Bolivia: la descolonización de la política

El triunfo electoral obtenido el 18 de octubre pasado por la fórmula Luis Arce-David Choquehuanca, postulados por el Movimiento al Socialismo (MAS), constituyó una hazaña de la otrora nación clandestina. Se trata de una victoria con un enorme significado para América Latina: derrotó el golpe en las urnas y pacíficamente, restauró la democracia, llamó a la reconciliación e implicó una autocrítica a los errores cometidos al final de la gestión de Evo Morales y Álvaro García Linera. Además, infligió una derrota a Donald Trump y al ex director de la CIA Mike Pompeo y restauró el ímpetu de independencia e integración latinoamericana.

El movimiento social en Bolivia está retomando un proceso de descolonización de la política. La colonia, la república, el neoliberalismo y el reciente golpe persiguieron y reprimieron el pensamiento, la ética y las prácticas comunitarias de la población indígena. Como acertadamente ha planteado Rafael Bautista ( La descolonización de la política. Introducción a una política comunitaria) el capitalismo y la sociedad occidental moderna colonizaron al Estado republicano. En la actualidad, como señala el filósofo paceño, la descolonización implica repensar los conceptos capitalistas europeos y analizar críticamente la hegemonía de una tradición filosófica que ha negado el valor de otras tradiciones filosóficas y políticas. El ren­cuentro con la riqueza de otras tradiciones intelectuales permitirá postular otra forma de polis latinoamericana construida a partir de perspectivas comunitarias y de liberación.

La movilización "desde abajo" que permitió el triunfo de la fórmula Arce-Choquehuanca se reconstruyó mediante una juiciosa reflexión colectiva que implicó una profunda autocrítica y la recuperación de los valores originales. El golpe, sin duda condenable –reflexionaron muchas asambleas indígenas, campesinas y de trabajadores–, fue posible en el contexto de un proceso de debilitamiento del último gobierno de Evo Morales provocado por el surgimiento de fenómenos como: el personalismo, el intento de relección, el tráfico de influencias, la corrupción, cierta tolerancia al acoso laboral a las compañeras, las concesiones a las élites económicas y el paulatino desplazamiento de los cuadros indígenas en las áreas de gobierno. La irrupción de las desviaciones mencionadas crearon condiciones de vulnerabilidad política y nutrieron una oposición heterogénea y desorganizada que en principio incluía desde fuerzas realmente de izquierda desgajadas del gobierno hasta fuerzas de ultraderecha. En algún momento la extrema derecha apoyada desde el exterior se apoderó de la oposición y la condujo al golpismo. El ejército forzó la renuncia de Evo Morales. Una vez en el poder, esa ultraderecha recurrió numerosas veces a la violencia contra protestas pacíficas. Quemó la Wiphala. Impuso la Biblia. Armó listas negras de militantes. Incendió casas de gobernadores. Vapuleó a alcaldes. Solapó a un grupo paramilitar que golpeó a las bartolinas en Cochabamba. Acechó a las personas en las redes. La corrupción se generalizó escandalosamente. El gobierno de facto infligió mucho sufrimiento al pueblo y destruyó vertiginosamente las conquistas sociales y económicas alcanzadas desde 2006. Actualmente hay 43 procesos abiertos por fenómenos como el robo del dinero destinado a la pandemia o la compra de respiradores artificiales a sobreprecio.

La reacción al golpe fue lenta y confusa. Quienes respondieron rápido y contundentemente fueron masacrados en Senkata y Sacaba. El MAS y otros movimientos comenzaron una intensa discusión interna, una reflexión sobre la forma en que se fue desvirtuando el proceso original y plantearon la necesidad de renovar cuadros.

Como ha planteado Orietta E. Hernández Bermúdez, en "El camino a la recuperación de la democracia en Bolivia es un campo minado" ( América Latina en Movimiento, 29/10/20) la victoria del pasado 18 de octubre fue una hazaña del pueblo boliviano, en medio de obs­táculos que parecían insalvables: la existencia de un activo y racista gobierno de facto, las injustificables acusaciones de terrorismo contra Evo Morales y la postergación de las elecciones en tres ocasiones. La presidenta de facto Jeanine Áñez, aún en su puesto, calificó recientemente a los masistas "de indios y bestias salvajes".

Luis H. Antezana nos recuerda en "Dos conceptos en la obra de René Zavaleta: formación abigarrada y democracia como autodeterminación" (en el libro Pluralismo epistemológico) que René Zavaleta afirmó que en Bolivia existía un desfase entre el Estado y la sociedad civil, "una reducción histórica, oligárquica, señorial, ciega y ajena" a las cualidades sociales reales de la sociedad boliviana, marcadamente indígena. De acuerdo con el sociólogo boliviano, en 1952 “las impolutas hordas de los ‘que no se lavan’ [como los llamaban las élites] entraron en la historia cantando siempre”. Podemos agregar que volvieron a irrumpir en 2005 y se hicieron presentes una vez más en 2020 reinventándose a "sí mismas". Aunque obviamente el camino está lleno de retos y tentaciones, la puesta en juego de una política comunitaria será importante en un nivel local, pero muy probablemente relanzará la diplomacia del buen vivir y contribuirá a la lucha del sur global en la búsqueda de soluciones a las múltiples crisis empalmadas que estremecen al mundo.

Por Alberto Betancourt Posada*

*Doctor en historia por la UNAM. Profesor de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de esa universidad

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:55

¿Qué nos pasa?

 El presidente Donald Trump, quien se niega a reconocer su derrota en las elecciones, estuvo el fin de semana en su club de golf en Sterling, Virginia.Foto Afp

En lo más esencial, lo que ocurrió en Estados Unidos fue la derrota de un proyecto neofascista. Las grandes coaliciones de fuerzas progresistas que fueron claves para vencer al inquilino de la Casa Blanca incluyen organizaciones de migrantes de varias esquinas del mundo, sindicalistas, la comunidad gay, integrantes de movimientos por la justicia racial y de derechos civiles, ambientalistas y contra las armas, o sea, el gran mosaico multirracial que está en la lucha por los derechos fundamentales, la dignidad y la justicia.

El sábado bailaron en calles, plazas, barrios y centros de trabajo porque se triunfó contra una bestia derechista. Pero notable por su ausencia, e incluso por su desdén, en esta fiesta popular, es uno de los movimientos progresistas más importantes del mundo, el de México. ¿Qué pasó?

Ha dejado asombrados, indignados y dolidos a progresistas en Estados Unidos, incluidos líderes sociales mexicanos, escuchar a los que suponían eran sus aliados en México y otros países latinoamericanos expresar que la elección estadunidense no era más que una contienda entre dos caras del mismo aparato imperial en Washington y, por lo tanto, daba igual quien ganara. Aún más alarmante, dirigentes y activistas en México circularon opiniones de que incluso Trump sería preferible o más conveniente para la relación bilateral. Y para colmo, algunos hasta emplean los argumentos tramposos seudolegalistas de los estrategas de Trump para justificar su posición en relación con la pugna electoral estadunidense.

Ese argumento en algunos circuitos progresistas en México y otras partes de América Latina de que los demócratas son igual o peores que los republicanos se comparte o por lo menos se entiende por sus contrapartes aquí, pero en esta coyuntura ese no es el punto. Se está luchando contra un proyecto neofascista de una derecha con amplios vínculos con fuerzas derechistas en América Latina y Europa, o sea, contra un enemigo común. Ese es el punto.

Por ahora se logró derrotar a uno de sus líderes más peligrosos para el planeta, y extraña que algunos progresistas al otro lado de la frontera no se sumen a la fiesta o por lo menos envíen felicitaciones a los que dieron esa lucha.

Pareciera que de repente funciona el muro de Trump para la izquierda. De repente los que están en lucha contra las mismas fuerzas de la derecha tanto en Estados Unidos como en México y otros países latinoamericanos son separados por una barrera. Esto no se trata de cúpulas ni de posiciones oficiales (aunque parece que hay algunos progresistas mareados allá arriba), sino de luchas populares democratizadoras y de esos principios básicos de cualquiera que se identifique como progresista: la solidaridad y el internacionalismo.

Aquí ese enemigo llegó al poder declarando que los mexicanos eran criminales y por eso era urgente construir un muro para frenar su ingreso, fue quien giró órdenes para arrebatar a niños de los brazos de sus padres para colocarlos en jaulas, quien estableció un estado de terror permanente contra los migrantes obligando a padres a despedirse de sus hijos cada día recordándoles que si no regresaban a casa es porque fueron detenidos por la migra, con ese temor cotidiano viven los niños. ¿Eso da igual?

Al parecer, algunos en México y América Latina que han luchado por la democratización de sus países, por los derechos humanos y civiles, contra la censura y los ataques a la prensa, por un planeta sustentable, por el agua, por la salud, por un salario digno, contra la represión, se les ha olvidado que tienen sus contrapartes en Estados Unidos que luchan, y por siglos, por eso mismo; sí, en diferentes circunstancias, condiciones y más, pero a fin de cuentas esencialmente por lo mismo.

Los que están en lucha contra ese proyecto neofascista y/o neoliberal en un país son por definición aliados de los luchan contra ese mismo monstruo en sus países. Es así de sencillo. Es un principio básico de quien se diga progresista, ¿no? Una injusticia contra uno es una injusticia contra todos, se decía.

¿Qué nos pasó?

https://www.youtube.com/watch? v=UDi2mJcByns&feature=youtu.be

https://www.youtube.com/watch? v=BlIREcAu0PI&feature=youtu.be

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Asumió Luis Arce y Bolivia deja atrás una página oscura

Esperamos ser recordados como el gobierno en el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la dignidad, la paz, el crecimiento, y la justicia social” dijo el economista en su discurso de investidura como presidente. 

 

 “Esperamos ser recordados como el gobierno en el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la dignidad, la paz, el crecimiento, y la justicia social” afirmó Luis Arce en su discurso presidencial, desde el recinto de la Asamblea Legislativa. A su lado estaba el vicepresidente, David Choquehuanca, los presidentes de las cámaras de senadores y diputados, Andrónico Rodríguez y Freddy Mamani respectivamente.

A esa hora el centro de La Paz era una celebración en la cual movimientos sociales, indígenas, mineros, sindicales, militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS), venidos de diferentes partes del país rodeaban la Plaza Murillo. El festejo había comenzado la noche anterior, en la vigilia de las organizaciones realizada en cercanía de dónde tendría lugar el acto.

La presencia temprana de los movimientos se debió a la permanencia de las amenazas de un sector de la derecha hasta las últimas horas. La noche del sábado tuvo lugar en La Paz una nueva concentración y marcha bajo la consigna de pedido de auditoría y suspensión de toma de posesión. Si bien a esa hora resultaba claro que la transmisión de mando tendría lugar y que las fuerzas sociales de la derecha estaban mayoritariamente agotadas, las alertas ante posibles acontecimientos imprevistos se mantuvieron hasta último momento.

El escenario político fue uno de los puntos centrales del discurso del nuevo presidente. Se refirió a lo sucedido a partir del golpe de Estado como “una guerra interna y sistemática contra el pueblo, especialmente contra los más humildes (…) se sembró muerte, miedo y discriminación, recrudeció el racismo (…) la persecución contra dirigentes del MAS y de los movimientos sociales, hubo muertos, heridos, encarcelados, perseguidos, asilados y exiliados”.

La mención a las masacres de Sacaba y Senkata, ocurridas a pocos días del golpe en noviembre del año pasado, fue permanente y se realizó un minuto de silencio por quienes fueron asesinados. El nuevo presidente se refirió a las mismas como “símbolo de dignidad y resistencia”, homenajeó “a los caídos, a los héroes del pueblo que han recuperado la democracia”.

En la toma de posesión estuvieron presentes varias representaciones internacionales, como la del gobierno de Argentina, Paraguay, Colombia, España, Venezuela, Uruguay, Venezuela, Irán, Chile, Emiratos Árabes, así como delegaciones de partidos políticos de diferentes países, así como parlamentarios y movimientos bolivianos.

Quien no estuvo presente, como se preveía, fue Jeanine Añez, que había anunciado días antes su partida a la ciudad de Trinidad, en el departamento de Beni, desmintiendo una posible fuga del país. Quien sí estuvo por parte de la oposición fue el dirigente Carlos Mesa, segundo lugar en las elecciones de octubre, quien reconoció la victoria de Arce desde el inicio. Sin embargo, tanto él como su grupo parlamentario, abandonaron el recinto antes de los discursos.

“Debemos superar la división, el odio, el racismo y la discriminación entre compatriotas, ya no más persecución a la libertad de expresión, y ya no judicialización de la política, ya no más abuso de poder (…) ya no más impunidad, justicia hermanos, pero la justicia tiene que ser verdaderamente independiente”, afirmó Choquehuanca, en un mensaje de diálogo, unidad presente en ambos discursos.

El nuevo gobierno asume en un contexto de inestabilidad. Si, por un lado, quienes integraban el gobierno de facto están en retirada y posible escape del país para no tener que rendir cuentas, y por el otro Carlos Mesa busca conformarse como principal opositor, existe un sector, conducido en parte por Luis Fernando Camacho, tercero en las elecciones, quien encarna el ala más radical de la derecha. Ese mismo sector no reconoce la validez de los resultados ni la toma de posesión. ¿Qué harán a partir de ahora? Es una de las principales preguntas.

“Estos sectores minoritarios levantan la bandera de la democracia solo cuando les conviene, y cuando no recurren a la desestabilización, a la violencia, a golpes de Estado para hacerse del poder”, afirmó Arce, quien hizo referencia a la utilización que esos sectores hicieron de “grupos paramilitares”, que realizaron acciones hasta el día viernes, en Cochabamba o Santa Cruz.

El gobierno se enfrenta a una triple crisis, mencionada por Arce: democrática, producto de lo vivido con el golpe y el gobierno de facto; sanitaria por la pandemia, y económica. La gestión de Añez dejó números en rojo, con una caída del 11,1% del PIB, un déficit fiscal de 12,1%, un déficit de 8,7% del Tesoro Federal, y una deuda de 4 mil 200 millones de dólares contraída en los once meses pasados. “Día que pasa sin tomar acción día que se complica la situación”, afirmó el mandatario.

La expectativa social con el nuevo gobierno es grande. Tanto por parte de quienes se movilizaron hasta la Plaza Murillo, como las 36 nacionalidades indígenas, la organización de los Ponchos Rojos que fue parte de la seguridad presidencial, o la Central Obrera Boliviana, sino por amplias capas de la población que en menos de un año enfrentaron los impactos de una recesión, la pandemia, y un gobierno de facto que amenazó, persiguió y no dio respuesta a ninguna de sus promesas.

El nuevo mandatario se refirió a la cuestión internacional y afirmó, como ya había anticipado, que centrará esfuerzos en construir la “unidad política de la diversidad de América Latina y el Caribe” a través de la Celac, y mediante la Unasur en el terreno sudamericano, “como espacio de integración y mecanismo de concertación de políticas, donde nos encontremos todos independientemente de las orientaciones políticas de los gobiernos”. El nuevo gobierno boliviano aparece como un posible factor que permita acercar y trabajar junto a diferentes partes del progresismo latinoamericano.

La toma de posesión abre un nuevo momento dentro del proceso de cambio boliviano: “nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y profundizar lo que estuvo bien”, afirmó Arce. Dentro de esta nueva etapa aparecen desafíos del orden interno, como pedidos de movimientos de que exista un recambio de cargos de dirección, como las amenazas de las fuerzas desestabilizadoras que ya anticiparon que no regresarán -o así parece- a las vías democráticas.

El domingo fue una fiesta en La Paz, ya Evo Morales se encuentra cerca del país, Bolivia deja atrás una de las páginas más oscuras de su historia reciente con una victoria democrática y un nuevo gobierno popular. 


Opinión

El desafío para Arce: aislar a los ultras envalentonados

Por Oscar Guisoni

No hay antecedente en la historia reciente de Bolivia de un presidente que asuma el mando luego de haber obtenido un apabullante triunfo en las urnas sin que ese espaldarazo le sirva demasiado para ordenar el caos que deja tras de sí el desastroso y breve gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez. “Súper Luchito”, como le dicen sus allegados a Luis Arce, no la tiene fácil.

Entre los múltiples frentes que se encuentra abiertos, hay algunos que producen gran inquietud entre los dirigentes del MAS y el nuevo presidente boliviano. El más complejo es la cerrada resistencia, por parte de los grupos ultraderechistas que giran en torno al Comité Cívico de Santa Cruz de la Sierra y al golpista Luis Camacho, que  recibieron su asunción con bloqueos y movilizaciones y que se niegan a reconocer el resultado electoral, denunciando un supuesto fraude al más puro estilo Trump: sin prueba alguna.

La relación del MAS con el Oriente, la zona más rica del país, ha sido conflictiva durante los 14 años de gobierno de Evo Morales. La llamada “Media Luna” protagonizó una intentona golpista que fue frenada por la Unasur en 2008 y fue central en el derrocamiento del líder indígena en 2019. La asunción de Arce encuentra a estos sectores envalentonados y movilizados. Aislarlos, estableciendo un cordón democrático con acuerdos de gobierno con los sectores opositores más moderados, será su primer desafío. El rol que juegue la embajada norteamericana, que en golpe contra Evo movió fuerte sus fichas, será importante. El cambio de gobierno en Washington no cambiará demasiado las estrategias de fondo aunque sí las formas de la nueva hostilidad.

El otro frente complejo es el militar. Las Fuerzas Armadas jugaron un rol definitivo en el golpe contra Evo cuando decidieron “sugerir” la renuncia del presidente, en medio de las movilizaciones de protestas de los policías y las clases medias urbanas que precedieron al golpe. Evo había logrado subordinar a los militares sin inconvenientes cuando asumió en 2005, pero esa relación se fue desgastando hasta llegar a un punto de no retorno en 2019. Arce tiene que despejar la bomba de tiempo pasando a retiro a los altos mandos más comprometidos con el gobierno de Añez, al mismo tiempo que se inician en los tribunales del país las demandas para que los responsables de las masacres ordenadas por la presidenta de facto paguen por sus delitos.

Otro escenario conflictivo lo espera en el frente económico. Marxista y keynesiano, el exministro de Economía de Evo tiene que volver a mostrar sus dotes como economista en un contexto que no es tan favorable como el que se encontró en 2005. Los precios de las materias primas que Bolivia exportan ya no son lo que eran y las reservas de gas, que fueron fundamentales para impulsar el desarrollo y la distribución de la riqueza durante el gobierno de Evo, están dando muestras de agotamiento.

Por si esto fuera poco, la pandemia tuvo también su correlato en la profundización de la recesión económica. La gestión de Añez en este terreno fue desastrosa. La compra de respiradores estuvo salpicada de denuncias de corrupción y el país no contaba con recursos ni infraestructura adecuada para enfrentar la emergencia sanitaria. Se sospecha que ni siquiera se han podido registrar todos los casos de contagios y hasta hay quien ha denunciado que el gobierno de Añez modificó a su gusto las cifras de fallecidos, intentando disimular el desmadre. Con la pandemia todavía en acción, el nuevo presidente deberá poner orden en un sistema sanitario desquiciado mientras que la oposición tratará de politizar el tema negándose a cumplir con las medidas de prevención y aislamiento.

Por último, “Super Luchito” deberá lidiar con un problema que tiene nombre y apellido: su predecesor, Evo Morales, quien no parece muy dispuesto a ceder protagonismo, por más que en sus declaraciones recientes ha tratado de demostrar que no está entre sus intenciones entorpecer el trabajo de su sucesor. Evo tiene un enorme peso político, equiparable al que ostenta en Argentina Cristina Kirchner. Sólo que, a diferencia de la actual vicepresidenta, es poco amigo del silencio y menos aún de delegar poder. La elección de Arce y Choquehuanca como fórmula ganadora fue una jugada magistral del expresidente que le permitió reconquistar el voto de las clases medias bajas y de otros sectores que el MAS había perdido en los últimos años, pero Evo ha sido criticado por los movimientos sociales que lo llevaron al poder por su empecinamiento en seguir en el cargo luego de haber perdido el referéndum que habilitaba su reelección. Entre los opositores su figura despierta odios enconados. Si prima su astucia política, debería pasar a un discreto segundo plano para poder respaldar a su delfín cuando éste lo necesite, sin debilitarlo en el camino.

En las fronteras, el Brasil radicalizado de Jair Bolsonaro aparece como el último fantasma con el que el nuevo presidente deberá lidiar. Lula jugó fuerte para frenar los intentos separatistas del Oriente en 2008, Bolsonaro movió ficha para precipitar la caída de Evo en 2019. En una región convulsionada por la crisis económica que generó la pandemia y hostigada por el auge de los movimientos de extrema derecha que se han hecho fuerte en todo Occidente, “Super Luchito” deberá demostrar que, además de buen economista, también es buen capitán de tormentas subiéndose a un barco en plena tempestad y con pocos salvavidas disponibles. 

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 ▲ En Pensilvania y otras ciudades de EU festejaron el virtual triunfo de Joe Biden.Foto Afp

China, Irán y palestinos degustan el "triunfo" pírrico de Joe Biden a sus casi 78 años –cuando a los demócratas, la católica Nancy Pelosi en la Cámara y el israelí-neoyorquino Schumer, no les fue muy bien que se diga–, mientras Edward Luce, corresponsal clintoniano del rotativo globalista Financial Times –vinculado a los intereses de los banqueros Rothschild/Soros– en un muy lúcido artículo, a tres días del resultado "oficial", había diluido la victoria de Biden, pese a su hazaña de haber recibido el mayor número de votos en la historia presidencial ( FT 04/11/20).

A juicio de Edward Luce, el "voto fue ardientemente cuestionado" cuando "EU se encuentra amarga, energética y casi equitativamente dividido (sic)". Con un "mandato equívoco" en el mejor de los casos, será magro lo que pueda conseguir el centrista Biden: "el más moderado de los contendientes del Partido Demócrata".

A lo sumo, "Biden será suertudo en empujar aún las partes incrementales (sic) de su agenda": amplias inversiones en la tecnología verde, las colegiaturas gratuitas para los estudiantes universitarios de clase media, y la opción pública (sic) para el seguro médico.

No se escenificarán "las esperanzas de cambios de época" de los progresistas que "han sido hechas añicos".

Considera Edward Luce que Biden no tendrá opción para abolir el filibusterismo en el Senado ni agregar nuevos estados como Puerto Rico y el distrito de Columbia ni expandir el tamaño de la Suprema Corte con el famoso “ package (empaquetado)” con el fin de diluir la mayoría de los republicanos que cuentan con seis de los nueve magistrados. Tan simple como que el líder senatorial triunfador Mitch McConnell "bloquee cualquier nominación de Biden".

Salvo un descalabro, cuando faltan tres senadurías por resolverse, los republicanos retendrán el control del Senado.

Lo mejor que puede aspirar Biden –quien, por cierto, mantiene una óptima relación con McConnell– es conseguir un "modesto (sic) estímulo" financiero para paliar el marasmo económico producto de los estragos pandémicos.

Luce predice el obstruccionismo jurídico de Trump quien difícilmente compartirá los estudios en sus manos sobre la vacuna contra el coronavirus y quien, en el mejor de los casos, hará desaparecer miles de documentos de la Casa Blanca.

Tampoco Biden podrá elevar el salario mínimo ni imponer mayores impuestos a la plutocracia de EU.

Así las cosas, "la presidencia de Biden corre el riesgo de ser atrapada entre dos fuerzas irreconciliables (sic): una derecha trumpiana empecinadamente atrincherada y una izquierda amargada (sic) de los d emócratas"–pese a que el combativo grupo SQUAD, que encabeza Alexandria Ocasio-Cortez, obtuvo tres escaños más en la Cámara que dificultarán la tarea de Nancy Pelosi que sufrió fuertes descalabros.

Edward Luce vislumbra correctamente el panorama tanto en el Senado, con probable mayoría de los republicanos, como en la Cámara donde los "demócratas perdieron varios asientos", cuando los "nuevos republicanos elegidos son todavía más trumpianos que Trump".

A mi juicio, puede suceder que se asiente un "trumpismo sin Trump" que enarbole el supremacismo blanco de los WASP (white anglosaxon protestant: blancos protestantes anglosajones; https://bit.ly/2I88Hsm), hoy a la defensiva reactiva que impugna su "derrota".

Biden sólo tendrá "libertad de maniobra" en su política exterior.

Edward Luce concluye que "el fantasma de Trump acosaría a Biden".

Guste o disguste, con o sin Trump, el trumpismo es una realidad en EU fracturado que vive su acelerada delicuescencia y el reflejo de su "democracia bananera" (https://bit.ly/3ldNICA).

Pobres ilusos a-históricos y anti-históricos que alucinan que a México le irá mejor con los demócratas que con los republicanos o con los republicanos que con los demócratas.

Sugiero consulten el Museo de las Intervenciones, en Churubusco, Ciudad de México (https://bit.ly/36ectbp).

La historia de México NO empezó con la imposición neoliberal de Daddy Bush a Salinas con su TLCAN.

México es un país milenario con varias civilizaciones y culturas en su seno de las que carece Estados Unidos.

http://alfredojalife.com

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En Detroit, Michigan, cientos marcharon para celebrar la victoria de Joe Biden; Black Lives Matter también se movilizó para denunciar la violencia policial.Foto Afp

Nuevo York., Joseph Biden es presidente electo, pero la noticia que la mayoría festeja es que Donald Trump fue derrotado en una elección que fue, sobre todo, un referendo de su presidencia.

Biden y su compañera de fórmula, Kamala Harris, junto con gran parte de la cúpula política y económica del país, así como casi todos los medios y decenas de mandatarios que enviaron sus felicitaciones alrededor del mundo, de inmediato empezaron a preparar la transición, ignorando por completo la insistencia de Trump en que esto no ha acabado.

Trump rehusó reconocer el resultado, por ahora. Esta mañana escribió en un tuit: "Yo gané en grande", y se fue a jugar golf, donde recibió la noticia de que su contrincante fue declarado victorioso por los principales medios. Poco después agregó que "el hecho es que esta elección está lejos de acabarse", y mientras repite que la contienda "fue robada", informó que a partir del lunes su equipo la estará disputando en tribunales.

A la vez, rompiendo con la tradición, el alto liderazgo republicano guardó silencio sobre el triunfo de Biden, provocando aún más tensión sobre el conflicto que busca detonar el presidente. Pero la atención ya no giraba en torno a él, sino en el inicio de la era posTrump.

Biden ofreció su primer discurso como presidente electo esta noche cerca de su casa en Wilmington, Delaware, y nunca mencionó el nombre del actual mandatario. Declaró: "Me comprometo a ser un presidente que no busca dividir, sino unificar", y resaltó su mensaje de campaña, de buscar la presidencia "para restaurar el alma de Estados Unidos" y que ésta "es la hora para sanar".

Afirmó que el mandato de esta contienda es "promover las fuerzas de la decencia", la ciencia y la esperanza para "la batalla contra la pandemia, por la justicia racial y para salvar al mundo al controlar el cambio climático".

Aseguró que esta elección "fue una victoria por nosotros, el pueblo" (primera frase del preámbulo a la Constitución) y que se ganó con la mayor cantidad de votos (74 millones) en la historia. Indicó que su campaña fue impulsada por una coalición multirracial amplia y de identidades, incluyendo republicanos, y que como presidente gobernará para todos.

"Esta noche todo el mundo está viendo a Estados Unidos", al cual llamó "un faro para el mundo, pero no sólo por nuestro poder, sino por nuestro ejemplo", y con ello subrayó que trabajará para recuperar el respeto internacional por este país.

Ofreció una apasionada defensa del mito del "sueño americano", y aseguró que su país ofrece una oportunidad igual a todos. Insistió en que “somos un pueblo bueno… Somos Estados Unidos de América, no hay nada que no podamos hacer”. Y concluyó: "Seamos la nación que sabemos que podemos ser".

Harris, quien hace historia como la primera mujer, persona de color e hija de migrantes (su madre es de India y su padre de Jamaica) en ocupar la vicepresidencia, declaró al presentar a Biden en el acto de victoria: “Por cuatro años ustedes marcharon y se organizaron por la igualdad y la justicia, por nuestras vidas y nuestro planeta y después votaron… Optaron por la esperanza, la unidad, la decencia, la ciencia, y sí, la verdad”.

Resaltó el papel de las mujeres, sobre todo las de color, que han rescatado esta democracia constantemente. En cuanto al momento histórico de su próximo papel, dijo: "Yo seré la primera mujer en este puesto, pero no la última". Ahora empieza la tarea más difícil: combatir la pandemia, el racismo, la crisis económica. Estados Unidos "está listo, y también Joe y yo".

El festejo concluyó con fuegos artificiales, configuraciones aéreas con el número 46 y otras realizadas por drones guiados por computadora.

Después de cuatro años de ser considerado por una amplia gama como "el presidente más peligroso de la historia" de Estados Unidos, caracterizado por la persecución de migrantes, incluyendo el enjaulamiento de niños, el abierto endoso de agrupaciones supremacistas blancas y neonazis, el desmantelamiento de normas ambientales, el deterioro de los derechos civiles y el manejo irresponsable de la pandemia, Trump es ahora también el primer presidente desde 1992 en no ser relegido.

Biden será el presidente de Estados Unidos número 46. Ganó su tercera candidatura con el mensaje de restaurar la unidad y la "normalidad" política, así como su empatía personal en un país agotado debido al manejo errático de un mandatario distinguido por haber mentido y engañado más de 20 mil veces, incluso sobre su manejo de la pandemia, que fue probablemente el factor principal de su derrota.

Biden, quien cumplirá 78 años este mes, será el presidente de mayor edad al iniciar su mandato. También será el segundo católico, después de John F. Kennedy.

Pero estos comicios no fueron entre candidatos de dos partidos, sino, como repetía el senador Bernie Sanders, "entre la democracia y Donald Trump". El presidente electo, cuya carrera de 48 años en Washington lo distinguió como político centrista del Partido Demócrata y campeón de esfuerzos y negociaciones bipartidistas, nunca generó entusiasmo masivo entre el electorado.

Por lo tanto, su tarea de reparación de daños y restauración de normas también tendrá que responder a las diversas corrientes dentro y fuera del Partido Demócrata, un abanico amplio de sectores e intereses que se unieron en su objetivo de derrotar a Trump, pero que no tienen un consenso más allá de eso.

El triunfo electoral no fue de las dimensiones que deseaban los demócratas, quienes esperaban una "ola" suficientemente masiva como para ahogar la era Trump y proclamar que fue un desvío anormal de esta democracia. Pero aunque Biden obtuvo 4 millones más votos que Trump, su contrincante llegó a más de 70 millones, incrementando la cifra con que ganó en 2016. Por lo tanto, la amenaza del populismo derechista con tintes neofascistas no se ha aniquilado, sino estará más que presente al iniciar la era posTrump.

Pero aun con gran parte de Washington, Wall Street y el mundo reconociendo el resultado, Trump rehúsa ingresar a su postera y procederá a disputar la legitimidad de esta elección, tanto ante tribunales como con sus bases ultraderechistas en las calles, como empezó a suceder hoy en varias entidades, donde coreaban el lema "Alto al robo".

El nuevo presidente tiene cita el 20 de enero de 2021 para asumir su puesto. Entre hoy y esa fecha, Trump sigue como residente de la Casa Blanca y todos saben que es capaz de hacer mucho daño en lo que deben ser sus días finales.

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Bloqueos y protesta de la derecha en Santa Cruz de la Sierra  ________________________________________ Imagen: EFE

El país está en calma, con sus actividades normalizadas, sin cuarentena. Pero los focos de protesta se mantuvieron en Santa Cruz y, en menor medida,  Cochambamba.

 

Desde La Paz. Bolivia es un río revuelto de acontecimientos a menos de 48 horas de la toma de posesión de Luis Arce y David Choquehuanca. Se trata de una situación fuera de lo común: un gobierno de facto en retirada desordenada con mezcla de huida y movimientos desesperados, y un gobierno electo bajo amenazas y con gran respaldo popular.

La última de esas amenazas, pasada al acto, fue el ataque con dinamita al local del Movimiento al Socialismo (MAS) donde se encontraba Arce, que ocurrió el jueves en la noche en la ciudad de La Paz. La detonación tuvo lugar luego de un nuevo intento de movilización por parte de sectores de derecha que denuncian que tuvo lugar un fraude electoral y piden que se suspenda la toma de posesión.

El intento de generar acciones fuertes en La Paz no dio resultado hasta el momento. La ciudad está en calma, con sus actividades normalizadas, sin cuarentena. Los focos de protesta se mantuvieron en las zonas fuertes de la derecha, en Santa Cruz y, en menor medida, Cochabamba, en lo que es la geografía actual del conflicto boliviano: con fuerza en oriente, menor capacidad en el centro, hasta poco o casi nada en el centro del poder político paceño.

Las protestas tampoco demostraron un gran apoyo popular en el principal bastión cruceño. Allí, donde comenzó el viernes un “paro cívico” anunciado por el Comité Cívico, se reportaron tensiones entre quienes llevan adelante los bloqueos y habitantes de algunos barrios debido a la falta de consenso. En Cochabamba, donde la derecha desplegó grupos armados, se reportaron enfrentamientos con transportistas.

Rómulo Calvo, presidente del Comité, quien pedía a Jeanine Añez que suspendiera la toma de posesión del próximo domingo, afirmó en la tarde del viernes que “lamentablemente las acciones más importantes que tenía que haberlas dado nuestra presidenta, como parar el cambio de mano, no lo ha hecho, está dejando un país convulsionado”.

Junto a las acciones callejeras sin la repercusión esperada por sus dirigentes, se han dado nuevos intentos de desconocer los resultados electorales del pasado 18 de octubre. El principal acontecimiento tuvo lugar el jueves con una carta enviada por la vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Rosario Baptista, al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, para solicitarle una “auditoría especializada e independiente”, debido a la “posible existencia de un bloque de data alterno, técnicamente reservado, con acceso privilegiado, restringido y secreto (…) que podría haber condicionado el resultado final”.

La carta enviada por Baptista se tradujo en que otros dirigentes de la derecha se sumaran a cuestionar el resultado del 18 de octubre, como Jorge Quiroga, quien había desistido de su candidatura presidencial poco antes de la contienda. Carlos Mesa, segundo en las elecciones -con 26 puntos menos que Arce-, pidió al TSE dar explicaciones acerca de la carta presentada por Baptista.

La Sala Plena del TSE, encabezada por su presidente Salvador Romero, volvió a ratificar los resultados de las elecciones en una conferencia de prensa. El jefe de la misión del Centro Carter, José Antonio de Gabriel, quien fue parte de la observación electoral, también respaldó el resultado: “cuando se pone en duda una elección que se ha conducido con tanta transparencia, es muy importante que de manera igualmente transparente se aporten datos concretos (…) no simplemente echar una sombra de duda”.

En ese contexto, el gobierno de facto emite diferentes mensajes. Por un lado, el ministro de la presidencia, Yerko Nuñez, también le solicitó una auditoría al TSE. Por otro lado, Añez, envió un mensaje de cierre de gestión, y en cuanto a Arturo Murillo, quien fue ministro de facto de Gobierno, se especula que podría intentar una fuga del país, suposición que toma fuerza con la notificación hecha por la justicia a migraciones sobre la prohibición de salida del país de Murillo y de Fernando López –ex ministro de facto de Defensa.

El plan de última hora de un sector de la derecha parece entonces estar en proceso de naufragar debido al poco consenso social, falta de unidad, y activación tardía de las acciones. Mientras tanto, en la mañana del viernes, Arce y Choquehuanca estuvieron en el Tiwanaku, donde se realizó una ofrenda a la Pachamama, y ambos recibieron el bastón de mando de los amautas “para gobernar en paz, prosperidad y unidad”, según afirmó el nuevo presidente de Bolivia que asumirá el domingo.

En el centro de La Paz ya han comenzado a reunirse en la Plaza Murillo los primeros movimientos sociales, indígenas, venidos de diferentes puntos del país. Se espera también la llegada de la Central Obrera Boliviana que se declaró en emergencia y vigila debido a las amenazas de sectores de la derecha golpista. La toma de posesión del nuevo gobierno estará acompañada en las calles por quienes protagonizaron meses de resistencia, primero para impedir el golpe, luego ante sus imposiciones, persecuciones y masacres, y finalmente para lograr que se realizaran las elecciones que le dieron la victoria al MAS.

La jornada del domingo será seguida de la llegada de Evo Morales a Villazón el día lunes, desde donde comenzará una caravana que se espera multitudinaria hasta llegar a Chimoré el día 11 de noviembre, con una gran carga simbólica ya que, desde ese sitio, exactamente un año antes, tuvo que dejar el país producto del golpe de Estado y la persecución desatada. Con la asunción de Arce y Choquehuanca, y el regreso de Morales, habrá comenzado una nueva etapa en Bolivia, compleja y bajo asedios anunciados de un sector de la derecha. 

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Elecciones en Estados Unidos: "pueblo de brutos"

"Si pierden el camino de la libertad, miren hacia el Sur"

 

"La condición de un pueblo embrutecido es peor que la condición de un pueblo de brutos ". 257 años separan esta frase escrita en 1763 por el filosofo francés y creador de la Enciclopedia Denis Diderot de este final de 2020. Lo que está ocurriendo en Estados Unidos en este momento respira en cada palabra de esa frase. Un pueblo embrutecido elige a un déspota y regala su libertad. La brevedad lapidaria de Diderot retrata magistralmente, más allá de los tiempos, la involución dramática de una sociedad y de una cultura que representó lo más avanzado de la modernidad democrática, muy por encima del cínico almidón europeo. 

Donald Trump boicotea su propio país con la misma filosofía con la que los esbirros de Washington boicotearon nuestras democracias durante un largo periodo del Siglo XX. Sus sicarios se llamaron Pinochet, Videla, Duarte, Bordaberry o Stroessner y diseminaron en los años 70 un tendal de horrores que la memoria colectiva guarda como actos de barbarie encubiertos por la impunidad y la fuerza. De Siglo a Siglo, de Pinochet y Videla a Donald Trump, se derrumba una ficción alimentada por el imperio y surge, potente e íntegra, una fuerza que dio vuelta la historia y puso al Sur de América en el camino de su resurrección soberana y al exportador de crímenes ante los mismos extremos que el expandió. La víctima de esos crímenes tiene las manos en las riendas de su destino. Chile, con el plebiscito para la reforma de la Constitución, se sacó de encima la herencia del autoritarismo, de la violación de la ley y la contaminación de las instituciones con la que Trump ha gobernado e intenta seguir en el poder. La historia vuelve a ser nuestra y respira en el Sur.

Los procesos son simultáneos: Chile se libera y nos libera en lo real y lo simbólico de ese pasado de sicariato, de una Constitución diseñada en Washington, mientras Estados Unidos ingresa en el túnel del tiempo del que Chile acaba de salir: el imperio que exportó muertes, torturas y dictaduras se fabricó un autócrata mentiroso y corrupto que pisoteó todas las leyes y dejará un legado mucho más arraigado de lo que se sospecha: el trumpismo no se acaba con Donald Trump sino que recién empieza. 

En 2020, Donald Trump le agregó 5 millones de votos (68 millones) a los que había obtenido en 2016. Instituciones vaciadas o corrompidas, un Partido Republicano aliado a lo más nefasto que haya existido y orientado hacia la confrontación y la trampa, servicios secretos y organismos de seguridad en el fango y una Corte Suprema cautiva del trumpismo se han instalado por unas cuántas décadas en el corazón de esa democracia degradada. Mientras Chile despedía el legado de la dictadura-cultura que Washington exportó, Estados Unidos entraba de lleno en la era del autoritarismo mesiánico. El renacido espectro de Augusto Pinochet se mudó al Capitolio y allí permanecerá por un tiempo. En el discurso que pronunció cuando prestó juramento (27 de enero de 2017), Trump saludó a aquellos norteamericanos que habían votado por él “para formar un movimiento histórico como el mundo jamás ha visto hasta el momento”. Y allí está, lejos, muy lejos de la “majestad de la democracia norteamericana” con la que el ex presidente Georges Bush saludó la victoria de Bill Clinton en las elecciones de 1993. 

La “majestad” es un trapo pisoteado por un demente en quien millones de votantes siguen viendo un Mesías. Trump es más que Trump: es el interciso a través del cual se ve el derrumbe moral de una sociedad que se cansó de fabricar en el cine héroes morales para terminar eligiendo al actor más acabado de la inmoralidad. El sueño americano se transmutó en pesadilla planetaria. En el abismo entre uno y otro, del sueño a la pesadilla, no sólo cae la puerilidad del mito. En esa caída también se desnuda nuestra mansa y constante rendición a los pies de un modelo cultural, financiero y tecnológico que ha hipnotizado a todo el planeta. Los años durante los cuales, en América Latina y en Europa, se exploraban y realizaban intentos de estéticas soberanas en muchos campos culturales se esfumaron o reciclaron en una dependencia cultural y tecnológica que no tiene precedentes en la historia humana. Jamás hubo tantos millones de seres humanos, oriundos de culturas y geografías tan diferentes como distantes, usando o mirando embobados los productos confeccionados por un mismo imperio. 

La dependencia mental con respecto a Estados Unidos ha sido una abdicación global. Ni siquiera el imperio ha podido controlar sus propias invenciones. Ha acumulado una fuerza imperial tan destructora que ya no tiene armas para protegerse a sí mismo. Una vez más, Facebook, Twitter o YouTube fueron incapaces de frenar o gestionar el flujo de informaciones falsas generado por las elecciones en Estados Unidos y el posterior diluvio de aberraciones difundidas por Donald Trump y sus partidarios. En inglés --únicamente en inglés-- Twitter colgó una advertencia sobre los dudosos mensajes de Trump, pero no evitó su propagación. En cuanto a Facebook, la totalidad de los mensajes mentirosos del mandatario denunciando supuestos “fraudes masivos” están en acceso libre. En español o en francés no hay freno alguno: los repetidores conspiracionistas los traducen y los retwittean con plena holgura. Así aparecieron en español mensajes vistos por millones de personas que hablaban de fraudes en Arizona o denunciaban la presencia imaginaria de milicias de ultra izquierda desplegándose en el territorio norteamericano. Ni hablar de YouTube y sus canales alternativos. 

Las mal llamadas redes sociales han vuelto a probar que son Armas de embrutecimiento masivo (AEM). De esa subcultura surgió Qanon. Este grupo de extrema derecha radical, adepto a la violencia, híper trumpista, antisemita, islamofóbico, anti latino y anti afroamericano funciona mediante mensajes encriptados propagados en la red y cree que existe un Estado profundo manejado por una elite de pedófilos que conspira contra quien es, para ellos, el salvador del mundo, Donald Trump. Ese delirio violento presentó 20 candidatos y uno de ellos ingresó hace unos días a la Cámara baja: la hoy senadora Marjorie Greene (Georgia). Es rubia, racista, pro Qanon, armada hasta los dientes, promotora de una campaña bélica contra los “pedosatánicos” del supuesto “Deep State” y los socialistas. El FBI considera a Qanon como una amenaza terrorista con “capacidades de motivar a extremistas nacionales a llevar a cabo actividades criminales y violentas”. El más perfecto y expandido útil tecnológico engendró un monstruo que se come su propia democracia.

A los verdaderos demócratas de Occidente les vendría muy bien mirar hacia nuestro Sur para reinventarse. Hemos resistido dictaduras asesinas, a las desapariciones, las torturas, al terrorismo de Estado, a las privatizaciones, al colonialismo interior, a los evangelistas liberales, a la expoliación de nuestros recursos naturales, a la deslealtad de nuestras burguesías, a la manipulación de las instituciones, a la corrupción, la impunidad, el subdesarrollo, la desigualdad como filosofía política y a la guerra permanente que, desde el inicio, Estados Unidos le declaró a América Latina. Siempre han estado en guerra contra nosotros. No ha habido presidente norteamericano que no nos haya legado una dictadura. Obama nos dejó el golpe de Estado en Honduras (Manuel Zelaya) y Trump y la OEA la mascarada patética del golpe en Bolivia contra Evo Morales. 

Hemos mirado a los ojos y respirado el aliento de la barbarie durante décadas. Nunca dejamos de ser el sueño colectivo de libertad con la que se forjaron nuestras historias americanas. ¡Qué enorme y sórdida paradoja ! Hoy le toca a la primera potencia mundial y a la democracia piloto luchar por su propia libertad. Y los demás imperios coloniales de Europa están sacudido e invadidos por una extrema derecha violenta y xenófoba que corroe todo lo que roza. La Argentina le está diciendo al mundo mucho más de lo que la confrontación interna y la basura mediática permite escuchar. Bolivia regresó a los tiempos modernos democráticos después de una pausa en el Siglo XIX y Chile desterró los suspiros moribundos de una infamia institucional. Los medios globales miran el Brasil de Bolsonaro, pero la epifanía somos nosotros. Late en ese triángulo mágico del Sur acechado y violentado que ha sabido restaurar y creer en lo que Occidente no cree más. El autoritarismo galopante que se extiende en Occidente contrasta con la lenta pero firme conquista de nuestras libertades. 

El Siglo de las Luces que preside el nacimiento de la democracia occidental se dejó envolver por el sigilo de las sombras. ¿Quién nos hubiese dicho que un fantoche grosero convertiría la Casa Blanca en el Castillo sombrío de una autocracia naciente? El trumpismo nos revela mucho de nosotros porque enfoca, en su fatal contradicción, nuestra potencia emancipadora, los horrores que padecimos por la libertad y la forma irrenunciable en que la fuimos consolidando. También nos demuestra la futilidad de la dependencia y el costo que aún acarrea. 

Hoy es el Sur quien puede ayudar, con las manos abiertas y la memoria sin rencores, al pueblo estadounidense a liberarse. Tenemos mucha experiencia en autócratas formados en Washington. Sabemos, mejor que ellos, cómo salir vivos y libres de la sumisión. No hemos levantado una Escuela de las Américas para capacitar dictadores como lo hizo Estados Unidos, sino desarrollado una práctica democrática con identidad nueva.

Empieza ya un viaje al revés. El Sur le puede transmitir al Norte la ética de la emancipación y la libertad que ese mismo Norte tantas y tantas veces interceptó para su conveniencia. Pueden contar con nosotros. Tal vez, nuestras debilidades e imperfecciones institucionales no nos legitimen ante Occidente. Pero somos hoy un halo de luz. Las sombras que proyecta el imperio iluminan nuestra propia grandeza colectiva, nuestro hondo pasado de violencia importada y nuestra resurrección soberana. Pueblo norteamericano, nuestras fosas comunes, nuestros vuelos de la muerte, nuestros desaparecidos, nuestros hijos robados, nuestros escuadrones de la muerte, nuestros pueblos originarios despojados, nuestras democracias vendidas son parte de la guerra encubierta que las sucesivas administraciones norteamericanas fueron implementando con los lacayos nacionales. Hemos vencido esas vicisitudes sangrientas. En la Argentina hemos hecho justicia y condenado a los criminales contra la humanidad. Tenemos mucha sabiduría acumulada para compartir. Si pierden el camino de la libertad, miren hacia el Sur.

Por Eduardo Febbro

Desde París.

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Jalife-Rahme: "Si Biden gana, dirán que no es funcional y ahí va a entrar Hillary Clinton"

En caso de que se concrete el triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, este se convertiría en el presidente más viejo en la historia de aquel país; por lo cual, crece la duda sobre cuánto tiempo podría estar al frente del Gobierno estadounidense.

 

Para el analista político Alfredo Jalife-Rahme la llegada de Biden a la Casa Blanca supondría un estado de ingobernabilidad para Estados Unidos, pues este no es apto para gobernar debido a que tiene problemas de salud.

"Biden un día antes de la elección confundió a su, en paz descanse, hijo difunto Bob con su nieta. No solamente confunde las edades, sino confunde en su familia a su hijo y su nieta. Esto habla de que él está en un grado, digo yo soy de formación de psiquiatra y no quiero ser cruel, pero esto no habla de un candidato que esté apto para gobernar", declaró Jalife-Rahme en una entrevista.

Ahora bien, en un caso hipotético en el que Biden sea presidente pero por circunstancias colaterales no pueda estar al frente del cargo, quien tendría que asumir la presidencia tendría que ser la vicepresidenta Kamala Harris.

Sin embargo, el analista apunta que en la vía de los hechos sería Hillary Clinton quien gobernaría Estados Unidos; esto a pesar de que ella no esté directamente en la silla presidencial, por lo que estaría gobernando desde la vicepresidencia.

"Si gana Biden van a lanzar la enmienda 25 donde optan para decir que no es funcional el presidente y ahí va a entrar una vicepresidenta de entrada digo quién va a ser...Hillaty Clinton", comentó.

"Hillary Clinton sería dos veces; sería la verdadera presidenta y sería la vicepresidenta y nunca en la historia de Estados Unidos se había dado un escenario así, no solamente con la primera presidente de su historia, sino con dos mujeres", señaló.

Hillary Clinton: una dama de hierro norteamericana

Hillary Clinton es una de las figuras políticas más importantes de Estados Unidos. Su poder es tal que podría compararse con personajes como la exprimera ministra de Reino Unido, Margaret Tacher, o la canciller de Alemania, Angela Merkel.

Aunque cabe mencionar que Clinton no se identifica con Tacher, por lo que no la incluyó en su último libro sobre mujeres emblemáticas en la historia: The Book of Gutsy Women: Favorite Stories of Courage and Resilience.

Hillary estudió derecho en la Universidad de Yale, de donde se graduó en 1973, y desde entonces comenzó a realizar labores sociales. En 1978 fue designada como presidenta de la Corporación de Servicios Legales, y al año siguiente se convirtió en la primera mujer en ser socia de la firma de abogados Rose Law Firm en Little Rock, en el estado de Arkansas.

Sin embargo, su carrera política comenzó cuando su esposo, el expresidente Bill Clinton, se convirtió en gobernador de Arkansas en 1983 y se consolidó cuando este ganó la presidencia de Estados Unidos en 1993. Como primera dama, Hillary impulsó una serie de reformas enfocadas principalmente en el sistema de salud.

Desde entonces, empezó a participar activamente en la política estadounidense y en el año 2000 se lanzó como candidata al senado por el Partido Demócrata; de esta forma, se convirtió en la primera mujer senadora de Nueva York, cargo que ocupó hasta 2009.

En 2008, Clinton participó en las primarias del Partido Demócrata para conseguir la candidatura a la presidencia, pero perdió contra Barack Obama. Posteriormente, en 2009 se convirtió en secretaria de Estado de la nación estadounidense de la administración Obama, puesto que le dio mayor visibilidad a su carrera política por su papel en temas de política internacional.

En 2016 se convirtió en la primera mujer candidata a la presidencia por uno de los partidos más importantes de Estados Unidos, y aunque no ganó las elecciones fue una de las figuras más votadas en la historia estadounidense.

De este modo, Hillary Clinton se ha convertido en una de las mujeres más relevantes de la política estadounidense con una trayectoria de más de 40 años; además, a principios de 2020 se rumoraba que podría ser ella la elegida para la vicepresidencia demócrata.

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El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, junto a la fiscal de la Corte Penal Internacional Fatou Bensouda este jueves en La Haya.ICC-CPI / EFE

La segunda fase del examen preliminar para considerar la apertura de un juicio se determinó que hay “fundamentos” para que el tribunal analice el caso

 

La demanda contra Nicolás Maduro interpuesta ante la Corte Penal Internacional (CPI) ha recorrido un nuevo trecho. La fiscal Fatou Bensouda, a cargo del análisis preliminar de las acusaciones de violaciones al Estatuto de Roma, declaró este jueves que “existen fundamentos razonables para creer que en Venezuela han ocurrido delitos de competencia de la Corte”. Es decir, crímenes de lesa humanidad. La declaración es trascendente y se suma a la cascada de señalamientos sobre violaciones de derechos humanos que se han hecho sobre el Gobierno bolivariano, incluido el demoledor informe de la Misión Independiente de Determinación de los Hechos presentado ante las Naciones Unidas en septiembre.

Venezuela fue denunciada en la CPI en 2018 por los cancilleres de Colombia, Chile, Perú, Argentina, Paraguay y Canadá, quienes señalaron a Nicolás Maduro como responsable de asesinatos, detenciones de arbitrarias, torturas, violencia sexual y desapariciones forzadas temporales durante las protestas contra el Gobierno de 2014 y 2017. Es la primera vez que un grupo de Estados que se adhieren a ese organismo acusa al jefe de otro país par ante este tribunal. De abrirse un juicio, también sería la primera vez que se dirima en ese terreno un caso contra un presidente latinoamericano.

El proceso de examen ha llegado ahora a la tercera fase de cuatro, en la que la institución debe evaluar si el Estado venezolano ha investigado y juzgado debidamente a los responsables de los delitos. “Una vez que se declara que hay crímenes de lesa humanidad no basta con que se juzgue a funcionarios de bajo nivel o a autores materiales. Debe hacerse responsables a quienes toman las decisiones y a quienes implementan las políticas para cometer esos delitos. Eso es algo que no ha ocurrido en Venezuela, no hay ni siquiera funcionarios de mediano rango juzgados”, explica el abogado Alí Daniels, de la organización Acceso a la Justicia. En la cuarta fase se evaluaría si es de interés de la justicia internacional sancionar estos crímenes. “Obviamente que es de interés no solo por la gravedad de los hechos, sino porque siguen ocurriendo. No estamos hablando del pasado, sino del presente venezolano”, agrega el activista.

El informe de la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU, rechazada por el Gobierno, señaló directamente a Maduro y 48 funcionarios de no solo tener conocimiento sino de también ordenar y planificar los crímenes por los que los señalan. La fiscal Bentouda comunicó su dictamen al propio fiscal Tarek William Saab —designado por la Asamblea Nacional Constituyente, el parlamento paralelo de Maduro— que estuvo en La Haya en un discreto viaje del que ha quedado constancia en la fotografía que acompaña la declaración de la funcionaria. Días atrás hubo rumores de que Saab había tenido problemas para abordar un vuelo comercial en una parada en México durante su viaje a Europa. Diputados opositores criticaron que Saab viajara pese a las sanciones internacionales que le impuso Washington en enero de 2018.

Saab, por su parte, habló este jueves sobre los alcances del encuentro e insistió en que el examen preliminar no ha concluido. “En nuestra exposición señalamos el compromiso del Estado venezolano y sus instituciones para investigar, imputar, acusar y condenar, tal como lo ha realizado el Ministerio Público y los tribunales competentes, a los responsables de dichas violaciones a los derechos humanos”, manifestó a través de su cuenta en Twitter.

La CPI también analiza una inusual contra demanda que presentó en febrero de este año el Gobierno de Maduro contra Estados Unidos por las sanciones económicas que ha impuesto, bajo el argumento de que son responsables de la grave crisis humanitaria que vive el país desde hace cinco años. Sobre este asunto la fiscal no dio mayores detalles. Dijo que continuaba la evaluación del caso para saber si hay base para considerar esa denuncia como competencia de la corte.

Por Florantonia Singer

Caracas - 06 nov 2020 - 3:22 COT

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Cerrada contienda por la presidencia de Estados Unidos

Nueva York., La elección nacional –posiblemente la más concurrida en un siglo– quedó inconclusa con una competencia más cerrada de lo esperado entre Donald Trump y Joe Biden y con el triunfo en manos de unos cinco estados claves que siguen contando las boletas, proceso que podría alargarse días.

Pero el presidente Trump declaró esta madrugada: "francamente, ganamos esta elección", acusó que hay un fraude y que acudirán a la Suprema Corte para frenar el conteo, potencialmente provocando con ello una crisis constitucional.

Según proyecciones con base en los resultados preliminares de la elección más inusual –y según varias figuras prominentes–, la más importante en la historia moderna de Estados Unidos, la ruta del triunfo nacional de ambos candidatos depende de los resultados en Pensilvania, Michigan, Wisconsin y tal vez un par de distritos electorales en dos estados más.

Lo que empezó como una noche muy prometedora para los demócratas acabó pareciéndose a la de 2016, con el resultado dependiendo de relativamente muy pocos votos en unos cuantos estados. Florida, donde los demócratas pensaban que podrían sorprender, los sorprendió a ellos al no comportarse como pronosticaban las encuestas.

Ahí el voto latino de los cubanoestadunidenses y venezolanos ayudó a dar el triunfo a Trump, con analistas señalando que su mensaje antisocialista contra Biden fue más efectivo de lo que se pensaba.

Sin embargo, el voto latino en Arizona podría reparar el daño que los latinos de la zona de Miami infligieron contra su campaña, y si esa tendencia persiste en ese estado del suroeste, todo dependerá de los tres estados del medio oeste. La autoridades de esas entidades informaron que no tendrían resultados completos anoche, y que el conteo podría tardar varios días esta semana.

Ante esto, ambas campañas alentaron a sus bases a tener paciencia y festejaron sus posibilidades de triunfo, aunque quedó claro que los demócratas estaban algo desinflados por no haber sorprendido con triunfos en otros estados claves en el sur del país y hasta soñaban con "voltear" Texas, mientras el bando de Trump estaba aliviado por evitar la derrota en varios estados donde al inicio del día estaban amenazando, como Ohio y Carolina del Norte.

Georgia, donde continúa el conteo, aún podría sorprender a ambos bandos en una contienda muy cerrada.

Ante este panorama, Joe Biden, el contrincante demócrata, observó los resultados anoche en su casa cerca de Wilmington, Delaware, a un par de horas de Washington. A las 12:40 de este miércoles, el ex vicepresidente fue el primero en hacer declaraciones a sus seguidores: “nos sentimos bien… en camino de ganar esta elección” y exhortó a esperar a que "se cuenten todas las boletas". Concluyó: "mantengan la fe, vamos a ganar".

Trump, poco después de las dos de la madrugada, apareció ante las cámaras en la Casa Blanca y proclamó, falsamente: "ganamos esta elección". Denunció que estaban por contar los votos y que de pronto dejaron de hacerlo, acusando a los demócratas de estar realizando "un gran fraude". Agregó: "vamos a ir a la Suprema Corte" para frenar el conteo de los votos. Así cumplió con su amenaza de poner en duda la legitimidad de la elección de manera peligrosa y sin evidencia, algo raro si pensaba que estaba ganando.

Antes había publicado un par de tuits, en los que sostuvo que estaba "ganando en grande" y advirtió: "ellos están intentando robar la elección. Nunca les permitiremos hacerlo".

La participación podría llegar al nivel más alto en un siglo. Lo más notable en esta inusual elección es que parece que por primera vez en la historia los votos anticipados, más de 100 millones, superarán los presenciales el día de las elecciones. Más de 100 millones de votos se emitieron antes del martes, lo cual representa más de dos tercios del voto total en la última elección presidencial en 2016.

Pero lo más importante a entender en esta contienda presidencial es que un candidato puede ganar el voto popular, pero perder la elección. Aquí lo que cuenta es cómo ese voto se expresa a nivel estatal, no nacional, y con ello cómo se reparte en votos en el Colegio Electoral, donde un ganador requiere 270 votos.

Y aun en elecciones más "normales" que ésta, el muy anormal sistema electoral estadunidense no puede garantizar ese principio básico de "una persona, un voto", ya que no existe un proceso nacional. Por lo tanto, a lo largo de la jornada electoral nadie sabía si sus votos contarían, ni cuándo. Más aún, ante amenazas del presidente y sus aliados de tratar de frenar conteos y descalificar votos, sobre todo los adelantados, si las tendencias eran negativas para ellos sembró más sospechas sobre el proceso.

En plena jornada electoral, un juez federal ordenó al Servicio Postal de Estados Unidos –el cual sufrió lo que en efecto fue un autosabotaje de sus operaciones por órdenes del propio presidente para obstaculizar el procesamiento del voto por correo (el cual no tuvo precedente)– buscar unas 300 mil boletas que aún no habían sido entregadas a las autoridades electorales para ser contadas.

Mientras, los republicanos indicaron que continuarán con su esfuerzos para cuestionar ante tribunales el conteo de votos adelantados incluyendo los enviados por correo, entre otros.

Un observador comentó que en Estados Unidos pareciera que contar todos los votos es considerado por Trump y sus aliados como una demanda radical.

Incertidumbre

Con todo esto, el supuesto día culminante de la elección estaba repleto de dudas; imperó, más que nunca, una sensación de incertidumbre y temor ante posibles conflictos no sólo en tribunales, sino también en las calles del país.

Trump y su equipo, junto con aliados republicanos, han procedido suponiendo que no pueden ganar sin una serie de maniobras para limitar de alguna manera parte del voto, sobre todo en estados claves. Vale señalar que el presidente nunca ha gobernado con el apoyo de una mayoría, y perdió en el voto popular en su primera elección.

En la recta final de la contienda ya había señales dentro de la campaña de Trump y entre sus aliados, y no sólo por las encuestas, de que las cosas no favorecían al presidente. El mismo mandatario y su equipo parecían confirmar eso, después de que su estrategia para suprimir el voto no funcionó, al intensificar su acusación, sin evidencia alguna, sobre un fraude electoral y proceder a maniobras legales para obstaculizar la contabilidad del voto adelantado emitido en un volumen sin precedente; o sea, suponían que todo eso era necesario para evitar su derrota.

Ante la estrategia del equipo de Trump para cuestionar o frenar el conteo, varias coaliciones de organizaciones civiles se han preparado para enfrentar ese asalto y defender el voto durante los próximos días, tanto por vías legales como con movilizaciones masivas, si es necesario. Varias redes de agrupaciones se han preparado para una "movilización para interrumpir un golpe de Estado".

La batalla por el Senado

La otra gran competencia política es por el control del Senado, el cual está por ahora en manos de los republicanos. Los demócratas necesitan obtener un incremento neto de cuatro curules para reconquistar el control de la cámara alta, pero esto pareció menos posible anoche.

Ayer ya muy tarde se sabía que los demócratas derrotaron a un republicano, pero perdieron un demócrata, y aunque aún hay posibilidad de que lo logren, es menos posible ahora.

En la Cámara de Representantes –donde las 435 curules estaban en juego– se pronosticó que los demócratas ampliarán su mayoría.

Al final de la noche, el mejor resumen fue del comediante Charlamagne Tha God: "después de cuatro años que comprobaron que Trump era aún peor de lo que pensábamos, ¿cómo es posible que esta contienda esté tan cerrada? ¿Qué chingados está pasando con este país?"

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