Viernes, 20 Noviembre 2020 05:42

EZLN: 37 años de dignidad y autonomía

EZLN: 37 años de dignidad y autonomía

En estos tiempos feroces hay poco para celebrar. Mientras la oscuridad del sistema se convierte en rutina, cuando los de arriba nos despojan con muerte y violencia, las luces de abajo brillan con todo su resplandor, rasgando la noche, iluminando las trochas y las pendientes. El 37 aniversario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional es, con seguridad, la luz más potente en el firmamento latinoamericano.

El EZLN celebra su 37 aniversario afrontando una de las mayores ofensivas militares en mucho tiempo, alentada por el gobierno "progresista" de Andrés Manuel López Obrador, por los gobiernos de Chiapas y de varios municipios del estado, que lanzaron una guerra de desgaste contra los territorios autónomos, para despojar y destruir al EZLN y a las bases de apoyo.

Pero, ¿qué celebramos en concreto? La continuidad y la perseverancia de un movimiento revolucionario distinto a todo lo anterior, algo que debemos valorar en toda su trascendencia. No sólo no claudicaron, no se vendieron y no traicionaron, sino que no repitieron el esquema vanguardista, que reproduce la cultura dominante al convertir a sus dirigentes en nuevas elites.

Celebramos la coherencia, pero también lo mucho que nos enseñaron en estas casi cuatro décadas. Para no hablar en general, quiero referirme a lo que he aprendido, ya sea en la "escuelita zapatista" o en diversos encuentros e intercambios en los que pude participar.

El núcleo del zapatismo es la autonomía. No teórica ni declarativa, sino práctica viva de los pueblos, en todos y cada uno de los momentos y espacios en los que hacen sus vidas, desde los ejidos y las comunidades, hasta los municipios y las juntas de buen gobierno. La autonomía es una forma de vida, es la dignidad de los pueblos; autonomía colectiva, no individual como nos trasmitió cierto pensamiento eurocéntrico.

Necesitamos la autonomía para continuar siendo pueblos y sectores sociales que practicamos otros modos que los de arriba. La autonomía puede ser practicada en todos los espacios, en los barrios de las ciudades, entre campesinos, pueblos originarios y negros, en los más diversos colectivos y comunidades.

La autonomía es ese inmenso paraguas de dignidad que sostenemos entre todos y todas. No es una institución, son relaciones humanas vivas, tejidas con la dignidad que nos permite hermanarnos.

Las bases de apoyo y el EZLN nos enseñaron, también, que la autonomía debe ser completa, integral, o por lo menos tender hacia ello, abarcando todos los aspectos de la vida de los pueblos. Por eso construyen escuelas, clínicas, hospitales, cooperativas y todo ese rico entramado de producción de vida y de cuidado de la vida.

Autonomía se conjuga con autogobierno y con justicia autónoma; el motor de la autonomía son los trabajos colectivos.

La defensa de los territorios y la comunidades es otra de la enseñanzas del EZLN. Pero aquí aparece otro rasgo de la autonomía, inédito en el campo de la revolución: la defensa de nuestros espacios no puede ser mera reacción a lo que nos hacen los de arriba. Elegir cómo, cuándo y de qué manera actuamos es también un rasgo de autonomía, para no caer en provocaciones, porque ellos quieren la guerra, porque la guerra beneficia al capital.

En este punto, el EZLN nos ha enseñado a no responder agresión con agresión, muerte con muerte, guerra con guerra, porque ahí dejamos de ser autónomos, o sea dejamos de ser diferentes. Y esto no tiene nada que ver con el pacifismo.

Aprendimos que no hay un modo único de autonomía, válido para todos los pueblos en todo tiempo. Nos han enseñado que cada quién camina a su modo y según sus tiempos, y eso es lo que están haciendo los pueblos en América Latina.

Puedo dar testimonio del modo como las autonomías se expanden por nuestro continente. Decenas de comunidades mapuche en el sur de Chile y Argentina, se están reconstruyendo de forma autónoma, enfrentando la política de los estados que los presentan como terroristas.

El Consejo Regional Indígena del Cauca, en el sur de Colombia, es una expresión notable de construcción de autonomías. La guardia indígena se expande hacia los pueblos negros y campesinos, que han protagonizado la reciente Minga Indígena, Negra y Campesina que culminó en Bogotá luego de caminar 500 kilómetros (https://bit.ly/2IMRFQk).

En Perú se ha formado el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis, proceso que están siguiendo otros tres pueblos amazónicos del norte. En la Amazonia brasileña 14 pueblos están transitando hacia la autonomía para defenderse de la minería y el agronegocio, como ha mostrado el geógrafo militante Fábio Alkmin en una investigación en curso.

Sería abusivo dar la impresión que todas las autonomías siguen los caminos que está transitando el EZLN. Pero quiero enfatizar que la existencia del EZLN es un impulso, un referente, una luz que nos dice que es posible resistir al capital y al capitalismo, que es posible construir mundos otros, resistiendo y viviendo con dignidad.

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Miércoles, 02 Septiembre 2020 05:32

Vietnam. A 75 años de la gran rebelión popular

Vietnam. A 75 años de la gran rebelión popular

El 2 de septiembre de 1945, el presidente Ho Chi Minh, frente a una multitud concentrada en la plaza Ba Dinh, de Ciudad Hanói, declaraba la Independencia de la República Democrática de Vietnam; apenas una semana después de culminada la Revolución de Agosto, en la que fueron derrotados los ejércitos de Japón y Francia. Una revuelta, que en términos políticos, abrió el camino del socialismo en Indochina.

La historia moderna de Vietnam se enlaza con los 100 años de colonización francesa y el proceso de resistencia que se dio sobre la base de algunos fenómenos muy puntuales que explican la lucha heroica de su pueblo: el ascenso como líder indiscutido de Ho Chi Minh; la creación del Partido Comunista de Indochina; la crisis al interior de Francia en el marco de la Segunda Guerra Mundial; la posterior ocupación nazi y la exitosa Revolución de Agosto de 1945. Un proceso devenido de la lucha contra un enemigo bicéfalo: el régimen colonial francés y el poderío militar japonés, coincidentes en el saqueo de los recursos naturales y la explotación de la clase trabajadora y campesina vietnamitas.

Bajo ese contexto, Ho Chi Minh dispuso que el Comité Central del Partido Comunista iniciara la insurrección armada; en un principio, dirigida contra Japón que ejercía el control absoluto del territorio de Vietnam. Al llamado de rebelión del Tío Ho acudieron miles de voluntarios; algunos, muy pocos, con experiencia en combate. Se diagramó una rutina de entrenamiento en las regiones montañosas y se estableció la base de comando en Bac Son, al norte del río Rojo.

El Viet Minh, surgido de la unión de las distintas fuerzas armadas revolucionarias, y liderado por el gran estratega Vo Nguyen Giap, constituyó, para 1944, una verdadera red de guerrilleros en las provincias del norte. Sin embargo, Ho Chi Minh ordenó aplazar la sublevación para intensificar primero las acciones de desgaste político, y luego sí lanzarse a la opción militar.

A comienzo de 1945, la derrota del eje Berlín-Roma-Tokio resultaba inevitable. En Francia, el gobierno de Vichy había caído y los japoneses eran derrotados tanto en China como en el Pacífico. Por entonces, Vietnam sufría la peor hambruna que su historia registre, fundamentalmente en las zonas de Tonkín y en las provincias septentrionales de Annam, donde en pocos meses murieron de hambre dos millones de personas.

En los grandes centros urbanos, en particular Hanói, Saigón y Hue, la agitación política no paraba de crecer. En la ciudad capital cada empresa tenía su sección obrera para la salvación nacional. Se constituyeron formaciones de choque y defensa entre los trabajadores y estudiantes. Se impulsaron huelgas y manifestaciones con presencia de armas entre los movilizados.

Para el verano de 1945, la efervescencia popular estaba en su punto más alto, y las acciones –tanto políticas como militares– se multiplicaron. El 13 de agosto, Japón capitulaba luego de perder Manchuria ante las fuerzas soviéticas y sufrir dos bombas atómicas en su territorio: Hiroshima y Nagasaki.

En todas partes, las organizaciones populares, unidades de guerrilla y de autodefensa se pusieron en acción. Fue una verdadera insurrección popular que se llevó a cabo desde el 14 al 25 de agosto. En cada comuna, en cada ciudad, la población se alzó en armas. Grandes masas de obreros, campesinos, estudiantes, comerciantes, artesanos tomaron sedes administrativas, fábricas, empresas y demás bastiones económicos y políticos del país.

El 23 de agosto de 1945, el rey Bao Dai abdicó. Dos días después, una delegación del gobierno popular, venida de Hanói y conducida por Tran Huy Lieu, recibió de manos de Bao Dai el sello y la espada dinástica, símbolos del poder real. La Revolución de Agosto triunfaba y ponía fin a 80 años de dominación colonial. Ho Chi Minh ante su pueblo victorioso declaraba la Independencia de Vietnam y convocaba a la unidad de su pueblo frente a la amenaza que volvió a emerger ni bien los franceses quisieron reconquistar sus antiguos dominios. 


A 75 años de la proclamación de Ho Chi Minh

El rol decisivo de las mujeres en la independencia y en la guerra de Vietnam

 

En el Sur lideraron la resistencia y libraron batallas políticas y militares; en el norte cuidaron heridos, enterraron muertos, movieron escombros y cosecharon arroz.

 

Por Paula Sabatés

 

Aún cuando no la narra Hollywood, a la historia de Vietnam siempre le falta una parte: la de que no hubieran sido posibles la independencia ni su victoria en la guerra sin la participación decisiva de las mujeres vietnamitas. A 75 años de aquel 2 de septiembre de 1945 en el que el presidente Ho Chi Minh proclamó la liberación del yugo colonialista francés, todavía es necesaria una reparación histórica que no sólo las reconozca como heroínas de las trincheras sino también como estrategas militares y guerreras entrenadas del propio campo de batalla.

Incluso mucho antes de la victoriosa Revolución de Agosto que dio vida a la entonces República Democrática de Vietnam, las mujeres vietnamitas habían jugado un papel crucial en la defensa de la nación tras la invasión china. A mediados del siglo I, las hermanas Trung Trac y Trung Nhi lideraron una rebelión contra el dominio de la dinastía Han. Doscientos años después, la “Juana de Arco vietnamita”, Trieu Thi Trinh, con sólo 23 años logró resistir con éxito durante un tiempo al estado chino de Wu. Más acá en el tiempo, en un arbitrario salto que deja atrás a otras tantas guerrilleras adiestradas en artes marciales y estrategia militar, la comandante general en jefe Bui Thi Xuan contribuyó a finales del siglo XVIII a la victoria contra cerca de 300 mil invasores chinos.

Con la creación del Partido Comunista de Vietnam, que desde 1930 lideró la batalla por la independencia de la Francia de las supuestas Libertad, Igualdad y Fraternidad, las mujeres volvieron a jugar un rol central. Protegieron las bases del Partido -que en uno de sus 10 puntos centrales postulaba la igualdad de géneros- pero además se organizaron en diversas agrupaciones propias, como la célebre Asociación de Mujeres Anticolonialistas que se dedicó al trabajo de propaganda y participó activamente de revueltas obreras. Hacia 1935, era tal el espíritu revolucionario entre las mujeres que una de ellas, Nguyen Thi Minh Khai, expresó ante delegados comunistas durante un Congreso de la Internacional en Moscú que “junto con los obreros y campesinos de nuestro país luchamos por obtener un salario igual al del hombre por un trabajo igual y contra los colonialistas que nos oprimen por la independencia total de nuestro país”.

En 1941 Ho Chi Minh creó el Vietminh, esa amplia alianza nacionalista con la que buscó combatir la ahora ocupación japonesa, coletazo de los devenires de la Segunda Guerra Mundial. Entonces la fuerza femenina se convirtió al nombre de Asociación de Mujeres por la Liberación Nacional en un proceso que la llevó a madurar como organización militar. Miles fueron arrestadas, encarceladas y asesinadas por desafiar al enemigo. Su participación en el movimiento de insurrección general fue decisivo para lograr la victoria. Una decena de guerrilleras recibió el título de “Héroe”, entre ellas Ho Thi Bi, Nguyen Thi Chien, Mac Thi Buoi y Vo Thi Sau. Sus nombres hoy son emblema de la resistencia popular.

Pero la paz duró poco en la República Democrática de Vietnam, que pronto vio reimplantada la amenaza colonial. La agresión francesa volvía y se quedaría en el país indochino durante nueve años más. De nuevo las mujeres fueron una fuerza decisiva en la estrategia militar. Se creó la Unión de Mujeres Vietnamitas que volvió a movilizarlas al campo de batalla y también les dio un lugar central en tareas de producción y abastecimiento. Según documentos del Museo de las Mujeres de Vietnam, de 1950 a 1954, en las zonas parcialmente liberadas, las mujeres dedicaron un total de 9.578.000 días laborales al transporte de alimentos y armas, de los cuales 2.381.000 fueron solo para la batalla de Dien Bien Phu, cuya gran victoria puso fin a la ocupación.

Tras la firma de los Acuerdos de Ginebra de 1954, Vietnam se dividió en dos: el Norte entró en un período de transición hacia el socialismo mientras que en el Sur, sumido en una dictadura capitalista, diversas facciones continuaron resistiendo a las fuerzas estadounidenses y luchando por la reunificación nacional. Hasta que sucedió, el papel de las mujeres vietnamitas fue distinto en uno y otro lugar, pero crucial en ambos frentes. Si en el Sur lideraron la resistencia en zonas rurales y urbanas y libraron batallas políticas y militares, en el Norte tuvieron un rol no menos relevante: reconstruyeron los escombros, cuidaron a los heridos, enterraron a los muertos y fueron las responsables de la producción de arroz. El 70% de la producción de comida en el Norte estuvo a cargo de las mujeres.

Se destaca en esos años la fuerza armada de mujeres que peleó por la liberación de Vietnam del Sur. Conocido popularmente como “El ejército del pelo largo”, fue definido por el “Tío” Ho como un grupo de combatientes “lo suficientemente astutas y valientes como para aterrorizar al enemigo”. Su principal dirigente fue Madame Nguyen Thi Dinh, oficial de alto rango del Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNLV), o Vietcong. En el Sur las mujeres representaron el 40 por ciento de la guerrilla y las milicias. Hubo más de cincuenta escuadrones femeninos y muchos pelotones de guerrilleras y combatientes de artillería en regiones rurales o montañosas.

Si bien en el Norte fueron menos las que salieron directamente a pelear, las trabajadoras asumieron con convicción política la importancia de su mencionada contribución productiva. Muchas se unieron al movimiento “Tres Tomas de Responsabilidades”, creado por la Unión de Mujeres para convertir al Norte en una sólida base de apoyo al Sur. Como contó la periodista Ines Nunes en un artículo que escribió luego de visitar Vietnam, “uno de los eslóganes de la Unión de Mujeres fue ´Let the women of the North shed more sweat so their sisters in the South could shed less blood´, algo así como ´Que las mujeres del Norte derramen más sudor para que sus hermanas de Sur derramen menos sangre´”.

Hasta el final mismo de la guerra desempeñaron un papel activo las mujeres vietnamitas. Y lo siguieron haciendo después: su rol fue central en la recomposición social de un país en el que la mayoría de los líderes de familia había muerto o desaparecido, y lo sigue siendo ahora, con los desafíos que enfrenta el Vietnam de hoy. Sin su heroísmo y tenacidad sería imposible explicar la victoria de un pueblo que enfrentó cientos de revueltas por la independencia nacional. Su historia, hasta ahora poco contada, es sinónimo de revolución. 

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Sábado, 22 Agosto 2020 05:40

Los dientes

Los dientes

1.Washington. George Washington (1732-1799), el primer presidente de Estados Unidos que más que una guerra por la Independencia –subraya Gerald Horne– encabezó una “‘contrarrevolución” para preservar la esclavitud en vías de abolición por Gran Bretaña en sus colonias norteamericanas (bit.ly/320sKPa), era, como tantos otros padres fundadores (Jefferson, Franklin et al), dueño de esclavos. Si bien −supuestamente− sus sentimientos hacia la esclavitud eran encontrados (bit.ly/31bFp2M), hacía todo para seguir lucrándose de ella, dejando este asunto para resolver a las futuras generaciones (uno por el que finalmente estalló la guerra civil). En sus tiempos no sólo perseguía con todo el peso de la ley a sus esclavos fugitivos (una preciada mercancía, no seres humanos)− o gobernando temporalmente desde Filadelfia usaba un agujero legal para negarle la libertad a su propiedad –Pennsylvania era uno de los primeros estados comprometidos en erradicar la esclavitud y según su Acto estatal de emancipación gradual de 1780 si uno no era su ciudadano podía traer sus esclavos únicamente por seis meses; pasado este lapso, automáticamente éstos obtenían la emancipación− rotándola periódicamente a su Virginia natal o sacándola no más por la frontera a Nueva Jersey reseteando en práctica el reloj de la libertad (Erika Armstrong Dunbar dixit), sino también pagaba a sus esclavos para que se extrajeran dientes sanos con los cuales completaba su dentadura. Unos chelines por allí, unos chelines por allá, según su propia libreta de cuentas. Plagado por problemas dentales desde los 20 años, asumiendo la presidencia (1789) con un sólo diente natural (bit.ly/2E334JG), Washington usaba varias prótesis −del marfil de hipopótamo, dientes de vacas, caballos, etcétera (bit.ly/2FCAgZ6)− y trataba de mejorar su estado con implantes primitivos de dientes de los esclavos. Desde 1619 cuando el primer contingente de esclavos negros fue traído de África a la todavía británica colonia de Virginia −157 años antes de la Declaración de la Independencia según la cual, sólo en la teoría liberal, todos han sido creados iguales− el racismo y la esclavitud han sido imprimidos en la futura nación que forjó Washington (bit.ly/3axABaU). Fueron base material de su acumulación primitiva (bit.ly/2Q6Z9hF) y la riqueza de las élites blancas (cuando en 1808 se prohibió la importación de esclavos, los criadores de caballos y ganado se dedicaron a criar negros para el mercado interno). El capital –tal como escribía Marx− vino también a Estados Unidos chorreando sangre de pies a cabeza. Junto con la boca.

2. Lumumba. Los dientes. Lo único que quedó de él. Cuando Patrice Lumumba (1924-1961) el primer jefe de gobierno del Congo independiente anunció que las riquezas naturales de aquel país africano finalmente iban a servir a sus habitantes y no a los colonizadores –y buscó ayuda soviética para fortalecerla independencia− tuvo que enfrentar una invasión belga (su antiguo colonizador), dos levantamientos secesionistas de unas ricas regiones mineras, la campaña estadunidense de desestabilización y un golpe de Estado anticomunista (bit.ly/3aFcfvR). La CIA trató de envenenarlo, pero luego optó por delegar la tarea a los verdugos locales y asesinos belgas (el uranio para las bombas atómicas de Estados Unidos provenía de Congo y éste “no podía ser ‘segunda Cuba’”). Lumumba fue raptado, torturado y ejecutado. Su cuerpo, cortado en pedazos, disuelto en ácido. A finales de la década de los 90 un policía belga detalló cómo se deshizo de su cadáver. Abrió el cajón y sacó dos de sus dientes y una bala sacada del cráneo (bit.ly/2Q3wMAG). Cómo recuerda Adam Hochschild –autor de un seminal King Leopold’s ghost: a story of greed, terror, and heroism in colonial Africa (1998) que detalla la brutal historia de la colonización belga− el asesinato de Lumumba fue un punto de inflexión que sofocó muchas de las esperanzas en toda la África en vías de la descolonización (bit.ly/2PXxakm). Congo (rebautizado como Zaire) se tornó otra vez el corazón de las tinieblas conradiano bajo la dictadura de Mobutu. Pero cuando un siglo antes el rey Leopoldo, un monarca iluminado, filántropo y liberal, invadió a Congo tenía boca llena de ideales: quería liberarlo del dominio de los esclavistas musulmanes, diseminar civilización, cristiandad y libre comercio. Acabó convirtiéndolo en una gran finca (marfil y caucho) con trabajo esclavo, explotación, saqueamiento y terror −cuerpos podridos, manos cortadas, cráneos y esqueletos en las cercas a los largo de la colonia, salvajes castigos con chicote, el látigo de piel de hipopótamo, en total entre 5 y 8 millones de muertos− mucho peor que el régimen anterior. Allí también el capital llegó chorreando sangre... Los “ zoo humanos” con congoleses traídos a Bélgica en condiciones nativas han sido el entretenimiento predilecto de las masas hasta... 1958 (unas décadas antes un joven congolés al cual sus captores le afilaron los dientes para que se viera más salvaje estaba exhibido en un pabellón de monos en el zoológico de Nueva York bit.ly/2YdBaSi). Ya llegó la hora de que nos dejen de ver como monos, le dijo en 1960 Lumumba en la cara al rey Balduino, el heredero de Leopoldo, que le concedió la independencia a Congo sólo para pronto querer dar marcha atrás... (bit.ly/2YhLZmr).

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Violencia del control y liberación colectiva en tiempos de encierro y miedo al otro

Al encierro para prevenir la propagación del coronavirus causante del covid-19 entramos de golpe y porrazo, sin ninguna preparación, cuando los cuerpos y las emociones de las mujeres estaban aún atravesados por el entusiasmo feminista, autoconvocado para exigir libertad corporal y colectiva y el surgimiento de otra historia. Cuatro meses después, la emergencia sanitaria se quiebra con un estallido callejero mundial contra el racismo de los estados y sus órganos represivos. En un caso y en el otro, se cuestionan los símbolos del sistema: grafitear los monumentos del patriarcado que se otorga el derecho a no visibilizar siquiera la presencia femenina y derribar las estatuas de los padres de la patria racistas y esclavistas son características de la potencialidad transformadora de estas manifestaciones. La violencia contra los cuerpos concretos de la discriminación sexista y racista ha detonado respuestas masivas que permiten vislumbrar cambios en las relaciones económico-sociales, mediante un accionar contra las jerarquías políticas.

La ciudadanía estadounidense, las mujeres del mundo, los migrantes subsaharianos en Europa, les activistas antirracistas, la disidencia sexual, les ecologistas que insisten en la imposibilidad de un crecimiento ilimitado no puede tolerar más la violencia de los agentes de Estado, como la policía que en Minneapolis asesinó a George Floyd en un alarde de prepotencia de grupo, ni la impunidad que otorgan a quien comete violación, acoso, maltrato y feminicidio.

Crece el malestar de las mayorías contra un sistema que va colapsando desde sus organizaciones político-financieras más complejas hasta las más sencillas, como la pareja. Y contra el individualismo, cuya finalidad última es el aislamiento social de las personas que no tienen con quien resolver la disyuntiva ética que les causa el conflicto entre la acumulación capitalista y la vulnerabilidad de la vida. El modo de producción capitalista es devastador y el manejo que se ha hecho de la epidemia de coronavirus ha buscado ocultar sus vínculos con ciudades hacinadas y una destrucción ambiental que favorece las zoonosis.

En 2020, hemos atravesado meses de incertidumbre, de promoción del miedo al otro como vehículo de transmisión de una enfermedad potencialmente mortal y de informaciones titubeantes y contradictorias sobre las características del virus, la prevención del contagio y la cura de la enfermedad. Para evitar que se impusiera un debate abierto sobre el gasto público y el pago de impuestos justos en favor de la resolución de todos los servicios y la consiguiente despatriarcalización de las relaciones de cuidado, el sistema ha desviado la atención de la ciudadanía hacia la obtención de una vacuna como única esperanza de volver a la “normalidad”.

Las mujeres, las personas negras, las y los migrantes y muches disidentes sexuales se cuestionan fuertemente si la normalidad de un sistema competitivo es donde quieren volver. ¿Acaso no implica picos de calentamiento global, ríos contaminados, multimillonarios que controlan la Organización Mundial de la Salud a través de sus financiamientos, otros que fantasean con invadir Marte, privatización de la salud, vulnerabilidad de los barrios populares, desigualdades, desempleo, deforestación, falta de empatía, feminicidios, racismo? Su interés político y vital no aspira a un regreso a esa normalidad, sino a una alternativa ecológica, solidaria e igualitaria a la norma ecocida y explotadora del capitalismo

De marzo a junio de 2020, el mundo ha sido testigo de la disminución del 25 por ciento de las emisiones de efecto invernadero por la suspensión de la actividad industrial china, a su incremento por la vuelta a la producción utilizando el más sucio y barato de los combustibles fósiles, el carbón. La esperanza de que, una vez confinada, las personas reflexionaran sobre la urgencia del cambio en sus patrones de consumo para dejar de producir desperdicios se vio frustrada por el incremento de las compras por internet. El posicionamiento de una cultura del control de los cuerpos de las personas mediante mecanismos de vigilancia cibernética se ha aprovechado del miedo a la libertad de las personas, convertidas todas en posibles agentes de contaminación.

Paralelamente se han fortalecido algunas tendencias al crecimiento de la extrema derecha en el mundo. Del represor Juan Orlando Hernández en Honduras al Centro Democrático colombiano, de Trump en Estados Unidos al populismo lepenista en Francia, de la Liga en Italia a Vox en España, de Jair Bolsonaro en Brasil a Rodrigo Duterte y su mano dura en Filipinas, del fundamentalismo hinduista de Narenda Modi al gobierno autoritario de Vicktor Orbán en Hungría, del dictador turco Tayyip Erdogan al gobierno golpista ucraniano, la aparente heterogeneidad de la nueva derecha revela características comunes: algunos casos de rupturas autoritarias con la institucionalidad (Honduras, Turquía y Hungría, Bolivia), políticas de exclusión social, apelaciones al militarismo y la persecución policiaca, criminalización de las minorías, nacionalismo exacerbado, xenofobia, aporafobia. Sobre todas las actitudes de la nueva derecha, la que destaca con una vehemencia brutal es el odio a la liberación de las mujeres, el cambio en las relaciones sociales que ellas promueven, la articulación que han logrado entre la historia colonial y la violencia sexual y racista. Para reconocer la deriva derechista de un gobierno hoy es suficiente ver cómo atiende las demandas de las mujeres.

Ahora bien, las mujeres que han tenido que convivir obligatoriamente con hombres potencialmente violentos han denunciado el incremento de la violencia doméstica en un porcentaje del 51 en Colombia, 50 en Brasil, 39 en Argentina, 80 en México (según el número de llamadas realizadas a los números especiales de atención a víctimas). Podría decirse que han visto cómo se agravaban los síntomas de la pandemia continental: la violencia de género. El confinamiento ha provocado un regreso al lugar de donde las mujeres intentan salir: una casa que aprisiona, por lo general reducida y con pocos servicios, donde hay incertidumbre por el trabajo, la comida, miedo a contraer el virus y donde la mayoría de las tareas les corresponden según usos y costumbres que es peligroso cuestionar cuando no se tiene dónde huir. El trabajo invisible de la jornada doméstica no tiene una regulación que delimita espacios de privacidad y tiempos de descanso, pero el trabajo remunerado desde la casa padece de los mismos defectos. La intensificación de las tareas de cuidado ante el cierre de escuelas y centros de atención se ha sumado al teletrabajo, la atención a las emociones de pánico y ansiedad de amigas, amigos, familiares ancianos y dependientes y la necesidad de prevenir el incremento de los brote de violencia de los hombres con los que se comparte obligatoriamente el espacio. El resultado es cansancio que en cuatro meses se ha vuelto crónico, afectándoles la salud.

Sin embargo, no se han detenido los cacerolazos, los foros virtuales, las denuncias de corrupción contra los responsables del saqueo y pauperización de la medicina pública, las redes de apoyo no institucionales a mujeres y niñas víctimas de violencia doméstica. Y se han acompañado de una increíble intransigencia femenina a los controles que, con la excusa de informar sobre el covid-19, se han inyectado en el 99 por ciento de los teléfonos celulares del mundo por las empresas Google y Apple, a través de una “actualización”. Las mujeres informadas de la treta han desactivado en masa ese sistema de control social individualizado.

Las consecuencias sociales del virus a largo plazo nos son todavía desconocidas. Hay mujeres encerradas en sus casas que denuncian a los vecinos y los transeúntes y mujeres que han organizado comedores populares y redes de distribución de alimentos entre la población más necesitada. Brigadas de preparadoras de alimentos en casa, por lo general mujeres mayores o con enfermedades que deprimen sus defensas, se trenzaron con brigadas de distribuidoras en los alrededores de los mercados donde, en México y América Central, se congregan las personas deportadas de Estados Unidos que no pueden volver a sus comunidades, cerradas para protegerse del contagio.

Los debates sobre qué son y qué importancia tienen los trabajos indispensables para la vida de una comunidad se han multiplicado entre las feministas, destacando las reflexiones de las economistas y las ecofeministas sobre el éxito social y no económico de la agricultura local de producción de alimentos, de los talleres de interés general, de las labores de cuidado de personas y redes sociales. La agricultura local implica el trabajo de cuidado de la tierra y de la alimentación popular realizado por mujeres que, sin embargo, no tienen más del 18 por ciento de los títulos de propiedad de la tierra en el continente. Los trabajos de cuidado producen riqueza en vínculos y desbaratan la soledad individualista y las sociopatías que la acompañan y que son el caldo de cultivo de la extrema derecha.

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Viernes, 21 Junio 2019 06:46

Gramsci, Fanon y después

Gramsci, Fanon y después

Alguien escribió hace no tanto tiempo que lo importante no es quién habla, sino desde dónde lo hace. Recién pude comprender aspectos centrales del pensamiento de Antonio Gramsci en las comunidades campesinas de su Cerdeña natal, donde estoy participando en debates con la Coordinación de Comités Sardos que agrupa a 60 organizaciones de base.

 

El concepto de "subalternidad", fundante de toda una corriente teórica anti-colonial (aunque se denominan de formas algo más sofisticadas), no habría sido formulado por Gramsci si no hubiera nacido en una isla colonizada durante siglos por potencias extranjeras, que la convirtieron en "colonia de explotación".

 

En el pensamiento perezoso, del que nunca estamos a salvo, existe la creencia de que todo el Occidente es colonizador y todo el Sur es colonizado. Cuando en la realidad, existen periferias en una y otra parte del mundo. Y resistencias formidables.

 

En 1906, cuando Gramsci tenía 15 años, Cerdeña fue sacudida por luchas obreras y revueltas campesinas, que se erguían sobre los fuertes desequilibrios Norte-Sur, la represión implacable del Estado italiano y un amplio movimiento "sardista" que el joven llevó en su maleta y en su corazón cuando emigró al Turín proletario. Pudo comprender la Rusia soviética y campesina por su experiencia en Cerdeña, incluyendo el papel de los intelectuales en el proceso de emancipación.

 

Aunque nunca me afilié al pensamiento de Gramsci, por prejuicios y desconfianzas, puedo ver que plantó un mojón en el pensamiento crítico con su mirada anti-colonial y su apuesta por el papel de los "subalternos".

 

La siguiente etapa, por decirlo de un modo mecánico y seguramente injusto, corresponde a Frantz Fanon, en el periodo de la descolonización y las revoluciones del tercer mundo. Si Gramsci debe parte de sus sentimientos e ideas a Cerdeña, Fanon está en deuda con la Argelia que se levanta para sacudirse el yugo colonial francés.

 

Comprendió como pocos la "inferiorización" que provoca la dominación, por su experiencia como siquiatra en el hospital de Blida y, luego, en la militancia activa en el Frente de Liberación Nacional al que entregó su vida y sus sueños. En esta etapa del pensamiento crítico, los sujetos de la descolonización son los de "más abajo", campesinos y desocupados, portadores de la energía colectiva que impulsa los cambios. Critica el papel que la izquierda, en los países colonizados, concede a la clase obrera, por traslado mecánico de la experiencia en la metrópolis.

 

Quienes nacimos a la militancia en la década de 1960, estamos en deuda profunda con Fanon, ya que pudo escalar la pendiente más difícil, la que lo llevó a debatir cómo sacudirnos la interiorización del dominador que tanto daño ha producido a los procesos revolucionarios. Sólo este inestimable aporte, debe colocarlo en un lugar destacado del mundo nuestro.

 

Pero es en el tercer momento cuando se registran los cambios más asombrosos y esperanzadores. Es el momento actual, digamos, el que transcurre desde el fin del socialismo real y que tiene uno de sus centros en América Latina. El pensamiento crítico anti-colonial empieza a trenzarse con el pensamiento anti-patriarcal, fecundando un anti-capitalismo radical, enraizado en sujetos y sujetas colectivas que, en adelante, llamaremos "pueblos en movimiento".

 

El concepto me llegó por medio de una joven estudiante quechua de Abancay (Perú), Katherin Mamani, en un debate en el que rechazamos la idea eurocéntrica de "movimiento social". La menciono porque encarna el núcleo del momento actual.

 

Lo primero, es que resulta imposible separar ideas de prácticas. Las masivas y constantes acciones de los pueblos, son el combustible del pensamiento crítico, que se torna estéril cuando sólo se mira en el espejo de la autosatisfacción intelectual.

 

Lo segundo, es la impronta de las mujeres de abajo. Esto resulta tan evidente que me exime de mayores comentarios. Aunque habría que superar el concepto de pensamiento cuando nos referimos a la palabra de las mujeres que luchan, algo que aún estamos lejos de conseguir.

 

Lo tercero, es que estamos ante pensamientos colectivos, comunitarios, que hacen casi imposible determinar quién acuñó tal o cual concepto, lo supera la herencia patriarcal/colonial legada por las academias. Ideas que van germinando por fuera de las instituciones, aunque éstas siempre pretendan cooptarlas, y que son el fruto de las comparticiones entre los abajos cuando debaten y combaten.

 

Por último, los nuevos desarrollos sólo tienen validez si muestran alguna utilidad para potenciar las emancipaciones colectivas. Y, sobre todo, para construir lo nuevo. Porque de lo que se trata, además de ponerle límites a los proyectos de arriba, es construir y crear vida allí donde el sistema, a derecha e izquierda, sólo produce muerte.

 

No es poco en los tiempos que corren. El camino andado en poco más de un siglo, es notable. Estamos ante pensamientos colectivos que nacen poniendo el cuerpo al sistema y a sus represiones.

 

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Viernes, 16 Noviembre 2018 07:34

La lucha por una vida libre

La lucha por una vida libre

Acosada por la represión estatal en Turquía y la guerra en Siria, la revolución de las mujeres kurdas mantiene su avance contra las tradiciones patriarcales. No sólo se trata de milicias de autodefensa, también de organizaciones de base que buscan cambiarlo todo.


El trabajo de las mujeres en Kurdistán es una callada y constante labor de años, una “revolución mental”, “una revolución dentro de la revolución” que va más lejos de su participación en las milicias de autodefensa. Así lo explicaron a Brecha las activistas kurdas Hanaa Sido y Gülcihan Şimşek, quienes a fines de octubre participaron en diferentes actividades de la Marcha Mundial de las Mujeres en el País Vasco.


Sido es natural de Rojava (en kurdo, “Occidente”, la parte de Kurdistán bajo soberanía siria) y militante de Kongreya Star (KS), la confederación regional de organizaciones de mujeres, nacida en 2005. Şimşek, por su parte, viene de Bakur (“Norte”, el Kurdistán incluido en las fronteras turcas) y es representante de Tevgera Jinên Azad, el Movimiento de Mujeres Libres (Mml), fundado en 2016.


“Buscamos un sistema de democracia radical, de base; una sociedad organizada en torno a la moral y liderada por las mujeres: si nosotras nos liberamos, podemos hacer lo mismo con la sociedad”, declaró Şimşek. En ambas regiones, el movimiento de liberación nacional y de la mujer se organiza de menos a más: de pequeñas asambleas y comités, casa por casa, barrio por barrio, a ámbitos geográficos más amplios. La participación está abierta a toda mujer, más allá de su militancia partidaria, su origen étnico o su desempeño profesional. En estos foros, explicó Sido, “se debate sobre qué es la vida, cómo es la vida libre de la mujer, cuál es su papel en la revolución, qué modelos de organización deben adoptarse”. En los últimos años esta apuesta ha logrado enormes avances sociales y políticos de ambos lados de la frontera, que ahora, sin embargo, se ven amenazados por la represión y las incursiones del Estado turco.


REPRESIÓN Y RESISTENCIA.

Tras las elecciones de 2014 y 2015 en Turquía, un número récord de mujeres (98) había ingresado al Parlamento. De ellas, al menos 40 por ciento pertenecían al movimiento de liberación kurdo, según contó Şimşek. Además sostuvo que “de las 14 municipalidades conseguidas en las elecciones, nueve fueron ocupadas por mujeres. Entre ellas la de la ciudad de Van, por mí. En 2014, en 36 intendencias se instauró la copresidencia”, un sistema que pone a una intendenta y a un intendente al frente del gobierno local.


Para entonces se había conseguido que a lo largo de amplias zonas del país, “asambleas, municipalidades y parlamentos apoyaran las iniciativas de las mujeres, especialmente las dirigidas a su empoderamiento económico”, dijo Şimşek. Estas instancias combatían el fundamentalismo, la poligamia, los matrimonios de menores y apoyaban las Casas de Mujeres, que dan ayuda económica, jurídica y psicológica a las víctimas de maltrato.


Pero desde el intento de golpe de Estado ocurrido en Turquía en 2016 y la subsecuente represión lanzada desde el gobierno del islamista Recep Tayyip Erdogan, todas estas redes solidarias son atacadas y destruidas con especial saña: “Luchamos contra un constante ataque fascista, nacionalista y fundamentalista”, denunció Şimşek.


De acuerdo a la activista, los ataques turcos siguen la senda de los cometidos en los años noventa, cuando el Estado destruyó más de 4 mil pueblos kurdos. “Hoy las municipalidades no tienen más copresidencia. Reina el patriarcado y el Corán sustituye a la educación para niñas y mujeres. Las Casas de Mujeres han sido cerradas, el acceso al arte y la cultura, y el desenvolvimiento profesional de la mujer en estos ámbitos ahora está vedado; la asimilación lingüística y cultural de las minorías se acelera”, afirmó la integrante del Mml, quien agregó: “Tenemos 35 mil presos en Turquía. Nueve mil son mujeres, 6 mil de ellas ya condenadas; 600 niños viven con ellas”, apuntó la activista, que recordó que entre las presas “hay intendentas, parlamentarias, activistas, trabajadoras”.


Del otro lado de la frontera, en Rojava, tampoco ha sido fácil. Allí, dijo Sido, “el trabajo de las mujeres tiene dos enemigos principales: el régimen sirio y la cultura tradicional kurda”. Incluso antes de la actual guerra civil y de las incursiones militares turcas se debió enfrentar un contexto difícil. “El régimen sirio, mediante detenciones, encarcelamientos y torturas intentó detener nuestro trabajo. Eso nos hizo comprender cuán dura era la lucha contra el fascismo del Estado. El dolor nos ha permitido abrir un camino basado en nuestra propia toma de decisiones, lo que nos ha llevado a encabezar la revolución.”
Por otra parte, analizó la militante, la cultura tradicional hacía que las familias se opusieran a la participación de las mujeres en la lucha. Pero la educación y el trabajo político de estos años lograron hacer retroceder el fundamentalismo religioso. “Esta revolución mental comenzada por las mujeres se ha trasladado a toda la sociedad kurda. Un símbolo de ello es que, hoy en día, las familias se muestran orgullosas de sus mujeres luchadoras”, constató Sido.


EMPODERAMIENTO EN MARCHA.

En ese proceso han sido importantes las llamadas “leyes de igualdad” que se implementan en Rojava, que entre otras cosas abordan la herencia y el combate a la poligamia, los matrimonios de menores y la violencia de género. Sido explicó que en su puesta en práctica hay dos herramientas fundamentales: las Casas de Mujeres –comienzo y vía habitual de trabajo– y los Comités de Paz e Igualdad, que funcionan en el seno de las comunidades.


Contó que de esta manera la mayoría de los problemas de violencia se solucionan a nivel de las comunas, mediante la educación y el diálogo. Sólo el 40 por ciento acaba en juicio. De todas formas, no todas las leyes de igualdad están en marcha: “En zonas como las de mayoría árabe se avanza muy despacio”, reconoció la activista, quien recordó que “en Oriente Medio la elaboración y aplicación de cualquier ley sobre la mujer es harto difícil”. Aún hay resistencias en algunas comunidades de la región, donde “la existencia de leyes de igualdad es en sí misma una revolución”. “Buscamos el equilibrio entre la sociedad que tenemos y la sociedad que perseguimos. Vamos poco a poco, pero sin pausa”, aseguró Sido.


La clave para emprender estos cambios ha estado en la labor de base de la organización de las mujeres, un proceso que se remonta a la década del 90 y que se ha edificado sobre tres ejes: popular, civil y de autodefensa, amén del muy importante trabajo internacional. Según la militante, “la organización pretende la preparación profesional de la mujer, para que sea capaz de desempeñarse de modo autónomo en cualquiera de las facetas de la vida”. Los ejes se traducen en diferentes comités que inciden en temas concretos: autodefensa; arte y cultura (incluida la lengua y la lucha contra la asimilación); relaciones internacionales; economía de la mujer (empoderamiento económico: cooperativas, apoyo mutuo); relación con las municipalidades; justicia social (en lo cual se destacan las Casas de Mujeres). “La disciplina, la profesionalización y la sistematización de la lucha son, a nuestro juicio, indispensables”, subrayó Sido.


Similares son, señaló Şimşek, los parámetros en los que se mueve el Mml en Bakur, al norte de la frontera: “Ponemos mucho empeño en conseguir el empoderamiento económico de la mujer –a través, por ejemplo, de la formación de cooperativas– y en el funcionamiento de comités políticos de base, cuya meta es cambiar la mentalidad de la sociedad, no sólo la de las mujeres”.


Su compañera remarcó que el trabajo no es sólo la autodefensa que ha hecho conocidas a las milicias kurdas. Es, además, “la preparación para la vida cotidiana (…) cómo llevar a cabo todo lo pensado y escrito durante 15 años, cómo liberar a nuestra comunidad del patriarcado y su lacra. La diferencia entre el antes y el después de la revolución es que ahora existe una fuerza considerable, de mayor trascendencia”.


Se trata también de cambiar la perspectiva desde donde las comunidades estudian su historia. “Después de 5 mil años encerradas como amas de casa, analizamos cómo la civilización fue comenzada por las mujeres y cómo, con el paso del tiempo, el patriarcado fue invisibilizando este hecho”, dijo Şimşek. Para Sido es importante dar a conocer el papel de la mujer a través de la historia, “teniendo como umbral una sociedad natural y libre”. “Hay que tener en cuenta que esclavizando a la mujer se han esclavizado sociedades enteras. Queremos hacer una revolución dentro de la revolución, una revolución femenina y mental”, concluyó.

 

Por Álvaro Hilario
16 noviembre,

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Junio 2018 09:03

Idioma y género

Idioma y género

Esta es una nota escrita por un economisto que de idioma entiende poco y con el género va tratando de adaptarse a las construcciones imaginarias colectivas (Yuval Noah Arari dixit) de nuestro tiempo.


Los iberoamericanos heredamos un idioma muy rico que, entre otras peculiaridades y a diferencia de otros idiomas como el inglés, califica sus sustantivos, adjetivos y artículos con género. De dónde viene esa peculiaridad y por qué no lo sabemos, pero lo cierto es que en castellano podemos hacer el chiste de cómo hacemos para saber si un can es perro o perra (le hacemos mover la cola y si se pone contento es perro, pero si se pone contenta es perra) y los angloparlantes no.


Si buscamos el significado del género en las palabras nos encontramos con explicaciones como esta:


“En castellano (el género) es una discriminación formal que posee capacidades contrastivas diversas. El sustantivo, el adjetivo y el artículo (así como algunos pronombres) llevan marcas de género. Sirve para establecer concordancia entre un adjetivo y el sustantivo al que califica y entre un artículo y el sustantivo al que actualiza”.
O esta otra:


“El género masculino es la forma no marcada o inclusiva: si decimos ‘los alumnos de esta clase’, nos referimos a alumnos de sexo masculino y femenino; el género gramatical femenino es la forma marcada y exclusiva o excluyente: si decimos ‘las alumnas de esta clase’, no nos referimos también a los de sexo masculino, sino solamente a las de sexo femenino”.1


Es más que comprensible que esta “forma no marcada o inclusiva” del género masculino provoque una sensación de discriminación en las mujeres, sobre todo en casos extremos, como si en una reunión de 49 mujeres y un varón alguien dijera, correctamente en castellano, “nosotros estamos aquí reunidos...”.


Esto ha llevado, con bastante justificación, a afirmar que el idioma castellano lleva implícita una fuerte discriminación de género, no ya por el significado de esta característica en el idioma en sí sino por la desigualdad que se percibe en muchos otros órdenes de la vida entre varones y mujeres en perjuicio de estas últimas.


El problema es que la reacción ante esta situación está llevando a propuestas y prácticas que están haciendo del idioma castellano una suerte de adefesio indefendible aun para mujeres que viven del idioma, como es el caso de algunas escritoras que admiten el problema pero no están dispuestas a escribir de una manera poco menos que ridícula y desarticulada.


Veamos un par de ejemplos de esta reacción, que no por entendible puede ser defendible. El primero es la deformación de los participios activos:


En castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.


¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “quien tiene identidad”, en definitiva “quien es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a éste la terminación “ente”.


Así, a quien preside, se le llama “presidente”, y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) de quien realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”, “ausente” y no “ausenta”.


Explicación que termina con una frase irónica que pone de manifiesto lo desatinado de intentar calificar con género a los participios activos:
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!2
La otra reacción/propuesta lesiva del idioma castellano y del sentido común es la que propicia el reemplazo de las vocales que identifican el género de un sustantivo, adjetivo o artículo por el símbolo @ o las letras x o e. Por ejemplo:


[email protected] [email protected] de esta clase han sido [email protected] en su mayoría.
• Lxs alumnxs de esta clase han sido aprobadxs en su mayoría.
• Les alumnes de esta clase han sido aprobades en su mayoría.


Seamos sensatis: la lucha por la igualdad de género en la sociedad no justifica estas ridiculeces en la forma de hablar y escribir, ni estos adefesios idiomáticos van a resolver el problema de la desigualdad en sí mismo. Pero alguna solución hay que buscar porque también es indiscutible la incomodidad, por no decir la indignación, y la falta de equidad implícita en tener que pluralizar en masculino.


La única solución que me parece viable y rápida, en el sentido de la inmensa cantidad de tiempo que le puede llevar a un idioma cambiar aspectos liminares de su lógica interna, es la de cambiar la titularidad en la inclusividad de género, pasándola, por lo menos por tres siglos, del masculino al femenino. En otras palabras, hacer que el género inclusivo deje de ser el masculino y pase a ser el femenino, y digo por tres siglos como resarcimiento de la situación inversa que rige durante la existencia de la Real Academia Española desde 1713; de paso le daríamos tiempo para que pueda ir diseñando una solución definitiva más inclusiva y equitativa para el idioma.


Si esto se llevara a cabo, cosa que la RAE podría decidir de un día para otro, podríamos decir en una reunión de 49 varones y una mujer: “nosotras nos encontramos aquí reunidas...”; el idioma castellano seguiría siendo tan rico y expresivo como siempre y la lucha por la equidad de género obtendría otro gran logro sin arruinar el lenguaje.


Así como hace más de diez años iniciaba reuniones de trabajo en una agencia de Naciones Unidas agradeciendo la presencia a “todes”, con cierta ironía de la que hoy me arrepiento, también hice el ensayo más recientemente de pluralizar en femenino en un curso virtual de maestría de una fundación de alcance continental, y la reacción de los maestrandos masculinos de varios países fue muy positiva, adoptando de manera entusiasta esa modalidad reparadora.


De todos modos me queda una gran duda sobre si la RAE sería capaz de dar un paso tan “revolucionario”, no sólo por la tendencia conservadora y tradicional típica de una institución encargada de preservar el idioma a lo largo de los siglos, sino porque, además, de los 29 directores que tuvo desde 1713 ninguno fue mujer y de los académicos de número actuales las mujeres representan tan sólo el 15 por ciento (7 sobre 46). Pero algo van a tener que hacer porque la presión de género sobre el idioma es muy fuerte y cada día más irresistible.


* Docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
1 http://www.wikilengua.org/index.php/G%C3%A9nero_gramatical
2 Carta anónima de una profesora en https://esnoticia.co/noticia-16757-carta-de-una-profesora-para-los-ignorantes-e-ignorantas

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Liberar la tierra, desalambrar el pensamiento

De dónde viene este cuento de liberar la Madre Tierra...


Y así aparecemos en escena. La liberación de la Madre Tierra no es un nido dentro del Estado ni dentro del capitalismo. Liberamos la Tierra del capitalismo, nos liberamos nosotros mismos, para volver al tiempo en el que simplemente gozamos la vida comiendo, bebiendo, danzando, tejiendo, ofrendando al ritmo de Uma Kiwe. Somos un nido en el camino de la Madre Tierra. Entre los mandatos que se realizaron en el Primer Encuentro Internacional de Liberadoras y Liberadores de la Madre Tierra, se construye La Marcha de la Comida como una forma de acercar a las liberadoras y liberadores a los territorios urbanos y propagar el proceso de liberación de Uma Kiwe con diferentes expresiones organizativas que resisten en la urbe y liberan la tierra.

 

La marcha de la comida llegó a Cali con alimentos libres

De campo llegaron con semillas, con comida, con palabras de liberación y ánimo de siembra; en la ciudad les acogimos en la Universidad del Valle, cabe aclarar que fue gracias a la persistencia y resistencia de algunos colectivos de estudiantes que lograron que junto con los compañeros y compañeras indígenas, pudiéramos pernoctar, palabrear y sembrar pensamiento en una Universidad, cada vez más privatizada y despolitizada.

Las y los urbanos les acogimos con sonrisas y luchas cómplices, juntas y juntos pusimos la comida a marchar, pa´ que la gente en la ciudad se diera cuenta que en el norte del Cauca, los y las indígenas están tumbando el monocultivo de caña que contamina el agua y la tierra, que despoja  a nuestros pueblos, que desplaza a nuestros cultivos nativos y ancestrales y a la fauna toda. Razón por la que las comunidades están sembrando comida de la buena, la que no tiene pesticidas, ni miedo al desalojo, comida  que cosechan, que disfrutan  y que además se vienen a compartirla con nosotrxs.

El 23 y 24 de marzo nos encontramos cara a cara, pueblo con pueblo. El pueblo indígena Nasa del norte del Cauca y nosotros pueblo de las comunas caleñas 18 y 13 en particular. En realidad era un reencuentro, los hermanos indios abrazaban la comida que querían compartir y nos hablaban de la libertad de Uma Kiwe, la Madre Tierra; esta es para sembrar comida, para que convivan otros animales, para que sea surcada por ríos y atravesada por pájaros cantores. Y las comunidades diversas de la ciudad, todos y todas agrodescendientes y con el recuerdo histórico o genético del campo, asentían, compartían ese pensar mientras recibían la comida con gestos de alegría, no solo por el compartir de los alimentos sino también por el acompañamiento de la lucha.

Desde el Distrito de Aguablanca, en la Casa Cultural el Chontaduro, se escucharon palabras ancestrales, fuertes como las manos que labran la tierra, que resuenan y nos convocan: solidaridad, hermandad, lucha por la tierra, libertad, comunidad, compartimos las viandas generosas, éstas contenían la cultura americana, afro y mestiza mezclada en sabores y olores nuestros. Hubo fiesta con tambores negros y flautas indígenas, nos conmovió la vida ¡la esperanza es de todos los colores como la wiphala!

Marchamos por el asfalto, por las altas laderas de Cali, donde Ecolprovys y Cecucol nos recibieron gritando consignas sencillas pero profundas “plata no hay, plátano si hay” ¡esa es la filosofía del pueblo! se compartieron procesos populares y comunitarios que siembran no para llenar estómagos, sino para despertar voluntades de vida digna, de esa que camina la palabra. Se visitaron huertos huertas, oasis en medio del cemento y vimos la bondad de la tierra ahí en frente nuestro dando sus frutos, se celebraron los procesos de educación popular y de escuelas de autoformación, la resistencia al sistema. Niñas, niños y jóvenes liderando las nuevas y viejas luchas, la diversidad de todos los colores es nuestra fortaleza.

Al final de la jornada nos encontramos con la comunidad Nasa del Cabildo de Alto Nápoles, estábamos todos y todas caminando la palabra, liberando la madre tierra con todas las luchas, con todos los brazos en alto y el grito de razón en nuestros labios. Así despedimos a nuestros hermanos en sus seis chivas, que habían llegado cargadas de comida y ahora se iban repletas de esperanza, sueños y ánimos de luchar. !No descansaremos hasta alcanzar la libertad de Uma Kiwe!

Fue un encuentro de paz en los territorios, no la paz que llevan a cabo en los acuerdos de la injusticia social que hoy tienen en hambre a muchas personas en las zonas veredales, ni la paz de papel, ni la paz de los medios. El proceso de liberación de la madre tierra y los procesos urbanos de Cali, y del país, se están convocando a sentir otras formas de hablar del territorio posible y en paz.

Nos han dicho que no se puede sembrar semillas orgánicas, nos han dicho que están esperando la reforma agraria para distribuir la tierra, nos han dicho que la paz con enfoque territorial está llegando, nos han dicho que participemos, que los mecanismos existen y sin embargo el hambre se perpetúa, la desigualdad se acentúa y las muchas tierras son para unos pocos.

A pesar de ellos, la semilla vive emparentada en las manos de hombres y mujeres, en las caricias de la tierra, en el resguardo de las aves y de las abejas, en la Marcha de la Comida, allí viene la semilla generosa para todos y todas; se vinieron de las montañas las chivas cargadas de alimento y de familias en resistencia hacia los territorios urbanos, por eso invitamos a esta juntanza de los territorios y sus propuestas para la coexistencia y la vida, con una política que nace desde el centro de la tierra y se propaga en los otros seres que se mancomunan para el buen vivir.



Invitación al Segundo Encuentro Internacional de Liberadoras y liberadores de la Madre Tierra

Así se labran las buenas tierras, con constancia y dedicación, juntando semillas y recogiendo frutos. Un año entonces desde que nos encontramos en Corinto, donde muchos y muchas nos conocimos, nos juntamos en la bella labor de desalambrar el pensamiento, mientras se libera la tierra, enseñanza que ha hecho fruto en nuestros corazones y que nos invitan de nuevo a estas tierras liberadas.

Del 28 de junio al 1 de julio tendrá lugar un segundo encuentro de procesos liberadores, encuentro para reafirmar los lazos y las luchas, allí estaremos las comunidades caleñas, llevando nuestras plantas bien sembradas entres los quiebres del asfalto, porque las y los indígenas del Cauca nos han enseñado que para liberar la tierra hay que desalambrar el pensamiento, cultivar lucha y cosechar libertad. Y desde la ciudad decimos que bajo el cemento está la tierra y la tierra necesita ser liberada.

 

No más sangre sobre la tierra derramada

Las organizaciones sociales, los grupos, las colectivas y personas caleñas hermanas del pueblo Nasa, hermanas de la lucha indígena, hermanas de los procesos que liberan la tierra; rechazamos y lloramos con digna rabia el asesinato de nuestro hermano Ramón Ascue, comunero indígena y liberador de la madre tierra perteneciente a la vereda Pan de Azúcar de la comunidad indígena Nasa de Corinto Cauca. Con profunda tristeza pero con valentía hoy gritamos por él, desde diciembre de 2016 a la fecha son 221 líderes y lideresas asesinadas, personas integrantes de las organizaciones sociales y de organizaciones por los derechos humanos. Hoy gritamos por ellos y ellas ¡Basta ya!

Rechazamos esta y todas las muertes de nuestros líderes sociales, los ataques y persecuciones a nuestras comunidades indígenas, afrodescendientes, líderes y lideresas de nuestras comunidades urbanas y rurales, y todas las personas que luchamos por vivir mejor, por posibilitar condiciones justas y equitativas respecto del acceso a la tierra, a la comida, en resguardo del agua, de los bosques, de las montañas, de la vida en toda su amplitud. Mientras nos despojan y nos matan, le entregan nuestros territorios y nuestra soberanía al mercado extranjero y privado. ¡Basta ya de silenciarnos con su terror de mal gobierno! ¡Seguiremos caminando la palabra, avivando la defensa de los territorios y la juntanza de los pueblos para la liberación de la Madre Tierra!

 

Marzo-Junio  de 2018

 

Organizaciones Sociales, Colectivas, Grupos y personas que acompañamos el proceso de Liberación de la Madre Tierra: Casa del Chontaduro, CECUCOL, ECOLPROVYS, Incinerante, Zea Maiz, Periodico y colectivo de comunicación alternativa Desde Abajo - Cali, Carnaval por la Vida, Fundaciòn ancestral Willka Yaku, Consejo de Celebraciones Ancestrales, Circulo Femenino Ancestral La Madre lo Cura, Colectivo Prodefensa del Territorio y el Agua – Palmira, Zoum Kairos, PARELOSur, Huertos universitarios Semillas de Libertad y Sembrando Ando, Cabildo Indígena de la Universidad del Valle, Colectivo Contrastes de Univalle.

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Viernes, 08 Junio 2018 06:41

Medio siglo de educación popular

Medio siglo de educación popular

Entre las múltiples creaciones que alumbró la "revolución mundial de 1968" (concepto acuñado por Immanuel Wallerstein), la educación popular es una de las más trascendentes, ya que ha cambiado en profundidad los modos como concebimos y practicamos el acto educativo, en particular en el seno de los movimientos anti-sistémicos.

En 1967 Paulo Freire publicó su primer libro, La educación como práctica de la libertad, y en 1968 redacta el manuscrito de Pedagogía del oprimido, que se publica en 1970. Este libro influyó sobre varias generaciones y llegó a vender la astronómica cifra de 750 mil ejemplares, algo extraordinario para un texto teórico. Desde la década de los años setenta los trabajos de Freire fueron debatidos en los movimientos, que adoptaron sus propuestas pedagógicas como forma de profundizar el trabajo político de los militantes con los pueblos oprimidos.

Una de las principales preocupaciones de Freire consistía en superar el vanguardismo imperante en esos años. Defendía la idea de que para transformar la realidad hay que trabajar con el pueblo y no para el pueblo, y que es imposible superar la deshumanización y la internalización de la opresión sólo con propaganda y discursos generales y abstractos.

De ese modo sintonizaba con los principales problemas legados por la experiencia de la Unión Soviética, pero también abordaba críticamente los métodos de trabajo de las guerrillas nacidas al influjo de la revolución cubana. Casi la totalidad de la generación de militantes de las décadas de 1960 y 1970 estábamos firmemente convencidos de representar los intereses de los sectores populares (incluyendo pueblos originarios y descendientes de esclavos arrancados de África), pero no se nos ocurría consultarlos acerca de sus intereses y menos aún sobre sus estrategias como pueblos.

Creo que la educación popular es una de las principales corrientes de pensamiento y acción emancipatoria nacidas en el entorno de la revolución de 1968. Buena parte de los movimientos tienen alguna relación con la educación popular, no sólo en sus prácticas educativas y las pedagogías que asumen, sino sobre todo en los métodos de trabajo en el seno de las organizaciones.

Freire se mostraba preocupado por transformar las relaciones de poder entre los revolucionarios y entre éstos y los pueblos (el vocablo revolución es uno de los más usados en Pedagogía del oprimido), probablemente porque estaba intentando superar los límites del proceso soviético. Sus propuestas metodológicas buscaban potenciar la autoestima de los oprimidos, jerarquizando sus saberes, que no los consideraba inferiores a los saberes académicos. Se propuso acortar las distancias y jerarquías entre los educadores-sujetos y los alumnos-objetos, con métodos de trabajo que mostraron enorme utilidad para potenciar la organización de los sectores populares.

Gracias a las formas de trabajo de la educación popular, los oprimidos pudieron identificar el lugar estructural de subordinación que los atenazaba, lo que contribuyó a la creación de las más diversas organizaciones de base en todo el continente.

En la década neoliberal de 1990, la educación popular fue tomando otros caminos. Un excelente trabajo de la socióloga brasileña Maria da Gloria Gohn (goo.gl/zBZVks), destaca que se produjo un profundo viraje que llevó a la "profesionalización" de los educadores populares, se debilita la horizontalidad y se consolidan relaciones de poder entre los que enseñan y los que aprenden. Los educadores populares van dejando de la lado la relación militante con sus alumnos para vincularse con la población como "grupos de beneficiarios".

La mayoría de los educadores populares trabajan para ONG (antes eran militantes organizados que, por supuesto, no recibían paga) y se difunde la idea de que "los gobiernos ya no son el enemigo sino fomentadores de iniciativas sociales para incluir a los excluidos". En adelante, la educación popular se dirige a individuos y ya no a sujetos colectivos, las metodologías ocupan un lugar central desplazando los debates político-ideológicos y el concepto de "ciudadano" sustituye al de "clase".

Los educadores populares tienden a convertirse en auxiliares rentados de las políticas estatales cuando, señala Gohn, dejan de luchar por la igualdad y el cambio social y trabajan para "incluir, precaria y marginalmente, a los excluidos". Los posgrados ocupan el lugar que antes tenían los educadores-militantes, mientras predomina un estilo que deja de lado la organización para la lucha, para adoptar la agenda de las financiadoras internacionales interesadas en proyectos para "aprender a insertarse en una economía desregulada y en un mercado de trabajo sin derechos sociales".

Es evidente que no todos los educadores populares tomaron este camino. Aunque un sector mayoritario se ha incorporado a los ministerios de Desarrollo Social durante los gobiernos progresistas, aún con críticas e insatisfacciones, el sector más activo y rebelde trabaja junto a los nuevos movimientos, a las fábricas recuperadas y los campesinos sin tierra, y dedican tiempo y esfuerzos para la formación con sectores populares rurales y urbanos.

Una porción considerable de la nueva generación de educadores populares (sin título y sin nombre) se dedica a aprender los saberes populares en sus territorios, no para codificarlos ni usarlos con fines propios sino para potenciar la organización de los de abajo. El historiador chileno Gabriel Salazar sostiene que los sectores populares se educan a sí mismos, en sus espacios y en base a sus cosmovisiones. "El objetivo de la autoeducación popular es crear poder", sostiene.

Los caminos se bifurcaron, como suele suceder en todos los procesos emancipatorios. Lo importante es que la educación popular está viva, que viene mutando desde que emergen nuevos sujetos colectivos y que tiene la capacidad de incorporar saberes de los pueblos. Una parte de los educadores decidió que la pedagogía crítica consiste en bajar y no subir.

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Ante las ofertas del poder, la liberación de Uma Kiwe responde

Los grandes jefes mandan a decir que nos tienen una oferta. La veníamos venir, han tenido la gentileza de enviarnos mensajes gota a gota para que entendiéramos del peso de los grandes jefes, del músculo financiero y militar que estamos enfrentando, y qué era lo que podía esperarnos si no aceptábamos la oferta que tarde o temprano llegaría. Prepararon el terreno. Después de tres años, cuando nos consideran arrinconados, desgastados, sin fuerza, la oferta llega.

Los grandes jefes mandan a decir que nos “entregarían” dos de las haciendas desde las que estamos liberando Uma Kiwe y nos piden respuesta de si aceptamos o no. Respuesta tendrán, les hemos mandado a decir hace tres meses, pero haciéndoles saber que no teníamos afán, que nos tomaríamos nuestro tiempo.


Este documento es la contestación a la oferta de los grandes jefes. Pero esta palabra no va dirigida a ellos, la respuesta es una palabra a los pueblos, las organizaciones, los procesos, los movimientos que dignamente sostienen el universo de luchas que frentean y agrietan el monstruo capitalista, para que sepan del por qué de nuestro proceder ante la oferta y lo que sigue, y si nos juzgan lo hagan con conocimiento de causa, que llaman.


Hermanos, hermanas: nosotras, nosotros, somos liberadoras y liberadores de Uma Kiwe. Somos pueblo nasa: gente. Somos hijas e hijos de Kiwe, la Tierra. Somos nasa por ser gente y por ser nasa y gente reconocemos a los grandes jefes también como hijos de Kiwe y por lo tanto hermanos nuestros. Somos comunidades caminando la plataforma de lucha del CRIC, primera organización indígena de Abya Yala, que hoy cumple 47 años desde aquel 24 de febrero de 1971 cuando quedara escrita esta palabra: Vamos a recuperar las tierras, ampliar los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terraje, conocer las leyes justas y exigir su justa aplicación, defender la lengua, la historia y las costumbres, formar maestros y maestras para que eduquen según el pensamiento propio; y posteriormente se ampliara: vamos a impulsar la economía comunitaria, fortalecer y preservar los recursos naturales, defender de la familia.


Fieles a esa palabra, hace tres años entramos en haciendas cañeras de Ardila Lule, o a su servicio, a frentear desde allí el monstruo capitalista que domina la humanidad y esclaviza Uma Kiwe. Por eso ya no decimos solo recuperar la tierra sino liberar a Uma Kiwe y liberarnos con ella. El modo es sencillo: cortar la caña que el capitalismo emplea para hacer azúcar y agrocombutibles subsidiados, y a cambio vivir en esas tierras sembrando comida y dejándoles crecer el monte. Allí hacer ranchos, allí hacer charcos en los ríos, allí hacer encuentros, allí preparar ricos manjares de maíz, zapallo, rascadera, fríjol, yuca, plátano, allí pastorear ganado y gallinas.


La respuesta de Ardila Lule fue digna de un gran jefe. A lo largo de tres años no tuvo recato en valerse del estado colombiano para que entrara en defensa de su negocio particular. Así que su seguridad privada, y la seguridad privada de las otras haciendas e ingenios azucareros, y el estado colombiano en pleno formaron el gran equipo para darse en la tarea de iniciar un plan para destruirnos.


Su plan consistió en atacar con grandes operativos militares, tipo Avatar, las mingas de corte y siembra, los cultivos a punto de cosecha, las aldeas de la liberación, los encuentros o asambleas en ellas, los recorridos de control territorial de liberadoras y liberadores; en asesinar liberadores, como Lorenzo, Guillermo, Javier, Daniel Felipe. Por otro lado, sus medios de comunicación iniciaron una campaña de desprestigio basada en una idea simple: “los indios tienen tierra y quieren más”. A ese argumento le sacaron fotos de frente, de perfil, de arriba, de abajo, de adentro, de afuera y gracias a él hoy la “opinión pública” nacional dejó de serlo y pasó a ser la “opinión privada”, la misma de los grandes jefes. Añadieron un argumento más, calculado, dañino: están infiltrados y empujados por la guerrilla del ELN. Mucha gente mordió el anzuelo, cayó en la treta. Las guerrillas no tienen cabida en la liberación de Uma Kiwe, lo hemos dicho de todas las formas: este es un proceso autónomo de las comunidades. De todas formas se trata de una estrategia del poder para confundir y justificar la represión y la persecución. Porque el plan también incluyó el poder judicial, que inició la judicialización de varios liberadores por el hecho de ser liberadores. El último reporte que tenemos es que hay 170 órdenes de captura.


Así que el estado colombiano y compañía han dedicado estos tres años a sostener un plan militar, paramilitar, estadístico, mediático, judicial para creerse y hacer creer este cuento: “así los arrinconamos, los cansamos, los derrotamos y derrotados les tiramos una limosna”.


Las liberadoras, los liberadores, hemos dedicado estos tres años a frentear los ataques militares, paramilitares, estadísticos, mediáticos, judiciales. En el entretanto nos dedicamos a lo que nos gusta: vivir sabroso, echar raíces, cosechar frutos.


Ya de por sí es un fruto resistir por tres años el gigantesco ataque del poder, la combinación de todas las formas de lucha de la derecha contra nuestro proceso: 300 intentos infructuosos de desalojo, alrededor de 600 heridos, tres muertos. Pasar por el lado y decirles en la cara: no lograron derrotarnos.
Logramos detener por completo el cultivo de caña en cerca de dos mil hectáreas y por tiempos en otras mil; pastoreamos ganado, cultivamos la tierra, vemos crecer el monte, retornar los animales, aumentar el agua. En una palabra: estas haciendas ya están ganadas, ya son territorio nasa. ¿Se puede ofrecer a uno lo que ya es de uno?


Logramos que se preste atención a una verdad desatendida: la gente sencilla, la gente que no cuenta ni para la derecha ni para la izquierda, es la gente que frentea y vence al capital. Con malicia, con sabiduría, con estrategia natural, con trabajo de hormiga y sin discurso.


Logramos reconocer, a través de la Minga de comunicación, el Encuentro internacional de liberadoras y liberadores de Uma Kiwe y los recorridos que iniciamos por muchas partes de Colombia, y algún rincón del mundo, que no estamos solos, que hay muchas luchas semejantes, de gente sencilla, que también frentean y vencen al capital. Muchos ya lo habrán reconocido antes pero para nosotras y nosotros es una gran alegría palparlo directamente en los ojos de la gente sencilla con la que estamos cruzando miradas en este cruce de caminos de la historia.


Logramos, en estos tres años, lo que parecía fuera de lugar: retomar la plataforma original del CRIC, el sentir y el espíritu con el que nació nuestra organización y volver a poner en el centro la tierra, ahora ya como Tierra, y más, como Uma Kiwe.


Y para lograrlo debimos de quitarnos la carga que nos estorbaba: la lógica de los proyectos y de la financiación estatal como únicas formas para poder alcanzar los sueños. Constatamos que por ese camino llegamos a otro lado y entonces lo dejamos de lado. E hicimos de la autogestión y del apoyo de gente sencilla e incondicional el criterio para alcanzar todo lo soñado. Y todo lo soñado fue alcanzado: de siete acciones que tiene nuestra agenda, a siete le hicimos camino: mingas de corte y siembra, encuentros de liberación, recorridos territoriales, minga de comunicación, escuela política de la liberación, encuentro internacional de liberadoras y liberadores de la Madre Tierra, marcha de la comida.


Logramos regar la semilla de la liberación de Uma Kiwe que ahora recorre muchos rincones del mundo. Por las aldeas de la liberación han pasado y pasan muchos pueblos, procesos, movimientos; muchas universidades, luchas, gentes de diversas nacionalidades que se llenan de nuevos aires y alimentos para continuar sus propias andanzas.


También es cierto que no hemos logrado todo, que permanecen vacíos y debilidades, que estamos en camino y que en el viaje iremos ajustando las cargas. Somos concientes, retomando la sabiduría política de un señor con algunos tragos en la cabeza, de que “somos la verraquera, pero no somos el putas”.


Así que mientras el monstruo capitalista nos ve derrotados y arrinconados, nosotras y nosotros como liberadoras y liberadores vemos todo el camino abierto para seguir haciéndole el quiebre a la historia, a la recta historia del capital.


Y en esas llega la oferta a través de un emisario. En principio una oferta simple. “los industriales ofrecen La Emperatriz y García Arriba; que si aceptan o no aceptan”.


Entonces nos sentamos a rastrear y armar las piezas de la oferta hasta completarla y comprenderla tal como la contamos aquí. La revista Semana y otras voces que llegan dispersas han ido soltando esas piezas.


Desde el año pasado Santos le encargó al vicepresidente, general Naranjo, “resolver” el tema de liberación de la Madre Tierra. Naranjo, como buen general, como buen asesor de Peña Nieto, conocedor de lo que ocurre y de las ocurrencias de los sótanos del estado, conocedor de primera mano de todo lo negociado en La Habana, empezó a maniobrar un nuevo plan para acabarnos y, como parte de un todo, un acuerdo con esta estrategia: “poner el foco más en el desarrollo rural integral que en la expansión de los resguardos”. En desarrollo de ese plan, el 9 de mayo de 2017, la policía nacional del estado colombiano asesinó a Daniel Felipe en la hacienda Quebrada Seca, que figura a nombre de Ardila Lule. Es sabido que el posconflicto trae mucha plata. Por eso decimos en nuestro documento Libertad y alegría con Uma Kiwe que a las balas de plomo le siguen las balas de plata. El plan ha ido cogiendo figura de acuerdo y hay en el territorio dirigencia indígena caminando en esa vía.


La oferta, entonces, es clara: “les entregamos dos fincas, García Arriba y La Emperatriz, y migajas para que hagan desarrollo en los resguardos (de la parte alta)”. Dos fincas que no figuran a nombre de Ardila Lule, dos fincas de propietarios “menores”. Esa es la oferta de los grandes jefes.


¿Qué piden a cambio? No es difícil deducirlo: abandonar la liberación de Uma Kiwe. O, para ser precisos, dar un giro: darle al desarrollismo el nombre de liberación de la Madre Tierra.


¿Y dedicarnos a cultivar y procesar para surtir mercados? ¿Lotear el territorio y sacarle provecho a cada tajo? ¿Ponernos bajo grandes y largos techos a producir mercancías en cadena y marcarlas “Made in Cxhab Wala Kiwe”? ¿Volvernos productores eficientes, negociantes audaces, guías turísticos amables? ¿Renunciar al primer y segundo puntos de la plataforma del CRIC, liberar la tierra y ampliar los resguardos?


Ese camino, es cierto, ya lo han tomado varias personas y comunidades en el territorio. Un fruto de estos tres años, no nombrado aún, es que logramos un retrato preciso del camino desarrollista modernista que ha tomado el pueblo nasa en los últimos años y reconocer que no es ese el camino que queremos andar. Que ese camino nos aleja de nuestras raíces, nos quita nuestro mayor tesoro: el ser nasa.


¿Y nuestros muertos, nuestro dolor por sus muertes, los cientos de heridos, la sangre derramada, las cosechas dañadas, los cambuches destruidos? ¿Las noches bajo la lluvia y llenas de zancudos, los sudores, las ampollas, todos los frutos cosechados gracias a la valentía y el coraje de las liberadoras y liberadores? ¿Y la semilla regada, y la esperanza engendrada? ¿Tirar todo en el saco roto de un acuerdo más?


Compañeras y compañeros de las luchas mundiales: la respuesta a la oferta de los grandes jefes es no.


A las comunidades y dirigentes que quieren seguir la senda del desarrollismo capitalista no se les puede trancar el camino. Cada quien es libre y responsable de sus decisiones. Lo que sí tenemos para decirles, como liberadoras y liberadores de Uma Kiwe, es que no comprometan nuestra lucha, nuestra sangre, nuestros muertos, nuestros frutos en sus acuerdos. No negocien con nuestra lucha. Eso nomás.


Sigamos. Compañeras y compañeros: el virus de la estrategia neoliberal y con ella ‘constitucional’ se regó a los cuatro vientos e hizo nido en muchos territorios, entre ellos el nuestro. Nos sacó de nuestra casa y nos puso en otra. Como una gallina que escarba en el patio de su casa, sigue escarbando y picoteando y cuando levanta la cabeza se encuentra en otro patio. Un patio donde es lícito vender y venderse. Vender incluso el ser nasa.


Por eso, como proceso de liberación de Uma Kiwe, decimos: es hora de regresar a casa. Regresar al modo nasa desde allí mismo, desde las tierras en proceso de liberación.


En el retrato que hicimos del camino occidental, capitalista, productivista, desarrollista, modernista vemos que ese camino nos llevó a considerar lo nasa como algo sin valor, despreciable, inferior, feo. Entonces, nos liberamos, levantamos la cabeza y emprendemos el camino de regreso. En dos chivas: nuestro idioma propio, el nasa yuwe, y la liberación de Uma Kiwe.


Y ahora empezamos a ver, con los ojos grandotes y el corazón contento, todo lo bonito que hay en ella. El ser nasa, la sabiduría propia, todo el saber acumulado de miles de años. Es como que el espíritu vuelve al cuerpo. Y la sorpresa: que hay mucha gente en casa esperándonos. Gente que nunca le comió cuento al discurso neoliberal y en silencio y serenamente, mientras veía la locura a su alrededor, siguió haciendo su vida al modo nasa.


Así que, con el camino abierto, anunciamos:


Vamos a fortalecer y ampliar los puntos de liberación.


Damos inicio a la “escuela política” de la liberación de Uma Kiwe, que en consecuencia con volver a lo bonito ahora llamamos Ju’gtewesx üuskipnxi kawete’na. Ya lo habíamos anunciado en el documento Libertad y Alegría: “Volver a las raíces. A la sabiduría profunda del pueblo nasa, que es la sabiduría de la Tierra. Poco a poco”. Para decirlo en pesadas palabras: una “escuela política” desde las categorías conceptuales de la filosofía nasa. En realidad, más que un inicio es una continuación, porque llevamos tres años en éstas, pero ahora arranca un nuevo envión. Los primeros pasos los dimos en enero. Ya les contaremos más.


Damos inicio a la marcha de la comida. Porque la liberación de Uma Kiwe no es solo “para” el pueblo nasa, compartiremos las cosechas de las tierras liberadas (resguardos) y en proceso de liberación con luchas y procesos indígenas, populares, estudiantiles de la ciudad de Cali. La marcha ya empezó y concluirá el 23 y 24 de marzo. Vendrán más noticias.


Así, de a poco, a nuestro ritmo, continuaremos el camino de regreso. A todas las luchas, a todos los pueblos las convidamos a que suban a las chivas. Wecx yuwekwe.


Proceso de liberación de la Madre Tierra


Pueblo nasa, norte del Cauca, Colombia


24 de febrero de 2018. A 47 años del nacimiento del CRIC.

 

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