El ataque contra la sede legislativa dejó un saldo de al menos 22 detenidos, heridos e intoxicados por gas lacrimógeno y las llamas dentro del edificio.Foto Afp

 

Recortes en educación, salud y combate a la pobreza, los detonantes de las movilizaciones

 

Ciudad de Guatemala., Un grupo de manifestantes destrozó e incendió ayer una parte de las oficinas del Congreso de Guatemala durante una masiva protesta contra el presidente Alejandro Giammattei y el cuerpo legislativo por la aprobación del presupuesto general de la nación para 2021, el más alto en la historia del país, pero que no considera aumento a las partidas sociales.

Ante la gran movilización, el mandatario tuiteó: "Previo a recibir el presupuesto del Congreso, me estoy reuniendo con sectores y grupos de la sociedad para analizar las modificaciones que en los próximos días se presenten". En su mensaje apuntó que trasladará una iniciativa de ley al Congreso para conocer y materializar los cambios, aunque no precisó qué sectores y grupos negocian el reajuste en el gasto proyectado. "En desarrollo del proceso, seguiremos informando", agregó.

Las llamas en el Congreso se veían desde la calle mientras algunos inconformes lograron ingresar al recinto. Los bomberos dijeron que una parte importante del palacio fue consumida por el fuego, específicamente la sección adonde ingresan las propuestas de ley.

La irrupción, achacada a grupos de infiltrados, dejó varios heridos e intoxicados por el gas lacrimógeno lanzado por la policía y el humo de las llamas dentro del edificio legislativo. Los bomberos y miembros de la Cruz Roja atendieron a los afectados.

"Reitero que se tiene el derecho de manifestar conforme la ley. Pero tampoco podemos permitir que se vandalice con la propiedad pública o privada. Al que se le compruebe su participación en estos hechos delictivos les caerá todo el peso de la ley", advirtió Giammattei en otro tuit.

Los hechos de violencia, que se saldaron con al menos 22 detenidos, contrastaron con las 7 mil personas que tomaron pacíficamente la Plaza de la Constitución para manifestarse frente al Palacio Nacional, como pasó en las protestas de 2015 que rechazaban a las denuncias de corrupción en el gobierno y que llevaron a la renuncia del general Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, Rosario Murillo.

"No más corrupción", "Fuera Giammattei" y "Se metieron con la generación equivocada" fueron algunas consignas coreadas o escritas en pancartas mientras los manifestantes ondeaban banderas azul con blanco, los colores nacionales. "Nos indigna la pobreza, la injusticia, cómo se han robado el dinero del pueblo", señaló Rosa de Chavarría, profesora de sicología de la universidad pública de San Marcos de Guatemala.

En calles aledañas del centro histórico capitalino, los grupos antimotines lanzaron gas lacrimógeno contra los manifestantes, pero la acción no detuvo la movilización. Casi entrada la noche, los manifestantes fueron dispersados nuevamente por la policía, pero regresaron a la plaza para continuar con la protesta.

Cientos de personas en varios departamentos del país, con pancartas y mantas, exigían vetar el presupuesto, transparencia en el gasto público y control a los diputados, varios de ellos señalados por actos de corrupción. En redes sociales, varias fotografías mostraron a grupos de personas frente a las sedes diplomáticas guatemaltecas en Argentina o Alemania en señal de solidaridad a la protesta.

Estas manifestaciones se producen después de que el vicepresidente de Guatemala, Guillermo Castillo, propuso el viernes a Gia-mmattei que ambos renuncien a sus cargos "por el bien del país" porque "las cosas no están bien" en el gobierno.

Además de la renuncia de ambos, Castillo pidió a Giammattei vetar los presupuestos de 2021 porque tienen "anomalías", por lo que deberían ser devueltos al Congreso y ser modificados, explicó, apelando a "la eficiencia, transparencia y austeridad para no tener más endeudamiento".

El descontento e indignación de los guatemaltecos contra el Congreso y el gobierno de Giammattei se incrementó por la opacidad de los recursos para enfrentar la pandemia de Covid-19 y por los estragos que dejó el huracán Iota.

La movilización también se dirigió contra la Corte Suprema de Justicia por tramitar el retiro de inmunidad a magistrados constitucionales y sus fallos, que han frenado varios intentos de políticos por detener la lucha contra la corrupción e impunidad.

El Congreso, en su mayoría integrado por el oficialismo y partidos afines, aprobaron el miércoles el mayor presupuesto en la historia del país, de casi 12 mil 800 millones de dólares, un aumento de cerca de 25 por ciento respecto a las cuentas de este año.

La mayoría de fondos están dirigidos a infraestructuras con el sector privado y no prevé aumentar las partidas de salud o de educación ni las destinadas a combatir la pobreza y la desnutrición infantil, así como a la defensa de los derechos humanos ni la atención primaria a pacientes con Covid-19, entre otros rubros.

En Guatemala, 59.3 por ciento de los casi 17 millones de habitantes viven en la pobreza, y la desnutrición afecta a casi 50 por ciento de los niños menores de cinco años. Varias entidades económicas y analistas advierten que es un riesgo que un tercio del presupuesto sea financiado por deuda.

Publicado enInternacional
Sábado, 21 Noviembre 2020 05:39

Genealogía del autoritarismo

Genealogía del autoritarismo

Panorama del debate sobre autoritarismo

El debate sobre autoritarismo, en singular, o autoritarismos, en plural, en América Latina, tiene como dos referentes concretos. El primero, la dictaduras militares de la década de los setenta, incluso alargándose en la década de los ochenta, que pueden haber comenzado antes, en la década de los sesenta, como en el caso boliviano; el segundo, los “gobiernos progresistas”, particularmente centrada la discusión en las gestiones del gobierno de la revolución bolivariana de Venezuela. El primer referente tiene como horizonte, de la interpelación críticaypolítica en los análisis, la transición a la democracia; el segundo referente tiene como eje argumentativo del análisis o de la interpretación la defensa de la Constitución, aprobada en los “procesos de cambio”, que encumbraron a los “gobiernos progresistas”. En este caso, es notoria la diferencia de las procedencias discursivas; la distinción de la interpelación de procedencia conservadora o como comúnmente se señala, de procedencia de “derecha”, de la interpelación crítica de procedencia radical o de la “izquierda” crítica.

En la historia del debate sobre autoritarismo, considerando los dos referentes señalados, es decir, las dos etapas del debate sobre autoritarismo, ambos campos discursivos, a pesar de sus diferentes preocupaciones enunciadas, comparten el juicio teórico político sobre el autoritarismo. Consideran al autoritarismo como una entidad o fenómeno aislable, como una anomalía política, respecto de la norma y regularidad política moderna, respecto de la institucionalidad establecida.  Por otra parte, tienden a la denuncia moral del autoritarismo, dejando entrever más la descalificación moral del autoritarismo que su análisis, comprensión, entendimiento y conocimiento del fenómeno y su funcionamiento. Aunque hay que remarcar, sobre todo con respecto al primer referente y la primera etapa del debate, la minuciosa descripción del ejercicio de poder de la dictaduras militares. En la segunda etapa, la relativa al segundo referente, no se puede decir lo mismo; pues se nota, mas bien, una premura en interpelar, denunciar y acusar al “gobierno progresista” por sus incumplimientos, que un esmero por describir lo que ocurre.

Las diferencias, lo que no comparten los dos campos discursivos del debate, tienen que ver, primero, con la coyuntura y el período. Se trata de coyunturas y períodos distintos, que manifiestan problemáticas distintas. Las dictaduras militares conculcan la democracia institucional por medio de las armas; el golpe militar es el procedimiento para hacerlo; en cambio, los “gobiernos progresistas” emergen del ejercicio de la democracia, de la votación de mayoría absoluta. La crítica de “derecha” asume que se trata de “gobiernos socialistas” y que aplican el método “bolchevique”; argumento delirante, fuera de contexto y falto de conocimiento. La crítica de “izquierda”, mas bien, hace hincapié en la “traición” al “proceso de cambio”; remarca el retroceso y la degradación de la “revolución”, dada en las formas de transición democráticas. La conculcación de la democracia no solo aparece, en este caso, como incumplimiento de la Constitución, como desinstitucionalización del ejercicio político, sino por no ejercer la democracia participativa.

El autoritarismo en ambos casos, en los dos campos discursivos, cobra distinto sentido teórico y político. El autoritarismo de las dictaduras militares es concebido como “fascismo” criollo; en cambio, el autoritarismo de los “gobiernos progresistas” es concebido como monopolio de la cúpula de poder, en los marcos de la democracia formal, incluso como usurpación de la voluntad popular. En consecuencia, no se habla de lo mismo, no se habla de la misma manera de autoritarismo; se trata de autoritarismos diferentes. Entonces, por lo menos se debe tener en cuenta la polisemia del término autoritarismo.

Un balance rápido de ambos contextos del debate sobre autoritarismo, puede resumirse de la siguiente manera: El debate sobre autoritarismo en la segunda etapa, relativo al segundo referente, el de los “gobiernos progresistas”, aparece endémico, provisional, apresurado; mostrando más elocuencia en la denuncia que en el análisis y la comprensión del fenómeno; en cambio, el debate en la primera etapa, relativo al primer referente, el de las dictaduras militares, aparece más sólido, más consistente, más elaborado, sobre todo en lo que respecta a las detalladas y minuciosas descripciones, que ya hacen a la comprensión del fenómeno.

Los límites epistemológicos en ambos campos discursivos, relacionados a las dos etapas del debate, se encuentran cuando se considera al autoritarismo como anomalía y no ver que se trata de síntomas sobresalientes en el acontecer político y en el ejercicio de poder. Este aislar el autoritarismo de los procesos efectivos políticos y del poder, limita el alcance analítico y crítico de los mencionados debates. Otra limitante se encuentra en la premisa moral de los juicios, que tienden más a la denuncia que a la comprensión del fenómeno político desmesurado.

Jerarquía, autoridad y poder 

Hay que tomar también al poder como efecto; es decir, como consecuencia de un monopolio o de una diferencia establecida institucionalmente; por ejemplo, la jerarquía; así también la autoridad. El sentido común ha llamado al abuso de autoridad autoritarismo. El autoritarismo vendría a ser entonces algo así como el exceso del uso de la autoridad, más allá de las atribuciones otorgadas institucionalmente. Solo que este abuso de autoridad es legalizado por interpretaciones arbitrarias de las mismas atribuciones otorgadas institucionalmente; por ejemplo, por la democracia formal. Del autoritarismo al totalitarismo hay un trecho que hay que recorrer. Esto ocurre cuando incluso se descartan las atribuciones institucionales otorgadas por la Ley; suspendiendo la institucionalidad establecida, con la excusa de que se está en emergencia; de que se requiere salvar el origen mismo de la institucionalidad; la nación, el Estado, la seguridad del Estado, el bien común de la nación. 

Desde la perspectiva expuesta, se puede hacer varias historias del autoritarismo,  incluso encontrar peculiaridades lugareñas y de períodos, indicando diferencias y analogías. Se puede hacer una sociología del autoritarismo, también una psicología; incluso teorizar sobre este fenómeno generalizado. Sin embargo, a pesar de todas estas interpretaciones del autoritarismo, no parece no solamente agotado el tema, sino, sobre todo, no logrado explicar en sus genealogías. ¿Cómo nacen los autoritarismos? ¿Cuándo emergen y en qué condiciones? ¿Son estos abusos de atribuciones, otorgadas institucionalmente, autoritarismos o, mas bien, encuentran su explicación en otras significaciones y conceptualizaciones  más amplias? Vamos a tratar de abordar los problemas que plantean estas preguntas.

No parece encontrarse su origen, el origen del autoritarismo, sino en las mismas relaciones y estructuras sociales, que establecen las sociedades humanas. Es en estas relaciones sociales que debemos buscar el germen, por así decirlo, de lo que comúnmente se denomina autoritarismo. ¿Éste se encuentra en la delegación y reconocimiento de un mando? No estamos suponiendo, en la pregunta, que todo mando implica el devenir autoritario; sino que el mismo mando contiene esa posibilidad de emergencia del autoritarismo, que puede darse bajo ciertas condiciones de posibilidad históricas.

El mando es la conducción del grupo, del colectivo, del pueblo, de la sociedad. Esta conducción puede quedar circunscrita a la persona, que encarna el símbolo cultural del mando o, mas bien, puede estar regida por reglas compartidas. Pero, de todas maneras, el mando ya es una designación social, además de otorgarle atribuciones acordadas. El mando también es un lugar preciso en lo que puede considerarse el nacimiento de la jerarquía. El mando marca la diferencia entre el que manda y los y las mandadas.

No se puede, por lo tanto, zafar el fenómeno de autoritarismo del cuadro de las jerarquíassociales establecidas. La autoridad, sin ser todavía autoritarismo, es inmediatamente una jerarquía; marca la diferencia. Tampoco la jerarquía es, de ninguna manera, autoritarismo,  sino que aparece como una de las condiciones de posibilidad del autoritarismo. La jerarquía, que es la marca de la diferencia, puede, bajo determinadas condiciones de posibilidad, ser usada en función del autoritarismo. El uso excedentario del puesto de autoridad, el usoexagerado de la jerarquía, derivan en este fenómenodel ejercicio del poder en su forma de autoritarismo.

¿Cuáles son las otras condiciones de posibilidad del autoritarismo? Desde la perspectiva de la complejidad, el fenómeno del autoritarismo – manteniendo todavía este término – no responde a una causa o algunas causas, no es un fenómeno determinado por determinismos claros y evidentes; sino que integra o, si se quiere, sintetiza varios procesos concurrentes. La autoridad y la jerarquía están ungidas de simbolismos compartidos en la cultura asumida y heredada. Estos simbolismos, las alegorías simbólicas, las narrativas culturales, cargan de densidadesimaginarias a la autoridad y a la jerarquía. En otras palabras, la autoridad y la jerarquía son asumidas a través de los mitos heredados, las narrativas transmitidas, las alegorías redituadas y los símbolos compartidos.

La autoridad y la jerarquía aparecen no como comúnmente se dice, con naturalidad, sino como realidadmanifestada en sus diferencias y distinciones; en otras palabras, como cultura, considerando la diferencia entre cultura y naturaleza, que establece Claude Lévi-Strauss en sus investigaciones sobre la racionalidad inherente a las mitologías. Se hable de divinidad en el caso del soberano o monarca, se hable de mediación con la divinidad, o se le atribuya la descendencia de los héroes fundadores, se narra la ineludible presencia de la realidadimaginada, que aparece en los conglomerados de sus cuadros de diferencias y jerarquías sociales. La cultura es pues la condición deposibilidad del imaginario social, donde se refleja la realidad. Pero, también, bajo determinadas condiciones puede convertirse en condición de posibilidad del autoritarismo. Dicho de manera muy simple y esquemática, pasa como la cultura nos digiera: tu deber es obedecer; tu lugar es el de la obediencia. La cultura aparece pues como el substrato imaginarioe institucional que sostiene las relaciones sociales establecidas, sus estructuras, sus mallas institucionales. También, puede convertirse en el substrato que sostiene el fenómeno del autoritarismo.

Hasta aquí, que todavía es poco, tomando en consideración lo expuesto, se puede anotar que las tesis que apuntan a explicar el autoritarismo como un fenómeno que se desvía de lo instituido quedan levitando; sobre todo, cuando caen en la inclinación moral por la culpa, por culpabilizar; el espíritu culpable. Como si los personajes referenciales del autoritarismo fuesen los culpables del autoritarismo que despliegan. El autoritarismo no responde al mal, que es el mismo demonio, oculto en este conceptoreligioso. El autoritarismo ha sido largamente labrado en los ámbitos de las relaciones sociales, en sus estructuras estructurantes, en las armaduras culturales.

Puede decirse, para escapar de esta generalización, que la democracia – tal como se ha formalizado e institucionalizado en la modernidad – precisamente sale de las tradiciones y de las formas de poder heredadas, anteriores a la modernidad. Sin embargo, esta escapatoria teórica no es sostenible. La misma democracia formal, al preservar la autoridad y la jerarquía como cimientos de la estructura de la república, contiene también la posibilidad que bajo determinadas condiciones se genere el autoritarismo. Aunque se puede aceptar que la democracia es la que obstaculiza la generación del autoritarismo.

¿A dónde vamos con todo esto? Adelantándonos, apuntamos a la crítica deconstructiva de la cultura, de las relaciones sociales, de la autoridad, de la jerarquía, incluso del mando.   

Hipótesis teóricas hacia una 

crítica deconstructiva de las formaciones discursivas y las estructuras prácticas de los autoritarismos

1. Las relaciones sociales no solo son prácticas, recurrentes o nuevas; tampoco solo asociaciones, composiciones y combinaciones de composiciones dadas por las asociaciones, como dijimos; mucho menos son lazos, como supone la sociología, de manera figurativa; sin embargo, esta metáfora dice mucho en lo que denota y connota. Las relaciones sociales están internalizadas, forman parte de esquemas de comportamiento y de conductas, inclusos de maneras de pensar. Las relaciones sociales hacen al mundo social.

2. Las relaciones sociales son cultura, economía, política, en ejercicio. Contienen en su seno, por así decirlo, las posibilidadesoperatorias de las prácticas mismas sociales.

3. Las relaciones de poder se realizan en las relaciones sociales, que las contienen. En parte el secreto del poder se halla en las estructuras estructurantes y en las composiciones fundamentales de las relaciones sociales. Se puede decir que el poder anida en las relaciones sociales.

4. El fenómeno comúnmente llamado autoritarismo, también se halla incubado en las relaciones sociales.

5. En el caso del autoritarismo, las culturas signadas por las tradiciones patriarcales son terrenos fértiles donde germina el autoritarismo.

6. Las culturas propensas al autoritarismo conforman composicionesfundamentales simbólicas, alegóricas, míticas y narrativas, definiendo el centro del imaginario cultural en la figura inaugural del gran padre, el patriarca de todos los tiempos, el varón por excelencia, el masculino por antonomasia, la virilidad suprema. Las religiones monoteístas son las que mejor expresan esta narrativa patriarcal.

7. Con la supuesta desacralización, tesis sociológica de la modernidad, las narrativasmodernas no han salido de las tramas patriarcales. Al contrario, las han reestablecidos en las narrativas modernas; la novela, la filosofía moderna, las ciencias humanas y sociales. Las narrativas políticas son elocuentes en las nuevas figuras y tramas patriarcales

8. La herencia y la continuidad patriarcal, en otras tramas y narrativas, las modernas, presenta de manera distribuida las figuras patriarcales, menos condensadas y densas que las figuras patriarcales de las religiones monoteístas; empero, más proliferantes.

9. Esta proliferación patriarcal, en la variedad de sus tonalidades y formas, sostiene también la variedad proliferante de las figuras y formas del autoritarismo, en distintas escalas; desde micro-escalas hasta macro-escalas.

10. La aparición de formas autoritarias políticas en las sociedades regidas por la democracia formal, las repúblicas, muestra claramente que la democracia institucionalizada no ha salido de las esferas y horizontes-culturales definidos por las estructuras estructurantes patriarcales. De manera más evidente se nota este anclaje en el patriarcalismo en otra ideología moderna, la socialista; ideología que condensa figuras fuertes patriarcales en los lideres y caudillos “revolucionarios”. Liberalismo y socialismo son las dos grandes narrativas del patriarcalismomoderno.

11. De una manera barroca se presentan las figuras patriarcales en la ideología populista. En este caso, los patriarcas, símbolos enaltecidos y hasta endiosados, no son solo la apología del conductor de la “revolución”, algo que puede apreciarse en las exposiciones de la estética del realismo socialista, sino que los caudillos nacional-populares aparecen como si fuesen encarnaciones mesiánicas. En consecuencia, lo barroco de la expresión es esta combinación entre la memoria religiosa y la promesa populista, incluso, en algunos casos y recientemente, la promesa socialista.

12.Se puede decir que lo anterior más se refiere a las condiciones de posibilidad culturales del autoritarismo. Las condiciones de posibilidad sociológicas del autoritarismo tienen que ver con las instituciones sociales constituidas e institucionalizadas por el Estado.

13. Las condiciones de posibilidades culturales y sociológicas del autoritarismo como que articulan, en los nudos de sus tejidos, las condiciones de posibilidad políticas del autoritarismo.

14. En gran parte del transcurso de la modernidad, la política era un asunto de hombres. Las luchas feministas por la igualdad, primero política, suponiendo la igualdad jurídica, politizaron el referente, hasta entonces pasivo, de la mujer. Politizando sus prácticas, sus quehaceres, sus formas corporales y sus formas expresivas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ésta es una política de emancipación o, si se quiere, política en pleno sentido de la palabra; no la política, en sentido restringido, como la democracia formal.

15. La interpelación feminista ha logrado poner en evidencia el mitomasculino, afincado en el paradigma patriarcal Ha logrado cuestionar las pretensiones machistas, en lo que respecta a la diferencia instituida de género. En esta perspectiva ha dado apertura al ejerciciodeprácticas democrática de mayor alcance que el ejercicio de la democracia institucional. Sin embargo, el sistema-mundo político sigue estructurado en los cimientos patriarcales. En consecuencia, los autoritarismos siguen proliferando.

 

Genealogías modernas de los autoritarismos 

Hemos dicho que la autoridad no es inmediatamente ni exactamente autoritarismo, ni lleva necesariamente al autoritarismo; el autoritarismo corresponde al uso excedentario de la autoridad. Este uso excedentario adquiere no solo características privadas, el uso de la autoridad para beneficio privado, no solo implica la imposición de una voluntad personal por sobe la voluntad general, sino que a este uso excedentario se lo unge de simbolismos que lo legitiman imaginariamente, por así decirlo. Los mitos, la ideología, el sentido común, juegan su papel en esta legitimación imaginaria del uso excedentario. Ocurre como que las prácticas asociadas a la reproducción de los mitos, de la ideología, del sentido común, conformen otras reglas fuera de las reglas constituidas institucionalmente. Por ejemplo, estas reglas  excedentarias tienen que ver con las atribuciones imaginarias que se le otorgan a la autoridad; la figura de una especie de mesías es de las atribuciones imaginarias repetidas por pueblos, que encuentran la encarnación de la promesa en un líder, en un caudillo. Otro ejemplo es cuando se figura al conductor o al ideólogo como la encarnación misma de la “revolución” en marcha. Algo parecido a la figura de mesías de los caudillospopulistas, sin embargo, distinto por su modulación más moderna, más abstracta e instrumental. Entre los dos casos, el de la convocatoria del mito, la del caudillo, y el de la convocatoria ideológica, se puede citar un tercer ejemplo, el del jefe, que encarna el espíritu de la nación. En este caso, la figura es mixta, responde por analogías a la convocatoria del mito, al símbolo del caudillo, combinada por analogías con la convocatoria ideológica, con el significado iluminista del ingeniero social. En este caso funciona como legitimación imaginaria una ideología menos elaborada, más elemental, atiborrada por mitos.

En los tres casos mencionados, como ejemplos, el paradigma culturaldelpatriarca es elocuente. ¿Por qué el paradigma patriarcal sustenta la proliferación de autoritarismos, sobre todo de los autoritarismos en los de modos de gubernamentalidad totalitarias?  ¿Qué tiene el paradigma patriarcal para que esto ocurra? Hay que aclarar que cuando hablamos del paradigma patriarcal no nos referimos a la pluralidad de perfiles de padres concretos; en la realidad efectiva la pluralidad de perfiles de padres responde a multiplicidad de procesos culturales, sociales, económicos, articulados de manera singular en períodos y contextos determinados. Hablamos del imaginario simbólico aterido en las subjetividades sociales, colectivas, populares. Este imaginario concibe un padre simbólico no solo como autoridad familiar sino con derecho consuetudinario a ser autoritario. Este autoritarismo es valorado como indispensable y necesario, además de apreciado como bueno. Parece que este padre simbólico tiene como substrato el imaginario religioso del Dios monoteísta, más cerca de Jehová que del perfil del Dios cristiano, mucho más lejos del Dios más abstracto musulmán.  Jehová hasta llega a ser iracundo; en el viejo testamento Jehová aparece, en varios pasajes, despiadado en el castigo, exigente en las pruebas, que se vuelven supremas, aunque también aparece, en otros pasajes, como misericordioso.

El padre simbólico del paradigma patriarcal es como una mediación de Dios en la tierra; aparece como absoluta autoridad, además con plenos derechos al castigo y a las exigencias; su autoritarismo es prácticamente sacralizado, pues su potestad es de todo poderoso, aunque en una escala pequeña, comparándolo con la omnipresencia de Dios. ¿Por qué esta aproximación del imaginario patriarcal con el imaginario religioso? ¿Por qué se unge al padre imaginado con estos simbolismosabsolutos? Los atributos del padre simbólico no se los busca en el derecho familiar, sino en los atributos divinos. Este acercamiento imaginario puede demandar lo mismo que la religión demanda; la fe, la entrega, la servidumbre, la obediencia. Como decían los críticos iluministas, lo repetimos para ilustrar, que en estas relaciones de dependencia absoluta no entra la razón sino la creencia.

Por otra parte, para seguir situándonos, no es exactamente en las familias donde se pone en juego este imaginario del padre absoluto, aunque se lo haga de manera matizada, sino, mas bien, en los ámbitos sociales, sobre todo donde se ponen en juego las relaciones del poder, en escala nacional. Donde se insiste, figurativamente, sobre los atributos absolutos del patriarca es en la política. Se exige al pueblo fe, creencia ciega, entrega, obediencia, sumisión, ante el caudillo, el líder o el jefe. Incluso cuando se trata del despliegue de la ideología, aunque las formaciones discursivas desenvueltas en la ideología pretendan cierta exposición “racional”, la demanda de obediencia y sumisión, abnegación y entrega, no emerge de esta argumentación, sino de la recóndita tramadelmito

La primera consecuencia que sacamos, de manera hipotética e interpretativa, de lo expuesto, es que lo que se denomina autoritarismo, como fenómeno político peculiar, no responde a factores individuales, psicológicos, carismáticos, como el análisis político se inclina a explicar; tampoco se explica por transgresiones a la institucionalidad y a la Ley; así como a suspender el Estado de Derecho; que son otras interpretaciones del análisis político. Sino que tiene raíces en el subsuelo mismo de la cultura.

En las historias políticas de la modernidad no es un fenómeno general el de la forma de gubernamentalidad autoritaria; tampoco son una excepción en la regla; sino que se dan en momentos de crisis múltiple del Estado-nación. Siendo, mas bien, la expresión misma de la crisis política, que se encubre con la máscara la autoridad autoritariasuprema, con la pretensión de salvar al Estado y la nación. Esto no quiere decir que en los demás casos no se da el autoritarismo; en los demás casos no se da en la forma desmesurada tal como se presenta en la forma de gubernamentalidad autoritaria. Sin embargo, aparece en formas matizadas en las repúblicas, que se presentan como ejemplo del respeto a la institucionalidad y a la Constitución. Se puede hablar, en estos casos, de una especie de autoritarismo burocrático; autoritarismo solapado, que se encubre en el manejo de la institucionalidad y de las leyes de una manera leguleya, esquemática e indiscutible; la interpretación correcta es la que da el gobierno y los poderes del Estado. Sin embargo, en estas situaciones se puede acudir a los tribunales competentes, apelando y pidiendo el cumplimiento adecuado de las leyes, la Constitución y los Convenios Internacionales. Quizás estos mecanismos de la república obstaculizan el surgimiento de la emergenciapolítica ante la crisis de la forma de gubernamentalidad autoritaria; empero, las repúblicas no dejan de acudir, cuando pueden y es necesario al autoritarismo burocrático.

La segunda observación que hacemos es que el denominado fenómeno del autoritarismo no puede atribuirse solo a la forma de gubernamentalidad autoritaria, que incluso, en ciertos casos, deriva en la forma de gubernamentalidad totalitaria, sino que debe ser atendido y estudiado en toda su cobertura, abarcando a las formas de gubernamentalidad liberales y las formas de gubernamentalidad neoliberales, además, claro está, de las formas de gubernamentalidad conservadoras. De esta manera tendríamos un panorama completo, donde se desenvuelven y se despliegan las proliferantes formas del autoritarismo, en distintos grados y niveles.

Por otra parte, hay que atender a las situaciones donde incluso los tribunales competentes, nacionales e internacionales, responden a las denuncias, demandas y apelaciones de la misma manera que el autoritarismo burocrático; asumiendo los Derechos Humanos o los Derechos Internacionales establecidos, de una manera esquemática, acudiendo a una interpretación leguleya indiscutible. Esto lo hacen ante determinados problemas que se presentan; por ejemplo, los Derechos de los Pueblos Indígenas; a pesar que ya se cuenta con la Declaración sobre Pueblos Indígenas de Naciones Unidas. Las resoluciones al respecto son, en el mejor de los casos tibias; en otros casos, inútiles o declarativas; en el peor de los casos, mudas. Esto también lo hacen en lo que respecta a la crisis ecológica, llamada “Cambio Climático”; a pesar de que la vida humana en el planeta y la vida de los ecosistemas está en peligro, el comportamiento de los Tribunales Internacionales, de la ONU y la conducta de los organismos internacionales competentes es de una pasmosa apatía. Algo parecido pasa cuando se constatan atropellos contra pueblos y naciones agredidas. Hay más ejemplos, pero no se trata de hacer una lista larga, sino de anotar esta situación. Cuando estamos ante esta situación nos hallamos dentro del autoritarismosolapado globalizado.

La tercera observación anota que el fenómeno del autoritarismo no es un fenómeno circunscrito a la forma de gubernamentalidad autoritaria, tampoco a la forma del autoritarismo burocrático, sino que es un fenómeno globalizado, atendiendo a sus diferentes grados, niveles, intensidades de manifestación.

Ahora bien, ¿este fenómeno proliferante de formas excedentarias del uso de la autoridad es adecuado nombrarlo como autoritarismo? Considerando la interpretación expuesta, el fenómeno del autoritarismo corresponde a substratos histórico-culturales heredados, substratos que sostienen los planos de intensidad cambiantes de la modernidad. En este sentido nos retrotraen a los nacimientosgenealógicos del autoritarismo, que forman parte de las genealogías del poder. El autoritarismo en sus formas más desmesuradas y descomunales nos muestra el origen de la institucionalidad, de la Ley, incluso de la república, que es el de la fuerza, de la guerra inicial, de la guerra de conquista. El autoritarismo devela el origen del Estado, el Estado de Sitio.  Se vuelve a las formas descarnadas del poder, desgarrando las formas institucionales, jurídicas, políticas, del poder constituido e instituido, incluyendo a la república.

Nuestra tesis es que el autoritarismo muestra el vórtice del círculo vicioso del poder. Que las formas institucionales del poder han legitimado las dominaciones polimorfas en las estructuras constituidas; que la república, a pesar de la democracia institucionalizada, tampoco escapa a la vorágine mutante del círculo vicioso del poder. Que las formas de Estado del llamado socialismo real son también otra muestra de la pertenencia a las mutaciones del círculo vicioso del poder. La diferencia radica en que la democracia institucionalizada, la república, recurre a los mismos instrumentos institucionales, a la Constitución, a la Ley, para preservar, sobre todo, para reproducir el poder; cuando la república se encuentra en peligro ante la rebelión social, el Estado moderno recurre legalmente a la declaración del Estado de Sitio, por razones de seguridad. En cambio los socialismos reales instauraron un Estado policial, para proteger, defender y garantizar el curso de la “revolución”. En otras palabras, se vive en un permanente Estado de Sitio, defendiendo el Estado socialista contra la sociedad alterativa. Las formas de gubernamentalidad clientelar, las relativas a los populismos, usan la república como escenario de la convocatoria del mito, usan la autoridad, la Constitución, las leyes, las instituciones, de la manera excedentaria de modo permanente.

Tampoco parece adecuado hablar de totalitarismo, como lo hace Hannah Arendt, en sus excelentes exposiciones y análisis sobre el tema, centrando su enfoque en las experiencias contrastantes del estalinismo, la forma de gubernamentalidad del socialismo real, y del nacional socialismo alemán, más conocido como partido nazi.  Se puede considerar al totalitarismo como el autoritarismo absoluto, cuya desmesura alcanza la totalidad de su manifestación, al abolir la libertad y toda posibilidad de disenso, suspendiendo las formas de la democracia institucionalizadas. Sin embargo, no hay que olvidar que tanto el autoritarismo como el totalitarismo se hallan como posibilidad inherente en las formas de gubernamentalidad establecidas en la historia política de la modernidad. El término totalitarismo es, mas bien, una metáfora teórica de la pretensión desmesurada y obsesiva de control absoluto, de vigilancia completa, de disciplina plena, de parte de del poder.  El concepto de totalitarismo no llega a explicar el fenómeno políticodesmesurado que alude; aunque pueda describirlo de manera exhaustiva y minuciosa.

Es menester insertar el fenómeno de los autoritarismos proliferantes, remarcando, si se quiere, los autoritarismos políticos desmesurados, insertar el fenómeno de los totalitarismos, que son la extensión e intensificación absoluta de los autoritarismos, como partes, composiciones y manifestaciones sintomáticas del círculo vicioso del poder, con todos sus múltiples procesos estructurantes, estructurados, institucionalizados y en decadencia. Comprender sus desenvolvimientos y despliegues como formas perversasdel círculo vicioso del poder. No se pueden aislar estos fenómenos políticos desmesurados del conjunto variado de formas políticas, formas de Estado, sobre todo, tratándose de los Estado-nación y de la república. Genealógicamente no están disociados, ni separados, ni son algo distinto, sino que forman parte, con el conjunto de estas formas de poder institucionalizadas, de la reproducción misma del poder, del devenir del poder, que compone, combina, muta sus diagramas de poder y sus cartografías políticas

Conclusiones

  1. El denominado autoritarismo y su extensión intensiva y demoledora del totalitarismo no son fenómenos aislados en el acontecer político ni tampoco aislables en el análisis; forman parte de las cartografías políticas y de las genealogías del poder. Se puede decir que son como la erupción misma de la crisis política y de la crisis múltiple del Estado-nación.
  1. El fenómeno político del autoritarismo afinca sus raíces en la cultura. La cultura es el substrato que legitima las estructuras de poder establecidas; lo hace a través de símbolos heredados, de mitos que hacen al mundo imaginario, de alegorías que son los hilos de la trama trágica y épica.
  1. El mando, la jerarquía y la autoridad corresponde a distinciones sociales en la organización y funcionamiento sociales; sin embargo, son también los lugares donde germina la genealogía del autoritarismo.
  1. Las relaciones sociales contienen la posibilidad del autoritarismo, sobre todo se realiza esta posibilidad en la proliferación de autoritarismos en distintos niveles y graduaciones en los mapas extendidos por la sociedad.
  1. Se puede hablar del paradigma patriarcal como modelo fundamental,modulador de las conductas y comportamientos sociales; paradigma que opera en los imaginarios sociales, en la cultura, también en la ideología. El paradigma patriarcal hace de estructura codificante y estructura de-codificante; funcionando como heurística y hermenéuticalegitimadora de las dominaciones polimorfas.
  1. El paradigma patriarcal se transfiere a otras narrativas en la modernidad, donde aparece de manera matizada y hasta enmascarada; empero, la función legitimadora sigue siendo efectiva.
  1. La realización y manifestación más evidente del diagrama de poder patriarcal aparece en la convocatoria del mito de la forma de gubernamentalidad populista, también en la forma gubernamental del Estado policial, aunque en este último caso funciona más la ideología, con pretensiones “racionales”, que los mitos e imaginarios
  1. Las luchas emancipadoras, entre ellas las luchas feministas, han cuestionado la ideología dominante, así también el imaginariocultural del paradigma patriarcal, deconstruyéndolo en parte; sin embargo, el paradigma sigue vigente, inscrito en los esquemas de comportamiento y conductas

 Bibliografía

 

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Hugo Chávez y el autoritarismo en Venezuela en el marco del proceso revolucionario bolivariano (PRB). Monografía de grado presentada como requisito para optar al título de Internacionalista en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Universidad colegio mayor de nuestra señora del rosario facultad de relaciones internacionales; bogotá, d.c octubre de 2005.  

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Sarsfield, Rodolfo:

La democracia controvertida. Debates y acuerdos en la teoría democrática contemporánea. CLACSO; Buenos Aires 2006.

Publicado enSociedad
Las elecciones municipales brasileñas de 2020 no se pueden entender como una fotografía. Es necesario insertar la escena del domingo 15 de noviembre en una película con varias tomas.

Las elecciones municipales en Brasil, el 15 de noviembre, mostraron un debilitamiento del bolsonarismo en el plano local. Al mismo tiempo, se observa una recuperación de la derecha y el centro tradicionales. No obstante, la izquierda logró algunos éxitos, sobre todo con candidaturas jóvenes. También las postulantes negras y trans dejaron ver la potencialidad de una izquierda de base más amplia.

 

Hace dos años, un proyecto autoritario que predicaba la intolerancia ganó las elecciones presidenciales y se amplificó una bancada de congresistas que representaban lo más retrógrado del país: agronegocios, iglesias neopentecostales ultraconservadoras y punitivismo proarmas. Así, la denominada bancada BBB (buey, Biblia y bala) se constituyó como un importante punto de apoyo para Jair Bolsonaro y colocó a Brasil en el grupo de países del mundo gobernados por fuerzas políticas alineadas con Donald Trump y proyectos antidemocráticos. El año 2018 fue la coronación de un proceso que dio sus primeras señales en 2013, cuando la derecha ocupó las calles del país contra el proyecto democrático-popular del Partido de los Trabajadores (PT), que había estado al frente del gobierno federal durante 11 años.

En 2014, fue reelegida la presidenta Dilma Rousseff. Pero la derecha –que se había fortalecido desde el año anterior a partir de la consolidación de un sentimiento antipetista– no aceptó el resultado de las urnas y operó un proceso de destitución –un «golpe parlamentario»– por el cual Rousseff finalmente fue depuesta en 2016. Una de las escenas más recordadas es la de Jair Bolsonaro –entonces diputado– durante su voto en el Congreso para la destitución reverenciando al coronel Carlos A. Brilhante Ustra, quien fuera el torturador de la entonces presidenta durante el periodo de la dictadura militar (1964-1985).

Pero volvamos a 2020. Brasil está en la lista de los países con mayor número de muertes por covid-19, solo por detrás de Estados Unidos. La posición del presidente Bolsonaro ante la mayor pandemia del siglo fue crucial para el aumento descontrolado de las cifras de contagio. Negó la pandemia, difundió como panacea medicamentos no aprobados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), llamó a a la enfermedad «gripecita», se posicionó contra el aislamiento social, apoyó a los manifestantes que tocaban bocina frente a los hospitales e hizo campaña contra la vacunación obligatoria. Durante ocho meses de pandemia, cuatro ministros diferentes pasaron por el Ministerio de Salud, mostrando total incapacidad para manejar la crisis. El resultado: más de 160.000 vidas oficialmente perdidas, un PIB reducido, un número récord de desempleados.

Este escenario caótico puede haber cambiado la percepción de la gente sobre «qué esperar del Estado y de la política». Si hace dos años Bolsonaro ganó las elecciones con un discurso antisistema, con una postura de outsider y en favor de un Estado mínimo, el 15 de noviembre los candidatos con estas características no tuvieron el mismo éxito electoral.

La crisis del coronavirus ha impuesto al país una reflexión sobre el papel del Estado en la vida de las personas. Brasil cuenta con el Sistema Único de Salud (SUS) que garantiza, en el marco de la Constitución de 1988, acceso a la atención universal y gratuita. Fue el Estado el que debió garantizar la subsistencia de las familias devastadas por la crisis económica mediante la transferencia de recursos, con la llamada «ayuda de emergencia». Por último, en medio de la mayor crisis sanitaria, social y económica de las últimas décadas, el Estado y la política fueron las principales herramientas que buscaron garantizar la vida de las personas.

Esta comprensión tiene una dimensión muy concreta. No son percepciones etéreas, producidas por los medios de comunicación. Está ahí, palpable para la mayoría de la población: cuando lo necesitaban, fue el Estado el que garantizó la atención sanitaria, los cuidados y los ingresos. Y esta experiencia afectó e influyó en el voto. Así, si en 2018 salió victoriosa de las urnas una plataforma antisistema, antipolítica, antiestatal y contra la Constitución de 1988, en 2020 se verificaron algunas tendencias que se mueven en la dirección opuesta. Sin embargo, esto no significa que sea la oposición más progresista la que haya llevado al debilitamiento de esta plataforma bolsonarista. Los brasileños parecen haber optado –al menos en el plano municipal, que es el que estaba en juego– por la estabilidad y la continuidad de la antigua derecha ya conocida.

Sin embargo, también merecen atención algunos signos positivos relativos al aumento de la representación de los negros, los jóvenes, las mujeres y los colectivos LGBTI, así como la renovación en varios concejos municipales. Así, mientras que los representantes de la política más tradicional tuvieron buen desempeño en la elección de alcaldes, los nuevos cuadros de la izquierda se destacaron en las disputas por las concejalías con un programa de profundización de la democracia y lucha contra las desigualdades.

Es posible resumir algunas tendencias de estas elecciones municipales: a) debilitamiento del bolsonarismo; b) victoria del centro y la derecha tradicionales; c) constitución de frente amplios de izquierda y signos de resistencia.

Es importante tener en cuenta que de los 5.567 municipios brasileños, 95, los que tienen más de 200.000 electores, podrían tener una segunda vuelta (los pequeños solo tienen una vuelta). Solo en 35 de estos municipios uno de los candidatos tenía más de la mitad de los votos válidos y ganó en la primera ronda. En otras palabras, todavía hay que esperar el segundo turno del 29 de noviembre para completar el mapa electoral.

Debilitamiento de Bolsonaro

Bolsonaro, que abandonó el Partido Social Liberal (PSL) en 2019 por disputas internas, no logró viabilizar a su propio partido, Aliança Brasil. Su estrategia fue no atarse a ningún partido para no tener que enfrentarse a posibles derrotas. Así, a pesar de una aprobación todavía significativa (entre 30% y 40%, según la encuestadora), el presidente encontró un terreno poco fértil para transferir apoyo a sus candidatos. Esta tendencia se confirmó y el resultado estuvo por debajo de las expectativas.

De los 78 «Bolsonaros» registrados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en todo el país (varios candidatos optaron por ponerse ese nombre como forma de propaganda electoral), el único ganador fue el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, quien retuvo su banca de concejal en Río de Janeiro. Recibió el apoyo de su padre en la carrera, con publicaciones recurrentes en las redes sociales pidiendo el voto. Bolsonaro hijo terminó con 71.000 votos, la segunda mayor votación para el concejo municipal, detrás de un candidato del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un número bastante menor a los 106.000 votos obtenidos en 2016.

De todos los alcaldes que tuvieron un apoyo más enfático del presidente, solo dos pasaron a una segunda vuelta: Wagner Sousa Gomes, conocido como el «capitán Wagner» (Partido Republicano de Orden Social, PROS) pasó al balotaje, pero más bien escondiendo que mostrando a Bolsonaro en su campaña; y en Río de Janeiro quedó segundo Marcelo Crivella (Republicanos), el actual alcalde evangélico, detrás del candidato de derecha Eduardo Paes. Celso Russomano (Republicanos), quien también contó con declaraciones de apoyo del presidente, bajó de 29% de intención de voto a principios de septiembre a 10% y terminó en cuarto lugar en San Pablo, la ciudad más grande del país.

El debilitamiento de Bolsonaro también es evidente en su importante base de apoyo: los profesionales de la seguridad. Los datos del TSE tabulados a petición de la revista Piauíindican que fueron elegidos 50 alcaldes y 807 concejales del área de seguridad. Hubo unos 8.000 candidatos vinculados a las fuerzas de seguridad (Policía y Fuerzas Armadas), lo que supone 10,2% de éxito, un alto porcentaje para un sector específico de la sociedad. Sin embargo, si en 2018 este sector eligió partidos ubicados en la extrema derecha (como el PSL al que entonces adhería Bolsonaro), en 2020 30,2% de los candidatos de la «bala» se postularon por partidos de centroderecha, donde evaluaron que sus posibilidades de ganar podrían ser mayores. También se vieron obligados a cambiar algunas de sus consignas de campaña: por ejemplo, en lugar de anunciar «bandido bueno, bandido muerto» (el lema de campaña de los bolsonaristas hace dos años), pasaron a formular otras propuestas más relacionadas con la vida cotidiana de las ciudades.

Bolsonaro, de todos modos, no ha sido derrotado. Pero ciertamente salió debilitado de estas elecciones, lo que obligará al presidente a buscar alternativas de apoyo si quiere llegar con posibilidades a la carrera electoral en 2022.

La victoria de la derecha tradicional y el centrão

El debilitamiento del bolsonarismo en el plano municipal no implicó, obviamente, una victoria automática de la oposición de izquierda. La derecha tradicional que salió derrotada en 2018 –por ejemplo, Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, centroderecha) no llegó a 5%– puede mostrar signos de recuperación, al igual que el denominado centrão, un grupo de partidos políticos que no tienen una orientación ideológica clara y solo tienen como objetivo mantener una relación con el Poder Ejecutivo para que este les garantice ventajas a cambio de apoyo a sus proyectos en el Legislativo.

En siete de las 26 capitales, la elección se decidió en la primera vuelta, con victorias de la derecha y la centroderecha. En las otras 18 capitales, habrá balotaje. Los candidatos que pasaron a la segunda vuelta indican un freno en la ola antipolítica y el voto a fuerzas más tradicionales, lo que demuestra que la capilaridad y la estructura de los partidos siguen siendo relevantes. Demócratas (DEM) es el partido que ha elegido el mayor número de alcaldes en las capitales, con tres alcaldes elegidos, seguido por el PSDB y el Partido Social Democrático (PSD, centro), que fue el partido que más terreno ganó en las 100 ciudades más grandes: tenía seis alcaldes, ya ha garantizado cinco y puede llegar a 19 después de la segunda vuelta.

Las elecciones municipales volvieron a colocar al Movimiento Democrático Brasileño (MDB) a la cabeza del ranking de alcaldías obtenidas por partido (777 de los 5.567 municipios). El Partido Progresista (PP) y el PSD y DEM fueron los que más aumentaron proporcionalmente en número de municipios gobernados en el país. Todos estos partidos también tuvieron un buen desempeño en cuanto al número de concejales elegidos, lo que demuestra que la liberación de fondos parlamentarios del gobierno federal a los diputados a cambio del apoyo a sus proyectos legislativos puede haber tenido un efecto electoral en el ámbito local.

El conservadurismo puede mostrar así signos de cambio de ropa: las máscaras de una extrema derecha antipolítica se cambian a una derecha más tradicional, asociada a lo que en Brasil se denomina la política «fisiológica».

Frentes amplios de izquierda y signos de resistencia

Si el voto a la centroderecha y la derecha indica que el electorado dio señales de que prefiere lo ya conocido frente al extremismo antipolítico, más a la izquierda el electorado mostró que exige renovación y unidad. Aunque estos signos son más contundentes en los concejos municipales, algunas capitales también han expresado este deseo de mantener los sueños de cambio.

Los jóvenes dirigentes menores de 40 años se convirtieron en los grandes protagonistas del campo de la izquierda. Liderando este fenómeno, el candidato a la Alcaldía de San Pablo por PSOL, Guilherme Boulos, de 38 años, alcanzó el 20% de los votos y competirá en la segunda vuelta con el actual alcalde del PSDB. Ya declararon el apoyo al candidato el PT y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB). Boulos pertenece al Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) y se ha transformado en una figura capaz de renovar el apoyo a la izquierda.

En el sur del país, en Porto Alegre, Manuela D’Ávila es otra joven candidata de la izquierda que obtuvo una fuerte votación: 29% de los votos válidos. La postulante del PCdoB había acompañado a Fernando Haddad, del PT, como candidata a vicepresidenta en 2018, y ahora tiene como acompañante de fórmula a Miguel Rossetto, un referente del PT. En Recife, la segunda vuelta será disputada por dos primos, ambos menores de 40 años: Marília Arraes (PT) y João Campos (Partido Socialista Brasileño). Este último es hijo de Eduardo Campos, un ex-gobernador de Pernambuco que murió en un accidente de avión cuando se presentaba a la Presidencia en 2014.

No tan joven, pero con un buen resultado producto de un frente amplio bien construido, Edmilson Rodrigues, del PSOL, quedó en primer lugar y pasó al balotaje en Belém do Pará. El PT y el PSOL son algunas de las siglas que más han crecido en la disputa de las alcaldías de las 100 ciudades más grandes del país. Juntos, ambos partidos, que hoy en día no tienen alcaldes en estos municipios, pueden llegar a tener 15 representantes: 13 el PT y dos el PSOL.

Además, en el año del debut de la norma que obliga a los partidos políticos a distribuir los fondos públicos de campaña proporcionalmente entre los candidatos blancos y negros, los negros y los «pardos» tuvieron un avance en la elección de alcaldes: 32% más que en 2016. En cuanto a las mujeres, el aumento fue de 11,7% de todos los alcaldes elegidos en 2016 a 12,1% en 2020. El desempeño, aunque está lejos de reflejar a la población brasileña (mayoría negra, «parda» y femenina), ya es un avance y podría representar una tendencia para las próximas elecciones.

Una encuesta realizada por el diario O Estado de S. Paulo muestra que candidatas que presentaron agendas LGBTI, feministas, antirracistas o de pueblos indígenas fueron elegidas en diferentes regiones de Brasil. Al menos 25 transexuales y travestis fueron elegidas concejales en diferentes municipios, uno de cuyos ejemplos es Erika Hilton (PSOL de San Pablo), la segunda concejala de izquierda más votada de la ciudad.

En Curitiba, Carol Dartora, del PT, fue elegida como la primera concejal negra de la ciudad. En Belo Horizonte, la profesora Duda Salabert (Partido Democrático Laborista, PDT), que es trans, tuvo récord de votos como candidata individual. En Belém, Bia Caminha (PT) salió de las urnas como la concejal más joven de la historia de la ciudad. A los 21 años, se define como una feminista negra y bisexual. Y este escenario se repite prácticamente en todas las capitales. Según los datos de la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra), el aumento de la representación es el resultado de un número récord de candidaturas de este colectivo. Un estudio de la entidad muestra que este año se registraron 294 candidaturas, 25 de ellas elegidas, lo que supone un aumento de 212% en comparación con 2016.

Las candidaturas colectivas también tuvieron buenos resultados: solo en San Pablo hubo dos de naturaleza negra y periférica, como Quilombo Periférico y Bancada Feminista, y Juntas (una candidatura colectiva del MTST) quedó como primera suplente en el PSOL. En Río de Janeiro, el legado de Marielle Franco (una joven concejal del PSOL y activista de derechos humanos asesinada en 2018 por milicias de extrema derecha) también estuvo presente, a través de la victoria de las mujeres de su colectivo en la ciudad.

En Belo Horizonte, el número de mujeres concejales se ha triplicado. En Uberlândia (Minas Gerais), una joven negra fue la más votada de la ciudad. En Contagem (Minas Gerais) y Natal (Rio Grande do Norte), también fueron elegidas dos jóvenes del movimiento estudiantil: Moara Saboia y Brisa Bracchi, ambas del PT. Además, el estado de Roraima eligió por primera vez dos alcaldes y tres vicealcaldes indígenas. Un tercio de las ciudades de ese estado amazónico tenían candidatos indígenas a las alcaldías.

Los mayores índices de desaprobación a Bolsonaro se dan entre las mujeres y los jóvenes de entre 16 y 24 años, y estos grupos de la población están ahora –más que nunca– representados en los espacios de poder local. Aunque estas elecciones han fortalecido a una derecha tradicional y al centrão, no se puede dejar de ver como una victoria el debilitamiento de Bolsonaro y la perspectiva de reconstruir una izquierda de bases más amplias y unitarias, liderada por jóvenes, negros y mujeres con fuerza y capacidad para actualizar un programa democrático para los nuevos tiempos.

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El 98% de la infraestructura de Providencia habría sufrido daños por Iota, confirma el Gobierno

El presidente Iván Duque confirmó este lunes que finalmente pudo comunicarse con el alcalde de Providencia, quien le confirmó que el 98 por ciento de la infraestructura de la isla habría resultado afectado por el paso del huracán Iota y que habría, por lo menos, una víctima mortal.

“Estamos ante un hecho que tiene unas características nunca vistas en nuestro país, en primer lugar en cuestión de horas pasó de tormenta tropical a un huracán de categoría 5, la mayor categoría, y la es la primera vez que en la historia llega a nuestro país un huracán de tipo 5 desde que existen registros”, puso de presente el jefe de Estado.

Agregó que se ha venido trabajando en la medida de lo posible en San Andrés pero que “en el caso de Providencia hemos tenido comunicación muy pobre por la afectación que hay en el sistema de telecomunicaciones. Sabemos que puede haber una afectación grande y por eso hemos desplegado todas las capacidades de respuesta que empiezan por toda la capacidad logística de Gestión del Riesgo desde San Andrés, con nuestra Armada, nuestra Fuerza Aérea, nuestro Ejército, para tener la posibilidad de llegar rápidamente”.

Trabajo conjunto entre Gobierno, Ideam y Alcaldía de San Andrés

Por su parte, el primer mandatario afirmó en una rueda de prensa que “hay un deterioro del 98%” dentro de la isla de Providencia y que, hasta el momento, se ha perdido una vida humana.

“El alcalde Gari Hooker está haciendo una remoción de obstrucción en algunas de las principales vías y estamos trabajando para limpiar la pista de aterrizaje del Aeropuerto El Embrujo”, dijo además.

Por su parte agregó que le ha reiterado al alcalde de San Andrés que “esta es una afectación grande y somos conscientes de que por primera vez en la historia de nuestro país vemos un huracán de categoría 5 golpear nuestro territorio”.

“Estamos a su lado señor alcalde y al lado de toda la comunidad de Providencia” y “Vamos a recuperar toda la infraestructura en el menor tiempo posible”, expresó.

Indicó además que “Necesitamos llegar rápidamente y hacer el levantamiento del registro único de damnificados, hacer el levantamiento de toda la información de daños estructurales y con todo el equipo de Gobierno Nacional podamos realizar el plan de reactivación de esta región”.

“Vamos a adelantar en este momento este puesto de mando adelantado y estaremos repartiendo kits de salvamento y suministrando agua y elementos vitales”, agregó el presidente.

Finalizó diciendo que “estaremos entregando información rápida y periódica” y que la directora del Ideam estará trabajando en Providencia con el alcalde Gari Hooker".

“Esperamos que en el transcurso de las próximas horas las condiciones climáticas mejoren y que podamos estar allá el día de mañana”. Dijo que “Hoy zarpará desde Cartagena un barco de la Armada con material humanitario y tenemos a todo el equipo de la Policía Nacional, Defensa Civil, Armada Nacional y Ejército trabajando en conjunto.

El lota sigue causando estragos

Por su parte, Iván Duque aseguró que pudo comunicarse con el alcalde de Providencia, Norberto Gari, y que este le aseguró que, hasta el momento, se ha confirmado un muerto y 98% de daños a la infraestructura de la isla.

La identidad de la persona fallecida no se ha confirmado. El mandatario advirtió que la información se trataba de un parte parcial y que la información sobre la situación de la isla será ampliada más adelante.

“Hacemos un llamado a la solidaridad del sector privado y de todos los ciudadanos para que agendamos esta situación entre todos”, expresó.

Entre las últimas comunicaciones que se sostuvieron con la isla, algunos habitantes de Providencia reportaron vientos de más de 100 kilómetros por hora, inundaciones en algunos sectores y la pérdida de los techos de algunas casas. Además, a esa hora solo había pérdida materiales.

Este domingo el Servicio Meteorológico Nacional informó que el huracán, que va rumbo a Nicaragua y Honduras, se ha fortalecido y pasó a categoría 5, con vientos sostenidos de 135 nudos (250 km/h), ráfagas de hasta 155 nudos (287 km/h).

Se estima que el ojo del huracán se encuentra a menos de 10 kilómetros de Providencia.

16 de Noviembre de 2020

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Francisco Sagasti es el nuevo presidente de Perú

El parlamentario centrista fue elegido por el Congreso

El intelectual Sagasti enfrentará el desafío de devolver la estabilidad a un país convulsionado por el rechazo ciudadano a su clase política. Trabajó en el Banco Mundial, en planeamiento estratégico y evaluación de políticas, y fue asesor en Naciones Unidas.

Por Carlos Noriega

El intelectual Francisco Sagasti Hochhausler, del centrista Partido Morado, es el nuevo presidente del Perú.El cuarto en cuatro años.Fue elegido este lunes por la mayoría del Congreso,luego de que el país estuviera más de 24 horas sin presidente, después de la renuncia al mediodía del domingo de Manuel Merino, en medio de masivas protestas en las calles, y de que el Legislativo no aprobara en la noche del domingo la elección de la congresista del izquierdista Frente Amplio, la poetisa y feminista Rocío Silva Santisteban, para ocupar la presidencia del país. 

En esta segunda votación la historia fue distinta y Sagasti ganó con amplitud. Obtuvo 97 votos de los 130 miembros del Congreso unicameral. Hubo 26 votos en contra, de fujimoristas y de los más radicales de la coalición de derecha y de legisladores acusados de corrupción que apoyaron a Merino y hasta el final buscaron petardear una salida a la grave crisis política.

La elección de Sagasti fue como presidente del Congreso y en esa condición asume la presidencia del país, cargo que juramentará en la tarde del martes. Junto a él, fue elegida vicepresidenta del Parlamento la congresista del Frente Amplio, Mirtha Vásquez, que al pasar Sagasti a ejercer la jefatura del Estado, ocupará la presidencia del Congreso.

La sesión parlamentaria en la que se eligió a Sagasti fue conducida por Rocío Silva Santisteban, que comenzó la jornada pidiendo un minuto de silencio por los dos estudiantes asesinados por la policía durante las masivas protestas contra el gobierno de Merino. La elección de Sagasti, a quien algunos llaman Don Quijote, por su aspecto físico, fue recibida con aplausos en el hemiciclo del Congreso.

Sagasti, de 76 años, es ingeniero industrial, docente en universidades del país y del exterior, y autor de varios libros de investigación. Ha trabajado en el Banco Mundial en planeamiento estratégico y evaluación de políticas, y ha sido asesor en Naciones Unidas y de organismos científicos del país. Es ajeno a la desacreditada clase política tradicional, un factor clave para calmar la indignación ciudadana que ha tomado las calles en contra de una clase política cuestionada por corrupción. Sagasti llegó al Congreso por primera vez en las elecciones parlamentarias de enero de este año. Candidato a la vicepresidencia de Perú por el Partido Morado, como compañero de fórmula del presidente del partido, Julio Guzmán, para las elecciones de abril del próximo año, ahora tendrá que bajarse de esa candidatura al ocupar la presidencia del país.

Hace una semana, el partido de Sagasti se opuso a la destitución por el Congreso del entonces mandatario Martín Vizcarra por supuesta “incapacidad moral permanente” a partir de cargos de haber recibido sobornos hace varios años cuando era gobernador y que todavía están en investigación, y de la designación en su reemplazo del entonces titular del Parlamento, Manuel Merino, decisión parlamentaria que gatilló masivas protestas ciudadanas, que llevaron a la renuncia de Merino.

Los miles de ciudadanos que la última semana protestaron en todo el país exigiendo la salida de Merino y de su gobierno sostenido por políticos implicados en denuncias de corrupción, y que este lunes seguían movilizados en calles y plazas esperando la decisión del Congreso, habían anunciado que si se elegía a un congresista que había respaldado a Merino reanudarían las protestas. La elección de Sagasti descomprime la crisis.

Pero esta noche continuaban las movilizaciones en las calles. No eran en rechazo al nuevo gobierno, sino en contra de los congresistas que originaron esta crisis política en su afán de tomar el gobierno y exigiendo juzgamiento para los parlamentarios denunciados por corrupción, que estuvieron en primera fila para colocar en la presidencia al repudiado Merino.

“Que se vayan los congresistas corruptos”, coreaban los manifestantes. En las calles hay indignación por la brutal represión policial desatada por el muy breve gobierno de ultraderecha de Merino. Se escuchaban arengas exigiendo que Merino sea juzgado por los asesinatos de dos jóvenes durante las protestas contra su gobierno.

Merino, investigado por la represión

La Fiscalía ya abrió investigación a Merino y a dos de sus ministros por homicidio doloso, desaparición forzada, lesiones y abuso de autoridad, por la represión policial de los últimos días.

A los gritos de “Asesinos, asesinos” y demandas de justicia, este lunes fue enterrado Jack Pintado, de 22 años, que murió de múltiples perdigones que la policía le disparó a la cara, cuello y tórax.

Gobierno de transición

El de Sagasti será un gobierno de transición, que durará ocho meses hasta que en julio del próximo año asuma el gobierno elegido en las elecciones de abril. Sus tareas centrales serán llevar adelante las elecciones, y enfrentar la pandemia del coronavirus, que hasta ahora ha cobrado más de 900 mil contagios y más de 35 mil muertes, y la crisis económica a consecuencia de la pandemia. Con una pequeña bancada de solo nueve legisladores, el primer reto de Sagasti será nombrar un gabinete ministerial de consenso.

Minutos después de su elección, el nuevo presidente salió a las afueras del Congreso, donde se congregaban los manifestantes, la gran mayoría jóvenes, que en los días previos se habían movilizado exigiendo la salida del gobierno de Merino y habían sido duramente atacados por la policía. Estaban en vigía esperando la elección en el Congreso. Los saludó y recibió algunos aplausos.

Minutos antes, en un discurso abiertamente opuesto al del gobierno saliente y sus aliados, que acusaron a los manifestantes de terroristas, había expresado su reconocimiento a los jóvenes que salieron a protestar en defensa de la democracia, marchas que calificó como pacíficas, expresó su solidaridad con las familias de los dos estudiantes asesinados por la policía y su preocupación por los heridos y los desaparecidos en las protestas.

“Si un peruano muere defendiendo la democracia, al luto se suma la indignación. En las calles estamos viendo esa indignación, que debemos reconocer y saber encausar”, señaló.

Luego de su elección, ante el Congreso Sagasti pidió a los parlamentarios trabajar juntos “para recuperar la confianza” de la población. Esa será una tarea muy difícil con un Congreso muy desacreditado. “El nuevo presidente tiene una buena hoja de vida, no es un político tradicional, pero esos congresistas son unos corruptos. Será muy difícil que volvamos a confiar en los políticos, ya hemos confiado mucho en los políticos y nos han engañado mucho”, señalaba un joven que esta noche integraba una nutrida movilización en el centro de Lima.

Lo hecho por el Congreso al destituir a Vizcarra para poner en el poder a Merino, en una movida detrás de la cual era notoria la presencia de políticos que cargan múltiples denuncias de corrupción y buscaban ganar impunidad y seguridad para algunos negocios, desató una indignación que desbordó en las calles con manifestaciones de una magnitud que el país no veía hace mucho tiempo. La salida de Merino es un triunfo de esas protestas juveniles, y la llegada de Sagasti ayuda a bajarle el tono a esa indignación, pero el rechazo a la clase política sigue expresándose en las calles.

Mientras Sagasti era elegido nuevo presidente y se preparaba para asumir el cargo este martes, el Tribunal Constitucional (TC) anunciaba que este jueves tomaría una decisión sobre la constitucionalidad o no de la destitución del exmandatario Martín Vizcarra por “incapacidad moral permanente” decretada por el Congreso. Vizcarra espera que un fallo a su favor lo pueda reponer en el cargo. El TC podría darle la razón declarando que su destitución fue en contra de la Constitución, pero señalar que ese fallo no es retroactivo y tiene el valor de una aclaración de una figura constitucional ambigua hacia el futuro, lo que importantes juristas dicen es lo más probable. Mientras el TC no se pronuncie, continúa la incertidumbre sobre la presidencia del país, que eventualmente podría volver a cambiar de manos en pocos días, aunque ahora esa no parece la posibilidad más cercana. 

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Manifestantes participan en una multitudinaria marcha de protesta en la plaza San Martín de Lima (Perú). — Paolo Aguilar / EFE

Tras ocho días consecutivos de marchas pacíficas protagonizadas por los jóvenes, Perú espera que Francisco Sagasti, titular del Congreso y opositor a la vacancia de Martín Vizcarra, juramente este martes como nuevo presidente interino.

 

Eran apenas unos recién nacidos cuando sus padres tuvieron que salir a las calles para exigir la caída del autoritario exmandatario Alberto Fujimori (1990-2000), han padecido casi toda su vida una educación y una sanidad públicas fuertemente precarizadas por políticas neoliberales, y tienen hoy como hábitat alternativo a las redes sociales. Así son los centennials peruanos, los protagonistas del desenredo de una crisis política que dejó como saldo la muerte de dos de ellos, decenas de heridos y desaparecidos, y que Perú se haya liberado en seis días del Gobierno de Manuel Merino de Lama, acusado de golpista y usurpador.

La juramentación este martes del congresista Francisco Sagasti como presidente de Perú, opositor junto a otros 18 congresistas a la vacancia de Martín Vizcarra (2018-2020), ha sido la señal de que lograron su propósito: torcer a una mayoría del Congreso acusada de golpista por haber utilizado la figura constitucional, aunque polémica por su amplio margen de interpretación, de vacancia por "incapacidad moral permanente" para remover a Vizcarra del poder.

La lucha empezó la noche del lunes en que el Legislativo vacó a Vizcarra, por 105 votos a favor, 19 en contra y 4 abstenciones, pero que se fue acrecentando desde la toma de mando del congresista de centroderecha Manuel Merino de Lama, y la posterior juramentación de su gabinete de ministros el jueves. Miles de ellos tomaron las calles y plazas y se ubicaron en la primera fila, para bloquear, con creatividad y recursos aprendidos en Youtube, las excesivas bombas lacrimógenas y perdigones que la Policía Nacional lanzó contra marchas pacíficas de protesta en todo el país. Resistieron con gritos de "Merino no me representa" y cubiertos con banderas del Perú, a una brutal represión que fue condenada por organismos nacionales e internacionales como Human Right Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Las manifestaciones se dieron consecutivamente hasta el sábado, día en que se convocó a una marcha nacional, y en el que las abusivas acciones de represión perpetradas por la Policía provocaron la muerte de los jóvenes universitarios Jack Bryan Pintado (22), que fue disparado con diez proyectiles en el rostro, cabeza y tórax; e Inti Sotelo Camargo (24), con cuatro proyectiles, uno de ellos en el corazón. Se sumaron también casi un centenar de heridos con perdigones, graves y leves, decenas de desaparecidos, y por lo tanto el pedido de gran parte de la clase política peruana de que Merino renuncie, algo que terminó por hacer al día siguiente.

Por ello, fue a los jóvenes a los que se refirió este lunes el congresista Francisco Sagasti Hochhausler, del centroderechista Partido Morado, en sus primeros segundos como flamante presidente del Congreso de Perú; y que luego ocupará interinamente el cargo de presidente de la República, hasta culminar el quinquenio de 2016-2021, el 28 de julio de 2021.

"Hoy no es un día de celebración porque hemos visto la muerte de dos jóvenes expresando sus puntos de vista, y prácticamente sin violencia. Inti Sotelo y Jack Bryan Pintado han fallecido, no podemos retroceder, no podemos volverlos a la vida, pero sí podemos, desde el Ejecutivo, tomar las medidas para que esto no vuelva a suceder", dijo este lunes en el hemiciclo, ante los aplausos de los presentes.

La tensa mañana del lunes

Sagasti, un ingeniero industrial, reconocido investigador académico y catedrático de 76 años, que tiene en su hoja de vida haber sido consultor y asesor de organismos internacionales como la UNESCO, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la OEA, llegó este lunes a presidir la mesa directiva del Parlamento, en un segundo proceso de votación por una nueva mesa directiva.

Y es que el mismo domingo de la renuncia de Merino, en el hemiciclo solo existía un único acuerdo claro: que la nueva mesa estuviera integrada exclusivamente por congresistas que hubieran votado en contra de la vacancia (19 de 130), como gesto de respeto al sentir popular. Por ello, la conformación de la primera lista presentada el domingo por la noche, encabezada por la izquierdista Rocío Silva Santisteban y que tenía como vicepresidente al propio Sagasti, no alcanzó los votos necesarios, aún cuando había sido planteada con el compromiso de apoyo de otras bancadas.

Así las cosas, Perú se acostó el domingo y amaneció este lunes prácticamente acéfalo, sin un presidente en el Ejecutivo ni en el Legislativo, solo dirigido por el gabinete de ministros del presidente saliente. Hasta que la tarde del lunes, el Partido Morado, el único que votó en bloque contra la vacancia, decidió reemplazar una lista presentada a primeras horas de la madrugada del lunes, que integraban solo los miembros de su bancada, y por ello con poca aceptación previa, por una que conformaba junto con otros partidos.

Llegó así, minutos antes de las dos de la tarde, la que terminó siendo la lista única (hubo una intención de los congresistas provacancia de presentar una segunda, pero no prosperó). Esta estuvo presidida por Sagasti, cuyo carácter democrático y conciliador había sido resaltado como clave para lograr un consenso entre bancadas, y la completaron la congresista izquierdista Mirtha Vásquez, del Frente Amplio; el congresista de centroderecha Luis Roe, de Acción Popular; y la congresista de centroderecha Matilde Fernández, de Somos Perú; que ganó con un total de 97 votos a favor, 26 en contra y 0 abstenciones.

Generación del Bicentenario

Algo que han reconocido diversos políticos ha sido la importancia de la participación juvenil, y sobre todo de los chicos centennials, en el reencauzamiento del orden democrático en Perú. Un trascendental papel que les ha valido ser llamados Generación del Bicentenario, en referencia a la próxima conmemoración de los 200 años de la independencia del país latinoamericano, y por el halo de heroicidad que atañe. Entre ellos, la congresista Mirtha Vásquez, recientemente electa primera vicepresidenta del Legislativo, que agradeció este lunes ante los medios "a todos esos jóvenes" por haber dado "una lección para poder reconducir lo destinos del Estado".

 17/11/2020 07:55 Actualizado: 17/11/2020 07:57

Mercedes Palomino

@mercepalm

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Nicaragua: Las fabulosas ganancias de la oligarquía financiera

Las masacres del año 2018, contra los estudiantes y los tranques, le permitió a la dictadura sostenerse en el poder, y cambiar la correlación de fuerzas a su favor. La represión sistemática y la desarticulación de los liderazgos que surgieron después del estallido de abril del 2018, le permiten a la dictadura sostenerse de manera muy precaria.

Se acabó la bonanza económica

La dictadura chorrea sangre por la economía. Tiene tres años de crecimiento negativo, algo que los economistas llaman depresión económica, y esta tiende a prolongarse en el tiempo, sobre todo porque el año 2021 será de mucha incertidumbre por ser un año electoral.

Atrás han quedado los años de crecimiento de la economía, que fue producto de la inyección de dólares del convenio petrolero con Venezuela. Este dinero que fluía a borbollones se redujo drásticamente en 2016. La crisis de abril hizo explotar lo que ya se venía gestando.

Los dos años del gobierno de Daniel Ortega (2006-2018) fueron de crecimiento de los negocios de todas las fracciones de la burguesía. Estaban contentos, todo marchaba bien. La dictadura invento la formula del “dialogo y consensos”, incluso incorporando este corporativismo a la Constitución en el año 2014.

El monopolio de los hidrocarburos y electricidad

El manejo discrecional de los miles de millones de dólares del convenio petrolero con Venezuela, le permitió a Daniel Ortega, consolidar su dictadura a través de una seria de etapas. Primero, hizo una alianza con la oligarquía financiera, permitiendo la no regulación de las ganancias, y bajo el acuerdo que ninguna de las partes invadiría el negocio del otro. En segundo lugar, con ese flujo de dinero, tuvo los recursos necesarios para crear programas sociales que aumentaron la clientela política, es decir, gente que estaba dispuesta a votar por el FSLN, por el otorgamiento de un título de propiedad de un terreno, o por una docena de láminas de zinc,  o un préstamo con bajos intereses a treves de CARUNA, etc.

La bonanza económica beneficio a decenas de miles de pequeños productores, ganaderos, que vendían sus productos agrícolas o pecuarios a un precio mayor que el mercado internacional.

Mientras muchos estaban embelesados con ese bienestar económico, la familia Ortega-Murillo aprovecho la relativa paz social, para desalojar a sectores marginales de la burguesía del negocio energético. Presionaron a la ESSO Estándar Oíl para negociar su salida del mercado de hidrocarburos, mientras se montaba una red propia. De esta manera, en poco tiempo se estableció un monopolio sobre un área de la económica, hidrocarburos, que estaba en manos de una transnacional y que abandono rápidamente un mercado pequeño como el nicaragüense. De igual manera, concentraron sus inversiones en comprar plantas obsoletas e invertir en energía eólica. Y así se creó el imperio energético de la familia Ortega-Murillo.

Las grandes ganancias de los bancos

Después de 1990, la burguesía que fue confiscada durante la revolución, no solo recupero una parte de sus propiedades, sino que centro su actividad en la creación de bancos privados. Recordemos que toda la banca había sido nacionalizada en 1979. Al incursionar en esta nueva área de la economía, comenzó a acumular progresivamente mucho poder, al grado tal que podemos afirmar que los nuevos oligarcas de Nicaragua no son las rancias familias aristocráticas, sino esa reducida elite de banqueros.

En los últimos 30 años han surgido dos nuevos grupos financieros: El Banco de la Producción (BANPRO) y LAFISE. El primero grupo es presidido por Ramiro Ortiz Gurdián, y el segundo por Roberto Zamora. Ambos son grupos financieros emergentes, pero los dos tienen cobertura regional. El tradicional grupo Pellas, que manejaba el grupo Banco de América Central (BAC), venido la mayor parte de sus acciones, primero a General Electric y después al grupo AVAL de Colombia.

Esta extraordinaria y veloz acumulación capitalista fue posible por el periodo neoliberal que se inició en 1990, y que todavía no ha terminado, porque en el 2007 Daniel Ortega continuo con esa misma política de privilegiar la relación con la nueva oligarquía financiera.

Según la información del Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA), los banqueros nicaragüenses tienen altas tasas de ganancias, cinco veces superior al promedio centroamericano. Esto ha sido posible porque todos los gobiernos (Chamorro, Alemán, Bolaños y Ortega) se han negado a regular las ganancias de los banqueros.

Además, todo el flujo de dólares del convenio petrolero con Venezuela, a pesar que lo manejó discrecionalmente la familia Ortega-Murillo, ingreso por estos bancos, los cuales manejaron los depósitos, y tuvieron la suficiente liquidez para incrementar sus negocios de préstamos con altos intereses para los usuarios.

Las fricciones entre la oligarquía financiera

Dentro de la oligarquía financiera hay competencia, roces, golpes bajos, etc, por los negocios. En 2014 la familia Ortega-Murillo decidió crear su propio banco, llamado Banco Corporativo (BANCORP). Esto provocó recelos entre los banqueros porque hasta ese momento, ellos tenían el monopolio de la banca privada, y parte de los acuerdos con la dictadura es que nunca entrarían a competir con ellos en el negocio bancario.

Con solo los depósitos del flujo de dólares de Venezuela, había un capital inicial de por lo menos unos 2500 millones dólares, que pondría a temblar a cualquier banco.

Ortega-Murillo calmaron a sus socios del momento, diciéndoles que BANCORP sería una banca de segundo piso, es decir, prestaría solo a empresas y corporaciones, y no captaría dinero del público, ni entraría a competir a nivel de créditos. Aunque Ortega mantuvo su palabra, un nuevo banco había nacido y en cualquier momento se desataría una feroz competencia entre ellos, el inicio de la guerra bancaria era cuestión de tiempo. Sin embargo, el estallido social del año 2018 aceleró las contradicciones entre la oligarquía financiera.

Existen dos fracciones claramente delimitadas. Por un lado, están los bancos más fuertes, el grupo Pellas y BANPRO, más proclives a recuperar su lugar hegemónico en la economía y las finanzas, y por el otro esta LAFISE, asociado con el grupo Baltodano, quienes tiene el monopolio de la exportación de café, que son más inclinados a renegociar el statu quo, para regresar a la situación anterior de 2018, redefiniendo la institucionalidad.

La quiebra masiva de los pequeños negocios

Mientras se producía ese reacomodo entre nuevos y viejos sectores de la burguesía, lo mas afectados eran los pequeños y medianos negocios. Los trabajadores, por su parte, siempre estaban ganando los peores salarios de la región centroamericana.

Al estallar la crisis en 2018 y reducirse la actividad económica, además del descenso natural que se apreciaba desde el 2016, se produjo un fenómeno de endeudamiento progresivo de los pequeños y medianos negocios, hasta el cierre masivo, especialmente con la pandemia.

La mayor parte de las fuentes de empleo en Nicaragua provienen de los pequeños y medianos negocios. El cierre masivo de empresas y negocios a partir de la crisis del 2018, y que se ha acentuado en estos dos últimos años, agravada por la pandemia, es lo que ha producido un mayor desempleo.

La dictadura no hizo nada para rescatar y salvar estos pequeños negocios. Los empresarios del gran capital, especialmente los banqueros, tampoco han movido un solo dedo. Esta masa de pequeños propietarios y quienes dependían de estas fuentes de empleo, han sido duramente castigados.

Como era de esperarse, este cierre masivo de empleos no se tradujo en una radicalización de la clase media, sino en todo lo contrario. La dictadura ha aprovechado el aplastamiento de la insurrección desarmada en 2018, para aplicar duros planes de ajuste, pero sin tocar un pelo a los banqueros.

Es necesario controlar las ganancias de los banqueros

Con la quiebra de BANCORP, la burguesía sandinista tuvo que abandonar la idea de ocupar una parte del espacio del mercado financiero, pero tampoco ha decidido regular las grandes ganancias de estos grupos financieros.

El resultado fatal ha sido que mientras la crisis golpe a una amplia masa de pequeños propietarios, enviando al desempleo a los trabajadores, los bancos nicaragüenses son los que siguen teniendo la más alta tasa de ganancia en la región centroamericana.

Mientras Nicaragua se hunde en la pobreza, la represión y la barbarie, estos banqueros continúan enriqueciéndose, y la dictadura, deseosa de reconciliarse con ellos, no emite ni una sola directriz para regular sus fabulosas ganancias.

Los trabajadores y el pueblo nicaragüense tenemos dos caminos para controlar esas ganancias desmedidas: El primero, el más importante, seria nacionalizar la banca privada, para que el Estado pueda tener los recursos financieros necesarios para apoyar a esa enorme masa de pequeños productores endeudados y en proceso de quiebra.

La experiencia negativa con la nacionalización de la banca, en el periodo de la revolución (1979-1990) ha provocado una actitud negativa ante este planteamiento, que muchos han abandonado. La nacionalización debería ser bajo control de los trabajadores bancarios., para evitar la corrupción y el tráfico de influencias.

La segunda opción, es la regulación de las tasas de interés, que la SIBOIF obligue a los bancos a cobrar tasa de interés razonables, acordes a la difícil situación económica del país. Muchos bancos nicaragüenses consiguen prestamos en Estados Unidos, a intereses bajísimos, pero cuando otorgan los préstamos a los productores o pequeños negocios cobran tasas de interés que en promedio pueden andar por el 30% anual. ¡Usura completa!

Cualquiera de estas dos opciones conduce inevitablemente a luchar por el derrocamiento de la actual dictadura, la principal consentidora de la oligarquía financiera.

 

15/11/2020

Por Victoriano Sánchez

Corresponsal en Nicaragua de "El Socialista Centroamericano".

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El presidente Donald Trump, en su trayecto de la Casa Blanca a su club de golf en Sterling, Virginia, contempló ayer desde su limusina blindada a decenas de sus simpatizantes reunidos en el centro de la ciudad.Foto Ap

Diez meses con antelación a la cuestionada elección de la "democracia bananera" de EU (https://bit.ly/32JpFUS) –que desembocó en un caos post-electoral y ha puesto en riesgo su cohesividad con dos antagónicas fuerzas centrifugas al borde de una guerra civil ( https://bit.ly/38Lox6W )–, el texano conservador trumpófobo ( never-Trump) Michael Lind publicó un polémico libro La nueva guerra de clases (sic): salvar la democracia de la élite empresarial (https://amzn.to/3nnSIFl) que rebasa los resultados y el cronograma de la elección presidencial –más allá de quien sea el ungido constitucional final– y se adentra en la prospectiva del futuro incierto de su país que naufraga en un territorio inexplorado.

Michael Lind con un imponente bagaje académico y periodístico –se había dado a conocer hace ocho años con su libro idílico ya muy rebasado El próximo país estadunidense y la tierra prometida (https://amzn.to/36EFBsR).

Lind culpa a los "populismos (sic)" transatlánticos de haber despedazado a los partidos vigentes, lo cual ha desembocado en la ingobernabilidad, donde las "democracias (sic) occidentales" han sido desgarradas por una "nueva guerra de clases".

Aquí entramos con Lind a una Torre de Babel de exclusión semiótica con sus auto-definiciones de "populismo" y "democracia" que son muy confusas y nada rigurosas.

Dejo de lado si EU –una genuina plutocracia/bancocracia/cibercracia (https://bit.ly/38I9ieZ), consubstancialmente anti-democrática– es una "democracia", o si las monarquías (sic) neoliberales europeas lo son también.¡La guerra es también semiótica!

A juicio de Lind, las reales "líneas de batalla" son nítidas a partir de que se rompieron los compromisos de clase de la mitad del siglo pasado entre empresarios –una "súper-clase" de una élite universitaria aglutinada en centros urbanos de altos ingresos que dominan el gobierno, la economía y la cultura– y la alicaída subclase obrera, ubicada en las tierras profundas rurales de baja intensidad demográfica, primordialmente constituida por blancos y nativos.

Su "guerra de clases" versa desde la migración, pasando por el medio ambiente, hasta los valores sociales, donde la "súper-clase" empresarial va ganando la batalla, en medio del profundo declive de las instituciones que protegían a la clase obrera.

A su juicio, hoy la "súper-clase" controla las trasnacionales y los multimedia, y su desenlace es un trilema:

  1. Triunfo de la "súper-clase" –la oligarquía/plutocracia– y su “sistema de castas high-tech”.
  1. Empoderamiento de los populistas (sic), huérfanos de "reformas constructivas".Esto es muy debatible: el "populismo" chino es próspero y está altamente tecnificado cuando lleva la delantera espacial del 6G (https://bit.ly/36zXc59).

Y 3. Un compromiso de clases que otorgue "real poder" a la clase obrera. Habría que definir que significa y en qué consiste el "poder real" en la fase de la cibercracia de EU. Lind le apuesta ostensiblemente a esta opción intermedia muy etérea cuando la impotente clase obrera de EU ha sido prácticamente decapitada.

¿Qué tan válida es la taxonomía de Lind sobre la existencia de sólo esas dos clases antagónicas? ¿No existen más?

El británico Alastair Crooke, anterior espía británico del MI6 y ex asesor del español Javier Solana, ex canciller de la Unión Europea –evoca el impasse vigente cuando "Biden puede o no ganar, peroTrump es el presidente de la República Roja" https://bit.ly/38H8h6T).

Alastair Crooke pone en duda la "legitimidad" del proceso electoral al presuponer la manipulación cibernética del sufragio en Wisconsin y Michigan, que abonan a la dinámica de balcanización de EU.

Crooke fustiga severamente a Lind, cuyo concepto de una “sociedad tecno-dirigida ( managedsociety)”, basada en la ciencia, forma parte de la programática de Biden.

El problema radica en que, a juicio de Crooke,"EU se ha fracturado en dos placas tectónicas que se disgregan en diferentes direcciones" cuando "una mitad del electorado estadunidense votó precisamente para expulsar a la otra mitad". ¿Cuál será la "placa tectónica" menos afectada?

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Protestas en Lima contra el gobierno de Merino. (EFE)

En Lima, la marcha desató duras escenas de violencia y represión que se saldaron con dos fallecidos, un joven de 25 años y otro de 24 años heridos por arma de fuego

 

La zozobra política en Perú alcanzó este sábado un punto álgido con una nueva y masiva movilización contra el Gobierno de transición de Manuel Merino, cuya dura represión dejó al menos dos muertos que abonan tanto el sólido rechazo a su figura como su cada vez mayor debilidad. Decenas de miles de peruanos marcharon por calles y avenidas de todo el país en una movilización de rechazo espontánea, coordinada tan solo a través de redes sociales, sin líderes ni portavoces, muy diversa, mayoritariamente joven y con una dominante presencia femenina.

En Lima, la marcha desató duras escenas de violencia y represión que se saldaron con dos fallecidos, un joven de 25 años con una herida por arma de fuego en la cabeza y otro de 24 años con cuatro impactos de proyectiles de arma de fuego. Merino, muy duramente criticado y expuesto como el ejemplo de la política que los peruanos quieren desterrar del país y por su pésima gestión de las protestas, tendrá que responder ahora ante una tragedia que solo servirá para solidificar la masiva oposición en su contra.

Hasta ahora el presidente transitorio no se ha pronunciado por estas muertes, pero sí lo hizo su antecesor, Martín Vizcarra, quien lamentó los decesos y culpó directamente de ellas a "la represión de este gobierno ilegal e ilegítimo".

Aún sin los jóvenes fallecidos, y más allá de los números, esta marcha marca un hito en la vida política del país y ya hubiera supuesto una presión extra sobre Merino, que ha visto como algunos ministros ya han dimitido tras haber asumido el cargo hace dos días y cómo sus aliados en el Congreso que lo auparon a la presidencia comienzan a distanciarse de su Gobierno.

Mayor fuerza

La movilización fue, si cabe, mayor que la que el jueves último, y en Lima volvieron a verse las mismas imágenes de apoyo masivo a las protestas en la céntrica plaza San Martín, donde se congregaron más de 15.000 personas a las que añadir varios miles más que marcharon en otros lugares de la capital. Tal y como en ocasiones anteriores, hubo graves disturbios en el entorno de la sede del Congreso de la República, protegido por varios círculos de policías, con disparos de perdigones y bombas lacrimógenas.

Uno de esos disparos fue el que causó la muerte del joven. Además, hubo varios heridos, algunos de gravedad, según pudo verse en las transmisiones de televisión y a través de las redes sociales. A falta de valorar aún el alcance de la represión, que la Defensoría del Pueblo calificó como "uso indebido de fuerza", todo parece indicar que las escenas vividas en el corazón de la capital peruana tendrán consecuencias para un Ejecutivo muy cuestionado por su manejo con mano dura e intransigente de esta situación.

El carácter descentralizado y acéfalo de la protesta dejó también marchas y concentraciones menores, pero también muy nutridas, en prácticamente todos los distritos de la capital, donde los incidentes brillaron por su ausencia.

En el quinto día consecutivo, que la movilización congregara a un número mayor de personas parece ir en contra de las previsiones del Gobierno, cuyos responsables estimaron que la gente "ya se cansaría" de protestar y que sin embargo acudió en masa pese a la amenaza de represión.

"Constitucionalidad"

Antes del inicio de las marchas, el nuevo presidente y su primer ministro Ántero Flores-Aráoz salieron a defender la "constitucionalidad" de su Gobierno de transición, que surgió tras un juicio político contra Vizcarra que contó con el apoyo de 105 de los 130 diputados del Congreso. En su primera, y muy breve, aparición ante un medio de comunicación peruano Merino insistió en la tesis del Ejecutivo de no dar credibilidad a la movilización y no asumir los reclamos de la población.

Así, llegó a indicar que él prestaba "respaldo a la juventud" que protestaba, si bien interpretó de forma un tanto forzada que el clamor popular era por la situación económica y social causada por el covid-19. Nada en la movilización de esta jornada permite sostener esa tesis, pues el principal reclamo ha sido la preocupación por la situación de la democracia en el país y subrayar la ilegitimidad del Gobierno de Merino.

"Merino, NO eres mi presidente", "Merino, el pueblo te repudia", "No me representas", "Merino usurpador" o, más crudamente, "Me orino en Merino" y "Fuera, mierda", han sido los lemas recurrentes de estos días que se repitieron en la jornada de hoy.

Renuncia y escisiones

La presión hacia Merino y su gobierno, formado por técnicos y políticos de marcado carácter conservador y derechista, comenzó a llegar también por parte del Congreso, que puso al presidente en el poder, pero que ahora parece responder a la exigencia ciudadana. A los anuncios ya conocidos de que varias fuerzas que apoyaron la destitución de Vizcarra ahora evalúan hacer lo mismo con Merino si atiende el pedido de dimisión que ya llega de miembros de su propio partido, como el alcalde de Lima, Jorge Muñoz.

El vicepresidente del Congreso, Luis Valdez, que ejerce de manera interina las funciones de presidente del Congreso mientras Merino es presidente de la República, también exigió la renuncia del mandatario y anunció una reunión de la junta directiva de portavoces para evaluar la renuncia de la mesa directiva del hemiciclo. Si dimite la mesa directiva del Congreso, el parlamento deberá elegir una nueva de consenso entre las distintas fuerzas que asuma la Presidencia de Perú hasta las elecciones de abril de 2021.

Varios partidos ya retiraron este sábado su apoyo a una comisión parlamentaria que iba a seleccionar los candidatos para formar el Tribunal Constitucional, un órgano clave en esta crisis y que el gobierno de Merino quería llevar a cabo pese a su carácter de transición y pese a que las elecciones generales que renovarán el Congreso se harán en menos de cinco meses.

Dimitir, ¿por qué?

Poco antes de la marcha, Flores-Aráoz declaró ante la prensa que pese a las protestas, que había dicho no saber a qué se debían, el presidente no pensaba dimitir por que muchos peruanos lo respaldan. "Tiene millones de peruanos que lo respaldan, lamentablemente están en sus casas. No los invitaría a salir", dijo en declaraciones al Canal N.

Flores-Aráoz pidió "tranquilidad" y conversar con aquellos que se encuentran en contra de la sucesión presidencial, pues "la política es diálogo, no imposición". Las escenas tanto de unidad y objetivo común multitudinario para desbancar al gobierno de Merino como de violencia innecesaria e innegable, que fue transmitida en directo por medios de comunicación y redes sociales, hablan lamentablemente un intento de imposición, que los peruanos en las calles no parecen aceptar

EFE

15/11/2020 - 09:32 Actualizado: 15/11/2020 - 09:32

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Campaña electoral en Brasil durante la pandemia. — REUTERS/Amanda Perobelli

Candidatos apoyados por el presidente brasileño sufren para aguantar el ritmo en las encuestas de intención de voto. La necesaria unión de la izquierda, ausente en las elecciones presidenciales de 2018, se antoja clave.

El efecto Bolsonaro, que Brasil experimenta desde hace un año y once meses, pasará una reválida este domingo durante las elecciones municipales: 147 millones de ciudadanos están llamados a las urnas. Los comicios también pondrán a prueba la hipotética unión de la izquierda frente a la ultraderecha, y medirán las constantes vitales del Partido de los Trabajadores, que a nivel nacional sigue contando con la mayor bancada de diputados, pero que continúa aturdido aun a pesar de la puesta en libertad del expresidente Lula da Silva en noviembre del año pasado.

Cinco mil quinientos sesenta y ocho municipios, de desproporcionadas dimensiones –varios de ellos más extensos que las más grandes comunidades autónomas españolas–, eligen alcalde y también concejales, en listas abiertas. Quien más, quien menos, busca el abrigo de algún cargo influyente a nivel federal, siendo el presidente Jair Bolsonaro, por supuesto, el más requerido por todo el espectro del conservadurismo.

Bolsonaro ha aumentado, de rebote, su popularidad durante la pandemia. El auxilio de emergencia aprobado por el Congreso Nacional, tras presión de las organizaciones de la sociedad civil, y recibido por más de 67 millones de personas, finalmente ha sido capitalizado como éxito por él y su Ejecutivo. Su deseo para estas elecciones municipales era haber podido presentar candidatos propios estrenando un nuevo partido, pero no ha llegado a tiempo. Se llegó a plantear quedarse al margen, al ver que no tenía mucho que ganar, pero finamente ha decidido saltar al barro e ir de la mano con influyentes candidatos de otros partidos en las dos ciudades más importantes de Brasil: São Paulo, con el diputado federal Celso Russomanno, y Río de Janeiro, con el alcalde Marcelo Crivella, ambos de Republicanos.

El problema para Bolsonaro es que sus aliados se están hundiendo poco a poco en las encuestas. Tanto a Celso Russomanno en la capital paulista y como a Marcelo Crivella en la capital carioca les han relegado a un segundo plano opciones de centroderecha (Bruno Covas en São Paulo y Eduardo Paes en Río de Janeiro), con la izquierda agazapada por si se presenta la ocasión.

La reciente reunión entre los principales líderes de la izquierda brasileña, Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) y Ciro Gomes (Partido Democrático Trabalhista), antiguos aliados, hostiles sobre todo desde las últimas elecciones presidenciales, de momento no parece que haya afectado a esta campaña electoral, aunque puede que el acercamiento se exhiba en las presumibles segundas vueltas (dentro de dos semanas) en las principales capitales, materializando esos apoyos expresos y activos entre los candidatos progresistas que faltaron en la segunda vuelta de 2018 y que despejaron el camino a Bolsonaro.

Si lograran consolidarse como una de las dos candidaturas más votadas de su ciudad este domingo, necesitarán esta unión certera de la izquierda, aunque sea puntual y pragmática, Guilherme Boulos (PSOL) en São Paulo –seguramente ante Covas, actual alcalde–, Martha Rocha (PDT) en Río de Janeiro –lidera las encuestas Paes, el que fuera alcalde del sueño olímpico– y Manuela D´Ávila (PCdoB) en Porto Alegre.

Muchas miradas están puestas también en Fortaleza, donde los motines de la Policía Militar, promovidos por las milicias paramilitares del estado de Ceará, han radicalizado el ambiente político de los últimos años y meses. Allí el Capitán Wagner (Pros), desde dentro de la Policía Militar, encabeza las encuestas (30% de intención de voto) con breve ventaja sobre José Sarto (PDT), 27%, y muy por encima de la diputada federal y exalcaldesa Luizianne Lins (PT), con 15%. Fortaleza sería otro de los escenarios en los que la unión de la izquierda se antoja fundamental, pero casi siempre con el Partido de los Trabajadores en modo supletorio, pocas veces encabezando las alianzas.

Y quizá sea por falta de líderes claros en el partido que gobernó el país durante trece años, falta de relevo generacional, o también por deseo de Lula da Silva de que nadie le haga sombra. Por eso en su último discurso antes de entrar en prisión en abril de 2018, ensalzó la figura de Guilherme Boulos y Manuela D´Ávila como futuro de la izquierda, aunque no pertenezcan a sus siglas sino al Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y al Partido Comunista de Brasil (PCdoB), respectivamente.

Así pues, el esperado combate entre Bolsonaro y Lula puede acabar en tablas, pero por lo bajo, con decepción por ambas bandas. Porque también comienza a haber división en el núcleo bolsonarista. A la posición clave de uno de los hijos del presidente, Carlos Bolsonaro, como concejal de Río de Janeiro, le ha surgido una nueva rivalidad: El vicepresidente del Gobierno, el general Hamilton Mourão, no apoya su campaña sino la del candidato Felipe Fontenelle, "economista, cristiano y de derechas".

Esperpento y violencia

La nota grotesca de estas elecciones municipales brasileñas llega desde el estado norteño de Amapá, territorio selvático fronterizo con la Guayana Francesa. Sumido en un apagón eléctrico desde hace doce días, para el cual no se encuentra solución, Amapá no es capaz de gestionar sin corriente unos comicios y una crisis sanitaria al mismo tiempo. El Tribunal Superior Electoral, tras verificar además que "los efectivos de la Policía Militar no se muestran suficientes para garantizar la seguridad de los electores", ha decidido aplazar la votación en Macapá, la capital del estado. La nueva fecha no es oficial, pero no puede superar el límite del 27 de diciembre.

La cita electoral municipal brasileña llega tras cuatro años de violencia creciente, sobre todo hacia alcaldes y concejales –electos, candidatos y precandidatos–. El estudio conjunto realizado entre las organizaciones Terra de Direitos y Justiça Global Violencia Política y Electoral (2016-2020) revela que en la última legislatura se contabilizaron por lo menos 125 asesinatos y atentados, 33 agresiones y 85 delitos de amenazas por todo el país. En la mente de todos, como paradigma, la ejecución en marzo de 2018 de la que es hoy uno de los símbolos del nuevo movimiento negro brasileño, Marielle Franco, negra, lesbiana, favelada y concejala de Río de Janeiro.

4/11/2020 12:31

Por VÍCTOR DAVID LÓPEZ

@VictorDavLopez

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