Las razones del acuerdo entre Emiratos Árabes e Israel

El triunfo del statu quo

 

Ambos países ya poseen importantes contactos de inteligencia y un considerable comercio de armamento. La verdadera explicación del acuerdo, que dejó de lado a los palestinos, hay que buscarla en la preocupación conjunta frente a los nuevos polos de poder regional: Irán y el eje Turquía-Qatar.

 

El lenguaje empleado en el comunicado del Likud –el partido gobernante israelí– para saludar el acuerdo entre Emiratos Árabes Unidos e Israel con el fin de establecer plenas relaciones diplomáticas lo decía todo: el arreglo es «paz por paz» y «el primer ministro Benjamin Netanyahu sigue comprometido con Eretz Israel». La noción «paz por paz» era un tiro por elevación contra las fórmulas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el campo de la paz israelí plasmadas en la resolución 242, la cual insta al estado hebreo a abandonar los territorios conquistados durante la guerra de los Seis Días de 1967 y, a cambio de dicha retirada, conseguir una paz duradera con sus vecinos. En cuanto a «Eretz Israel», el mismo es toda una declaración de principios territoriales del primer ministro israelí y su partido. Significa «Tierra de Israel» y se refiere a la actual extensión del Estado de Israel junto al territorio de Cisjordania (por lo menos).

La declaración del Likud –que ha dominado la escena política del estado por 32 de los últimos 43 años– no es nueva y replica su propia plataforma electoral de 1999 (vigente y nunca alterada): «El Gobierno de Israel rechaza rotundamente el establecimiento de un estado árabe palestino al oeste del río Jordán», «las comunidades judías de Judea, Samaria [el nombre bíblico con el que los judíos se refieren a Cisjordania] y Gaza son la realización de los valores sionistas» y «el asentamiento es una expresión clara del derecho inexpugnable del pueblo judío a la ‘Tierra de Israel’».

El jueves 13 de agosto Israel y Emiratos Árabes Unidos alcanzaron un arreglo negociado por Washington para normalizar las relaciones entre los dos países. No es un tratado de paz como los firmados por Israel con Egipto en 1979 y con Jordania en 1994 –dos países con los cuales los israelíes tuvieron importantes conflictos bélicos– ni tiene su pasada significancia. El acuerdo con Egipto puso fin a una disputa bélica con el ejército más poderoso y grande del mundo árabe y el firmado con Jordania terminó con la preocupación israelí sobre la defensa de su límite más extenso y poroso.

Lo que ahora consiguió realmente Israel con el «Acuerdo Abraham» es una hoja de ruta para normalizar lazos con un Estado del golfo con el que nunca vivió una conflagración y con el que ya posee importantes contactos de inteligencia además de un considerable comercio de armamento y productos de seguridad que asciende a los mil millones de dólares por año. En pocas palabras: ambos pusieron arriba de la mesa lo que ya venía sucediendo debajo de ella.

El argumento público esgrimido por los emiratíes para negociar con Israel es que el acuerdo logró comprometer a este último a suspender (no cancelar) los anunciados planes de anexión de parte de Cisjordania. Lo cierto es que la cuestión de la anexión (que nunca se materializó tanto por la ambivalencia estadunidense como por las propias dudas de Netanyahu) es la excusa perfecta para que Emiratos Árabes Unidos se atreva a tomar una decisión pendiente desde hace tiempo. Asimismo, Donald Trump se anota un importante triunfo diplomático –previo a las elecciones presidenciales de noviembre– como no tuvo otro en sus cuatro años de gestión. Y por último, pero no por eso menos importante, Netanyahu consigue, en un complicado contexto interno, lo que no logró ningún líder israelí antes que él: reconocimiento árabe sin que la cuestión palestina esté en el tablero de negociación (en el acuerdo con Egipto se contemplaba una «autonomía» palestina y el firmado con Jordania vinculaba diferentes artículos del tratado al proceso de paz israelí-palestino).

La verdadera explicación del por qué del acuerdo hay que buscarla en la preocupación conjunta de emiratíes e israelíes ante nuevos polos de poder regional: Irán y el eje Turquía-Qatar. Del Irán chiíta les preocupa su avance sobre Medio Oriente y de Turquía-Qatar la activa promoción del islamismo político junto a sus intervenciones en la región. Es pertinente recordar que luego de la Primavera Árabe de 2011 se articularon dos claros bandos como consecuencia de los levantamientos ciudadanos: Turquía y Qatar, que consideraron que se venía un cambio inexorable hacia el islamismo que era mejor tratar de conducir que repeler; y Emiratos Árabes y Arabia Saudita que vieron a ese movimiento como un hecho desestabilizador para la región y sus sistemas de gobierno. Estos últimos no solo creyeron que el mundo árabe no estaba preparado para una democracia que pavimentaría el acceso al poder de los islamistas, sino también reafirmaron su idea de que los dictadores locales (dispuestos a usar todo su poder represivo) eran la última línea de defensa para detener al islamismo y la inestabilidad en la zona.

El importante apoyo emiratí al golpe de estado en Egipto en 2013 contra el gobierno democrático de la Hermandad Musulmana fue la primera acción de una disputa que se extiende hasta hoy y que incluyó tanto la intervención en Yemen en 2015 como el bloqueo contra Qatar en 2017. Un claro ejemplo de esta disputa se pudo observar cuando el viernes pasado el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan anunció que estaba considerando retirar su embajador de Emiratos Árabes Unidos por el arreglo con Israel. Lo que pareció no recordar el mandamás de Turquía –a pesar de que los contactos con los israelíes vienen deteriorándose desde la guerra en Gaza de 2009 y el incidente naval con el Navi Narmara un año después– es que su país fue el primero de la región en reconocer al estado judío y que aún hoy conserva con él relaciones comerciales y diplomáticas.

Detrás de toda la movida en Emiratos Árabes Unidos está la mente del príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed Bin Zayed, quien maneja todos los hilos en la actual confederación de los antiguos Estados Truciales. Los numerosos oficiales estadunidenses que han cultivado una importante relación de confianza con MBZ (como se lo conoce a Bin Zayed) lo consideran el verdadero estratega detrás del bloque de las monarquías árabes del Golfo que integra junto al príncipe heredero saudí, el mediático Mohammed Bin Salman.

MBZ es también el responsable de haber reformado de raíz las fuerzas armadas de Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con una poderosísima fuerza aérea. Incluso MBZ se atrevió a dar una demostración de su audacia cuando rompió el embargo armamentístico de la ONU sobre Libia para empezar a armar militarmente al general Khalifa Haftar (un mini Gadafi en proceso) en su cruzada contra el gobierno islamista reconocido por la comunidad internacional. A la vez, también dio sobradas muestras de su independencia al desestimar todos los pedidos estadounidenses de poner fin a su conflicto con Qatar, territorio donde se encuentra la más importante base aérea de Estados Unidos en la zona.

Mientras «Bibi» Netanyahu consigue escapar de una anexión de la que nunca estuvo muy convencido –la cual podía perjudicar a Israel más que beneficiarlo– y Abu Dabi logra conformar un bloque de poder de cara a un posible cambio en la administración estadounidense, los que volvieron a ser olvidados son los palestinos. En ninguna parte del arreglo figura referencia alguna al establecimiento de un Estado palestino o a la no construcción de asentamientos en territorio palestino en el marco de una ocupación cuestionada por la amplia mayoría de la comunidad internacional.

Emiratos Árabes Unidos simplemente premió y normalizó el statu quo israelí. Precisamente, el statu quo siempre ha sido la opción preferida por las fuerzas políticas de Israel. Sus ventajas siempre han estado claras: no es necesario retirarse o anexar Cisjordania sino mantener la situación actual bajo la cual una población judía privilegiada vive entre una mayoría palestina sin derechos civiles.

En este marco, sostener el statu quo es probablemente la opción más racional para los israelíes: los que sufren como resultado de la ocupación son los palestinos (y hasta son ellos mismos los que realizan la mayor parte del trabajo policial en Cisjordania, al mismo tiempo que diversos países extranjeros asumen la carga económica de la ocupación). Asimismo, año a año, Israel mejora su posición en el mundo y la región sin necesidad de lograr una solución al conflicto territorial con los palestinos o realizar concesiones: en 2017, Trump premió a los israelíes con el establecimiento de la embajada estadounidense en la disputada Jerusalén y hoy un rico país del Golfo establece relaciones con ellos solo por abstenerse temporalmente de cometer otra violación al derecho internacional.

Mucho se ha escrito estos días argumentando que al «mundo árabe» ya no le importa el futuro de los palestinos, pero esta subestimación contiene un error de raíz: el «mundo árabe» no se compone solo de los dictadores que lo controlan a base de mano dura y represión. La única solución a largo plazo para que Israel reclame su lugar en un Medio Oriente siempre convulsionado –que seguro nos traerá más de una sorpresa en el futuro– es lograr la aceptación de las poblaciones locales. Un propósito imposible si los palestinos no consiguen su autodeterminación.

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¿Brasil se doblega en la disputa EEUU-China?

Aunque China es el principal socio comercial de Brasil, que le compra tres veces más que Estados Unidos, el Gobierno de Jair Bolsonaro insiste en una relación asimétrica con Washington que provoca hondos perjuicios a su país.

 

Son demasiado evidentes los fracasos cosechados por la subordinación de Brasil a Estados Unidos, como lo prueba la patada en el trasero de Boeing a Embraer, que deja a la aeronáutica brasileña en condiciones difíciles para seguir adelante en medio de una fuerte crisis del sector.

Ahora Brasilia está utilizando "barreras técnicas" para frenar las inversiones de China en el área de energía y telecomunicaciones, aunque también puede afectar al área comercial. Un informe de Folha de Sao Paulo asegura que uno de los proyectos más importantes paralizados es la reanudación de la planta de energía nuclear Angra 3.

Para esta obra la empresa favorita, porque ofrece los costos más competitivos, es la China National Nuclear Corporation (CNNC), pero el gobierno estaría dispuesto a concederla a la estadounidense Westinghouse, desplazando además a la francesa EDF y la rusa Rosatom. El concurso para adjudicar la obra aún no tiene fecha definida.

La administración de Angra 3 corresponde a la brasileña Eletronuclear, empresa estatal vinculada a Eletrobras que es la responsable del proyecto, paralizado en 2015 con el 60% de las obras ya terminadas. La empresa fue investigada por la Policía Federal porque su director, el almirante Othon Luiz Pinheiro, fue parte de un esquema de corrupción con el pago de sobornos por parte del contratist.

El almirante fue procesado a 43 años de prisión por el juez Sergio Moro en el marco de la Operación Lava Jato, pero fue puesto en libertad dos años después. Othon Luiz Pinheiro es considerado el padre del programa nuclear brasileño, ya que fue uno de los principales responsables del desarrollo de una tecnología para el enriquecimiento de uranio llamada ultracentrifugación.

De ahí que militares brasileños hayan considerado en su momento que el objetivo del juez Moro, en sintonía con Washington, giraba en torno a razones "geopolíticas". Despejado el camino, ahora sería una empresa estadounidense la encargada de finalizar las obras de la central nuclear.

El segundo proyecto que está siendo retrasado, esta vez por el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, es la participación china en un fondo de inversiones para proyectos de infraestructura creado en 2017, por 20.000 millones de dólares de los cuales Pekín aportará tres cuartas partes.

"Desde que Guedes asumió el ministerio de Economía el fondo se ha estancado por la resistencia del Gobierno brasileño", asegura Folha de Sao Paulo.

Más grave aún es la amenaza del embajador de EEUU en Brasilia, Todd Chapman, quien en una entrevista a O Globo dijo que Brasil sufrirá "consecuencias económicas negativas" en caso de optar por la tecnología de Huawei para las redes telefónicas 5G.

Tanto Bolsonaro como su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, y el de Seguridad Institucional, general Augusto Heleno, se muestran favorables a vetar a Huawei, aunque el vicepresidente Hamilton Mourao, también general en situación de retiro, no descartó que Brasil se incline por la empresa china.

Quien realmente muestra preocupación por la decisión del gobierno respecto a la telefonía 5G, es la ministra de Agricultura, Tereza Cristina, porque sospecha que China puede sustituir a Brasil en sus compras agrícolas. En efecto, en los primeros cuatro meses de 2020 las ventas agroindustriales a China representaron el 47% de las exportaciones, con una cifra récord de 31.400 millones de dólares.

Sobre este asunto existen lecturas muy distintas en Brasil. Las compras de EEUU representan apenas el 6,1% del total de las exportaciones brasileñas y varios técnicos aseguran que China podría diversificar las compras de soja, el principal producto de importación.

"Las simulaciones indican que si los chinos dejan de comprar sólo el 10% de nuestros productos, habrá una pérdida de al menos 8.000 millones de ventas y se eliminarán 800.000 empleos directos", explicaron técnicos agrícolas a los medios.

Por el contrario, el canciller Araújo, que profesa una ideología ultraderechista y se lo considera muy cercano a Donald Trump, sostiene que es China la que depende de los productos agrícolas brasileños y defiende la propuesta estadounidense de no considerar a China como una economía de mercado, lo que equivale a colocarla fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Estas opiniones coinciden con las del área económica. El secretario de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, Roberto Fendt, dijo a Folha que no habrá consecuencias ante un eventual veto a Huawei. "China tiene poco agua y siempre va a necesitar proveedores de alimentos y de otras materias primas".

Fendt razona que si China no le compra a Brasil, no podrá comprarle productos agrícolas a grandes exportadores como EEUU o Australia, porque con esos países también mantiene conflictos diplomáticos y comerciales.

De las declaraciones de la autoridades brasileñas de las últimas semanas pueden desprenderse algunas conclusiones.

La primera es que al interior del Gobierno de Bolsonaro se están evaluando decisiones estratégicas respecto a China. Todo indica que el alineamiento con EEUU es sólido, pero existen temores de que un veto a Huawei pueda enfurecer a China, que podría tomar represalias comerciales. Sin embargo, hasta ahora China no ha dado ese paso con Australia, donde compra importantes cantidades de mineral de hierro y con la que mantiene un serio contencioso con ramificaciones en el Mar del Sur de China.

La segunda es que más allá de las opciones geopolíticas e ideológicas que llevan a Brasil a seguir las orientaciones de Washington, el gabinete económico de Bolsonaro está enseñando fisuras importantes. Estos días se produjo una "desbandada" en el ministerio de Economía con la renuncia de dos secretarios por la demora en iniciar el proceso de privatizaciones.

No son las primeras bajas en el equipo de Guedes, que meses atrás se vio diezmado por otras renuncias importantes como la del presidente del Banco do Brasil, Ruben Noaes, y el secretario del Tesoro, Mansueto Almeida.

Según el diario O Globo, se trata de una "fractura" dentro del gabinete, dividido entre el ministro de Economía Guedes, partidario de las privatizaciones, mientras del otro lado se situaría el general Walter Souza Braga Netto, el poderoso ministro de la Casa Civil que representa el ala militar.

La división interna del Gobierno y la necesidad de aumentar el gasto público por la pandemia, están apartando a Bolsonaro de su programa electoral original. En este momento se registra una fuerte pugna que enseña, como apunta el periodista Tales Faria, que "los militares están más para el desarrollismo que para el ultraliberalismo económico".

17:28 GMT 14.08.2020

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Un grupo de palestinos sostienen un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. /Mohammed Talatene / Europa Press

ACUERDO ISRAEL Y EAU

Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el tercer país árabe que firma la paz con Israel. Este paso tendrá graves consecuencias para la región, en primer lugar para los palestinos pero también para otros países con guerras calientes. A corto plazo, pierden los islamistas moderados pero en el horizonte se vislumbran oscuros nubarrones beligerantes.

 

La excelente acogida internacional al acuerdo de paz del jueves entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos muestra la miopía con que viven los países occidentales que dicen que buscan la paz pero no hacen nada para conseguirla. Al contrario, esos países colaboran con la ocupación de los territorios palestinos y contribuyen a una permanente inestabilidad que periódicamente tiene consecuencias trágicas para Occidente.

La conflictiva personalidad de los firmantes, el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed (MBZ), el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump, ya es un buen indicio de la naturaleza del acuerdo, dada la aportación de estos tres mandatarios a las crisis de los últimos años, quienes han sentado unas sólidas bases para la inestabilidad futura.

Es difícil decir si el príncipe MBZ se cree lo que ha firmado. Los Emiratos Árabes Unidos aseguran por activa y por pasiva que Israel ha cancelado la prevista anexión del 30 por ciento de la Cisjordania ocupada, y presentan esto como un gran logro. Mirando el documento, nos enteramos de que de que Israel "ha suspendido" la anexión, que no es lo mismo que cancelarla.

De hecho, el primer ministro Netanyahu ha confirmado en dos ocasiones desde el jueves que la anexión procederá en su momento tal como está previsto, puesto que solo depende de la coordinación con Estados Unidos. Es cierto que el presidente Trump ha dicho que la anexión "no está sobre la mesa", pero su embajador en Israel, David Friedman, le ha corregido inmediatamente y ha precisado que la anexión sigue estando "en la agenda".

La ingenuidad de MBZ ha sido una moneda corriente de la que se han servido los dirigentes israelíes desde la más remota antigüedad de la existencia del estado judío. Por poner un ejemplo cercano, a mediados de los años ochenta, el gran Shimon Peres le vendió a Felipe González la moto de que normalizando las relaciones con Israel, España podría jugar un papel importante en la paz.

Con la misma ingenuidad de MBZ, Felipe González se lo creyó y lo proclamó a los cuatro vientos, pero España no pudo concretar ningún progreso de aquella promesa vacía, fuera de hospedar la Conferencia de Madrid de 1991 que solo sirvió para que Israel ganara tiempo y siguiera construyendo a destajo en las colonias judías de los territorios palestinos.

La interpretación que MBZ ha hecho del acuerdo es muy personal. Es dudoso que el príncipe, que con tanta determinación se ha metido en todos los conflictos regionales que ya existían y ha creado unos cuantos más, sea en realidad un ingenuo de tal calibre. Lo más probable es que, como tenía que justificar de alguna manera el paso que da, ha dicho que Israel ha puesto fin a sus planes de anexionarse Cisjordania.

Otros países como Arabia Saudí, Bahrein y Omán, imitarán pronto a los EAU y firmarán acuerdos de paz con Israel, pero se tratará de acuerdos tan gratuitos como el del jueves, puesto que nadie en su sano juicio puede pensar que Israel vaya a "renunciar" a Cisjordania, con sus cientos de miles de colonos judíos, un número que se incrementa a diario.

Los palestinos, lógicamente, han protestado y han condenado el anuncio, pero su gran tragedia es que las autoridades de Ramala son las que más contribuyen a la ocupación. Esta misma semana los medios hebreos han señalado que las fuerzas de seguridad palestinas han reanudado la "coordinación de seguridad" con el ejército israelí y los servicios secretos del Shin Bet para perseguir cualquier disidencia, una coordinación que se interrumpió hace solo unas semanas.

La práctica de "paz a cambio de paz" que Netanyahu proclama, es decir la firma de acuerdos de paz gratuitos y por el mero hecho de lograr la paz, sin ninguna contrapartida, es un mal camino para el conjunto de todo Oriente Próximo. En primer lugar para los palestinos, ya que significa que solo conseguirán un incremento de la represión y el aplastamiento de sus derechos.

Si el príncipe MBZ hubiera querido hacer algo por los palestinos, habría exigido por ejemplo que Netanyahu pusiera fin al apartheid que sufren en sus ciudades y pueblos. Hubiera sido un buen inicio. Pero el mismo jueves que se anunció el acuerdo, los colonos atacaron dos pueblos de Cisjordania rompiendo y quemando bienes palestinos y realizando pintadas racistas. La policía dijo cínicamente que "ha abierto una investigación", un procedimiento que todo el mundo sabe que termina en nada. Los EAU no dijeron ni pío.

La desfachatez del eslogan de "paz a cambio de paz" significa llevar la inestabilidad a toda la región más allá de los palestinos. En los últimos años MBZ se ha convertido en el brazo ejecutor de las políticas israelíes en la zona, algo que le viene como anillo al dedo a Netanyahu, desde Libia a Irán, pasando por Yemen, Turquía Líbano o el bloqueo de Qatar. Y lo más grave es que esas políticas desestabilizadoras, con guerras incluidas, conducirán pronto a una mayor inestabilidad.

La "paz a cambio de la paz" es una frase muy bonita que oculta un horizonte negro, con la que se pretende esconder los problemas reales y borrar del mapa cualquier aspiración islamista por moderada que sea, como si la imposición del secularismo por la fuerza fuera a acabar para siempre con los conflictos de Oriente Próximo, una idea que parecen compartir algunos líderes occidentales, con Emmanuel Macron a la cabeza.

15/08/2020 08:34

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Imagen de archivo delpetrolero Bering, proporcionada por el Departamento deJusticia de EU, que confirmó el decomiso del cargamento de combustible enviado por Irán a Venezuela.Foto Afp

Trump deja a Caracas sin mil 116 millones de barriles de petróleo

 

Estados Unidos anunció ayer que confiscó cuatro cargamentos de combustible iraníes con destino a Venezuela, interrumpiendo una línea de suministro clave tanto para Teherán como para Caracas, con el argumento de que se violaron las sanciones impuestas por Washington contra ambas naciones.

El presidente, Donald Trump, dijo que Irán no debía enviar cargamentos a Venezuela y agregó que los envíos incautados ahora se dirigían a Houston, Texas, un importante centro de comercialización de crudo de Estados Unidos, y sugirió que es posible que ya hayan llegado.

Van a Houston. Y están allí, afirmó Trump en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, y agregó: Los estamos trasladando y los moveremos a Houston.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos dijo que ejecutó una orden de incautación emitida por un tribunal local y destacó que con la ayuda de socios extranjeros la propiedad confiscada, un total de mil 116 millones de barriles de petróleo, ahora está bajo custodia estadunidense.

Nuestra diplomacia, dirigida por el Representante Especial para Irán, Brian Hook, pudo detener estos envíos y ayudar a los Departamentos de Justicia y Seguridad Nacional a ejecutar una orden de incautación de Estados Unidos, explicó un comunicado del Departamento de Estado.

Ninguna autoridad estadunidense ofreció detalles de cuándo, dónde o cómo ocurrió la incautación. El Departamento de Estado tampoco reveló qué medidas tomó Hook, cuya renuncia se anunció a principios de esta semana, para asegurar la confiscación.

En julio de 2019, Hook envió correos electrónicos al capitán de un tanquero de bandera británica, que fue brevemente confiscado por Irán en el Golfo, que decían que la administración de Trump ofrecía varios millones de dólares por llevar uno de los buques que se confiscarían a Estados Unidos.

Hook dejará oficialmente su cargo en las próximas semanas, dijo una fuente familiarizada con el asunto y, después de su salida, el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, asumirá el caso de Irán.

Washington impuso sanciones a ambos países en un intento de detener las exportaciones de petróleo y privarlos de su principal fuente de ingresos, a fin de crear presión para lograr un cambio de gobierno tanto en Venezuela como en Irán.

Los fiscales estadunidenses presentaron una demanda en julio para incautar el cargamento de gasolina en los cuatro buquetanques, y posteriormente un juez emitió una orden de decomiso. Fuentes legales dijeron previamente a Reuters que los cargamentos no podían ser incautados hasta que estuvieran en aguas territoriales de Estados Unidos.

Los propietarios de las cuatro embarcaciones acordaron que se transfiera el combustible para enviarlo a Estados Unidos, dijo el jueves una fuente de Washington. La orden sólo cubría los cargamentos, no los buques.

Los cuatro tanqueros que llevaban el combustible son Bella, Bering, Pandi y Luna, con bandera de Liberia, que son propiedad, gestionados y controlados por las empresas griegas Vienna LTD y Palermo SA, las cuales no respondieron a solicitudes de comentarios.

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Argentina respalda las próximas elecciones en Venezuela

Cancillería toma distancia del Grupo Lima

 

Durante una reunión del Grupo de Lima, la Cancillería argentina sostuvo que "la vía electoral es el único modo de establecer un camino consensuado en la República Bolivariana de Venezuela" y rechazó la decisión de un grupo de partidos políticos opositores que intentan desligitimar las elecciones de diciembre próximo llamando a la abstención y descartando su participación. 

"La no participación electoral profundizará la fractura político-social en Venezuela y marginará a importantes sectores de la ciudadanía que quedarán sin representación política", advirtió el vicecanciller, Pablo Tettamanti, ante el grupo creado en 2017 por los presidentes de la derecha latinoamericana, con el respaldo de la Casa Blanca, para forzar una salida del presidente Nicolás Maduro.  

Tras el cambio de gobierno, la Argentina modificó su posición y se alineó con las posiciones que venía marcando México, desde la asunción de Andrés Manuel López Obrador, por lo que se encargó de calificar como "reprobable" el bloque económico impuesto sobre el país caribeño. 

En el encuentro de esta tarde, Tettamanti reinvidicó la posición de la Conferencia Episcopal Venezolana, que sostiene que la postura de la oposición "llevan a la inmovilización, al abandono de la acción política y a renunciar a mostrar las propias fuerzas". 

La Conferencia Episcopal --desde la asunción del papa Francisco, el rol mediador de la Iglesia en Venezuela por una salida democrática ha sido una constante-- recordó que algo semejante ocurrió en 2005, sin resultados positivos.

En ese contexto, Tettamanti aseguró que la Argentina respaldará la realización de las próximas elecciones parlamentarias de diciembre "con el criterio de que sean libres, justas e imparciales y con participación de todos los partidos y movimientos políticos" y subrayó que "ni el Grupo de Lima ni otros Estados o grupos de Estados pueden decirle desde el exterior a un venezolano, ya sea que se incline por votar a la oposición o se incline en favor del actual gobierno, que su sufragio no vale".

"Es contradictorio plantear que la única salida para Venezuela es un presunto gobierno de transición y a la vez despreciar la importancia de que se cumpla con la Constitución venezolana", marcó la Cancillería argentina y alertó sobre "la adopción de posturas externas no realistas que sólo pueden conducir a situaciones de violencia".

De todas formas, el vicecanciller reconoció el rechazo de amplios sectores de la oposición respecto de las medidas tomadas por el gobierno de Maduro para realizar el proceso de convocatoria y preparación electoral como la designación de los directivos del Consejo Nacional Electoral y la inhabilitación de cambios en el número de diputados y las circunscripciones electorales. 

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Trump anuncia el acuerdo entre Israel y Emiratos Arabes Unidos en el Salón Oval de la Casa Blanca.  ________________________________________ Imagen: AFP

El entendimiento calificado de "histórico" fue anunciado por Estados Unidos

El primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró sin embargo que Israel no renunció a sus planes de anexión, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal".

 

Israel y Emiratos Árabes Unidos llegaron a un acuerdo de paz que ambas partes calificaron de "histórico" y que conducirá a una total normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. En la negociación fue clave el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Por el acuerdo, las autoridades israelíes se comprometieron a frenar la anexión de territorio palestino ocupado, una de las medidas dispuestas en el polémico "plan de paz"  presentado por el gobierno estadounidense en febrero. Pero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que su país no renunció al plan de anexión, condenado por buena parte de la comunidad internacional, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal". 

El entendimiento se selló en una llamada telefónica mantenida el jueves entre Trump, Netanyahu y el jeque Mohammed Bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi. Los palestinos salieron al cruce y le reprocharon a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo con Israel. Consideraron que "no ayuda a la causa palestina" y representa un "cheque en blanco" para seguir adelante con la ocupación israelí. Desde su fundación en 1948, el Estado de Israel solo fue reconocido por dos países árabes de Medio Oriente: Egipto y Jordania. 

Luego de meses de creciente tensión en el conflicto con los palestinos por el reconocimiento de Estados Unidos a Jerusalén como la capital de Israel y la discusión sobre una posible anexión de parte de la ocupada Cisjordania, Trump consiguió el primer reconocimiento oficial de Israel en décadas en la región. "¡Enorme logro hoy! Un histórico acuerdo de paz entre dos grandes amigos, Israel y Emiratos Árabes Unidos", celebró el mandatario en Twitter.

"El presidente Donald Trump, el primer ministro Benjamin Netanyahu de Israel y el sheik Mohammed bin Zayed, príncipe de Abu Dhabi y vicecomandante supremo de los Emiratos Árabes Unidos, hablaron hoy y acordaron la normalización total de las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos", refleja el comunicado conjunto difundido por la Casa Blanca. El texto adelanta que delegados de ambos países se reunirán en las próximas semanas para firmar acuerdos bilaterales y también destaca "el establecimiento de embajadas recíprocas".

"Israel dejará de declarar su soberanía sobre las áreas presentadas por la Visión de Paz del presidente (Donald Trump) y enfocará sus esfuerzos en expandir sus vínculos con otros países en el mundo árabe y musulmán", asegura el comunicado. La llamada Visión de Paz no es ni más ni menos que el plan presentado en febrero por el presidente estadounidense, elaborado por su yerno y asesor, Jared Kushner, que da luz verde a Israel para que avance en la anexión de partes de Cisjordania

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Anexión sobre la mesa

 

Pese a la suspensión temporal de la medida que generó un fuerte rechazo a nivel mundial, el primer ministro israelí aseguró que los planes de anexión de parte de la Cisjordania ocupada se mantienen vigentes. "La aplicación de la soberanía sobre la Judea y Samaria (nombre bíblico de Cisjordania) está sobre la mesa", dijo Netanyahu y aclaró que se trata de una decisión "temporal" pero que "no está anulada", en declaraciones oficiales transmitidas por la televisión local.

Por su parte, el titular de Defensa y socio de la coalición de gobierno, Benny Gantz, llamó a otras naciones árabes a "promover las relaciones diplomáticas en acuerdos de paz" adicionales. "Aplaudo este importante y significativo acuerdo, primero y sobre todo, al presidente Donald Trump, un verdadero amigo de Israel", manifestó Gantz a través de un comunicado. El titular de la cartera de Relaciones Exteriores, Gabi Azkhenazi, se expresó en los mismos términos acerca de un acuerdo que, en su opinión, ofrecerá "oportunidades para futuros pactos".

Dsde Emiratos Árabes Unidos, como era de esperar, también celebraron el entendimiento con Israel. El viceministro de Exteriores, Anwar Gargash, afirmó que la "valiente iniciativa" de normalizar las relaciones con Israel busca reconducir el proceso de paz entre palestinos e israelíes y la posibilidad de que se cree un Estado palestino. En su cuenta de Twitter, Gargash dijo que este paso busca "preservar las posibilidades de la solución de los dos Estados", uno palestino que conviva en paz con el estado de Israel.

Emiratos Árabes es el tercer país que establece relaciones diplomáticas con Israel, después de que Egipto firmara un acuerdo de paz con el país vecino en 1979 y Jordania hiciera lo mismo en 1994, lo que abrió la puerta a la normalización de las relaciones tras las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973.

 

"No somos la hoja de parra de nadie"

 

Desde territorio palestino no compartieron el entusiasmo desplegado por estadounidenses, israelíes y emiratíes. La Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas calificó de "traición" a la causa palestina el acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y pidió una reunión de emergencia de la Liga Árabe. 

"Rechazamos y condenamos este acuerdo. No ayuda a la causa palestina sino que es visto como la continuación de la negación de los derechos del pueblo palestino", aseguró por su parte Hazem Qassem, vocero del movimiento Hamas, que hace más de diez años controla la Franja de Gaza. "Esto alienta a la ocupación israelí a continuar negando los derechos de nuestro pueblo palestino y a aumentar sus agresiones contra nosotros", agregó Qassem desde el enclave costero.

Hanan Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), le reprochó a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo diplomático con Israel. "Los Emiratos sacaron a la luz sus tratos secretos con Israel. Por favor, no nos hagan ningún favor. No somos la hoja de parra de nadie", publicó Ashrawi en su cuenta de Twitter.

Ashrawi también se refirió a la larga ocupación israelí sobre territorio palestino que comenzó en 1967. "Que nunca experimente la agonía de que le roben su país; que nunca sienta el dolor de vivir en cautiverio bajo una ocupación; que nunca sea testigo de la demolición de su casa o del asesinato de sus seres queridos", respondió la activista de la OLP al jeque emiratí Mohamed bin Zayed, que celebró el acuerdo en sus redes sociales.

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La bandera libanesa cuelga de la estatua de los Mártires en la Plaza de los Mártires en Beirut, Líbano. /EFE/EPA/WAEL HAMZEH

La intromisión de Occidente en Líbano ha existido incluso desde antes de su independencia en 1943. Primero Francia y después Estados Unidos se han entrometido en la política interna de un país que fue desgajado artificialmente de Al Sham, la Gran Siria. Su enorme complejidad religiosa dificulta hallar una solución que solamente podrá abordarse si antes se resuelven los conflictos regionales.

 

La explosión del cuatro de agosto en el puerto de Beirut ha desencadenado una ola de solidaridad occidental con Líbano que se traducirá en el envío de una ayuda de un montón de millones de dólares y en innumerables declaraciones de ánimo al maltrecho país del otro extremo del Mediterráneo, no exentas de consejos y buenas intenciones.

Sin embargo, de la misma manera que el infierno está lleno de buenas intenciones, los problemas del diminuto Líbano son gigantescos y no parece que la injerencia occidental vaya a resolverlos. Al contrario, al inmiscuirse en su política, algo que viene haciendo Estados Unidos desde siempre, es muy posible que asistamos a un deterioro de la situación, con un mayor riesgo de inestabilidad.

Para resolver los problemas libaneses, como los de otros países árabes de la región, deberían darse dos circunstancias: la resolución del conflicto árabe-israelí y la profundización en un acuerdo similar al de Barack Obama con Teherán que fue desbaratado por el presidente Donald Trump.

Ninguna de estas dos condiciones, que son necesarias, va a darse por el simple hecho de que la política exterior americana se dirige al milímetro desde Tel Aviv y está claro que el Israel de Benjamín Netanyahu no tiene la menor intención de resolverlas; al contrario, todos sus pasos se dirigen cuidadosamente a crear más inestabilidad.

La injerencia den la política libanesa es constante y determinante. La embajadora de EEUU en Beirut, Dorothy Shea, ya montó un pollo considerable hace solo unas semanas dictando a los cuatro vientos qué debería hacer y qué no hacer el gobierno libanés, obrando de una manera inadmisible que ni EEUU ni ningún otro país permitiría de ningún diplomático extranjero.

Lo que más desearía Washington es exactamente lo que más desearía Israel, es decir que la tierra se tragara a Hassan Nasrallah, el líder de Hizbolá, la fuerza política y militar dominante. Washington y Tel Aviv querrían que desapareciera sin pagar ningún peaje, y que su desaparición se tradujera en la consolidación de la hegemonía israelí en la región, al fin y al cabo Nasrallah y sus padrinos de Teherán son el último obstáculo que se interpone para la dominación total de Israel.

Los israelíes no aceptarán ninguna otra cosa que no sea esa, y cuentan con el apoyo inequívoco de Trump para conseguirlo, al tiempo que la Unión Europea ha optado por aplicar cuatro "estrategias" alternativas que son inútiles: estar ausente, ignorar los problemas reales, ignorar que todos ellos conducen a Tel Aviv o saltar a la comba al ritmo que impone Washington, es decir de Tel Aviv.

Debe insistirse en que los problemas de Líbano no se resolverán si antes no se solucionan el conflicto árabe-israelí y las relaciones con Irán. Nasrallah dijo hace unos años que Hizbolá aceptará cualquier acuerdo con Israel que cuente con el visto bueno de los palestinos, pero ¿qué ha hecho el presidente Trump? Parir un engendro que llama "acuerdo del siglo" que es un disparate y certifica el expolio de los palestinos y las ya viejas políticas de apartheid.

En cuanto a Irán, hace solo unas semanas trascendió que las autoridades de Omán, que mantienen buenas relaciones con Irán e Israel, ofrecieron a Netanyahu un diálogo directo con Teherán. Netanyahu lo rechazó sin pensárselo dos veces por la sencilla razón de que lo último que le interesa es la estabilidad y aspira a tener comparsas dóciles y dispuestos a ejecutar sus designios, como ya lo hacen el príncipe saudí Mohammad bin Salman y el príncipe emiratí Mohammad bin Zayed, totalmente sometidos a su voluntad.

La inacción de las potencias europeas contribuye de una manera creciente a la inestabilidad. Francia y Alemania, y no digamos el Reino Unido, no mueven un dedo para frenar la evolución de un Oriente Próximo que más tarde o temprano volverá a crear problemas mayores a Europa. Al contrario, los europeos dan muestras de sentirse a gusto con esa dinámica que ahora tiene el punto de mira inmediato orientado a Libia y Líbano.

Dentro de una semana el Tribunal de la Haya se pronunciará sobre el asesinato del exprimer ministro libanés Rafiq Hariri. Diga lo diga el tribunal, su dictamen significará una nueva sacudida para Líbano. En todo caso, es evidente que los tribunales internacionales están muy politizados y al servicio de las potencias hegemónicas. En el caso de Líbano, no hay duda de que, en tanto que herramienta de Occidente, el dictamen solamente traerá inestabilidad.

Cuando Emmanuel Macron afirma que quiere evitar el "caos" que se cierne sobre Líbano, haría bien en apuntar en otra dirección ya que la situación en Líbano no se arreglará si no se arreglen los problemas regionales en los que está implicado Israel, unos problemas que no se van a resolver con un puñado de dólares ni con declaraciones bonitas que no guardan relación con el meollo de la cuestión.

Pensar, como se piensa en Occidente, que la caída del gobierno de Beirut y su sustitución por otro, o que el ejército debería tomar el control de la situación, va a resolver los problemas de Líbano, es una ingenuidad en estado puro. Los problemas de Líbano únicamente se solucionarán si se arregla el contexto de la región, una posibilidad que los occidentales ni siquiera se plantean.

11/08/2020 08:14

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
Medios japoneses: China y Rusia desdolarizan su comercio para avanzar hacia una "alianza financiera"

En 2015, la participación de la moneda estadounidense en las transacciones bilaterales era de alrededor del 90 por ciento, y ahora se ha reducido al 46 por ciento.

 

Rusia y China unen esfuerzos para reducir su dependencia del dólar, lo que, según algunos expertos, podría llevar a una "alianza financiera" entre ambas naciones, escribe en un artículo para la revista japonesa Nikkei Asian Review el politólogo estadounidense Dimitri Simes.

Moscú y Pekín han reducido drásticamente su uso del dólar en el comercio bilateral durante los últimos años. En 2015, aproximadamente el 90 % de las transacciones bilaterales se realizaban en dólares estadounidenses. Sin embargo, tras el comienzo de la guerra comercial declarada por Washington y un impulso comun por parte de Rusia y China para alejarse del dólar, la cifra había caído al 51 % en 2019.

En el primer trimestre de 2020, la participación del dólar se ha reducido al 46 %, mientras que la participación del euro alcanzó un máximo histórico del 30 % y la de las monedas nacionales, el 24 % (este también es un nuevo máximo), señala el medio.

En junio del año pasado, ambos países firmaron un acuerdo interestatal para usar sus monedas nacionales en el comercio bilateral, en el marco del proceso de desdolarización anunciado en 2018.

Alexéi Máslov, director del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Academia de Ciencias de Rusia, aseguró a la revista que la desdolarización del intercambio comercial entre Rusia y China se acercaba a un "momento decisivo" que podría elevar su relación a una alianza de facto.

El inicio de la desdolarización se remonta a 2014, cuando Occidente impuso sanciones a Rusia por la reunificación de Crimea con el país. Pekín, por su parte, se vio obligada a unirse al proceso después de que el presidente Donald Trump impusiera aranceles a los productos chinos por valor de varios cientos de miles de millones de dólares, reseña el medio.

8 ago 2020 19:49 GMT

Publicado enEconomía
Bill Gates durante una intervención en Barcelona en el 2010 (Pedro Madueño)

Hace justo 25 años, un día de finales de agosto de 1995, en Redmond, Estados Unidos, la empresa Microsoft de Bill Gates lanza al mercado el sistema operativo Windows 95.

 

Es un producto revolucionario –aunque inspirado en un sistema anterior que funcionaba en los Apple Macintosh de Steve Jobs–, porque introduce un sistema de interfaz gráfico con ventanas mucho más sencillo que el anterior, basado en el MS-DOS y que abrirá las puertas de las oficinas (y de los hogares) a la informática para siempre.

Meses después, saldrá también el navegador Explorer. En 1995 La Vanguardia dedica varias páginas al lanzamiento, que es acompañado con un gira mundial al ritmo de la canción Start me up de los Rolling Stones. En uno de sus artículos –que hoy inspira casi ternura– el diario destaca como, gracias a Windows 95, “un simple clic con el puntero y el ratón en una X situada en la parte superior derecha de la pantalla cierra el programa o documento al instante”.

El programa cuesta 19.900 pesetas y no todos los ordenadores podían soportarlo. Estamos en los albores de internet. Los motores de búsqueda más populares en estos momentos son Altavista y Yahoo! y el módem se activa emitiendo unos pitidos ruidosos, con una conexión muy lenta.

Pocos imaginan entonces el impacto que tendrá, pero Bill Gates tiene olfato y pone la primera piedra de su imperio, que le situará de forma estable entre los hombres más ricos del planeta. Un imperio que hoy, más de dos décadas después, poco tiene que ver con el de aquel entonces.

Microsoft es líder indiscutido de los sistemas operativos de los ordenadores, con una presencia apabullante en el entorno empresarial. Pero ya no solo vende productos físicos, sino actualizaciones en la nube. A lo largo de los años, la empresa ha ido diversificándose y ha llevado a cabo adquisiciones que la han transformado de forma profunda.

“En estos 25 años parece que han innovado poco, pero no es así. Su sistema operativo se ha convertido en un estándar mundial hegemónico, en la base de la ofimática
y nadie puede hacerle sombra. También su paquete de programas Office, del que no se habla tanto, ha sido a la base del aumento de productividad de las empresas”, comenta Enrique San Juan, director de Community Internet- The Social Media Company, empresa de Barcelona centrada en la consultoría digital. “Ahora más que productos vende servicios. Es una empresa que parece algo dormida, pero no. Es muy efectiva”, añade.

Entre los peldaños de su crecimiento, hubo varios momentos significativos. Por ejemplo, la compra de Skype en 2011, cuando era lo único que había en el sector de las videoconferencias le permitió acceder a una herramienta que, no sin dificultades, posteriormente ha conseguido recolocar en el sector empresarial y que le ha permitido sucesivamente el desarrollo de Micorsoft Teams.

Otro movimiento significativo ha sido el de LinkedIn en el 2016, que ha transformado de un contenedor de currículum a una plataforma de datos que se venden a los recursos humanos, con un modelo de suscripción. Hoy es la única red social Business to Business, que reúne la élite productiva con casi 700 millones de usuarios (siendo ausente en mercados claves como Rusia o Japón).

Menos afortunada en cambio fue su incursión en la telefonía móvil. En el 2014 pagó 7.500 millones de dólares por Nokia, que no ha podido resucitar y que costó 7.800 despidos. Mejor le fue con el sector de los videojuegos, con la consola X-Box, que se ha consolidado como una de las opciones de referencia de un mercado en pleno crecimiento después del confinamiento de la pandemia.

La bolsa ha premiado a Microsoft, especialmente desde la llegada Satya Nadella en el 2014: el valor de sus acciones se han casi multiplicado por seis. En su primer correo que escribió a los empleados el directivo afirmaba: “Nuestra industria no respeta la tradición, sólo respeta la innovación”. Y así, casi en sordina, sin anuncios espectaculares, la compañía ha superado 1,6 billones de dólares en capitalización bursátil (cerca del PIB de toda España).

Incluso en tiempos de coronavirus ha consolidado, junto al resto de tecnológicas, su liderazgo en el sector. En lo que va de año, en medio de la peor recesión desde la Gran Depresión sus acciones se han revalorizado un 35%. Hoy los ingresos son muy diversificados, desde Office (25%), el cloud Azure (23%), Windows (17%), se extiende a ventas de PC, juegos y otros servicios. Como curiosidad, la empresa en la actualidad cuenta con 715 millones de suscriptores a Azure, cuatro veces más que los abonados a Netflix.

En los últimos días, está negociando dar el enésimo salto al vacío y vuelta de tuerca, con la adquisición de la red social china Tik- Tok, la preferida de los preadolescentes y de la generación Z. ¿Por qué meterse en un terreno tan ajeno a la filosofía de Microsoft?

“Porque TikTok ha hecho envejecer a Instagram de golpe”, sentencia San Juan. “Es una red social divertida, chispeante. Pero sobre todo tiene un algoritmo sofisticado basado en Inteligencia Artificial que permite detectar las preferencias de los usuarios y ofrecerles un contenido diferente y personalizado”.

Una vez más, los datos. El petróleo del siglo XXI. Conocer los gustos de la próxima generación puede ser una mina de oro, porque potencialmente puede obtenerse una radiografía detallada del mercado. El acceso a un know how representa un valor añadido que la firma de Bill Gates, como ha demostrado en otras ocasiones, sabrá rentabilizar. Como las canciones de los Rolling Stones de hace 25 años, que funcionan siempre.

El fiscal general venezolano, Tarek William Saab. Foto tomada de @MinpublicoVE.

Dos estadounidenses fueron condenados a 20 años de cárcel en Venezuela, acusados por terrorismo, entre otros delitos, por una fallida incursión armada al país caribeño en mayo pasado, informó el fiscal general, Tarek William Saab.

Luke Alexander Denman, de 34 años, y Airan Berry, de 41, "admitieron haber cometido delitos" de "conspiración, asociación (para delinquir), tráfico ilícito de armas de guerra y terrorismo", condenados a "pena de prisión de 20 años", publicó Saab en Twitter sobre la medianoche del viernes.

El funcionario difundió en esa red social fotografías de vehículos, armamento y documentos de identidad.

Denman y Berry se encuentran entre decenas de detenidos por una incursión armada por las costas del norte de Venezuela, que el gobierno de Nicolás Maduro dijo haber frustrado el 3 de mayo, con saldo de al menos ocho muertos. Caracas asegura que la operación tuvo apoyo de Estados Unidos y la vecina Colombia.

El plan, según el gobierno de Maduro, buscaba la "captura, detención y remoción" del mandatario socialista y la "instalación" de Juan Guaidó, líder parlamentario opositor reconocido como presidente encargado de Venezuela por medio centenar de países, entre ellos Estados Unidos.

Guaidó fue acusado de haber contratado a "mercenarios" con fondos bloqueados por las sanciones de la Casa Blanca contra Venezuela y su estatal petrolera PDVSA.

El gobierno de Maduro sostiene que el líder parlamentario opositor firmó para ello un contrato con una empresa privada de seguridad y defensa llamada Silvercorp USA.

Denman y Berry, según la acusación, pertenecían a esa compañía, fundada por el militar retirado estadounidense Jordan Goudreau, un ex boina verde.

Un asesor de Guaidó, que posteriormente renunció, reconoció en una entrevista con CNN haber firmado un contrato con Silvercorp, pero aseguró que fue un acuerdo "exploratorio" y que no se le dio luz verde a una operación en Venezuela.

8 agosto 2020 

(Con información de AFP)

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