hidrocarburífera estatal, se encuentra en búsqueda y captura tras varios escándalos de corrupción.

Aunque el mayor escándalo ha sido la corrupción destapada por la compra en España de respiradores para hacer frente al Covid-19, que ha llevado al encarcelamiento del ministro de Salud de una Áñez que cada vez tiene más difícil afirmar que llegaron de forma transitoria para convocar a elecciones tras el golpe de Estado, cuando la imagen que dan son de que llegaron para quedarse el mayor tiempo posible, y mientras tanto, saquear y vaciar un Estado que costó poner en pie 14 años de proceso de cambio.

Pero además, los golpistas continúan con sus torpezas y han desaparecido los ministerios de Deportes, Comunicación, y Culturas. El cierre de este último, con un presupuesto de 100 millones de bolivianos (menos de 15 millones de dólares) frente a los 7 mil millones que manejan Gobierno y Defensa, ha supuesto que la comunidad cultural y una parte de la clase media se levante en pie de guerra contra el gobierno.

Esta dinámica deja a los golpistas casi fuera de la carrera electoral, pero aunque el MAS-IPSP pueda recuperar una parte de los apoyos perdidos durante los meses de octubre y noviembre de 2019, en realidad quien más favorecido se ve por la coyuntura es el timorato y cómplice del golpe, Carlos Mesa, que tiene todo un carril central para apostar por "ni masistas ni golpistas" después de que en las elecciones pasadas consiguiera articular 37 por ciento del voto opositor anti Evo Morales.

Es probable también que los poderes que impulsaron el golpe de Estado, desde las élites económicas a sectores de lapolicía y el ejército, pasando por la estación de la CIA en La Paz, dejen caer a Áñez y su gobierno para articular una unidad parcial en torno a Carlos Mesa como garante de una transición que garantice el control de los recursos naturales y su posterior privatización al mismo tiempo que una relativa paz social.

Será tarea colectiva que el poder dual que hoy impera en Bolivia se mantenga en caso de que el golpe de Estado consumado el 10 de noviembre de 2019 se perpetúe mediante una victoria electoral golpista.

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Jóvenes estadunidenses simpatizantes de Bernie Sanders han renunciado a esperanzas de una buena vida, afectados por el doble golpe del Partido Demócrata a éste. Foto Ap

Antecedentes: en 2016, a Bernie Sanders, apoyado por los millennials, el establishment del antidemocrático Partido Demócrata le hizo trampa en Iowa para colocar a Hillary como candidata presidencial.

Dos años más tarde,“Bernie Sanders con sus millennials humillan a Hillary en Nueva York (https://bit.ly/2BZ8nIN)”. La rebelión de los millennials desde Latinoamérica (https://bit.ly/2XX8E7N), hasta Europa y Occidente tout court (https://bit.ly/3d42pU5) exhibió en los recientes cuatro años “la insoportable desigualdad del neoliberalismo global que se manifiesta en el Índice Gini”.

En febrero de este año resalté a los “ millennials con el socialista (sic) Bernie, a quien temen más demócratas que republicanos (https://bit.ly/3hgs6Uu)”: “50 por ciento de los millennials y 51 por ciento de la Generación Z sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra y tienen una mayor vista desfavorable del capitalismo”.

En el mismo febrero expuse “la colosal deuda universitaria de los millennials en EU: ¡1.6 millones de millones de dólares! ( https://bit.ly/3fboPnI )” cuando EU se encuentra “inundado por sus deudas al consumo: la deuda de los hogares rebasa los 14 millones de millones de dólares (https://bit.ly/37pIu0l)”.

Hechos: la vez anterior expuse que “la verdadera revolución demográfica será implosiva con el ascenso de los centennials (Generación Z) hispánicos de EU y su promedio asombroso de 11 años de edad (https://bit.ly/2MUSAgy)”. Nick Turse ( NT), de Intercept –portal independiente que cobró fama mundial por haber publicado las incandescentes filtraciones de Edward Snowden, hoy asilado en Rusia, y que ha sido uno de los peores golpes al espionaje electrónico de EU– obtuvo vía la Enmienda de la Libertad de la Información un “juego de guerra ( wargame)” del Pentágono el documento Joint Land, Air and Sea Strategic Special Program (JLASS-2018; https://bit.ly/2zx7ypW) donde ofrece un escenario en el que los miembros de la Generación Z –nacidos después de 1996y que vienen detrás de los millennials (Generación Y)–, impulsados por el malestar y el descontento lanzan la Z-belión en EU en 2028 –que se empata curiosamente con mi prospectiva.

NT trae a colación la Z-belión debido a que “las impactantes protestas en curso en Estados Unidos están compuestas ampliamente por jóvenes (https://bit.ly/2MPXCL6)”, ya que “muchos integrantes de la Gen-Z –sicológicamente marcados por las cicatrices en su juventud por el trágico 9/11 y la Gran Recesión, aplastados por la deuda universitaria y el desencanto con sus opciones de empleo–, han renunciado a sus esperanzas para una buena vida y creen que el sistema está manipulado en su contra” ¡Cómo no va a estar manipulado si su admirable representante Bernie Sanders fue dos veces defraudado por el establishment del antidemocrático Partido Demócrata en Iowa!

Aunque los millennials experimentaron el 11/9 y la Gran Recesión, a juicio de NT, la “ Gen-Z vivió con ellos como parte de su infancia, afectando su realismo y su cosmogonía” que resultaron en un sentimiento de inquietud e inseguridad.

La Generación Z “seguido es descrita buscando independencia y oportunidad, pero también se encuentra entre los menos probables a creer que existe tal cosa como el sueño estadunidense, según NT, quien los describe como buscando ser agentes del cambio social (sic) que anhelan plenitud y entusiasmo en sus trabajos para ayudar a mover el mundo hacia delante.

En forma impactante y a diferencia de los millennials que son adictos a la tecnología, según NT, la Gen Z, “pese a la habilidad tecnológica que posee, prefiere el contacto persona a persona, opuesto a la interacción online” y rechaza el excesivo consumismo !pues no esta nada mal!: en contraste a la orgia consumista de los plutócratas parasitarios de Wall Street.

Conclusión: Hay que tomar en cuenta la explosividad volcánica de los millennials y la Generación Z en EU cuando una de las características de México hoy es que es un “país millennial”, cuyo promedio de edad es de 29 años y que en los próximos siete años será un “país centennial”.

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Sorpresiva baja de la tasa de desempleo en Estados Unidos

La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el presidente de Estados Unidos.

 

El desempleo en Estados Unidos registró una sorpresiva baja en mayo que obligó a recalcular las previsiones pesimistas para el país. La tasa se ubicó en torno al 13,3 por ciento cuando en abril había sido de 14,7 por ciento. El presidente Donald Trump festejó la noticia como un gol en el último minuto. "Tomamos todas las decisiones correctas", sostuvo el mandatario republicano. A su vez, le reclamó a los gobernadores que levanten las cuarentenas en los Estados que aún no lo hicieron. También aprovechó para mencionar George Floyd, el afroamericano asesinado por la policía hace más de una semana. "Esperemos que George esté mirando hacia abajo en este momento y diciendo que esto es algo grandioso para nuestro país", indicó Trump. Hubo nuevas marchas contra el racismo en varias ciudades de EEUU.

Números de campaña

En mayo se crearon 2,5 millones de empleos según reveló un informe del Departamento de Trabajo. Estas cifras superan hasta las previsiones de los analistas más optimistas. Las proyecciones más alentadores proyectaban que la tasa de desempleo podía subir hasta el 20 por ciento, con una pérdida de 8 millones trabajos. Esta cifra hubiera ubicado al país como en las peores etapas de la Gran Depresión de 1930. "Esta mejora en el mercado laboral refleja una reanudación limitada de la actividad económica que se había visto reducida en marzo y en abril por la pandemia del coronavirus y los esfuerzos por contenerla", indicó la Oficina de Estadísticas de Empleo. La Bolsa de Nueva York celebró los datos con alzas que alcanzaron el 2,6 por ciento.

El mercado de trabajo comenzó a estabilizarse a medida que las empresas comenzaron a abrir después del confinamiento decretado a mediados de marzo. El gobierno norteamericano implementó un paquete de rescate de cerca de 3 billones de dólares. Además, varias líneas de crédito para empresas por miles de millones de dólares, e incentivos para muchos negocios que pudieron recontratar a sus trabajadores, señalaron varios expertos. El empleo subió en sectores como el ocio, la hotelería, la construcción y el comercio minorista, muy golpeados por las cuarentenas. "Estos datos apuntan a que la economía está comenzando a repuntar tras el impacto de la pandemia", señaló Mike Fratantoni, economista jefe de la firma MBA. Por su parte el economista de Harvard Jason Furman advirtió que las cifras del gobierno muestran una reducción de los despidos temporales. "Es la parte fácil de la recuperación", sostuvo Furman e indicó que la creación de empleo en el futuro puede ser más compleja.

Superar "la plaga China"

Pero para Trump el informe del Departamento de Trabajo fue una bocanada de oxígeno. El presidente estuvo todo el día con los datos en la mano. "Teníamos la mayor economía de la historia. Y esa fuerza nos permitió superar esta horrible pandemia, que ya hemos superado en gran medida, creo que nos está yendo bien", indicó el mandatario. A su vez sostuvo que se trataba de la mayor recuperación en la historia de EEUU y que sólo era el principio. El líder republicano defendió su gestión de la crisis pese a que el país tiene el mayor número de muertos por coronavirus: 108.000. En total 1.883.033 personas dieron positivo de la covid-19 en territorio estadounidense. El presidente se refirió a la pandemia como la plaga de China y dijo que ese país se aprovechó de EEUU.

A casi dos semanas de la muerte de Floyd el presidente sostuvo que tal violencia no era permisible. Sin embargo afirmó que su administración hizo más por los afroamericanos que los presidentes anteriores. El mandatario sostuvo que durante su gobierno se redujo la tasa de desempleo en esa población. "Este es un gran, gran día en términos de igualdad", comentó Trump nuevamente haciendo referencia a la baja del desempleo. Sin embargo, el informe del Departamento de Trabajo detalló que la falta de empleo para las personas negras subió ligeramente hasta llegar al 16,8 por ciento.

Bastante lejos del optimismo del mandatario, en varias ciudades hubo nuevas movilizaciones para protestar contra la discriminación hacia la comunidad negra. En la ciudad de Nueva York las marchas volvieron a ser anoche mayormente pacíficas. Los ánimos se caldearon cuando se difundió el video de un policía que empujó a un manifestante de avanzada edad en Buffalo, una ciudad del Estado. En el mismo se ve cómo el hombre cae hacia atrás y golpea su cabeza contra la vereda tras acercarse a un grupo de policías. En ese momento estaba por empezar el toque de queda en la ciudad. Sin perder tiempo, el alcalde Byron Brown anunció la suspensión sin goce de sueldo de los dos agentes involucrados en el hecho.

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Bolivia realizará las elecciones presidenciales el 6 se septiembre

Acuerdo entre las fuerzas políticas, incluido el MAS, a siete meses del golpe

El Tribunal Supremo Electoral presentará el acuerdo en el Congreso para su aprobación. El presidente del organismo, Salvador Romero, dijo que una vez aprobado propondrán esa fecha para la votación. 

 

Las principales fuerzas políticas de Bolivia, incluido el Movimiento Al Socialismo (MAS), y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) establecieron el 6 de septiembre como fecha límite para realizar las elecciones presidenciales. El acuerdo, que tiene que ser refrendado por el Parlamento, fue presentado por candidatos y miembros del TSE. El presidente del organismo Salvador Romero dijo que una vez aprobada la ley propondrán esa fecha para la realización de los comicios. 

Las elecciones generales estaban previstas para el pasado 3 de mayo. Pero a finales de marzo habían sido aplazadas sin fecha por el gobierno de facto al declarar el estado de emergencia sanitaria por el coronavirus.

El pasado 30 de abril el Parlamento boliviano, donde el partido de Evo Morales tiene mayoría, había promulgado una ley que daba un plazo máximo de noventa días para ir a las urnas. En ese momento la presidente interina Jeanine Áñez se había manifestado en contra de la decisión. Ese plazo se cumpliría el próximo 2 de agosto. Sin embargo esta vez buena parte del arco político boliviano llegó a un acuerdo junto con las autoridades electorales. El mismo quedó rubricado en un proyecto de ley donde se puso como fecha límite para realizar las elecciones el 6 de septiembre. Aún resta que la Asamblea Legislativa apruebe el proyecto que enviará el TSE al Parlamento. Se espera que así ocurra ya que el MAS tiene mayoría en ambas cámaras y formó parte de la elaboración del mismo.

El presidente del TSE declaró que el proyecto de ley acordado es fruto del diálogo entre las ocho candidaturas. “El proyecto prevé la realización de la elección general hasta el domingo 6 de septiembre de 2020. Una vez publicada la ley, el Órgano Electoral fijará ese día como fecha de la elección general a través de una resolución”, indicó Romero. Las declaraciones de los candidatos tras el acuerdo apuntan a que las elecciones se celebrarán ese primer domingo de septiembre.

Bolivia tiene que elegir presidente, vicepresidente, senadores y diputados, después de que fueran anuladas las elecciones de octubre pasado. En ellas Morales había logrado imponerse a Carlos Mesa, el segundo candidato más votado. Pero las denuncias de fraude crearon el caldo de cultivo para lo que luego fue el golpe de Estado. El líder del MAS se exilió en México y desde el 13 de diciembre se encuentra como refugiado político en la Argentina.

Casi todos dieron el sí

En su comparecencia el presidente de TSE estuvo rodeado de varios candidatos. Entre ellos se encontraba Luis Arce Catacora, elegido por el MAS para llegar a la presidencia. "Hemos viabilizado este acuerdo para que podamos tener el cuidado en la salud, en primera instancia, pero también dar la certeza a los bolivanos y bolivianas que este año habrá elecciones, y que se realizarán el 6 de septiembre. Esperamos que el Tribunal tome las decisiones para que esa fecha se cumpla", sostuvo Arce. 

También estuvo presente el candidato de Comunidad Ciudadana y expresidente Carlos Mesa. Por su parte la presidenta interina Jeanine Áñez, candidata por Alianza Juntos, publicó un mensaje en Facebook donde dijo que aceptará la decisión del TSE. Sin embargo pidió al organismo escuchar a los especialistas antes de determinar la fecha de la elección. En contra de la decisión del órgano electoral se manifestó el partido Creemos que lleva como candidato a Luis Fernando Camacho, expresidente del Comité Cívico de Santa Cruz.

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https://razonpublica.com/elecciones-2018-empezaron-las-coaliciones/

La emergencia de demandas populares reprimidas por la guerra, expresadas en las protestas sociales y en el fenómeno electoral de Gustavo Petro, ha producido una coyuntura similar al establecimiento del Frente Nacional: igual que tras la pacificación de Rojas Pinilla (1953-57), las clases dominantes buscan conjurar la potencial articulación del pueblo como sujeto político y, ante el declive del uribismo, parecen encontrar un nodo articulador en el “centro”.

 

La aparente contradicción entre violencia endémica y continuidad de las instituciones de la democracia liberal, característica de la historia colombiana, tal vez se explica por un tercer elemento que también le es singular: la sistemática exclusión del pueblo del ámbito público-político. Siempre que el sujeto político pueblo se intentó articular para intervenir en esa esfera fue expulsado, muchas veces de forma violenta, por los agentes que se autoperciben como sus naturales y exclusivos ocupantes: las clases dominantes o élites.

La Junta de notables de Santafé se impuso sobre los chisperos de Carbonell en 1810, la coalición de “constitucionales” que vinculó liberales y conservadores derrocó a Melo y desterró sus bases artesanales en 1854. Aquí no hubo grandes reformas como en el México decimonónico, ni revoluciones liberales a principios del siglo XX como las de Alfaro en Ecuador o Pando en Bolivia. El populismo, que amplió sustancialmente las comunidades políticas e incluyó los sectores populares en Brasil con Vargas, México con Cárdenas y Argentina con Perón, no echó raíces en estas tierras: el pueblo articulado por Gaitán fue convertido en una masa informe el 9 de abril de 1948 y, una vez aniquiladas las guerrillas gaitanistas, sobre ella se erigió el régimen excluyente del Frente Nacional.

En su momento, la exclusión de las terceras fuerzas –el MRL, la Anapo, etcétera– y el carácter ultrarepresivo de los gobiernos bipartidistas alimentaron la violencia revolucionaria. Una vez finalizado formalmente el pacto, la exclusión se prolongó en la práctica del genocidio agenciado por el Estado y el paramilitarismo, en particular pero no exclusivamente contra la UP, incluso con posterioridad a la Constitución de 1991. La mano dura de Uribe, auspiciada por las clases dominantes con el fin de apacigüar el país tras el escalamiento de la guerra desde mediados de los noventa, es en cierto sentido análoga a la pacificación operada por Rojas Pinilla a partir de 1953, de manera que hoy nos encontramos en un escenario similar al que enfrentaron las élites en 1957-58, cuando el dictador dejó de ser funcional a sus intereses, su creciente autonomía se conviritó en un problema y hubo que acordar una manera de monopolizar nuevamente el poder político.

Aunque los resultados electorales de 2018 apuntaban a la formación de un bloque hegemónico alrededor de Iván Duque, cuya victoria fue posible por la coalición de las fuerzas políticas tradicionales en contra de la articulación de demandas populares representada por Gustavo Petro, hoy el uribismo aparece como una fuerza en declive –con divisiones internas que se profundizan a medida que Uribe resta popularidad y suma rechazo en las encuestas–, mientras repunta como posible nodo articulador de los intereses de las clases dominantes el denominado “centro”.

Los avatares del centro político

Como acaba de mostrarse, las élites colombianas han sido más liberales que demócratas, pero la mayoría del tiempo la dominación de clase, descontando el filofascismo de un Laureano Gómez, ha adoptado una posición de centro. De hecho, la política en Colombia prácticamente no ha presentado experiencias radicales de izquierda ni de derecha: las reivindicaciones de las guerrillas, vistas por muchos como lo más radical, eran de cuño socialdemócrata. La única razón por la que nunca se formó una identidad política de centro, es porque no fue necesaria. En el contínuo izquierda-derecha, ése fue de facto y sin necesidad de proclamarlo el cómodo lugar de los dos partidos tradicionales, liberal y conservador, hasta su declive. La reivindicación del centro político se produce con ocasión de un fenómeno inédito en la historia reciente: la “polarización” posterior al Acuerdo de paz.

El cierre del prolongado conflicto armado motivó la emergencia de aquellas demandas proscritas del ámbito público-político tanto por la guerra, que exterminó la posibilidad del debate político, como por el predominio del centrismo entre las fuerzas políticas gobernantes. Entre 2012 y 2016, de la mano con el inusitado auge de las protestas y movimientos sociales, en la agenda pública se posicionaron una serie de demandas nunca resueltas que están en la raíz de los recurrentes ciclos de violencia: detener el despojo violento de la tierra y redistribuir su propiedad; resolver la pobreza y la desigualdad social extremas; acabar con la exclusión política vía genocidio; verdad, justicia, reparación y no repetición de los crímenes en el marco de la guerra, entre otras. En últimas, es este conjunto de demandas reprimidas por el conflicto las que se perciben, principalmente por sectores de derecha y de centro, como causantes de la “polarización”.

Para las elecciones presidenciales de 2018, el abanderado de muchas de estas demandas fue el candidato Gustavo Petro, no como una estrategia conciente sino por el hecho de que, ante la coalición del Polo Democrático con Sergio Fajardo y su fórmula, Claudia López, que se reclamaron como el centro, no hubo otra opción que las representara. De hecho, una de las tácticas de campaña del centro consistió en hacer equivalente a Petro con la derecha uribista de Iván Duque: ambos representaban los males de la “polarización”, que no solo impedía avanzar al país sino que amenazaba con destruirlo. Aunque inicialmente Fajardo y López erigieron una frontera discursiva con el uribismo, principalmente mediante la denuncia de la corrupción, con el tiempo se concentraron en combatir a Petro, quizás creyendo que allí estaba el electorado en disputa, afirmando que solo Fajardo podría ganarle al uribismo en segunda vuelta.

Los resultados indirectos o no buscados de esa táctica electoral fueron desastrosos. Tanto la etiqueta de cuño uribista “castrochavismo” como el rechazo de la “polarización” terminaron por estigmatizar y desplazar paulatinamente de la agenda pública las demandas sociales irresueltas y aplazadas por décadas de guerra. Pero, sobre todo, al expulsar de la agenda pública esas demandas, se frustran las expectativas creadas en amplios sectores populares por el Acuerdo, se erosiona su legitimidad y se crea un marco discursivo propicio para que se instale en la agenda una paz minimalista, que ni siquiera satisface lo acordado en la mesa de negociaciones y que mucho menos tocará mediante potenciales reformas los privilegios de las clases dominantes. En fin, el clima ideológico creado, un reencauche de la doctrina contrainsurgente del “enemigo interno” propia de la Guerra Fría, ha legitimado indirectamente el genocidio político, que ya deja más de mil líderes sociales y desmovilizados asesinados.

El resultado electoral tampoco fue el esperado: al erigir a Petro como la mayor amenaza para el país, en lugar de atraerse el potencial electorado de izquierda, el centro terminó por empujar parte de su propio electorado hacia el uribismo: muchos votantes de centro-derecha prefirieron la mano dura conocida del uribismo para conjurar esa gran amenaza a la desconocida del centro, tanto en primera como en segunda vuelta. A corto plazo la construcción de una identidad política de centro aparecía truncada debido a la imposibilidad de darle un contenido positivo, un proyecto, que trascendiera el antagonismo con Petro.

La crisis endémica de la izquierda

Sin embargo, las elecciones regionales y locales en 2019, en particular a la Alcaldía de Bogotá, mostrarían que el centro estaba en mejor posición para “acumular” capital político que la izquierda. El Polo Democrático, dominado internamente por el Moir, persistió en su alianza con el centro y, por tanto, cerró la posibilidad de coalición con otros sectores de izquierda. La plataforma con que Petro participó como candidato presidencial, Colombia Humana (CH), no alcanzó a consolidarse cuando se fragmentó en plena campaña, incluso aunque consiguió un importante número de cargos tanto en la Capital como en algunas otras regiones. Aunque el detonante de tal fragmentación fueron las denuncias por violencia intrafamiliar contra el candidato a la Alcaldía, Hollman Morris, ese es apenas el desenlace de problemas más profundos.

CH no pudo en esa coyuntura, y no ha podido, crearse una identidad como colectivo y organización política, que trascienda el carácter de plataforma electoral de Petro, a pesar de haber trabajado en un completo y alternativo programa de gobierno. En varios momentos se ha planteado en su interior una discusión sobre la forma organizativa, pero el problema no ha sido resuelto más allá del rechazo a formas tradicionales de organización como el partido. En consecuencia, su funcionamiento reproduce el caudillismo y el personalismo que, incluso a pesar de sí mismo, le ha impreso Petro. Si existiera alguna estructura organizativa, estaría basada en las redes de activistas y/o clientelas nucleadas por alguna personalidad individual con reconocimiento, lo que dificulta el seguimiento de procedimientos institucionalizados y el alcance de consensos en torno a decisiones colectivas, como la elección de candidatos o el rendimiento de cuentas.

La fragmentación se empezó a producir precisamente en torno a la elección de una candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Debido a la carencia de personería jurídica, CH hizo coaliciones con el movimiento MAIS, entre otros, para las elecciones de 2018. A fines de ese año, Hollman Morris obtuvo el aval de dicho movimiento como candidato a la Alcaldía. Fue una decisión inconsulta en el interior de CH que levantó resquemores en otras personalidades, a lo que se adicionaron las denuncias en su contra por maltrato intrafamiliar en el marco de su divorcio, denuncias que no fueron procesadas internamente porque no existía en ese momento una instancia, como un comité de ética, que lo hiciera. Desde ese momento hasta fines de julio de 2019, cuando finalmente es elegido como candidato de CH, el movimiento se debate internamente por la elección de un candidato.

Durante todo ese tiempo Petro, líder “natural” de la colectividad, osciló indeciso entre dos actitudes: dejar que el propio movimiento escogiera un candidato pero, simultáneamente, establecer contactos con personalidades como el exministro Alejandro Gaviria y la misma Claudia López, candidata del centro. En marzo de ese año, en el marco de la asamblea distrital, Jorge Rojas, quien había obtenido el aval de la UP, no consigue proclamarse como candidato de CH, según afirmó, porque Ángela María Robledo lo impidió*. Para ese entonces había un descontento con el apoyo que una parte del movimiento le brindaba a Morris, sobre todo entre uno de los sectores feministas que lo componen liderado por Robledo. Pero ese sector no apoyó una candidatura de CH porque paralelamente también buscaba un acuerdo con Claudia López

La estructura organizativa de CH ni siquiera permitió una negociación ordenada con López pues, como Jorge Rojas comenta en la entrevista citada, había tres negociaciones al mismo tiempo: una de Petro, otra de Ángela María Robledo, ambas a puerta cerrada, y una más que derivó en un apoyo abierto de Rojas a la coalición de sectores alternativos en torno a la candidatura de López. El acuerdo programático no se consiguió, primero, por diferencias fundamentales en torno al modelo de ciudad, cuya manzana de la discordia fue la persistencia de López en continuar el proyecto de metro elevado del alcalde saliente Enrique Peñalosa, y segundo, porque la misma López lo obstruyó al proclamar, en el acto de inscripción de su campaña, la candidatura presidencial de Sergio Fajardo, que no fue consultada con ninguno de los integrantes de la inicial coalición a la Alcaldía.

La asamblea distrital había facultado a Petro y a Robledo para establecer coaliciones electorales, razón por la cual, incluso tras el portazo en la cara dado por López, la posibilidad de un acuerdo programático no se cerró. A fines de julio, Petro escogió finalmente a Morris como candidato de CH, no tanto porque fuese el candidato de su predilección sino para tener con qué hacer presión a la hora de negociar un acuerdo con López. No obstante, la manera como se lo invistió de candidato, a dedo en lugar de mediante una asamblea, le restó legitimidad. De cualquier forma, el lance fue infructuoso debido a la fragmentación del movimiento, pues en los meses siguientes Robledo consiguió un acuerdo, ya no en nombre de CH sino del sector particular que ella lidera, para apoyar a López. En suma, el funcionamiento basado en personalidades individuales no le permitió a CH hacer frente a la campaña por la Alcaldía y terminó más fragmentada que al comienzo, comprometiendo así la posibilidad de articular una alternativa popular para las elecciones de 2022.

Lo que se cocina en Bogotá

La victoria en Bogotá ha tenido consecuencias insospechadas para la política nacional: el centro, en cabeza de la Alcaldesa Claudia López, se ha proyectado como el potencial nodo articulador de un bloque hegemónico favorable a los intereses de las clases dominantes tras el lento declive del uribismo. En campaña, López no propuso en rigor un proyecto alternativo de ciudad. La retórica de centro, basada en el rechazo a la “polarización” se ofreció como una estrategia “apolítica” de hacer política enfatizando en los aspectos técnicos y de gestión sin tocar el modelo de ciudad neoliberal que se ha impuesto en las últimas décadas.

El triunfo se explica por la confianza que suscitó la personalidad “alternativa” de Claudia López en comparación con los otros dos candidatos opcionados: Carlos Fernando Galán y Miguel Uribe Turbay, ambos de la entraña de la oligarquía y la clase política tradicional. Pero sobre todo por su capacidad para articular, por la vía de la cooptación clientelar como se ha visto a la postre, los más disímiles sectores políticos, desde personalidades en otro tiempo afines al uribismo hasta parte de la izquierda, pasando por políticos reencauchados de la clase política tradicional. En efecto, la posición de centro le permitió a López capitalizar el respaldo de una parte importante de la clase dominante, que no quiso o no pudo articularse en torno a uno de los candidatos tradicionales, pero también de una parte de los sectores “alternativos”, que inicialmente abrazaron su propuesta como “la menos peor”.

La renuencia a revisar el proyecto del metro elevado, aún cuando se encuentra en una fase inferior al metro subterráneo que dejó diseñado la alcaldía de Petro y no ofrece los mismos beneficios pero sí costos superiores, así como la decisión de implementar obras nocivas e impopulares como la troncal de Transmilenio por la Avenida 68, muestran claramente que López ha procurado ganarse la confianza de los agentes políticos y económicos con intereses en ese tipo de grandes proyectos, con un capital político y mediático capaz de incidir en su gobernabilidad, como demostraron boicoteando políticas clave en la administración Petro.

Por su parte, para los sectores de la clase dominante que manejan directa o indirectamente los grandes negocios en la Capital, el liderazgo de López es fundamental porque les permite desarrollar su agenda y salvaguardar sus intereses, lo que haría cualquiera de los candidatos tradicionales, pero además les brinda una mayor gobernabilidad al haber cooptado y dividido parte de la izquierda y a los llamados sectores alternativos, es decir, a sus potenciales críticos. La crítica de la “mermelada”, las gabelas clientelistas que tradicionalmente prodigan los gobiernos a cambio del apoyo electoral, pasó a segundo plano frente a la necesidad de garantizar esa gobernabilidad y los distintos sectores que apoyaron a López han recibido sus compensaciones en cargos y contratos, en lo que constituye la reactivación de una estrategia característica del Frente Nacional para desactivar el descontento y el debate ideológico.

La virtual ausencia de crítica por parte de los sectores cooptados frente a hechos que en otras circunstancias se rechazarían al unísono como la represión policial, de la que la alcaldesa López ha usado y abusado en los meses que lleva su administración, es un ejemplo notorio de este fenómeno, pero no el único. Los dobles raseros a la hora de evaluar las medidas para atender la emergencia provocada por la pandemia, criticando por ejemplo los $3.000 millones que invirtió Duque para publicidad en redes sociales pero, al mismo tiempo, guardando silencio frente a los $6.000 millones que invirtió López en contratos con los grandes medios de comunicación para hacer “pedagogía”, han estado a la orden del día.

La crisis ha sido el escenario para confirmar a Claudia López como la líder del centro, incluso llegando a postularla como eventual candidata presidencial. Frente a un presidente que ha aprovechado la coyuntura para beneficiar hasta el descaro los grandes capitales financieros y privilegiado los intereses de los ricos, se ha erigido en una aparente alternativa. Sin embargo, las políticas de la Alcaldesa en medio de la emergencia no se alejan sustancialmente del enfoque neoliberal que implementa el gobierno nacional, basado en subsidios, créditos y otras políticas focalizadas, y conservando como eje del sistema de salud a las EPS, entre otras cosas. López y Duque no son, por consiguiente, antagonistas respecto a la forma de atender la emergencia. López, empero, está mejor posicionada porque puede descargar la responsabilidad en Duque, quien fija el marco general de las políticas. Más que nada, la articulación con parte de la clase dominante, en particular con gran influencia en los medios masivos de comunicación, la han ubicado en ese lugar de liderazgo.

¿Hacia una nueva hegemonía?

El fenómeno Petro en 2018 parece haber sido un llamado de atención: al menos potencialmente, las demandas reprimidas de los sectores sociales excluídos que están en el origen de la violencia cíclica podrían articularse políticamente. Fue un llamado de atención para las clases dominantes, que no dudaron en rodear al candidato presidencial del uribismo y que ante su declive no dudarán en apoyar cualquier otra alternativa a lo que representó Petro, pero también lo fue para los sectores “alternativos” y para una parte de la izquierda renuente a emprender transformaciones políticas de algún calado, esto es, que necesariamente producirán “polarización”, o recelosas del caudillismo y del personalismo que perciben en Petro.

El triunfo de Claudia López en Bogotá ha empezado a dotar la identidad política de “centro” de un contenido positivo, más allá del “antipetrismo” que definió sus fronteras discursivas en la campaña de 2018. Por su parte, Petro continúa siendo la figura de la izquierda con mayor capital político, pero no con el suficiente para imponerse como alternativa. Así pues, existe una relación de suma cero entre la apuesta del centro y la de los sectores representados por Petro. A menos de que éstos se vuelquen a movilizar la población tradicionalmente apática y abstencionista por distintas razones, se empeñen en construir un sujeto político popular, lo que haría necesaria la consolidción de una apuesta organizativa como CH, tendrá que disputar con el centro una franja de apoyos y bases sociales con miras a los comicios de 2022.

Paradójicamente, los críticos del caudillismo de Petro no han tenido otra alternativa que construir otro liderazgo personalista para hacerle contrapeso: Claudia López se presenta hoy como la líder del centro, incluso relegando personalidades como Sergio Fajardo. El problema radicará en resolver si el capital político acumulado por López es finalmente transferible hacia una identidad colectiva, el centro, o si es personal e intransferible. En éste último caso, no habría que descartar que López opte por un curso de acción igual al de uno de sus mentores, Antanas Mockus, quien renunció en 1997 a la Alcaldía para presentarse a las elecciones presidenciales. Pero sea cual sea la opción del centro, tendría en su favor el interés de las clases dominantes de refrenar la “polarización”: las demandas sociales que emergieron tras el Acuerdo de paz, para alcanzar una paz minimalista que deje intactos sus privilegios, y que tiene en la administración de López en Bogotá una experiencia para replicar a nivel nacional.

 

* Ver: ‘Creo que hay déficit de democracia en Colombia Humana’: Jorge Rojas” https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/jorge-rojas-habla-de-la-relacion-de-gustavo-petro-y-claudia-lopez-400310

 

 

 

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Publicado enEdición Nº268
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