A Mauricio Funes Cartagena no le bastó la corrupción de un país centroamericano. Necesitó la de dos

El expresidente salvadoreño Mauricio Funes (2009-2014) fue el primero de izquierda en un país que padeció la ineptitud y el saqueo de la derecha democrática durante 15 años. Hartos de gobiernos que despilfarraron las arcas del Estado mientras idolatraban la figura de Roberto d’Aubuisson, el asesino de San Óscar Romero, los votantes eligieron a Funes en aquel marzo esperanzador. Era la transición democrática tan anhelada. Era la llegada al poder de los que décadas atrás combatieron fusil en mano a los militares tiranos que gobernaron a punta de tortura y represión. Y el salvadoreño Funes estuvo a la altura de la noche. “Es la noche más feliz de mi vida y quiero que sea la noche de la más grande esperanza de El Salvador”, dijo tras ganar. Dijo también que aquel era el “mismo sentimiento de esperanza que hizo posible la firma de los acuerdos de paz”. Dijo que era tiempo de reconciliarnos y que sería el presidente de todos. Lo que dijo hizo a muchos emocionarse hasta el llanto. Miles sintieron que todo lo sufrido –y fue mucho lo sufrido- valió la pena.

Aquella noche en que la democracia salvadoreña –tan peleada, tan sangrienta- llegó a la madurez, nada permitía imaginar que el saqueo ya había empezado.

Desde antes de asumir la presidencia, Funes y sus más allegados funcionarios hacían lo necesario por entender a detalle cómo funcionaba una bolsa presupuestaria que su antecesor –ahora preso por lavado de dinero- ocupó para enriquecer sus empresas y erigir su mansión. Nada tardaría el salvadoreño Funes, otrora un periodista incisivo que pagaba a plazos su carro Mazda, en entender aquel infame presupuesto y empezar a derrochar. El nombre de ese rubro, por si no fuera poco descaro que no sea auditable por la Corte de Cuentas, es partida secreta. En su quinquenio, Funes tuvo más de $300 millones en este paisito donde hay escuelas cuyo presupuesto anual es de menos de $1 000.

El salvadoreño Funes derrochó: en febrero de 2011, tras dos años de haber logrado la histórica transición, el izquierdista llevó a su familia en un jet privado a Florida. En tres días gastó $115,389, el equivalente a dos años y dos meses de su salario. El viaje quedaría retratado en una foto que subió a redes su cuñada brasileña. La familia posa feliz frente al castillo de la Cenicienta del Magic Kingdom en Disney World. El presidente Funes se volvió un hombre de gustos finos: un día, $7,372 en la tienda de cueros Salvatore Ferragamo de Miami; otro, $10,000 en la fiesta infantil de su hijo en San Salvador; o $9,840 en una compra de joyas en la capital salvadoreña; Montblanc, Chanel, Futuretronics, compras en 29 ciudades del mundo a costillas de sus gobernados. Su entonces esposa y primera dama, Vanda Pignato, no se quedó atrás: $245,537 en un jet para viajar a Brasil en 2011, por ejemplo. Cuando en mayo de este año publicamos en El Faro el reportaje del saqueo, Pignato respondió que el dinero siempre se lo daba Funes y que los vuelos y sus tarjetas las pagaba el salvadoreño, que ella nunca supo con qué dinero.

Pignato está en El Salvador, en detención domiciliaria y enfrentando cargos de lavado de dinero. Funes tiene cinco acusaciones en los juzgados salvadoreños, pero vive opulentamente en la Nicaragua de Daniel Ortega. El represor nicaragüense dio asilo al corrupto salvadoreño. El argumento del expresidente Funes es sacado del manual del corrupto latinoamericano: dice ser víctima de una persecución política. Funes, que saqueó bajo la roja bandera efemelenista, encontró otra, rojinegra esta vez, para ocultarse en Centroamérica. La más rastrera solidaridad de la izquierda latinoamericana se consumó en la región.

El caso Funes sigue destapándose. Las investigaciones fiscales están apenas en curso y una bodega llena de documentos que alguien sacó de Casa Presidencial y a la que solo El Faro ha tenido acceso parcial aún está por explorar. Todo apunta a que apenas conocemos los caprichos de un hombre más que se torció en el poder.

El pasado martes 30 de julio el Gobierno orteguista asestó otra bofetada a El Salvador: nacionalizó a Funes. Desde esa fecha, el expresidente que desvalijó a los salvadoreños es nicaragüense. Funes no puede ser extraditado.

El nicaragüense Funes, quien suele tuitear hasta altas horas de la madrugada, no tardó en echar en cara al nuevo presidente salvadoreño Nayib Bukele, quien prometió en campaña traerlo al país, que su extradición ya no procede.

Quizá Funes no entiende que esto no se trata de banderas ni de promesas grandilocuentes de candidatos presidenciales. Esta no es una partida entre adversarios políticos. Esto se trata de la dignidad de un montón de gente que trabaja con sueldos de hambre para vivir en lugares de miedo. Se trata de millones con dieta de frijoles y tortilla que ven cómo ese hombre despilfarró más de $6,000 en comida y bebidas en cinco horas de vuelos en un viaje en jet por Florida. Se trata de miles de policías del país más violento que sabrán impune a un señor que gastó en globos para una fiesta infantil lo que ellos ganan en dos meses. Esto va sobre un país que se ilusionó con una transición peleada por décadas, por la que decenas de miles dejaron la vida en las montañas y las lágrimas en las tumbas de sus familiares, para luego ver todo eso resumido en la figura de un sibarita que salía de joyerías con las muñecas adornadas y se paseaba por el mundo vestido de Ermelegildo Zegna y calzado con Ferragamos.

La impunidad construye –deforma- país. Lo sabemos en Centroamérica. Lo aprendimos humillación tras humillación, empezando por uno de los cimientos de nuestras democracias, las leyes de amnistía que cobijaron –cobijan- a tantos criminales de guerra. Lo ratificamos en estas democracias tan debiluchas, soportando a corruptos que se jactan de seguir ahí después de haber sido quienes son y hecho lo que hicieron. “Si pude haber robado, robé, pero no tengo mis manos manchadas de sangre”, dijo hace décadas un político salvadoreño, construyendo ese podrido argumento en el que se cobijan tantos funcionarios de la región: fui malo, pero pude ser peor, como otros. Funes aún puede saquear más a El Salvador. Ya saqueó sus arcas, ahora va con su dignidad.

En El Salvador, el fiscal y el presidente prometen que harán todo lo posible para traerlo y juzgarlo en el país. La maraña legal deja posibilidades minúsculas, y la mayor esperanza en los corrillos políticos es otro corrupto, Daniel Ortega, ese hombre conocido por saber sentarse con dios y el diablo en la misma mesa y pactar acuerdos con el purgatorio. Que Ortega llegue a traicionar a su protegido es la esperanza de buena parte de un país.

Sentar al salvadoreño-nicaragüense Funes en un juzgado no debe ser un acto de revanchismo político, sino un ejercicio en pro de que El Salvador se desentumezca un poco y se vaya poniendo de pie.

Por Óscar Martínez

23 AGO 2019 - 19:55 COT

Publicado enPolítica
El machismo radical que adoctrina a las mujeres en las iglesias ultraconservadoras de Brasil

Una reportera se infiltra en reuniones masivas, misas locales y reuniones de autoayuda donde se promueve un fundamentalismo religioso clave para el poder de Bolsonaro

 

 “Usted que sufrió abuso en la infancia, Jesús perdona su culpa”, dice ante 10.000 mujeres un obispo

 La figura más visible es la ministra Damares, una pastora evangélica en guerra contra "la ideología de género" como culpable de los problemas de las mujeres

Después de una larga espera en una de las muchas colas compuestas exclusivamente por mujeres, abro mi bolsa para que una muchacha con una sonrisa en el rostro y una linternita en la mano la revise cuidadosamente: “Ah, querida, aquí no se permite entrar con móvil, puedes bajar para guardarlo en una taquilla”, dice, señalando una escalera con la linterna. Una hora y dos colas después —también tuvimos que pasar por un detector de metales— estamos dentro del gigantesco Templo de Salomão, sede mundial de la Iglesia Universal del Reino de Dios, localizada en São Paulo, para la que sería la “Reunión de Autoayuda”, un encuentro trimestral que da orientaciones exclusivas para las mujeres.

Después de que una de las trabajadoras vestida con túnicas abra las puertas, veo a lo lejos el altar con un arca dorada de ángeles inmensos y cuatro pantallas —dos del tamaño de pantallas de cine— que exhiben un vídeo del obispo Edir Macedo, fundador y líder de la Iglesia, de rodillas rezando fervorosamente. El templo está a media luz, apenas iluminado por las 12 réplicas de menorot judíos de 5 metros de altura y 300 kilos de peso cada uno, pegados a las paredes. Cuando todas las mujeres se acomodan, el vídeo se detiene, las 10 mil lámparas de LED pegadas al techo de la nave principal se encienden y Edir Macedo aparece en persona para comandar la noche.

En la Iglesia Universal, solo los hombres pueden ser pastores y obispos. El Templo de Salomão tiene capacidad para 10.000 personas sentadas. En aquella noche, todos los asientos estaban ocupados por mujeres y había muchas de pie.

Según el Censo de 2010, las mujeres son la mayoría de la población evangélica de Brasil, con 55,57% de un total de más de 42,3 millones de personas. Entre las denominaciones, la Iglesia Universal del Reino de Dios, una de las mayores organizaciones religiosas del país, es la que tiene mayor proporción de mujeres, con un poco más del 59% de su congregación. También es una de las iglesias que apoyaron la elección de Bolsonaro a la Presidencia; el Partido Republicano Brasileño (PRB), dirigido por el obispo licenciado de la Universal, Marcos Pereira, es parte de la base aliada del gobierno.

Desde el nombramiento de la pastora Damares Alves al frente del Ministerio de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos, un equipo de reporteros de la Agência Pública ha frecuentado congresos y conferencias dirigidas a mujeres evangélicas (los relatos están a lo largo de este reportaje) y ha oído historias de mujeres que frecuentan las iglesias, que las frecuentaron y de pastoras de las más variadas denominaciones para intentar entender hasta qué punto las convicciones religiosas de Damares —ministra en un Estado constitucionalmente laico— comandan su actuación al frente del ministerio.

El obispo Edir Macedo abre la conferencia exhibiendo en las pantallas una foto de Facebook de una pareja. “Vean lo felices que están, cómo él exhibe a su mujer, todo orgulloso”, dice. En seguida, surge en la pantalla un vídeo filmado con un celular mostrando a un hombre que entra en un coche en llamas, luego reducido a un cuerpo carbonizado. “Ese hombre, que entró en el coche en llamas, es aquel de la foto. Él descubrió a su esposa con otro hombre. Perdió las ganas de vivir. Y aquí te pregunto: ¿y el alma de él?”, concluye.

El sermón seguiría diciendo a las mujeres que una palabra es capaz de matar a un matrimonio; que no pueden ser tan ansiosas —“la ansiedad es un espíritu de Satanás”, afirma el obispo— y que, si queremos a un príncipe encantado, necesitamos rezar al rey [Jesucristo] porque, si somos ansiosas, el diablo va a mandar a su príncipe y nos atrapará.

Macedo dice también que las mujeres necesitan casarse con hombres superiores en cultura y condiciones financieras, porque el marido es el que debe suplir a la casa. “Si fueras la proveedora, tu matrimonio estaría destinado al fracaso”. El hombre debe ser la cabeza de la unión y la mujer, el cuerpo. “Mi esposa sustituye a mi madre, cuida de mí y yo le doy lo bueno y lo mejor. En el matrimonio, el hombre es Jesús y la mujer es la iglesia”. Después de algunos pedidos de diezmos y ofrendas —incentivados por el recordatorio del lujo del lugar en el que estamos. “¿Ustedes están cómodas? Pues esto aquí tiene un gasto de más de 5 millones de reales por mes”—, de la venta de la Biblia comentada y de otros accesorios, vendría la frase que marcaría la noche. Llamando al frente a las mujeres que quisieran recibir la oración, el obispo dice: “Usted que sufrió abuso en la infancia, Jesús perdona su culpa”.

Godllywood

La “Reunión de Autoayuda” es parte de un programa de la Iglesia Universal dirigido a las mujeres, llamado Godllywood, creado por la hija de Edir Macedo, Cristiane Cardoso, en 2010. Cristiane es también autora de un blog, de varios libros que definen qué es ser una mujer virtuosa y, en compañía del marido, el obispo Renato Cardoso, lidera programas de televisión con nombres en inglés que enseñan a parejas heterosexuales a tener éxito en la relación.

Según la explicación del sitio oficial, “Godllywood, nació de una revuelta sobre los valores equivocados que nuestra sociedad ha adquirido a través de Hollywood [El 'God' de Godllywood significa Dios en inglés]. En este trabajo, nuestro principal objetivo es el de llevar a las jóvenes a convertirse en mujeres ejemplares y contrarias a las influencias e imposiciones hollywoodienses que desarrollan los lazos familiares que se han perdido en los últimos años”.

Funciona más o menos como una mezcla de hermandad y gymkana, en la que las mujeres, divididas por franjas de edad, tienen que cumplir tareas diarias, semanales y mensuales que van desde no comer carbohidratos a hacerse las uñas, peinados, cuidar de la casa y preparar cenas para el marido. Quien no cumpla las reglas es apartada del grupo, que tiene incluso cursos específicos para mujeres en situación de violencia, por ejemplo.

Madre, de sangre o en espíritu, esposa honrada, sea por la unión ya consagrada, sea por destino; eterna novia del señor Jesucristo. Esas fueron las principales referencias de lo que es ser mujer en tres iglesias evangélicas cuyos espacios frecuenté en este mes de mayo —la Iglesia Universal del Reino de Dios, la Iglesia Apostólica Renacer en Cristo y la Iglesia Batista de Lagoinha, donde predica la ministra Damares Alves.

“Nadie aquí cree que los hombres tienen que lavarse la ropa, ¿no?”, cuestiona la profesora Fernanda Lellis, despertando una serie de risitas condescendientes entre las cerca de 60 mujeres, de todas las edades, de mayoría negra, reunidas en el último piso del Templo de Salomão. “Las mujeres tienen el deber de cuidar, hacer la comida, ordenar”, continúa en el micrófono, caminando de un lado para otro, en frente de un púlpito dorado. “La mujer primero tiene que hacer el papel de ella, dejar al hombre feliz, y a partir de ahí él la va a tratar bien también. Es así, aguantamos más”.

La profesora del Curso de Autoconocimiento del Proyecto Raabe, creado para ayudar a mujeres que sufrieron traumas como violencia doméstica, abusos sexuales o enfermedades psicológicas, cita a Efesios 5:22-24: “Vosotras, mujeres, sujetad a vuestros esposos, como al Señor; porque el esposo es la cabeza de la mujer”. Y concluye, imperativa: “¡Cambien sus mujeres de referencia, sea mejor!”.

Raabe, de acuerdo con el Libro de Josué, el sexto del Antiguo Testamento, fue una prostituta que vivió en Jericó y supuestamente ayudó a los israelitas en la captura de la ciudad. De acuerdo con el sitio de Godllywood, Raabe se purificó.

Las consejeras del Proyecto Raabe, de acuerdo con Lellis, son ahora mujeres “lindas”, pero llegaron a aquel lugar depresivas, violentadas o incluso con recuerdos de abusos sexuales que sufrieron cuando eran niñas. “Hoy son todas obreras, levitas o esposas de pastor”. Y todas usan ropas negras y pañuelos rojos amarrados en el cuello, en referencia a Raabe, que colgó una cinta escarlata en la entrada de su casa para no ser asesinada en la invasión de Jericó.

Una de esas consejeras me recibió en el iluminado Templo de Salomão. Me entregaron un panfleto con el lema “rompiendo el silencio” que incluía información sobre atenciones espirituales y profesionales, así como orientación jurídica y social para mujeres que sufren violencia doméstica y abuso. Luego quedó claro, sin embargo, que Lellis era solo una mediadora. La verdadera profesora aparecería solo en vídeo.

Desde su oficina, Cristiane Cardoso, la hija de Edir Macedo, usó diez minutos para explicar cómo “autoconocerse” fue importante para salvar su matrimonio con el obispo Renato Cardoso. “Yo no sabía de mis fallas, inseguridades, y creía que solo iba a resolver mis problemas si eran otros los que cambiaban. Creemos que la culpa es de la otra persona y no nuestra”. Ella sigue contando las crisis de celos que sentía, equiparando su experiencia a la de las mujeres que sufren violencia doméstica.

La pedagogía de enumerar defectos en un curso que tiene como público objetivo mujeres traumatizadas y violentadas ya había sido aplicada en la primera lección del curso: “Sin arrepentimiento, escriba quién ha sido usted hasta hoy, describa sus cualidades, describa sus defectos”, decía el papel.

La heredera del imperio religioso-mediático destaca que la mujer fue creada para ayudar de manera idónea, con las cualidades adecuadas —lo que incluye desde cuidar la apariencia hasta no presumir de independencia. “A lo largo de los años la mujer fue perdiendo esas cualidades, desarrollando varios defectos. Si no entiendes las referencias correctas de la mujer, vas a sufrir”, afirma, categórica.

Esa línea de razonamiento es luego retomada por Fernanda. Ella levanta el dedo hacia lo alto para puntualizar que la primera mentira que el mundo nos cuenta a nosotras, mujeres, es que somos iguales a los hombres. “Hoy las mujeres están ‘empoderadas’, y por eso tanta gente se está matando, sufriendo, con depresión”.

La conversación no era muy diferente en las tres horas de culto de mujeres al que asistí en el hall de la iglesia Renacer. El culto se celebra los miércoles a partir de las 14:30, horario que reúne principalmente a mujeres de la tercera edad de clase media alta. Entre cantar canciones de la iglesia y participar en un sorteo de cosméticos, las cerca de 30 mujeres presentes oyeron un testimonio de una persona que decidió dejar el empleo para convertirse en una exitosa emprendedora de accesorios. En respuesta al comentario de que hoy ella es, financieramente, “el hombre de la casa”, la pastora Edilene Gimenez toma la palabra.

“Siempre gané más que mi esposo. Cuando me convertí, yo oré para que Dios lo honrara profesionalmente y prometí que cuando eso sucediese yo dedicaría mi vida a la iglesia”. Dicho y hecho. Cuando su esposo, también obispo de Renacer, montó una empresa promisoria, Edilene dejó el empleo. “El primer ministerio nuestro es cuidar de nuestra familia. Puedes hasta ser madre que tenga hijos, pero generas frutos espirituales. Ustedes son todas madres espirituales”, reafirma la pastora.

Para mujeres solteras, las iglesias evangélicas reservan el papel de “novias de Jesús”, como explican las pastoras de Lagoinha, colegas de la ministra Damares. El sábado 11 de mayo, la sede de la iglesia en el centro de São Paulo fue escenario de un desfile sorpresa de novias, después del culto. Las jóvenes asiduas de la iglesia mostraban vestidos de lujo prestados por las marcas BlackTie y Faggion.

“El señor ve la iglesia como novia y a nosotras como novias de Jesús”, dice la pastora Vanessa Santos antes del desfile, pidiendo a las cerca de 40 mujeres presentes, la mayoría jóvenes, darse las manos y repetir en voz alta: “Mujer, no estás sola, eres la novia”.

Otra pastora invitada para el evento, Vanessa Batista, enfoca su intervención en recomendaciones de comportamiento para mujeres, “Es muy importante tener una mirada alegre y una fisonomía agradable”, recomendó. “Una mujer alegre cambia la atmósfera del hogar. Una mujer molesta también”.

Después de la conversación, las jóvenes fueron llevadas al piso de abajo. Un pasillo iluminado con neón y dividido por grandes buqués de rosas blancas hacía de escenario para la boda de las novias de Jesús. Las fieles desfilaron al son de góspel internacional, mientras la platea aplaudía a cada nuevo modelo blanco. La misión estaba cumplida: jóvenes mujeres y niñas se deslumbraron con el brillo del casamiento bendecido por Dios.

 

Control de la vida personal

 

La antropóloga, profesora de la Universidad de São Paulo (USP) e investigadora del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap) Jacqueline Moraes Teixeira investiga asuntos de género en iglesias evangélicas desde 2010. Según ella, más allá de los roles de género claramente delimitados entre la autoridad del hombre y la sumisión de la mujer, reglas impuestas por programas como Godllywood (que se reproducen de diferentes maneras en otras denominaciones) pretenden dirigir la vida de las mujeres en todos sus aspectos, más allá de lo espiritual. A través del control —que se torna autocontrol de las más variadas formas— se impone la dominación.

“Ese lenguaje del control no está solo en las iglesias, es un lenguaje diseminado en el modo en el que la gente piensa en este mundo contemporáneo. Tal vez la diferencia es que, en Brasil, las iglesias se responsabilizan de esa gestión, ayudan a las personas a desarrollar ese hábito de controlarse. No para pasar horas orando o para memorizar tantos versículos bíblicos. Les desafían a perder peso, a controlar el tiempo de uso de las redes sociales o cuánto dinero gastas, o sea, es toda una ética de la vida cotidiana”, explica.

Esa gestión de la vida aparece también en los testimonios de éxito, herramientas importantes para las iglesias evangélicas. “Estás todo el tiempo siguiendo esas reglas, y, cuando otras personas dan testimonio, hablan de cuánto adelgazaron, que ellas consiguieron montar un negocio, que ellas consiguieron una relación. O sea, esa conversión es una recuperación de la vida civil, no es una recuperación de la vida religiosa”.

La herramienta del “testimonio”, escuchada por todas nosotras en los cultos y conferencias que frecuentamos a lo largo de estos meses, también aparece muy fuerte en los discursos de la ministra Damares, como observa Jacqueline: “Ella es una mujer que declara que sufrió violencia sexual en la infancia. En esos cursos y proyectos, es muy común que las mujeres revelen que sufrieron violencia sexual en la infancia. Dicen que solo consiguieron recuperarse en el momento en que se convirtieron. Y Damares dice que fue la conversión lo que le hizo de hecho darse cuenta de lo que era su vida. Que es siempre el argumento central de esos testimonios".

La ministra Damares tiene un discurso que nace de la victoria, una victoria que le abre caminos importantes: se torna asesora parlamentaria, asesora política y llega a ministra. "Yo tengo profundos desacuerdos con lo que ella dice, porque es muy difícil lidiar con alguien que está en una posición pública tan importante, defendiendo declaradamente ciertas cosas", dice Jacqueline, "pero para miles de mujeres ella personifica una trayectoria de superación”.

 

Una tarde con la discípula de la pastora Damares

 

“Doctora Damares, estamos contigo por la vida, por la infancia y por la familia. Juntos, somos más fuertes”, gritó el coro formado en su mayoría por profesoras, en la iglesia Asamblea de Dios, en Contagem, región metropolitana de Belo Horizonte. Era una tarde de domingo, día 10 de febrero. La iglesia estaba llena, con cientos de mujeres de varias regiones del Estado para participar en la “Conferencia Conectar Kids y Pastorear —Defensores de una Generación en Peligro”, con la doctora Damares Alves, la misioneraa Joani Bentes, más conocida como Tía Jô, y la participación especial de la Tía Keyla.

A última hora, la recién nombrada ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos no pudo estar en el evento, pero grabó un vídeo a los congresistas, que fue transmitido en la pantalla. Se pusieron todos de pie para devolverle el mensaje, que sería trasmitido por su amiga y discípula, Tía Jô. “Deja a Dios usarte para curar, deja a Dios usarte para salvar, mientas Él te usa, Él te cuida de todo lo que te hace llorar”, continúan los presentes, ahora en canto.

El congreso comenzó minutos después de las dos de la tarde. Los participantes que llegaban confirmaban su nombre en la lista y les entregaban un vale sellado para la merienda. Un pan, una manzana y un zumo. El curso costó 65 reales para quien se inscribió hasta el 31 de diciembre y 70 reales para aquella a la que se le pasó el plazo. El cartel de promoción incluye el contenido de cada una de las conferenciantes. Métodos creativos de enseñanza, historia bíblica terapéutica y musicalización serían enseñados por Tía Jô. Damares hablaría sobre erotización infantil, malos tratos, abusos, pedofilia e “ideología de género”.

En la noche anterior al evento, sin embargo, un mensaje de WhatsApp con un vídeo de la misionera cancelando la participación de la ministra Damares fue enviado a todos los inscritos, "debido al número de amenazas que ha sufrido”, justificó Tía Jô.

Antes de que la pastora entrara en el gobierno de Bolsonaro, las dos recorrieron Brasil juntas dando conferencias para educadores en cultos de la Asamblea de Dios. Hoy con 45 años, Joani Bentes es misionera desde hace 27. En su currículo, Tía Jô destaca los siguientes títulos: educadora cristiana, conferenciante, presentadora de televisión y radio, escritora con tres libros publicados, cantora con cinco CD y diez DVD grabados, conferenciante internacional. Casada también con un pastor, que la acompaña en las misiones y en la administración de los negocios, Tía Jô también tiene una tienda virtual donde vende sus CD, DVD, muñecos, camisetas, accesorios, libros, ropas y cosméticos con su marca. “Comprando cualquier producto usted estará ayudando proyectos en desarrollo: Sertão da Bahia, Cabo Verde, Mozambique, Nepal, Perú”, dice el anuncio en el inicio del sitio. Allá donde va, ella carga los productos, expuestos en la entrada de la iglesia.

El perfil es de una presentadora infantil. Tía Jô vestía falda volada azul de lunares blancos, blusa amarilla de Conectar Kids, dos coletas amarradas con flores. Durante casi toda su presentación ella habla con voz de niña. El tono solo cambió cuando introdujo el tema de Damares, después de transmitir el vídeo de la pastora.

“Lo que voy a mostrarles ahora es una excepción para nosotros. Hay que apagar todos los móviles ahora. Si algún movil fuera encendido, paramos el vídeo. Que nadie transmita ni grabe en audio o vídeo, por favor. Yo le prometí al poder Judicial y al Ministerio Público, yo le prometí a mi amiga la doctora Damares que sería algo solo nuestro”. Damares aparece entonces en la pantalla, en una grabación hecha desde Brasilia.

 “Han sido unos días muy difíciles para esta ministra. Acepté la invitación a ser ministra pensando especialmente en la protección de la infancia, en la protección de la adolescencia de este país. Y quiero, todo lo que pregoné la vida entera, traerlo a este ministerio. Son muchos mis desafíos. Ustedes no tienen idea de cuán grandes han sido mis desafíos, pero el mayor incluso han sido los ataques”, dijo Damares. “Si depende de esta ministra, ningún niño va a ser abusado en Brasil. Si depende de esta ministra, ningún niño va a ser herido o será enterrado vivo como sucede en algunas aldeas en Brasil”, prometió.

Damares habló también del abuso sexual que sufrió cuando era niña. “Dolores en el cuerpo, cómo sufrí dolores en el cuerpo, pero sufrí dolores en el alma. ¿Saben por qué? Porque nadie percibió que yo estaba siendo abusada. Nadie me protegió cuando yo tenía 6 años, nadie me dijo lo que estaba sucediendo”, recordó. “Los medios se ríen de mi historia, la prensa se ríe de mi historia, artistas se ríen de mi historia, pero ellos no podrían haberse reído de la fe de una niña de 10 años. Ellos se burlaron de mí cuando yo dije que a los 10 años de edad, en lo alto de un árbol de guayaba intentando suicidarme, que yo vi a Jesucristo. Yo sé que yo lo vi. Éramos él y yo en aquél árbol de guayaba” [el vídeo en el que relata la historia durante un culto se hizo viral en las redes sociales brasileñas], garantizó. “Vamos a unirnos y decir basta de violencia, basta de dolor, basta de sufrimiento y vamos a decir Jesucristo es el Señor de los niños de Brasil. Reciban mi abrazo, en la próxima conferencia prometo estar ahí con ustedes. Los amo, Dios los bendiga”, finalizó la ministra.

“Ah, Bolsonaro ganó, él está a favor de la infancia y de la familia, la guerra apenas comenzó. Ahora comenzó la guerra, ahora hay que orar más, ahora hay que trabajar más”, refuerza Tía Jô justo después.

En el material entregado a los congresistas, Damares destaca la ideología de género como “una de las más terribles violencias contra nuestros pequeños”. Ella cita cuatro temas que la ideología de género defiende y que están en los libros didácticos y en la política educacional hoy en Brasil: deconstrucción de la familia natural, deconstrucción de la heteronormatividad, derecho del niño al placer sexual, desconstrucción y subversiones de identidad (confusión en la identidad biológica).

Entre las acciones prácticas para reaccionar a la ideología de género, Damares sugiere a los educadores que pidan a los niños que les lleven las mochilas escolares para que la iglesia analice los libros y materiales didácticos que están estudiando; que orienten a los padres para que notifiquen a la escuela que no quieren que los hijos aprendan sobre ideología de género; que hagan sombreros de muñecas, encuentro de carritos, cultos de las princesas; que orienten a los padres en relación con las ropas de las niñas, demostrando la necesidad de reforzar la feminidad, y los juguetes y juegos con niños para reforzar la masculinidad; y que contextualicen las historias contadas y los juegos que son hechos con los niños en la iglesia, siempre destacando que existen juegos de niñas y juegos de niños.

De acuerdo con Damares, existe todavía en las escuelas un ataque a la fe del niño y del adolescente. “Observen que las leyes determinan la enseñanza de la cultura indígena y de la cultura afro, pero desgraciadamente muchos profesores están burlando la ley, están enseñando religión afro y religión indígena”, dice el texto de la ministra.

Después de pasar por todos esos temas del folleto de Damares, una pausa para la merienda, y Tía Jô regresa introduciendo su contenido, con métodos creativos para que los educadores aborden temas religiosos con los niños. “Yo puedo tomar mis muñequitos de Adán y Eva y decir que el papá del cielo los cubrió, protegiéndoles las partes íntimas”, dice. El seminario terminó puntualmente a las 18 horas. De Contagem Tía Jô partió a una visita misionera en el sertón de Bahía. (Alice Maciel)

 

Agência Pública   - Andrea DiP, Julia Dolce, Alice Maciel

27/07/2019 - 21:06h

*Los nombres de las entrevistadas se cambiaron para preservar sus identidades

Traducción: Diajanida Hernández

Publicado enSociedad
Lunes, 27 Mayo 2019 06:27

Los niños (otra vez)

La madre del migrante guatemalteco Carlos Hernández Vásquez muestra en un celular la imagen de su hijo, quien falleció el pasado día 20 estando bajo custodia de la Patrulla Fronteriza, en Texas, y es el sexto menor que muere mientras estaba al cuidado de las autoridades estadunidenses, quienes aseguran que padecía influenza.Foto Afp

Es imposible no gritar, escribir con lágrimas de furia, gritar otro poco y cansar a la gente por tanto gritar, escribir y gritar: ¡los niños, carajo!

La crueldad es parte integral de la política violenta del régimen actual estadunidense, y sus consecuencias para los menores de edad es lo más inaguantable (si es que hay grados de aguante). Noticias recientes como ejemplo:


Las autoridades federales detectaron otros mil 700 casos de niños inmigrantes separados a la fuerza de sus padres, además de los casi 3 mil ya anteriormente identificados, y eso que se esperan aún más casos, mientras otros están perdidos en el sistema.


Por lo menos seis inmigrantes menores de edad han fallecido estando bajo custodia de las autoridades federales estadunidenses. El caso de una niña salvadoreña de 10 años, quien falleció en septiembre, apenas fue revelado la semana pasada; los otros cinco son guatemaltecos, el más reciente, un adolescente de 16, quien falleció de influenza en un centro de detención el lunes pasado.


El gobierno está considerando una nueva política antimigrante para familias con niños detenidos en la frontera: los padres tendrán que optar entre aceptar la separación de sus hijos de manera indefinida o acordar suspender los derechos de los niños para que sean encarcelados junto con ellos. Todo esto a pesar de que pediatras y sicólogos han declarado que la encarcelación de niños tiene consecuencias traumáticas para ellos.


Pero no sólo son los inmigrantes los que sufren estas políticas, y no sólo es este régimen que las impulsa (aunque se distingue para ser aún peor que los gobiernos pasados); la crueldad hacia los niños en este país es amplia, profunda y estructural: en el informe anual más reciente del Childrens Defense Fund, se calcula que 13 millones de menores –uno de cada cinco en el país– viven en la pobreza. Ningún niño debería tener que preocuparse sobre de dónde llegará su próxima comida o si tendrá donde pernoctar cada noche en el país más rico de la Tierra, señala el informe.


Por otro lado, la violencia por armas de fuego mata a niños tanto en casa como en el extranjero. En las por lo menos nueve guerras en que participa Estados Unidos ahora, los niños –como en toda guerra– siempre son los que más sufren. En casa, las balas fueron la segunda causa de fatalidades de jóvenes entre uno y 19 años de edad; este país es el líder del mundo en mortalidad de menores de edad por armas de fuego. En 2017, 2 mil 462 niños de edad escolar murieron por armas de fuego, más que el doble del total de muertes de militares estadunidenses desplegados en el mundo.


Y para acabar, los niños hoy viven bajo pronósticos del fin del mundo por una crisis ecológica de tal magnitud que los expertos y científicos advierten que sin cambios radicales, sobre todo en frenar la producción de hidrocarburos, dentro de los próximos 12 años, los efectos ambientales serán catastróficos e irreversibles para el planeta.
El antídoto


Ante todo esto, y con los adultos en el poder que, en los hechos, obviamente odian a los jóvenes, hay avisos de una rebelión de los niños en este y otros países. El pasado viernes, cientos de miles de niños abandonaron las clases para participar en una de las mayores movilizaciones a escala mundial para exigir acciones sobre el cambio climático; los estudiantes en este país ahora encabezan el movimiento para el control de las armas; veteranos de guerra jóvenes están entre los disidentes más feroces contra las políticas bélicas de este país; los dreamers y otros jóvenes migrantes están entre los líderes de la resistencia a la guerra contra sus comunidades; y ahora la mayoría de los jóvenes reprueban el capitalismo y favorecen un sistema económico y político más justo y sustentable (algunos se atreven a llamarlo socialismo).


Esa rebelión de los niños podría rescatarnos a todos.


PD: en relación con la columna de la semana pasada, una nueva encuesta de Gallup registró que más de cuatro de cada 10 estadunidenses hoy día creen que el socialismo sería bueno para su país.

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“Ubicar en los jóvenes los males de la sociedad los deja sin salida”

La adolescencia es un momento de exposición a circunstancias inéditas, experiencias inaugurales y desafíos: un tránsito bueno si es creativo y no perjudicial para el sujeto. La especialista plantea precisamente cómo y cuándo intervenir desde la clínica analítica.


El mismo término define el estado: en el pasaje de la niñez a la siguiente etapa de la vida de un ser humano el sujeto adolece. La psiquiatra infantojuvenil y psicoanalista Sara Cohen, de larga trayectoria, lo estudió con detalle en Morir joven. Clínica con adolescentes (Editorial Paidós). Miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, Cohen entiende que la adolescencia es un momento de exposición a circunstancias inéditas, experiencias inaugurales y desafíos en el que la subversión del statu quo se vuelve central. Eso es bueno siempre y cuando el tránsito sea creativo y no perjudicial para el sujeto. El trabajo de Cohen plantea precisamente cómo y cuándo intervenir desde la clínica analítica. Para ello, combina relatos clínicos con textos literarios y casos que la propia autora se vio enfrentada en su labor terapéutica. 

Cohen destaca que cada sociedad tiene su manera de mandar a la muerte a sus jóvenes de manera directa o indirecta. “La actualidad es tremendamente hostil para cualquier ciudadano. Primero, hay un ofrecimiento de consumo muy grande. Pero además los jóvenes se encuentran con padres bastante castigados y tironeados por distintas circunstancias”, plantea la autora sobre la sociedad actual. En el momento en que un joven sale a probar suerte en muchos aspectos que la vida infantil lo protegía (aparentemente, porque está la singularidad de cada caso) “hay una emergencia de lo pulsional y pone en juego muchas cosas que hasta ese momento eran de otra manera”, entiende esta prestigiosa psiquiatra y psicoanalista, también poeta, sobre el pasaje más conflictivo de la vida humana. “Además, hay un abandono de lo que serían ciertas posiciones libidinales infantiles. Dentro de todo ese contexto, cómo están ubicados los padres es sustancial. Hay que admitir que, a veces, los padres están más castigados que los pibes y viven circunstancias muy graves actualmente.

Ahora, no es directo. Vivimos en una democracia que no es el gobierno militar que mandaba a matar a los jóvenes. O sea que dentro de nuestro sistema no es directo cómo los mandan a matar. Pero estamos en un sistema donde no hay soporte social y, a la vez, a los jóvenes no se les ofrecen perspectivas más o menos buenas. Además, es una sociedad que cree que el joven es como el punto fantástico para venderle cosas de consumo. Esa no es la situación más favorable para que el adolescente encuentre un eje con posibilidades vitales que implican su sexualidad, su desempeño de actividades, distintas posibilidades que le dan un margen creativo”, argumenta Cohen, quien forma parte del Servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Alemán.


–¿Por todo lo que dice es que usted señala que cada joven llega a la adolescencia del modo que puede?


–Tal cual, porque el modo que puede involucra todo. A veces, se tiende a demonizar o patologizar a la juventud. En realidad, los casos son muy diversos. No es que todos tengan que decir:”¡Qué mal que anda la juventud!”. Hay manifestaciones sintomáticas que, por supuesto, asustan porque suponen riesgos. Cuando eso sucede, hay que indagar de qué se trata. Muchas veces pueden ser situaciones impulsadas por cuestiones del medio ambiente. No necesariamente quiere decir que el joven tenga una patología grave. Por eso, hay que escuchar al joven. El crecimiento también supone, en general en la adolescencia, un grado de oposición, de denuncia, de rebeldía porque para diferenciarse de los padres también hay que poder cuestionar. Eso no tiene que devenir en contra del pibe o la piba.


–Es que a nivel social hay una estigmatización de la juventud: “Los jóvenes de ahora se drogan, no quieren trabajar”, suele decirse con los prejuicios sociales del mundo adulto. Está muy instalado ese discurso.


–Y cuando lo ves en lo singular te encontrás con muchas situaciones que son lo contrario. Padres que por ahí tienen un consumo importante de psicofármacos que se autoadministran. No es que la psicofarmacología es mala sino que tiene que ser administrada cuando se necesita. En realidad, ubicar en los jóvenes los males de la sociedad es una situación que es engañosa y los perjudica porque los deja sin salida. Un joven que encuentra con quién discutir y con quién pelear se robustece. Pero los que pelean y discuten tienen que ser padres bien plantados, una sociedad que tenga algunos parámetros que funcionan porque si no, ¿a dónde vamos?


–¿Y la clínica consiste en articular esa emergencia pulsional con la singularidad de cada sujeto?


–Sí. Cada uno no sólo llega a la adolescencia de una manera que le es singular sino que además tiene diversos encuentros en la adolescencia. Los encuentros de esa etapa son sustanciales. Pueden ser encuentros con profesores, con intereses, con un amor. Los encuentros de la adolescencia son cruciales, son inaugurales. Es un hito muy importante. Ahí hay que ver cómo el joven puede encauzar algunas cuestiones de las que le están ocurriendo en ese momento evolutivo.


–¿El mayor conflicto en la etapa de la adolescencia está marcado por la relación entre sexualidad y muerte?


–Ahí hay un lazo muy fuerte entre la emergencia de lo pulsional y el tema de la posibilidad de muerte. No quiere decir que no pueda haber una modalidad en la cual esto se implemente más creativamente. Nosotros tenemos que separar, enojarnos, pelear, pero si eso está libidinizado, si eso es una posibilidad libidinal para un crecimiento, para un desarrollo es buenísimo. Alguien que se queda en una situación en la que no puede llevar a cabo mínimamente una actitud hostil de discusión, de pelea para ir armando algo que lo configure y que sea significativo para esa persona, es alguien que no va a poder crecer. El asunto es que esto no quede libre en condiciones que sean mortíferas para el joven. Si dejás en cualquier condición o en situaciones que son muy hostiles, donde el joven no puede procesar un montón de cosas que le pasan en las cuales también hay elementos que podrían devenir mortíferos, estás favoreciendo que ocurran cosas dramáticas o trágicas.


–Usted toma algunas tragedias clásicas y algunas preexistentes al psicoanálisis para articular con el relato clínico. ¿Qué fundamentos de la literatura sirven para la clínica psicoanalítica?


–A mí me sirve un montón. Todos los psicoanalistas somos distintos. A mí me gusta leer, escribo y las obras, tanto literarias como de otras disciplinas, aportan un material de una riqueza muy grande. Hay que entender que eso no es para aplicar algo que nosotros ya conocemos. Al contrario: es para aprender de eso que tiene quizás una riqueza mayor de muchas cosas que nosotros sabemos. Entonces, a uno lo deja con muchas preguntas y, a partir de eso, uno entra con ciertas preguntas. En realidad, uno tiene un pilar teórico, pero escucha, lee, ve qué pasa, se pregunta cosas. Si no, uno nunca podría servirle a ningún paciente pero, además, tampoco podría escribir nada ni ninguna obra de arte nos podría transformar. Yo creo que el arte también puede tener una condición transformadora.


–¿Dice “transformadora” en sentido terapéutico?


–No en forma directa. En realidad, el último capítulo del libro apunta a un devenir creativo. Esto supone que hay algún orden de experiencia en lo estético, a mi parecer, que algún punto de viraje condiciona algunas posibilidades interesantes para quienes pueden. A veces, pueden ser experiencias tempranas de la adolescencia respecto al encuentro con algunas obras, o encuentros azarosos ligados con el amor pero que, a la vez, condicionan algunas búsquedas y cuestiones estéticas. O cosas traumáticas que frente a cómo explicarse eso, el joven hizo ciertas búsquedas que le condicionan posibilidades futuras que tienen que ver con la creación. Esto es muy para cada uno. No puede decirse que el arte en sí mismo sea terapéutico. Ahora, que el encuentro con algunas obras es muy importante para algunas personas, eso es claramente así.


–¿La marca de la sociedad que impone reglas y modos de ser puede llevar a los jóvenes a tendencias autodestructivas?

–Hay una sociedad en un sentido amplio que usted menciona y después está el pequeño mundo de cada joven. Atendiendo a chicos y adolescentes, uno se sorprende muchísimo de cuántos mundos hay. Con los chicos o los adolescentes, los padres a veces tienen que recurrir porque “no hay otra”. No recurrirían jamás a que sea atendido y tienen un mundo cultural, personal, a veces muy endogámico, y uno se va dando cuenta de las reglas que funcionan ahí cuando va trabajando con ellos. Por eso, hablar en general es difícil porque hay muchos mundos. Es increíble la cantidad de contextos y de situaciones que se van develando a partir de alguna cosa que aparece en un síntoma en un adolescente. Pero cuando vas indagando ves distintas circunstancias que hacen a un modo de funcionamiento que ni te imaginabas. Y por más que estén incluidos acá en Buenos Aires, tienen un mundo en lo familiar y en lo social que tiene su cultura propia.


–La pregunta también apuntaba a esa escala de valores o disvalores que se bajan desde la sociedad. Por ejemplo, la cultura del exitismo. Se promueve mucho que la juventud tiene que ser exitosa, al menos en este sistema. ¿Eso puede afectar a un joven que, por ejemplo, tiene sensibilidad al fracaso?


–A ver: el tema es que cuando empezás a atender a un joven y lo escuchás, muchas cosas empiezan a caer. Te habla de que “Fulanito publicó esto” y todas estas cuestiones que circulan. Entonces, uno indaga un poco más y va al grano, va a las cuestiones que le pasan a ese adolescente. Y algunas cosas van cayendo. Cualquier pibe pensante, en definitiva, reubica las cosas. Las cuestiones actuales pueden amplificar algunas cosas que a los pibes los dejan mal parados pero, en realidad, un pibe tiene que ver con cómo está ubicado en su medio, con sus vínculos con sus pares, en la sociedad donde se mueve. No puede ser que eso en forma directa lo envíe a una cuestión autodestructiva. Tiene que ver con otras dinámicas.


–En ese sentido, usted también señala que hay casos en que los adolescentes son los seres más sensatos en una familia riesgosa. ¿Cómo se da eso?


–Eso se ve bastante. Para que un pibe tenga algún tipo de situación donde es adulto dentro de un contexto familiar, primero tiene que tener recursos para poder serlo, ya que si todo se viene abajo en una familia por ahí el pibe también se viene abajo. Ahora, si el pibe trata de sostener algunas cosas con los recursos que tiene, eso tiene un costo elevado porque es una cuestión de sobreadaptación, pero se entiende también que tiene los recursos para eso. No es bueno para el desarrollo del mismo porque, en realidad, el pibe tiene que ser el que puede discutir, pelear, salir, vivir su adolescencia. Es decir, todas las cosas que hace un adolescente como el experimentar cosas. Si un adolescente se vuelve muy responsable frente a todo lo que se está cayendo en su entorno es como que pierde el vivenciar de su adolescencia porque tiene que hacer un adultito desde jovencito. Es una macana pero son las maneras que encuentran para poder sobrellevar algunas circunstancias que son muy difíciles.


–Un tema que aborda en el libro tiene que ver con la intimidad. ¿Es una búsqueda en la adolescencia?


–Es importante y, a veces, paradójica porque parece que los jóvenes muestran mucho y con lo que uno se encuentra es que son tímidos y le temen a la presencia del otro y no a lo virtual. Hay que entender que depende de la psicopatología. Una gran cantidad de jóvenes, en realidad, tienen miedo de encontrarse con alguien. Inclusive, beber alcohol y todo eso es para vencer la timidez porque no saben cómo hablar, cómo estar. Y todo esto que se puede llegar a decir de “cuánto que se muestran”, en realidad son conductas que no quiere decir que sean desfachatados y que vaya a saber todo lo que hacen.

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Lunes, 08 Abril 2019 06:33

Inaguantable

Inaguantable

La noticia empezó a circular la noche del viernes, cuando el régimen de Trump presentó ante un tribunal en San Diego su propuesta para cumplir con una orden judicial donde indica que calcula tardar entre uno y dos años para encontrar y empezar a reunificar a miles de niños que el gobierno separó por la fuerza de sus padres y familiares. Tardará todo ese tiempo porque ahorita no sabe dónde están miles de esos menores.

Fue hace justo un año cuando oficialmente se implementó la política de "cero tolerancia", anunciada por el entonces procurador general Jeff Sessions. El régimen de Trump argumentó que la ley los obligaba a separar familias. Pero no existe tal ley. Fue una decisión política de impulsar una medida para arrestar a casi todo inmigrante indocumentado capturado cruzando la frontera, acompañado o no por niños. Como el Departamento de Justicia no puede procesar penalmente a menores de edad junto con sus padres, éstos fueron separados; así, los adultos fueron internados en centros de detención y los niños clasificados como menores no acompañados colocados en centros y albergues operados por contrato con el Departamento de Salud y posteriormente muchos fueron entregados a familiares o, bueno, no se sabe exactamente. Casi 2 mil menores de edad fueron separados en sólo un periodo de seis semanas entre abril y mayo de 2018, según cifras oficiales.

Ante una ola de protesta cada vez mayor de diversos sectores, incluidos algunos conservadores, junto con asociaciones nacionales de pediatras y sicólogos, entre otros, Trump y su gente buscaron distanciarse de la política que ellos mismos impulsaron; primero, el presidente insiste en que sólo estaba cumpliendo con leyes "horribles" promulgadas por demócratas (falso) y segundo, asegura: "odio que los niños sean llevados a otro lugar". Su secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen (quien este domingo presentó su renuncia después de múltiples críticas del presidente de ser demasiado "débil" para controlar la migración), declaró sin ninguna vergüenza: "no tenemos una política de separar familias en la frontera. Punto". Pocos días después su jefe se vio obligado, ante la ola de condenas, a suspender esa misma política que supuestamente no existía; cinco días más tarde un juez federal ordenó el fin de esa política.

Una demanda legal presentada por la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) culminó con una orden judicial federal para que el régimen reunificara a los 2 mil 737 niños que fueron separados de sus padres.

Pero resulta que son muchos, potencialmente miles, de niños más. Con la propuesta presentada ante el tribunal el pasado viernes, el régimen, en efecto, confesó que no sabe cuántas familias separó, y agregó que por ello podría necesitar entre 12 y 24 meses para identificar a "todos", al revisar unos 47 mil casos de "menores no acompañados" que estaban bajo custodia del gobierno en algún momento entre julio de 2017 y junio de 2018. El mes pasado, el inspector general del Departamento de Salud informó que hay muchos más casos de niños separados de los que anteriormente se han registrado, y que no tenían ni un cálculo sobre cuántos son.

Lee Gelernt, abogado principal de la ACLU encargado del caso, criticó la propuesta al afirmar que "el gobierno fue capaz de juntar rápidamente los recursos para arrancar a estos niños de sus padres y ahora necesitan reunir los recursos para reparar el daño".

Ni un solo gobierno de los países donde nacen, crecen y viajan estos niños se ha atrevido a denunciar todo esto, mucho menos a pedir que el régimen estadunidense rinda cuentas. Todos vieron las imágenes de pequeños en jaulas, todos pudieron escuchar los gritos y el llanto de los menores arrancados de los brazos de sus padres, todos podían leer los testimonios de víctimas, de madres y padres enloquecidos por saber dónde estaban sus hijos, de reportes sobre el trauma tal vez permanente que esto les ha ocasionado.

Es inaguantable, ¿no? ¿Entonces? ¿Qué nos pasa?

"El carácter verdadero de una sociedad es revelado en cómo trata a sus niños": Nelson Mandela, 1997.

 

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Sábado, 30 Marzo 2019 06:42

La breitbartización de la política

La breitbartización de la política

Breitbart.com era una web de noticias fundada por Andrew Breitbart, que venía a representar la opinión de la derecha estadunidense clásica. En 2012, tras la muerte de su fundador, Steve Bannon pasó a ser su director ejecutivo, transformando la web en un portal de noticias cuyo objetivo era, y es, convertirse en la plataforma de la derecha nacionalista, la ahora famosa alt-right.

La alt-right, o derecha alternativa, no es más que un eufemismo para nombrar a posiciones de ultraderecha en el panorama político estadunidense, donde caben desde los nacionalistas económicos a los supremacistas blancos.


El paso de Steve Bannon de director de Breitbart a jefe de gabinete de la administración Trump simboliza muy bien lo que pasó en 8 años, donde se pasó del primer presidente negro de la historia de Estados Unidos a un personaje como Trump.


Las guerras culturales que han dado pie al ascenso de Trump y la alt-right han supuesto una breitbartización de la política, donde lo que importa ya no son los hechos en sí, sino el relato. Y ahí, la derecha ha sabido construir un relato y adaptarse muy bien al mundo del Internet y las redes sociales.


Dice el sociólogo Manuel Castells que la clave del poder hoy es la constante interacción y lucha en torno a quien controla información, y cómo se permite o no y para quién y de qué manera, la comunicación. Otro sociólogo que viene estudiando el momento de las redes sociales como una era de fragilización social, César Rendueles, plantea que después de la crisis del capitalismo de 2007/2008 ya nadie cree demasiado en la capacidad del mercado para resolver conflictos políticos (más bien los acelera), por lo que la gente deposita en la tecnología la fe en que dé lugar al surgimiento de algún tipo de nuevo orden.


El poder por tanto está hoy en disputa en torno a la información y la tecnología, y eso fue muy bien entendido por la alt-right. Mientras la izquierda seguía inmersa en dar la batalla a la industria cultural hegemónica (o en no dejarse absorber por ella), la derecha ya estaba haciendo contenido instantáneo que impactaba entre los sectores más jóvenes, nuevos votantes en muchos casos. La izquierda estadunidense intentaba disputar contenido progre en Hollywood, mientras la derecha se dedicaba a hacer memes y en una sola imagen sintetizaba el odio al establishment.


La historia nos enseña que el neoliberalismo se apropió en primer lugar del multiculturalismo, convirtiéndolo en la expresión posmoderna del capitalismo en el ámbito cultural. Después, se apropió del feminismo, e hizo de Hillary Clinton el paradigma de feminismo liberal del 1 por ciento que tan bien critica Nancy Fraser desde el corazón del imperio.


Pero la alt-right desecha la corrección política, apropiándose de la estética de la transgresión y la contracultura, que han sido expresiones habituales de la izquierda. El mejor ejemplo podría ser la revista Vice, definida por Angela Nagle como una imagen de marca construida gracias a la combinación degenerada de vacua estética hípster y transgresión pornificada. Nagle escribió Kill all Normies, disecciona las guerras culturales que han dado lugar al surgimiento de la alt-right y Trump, un troll de Twitter con un botón nuclear al alcance de su mano.
Una alt-right que se sustenta en una guerra contra el marxismo cultural y la ideología de género y que por eso encontró en Trump el ariete, el personaje ideal para encarnarla, el paradigma de la incorrección política, el supremacismo blanco y el machismo.


Y en este escenario tanto Steve Bannon como Breitbart han jugado un papel clave para ganar la batalla cultural. Bannon ha sido el estratega para lograr pasar del activismo de clic al voto, sin pasar por las calles que tanto añora la izquierda. En una sociedad en la que ya no hay emisores y receptores, sino en la que todas y todos somos emisores y receptores a la vez, la sociedad-red de Castells, o la sociedad-enjambre de Byung-Chul Han, las estrategias de comunicación deben responder a los sueños e imaginarios de la gente, pero también a los insomnios y emociones de una sociedad destrozada socialmente por el neoliberalismo, no sólo como proyecto económico, sino, sobre todo, cultural.


Bannon sabe interpretar el momento. En una de sus recientes entrevistas, y haciendo referencia al fenómeno mediático de la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, Bannon afirmar haber interpelado a los republicanos: “Necesitamos más camareros y menos abogados”.
Para ello, Bannon ha creado The Movement, una plataforma política para articular a l

a derecha populista, nacionalista y tradicionalista, plataforma que define como un motor evangelizador sustentado en los pilares del soberanismo, la seguridad, y la economía, algo que podemos traducir como una apuesta por un neoliberalismo nacionalista en lo económico, y un neoliberalismo excluyente en lo social, que defiende el modelo de familia tradicional y apela a la xenofobia antinmigrante.


Pero la alt-right, que por medio de The Movement ya está articulando una Internacional Populista de ultraderecha para tener una fuerte presencia en el próximo Parlamento Europeo, que ya cuenta con dos cabezas de playa en los gobiernos de Trump y Bolsonaro en Brasil, ha podido conquistar estos avances a partir de una blitzkrieg en la net war, donde el uso de las redes sociales, las fake news, y la inteligencia artificial, ha sido clave para esta guerra relámpago.


Ahí también, Bannon y la plataforma Cambridge Analytics han jugado un papel fundamental, que diseccionaremos en el próximo artículo.

Katu Arkonada, politólogo especialista en América Latina

 

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La ultraderecha mundial pasa al ataque

El pasado martes 5 de febrero, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, afirmó que “la amenaza más grande que en este momento tiene la humanidad” es la ley de género, la enseñanza de género y la “ideología de género”, que calificó de “imposición dictatorial”, “liberticida” y “de corte estalinista”. Una vez más, la expresión “ideología de género” servía para cargar contra el movimiento feminista, como viene haciendo Vox desde su irrupción en la política española.

Pero no se trata de un fenómeno español: en Colombia, las iglesias evangélicas llamaron desde los púlpitos a votar “no” en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el Estado y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en octubre de 2016, argumentando que tales acuerdos estaban teñidos de “ideología de género”. Y Jair Bolsonaro, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de Brasil el 1 de enero, fue tajante: “Prometo combatir la ideología de género conservando nuestros valores”.


No es una novedad que la derecha y la Iglesia unan sus fuerzas para sabotear los avances de las mujeres en la conquista de sus derechos; la dictadura franquista es buena muestra de ello. Más reciente, pero tampoco novedosa, es la expresión “ideología de género” que el Papa Benedicto XVI definió como “el objetivo de liberar al ser humano de su biología”. Hace veinte años, Monseñor Óscar Alzamora Revoredo, obispo auxiliar en Lima, escribía que detrás del uso de la palabra género “se esconde también una ideología que busca hacer salir el pensamiento de los seres humanos de esta estructura bipolar” que los divide en hombres y mujeres, y calificaba de “revolucionario” este planteamiento.


Pero es en los últimos años, al calor de la fuerza de un movimiento feminista que se ha mostrado imparable a escala internacional, cuando ha cobrado relevancia la expresión “ideología de género”. Así explica este fenómeno la politóloga argentina Verónica Gago, una de las impulsoras del movimiento ‘Ni Una Menos‘ en Argentina: “Ideología de género es un concepto impulsado por la Iglesia católica que pretende organizar una contrainsurgencia sobre la fuerza y la potencia del feminismo”.


Hablar de contrainsurgencia implica la invención y demonización de un enemigo interno: en este caso, las feministas, supuestamente enemigas de los hombres, la familia y la religión Con Donald Trump al frente de Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Vox avanzando en España y partidos neofascistas –si asumimos que nos sirve esa categoría; el historiador Federico Finchelstein preferiría hablar de “populismo de derechas”–, ya existen pocas dudas de que la ultraderecha avanza en todo el mundo, y parece evidente también de que las feministas, junto a los y las migrantes, están en el centro de su diana. Esa estrategia global convive con variantes locales: en Francia, Marie Le Pen arremete contra la migración al tiempo que se autoproclama feminista y agita el miedo a que “la crisis migratoria acabe con los derechos de la mujer”.


En cualquier caso, lo habitual es que el antifeminismo conviva con la xenofobia y la defensa de los “valores tradicionales”. Vox pide la expulsión de los migrantes con la misma visceralidad que la supresión de la ley de violencia de género, al tiempo que dice apostar “por los valores, la familia y la vida”; Trump exhibe su misoginia junto a un ardiente discurso antimigratorio; en el Congreso brasileño, los diputados evangélicos se aliaron con los ruralistas –vinculados a los intereses de los terratenientes– y con quienes apoyan las armas, en la llamada “bancada BBB”: Buey, Biblia y Bala. Y, en Ecuador, el presidente Lenin Moreno aprovechó el femicidio de una mujer embarazada cometido por un migrante venezolano para agitar la xenofobia: “Les hemos abierto las puertas, pero no vamos a sacrificar la seguridad de nadie”, afirmó. En la misma operación, criminalizaba a la comunidad venezolana al tiempo que negaba la violencia machista entre sus congéneres.


Mujeres en defensa de los territorios


“La derecha está leyendo la potencia del feminismo en temas estratégicos, mientras las izquierdas tradicionales siguen infantilizando nuestra capacidad política. Incluso a nosotras nos cuesta dimensionar la potencia de ese internacionalismo de nuevo cuño que está surgiendo”, sostiene Verónica Gago. Pero, ¿por qué el feminismo se ha convertido en el principal enemigo a combatir de las derechas de todo el mundo? La politóloga lo resume en dos palabras: masividad y radicalidad.


“El movimiento feminista ha logrado ser masivo y radical al mismo tiempo, y eso lo convierte en una amenaza para los poderosos, porque pone en jaque las relaciones de obediencia en todos los ámbitos de la vida colectiva y el sistema político no está a salvo”. El feminismo ha logrado desbordar la temática de género: se ha incardinado, y esto es muy visible en América Latina, en el núcleo mismo de las luchas indigenistas y anticapitalistas, y “en la capacidad de modificar relaciones concretas en los sindicatos, las escuelas, la familia, la pareja o la fábrica”.


Así, “el feminismo fue saliendo del ‘gueto’ de la cuestión de género; y lo hizo no desde una posición de exterioridad, sino que se convierte en una dimensión interna de cada una de las luchas para radicalizarlas desde adentro, a la vez que produce planos de coordinación entre una conflictividad social en aumento”, añade Gago.


Esta capacidad para radicalizar las luchas se percibe en la efervescencia de los feminismos comunitarios e indígenas, y se encarna en el protagonismo femenino en las luchas contra proyectos extractivos como la megaminería, las grandes hidroeléctricas o los monocultivos.


Como ha señalado la antropóloga Rita Segato, el asesinato de la hondureña Berta Cáceres, como el de tantas mujeres latinoamericanas en defensa de sus territorios, fue un femicidio, pues aunque a los hombres se los mata también por resistir al avance de la frontera extractiva, en el caso de las mujeres se pretende eliminar “un estilo de hacer política, una politicidad propia de las mujeres” que, entre otras, es capaz de conectar la conquista de los territorios que habitan estas comunidades con la violencia contra los cuerpos de las mujeres.
Así lo expresó la añorada Berta Cáceres: “Si las mujeres no hablan de sus cuerpos entre sí, si no reconocen sus derechos al placer y a no sufrir violencia, no podrán entender que la militarización es una práctica de invasión territorial que se vincula con la violencia contra las mujeres, al utilizar las violaciones sexuales como arma de guerra”.


Esto sucede en los territorios que defienden las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, pero también en las ciudades: el pasado septiembre, en Buenos Aires secuestraron y torturaron a una maestra en cuyo vientre escribieron con un punzón: “Ollas no”. Su crimen había sido organizar ollas [asambleas] populares en los barrios y, con ello, sacar el trabajo reproductivo de su confinamiento doméstico y “visibilizar que son las mujeres las que se están haciendo cargo de la crisis de reproducción social que genera el neoliberalismo”, argumenta Gago.


La violencia machista se combina así con su dimensión clasista, racista y colonial, a semejanza de lo que ocurre en Europa, donde, en las elecciones andaluzas, un vídeo promocional de Vox, con Santiago Abascal y sus hombres a caballo, agitaba el símbolo de la Reconquista que finalizó en Granada el mismo año que los conquistadores españoles llegaron a América. “Lo que antes se negaba hoy aparece con exhibicionismo”, apunta Gago, y abre así el feminismo a “preguntas que van al núcleo de la crítica anticapitalista y descolonial, que deja de ser meramente ideológica para ser concreta”, como concretas son las escenas de violencia patriarcal, racista y colonial que se viven en los territorios rurales y urbanos.
En un momento de ascenso de la ultraderecha, esa nueva hegemonía se traduce en los discursos de los políticos y diarios de derechas. A primeros de febrero, Pablo Casado utilizó el pago de las pensiones para justificar su intención de derogar la ley que facilita el aborto en España: “Hay que tener más niños, no abortarlos”, afirmó, con un argumento propio de El cuento de la criada.


El 1 de febrero, el diario argentino La Nación publicó un polémico editorial titulado Niñas madres con mayúsculas, en el que ensalza el supuesto espíritu maternal de niñas embarazadas con 12 o 13 años. Pocos días antes, en la provincia de Jujuy, moría el bebé de una niña de 12 años que fue violada y a la que se le impidió abortar. Antes de la muerte del bebé, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, había anunciado que una familia “importante” tenía intención de adoptar al bebé; llevaba así a la memoria de muchos argentinos las reminiscencias del robo de bebés que fue masivo durante la dictadura militar de 1976-83.


Pero, ¿por qué esta deriva neofascista? “Creo que el neoliberalismo no logra estabilizar unos modos de obediencia, no logra que se toleren los niveles de violencia que requiere la actual fase de acumulación del capital; y las derechas han leído la capacidad de desestabilización del mundo que tiene el movimiento feminista; por eso el fascismo, en los gobiernos y como micropolítica, promete una forma de estabilización para el neoliberalismo”, sostiene Gago. La italiana Silvia Federici, que en Calibán y la bruja explicó la relación entre la caza de brujas y la acumulación originaria en los orígenes del capitalismo, lleva tiempo alertando de que hoy vivimos una nueva caza de brujas, más aguda allá donde la lucha de clases es más acentuada.


Fue siempre así: las mujeres desobedientes, antes llamadas brujas, hoy feminazis, tuvieron y tienen la capacidad de desestabilizar el sistema. En este contexto, concluye Gago, “la pregunta que debemos hacernos es qué significa cuidar esa fuerza del movimiento”. Y es ahí que se abre todo un campo de experimentación, que abarca desde las alianzas estratégicas hasta las tácticas de autodefensa, pasando por la alerta ante las distintas formas de cooptación del movimiento, como las que despliega el mercado en su propuesta de un feminismo compatible con el capitalismo.

27 febrero, 2019

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“No hay un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo”

Motivado por historias cercanas, Bauzá, doctor en Filosofía e investigador del Conicet, decidió indagar sobre los motivos que llevan a algunas personas a provocarse la muerte. Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Stefan Zweig, Sylvia Plath aparecen entre los protagonistas.

 

El prestigioso doctor en Filosofía Hugo Francisco Bauzá recuerda como si fuera hoy algunos episodios que transcurrieron durante su infancia. Cuando tenía seis años se había mudado con sus padres a una casa grande y como había que hacer unas reformas, su padre contrató a un carpintero, un señor mayor de barba larga que “parecía un profeta bíblico y se llamaba Juan”, apunta el escritor. Bauzá recuerda que mientras ese hombre trabajaba con su garlopa, también lloraba. “Yo, azorado, desde un ángulo de la habitación lo miraba en silencio, pero eso le extrañaba”. El padre le dijo a Bauzá que ese hombre lloraba porque se le había muerto un hijo. “Después añadió que era el único hijo y, con el tiempo, supe que se había suicidado”. Esa, reconoce el escritor “fue una pequeña marca” que lo llevó muchos años después a estudiar el suicidio. Pero hubo otra: una tía de su madre murió trágicamente y el tema del suicidio “era tabú, no se podía mencionar, se desfiguraban las causas de la muerte porque daba la sensación que una muerte por suicidio no sólo enlutaba a la familia sino que, en cierto modo, la culpaba: la familia no se había percatado, no había sabido ayudarla, no se había dado cuenta de la resolución que estaba por tomar”, comenta Bauzá sobre cómo se veía el suicidio en aquella época. Cuando estudiaba en la Facultad, se mató una compañera de Bauzá por razones sentimentales mediante la ingestión de barbitúricos. “Cuando de joven leí sobre Werther en la famosa novela, basada en un supuesto epistolario de Goethe, del prerromanticismo alemán, vi que la muerte que se da Werther es una muerte espectacular que para todo joven de catorce, quince años, es un punto, un hito en su conformación espiritual. Recordemos que cuando apareció esta novela provocó una ola de suicidios, a tal punto que en algunas ciudades alemanas fue prohibida. Así que mucha gente que tenía una cuestión amorosa no resuelta e imposible de consumar, como la del joven Werther, en lugar de tratar de encontrar una solución, optaron por el suicido”, sostiene Bauzá. Lo relatado lo llevó a estudiar el tema en Miradas sobre el suicidio (Fondo de Cultura Económica), donde el autor analiza por qué razón hay seres humanos que, en lugar de aguardar la muerte de manera natural, deciden anticiparla provocándosela ellos mismos. Y lo hace desde un riguroso estudio literario, mitológico e histórico presentando casos famosos y no desde la psicología.


–Si se estudia el tema de la muerte, ¿cuánto influyen las cuestiones religiosas?


–Eso varía. Primero que lo vemos en la cultura occidental. Hace muy poco viajé a la India y a Nepal y ahí nuestras estructuras mentales son totalmente distintas. Hay una concepción distinta de la vida y de la muerte. En Occidente da la sensación que la muerte fuera una finitud, salvo los casos religiosos, mientras que en Oriente la muerte es algo así como entrar a otro estado de vida.


–Como si fuera una transición.


–Correcto. Es la muerte para que haya más vida.


–¿Cómo era el caso de los suicidios en el Medioevo? ¿La creencia era que esas almas pagaban por el acto cometido?


–Claro, la Iglesia en el 542, en el Concilio de Arlés, considera anatema a todo aquel que atenta contra su vida porque es atentar contra el don más preciado que es la vida, y no tiene posibilidad de redimirse puesto que ya está muerto. En consecuencia, para la Iglesia (me refiero al cristianismo) el suicidio es una cosa totalmente tabú. Incluso, no se los enterraba en Tierra Santa. No solamente los cristianos. Según la tradición judía, al suicida se lo entierra del lado del muro, no del lado central de lo que puede ser un cementerio israelita.


–¿Los suicidas en la época del Medioevo no podían ser enterrados?


–Podían ser enterrados pero no en zona cristiana, entendiendo como zona cristiana al camposanto, lo que hoy llamaríamos un cementerio.


–Usted menciona en el libro una estadística que indica que una tercera parte de las personas que se quitan la vida lo hacen por depresión ¿Cree que la vida moderna, llena de exigencias, favorece conductas suicidas?


–Probablemente sí. De todos modos, descreo un poco de las estadísticas. Hay algunos países donde hay un índice elevado y que suelen no dar la difusión de esas estadísticas. Es el caso, por ejemplo, de Japón, incluso Suecia y los países nórdico-europeos, donde tal vez por razones climáticas hay una tendencia a la depresión y es como un camino previo a un suicidio. En Japón, el hecho de que alguien esté al margen de una relación laboral, que no encajó en la empresa o donde fuere, hace que esa persona se sienta marginada del campo de lo social y, por lo tanto, el atentar contra la vida es una posibilidad de escape.


–¿Por qué algunas culturas o religiones consideran al suicidio un acto venerable y para otras es una deshonra?


–No sé si para algunas religiones es realmente un acto venerable, sí para algunas corrientes filosóficas. Por ejemplo, para el estoicismo todo aquel que no logra llevar una vida acorde con preceptos morales o con una norma ética, la solución es el suicidio; es decir, que para los estoicos el suicidio desde la antigüedad fue una cosa honorable cuando las condiciones de vida no eran respetables.


–¿Y en el caso de quienes lo consideran una deshonra?


–Justamente es porque tienen una especie de prurito religioso y, en consecuencia, no se puede atentar contra la vida porque para esas corrientes de corte espiritualista el suicidio va contra algo que le es dado al hombre porque uno no es propiamente dueño de su cuerpo. Esta es una línea que, en el caso de Occidente, arranca con el orfismo, después con Pitágoras. Y es una línea que caló hondamente en Platón y deriva después en el cristianismo. Así que habría una línea de corte espiritualista para la cual el suicidio es negativo y, en cambio, en oposición para los epicúreos y los estoicos la cosa es diferente. Para los epicúreos, que tienen una visión materialista del mundo, el alma perece con el cuerpo y, en consecuencia, no habría inconveniente en dejar la vida cuando no es posible llevarla dignamente.


–A diferencia de la época medieval, hoy gracias al psicoanálisis se puede tratar a una persona con ideas suicidas...


–Sí, ciertamente. El psicoanálisis ha aportado un influjo considerable porque posibilita que emerjan una serie de fantasmas que uno, a veces, tiene en el inconsciente y que no sabe dominarlo. No es que uno piensa los fantasmas sino que el psicoanálisis permite una convivencia relativamente armónica con esos fantasmas que nos tienen arrojados.


–¿Cree en eso que figura en el imaginario colectivo de quien dice que quiere matarse no se mata o esto es un mito?


–No sé exactamente qué asidero científico puede tener esa reflexión pero hay casos de las dos formas. Hay quienes hacen intentos de suicidio como un llamado de atención y, en cambio, hay quienes hacen intentos de suicidio hasta que finalmente se suicidan por motu proprio. Pienso el caso de Sylvia Plath, la famosa poeta norteamericana que tuvo tres intentos de suicidio hasta que finalmente terminó ahogándose con gas. Todo eso lo narra, de alguna manera, prefiguradamente en la novela autobiográfica La campana de cristal. Su suicidio –que fue muy famoso por la trascendencia que tuvo y por el papel cultural que representaba su poesía–, habría sido algo extraño porque ella se suicidó con gas y horas después llegó una mucama que se iba a ocupar de los hijos con la idea de ocuparse de la casa y la encontró muerta. El problema es que ella había mandado una carta anunciando ese intento de suicidio y por error de la posta la carta llegó uno o dos días más tarde. Así que nunca terminaremos de saber a ciencia cierta si fue verdaderamente un suicidio provocado o fue un intento más de suicidio como los tres que ya había tenido. Un escritor muy famoso, Al Alvarez, escribió una obra de arte extraordinaria llamada El dios salvaje, que es un estudio muy profundo de Sylvia Plath.


–¿Por qué suele asociarse al artista con la locura y, en consecuencia, con la posibilidad de matarse?


–Es un muy viejo tema en Occidente. Existe una obra, durante muchos siglos atribuida a Aristóteles, que hoy se sabe que no es de Aristóteles pero sí de sus continuadores, los peripatéticos, que se llama Problémata, que en español sería “Los problemas”. Y al comienzo de la obra, el autor se pregunta por qué todos los hombres que han estado presos de melancolía han sido personas que han descollado en el campo de las artes. Después, deriva hacia el tema del suicidio porque se hablaba de los distintos humores: el melancólico, el flemático, el colérico, etcétera. Y el melancólico era el que estaba poseso por lo que los latinos tradujeron como “atrabilis”, es decir, la bilis negra. Se hablaba de que quienes tenían abundancia de la bilis negra, de cuya existencia nadie dudaba aunque nadie la había visto, tenían una propensión a la melancolía. Habría que distinguir: una cosa es el estado melancólico por el que pasamos todos en algún momento de pequeña depresión, por angustias, por un tormento y otra cosa es la melancolía como una patología profunda que, de un modo extremo, llevaría al suicidio.


–En esto de los artistas y la locura, Ernesto Sabato decía que la diferencia entre el artista y el loco es que el artista puede transitar por los caminos de la locura pero puede volver…

–Correcto, vuelve y el otro no. Ya que usted menciona el texto de los artistas que se suicidan, en el campo de la plástica me acuerdo del caso de Rothko y el Greco. Toda la obra de Rothko gira sobre el rojo pero paulatinamente el rojo deviene negro. Es el comienzo, la prefiguración de la muerte. El caso del Greco es muy famoso: un personaje tan anárquico, tan particular y tan brillante en muchos aspectos convocó a una reunión para su suicidio. Sus amigos pensaron que era otra broma sarcástica del Greco y efectivamente se suicidó a la hora y el lugar indicado. En el caso de la literatura me vienen a la mente el caso de Horacio Quiroga que se suicidó porque tenía una crisis depresiva y porque, además, Quiroga procedía de una familia de suicidas. Y también porque tenía una enfermedad terminal. El estaba internado en el antiguo Hospital de Clínicas, su fin era inminente, logró una salida muy transitoria para recorrer la ciudad y uno de sus compañeros le proveyó arsénico o cianuro y terminó su vida. Trascartón se dio la muerte también trágica de Leopoldo Lugones, que se suicidó con whisky con arsénico en el Paseo del Tigre. En Lugones se dieron varias situaciones: un fracaso en el orden de lo político ya que había girado de un anarquismo originario hacia un modelo totalitario; fue uno de los artífices de la revolución del 30 y uno de los que supuestamente habría escrito la famosa proclama. También sufrió un gran desengaño amoroso. El hijo de Lugones, cuando se enteró que el padre tenía una relación sentimental muy profunda con una jovencita advirtió al padre de la chica sobre la historia y le dijo: “Si usted no pone fin a esta historia dramática, mañana esto sale en los diarios”. Hablando en grosero fue una muy mala postura, innoble del hijo y, entonces, cuando Lugones tomó conciencia del desengaño político, del desengaño amoroso parece que optó por el suicidio. También está el caso de Alfonsina Storni, que se suicidó. Ella era amiga de Quiroga. La muerte de Quiroga la sumió en una gran depresión. Y en Alfonsina también se dieron varias causas: madre soltera en un momento en que eso era un pecado, y una enfermedad grave. Ella había estado protegida por Botana, que la había llevado unos días a la estancia Los Granados, pero ella en determinado momento decidió tirarse al mar. No poéticamente como se dice que penetró en las aguas sino que se sabe bien por la pericia judicial que subió hasta la escollera, llegó casi a la punta a unos doscientos metros y desde allí se arrojó. En la punta de la escollera quedó prendido uno de sus zapatos. El cuerpo flotaba y fue descubierto por dos obreros portuarios. Uno fue a dar aviso a la Policía y el otro que nadaba bien se arrojó al agua para traer el cuerpo.

–¿Cree que alguien puede matarse en pos de sus ideales como hacían algunos poetas románticos?


–Sí, por supuesto. Hay muchos que lo han hecho, pero yo creo que siempre hay un estado depresivo previo que lleva a esa especie de enajenación. Recuerdo en el caso de Argentina a la joven Delfina Tiscornia, que creo que tenía treinta años, cuando dejó un poemario extraordinario y en él sobrevuela la idea de la muerte buscada. Es un poemario desgarrador.

–Los dadaístas creían en el acto de la muerte como espectáculo como, por ejemplo, Jacques Rigaut, quien consideraba al suicidio como una vocación.


–Sí, dentro de los surrealistas hay una gama muy variada de ver el suicidio como espectáculo, pero tal vez no se pueda generalizar porque en cada uno de ellos hay opiniones y actitudes diferentes que los han llevado a cometer ese acto.


–¿Dostoievski provocaba el suicidio de algunos personajes de sus novelas porque su religión le impedía matarse?


–Claro, Dostoievski era ortodoxo. Así que él, de algún modo, defendía la vida, pero si uno ve la novelística de Dostoievski, incluso sus cuentos, hay muchos personajes que se suicidan. Se habla del suicidio lógico, en el sentido de que quien no tiene la posibilidad de sobrellevar una vida dignamente no le cabe más remedio que el suicidio. Entre los primeros cuentos de Dostoievski, hay dos muy transitados por los lectores donde los personajes se suicidan.


–¿La muerte en la ficción puede presagiar la muerte en la realidad tal como se menciona el caso de Virginia Woolf?


–Sí, evidentemente hay escritores que en su obra uno advierte que, paulatinamente, hay un camino al suicidio que, a veces llegan a cometerlo y, a veces, no, pero está como prefigurado. Se pueden plantear algunos casos. Por ejemplo, el poeta Heinrich Wilhelm von Kleist que en su obra se advierten datos suicidas y él se suicidó. Además, tuvo un suicidio espectacular porque no lo hizo por su amada sino con su amada. Luego de haber tenido una noche orgiástica de pleno goce ambos se dieron mutuamente la muerte. El le pegó un tiro y luego él se mató, con consentimiento de la pareja. Un pacto suicida. Ocurrió más tarde con el caso del famoso novelista Stefan Zweig: se mató con su mujer, su segunda esposa en la ciudad de Petrópolis. Se dieron varias causas: él tuvo que huir de Europa a causa del nazismo, se había refugiado en Petrópolis, después de una pequeña estancia en Gran Bretaña. Estando en Petrópolis llegó a recibir tristes informes de que la persecución nazi llegaría a Latinoamérica, así que desesperado por esa causa y por la enfermedad de su mujer decidieron darse la muerte.


–¿Cómo surgió el interés de Albert Camus por abordar el tema del suicidio?


–Camus era un vitalista, estaba contra el suicidio. Decía que aun cuando uno no sepa lo que es la vida (porque en el fondo la vida es misterio) tiene la obligación de asumirla y de vivirla perpetuamente. Es por ejemplo lo que se ve en el mito de Sísifo, que acepta el castigo no porque sea una imposición sino porque por su propia voluntad debía asumirlo.

–Otro autor que trabajó el tema del suicidio fue el argentino Antonio di Benedetto…


–Sí, este famoso novelista mendocino cuyo padre se suicidó cuando él tenía alrededor de catorce años, tenía una huella suicida. Es autor de la obra Los suicidas, donde naturalmente elucubra sobre este tema. También sucedió con Quiroga y Lugones. Margaux Hemingway escribió la biografía de su abuela y contó siete suicidios en su familia. Parece ser que fuera como una huella. No digo que haya un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo.

Jueves, 24 Enero 2019 06:36

El machismo en el ocaso del padre

El machismo en el ocaso del padre

El machismo presente en la violencia contra el sexo femenino es signo de la decadencia patriarcal ya que se apela a la fuerza cuando no hay autoridad, plantea la autora, que explica y resalta la importancia de diferenciar ambos términos. “Hay machismo cuando no hay padre”, concluye.

La violencia contra las mujeres está lamentablemente a la hora del día y, si bien ella no es nueva, cabe ubicarla bajo la perspectiva de ciertos ángulos de nuestra contemporaneidad. Históricamente en la Argentina las cifras oficiales a nivel nacional sobre violencia contra las mujeres fueron escasas. Los únicos registros al alcance consistieron en aquellos provistos por organizaciones de la sociedad civil, que recolectaban datos de noticias policiales en medios. Pero desde hace pocos años es posible saber –oficialmente– que una mujer muere por día víctima de femicidio en algún punto del país. Se dirá que la violencia contra las mujeres ha existido siempre y que la dominación sobre ellas es una constante en el marco del sistema patriarcal, pero la particularidad de la violencia actual estaría dada por el ocaso de ese régimen y –según nuestra idea– es ese ocaso el que da forma a la brutalidad con la que emerge. Detengámonos en la palabra “ocaso” para precisar que no es el equivalente a “desaparición” sino afín a declinación en la que algo pervive pero ya no reviste el valor de antaño.

Conviene también diferenciar patriarcado de machismo, términos que se confunden en los estudios dedicados a esta problemática y que urge distinguirlos tal como lo haremos en este libro. En principio la palabra “patriarcal” alude a “padre” mientras que el vocablo “machismo” alude a “macho”, es decir que no son equivalentes. Si el padre tiene un estatuto simbólico que sobrepasa la reproducción: padre de una idea, de una Nación, de un movimiento, de una doctrina etc., macho solo remite a un animal de sexo masculino o a un hombre en el que se destacan las cualidades tradicionalmente consideradas masculinas como la fuerza, la virilidad o el vigor. Podemos adelantar que el machismo presente en la violencia contra el sexo femenino es signo de la decadencia patriarcal ya que se apela a la fuerza cuando no hay autoridad. Conviene diferenciar ambos términos y recordar que justamente Lacan consideró a la exaltación viril como... femenina1. No cabe entender esta afirmación bajo la forma de una desvalorización de la mujer sino que Lacan quiso indicar que es de “poco hombre” tal mostración.


Tal exaltación se muestra bajo el ejercicio de la violencia y aquí los ejemplos abundan desde esos jóvenes entrenados en boxeo que exhiben las marcas de su “coraje viril” cometiendo asesinatos, las barras bravas que alardean agresividad y aguante como signos de atributos de macho, la cruda vigencia de las guerras pautadas por los hombres y sus códigos hasta los negocios encarados con estrategias bélicas y los autos conducidos cual balas fálicas etc. Podríamos agregar la violencia contra el sexo femenino y toda aquella que se ejerce como demostración de “poder”. Es que incluso, sin circunscribirnos a la violencia callejera sin precedentes o a la que brota de la más brutal segregación, la violencia también está presente en el mundo de la economía y de los negocios. Obsérvese que sus héroes son impiadosos, depredadores tal como lo expresa la película En buena compañía, de Paul Weitz, en la que un joven ejecutivo, para conseguir el cargo al que aspira, promete a su jefe: “Iré por ese mercado y lo conquistaré sin tomar prisioneros, eliminaré a todos los enemigos”.


¿Cómo se concilian tales observaciones con la mentada caída de la virilidad, anunciada por los discursos contemporáneos? Al respecto, cabe señalar que no fue sólo el psicoanálisis el que señalo tal descenso, sino que además de la sociología, fue la filosofía la que por boca hegeliana preanunció la progresiva desvirilización del mundo.


Cuando Kojève2 lee el libro de Francoise Sagan Bonjour tristesse afirma que en las playas de la Costa Azul descriptas por la joven escritora se pasean los varones del nuevo mundo, el de la posguerra. Hombres que tienen la molesta tendencia de ofrecerse a la mirada, desnudos, pero obligatoriamente musculosos. Las referencias al “mundo nuevo” con el tropel vanguardista de este perfil de “machos”, no dejan de tener resonancias hegelianas, incluso el título del artículo se llama: “Sagan: el último mundo nuevo”. Parece pues aludir al mundo que nace en los albores del fin de la historia preconizada por Hegel, por Kojève como su discípulo y más recientemente por Fukuyama. Este autor japonés ha sido muy controvertido, a veces se lo critica por desconocerlo, suponiendo que había creído en una culminación apocalíptica del devenir. Otras, se lo acusa de conservador por vaticinar el fin de las ideologías, es decir la universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano3.


En su lectura del caso Juanito, Lacan4 se apoya en el texto de Kojève para referirse a la futura virilidad de ese niño, augurándole un lugar pasivo en sus lazos heterosexuales. Pero más allá del caso en cuestión, Lacan, en correspondencia con el filósofo, acentúa el tema de la desvirilización epocal. Miller5 afirma que la idea del declive viril, incluso su desaparición del mundo contemporáneo, no es pensable sin el declive del padre. ¿Van entonces al unísono padre y virilidad, al punto donde la caída de uno se identifique con la caída del otro?


Freud6 considera que el niño deja el complejo de Edipo a partir de la amenaza de castración proveniente del padre, o de un sustituto capaz de portar esa autoridad para la madre. El infante es presa de una elección forzada: debe elegir entre el enlace libidinal con la madre y el interés narcisista por conservar su pene, por la amenaza de castración vence este último poder. En una suerte de disyunción entre la bolsa y la vida, el pequeño aprende que optar por la bolsa que representa el incesto implica perder la vida, cabe recordar que Lacan habla del falo real en términos de turgencia vital.


El pene entonces está excluido en el circuito sexual edípico, elegir a la madre es elegir esa omisión, mientras que si se opta por la prevalencia del pene, ello implica mantener esa parte renunciando al todo. La masculinidad está pues necesariamente marcada por el padre, bajo la forma de esa amenaza que no es otra que la de la instauración de la disyunción lógica, en la que algo se perderá inevitablemente.


Freud y Schopenhauer


Dijimos que la virilidad se afirma como consecuencia de una delimitación operada por el padre, pero también debemos agregar que el triunfo del pene sobre el incesto lleva también el sesgo de algo que trasciende al pene mismo, en el que se prefigura la paternidad futura del ahora niño. Es que el pene, para Freud, debe su investidura narcisista extraordinariamente alta a su significación orgánica para la supervivencia de la especie, entonces: “se puede concebir la catástrofe del complejo de Edipo –el extrañamiento del incesto, la institución de la conciencia moral y de la moral misma– como un triunfo de la generación sobre el individuo”7. Imposible no retrotraernos a la influencia de Schopenhauer en Freud, este filósofo extrema de tal manera el valor del genio de la especie sobre el individuo, que considera que el amor mismo es una argucia de la que ese espíritu se vale para encaminarlo a sus fines reproductivos8.


Y si nos remitimos al creador del psicoanálisis, notaremos que el énfasis puesto en la procreación indica la acentuación de un interés narcisista que paradójicamente excede al yo mismo, al servicio, entonces, de un orden que lo traspasa. Se trata aquí de una virilidad que lleva la impronta de lo que la rebasa, y que en una suerte de trascendencia inmanente conjuga dos polos en general inconciliables: el individuo y la especie.


“El individuo lleva realmente una existencia doble, en cuanto fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie esta. El tiene a la sexualidad por uno de sus propósitos, mientras que otra consideración lo muestra como mero apéndice de su plasma germinal, a cuya disposición pone sus fuerzas a cambio de un premio de placer; es el portador mortal de una sustancia –quizás inmortal, como un mayorazgo no es sino el derechohabiente temporario de una institución que lo sobrevive. La separación de las pulsiones sexuales respecto de las yoicas no haría sino reflejar esta doble función del individuo”9.


Lo masculino aúna esa dualidad, portando la semilla de “una institución que lo sobrevive”. ¿Más allá de la fecundación de un hijo, no se llama acaso “gran hombre” al que ha sido padre? Padre de la patria, padre de una doctrina, padre de un movimiento, padre de una fórmula, padre, en fin, de una idea.


Los significantes no tienen el mismo valor, ya en los comienzo de su enseñanza Lacan delimitó la importancia del decir fundante y luego en “Subversión del sujeto...”10 expresó a manera de adagio: “Lo dicho primero decreta, legisla, aforiza, es oráculo, confiere al otro real su oscura autoridad.”


Ese dicho se recorta de los otros, tomando necesaria relevancia, separándose así del conjunto, trazando lo real del padre en el sitial donde se yergue lo enigmático de su poder. Si esa autoridad conferida tiene algo de oscuro es porque nunca podrá ser asimilada al registro transitivo de lo fraterno, si luego del asesinato y el acto canibalístico el padre sigue existiendo en la figura del tótem, es porque de él queda un resto imposible de incorporar por la fratria. Si en las fórmulas de la sexuación Lacan consideró al mito de Tótem y tabú y no tanto al mito edípico, es porque se trata de un mito que al mostrar el fracaso del crimen perfecto, ilustra en esa falla la real extimidad del padre. En el Seminario 2011 con las fórmulas de la sexuación, el padre real halla su localización específica a nivel de la excepción que posibilita la constitución del todo.


El padre, negador de la esencia fálica


El hombre en tanto todo se inscribe mediante la función fálica gracias a un límite en la existencia de una x que niega la función, y ello no es otra cosa que la función paterna. La castración, como operación real, se ubica en torno a ese “algo que dice no a la función fálica” comportando para el hombre la “posibilidad de que goce del cuerpo de la mujer, en otras palabras, de que haga el amor”12.


El padre, entonces, instaura un universo masculino que no se cierra en sí mismo, ya que la existencia de la excepción, que niega la esencia fálica, abre en ese universo la apertura hacia una mujer. Tanto Freud como Lacan pensaron la posición masculina en términos de una cesión, por ello en el saber popular “caballero” es quien cede un lugar a una mujer. Si nos remitimos al texto “Introducción del narcisismo”, comprenderemos que Lacan formalizó aquello que Freud afirma cuando sitúa que el pleno amor de objeto según el tipo de apuntalamiento es característico del hombre: “Exhibe esa llamativa sobrestimación sexual que sin duda proviene del narcisismo originario del niño y, así, corresponde a la transferencia de ese narcisismo sobre el objeto sexual”.


El “empobrecimiento libidinal del yo en beneficio del objeto” supone en Freud la operación paterna que, al conmover el narcisismo originario, da lugar a que el mismo se desplace al objeto. Nótese la correspondencia: lo que en Freud es pérdida del narcisismo, en Lacan es negación de la esencia fálica.


La declinación paterna puede entonces pensarse como desaparición de la excepción, en un mundo en el que se suprimen las diferencias y se borran las singularidades. ¿Cuál es su consecuencia a nivel de la masculinidad? Si no hay universo masculino sin un padre que, al constituirse como excepción, lo afirme al negarlo como conjunto cerrado, ¿podemos pensar una virilidad sin padre? Ella adoptaría distintas formas en las que leeríamos las consecuencias de la ausencia del “al menos uno que dice que no”. Podríamos localizar sus efectos en esa “virilidad” de la que habla Kojève, la del cuerpo que se muestra cual oropel en el exhibicionismo “macho”, el hombre que no porta emblemas de un ideal que lo trasciende, sino que gusta ofrecerse como objeto en la pasarela de las vanidades musculosas, o que quiere mostrar su poder en el ejercicio de la violencia. Notamos aquí la ineficacia de un padre para negar la esencia fálica, se infiere pues que hay machismo cuando no hay padre.


* Psicoanalista, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.


1 Ello no equivale a una feminización del mundo sino a una, si cabe la palabra “falicización” que si toca en todo caso a lo femenino es en tanto ellas son expertas en su mascarada pero la esencia no deja de ser fálica. Esta precisión se aclara teniendo en cuenta la siguiente afirmación de Lacan: “El hecho de que la femineidad encuentre su refugio en esa máscara por el hecho de la Verdrängung inherente a la marca fálica del deseo, acarrea la curiosa consecuencia de hacer que en el ser humano la ostentación viril misma parezca femenina”. “La significación del falo”. Escritos 2, Bs. As. Siglo veintiuno editores, trad. Tomás Segovia,1987,p.675.
2 Kojève, A.F; “Sagan: El último mundo nuevo”. Descartes. n° 14, 1996.
3 No creo que este planteo se aleje demasiado del de Lacan cuando dijo “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”, “Proposición del 9 de octubre”, Momentos cruciales de la experiencia analítica, Bs. As., Manantial, 1987, p. 22. Con esto Lacan sigue a Kojève como también lo hace el propio Fukuyama ya que en ambos, la lectura de Hegel proviene de esta influencia.
4 Lacan, J; “La relación de objeto”, Libro IV, El Seminario, Bs. As, Paidós, 1988, pp. 418-420.
5 Freud, S; “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, op.cit, T XIX, Bs. As.; 1976, p. 275.
6 Freud, S., “El sepultamiento del complejo de Edipo”, Obras Completas, T XIV, trad. José Etcheverry, Bs. As., Amorrortu, 1990, p. 76.
7 Freud, S; “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, op.cit, T XIX, Bs. As.; 1976, p. 275.
8 Schopenhauer, A., El amor, las mujeres y la muerte, trad. Miguel Urquiola, Biblioteca Edaf, Bs. As., 2003, p. 81.
9 Freud, S.; “Introducción al narcisismo”, op.cit.; T XIV, p. 76.
10 Lacan; J; “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, Escritos II , trad. Tomás Segovia, Siglo veintiuno editores, Argentina, 1985, p. 787.
11 Lacan. J., “Aún”, El Seminario, Libro 20 , trad. Diana Rabinovich, Demont-Mauri y Julieta Sucre, Ed. Paidós, Bs. As ,1981, p. 95-8.
12 Ibíd., p. 88.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:37

El barco fantasma

El barco fantasma

El velero de cuatro palos amanece anclado en las quietas aguas de la bahía de San Juan del Sur, y los fuertes vientos de finales de diciembre lo hacen girar desde el costado de estribor hasta dejarlo de proa a la costa. Es el Sea Cloud, un buque para cruceros de lujo que puede alojar a 60 pasajeros.


Los folletos hablan de él como de una leyenda romántica, con sus camarotes que conservan el estuco historiado en las paredes, los muebles de teca, sus ricos tapices, baños y chimeneas de mármol, y las llaves de los grifos de oro puro,” la magnificencia de los grandes palacios franceses”. La lista de pasajeros es un secreto bien guardado, y hay entre ellos “poderosos empresarios y altos directivos de multinacionales”.


Cuando llega la noche de despedida de año, el Sea Cloud parece arder con toda su arboladura encendida con ristras luces, pero el viento no trae música de fiesta, contrario a su vieja tradición, pues en un tiempo fue un cabaret flotante, cuando se llamaba Angelita y el mascarón de proa era una feroz águila dorada.


Fue botado en Bremen en 1931, encargo del magnate financiero Edward F. Hutton y su cónyuge, Marjorie Post, dueña de General Foods y emperadora del cornflake. El presidente Franklin Delano Roosevelt y su esposa Eleonora pasaron allí su luna de miel. Su primer nombre fue Hussar V, con 110 metros de eslora, el yate más grande del mundo para entonces.
Pero en 1955 lo compró el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, presidente vitalicio de la República Dominicana, Padre de la Patria Nueva, Invicto de los Ejércitos Dominicanos, Primer Anticomunista de América, entre sus más de 20 títulos oficiales. Se propuso él mismo para Premio Nobel de la Paz, pero con nula fortuna.


El velero llegó a puerto en Ciudad Trujillo, la capital, al tiempo de celebrarse la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, montada para conmemorar sus 25 años en el poder, y lo bautizó con el nombre de su hija Angelita. Fue coronada reina de la feria en medio del calor infernal del Caribe vistiendo un abrigo hecho de 600 pieles de armiño ruso que valía 80 mil dólares.


Quien más disfrutaba del barco era, sin embargo, Ramfis, el primogénito: coronel a los cinco años de edad, general de brigada a los nueve y generalísimo a los 10, figuraba a la cabeza de La Cofradía, un grupo de alegres disolutos del que formaba parte su cuñado Porfirio Rubirosa, el más famoso playboy internacional de aquel tiempo, casado con Flor de Oro Trujillo, otra de las hijas del Paladín de la Libertad.


Las fiestas hasta el amanecer eran continuas, con el velero anclado o en travesía. Se alternaban las orquestas románticas y las que tocaban merengues ripiaos, y no era raro ver en ellas a Yul Brynner, Kim Novak o Zsa Zsa Gabor. Algunas veces comparecía el propio Salvador de la Dignidad Nacional, y hay quien atestigua haberlo visto pasearse en cueros por la cubierta, deseoso de mostrar sus atributos masculinos delante de la concurrencia.


No faltaba Radamés, hermano menor de Ramfis, bautizados ambos con nombres de personajes de la ópera Aída de Verdi; tampoco otros miembros de aquella fauna que buscaba blanquearse la piel porque les horrorizaba el color atezado que los denunciaba como mulatos: los hermanos del Protector de Todos los Obreros, Héctor Bienvenido, alias Negro (para su mala fortuna), o Amable Romeo, alias Pipí, patrón de burdeles, los que sólo podían funcionar al amparo de la “tarjeta de Pipí” que él extendía.


El Campeón de la Democracia Continental fue muerto a tiros el 30 de mayo de 1961, y el 18 de mayo del mismo año Ramfis cargó el ataúd en el velero, e igual hizo subir a bordo numerosos cajones llenos de billetes, tras saquear el Banco Central. Partieron rumbo a Cannes, pero cerca de las Azores el barco fue interceptado por la marina de Portugal, y obligado a regresar al puerto de origen con su carga, cadáver y dinero.


La inmensa fortuna familiar conseguida en base a robos, estafas y desmanes de poder se disipó para siempre. Ramfis murió en un accidente de automóvil en España, conduciendo un Ferrari; Rubirosa murió en París, cuando chocó al volante de otro Ferrari; a Radamés le pasaron la cuenta sicarios del narcotráfico en Colombia. Amable Romeo, Pipí, vio desaparecer su imperio de burdeles y murió añorando sus gallos de pelea en Miami.


Angelita tiene una estación de gasolina en Miami y predica en las esquinas la llegada del reino.


Cuando me asomo a la bahía la mañana del 2 de enero, el Sea Cloudha desaparecido del paisaje. Un barco fantasma, me digo, que llega a las costas de Nicaragua cada fin de año y me lo imagino alzando velas para seguir paseando por los mares, hasta el fin de los siglos, el féretro del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, dictador perpetuo.


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