Miércoles, 26 Agosto 2009 19:55

Siluetas que coquetean

Un color y otro: una propuesta, un mensaje. Una forma tras otra: diálogo urbano. Siluetas que bordean la ciudad. Se plasman pensando en el transeúnte de a pie, aquel que puede pararse a observar, a preguntarse sobre el porqué y el para qué, pero, además, sobre ¿quién será desde abajo?

Desde hace varias años, una y otra vez, el equipo desde abajo ha emprendido diversas campañas de embellecimiento urbano: contra el medio salario para los jóvenes; por la acción conjunta de los desempleados; recordando que hay otra manera de leer, desde abajo. No grafitis, sí murales. Una reflexión y un compartir con todos los que habitan el pavimento. Un mensaje que se construye entre varios, pensando en muchos.

Mural como estilo. Mural como propuesta. Desde México, más allá y más acá, ensayando, buscando, representando, las manos de los artistas dan vida en las paredes, los lienzos urbanos, a imágenes variopintas, unas más directas, otras insinuantes.

La propuesta no es una sola ni única, como varias son las manos que llevan y traen la brocha, el pincel y el aerosol. Así ven a Colombia: unos con rostro indígena, otros con sentido más urbano. Pero, al final, la invitación es la misma: desde abajo, la otra posición para leer.


Y en la frase se confunden el periódico y la propuesta política, con la mayoría de quienes habitan el país, todos los y las que no caben en los circuitos más ‘dinámicos’ del capital, expulsados a la periferia o al afuera, al abajo, desde donde levantan banderas de esperanza. Sueños por construir entre los negados.

Son ellos y ellas quienes han hecho el país, así no se les reconozca. Y son ellas y ellos quienes, sin quererlo, continúan soportando con su esfuerzo el acceso a la abundancia por parte de los pocos, defendiéndolos, tal vez sin quererlo o sin percatarse de ello, en el acceso a esos privilegios.

Los de abajo, en la periferia, en el rincón, en la calle, selva adentro, en la cúspide de las cordilleras, orillados, vistos con odio por quienes miran el país con ojos ajenos (gringos o europeos), sin acceso a los estudios superiores, desempleados, rebuscándose por cuenta propia, vendiendo lo ajeno, persiguiendo el peso para poder sobrevivir.


Los muchos. Treinta y más millones de connacionales que esperan el momento del desquite para poder satisfacer la necesidad y la esperanza. Para muchos de ellos, “cada día depara la solución”; para otros es dios. Para unos, cada vez más, es la suerte que rodea cada rebusque, cada ‘emprendimiento’ callejero.

Con ellos y con ellas. Abajo y arriba. A un lado y al otro. Con las luces que salen del arco iris, desde abajo se abre camino.
Publicado enEdición 149
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