Líderes indígenas demandan a Bolsonaro ante La Haya por "crímenes contra la humanidad"

Los asesinatos, los traslados forzosos de pueblos locales y la persecución de los indígenas constituyen "crímenes de lesa humanidad", aseguran los demandantes.

 

Dos importantes líderes indígenas brasileños han pedido a la Corte Penal Internacional en La Haya (CPI) que investigue por "crímenes contra la humanidad" al presidente de país, Jair Bolsonaro, al que responsabilizan de los daños ambientales, asesinatos y persecución que se registran en la Amazonia.

Raoni Metuktire, símbolo de la lucha por los derechos indígenas y la preservación de la Amazonia, y Almir Narayamoga Surui, otro emblemático jefe indígena, presentaron este viernes la demanda ante el organismo. 

En su denuncia, de la que se hizo eco este sábado el diario francés Le Monde, los dos líderes nativos alegan que desde que Bolsonaro asumió la presidencia en enero de 2019 "la destrucción de la selva amazónica se ha acelerado sin medida".

En particular, destacan que la deforestación se ha disparado "en un 34,5 % en un año, el asesinato de líderes indígenas está en su punto más alto en 11 años y las agencias ambientales han colapsado o han hecho frente a amenazas", recoge AFP

"Peligro directo para toda la humanidad"

"Esta situación, la más dramática de los últimos 10 años, es resultado directo de las políticas de Jair Bolsonaro", quien quiere "levantar todas las barreras para saquear las riquezas de la Amazonia", sostienen los demandantes, que consideran que los asesinatos, los traslados forzosos de pueblos locales y la persecución de los indígenas constituyen "crímenes de lesa humanidad".

La destrucción de la selva amazónica es un "peligro directo", no solo para los brasileños, "sino para toda la humanidad", alertan los líderes indígenas.

El Gobierno de Bolsonaro ha propuesto una legislación que relajaría las restricciones en las regiones amazónicas para la minería comercial, la extracción de petróleo y gas y la agricultura a gran escala.

La demanda, de unas 50 páginas, es la segunda presentada contra el mandatario brasileño ante este organismo desde el pasado mes de julio, cuando el personal sanitario de Brasil pidió al tribunal una investigación contra Bolsonaro por "crímenes contra la humanidad" por su gestión de la pandemia del coronavirus.

Publicado: 23 ene 2021 22:27 GMT

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Parlamento de Honduras aprueba ley que prohíbe el aborto

El proyecto, aprobado este jueves, prohíbe de forma absoluta el aborto en Honduras. En medio de la fuerza del movimiento de mujeres en Argentina y el resto de Latinoamérica, los antiderechos y conservadores no se han hecho esperar, e impulsan ataques y trabas prohibiendo la legalidad del aborto, no así su clandestinidad.

 

En Honduras, uno de cada cuatro partos es de una menor de 19 años. Este dato consolida al país en los primeros puestos de las tasas más altas de embarazos adolescentes en América Latina. Aun así, el pasado jueves fue aprobado por el Parlamento el proyecto de ley que prohíbe de manera absoluta el aborto. Este proyecto introduce a Honduras dentro del grupo conformado por El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Haití y Suriman, como los países de la región que prohíben en todas sus formas el aborto.

Este proyecto viene a fortalecer el artículo 67 de la Constitución de Honduras, que instituye que “al que está por nacer se le considerará nacido para todo lo que le favorezca dentro de los límites establecidos por la ley”.

Dicho proyecto fue presentado por el vicepresidente del Parlamento, Mario Pérez, quien es diputado del partido en el gobierno. Además, fue discutido solamente en dos debates virtuales, a pesar de la exigencia de organizaciones de mujeres por el derecho a decidir y contra la criminalización del aborto, como Somos Muchas, de que fuese discutido en tres debates.

El movimiento de mujeres en Honduras afirma que este proyecto es un “acto condenable”, y que “la cárcel no previene embarazos no deseados. Es una medida injusta y desproporcional”. Además, catalogan este proyecto como un retroceso, pues está “bloqueando el acceso a abortos seguros”. Sin embargo, existen varias iniciativas que pretenden la despenalización del aborto en tres casos: riesgo de vida de la mujer o persona gestante, inviabilidad fetal y violación.

Este proyecto es un ataque más contra el derecho a decidir, ya que, en Honduras, el aborto es penalizado en todas sus formas desde 1997, lo que ha conllevado al encarcelamiento de mujeres. Además de la penalización del aborto, la falta de accesibilidad a métodos anticonceptivos, especialmente en zonas rurales, así como la prohibición de venta, uso, distribución y compra de anticonceptivos de emergencia y su penalización con cárcel, son factores que contribuyen a la alta cantidad de embarazos forzados, dentro de los que se destacan los embarazos en adolescentes. En este ataque al derecho al aborto han tenido gran influencia los grupos religiosos, injerencia que las organizaciones de mujeres catalogan como “perjudicial en cuestiones de salud pública”.

Organizarnos para exigir y hacer posibles nuestras demandas

La legalización del aborto en Argentina, dio un empuje a las demandas del movimiento de mujeres en varios países de Latinoamérica. La marea verde en Argentina se ha extendido en la región, siendo un ejemplo de que, si nos organizamos, podemos ganar. Tanto en México como en Chile, el movimiento de mujeres ha retomado con fuerza sus demandas por el aborto legal, libre, seguro y gratuito, pese a la negativa de sus gobiernos.

La otra cara de la moneda es que, ante la fuerza del movimiento de mujeres internacional, los grupos conservadores y antiderechos han dado respuesta; es decir, estos grupos se encuentran activos y empujan ataques contra nuestro derecho a decidir. Tal es el caso del proyecto de ley aprobado en Honduras. En Costa Rica, los grupos antiderechos, avalados por el gobierno y la Asamblea Legislativa, impulsan el proyecto de ley de adopción anticipada y el derecho de la persona no nacida.

Como movimiento de mujeres internacional, es necesario sacar la conclusión de que es la movilización en la calle lo que podrá garantizar nuestras demandas. En su lugar, hay que organizarnos para ganar, como movimiento de mujeres es posible garantizar el derecho democrático al aborto libre, legal, seguro y gratuito y avanzar junto con la clase trabajadora para luchar contra toda forma de opresión y explotación.

Solamente dando la pelea en las calles, como movimiento de mujeres, junto con nuestros compañeros de clase, es posible garantizar el derecho democrático al aborto libre, legal, seguro y gratuito. Además, es necesario dar en conjunto la pelea por la separación real de la(s) Iglesia(s) y el Estado. Hay que garantizar que la marea verde barra con los dinosaurios y quienes negocian con nuestras vidas y nuestros derechos.

Por Fernanda Quirós

Viernes 22 de enero | 15:13

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Decenas de miles de rusos salen a la calle por la libertad de Navalni.

En Moscú, donde se registraron los enfrentamientos más crudos entre los manifestantes y la policía y hubo 1.294 detenidos

 

Las autoridades rusas detuvieron durante las protestas de este sábado en apoyo al líder opositor Alexéi Navalni a 3.296 personas en 122 ciudades de Rusia, informó hoy el portal OVD-info.

En las anteriores protestas anticorrupción convocadas por Navalni el 12 de junio de 2017 fueron arrestadas 1.769 personas en más de 150 ciudades rusas, recordó el portal Meduza.

En Moscú, donde se registraron los enfrentamientos más crudos entre los manifestantes y la policía, hubo 1.294 detenidos y en San Petersburgo 489.

Las protestas fueron convocadas por el equipo de Navalni para exigir su libertad y la dimisión del presidente ruso, Vladímir Putin.

El líder opositor se encuentra en estos momentos encarcelado a la espera de juicio, por haber presuntamente violado las condiciones de su pena suspendida dictada en 2014, que podría convertirse en una pena de cárcel real de 3,5 años.

A diferencia de protestas anteriores, que apenas trascendían de las dos principales ciudades rusas, las manifestaciones se registraron por todo el país, siendo las más activas Novosibirsk, Voronezh, Nizhni Nóvgorod, Kazan y Jabárovsk.

El equipo de Navalni calificó estas manifestaciones como las "mayores de la historia rusa contemporánea". "Fue una protesta a escala de todo el país. Le mostramos a Putin nuestra fuerza", afirmaron los seguidores del opositor, al convocar a nuevas manifestaciones para el próximo fin de semana.

Según los opositores, la jornada del sábado significó "una victoria del valor y el espíritu sobre el terrorismo de estado".

El equipo de Navalni llamó a sus seguidores a no dejarse amedrentar por "los propagandistas" del Estado y prometió reembolsar las multas impuestas por las autoridades. 

EFE
Moscú

24/01/2021 09:30

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«El progresismo latinoamericano no es un proyecto acabado»

Entrevista a Álvaro García Linera

 

Álvaro García Linera es un reconocido intelectual y exvicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia (2006-2019) acompañando a Evo Morales. Siguiendo la línea de anteriores entrevistas en este espacio, se conversa en esta charla (previa a la rotunda victoria del MAS en las recientes elecciones presidenciales bolivianas) por la exitosa experiencia de desarrollo nacional y social del “Proceso de Cambio”, logros y obstáculos de las nacionalizaciones de recursos estratégicos y la apuesta por la industrialización de los mismos. También, acerca de los alcances del poder estatal y las perspectivas pospandemia

APU: Para empezar, haciendo un balance de los 14 años del «Proceso de Cambio Boliviano» se ha destacado el éxito económico del modelo con respecto al resto de los gobiernos progresistas o nacional-populares. ¿Cuál diría que fue la clave o la fórmula para el gran desempeño económico articulado con una importante presencia estatal de carácter plebeyo?

Álvaro García Linera: Yo diría que hubo al menos unas 3 medidas concéntricas para ello. La primera: la nacionalización de las actividades económicas de alta rentabilidad, que le permitieron al Estado disponer casi instantáneamente de un excedente económico: hidrocarburos, telecomunicaciones y electricidad. No son áreas deficitarias, sino que generaban excedentes que se iban afuera. Cuando logras con esta medida retener el excedente económico, lo que haces es inyectarlo en el país para que eso dinamice la economía, vía distribución de recursos, inversiones públicas, mejora de la educación, etc. Esta retención del excedente fue clave.

Un segundo elemento fue dinamizar el mercado interno, porque éste está vinculado a pequeños productores que son la mayoría en mi país: agrícolas, urbanos, artesanales, pequeños comerciantes. ¿Y esta dinamización del mercado interno cómo la logras? Distribuyendo la riqueza: bonos, ayuda a la gente más necesitada, elevando el salario; y entonces en los sectores populares la gente gasta casi el 50% de su salario en comida, y luego también en servicios básicos, transporte, telecomunicaciones, educación.

Tuvimos un incremento sostenido del salario mínimo: pasamos de 52 a 306 dólares en una década, fue fundamentalmente dinero que regresaba otra vez a la economía. Alguna parte se ahorraba, pero para alquilarse un mejor cuarto, comprar o mejorar la casita, etc. Alguna gente evidentemente se compraba el smartphone o el televisor plano, y por supuesto ha habido una parte de dinero que se ha ido hacia el extranjero, pero cuando uno ve la estructura de gastos ello nunca rebasaba el 15% de los ingresos y exageradamente en sectores más acomodados hasta el 20%. El resto quedaba en dinámica de consumo interno. Y esto no significa aislarnos del mundo, claro está. Aprovechamos además las oportunidades de exportación, de hecho, se multiplicaron las exportaciones en esa década, casi por 4 veces en las áreas donde nos iba bien.

Hemos sacado así al 30% de la población de la pobreza extrema en una década. Es un récord continental en tan poco tiempo. Todos los países han avanzado en eso, pero Bolivia, no en número sino en porcentaje, ha sido el más acelerado en ello. Eso representó gente que consumía más, dinamizando el mercado interno, lo cual te permitía una expansión de la economía al margen o no tan dependiente de los precios internacionales. Se dice que crecimos porque era el boom de los commodities, sin embargo, desde el 2014 cuando caen los precios del petróleo, gas, soya, el crecimiento boliviano se sigue manteniendo en el 5%, por esta fuerza del mercado interno (con esos commodities elevados llegamos a tasas de crecimiento del 7%).

APU: ¿La tercer medida cuál fue?

Álvaro García Linera: Lo tercero que hicimos fue controlar el sector financiero. En dos sentidos: ponerle unos impuestos muy elevados, de hasta el 50% de sus ganancias, y luego obligarlos por ley a que un 60% de los flujos financieros y créditos vayan a producción y vivienda, a una tasa regulada del 5%. El restante 40% podían prestarlo para el comercio, para especulación financiera, no nos hacíamos problemas. Si querías préstamos para comprarte un automóvil podías hacerlo, pero las tasas iban al 12/14%. Eso dinamizó el consumo de insumos locales en la vivienda, contratación de fuerza laboral o para la producción agrícola o para la producción artesanal. Esto es muy importante, porque encima se dio un incremento en el ahorro interno boliviano en este periodo: llegamos en 2005 con un ahorro interno en los bancos de 2.700 millones, y al año pasado era de 27.000 millones de dólares. O sea, se multiplicó por 10. 

Si bien hay más elementos, yo creo que la combinación de esos tres factores fue lo que nos permitió que la economía creciera muy rápidamente, y tuvieron una sostenibilidad en el tiempo, aún a pesar de las variaciones de los precios internacionales. Una otra cuarta, que no deberíamos olvidar, es la bolivianización de los ahorros, porque eso también te permite políticas monetarias. En Bolivia, el dólar era casi como la moneda de uso corriente. Tú podías comprar electrodomésticos, una cantidad elevada de harina o de arroz, eso es muy grave, porque tu Banco Central no puede controlar el flujo de los dólares. En cambio, mediante incentivos logramos que la gente fuera ahorrando en bolivianos, que el Banco Central aparezca como el que regula los flujos monetarios del país. Pasamos de un 30% de ahorro en bolivianos y 70% en dólares en 2005, a un 95% de ahorro en bolivianos y un 5% de ahorro en dólares, porque premiabas al ahorro en bolivianos y lo castigabas en dólares. No fue fácil, pero se fue avanzando para que después de una década el peso boliviano fuera sólido, fuerte, y eso le permite al Estado intervenir, ya tienes una nueva herramienta de regulación de la economía.

APU: Y en relación con la nacionalización de los recursos estratégicos -o bienes comunes- en Bolivia y la apuesta por la industrialización, en una economía por demás primarizada, ¿qué alcances y limitaciones, dificultades, complejidades, se encontraron en esta apuesta por la industrialización, la diversificación y la complejización productiva?

Álvaro García Linera: Fue gradual. Cuando llegamos al gobierno teníamos que el 40% del PBI estaba en empresas extranjeras. Brasil tenía el 25%, era casi el dueño de la cuarta parte de Bolivia con Petrobras. Aparte de que eso significa que tus excedentes económicos se externalizan, se van afuera, los saberes productivos, los conocimientos técnicos, están en otras manos. Las propias universidades públicas no se encargaban de dar formación en hidrocarburos, ni minería ni agricultura, porque eran sectores devaluados. Debías tener tu maestría o doctorado en el extranjero, o ser contratado por una empresa extranjera o ser del extranjero. Entonces, la mayoría de las actividades productivas, no de la construcción sino de la gestión, de la administración, de la planificación, estaba en manos extranjeras.

Hubo un período de hueco cognitivo en la sociedad boliviana. Recuperarse de eso no fue rápido. Una primera labor que tuvimos, cuando se nacionalizaba una actividad, y luego de remover a los gerentes y accionistas, fue sostener al área administrativa y científica privada, con los mismos salarios durante un tiempo, ofreciéndoles que se quedaran en el Estado y formando rápidamente un grupo de personas en distintas áreas que fueran sustituyendo estos conocimientos.

En telecomunicaciones no nacionalizamos todo, porque es un sector muy dinámico, muy competitivo, y corres el riesgo de simplemente apoltronarte en el monopolio de las telecomunicaciones. Entonces, de ahí la idea de que haya habido empresas privadas con las cuales la empresa estatal competía. De hecho, nacionalizamos cuando ENTEL tenía el 45% de los clientes y al día de hoy tiene 45/47% de clientes. Eso significa que ha permitido mantener la fidelidad de sus clientes a pesar de que los privados, supuestamente más dinámicos, podrían ofrecerle mejores cosas (o no…). También el Estado fue dinámico y pudo volverse mucho más competitivo en áreas de rápida renovación tecnológica.

APU: ¿En qué medida se logró desarrollar capacidades nacionales, productivas, científico tecnológicas, estatales e institucionales para la transformación de la matriz productiva?

Álvaro García Linera: Al principio, los primeros años no hubo reacción del sector académico, y recién para la segunda gestión, al cuarto año, comenzaron nuevamente a reabrirse las carreras de ingeniería, en minerales, etc. No había una sola carrera de hidrocarburos en Bolivia y somos un país hidrocarburífero desde 1920… Se han abierto por todos lados carreras de hidrocarburos, petroquímica, etc.

Y luego, para los procesos de industrialización, por ejemplo, en hidrocarburos, hemos tenido que construir una planta de separación de líquidos, una planta de reconversión del gas en GNL para llevar el gas congelado a las comunidades más alejadas, la planta de urea, la planta de plásticos. Se ha tenido que contratar tecnología extranjera, con recursos del Estado. Se ha hecho una licitación pública para contratar empresas que tuvieran la tecnología, en medio de la observancia de los conocimientos del personal boliviano.

A la vez, en paralelo abrimos un concurso de becas en las áreas en las que creíamos que íbamos a trabajar mucho -minería, telecomunicaciones, hidrocarburos, litio-, de tal manera que el Estado pagaba maestrías y licenciaturas en áreas científicas a cualquier estudiante boliviano que quisiera estudiar en cualquier universidad del mundo. En ciertos casos, en negociaciones con empresas extranjeras -por ejemplo, con Samsung-, pactábamos que nos construían la planta de urea, pero como parte del contrato había 200 estudiantes bolivianos que se iban a Seúl por 3, 4 años a estudiar en la gestión de ese tipo de planta. Cuando los estudiantes daban los exámenes y lograban entrar en una universidad extranjera en estas áreas, nosotros corríamos con todos los gastos de ese joven: transporte, alimentación, estadía. La beca la daba el Estado para sacar la titulación, y el compromiso era trabajar luego para el Estado al menos por 5 años.

APU: El desarrollo en el litio fue muy importante, no?

Álvaro García Linera: Tuvimos que comenzar casi de 0, porque allí tomamos una decisión en 2008 de que íbamos a tener el control de toda la cadena. Tuvimos que comenzar con baldes en galpones en Uyuni, al estilo de como uno se imagina los inventores del siglo XIX, y de ahí comenzó el proceso de la extracción una vez que se encontró el método boliviano (porque cada salmuera tiene distintos componentes de otros minerales en cada salar del mundo). Una vez que hicimos eso en el laboratorio con ingenieros bolivianos, que algo sabían del área evaporítica, luego hicimos la planta artesanal, luego piloto, luego industrial, y luego de ahí ya comenzamos otro tipo de derivaciones: carbonato de litio al 99% y de ahí a las baterías.

De manera que después de 10 años ya tuvimos todo el proceso de nuestro lado, y ahí ya a los procesos de industrialización, es decir, la conversión de litio a batería para los carros, nos lanzamos a hacerlo con empresas extranjeras: fundamentalmente por el mercado, porque tenías que lograr que las empresas de automóviles nos compraran, por ejemplo, 100.000 baterías. Entonces nos asociamos con los alemanes, pero ya en la parte final y sobre los derivados del litio. Porque también, por Constitución ninguna empresa extranjera puede entrar al salar. Una vez que se ha extraído la materia prima, por fuera del salar puedes tú procesarla. Tomamos esa decisión porque justamente con esto es lo que nos encontrábamos cuando queríamos industrializar el litio, las veces que fuimos a Corea, Alemania, Japón, EEUU, para buscar los apoyos, comprar tecnología, hacer acuerdos para la extracción del litio. Nos decían “nosotros hacemos todo, dividimos 50% ustedes, 50% nosotros, pero la planta es nuestra”. En Uyuni, aparte del litio hay otras cosas más, gran parte de las cuales no conocemos aún. Entonces dijimos: sacamos la salmuera, extraemos y se vuelve a reinyectar al salar, a la espera de tener tecnología para otras cosas. Lo que ellos querían es controlar ese proceso en el salar, nosotros dijimos no. En el salar nosotros, y para afuera asociados, con quien sea, especialmente en el ámbito de la producción y comercialización de las baterías.

Eso ha permitido de la nada ir creando toda una empresa nacional de evaporíticos que está a cargo ahora ya de 4 laboratorios, 2 industrias grandes -de cloruro de potasio y de carbonato de litio- y se estaba planificando un total de 42 industrias pymes alrededor del salar, de usos y procesamientos de derivados de litio. Ya hay 5 y tenían que irse construyendo gradualmente el resto, con personal propio, científicos propios. Tienes una estructura fuerte con muchos recursos (tenías… ahora está todo paralizado). Y alrededor de ello han comenzado a surgir las carreras universitarias. Pero como no había experiencia en evaporíticos, muchas de esas carreras universitarias están asociadas a otras partes del mundo: Holanda, China, etc. Se tiene que ir armando gradualmente, porque gente que pueda enseñar sobre eso hay los que han trabajado con nosotros, no hay una estructura académica paralela independiente que se hayan formado, porque es muy reciente, apenas de una década. Pero eso es un buen comienzo, ya hay 2 carreras de estos recursos evaporíticos en Bolivia vinculadas a otras universidades, para dar otros tipos de cursos. O sea, aquí tienes toda una gran veta. No ha sido algo fácil, es complejo y dependiendo cada área se ha tenido que actuar en función de las circunstancias.

APU: En torno a los márgenes de acción que tuvieron desde el Estado, ¿cuánto de lo planeado pudieron llevar a cabo y qué grado de limitaciones, obstáculos y resistencias se encontraron?

Álvaro García Linera: Es claro que desde el Estado no tienes todo el poder. Pero lo que sí tienes es capacidades de influir, selectivamente, en los demás núcleos de poderes (territoriales, políticos, económicos, etc.). El poder estatal tiene eso: es el monopolio de los monopolios. Ahora, según cómo utilizas ese monopolio va a depender cómo va a ir tu proceso. Te pongo el ejemplo de la nacionalización: quieres nacionalizar hidrocarburos, eso va a tener un efecto inmediato: va a hacer que todos los personajes se vayan, se paralice la actividad. Tienes que pensar cómo haces para funcionar luego. Luego, la más complicada: te hacen inmediatamente un juicio. Tú tienes tu derecho soberano para nacionalizar, pero ellos tienen su derecho a ampararse y a proteger sus inversiones demandándote. Puedes tardar un año, dos, pueden embargarte tus reservas internacionales guardadas en el extranjero.

¿Qué hicimos nosotros? Dijimos, revisemos antes los papeles. Toda empresa cometió algún error, siempre, por definición. Te agarras de ese error, lo judicializas, por los efectos del incumplimiento más sus multas son, ponte, 200 millones de dólares, frente a los 350 que pretenden ellos. Y sé que voy a encontrar más problemas que generarán más juicios. Y entonces negocias la indemnización. Eso hicimos con hidrocarburos, con ENTEL, con todo.

APU: Por otro lado, ¿hubo una desmovilización o reflujo social popular en el proceso boliviano en los últimos años previos al golpe de Estado? ¿Se fue erosionando o disolviendo el enraizamiento del Estado en los movimientos sociales durante el último tiempo de gobierno del MAS?

Álvaro García Linera: Para empezar, hay que decir que los momentos de ascenso social de los sectores populares y plebeyos no es perpetuo ni permanente, sino por oleadas, y eso es normal en la historia de las sociedades. Después de las grandes luchas y movilizaciones, los grandes hechos que cambian las sociedades, la gente regresa a su mundo cotidiano, y esos reflujos son normales. Y es clave allí cómo en la cresta del proceso de movilización social logras cristalizar como derecho, institución, experiencia colectiva, sentido común del mundo, esas luchas.

Hubo en Bolivia una convocatoria a sectores que protagonizaron las luchas para hacerse cargo de niveles importantes de conducción del Estado, y eso significó no solamente una modificación de un nivel de conducción fundada en diferencias políticas, sino también fundada en diferencias étnicas y racistas. Fue la plebe entrando al Estado: sectores que habían sido excluidos durante décadas, hasta siglos. Ha sido muy evidente, en espacios que eran reservados totalmente para sectores de clase media, profesionales con cierto apellido, con cierta notoriedad social y con larga tradición de vinculación al Estado como proveedores, consultores, etc. Fue un hecho de democracia. Eso ha ido en contra de la lógica falsamente meritocrática, en un medio en que estaba segmentado clasista y étnicamente.

Ahora bien, en este escenario, ¿que comenzó a darse? Tanto en el período de reflujo social de la gente a lo local como de renovación clasista y étnica de la composición de la administración del Estado. Sindicatos y organizaciones sociales que ya no habían atravesado este periodo de lucha, de forja en la adversidad, frente a los gobiernos, a la empresa, y en la medida en que la mayor parte de las demandas sociales de la gente de base no necesitaban la fuerza de la confrontación frente al gobierno para ejecutarse -incremento salarial, vivienda social, mejora de la infraestructura, etc.

Se comenzó a tener recursos para ir cumpliendo esas demandas y ello llevó a un relajamiento también al interior de la sociedad civil entre los niveles de dirección y las bases, un proceso de distanciamiento. No diría burocratización, en el sentido de que son los mismos. Al contrario, tiene una excesiva rotación, en esa lógica de que no se permite que se establezca una capa burocrática que tape los poros de una base movilizada. Es muy democrático, pero tiene sus efectos en el ámbito de la cohesión de la estructura organizativa y es lo que ha pasado recientemente. Los niveles de dirección, de un nivel bajo-medio para arriba han entrado en una dinámica ya no tanto de la organización, la lucha, la formación, porque no había necesidad de la confrontación frente al gobierno. Se entró en una disputa por la ocupación de los cargos públicos. La organización social ha devenido en un mecanismo de apuesta a la ocupación de cargos públicos y por lo tanto de movilidad social de personas del pueblo, como un ascensor de movilidad social.

APU: Entonces, empezaron las movilizaciones opositoras…

Álvaro García Linera: Si no tienes grandes problemas eso funciona, en una sociedad que se ha estabilizado, que se mantiene con crecimiento, no hay necesidad de grandes confrontaciones, que tiene un gobierno que está muy atento, en consulta. Evo se reunía con el ejecutivo nacional y luego con el departamental, provincial, de barrio. Tenía por día 10 reuniones, todos los días. Cuando se contabilizó, había tenido cerca de 15.000 reuniones frente a 80 aprox. de los presidentes anteriores. Una locura, imposible de comparar. Entonces, las grandes demandas sociales podían ser canalizadas directamente frente a la presidencia. Pero las organizaciones sociales, de ser actores de lucha social y de conversión de la fuerza numérica en voto (en los años 2000-2010), devinieron menos en organización y lucha, y más de conversión de la fuerza numérica en voto y mecanismo de movilidad social.

Cuando en 2019 hubo que defenderse, para movilizar en función ya no del voto sino de la resistencia, se expresaron estos problemas. Había que mostrar la fuerza de masas frente a esta movilización de sectores de clase media tradicional, que no eran masivas, pero sí persistentes. Una fuerza de masas que demuestre tu convocatoria y legitimidad, no para enfrentarse sino simplemente para defender. Pero no la tenías, no había vínculo orgánico. Cuando entran los militares es lo que cambia. Si no se hubiera dado un momento donde una de tus instituciones -el monopolio de la coerción- se da vuelta podías mantenerte así 5 años más, pero la debilidad de esto es que no funciona en momentos de tensionamiento.

Entonces, ¿qué lecciones sacamos más en lo conceptual? Un gobierno progresista tiene dos ámbitos de gobernabilidad: la legitimidad electoral y el parlamento, y el ámbito de la calle. No puede dejar de tener su brazo de gobernabilidad en la calle, por muy tranquilo que se esté. Las derechas han salido a disputar la calle, por más que no tengan tu fuerza.

Por otro lado, parte de esas clases medias que se enfrentaron con nosotros y nos interpelaron con el tema de la democracia, tienen que ver con un vacío que dejó el Proceso de Cambio en el mundo de formación de la cultura (en las cátedras, los medios de comunicación, etc.), un problema de relevos. Más aún en Bolivia, donde lo que se discute en las universidades influye mucho en el ámbito familiar. Hay una sobrevaloración de la educación como mecanismo de ascenso social: tiene una función cuasi sagrada lo educativo, la autoridad del profesor, en el mundo popular, imaginado como medio de ascenso social -aunque luego ello no se dé tanto en la realidad.

APU: La última: en tiempos de crisis civilizatoria que la pandemia manifestó crudamente, ¿qué mito movilizador, horizonte utópico, te imaginas que puede funcionar para las fuerzas populares o progresistas y el pensamiento crítico?

Álvaro García Linera: La clave de la época no es tanto la existencia del mito movilizador sino la ausencia de mitos. El neoliberalismo, la globalización, también en su tiempo el socialismo, representaron mitos. Y la clave de este tiempo es la evanescencia, resquebrajamiento de los mitos. Eso puede ser bueno porque veníamos de un mito dominante muy poderoso: el globalismo como ideología. Una cosa es el hecho material, que está ahí y seguirá funcionando, pero como ideología, esperanza en torno al cual uno dirigía todas sus expectativas, esfuerzos, apuestas de vida, eso comienza a desvanecerse. Y lo que tienes ahora es incertidumbre. La cualidad de la época es la incertidumbre.

Reivindico este momento de incertidumbre estratégica porque es un momento de creatividad a nivel mundial, como lo fue en los años 2000 en América Latina. Solamente que surge y se elabora en ese laboratorio donde habrán de surgir, pelear los futuros mundos, unificadores de expectativas, de identidad. Desde el lado conservador, salvacionista religioso, tienes ahí la Biblia entrando al palacio en Bolivia, o Camacho diciendo que quería que Dios gobernara en Bolivia.

Aparecen también salidas más progresistas, que todavía no tienen forma. El progresismo latinoamericano en cierta manera fue un adelanto, un preámbulo de lo que ha sucedido, y adelantó cosas que ahora se discuten: mercado interno, distribución, mayor participación. Con sus problemas, sus dificultades, por supuesto. Pero no es un proyecto agotado: no ha fallado por agotamiento, sino que lo interrumpieron y bloquearon. Por supuesto que puede persistir y renovarse.

Hay una diversidad de propuestas -progresistas, centristas, más radicales- para enfrentar esta crisis, pero ninguna tiene todavía la cualidad unificadora de mito, a excepción del progresismo latinoamericano, que se implementó y ha dejado huellas, lo cual posibilitó recuperar ciertos gobiernos. En otras partes las propuestas progresistas todavía están a nivel de laboratorio de academia, son de grupos de amigos, conocidos que se leen sus libros. Pero todavía no hay un mito unificador, universal, planetario.

Creo que se ha abierto en esta década un debate en torno a esta incertidumbre de cuál es nuestro destino imaginado. Somos seres de creencias, necesitamos una creencia movilizadora a la cual aferrarnos, luchar, hacerse perseguir, sacrificar esfuerzo. Para las fuerzas de izquierda es un gran momento, hay que bregar para que la idea fuerza que alumbre el orden sea la progresista y no la conservadora. Que supere las dificultades de la experiencia previa, que vaya más allá de lo que se hizo en la última etapa y también de lo que se pensó en el siglo XIX. No está nada dicho, no hay saberes legítimos ni hay modelos a imitar, ni autoridad a la cual seguir y obedecer en este debate. Entonces es un momento de mucha creatividad, pero esta incertidumbre de época tiene que cerrarse. La gente no puede estar mucho tiempo en incertidumbre, es desesperante.

Son tiempos que no duran mucho, son cortos en la perspectiva de la historia social en que tiene que dirimirse de una u otra manera un tipo de esperanza, creencia movilizadora. Como idea inicialmente, pero engarzada en la gente, los jóvenes, estudiante, la calle. Es un momento que nos demanda creatividad y vinculación para que las ideas se vuelvan hecho material.

Por Julian Bilmes | 23/01/2021

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Sábado, 23 Enero 2021 06:09

Los facilitadores

Los facilitadores

La banalidad del mal. Arendt ofreció un reportaje al New Yorker sobre el juicio al criminal Eichmann. Ahí se refiere al hecho de que Eichmann, culpable de crímenes que llevaron al exterminio de millones de seres humanos, no era un monstruo desequilibrado, sino un burócrata mediocre celoso del cumplimiento de las órdenes de sus superiores y, sobre todo, de quien consideraba el origen de todas las órdenes legítimas, Hitler mismo. Hannah Arendt se refiere al vacío intelectual y moral de Eichmann, al hecho de que su incapacidad para hablar de manera coherente durante el juicio estaba íntimamente conectada con su incapacidad para pensar desde la perspectiva de los demás.

El mal. Arendt sentencia que el mal proviene de una falla para pensar. Eso es a lo que se refiere cuando habla de la banalidad del mal. No que el mal sea insignificante, sino al contrario, porque aparece realizado por gente normal y mediocre y no sólo por gente desequilibrada, tiene efectos más devastadores. No se trata de exculpar a criminales, sino entender la manera como el mal puede extenderse si no hay contrapesos sociales, resistencia y denuncia explícita.

Trump. Ya se fue. Pero queda un segmento de la población que existe desde hace mucho tiempo, pero que con la globalización y la crisis de los opiodes en Estados Unidos adquirió mayor presencia y militancia. Aunque se trata de un conjunto abigarrado donde convergen una infinidad de grupúsculos, tienen varias características en común: racismo, misoginia, homofobia, religiosos fanáticos vinculadas a alguna de las múltiples iglesias evangélicas, adictos a todo tipo de narrativas conspiratorias y poseedores de armas. Blancos supremacistas que no sólo se sienten superiores a otras razas, sino son agresivamente opositores a todas las minorías étnicas, sociales y culturales. Sufren en común algunos agravios: desplazados del estatus económico de clases medias y víctimas de distintas formas de drogadicción que terminan por afectar en conjunto su esperanza de vida y sus condiciones de salud. Se sienten, además, menospreciados por la población urbana que habita en las costas este y oeste de Estados Unidos.

La política del ressentment. Ese conjunto de sentimientos y fobias ligadas al resentimiento y al rechazo a lo diferente, fue ampliamente utilizado sobre todo por políticos del Partido Republicano, que buscando ganancias a corto plazo lograron canalizarlos en el ámbito electoral. Empero, fue Trump quien logró articular a ese abigarrado conjunto a través de dos movimientos estratégicos. Por una parte, su éxito en la primarias republicanas y luego su triunfo en 2016 le permitieron conquistar la dirección política del Partido Republicano. Logró expulsar literalmente a los republicanos ortodoxos del tipo de la dinastía Bush y dominar a las fracciones republicanas en ambas cámaras legislativas. Por otro parte la narrativa MAGA –siglas en inglés del lema hacer América grande otra vez– proporcionó la argamasa ideológica para unificar a esas masas inconformes, a través de medios electrónicos favorables como la cadena Fox y otras, y redes sociales vinculadas con la extrema derecha.

Los enablers. Así como continúan presentes los síntomas de una sociedad dividida expresados en un sector muy amplio del electorado –no olvidar que más de 73 millones de electores votaron por Trump–, también están presentes aún los facilitadores del discurso excluyente y racista de la derecha estadunidense. El más notable desde el Partido Republicano fue el líder del Senado, Mitch McConnell, quien se pasó ocho años torpedeando las iniciativas presidenciales de Obama. Desde los medios fue sin duda Rupert Murdoch –el dueño de Fox News–, la nodriza del fenómeno Trump usando a sus comentaristas mas significativos como Sean Hannity. Esos facilitadores cargan una gran responsabilidad en el daño que han infligido Trump y sus seguidores en Estados Unidos y en el mundo.

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¿Dispersión, polarización o repolarización? El panorama electoral ecuatoriano

El 7 de febrero, Ecuador elegirá al sucesor de Lenín Moreno, un gobierno marcado por la incompetencia y la corrupción. Las encuestas muestran que tres opciones pueden llegar a la segunda vuelta: el correísmo, representado por el joven Andrés Arauz, que promete un futuro ya vivido en el pasado; el empresario Guillermo Lasso, con un discurso neoliberal; y el dirigente indígena Yaku Pérez, que de manera sorpresiva tercia entre los otros dos con un discurso ambientalista y de referencias ancestrales.

 

Las elecciones locales de marzo de 2019 en Ecuador batieron un récord en el número de candidatos: los más de 80.000 aspirantes eran casi el triple de quienes se presentaron en las elecciones locales cinco años antes. Las presidenciales previstas para el 7 de febrero de 2021 ya tienen su propio récord: 16 candidaturas, el mayor número desde la formación de la república en 1830. La dispersión ha sido la marca dominante en el sistema político que legó la implosión del partido Alianza País, una vez que la descollante figura de Rafael Correa abandonara el país y dejara tras de sí un reguero de denuncias, juicios y condenas por corrupción. 

La razón es fácil de comprender. El desbande del partido que dominó el escenario electoral ecuatoriano por una década alienta el cálculo de que casi cualquiera puede ganar las elecciones en medio de la confusión. Entre 2007 y 2017, el predominio del partido conducido con mano de hierro por Correa presionaba a la unidad de sus opositores, ya que en los lugares donde las candidaturas se multiplicaban el partido dominante podía arrasar como primera minoría. Incluso allí donde las coaliciones eran imposibles, los votantes tendían a alinearse ampliamente a favor o en contra del gobierno. Era el conocido escenario de la polarización: las terceras opciones quedaban marginadas, sea por los políticos, sea por sus seguidores. 

Un ejemplo. La coalición de izquierdas opositoras al gobierno de Correa, que presentó dos candidaturas unitarias en 2013 y 2017, se encuentra ahora dispersa en cinco candidaturas diferentes: Gustavo Larrea, por Democracia Sí; Paúl Carrasco, por Juntos Podemos; Xavier Hervas, por Izquierda Democrática; Yaku Pérez, por Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik; y César Montúfar, apoyado por el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE). El mismo panorama de dispersión se constata entre los pedazos que todavía se mueven del antiguo Alianza País: al menos cuatro candidaturas encabezadas o promovidas por antiguos funcionarios del correísmo.

En ese marco de dispersión política, es claro que hay una poderosa tendencia que apuesta por recuperar la antigua polarización. Quienes la empujan son precisamente quienes se beneficiaron de ella al presentarse como los «polos» de la oposición binaria dominante. Es decir, los dos candidatos que encabezan las encuestas: el ex ministro Andrés Araúz por  Unión por la Esperanza, y el banquero Guillermo Lasso por el partido Creando Oportunidades en alianza con el Partido Social Cristiano (PSC). La fuerza social subyacente que impulsa esta tendencia a revitalizar la antigua polarización es un ambiente económico y social crítico. La crisis económica y fiscal, las políticas de ajuste y austeridad, el desplome económico y sanitario agudizado por la pandemia de covid-19 y profundizado por la incompetencia y la corrupción del gobierno de Lenín Moreno son todos factores que despiertan una intensa indignación social. La tormenta perfecta en la que se despliegan con más éxito los discursos y las esperanzas radicales o que se pretenden como tales. 

Lasso se presenta a sí mismo como el portaestandarte de un modelo empresarial alternativo al «estatismo correísta». Nada nuevo bajo el sol. Iniciativa privada, reducción de impuestos, inversión extranjera que entrará a raudales por la confianza en un gobierno serio y Estado mínimo. El petróleo y la minería se presentan esta vez como el corazón de la recuperación prometida, aderezada con créditos subsidiados para pequeñas empresas agrícolas al 1% de interés y 30 años plazo. El resultado publicitado de semejante receta es dos millones de nuevos empleos en lugar del millón que se propagandizó en las elecciones pasadas con las mismas medidas. 

Andrés Aráuz es un joven funcionario de segunda línea, y de perfil técnico, del correísmo, casi desconocido hasta ahora. Precisamente por esas razones fue escogido: se puede presentar como «nuevo» y «fresco», al tiempo que reivindica sin atenuantes, ni la sombra de una autocrítica, a la revolución Ciudadana. El discurso de Aráuz pone el acento en que sus promesas son viables porque ya se vivieron en el gobierno de su mentor, que aparece, desde Bruselas, como la figura omnipresente de sus materiales de campaña. «Recuperar el futuro», el eslogan electoral, representa bien su mensaje: un futuro ya vivido en el pasado. Ha prometido que en la primera semana de gobierno entregará mil dólares a un millón de familias y que repatriará los capitales transferidos al extranjero, mientras su estrategia electoral lo presenta como el enemigo de todos los partidos, la prensa y los banqueros coligados en su contra. Una clara repetición de la fórmula ganadora de 2006. Todos son atacados como los cómplices de un gobierno descompuesto e inútil cuya bancarrota aparece como la mejor prueba de la bondad del pasado. El correísmo tiene un piso de votos importante que oscila entre el 20 y el 30% del electorado. Suficiente para llegar a la segunda vuelta.

La novedad del momento es que por primera vez desde 2006 una tercera candidatura disputa ese escenario de polarización. La candidatura de Yaku Pérez, por Pachakutik, es una suerte de alternativa de «re-polarización» debido a la agenda económica, social y ambiental que impulsa. Re-polarización porque reordena las polaridades alrededor de otro polo, el movimiento indígena y sus aliados, en lugar de los dos tradicionales anteriores, el caudillismo correísta y el proyecto empresarial. La base de su agenda económica se asienta en el programa elaborado en desordenadas y multitudinarias asambleas luego de la masiva rebelión popular de octubre de 2019, que propone aumentar impuestos directos a las grandes fortunas y grupos económicos. El protagonismo indiscutido de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) en ese levantamiento, de la cual Pérez fue dirigente hasta marzo de 2019, cuando fue elegido prefecto de la provincia del Azuay, en el sur andino, es lo que explica esta inédita oportunidad de una victoria electoral nacional de un candidato indígena. Pérez ha insistido en una estrategia de campaña basada en un discurso ambientalista, con acentos sentimentales, que insiste en la armonía y los valores ancestrales. Es un discurso nuevo, que en sus formas elude lo que entendemos usualmente por «polarización». Sin embargo, su programa de gobierno, en caso de aplicarse, reorganizaría la polarización pero no la eliminaría. 

Solo estos tres candidatos tienen oportunidades de ganar. Si venciera cualquiera de los otros 13 candidatos sería el resultado de una sorpresa monumental. Si gana Lasso, su programa económico y su absoluta falta de carisma personal, hace muy poco probable que construya una hegemonía electoral estable por un período prolongado. Es más probable que el liderazgo de la oposición a su agenda conservadora se dispute arduamente entre los indígenas y el correísmo. Si vence Aráuz, la antigua polarización podría reeditarse, pero su gobierno carecerá de una base social organizada, del escenario de bonanza económica que presidió sus éxitos pasados y de cualquier mayoría parlamentaria. Con todos los partidos y movimientos sociales en contra, es probable un escenario político de nueva Asamblea Constituyente, en un intento de reconstruir su hegemonía electoral y algún tipo de acuerdo con los sectores empresariales. Un gobierno de Yaku Pérez es quizá el más incierto de los tres. Su única fuente de poder inicial sería el poderoso movimiento indígena, el más organizado movimiento social (en estricto rigor, el único) con que cuenta el país. No alcanza, pero es una base menos maleable que la voluntad y el carisma personal de Correa, que es el principal activo político con que cuenta el partido de Andrés Aráuz.

Sin Pérez, la Conaie seguiría siendo más o menos lo que siempre ha sido; si mañana desapareciera Correa, todo su movimiento quedaría huérfano, sin conducción y sin oportunidad creíble de reinventarse. Dispersión, polarización, re-polarización. Una agenda neoliberal, una reedición del caudillismo personalista, un movimiento social auténtico, heterogéneo y vital, urgido por inventar una difícil e incierta hegemonía política. En las elecciones de febrero de 2021 las alternativas son auténticas. Y no son dos sino tres. 

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Viernes, 22 Enero 2021 05:29

Condena a Assange e indulto para Bannon

Condena a Assange e indulto para Bannon

El asalto al Congreso de EE.UU. demuestra que la mentira (pseudo, en griego) ha gobernado el país. El indulto de Donald Trump a Steven Bannon asegura impunidad a quien convierte la democracia en pseudocracia (el régimen de la mentira). Y la reciente condena a Assange, advierte del castigo a quienes la combaten garantizando nuestro derecho a conocer y contar la verdad; es decir, a construir y narrar nuestra historia.

La prensa se demuestra independiente cuando defiende el interés público; es decir, cuando representa los intereses de "su" público, haciéndolos compatibles con el interés general. Por eso antepone "nuestras" voces a las fuentes oficiales y con más poder. Hoy resulta más factible que nunca, pero la democracia deviene en pseudocracia.

Somos muchos quienes trabajamos con bancos de datos y de documentos digitalizados. Al liberarlos, ponemos dique a la mentira oficial y corporativa que nos inunda. Además, así combatimos la acumulación y la desigualdad de poder. Porque los estados y las corporaciones tecnológicas, en comandita y de forma sistemática, registran todas nuestras comunicaciones.

Aliándonos con periodistas profesionales y filtrándoles documentos controlamos a quien gobierna y mercadea con nuestra privacidad e intimidad. Juntos actuamos como un Cuarto Poder en Red. Y dejamos de ser mineros de datos y propagandistas sin salario de quienes monopolizan y explotan nuestras comunicaciones.

Wikileaks apostó por una independencia periodística basada en la cooperación ciudadana y entre medios. Un periodismo realizado entre todos y para todas. De ahí la importancia de la sentencia que recibió Julian Assange el pasado 4 de enero. No le extraditarán a EE.UU. pero le niegan la libertad provisional. Sigue preso en la cárcel conocida como la Guantánamo británica, a pesar de su deteriorada condición física y mental. Porque, según la jueza, si fuese extraditado a EE.UU. correría peligro de suicidarse. Y, si lo liberase, de fugarse.

"Las paredes de la embajada [de Ecuador en Londres, que le acogió durante siete años) me son tan familiares como el interior de mis párpados", dijo Assange a Michael Kopelman, profesor de neuropsicología en Kings College. Le había visitado veinte veces y, tras manifestar su "intensa preocupación suicida", testificó que el australiano escucha voces alucinatorias, despectivas y persecutorias en su cabeza: "La voz es como, Eres polvo, estás muerto, vamos a por ti".

Assange aún se arriesga a ser extraditado y a cumplir 175 años en el "Alcatraz de las Rocosas", en Florence, Colorado. La negativa a concederle la libertad provisional y el tratamiento que ha recibido fueron calificados por el Relator de la ONU, Niles Metzer, de "confinamiento no justificado", "guerra y tortura psicológica". Concluye que la sentencia tiene dos consecuencias terribles.

La primera, que el periodismo de investigación basado en filtraciones no oficiales podrá perseguirse como delito de espionaje. Y esto, llevado a la práctica, elimina el derecho de asilo por motivos políticos; ya que el espionaje entra en esta categoría de delitos.

En resumen y que lo entiendan bien los periodistas de investigación y filtradores: "os pudriréis en la cárcel y desearéis suicidaros". Días después y antes de abandonar el poder, Trump indultó a varios criminales de guerra. Y, entre ellos, a quien dirigió la ofensiva contra los periodistas - considerados por el ex-presidente "el enemigo número uno del pueblo norteamericano" - que le llevó a la Casa Blanca.

Steven Bannon ha sido premiado conun indulto, tras embolsarse un millón de dólares que decía recabar para construir el muro con México "sin percibir un centavo". ¿Cuánto valían en el mercado negro los cables de las guerras de Irak y Afganistán o los del Departamento de Estado que Wikileaks entregó gratis a unos medios que tanto los rentabilizaron? ¿Y qué han hecho por Assange? El periodismo corporativo vende a los ciudadanos digitales que se reclaman sujetos comunicativos de pleno derecho y se vende al mejor postor.

El asalto al Capitolio demostró que el enemigo está en casa y en las instituciones. Y que entre estas debemos añadir a las corporaciones tecnológicas: auparon a Trump y ahora le vetan en las redes y plataformas. Lo hacen sin aplicar un protocolo, ni rendir cuentas a nadie. Como hicieron desde el inicio y con tantos otros. Siempre que convenga al negocio. Esta vez, actuaron tras constatar que el reality show se hacía realidad y que los demócratas dominarían el Congreso pudiendo aprobar medidas anti-monopolio contra las tecnológicas. ¿Nuestra libertad de expresión es su negocio? 

El bussiness as usual del capitalismo cognitivo se defiende con lawfare: guerra legal y tortura carcelaria ejemplarizantes para quienes desafían la pseudocracia. Las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), que llevaron a las huestes de MAGA (Make America Great Again) al Capitolio actúan de cancerberos de la libertad de expresión. Y los pseudoperiodistas quedan impunes y serán bien remunerados para instaurar el régimen de la mentira.

Joe Biden debiera indultar a Assange y a Snowden. Y condecorar a Chealsie Manning. Si no será difícil impedir que Trump o un sucesor aventajado regrese "a su manera". No abandonarán las pantallas, para luego tomar las instituciones, mientras aceptemos que the show must go on. El periodismo independiente debe parar el degradante espectáculo de la pseudocracia, que incluye la primera toma de posesión de la presidencia de EE.UU. ante banderas en lugar de ciudadanos

22/01/2021

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El discurso de Joe Biden: sin anuncios y con un llamado vacío a la unidad

Joe Biden prestó juramento como el 46º Presidente de los Estados Unidos. En su discurso, habló muy poco sobre política o la situación que enfrentan millones de personas. En cambio, habló en términos vagos sobre la necesidad de "democracia" y "unidad" al comenzar su intento de restaurar la fe en las instituciones de Estados Unidos.

 

Poco después de que Estados Unidos llegara a 400.000 muertes por coronavirus y fuera sacudido por la toma del Capitolio por la extrema derecha, Joe Biden asumió como Presidente. En una escena distópica, políticos del Partido Demócrata, un sacerdote y celebridades se subieron a un escenario frente a un campo sin público, lleno de banderas en un Washington D.C. altamente militarizado, que ha llegado a ser conocido como "la fortaleza DC". Todos llevaban máscaras.

La toma de posesión de Biden se produce en un contexto en el que millones de personas esperan un cambio y quieren acabar con los problemas que aquejan a la clase obrera y a los oprimidos en los Estados Unidos. Desde erradicar la violencia racista de la policía hasta conseguir derechos básicos como sindicatos, un salario digno, vivienda asequible y el llamado Medicare for All, millones han puesto sus esperanzas de reformas progresivas en Biden. El discurso de unidad trató de ocultar el hecho de que estas expectativas chocan con los intereses del gran capital y con el Trumpismo que, a pesar de que se fue de Washington, todavía goza de un importante apoyo público.

Por primera vez en 150 años, el presidente saliente se negó a asistir a la inauguración. Esta mañana temprano, Donald y Melania Trump fueron llevados a Florida en el avión presidencial Air Force One. El ex vicepresidente Mike Pence, sin embargo, asistió a la inauguración como el último paso en la rehabilitación de su imagen y su re aceptación en el establishment político.

La ceremonia intentó claramente destacar la diversidad racial y complacer, aunque superficialmente, a los mayores movimientos de los últimos cuatro años, Black Lives Matter y la Women’s March (Marcha de las Mujeres). Kamala Harris, la primera mujer y afroamericana en ocupar la vicepresidencia, prestó juramento ante Sonya Sotomayor, la primera latina en la Corte Suprema.

A pesar de los intentos de mantener la continuidad con las ceremonias pasadas, nada en la escena era normal. Todo el espectáculo consistía en apuntalar la imagen de la democracia norteamericana y sus instituciones, que se vieron sacudidas por las protestas de la derecha hace sólo unas semanas.

Desde entonces, Donald Trump y la extrema derecha han sido disciplinados y censurados tanto por las grandes empresas como por la clase política. Ayer, Trump hizo un discurso concediendo la elección y deseándole buena suerte a Biden--- pero también prometiendo que "volverá de alguna manera". Se rumorea que Trump está tratando de organizar su propio partido político. Mientras que la extrema derecha fue disciplinada en el corto plazo, no van a desaparecer y todo indica que Biden lo sabe.

Biden tiene que caminar por una fina línea entre una extrema derecha radicalizada por un lado, y una base cada vez más progresista en el Partido Demócrata por el otro. En los días anteriores a la asunción, sus declaraciones incluyeron algunas políticas y promesas progresistas. Se dispone a emitir órdenes ejecutivas para detener la construcción del muro fronterizo y poner fin a la prohibición de viaje que pesa sobre algunos países musulmanes, y prometió una amplia respuesta de COVID, incluyendo la duplicación del salario mínimo federal, un amplio programa de vacunación, y cheques de 1.400 dólares para todos los que califiquen. Las primeras dos promesas son de corte simbólico y fácilmente realizables, las últimas tres seguramente serán resistidas por el establishment.

Pero estas políticas estuvieron ausentes en el discurso de asunción. En realidad se podría decir que la política estuvo ausente. Fue un discurso vacío... completamente desprovisto de una hoja de ruta de lo que será su presidencia. Fue un discurso construido alrededor de la glorificación de la democracia estadounidense y vacíos llamados a la unidad. Su discurso tenía el único propósito de apagar los fuegos que se desataban sobre la política del país. Pero dado el alcance de la pandemia y la crisis económica, esto es una bofetada en la cara de la gente que está luchando.

Democracia y unidad vacías

La palabra que más sonó en la ceremonia fue "democracia", que según ellos ha sido probada y sacudida por Donald Trump. De hecho, Joe Biden abrió su discurso diciendo: "Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa. La democracia es frágil. Y en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido". Cada orador habló de la "fuerza" de la democracia norteamericana --- así como la necesidad de fortalecerla, apreciarla y revigorizarla en la presidencia de Biden. La idea central fue la supuesta vuelta a la normalidad.

En su discurso, Biden pidió el fin de la "guerra incivil". Continuó diciendo, "la política no tiene por qué ser un fuego ardiente", llamando a los estadounidenses a unirse a pesar de los desacuerdos. Prometió ser un presidente para todos y escuchar a todos, incluyendo a los votantes de Trump. Esta unidad, para Biden, se basa en la historia y en una identidad como estadounidenses. Demás está decir que en un país profundamente dividido y polarizado, la unidad no es más que una quimera.

Irónicamente, Biden dijo que "Para superar estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de EE. UU., se requiere mucho más que palabras". Requiere la más evasiva de todas las cosas en una democracia: la unidad." Pero de hecho, palabras fue lo único que tuvo para ofrecer. Muchos presidentes usan su discurso de inauguración para señalar las políticas que buscan aprobar, Biden no. Mencionó la pandemia sólo cuatro veces en su discurso. La unidad y la democracia, sin embargo, fueron mencionadas 14 y 15 veces, respectivamente.

"Entiendo que muchos de mis compatriotas vean el futuro con miedo y temor. Entiendo que se preocupan por sus trabajos. Pero la respuesta no es volverse hacia adentro, retirarse a las facciones competidoras.... Podemos hacerlo si abrimos nuestras almas en vez de endurecer nuestros corazones." Abrir nuestras almas no paga la renta ni pone comida en la mesa.

La falta de contenido del discurso fue un cálculo intencional: Biden y su equipo saben que tendrá que enfrentarse a su base para satisfacer a Wall Street. Al cambiar el foco de atención de la política a nociones abstractas, Biden se apoya sobre el bipartidismo como una cubierta para sus próximas traiciones a sus (ya lúgubres) promesas de campaña.

Otro objetivo claro de esta "unidad" y "democracia" es restaurar la hegemonía estadounidense en el extranjero; proyectar la imagen de un Estados Unidos fuerte y capaz dispuesto a liderar el mundo una vez más. En este ámbito, Biden y Trump están de acuerdo: las prioridades son disciplinar a China y alinear a los aliados de EE.UU. para sostener la hegemonía imperialista americana. Biden ya ha anunciado que reconocerá a Juan Guaido como el líder de Venezuela, y está tomando el mando justo en el momento en que los EE.UU. se preparan para reprimir la caravana de inmigrantes de Honduras.

La antidemocrática democracia de EE. UU.

Esta glorificación de la "democracia" estadounidense es a la vez risible y una ilusión peligrosa para la clase obrera y los oprimidos. Como hemos visto en los últimos meses, sus instituciones desde el Colegio Electoral, a la Corte Suprema, al Senado, son completamente antidemocráticas por diseño. Biden no está interesado en crear un sistema más democrático, sino más bien en relegitimar las instituciones que han sido empañadas por los años de Trump. Enmarcando los últimos meses como un triunfo de la democracia sobre la extrema derecha, pinta a Trump como una anomalía y se propone reforzar el poder represivo del Estado en sus ataques contra la extrema derecha.

El concepto de unidad también se está desplegando de forma intencionada y cínica. Biden ciertamente llamará a la unidad contra las políticas "divisivas" como la demanda de nuestros derechos básicos: el derecho a la asistencia sanitaria o a un medio ambiente limpio en el que vivir. Es una palabra clave para Biden que busca "bipartidismo"--- a un Partido Demócrata que a pesar de tener los votos le dará la espalda a las demandas progresistas. Busca un consenso bipartidista, lo que seguramente significa que cualquier concesión que Biden ofrezca será por la gran presión ejercida por su base social que ya, en el último año, ha mostrado su disposición a movilizarse en las calles.

Una débil unidad

El hiper enfoque en la democracia y la unidad también revela lo débil que es la presidencia de Biden. A un país en crisis económica, política y sanitaria, Joe Biden le ofreció palabras vacías. ¿Por qué? Porque está tratando desesperadamente de mantener la coalición anti-Trump que lo llevó a la presidencia y se expandió a medida que Trump se volvió más errático y se inclinó hacia la supremacía blanca conspirativa de la extrema derecha.

Biden fue elegido por una amplia coalición que incluía a todos, desde el ex presidente repubicano George W. Bush hasta Bernie Sanders y la dirección del Democratic Socialists of America (DSA). Era el favorito de Wall Street, a pesar de cierta inquietud capitalista por el exceso de gastos. Fue capaz de tejer esta coalición con la única promesa que se exhibe hoy en día: que volvería a legitimar las instituciones, calmaría el tumultuoso terreno político, y traería la estabilidad para que el capitalismo y el imperialismo puedan seguir funcionando como de costumbre. Su promesa central: nada cambiará fundamentalmente.

El problema es que millones de personas quieren un cambio, de hecho, millones de personas necesitan un cambio debido a la crisis económica y la pandemia. Casi medio millón ya han perdido sus vidas. Y estas masas pueden chocar con la administración Biden.

Biden está tratando de usar la zanahoria de la unidad y el garrote de los ataques de la extrema derecha a la democracia para mantener su coalición. Pero las grietas ya están empezando a mostrarse. Biden prometió $2000 a todos los estadounidenses, pero sólo proporcionará $1,400. Esto enfureció a muchos de sus votantes progresistas, y provocó críticas del ala progresista del Partido Demócrata. Por otro lado, The Wall Street Journal criticó la medida, diciendo que estaba gastando demasiado. Esto es indicativo de las presiones sobre Biden como presidente.

Claro, en las próximas semanas y meses puede dar algunas concesiones, pero como demostró hoy, no es un reformista. Si queremos un cambio, tendremos que luchar por él. Biden y los demócratas quieren que nos sentemos y confiemos en que, porque han tomado el poder todo estará bien. Pero tanto la historia como el momento actual muestran que esto es una mentira. No podemos confiar en este partido del capital para proteger a la clase obrera más de lo que podemos confiar en el otro partido del capital. Debemos organizarnos y luchar tanto por nuestras demandas como contra los próximos ataques de Biden.

La frágil unidad burguesa que se creó con el asalto al Capitolio presenta en realidad una oportunidad para la clase obrera y los oprimidos. Millones de personas están hambrientas de cambios, y eso puede alentar a la clase obrera y al movimiento antirracista a no sentarse a esperar que los políticos progresistas negocien con el establishment y Wall Street por sus derechos o a luchar eficazmente contra la extrema derecha y decidir ganarlos en las calles. La Izquierda debe ser un factor en la reorganización de la clase obrera y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter; es hora de promover un gran movimiento nacional que tome el camino de la movilización y unifique todas las luchas, que todos los agravios y dificultades impuestas a la clase obrera, los negros, la gente de color, los inmigrantes, las mujeres, la comunidad LGBTQ+ se conviertan en un solo grito para conquistar todas nuestras demandas. Este es un primer paso para crear las condiciones para una lucha que puede llegar lejos, una lucha dirigida a desafiar al imperialismo bipartidista y arrancar el sistema podrido de raíz.

Por Tatiana Cozzarelli /  Ezra Brain

Miércoles 20 de enero | 19:13

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Biden y Trump: una película con final abierto

Singular y anómalo, el país que nunca tuvo nombre, y que desde su nacimiento excluyó el vocablo democracia en las poco más de 9 mil palabras que suman su Declaración de Independencia (1776) y Constitución (1787), junto con las 10 enmiendas (o Bill of Rights de 1791), y las 27 que añadió hasta 1992.

La primera de ellas: El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado. Un contrasentido, pues todos sus presidentes juraron frente a una Biblia. Y la segunda sostiene que no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas. Con lo cual, en aparadores, paredes y garajes de todo el país, las armas de fuego superan el total de su población.

Un país concebido para justificar el odio y el amor incondicional, y frente al que nadie ha permanecido indiferente. Recuerdo a mi viejo, por ejemplo, cuando comentó que había enviado 20 dólares a National Geographic, y la revista le devolvió un cheque por 20 centavos porque la suscripción costaba 19.80 dólares… ¡Sólo la estampilla costó 35 centavos!, narraba papá con admiración. Un país serio, añadió.

Sin embargo, aquel país seriohabía erigido su grandeza exterminando a los indios malos primero, siguiendo con la sangre de millones de esclavos e inmigrantes, por no hablar de la explotación y destrucción de pueblos enteros en los cuatro puntos del globo. Y que a finales del siglo XIX, añadió a Estados Unidos la expresión de América para fijar, de polo a polo, su área de seguridad nacional.

Una hermosa frase (¿populista?) de Abraham Lincoln: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo(Oración de Gettysburg, 1863). Pero la entidad llamada Estados Unidos de América, siempre fue gobernada por sus enemigos. Y Francia, igualmente proclive a universalizar ideales políticos, la incluyó en la Constitución de la Quinta República francesa (art. 2, 1958).

Como fuere, parece poco atinado (y cómodo) el recurso de sumar peras y manzanas para desenredar la crisis estadunidense. Así, asociar la derrota electoral del trumpismo (o la victoria de Biden) con la caída de la república alemana de Weimar (1918-33), puede desconcertar al lector urgido de explicaciones simples, que no simplistas.

En ese sentido, las películas Pandillas de Nueva York (Martin Scorcese, 2002) y Lincoln (Steven Spielberg, 2012) permiten una aproximación veraz al fenómeno Trump, y la esencia del capitalismo que los estadunidenses y el mundo llaman democracia, su antónimo.

La primera transcurre en 1862, cuando los problemas de la época giraban en torno a la inmigración irlandesa y la Guerra de Secesión en curso, y narra la historia del enfrentamiento entre dos pandillas rivales: los Nativos liderados por Bill Cutter, El Carnicero, y los Conejos muertos, un grupo de inmigrantes recién llegados. Mientras la segunda gira en torno a las intrigas y entresijos de Lincoln, para la aprobación de la enmienda que abolió la esclavitud.

Ambos filmes dejan claro que la noción de fraternidad, como bien apuntó Antoni Domenech (1952-2017), fue “un valor central en la ilustración europea […], pero nunca cuajó en Estados Unidos. Y es que los revolucionarios estadunidenses (como los europeos y los sudamericanos) hiperbolizaron la libertad republicana del mundo antiguo, reservando la democracia ateniense para la izquierda y la república romana para la derecha”.

Domenech sostiene que la democracia no es connatural al liberalismo. Agrega: “No ha habido ninguna idea en el mundo contemporáneo más revolucionaria que la de democracia, porque democracia quiere decir gobierno de los pobres […]. Ningún Padre Fundador, en Estados Unidos se llamó a sí mismo demócrata, y han dicho cosas terribles contra la democracia”.

Las grandes crisis políticas (individuales o sociales, tanto da) obedecen a procesos intransferibles y únicos. Y se entiende, en principio, la tentación de recurrir al ejemplo de Weimar. Pero en la analogía subyace el equívoco, quedando la duda de si, hasta la llegada de Trump, las pandillas de Washington debatían sus cuitas en una suerte de socialdemocracia made in USA.

En el contexto referido, Donald Trump fue, en efecto, la quintaesencia de la democracia más pervertida de la política contemporánea. No obstante, dialécticamente, hemos de agradecerle que haya desenmascarado el sistema que desde 1776 se ofrece como paradigma de libertad. A no ser (nunca faltan), los que por izquierda imaginan que partir de hoy, Joe Biden retomará sus ideales.

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El ex presidente ruso Medvedev fustiga el cibertotalitarismo y la democracia arcaica de EU

El ex presidente ruso Dmitry Medvedev, otrora bisagra con el atlantismo –hoy vicejerarca del Consejo de Seguridad que preside el zar Vlady Putin (https://bit.ly/3bReYFa)–, realiza un profundo análisis de la caótica situación de Estados Unidos (https://bit.ly/3itGGJx). Arremete contra su “ cibertotalitarismo(https://bit.ly/3syRXg2)”, en medio de la redición doméstica del golpe multicolor de Obama en la plaza Maidan de Kiev (Ucrania).

Medvedev fustiga el “papel sin precedente en la política pública de las redes sociales y los nuevos (sic) multimedia y de las empresas privadas de las tecnologías de la información que poseen estas plataformas”.

Juzga aberrante la suspensión por Twitter de la cuenta del todavía presidente Trump, que tenía “85 millones de seguidores” y la censura de sus otras cuentas que alcanzan “casi 200 millones de seguidores”. En un país con 330 millones de habitantes, hoy tan fracturado y al borde del totalitario monopartidismo neomaniqueo y/o de la balcanización, tales 200 millones no estarían sólo en Estados Unidos.

Medvedev se (pre)ocupa del “espectro de un cibertotalitarismo que gradualmente apabulla a la sociedad que arrastra consigo (y potencialmente al mundo entero)”. Aduce que aun si Trump “abandona la política en definitiva y los gigantes tecnológicos borran su huella digital (sic), las mentes (sic) permanecerán inmensamente polarizadas”. Medvedev señala que “las redes sociales carecen de regulaciones especiales”, por lo que se dieron el lujo de “bloquear decenas de miles de seguidores de un presidente en funciones en todo género de plataformas”.

Considera que “para Washington y el resto del mundo este nivel de censura de las trasnacionales es verdaderamente un fenómeno extraordinario (sic)”. Coloca una pregunta como estocada: “¿Quiénes son esos jueces supremos que deciden, de su propia voluntad y basado en sus propias reglas –pero guiados por sus preferencias políticas–, privar al presidente de un país la oportunidad de comunicarse con una audiencia de muchos millones?”

Pone su dedo en la llaga, ya que “varias trasnacionales tecnológicas que se encuentran en California (sic) gozan de un apetito por el poder y piensan que es posible manipular las noticias y hechos para que se adapten a sus propias preferencias políticas. ¡Es una flagrante censura!”. California, feudo demócrata de la vicepresidenta Kamala Harris, es asiento del Big Tech de Silicon Valley, de donde, por cierto, ya empezaron a migrar varias empresas –de la talla de Tesla, HP, Oracle, etcétera– a Texas, feudo republicano. ¿California vs Texas?

En su filípica contra la cibercraciadel Gafam /Twitter (https://bit.ly/35UlAin), Medvedev expone que “dictan sus propios términos” y “han buscado sustituir a las instituciones estatales, usurpando sus mandatos, y de manera agresiva imponiendo sus puntos de vista en un gran número de personas, a quienes dejan sin otra opción”, lo que “empujará a otros gobiernos de diferentes países a tomar acciones para prevenir el mismo escenario”.

El profundo análisis de Medvedev aborda temas relevantes, tanto de la saliente como de la entrante administración de Estados Unidos sobre el futuro de las relaciones con Rusia, de las que es pesimista: los contenciosos nucleares, su relación con la OTAN y sus otrora aliados, su política de descarbonización, el “nuevo orden económico” global como “cambio tectónico”, en clara alusión al ascenso de China, hoy aliado de Rusia.

Arguye que la “guerra civil fría (sic)” alcanzó su clímax con el ataque al Capitolio cuando permea de nuevo el “olvidado espíritu del Macartismo (sic)”, en el que tiene mucho que ver su “arcaico sistema de votación que puede llevar a nuevas (sic) olas de violencia y disturbios” ¡Uf !

Desde hace 7 años advertí sobre el ominoso “ cibertotalitarismo(https://bit.ly/2LPR3eH)”, cuando Financial Times fue muy permisivo en sacrificar la “privacidad online”, con el fin de “combatir el terrorismo”, lo cual hoy es implementado por el Gafam/ Twitter en Estados Unidos –y, por extensión, al mundo entero–, bajo el pretexto del 6/1, en similitud con el hollywoodense 11/9 (https://bit.ly/39Oy1gC).

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